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Desde abajo y desde adentro 100 buenas prรกcticas de organizaciones sociales


Desde abajo y desde adentro 100 buenas prácticas de organizaciones sociales. Textos: Manolo Robles Rodrigo Miró

Foto de tapa: Indymedia Argentina

Primera edición: octubre de 2005

Publicación del Programa enREDando y Nodo TAU. Tucumán 3950, Rosario, Santa Fe, Argentina Tel. 54 341 4351114 www.tau.org.ar Todos los artículos que componen este libro están disponibles en el sitio www.enREDando.org.ar

ISBN: 987-22495-0-4

Copyleft, 2005. Se permite e incentiva la reproducción total o parcial de este material, citando la fuente, siempre y cuando no implique beneficios económicos.


Contenidos Desde Abajo y Desde Adentro

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Indeso: la perspectiva de la mujer por una sociedad más justa

11

La nave que gusta de navegar Aire Libre

13

Mensajes de Jesús en villa Banana

17

Ecologistas que ponen el cuerpo

19

Desde el Pie, desde Ludueña, desde la obligación de la esperanza

21

Casa de la Mujer, de la educación sexual a la igualdad de géneros

25

Acaad, por la vida a pesar del sida y las drogas

27

El Medh, por la cultura de la vida

31

La Vagancia, los pibes de la esquina solidarios

33

La Grieta, cultura sin moño

36

Adir, por la lucha contra la diabetes con el paciente como protagonista

38

Adevu: el martillo tiene quien lo pare

40

Chicos con mayúsculas

43

El Cepar, por la utopía de producir distinto y vivir mejor

45

Una cooperativa de los Tobas, por trabajo y por identidad

47

H.I.J.O.S. Rosario, por la continuidad de la lucha popular en la Argentina

50

Vecinal Solidaridad Social, por la participación para ”dejar de ver las cosas desde la tribuna”

53

La solidaridad de saberes en La Casa de Todos

55

Por Todos y Todas

59

Indígenas que difunden y revalorizan su cultura

61

El barrio Santa Lucía camino a la Victoria

63

AMMAR, herramienta de las trabajadoras sexuales

65

RIMA: la gran sala de redacción feminista

69

MNER: ocupar, resistir, producir, para recuperar la dignidad del trabajo

71

Covepro, de consorcio para obras a mega centro comunitario

73

Mil Hojas, fábrica de pastas y de dignidad

75

El CePAC, defendiendo la ”escuela comunitaria”

79

CEDIPF, una iniciativa fiel al cumplimiento de los derechos del niño

82

Un Vínculo comunitario para enfrentar las adicciones

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Desde abajo y desde adentro

Grupo Laboral Cooperativo, con la idea de vivir de acuerdo con lo que se cree

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Una Canoa en la Santa Fe inundada

89

Centro comunitario Oroño Sur, por el paso del subsidio al trabajo genuino

91

Grupo Obispo Angelelli: el compromiso social y político de la Iglesia de los pobres

93

AR-EMBA: emprendimientos barriales para recuperar el trabajo en San Lorenzo

97

La Rueda del arte en la salud, la educación y la organización social

99

Vicaría Sagrado Corazón, multiplicando panes y vida en Ludueña

101

Centro comunitario La Rigoberta: ”acá estamos, de acá no nos movemos”

103

Un puente de solidaridad desde Luxemburgo a Bella Vista Oeste

105

Un camino para Volver a la Vida desde las adicciones

109

Ofes, para no luchar de espaldas y enfrentar al Sida

112

Amufadi, por los derechos de los discapacitados en ”la capital nacional de la discriminación”

115

Una vecinal por la Unión y Progreso del barrio Triángulo

118

Un Instituto de derechos humanos con perspectiva de género

121

Educación, trabajo y comunicación en clave Poriajhú

124

Scouts: más que bermudas y campamentos

127

Coordinadora de Trabajo Carcelario: ”la cárcel es el lugar donde se expresa con mayor crueldad la injusticia que hay en la sociedad”

129

Apyme: la pata empresaria contra el neoliberalismo

133

Ecosur: ecologistas por la calidad de vida de la gente

136

La ADS, por los derechos de los usuarios y consumidores como parte de la lucha popular

139

Ceim: académicas en defensa de las mujeres

142

Asociación Lola Mora: respuestas a la doble discriminación contra las mujeres pobres

145

Programa Andrés: asistencia a los adictos de la mano de la prevención

148

Madres de plaza 25 de Mayo, del dolor al abrazo cada vez más cálido del pueblo

151

Alerta Niño, construyendo herramientas para la búsqueda de chicos desaparecidos

154

Ex combatientes, ”zurdos” y ”fachos” a la vez

157

Acela, al servicio de una vida normal para los celíacos

160

Tigre comunitario: un supermercado que no quiere ser empresa

162

RE.DE.S., desarrollo social dentro de los bulevares

164

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100 buenas prácticas de organizaciones sociales

Sivida: el sida no es la muerte

166

Voluntariado de Horas de Lectura, al servicio de los que no pueden leer por sí mismos

168

Ecoclubes, de Firmat al mundo

170

Cooperativa Barrio Nuevo, en la lucha contra viejas necesidades

172

Comunidad Cristiana de Ayuda: ”tenemos una responsabilidad social”

174

Centro Emanuel: ”está fallando la parte espiritual”

176

Cooperativa Saladillo Sur, ante el desafío de dar contenido político al trabajo social

178

El Cedis, por la inclusión y la cultura popular con la biblioteca Pocho Lepratti como bandera

180

APRIM, por el derecho a la felicidad más allá de la posición psicofísica.

182

Asociación 3 F: por el medio ambiente pero ”no fanáticos”

184

Tercer Mundo: un espacio para construir cultura

187

El CEDEIFAM, desde la prevención y asistencia en violencia familiar a la actividad productiva de las mujeres

189

Nodo Tau, por el acceso de todos a las nuevas tecnologías

191

Maela: cuatro décadas de asistencia a los discapacitados

193

El Arca, para cuando lo que llueve es pobreza

195

Grupo Génesis: ”los ecologistas tenemos que meternos en política”

197

Compromiso social y trabajo comunitario a Naranjazos

199

Lugro y ANT: los predicadores del Software Libre

201

20 Amigos, 20 Termitas y Artes Urbanos para la identidad del barrio

204

Un 20 de diciembre, un click y un Mercado Solidario, horizontal y sin explotadores ni explotados

207

La Cinchada: tirando para el lado de la cultura, la recreación y el deporte

209

Una Vox contra la discriminación por la orientación sexual

212

El Ceidh en los barrios: cómo resolver los conflictos sin violencia

215

Instituto de Artes Contemporáneas de Rosario: “El pueblo ya no quiere saber de qué se trata, sino que quiere hacer, ser protagonista”

219

Visitamos la Biblioteca Popular Pocho Lepratti: Con nombre propio y protagonistas colectivos

223

15 de marzo: Día mundial de los derechos del consumidor: “Tenemos que conocer nuestros derechos, y hacerlos valer”

225

APDH Rosario: “Somos bastante directos, antimilitaristas, y siempre estuvimos en contra de las injusticias”

228

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Desde abajo y desde adentro

Asociación del Magisterio de Santa Fe: “No dejamos de enseñar, enseñamos a luchar”

230

El programa conducido por los internos del “Suipacha”: La radio como experiencia terapeútica

232

Asociación Amigos de la Guitarra: Cuerdas recorriendo las escuelas y los barrios rosarinos

235

Cooperativa “Resurgir”: Un lugar lleno de ñoquis, donde todos laburan

237

Cafferata Bochin Club, o quién dijo que todo está perdido

239

Cooperativa La Colmena: Qué están haciendo hoy estas abejas trabajadoras

242

Historia Obrera Zona Norte: “Buscamos armar redes para que circule el conocimiento. No asegura ninguna victoria, pero es una buena ayuda”

245

La Cirga: “Mezcla de murga y circo, de vidas y sueños”

248

El costurero comunitario de Obra Kolping Argentina: Para ir cosiendo las esperanzas

250

Comisión investigadora de los crímenes de diciembre de 2001: Todo está guardado en la memoria

253

Movimiento de Mujeres en Lucha: Porque la pampa es ancha, pero no tiene por qué ser ajena

256

Sobre enREDando y las Buenas Prácticas

259

Conociendo, aprendiendo, laburando y enREDando

261

Buenas prácticas enredadas y arrimadas

265

“Nos devuelve una mirada de nosotros mismos”

266

“Se trata de crear un espacio abierto a la reflexión, diálogo y compromiso con la vida”

267

Los problemas del trabajo y los trabajadores: una mirada diferente

268

Desde y con el pueblo

273

Agenda

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100 buenas prácticas de organizaciones sociales

Prólogo

Desde Abajo y Desde Adentro Por Luis Pipo Martínez

En la naturaleza, la vida microscópica nunca se nos presenta a la vista pero desde ahí, desde ese mundo de lo pequeño, es donde se genera y reproduce la vida. Análogamente miles de pequeños “organismos”, invisibles en su mayoría, tejen todos los días la trama social sin la cual no nos podríamos mantener como sociedad. Desde Abajo y Desde Adentro es la recopilación de cien reportajes que desde el portal enREDando venimos realizando semanalmente en la región de Rosario, con el objetivo de hacer emerger historias y experiencias de personas y organizaciones sociales, claves para este tejido social, que la lente macroscópica de los medios masivos, deja afuera, que no nos permite mirar y admirar. Elegimos estas Buenas Prácticas de enREDando más que en el sentido innovador y hasta veces exitista del término, destacando otros valores como el compromiso, la coherencia, la permanencia en el territorio y, por qué no, por la tozudez y visión utópica que estas organizaciones cargan sobre el lomo, gracias a las cuales nuestros barrios y nuestra ciudad son algo mejor que lo que la realidad indica. Cada reportaje esta impregnado del estilo fraterno que Manolo Robles y, más recientemente, Rodrigo Miró, le imprimieran en cada una de las charlas que -mate o café de por medio- tuvieron con sus protagonistas, ahí “abajo”, lo que resulta más en un clima de encuentro que en el análisis sistemático de la experiencias que nos permite con su lectura, entrar en el corazón y en el “adentro” mismo de esas comunidades, “adentro” también de nuestro pueblo. A la hora de poder constituir un sujeto colectivo, al menos desde nuestro pequeño espacio local, para el “otro mundo posible”, mucho depende de conocer y reconocernos en estas experiencias, conectarnos, enredarnos y superar la fragmentación que el final del siglo pasado nos dejó como saldo y desafío. Esperamos que este libro sirva para ese y otros fines. No podemos ocultar la satisfacción y el orgullo de poder mostrar estas historias. Es la parte que nos toca en este ecosistema, junto a ustedes, acá abajo, acá adentro.

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Instituto de Estudios JurĂ­dicos y Sociales de la Mujer (Indeso)


100 buenas prácticas de organizaciones sociales

Indeso: la perspectiva de la mujer por una sociedad más justa Trabajar por la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres y por una sociedad equitativa, justa y solidaria. Así define su objetivo general el Instituto de Estudios Jurídicos Sociales de la mujer (Indeso-mujer), una ONG que inició sus actividades en 1984 brindando asesoramiento jurídico especializado en cuestiones de familia, trabajo y violencia. Hoy, el perfil institucional de Indeso-mujer es mucho más amplio. Y el desarrollo se nota en los ejes temáticos que atraviesan las distintas áreas de trabajo que la organización sostiene: violencia contra la mujer, derechos humanos, derechos de las mujeres, equidad de género e igualdad de oportunidades, discriminaciones, salud, sexualidad, identidad, educación, construcción de ciudadanía, poder local, democracia participativa, instrumentos de democracia directa, participación y control ciudadano. “La idea es incorporar la perspectiva de género en todas las actividades y trabajar en la promoción y defensa de los derechos de las mujeres teniendo en cuenta que la ignorancia de derechos, que deviene en ausencia de derechos, constituye parte de la dimensión política del empobrecimiento de las mujeres”, explica Mabel Gabarra, una de las referentes de la institución. “Alentamos la participación de las mujeres en los ámbitos públicos y privados de su existencia, apuntalando procesos individuales y grupales que modifiquen las resistencias personales, familiares y comunitarias”, indica Gabarra. “Queremos lograr una mejor y mayor participación de las mujeres en la gestión de sus vidas y en la organización de la sociedad”, añade. Para Indeso-mujer, “lograr la equidad de género presupone, por un lado, reconocer la desigualdad que se expresa en múltiples subordinaciones y discriminaciones de y hacia las mujeres; y por otro, tender a la construcción de una sociedad más justa y solidaria, donde la relación equitativa entre los sexos sea una realidad”. Desde su local en Rosario, Indeso aborda su labor mediante cinco áreas institucionales: comunicación; formación y capacitación; asesoría y asistencia; promoción comunitaria, participación y tareas de lobby y administración y secretaría. La Chancleta y La Chancleta Informativa fueron las primeras de las varias publicaciones que Indeso editó desde su área de comunicación, que también promueve campañas de prevención de la violencia familiar a través de afiches callejeros, folletos y cartilllas y emitió durante varios años micros radiales en LT8 y un programa semanal en Radio Nacional Rosario. Las tareas de capacitación incluyen desde charlas informativas y seminarios en ámbitos educativos hasta cursos de formación de Consejeras Legales, destinados a líderes comunitarias y trabajadoras sociales. Y también se plantearon seminarios de

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Desde abajo y desde adentro

capacitación legal a funcionarias municipales, dirigentes sindicales, docentes y miembros de organizaciones no gubernamentales. La asesoría jurídica y la asistencia psicológica a mujeres y niñas violadas, abusadas o maltratadas se canaliza mediante el Sevim, Servicio de Prevención y Tratamiento de la Violencia contra la Mujer. En cuanto a la promoción comunitaria, en 1986, en una villa miseria de Empalme Graneros, las mujeres de Indeso impulsaron con vecinas del barrio la creación del Centro de Mujeres Juana Azurduy, que brindó servicios comunitarios a la gente de la zona a través de un Centro de Salud, un Centro de Alfabetización para Adultos, un Consultorio Jurídico, un Ropero Comunitario y una Copa de Leche. Aunque algunos servicios debieron cortarse por problemas presupuestarios, el Juana Azurduy sigue funcionando. A la hora del lobby sobre legisladores de los ámbitos nacional, provincial y municipal, Indeso-mujer puso sobre la mesa su proyecto de reformas al Código Penal en lo referido a los delitos contra la libertad sexual y trabajó en red nacional con otras organizaciones durante la Convención Constituyente de 1994 para lograr la incorporación de normas referidas a la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres, principios de discriminaciones positivas y cupos en listas electorales. También participó en la redacción de la reglamentación de la Ley de Violencia contra la Mujer que hoy rige en la provincia y colaboró en la elaboración de las ordenanzas de creación en Rosario de un programa integral para la prevención y detección temprana del abuso sexual y maltrato infantil y de un programa de procreación responsable, incorporando métodos para la prevención del embarazo no desado. Otra ordenanza rosarina que Indeso-mujer promovió es la que establece la creación del Registro de Deudores Alimentarios, que después se impulsó también para el ámbito provincial. Indeso-mujer trabaja en red con otras organizaciones de Rosario como Casa de la Mujer, Mujeres en Marcha y la Corriente Autónoma de Mujeres 8 de Marzo. Y también participa en la Red Nacional por la Salud de la Mujer, la Red de Comunicación entre Mujeres de los países del Mercosur, la Red de Espacios de Género, la Red Latinoamericana y del Caribe contra la Violencia Doméstica y Sexual, la Red Diálogos para el Progreso de la Humanidad, la Red de Comunicación Voces del Silencio, Amuyen y la Red de Organizaciones del Mercosur. Desde su local en Rosario, en calle Balcarce 357, Indeso-mujer ofrece a la comunidad una bibilioteca-hemeroteca especializada en género y muy utilizada por estudiantes de nivel secundario, terciario y universitario. Publicado el 24 de setiembre de 2002

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100 buenas prácticas de organizaciones sociales

La nave que gusta de navegar Aire Libre La nave que gusta de navegar en Aire Libre tiene en la proa una radio comunitaria reconocida en Rosario y en otros lugares. Pero además transporta un Centro de Educación en el que se realizan, entre otros, talleres de Producción Integral de Radio y Operación Técnica; una Biblioteca Popular, llamada Cachilo en homenaje al poeta de los muros rosarinos, con 5000 libros y trescientos socios y con un grupo, “Los Cuenteros”, que realiza actividades para la promoción de la lectura; un Telecentro Informático con computadoras a disposición de la comunidad y un espacio de difusión cultural con múltiples actividades cada fin de semana. Si uno anda por la zona oeste rosarina y pregunta por la Aire Libre, los vecinos no dudan: “¿La radio? Vas hasta Godoy (ahora avenida Perón) y Teniente Agnetta, y ahí a la vuelta te la encontrás”, indican. Es que la Aire Libre es una radio que nació en el barrio y está hecha por gente del barrio. Por eso en el barrio la incorporaron a la vida cotidiana. De todos modos hoy, al cabo de catorce años de actividad, los que hacen la radio y todo lo demás se siguen preguntando por su inserción entre los vecinos y se aprestan a consultarlos. “Tenemos ahora el desafío de un proceso de investigación con la gente, con los sectores que están vinculados a la radio para saber cómo estamos vistos y cuál es nuestra incidencia para poder reprogramar nuestras acciones”, explica Daniel Fossaroli, presidente de la asociación civil propietaria de la emisora, cuando cuenta del futuro inmediato. Pero también surge del relato de Fossaroli que los que hacen Aire Libre tuvieron el oído puesto en los vecinos de la zona desde sus inicios. La historia comenzó en 1988, cuando en Rosario -como en el resto del paíscomenzó a difundirse el fenómeno de las radios de frecuencia modulada. Integrantes de distintas organizaciones comunitarias de la zona oeste habían escuchado sobre el tema en un programa que se llamaba Conciencia y se emitía por LT3, y después hubo una reunión en un dispensario donde se proyectó un video sobre las experiencias de radios comunitarias en Buenos Aires. “Varios de los que vimos el video nos habíamos juntado un tiempo antes para hablar del problema de que ningún medio de comunicación nos daba bolilla, o si íbamos a pedir espacio en algún medio nos manejaban lo que queríamos decir”, recuerda Fossaroli. Y sigue: “Cuando vimos en el video que la que tenía una radio era gente de los barrios, de la villa, de una vecinal, nos dimos cuenta que éramos nosotros los que podíamos tener una radio. Porque uno liga los medios de comunicación con los sectores de poder. ¿Quién tiene los medios de comunicación? Los sectores de poder. ¿Quién podía poner una radio? Algún sector de poder: o el estado o alguien poderoso”. Tras el asombro inicial, entonces, llegó el entusiasmo y comenzaron las reuniones pro radio en la escuela provincial Pablo Pizzurno, en la que después de tres meses de trabajo se concretó la primera transmisión. Fue el domingo 20 de agosto del ‘88: los vecinos instalaron el pequeño equipo transmisor, un grabador y un micrófono al lado del mástil de la bandera, que fue utilizado para instalar la antena a una altura que permita 13


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mayor alcance. La antena en el mástil. Todo un símbolo. “La primera transmisión fue un revuelo en el barrio, una emoción bárbara –cuenta Fossaroli–. Vino gente de las distintas organizaciones y habíamos invitado a concejales y autoridades porque sabíamos que la cosa era medio prohibida. Había una campaña muy grande del gobierno atacando a la radiodifusión clandestina, y por eso buscamos respaldo institucional”. El hostigamiento a las FM se tradujo en presiones del Ministerio de Educación santafesino sobre las autoridades de la escuela y después de seis meses de transmisiones los viernes y domingos los que arrancaban con Aire Libre resolvieron irse. Estela Sopranzetti, vicedirectora de la escuela, había puesto la voz a la grabación que identificaba la radio. Algunos de los más activos sostenedores de la emisora habían militado en grupos juveniles parroquiales y tenían muy buena relación con algunos curas de la zona, como el padre Juan José Calandra, que les cedió un lugar al lado del templo de la parroquia Nuestra Señora de la Salud, y el Padre Joaquín Núñez, que fue el nexo con la Misión Central Franciscana. Pero en la parroquia tampoco pudo sostenerse la actividad: comenzaban a acercarse grupos de jóvenes con su música, comenzaban las trasnoches de los sábados en la cabina de transmisión como lugar de encuentro; y las señoras habitués de las sacristías y los pasillos parroquiales pusieron el grito en el cielo. Así que otra vez mudanza. El nuevo traslado forzoso aceleró la ansiedad del local propio. Y la mano otra vez llegó desde la Iglesia. “Si no conseguíamos un lugar propio no teníamos posibilidades de progreso, por eso hablamos con Joaquín. Yo había trabajado en una cooperativa de liberados de la parroquia y con apoyo de los franciscanos habíamos construido una panadería. Y con el aval de Joaquín mandamos un proyecto explicando lo que era la radio a los franciscanos a una de sus sedes en Alemania. Finalmente no nos mandaron para el local pero sí mandaron equipamiento”, relata Fossaroli. Incentivados, los vecinos se largaron a juntar plata para un terreno: peñas, festivales, rifas, y la esquina de Virasoro y Teniente Agnetta pasó a pertenecer a la Aire Libre. Los franciscanos hicieron otro aporte, los materiales, y en el 92 comenzó la construcción. El 14 de setiembre del 96 la Aire Libre -que mientras tanto había funcionado en la casa de la familia De Luca primero y de Fossaroli después- comenzó a transmitir desde local propio. Después llegaron las ampliaciones, edilicias y cualitativas: el Centro de Educación, la Biblioteca Popular “Cachilo”, las computadoras, el espacio para los artistas. Y una radio que transmite todo el día y abre espacios a quienes no los consiguen en otros medios.

Publicado el 24 de octubre de 2002

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Aire Libre Radio Comunitaria

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Mensajeros de JesĂşs

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Mensajes de Jesús en villa Banana Era la siesta del 19 de diciembre del 2001. Y en lugares como villa Banana en los que vive tanta gente llegada del norte, y en tiempos como este de desocupación masiva, se suele dormir la siesta. Pero el 19 de diciembre ese nadie pudo pegar un ojo en villa Banana. Porque ahí, en la esquina de Godoy y Lima, se vivió uno de los capítulos más virulentos de la rebelión popular que se desató en buena parte del país, que determinó la renuncia de un presidente, que marcó una cancha nueva. Ahí, en Godoy y Lima, en plena siesta, decenas de vecinos de villa Banana se abalanzaron sobre un pequeño supermercado, rompieron las puertas, entraron y empezaron a llevarse todo. Y cuando llegó la policía, ardió Troya y se produjo una disputa por la esquina del supermercadito: a ladrillazos, la gente hacía retroceder casi una cuadra a los recién llegados; a tiros, los policías recuperaban la posición. Hasta que desde el medio de la villa apareció, agitando un pañuelo blanco, el cura Agustín Amantini, de la parroquia San Francisquito. Sumada a los intentos de un par de mujeres de la parroquia que habían llegado un rato antes, la presencia del cura fue la primera señal de paz en esa tarde de guerra. Y la tregua se consolidó cuando llegaron también el Rulo, el Antonio y otros más de los habitantes de la villa que integran la comunidad eclesial de base Mensajeros de Jesús. A casi un año de aquella tarde el Rulo, que se llama Raúl Ríos, responde que lo que hacen en Mensajeros de Jesús es “brindarle herramientas a la gente para que pueda cambiar su situación”. Y cuando habla de él y sus compañeros más comprometidos con la comunidad, el Rulo dice “los que tuvimos una formación evangélica”. Es desde esa búsqueda de herramientas evangélicas que el Rulo no acuerda con aquella reacción de diciembre de saquear hasta supermercaditos. Pero es también desde ahí que aquella tarde de diciembre Rulo y los de la comunidad estuvieron al lado de sus vecinos y terminaron emboscados por la policía y heridos por balas de goma y de plomo. Es por coherencia evangélica que un par de días después Mensajeros de Jesús tuvo que hacerse cargo de la distribución en villa Banana de las cajas de alimentos que evitaron que las fiestas de fin de año transcurrieran en medio de una nueva batalla callejera. Aquel día en que llegaron las cajas llegaron también un montón de policías y gendarmes, presencia que enardeció a los vecinos, algunos con las heridas todavía frescas. Sólo ellos, los de la comunidad, pudieron garantizar el reparto: pidieron que los policías y gendarmes se alejen y organizaron la hilera de desesperados. La sede de la comunidad queda en un pasaje que se llama Independencia y es el centro de distribución diaria de 450 raciones de comida que se llevan chicos de entre 2 y 12 años. También se distribuyen a los pibes 230 raciones de copa de leche, se organizan diversos proyectos de trabajo comunitario para beneficiarios de planes de asistencia laboral, se sostienen huertas orgánicas, se desarrollan programas de concientización en derechos humanos y se despliega la labor de operadores comunitarios que se ocupan de la promoción de la salud. Pero además, en la sede de Mensajeros de Jesús se da catecismo y se invita a la gente a recibir los sacramentos de la Iglesia. En una de las paredes, escrito a mano con fibrón, se lee: “Cuando el pobre nada tiene y aún reparte, cuando un hombre pasa sed y agua nos da, cuando el débil a su hermano fortalece, va 17


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Dios en nuestro mismo caminar”. “La comunidad eclesial de base es la más pequeña célula de la Iglesia del mundo”, afirma el Rulo. Pero así como confirma su pertenencia, expone sus cuestionamientos: “A Jesús no le gustaría Roma. Estaría en las movilizaciones, en los cortes”, plantea. “Cuando nosotros en la Iglesia queremos subir un poquito chocamos con una pared”, grafica. “A mí algunos curas que se ponen como por arriba me dan bronca, y hay gente que se lo toma así y te dice a mi no me toqués el padre fulanito. Yo si tengo que discutirle al cura le discuto”, acota Alicia, otra de las referentes de la organización. Pero está claro que Jesús, el Evangelio, la Iglesia de los pobres, son el motor de la vida de la comunidad. “Son nuestras raíces”, marca el Rulo. Y Alicia recuerda con orgullo que apenas se sumó a la comunidad vino un cura a casarla con su marido en una casa de la villa. En una de las cuatro huertas comunitarias impulsadas por la comunidad, el Antonio luce su remera con la figura del obispo Angelelli y la frase “con un oído en el Evangelio y otro en el pueblo”. Es de mañana en la villa y junto con el Antonio otros dos compañeros trabajan la tierra y sus frutos. Mientras tanto, en la sede hay una reunión de coordinadoras de proyectos del programa Jefes y Jefas de Hogar. Y en alguna casa de la villa un operador comunitario escucha alguna historia de violencia familiar. Y otro acompaña a alguna madre con su bebé al dispensario. En ese quehacer cotidiano, Mensajeros de Jesús se cruza con las dependencias de asistencia social municipales y provinciales. Y en cuanto a la relación con los gobiernos, el Rulo repite la figura que había usado para la Iglesia: “abajo nos llevamos bárbaro, pero cuando querés subir un poquito chocás”. Cómo hacer entonces para que los de abajo suban y hagan como se hace abajo. El Rulo y sus compañeros de la comunidad saben que ese es el desafío y se suman a acciones con otros sectores. Por ejemplo, participaron con mucho entusiasmo en la consulta popular del Frenapo y la CTA por un seguro de empleo y formación. Pero a la vez cuidan mucho que cada movimiento sea claro: “No queremos ir a una marcha si no sabemos bien para qué vamos”, dicen. Y vuelven a lo cotidiano, a la dignidad, a la comida, al catecismo.

Publicado el 7 de noviembre de 2002

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Ecologistas que ponen el cuerpo No se trata sólo de concientizar y difundir problemáticas a través de charlas, encuentros, foros, videos. Se trata también de poner el cuerpo y ganar la calle como espacio de protesta, de denuncia, de resistencia. Así conciben su militancia ambientalista los integrantes del Taller Ecologista de Rosario, que desde 1985 bregan por “revertir las tendencias de deterioro del medio ambiente y la creciente deshumanización de nuestras sociedades”. “Nosotros nacimos al calor de los primeros años de la democracia y veníamos de distintas organizaciones sociales y políticas. Y lo primero que nos planteamos fue estudiar para capacitarnos”, recuerda Sergio Rinaldi, miembro del Taller y periodista. La capacitación fue a través de la consulta de bibliografía y la convocatoria a especialistas para charlas abiertas a la comunidad, pero enseguida, en 1986, llegó la primera campaña pública: desde el poder político se impulsaba el proyecto de instalar en la localidad de Timbúes, muy cerca de Rosario, una central atómica. El resultado de aquella campaña fue alentador no sólo porque se evitó que prospere el proyecto de la central atómica. También se logró que se apruebe una ordenanza municipal declarando a Rosario ciudad no nuclear. Y después, que se apruebe una ley declarando no nuclear a toda la provincia de Santa Fe. Ya por entonces, a fines de la década del ‘80, el Taller fue conformando las áreas de trabajo que hoy persisten: la Nuclear, en contra de las centrales atómicas; la de Plantas Medicinales, para revalorizar el conocimiento popular y evitar que los grandes laboratorios se apropien de ese conocimiento; la de Biodiversidad, para preservar las diversar formas de vida; la Urbana, para abordar problemas de las ciudades como tratamiento de residuos, transporte, espacios verdes; la de Sustentabilidad Regional, que apunta a grandes obras como represas, la Hidrovía o la conexión vial Rosario-Victoria; la de Energía y la de Ecoeducación. Por estos días, además de la continuidad en la organización de ciclos de charlas y proyecciones de videos, el Taller Ecologista participa activamente de la campaña nacional contra el tratado nuclear entre Argentina y Australia; de la Coalición Anti Incineración, desde la que se combate a las iniciativas de instalación de hornos incineradores de residuos en el sur santafesino y de la Asamblea Provincial del Agua. “Trabajamos todo el tiempo en red con otras organizaciones locales, nacionales e internacionales”, remarca Rinaldi, que apela a más ejemplos en ese sentido: “En coalición con la organización Ríos Vivos pudimos parar proyectos terribles, como el de la Hidrovía en la zona del pantanal de Brasil”. El Taller Ecologista integra también el Consejo Ambiental Rosario (CAR) en el que impulsa la campaña “10 puntos para que Rosario sea una ciudad sustentable”. Y Rinaldi aclara que la sustentabilidad de la que habla el Taller “no es la sustentabilidad de la que hablaba Cavallo”. Cuando hablan de ciudades y sociedades sustentables, desde el Taller señalan que “el libre mercado no es compatible con el desarrollo sustentable 19


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en su dimensión social, cultural, económica y política. La sustentabilidad solo podrá ser garantizada a través de la participación en el marco del Estado democrático”. En cuanto a las necesidades del Taller, Rinaldi remarca la convocatoria a los ciudadanos a asociarse a la institución. “Hoy tenemos 100 socios y pensamos que pueden ser muchos más”, dice. Los interesados en asociarse y saber más de las actividades de la organización pueden consultar el sitio www.taller.org.ar.

Publicado el 14 de noviembre de 2002

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Desde el Pie, desde Ludueña, desde la obligación de la esperanza Desde 1996, el grupo Desde el Pie crece en su acción de prevención y tratamiento de la violencia familiar, el maltrato y el abuso sexual infantil. Desde el Pie funciona en la sede de la Vicaría Sagrado Corazón de barrio Ludueña, en la esquina de Puelches y Casilda, espacio en el que se realizan talleres de reflexión con mujeres (grupos de ayuda mutua); con niños (donde lo lúdico habilita la palabra) y de expresión artística desde una perspectiva de salud-arte. Además, Desde el Pie brinda atención psicológica a hombres y mujeres en espacios diferenciados, participa en campañas de sensibilización y desnaturalización de la violencia, brinda contención y acompañamiento en situaciones de riesgo y articula su trabajo con los equipos de profesionales y organizaciones comunitarias de la zona. Reunidas en la mesa de un bar ubicado enfrente a los Tribunales, Alejandra Lilles, Mili Glikstein, Mary Suárez y Karina Galindo, se explayan respecto de la historia y las actividades de la organización que conformaron. Y cuentan que Desde el Pie se llama así porque fueron humildes mujeres de Ludueña las que en 1996, cuando se desarmó un grupo que se llamaba Prever, insistieron en seguir contando con un espacio para abordar la cuestión de la violencia familiar. Alejandra es psicóloga, Mili y Mary son docentes y estudiantes de Trabajo Social y Karina es estudiante de Bellas Artes. Y relatan que están en plena elaboración de un proyecto que les permita conseguir el financiamiento necesario para sostener y mejorar las actividades del grupo, que someten periódicamente a instancias de supervisión. “Necesitamos materiales para los talleres”, responden cuando se les pregunta cuáles, más allá del financiamiento, son las necesidades inmediatas para seguir adelante con su labor. Y dicen: “Hace poco, leyendo un artículo, nos gustó la respuesta de Osvaldo Bayer a un periodista cuando le preguntó si se puede tener esperanza en estos momentos tan desesperantes. Él le responde que la esperanza es una obligación, una tarea. Y últimamente nos repetimos esto para seguir”. Y dicen también que “nos proponemos que las mujeres vayan reconociéndose como personas y que poco a poco comiencen a elegir. Esto parece obvio, pero cuando uno se encuentra con personas que dicen “este es el 1º dibujo que hago en mi puta vida”, o “no sé qué color me gusta, ni qué quiero ser”, o “no tengo fotos de mí misma”, podemos ver así que no todos tenemos la posibilidad de elegir. Aunque nos parezca raro, es así. La libertad no es un regalo que tenemos todos al nacer, sino que es una búsqueda y un trabajo diario para empezar a sentirla”. Para saber más de la labor de Desde el Pie, vale el relato que sus integrantes. Juan, de 8 años, llega al taller muy alterado, una hora más tarde. Se quedó con el papá en la casa hasta ese momento. Juan rompe el silencio en un juego. Se acerca a una de las coordinadoras del taller, con un teléfono de juguete, mientras intenta dar forma a un rompecabezas. El teléfono 21


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de Juan no deja de sonar estridentemente. Lo interrumpe, no lo deja concentrarse en ninguna actividad... él levanta una y otra vez el tubo y repite: “hijo de puta, dejame tranquilo”... “hijo de puta!!!”... La coordinadora le pide el teléfono, al tiempo que dice: “usted sabe, señor, que hay cosas que lastiman a los chicos, que ni un papá ni nadie les puede hacer”... Juan le arranca el tubo de las manos y, desesperado, exclama: “no le digas que te dije”... Juan, sus hermanos y su mamá hablan de los golpes del padre, del retaceo de comida o de dinero, de insultos, etc. Sabemos, no sólo por este indicador que aparece en el juego, que es de otra cosa de la que no se puede hablar. Este caso fue presentado en tribunales, y desde allí se le exigió al padre que asista a una institución por su alcoholismo, a la madre que se ocupe de algunos exámenes médicos de los niños, etc., pero frente al abuso sexual no se arbitraron medidas proteccionales, ya que no constataron lesiones a nivel de los genitales. ¿Cuál es el precio que se paga por sostener el silencio? Juan tiene profundas perturbaciones en su desarrollo psíquico y en sus posibilidades de aprendizaje, se masturba compulsiva y angustiosamente. Su hermana de 10 años, no controla esfínteres, tiene quemada la piel en la zona de la entrepiernas como consecuencia de la enuresis. Cuenta que duerme en la misma cama con su mamá, así como Juan duerme en otra habitación, en la misma cama con su papá. En el mismo taller, otros niños dialogan sobre el maltrato que sufre Juan. Horacio, de 11 años, dice: “no se va a poder hacer nada, nadie lo va a poder ayudar”. Horacio tiene razones para sostener su pesimismo. El ha permanecido atado a una cama durante 15 días, a pan y agua, “para que aprenda” según su padrastro. Ese hecho para muchos ha quedado en el pasado. Hoy, Horacio es un niño que permanentemente es castigado por sus problemas de conducta, por sus huidas a la calle y por hurtos. Horacio a veces se encierra a sí mismo en los armarios. El asiste regularmente a los talleres. Su madre, no. El abogado que asesoraba a la madre del niño preguntó, después de varios intentos de exclusión del hogar del padrastro: “...está Horacio en condiciones de volver a vivir con su padrastro”, ubicando el foco del conflicto en el niño. (Entendemos esta situación como un ejemplo del proceso de revictimización). Pese a todo lo antes expuesto, las mujeres y los niños trabajan duramente para poder pensar en términos de los propios derechos. Los niños mencionan en un taller, por ejemplo, “derecho a tener una familia, derecho a no quedarte afuera de la escuela, derecho a que no nos peguen, derecho a 22


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que nos hablen bien, derecho a jugar, derecho a una vida mejor”. También uno de los niños señaló: “derecho a morir joven”... ...Se trata de Marcos, de 12 años. Hay una parte de su realidad que le cuenta una historia de miseria, golpes y un papá que fue asesinado hace 3 años. Nosotras intentamos cada día que salgan a la luz otras partes de su realidad: él, su mamá y sus hermanos, están vivos. A Marcos le gusta jugar a la pelota, va a la escuela, viene a nuestro taller, y hace unos días se animó a decir que también sueña con “tocar una computadora”. Quizás algo podamos cambiar. Allí donde parece que ya no puede hacerse nada, permitamos que la posibilidad de cambio nos conmueva. Si bien en nuestra experiencia y estadísticamente aparecen prioritariamente los varones como agresores, no podemos desconocer el peso impuesto por la sociedad sobre sus espaldas, privándolos de la posibilidad de reconocer y expresar su mundo emocional y cómo es que llegan a adoptar la violencia como modo natural de vincularse. Podemos ser protagonistas del intento de construir espacios innovadores o convertirnos en presos, porque está preso todo aquel que vive con la certeza de que no hay salida.

Publicado el 22 de noviembre de 2002

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Casa de la Mujer

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Casa de la Mujer, de la educación sexual a la igualdad de géneros Fue en 1979 que en las Naciones Unidas irrumpió con fuerza el reclamo de igualdad de las mujeres. Claro que en la Argentina, en medio de la dictadura militar, ese no era un momento fácil para hablar del tema. Igual, en Rosario algunas mujeres se atrevían, y entre ellas estaba Liliana Pauluzzi, una de las fundadoras de la Casa de la Mujer, que desde su local en Derqui y Donado trabaja por desterrar la violencia contra la mujer partiendo de que es la constitución de la familia moderna, que introduce determinadas jerarquías, la que genera esa violencia. La actividad de la Casa de la Mujer comenzó en 1986, pero entre las fundadoras de la institución estaban mujeres que, como Liliana, habían formado parte del Grupo de Reflexión Rosario, que había empezado a reunirse en el ‘80. “Después que elegimos el nombre nos dimos cuenta de la sigla: Grupo de Reflexión Rosario: grr...”, cuenta Liliana, riendo con ganas. Y desde el grr se explaya respecto de la labor desplegada desde aquella bronca de la época de la dictadura hasta estos días. De su relato no surge para nada algún tipo de conformismo inmovilizante, pero la charla es pródiga en ejemplos de que la constancia y la voluntad puestas en todos estos años redundó en avances. Cuando en el ‘86 Casa de la Mujer produjo un primer audivisual sobre educación sexual hecho con chicos de la ciudad, Liliana se encontró con reacciones como la de un cooperador de una escuela que se indignó por el sólo hecho de que en una de las figuras se representara un acto sexual con la mujer arriba del hombre y no al revés. Ni hablar de cuando se vio el cuadro con un dibujo detallado de la vagina: “ahí la que saltó fue una maestra que gritó que la conchita tiene que ser una rayita y nada más”, recuerda Liliana, siempre riendo con ganas, sin una pizca de resentimiento. Aunque aún es probable encontrar reacciones como aquellas y la discriminación y la violencia contra las mujeres no son temas resueltos, por estos días el panorama es diferente: aquellas declaraciones de la convención de las Naciones Unidas en 1979 están hoy contempladas en la Constitución Argentina y en la legislación, en los niveles nacionales, provinciales y municipales, aparecen algunos avances. Son ordenanzas y leyes que lamentablemente cuesta poner en práctica pero están. Como ejemplos, vale mencionar la ley provincial santafesina de educación sexual, sancionada en el ‘92, o la ordenanza rosarina de anticoncepción de emergencia, la primera del país, cuyo texto fue elaborado por Pauluzzi. La Casa de la Mujer, en cuyo origen participaron también mujeres de la Asociación Rosarina de Educación Sexual (Ares), comenzó a funcionar gracias a un subsidio de diez mil pesos que obtuvo del Fondo Mundial de Iglesias. Fue con ese dinero que se alquiló el de calle Cochabamba al 900, primer local de la institución y pirmer espacio de talleres de sexualidad con chicos, madres y docentes. Después, en los ‘90 y ya sin apoyos económicos importantes, Casa de la Mujer se mudó a la zona oeste de la ciudad y se 25


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instaló en un salón del centro de salud provincial del Fonavi de Donado y Mendoza. Fue allí que Liliana conoció a Claudia Mauri y Mónica Righi, vecinas de la zona, una profesora de biología y la otra ama de casa. Y fueron Claudia y Mónica las que presentaron un Programa de Educación Sexual y Prevención de la Violencia elaborado a partir del trabajo con alumnos y docentes de la escuela 409 y son ellas las que entusiasmaron a un puñado de adolescentes que formaron el grupo Mujercitas, que difunde información sobre educación sexual y anticoncepción y distribuye profilácticos en el barrio. En estos años, en los seminarios para docentes organizados por Casa de la Mujer se capacitaron 540 docentes (“32 son hombres”, apunta Liliana) y se generaron experiencias importantes en escuelas de la zona. “No se puede trabajar el tema de la violencia si no se toca el tema de la sexualidad, que es mucho más que la genitalidad”, explica Liliana. “La familia moderna, surgida de la alianza entre la Iglesia y el capitalismo que establece un correlato entre moral sexual y represión social, introduce jerarquías. Y la violencia se produce cuando hay desequilibrios de poder, cuando se cuestionan esas jerarquías”, añade. Y sigue: “esta la frase tan usada de que para ser mujer hay que ser madre, cuando es exactamente lo contrario: para ser madre hay que ser mujer”. Para saber más de la actividad de Casa de la Mujer se pueden consultar, en la biblioteca de enREDando, los documentos Un poco de historia, la aventura de crecer; Educación sexual y prevención de la violencia y prevención en salud; Salud, pobreza, infancia y mujeres; Logros y dificultades de la educación sexual en las escuelas de Rosario y Anticoncepción de emergencia.

Publicado el 28 de noviembre de 2002

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Acaad, por la vida a pesar del sida y las drogas “Comenzamos a explicarles a nuestros pacientes por qué no era necesario que se murieran de sida, y vimos que a partir de un abordaje psicológico, de situarse ellos de otra manera, los pacientes mejoraban físicamente también”, cuenta la psicóloga María del Carmen de la Cruz, presidenta de Acaad. Es que desligar el sida de la muerte, sin que esto implique para nada minimizar la problemática del HIV, es una de las orientaciones básicas de la labor de esta institución fundada en Rosario en 1990. También desde Acaad se sostiene -en el discurso y en las acciones cotidianas y tanto para la cuestión del sida como para la cuestión de las adicciones- que lo fundamental es trabajar sobre la persona, sobre el sujeto y su familia, con un abordaje que exceda la cuestión médica y apunte al aspecto psicológico. “Hoy en día la biología molecular, con sus nuevos conocimientos y su desarrollo, nos ha venido a dar la razón: se ve que el sistema inmunológico y el sistema nervioso están íntimamente ligados, el cerebro produce interluquinas, que es la sustancia que usan las células inmunológicas para comunicarse entre sí. Y a esto no hay coctel que lo produzca, se trata del sujeto”, insiste María del Carmen, que además apunta que “la distancia terapéutica es mínima, es la distancia que tiene que haber para que al paciente le produzca un efecto, pero no una distancia como persona. Si la persona me necesita como persona yo me quedo como persona y lo derivo como paciente. Lo he hecho con personas que vinieron que estaban en muy mala situación y mejoraron inmunológicamente; y llegó un punto en el que era más importante darle cabida en un espacio laboral, en el cual mi presencia tenía mucho peso porque estoy dirigiendo la institución, y esto establecía una dificultad en la terapia. Lo hablamos con el paciente y cambió de terapeuta pero se habilitó laboralmente, lo cual para esa persona en ese momento era más importante desde todo punto de vista, porque era darle un lugar en la sociedad que no tenía”. En cuanto al tratamiento de las adicciones, María del Carmen marca que desde Acaad no creen que la internación del adicto sea la solución más adecuada: “más que creer en las internaciones creemos en las modificaciones del medio que se tienen que producir por deseo del sujeto que está implicado, no porque alguien viene y le trae una receta y le dice tenés que hacer tal cosa”, explica. “Creemos que hay situaciones donde la internación es necesaria -añade María del Carmen-, lo que no creemos es que sea necesario en el cien por cien de los casos. Hay situaciones donde no hay familias en condiciones de sostener emocionalmente; de hecho, si el paciente llega al límite donde llegó es porque hasta ese momento la familia no estaba en condiciones de sostener emocionalmente a uno de sus miembros por lo menos. Pero a veces esa familia, con un espacio para pensar, reflexionar sobre lo que les pasa como familia y como personas, puede producir esto de la contención que el paciente necesita”. 27


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Cuando se refiere a la historia de Acaad (Asociación Científica Argentina de Ayuda al Drogadependiente) María del Carmen insiste en que, aunque sea ella quien la preside, la institución sólo continúa con sus actividades por voluntad de “todo un grupo de gente, profesionales y no profesionales”. Además, remarca que desde sus comienzos y hasta estos días Acaad nunca fue “una comisión de gente fundada desde afuera para ayudar a los pobrecitos que tienen estos problemas. La nuestra es una comisión donde hay gente que está atravesada por las cuestiones de las adicciones, por las cuestiones del sida, y otra gente que está por el interés humano que tiene en relación a esto”. En sus comienzos, Acaad no tenía local propio. Los profesionales que habían resuelto compartir su labor a través de la institución atendían, gratuitamente, en sus propios consultorios. Después, cuando se formó el primer grupo de personas con VIH, la Federación de Farmacéuticos les cedió un espacio para el trabajo grupal; pero la demanda fue creciendo y Acaad, finalmente, alquiló sus actuales instalaciones, en Salta 1227, departamento A. “Por la gracia divina”, es lo primero que contesta María del Carmen, sonriendo, cuando se le pregunta cómo se sostiene la institución. Es que las dificultades en este sentido son muchas: Acaad no cuenta con financiamiento ni del estado ni del sector privado. Sí tienen algunos de sus integrantes un contrato de trabajo con el Programa Municipal de Sida y algunos de ellos donan lo que cobran a la institución. También apelan a “alguna rifita” de vez en cuando, y venden papel y cartón que juntan en el local de calle Salta. María del Carmen recuerda que en épocas anteriores Acaad desplegaba toda una serie de actividades destinadas a juntar fondos: “al principio pudimos sostener un alto nivel de becas que otorgamos nosotros a los pacientes que no tienen medios económicos porque se hacían bailes, comidas y desfiles prácticamente todos los meses. Teníamos un compañero de comisión directiva, el señor Luis Gallo, que murió de cáncer, que era muy hábil para organizar. Él fue un gran trabajador y facilitó mucho que se pudiera sostener un trabajo totalmente gratuito. El resto no tenemos habilidad económica, así que en esto necesitamos una mano de todo aquel que quiera colaborar”. La labor de Acaad no se limita al tratamiento de adicciones o HIV. La prevención es el otro pilar de la actividad y son permanentes las campañas en plazas y parques de distintos barrios de la ciudad. “En el equipo de prevención hay gente que no es profesional -cuenta María del Carmen-. Lo que sí les pedimos es que hagan el curso que damos nosotros de un año, porque eso les da la preparación. No estoy de acuerdo con que cualquiera pueda hacer prevención porque la prevención implica un conocimiento sobre cuestiones técnicas de las patologías que se van a prevenir y además implica conocimiento de las técnicas de abordaje de las personas, que no son iguales para todos: no podés abordar de la misma manera a una persona que está en una villa muerta de hambre que a un chico que va al colegio inglés. Y hay cuestiones que tienen que ver con la personalidad también; no cualquiera puede hacer prevención. El nudo de la cuestión es llegar y poder transmitir al otro la necesidad del cuidado. Yo veo que hay gente que mete conocimientos o mete afectividad: van y cuentan dramas. Eso a la gente no le 28


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sirve, lo que se necesita es crear un estado de conciencia que le permita entender a la persona que se tiene que cuidar. Si veo una obra de teatro me conmuevo, pero no creo que tenga que ver conmigo. Las puestas en escena no son preventivas, al contrario, a veces hasta obturan la posibilidad de prevención. Eso en adicciones se ve bastante”. Desde Acaad se reivindica el trabajo en red con otras organizaciones. Pero a la vez se señala la necesidad de que las redes se formen para lograr objetivos concretos, evitando el reunionismo muchas veces estéril. “A veces no podemos ir a todas las reuniones porque las reuniones se multiplican, se hacen eternas y no se resuelve -indica María del Carmen. Nos ha pasado de espacios que nos han parecido poco resolutivos, entonces les decimos: bueno, acá estamos; cuando nos necesiten, llámennos, pero no nos distraigan gente en una reunión donde se habla siempre de lo mismo y no se resuelve nada. Esas cosas pasan”.

Publicado el 12 de diciembre de 2002

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Movimiento Ecumenico por los Derechos Humanos (MEDH) Desde abajo y desde adentro

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El Medh, por la cultura de la vida Salvar vidas. Así puede resumirse el objetivo del accionar del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (Medh) que comenzó su camino en 1975. Al principio, salvar vidas de la violencia represiva de la triple A, las patotas parapoliciales y parasindicales y la dictadura militar. Ahora, de la violencia de un régimen económico y político que mata de hambre. La charla de enREDando con Oscar Lupori, coordinador de la regional local del Medh, es en el local de la agrupación en calle Sarmiento. Es un día de semana, a la tarde, y a cada rato hay que interrumpir la conversación: que llega un pastor, que una estudiante de trabajo social, que una monja, que otro estudiante, que otro pastor. Todos, amables, saludan con una sonrisa franca y van a lo suyo. “Defendemos la cultura de la vida”, dice Oscar en el inicio de la charla. Vida es lo que cualquier visitante respira en ese local, y la vida -ya está dicho- es lo que el Medh comenzó a defender desde sus comienzos. Fue en 1975 que un grupo de gente vinculada a iglesias decidió reunirse para accionar en favor de las víctimas de la represión que crecía. “Pensamos que las iglesias podían ser un buen paragua”, explica Oscar. Fue en abril del ‘76 que se realizó la primera asamblea y se redactó un estatuto. Ya se había instalado en el país la dictadura y el Medh, con apoyo económico de iglesias europeas, se abocó, asesorado por abogados, a la presentación de hábeas corpus y a la asistencia a familiares de los detenidos. Pastores y curas de todo el país que adherían al Movimiento ponían a disposición sus estructuras y atendían los dramas locales, pero también recibían a los que llegaban de lejos para visitar a familiares detenidos. “A muchos detenidos los mandaban muy lejos de los lugares donde vivían, y cuando sus familiares llegaban para visitarlos los tenían un par de días dando vueltas, así que había que darles alojamiento, comida”, describe Oscar. Además, la colaboración pasaba también por conseguir ubicación en otros países, siempre a través de las iglesias, a los que forzozamente tenían que irse. Fue lo que en el Medh llaman el “momento heroico”, signado para sus militantes por aprietes, intimidaciones, persecuciones. Después, terminada la dictadura, el Medh participó activamente en la recopilación de datos y testimonios que permitieron enjuiciar a los militares. Ahí, el Movimiento comenzó a trabajar con consignas claras, que Oscar enumera: “por la verdad, porque hay derecho a saber que pasó; por la justicia, para llevar a juicio todo lo que es delito asumiendo que fue un genocidio; y por la reparación, para los que estuvieron adentro y viven, para los hijos que quedaron, para las familias”. Y sigue Oscar: “nosotros decimos nunca más, pero nunca más para construir una cultura de la vida”. En el ‘85, el Medh se divide en regionales y organiza su labor en dos áreas: la de educación -sobre todo en derechos humanos con docentes y alumnos- y comunicación; y la de acción social, que por un lado continúa la línea de los comienzos ayudando a la reinserción y recuperación de los afectados por la dictadura pero a la vez atiende otros 31


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problemas que exceden a las víctimas de la represión, como por ejemplo el de la falta de vivienda. Ya en los ‘90, el Medh sufre una crisis a partir de la disminución de los aportes de las iglesias europeas que, cuenta Oscar, “también fueron engañadas por el espejismo de los comienzos de Menem. Pensaban que acá estaba todo bien”. Pero acá, claro, estaba todo mal, y el Medh igual, más a puro pulmón, siguió adelante. “Lentamente, cuando se da la decepción con esta democracia que en lugar de construir la cultura de la vida volvía a entrar en las violaciones a los derechos humanos a través de las violaciones de los derechos económicos, sociales y culturales, empezamos a hablar de los afectados sociales. Y empezó un trabajo con niños, grandes afectados, como el de Quilmes, con madres cuidadoras a contraturno escolar. O acá en Rosario con la Defensoría Popular de niños, niñas y adolescentes”, consigna Oscar. En esa línea, el Medh persiste y por estos días, en Rosario, sostiene trabajos en Fisherton Pobre y en Bella Vista Oeste haciendo pie en la parroquia San José Obrero, desde donde se brinda apoyo escolar a adolescentes y ayuda a los chicos de entre 6 y 12 años. Otras de las tareas asumidas fue la de prevención del HIV: en el local del Medh se hacían extracciones de sangre y se sostenían campañas con las mujeres jóvenes, uno de los grupos más afectados por el virus. De todos modos, el Medh no abandonó su labor de asesoría jurídica, apuntada ahora a la trampa tendida por el estado cuando el ministro Cavallo dispuso pagar las indemnizaciones a las víctimas de la dictadura con bonos. Además, se apunta a las familias -que las hay muchas, y sobre todo entre los más pobres- que nunca denunciaron las desapariciones de algunos de sus miembros Y participa, en red con otras organizaciones, de los movimientos multisectoriales de reivindicación de los derechos humanos en el sentido más general. “Uno de los criterios más claros con que nos movemos es que la lucha por los derechos humanos pasa por la organización popular. Eso es garantía para luchar por la vida, y nuestro lema es Desde el Evangelio por la Vida”, concluye Oscar.

Publicado el 12 de dicimebre de 2002

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La Vagancia, los pibes de la esquina solidarios “Trabajamos esta cuestión de que con otros se puede”, dice Manuel, integrante de La Vagancia, grupo de adolescentes y jóvenes que desde barrio Ludueña y desde los sueños fundantes de Claudio Pocho Lepratti se sostiene desde hace una década. Instalar que ”con otros se puede” no es una cuestión menor en esquinas como las de Ludueña, en la que los pibes que navegan entre la niñez y la adultez están más a la deriva que los que tienen más fácil acceso a condiciones de vida dignas. “Es muy fuerte esto de que los jóvenes se juntan en las esquinas para drogarse, por eso nosotros decimos juntémonos en las esquinas también para hacer cosas solidarias, precisamente porque uno puede caer en la droga porque no sabe qué tiene mañana, no sabe si hay un futuro inmediato o una esperanza, un algo... Va por ahí la cosa de La Vagancia”, sigue Manuel. Y Varón, otro de los pibes de La Vagancia, tercia para enumerar las actividades que sostiene el grupo: un taller de comunicación que edita la revista La Nota y aporta para otra revista, Ángel de Lata; una murga integrada por entre 30 y 40 chicos; actividades de recreación para niños los fines de semana; recitales; campamentos; encuentros. Además, aunque sus integrantes no lo digan, La Vagancia asumió desde diciembre del año pasado una actividad ineludible: dar testimonio de lo que fuera la vida de Pocho Lepratti, uno de los fundadores del grupo, asesinado por la policía cuando pedía que pare la represión desatada en barrio Las Flores igual que en casi todas las barriadas humildes rosarinas. “Todo lo que hacemos es en función de que estamos en grupo -insiste Manuel-, es el grupo el que motoriza las actividades. Cada uno propone pero después es el grupo el que toma lo que se propone en pos de algo”. Y es un grupo misionero católico donde hay que buscar los orígenes de La Vagancia, a comienzos de los ‘90. Pocho era seminarista y entre sus obligaciones -seguramente asumida por él con mucho gusto- estaba la de misionar en alguna parroquia. Fue así que Pocho llegó a la Vicaría Sagrado Corazón de barrio Ludueña, a cargo de Edgardo Montaldo, y al cabo del dictado de una catequesis de confirmación un grupo de adolescentes quedan enganchados en eso de juntarse, de compartir, de vivir un poco más en términos de comunidad. ”En noviembre del ‘93 hicimos un campamento y nos conformamos como grupo que no se reúne para una actividad específica eclesial como era la catequesis sino para actividades varias”, recuerda Manuel. Después de un comienzo con actividades más amplias, el grupo resuelve centrar sus esfuerzos en los adolescentes y jóvenes: ”Veíamos que en el barrio había mucho trabajo con los adultos y mucha solidaridad en cuanto a la niñez. Y pensamos que para qué matarte trabajando en darle de comer, vestir, hacer ir a la escuela a la niñez si después, cuando llega a los doce o trece años, la dejás en banda total y eso lo aprovecha cierta otra gente”, explica Manuel. 33


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Y Varón cuenta el por qué del nombre del grupo, que surge en un encuentro de jóvenes en la capilla Guadalupe. ”Cuando empezó la ronda de presentaciones todos pelaban un nombre, pero nosotros éramos tan vagos que no habíamos pensado uno para nuestro grupo, así que cuando nos tocó el turno de presentarnos Pocho se paró y dijo: yo soy Claudio, del grupo La Vagancia, y ahí quedó”. Espontáneos desde el arranque, los pibes de La Vagancia apuestan de todos modos a instancias organizativas como las reuniones que animan todos los domingos ”desde las 6 o 7 de la tarde hasta la hora que haga falta”. Y convocan a los que quieran pedirles o darles una mano a buscarlos en la casa de Pocho, en Gorriti entre Liniers y Teniente Agnetta o escribirles a lavagancia@tutopia.com.

Publicado el 20 de diciembre de 2002

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Grupo La Vagancia

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La Grieta, cultura sin moño Convocan desde el contoneo de los parches y el tono de los disfraces a la magia del teatro callejero y la murga, concebidos como ”espacio para pensar que esto puede ser distinto, que hay una posibilidad de cambio”. Por eso La Grieta trasciende su misión de ofrendar espíritu de fiesta popular a todo un barrio y monta talleres no sólo de teatro y murga sino también de plástica, reflexión corporal en el trabajo, alfabetización con expresión artística. Pero además de generar el espacio en el barrio Domingo Matheu desde su sede de Centeno al 1700, La Grieta se suma a la construcción de un espacio mayor, coordinando actividades con otras organizaciones y llevando sus parches y sus tonos a movilizaciones y piquetes. “Cuestionarnos algunas cosas en esta locura de correr”, cuenta el flaco Jorge Palermo que fue lo que motivó que de aquella agrupación de teatro callejero que ensayaba en el patio de su casa paterna surgiera lo que hoy, casi quince años después, es La Grieta, Cultura Sin Moño, tal el nombre de la agrupación, que brega en la maraña burocrática estatal por obtener personería jurídica. De todas maneras, el flaco -acompañado en su charla con enREDando por Cintia y Patricia, otras dos ”agrietadoras”- remarca que la cuestión organizativa, de planificación y de plasmar por escrito algunas cosas significan para La Grieta sólo la consecuencia, un devenir desde la acción, desde los hechos. Porque según cuenta Palermo, todo fue así en la historia de la agrupación. Fue cuando los actores que ensayaban sus movidas callejeras en la casa paterna del flaco se preguntaron ”¿Y si hacemos una obra acá?”, que ese lugar empezó a perfilarse como un foco de movimiento cultural. Fue en 1989 que se hizo esa primera obra ahí, en el mismo patio en el que el papá de Palermo se sentaba a cebar mates y payar versos para la gente que pasaba caminando. Los vecinos pidieron más y el grupo de actores y murgueros creció. Recién se habían empezado a juntar y en la mesada de la cocina surgió una plantita de zapallo. Alguna semilla que se salvó de la olla se metió en una rajadura de la mesada, en una grieta. Y lo que les quedó fue La Grieta como ”espacio no pensado, sino que existe”. Y que en La Grieta ”hay una vida distinta, de allí puede surgir una flor nueva”. Con aquel espíritu de los comienzos, hoy desde La Grieta la agrupación de murga y teatro callejero El Bajo Fondo y la de teatro y títeres Finito y Fina sostienen su arte, con presentaciones en el barrio pero también en donde se los llame, ”siempre y cuando aclara el flaco- actuar no nos implique condicionamientos”. Son unos noventa, en su mayoría chicos, los asistentes a los talleres de La Grieta. También hay un taller que brinda la agrupación en la escuela Abanderado Grandoli. Son centenares de vecinos del barrio Domingo Matheu y otros lugares de la ciudad los 36


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que se suben a las fiestas de carnaval que ahí, en Centeno y España, en la calle, vienen haciendo desde hace un par de años y que este año se van a realizar el 15 y el 16 de marzo. Todos los octubre, La Grieta pone la garganta y el cuerpo entero al Grito de los Excluidos. Son anuales también los festejos del día del niño sin moño. Son constantes los integrantes de La Grieta, y la agrupación crece, avanza en la faz organizativa, pero cuida como oro su autonomía y su independencia, su privilegio de la acción, del hecho artístico que surge directo del pueblo. ”En los barrios hay mucha cultura dormida”, dice el flaco, y La Grieta pone como despertador el ruido de la murga. ”Reivindicamos la fiesta, el encuentro; nos da esperanza, nos da una pertenencia no dicha: cuando nos encontramos, algo ocurre”, añade Palermo, que aboga por contraponer a la ”lógica capitalista, del mercado”, una ”lógica poética, del ser humano; no que sea un cuelgue, un divague, sí que modifique, que transforme”.

Publicado el 6 de febrero de 2003

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Adir, por la lucha contra la diabetes con el paciente como protagonista Aunque hubo avances médicos importantes, aunque hay nuevos medicamentos, con la diabetes sigue siendo clave la actitud que adopte el paciente. Y ayudar al paciente a enfrentar y asumir su enfermedad como condición indispensable para sostener o mejorar su calidad de vida es el eje de la labor de la Asociación de Diabéticos de Rosario (Adir). Rita Hernando, actual titular de Adir, cuenta que el planteo de empoderamiento de los pacientes surge en Europa y Estados Unidos en la década del 50, prende en Buenos Aires unos años después y comienza a desarrollarse en Rosario en los 60 a partir del impulso de un grupo de médicos, entre los que se cuentan Delio Eberard y Luis Cardoné. Lo del empoderamiento, señala Rita, tiene que ver con que el paciente no se limite a recibir su medicación sino que reciba también educación, de modo que modifique ciertas conductas e incorpore otras. Y Adir, fundada en 1967, está en eso desde sus comienzos, cuando funcionaba, como varias otras asociaciones relacionadas con la salud, en el subsuelo del hospital Centenario. ”Ahí, los primeros trabajos fueron cursos de capacitación para enfermeros y para médicos generalistas sobre qué es diabetes y cómo tratarla”, recuerda Rita, que relata que luego la Asociación se trasladó a una oficina de un local de la Cruz Roja. “Después, a partir de la década del 70 comienzan con los campamentos para los pacientes, que para los pacientes tipo 1, los niños, es una de las mejores formas de educarlos y a la vez de independizarlos en el tratamiento de la diabetes”, indica Rita. ”Actualmente los costos de los campamentos son, siceramente, muy caros, y no todos los chicos tienen obra social, cobertura. El último que hicimos fue en el club Provincial hace cuatro años con apoyo de Promoción Social de la Municipalidad y la empresa Paladini”, continúa, dando la primera referencia de lo duro que resulta sostener la labor de Adir en tiempos de crisis económica. Justamente razones económicas también son señaladas por Rita para defender el planteo del empoderamiento y la educación del paciente. Un paciente bien educado corre muchos menos riesgos que uno no educado y resulta mucho menos oneroso, en términos de política sanitaria, educar con equipos de salud que internar personas a las que, por ejemplo, hay que amputarles una pierna. ”El trabajo de un equipo de salud cuesta mil quinientos pesos por mes, y una internación por una complicación aguda, por una hiperglicemia, cuesta 72 mil pesos, porque ese paciente tiene que ir directamente a terapia”, compara Rita. Adir cuenta con un equipo de salud que viene desarrollando la tarea educativa en conjunto con algunas vecinales y centros de jubilados. Rita cuenta que también desde una farmacia de Empalme Graneros se generan actividades para pacientes. Pero el desafío de la Asociación es poder sostener un trabajo de prevención y educación a lo largo del tiempo y hacerlo metódicamente. Por estos días, en Adir esperan la confirmación de la llegada de financiamiento para trabajar sistemáticamente durante 38


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tres años y llegando a dos mil pacientes a partir de un proyecto presentado ante el Comité Argentino de Educación para la Población. Aunque el eje de la acción cotidiana está puesto en este aspecto, Adir para nada deja de lado el suministro de medicación a los pacientes. ”Tenemos doscientos socios de medicamentos que pagan cinco o diez pesos por mes, según sus posibilidades”, indica Rita, que agradece la colaboración de algunos laboratorios, fundaciones y simples ciudadanos que donan medicamentos que son distribuidos desde la Asociación. Respecto de la cantidad de diabéticos en el mundo, Rita dice que ”los números son infartantes: el ocho por ciento de la población es diabética, y de ese ocho por ciento se calcula que la mitad no lo sabe”. Es decir que hay mucho por hacer. Otro de los aspectos que remarca Rita es cómo la pobreza condiciona a los diabéticos. Pone el ejemplo de la gente desocupada que come de los bolsones de alimentos. ”Los bolsones que les dan son todos con alimentos con hidratos de carbono, por eso es interesante lo de las huertas orgánicas, porque comer verduras y frutas hace que la glicemia no te suba tanto. Ahora, el día que te comiste un guiso con papas o fideos o arroz... Y está la realidad de la gente que se pasa varios días comiendo mate con pan, y encima mate dulce, porque te da la sensación de que tenés más llena la panza”. Rita cuenta también que ”uno de cada cuatro de los pacientes que asistimos con la medicación no tiene médico de cabecera, y entonces vienen totalmente descontrolados. Ese paciente es una bomba de tiempo”. Adir funciona de lunes a viernes de 9 a 18 y los sábados de 10 a 12 y ofrece, al decir de Rita, ”un lugar donde sabés que hay una persona que sabe y te puede contestar, darte un medicamento y al menos una posibilidad de asistencia en el sentido de educación”. Rita indica también que antes que la crisis económica se generalice Adir podía organizar clases mensuales a las que los pacientes podían asistir sin que ello implique ”un desequilibrio total en el presupuesto de la familia. A partir del 2000 empezamos al revés, no que Mahoma vaya a la montaña. Nos prestan un auto, vamos a buscar a la doctora y la nutricionista y vamos a dar las clases a vecinales, como la Azcuénaga, o a centros de jubilados, como la Casa Amiga del Jubilado”. “Esto es como una escalera, con distintos escalones -agrega-, y el primero es el de la subsistencia, el del paciente diabético insulino dependiente. Ese escalón es el elemental, pero a partir de ahí hay distintos escalones, y a partir del tercer o cuarto escalón ya la asistencia no sirve, ya le tenés que enseñar a pescar: hay que reeducar al paciente porque todo lo que hizo durante su vida lo llevó a que tuviera diabetes”. Los integrantes de Adir no son necesariamente diabéticos. Rita comenzó a trabajar en la asociación motivada por lo que le pasó a su abuelo, ”un diabético mal educado”, que antes de morir ”perdió primero un dedo, después otro y después una pierna”. Situaciones similares se dan en los casos de otros integrantes de la Asociación, que tiene sus puertas abiertas para todo el que quiera colaborar. Publicado el 19 de febrero de 2003

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Adevu: el martillo tiene quien lo pare El martillo es la última instancia, la que ejecuta. Tanto a la una, tanto a las dos, tanto a las tres, y a otra cosa. Cuando lo sometido al martillo es la única vivienda de una familia, los golpes son más duros. Tac, a la una; tac, a las dos; tac, a las tres; y a otra vida. Ya no sólo sin trabajo y por lo tanto sin ingresos fijos y por lo tanto cuidando el bolsillo hasta la carencia. También sin casa, sin hogar, sin techo, sin derecho al espacio vital. Pero el martillo, cuando se trata de las viviendas únicas, tiene quien lo pare. En Rosario, desde 1999 hasta acá, la Asociación de Defensa de la Vivienda Única, Adevu, evitó, asesorando jurídicamente pero también poniendo el cuerpo, más de 400 remates de casas de familias empobrecidas al calor de la agudización de la injusticia social en la Argentina. ”Si alguien hipoteca su casa es porque está dispuesto a pagar la deuda. El vivo, el que siempre trata de no pagar, no hipoteca su casa”, dice Marcelo Bonini, presidente de Adevu. ”No se incita a no pagar las deudas que se contraen”, se aclara en la declaración de principios de la Asociación: lo que se repudia es”la fijación de intereses desmedidos y de honorarios que no guardan una relación razonable con la deuda”. Y también se repudia a ”la clase política, que frente a la crisis que no pudo resolver, permitió que la voracidad capitalista creara esta cadena miserable de despojo a los que menos pueden”. Bonini señala que ”hay formas jurídicas de demorar algunos años la ejecución de un remate”. Por eso Adevu ofrece a las personas cuya vivienda corra peligro asesoramiento jurídico gratuito, analizando las particularidades de cada caso y aconsejando estrategias. Pero Bonini remarca que, agotada la instancia jurídica, hay otras maneras de parar los remates. Los hombres y mujeres de la Asociación -que tiene unos 300 socios- pararon varios remates a pura presencia física. Atesoran una gruesa carpeta con fotocopias de artículos de los diarios locales, que dan cuenta de las movilizaciones a los lugares de remate y los consiguientes roces con la policía y con potenciales compradores de la casa a rematar, a los que ahuyentan a puro grito. La primera de esas movidas fue en el ‘99 en Tribunales, y al otro día el episodio fue tapa de uno de los diarios. ”El periodismo para nosotros fue fundamental”, destaca Bonini, que cuenta que la difusión en los medios masivos de comunicación de las protestas anti martillo hizo que fuera mucha la gente que se acercara a Adevu para buscar ayuda. Así, son cuatro mil los casos relevados hasta ahora. Y seguro que habrá más, porque las ejecuciones continúan. Bonini arrancó con esto a partir de su propia experiencia: contrajo un crédito hipotecario y estuvo a punto de perder su casa, pero la pudo salvar antes del remate. Después, participó de una reunión de la agrupación Mujeres en Lucha, volcada a la misma defensa de los patrimonios familiares pero sobre todo en el ámbito rural. Y de allí surgió el movimiento que el 15 de abril del 2000 se constituyó formalmente como asociación civil. En Adevu se cuidan mucho de que los identifiquen con algún partido político. Tanto, que no estar afiliado a alguno es condición para el que quiera ser socio de la organización. ”Es para ser creíbles. Si dejás que se meta la política partidaria no sos creíble”, explica Bonini, al tiempo que no niega que el accionar de Adevu, aunque 40


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no partidario, es político. ”Lo que pasa es que este país no es seguro”, añade. Pero no habla de la ”seguridad jurídica” que reclaman fundamentalmente los grandes grupos económicos, que no es más que la seguridad de obtener grandes ganancias, aún a costa de la expoliación de un país. ”Este país no es seguro porque nadie puede garantizar que va a seguir teniendo trabajo de acá a diez o quince años. El que vive de su trabajo no puede tomar un crédito porque no sabe qué le va a pasar. Hoy es preferible hacerse la casa como se la hacían nuestros abuelos, de a poco”, analiza el presidente de Adevu, que continuamente ha participado de instancias de coordinación con otras organizaciones, como el Frenapo o la Asamblea Provincial por el Agua. En Adevu evalúan que no alcanza con parar los remates y apuestan a un cambio de legislación que los evite, ”decretando que las viviendas únicas sean inembargables, que no puedan servir de garantía para nada”. La presión a los legisladores para obtener esa norma es, entonces, el desafío más inmediato. Bonini, que vive de su oficio de electricista, cuenta que dedica al menos una hora por día a leer códigos judiciales argentinos y a averiguar qué se hace en otros países para proteger las viviendas familiares. ”En otros países está el seguro de crédito, que establece, por ejemplo, que si la cuota es de diez pesos uno paga once, y un peso se destina a un fondo que funciona como un seguro en el caso de que el que paga las cuotas se quede sin trabajo, sin ingresos. En alguna época, el Banco Hipotecario Nacional hacía esto”, menciona. ”En Estados Unidos, que es el país más reaccionario económicamente, bien capitalista, la vivienda única y el auto básico no se rematan; acá, te marginan”, agrega. Más allá del afán por cambiar el marco jurídico, en Adevu no piensan en dejar de resistir las subastas. Pero Bonini anuncia un perfil más bajo de la Asociación como institución en las movidas. ”La idea -comenta- es que no estén siempre las mismas caras. Y dar una mano para que la propia gente que está por perder su casa se organice, convoque a sus vecinos, llame a los medios de prensa y cuente su historia. Hay que aprender a luchar”, concluye, y parte apurado a una reunión con representantes de otras organizaciones que preparan una próxima protesta conjunta en la plaza San Martín.

