Su personaje nos descubre que la infructuosidad, las situaciones laberínticas o los callejones aparentemente sin salida, se transforman y envuelven las cosas, los objetos y las situaciones en nuevos sentidos y significados. Su clown no entiende de protocolos, no concibe el mundo que habitamos lleno de limitaciones impuestas por la lógica. No le interesa la racionalización prejuiciosa del ser humano. En su mundo, un camino no solo es de ida y vuelta, las posibilidades y direcciones del sendero son infinitas. Es, un sencillo e inusitado juego. El juego de un niño para quien la dificultad no es más que el inicio de un nuevo reto a la imaginación, una nueva y apasionante aventura, un camino hacia el descubrimiento. Y así, a partir del juego, modela la situación, talla el conflicto y poco a poco esculpe el discurso creativo. 2. Del lenguaje escultórico-performático
Auguste Renoir, en sus conversaciones con Matisse, solía decir ‘A menudo pinto los ramos por el lado que no los he preparado,’ es como la improvisación del payaso en escena, el juego con el objeto cotidiano, el juego consigo mismo y con el público. El discurso artístico del clown se articula en el dialogo directo con el espectador, una especie de ‘partitura... como la de los músicos de jazz, una
Revista :Estúdio. ISSN 1647-6158. Vol.2 (4): 75-80.
…me he ido encontrando con destellos, fulgores que me hacen ver que el payaso representa cosas que a mí me conmueven. Representa a todos aquellos que son diferentes, y que son perdedores, y que no tienen aparentemente un lugar en una sociedad donde el éxito es lo que prima… el payaso es todo menos un triunfador…pero de su fracaso, de su incapacidad para triunfar en el mundo consigue levantar fiestas constantemente (Pepe Viyuela, entrevista personal, 6 de Agosto de 2011).
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Esa libertad esquiva a los términos ‘poder y censura,’ que el payaso ni juzga ni concibe, es sin duda la que le otorga su magnitud artística, su estética y su concepción creativa en escena. Lo serio, lo (in)circunscribible, aquello de lo que supuestamente no nos podemos reír, se puede modificar y ver desde un punto de vista diferente, y de esta forma dar significación al sentido del humor, a la risa y al payaso. Su esencia no se detiene en su formalismo externo, ni en su estética; la autenticidad del payaso radica en su trabajo interno, en un proceso intrínseco e íntimo que construye la propia experiencia como ser humano. Como en cualquier expresión artística, para elaborar la forma, se trabajan conceptos, significaciones y emociones; el payaso toma conciencia de las cosas, las analiza, juega con ellas y, las entienda o no, les da una entidad que va más allá de la institucionalizada etiqueta que el resto del mundo ha decidido aceptar. Si para Johan Van der Keuken, ‘el cine es la proyección de una ilusión luminosa sobre una superficie plana’ (Tesis, 2009), para Pepe Viyuela, en el teatro, el payaso proyecta la ilusión que dibuja el fracaso, el juego y el festejo sobre el escenario. Así es como convierte su arte en realidad y verdad escénica: