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Martes 03 de Junio de 2014

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espués de la tormenta la calma llegará; ojalá que esos vientos fríos se retiren pronto para que el Soconusco vuelva a su acostumbrado calorcito, amén de no seguirse estresando con la psicosis que nos heredó el huracán Stan, luego de varios días de lluvias continuas. En otros temas, el problema de los migrantes que utilizan esta frontera sur para impulsarse a la ‘’tierra del dólar’ ha tenido sus vaivenes, si se toma en cuenta que hace unos 15 años este fenómeno se miraba como una situación normal, los extranjeros indocumentados transitaban sin ningún problema, eran los menos los que se atrevían a cruzar más de tres mil kilómetros de tierra mexicana, sin conocer abusos, asaltos, asesinatos, violaciones y discriminación. Fue a raíz del ataque a las torres gemelas en el 2001 en Estados Unidos de Norteamérica, cuando la migración se criminalizo y México no fue la excepción, aumentó el lucrativo negocio del tráfico de seres humanos, así como la corrupción y los abusos aumentaron drásticamente. El viacrucis de los migrantes, la mayoría centroamericanos. Comenzaba en Chiapas y quien lograba sortear este

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asta antes de la explosión de las redes sociales —y de su ciclo vital de creciente comunicación global—, el odio era una discreta pasión humana que se reprimía de expresiones públicas. El odio solía vivir callado, oculto, en espera de la mejor oportunidad para saltar contra su víctima. Según conocedores del tema, el odio —igual que el amor y/o la envidia—, son sentimientos y pasiones que en la dosis correcta sirven de equilibrio o contrapesos de la conducta humana. Y su misión vital es esa; el equilibrio emocional. Pero el odio no es sólo una de las mal llamadas “bajas pasiones”, sino que también tiene la categoría de derecho natural. Es parte de la naturaleza humana y al igual que el amor, toda la humanidad tiene derecho a odiar y amar. Sin embargo, resulta que con la llegada de las redes sociales, el odio también parece haber alcanzado la categoría de una de las libertades sociales fundamentales. Todos tienen —tenemos—, la libertad de dejar salir torrentes de odio a través de las redes sociales. Es decir, no solo se socializó la libertad de exhibir públicamente las capacidades colectivas para el odio sino que una divisa fundamental de las redes sociales es mostrar el tamaño del odio y exhibir el objetivo preciso —con nombre y apellido–, del odio. Más aún, de tanto en tanto el odio se convierte en moda y estandarte de una causa social que —por esa sola razón, porque es una libertad—, propone públicamente el odio por consigna; odiar con la mayor intensidad posible, con las palabras más hirientes, vulgares y hasta soeces. Y es que el blanco final del odio es hacer el mayor daño, conseguir la mayor ofensa y mostrar el poder dañino del odio.

Página A-05 Política

Alfil Negro Oscar D. Ballinas Lezama

Chiapas a la Vanguardia

primer embudo, seguía la travesía hasta el norte del país; y como decía una periodista chiapaneca, el problema tocó fondo cuando el fenómeno migratorio se puso rostro de mujer e infantes. ¿De qué tamaño debe ser el hambre para que un ser humano pueda permitir tantas humillaciones?, como sucede con el migrante indocumentado convertido en invisible, diría el padre Flor María Rigoni en su libro ‘Reflexiones en el camino del migrante’. Sin embargo, hay que reconocer que Chiapas es el único estado del país con una política pública definida de respeto a los derechos humanos de las y los migrantes; en ninguna otra entidad existen los mecanismos que hoy se tienen y se construyen en el estado

chiapaneco. Funcionan cuatro albergues del DIF, ubicados en Tapachula, Comitán, Frontera Comalapa y Arriaga, donde se brinda protección a estos desamparados, se les alimenta, tienen servicios médicos y cobijo; además existe una fiscalía para la atención a delitos cometidos en contra de inmigrantes. La misma Secretaría de la Frontera Sur que preside Enrique Zamora Morlet, se ha erigido en otra institución defensora de los derechos de esos parias; realizando mesas de trabajo con los principales municipios donde hay mayor flujo de migrantes, como en el caso de Arriaga, Huixtla, Tapachula y Suchiate. El gobernador Manuel