Publicado el 21 de febrero de 2003

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Con Hondo Interes Comunitario Obramos Socialmente (CHICOS) Desde abajo y desde adentro

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Chicos con mayúsculas “La estrategia es ofrecerles como un contrapunto a la calle, que es un espacio que aparece como libre, mágico, pero donde las reglas son durísimas”, indica Marcela Lapenna respecto de la acción de la Asociación C.H.I.C.O.S., por cuya casa de la calle Mendoza al 1200 circulan mensualmente más de cien pibes de entre 12 y 18 años, que concurren a talleres de capacitación laboral y de recreación. Claro que el ”contrapunto” que se ofrece desde C.H.I.C.O.S no es un espacio de internación, de corte abrupto con el mundo de la calle. ”Los chicos necesitan por un lado agotar esa experiencia de la calle y nosotros podemos ir ofreciéndoles simultáneamente otro lugar donde puedan vivenciar pautas de convivencia totalmente diferentes. El pibe puede estar un tiempo con una pata en cada lado, pero no todo el tiempo; llega un momento en que opta por dejar la calle, pero convencido de que la calle no es el lugar. Interrumpir este proceso sacándolo por la fuerza o seduciéndolo con un hogarcito lindo no resuelve nada”, explica Marcela. Desde ese posicionamiento es que, por ejemplo, a los adolescentes que se acercan a la calle Mendoza y son consumidores de pegamento les piden que dejen las latas en el momento en que entran pero se las devuelven al salir. ”Si no, lo que logramos es que el día que tiene poxi no venga, y nosotros ganamos cuanto más tiempo estemos con el chico, teniendo su confianza”, señala Marcela. Y aclara: ”esto lo podemos hacer con adolescentes, no con un chico de 4 años”. El eje del trabajo de la Asociación pasa por los talleres de capacitación laboral y de recreación. ”Partimos de la base de que no hay más trabajo y por eso no pensamos en talleres de capacitación laboral vinculados exclusivamente a la formación de un oficio que te inserte en el mercado formal. Pero creemos en el trabajo como valor, como dinamizador y organizador, y los chicos deberían poder pasar por este proceso para incorporar pautas y hábitos que les permitan conocer a lo que ellos también deberían tener derecho. Buscamos que no se naturalice la calle como el único espacio posible. Y complementamos los talleres de capacitación con los talleres artísticos, recreativos, donde los pibes puedan vivenciar la experiencia de ser niños, donde puedan jugar, crear, cosas a las que tienen derecho por su ciclo vital. Porque si no, se termina pensando en los hijos de uno como los chicos que necesitan divertirse y en los hijos de los pobres como niños que necesitan aprender un oficio exclusivamente”, se explaya Marcela. Y añade: ”nuestra tarea no tiene que ver con un proyecto de contención, de tenerlos conteniditos y encerraditos; ni con un proyecto de higiene urbana, que intente sacarlos de la calle para que no jodan, no molesten”. Por eso, C.H.I.C.O.S. no exige a los pibes que se acercan que abandonen sus trabajos callejeros.”La del sistema es una actitud perversa porque por un lado no deja otra opción a los chicos que laburar para vivir y después criminaliza eso -analiza Marcela-. Nosotros decimos: ojalá no tuviera que laburar ninguno, pero mientras tengan que laburar nosotros no vamos a penalizar eso”. Desde la Asociación, el abordaje de la cuestión del trabajo incluye otro aspecto: el microemprendimiento de la panadería Leva Vida, en la que hay una inserción más directa de los chicos en lo laboral, una vuelta de tuerca a los talleres de capacitación laboral. De todos modos, Marcela vuelve sobre que ”no se trata de formar panaderos, sino de aportarles a los chicos herramientas de autogestión; que sepan que tienen 43


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derecho a ganarse la vida de otra forma que la que impone la calle”. Otro concepto sobre el que Marcela vuelve a lo largo de su charla con enREDando es el del protagonismo de los chicos, tanto por su participación en los talleres como por su intervención en la vida de la Asociación como institución. Así, surge como un eje importante la cuestión política, ”la pregunta -dice Marcela- de por qué estamos como estamos. Hacerse un lugar en la vida es un laburo que les cuesta a los chicos y también nos ha costado como institución. Tratamos de compartir estos dos procesos y por eso tratamos de que los chicos no sean ajenos a nada de lo que tiene que ver con la construcción institucional, que estén al tanto de los convenios que firmamos, las relaciones que tenemos, quiénes son los padrinos para las becas”. C.H.I.C.O.S. desarrolla su labor mediante convenios con la Municipalidad de Rosario y con el respaldo de la fundación Avina pero también sostiene relaciones con un amplio abanico de organizaciones y personas con las que intercambia experiencias y apoyos. La casa de calle Mendoza, por ejemplo, fue adquirida por una profesora francesa llamada Arlette que se sumó al trabajo de la Asociación por unos días. Así, C.H.I.C.O.S., que se constituyó como asociación en 1991 y desde 1993 integra un programa mixto con la Municipalidad de Rosario, consolidó su presencia en el centro de la ciudad, hecho que Marcela apunta como importante porque es en el centro donde los pibes más trabajan y están en la calle. Y con la casa propia, la Asociación está menos condicionada para desarrollar su estrategia de establecerse como centro de día y no como hogar, como internado. ”Para nosotros con la internación no hay un cambio conceptual: los pibes están en instituciones que sostienen la misma legalidad de la calle pero dándoles techo y comida”, redondea Marcela, que a la vez enmarca la labor de la Asociación en un desafío más amplio: ”No queremos perder la dimensión de que la construcción que estamos haciendo no tiene que ver exclusivamente con los chicos, con lo pequeño de acá. Creemos estar trabajando con los pibes en función de ir construyendo realidades sociales más justas. Nosotros estamos abordando un perfil, pero debemos sentirnos incluidos en otras redes que están aportando con el mismo norte; porque si perdés eso sos solamente un buen técnico. Los chicos se sienten construyendo con mucha gente y así se sienten los apoyos; si no, terminás en la frustración y en la sensación de la soledad, del esfuerzo, que no tienen nada que ver con nuestro criterio. No nos va lo de decir ay, que sacrificados que somos. A mi me encanta estar acá, no es ningún sacrificio y aprendo muchísimo. En esto no hay nada de estoicismo”. Publicado el 28 de febrero de 2003

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El Cepar, por la utopía de producir distinto y vivir mejor A partir del trabajo en no menos de 600 huertas orgánicas y la comercialización en cuatro ferias, para muchas personas desocupadas y sometidas a la pobreza aparece como algo concreto la utopía de mejorar las condiciones de vida apelando a un modo distinto de producción y de desarrollo de la actividad económica. Y en que esto sea posible tiene mucho que ver la labor del Centro de Estudios de Producciones Agroecológicas (Cepar), organización no gubernamental fundada en Rosario que comenzó sus actividades a fines de los ochenta. La producción en las huertas y la comercialización en las ferias son fruto del Programa de Agricultura Urbana, instrumentado desde la Secretaría de Promoción Social de la Municipalidad y con intervención también de los gobiernos provincial y nacional. Pero el fruto maduró al calor de la constancia de los integrantes del Cepar, que comenzaron el trabajo con huertas orgánicas, libres de agroquímicos, en la zona de El Mangrullo, en el sur de la ciudad. Con el transcurso de los años, la experiencia de las huertas se extendió a otros barrios y también a escuelas. A partir del ‘90 el municipio rosarino resolvió tomar la propuesta del Cepar y darle impulso, y desde diciembre de 2001 –y a partir de la posterior multiplicación de subsidios a desocupados a través del programa Jefas y Jefes de Hogar– se hizo masiva la demanda de capacitación, semillas y terrenos de parte centros comunitarios, vecinales y organizaciones barriales. En principio, lo cosechado se destinó sólo al consumo de los propios productores y sus vecinos, pero desde setiembre de 2002, cuando se inauguró la primera feria abierta para comercializar el producto de las huertas, se abrió una nueva etapa. Es una etapa que entusiasma a los integrantes del Cepar y a los trabajadores del programa de Agricultura Urbana, que impulsan la construcción de “modelos vivos”de una economía cuyo objetivo principal no es el lucro sino producir alimentos para que sean muchos más los que puedan vivir mejor. ”Nos han metido tan fuerte este modelo excluyente y concentrado que cuesta mucho imaginarse otra forma de producción”, señala Antonio Lattuca, ingeniero agrónomo, uno de los fundadores del Cepar y uno de los encargados del desarrollo del programa en Rosario. ”La visión agroecológica no es una visión de vuelta al pasado, porque hay un montón de tecnologías nuevas que pueden ser utilizadas; pero las tecnologías no pueden ser dependientes como lo son hoy. Nosotros pensamos que los mismos campesinos organizados pueden hacer su propia semilla, sus propios fertilizantes, nuevas máquinas. Porque todo está pensado para una agricultura industrial, dependiente, y que nos hace comer alimentos basura. Toda la tecnología de los últimos años es para hacer más, más, más, pero con menos calidad y para concentrar riqueza, lo que trajo despoblación y empobrecimiento en el campo y en la ciudad. La propuesta nuestra es distinta: que los campesinos puedan tener tierra, puedan trabajarla, puedan producir, consumir, que haya otra forma de intercambio y de producción, más cercana a lo que se necesita y no con el lucro como objetivo fundamental. El objetivo de esta economía que proponemos es que podamos producir alimentos para poder vivir mejor todos. El objetivo no es la competencia sino una economía más solidaria, donde podamos estar mejor todos”, se explaya Lattuca. ”La Argentina podría producir alimentos para diez veces más de la 45


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cantidad de habitanes que tiene; el tema es la distribución”, completa. De todos modos, Lattuca remarca que desde el Cepar no se ufanan de “tener una receta definida” sino de tener como práctica el ”aprender haciendo”. Cuenta como ejemplo que en aquellas primeras actividades en El Mangrullo derivaron en principio en ”una sola huerta grande, que funcionaba porque nosotros íbamos un par de veces por semana. Pero lo que queríamos era que la huerta se empezara a sostener con el trabajo de los vecinos, y ellos nos plantearon dividirla en parcelas. Ahí, primero, nos pareció que se nos venía el mundo abajo; parcelar no, porque pensábamos en lo de todos juntos. Pero después analizamos la cuestión, accedimos a la división en parcelas y notamos un mayor compromiso de los vecinos sin que se perdiera la visión comunitaria. Ahora el de las parcelas es el modelo que usamos en todos los lugares, es muy práctico”. En su afán de aprender haciendo, cruzando ideas y prácticas, el Cepar construyó a lo largo de los años una relación muy sólida con otras organizaciones del país y de Latinoamérica. Por eso por estos días, además de apuntalar el programa de Agricultura Urbana, sus integrantes persisten en su propia capacitación a través del intercambio de experiencias con asociaciones similares en todo lo que tenga que ver con la producción y con la comercialización. En este sentido, Lattuca apunta a la importancia de la actitud de los consumidores: ”El consumo es un acto político, porque cuando consumimos elegimos una forma de producción. Si no se involucra el consumidor es muy difícil cambiar el sistema que determina que los que se quedan con la mayor parte sean los que venden el insumo y los que comercializan la producción, mientras el productor cada vez se queda con menos y va desapareciendo”, remarca. Y relata que en Rosario comenzó a funcionar ya una asociación de consumidores que adquiere productos de las huertas orgánicas locales pero también otros productos ecológicos como quesos o yerba que se producen en otros lugares del país. ”Queremos apuntar a redes donde puedan circular los alimentos de otra manera y donde también los precios sean justos: que al productor le permitan pagar los insumos, poder vivir; pero que también sean accesibles para el consumidor. Porque si no se da lo de la moda de todo esto de lo orgánico que supone que los alimentos orgánicos tienen que tener un precio más alto y por lo tanto destinarse sólo a las clases altas, cuando realmente la agricultura ecológica tiene menos insumos, reduce costos, tiene que ser más barata”, indica Antonio.

Publicado el 7 de marzo de 2003

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Una cooperativa de los Tobas, por trabajo y por identidad Por un lado está el trabajo hacia adentro de la comunidad para superar la automarginación, la resignación. Por otro, el trabajo hacia afuera, hacia una sociedad desde la que llega apoyo pero también discriminación. En eso andan, desde hace más de cuatro años, los integrantes de la Cooperativa de Trabajo Constructora Limitada del barrio Toba de Travesía y Almafuerte, en Empalme Graneros, que asiste de diversas formas a las 300 familias que habitan el lugar. En principio, y surgida de la inquietud de un grupo de jóvenes de entre 19 y 25 años que se capacitaron durante tres meses, la cooperativa apostó a erigirse como la herramienta para lograr la inserción de los vecinos en el mercado laboral. “Nosotros nos criamos en el campo y siempre hicimos trabajos de campo. Por eso nos cuesta mucho conseguir trabajo cuando venimos a la ciudad. Y averiguando, vimos que la cooperativa nos podía servir para que, por ejemplo, nos contrate la Municipalidad”, explica Leonardo Barreto, uno de los fundadores de la cooperativa, llegado del Chaco igual que la mayoría de los vecinos de la zona. Leonardo señala que con el paso del tiempo la falta de trabajo se profundizó y por eso desde la cooperativa se apuntó a brindar a los socios otros servicios. Hoy, en la sede ubicada sobre Travesía se brinda gratuitamente atención médica y odontólogica, material y clases de apoyo a estudiantes de distintos niveles, clases de computación, alfabetización para adultos y talleres lúdicos. La cooperativa, única organización del asentamiento que posee personería jurídica, gestiona becas y subsidios, administra los insumos que llegan desde el estado para una copa de leche para menores de 12 años y un comedor para adolescentes que funciona los fines de semana y coordina el trabajo en la huerta orgánica del barrio. Mientras, impulsa microemprendimientos y gestiona planes laborales y sociales como el Jefas y Jefes de Hogar. “En la comunidad Toba de Empalme Graneros y Travesía habitamos unas 300 familias, haciendo un total de alrededor de 2.100 personas de las cuales aproximadamente 1.500 son jóvenes y niños. Las condiciones de vida en el barrio son preocupantes: encontramos un bajo nivel de empleo, viviendas precarias, una alimentación muy deficiente, una irregular escolarización, a lo que debemos agregar unas preocupantes condiciones de salud. Entre otras cosas, estas son algunas de las causas y causales a la vez de una marginalidad que resulta destructiva para los propios individuos y para la comunidad”, se lee en los volantes que elaboró la cooperativa para difundir su actividad. “Todas las actividades comunitarias se están haciendo prácticamente a pulmón. Por ejemplo, para los consultorios el gobierno no aporta nada; estamos trabajando con medicamentos que nos donó el Serpaj”, relata Leonardo, que indica que para 47


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este año los mayores esfuerzos de la cooperativa estarán puestos en agrandar la sede agregándole un piso. ”Vamos a hacer el techo de hormigón y otra habitación arriba para trasladar ahí la biblioteca y la computadora. Y acá abajo va a quedar más lugar para los consultorios y para un sillón odontólogico que tenemos pero no trajimos todavía por la falta de lugar”, comenta en su charla con enREDando. Entre las palabras de Leonardo se cola el ruido de un escape libre de algún auto que pasa por Travesía muy rápido, como queriendo huir de la villa. Cerca de la sede de la cooperativa, en la esquina de Travesía y Juan José Paso, ya forman parte del paisaje algunos chiquitos de la comunidad que aprovechan el rojo del semáforo para pedir moneditas a los conductores. “La única opción es tratar de unirnos los vecinos y poder buscar por nuestros propios medios, armar microemprendimientos. Lo que pasa es que se hace muy difícil porque muchos recursos no hay. No digo que es imposible que nosotros salgamos adelante, pero la falta de recursos hace que todo lleve más tiempo”, analiza Leonardo, que insiste en la importancia que se da en la cooperativa a la necesidad de convocar a sumarse a los vecinos. ”La automarginación viene de descendencia -explica-. Han sido tan marginados nuestros antepasados que eso quedó inculcado en la comunidad, por eso es duro. Una de las metas que tenemos es capacitarnos en todo lo que podamos para que nuestros chicos crezcan ya con un mínimo conocimiento. Nosotros arrancamos sin saber nada, sin conocer lo que significaba tener una cooperativa, una organización, fue algo que fuimos aprendiendo a medida que íbamos chocando puertas, pero nuestros chicos ya van a crecer sabiendo qué es una organización. A nosotros hay cosas que nos cuestan por falta de conocimiento, no por falta de voluntad”. En el volante de difusión de sus actividades, los integrantes de la cooperativa explican cómo trabajan: ”conocemos muy bien las necesidades que padecen las familias de nuestra comunidad, ya que somos parte de ellas y las sufrimos a diario. Sabemos que si queremos mejorar el bienestar social de nuestros hermanos debemos trabajar por ello, y creemos que con el esfuerzo de todos es posible construir un mundo digno donde vivir. Para ello debemos dar pequeños pasos, partiendo de las propias necesidades de la gente. Pasos que nos permitan, poco a poco, alcanzar una calidad de vida digna. Cualquier proyecto de futuro debe necesariamente comenzar por los jóvenes, y en ello ponemos nuestros mayores esfuerzos, trabajando por fortalecer una identidad social e individual de la cual sentirse orgulloso”. En el final de la charla, Leonardo rescata la relación de la cooperativa con otras organizaciones comunitarias. ”Así como hay algunos que nos han marginado, hay organizaciones que nos han ayudado mucho, que nos dieron fuerzas para seguir”, dice. Y concluye: ”hay gente que dice no se puede, pero nosotros estamos seguros que tenemos que seguir luchando”.

Publicado el 14 de marzo de 2003

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Cooperativa de Trabajo La Constructora

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H.I.J.O.S. Rosario, por la continuidad de la lucha popular en la Argentina El primer escrache fue espontáneo, producto de la casualidad. Un par de pibes que iban a una reunión vieron en un bar a Alfredo Astiz, uno de los represores más conocidos. Cuando le contaron a sus compañeros a quién habían visto resolvieron todos volver a esa bar y repudiar la presencia del represor. Aquella era una de las primeras reuniones de H.I.J.O.S. y aquel fue el primero de muchísimos escraches a torturadores y asesinos. En Rosario, el primer escrache fue a José Lofiego, integrante de la tristemente célebre patota del gendarme Feced, en 1997. Ahora, mientras charlan con enREDando, Juan Emilio Basso y Eduardo Toniolli están a pocas horas de un nuevo escrache, en este caso para desenmascarar ante sus vecinos a un militar de apellido Crespi. Y están también en plenos preparativos para los actos de conmemoración de un nuevo aniversario del golpe del ’76. Pero ni el Juane ni el Edu se muestran nerviosos o ansiosos. Con sus apenas veintipico de años exponen serenidad, capacidad de reflexión, madurez, que no se contradicen para nada con sus espíritus combativos, rebeldes, decididos a promover la modificación de un régimen político y económico al que califican como continuación de la dictadura militar que asesinó a sus padres. En H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) se corren del lugar de víctimas. “La víctima de la dictadura fue el pueblo argentino”, dicen. Juane y Edu tienen sus padres desaparecidos, pero aclaran que para participar en H.I.J.O.S. no se plantea como requisito tener desaparecidos en la familia. La agrupación nace en la Semana Santa del ’95 en un encuentro en las sierras cordobesas. “La convocatoria se empezó a parir unos meses antes en las ciudades en las que durante la década del 80 se habían dado talleres literarios y de reflexión organizados por organismos de defensa de los derechos humanos con pibes cuyos padres estaban desaparecidos, o exiliados, o todavía presos. De esos talleres quedó armado un grupo de jóvenes, niños, adolescentes y surgió la idea de hacer un congreso de, en principio, hijos de desaparecidos”, recuerda Toniolli. Pero después, cuando los delegados volvieron a sus ciudades, se fue dando que desde distintos sectores sociales surgieron invitaciones a sumarse a diversas actividades barriales, comunitarias. Y desde H.I.J.O.S. no esquivaron el bulto. En Rosario los primeros que se acercaron a la agrupación a proponer un trabajo en conjunto fueron un grupo de pibes de barrio Ludueña encabezados por el Pocho Lepratti. “A partir de esas actividades se empieza a dar una definición política: la dictadura tuvo como consecuencia la desaparición forzada, los compañeros presos, el exilio; pero principalmente tuvo efectos sobre toda la sociedad, no sobre un grupo reducido de militantes, que es lo que quería marcar la teoría de los dos demonios. Nuestra respuesta tenía que ser en otro sentido, el pretendido lugar de víctimas no nos cerraba. Entendíamos que si bien los organismos de defensa de los derechos humanos 50


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en determinado momento se tuvieron que parar desde ese lugar para luchar contra la dictadura y por el juicio y castigo, estábamos en otra etapa”, relata Edu. “Definimos que estar en H.I.J.O.S. no tenía que ver con una condición sino con una convicción política, con la decisión de ser un luchador. Se planteó ofrecerles a los hijos de desaparecidos poder dejar el lugar común de víctimas y darles un lugar en el que se pudieran transformar en luchadores”, sigue Juane. “Empezamos a ligar el reclamo de castigo a los genocidas y la búsqueda de hijos de desaparecidos con las cosas que les pasaban a los jóvenes de nuestra edad: el gatillo fácil, la falta de trabajo, de expectativas, de esperanzas; cosas que se habían cortado a partir de la dictadura pero también por hechos que impactaron tan duramente como la dictadura, como las grandes traiciones de los partidos políticos que fueron populares, la entrega de las privatizaciones, que dieron un clima de desesperanza, de desazón. En eso momento (mediados de la década del 90) H.I.J.O.S. fue para nosotros un lugar de organización casi único, porque no había perspectivas. En ese momento el que tenía inquietudes políticas no tenía dónde volcarlas, por eso empieza a surgir todo el movimiento social. Para nosotros H.I.J.O.S. es un lugar de identidad, un lugar para encontrarse con la historia, pero también un lugar de militancia. Nos planteamos que no sólo vamos a ser hijos de desaparecidos”, completa Edu. Otra de las definiciones que surgieron del desarrollo de la actividad de H.I.J.O.S. fue la necesidad de superar lo que Juane caracteriza como una etapa ”más testimonial y dirigida estrictamente a la pos dictadura, al juicio y castigo”. Desde la agrupación se apostó a discutir también el antes de la dictadura, a reivindicar los proyectos políticos y la actitud de transformación social que sostenían los desaparecidos. Edu y Juane reniegan de la lectura que podría resumirse apelando a la figura del flautista de Hamelin, considerando que un par de dirigentes llevaron de las narices a la muerte a toda una generación. “Esto es creer que hubo toda una generación estúpida. Estaríamos negando a nuestros viejos y a nuestros compañeros que militaron en esa época. Si bien hubo errores en aquellas organizaciones, las grandezas y las miserias son colectivas; y hay que ver los errores para ver qué tomamos y qué dejamos de aquella experiencia”, señalan. Así, releyendo y redefiniendo su accionar como organismo de defensa de los derechos humanos y sumándose a diversos sectores sociales que resisten la opresión política y económica, los pibes de H.I.J.O.S. dejaron de ser solamente los hijos de los desaparecidos. Y aunque no abandonan sus actividades más específicas como la búsqueda de jóvenes hijos de desaparecidos (en Rosario hay 80 casos que se están investigando) o los escraches a los represores, participan de instancias de encuentro más amplias, con sindicatos y con organizaciones barriales y estudiantiles, en las que promueven la recuperación de la identidad política de los sectores populares de la Argentina. “La identidad política de una generación es patrimonio cultural de un pueblo. Que nuestro pueblo no pueda recuperar esa identidad política como su propia experiencia hecha por generaciones anteriores es no tener acceso a un saber que es nuestro, a una experiencia y una práctica que tuvimos. Tenemos que lograr que podamos mirar nuestra experiencia política como batallas ganadas y batallas perdidas, y aprender de eso”, dice 51


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Juane. Y Edu rechaza “la reivindicación de los desaparecidos en abstraco” para remarcar que entre los desaparecidos había “peronistas, cristianos de base, socialistas, marxistas, que militaban en organizaciones como Montoneros o el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y que son parte de la historia de lucha de un pueblo por su liberación”.

Publicado el 21 de marzo de 2003

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Vecinal Solidaridad Social, por la participación para ”dejar de ver las cosas desde la tribuna” De ejercer control ciudadano, de tener poder ciudadano. De eso habla todo el tiempo el presidente de la vecinal Solidaridad Social, que abarca 91 manzanas comprendidas entre las avenidas Pellegrini, San Martín y 27 de Febrero y el parque Independencia. Allí viven unas 30 mil personas que si bien sienten la crisis no han caído en la pobreza y la indigencia, y así es que en la vecinal Solidaridad Social no reparten cajas de alimentos, no distribuyen asistencia social. Pero sí responden a necesidades de los vecinos respecto de determinados servicios. Y machacan con la necesidad de la participación, para “dejar de ver las cosas desde la tribuna”. “El problema es que la gente relaciona vecinales con partidos políticos y tenés que andar explicando que vos no tenés nada que ver con ningún partido. También pasa que algunos vecinos vienen, plantean su problema, le hacés la gestión y nunca más los ves”, cuenta Fernando Lifszyc, presidente de Solidaridad Social, que funciona en la sede de la biblioteca del mismo nombre ubicada en Paraguay 2545. El grupo que conduce la vecinal –“empezamos militantes y ex militantes deshauciados”, recuerda Fernando– llegó a la institución en marzo del 96. Solidaridad Social estaba acéfala, así que se hicieron las averiguaciones en la Municipalidad, se llamó a una asamblea y se eligieron las autoridades. De todos modos, Fernando remarca que las reuniones de la vecinal –que tiene unos 300 socios formales– son abiertas, que cualquier vecino puede sumarse. Esto de sumar a los vecinos y a la vez generar espacios de encuentro entre vecinales de distintos lugares de la ciudad obsesiona a Fernando: “Creo en esto de enredarse, en que la gente tiene que participar y que entre todos podemos. Pero cuesta mucho, hay mucha gente que no participa”, dice. A lo largo de la charla, Fernando apela a ejemplos para explicar y argumentar su idea base de la necesidad de participación de los vecinos. Uno de esos ejemplos es el proceso del Presupuesto Participativo (PP). “¿Estamos mendigando una parte del presupuesto o estamos pidiendo participar en el presupuesto?. Nos tienen acostumbrados a ”vos pedí lo que querés, después nosotros vemos”. No es así. El presupuesto tiene que ver con los aportes que los ciudadanos hacen y nos están llevando a discutir las consecuencias y no las causas. Yo no quiero solamente que me pongan una lamparita en la cuadra; quiero saber cuánto ingresa, cómo ingresa, si se gasta en lo que se tiene que gastar”, plantea. “Acá tuvimos una reunión a la que el partido del gobierno municipal trajo gente para repetir lo que la Municipalidad cree que se tiene que hacer. Así te distorsionan lo del PP. Pero también es cierto que el vecino no participa. Si el vecino participara a mí no me importa que traigan 100. Nosotros seríamos 200”, analiza Fernando. “Es limitado lo que podés hacer desde acá enfrentado con un poder político. Uno me dijo vos querés correr el mar de lugar, y a veces parece que sí. Pero yo creo que si los vecinos participan se puede”, insiste. 53


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Desde el interés por fomentar la participación fue que Solidaridad Social se metió con todo en la cuestión de la representación política y elaboró un proyecto de reforma del sistema de votación con la propuesta del voto nominal, aún con la ley de lemas vigente. “Lo hicimos en el 2001, antes de los cacerolazos, y lo que planteamos es que la gente podía elegir en forma preferencial a los candidatos mezclando lemas y sublemas. Lo que hacíamos era tomar los sublemas, juntarlos y ordenarlos alfabéticamente, cosa que se mezclen todos, y que la gente, al que conozca y quiera votar, se tome el trabajo de buscarlo y escribirlo en otro voto que se ponía en una urna”, explica Fernando. El proyecto fue presentado al Concejo, pero no se aprobó. Sí lograron desde Solidaridad Social, a partir de un problema concreto que tuvieron en el barrio, que el Concejo apruebe modificar una ordenanza relacionada con el tendido de cables aéreos. Y también consiguieron algunos contenedores para la basura. Y pusieron en marcha, con beneficiarios del programa Jefas y Jefes de Hogar, un sistema de porteros por cuadra que reparten la correspondencia y recogen las inquietudes de los vecinos que luego transmiten a la vecinal. Ahora, están viendo de contar con un servicio de transporte urbano de pasajeros que una el barrio con la zona de la ciudad universitaria de La Siberia. Y reclaman más agilidad en la escamonda de árboles. “Hay cosas que se pueden lograr, pero lo que tenemos que hacer es generar nosotros temas de discusión que los políticos y las autoridades discutan, y no estar discutiendo lo que ellos proponen discutir mientras se están peleando por un puesto. Porque en la política, siempre el horizonte está en la interna. Y cuando terminan una interna ya planean la interna que viene”, remarca Fernando. Y concluye: “Los mismos dirigentes son los que impiden que la gente discuta. Discutamos entonces cómo se elije a los representantes, cuántos representantes tenemos, qué relación tenemos con ellos, cómo se transparentan los actos públicos”.

Publicado el 5 de abril de 2003

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La solidaridad de saberes en La Casa de Todos Nombre pretensioso, La Casa de Todos. Pero ilustrativo de la apuesta que, a partir del objetivo inicial de combatir y prevenir la violencia en todas sus formas, hace cotidianamente esta ong del barrio San Francisquito: ser un espacio del que los vecinos se apropien cada vez más, y a partir de eso se vaya modificando, redefiniendo constantemente, en tanto ”espacio de poder”, de poder de la gente, ”distinto de las prácticas de la política partidaria y de las prácticas religiosas muchas veces autoritarias, verticalistas”. Así, modificándose, redefiniéndose, fue desde el principio la actividad de La Casa de Todos, que surge como una red integrada por personas con trabajo previo en distintas organizaciones del barrio. Fue durante los años 92 y 93 que los agentes sanitarios del centro de salud de la zona, dependiente de la provincia, notaron como un problema cada vez mayor en el barrio al de la violencia, física, contra las mujeres y los chicos. Desde el centro de salud surge entonces la convocatoria a las otras organizaciones -la parroquia San Francisquito, comedores, comunidades eclesiales de base- a conformar un equipo de trabajo que aborde específicamente el tema de la violencia. “Empezamos a trabajar en forma conjunta desde, en principio, la mirada de la asistencia, que es lo que aparece como lo más urgente. Venía una mujer golpeada y veíamos quién la conocía, si iba a la parroquia, si la invitábamos al taller, cómo hacíamos con los chicos. En el camino fuimos viendo que lo que se necesita es empezar a abrir línea en lo preventivo, sino siempre estás dando vuelta sobre lo mismo. Es ahí cuando se empieza a pensar en talleres de recreación para los chicos y las chicas del barrio, en seguir ampliando los talleres de mujeres; y se pide a la parroquia que nos deje usar el salón, que era un galponcito”, dice Marty Vitta, ligada a la organización desde sus comienzos, llegada desde la comunidad María Madre. También desde los primeros pasos de La Casa de Todos anda por ahí, por el corazón de San Francisquito, la actual titular de la ong, Elsa Rojas, desde hace trece años enfermera del centro de salud del barrio. “Pretendemos que la gente del barrio se apropie cada vez más de esto porque nosotros no nos vamos a quedar toda la vida”, vuelve Elsa sobre las redefiniciones permanentes. ”Nuestra posición tiene que ver con el concepto de educación popular, partimos de un reconocimiento de los distintos saberes, no uno sobre otro sino particulares, diferentes, y apostamos a la solidaridad entre saberes; no desde un lugar idílico de convivencia sino desde un lugar del conflicto que la diversidad implica. Acá se discute mucho todo”, se suma Marty. Y los que discuten son unos cuantos. Marty y Elsa son las que sostienen hasta el final la charla con enREDando una mañana de jueves, pero la habían empezado otras tres de las voluntarias que sostienen las distintas actividades. En La Casa de Todos hay cuarenta personas que trabajan voluntariamente -entre ellas varias profesionales y estudiantes- y otras cuarenta más, no menos voluntariosas, que son beneficiarias del 55


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programa Jefas y Jefes de Hogar. Todos se encuentran sí o sí al menos una vez por mes, en las reuniones plenarias en las que se definen, entre todos, los lineamientos gruesos de las actividades. Así que son muchos los que discuten cada paso, los que confrontan saberes y experiencias diversos. Después, todas las actividades -talleres para niños y adolescentes, grupos de mujeres, costurero, copa de leche, apoyo escolar, alfabetización de adultos, asistencia psicológica, asesoramiento jurídico, trámites de documentación, admisión de personas derivadas desde otros lugares como escuelas y centros de salud- están coordinadas por un equipo de cinco integrantes que aporta operatividad, continuidad de la acción. Marty remarca de qué hablan en La Casa de Todos cuando hablan de violencia: “Siempre que alguien es tomado por otro como objeto hay una situación de violencia. Puedo ser tomado como objeto desde políticas asistenciales que me pongan en ese lugar, desde intervenciones profesionales, desde políticas educativas. Todas aquellas prácticas que no reconocen al otro como sujeto son prácticas violentas”, desgrana. De ahí tanta insistencia en la convocatoria a la participación, ”porque la participación es lo que te coloca como sujeto”, dice Marty. Entre las tantas discusiones en el seno de La Casa de Todos, está la del “trabajo voluntario”. ”Creemos que todo obrero merece su salario”, parte Marty al respecto. Pero a pesar de que desparrama proyectos todo el tiempo la organización no accede a financiamiento y las actividades y el inmueble –que pertenece a la parroquia San Francisquito- se sostiene con cien pesos mensuales que dona un particular, con el aporte de diversos elementos para los talleres, el costurero y la copa de leche que junta ”una red de amigos” y con eventuales bonos, con fines determinados como alguna refacción edilicia.” “Lo del trabajo voluntario te coloca en un lugar complicado -sigue Marty-, en el que podés quedar ante la gente como la persona que no tiene necesidades que viene acá a dar una mano... Tratamos de transmitir que lo que uno hace no es beneficencia, es una militancia social y política”. “Y además, todos crecemos mucho como personas, aprendemos muchas cosas”, acota Elsa. Nombre pretensioso, La Casa de Todos. Un espacio para todos es todo un desafío en el que está inmersa la mayoría del pueblo argentino. Y en la ong de San Francisquito tienen plena conciencia de ello, pero aclaran que respetan la diversidad de procesos y tiempos de cada uno y por lo tanto no asumen compromisos en términos institucionales, aunque sean varios los que participan periódicamente de movilizaciones y actos con otras organizaciones. “Algunos nos podrán criticar porque estamos demasiado en lo micro, pero queremos evitar algo que nosotros podemos criticar a otros, que es que se sostengan sellos que no tengan trabajo real en los barrios o que dos o tres se arroguen representaciones que no tienen”, reflexiona Marty. Y Elsa comenta que le llamó la atención el hecho de que muchas de las organizaciones y autoridades que participaron del reciente Foro Social y Económico de Rosario sabían muy poco de La Casa de Todos. ”No tenemos mucha prensa”, se ríe Elsa. Pero sí reconocimiento en el barrio, y un 56


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crecimiento constante de la demanda. Y un crecimiento tambiĂŠn, y eso pone contentas a Marty y a Elsa, de esa apropiaciĂłn de parte de los vecinos de un espacio pretensioso, La Casa de Todos, pero posible. Publicado el 10 de abril de 2003

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Centro Comunitario Todos/as por Todos/as Desde abajo y desde adentro

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Por Todos y Todas En el centro comunitario Todos/as por Todos/as, ubicado en la zona sur en el límite entre los barrios Plata y Nuestra Señora del Rosario, no hay presidente, ni secretarios. Sus integrantes resolvieron que todo se resuelva en asambleas y que no haya una comisión directiva, una conducción institucionalizada. Sí hay coordinadores de las distintas –muchas– actividades. Y sí hay referentes, erigidos como tales porque dedican más tiempo que otros al centro. O porque tienen una amplia experiencia de lucha. Pero los referentes, cuya voz es reconocida y respetada, suelen perder asambleas. Y se la bancan. “Tuvimos muchas discusiones, pero ninguna pelea”, resume Juan Rivero, 62 años, la mayoría de ellos dedicados a la militancia política y social. “En la última asamblea mi moción perdió con la de Mónica”, cuenta Juan. Mónica, sentada a la misma mesa testigo de la charla con enREDando, tiene 40 años, y comenta al pasar que las recientes Jornadas de Salud y Participación Popular motivaron que “por primera vez” se ausentara tres días de su casa. Es decir, Mónica no tiene, como Juan, toda una vida dedicada a la militancia social. Pero desde que se integró a Todos/as por Todos/as no paró de participar, y coordina uno de los que llaman “talleres móviles” porque no se desarrollan en el local del centro comunitario, que es el de boxeo, en el que participan un nutrido grupo de adolescentes y jóvenes; “varones y mujeres”, aclara Mónica, que se juntan en el Coria Boxing Club del barrio Tío Rolo. De la charla, matizada con amargo para el que le gusta amargo y dulce para el que le gusta dulce, participan también Cristina, Patricia, Marcela, Sandra y Viviana, docente desocupada, hija de Juan y otra de las referentes a fuerza de compromiso y formación política. En la habitación de al lado, Teresa, Norma, María, Rocío, Andrea y otra Sandra cocinan milanesas de hígado que los vecinos van a ir a buscar al mediodía para llevarse a sus casas. En total, son unas doscientas personas las que participan de las distintas actividades de Todos/as por Todos/as: costurero, manualidades, cerámica, apoyo familiar, huerta, primeros auxilios, panificación, educación popular, peluquería, albañilería, herrería, parquizado, informática, además de las ya mencionadas boxeo y cocina comunitaria. “Todo lo que hacemos se basa en tres ejes: eduación popular, solidaridad popular y organización popular”, señala Juan, que reivindica puebladas como la del 17 de octubre del ’45 y rescata experiencias como la de la coordinadora de gremios en lucha del cordón industrial en la década del ‘70, pero a la vez remarca: “Tenemos que construirnos de nuevo”. E insiste con que “tenemos que organizarnos para resolver los problemas de todos” y con que “la organización popular debe trascender los límites de lo electoral”. Juan y Viviana, que venían del centro comunitario Oroño Sur, comenzaron a trabajar en la zona de barrio Plata a mediados del 2001 desde la cooperadora –que siguen integrando– de la escuela del barrio. El 20 de diciembre, en pleno estallido popular, se hicieron cargo del reparto de las cajas de alimentos. Y a partir de comienzos de 2002, Todos/as por Todos/as comenzó a funcionar en el local en el que sigue 59


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hasta estos días. Desde allí, sobre la calle que divide a los dos barrios, desde el centro comunitario apuntaron a superar las rispideces entre los habitantes del barrio Plata y los del barrio Nuestra Señora del Rosario, que llegaron desde El Mangrullo. En muchos casos, las broncas se arreglaban a los tiros. Pero el esfuerzo por convocar a acciones conjuntas y por sostener una convivencia pacífica tuvo sus frutos y la relación entre los vecinos fue mejorando. La votación que Juan perdió y ganó Mónica era justamente para decidir cómo juntar fondos para pagar el alquiler del local. Mónica propuso que cada uno aporte un par de pesos de su bolsillo. Juan, en cambio, prefería hacer una rifa para evitar que los vecinos tuvieran que poner dinero directamente. Porque no pedirle plata a la gente es una de las condiciones que cree necesaria para desarrollar la labor comunitaria. Pero la gente decidió en asamblea aportar sin que mediara un pedido de los referentes. Y discusión saldada. “Discutimos pero no nos peleamos porque defendemos la puesta en común de todo lo que hacemos”, vuelve a destacar Juan, que cuenta también que los integrantes del centro comunitario tienen total libertad para participar de instancias extra barriales pero tienen a la vez la obligación de, al volver de cada actividad, compartir lo visto y oído con el resto. En Todos/as por Todos/as reivindican el trabajo en red, que practican con otras organizaciones de la zona como –sólo por citar un par de ejemplos– La Casita y Niños del Mañana. Y Juan remarca que, por estos días, “la lucha es por la subsistencia”, y que “falta todavía constituirnos como proyecto, constituir un proyecto político que nos contenga”.

Publicado el 17 de abril de 2003

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Indígenas que difunden y revalorizan su cultura “Algunos creen que todavía estamos con el taparrabos, que somos todos buenitos, todos ignorantes, que no tenemos necesidades, que nos vamos a conformar con lo que nos den, que es fácil engañar y que uno no se va a dar cuenta de ciertas ventajas que nos quieren sacar. Pero no es así. Antes que ellos nos estén sacando ventaja nosotros ya estamos como con una coraza, como con un paraguas, tratando de cubrirnos”, dice Cristina Choque, de la Asociación Indígena de Rosario. Y describe un signo de la vida cotidiana de estos tiempos de los descendientes de los pueblos originarios, que tanto en el campo como en las ciudades se ven privados de derechos humanos básicos. Entre esos derechos, está el de sostener una identidad cultural, cuestión a la que específicamente se dedica la Asociación Indígena desde hace unos cinco años. Cristina recuerda que primero, a partir de 1993, la Asociación se dedicó a dar “soluciones sociales” a la gente: “leche, chapas, ropa”, describe. “Con el tiempo vimos que no lo podíamos hacer porque éramos apenas un intermediario entre las necesidades y el poder; entonces decidimos que lo que más nos gustaba y también había que hacer era difundir, revalorizar y promocionar la cultura indígena, y no dejamos de participar en lo que es protestas y manifestaciones de nuestras necesidades”, agrega Cristina. De todos modos, aún hoy la Asociación aborda el siempre presente problema social. En las charlas de difusión cultural que brinda en las escuelas, en los festivales y encuentros a los que se suma con sus artesanías, su vestimenta, sus comidas, la institución solicita la colaboración con alimentos no perecederos, ropa, útiles escolares. Además, la institución acude ante todo tipo de llamados, como el de familiares de un indígena que estaba preso en una comisaría, enfermo, sin que lo puedan trasladar a un centro asistencial. Desde la Asociación, cuenta Cristina, hablaron con el comisario, que autorizó que un médico particular vea al detenido. Pero el objetivo central, remarca Cristina, es difundir la cultura: “Nosotros difundimos la historia, porque hay que conocerla, no la podemos dejar de lado. Y por otro lado mostramos las vivencias actuales. Nos mostramos nosotros con nuestro pensamiento vivo, con nuestra forma de ser”, explica. “No tenemos una revista propia”, lamenta Cristina, pero se entusiasma con que es mucha la gente que se contacta con la Asociación para ofrecerles espacios en los que desarrollar su labor de revalorización cultural. Lo que aún no pudieron conseguir es un espacio propio, un local desde donde funcionar con más organización, más efectivamente. “Los papeles que hicimos para pedir la tierra para hacer un local se perdieron en Buenos Aires”, se indigna Cristina cuando relata el choque con la burocracia. Y coincide cuando se le señala que “la tierra” parece ser la reivindicación más fuerte, más sentida por los indígenas. En los campos de los que se los viene echando desde hace más de quinientos años y en las ciudades, donde muchos se apiñan en villas, como condenados a la irregularidad, a la marginación. 61


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Por “la tierra”, entonces, brega también por estos días la Asociación. Después del extravío de la documentación de la primera gestión, se reelaboró el proyecto y se comenzó a tramitar ante la Municipalidad, que recibió de la Nación los terrenos que eran del ferrocarril. Y desde el Concejo Municipal salió un proyecto de fundación de una Casa de la Cultura Aborigen, que en principio se frustró por algunos desacuerdos entre las distintas entidades que agrupan a los indígenas que viven en Rosario. Cristina no soslaya esas diferencias de criterios en el seno de las comunidades. “Hay más dirigentes que indios”, señala. Pero confía en que la disparidad de criterios se va a ir superando. Y apunta como ejemplo la reciente movida en el Monumento a la Bandera, en la que, con el apoyo de la Municipalidad, confluyeron muchas entidades. Cristina confía también en que la Asociación tendrá finalmente su local propio para dejar de funcionar en las casas de sus integrantes, en las que se guardan las artesanías, las vestimentas que llevan a cada lugar al que los llamen. La de difundir la cultura no es una tarea que la Asociación se plantee sólo hacia afuera. Se la considera importante también hacia adentro de las comunidades. “La discriminación existe de parte de la gente que no es indígena y de parte de los mismos indígenas, que no se reconocen”, indica, y califica a esa autodiscriminación como el arma más efectiva “para que el indígena y la cultura indígena desaparezcan”. De todas maneras, la discriminación de los no indígenas también se siente. Cristina apela como ejemplo a lo que les pasa en algunos festivales a los que los invitan y en los que no les cumplen las condiciones pactadas de antemano y no les permiten vender sus comidas. Y reniega también de cierto tipo de asistencialismo: en torno a la reciente difusión en el periódico El Eslabón de un informe sobre las actividades de la hermana Jordán, relata que la religiosa le dijo una vez que si a ella le donaban una computadora, no se la iba a dar a los tobas sino que la iba a vender para usar el dinero para comprar comida. “A mí primero me pareció razonable, pero después pensé qué bueno sería que ella piense en el futuro hacer talleres para que aprendan a usar la computadora. Eso es una discriminación total, una subestimación de la capacidad indígena”.

Publicado el 2 de mayo de 2003

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El barrio Santa Lucía camino a la Victoria El barrio Santa Lucía se extendía alrededor del cruce de Pellegrini y Circunvalación hasta que la autopista lo pasó por arriba. Pero lo que ni la autopista ni las autoridades pudieron pasar por arriba fue la voluntad de los vecinos de, ante lo irreversible de tener que irse, exigir condiciones dignas de vida en su nuevo lugar de residencia. Fueron dos años de asambleas, cortes de ruta, organización. Finalmente el traslado al nuevo barrio se vivió como una victoria. Y Victoria se llamó el centro comunitario que se formó al calor de aquella pelea. Por supuesto, la lucha sigue. Aquella fue una victoria pero para la gran victoria todavía falta, y en el centro comunitario del Santa Lucía tienen plena conciencia de ello. Desde la llegada al barrio nuevo, al oeste de Cerrito y Circunvalación, la presencia del Victoria se sostiene a través de la lucha por el trabajo y por el pan, por la educación y la salud. Por estos días son unos 200 vecinos, la mayoría beneficiarios de planes sociales, los que participan de las actividades: copa de leche, comedor, huerta, horno, biblioteca, taller de manualidades, centro de alfabetización de adultos. Constituido como asociación civil, el Victoria tiene una comisión directiva que coordina lo que se hace y toma decisiones operativas, pero las líneas de acción se discuten y se definen en asambleas. Así fue que decidieron, en el 2000, comenzar a participar de la Federación de Tierra y Vivienda de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Y en el 2001 sumarse al Frente Nacional contra la Pobreza para impulsar la consulta popular por el seguro de empleo y formación. Después, la semana siguiente a la de la consulta, llegaron el 19 y el 20 de diciembre. Y debajo del puente de Circunvalación y Cerrito hubo una asamblea de unos mil quinientos vecinos de toda la zona, agrupados en diversos centros comunitarios, que en principio coordinaron la distribución de la ayuda alimentaria que apareció para parar la bronca y luego resolvieron conformar la Mesa de Encuentro Barrial. Juan Gencheff y su compañera Elizabet, dos de los principales referentes del Victoria, se enamoraron en medio de aquellas primeras movidas en la villa ante la inminente llegada de la autopista. Y recuerdan que al menos una decena de parejas surgieron de esos días de reuniones, cortes y carpas de protesta. Es que para todos ellos era el momento de cimentar una construcción a futuro: tenían que dejar la villa y les ofrecían viviendas nuevas, de material; pero no accedieron al traslado hasta que no les asegurasen una serie de condiciones que plantearon conociendo la experiencia de gente de otras villas, trasladada a casas sin terminar, en zonas sin alumbrado público, sin escuelas, sin centros de salud, sin transporte. Fue así que el traslado previsto para el ‘97 se concretó sólo en el ‘99 y una vez que los habitantes del Santa Lucía obtuvieron las respuestas que pedían. El nuevo barrio recibió a los nuevos vecinos con espacio para escuelas, para el centro de salud y también para el centro comunitario. Y los vecinos se encontraron con casa nueva pero con el 63


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problema de siempre: la pobreza y la falta de trabajo. A sobrevivir en medio de la crisis y el olvido apostaron entonces desde el Victoria y también desde otro importante polo de organización de los vecinos: la escuela que ya funcionaba en la villa y que se trasladó al barrio nuevo, con fuerte presencia de militantes y dirigentes de la Corriente Clasista y Combativa. A fuerza de piquetes y marchas de protesta, el Santa Lucía sostuvo su fama de barrio rebelde, luchador. Y las diferencias entre el grupo del Victoria y el de la escuela se fueron limando en cortes de ruta conjuntos durante los últimos dos años. Hoy, en el Victoria, los debates sobre cómo seguir y avanzar son cosa de todos los días. Y paralelas a las cuestiones inmediatas corren las discusiones respecto de cómo consolidar la Mesa de Encuentro Barrial, cómo sostener la inserción en la CTA, cómo articular con otros sectores un movimiento político y social que pueda disputar poder institucional. En definitiva, cómo construir la victoria final, la victoria popular.

Publicado el 2 de mayo de 2003

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AMMAR, herramienta de las trabajadoras sexuales Reniegan del término prostitutas y se definen como trabajadoras sexuales. Y como trabajadoras comenzaron a organizarse: constituyeron la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (Ammar) y se incorporaron a una central sindical, la CTA, para defender sus derechos laborales, escasos por cierto y muy poco contemplados en la legislación vigente en la Argentina. Desde esa concepción de organización gremial, Ammar no sólo ofrece a las trabajadoras sexuales respaldo ante los abusos de fuerzas de seguridad y fiolos de distinto pelaje. También las insta a prevenir las enfermedades de transmisión sexual y les ofrece un espacio de contención social y humana muy necesario: para ellas, ejercer el oficio más viejo del mundo no es justamente un placer ni tampoco una fuente de riqueza. Como para muchos otros sectores sociales, el pico de la crisis económica para las trabajadoras sexuales se vivió en diciembre de 2001, cuando corralito mediante el dinero en efectivo casi desapareció de las calles. ”Había muchas compañeras que no tenían nada para comer, así que empezamos a gestionar cajas de alimentos y planes laborales”, cuenta Sandra Cabrera, 32 años, sanjuanina pero con varios años en Rosario, con más de una década de trabajadora sexual y referente local de Ammar. El 24 de Diciembre de 2001, la Asociación repartió cajas de alimentos desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche. ”A las diez y media de la noche mi hija y yo nos quedamos dormidas y cuando me desperté al otro día me preocupé porque no habíamos festejado la Navidad, pero ella (su hija Macarena, de 7 años) me dijo que me quedara tranquila, porque gracias a lo que habíamos hecho el día anterior muchas compañeras habían tenido con qué festejar”, recuerda Sandra, que se relacionó con sus compañeras de Ammar de Buenos Aires, donde se formó la organización hace ocho años, a mediados del 2000. ”Yo trabajaba en una esquina de la zona de la Terminal y un grupo de fiolos y patovicas de un boliche de la zona me pegaron muy duro. Denuncié eso en los medios de prensa y ahí aparecieron las chicas de Buenos Aires. Primero no les dí bolilla, pero al año siguiente, cuando en la zona sur un grupo de policías le pegaron a otra compañera, empezamos a trabajar con todo”, historia Sandra el comienzo de la actividad de Ammar en Rosario. ”No podemos ir presas todo el tiempo; ya no estamos en épocas de represión, de dictadura”, explica Sandra la principal preocupación de las trabajadoras sexuales de las calles, mayoría entre el centenar de afiliadas a Ammar en Rosario. También se sumaron a la Asociación algunas chicas ”de los boliches”, menos perseguidas por la Policía gracias a la protección de los dueños de los locales en los que trabajan pero sometidas a otro tipo de maltratos y sobreexplotadas económicamente. ”En la Constitución Nacional hay un artículo que dice que todo ciudadano es libre de caminar sin ningún problema. Nosotras queremos caminar tranquilas, sin que nos lleven detenidas, poder trabajar tranquilas”, retoma Sandra la cuestión de lo que define 65


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como ”libertad de trabajo”, cercenada o no para ellas de acuerdo con la predisposición de los comisarios de cada zona. ”Defendemos nuestro derecho a trabajar”, insiste Sandra. ”Nuestro derecho a ser escuchadas, a ser tratadas como personas”, agrega. Y admite que fue ”duro” para ella y sus compañeras ”salir a poner la cara” para desarrollar su tarea gremial. En este aspecto, destaca el apoyo de la CTA y la Asociación de Trabajadores del Estado, desde cuyo local coordina sus actividadades la delegación local de Ammar. La Asociación ya se constituyó con meretrices de siete provincias argentinas, que se juntan por lo menos dos veces por año a cotejar experiencias y definir líneas de trabajo, entre las que prestan especial atención a la prevención de enfermedades de transmisión sexual, en particular el Sida. Sandra remarca la importancia de esa labor con un ejemplo concreto: ”Hay compañeras que no sabían que hay cuidarse también cuando te piden una francesa”, dice, en referencia al sexo oral. Además del Sida, desde Ammar apuestan a prevenir las otras enfermedades de transmisión sexual, ”como la gonorrea, la sífilis, el chancro”, enumera Sandra. ”Tenemos un manual con fotos de vaginas sanas al lado de vaginas enfermas, de penes sanos al lado de penes enfermos; porque a nosotras las cosas también nos entran por los ojos”, cuenta, con el dejo de picardía que siempre exponen su mirada y las de sus compañeras. Las afliliadas a Ammar pagan, cuando pueden, tres pesos por mes. Pero con lo que recaudan así no les alcanza para hacer todo lo que quisieran y el de tener un local propio sigue siendo no más que un sueño lejano. Además, Sandra dice que muchas veces chocan con la indiferencia oficial y con la ausencia de organizaciones que, en los papeles, debieran coordinar con ellas acciones de prevención de enfermedades. De todos modos, en Ammar no piensan en bajar los brazos y se plantean como un objetivo importante establecerse más formalmente como organización de trabajadoras, con estatutos, con reconocimiento del Estado, con obra social. ”Hay otros lugares del mundo, como Uruguay y Holanda, donde se consiguieron muchas cosas”, señala Sandra. Y si en otros países se pudo, porque no acá...

Publicado el 10 de mayo de 2003

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Asociaci贸n de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR)

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Red Informativa de Mujeres de Argentina (RIMA) Desde abajo y desde adentro

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RIMA: la gran sala de redacción feminista “Ni compañeras, ni camaradas, ni correligionarias: colisteras. Compartimos la lista”, explica Gabriela De Cicco. Las colisteras de Rima son casi quinientas, de todas partes, y en la lista de correos electrónicos y también a través de rimaweb.com.ar comparten saberes, experiencias, opiniones, mucha información feminista. ”Nos entérabamos de cosas que pasaban en Rosario por un noticioso de Guatemala”, indica Gabi para explicar el por qué del surgimiento de la Red Informativa de Mujeres de la Argentina. Fue en el ‘98, cuando hacían el programa ”Con el agua hasta el cuello” por la FM Aire Libre, que Gabriela e Irene Ocampo escucharon una información sobre Indeso Mujer -una de las instituciones más reconocidas del feminismo en Rosario-, llegada desde Guatemala a través de la red de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias. Después, en un encuentro sobre Comunicación y Género en la FM La Tribu en Buenos Aires, preocupadas por el problema de la falta de espacios y canales de difusión de información valiosa, propusieron la creación de una lista para que las militantes feministas de distintos puntos del país se mantuvieran en contacto. La idea prendió de entrada en 40 mujeres, que respondieron a los mails que mandaron las rosarinas proponiendo ”compartir lo que cada una tenía”. ”Empezaron a llegar los sí, quiero; sí, quiero. Eran como respuestas a una propuesta de matrimonio”, bromea Gabi. Si se formaron o no matrimonios no es objeto de esta nota, pero lo cierto es que, desde la fundación de la red el 6 de Julio del 2000, los ”sí” a la propuesta de suscripción se multiplicaron por diez. Y también se multiplicó la actividad de Rima: entre los primeros correos en circular la mayoría eran gacetillas, pero las colisteras se fueron soltando y empezaron a aparecer opiniones, proyectos de ley, ideas de acción. Surgieron debates de todo tipo (por ejemplo, si dejar o no integrar la lista a varones, que se resolvió por el no) y con el crecimiento de la información circulante se hizo cada vez más necesaria la labor de selección, de moderación, de edición, tarea que además de Gabriela y de Irene realizan Gabriela Adelstein y Andrea D’Atri. Ahora en Rima hay distintas listas con temáticas acotadas, como una lista sólo de gacetillas y otra para lesbianas, y se privilegia difundir información que es difícil de encontrar en otras redes. ”Cuando veíamos que crecía el volumen de información y se iba acercando gente grossa, periodistas, médicas, artistas, nos preguntamos qué hacer con todo ese material y pensamos que hacía falta un archivo del movimiento de mujeres en la Argentina”, relata Gabi los comienzos de rimaweb, formalmente lanzada el 8 marzo de 2001. En la web se terminaron de delinear los temas que más circulaban entre las colisteras: violencia, derechos sexuales y reproductivos, aborto, arte. Desde la perspectiva feminista -cuidada como oro para sostener una identidad, un encuadre de la labor- Rima se suma decididamente a causas que exceden a la cuestión del género, como por ejemplo la inmediata difusión de los ataques a la militante cristiana Susana Ábalo o del desalojo de la fábrica Bruckman. Y el promedio de diez mensajes 69


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diarios que circulan entre las colisteras se transforma en el triple o el cuádruple en torno de acontecimientos que impactan con fuerza en el mundo, como las explosiones del 11 de setiembre en Estados Unidos y las posteriores invasiones a Afganistán y a Irak. Por otra parte, Rima -que se encarga de la coordinación de la sección de género de enREDandoresponde demandas vinculadas con necesidades concretas de las mujeres, como la de una colistera que vive cerca de Los Ángeles, en Estados Unidos, que pidió contactarse con alguien que la asista por un tema de violencia y enseguida tuvo respuesta porque otra colistera le mandó datos de una especialista radicada allá. Además, desde Rima se organizan en Rosario talleres de comunicación y feminismo, de violencia en parejas de lesbianas y otros temas. Una de las preocupaciones de las coordinadoras de Rima es que haya solidaridad entre las colisteras en cuanto al acceso a la tecnología. No todas tienen equipos nuevos, y eso está contemplado en las normas de convivencia planteadas para todas las que se suman a la lista. Las propias coordinadoras de Rima tienen inconvenientes en ese aspecto: ”Nos hacen falta equipos de computación, de todo tipo, para poder renovar y ampliar lo que tenemos”, indica Irene. Equipos para que siga adelante esto de Rima, a lo que Gabriela llama ”la gran sala de redacción feminista”, abierta a las mujeres que quieran sumarse a una forma concreta de saltar los cercos informativos que pretenden imponer los grandes medios de comunicación ligados a los poderes económicos.

Publicado el 16 de mayo de 2003

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MNER: ocupar, resistir, producir, para recuperar la dignidad del trabajo ¿Qué hacer cuando las empresas quiebran, los establecimientos cierran y en el horizonte aparecen la desocupación y la exclusión social? Ocupar, resistir, producir, es la actitud que adoptaron y sostienen miles de trabajadores argentinos que no se resignan a ser víctimas de las políticas económicas y las maniobras patronales, que apuestan a gestionar ellos mismos las fuentes de trabajo que el Estado y los empresarios destruyen y abandonan. Ocupar, resistir, producir, es el lema del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas, una de las agrupaciones que nuclea a trabajadores de todo el país que transitan el camino de la autogestión a través de cooperativas. El gestionamiento de empresas en manos de trabajadores y la conformación de cooperativas no son nuevas en la Argentina. ”Nosotros representamos nuevas formas de organización y lucha pero somos una síntesis de las luchas de los trabajadores argentinos a lo largo de nuestra”, señala Jose Abelli, dirigente del MNER, que recuerda que los anarquistas a principios de siglo, el peronismo a mediados, y las organizaciones nucleadas en la CGT de los Argentinos en las décadas del 60 y 70 alentaron la conformación de cooperativas de trabajo. ”No somos un pedo de la historia”, quiere recalcar Abelli apelando a los antecedentes, antes de señalar que la multiplicación de las luchas por la recuperación de las empresas se produjo en los últimos años, sobre todo a partir del 2000, ”en medio del mayor fracaso del capitalismo a nivel mundial, que fue la Argentina”. Fracaso derivado, analiza Abelli, del privilegio de la renta financiera a expensas de la producción y el trabajo. ”Por eso nosotros proponemos un contramodelo: los trabajadores nos quedamos con los medios de producción, generamos la renta, después la distribuimos y con el excedente generamos más trabajo, más producción”, explica el dirigente la línea de acción del MNER, constituido en abril de 2001 con la participación de representantes de 40 empresas, número que desde entonces se triplicó. En estos últimos años, en la provincia de Santa Fe se cuenta entre las primeras experiencias de recuperación de empresas la de los trabajadores de la planta avícola Lumbreras y Prarizzi, ubicada en la ciudad de San Lorenzo, ahora gestionada por la Cooperativa de Trabajadores Avícolas (Cooptravi), que comenzó su lucha en 1998. Cuando las experiencias como la de Cooptravi comenzaron a difundirse en los medios de comunicación fueron muchos los trabajadores interesados en transitar un camino similar y la ocupación, la resistencia y la producción se reprodujeron a gran ritmo. Por estos días, incluidas las históricas y no sólo las nucleadas en el MNER sino también las insertas en otras agrupaciones que fueron surgiendo, en la Argentina hay unas 160 empresas, gestionadas por unos 12 mil trabajadores. En la provincia de Santa Fe, los trabajadores que tomaron en sus manos la producción son unos 700. En Rosario, agrupadas en el MNER, están Mil Hojas, Herramientas Unión (ex Domingo Lentini), Nubacoop (ex bar Lácteo de la Terminal de Ómnibus) y la Cooperativa de Pescadores. Además están, también ya en marcha, las experiencias de la carrocera Dic y el 71


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supermercado comunitario ex Tigre. Y en plena pelea por la recuperación se encuentran ex trabajadores de la fábrica de motores para equipos de frío Fader, de la de llantas Cimetal y de la de cisternas para camiones Indecar, ubicada en jurisdicción de Roldán. Abelli indica que hay en el país aproximadamente un millón de puestos de trabajo -más de cincuenta mil en territorio santafesino- para recuperar en empresas quebradas y abandonadas. ”Este es un espacio incipiente y abierto. Y surgido porque los mecanismos de contención social del Estado alcanzaban cuando los índices de desocupación eran del 5 por ciento pero no ahora, y porque las organizaciones sindicales no tuvieron respuestas al fenómeno de la falta del patrón. Pero no nos creemos la vanguardia de nada y no tenemos todo claro en cuanto al futuro. Tenemos que abrir el debate a otros sectores, intelectuales, profesionales, políticos. Y tenemos que intentar que no tengan éxito los intentos de fraccionar, por derecha y por izquierda, promoviendo la proliferación de sellos vacíos, todo este movimiento”, se explaya Abelli. Aunque el MNER no está alineado orgánicamente con ninguna central sindical, la mayoría de sus dirigentes están afiliados a la CTA. Y es habitual la participación de trabajadores de empresas recuperadas en movilizaciones y luchas en las que convergen distintos sectores, gremiales y de desocupados.

Publicado el 23 de mayo de 2003

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Covepro, de consorcio para obras a mega centro comunitario La sede de Covepro, centro comunitario de barrio Jardín de Belgrano, es enorme: cuatro mil metros cuadrados extendidos entre diagonal Río Negro a la altura del 6200 y las vías del ferrocarril. Todo es mucho en Covepro si se lo compara con otros centros comunitarios: 1000 socios, 280 beneficiarios del Jefas y Jefes de Hogar, 120 chicos en la guardería y el jardín de infantes. Son muchos, también, los dirigentes políticos de peso, como Carlos Reutemann, Héctor Cavallero, Hermes Binner, que se ven en las fotos de actos y festivales que muestra el presidente de la institución, Osvaldo Prete, que de entrada marca: ”Yo soy peronista”, como diciendo ”yo soy sincero”. Pero ”yo no trabajo para nadie; nosotros trabajamos para nosotros”, aclara Prete, y cuenta que sólo ”cada muerte de obispo” Covepro recibe subsidios de los gobiernos para ”los gastos de funcionamiento”. ”En lo social, siempre hay que esperar el momento justo. Yo fui a la inauguración del puente Rosario-Victoria, que era por invitación, no pasaba cualquiera. Estaban el gobernador, el intendente, y uno puede decir aprovecho. Pero no se puede pedirles nada en ese momento”, explica Prete. ”Como dijo Favaloro, a veces me siento como un mendigo; porque tengo que esperar una o dos horas a un funcionario para que me de 30, 40 litros de leche”, añade. Y recuerda que sólo una vez, para reclamar puestos en el Jefas y Jefes de Hogar, Covepro impulsó una movilización callejera. El Consorcio de Vecinos para el Progreso se creó hace 12 años para impulsar obras en las 24 manzanas comprendidas entre diagonal Río Negro, Provincias Unidas, Montevideo y Barra. A través del Consorcio, los vecinos administraron y promovieron los trabajos para la red de agua potable, las cloacas, el pavimento y cordón cuneta, la red de gas, las veredas. Así, Covepro le cambió la cara al barrio. Terminadas las obras, el Consorcio se hizo centro comunitario y empezó a trabajar fuerte en la asistencia social a los vecinos, castigados fuerte por la desocupación y la pobreza en los últimos años. El propio Prete perdió su empleo en una estación de servicio, aunque cobró ”una buena indemnización” y compró dos taxis. De aquel empleo a Prete le quedó una relación muy sólida con el sindicato de empleados de estaciones de servicio, al que agradece reiteradamente el apoyo que brinda al centro comunitario y que le permitió, entre otras cosas, adquirir el predio de una constructora que se fundió. “En esta zona hay mucha gente que tenía buenos empleos; y le cuesta mucho pedir”, indica Prete respecto de la labor social del centro comunitario. Y resalta la capacidad de gestión de Covepro a la hora de obtener lugares en los planes laborales, cajas de alimentos, subsidios para discapacitados y pensiones graciables. Destaca además el funcionamiento de la guardería y el jardín, a través de los que se desarrolla el proyecto Chicos Fuertes, que incluye alimentación y asistencia médica a los pibes. Los servicios de salud son otro de los frentes que aborda el centro comunitario. 73


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Los consultorios en la sede de la diagonal Río Negro se ven impecables: las paredes prolijamente pintadas, las camillas con sabanitas muy limpias, los escritorios de los médicos muy ordenados. ”Arrrancamos con odontología hace cuatro años y seguimos con pediatría y ginecología. Ahora tenemos todo lo que es atención primaria y si hay que hacer radiografías y análisis se hacen derivaciones a otras instituciones con las que tenemos convenios”, cuenta Prete. Además, en Covepro funciona un costurero donde se confecciona ropa para chicos y hay dos huertas comunitarias. Y los beneficiarios del Jefas y Jefes de Hogar hacen ”el mantenimiento” de dos clubes y una escuela de la zona. Entre el millar de socios del centro comunitario se cuentan los que pagan dos pesos mensuales por grupo familiar para acceder a los distintos servicios y ”los de pasto”, es decir los que pagan un peso mensual para que les corten periódicamente el césped del frente de sus casas. ”Acá todo lo resolvemos por asambleas”, indica Prete, que consigna que los 17 miembros de la comisión directiva se eligen cada cuatro años. Él ya lleva dos mandatos como presidente y va por el tercero en las próximas elecciones, en las que no habrá lista opositora. Además del aporte de los socios -que ”alcanza para muy poco porque esta es una estructura muy grande”, señala Prete-, el centro comunitario se sostiene con donaciones de empresas y particulares y con lo recaudado en peñas y festivales. Una de las últimas actividades de ese tipo fue un té y desfile de modas al que asistieron 450 personas. En las fiestas grandes, como las despedidas de año, se juntan entre mil y mil quinientos vecinos. Covepro no trabaja en soledad. Su presidente dice que coordinan actividades con otros cuatro centros comunitarios y un centro de jubilados. En cuanto al futuro, Prete expresa que el objetivo es ”generar microemprendimientos, para que haya trabajo”. Es que aún en los lugares en los que la asistencia está bien aceitada, hay conciencia de que el asistencialismo tiene un techo y de que hay que ir por más.

Publicado el 30 de mayo de 2003

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Mil Hojas, fábrica de pastas y de dignidad La historia de Mil Hojas es un ejemplo para los trabajadores argentinos, sometidos a la desocupación y la pobreza presentadas casi como un designio divino, o como un fenómeno natural; y no como consecuencias de la aplicación de políticas económicas que concentran la riqueza y socializan las pérdidas. A la vez, la historia de Mil Hojas es posible porque sus trabajadores siguieron ejemplos anteriores, construidos por otros trabajadores, que para sostener sus fuentes de trabajo retomaron el uso de una herramienta, la cooperativa, que no es nueva pero estaba olvidada, oculta entre tanto credo liberal y capitalista. Historias como la de Mil Hojas demuestran que la economía solidaria, social, despojada del afán de lucro y direccionada hacia la satisfacción de las necesidades humanas, es posible. El último jueves, el 5 de junio, los integrantes de la cooperativa Mil Hojas fueron noticia de tapa de los diarios porque compraron en remate judicial el inmueble en el que vienen trabajando desde mediados de 2001, cuando la Justicia, después de dictar la quiebra de la empresa, los autorizó a gestionar la continuidad de la producción de la fábrica. En rigor, los trabajadores de Mil Hojas vienen trabajando en el edificio que ahora compraron desde mucho antes. La reconocida fábrica rosarina de pastas, pascualinas y discos de empanadas comenzó su actividad en 1972 y tuvo su pico de producción entre 1984 y 1992, cuando llegó a tener más de 50 empleados. Fue en esa época que ingresaron a trabajar a Mil Hojas la mayoría de los miembros de la cooperativa que recuperó la empresa después de la quiebra y la hizo retomar la senda del crecimiento. Desde Agosto de 2001 hasta aquí Mil Hojas contrató cinco nuevos empleados que se sumaron a la planta conformada por los 16 miembros de la cooperativa. Y elevó de 23 a 46 a las personas que se ocupan de la distribución de los productos. Ahora, ya propietarios de su sede fabril, apuestan a incorporar a la producción a 20 trabajadores más. Y se aprestan a diversificar la actividad, incorporando líneas de panificación. Al cabo de estos primero dos años de trabajo como cooperativa, los trabajadores de Mil Hojas perciben un salario mensual que promedia 650 pesos mensuales, pagan puntualmente el canon locativo de más de dos mil pesos fijado por la Justicia y pudieron generar un ahorro, una capitalización, que les permitió contar con los 73 mil pesos que tuvieron que pagar para adquirir el inmueble en el que funciona la fábrica. Así, revirtieron el sombrío panorama que se les presentó cuando la empresa quebró y los despidió. Los trabajadores de Mil Hojas cosechan por estos días lo que sembraron en aquellos días en que se turnaban para hacer guardias de todo el día frente a la fábrica evitando su vaciamiento, en los que peregrinaban al edificio de tribunales para convencer a la Justicia de que su idea de continuar con la producción era viable. La cooperativa se había conformado a fines del 2000, a partir del asesoramiento de José Abelli, uno de los dirigentes cooperativistas que luego participó de la fundación del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER), y en principio los trabajadores ofrecieron a los patrones sumarse al proyecto de recuperación. Pero los dueños de la 75


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empresa no creyeron en la capacidad de sus trabajadores y optaron por interesar a algún inversor. Después, intentaron vender las máquinas. Pero ambas iniciativas chocaron con la firme voluntad de los empleados, que finalmente se quedaron con el gestionamiento de la fábrica. Con la reciente compra de la sede, la cooperativa Mil Hojas dio un paso enorme hacia su consolidación definitiva. Ahora, resta que la Justicia responda al pedido de ceder a la cooperativa las máquinas, por las que todavía paga un alquiler, a cambio de las indemnizaciones que los despedidos nunca cobraron. En Mil Hojas, el precepto del cooperatismo que establece la democratización de la toma de decisiones se mantiene. Fue así que Miguel Cáceres fue elegido presidente. Es así como la fábrica se sostiene y crece, y permite que más de 60 personas disfruten de la dignidad del trabajo.

Publicado el 6 de junio de 2003

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Cooperativa Mil Hojas

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Jardin de Infantes y Escuela Primaria Rosa Ziperovich-Centro Popular de Acci贸n Comunitaria Desde abajo y desde adentro

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El CePAC, defendiendo la ”escuela comunitaria” “Escuela comunitaria”, dice Rolando Bucci, para definir el emprendimiento educativo que desde el CePAC (Centro Popular de Acción Comunitaria) se lleva adelante en barrio Magnano. ”Apuntamos a la tercerización de las funciones del estado, en manos de ongs, donde a partir de un trabajo militante y con un enfoque de acuerdo a la era tecnológica, optimizamos los recursos económicos y mejoramos la calidad de la prestación”, describe Bucci la ”política general” que guía la acción del jardín de infantes Pajarito Remendado, con 60 chicos, y la escuela primaria - ”particular autorizada”por el Ministerio de Educación- Rosa Ziperovich, con 130 alumnos. “La escuela tiene que tener una vinculación real con la comunidad. Ese es el punto general. Después, el otro punto es el compromiso de la familia en la educación de su hijo. Y el tercer punto es una escuela con suficiente profesionalidad y vocación de servicio. Eso hace posible que estos niños de bajos recursos económicos y sociales puedan acceder a niveles importantes de conocimiento, imprescindibles en la era tecnológica, donde la tierra (era agraria) y la industria (era industrial) fueron superadas por la era tecnológica. La tierra y el oficio dejaron de ser la herramienta principal, mayoritariamente necesaria. El conocimiento y la educación pasaron a ser la principal herramienta”, abunda Bucci.”Esto tiene un enfoque sociopolítico estratégico, que toma desde lo político el nivel del poder popular”, había planteado desde el arranque. El jardín Pajarito Remendado fue fundado en 1991, pero la inserción de Bucci en barrio Magnano se remonta al 88 y se produce a partir de un conflicto de cirujas de la zona con la Municipalidad. Desde ese año empiezan actividades de alfabetización de adultos que se sostienen en estos días con 20 participantes. De a poco, el CePAC fue ganando terrenos en el barrio, y en el 89 ya se estaban techando las primeras salitas de lo que hoy es la amplia sede del jardín y la escuela. Bucci recuerda que el día de la inauguración del jardín se realizaba en Rosario un congreso nacional de educación, esgrimido como razón por varios funcionarios y académicos para no asistir al acto que se llevó a cabo en Magnano. Pero Rosita Ziperovich, que estuvo en aquel congreso, se escapó un rato y se sumó al festejo por la inauguración. ”Ni el extremo de decir congreso no, ni el otro extremo, el de no poder venir a la inauguración. Eso marca un perfil ideológico”, señala Bucci, que toma la anécdota como ejemplo de la estrecha relación de Rosita con el proyecto educativo que incluye una escuela que lleva su nombre. En el año 93, el CePAC obtiene autorización ministerial para abrir la escuela primaria, que se suma al jardín en el 97 y en principio cuenta con financiamiento del programa Promin. Pero en el 2000 el financiamiento del programa nacional se corta y la escuela empieza a cobrar diez pesos mensuales por alumno. “Los 10 pesos se cobran para garantizar calidad y continuidad. Al que no puede 79


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se lo beca. Lo que se recauda va al bolsillo de los docentes”, explica Bucci, que sabe que lo del pago de los padres despierta polémica. Él no esquiva la polémica. Recuerda que los docentes no reciben ni un peso del estado porque la escuela es particular autorizada pero no incorporada y remarca que la calidad educativa de Pajarito Remendado y la escuela Ziperovich supera a las”escuelas públicas de la periferia”. Rescata el dictado de materias extra curriculares como inglés, periodismo, teatro y computación, en una sala con varias computadoras que muestra orgulloso. También los padres y hermanos mayores pueden cursar inglés y periodismo y participar de”un espacio de expresión creativa”. Pero además señala el aspecto nutricional: los alumnos desayunan y almuerzan en la escuela y cada familia retira de allí una caja de alimentos provista por la Municipalidad todos los meses. “Los tres ejes son eduación, nutrición y lucha contra el asistencialismo”, define, y manifiesta que ”es difícil este objetivo no de enfrentar al estado, pero sí de hacerse respetar por el estado y no subordinarse. Esta autonomía también hace a que en el estado, dentro de su clientelismo político, con sus burócratas, no encajemos”. Bucci relata después de sus encontronazos con la actual administración municipal. Se detiene en que le quisieron sacar 10 de las 20 raciones de comida diaria mensuales destinadas a docentes y madres cuidadoras, que comparten el almuerzo con los alumnos, distribuidos en mesas con capacidad para ocho chicos, ”para fortalecer los vínculos afectivos”. Lo de las raciones es sólo una anécdota para expresar lo difícil que le resulta a veces explicar características y objetivos de la labor que se desarrolla en Magnano. ”Un amigo siempre me dice: ¿Vos pensás que todos te van a creer que vos hacés lo que hacés por tus ideales y no para sacar ventajas?” Bucci vuelve todo el tiempo a la cuestión de la calidad educativa y recuerda lo que le dijo a una funcionaria: ”¿Qué querés, que pongamos una negra chancletuda con las tetas al aire al frente de la escuela?”, dice, aclarando de inmediato que está ”exagerando” y que ”no es un desprecio”. Insiste con la idea de que dar posibilidad a los chicos de barrio Magnano de acceder a calidad educativa contribuye a la creación de ”poder popular”. Cuenta con orgullo de su militancia en la década del 70 y lamenta haber ”descuidado” aspectos familiares por la militancia social. Hoy, en el jardín y la escuela lo acompañan una hija y una hermana. “Como psicólogo sé que toda lucha, más allá de no alienarse como lo hice yo, mejora la calidad humana”, apunta. En Pajarito Remendado y la escuela Ziperovich trabajan 7 docentes, una directora, una supervisora, una secretaria administrativa y 5 docentes de materias especiales. Algunos de ellos son beneficiarios del programa Jefas y Jefes de Hogar. Además, hay 4 madres que hacen trabajos de limpieza y mantenimiento y 8 madres cuidadoras en el comedor; y las familias pueden consultar a una fonoaudióloga que colabora con la institución. Bucci indica que la mitad de los casi 200 alumnos está becado y que cada vez es más difícil solventar la actividad educativa, pero se muestra decidido a sostener el 80


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proyecto. Cuando se los invita a posar para la foto de enREDando, a los alumnos, docentes y madres se los ve animados y distendidos. Contentos con su escuela.

Publicado el 13 de junio de 2003

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CEDIPF, una iniciativa fiel al cumplimiento de los derechos del niño “El fiel cumplimiento de lo establecido en la convención internacional por los derechos del niño”. Así define Gregorio Larrosa el objetivo del Centro de Desarrollo Infantil y Promoción Familiar (Cedipf). ”El tipo de intervención que nos planteamos apunta a asistir en lo inmediato, pero a potenciar recursos en la familia para más adelante”, agrega Paola Coconi, que sitúa la labor del Cedipf, que se desarrolla en la zona comprendida por 27 de Febrero, Necochea, Pellegrini y avenida Belgrano, en ”un entre; entre el chico y la familia, entre la familia y la escuela”. La labor del Cedipf comienza en 1989 a partir de un censo barrial llevado adelante por una cooperadora que se formó en el Ceac (Centro de Acción Comunitaria). En el censo, los vecinos del corazón de la república de la Sexta definieron como principales necesidades un consultorio médico y una guardería o jardín de infantes. El consultorio se montó enseguida en la sede del Ceac con el aporte de cinco médicos clínicos, pero lo del jardín costó un poco más porque no había un espacio físico. Hasta que en 1993, a partir de un convenio entre la Municipalidad y la Universidad Nacional de Rosario, el Cedipf contó con una casa ubicada en pasaje Puerto Belgrano 170 bis, en la que comenzó a funcionar el jardín maternal. ”En el barrio había muchas mujeres que trabajaban en el servicio doméstico y que no tenían con quienes dejar a sus hijos más chicos. El jardín nace entonces como una herramienta social, donde una mamá que trabajaba podía dejar a sus chicos durante determinadas horas. Y buscando siempre que ese jardín fuera lo más completo posible y que a la mamá no le resultara un costo prohibitivo, o que no pudiera pagar”, señala Larrosa. El jardín comenzó a funcionar en agosto del 94 con 22 chicos. ”Al poco tiempo nos vimos desbordados. Y en el 96 empezamos a hacer trámites para ver cómo ampliábamos. Logramos que el FAE (Fondo de Asistencia Educativa) apruebe un proyecto de ampliación bastante interesante, por el cual la capacidad pasó a ser de 130 chicos en dos turnos”, sigue Larrosa. Por estos días, el jardín se sostiene con fondos provistos por la Municipalidad y con el pago de 10 pesos mensuales por parte de los padres que pueden hacerlo. También en el 96, el Cedipf accede a financiamiento del Proame, un programa de la por entonces Secretaría de Desarrollo Social de la Nación solventado por el Banco Interamericano de Desarrollo, y de allí, en otro espacio cedido por la Universidad, en Esmeralda 2541, surge lo que los chicos del barrio llaman ”la escuelita” y desde la institución se denominó Centro de Desarrollo Integral de Niños y Adolescentes (Cedina), al que Larrosa describe como”un espacio para ayudar a que los chicos en situación de mayor exclusión no abandonen la escuela primaria”. Cuando el financiamiento del Proame termina, a comienzos del 2000, la actividad en calle Esmeralda se reduce pero no se corta del todo. Y el Cedipf redobla esfuerzos

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para conseguir fondos que permitan continuar con la labor. ”Nos arreglamos como podemos, con gente que hace donaciones de dinero o de elementos que nos hacen falta”, indica Larrosa. A pesar de los inconvenientes, el espacio de calle Esmeralda se sostiene y hace posible que la labor que comienza en el jardín maternal continúe cuando los chicos van creciendo. Primero se los ayuda a no abandonar la escuela primaria y luego, cuando llegan a adolescentes, se les brinda capacitación laboral en un sentido amplio, que excede el aprendizaje de un oficio. Desde principios de este año, varios de los adolescentes que se capacitan están incluidos en un programa llamado País, que les otorga becas para que sostengan su capacitación. En la sede de calle Esmeralda hay, además de apoyo escolar, talleres de música, computación, deportes, recreación. Y funciona también un consultorio de odontología. Por otra parte, desde allí se coordinan proyectos en los que trabajan beneficiarios del programa Jefas y Jefes de Hogar Larrosa y Coconi destacan la importancia que tiene para la labor del Cedipf la relación establecida con la Universidad, sostenida no sólo a partir de una definición ideológica sino por una cuestión de vecindad. La Universidad es una más de las instituciones del barrio, con las que el Cedipf trabaja en conjunto. Además de la cesión de espacios físicos, desde la Universidad llegan, a partir de un convenio de pasantías, estudiantes de distintas carreras. Y Coconi remarca que a partir de las pasantías se fue constituyendo lo que denominan una”práctica social”de estudiantes y profesionales, que va más allá del convenio. La labor del Cedipf es mucho más amplia que lo descripto hasta aquí (se puede consultar en la sección organizaciones de enREDando) y sus artífices piensan en acrecentarla. Pero el problema a superar es la falta de fondos.” En determinado momentos nosotros pedimos concretamente lo que necesitamos. Hay gente que nos regaló la pintura, otros que nos regalaron la mesada y la cocina, o los artefactos de iluminación. Nosotros siempre pedimos los elementos que necesitamos. Pero ahora lo que más necesitamos es el dinero, porque lo vamos usando para la emergencia, que muchas veces no puede ser traducida en un objeto”, explica Larrosa, que es licenciado en pedagogía y preside la cooperadora de la institución. También Paola, psicóloga, integra la comisión de la cooperadora, que tiene unos 500 socios y que trabaja en conjunto con los padres de los chicos asistidos para el sostenimiento de las actividades.

