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EL ARTE DE LA FUGA SERGIO PITOL “Aquello que da unidad a mi existencia es la literatura; todo lo vivido, pensado, añorado, imaginado está contenido en ella. Más que un espejo es una radiografía: es el sueño de lo real”

Literatur Solasaldiak Tertulias literarias Errenteria, 2013 / 04 / 16

http://liburutegiak.blog.euskadi.net/errenterialiburutegia/


BIOGRAFIA (http://www.escritores.org/biografias/260sergio-pitol)

Sergio Pitol nació en Puebla (México) el 18 de marzo de 1933. Su infancia fue difícil, ya que su madre murió cuando el escritor tenía cuatro años, al poco tiempo contrajo la malaria, lo que lo obligó a mantenerse encerrado prácticamente hasta los doce años de edad. Cuando se recuperó el niño sólo pensaba en viajar, lo cual se convertiría en el motor de su vida y de su creación literaria. El propio escritor reconoce que: "Soltar amarras, enfrentarme sin temor al amplio mundo y quemar mis naves fueron operaciones que en sucesivas ocasiones modificaron mi vida y, por ende, mi labor literaria. En esos años de errancia se conformó el cuerpo de mi obra". El escritor mexicano es reconocido por su trayectoria intelectual, tanto en el campo de la creación literaria como en el de la difusión de la cultura, especialmente en la preservación y promoción del patrimonio artístico e histórico mexicano en el exterior. Licenciado en derecho por la UNAM, ha vivido perpetuamente en fuga, fue estudiante en Roma, traductor en Pekín y en Barcelona, profesor universitario en Xalapa y en Bristol, y diplomático. Miembro del Servicio Exterior desde 1960, ha sido consejero cultural de las embajadas mexicanas en Francia, Hungría, Polonia y la Unión Soviética, director de Asuntos Culturales de la Secretaría de Relaciones Exteriores, director de Asuntos Internacionales del Instituto Nacional de Bellas Artes y embajador en Checoslovaquia. Ha trabajado para las editoriales Novaro, Oasis y Tusquets. Colaborador de Revista de la Universidad, Estaciones, Revista de Bellas Artes y La palabra y el Hombre; de los suplementos México


en la Cultura, La Cultura en México, Sábado y La Jornada Semanal; y del diario Ovaciones. Socialista democrático y agnóstico. La desgracia, la enfermedad y el aislamiento crearon su estilo literario, que él define como una autobiografía oblicua en la que se funden la vida y la literatura. Sergio Pitol ha ocupado durante muchos años una posición muy especial en el panorama literario mexicano, sin embargo, aunque ha sido unánimemente elogiado por la mejor crítica, y un apasionado difusor de la literatura centroeuropea y el brillante traductor de autores como Conrad, James, Gombrowicz o Andrzejewski, varios factores han contribuido a que no pasara de ser, durante muchos años, un escritor de culto. Su narrativa es visceralmente mexicana, pero sin los modelos literarios ni la temática que ha marcado a los escritores mexicanos Ha sido condecorado por el gobierno de Polonia e investido doctor honoris causa por la UNAM.

PREMIOS * Premio Rodolfo Goes del INBA por la novela El tañido de una flauta, 1973 * Premio La Palabra y el Hombre por el cuento Asimetría, 1980 * Premio Xavier Villaurrutia por el libro de cuentos Nocturno de Bujara, 1981 * Premio Narrativa Comala, 1982 * Premio Herralde de Novela por El desfile del amor 1984 * Gran Premio de la Asociación de Cultura Europea, de Polonia. 1987 * Premio Juan Rulfo, 1999


BIBLIOGRAFIA (http://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/pitol/bibliografia.htm)

Narrativa •Victorio

Ferri cuenta un cuento, En familia, en Cuadernos del Unicornio, México, 1958. •Tiempo cercado, Editorial Estaciones, México, 1959. •Infierno de todos, Universidad Veracruzana, Xalapa, 1964. •Los climas, Joaquín Mortiz, México, 1966. •No hay tal lugar, Era, México, 1967. •Del encuentro nupcial, Tusquets, Barcelona, 1970. •El tañido de una flauta, Era, México, 1972. •Asimetría: antología personal, Universidad Nacional Autónoma de México, Difusión Cultural, Departamento de Humanidades, México, 1980. •Nocturno de Bujara, Siglo XXI, México, 1981. •Cementerio de tordos, Ediciones Océano, México, 1982. •Juegos florales, Siglo XXI, México, 1982. •El desfile del amor, Anagrama, Barcelona, 1984. •Vals de Mefisto, Anagrama, Barcelona, 1984. •Domar a la divina garza, Anagrama, Barcelona, 1988. •Cuerpo presente, Era, México, 1990. •La vida conyugal, Era, México; Anagrama, Barcelona, 1991. •El relato veneciano de Billie Upward, Monte Ávila Editores, Caracas, 1992. •El arte de la fuga, Era, México, 1996. •Pasión por la trama, Era, México, 1998. •Soñar la realidad, Plaza & Janés, México, 1998. •Todos los cuentos, Alfaguara, México, 1998. •Tríptico del carnaval, Anagrama, Barcelona, 1999. •Un largo viaje, UNAM, Col. Confabuladores, México, 1999. •El viaje, Era, México, 2000. •Todo está en todas las cosas, LOM, Santiago, 2000. •El oscuro hermano gemelo, Editora de Gobierno, Xalapa, 2001. •El oscuro hermano gemelo y otros relatos, Norma, Bogotá, 2004. •El mago de Viena, Pre-Textos, Valencia, 2005.


•Los

mejores cuentos, presentación de Enrique Vila-Matas, Anagrama, Barcelona, 2005. •Trilogía de la memoria, Anagrama, Barcelona, 2007.

Ensayo •De Jane Austen a Virginia Wolf, SEP, Sepsetentas, México, 1974. •Olga Costa, Gobierno del Estado de Guanajuato, Guanajuato,

1983. •La casa de la tribu, Fondo de Cultura Económica, México, 1989. •Juan Soriano, el perpetuo rebelde, Era, México, 1994. •Luis García Guerrero, Gobierno del Estado de Guanajuato, Guanajuato, 1994. •Una adicción a la novela inglesa, ISSSTE [Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado], México, 1999. •Hasta mañana y buenos días, Textos para la Transición, Coordinación General de Asesores, Gobierno del Estado de Aguascalientes, Aguascalientes, 2001. •La relación con Italia, Istituto Italiano di Cultura-Biblioteca Gaspare Stampa, México, 2001. •De la realidad a la literatura, Fondo de Cultura Económica, México, 2002. •Adicción a los ingleses: vida y obra de diez novelistas, Lectorum, México, 2002.

Obras reunidas (5 volúmenes) Volumen

I, El tañido de una flauta. Juegos florales, Fondo de Cultura Económica, México, 2003. Volumen II, El desfile del amor. Domar a la divina garza. La vida conyugal, Fondo de Cultura Económica, México, 2003. Volumen III, Cuentos y relatos, Fondo de Cultura Económica, México, 2004. Volumen IV, Escritos autobiográficos, Fondo de Cultura Económica, México, 2006. Volumen V, Ensayos, Fondo de Cultura Económica, México, 2009.

Autobiografía •Sergio

Pitol, Empresas Editoriales, México, 1967.


EL ARTE DE LA FUGA Marta Rivera de la Cruz (http://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero7/pitol.htm )

Es difícil encontrar un libro como la última producción literaria de Segio Pitol (México, 1933). Estamos ante un texto escrito desde el optimismo, desde la calma, desde el sosiego. Un libro que recuerda a quien lo lee que el mundo está lleno de lugares hermosos, de libros que merece la pena leer, de personajes interesantes, de rincones por descubrir, que hace caer en la cuenta que, como escribe el propio Pitol, "la vida es portentosa". Pitol nos lanza de bruces y sin previo aviso a una geografía desordenada; es casi imposible trazar un mapa de este libro: las reflexiones y los escritos nos trasladan de Siena a Roma, de Roma a Varsovia, de Varsovia a Praga, a Venecia o a Chiapas, a la Barcelona de la "gauche divine"... en fin, a todos los lugares que forman parte del pasado cosmopolita del autor. Porque este libro es, de algún modo, la recuperación de un pasado al que se llega sin seguir otro itinerario que la carretera desordenada de la memoria. Con una generosidad sin límites, el autor recupera para el lector los instantes felices de otros tiempos. Sin embargo, las páginas no están construidas en función de la nostalgia: sólo hay recuerdos lúcidos, rescatados de un modo deliberado y consciente y no después de un súbito ataque de melancolía. De las palabras de Pitol se desprende una serenidad desconocida, y el lector no puede por menos que sentirse admirado de la capacidad del autor para defender a ultranza, pero sin ruido ni estridencias, los valores universales del respeto o la tolerancia. No hay lugar para la amargura, no hay lugar para los reproches. Este es el texto de un hombre que se encuentra en paz consigo mismo y con su propia historia, y que reconoce


"este libro es en cierta manera una recopilación de desagravios y lamentaciones, un intento de apaciguar desasosiegos y cauterizar heridas". El libro se divide en cuatro partes, que no me atrevo a llamar capítulos. En el primero de ellos, "Memoria", los recuerdos de Pitol reservan al lector muchas sorpresas agradables, nacidas muchas de ellas del inveterado optimismo del propio autor. Casi al principio del libro, por ejemplo, el retrato de una Venecia que el autor tiene que ver distorsionada: sufre de un defecto de visión y ha perdido sus gafas. Del contratiempo saca Pitol un motivo de regocijo: "Veía y no veía -escribe- captaba fragmentos de una realidad mutable (...) A medida que la niebla velaba aún más la visión de palacios, puentes y plazas, mi felicidad crecía". Es el descubrimiento de una realidad distinta, de una realidad sólo asequble a aquellos que se den la oportunidad de ver las cosas de un modo que no tiene por qué ser el habitual. Contemplar Venecia sin gafas es un modo de abordar la realidad desde otro ángulo, y preguntarse al fin cuál de las dos visiones (la distorsionada o la que aceptamos como real) puede considerarse mejor. Es el propio Pitol quien resuelve el dilema: "Todos los tiempos son en el fondo un tiempo único. Venecia comprende y está comprendida en todas las ciudades (...) Cada uno de nosotros es todos los hombres (... ) y sólo Venecia, con su absoluta individualidad, iba a revelarle ese secreto". "Cada uno de nosotros es todos los hombres", escribe Pitol. De esa máxima nace quizá su tendencia a la generosidad, a la comprensión: no encontramos en el libro juicios de valor, ni de ninguna otra clase. Sólo capacidad y disposición para entender y asimilar todas las cosas, aún las más complicadas y las más divergentes. Es conmovedora la serenidad con que Pitol enfrenta un tema tan recurrente como angustioso: el paso del tiempo, que el autor encara con calma, sin dramatismos. Escribe Pitol: "Revisar el pasado significa, entre otras tristezas, contemplar un mundo que es y al mismo tiempo ha dejado de ser el mismo". Sin embargo, hay cierto deleite en esa revisión del pasado: "La memoria trabaja con la misma lógica oblicua y rebelde de los sueños. Hurga en los pozos ocultos y de ellos extrae visiones que, a diferencia de las de los sueños, son casi siempre placenteras".


Hay también en estas páginas de "Memoria" concesiones oníricas, como el ensayo "Sueños nada más" o el mismo "Vindicación de la hipnosis". Junto a estos textos, el autor nos regala unas páginas de un diario llevado durante su etapa en Barcelona y del que se desprende el proceso gradual del cambio de circunstancias que convierte una ciudad indeseable en aquella que no cambiaríamos "por ninguna otra ciudad del mundo". La compilación de ensayos bajo el título "Escritura" constituyen un homenaje a las tareas de creación. Pitol escribe sobre el germen de las primeras historias, tan cierto como impreciso: "ese largo deambular desde unas cuantas imágenes perdidas en la memoria hasta su fijación en el papel sigue constituyendo para mí un misterio"; el humilde reconocimiento de la angustia del autor ante la crítica: "Me agrada -escribe Pitol- imaginar a un autor a quien ser demolido por la crítica no le amedrentara..." El escritor ofrece también lo que podría considerarse una definición del novelista: "Un novelista es alguien que oye voces a través de las voces (...) Con ellas va trazando el mapa de su vida. Sabe que cuando ya no pueda hacerlo le llegará la muerte, no la definitiva, sino la muerte en vida, la hibernación, la parálisis, lo que es infinitamente peor", y también una defensa encendida de la novela, de la que escribe "Hoy vive uno de sus grandes momentos". Si a lo largo de las páginas las menciones a otros autores son interminables (de Borges a Gombrowitz, de María Zambrano a Carlos Fuentes, de Shakespeare a Cervantes...), en la tercera parte del libro, "Lecturas", Sergio Pitol se centra definitivamente en las obras de otros maestros: se trata de una serie de ocho ensayos literarios sobre distintas obras de autores diferentes, que revela más a un excelente lector que a un crítico a secas. Pitol pretende ir mucho más allá de la crítica literaria: su intención no es la de diseccionar un libro, sino sencillamente comprenderlo y hacerlo comprensible, entender a sus personajes, justificar los motivos que los impulsan a actuar y, sobre todo, demostrar por qué razón los grandes son grandes. Lo cual, viniendo de alguien que también ejerce el oficio de escritor, es una muestra más de la inmensa generosidad de Sergio Pitol. La última parte del libro, "Viaje a Chiapas" constituye, como indica


