En la obra de estos últimos años de Pérez Villalta siempre existe un doble juego. Por un lado estas imágenes fruto de alucinaciones. Un mundo en el que
Revista :Estúdio. ISSN 1647-6158. Vol. 2, (4): 87-91.
2. De lo apolíneo sobre lo dionisíaco
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diferentes modos (sentido de la percepción, sentido del recuerdo, etc.)” (Husserl, 1998: 43). Mediante la epojé fenomenológica se pone entre paréntesis la creencia en la realidad del mundo natural. Husserl no lo niega ni duda de su existencia. “No se examina si los contenidos de la conciencia son reales o irreales, ideales, imaginarios, etc., se procede a examinarlos en cuanto son puramente dados” (Ferrater Mora, 2004: 1240). Y Paul Klee sentenciaba: “un arte que ya no devuelve lo visible, sino que hace visible” (Moreno, 2000: 29). Liberar al arte de la rémora de la objetividad. “Lo decisivo era, en todo caso, la ampliación del campo de experiencia de la conciencia (de nuevos campos de fenomenalidad). “El mundo fáctico, cósico, positivista heredado del siglo XIX resulta completamente insuficiente y asfixiante” (Moreno, 2000: 30). ¿Acaso no es esto de lo que venimos tratando? Recurramos al genio de Don Miguel de Cervantes. En el caso planteado, tanto las visiones de Don Quijote como lo que Sancho ve (gigantes y molinos respectivamente) son puramente dados. A Guillermo le interesan los gigantes. Pero no olvida los molinos. En el cuadro se mezclan en un juego de formas perfecto, contenidos irreales, ideales, imaginarios con otros claramente recuperados del mundo natural. La figura de Narciso ocupa la parte central. El tratamiento que el artista hace de su cuerpo, está muy alejado de la anatomía natural de un ser humano. Lo enfrenta a las leyes naturales. Va más allá de ellas. El cuerpo aparece distorsionado. Con “su presencia pone en entredicho las nociones de belleza y proporción” (Cortés, 2003: 18). Un ser unicelular, vulnerable, de extraordinaria blandura y debilidad. Narciso es tan blando como el agua donde se refleja. No parece sostenerse en ningún esqueleto y por tanto, poder adoptar la forma que más le apetezca en cada momento según sus necesidades. Es un ser mutante. Ser de serie de ciencia ficción. “Ser monstruoso que a la vez, fascina y repugna, atrae y horroriza” (Cortés, 2003: 29). Fenómeno de circo. En su mente arden los infiernos porque ya sabe que su belleza tiene fecha de caducidad. Al reflejarse aparece la figura “del doble y con él la pérdida de identidad” (Cortés, 2003: 32). Y este cuerpo roto por el dolor parece dejarse morir. Pérez Villalta nos dibuja el suicidio de Narciso asemejando tanto el personaje a su reflejo, que su cabeza (en el instante pintado) aparece ya hecha agua. Narciso convertido en agua, devorado por su imagen. Es el suicidio hacia arriba, a la manera de los místicos. Narciso es a la vez cuerpo y agua-reflejo. Y en ese instante en el que se manifiestan todos sus posibles estados, es en el que nos lo presenta el artista. Pero aún hay más: el agua es génesis, origen de una nueva vida. Narciso vuelve a vivir convertido en la flor que lleva su nombre. Fin y comienzo. Movimiento cíclico que parece reforzar el dibujo circular de los brazos de nuestro personaje.