Publicado el 19 de junio de 2003

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Desde abajo y desde adentro

Un Vínculo comunitario para enfrentar las adicciones Una de las razones por las que nace la ong Vínculo es que la labor de sus fundadores no fue admitida por el sistema educativo. El trabajo de prevención de adicciones había empezado en una escuela de Empalme Graneros a mediados de los 80, pero no pudo continuar desde allí y se desarrolló por otros caminos. Sin embargo, por estos días las escuelas demandan cada vez más el saber y la práctica de Vínculo para afrontar los problemas de adicciones y violencia familiar que se expresan en las aulas y los patios. Pero aquello de la inadmisión por parte del sistema educativo, por parte del Estado, se sigue manifestando: Vínculo -igual que tantas otras organizaciones- no cuenta con el respaldo suficiente para su actividad; y tiene como principal sostén la voluntad de las personas que la conforman. María Alicia Riestra, co directora de la institución, era directora de una escuela media de Empalme Graneros en la que impulsó, con otros docentes, el trabajo en talleres para que se expresen los problemas de los estudiantes. ”Ahí fue apareciendo que algunos chicos estaban consumiendo drogas y empieza un trabajo interdisciplinario con los profesores de Psicología, Lengua, Teatro. Esta experiencia es abortada a partir de un desacuerdo con el Ministerio de Educación; el supervisor no acordó con lo que hacíamos y ese enfrentamiento llevó a que seamos sancionados y nos saquen de la escuela”, relata Alicia. Por fuera de la escuela, los talleres se mantuvieron gracias a que los propios jóvenes pidieron que continuaran. Así se decide la creación de Vínculo, cuyo primer espacio de trabajo fue la vecinal Larrea. Después, llegó el alquiler de una casa en Empalme Graneros, barrio del que la organización nunca se fue. En 1989, Vínculo se constituye como organización no gubernamental, aunque recién varios años después, a partir del acceso a financiamiento del Proame, obtiene la personería jurídica como asociación civil. “En ese recorrido fuimos viendo que había necesidad de formar recursos humanos, porque no había un criterio de la prevención comunitaria, que es el camino que nosotros tomamos”, señala Alicia. Y comienzan entonces los cursos de operador comunitario en salud mental y adicciones, de dos años de duración, en los que, desde 1993 hasta acá, ya se capacitaron unas 500 personas. “La base teórica de la que partimos es la psicología social, trabajamos el modelo de Pichon Riviere”, ubica Alicia, que describe diferencias entre el abordaje que se plantea desde Vínculo con la labor de las llamadas comunidades terapéuticas en las que se apela sistemáticamente a la internación de los adictos. ”El consumo de drogas explotó porque no hay políticas de prevención como políticas de estado. El estado se dedicó más que nada ayudar a las comunidades terapéuticas, que son importantes, pero no una política realmente preventiva. La internación no es para todo el mundo, la gente de bajos recursos no tiene acceso. Con los jóvenes, el modelo de prevención es talleres con 84


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algún disparador: escenas dramáticas, teatro, para que los chicos puedan hablar desde sus vivencias, para hacerlos participar. La información se la vamos dando a medida que la van necesitando, sino no se procesa, entra por un oído y sale por el otro”. Aunque pone el acento en la capacitación y la prevención, Vínculo no esquiva la cuestión de la asistencia. ”Trabajamos con un centro de día (en calle San Luis 2287) en el que hay grupos terapéuticos todos los días y un taller diferente cada día. También se trabaja con un terapeuta individual y un asistente familiar, que es el lazo entre la institución y la comunidad y la famila”, describe Alicia. ”Es fundamental trabajar con la familia, el adicto tiene que dejar la droga donde empezó a drogarse”, agrega, al tiempo que indica que ”hay casos en los que hay que recurrir a la internación porque no hay contención familar”. En lo que hace a la prevención y la capacitación, desde el año pasado Vínculo agrupa a beneficiarios del programa Jefas y Jefes de Hogar que se forman como operadores comunitarios. La labor se desarrolla en varios barrios humildes de la ciudad, en muchos casos a través de dependencias de la Secretaría de Promoción Comunitaria a partir de un convenio con el gobierno provincial, reivindicando la necesidad de potenciar las redes solidarias: ”En nuestra institución buscamos rescatar la eficacia de los vínculos grupales y la vigencia de las posturas solidarias y cooperativas, propiciando la toma de conciencia de los logros que se pueden obtener a partir de la participación real y activa de la comunidad”, se define desde Vínculo. Y Alicia remarca que todo se sostiene a partir de ”una ética de la solidaridad, una formación en los operadores, que hace que sigan adelante”. De todos modos, en la ong surgida en Empalme Graneros no abandonan la búsqueda de financiamiento que permitan mejorar las condiciones en que desarrollan su actividad las 60 personas -muchas de ellas profesionales- que tienen un firme compromiso de trabajo con la institución. Alicia comparte la responsabilidad de la dirección de Vínculo con el psicólogo Horacio Tabares, algunas de cuyas reflexiones se reproducen en los materiales de difusión de la organización: ”La ingesta de sustancias psicoactivas deterioran al sujeto consumidor, lesionan a su grupo familiar e injurian a la trama comunitaria. Para nosotros, éticamente, la dependencia, cualquiera sea la causa que la genera, es una afrenta a la dignidad humana”.

Publicado el 26 de junio de 2003

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Grupo Laboral Cooperativo, con la idea de vivir de acuerdo con lo que se cree “Queríamos aportar a la transformación social y a la transformación del hombre. Es decir, vivir de acuerdo con lo que uno piensa y cree”, dice Jorge Fandiño cuando recuerda los comienzos, a mediados de los 80, de lo que hoy es el Grupo Laboral Cooperativo. ”El objetivo fue crear trabajo sustentable, genuino, no subsidiado. Buscamos que los puestos de trabajo de la cooperativas no dependan de subsidios de ningún tipo, sino que sea una actividad económica”, completa Shirley Gurruchaga la idea fuerza de lo que hoy es el Grupo, que arrancó en 1987 con Cutrac (Cooperativa Unión de Trabajadores de la Construcción) y hoy incluye a otras tres cooperativas -una de herreros, una de arquitectos e ingenieros y una de crédito- en las que trabajan 50 personas. “El objetivo fue crear trabajo sustentable, genuino, no subsidiado. Buscamos que los puestos de trabajo de la cooperativas no dependan de subsidios de ningún tipo, sino que sea una actividad económica”, completa Shirley Gurruchaga. Cutrac nació gracias al impulso de una de las varias visitas que representantes del consorcio de cooperativas Mondragón, del País Vasco, realizaron en aquellos años a Rosario, cuyo municipio era uno de los pocos en el país que ya tenía una Dirección de Cooperativas. Desde esa Dirección surgió entonces una convocatoria a trabajadores de distintos barrios de la ciudad que devino en la fundación de Cutrac, pionera entre las alrededor de treinta cooperativas de trabajadores de la construcción que hoy hay en Rosario. Cutrac creció bastante rápido a pesar de que, como señala Shirley, los obreros de la construcción ”están acostumbrados al trabajo golondrina, temporario; no sienten apego a una empresa”. Más difícil resultó formar la cooperativa de profesionales, que arrancó en 1992. ”La participación de profesionales y técnicos en el movimiento cooperativo no ha sido fácil por las diferencias entre los ingresos de los profesionales y los de los trabajadores comunes”, señala Jorge. ”Hay como una animosidad entre el trabajo manual y el intelectual. Lo más difícil es armonizar el trabajo de ambos: que el trabajo intelectual se apoye en el manual y que se entienda que el manual sin el intelectual tampoco tiene mucha salida”, agrega Shirley. ”¿Cómo hacer entender que se trata de personas y trabajadores iguales y que no hay diferencias?”, fue entonces el desafío. ”A los profesionales que se arriman a la cooperativa se les pide que hagan una práctica laboral, que en todo momento que sea posible trabajen a la par de los obreros de la construcción y aprendan sus oficios”, explica Jorge. De todos modos, en las cooperativas del Grupo Laboral se trabaja con escalas de ingresos. Claro que diferentes a las de las empresas no cooperativas, en las que la brecha entre el que menos gana y el que más gana va de 1 a 15. En el Grupo esa diferencia es de 1 a 3. “Siempre se trata de una cuestión de poder”, reflexiona Fandiño. ”No es 86


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fácil que el obrero acostumbrado a ser dependiente se transforme en propietario y dueño de su destino, que participe de la toma de decisiones -se explaya después-. Precisamente es una cuestión de poder y el poder es la capacidad de poder hacer, decidir sobre uno y sobre el resto de las cosas en que uno participa. El poder parte fundamentalmente de una transformación del hombre, así lo entendemos nosotros, no solamente desde la toma del poder sino desde la construcción a partir de la práctica. Cada uno, independientemente, dentro de la cooperativa tendrá su corazoncito y eso, para nosotros, entra en otro terreno que no es el cooperativo. Pero entendemos que es necesario trabajar políticamente”. Shirley apunta a la importancia de promover la autogestión de los trabajadores ”en este momento en que el trabajo asalariado está en vías de extinción”. E insiste con la necesidad de trabajar sobre ”el cambio de mentalidad, que lleve a la toma de responsabilidades en función de que lo poco o lo mucho que tengamos para distribuir depende lo poco o mucho que cada uno vuelque al grupo”. Trabajar a partir de ese cambio de mentalidad, añade, es algo que notan los clientes de la cooperativa: ”ellos ven la diferencia del compromiso con el resultado: el socio quiere que el cliente quede conforme, hay otra actitud al hacer el trabajo”. Al relatar la experiencia desde el 87 hasta acá, Jorge recuerda que en 1999 las cooperativas del Grupo llegaron a tener 140 socios. Pero el efecto De la Rúa fue implacable también con ellos, que a fines de 2001, cuando el corralito capturó el dinero circulante tan vital para la construcción atravesaron su peor crisis. De todas maneras, el cimbronazo no pudo disolver los lazos entre los socios, que hasta que volvió el trabajo en la construcción apelaron a desarrollar otras actividades a través de los subsidios del programa Jefas y Jefes de Hogar. Aquella crisis del 2001 llegó justo cuando nacía la cooperativa de crédito, que junto a la de herreros, que se había fundado en el 96, completa el Grupo, concebido como un espacio de complementación entre las cuatro cooperativas del tipo de las uniones transitorias de empresas. Del desarrollo de la iniciativa desde sus comienzos hasta ahora, Jorge rescata un aprendizaje: ”en momentos de mucho crecimiento no hubo una debida integración de socios nuevos. Por eso ahora preferimos ahora ir de a poco y mantenr el espíritu; no crecer por crecer, sino generar realmente trabajo sustentable”. Shirley y Jorge remarcan que, aunque han ganado varias licitaciones que les permitieron participar en obras públicas en hospitales, plazas o avenidas de la ciudad, el grueso del trabajo al que acceden las cooperativas del Grupo es fruto de las contrataciones desde el sector privado. Y plantean que el escalón de crecimiento que por estos días se plantean construir es la transformación ”en una empresa constructora” en el sentido de estar en condiciones de ”construir para vender”, evitando así ”la intermediación (de los profesionales que son contratados para realizar una obra y a su vez contratan a la cooperativa) que se lleva entre un 30 y 40 por ciento, que podría transformarse en mejor precio para el cliente que quiere construir y en mejores ingresos para los socios de las cooperativas”. La idea del Grupo es llegar a tener incluso una proveeduría de materiales, y cuenta con el terreno necesario para desarrollar el salto que se plantea. Además, cuenta con la decisión de los socios, motor que tira para adelante 87


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cuando los números no cierran a partir de la efectiva participación de todos. Jorge, que es arquitecto, es el coordinador del Grupo por decisión de sus pares. Las cooperativas realizan asambleas anuales para elegir un consejo de administración y los coordinadores y funciona con un reglamento y con códigos y un sistema de evaluación para determinar las funciones que van cumpliendo sus integrantes. “No es fácil comprender el trabajo cooperativo. Por eso a mi me parece que estas nuevas empresas recuperadas por los trabajadores tienen que transitar por lo menos unos cinco años de transformación, porque no es fácil entender que no hay un patrón que los esté obligando a trabajar, que hay que distribuir la responsabilidad y el esfuerzo entre todos”, insiste Jorge en cuanto al cambio de mentalidad. Es que, según advierte, no comprender bien el modo cooperativo puede derivar en distorsiones, en lo que él llama ”cooperativas patronales, en las que los presidentes actúan como únicos dueños”. “El problema es que estamos acostumbrados a dejar hacer -concluye Shirley-. Lleva tiempo apoderarse de las cosas y generalmente hay cosas que no se comprenden hasta que no se atraviesan dificultades económicas. Recién cuando se rompe una máquina y hay que pagar el arreglo nos damos cuenta para que servía ese aporte que íbamos haciendo, ese pesito que íbamos guardando”.

Publicado el 3 de julio de 2003

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Una Canoa en la Santa Fe inundada No es menor el desafío de navegar en la Santa Fe inundada. En eso están los integrantes de Canoa, abocados, justamente en la ciudad arrasada por el agua y la desidia oficial, al mejoramiento del hábitat, entendido con amplitud, ”como el espacio donde la gente desarrolla su vida, con todas las relaciones sociales que pueden ir desde un individuo hasta una gran comunidad”. Arquitectos, trabajadores sociales, médicos, docentes, comunicadores sociales; en Canoa confluyen profesionales integrados en una ong y jugados a lo que llaman ”una dimensión política: trabajamos en lo público, en lo público no estatal, pero ni queremos articular y definir con el mercado las políticas públicas ni tampoco queremos reemplazar el papel del estado”. La que charla con enREDando es Sandra Gallo, canoera de la primera hora, que recuerda que el nombre Canoa fue a instancias de un habitante de Alto Verde, el primer barrio santafesino al que la organización acudió, en 1988, a una demanda de hábitat popular. “Los cuatro que empezamos trabájabamos para el estado, y con eso de cruzarnos en el territorio empezamos a pensar en hacer cosas que no podíamos hacer desde el estado”, ubica Sandra. “La vecinal Alto Verde nos planteó un proyecto para ampliar su sede, empezamos a trabajar las necesidades del barrio; y en ese momento la urgencia era retrabajar entre la comunidad el tema de las inundaciones, cómo repercutía en su vida. Así que por un lado trabajamos el diseño participativo de la ampliación y luego la construcción de la sede de la vecinal, con un salón de usos múltiples; y por el otro trabajamos en talleres sobre las inundaciones, sobre todo en cómo defenderse de las inundaciones, porque Alto Verde era afectado por las inundaciones periódicas y las extraordinarias”, sigue Sandra. Claro que las inundaciones que sufría Alto Verde en aquellos tiempos parecen pavada frente a la reciente tragedia del desborde del río Salado, que encontró a Canoa continuando aquella labor de mejoramiento del hábitat en otro barrio santafesino, uno de los más afectados: Santa Rosa de Lima. A Santa Rosa, Canoa había llegado convocada por vecinos que querían organizarse en una cooperativa textil. De a poco, a la organización se fueron sumando más profesionales: ”con esta visión integral y compleja que tenemos, con un planteo de trabajo interdisciplinario, cualquier disciplina puede aportar al laburo del hábitat. Trabajar en hábitat no siempre implica que haya un hecho constructivo, no siempre implica hacer viviendas, no siempre implica hacer un salón. Por la formación que recibimos, sobre todo los arquitectos, estar pensando en trabajar en hábitat sin tener un hecho constructivo no es muy fácil”, explica Sandra. “La idea de trabajar en forma interdisiciplinaria no es perder la especificidad de cada disciplina sino que es una perspectiva de laburo. Nadie reemplaza al arquitecto diseñando, pero el diseño con la gente lo hacemos todos”, agrega. Y señala, como ejemplo, a un trabajo de Canoa en Pompeya, otra barrio de Santa Fe. ”En ese momento 89


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se fueron sumando médicos y docentes porque en Pompeya nos pidieron que los ayudáramos a trabajar en el proyecto de una escuela que se había fundado a partir de una mutual de los vecinos. Trabajamos con la mutual, con los vecinos, con los papás de los chicos, con los chicos, con los docentes y con los directivos el tema de la escuela que querían. Se hizo el proyecto total de la escuela, con los siete grados; fue muy interesante y uno de los proyectos más complejos, porque la escuela estaba inserta en un jardín botánico y se aprovechó esa situación”. Sandre insiste en el concepto de encuentro de saberes: ”Primero decíamos el encuentro del saber técnico con el saber popular. Hoy hablamos que el encuentro de saberes es más amplio, empiezan a jugar otros saberes, como lo de los funcionarios públicos, que hay que tenerlos en cuenta más allá de si se logra o no un encuentro. En Santa Rosa de Lima pesan mucho los saberes de los directivos o los dirigentes de las organizaciones sociales, de los militantes políticos, que son saberes distintos. En la gestión comunitaria del hábitat aparecen saberes que son muy distintos: el militante partidario, el militante de una iglesia o el directivo de una institución barrial gestionan de manera diferente”. Fue en 1994 que una de las vecinales de Santa Rosa de Lima llamó a Canoa para un proyecto de viviendas. ”Y de allí derivó -indica Sandra- una propuesta de trabajo nuestra que era hacer un diagnóstico general del barrio con los grupos de vecinos e instituciones para tener una propuesta con la consigna qué barrio queremos. Técnicamente sabemos que nuestra propuesta tiene que ver con la planifación urbana, pero la consigna qué barrio queremos es más clara para todo el mundo. En esa propuesta (propuesta y no proyecto, porque es una idea, un borrador), que se terminó de cerrar en el 2001, estaba considerado el tema de las inundaciones; pero las inundaciones por lluvia, que significaban 15 o 20 centímetros de agua en algunas casas”. Ahora que el barrio entero estuvo sumergido, el desafío se agiganta: ”Estamos trabajando en cómo, a partir de la contención de los distintos actores del barrio, poder exigir participación en pensar la reconstrucción”, comenta Sandra. “Tenemos que ser un sujeto no solamente social sino político en la sociedad civil. Y eso implica que nos tenemos que constituir no solos, sino con otros. Y en ese con otros también tenemos que ayudar en la construcción de que los otros sean sujetos políticos, y todo esto tiene que ver con armar un sujeto colectivo más de presión, con definiciones”, concluye.

Publicado el 11 de julio de 2003

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Centro comunitario Oroño Sur, por el paso del subsidio al trabajo genuino “Este es un espacio de encuentro para resolver entre todos los problemas que tenemos. Y el principal problema que tenemos es la desocupación: queremos trabajo genuino”, dice Roberto Pérez en la sede del centro comunitario Oroño Sur. ”Los centros comunitarios crecieron como hongos porque en la mayoría de las vecinales no daban respuesta al problema de los desocupados”, agrega Roberto, que a fines de los 90 se quedó sin su empleo en Cargill. Pero no fue Roberto el que arrancó con la idea de abrir un centro comunitario. Fue su esposa, Nora Vecchi, la que junto con otras dos compañeras del barrrio Las Delicias comenzaron las actividades para alquilar una pequeña casilla en Oroño y Arijón, en agosto de 1998. “Estábamos en la vecinal San Martín y veíamos las necesidades de la gente. Pero en la vecinal se nos frenaba un poco, por eso decidimos empezar con un centro comunitario”, relata Nora. ”Primero los maridos zapateaban un poco, pero después se engancharon”, sigue. Es que en Oroño Sur se dio lo mismo que en otras organizaciones barriales: las primeras en empezar a moverse fueron las mujeres. ”Lo que pasa es que los chicos dicen mami, tengo hambre. Cuando tienen hambre le piden comida a la mamá antes que al papá”, explica una de las compañeras que comparten la charla con enREDando en la actual sede del centro comunitario, en avenida del Rosario 1950. ”El hombre, como es el jefe de la familia, al perder el laburo pierde dignidad. Acá hay compañeros que te cuentan que cuando se quedaron sin trabajo tenían vergüenza de salir a la vereda”, acota Roberto. En la casillita de Oroño y Arijón, en el 98, el centro comunitario comenzó sus actividades con la colaboración de un médico y con clases de apoyo escolar. Después se sumó un servicio de enfermería y se empezaron a sostener talleres de teatro infantil. Y la primera movilización de protesta de los vecinos agrupados en el centro fue contra Aguas Provinciales, por las tarifas y los cortes del servicio de agua potable. Ya en el 2000, el centro se trasladó a la casa de avenida del Rosario, que estaba abandonada y hacía las veces de ”juntadero” para muchachos de la zona que asaltaban al que pasara cerca. La gente de Oroño Sur decidió meterse en la casa, que estaba destruida, y empezó a refaccionarla despacito. En ese momento ya los índices de desocupación explotaban y lo que marcaban las estadísticas se sufría en carne propia en el barrio Las Delicias. Así empezaron la copa de leche y el comedor, sostenidos en principio por el aporte de negocios de la zona que después, agravamiento de la crisis mediante, fueron retaceando su ayuda. ”La gente se quedaba sin trabajo y entonces vendían menos. Empezamos a ser como una carga para ellos”, señala Roberto, sin rencor. Arrancaron entonces las gestiones en pos de alimentos ante los gobiernos municipal y provincial. ”Pero era todo muy burocrático, demoraban mucho las respuestas”, indica Nora. Y desde el centro comunitario empezaron a participar en 91


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las movilizaciones y los cortes de ruta de las organizaciones de desocupados. La gente de Oroño Sur formó parte primero de la Federación de Tierra y Vivienda y después se integró al Movimiento Barrios de Pie. “Nosotros no nacimos piqueteros ni cortadores de rutas; lo hicimos por angustia y por necesidad. Después nos dimos cuenta que nos querían hacer pasar por revoltosos, por incendiarios; y no es así. Lo que pedimos son derechos que nos corresponden porque lo dice la Constitución”, marca Roberto con su hablar pausado, sencillo, claro. De la casillita de Oroño y Arijón al local de avenida del Rosario, de aquel puñadito de mujeres a las 240 personas que participan ahora en las múltiples actividades que se coordinan desde allí, el Oroño Sur fue creciendo. Ahora la copa de leche y el comedor se sostienen con aportes de municipio y provincia y la gente se ocupa de sostener una huerta, la producción de plantas medicinales, la bloquera, la panificación, la cría de conejos el costurero, los talleres de artesanía, manualidades, tarjetería, tejidos. En el local del Oroño Sur se reúne la Red de Mujeres Solidarias y desde allí se coordinan actividades en el barrio, como el mantenimiento de plazas y espacios verdes. Todo, basado en el programa Jefas y Jefes de Hogar que, según señala Roberto, ”atentó un poco contra el movimiento de desocupados porque hubo punteros que empezaron a hacer sus manejos. Nosotros incentivamos a la gente para que la contraprestación obligatoria sirva para organizarse, como base para buscar algo mejor. Queremos pasar del subsidio al trabajo genuino, pero el gobierno va a tener que desarrollar el mercado interno. Si no hay mercado interno no vamos a tener a quién venderle lo que producimos con nuestros emprendimientos”. Roberto apunta también a la necesidad de trabajar con otros sectores sociales y de que desde las organizaciones de desocupados y barriales surgan dirigentes que accedan a lugares de poder. Por estos días en el Oroño Sur hay entusiasmo con la candidatura a concejala de Nora, a quien sus compañeras elogian con sinceridad y orgullo. ”Siempre que vamos a los lugares de gobierno nos cuesta un montón que nos atiendan, nos espían por la ventana, se esconden. Necesitamos alguien que esté adentro para que nos abra la puerta, para que podamos conseguir más cosas”, explican.

Publicado el 24 de julio de 2003

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Grupo Obispo Angelelli: el compromiso social y político de la Iglesia de los pobres El Grupo Obispo Angelelli (GOA) se reivindica como ”parte de una Iglesia que cree en un cristianismo comprometido con la realidad social y política, de un movimiento eclesial al que se le puede poner de apellido la opción por los pobres”. Y es desde esa opción de compromiso con la realidad social y política que Omar Isern, uno de los principales referentes del GOA, explica su participación como candidato a intendente para las próximas elecciones desde un espacio que reúne a militantes de las comunidades eclesiales de base, la Mesa de Encuentro Barrial, centros comunitarios, asambleas barriales y organizaciones no gubernamentales. ”Es el fruto de estos años de lucha, de vincularnos con otros sectores”, indica Omar, que junto con su compañera Ana María repasa con enREDando el desarrollo del GOA, sembrado desde los albores de la democracia y desde la concepción de que ”la fe se conecta con la vida en la reflexión de la Palabra; y de allí salen las necesidades barriales, las necesidades de la familia”. Fue apenas terminada la dictadura que Omar y Ana María apostaron al reencuentro con antiguos compañeros de militancia católica que, como ellos, se habían replegado un poco ante tanta represión. Y fueron la vicaría de barrio Ludueña con Edgardo Montaldo como pastor y la parroquia San Francisco Solano los primeros ámbitos para ese reencuentro, cimentado con prácticas solidarias como la desplegada ante las inundaciones de la zona de Empalme Graneros y con talleres de educación popular y de alfabetización. Claro que algunos ya no estaban, como una pareja amiga y vecina de Omar y Ana María en barrio San Francisquito que desapareció y que en el centro de detención en el que estuvo era conocida como el cristiano y la cristiana, recordados porque hasta el final enfrentaron con sus cantos y su alegría las duras condiciones del encierro. Duras fueron tornándose también las condiciones de vida en los barrios en los que desde el principio, desde aquel acto fundacional del 4 de agosto de 1986 en San Francisco Solano con una celebración en memoria del martirio de Angelelli, desarrolló su práctica el Goa. Que primero fue Gloa, Grupo de Laicos Obispo Angelelli, para preservar a los curas. Es que el hecho que precipitó la decisión de aquel grupo de casi 70 laicos de organizarse fue la actitud del obispado rosarino de prohibir el dictado de un taller al padre Caputo, un quilmeño ligado a las comunidades de esa ciudad bonaerense, modelo muy tenido en cuenta por los cristianos de base de Rosario. Enseguida, los integrantes del Goa empezaron a promover la creación de comunidades eclesiales en los barrios en los que vivían apostando a ”la promoción humana” y ”enfrentando desde siempre al asistencialismo”. Los miembros de las comunidades eclesiales motorizaron, a la vez, otras organizaciones comunitarias que daban respuestas a las necesidades barriales del momento. Y de allí surgieron las

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primeras actividades de alfabetización de adultos, de grupos de mujeres formados en torno a costureros, de capacitación, de educación popular. ”Los primeros cinco años del grupo fueron de una intensísima actividad de formación de militantes”, recuerda Omar. Muy vinculada con Incupo, la gente del Goa se capacitaba en encuentros nacionales y luego compartía esas experiencias en los barrios de la ciudad. Pero con la profundización de la crisis, la principal necesidad en los barrios pasó a ser la alimentación. Desde el 89 de los saqueos las comunidades sostuvieron ollas populares y fueron multiplicando el modelo no de comedores sino de cocinas comunitarias, como espacio para que ”la gente venga, se organice, trabaje y se lleve la comida a su casa”. Los militantes del Goa afrontaron también, no sin profundas discusiones previas, la tarea del reparto de cajas de alimentos promoviendo ”que quede un saldo organizativo”. A la vez, el Goa se consolidaba institucionalmente y comenzaba a vincularse hacia afuera de los barrios y la ciudad. A comienzos de los 90 obtiene personería jurídica y acrecienta su contacto con organizaciones eclesiales con una visión similar de la misión de la Iglesia como el Centro Nueva Tierra, del que Omar forma parte. También a comienzos de los 90 los militantes del Goa se suman al Frente Grande y a la naciente Central de Trabajadores Argentinos. Con la CTA la relación perdura hasta hoy, pero con el Frente Grande el vínculo duró poco. ”Siempre hemos chocado con los espacios políticos porque nuestra práctica era completamente distinta. Manejamos el tema de los acuerdos y los consensos de una manera democrática, participativa; y en general los espacios partidarios se manejan con cuestiones personalistas y de referentes que se juntan, resuelven y después lo ponen a consideración del conjunto”, explica Omar. Después, desde el 98, el Goa afronta experiencias de trabajo con el Estado tomando planes laborales para desarrollar proyectos. ”Eso nos vino bien para construir los centros comunitarios y realizar proyectos de mujeres, de panadería, de distintos emprendimientos. Con la caída de esos planes en el 2000 y hasta que los reformulan y podemos acceder de nuevo a ellos tuvimos un período de intensa lucha, con cortes de calle, con marchas, con reclamos. Y empieza otra etapa de las comunidades que se ve más signada por salir a la calle. Ahí empezamos a vincularnos con otros compañeros, nosotros estábamos en la CTA y el enganche se produce por ahí. Vinculamos la nuestra con otras experiencias más recientes pero tan valiosas como esta, como la del barrio Santa Lucía, las luchas de la Corriente Clasista y Combativa, el centro comunitario Victoria, Barrios de Pie. El crecimiento de la politización de las comunidades fue vertiginoso, y empieza todo un debate político. Lo de presentarnos ahora con candidatos propios es producto de esta lucha, de estos últimos tres años de trabajo”, se explaya Omar. En estos últimos años el Goa transita también algunos cambios en su labor comunitaria, que se direcciona a los niños y los jóvenes. ”Nostros siempre habíamos trabajado con adultos, pero ahora nuestra sede de calle Caferatta está copada por los pibes. En el 2000 creamos el Centro de Integración Barrial Angelelli y entre niños de 94


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primaria con asistencia escolar, adolescentes y jóvenes tenemos invadida la institución por cientos de pibes. Tenemos por suerte apoyo oficial tanto de la provincia como de la municipalidad para sostener estos proyectos de jóvenes y pretendemos que a través de los pibes se genere una integración de todos los otros sectores. Además, entramos en un proyecto nacional con Cáritas, el proyecto País, con dos grupo de 20 pibes cada uno. Hay otros quince grupos de la ciudad y es muy interesante, pero nos sentimos mal porque está limitado a esto y debería estar generalizado a la totalidad de los jóvenes con problemas de desocupación”, cuenta Omar. ”Los pibes están integrándose a las experiencias de reclamos, de manifestación pública de sus cuestiones. Es a eso a lo que apuntamos, a que sean protagonistas de su propia historia, a que se apropien de su vida, que muchas veces ni siquiera saben que también está en sus manos”. En el final de la charla, Omar insiste en reivindicar la pertenencia del Goa a la Iglesia ”a pesar de la falta de acompañamiento de pastores. No nos sentimos apoyados, nos sentimos ignorados. No obstante, nos parece que es fundamental mostrar a la sociedad un rostro distinto de la Iglesia. Y nos molesta cuando se dice que opina la Iglesia argentina y en realidad es sólo algún obispo el que está opinando”.

Publicado el 31 de julio de 2003

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Ar-Emba

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AR-EMBA: emprendimientos barriales para recuperar el trabajo en San Lorenzo Para hacer frente a la falta de trabajo montaron un taller de costura. Y recibieron la propuesta de hacer accesorios de sepelio. “Para nosotras era algo raro, nunca nos imaginamos hacer eso; pero ahí empezamos con el primer emprendimiento y con un camino bastante largo”, recuerda Marta, una de las mujeres que en 1996 se juntó con otras vecinas del barrio Las Quintas, en la ciudad de San Lorenzo, para comenzar a construir lo que hoy es AR-EMBA, la Asociación Regional de Emprendedores Barriales. En estos días son casi un centenar de personas, entre socios de la institución y beneficiarios del programa Jefas y Jefes de Hogar, las que sostienen AR-EMBA no sólo para apostar al trabajo digno a través de cuatro emprendimientos distintos sino también para contar con “un espacio de encuentro”, sobre todo –y aunque haya algunos hombres participando– de las mujeres. Además del taller de costura, que es el EMBA (emprendimiento barrial) número 1 y cuya producción no se limita a los accesorios para sepelios sino que abarca también el arreglo y la confección de ropa, están la fábrica de alfajores (EMBA número 2), la huerta (EMBA número 3) y el horno de ladrillos (EMBA número 4). Fue este desarrollo de distintos emprendimientos lo que llevó a la gente de AR-EMBA a trasladar su sede desde el barrio Las Quintas hacia la zona del centro de la ciudad. Y el objetivo más urgente en estos días es contar, ahí en el centro de San Lorenzo, con un espacio donde vender lo que se produce. Para lograr es lugar de venta AR-EMBA inició gestiones ante el gobierno municipal sanlorencino y espera obtener una respuesta positiva. Aunque Marta señala en su diálogo con enREDando que los EMBAS se desarrollaron fundamentalmente a partir del esfuerzo propio: “Nunca tuvimos un respaldo fuerte de ningún gobierno. Las primeras máquinas las compramos con la plata que juntamos vendiendo pollos y empanadas”, indica Marta. Desde AR-EMBA remarcan la importancia de la labor de capacitación con beneficiarias y beneficiarios del Jefas y Jefes de Hogar. “Nosotros remarcamos la necesidad de capacitarse. Si se abren talleres de costura grandes en la zona hay que saber usar bien las remalladoras”, ejemplifica Marta. “Una es como que se integra a una familia, hace amistades con las chicas que están encargadas, entre las compañeras; y se están logrando cosas. Compartimos las ideas, nos ayudamos, nos enseñamos; dan ganas de seguir aprendiendo”, celebra una de las beneficiarias. “Este es un espacio de encuentro para la mujer –sigue Marta–, no solamente para trabajar sino para ayudarnos unas a las otras, para tener una comunicación; porque la mujer no tiene comunicación con otras mujeres”. Y agrega: “a lo mejor mucho los hombres no nos quieren, porque ayudamos a las mujeres a descubrirse ellas mismas, la capacidad que tienen, los talentos que tienen. A muchas compañeras les fue bastante difícil enfrentarse: al no estar mucho tiempo en la casa tuvieron que saber habituar los 97


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horarios con los chicos, y además dedicar tiempo a aprender muchas cosas de comercio, que no es nada fácil aprender; estudiar, porque es otro ritmo de vida el que tiene la mujer. Entrando en un emprendimiento ingresás a otro mundo, porque al principio vos no hablás más que de hijos, de pañales, de lo que cuestan las cosas; pero después tenés que hablar de comercialización, de packaging, de marketing, de productividad”. A la vez que señalan las dificultades con las que chocan, las mujeres de AR-EMBA se reivindican como más pacientes y constantes a la hora de sostener los emprendimientos: “empezar un emprendimiento cuesta mucho y la mujer tiene más coraje y más paciencia y constancia. El hombre a lo mejor enseguida quiere conseguir dinero; la mujer tiene otra constancia, es más de llevar adelante las cosas”, dicen. Cualquiera que se de una vuelta por la sede de la organización en San Lorenzo puede comprobarlo.

Publicado el 7 de agosto de 2003

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La Rueda del arte en la salud, la educación y la organización social En hacer jugar el lenguaje artístico en los ámbitos de la salud, la educación y las organizaciones sociales. En eso anda la gente del grupo La Rueda, que se formó hace un par de años y que reconoce una fecha exacta de fundación: el 11 de setiembre aquel en el que cayeron las torres gemelas de Nueva York, ”un símbolo más -recuerda Marcelo Mainini- de todo un mundo que se cae”. ¿Para qué jugar desde el arte en lo social? ”Frente a tanta exclusión el arte incluye”, dice Marcelo, tirando apenas una punta del sentido del juego de La Rueda, en el que confluye gente de teatro, médicos, psicólogos, comunicadores, trabajadores sociales. Fue un neurocirujano, Miguel Garrote, quien invitó a la gente de La Rueda a acercarse al hospital de emergencias Clemente Álvarez. Así es que en, por ejemplo, la sala de traumatología del Clemente, puede aparecer de repente una adivina, o un reportero de televisión, convocando a pacientes, familiares y trabajadores del hospital a la dimensión humana que implica el juego, traído desde la intervención artísitica teatral y con narices coloradas, con el humor como eje. “Es clave para nosotros haber pensado en el tema del espíritu de lo lúdico como una manera de representar la realidad, o de volver a representarla, y de encontrar la mejor comunicación entre lo que sería la subjetividad, lo propio; y el ambiente o el contexto; como una necesidad permanente de volver a ser puentes”, explica Marcelo, que a cuento de lo del juego cuenta de Graciela Scheines, una autora ”que analizaba el tema de ser juguetes o jugadores. Ella planteaba que el ser humano que está pasivo frente a lo que se vive en el mundo está más en una condición de ser juguete, y (planteaba) cómo, como hombres, podíamos tomar el lugar de jugadores, de ser activos, de ser productores, de dialogar con las condiciones dadas para proponer cosas, para cambiar, para resistir. Ella dice en la última parte de su libro, que se llama Juguetes y Jugadores: el mundo se está derrumbando en un montón de cosas y este tránsito entre un mundo que cae y un mundo que todavía no vemos es el momento perfecto para el jugador, para el espíritu del hombre jugador, que es el que puede interactuar con la incertidumbre, el que puede correr los escombros y hacer un espacio vacío porque en ese espacio nuevamente puede volver a fundar algún tipo de juego”. El juego de La Rueda fluye en tres proyectos. El primero fue Vagamundos, con el arte de narrar desarrollado en un escenario como el hospital que, admite Marcelo, en principio metió miedo. Pero al cabo de las primeras apariciones -un grupo de la Rueda va dos veces por semana al hospital- de los pacientes, sus familiares, enfermeros y médicos surgieron respuestas a las que desde La Rueda definen como de”una riqueza muy grande y un afecto muy grande”. “No vamos con la idea de que vamos a curar. Vamos a hacer un trazo, respetuosos de todas las otras historias y tratando de aportar otra mirada, cómo dialogamos con esto para poder cambiarlo”, indica Marcelo sobre las movidas en el hospital. 99


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El segundo de los proyectos de La Rueda es el de Teatro Rodante, vinculado al teatro foro, desde el que se plantea, no sólo en el ámbito de la salud, ”tomar las anécdotas de lo que sucede cotidianamente en algunos espacios y en algunas situaciones, trabajarlas con el humor, que aparezca hasta grotesco; y que el humor acerque otra manera de ver esas escenas que se presentan que tienen que ver con los estereotipos, las dificultades de la comunicación, con cómo se burocratizan las actividades, cómo se naturalizan algunas cosas”. La Rueda reivindica el trabajo en red con otras organizaciones y lo canaliza fundamentalmente en su tercer proyecto, El Arte de Celebrar, desde el que echa a rodar encuentros festivos y actividades de capacitación como las jornadas De lo Cotidiano a lo Festivo, que este años se van a llevar a cabo en noviembre próximo en Rosario.

Publicado el 22 de agosto de 2003

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Vicaría Sagrado Corazón, multiplicando panes y vida en Ludueña Son más de tres mil los comensales que asisten diariamente a los siete comedores que dependen de la Vicaría del Sagrado Corazón, en Barrio Ludueña. Lo que se recibe del estado provincial y municipal alcanza para poco más de dos mil raciones. ”El resto es multiplicación de los panes”, dice con una sonrisa el cura Edgardo Montaldo, al frente de la Vicaría y de un grupo importante de personas que no sólo multiplican los panes sino también las actividades desde la escuela con jardín de infantes y nivel primario, la escuela de enseñanza media para adultos, el centro de capacitación y alfabetización y múltiples grupos y espacios de prevención de violencia familiar y abuso infantil, de promoción de la salud y de encuentro de jóvenes. “El inicio de estas actividades, de estos espacios, de estos proyectos que se están llevando a cabo, surgió por un encuentro de personas en el año 1968. Era la época en que la juventud se volcaba a las barriadas: grupos políticos, universitarios, parroquiales, los fines de semana llenaban los barrios, las villas, llevando la inquietud de sus sueños de un mundo mejor, que traducían en encuentros o en actividades culturales, recreativas”, cuenta Edgardo sobre los orígenes de lo que hoy es la Vicaría. “Después vino el tiempo del proceso, que cortó cabezas en esta búsqueda de ir realizando sus sueños. Ese tiempo del proceso trató de castrar los sueños en los sobrevivientes y durante ese proceso hubo muchos mártires que sacrificaron, dieron su vida, en la búsqueda de esos sueños”, sigue el relato Edgardo, que señala que después del 83 ”comenzó un período de democracia, pero no aflojó el control de todos los que sostuvieron ese proceso para seguir amenazando o cortando”. “A lo mejor no se hace ahora con una presencia militar, como fue durante el proceso, pero sí la mafia política y económica tiene sus ramificaciones, por las cuales va produciendo nuevos mártires, encaminando a la juventud, a los que sueñan y tal vez no tengan posibilidades, por el lado de la violencia, de la droga. En este momento lo que se nota es que de parte de la mafia hay toda una sobreprotección a aquellos que están trabajando contra la defensa de la vida, a aquellos que lideran el narcotráfico, la violencia, que ponen armas en los pibes. Tienen un poder extraordinario porque están protegidos por aquellos que deberían dar seguridad al pueblo”, añade Edgardo, que a la vez que marca su preocupación por la continuidad y el aggiornamiento de la represión y la cultura de la muerte rescata que, ”a pesar de tanta sangre, de tantas cabezas cortadas, no se cortaron los vasos comunicantes”. Y rescata también que en la sociedad en general hubo cambios de actitud positivos: ”eran muchos los que nos decían a los villeros no les den de comer, mándenlos a trabajar, porque si hay indigencia es por culpa del pueblo vago, ignorante. Hace cuatro o cinco años nos dimos cuenta que vagos, ignorantes, hay en la villa como en Olivos, como en la Casa Rosada, como en todas partes. Y nos dimos cuenta que nos estaban robando el país a todos. Desde ese momento nos dimos cuenta que o nos sumamos todos o cagamos todos”, resume.

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“Yo miro a Moisés -continúa Edgardo-: libera a un pueblo de la esclavitud, lo saca al desierto 40 años para poder llegar a su propia tierra, generosa, rica. Ese pueblo esclavo, en tiempos de Moisés, pudo zafar del faraón, de la mafia política y económica y cruzar un mar Rojo que lo separó de esa dominación. Esos 40 años, que fueron bravos, los tuvieron que hacer también en una lucha interna. En un momento lo quisieron linchar a Moisés; le decían nos sacaste de la esclavitud para traernos aquí al desierto; allá comíamos ricas cebollas y acá nos estás entreteniendo con una maná aburrido. Pero esos 40 años fueron purificando a un pueblo para poder entrar en la tierra prometida, porque si no entraba también su espíritu de esclavos. Nosotros llevamos toda una mentalidad de esclavos, que bendecimos y besamos las manos de los dominadores que nos tiran cada tanto algunos caramelos. Ese pueblo pudo realizar esos 40 años en el desierto y lejos de los opresores, pero nosotros lo tenemos que hacer dentro de nuestra tierra prometida, dentro de la abundancia y con los faraones que van adminstrando nuestros bienes. Creo que hemos empezado un tiempo nuevo, un tiempo histórico, con todos sus matices. Y aún también, este nuevo gobierno, que yo y muchos no lo hemos votado, nos está dando algunos gestos que tenemos que aprovechar. No sabemos si está apuntando a liberarnos del todo o si es un cambio de dueño, nada más. Creo que vale la pena que aprovechemos estas instancias, estos momentos, para seguir haciendo los años de desierto, teniendo en cuenta esas desventajas que no tuvo el pueblo que liberó Moisés. Comenzaron ciertos movimiento, ciertos aportes, ciertos gestos, que nos están llevando a sumarnos para que realmente defendamos todos lo nuestro”.

Publicado el 29 de agosto de 2003

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Centro comunitario La Rigoberta: ”acá estamos, de acá no nos movemos” “Que la gente crezca y que piense; que piense que somos alguien, que no somos nadie. Lo que nosotros no queremos es que la gente se sienta anulada. Hay que aprender a gritar, a hablar; a que te escuchen, no siempre escuchar. A veces tenés que levantar la voz: decir acá estamos, existimos, de acá no nos movemos”, dice Liliana Colla cuando se le pregunta cuál es el objetivo del Centro Recreativo, Cultural y de Producción La Rigoberta, levantado en el corazón del barrio conocido como Villa La Cuarta, delimitado por las calles Cerrito, Chacabuco, la avenida Pellegrini y el río, sector signado por su cercanía con lo que los vecinos llaman ”la facultad”, que no es otra cosa que el espacio de la Universidad Nacional de Rosario que alberga a varias facultades. Liliana está de acuerdo cuando se le señala que la relación de los vecinos de La Cuarta con ”la facultad” suena a esas relaciones de amor-odio. Es que por un lado fue ahí, en ”la facultad”, donde Liliana, que lleva 34 años viviendo en el barrio, y Mónica, otra vecina, se encontraron con un grupo de profesionales de distintas áreas que sostenían una merienda y que, a través de talleres de educación popular, les despertaron el interés por agruparse y convocar a sus vecinos a ocuparse de mejorar, por sí mismos, sus condiciones de vida. Pero a la vez, es desde ”la facultad” de donde llega la amenaza latente que pende desde hace años sobre la gente de La Cuarta: el desalojo. Esa amenaza renació en los últimos días y fue motivo de reclamos y movilizaciones de la gente del barrio, que tiene su propio proyecto de construcción de viviendas a través de una cooperativa y no quiere saber nada con que la trasladen. A eso se refiere Liliana cuando dice ”acá estamos, de acá no nos movemos”. Es que el barrio está emplazado en terrenos que –desde el punto de vista legal– pertenecen a la Universidad Nacional de Rosario. Y desde la Universidad surgen, de vez en cuando, proyectos de urbanización de la zona que no contemplan la voluntad de los vecinos de seguir viviendo donde viven, con hospitales y escuelas a mano, cerca de una zona en la que el cirujeo y el trabajo doméstico –principales ocupaciones de la mayoría– son más rentables y factibles que en otros extremos de la ciudad, que son los lugares en los que generalmente se levantan los barrios para ”erradicados” de las villas. Cuando recuerda aquellos primeros talleres, semilla de lo que hoy es La Rigoberta, Liliana menciona un par de veces a Silvia Bianchi, una de las profesionales que sostenía la merienda de todos los sábados que se armó a partir de los saqueos de 1989. ”Silvia y ese grupo creían en un cambio, y cuando nosotras nos acercamos a la merienda más por curiosidad que por otra cosa nos propusieron que ayudemos. Primero les dijimos que no, que nosotras como mamás le hacíamos la leche a los chicos todos los días y estábamos aburridas de eso. Entonces nos preguntáron qué es lo que queríamos hacer, salió hablar de nosotras, y empezaron los talleres de educación popular”, recuerda Liliana, que también cuenta que el nombre La Rigoberta surgió a partir de que así se llama la personaje de una canción de Teresa Parodi.

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Trabajar en talleres sobre canciones de la Parodi fue otra de las propuestas de aquel grupo de profesionales que en principio tampoco sedujo a las mujeres del barrio: ”para nosotras esas canciones eran aburridas y nos cansaban, porque lo que contaban lo vivíamos en propia carne y piel; la pobreza la vivimos, no la cantamos. Una compañera decía prefiero escuchar una cumbia, que me alegra”, se acuerda Liliana. Pero finalmente Teresa Parodi terminó siendo madrina del centro comunitario que tomó el nombre de la personaje de la canción. Y hasta compuso otra canción, que se llama Palomas Insurrectas, para las Rigobertas rosarinas. “En los talleres se trabajó mucho la identidad, saber quiénes éramos; no lo teníamos asumido. Salieron propuestas muy lindas y de los talleres y del trabajo de cada mujer fueron saliendo inquietudes sociales para el barrio”, resume Liliana aquella primera etapa. El grupo comenzó a reunirse en distintas casas de sus integrantes y a generar, además de asistencia alimentaria, proyectos de trabajo como una fábrica de fideos. Después el esfuerzo común de los vecinos apuntó a un objetivo concreto que hoy es uno de los mayores orgullos de La Rigoberta: su local propio en la calle Berutti, entre Cochabamba y Pasco. Desde allí se coordinan las actuales actividades y la labor de unos treinta beneficiarios del Jefas y Jefes de Hogar: copa de leche, panadería, la huerta. Y también talleres, con la participación de estudiantes de Psicología. “Seguimos sosteniendo todo independientemente, haciendo actividades, mangueando al Estado lo que nos pertenece. Y tenemos este lugar para la gente, para que lo sienta propio. Acá no se le niega nada a nadie, las puertas están abiertas”, remarca Liliana. “Hay que aprender a dejar la vergüenza de lado”, tercia en la charla de enREDando con las Rigobertas Virginia, joven hermana de Liliana. Virgina destaca lo que significó para ella el espacio del centro comunitario: ”ahora vos ves los pibes que están en la calle fumándose un porro, cuando nosotros a la edad de ellos estábamos acá adentro reuniéndonos, amasando fideos, hablando de la vida de cada uno, resolviendo otros temas”. Cuando el tema propuesto para continuar la charla es la política, vuelve a tomar la posta Liliana: ”la política fue siempre un problema, porque supuestamente vos no hacés política aunque en sí la estás haciendo, porque hacés un trabajo. Lo que nosotros no hacemos es lo partidario. Lo nuestro es una política diferente, de aunar a la gente, no de desmembrar todo. Buscamos juntar, que es la única manera. Este un lugar para pensar y volcar nuestras ideas, donde ser escuchados y sin echarle la culpa al otro, porque estamos metido todos dentro de un sistema. A veces es más fácil echarle la culpa al de al lado que hacerse cargo uno mismo de que a veces es cómplice del sistema no abriéndole la puerta al compañero o sacándole el cuero a la vecina por pavadas en lugar de decirle vení, acercate”. Publicado el 30 de setiembre de 200

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Un puente de solidaridad desde Luxemburgo a Bella Vista Oeste Poco sabe el rosarino medio de Luxemburgo. Salvo en el barrio Bella Vista Oeste, donde se conoce más del pequeño país europeo porque allí desarrolla sus múltiples actividades la Asociación Mutual de Ayuda al Prójimo Casa de Luxemburgo, organización que comenzó como intermediaria de becas de estudio para niños y jóvenes de la zona pero que por estos días, siempre a través del trabajo conjunto con la organización Hëllef fir Rosario de Luxemburgo, despliega una labor mucho más amplia de promoción social de la gente de la zona. Hoy, Casa de Luxemburgo tiene cuatro sedes, todas en Bella Vista. Todo empezó en 1988, a partir de la iniciativa de la iglesia Bautista de Pellegrini y Lavalle, que impulsó un trabajo social desde una capilla en Pascual Rosas al 1900. El pastor que encabezó aquella misión contaba con el apoyo de sus familiares en Europa, y fue Alicia Staus Franz la que propuso conformar dos organizaciones no gubernamentales, una aquí en Rosario y otra en Luxemburgo, donde ella vive, para desarrollar y consolidar ese incipiente trabajo social. “Comenzaron con una ayuda muy directa de becas de estudio para chicos argentinos, con dinero aportado por madrinas de Luxemburgo”, recuerda Delia de Ragni, presidenta de la comisión directiva de la organización de Bella Vista. Y Adrina, también integrante de la comisión, agrega: ”la idea de ellos era ayudar a estudiantes que vivieran en la villa de emergencia ubicada bien enfrente de donde nosotros estábamos ayudando hasta ese momento a nivel espiritual, con cierta ayuda en la educación, en la higiene, en las responsabilidades. Nos pidieron que eligiéramos cinco familias, ellos tenían allá cinco señoras que estaban dispuestas a enviar mensualmente un dinero para ayudarlos en los gastos escolares, y así comenzó el sistema de becas que en la actualidad tiene 320 chicos y ha tenido otros 300”. Pero además, en las distintas sedes de la organización funcionan talleres de capacitación laboral; costura, corte y confección; tejido; cocina; artesanías; un gabinete interdisciplinario de protección legal, social y psicológica mediante un convenio con la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Rosario, un banco ortopédico, una proveeduría escolar; una biblioteca popular; un taller de computación; un centro de alfabetización de adultos y un centro de apoyo escolar; el jardín de infantes Cariñito, escuela particular autorizada 1433 al que concurren más de cien chicos de hasta cinco años; programas y talleres de reflexión sobre distintos temas como procreación responsable, educación para la salud, igualdad de oportunidades, ejercicio de los derechos y deberes cívicos, derechos de la niña y el niño, autoestima, problemas del barrio, violencia, perfeccionamiento docente. También funcionan un club de madres, un club de abuelos y un centro de amigos; una biblioteca infantil y pedagógica; talleres de teatro, títeres, arte; un departamento de recreación; huerta y jardinería. Además, desde Casa de Luxemburgo se sostiene un plan alimentario que favorece a 300 familias con la entrega diaria de un kilo de pan y semanal de una caja de leche en polvo. Ese pan se produce desde la organización, que cuenta con un taller de capacitación en panificación 105


.Casa de Luxemburgo

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y pastelería. También se brinda orientación para la creación de microemprendimientos y se impulsaron un club de trueque y una pre-cooperativa de consumo. En cuanto a las becas de estudio, el monto mínimo es de 75 pesos mensuales. Pero las mayoría de los padrinos de Luxemburgo envía a sus ahijados bastante más. Y varios de los becados -muchos llegaron a completar sus estudios universitarios- pudieron incluso viajar a Europa invitados por los padrinos. ”Casi un cuento de hadas”, define Delia. A cambio de las becas, los estudiantes y sus familiares cumplen con trabajos comunitarios en la organización. A la hora de hablar del sentido que orienta tanta actividad, Delia remarca que una de las condiciones que pusieron desde Luxemburgo fue que la organización explicitara en su estatuto su prescindencia religiosa y política. ”Vamos tratando de satisfacer las necesidades que van surgiendo -explica-. Uno puede tener una filosofía de descargar en el estado todo, cruzarse de brazos y no hacer nada esperando que el estado lo haga. No está en nuestra idiosincracia eso. Nosotros pensamos que el amor al prójimo tiene que trasuntarse en hacer algo por el prójimo. Yo no puedo decirle ‘ay, me gustaría que comieras, que el gobierno te diera la comida’. Nosotros sabemos las obligaciones del estado, también vemos que el estado en este momento no responde, no sabemos cuando podrá responder, pero mientras tanto la persona que está a mi lado merece que me ocupe de ella. Nuestra institución no puede parar porque surgió por necesidades, y siguen surgiendo necesidades”. Delia destaca además la intención de Casa de Luxemburgo de ir formando a jóvenes y a gente ”vinculada con la comunidad” de la zona de Bella Vista, porque ”el deseo no es venir de afuera acá, sino que de acá mismo surjan los líderes; ya tenemos incorporados en la actual comisión directiva dos chicos que han sido becados nuestros y han terminado sus estudios, que residen acá en la zona; y tenemos dos profesoras madres de becados y un muchacho que es un obrero de acá de la zona. Tenemos cinco integrantes de comisión directiva que son producto de la comunidad, que se han superado, están capacitados”. Otro ejemplo en ese sentido que señala Delia es la directora del jardín de infantes, también becada. “Trabajamos proyectos de desarrollo a través de la educación, del trabajo social. Un cincuenta por ciento de los fondos para estos proyectos los ofrece el gobierno de Luxemburgo, un cuarenta por ciento Hëllef fir Rosario y un diez por ciento nosotros. Ese diez por ciento nos cuesta mucho sacrificio, pero se consigue”, cuenta la titular de la institución, que indica que Casa de Luxemburgo trabaja sin ningún subsidio estatal más que un aporte de la Municipalidad en el marco del Programa Crecer. En este sentido, Delia se queja de ”la falta de visión y de comunicación” del gobierno provincial, al que desde Bella Vista oeste vienen pidiendo que el jardín, que funciona como escuela particular autorizada, pase a la categoría de incorporada, lo que significaría que el estado se haga cargo del pago de los salarios al personal docente, para lo que ya no llega ningún aporte de Luxemburgo. ”Desde el ministerio de Educación nos contestaron que para habernos autorizado teníamos que demostrar que teníamos capacidad económica, y que si no teníamos la capacidad económica nos cerraban la autorización, esa fue la respuesta”, lamenta. 107


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Delia rescata el valor que dan al trabajo en red con escuelas y dependencias municipales de la zona. ”A la escuela Pizzurno la gente de Luxemburgo la visitó y hace diez años que se la está ayudando con fotocopiadoras, muebles, de 800 a mil pares de zapatillas por año, máquinas de coser”, comenta. Y añade que la necesidad más importante que por estos días surge desde la comunidad está vinculada a la salud. Es que en el barrio ”no hay servicios nocturnos de ningún tipo, no hay teléfonos accesibles, no hay transporte y la atención odontólogica es prácticamente nula”. Al respecto, desde Casa de Luxemburgo ya se pidió una reunión con Débora Ferrandini, de la Secretaría de Salud municipal. Otra de las inquietudes actuales es la situación de los adolescentes. “Vamos tratando de satisfacer las necesidades que van surgiendo”, repite Delia. ”A la asistencialidad, desde un principio, no la entendimos como beneficiencia, sino como ayuda mutua: queremos que haya autogestión y participación”, concluye.

Publicado el 3 de octubre de 2003

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Un camino para Volver a la Vida desde las adicciones De haber vuelto a la vida es que hablan muchos ex adictos a las drogas. Y Volver a la Vida se llama una de las asociaciones civiles de Rosario que se dedica a tratar las adicciones, planteando un camino vital a quiénes acuden a ella. Por estos días, desde la casa de Volver a la Vida en Sarmiento al 1600, son 32 personas, de entre catorce y cuarenta y pico de años, las que transitan la vuelta acompañados por un médico, cinco psicológos y tres operadores terapéuticos, más grupos de pasantes universitarios y un toxicólogo y un psiquiatra a los que se consulta cada vez que hace falta. De todos modos, desde Volver a la Vida remarcan que de poco vale tratar a los adictos sin la inclusión, en el proceso de recuperación, de sus entornos familiares y sociales. “La forma de tratamiento no se decide por el compromiso con la droga sino por la red que la persona tenga alrededor. Si centrás el diagnóstico en la forma o la cantidad de consumo te estás quedando en darle la prioridad a la droga, o a la sustancia, cuando en realidad el diagnóstico se hace sobre la persona y las necesidades y el pedido de ayuda que esa persona trae. Es un diagnóstico personalizado, a partir del cual se decide el tratamiento. No es que se drogó tanto, entonces internación. Se hace un diagnóstico individual, familiar, social. La adicción es algo individual, porque la que consume es una persona; pero el consumo lo que evidencia es las falencias que vienen atrás, que son familiares, sociales”, explica el psicólogo Gustavo Godoy. ”Tiene mucho que ver el trabajo familiar -remarca María Ester Trossero, también psicóloga-. Tenemos casos de chicos que han hecho un trabajo profundo pero la familia no respondió nunca. Y el chico volvió a la casa y la familia estaba exactamente igual que cuando salió por primera vez a enfrentar su tratamiento”, completa María Ester, convocada en 1996, como organizadora, por el grupo de gente que quería formar la asociación civil para el tratamiento de adictos que hoy es Volver a la Vida. María Ester recuerda que su trabajo en adicciones comenzó antes, a comienzos de los 90, cuando escuchó que de la fundación Esperanza de Vida requerían psicólogos. ”Al otro día fui, hablé con una señora que se llama Elvira Guardatti, y empecé”, reseña. Volver a la Vida funcionó primero, tres años, en una casa alquilada en calle Paraguay al 600. Después se trasladó a Mendoza al 3200 y ahí estuvo seis años para llegar a su actual sede, en Sarmiento entre Pellegrini y Montevideo. Ahora van por más: están a punto de abrir otra casa, que será espacio también para una nueva modalidad de trabajo: la reducción de daños, que no implica que la persona que se vaya a tratar deba abstenerse totalmente del consumo. En este caso, explica María Ester, los adictos ”van a terapia individual; la idea es que, si consumen, puedan sostener la familia, sostener un trabajo”. De todos modos, los tres principales sistemas de tratamiento que abordan son la internación, el hospital de día y la atención ambulatoria. ”El sistema de internación, que mejor nombrado tendría que ser residencial, es para la gente que tiene un serio 109


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compromiso con las adicciones o con el alcoholismo y que no tiene un equipo de contención familiar o social, una red que lo pueda contener fuera de la institución. Entonces hace un pasaje residencial por la institución que es de un promedio de ocho meses pero que va variando porque depende de los avances terapéuticos que la persona haga -cuenta Gustavo-. Después se pasa a lo que sería la pre reinserción social, donde les vamos dando las primeras herramientas para que se manejen en la calle. Durante la internación no es que están encerrados acá: tienen sus salidas, sus visitas familiares, sus actividades fuera de aquí; pero los primeros reencuentros laborales, educativos, sociales, los van teniendo en la etapa de pre reinserción social. Y una vez que pasa ese primer choque quedan en tratamiento ambulatorio: hacen su vida y vienen aquí en determinados momentos a su terapia”, completa. Y en cuanto al tratamiento del hospital de día, señala que ”tiene las mismas características que el residencial de internación, con la diferencia que es gente que tiene una contención familiar que permite no cortar abruptamente el contacto. Entonces están aquí todo el día y de noche pueden volver a sus casas, aunque el compromiso con la droga sea el mismo”. Gustavo y María Ester reafirman la presunción de enREDando de que la reinserción social, más en medio de la crisis generalizada, es la etapa más difícil. ”La reinserción social es la parte más complicada de todo el tratamiento. Ahí es donde se pone en juego todo lo que trabajamos durante la etapa de internación o del hospital de día. Si estuvo bien trabajado y la persona tiene voluntad de continuar con un proceso de cambio es una reinserción social efectiva”, explica Gustavo. ”Dentro de lo que podemos les damos, más allá de la terapia, capacitación en otras áreas: computación, herrería, soldadura, panificación, carpintería. No es que salen con un oficio, pero salen con una capacitación en un oficio. Y por otro lado es casi obligación que las personas que entran a tratamiento continúen sus estudios primarios o secundarios”, indica después. ”La mayoría de nuestros residentes van al colegio y tenemos contacto permanente con los directores y los maestros”, confirma María Ester, que vuelve sobre la importancia del trabajo que desde Volver a la Vida se afronta también ”con los familiares, con las parejas, con la red de amigos: muchos de los chicos no tienen con quién hablar. Cuando salen alguien los tiene que sostener”. “No hay que olvidar que vivimos en la Argentina”, suelta luego, dato no menor no sólo a la hora de pensar en la reinserción de los adictos sino también en el funcionamiento de asociaciones civiles como esta. ”Nadie nos da cajas de comida ni salen los chicos a pedir. Nos mantenemos como podemos, con las becas que vienen del estado, que en este momento son siete”, indica María Ester. ”Tenemos un sistema de autogestión: el que puede pagar una cuota solventa al que no la puede pagar”, añade Gustavo. “En este momento lo que más necesitamos es todo lo que sea infraestructura: tenemos que cambiar camas, colchones; conseguimos una heladera. No podés con el alquiler, los impuestos, los sueldos de los profesionales, la comida, el transporte; y todos los años cambiar el mobiliario; así que la prioridad uno es cuchetas y colchones”, orienta María Ester a quienes quieran dar una mano, no sin dejar de insistir con que desde la 110


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organización no se piden colaboraciones ni donaciones en la calle. A pesar de las dificultades, Volver a la Vida se muestra firme en su actividad cotidiana y periódicamente convoca a instancias más amplias, abiertas a toda la comunidad, como la jornada de prevención y capacitación que se va a llevar a cabo en el club de Velas el 8 de noviembre.

Publicado el 17 de octubre de 2003

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Ofes, para no luchar de espaldas y enfrentar al Sida Gladis González recuerda que el primer logro de Ofes (Organización de Familiares Enfrentando al Sida) fue que en el hospital Centenario se hicieran análisis de detección de HIV todos los días y no sólo los sábados, como era hasta esos días de 1990 en que la organización se formó y comenzó su labor. Ya casi quince años después, aquel primer logro suena a poco a la luz de las múltiples actividades que desarrolla la organización, en la que trabajan casi veinte personas “todo el tiempo”, que llegan a casi el centenar si se incluyen a todos, profesionales y no profesionales, los que prestan algún servicio en atención y prevención. Además, de comienzos de los 90 a hoy cambiaron mucho también los tratamientos para las personas infectadas, y el Sida se desliga sin pausas de la muerte como único horizonte. “Uno de nuestros sueños es lograr la cura definitiva –se entusiasma Gladis–. Yo soy clautrofóbica y sufro de vértigo, pero el día que ustedes vean una loca en la punta del Monumento haciendo flamear una bandera, esa soy yo porque llegó la cura del Sida”. Gladis conversa con enREDando apenas terminada una conferencia de prensa en la que Ofes, junto con otras organizaciones, expresa su repudio a un fallo judicial que condena a un portador de HIV por lesiones gravísimas por haber transmitido el virus a su pareja. Y apura el café y el cigarrillo porque tiene que partir a otra reunión para preparar otra de las múltiples actividades –campañas en red, participación en congresos y charlas, conmemoraciones- que Ofes despliega más allá de sus tareas cotidianas, centradas en la distribución de medicamentos – “desde que empezamos llevamos repartidos, a precios de hoy, medicamentos por un millón cuatrocientos mil pesos”, señala Gladis–; los grupos y talleres de apoyo y contención; la realización de análisis anónimos y gratuitos; los servicios de consejería y detección en conjunto con vecinales; la atención de una línea telefónica “las 24 horas de todos, todos los días y no con contestador, siempre con una persona”; la mantención de un vivero instalado en la sede de calle San Lorenzo al 4.200. En rigor, la sede de calle San Lorenzo es el espacio que Ofes fue ganando a la casa de Gladis y su esposo, cuya historia personal atraviesa la de la organización. Ofes fijó como fecha de su fundación el 1º de enero de 1990, unos meses después del fallecimiento de la hija de Gladis y su marido, que tiempo después vieron morir también a su nieto. Eran otros tiempos, en los que la falta de avances en la búsqueda de tratamientos adecuados se sumaba a la fuerte discriminación: “A mi hija la echaron como un perro del sanatorio Ipam cuando se enteraron que tenía HIV”, cuenta Gladis, que también recuerda a un médico del hospital Centenario al que “en el bar lo dejaban solo porque era el que atendía a sidosos”. De la pérdida de hija y nieto, Gladis y su compañero pasaron a “hacer algo y dar la cara, porque en la vida no se puede luchar de espaldas”. “Esa primera época fue la nefasta, los chicos se morían, no había una esperanza. A partir del 96, con los nuevos medicamentos, ya surgió esa pequeña luz en el camino 112


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que creo que cada día se va a agrandando más”, remarca Gladis. Claro que al principio acceder a los medicamentos fue muy difícil, y la cuestión fue una de las principales preocupaciones de Ofes, que en el 97 presentó contra el gobierno provincial un recurso de amparo por la provisión de remedios que derivó en una medida cautelar ordenando la distribución que hoy sigue en vigencia. “Yo digo que hoy la gente no se muere de Sida, se muere de estupidez. Porque abandona los tratamientos, porque no se hace atender, porque conociendo sus conductas no se hace un análisis para poder atenderse y tener una buena calidad de vida. La calidad de vida con el tratamiento es buena, hasta diría muy buena. Se puede hacer una vida normal. Tenemos gente en nuestro grupo que se ha casado, nacen hijos sanos”, continúa Gladis. Pero advierte que, de todos modos, “falta todavía: tendríamos que poder decir tengo Sida tranquilamente. Lo que pasa es que esta es una enfermedad que nació estigmatizada, mal parida. Era de homosexuales, de prostitutas, de drogadictos. Y la historia demostró que es una enfermedad que nos toca a todos”. En Ofes reivindican como una causa de los avances en los tratamientos de personas infectadas el trabajo de las organizaciones no gubernamentales y las redes de personas que viven con HIV: “siempre sostuvimos que la unión hace la fuerza. Cuanto más seamos luchando, y no sólo por esta enfermedad, porque la salud es una sola, más logros vamos a obtener”, dice Gladis, que plantea que una gran necesidad de estos días “es campañas más focalizadas”, que respondan al hecho de que “el Sida es cada vez más joven, cada vez más pobre y cada vez más mujer. La gente que no tiene para comer mal puede ocuparse o pensar que hay una enfermedad que se llama Sida. Un chico que no tiene medios va a salir una noche y tal vez tenga para comprarse un pancho, o una gasesosa, pero no se va a comprar preservativos”. “Nosotros nos hacemos la misma pregunta”, se ríe Gladis cuando se la consulta respecto de cómo se sostiene la organización. “Tenemos socios adherentes que pagan una cuota de cinco pesos mensuales que cada vez pueden pagar menos; hacemos eventos y tenemos subsidios para proyectos de la Municipalidad a través del Programa Municipal de Sida”, explica, al tiempo que destaca que conseguir o no respaldos oficiales no significa que en Ofes abandonen fácilmente sus actividades más cotidianas y sus trabajos hacia afuera, como el del grupo Joel (Jóvenes de Ofes en Lucha) con la prevención en las escuelas, el Preventacho con los taxistas, el Hombres en Ruta con los camioneros, los proyectos de integración con las vecinales. Por otra parte, Ofes va ampliando sus instalaciones en torno a la casa de Gladis y su esposo. Y en este sentido tiene necesidades concretas para las que invita a la comunidad a dar una mano: materiales de construcción, sobretodo chapas y tirantes; y horas de voluntariado de personas que conozcan el oficio de la albañilería y afines. Es que lo que Gladis define como “el sueño dorado” es la construcción, ahí en el predio de calle San Lorenzo que tiene 600 metros cuadrados, de un hogar para niños. “No lo pensamos como un asilo. Tenemos un proyecto y un estudio del barrio: los clubes, escuelas, jardines. Queremos que en ese hogar sientan que tienen un hogar, que no son un número. Y conste que digo hogar para niños, no para niños con sida, porque 113


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el niño que necesita un hogar es uno solo”. Gladis confía en que, a la corta o a la larga, el “sueño dorado” será realidad. Es que de por medio está la fuerza de voluntad de la gente de Ofes, empujada por la pasión de su referente: “cuando la vida te golpea quedan dos caminos: encerrarte a llorar o salir a luchar. Con llorar qué ganas: convertirte en una amargada, resentida contra la vida, llena de odio. Yo no quería eso: mi hija y mi nieto fueron muy importantes como para que no valorara lo que significaron. Entonces decidimos salir a luchar”, dice Gladis. Y en eso anda.

Publicado el 24 de octubre de 2003

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Amufadi, por los derechos de los discapacitados en ”la capital nacional de la discriminación” Fue en el año 1998 que un grupo de padres de chicos con distintos tipos de discapacidades decidieron agruparse para enfrentar, en principio, un problema común: la falta de cobertura ante la situación de sus hijos por parte de las obras sociales. Pero enseguida, desde Amufadi (Asociación Mutual de Familiares y Amigos del Discapacitado e Incapacitado) comenzaron también a exigir a las autoridades políticas el cumplimiento de distintas leyes que apuntan a mejorar la calidad de vida de quienes sufren discapacidades. Ante la falta de respuestas en ese sentido, Amufadi decidió el año pasado declarar a Rosario capital nacional de la discriminación. Y Mario Buss, secretario de la organización, afirma que tanto el gobierno municipal como el provincial ”trabajan en contra de los derechos de los discapacitados” y señala varios botones de muestra, entre los que sobresale, por paradojal, uno: las sedes de la Comisión Provincial de Discapacidad, en Buenos Aires 2155, y la Dirección de Inclusión de la Municipalidad, en Corrientes 2452, son inaccesibles para discapacitados motrices que se movilizan en silla de ruedas. Mario cuenta que la preocupación llega al punto de que la semana pasada un grupo de organizaciones que se ocupan de la cuestión de la discapacidad decidió iniciar un juicio contra la Municipalidad por incumplimientos a la ley de accesibilidad, que es la 24.314. Y sigue con la enumeración de ejemplos: ”reinauguraron la plaza 25 de Mayo, frente a la Municipalidad, y es una aberración: violaron trece ordenanzas sobre la discapacidad. Hicieron la Isla de los Inventos, en Corrientes y Weelhright, y para acceder de la calle a la vereda hicieron una rampa con adoquines y para entrar de la vereda a la Isla de los Inventos una rampa que baja a 45 grados, un trecho horizontal y una rampa que sube a 45 grados: una trampa para discapacitados. Ni con un motor subís y bajás. El baño para discapacitados está hecho a media máquina y no tiene piso. Vos inaugurás cualquier local comercial y andá a habilitarlo sin piso. Bueno, la Municipalidad habilitó la Isla de los Inventos con un baño sin piso, con el contrapiso, nada más”. Siempre sobre la política hacia los discapacitados por parte del gobierno municipal, Mario indica que Amufadi integra, junto con otras organizaciones, el consejo asesor de la Dirección de Inclusión: ”la directora de inclusión, Silvia Trócoli, estuvo más de un año sin venir a las reuniones del consejo asesor. Vino a la del 16 de agosto de este año porque renunció el abogado, Vildor Garabelli, que era el que venía a todas las reuniones, se ligaba todos los cachetazos y renunció por falta de respaldo de la Dirección. A la reunión de setiembre Silvia Trócoli no vino y tampoco mandó a nadie con las llaves, así que nos quedamos en la calle, no pudimos reunirnos”. Tampoco, indica Mario, encuentran respaldo en el Concejo Municipal, cuyo edificio también es inaccesible: ”en el Concejo no hay una figura formal. La que debiera defender al discapacitado es Mónica Fein, presidenta de la comisión de Salud, pero de 115


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hace dos años para acá los reclamos hechos a ella no tienen respuesta. Si buscás más hondo, existe una fundación que se llama Viveros Rosario. Dentro de la Municipalidad hay 400 chicos discapacitados que trabajan en la escuela de Jardinería, producen arbolitos y plantines, y como la Municipalidad no es un negocio no los puede vender. ¿Quién se encarga de venderlos? La fundación Viveros Rosario. ¿Quién dirige la fundación Viveros Rosario? Mónica Fein y Silvia Trócoli. Es otro segmento de la familia socialista”, se queja el secretario de Amufadi, que marca, como contradicción del partido que gobierna Rosario, el hecho de que el autor de la ley 24.901, que protege a la discapacidad, es Guillermo Estévez Boero, el fallecido líder del partido Socialista Popular. En cuanto al gobierno provincial, Mario recuerda que lo que precipitó la decisión de las organizaciones de declarar a Rosario capital nacional de la discriminación en octubre del año pasado fue ”una situación límite: se cerraba el centro de día Crear, la institución que más chicos del sistema carenciado tenía, con 85 chicos sin obra social atendidos por la provincia, que llevaba 10 meses sin pagar”. Y agrega: ”según datos de la Organización Mundial de la Salud, en el mundo entre el 10 y el 11 por ciento de la población tiene algún grado de discapacidad. Según el censo del 2001, complementado con un censo sobre discapacidad que se hizo a fin del año pasado y a principios de este, en la provincia de Santa Fe la población con algún tipo de discapacidad es entre el 15 y el 16 por ciento; y los dos motivos fundamentales son los accidentes de tránsito y la desnutrición infantil. Como contrapartida, no recibimos apoyo del estado. El estado te deja huérfano”. Mario apela al ejemplo de su hijo, discapacitado motriz: ”soy defensor de la escuela pública, pero mi hijo va a una escuela privada. Tenía que ir a la escuela 799, de barrio Acindar, pero no pudimos entrar ni al aula ni al baño. Y no hubo manera de que digan aguantá un poco y arreglamos, hacemos una rampa. En cambio fuimos a una escuela privada, hicieron un arreglo y mi hijo hace una vida normal, anda por toda la escuela”. Respecto del origen de Amufadi, Mario relata que fue en 1998 que comenzaron las reuniones de ”un grupo de personas, todos padres de chicos con discapacidad, que teníamos el mismo problema: las obras sociales. La ley 24.901 obliga a las obras sociales a la atención del cien por cien de la persona con discapacidad. A pesar de ello vas a las obras sociales y lo primero que te encontrás es el no. Llegamos a ser 300 en una reunión en San Cristóbal y hacía falta una figura jurídica, y el 29 de junio de 1998 decidimos formar oficialmente Amufadi. Nacimos como mutual porque nacimos con gente de San Cristóbal: los dos organizadores de la cosa, Oscar Vicente y José Guarde, son trabajadores de San Cristóbal y estaban en la mutual de San Cristóbal; entonces la figura jurídica fue la mutual por los conocimientos que ellos tenían. Aunque Amufadi no cumple los fines de una mutual que por ahí presta dinero; nosotros lo que prestamos son servicios, tendemos fundamentalmente a la defensa de los derechos de la persona con discapacidad y su entorno familiar, y en eso estamos”. Por estos días, Amufadi presta servicios de atención legal gratuita, rehabilitación y asesoramiento. ”Damos respuestas a todas las necesidades que pueda tener un discapacitado. Si no podemos nosotros dar las respuestas en forma directa sabemos a dónde enviar a la persona que lo necesite. Estamos conectados a través de la Red 116


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Solidaria con un montón de instituciones”, explica Mario, que consigna que Amufadi tiene 397 socios que pagan dos pesos mensuales y una comisión directiva integrada por 18 personas, y que la principal actual necesidad de la organización es ”un contador que nos certifique el balance, porque cerramos nuestro ejercicio el 18 de octubre y no hicimos el balance porque no podemos pagar un contador”. Mario remarca que Amufadi tiene sus puertas abiertas para todos los que quieran hacer consultas respecto de la problemática de la discapacidad. En este sentido, invita a escuchar, los sábados de 12 a 14 el programa “No te rindas”, que se emite por la radio Aire Libre. Y convoca en particular a las ”muchísimas familias muy humildes con varios chicos discapacitados, que desconoce que tiene derechos. Por ejemplo, aunque es duro el camino para obtenerlas, hay pensiones. Son derechos que no van a venir a ofrecértelos, pero hay que ir a golpear, empujar y, si es necesario, patear puertas para conseguirlos. Nosotros estamos para hacer de nexo”.

