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Como semilla de diente de león
La Escritora M Nica
Rojas Construye En La Ni A Polaca
Relato De Una Familia Que Sobrevivi Al Horror De La Guerra
Por Carolina Aguilar caroaguilar.escribe@gmail.com
Me gusta soplar los dientes de león y ver cómo sus semillas se esparcen en el viento”, cuenta Ania sentada en la banca debajo de un árbol de tabachín. Por fin, después de tantos años, respira sin miedo y sin prisa. México dejó de ser un país extraño, y las hojas rojas caídas ya no le recuerdan a la guerra.
A los 14 años, los bolcheviques la despojaron de su bucólico hogar en Komarno y la trasladaron con su familia, como a miles de polacos, a trabajar en los gulags, o campos de concentración soviéticos, en Siberia. Después de su liberación fue exiliada porque su país seguía ocupado por los soviéticos. Como semilla de diente de león, Ania cayó por azar en Guanajuato.
También por azar, Mónica Rojas conoció a una mujer de apellido extraño en León, fue una de los mil 400 polacos que vivieron en la hacienda de Santa Rosa, el refugio implementado en México durante la Segunda Guerra Mundial, en el gobierno de Manuel Ávila Camacho. A veces las historias de los libros nacen de la casualidad.
Durante los siguientes siete años, Mónica viajó de Guanajuato a Estados Unidos, Inglaterra y Varsovia para escuchar más de cien testimonios de sobrevivientes de los gulags, para construir la historia de La niña polaca (Grijalbo, 2022). Ania, la protagonista, es un homenaje a la primera mujer que le contó su experiencia.
El libro procura respetar las memorias de los polacos que vivieron el proceso de despojo, violencia, exilio y refugio, y rescatar a aquellos que se los tragó la nieve, el agua o la tierra durante la guerra. Pero destaca por mostrar los pequeños detalles e instantes donde perdura la esperanza y la belleza con una narración cotidiana y sencilla, a veces atravesada por frases en polaco.
Separarse del país de origen dejó en Ania una sensación de extrañamiento con la nueva tierra, aunque más tarde encontró a Polonia en las calles de Guanajuato, se estableció, y sus hijos oran señora de Czestochowa y también a la Guadalupana.
La niña polaca muestra que hay cosas más fuertes que la guerra. A veces, para seguir de pie, sólo basta reunirse para tocar polcas, escuchar historias, comer un chocolate, conocer un nuevo entorno y dejarse envolver por su calidez, reunirse con la familia extraviada, o formar una nueva. Vivir en sosiego después de una guerra es la verdadera victoria.
La unión familiar, la fe, la poesía, la fraternidad o la ilusión acompañan a la protagonista y a los demás personajes durante sus trayectos, pérdidas y nuevos encuentros. Como un diente de león que vuela hasta llegar a donde echar raíces, Ania lo encontró en Guanajuato. Ella es la Polonia que vive en México.