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Sábado, 14 de enero de 2017 Nº 123 @aladar_cultura

Rock’n’roll y literatura en el extrarradio El incisivo escritor gallego Luis Boullosa radiografía en ‘Santos y francotiradores’ la música nacional más creativa y libre

Charla con el violonchelista Jeanne Maisonhaute

Recorrido por la historia de la pionera Nellie Bly


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Música y Literatura

La prosa centrada en la música nacional no abunda, mucho menos la escrita desde la lucidez epatante, la reflexión profunda y la (auto)crítica ácida que exuda la pluma de este gallego. Boullosa desnuda en ‘Santos y francotiradores’ el rock and roll fabricado

LUIS BOULLOSA

«El arte sigue siendo elitista» Horacio Raya {A través de casi 400 páginas –editadas por 66 rpm– y con un hilo conductor que cabalga entre las impresiones de artistas como Josele Santiago, Fernando Alfaro, Javier Colis, Rafael Berrio o Niño de Elche y las disquisiciones propias y ajenas, Luis Boullosa desmenuza las relaciones entre música, creación literaria y supervivencia. Genial e iconoclasta, responde con similar clarividencia a una serie de cuestiones. –Cómo fue el proceso de elección y selección de los personajes que aparecen en el libro y en particular la foto de portada, con Alfaro. –No se trata de ningún canon, sino de una serie de tipos imprescindibles que hablan y me permiten hablar de las cosas que me importan a mí y a otros: la creatividad, la supervivencia en el mundo del arte, la letra y la música unidas en ese milagro que es la canción, las narrativas, las escenas nuevas… Podrían haber sido otros veinte distintos. Hay algunos clásicos conocidos, otros menos conocidos (Berrio, Colis) y un montón de gente nueva (Blooming Látigo, Cuchillo de Fuego, Naja Naja, Pylar, Miraflores, Mursego, Alberto Acinas, etc.) que es la que, visto en perspectiva, aporta la mordiente que hace al libro distinto de otros. Es un libro sobre el hoy, no sobre el pasado, aunque uno no se explique sin el otro. Una pregunta sobre el futuro, también. La foto de portada la eligió la editorial. No me parece mal, Alfaro es uno de los más literarios de nuestros rockeros y ha mostrado ciertas cualidades para la supervivencia en el páramo español. Si la hubiese elegido yo hubiese puesto a Marco Serrato con su perro y su contrabajo. –Todos estos personajes tienen en común el talento, la personalidad, la integridad… y la falta de éxito, en términos de gozar de audiencias y ventas masivas. Defiendes que para nada se trata de «perdedores»... –En una pelea tan jodida como la de mantenerse íntegro y al tiempo sobrevivir (en el arte o en cualquier cosa): el que lo consigue es, por lógica, un ganador. Si aplicamos, en cambio, el criterio al uso de la casa pagada, el prestigio social y los tres coches, pues probablemente serían perdedores. Pero hablamos de arte, no de coches, así que o ganadores o, al menos, en la pelea y con la cabeza alta. Yo los admiro a todos ellos por eso. Dicho esto, la consideración social del artista en España deja mucho que desear. Eres poco más que un pintamonas.

Luis Boullosa posa con su añorada gata ‘Amapola’ sobre los hombros.

–Hay gente como el propio Alfaro o Josele Santiago que han alcanzado en fases de su carrera musical ciertas cotas de venta y popularidad, conservando su prestigio. –Hay gente que arrancó a finales de los ochenta, en otro esquema, y tuvo y tiene su parroquia y ha podido vivir de la música, ese milagro. La segunda mitad del libro me interesa más, y es donde están todas esas bandas y artistas recientes y prodigiosos que no pueden ni soñar con vivir de ello. Y que sin embargo siguen haciendo obras mayores. Es de ellos de quien la crítica debería hablar. La pregunta que un periodista se tiene que hacer es: ¿Qué está pasando ahora? ¿Qué hay, además de lo que nos meten a presión por las orejas? Y luego exponerlo con nitidez para que quien quiera entender entienda. –La cuestión económica sale a colación en no pocas ocasiones. Calificas a estos artistas como «supervivientes». En algún momento afirmas que esa precariedad ayuda a crear, pero también dices en otro pasaje que estos artistas no han podido desarrollar todo su potencial y que lo habrían podido hacer con más dinero, tiempo y recursos. Explícame esa aparente contradicción. –El trabajo duro se necesita para tener cualquier tipo de éxito, aunque sea modesto, pero no lo garantiza (da igual lo que nos inculcasen nuestros padres). Tienes que trabajar muy duro para llegar a tener la mera posibilidad de un éxito. Eso si eres honesto, claro. Hablamos de gente honesta con su arte, no de gente vendida, que es otro caso (y el más común). No creo que la precariedad ayude a nada, en general, pero es cierto que cuando te ignoran,

Una vida siempre a contracorriente Nacido en Madrid en 1975 «por accidente», Boullosa se siente plenamente gallego. Allí se crió, y procede «de una línea laaaaaaarga de gallegos». Regresó a la capital para estudiar en la Universidad, y vivió «en esa ciudad tan extraña 20 años. Finalmente me saturé». De ahí que volviera a su tierra y a la casa familiar, en busca de «aislamiento». Ahora reside en Portugal, «donde tengo esa misma calma, los alquileres son baratos y la gente más educada que en España». Se define como escritor «porque de las cosas que me gusta hacer es la que mejor se me da». Comenzó, siendo adolescente, con la poesía: «Es sin duda lo que mejor hago, pero no ha aparecido nadie interesado en publicarla». También ha escrito alguna novela y ensayos, en especial sobre la música: antes de Santos y francotiradores publicó El puño y la letra; ha puesto en marcha dos blogs (www.kaputmagazine.blogspot.com –con una década de vida– y www.luisboullosa.blogspot.com); y ha trabajado como periodista en medios como Ruta 66, eldia-

rio.es, elconfidencial o La Razón, «donde hice sucesos casi cuatro años», amén de en numerosos fanzines y revistas más o menos underground (Karate Press, recientemente). Pero Boullosa es asimismo músico, «un ejecutante técnicamente mediocre, pero con ideas propias sobre cómo hacer una canción (o eso espero). He estado en nueve o diez bandas desconocidas, tocando el bajo y haciendo ruido». En la actualidad toca con Gog y las Hienas Telepáticas (punk y rock&roll con dos discos ya publicados), y tiene un proyecto personal, Broke Lord, «más oscuro, más pop y más reflexivo». Considera que «hay pocas experiencias comparables, que yo conozca, a un bolo bien dado con un público receptivo». Un último dato corrobora su atinado criterio: le gustan los gatos –de ahí la imagen superior–, que «son príncipes. Decía el historiador Legoff que en la edad media se consideraba que los animales estaban más cerca de Dios que los hombres, y, sin creer en Dios, estoy plenamente de acuerdo».


