Programa San Mauro Abad 2018

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Queridos vecinos y visitantes, todos de una manera u otra devotos de San Mauro. Que aparte de ser nuestro Patrón es también el encargando de ver cómo un año se nos va ,y comienza el otro , casi sin darnos cuenta, inmersos en el día a día el tiempo transcurre, y son estas fechas las que nos ayudan a darnos cuenta de que en esta vida estamos de paso. Con la responsabilidad, en primer lugar, de trasmitirle a nuestras futuras generaciones el significado del ser y sentirse de éste nuestro pueblo, para que ese esfuerzo que llevaron a cabo nuestros padres y abuelos se logre transmitir, así como la unión que sentimos y compartimos con todas las personas que nos visitan. Y en segundo lugar, pero no por ello menos importante, que esta fiesta sea y siga siendo el sentimiento de un pueblo, una comunidad que entorno a la figura de nuestro santo Patrón, se congrega para participar en todos los diferentes actos que con el esfuerzo de todos desarrollamos en su honor . Son muchos los Puntagorderos y Puntagorderas , que no hace tantos años, tuvieron que emigrar a otras latitudes en busca de una vida mejor y para poder ayudar en gran parte a los familiares que se quedaron en nuestro pueblo. Ahora los tiempos han cambiado, pero son esos hijos y nietos, de Puntagorderos y Puntagorderas, los que en una situación similar a la que vivieron nuestros padres y abuelos, hoy regresan a nuestro pueblo. Ese mismo pueblo que vio nacer a sus ancestros, siendo la solidaridad la que hace grande a un pueblo. Debemos de seguir creciendo en población y en infraestructuras, para generar viabilidad a muchas empresas, y para conseguir los ratios necesarios para que los servicios fundamentales como educación y sanidad y muchos más que estamos poniendo en marcha se consoliden, siendo consciente del abandono que estamos sufriendo en infraestructuras viarias por parte de otras administraciones, y solo con el crecimientos podremos seguir reivindicando. Al igual que seguiremos reivindicando la posibilidad que nos dejen acondicionar nuestra iglesia bien de interés cultural, y que a finales de este año terminaremos con el plan especial que nos permitirá llevarlo a cabo. Os deseo que estas fiestas que preparamos para todos ustedes y en las cuales colaboran muchas personas y entidades, a las cuales les doy el mayor de los agradecimientos, sean un momento de compartir y apostar por lo que nos une. Con la devoción que cada quien tenga a nuestro santo patrón, San Amaro Abad, disfrutemos de todos los actos, y como no, en especial de nuestra Romería en esta nuestra iglesia centenaria donde nuestros padres y abuelos de una manera u otra están presentes. Felices fiestas para todos, y viva san Mauro. Vicente Rodríguez Lorenzo Alcalde de Puntagorda


Con el mes de agosto llegan a Puntagorda nuestras fiestas patronales. En ellas, el sentir de nuestro pueblo se hace más latente si cabe, a través de nuestras tradiciones, que en forma de gestos sencillos, conforman algunos de los elementos propios de nuestra idiosincrasia. Unas fiestas donde revivimos sentimientos y emociones que nos acompañan cada año al acudir a los diferentes actos que conforman las patronales. Miramos a nuestro alrededor y vemos como todo ha ido cambiando poco a poco, como todo va siendo diferente, pero la esencia, ese sentimiento primigenio de nuestras fiestas perdura en nuestro interior. Creo que es lo que nos hace sentir ese cosquilleo en el estómago cada vez que vemos como se aproxima en el calendario el mes de agosto. Es un privilegio y todo un orgullo dirigirme un año más a mis vecinos y vecinas, a modo de estas palabras, para transmitirles que las fiestas en honor a nuestro santo patrón, San Mauro Abad, están a la vuelta de la esquina. Unas fiestas cuyo fervor traspasa nuestras fronteras y en las cuales cada año se reúnen cientos de personas para disfrutar de los diferentes eventos que componen un programa de actos que, con tanto cariño y esfuerzo, hemos realizado desde los distintos departamentos. Unas fiestas que no serían posibles sin la implicación de tantas y tantas personas, así como de las entidades y comercios que colaboran con nosotros año tras año. A todos ellos, muchísimas gracias por contribuir a preservar una de nuestras mayores señas de identidad. No me quiero despedir de ustedes sin antes invitarles a disfrutar de todos y cada uno de los actos que tendremos durante los días de fiesta; festivales cargados de buena música típica de nuestras Islas y mucho humor, verbenas, actos deportivos o religiosos entre otros. Así mismo, les animo a disfrutar de la lectura que hay al final de este programa donde Horacio Concepción García trata nuestra Romería típica, una de las más antiguas de la Isla y que tanto marcó el devenir de nuestro Pueblo. Romería a la cual les invito a participar ataviados con sus trajes típicos o de campesino acompañando a las carrozas y parrandas el próximo sábado 4 de agosto. Señoras y señores, diviértanse y disfruten de estas fiestas en honor a San Mauro Abad.

