Siempre ligado a una concepción neoconceptual, la obra fotográfica de Gómez Molina no abandonaba los temas, recurría a ellos en momentos cronológicamente distantes bajo condicionantes técnicos y estéticos distintos, entendiendo que un mismo acto de concreción plástica cobra un nuevo y más hondo sentido en un contexto distinto. En las primeras Huellas y recorridos, el autor se interesaba explícitamente por la “conversión del cuerpo en topografía” (Gómez Molina, 2004: 18) al tiempo que empezaba a desarrollar su interés por el desenvolvimiento de la corporeidad en un espacio medible, mensurable, dispuesto para ser conocido y explorado. Más tarde se harán más explícitos sus intereses por las relaciones entre los Despliegues y lo que el autor consideraba representaciones “eficaces”, dibujos provenientes de la tradición de representación anatómica, médica o filosófica, donde el cuerpo era precisamente un terreno que, observado y memorizado, podía sistematizarse gráficamente (Gómez Molina, 2007). En los Despliegues ahondaba mucho más en lo corpóreo de la piel y su visión como “escenario de representación” (Gómez Molina, 2007: 17), mientras se perdía la seriación y el carácter secuencial propia de las Huellas y recorridos quedando mucho más patente la preocupación por representar cierta densidad epidérmica mediante capas, sucesivas veladuras de pigmentos que estratificaban levemente los grados de opacidad para dejar entrever, bajo el telón de la piel, el complejo subterráneo de una orografía vertical. La representación de la piel acabó siendo, como lo fue en su momento para autores como John Coplans o Robert Davies, un terreno sobre el que actuar fotográficamente y descubrir el interés por
Revista :Estúdio. ISSN 1647-6158. Vol. 2, (4): 147-153.
El soporte sobre el que se expande la acción del dibujante es un órgano vivo. Desde la pintura del paleolítico, la pared, el papel, el cuerpo ofrece resistencias y permite desplazamientos rápidos y eficaces. Es límite y horizonte de sus brazos (Gómez Molina, 2007: 17).
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de diseños como Skin for Prosthetic Head de Sterlac. Pero los cuerpos de los Despliegues no obedecen tanto a este paralelo iconográfico de una transformación o evolución tecnológica del cuerpo; más bien, y en una segunda interpretación mucho mas acertada, estos frisos continuos y cíclicos de piel pueden entenderse en la órbita de las preocupaciones ya vigentes en las Huellas y Recorridos (Figuras 6 y 7) , la representación fotográfica del fluir del movimiento corporal, el interés por comprender lo dinámico de su desarrollo y actividad espacial ( articulando continuas citas a la historia de la cronofotografía, a los trabajos de Jules Marey y Edward Muybridge), no como fragmentos congelados de una acción concreta que descubre nuevas formas en el cuerpo, ni como superposición de instantes cruciales en el desarrollo de un acto, sino como un flujo formal que perturba la misma configuración de contorno y límites del cuerpo para dejar constancia de una acción. El soporte fotográfico se convierte en un “organismo vivo”, un substituto representativo del cuerpo fluyente que condiciona la acción gráfica: