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DOMING0 28 DE aBRIL DE 2013

La soledad de

Capriles

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2B EL NUEVO SIGLO l DOMINGO 28 DE ABRIL DE 2013 l www.elnuevosiglo.com.co CRONOLOGÍA DE ENCUENTROS IMPULSADOS POR LA UNIÓN EUROPEA

Por Catherine Ashton*

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l igual que en cualquier otra parte de Europa, la historia reciente de los Balcanes occidentales se ha escrito con sangre. Desde su papel en el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial, pasando por la ocupación y la resistencia en la Segunda Guerra Mundial, el régimen draconiano de los años del comunismo y las batallas y la barbarie que siguieron al desmembramiento de Yugoslavia, las gentes de esta región ya han sufrido bastante. El pasado viernes 20, Ivica Dacic y Hashim Thaci decidieron hacer las cosas de otra manera. Después de seis meses de conversaciones directas, los primeros ministros de Serbia y de Kosovo acordaron normalizar las relaciones. Establecieron un conjunto de medidas prácticas que deberían ayudar a sus pueblos a acabar con el miedo, reforzar la prosperidad y desempeñar plenamente su papel como miembros de la familia europea No exageremos. No estamos al final del camino. Se trata más bien de una encrucijada en el camino. Lo que ocurrió la semana pasada es que dos personas valientes eligieron el camino que lleva a la paz. Este no era el resultado que mucha gente esperaba hace seis meses cuando reuní a los señores Thaci y Dacic en mi despacho de Bruselas. Nunca antes se habían encontrado, por mucho que Belgrado y Pristina estén más cerca que Nueva York de Washington. Yo misma distaba de ser optimista, pero sentí que había que hacer un esfuerzo. Durante años, mi oficina había mediado en discusiones técnicas sobre cuestiones del día a día tales como qué es lo que debería ocurrir precisamente en la frontera entre Serbia y Kosovo. Estas conversaciones habían llegado a un punto en que se necesitaba impulso político, lo que suponía comprometer a los dos primeros ministros. Por suerte, ambos aceptaron que yo presidiera las unas conversaciones directas. En la tarde del 19 de octubre, entraron en mi despacho del

Serbia y Kosovo, en el camino que lleva a la paz l Tenía que haber una fórmula mejor. Ahora sabemos que existe reconocer la falta de nitidez y ayudar a personas con identidades distintas a encontrar maneras de compartir el mismo espacio en un espíritu de respeto mutuo. Así tendremos una oportunidad de obtener la auténtica recompensa: la celebración de nuestra gloriosa diversidad. La Unión Europea puede tener una función determinante. Es un gran experimento consistente en hacer que la diversidad obre en beneficio de todos nosotros. Sin duda tiene sus defectos. Hoy se enfrenta a duros desafíos económicos. Pero globalmente funciona. Por ello los pueblos de Europa del Este quisieron incorporarse a ella en cuanto se liberaron de la dominación soviética. Ahora Serbia y Kosovo desean adherirse. Espero que el acuerdo de la semana pasada sea el inicio de un proceso que les permita hacerlo. El poder duro – la potencia económica y a veces la fuerza militar – tiene un lugar, pero el poder blando tiene un gran papel que desempeñar. La UE sigue atrayendo a nuevos miembros no solo porque apoya el comercio, el empleo y la inversión, sino porque defiende valores tales como la libertad y la democracia que inspiran a la gente en el mundo entero. El poder duro invita al cálculo, el poder blando recompensa la imaginación. Lo que mostraron Ivica Dacic y Hashim Thaci cuando acudieron a mi despacho es que tenían el valor de imaginar un futuro mejor para sus pueblos. Tal es por consiguiente mi esperanza (digo “esperanza” porque no es aún una certidumbre). En el último siglo los Balcanes occidentales han tenido fama de ser cuna de guerras. Que sean a partir de ahora una cuna de la paz. *Alta Representante de la UE para los Asuntos Exteriores y la Política de Seguridad y Vicepresidenta de la Comisión Europea.

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LOS PRIMEROS ministros de Kosovo y Serbia, Hashim Thaci e Ivica Dacic anunciaron en Bruselas la decisión de sus respectivos gobiernos de elegir y avanzar hacia la paz./Foto Xinhua

sexto piso de la sede recién inaugurada del Servicio Europeo de Acción Exterior. Estaban comprensiblemente nerviosos. Ninguno de ellos estaba seguro de cómo se recibirían las noticias de la reunión en sus respectivos países. Cuando nuestro fotógrafo tomó una única fotografía de los dos hombres juntos, la retiré de su cámara y la guardé hasta que ambos primeros ministros no tuvieran objeción en que se difundiera. Su tarea consistió en encontrar la manera de ayudar a un mismo grupo de gente, las decenas de miles de serbios kosovares que viven en el norte de Kosovo. Mucho se ha escrito sobre la historia de la disputa. La cuestión es cómo ponerle fin. La primera reunión en mi despacho duró solo una hora. Su objetivo era sencillo, no se trataba de resolver los diferendos, sino de saber si el tiempo estaba maduro para un diálogo sostenido. Decidí que lo estaba. Lo que es más importante: ellos también lo hicieron.

Siguieron a ésta otras nueve reuniones. Fueron a veces largas - de hasta 14 horas-, a menudo detalladas, a veces tensas. En diferentes momentos, invité a viceprimeros ministros y a otros representantes de cada una de las partes a participar en las conversaciones. Sabía que no bastaba intentar que los dos primeros ministros firmasen un papel. Solo tomaría cuerpo un acuerdo si lo apoyaban amplias coaliciones tanto en Serbia como en Kosovo. Al final, ambas partes acabaron por encontrar una base común en relación con el nivel de autonomía del que deberían disfrutar los serbios kosovares. De regreso a Belgrado y a Pristina, su acuerdo fue acogido por todo el espectro político. Mucho queda por hacer para aplicar el acuerdo sobre el terreno. Es improbable que el camino que queda por recorrer sea siempre llano. Lecciones Con todo, creo que es posible

reflexionar sobre las cuatro grandes lecciones que hemos aprendido en los seis últimos meses. Para la obtención de un cambio duradero el coraje de los dirigentes fue determinante. En todo el mundo, la condición normal de la política es la explotación de líneas divisorias y el fomento de las diferencias. La exigencia de la pacificación es que se encuentre un terreno común y se perfile un futuro compartido. En los seis últimos meses, he visto a hombres de Belgrado y de Pristina pasar de ser políticos a ser artífices de la paz. Sabían que asumían riesgos, pero estos no los desanimaron, lo cual les honra. La Europa de hoy – en realidad, buena parte del mundo actual – es una realidad sin contornos nítidos. Tenemos múltiples identidades que no siempre encajan con facilidad en el simple concepto decimonónico del Estado nación. Uno de los grandes desafíos en muchos de los litigios de hoy es

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NO TODO SE VALE EN EL CIBERESPACIO

Las nuevas reglas de la guerra Es un imperativo político y deber moral inaplazable “regular” los ataques en la internet Por Andrés Molano-Rojas (*) Especial para EL NUEVO SIGLO

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A guerra no es sólo la prolongación de las interacciones políticas con la incorporación de otros medios, como reza la definición ya clásica de Carl von Clausewitz. Es también un fenómeno social y cultural, y por lo tanto, profundamente ligado al desarrollo de la civilización. La complejización de las sociedades humanas entraña, de suyo, la de la guerra. La invención de nuevas tecnologías susceptibles de ser empleadas con fines bélicos supone no sólo la disponibilidad de recursos adicionales para hacer la guerra, sino también la aparición de nuevas vulnerabilidades, y por lo tanto, de nuevos desafíos para el esfuerzo siempre inconcluso (y efectivo sólo parcialmente) de racionalizar el uso de la fuerza en las relaciones internacionales sometiéndola al imperio del derecho.

