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Las políticas culturales. Un concepto incomprendido. Cuando hablamos de "políticas" nos referimos a los lineamientos capaces de guiar las acciones del sector público a fin de generar un cambio, en el caso de la cultura dichos cambios deberían abarcar las industrias culturales y el patrimonio material e inmaterial de una nación. Sin embargo este concepto generalmente se pierde al confundirlo con la "política" (en singular) que consiste en las relaciones de poder y procesos electorales. A pesar de la similitud de los conceptos es necesario partir de esta separación para poder comprender que las primeras están enfocadas al desarrollo de un sector mientras que el segundo término puede en muchos casos, como ocurre en Venezuela, limitar dicho desarrollo a la propaganda partidista. Hay que comprender también al hablar de este tema que una política pública no es una acción aislada, sino el conjunto de acciones intencionales orientadas a un interés, que se cumplirán en el tiempo mientras se desarrollen de forma constante y coherente. (1) Actualmente en Venezuela no se ofrecen respuestas satisfactorias derivadas de procesos políticos, por lo tanto existe un divorcio entre la comunidad y los decisores políticos, y es por esta razón que se presenta una alta conflictividad en la formulación de políticas, ya que son concebidas desde el gobierno y no por parte del Estado. (2) Este divorcio ocurre en la cultura también cuando hablamos de políticas culturales, que con base en lo anterior podríamos definirlas como ese conjunto de acciones capaces de guiar al sector cultural, que debe abarcar las industrias culturales y creativas, así como también los valores patrimoniales autóctonos de nuestra identidad. Uno de los grandes problemas que ha presentado el país en este tema (que además ha sido recurrente por parte de varios gobiernos) es que las políticas culturales se han visto como un gasto y no como una inversión socio-económica. Y la cultura, muy al contrario, debe verse como un recurso capaz de generar grandes ganancias; ya que el uso de la creatividad termina siendo un valor agregado y simbólico sobre el producto interno bruto, además de propiciar nuevos empleos y de fomentar el arraigo y el sentido de pertenencia de los ciudadanos. No obstante, los presupuestos nacionales destinados al sector cultura siempre han estado muy por debajo del mínimo necesario para realmente generar un desarrollo y hacer de la cultura un sector productivo. Según Guzmán Cárdenas (3) aún se mantiene vigente el diagnóstico que el despacho del Ministro de Estado para la Cultura realizó en 1981, en el cual se señaló que es necesario asignar un mínimo del 2,5% del presupuesto nacional para ser ejecutado en un plazo acumulado de diez años. Los datos por el contrario arrojan que la mayor inversión se dio durante el período de Rafael Caldera entre los años 1994 a 1999 con un histórico en 13 años de 0,44% del presupuesto nacional, cifra superada por Hugo Chávez con el 0,53% de participación sobre el presupuesto nacional.


Sin embargo me resulta necesario explicar que este aumento en el presupuesto nacional para la cultura ha tenido un fin meramente político que más allá de generar algún crecimiento en el sector lo ha sumergido a políticas populistas que han limitado el uso de los espacios y de las acciones culturales a lo que ellos consideran cultura, limitando el uso creativo de los actores culturales y confundiendo los dos primeros términos aclarados al inicio. Todo lo anterior sirve para comprender que es menester darle la importancia adecuada a este sector tan olvidado en las políticas públicas, aun cuando hoy en día resulte descabellado pensar en cultura debido a la crisis tan marcada en sectores básicos como el de salud o el de alimentación. Hoy en día la actividad cultural se limita a iniciativas aisladas de creativos y sectores privados que apoyan estas pequeñas acciones, mientras que la participación del Estado sigue siendo fundamental pero prácticamente ausente. Sin duda los políticos que deseen incentivar cambios en los panoramas actuales deben verse obligados a voltear la vista y mirar este sector con potencialidades inmensas para generar cambios sociales y económicos tan necesarios para el país. Melany Centeno Korschunov @extremodamente

Fuentes consultadas: (1) AGUILAR, Astorga y Facio LIMA. 2009. ¿Qué son y para qué sirven las Políticas Públicas? (2) OROPEZA, Alejandro. 2002. Política pública y demanda cultural en Venezuela. (3) MAJONE, Giandomenico. (s/f) Evidencia, argumentación y persuasión en la formulación de políticas. (4) GUZMÁN CÁRDENAS, Carlos. 2009. Las estadísticas e indicadores culturales en Venezuela Contribución al estudio de la Economía de la Política Cultural. En Anuario ININCO, N° 2, vol. 21.

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Políticas culturales. Un concepto incomprendido  

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