Velasco Coello por conducto de la Secretaría de la Frontera Sur y con el apoyo del alcalde Samuel Chacón Morales, así como del delegado de migración en Chiapas Jordán Alegría Orantes, han trabajado en forma conjunta con las organizaciones internacionales como OIM, ACNUR y el programa conjunto de las Naciones Unidas, para brindar toda la ayuda que se pueda al migrante. Hoy cruzar Chiapas ya no es tan dramático como en otros tiempos, ahora el peligro es dejar el territorio chiapaneco e internarse al resto de los estados del país, donde no existen acciones institucionales para evitar abusos contra extranjeros en tránsito. Chiapas está a la vanguardia en el tema de los derechos humanos de las y los migrantes porque hay algo fundamental; voluntad política de un gobierno humanista y comprometido, como lo es el de Manuel Velasco Coello.

Itinerario Político

Ricardo Alemán

La Industria del Odio

El odio no es sólo una de las mal llamadas “bajas pasiones”, sino que también tiene la categoría de derecho natural.

En el fondo, las redes sociales son una colección infinita de trofeos al odio. Y aquellos que más odian y que lo hacen con mayor intensidad y eficacia obtienen el mayor premio de sus iguales; cientos o miles de retuits. Si antaño la libertad de expresión era un termómetro para medir la calidad de las libertades en una democracia, hoy la intensidad y la libertad de odiar parecen una condición para el éxito en ciertos sectores de las redes sociales. El odio, por naturaleza, goza de impunidad ante las leyes del hombre y las leyes divinas. Y es que las leyes de los hombres castigan los delitos terrenales, en tanto las leyes divinas castigan los delitos morales. No hay leyes para sancionar los excesos de odio, amor, envidia y mezquindad. Y ay de aquel que se atreva a sugerir una regla para impedir los atasques de odio, porque entonces el odio colectivo lo crucifica. En todo caso, el odio se convierte en delito cuando evoluciona y se transforma en venganza criminal; cuando esa venganza lastima o lesiona al destinatario del odio. El odio, en estado latente —sentimiento, pasión o pensamiento—, es inofensivo para la colectividad. En todo caso enferma el alma y el corazón del que lo anida. Empieza a dañar a los otros cuando el odio salta del pensamiento a las palabras; cuando las palabras invaden las redes sociales; cuando adquieren alguna de sus versiones más

comunes, como la difamación, la calumnia, el insulto, la ofensa y la fobia capaces de inventar las peores mentiras contra el odiado. El odio suele nublar la razón, la sensatez y la inteligencia. Si en redes sociales una voz vengativa lanza estiércol contra el odiado; otros vengadores anónimos o conocidos compran el mismo estiércol, lo amasan con su odio personal —y sin importar si es calumnia, difamación o insulto—, se suman alegremente al carrusel de odio en que se han convertido buena parte de las redes sociales. El odio no viaja solo. Sus compañeros de viaje son el amor, el resentimiento, la envidia, la soberbia… Los antiguos bautizaron a esos viajeros como “bajas pasiones”. Otros dicen que son dolencias del corazón, del alma o del espíritu. Lo cierto es que en el México de libertades democráticas, de fanatismo, redes sociales e intolerancia, es motivo de odio pensar diferente, disentir, criticar a las buenas conciencias o cuestionar al “México bueno”. Y el odio en redes sociales es tan rentable, que existen profesionales del odio; especialistas que diseñan campañas de odio que sobre todo viajan por las redes sociales. Y es que en los tiempos de las redes sociales el odio es un negocio; negocio sin reglas e impune. Al tiempo. www.ricardoaleman.com.mx twitter: @ricardoalemanmx


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