Las viejas reglas Ese esfuerzo es tan antiguo como la guerra misma. Todas las culturas tienen códigos que restringen de una u otra forma la práctica de la guerra. En Occidente, la tradición greco-romana, la escolástica medieval, y la tradición jusnaturalista confluyeron en la elaboración del ius ad bellum (que establece las condiciones en las que resulta válido hacer la guerra) y el ius in bello (que señala lo que está permitido y lo que está prohibido hacer en medio de ella). Ese es el origen de lo que hoy se conoce como Derecho Internacional de los Conflictos Armados (Dica). El trágico balance de las dos guerras mundiales dio un enorme impulso al desarrollo del Dica. En la Carta de San Francisco (1945) se consagró la proscripción del uso o la amenaza del uso de la fuerza contra la independencia política o la integridad territorial de los Estados y se reguló el derecho a la legítima defensa individual o colectiva.

Posteriormente los convenios de Ginebra (1949) y sus protocolos adicionales, recogiendo el patrimonio jurídico preexistente, establecieron formalmente los principios del derecho internacional humanitario (DIH) aplicables no sólo a los conflictos armados internacionales, sino también a las confrontaciones armadas internas. Bajo ese régimen, las nociones de agresión, ataque armado, proporcionalidad, necesidad militar, distinción, entre otros, constituyen los referentes fundamentales para establecer la licitud o ilicitud del uso de la fuerza. Un uso que se entiende esencialmente ligado a la actividad de grupos organizados de combatientes que emprenden acciones físicas y territorializadas, a través de instrumentos directamente orientados a provocar la destrucción física del adversario. Nuevas realidades Pero durante los últimos años esas nociones parecen haber ido quedando obsoletas frente a las nuevas realidades, y específicamente, por la creciente dependencia funcional de las sociedades de redes y sistemas informáticos de muy diversa naturaleza. A los dominios en los que tradicionalmente se han librado las guerras -y que constituyen el centro de gravedad de la soberanía territorial de los Estados- (tierra, mar y aire) parece haberse añadido uno nuevo: el ciberespacio. En mayo de 2007 Rusia lanzó contra Estonia -en represalia

A LOS dominios en los que tradicionalmente se han librado las guerras se añade uno nuevo: el ciberespacio./Foto archivo

por una medida aparentemente inocua: el traslado de un monumento- la que tal vez haya sido la primera “ciberguerra” de la historia. Estonia, uno de los países con mayor penetración de internet en el mundo, fue atacado masivamente por virus informáticos que hicieron colapsar los servicios gubernamentales, el sistema bancario, la policía y algunos medios de comunicación. Dos años después, a través del virus Stuxnet, se presume que los Estados Unidos afectaron gravemente el programa nuclear iraní, retrasándolo -según algunos reportes- por lo menos tres años. Y, en febrero pasado, el presidente Barack Obama firmó un decreto de poderes especiales ante una ola de ataques cibernéticos provenientes de China, considerados “un serio desafío para la seguridad y la economía de Estados Unidos”. En busca de respuestas Ante la ausencia de una regulación específica en el derecho internacional sobre este tipo de situaciones emerge el de-

safío de adaptar y actualizar el régimen existente. Por ahora, el mayor esfuerzo realizado ha quedado plasmado en el “Manual Tallinn sobre el derecho internacional aplicable a la ciberguerra”, un proyecto patrocinado por la Otan, cuyo centro especializado de defensa de la red opera desde 2009 en la capital de Estonia. En lo esencial, el manual propone aplicar analógicamente las reglas del Dica a la práctica de la ciberguerra. Así, la prohibición del uso de la fuerza debe entenderse extendida a los ataques cibernéticos en tanto que éstos vulneren la integridad física de los individuos, provoquen daño a bienes materiales, o interfieran gravemente con la ciberestructura de un Estado y vayan más allá de causar “irritación o inconvenientes”, que en todo caso pueden ser respondidos con contramedidas. Por otro lado, un Estado objeto de un “ataque armado cibernético” tiene derecho a la legítima defensa mediante el uso de la fuerza -en su sentido tradicional- o por medios igualmente cibernéticos. Esto es también aplicable a ciberataques ejecutados por actores no estatales (por ejemplo, en caso de ciberterrorismo), y por lo tanto, un Estado podría repelerlos por la fuerza aunque estén ubicados en territorio de

otro y no operen en su nombre. Por analogía, también los principios del DIH deben aplicarse en caso de un ataque cibernético, y por ejemplo, dirigir un ataque de este tipo contra civiles debe considerarse un crimen de guerra, como también lo serían los ataques indiscriminados o a objetivos “especialmente protegidos”. Finalmente, en un conflicto armado las operaciones cibernéticas deben ser empleadas sólo como último recurso, y únicamente en cuanto produzcan menor daño que el armamento convencional. Una tarea pendiente El Manual, sin embargo, carece de valor vinculante. Pero al menos constituye un punto de partida, un referente en medio de la incertidumbre que plantean las nuevas formas (cibernéticas) de la guerra. Con demasiada frecuencia la respuesta del derecho internacional llega tardíamente. Ojalá que en este caso no haya que esperar a que se produzca una experiencia límite y traumática para afrontar estos desafíos. Este es un asunto en el que la comunidad internacional tiene el imperativo político y el deber moral de ir adelante en el tiempo.

(*) Profesor de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. Catedrático de la Academia Diplomática de San Carlos. Director Académico del Observatorio de Política y Estrategia en América Latina (Opeal) del Instituto de Ciencia Política “Hernán Echavarría Olózaga”.


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4B EL NUEVO SIGLO l DOMINGO 28 DE ABRIL DE 2013 l www.elnuevosiglo.com.co LA OTRA GUERRA DEL SIGLO XXI

La trata de personas, flagelo que crece l Fuertes penalizaciones no logran erradicar el delito. Auge de la explotación sexual por internet. Por: Hernán Alejandro Olano García*

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A Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Onudd) trató por primera vez de concretar las pautas de la trata de seres humanos en abril de 2006. Luego, en 2007 y en el marco de la Iniciativa mundial de las Naciones Unidas para luchar contra la trata de personas (UN. GIFT), la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito realizó un estudio sobre la situación de la respuesta mundial al delito de la trata de personas. La Asamblea General de Naciones Unidas suscribió el Convenio

para la Represión de la Trata de Personas y de la Explotación de la Prostitución Ajena; la Resolución 34/180, de 18 de diciembre de 1979, y la Convención sobre Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres aprobada por Colombia por la Ley 51 de 1998; en 2000, se suscribe por la Asamblea ONU, el Protocolo Para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños, que complementa la Convención de las Naciones Unidas Contra la Delincuencia Organizada Transnacional, así como otros documentos internacionales, que son fuente para que la Corte Constitucional haya justificado la creación de una especie de “derecho laboral sexual”. En el caso de Colombia, la Corte Constitucional de este país, en la Sentencia de Tutela T-629 de 2010, amparó los derechos laborales de las personas que ejercen la prostitución ordenando que una mujer que ejercía la prostitución fuera reintegrada a su trabajo después de haber sido despedida por quedar embarazada y ordenó que la afectada fuera indemnizada teniendo como base el salario legal mensual vigente, por considerarse al o la trabajadora sexual como sujeto de especial protección en la relación laboral con el proxeneta. La actora del proceso, ingresó a laborar como prostituta en un bar y ejercía las correspondientes