Publicado el 31 de octubre de 2003

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Una vecinal por la Unión y Progreso del barrio Triángulo Fundada en 1952, la vecinal Unión y Progreso transitó el camino de impulsar la transformación de la zona delimitada por Larrea, Seguí, Provincias Unidas y Godoy (ahora Perón) en un barrio con energía eléctrica, agua, desagües pluviales y cloacales, pavimento, gas. Pero en los últimos diez años, cuenta el vicepresidente de la vecinal Norberto Diez, un nuevo frente de trabajo se abrió con fuerza en Unión y Progreso: dar respuestas a la crisis social devenida de las carencias económicas de los vecinos. En cuanto a bregar por los servicios, la labor sigue porque, por ejemplo, hay un sector, de Rouillón al oeste, que todavía no cuenta con desagües cloacales. Pero lo que Norberto siente como más urgente es poner en marcha un proyecto ”para los chicos”, para ”formarlos sin la inclinación hacia la droga, el alcohol, el robo.” Norberto, telegrafista jubilado del Correo y ligado a la vecinal ”con algún parate en el medio” desde 1964, año en que llegó a vivir allí, a barrio Triángulo, cuenta que el proyecto de trabajo con los chicos surgió hace una década y explica la iniciativa que en Unión y Progreso se siente como asignatura pendiente: ”intentamos hacer una contención con niños, formar al niño; porque el chico que está en la calle y que sale a pedir y va golpeando puertas, encuentra que en un lado le dan, en otro lado no le dan. El que no le da forma un resentimiento en el chico, que a lo mejor considera que en esa casa, aparentemente linda, o con buen frente, tienen para darle y no le dan; y crea un resentimiento. Y el que le da, le crea al chico el concepto de que él tiene que vivir de lo que le dan y de la gente; y entonces no tiene una conducta ni de estudio ni de trabajo. Cuando ese mismo niño pasa a ser adolescente y tiene requerimientos que la sociedad no le da, en qué se transforma: si no estudió, no trabaja, no está insertado en la sociedad, es un delincuente. Nosotros queríamos crear un proyecto para que los chicos, fuera del horario de clase, de escuela, estuvieran en la vecinal y se les diera una formación donde se le fueran transmitiendo a través de juegos, de teatro, de títeres, de distintos tipos de actividades, el concepto de integración a una sociedad. Y hacerles entender que hay un no: un no a la droga, al alcohol, a la mentira, a la vagancia; y hay muchos sí: hay sí al trabajo, al deporte, al prójimo, al estudio. En un principio lo pusimos en práctica, pero duró poco porque nunca encontramos quien subvencionara eso, porque la vecinal no tiene forma de hacerlo. La vecinal es sin fines de lucro. Además, son proyectos a larga alcance”. Lo que Norberto también remarca -y enREDando aprecia en la recorrida por la sede de calle Lino Funes al 3300- es que Unión y Progreso cuenta con una estructura edilicia suficiente para instrumentar el proyecto pensado para los pibes y para varias actividades más. La vecinal de barrio Triángulo pudo agrandar sus instalaciones por su inclusión en el PAGV (Programa de Asistencia a Grupos Vulnerables), durante los años 2000 y 2001. Y junto con instalaciones más amplias, se ampliaron también las actividades, sobretodo con los jóvenes. Cortado el financiamiento del programa, algunas cosas se dejaron de hacer pero otras siguieron, como el periódico encuentro de la muchachada que baila hip118


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hop y break dance que -señala Norberto, orgulloso- hace muy reconocido el nombre de Unión y Progreso en el ambiente musical y artístico juvenil de la ciudad. En la otra punta en lo que a edad se refiere, en la planta baja de la sede de la vecinal funciona el centro de jubilados Unión y Esperanza, una de cuyas integrantes, recomendando que ”no es cuestión de hablar, nomás”, matiza la charla con Norberto con galletitas con picadillo y un vaso de jugo. También en la planta baja está atendiendo la fonoaudióloga -además hay una psicóloga y asesoramiento jurídico- y en la planta alta, en un amplio salón con piso de madera y ventiladores de techo, acaba de terminar -es jueves a la tarde- la clase propiamente dicha de danzas árabes, pero el encuentro de las mujeres que participan se extiende en una animada charla. En ese salón, después, está la clase de tae kwon do. Y en la parte posterior hay otro salón con computadoras y otro más con máquinas de coser, donde se reúnen beneficiarias del Jefas y Jefes de Hogar. La vecinal tiene además una huerta orgánica, en la que también trabajan desempleados que reciben el subsidio del gobierno nacional. En cuanto a la lucha por los servicios básicos para el barrio, Norberto habla de la necesidad del ”pavimento definitivo, con cordón cuneta”; pero ubica como prioridad a la obra de desagües cloacales para el sector que se extiende desde Rouillón a Provincias Unidas. Y aunque reconoce ”un buen trato” con Aguas Provinciales, que incluso donó una computadora a la vecinal, remarca la desazón de los vecinos por la demora en la instalación de las cloacas. ”Cada vez que llega el momento de la ejecución de obras que se comprometen a realizar, ellos (Aguas Provinciales) solicitan renegociaciones y el gobierno se las cede. Y tiran para adelante, y así van pasando los años, y las obras no se realizan y nosotros estamos siempre igual”, indica Norberto. Presidida por Marta Kisel, la comisión directiva de la vecinal tiene 24 miembros. Y el único ingreso más o menos fijo con que se desarrollan las actividades es el peso mensual que pagan unos 200 socios. De todos modos, para participar de las actividades de Unión y Progreso no hace falta estar asociado. ”Esta es una vecinal con las puertas abiertas”, repite Norberto, que explica que todo se sostiene ”a pulmón” y que vuelve, cuando se le pregunta sobre las necesidades más urgentes e inmediatas, sobre el financiamiento para el proyecto de los chicos. Es que en Unión y Progreso, a pesar de las dificultades del presente, piensan en el futuro.

Publicado el 7 de noviembre de 2003

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Instituto de GĂŠnero, Derecho y Desarrollo (INSGENAR) Desde abajo y desde adentro

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Un Instituto de derechos humanos con perspectiva de género “Instalar en la agenda de derechos humanos los derechos de las mujeres y las niñas”, dice Susana Chiariotti, puesta a explicar los objetivos de la actividad que, desde 1995, desarrolla desde Rosario el Instituto de Género, Derecho y Desarrollo (Insgenar). Y la más reciente producción del Instituto, el reporte de derechos humanos sobre atención en salud reproductiva en hospitales públicos titulado Con Todo al Aire, es un ejemplo contundente y claro de la necesidad de la tarea abordada. Están registrados allí varios testimonios que dan cuenta de la violación de derechos de las mujeres” por ser tobas, por ser del Chaco, por ser pobres, por ser de la villa; y por ser mujeres también”, enumera Susana. “Entrevistamos a 300 mujeres -explica después-, hicimos el reporte y usamos las herramientas que tienen los derechos humanos: hicimos una acción legal ante la Defensoría del Pueblo y dijimos: ustedes al tratar a una mujer así están violando este y este derecho; al obligar a una mujer pobre a ser revisada por diez estudiantes, sin pedirle permiso, están violando el derecho a la intimidad, a la privacidad, que no nos pasa en una clínica privada. Y cuando presentamos el reporte estaban no sólo las médicas y médicos, enfermeras, la decana y estudiantes de la facultad a los que les queremos cambiar la cabeza; también estaban las mujeres que nos dieron testimonio y que están viendo cómo su testimonio, con confidencialidad, sin exponerlas, está ayudando a cambiar la realidad”. Con Todo el Aire es la más reciente pero para nada la única publicación surgida de Insgenar. En la sede de calle España, mientras charla con enREDando, Susana muestra con orgullo varias publicaciones anteriores del Instituto y también una muy completa biblioteca sobre derechos humanos en general y de las mujeres y las niñas en particular. También con orgullo, invita a ingresar a la flamante página de la organización, www.insgenar.org.ar, en la que, entre tantas otras cosas, se pueden ver y escuchar los trabajos que miles de chicos de todo el país realizaron para el Concurso Nacional de Derechos Humanos de los niñ@s . Todo el material con que cuenta Insgenar, más la posibilidad de acceder a todavía más información conectándose con redes y organismos internacionales como el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem), está a disposición de toda la comunidad. Y los martes y jueves, de 13 a 17, pueden acercarse a la sede las interesadas. Las interesadas y también los interesados. Porque Susana señala que en Insgenar hay lugar para los varones: ”si bien trabajamos muy vinculadas con el feminismo, para nosotras el feminismo, o sea la igualdad entre mujeres y varones, es un campo de debate. En ese campo de debate hay muchos varones interesados en trabajar. Hay un montón de varones a los que les interesa manejarse de igual a igual con las mujeres y no oprimirlas ni sojuzgarlas; quieren tener una compañera, o compañeras. O varones que son homosexuales y también piensan que nosotras somos sus compañeras. Nos relacionamos con varones sensibles que trabajan con nosotras el tema de la equidad y la 121


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van impulsando en cada área en la que están trabajando”. Lo que Insgenar no hace es prestar servicio de atención directa de situaciones de violencia contra mujeres. Las demandas en ese sentido son derivadas a otras ongs. En el marco de la concepción del trabajo en red, Susana insiste en que la labor del Instituto es ”la conexión del trabajo de base con el trabajo intelectual, con estudios e investigaciones que ponemos a disposición de las personas que necesitan cambiar una realidad determinad”. Y recuerda que desde el principio, la apuesta es por ”buscar un nexo entre la comunidad de derechos humanos y la comunidad que trabaja con derechos de la mujer” para ”instalar en la agenda de derechos humanos en general la perspectiva de género, trabajando con un montón de otras organizaciones, autoridades, policía, distintos sectores, tratando de hacer siempre visible la realidad de la mitad de la población, que son las mujeres y las niñas”. Susana acota que lograr los objetivos planteados a veces resulta difícil porque ”por un lado hay resistencia de parte de la comunidad de derechos humanos a incorporar las demandas de las mujeres en la agenda general de sus reclamos, porque hay una priorización de los derechos civiles y políticos, en segundo lugar tienen los derechos sociales, económicos y culturales y hay una serie de derechos y reclamos de las mujeres como violencia contra la mujer, derechos sexuales y reproductivos que directamente no entran en la agenda. Y por el otro lado, no todas las organizaciones de mujeres utilizan los tratados de derechos humanos y los mecanismos de derechos humanos para defender sus derechos, y nosotras estamos conectadas con redes que han utilizado los mecanismos de derechos humanso para esta defensa. Un ejemplo: las esterilizaciones forzadas de mujeres en Perú estaban violando derechos humanos de las mujeres. Se estaban esterilizando a mujeres indígenas, a la mayoría de mujeres pobres. Y se paró eso llevando el reclamo a las cortes de Perú y después a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Acá, nosotras hacemos más o menos lo mismo: buscamos las herramientas de poder ciudadano para defender los derechos de las mujeres”. Constituido como asociación civil sin fines de lucro, el Instituto agrupa a gente que participa de distintos proyectos pero no cuenta con una gran estructura estable. Y como en tantas otras organizaciones, el trabajo voluntario es vital para el sostenimiento de las actividades. ”Pero el trabajo voluntario tiene límites y la discontinuidad en el apoyo financiero corta algunas cosas”, señala Susana. ”Los puchos que nos llegan los vamos haciendo chicle y los repartimos”, completa. Insgenar compartió y comparte algunas de sus producciones y tareas con autoridades y dependencias oficiales pero no acepta ”ningún tipo de presión partidaria”. Es que si las aceptara no podría difundir realidades como la que expone Con Todo al Aire respecto de la labor en salud reproductiva en los hospitales municipales y provinciales. Lo que sí tienen en el Instituto es una clara definición en cuanto a la necesidad de revertir una situación política y económica muy dura para la mayoría de la gente, y desde esa postura es que participaron, por ejemplo, de la consulta popular sobre el Alca. ”Estamos muy preocupadas con el crecimiento de la pobreza, sobretodo de las mujeres, y con el futuro de los tratados internacionales de libre comercio como el Alca -indica Susana-. Con lo que dice el segundo borrador del Alca los derechos de las mujeres y las niñas 122


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van a ser muuy afectados, porque están tratando de que en la canasta de servicios se incorpore salud y educación como algo que se abre en la economía, que el gobierno ya no tenga servicios públicos en esa área. Van a calificar a los gobiernos según salud y educación estén en área cerrada o área abierta de la economía, y los gobiernos van a tener más calificación si están en área abierta que si queda en el área cerrada. Por un lado nosotros (en la Argentina) recorrimos un camino incorporando en la constitución los derechos a la salud, educación vivienda alimentación; pero si se aprueba el Alca así como se plantea, van a dejar de ser derechos”. De todos modos, junto con la preocupación Susana transmite optimismo: ”tengo una gran confianza en la capacidad de movilización de la gente: cuando conozca lo que se viene lo va a poder transformar”.

Publicado el 28 de noviembre de 2003

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Educación, trabajo y comunicación en clave Poriajhú El desarrollo de experiencias de educación popular muy vinculadas a las escuelas, de emprendimientos productivos en pos de una economía solidaria y de prácticas de comunicación surgidas de talleres con jóvenes y difundidas profusamente a través de programas radiales son las tres líneas de acción que signan al Centro Ecuménico Poriajhú, con sede en el barrio Copello de Capitán Bermúdez. Conformado por militantes cristianos, Poriajhú (voz guaraní que significa”los pobres”) es el resultado de la reunión de esfuerzos de militantes cristianos que buscaron una organización propia para -según indica una de sus integrantes, Melina Bruno- sostener una práctica social diferenciada de la de los partidos políticos y sin tener que depender de las instituciones de la Iglesia Católica. De a poco, las actividades del grupo de militantes cristianos que formaron Poriajhú se fueron centrando en Capitán Bermúdez y en el barrio Copello. Allí, frente a la plaza del barrio, la organización adquirió primero un terreno con una precaria casilla que después, gracias al respaldo de la fundación Avina, se agrandó hasta transformarse en lo que todos llaman La Casita de Poriajhú, que tiene espacio suficiente para albergar el telcentro comunitario inaugurado hace poco, un horno de cerámica, una cocina y salones donde se desarrollan los distintos talleres. Por La Casita pasan cotidianamente no sólo habitantes del barrio sino también alumnos de escuelas, de Bermúdez y también de Granadero Baigorria y Rosario, que participan de la iniciativa a la que la gente de Poriajhú considera como uno de sus principales desafíos y llama Entrando por la Ventana. “Siempre vimos la escuela como un lugar en el que muchos pibes fracasaban, pero nosotros decimos que en realidad el fracaso es de la escuela, que no sabe, no puede o no quiere hacer otras cosas para que el pibe pueda permanecer y no irse. Y vamos entrando por la ventana con las maneras alternativas de aprender, que no son las que la escuela propone, que tienen que ver mucho con la eduación popular como motivadora del trabajo. Es un trabajo arduo: la escuela por ahí opone resistencia por su estructura, por su modo tradicional de trabajar”. Melina cuenta que lo de Entrando por la Ventana se basa en la experiencia de María Milagro, otra de las integrantes de Poriajhú, con la escuela bermudence Cayetano De Rico, donde se llegó a montar una radio de circuito cerrado. Después surgió la vinculación de Toki Giampani, otro Poriajhú pura cepa, con la escuela Santa Isabel de Hungría de Rosario. Allí comenzaron talleres de murga y de radio, la realización de una revista, la capacitación, la producción de artesanías y la instalación de un nodo de trueque. ”Con esa práctica piloto en la Santa Isabel de Hungriá tuvimos la prueba de que mejora la calidad de la educación porque los pibes se entusiasman, de que las organizaciones tenemos saberes que le sirven a la escuela y que la escuela tiene que aprovechar, y también que esos saberes se pueden vincular con cuestiones curriculares 124


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de la escuela, con el famoso programa. No son cosas que se superponen sino que se complementan. La cuestión es buscarle la vuelta para que esos contenidos no queden como una cosa en el aire, sino que también se aprende haciendo”, señala Melina. Así fue que los alumnos de la Santa Isabel de Hungría empezaron a llegarse hasta barrio Copello. Es que allí están el horno de cerámica, la cocina para preparar los alimentos con soja y hasta una curtiembre que pertenece a un vecino y que había cerrado en la época de las importaciones y volvió a abrir porque su dueño quiso transmitir sus conocimientos a los más jóvenes. Al proyecto Entrando por la Ventana se sumaron luego otros establecimientos educativos como la escuela 325 de Bermúdez, la Juan XXIII de Oliveros, la 1293 Lisandro Paganini de Granader Baigorria, la Champagnat de villa Banana y la técnica 328 de Puerto San Martín. Además, a partir de la vinculación con las escuelas surgió un convenio con la fundación SES (Sustentabilidad Educación y Solidaridad) para la instrumentación de un sistema de formación de líderes socio educativos. Allí se incorporaron, además de las escuelas, gente de otras organizaciones como Chicos, el Goa, Casa de Todos, Aire Corazón y Vida de Ludueña, La Vagancia, el coro Ars Nova y el Medh. ”A partir de esta capacitación se empezó a generar una red de organizaciones y escuelas que se llama Pochohormiga, Educación Popular en Red, que como primera actividad se planteó un diagnóstico participativo a través de una encuesta a jóvenes sobre temas educativos, del trabajo, de la participación en cuestiones comunitarias, que se está haciendo para tener datos fehacientes a la hora de ir a hablar con autoridades, para tener una herramienta propia”, relata Melina. Con lo educativo como desvelo principal, Poriajhú comenzó sus actividades en 1997 con un taller de música que devino en taller de radio y en los programas radiales Delirio Tropical, Poriajhú Tomátelo con Soda y Reporter Poriajhú, todos transmitidos por radio Centenario de Capitán Bermúdez. ”La radio le ha aportado a Poriajhú una cuestión muy de identidad, hemos ido creciendo en experiencia, con gente que se ha capacitado; y es un espacio de llegada porque es la radio más escuchada de la zona”, indica Melina. Después, agudización de la crisis económica mediante, desde Poriajhú participaron activamente del fenómeno del trueque. Integrantes de la organización coordinaron muchas ferias durante la época del furor del trueque. ”Nos enganchamos en la Red de Trueque Solidario y empezamos a coordinar nodos hasta Oliveros, hasta Barrancas, hasta Coronda”, cuenta Melina, que añade que cuando pasó el furor la organización siguió sosteniendo dos ferias en Bermúdez, que fueron las últimas. ”Y ahora seguimos con una en La Casita”, completa. De la experiencia del trueque fue que Poriajhú se nutrió para conformar su área de economía solidaria. ”Se empezó a trabajar todo lo que sea emprendimientos productivos: actualmente sostenemos la cocina con soja, la curtiembre con la producción de guantes industriales y artesanías en cerámica y con material de reciclaje”, enumera Melina, que, de todos modos remarca que la cuestión de que uno va a producir, lo va a vender y se va a reinsertar y con eso se va a mantener la vemos como una fantasía si no se hacen un montón de otras cosas previamente; porque la capacidad de producción es muy baja y la de comercialización casi no existe. Si vendés una cosa y otros venden lo mismo a la mitad 125


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de precio no podés competir por más que lo que hagas sea maravilloso, sin colorantes, sin conservantes”. Lo que en Poriajhú nunca hicieron fue repartir cajas de alimentos. ”No lo hicimos nunca y no queremos hacerlo porque vemos que es una práctica que va en contra de la economía solidaria. No aporta nada porque la persona recibe, recibe, recibe. Y esa cultura del asistido es la que muchas veces rompe los trabajos comunitarios o productivos, porque no es necesario producir nada para recibir eso; y por eso inmoviliza”, dice Melina, Y lo que está claro es que Poriajhú no quiere saber nada con inmovilizar, sino con todo lo contrario.

Publicado el 5 de diciembre de 2003

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Scouts: más que bermudas y campamentos Se puede pensar en los scouts como esos buenos pibes de bermudas que se la pasan de campamento en campamento y ayudan a las viejitas a cruzar a la calle. A Carlos Bagnato, director de la Asociación Scouts del sur santafesino, esa visión no le molesta pero le suena muy limitada. ”Esto no se lo cuentes a nadie -bromea-, pero nosotros lo que hacemos con los chicos es brindarles herramientas para que el día de mañana sean líderes, protagonistas de los cambios que necesita nuestro país”. Carlos cuenta que en los últimos años se produjo en el seno del movimiento scouts local una discusión respecto de ”la política”. ”Hemos instaurado en la agenda de nuestra asociación -explica- una serie de cuestiones que antes no se tocaban: pensamos que todo lo que hacemos es político; tenemos un proyecto educativo que explica qué tipo de persona es la que educamos y eso sin duda es una propuesta política, porque hablamos de personas comprometidas con la realidad, solidarias, capaces de generar cambios, con actitudes coherentes con los valores que sostienen. Por eso nos vemos en la obligación de pensar un scoutismo diferente y lo estamos haciendo”. Como ejemplo de los cambios, impulsados con fuerza desde el sur santafesino -un rosarino preside hoy la asociación nacional- Carlos cuenta que en Rosario ya se formaron, a partir de convenios con el municipio, cuatro grupos scouts en villas de emergencia, rompiendo la tradición clasemediera del scoutismo. Y remarca que como asociación los scouts se relacionan y trabajan en red con un amplio abanico de instituciones y agrupaciones, desde organismos de gobierno a asociaciones vecinales; y cumplen todo tipo de tareas, desde plantar árboles y colaborar con Defensa Civil en inundaciones hasta sostener campañas de prevención de sida y cocinar en comedores comunitarios y copas de leche. ”Todo con un mapa y una brújula, que nosotros tenemos, que son la Ley y la Promesa”, remarca Carlos, que así se mete de lleno en la explicación de la labor de”educación no formal, complementaria de la de la escuela y la familia”que desarrolla el scoutismo en el plano mundial. Fundado por el militar inglés Baden Powell a principios del siglo XX, el scoutismo se extendió rápidamente por todo el mundo y llegó a la Argentina con los ingleses que introdujeron el ferrocarril. ”La organización se dedica a educación no formal para chicos y jóvenes desde 7 y hasta 21 años -indica Carlos-. La educación es abierta a todos y está orientada a los valores clásicos que comparten todas las culturas del mundo, como la solidaridad, la democracia, el respeto al prójimo. Además es una educación que tratamos que sea personalizada, permanente, integral, porque interpretamos que el ser humano es cuerpo, mente y espíritu. Tenemos una herramienta educativa que no es la única pero es muy importante que es el tema de la vida al aire libre, y los chicos hacen una Promesa, prometen cumplir una Ley que tiene que ver con esto: respetar al prójimo, cuidar la naturaleza, ser solidarios. Para nosotros la educación es un juego, se aprende jugando, 127


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las reglas del juego son la la Ley y la Promesa y el ámbito del juego es la naturaleza, que implica no sólo el aire libre sino ámbitos más difíciles de ver como aire libre, como la sociedad urbana. Educamos a los chicos para que, entre otras cosas, sepan ser buenos ciudadanos”. Carlos cuenta que por estos días uno de los proyectos a los que la asociación que dirige apunta con fuerza es compartir con otros sectores el bagaje de conocimientos de los scouts en la cuestión educativa a través del dictado de distintos tipos de cursos de capacitación, incluido uno para docentes con puntaje. Y señala como déficit del movimiento los ”recursos adultos”, personas mayores que colaboren en la tarea de formación, tanto de los chicos como de educadores. Porque la idea es que los grupos scouts que se van formando surgan de cada comunidad y se sostengan con gente de esa comunidad, y para eso hace falta una gran tarea de formación. ”Queremos llevar el scoutismo donde hace falta y esto va inserto en un contexto de país muy áspero para todo lo que es educativo -redondea Carlos-. La educación está pensada como para que no genere gente que piense, comprometida. Los contenidos de la currícula son de terror y esto tiene que ver con un proceso histórico de hace por lo menos treinta años en donde el modelo de país es un modelo que necesita gente ignorante, que no conozca sus derechos, que no tenga compromisos, que no tenga valores. Y esto es lo opuesto a lo que nosotros proponemos”.

Publicado el 27 de diciembre de 2003

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Coordinadora de Trabajo Carcelario: ”la cárcel es el lugar donde se expresa con mayor crueldad la injusticia que hay en la sociedad” Los integrantes de la Coordinadora de Trabajo Carcelario (CTC) parten de la base de que la cárcel ”es el lugar donde se expresan con mayor agudeza y crueldad las injusticias que existen en la sociedad”. De allí que no duden en decir que están en contra de la cárcel como sistema. ”Pero plantear eso en la Argentina de hoy no se puede, por eso lo que intentamos hacer es una reducción de daños, de riesgos: que esa persona encerrada sufra el menor daño posible; recuperarla y protegerla lo más que se pueda”, aclara Antonio Tesolini. ”Hasta los que trabajan como penitenciarios, por el hecho de estar ahí, como sujetos terminan deteriorándose. El ser humano no está hecho para el encierro; es algo antinatural”, agrega Antonio, que junto a Lilian Echegoy recuerda que los primeros pasos de la CTC se dieron a mediados de los 90. “Como coordinadora se creó en el 95, y fue el resultado de toda una acción que habíamos empezado a hacer desde los distintos organismos de defensa de los derechos humanos en relación al tema de la cárcel. Íbamos cada uno por su lado, veíamos lo que pasaba, tratábamos de contener lo que se podía en el momento y después volvíamos a ir cuando había otro llamado. Era un rol de bombero, apagábamos el incendio”, reseña Antonio, que cuenta que a partir de esas acciones aisladas se empezaron a plantear la necesidad de ”generar un espacio para establecer un laburo mucho más sistemático y darle continuidad, entendiendo que uno no puede ir solamente cuando hay un conflicto sino que hay que tratar de seguir los reclamos y los problemas”. De allí, de la tarea inicial de coordinar las acciones aisladas de los organismos de defensa de los derechos humanos respecto de los llamados ”presos comunes”, surgió el nombre de Coordinadora de Trabajo Carcelario. Lilian recuerda que comenzar a trabajar con los ”presos comunes” desde ámbitos que se ocupaban solamente de los presos por razones políticas no fue fácil. Por un lado había resistencia de algunos sectores que acusaban a la flamante Coordinadora de ”defender a delincuentes”. Por otro lado, los propios presos facturaron a los integrantes de la CTC, en las primeras reuniones que mantuvieron, el desinterés por la situación de ellos de parte de los organismos defensores de los derechos humanos. ”Hoy en día todas las organizaciones de desocupados y los distintos partidos políticos que tienen trabajos en los barrios se van conectando con nosotros, porque son esas familias de los barrios las que tienen los hijos presos, las que les entra la policía. Ahora, entonces, tenemos reuniones; pero en el primer momente fuimos bastante criticados”, relata Lilian. Es a partir de aquellas primeras movidas a mediados de los 90 que la población carcelaria empieza a establecer un vínculo fuerte con la CTC. Y hay un par de hechos puntuales que consolidan esa relación: un incendio en la comisaría 15 en el 95 y una

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gran huelga nacional de presos en el 96. En marzo del 96, en medio de esa huelga, la CTC logra algo impensado hasta entonces: que delegados de los presos de todas las comisarías de Rosario se encuentren, cara a cara, con el ministro de Gobierno de entonces, Roberto Rosúa. De allí surgen algunas conquistas, como el nombramiento por parte del gobierno provincial de un médico infectólogo que atienda a la población carcelaria. Así, la CTC va ganando por un lado la confianza de las personas privadas de la libertad y por otro el respeto de las autoridades. ”Ese vínculo que logramos establecer a lo largo de los años es lo que hoy permite que nosotros como institución estemos legitimados de alguna manera en ese espacio social. Hay un reconocimiento de que nuestra institución expresa las demandas de las personas que están privadas de su libertad y sus familiares. Expresamos lo que pasa ahí y tratamos de vehiculizar esas demandas a las instancias institucionales que correspondan. Esto fue fruto de haber aprendido muchas cosas y, sobre todo, de haber puesto el cuerpo durante mucho tiempo en situaciones límite”, indica Antonio. Claro que no fue fácil: hubo que revertir la desconfianza de los presos y el rechazo de las autoridades, que acusaban a los miembros de la CTC de agitar conflictos en cárceles y comisarías. ”Las autoridades se la tuvieron que bancar. Nos comimos horas de amansadoras, de que no nos quisieran dejar entrar, de viajar a Coronda y quedarnos plantados. Nos querían requisar”, cuenta Antonio. Finalmente, Rosúa, siendo ministro, dictó una resolución que autoriza a los miembros de la CTC a ingresar a las cárceles y penales de las comisarías del mismo modo que pueden hacerlo los abogados. Y en estos días, muchas veces son los jefes policiales o los funcionarios los que convocan a la organización cuando hay conflictos. Además, Antonio explica que nunca se dedicaron a agitar conflictos o motines porque”el único que pierde en los motines el es preso”. La indefensión de los detenidos es un elemento que en la CTC tienen muy cuenta a la hora de intervenir frente a denuncias. ”El primer rol que cumplimos en los conflictos es ser la voz de ellos, que generalmente no era escuchada. En un conflicto con dos partes se escuchaba la voz de sólo una de ellas. Lamentablemente, por el nivel de conflictos que hay estamos siempre discutiendo conflictos y no podemos discutir cosas que planteamos desde hace años: proyectos de una revista, de una biblioteca, de la escuela, que es lo que en definitiva intentamos hacer”, indica Antonio. Respecto de los conflictos, desde la CTC remarcan que ser ”la voz” de los presos requiere de un aprendizaje. Y una de las claves es hacer lo que los presos quieren, advirtiéndoles los riesgos que corren. ”Vamos y decimos: esto lo podemos hacer, esto no lo podemos hacer; ante esta situación existeen esta, esta y esta posiblidad, siempre teniendo en claro que nosotros nos vamos y son ellos los que quedan adentro. No hacemos nada que el preso no quiere que hagamos. Esa es una ley indefectible. Ni a los familiares les hacemos caso ciegamente, porque muchas veces el familiar tiene ansiedades y el detenido al familiar no le cuenta todo, porque no lo quiere asustar, y a nosotros sí. Lo hemos aprendido con el tiempo y creemos que, en general, esta tiene que ser una política de los organismos: vos no podés hacer nada si la víctima, la que sufre el problema, no está convencida”, señala Antonio. ”Les hablamos sobre los riesgos que trae para una persona que está detenida denunciar a sus carceleros, porque queda en 130


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una indefensión total. Siempre les decimos los riesgos que van a tener y les preguntamos si quieren hacerlo igual”, acota Lilian. ”Y los entendemos si no quieren hacer nada, que es algo que pasa muchas veces. No por eso son miedosos o traidores”, completa Antonio. Aunque desarrolla sus acciones desde hace años, la CTC no se constituyó aún formalmente como asociación civil. Ahora, sus miembros están en eso. Así, podrían hacer más viable la posibilidad de recibir subsidios que contribuyan a su funcionamiento, que por ahora depende casi exclusivamente de aportes voluntarios. La CTC, hasta ahora, sólo recibió apoyo económico para un proyecto de prevención de HIV en las cárceles. De todos modos, la decena de integrantes estables de la Coordinadora está ”de turno las 24 horas”. Alguno de ellos acude siempre al llamado de los presos o sus familiares o a la convocatoria de policías o funcionarios. Hubo veces en que la policía les mandó móviles -desde la Coordinadora siempre exigen que sean sin identificaciónpara llegar hasta los lugares de conflictos. Además de Antonio y Lilian, entre los más veteranos militantes de la CTC se cuentan Federico Garat y Carmen Maidagan. Desde la organización señalan que están las puertas abiertas para todo el que quiera sumarse, pero aclaran que la cosa no es sencilla. ”Nosotros, que estamos acostumbrados, todavía nos descomponemos ante situaciones que vemos en las comisarías y las cárceles”, cuenta Antonio. Además, hay que tener valor y calma para afrontar los conflictos carcelarios. A Antonio y Lilian, por ejemplo, les tocó una vez salir de la cárcel de Coronda esposados a un grupo de presos que habían liderado un motín. En definitiva, desde la CTC señalan que para militar en la defensa de las personas privadas de la libertad hay que asumir un compromiso fuerte. ”No es cuestión de venir un día y después desaparecer. En general vienen muchos estudiantes porque están haciendo sus tesis. Tenemos cuidado en eso, porque si en las comisarías o las cárceles decimos que vamos tal día, vamos caiga quien caiga. Para ellos la palabra es importante”, advierte Lilian. Asi que ”turistas sociales”, abstenerse. A la CTC le costó mucho establecer vínculos sólidos con la población carcelaria y no está dispuesta a arriesgar esa relación. “Se ha logrado con esto, y está demostrado, que las autoridades no van a poder resolver ningún conflicto pesado con los presos sin nuestra presencia. Han intentado, nos quisieron sacar, pero nunca han podido”, explica Antonio. ”Ellos intentan resolverlos solos porque nuestra presencia significa una presencia del conflicto hacia afuera. Y la cárcel siempre tiende a mantenerlo cerrado. Nosotros tratamos de abrir la cárcel, abrir el conflicto de una institución que es muy cerrada y se mantiene cerrada siempre. Para eso tratamos con respeto a los presos y recibimos lo mismo. Si vas como doctorcito a tratar al otro como si fuera un monstruo, no srive. Tenemos una relación cálida, de ser humano a ser humano”, agrega Lilian, que cuenta que los presos hasta piden disculpas cuando dicen una mala palabra y hay una militante de la CTC presente. Desde la Coordinadora destacan también que funcionan de modo horizontal y que cada uno de sus integrantes tiene capacidad de resolución por sí mismo. Es que en las situaciones límite hay que resolver rápido, aunque después se concluya que la decisión no fue la más adecuada. De todas maneras, la línea de trabajo siempre es la misma: reducir la vulnerabilidad de la población carcelaria. Y una de las claves es la 131


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difusión de los conflictos, para lo que se respaldan en los medios de comunicación. Para la CTC, está dicho, la cárcel no hace más que agudizar la desigualdad social en general. ”En la cárcel están magnificadas las cosas que pasan en la sociedad. Y hoy los presos son los chivos expiatorios de muchas cosas. No se discute lo que hay que discutir, que es por qué los que están presos son pobres y jóvenes. Son los que están abosolutamente excluidos del sistema. Son los que están fuera de la sociedad y el único lugar que la sociedad tiene para ponerlos es la cárcel, que cumple la función de encerrar personas por el sólo hecho de encerrarlas. No tiene otra función: si pudiera matarlos los mataría. De hecho los mata”, indica Antonio. ”También hay mucha hipocresía. Vos ves que hay muchos chicos pidiendo en la calle y esos chicos van a terminar en el circuito delictivo. No tienen opción”, agrega Liliana.

Publicado el 23 de enero de 2004

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Apyme: la pata empresaria contra el neoliberalismo A Juan Sisca, titular en Rosario y secretario nacional de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (Apyme), alguna vez lo calificaron de Perro Santillán de los empresarios. La comparación con el líder sindical jujeño -hecha con tono descalificador por un dirigente de otra organización gremial empresaria- no le molesta a Sisca, que dice que no se siente ”ni a la altura del tobillo del Perro” pero se identifica con él en el sentido de que ”la metodología para luchar contra el neoliberalismo no es hacer lobby y arreglar para uno sino estar en la calle con la gente que está luchando contra el modelo”. Sisca remarca que ”no todos los empresarios tienen los mismos intereses” y que ”la pequeña y mediana empresa puede desarrollarse si hay mercado interno, y el mercado interno es la gente que trabaja y consume”. Así, para Apyme los trabajadores son aliados y no enemigos. Apyme surge de un grupo de empresarios vinculados con la banca cooperativa que en el año 84 comienza a juntarse para pedir la derogación de la ley de entidades financieras, que fue impulsada por Martínes de Hoz durante la dictadura militar y todavía sigue vigente. Esa ley hizo, entre otras cosas, que las cajas de crédito de las cooperativas se tengan que transformar en bancos y que el dinero que manejaban pase a estar bajo el control del Banco Central. Después, hubo empresarios no ligados a la banca cooperativa que se quisieron sumar al grupo y en el 87 Apyme obtuvo personería jurídica y pasó, recuerda Sisca, ”de ser una corriente de opinión política a ser una entidad gremial empresaria que no solamente luchara políticamente por los intereses del sector sino que también brindara herramientas y servicios a los socios”. “No nos sentíamos contenidos por las entidades tradicionales del sector, como la Asociación Empresaria, la Asociación de Industriales Metalúrgicos o la Asociación Gremial de Comercio e Industrian porque son entidades siempre de la primera hora: de la primera hora con los militares, con Alfonsín, con Menem y ahora de la primera hora con Kirchner”, recuerda Juan, que remarca que Apyme nació ”al calor de la oposición al modelo neoliberal” y fue creciendo al punto de contar hoy con 10 mil socios y 40 delegaciones en todo el país. “Pasamos a ser referentes del sector a nivel nacional de la oposición al modelo neoliberal, que desde nuestro pensamiento comenzó a mediados de la década del 70 y continúa con distinto grado de profundización hasta la asunción de Kirchner”, indica Juan que aclara: ”con esto no estamos diciendo que cambió el modelo. Lo que estamos diciendo es que a partir de la asunción de Kirchner, de haber escuchado el discurso del 25 de mayo en la asamblea legislativa, decidimos empujar el discurso. Pasamos de la oposición -estamos orgullosos de haber sido opositores desde el 84 hasta ahora- a apoyar lo que nos parece que está bien y, por supuesto, criticar lo que nos parece que no está bien. Por ejemplo, saludamos el descabezamiento de la Corte Suprema y los juicios 133


políticos, el descabezamiento de las fuerzas armadas, la política con la policía que es un tema muy duro, la actitud frente al Fondo Monetario Internacional independientemente de si habría que profundizar si hay que pagar o no pagar la deuda. Y nos parece que todavía no se ha avanzado demasiado en el tema económico. El haber comprometido el 3 por ciento del superavit fiscal primario significa una cifra muy alta y seguimos insistiendo en que la única manera de recuperar el país es la redistribución de la riqueza. Para nosotros, pequeños empresarios, es fundamental que la gente tenga trabajo y gane bien porque vivimos de lo que fabricamos y vendemos en el mercado interno. El 70 por ciento de la exportación es materia prima sin valor agregado, por eso sigue la desocupación”. Desde esa postura de oposición al neoliberalismo Apyme estableció sólidos vínculos con otros sectores como la CTA y la Federación Agraria Argentina, con los que compartió movilizaciones, paros y movidas como la consulta popular por el seguro de empleo y formación impulsada desde el Frenapo o la más reciente consulta por el Alca. Apyme también compartió con Mujeres en Lucha las primeras movilizaciones contra los remates y protagonizó luchas que quedaron en el recuerdo como la emprendida contra la DGI cuando los sabuesos apretaban a pequeños y medianos empresarios que no estaban en condiciones de hacer frente a sus obligaciones. En este sentido, Juan recuerda las carpas montadas por Apyme frente a la DGI cuando funcionaba en el edficio de la Aduana y también la oposición jurídica, con el asesoramiento del abogado Rodolfo Scholer, a operativos arbritarios e ilegales. “Comenzamos un camino junto a la CTA y la Federación Agraria porque siempre visualizamos al trabajador como nuestro aliado y no como nuestro enemigo, cosa que en el sector fue difícil que se entendiera. Parecía que el enemigo no eran los bancos que se llevaron la plata al exterior, los Bunge y Born, la trasnacionalizacíon de la burguesía nacional. Más que al trabajador como persona, se veía como enemigos a las organizaciones sindicales, lo que en algunos casos tiene justificación por las metodologías de los sindicatos que, igual que en el caso de muchas entidades empresarias, termina siendo generar un lobby a favor de los interese de los dirigentes y no de los representados”, explica Juan. Apyme divide su labor en cuatro departamentos: el de defensa empresaria, que organiza las movidas contra los remates, se ocupa del problema del endeudamiento e impulsa la sanción de leyes que favorezcan al sector; el multisectorial, que se ocupa de la relación con otros sectores; el departamente sectorial, que aborda específicamente cuestiones de los pequeños y medianos empresarios y el de desarrollo económico, que aporta a los asociados información y asesoramiento para mejorar distintos aspectos del funcionamiento de sus empresas. En Rosario, además, Apyme sostiene un trabajo conjunto con los almaceneros, los carniceros, el foro frutihortícola y algunas otras cámaras. Así, Apyme sostiene su perfil gremial empresario y de servicios sin soslayar la necesidad de participar cada vez más activamente en la vida política, donde pone sus fichas en la conformación de un Movimiento Político y Social con la CTA y otros espacios. ”Estamos debatiendo el tema del Movimiento Político y Social porque las resoluciones


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en esta democracia, con todas las fallas que tiene, se dan en los espacios políticos. Si no tenés gente en el congreso nacional que responda a los intereses de la población pasa lo que pasó hasta ahora: coimas y leyes que no responden a los intereses de la población”, manifiesta Juan. En cuanto a la relación de Apyme con organizaciones sociales y de desocupados, Sisca cuenta que la entidad ha firmado algunos convenios y menciona un ejemplo: el contacto con el Movimiento Territorial de Liberación, que logró en la ciudad de Buenos Aires un crédito para la construcción de más de 300 viviendas. ”Estamos hablando con ellos para ver cómo los pequeños y medianos empresarios somos proveedores de los insumos que van a necesitar”, indica. Pero a la vez, señala que el de los microemprendimientos es un tema ”controvertido”. “Nos parece que la mayoría de los microemprendimientos son la precarización de la economía -dice-. Bienvenidos sean para solucionar el problema de trabajo de la gente que no tiene trabajo, pero me parece que no podemos pensar en el futuro de un país criando caracoles, conejos, o ese tipo de cosas. Tenemos que dar un salto. Este es un país que tiene riquezas naturales y humanas. Aspiramos a un país con educación, con salud, con trabajo. Y para ello, me parece que la precarización, apoyando la informalidad, los microemprendimientos, para dar ese salto no sirve. Es como el plan Trabajar para los trabajadores: el trabajador lo que quiere es trabajar, no que le regalen el plan. Pero antes de decir no le den el plan hay que generar los lugares de trabajo y después eliminar el plan. Bienvenidos sean entonces los microemprendimientos mientras generamos pequeñas empresas, posibilidades de venta en el mercado interno y alguna porción al exterior de manera que puedan incorporar trabajadores y algunos de esos microemprendimientos pasen a ser parte de la economía formal. Hay que reindustrializar el país y poner en marchas las empresas, porque hay capacidad ociosa e inclusive tecnología en algunas cosas, porque este fue un país que tuvo un crecimiento importante, sobre todo en la época del 40 y del 50. Hay capacidad para vivir con lo nuestro”.

Publicado el 30 de enero de 2004

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Ecosur: ecologistas por la calidad de vida de la gente La producción de bloques para la construcción rellenos con botellas y bolsitas de plástico es la iniciativa más reciente de la organización ecologista Ecosur. ¿Ecologistas metidos a constructores? La aparente rareza tiene una explicación: Ecosur desarrolla desde hace varios años un trabajo de huertas orgánicas comunitarias en la villa de Empalme Graneros, y desde esa práctica sus integrantes se encontraron con un problema: las botellas y bolsitas de plástico descartadas por los cirujas que tapan las zanjas y que, cuando son quemadas, contaminan el aire y los cultivos. En Ecosur sabían que en la Universidad estaban estudiando cómo aumentar la capacidad aislante de los bloques rellenándolos con botellas y telgopor, que es un material caro y contaminante. ¿Y si en vez de telgopor les metemos las bolsitas? En la Universidad recibieron la idea con los brazos abiertos. Es que con las bolsitas la calidad aislante, y por lo tanto las posibilidades de venta de los bloques, aumentan; y así se evitan la quema y el taponamiento de las zanjas. Se contamina menos y se abre una nueva perspectiva laboral para los vecinos de Empalme. Y se comprueba que la vinculación del saber científico de la Universidad con la experiencia del trabajo en el barrio es posible y necesaria. El de los bloques rellenos no es, para nada, el único proyecto de Ecosur. Pero es un ejemplo claro de la concepción de trabajo ecologista con que se mueve la organización conformada en Rosario a comienzos de la década pasada. “Nuestra ong tiene un perfil técnico: producir información científica sobre temas regionales, sobre ambientes regionales. Esto nos diferencia de otras ongs, que tienen un perfil más de militancia y de denuncia, que es absolutamente necesario. Nosotros tenemos más lo de producir información científica para que con esos datos el que tenga que tomar decisiones tenga información de base para hacer las cosas”, explica Eduardo Spiaggi, veterinario, uno de los fundadores de Ecosur. ”Tenemos también el compromiso de que cambie la calidad de vida de la gente, por eso nos metimos en la villa a laburar”, completa. “Lo de los bloques con las botellas y las bolsitas termina siendo información científica, y estamos vinculando a la facultad de Arquitectura y la de Ingeniería. Hay un montón de recursos en la Universidad que no se usan, un montón de gente que sabe un montón de cosas y produce información que nadie lee. Eso es vital. Yo vivo de mi trabajo en la Universidad y me preocupa eso: vincular a la gente, articular las cosas que hay sueltas y tener inserción en la realidad. No es fácil, pero hay gente dispuesta. Lo que pasa es que la Universidad no lo hace como estructura, en general son esfuerzos individuales. Y creo que hoy hay recursos en el gobierno nacional, está el plan Manos a la Obra. Si uno pudiera articular todas esas cosas el impacto sería alto”, señala Eduardo. Otro ejemplo de la visión de Ecosur es el que Eduardo cuenta que se dio en Casilda, donde funciona la facultad de Veterinaria de la Universidad Nacional de Rosario. La sociedad protectora de animales local denunció a un ciruja porque le pegaba al caballo. ”Pero como vive el ciruja no les calienta”, marca el integrante de Ecosur. ”Les dijimos: 136


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señoras ¿por qué no nos ocupamos primero de que el ciruja mejore su calidad de vida? Si él mejora su calidad de vida probablemente trate mejor al caballo. Cuando damos clase damos el ejemplo de fundaciones internacionales que habían hecho reservas en Africa y alambraban toda una zona para que la gente no toque los animales, y la gente de ahí se moría de hambre. No podés conservar si no hay calidad de vida primero para la gente”. Eduardo recuerda que Ecosur surge en 1990 ”por afinidades de tipos que laburábamos en la facultad de Veterinaria y en la de Agronomía y como una organización relacionada con la conservación de la fauna, de los ambientes naturales. Veíamos la necesidad de poder laburar interdisciplinariamente en algunas cosas, pero la Universidad en ese momento -y mucho no ha cambiado- era muy burocrática. Para hacer un proyecto entre gente de distintas facultades era difícil toda la papelería. Queríamos crear un espacio independiente donde pudiéramos nosotros generar nuestros propios proyectos. La mayoría éramos profesionales y habíamos creado en la facultad de Veterinaria una cátedra de Ecología, que no existía. Ahí sí, ya había estudiantes, graduados. Ese grupo se juntó con la cátedra de Ecología de Agrarias. Después se sumó otra gente y el perfil se amplió: ya no era solamente los de la conservación de la fauna y los ambientes naturales sino también la cuestión del desarrollo, del ambiente urbano. En el 97 empezamos un proyecto de agricultura urbana en Empalme Graneros, en la villa, nos metimos más en la cuestión social. Hoy somos treinta socios, profesionales de Veterinaria y Agrarias y también de Antropología y Arquitectura”. En cuanto a la labor de Ecosur respecto de la conservación de fauna y ambientes naturales, Eduardo menciona un proyecto de desarrollo sustentable - ”que incluye el aspecto ecológico y también el económico”, indica- en la laguna de Melincué. Otro proyecto en desarrollo tiene como escenario la zona de La Gallareta, localidad del norte santafesino. Y entre los hitos de la labor de Ecosur se cuenta un trabajo con el Inta en defensa del aguilucho langostero, pájaro migrante que pasa una mitad del año en esta zona y la otra mitad en Canadá y Estados Unidos: ”los canadienses los habían monitoreado y siguiéndolos por satélite se dieron cuenta que los bichos habían quedado estáticos, no se movían más. Vinieron a ver y estaban muertos acá, porque los productores estaban usando un producto prohibido para combatir la langosta. Habían muerto 16 mil pájaros. Esto fue hace unos cinco años, se armó un quilombo diplomático y el Inta largó un proyecto de conservación con fondos canadienses y de Estados Unidos. Ecosur participó del monitoreo y del laburo con los productores para decirles que no usen ese producto”, recuerda Eduardo. Otra movida fue en defensa de los murciélagos que se refugian en los techos del edificio de la facultad de Derecho y el museo de Ciencias Naturales. ”Ahí se logró que cuando se hizo la reforma edilicia -antes del incendio del año pasado- se conservara la estructura para que pudieran estar los murciélagos. La gente se quejaba del olor y de que se caían los cielorrasos de la facultad, pero eso pasaba porque no se hacía mantenimiento. Se acumulaba todo el huano, nadie lo limpiaba y con las filtraciones que había en el techo se humedecía, tomaba un peso impresionante y después se caía. Al hacer la estructura nueva se dijo: esto hay que limpiarlo una vez por año, sacar el huano y que no se filtre humedad; y no van a molestar a nadie. Los treinta mil murciélagos que viven ahí comen mosquitos, tienen una función. Y son hembras, 137


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ese lugar es una especie de nursery: vienen las hembras a parir y cuando las crías están en condiciones de volar, en el invierno, se van”. Ecosur también impulsó, el año pasado y con la fundación IC, un foro de desarrollo local. Eduardo cuenta que de los treinta socios de Ecosur, son diez los que están en plena actividad. Es que les pasa lo mismo que a otras ongs: les falta financiamiento. ”El voluntarismo tiene su límite y hay que tener claro que las ongs son instituciones sin fines de lucro, pero la gente, el personal técnico que trabaja, tiene que cobrar, si no eso no funciona”, analiza. ”Mi visión es que mientras no te corten la libertad de decir cosas y hacer cosas y haya reglas claras, está bien conseguir financiamiento. El tema es cuando te compran: te pago este proyecto pero tenés que decir tal cosa. Ese es el límite”, agrega. Ecosur se declara independiente de los partidos políticos: ”Lo que no quiere decir que no tengamos una visión políotica de las cosas”, aclara Eduardo, que considera que el financiamiento por parte del Estado, ”bien articulado, es sano. Muchas veces los organismo técnicos gubernamentales no dan abasto, o no tienen toda la gente que hace falta; y las ongs pueden aportar”. Otro déficit, ligado a la falta de finaciamiento, es la escasa difusión de las actividades: ”no tenemos un experto en difusión y hay muchos trabajos que no se difunden, la sociedad no se entera”. Eduardo manifiesta que ”el espacio de las ongs es importante pero tiene los mismos vicios que otros espacios. Tampoco hay que ponerlas como que son la pureza. Creo que hay muy buena gente, pero también hay buena gente en los partidos políticos, en los sindicatos, en la Universidad y en todos lados. Hay que tratar de juntar a esa gente para cambiar cosas y creo que eso está pasando ahora”, expresa, y reivindica el trabajo conjunto con otras organizaciones, como IC, el Cepar, la Asamblea por los Derechos Sociales y el Taller Ecologista. ”Creo que el panorama es mucho mejor hoy. La década del 90 fue horrorosa para la mayoría de la gente y para las ongs también, porque con la visión que tenía el gobierno en ese momento era muy difícil trabajar. Hoy creo que hay buenas perspectivas de trabajo”, concluye Eduardo, que en el final de la charla con enREDando vuelve a lo de los bloques rellenos con botellas y bolsitas. Cuenta que a través de la Subsecretaría de Economía Solidaria la Municipalidad les cedería un galpón para empezar con la producción. ”Se reduce la contaminación y se genera una salida laboral para la gente”, insiste Eduardo. Y resume otra vez la visión desde la que Ecosur no deja de moverse.

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La ADS, por los derechos de los usuarios y consumidores como parte de la lucha popular “Si decís usuario y consumidor como lo dicen los europeos y los norteamericanos es que vos tenés derechos si tenés plata para ser consumidor, pero si no tenés plata no sos consumidor y por ende no tenés derechos. Pareciera que funcionara así. Nosotros decimos que por nacer y por estar en esta sociedad sos un ciudadano, y así como tenés deberes tenés derechos, más allá de tu patrimonio económico, más allá de si tenés para comprar o no”, dice Aníbal Faccendini para explicar la concepción desde la que se mueve la Asamblea por los Derechos Sociales (ADS). Aníbal abona la explicación con una anécdota: en una asamblea en Viamonte y Guatemala convocada por la ADS unas cien personas discutían la cuestión de la privaización del servicio de agua potable. Hasta que una mujer pidió la palabra y planteó que estaba de acuerdo con lo que se estaba discutiendo y con la necesidad de luchar, pero que ella hacía tres días que no comía. ”Ahí nomás cambió el eje de la reunión. Nos pusimos a hablar de conseguir bolsones de comida, de las huertas comunitarias, de la gente que almorzaba mate cocido”, recuerda Aníbal, que completa la idea parafraseando al filósofo alemán Hegel: ”dales techo y comida y verán a Dios; dales techo y comida y podrán pensar, luchar. Cuando se tiene hambre no se puede pensar”. La resistencia a la privatización del servicio de agua en la provincia de Santa Fe es una de las luchas que marca los comienzos de la ADS. Corría el año 1994 y la ola privatista bañaba al país. Así, la privatización se impuso sobre la resistencia de aquel grupo de vecinos que planteaba como alternativa la municipalización del servicio. Pero Aníbal rescata aquella pelea como fundamental. ”Era una pelea que había que dar pensando en el presente pero también en el futuro”, señala. Los protagonistas de esa lucha contra la privatización se conocían de una movida anterior, en el año 93, surgida a partir de las quejas de vecinos de distintos barrios por el alto costo de las obras de cloacas. Aníbal, abogado, atendía un consultorio jurídico gratuito en Rodríguez y Lamadrid y hasta allí llegaron habitantes del barrio Matheu con la inquietud. ”Empezamos a armar una coordinadora que se llamó Comisión Pro Obra Cloacal Precio Justo, con la participación de gente de distintos barrios. Empezamos toda una movida ciudadana planteando que el estado municipal intervenga para que se bajen los precios y se logró un triunfo, porque el Concejo dictó una resolución que establecía que el municipio iba a financiar el diez por ciento del costo de las obras. Eso, sumado a la revisión de los contratos que firmaban los consorcios barriales hizo que bajaran los precios y la gente pudiera pagar. En barrio Triángulo, por ejemplo, logramos una de las cloacas más baratas de la provincia de Santa Fe. El precio bajó de 750 a 450 pesos”, recuerda Aníbal. ”Nosotros nacimos desde las cloacas”, añade. “A partir de esas dos primeras grandes batallas vimos la necesidad de articular los distintos grupos de los distintos barrios y en marzo del 95 presentamos la ADS 139


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-continúa Aníbal-. Pensamos en la organización no sólo para vencer al tiempo sino también para vencer obstáculos, y le pusimos ADS porque veíamos que la reivindicación de los derechos sociales de la ciudadanía era una síntesis de lo que pretendíamos. Poner a la lucha de los derechos del usuario y del consumidor en el marco de la lucha por los intereses populares, por los derechos del ciudadano frente al estado y a las grandes corporaciones privadas que ofrecen servicios públicos”. Aníbal remarca que aquellos años no fueron los de ”un estado ausente, o un estado que se borró. El estado neoliberal, el estado gendarme de los conservadores no se borraba; era un estado presente que funcionaba a favor de los sectores poderosos y en contra de los intereses populares. Por eso vimos la necesidad de reivindicar lo que eran conquistas hístóricas como las cláusulas de los derechos sociales tanto de la Constitución del 49 como de la del 57, con el artículo 14 bis”. “Lo nuestro tiene que ver con una concepción cristiana o, para el que no cree, humanista. Tiene que ver con lo que en este país se llama jusicia social”, dice Aníbal, que cuenta que muchos de los que se acercaban a la ADS encontraban allí un espacio de participación que aparecía casi vedado en otros ámbitos, como el laboral: ”muchos compañeros que tenían trabajo participaban con nosotros y no militaban sindicalmente en sus puestos de trabajo porque los echaban. La idea era que, por lo menos como vecinos, había que pelear para que no nos siguieran sacando plata. Lo que no les podíamos sacar por un lado se lo teníamos que sacar por otro. A veces lo logramos y a veces no”. Aníbal indica que ”el funcionamiento de la ADS es movimientista. Algunos somos coordinadores, pero eso no quita que cada compañero esté en sus barrios participando ante los distintos problemas. Cada compañero en cada lucha representa a la ADS”. Y menciona algunos mojones en el desarrollo de la organización, como la reglamentación de la figura del caso social para evitar los cortes de agua por falta de pago, la tarifa social en el caso de la energía eléctrica y la defensa de los derechos de los propietarios de viviendas de los barrios Fonavi. En todos los casos, la ADS intervino combinando ”la participación ciudadana, la creatividad popular, con el uso alternativo del derecho”. Es decir: por un lado movilizaciones y carpas de protesta y por otro las presentaciones judiciales y el uso del derecho a peticionar. ”Qué fue el grito de Alcorta sino una revisión fáctica de los contratos de arrendamiento, con los que la oligarquía les sacaba planta y energía en forma abusiva a los trabajadores rurales”, ejemplifica Aníbal. ”Salvando las distancias entre aquella gesta y nuestras peleas de estos días”, aclara. En cuanto al modo de funcionar de la ADS, la instancia de encuentro más regular es la de los ”plenarios ciudadanos” que se llevan a cabo todos los martes, desde las cinco y media de la tarde, en el local de calle Corrientes 335 cedido por ATE. ”Cuando hay problemas urgentes, como ahora el caso de los apagones, también habilitamos la atención en la calle jujuy 1547, que es la sede legal”, indica Aníbal. ”En los plenarios el debate se abre porque todos tienen algo que aportar. A ese debate lo cerramos en una síntesis, tratando que todo se potencie en forma colevctiva, apostando a la solidaridad”, agrega.

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“Tenemos, como en toda ong, un problema de contención. Creo que es un problema de toda la sociedad, y no lo digo por obviar los defectos que seguro que tenemos. La ADS trabaja con los sectores más marginados y con un secor de la clase media venida a menos. Y es difícil; custas pensar cuando se tiene hambre”, reflexiona Aníbal. ”Nosotros planteamos trabajar a partir de la solidaridad, que va y viene; no desde el asistencialismo, que es un seguidismo al hambre y al dolor”, manifiesta después. La ADS reivindica el trabajo con otras organizaciones, que desarrolla en la Asamblea Provincial del Agua o, en distintos barrios, con vecinales y centros comunitarios. ”Es importante en las organizaciones hacer un debate ideológico para que entre todos tengamos más conciencia ciudadana y haya más niveles de contención”, propone en ese sentido. “Desde el punto de vista filosófico, nuestra lucha es contra el dolor y por la vida -concluye Aníbal-. No compramos la vida que nos venden los neoliberales que es la vida vegetativa. Creemos en la vida vital, creativa, con alegría, en la lucha contra el dolor. Porque el neoliberalismo nos hizo creer que el dolor, y el hambre es dolor, era por culpa nuestra. Que si te quedabas sin trabajo era porque no sabías ingles, porque no eras analista de sistemas. El neoliberalimso te exiliaba internamente, te deprimía. Y con el dolor no se puede construir nada”.

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Ceim: académicas en defensa de las mujeres La docencia, la producción de publicaciones, el aliento a la investigación y la recopilación de material bibliográfico son las actividades que desarrolla el Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre la Mujer (Ceim), que depende de la facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. ”Varias veces intentamos encarar cuestiones prácticas, brindar algún servicio, y en eso hemos fracasado; porque evidentemente somos muy académicas y los intereses nuestros están en la investigación fundamentalmente”, dice Hilda Habichayn, secretaria general del Centro. Quien a partir de lo de ”somos muy académicas” quiera suponer que está ante un Centro alejado de la realidad o los intereses de las mujeres se equivoca. Hilda, simple y sinceramente, define el perfil de la institución. En el Ceim no se asiste a mujeres maltratadas. Pero gracias a la labor del Ceim en Rosario se puede acceder a mucha y muy calificada información respecto de por qué y en qué contextos históricos, sociales, políticos y económicos las mujeres padecieron lo que padecieron y padecen lo que padecen. Además, varias integrantes del Ceim también participan de otras instancias desde las que sí se suman a ”cuestiones prácticas”. Y el Centro da el presente en todas las actividades conmemorativas –como las del 8 de marzo, en pleno desarrollo en estos días– en conjunto con organizaciones como Indeso, el Instituto del Género y la Casa de la Mujer. Hilda cuenta que generar en los ámbitos universitarios un espacio para el estudio de la situación de las mujeres no fue sencillo. Al principio, desde las autoridades educativas ese espacio directamente se negaba. Ahora no se lo niega, pero no se lo considera muy importante. A pesar de las resistencias, el Ceim se fue consolidando sobre todo, según indica Hilda, en lo que hace a la docencia y la producción de publicaciones. Ahí están la maestría en Género, que se creó en 1993, y la revista Zona Franca, cuyo décimo tercer número está a punto de salir. ”Lo que ha quedado medio rengo es la dedicación a la investigación, porque la mayoría de los miembros del Centro son docentes y están dedicados a investigaciones más vinculadas a las cátedras que tienen a su cargo”, señala Hilda. En cuanto a la biblioteca, en estos días se está habilitando un nuevo armario para contener los libros porque la capacidad actual está sobrepasada. El Ceim fue creado en 1989. ”Surgió incentivado por la presencia de la profesora Reina Pastor, historiadora, antigua docente de la facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, que reside hace mucho en España, y que cada vez que venía a la Argentina visitaba los lugares en los que había sido docente. En el 89, cuando estuvo, vino con esta idea de que había que crear centros de estudios históricos sobre las mujeres. Eso hizo que desde la dirección de la Escuela de Historia (estaba en ese entonces como directora Marta Bonaudo) se convocara a los docentes de la carrera que estuvieran interesados en problemáticas sobre las mujeres”, recuerda Hilda. Y continúa: ”empezó como centro histórico y con docentes de la Escuela de Historia, pero al poco tiempo se fue agregando gente interesada de otras carreras y resolvimos cambiarle 142


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la denominación: paso a ser Centro de Estudios Interdisiciplinarios sobre la Mujer. De hecho era así. Yo misma no soy historiadora. Doy clases en la carrera de Historia pero soy socióloga. Vimos la conveniencia de que se abriera y la finalidad fue poder realizar investigaciones que fueran radicadas en el mismo Centro, que tuvieran que ver con lo que nosotros llamamos, en forma de programa, Las Mujeres y el Poder en el Litoral Rioplatense desde el siglo XVIII al XX. Evidentemente, la impronta histórica estaba”. Al principio, quienes integraban el Centro se reunían una vez por mes en encuentros concebidos como seminarios en los que se exponían inquietudes y proyectos particulares que se discutían en el conjunto. “Lo que sacó un poco a la gente de la concurrencia a esas reuniones fue la maestría sobre género -explica Hilda-. La maestría se creó en el año 93, impulsada desde el Centro, pero no sobre problemática de las mujeres sino sobre género, que es un enfoque más interrelacional, que toma la problemática tanto de mujeres como de varones también. Y lo que sucedió fue que la primera promoción que comenzó a cursar en el 93 fue casi exclusivamente compuesta por las personas que participaban del Centro. Entonces fue como un éxodo, salvo los viejos que éramos los que dábamos los cursos. De todas maneras, una cosa no invalidó la otra”. Antes de la maestría, el Centro sostuvo un curso denominado Condición Social de las Mujeres: Presente y Pasado: ”Otra vez el sesgo histórico estaba -señala Hilda-, pero poníamos el énfasis en lo actual, por eso lo de Presente primero. Ese curso fue inaugurado por Reina Pastor en otro de sus viajes, y tuvimos mucha afluencia de público para un tema que era tan nuevo y tan resistido. En ese momento a los participantes ni siquiera se lo otorgaba un crédito para un doctorado. No había todávía ninguna maestría en la Facultad. Cuando vimos esa respuesta pensamos en ofrecer cursos más orgánicos, más integrados y por qué no una maestría. La creación de maestrías se demandaba desde el Ministerio de Educación”. Lo de la maestría generó algunos debates: uno, relacionado con el hecho de que había -y hay- que pagar un arancel: ”los que estamos con la enseñanza gratuita lo veíamos muy mal. Pero por otro lado, y éramos contradictorios, pensábamos que si el énfasis, la canalización del presupuesto tenía que ser hacia algo tenía que ser hacia la escuela primaria fundamentalmente. Por que las maestrías eran como para una elite. Finalmente yo sucumbí al segundo argumento y consideramos que de otro manera la maestría no se iba a hacer y era una coyuntura importantísima pensar que en esta facultad surgiera una maestría sobre género”, expresa Hilda. Otro aspecto controvertido de la maestría fue quiénes podían participar: ”originariamente la reglamentación del Ministerio y de la Universidad aceptaban que cursaran personas que no tuvieran título universitario pero tuvieran antecedentes de trabajo en la materia específica. Una persona de la primera promoción fue una integrante de Indeso que no tenía título terciario y pudo hacer la maestría. Después hubo marchas y contramarchas: fue revocado, se volvió a permitir, volvió a revocarse y en este momento está abierto otra vez. Pueden cursar graduados universitarios, egresados de profesorados que tengan cuatro años de duración y excepcionalmente personas que tengan muchos antecedentes en la materia”. Respecto de la producción de publicaciones, la revista Zona Franca tiene como

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antecedentes un boletín informativo y dos Cuadernos del Ceim. En la biblioteca del Centro se pueden consultar también quince tesis surgidas de la maestría. “Todo esto es hecho a pulmón, salvo algunas mínimas ayudas económicas. La cooperadora de la facultad nos da unos pesos. El área de la Mujer de la Municipalidad a veces nos ha dado alguna ayuda y un par de veces tuvimos ayuda de un organismo internacional, una institución holandesa. Siempre estamos disconformes. Queremos hacer más. Si tuviéramos un poquito más de cobertura, de ayuda, habría para mucho más, pero la gente trabaja por voluntariado”, explica Hilda, que a pedido de enREDando brinda su visión respecto de la situación actual de los movimientos de mujeres: ”Creo que hay una situación de crisis o reestructuración de algunas cosas, lo cual en cierta manera siempre es saludable pero puede ser muy desorientador. Me parece que el movimiento de mujeres es una cosa y el movimiento feminista es otra. El movimiento de mujeres, como el nombre lo dice, involucra a cualquier mujer, de cualquier ideología, extracción social; es lo más abarcativo posible y tiene sus riesgos. Al no tener un eje nítido establecido puede ser manipulado y llevado hacia cualquier lado. El movimiento feminista es otra cosa: tiene un eje bien claro, hay una posición feminista, un postulado. Lo que pasa es que dentro del feminismo, porque es un movimiento, hay corrientes, a veces contradictorias y enfrentadas, lo que hace que se esterilice el movimiento. Ahora, en nuestro país, lo veo un poco más activado, pero hace unos años lo veía como muy desmembrado, muy apagado. Creo que ha habido una reactivación. Yo, personalmente, no comparto algunas cosas. No es que me haya ido del movimiento feminista, pero estoy en una postura de que el cambio que queremos que haya en la sociedad es un cambio que tiene que ser hecho por mujeres y varones. Yo digo esto y me trae consecuencias bastante desagradables porque hay gente que está en una tesitura de que el movimiento feminista está compuesto por mujeres. Yo creo que hay un movimiento de varones que ven que la problemática es una problemática social, no de las mujeres solamente. Incluso hay gente en España que ha comenzado a autodenominarse varones pro feministas, para no tener desconfianzas de parte de las mujeres que creen que son varones que vienen a copar el movimiento. Creo que no hay un expresión unívoca del movimiento feminista. De todas maneras, yo creo que de las contradicciones sale la luz”. Publicado el 5 de marzo de 2004

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Asociación Lola Mora: respuestas a la doble discriminación contra las mujeres pobres Cuando Nora Rachid y Nora Llaite empezaron, en 1989, su labor comunitaria en el barrio San Martín Sur, se encontraron con la discriminación contra la pobreza y con la discriminación contra las mujeres. Resolvieron, entonces, apuntar a los dos frentes. Y así se fue conformando lo que hoy es la asociación Lola Mora, sostenida por mujeres, que despliega sus actividades en una de las zonas de la ciudad, la de Las Flores, que está en los primeros puestos del triste y falaz ranking de “zonas inseguras”. “Íbamos a hacer un trámite y estaba todo bien hasta que decíamos dónde vivíamos. Ahí cambiaba el trato, cambiaba todo”, cuenta Nora Rachid, 46 años, diez hijos paridos y otros 4 que ”trajo la vida”, quien junto con la otra Nora arrancó censando a las 450 familias que a fines de la década del 80 vivían en el barrio, ubicado en el extremo sur de la ciudad. ”Lo otro que nos pasaba es que en el barrio los hombres nos decían que no estaban dispuestos a que les dijéramos qué había que hacer y nos decían también que nosotras conseguíamos cosas porque éramos mujeres, y todas esas pavadas”, agrega Norma, que de todos modos reniega de planteos que en nombre del feminismo excluyan la posibilidad de compartir tareas con los hombres: ”Para mi no se puede trabajar sólo con la cuestión del género. El varón tiene que tener participación”, señala. Por estos días, las familias que habitan San Martín Sur son unas 700, y por lo tanto el desafío de Lola Mora se multiplica. Hasta aquí, la asociación sostiene una copa de leche para 300 niños y abuelos; un costurero; talleres de prevención de violencia familiar, adicciones, salud; talleres de concientización en derechos humanos, organización grupal y alimentación; espacios de recreación y cultura para que”la salud mental sea de todos y no de unos pocos”; clases de capoeira y jornadas de fútbol para niños y adolescentes y asesoramiento para jubilaciones, pensiones y otros trámites. ”Lola Mora: un lugar para algo más que comer”, dicen los volantes que difunden la labor de la organización, en los que se cita a Platón: ”lo posible ya está hecho, entonces hagamos lo imposible”. Platón se llama la calle donde está la sede de la asociación, y terminar la construcción de salones en esa sede es, junto con la obtención de la personería jurídica, uno de los principales objetivos para este año. A la vez, otro frente a abordar en este 2003 es el hacinamiento; ”sacar a los hijos de la cama de los padres”, dice Nora. Capacitarse debidamente en cada una de las cuestiones que abordan es una de las ideas fuerza en Lola Mora. Pero a todos los aspectos teóricos que puedan ir aprendiendo las mujeres de San Martín Sur los tamizan con su propia experiencia, surgida de la acción cotidiana. Así, Nora y sus compañeras se ganaron el respeto de otras organizaciones que habitualmente las convocan para coordinar talleres y capacitaciones, a los que llevan esa mezcla de conocimientos teóricos y sabiduría práctica Nora cuenta una anécdota: una

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vez la invitaron a una facultad a un homenaje al pedagogo brasileño Paulo Freire: ”Yo no tenía la menor idea de quién era Freire y me perguntaba qué tendrá que ver conmigo este tipo. Pero fui igual y me di cuenta que él había escrito en sus libros un montón de cosas que yo pensaba y decía”. Aunque reivindican y practican el trabajo en red, en Lola Mora se cuidan mucho de caer en las redes de la política partidaria. ”Nosotras empezamos a hacer todo un puente, a investigar. Fuimos a la municipalidad a ver para qué servía, qué era lo que tenía, en qué nos podía ayudar. Hicimos un primer operativo de documentación (el 80 por ciento de los habitantes del barrio no tenía documentos) y para eso tuvimos que ir a la provincia, al Registro Civil. Ahí aprendimos una cosa: no importa que por derecho la municipalidad o la provincia nos tengan que dar respuestas. Para conseguir las cosas importa más qué partido gobierna. Nos dimos cuenta que si nosotros gestionábamos lo del registro civil por la municipalidad y en la municipalidad estaban los socialistas y el director del registro civil era justicialista, la cosa iba a ser para largo. Empezamos a ver ese tipo de cosas”, cuenta Nora. ”Vimos también - sigue- cómo los políticos y los gobiernos, con esto del asistencialismo, te ayudaban por un lado y por el otro te bajaban la autoestima. Y empezamos a tratar de hacer todo con nuestros propios recursos, con lo que pudiéramos tener sin depender”. Entre los recursos a los que apelaron desde Lola Mora se cuentan los medios de comunicación. Las notas en los diarios, programas de televisión y radios permitieron que la actividad de las mujeres de San Martín Sur se difunda y por eso llegaron las convocatorias desde otros lugares a trasladar experiencias. En Lola Mora tienen dos videos realizados por Lucrecia Mastrángelo que muestran la labor de la asociación, que están a disposición de quién los quiera ver. A partir de los resultados de aquel primer censo, con el que se gestionó la creación de la vecinal del barrio, las mujeres llegaron a la conclusión de que lo primero era reforzar la alimentación. Después impulsaron lo de la documentación y también la vacunación de los pibes. ”Me acuerdo de un hombre que vivía con sus tres hijos adolescentes y ninguno se había puesto nunca una vacuna”, hurga en su memoria Nora. Luego empezaron las demandas de las mujeres por revertir situaciones de violencia. Y apareció también el problema de los adolescentes en la calle. Y de las madres muy, muy jóvenes. Y ahora lo del hacinamiento. Y así, todo. ”Yo empecé a hacer cosas para revertir mi entorno. Lo que tenía bien claro es que no quería que mis hijos se criaran en el entorno en que vivían. Pero nunca me puse una meta muy grande, un proyecto muy ambicioso. Tengo la idea de que hay que vivir el día a día y si cada día vas viendo otras cosas y podés hacer algo por eso que vas viendo, metele... Porque si uno se pone grandes metas se hace pelota cuando no las puede cumplir. Lo ideal es hacer pequeñas cosas que vayan cambiando lo más cercano, para que así vengan las grandes cosas, los grandes cambios”, reflexiona Nora. Y dice el volante de difusión de Lola Mora: ”todos tenemos derecho a vivir con educación, justicia y salud. Debemos saber que hay derechos que por ley nos protegen. Depende de nosotros hacerlos cumplir. Por esto es muy importante conocerlos y difundirlos”. Publicado el 16 de marzo de 2004 146


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Agrupaci贸n Lola Mora

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Programa Andrés: asistencia a los adictos de la mano de la prevención Entre las organizaciones que se dedican al tratamiento de adictos a las drogas el Programa Andrés es una de las más conocidas, porque es de las primeras que surgieron en el país y porque su fundador, Carlos Novelli, supo cultivar un alto perfil mediático. Es que por la granja de la institución en Buenos Aires, abierta en 1973, pasaron famosos como Charly García. A Rosario, el Programa Andrés llegó en 1993, año en el que Novelli falleció. Pero un par de años después los rosarinos que estaban al frente de la organización se abrieron de la estructura nacional, obtuvieron su propia personería jurídica y comenzaron un trabajo terapéutico con nuevas características. Hoy el Programa Andrés en Rosario asiste a 25 pibes menores de 30 años, atendidos por un grupo de profesionales -la mayoría psicólogos- que disponen distintos tipos de tratamiento de acuerdo con cada caso. La mayoritaria participación de profesionales en la atención a los consumidores y adictos es uno de los matices particulares del Programa Andrés que se fue dando de a poco. ”Durante mucho tiempo las instituciones de este tipo funcionaron con ex pacientes, personas que habína hecho un tratamiento, no consumían desde hacía mucho tiempo y se ponían al frente. Y los profesionales eran muy resistidos, pero con el tiempo fueron ingresando. Siempre hubo como una pelea entre los profesionales universitarios y otro tipo de profesionales”, cuenta Rubén De Lisa, psicólogo y presidente de la asociación civil rosarina, que señala después que ese enfrentamiento se fue saldando: ”hay muchas cosas que saben los que consumieron que los profesionales no las vamos a saber nunca, como sentir de otra forma por haber vivenciado lo que vivenciaron o la llegada que tienen a los pacientes. Y los profesionales tenemos otros aportes más teóricos, más técnicos, que tienen que ver con saber cómo encarar una terapia”, explica. Y agrega que durante varios años se ”bajaba la línea” de que los pacientes, una vez que su tratamiento terminaba, tenían que ”devolver” lo que les habían brindado trabajando en las comunidades. ”Nosotros nos encargamos de que esa línea no bajara más. Pensamos que hay mucha gente a la que le cuesta desprenderse, y si se queda laburando acá no sabe si su tratamiento terminó o no. Nosotros, para que ingreso de nuevo a laburar acá, le pedimos al menos que un par de años se dedique a otra cosa y se sostenga afuera. Ahí nos damos cuenta si el tratamiento sirvió”, expresa Rubén. En el Programa Andrés definen su modo de trabajo, en términos generales, como ”comunidad terapéutica”. Y señalan que por estos días los tratamientos son ”menos colimba”, es decir menos rigurosos en algunos aspectos, que al principio. ”Cuando la gente de Buenos Aires se empieza a retirar algunas cosas empiezan a cambiar. Sí se siguen trabajando los cambios de hábitos, pero nosotros apuntamos más a la historia de cada sujeto, de la persona, porque la droga siempre anestesia angustias. Los padres siempre creen que el motivo del consumo de sus hijos es las malas juntas, pero sabemos que el consumo es policausal. Está la cuestión social, el fácil acceso a la droga en la cancha, los boliches, los clubes, la plaza; pero también hay una cuestión individual y 148


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familiar, que es una de las más importantes. Por eso tratamos que las familias participen en los tratamientos”, indica Rubén. En el marco de la comunidad terapéutica, en el Programa Andrés se trabaja con pacientes internados pero también con el sistema de hospital de día de media jornada o jornada completa y con tratamientos ambulatorios. Y se hace hincapié en la reinserción social de los pacientes, algo difícil en tiempos de alta desocupación, dificultades educativas y pérdida de la cultura del trabajo. Por eso, prestan especial atención al funcionamiento de diversos talleres, como los de musicoterapia y el arte marcial chikung, y al sostenimiento de actividades como panificación. Pero además, consideran muy importante el trabajo de prevención y, en ese marco, la labor en reducción de daños.