Juan Gabriel Pérez Pérez Concejal de Cultura y Fiestas


Queridos hermanos en el Señor y amigos y vecinos de Puntagorda: Como bien sabéis, en agosto este pueblo es convocado para la celebración de una fiesta. No se trata de una fiesta cualquiera, sino de una que hunde sus raíces en una tradición antigua, una tradición cristiana, que ha vertebrado históricamente la vida de los habitantes de este lugar. En efecto, reunirnos para celebrar la fiesta en honor a San Mauro no es producto de una moda que va y viene, o de una idea genial de una persona o grupo, sino que forma parte de la misma identidad de este pueblo. Y lo es porque históricamente sus habitantes se han sentido identificados en una medida u otra con este gran santo, del que siempre podemos aprender mucho. Este año, en el cual me siento feliz de acompañarles por primera vez como párroco, quisiera que estas fiestas fueran una ocasión para, mirando siempre a San Mauro, unirnos más como comunidad y como pueblo. ¿Cómo podemos hacerlo? Ante todo, aprendiendo del mismo San Mauro. Como discípulo del mismo San Benito y como abad, él supo ser padre de muchos siendo santo, es decir, un hombre de Dios, profundamente cristiano, poniendo a Jesucristo en el centro de su vida. Así se construye una comunidad y un pueblo: siguiendo juntos algo común, que todos podemos reconocer como un bien. Quiera Dios que este año, siempre dentro del ambiente alegre propio de una fiesta, permitamos que Dios, por la intercesión de San Mauro, pueda tocar nuestros corazones para hacernos mejores, y para unirnos más unos a otros en un camino común en el que cada uno pueda ser cada vez mejor y más feliz. Creo que esto es lo que Dios quiere de nosotros en esta fiesta: que sean una ocasión de encuentro. Encuentro con los demás, por supuesto, pero también encuentro con Jesucristo, Aquél al que San Mauro entregó toda su vida. Felices fiestas de San Mauro Abad 2018. D. Cosme Piñero Cubas Párroco de Puntagorda


Sábado

4 de Agosto 18:00 h

Celebración de la Misa de Romeros en el Antiguo Templo cantada por la agrupación Los Arrieros. Entrega de ofrendas a San Mauro Abad. Domingo

5 de Agosto 20:30 h

Recibimiento a San Mauro Abad En la Iglesia del Pino de la Virgen con la actuación de la Banda Municipal. Jueves

9 de Agosto 19:30 h

Celebración de la eucaristía ofrecida por los niños y jóvenes de nuestro Municipio. Viernes

10 de Agosto 19:00 h

Celebración de la eucaristía ofrecida por los enfermos y ancianos de nuestro Pueblo en la Residencia de la Tercera Edad. Domingo

14 de agosto 20:00 h

Rezo del Santo Rosario

20:30 h

Santa Misa cantada por el Aula de Música de Tijarafe y Villa de Mazo. A Continuación procesión con nuestro Santo Patrón acompañado por la Banda Municipal de Música de Puntagorda. Durante el recorrido escenificación con el cuadro plástico Jesús muerto en brazos de María y posterior exhibición de fuegos artificiales.