acciones propias de una trabajadora sexual. Presentada la acción de tutela, la Juez 63 Penal Municipal de Bogotá, dijo que no era jurídicamente posible amparar el derecho al trabajo de una prostituta, pues el objeto del contrato se encuentra afectado de un objeto ilícito toda vez que dicho ejercicio es contrario a las buenas costumbres, razón que impide su protección, advirtiendo sin embargo que el ejercicio de la prostitución no es delito. En segunda instancia, el Juzgado Quinto Penal del Circuito, resolvió el recurso de apelación interpuesto, confirmando el fallo de primera instancia; sin embargo, la Corte Constitucional, no obstante el concienzudo análisis que realiza de la prostitución en el derecho positivo nacional e internacional, trae a colación varios tratados internacionales que parece finalmente no tener en cuenta al decir en la Sentencia que en esta “actividad” siempre habrá contrato de trabajo “y así debe ser entendido, cuando ella o la trabajadora sexual ha actuado bajo plena capacidad y voluntad, (…) y por supuesto cuando exista subordinación limitada por el carácter de la prestación, continuidad y pago de una remuneración previamente definida”. Con la decisión de la Corte Constitucional se sentó prece-

dente para la consideración de una doctrina constitucional que reconozca la existencia de un contrato de trabajo entre un empleador y un trabajador sexual y la prostitución se legitima como actividad laboral a la luz de los principios constitucionales puesto que no hay prohibición expresa que impida su realización y ella, por sí misma, no vulnera los dictámenes de la dignidad de la persona humana. Pero, ¿qué pasa si no hay remuneración?, ¿Qué ocurre con el turismo sexual, la trata de seres humanos y la prostitución infantil? ¿Será que la Corte ampara entonces desde ahora el proxenetismo y tácitamente derogó el Código Penal Colombiano? ¿Qué ocurre sobre el particular en otros países? Son aspectos a evaluar, por cuanto Colombia no sólo padece y vive el fenómeno de la trata de personas hacia el extranjero, sino que también, en regiones inhóspitas, niñas, niños, adolescentes y mujeres son tratados como objetos e instrumentalizados en una esclavitud obligada con graves consecuencias físicas y sicológicas para quienes así deben procurar un leve sustento. Pero también hay personas que se dedican a actividades como web cam, masajes o hot call center, (llamadas calientes) son muchas veces obligadas por alguien, o por las circunstancias, a someterse a “empresarios” detrás de estas lucrativas pero ominosas actividades. El problema es que muchas de estas leyes penalizan, como mínimo, la explotación sexual y los trabajos forzados y no imponen restricción alguna en cuanto a edad o sexo de la víctima. Por ejemplo, leyes que se limitan a la explotación sexual o que se aplican únicamente cuando las víctimas son mujeres o niños. Éste fenómeno debe investigarse más por los académicos y además, debemos contar con la verdadera unión entre las naciones para que se analice cómo lograr combatir este flagelo. *Director del Programa de Humanidades de la Universidad de La Sabana.


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UNA MIRADA A AMÉRICA LATINA

Talanqueras a perdurabilidad empresarial Dificultades para acceder al crédito y volatilidad cambiaria amenazan supervivencia de pequeñas y medianas compañías Por Giovanni E. Reyes (*)

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S poco probable que un problema como el de la perdurabilidad -sobrevivencia con calidad de vida- referente a las empresas o unidades de producción, llegue a invadir los grandes titulares de la prensa internacional o regional en Latinoamérica. Sin embargo se trata de uno de los más serios y significativos problemas económicos que los países deben enfrentar, más allá de la creciente superficialidad informativa a la que nos vemos expuestos de manera diaria. Ciertamente la perdurabilidad empresarial es uno de los componentes que se encuentran en la médula del desarrollo que todos deseamos. Un desarrollo sustentable tanto en lo económico como en lo ecológico, a la vez que equitativo en lo social. Un desarrollo que sea un eficaz medio para lograr sociedades en donde los beneficios -más allá de los buenos desempeños macroeconómicos- de manera creciente, puedan llegar a todos los estratos poblacionales. En efecto, el empleo que se generan en las empresas es uno de los tres enlaces clave entre el crecimiento económico y el desarrollo humano. Los otros dos vínculos serían: (i) la presencia de una efectiva y eficaz red de protección y de seguridad social, y (ii) la asistencia y funcionamiento de las instituciones. Esto último orientado fundamentalmente a generar una mejor distribución de educación, capacitación y oportunidades laborales en todos los sectores sociales, además de promover la productividad y las inversiones en la economía real. En toda América Latina y el Caribe se reproduce un patrón bastante generalizado en los países en desarrollo, en cuanto a tamaño y frecuencia de empresas en los mercados internos. En ellos es posible advertir que cerca de un 95 por ciento de las empresas son micro, pequeñas o medianas unidades de producción. Ellas son las responsables más importantes de la

EL POCO y difícil acceso al crédito productivo, los condicionantes fiscales y el vaivén cambiario han llevado al cierre de cientos de microempresas y amenazan a cientos más, en América Latina.

generación de puestos de trabajo. Esas pequeñas empresas, dado su poca capacidad de producción y su presencia en el mercado, son “tomadoras de precios”, no pueden tener posiciones hegemónicas o dominantes en los diferentes sistemas económicos. Esos lugares están reservados para las grandes empresas o corporaciones. De allí que las empresas pequeñas se encuentren más vulnerables, más a merced de las condiciones del entorno. Esa vulnerabilidad opera en condiciones en donde normalmente existe baja capacidad de gestión y gerencia, en medios donde predomina la incertidumbre y la volatilidad, además de escasos recursos productivos. De allí que las estadísticas informen que no menos de un 92 por ciento de las pequeñas empresas no llegan a sobrevivir el séptimo año de funcionamiento. Su dependencia gravita más en función de la rotación de inventarios, que de grandes niveles de solvencia, situación esta última que sí ocurre en el caso de grandes conglomerados corporativos. Obstáculos En América Latina la tendencia es que las pequeñas empresas que son, como se ha referido, en términos abrumadores, la mayor parte

de las unidades de producción en la región, enfrentan tres grandes desafíos para su desempeño, tal y como lo ha estado estudiando el Observatorio Empresarial de la Universidad del Rosario de Colombia. Estos tres grandes obstáculos se concentran en: (i) poco acceso a créditos productivos; (ii) condicionantes fiscales que restringen la demanda agregada interna de los mercados; y (iii) en algunos países más que en otros, tipos de cambio apreciados o sobrevaluados. En cuanto al no acceso fluido a créditos, es evidente que en particular a partir de la reducción de funciones y actividades de los gobiernos, se ha restringido mucho la actividad de los bancos de desarrollo. Existen algunas excepciones, tales como Costa Rica, Uruguay y hasta cierto punto Panamá –en donde influye el factor de constituir un centro financiero mundial. En Venezuela, los créditos populares abundan, pero allí el problema es la sostenibilidad del modelo y, no menos importante, en determinar si esos créditos están efectivamente impulsando la producción o si se insertan más bien en la lógica de una economía extractiva, mono-productora que se encuentra inmersa en el rentismo petrolero. Venezuela se ha ido

convirtiendo, de manera sostenida, en una “economía de puerto”, es decir que se especializa en una producción o servicio mientras importa el resto de bienes. Se espera que para 2013 el total de importaciones ronde los 70,000 millones de dólares; en 1999 ese monto se situó en 18,000 millones de la divisa norteamericana. No tener acceso a créditos blandos coloca en mayor condición de insostenibilidad a las pequeñas empresas. De esa cuenta, este tipo de unidades de producción se ven forzadas a utilizar fondos generados por tarjetas de crédito en donde las tasas de interés son significativamente más altas. Se compromete así la permanencia de los negocios. En cuanto a las condiciones fiscales, se trata de uno de los nudos de política económica más importantes. Por lo general los sistemas impositivos no son eficaces en el cobro, ni tan transparentes en el gasto, ni –y esto es vital para la demanda de las sociedadesprogresivo en su estructura. Esto último se caracteriza por la tendencia de que son los más pobres, los que proporcionalmente, en términos marginales, pagan más contribuciones fiscales. Influye en ello la presencia dominante de impuestos regresivos como el IVA.