su título, el relato de la visita del autor a la zona del conflicto. De él se ofrece una visión conciliadora, una perspectiva lúcida orquestada en la capacidad para escuchar y en la necesidad de comprender posturas contrapuestas y de asimilar no sólo las distintas vertientes del conflicto, sino la imagen caleidoscópica de las culturas de los indios mejicanos. Pitol cierra el libro con unas líneas emotivas: "si bien es cierto que vivimos tiempos crueles, también es cierto que estamos en tiempo de prodigios".

ENTREVISTA Octavio Avendaño Trujillo (http://www.jornada.unam.mx/2007/07/29/sem-octavio.html)

Sé que para usted fue muy importante su abuela materna. Cuénteme de sunonna, su abuela, Catalina. Yo quedé huérfano de padre y madre a los cuatro años. A mi hermano y a mí nos recogió mi abuela y un tío, hijo de mi abuela, hermano de mi madre. Y bueno, mi abuela era una señora de rancho, antes de la Revolución. Se quedó viuda muy joven, con muchos sobresaltos. A ella y a sus hermanas las mandaron a estudiar a Italia. A la hora de comer hacíamos una sobremesa y entonces nos contaba historia de Italia, de viajes, de su rancho, y nos contaba también lo que estaba leyendo; su autor elegido era Tolstoi, con Ana Karenina. Creo que la leyó quince o más veces porque era su fascinación. La veíamos desde la mañana hasta la noche leyendo. Entonces yo le debo muchísimo como persona y como escritor, porque tan pronto nos enseñaron a leer ya teníamos libros. Yo leí muchísimo, porque era muy enfermizo de niño y en la adolescencia, por eso tuve un tiempo enorme para leer, leer y leer. Cuando comencé a escribir mi primer libro de cuentos, casi todas las tramas venían de lo que ella me había contado. Después de haber escrito mi primer libro de cuentos, pensé que ya no iba a


escribir. Ese libro estaba dedicado a mi abuela, pero yo ya no tenía idea de hacer o escribir otras cosas. ¿Por qué ya no quería escribir? Por cosas más internas. Ese libro iba a ser el primero de una primera colección literaria para autores muy jóvenes, la dirigía José de la Colina y después del mío ya no hubo ningún otro libro, pero en aquélla época generalmente se publicaba un librito que regalaba uno a los amigos; se ponían treinta o treinta y cinco libros en las librerías. Era lo normal, así fue la entrada de Salvador Elizondo, Juan García Ponce. Sabíamos que así era.

¿Por qué empezó a escribir en Tepoztlán? Yo tenía una casita con un jardín, me gustaba muchísimo Tepoztlán. No había luz eléctrica, era un pueblo precioso, precioso; ahora es una cosa del jet set. Carlos Pellicer tenía una casa preciosa de pueblo, vivía también el Dr. Atl. Y había tres o cuatro casas de gente a la que le gustaba la naturaleza y que llegaban los fines de semanas. Era una vida distinta, yo llegaba muchas veces los fines de semanas. Por eso compré una casita de pueblo, que eran baratísimas, y empecé a ir a traducir, porque no escribía, y hubo un momento fastidioso de estar aquí [Ciudad de México] con esta gente. ¡Qué cosa! Generalmente me llevaba libros. Y me fui varias semanas, y ahí, desde la primera noche, empecé a escribir como algo que me dictaban. Cuando llegué a México ya tenía dos o tres cuentos. Cuando lo leo encuentro elementos teatrales. ¿Por qué no ha escrito teatro? Yo pensaba que iba a ser un dramaturgo, un comediógrafo. El teatro siempre ha sido para mí una pasión. Y fui a la Facultad de Letras a llevar una materia que la daba la maestra Josefina Hernández, que en esa época era muy buena. Eran unas clases excelentes; vimos la construcción teatral de las tragedias griegas y,


