Pensando el Cuerpo, N°4

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N °4 | AGOSTO 2020

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PENSANDO ELCUERPO

Arqueología

gesto

del


Presentaciรณn


3 Arqueología del Gesto es un proyecto de investigación y creación en danza contemporánea que propone un diálogo interdisciplinario y transdisciplinario en el cual se encuentran la música, la fotografía, el documental, la arquitectura y los estudios en danza en torno a una inquietud por reconocer en nuestras identidades latinoamericanas aquellas huellas o rastros que identificamos, desde el sentido común, como pertenecientes a culturas ancestrales. Nos preguntamos por nuestras identidades, nuestras historias y nuestros territorios desarticulando discursos que se nos han impuesto como la verdad. Indagando desde nuestros cuerpos en la actualidad, que tienen otros modos de habitar y pensar los territorios, en diálogo con los conocimientos de las culturas Mapuche y Tiahuanaco. El proyecto tuvo como punto de inicio dos viajes realizados por el coreógrafo Luis Corvalán, uno a La Paz, Bolivia y otro a Alto del BioBío, Chile, donde participó de rituales y reuniones con amautas bolivianos y chilenos. Ya en Santiago, desde el año 2018, se conforma un núcleo de investigación multidisciplinar el cual comienza a explorar desde la idea del encuentro y la mutua afectación, alejándonos de la pretensión de representación y/o escenificación de los materiales con los que trabajamos. Hemos desarrollado dos líneas de trabajo: uno de investigación permanente, integrado por Belén Arenas, Lía Arenas, Luis Corvalán, Juan Carlos Puyó y Felipe Salgado, siendo parte de este grupo investigadores invitados, Ismael Frias, Francisca Espinoza, Valentina Pé-


rez, Ignacio Meneses, Natalia Diaz y Aldo Massone. Y otro, abierto a la comunidad en la cual compartimos nuestras exploraciones a otras corporalidades, abriendo la posibilidad no solo de aplicar el material y las metodologías desarrolladas por el núcleo sino, de ponerlas en diálogo, nutriéndolas de otras perspectivas y, desde la práctica, haciendo presente de qué manera son recibidas. Tuvimos la oportunidad de realizar el año 2018 una sesión de movimiento abierta a la comunidad en el Parque Cultural ex-cárcel, en la ciudad de Valparaíso, que finalizó en una intervención en las áreas del Parque. Se realizaron durante el año 2019 dos seminarios, en la Universidad Abierta de Recoleta, y en El centro cultural El Bosque, el último en el contexto del Foro de las Artes, de la Universidad de Chile. En la investigación nos guiamos por la interrogante de cómo abordar desde la diversidad de nuestras prácticas la historia de culturas como la mapuche y tiahuanaco sin caer en gestos colonialistas, historicistas que aborden de manera lineal y unidireccional estos materiales. Y, a la vez, nos dejamos interpelar por estos materiales y ponemos en cuestión las corporalidades danzantes y sus posibilidades de habilitar o no dispositivos político sensibles que, en nuestro contexto neoliberal, signifiquen una alternativa efectiva. Concebimos Arqueología del gesto como un espacio constante, laboratorio abierto a la práctica pensante y sensible desde el cual probamos construir sensibilidades críticas que


5 alteren el algoritmo neoliberal en nuestros cuerpos, tomando como material relatos de culturas que de acuerdo al discurso histórico oficial nos anteceden. Desde este contexto proponemos un recorrido reflexivo situado en nuestro espacio de trabajo en el que conviven disciplinas y corporalidades diversas, cuyo objetivo es interpelar aquellos cánones de pensamiento y movimiento que establecen concepciones “correctas” de Cultura, Historia, Sociedad, Naturaleza y Cuerpo. En esta línea proponemos que el cuerpo no es una hoja en blanco, materia anterior a cualquier conformación social sino un proceso de co-conformación donde se juegan disputas políticas en los territorios naturales, políticos y corporales.

Núcleo de investigación Arqueología del Gesto Abril 2020


Lo que antecede a Arqueología del Gesto (Luis Corvalán Correa) Intérprete en danza Contemporánea, Docente-Investigador. Departamento Danza Universidad de Chile


7 Agradecemos al gran espíritu que nos a guiado en nuestras experiencias agradecimiento a todos los abuelos y abuelas que han permitido entrar en sus conocimientos, agradecemos también a quienes han encontrado en nuestra búsqueda un lugar de confianza.

Compartiré de forma sintética la ruta que me permitió llegar al inicio de Arqueología del Gesto el 2017 y luego a las invitaciones a un núcleo multidisciplinar de investigación el 2018. Esto se ha ido tejiendo a través de lecturas, encuentros, sueños, performance en solitario y con distintos grupos de personas provenientes de las artes escénicas y amateurs de distintos países. El 2009 es un punto de inicio en ese momento me encontraba radicado en París, Francia y preguntándonos por la falta de espacios para trabajar, practicar, crear, refleccionar es que surge el proyecto Poéticas de las Ruinas que cuestionaba los lugares para el desarrollo y producción en danza contemporánea. Esta búsqueda nos llevó a un estudio nómade por una serie de distintos tipos de ruinas situadas en Francia, Italia, Bulgaria, Croacia y Rumania. Entre los escombros, la tierra y el contacto con la diversidad animal y vegetal que conviven en estos lugares, se fueron construyendo los particulares ensayos, así también se nos fueron revelando imágenes, sensaciones, materialidades, corporalidades, sonidos, dibujos, textos, lecturas arquitectó-


nicas, percepciones, emociones, memorias profundas e intuiciones delirantes que nos permiten seguir tejiendo un plan móvil y sin estructuras convencionales, que tanto gustan al espectador de danza en teatros. En ese entramado de estímulos donde el tiempo-espacio se movía en distintas direcciones surge un texto que traspasó esa experiencia investigativa desarrollada en las ruinas, El Teatro de Serafín, un pequeño monólogo que escribe el dramaturgo francés Antonin Artaud en su libro El Teatro y su Doble, edición 1938. Este pequeño texto surge durante su iniciático viaje a México y su encuentro con la antigua y ancestral cultura tarahumara. El poder del monólogo abre la puerta al proyecto performativo-formativo e itinerante, SERAFIN (2010-2011), que sigue interrogando el espacio de práctica corporal, las comunidades que las nutren, las relaciones que ahí se construyen y los múltiples lenguajes que nos permiten entendernos, entre ellos se manifestó el cuerpo, el espacio, la voz, la música y la co-creación colectiva. El proyecto viajó por dos festivales en el sur de Francia y seminarios en Buenos Aires, Santiago y Valparaíso. Aún en París llegan a casa tres artistas invitados a compartir sus trabajos creativos en distintos espacios de esa ciudad, tres de ellos con orígenes mapuches, el cineasta Francisco Huichaqueo, el poeta David Aniñir, el artista visual Bernardo Oyarzún y aparece un cuarto artista que tambien vivia en Paris Alonso Venegas actor y bailarín chino, con ellos se generó un vínculo transformador que despertó una profunda inquie-


9 tud por los orígenes y vestigios de las culturas latinoamericanas. Esta nueva atención y pistas fueron dando paso a otra investigación performativa, La Procesión (2011), proyecto que reunía a un grupo de distintas nacionalidades y diversas disciplinas a observar, practicar y referenciar la cultura mapuche y la danza e historia de Los Bailes Chinos, materias de investigación situadas en territorio y contexto Chileno. En este proceso se problematizo de forma teórica y práctica: ¿Cómo acercarnos a una tradición ritualista performativa en un contexto contemporáneo ? ¿Cómo desarrollarlo con un grupo de sujetos de diversos orígenes y culturas ? ¿De qué manera esta práctica desarrollada en el proceso modifican nuestra percepción del tiempo, el estado y sus emociones? ¿Que tipo de relaciones humanas se generaban en esta diversidad de profesionales dentro del proceso? (videos que muestran proceso https://www.youtube.com/watch?v=vgTAHQvTT9E -https://www.youtube.com/watch?v=sqbsJASupHc) Posterior a ello, y ya a sabiendas de que volvería a Chile surge un nuevo proceso en solitario, Una Comedia Ancestral (2011-2013), performances que ironiza en la figura de un chamán que no se deja ver por completo debido a su condición física de hombre blanco. La problemática de este proceso se centró en intentar encarnar escénicamente un chamán, generando un proceso de investigación con instrumentos ancestrales de vientos (trutruka, sampoña, flauta china) y percusión ( batería) intentando entrar en estados sensibles de percepción escénica que permitieran ver un ritual. (https://www.youtube.com/watch?v=XWhdh1vjleM&t=1s)



