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Lauren García • Mariano Arias • David Fueyo Ernesto Colsa • Esther García • Pelayo Fueyo Virginia Gil • Alejandro Arzayus • Rosa Cordero Díaz Javier Lasheras • Armando Murias • Nieves Viesca

Primavera eterna

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COLECCIÓN © DEL TEXTO © DE LA EDICIÓN EDITA MAQUETACIÓN

Minimal Sus autores Asociación de Escritores de Asturias Literarias, Asociación de Escritores de Asturias Alegría Blanc


Lauren García • Mariano Arias • David Fueyo Ernesto Colsa • Esther García • Pelayo Fueyo Virginia Gil • Alejandro Arzayus • Rosa Cordero Díaz Javier Lasheras • Armando Murias • Nieves Viesca

Primavera eterna


Índice

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Lauren García

7

Mariano Arias

8

David Fueyo

9

Ernesto Colsa

10

Esther García

11

Pelayo Fueyo

12

Virginia Gil

14

Alejandro Arzayus

15

Rosa Cordero Díaz

16

Javier Lasheras

17

Armando Murias

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Nieves Viesca

Cálculo absoluto Cómo ser fantasma en primavera El borrón

Excursión de primavera La estrena

La primavera

Primavera en la red (Alegoría entre el amor y el humor) Perséfone

Otras primaveras Feliz primavera

Un deseo, el camino Oculta Perséfone El hilo de las Parcas


Prólogo

Primavera, si tú quieres, en cualquier estación Tradicionalmente, y pensando a la manera platónica, la primavera siempre ha sido una idea refugio de artistas y creadores. Desde los pintores (pienso en Botticelli) que han querido reproducir su vida y sus colores, músicos (innumerables, pero evidentemente hay que mencionar a Vivaldi), políticos (la primavera árabe) o escritores (Machado y ese poemilla infantil dedicado a esta estación), este periodo siempre ha tenido algo de mágica resurrección ante las almas sensibles que se dejan llevar por la inspiración hacia el acto mismo de crear. Ciertamente este tema puede sonar a redacción para niños de primaria (almas sensibles donde las haya), y sí, he de confesar que en mi labor como maestro han sido innumerables las veces en las que, llegados al mes de marzo, propongo como tarea para el fin de semana una reflexión sobre los cambios que en nosotros y en el paisaje provoca el buen tiempo; sin embargo, siempre dejo muy claro que la originalidad es quizá el factor que más tengo en cuenta a la hora de valorar estas composiciones, es decir, saber dar una vuelta de tuerca ante un tema a priori tan manido como es el de la estación, para algunos más bella, de todas cuantas nos visitan. Desde la Asociación de Escritores de Asturias queremos, con esta obra, no solo elaborar una serie de textos alusivos a la primavera, sino hacerlo de una forma diferente desde doce puntos de vista distintos. En este pequeño libro hay versos, hay prosa, hay claridad, oscuridad, sencillez y barroquismo, hay lengua castellana y asturiana; pero sobre todo hay un importante nexo de unión entre todos ellos más allá del canto propio, y es que todos están hechos en Asturias y por asturianos de nacimiento o adopción. Aquí se recogen los textos leídos en la fiesta llevada a cabo en la ovetense galería de arte Falcón Espacio Creativo el 26 de abril de 2014. En aquel momento llevamos a cabo un recital heterodoxo en cuanto a su género con la idea, viendo el satisfactorio resultado, de cristalizarlo en un libro que hemos tenido a bien llamar “Primavera eterna”. Quizá sea por eso, porque somos asturianos y necesitamos acordarnos de que, tras esta niebla y esta lluvia (que tanto nos inspira), también hay un sol que aguarda, allá por marzo, para volver a dejarse ver. Comenzaba este prólogo pensando de manera platónica y quiero concluirlo con los pies en el suelo, pidiéndoles como lectores que disfruten de estas nuestras creaciones y que se acerquen a estos autores y busquen y rebusquen entre su obra, vayan más allá y lean, léannos, porque eso en concreto pueden hacerlo en cualquier momento, en cualquier estación.

David Fueyo


Cálculo absoluto Tu bondad fue fruto de sacrificadas vides. Fuiste elegancia natural compasiva de los primeros pétalos de la primavera. Esa voz fue conquista arrinconada de un modo feroz de subyugar al mundo. ¿En qué altar postrar tu corazón enajenando a las fieras? Sabias virtudes de mariposa ligera. Niebla de mi azogada respiración.