luego, al final, saltamos hasta el siglo xx en la literatura teatral contemporánea. Primero pasábamos revisando todos los pasos de la construcción y la estructura, y nos pedía que hiciéramos unos trazos, unas obras pequeñas sin cortes, sin pausas, como la tragedia, y cada uno elegía la obra; el ejercicio era traer la trama de la tragedia a nuestro siglo xx. Estoy hablando de 1952, 1953, a mediados de siglo xx, donde la escena y los personajes eran contemporáneos, de 1910 a 1950, esos personajes iban a tramar una obra con las construcciones y la estructura que ella nos había dado. Me acuerdo que en mi casa regresaba yo a pensar cuál obra escogería, y a hacer notas de una escena, de un personaje principal, para que después armara la obra. Pero cuando empezaba a hacer las notas de la situación, los personajes que teníamos que inventar sobre el decálogo de los griegos, la trama misma, de repente me daba cuenta que eso era un cuento. Y así fueron mis primeros cuentos y ahí salió mi primer libro. Pero después traté de hacer obras de tres o cuatro actos. Cuando las escribía me parecían extraordinarias, como si las musas me dictaran, porque estaban tan bien los diálogos, y por otra parte un monólogo fenomenal. Después de una semana, cuando los releía, eran absueltamente insuficientes, terribles; me asombré. Luego, varias veces quise hacer obras de teatro y no me salían. Todavía, a los casi treinta años hice otras últimas y también sentía que eran muy buenas, pero después creía que eran absolutamente nada, imposible de corregirlas, y las hacía parte de mi narrativa. Entonces vi que eso no era para mí; descubrí que para mí eran los cuentos y después las novelas. Y, además, hasta hora es una de las cosas que me gustan; leer y ver teatro. ¿De ahí lo extraordinario del manejo gesticular de sus personajes y las cajas chinas? Sí, también retomo elementos cinematográficos y teatrales. En El desfile del amor y Domar a la divina garza, alguien habla, pero todos están haciendo algo. Desde mis primeros cuentos, hay un centro que no se puede tocar y los personajes van alrededor de ese enigma, para que el lector sea otro autor en descubrir.


También de ahí que le apasiona El Abanico de Lady Windermere. Es una cosa extraordinaria, porque es una obra de Oscar Wilde, y el teatro de Wilde se cimienta en la brillantez de los diálogos. Las tramas son lo de menos. Y en 1928 la película muda, Abanico de Lady Windermere, de Lubitsh, tiene un dinamismo que parece que uno está oyendo el idioma de Wilde, a pesar de que es una película muda, y tiene, como casi todas las películas de Lubitsh, un final extraordinario, casi siempre muy cínico, muy desvergonzado, un final insólito. ¿Cómo es que de su literatura solemne gire a la creación de una literatura cómica, lúdica? Tuve varios pasos. Cuando yo me fui de México porque quería hacer un viaje largo, –no había ido a Europa y quería hacer un viaje de algunos meses a los altares de la cultura y regresar–, pero me quedé veintiocho años; quince libremente, sin oficinas, ni nada. Y en la última parte, el trabajo de Relaciones Exteriores fue una larga estancia que duró seis años en Praga, y antes de que estuviera como embajador fui siempre agregado cultural, y entonces estuve en muchas partes. Cuando llegué a ser embajador era otro mundo; se hablaba con los funcionarios, con los embajadores y todo era muy solemne, y entonces yo tenía muchas notas para hacer una novela que iba a ser totalmente distinta, para El desfile del amor. Los personajes eran grotescos. Cuando llegaba a mi casa, a la residencia del embajador y empezaba a buscar la trama, de repente se me salieron del tintero los personajes. Me divertía mucho con Dante, por ejemplo [personaje de Domar a la divina garza]. Yo creo, porque generalmente, desde niño, desde adolescente, yo hablaba sarcásticamente; cuando conocí a Monsivaís y a Luis Prieto nos reíamos de todo, hacíamos caricaturas del mundo. En algunos cuentos a veces hay una cosa de parodia. Una parodia muy fuerte, fue en mi primera novela, El tañido de una flauta, donde hay un personaje que se llama La Tortuga, es uno de los más radicales en cuanto comicidad, pero yo creo que la vida va dando cosas. Yo escribí las novelas del carnaval en Praga [El desfile del amor, La vida conyugal y Domar a la divina garza.]