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Música y Literatura

en suelo español, escruta su valor creativo y literario y pondera sus aciertos y errores, sus bondades y mezquindades. Y, pese a su afilado y exigente ‘cuchillo’, concluye que el panorama no es tanto para matar como para gozar. Hay vida... en el extrarradio si consigues permanecer, aprendes a templarte y a aguzar tus capacidades mucho más que cuando todo el mundo te baila el agua. Creo que mucha de esa gente que está haciendo grandes cosas a la contra está preparada para tener público y dinero y hacer cosas aún más asombrosas. Lo que pasa es que el país no parece estar preparado para ellos. Ni el público ni la crítica. A veces ni las mismas bandas están preparadas para sí mismas. Es una paradoja permanente. –Pese al tono pesimista/crítico con el panorama de la cultura y la música en particular, expones que en los últimos años se está viviendo una explosión de creatividad sin precedentes. ¿A qué crees que se debe? –Jamás ha habido tanta música increíble en este país como ahora. Nunca. Es una especie de edad de oro semiencubierta. Los que estamos en el ajo nos enteramos, pero el público general no. Hay barreras insalvables, parece, en la era de la comunicación. En realidad es la era de la saturación, y por eso la crítica sigue teniendo sentido. O al menos, una nueva. La vieja no. –Hablas del variado y rico espectro de bandas gallegas actuales. –Cito cuarenta de toda España en una nota al pie, creo, pero podrían ser cuarenta de Galicia. O de Andalucía. O del País Vasco. O de Madrid. No necesito que algo me parezca muy arriesgado para que me guste. El riesgo es una virtud para mí, sin duda, pero tengo un enorme respeto para quien trabaja una tradición asentada y lo hace de modo eficaz. Simplemente pido, como oyente, que ese trabajo en la tradición mire al futuro, o al pasado, pero que no se quede en el calco. Tampoco tendría nada contra la música comercial si fuese buena. De hecho creo que hay que empezar a redignificar la música comercial, pero tendrán que comenzar los músicos. –Y lo mismo ocurre en el sur, en Sevilla en particular, donde consideras que se puede hablar de escena. ¿Qué pasa con Sevilla? –Las claves son demasiado complejas. O tan simples que se nos pasan, no sé. Probablemente sea un proceso de reacción por parte de outsiders de una cierta edad confluyendo con sangre nueva con ganas de guerra en un entorno que, por petrificado, obliga precisamente a esa reacción. Pero no vivo allí. Tengo una enorme curiosidad por ver en dónde acaba esa ola, en qué deriva. Por el momento la de la Sevilla subterránea y aledaños es quizá la escena más rica y original que conozco en España, aunque ellos no quieran que se hable de escena porque son muy dispares ciertamente. –Hay un capítulo en el que cargas las tintas sobre el llamado ‘indie’ (en especial, el de principios de los noventa), al que calificas como «degradante» y «falto de valor». Luego, empero, defiendes la calidad de

Portada de la obra de Boullosa en la que figura Fernando Alfaro, líder de Surfin’ Bichos y Chucho y con una fértil y longeva carrera musical, siempre en los márgenes.

gente como Sr. Chinarro, Los Planetas, El Niño Gusano o Manta Ray. Uno podría pensar que, a fin de cuentas, se trata de una cuestión subjetiva, que del mismo modo podrías haber citado a Penélope Trip, Parkinson DC o Australian Blonde… –Paso por el indie español (y sus varias encarnaciones) levemente, simplemente confirmando que no nos dio gran cosa de fuste y que la gran música estaba y está en otra parte (salvas algunas excepciones interesantes). De lo que quiero hablar es de todo lo demás. Cómo fue la juventud de los actuales jerarcas del rollo y de las viejas pseudoglorias (aún no tan viejas) me la trae al pairo. Creo que hay unos trescientos periodistas ahora mismo ocupándose de tan candente tema, además. –En los últimos años se observa que hay no pocos grupos nacionales que apuestan por el castellano para expresarse, en detrimento del inglés (muy asiduo en esos inicios del ‘indie’). ¿Crees que de algún modo se ha perdido el pudor o la vergüenza a que el público entienda las letras? ¿Ha mejorado la calidad literaria media de las composiciones? –Decía Bigott: «Canto en inglés porque me sale de los cojones». Si haces gran música puedes cantar en lo que quieras, o no cantar. Pero sí, creo que –hablando de bandas buenas– la calidad media de las letras

«Jamás hubo tanta música increíble en este país. Es una edad de oro semiencubierta» «La consideración del artista deja mucho que desear; eres poco más que un ‘pintamonas’» ha mejorado, igual que la de la música, el equipo, el concepto y todo lo demás. En cuanto al paso masivo al castellano, me parece bien, aunque creo que en gran parte ha obedecido a criterios económicos. Y en otra parte a que ahora es cool lo que antes era anticool. Igual que ahora es cool hablar de política y antes no. Los que lo hayan hecho por las razones de Bigott, pues bien por ellos. –También te muestras muy crítico, incluso ácido, con el periodismo musical de este país, tanto en los formatos tradicionales como incluso con los digitales. Dibujas un panorama casi apocalíptico… ¿tan mal está la cosa? ¿Se ha perdido el norte definitivamente? –Lo que dibujo es el panorama de una oportunidad que no deberíamos perder: la de volver a hacer periodismo de verdad. La vieja prensa

musical es un museo de cera. Están instalados en el panegírico permanente y en la exageración babosa promocional, comparando a Quique González, a Bunbury o a Lapido con Dylan, y aberraciones así. Tratando de hacer mito donde no hay más que pesos medios (en el mejor de los casos) e ignorando mucha música asombrosa que está ahí. Es cosa nuestra tratar de construir una nueva prensa. Mimbres hay, porque hay periodistas excelentes, jóvenes y no tanto. Faltan medios y plataformas radicales, de verdad independientes y arriesgados. Y eficaces. Falta lo que falta en todos los órdenes, casi siempre: que la disidencia, que existe, se organice con garantías de estabilidad (sin convertirse en establishment). Difícil, ¿eh? –Y no eres más ‘amable’ a la hora de retratar al público, incluso en algún momento lo consideras la verdadera lacra de todo esto. ¿No crees que realmente es preciso no tomar al público (la cantidad, al menos) como vara de medir el éxito del artista? Muchas bandas afirman no hacer música pensando en llegar a más o menos audiencia, pero luego siempre se quejan de esa falta de respaldo hacia sus propuestas… –Parece que soy un ogro, sí, pero en realidad soy un moderado. Que se me perciba como un crítico feroz dice mucho de lo tibio del medioambiente periodístico y poco de mí. Te diré algo que quizá suene raro: creo que el arte sigue siendo elitista porque el pueblo ha abdicado de su propia educación. Se nos dio la oportunidad y, en general, preferimos quedarnos con la cabra que salta del campanario, Sálvame y el refranero: «No hay mal que por bien no venga», «Mejor malo conocido…». Vivan las cadenas, pues. Así que, sí, los de a pie tenemos gran parte de culpa de nuestra propia pobreza cultural. Los de arriba también, claro, pero eso era de esperar, ¿no? –Por último querría saber si escribir este libro ha supuesto para ti, de alguna forma, un ejercicio liberador y/o catártico, esa capacidad que atribuyes (y que sin duda posee) al rock and roll. –Escribir el libro fue un proceso bastante agónico por razones diversas. A veces lo miro y no sé cómo fui capaz de terminarlo, pero ahí está. Creo que hago libros para empaquetar ordenadamente cosas que me rondan. Para que me dejen en paz. Pero luego pasa que de cada libro salen ideas para dos o tres más, nuevas obsesiones. Y hay que afrontarlas. Y vienen más libros. Es un momento cómico de la angustia occidental. Fue un libro catártico por momentos, porque es bastante bastardo, bastante interdisciplinar, y eso es liberador y te lleva a sitios raros y nuevos. En todo caso, hay algo que es cierto: te guste o no te guste, no hay ningún libro como este en el panorama editorial español. ~


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Atelier de músicas

El Cuarteto Tana es uno de los conjuntos más cotizados de la creación de vanguardia. Su repertorio abraza por igual la música minimalista como la extrema violencia de la escuela saturada

