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El pacto con la ficción

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Por Gabriela Guerra Rey cupula@elheraldodemexico.com

uando tenía alrededor de cinco años, mi padre —que era un poeta de muchos mundos, pero para mí lo fue primero del mundo animal— nos llevó al zoológico de La Habana porque iba a hacer un reportaje sobre una leoparda que había nacido en cautiverio y que, por sus hermosos ojos, se había ganado el nombre de una deslumbrante cortesana de la telenovela brasileña en turno, Doña Bella Bella fue mi primer encuentro real con la ficción,

EDITORIAL AQUITANIA con una ficción que el viejo había estimulado desde que apenas podíamos escuchar, con cuentos inauditos de pollitos recién nacidos que se comían elefantes y cocodrilos, y luego dejaban el producto de la digestión en enormes montañas de excrementos, que habrían de abonar no sólo los dulces valles de esos juegos e historias, sino también los de la imaginación. La frontera indómita, llama Graciela Montes a la frontera que se traspasa en la infancia a través del juego, la fe poética y el pacto con la ficción.

Sobre los diez años, llegué a casa de un vecino, de alrededor de tres años, que miraba absorto las caricaturas. En la historia, un cazador empuñaba su winche para aniquilar a un tigre, cuya piel luego luciría como alfombra. Cuando mi vecino sacó los ojos de la pantalla, lloraba. Y cuando le pregunté me dijo en un suspiro: “es que mataron al tigre”. Recordé aquel encuentro con Bella y me puse triste sólo de imaginar que alguien le apuntara con un arma. Él y yo, ambos, a sus tiempos y en sus mundos, habíamos hecho un pacto con la ficción.

Eso fue lo que hicimos en Editorial Aquitania Siglo XXI cuando decidimos que en nuestra primera antología de relatos y cuentos: Estrenando Plumas, estuvieran incluidos los niños: no sólo como lectores, sino como escritores

Los clásicos que han alimentado tantas generaciones fueron elegidos y seleccionados por los niños para la posteridad.

No sé de cuánto le habrá servido a mi vecino su pacto con la ficción, pero a mí me convirtió en lectora primero y en escritora más tarde, porque, a diferencia de lo que se asume, la infancia es un estadio cultural predispuesto al conocimiento y a la trasgresión de las fronteras estrictas que los adultos imponemos, porque hemos desaprendido los códigos de acceso a lo indómito.

UN DATO CLAVE

El sello editorial fue creado en 2021 por Annia Galano (científica), Gabriela Fundora (fotógrafa), Mariana Otero (periodista) y Gabriela Guerra (editora).

SIGLO XXI APUESTA POR ABRIR SUS PÁGINAS A LOS NIÑOS Y LANZA LA ANTOLOGÍA ESTRENANDO PLUMAS 3

COLECCIONES INTEGRAN LA OFERTA LITERARIA.

Majo Morones, Adrián Ureta y Agnès Gabrielle han aprendido a comunicarse de otra forma y a crear su cosmos. Ellos abrieron las grietas de la realidad para edificar sus propios territorios de lo imaginario. Aquí tenemos una muestra de lo que ocurre en esos universos secretos que hoy enriquecen a otros niños y a otros lectores. Cómo sus mundos conjeturales habrán de cambiarles la vida, a ellos y a los demás, está por verse, pero auguro futuros donde, como dice Graciela Montes: se levanten cosas tapadas, se mire al otro, se fisure lo que parece listo, se abonen desmesuras y exploren inhóspitos territorios. Donde el pacto con la ficción vuelva a ser el germen de lo sagrado.

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