Es paradójico que El arte de la fuga, que alude a la desaparición, lo haya dado en conocer en México, ¿no cree? Sí. Fíjese que cuando llegué de Praga estuve casi un año en México, pero no me encontré. Cuando llegué a México era otra ciudad. Yo salí en el ’61 y regresé hasta el ’81. Había venido muchas veces por trabajo, de vacaciones; pero no era palpable el cambio. Yo iba por la ciudad y no sabía por dónde era, por esos ejes que hizo Hank que tiraron todas las fachadas; no sabía dónde estaba y no me sentía bien. Me hacía mucho daño la contaminación en los ojos, y más porque trabajo en la noche, por lo que estaba ya muy mal. Entonces, una vez que vine aquí [Xalapa] porque mi familia es de Huastuco; veracruzanos de varias generaciones, vine a dar un cursillo, y a los dos o tres días ya había mejorado mi vista y empecé de nuevo a escribir y, luego, empecé a venir a pasear por todos los lugares donde vivía mi gente, y de repente me dije: "¡Ya no vuelvo a México!" Vendí la casa de la Conchita en Coyoacán y, claro, todos estos viajes que iba haciendo desde mi niñez volvieron a vivir en mí. Al leer su obra puedo atreverme a decir que su literatura se ubica en tres facetas, la última donde hay una etapa de autorreflexión, casi de memorias de Sergio Pitol, como El mago de Viena, El viaje y El arte de la fuga. La segunda etapa, de la trilogía informal de Domar a la divina garza, La vida conyugal y El desfile del amor. Y una primera etapa de parodia y de crítica, como El tañido de una flauta. ¿Me equivoco? Estas tres novelas, las novelas del carnaval, eso terminó como hace quince años, y ahora hay la última fase, que es las novelas de la memoria, donde empieza El arte de la fuga, El viaje y El mago de Viena. Ahora, unos seis meses que estuve en Madrid para presentar este último libro, el editor me dio el libro y de allí al hotel y lo empecé a leer de una y otra parte. Vi claramente que ahí se corta, como también la tercera del carnaval: La vida conyugal, y así me pasó con El mago de Viena, me encantó el libro. Y me alegra, me gusta cambiar, porque, si hago otro igual, me voy a copiar y a hacer mi escritura mecánica.


Usted participó en la manifestación en contra del encarcelamiento de Siqueiros, que fue organizada por José Revueltas ¿Qué recuerdos tiene de ellos? Fue en los años cincuenta, cuando vivía en México. Eran fenomenales. Y las figuras se veían constantemente, porque existían pocos cafés o restaurantes donde se reunían. Yo hablé con Siqueiros dos o tres veces, porque nadie hablaba, sólo él, uno tenía que hacerle las preguntas. Pero más allá, hay una parte de la obra de Siqueiros que es formidable, que son algunos retratos, de los más imponentes retratos de México. Hace como ocho años hubo una exposición de Siqueiros, casi toda de retratos que no se habían conocido en México; había de Shums, el músico, que es formidable, y de Joseph, el del adagio de El ángel azul, también un retrato extraordinario. Porque él conoció a muchísimas personas de mundo, grandes artistas. Con Revueltas había varios grupos, y en uno estábamos Carlos Monsivaís, Luis Prieto y yo, y ese grupo lo hacía reír, le contaba una cantidad de temas de figuras que él había conocido, situaciones formidables y terribles. Yo lo quise muchísimo. A principios de los años setenta el periódico Excélsior lo mató; cuénteme cómo fue. Eso fue en Barcelona, en 1970, yo creo, a finales del ’69. Llegué a mi departamento y me habló mi hermano, donde se creó un diálogo del teatro del absurdo, porque oyó mi voz y me dijo: "¿Cómo estás, qué te pasó? ¿Estás bien?" Y no me decía por qué estaba tan grave, hasta que me dijo que había una columna del escritor Cendejas donde se dio la noticia de que yo acababa de morir en Barcelona. Mucho tiempo después supe que en la cantina La Ópera, donde Cendejas estaba todos los días con un grupo para tomar y platicar, un colombiano le aseguró que le habían dicho que me habían matado a las afueras de Barcelona. La China Mendoza, que en esa entonces era muy graciosa y muy buena periodista – ahora ya no es nada–, hizo un réquiem a mi memoria, a su gran amigo, y realmente me asusté. A mi abuela no le daban los periódicos. Durante unos días estuve muy alterado, me fui a hacer