Recomendaciones

CONTEMPORÁNEA

Steve Reich / Different trains. WTC 9/11 / Quatour Tana / Megadisc

Una obra ya clásica muy bien revisitada

VIOLONCHELISTA DEL CUARTETO TANA

JEANNE MAISONHAUTE

«El cuarteto de cuerdas sigue siendo como un laboratorio» Ismael G. Cabral {El Cuarteto Tana se ha convertido, en poco tiempo, en uno de los conjuntos más audaces de la música de hoy. Jeanne Maisonhaute es su violonchelista, una creadora que concibe su instrumento como un vasto campo de exploración sonora. –Su formación es parte ya de esa selecta nómina de sobresalientes cuartetos consagrados a la música contemporánea: Arditti, Jack y Diotima. ¿Se sienten cercanos a estos? –El Cuarteto Arditti fue el pionero. La diferencia con ellos y con el Jack es que estos se dedican a la música estrictamente contemporánea. A nosotros nos gusta situarnos en una tradición de cuartetos como el Parrenin o el LaSalle que mezclaban su repertorio, que eran capaz de tocar a Haydn y luego un estreno absoluto. Así podemos mostrar el lenguaje musical sin crear rupturas. –Su primer disco lo dedicaron a los compositores de la ‘escuela saturada’, una de las músicas más agresivas de la modernidad. ¿Cómo es la interpretación de estas obras? –¡Es muy exigente! Nos obliga a reconsiderar nuestro enfoque de la materia sonora. Hemos de explorar nuevas técnicas de toque, modificar la relación entre la presión y la velocidad del arco... y muchas más cosas. –Siguiendo con esto, ¿cree que, de al-

guna forma, las obras de autores ‘saturados’ como Cendo o Robin conectan con públicos ajenos a lo académico y más familiarizados con el rock y la música electrónica? –Las obras de Raphaël Cendo y de Yann Robin claramente quieren ir más lejos de lo que se ha había hecho hasta ahora, por ejemplo en los Cuartetos de Helmut Lachenmann. Son músicas que provocan por igual al intérprete y

La música saturada provoca por igual a oyente e intérprete. Es, a la vez, poética y salvaje Nos gusta mezclar el repertorio clásico con el más actual con la finalidad de no crear rupturas al oyente. Cendo viene del rock, aunque tiene una formación clásica a través del piano. Es un compositor de extremos con una música, a la vez, poética y salvaje. Son músicas muy visuales que, en su puesta en escena, nos hacen parecer más una banda de rock que un cuarteto de cuerda con instrumentos clásicos. –¿Por qué cree que para su formación,

La violonchelista francesa Jeanne Maisonhaute es una de los cuatro integrantes del francés Quatour Tana.

el cuarteto de cuerda, se siguen escribiendo algunas de las obras más transgresoras? –El cuarteto es como un laboratorio en el que los compositores tienen la libertad de intentar buscar nuevos materiales y formas. Se trata de una formación maleable y flexible para la cual se han escrito algunas de las más grandes obras maestras de la historia de la música. –¿Qué relación tienen con la música española actual? –En 2016 hemos grabado el Cuarteto de Joan Guinjoan y también el de Hèctor Parra, Aracne. Además, mantenemos una estrecha colaboración con jóvenes compositores iberoamericanos como Víctor Ibarra, Januibe Tejera, Juan Arroyo y Miguel Farias. –¿Les interesa abordar el gran repertorio de la modernidad? Pienso en las obras de Harvey, Lachenmann o Ferneyhough, entre otros. –Por supuesto. Las obras de los compositores que cita son ya parte importante del repertorio de cuarteto de cuerda de los siglos XX y XXI. Así como los grandes conjuntos tocaron los cuartetos de Beethoven o Debussy es importante integrar la obra de esos valiosos compositores contemporáneos; solo así, con múltiples puntos de vista interpretativos se puede evidenciar la grandeza de estas músicas. ~

I. G. Cabral {Durante años creímos insuperable la versión del Kronos Quartet del clásico de la música repetititva Different trains, de Steve Reich. Los Tana ofrecen aquí un abrumador diálogo entre lo acústico y lo grabado en cinta, cobrando el conjunto una viveza aun mayor, resaltando unas diferencias que en la versión canónica resultaban más homogéneas. WTC 9/11, a partir del shock de la caída de las Torres Gemelas, es una pieza menor, aunque de efectivo dramatismo. Un gran disco. ~

CONTEMPORÁNEA

Shadows / Obras de Cendo, Robin y Bedrossian / Quatour Tana / Paraty

‘Heavy metal’ con cuerdas de palacio I. G. C. {Anoten estos apellidos: Cendo, Robin y Bedrossian. Hay algunos más (Kourliandski, Arroyo...) pero los tres primeros citados son los papás de lo que se ha dado en denominar ‘música saturada’, un -ismo del siglo XXI que busca retorcer a los instrumentos para extraer sonoridades tremebundas, agitadas, de extremo brutalismo. Los músicos del Cuarteto Tana se prestan a ello. Se entregan más bien. Hay que tener predisposición y, si es así, dejarse abismar, dejarse despeinar. ~


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Literatura Luis Romero nació en Barcelona en 1916. Vivió y viajó a otras ciudades como Buenos Aires y París en un tiempo en que solo se permitían viajar los ricos. El autor barcelonés ganó el Nadal en 1952 con una novela titulada ‘La Noria’

‘Los otros’ y Barcelona Concha García {La Noria era una novela que podía etiquetarse con la palabra ‘social’ porque lo que mostraba era un friso de la situación social en aquel momento. Treinta y siete personajes y una acción que dura un día. Siempre me han gustado los relatos sobre ciudades cuando el autor no intenta idealizarlas ni empobrecerlas a base de ficciones. Su casa era algo oscura y el estudio estaba lleno de libros colocados por todas partes. Era un hombre de casi setenta años muy amable. Flotaba una patina de tiempo, como la que flota ahora rememorando aquella tarde. Comenzamos a hablar. Su profesión, vendedor de seguros, le permitía viajar y conocer todo tipo de gente, esa que después aparecería en sus novelas. Decía que las diferencias sociales eran muy violentas, sobre todo en el campo. En aquella época quien caía en la miseria no se podía levantar, «lo que pasa es que el hombre se acomoda y vivíamos así como si fuese a durar siempre». Aquella afirmación se me quedó grabada. No volví a ver a Luis Romero que moriría mucho tiempo después, en 1996 a la edad de 90 años, en Barcelona. La figura de aquel escritor barcelonés fue diluyéndose no sé por qué. Quizás no fue un hombre de grupo, –autor de más de trece novelas, libros de arte, una biografía de Dalí de quien fue amigo cuando vivió en Cadaqués;

de un libro de poesía que dejó porque no era rentable, dijo–, y algunos libros de historia, así como libros de viaje-, el caso es que desapareció. Ya sabemos que las novedades dan empujones a los libros anteriores y que los libreros no tienen espacio para buenos fondos porque es oneroso tener un libro en la estantería. También es cierto que lo que no se muestra no existe. Alguien me contó que en Buenos Aires en algunas librerías el autor o editor paga para que sus libros sean expuestos. Hace poco mi editora me regaló la reedición de Los otros, de Luis Romero. La edición recupera por vez primera la integridad del texto original, que fue mutilado por la censura en 1956. La devoré en dos tardes. La trama no es demasiado compleja, la historia de un atracador inexperto, su persecución y muerte a manos de la policía. Las motivaciones del delincuente no son otras que el condicionante social y económico. A través de un inteligente retrato sicológico, entramos en la conciencia de los personajes y de paso visitamos algunos barrios sórdidos. Sorprende que aquel libro pasara la censura, y eso lo explica muy bien Santos Sanz Villanueva: «¿Cómo no se prohibieron noticias sobre el hambre, el paro, los salarios miserables, la violencia, los abusos del empresario o la existencia de un movimiento de oposición organizado? Aquel censor permitió que circulase el documento oscuro de la sociedad de aquel tiempo.

