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:ESTÚDIO 3

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Smithson, al cuestionar a través de la orientación que marcará su propia producción artística el carácter asumido por el arte objetual, va a fijar su atención tanto en el valor implícito de lugares y sitios concretos, como en el sentido que poseen los emplazamientos existentes en los espacios y lugares degradados, ámbitos estos últimos que él entiende que forman parte indisociable de la naturaleza, dado que el propio hombre y sus acciones se integran en ella. Por otro lado, el diálogo establecido entre pasado y futuro delimita las fronteras de una dialéctica que, sin embargo, no será la única que podremos detectar en la producción de Smithson. Al respecto, un esquema similar será elaborado en relación a una de sus principales aportaciones: la que Smithson establece tomando como referencia la idea de sitio y de su opuesto, el no sitio. Noción que, basada a su vez en la oposición interior/exterior, resulta esencial dentro de la poética smithsoniana. Según Maderuelo el “site es el lugar concreto sobre el que Robert Smithson se detiene para trabajar, mientras que el nonsite es la obra expuesta en la galería” (Maderuelo, 1990: 173). Pese a que esta definición no deja de actuar más que como una primera aproximación, la idea que la misma deja traslucir, cabrá relacionarla, aunque sea parcialmente, con la que Marc Augé acuñará en 1992 para trazar su conocida división entre los lugares y los no lugares. Idea mediante la que reivindica el valor del lugar en tanto que lugar antropológico. Con las reflexiones de Smithson sobre el lugar, queda evidenciada la crítica a la que es sometida una determinada forma de ocupación del territorio que hace que éste se revista de connotaciones marcadamente despersonalizadas. Por otro lado, si tal y como indica Augé, el “habitante del lugar antropológico vive en la historia y ello supone que no hace historia” (Augé, 2004: 60), las aportaciones realizadas por Smithson al respecto nos pueden hacer pensar que el artista comprometido con el lugar antropológico no realiza arte en un sentido formalista y reductivo, sino que vive en el arte. Es decir, que toma su actividad como experiencia y como vivencia: en definitiva, como discurso de implicación. Por ello,

Revista :Estúdio. ISSN 1647-6158. Vol.2 (3): 148-154.

Moviéndose con inquietud entre los dibujos, la escultura, el medio ambiente, el cine, la fotografía, la poesía y el lenguaje, Smithson estaba siempre buscando nuevos Sites. Lo que rechazaba era una visión formalista y estática del arte y la naturaleza. No hay ninguna certidumbre. Nada puede ser fijo, ni siquiera nombrándolo (Gilchrist y Lingwood en VV.AA, 1993: 15).

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allá de los resultados visuales obtenidos. Para Gilchrist y Lingwood, comisarios de la retrospectiva más importante dedicada en España al artista, señalan que sólo a través de esta aproximación antiformalista se va a poder abordar con un cierto rigor la problemática que el conjunto de su obra suscita no sólo en lo relativo al paisaje y al entorno concebidos globalmente, sino también en lo que concierne a su sentido transversal e interdisciplinar:


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