64 López Raso, Pablo (2014) “El diálogo del artista contemporáneo y la iglesia católica.”
recientemente Bill Viola y sus Mártires (2014) exhibidos en la Catedral de San Pablo en Londres… sin contar a muchos otros artistas que generan en el espectador inquietudes sobre el sentido de la existencia y el más allá sin citar específicamente lo religioso, como por ejemplo Olafur Eliasson y su instalación The Weather Project exhibida en 2003 en la sala de turbinas de la Tate Modern, y en la que el visitante no podía evitar experimentar la romántica melancolía que produce lo sublime mediante la enorme y ardiente esfera solar expuesta. Y no podemos dejar de citar la reciente colectiva comisariada por Gloria Moure en Santiago de Compostela, cuyo asunto no era otro que un homenaje a la peregrinación de San Francisco de Asís ocho siglos atrás a la ciudad compostelana, que con el título On the Road (2014) reunió a 35 artistas en cuatro sugerentes espacios entre los que se contaban la Iglesia de Santo Domingo Bonaval con instalaciones de Mario Merz, Nam June Paik, Roni Horn y videos de Annika Kahrs y Lothar Baumgarten. También el parque y cementerio de Bonaval formaban parte de la muestra, donde podíamos contemplar un árbol de los deseos de Christian Boltansky y la intervención de Jorge Barbi En el final del camino en el que los nichos del cementerio se convertían en colores puros que transformaban el espacio. 2. Una paradoja Y la paradoja surge cuando vemos que esta nueva inquietud observada en ciertos artistas actuales, coincide en el tiempo con otra inquietud surgida en el seno de la iglesia católica relacionada con el reencuentro con los artistas, que durante el periodo moderno citado han rechazado frontalmente relación alguna con esta institución. Muy elocuente en este sentido es la famosa Carta a los Artistas en la que Juan Pablo II proponía un diálogo renovado con una cultura actual que sin tener que crear específicamente arte sacro, puede generar con sus imágenes una experiencia religiosa (Juan Pablo II, 1999). Más recientemente, Benedicto XVI también expresó este deseo de renovar la relación con los artistas contemporáneos: Con este encuentro deseo expresar y renovar la amistad de la Iglesia con el mundo del arte, una amistad consolidada en el tiempo, dado que el cristianismo, desde sus orígenes, ha comprendido bien el valor de las artes y ha utilizado sabiamente los multiformes lenguajes para comunicar su inmutable mensaje de salvación. Esta amistad debe ser continuamente promovida y sostenida, para que sea auténtica y fecunda, adecuada a los tiempos y tenga en cuenta las situaciones y los cambios sociales y culturales (Benedicto XVI, 2009).
Un mes después de pronunciar estas palabras, en diciembre de 2009, Benedicto XVI hacía una propuesta, que se convierte en la actualidad en la base y el