No deja de sorprender que Luis Romero con su pasado de militante falangista, se acercara a la miseria de tal manera que se puede decir que en Los otros no hay moraleja alguna, es el retrato de un tiempo seccionado por las conciencias de sus protagonistas». Castellet, el influyente crítico barcelonés, quizás desde posiciones de izquierda más comprometidas llegó a acusar La Noria de falsedad moral. Recordé aquella Barcelona llena de edificios sucios, casi oscura por los humos de las fábricas de Poble Nou, los paseos con mi familia por las playas de ese mismo barrio, hoy uno de los más caros de Barcelona. Los desagües de las cloacas, eran visibles puesto que no estaban demasiado lejos de donde se formaba la última ola de la playa, en realidad eran vertederos. Allí estuvo el barrio del Somorrostro que albergó en sus chabolas a más de dieciocho mil personas. Allí nació Carmen Amaya. Fueron varias Barcelonas las que se iban colocando en mi evocación mientras leía Los otros, tuve la sensación de estar dentro de aquella otra ciudad. Ya no queda apenas nada y menos mal que borraron aquella miseria, aunque la borrasen solo para desplazarla a otros lugares. La pobreza se invisibiliza y no entra en preocupaciones de índole identitaria. La pobreza iguala. Romero explora la conciencia de sus personajes, la narración viene desde adentro hacia afuera. Los otros, son

Luis Romero nació en Barcelona en 1916. / El Correo

los pobres, los que no son ni empresarios ni clase media, personas obedientes y temerosas a las órdenes de gente sin escrúpulos, como ha sucedido siempre. El miedo y la obediencia son armas letales para la libertad y sin embargo… En los pliegues de la novela vemos frisos de los terribles terratenientes que conservaron un poder con la República –como escribe en el prólogo…- y eran sostén del nuevo Régimen, o el empresario enriquecido a costa del obrero, ignorante y con total ausencia de principios sociales, sustituidos por un cínico sentido paternalista. A medida que vas leyendo, la ciudad reaparece con sus chimeneas llenas de humo, ahora trasladadas a unos kilómetros de la ciudad; los barrios emergentes, en uno de ellos viví parte de mi adolescencia, mi familia tuvo que emigrar como otras tantas, las políticas favorecían el impulso industrial en Cataluña y en el País Vasco, donde la gente emigraba. En el colegio te decían que inmigrar era emigrar, pero dentro de tu país. Un retrato parecido al que tenemos actualmente. Aquel hombre con una barba descuidada, rodeado de libros en su salón del ensanche barcelonés, sin saberlo, me había dado una lección de historia, contra el capitalismo, contra las personas mediocres y obedientes. Es una novela que podría haberse escrito hoy: salarios misérrimos, pérdida de derechos laborales, vivienda miserable, desahucios, egoísmo rampante que, como dice en el excelente prólogo Santos Sanz Villanueva, se llama especulación financiera. La lección está aprendida, ahora se trata de resolver qué hacemos con este aprendizaje. ~ ‘Los otros’. Editorial Calambur. Barcelona 2016


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Historia

Nellie Bly era periodista. Nellie Bly conoció a Julio Verne. Además, luchó de forma incansable por la igualdad entre hombres y mujeres y eso le costó no pocos disgustos. Su historia resulta fascinante y una lección para todos los

NELLIE BLY

Recorriendo el mundo en menos de ochenta días

Anabel Rodríguez {Cuando Julio Verne hizo soñar a sus lectores, en el siglo XIX, con la posibilidad de recorrer el mundo en ochenta días, hubo una mujer que se atrevió a hacerlo (en realidad hubo dos, pero hoy voy a centrarme en la primera de ellas): Nellie Bly. Si las hazañas de la periodista estadounidense hubieran quedado ahí, no sería más que una anécdota interesante para contar a los niños, pero ella fue en realidad una de las pioneras del periodismo de investigación. Nacida Elisabeth Jane Cochran en 1864, en Cochran Mills (ciudad llamada así en honor a su padre), su vida parecía que iba a ser cómoda y lo fue hasta que su progenitor falleció cuando ella tenía seis años. Fue entonces, y tras un desventurado segundo matrimonio de su madre, cuando quedaron prácticamente arruinados. En 1880 tuvieron que emigrar a Pittsburgh. Abrieron una casa de huéspedes en la que Elisabeth ayudaba a su madre y co-

Nellie Bly. / El Correo

menzó a formarse para ser maestra. Sin embargo su vida daría un giro cuando leyó una editorial del diario Pittsburgh Dispatch titulado Para lo que las chicas son buenas. En ese artículo se abogaba porque las mujeres permaneciesen en sus casas, teniendo niños, cuidándolos y renunciasen a formarse o tener trabajos independientes y retribuidos. Elisabeth, indignada, escribió una respuesta al director titulada Pequeña huérfana que dejó tan impresionado al hombre, que acabó por ofrecerle un trabajo. Fue él

Nellie Bly fue una de las pioneras del peridismo de investigación Sus primeros artículos tenían un fuerte componente feminista y crítico

quien le propuso cambiar su nombre, por el de Nelly Bly, que era la protagonista de una canción muy conocida en aquellos momentos. Sus primeros artículos tenían un fuerte componente feminista y crítico, apoyando la idea de que las mujeres deberían poder estudiar y realizar trabajos interesantes por los que se les compensase económicamente igual que a los hombres. Las palabras de Nellie fueron calando en los lectores y su espíritu crítico puso nervioso a algún hombre poderoso que presionó al periódico para que la confinaran en las «secciones de mujeres», esas en las que se hablaba de moda, jardinería, recetas y esas cosas que se supone que nos encantan a las mujeres (¡Ja!). Allí permaneció hasta que amainó la tormenta que sus palabras causaban. Pero poco tiempo después realizó un viaje a México y lo que comenzó siendo una descripción de vivencias y paisajes mejicanos, terminó por convertirse en una férrea crítica al

gobierno del presidente Porfirio Díaz, que provocó su detención y expulsión a los Estados Unidos. Estos artículos son la base de su libro Seis meses en México actualmente descatalogado. De vuelta a su país decidió mudarse a Nueva York y buscar trabajo allí y terminó por encontrarlo en el New York World diario propiedad de Joseph Pulitzer. Comenzó a realizar trabajos de investigación y periodismo encubierto. Uno de los más famosos es el que realizó en el asilo psiquiátrico de Blackwell’s, poniendo al descubierto los malos tratos que las internas recibían de los doctores y las enfermeras. Lo hizo sufriendo bastante durante esos días y con la incertidumbre de si sus compañeros del periódico podrían rescatarla o debería pasar una larga etapa ingresada. El artículo que publicó sacó los colores a buena parte de la sociedad y provocó un cambio en el trato que las enfermas recibían y un incremento en los ingresos destinados a estos centros, para


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Historia

profesionales del periodismo. Entre otras cosas porque nunca dudó en denunciar aquello que le parecía injusto y por lo que merecía la pena luchar. Una vida intensa y más que interesante