Domingo

29 de Julio 17:00 h

Torneo de póker para aficionados en el local Los Almendros, El Pinar. Lunes

30 de Julio 19:00 h

Torneo de subastado en el Pino de la Virgen. Jueves

2 de Agosto 18:30 h

Torneo de futbol 7 alevín en el campo de fútbol El Fayal. Viernes

3 de Agosto 19:00 h

Torneo de fútbol 7 sénior masculino en el Campo de fútbol El Fayal. Sábado

4 de agosto 10:30 h

Tradicional Romería hacia el antiguo templo de San Mauro por Camino del Calvario acompañados por Parranda De Repente, Parranda Falta Uno, Parranda el Lagar, Parranda Abangares, Parranda Central, el Cardero.com y Parranda Las Camelias junto con Las Dichosas y el Aula Municipal de Cuerda. (Se sugiere acudir a la romería ataviados con traje típico o ropa de campesino)

15:00 h

Comida de hermandad para los asistentes.

18:00 h

Celebración de la Misa de Romeros canta por la agrupación Los Arrieros de Los Llanos de Aridane y entrega de ofrendas a San Mauro Abad por las carrozas participantes.

19:30 h

Competición de juegos populares con el tradicional baile de la papa y la cucaña. Todos los actos estarán amenizados por Grupo Libertad, Rico Son, Arena Caliente y Dúo Palma. La tocata comenzará a las 14:00h.


Domingo

5 de Agosto 20:30 h

Recibimiento a San Mauro Abad En la Iglesia del Pino de la Virgen con la actuación de la Banda Municipal.

21:30 h

Cine de Verano Proyección de la Película Gru, mi villano favorito 3. Lunes

6 de Agosto 10:30 h

Fiesta de la Espuma Hinchables acuáticos, divertidos juegos y cañón de espuma para los más pequeños de la casa a cargo de Animaciones y Espectáculos Tabayzú.

17:00 h

Sortija en Bicicleta.

17:30 h

Sortija en Moto.

18:00 h

Gran Gincana Mexicana.

21:30 h

Cine de Verano Proyección de la Película La Bella y la Bestia. Martes

7 de Agosto 20:30 h

Festival Musical de Musicales con los niños y niñas del municipio a cargo de Magüi. Miércoles

8 de Agosto 21:30 h

Concierto de la Banda Municipal de Música de Puntagorda y Aula Municipal de Cuerda, con la Asociación de Mayores de San Mauro Abad. A continuación, show Al mojo vivo con la humorista grancanaria Omayra Cazorla.


Jueves

9 de agosto 17:00 h

XVI Torneo de Ajedrez en el recinto de la fiesta.

21:30 h

Noche de timple y tradiciones Actuación estelar de Domingo El Colorao junto a Julia y Ayla Rodríguez. A continuación, concierto del carismático grupo Timple&Bohemia con su nueva propuesta musical Mezcolanza. Viernes

10 de Agosto 22:00 h

Actuación de la batucada de Puntagorda Chambaé y Bloquinho do Percussao Samba Tao de Barlovento.

23:00 h

Latin Party FlourNight Viste de blanco y ven a disfrutar con los Dj´s del momento de la mejor música latina. Nos acompañarán Dj Ubay Hdez, Dj Brain, Ben Hitler, Carlos Saxo Beat y Dj Erik Costom. Sábado

11 de Agosto 18:00 h

Carrera de Carros de madera por la bajada hacia la charca. (Bar-parrilla de la virgen).

20:00 h

Carrera de Caballos en la Avenida de Los Almendros.

22:30 h

Gran baile con las orquestas Tropicana´s de la Palma y Dorada Band de Tenerife. Domingo

12 de Agosto 20:00 h

Rezo del Santo Rosario.

20:30 h

Santa Misa cantada por el Aula de Música de Tijarafe y Villa de Mazo. A continuación procesión con nuestro Santo Patrón acompañado por la Banda Municipal de Música de Puntagorda. Durante el recorrido escenificación con el cuadro plástico Jesús muerto en brazos de María y posterior exhibición de fuegos artificiales.