11 Ya en Chile y de vuelta a la investigación escénica, surge el ejercicio coreográfico Los Cuerpos que Habito (20162017) que se presenta en Los Encuentros coreográficos Sala Arrau y el Santiago a mil entre otros encuentros nacionales. Desde el proceso a la práctica escénica se buscó de forma consciente atravesar estados de placer y sensualidad por el gesto o el movimiento, pasando por una gestualidad intensa y sutil en contacto con trozos de madera sonidos electrónicos y tradicionales nos sentirnos comunidad construyendo un lenguaje escénico en donde se manifestaba la danza, la música, la pintura, la escultura y por sobre todo la energía de cada uno de los intérpretes escénicos. (https://www.youtube.com/watch?v=rQdTq8WLWFs&t=71s) VIAJES AL NÚCLEO DEL TERRITORIO

Después de estos ejercicios escénicos y con más preguntas que certezas en el ámbito de nuestras culturas ancestrales, inicie un nuevo viaje a Bolivia, La Paz y desde ahí directo a Tiahuanaco. Esto llegó por una invitación de Daniela Corvalán, mi hermana, quien viene trabajando hace ya varios años en prácticas y medicinas ancestrales de distintas culturas Andinas. Ella es responsable de mis primeras incursiones en la danza contemporánea y también de mostrarme rutas experienciales en relación a prácticas espirituales de estas mismas culturas ancestrales. El sentir, atravesar y habitar el templo de Kalasasaya, Akapa-


na, Puma Punku, kantatallita y el Templete Semisubterráneo de esta zona rica en patrimonio arquitectónico de la cultura de tiahuanaco, me permitió acceder a una concepción del espacio muy especial y profundo, Este se ubica a 3.800 metros de altura, la superficie y distribución de estos templos se encuentran aproximadamente en 10 hectáreas y organizadas según algunas constelaciones estelares. Lo que indica que había un importante relación con lo visible e invisible del universo y también una forma de medir el tiempo, por ejemplo: La puerta del sol tiene inscrito todo el calendario anual, al mismo tiempo permite visualizar los cambios de ciclos de la naturaleza. Por otro lado podemos encontrar un enorme cantidad de símbolos, imágenes de seres no humanos, animales, representaciones geométricas en cada unos de sus templos que son ciertamente toda representativos de su cosmovisión. También tuve la oportunidad de estar presente en una serie de ceremonias sagradas para los Aymaras que hoy viven en esta región, estas eran consagradas a la preparación de un


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nuevo ciclo, el solsticio de invierno que se desarrolla en distintas culturas ancestrales. Esta se efectúa entre el 20 o 21 de junio, eso depende de cada año. Los que dirigen estas ceremonias son los Amautas (símil del chamán) responsables espirituales de guiar, organizar, proteger a la comunidad y estos espacios sagrados. En estos encuentros se llama a los distintos espíritus que hacen parte de las creencias Aymaras,, buscando conectarse con ellos a través de rezos, fogatas, música, baile y ofrendas que entregan a sus deidades. De esta manera solicitan el permiso para la ceremonia mayor, que ese año (2017) tenía algo especial según lo que comentaban ellos mismos, don Lucas junto a otros amautas abrirán la tierra antes de la ceremonia y así iniciar el nuevo ciclo. La primeras tres ceremonias fueron muy íntimas entre los distintos amautas de las comunidades Aymaras de la zona, entre ellos hombres y mujeres de edad madura que participan activamente, ellas usando vestidos tradicionales con sombreros, faldas y mantas muy coloridas. Ellos con gorros de lana y mantos con diseños diversos que representan la cruz andina, la wiphala, animales de poder, todo con colores muy llamativos. Ya en la ceremonia principal que se realizó en la fría madrugada del 21 de Junio, se reunió una gran cantidad de personas al interior del templo donde está ubicada la piedra del sol, las autoridades religiosas y políticas del país hacían parte de los miles de peregrinos provenientes de todo Bolivia. El rito comienza de noche en la madrugada y se espera con rezos, cantos, fuego, música, ofrendas. Todo o gran parte de la cere-


15 monia es hablada en lengua Aymara. Estas experiencias fueron muy intensa y conmovedoras, poco a poco transité del espectador a un peregrino más de todo lo que ahí se estaba practicando y abriendo, también sentí fuerte la presencia de una espiritualidad adormecida en mi, palpe y sentí el respeto a la tierra, a los animales, a las plantas, a la trascendencia del sol en nuestro presente infinito. ese día 21 de junio en la madrugada fría junto a miles de personas guarde en mi corazón el primer rayo de sol conciente, que hoy sigue vivo, palpitando e iluminando mi ruta día a día. Luego de ese viaje y en febrero del 2018, surgió la invitación de Francisco Toro y Ramón Ávila, unos amigos de la ciudad de Concepción, Chile. Ellos tenían como objetivo filmar parte de un proyecto que ya estaba en curso (Amukan), para ello había que dirigirse a la zona de Alto BioBío, específicamente había que llegar a la comunidad Mapuche de Butalelbum, de Ralco a 50 kilómetros en dirección a la cordillera. Ahí nos recibió la familia Manquepi Paine. El encuentro fue muy fraterno ya que la relación entre los amigos y esta familia ya tenía una historia de muchos encuentros anteriores, esto facilitó el poder compartir desde sus tradiciones y también poder visitar la zona. Julio Manquepi el padre de la familia nos anunció que debía ir a Argentina por temas de trabajo, entre las varias cosas que hace en la comunidad, cada cierto tiempo hace este recorrido para comercializar con otras comunidades del otro lado de la cordillera (Puelmapu). La invitación fue sorprendente ya que significaba atravesar a caballo una


larga ruta que se interna en la cordillera de los Andes, a ello se suma la experiencia de vivenciar una práctica muy antigua de intercambio y comunicación para las comunidades de Wallmapu y Puelmapu (comunidades de ambos lados de la cordillera). este viaje fue un regalo. El viaje se inició con la luz de la noche, con la preparación de los caballos y sus monturas, mi relación con los caballos es lejana, solo cuando niño lo había vivido, lo menciono ya que sentir de tan cerca y por tanto tiempo su cuerpo, el ritmo, la fuerza, la destreza, el olor, su temperatura y poco a poco entrar en su energía o carácter fue muy intenso y revelador. No pasó más de una hora y Dólar, el caballo que montaba, no quiso seguir caminando, no logre que se moviera más y en ese momento se acerco Julio Manquepi y recibí mi primera enseñanza de cómo comunicarse con el caballo, de ahí y el resto del viaje logramos entendernos y con Dólar no hubo más problemas. Con la luz de la mañana la presencia de la cordillera y todo el paisaje natural, virgen en esta zona, se comienza a mostrar. La emoción de sentir la naturaleza es profunda, Julio vuelve a hablarnos y nos pidió que pusiéramos atención a un águila que nos venía acompañando, para él es importante esa presencia, ella es quien le avisa si el viaje será bueno o si es necesario volver a casa. El viaje continuó y así las intensas experiencias en las quebradas profundas de la montaña, En ese mismo territorio visitamos el volcán Copahue, es otra


17 presencia en la ruta que se escucha, se huele y se siente ya que ahí se conectan parte de las energías más potentes de la tierra y también para las comunidades que ahí habitan. El viaje es revelador en distintos planos, podría seguir escribiendo detalles de este pero lo dejaré para otro proceso de escritura. Lo que compartiré es algo más sintético que arrojó la experiencia de atravesar las cordillera de los Andes, esta ruta de intercambio no es neutra, veo que están llenas de recuerdos, emociones , corporalidades, materialidades, percepciones y conocimientos trascendentales que están vivos y en constante transformación. Poco a poco voy sintiendo que para las comunidades mapuches el gran templo sagrado está en la naturaleza misma y es desde esa conección que tienen que van generando un intenso diálogo de respeto y amor por ella, es desde esta sabiduría y experiencia vivida en las montaña que pienso que el mapuche nunca tuvo la necesidad de construir o materializar algún templo o algo similar que lo conectara con sus deidades, esas presencias están en la naturaleza misma. Luego de ambos viajes surge esta idea de buscar alguna conexión entre ambas culturas andinas, la Mapuche y la de Tiahuanaco, ambas en algún lugar muy opuestas, pero por otro, vemos una gran conexión con su ser espiritual, el entendimiento y diálogo con la naturaleza y todo el ecosistema que la componen, Estos viajes no solo me llevaron a dos territorios y culturas andinas, el traslado fue físico, espacial, temporal y trascendental.