Lauren García

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Primavera eterna


Cómo ser fantasma en primavera Cuando llega la primavera me transformo inevitablemente. Desde que soy fantasma he alterado mis hábitos de modo sustancial: observo y juzgo a la gente de otro modo; también soy más benevolente aunque se consideren felices. He descubierto en sus mentes pensamientos a los que jamás había tenido acceso. No es que eche de menos mi anterior estado, pues he alcanzado el anhelo antiguo de disfrutar de los sentimientos, pasiones, juegos e inquietudes de los otros. Ahora escribo sobre cómo me comporto al ser fantasma en esta estación del primer verdor anual y me inquieta el paso de la invisibilidad a la visibilidad. Cuando elijo a un sujeto humano y me convierto en su fantasma le impido percibir mi presencia, dejo que viva en su mundo de espectros mágicos, ajeno a mí hasta que decida entrar en acción: no lo asusto, ni lo provoco, ni le dirijo la mirada… Soy consciente de sus miedos, su angustia si cabe, su terror a lo desconocido, a la tragedia, a la muerte. Por ello, ya sea mujer u hombre mantengo mi invisibilidad hasta tensar al límite la aparición ante la persona elegida: sé que mi sola aparición trastocará su lógica escéptica, y su compleja mente le provocará sudor frío, un desgarrón interior sobre qué es lo que ve… Cuando no encuentre palabras para describir la visión, balbucee y su corazón se paralice entonces intervengo… Debo ser rápido, preciso con las palabras y cuidar mi rasgo espectral; así, cuando grite de pánico sabré cuándo acercarme y susurrarle… El miedo no lo atenúo ni tampoco me preocupa… El interés como fantasma va más lejos: velozmente me sitúo ante él y cuando está absorto en sus labores cotidianas, durmiendo, planchando, cocinando o simplemente escribiendo, por ejemplo, le impido seguir para que vea en mí lo que no puede saber ni explicar ni hablar ni digerir ni transmitir… Ahora cierro los ojos para abrirlos al instante…, levanto la vista del papel escrito…, me surge una extraña inquietud, un malestar incierto, escucho una voz lejana nombrando, una y otra vez…, me nombra repetidamente, así lo creo, hasta que la voz se hace ininteligible…, desconocida. Al escribiente, ahora, le tiembla el pulso…, le cae la pluma… No puede, es cierto, soportar la voz, mi visión, mi espectro. Y su rostro blanco, pálido, provoca un golpe seco al caer pesado e inerte sobre la mesa del escritorio… Me ha visto, es cierto, o ha creído verme y soy feliz.

Mariano Arias Primavera eterna 7


El borrón La alborada del llunes 13 al martes 14 de setiembre de 1992 convertí al prau de la Ería d’Uviéu, llugar de xuegos y xareos infantiles, zona verde y camín ciclista de la mio infancia, nel mio locus amoenus o llugar idealizáu particular. Aquella madrugada, con nocturnidá y antemanamientu unes máquines entamaron, raspiaron y tapecieron d’un mantu corito y mafoso el mio patiu particular de recréu nel que pasaba los branos armáu con un bocáu de nocilla na mano y millones d’hores por llegar a la mio vida de milenta collores, que de la nueche al día se vio enturbiada con aquel borrón aniquilador d’ilusiones y de países imaxinarios, de batalles en bici y de los meyores xoriles del mundu pa xugar al escondite. ¿El culpable? Michael Jackson y les milenta persones que vinieron díes dempués a ver la so actuación nel estadiu cercanu y que, espero, toes elles tuvieren llugar p’aparcar coles ruedes negres de los sos autos sobre’l negru y mafosu borrón que fixo que de la nueche al día, de la madrugada del llunes 13 al martes 14 de setiembre de 1992, fixérame, ensin querelo, por cuenta de ello, yá mayor. Sicasí la vengación ye un platu pa xintar frío, y güei, 23 años dempués, con Jackson interpretando’l so video-clip “Thriller” a perpetuidá, y cola Ería camudada nun barriu más de la nuesa ciudá, digo que me siéntome reconfortáu otra vegada yá que, al llegar esti mes d’abril, pasiando por aquel, agora sí que bien llamáu, araxal, di cuenta de quien venció naquella llucha ensin igual, por cuenta de que, rompiendo l’asfaltu, trescalándolo en xabaz llucha, quebráu con toles sos fuerces, nació, fía de la primavera y de aquellos praos nos qu’antes xugaba, una flor, que, anque débil, amosábase con insolencia y puxu ente’l cementu y los coches, recordándome que debaxo de cada borrón qu’apaeza na nuesa vida toes abellugamos daqué de la nuesa infancia, d’aquel mundu de xareos y escondites, del nuesu locus amoenus, del nuesu país de milenta collores.