Julio Verne. / El Correo

mejorar las condiciones que debían tener los enfermos. Nellie continuó llevando a cabo una carrera periodística en la que puso en evidencia infinidad de temas peliagudos de aquel momento: adopciones ilegales de bebés; comportamientos irregulares de las agencias de matrimoniales; dispensarios médicos para pobres; el trato que recibían las criadas en las agencias de empleo y casas en las que trabajaban. Para escribir todos estos artículos no dudó en hacerse pasar por los personajes sobre los que luego escribiría: mujeres recién

paridas, criadas, solteras en busca de pareja… El público estaba ansiosos por leer sus reportajes. El éxito del libro de Julio Verne La vuelta al mundo en ochenta días, propició que muchos fans del autor francés se preguntasen si era posible recorrer la tierra en tan poco tiempo. En 1889 Nellie Bly propuso a los directivos del periódico hacerlo. Al principio pusieron el grito en el cielo porque las mujeres no viajaban solas y desde luego el equipaje que llevaban (con tantísimas maletas para asistir a eventos, porque las mujeres no pueden ir sin qui-

Nellie llevó una carrera en la que tocó temas peliagudos como las adopciones ilegales En 1889 Bly propuso a los directivos del periódico dar la vuelta al mundo nientos trajes encima, ya se sabe) le impediría viajar rápido. El hecho de que Cosmopolitan estu-

viera planeando hacer algo similar con la periodista Elisabeth Bisland (que iba a realizar el itinerario en sentido contrario) y pudiera anotarse el tanto, los ayudó a cambiar de opinión. Las apuestas a su favor y en contra se dispararon. ¿Qué sucedería? Nellie partió sin compañía masculina, con un vestido, un abrigo, una bolsa de mano con ropa interior y enseres para el aseo, doscientas libras (porque el viaje se iba a realizar esencialmente por el imperio británico) algunos dólares y algo de oro. A lo largo del viaje visitó a Julio Verne que la recibió y le dijo con cierto escepticismo que si lograba hacerlo en menos de ochenta días la felicitaría públicamente. Escribió un libro de bitácora y fue informando puntualmente de sus avances. Setenta y dos días, seis horas, once minutos y catorce segundos más tarde, regresó a Nueva York. Tardó menos que su competidora, recibió premios y homenajes, pero su periódico no la compensó económicamente, a pesar de haber logrado un incremento de ventas histórico. Esto disgustó a Nellie que abandonó temporalmente el periódico y escribió un libro sobre su periplo que se vendió muy bien. Fue una inspiración para muchas mujeres que ansiaban salir de los límites que la moral del momento les imponía y para salir adelante cualquiera que fueran los problemas que se les plantease. Sorprendentemente, poco tiempo después, contrajo matrimonio con Robert Seaman, un millonario cuarenta años mayor que ella, propietario de empresas de acero. Durante los nueve años que duró su matrimonio se dedicó a estudiar e intervenir en la empresa de su esposo, de la que se hizo cargó cuando aquel murió en 1904. Aunque modernizó la empresa y dio un trato justo a los empleados, terminó quebrando y decidió regresar al periodismo. Durante la Primera Guerra Mundial fue corresponsal en Austria (os recuerdo que en España también teníamos una llamada Carmen de Burgos, alias «Colombine») y después regresó a su país donde continuó escribiendo sobre temas candentes, como el sufragismo femenino, la represión policial… Así hasta que falleció de neumonía en 1922, cuando sólo tenía 57 años. Por cierto este artículo se lo tengo que agradecer a mis hijas de diez años y su gusto por la lectura. Han sido ellas las que me han presentado a Nellie Bly a través del libro Las chicas son guerreras (Editorial Montena) y me han dado la fuerza para retomar la escritura una vez más. ~


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El Correo de Andalucía Sábado, 14 de enero de 2017

Escrito para... Hay libros estupendos, otros no lo son; y algunos, estando bien escritos y tratando asuntos de interés para el lector, acaban siendo una tortura. La literatura es así. Esta semana recomendamos algunas obras que pueden ayudar al lector a elegir con ciertas ...escuchar el texto

Electrónica para Clara Gabriel Ramírez {Esta novela de Guillermo Aguirre obtuvo el XV Premio Lengua de Trapo. No me he ocupado de leer lo que han escrito de Electrónica para Clara en blogs o revistas culturales. Supongo que, más de uno, habrá querido ver una narración en la que una generación se retrata con sus miserias a cuestas, con sus bondades y con esas cositas. Y es verdad que eso está aunque no es lo fundamental. Creo yo que el autor busca más la narración de estructura sólida. Alrededor de la música electrónica, claro. Y eso es muy difícil de conseguir por parte del autor y más verlo por parte del lector. Primer reto planteado por Aguirre que (ya le aviso desde aquí) no conseguirá superar el noventa por ciento de los lectores (soy generoso). Supongo que más de uno ha querido ver un desorden excesivo en la trama (sobre todo al principio de la novela). Y no, no hay desorden de ningún tipo. Lo que hay es un esfuerzo importante por construir la voz narrativa y cada uno de los personajes. Poco a poco, amontonando cuadros que perfilan las almas que aparecen a lo largo de la narración. Segundo reto planteado por el autor que comprobará con el tiempo que la falta de paciencia de los lectores tiene un límite y él lo ha sobrepasado para el, digamos, noventa por ciento de los lectores (más generosidad). Algunos habrán querido ver que la tensión narrativa es muy enclenque dependiendo de las zonas de riesgo expositivo. Y no, tampoco, lo que se dosifica es esa tensión para que todo

Guillermo Aguirre obtuvo el ‘XV Premio Lengua de Trapo’ con esta novela. / El Correo

vaya encajando. Mayores prisas hubieran convertido esta novela en un relato breve. Y, tengo la sensación, que muchos no se han enterado de casi nada. No es que sea una novela difícil, pero sí que es mínimamente exigente. Son cosas propias de la literatura aunque estén olvidándose. En definitiva, la novela es una buena novela. Arriesgada, a veces demasiado, primera novela por querer contar más de la cuenta, por querer dejar claro (cosa del autor) que es capaz de hacer las cosas bien. Personalmente creo que equivoca la estructura y el uso de algu-

...aburrirse

Melocotones helados Nirek Sabal {Premio Planeta 1999. Y no es una broma. Lo fue. Pocos libros me han desagradado tanto como este. Melocotones helados de Espido Freire es una historieta informativa que no puede calificarse de literatura (ni siquiera de la mala) porque carece de todo lo necesario. Todo se dice de forma explícita. Y, cuando digo todo, me refiero a todo, puesto que el afán por contar hasta la última cosa es casi obsesiva en esta autora. Esto es lo mismo que decir que escribe para lectores que no se enteran de nada, a los que hay que explicarles con pelos y señales lo que pasa. Pero da la casualidad que no, que los lectores no son tan tontitos como parece,

necesitan su espacio. Si no fuera esa la razón de escribir tanto y tan mal, sólo cabe otra posibilidad: la autora intenta decir no sé qué cosa y, como ve que no hay forma, da vueltas y más vueltas para ver si, finalmente, aparece lo buscado. El resultado es lamentable, desde luego. Cientos de líneas carentes de expresividad, conversaciones (que no diálogos) de los personajes que podrían haber mantenido en el portal de casa al cruzarse entre ellos (creo yo que no les interesa lo que dicen ni a ellos mismos), descripciones cursis que buscan un recurso estilístico empobrecido por la falta de talento y una historia completamente absurda. Es lamentable que la literatura se haya convertido en un mercado en el que vender libros es el objetivo final. Es lamentable que

nos recursos. Sobre todo el diálogo. Me temo que ese jugar al teatro esconde cierta incapacidad para crear las voces con solvencia (cuando el diálogo aparece en la narración la focalización es tan precisa que hace muy difícil conseguir resultados sin ayudas como las que el autor utiliza). Y me temo que esta novela ha sido corregida en exceso o escrita en distintos momentos (muy distanciados) haciendo que el ritmo se vea algo alterado sin justificación aparente. Pero, a pesar de esas cosas propias de un autor nuevo (todos los autores lo fueron y metieron la pata en los mismos terri-

torios), Electrónica para Clara es una obra que merece la pena. Les invito a que lo intenten. No se arrepentirán. Calificación: Buena. Tipo de lector: Capaz de ser paciente para descubrir lo importante. Tipo de lectura: Exigente aunque gratificante. No le sobran páginas. Argumento: No es lo más importante de la novela. Algo floja la resolución. Personajes: Bien perfilados. ¿Dónde puede leerse?: Pues yo lo he leído yendo de aquí para allá.