Entiendo que el arqueólogo busca en los vestigios del pasado, huellas, signos, materias y en definitivas pistas que le den información con el fin de poder crear una narrativa de la existencia y desarrollo de las antiguas civilizaciones. Es desde este principio que tiene el arqueólogo de relacionarse con el territorio que surge el proyecto Arqueología del Gesto, entendiendo que es a través de nuestra corporalidad en su mirada más amplia que buscamos nuestra conección con nuestros antepasados, nuestro presente y nuestra proyección a un futuro consciente de nuestros orígenes andinos. Esta búsqueda por su magnitud no podía proyectarla sin un grupo de personas interesadas en estos temas, las pistas son muchas y para poder generar un equipo de trabajo me permití sentir e intuir a quien invitar y cómo proceder dentro de la investigación. Hoy ya llevamos tres años y medio y seguimos creciendo de forma colectiva abierta y dispuestos a seguir profundizando en estos potentes temas que nos remueve nuestra identidad, el cuerpo físico, las emociones, la razón, la energía sutiles del alma y la frecuencia de nuestro espíritu.


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Es dinĂĄmico y habita en el espacio que te encuentres (Juan Carlos Puyo)

MĂşsico Compositor, Dpto. Danza Universidad de Chile


.-Comenzar por agradecer … ese simple gesto que conecta todo lo que nos sostiene y une, con lo mas profundo e íntimo . Agradecer el ahora …que tintinea entre lo que viene y el recuerdo . Un tintineo juguetón que puedes habitar… habitar con una respiración, una escucha, una distensión , un observar los sentidos sin Ser los sentidos. Observar como al igual que el corazón un brazo comienza a moverse por simple necesidad del cuerpo, se modifica instante a instante mucho antes de pedírselo y creer comprenderlo, excava en necesidades con manifestaciones, la subsistencia de “algo” tras la razón evidente. El cuerpo puede ser una herramienta arqueológica , una “pantalla” para observar ese gesto tras los sentidos y la razón.Una tarde saliendo de clases, Luis se acerco contándome de un proyecto… una idea, reunir a un grupo interdisciplinario para hacer trabajo de investigación de parentescos entre la cultura Mapuche y Tiahuanaco. Los dos ya habíamos trabajado juntos realizando clases en la facultad de artes y en la realización de la obra “Los cuerpos que habito “ . Ya se nos hacia costumbre tener sostenidas conversaciones de nuestras historias actuales y pasadas. Luis con sus trabajos de ruinas en Francia, su viaje a Bolivia donde participo en ceremonias con taitas, su visita a Tiahuanaco… y yo con mi vida en el campo junto a comunidades agricultoras, ceremonias con comunidades originarias y trabajos de Escuela. Estos mundos se compartían de modo espontaneo y fluido, por lo cual me causo mucha lógica su invitación a pensar parentescos entre estas dos culturas.


21 Cuando pensé en la cultura Mapuche , no podía sacarme de la cabeza las historias que contaban en los equinoccios y solsticios sobre las múltiples formas de observar/sentir el Kultrún, Sentía en esta experiencia una “llave” para este trabajo. El recuerdo consistía que el Kultrún tiene una mitad visible y concreta para nosotros, muy clara cuando se sostiene el instrumento y se siente su madera, el cuero, el peso de la vara y el instrumento. Pero, al tocar el instrumento, podemos recordar que tiene otra mitad que lo completa , una que es invisible a nuestros ojos. Una mitad que completa la esfera, una mitad que es todo lo que no puedo ver de él. Mientras escuchaba el sonido comencé a imaginar la vida del árbol con el que fue construido, la vida del animal vibrando a través de su cuero y mi cuerpo aún después de su muerte, el Sol que los alimentó, y este a su vez siendo parte de un encadenamiento gigantesco e infinito para mi mente , pero tremendamente cercano si se intenta sentir. Al comentarle esta experiencia a Luis , el me contó sobre la pirámide de Tiahuanaco, una pirámide construida “solo a la mitad”. Justo en ese momento se despertó en mi un gran interés por este proyecto. Es alucinante pensar estas dos culturas que a simple vista ponen la misma importancia en lo tangible y comprensible como en lo intangible e incomprensible. Esto me hace pensar en como percibir al sujeto .- Yo me completo con todo lo que no soy.“Arqueología del gesto” se a transformado en una escuela donde cada participante es alumna/o que comparte cono-



23 cimiento . Un conocimiento que se baila, canta, lee, escucha, medita, respira, estudia, comparte, piensa, construye o escribe según la necesidad del aprendizaje. Es dinámico y habita en el espacio que te encuentres; una casa, sala, plaza, computador, metro, playa, escenario, un café… Si bien en este proyecto me ha tocado tener un espacio compartido de conducción en su realización de talleres y reuniones , para mi arqueología del gesto es un lugar de búsqueda y compartir interés en otres e interés en mi. Reconocer que esta “llave” que mostró el Kultrún se encuentra donde decidas prestar atención . Quizás al unir cono-cimientos y experiencias podemos generar multi-cimientos. Esto puede ser un paso para alcanzar el cosmo-cimiento (como lo llaman los amautas), esa conexión con el todo que se despierta en la trabajosa simpleza de vivir el aquí y ahora. Durante este largo y variado proceso nos hemos relacionado con diferentes grupos. Por ejemplo la universidad abierta de Recoleta (UAR) y la municipalidad del Bosque (a través del foro de las artes). En estos grupos hemos podido compartir formas diversas de expresión con; instrumentos sonoros, como experimentar a través del cuerpo una vibración, como sostener respiraciones de cualidades y velocidades diversas, etc… cada sesión es acompañada de un circulo de cierre donde se vuelcan las vivencias y experiencias mas significativas, en las cuales, puedo decir que he enriquecido mi vida y relaciones .


Me voy dando cuenta que Arqueología del gesto va mutando y creciendo con cada historia de vida y/o conocimiento con la cual se vincula. Orgánicamente al ser un espacio en el cual se socializa se genera destellos y cuestionamientos políticos, biológicos , emocionales , trascendentales… no solo se vincula con las disciplinas de cada cual . Se vincula con “cada cual” en lo amplio que esto conlleve. Estoy contento y agradecido de vincular experiencias y perspectivas de vida junto a un grupo humano que desea vincularse, abierto a compartir y recibir.


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Un reencuentro con la prรกctica corporal (Lia Arenas Arce) Bailarina independiente, Gestora Cultural


.-Un instante de detención en el transcurso, la memoria hace posible que los tiempos sucedan en un mismo espacio, el pasado se mezcla con el presente, la imaginación hace que aparezcan relatos quizás inexistentes. La historia se hace múltiple, la identidad cobra dimensiones y el espacio solitario y pensante se llena de compañeraes, sonidos, movimientos y viajes.Pensar la cuerpae me arroja siempre a lugares de propuestas, no sólo por el hecho de jugar con las palabras y hablar acerca del movimiento sensible, sino porque de alguna manera se hace presente la cuerpae en movimiento como un espacio de conocimiento. Arqueologías del gesto significa ese espacio, el gesto constante del movimiento sensi-pensante, a través de una investigación que venía a desafiar la manera en que comprendemos y nos relacionamos con nuestra historia, identidad y territorio, y con aquello que nos convoca, el movimiento. Construir una relación con una intención no colonizadora y representativa de lo que son las expresiones culturales, nos llevó a observar nuestro movimiento como un engranaje cultural, que construía una identidad que se relacionaba con el espacio y generaba modos de relaciones entre cuerpaes. De esta manera la exploración ha sido siempre infinita y se ha ido nutriendo de lo que cada uno es y desde las áreas que cada uno desarrolla. Así he podido como investigadora del movimiento transitar la información que mi cuerpae tenía por los años de estudio en danza, teniendo la posibilidad de desprender y transformar ese conocimiento al gesto presente del movimiento.


27 Arqueologías del gesto llega de una manera muy particular a mi práctica corporal y movilizadora, de la misma manera que el proyecto se construye como un cuerpae en constante diálogo, ensayo, reflexión y práctica. Un encuentro entre un antiguo profesor y una antigua estudiante en el “patio” de lo que fue el lugar de estudio, era ahora, un mutuo espacio laboral. En esos momentos estaba en una búsqueda de generar una gestión cultural que me permitiera observar y practicarla como un cuerpo móvil, capaz de generar transformaciones constantes y relacionarse a través del movimiento, un inicio de una investigación en la cuál aún permanezco. Entre contarnos en lo que estaba cada uno surge la invitación de asumir un doble rol en el proyecto, por una parte, integrar el núcleo de investigación corporal y teórica en torno a las materias que se proponían, y por otro lado, hacer la producción del mismo, gestionando postulaciones en donde podríamos participar e imaginando de qué manera. El camino recién había comenzado con integrantes de diversas disciplinas, lo que hacía de la invitación un desafío atractivo al compartir un proceso creativo con cuerpaes “no-bailarines”. Durante los primeros años luego de finalizar los estudios en danza, no había generado y tampoco me había sumado a proyectos del área, ya que estaba en un momento de buscar desde otros conocimientos y comprender el fenómeno artístico desde diversas perspectivas, profundizando


en un trabajo de gestión cultural que me permitiera ampliar el conocimiento en el arte y su producción, instancias de relación entre disciplinas, generando nuevas creaciones y experimentando metodologías de vínculos con el territorio social. Arqueologías del gesto llegaba como una invitación que continuaba ese camino de aprendizaje, ahora sí, a través de una práctica corporal. El grupo conformado por diversas áreas del conocimiento permitía que la creación/ investigación/cuerpae se enriqueciera de modos de moverse, de comprender, de proponer y sobre todo de observar y reconocer el contexto desde donde nos acercabamos a las culturas a investigar. El proyecto siempre ha sido un espacio múltiple de exploración, que nos ha llevado a introducirnos profundamente en las nociones que tenemos de historia, identidad, territorio, cultura-s, movimiento, danza y arte, así ha sido un referente en cómo es posible definir la práctica artística y cómo relacionarse a través de ella. Para mí, ha sido un re-encuentro con la práctica corporal desde un lugar que cuestiona constantemente, y un insumo creativo para seguir imaginando modos de movilizar el arte.