Ese es uno de los factores para que no existan mercados internos muy desarrollados. El tener pobres en una sociedad hace que al final perdamos todos. Pierde quien no puede comprar, y pierde quienes no les pueden vender y por tanto promover producción y empleo. Las sociedades por tanto se van viendo atrapadas en círculos viciosos de subdesarrollo, de los cuales no es fácil escapar. El tercer factor, el de la apreciación significativa de las monedas se evidencia en especial en países como Argentina, Brasil, Colombia, y Uruguay. Aquí la tendencia es que estos tipos de cambio muy apreciados, de “monedas fuertes”, realmente constituyen monedas débiles para exportar. Desestimulan las exportaciones dado que los productos transables no son muy competitivos. Además nótese cómo la región en general no exporta bienes con demasiado valor agregado. Por otra parte, las monedas sobre-valuadas hacen que en lugar de producir internamente resulten más baratas las importaciones. Con ello, tanto porque no se exporta mucho, como por el hecho de que se importa con más intensidad, el empleo no se logra ampliar notablemente. En conclusión, no superar obstáculos de acceso a crédito, a ampliación de mercados internos y de apreciación de las monedas hará que la dinámica económica de los países comprometa la perdurabilidad de las pequeñas y medianas empresas latinoamericanas. Con ello los países permanecen en círculos dinámicos, que se retroalimentan a sí mismos en el subdesarrollo, el empleo no se amplía y se promueve con eficacia que grandes conglomerados sociales continúen en la pobreza y la indigencia, subsistiendo, “a como Dios ayude” en las precarias condiciones de los mercados marginales, informales, o de “economía subterránea”. (*) Ph.D. University of Pittsburgh/Harvard. Profesor de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario.


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AISLAMIENTO DE LAS OP

¿Nos soleda

l Responsabilidad y credib El único silencio deseable

EL LÍDER OPOSITOR Henrique Capriles concitó el respaldo de medio país y se mantiene en pie de lucha en la difícil misión de impugnar el resultado de la presidencia./Foto Xinhua Por Juan Carlos Eastman Arango* Especial para EL NUEVO SIGLO

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ILENCIOS políticos, discreción, indiferencia, alineamientos con pronóstico reservado, en fin. Todas las expresiones enunciadas anteriormente, desde la noche del 14 de abril pasado en Venezuela se convirtieron en las mejores formas de evidenciar el balance de las controversias, denuncias y cuestio-

namientos políticos y sociales a los resultados electorales. Encontramos principios políticos enfrentados, conquistas históricas sistémicas debilitadas, y la ampliación de una atmósfera de sospecha, desconfianza e incertidumbre entre los sectores directamente involucrados en la contienda política, y como efecto inevitable, entre los ciudadanos de ese país y sus vecinos en la subregión. Los tiempos que vivimos a nivel global no son tranquilizadores. Y esas dificultades aseguran que diferentes

crisis sociales y políticas en varias partes del mundo, sean simplemente observadas y recreadas a través de los medios de comunicación, sin posibilidades de provocar movilizaciones ni apoyos masivos o políticamente influyentes. Las sociedades del mundo de hoy están asfixiadas por la crisis económica, la inestabilidad laboral, la pérdida de credibilidad democrática, el auge del populismo vestido de cualquier ideología, movimiento y partido político, y el miedo global, con desiguales intensidades. Por lo tanto, salvo por la incidencia geoestratégica de algunos casos puntuales, situaciones como la de Venezuela no parece suscitar mayor perturbación pública o visible fuera del país en cuestión, y deja a la oposición, en este caso, que se levanta sobre la mitad de los votos emitidos en las pasadas elecciones, a una relación de poder desigual y vulnerable por la arquitectura institucional construida durante los años de gobierno de Hugo Chávez Frías. Soledad internacional puede ser adversa para ambos Basta con observar el despliegue de malas noticias adversas a nivel mundial que anuncian mayores problemas de todo tipo, para entender que la coyuntura global y regional favorece una especie de “aislamien-

to” y “soledad” para la oposición en Venezuela. Algunas declaraciones solo están en capacidad de transmitir apoyo nominal, virtual, pero no pueden ir más allá. Quizás lo único que queda para los dirigentes que se reconocen y aglutinan aún alrededor de Henrique Capriles, es que algunos gobiernos preparen sus embajadas y consulados en Venezuela para acoger a aquellos que buscarán protección legal, política y humanitaria. Si creemos en el tono de las amenazas expresadas sin ningún rubor ni medida, por parte de diferentes voceros y dirigentes del partido de gobierno, las acciones disciplinarias y ejemplarizantes de carácter económico, social y político vendrán más temprano que tarde, y solamente el asilo político que puedan conceder algunos gobiernos con representación en Venezuela, evitará que las autoridades cumplan esas amenazas y “borren” a las organizaciones y dirigentes de la oposición. Para la misma institucionalidad que se proclama “heredera del chavismo”, ese eventual proceso eliminaría sus propias garantías de no ser víctimas de procesos similares de desconfianza frente a la imposibilidad de compartir o aceptar el ejercicio de un “pensamiento único” en ese país. La “susceptibilidad revolucionaria” suele devorar a sus mismos agentes e hijos.

Nos parece altamente inconveniente que el gobierno de Estados Unidos emita declaraciones a favor o en contra de la situación política en Venezuela. Como co-responsable histórico de muchos de los problemas de la región, y en particular, gracias a la administración republicana de George W. Bush, del giro radical del entonces presidente Hugo Chávez Frías a partir de abril de 2002, los funcionarios estadounidenses enfrentan la peculiar situación de que cualquier acción u omisión, cualquier palabra o silencio, será siempre controvertida y propiciadora de polarizaciones y divisiones en América Latina. La debilidad actual del gobierno venezolano no puede conducir a impulsar decisiones que serán a todas luces equívocas y contraproducentes, especialmente, en primera instancia, para la oposición venezolana. Carente de homogeneidad, como sucede en la coalición de gobierno, a pesar de la pretendida hegemonía reclamada por el PSUV, los sectores más civilistas y democráticas pueden ser sacrificados por aquellos que están esperando la oportunidad de desplazar a Capriles y a su entorno social y político más inmediato, para responder al acoso y a las provocaciones del gobierno recientemente posesionado. ¿Por qué es imperativo acompañar a los venezolanos? Venezuela está cada vez más cerca de un punto de no retorno, pues cualquier declaración o acción política por parte de uno de los sectores más visiblemente enfrentados, no puede dar la impresión a la llamada “opinión pública” ni a la generalidad de los ciudadanos -como tampoco suscitar conjeturas-, de que ha rectificado, se “ha echado para atrás”, o le ha reconocido a su contradictor argumentos y derechos que pudieran debilitar sus respectivas posiciones alrededor del proceso y resultado de las elecciones presidenciales pasadas. Por lo tanto, las posibilidades de hacer una auditoría efectiva, pública y visible, está cada


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POSICIONES EN EL MUNDO, MÁS AMPLIO DE LO CREÍBLE

debe importar la ad de Capriles?

