1. Contexto Muchos críticos y expertos han sido testigos de esta nueva actitud artística en la última década. Se hace necesario citar como ejemplos más notables a revistas como EXIT Express, que dedicaba su nº 39 (noviembre 2008) al tema: En el nombre del arte. Religión y arte contemporáneo. O la monografía de J. Elkins (2004) The Strange Place of Religion in Contemporary Art. New York: Routledge. También el capítulo de E. Heartney (2008) “Arte & espiritualidad. El renacer de la trascendencia” en Arte & Hoy, London, Phaidon, y de la misma autora E. Heartney (2004) Postmodern herethics: The catholic imagination in contemporary art. New York, Midmarch Arts Press, así como a A. Vega. (2010) Sacrificio y creación en la pintura de Rothko. Madrid: Siruela, y por supuesto, el presente número de la REVISTA ESTUDIO cuyos artículos giran en torno al título DIOS. Del estudio de la bibliografía citada, y de la que aporto al final de este artículo, se infiere que la inquietud por lo espiritual no desapareció realmente en la modernidad, más bien se fortaleció una postura anticlerical contra la institución religiosa, pero en realidad artistas como por ejemplo Matisse, Rothko, Beuys, Klein, Tapies, Chillida… entre otros, citaron en su obra de una manera u otra su inquietud por lo trascendente. Tal y como asegura Mircea Eliade, Dios nunca ha dejado de estar presente en el arte, ni en momentos como el de las vanguardias del XX, aunque fuera bajo una presencia aparentemente formal (Eliade, 1995: 142). Y en un panorama más actual la lista de artistas se incrementa, ya sin complejos de referir su obra a lo espiritual, con ejemplos como Barceló y su capilla del Santísimo en la Catedral de Palma de Mallorca (2006), Luc Tuymans y su Cristo (1998), Wallinger y su Ecce Homo (1999), Los hermanos Gao: The Execution of Christ (2009), Marina Abramovich fascinada por la figura de Santa Teresa en su proyecto The Kitchen (2012). Landy y sus Saints alive (2013) y muy
63 Revista :Estúdio, Artistas sobre Outras Obras. ISSN 1647-6158, e-ISSN 1647-7316. Vol. 5 (10): 61-68.
con lo reaccionario y la vetusta tradición. Un ambiente intelectual claramente anticlerical en la cultura de la última modernidad de los años sesenta y setenta del siglo pasado, ha ido dejando paso, en un contexto de revisión de la radicalidad moderna, a una gradual reconciliación con los postulados espirituales que proceden de una Iglesia modernizada en el Concilio Vaticano II. La posmodernidad de final del siglo XX, en su indiferencia y relativismo, en su insatisfacción dentro de una sociedad del bienestar — que una vez alcanzada — no parecía responder a cuestiones como las relacionadas con lo existencial, ha propiciado que ciertos artistas expresen con un lenguaje poético y lleno de sensibilidad sus más profundas inquietudes espirituales, o que miren a los templos cristianos y a sus santos como estimulante posibilidad y prometedor soporte de algo nuevo.