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La memoria de nuestros cuerpos

(Felipe Salgado Higuera Amuley) Músico, estudiante Teoría de la Música Universidad de Chile


Que es lo que queda en la memoria de nuestros cuerpos, sobre nuestro pasado vinculado a la magia, al rito y lazo indivisible con la naturaleza. ¿Qué tipo de llave poseemos al introducirnos en el silencio de la razón humana? A través de mi experiencia en la improvisación musical y de movimiento sensible en relación con otros cuerpos, he llegado a la sensación plena de unión, en donde surge un pulso vital único de aquel momento, y que termina siendo un portal de sanación, a decantar exactamente lo que el cuerpo necesitaba. Estas experiencias me mostraban que todos poseemos una intuición sanadora, una memoria vital de limpieza a través del acto de sintonizar con en el momento, soltar todo tipo de pretensiones para que emerja mi emoción, mi ser, mi identidad, mi poesía, nuestra poesía. Con estas experiencias en el cuerpo, me llega la invitación a participar en este grupo de investigación, en donde se me presenta por primera vez, como núcleo importante de la práctica, la TRUTRUCA, instrumento sonoro originario de la cultura mapuche. Sin saberlo en aquel momento, me encontraba ante un potencial sonoro gigantesco, que funcionaba como una puerta de conexión hacia los impulsos vitales primitivos, como un llamado de vigor, de adrenalina, de encuentro, de caos, de animal, de bestia, un bramido, tierra, sangre, lluvia, trueno, un grito de guerra, un canto, una danza, un rito, procesión, marcha, trance, un rayo de luz, un amplio valle, montaña, árbol y raíces, humedales, llanto y cascada.


31 En el momento de la producción sonora, se da una sensación de amplitud en las dimensiones del espacio y su ejecución requiere de un involucramiento total del cuerpo ya que hay que mantener un presión constante en el centro energético vital que sería la zona abdominal baja y el diafragma, a su vez que a partir de la vibración y presión de los labios se genera una reverberación en todo el cuerpo. A través de mi búsqueda sonora por medio de los parámetros musicales que la academia donde estudio sugiere, percibo una limitación y un contraste para poder analizar y comprender la estética sonora que envuelve a los instrumentos ancestrales latinoamericanos y por lo tanto su despliegue, cosmovisión y significado en la sociedad. Podríamos reflejarlo en una búsqueda de un sonido puro, limpio con un discurso ordenado vs un sonido estridente, multifunción, lleno de armónicos, sin un ordenamiento racional. Entonces al investigar sobre los instrumentos en la cultura mapuche me aventuro en la compresión de su profunda funcionalidad, y me topo siempre con la premisa de que la naturaleza manda ,con sus tiempos y sus señales y no la mente humana, y que los instrumentos funcionan como un puente de sanación o contención, son usados en un acto de fe, porque los instrumentos están conectados al gran espíritu, son catalizadores, conectores materiales del cielo con la tierra, por lo que su sonido llega al alma. Y aquí vuelvo a la pregunta del principio, que hay en nuestras memorias ancestrales, (como humanos que actualmente en su mayoría habitamos grandes ciudades), que sea la


matriz de un potencial a explorar y abrir prácticas en diversos espacios que permitan conectar, decantar, soltar y tomar conciencia de nuestros impulsos vitales ligados a la naturaleza misma de las cosas, la necesidad de un encuentro sincero, de una exploración y construcción de lo que somos y podemos llegar a ser, en un ambiente de afecto y aceptación de un otro. Por mi sorpresa en el sincero recibimiento que produce la sonoridad de la trutruca, mi búsqueda de conexión colectiva a través de ella se ha extrapolado a diversos espacios y no ha dejado de conmoverme y cautivarme su potencial, por la correspondencia de quienes se han acercado a manifestarme su profunda gratitud al momento vivido con y por este compañere sonoro.


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Notaciones para un ejercicio de memoria: arqueologĂ­as del gesto. (BelĂŠn Arenas Arce)

Bailarina Independiente, Investigadora en Danza


Mi aterrizaje en el proyecto está marcado por los viajes y las transmutaciones. Un cambio forzado desde mi país dos hacía un Chile (país uno) que, pasados doce años, vuelvo a sentir y vivir desde cerca. Estando en un entre: decidiendo, sopesando, poniendo en listas eternas los beneficios y sacrificios de una mudanza internacional. Proyectando posibles caminos en un ficcionado país uno, recibo la invitación a formar parte como acompañante teórica de Arqueologías del Gesto. El gesto de invitar El gesto de mudar a una familia Los gestos de las danzas que quedan y las danzas por venir La arqueología que revuelve entre lo que queda La arqueología que actualiza remembranzas La arqueología que hace al presente

Entre el volver a habitar(me), reconocer(me) entre relaciones que se habían acostumbrado a la distancia, recuperar el aliento, encontrar un ritmo y poder seguir por este camino que marcan mis danzas, encontré en Arqueologías una especie de refugio móvil y a la vez un desafío a mis modos de hacer y pensar la danza. Mudar las sensaciones, viajar marcando el camino de regre-


35 so para no perder el sostén de las tierras que se habitan. Todo cambio guarda relación con la historia y la identidad. De cierta manera este proyecto me ha puesto de frente a aquello con lo que he vagado entre mi país uno y mi país dos. La idea de que cada lugar es muchos lugares al mismo tiempo, de que nuestras historias son muchas historias al mismo tiempo y de que nuestra identidad es muchas identidades al mismo tiempo, me lleva a dudar de aquello que cierra en un relato único aquello que fue y que está siendo. Arqueologías del gesto es un ejercicio de memoria. Un trabajo que reconoce el presente de aquello que nos cuentan como pasado, pisado. Un gesto político que interpela en nuestros tejidos los relatos universales de la historia. Las historias de nuestros presentes mortifican en una identidad que no puede ser cerrada. Somos muchos pasados. Todo aquello que olvidamos o se ubica en un pasado resuelto puja en un grito político. Reconocernos parte de un continente que vive de modo lineal, al mismo tiempo, recuperar nuestros conocimientos ancestrales. País uno y País dos, entramados en el sur por sus historias de genocidio indígena compartido. Si el mapuche fuese


nuestro pasado aquel conflicto no estaría tan presente. Aparece la danza La danza en los tejidos La memoria de la piel Ensayamos modos de recordar, modos de mover el material, consignas, encuentros, conversaciones. Ensayamos la horizontalidad en la práctica de nuestras disciplinas. El gesto como insumo de aquel lenguaje primario. Ensayamos el abrir nuestras preguntas a cuerpos muy lejanos a la danza y sus instituciones. Poco a poco, al ritmo de nuestras posibilidades vamos imprimiendo en la piel un recorrido. Mutamos y el proyecto muta. Nos adaptamos y el proyecto nos guía a espacios y plataformas que permitan continuar. No importa el sentido, no importa la dirección. La arqueología es circular.


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(Re) Descubrir, eso que siempre ha estado ahí (Sebastián Sánchez)

Participante Taller Arqueología de Gesto


Un total misterio desde el comienzo, aún leyendo la descripción del curso en la Universidad Abierta de Recoleta. Un proyecto que llamó, que atrajo, resonó. Una sincronía total desde el primer momento, un confluir de energías y gente vibrando en una misma frecuencia. Un (re)descubrir hurgando en el interior de todxs, sabiendo que algo había allí, que sólo podía describir el/la cuerpx. Un viaje hacia lo primitivo, lo auténtico, al movimiento mismo que hizo aflorar la Esencia, un mirar muy dentro internamente para luego mirar a la puerta del alma de quienes habitamos ese espacio y tiempo, con cariño y confianza. Un rito, al ritmo de la música que nos llevaba a la misma vibración, música que al igual que el movimiento no tenía pauta alguna más que el sentir propio y colectivx. Fue y es integración, comunidad, complicidad. Abrir los ojos y el corazón. Fluir. Dejarse llevar... hasta un círculo, dentro de una sala de clases o una plaza pública frente al Cementerio. Un juego y un homenaje, un recibir de vuelta al Sol en una mañana fría y llena de risas, a la vista de quienes buscaban el casting para Lemebel.