Publicado el 19 de marzo de 2004

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Madres de Plaza de Mayo

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Madres de plaza 25 de Mayo, del dolor al abrazo cada vez más cálido del pueblo Las Madres no están conformes. No niegan ni dejan de celebrar que ahora ”el pueblo está más esclarecido” y que ya no son vistas como las ”locas peligrosas”, o que hubo avances concretos en lo que hace al reclamo de juicio y castigo a los represores. Pero no están conformes porque siguen sin saber el destino de sus hijos y porque la lucha que ellos habían emprendido por una sociedad más justa no terminó. ”Defendemos las utopías de nuestros hijos, que querían un mundo mejor, sin marginaciones, sin miseria, con empleo, con asistencia médica, con viviendas dignas y con educación para todos”, dice Darwina Galicchio. ”Yo a la muerte de mi hijo la hubiera aceptado si hubiera sido una muerte normal. No es que hubiera estado contenta, pero a mi lo que me queda es que yo no he visto a mi hijo muerto. Eso es lo que a una le queda. No podemos cerrar el ciclo”, dice Elsa de Massa. Elsa y Darwina, junto con Matilde de Toniolli y Noemí de Vicenzo, cuentan lo que cuentan sentadas en un banco de la plaza 25 de Mayo, la misma a la que concurren desde 1981, cuando las Madres rosarinas comenzaron a caminar juntas. ”Dijimos: esta es nuestra plaza”, recuerda Darwina. Y ahí se siguen encontrando, casi siempre los jueves a la tarde. A la plaza, las Madres de Rosario llegaron después de conocerse en un local de la cortada Ricardone que, en plena dictadura, era el punto de reunión de quienes buscaban a sus familiares desaparecidos. Por allí andaba Fidel Toniolli, esposo de Matilde. Otro local que Darwina, Elsa, Matilde y Noemí recuerdan es el de calle Corrientes casi Córdoba. Y allí aparece el nombre de Delia Rodríguez Araya. Nombrando a Fidel y a Delia las Madres homenajean a todos aquellos que, pese a estar sumergidos en el horror, fogoneaban la necesidad de juntarse para el reclamo. En principio, las Madres rosarinas caminaron con Hebe de Bonafini. Después, ”por razones de distancia y también por algunas diferencias”, comenzaron a funcionar con más independencia de lo que se daba en Buenos Aires. Eran tiempos difíciles, distintos. Darwina se acuerda que ella, antes de unirse a las Madres, iba a Buenos Aires al Ministerio del Interior a preguntar por su hija y, aunque no le daban respuestas claras, la atendían bien. Pero a la vez le advertían: ”el día que usted se una a las locas no pisa más acá”. Y así fue. Pero no sólo desde el Ministerio del Interior había desdén hacia esas mujeres que adoptaron como símbolo un pañuelo blanco. Lo de que eran unas locas y lo de que lo que les había pasado a sus hijos era porque ”algo habrán hecho” era repetido por buena parte de la sociedad argentina. ”A mi una vez me dijeron en la carnicería que se habían llevado a mis otros hijos, pero era mentira. A Roberto me lo habían llevado, pero a nadie más”, se acuerda Noemí. Las Madres, igual, seguían con sus rondas, sus investigaciones y recopilaciones

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de testimonios y sus presentaciones de hábeas corpus. Y se daban fuerzas entre ellas. En medio de la charla con enREDando Darwina le pasa factura a Noemí porque alguna vez, en aquellos años de plomo, no quiso ir a la plaza. Noemí lo admite. Recuerda que tenía miedo. Y Elsa dice que ella también tenía miedo. Que cuando con su marido intentaban averiguar algo a través de alguien que tuviera contacto con los militares les recomendaban que no hicieran públicos sus reclamos. ”Esas cosas nos atemorizaban. Pero un día le dije a mi marido: si vos no querés intervenir, muy bien, pero yo voy a empezar a hacer. Porque me sentía en deuda con mi hijo, por eso me uní a las Madres”, completa su relato. ”Lo que pasa es que éramos peligrosas”, acota Darwina. ”Los peligrosos eran ellos”, cierra Elsa. Con el tiempo -y con la lucha- las cosas fueron cambiando. Los mismos vecinos que antes miraban para otro lado ahora saludan a las Madres ”peligrosas y con hijos más peligrosos todavía”. Darwina siente que en el barrio pasó a ser ”una señora respetable”. Pero las Madres no se duermen en las eternos laureles que supieron conseguir. No se relajan. Expresan su bronca porque si bien algunos represores fueron alcanzados por la Justicia, hay muchos que todavía no. Y despotrican contra ”las cárceles de privilegio” y las prisiones domiciliarias. ”¿Así que si yo cometo un delito me quedo en mi casa?”, plantean. Es que las Madres tienen más o menos la misma edad que los jefes militares que participaron de la planificación y ordenaron ejecutar el genocidio. ”Así como se están muriendo ellos, después nos tocará a nosotros. Es natural”, reflexiona Elsa. Mientras, Darwina y Matilde charlan sobre Massera. ”Dicen que está en estado de coma, pero capaz que ya se murió y lo cremaron”, señala Darwina. Matilde desconfía: ”¿Será cierto que está en estado de coma?”. Las Madres discurren al respecto sentadas en un banco de la plaza y distendidas, como cualquier grupo de señoras mayores que se junta a chusmear. No es el mismo clima que en las primeras rondas, bajo el gobierno de la dictadura. Hablan con la libertad que supieron conquistar. Y aclaran que no las mueve un sentimiento de venganza. ”Jamás nos convertiríamos en asesinas, no nos mueve la venganza, sí la Justicia”, indica Darwina. ”Y que se sepa qué pasó”, se suma Noemí. ”Nuestra lucha va a terminar cuando nosotras ya no estemos, pero los jóvenes tomarán nuestras banderas”, vuelve Darwina. ”Queremos juicio y castigo. No olvidamos ni perdonamos”, resumen. Para que se sepa que pasó, para que los jóvenes tomen sus banderas, las Madres brindan sus testimonios ante quien se los requiera. ”Hay que dar más clases en las escuelas. Lo que pasa es que en algunas escuelas hay directoras que no quieren”, dicen. ”A donde nos llamen, vamos”, añaden. Y convocan a todo aquel que quiera hablar con ellas a dirigirse los jueves a la tarde a la plaza. Ahí en la plaza se quedan conversando cuando termina la entrevista. Darwina cuenta de su satisfacción por la muy buena relación que sostiene con su nieta, a la que empezó a buscar ”en 1977, al cuarto de hora que desapareció” y pudo encontrar en 1989. ”Fue muy tremendo. Me costó mucho hasta que me quisiera”, cuenta. Matilde se emociona casi imperceptiblemente cuando habla de Fidel, su compañero fallecido hace 152


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poco. Y sonríe abiertamente cuando se le pregunta por Eduardo, su nieto, referente local de HIJOS. Eduardo se llama también el hijo desaparecido de Matilde. Ricardo, el de Elsa. Roberto, el de Noemí. Stella Maris, la de Darwina. Y siguen las firmas.

Publicado el 26 de marzo de 2004

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Alerta Niño, construyendo herramientas para la búsqueda de chicos desaparecidos Marisa Gentiletti es tía de Bruno Gentiletti, el niño que desapareció en la playa La Florida en el año 1997. Y a partir de su dura experiencia particular -Bruno aún no fue encontrado a pesar de la incansable búsqueda- se metió de lleno a impulsar un marco legal que brinde herramientas adecuadas a los familiares de chicos que se pierden. Así surgió Alerta Niño, una comisión de Humanidad Nueva, la expresión social del Movimiento de los Focolares de la Iglesia Católica. Y aunque todavía no hay un marco legal a nivel nacional, el esfuerzo de Alerta Niño no es en vano: en Rosario ya existe una ordenanza que establece la creación del Registro Municipal de Niños Desaparecidos. ”Después de que desapareció Bruno lo primero fue buscar, buscar, seguir las pistas durante un montón de meses con la ayuda de mucha gente, incluso gente que no conocíamos. Y lo más fuerte fue las negativas de lo estatal, las limitaciones que se producían en la búsqueda y la investigación por parte de la Justicia, la falta de comunicación con la frontera. Cuando mi hermana hizo la denuncia era domingo al mediodía y el juez, el martes siguiente, le dijo que él recién se enteraba. Mi hermano fue a Ezeiza veinte días después y no sabían nada, y en la Policía Federal le habían dicho que lo habían comunicado. Hay toda una ineficacia en el sistema que realmente te enloquece”, desgrana Marisa su historia familar. ”No cuesta nada que esté todo previsto; y en cambio, si no está, genera tanto dolor”, resume para explicar la labor a la que está abocada junto con Sergio Martín, Margarita Stoffel y Luis Racca, el resto de los integrantes de Alerta Niño. Marisa cuenta que en principio desde Humanidad Nueva -”ellos impulsaron todo esto para contener un dolor muy grande, yo no estaba en condiciones de impulsar nada”, agradece- apuntaron directamente a la búsqueda de un marco legal nacional. Se enteraron que había un proyecto de ley presentado al congreso nacional para crear herramientas para los casos de desaparición de niños y decidieron apoyarlo. Comenzó entonces todo un trabajo de contactos con legisladores y seguimiento de la suerte de la norma en las Cámaras, se juntaron 85 mil firmas, entre ellas las de obispos, jueces de menores, intendentes; pero la ley sigue sin sancionarse. ”Diputados la aprobó, pero llega a la comisión de Legislación General del Senado, que es la última por la que pasa, y se cae. La gente de las oficinas de Legislación General nos da motivos realmente secundarios como la redacción, el uso de algunos términos”, cuenta Marisa. Aunque sin perder nunca de vista el plano nacional, los miembros de Alerta Niño volcaron entonces sus esfuerzos al nivel local y elaboraron un proyecto. El 12 de setiembre del 2002 el Concejo Municipal de Rosario aprobó la ordenanza que crea el Registro Municipal de Niños Desaparecidos. ”Ahora estamos trabajando fuerte para que la ordenanza se implemente, porque faltan algunas cosas”, indica Marisa,

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que aclara que más que a un marco legal, la norma local apunta a que se brinde un servicio a la comunidad. La ordenanza establece un rol protagónico de la Dirección Municipal de Defensa Civil y prevé la elaboración de un instructivo para la búsqueda de menores, la afectación de un servicio telefónico gratuito -el número es 103- de recepción de denuncias, la publicidad a través de los medios de comunicación de esas denuncias remitiendo fotos y datos, asistir a los familiares con un vehículo y una persona capacitada para apoyarlos tanto en la búsqueda como en el seguimiento de las causas judiciales correspondientes, la difusión a través de Internet y de convenios con empresas, la celebración de convenios con otros municipios e instituciones para la búsqueda y la prevención y la coordinación de tareas con el Ministerio de Gobierno de la provincia para lograr, ante una denuncia de desaparición, un inmediato control en los accesos a la ciudad. ”En la ordenanza están previstas un montón de cosas que nosotros habíamos tenido que hacer durante meses, hablando personalmente con uno y con otro, con la ayuda de mucha gente, como una gestión a fuerza de pulmón; y llega un punto en que no te dan más los brazos”, señala Marisa. ”Hemos tenido situaciones en las que han venido papás a casa para consultarnos qué hacer: nosotros podemos estar o no estar, no podemos ser los que asesoremos o ayudemos, tiene que haber una puerta abierta. Yo tengo la experiencia de haberme encontrado puertas cerradas; con la buena voluntad de las personas pero con la falta de experiencia y preparación que hacían que no sirviera para nada. Nadie sabía qué hacer, porque no se habían puesto a pensar antes qué hacer”. Y agrega: ”la desaparición de un niño tiene que ser algo para lo que haya respuestas previstas, así como las hay para un incendio o para un derrumbe”. Marisa remarca también que el Registro Municipal va a servir para acumular datos y comparar casos buscando situaciones comunes. ”La justicia te dice no hay datos, no hay información, no hay casos. Lo que pasa es que las familias hacen las denuncias, pero cuando el chico aparece, que se da en la mayoría de los casos, retiran la denuncia y no queda ningún registro. Con esto tendríamos un lugar donde no queda la denuncia pero si un registro del hecho”, explica. Más allá de la falta de estadísticas, desde Alerta Niño señalan que, sólo en Rosario, la Policía recibe cuatro o cinco denuncias semanales de desaparición de chicos. La mayoría de las veces, los pibes se fugan. Pero expertos de la Policía Federal, que todos los años organiza jornadas sobre delitos contra menores y cuenta con una repartición que se ocupa del tema, indican que detrás de la desaparición de niños hay que buscar delitos como los de la prostitución y la pornografía infantil y el tráfico de adopciones. Incluso a nivel mundial hay un reconocimiento del tema, y se admite que hay tránsito de niños secuestrados a apropiados ilegalmente desde América del Sur a Europa. Ante este cuadro, en Alerta Niño valoran trabajar en conjunto con otras organizaciones como la Red Solidaria, Missing Children o Pibes, agrupación de la ciudad de Tucumán. Marisa comenta que el principal objetivo fijado por la comisión para este año es lograr la instrumentación de la ordenanza rosarina. Y después, los esfuerzos apuntarán a difundir esta ordenanza a otros municipios del país, con la idea de ir consolidando una red que pueda dar respuestas más abarcativas. De todos modos, en el horizonte está siempre el marco legal nacional que permita que a la solidaridad que enseguida surge de la comunidad se sume el compromiso del Estado. ”Por más buena voluntad que 155


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ponga la gente que te ayuda, si tenés una pista y tenés que entrar a una casa necesitás la orden de un juez”, ejemplifica Marisa, que indica que otro de los grandes anhelos de Alerta Niño es concientizar sobre la necesidad de la prevención. ”La primera prevención es ponerle palabras a este miedo que uno tiene con los chicos. Lo mejor es hablar de esto, sin generar pánico ni obsesión, pero tomarlo como una realidad que existe y decirle a los chicos que ellos mismos se pueden cuidar, estando siempre con compañeros o cumpliendo ciertas pautas de comportamiento cuando están solos. Además hay que hablar de esto que está en la cabeza de la mayoría de los chicos que es la fantasía de poder escaparse. Otra cosa que previene es conocer los amigos y las personas cercanas a nuestros hijos; tener datos, teléfono, dirección”, enumera Marisa. ”Ante la desaparición -sigue- lo que hay que saber es que la denuncia se debe hacer inmediatamente. Siempre hay un juzgado de turno dónde dirigirse. Y lo primero es unirse con la familia y los amigos y organizarse, acudir a los medios de comunicación, a las centrales de taxis, a los medios de transporte, apuntar a la solidaridad”. Alerta Niño es una comisión abierta, y sus integrantes convocan a quién quiera sumarse a contactarse con ellos. La principal tarea, apunta Marisa, es la difusión. Y en eso podemos ayudar todos.

Publicado el 28 de marzo de 2004

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Ex combatientes, ”zurdos” y ”fachos” a la vez “Lo que pasa es que en este país si hablás de los pobres sos zurdo y si hablás de la bandera sos facho”, dice Rubén Rada, presidente del centro de ex combatientes de Malvinas de Rosario que, justamente, tiene como principales prácticas la defensa de lo nacional, como continuidad de la lucha sostenida en las islas en el 82 por un lado; y por el otro la labor social, de ayuda a los sectores más empobrecidos de un pueblo al que, según indican, le van devolviendo así el cariño recibido durante y después de la guerra. ”Zurdos” y ”fachos” a la vez, entonces, los ex combatientes se definen como ”hijos del pueblo”. No les gusta que se los identifique como pro militares. ”Nosotros a Malvinas no fuimos por un militar, fuimos por un sentimiento. Por lo que nos enseñaron nuestros padres, nuestros maestros, nuestros próceres. Las Malvinas eran nuestras, son nuestras”, remarca Rubén. Y bien vale para entenderlo su historia personal con Malvinas, a donde llegó como soldado a pesar de que ya le habían dado la baja en la colimba. Rubén cuenta que que el 30 de marzo del 82 fue a Buenos Aires a participar de un acto convocado por el movimiento obrero contra la dictadura. Su padre era dirigente gremial y por ser peronista había sufrido persecución de los militares desde el 55, ”cuando lo subieron a un barco para sacarlo del país y para que se olvide de la marchita”. La protesta sindical terminó con incidentes y represión policial y Rubén recién volvió a su casa en Rosario el 1 de abril a la noche. Se acostó a dormir y al otro día su vieja lo despertó temprano con la noticia: ”tomaron Malvinas”. Un rato después, desde la ventana de su casa en la Lata, Rubén vio que llegaba un camión militar. Su madre se dio cuenta que lo venían a buscar para llevarlo a la guerra y trató de impedirlo, diciéndole a los militares que se vayan. Pero su padre, que en ese momento llegaba a la casa, lo encaró y le dijo: ”vos vas”. “Mi viejo tenía bronca con los militares. Se había peleado con los milicos en la calle como quinientas veces. Pero había otra cosa: la patria llamó. Cuando llama la patria se deja todo. Si yo me escondía debajo de la cama iba él: iba a decir yo soy Rada, mi hijo es un cagón, voy yo. Porque es el sentimiento argentino, que no es pro militar ni pro guerrero. La razón en este país nunca más va a ser la fuerza. Pero es el sentimiento de todo argentino bien parido, de lo que nos enseñaron; más allá de todas las traiciones, de lo que sufrimos. Yo hice lo que hace siempre el pueblo, loco. Cuando lo llaman va y pone el pecho. El pueblo siempre va. Sale con el colchón cuando se inunda, lo cagan a tiros, le cambian las reglas de juego, lo joden con los créditos. Yo soy uno más. A mi me tocó Malvinas, a otros les tocó otra cosa. Mi chaquetilla es de San Martín, no es de Videla. Malvinas es un eslabón más de la lucha de casi doscientos años de un pueblo que quiere ser independiente y progresar”, se explaya Rubén. En Rosario, los ex combatientes empezaron a reunirse en la casa de José Arijón, hoy tesorero del centro. Después anduvieron por garages, locales prestados, clubes. Las reuniones empezaron en el mismo año 82. Rubén recuerda a esa etapa como muy dura: ”cuando regresamos de Malvinas los militares nos entregaron el DNI y nos dieron 157


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media vuelta, march! A sus casas. Es como que se abrieron de gambas de toda la historia que había ocurrido. Y tuvimos que cargar la mochila nosotros. Primero tuvimos que hacer nuestro propio velorio. Muchos estaban mal, había varios internados en el hospital militar de Campo de Mayo. Pero nos empezamos a reunir para unirnos”, relata. ”También estaba la política desmalvinizadora -sigue Rubén-. Nosotros creemos que los primeros delmalvinizadores de este país fueron los militares, y hubo gobiernos democráticos que continuaron que respetaron a rajatabla esa política. Por ahí teníamos algunas contestaciones que para nosotros eran agresiones. Una vez el intendente Horacio Usandizaga nos dijo que si a nosotros nos habían llevado los militares les vayamos a reclamar a los militares”. En el 87, los ex combatientes rosarinos obtuvieron personería jurídica para su centro y en el 89 formaron junto con sus pares de todo el país la Federación Nacional de Veteranos de Guerra. La Federación agrupa a 65 centros, ya que en varias provincias hay más de una organización. Organizados a nivel nacional, los ex combatientes avanzaron en lo que hace a la obtención de pensiones, vivienda y cobertura de salud. ”Había muchos problemas de salud, había muchas secuelas. No lo vamos a negar, nadie es guapo. Nuestras familias fueron las que vivieron los gritos de noche, las corridas, el lloriqueo, el nerviosismo. Llorabas y no sabías por qué. Trescientos y pico de compañeros se suicidaron. O se ahorcaron, o se tiraron de un edificio, o se pegaron un tiro en la cabeza. Proporcionalmente, la cantidad índice de suicidios fue mayor que la de los combatientes norteamericanos de Vietnam”, indica Rubén. Por estos días, los ex combatientes rosarinos están conformes con la atención que reciben de la Municipalidad y expresan su reconocimiento al gobernador Jorge Obeid. ”En su primer gobierno él hizo una ley que después copiaron en catorce provincias. Esa ley dice varias cosas: que la fecha es el 2 de abril, que no alcanza la pensión nacional y acá hay una pensión provincial, que los ex combatientes no pueden estar deambulando en la calle y durmiendo en una tapera y entregó 470 casas de Fonavis”, destaca Rubén, que añade que ahora Obeid les anunció que va crear una comsión provincial de Veteranos de Guerra y que va a impulsar ”Malvinas en las escuelas”. Esto de que en las escuelas se hable más y mejor de Malvinas es un reclamo muy sentido por los ex combatientes, que van a reclamar que se haga lo mismo a nivel nacional para ”que se sepa la historia, porque después la historia la termina haciendo la oligarquía y no es la verdadera historia”. Al gobierno encabezado por Néstor Kirchner los ex combatientes le reconocen que ”es el primero que no se baja los pantalones cuando va a negociar por Malvinas”. Pero le vienen reclamando la restitución de la cobertura de salud a través del Pami, que les fue retirada hace 17 meses. Y de eso todavía no tuvieron una respuesta. Por eso Rubén dice: ”Kirchner dijo que venía con una cultura malvinera, pero esa cultura malvinera a nosotros todavía no nos llegó”. Otro de los reclamos al gobierno nacional es el aumento de las pensiones. ”La madre de un soldado muerto en Malvinas cobra 137 pesos por mes. Eso no puede ser”, plantea Rubén. En cuanto a su labor social, los ex combatientes destacan sus intervenciones en catástrofes como las inudaciones de Santa Fe. Pero además asisten a escuelas, comedores y organizaciones comunitarias. Y remarcan que están a disposición de quien 158


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los llame. Para ordenar y organizar su tarea social, en la provincia de Santa Fe firmaron un convenio con el gobierno. La idea es que el voluntariado sirva y actúe coordinadamente con los organismos oficiales. Esto no quiere decir que los ex combatientes acepten cualquier cosa o callen sobre cuestiones con las que no acuerdan. Respecto de la inundación en Santa Fe, por ejemplo, Rubén todavía está asombrado por ”el descontrol” que hubo en la asistencia. Y no le gustó nada encontrarse con ”gente que necesitaba cosas cuando los galpones estaban llenos”. Rubén habla con enREDando en vísperas de un nuevo 2 de abril. Está por viajar a Reconquista para participar de un acto. Surge, por supuesto, el recuerdo de los compañeros que quedaron en Malvinas. Él formó parte del regimiento 4 de Monte Caseros, Corrientes, que fue uno de los que más bajas sufrió. ”A Malvinas fueron oficiales, sub oficiales, soldados y civiles -indica-. Fueron 140 civiles, que hacían caminos con las topadoras, que hacían correo, como un compañero nuestro de Rosario que ya tiene como setenta y pico de años y estuvo en la estafeta postal Malvinas. El tenía casco y no fusil, pero las bombas no decían voy para este o voy para este otro. La bomba va. Y mirá cómo es que va, que murieron 19 de esos civiles. Los sacaron de las empresas públicas, como Elma. Cuando nosotros volvimos de Malvinas dijimos: la madre de un veterano muerto para nosotros es un soldado y tiene que tener todos los mismos beneficios. Entonces vos acá encontrás a las madres de los caídos. Y en algunos casos las esposas. Después, los oficiales y suboficiales siguen con la venia. Saludo uno y saludo dos. Lo que nosotros tomamos es al personal militar que volvió de Malvinas y les dijo: acá está mi baja, este no es el Ejército de San Martín. Este es un ejército entreguista. Chau flaco, me voy a la vida civil. A ese sí lo tomamos. Porque es una vergüneza que no se los ampare. En España, en Francia, el estado sí los ampara. No pueden ir a vender tortas fritas cuando se la jugaron. Y son más críticos con las fuerzas armadas que nosotros mismos. Por que salieron de ahí y sienten que los traicionaron. Pero ojo: algunos tienen un año menos que nosotros, porque eran de la escuela militar y son clase 63. Y los otros son 61, o 60 como máximo. Para nosotros, ningún general le llega al talón al más pobre de los soldados que salieron del pueblo”. Rubén cuenta orgulloso que este domingo, en Rosario, van a participar de una acto por el comienzo de la construcción de un monumento en homenaje a los veteranos. Pero pide que ”basta de monumentos: los monumentos que hay que construir son fábricas, escuelas, hospitales; porque para nosotros Malvinas también es salud, educación, dignidad de los trabajadores”.

Publicado el 2 de abril de 2004

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Acela, al servicio de una vida normal para los celíacos “Esto para nosotros es la Biblia”, dice Silvia Losada, de Acela, Asistencia al Celíaco de la Argentina, en Rosario. Liliana es celíaca y ”la Biblia” de la que habla es un librito que anualmente distribuye Acela a nivel nacional con la lista de productos que pueden consumir los celíacos sin temor alguno a la manifestación de los síntomas de la enfermedad, que no son pavada: diarreas, vómitos, falta de crecimiento, anemias, distensión abdominal, caída del cabello, problemas de piel, quebraduras espontáneas de huesos, abortos espontáneos, esterilidad, problemas neurológicos. Los celíacos padecen estos síntomas por su intolerancia total y permanente al gluten de trigo, cebada, centeno y avena. Por eso ”la Biblia” es la lista de productos sin el gluten, que es como el diablo. Porque no es que no al pan, las pastas, la cerveza y nada más. Liliana explica que el gluten está en todos lados: se utiliza mucho como un económico aumentador de volumen, conservante o estabilizante de un amplio abanico de productos. Silvia tira el ejemplo del dentífrico. Los celíacos tienen que estar atentos hasta cuando se lavan los dientes. Y Acela esta ahí para darles una mano. Aunque describen con detalles que la cosa no es sencilla, Silvia y Liliana Sopranzetti, que también participa de la charla con enREDando, remarcan que los pacientes celíacos pueden llevar una vida ”absolutamente normal”. Y comer, aunque sin gluten, rico y variado. Además de ”la Biblia” de productos industrializados, Acela ofrece a los celíacos cursos de cocina para la elaboración casera de alimentos sin gluten. Y brinda además asistencia psicológica y, por supuesto, asesoramiento médico. Acela comenzó sus actividades en Rosario hace más de dos décadas. Silvia, Liliana y Elvira Álvarez, actual titular de la organización, saben ”por referencia de gente que estuvo antes” que en su arranque en Rosario Acela fue un espacio conformado por médicos y direccionado a los niños. Después los padres de los niños comenzaron a participar de la organización desde su afán de ayudar a los médicos que se ocupaban del tema. Finalmente se sumaron pacientes adultos y Acela funcionó -siempre con la presencia de médicos- como un grupo de autoayuda. En Rosario, obtuvieron la personería jurídica hace un año y medio. Y se atiende a todo el que se acerque a las reuniones que se realizan los terceros sábados de cada mes a partir de las 9 de la mañana en la sede de la Sociedad de Pediatría, en Catamarca 1935. Allí también se puede acudir los miércoles entre las 9 y media y el mediodía. En Acela indican que los celíacos suelen enfrentar problemas psicólogicos y dificultades para desenvelvorse socialmente en un medio en el que el gluten está presente en muchos productos de consumo cotidiano. Adaptarse a la estricta dieta suele ser muy difícil sobre todo para los adultos, acostumbrados a toda una vida de 160


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alimentación ”normal”. También les cuesta bastante a los adolescentes y jóvenes. Y los que mejor sobrellevan el acostumbrarse a la dieta son los niños porque por su condición de tales no llegaron a incorporar tanto la alimentación habitual. Hay que tener en cuenta que, así como el dentrífico, hay muchos otros productos en los que también hay gluten aunque en principio pueda suponerse que no. El pegamento que se utiliza en los saquitos de té contiene gluten. En los bares y restaurantes cuesta mucho poder salir de la carne o el pollo con ensalada y hay que tener cuidado, por ejemplo, con las papas fritas. No porque la papa o el aceite contengan gluten sino porque en la misma fritera tal vez se hicieron antes milanesas y el gluten del pan rallado quedo allí y contamina. Además de en la asistencia a los celíacos, en Acela trabajan en la prevención y la difusión a través de charlas en distintos ámbitos en la que los médicos brindan información y los pacientes su testimonio. En esas instancias se remarca la necesidad de sostener la dieta y lo complicado que eso puede resultar pero se destaca también que los celíacos pueden desarrollar una vida totalmente normal y sin tener que consumir medicamentos. En Acela Rosario valoran la colaboración voluntaria de pacientes, familiares y médicos y convocan a quien quiera sumarse porque las necesidades son muchas. El trabajo de la organización se sostiene con el aporte de los socios que no alcanza para todas las actividades que se desarrollan. En cuanto a cómo se diagnostica la celiaquía, Silvia, Liliana y Elvira señalan que hay otros análisis orientativos pero que el único modo de confirmar la intolerancia al gluten es a través de una biopsia de intestino delgado. No hay muchas estadísticas que brinden precisiones respecto de la cantidad de celíacos. Silva recuerda un reciente estudio hecho en La Plata a través de análisis prenupciales que arrojó como resultado que 1 de cada 160 personas es celíaca. La cuestión es que hay muchos celíacos que no saben que lo son. Silvia y Liliana, por ejemplo, se enteraron de grandes. Y cuentan que les costó bastante asimilarlo y modificar sus dietas. A partir de su propia experiencia, ellas y los demás integrantes de Acela esperan a todo el que quiera informarse o necesite ayuda para sobrellevar la enfermedad.

Publicado el 16 de abril de 2004

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Tigre comunitario: un supermercado que no quiere ser empresa Carlos Ghioldi define al funcionamiento del supermercado Tigre comunitario como una ”actividad económica de resistencia”. Integrante de la conducción de la Asociación de Empleados de Comercio de Rosario y principal impulsor del proceso de lucha que vienen sosteniendo 35 trabajadores ex empleados de la quebrada cadena que perteneciera al empresario Regunaschi, Carlos cuenta que está a punto de publicar un libro en el que se relata el desarrollo de un conflicto gremial que tuvo amplia repercusión en la ciudad. La pelea de los trabajadores del Tigre da para el libro: tuvo como hitos las movilizaciones cuando el derrumbe de la cadena se presentía, la ocupación del local de calle Tucumán al 1300, la resistencia a las amenazas de desalojo, el arranque de actividades del centro cultural La Toma, la apertura del supermercado comunitario, la instalación del comedor universitario. Todo, protagonizado no por una masa de obreros rugientes sino por unas decenas de ex empleados de un supermercado conducido personalmente por un empresario amigo de ostentaciones de poder, actos de demagogia y mano dura con el personal. Ahora, desde el Tigre van por una ley de expropiación que, según indica Carlos, significaría ”un avance más para consolidar esto como un emprendimiento y la eliminación de un peligro muy claro de precariedad, porque esto está en una situación de legitimidad social pero no legalizada”. Pero no implicaría ”la transformación en una empresa. A nosotros no nos gusta el concepto de empresa recuperada”. “Las reformas que se incorporaron en la ley de expropiación de la provincia de Santa Fe son un paso bastante importante hacia una ley de expropiación específica para el Tigre y también para otros casos. Estamos más cerca que antes. Por eso la lucha por la ley de expropiación es una lucha que está planteada, que los compañeros siguen planteando: han presentado petitorios, han levantado firmas y están incluso gestionando la posibilidad de que el Poder Ejecutivo provincial los reciba, si quiere recibirlos”, explica Carlos. Y cuando enREDando pregunta si, conseguida le expropiación y la legalidad, la del Tigre dejaría entonces de ser una ”actividad económica de resistencia”, dice enseguida que no: ”Acá hay 35 trabajadores que medianamente están llevando un sustento. Están llevando dinero de manera mucho más digna que cobrando un subsidio, están trabajando. Han encontrado una oportunidad incluso de relacionarse con organizaciones, cooperativas, emprendimientos. Entonces esto tiene una veta, un contenido solidario que no es el que tiene cualquier empresa. Nosotros no somos partidarios de hablar de empresas recuperadas porque una empresa supone toda una serie de finalidades que en este caso no están presentes. No es cuestión de confundir la eficiencia con la que tenés que hacer una actividad económica o una actividad común y corriente con criterios empresarios. Un patio de comidas tiene una serie de criterios que no tiene un comedor universitario. El haber dado de comer a los estudiantes, el plantear un comedor popular, te hace trabajar de una manera que no es la misma que si utilizás criterios empresarios. No son empresas recuperadas. Son trabajadores que están desarrollando actividades económicas de resistencia ante una agresión que 162


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soportaron de parte de un plan económico, de la realidad, de los gobiernos y que implementaron estas políticas y de las patronales. Frente a ese ataque una resistencia fue hasta poner a funcionar la empresa. Recuperar la empresa me parece que es un concepto equivocado”. Carlos señala como expresiones concretas de lo que dice la decisión de tener en las góndolas del supermercado comunitario determinados productos, provenientes de experiencias solidarias similares a la que en el Tigre desarrollan, aunque esos productos sean más caros o incluso de menor calidad que otros que hay en el mercado. ”Hay criterios de eficiencia para que esa actividad económica sea lo mejor posible, para que puedan vivir los compañeros, llevarse una moneda más, ganar más dinero con su actividad. Pero también hay criterios que no son empresariales, que sin atender tanto la eficiencia promueven la solidaridad”, dice. ¿Otro ejemplo? ”Contratar Jefas y Jefes de Hogar como empleados y ese tipo de cosas, que pueden llegar a ser lícitas desde el punto de vista empresario pero nos parecen éticamente inaceptables desde el punto de vista de trabajadores. Explotar a otros trabajadores para que mejore el emprendimiento nos parece que no es lícito éticamente”, marca Carlos. “Esto es muy duro de batallarlo y hacerlo. Lo que es difícil, desde nuestro punto de vista, es lograr un ordenamiento de los propios trabajadores que estaban acostumbrados a que un patrón los verdugueara y los hiciera funcionar a latigazos. Hoy, lograr una autodisciplina y una autoorganización es mucho más difícil. Incluso nosotros como conducción sindical tratamos de que ellos desarrollen al máximo posible su capacidad de gestión. Porque podríamos intervenirlos pero nos parece que correríamos el riesgo de que nos vieran como un nuevo patrón a nosotros”, continúa Carlos, que sabe que el tema da para largo: ”Hay una discusión que atraviesa al movimiento de cooperativas. ¿Las cooperativas en algún momento no abandonan su fin social? ¿No son a veces meras empresas que en vez de adoptar la forma de sociedad de responsabilidad limitada adoptan la forma de cooperativa?”, insiste. Y es en esta lógica que plantea que ”aunque salga la ley de expropiación la cuestión es que llegar a esa instancia no signifique archivar tus objetivos solidarios, tus banderas éticas, tu participación en las luchas y tu actividad económica, en última instancia también de resistencia aunque tengas la tenencia del lugar”. Por lo pronto, en el Tigre celebran por estos días la reciente decisión de la Universidad Nacional de Rosario de becar a 200 estudiantes para que coman todos los días en el comedor de la planta alta del edificio de calle Tucumán, que desde que arrancó como comedor universitario tuvo la particularidad de que entre los comensales fueron más los trabajadores de oficinas de la zona que los jóvenes con carpetas bajo el brazo. Carlos expresa su reconocimiento a la Universidad ”por hacerse eco de un reclamo que venían levantando todas las agrupaciones estudiantiles”. Y se explaya sobre la política de difusión y búsqueda de respaldos de distintos sectores sociales que se dieron desde la cooperativa del Tigre a lo largo de estos años: ”yo soy ateo y para ser feliz en la vida recomiendo el ateísmo. Pero si viene el arzobispo a apoyarnos, bienvenido sea y agradecidos”. Publicado el 23 de abril de 2004 163


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RE.DE.S., desarrollo social dentro de los bulevares También de los bulevares para adentro la desocupación hizo estragos y allí, -sobre todo entre Oroño, Córdoba y el río- es donde se mueve RE.DE.S. (Realidad y Desarrollo Social), que en pleno pico de la crisis surgió como un espacio para los desempleados que viven en la zona del centro rosarino. ”Veíamos que íbamos perdiendo la inserción laboral y los nexos que te da estar en actividad”, dice Roxana Cantore, una de las catorce personas que a mediados de 2001 decidieron juntarse y formar una asociación civil para defenderse de la desocupación y la pobreza. Como de reinsertarse se trataba, Redes apostó de entrada a cuatro líneas de acción para asistir a quiénes intentaban volver a tener empleo: capacitación en informática, capacitación en ”marketing que tenía que ver con cómo la persona tenía que ofrecerse para conseguir trabajo”, conocimiento de las nuevas leyes laborales con el asesoramiento de una abogada y grupo de terapia con la participación de dos psicólogos. ”Tender una mano”, define Roxana al objetivo inicial de la organización, que hoy se mantiene aunque la crisis haya aflojado un poco y algunos de sus integrantes hayan vuelto a tener un empleo. “Hace años que yo quería hacer algo con el tema del desempleo, apuntando a que la persona tenga un lugar donde estar, donde canalizar su bronca”, cuenta Roxana, que recuerda que RE.DE.S. funcionó en un par de casas prestadas antes de llegar a su actual sede en la calle Balcarce al 100, cedida por la Cámara de Librerías. De arranque, la organización tuvo acceso a planes laborales. Los primeros lugares conseguidos fueron pocos y hubo que hacer un sorteo para determinar quiénes accedían a los subsidios del Jefes y Jefas de Hogar, todavía no universalizado. A la vez, llegaron algunas donaciones: escritorios y otros muebles primero y después computadoras que llegaron después de Buenos Aires y fueron acondicionadas por la desinteresada colaboración del dueño de un cíber de Presidente Roca y Urquiza. Con la mínima infraestructura obtenida, RE.DE.S. fue sumando actividades como clases de guitarra y de yoga y un taller de plástica para niños, surgido a partir de la necesidad de las madres de tener un lugar donde dejar sus hijos. Todo, en una zona en la que en principio podría suponerse que no hay necesidades. ”Mucha gente que vino acá vivía en departamentos de grandes edificios, pero entrabas al departamento y veías que se alumbraban con velas o que tenían un balde al lado del inodoro porque no podían arreglarlo para que funcione. Es la realidad de una clase media que en un momento tuvo un trabajo, adquirió cosas y después no sabía cómo mantenerlas”, explica Roxana, que charla con enREDando acompañada por Viviana, Andrea, Norma, todas integrantes de la asociación. RE.DE.S. tiene 35 socios que aportan dos pesos por mes. Y además colaboran otras 25 personas que sostienen distintas actividades, siempre a partir de la consigna inicial que definió el nombre de la organización: teniendo en cuenta la realidad, desarrollar tareas sociales. 164


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La realidad marca que la organización necesita respaldo económico para sostenerse. De allí la convocatoria a los vecinos a asociarse y también a aportar sus capacidades para transmitir conocimientos a otros. Es que hasta ahora RE.DE.S tuvo escaso apoyo oficial. Roxana recuerda que alguna vez los visitó el por entonces intendente Hermes Binner, que tuvieron un par de aportes de Promoción Comunitaria de la provincia y que el ex diputado provincial Rafael Samardich también colaboró. Pero las necesidades son muchas, sobre todo porque la organización tiene varios proyectos, como por ejemplo dar una vuelta de tuerca a la capacitación en informática, hasta aquí muy básica. Hace poco, personal del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación visitó la sede de la asociación. Y allí están puestas las principales expectativas de apoyo económico. Haya o no respaldo oficial, en RE.DE.S. ni piensan en bajar los brazos. Y expresan su predisposición a coordinar acciones con otras organizaciones. ”No hicimos muchos lazos, nos faltó esa pata”, dice Roxana, que remarca que no se trata de falta de voluntad sino de que en el fragor de las actividades cotidianas cuesta encontrar tiempo para para consolidar vínculos. ”Hacemos lo que podemos, y de corazón”, señala Roxana, convencida de que ”lo primero es la solidaridad entre nosotros”.

Publicado el 30 de abril de 2004

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Sivida: el sida no es la muerte “Hay gente que dice: yo sobrevivo. Y nosotros les decimos no, vos no sobrevivís, vos no portás nada; vivís con el virus como podés vivir con hepatitis C, o con diabetes. La idea es tratar de que la gente que ya está infectada pueda posicionarse en el lugar de que puede estar bien, hacer un tratamiento, una vida normal y seguir adelante como cualquiera”, dicen Isolda Montenegro y Alcira González, presidenta y tesorera de la fundación Sivida. Isolda es médica y Alcira abogada y forman parte del grupo de quince personas -médicas, estudiantes de medicina, psicólogas, operadoras comunitarias y una bioquímica- que sostienen la labor de esta organización creada en 1991. Isolda y Alcira aclaran que no participaron de los comienzos de la fundación y por lo tanto no tuvieron nada que ver con la elección de nombre. Pero lo de Sivida les gusta porque resume una postura a la que adhieren con fervor: ”desligar el sida de la muerte”. “Acá hablamos de personas viviendo con VIH, no hablamos más de portador o de persona con sida, o de sidótico o de sidoso como se decía en otra época, porque los términos para nosotros tienen mucha importancia”, explica Alcira, que se sumó a Sivida en el 2000 pero empezó a trabajar en torno al tema varios años antes. Entre las actuales integrantes de la fundación no queda nadie de los comienzos, que fueron en el 91 y por iniciativa de tres personas que decidieron crear una organización a partir del fallecimiento de varios amigos. ”En esa época había menos casos pero el panorama era totalmente diferente porque no había cronificación de la enfermedad, no había diagnósticos en la etapa asintomática y las perspectivas eran bastante negras”, indica Alcira, que remarca que, con el paso de los años, ”científicamente se ha avanzado mucho, se está en otra situación. Hoy la gente no muere. Puede morir, claro, pero depende de otras cuestiones: que la persona no se trate, que no quiera tratarse; por otros problemas”. “Desde los primeros años, 83, 84, hay una evolución -continúa Alcira-Pensá que los propios médicos se negaban muchas veces a asistir a las personas diagnosticadas. En eso hemos avanzado, la asistencia sanitaria es bastante buena y estamos viviendo una muy buena situación en Rosario respecto de otros lugares del país. Inclusive, desde hace dos o tres años a esta parte hay equipos de salud formados para asistir al paciente, después de muchos años en los que los que atendían eran exclusivamente los médicos. Hoy se han podido dar cuenta que hay otras necesidades más allá de la cuestión clínica, que por supuesto es importante porque si el tratamiento es bueno, eficaz, la persona puede andar físicamente bien. Pero también hay otras cosas: puede andar bien físicamente pero si no tiene para comer, si no tiene trabajo... Hay otros problemas que son graves también en la vida de la gente”. Es a partir de esta lectura que en Sivida apuestan a brindar una ”asistencia integral”, que no neceseriamente tiene que comenzar a partir de las pruebas de detección del virus, que la organización realiza ininterrumpidemante, de lunes a viernes, desde 1993. Pero además de en la asistencia médica, psicológica y social a personas infectadas, desde Sivida concurren a distintos lugares a dar charlas y talleres que apuntan a la prevención. 166


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Respecto de los avances médicos y en la asistencia, Alcira distingue el ámbito de la salud pública del de la privada: ”en la salud privada de esto todavía no se quiere hablar mucho y hay casos de afiliados a obras sociales o a prepagas a los que les tienen que cubrir el cien por ciento del tratamiento pero se encuentran con resistencias”, señala. Y también marca el contraste entre los avances científicos, médicos, y las creencias de la gente sobre el VIH: ”al nivel de la creencia social, de lo que la gente cree, no se si se ha mejorado demasiado. El mito sigue. Quizás haya una pequeña apertura a entender que en la cotidianidad se puede convivir con alguien. Pero se empieza a entender mientras no le pase a uno. En los talleres que damos en distintos lugares se nota cuando se contesta que no a la pregunta de si seguirías estando con la persona que estás si te dice que tiene HIV. Ese es uno de los temas más complicados de hoy. El tema de la sexualidad sigue siendo uno de los grandes temas. Podemos compartir todo, pero en el nivel sexual ¿cómo nos seguimos manejando? No hay muchas estrategias para trabajar en estas cuestiones. No es una cuestión sencilla. Y se va dando que muchos no infectados deciden no usar más preservativo con su pareja, aunque esté infectada”. Alcira cuenta después que a Sivida acude ”sobre todo gente entre 18 y 35 años, de toda clase de poblaciones pero fundamentalmente de clase media, estudiantes universitarios. Y en los últimos años empezó a venir mucha gente trabajadora sexual, que antes no se veía tanto. Y, por supuesto, gente de la minoría de gays, lesbianas, travestis, transexuales y bisexuales, que siempre hubo”. A todos, se los asiste ”con muy pocos recursos, a partir de la voluntad, que no es voluntarismo. La idea nuestra nunca fue que esto fuera una empresa. De alguna manera nos organizamos y hacemos lo que tenemos que hacer. No queremos comerciar. Podríamos cobrar sueldos y vivir de esto, pero ninguna de nosotras cobra, el trabajo es puramente voluntario”. En cuanto a la relación de Sivida con otras organizaciones, Alcira rescata el vínculo con la asociación Vox y da cuenta de malas experiencias con otras. ”Cada organización tiene sus caracterísiticas particulares. Te encontrás con mensajes distintos. La idea nuestra es ir viendo lo que cada uno tiene más potenciado para poder ir ayudándonos entre nosotros y optimizando los servicios para la gente, pero eso no se logró salvo con Vox, que para nosotros tiene un trabajo interesante y sostenido. Con el resto de las organizaciones no hemos logrado nada ni creemos que podamos lograr mucho porque no estamos en buenas relaciones”. Respecto de la relación con los gobiernos, desde Sivida expresan: ”cuando llaman a presentación de proyectos nos presentamos y grandes problemas no tenemos porque hacemos el trabajo, lo financian y punto. Cumplir se cumple, pero no hay una gran relación”. Lo que más valoran Isolda y Alcira del trabajo ”para afuera” es las charlas y los talleres en escuelas y facultades tanto de Rosario como de otros lugares de la provincia de Santa Fe y también de Córdoba. ”Eso es a demanda, estamos a disposición”, dicen, y cuentan que lo más reciente es una convocatoria de un grupo de scouts. Publicado el 7 de mayo de 2004

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Voluntariado de Horas de Lectura, al servicio de los que no pueden leer por sí mismos Lectora apasionada, en 1998 María Luisa Sordi de Matich tuvo que pasar varios días sin poder leer. No porque no pudiera ver, sino porque por una operación de cervicales no podía sostener los libros con sus manos. ”Una tarde mi marido y mi hija me sentaron y me dijeron: realmente estás insoportable, no sabemos qué hacer por complacerte. Cuando se fueron yo me pregunté por qué estaba así y me di cuenta que era por no poder leer, porque yo leía unos ocho libros por mes. Nunca había mirado mucho un bastón blanco ni puedo decir que tenía una sensibilidad muy grande por la gente que no lee. Entonces dije: voy a hacer algo por la gente que no puede leer”, cuenta María Luisa. Así fue que nació el Voluntariado de Horas de Lectura de Rosario, que hoy cuenta con doscientos voluntarios que dedican parte de su tiempo a leer para los que no pueden hacerlo y además está al frente de la biblioteca Parlante que funciona en la sede de la biblioteca popular Solidaridad Social. Todavía convaleciente de su operación, María Luisa leyó un artículo periodístico que contaba que la Asociación Argentina de Lectura tenía en Buenos Aires un grupo de mujeres que había formado un Banco de Horas de Lectura. Conocer esa experiencia terminó de animarla para comenzar a trabajar en Rosario, entusiasmó a una amiga y se largaron. Lo primero que definieron, ya en 1999, fue generar una organización ”absolutmante plural, que permitiera que todo el mundo supiera que podía acercarse y pedir un voluntario”. Con ese espíritu, María Luisa fue a un par de radios de la ciudad a difundir su iniciativa convocando a voluntarios y el teléfono de su casa comenzó a sonar con insistencia. Cualquiera que se pregunte quiénes no pueden leer piensa primero en los ciegos. Y a un estudiante de Filosofía ciego fue a uno de los primeros a los que ofrecieron sus servicios María Luisa y su amiga. Ese estudiante fue quien les contó de Pedro Arpajou, un ciego que presidía la biblioteca popular Solidaridad Social y había instalado una cabina acústica. Después Pedro falleció, y hoy la biblioteca parlante que funciona a partir de aquella cabina lleva su nombre. Así es que los voluntarios dividen su tarea en leer personalmente y a domicilio a quien lo necesite lo que necesite y también poner su voz y su pasión para la grabación de libros que se suman a la biblioteca parlante. Los servicios del Voluntariado no sólo se prestan a ciegos. También hay niños, adultos y personas mayores que por otras razones, fundamentalmente problemas de motricidad, no pueden leer y a ellos también se les da una mano. Siempre desde la convicción de que ”acercando a la lectura a estas personas, facilitándoles la posibilidad de restablecer este vínculo, los estamos ayudando a asumir su condición, les aliviamos su carga, revertimos su tristeza o aislamiento, creando nuevas oportunidades de entusiasmo, de ideas, de relaciones, y de una introspección creativa, que sólo consigue quien practica o tiene el hábito de leer”. 168


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Lo de los vínculos que se establecen o restablecen a partir de la lectura es algo que María Luisa destaca. A partir de la lectura nacen relaciones sólidas entre lectores y oyentes, como por ejemplo la amistad que surgió entre un ex periodista afectado por una maculopatía y un profesor del Colegio Español. ”Se trata de rescatar la palabra”, marca María Luisa. ”El hombre es un ser hablante. Entonces, ¿por qué lee? Lee para conocerse, para saber quién es. El hombre confirma quién es y sabe qué es y qué quiere a través de lo que lee”, completa. Consultada sobre el perfil de los voluntarios, María Luisa remarca la heterogeneidad. Los hay de distintas edades y profesiones u oficios. Lo que es común a todos es el amor por la lectura y la práctica de la solidaridad. Así que el que quiera sumarse, ya sabe.

Publicado el 14 de mayo de 2004

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Ecoclubes, de Firmat al mundo La historia empezó en el sur santafesino en 1992 con un grupo de pibes alumnos de una escuela primaria de Firmat que salieron a promover entre sus vecinos la disposición municipal de separar los residuos en orgánicos e inorgánicos. De allí salió el primero de los Ecoclubes, que hoy son centenares en toda la Argentina y también en una veintena de otros países. De aquel puñado de purretes se llegó a unos 3.500 integrantes argentinos y a 10.000 contando los de otros lugares del mundo. Y de aquel primer objetivo de generar conciencia sobre la importancia de separar los residuos en cada casa se pasó a intenciones más amplias que Gabriela Pereyra, actual presidente la organización, define con claridad: ”mejorar la calidad de vida en todos los sentidos y formar jóvenes líderes y dirigentes que articulen acciones con otros organismos para mejorar la calidad de vida”. La juventud es un rasgo fundante de Ecoclubes: los miembros de la organización arrancan en general mientras están en la escuela primaria y los que pueden ocupar cargos en sus órganos directivos y participar de las decisiones no pueden superar los 25 años. Para los que superan esa barrera queda la posibilidad de participar como facilitadores de la continuidad de las actividades de los grupos que ya están formados y de la conformación de nuevos agrupamientos. A la vez, para ser facilitador no necesariamente hay que tener más de 25. Sebastián, que acompaña a Gabriela en la charla con enREDando, tiene menos. Pero por su experiencia ya es guía y promotor entre los más nuevos. Gabriela y Sebastián cuentan que lo de los pibes de Firmat surgió ”como respuesta a la falta de sensibilización de la gente, porque si bien el plan de separación de residuos estaba, se daba que al venir impuesto desde el municipio los vecinos no tenían mucha predisposición, porque no entendía o porque no daban los tiempos para explicar bien por qué la necesidad de separar la basura. Los chicos se encargaban de sensiblizar a la comunidad, ir casa por casa, explicar de qué se trataba este plan; todo un trabajo muy de base”. Desde Firmat, la iniciativa de la separación de residuos y la consecuente acción concientizadora a cargo de los pibes se fue expandiendo a otras localidades santafesinas, bonaerenses y entrerrianas. En esa etapa surgió el nombre de Ecoclubes y también la necesidad de encontrar una forma de organización. Así llegó -en 1998 y en Rosario- una primera asamblea nacional, la decisión de llamarse Organización Nacional de Ecoclubes y un diagrama de organización que contempla los grupos de cada localidad, una junta distrital, una junta nacional y otra internacional. En cada junta hay un presidente, un vicepresidente, un secretario de organización, uno de difusión y uno de actas. Quienes ocupan estos cargos son elegidos en asambleas con la participación de delegados de cada Ecoclub. Lo de la participación es otra de las claves para entender el desarrollo de la organización. Gabriela explica que desde las juntas nacional e internacional se ofrecen a los grupos líneas de trabajo generales y diversas pero que deben cumplir con una 170


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condición: ”que tengan que ver con la participación comunitaria, que promuevan la participación juvenil, el intercambio de experiencias, que el chico se pueda sentir parte de algo, se pueda sentir útil. De ahí en más los propios chicos de cada lugar generan actividades que son importantísimas”. Una de las campañas más extendidas en los Ecoclubes argentinos es la del tres por uno: cada persona que ceda a la organización tres kilos de papel de diario recibe a cambio uno de compost. De este modo se contribuye a la calidad ambiental reciclando el papel y los Ecoclubes, a través de la venta de lo que recolectan, generan fondos para el financiamiento de su funcionamiento. Otra de las fuentes de financiamiento es el aporte de fundaciones nacionales e internacionales y de autoridades gubernamentales con las que Ecoclubes colaboran. Por estos días, por ejemplo, desde el Ministerio de Salud de la Nación se convocó a la organización a sumarse a una campaña relacionada con la hepatitis. Las campañas de prevención de distintas enfermedades son tarea habitual de los Ecoclubes, desde donde se insiste en que, aunque el nombre remita sólo a ecología y medio ambiente, las actividades son más amplias. ”Fuimos creciendo a nivel cuantitativo y también cualitativo -indica Gabriela- Las actividades se fueron adaptando a la realidad del país: cuando se dio la debacle del 2001 no es que nosotros fuimos ajenos y seguimos trabajando con arbolitos y plantines sino que también hicimos muchísimas actividades solidarias y tratamos de involucrarnos en la mayor cantidad de ambientes posibles, para ser una herramienta generadora de soluciones y de participación de la comunidad”. A partir de esta concepción, ni Gabriela ni Sebastián se asustan cuando se les plantea hablar de la política. “Creo que hacemos política todos los días porque hacemos cosas y ahí estamos haciendo política: Ecoclubes ha logrado modificar grandes estructuras políticas y para eso nos estamos preparando, porque creo que la mayor cantidad de los jóvenes que integran la organización quiere el día de mañana ocupar un cargo público. Y creo que tenemos mucha más formación que muchos políticos que hoy ocupan cargos. Creemos que nosotros podemos aportar a la política, a las acciones. Nos acercamos a las autoridades con propuestas tratando de cortar esto de criticar y no hacer nada. Sabemos que hay cosas que están mal y sabemos cómo queremos cambiarlas. Sabemos que hay muchas cosas que no funcionan en este país y sabemos que el cambio lo tenemos que dar nosotros. Porque los jóvenes no somos el futuro con ese discurso que nos dice esperen sentados y esperen a que llegue el mañana y sean adultos. Hoy es nuestro tiempo”.

Publicado el 4 de junio de 2005

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Cooperativa Barrio Nuevo, en la lucha contra viejas necesidades El objetivo fundamental de los vecinos que en 1999 conformaron la cooperativa Barrio Nuevo era juntar esfuerzos para arreglar las viviendas a las que habían sido trasladados. Habían llegado desde distintas zonas de la ciudad al nuevo barrio, en la zona de Amenábar al 7700, y las casas que recibieron no estaban terminadas y en muchos casos les resultaban muy chicas. Pero el agravamiento de la crisis económica los llevó a cambiar la intención orginal: ”Tuvimos que dedicarnos a atender las necesidades básicas”, explica Andrea Ferreyra, referente de la cooperativa. Mal se podía pensar en arreglar las casas si no había ni para comer. Hoy, la treintena de integrantes de la organización son beneficiarios del Jefas y Jefes de Hogar y trabajan en una copa de leche, un costurero comunitario, una panificación y una huerta. Algunos pudieron arreglar un poco sus casitas, pero la mayoría sigue peleando apenas por satisfacer sus necesidades básicas. Y a eso -aunque sin perder de vista el objetivo original- apunta el esfuerzo compartido de estos días. Por decisión de sus habitantes, el barrio donde está la cooperativa se llama Esperanza Oeste. Pero es más conocido como barrio Cametsa, nombre tomado de la empresa que está instalada en la zona. Son 158 viviendas que forman parte de un grupo mayor que construyó a fines de los 90 el gobierno provincial al sur de avenida Pellegrini y al oeste de la Circunvalación. ”Acá vinimos gente de Molino Blanco y de Parque Oeste y gente que estaba en la casona del padre Santidrían”, cuenta Andrea. Gente toda acosada por la falta de trabajo. “La primeras gestiones que hicimos fue cuando estaba el plan Trabajar”, recuerda Andrea. Después llegó el más amplio Jefas y Jefes de Hogar y la cooperativa fue consolidando los emprendimientos que hoy sostiene. En este sentido, los integrantes de la Barrio Nuevo apuestan a ir mejorando la situación laboral y económica mediante gestiones ante autoridades nacionales, provinciales y municipales y la participación activa en distintas instancias, como el Presupuesto Participativo y el Consejo Consultivo. Además, la cooperativa forma parte de la Red de ONGs Comunitarias, que impulsa junto con otras varias organizaciones de la zona oeste. “Tenemos más relación con el municipio que con la provincia”, comenta Andrea, que aclara que la cooperativa no se juega en instancias político partidarias o electorales. ”Si yo participo en algo lo hago a título personal, no como organización. Lo que hacemos acá es política social”, explica. La cuestión no es menor: ”Cuando empecé, yo a la contraprestación la hacía en el municipio. Y le ha llegado eso a la provincia y entonces de ahí quedó lo de está con el socialismo, entonces no le damos nada. Es como que te castigan. Lamentablamente lo manejan así, entonces es como que no tenés que casarte con nadie para que esto reflote”, agrega Andrea, que cuenta que, en definitiva, la más regular fuente de ingresos de la cooperativa es el aporte de dos pesos mensuales que hacen los socios, que alcanza para bastante poco.

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Aunque el intento de aunque sea empatar el partido cotidiano contra las carencias sea el principal afán, los vecinos del Esperanza Oeste no olvidan su anhelo original de mejorar el barrio. Eso van a plantear el próximo 8 de julio, cuando el Concejo Municipal sesione en el Distrito Oeste. Es que las calles siguen siendo de tierra y hay zanjas que ellos mismos habían hecho sin supervisión técnica y no cumplen la función de desagotar el agua. Así, cuando llueve, entrar y salir es todo un tema. El principal problema en este aspecto es que, según explica Andrea, ”provincia y municipio se pasan la pelota: a las viviendas las hizo la provincia pero catastralmente para la Municipalidad esta sigue siendo zona rural”. Más allá de las demoras en las respuestas que necesitan, los integrantes de la cooperativa no abandonan la práctica del esfuerzo compartido, solidario. Y no pierden eso que dio nombre al barrio: la Esperanza.

Publicado el 18 de junio de 2004

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Comunidad Cristiana de Ayuda: ”tenemos una responsabilidad social” “Entendemos que tenemos una responsabilidad social como iglesia que es parte del amor al prójimo; porque hablamos mucho del amor al prójimo, pero si no se expresa con hechos concretos queda sólo en palabras”, dice Claudio Lancioni, pastor de la congregación Comunidad Cristiana de Rosario y director de la asociación civil Comunidad Cristiana de Ayuda, que sostiene espacios de tratamiento para personas con problemas de adicciones y de contención y promoción de chicos carenciados. ”Si viene un adicto primero lo tenés que sacar del problema que tiene. No lo podés resolver con consejos solamente. Tenés que ofrecer una respuesta a la medida de las necesidades que tiene. Y con los pibes de la calle igual. Nosotros les enseñamos la palabra de Dios, los afectamos con nuestra experiencia espiritual, pero entendemos que parte de lo que les tenemos que dar tienen que ver con las necesidades básicas del ser humano”, agrega Claudio, redondeando la filosofía de trabajo de la organización que dirige. El trabajo de la Comunidad comenzó por lo de las adicciones. Y fue en el 89 que un grupo de muchachos de la iglesia que venía trabajando el tema vio la necesidad de tener un lugar donde contener a los adictos a los que había que sacar de su entorno. Les prestaron un campo con una vieja casa en la zona rural de Coronel Domínguez, la arreglaron, la fueron ampliando y allí viven entre diez y veinte personas, según las épocas, que transitan los seis primeros meses del tratamiento, que se completa con otros seis meses en una casa en Rosario. Claudio aclara que los tiempos de permanencia en cada lugar se flexibilizan de acuerdo con la situación familiar de cada persona y remarca que es en la segunda etapa donde se avanza con paso más firme en pos de la dura reinserción social. En este sentido, la Comunidad brinda capacitación en informática y conocimientos básicos que ayuden a conseguir empleo. Lo del acento en la cultura del trabajo va desde el arranque: desde que comienzan con el tratamiento los adictos deben trabajar en un vivero y en una fábrica de bolsas de papel. “Nuestros criterios de trabajo fueron surgiendo en relación con nuestra propia experiencia en el trato con los muchachos. Lo que ofrecemos, fundamentalmente, es nuestra propia experiencia espiritual. El elemento transformador para nosotros ha sido nuestro encuentro con Dios. No estamos ofreciendo una religión, sí estamos ofreciendo la experiencia que tuvimos poniéndola al alcance del que se acerca”, explica Claudio respecto del trabajo de la Comunidad con los adictos. ”Les ofrecemos un reordenamiento de su vida, de sus prioridades, de sus vínculos familiares. Que la persona se pueda parar y pueda mirar hacia adelante desde una óptica distinta”, agrega. En cuanto a la labor con los chicos, la organización sostiene un hogar en la localidad de Álvarez, donde un matrimonio cuida nueve pibes que llegan de la calle a través de los juzgados. Y además trabaja desde dos centros comunitarios en zona de villas en las zonas sur y norte de Rosario. Allí son casi quinientos niños los que se alimentan y reciben apoyo educativo a través de talleres y actividades recreativas.

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“El tema minoridad en este país es un tema desgraciado. Con las leyes que tenemos es muy difícil trabajar. Son cosas en las que hay que hilar muy fino y trabajar con mucha prolijidad. Por eso no los podemos recoger de la calle, algo que haríamos encantados”, señala Claudio. Así, los chicos que viven en el hogar de Álvarez llegaron por la vía legal. Los servicios que brinda la Comunidad son gratuitos. Claudio indica que en el caso de los adictos se pide ”alguna colaboración de la familia, pero si no puede nosotros los recibimos igual. En general, por la actual situación económica, no tenemos aportes. Tampoco tenemos aportes del Estado, ningún ente oficial nos está ayudando”. Las actividades, entonces, se financian con los emprendimientos del vivero y las bolsitas y con la venta a través de bonos contribución de ropa que les llega donada de Estados Unidos. ”Durante mucho tiempo la iglesia financió todo esto, con nuestros aportes, con esto del diezmo por lo que nos dan con un caño. Todo se reinvierte en lo que tiene que ver con la ayuda al ser humano. Nosotros somos plenamente concientes que el dinero que ingresa a la iglesia no es nuestro, es de Dios, y tenemos la responsabilidad de administrarlo con prolijidad”, remarca Claudio, que define a la Comunidad Cristiana de Ayuda como ”un brazo” de la congregación religiosa que permite encuadrar legalmente la tarea social. Esa tarea social que, recalca el pastor, ”es una responsabilidad que nos viene de Dios”. Porque para la Comunidad, queda claro, la experiencia de Dios es el principio. Claudio lo dice sin altisonancias ni gestos ampulosos: ”Lo que consideramos, por una experiencia personal, es que la problemática del ser humano que lo empuja al alcoholismo o la droga es un profundo vacío en el alma humana. Entendemos que ese vacío tiene forma de Dios. Mientras el hombre no llene ese vacío con amor, con la vida que Dios tiene para ofrecernos, hay un desequilibrio en el corazón humano que se va tumbando en busca de distintas experiencias hasta encontrar un sentido”.

Publicado el 25 de junio de 2004

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Centro Emanuel: ”está fallando la parte espiritual” Lo del centro de jubilados y pensionados Emmanuel es una patriada de María Virginia Segovia que arrancó con una merienda para pibes marginados en la zona de El Mangrullo, avanzó hacia un espacio de asistencia y emprendimientos laborales en el edificio de la ex estación de Trenes de 27 de Febrero al 500 y ahora se proyecta sobre la colonia psiquiátrica de Oliveros con la idea de dar desde allí continuidad a la labor de capacitación y de inserción laboral de los que están fuera del mundo del trabajo. ”Sentí la necesidad cómo ser humano de poder contribuir con algo”, dice María Virginia, que pertenece al Centro Evangélico Cristiano y está convencida de que ”lo que está fallando” es ”la parte espiritual”. Que Emanuel sea centro de jubilados y pensionados no quiere decir que ese sector social sea el destinatario principal de sus actividades. Fue centro de jubilados porque esa era la figura de asociación civil que -cuenta la fundadora- ”era la más barata y la que más ágilmente iba a salir de Jurídicas de la provincia”. Al comienzo, Emanuel organizó viajes de turismo para jubilados. Pero el principal afán ”no era la recreación del jubilado sino crear fuentes de trabajo, alcanzar a la gente con necesidad y poder ir avanzando en la problemática social de la ciudad”. María Virginia recuerda que todo empezó en el 97 con un acercamiento a chicos muy pobres de la zona sur: ”Fue una iniciativa totalmente personal, con una señora que me ayudaba, una mujer que me conocía”, cuenta. Después llegaron las reuniones para formar una organización, la personería y las instalaciones del primer piso de la ex estación Central Córdoba, a las que accedieron en julio del 2000. Allí, tras cuatro meses de limpieza y acondicionamiento del lugar y con tres máquinas industriales que compró el centro, comenzó a funcionar una fábrica de ropa que fue proveedora de una empresa local y también de la policía provincial. Después, en el mismo lugar, se montaron consultorios médicos gratuitos con fonoaudiología, psicología, psicopedagogía, gastroenterología y odontología que atendían desde las ocho de la mañana a las nueve de la noche. Y en el 2002, con la participación de beneficiarios del Jefas y Jefes de Hogar, se abrió -siempre en el primer piso de la ex estación- una escuela de oficios con cursos de cerrajería, electricidad, corte y confección, inglés, apoyo escolar, artesanías, tejidos, bordado. También hubo fuerzas para sostener una huerta comunitaria en la zona de la Sexta -en pasaje Belgrano al 100 bis- y, ya en el 2003, la tarea de María Virginia apuntó -junto con los miembros de su iglesia- a una cocina comunitaria en la calle al 6700. Allí, además de dar de comer a un centenar de chicos, se generó un espacio desde el que varias mujeres de la zona salieron a vender distintos tipo de comidas. La actividad de Emanuel apenas mermó un poco en los últimos meses y a partir de un problema no menor: la pérdida del espacio físico de la ex estación. Es que se rescindió el contrato con la concesionaria ferroviaria que tenía a su cargo el lugar y habrá que 176


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esperar para ver si quiénes pasen a tener el control vuelven a ceder las instalaciones. Mientras tanto, los consultorios médicos siguen funcionando en esa zona, en la casa de María Virginia, que cuenta que también suele poner plata de su bolsillo para sostener la organización, que no cobra cuotas a sus asociados. A la espera de definiciones de lo de la de la ex estación, Emanuel está a la búsqueda de nuevo local. Pero la mayor expectativa está puesta en lo de Oliveros. María Virginia, que trabaja en el Servicio Penitenciario provincial, cuenta que el objetivo es montar en terrenos de la colonia un nuevo espacio de capacitación laboral y de emprendimientos que generen fuentes de trabajo. Se entusiasma relatando que la apuesta es tener panificación, carpintería y una gran huerta para trabajar con chicos y jóvenes y también con internados en la colonia que están en condiciones de salir pero no lo hacen porque no tienen dónde ir. Así, la patriada de María Virginia está en pleno desarrollo, marcada por su impronta y sus convicciones. ”El trabajo nuestro es de muy de bajo perfil -explica-. Hay otras organizaciones que esto lo llevan a los medios de comunicación y se ponen al frente de luchas en contra del gobierno, por ejemplo. Yo pienso, personalmente que ha llegado el momento de que seamos uno y colaborar. Lo que yo tengo lo pongo al servicio de la gente; lo que vos tenés, también. Pero no por el sólo hecho de querer decir vamos a colaborar o a alivianar la situación del gobierno. Creo que no es alivianar la situación del gobierno sino evaluar en qué lugar de nuestra vida, de nuestro corazón, de nuestro sentimiento, tenemos a Argentina. Aquí yo lucho por una Argentina mejor, por un lugar del que en reiteradas ocasiones muchos jóvenes se han querido ir. Le han dado la espalda a la Argentina, y yo creo que se le da la espalda a un montón de situaciones que hacen a nuestro país porque la parte espiritual está fallando. No creemos en el Dios que tenemos. No creemos que estando delante de Dios, aceptando a Dios y poniéndolo en el lugar que tiene que estar, nosotros podemos cambiar un país”.

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Cooperativa Saladillo Sur, ante el desafío de dar contenido político al trabajo social Lucho Lemos cuenta con orgullo y con detalles cómo nació y se desarrolló la Cooperativa Saladillo Sur y cuáles fueron los beneficios para sus asociados y para toda la gente de la zona de El Mangrullo. Relata también, con la misma pasión, como fue que de aquellas primeras experiencias de huertas comunitarias en la zona sur se llegó al actual Programa de Agricultura Urbana que, a través del municipio, se extiende a toda la ciudad. Pero a la vez que destaca el desarrollo de la cooperativa, pide con insistencia que se remarque su concepción de ”que las organizaciones son sólo una herramienta, no un fin en sí mismo”; y que el desafío actual de las organizaciones sociales es buscar instancias de unidad”con contenido más político”. “Por lo menos para defender esta tendencia que tiene Kirchner de abrir el juego”, dice Lucho cuando se refiere a lo político. ”Hay toda una campaña de la derecha que quiere neutralizar esto”, advierte, para machacar con que ”hay que enredar las organizaciones sociales”. Lucho es correntino y fue en su provincia donde comenzó su militancia en las Ligas Agrarias. Después, perseguido por la dictadura, tuvo que irse del país. Cuando volvió, en el 85, Lucho decidió instalarse en Rosario en la zona en la que la calle Lamadrid choca con el río Paraná. Y desde allí impulsó un trabajo social que arrancó con un relevamiento llevado a cabo por mujeres del barrio. La falta de alimentos y de viviendas dignas y el problema de los chicos en la calle surgieron como prioridades. Pero el relevamiento dio cuenta también de los recursos humanos con que contaba el barrio, habitado por gente de provincias del norte que traía desde sus lugares de origen el conocimiento del trabajo de la tierra y que, al llegar a la ciudad, se sumaba al trabajo en la construcción aprendiendo distintos oficios. ”Vimos la paradoja de que toda esa gente trabajaba en empresas constructoras y era la que construía los departamentos de avenida Pellegrini, pero vivía en casitas muy precarias”, recuerda Lucho. El uso de los recursos a mano fue siempre una característica del grupo de vecinos que empezó a juntarse para intentar resolver las demandas del conjunto. Así fue que algunos empezaron a mejorar un poco sus precarias viviendas tomando elementos de un basural de la zona en el que se volcaban escombros y chapas. En ese mismo basural, los vecinos vieron que crecían plantas de tomates y acelga. Y del basural fue de donde sacaron los primeros plantines para las primeras huertas familiares del barrio. Fueron justamente las huertas lo primero que desarrollaron desde la cooperativa. Es que lo de las viviendas propias aparecía como algo más lejano. De hecho, el objetivo

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de tener casa digna y propia se cumplió sólo varios años después y con el respaldo de la fundación Miserio. El desarrollo de las huertas fue notable: instalaron 35 en todo el barrio y, junto con el desarrollo de la pesca también organizado en forma de cooperativa, se pudo dar respuesta, al menos parcial, al problema de la falta de alimentos. Finalmente, desde la cooperativa surgió Ñanderoga, emprendimiento que, siempre a partir del trabajo en la huerta, apunta a lo que Lucho llama ”chicos con desventajas sociales”. Desde sus comienzos, en tren de utilizar todos los recursos y conocimientos a mano, desde la cooperativa Saladillo Sur salieron a tomar contacto con otras organizaciones e instituciones. La cooperativa formó parte del Movimiento Hábitar Popular y fue integrante del comité de crisis que se formó en Rosario durante los saqueos del 89. La cooperativa de Saladillo montó en ese momento cinco ollas populares. Un poco después, llegó la convocatoria del gobierno municipal -el intendente era Héctor Cavallero- para replicar la experiencia de las huertas en el resto de la ciudad. Y esa fue la semilla de lo que hoy es el programa de Agricultura Urbana. “La política para nosotros estaba en una crisis muy grave, pero la usábamos –cuenta Lucho-. Las épocas de campañas electorales nos venían bien. Hacíamos un cintureo bárbaro. A unos le sacábamos chapas, a otros bloques. Y cuando nos querían conquistar clientelísticamente les decíamos que no, porque somos una cooperativa y no podemos embanderar la cooperativa porque por ley no tenemos que hacer diferencias partidarias ni religiosas”. La incorporación de lo de las huertas al ámbito estatal sobrevivió los avatares políticos. Los gobernantes fueron cambiando pero el programa sobrevivió, al decir de Lucho, ”porque lo de las huertas estaba instalado en la sociedad de Rosario, así que levantarlo les resultaba jodido políticamente”. Para Lucho, ”el Estado es un actor que tiene que funcionar para la sociedad. No puede estar alejado de la sociedad. Y si el Estado no atiende es la sociedad la que lo tiene que apurar para que cumpla su función”. En ese razonamiento, lo clave es ”que la gente se meta a mover el Estado”. Y en eso andan, firmes, Lucho y los vecinos de Saladillo que hace casi veinte años formaron la cooperativa.

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El Cedis, por la inclusión y la cultura popular con la biblioteca Pocho Lepratti como bandera A partir de mediados de 2002, con la apertura de su casa comunitaria en barrio La Tablada, el Centro de Estudios para el Desarrollo y la Inclusión Social (Cedis) vive una profunda transformación. ”Es una explosión de crecimiento”, celebra el psicólogo Carlos Nuñez, fundador del Cedis en 1997, que vincula ese crecimiento a la multiplicación de actividades comunitarias y a la creación, en octubre del año pasado, de la biblioteca popular Pocho Lepratti, en homenaje al militante asesinado por la policía en barrio Las Flores durante la represión del 19 de diciembre de 2001. Carlos cuenta con orgullo que la biblioteca cuenta con unos 4 mil libros. ”Tenemos la suerte de tener contactos con muchas organizaciones y con muchas personas muy ligadas a lo que es la figura de Pocho en el corazón de la gente. Eso hizo que haya un nivel de donaciones de libros y acercamiento de trabajos realmente importante”, explica. ”Tenemos donaciones como una gran cantidad de revistas de cristianismo y marxismo y de los curas del tercer mundo que se salvaron de ser enterradas, quemadas o perdidas. Hay algunos ejemplares de 1890 de tratados de sociología que están impecables. Y creo que tenemos una de las bibliotecas especializadas en el tema educación popular más ricas que hay, además de toda la sección de política, de educación y psicología”, enumera Carlos, que destaca particularmente un libro de Marcuse, que tiene una inscripción con la firma y el sello de la directora de la escuela en la que estaba: ”Dar de baja por ideología marxista”, se recomienda para el texto de Marcuse, transformado así en un ejemplo de los tiempos de la represión y la intolerancia que, adelanta Carlos, será donado al Museo de la Memoria. El Cedis se formó en 1997 cuando se juntaron profesionales y trabajadores de distintas áreas sociales preocupados por el problema de la exclusión social. ”Con algunos compañeros organizamos un programa que trabajase sobre los efectos del desempleo en la subjetividad. Eso dio lugar al programa Incluir, que se trabajó en distintos espacios sociales, comunitarios, gremiales. El lugar donde arrancó fue el local que tenía la CTA en la calle 1 de Mayo al 1100 y después estuvimos casi tres años en el espacio de ATE de la calle Corrientes. El trabajo ahí fue muy amplio, de mucha intersección entre gente que venía trabajando en distintas cosas: lo social, lo político, en derechos humanos, la literatura, el arte. Y participamos de una experiencia que para nosotros fue muy rica, que fue un trabajo sobre el tema desempleo y HIV que compartimos con varias organizaciones como ATE, la CTA, la Coordinadora de Trabajo Carcelario y el Serpaj”, recuerda Carlos. Ya a fines del 2001, el Cedis apostó a contar con su propio espacio territorial. Y en agosto de 2002 se abrió la casa comunitaria en la calle Virasoro, en el barrio La Tablada. ”Dentro de los distintos lugares que fuimos a ver nos sentimos muy inclinados hacia La Tablada por distintas situaciones: yo durante muchos años viví en esta zona,

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está cerca de la facultad donde hay muchos alumnos y compañeros que se han sumado a trabajar en estos proyectos y, por sobre todo, es el barrio en el que se dio la experiencia cultural más importante que, para nosotros, ha habido en la ciudad de Rosario, que fue alrededor de la biblioteca Vigil”, indica Carlos. Ahí en la casa comunitaria de La Tablada es donde funciona la biblioteca, dirigida por Rubén Naranjo, quien, justamente, había participado de aquella recordada experiencia de la Vigil y aceptó enseguida la invitación del Cedis. Y es el ámbito en el que los integrantes de los talleres sobre desempleo comenzaron a coordinar diversas actividades como apoyo escolar, talleres de arte y pintura para chicos, una copa de leche con espacio de juegos a la que concurren más de 40 pibes del barrio y emprendimientos de artesanía en cuero y metales, que derivaron en la”explosión de crecimiento”. ”Empezamos a retomar la experiencia de la Vigil como espacio de resistencia cultural frente a todo lo que significó la dictadura y el exterminio del pensamiento que se trató de implementar. Y todo lo que hacemos se revisa desde una perspectiva crítica todos los viernes con un equipo de educación popular que se ha formado acá con gente de muchísima experiencia”, señala Carlos. De todos modos, el vuelco hacia el trabajo comunitario no significó el cierre del espacio de salud que caracteriza al Cedis, abordado desde la psicología. ”El trabajo del Cedis confluye hoy en la biblioteca popular Pocho Lepratti. Lo que hacemos es una reivindicación de distintos espacios de producción subjetiva y social sobre lo que es la cultura popular, como espacio que se abre oponiéndose a la línea de dominación de la cultura hegemónica, que reproduce un sistema para la exclusión y para mantener permanentemente un lugar donde se repite siempre lo mismo, sin dar lugar a gérmenes de pensamiento crítico. Si hay algo que reivindicamos del trabajo de la cultura popular es que está permanentemente trabajando con todo lo que es la cuestión del pensamiento crítico como fuente de algo nuevo, a venir, sin que esto tenga un nombre determinado”, se explaya Carlos. Y agrega: ”Esto es, obviamente, una construcción que tiene que ver con lo político. No con lo partidario, sino con una concepción amplia de lo político donde pueda haber distintas formas de entender la sociedad y las maneras de trabajar en ella. Pero si hay algo que no puede haber es confusión en cuanto a esto de cómo posicionarse con relación a la cuestión de la exclusión. Nosotros estamos en una lucha frontal, desde el comienzo y de distintas maneras, contra todo proceso de exclusión y de diferenciación social”. A la hora de enumerar necesidades, Carlos menciona que siempre hacen falta materiales para los talleres y alimentos para la copa de leche. Pero pone el acento en la falta de espacios para colocar lo producido en los emprendimientos comunitarios: ”Es acá donde la intervención del estado aparece como un lugar que debe estar siendo muy activo y teniendo una política muy precisa”, reclama. Y convoca: ”Hay gente muy valiosa, con todos sus recursos humanos, sus conocimientos, que por ahí tiene algo de tiempo y que es muy necesaria para un proyecto múltiple como este. A quien se sienta tentado de hacer un trabajo comunitario nosotros lo invitamos”. Publicado el 17 de julio de 2004

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APRIM, por el derecho a la felicidad más allá de la posición psicofísica. De afuera la de calle Lozzia 6321 A parece una más, pero no es una casa cualquiera. Es la sede de la Asociación Pro Rehabilitación Integral del Mogólico (APRIM) y en ella viven, por estos días, trece personas afectadas por el síndrome de Down . Allí viven también el titular de la Asociación, Enrique Prieto, y su familia, que incluye a un joven adoptado también afectado por el síndrome. Enrique, un egresado de Bellas Artes que supo vivir en el norte del país y en el Brasil y a partir del año 63 se incorporó con todo a APRIM, muestra orgulloso las prolijas y cálidas habitaciones de la casa. Y cuenta apasionado la historia de la institución y también los proyectos a futuro, entre los que se destaca la idea de instalar una granja educativa con salida laboral. Todo, desde el convencimiento de que ”el derecho a la felicidad nace con el hombre mismo cualquiera fuere su posición psicofísica”. “El ser afectado por el síndrome de Down puede alcanzar niveles de integración que lo hagan desempeñarse como un ser útil dentro del complejo social”, remarca Enrique, que señala que ”corresponde a la sociedad decidir el retorno a épocas superadas, caracterizadas hasta por singulares sacrificios paganos, o por el contrario asumir la responsabilidad para que el discapacitado goce de los beneficios que le acuerdan sus derechos para su mayor bienestar”. Enrique expresa también que es el Estado el que debe hacerse cargo de la planificación general de programas asistenciales para las afectados por el síndrome y que esos programas, para cumplir el objetivo de la integración, deben tener en cuenta a ”todas las áreas del saber y el sentir humano, ya sean humanísticas o sociales, médicas o pedagógicas, económicas o jurídicas”. En APRIM sostienen además que los ”principios rectores” de los tratamientos deben ser, entre otros, el trato afectivo, educando al niño en la disciplina escolar y la convivencia social; la creencia en sus posibilidades y el trabajo en el desarrollo de su personalidad; el trato normal del asistido sin subestimaciones visibles que inhibieren causando depresiones perjudiciales; la atención de su edad cronológica, su nivel intelectual, social y familiar, sus características afectivas y emotivas y sus orientaciones vocacionales; el impulso hacia la participación activa en tareas que desarrollen el concepto de responsabilidad y por ende de su personalidad; adecuar la labor y las posibilidades individuales siguiendo no obstante un plan de conjunto y lograr que toda actividad tenga como objetivo final el desarrollo psicomotor del asistido. Además, en APRIM reivindican la necesidad de lograr la asistencia totalmente gratuita para evitar desequilibrios económicos en desmedro de los otros integrantes de la familia del afectado, evitando así rechazos y traumas familiares. En APRIM Rosario, lo de la gratuidad de la atención se cumple. Las 13 personas que viven en la casa de la calle Lozzia están becadas por el Estado provincial y la organización cuenta además con el respaldo de varias empresas de la ciudad a las que 182


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Enrique expresa su agradecimiento. APRIM surgió como organización el 27 de diciembre de 1963 a partir de la decisión de un grupo de padres con hijos afectados por el síndrome de Down, término que en aquel entonces no se usaba tanto como ahora. Enrique explica que la palabra mogólico se fue dejando de lado por el uso social con tono discriminatorio de la misma, pero que, en definitiva, mogolismo y síndrome de Down es lo mismo.