bilidad regional también actúan a favor de nuestras sociedades. vez más lejos. En la medida en que el gobierno vea o sienta que un “cerco civil y político” interno pudiera consolidarse y proyectarse fuera del país, los rumores y situaciones verosímiles –no necesariamente verdaderas- de atentados, conspiraciones y acciones desestabilizadoras irán sustituyendo el debate para dar lugar a las medidas de excepción y a las acciones autoritarias. El lenguaje desbordado, atropellado y torpe de miembros del gobierno venezolano, y por momentos, del mismo presidente Maduro, constituyen la expresión visible de los esfuerzos de disuasión y contención, así como los referentes inquietantes de la construcción de un escenario indeseable para toda la sociedad y los países vecinos, pero necesario para la afirmación de una persona y de un gobierno que carecen de otros recursos para convencer e incluir. En medio de la dinámica de acusaciones y respuestas, señalamientos y defensas mutuas, la primera víctima ha sido el lenguaje político; el uso ligero y estereotipado de categorías y palabras cargadas de juicios político-morales y condenas automáticas, contribuye a la confusión y al desorden intelectual, jurídico y político en el ambiente social, partidista e institucional venezolanos. Una muestra de ello es el uso descalificador y provocador de la categoría “fascismo”. Tristemente, una iniciativa violenta y armada contra el gobierno solo favorecería al gobierno mismo. Por el bien de todos los ciudadanos de Suramérica, y en particular, de los países vecinos de Venezuela, nos resistimos a creer que algún gobierno extranjero pretende convertir la violencia social y política en Venezuela en una magnífica oportunidad para intervenir. Si alguna de las partes en este país quiere rescatar autoridad moral, ciudadana y política, debe denunciar y rechazar cualquier convocatoria a la violencia, y evidenciar a cualquiera de sus asociados, por más fueros y posiciones que detente en el conjunto del ordenamiento social e institucional del país, como un

LAS FUERZAS militares venezolanas reconocieron a su comandante en jefe, Nicolás Maduro, quien deberá asegurar su lealtad para mantenerse en el poder./Foto Xinhua

No se trata de apoyar una u otra causa: se trata de ayudar a despejar un ambiente contaminado por la desconfianza, el revanchismo y las amenazas

enemigo de todos los venezolanos, no de una mitad sobre la otra, o a costa de la otra. Para los herederos de Chávez es muy importante: pueden consolidar los aspectos más benéficos del experimento bolivariano; para la oposición también resulta vital: pueden convertirse en alternativa legítima, en el marco de una democracia sostenible. UNASUR y América Latina, ¿y ahora, qué? Un destino pobre y marginal le espera a UNASUR si no logra adoptar una posición institucionalmente concreta frente a la crisis venezolana; lo que sucede en la actualidad tiende a acumular y crear una escalada de descalificaciones, tensiones y explosiones sociales y políticas. Los eventos del 15 de abril pasado, que dejaron 8 muertos y poco más de 60 heridos, deben ser valorados con seriedad, y exigen, por el bien de la convivencia latinoamericana, que se mantenga un monitoreo político, con declaraciones de “alertas tempranas” que permitan a diferentes organismos y dirigentes, advertir y disuadir de la tentación al golpismo, al intervencionismo extrasubregional, del uso de la violencia y de la transformación del aparto público en una especie de “ariete” que vulnere libertades, derechos y garantías ciudadanas. La ingenua e irresponsable visión de la sociedad y del mundo, con carácter teleológico y metahistórico, compactada por la promoción de la inseguridad y amenaza externas e internas, dejó durante el siglo XX suficientes testimonios y evidencias de sus cruentas y perversas pretensiones. Los gobiernos de UNASUR están apostando a escenarios que pueden socavar su inestable proceso de integración, su credibilidad internacional y su papel como garante e interlocutor de procesos sociales y políticos nacionales. En varios de sus países integrantes, el horizonte se percibe cargado de turbulencias y oscuridad. Los efectos de la crisis económica global aún no llegan de forma plena a la región, aunque en algunos casos, la confianza y sostenibilidad de bonanzas anteriores, ninguna de ellas fruto de un desarrollo endógeno sostenible, parece obligar a la revisión de sus proyecciones, sus índices de crecimiento y sus relaciones internacionales. Algunos países han logrado conservar la ventana asiática abierta, a pesar de la incertidumbre político-militar y económica que acosa a algunos de los patrocinadores del crecimiento latinoamericano. Frente a ello, involucrarse en el debate venezolano, reclamando el

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derecho colectivo suramericano de asegurar que la democracia pueda afirmarse y devolver la confianza de las instituciones y de los procedimientos a los ciudadanos electores, no ha sido la opción de UNASUR. Así como actuó de forma coherente, en mi concepto, contra el “golpe de Estado parlamentario” en Paraguay en su momento, ahora deben ser garantes, por su propia seguridad política futura –como gobiernos-, y luego como protección de sus ciudadanos, de conservar un monitoreo visible y comprometedor, para todo el país, sobre el desenlace de las reclamaciones de la oposición y de las reivindicaciones del nuevo gobierno de Nicolás Maduro. UNASUR debería presentarse ante todos los venezolanos como sinónimo de paz, convivencia y seguridad. La tendencia que vemos en nuestros días es la del actor ausente, que condena a la soledad a la oposición y al excandidato Capriles, haciéndole, a su vez, flaco favor al gobierno de Maduro. En poco tiempo, un diluvio de convocatorias subregionales la acosarán; para empezar, tenemos la crisis de corrupción, malestar social y “secuestro oficial” de la justicia en Argentina, mientras las relaciones de Chile-Bolivia-Perú pueden tener un desenlace inconveniente para la errática comunidad suramericana, de acuerdo con las futuras sentencias a partir de las demandas y procesos que tiene a su cargo la Corte Internacional de Justicia. Nadie podrá decir en el futuro cercano que no sabía la gravedad de los acontecimientos en Venezuela. Nadie podrá excusarse de no haber actuado de forma institucional y legal, anticipándose a la violencia política en ese país. La participación de los organismos latinoamericanos está demorada, una vez más. No se trata de apoyar una u otra causa: se trata de ayudar a despejar un ambiente contaminado por la desconfianza, el revanchismo y las amenazas, y garantizar a las partes, ya sea su derecho al reconocimiento gubernamental de su triunfo, de forma legal, ciudadana y transparente, o a la oposición a pedir revisiones si las pruebas de fraude tienen pleno reconocimiento internacional. No hacer nada es la mejor forma de estar del lado del advenimiento del desorden cruento y de la crisis institucional. * Historiador, Especialista en Geopolítica y analista de asuntos internacionales. Catedrático del Departamento de Historia, Pontificia Universidad Javeriana. Miembro de CESDAI (Centro de Estudios en Seguridad, Defensa y Asuntos Internacionales), RESDAL (Red de Seguridad y Defensa de América Latina), Red Latinoamericana para la Democracia, Caribbean Studies Association, Atlantic Community y ALABC, Australia-Latin America Business Council (Member Overseas).


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onocido como el país con la mayor cantidad de homicidios de Sudamérica, Venezuela es una ruleta rusa donde ahora se suma la violencia política entre dos proyectos enfrentados de país. El arzobispo de Caracas, cardenal Jorge Urosa, dijo que percibe “un incremento de agresividad en general en el pueblo venezolano” e hizo un “llamado apremiante para que cese la violencia social”, por un lado, y para superar “la violencia política debida a la polarización”, por el otro. Diciendo que no es posible “establecer un nivel de influencia” de una sobre la otra, el cardenal señaló que ambas violencias “se juntan” en el país. Venezuela tiene el índice récord en Sudamérica de 54 asesinatos por cada 100.000 habitantes. Solamente en el primer trimestre de 2013, registró 3.400 homicidios, según cifras del gobierno. De acuerdo a un informe de la ONU publicado en septiembre del año pasado, el país caribeño es el sexto con mayor tasa de homicidios del mundo, de los 206 países comparados. Según el Observatorio Venezolano de la Violencia, la casi total impunidad en Venezuela -superior al 90%- impulsa a los venezolanos a hacer “justicia” por mano propia. En la vida real, esto se traduce en una existencia recluida. La gente no lleva a sus hijos al cine si la película terminará en un horario nocturno. Los peatones miran constantemente sobre el hombro, alertas. Atracos a mano armada son frecuentes en la vía pública, a la vista de todos; o bien ante las ventanillas de los vehículos rehenes del tráfico. Detener un coche en un semáforo rojo es un riesgo que a ciertas horas nadie corre. A este clima de recelo, se superpone la violencia política de un país dividido en dos mitades casi exactas. Luego de la victoria el 14 de abril del presidente chavista Nicolás Maduro por un escaso margen de 1,8%, el opositor Henrique Capriles desconoció los resultados de las elecciones, exigió una auditoría, llamó a sus partidarios a manifestarse y alista una impugnación de los resultados. A esto siguieron fuertes protestas, que según el gobierno derivaron en ocho muertos, 61 heridos y ataques a 25 centros médicos populares, en episodios por los que el gobierno culpa a opositores, a los que acusa de “golpistas” y “fascistas”. De su lado la coalición opo-

