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:ESTÚDIO 8

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350 Febrer, Mònica (2013) “Artificio, la bella y la bestia del paisaje contemporáneo.”

con la intención de que a través de esta ambigüedad sea el espectador quien decida desde donde confrontar las reflexiones sobre el individuo y sus brutales acciones urbanísticas. A pesar de la similitud de la obra de estos dos artistas, las fotografías de Eduard Fíguls se desmarcan de las del fotógrafo francés en una inquebrantable actitud crítica que revela una mirada fiel y desvela una ironía genuina. Únicamente cuando lo considera imprescindible, opta por modificar el entorno. La apuesta por la no intervención en el medio se debe a que en él “per se” ya encuentra los elementos necesarios y el encuadre óptimo que encaja con su mirada. En la serie de fotografías que Eduard Fíguls realizó en el 2010 bajo el título “Preguem disculpin les molesties” (Rogamos disculpen les molestias) vemos la incoherencia del yo reflejado en el espejo urbanístico. Las agresivas y a la vez estéticas fotografías de “Preguem disculpin les molesties” (Figura 3) conectan con Goya. Cuando las vemos, inevitablemente nos viene a la memoria el recuerdo de paisajes sobrecogedores donde las Saturninas grúas naranjas devoraban sin compasión los más nostálgicos escenarios domésticos. El concepto de engaño es otro de los pilares fundamentales en el trabajo del artista catalán. La obra de Eduard Fíguls ofrece al espectador una placentera toma de conciencia del poder de fascinación que posee la falsificación en todo aquello que producimos y en todo aquello que nos rodea. La gourmande obra del artista se alimenta de ambigua referencialidad con la perversa intención de rendir culto a la estafa. Cada uno de los elementos que aparecen en sus fotografías paisajísticas dejan de verse de manera aislada y entran a formar parte de un todo en el teatro de una degradada “Société du spectacle” donde aparecen como actores principales la belleza, la siniestralidad, la monstruosidad o lo sublime. Cuando construimos lo sublime desde el paisaje lo hacemos mentalmente y esta manera de hacerlo pertenece al terreno del artificio. Siempre hemos sido inventores de artificios porque somos seres pensantes y, a menudo, estos artificios han sido usados para formar parte del dominio de la naturaleza. El paisaje es un producto que no pertenece a un lugar físico, sino a una serie de ideas, sensaciones y sentimientos que elaboramos en el pensamiento a partir de un referente físico llamado “lugar”. La fotografía 9 metrov (Figura 5) del artista Sergey Bratkov, es heredera de la historia de la pintura y del género del paisaje. Hoy el concepto del sublime sigue latente y muchas veces en el sístole-diástole de la combinación artificio-naturaleza. La impresionante fotografía del artista Sergey Bratkov, 9 metrov (Figura 5) es un claro ejemplo de ello. Quizás es por el hecho de ver la torre de metal dentro de un paisaje plenamente platónico que esta imagen nos transporta al paisajismo de la pintura del


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