Publicado el 23 de julio de 2004

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Asociación 3 F: por el medio ambiente pero ”no fanáticos” “Nosotros buscamos el equilibrio, no somos fanáticos. Si vemos que un árbol está dañando una casa con sus raíces, bueno, hay que suplantarlo, hay que sacarlo. Primero está el hombre. Ponemos otro árbol. Al que le gusta la pesca, que pesque, pero lo justo. Lo mismo que la caza”, explica José Luis Bobbiesi, impulsor de la Asociación 3F. ”Lo de las 3F es por la flora, fauna y forestación”, dice también José Luis, que cuenta que la Asociación se plantea ”como prácticamente una escuela, porque el mensaje está dirigido a las generaciones futuras” y lamenta que ”al hombre, en su afán desmedido por generar dinero, no le importa la naturaleza y va depredando día a día; no le importa los que vienen”. La Reserva Ecológica San Jorge -ubicada en la zona de la represa del Ludueña, entre Funes y Pérez- es casi como un emblema para la 3F. José Luis se entusiasma contando que son 502 hectáreas que constituyen ”lo último que hay de pastizal pampeano acá en el sur de la provincia de Santa Fe” y que allí se pueden encontrar 122 especies de aves (algunas en peligro de extinción), patos, gansos, cisnes cuello negro, nutrias y hurones. “¿Por qué el nombre de San Jorge? San Jorge es el patrono nuestro, es patrón de todos los ejércitos del mundo y fue un mártir del cristianismo; y el nombre Jorge significa labrador, que ara la tierra, y nosotros forestamos mucho”, explica José Luis, que enseguida remarca que la organización ”es abierta” a quien quiera sumarse, más allá de sus posturas religiosas o políticas. En la Reserva San Jorge, la 3F emplazó un mirador al que se puso como nombre Héroes de Malvinas. El homenaje no se quedó ahí: en el predio también hay sector destinado al bosque Caídos en Malvinas, con un árbol por cada ex combatiente muerto en la guerra. José Luis, que es guardafaunas honorario, cuenta que, con acuerdo de las autoridades de la provincia, 3F está ”a cargo” de la reserva, a la que cuidan y mejoran a pulmón. Allí, a la asociación le vendrían bien herramientas como palas y rastrillos y también un tractor, que gestionaron infructuosamente ante autoridades nacionales. Otra de las necesidades de la organización es una computadora, no para la Reserva sino para la sede, en la calle Vera Mujica al 3700. Allí, 3F sostiene todos los sábados a la tarde un encuentro con unos 150 chicos de pocos recursos, que toman la leche y reciben apoyo escolar de un grupo de maestras voluntarias. Siempre, claro, con la impronta de la protección del medio ambiente: ”trabajamos mucho con chicos y jóvenes, educándolos, concientizándolos; van pasando, cuando llegan a una cierta edad se alejan, pero ya con una conciencia de proteger el medio en que vivimos, nuestro planeta tierra, nuestro medio ambiente, porque no sólo es la flora y la fauna sino también la tecnología, el trabajo, todo lo que sea una mejor calidad de vida. Una conciencia de lo que es una vida decente, formal y buena, a la que todos deberíamos tener derecho y lamentablemente 184


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hoy no es así”, se explaya José Luis. Y agrega: ”El sueño nuestro sería poder crear un hogar para los chicos de la calle. Un hogar, grande, es un objetivo que tenemos en la institución. Criar a todos estos chicos que están librados a su suerte hoy en día, poder darles una educación digna y crearles conciencia de lo que es el medio ambiente, como una escuela de guardaparques”. En la Reserva San Jorge, mientras, los que hacen de guardaparques son los integrantes de la 3F. ”Cuidamos el predio de los cazadores furtivos pero no tenemos guardia. La provincia no tiene medios como para poder pagar un guardia. En la provincia hay cinco áreas protegidas, ninguna tiene guardia”, señala José Luis. La 3F nació en el 93, aunque el compromiso de José Luis con la protección del medio ambiente venía de antes. ”Tengo esta vocación desde muy pequeño”, relata. Y ya más grande, incorporado a la Prefectura Naval Argentina de la que luego se retiró, José Luis anduvo ”siempre navegando en riachos interiores, protegiendo la fauna en nuestro delta del Paraná, concientizando a los isleños, a los pescadores”. En los comienzos de la organización lo acompañaron un ingeniero agrónomo, Alfredo Arocena, y un abogado, Walter Gómez. Después se sumaron algunos más y llegó la primera convocatoria a adolescentes y jóvenes para forestar calles del centro con dos mil fresnos donados por el Banco Municipal. Otro de los hitos entre las actividades de la 3F en estos años fue la denuncia, a través de una cámara oculta de un programa de televisión, de la depredación ictícola en Yaciretá. Fue en el 2000, y en todo el país se vio cómo se depredaban tres toneladas de pescado por día. La organización rosarina había tomado contacto con otro grupo ecologista de Posadas y con la Prefectura de Ituzaingó, la ciudad correntina frente a la que se alzó la enorme represa. Y después apelaron a un diputado nacional que interesó en el tema al programa Telenoche Investiga. El resultado fue que se reunieron en Ituzaingó los cancilleres de Argentina y Paraguay y los paraguayos -”por primera vez en la historia”, destaca José Luis- declararon una veda, lo que significó que disminuya notablemente la depredación. Otra actividad de la organización que José Luis destaca es la realización de un programa de radio que ya lleva más de una década, que va los viernes por una FM y además de ser un espacio de difusión y concientización en lo que hace al cuidado del medio ambiente, constituye, gracias al aporte de algunas empresas auspiciantes, una de las principales fuentes de ingresos de la 3F. Están también las cuotas que abonan los asociados y periódicas actividades para recaudar; y José Luis remarca que no reciben ”subsidios políticos” y que no tienen ”compromisos políticos con nadie”. En cuanto a las experiencias de trabajo en conjunto con otras organizaciones, menciona las reuniones en la Comisión de Ecología del Concejo. Pero considera que ”en la mayoría de instituciones son muy cerrados, hay muchos celos, mucho egoísmo”. José Luis cuenta que, a través de la participación en las reuniones del Concejo, la 3F está fogoneando el rescate del monte Bertolotto, ubicado frente a la aceitera Santa 185


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Clara, en el suroeste de la ciudad: ”Iba a ser talado, pero por una gestión que hicimos en la comisión de Ecología presentamos un proyecto, se peleó bastante y quedó como patrimonio para todos los rosarinos, como reserva natural. Ahora estamos pugnando porque se haga un buen parque, porque lamentablemente está muy abandonado. Se preservaron los árboles pero está convertido prácticamente en un basural. Arrojan desperdicios y estamos hablando con los concejales a ver si se puede logra hacer un parque con paseos y bancos. Lograríamos erradicar el basural y que la gente vaya conociendo ese espacio verde que es hermoso. Queremos convertirlo en un lugar de paseo”.

Publicado el 6 de agosto de 2004

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Tercer Mundo: un espacio para construir cultura Tercer Mundo surgió a partir de charlas de un grupo de amigos dedicados al arte y la cultura empeñados en hacer lo que les gusta y poder vivir de eso. Un desafío que, en tiempos de crisis, no es poca cosa. Por estos días, Eliana Borghi, Natalia Holand y Maximiliano Fradellin no lograron aún poder dejar de trabajar en otras cosas para ganarse el pan, pero sí pudieron hacer de Tercer Mundo un espacio cultural independiente en franco crecimiento organizado a partir de la solidaridad y el esfuerzo compartido. Así, sostienen un local en calle Montevideo con lugar para exposiciones y talleres y con una sala para espectáculos. Pero además, llevan sus producciones culturales y artísticas a otros lugares y persisten en convocar “a toda la gente de la cultura que se quiera acercar”. Eliana (comunicadora social y escritora), Natalia (estudiante de arquitectura y artista plástica) y Maximiliano (estudiante de Matemática y músico) tienen en común su juventud y sus ganas. Y fue durante el 2002 cuando decidieron generar un espacio ”donde poder vincular las distintas artes”. En principio, intentaron conseguir un lugar prestado. Pero sobre el fin de ese año terminaron alquilando la casa de calle Montevideo y, de a poco, fueron montando allí las distintas salas. “La idea era que entre todos armemos un lugar en común, tanto social como de laburo; y que fuera un lugar donde uno pueda venir e identificarse con él”, cuenta Natalia.”Pero es muy difícil sacarle de la cabeza a la gente la figura de la institución. Todos buscan el jefe, la figura de alguien que diga qué tengo que hacer y me pague por hacerlo”, explica Eliana. Como esa no era, para nada, la idea de Tercer Mundo, varios de los que se acercaron al comienzo fueron tomando otros caminos. Otros siguieron transitando el espacio pero con diversos grados de compromiso. Y en ese proceso Eliana, Natalia y Maxi se erigieron como coordinadores de la movida. ���Nosotros tres dirigimos el lugar, administramos para que no haya desorden con los horarios”, indica Maxi. ”La propuesta es vení, conocé el proyecto, la casa, si tenés un proyecto traelo, apropiate del lugar, compartilo, plantealo acá; si no tenés el espacio físico para hacerlo, bueno, nosotros tenemos este”, agrega Eliana. ”No es que yo te alquilo el lugar, es crear un vínculo”, completa Natalia. Y los tres coinciden en que una buena pintura de lo que pretenden es lo que vivieron la noche que inauguraron la casa, a principios del año pasado. Hubo más de cien personas que circularon por una y otra sala cruzándose con exposiciones de cuadros y de fotos, con obras de títeres para grandes y para chicos, con los sones de un grupo de música celta. Un batido para disfrutar. Un espacio abierto y amplio para crear. En su búsqueda de un modo de funcionamiento, la gente de Tercer Mundo optó por organizarse como una asociación civil y se contactó con la fundación Avina. Y a través de Avina, se vienen los encuentros con un amplio abanico de otras organizaciones 187


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sociales. Ahora, están en pleno trámite de la personería jurídica y arrancando las actividades de este año signadas por una vuelta de tuerca al proyecto: la idea es que Tercer Mundo no quede encerrado entre las paredes del local y que sus producciones culturales salgan al encuentro de distintas geografías. Para el día del niño anduvieron por pueblos del sur santafesino. En los próximos días van a un barrio rosarino convocados por un Centro de Distrito de la Municipalidad. Mientras tanto, en calle Montevideo funcionan los talleres de dibujo, pintura, talla en madera, cerámica indígena, expresión recreativa, literario, de fotografía, de guitarra y de teatro, y los fines de semana hay espectáculos para chicos en la sala que está al fondo de la casa a la que, a la vez, le siguen metiendo mano. Van juntando muebles, inventando spots con latitas de conservas, y les vendría muy bien pintura para el frente del local. Tercer Mundo esta ahí, desplegándose, abierto para los que quieran sumar sus ladrillos a la construcción de un espacio cultural sin más techo que los sueños de sus hacedores.

Publicado el 14 de agosto de 2004

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El CEDEIFAM, desde la prevención y asistencia en violencia familiar a la actividad productiva de las mujeres Fue desde su experiencia en la prevención de adicciones que la psicóloga Bibiana Talamoni y otros profesionales optaron por volcar sus esfuerzos al trabajo sobre la violencia familiar a través del Centro de Desarrollo Integral para la Familia y la Mujer (CEDEIFAM), que comenzó su actividad en 1997. ”Yo trabajé con adictos muy jóvenes y lo que percibía es que la problemática subyacente era en realidad la violencia familiar. La adicción aparecía como el fenómeno emergente”, explica Bibiana, que había participado en la fundación del centro comunitario de salud mental Vínculo y de acciones de prevención de adicciones en la zona de Empalme Graneros. Por estos días, desde el CEDEIFAM los talleres de prevención y la red de asistencia para responder a situaciones de violencia van de la mano con la apuesta a a mayores niveles de independencia de las mujeres a través de la actividad productiva comunitaria, potenciada por la reciente inauguración de un local en la zona norte de la ciudad para el funcionamiento del centro de producción Volar en V. Desde su fundación en el ‘97, el CEDEIFAM tuvo como base la vecinal de Empalme Graneros. Pero casi dos años después se dio lo que Bibiana llama ”un encuentro de necesidades” con la parroquia San Guillermo Abad. Allí estaba el padre Henry que, según relata Bibiana, ”estaba desbordado, no encontraba respuestas” para el problema de la violencia familiar. Esa necesidad en la parroquia coincidió con la necesidad del CEDEIFAM de contar con un espacio de trabajo en la zona norte de la ciudad. Bibiana recuerda que el sacerdote ”teniendo seminarios y espacios para parejas, no entendía por qué esto (de la prevención y asistencia de la violencia familiar) no funcionaba; y con muy buen tino, siendo muy joven, comprendió que esto era algo que él no podía resolver, ni con la fe ni con nada, que esto mercecía un tratamiento especial. A partir de ahí nos da un espacio que, como todo espacio, se comparte. Por un lado te reciben muy bien en tanto vas a recibir un problema y por otro lado, apenas descubren nuestra modalidad de trabajo, que tiene que ver con ver este problema como una cuestión social en la que todos estamos involucrados, y que hay además un atravesamiento cultural e ideológico por el que se puede explicar este fenómeno, aparecen las resistencias”. Bibiana marca que en muchos casos hasta las propias mujeres se resisten a ver el problema de la violencia. ”Si esto tiene más de dos mil años de historia, ¿cómo lo van a ver de un día para el otro? Por lo tanto, nuestro trabajo es una mezcla de prevención y difusión; y dentro de eso mismo el trabajo de la asistencia”. Después de contar que en la parroquia hubo ”una especie de fractura por liderazgos mal entendidos, que no permiten el crecimiento de los otros”, Bibiana señala que ”el que se pone a trabajar con esto, con buena voluntad y aún formándose, tiene que tener además una instrumentación para poder reconocer que todas las personas que trabajan en estas temáticas también terminan atravesadas y que las instituciones suelen reproducir aquello que trabajan. Si no se está atento a que dentro de la misma trama del equipo no se reproduzca eso, 189


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es muy fácil que se te vaya de las manos, aunque no lo quieras ver”. Bibiana pondera entonces consolidar en el equipo de trabajo ”un modelo de interrelación que no sea un modelo de competencia sino de articulación” como condición para que se produzcan ”transformaciones en serio” y se produzca también ”un liderazgo, porque uno lo ha ido gestando y ha sido modelo”. Por estos días, el CEDEIFAM tiene una sede en Callao 170 bis y desarrolla sus actividades con el respaldo del Área de la Mujer de la Municipalidad, que le permitió abrir el miércoles 13 de agosto un local en Vespucio 2155, en la zona norte, destinado al centro de producción Volar en V. De la actividad productiva impulsada por el CEDEIFAM dimos cuenta desde enREDando en la nota ”Producir para lograr independencia económica”.

Publicado el 15 de agosto de 2004

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Nodo Tau, por el acceso de todos a las nuevas tecnologías Costó un poco convencer a la gente del Nodo Tau de hacer esta nota para esta sección Buenas Prácticas de enREDando. Es que el Nodo es la organización que, entre otras tantas cosas, proyectó, puso en marcha y sostiene este portal, que forma parte de un programa más amplio con otras dos patas fundamentales: la capacitación en el manejo de la informática y en el uso de Internet y la instalación de telecentros comunitarios. ¿El objetivo? Revertir la ”brecha digital”. Evitar que, en lo que hace al acceso a la informática y a la red, se repita la exclusión de los sectores más pobres de la población que se da en tantos otros aspectos de la vida. Por eso, los principales destinatarios de toda la acción de Tau son los miembros de organizaciones barriales, eclesiales, de género, ambientales, cooperativas, grupos de base, escuelas, centros comunitarios; organizaciones todas que son objeto habitual de las notas de esta sección de este portal que, en este caso, pretende dar cuenta de aquello de ¿y por casa cómo andamos?. Y por casa la cosa está movida. Un ejemplo es, justamente, lo de la nueva casa. Desde hace poco el Nodo comparte un amplio local con Aire Libre y el Grupo Obispo Angelelli en Tucumán 3950. Allí es donde funciona la redacción de enREDando y donde este lunes 23 se inaugurará el primer Telecentro Libre de la red Rutel (Red UNESCO de Telecentros Libres), equipado totalmente con software libre. Lo de enREDando arrancó a partir de que, en el 2000, el Nodo entró en contacto con la fundación Avina, que se mostró dispuesta a financiar el proyecto. Pero los comienzos de Tau se dan en el 94, cuando correo electrónico o Internet todavía sonaban a cosas nuevas e inaccesibles por estas pampas. “El Nodo surge a partir de una idea que nos tira gente del Taller Ecologista de Rosario para poder utilizar herramientas de comunicación electrónica que compañeros de ellos utilizaban en otros lugares del mundo. Empezamos a ver qué se podía hacer y ya había un nodo de la red APC en Buenos Aires llamado Wamani. Empezamos a ver con ellos la manera de poner como una sucursal acá en Rosario”, recuerda Eduardo Rodríguez, que es ingeniero y que cuando dice nosotros se refiere también a Damián Vásquez, analista de sistemas. Mientras se daban esos primeros contactos con la red internacional APC (Asociación por el Progreso de las Comunicaciones) y con Wamani, Eduardo y Damián participaban de reuniones del Frente Grande, fuerza política que daba sus primeros pasos, y se sumaban a la agrupación Cristianos por el Frente, donde conocieron a Danilo Lujambio y Luis “Pipo” Martínez, también “locos” por esto de las nuevas tecnologías y a la vez militantes sociales ligados a los sectores de la Iglesia jugados por los que menos tienen. “La idea fue dar a conocer estas herramientas a las organizaciones sociales y la posibilidad básicamente de poder utilizar correo electrónico, en esa época en la que recién aparecían los primeros servidores de correo electrónico en Rosario”, relata Eduardo. “Para octubre del 95 conseguimos montar la parte técnica, con una computadora muy chiquita con un módem que se conectaba a la red Wamani en Buenos Aires vía teléfono 191


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y traía los correos para acá y de acá los mandaba a la gente que se conectaba también vía teléfono a ese primer nodito”. Los páginas Web todavía no existían. Apenas había conferencias electrónicas. Había mucho por hacer, pero Rosario tenía su primer pequeño servidor comunitario. Para avanzar, Eduardo, Damián, Danilo y Pipo resuelven conformar una asociación civil, logran la personería jurídica, incrementan la actividad de capacitación y después llega el contacto con Avina. También llega un nombre, que surge de la pertenencia como laicos de Eduardo y Damián a la orden de los franciscanos, la de los seguidores de San Francisco de Asís. Tau es el símbolo de los franciscanos, y quedó Nodo Tau. Y quedó conformada una organización en la que sus fundadores generaron un espacio para congeniar sus conocimientos sobre nuevas tecnologías y su militancia en pos de revertir injusticias y desigualdades. Aquel pequeño servidor comunitario fue creciendo y con el paso del tiempo fueron muchas y muy diversas las organizaciones sociales que se conectaron con Tau para contar con nuevas tecnologías que potencien sus actividades específicas. “En el 2000, cuando Avina nos propone que hagamos un proyecto basado en lo que habíamos detectado en cuanto a la relación entre las nuevas tecnologías y las organizaciones sociales, surge el momento de hacer un análisis de todo lo que teníamos hecho y de lo que teníamos que hacer para adelante. Ahí se ve que el foco ya no era tanto darle el servicio de correo electrónico a las organizaciones sino brindarles capacitación para que utilicen las nuevas tecnologías como mejor le sirvan y no venderles un paquete de cosas sin que supieran de qué se trataba. También vimos el tema del acceso, que era todo un tema para la gente de menos recursos, y surge lo de los telecentros comunitarios. Y como también vimos que las organizaciones se conocían muy poco entre ellas salió lo de montar un sitio para que sea un lugar de encuentro”, resume Eduardo sobre el surgimiento de enREDando, que arranca a fines del 2001. En sus ya diez años de presencia, Tau fue sumando no sólo más técnicos sino también educadores y comunicadores. En Tau, el único requisito es coincidir en el compromiso de “la lucha contra la pobreza y la exclusión, el cuidado del ambiente y la defensa de los derechos humanos y sociales”. En Tau, el ejercicio de periódicamente parar la pelota y pensar y discutir a fondo las siguientes jugadas se sostiene. Así que vaya uno a saber qué está tramando esta gente para los próximos años. Publicado el 19 de agosto de 2004

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Maela: cuatro décadas de asistencia a los discapacitados “Lo viví yo personalmente: por mi defecto físico no pude conseguir trabajo a pesar de que soy técnico químico nacional con título habilitante y todo”, cuenta Osvaldo Piana, presidente de la Mutual de Ayuda entre Lisiados y Adherentes (Maela). Con la mención de su propio padecer, Osvaldo explica por qué Maela se planteó como primer objetivo procurar trabajo y recursos económicos para las personas afectadas por alguna discapacidad física. Pero señala que tal pretensión no pudo ser cumplida del todo por la mutual, que se fue volcando a las tareas de asistencia y que por estos días ofrece a sus asociados un amplio abanico de servicios en ese sentido. De todos modos, Osvaldo remarca que Maela no abandona su intención de facilitar el acceso de los discapacitados al mundo laboral, que sigue siendo difícil a pesar de que haya normas que establecen la obligación para las empresas de incorporarlos como empleados. ”Se lucha, se pelea”, resume Osvaldo, que sufre una dolencia física que le dificulta pero no le impide caminar. Maela nació hace 37 años y tuvo como primera sede el garage de la casa de uno de sus fundadores en la zona norte de Rosario. Pero enseguida llegó el contacto con la Asociación de Idóneos de Farmacia, que tenía local propio en la calle Tucumán al 1500 y prestó sus instalaciones para las reuniones de la mutual. ”La Asociación Idóneos de Farmacia fue desapareciendo porque no se dio más ese título. Era toda gente mayor, y cuando quedaban tres idóneos les compramos el edificio con un subsidio de Bienestar Social de la Nación cuando estaba López Rega”, relata Osvaldo. Ya con sede propia y ”a fuerza de sacrificios, festivales, rifas”, la mutual fue adquiriendo muebles y elementos para asistir a los discapacitados. Así, por estos días Maela ofrece fisioterapia, kinisielogía, masajes, gimnasio para rehabilitación, yoga, ortopedia, asesoramiento legal gratuito, servicio de enfermería, nutrición y educación alimentaria, fonoaudiología, podología y tratamientos integrales del pie. Además, a través de convenios con otras mutuales, Maela también pone a disposición de sus asociados otras prestaciones médicas y sociales. Osvaldo invita a enREDando a recorrer el edificio para ver cada uno de los espacios en los que se brindan los servicios. El presidente de Maela muestra los consultorios, el gimnasio y el depósito y taller de reparación de elementos ortopédicos con orgullo. Pero lejos de dormirse en los laureles insiste con que ”la finalidad era brindar una función social pero totalmente integrada, completa”. “Nuestro crecimiento es muy lento”, dice Osvaldo, autocrítico. ”Nos desenvolvimos siempre en un sector de pocos recursos porque la finalidad era esa. El que tiene solvencia económica busca otros medios”, añade, más como declaración de principios que como justificación del ”crecimiento lento”. “Éramos medio bohemios. Queríamos dar todo y no queríamos recibir nada, pero desgraciadamente las épocas han cambiado tanto que no se puede hacer eso, porque 193


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el mantenimiento de este edificio tiene sus gastos fijos que no se pueden evitar y no se pueden evitar”, remarca Osvaldo. Para ser socio de Maela hay que abonar dos pesos por mes. Y para acceder a los distintos servicios, abiertos a todo público y no sólo a discapacitados, hay aranceles accesibles. Utilizar el gimnasio, por ejemplo, cuesta diez pesos por mes. ”Dentro de los discapacitados contemplamos la situación social de cada uno. El que puede pagar algo, lo aceptamos”, aclara Osvaldo, que señala que la apertura de los servicios se decidió ”con la finalidad de poder mantenerlos. Lo tuvimos que hacer a la fuerza”. Son unas 300 personas las que mensualmente concurres a la sede de calle Tucumán para satisfacer alguna necesidad. “Estamos peleando permanentemente, y apoyo oficial permanente no tenemos”, expresa el presidente de Maela respecto de los respaldos estatales. ”Sabemos que las organizaciones municipales, provinciales, nacionales, hacen lo que pueden y dan lo que pueden; y de vez en cuando recibimos un apoyo. Lo que nos está dando un poco de solvencia es la ordenanza municipal de la retención del dos por ciento de los impuestos de los espectáculos públicos que se vuelcan a las entidades”, suaviza después Osvaldo, que cuenta que la necesidad más urgente es lograr apoyo económico para adecuar las condiciones del ascensor de la mutual a las normas vigentes. En cuanto a la relación con otras organizaciones, Osvaldo reivindica la pertenencia de Maela a la Federación Santafesina de Entidades de Discapacitados. Y sobre la relación del discapacitado con su entorno social, considera que hubo grades avances: “En otras épocas no había conciencia de lo que era una persona diferente. Hasta se ocultaba. Con el tiempo el discapacitado se ha integrado enormemente -celebra Osvaldo-. El discapacitado es un poco rebelde, él mismo se margina, le cuesta integrarse. Pero ahora, de cinco años a esta parte ha tenido un vuelco, una relación mucho más estrecha con la gente. La misma gente común de la calle se ha concientizado; se lo mira al discapacitado de otra forma. Usted antes iba por la calle y tenía un defecto y todo el mundo lo miraba. Ahora, gracias a Dios, no es así. Todo eso se debe al esfuerzo de las organizaciones no gubernamentales que se han volcado de lleno a trabajar en esto”.

Publicado el 27 de agosto de 2005

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El Arca, para cuando lo que llueve es pobreza Aunque el trabajo comunitario de sus impulsores arrancó a fines de los 80, la cooperativa El Arca del barrio toba de Rouillón al 4.400 obtuvo su personería jurídica en el 2002, cuando el diluvio provocado por el régimen político y económico de exclusión social que se aplicó en la Argentina dejaba muy pocos espacios firmes para los que apostaban a salir de la pobreza a partir del esfuerzo compartido, de la construcción colectiva y honesta. No es que las cosas hayan mejorado mucho por estos días, pero los que se subieron a El Arca en medio de la gran tormenta, sin nada de nada, hoy son beneficiarias y beneficiarios del Jefas y Jefes de Hogar y pueden sostener sus talleres de costura y artesanías aborígenes, que les permiten, incluso, juntar algún manguito que se sume a los 150 del subsidio. ”Cuando empezamos no teníamos ningún plan y ni un peso”, marca Víctor Viberti, criollo presidente de una cooperativa que agrupa a mayoría de tobas y mocovíes. Sebastián y su compañera Silvia Aguirre, integrante de la comunidad toba llegada a Rosario desde el Chaco, fueron los que arrancaron con la construcción de El Arca en el 88. El de Víctor es uno más de los casos en los que una persona es más conocida por su apodo que por su nombre. Le dicen Libro, o Librito, porque allá por la década del 70, cuando militaba en la Juventud Peronista y en Montoneros, tenía el pelo largo hasta los hombros y peinado con una marcada raya al medio. Una melena con dos páginas. Librito cuenta que se crió en la villa de La Cerámica y militó en la unidad básica Fernando Abal Medina del barrio La Florida. Después llegó la dictadura y su pertenencia a la JP le costó la cárcel. Y cuando salió, se hizo evangelista. Libro, que tiene 47 años y ya no usa el pelo largo, no ve contradicción entre su religiosidad y su pertenencia al peronismo más combativo: ”Yo levanto las banderas del padre Mugica”, dice, y expresa -más acá en el devenir histórico- su agradecimiento y su simpatía para con el kirchnerista Frente de Agrupaciones para la Victoria y ”los compañeros de la CTA”. Cuando se encuentra con enREDando, Libro trae un manuscrito con la historia de la cooperativa. Allí consta que las primeras gestiones implicaron largas caminatas desde el barrio hasta el centro hasta que su hermana le prestó la bicicleta de su sobrino y los viajes se hicieron un poco más ágiles. Desde esa fuerza de voluntad, más la colaboración de sus compañeros del Frente y la CTA para la redacción de las notas y los llamados telefónicos, surgió la organización cooperativa. Tal vez Dios también tuvo algo que ver. Desde su fe, para Libro no hay duda de eso. Y a la vez, tiene en claro que la malaria que los llevó a construir El Arca no se debe a ningún designio sobrenatural sino a políticas que, aunque diabólicas, son pergeñadas y ejecutadas por gente de carne y hueso. El Arca, de a poco, fue sumando vecinos. Y hoy sus asociados son 150. Los talleres de costura y artesanía funcionan en un garage de una casa del barrio, y el objetivo más inmediato es incorporar clases a cargo de un maestro toba para preservar, sobre todo entre los más jóvenes, el idioma y la cultura aborigen. Para las clases, la cooperativa 195


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acepta donaciones de útiles, un pizarrón y tizas. Y para el taller de costura (que a principios de este año produjo y distribuyó en el barrio casi doscientos guardapolvos) les vendrían bien un par de máquinas más. Librito y sus compañeros tienen otro anhelo que el presidente de la cooperativa muestra con un planito hecho por él a mano alzada y con birome. La idea es tener en el barrio -en el que los integrantes de El Arca hacen tareas de limpieza y mantenimientouna sede para la cooperativa, un espacio para un mercado, una escuela, un centro de salud y una iglesia. Saben que es difícil, pero no se olvidan que cuando empezaron parecía imposible tener lo poco que tienen ahora. Librito explica que la meta del trabajo comunitario es que ”la gente deje de cirujear” y -aclarando que no incluye al actual presidente, en quien deposita la esperanza de ”que esto cambie”- despotrica contra ”los políticos que vienen al barrio cuando buscan votos y después desaparecen, y cuando los vas a buscar no te pueden atender”. Por eso, en El Arca también quieren que ”la gente pueda salir de su inferioridad, en el sentido de que aprendan para que no los jodan más”. Librito lo resume así: ”que los humildes de Evita puedan levantar la bandera de la victoria para mi país y que nunca más pasemos lo que pasamos desde los años 70”.

Publicado el 3 de setiembre de 2004

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Grupo Génesis: ”los ecologistas tenemos que meternos en política” “Me parece que es necesario y fundamental trabajar en política, en política ecológica. Porque el planeta no nos va a dar mucho más tiempo. Hay que meterse en lo que tiene que ver con lo social, con la política; con el poder de cambiar la situación”, dice Alcides Ghiglioni, del grupo Génesis, que está muy cerca de cumplir veinte años de actividades en defensa del ambiente. ”Hay que poner en la agenda política la cuestión ambiental. Y para eso hay que trabajar en política”, insiste Alcides, que inscribe en esta postura su participación en nombre de Génesis en la comisión de Ecología del Concejo Municipal rosarino y que remarca la necesidad de brindar información al conjunto de la sociedad. ”Yo no sé si la palabra es concientización. Creo que la palabra clave es información. Si no tenemos información no sabemos de qué se trata; la sociedad tiene una información muy light, muy superficial, y por eso no tiene conciencia”. Génesis surgió en los primeros años de la vuelta de la democracia a partir de una preocupación concreta: el derrame al Paraná de petróleo de los barcos que se limpiaban en los muelles de la costa de la zona de Rosario. Arrancaron un grupo de adolescentes más, señala Alcides, ”algunos mayorictos”. Con el paso del tiempo, los integrantes de Génesis fueron desplegando su accionar tomando diversas iniciativas. ”Cada uno de los integrantes tenía una visión y una idea de hacer. Por ejemplo: a uno le interesó el tema de arbolado y entonces el tema de arbolado lo trabajaba esa persona y los que estaban de acuerdo con trabajar el tema de arbolado. Había reuniones periódicas, plenarios, para decidir si Genésis apoyaba tal o cual proyecto. Lo mismo pasó con el tema de los animales”, cuenta Alcides. Lo de los animales tuvo su momento más fuerte con la intervención en el zoológico, encabezada por Beba Linaro. ”Fue un laburo muy interesante, que no fue muy bien comprendido. Ese trabajo excepcional apuntaba a declarar al zoológico zooilógico, porque era ilógico que los animales estuviesen encerrados. Hubo organizaciones ecologistas que estuvieron en contra de ese proyecto. En lo que a nosotros respecta creemos que fue un proyecto superador, porque la idea de algunas instituciones fue en algún momento que a los animales viejos había que matarlos, tirarlos a la basura. Y nosotros lo que planteábamos era que había que mostrar a la sociedad por qué esos animales estaban ahí como estaban. Lamentablemente no se los podía insertar en el medio ambiente porque estaban desgarrados o tenían limados los colmillos; con una serie de problemas ocasionados por nosotros los seres humanos. Apuntábamos no a mostrar animales sino a mostrar a la sociedad qué es lo que la sociedad hizo con esos animales”, explica Alcides sobre aquella experiencia. En cuanto a los árboles, Génesis tuvo activa participación en la ordenanza municipal de arbolado y en la transformación, junto con otras organizaciones y vecinos de la zona, del parque Urquiza. En el Concejo, Génesis impulsó la creación de la comisión de Ecología que primero funcionó informalmente y luego se institucionalizó. ”Cuando arrancamos tuvimos mucho apoyo de Pedro Bluma”, recuerda Alcides, que 197


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cuenta que fue a él a quien se le ocurrió ponerle el nombre Econcejo a la revista cuyo primer número apareció en el 95. Por estos días, la revista consiguió cierta continuidad. Hubo dos números el año pasado y este año ya se editaron cuatro. Alcides también menciona como hitos de la actividad de Génesis las jornadas de Ecología en el centro cultural Bernardino Rivadavia. Fueron tres años consecutivos, y en la última edición llegaron a pasar por las jornadas unas catorce mil personas, la mayoría chicos de las escuelas de la ciudad que exponían sus trabajos sobre cuestiones ambientales. Y otras de las iniciativas de Génesis es la del proyecto de producción agrosilvopastoril, que hoy se sostiene en un campo de la localidad de Correa. Aunque sin un espacio físico específico -tuvieron un local pero no lo pudieron sostener económicamente- los integrantes de Génesis sostienen sus actividades y reuniones en las que se las arreglan para encontrar puntos en común más allá del perfil de cada uno. ”El más viejito de nosotros tiene 92 años y los más chicos tienen 14 y 15”, cuenta Alcides, que es claramente generación intermedia. Una particularidad de la organización es que no tiene personería jurídica. Discutieron mucho el tema y la decisión final fue sostener el grupo sin necesidad de formalizar nada. Esto hace que no reciban subsidios ni financiamiento de ningún tipo, pero Alcides remarca que la decisión fue ”para evitar la contaminación del sistema”. En cuanto al trabajo con otras organizaciones, en Génesis reivindican sus relaciones con el Taller Ecologista, con el Cepar, con Greenpeace. Alcides dice que no siempre se coincide en todo, pero que ”no son diferencias profundas como para no poder solucionarlas. Es necesario encontrar los puntos en común, reconociendo las diferencias que pueda haber. Así trabaja la naturaleza: la biodiversidad que existe en el planeta es la base de la vida. Todos maquinaditos y para el mismo lado no sirve”. Entre los proyectos a futuro, Alcides se entusiasma con lo de ”una granja demostrativa de lo que es la producción orgánica”. La idea es instalarla en Zavalla y el objetivo es generar un espacio más de difusión de la cuestión ambiental. Es que Alcides vuelve a cada momento sobre lo de la importancia de la información. Y también sobre la necesidad de actuar en los ámbitos políticos, siempre con una filosofía a la que califica como ”muy simple: la defensa de la vida. No hay muchas posibilidades de equivocarse: o defendés la vida o no. La gente que ha estado trabajando en el grupo siempre ha apostado a la vida. Creo que esa es la filosofía de todos los ambientalistas. Los perfiles los pone el sistema, que te rotula como ambientalista, ecologista, proteccionista”. “Creo que las manifestaciones que se ven habitualmente por la instalación de un silo, por la instalación de una cerealera, por un basural, son todas manifestaciones ambientales, ecologistas”, sigue Alcides. ”Una persona que está mendigando, que no tiene para comer y busca en la basura, también es una cuestión ambiental”, concluye. Publicado el 18 de setiembre de 2004

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Compromiso social y trabajo comunitario a Naranjazos Los naranjazos que determinaron el nombre fueron ahí en la zona de Travesía y Juan B. Justo, a la que un racimo de jóvenes de otros barrios había llegado con espíritu cristiano y aval parroquial. Los proyectiles cítricos apuntaron contra una integrante del grupo y fueron lanzados por los pibes de la villa en repudio a la muchacha por su falta de autenticidad y pasión en eso de practicar la solidaridad. El resto de los voluntarios tomó debida cuenta del hecho, volvió a debatir una vez más su accionar y su grado de compromiso y resolvió consolidar identidad poniéndole un nombre al grupo. De ”los chicos del Naranjazo”, entonces, hablan los vecinos de la zona cuando cuentan de la copa de leche y los talleres de periodismo y salud, artes plásticas y acrobacia y murga que funcionan todos los sábados con la asistencia de casi un centenar de niños y adolescentes. Y el Naranjazo se va a llamar la asociación civil que resolvieron constituir para dar una vuelta de tuerca al trabajo barrial que empezó hace ya siete años. “Para nosotros esos naranjazos de los chicos fueron como decirnos no vengan acá a boludear. A todos nos cayó la ficha en un montón de cosas”, recuerda Celeste Alarcón, que junto con Luisina Vaccari -mucho más conocida como la Piti- conversa con enREDando sobre el trabajo comunitario que comenzara hace siete años. En principio, el grupo de jóvenes católicos llegó a la zona de Travesía y Juan B. Justo con el respaldo del cura Daniel Sinieriz. La primera tarea fue un censo a las familias de la zona y sumarse a la copa de leche de los sábados, complementada con juegos con los pibes que se acercaban a recibir la merienda. Todo, desde el comedor de la parroquia Santísimo Redentor, espacio que el Naranjazo todavía utiliza a pesar de haber ido cortando lazos con la iglesia. Celeste cuenta que con el cura de esa parroquia”no hay muy buena onda”y que al grupo de trabajo comunitario se fue sumando gente no católica. Por eso, el principal objetivo a futuro de la gente del Naranjazo es conseguir un espacio propio. Y es en función de esto que se decidieron a iniciar los trámites en pos de la personería jurídica que los oficialice como asociación civil. Mientras, las actividades en el barrio se sostienen por la firme voluntad de las coordinadoras de los distintos talleres, que no perciben ni un peso por su labor. Jarabe de Naranja se llama el taller de periodismo y salud, Colores al Palo el de plástica y Pateando Tachos el de murga y acrobacia, que hace sonar los tambores en la plazoleta de Travesía y Juan B. Justo. En cuanto a la copa de leche, en principio funcionó con aportes de Cáritas, pero después esa ayuda se cortó. ¿Cómo se banca ahora? ”Surgen cosas: a veces un amigo puede comprar un poco de leche, o mi mamá me manda galletitas, o, como nos pasó una vez, nos encontramos en la calle un anillo que resultó ser de oro, así que lo vendimos y usamos la plata para la copa de leche”, explica Piti. ”Si creés en la Providencia, es la Providencia”, completa Celeste. 199


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De todos modos, la Providencia tiene bastante demanda por estos días, así que Piti -que tiene 21 años y estudia psicología y música- y Celeste -de 26 y estudiante de Medicina- apelan al aporte terrenal de todo aquel que pueda dar una mano, acercando leche, chocolate, galletitas o azúcar. Y también hacen falta materiales para los talleres. Además de la copa de leche y los talleres, el Naranjazo promueve periódicamente salidas del barrio que los chicos y sus madres disfrutan con intensidad.”Una vez fuimos a Zavalla y varios chicos se descompusieron porque nunca habían andado en colectivo”, cuenta Celeste. Y Piti menciona la reciente participación de la murga en una movida de arte y salud en el Heca, en conjunto con La Rueda. Salvo el financiamiento para un par de proyectos que ganaron sendos concursos del Centro de la Juventud del municipio, el Naranjazo no recibe ayuda estatal. El grupo ha comenzado a trabajar en red con otras organizaciones como la cooperativa del vecino barrio Toba de Empalme Graneros o La Vagancia, de Ludueña. Y se coordinan actividades con el centro de salud y el centro Crecer de la zona. Pero a Celeste y Piti no les hace gracia que se les suban a su laburo. Cuentan que les dio mucha bronca escuchar una vez a un funcionario decirles ”ustedes son lo mejor que tenemos”. Ellas remarcan que nadie las tiene. ”Te encontrás con esas cosas y después estás pidiendo, rogando, 150 pesos para terminar los trajes de los nenes. Te dan ganas de decirle: flaco, yo estoy haciendo tu laburo y a mi no me pagan, y vos estás sentadito en una silla con aire acondicionado”, marca Celeste. Ese compromiso que reclaman de los funcionarios es el mismo que, sobre todo a partir de aquel episodio que dio nombre al grupo, el Naranjazo exige hacia adentro. ”Gente con buena onda hay un montón, pero la gente verdaderamente comprometida es poca”, señala Celeste. Y completa: ”nosotros tenemos muchas horas de hablar de para qué vamos al barrio, de lo que es el laburo voluntario, de qué es la solidaridad; así que no queremos careta ni banderita de nadie”.

Publicado el 27 de setiembre de 2004

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Lugro y ANT: los predicadores del Software Libre “Tener software privativo es como tener un auto con el motor como un block cerrado; un motor que no podés modificar, ni siquiera ver cómo está hecho”, dice Sebastián Criado, integrante de la Asociación de Nuevas Tecnologías de Informática (ANT) y de Lugro (siglas en ínglish de Grupo de Usuarios de GNU/Linux de Rosario). Predicadores del software libre (SL), en la ANT y en Lugro señalan que no sólo se trata del vital principio de poder hacer lo que uno quiera con el caño de escape o el carburador de su máquina, adaptándolo a necesidades y gustos propios. Se trata también de que el uso de software privativo (SP) implica una vía más de fuga de divisas, que tanta falta hacen por estos pagos, hacia las empresas extranjeras erigidas en propietarias de los motores sellados. Fue en 1999 que se juntaron algunos rosarinos que venían trabajando cada uno por su lado con SL. Se contactaron a través de una lista de correos que funcionaba desde Buenos Aires y enseguida crearon una lista local con un servidor gratuito y empezaron a reunirse en un bar de Córdoba al 2300. Ese grupo inicial, de apenas unas cinco personas, armó una primera charla en la sede de la Universidad Tecnológica Nacional en setiembre del 99. Vino Daniel Coletti, el fundador de la lista de Buenos Aires, y también hablaron Sebastián (“me trabé un montón... Nosotros éramos técnicos, nunca habíamos hablado en público”) y Guido Macci, un docente de la facultad de Ingeniería considerado un gurú por aquellos primeros integrantes de Lugro. Los 250 asistentes a esa primera charla dieron la pauta de que la cosa daba para más, y los muchachos fueron por más: en agosto del 2000 armaron ”un evento” en el Bernardino con un invitado rutilante: Richard Stallman, referente mundial del SL, que pisó por primera vez la Argentina para participar de la movida de Lugro. ”No lo podíamos creer”, resume Sebastián. El asombro era tanto por la presencia de Stallman como por las casi tres mil personas (incluidos muchos llegados de varios países de Latinoamérica) que respondieron a la convocatoria. Sebastián cuenta que después de esa gran movida el grupo ”se pinchó”. Los efectos del gran esfuerzo puesto en la organización del evento, que fue con entrada gratuita y sin auspicio de empresas, desgastaron el ímpetu inicial. Y encima hubo problemas con el servidor de la lista de correo. Así, también se desinfló lo de la Asociación de Nuevas Tecnologías en Informática, asociación civil cuya personería jurídica habían empezado a tramitar para que la Municipalidad les prestara el centro cultural para el evento con Stallman. “Estuvimos más o menos un año parados hasta que, dicho técnicamente, me hinché las bolas, fui a buscar el servidor y con un amigo lo arreglamos y empezamos otra vez con la lista”, cuenta Sebastián sobre la vuelta a las redes de Lugro. 201


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Y con la lista -a la que Sebastián califica como un espacio ”anárquico democrático” de circulación de información y propuestas- volvió también la idea de la ANT, como instrumento para el objetivo de difundir ”el SL y la punta de lanza del SL, que es el sistema operativo genius linux”. Desde el reagrupamiento, que fue en agosto de 2001, Lugro y la ANT montaron 25 eventos, en los que además de charlas se hacen los install fest, festival de instalaciones, en los que usted señora, usted señor, pueden ver en acción en una compu el SL y el Linux. Por estos días, la lista cuenta con 260 inscriptos y son unos veinte los que se reúnen cada quince días a seguir la conversa cara a cara y a, puntualiza Sebastián, ”tomar un poco de cerveza negra”. En esas juntadas se escuchan las voces de, entre otros, Maximiliano Muller, Ramiro Caire, Alejandro Gómez Fernández, Horacio Castellini, Ricardo Brisiguer, Emiliano Gavilán, María Eugenia y Mariano Monteverde. En su tarea de difusión de la importancia y las bondades del SL, desde la ANT mencionan que, al contrario de el del SP, ”el entorno de desarrollo libre tiene de base la idea de la colaboración”. Y además advierten que ”para colaborar con el SL no necesitás ser un genio en informática. Podés colaborar difundiendo, aportando ideas para que otras las desarrollen, marcando fallas en los programas”. También remarcan que ”otra ventaja es la no dependencia tecnológica. Porque nos están imponiendo la tecnología. No nos están permitiendo ni desarrollarla ni implementarla como nosotros queramos. El SL te da la posibilidad de investigar, desarrollar nueva tecnología, tecnología propia”. “¿Por qué hoy tenemos un software de una empresa que está catalogada como monopólica?”, plantea Sebastián, que casí cabalísticamente evita todo el tiempo nombrar a Microsoft y Bill Gates. ”Porque había un agujero -responde-. Había un hueco que había que llenar y ellos eran los únicos que estaban y lo llenaron. Dejaron que la gente copiara su programa todo lo que quisiera. Durante diez años dejaron que la gente copiara porque sabían que estaban sembrando hegemonía que le iba a dar réditos a futuro. Con el SL ya no dependés de una empresa”. Sebastián, que tiene 28 años y desde los 8 pasa buena parte de sus días frente a la pantalla, indica también que ”el SL protege al programador, que saca una licencia que dice que el programa es suyo. Y a ese programa lo pueden copiar y modificar, usar bajo cualquier propósito, pero el software es del programador. Si viene una empresa después a tratar de cerrarlo y venderlo, está violando esa licencia del programador”. Además, la organización o la empresa que utilice el SL accede a un producto al que no sólo puede ver y modificar, sino que cuenta con su código fuente. ”Si no tienen el código fuente, ¿cómo hacen si el programador se les va?”, explica Sebastián. “El SL da igualdad de oportunidades y ayuda a achicar la brecha digital”, continúa, y agrega: ”pensar que todo el software que se va a usar a futuro va a ser libre es una utopía, pero lo que te permiten las utopías es seguir avanzando”.

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Un avance concreto que la ANT pretende junto con la comunidad nacional de SL es la utilización por parte del Estado a nivel nacional, provincial y municipal. El SL ya se utiliza en varios lugares del mundo, como Alemania, Francia, China. Y está creciendo en Venezuela y Brasil. Sebastián indica que en la Argentina ”se está usando mucho SL en el Estado nacional, lo que permite ver la posibilidad de desarrollar nuevas tecnologías, que anteriormente era plata que se le daba a empresas extranjeras”. Y se detiene, además, en el hecho de que el Estado es ”administrador de nuestros datos” y que puede garantizar mucho más la seguridad de esos datos con SL que con SP. Otro afán de Lugro y la ANT es que todo el mundo se entere que usar el sistema linux es cada vez menos complicado. ”Lo usa mi mamá, que tiene sesenta y pico de años y que no sabía lo que era un teclado”, ejemplifica Sebastián. ”La gente no sabe que tiene una alternativa”, sostiene, y comenta que la idea es aportar desde la Asociación cursos de capacitación (que ya empezaron), una biblioteca y la formación de grupos de personas que desarrollen tecnología localmente. ”La capacitación es el punto más flaco que tiene el SL”, refuerza Sebastián, que se entusiasma con que la ANT está muy cerca de contar con un local propio. Y que en el final de la entrevista pide que por favor no deje de ponerse aquello que le escuchó decir a un profesor de la facultad cuyo nombre no recuerda: ”que hay que tratar de ser lo más esférico posible, limar las aristas que uno tiene, porque a los cuadrados es mucho más fácil apilarlos”.

Publicado el 8 de octubre de 2004

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20 Amigos, 20 Termitas y Artes Urbanos para la identidad del barrio Desde el oeste hacia el centro, la calle Uruguay se hace pasillo a la altura de Felipe Moré. En esa esquina hay una placita y al lado se levanta el club 20 Amigos, que desde hace tres años cede generosamente sus instalaciones para que entre 60 y 70 pibes del barrio concurran a las clases de la Escuela de Artes Urbanos. Allí, los chicos aprenden acrobacia, malabares y percusión y baile. Así surgió la murga Las 20 Termitas Y así se va consolidando un espacio donde ”a través del arte, el barrio pueda empezar a decir cosas que le pasan”. La que define el espíritu del trabajo de la Escuela es una de sus coordinadoras, Sandra Martínez, que charla con enREDando mientras sus compañeros docentes arrancan con una de las dos clases semanales que se dan en el gimnasio del club. Sandra cuenta que todo empezó en el 2001 a partir de un proyecto elaborado por Miguel Franchi y Mario Romeu, que la Municipalidad presentó al Programa de Acción sobre Grupos Vulnerables y recibió financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo. Con ese dinero se compraron elementos para malabarismo, instrumentos de percusión y colchonetas. Y en 20 Amigos y en el Parque Oeste empezaron las clases, que en principio incluyeron también espacios para la plástica y para la música y el canto, con la participación de artistas de talento reconocido, como Miriam Cubelos, Juancho Perone y Caburo. Todos, bajo la coordinación de Marcelo Palma, que luego pasó a hacerse cargo del Galpón 17, transformado en espacio de entrenamiento para los artistas callejeros. En el arranque, desde la Escuela se apuntó a los adolescentes y jóvenes. Pero con la práctica lo de las edades se fue flexibilizando, y ya por estos días los que participan de la actividad en 20 Amigos son chicos de entre tres y catorce años. “Desde el principio debatíamos el tema de que no podíamos hacer arte sin tener una perspectiva comunitaria -explica Sandra-. Fue toda una gran discusión en estos años lo de hacer arte en el barrio, pero al mismo tiempo tener una perspectiva de trabajo comunitario. Era difícil que los pibes pensaran, en momentos de tanta crisis, un lugar donde divertirse, donde poder pasarla bien; y estaba lo de la violencia. Recién este año hemos podido empezar a generar un espacio donde las cosas no son tan violentas como la calle. Una de las cosas con la que más nos encontramos es la incertidumbre de los pibes, el no saber qué pasa con el trabajo de sus padres, el no saber si van a tener para comer. Toda esa incertidumbre muchas veces no se traduce en palabras sino en bronca. Por eso siempre planteamos cómo nos relacionamos acá adentro. No nos relacionamos a los golpes, a las patadas. No nos insultamos, no nos lastimamos”. Sandra remarca también que otra de las discusiones permanentes es la de ”cómo este espacio empieza a tener la identidad del barrio y no la de los artistas que venimos a coordinar”. Y señala que el objetivo de los docentes de la Escuela es que de aquí a tres o cuatro años puedan correrse del todo para que los que pasen a coordinar las actividades 204


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sean los actuales alumnos. En cuanto a las clases, la idea es que los pibes aprendan lo que aprenden como lenguajes artísticos, que les puedan significar un oficio para poder trabajar. Después del primer año de clases, el plantel docente de la Escuela se fue achicando. También pasó que el espacio de Parque Oeste dejó de funcionar y que el Galpón 17 fue quedando como el espacio más ligado a lo institucional, mientras que el trabajo en 20 Amigos fue tomando un claro perfil comunitario y la idea es que el grupo de madres de los chicos que van a las clases consoliden su agrupamiento a través de un microemprendimiento o una cooperativa. Es que esas madres empezaron el verano pasado una actividad que las tiene entusiasmadas: la confección de vestuarios para los pequeños artistas de Las 20 Termitas. Después hicieron un taller con Dante Taparelli, a quien Sandra agradece su colaboración: ”Dante fue muy cálido con las mujeres, que estuvieron con él toda una tarde. Para ellas fue una apertura grandísima; y Dante les dijo que las cosas que cotidianamente encontramos (muchas familias del barrio cirujean) pueden transformarse en belleza. Les remarcó que por ser del barrio, las cosas no tienen que ser de menos calidad. En el barrio podés producir cosas que sean de calidad”. Las madres, entonces, no sólo hicieron los vestuarios para la murga. También armaron -a puro pulmón, poniendo unas moneditas- la escenografía para una presentación de los chicos ahí en el club. Hubo gradas y una pista de circo y la gente del barrio llenó el gimnasio. Y las mujeres ahora quieren avanzar con lo de la confección de vestuarios y con el maquillaje para producir también para otros grupos, en pos de una salida laboral. La presentación en el club no fue la única. Las 20 Termitas fue murga invitada en las Payasadas, hizo un viaje a Colón (provincia de Buenos Aires) y se sumó a los carnavales de La Grieta y de Pocho, en Ludueña. Y a la vez, los docentes de la Escuela tomaron contacto con espacios similares de otros lugares del país. Sandra cuenta de la participación en una movida convocada por Avina para la conformación de una red de Arte y Transformación Social. Ahí están, entro otros, Los Calandracas, Culebrón Timbal y Catalinas Sur, agrupaciones con experiencia de trabajo de arte y cultura en los barrios humildes de Capital y el gran Buenos Aires. Sandra también menciona a la gente de Crear Vale la Pena, y señala que, a medida que los contactos se van haciendo más fluidos, van creciendo las coincidencias y las expectativas de sostener el trabajo en red. Siempre, desde esa concepción de arte como instrumento de la identidad barrial, popular. Cuidándose de que los docentes -además de Sandra, en 20 Amigos dan clases Hugo Ortigoza, Mario Romeu y Gabriel Menseguez- no determinen demasiado, desde sus propias identidades artísticas, la producción colectiva de los pibes. Y aumentando, de a poco, la exigencia y el grado de compromiso. Sandra remarca la importancia de la continuidad: ”nosotros tratamos de no faltar nunca y estamos siempre a horario y nos quedamos hasta el final. Desde ahí vamos exigiendo lo mismo a los chicos, sabiendo de sus posibilidades. No podemos enseñarle a un pibe malabares si no sabemos algo de su historia. Si va a la escuela o no, cómo es 205


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la relación con su familia. El pibe no viene solamente a aprender una técnica. Hemos hecho las tareas de la escuela. Vamos a buscarlos, a visitar las familias para garantizar la asistencia de los chicos”. Sandra marca también que todos -incluso aquellos que tienen insatisfechas otras necesidades, como la de comer bien todos los días- tenemos derecho a la posibilidad de crear. ”Poder crear transforma la vida de las personas -dice-. Los pibes generan otro tipo de relación entre ellos a partir de tener un espacio para crear; ves que entre lo lúdico y lo técnico puedan generar cosas propias, los ves más sólidos, más firmes. Ha sido todo un trabajo poder trabajar colectivamente, en medio de rivalidades de las barras, pero ya tienen proyectos propios y los vienen a plantear. La vida de ellos, y también la de nosotros, se ha ido transformando”. Otro factor clave para el desarrollo de la Escuela es el apoyo de la gente de 20 Amigos. La pibada que llega a las clases alteró el ritmo cotidiano, pero la gente del club -Sandra pide especialmente que se nombre a Luis y Matías Meschini- abrió las puertas y el corazón. Así, mientras en el gimnasio hay agite de diábolos, malabares, redoblantes y saltos acrobáticos, el bufet sigue su rutina de mesa de pool y un par de máquinas de videojuegos. A los videojuegos apuntan dos nenas que llegan al club mientras enREDando está preguntando por las actividades de la Escuela. Sandra interrumpe un momento la charla y le dice a las pibas, con calidez pero con firmeza, que la clase ya empezó. Y las chicas, entonces, dejan las maquinitas y se suman a los otros pibes que ya están en el gimnasio. Y el arte existe.

Publicado el 15 de octubre de 2004

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Un 20 de diciembre, un click y un Mercado Solidario, horizontal y sin explotadores ni explotados “El 20 de diciembre del 2001 nos hizo un click en la cabeza”, dice María Cassano para explicar el nombre que resolvieron ponerle al Mercado Solidario que –por ahora, porque se viene el local propio- funciona todos los sábados en las instalaciones de la sala de la Cooperación. En rigor, lo que funciona los sábados es sólo el espacio de trueque y comercialización. Y el Mercado es mucho más que eso: quienes lo sostienen están agrupados en distintos pequeños emprendimientos de producción y servicios, iniciaron los trámites para conformar una cooperativa y debaten permanentemente los pasos a seguir teniendo como preceptos básicos –según recalca María- “la solidaridad, la horizontalidad y la no explotación de mano de obra”. Los comienzos fueron en abril de 2002, cuando al cabo de varias reuniones entre un grupo de amigos que se juntó para ver cómo enfrentar la crisis se produjo el primer encuentro de intercambio .”Empezamos siendo exclusivamente un club de trueque”, recuerda María, que señala que movidas similares se empezaban a extender a distintos lugares del país. ”Nos pareció interesante el fenómeno de esa nueva forma de economía que se estaba dando y dijimos que no teníamos que quedarnos afuera”, agrega, y relata que enseguida el grupo que se juntaba en la sala de la Cooperación -”el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos siempre nos apoyó”, agradecen desde el Mercadose sumó a la Red de Trueque Solidario, en la que se nucleaban varios otros grupos. “La particularidad que tenía nuestro trueque, y que creo que fue lo que nos salvó, es que nunca permitimos la intermediación y tuvimos como regla eliminar la famosa plusvalía”, remarca María, que explica que en función de este principio innegociable el nodo de la Sala de la Cooperación fue alejándose de la Red a la que se había sumado. De todos modos, el grupo no apostó a cortarse a solo. Sus integrantes se capacitaron en cursos de economía solidaria y fue surgiendo la idea del Mercado, que sin abandonar el trueque permitió a productores y prestadores de servicios ampliar los espacios de circulación de sus productos y servicios. Así, quedaron agrupados los que, aunque con procedencias ideológicas diversas, pensaban ”más o menos lo mismo” en cuanto a cómo enfrentar la crisis ”sin reproducir los esquemas del neoliberalismo”. Así, surgieron lo que en el 20 de Diciembre llaman socioemprendimientos. Y los socioemprendimientos implicaron la discusión respecto de la necesidad de encontrar un modo de organización. En este sentido, la decisión fue conformar una cooperativa de producción y comercialización que está en plena tramitación ante los organismos oficiales correspondientes. Los socioemprendimientos que están en plena actividad son los de producción de calzados y accesorios, dulces y encurtidos, licores y bombones; y los de prestación de servicios de obra y construcción, informática, odontología, psicología, arquitectura y 207


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enseñanza de idiomas. María recuerda que, por rechazo al asistencialismo, en el 20 de Diciembre eran ”muy renuentes” a relacionarse con los organismos estatales. Cuenta que ellos fueron de los primeros en instalar ferias en la plaza San Martín, incluso antes de que esos espacios se institucionalizaran con el apoyo del municipio. Y que luego, ante el desarrollo del Mercado y no sin”dimes y diretes”, el grupo entabló relación con autoridades institucionales en busca de subsidios y microcréditos que aporten al sostenimiento de los socioemprendimientos. También desde el 20 de Diciembre buscaron apoyo oficial para poder hacer frente a la necesidad de contar con espacio físico propio. En este aspecto, están en pleno acondicionamiento de una tan amplia como deteriorada casa ubicada en Rodríguez y Weelright. Con menos ”dimes y diretes”, el 20 de Diciembre avanzó además en sus relaciones con otras organizaciones sociales, como Porhiajú de Capitán Bermúdez y la Asamblearia de Buenos Aires. Y el Mercado forma parte de la flamante Red de Comercio Justo. “No hay que cambiar el mundo; hay que reinventarlo, hacerlo de nuevo”, dice María, que puntualiza que en el 20 de Diciembre se cuidan de que se los identifique con algún partido pero se asume el contenido político -”en el buen sentido de la palabra”- de la actividad que desarrollan. Allí se inscriben los principios de solidaridad, horizontalidad y no explotación, y la discusión permanente respecto de cómo continuar y crecer con las actividades productivas y de servicio. Todo, a partir del click de aquellos días de diciembre de 2001, que a María la sorprendieron de viaje en Buenos Aires. Justo en esos días, ella se había quedado sin su empleo en una editorial. Y ahora, metida de lleno en la producción de dulces y encurtidos y en el desarrollo del Mercado, recalca: ”nunca más vuelvo a trabajar para otros”.

Publicado el 22 de octubre de 2004

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La Cinchada: tirando para el lado de la cultura, la recreación y el deporte A la pregunta ”¿cómo andás?” se suele responder ”y... tirando”. Pero ese ”tirando” tiene un valor agregado en boca de alguna integrante de la organización de la zona suroeste de Rosario que lleva como nombre La Cinchada. Ellas se posicionan del lado del barrio, de sus mujeres, sus jóvenes y sus niños. Pero saben que no pueden distraerse porque también hay fuerzas del otro lado. Además, explican que lo de la Cinchada también suena a las hinchadas. ”Las hinchadas de estar luchando, denunciando”, indica Ivana Martínez. Ella y María Isabel Maldonado son las que charlan con enREDando, y cuentan que todo empezó con un taller de mujeres, que después surgió la de la murga Los Rebeldes del Sur, integrada por los más chicos; que se agregó el grupo de jóvenes que impulsó la plaza de la Amistad, y que ahora se perfila institucionalmente como Centro Cultural, Deportivo y Recreativo La Cinchada. Desde aquel comienzo con un grupo de mujeres juntándose para hacer artesanías y hablar de sus cosas, la problemática de género marca a La Cinchada. Y desde allí se practica la asistencia a las mujeres víctimas de la violencia familiar y el permanente intercambio con organizaciones de género de la ciudad como Insgenar o Juana Manuela. De todos modos, Ivana y María Isabel dicen que, aunque ellas sean amplia mayoría, no se trata de una organización de mujeres. Y que la incorporación de los espacios de la murga y el grupo de jóvenes fueron ampliando la mirada y las actividades. Así, La Cinchada se define hoy como Centro Cultural, Recreativo y Deportivo. Y define como objetivo ”desarrollar actividades, proyectos, campañas y programas tendientes a revalorizar, rescatar, producir y reproducir la cultura popular. impulsar propuestas lúdico, recreativas y deportivas para aprovechar los espacios y tiempos libres en pro de un desarrollo integral; fomentar la creatividad, la expresión, el trabajo, el compromiso y la participación social y trabajar en la defensa y promoción de los derechos humanos”. Ivana y María Isabel enfatizan que el proceso de institucionalización de La Cinchada es mucho más reciente que su existencia como grupo, que data del 2000. ”Empezamos a caminar juntos con propuestas muy concretas, simples, con objetivos a corto plazo, y el tiempo nos fue encontrando juntos. Y llegó un punto donde sentimos que teníamos que institucionalizarnos porque si no, no teníamos la autonomía necesaria para funcionar. Recién fue este año, en marzo. En todo este proceso hubo gente que quería que nos transformemos en ong, pero nos resistíamos. Decíamos: queremos seguir trabajando sin personería jurídica, sin institución, porque las instituciones nos aplastan. Pero este año, después de cuatro años juntos, sentimos que era necesario”, cuenta Ivana, que a la vez aclara que los trámites van lentos y que aún no terminaron de definir el estatuto que pretenden para la futura asociación civil. La no institucionalización no fue obstáculo para el crecimiento de la organización. Desde aquellos primeros talleres de artesanía y charlas sobre sexualidad y anticoncepción, las mujeres fueron desplegando otras actividades hacia lo social. María Isabel recuerda el caso de una vecina que estuvo muy enferma y las consiguientes actividades para juntar 209


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fondos y ayudarla en los gastos de su tratamiento médico. También desde La Cinchada es permanente la colaboración con la escuela del barrio, la 1367 Raúl Domínguez. El ejemplo más reciente es la compra de estufas para las aulas con fondos surgidos de la venta de pastelitos. En función de los más chicos surgió lo de la murga, que hoy tiene unos treinta integrantes de entre cinco y catorce años. Y en el 2002, con la presentación de un proyecto ante el Centro de la Juventud municipal, se formó el grupo de jóvenes que impulsó la instalación de la plaza de la Amistad. La plaza se montó sobre un terreno que era un basural y en el que ahora hay juegos, una cancha de fútbol y un playón polideportivo. Lo de la Amistad que propone el nombre no es un dato menor en una zona donde, como en tantas otras, hay mucha rivalidad entre las barras de pibes. La plaza está en Avenida del Rosario al 3700, rodeada por cuatro barrios: Hume, Plata, villa La Cariñosa y Nuestra Señora del Rosario, que se construyó para trasladar a los habitantes de la zona de El Mangrullo, que pasaron de estar sobre el río a vivir en el extremo de la ciudad más lejano de la costa. Claro que la violencia no es apenas fruto de la rivalidad o los desencuentros entre vecinos. En la plaza de la Amistad hay una placa que recuerda a Diego Fernández, un adolescente que integraba el grupo de jóvenes de La Cinchada y fue asesinado por el gatillo fácil de la policía a mediados del año pasado. De la veintena de adultos que sostienen las actividades y se reúnen periódicamente, sólo dos no viven en la zona: Ivana, que es maestra de la escuela, y Favio Rita, el psicólogo del centro de salud El Gaucho. Los dos están muy integrados a La Cinchada y aportan a la articulación de la organización con las instituciones estatales en las que trabajan. En este sentido, Ivana remarca que parten de la base de que al Estado, en todos sus niveles, hay que exigirle respuestas porque darlas es su responsabilidad; pero que la idea es”no quedar prendidos con nadie”. “Hacemos política no partidaria y eso también nos habilita a poder solicitar a distintos estamentos. Pero no nos casamos con nadie”, continúa Ivana. ”Más allá de que se les agradece”, completa María Isabel. También en La Cinchada tienen prevenciones en cuanto a la relación con otras organizaciones sociales. ”Tratamos de trabajar en forma articulada, pero también elegimos -explican-. Cuando podemos articular, articulamos; y si no, seguimos en nuestra línea. A veces hay diferencias grandes y no podés transar. Algo que nos rige es el tema de la transparencia económica. Las decisiones se toman en asamblea, se consulta, y esto no ocurre en todos los lugares”. De todas maneras, a pesar de las diferencias, Ivana y María Isabel señalan que se sostiene una buena relación con el resto de las organizaciones del barrio. Y que un factor importante en este aspecto es el hecho de que La Cinchada nunca se haya volcado de lleno a la asistencia alimentaria. ”Vimos que en el barrio ya había como cinco centros comunitarios con comedores y copas de leche. ¿Para qué armar otro?”, razona María 210


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Isabel. En esa lógica, uno de los proyectos a futuro es el que presentaron a Cultura y Educación de la Municipalidad. Lo llamaron La Cultura Viaja en Carro y la idea es contar con un carro de metal y madera, que simule un carro de ciruja, pero cargado con libros, papeles, crayones, instrumentos de murga, títeres, pelotas y todos los elementos necesarios para montar diversos talleres. El Carro recorrería las instituciones y organizaciones de la zona, que lo tendrían periódicamente a su disposición. Llegue o no el apoyo oficial, Ivana y María Isabel confían en que lo del carro va a ser posible a corto plazo. Lo que ven como más difícil es que se cumpla el gran sueño del espacio propio. Vieron un par de casas en el barrio, pero cuestan entro ocho y doce mil pesos, una cifra inalcanzable para ellas. Igual, desde hace un tiempo, una parte de lo que se recauda en cada una de las movidas que se realizan se destina a un fondo para el local propio. Ahí, seguramente, van a poner el cartel del Centro Cultural, Deportivo y Recreativo La Cinchada. Desde ahí van a seguir con esto de no aflojar.

Publicado el 29 de octubre de 2004

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Una Vox contra la discriminación por la orientación sexual La voz que quiere hacer escuchar la asociación civil Vox es la de ”los gay, lesbianas, travestis, transexuales y bisexuales”, enumera Guillermo Lovagnini. ”Tengo 54 años; te puedo contar como viene cambiando esto desde 1970”, marca el hombre cuando se le pregunta si la situación mejoró en cuanto a los niveles de discriminación social respecto de la homosexualidad. Claro que, a la vez, la intensa actividad de Vox demuestra que queda mucho por hacer, que hay mucha ignorancia y homofobia por revertir y que un frente de batalla es el legal: la organización rosarina viene impulsando con todas sus fuerzas, todavía infructuosamente, la sanción de una ley provincial de unión civil que incluya a las parejas conformadas por personas de un mismo sexo. En este sentido, Guillermo remarca que ”el gran objetivo, que excede a Vox, es conseguir la unión de parejas a nivel nacional para que haya, por ejemplo, mayor protección para la pareja en lo que hace a los bienes. Pero para eso hay que modificar el código civil. No es pavada”. Vox apareció en Rosario antes como revista que como asociación civil. Fue en el 99 que Guillermo, luego de lo que él llama ”la crisis terminal” del colectivo Arco Iris, se largó con la publicación con nombre en latín. Después, ”se fue agregando gente y pasó de ser una revista a ser una organización. Alguien dijo ahí: por qué no usar el nombre de la revista, que se conoce, para el nombre de la organización; y entonces quedó Vox asociación civil”. El colectivo Arco Iris se había formado en el 94, pero la labor de Guillermo en lo que hace a la prevención del Sida había arrancado en el 86, reconociendo como antecedente, en el par de años anteriores, las movidas del Movimiento de Liberación Homosexual. ”Hay un hilo conductor, que se resume en una palabra: dignidad; la dignidad del ser humano”, define el entrevistado de enREDando. La charla es en el local de la organización: una oficina de un ambiente más un entrepiso, que aparece chica ante el movimiento que puede observarse con sólo permanecer un rato en el lugar. Dos muchachos chequean las películas que se van a pasar en un próximo festival de cine; una muchacha diagrama un afiche y manda mails; otros dos muchachos llegan con Guillermo, que charla discretamente con ellos en el entrepiso. Y aparece otro pibe, el más joven, que inmediatamente es invitado -y aceptaa sumarse a una volanteada el fin de semana que se viene. El local está abierto todos los días a la tarde, y un par de días a la semana se realizan allí análisis de detección de VIH. Guillermo cuenta que son cinco personas las más constantes a la hora de sostener Vox, y que unas veinte más ”van y vienen, como en todas las organizaciones”. También ”como en todas las organizaciones”, en Vox surgen problemas internos de funcionamiento. ”Acabamos de echar a uno porque se robaba plata”, cuenta Guillermo, que justamente destaca como un gran logro de VOX ”la continuidad, a pesar de las crisis que vivió el país y las crisis internas”. 212


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En esa continuidad, la organización se ganó un lugar de relevancia en la lucha por los derechos de gays y lesbianas a través de distintas expresiones. Y sostiene actividades de promoción de sexo más seguro, talleres con docentes, encuentros de jóvenes, capacitaciones con profesionales del área de Salud y edición de materiales preventivos. En lo que hace la difusión, las acciones se completan con la revista y un programa radial, Vox en la Noche, que va por la Universidad los sábados de 22 a 23. Es cuando se lo consulta por la evolución de la sociedad respecto de la homosexualidad que Guillermo, que parece más joven, pela el dato de sus cinco décadas y pico de edad. ”La diferencia desde el 70 hasta acá es inmensa, hubo un salto muy grande -afirma-. Yo creo que todavía la gente no comprende bien lo que es la homosexualidad, como tampoco sabe lo que son ellos, por qué son heterosexuales; qué es eso de heterosexuales y homosexuales. Porque no hay enseñanza de la sexualidad en la escuela, la sexualidad es todavía un tema tabú. Pero creo que la gente está muy preocupada por convertir a la sociedad argentina en una sociedad mucho más democrática, más pluralista, más abierta en todo, mucho menos machista. Y estoy convencido que esto se va ir dando cada vez más con el tiempo”. En otro tramo de la charla, Guillermo habla de ”gay” y también de ”hombre que tiene sexo con hombre”. ¿Por qué esa diferencia nominal? ”Personalmente soy muy enemigo de las divisiones de este tipo, pero gay es una persona que, como por ejemplo yo, participa de la cultura gay, los boliches, la forma de hablar, la forma de vestirse. Y hay personas, hombres que tienen sexo con otros hombres o también hombres que tienen sexo con travestis, que no se reconocen como homosexuales ni como gays, por eso los caracterizamos así”, explica. ”Personalmente estoy en contra de este tipo de etiquetamientos, de caratular a la gente, del binarismo homosexualheterosexual”, sigue Guillermo, que dice que ”la cultura gay, los ghettos, se generan por la persecución y la homofobia. La gente se tiene que refugiar para no ser atacada. Esto siempre se ha dado con todas las minorías: los hebreos, los negros. Algún día, cuando se vayan conquistando espacios, libertades; cuando empecemos a darle muerte a la discriminación por orientación sexual, estos espacios van a desaparecer”. Guillermo apunta también contra ”el poder que dictamina quién es gay y quién es heterosexual para tener controladas a las personas, para dominarlas. Está la dominación a través del mercado, porque el mercado quiere captar el ingreso gay. Hay muchas empresas que ofrecen beneficios o promociones a la gente gay porque al mercado le interesa. Porque sabe que hay dinero, porque los gays no tenemos hijos, no tenemos esposa; el gay no sabe dónde gastar el dinero. Por ahí lo gastamos en viajes, entonces hay turismo gay. El mercado lo tienen muy estudiado, pero hay que tener mucho cuidado porque también es eso una trampa”. Una trampa cuyas consecuencias se agudizan en el caso de los que no cuentan con dinero suficiente: ”ser gay te exige una erogación: ir al boliche, estar siempre bien vestidito, la pilchita. Y si no tenés trabajo... Hay muchos gay que están trabajando en el sexo comercial, algo impensable años atrás”, comenta Guillermo. Y completa: ”estamos muy preocupados por llegar a la gente gay, lesbiana y travesti pobre, de los barrios. Hacemos nuestros esfuerzos, mínimos, porque se necesitaría mucho más y para eso se 213


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requiere mucho dinero. No queremos centralizar en la clase media”. En cuanto a las relaciones de Vox con el Estado, Guillermo distingue claramente entre municipio y provincia. Sólo tiene palabras de agradecimiento y reconocimiento para la Municipalidad ”tanto en la gestión anterior como en la actual”, y despotrica contra ”el gobernador, que obedece a los dictados, los escritos y las órdenes que le manda el Vaticano. Teníamos un proyecto para trabajar con atención primaria de la salud y no lo pudimos hacer. No te dicen no en la cara, pero te ponen un montón de trabas. Con el único que tenemos cierta relación es con el programa provincial de Sida”. Por otra parte, desde sus inicios, Vox practica el trabajo en red ”con el resto de las organizaciones serias y decentes del movimiento gay” y también con organizaciones que se ocupan de la prevención y la atención a personas con VIH, como por ejemplo Sivida. Pero además, Guillermo resalta que Vox ha participado de muchas movilizaciones y luchas con distintos sectores de la sociedad: ”en diciembre de 2001 estuvimos en la calle”, menciona, a la vez que se queja de ”los homofóbicos que la van de progresistas, que son los peores porque son hipócritas”, y reclama más atención a la problemática de los gays por parte de los organismos de defensa de los derechos humanos. ”Estamos muy preocupados en integrarnos, en participar junto con las otras organizaciones en todo lo que atañe a nuestra sociedad argentina”, resume el referente de Vox.

