No cabe duda de que la trayectoria de este artista fallecido a una temprana edad se ha encontrado sujeta a muy diversas interpretaciones. Ahora bien, se incida o no sobre el carácter impositivo que pudiera presentar el trabajo del Land, en general, y de Smithson, en particular, resulta obvio señalar que las obras e intervenciones de éste admiten otro tipo de aproximaciones y lecturas. En este sentido, no puede pasarse por alto ni el peculiar sentido monumental que ponen en juego, ni tampoco el hecho de que las mismas se manifiesten como un intento de recuperación de lugares desolados o, incluso, devastados, con todo lo que ello implica en relación con el tiempo y la memoria, así como con el espacio. Recordemos, por ejemplo, dos de las piezas más emblemáticas del autor: Muelle en espiral de 1970 y Círculo roto de 1971 para cuya realización Smithson actuará en lugares altamente degradados. En cualquier caso, esta recuperación debe ser analizada desde el contexto de una específica intencionalidad: a través de ella no se busca la renaturalización de un entorno es decir, la restauración, desde la fuerza legitimadora del arte, de un paisaje al que se pretende devolver su aspecto originario, sino la transformación de lo que con anterioridad ya había sido expoliado. El hecho artístico se convierte, en cierto modo, “en redentor de aquellos actos que ya comienzan a no ser defendibles” (Albelda y Saborit, 1997: 94). Actos que, a su vez, nos llevan a la recuperación de lo que, parafraseando a Smithson y a Marot, calificamos de áreas desnaturalizadas, suburbios y periferias espectrales. Al respecto, en unas conversaciones registradas durante los meses de diciembre de 1968 y enero de 1969, conversaciones en las que intervienen el citado Smithson junto con Oppenheim y Heizer, éste comentaba sobre el sentido extra-naturalizador de sus propuestas: “En realidad, más que una belleza escénica construida, buscaba una desnaturalización […] No creo que tratemos la materia en términos de un movimiento de vuelta a la naturaleza.” (Raquejo, 1998: 103-113). Si tenemos en cuenta esta observación, los trabajos de Smithson incitan, tal y como acabamos de señalar, a una serie de reflexiones sobre los lugares y la recuperación de los territorios olvidados postindustriales, lo que Sébastien Marot define como “la desolación de las zonas residuales de la era maquinista, devastadas por las canteras de infraestructuras” (Marot, 2007: 71). A nuestro entender, la labor del artista norteamericano debe ser medida más
Revista :Estúdio. ISSN 1647-6158. Vol.2 (3): 148-154.
1. La periferia como nuevo paisaje.
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la idea tradicional de una naturaleza que sólo puede ser tal en tanto que realidad no manipulada por el ser humano, Smithson se decanta por generar una apreciación diferente sobre el sentido estético del entorno. Sentido que quedará perfectamente delimitado no solo en sus obras artísticas, sino también a través de textos como el que dedica a los monumentos de su Passaic natal.