22:00 h

Entrega de trofeos. A continuación baile fin de fiestas con Rico Son.



San Mauro o San Amaro, cuya festividad se conmemora el santoral católico el 15 de enero, se erigió en una de las celebraciones de más raigambre y devoción en la isla de La Palma desde la centuria del XVI. El peregrino, que abandonaba su morada para encaminarse hacia el venerado y humilde santuario de Puntagorda, es una figura asociada a la del pobre campesino palmero acosado por la miseria o la enfermedad. La silueta de un caminante que, descalzo, llevando a hombros su bordón, un pequeño zurrón y una calabaza para almacenar agua o vino, dirigiéndose a través de barrancos y peligrosas sendas hacía San Amaro. En esta peregrinación se establecía una relación concreta entre lo terrenal y lo sagrado. El esfuerzo físico para llegar a Puntagorda era una metáfora del viaje espiritual del ser humano, lleno de sacrificios y renuncias, para alcanzar el paraíso. En este contexto se incluyó la figura legendaria de un santo de nombre Amaro el Pelegrino que se convirtió en marinero para atravesar el océano en la busca del edén y cuyas hazañas han constituido el pedestal para el mito del denominado romero del paraíso. ¿Acaso estaría este jardín de la eterna juventud en Puntagorda? A mediados del siglo XVI se funda una primitiva ermita en: «la lomada de San Amaro». Su tipología, dada la urgente necesidad de su construcción, fue de lo más simple y se puede definir como arquitectura de la parvedad: tapiales de piedra y barro con cubierta vegetal. En este oratorio se colocó una original imagen del patrón, documentada en un inventario de 1574: «Un altar de madera en que está la imagen de San Amaro de bulto pequeño» que, con posterioridad, fue remplazado por la actual imagen de San Mauro Abad, de la que se tiene constancia desde el año 1577. La vernácula ermita fue reedificada en 1576, siendo el elemento más sobresaliente de la actual fábrica, único vestigio de la arquitectura del siglo XVI, el arco triunfal gótico ojival que formaba parte de la antigua capilla mayor, hoy antepresbiterio. El mismo está construido en tosca o toba marrón y es parte destacada del blasón municipal de Puntagorda, en el cuartel primero (superior izquierdo), además de la Mitra, la Vara y el Libro Sagrado que representan los atributos que porta San Mauro Abad. El peregrinaje hacia Puntagorda originado por la fe y la devoción, a través de la promesa o el voto de peregrinación, estaba fundamentado en acontecimientos como: una curación, el nacimiento de un hijo, la vuelta de algún ser querido, alguna protección especial, etc. Los peregrinos enfermos solían viajar juntos o veces acompañados por familiares sanos. Eran peregrinaciones de gentes pobres, en su inmensa mayoría, que se transforman fácilmente en errantes, mendigos o marginados. Existían otro tipo de peregrinos muy particulares: los peregrinos por procuración. Estos eran los encargados de efectuar una peregrinación por cuenta de otra persona que era quien se había comprometido a tal voto. La práctica se realizaba cuando la promesa no había llegado a cumplirse por la muerte de su autor. Durante su viaje, los peregrinos están bajo la protección de unas leyes específicas, éstas facilitaban el paso libre, aseguraban el auxilio y la protección de los representantes del poder insular o real, eximían del pago de peajes, montazgos y demás tasas. Aunque las romerías resultan consustanciales al momento que comienzan a erigirse los primeros templos en la Isla, la peregrinación hacia San Amaro tuvo durante gran parte del siglo XVI, el carácter de las grandes peregrinaciones de la Edad Media, convirtiéndose en una tradición de naturaleza más secular según avanzaron los siglos, donde lo sagrado y lo profano se confundían. Si bien los términos peregrinación y romería a menudo se unifican, en el primero se escenifica una acción individual y de promesa, la imagen de devoción, representa el símbolo dominante sobre el cual se condensa todo el sentido del peregrinaje. Sin embargo, el segundo hace referencia a fenómenos de masa, una manifestación ritual de carácter religioso que implica convivencia festiva y el desplazamiento colectivo al lugar sagrado donde habita el símbolo devoción.


