189 Revista :Estúdio, Artistas sobre outras Obras. ISSN 1647-6158, e-ISSN 1647-7316. Vol. 4 (8): 188-194.
identificación o disolución del sujeto con la ciudad o con la arquitectura urbana, su capacidad de transformar el espacio urbano y de crear la ciudad a partir de su uso, o también trata aspectos sociológicos en relación a la ciudad y la posible interacción entre la arquitectura y las variadas tipologías humanas, entre estas y su contexto. Maider López hace del espacio público el escenario fundamental de sus acciones, y en concreto escoge los lugares en los que el ciudadano lleva a cabo su rutina, y que concibe como soporte modificable visual y simbólicamente. Desde esta perspectiva, en su trabajo se pueden diferenciar dos líneas de investigación: la primera basada en la transformación “disimulada” de diferentes entornos arquitectónicos a los que es invitada a intervenir, modificando su decoración y estructuras hasta generar nuevas y sutiles percepciones del lugar a menudo de carácter lúdico; y la segunda, en la que Maider crea una serie de situaciones aparentemente absurdas, con las que plantea unos juegos visuales para los que contará con los ciudadanos, quienes se convierten en los protagonistas de sus proyectos, al interaccionar voluntaria o involuntariamente con el paisaje urbano o rural hasta crear divertidas “coreografías” de carácter performativo. Se trata de unas propuestas basadas en la experimentación, que esta artista plantea desde una perspectiva de juego, socialización y sutil transformación del espacio con el que propone una nueva interacción sensorial con el mismo. Y a su vez, Maider López se incluye entre los artistas que han optado por, desde una perspectiva que se podría definir como arquitectónica, investigar diferentes mimetismos cromáticos con el entorno que propone bajo diversas finalidades como la de redescubrir y reexaminar el propio espacio, o la de criticar determinados aspectos sociales. Por ejemplo, en Señales de Tráfico (2002) (Figura 1), inventa unas coloridas señales de tráfico que incorpora al mobiliario urbano a modo de señalización convencional, y de este modo introduce una divertida nota de perplejidad en el paisaje. Algo parecido ocurre en Toldos (2003), donde escoge los balcones de la Casa Encendida de Madrid para colocar unos toldos muy especiales. Se trata de unos toldos, que a la vez que objetos de carácter utilitario simulan ser banderas, y que dependiendo de la meteorología están recogidos o desplegados, por lo que la pieza irá cambiando. Sin embargo, en otros de sus proyectos van a intervenir las personas, es el caso de Ataskoa (2005) (Figura 2), para el que convocó a cientos de automovilistas a crear un enorme atasco en un entorno rural donde nunca había atascos, el monte Aralar de Navarra, llevando así a cabo un acto que a modo de juego modificaba el paisaje. En este sentido otra de sus intervenciones es Playa (2005) (Figura 3), que se compone de una serie de fotografías, vídeos, instalaciones, e incluso objetos de consumo como camisetas y pósters, y un libro editado en el 2006 para el que,