Publicado el 15 de noviembre de 2003

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El Ceidh en los barrios: cómo resolver los conflictos sin violencia En Ludueña, la bronca entre los pibes de la canchita y un par de vecinos hinchados a pelotazo limpio crece hasta un par de escopetazos. ¿Cómo resolver el entuerto? ¿Yendo a la comisaría? ¿La violencia sólo engendra violencia? No necesariamente. En Ludueña funciona un Foro de Convivencia, conformado por vecinos en el marco del proyecto Comunidades Justas y Seguras que promueve la sección de Criminología del Centro de Estudios e Investigaciones en Derechos Humanos (Ceidh) de la facultad de Derecho de la UNR a partir de un convenio con la Universidad de Toronto, Canadá. En los Foros de Convivencia -en Rosario, además del de Ludueña, está formado otro en villa Banana- se impulsa otro modo de resolver los conflictos. ”La idea no es juzgar, no es castigar; el Foro no está ahí para decir quién tiene razón y quién no sino para ayudar a que las partes vayan resolviendo los conflictos. No se orienta sobre el pasado sino sobre el futuro: qué hacemos para que esto no se repita, para que lo que ocurrió no se haga tan grave”, explica Enrigue Font, abogado coordinador del área de Criminología del Ceidh. La gente de Criminología del Ceidh despliega -desde una concepción que Quique llama Criminología crítica en contraposición a la administrativista- distintas líneas de trabajo. Una de ellas tiene que ver con la violencia policial. ”El trabajo ahí se fue recortando en lo que nos parecía el aspecto más crudo y más duro: las ejecuciones sumarias, el uso extremo de la violencia por parte de la policía -indica Quique-. Y eso implicaba meterse con todo el conjunto de condiciones que lo hacen posible. Qué hace que un cana mate o no mate, que tiene que ver con lo que hacen los jueces, con lo que hace el Ejecutivo, con cómo se entrenan los policías, para qué se los forma, cómo está organizada la institución. También tiene que ver con qué pasa después del hecho, quién lo banca y quién no lo banca, si pierden el cargo o no lo pierden; las condiciones que promueven o dificultan determinado uso de la fuerza. Siempre teniendo en claro una cosa: es imposible pensar una sociedad sin policía, sea una sociedad capitalista, liberal o socialista. No es una institución universal: apareció en un momento histórico determinado, más bien reciente, como tal; pero hoy está consolidada. Se va a transformar, no va a ser la misma dentro de 50 años, pero la policía está para quedarse. Otra cosa que está clara es que un policía es sinónimo de violencia siempre. Acá, en Canadá, en Suecia, en Colombia. Lo que cambia en cada espacio, en cada momento histórico, es los grados de tolerancia, qué es válido y qué no. Pero siempre estás pensando en ejercicio de la fuerza cuando hablás de policía. Incluso, cuando pensás en reforma policial -más allá de que la impulsamos, tratamos de involucrarnos, de que las reformas se hagan- somos muy escépticos. Lo que vas a estar trabajando es sobre regulación de los niveles de violencia. Es por demás de ingrato, pero es muy difícil pensar en la policía para la protección de los derechos de los ciudadanos. Eso está bien, es una buena formulación, pero lo que estás diciendo es que hay una forma de violencia que no va a ser tolerable, un nivel que no va 215


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a ser tolerable. En la práctica vas a estar trabajando siempre sobre niveles de violencia. La cana es eso”. Quique señala que esa línea de trabajo sobre la violencia policial llevó al área de Criminología del Ceidh a trabajar con la gente, en el terreno: ”lo hicimos por seriedad académica -la criminología como la vemos nosotros es una especialidad de la sociologíay también por convicción política: no estábamos ahí para describir el fenómeno y nada más sino para tratar de modificarlo y disminuir los impactos más negativos. Y entonces se empezó dando un laburo con familiares de víctimas de la violencia policial y también con los mecanismos que regulan la violencia: no es la misma la situación de la violencia policial hoy que hace cuatro años en Rosario, porque ahora hay un conjunto de familiares de víctimas muy organizados, con presencia. Hoy los medios lo cubren distinto, el tema tiene otra representación social. Incluso hay canales para denunciar que antes no había. Además, vimos en las ejecuciones sumarias una de las cosas que aparecen como ambiguas del terrorismo de estado (la ejecución sumaria es terrorismo de estado, esporádico, en democracia, no es masivo; pero si es una práctica sistemática es terrorismo de estado), un aspecto muy brutal, es que lo que se hace tiene que ser público y conocido. Cuando relevás casos ves que al pibe lo fusilaron delante de cinco testigos y que cuando se reunió el barrio los policías siguieron armando como si nada el escenario de los hechos: sacan el arma del baúl, pegan un par de tiros, se la ponen al pibe, plantan las cosas. Ese es uno de los elementos del terrorismo de estado: el terror para que sea terror tiene que ser conocido. Ahora bien, diferencialmente conocido. Tiene que circular en determinado grupo. Y a la vez, esta otra cara de lo que es el terrorismo de estado: que tiene que ser negado por el estado, funcionar de una manera que permita decir que no fue una ejecución sumaria, que fue un enfrentamiento. ¿Por qué? Porque los jueces investigan y dicen que fue un enfrentamiento. Y si el fenómeno no lo reconocen los jueces no hay fenómeno. Entonces el trabajo tuvo que ver con estas dos cuestiones: cómo enfrentar esto? Por un lado hacer visible a un público más general lo que tiene que circular sólo en determinado grupo y, a la vez, empezar a confrontar todos estos niveles de negación institucional y social respecto de que sí hay ejecuciones sumarias y no enfrentamiento y si hubo enfrentamiento a alguien lo limpiaron después”, completa Quique, que rescata como ejemplo de la labor de difusión la serie de notas sobre ejecuciones policiales que el Ceidh viene publicando desde hace un par de años en el periódico El Eslabón. A partir del trabajo descripto sobre la violencia policial, desde mediados de los 90 los integrantes del área de Criminología del Ceidh desarrollaron otra línea de estudio y acción al meterse con un tema que Quique califica como ”más complicado”, que es la seguridad. ”Diez años de política brutal de exclusión generan situaciones como la que tenemos hoy: un real aumento de la violencia, un real aumento de los delitos. Entonces el debate empieza a cambiar el eje: vos no podías hablar de violencia policial si no te animabas a dar un debate en el campo más amplio de la seguridad -arranca Quique. Empezamos una línea de estudio de distintas formas de lo que nosotros llamamos gobierno de la seguridad: qué actores intervienen, cómo intervienen. Podemos dar la 216


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discusión de cuáles son las causas del delito, porque no se puede solucionar en un mes lo que se produjo en diez años y demora treinta años en resolverse. Es una tragedia social que se produce en poco tiempo pero le jode la vida a dos generaciones y no la remontás fácil. Y nos jugamos a una cosa (y ahí nos conectamos con colegas de afuera) que fue decir que hay mecanismos democráticos de gestionar la cuestión de la seguridad. No dejando de reconocer que las soluciones tienen que ver con transformaciones socio culturales muy profundas para revertir la exclusión y la pobreza; pero aún en este contexto, en los lugares donde aparecen los estereotipos de la inseguridad hay laburos que se pueden hacer. Ahí empezó el laburo en villa Banana y en Ludueña, con la gente de la Universidad de Toronto, que está haciendo un trabajo de la transición democrática en Sudáfrica que se llama proyecto Comunidades Justas y Seguras, con dos líneas bien claras: una, el desarrollo de un modelo de autogestión en resolución de conflictos no violenta, pensando en todas las condiciones que producen para adentro de un barrio disolución, violencia, y que además posibilitan intervención policial, que es una intervención que va a arruinar la cosa. Y a la vez, dar una disputa intelectual y política en el contexto del neoliberalismo, porque el neoliberalismo te trae inseguridad y después te da el derecho y la capacidad de comprar la seguridad, con la empresa de seguridad privada, con el vigilante en la puerta del edificio. Entonces también fue esa disputa: si algunos pueden gestionar su seguridad en este contexto tan duro, otros también pueden hacerlo de la manera que les resulte más conveniente, menos dañina, y no con la cana entrando a meterles palo cada vez que hay un robo de una bicicleta. Esto empezó en noviembre de 2000 y tenía un aspecto, que es el que menos se desarrolló, que es un trabajo sobre las agencias del estado para que fuesen permisivas, pudieran soportar y promover este tipo de laburo de autogestión; y no sólo sobre las que tienen responsabilidad en seguridad, como la policía y el ministerio de gobierno de la provincia. La lógica nuestra fue que como queremos un modelo de gobierno de la seguridad que sea un poco más amplio tratamos de establecer convenios con el municipio, con la provincia y a nivel nacional. Con la provincia no pasó nada porque nos agarró a full la gestión Reutemann, con una política opuesta, aunque sí hubo un trabajo con la defensoría del pueblo, único organismo a nivel provincial que acompañó. La que acompaño fuerte fue la municipalidad, que nos sorprendió, y también hubo apoyo de un par de programas a nivel nacional” relata Quique. Y agrega: ”la seguridad es una ventana que permite formas de democracia participativa en la base. Y el proyecto Comunidades Justas y Seguras y los Foros de Convivencia están pensados como un modelo que permita movilizar organizadamente saberes y capacidades locales para confrontar un problema. Nadie sabe mejor que quien sufre el problema, quien vive en el lugar, ciertos mecanismos, ciertas formas de regularlo; pero a la vez reconociendo que no toda movilización de saberes locales es deseable, que a veces produce monstruos. Siempre hacemos el chiste: qué nivel más intenso de participación comunitaria en seguridad que el linchamiento. Te moviliza a todo el mundo, es una práctica de seguridad, pero sumamente indeseable. Entonces planteamos como desarrollar los saberes de una manera que esté regulada por una serie de principios. Son pautas para el trabajo, dejan claro que la idea no es juzgar, no es castigar, que el foro no está ahí para decir quién tiene razón y quién 217


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no sino para ayudar a que las partes vayan resolviendo los conflictos. No se orienta sobre el pasado sino sobre el futuro, que hacemos para que esto no se repita, para que lo que ocurrió no se haga tan grave. Es totalmente consensual, participa el que quiere. Alguno de los que tiene el problema o un vecino se lo lleva a una integrante del Foro, facilitadora le decimos, y el Foro sigue un ritual sumamente establecido para garantizar que se cumplan los principios: lo primero es entrevistar a ambas partes, para decirles que está el foro disponible, contarles de qué se trata y ver qué fue lo que pasó para una cuestión que es central: tratar de determinar con las partes a quién invitar para tratar de resolver el conflicto. Lo que sigue después es lo que se llama la reunión de resolución en donde se juntan las partes y los que pueden ayudar a resolver. O sea, los facilitadores no son los que resuelven el conflicto, son los que tienen la habilidad de movilizar saberes y estos saberes y estas capacidades van a cambiar. En un problema entre vecinos los cuatro o cinco vecinos de alrededor de los que tienen el conflicto van a ser los que están en mejores condiciones de solucionar. Lo que termina ocurriendo cuando las resoluciones son exitosas es que el conflicto se amplía y se abordan problemas más generales. En villa Banana hubo un conflicto grande entre dos familias porque una le tiraba toda el agua de la ropa a la otra, una señora se cayó por el agua, iba a terminar todo a puñetes, mal. Se hace la reunión y queda claro que el problema es que la zanja estaba tapada y no había desagüe, pero en la reunión, como invitaron a vecinos de nueve casas de alrededor, se descubre que el problema era de todos, de lo que se podría llamar la manzana, y la resolución fue construir un sistema de desagües informal, como se hace en la villa, para el total de viviendas que estaban allí. La gente que decidió como hacerlo lo sabía”. En cuanto al conflicto en Ludueña relatado al comienzo de esta nota, Quique cuenta que ”se resuelve entre ellos porque terminan marcando el gran problema de falta de espacios de esparcimiento. Y lo que se termina armando, porque los espacios no se consiguieron nunca, es tres equipos de fútbol de Ludueña que participan de un torneo entre distintos barrios organizado por Hijos. A través del torneo consiguen una cancha y el conflicto cambia totalmente de naturaleza. Quedó claro que el tema no era que los pibes son, como decía una parte del barrio, hijos de los villeros que no los educan, sino que no había lugar. Los mismos vecinos más viejos reconocen que cuando ellos eran chicos había un montón de campo en el barrio, tenían lugar. Se empieza a cambia el foco. Y va quedando claro que para lograr determinados fines tenés que tener mecanismos, sino no lo vas a conseguir. Si los Foros de Convivencia sólo mandaran a cuatro facilitadoras a resolver los conflictos en dos años tenés una capa de expertos y no democratizaste un carajo la resolución de conflictos. Lo resolviste, tal vez de una manera deseable, con una mediación bien hecha, no culpando, pero vas limitando la capacidad de las personas. La idea es empezar a ver cómo sos facilitador de otros procesos”.

Publicado el 12 de diciembre de 2004

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Instituto de Artes Contemporáneas de Rosario: “El pueblo ya no quiere saber de qué se trata, sino que quiere hacer, ser protagonista” Volvió nuestra sección La Buena Práctica, y esta vez fuimos a conocer el Instituto de Arte Contemporáneo de Rosario (Icaro). Allí entrevistamos a su director, Rodolfo Hachen, uno de los organizadores del Congreso de Las Lenguas, realizado en Rosario durante el último mes de noviembre, del cual participaron numerosas organizaciones sociales. Hachen es licenciado en Letras, e investigador del Conicet, aunque suele predicar en contra de los lugares comunes en los que caen a veces los académicos. Está en contra, por ejemplo, de la idea de que al pueblo hay que esclarecerlo porque éste ‘quiere saber de qué se trata’. “No. Ya no es más así –establece– porque el pueblo ahora quiere ser protagonista”. Y respecto del trabajo del instituto que dirige, explica: “En una sociedad en que el arte aparece tan vedado para los grupos marginales y se lo presenta como una actividad para las elites, el proyecto es acercar el arte como foco de creación”. Rodolfo Hachen, de 41 años y nacido en Pergamino, tiene varios títulos universitarios. Es Licenciado en Letras, hizo una Maestría en Teoría Lingüística y Adquisición del Lenguaje. Está a punto de rendir un doctorado en Filosofía. Y enseña etnolinguísitica en las carreras de Antropología y Filosofía, en la facultad de Humanidades y Artes. Es Investigador del Conicet. Y además de todos estos diplomas, trabaja como director de Icaro, el Instituto de Artes Contemporáneas de Rosario que, como él mismo define, ”revierte la lógica de trabajo tan común en nuestro país, ya que no hacemos un uso privado del dinero público sino que, desde un emprendimiento privado, nos abrimos al público en general con actividades que, mayoritariamente, son gratuitas. La idea pasa por generar un espacio de experimentación y debate en torno al arte y su función”. Icaro es el resultado de trabajos que ya venían haciendo desde hace tiempo algunos de sus integrantes, como artistas plásticos, investigadores, o docentes. ”En ese marco -explica Hachen- muchos trabajamos vinculados a escuelas marginales desde la carrera de antropología en la Facultad de Humanidades y Artes. Se apuntaba a alfabetización en líneas generales, pero también con la vinculación a expresiones artísticas”. Dos de los lugares en los que este grupo participó de talleres fueron la escuela N° 135 -a la que van los chicos de Villa ”La Lata”- y la escuela de la comunidad Toba de Travesía y Juan José Paso. Hachen asegura que luego de esas experiencias, quienes hoy son parte de Icaro, reubicaron el lugar del arte y de su trabajo. ”En una sociedad en que el arte aparece tan vedado para los grupos marginales y se lo presenta como una actividad para las elites, el proyecto fue -y hoy siegue siendo- acercar el arte como foco de creación. Un proceso que sirvió para los chicos, y que también fue muy rico para los artistas que participamos”.

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Hachen asegura enseguida que el arte es una necesidad: ”Para quienes como yo, venimos de hogares muy humildes, el arte ha sido sin duda una herramienta de salvación. No porque permita desvincularse de la realidad sino, por el contrario, porque encuentra sus raíces en los interrogantes más profundos de la condición humana”. Y termina su comentario con una anécdota reciente. ”Hace unos días -señala Hachen- pasaron por Icaro unos niños y jóvenes que estaban recogiendo botellas y cartones. Les ofrecí pasar a buscar algunas cosas que les podían ser útiles y, cuando pasaron no podían creer estar en este lugar. Preguntaban qué tipo de lugar era, qué hacíamos, y sobre todo si ellos podían visitarlo y participar de algunas de las actividades. Los ojos se les transformaron cuando les contestamos que era un espacio abierto a todos y prometieron volver. Ese, creo es nuestro motor”. ICARO Y LAS LENGUAS. En 2004, Rosario fue sede del III Congreso Internacional de la Lengua Española. Un fastuoso evento que tuvo como epicentro el remodelado Teatro El Círculo, del que participaron escritores e intelectuales de toda Hispanoamérica, y que contó con la presencia de los propios reyes españoles para su inauguración. Al mismo tiempo, también en Rosario, se realizó el Congreso de Las Lenguas. Roldofo Hachen y el instituto Icaro fueron de los principales promotores de este encuentro, del que participaron comunidades aborígenes, diversas organizaciones sociales, y hasta contó con la visita de algunos de los panelistas del ”otro” Congreso, como el portugués que ganó el premio Nobel de Literatura, José Saramago. El Congreso de Las Lenguas se realizó en las instalaciones del Centro Cultural La Toma, en el subsuelo del Supermercado Comunitario Tigre de calle Tucumán 1349. Y sus actividades fueron gratuitas. Según Hachen, lo que se vivió por esos días fue la consumación de lo que Icaro anhela: que una realidad vista desde diferentes ópticas pueda coincidir en una cosa en común. ”Allí se vincularon -enumera- fábricas recuperadas con grupos de derechos humanos, comunidades aborígenes y artistas plásticos. Pudimos confirmar la riqueza de esta idea, e incluso quedó para este año el compromiso de seguir trabajando en esa línea”. Hachen trabaja en actividades académicas en la universidad, desde hace más de 20 años. Y cuenta que para los universitarios, por ejemplo, ”estando solos hacer una revista hubiera sido muy dificil”, porque carecían de un varios elementos. ”A su vez prosigue- la gente de las empresas recuperadas, tenían una imprenta recuperada pero quizás le faltaban algunas herramientas que otros podíamos aportar. Creo que la idea que queda es que nadie puede hacer las cosas solo. Si alguno de los que participamos de ese congreso no hubiera estado, el congreso no se hubiera podido hacer”. EL NOMBRE. Cuando se le pregunta por qué el nombre de Icaro, Hachen cuenta una alegoría histórica, una leyenda: ”A Dédalo, padre de Ícaro y uno de los artistas más importante de la antigüedad, se le encargó construir el laberinto para el Minotauro. Dédalo y su hijo quedan presos de su propia obra. Y como son los únicos que pueden dar a conocer la clave del laberinto, son encerrados. Esa figura, del artista encerrado en su propia creación, fue un buen punto de partida para emprender nuestra tarea. Como Dédalo, queríamos salir de ese lugar y para ello ideamos esta forma, nuestro Instituto, que como las plumas con cera puede estar condenado, de antemano, al fracaso. Como 220


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todo empresa cultural que se inicia en este país, Icaro tiene una vida dudosa, reafirmada, diariamente, con el trabajo en conjunto. Por eso la imagen del joven tratando de salir volando del laberinto de su padre. Porque nos interesa el vuelo, la utopía, aunque nos conduzca a la muerte. Es preferible, en tal caso, morir en el intento que llevar adelante una vida rastrera. Finalmente, Hachen se despacha contra la noción de caridad: ”Esa idea de que ‘como tengo mucho, puedo dar’. Porque en nuestro trabajo, todos estamos dando, y todos somos imprescindibles. Durante muchos años se dijo que había que esclarecer al pueblo porque ‘quiere saber de qué se trata, y ya no es más así. El pueblo no quiere saber de qué se trata, sino que quiere hacer, ser protagonista”.

Publicado el 4 de marzo de 2005

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Visitamos la Biblioteca Popular Pocho Lepratti: Con nombre propio y protagonistas colectivos El psicólogo Carlos Nuñez es su director. Y cada mañana, cuando se levanta para venir hasta acá, se da a sí mismo una explicación muy clara: “Si de algo estamos convencidos es que este es un granito más de arena, de los muchísimos que necesitamos para construir una roca, que impida que sigan pasando los tipos que nos dejaron así como estamos”. Con semejante explicación, dan ganas de conocer de qué se trata esta historia de una biblioteca popular, en pleno barrio Tablada, que organiza numerosas actividades con chicos y jóvenes, y que acaba de editar su primer libro. Para aquel que no conozca Tablada, es un barrio al sur de Rosario que sigue teniendo pese al paso de los años una impronta que lo distingue del centro de la ciudad: es zona de laburantes. Ahí en el medio del barrio, en Virasoro 39 bis, dos cuadras después de 27 de febrero y cerca del mítico estadio del club Central Córdoba, está la biblioteca popular Pocho Lepratti. Una vieja casa de tres habitaciones llena de libros y de actividades. Que lleva el nombre de un flaco que iba con su bicicleta de barrio en barrio, para ir a su trabajo en la cocina de una escuela humilde en Las Flores, o para aportar con su esfuerzo militante al crecimiento de grupos de jóvenes en Ludueña. Y que fue asesinado por la represión de la policía santafesina a las manifestaciones populares del 19 de diciembre de 2001. En un barrio de laburantes, la biblioteca es entonces un homenaje a uno de ellos. La experiencia surgió en octubre de 2002, como centro comunitario. ”Y después de algunas discusiones -explica el psicólogo Carlos Nuñez, su director- decidimos trabajar como biblioteca popular y recordar la figura del ‘Pocho’. Sumándonos a todo el trabajo de hormiga que ya se venía haciendo en todo Rosario para recordarlo”. Antes de aquel fatídico diciembre de 2001, algunos de los miembros de la biblioteca habían participado de talleres de desocupados organizados por la Asociación de Trabajadores del Estado. Invitado por el actual secretario gremial de ATE Rosario, Gustavo Martínez, allí Nuñez conoció a Pocho y los chicos de la agrupación juvenil La Vagancia, que militaban con él. El propio Nuñez recuerda que esos fueron los orígenes de lo que hoy es la biblioteca: ”Había surgido un deseo dentro del taller, de que a la falta de empleo se le pudiera sumar el hecho de empezar a trabajar en algo social”. Y ahí, cuenta, fue surgiendo la idea de iniciar un trabajo territorial. Con el objetivo de rescatar la génesis de las bibliotecas populares de principios de siglo pasado, de los anarquistas y socialistas, hoy en la ”Pocho Lepratti”, se dictan varios talleres, y hay más actividades que la simple consulta de material bibliográfico. Según detalla Nuñez, ”hay un espacio de chicos que realizan acá una revista que se llama ‘Ratax’, hay talleres de educación popular coordinados por el profesor Gustavo 223


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Brufman, y un taller de serigrafía, abierto fundamentalmente para aquellos chicos que tuvieron que dejar la escuela”. Allí no sólo se aprende un oficio, sino que se discute en base a tres ejes: historia del trabajo, educación popular, y ciudadanía juvenil. Se sabe, la situación en los barrios, hace rato que viene jodida, por eso en este último punto de los derechos de los jóvenes, uno de los temas que más se charla es la consulta sobre cuáles son los derechos ante la policía. En una de las paredes del patio, el cronista de EnREDando puede leer un mensaje escrito con tizas de colores: ”Queremos, como Pocho, un mundo en el que quepan muchos mundos”. Y sin dudas, entre talleres, libros y reuniones, la biblioteca popular apunta a ese objetivo. Por eso a uno lo pone bien enterarse que todos los días -aunque hay algunas actividades, como fiestas, a las que se suma más gente- haya dando vueltas por acá un grupo de cerca de 20 chicos y jóvenes. Carlos Nuñez es psicólogo, una profesión que para muchos colegas suyos, no tiene como ámbito natural de trabajo este tipo de lugares. Y sobre el porqué de su elección, Nuñez responde: ”Uno lo elige porque cree que no hay posibilidad de salvarse solo, sino que esto requiere de un trabajo en conjunto. No hay nada más rico que sentirse un sujeto social, y que todos tenemos algo para aportar. Yo, como psicólogo, seguro puedo aportar algo, y otros profesionales también. Pero es impresionante todos los días acá la cantidad de mamás, o trabajadores del barrio, que traen un montón de ideas. Y acá me voy dando cuenta como me siento más feliz conmigo mismo que en lo otro que podría hacer como profesional”. Cuando Nuñez habla de las principales necesidades para la biblioteca de cara al futuro, hace una invitación al resto de las organizaciones sociales. ”Tenemos que seguir contruyendo espacios de cultura popular y de resistencia. Y todas las organizaciones que estamos en esto, tenemos una gran deuda, que es poder juntarnos para elaborar entre todos programas de formación para todos los que trabajan en estos lugares. Nunca vamos a tener, ni lo queremos, los equipos de trabajo que tienen los empresarios, como los de la Fundación Libertad, pero sí necesitamos aquí y en otras organizaciones sociales, poder formarnos en educación popular, trabajadores sociales, comunicadores, todos los que estamos en estas actividades”. Finalmente, la biblioteca acaba de editar su primer libro. Se trata de ”Pocho vive”, de algo más de 200 páginas y con una impecable presentación, que salió a la calle por estos días. Cuenta con los relatos de más de cien personas, que participaron de una convocatoria abierta a escribir sobre la figura de Claudio Lepratti. Se pudo imprimir gracias a la colaboración de AMSAFE, el gremio de los maestros santafesinos, y la Municipalidad de Rosario. Y por decisión de los editores, de la primer tirada de mil libros, la mitad de los ejemplares se regaló a organizaciones sociales y populares de la región. Una historia para nada común en las imprentas comerciales, otro ejemplo de buena práctica que nos dan las organizaciones sociales. Esta vez, la Pocho Lepratti, una biblioteca popular para laburantes y sus familias, en el corazón de barrio Tablada.

Publicado el 11 de marzo de 2005 224


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15 de marzo: Día mundial de los derechos del consumidor: “Tenemos que conocer nuestros derechos, y hacerlos valer” La Unión de Usuarios y Consumidores es una entidad sin fines de lucro que realiza por estos días acciones ciudadanas contra los aumentos de los precios, y que en los últimos años protagonizó la pelea contra los dueños franceses de la empresa Aguas Provinciales. Entrevistamos a una de sus integrantes, la abogada Valeria Vacaro: “En muchos grupos sociales se carece de recursos para pagar algunos servicios. Y por la misma realidad económica, a veces no se conocen los derechos que uno tiene ni se puede pagar un abogado. Trabajamos para ese tipo de casos, brindando un asesoramiento legal que por derecho le corresponde a todos”. El último 15 de marzo se celebró el Día mundial de los derechos del consumidor. Por eso enREDando visitó el local rosarino de la Unión de Usuarios y Consumidores, y entrevistó a la abogada Valeria Vacaro, quien como otros colegas suyos que atienden allí, realiza esta tarea en forma gratuita. Sobre el perfil de casos que llegan a la Unión, Vacaro explicó: Muchos carecen de los recursos para pagar un servicio como el agua. Y después, por la misma realidad, no conocen sus derechos, ni pueden pagar un abogado. Lo que hacemos entonces aquí hacemos es brindar el asesoramiento legal que por derecho corresponde. La Unión de Usuarios y Consumidores es una entidad que surge a nivel nacional en Capital Federal, en 1998. Y que en Rosario se conformó a partir del año 2000. La autoridad de aplicación a nivel nacional es la Secretaría de derechos del consumidor, que funciona con aportes estatales y hoy está a cargo de Patricia Vaca Narvaja. ”De allí sale una partida anual con la cual nosotros pagamos el alquiler” revela Vacaro ”y los gastos básicos de la oficina en que funcionamos. Después, durante el año, nosotros tenemos aquí tareas ad honorem. Yo por ejemplo, soy abogada y vengo a la Unión dos veces por semana”. El marco legal con el cual funcionan este tipo de asociaciones es la ley 24.240, que establece la defensa del consumidor y la obligación por parte de proovedores ”a suministrar en forma cierta y objetiva información detallada sobre los productos que comercializan”. La norma está vigente desde 1993, pero cualquiera que salga por estos días a hacer sus compras, notará que se la incumple a cada rato y en cada negocio, sobre todo en los más grandes, donde las ganancias son mayores. Frente a estos problemas, la Unión ha realizado en estos años varias campañas ciudadanas, vinculadas a los derechos del consumidor. Una de las más importantes fue el plebiscito que organizaron en toda la provincia, junto a la Asamblea Provincial por el Derecho al Agua, en 2002. Allí, más de doscientos cincuenta mil de santafesinos se manifestaron en contra de Suez Lyonnaise des Aux, mientras que sólo 430 personas 225


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votaron a favor de la empresa. Se trata de una firma francesa que controla el servicio del agua potable en varias provincias argentinas. Y que en Santa Fe está desde 1995 al frente de Aguas Provinciales, un nombre que suena mal para los rosarinos, por los altos precios de las facturas bimestrales y la falta de obras como cloacas y desagües en la mayoría de los barrios. Para la abogada Vacaro, ”el balance del plebiscito fue muy bueno, votó más gente de la que había votado a Reutemann para que sea elegido gobernador de la provincia”. Sin embargo, ni el aludido Lole, ni el actual gobernador Jorge Obeid, rompieron la relación con una empresa que se ha cansado de incumplir los contratos. A propósito de esta situación, Vacaro explica: ”El objetivo era que los gobernantes supieran cuál era la opinión de la gente, y una vez que quedó claro qué pensaban los ciudadanos, no se tuvo en cuenta este resultado. Por eso ahora vamos a intentar tener un impacto más importante, vamos a volver con la consulta, pero intentando que sea vinculante”. Por las calles rosarinas, ya se vieron algunos afiches que dicen: ”Los uruguayos pudieron, nosotros también podemos”, lo que de alguna manera, adelanta la posibilidad de esta iniciativa. La idea que se buscaría es que finalmente todos los santafesinos podamos decidir con claridad si queremos que esta empresa se quede o se vaya. Más allá del protagonismo que la Unión de Usuarios y Consumidores tuvo en esa campaña, la entidad trabaja todos los días para aportar información que ayude a mejorar la calidad de vida. Por lo general, los reclamos están vinculados a los servicios públicos, aunque durante el año pasado, uno de los casos que más trabajaron estuvo vinculado a la cantidad de abusos que se cometían en rutas nacionales y provinciales con la utilización de los radares. ”Llegaron en algunos casos” denuncia la abogada de la Unión ”a mandar multas de 800 pesos por haber pasado a 62 kilómetros por hora, cuando el límite era de 60 kilómetros por hora”. Otro sector por el cual se recibieron numerosas quejas luego de diciembre de 2001 es el bancario. Y según revelan los datos de la Unión, en los últimos meses -pasado ya lo peor de la crisis la gente siguió apuntándole a los bancos, esta vez por cobros de intereses muy altos con las tarjetas de crédito. Por estos días, la tarea más importante de la entidad es la preparación de informes sobre aumentos de precios. ”Aunque no acotado a los últimos dos meses” aclara Vacaro ”sino sobre el comportamiento desde enero de 2002. La idea es que se pueda ver que el aumento ha sido paulatino, y poder armar una campaña para que la gente esté informada y alertada, no sólo en un momento como este en que el tema está en boca de todos, sino como una educación más de base en cuanto a nuestro comportamiento como consumidores”. Finalmente, desde la Unión de Usuarios y Consumidores, realizan una clara invitación a todos aquellos que cada mes sienten el bolsillo más vacío cuando vuelven de hacer las compras o de pagar la factura de algún servicio. ”La propuesta que siempre hacemos en los cursos de capacitación” detalla la abogada Vacaro ”es que en cada entidad donde se reúne un grupo importante de ciudadanos, se puedan conocer los derechos del consumidor, y hacerlos valer. Sea una vecinal donde hay vecinos a los que 226


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le cortaron el agua o el teléfono, o un grupo de vecinos que fueron estafados por una tarjeta de crédito”.

Publicado el 18 de marzo de 2005

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APDH Rosario: “Somos bastante directos, antimilitaristas, y siempre estuvimos en contra de las injusticias” La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos nació en 1975, cuando antes del golpe militar ya se vivían tiempos oscuros. Casi 30 años después, entrevistamos a Carlos de la Torre, uno de sus fundadores y actual presidente de la delegación rosarina. “En la primera época –resume– nos tocó presentar hábeas corpus por compañeros desaparecidos, en otros tiempos acompañar piquetes contra Menem, Cavallo y De la Rúa. Pero desde aquel momento hasta hoy intentamos levantar siempre las banderas de la tolerancia y el pluralismo”. Hace pocos días, los agentes de la Guardia Urbana Municipal de Rosario llegaron a la plaza Montenegro con la orden de levantar los puestos de los artesanos que trabajan allí. Mientras discutían, uno de los jóvenes corrió a llamar a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Al rato, uno de los integrantes de la APDH estaba ahí, dando una mano. ”Es que siempre estuvimos en contra de las injusticias, con militares o democracia”, explica su presidente, Carlos de la Torre. Hoy, la APDH Rosario nuclea a unas quince personas. Tiene su local en la peatonal Córdoba, en el centro de la ciudad. Y desde allí se coordinaron en los últimos años varios actos contra la represión de distintos gobiernos, o por la libertad de presos políticos. En diciembre de 2001, por ejemplo, mintras la policía actuaba en las barriadas los integrantes de APDH recorrían hospitales en búsqueda de heridos para poder tranquilizar a sus familiares. Para Carlos De la Torre - quien además de mantener su militancia en APDH es director de la Escuela 756 de barrio Las Flores, en la que trabajaba Claudio Lepratti- ”esa tarde fue la que perdimos al Pochito. Yo recuerdo con cariño como a él algunas maestras lo peleaban, porque a veces llegaba transpirado a preparar la comida, después de pedalear tantas cuadras”. Cuando enREDando pregunta por los tiempos fundacionales de APDH, De la Torre invita a arrancar de más atrás. ”Aunque desde siempre procuramos mantener independencia, en sus inicios este organismo estuvo muy vinculado al gremio de los maestros. De hecho, nace en 1975 - cuando ya actuaba la Triple A- para poder organizar la autodefensa de los sindicatos docentes”. Con estas cartas sobre la mesa, uno se ve obligado a preguntar entonces por los tiempos previos, y aparecen algunos recuerdos emotivos. ”Yo empecé a militar en el ‘69, era maestro, y había sido elegido para el gremio como delegado suplente de Luis Lescano. El Negro también era rosarino, y como yo de la zona sur”. Lescano fue abogado laboralista, y maestro en una escuela nocturna, militaba en el peronismo de la Resistencia, y lo asesinaron comandos parapoliciales en septiembre de 1975. ”Fue horrible, apareció con Rodríguez Araya tirado al costado de una ruta”. De aquella militancia en uno de los seis gremios docentes, peleando por la 228


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unificación de los maestros en un mismo sindicato, se desprende la historia fundacional de APDH. ”En uno de esos viajes, en 1972, lo conozco a Bravo, que entonces estaba en el gremio docente de Buenos Aires”. De la Torre hace referencia a Alfredo Bravo, el ex diputado nacional y fundador de APDH, organismo del que fue presidente por muchos años. Ya después de 1976, con el gobierno militar, aquella misión de autodefensa para los docentes de APDH, debió ampliarse ante la escalada represiva. Así, fueron responsables de presentar cientos de hábeas corpus a la justicia. Trámite que se repitió incluso en los primeros meses de la vida democrática. ”Es que nosotros seguimos reclamando aparición con vida de los compañeros desaparecidos - explica De la Torre-. Luego se forma la Conadep, y a mí me toca participar como miembro de APDH. Ahí, aunque no estuve de acuerdo con el prólogo del ‘Nunca Más’ en el que Sábato formula la teoría de los dos demonios, nos tocó participar de experiencias muy fuertes, como la de recorrer algunos centros de detención con gente que había estado detenida en esos lugares”. De aquellos años ‘80, la historia de APDH salta hasta el presente. ”Después seguimos siempre junto a la lucha de los trabajadores. Yo estoy orgulloso de que esta organización haya acompañado a los desocupados en la época de los piquetes, o que hace poco denunciáramos la discriminación contra un ciudadano peruano en la universidad”, explica De la Torre. Finalmente, cuando EnREDando lo consulta por las recetas, el presidente de APDH Rosario es terminante: ”Acá el único secreto es que siempre hemos estado, por eso nos siguen convocando. Acá nadie cobra nada, es pura intransigencia. Que a veces nos ha llevado a tragarnos varios sapos, pero esto de poner la cara siempre, hizo que termináramos ganando respeto. Porque más allá de cada momento, nunca hemos sido progubernamentales y jamás vendimos pescado podrido”.

Publicado el 25 de marzo de 2005

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Asociación del Magisterio de Santa Fe: “No dejamos de enseñar, enseñamos a luchar” Esta es la consigna que en los últimos días cantaron los docentes santafesinos en las calles. Hace tiempo que el gremio que los nuclea pelea para que sus afiliados puedan tener salarios y jubilación más altos. Buscan hacer más digno su trabajo, pero también poder mejorar la calidad educativa de nuestros hijos. Por eso en la “semana mundial de la salud”, la Buena Práctica se encontró con Amsafé, el gremio que nuclea a los docentes de toda la provincia. Amsafé tiene en Rosario cerca de siete mil afiliados. Y buena parte de ellos concurren a las movilizaciones cada vez que se enfrenta un conflicto salarial como el que protagonizan los docentes por estos días. Se sabe que no hay recetas, pero igualmente preguntamos a Daniel Couselo, uno de los integrantes de su comisión directiva, cómo se logra un grado de participación tan alto: “Creo que es fruto del trabajo de todos los días, del que se hace antes y después de las medidas de fuerza. Nosotros siempre decimos que el sindicato no es un edificio, sino que es la suma de todos nosotros. Pero eso no puede quedar en una consigna. Tiene que reflejarse en un montón de maestras y maestros que sin ser dirigentes participan organizando actividades, sumándose al trabajo de las secretarías. Cuando eso se logra, inevitablemente se nota en la calle y en una capacidad genuina de movilización”. En cada una de las secretarías, participan equipos de trabajo. En la de Derechos Humanos, por ejemplo, más de diez docentes elaboran una publicación, que lleva editados dos ejemplares este año. La primera para el 8 de marzo, en ocasión de la “Día de la mujer”, y la segunda un par de semanas más tarde, con motivo del nuevo aniversario del golpe de estado, que se cumplió el último 24 de marzo. Allí apareció publicada una lista con los nombres de los docentes desaparecidos. “Y el objetivo de trabajo hacia el año que viene, cuando se cumplen treinta años del inicio de la dictadura –revela Marta Graf, titular de la derechos humanos en el gremio– es recuperar las historias de vida de todos esos compañeros. Que no los recordemos sólo con una placa, sino saber qué hacían, quiénes eran y por qué se los llevaron”. La idea de los integrantes de la secretaría es armar un libro. “Aunque falta un año entero, tenemos que empezar a trabajar ahora, y además necesitamos la participación de gente que aunque no esté en Amsafé nos quiera ayudar porque le interesa la tarea”, asegura Graf. Daniel Couselo, que es quien está al frente de Acción Social de la departamental rosarina de Amsafé, revela por otro lado que uno de los últimos trabajos que se hizo desde esa secretaría fue un estudio sobre “Condiciones laborales y salud”. Para ese trabajo, se convocó a profesionales de la Facultad de Medicina, junto a la cual se elaboró una encuesta sobre la salud de los docentes. “Es que a partir de la aparición de enfermedades en los compañeros –cuenta Couselo– empezamos a ver que el gobierno responde siempre con control de ausentismo, y para nosotros lo que debería haber en 230


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cambio es un sistema preventivo de la salud de los trabajadores”. Por eso, una de las principales reivindicaciones de Amsafé por estos días es la pelea contra el presentismo, que se entiende desde la realidad de los maestros como una medida que funciona de manera extorsiva, para evitar los paros. Respecto de este tema, en los últimos días las autoridades del gobierno provincial pretendieron establecer que “los maestros no quieren trabajar”. La respuesta más espontánea se fue dando en la calle, con miles de maestros cantando “No dejamos de enseñar, enseñamos a luchar”. La canción se transformó de a poco en una de las preferidas en las movilizaciones, y entonces ahora es la consigna que plantean todos en Amsafé. En la última revista de la Secretaría de Derechos Humanos, por ejemplo, se plantea en la nota editorial que esa debe ser la principal bandera. Es que, como no podía ser de otra manera, el conflicto salarial aparece hoy en cada una de las áreas de trabajo del gremio. Otra de las tareas que se realizan en Amsafe antes y después de cada conflicto, tiene que ver con poder aportar información que ayude a mejorar la calidad educativa. En un contexto en el cual la educación y la salud dejaron de ser prioridad para la mayoría de los gobernantes, no deja de ser interesante que algunos se preocupen, por ejemplo, por la situación edilicia de muchas escuelas. Por eso, otra de las líneas de trabajo de Amsafé Rosario es un relevamiento sobre las condiciones de higiene y seguridad en las escuelas. Couselo explica: “Cada una de estas cosas son herramientas que además sirven después para poder discutir con el gobierno sobre nuestra situación. En este caso, nuestra intención es documentar en formato de video, que se pueda ver en qué condiciones trabajamos hoy los docentes. El gobierno suele decirnos que la culpa de estas falencias la tienen las directoras de cada institución, pero cuando ves cómo están las aulas, la cantidad de elementos que faltan en las escuelas, y cómo están esos mismos barrios, te das cuenta que lo que hay que denunciar es la responsabilidad del Estado”. Cómo sucede en cada nota de la Buena Práctica, antes de finalizar la nota consultamos al entrevistado qué le sugiere la idea de “enredar”. Couselo opinó: “Nosotros estamos preocupados por poder reconstruir las redes sociales que rompió la dictadura. Algo que después se profundizó con el menemismo. Recuperar los lazos para que uno se vincule con otros, con trabajadores, con organizaciones sociales, con todos los que están colaborando para poder tener un país más justo. Y creo que justamente, si nos vamos enREDando, esta tarea puede resultar menos complicada”.

Publicado el 9 de abril del 2005

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El programa conducido por los internos del “Suipacha”: La radio como experiencia terapeútica Esta semana, encontramos la Buena Práctica en el Hospital Regional de Salud Mental “Agudo Avila”. Donde se armó un dispositivo clínico por el que los pacientes participan de talleres, ideados para facilitar sus procesos de externación. Como parte de este trabajo, aprendieron entre otras cosas a hacer periodismo, y realizan una emisión de radio que se transmite en el patio de la institución. El programa se llama “Tardes Nuestras”, y en pocas semanas todos los rosarinos vamos a poder escucharlo por FM Aire Libre. “Gracias a ustedes, que están ahí, del otro lado, escuchándonos. Porque sin su presencia no podríamos hacer este programa”. Así, repitiendo con mucha profesionalidad uno de los yeites del periodismo radial, cierra Beatriz cada emisión de Tardes Nuestras, el programa que realizan los pacientes del Hospital Regional de Salud Mental Agudo Ávila. Que se transmite hasta ahora en el patio de la institución, pero que muy pronto podremos escuchar todos los rosarinos, cuando salga al aire por la FM Aire Libre. Se trata de uno más de los talleres que se realizan aquí, y que apunta a colaborar fundamentalmente con aquellos internados que están en proceso de externación ”con el alta o a punto de recibirla”. ”La idea es que para los pacientes pueda haber una inclusión en la cultura. Que a partir de que alguien encuentra algo que despierte sus intereses, pueda encontrar un lugar en la cultura. Que cada uno pueda encontrar un ‘hacer’ que facilite su inclusión”, explica Celina Pochettino, una de las tres psicólogas que coordinan el dispositivo de talleres, junto a Marcia Reitich y Carla Giribone. La conductora del programa es Beatriz, que se internó en el Agudo Ávila hace unos años. ”Llegué a tomar tantas pastillas para adelgazar que se me alteró el sistema nervioso”. Hoy, ella tiene el alta médica pero no encuentra en el afuera la contención necesaria para salir. Como otros, su internación aquí derivó en una ruptura de los lazos familiares. El columnista de la sección política es Claudio Matheu, que debe tener algo más de 50 años. Anda siempre con un pucho prendido y un saco algo gastado, pero que lleva con prolijidad. Es lector fanático de El Eslabón, periódico que además vende a en la esquina del hospital, para hacerse unos pesos. ”Esta participación en Tardes Nuestras” confiesa Matheu ”me ayuda mucho en la terapia. El hecho de actualizarse, estar metido en la realidad, hace que uno no se sienta tan solo, tan desubicado en la sociedad. Por eso, creo que cuando salga, voy a seguir viniendo a hacer el programa”. Celina Pochettino, que empezó a trabajar aquí hace cuatro años ”cuando realizaba sus prácticas antes de recibirse” asegura que este tipo de casos son muy comunes: ”Sucede que hay muchos prejuicios a la hora de ofrecerle trabajo a alguien que estuvo internado. Por eso, uno de los objetivos que también es que los pacientes que participan

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de talleres que van teniendo vínculos con la comunidad, puedan ir ubicándolo como una posibilidad laboral. En el de radio, ahora que se va a hacer el programa en Aire Libre, ya se habló la posibilidad de que se vendan publicidades, por ejemplo. Y todo esto, indudablemente, tiene también una perspectiva clínica”. Además del de radio, en el ”Suipacha” hay otros talleres: recreación y deportes, artesanías, musicoterapia, escritura y dibujo. Todo forma parte de un dispositivo que cuenta con el apoyo de la dirección del hospital. ”De parte de la provincia, también hemos recibido apoyo, aunque claro que siempre en esas cosas uno necesita más aportes”, reclama muy tímidamente Pochettino. Orlando, otro de los pacientes que participa del programa. Y lo presentan como ”El hombre de todos los tiempos” porque es el encargado de hablar del clima. ”Cuando no hay diarios improviso. Tomo conciencia a medianoche de qué clima estamos, como gira la tierra, qué maquinaria interfiere, todas esas cosas”, relata. Cuenta que hace treinta años que está internado aquí, desde los 13, y además de adelantar las temperaturas para el fin de semana, se anima a darle al cronista de enREDando algunos consejos para que le arrime los cuerdos , los que estamos afuera. ”Le diría a la gente que siga su lucha, que no abandone, que siga adelante. Porque a pesar de que hay gente que a veces no lo quiere a uno, no que perder la fe que es lo más importante, la moral bien alta. A no dudar nunca, porque el que duda y sufre, pierde la vida y poco a poco”. Hoy en el Agudo Ávila hay alrededor de setenta pacientes internados, y cuando se organizó este dispositivo se invitó a todos a participar de los talleres. Aunque la cantidad de pacientes varía según la semana, suele ser más o menos de treinta pacientes por taller. En cada área hay algún encargado de la especificidad. En radio, por ejemplo, Lisandro López. Que habla de Tardes Nuestras como de”una obra en construcción”. López es un periodista radial con algunos años de trayectoria, y resume este colectivo del que participa: ”Somos un equipo de trabajo en producción radial con gran sensibilidad, que hace realmente lo que le da la gana. Y nuestras ganas tienen que ver principalmente con desarrollar contenidos de interés general, a veces con perfil periodístico, pero siempre nutridos por nuestras ideas, sentimientos y proyectos”. Además, junto a cada tallerista siempre hay un psicólogo. En el caso de la radio, Eduardo Mutassi. Su tarea es ir acompañando el proceso grupal y aportar con el abordaje clínico. ”Porque a pesar de que los espacios son colectivos” aclara Pochettino, ”el tratamiento de cada paciente es singular”. Uno de los talleres que también encontró una invitación para sus integrantes fue el de ”recreación y deportes”. Gracias a la gestión de los encargados del estadio municipal, una vez a la semana los pacientes realizan sus actividades allí. En radio, como está dicho, FM Aire Libre empezará a transmitir, en dos semanas, el programa Tardes Nuestras, todos los jueves a las 15 horas. De aquí en más, aseguran en el hospital, sólo será posible crecer en esta línea de trabajo si otras personas o instituciones los apoyen esta iniciativa y les abren las puertas a la articulación. La psicóloga Pochettino, una de que está al frente del dispositivo, se esperanza sobre el final cuando enREDando la consulta por los pasos a seguir: ”Todos los espacios 233


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de la cultura en la ciudad, que tengan que ver con la inclusión, pueden articular con estos talleres. Por eso nos parece bueno esta idea de ustedes de de enredarnos, porque es el intento que nosotros también tenemos en el horizonte. Que este hospital no sea sólo puertas adentro, como fue pensado desde su inicio, sino abierto a la comunidad”.

Publicado el 22 de abril de 2005

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Asociación Amigos de la Guitarra: Cuerdas recorriendo las escuelas y los barrios rosarinos Una institución que nació hace seis años, con la idea de generar nuevos espacios para difundir la música de guitarra. En todo este tiempo, además de intentar generar recursos económicos para que varios artistas puedan vivir de su profesión, pudieron pasear por escenarios no tradicionales de la ciudad un amplio repertorio del que sobresale el folklore latinoamericano. Es una regla básica. Siempre al fogón se lleva una guitarra. No importa que no haya un virtuoso en todo el campamento, porque siempre alguno se le anima a las seis cuerdas y toca una “de esas que sabemos todos”. Al rato, hasta el más tímido se integra al grupo y se anima a tararear la melodía. En Rosario, los músicos que integran la Asociación Amigos de la Guitarra, se juntaron hace seis años con una iniciativa parecida. Porque su misión, desde entonces, es llevar música a los barrios, las escuelas, e ir buscando nuevos escenarios que les permitan a los guitarristas locales poder vivir del arte, de su profesión. La idea fue de Adrián Ledesma en 1999, y después se fueron enganchando algunos más. Algunos se fueron haciendo miembros estables de la asociación, y otros guitarristas directamente se fueron sumando para los recitales. El repertorio, generalmente, es de folklórica latinoamericano. “Nuestro maestro es Eduardo Falú –explica Fernando Fracchia, integrante de la asociación–, que a sus 80 años sigue tocando y trabajando con la música. Después, respetamos mucho a grandes maestros de la música internacional como Carlos Di Fulvio o Andrés Flaury”. En todos estos años, cuentan, se fueron chocando con algunos prejuicios típicos. “Cuando empezamos con el programa ‘La guitarra en la escuela’, o el otro, para ir a los barrios’, muchos se preguntaban al principio qué tenían que hacer tocando allí. Y sin embargo, tiempo después fuimos aprendiendo mucho de esos lugares no tradicionales. Los alumnos en las escuelas, por ejemplo, recuerdo que muchas veces terminaron dándonos clase de espectadores”, recuerdan. La dificultad a la hora de buscar lugares para tocar es común a la mayoría los músicos. Por eso, el tema es uno de los más importantes para la asociación. Fracchia le confesó a enREDando: “Hay muchas veces en que me planteo de qué sirve ser el mejor guitarrista si no tengo lugar donde tocar, o gente que me escuche. Prefiero en todo caso, ser uno de los del montón, pero poder dedicar tiempo a generar nuevos escenarios, vincularme con la gente”. En el balance, quizás como el hecho más positivo, aparece un recital solidario que dieron todos los músicos de la asociación en 2004, nada menos que en el Teatro El Círculo y acompañados del propio Falú. “Nunca vamos a superar lo que se consiguió ese día. La entrada era un alimento no perecedero para donar a los comedores comunitarios, 235


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y el teatro se llenó”, se emocionan estos Amigos de la Guitarra. Para el final, como siempre en esta sección, la pregunta sobre la apuesta del Nodo Tau, de tratar de enredarnos a todos los que andamos por caminos parecidos, remando contra la corriente. “Lo que nos puede ayudar esto de enredar, a todos los que la peleamos de abajo, es a ir conociéndonos. Hay muchas veces, por ejemplo, que la gente no viene a este tipo de actividades, porque directamente no se entera”, concluyó Fernando Fracchia.

Publicado el 6 de mayo de 2005

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Cooperativa “Resurgir”: Un lugar lleno de ñoquis, donde todos laburan Merlat era una fábrica de pastas que presentó su quiebra a fines de 2003. Pero cuando cerró, sus trabajadores nunca dejaron de producir, para no agachar la cabeza. En lugar de esperar esa bendita indemnización que nunca llega se hicieron cargo de la empresa. Hoy la firma está andando bien, la justicia acaba de admitir que los laburantes alquilen las máquinas, y ahora van por la expropiación del local. “La mayoría de los clientes no tira buena onda, y nos dice que experiencias así como la nuestra son el futuro de la Argentina. Pero para algunos del barrio, gente de mucha guita, los de pastas Merlat somos todos unos negros sindicalistas”, confiesa Leyla Catraro, integrante de “Resurgir”. Se trata de la cooperativa conformada en 2004 por los ex empleados de una fábrica de pastas rosarina, propiedad de Héctor Merlat que había quebrado unos meses antes. Cuando a mediados de 2002 la firma empezó a andar mal, este grupo de trabajadores evitó quedarse de brazos cruzados. En cambio, redoblaron la apuesta: “Nos juntábamos en un minimarket de la esquina, y ahí fuimos viendo como salir de esa situación. A algunos de los empleados se les venía dejando de pagar, y aunque nuestro patrón decía que no había problemas, nosotros ya sabíamos que la empresa podría quebrar”, relata Catraro. Merlat, creada en la década del ‘70, con local de ventas y preparación en calle Salta y Moreno, había llegado a tener más de veinte empleados. Pero en febrero de 2002, cuando se presentó ante la justicia el concurso preventivo, ya eran algunos menos. Sigue Leyla Catraro: “Cuando se fue armando todo el despelote éramos unos quince, y después mientras peleábamos para salir adelante ya sin patrón, se fueron tres compañeros y quedamos doce. Lo que pasa es que no era fácil aguantar esos momentos, cuando hubo varios meses en los que no pudimos llevar a casa ni un mango”. Por entonces, no tenían idea de cómo buscar una salida distinta a la habitual. Sólo sabían que no querían recorrer el clásico camino del retiro voluntario, para esperar la indemnización que nunca llega y salir a buscar un trabajo nuevo, con edades que no parecen existir para los que escriben los avisos clasificados. En diciembre de 2003, finalmente Merlat quiebra, pero sus empleados deciden seguir produciendo. Ya habían tenido algunos contactos con el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas. “Nosotros conocíamos la experiencia de Mil Hojas, que en un rubro parecido al nuestro había podido armar una cooperativa. Y después vino varias veces José Abelli, del Movimiento, que nos fue ayudando bastante”. En las vitrinas, entre las cajas de ravioles, ñoquis y sorrentinos, hoy se puede ver un cuadro que recuerda esos momentos, y que escapa al paisaje habitual de este tipo de comercios. “Homenaje a los actores sociales que mientras otros se resignaban, resistieron al saqueo de la Argentina”, reza la placa. Fue regalada por el bloque de diputados provinciales del ARI cuando en noviembre de 2004 los empleados de Merlat, 237


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ya agrupados en la cooperativa “Resurgir”, estuvieron en Santa Fe para pedir la expropiación de las máquinas. “Ese proyecto cuenta con media sanción en la Cámara, y ojalá pueda salir, para trabajar con más tranquilidad y mayores márgenes”, cuenta Catrero mientras le recomienda a una de sus clientas “el raviolón siciliano, relleno con ricotta, jamón y nuez”. Hasta hoy, los integrantes de la cooperativa alquilan el local y las máquinas, y tratan de levantar la quiebra, controlada por un síndico. Arrancaron sin capital inicial, sólo el Concejo Municipal les dio un crédito de 12 mil pesos con el que compraron algunos equipos y pagaron alquileres. El resto, puro esfuerzo. Como otros trabajadores que recuperaron sus empresas, en Merlat saben las diferencias de laburar sin patrón: “Cuando sos empleado -se sincera Leyla- te remitís a hacer tu tarea y en tu horario. Apenas termina tu turno te vas y no querés saber nada. En cambio yo noto que nosotros nos involucramos todos mucho más. Se rompe alguna pieza de alguna máquina, y aunque yo no tenga que ver con el área de elaboración, me quedo hasta ver como podemos solucionar ese problema. Muchas veces llego tarde y gano menos que antes. Pero la empresa somos nosotros, es una inversión a futuro”. Para el final, un clásico de la sección. Le pregunto a Catrero qué sentido le encuentra al concepto de “enREDando”. Y ella, que está esperando su primer hijo y está orgullosa de integrar la cooperativa, lo define sin muchas vueltas: “Para nosotros fue fundamental. Empezamos enredándonos, como vos decís, entre nosotros para poder pelearla todos juntos. No quisimos salvarnos cada uno por su lado. Y después, cuando ya empezamos con Resurgir, nos fuimos poniendo en contacto con Mil Hojas, con otra gente que nos fue ayudando, y si no hubiera sido por toda esa colaboración mutua, hoy no estaríamos contando esta historia”.

Publicado el 6 de mayo de 2005

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Cafferata Bochin Club, o quién dijo que todo está perdido Es una institución fundada en 1952 en la zona oeste de Rosario que a fines de 2001, tapada por las deudas y casi sin socios, estuvo al borde de la quiebra. En ese momento, un grupo de jóvenes del barrio decidió organizarse para recuperar el club y armar una biblioteca popular. Cafferata al 2300, zona oeste de la ciudad, un sábado a las seis de la tarde. Allá a la vuelta sobre avenida Godoy, en otro de los cyber que inundan la ciudad, la pibada debe estar ”chateando en el MSN”. Pero a los integrantes del Bochin no les importa demasiado. Son más de quince chicos y chicas que apenas pasan los veinte años, la misma edad que aquellos que se encierran a ”disparar en el Counter Strike”. Pero están en otra, armando un escenario para la obra de teatro a la que han invitado a la gente del barrio. Como vienen haciendo cada fin de semana en los últimos tres años, se juntan para darle vida a un club que a fines de de 2001 estaba fundido y a punto de cerrar. El Bochin se fundó en el 1952, y como cuenta uno de sus ”recuperadores”, Leandro: ”Era un lugar de esparcimiento para gente grande que después de la jornada laboral, a la tardecita, se juntaba con algunos jubilados del barrio a tomar un vermouth y jugar a las bochas. Pero en los años ‘90 se combinaron un montón de cosas y la gente se fue yendo: muchos andaban sin trabajo, los que trabajaban lo hacían por más horas, los sueldos eran más bajos, y las familias empezaron a pasar cada vez más tiempo delante del televisor. Por eso en el 2002, cuando se nos ocurrió de hacer algo para que esto no cierre, el club ya ni existía, es más, acá funcionaba un gimnasio”. En aquel verano caliente por el que pasamos los argentinos, cuando surgían como hormigueros las asambleas barriales, y los ahorristas caceroleaban en la puerta de los bancos, a este grupo de jóvenes se les ocurrió que podían juntarse para evitar el final del club de su barrio. Germán, otro de los que se sienta en la ronda del mate, recuerda: ”Vino una asociación italiana, que tenía un montón de socios y se quería quedar con el lugar para hacer sus actividades, que iban a ser cerradas para ellos. Y querían agarrar las instalaciones. Nosotros, que somos de acá de la zona, vimos que si pasaba eso, al club no lo recuperábamos para el barrio nunca más. Entonces le propusimos a los pocos que quedaban de la comisión anterior, hacernos cargo de las instalaciones”. Según cuentan hoy, ”no sólo faltaba la gente. Estaba todo despintado y había deudas por todos lados”. Y sin embargo, a estos pibes se les ocurrió que podrían recuperar el Bochin Club. ”Claro que en una realidad como la que vivimos, era imposible volver al club con la función social que había tenido en otros tiempos. Entonces lo que decidimos hacer fue armar una biblioteca popular, para que la cultura pueda ser uno de los motores de este lugar, y la gente del barrio vuelva”, explica Leandro. Y así fue que empezaron a pasar los domingos pintando, revocando, haciendo arreglos, y comiendo algunos asados. En el primer tiempo, con un elenco exclusivamente varonil. Después se fueron enganchando las novias, amigas, y así el grupo se fue ampliando. ”Al principio era todo muy machista. Pero vinimos, nos hicimos socias, y 239


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arrancamos. Me acuerdo que empezamos con una rifa en el barrio. Ahí fuimos juntando fondos para poder pintar y mejorar el lugar. Y después hicimos una fiesta el 11 de septiembre de 2004, que tuvo muy buen resultado”, detalla Luciana, de 23 años, una de las primeras mujeres en incorporarse. Poco después, en noviembre del año pasado, organizaron otra función grande, de la que participaron más de 200 personas. Con la excusa de juntar algunos libros para la futura biblioteca, ese día organizaron una choripaneada con música y teatro en vivo. ”La idea es hacer una de esas todos los años. Yo hoy, sigo mirando acá en el patio y todavía no lo puedo creer. Estaba todo esto lleno, con los músicos de El Vagón tocando, Germinal Terrakius -en referencia al genial personaje interpretado por el actor Miguel Franchi- haciendo sus proclamas, y Carlos del Frade dando una charla de historia. Esa vez, juntamos como 1.200 libros”, revela Cintia, otra de las jóvenes que está a cargo del club. Los pibes nombran a Del Frade, uno de los mejores periodistas de la ciudad, proscripto para sistema de medios local por apostar a historias como las del Bochin. Y coinciden en señalarlo como el padrino del Bochin. ”Casi todos escuchábamos rock nacional -explica Leandro- y lo conocíamos a él de la radio TL. Cuando él vino acá, nos ayudó mucho contándonos cómo había sido la ciudad en otros tiempos, tirándonos ideas sobre lo que podíamos hacer. Y además, que el nos haya dado difusión en nuestras actividades, significó algo muy importante” Hugo es el más viejo del grupo. Tiene 45 años y se define como ”militante de la vida”. Plomero, conoció a uno de los jóvenes haciendo un trabajo de plomería en la casa de uno de ellos, y ahí se enganchó para poder venir a participar. ”¿Sabés lo que pasa? Que acá hay un montón de ganas, y yo que siempre fui un ‘obrero con inquietudes’ me sumé aunque no soy del barrio”, relata. Marisol, de 19, cuenta que se enganchó porque le gusta mucho el proyecto. Ya propuso hacerse cargo de un taller de guitarra. ”Porque tenemos pensado no sólo armar la biblioteca, sino después poder armar talleres para los chicos de por acá, un montón de cosas”. En pocos días, el Bochin Club inicia los trámites para tener su propia personería jurídica. Germán, de 23 años - que fue elegido para esa instancia como vicepresidenteexplica lo que puede significar: ”A veces los partidos u otras instituciones, trabajan muy cerrados. Nuestra idea es por el contrario, que esto esté abierto a la participación”. Consultado sobre la ayuda que pueden dar otras ONG’s, Germán dice: ”Que vengan los domingos a comerse un asadito y dar una mano con las obras, o que se traigan algunos libros. Y una cosa importante va a ser en poco tiempo, cuando necesitemos una computadora para ordenar el funcionamiento de la biblioteca”. Aunque ninguno tiene demasiada trayectoria militante previa, no le escapan a la pregunta sobre el miedo a ser cooptados por algún partido o institución estatal: ”El Estado nos saca a todos, todos los días, algo de lo que es nuestro. Así que tenemos que ir recuperando eso que ya es nuestro. Como pasó con un subsidio que ganamos el año pasado de Cultura de la Municipalidad. Pero sabemos que no le debemos un favor a nadie. Ni a los funcionarios ni a los partidos políticos”. Otra de las cosas que destacan aquí es el valor de arrancar de cero, bien de abajo. 240


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”Cualquiera que se quiera dar una vuelta acá un domingo, puede ver como para hacer esta biblioteca no solamente nos faltaban los libros. Estamos teniendo que levantar hasta las paredes. Ver, por ejemplo, a las chicas haciendo una mezcla, es un espectáculo aparte. Y no sé si están del todo derechas las paredes, pero están hechas con un cariño inmenso”, vuelve a emocionarse Leandro. De acá a un año, dicen, se imaginan la biblioteca terminada, y”un quilombo infernal, chicos leyendo, haciendo actividades, con alguna vieja rezongando porque no se puede leer. No queremos el típico silencio impuesto por algunas bibliotecas”, se ríen. La segunda pava de mate circula en la tardecita de este sábado frío, y ya está por empezar la obra de teatro, pero antes de terminar la nota, el cronista de enREDando invita a los jóvenes dirigentes del Bochin a armar una especie de taller, que el grabador circule en la ronda y que cada uno diga qué le sugiere la palabra ”enredar”. Este fue el resultado: Anahí: ”Aprender, ser feliz, y darse cuenta que con poco se puede hacer mucho” Luciana: ”Conocer, encontrarse con gente que también tiene ganas de lograr cambios. Unirnos todos los que estamos con fuerza y euforia para contagiar, para que la bronca que tenemos contra los que nos dominan hace siglos, se vaya transformando en una lucha. Enredarnos significa encenderle la llamita al de al lado, para que pueda sentir la incertidumbre que sentimos nosotros”. Hugo: ”Sin una red no puede haber cambios, en ningún plano, pasa a nivel mundial”. Cintia: ”Unirse, para lograr algún objetivo común”. Marisol: ”Crecer, enriquecerse”. Daiana: ”Compartir una idea, para llegar a un mismo objetivo. Y para eso hace falta tolerar, conocer al otro, y respetarlo. Y yo rescato que en este grupo pasa algo de todo eso, y por eso hemos conseguido las cosas”. Leandro: ”Una tarea difícil, porque hace mucho que nos vienen desenREDando. Nos dividieron con banderas, fronteras, boludeces. Más allá de tener ojos achinados, ser negros o blancos, tenemos que enredarnos los de la misma clase. Y si no logramos enredarnos, va a ser imposible conseguir cambios”. Adrián: ”Yo quiero aclarar que me acabo de enredar. Para mí significa meterse en un problema, buscar lo difícil. Yo soy actor y de ahora en más voy a colaborar con los chicos. Es más, yo venía acá al gimnasio. Y ahora que veo todo esto, me dan ganas de que nos enredemos para sacar adelante esta historia”. Publicado el 16 de mayo de 2005

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Cooperativa La Colmena: Qué están haciendo hoy estas abejas trabajadoras Hace unos meses, en enREDando te contamos de la existencia de un grupo de reposteros del barrio Cristalería, en la zona noroeste de Rosario, que habían participado de unas Jornadas organizadas por la Municipalidad. Son 16 personas que se organizaron con muy poco, pero que pueden producir y comercializar riquísimas masas secas. Esta vez, decidimos visitarlos para conocer su actualidad y contártela en nuestra sección de la Buena Práctica. Alcides Villegas es técnico electricista. Durante muchos años trabajó para una empresa que hacía los stands de ferias como ExpoChacra. Hasta que se le ocurrió que podría largarse con lo que sabía de repostería. Hoy, algunos años después de aquella decisión, es el presidente de la cooperativa La Colmena, que integra a 16 personas que producen y venden masas secas. Seis de ellos, trabajadores que llegaron como desocupados, cobrando un plan Jefe de Hogar. Por ahora, la elaboración aquí es artesanal, aunque hay varios proyectos para ampliarse y mejorar la capacidad de producción. ”Estoy muy conforme. Y el mejor aprendizaje es que trabajando en grupo se pueden hacer muchas más cosas que cuando uno se corta solo”, confiesa Villegas. Ninguno de los integrantes de “La Colmena” tenía mucha experiencia cooperativista. Y ni siquiera conocían el oficio de reposteros o de vendedores. Se fueron haciendo con el trabajo. ”Para que se entienda cómo fue nuestra historia - explican- , nosotros éramos de antes un grupo de amigos, y ahí fuimos de alguna forma ejerciendo cooperativismo. Cuando la situación económica se había puesto muy difícil, empezamos a hacer entre varias familias compras comunitarias. Yendo de a varios a un comercio mayorista, y comprando para todos. Ahora, trabajando acá, se nos va haciendo una costumbre”. Por esa época, a comienzos de 2002, se conformaba oficialmente La Colmena como cooperativa. Y Villegas, que sabía del oficio, fue capacitando al resto para aprender a amasar y hornear las masas secas que empezaban, de a poco, a vender en bandejitas de doscientos gramos en los comercios de los barrios cercanos. Antes, habían intentado vender mermeladas caseras, pero terminaron optando por dedicarse en exclusividad a las masas por una cuestión económica. ”Hoy, en cualquier supermercado conseguís un frasco de dulce por un peso y medio, y nosotros para recuperar los costos que teníamos no lo podríamos vender a menos de cuatro pesos cada uno. Invendible”, razonan. El nombre ”La Colmena” que eligieron para el emprendimiento tiene que ver con adoptar una forma organizativa parecida a la que tienen las abejas, donde todas trabajan. Villegas, que es el presidente de la cooperativa resume con claridad: ”Yo soy el responsable legal, pero acá soy uno más. Hay veces que me toca trabajar hasta 16 horas, y estoy acá en la parte de producción, con la sobadora, la mezcladora, el torno. Estoy sucio, lleno de harina, no de saquito y corbata”. Hoy en total se integran a este grupo 16 personas, de las cuales cinco trabajan en la 242


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producción y el resto en ventas. Hasta ahora, el amasado es totalmente artesanal. Tienen una sobadora, una selladora y un horno, que les permite hacer algo más de 40 bandejas diarias de masas secas y alfajores de hojaldre. ”Y poné en la nota - piden al cronista de enREDando- que hace poco también incorporamos bizcochitos de hojaldre azucarados, que están teniendo un éxito terrible”. Pero ”La Colmena” tienen expectativas de poder crecer dentro de muy poco. ”Queremos industrialiazarnos - se entusiasma Villegaspara que, definitivamente, todos podamos vivir de esto. Presentamos un proyecto a Desarrollo Social de la Nación, a través de la Dirección de Cooperativas de la provincia, para conseguir un horno rotativo, una amasadora y una batidora, que nos permitirían cumplir a gran escala. Tendríamos una infraestructura con la que en una primera instancia de ampliación, podríamos llegar a 300 bandejas de masas secas diarias. Si este proyecto se cumple, llegaríamos incluso a crear más fuentes de trabajo. Porque seguramente, necesitaríamos más compañeros trabajando en la venta”. Hasta aquí, han recibido fundamentalmente el apoyo de la Municipalidad de Rosario. Trabajaron en talleres durante un año con el Área de la Mujer y, recibieron dinero para las máquinas con URBAL, un proyecto del Mercado Común Europeo, que financió el emprendimiento por el protagonismo de las mujeres que integran el proyecto. Sobre la relación del grupo con los partidos políticos o distintos niveles del Estado, Villegas aclara: ”Nosotros no dependemos de ninguno. Y estamos muy agradecidos a toda la gente que nos ayuda, y nos brinda posibilidad de mejorar lo que hacemos. Todo aquel que quiera colaborar, será bien recibido”. Con el dinero del proyecto URBAL, pudieron mudarse. Desde el 10 de marzo de 2004, ”La Colmena” funciona en un amplio terreno en barrio Cristalería, en la zona noroeste de Rosario, unas cuadras después de la avenida Circunvalación. En un terreno que es propiedad de la síndica de la cooperativa, Viviana Janón. Aunque antes, cuando arrancó la cooperativa, funcionaba a unas quince cuadras, en la vecinal Nuevo Alberdi en la que también funciona un jardín de infantes, al que concurrían los chiquitos de varios integrantes de este emprendimiento productivo. Casi todos los integrantes tienen entre 30 y 40 años. Salvo una piba de 23, que es la más jovencita. Y cuentan que ella, que ya está casada y tiene una hijita, es el futuro de ”La Colmena”. Seis de ellos llegaron aquí como desocupados, cobrando el plan Jefe de Hogar. Hoy, aunque tienen una ocupación, siguen cobrando el plan para poder llegar a duras penas hasta fin de mes. Pero la apuestan de todos los integrantes de la cooperativa es incorporar más máquinas para que crezca el emprendimiento y todos puedan cobrar un sueldo. Ellos mismos lo explican de esta forma: ”Nuestra de funcionamiento es la siguiente. Cada bandeja tiene un costo para los vendedores, que incluye la ganancia para los que están en la producción y el funcionamiento de la cooperativa. Después, cuando el almacenero compra la bandeja para llevarla a la góndola, la diferencia va como comisión para el vendedor. De esta forma, los compañeros que cobran el Jefe de Hogar se llevan unos 150 pesos por mes, además del plan. La idea es que cuando tengamos las máquinas nuevas puedan tener un sueldo directamente”.

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Otro de los elementos que destacan es cómo fueron aprendiendo a manejarse con las cuentas. Y Villegas también habla sobre este tema, con una reflexión sobre el final que le daría envidia a más de un entendido en temas contables: ”De números aprendimos a medida que fuimos laburando. Eso sí, cada vez que podemos vamos a los cursos y talleres donde se habla de estos temas, porque siempre en esos lugares te queda algo positivo. Aunque igual, si vas a un curso de marketing y le hacés caso cien por cien a cómo se saca un costo, tendríamos que vender cada bandejita de masas secas a diez pesos. Y no habría quién la compre. Por eso lo que decidimos nosotros es achicar la ganancia, y apostar a la venta de mayor volumen”. La experiencia de ”La Colmena” no es la única de este tipo en Rosario. Una gran cantidad de cooperativas y emprendimientos productivos solidarios crecieron en los últimos años, fundamentalmente, tras la brutal crisis de 2001. Y hace poco, en la última edición de FIAR que organizó la Municipalidad de Rosario, algunas de estas iniciativas tuvieron oportunidad de mostrarse en el stand montado por la subsecretaría de Economía Solidaria, a cargo de Omar Isern. ”Gracias a esa invitación ofrecimos una degustación de nuestras masas - revela Villegas- y pudimos darnos cuenta cómo la gente que visitaba el stand, además de ver si les gustaban las masas, preguntaba cómo estaba conformada la cooperativa, cuál era nuestra historia. Yo creo que en la gente hay un interés grande en que se vayan desarrollando más experiencias como la nuestra”. Las riquísimas masas secas de ”La Colmena” se pueden conseguir en los almacenes de la zona noroeste, y también en el microcentro, en las góndolas del supermercado comunitario La Toma, en calle Tucumán 1349, donde también se encuentran los productos de otros emprendedores que tienen ayuda de la municipalidad. En 2003 y 2004, además, tuvieron la oportunidad de llevar sus masas a la tradicional Feria de las Colectividades. Sobre el final de la nota, Villegas promete que en poco tiempo se van a sorprender los integrantes de enREDando con ”alguna bandejita de masas para que prueben todos”. Y antes de despedir al cronista en la mini terminal de barrio Rucci, deja una reflexión interesante: ”¿Sabés? Yo tengo 45 años, y recuerdo que cuando era chico, las cooperativas tenían mucha más importancia para la economía del país. La tradicional ‘cajita de crédito’ que estaba en cada pueblo. Que guardaban la plata de la gente, y le daban el préstamo al pequeño empresario, o al tornero, al que arrancaba con una iniciativa económica. Ojalá entonces que volvamos a vivir esa historia. Nosotros con nuestro laburo apostamos a eso”.

Publicado el 20 de mayo de 2005

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Historia Obrera Zona Norte: “Buscamos armar redes para que circule el conocimiento. No asegura ninguna victoria, pero es una buena ayuda” Lejos de aquellos aburridos manuales académicos, este grupo de historiadores intenta que la mirada sobre el pasado sirva para mejorar el presente. Esta semana, por ejemplo, organizaron varias actividades por los 36 años del ‘Rosariazo’ y enREDando dialogó con uno de ellos, Enzo Casá. Café con leche y dos medialunas, a la hora en que el sol pega de costado en la mesa del bar La Buena Medida. El mejor clima para ponerse a charlar de historia, sin demasiado apuro. La entrevista está pautada con Enzo Casá, uno de los profesores que integra Historia Obrera Zona Norte. Que empieza sorprendiendo si uno espera un ejemplar de esos que viven con el libro de Ibáñez bajo el brazo, y bostezaban cada vez que uno repetía la lección. ”Aunque parezca mentira, los que fundamos este grupo no llevamos mucho tiempo enseñando historia. Yo soy técnico electricista, y estudié el profesorado después de mi despido como ferroviario, que fue en 1991. Y los otros dos, son una mujer que trabajó toda su vida en fábrica, y un imprentero”, explica Casá. Y de entrada se empieza a entender mejor lo que hace este equipo de profesores, que busca en cada actividad que realiza achicar esa distancia histórica entre las fábricas y la academia. Hecha la primera aclaración, Casá continúa: ”Soy parte de una generación que se educó con la idea de que la Argentina iba a ser siempre un país industrializado”. Una generación que, indudablemente, sufrió un quiebre con el modelo de los ‘90, que intentó borrar a pura timba la cultura del trabajo formada a través de varias generaciones. ”Yo - confiesa Casá- había crecido pensando que nunca iba a ver ese miedo a perder un trabajo o a no conseguirlo. O que yo mismo jamás iba a perder mi laburo en los ferro. Mi viejo era ferroviario, y yo había entrado a trabajar ahí a los 17 años. Por eso creo que a mí cuando me despiden, en el ‘91, se me ocurrió estudiar para ser profesor de historia como una forma de comprender, de buscar respuestas”. Después, recordará también que aquel instructor en Ferrocarriles ”que en las clases sobre locomotoras eléctricas siempre agregaba datos históricos del país en que se había fabricado ese tren” había ayudado en esto que ahora es un trabajo que lo apasiona. Historia Obrera Zona Norte nace un poco más tarde, en el año 2000. Por entonces, un peso seguía valiendo en la Argentina lo mismo que un dólar, y si bien algunos todavía disfrutaban de esa ficción, miles de argentinos ya sufrían las consecuencias. Enzo Casá, por ejemplo, había sido despedido nueve años antes, con la privatización y cierre de la mayoría de los ramales del tren. ”En 2001 se cumplían cien años de una gran huelga que hubo en Refinería en 1901, y nos juntamos con gente amiga de ahí del barrio, también historiadores con algún origen obrero, para organizar una actividad de memoria. No

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teníamos nombre como grupo, nada. Pero después dijimos, si somos de acá de zona norte, y queremos reconstruir la historia de los trabajadores, pongámonos Historia Obrera Zona Norte, y listo. Desde ahí, siempre procuramos mantener lo que fue ese primer encuentro. Esta idea de juntar a trabajadores con estudiantes, y con todos los que estén interesados en aprender y difundir una parte de nuestra historia que siempre es negada”. Después de esa primera actividad sobre Refinería, se les ocurrió que ”era una lástima” dejar de funcionar como grupo. Entonces, pensaron en armar otro encuentro de historia, esta vez a partir de la pregunta por la ética de los dirigentes obreros. ”La discusión que tuvimos fue, fundamentalmente, saber para qué sirven hoy los sindicatos, como forma histórica de organización de los trabajadores”. Es que en este grupo, tratan de que recuperar el pasado sirva hoy para mejorar el presente. ”En muchos casos de estos días, vemos que hay comisiones internas, o de delegados, como pasa en los subterráneos de Buenos Aires, que tienen más representatividad que los secretarios generales de su sindicato. Entonces, suponemos que conocer la historia de nuestra clase obrera, nos ayuda a pensar cómo actuar hoy”. A partir de allí, Casá y sus compañeros organizaron varias charlas y encuentros en la Facultad de Humanidades, y en otros ámbitos más informales, como el Centro Cultural La Toma, escuelas o clubes de barrio. Que contaron, entre otros, con la presencia del genial Osvaldo Bayer para hablar de los orígenes del sindicalismo argentino, de la escritora Gaby Weber que narró la desaparición de los delegados de la empresa Mercedes Benz durante la última dictadura. ”Allí - explica Casá- , para llevarse a los delegados de planta, los militares contaron con la complicidad de los dueños de la empresa, y de algunos dirigentes sindicales. Por eso la necesidad de preguntarse por la ética gremial”. También estuvo el historiador Pablo Pozzi, que proyectó la película ”Los traidores”, de Raymundo Gleyzer. En las últimas semanas, Historia Obrera Zona Norte estuvo organizando las actividades con que se recordó el Rosariazo, los hechos de movilización social en esta ciudad, en mayo de 1969. Invitaron a un grupo de teatro a representar el asesinato del estudiante Adolfo Bello en la esquina de Córdoba y Corrientes, a metros del lugar donde se produjeron los trágicos hechos. ”Estuvo muy bueno - cuenta Casá- . La hicimos un jueves a las siete de la tarde, así que imaginate que pasaba un montón de gente que no entendía nada. Después, varios se fueron acercando. Uno incluso, muy emocionado, me dijo, que aquel día él estaba en la marcha”. Además, se organizaron por estos días algunas charlas en la facultad de Humanidades y el Centro Cultural La Toma. Para la realización esta actividad, el equipo de Historia Obrera Zona Norte estuvo acompañado por otras organizaciones. ”Y lo que está bueno es que todos tenemos distintos orígenes. Están los del Centro Cultural , que de alguna forma refleja lo que pasó en la Argentina después de diciembre de 2001. Están los profesores del Centro de Estudios Historia Obrera, si se quiere con un perfil más académico. Y algunas agrupaciones estudiantiles que también se suman con mucho empuje militante. En definitiva, somos un grupo grande de casi veinte personas que organizamos distintas actividades, como esta del Rosariazo. Aunque no tengamos un nombre todavía en común, somos ya como un 246


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colectivo de trabajo”. Con este mismo grupo, más algunos estudiantes y profesionales ”sueltos”, Historia Obrera Zona Norte integra el centro Milcíades Peña, un equipo de gente que está buscando realizar una encuesta obrera en toda la región. ”Es que desde el informe Bialet Massé, de 1904, nadie sistematizó seriamente los datos sobre cómo viven los trabajadores”. Para terminar, le pregunto al profesor qué le sugiere el concepto de ”enredar” a un integrante de Historia Obrera Zona Norte: ”EnREDando me sugiere al concepto de red, que es un concepto más o menos nuevo, porque en los ‘70 u ‘80 ni se utilizaba, pero que hoy es básico para poder organizarnos dentro del campo popular. Se trata de que no podemos seguir viviendo cada uno en su islita. Y la red permite que circule, por ejemplo, el conocimiento. Y esa es toda una garantía. No digo que por enredarnos tengamos la victoria asegurada, pero es una buena ayuda”. Evidentemente, Casá y sus compañeros ya no se parecen en nada al típico profe que uno podía esperar al comienzo de esta nota. Pero ya podemos pedirle la cuenta a Juan Carlos, el tradicional mozo de La Buena Medida: enREDando ha encontrado aquí una Buena Práctica, la misión está cumplida.