El culto a San Amaro, santo de gran arraigo en el devocionario isleño durante todo el antiguo Régimen, está vinculado a la presencia de los primeros colonos lusos que recalaron en Puntagorda, sobre todo a los oriundos de Madeira: «Hemos podido constatar cómo son numerosas las ermitas que bajo esta advocación existen en Madeira, conservándose desde el mismo siglo XV y en las que se celebran fiestas de gran raigambre y a las que acuden una multitud ingente de personas, por lo que nada raro sería que su culto fuese trasladado desde allí por la importante colonia madeirense que se estableció en Canarias». La posterior fusión entre el culto a San Amaro y San Mauro es fruto de un proceso de unificación en breviarios, santorales y calendarios, tras una depuración hecha por la Iglesia en su santoral. La primera versión existente de San Amaro es la portuguesa que se encuentra en el Codex Alcobacensis, transcrito en el siglo XIV por el monje Hylário da Louinháa. En una colección de vidas de santos de Diogo do Rosario (1567) se lee: «Historia de la vida de san Mauro, o Amaro como vulgarmente se llama». Fray Alonso de Espinosa, en 1594, dice: «Está imagen del bienaventurado San Amaro o Mauro, que es lo mismo». La vida del bienaventurado Santo Amaro es un ejemplo de la religiosidad popular medieval, que nos ofrece no sólo un itinerario odiséico por tierras legendarias, sino también una metáfora de la búsqueda cristiana de la patria espiritual: «San Amaro, cuyo nombre le fue puesto por revelación del cielo, era temeroso de Dios y guardaba los santos mandamientos. La mayor parte de sus caudales y rentas las distribuía entre viudas, huérfanos y mendigos, socorriéndolos á todos con mucho amor y caridad. Hospedaba en su casa a todos los peregrinos que por aquella ciudad pasaban, a los que regalaba y agasajaba con singular cuidado y diligencia, con lo que se extendió tanto la fama de su mucha caridad, que muy pocos días estaba su casa sin huérfanos, pobres y peregrinos; con estos trataba Amaro largamente de sus peregrinaciones, a qué iban ó de dónde venían, y á todos preguntaba con mucho cuidado si sabían ó habían oído decir hacia qué parte estaba el Paraíso Terrenal; á cuya pregunta ninguno le satisfizo, porque todos lo ignoraban».


