yoloxóchitl, izquixuchitl, cacahuaxóchitl, huacalxuchitl, tlilxúchitl, mecaxochitl [con las que perfumaban el cacao] […] y hecha su embajada a los de las costas, luego en su cumplimiento trajeron todos los árboles con raíces y envueltos en petates.232 Identifiquemos algunas de estas vainas y flores: la yoloxochitl no es sino la magnolia o flor de corazón, la cacahuaxochitl es la rosita del cacao y la mecaxochitl, una piperácea que podría ser la hoja santa por su forma acordonada. Teresa Castelló Yturbide menciona en su libro Presencia de la comida prehispánica, la llamada cacaloxochitl que tiene tonos que van del rosado al blanco, pasando por un tenue color crema. Esta flor que además se utiliza para hacer collares que se colocan en algunas ofrendas ceremoniales; tiene un bello aroma.233 Las flores del hueynacaztli, árbol que se conocía también como xochinacaztli, tienen la forma de orejas, por lo que en algunos lugares la llaman orejuela. Agustín Betancourt menciona en su Teatro mexicano, que son de “muy suave y aromático olor”.234 Proviene de tierra caliente y “no hay otra cosa en los mercados de los indios que más ordinario se halle, ni que por mayor estima tenga”.235 Además de aromatizar el cacao se usaba con fines ceremoniales y medicinales. No podía faltar la vainilla o tlilxúchitl, que fue otro de los encargos. De esta planta escribe el mismo Betancourt “que en el chocolate es ingrediente de algunos apetecible”. Sus frutos o ejotes son verdes primero y negros cuando se secan; de ahí su nombre, pues tliltic significa ‘negro’ en náhuatl. Estas vainillas “son aromáticas y huelen a bálsamo”. Se refiere a sus usos medicinales, entre los que destacan el de diurético (“mueven la orina”); mezcladas con el mecaxochitl en una bebida, “abrevian el parto a las mujeres y mitigan los dolores de la madre”. Los frutos de la vainilla quitan los gases o ventosidades, “calientan el estómago, y dan vigor al cerebro”.236 Además de los aromas de las flores, los antiguos mexicanos dieron sabor al chocolate con otros condimentos. José de Acosta registra en su Historia natural y moral de las Indias, que al chocolate usan “de echarle especias y mucho chilli”.
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