39 Un (re) encuentro, para preparar luego una muestra frente a las autoridades y el Alcalde Jadue que dio el espacio para el proyecto que lo inició todo. Una primera vez de enterarse de qué trataba una composición coreográfica en conjunto, aún siendo también muy reciente o una primera vez el encontrar a la danza como una forma de expresión y sanación, para varixs. Una primera vez en el escenario, un nerviosismo tremendo, pero también confianza y sobre todo curiosidad y felicidad del juego que estaba por comenzar. Un cruce de miradas de ojos sonrientes y alegres, de la puerta del Alma, un choque de puños y... tranquilidad, plenitud, conciencia y habitar el Ahora. Subir al escenario con un objeto sonoro especial y moverse, moverse y gritar, sonorizar, danzar, expresar el sentir, vibrar. Frente a la mirada de muchxs que probablemente no entendían qué pasaba ahí arriba, para nosotrxs Arqueológxs era / es el (re) encuentro, con nosotrxs mismos, con lxs otrxs, un mirar y reír, un abrazo. Un agradecimiento del Alma al poder ser y estar ahí y también un agradecimiento a Luis, Juan Carlos, Felipe y otrxs que nos invitaron al comienzo de este viaje, de este camino. Uno de esos caminos especiales, un camino que tiene corazón.



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Arqueología del Gesto, el encuentro con las ruinas de la existencia. (Ismael Frías) Filósofo


INTRODUCCIÓN

Parecería que la arqueología tiene que ver con la transición y recolección de ruinas. En este proyecto hemos hecho eso en más de un sentido, transitamos por las ruinas de una cultura colonizada, las ruinas que son y siguen siendo en la cultura mapuche, y las ruinas de nuestra existencia tanto personal como cultural. Como exploradores del espacio y del tiempo en la práctica del cuerpo hemos llegado hasta aquí. Una muestra, un vislumbre, de un proceso en constante movimiento.


43 Arqueología del gesto abre un espacio muy potente en términos del delirio productivo del arte, del autoconocimiento en muchos sentidos, en el conocimiento y la conciencia de la corporalidad en tanto que nos sitúa en el lugar más íntimo de nuestra existencia, el cuerpo y su relación consigo mismo. Cuerpos como ruinas que vamos explorando y encontrando culturas, fantasmas vivos de occidente y de nuestros pueblos originarios. En este proceso de autoexploración “culturizada” hemos atravesado por varios estadios. Cada uno tendrá su interpretación dancística, histórica y conceptual. Pero lo que hemos encontrado en conjunto ha sido un proceso de exploración cultural a través del cuerpo, y también en viceversa, un proceso de exploración corporal a través de la cultura, como se ha dicho antes, dentro del marco del delirio productivo que parece no estar solo anclado a esta práctica sino a la misma representación y a la construcción de las culturas. He dividido este proceso en función de mis referentes filosóficos, pero es tan polisémico y poroso que bien podría tener muchos más sentidos y caminos, pero a mi parecer hemos pasado por cuatro estadios principales. El primero de ellos lo podríamos llamar el estadio del autoconocimiento subjetivo, en él podemos encontrar una relación subjetiva con nosotros mismos, es decir que lo que tenemos es el yo relacionándose consigo mismo. En esta instancia lo que se tiene es una relación sintiente del yo con


el cuerpo, que son uno y el mismo. El medio que se utilizó en este estadio fue el de la respiración, la relación con el piso, los modos de sentir la gravedad y la presión de nuestros cuerpos en relación con ella y sentir nuestros huesos y órganos en virtud de estas relaciones. El segundo, el autoconocimiento objetual, tiene que ver con la relación subjetiva del yo con objetos. Dentro de este estadio lo que se trató fue de establecer una relación objetual con la trutruca, que como cualquier objeto que sea tomado como herramienta o instrumento pasa a ser parte de nosotros. La trutruca se conecta directamente con el sistema respiratorio, es decir que se establece una conexión con la respiración, que es una de nuestras acciones más vitales. El autoconocimiento intersubjetivo es el estadio en el cual el yo está en relación con otros yos. Es el yo que se conoce a sí mismo a través del conocimiento del otro. En esta instancia comenzamos a explorar un espacio y tiempo compartido con otros cuerpos por medio de roces, encuentros, desencuentros, choques, enganches, juegos, voces, etc. Comenzamos a encontrar nociones culturales como lo lúdico, compartir, la contención, ser contenido, la exposición, la pluridireccionalidad, la multidireccionalidad, la escucha, la comunidad, lucha, el nosotros en un espacio, el nosotros como un conjunto de voluntades delirantes en relación continua entre ellas, el espacio y el tiempo. Finalmente, el cuarto estadio fue el del autoconocimiento cultural, en donde encontramos el yo en relación con la cultura. El yo como cultura, pensamiento y sensibilidad encar-


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nada que se mueve en relación con otros en una especie de movimiento autofágico que se nutre a sí mismo. La toma de conciencia de que somos cultura encarnada, pero no somos solo una cultura, somos relaciones en tensión de ruinas de culturas en nosotros, que nos constituyen. AUTOCONOCIMIENTO SUBJETIVO

Arqueología del gesto es un lugar en dónde se abren distintas rutas interdisciplinarias en torno a la conciencia de la corporalidad atravesada por dispositivos inspirados en el encuentro y desencuentro de las culturas Mapuche y Tiwanaku. En este proyecto se abre la posibilidad de repensar los cuerpos como un punto de partida de una conciencia histórica e intencional que atraviesa la subjetividad, la intersubjetividad, la cultura y la política. El proceso ha pasado hasta ahora por distintos estadios desde lo interno hasta lo externo, con ellos vienen distintos puntos de reconocimiento comenzando por una conciencia de la interioridad corporal, para ello se ha utilizado la chacana, una figura que es posible encontrar tanto en la cultura Mapuche en Chile como en la Tiwanaku en Bolivia, en su uso hemos podido descubrir una pedagogía del autoconocimiento, una figura abierta a la interpretación de sus usuarios, sin una finalidad del todo definida, pero que abre la posibilidad de establecer patrones y ritmos corporales que son establecidos conscientemente a través de ella. La chacana, o cruz andina, fue un punto de partida para


47 este viaje arqueológico, y es en su uso e interpretación en dónde podemos encontrar la codificación de una cosmología ancestral que se juega en los límites de la representación y lo inefable, entre lo que se ve y lo que no se ve. Es una figura geométrica definida por una construcción equidistante y en su área podemos encontrar una relación simétrica entre el dentro y el afuera de la representación. En su uso podemos encontrar distintos patrones y ritmos que nos sirvieron como dispositivos de movimiento, interpretaciones corporales de la representación geométrica que nos contenía, pero que al mismo tiempo generaba la suficiente sistematicidad como para establecer nuevas normas y dispositivos que desafiaban la regularidad y nos hacían entrar en patrones irregulares una vez que estaban en acción. Comenzamos estableciendo patrones con distintos ritmos de respiración, en ellos la conciencia debió ser dirigida hacia el interior de nuestros cuerpos, expandiéndose hacia el exterior, aunque esta distinción podría ser en distinto orden en tanto que el interior y el exterior del cuerpo están en una relación constante. Se habla del uso de la chacana como un instrumento pedagógico en tanto que se nos presenta como una herramienta que permite establecer patrones de respiración, y no solamente respiración ya que se puede utilizar en muchos ámbitos de la corporalidad, que intencionan la conciencia hacia nuestros órganos. Se va mucho más allá de una conciencia conceptual, la conciencia está más enfocada en representaciones preconceptuales más intimas, es en este momento cuando se hace patente el carácter


cualitativo de la conciencia en tanto que es sensible, es el cuerpo sintiéndose a sí mismo, es un sistema nervioso y un cerebro en contacto e intencionado hacia los órganos como los pulmones, el diafragma, el estómago, la espalda, la columna vertebral, extremidades, etc. Es decir, es posible contemplar la corporalidad como un sistema interconectado entre sí, probablemente es algo que sepamos de antemano gracias a la biología y a la medicina, sin embargo, en lo que se pretende hacer especial énfasis en la característica cualitativa de la conciencia en tanto que ya no podemos pensarla como un recipiente o como una entidad de una naturaleza inmaterial flotando encima de nuestros cuerpos, la conciencia es corporalizada, es causada por nuestros cerebros y sistemas nerviosos, y, primariamente es sensible. La conciencia no solamente se dirige hacia nuestro interior sino que tiene una constante relación con nuestro entorno, dentro de este ejercicio de respiración nos es posible hablar de un paso del inconsciente al consciente, generalmente asociamos con el pensamiento consciente el pensamiento simbólico, es decir que podemos representarnos los fenómenos con los que tenemos contacto, sin embargo, existen una serie de acciones que damos por sentado y que suceden todo el tiempo alrededor y dentro de nosotros, por ello la respiración surge como una acción que pasa del insconsciente al consciente ¿Cuántas veces al día nos detenemos a sentir y visualizar nuestra respiración? Fácilmente podríamos decir que eso muchas veces no pasa ni siquiera una vez en uno o varios días, algunos ni siquiera lo hacemos


