2. Entre jeroglíficos y pictografías Al discurso de García Sevilla siempre le ha caracterizado estar libre de ataduras y convencionalismos, campo abierto donde temas, ideas, procedimientos y procesos de trabajo tienen el mismo protagonismo formando una trama de relaciones compleja. El pintor acumula capas de historia y “caza” de todas las culturas, fuentes, soportes, épocas, en clara reacción a la tendencia de nuestro tiempo de otorgar valor a lo nuevo. En consecuencia de este afán integrador, en sus obras se sirve de la yuxtaposición de diferentes códigos gráficos, donde flujos de ideas siguen su vida o fluyen con ella. Su taller actúa como un banco de imágenes, de la curiosidad obsesiva por los signos del mundo.
173 Revista :Estúdio, Artistas sobre Outras Obras. ISSN 1647-6158, e-ISSN 1647-7316. Vol. 5 (10): 171-176.
otras tantas divinidades paganas, metamórficas según los intereses del artista, a través de la iconografía procedente de varias culturas, religiones y prácticas. Esto es, el mito abordado desde la subjetividad, la ironía, todo desde un posicionamiento radical y escéptico. Desde aquí el artista iniciará un sistema de imágenes complejas, contradictorias, sarcásticas, que van de lo íntimo a lo político; actitudes y ámbitos ya presentes desde su integración en los circuitos conceptuales barceloneses en los setenta, y que han continuado hasta etapas recientes de su evolución. Sin embargo la característica perenne que se aprecia en la temática de su trabajo se articula en un sistema de imágenes (Rodríguez de la Flor, 1995 y Sebastián, 1995). Ya en sus primeras “deidades” el artista manifiesta una primera referencia sobre temas y objetos de su interés obsesivo: el sexo, la muerte y la violencia, desde una ironía plagada de referencias lingüísticas. No obstante, los verdaderos estímulos del artista son los mitos que relacionan las acciones de su existencia. Se trata de una obra de naturaleza autobiográfica, autorreflexiva, desde la que proyecta una inmensa mitología personal para explicar, o interrogar, la fractura e inestabilidad del mundo cambiante contemporáneo. Para esto el autor superpone la historia, la transformación de las cosas, y mediante la síntesis de elementos heterodoxos fusiona imágenes en diferentes grados de iconicidad. Un inmenso depósito de imágenes emblemáticas extraídas de variadas fuentes: anuncios de TV, prensa, cómic, incisos humorísticos, historia del arte, arqueología, ilustraciones científicas, arquitectura, simbolismo, sondeos de la propia vida, compromisos ideológicos, etc. Fuentes a las que se añade el diálogo con otras culturas, no europeas, las cuales a pesar de considerárselas en los últimos siglos de exóticas, primitivas (también inquietantes, peligrosas, eróticas), su incidencia en el arte de nuestro tiempo es palmaria. Y ahí es donde el artista en esta apropiación recibe la influencia de elementos del “arte religioso” de culturas marginales en un intento, tal vez, de contradecir la posmodernidad.