La ruta para alcanzar Puntagorda se convertía para estos peregrinos en una auténtica odisea. El camino de la Cumbre por Los Andenes era: «peligrosísimo de transitar en invierno y aún en otoño y primavera. Este es el más escabroso de todos». Las lluvias provocaban constantes desprendimientos de piedras, lo que suponía que el lugar quedara aislado la mayor parte del año por tierra de Santa Cruz de La Palma, limitándose así la circulación de personas y mercancías: «no hay camino transitable de bestias de Garafía y Puntagorda a la cuidad y a veces los barcos no pueden acercarse para transportar el grano». Una vez llegados a Puntagorda, la costumbre consistía en entrar al templo caminando de rodillas desde el terrero hasta el altar y pasar la noche en el interior de la iglesia, si había lugar. Si no, las eras, las cuevas, los corrales de ganado o el cobijo de un pino, se convertían en los mejores lugares para recogerse. Así, yacían masas menesterosas de peregrinos para cumplir su voto, para que les sobreviniera la curación esperada o para asistir a la tradicional novena. Durante esas vigilias algunos dormían, esperando quizás que San Amaro les visitara en sueños, los mendigos pedían limosna, mientras otros rezaban, leían salterios, cantaban, tocaban instrumentos de música o hablaban entre sí. Los más desdichados, los enfermos, se quejaban y los posesos y dementes, a veces amarrados a los pinos, gritaban y vociferan. Los tañidos de las campanas, a Ángelus o Vísperas, marcaban los tiempos religiosos para los vecinos y peregrinos. Las campanas estaban situadas en una sencilla estructura formada por tres palos altos de tea que se levantaban junto a la puerta principal. Esta singular atalaya perduró al menos hasta 1789, cuando se ordenó se ordenó hacer una espadaña de argamasa sobre la sacristía. Los peregrinos y devotos para calmar su sed disponían de un tanque de madera de tea, que recogía el agua de lluvia, situado delante de la puerta principal del templo y perteneciente a la fábrica parroquial, cuya existencia está documentada desde 1574. «El agua, siempre el agua, fue la preocupación más constante de los puntagorderos. Los animales y las cosechas, dependían del preciado líquido. En el invierno había que hacer el surco en el camino, preparar la coladera, sacar el fango de la aljibe y extraer el viejo balde con el garabato. Al principio, río de fango e inmundicia. Retiradas las bostas, moñigos, pedazos de corcha y palos, pasaba a la coladera y después a la aljibe, donde se le añadía una espuerta de cal viva para purificarla y un poco de greda, tierra blanquecina que se extraía de Fagundo para aclararla. A los dos días, el agua era o uno suponía que era potable. Nadie se moría por beberla, tal vez San Mauro, por saber de su necesidad, hacía el milagro». Los exvotos a San Mauro eran los testimonios de fe y de esperanza, de gratitud del dolor aliviado o de los desaparecidos males de los pobres peregrinos, azotados por las miserias físicas. El término procede de la expresión latina ex voto, que significa: por voto. Los exvotos tradicionales mostraban fe pública del agradecimiento, eran los pedazos de milagro de San Mauro que sazonaban la vida cotidiana y por ende manifestaban una relación contractual entre lo humano y lo divino: «niñitos de cera, manos, pies, brazos, ojos de cera, una mortaja, cabellos, una muleta, calabazas de plata, tablillas, cuadros, etc., colgados en los muros o en la techumbre del templo». Tal era la cantidad de exvotos ofrecidos al santo patrón, que su número llegó a preocupar a las autoridades eclesiásticas, prohibiendo estas manifestaciones en el siglo XVIII. El santo era muy querido en todos los rincones de la Isla y contaba con fama de ser muy milagroso. Tan innumerables fueron los milagros realizados por esta venerada imagen que: «estando mandado por el Santo Concilio de Trento que no se publiquen nuevos milagros sin que antes los reconozca y apruebe el señor obispo».


El culto a las reliquias ha sido parte de las prácticas devocionales en torno a la santidad en el occidente cristiano. Es una práctica que se inició en el año 312 con la llamada «Paz de Constantino», que significó el fin de las persecuciones de los cristianos y el reconocimiento de los mártires, considerados como los intercesores de los hombres ante Dios. La palabra reliquia proviene del latín reliquiae: restos. Las reliquias fomentaron el peregrinaje desde la Edad Media y han sido resguardadas en relicarios que evitan su profanación y ostentan con decoro los restos de los santos. En el caso de Puntagorda, al parecer, las antiguas reliquias de San Amaro se encontraban en una piedra de forma ovalada la cual tenía un orificio, sellado con algún tipo de material. Este original relicario se colocaba en el altar en el momento de la homilía para su veneración, aunque actualmente se desconoce su paradero. Los habitantes de Puntagorda rogaban a San Mauro fundamentalmente por dos gracias: salud y agua. Además, en La Palma era considerado santo protector de las fracturas y las caderas: «se celebran funciones en varias épocas del año a los Patronos de las parroquias u ermitas, a las cuales concurren los aldeanos con disculpas que hicieron promesas, a saber, a san Amaro, por desconciertos o dolores de huesos». También estaba muy vinculado a la cosecha y animales domésticos, los peregrinos y caminantes. En la actualidad se considera a San Mauro santo protector contra: calambres; ciática; dolores de cabeza; gota; resfriados y reumatismo. El elemento devocional en este peregrinaje fue adquiriendo tintes más festivos con el transitar de los siglos. Según la narración del lanzaroteño Isaac Viera y Viera (1858-1941), en su libro Costumbres Canarias publicado en 1916, esta romería estaba formada, a principios del siglo XX, por «una muchedumbre» de romeros que partía desde todas las localidades de la isla el día de la víspera de San Mauro. «En Tijarafe, el día 8 setiembre de 1872, en que tuvo lugar la función, hubo una numerosa concurrencia, debida en parte á la coincidencia de afluir aquí las personas que todos los años acostumbran ir en romería á la iglesia de San Mauro del vecino pueblo de Puntagorda. El asunto es haber abierto el único aljibe que tiene en este pueblo á fin de que se proveyeran de agua todas las personas que lo desearan, pues en estos días en que se hacen las romerías á San Mauro afluyen en gran número, siéndoles de necesidad hacer escala en este pueblo para poder emprender de nuevo su penoso viaje».