49 en semanas o meses, no es algo raro, es una acción tan natural para nosotros que pasa casi desapercibida a menos que tengamos algún problema respiratorio o notemos algún cambio, sin embargo, es una acción tan vital y tan intima, que parece que valdría la pena comenzar el autoconocimiento corporal desde un hecho tan ligado a la vitalidad. La respiración nos liga con nuestro entorno, en concreto con los gases que entran mediante nuestra nariz, pasan por la faringe, tráquea, entran a los bronquios en nuestros pulmones, y todo esto gracias al diafragma que se mueve contrayendo y expandiendo los pulmones permitiendo que un gas tan vital como el oxigeno llegue a nosotros. Hay una relación innegable entre el interior de nuestros cuerpos con el exterior, pero raramente pensamos en cómo sucede esto y, de hecho, sucede de muchas maneras dependiendo de nuestras disposiciones corporales con respecto a nuestro ambiente, uno puede respirar con tranquilidad en la comodidad del hogar, agitados cuando hacemos algún deporte, circularmente cuando nos hiperventilamos, etc. Se utiliza la herramienta de la chacana para establecer modos, patrones y ritmos de respiración, la función de este instrumento está en la sistematización de estos patrones, en la simbolización que nos permite establecerlos conscientemente, esto no es más que una herramienta pedagógica que permite intencionar la conciencia hacia los órganos ¿Cómo? Simplemente sintiéndolos, haciendo uso de la sensibilidad de nuestro sistema nervioso en relación con el sistema respiratorio que a su vez interactúa con los gases en nuestro



51 entorno. La conciencia está en relación consigo misma en tanto que es sensible y es corporalizada, y por ende también se extiende hacia el ambiente que habitamos. La conciencia no solamente está intencionada hacia el exterior, sino que, parece que hemos olvidado, que también tiene que ver con nuestro interior, es decir que los seres humanos somos seres tan sensibles e inteligentes que podemos representarnos conscientemente nuestra relación con nosotros mismos a partir de la sintiencia corporal. Estamos en una constante relación con nuestro ambiente, somos seres que habitamos el mundo, no somos, de ninguna manera, seres abstractos, nos movemos dentro del plano de lo concreto. Estamos situados espacio-temporalmente en un mundo material, somos seres capaces de sentir y representarnos nuestra existencia. Nuestra relación con el mundo es innegable. Parecen obviedades, sin embargo, gracias a un estado permanente de alienación, hemos olvidado poner atención y ejercitar los sentidos y la manera en que sentimos el mundo que habitamos. Un dispositivo fundamental que trabajamos fue el de nuestra relación con el piso y la gravedad, no hemos dejado la Tierra que tiene su propio centro gravitatorio, de hecho, somos constantemente afectados por él. Por ello exploramos en gran medida la noción del equilibrio, el nexo que tenemos con el planeta y su gravedad, somos animales que desarrollamos un sentido específico para lidiar con este fenómeno. Uno pensaría que lo podemos encontrar solamente en el oído, sin embargo, lo límites de los sentidos


parecerían extenderse más allá de a un solo órgano, somos animales sistémicos, lo cual implica que un sentido puede alterar todo el organismo. Cuando exploramos el equilibrio comenzamos en una posición vertical, nos movíamos despacio hacia los lados, hacía delante y atrás, sentíamos la fuerza de gravedad atrayéndonos hacía el piso, sentíamos el peso de nuestros cuerpos en la presión de las plantas de los pies, en los músculos que se tensaban para mantenernos en esa posición sin caer. Dejábamos que la fuerza se transfiriera desde nuestras piernas hasta la pelvis, sentíamos como se articulaban los huesos para permanecer de pie, el movimiento de los huesos no se quedaba en una zona, se movía y alteraba todo el organismo, llegaba hasta los omóplatos, ese movimiento a su vez permitía que las articulaciones también se movieran en relación con todo el sistema que es el cuerpo. En suma, somos animales sistemáticos en tanto que somos el producto de un ambiente que también lo es, emergemos de él y somos parte de él. El mundo nos constituye a la vez que lo constituimos, entra por nuestros sentidos como información que procesamos consciente e inconscientemente, entra a nuestros cuerpos como el aire, afecta nuestra sensibilidad como el equilibrio. Los límites entre lo interno y lo externo se difuminan en la experiencia estética que hiere los sentidos, el plano entre lo consciente y lo inconsciente se desvanece en la vida cotidiana que implica el habitar el mundo, aparece aquello que se ve y simboliza y lo inefable meramente cualitativo, relaciones simétricas y asimétricas,


53 patrones regulares e irregulares que constituyen nuestra existencia y que se expresan en nuestras vidas, veámoslo o no, tal vez solamente sea cuestión de poner más atención al mundo de la vida. AUTOCONOCIMIENTO OBJETUAL

El estadio del autoconocimiento objetual en el marco de Arqueología del Gesto se da por medio de un objeto mapuche, un instrumento musical: La trutruca. La conciencia se expande más allá de nuestros cuerpos cuando sale de sí misma y se intenciona hacia el mundo, un mundo constituido por objetos materiales que nos rodean y de los cuales formamos parte. Como se ha dicho anteriormente, los límites entre el interior y el exterior se desvanecen cuando vemos el panorama globalmente. Sin embargo, cuando nos referimos al autoconocimiento objetual hablamos sobre nuestra relación como cuerpos conscientes individualizados por la historia del Yo que constituye nuestra subjetividad en relación con otros objetos, y en este apartado específicamente con objetos no conscientes a los cuales les adjudicamos una función. En este apartado la pregunta a contestar es por la relación con los objetos desde una perspectiva fenomenológica, atendiendo a la característica cualitativa de la conciencia del cuerpo en relación con el mundo. El panorama de la conciencia del cuerpo se abre por completo cuando salimos de nosotros mismos, el mundo se


presenta ante nosotros como materialidad y es nuestra decisión cómo interactuar con respecto a ella. En el apartado anterior se habló de cómo es que nos relacionamos con ciertos objetos como el aire o el piso mediante nuestros órganos y sentidos, estamos en una relación dialógica con nuestro ambiente. ¿Pero qué pasa cuando se nos presenta un objeto con una finalidad? En este caso nos enfrentamos a la trutruca, una trompeta ceremonial del pueblo Mapuche que, a su vez, funciona en la actualidad, como una voz, una bandera, de una cultura que lucha por que se respete su territorio y su forma de vida frente a un Estado colonizado y colonizador. Es decir, los objetos tienen funciones que son otorgadas culturalmente, tienen una historia y una carga simbólica que atraviesa nuestros cuerpos mediante su uso y la manera de hacerlo es determinando nuestros gestos. En el uso de objetos nos encontramos su historia, sus finalidades, formas de mover nuestros cuerpos, gestos que una cultura consciente o inconscientemente plasmó en la interpretación de sus instrumentos. En el uso de la trutruca es imposible no atravesar por los gestos que le fueron impresos al objeto. Se nos presenta una trompeta enrollada en sí misma, con una boquilla de caña en un extremo, y en el otro un pabellón hecho con una asta vacuna. En el primer encuentro con este instrumento uno reconoce en su diseño y forma su finalidad, el de producir sonido, muy seguramente gracias a un parecido de familia que guarda con otras trompetas que hemos visto anteriormente. El verdadero reto es el de