cientos de autores magníficos pasen desapercibidos porque no pertenecen al mundillo literario. Es una catástrofe que alguien crea que esto es literatura porque es lo que ha leído y no conoce otra cosa. Es triste para todos los que amamos el arte de escribir. No me extraña que la gente piense «yo también puedo ser escritor» después de leer este libro. Una pena. Calificación: Fatal. Tipo de lector: Yo, desde luego, no. Tipo de lectura: Muy aburrida. Engancha más bien nada. No le sobra una página. Le sobran todas. Argumento: Un desastre que mezcla cositas buscando la originalidad. Personajes: Creo que hay nombres, y alguna descripción, pero personajes, lo que se dice personajes, ni uno. ¿Dónde puede leerse? Si desea que le deje un novio al que ya no quiere, lea en voz alta, frente a él.


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Escrito para... garantías. ‘La mujer justa’ o ‘Electrónica para Clara’. Por otra parte, ‘Parejas’ es poco recomendable por su carga de cinismo aunque la escritura del autor está a gran altura. No podemos decir lo mismo de ‘Melocotones helados’ ...acompañar a seres de ficción

...conocer la justicia divina

Parejas

Carmen Daza {Parejas de John Updike es una gran novela que no me gustó nada. Me irritó enormemente la doble moral hipócrita del autor, que se regodea contando los detalles más escabrosos de las acciones de sus personajes, para después descargar la ira de Dios sobre ellos, para castigarlos por sus pecados. Toda la estructura de la novela está situada en la línea cristiana del pecador que goza, sufre castigo por sus pecados, hace penitencia por ellos y logra la redención. La novela está construida como una parábola, la ascendencia y caída social de Piet Hanema, quien al principio de la novela se nos presenta como un triunfador en la vida, con su negocio de construcción floreciente, su guapa y elegante esposa, sus hijas, su círculo de amigos en el que también va encontrando sus amantes para satisfacer una sexualidad que su mujer apenas le ofrece. Pero conforme la situación se va complicando la moralidad del grupo en general y de Piet en particular va decayendo: la insatisfacción y el aburrimiento les hace ir cada vez más lejos en sus experimentos sexuales, hasta que finalmente la situación acaba por estallar. Updike es un magnífico obser-

La mujer justa

América que refleja en su novela es una especie de Sodoma y Gomorra moderna cuyos habitantes acaban recibiendo su justo castigo por su inmoralidad. En el mundo que recrea, tras una fachada alegre y frívola, reina la sordidez de las miserias humanas, no hay sentimiento alguno que al final no resulte ser sórdido, egoísta, sucio. Updike es un moralista, pero además es un moralista hipócrita, porque el autor bien que se regodea en contarnos con pelos y señales, colores y olores todos esos actos sexuales que luego tanto condena. Me lo puedo imaginar babeando de placer mientras tecleaba sobre su máquina de escribir, el muy depravado.

Updike es un magnífico observador de la sociedad de su tiempo vador de la sociedad de su tiempo, sus retratos son grandiosos e implacables, pero su justicia divina y su cinismo son insoportables. La

Calificación: Muy bueno, pero irritante. Tipo de lector: Capaz de soportar una buena dosis de cinismo. Tipo de lectura: Apela desde el principio a nuestra curiosidad malsana. No le sobran páginas, eso hay que reconocerle a la obra. Argumento: La ascendencia y caída social de Piet Hanema en un barrio acomodado de las afueras. Personajes: Parejas americanas de clase acomodada durante la era Kennedy ¿Dónde puede leerse?: No hacerlo. Y si lo hace: usted verá.

Augusto F. Prieto {Sándor Márai es la voz olvidada de la gran literatura centroeuropea del siglo XX. Permaneció apartado de lo que él consideraba su patria, la lengua húngara, en un exilio que lo destruyó. Sin publicar demasiados años, no fue traducido al español hasta hace poco tiempo. Hoy es imposible concebir el ejercicio riguroso y elegante de la literatura sin la referencia de su nombre. Tres personajes, vivos, salen de entre las páginas del libro para hacernos jueces de su vida. Y nos sobrecoge la fuerza de sus argumentos y la contundencia con la que nos arrojan sus pequeñas mezquindades, que siempre son, por otra parte, las nuestras. Querríamos que nos mantuvieran al margen porque desmenuzan los más profundos sentimientos del ser humano, la felicidad, el honor, la decencia, la hipocresía. La narración encarna a través de esos monólogos a la más cabal burguesía de Budapest, cuando esta ciudad se comparaba con París por el esplendor de sus cafés y de su vida social. Un mundo que desapareció barrido por el viento de la guerra, pero cuya esencia reconocemos como base de la civilización. La mujer justa habla de la trampa del matrimonio. La prosa de Márai es densa y contundente. Las confesiones de sus personajes nos hieren en lo más profundo porque nunca sobreactúan, antes bien, mantienen el tono justo. Una novela que incide en el punto de vista para enfrentarnos con lo relativo de las relaciones humanas, con el engaño de amar y de vivir. Calificación: Obra maestra. Tipo de lector: Cualquiera. Tipo de lectura: Absorbente, profunda, hipnótica. Argumento: Cargado de presagios. Personajes: Salen del libro y se sientan en nuestro sofá. ¿Dónde puede leerse?: En cualquier parte.


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Libros ilustrados. Más que palabras

Todo el mundo sabe que la diferencia entre el turista y el viajero está en que el primero nunca termina de irse y el segundo nunca termina de volver. Pero, ¿qué pasa si se trata de un viaje espiritual, imaginario, literario? En los últimos meses, He aquí cuatro libros con alma de mapa. Sus autores y editores los crearon para que uno tuviera a su alcance toda la información necesaria para perderse convenientemente. Pero claro, como se pierde uno a través de los libros: para encontrarse. César Rufino {Sobre los viajes, al igual que sobre el tiempo, se pueden decir las cursilerías más detestables. Son conceptos tan sublimes, tan extraños si se piensa, que nos ponen líricos perdidos a la menor oportunidad. Del tiempo inquebrantable se comprende que sea así, porque uno nace, vive y muere por su culpa y eso lo hace absolutamente irresistible, inquietante, melancólico y, en fin, poético. Pero la magia del viaje responde a emociones mucho más esenciales, recónditas y arriesgadas. Los autores abordan este fenómeno transformador siempre que pueden, porque la literatura y el viajar comparten un parentesco tan irremediable que no pueden pasar demasiado sin verse, sabedores de que comparten un mismo destino. No hay más que echar una mirada a la mesa de novedades de las buenas librerías para presenciar esa hermandad, a veces metafórica, a veces literal, entre ambos. Y siempre que esta alianza –esta camaradería– se muestra, lo que se detecta en ella sobre todo es un profundo amor por los libros y por cuanto de bueno propician. Nada más abrir El viaje de Shackleton, en las guardas, aparece un rosetón que dice Este libro pertenece a... He ahí –ya que ha quedado dicho que se permiten las cursilerías– ese primer destello de amor; un detalle que recuerda la antigua importancia de los libros y que resalta el valor de su propiedad, como en los tiempos en que las personas los consideraban parte relevante de su patrimonio y anotaban en ellos su nombre. La editorial Impedimenta publica esta obra de hechuras generosas de William Grill sobre la última gran exploración épica de la Tierra: la que emprendió Ernest Shackleton el 8 de agosto de 1914 a bordo de su bergantín rompehielos Endurance (Resistencia, el lema de su escudo familiar) con idea de atravesar de océano a océano el continente antártico. «Me sentía extrañamente atraído por el misterioso Sur», había declarado este

