Los juiles Pesca, pesca el pescador. Juiles y robalo blanco, jolote y chachagua, pulpo y calamar, cangrejos, langostas y mojarras… En el río, en el mar, se llenan las atarrayas con los peces de las aguas generosas. Pero no es tan fácil, los juiles y todos los peces son un regalo que cuesta. Sale el pescador y es duro su trabajo, pesados los remos que golpean las olas, pesadas las atarrayas tan cargadas. Sale el pescador y se santigua porque las aguas en la noche se llenan de voces que lo espantan. A veces son las sirenas que cantan con su música peligrosa, que hacen que se extravíen barcos y barquitos. A veces unos indios misteriosos se asoman entre la espuma y pretenden llevarse todo el pescado. Eso no puede ser, les canta el pescador, suavemente, al son de un violín que le espanta el miedo. En la orilla está mi mujer, mi china, mi prieta, que espera los juiles con el aceite ya caliente en el sartén.
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