David Fueyo

8 Primavera eterna


Excursión de primavera - Niños, por fin hemos llegado; id preparando vuestros macutos sin olvidaros de los bocadillos ni de la cantimplora. Espero que llevéis todos las botas adecuadas, porque nos queda un buen trecho por el barro. Veo que Bohigas ha traído la guitarra, ya sabía yo que no me ibas a fallar… Emplazaremos aquí el vivac; despejad esa maleza, así, más rápido… ¡Cuidado con la ardilla!... Bien; ahora debéis ir por leña al bosque… No, no es suficiente, necesitaremos por lo menos el doble… ¡A pescar al río! Colocad el anzuelo de la forma correcta. ¿No tenéis cebo? Pues habrá que conseguir lombrices… Después de la pesca no hay nada como una buena caminata para desentumecer los músculos. ¡Paso ligero! ¿Quién entona una canción de marcha? ¡Más fuerte, que no se oye! Este lugar resulta perfecto para escuchar unos versículos. Lee bien alto, Bohigas… ¿No es verdad que delante de estas maravillas uno se da cuenta de que ha sido su creador el Creador?... Comamos, amigos, pero ya sabéis lo que os espera después: al río de nuevo a lavar los utensilios… Llegó por fin la hora que todos estabais deseando: la de los juegos. Nos distribuiremos en dos equipos; de Arango a Fuenteseca formarán el grupo A, y de Méndez a Vilabella, el B…. ¡Dejad en paz a Bohigas, que no os ha hecho nada! Esa no es manera; hemos de seguir las reglas estatuidas de antemano. Así aprenderemos a respetar a los demás para llegar a algo en la vida: limpiabotas o Secretario de Estado, vosotros elegís… Pero, ¿adónde me lleváis ahora, niños? ¿Por qué me atáis a este alerce? ¡Ni se os ocurra vendarme los ojos! ¡Ya está bien de bromas, chicos; no me gusta este juego! ¡No os alejéis! ¿Y qué es ese olor a gasolina?... ¡Niños!

Ernesto Colsa

Primavera eterna 9


La estrena Añu tras añu, esperamos, impacientes, la estrena de la primavera. Cuando les primeres rayaes de sol faen bullir el maxín. Cuando guañen les plantes y tamién bulle l’amor. La primavera ye tiempu d’estrena, d’estrenes de tou tipu… ¡Nun hai nada que pueda torgar la ilusión d’una estrena! Seique toos tenemos guardaes nel maxín munches “estrenes”. A lo llargo’l tiempu, fui guardando ropes y recuerdos nun baúl, nel baúl de la memoria onde too tien sitiu. Revuelvo nel mio baúl y pruebo los vistíos d’antaño. Los trapos que me traen recuerdos d’una o d’otra estrena. Y miro, con señardá, aquella falda d’a cuarta, de tela vaquero, con tachueles alredor de los bolsos. Mírome nel espeyu. ¡Qué risión! Nun soi quien a poner la saya nel so sitiu y fáltame un cachu na cintura pa poder abrochala. ¡La mio cintura! ¿Nun soi yo? Sigo revolviendo nel baúl. Alcuentro un pantalón de color azul cielu, un poco escoloríu. Metíu nel bolsu, un papelín amarielláu. Nél ta escritu un poema d’aquellos años de mocedá. Na mio memoria, otres estrenes… Esquerando nel baúl, otra vez m’engañó’l tiempu. Nun yera a volver en mi y asitiame na dómina na que m’alcontraba. Una llárima humedecióme los güeyos y fíxome recordar del “vaíu” que me sumiera dafechu na mocedá. “Zarré” de sópitu’l baúl, agora revueltu como la mio vida. Como quien nun quier asumir que la ropa y les coses que taben allí guardaes yeren testigos de que’l tiempu nun espera. Sicasí, el rixu primaveral convidóme, una vegada más, a la estrena, y enfotada en mercar dalguna prenda marché a caleyar de tienda en tienda. Nada, nun había nada. Tolo que vi yera igual de pequeñu y minimalista que la mio ropa del baúl. Cuando reparaba atentamente naquel maniquí inmóvil, tiesu, regalláu, y que paecía querer falame, sentí que me picaben per detrás. -¡Ai, “trapinos”, “trapinos”! ¿Alcontrasti dalgo pa estrenar? Yera él, el del poema. ¡Qué sorpresa! De sópitu, vime otra vez revolviendo nel baúl y pudi ver nos sos güeyos que l’amor inda nun se destiñira. -¡La estrena, la estrena! Y colos trapos d’antaño nel maxín colamos y estrenámonos otra vez en primavera, escondíos de la Lluna que nos miraba, sollerte, dende lo alto, colos güeyos regallaos. Esther García 10 Primavera eterna