El viajero imaginario

antiguo miembro de la tripulación de Scott en una de sus expediciones, antes de su mítico y trágico duelo con Amundsen. «Me prometí a mí mismo que un día iría a la región del hielo y la nieve, y que avanzaría sin descanso hasta llegar a uno de los polos de la Tierra». Nada más pasar revista a los compañeros de viaje de esta odisea helada se adquiere noción cabal del espíritu de la aventura: Frank Worsley, el capitán; Leonard Hussey, el meteorólogo de la expedición; George Marston, el artista; Reginald James, el físico; Robert Clark, el biólogo; James Wordie, el geólogo; Frank Hurley, el fotógrafo; Alexander Macklin, el cirujano... hasta llevaban dos polizones, Wiliam Bakewell y Percy Blackborrow, y 69 perros de las más duras razas, desde lobos hasta terranovas, llamados Amundsen, Bristol, Caruso, Jasper, Mercury, Rugby, Satán, Shakespeare, Soldier, Sue... Todos ellos compartieron una de las epopeyas más sobrecogedoras de

Junto a ellos viajaban 69 perros de las más duras razas, llamados Amundsen, Bristol, Caruso, Satán, Shakespeare... cuantas ha conocido el ser humano en su afán por domeñar el planeta y superarse a sí mismo. William Grill quiso ilustrar en esta obra la desesperada travesía de la tripulación del Endurance de forma casi esquemática, con el trazo y el color rudimentarios, en ocasiones casi con aires rupestres, infantiles, dejando amplios espacios al blanco y al azul, que es como decir a la infinitud de los hielos árticos, a la tentación de la desesperanza. Mapas literarios Trazado, un atlas literario lleva igualmente el sello de Impedimenta y, en esta ocasión, la firma de Andrew DeGraff como ilustrador y la de Daniel Harmon como autor de los textos y editor. Aquí son los mapas los que rinden ho-

Entre las pruebas de Astérix está resistir el encanto de las sacerdotisas de las islas del Placer y pasar una noche en la llanura de las apariciones.

menaje a los libros. El viaje de Ulises; el castillo de la ciudad de Elsinor de Hamlet; la isla de Robinson Crusoe; los parajes de Orgullo y prejuicio; los viajes en el tiempo de Ebenezer Scrooge guiado por fantasmas en Cuento de Navidad; la obsesión que embadurnaba la cubierta del Pequod en su vengativa búsqueda de Moby Dick; la circunnavegación increíble de Phileas Fogg (que no Willie, digan lo que digan los dibujitos animados) en La vuelta al mundo en ochenta días; la inteligencia infinita en La biblioteca de Babel de Borges... Son 19 textos basados en otras tantas destacadas obras literarias. DeGraff ya había elaborado mapas para varias películas (Star Wars, Indiana Jones, El resplandor, El señor de los anillos) con la idea no de describir el aspecto de los lugares, sino de componer espacialmente los escenarios, que es básicamente lo mismo que hace aquí. «Aunque estos mapas presentan entre sí muchas diferencias en cuanto a lo que se muestra y cómo se muestra, todos son el resultado de mi


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una excepcional hornada de libros ilustrados proponen al lector este tipo de experiencias, cada uno a su manera, con sus intenciones, con su propio estado de ánimo. Aquí van algunos. De momento, quienes los han leído no han regresado

‘Mamihlapinatapai’ es el entendimiento silencioso entre dos personas que piensan o desean lo mismo pero no lo dicen deseo de brindar un contexto espacial a algunos de mis escenarios literarios favoritos. Mi intención fue ilustrar aquello que antes había imaginado (o, más bien, aquello que los grandes autores me habían permitido imaginar)», escribe el dibujante en los prolegómenos de la obra. Los libros para viajeros imaginarios pueden ser, ya se ve aquí con estos ejemplos, tan variados como se quiera. Pero entre las novedades de los últimos meses hay uno especialmente sensacional. No destaca por lo voluminoso ni por su prestancia en los anaqueles; es, más bien, y quitando la llamativa tipografía de su cubierta, un librito discreto, pequeño, apaisado y de no muchas páginas pero que tras esa modesta apariencia da cobijo a un torrente descomu-

En la web de El Correo de Andalucía, elcorreoweb, se puede consultar toda la actualidad editorial en materia de libros ilustrados en España.

nal de emociones. Lo publica Libros del Zorro Rojo y lleva por título Lost in Translation, es decir, Perdido en la traducción. Su autora es Ella Frances Sanders, una joven de espíritu aventurero y fascinada por las diversas culturas del planeta que vive y trabaja en la muy turística localidad inglesa de Bath y que se define a sí misma como «escritora por necesidad e ilustradora por casualidad». Aquí ha tenido ocasión de lucirse en ambas facetas. Porque su labor ha consistido en transmitir al lector lo que reza el subtítulo: Un compendio ilustrado de palabras intraducibles de todas partes del mundo. La idea es de primera. Los amantes del lenguaje suelen jugar mentalmente con los términos preferidos de su vocabulario, y cuando o están ideando variantes para la definición de amor y de nostalgia se ponen a escarbar en la etimología en busca de tesoros enterrados; pero si algo excita su sensibilidad es desentrañar significados ocultos y sorprendentes en expresiones genuinas de una lengua que no en-

cuentran traslación a otras, y en concreto a la suya. Saber, por ejemplo, que en japonés se llama jomorebi a la luz que se filtra a través de las hojas de los árboles y boketto a perder la mirada en la lejanía sin pensar en nada en particular; que los noruegos denominan palegg a cualquier cosa que se le pueda poner al pan; que los portugueses sienten de un modo especial porque supieron inventar la palabra saudade para referirse con ella a un vago y constante deseo por algo, alguien que no existe, que alguna vez quisimos y perdimos; que para los ya escasísimos usuarios de la moribunda lengua australiana wagiman, murr-ma es el acto de buscar algo en el agua solo con los pies; y que los indígenas que comparten el yámana en la Tierra de Fuego, mamihlapinatapai es el entendimiento silencioso entre dos personas que están pensando o deseando lo mismo pero ninguno se atreve a expresarlo. Por si alguien pensaba que un indígena de la Tierra de Fuego se andaba con menos sutilezas que