En esta romería hacia Puntagorda se partía ataviado con la indumentaria tradicional de cada municipio: «En la tierra de Tanausú se conoce por la indumentaria a qué pueblo pertenece cada persona campesino». Los romeros, haciendo alarde de una pasmosa agilidad, iban sorteando precipicios, barrancos y envetaderos, entonando cantos, dejando de tras de sí una huella de alegría y devoción hacía este santo patrón. Estos también se hacían acompañar por buenos vinos: «esos peregrinos llevan sendos barriletes de tintillo, de Fuencaliente o de Las Manchas». ¡Pos no! ¡Cualquiera no bebe por San Mauro! Vengan pacá que aquí truje un barrilito de las parras que tengo en el jabrusco, pa no ir a la cantina. Hay que ajurrar; la vida está cara, ya no pue uno ni cumprar un cetil. Beba un fisquiño, Chu Justo. Aquí hay vino abondo. ¡Viva San Mauro! Los caminates al salir de sus casas se quitaban sus zapatos, que no se volvían a calzar hasta que se encontraban en las proximidades de Puntagorda. Cuando llegaban a la parroquia depositaban sobre el altar, que se encontraba abarrotado, sus promesas (exvotos). Esta comitiva, después del ritual y de la misa, se dirigía a comer bajo la sombra de los pinos, donde comenzaba el sonar de tambores y el repiqueo de las castañuelas, que impregnaban el aire con cánticos. Paséense las damas de acá para allá, que este serinoque se va a prencipiar. Los romeros soportaban las austeridades de la Fiesta con prodigiosa fortaleza: la mayoría tenían que aguantar tres o cuatro días viviendo a la intemperie y comiendo lo que encontraban a su paso: almendras, higos, uvas, tunos, peras, etc. Las inmensas oleadas de personas hacia San Mauro durante siglos, fueron el principal motivo de que el pueblo no se desarrollara como tal alrededor de su parroquia, a pesar de ser el centro administrativo y religioso, cuya identidad y significación se reconocen hoy. Los puntagorderos se preparaban días antes del comienzo de la Fiesta, para el descomunal jubileo, tenían impedir que los romeros acabaran con todo. Así, se vendimiaba, se vareaba, se cogían los frutos, etc.: «Los romeros venían con poco dinero, agua tenían la de la aljibe de los romeros pero comida no». En las casas se preparaban colchones de paja y tableros para el alojamiento de los visitantes, que resultaban insuficientes a todas luces. En Puntagorda también la denominaban la Fiesta de los Romeros. En la primera mitad del siglo XX los romeros que partían desde el Valle tenían dos medios para recalar en San Mauro: uno era por barco, a través del Puerto de Tazacorte, y otro era por El Time a pie. Los que optaban por realizar la travesía marítima, estaban en el Puerto de Tazacorte sobre las dos de la mañana. Los barcos salían a la tres o cuatro de la madrugada con el fin de llegar al Porís de Puntagorda a las seis o siete. Leocadio, Raja la Tea, Potaje, Babache y Julián el Luchador, eran expertos marineros que explotaban la ruta entre Tazacorte y Puntagorda, en pequeños barcos de remo o motor. Las embarcaciones emprendían la marcha, con un ritmo cansino, interrumpido de vez en cuando por el graznido de alguna pardela. Las acantiladas costas de Tijarafe, esbozadas por las estrellas de la noche, parecían enormes gigantes que se abalanzaban encima de los bajeles. La Cueva Bonita, El Pozo de Tinizara, La Punta de los Pájaros, iban marcando las etapas hasta llegar a la Baja de San Mauro. Aprovechando la subida de la ola iban desembarcando uno a uno. Después de un breve descanso comenzaba el