55 hacerla sonar, en un inicio la relación nos puede remontar a un niño encontrándose con un objeto que no sabe utilizar, hay un proceso de búsqueda por la familiaridad con él, se observa su forma, se intuye su uso y se experimenta para llegar al error. Solamente se consigue hacer pasar el viento entre medio del instrumento logrando un sonido como el del viento que se cuela entre un pasillo con fuerza. Algo hicimos mal que el objeto no cumple su función. Experimentamos colocando nuestros labios de distintas maneras produciendo varios tipos de sonidos, chasquidos con los labios, hacemos sonar las cuerdas bucales amplificando el sonido por medio de la trutruca, salen trompetillas como de elefantes, sonidos irregulares que van encontrando su cause, de pronto, un sonido grave y regular, los labios se posicionaron sobre la boquilla permitiendo que el aire pase por una pequeña abertura que hace vibrar los labios, encontramos la voz de la trutruca entre muchas otras voces que experimentamos anteriormente. Los labios no son lo único que se familiarizó con el instrumento, notamos también que nuestros pulmones lo hicieron, nuestra postura cambió. Comenzamos a movernos y experimentar con la sonoridad de la trutruca en distintas posiciones acomodando nuestros órganos de distintas maneras, encontrando nuevos sonidos y relaciones con nuestro instrumento. Comienzan a surgir nuevas experiencias entre nosotros y las trutrucas, experiencias que se expanden como las ondas del sonido hasta nuestros oídos, buscamos diferentes ángulos buscando


otras relaciones del sonido con nuestro ambiente y no solo eso, el sonido llega a otros oídos más allá de los nuestros, comenzamos a relacionarnos sonoramente entre nosotros, una relación dialógica preconceptual atraviesa nuestros cuerpos por medio de sonidos que encuentran su propia voz. Los sonidos en conjunto encuentran sus propias armonías, encuentran regularidad, buscan romper con los silencios, crean y destruyen sus propios patrones. Son acciones conscientes e inconscientes que se juegan en el baile del sonido, voluntades que se materializan en el sonido y se encuentran y desencuentran entre ellas. No hay símbolo, hay sonido y sensaciones, hay cuerpos interactuando entre ellos por medio del sonido, cuerpos que se mueven distinto, que se miran y se escuchan, se asocian y disocian. La familiarización con el objeto, el sonido, el espacio, el tiempo y los otros toma un cause, son encuentros y desencuentros que se armonizan a sí mismos. La repetición de lo movimientos se encuentra a sí misma como un ritual que perfecciona la técnica y que permite jugar y descubrir en conjunto. De la práctica del cuerpo y su relación con el mundo objetual emergen rituales en la repetición, la búsqueda y el encuentro. La trutruca ha invadido nuestros cuerpos, el sonido y el movimiento se adueñó de nuestra conciencia y la funde en una armonía asociativa y disociativa que se construye y destruye a sí misma. Nuestros gestos son determinados por el objeto y nuestro alrededor, así como por el diseño y función del objeto que portamos. No somos meros Yos en


57 el espacio, en ese momento somos trutrukatufes que han conectado la trutruka con su cuerpo, con sus órganos y han dejado que en la conjunción de su voluntad y la técnica adquirida se apodere de lo que somos. AUTOCONOCIMIENTO INTERSUBJETIVO

Cuando salimos de nosotros no hay vuelta atrás, el encuentro con el mundo determina lo que somos, el encuentro con los objetos y su uso nos sitúa en una relación material y concreta con nuestra realidad. En el uso de la trutruca encontramos sonidos ajenos, sonidos extranjeros a nuestras voluntades, convivimos con ellos, los aceptamos y los volvemos parte de nosotros. Pero el encuentro con los otros cuerpos potencia la capacidad creadora al mismo tiempo que violenta con toda la fuerza del exterior el relato del Yo. El proceso más largo y explosivo fue el del autoconocimiento intersubjetivo, el encuentro con el cuerpo del otro. Este proceso comenzó terso y sutil, casi como caricias con los que nos familiarizamos con los cuerpos de nuestros compañeros, el encuentro comenzó con la transgresión del espacio del otro, el acoplamiento de nuestros espacios por medio del tacto. El primer pasó empezó retomando el trabajo de respiración que habíamos practicado anteriormente, nos enfocamos en sentir nuestra propia respiración, en llevarla a distintas partes de nuestros cuerpos, al mismo tiempo nuestros compañeros nos tocaban y seguían la respiración con sus manos. Al principio la relación fue de una



59 disrupción de nuestro cuerpo siendo tocado por otro, ya no era meramente sentir nuestra respiración sino era sentir las manos de nuestros compañeros tocándonos, aplicando presión, sentir su presencia detrás y delante nuestro, nuestros cuerpos interactuaban y se relacionaban en una suerte de comprensión de los movimientos del otro con respecto a nosotros mismos. Los roles se intercambiaban, y la experiencia también, mientras en el primer momento fuimos tocados ahora era nuestro turno de explorar el cuerpo de los otros. Sentíamos sus órganos, la manera en que se acomodaban, además de que las diferencias entre los cuerpos se hacían explicitas en todo momento, había cuerpos más grandes que otros, más delgados o más gordos, más elásticos, más fuertes, etc. La sensación de sentir el cuerpo del otro te obliga a reconocerte en él, a comprender que hay alguien más allá afuera, que la exploración mutua implica que hay roles intercambiables en dónde las perspectivas de lo que uno y el otro son se vuelven multidireccionales, el Yo pierde su unicidad y se vuelve equívoco, nuestra identidad se desdobla en el conocimiento que adquiere el otro sobre nosotros mismos, ya no nos pertenecemos exclusivamente a nosotros. El movimiento de los cuerpos fue en escalada, comenzamos siempre desde nosotros para encontrarnos con los otros, ponemos atención en nuestra respiración que se armoniza con el sonido de las otras respiraciones, atendemos a nuestra relación con el piso, la presión de nuestros cuerpos en las plantas de los pies, permitimos que el suelo ejerza


fuerza sobre nuestros cuerpos, el equilibrio se desbalancea y comenzamos a permitir que nuestros sistemas se acomoden al movimiento que esto conlleva. Dejamos que el movimiento se apodere de nuestros cuerpos, la fuerza del piso se ve transferida por nuestros huesos y la tensión de nuestros músculos hasta nuestras cabezas, cuellos, omóplatos, articulaciones hasta llegar a un estado en dónde no hace falta pensar más, nos entregamos por completo al estar en ese momento. Dejamos nuestros lugares, los pies encuentran su propio camino, exploramos el lugar y nos movemos de aquí a allá en el espacio que habitamos hasta encontrarnos con otros cuerpos, con los ojos bien abiertos nos buscamos, encontramos otras pupilas y comenzamos a rozarnos casi sin ejercer presión, simplemente comprendemos el cuerpo y el movimiento del otro, así como nos permitimos ser comprendidos. Es un proceso de familiarización en dónde nos acostumbramos al estar con otros, al principio los movimientos son torpes y erráticos, surgen sentimientos como la desconfianza o el miedo, la exposición. Notamos que nuestros cuerpos se mueven distinto con los de los otros, estamos acostumbrados a movernos en relación con nosotros, pero no siempre a movernos con otros mientras nuestros cuerpos se rozan y comparten un espacio y tiempo. Es una relación asociativa y disociativa en tanto que cada uno tiene una temporalidad y espacialidad distinta y una familiaridad con ella, el movimiento con el otro implica salir de ese lugar en donde el centro es el Yo y comenzar a habitar el


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nosotros. Las relaciones entre cuerpos van cambiando sus colores, se vuelven lúdicas o incluso hasta coquetas, y en otras ocasiones despiertan sentimientos violentos. La intensidad de los encuentros va subiendo poco a poco, pasamos de los roces a los enganches, la relación entre nosotros adquiere un tono más violento, pero igualmente responsable. Enganchamos nuestros cuerpos de tal manera que podamos encontrar un equilibrio, aunque en otros muchos casos eso no fue así, abriendo las puertas a la posibilidad de articular nuevos movimientos y relaciones de tensión. Entregábamos nuestra fuerza, peso y equilibrio a el enganche con el otro quedando en un vínculo de constante tensión en dónde las fuerzas que ejercíamos sobre el otro podían tener un eco, podíamos vulnerar al otro de la misma manera que el otro nos podía vulnerar a nosotros. La repetición de estos ejercicios creo diferentes relaciones entre los participantes de Arqueología del Gesto, cada relación tenía su textura y su color, el entregar la corporalidad a otro creó vínculos especiales entre cada uno de nosotros, dejar que el otro ejerciera una presión o un enganche sobre nuestros cuerpos implicaba una responsabilidad sobre el otro y sobre uno mismo. La tensión se rompió con los choques, después de los enganches que acumularon fuerza entre nosotros, llegó el desencuentro entre los cuerpos prendidos. Se desató un frenesí lúdico en dónde ya no importaba el encuentro tenso y prolongado, ahora se trataba de encuentros y desencuentros como ráfagas que tomaron su propio curso. Nos mirá-