un catedrático de Valladolid, en caso de coincidir en un ascensor. Es imposible saber leer y no sentir una sacudida ante alguna de estas expresiones y sus significados incompartidos, en los que se encuentran las claves del alma y de la ideología de las lenguas y de sus hablantes. Al final, las palabras, como los viajes, siempre conducen hacia intensas emociones. Con ellas sucede algo similar a lo que pasa con las especies naturales: que aparecen, se adaptan, evolucionan y, según las prioridades del mundo y sus posibilidades de supervivencia, triunfan y proliferan o bien se extinguen y se desvanecen con toda su riqueza y con la memoria de quienes formaron parte de ellas. Lo cual conduce hacia otro libro reciente que se citó en estas páginas semanas atrás y que es obligado citar en esta relación entre las letras, las ilustraciones y los viajes. Es nada menos que La selección natural, de Charles Darwin, con dibujos de Ester García y lanzado en un volumen elegantísimo y de gran belleza por Nórdica Libros. La misma editorial que lanzó el inconmensurable Atlas de las islas remotas, de Judith Schalansky, una de las obras más maravillosas que se han hecho en papel en lo que va de siglo. Sobre el blanco roto de sus páginas, La selección natural de Nórdica se va dejando acompañar por imágenes de una gran belleza donde las distintas criaturas, sin menoscabo de su realismo, aparecen retratadas en actitudes humanas, en una onírica interpretación del concepto de la evolución. Un libro que versa sobre la lucha universal por la vida, y para el que su autor se pasó cinco años (1831-1836) surcando los mares del planeta a bordo del Beagle y desentrañando los misterios de la adaptación en los sorprendentes seres que iba descubriendo. No solo animales. «¡Qué fugaces son los anhelos y esfuerzos del hombre y qué breve su tiempo!», escribe Darwin. «Así pues, ¡qué pobres serán sus productos comparados con los acumulador por la naturaleza durante periodos geológicos! ¿Podemos maravillarnos, pues, de que las producciones de la naturaleza tengan un carácter mucho más auténtico que las del hombre; de que estén infinitamente mejor adaptadas a las más complejas condiciones de la vida y que claramente lleven un sello de calidad muy superior?». Porque Darwin, como buen viajero y como buen escritor, también aportaba cursilerías sobre el tiempo, que es el deber de toda persona con sensibilidad cuando se asoma al precipicio de la existencia y traga saliva porque sabe que no hay otra salida que saltar. En Lost in traslation dicen que los suecos llaman resfeber al inquieto latir del corazón de un viajero antes de emprender el camino. Es lo mismo que se siente ante uno de estos libros. ~


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Libros

El autor de ‘El síndrome Chéjov’ regresa al relato con ‘Entre malvados’ (Páginas de Espuma), un libro que explora las zonas oscuras de la realidad cotidiana, desde el acoso escolar al terrorismo. Recomendaciones

POESÍA

Ángel Petisme / El dinero es un perro que no pide caricias / Gobierno de Aragón

Compromiso y rock and roll

MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ

«Si no reflexionamos sobre la realidad, ella lo hará por nosotros» Alejandro Luque {Para muchos es el autor del blog El síndrome Chéjov, uno de los más atentos observatorios digitales dedicados al relato en español. Pero Miguel Ángel Muñoz (Almería, 1970) es un serio artífice de narraciones breves, y con este género regresa en Entre malvados, su último libro, que vio la luz recientemente en Páginas de Espuma. «Ha sido un proyecto que he ido desarrollando poco a poco», explica el autor. «Los primeros relatos los escribí a los pocos días del 11-M, y lo he terminado en 2015, con el auge del yihadismo. Y sin embargo, creo que al final es mi libro más unitario, se fue construyendo así», añade. Según el autor almeriense, «en estos 11 años he visto cómo se iba filtrando toda la realidad en lo que escribo, y el modo en que ésta nos ha ido cambiando. Ha sido una década en la que el mundo», dice. Y no siempre para mejor: los relatos de Muñoz están empapados, como su título indica, de la maldad humana en sus más variadas manifestaciones, desde el acoso escolar al terrorismo global. «Más que sobre la maldad, es un libro sobre los malvados y las manifestaciones de la maldad», puntualiza Muñoz. «A veces irrumpe la violencia, otras no, pero queda claro que es algo presente en todas partes, un elemento

casi basal de la realidad. No está escrito con intención periodística, pero al final tampoco he podido evitar referirme a asuntos de actualidad, como el bullying, si bien lo planteo como debate social». «Echo de menos leer libros en los que yo sepa de qué mundo me están hablando», comenta el autor de La familia del aire y de novelas como La canción de Brenda Lee y El corazón de

El escritor Miguel Ángel Muñoz./ Lisbeth Salas

«Echo de menos leer libros en los que yo sepa de qué mundo me están hablando» «La educación rompe el ciclo de la violencia, que es como un buen virus, sabe adaptarse» los caballos. «Creo que en la lectura debemos encontrar una crítica, una guía, una reflexión. Estoy convencido de que, si no reflexionamos sobre la realidad, ella lo hará por nosotros». Por otra parte, Miguel Ángel Muñoz opina que «la violencia es más violencia cuando no se habla de ella. Literariamente me interesa porque aquellos que joden la vida, cuando se convier-

ten en personas respetables, transmiten esa maldad a las víctimas», asegura. «La ilustración, la educación, es otro de los temas del libro. Es lo que hace que se rompa el ciclo de la violencia, para que no se vuelva infinita. Porque la violencia es como un buen virus, que se adapta al cuerpo». Pero Entre malvados no solo se ocupa de estos temas sórdidos: también aborda materias como la relación entre padres e hijos, y hay una pieza que entra en el terreno de lo fantástico, «casi una distopía», subraya Muñoz. «Fue un relato muy laborioso de escribir, ya que quería hablar del fracaso del proyecto de la ilustración, y qué podemos hacer para enfrentarnos a quienes ocupan los espacios vacíos», explica a renglón seguido. «También me interesaba jugar con los códigos del asesino en serie, por ejemplo, para hacer mezclas curiosas», agrega el escritor, que llega a reunir en estas páginas a figuras tan diferentes como Rousseau y Arthur Miller. Por último, cuando se le pregunta cómo interviene el agudo lector que es Miguel Ángel Muñoz en su propia obra, reconoce que ha ido aparcando un poco la obsesiva lectura de los relatos. «El cuento me gusta tanto como la filosofía o el cine, pero llevo dos años que prácticamente no leo narrativa breve, necesito cambiar un poco». ~

A. Luque {Paralelamente a su conocida trayectoria como cantautor, el bilbilitano Ángel Petisme ha venido desarrollando una obra poética sólida, coherente y –no podía ser de otro modo– muy conectada con su faceta musical. En su última entrega, El dinero es un perro que no pide caricias, que obtuvo el premio Miguel Labordeta 2015, encontramos al Petisme capaz de crear potentes imágenes junto al autor comprometido, siempre atento a abrazar las causas que valen la pena para ayudar a construir un mundo mejor. El volumen, cuyo título viene inspirado por una frase de la película El capital de Costa-Gavras, comienza con un largo poema en el que el autor rinde tributo a sus ídolos musicales; más adelante pasa de un canto de amor a Venecia a un feroz alegato anticapitalista en el que –a la manera de su compadre Aute– hace una comparación entre el dinero y la poesía, y concluye evocando los días del 15-M y las acampadas en la madrileña Puerta del Sol. «El dinero es cobarde, tiene mil ojos y escaleras/ mecánicas, nunca se moja/ ni busca problemas, se nutre de masacres,/ de coca y de fanfarria,/ de crímenes cotidianos, traiciones dentríficas...», dice en unos versos. Poesía del aquí y del ahora, para todos los públicos –pero sin bajar el listón de calidad–, poesía de la que conserva intacta la fe de la literatura para cambiar el mundo o, al menos, algunas mentalidades. Poesía de alguien que quiere apurar el vaso de la vida hasta el fondo, que ama la belleza y la emoción sin aspavientos. El autor de Constelaciones al abrir la nevera y Buenos días, colesterol se nos revela en plena forma y dispuesto a dar mucha batalla. ~

Aladar 123  

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