LOS VENEZOLANOS están cansados y preocupados por la inseguridad. /Tomada de Lapatilla.com

SIN UNIDAD NACIONAL NO SERÁ POSIBLE LA PAZ

Venezuela: entre el recelo y la violencia l A la inseguridad se suma el clima de enfrentamiento entre los dos bandos en que políticamente se dividió el país y, por ende, la guerra mediática sitora, más la Confederación de Trabajadores de Venezuela y las ONGs Provea y Foro Penal Venezolano afirman que la represión durante y después de las protestas ha conducido a cientos de detenciones arbitrarias, violencia física contra manifestantes y amenazas a empleados públicos sospechosos de ser contrarios al chavismo. Así, sobre la violencia social que ya era señalada como la mayor preocupación del 80% de los venezolanos -y la cual Maduro prometió combatir con mano dura-, se suma la violencia verbal, y en ocasiones física, de un clima político belicoso. “Por una parte, hay un tipo de violencia estructural y, por la otra, una violencia inducida políticamente”, dijo el sociólogo Nicmer Evans. Pero, si bien el analista no se apura en conectar ambas violencias, el sociólogo y ensayista Miguel Ángel Campos considera que éstas son parte de la idiosincrasia del venezolano. “Aquí hubo saqueos en 1812 y los ha habido en todos los mo-

mentos de temblor social. Somos una sociedad violenta”, refirió, recordando también los saqueos en Caracas en 1988 y los tres golpes de Estado que precedieron a la situación política actual: los dos fallidos de 1992 -el primero protagonizado por el fallecido Hugo Chávez- y el breve de la oposición en 2002. Esto “viene de la tremenda pobreza histórica en Venezuela, donde las masas no tienen ningún rol épico más allá de la guerra de Independencia y la guerra Federal. Es decir, no hay una épica de lo civil”, dijo el experto en una entrevista al diario 2001. Ante este escenario de violencia social estructural y violencia política inducida, el cardenal Urosa dijo que “es necesario que se reconozcan los derechos civiles, sociales y políticos de todos los venezolanos de parte del gobierno, y que se deponga el lenguaje agresivo”. La guerra comunicacional A este preocupante panorama de violencia se suma las “dos

verdades de país” que a diario se enfrentan en la guerra comunicacional. En ese país, cada información divulgada es de inmediato desmentida por un noticiero de la acera opuesta, lo que brinda al país dos versiones de sí mismo: la guerra comunicacional transforma a los medios en “una trinchera” donde la “información veraz” no tiene lugar. Mientras el canal estatal VTV divulga denuncias de ataques de la oposición, a la que califica de golpista y fascista, el canal privado Globovisión reproduce denuncias de abuso de poder de parte del gobierno, al que los opositores tildan, también, de golpista y fascista. Tras la polarización política que siguió a la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, los venezolanos “hemos escogido dos frentes de batalla: el electoral y el mediático, donde se confrontan los dos proyectos de país”, dijo Maryclen Stelling, socióloga y miembro del Observatorio Global de Medios.

“No hemos escogido eliminar a nuestros contrarios físicamente, sino en esos dos frentes. Es una confrontación simbólica”, agregó la especialista. “Los medios se convierten en ejércitos mediáticos donde cada uno defiende una verdad”, dijo Stelling. En esa guerra, “tú no confirmas la fuente ni nada, porque tú estás en una trinchera”. “Cuando estás en guerra, y esto es una guerra mediática, se desea eliminar al adversario con las armas que tienes. ¿Qué armas tienes? La información. Los periodistas son los soldados, las víctimas los ciudadanos”, prosiguió la experta. Twitter es otro frente de batalla importante, donde el chavismo organizó lo que llama su TROPA (Tuiteros Revolucionarios Organizados por la Patria), para responder al desorganizado ejército de tuiteros opositores. El padre jesuita Wilfredo González, sociólogo y miembro del Centro Gumilla para la investigación social, dijo que a este escenario se suma “un elemento que no se debe dejar de lado: este gobierno tiene mucho poder, y mucho poder mediático”. En el “Plan para la gestión bolivariana socialista 2013-2019” presentado por Chávez en las elecciones de octubre, que ganó antes de morir el 5 de marzo y al cual Maduro prometió dar continuidad, se propone “fortalecer el uso de los medios de comunicación como instrumento de formación para la transición al socialismo”./

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l Esta ciudad es Estados Unidos en esencia pura, con todas sus excelencias, carencias y contradicciones

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Por Joaquín Roy *

cualquier visitante en Boston se le recuerda que en 1770 se produjo delante de la Old State House (edificio gubernamental colonial), la llamada “Boston Massacre”. Fue una muestra de la represión violenta de las tropas inglesas contra las protestas anticoloniales. Boston ocupa un lugar preferente en el altar de los mitos identitarios de Estados Unidos. La ciudad es Estados Unidos en esencia pura, con todas sus excelencias, carencias y contradicciones. Cultura, historia, experiencia inmigratoria, política, se palpan con pleno sabor americano. Quizá por eso, los perpetradores de la nueva matanza de Boston decidieron segar las vidas de los maratonianos de decenas de países que se adherían al sueño americano. Boston posee un impresionante elenco universitario, de todas clases y costos, cobijo de conservadurismo, liberalismo y radicalismo. Nada extraña que el puritano John Winthrope en 1630 sermoneara a sus conciudadanos acerca del destino de la urbe a convertirse en una “ciudad en la colina” (“City upon a Hill”), calidad de reminiscencias bíblicas. Como mérito y cumplimento de la misión recibida, Boston presume de haber fundado la primera escuela pública de Estados Unidos, la Latin School de Boston (1635). Conseguir el ingreso en Harvard (la primera universidad de Estados Unidos, fundada en 1636) o en MIT es una proeza y garantía de éxito laboral. Pero lo más identificable de Boston es su especial “parque temático” de hitos históricos, reales y magnificados, reverenciados y protegidos, como si de ellos dependiera la existencia de una nación que no ha sido desde su nacimiento más que una idea. El credo nacional sigue estando basado en un trío fundamental: “La vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. La primera deriva del derecho natural, la segunda está jurídicamente garantizada, pero la búsqueda (que no la garantía) de la felicidad es lo que cabalmente define la genuina idea

Un arreglo floral permanece en el interior de un tenis como un homenaje a las víctimas de los atentados durante la maratón de Boston el pasado 23 de abril. /Foto Xinhua

REFLEXIONES

Boston, simbolismo de una moderna masacre

estadounidense, y de Boston. La forma más lógica de rastrear este código es dejarse llevar por el meticulosamente señalado “sendero de la libertad”, indicado en las aceras y pavimento con losa rojiza. Inaugurado en 1951, con un recorrido de unos cuatro kilómetros, cubre 16 íconos. Se puede comenzar en el parque Boston Common y visitar el cementerio donde están enterrados algunos de los líderes y fundadores de la nueva nación (Benjamin Franklin, John