exámenes de todo. ¿Cómo es Sergio Pitol, el humano? Mire, yo soy, creo, un optimista por excelencia, cualquier cosa me gusta. Si estoy en un lugar que puede ser terrible siempre encuentro algo que me dé un momento de felicidad. Solamente una vez tuve un golpe de depresión que no supe ni por qué, pero mi vida la encuentro, cuando la pienso, muy productiva; pero además, llena de felicidad. Llegar a un nuevo lugar y empezar a aprender el idioma, después descubrir sus literaturas, todo eso me gusta mucho. Maestro, sé que le gustan mucho las telenovelas brasileñas. ¡Ah, sí, sí, sí! Mire, en todos estos meses, desde que me anunciaron el Premio Cervantes –que fue el primer día de diciembre del año pasado, hasta ahora– no he podido casi leer nada, porque se ha venido una cosa de trabajo, trabajo. Pero mi premio es una hora donde voy a la televisión y veo el canal brasileño, donde las telenovelas son fenomenales, fenomenales ¡No son las de México! Porque son las antitesis. Algunas novelas son de grandes escritores, tanto del siglo XIX, y contemporáneos, como Rubén Fonseca; allá hace sus novelas, al igual que Rodrigo Amado. Además, con una fotografía extraordinaria y con temas importantísimos de la sociedad. Cuando despierto, a veces, pienso: ¿ahora, qué va pasar?

Enlaces http://www.eluniversal.com.mx/cultura/71318.html http://www.escritores.org/biografias/260-sergio-pitol http://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/pitol/default.htm http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2147 http://www.spleenjournal.com


SERGIO PITOL EN LA RLPE Pitol, Sergio (1933-)

Domar a la divina garza

1988

Pitol, Sergio (1933-)

El arte de la fuga

1997

Pitol, Sergio (1933-)

El viaje

2001

Pitol, Sergio (1933-)

Infierno de todos

1971

Pitol, Sergio (1933-)

La vida conyugal

1991

Pitol, Sergio (1933-)

Los climas

1972

Pitol, Sergio (1933-)

Vals de Mefisto

1984

Pitol, Sergio (1933-)

El desfile del amor

1984

Pitol, Sergio (1933-)

Todos los cuentos de Sergio Pitol

2000

Pitol, Sergio (1933-)

Tríptico de carnaval

1999

Pitol, Sergio (1933-)

Vals de Mefisto

2000

Pitol, Sergio (1933-)

Tríptico de carnaval

2000

Pitol, Sergio (1933-)

El desfile del amor

1984

Pitol, Sergio (1933-)

El arte de la fuga

2000

Pitol, Sergio (1933-)

Los mejores cuentos

2005

Pitol, Sergio (1933-)

El mago de Viena

2005

Pitol, Sergio (1933-)

Juegos florales

1985

Pitol, Sergio (1933-)

Pasión por la trama

1999

Pitol, Sergio (1933-)

Soñar la realidad

2006

Pitol, Sergio (1933-)

El arte de la fuga

2005

Pitol, Sergio (1933-)

La casa de la tribu

2006

Pitol, Sergio (1933-)

Del encuentro nupcial

1970

Pitol, Sergio (1933-)

El tañido de una flauta

2006

Pitol, Sergio (1933-)

Una autobiografía soterrada

2011

Pitol, Sergio (1933-)

Trilogía de la memoria

2007

El arte de la fuga  

Sergio Pitol, El arte de la fuga

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