Un día, apareció por allí el Garzón Soldado. –¿Qué te pasa, Lom? -preguntó. –¡AY! Es que me pica -se quejó Lom. –Tienes que peinarte -dijo el Garzón Soldado.
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Un día, apareció por allí el Garzón Soldado. –¿Qué te pasa, Lom? -preguntó. –¡AY! Es que me pica -se quejó Lom. –Tienes que peinarte -dijo el Garzón Soldado.