Adams). Luego se puede visitar la South Meeting House, uno de los edificios fundacionales del sistema deliberativo... Luego, el itinerario adecuado es encaminarse a la casa de Paul Revere (mitificado patriota de origen francés hugonote), donde se diseñó el sistema de alertar a la población acerca del lugar de penetración de las fuerzas británicas, con el uso de señales de linterna: dos por mar, una por tierra. El periplo debe terminar en el monolito de Bunker Hill. Una ruta

alternativa es tomar un transbordador en el puerto hasta el muelle donde está amarrado el navío USS Constitution, el más antiguo de la armada norteamericana, en servicio desde 1797. De regreso al centro, la escala obligada debe ser el escenario del Boston Tea Party (1774), emblemática muestra de irritación de los bostonianos. Sin tratar de cruzar la raya de exigir la independencia, protestaron por la imposición de tasas sobre la importación del té.  “No taxation

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without representation” (no a impuestos sin representación) fue el grito de guerra civilizada. Pero las reticencias inglesas a responder a esta petición razonable terminaron con la paciencia de la población e inspiraron la “revolución” que acabó por extenderse a todas las colonias. Por esos motivos, los fundadores del actual movimiento político de tendencia contestatario que ha considerado la oscilación centrista del Partido Republicano como una desviación, consideran conveniente apropiarse de la emblemática etiqueta. No es casualidad que la variedad ideológica de Boston fuera la cuna de la carrera del frustrado candidato republicano Mitt Romney. Para equilibrar el ánimo, el día debe acabar obligadamente en Faneiul Hall, con una bien merecida cena de frescos productos marinos. La paradoja de Estados Unidos consiste en disfrutar de un legado de rechazo del coloniaje británico y luego conservar sus tradiciones políticas y normas jurídicas, para cimentar la construcción de la nueva nación en la atracción de los extranjeros,   cualquiera fuera su procedencia. Boston es una muestra palpable. Aceptando la invitación de Edna Lazarus inscrita en la Estatua de la Libertad (“dadme vuestras masas hambrientas, anhelando ser libres”) las familias de los presuntos terroristas chechenos llegaron a Boston. La moderna y masiva bienvenida al resto del mundo mostrada por la maratón fue castigada por la nueva masacre de Boston. El año próximo se celebrará otra carrera, de luto por la segunda moderna masacre, pero en busca de la felicidad. * Catedrático “Jean Monnet” y director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami (jroy@Miami.edu).


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DMIRADOS y amados por su pueblo debido a su espontaneidad, característica tal vez inherente a su juventud y que los hizo más cercanos a los súbditos, Guillermo Alejandro y la “plebeya latina”, la argentina Máxima asumen este martes el trono de Holanda y se convierten en los reyes más jóvenes de Europa. Con una familia perfecta, osados, carismáticos, elegantes y nobles, los príncipes de Holanda tienen también a su haber un activo que es clave para su reinado y que es una de las grandes preocupaciones para los monarcas del siglo XXI: el trato con los medios de comunicación. En abierto contraste con la realeza británica, perseguida constantemente por los paparazzi, que muchas personas acusan de la muerte de la princesa Diana en 1997, la pareja real holandesa parece haber establecido las reglas básicas para su relación con la prensa, después de varios desacuerdos y disputas legales de años atrás. El príncipe fue rápidamente consciente, como lo señala el comentador Jeroen Snel, que “desde la cuna hasta la tumba, las cámaras le apuntarán”, y por ello, tras contraer matrimonio con Máxima Zorreguieta, en 2002, cambio de actitud y mejoró la relación con los medios, a los que les “estableció” un código de reglas, que en términos generales se han cumplido. “Las vidas personales de la familia real holandesa deben ser respetadas (...) y dejados tranquilos en los momentos en que aparecen en público en su papel privado”, afirman dichas reglas. Si los medios violan dichas normas, “se tomarán las medidas adecuadas”, incluyendo un retiro temporal o permanente de la acreditación para los acontecimientos reales, “o una demanda judicial”, agrega este código.

GUILLERMO ALEJANDRO Y MAXIMA ASUMEN EL TRONO EL MARTES

Holanda entroniza a los reyes más jóvenes de Europa l Relevo generacional y renovado brillo en esa pequeña monarquía. La plebeya latina que conquistó la Casa de Orange

LA FASTUOSA boda del príncipe holandés con la argentina Máxima Zorreguieta,tuvo lugar el 2 de febrero de 2002, sin la presencia de los padres de la novia./Foto archivo

Desde entonces, el interés en la pareja real aumentó, sobre todo luego del nacimiento de sus hijas, la futura heredera al trono CatharinaAmalia, la princesa Alexia y la princesa Ariane.

La fastuosa boda, el 2 de febrero de 2002, se vio ensombrecida por la controversia sobre el padre de la novia, Jorge Zorreguieta, ministro de Agricultura durante la última dictadura militar argentina (19761983), que dejó 30.000 desaparecidos de acuerdo con organizaciones de defensa de los derechos humanos. Su padre no fue invitado a la ceremonia, y en solidaridad, su madre tampoco asistió. Según informaron los medios holandeses poco después del anuncio de la abdicación de la reina Beatriz, que tuvo lugar el mismo día en que el padre de Máxima cumplía 85 años, la familia de la princesa no asistirá a la coronación de la pareja real el 30 de abril. La plebeya que devolvió el brillo real Máxima como su nombre ha sido la actuación de la princesa argentina, quien con su osadía, carisma, angelical sonrisa y elegancia

se convirtió rápidamente en uno de los miembros más luminosos de la Casa de Orange. Sin embargo debió recorrer un arduo camino hasta demostrar que estaba lista para ser reina consorte de Holanda. Hace once años, esta pequeña y rica monarquía europea la recibió con preocupación debido al pasado de su padre, Jorge Zorreguieta, alto funcionario de la dictadura argentina (1976/1983). El Parlamento holandés estuvo a punto de impedir su enlace con Guillermo Alejandro. “La tenacidad, el empeño y la ambición de Máxima, con su simpatía desbordante, terminaron por convencer a los holandeses, al punto que hoy es uno de los miembros más populares de la Casa de Orange”, dijo Gonzalo Álvarez Guerrero, autor junto a Soledad Ferrari de “Máxima, una historia real”. Esta “plebeya latina dio brillo a la monarquía de Holanda”, añadió. Máxima, quien cumple 42 años el

17 de mayo, se adaptó a sus obligaciones reales en tiempo récord: aprendió el holandés, la historia y las leyes del país y una lista interminable de reglas de protocolo y etiqueta. Para satisfacción de los holandeses y de la prensa rosa, en sus primeros cinco años de matrimonio tuvo tres hijas (Amalia, Alexia y Ariana). Los que la conocen desde su infancia cuentan que desde niña fue “ambiciosa, segura de sí misma y vital”. “De chiquitita era divina y tenía una simpatía que conquistaba a todo el mundo. Con esa misma simpatía conquistó a los holandeses”, cuenta una amiga de sus padres, que describe a Jorge Zorreguieta como “un dandy argentino con una personalidad avasalladora que heredó Máxima”. La transición de un apartamento del coqueto Barrio Norte porteño de 120 m2, donde vivió durante su infancia y adolescencia, a un Palacio de gigantescas dimensiones en La Haya parece no haber sido nada traumática. Sus padres, de la clase mediaalta, pero “no adinerados” según la amiga de la familia, hicieron esfuerzos para enviarla al Colegio Northlands, uno de los más exclusivos de Buenos Aires, en esa época únicamente para niñas de las familias más tradicionales de Argentina. “Absolutamente todo el mundo la quería. Yo siempre supe que iba a llegar lejos, nunca imaginé que tanto”, contó una amiga del Colegio. Durante su adolescencia enfrentó varios problemas con su peso. “Engordaba y adelgazaba”, cuenta la amiga de sus padres. Llegar a la cima de la aristocracia europea no fue el único logro de Máxima. La argentina se recibió de economista en la Universidad Católica Argentina (UCA) y en 1996 se fue a Nueva York, donde trabajó en el banco HSBC James Capel Inc., en el Dresdner Kleinwort Benson y el Deutsche Bank. Y gracias a su selecto círculo de amigas del Colegio conoció en 1999 al príncipe Guillermo Alejandro, en la Feria de Sevilla.