63 bamos entre nosotros, nos calculábamos, reconocíamos en nuestros cuerpos la posibilidad de un choque y cuando estábamos listos saltábamos hacía el otro como si saltáramos al vacío y la improbabilidad que implica un golpe violento con otros cuerpos. Las aprensiones se hacían patentes, el hecho de poder hacer daño era real, sobre todo cuando había cuerpos menos entrenados para ese acto. Sin embargo, la relación pasó de ser tensión a ser completamente flexible, el ejercicio implicaba sintiencia de nuestros cuerpos, inteligencia para calcular las trayectorias y el reconocimiento de las situaciones que se daban en el espacio para no lastimar a otros. Dentro de la instancia del autoconocimiento intersubjetivo se trataba de conceptualizar y problematizar las dinámicas que practicamos, dentro de los ejercicios aparecían nociones que no solo atendían al baile sino a procesos culturales. Encontramos el aspecto lúdico en las interacciones porque había momentos de tensión que se abrían entre las sonrisas y las risas, momentos de exploración del cuerpo del otro en relación que abrían la confianza de depositar nuestros cuerpos en las manos del otro y viceversa, en la compartición del espacio y el encuentro en el juego. La diversidad apareció en los cuerpos, así como en los tipos de movimientos que se desarrollaban, cada cuerpo con sus formas particulares de moverse establecía ritmos y patrones que negociaban el tiempo y el espacio con los otros. Así mismo, aparecieron relaciones de amistad, respeto, entrega, etc. Entre los participantes. Hubo relaciones que se definían por la presencia o


la ausencia, por la búsqueda del encuentro o, incluso, evitar el mismo. Hubo interacciones violentas en donde se pasaba a la lucha, cuerpos que chocaban con todas sus fuerzas y se encontraban con potencia. Dentro de esta instancia lo que pudimos vislumbrar en comunidad fue una pequeña maqueta de cómo se genera una sociedad, lo que encontramos fueron dinámicas genéticas de la cultura. Si asumimos que cualquier sociedad y cultura están constituidas por un conjunto de individuos que interactúan entre ellos, entonces también podemos asumir que en tanto que los individuos son conciencias y voluntades encarnadas las interacciones entre los cuerpos son los dispositivos originarios de la cultura. Cuando los individuos establecemos relaciones en tanto que ocupamos un lugar en el espacio que compartimos con otros surgen roces, conflictos, amistades, etc. Y detrás de todos estos vínculos lo que tenemos son voluntades que están en una constante negociación del espacio, tiempo y vitalidad. Esta negociación se norma, se establecen patrones y relaciones de poder que establecen reglas, las dinámicas se institucionalizan y se establecen protocolos de movimiento que al mismo tiempo que contienen, también dan pauta para sistematizar las dinámicas y desplazamientos establecidos dando así una libertad que solo se logra a partir de la norma y la capacidad de la creación artística, literaria, musical, etc. Dentro del ámbito de Arqueología del Gesto encontramos estos patrones y dinámicas en tanto que en el flujo del movimiento corporal en interacción con otros cuerpos, espa-


65 cios y tiempos sí logramos encontrar patrones, desarrollar dispositivos, hubo un conocimiento no solo de nosotros sino de los compañeros y la manera en que podíamos o no podíamos relacionarnos con ellos. Se generaron las normas y la sistematización de las dinámicas corporales que aunado con la sintiencia corporal pudieron constituir un espacio de creación corporal bajo los preceptos y normas constituidas comunitariamente durante los ensayos y encuentros. AUTOCONOCIMIENTO CULTURAL

En este estadio se plantea que en tanto que el cuerpo forma parte de una dinámica social, también está atravesado culturalmente. Si leemos las interacciones sociales como cuerpos en movimiento que se configuran espacio-temporalmente en función de la negociación de la voluntad, relaciones de poder y normatividad, entonces podemos asumir que la cultura es el producto de esas interacciones, pero al mismo tiempo es el lugar en dónde se norman los cuerpos mediante sus patrones que, bien o mal, han permitido la convivencia entre humanos así como su supervivencia. Podemos comprender a la cultura, en este sentido, como un conjunto de patrones y normas que integran una forma de vida que atraviesa la corporalidad. Estamos constituidos por la cultura y su historia, de la misma manera que nuestras interacciones como comunidad son su motor, es lo que en filosofía llamaríamos un círculo virtuoso. En este sentido, podemos decir con seguridad que somos conciencias en-


carnadas en cuerpos, y que nuestra conciencia y manera de interpretar el mundo ha sido forjada por la cultura en tanto modo de vida. Somos la historia encarnada que se conoce a sí misma, que se mueve y que se genera en su propio movimiento. El gesto como una actividad concreta del cuerpo no está exento de ser atravesado histórica y culturalmente, un modo de vida necesariamente implica una manera de moverse. Las acciones de la vida cotidiana implican al cuerpo que interactúa con su ambiente y este también determina los modos de hacer cultura. Como arqueólogos del gesto nos dimos a la tarea de buscar las ruinas de lo que hemos sido y seguimos siendo, y como el historiador que ve al pasado a sabiendas de que jamás podrá habitarlo nos lanzamos a la búsqueda de un reencuentro con un pasado cultural, en este caso culturas que han mutado, que han sido cercenadas, que han sido conquistadas, que han resistido y que siguen siendo. Nuestro encuentro con la cultura mapuche fue truncada por el tiempo y la cultura, por nuestro precario entendimiento occidentalizado del lugar que habitamos y al que pertenecemos, América. Sin embargo, somos lo que somos, no dejamos de ser americanos, productos del encuentro de más de dos culturas que, así como los cuerpos que chocan al tratar de ocupar un mismo espacio desarrollan sus propias formas y dinámicas sociales. Encarnamos la mezcla de tantas culturas como cuerpos se han encontrado para llegar a ser lo que somos.


67 Y es un error el estacionarnos en la nostalgia de un pasado que ya no es y que pudo haber sido, no podemos llorar a los viejos imperios y civilizaciones americanas, la añoranza de lo que no es nos cegaría para comprender lo que somos, por ello decidimos aventurarnos y habitar las ruinas y construir con ellas, porque somos lo que somos, y somos ruinas vivas que no han dejado de moverse, somos el encuentro y desencuentro, el juego y la lucha, formas de vida encarnadas que nos encontramos con nosotros mismos frente a la hostilidad del mundo, y que, sin embargo, podemos voltear a ver a nuestros compañeros y saber que no estamos solos ya sea para la amistad, el amor o la guerra. No hay nada más natural para el humano que la cultura porque en ella nos constituimos, somos la cultura que se mueve y se construye a sí misma frente a nuestra precaria existencia, es el lugar dónde lidiamos con nuestra disposición existencial de seres arrojados al mundo sin ningún sentido aparente, es ahí dónde encontramos el sentido y es el único lugar en dónde podemos trascender, en la cultura como acción humana. Y es en la búsqueda de las ruinas en dónde seguimos encontrando un sentido. Uno es lo que hace, cuando alguien baila se convierte en bailarín, cuando uno toca la trutruka se convierte en trutrukatufe, cuando buscamos en las ruinas nos convertimos en arqueólogos y es en la búsqueda de los gestos que nos han atravesado culturalmente en dónde nos encontramos, es decir que nos buscamos a nosotros mismos y nos encontramos en la acción, y es en ella en el


único lugar que podemos encontrar sentido, el sentido es el sentido de la acción. Nosotros como arqueólogos del gesto nos lanzamos de cabeza a lo que no conocíamos conscientemente, al encuentro con los gestos que han sido atravesados por nuestras culturas y que permanecen ahí sin que lo sepamos, es el encuentro con la corporalidad que nos conecta con nuestra propia naturaleza y con los gestos que como arqueólogos de distintas culturas y distintas historias nos hacen reecontrarnos con nosotros mismos y vernos desde el lugar de la conciencia que se observa a sí misma y que se encuentra múltiple, compleja, precaria, acompañada, pero sobre todo, viva. Los límites entre los cuatro estadios, desde una perspectiva global, no existen, son meros cortes arbitrarios que engloban lo que como arqueólogos del gesto encontramos y de alguna manera se trata de categorizar para poderlo expresar. Lo que encontramos es una dinámica entrópica en dónde lo primero que desaparece cuando nos preguntamos por la conciencia de la práctica del cuerpo es el relato del Yo, y lo que aparece en su lugar es mera relación, una interconexión entre nosotros como cuerpos que son instantes en movimiento conociéndose a sí mismos como naturaleza, y la cultura como parte de ella.


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Agradecimientos Natalia Diaz Medina, Francisca Espinoza, Daniela Corvalan, Alonso Hernan Huerta, Mamita Vieja, Familia Manquepi, Francisco Toro , Ramon Avila, Francisco Huichaqueo, David Aniñir, Mario Monsalve, Alejandro Moreno, Italo Tai, Aldo Massone y a todos los que han permitido el desarrollo de este proceso. Fotógrafo | Guido Peric Diseño | Cristina Vergara


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