Publicado el 27 de mayo de 2005

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La Cirga: “Mezcla de murga y circo, de vidas y sueños” Es un grupo de pibes de Villa La Lata, que hace un año aprende a cantar y bailar ritmos murgueros. El proyecto es parte del plan Hábitat, ideado por la Municipalidad de Rosario. “La Cirga”, un nombre que es una mezcla: mitad circo y mitad murga. Y de eso se trata esta historia. Hace un año, en el marco del Plan Hábitat de la Municipalidad de Rosario, un grupo de cirqueros y murgueros empezaron a convocar a los pibes de Barrio Corrientes - ex Villa La Lata- a participar de los talleres. ”Cuando llegamos no había formado ninguna murga; es más, los chicos no tenían ni la menor idea de lo que era. Pero empezaron a venir. Nos juntamos tres veces por semana - explica Celeste Montechiarini, una de las coordinadoras de los talleres- , y así los chicos fueron aprendiendo a tocar algunos instrumentos de percusión, a hacer malabares, números circenses, y hasta empezaron a escribir sus propias canciones de protesta, como enseña la tradición de la murga porteña en la cual nosotros mismos nos formamos”. Es que Montechiarini -que dialogó con enREDando mientras ”La Cirga” ensayaba para su presentación en el último Encuentro de Murgas- participó durante quince años de ”Los caídos del puente”, una de las murgas pioneras del género en Rosario. Hoy, está dedicada de lleno a la tarea de formación. Y fue convocada por el Servicio Público de la Vivienda, que depende de la Municipalidad, para integrar los equipos interdisciplinarios que intervienen en ”La Lata”. Con el objetivo de ubicar dentro del programa de erradicación de viviendas algún aspecto que tenga que ver con el arte, con la ocupación del tiempo libre en actividades creativas. Cumplido un año del desarrollo de la experiencia, Montechiarini hace un balance: ”En primera instancia nuestros talleres estaban destinados a los ‘menores en riesgo’ , de entre 14 y 17 años, pero enseguida empezaron a sumarse sobre todo los más chiquitos. Por eso el balance que hacemos es que ‘La Cirga’ desarrolla actividades de contención y preventivas”. En todo este tiempo participó un promedio de cuarenta chicos, que se fueron juntando para jugar y cantar, mientras aprendían algo de las artes murgueras y circenses. Y que ahora, ansiosos porque en minutos deben presentarse ante el público del centro, cantan ”Ya llega la murga, ya llega La Cirga, con bombos platillos te va a deleitar”. Paran unos minutos el ensayo, y le cuentan a enREDando lo que sienten con esto de actuar en ”La Cirga”. Evelin, que tiene 11 años, se acerca con su traje rojo y verde y dice: ”Es algo especial, no sé como decirlo. Me gustaría que siga mucho tiempo”. Valeria, de 10, con la cara pintada y el nombre de la murga bordado con lentejuelas al saquito, cuenta: ”Esto una cosa que nos gusta a todos. A mis amigos del barrio les digo que vengan, que podemos bailar”. Enseguida aparecen otros dos chiquitos, y explican que ellos no cantan pero sí tocan los instrumentos. Se pelean para ver quién habla primero: ”Sirve para alegrar a la gente en el barrio” dice Johny, y Mariano, sin escucharlo a su compañerito, dice casi lo mismo: ”Y lo que hacemos creo que es algo de diversión para toda la gente”. 248


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Quienes diseñaron el Plan Hábitat prevén que la murga cumpla en barrio Corrientes un rol en la revalorización de los chicos como sujetos. Ya que aquí -según cuenta Montechiarini- a diferencia de otros asentamientos no hay grandes problemas de desnutrición, y casi todos los pibes están escolarizados. ”Como los mayores problemas están vinculados a las drogas o la delincuencia, salir en los diarios por ser artistas populares, y no por otros motivos es siempre una experiencia fuerte”. El punto culminante, coinciden en ”La Cirga” se dio fue durante los últimos carnavales, cuando la murga llegó a tener más de cien chiquitos como integrantes. Después de esa ocasión, hubo un parate porque la murga se dividió. ”No por problemas internos - explican- sino porque el Plan Hábitat comprende relocalización de viviendas, y entonces parte del barrio se mudó. Cerca de 200 familias de barrio Corrientes fueron trasladadas a Boulevard Segui y Campbell, al barrio 2 de agosto. Durante un año, el SPV puso sistemáticamente los colectivos, y así juntábamos a los chicos de los dos barrios. Pero ahora ya no pasa. Somos los profes los que vamos a un lugar y a otro. Y creo que está bien, porque en definitiva, alguna vez los chicos tienen que tener pertenencia en el nuevo lugar en que viven”, relata Montechiarini. La historia de ”La Cirga” también muestra cómo se participa en los barrios de estas experiencias. Celeste Montechiarini reflexiona: ”Acá vienen fundamentalmente las mamás. La figura del papá es prácticamente inexistente en este plano. Creo que es por el lugar que ocupamos las mujeres, más allá del sector social al que uno pertenezca. En nosotras prende más fácil esto de que el arte puede salvar”. A fin de año se termina el contrato de los talleristas. Y quizás con menor asiduidad, pero ellos prometen seguiré yendo. Por eso, la expectativa que tienen los integrantes de esta ”murga circo” es que para entonces los chicos puedan seguir ”calzándose la levita y defendiendo el barrio con la murga”. Para el final, un clásico de la sección, Celeste Montechiarini reflexiona sobre el rol de las redes: ”Enredarnos es la única manera de salvarnos. Porque las salidas individuales no existen”.

Publicado el 10 de junio de 2005

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El costurero comunitario de Obra Kolping Argentina: Para ir cosiendo las esperanzas La historia del centro comunitario en el que trece mujeres remiendan y confeccionan ropa, que compran a muy bajo costo los vecinos del barrio. Una verdadera experiencia de economía solidaria, donde lo más importante es la contención. Basta con recorrer unas pocas cuadras de la zona de Fisherton, al noroeste de Rosario, para que se reflejen los mayores contrastes que produjo la Argentina en las últimas décadas. Por un lado, casas con techo de tejas francesas, locales comerciales de primeras marcas, y el enorme predio arbolado del Jockey Club, donde los deportes que más se practican son el golf, el rugby y el hockey. Y a pocas cuadras, con sus calles de tierra y casas humildes, el barrio Solidaridad. De este lado de la historia, un pibe en bicicleta pregunta: “¿A quién está buscando don?”, y enseguida nos guía hasta “el dispensario”. Donde además hay una guardería, un centro comunitario, un costurero, una parroquia, y hasta se realizan fiestas familiares. “En realidad, es un centro de contención”, explica Norma Vega, una de las coordinadoras del costurero comunitario, que funciona aquí desde octubre de 2003, gracias a la gestión de la ONG Obra Kolping Argentina (OKA) “El barrio ‘Solidaridad’ -cuenta Vega- nació hace unos veinte años. Cuando el Jockey había decidido extender su predio, y muchas de las familias que hoy están acá vivían en los terrenos linderos al club. Entonces, se peleó contra el desalojo, y el padre Elmo Gorza ayudó mucho para que no nos quedemos sin nada y finalmente podamos tener estas casas, cerca del lugar en el que vivíamos. Por eso el nombre que se le puso al barrio”. El mismo padre Gorza fue quien tuvo la iniciativa de que aquí funcione un centro solidario. Y entonces, se creó este salón que nació como guardería, y que hoy es un verdadero “multiuso”. Durante el día se da catequesis, un grupo de mujeres trabaja en el costurero, y otras van a comprar ropa. A la noche, se suelen juntar los vecinos para hacer alguna fiesta. Además, en la otra parte del edificio funcionan el centro de salud y una guardería. Norma Vega, que pasó toda su vida en este barrio, hoy coordina el costurero comunitario. “Funciona desde octubre de 2003, con máquinas de coser que nos mandó Kolping desde Buenos Aires. Somos unas trece mujeres que trabajamos, y muchas más que vienen a comprar. Lo que vendemos acá es ropa remendada o confeccionada por nosotras, con telas y ropas que recibimos en contenedores que vienen desde Italia. Allá se dona a Kolping, y nos la envían a nosotros. Nos llega en fardos de 300 kilos, y acá la remendamos y luego la vendemos a un precio muy bajo”. Varias señoras, mientras se graba la entrevista, se van probando la ropa que está

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sobre la mesa. Cada prenda vale un peso. “Estamos de oferta, tenemos que vender todo esto para poder abrir un fardo nuevo que nos llegó”, explican las costureras. Y además del precio de la liquidación, sorprende que no haya ningún hombre en este centro comunitario. “Porque a los hombres no les gusta esto de ser solidarios, la idea de colaborar, sentarse a charlar la problemática del barrio. Nos cuesta muchísimo integrarlos”, confiesa Vega. Y aclara que hubo un hombre que sí trabajó acá, y que empujó mucho para que todo esto exista. “Se llamaba Juan Coronel, falleció hace un año, y todas lo seguimos recordando mucho”, revela. Y un cuadrito colgado en la pared con la foto de ese señor, le da la razón. Dos de las trece costureras cobran un plan Jefa de Hogar y cumplen aquí su horario de contraprestación. Aunque el resto de las personas que trabajan en el costurero no cobran por su tarea, ya que se la considera un aporte solidario para la comunidad, una tarea de contención. Por eso, Norma Vega dice que cada vez que invita a alguien a participar, le aclara que no la invita solamente a coser o a comprar. “Les digo, que se queden a tomar mate, a charlar de sus problemas y los del barrio. Esto es un centro de contención. Hay veces, por ejemplo, que llega gente sin plata para comprar, y viene acá a confeccionarse su propia prenda”, señala Vega. La Obra Kolping Argentina es una asociación de laicos de la Iglesia Católica, que nació a mediados del siglo pasado pero se formalizó como organización en 1979. Está inspirada en los principios de su fundador, el beato Adolfo Kolping, quien -como respuesta a la exclusión que generaba la primera oleada de la Revolución Industrial a finales del siglo XVIII- alguna vez organizó en Alemania las primeras asociaciones de artesanos. Aquí en la Argentina, funciona como una ONG sin fines de lucro que fomenta la existencia de grupos de economía solidaria. Además de Rosario, Kolping trabaja en las provincias de Formosa, Misiones, La Rioja, Mendoza y Buenos Aires. Son emprendimientos laicos, solidarios y productivos. “En Buenos Aires se hacen zapatillas y botas, en Formosa mieles y muebles. Acá, por ahora, estamos más atrasados con la parte productiva -explica Vega-. Lo que sí está muy avanzado es el Centro de Comercio Solidario de Kolping, que funciona acá a unas pocas cuadras, en Juan José Paso 7618”. Allí se promocionan muebles, comidas y otros productos elaborados por pequeños productores socios de OKA, o pertenecientes a otras organizaciones populares de lugares marginales del país. Una propuesta que trata de buscar un camino, “para superar la competencia que propone el mercado”. “Para ese emprendimiento se recibió un subsidio desde Italia, que se nos termina en noviembre. Tenemos que ver después como hacemos para seguir caminando”, aclara enseguida Norma Vega. Que vuelve a hablar del costurero y cuenta que por ahora, acá se recicla ropa usada, aunque ya tuvieron la propuesta de empezar a fabricar algunos equipos de gimnasia con los retazos de tela que llegan desde Italia. Y aunque tienen las maquinarias, a las mujeres que participan de la experiencia les resta saber bien cómo se realizan las prendas. Por eso, insisten, “siempre aparece un desafío nuevo”. El grupo de trece personas que trabaja aquí está integrado por chicas y señoras 251


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de distintas edades. Cada una tiene, claro, diferentes historias y tiempos propios para cada cosa. “De ahí que siempre decimos que a cada uno hay que saber esperar. Una de las que vino, por ejemplo, le tiene miedo a la electricidad. Y entonces, para que pueda aprender a coser con la máquina, hay que ir despacito, con mucha paciencia y respetándole sus tiempos”. Hasta hoy, el costurero comunitario funciona con tres máquinas, que mandó Obra Kolping Argentina. Los fondos para ir comprando luego otros equipos salen del propio trabajo que se realiza aquí, ya que el producto de la venta de la ropa se manda a la central de Kolping en Buenos Aires, donde se va viendo qué emprendimiento necesita financiamiento. Allí se vota, y se decide la compra de algún elemento que cada filial de OKA esté necesitando. Sobre el final de la entrevista, Vega su visión sobre la relación de este “centro de contención” del barrio Solidaridad con los partidos políticos: “Yo, si me tendría que afiliar a algún partido, no me afiliaría a ninguno. Porque no existe un partido político que, como Kolping, pueda hacer cambiar a la gente y ver la cantidad de posibilidades que se abren con la participación solidaria”. Ya con el último mate, la charla llega al clásico de la sección, el concepto de “enredar”. “Cuando en este costurero nos vamos enREDando, tenemos la posibilidad de que nos visiten. Que otros conozcan lo que tenemos acá, y que nosotros veamos que es lo que otros tienen. Para intercambiar”, señala Norma Vega. Un rato más tarde el colectivo 116 nos lleva de vuelta al centro de Rosario. Y antes, claro, pasa por la coqueta zona del Jockey Club. En las puertas del predio, la típica casilla con vigilancia. Adentro, algunos pocos siguen jugando al golf. ¿Sabrá alguno de ellos cómo funciona un costurero comunitario?

Publicado el 17 de junio de 2005

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Comisión investigadora de los crímenes de diciembre de 2001: Todo está guardado en la memoria A tres años y medio de la represión policial a los saqueos en Rosario, los familiares de las ocho víctimas y los organismos de derechos humanos siguen reclamando. Esta semana, aprovecharon la visita del presidente Kirchner a la ciudad para entregarle una carta, en la que le solicitan el respaldo que él mismo había prometido para juzgar a los responsables políticos de los asesinatos. Habían pasado cerca de seis meses de la represión al estallido de fines de 2001, que en Rosario había costado la vida de ocho personas. Se sabía ya que el personal policial había logrado borrar pruebas que pudieran complicar a sus agentes. Se mencionaba también que algunos ex funcionarios podían desmentir la hipótesis sobre la que avanzaba la justicia, de los hechos policiales aislados. “Acá sí hubo orden de reprimir, y vino bien de arriba”, decían por lo bajo, pero no eran citados por los jueces. Desde el primer momento, militantes y organismos de derechos humanos, se habían sumado al reclamo de los familiares de las víctimas. Pero en junio de 2002, cuando todo indicaba que el poder garantizaría la impunidad de los matadores y sus jefes, surgió la idea de conformar una comisión que siguiera de cerca las causas del Diciembre Trágico, para reforzar el trabajo judicial ahí donde hiciera falta. Varios diputados provinciales presentaron entonces un proyecto de ley para que esa investigación tenga carácter parlamentario. La bancada justicialista votó en contra, entre ellos el actual secretario de derechos humanos de la provincia, Domingo Pochettino. Pero los familiares y los organismos decidieron conformar la comisión de todos modos, aunque debió ser desde ahí “no gubernamental”. A tres años de aquella anécdota, la mayoría de los políticos prefiere discutir en qué lugar de la lista va en la próximas elecciones, y los jueces sostienen que nadie es responsable de los muertos de 2001. Pero las prioridades de la memoria, suelen ser distintas a las urgencias del poder. Por eso los familiares y organismos que participan de la comisión investigadora se siguen reuniendo, y esta semana realizaron un nuevo acto frente a los Tribunales exigiendo justicia y aprovecharon la visita del presidente Néstor Kirchner a Rosario para entregarle una carta en este sentido. Para conocer algo más de esta historia, enREDando dialogó con Lilian Echegoy, de la Coordinadora de Trabajo Carcelario (CTC), e integrante de la comisión. Es prima de uno de los desaparecidos por la última dictadura, y tuvo un hermano detenido todos esos años. Desde entonces, viene participando de diversos organismos de derechos humanos. Y hace un tiempo es una de las caras visibles de la Coordinadora de Trabajo Carcelario, que trabaja en la prevención e investigación de la violencia policial en los centros de detención de la provincia. “Me acerqué a la militancia por lo que pasó en mi familia, y desde ahí inicié un camino militante, del cual digo con orgullo que no tiene regreso”, sostiene Etchegoy en el arranque de la charla.

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Además de la CTC, participan de esta experiencia personas de orígenes disímiles, como los abogados del Centro de Estudios e Investigaciones en Derechos Humanos (CEIDH), militantes de H.I.J.O.S., los diputados nacionales Eduardo Di Pollina y Alicia Tate, el cura Salvador Yaco, o el artista Rubén Naranjo. “Pero en todos está esa idea de que no puede seguir habiendo impunidad, que tienen que determinarse las responsabilidades penales de los funcionarios políticos de aquellos días”, confiesa Etchegoy. Desde el principio la comisión se dividió en tres áreas. Una para relevar la parte documental, otra la información periodística, y otra para ir a los barrios a tomar testimonios, de la cual participa Lilian Etchegoy. Quien enseguida destaca que la vinculación con los familiares de las víctimas fue muy estrecha para todos. “De hecho –recuerda– el mismo 19 de diciembre de 2001 muchos de nosotros habíamos estado en los barrios, en el hospital o en la morgue. Y ya en ese momento ayudamos a presentar varios recursos y reclamos judiciales”. Una vez constituida, la comisión empezó a trabajar en la búsqueda de testimonios para presentar a la justicia, con la idea de encontrar a los responsables políticos de la represión. Etchegoy siente hoy que uno de los datos más fuertes fue la declaración de Osvaldo Turco, que en 2001 era el delegado en Rosario del ministerio de gobierno provincial. “Turco reafirmó nuestra hipótesis. Y aseguró que había habido órdenes a la policía de parte del gobernador Carlos Reutemann y el secretario de seguridad Enrique Alvarez. Pero ni el doctor Alarcón ni el juez Reyes incorporaron esos dichos a las causas. Y terminaron dictándole falta de mérito a los funcionarios”. Además del testimonio de Osvaldo Turco, los jueces obviaron a otros testigos que aportó la comisión. Que no sólo propuso más pruebas, sino que estudió cada una de las causas, y encontró numerosas irregularidades en muchos de los procesos judiciales. “Por eso ahora –adelanta Etchegoy– estudiamos la posibilidad de presentarnos ante tribunales internacionales. Aunque en los juzgados provinciales se estén cerrando los caminos sin encontrar culpables, sabemos que en ámbitos como la Corte Interamericana de Derechos Humanos nuestro trabajo puede ser reconocido. Y al poder político provincial esto le preocupa. Ellos no quieren que afuera se sepan estas cosas”. En febrero de 2004, la comisión viajó a Buenos Aires para encontrarse con Néstor Kirchner, en la propia Casa Rosada. En esa reunión, el primer mandatario prometió que iba a reunirse en forma urgente con el gobernador Obeid para analizar políticamente el caso “ante la gravedad de la situación”. Los familiares también le hablaron al primer mandatario del ex secretario de seguridad reutemista, Enrique Álvarez, que según algunas informaciones por entonces trabajaba para la SIDE. Álvarez había sido funcionario importante en las dos gestiones de Carlos Reutemann ya que había estado a cargo de la policía, y era indicado por numerosos testimonios como el principal responsable del operativo policial en 2001. Pero además, fue integrante de la misma secretaría de inteligencia durante la última dictadura militar. Con estos datos en la mesa, Kirchner accedió a que en la secretaría general de la presidencia se averigüe este caso. Por último, emocionado por los testimonios que le entregaron aquella vez, el presidente asumió el compromiso de no participar en actos con Carlos Reutemann, “e incluso fue más allá expresando sus dudas sobre el destino de los fondos que la Nación había 254


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girado a Santa Fe para paliar la situación provocada por la inundación”, confesaron los integrantes de la comisión. El último 20 de junio, casi un año y medio después, algunos familiares tuvieron en Rosario una nueva entrevista con Néstor Kirchner, “con el único propósito de reiterar nuestras demandas”, explica Lilian Etchegoy. Y si bien el ex gobernador no estuvo en los actos por el día de la bandera, en todo este tiempo había habido numerosas apariciones públicas y reuniones de Reutemann con el presidente. Por eso, Celeste Lepratti y Catalina Delgado –hermanas de dos de los muertos en 2001– le entregaron a Kirchner una carta en la que, entre otras cosas, dicen: “Los familiares, amigos y compañeros de las víctimas, no sólo hemos tenido que soportar estos tres años y medio de absoluta impunidad, sino también la humillación de verlo a usted, en actos, viajes y campañas publicitarias con el responsable mayor de los asesinatos de diciembre, Carlos Alberto Reutemann. Un sentimiento compartido con nuestros hermanos víctimas de las inundaciones en la ciudad de Santa Fe”. Kirchner les respondió que el ex corredor de Fórmula 1 no es funcionario suyo, y les informó sin demasiadas precisiones que Álvarez “ya no trabaja para la SIDE”. Sobre el final del diálogo con enREDando, Etchegoy reflexiona sobre el trabajo de la comisión y la idea de “la red”: “En nuestro trabajo es muy fuerte. Siempre nos estamos enREDando con la militancia de distintos grupos. Yo recuerdo una experiencia muy fuerte que fue durante los saqueos del ’89, cuando sin demasiada preparación, se formó una red en los hospitales, en los barrios, en las comisarías. Éramos compañeros de los organismos, médicos, militantes universitarios. Que nos enredamos para un mismo objetivo, que en nuestro caso es trabajar para la comunidad. Algo similar pasó después, en 2001”.

Publicado el 24 de junio de 2005

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Movimiento de Mujeres en Lucha: Porque la pampa es ancha, pero no tiene por qué ser ajena Una organización de mujeres agropecuarias, que pelean en todo el país a favor de los pequeños productores y contra la concentración en el sector rural. Que luchan para defender la banca pública, y lograron frenar varios remates. Hoy cumplen diez años, y nos muestran fragmentos de ese recorrido. Por estos días, el Movimiento de Mujeres en Lucha (MML) celebra sus primeros diez años de vida. Y con presencia en varios puntos del país, no cesan en su pelea cotidiana contra la concentración de la tierra en pocas manos. Ana Galmarini, una de sus militantes aquí en Rosario, empieza contando la curiosa forma en que surgió la organización acá en nuestra región, cuando los diarios publicaron una historia ocurrida a mediados de 1995 en una pequeña localidad pampeana, donde se había evitado el remate de una chacra. “Lucy de Cornelis era una mujer de Winifreda, un pueblo muy pequeño en la provincia de La Pampa, a la que le estaban por rematar el campo. Su familia se iba a quedar sin casa, sin tierra y sin trabajo. Su marido se había enfermado, y contaba entonces que la noche anterior al remate, mientras estaba embalando sus cosas, sintió que ella, que nunca había participado en nada, esta vez tenía que ‘hacer algo’. A la mañana siguiente fue a la radio del pueblo y explicó el drama por el que estaba pasando. Se le ocurrió convocar a una reunión y se encontró con la grata sorpresa de que fueron como 300 personas, casi todas mujeres que se habían sentido muy identificadas con su caso. Evitaron ese remate, y unos días después se juntaron con más productores de la región, armaron un petitorio, y conformaron el Movimiento de Mujeres en Lucha”. Al conocer esa historia, en Rosario y en otras regiones fueron surgiendo nuevas delegaciones, que fueron conformando al MML como una especie de red. “Estábamos en todo el país, porque por entonces se había diagnosticado 200 mil pequeños y medianos productores no éramos viables para el nuevo modelo económico. Y entonces, empezamos a tomar conciencia de que si no nos juntábamos para pelear por nuestra tierra nos iban a sacar nuestro modo y nuestro medio de vida”, señala Galmarini. Desde el Movimiento, además, tienen una explicación clara sobre el rol protagónico de la mujer en esta experiencia. “La mujer campesina siempre fue de participar muy poco –sostienen–. Y en los ’90, encima nos querían hacer creer que la culpa de la crisis del campo era nuestra, porque no habíamos sabido ‘adaptarnos a los cambios’. Así fue que en las familias rurales, muchos maridos se deprimieron y se quebraron. Y ahí fuimos las mujeres las que protagonizamos la pelea. Después de tanto tiempo de estar solamente en la casa y en la cocina, salimos a defender nuestra tierra”. En aquel momento no solamente al campo le iba muy mal. De hecho, el MML surge en la misma época que la mayoría de los movimientos de desocupados. Y allí, también, las mujeres ocupan un lugar central.

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Respecto de las consignas sobre las que se fue edificando el Movimiento, Galmarini destaca que surgieron en los primeros meses, cuando el MML se fue extendiendo como “un reguero de pólvora” por varias provincias. “Hicimos una reunión nacional a fines del ’95 acá en Rosario, con presencia de delegados de todo el país, y establecimos algunos principios fundacionales: Evitar el remate de nuestras chacras; recálculo de las deudas financieras; y frenar el remate de la banca pública”. Hoy, las consignas siguen siendo las mismas. Y Galmarini explica por qué: “Es que el llamado boom sojero, o la mejora de la rentabilidad del sector después de la devaluación, no alcanza a todos parejo. Muchos productores agropecuarios pudieron solucionar su situación con el Banco Nación. Pero a diez años de nuestro nacimiento, nos animamos a decir que más allá de esta coyuntura favorable, la estructura agraria no ha cambiado. La extranjerización y concentración de la tierra en pocas manos sigue existiendo. La Junta Nacional de Granos, que nos ayudaba mucho a los pequeños productores, nunca se volvió a crear. Los más favorecidos son los sectores más concentrados, los poderosos de siempre. Y además, si mañana llueve en China y se viene abajo el precio del cereal, se complica todo. Entonces, las ideas con las cuales se armó nuestra organización siguen en pie”. Por otro lado, si bien es fácil identificar a las Mujeres en Lucha como “las que se oponen a los remates”, el Movimiento también hace otro reclamo fundamental a los políticos y los empresarios: “Si en los últimos años se cuadruplicaron las hectáreas sembradas, y la capacidad de molienda de cereal, ¿cómo es posible que siga habiendo chiquitos en la Argentina que se mueren de hambre?”, preguntan. Y señalan que entonces el problema de la concentración rural no es sólo un tema para los que hoy viven del campo, sino de todos los argentinos. “Por eso decimos que no queremos más un país con 30 mil terratenientes, sino que queremos un millón de chacareros, y que muchos de los argentinos que aún no tienen trabajo podrían estar en los campos produciendo”, advierte Galmarini. Luego, la dirigente de Mujeres en Lucha, reflexiona sobre la insistencia de sus luchas. “Casi todos los pequeños productores tienen el campo como herencia de sus abuelos, muchas veces inmigrantes que llegaban sin nada a este país, y que trabajando la tierra habían llegado como arrendatarios a tener su propio pedacito de tierra. Por eso hoy se lo defiende tanto. Abandonar esta pelea es sinónimo de olvidar nuestra propia historia”. Y deja para el final una invitación al resto de las agrupaciones del movimiento social: “Cuando ustedes hablan de que nos tenemos que ir ‘enREDando’ dan en la tecla, porque si no vamos a una confluencia entre todos los que luchamos por un país más justo, vamos camino a la derrota”. Publicado el 15 de julio de 2005

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Sobre enREDando y las Buenas Prรกcticas Por los editores y colaboradores.


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Conociendo, aprendiendo, laburando y enREDando Por Rodrigo Miró

Los compañeros y compañeras del Nodo Tau me avisaron hace un par de semanas que estaban por editar este libro. “Vamos a juntar todas las historias que se fueron publicando desde hace tres años en la Buena Práctica”, explicaron. Con la insistencia que los caracteriza, recibí más de quince llamados y varios correos hasta que, al fin, estoy sentado escribiendo. A esta altura, amigo lector, usted ya sabrá que la Buena Práctica es una de las secciones de enREDando, uno de los sitios de internet desarrollados por el Nodo. Desde el verano de 2005, me tocó agarrar la batuta en esa parte de la publicación, que semanalmente envía buena información de actualidad periodística y sobre las de organizaciones sociales de Rosario y otras partes. Algo de todo ese trabajo que se fue publicando en la web cada siete días, ahora son estas páginas. Que funcionarán, imagino, como una especie de “enciclopedia social”, como mapa de los grupos que pelean para construir una ciudad más justa. Que son cientos, y existen en cada barrio, aunque no salgan jamás tapa del diario La Capital. La sección Buenas Prácticas arrancó en septiembre de 2002. Fue una idea del Pipo Martínez, uno de los compañeros del Nodo Tau con años de militancia en el lomo. Mucho tiempo metiendo las patas en el barro para laburar con los que más lo necesitan. Y ahí, para arrancar ese camino, estaba también Manolo Robles. Periodista, chaqueño de nacimiento y rosarino por adopción. Un canallón que siempre entendió que la “buena pluma” que piden los grandes medios no tiene por qué asociarse a una escritura elitista, con temas difíciles y palabras complicadas. Ya en esta última parte, a principios de este 2005, me tocó agarrar la posta. Y entonces, cada semana, fuimos pensando con Pipo, Flavia y Florencia, cómo armábamos la sección de las “BP”. Saludablemente, a tres años y más de cien veces después de aquella primera, en Rosario sigue habiendo grupos que todavía no aparecieron en la sección. O va apareciendo gente nueva, que te invita a seguir pedaleando, buscando, escribiendo. Vaya entonces el saludo para todos los que protagonizaron esta sección. Que no somos nosotros, los que simplemente ejercemos el maravilloso oficio de escribir, sino ustedes, los integrantes de las organizaciones que le dan fuerza todos los días al movimiento social rosarino. Lo que sigue, son pedacitos de estas primeras Buenas Prácticas que hemos encontrado, intercaladas con algunas reflexiones de Manolo, Pipo y mías. Y aunque sea poco profesional, me permití esta vez escribir en primera persona. Este libro se lo merecía. 261


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Buenas Prácticas. Los grupos que en Rosario se siguen animando a pelearla aunque la cosa venga complicada. “Si de algo estamos convencidos es que este es un granito más de arena, de los muchísimos que necesitamos para construir una especie de roca, que impida que sigan pasando los tipos que nos dejaron así como estamos”. Alguien de la biblioteca popular Pocho Lepratti.

Buenas Prácticas. Centros comunitarios, emprendimientos productivos, organismos de derechos humanos, cooperativas, organizaciones de género, sindicatos, grupos de teatro, fábricas recuperadas. “Queremos que el centro comunitario sea como un club: un lugar para encontrarse a charlar, a divertirse. El país está cambiando, nosotros y los vecinos de esta villa somos parte de ese cambio”. Alguien del centro comunitario Magnano. Buenas Prácticas. Haciendo estas notas confirmé lo que intuía. Que lo mejor que tenemos es el pueblo, que cuando se junta y se organiza, más allá de tácticas y posturas, practica la solidaridad “La estrategia es ofrecerles a los chicos un contrapunto a la calle, que es un espacio que aparece como libre, mágico, pero donde las reglas son durísimas”. De la Asociación C.H.I.C.O.S. Buenas Prácticas. Experiencias colectivas que se van construyendo en el día a día. Que no son noticia para las tapas del diario La Capital, pero que ocuparon desde el vamos un lugar clave para esta historia de enREDando. “Nosotros nacimos al calor de los primeros años de la democracia, y veníamos de distintas organizaciones sociales y políticas. Lo primero que nos planteamos fue estudiar para capacitarnos”. Del Taller Ecologista. Buenas Practicas. En ámbitos académicos, o de organismos internacionales, se usan para calificar un cierto grado de innovación en experiencias, y de búsqueda de la “tabla de salvación” a los problemas sociales. Para nosotros, mas allá de lo novedoso, ponerle el cuerpo al tema tiene su valor y alienta a otros a meterse, sin lo cual es imposible la transformación social. “En muchos casos de estos días, vemos que hay comisiones internas, o de delegados, como pasa en los subterráneos de Buenos Aires, que tienen más representatividad que los secretarios generales de su sindicato. Entonces, suponemos que conocer la historia de nuestra clase obrera, nos ayuda a pensar cómo actuar hoy”. Del Centro de Estudios Historia Obrera Zona Norte. Buenas Practicas. Un homenaje a experiencias, más chicas o mas grandes, pero que tienen un gran grado de compromiso de muchos años con lo que hacen, y con la gente con la cual están involucradas. “Queremos lograr una mejor y mayor participación de las mujeres en la gestión de sus vidas y en la organización de la sociedad”. Alguien de INDESO Mujer. 262


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Buenas Prácticas. Porque lo mejor que tenemos como movimiento social suele estar oculto y sólo puede ser contado por sus protagonistas. Historias que salen de la noticia cotidiana, que tal vez no tengan “valor periodístico”, pero sí un gran valor los que participan de la lucha social. “Acá el único secreto es que siempre hemos estado, por eso nos siguen convocando. Acá nadie cobra nada, es pura intransigencia. Que a veces nos ha llevado a tragarnos varios sapos, pero esto de poner la cara siempre, hizo que termináramos ganando respeto. Porque más allá de cada momento, nunca hemos sido progubernamentales y jamás vendimos pescado podrido”. De los dirigentes de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Rosario. Buenas Prácticas. Una invitación de los compañeros del Nodo Tau al resto del movimiento social rosarino, para que podamos enredar todas las experiencias que andan sueltas por ahí, organizaciones que hacen lo suyo demasiado en silencio. “Uno liga los medios de comunicación con los sectores de poder. ¿Quién tiene los medios de comunicación? Los sectores de poder. ¿Quién podía poner una radio? Algún sector de poder, o el Estado o alguien poderoso. Pero cuando vimos un video en donde a la radio la tenía gente de los barrios, de la villa, de una vecinal, nos dimos cuenta que éramos nosotros los que podíamos tener una radio”. De la Radio Comunitaria FM Aire Libre. Buenas Prácticas. Agarrar el grabador y tomarse un bondi o pedalear hasta alguna parte de la ciudad. Conocer gente que te muestra lo que puede hacer. Que quiere aprender de otros, e intentar que con estas notas, lo puedan hacer. Porque no hay mucha ciencia, en el compromiso social y político se hace camino al andar. “El mejor aprendizaje que tuvimos es que trabajando en grupo se pueden hacer muchas más cosas que cuando uno se corta solo”. Alguien de la cooperativa de producción La Colmena. Buenas Prácticas. Una propuesta del Nodo Tau, para sumar a las capacitaciones y la apertura de telecentros, formas concretas de sumar para revertir la brecha digital. Aportar a un cambio en pos de una sociedad justa, para que en el uso de la red y las nuevas tecnologías no se reproduzca la exclusión de las mayorías. “Cualquiera que se quiera dar una vuelta acá un domingo, puede ver como para hacer esta biblioteca no solamente nos faltaban los libros. Estamos teniendo que levantar hasta las paredes. Ver, por ejemplo, a las chicas haciendo una mezcla, es un espectáculo aparte. Y no sé si están del todo derechas las paredes, pero están hechas con un cariño inmenso”. Alguno de los pibes del Cafferata Bochin Club. Buenas Prácticas. Apreciadas como un tesoro por los que hacemos el sitio. Porque es casi el único lugar donde están escritas cien historias -hasta aquí- de quienes la pelean toda la vida, los imprescindibles de los que hablaba Bertold Brecht, que viven en el Gran Rosario. “La justicia no actúa con nosotros, porque somos de la villa. Como no teníamos 263


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para pagar los abogados, no se realizaron en su momento los análisis que tenían que hacerle para saber cómo lo mataron, es como que ni existimos.Aunque para llegar a algo tuvimos que caminar mucho, en estos dos años aprendimos que tenemos nuestros derechos. Aprendimos a ponernos firmes, y vimos que así a uno se le empiezan a abrir puertas. Hoy hasta podemos hasta llegar a aconsejar a otra gente sobre cómo se hace para reclamar en Tribunales”. Alguna de las Madres del Dolor, que como aquellas otras del pañuelo blanco y las rondas en la plaza de los jueves, también fueron paridas por sus hijos. Buenas Prácticas. La experiencia de aprender de los demás. Escribir sobre lo que la mayoría de los medios no escribe. Reflejar la cotidianeidad de esos muchos que viven sin otro plazo que el día a día. Aprovechar las nuevas tecnologías -y ahora hacer un libropara que otros puedan enredar sus propias historias con todas estas.

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Buenas prácticas enredadas y arrimadas Por Gabriela De Cicco e Irene Ocampo, en coordinación RIMA/ Safo piensa - www.rimaweb.com.ar

La experiencia que nos ha tocado como redactoras de la sección Género del portal enREDando ha sido de crecimiento en varios aspectos. Por un lado, hemos podido llevar adelante una colaboración por medio de las TIC, en nuestra ciudad, algo que nos parecía muy poco probable antes del 2002. La convocatoria de Nodo TAU a ser partes de esta experiencia de comunicación alternativa nos ayudó a multiplicar aquello que veníamos haciendo y también pensando desde la Red Informativa de Mujeres de Argentina (RIMA). Además, la posibilidad de brindar a otro público la información sobre el movimiento de mujeres que estábamos difundiendo a través de RIMA, nos dio un empuje y un sostén en momentos difíciles. La estrecha colaboración con el equipo de enREDando también nos brindó una práctica invalorable en el uso de las TIC aplicadas a la comunicación comunitaria y alternativa. Y el poder compartir saberes, dudas y momentos de participación y recreación nos acercó a mujeres y varones que realizan en Nodo TAU una tarea que nos enriquece y nos agranda ese corazoncito rosarino que tenemos. Desde la convocatoria de Pipo Martínez, pasando por la colaboración con Manolo Robles, con Iván K., con quien nos acercamos al uso de la herramienta de actualización de contenido de APC, y más acá el reencuentro con Florencia Roveri y el encuentro con Flavia Fascendini. La inclusión de RIMA en las Buenas Prácticas fue un hermoso reconocimiento para nuestra labor llevada adelante junto a tantas mujeres en la Red. Es un muy buen mensaje el poder compartir con pares las experiencias, reconocer a quienes vienen haciendo camino antes y junto a nosotros/as, lo que para nosotras es una parte importante de nuestra conformación como seres colectivos/as, como activistas, como mujeres integrantes de un movimiento local y regional. Agradecemos una vez más a quienes semana a semana comparten su tarea, enredándonos en la buena práctica de la comunicación comunitaria, alternativa y aprovechando las nuevas tecnologías.

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“Nos devuelve una mirada de nosotros mismos” Por Marcela Lapenna de CHICOS (Con Hondo Interés Comunitario Obramos Socialmente)

enREDando constituye una vidriera de lo que siempre queda en el fondo. Hace figura algunas prácticas que se diluyen en el arrojo cotidiano de ponerle el pecho a la realidad y desde ahí, no muchas veces está el tiempo de parar a pensarse y comunicarlo. En ese sentido creo que no solo favorece la posibilidad de que otros nos conozcan sino que también nos devuelve una mirada de nosotros mismos. Sentimos que quienes trabajamos con niños, niñas y adolescentes tenemos una tarea pendiente en relación al tratamiento escaso y muchas veces inadecuado que las mayoría de los medios hacen del tema. La producción de las representaciones sociales que pesan sobre nuestros niños como “menores” tiene mucho que ver con esto. Entendemos que la dificultad de reflejar las condiciones de vida de los niños con los que trabajamos produce la imposibilidad de sentirlos como semejantes, como pares, generando una suerte de invisibilización de los mismos. Tenemos pendiente la tarea de descifrar si la construcción de estas representaciones sociales de extranjeridad son producto de la angustia que genera esta infancia despojada de oportunidades o simplemente reflejo de una ideología que solo tiene en este matiz otra posibilidad de expresión. Uno de los desafíos que nos convocan es nuestra insistencia por abrir espacios para el protagonismo y la tenacidad de quienes todavía buscan formas de resistir y construir dignidad en medio de condiciones muy injustas. El desafío de enREDando es mostrar esa insistencia. No es tarea sencilla tornar noticia la escritura colectiva de otra historia que, aunque no aparezca en los grandes medios, si que se está escribiendo. Queremos expresar nuestro agradecimiento a enREDando por el aporte que significa sentirnos parte de un grupo que se amplia hasta lugares remotos con prácticas muy distintas pero que nos permite decir y sentir que ese “nosotros” algunas veces puede ser enorme.

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“Se trata de crear un espacio abierto a la reflexión, diálogo y compromiso con la vida” Por María del Rosario Serra, integrante de la Cátedra Ecuménica “Mundo Nuevo”

Después de estar trabajando varios años en la Cátedra Ecuménica Mundo Nuevo de nuestra ciudad, que es como un faro para irradiar lo que es el afianzamiento de los conceptos bíblicos y del Concilio Vaticano II por medio de múltiples personalidades que cada año visitan la ciudad, comencé hace ya meses a levantar y editar artículos de interés nacional e internacional: temas de interés ecuménico para el espacio “Ecumenismo” de enREDando. Esto me trae muchas satisfacciones porque puedo compartir noticias, documentos, etc. que me parece que son de interés para los lectores y que abarcan un ecumenismo iluminado además del evangelio por las ciencias sociales. De este modo se trata de crear un espacio abierto a la reflexión, diálogo y compromiso con la vida. Los desafíos que creemos existen para el ecumenismo hoy pasan por iluminar el presente desde el Evangelio y las Ciencias Sociales, contribuir seria y humildemente al desarrollo de una alternativa de vida que promueva prácticas comunitarias liberadoras frente a los actuales proyectos de exclusión y muerte que en nombre del mercado y la modernidad se nos imponen y, finalmente, hacer un aporte alternativo y prófetico al diálogo ecuménico entendido en su sentido más amplio. Felicitaciones a Nodo Tau en el 10 aniversario. Como Cátedra Ecuménica “Mundo Nuevo” hace muy poco tiempo que estamos en el Nodo Tau. Sin embargo, hemos podido leer todas las notas interesantes que se publican y que realmente son buenas prácticas de gran parte de nuestra sociedad y que pasan desapercibidas porque los grandes medios no las publican. Muchas felicitaciones a todos los que trabajan ahí, en ese espacio y los deseos de que sigan siempre adelante con tan buena iniciativa.

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Los problemas del trabajo y los trabajadores: una mirada diferente Por María Alejandra Silva, investigadora y docente de la Universidad Nacional de Rosario

Una mirada provocadora y sin ataduras Si bien mi paso por el boletín es muy corto, pues estoy desde el mes de abril del año 2004, participar en carácter de colaborador “ad honorem” 1 me ha gratificado enormemente por varias razones: En primer lugar me permite desarrollar ideas libremente, sin atadura alguna. Es un espacio para decir lo que uno piensa sin pensar en que “la mirada académicacientífica” está agazapada esperando que fundamente cada uno de las afirmaciones, tenga coherencia, correspondencia, etc... En suma, cuidando que se cumpla al pie de la letra con las reglas del pensamiento científico. Es un espacio donde sabemos que la gente que nos lee es gente que piensa como nosotros, y posee una mirada critica de la realidad socio-laboral y política. Se diferencia de ámbitos académicos obsecuentes que con su silencio simulan que la situación no esta tan mal. Recuerdo el caso de un congreso científico en Brasil donde tenía que hablar sobre la comparación en las condiciones de salud de los obreros de la construcción en el Mercosur e indicaba que lamentablemente en Argentina se observaba “La ineficacia e insuficiencia de la ley de riesgos del trabajo de Argentina” (que en algunos aspectos los brasileños querían adoptar) En esa ocasión mi directora de investigación dijo: “Alejandra, cuidado con lo que decís, acordate que tenés que volver a la Argentina y seguir viviendo y escribiendo sobre el tema”. Afortunadamente en la sección que coordino tengo total libertad para incluir documentos propios sobre temas de interés en ese momento histórico, sin que formen parte de una investigación en curso de dos años. Digo esto porque habitualmente he escrito sobre los mismos problemas de investigación en curso dentro de la Cátedra de Medicina y Sociedad de la Facultad de Medicina, o en calidad de investigadora de CONICET. En ese mismo sentido, puedo incorporar documentos que estoy leyendo de otros profesionales que en se momento son temas de debate publico. Esto se debe a la naturaleza especifica de las temáticas que habitualmente trabajo: • las políticas de lucha contra el trabajo infantil; • las horas de trabajo y su impacto en la salud, • los salarios de los trabajadores y su relación con la canasta básica, 268


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• la situación de los trabajadores de Argentina en función de los datos de empleo en negro, desempleo, cobertura social (entre otros), • el trabajo infantil en Rosario y en la zona rural, • el estrés causado por las condiciones de trabajo, • el mobbing, • el acoso moral • la salud de los trabajadores del hospital publico y de los profesionales médicos, indicando los sueldos de hambre que atentan con la prestación de calidad, • la lucha contra el empleo en negro en el sector rural, • los riesgos del trabajo rural y las formas de prevención • la importancia del uso de elementos de protección personal en el trabajo con agroquímicos, etc.

A pesar del poco tiempo en que estoy colaborando en la Sección “Trabajo”, ya han linkeado algunos artículos desde otras paginas, como el caso de la Federación Argentina de Medicina General (www.famg.org.ar) y me han consultado desde Buenos Aires luego de leer varias notas sobre trabajo infantil (desde la ONG. Risolidaria 2).

El aporte de espacios como enREDando Es difícil encontrar un espacio en la web o en diarios y revistas de lectura masiva que se dediquen al tema “Trabajo” desde esta perspectiva, orientando sus publicaciones para un publico heterogéneo y a la vez preocupado por los temas sociales. Un espacio como enREDando en los temas de trabajo es significativo desde varios aspectos. Principalmente porque permite contar con una “agenda” donde aparece información sobre charlas-debate, congresos y jornadas de Argentina y Rosario sobre el tema “Trabajo” que generalmente no están disponibles y accesibles en un solo sitio. Lamentablemente el tema del “trabajo” no es algo que interese a muchos, ya sea porque los fondos en investigación tienen otros temas prioritarios de modo que los académicos desvían su interés en función de esto, o porque no es un tema de “la agenda publica”. En general los académicos no se apropian de espacios en los medios masivos de comunicación (inclusive en radio universidad), sino que mas bien difunden sus estudios dentro de un ámbito demasiado estrecho: el de sus pares. Pero si además solo se hace referencia a la temática de “las condiciones de trabajo” y su impacto en la salud y el rendimiento laboral generando ausentismo o accidentes de

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trabajo, el panorama encontrado es preocupante por el escasísimo numero de abordajes hechos por la sociología, la psicología, la política, la antropología, la historia y el mismo derecho laboral de Rosario y Argentina. Incluso la misma historia del movimiento obrero tiene poco desarrollo en comparación con otro tipo de estudio historiográfico, que mas bien se orienta a los estudios microsociales. En caso que desde el derecho laboral se cuente con publicaciones en la web, la misma tiene características tan especificas que solo difunde sentencias o fallos. Esto hace que alguien que no es abogado, no se dedique a leer esas paginas. Tampoco la psicología tiene sitios dedicados a esta temática. Para la Ciencia Política es un gran desafío porque directamente faltan especialistas en temas laborales, porque pareciera que hay otras ramas o especialidades más “aceptadas o solicitadas por la gestión municipal o provincial” o “mas rentables” en términos de recibir fondos para investigación o realización de proyectos. Ni siquiera en el grado se ve una materia que aborde la problemática laboral. De modo que es fundamental contar con un espacio como enREDando para difundir charlas, jornadas, trabajos monográficos y documentos. Esto es así porque si bien los diarios de Rosario cuentan con periodistas especializados en el tema “trabajo”, ellos generalmente son polifuncionales y suelen dedicarse a la noticia que en el momento surge sobre conflictos por el cierre de fabricas, paros, declaraciones del subsecretario de trabajo o lanzamiento de algún plan de fiscalización laboral. Pero luego faltan notas que sigan el tema o efectivamente demuestren los resultados sobre el plan de “lucha contra el empleo en negro”, de “erradicación del trabajo infantil”, etc. También faltan artículos periodísticos que nos digan que ha pasado entre el año 2003 y la actualidad, pues en mayo del año pasado anunciaban que se producían 100 accidentes por día en la provincia de Santa Fe (según se desprende de las estadísticas elaboradas por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo de la Nación). 3 Otras veces publican notas de funcionarios afines políticamente para hablar maravillas y otras reciben alguna gratificación por la misma. Digo esto con conocimiento de causa porque existe un alto porcentaje de trabajadores en negro que son periodistas, de modo que reciben una paga por cada nota. Incluso cuando se cumplía el año del gobierno nacional, recibí una llamada de un periodista de estos periódicos conocidos de Rosario que insistía en que yo hiciera una nota señalando los avances que se notaban en las condiciones de empleo, en las condiciones de trabajo, en los salarios, etc. En suma, el periodista deseaba que yo hiciese un “diagnóstico positivo, positivo” aunque no tuviera pruebas fehacientes del mismo. En ese momento volvió a llamarme otra vez para ver si lo había pensado bien y deseaba darle una entrevista para afirmar que estábamos camino a convertirnos en un país desarrollado (la Chicago Argentina ¿?).

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Algo similar me sucedió en un congreso de Ciencia Política donde quise presentar un trabajo sobre “Trabajo Infantil en Rosario” y la coordinadora de la mesa, funcionaria municipal, decidió rechazarlo porque era “tendencioso y no estaba debidamente fundado”. ¿será porque no hay que ver la otra parte de la ciudad que cuenta con mas de 8.800 niños que trabajan? Quizá eso la aleja de la imagen perfecta de Rosario: “la Barcelona Argentina”. Tal vez hay que ocultar la otra Rosario que tiene 45.140 personas que reciben planes Jefes y Jefas de Hogar, posee unos 1.991 seguros por desempleo a los que hay que sumar el programa familia mas?... ¿cuántos subsidios más? No es fácil aceptar que existe trabajo infantil ligado directamente a la pobreza y la indigencia que se mantiene y reproduce ad infinitum. ¿Por qué? ¿por qué los funcionarios son “incapaces” de pensar otro modelo de país que vaya mas allá del alivio de la pobreza/ indigencia superando el asistencialismo clientelar? (un subsidio es = a un voto a gobernador/diputado/intendente/concejal). O por alguna otra razón mas lejana de la falta de “voluntad política”. En suma, esta actitud de la funcionaria pareciera demostrar lo que el Lic. Aldo Isuani ha señalado en el Congreso reciente en Mendoza, cuando plantea como tesis que: “la política social argentina no ha tomado nota del monumental cambio económico, social y político que ha vivido la república 4. “De modo que en lugar de generar un espacio de debate académico y político sobre el “trabajo infantil en Rosario”, prefieren sostener que los datos no son reales y fundados. Estas actitudes son cada vez mas frecuentes en los últimos años, pues cada vez mas uno encuentra que en las jornadas y congresos de Rosario y Buenos Aires, los que hablan de los planes Jefes de Hogar, la pobreza y el empleo, casualmente son los mismos funcionarios públicos (licenciados o doctores) que se dedican a justificar la efectividad de tales políticas socio-laborales y la utilidad de tal estadística oficial. Ni hablar de los escasos escritos de profesionales contratados por los sindicatos para referirse a las condiciones de empleo y trabajo en Rosario y la Región, que la mayoría de las veces se reducen a la enunciación de principios o la enunciación de consignas o denuncias puntuales. Lamentablemente los sindicatos carecen de centros de investigación interdisciplinarias abocados a conocer para transformar, aquellas condiciones de trabajo que afectan la salud5. De modo que como académica e investigadora, valoro categóricamente el espacio que ofrece enREDando como alternativa a dicho “vacío” de la academia.

Notas: 1. Lo recalco porque además de contar con espacio de libertad, el hecho de ser ad honorem implica que uno escribe para el boletín cuando tiene tiempo disponible y ganas. Esto lo hace diferente a un trabajo como cualquier otro donde uno debe escribir una nota acorde a las exigencias de tiempo propias de la empresa o emprendimiento productivo. 2.

Opina Maria Alejandra Silva, Un debate que compromete a todos, web 271


Desde abajo y desde adentro

site: http://www.risolidaria.org.ar/argentinav2/InformeEspecial/index.jsp#3- Diario El Ciudadano & la Región, Casi cien accidentes de trabajo diarios en Santa Fe, 17 de mayo de 2004, Rosario. 4. Primera Sesión Plenaria “Estrategias de articulación de las Políticas Sociales”, Segundo Congreso Nacional de Políticas Sociales, organizado por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 15, 16 y 17 de setiembre de 2004. 5. Como el ISTAS de la Central Obrero Española que fundamenta sus reclamos en los estudios científicos previos de las condiciones de trabajo y salud.

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Desde y con el pueblo Por Centro Ecuménico Poriajhú.

El Centro Ecuménico Poriajhú, es una Asociación Civil sin fines de lucro que desarrolla sus actividades en Rosario y la zona del Gran Rosario con sede en Barrio Copello de la localidad de Capitán Bermúdez. Trabajamos para generar espacios de participación popular desde estos modos de intervención: educación popular, arte y comunicación. Formamos parte de un proceso que pone en juego herramientas para ayudar a producir y reproducir conocimiento, desde y con el pueblo haciendo particularmente válida nuestra cultura popular desde la cotidianeidad y nuestros intereses nacionales y democráticos integrados a la utopía de la liberación latinoamericana. La Educación Popular, es educación para la liberación, una metodología que la da coherencia al contenido y a la forma en estrecha relación con la vida cotidiana del pueblo que se organiza y genera conocimientos y la construcción de otro mundo posible, de una nueva sociedad. Los modos de intervención desde los programas y proyectos tienen como protagonistas a los jóvenes, no sólo como destinatarios sino como agentes activos desde el diagnóstico de sus problemáticas hasta la evaluación final generando espacios de inclusión, en los cuales se crea el sentido de pertenencia. A partir de allí se trabaja sobre la autoestima, el desarrollo del pensamiento crítico, desde las prácticas se puede objetivar la realidad y reflexionar para generar nuevas prácticas, prácticas de transformación de esa realidad. Desde la capacitación en gestión y ejecución de proyectos los jóvenes se orientan hacia la construcción de proyectos comunes y en articulación con otros grupos de jóvenes. Desde la práctica institucional se intenta la valoración de las diferencias, aprender a aprender del otro y el planteamiento de conflictos y búsqueda común de soluciones a través de diferentes estrategias (artísticas, comunicativas, etc) reconociendo las propias fortalezas y limitaciones. Entendemos el Desarrollo Local como el proceso de articulación de los saberes de las personas, organizaciones, instituciones, gobiernos, sectores comerciales y empresarios, que se reúnen para detectar sus problemáticas, necesidades y potencialidades, generar estrategias de resolución de las mismas y la gestión de los recursos necesarios. Se trata de procesos endógenos, de abajo hacia arriba y de adentro hacia fuera con estrategias de arte y comunicación orientadas a la participación ciudadana y la transformación de la realidad. Participamos de procesos de desarrollo local en las localidades de Rosario con respecto a formación de formadores en Economía Solidaria y capacitación a emprendedores productivos de los distritos municipales, en las localidades de Fray Luis Beltrán y Puerto San Martín en el Programa Familias para la inclusión social (Ministerio de Desarrollo Social de la nación y Fundación Síntesis) por medio de cursos de desarrollo de capacidades emprendedoras y la coordinación de los Foros de intercambio de dicho programa. Participamos del Programa “Banco Popular de la Buena Fe” como Organización Provincial en el acompañamiento de cinco banquitos 273


Desde abajo y desde adentro

con las siguientes Organizaciones Comunitarias: Manos Abiertas (Cap. Bermúdez), La Colmena, Cooperativa de Trabajo “La Constructora”, Centro de Comercio Solidario y Casa de Todos. Se promueven y acompañan espacios de ferias, intercambios alternativos como el trueque y la participación en la construcción de redes de comercialización desde los principios del comercio justo y solidario. Aspiramos a promover también a emprendedores locales y regionales desde nuestro centro de comercialización, en red con centros de comercialización de organizaciones afines en todo el paìs. El Hormiguero Poriajhú es el espacio de inserción en el Barrio Copello en Capitán Bermúdez (Santa Fe-Argentina), una casa que fue creciendo a la medida de las necesidades. En los comienzos, en lugares prestados, la Capilla, el salón de la Vecinal del Barrio y luego un ranchito adquirido con los primeros fondos gestionados a través de una publicación sobre la experiencia. Generamos espacios de comunicación popular desde el arte y el humor, a través de programas radiales en los que los vecinos proponen e instalan temáticas que tienen que ver con inquietudes o problemas de la comunidad como por ejemplo la problemática ambiental, participando en el abordaje de los mismos y estableciendo debates públicos con los diversos actores sociales involucrados, desarrollando pensamiento crítico y compromiso de participación ciudadana. Contamos con un Telecentro Comunitario de Informática en asociación con el Nodo Tau, en el que se brinda el servicio al barrio Copello y además se realizan cursos de iniciación a la Informática y se cuenta con un espacio de apoyo a los emprendedores productivos que requieren búsqueda de información por Internet, producción gráfica de etiquetas y otros servicios; una sala de grabación donde se brinda capacitación a jóvenes y adultos en la operación técnica de los equipos; locución y producción radial, contando con los espacios radiales para las prácticas. Participamos en enREDando, espacio de comunicación del Nodo Tau que nos ha posibilitado contactos con otras organizaciones comunitarias y ciudadanos en general que tomaron conocimiento de nuestras actividades. Dentro de la estrategia de comunicación institucional los espacios como enREDando son una prioridad para Poriajhú porque nos permiten comunicarnos con organizaciones y personas interesadas directamente en las temáticas que abordamos. Y también con posibles financiadores de nuestros proyectos. Creemos que el desafío es encontrar los mecanismos para que enREDando y espacios similares se difundan y multipliquen sus potencialidades. Por ejemplo en el acercamiento a estamentos gubernamentales, a la cooperación internacional, a los grandes medios de comunicación etc. de manera que sean espacios no sólo para facilitar el conocimiento y articulación entre organizaciones, sino también de difusión de lo que hacen las organizaciones no gubernamentales en otros ámbitos.

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Agenda Aire Libre Radio Comunitaria Virasoro 5606 - Rosario. Santa Fe (0341) 4325261 airelibre@airelibre.org.ar www.airelibre.org.ar Daniel Fossaroli - Alberto Palacios Alerta Niño Rosario. Santa Fe (0341) 4385762 mgentiletti@infovía.com.ar, sdmartin@infovía.com.ar Marisa Gentiletti - Sergio Martin AR-EMBA Oroño 686 - San Lorenzo. Santa Fe (03476) 420153 aremba@tau.org.ar Elsa - Marta Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME) Balcarce 163 - Rosario. Santa Fe (0341) 4251372-4493949 rosario@apyme.com.ar, apymeros@rcc.com.ar www.apymeros.com.ar Juan José Sisca Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) Córdoba 951 PA Oficina 3 - Rosario. Santa Fe apdhrosarioprensa@yahoo.com.ar, apdhrosario@yahoo.com.ar, apdh_rosario@yahoo.com.ar Norma Ríos Asamblea por los Derechos Sociales (ADS) Jujuy 1547 - Rosario. Santa Fe (0341) 4264370 ads@coopvgg.com.ar Aníbal Faccendini

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Desde abajo y desde adentro

Asistencia al Celíaco de Argentina (ACELA) Catamarca 1935 - Rosario. Santa Fe (0341) 4381747-4531433-4620867 acela@hotmail.com www.acela.org.ar Elvira Alvarez - Silvia Losada Asociación 3 F Bulevard Seguí 3128 - Rosario. Santa Fe (0341) 4324488 contacto@asoc3f.org.ar José Luis Bobbiesi Asociación Amigos de la Guitarra España 991 Piso 2 Oficina 6 - Rosario. Santa Fe (0341) 4330302 Asociación Amigos y Familiares de Discapacitados (AMUFADI) Laguna del Desierto 3403 - Rosario. Santa Fe (0341) 4614773 bussmario@ciudad.com.ar Mario Buss Asociación Civil La Casa de Todos Constitución 2945 - Rosario. Santa Fe (0341) 4805412 la_casa_de_todos@hotmail.com Elsa Rojas Asociación Civil Nodo Tau Tucumán 3950 - Rosario. Santa Fe (0341) 4351114 info@tau.org.ar www.tau.org.ar Danilo Lujambio - Eduardo Rodriguez Asociación Civil Volver a la Vida Sarmiento 1632 - Rosario. Santa Fe (0341) 4112367 gustavogodoy@hotmail.com

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Asociación Civil VOX Entre Ríos 1087 - Rosario. Santa Fe (0341) 4485713 voxrosario@hotmail.com, revistavox@yahoo.com Guillermo Lovagnini Asociación Científica de Ayuda al Drogadependiente (ACAAD) Salta 1227 Departamento A - Rosario. Santa Fe (0341) 4493957-4481597 Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) San Lorenzo 1879 - Rosario. Santa Fe (0341) 4243980-4257614 Miriam Aulleros Asociación de Diabéticos de Rosario (ADIR) Constitución 425 - Rosario. Santa Fe (0341) 4391381 asodiabros@hotmail.com, asociacionadir@yahoo.com.ar Rita Hernando Asociación del Magisterio de Santa Fe (AMSAFE) Catamarca 2330 - Rosario. Santa Fe (0341) 4371412 www.amsafe.com.ar Gustavo Teres Asociación en Defensa de la Vivienda Unica (ADEVU) Carriego 1190 - Rosario. Santa Fe (0341) 4306768 Marcelo Bonini - Ana Marra Asociación Indígena de Rosario (AIR) Baigorria 1943 - Rosario. Santa Fe (0341) 4611908-4556496 cristina_choque@hotmail.com Cristina Choque Asociación Lola Mora Platón 1140 - Rosario. Santa Fe (0341) 4656566 Nora Rachid

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Asociación Mutual de Ayuda al Prójimo Casa de Luxemburgo Pasaje Mansilla 4761 - Rosario. Santa Fe (0341) 4331942 amap@ciudad.com.ar Asociación Protección e Integración del Mogólico (APRIM) Lozzia 6321 A - Rosario. Santa Fe Enrique Prieto Asociación RE.DE.S. Balcarce 183 PB - Rosario. Santa Fe (0341) 4110216 asociacionredes@yahoo.com.ar Roxana Cantore Asociación Rosarina Amigos del Riel Estación Central Córdoba, Bulevard 27 de Febrero 599 – Rosario. Santa Fe (0341) 4302359 amigosdelriel@yahoo.com.ar, prensa@arar-cc.org www.arar-cc.org Pablo Balloni Asociación Scouts de Argentina-Zona Sur de Santa Fe Jujuy 3051 - Rosario. Santa Fe (0341) 155157871 cbagnato@banchio.com, zona19@hotmail.com www.scouts-de-argentina.org.ar Carlos Bagnato Biblioteca Popular Pocho Lepratti Virasoro 39 Bis - Rosario. Santa Fe (0341) 4812064 biblepratti@hotmail.com Carlos Nuñez Cafferata Bochin Club Cafferata 2387 - Rosario. Santa Fe (0341) 4315532 CANOA San Jerónimo 2830 - Santa Fe. Santa Fe (0342) 4524926 canoa@ciudad.com.ar www.canoa.org.ar Sandra Gallo 278


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Casa de la Mujer Donado y Derqui - Rosario. Santa Fe (0341) 4573426 casadelamujer@sinectis.com.ar Liliana Pauluzzi Centro Comunitario de Salud Mental Vínculo San Luis 2287 - Rosario. Santa Fe (0341) 4403687 Horacio Tabares-Maria Alicia Riestra-Daniel Sayago vinculoccsm@hotmail.com Centro Comunitario La Rigoberta Berutti 1864 - Rosario. Santa Fe (0341) 4812816 larigoberta@hotmail.com Centro Comunitario Oroño Sur Avenida Del Rosario 1950 - Rosario. Santa Fe (0341) 4612812 Roberto Pérez - Nora Vecchi Centro Comunitario Todos/as por Todos/as Constitución 5227 - Rosario. Santa Fe (0341) 4653981 Juan Rivero - Gustavo Orrego - Cristina Jiménez Centro Comunitario Victoria Riobamba 7639 – Rosario. Santa Fe (0341) 4562794 Juan Gencheff Centro Cultural del Naranjazo Génova y Travesía - Rosario. Santa Fe murguitaacuerda@yahoo.com.ar Celeste Alarcón - Luisina Vaccari Centro Cultural, Recreativo y Deportivo La Cinchada Avenida del Rosario 3600 - Rosario. Santa Fe (0341) 4663185 lacinchada@hotmail.com María Isabel Maldonado

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Desde abajo y desde adentro

Centro de Desarrollo Infantil y Promoción Familiar (CEDIPF) Pasaje Puerto Belgrano 126 Bis - Rosario. Santa Fe (0341) 4810126 www.tau.org.ar/cedipf Centro de Estudios de Producciones Agroecológicas (CEPAR) Tucumán 2668 - Rosario. Santa Fe (0341) 4386897 cepar@arnet.com.ar Antonio Lattuca Centro de Estudios Interdisciplinarios de la Mujer (CEIM) Mitre 1117 Piso 1 Departamento 4 - Rosario. Santa Fe (0341) 4405294 cenur@ciudad.com.ar Hilda Habychaín Centro de Estudios para el Desarrollo y la Inclusión Social (CEDIS) Virasoro 39 Bis - Rosario. Santa Fe (0341) 4623715 cedis@hotmail.com Carlos Núñez Centro de Ex Combatientes de Malvinas en Rosario Ayacucho 1477 - Rosario. Santa Fe (0341) 4407861 excombatientesmalvinasrosario@yahoo.com.ar Rubén Rada Centro de Desarrollo para la Familia y la Mujer (CEDEIFAM) Rioja 506 PA – Vespucio 2155 - Rosario. Santa Fe (0341) 155841114-4545865 cedeifam@tau.org.ar Bibiana Talamoni - Doris Saucedo Centro de Investigación en Derechos Humanos (CEIDH) Córdoba 2020 Piso 1 - Rosario. Santa Fe (0341) 4482842-4802634 ceidh@fder.unr.edu.ar Enrique Font Centro de Jubilados y Pensionados Emanuel Estación de Trenes 27 de Febrero Piso 1 - Rosario. Santa Fe www.escuelaemanuel.8m.com Maria Virginia Segovia 280


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Centro de Vecinos para el Progreso (COVEPRO) Diagonal Río Negro 6402 - Rosario. Santa Fe (0341) 4593530 Osvaldo Prete Centro Ecuménico Poriajhú Independencia 215 - Capitán Bermúdez. Santa Fe (0341) 4914572-4911357-4716156 poriajhu@tau.org.ar Carlos Giampani - Marita Milagro Comisión Investigadora de los Crímenes de Diciembre de 2001 Zeballos 1410 - Rosario. Santa Fe (0341) 4450082 Lilian Echegoy Comunidad Cristiana de Ayuda Santiago 55 Bis - Rosario. Santa Fe (0341) 4372264-4371450 comunidadcristiana@citynet.net.ar Liliana Ogrizek - Irene Barbe Con Hondo Interés Comunitario Obramos Socialmente (CHICOS) Mendoza 1247 - Rosario. Santa Fe (0341) 4802707 asociacionchicos@hotmail.com www.chicosrosario.org.ar Marcela Lapenna Cooperativa de Trabajo El Arca Pasaje 4 Casa 4360 (Rouillón al 4400) - Rosario. Santa Fe (0341) 156901461 Víctor Viberti Cooperativa de Trabajo La Constructora Almafuerte 2050 - Rosario. Santa Fe (0341) 4256251 coop_constructora@yahoo.com.ar Miguel Medina - Gustavo Ricordi Cooperativa de Trabajo La Colmena Calderón 3640 - Rosario. Santa Fe (0341) 4543033 cooplacolmena@yahoo.com.ar Alcides Villegas - Viviana Janón 281


Desde abajo y desde adentro

Cooperativa de Trabajo Mil Hojas Alsina 1030 - Rosario. Santa Fe (0341) 4352988 info@cooperativamilhojas.com.ar Omar Cáceres Cooperativa de Vivienda, Crédito y Consumo Barrio Nuevo Pasaje Público 1737 - Rosario. Santa Fe Andrea Ferreira Cooperativa Resurgir Ltda. Moreno 77 - Rosario. Santa Fe (0341) 4489863 Leila Catarro Cooperativa Saladillo Sur Lamadrid 404 bis y Vera Mújica 599 - Rosario. Santa Fe (0341) 4394615 Cooperativa Trabajadores en Lucha Tucumán 1349 - Rosario. Santa Fe (0341) 4247807 Carlos Ghioldi Coordinadora de Trabajo Carcelario (CTC) Zeballos 1410 - Rosario. Santa Fe (0341) 4450082 ctcrosario@tau.org.ar, ctcrosario@hotmail.com Antonio Tesolini - Lilian Echegoy Costurero Comunitario Obra Kolping Argentina Magaldi y Nochetto - Rosario. Santa Fe (0341) 4515334 kolping@tau.org.ar Norma Vega Ecoclubes Córdoba 917 Oficina 102 - Rosario. Santa Fe (0341) 4408475 Ecosur Pasaje Sunchales 329 - Rosario. Santa Fe (0341) 4392380 espiaggi@coopvgg.com.ar Eduardo Spiaggi 282


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Escuela de Artes Urbanos Felipe Moré y Uruguay - Rosario. Santa Fe (0341) 4332031 Sandra Martínez Fundación Sivida Zeballos 1416 - Rosario. Santa Fe (0341) 155075307 sivida@tutopia.com Isolda Montenegro Grupo Desde el Pie Puelches y Casilda – Rosario. Santa Fe Alejandra Lilles - Mili Glikstein - Mary Suárez - Karina Galindo Grupo Ecologista Génesis Paraguay 2628 - Rosario. Santa Fe grupoecologistagenesis@hotmail.com Alcides Ghiglioni Grupo Laboral Cooperativo A.C.E. Cochabamba 198 - Rosario. Santa Fe grupolaboral@ciudad.com.ar Jorge Fandiño - Shirley Gurruchaga Grupo La Rueda, Arte y Salud Rosario. Santa Fe (0341) 4393639-4643248-4540341 rodantes@larueda.org.ar www.larueda.org.ar Marcelo Mainini H.I.J.O.S. Rosario Cochabamba 198 - Rosario. Santa Fe hijosrosario@hotmail.com www.hijos-rosario.org.ar Nadia Schutzman Historia Obrera Zona Norte (0341) 4386212 Rosario. Santa Fe Enzo Casá Instituto de Artes Contemporáneas de Rosario (ICARO) 283


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1° de Mayo 1117 Casas 2 y 4 - Rosario. Santa Fe www.icaroartes.com.ar Rodolfo Hachen Instituto de Estudios Jurídicos y Sociales de la Mujer (Indeso-Mujer) Balcarce 357 - Rosario. Santa Fe (0341) 4402369 indeso@tau.org.ar www.indesomujer.org.ar Noemí Chiarotti - Mabel Gabarra - Susana Moncalvillo Instituto de Género, Derecho y Desarrollo (INSGENAR) España 225 Piso 1 Departamento C - Rosario. Santa Fe (0341) 4252242 biblio_insgenar@tau.org.ar, insgenar@tau.org.ar www.insgenar.org.ar Susana Chiarotti-Dolores Saravi-Viviana della Siega Jardín de Infantes Pajarito Remendado - Escuela Rosa Ziperovich - Centro Popular de Acción Comunitaria (CEPAC) Boquerón 555 - Rosario. Santa Fe espricom@hotmail.com, fordemo@hotmail.com Rolando Bucci La Grieta, Cultura sin Moño Centeno 1738 - Rosario. Santa Fe lagrieta@tau.org.ar Jorge Palermo La Vagancia Gorriti entre Liniers y Teniente Agnetta - Rosario. Santa Fe lavagancia@tutopia.com Linux Users Group Rosario (LUGRO) Asociación Nuevas Tecnologías (ANT) Rosario. Santa Fe info@lugro.org.ar www.lugro.org.ar www.rosario.linux.org.ar www.ant.org.ar Sebastián Criado Madres Plaza de Mayo Cochabamba 1462 - Rosario. Santa Fe

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Mensajeros de Jesús 27 de Febrero y Lima - Rosario. Santa Fe (0341) 4322984 Raúl Ríos Mercado Solidario 20 de Diciembre Rodriguez 198 Bis - Rosario. Santa Fe mercadosolidario@yahoo.com.ar Roberto García - Valeria Luchini Movimiento de Mujeres en Lucha Rosario. Santa Fe (0341) 155420825 mmlsantafe@yahoo.com.ar Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) Sarmiento 1232 - Rosario. Santa Fe (0341) 4470541 Oscar Lupori Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER) (011) 1552487490 www.mner.org.ar José Abelli Murga La Cirga (0341) 4551687 Rosario. Santa Fe Celeste Montechiarini Mutual de Ayuda entre Lisiados y Adherentes (Maela) Tucumán 1588 - Rosario. Santa Fe (0341) 4219164 Organización Familiares Enfrentando al SIDA (OFES) San Lorenzo 4244 - Rosario. Santa Fe (0341) 4373633 ofes@arnet.com.ar Gladys González Programa Andrés Rosario Laprida 1277 - Rosario. Santa Fe (0341) 4253389 programaandresros@citynet.net.ar, programar@ciudad.com.ar www.programaandresros.org.ar Rubén de Lisa 285


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Programa “Tardes Nuestras” conducido por internos del Hospital Regional de Salud Mental “Agudo Avila” en Aire Libre Radio Comunitaria (91.3) - Rosario. Santa Fe (0341) 4325261 Red Informativa de Mujeres de Argentina (RIMA) Rosario. Santa Fe www.rimaweb.com.ar rima@citynet.net.ar Gabriela de Cicco - Irene Ocampo Taller Ecologista San Martin 536 Piso 3 Oficina 4 - Rosario. Santa Fe (0341) 4261475 info_taller@ciudad.com.ar, taller@cyberia.net.ar, taecoro@tau.org.ar www.taller.org.ar Sergio Rinaldi - Elba Stancich Tercer Mundo Espacio Cultural Montevideo 653 - Rosario. Santa Fe (0341) 4111979 tercermundo3@hotmail.com www.espaciotercermundo.com.ar Eliana Borghi - Natalia Holand - Maximiliano Fradellín Unión de Usuarios y Consumidores Bajada Sargento Cabral 523 (0341) 4450474 Valeria Vacaro Vecinal Solidaridad Social Paraguay 2545 - Rosario. Santa Fe (0341) 41813102 Fernando Lifsziyc - Viviana Buontempo Vecinal Unión y Progreso Pedro Lino Funes 3355 - Rosario. Santa Fe (0341) 41313645 vecinalunionyprogreso@hotmail.com Norberto Diez Vicaría Sagrado Corazón de Jesús Humberto Primo 2401 - Rosario. Santa Fe (0341) 4395548 vicariasagradocorazon@hotmail.com Padre Edgardo Montaldo 286


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Voluntariado de Horas de Lectura Rosario. Santa Fe (0341) 4815757-4829260-4483902 voluntariado@infovia.com.ar Maria Luisa Sordi de Matich

Lamentamos no haber podido incluír en esta publicación las Buenas Prácticas realizadas al Centro de Jubilados y Pensionados Todo por Amor y al Centro Comunitario Magnano debido a inconvenientes técnicos que provocaron la pérdida de estos materiales. Destacamos que estas organizaciones, a pesar de no figurar en el libro, forman parte del registro de buenas prácticas que hemos llevado adelante en un esfuerzo conjunto con las organizaciones presentes en el libro.

Centro de Jubilados y Pensionados Todo por Amor La Paz 692 - Rosario. Santa Fe (0341) 4824459-4829305 todoporamor@eldigital.com.ar Ana Beatriz Moreira Centro Comunitario Magnano Guillermo Tell 395- Rosario. Santa Fe (0341) 155614472 Verónica Lezcano

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