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Máximo orgullo argentino

LOS NUEVOS reyes de Holanda y sus hijas se han mostrado como una familia moderna y muy cercana al pueblo./Foto archivo

Un amor que no fue a primera vista Pero no fue amor a primera vista. “You are made of wood” (eres de madera), le dijo Máxima al verlo bailar y el príncipe se enamoró, según cuenta el libro de Álvarez Guerrero. Ella no tardó mucho en caer subyugada. A partir de ese momento comenzó una minuciosa preparación para convertirse en la esposa del futuro rey de Holanda y madre de la heredera a la Casa de Orange y Nassau. Todo bajo la égida y con el guiño de su suegra, la reina Beatriz. Desde el principio, Máxima cautivó a la soberana. Parecía la candidata perfecta para enderezar al príncipe, en ese entonces con fama de amante de la cerveza y la vida nocturna. El camino no estuvo exento de escollos. “Máxima tuvo y tendrá siempre una espina: su padre”, señala Álvarez Guerrero. Las autoridades holandesas ordenaron una investigación sobre el pasado de Zorreguieta al especialista holandés en temas latinoamericanos Michiel Baud. El experto concluyó que si bien “no estuvo involucrado personalmente en la represión”, era casi imposible “que no estuviera al tanto de nada”. Durante el enlace, cuando en la Iglesia medieval Nieuwe de Amsterdam sonaron los primeros acordes del “Adiós Nonino” de Astor Piazzola, Máxima estalló en lágrimas, conmoviendo a Holanda. La pareja también debió salir al paso de críticas por sus millonarias inversiones inmobiliarias en tiempos de crisis. En 2009 compraron una casa en Mozambique

y el revuelo fue tal que debieron venderla. También compraron una villa en Grecia y una propiedad en la Patagonia argentina. Máxima enfrenta ahora el desafío de demostrar la vigencia de la monarquía. Y con su personalidad “avallasadora”, deberá cuidarse de no opacar a su marido, el primer príncipe heredero de su generación en Europa en convertirse en monarca. Reina de la moda Máxima es elegante y clásica: todos los diseñadores de alta costura que la han vestido de pies a cabeza coinciden en que la argentina parece haber nacido reina consorte de Holanda. El italiano Valentino es su preferido para una ocasión especial. Él será quien la vestirá este martes cuando sea entronizada como reina de Holanda. Fue Valentino quien la vistió el día de su boda con un clásico traje color marfil, del cual salía una cola de cinco metros y un velo de tul con diseños florales confeccionados a mano. Pero también suele lucir modelos del belga Edouard Vermeulen, del holandés Jan Timiniau o del argentino Benito Fernández, otros de sus diseñadores fetiche. Todos ellos presentan a Máxima como una de las princesas más elegantes de Europa, con una impronta joven y vanguardista, y elecciones que siempre resultan acertadas y mediáticas. “Es sin lugar una mujer actual, activa, que ama la moda y el papel que debe desempeñar ante su familia y el país”, dijo Vermeulen, quien viste a la mayor parte de la realeza europea. Arriesgada, combina a la

perfección colores, texturas, zapatos, tocados y sombreros. “Y tiene ese carisma latino y una sonrisa deslumbrante, que la han convertido en una de las más admiradas”, añadió . El duelo de estilos y la comparación entre las futuras reinas y princesas es interminable. Por eso, cada aparición pública de cada una de ellas es analizada bajo la lupa por decenas de expertos de moda, pero también debe cumplir con estrictas reglas de etiqueta. A la argentina Máxima Zorreguieta le gustan los colores llamativos. Naranjas, amarillos, rojos o vivos estampados florales pero también ocres o pasteles. No faltan los trajes sastre de corte clásico, con chaquetas entalladas, pantalones capri y faldas hasta la rodilla o los típicos jeans y las camisas blancas, muchas veces de la española Zara. Pero es en los grandes eventos, bodas reales o actos oficiales en los que la argentina destaca, añadiendo sofisticación con grandes pamelas y tocados, ajustados vestidos bordados con cristales o encajes, escote palabra de honor, que deja su cuello y hombros despejados. El efecto Máxima es tan grande que ha inspirado en más de una ocasión a la diseñadora belga Fabienne Delvigne, quien se especializa desde hace 25 años en la creación de sombreros para la aristocracia europea. “Muchas veces me digo, este sombrero es para Máxima” cuenta Delvigne en su taller de Bruselas. Delvigne ha diseñado un abanico de capelinas asimétricas, sombreros vintage o arriesgados tocados de pluma de gallo para la princesa.

Los argentinos no han disminuido aún el fervor por la elección de un papa compatriota y ahora se preparan para otra caricia al ego, cuando el martes Máxima sea ungida reina consorte de Holanda, mientras Lionel Messi se encarga de reafirmarse como monarca del balón cada semana. “Es alguien que ha llegado a un lugar idealizado que puede representar el orgullo de muchos. Es una plebeya que accedió a un lugar muy deseado, reina de un país extranjero”, dijo la psicoanalista Vilma Torregiani, compiladora del libro “Mitos argentinos: para conocernos mejor”. La peatonal calle Florida, en pleno centro de Buenos Aires, con miles de personas de todas las clases sociales, es un termómetro de la diversidad de opiniones que caracteriza a los argentinos, también sobre la futura monarca. Las tiendas de deportes en esa transitada calle tienen en lugar preferencial de sus vidrieras las camisetas de Messi del FC Barcelona o la selección argentina y su imagen es moneda corriente para los bonaerenses, mientras la figura del papa Francisco aparece en carteles colgados en comercios. Pero la imagen de Máxima por ahora sólo disputa las portadas de las revistas del corazón. Algunos ven en la entronización de Máxima el sueño cumplido de una plebeya extranjera que enamora a un príncipe y se enorgullecen de que una argentina haya llegado al pedestal, aunque para otros no es más que “una reina de otro país”, sin significación alguna para su nación de origen. El antropólogo Alejandro Grinson, autor de “Mitomanías argentinas”, considera que “los argentinos son aceptados por las élites europeas y así es leído el caso de Máxima, como también ocurrió con Francisco y con Messi”. “Por lo pronto, Messi y Francisco han formado parte del selecto listado de las 100 personas más influyentes del mundo que elabora la revista estadounidense Time, mientras Máxima espera su turno./AFP

“Es un placer diseñar para ella, somos sus fans (...) tiene una manera de moverse única que hace que los sombreros tengan su propio movimiento, parece como si bailaran”, añadió. La princesa apuesta por los recogidos cuando tiene que lucir tiaras y collares de la Casa de Orange y Nassau. Para el argentino Benito Fernández, es un orgullo vestir a “la princesa más mirada”. “Es una mujer segura hasta de sus flaquezas”, añade Fernández que se puede jactar de haber diseñado un impactante vestido rojo de organza exhibido en el Palacio Het Loo (Apeldoorn, Holanda) cuando

Máxima cumplió diez años como princesa de Holanda. “Máxima es una mujer de su tiempo”, opina Fernández. Envía a sus hijas a la escuela pública y se desempeña como abogada de la ONU, impulsando iniciativas de microcrédito y de emancipación de mujeres inmigrantes, entre otras causas solidarias. Por eso no dudó en enfundarse en septiembre pasado un traje de neoprene para nadar junto a miles de personas por los canales de Amsterdam, en un evento solidario. Salió empapada pero con su eterna sonrisa, con la que ha conquistado a toda Holanda./EL NUEVO SIGLO - AFP


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