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Ana Casas Broda. Trabajar la maternidad

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GENERACIONAL

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Por Luis Carlos Sánchez luiscarlos.sanchez@elheraldodemexico.com

ntre el deseo y la curiosidad, Ana Casas Broda (Granada, 1965) decidió convertir la maternidad en motivo de su labor creativa. La fotógrafa y editora se había sometido durante cinco años a tratamientos de fertilidad asistida y cuando al fin supo que sería madre resolvió: “Decidí concentrarme en mi maternidad y convertirla en mi trabajo”.

Aquella decisión fue también “una toma de postu-

La Fot Grafa Y Editora Convirti Su Experiencia

MATERNAL EN INGREDIENTE DE KINDERWUNSCH, PROYECTO DE IMÁGENES Y TEXTOS, QUE REDUNDARON EN UN LIBRO Y UNA EXPOSICIÓN ra” frente a la vida. En general, piensa, “la maternidad es vista como algo que sucede mientras uno hace otras cosas, de alguna manera no se toma en cuenta como un trabajo en sí. Yo decidí concentrarme completamente en el tema”.

En 2006 comenzó una serie que trabajó sin parar, desde el nacimiento de su hijo Martín. Pero el de Ana no era un trabajo de registro, en el camino reflexionó sobre la fotografía como medio contemporáneo ligado a la identidad, la memoria y el tiempo; mediante acciones, documentación y escritura, abordó la experiencia como un suceso lleno de contradicciones.

Su proyecto se volvió una reflexión sobre la construcción de la noción de infancia y del individuo, y toca temas centrales de la sociedad como el cuerpo, el desnudo, la sensualidad, la infertilidad, el contacto, el afecto, el deseo, los lazos familiares y el papel de la mujer en el intenso y determinante proceso materno.

“Sabía que quería conocer la experiencia de la maternidad y persistí en el tema de la búsqueda, lo cual me llevó a una reflexión profunda sobre ese deseo”, recuerda. Apelando a su origen austriaco, Casas tituló su proyecto Kinderwunsch, que en su significado entraña los conceptos niño y deseo.

En el proceso, cada paso se convirtió en una arista de exploración para la creadora. Después de siete años de trabajo, descubrió que el deseo no era exclusivamente el de tener hijos, sino que iba más allá, que se trataba de su propio deseo, de recuperar el deseo de la infancia. “Empecé a trabajar sin pausa y cuando mi hijo ya tenía tres años decidí tener un segundo hijo, volver al tratamiento de fertilidad y dar seguimiento al proceso”.

MÁS DE SU LABOR

Ana Casas Broda nació en Granada, en 1965, de madre austríaca y padre español.

Llegó a vivir a la CDMX en 1974; desde su primer trabajo se interesó por su origen.

“Conscientemente registré todo”, pero no cronológicamente, sino que fue funcionando a través de las transformaciones que Casas iba experimentando en todos los niveles. “Era una narrativa más compleja de todo lo que implica enfrentarse a una experiencia tan profunda desde el cuerpo mismo, desde la transformación, desde la generación de otro ser que crece dentro de uno, que luego se alimenta de uno: es algo realmente muy radical de la existencia, muy extraordinario, y muy sorprendente, en todos sentidos”.

Las imágenes de Ana Casas incluyeron además un momento lúdico, cuando Martín y Lucio proponían juegos que después ella captaba, acciones de sus hijos con ella, con su cuerpo. “Lo natural era también ser una forma de cuerpo y de la relación madre-hijo, que es una relación que pasa a través del cuerpo y del afecto, del cariño, de la cercanía, de amamantar”.

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