verdadero Calvario: el lento ascenso. La parte más difícil era alcanzar Las Llanadas del Puerto, al que seguían el Lomo Cordero. Aquí, la sed se apoderaba del caminante. Una hoja de vinagrera o tedera en la boca, ayudaba a mitigar la fatiga. Los más atrevidos amarraban una penca doblada por el sol, al extremo de un cinto o una soga y se alongaban al brocal del aljibe de María Felipa, para coger un poco de agua fangosa y caliente con algún lagarto muerto. Con mucho cuidado se retiraba el reptil, para que no se rompiera, y poder beber aquella especie de caldo, que muchos llamaban agua. Los que optaban por la opción de El Time debían salir a las seis de la tarde del día cinco de septiembre, para estar en Puntagorda después del amanecer del día seis, comienzo de la Fiesta. Los fieles puntagorderos alcanzaban San Mauro por: el Topo de Orribo, los que venían de El Pinar, y por El Calvario los que bajaban del Pino de la Virgen y El Roque, acompañados por el monocorde sonido del tambor, el repiqueteo alegre de las castañuelas, y en ocasiones acordeón de botones y una flauta. Los bailes de la Fiesta de San Mauro, junto con los del Salón de Miguel Herrero, eran los acontecimientos más importantes que podían ocurrir en Puntagorda. Al oscurecer, desde los barrios puntagorderos, comenzaba a discurrir el río de gente. La madre o la tía delante, con una antorcha improvisada con la vieja suela de una alpargata, marcaban el sendero. Detrás las hijas y vecinas que iban a su cuidado. Al llegar al terrero de San Mauro una singular orquesta: Nicolás Pastor o el tijarafero Perejil al acordeón, acompañados por la percusión de una vieja botella de Anís del Mono, rascada magistralmente por Celestino Méndez, con una arcaica llave, y por el repiqueteo de las castañuelas de Antonio Zapatero. Así, sonaban los acordes de un pasodoble. En un rincón la sencilla cantina que regentaba Antonia Lucinda, olorosos almendrados, piñas, merengues, magdalenas, y rosquetes sobre el mostrador. En los vetustos anaqueles: vino y caña para los hombres y anís para las mujeres. Después de cada pieza se visitaba la cantina. Las jóvenes depositaban los dulces en el regazo de sus madres, y los rosquetes se enhebraban en los brazos a modo de pulseras. En las buenas bailadoras llegaban desde la muñeca hasta el hombro. La Fiesta de San Mauro se transmutaba en un período en el cual los romeros iban a divertirse o a purificar su alma. Algunos esperaban alcanzar en San Amaro la gloria celestial, mientras que otros soñaban con una gloria terrenal, quizá más efímera: beber, comer, bailar, cantar, y si a mano viniere, enamorar. San Mauro era sin lugar a dudas, aparte de la Bajada de la Virgen de Las Nieves, la fiesta que mayor cantidad de romeros concentraba en La Palma. La fe y el regocijo de las y los puntagorderos, se encuentran impregnadas de creencias ancestrales, derivadas de la mezcolanza de las costumbres de los antiguos pobladores y los nuevos colonos. La Fiesta está inmersa en un periodo donde el hecho religioso se convierte en un fenómeno individual, en que cada cual lo interpreta a su manera. Puntagorderas y puntagorderos patrones del sudor, de la sequía y la labranza; señores de los vientos, del almendro y de la patria del bienaventurado San Mauro Abad, plena de devoción y colorido, donde el encanto de sus caminos y pinares forman tapices de canto litúrgico que se ofrecen con verdadera humildad a los visitantes.

Horacio Concepción García

Sociedad de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Canarias


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