La primavera El sol hizo una apuesta por los enamorados: se besan en los parques con olor a mimosas. Al funcionario gris le suda la chaqueta y el teléfono móvil viaja ignorando el tiempo. Algunas veces llueve; no es lluvia melancólica: dispone de frescura para incitar al árbol con sus pequeños brotes, y borra de las calles ciertas sombras fugaces, heridas del invierno. La primera verdad es que la sangre altera y todo es amoroso solo en la superficie: lucha con la acedía, y propone a los locos a dibujar el aire como un palimpsesto.

Pelayo Fueyo

Primavera eterna 11


Primavera en la red (Alegoría entre el amor y el humor) Es primavera en la red y salgo al mundo. “Hola, soy una rosita perfumada, una lila despechada o una elegante amapola. Soy encantadora de abismos, exploradora de quicios, y poseedora de ismos. Me llamaré Samarkanda, Cracovia o tal vez Sonora. Algo que suene a secretos velados, a misterios soñados y a rumores vedados”. Es primavera en la red y salgo al mundo. Me contesta un girasol infiel, un gladiolo ocioso y un narciso ansioso. Me dicen estar torneados por el running, obsesionados por un planning y con muchas fuerzas para el fucking. ¿Será siempre lo mismo? ¿Ni un ápice de romanticismo? Pero es primavera en la red y navego, navego en mi bajel. “Hola zagales, les digo, soy una gardenia ilustrada, una azalea sosegada o una punzante zarzamora. Soy mares de pétalos, Sherezade de Sésamos y Hades de dédalos. Me llamaré Casandra, Segovia o, si quieres, Eleonora. Algo que suene a cerezas coristas, a esencias cubistas y a bellezas solistas”. Es primavera en la red y salgo al mundo. Me contesta ahora un gentil agapanto, 12 Primavera eterna


un sencillo azafrán y un sabio tulipán. Me aseguran continuar de buen ver, proponen una tarde en El Bombé o una sesión de balompié. Todos suenan muy arcaicos, demasiado angelicales, poco demoniacos. Pero es primavera en la red, tiempo siempre para el amor y un poco también para el placer. Un último intento auguro. Es primavera en la red y salgo al mundo. “Hola, toc-toc. Soy una hortensia abrumada, una caléndula animada o una mutante begonia. Tengo el rumor del rio Nora, el fulgor de la flora y el pundonor de Pandora. Me llamaré Uganda, Varsovia, o mejor Isadora. Algo que suene a campanadas sin horas, a pinceladas de sombras entre dentelladas de esporas”. Me contestan nicks de un tangero clavel, de un hermoso alelí y de un saleroso jazmín. Me prometen mantener la compostura, ser fanáticos de la pintura, y agradarles la literatura. ¿Por fin habré encontrado a mi Romeo? ¿Tras tanto infructuoso escarceo? ¿Pudiera ser que yo sea la caña de profetas, la saña de ascetas o la maña de poetas? Es primavera en la red. Y en la radio suena aquello de “Tal vez, tal vez, tal vez”.

Virginia Gil Primavera eterna 13


Perséfone Por los últimos pliegues de marzo se despide de nosotros la sombra de este invierno. Desde hoy los árboles dejarán de ser imberbes, y empezará un festín de flores y una alegre danza de lirios transparentes. Por lo pronto, ya no tiritarán los picos de las aves, ni se escuchará el oscuro llanto de Deméter, ni los blanquecinos montes desayunarán avena y nieve. A partir de ahora, nos encontraremos unas alboradas provistas de rímel y los empolvados pómulos despedirán las largas tardes soñolientas. Y durante la noche, retozaré sobre tus ardientes nalgas donde la pasión impele, y me difuminaré, lívido, por el respaldo de esta embriagadora primavera que me enerva.

Alejandro Arzayus

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Otras primaveras Hay primaveras que se cuelgan de los balcones, trepan por los muros, se cuelan por las rendijas. Marcan el territorio con agua de nieve y se cae el frío de la noche, pero hay primaveras que llegan para ser tatuadas como fusiles con silueta de clavel o tanques que se quiebran en la mano de un niño. Los días de euforia se extendían entonces por geografías inimaginables, desterrando cualquier tristeza. Pensabas que ya nunca el viento de óxido enredaría tu pelo, resquemaría tus ojos y hoy como ayer el eco de otros mundos vuelve para salvarnos de este largo invierno: un cuadro, música de fondo, un libro, equipajes que hacemos y deshacemos para evitar un espacio de agonías y ausencias. Cuando ya nadie puede prometernos el paraíso solo la memoria es capaz de proporcionarnos ese extraño instante de lo eterno.

Rosa Cordero Díaz

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Feliz primavera Te veo bien, tus ojos sosteniendo el horizonte, abajo la mar y los coches, apurando un silencio como un lobo atento desde la proa de tu casa. Pero, ¿qué es eso que te inquieta o te reclama? ¿Será tal vez el zumbido de un dios malcriado y entrometido que ignora la paz de los hombres y juega cabrón entre las tinieblas de tu pasado? ¿Qué dolor obsceno te bulle ahora en las entrañas, qué te quiebra como a un animal imposible de futuro? ¿Cómo de repente un asco de todo aprieta tus molares y contamina tus pulmones con su aire putrefacto? Es entonces cuando coges ese libro, alcanzas la llave y sales volando para mandar al diablo este paraíso, para andar por el muro, con la primavera al cuello, por fin tranquilo.

Javier Lasheras

De Fundición, Editorial Algaida Poesía, Sevilla, 2008.

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Un deseo, el camino Nació huidiza, con la flexibilidad de un junco en un cañaveral ventoso. Los años le dieron alas, aunque siempre pareció una gata, a punto de alcanzar la luna. Ahora es un silbido, un garabato, una filigrana, un punto en el espacio, una recta que se pierde en el infinito, una estrella errante, una sombra, un relámpago, solo una quimera. Sin ella, el mundo estaría cojo, o tuerto, o loco de atar. Un lugar vacío, un sitio en el que no habría más que tierra y polvo donde se arrastran los reptiles, gusanos y alacranes. Desde hace días, y como todos los años, viene con las nubes del idus de marzo, acompañada del aire húmedo del océano, saltando entre las flores, o abrazada al mástil del barco velero, o trepando por el humo de las chimeneas de las casas. A su llamada acuden las aves del paraíso. A veces forman bandadas que sobrevuelan las copas de los árboles más crecidos haciendo que el cielo sea más azul y más cielo. Otras veces son las nubes las que quedan enganchadas en las alas de las mariposas amarillas. En otras ocasiones, sus soplos empujan las arenas del desierto que dejan al descubierto un oasis donde se arremolinan los camelleros, al amparo de las palmeras. Y es frecuente que la espuma de las olas lleve el aroma del coral hasta el último faro que alumbra el fin del mundo. Es entonces cuando las miradas siguen con devoción la estela de la primavera, que pasa todos los años por nuestras vidas con la brevedad de una ilusión, con el calor del corazón que palpita, con la luz de un deseo. Si de sus ojos se desprende una lágrima, no llores, déjala que siga su camino porque esa despedida anuncia su regreso. Armando Murias

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Oculta Perséfone Esta delgada lluvia que estremece la calma de los charcos apacigua mis ojos en las calles vacías. La eternidad sin tiempo en el futuro son las flores en medio del camino que brotan entre bolsas de basura, anunciando que las recordaré cuando su incendio se haya marchitado.

Una golondrina no anuncia la primavera. ARISTÓTELES

El hilo de las Parcas Agonizan las horas del invierno ataviadas con rostro oscuro. Yacen por mi vida interior… ¿A escaso instante del último rumor de la clepsidra?

Nieves Viesca

18 Primavera eterna


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