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LEISHMANIOSIS CANINA: ¿QUÉ HA CAMBIADO? En las últimas tres décadas hemos observado una evolución de la distribución del vector, principalmente debido al cambio climático, así como otros factores que han afectado en gran medida al progreso de la distribución y prevalencia de esta enfermedad.
GUADALUPE MIRÓ Catedrática de Sanidad Animal de la Facultad de Veterinaria de la UCM Diplomada por el Colegio Europeo de Veterinarios Parasitólogos Responsable de la Consulta de Patología Infecciosa y Parasitaria del Hospital Clínico Veterinario de la UCM En las últimas tres décadas se han producido cambios muy importantes en la leishmaniosis; no tanto en su cuadro clínico como en lo referente a su diagnóstico y control (tratamiento y prevención) y, especialmente, en su epidemiología.
EPIDEMIOLOGÍA
En la leishmaniosis canina (LCan) se dan factores epidemiológicos muy importantes asociados al vector y a la distribución de este. En 2005, Javier Lucientes (Universidad de Zaragoza) publicó unos mapas en los que se apreciaba que, mientras Phlebotomus ariasi era muy prevalente en general en la Península y Baleares, Phlebotomus perniciosus estaba mucho más localizado, especialmente en la cuenca mediterránea. Sin embargo, estudios realizados por el mismo Lucientes en 2018 demuestran que la distribución reciente de P. perniciosus es mucho más amplia que antes, y ya se puede encontrar esta especie prácticamente en toda la Península y Baleares. De hecho, hoy en día esta especie es el vector más importante de la LCan en nuestro país. Además, ha aumentado la densidad del vector, que en algunas regiones es incluso el triple que en décadas anteriores. No obstante, lo más relevante es que se ha prolongado su periodo de actividad, que antes se circunscribía al periodo junio-septiembre, debido fundamentalmente al cambio climático (Lucientes et al., 2005; Gálvez et al., 2011; Koch et al., 2017).
En Europa hay otras especies de Phlebotomus que han demostrado ser vectores de la infección. Y actualmente existen dudas con respecto al papel de otra, P. mascitti, que es muy prevalente en regiones del centro y el norte de Europa y, aunque todavía no ha demostrado tener capacidad vectorial, podría llegar a ser competente y actuar como transmisor de la LCan (Naucke et al., 2018). Además, centrándonos en el perro, cabe destacar que cada vez hay más dispersión de casos importados (por ejemplo, en regiones frías no endémicas o, en las endémicas, en periodos poco habituales) y casos autóctonos en zonas que no se consideraban endémicas, ligados a transmisiones por vías distintas a la vectorial (figura 1). Por otro lado, aunque el perro sigue siendo el reservorio principal, se han descrito otros a raíz, por ejemplo, del brote que apareció en Madrid en 2009. La dispersión de la infección tiene mucho que ver con la carga parasitaria que tienen el vector y el hospedador: Courtenay et al. (2017) habla de los “supercontagiadores”, individuos que tienen una capacidad de dispersión muy elevada y transmiten dosis infectantes altas y, por tanto, muy eficaces de parásito a los vectores. En consecuencia, estos serán muy eficientes en la infección y darán lugar a picos importantes de enfermedad que, seguramente, serán de carácter grave. Es el caso del Bóxer, cuya predisposición racial le lleva a presentar una R0 (número promedio de casos nuevos que se generan a partir del caso primario en una población susceptible) muy alta (Dunan et al., 1985; Allet et al., 2002; Quinnell et al., 2003; Miranda et al., 2008; Quilez et al., 2012). Por su parte, la globalización también contribuye a la dispersión de la LCan: el movimiento de animales y personas hace que la
infección se multiplique exponencialmente y aparezca en zonas donde antes prácticamente no existía. Es el caso de los animales provenientes de España que son adoptados en países del Norte de Europa: llegan a su destino tras un viaje largo, estresante, y pueden desarrollar la enfermedad que hasta entonces era latente (los casos importados en Alemania ahora mismo son en torno a 100.000). Cabe destacar que este año se ha detectado el primer caso de LCan diagnosticado en Islandia, tal y como informó la OIE: se trata de un perro importado desde España en 2018, cuya enfermedad no se ha manifestado hasta principios de 2020. Con respecto a España (figura 2), existen zonas hipoendémicas (en amarillo en el mapa), pero ya hay casos en toda la zona norte del país, asociados al movimiento de animales desde el sur. La zona central es, en general, endémica, mientras que algunos casos del sur, Orense, Cáceres, Baleares, etc. son hiperendémicas. La transmisión más importante en zonas endémicas es la vectorial. En zonas no endémicas el parásito tiene otras opciones para lograr la transmisión: vertical, sexual, transfusión sanguínea y contacto directo (esta última se plantea como posibilidad en casos en que no se ha confirmado ninguna de las vías anteriores).
Reservorios Existen tres tipos de reservorios de L. infantum: • Primario: el que mantiene siempre la R0 por encima de 1. • Secundario: puede transmitir la infección pero no mantener la transmisión en ausencia del hospedador primario. • Accidental: el hospedador puede infectarse pero normalmente no transmitirá el parásito.
Actualmente se conocen muchos reservorios, ya no solo el perro, y este es uno de los cambios más importantes que ha habido en la epidemiología de esta enfermedad: cánidos silvestres, rata negra, gato, caballo, marta, jineta, lagomorfos, etc. De hecho, las liebres y conejos infectados fueron clave en el brote de Fuenlabrada y hasta entonces nunca se había oído hablar de estas especies como reservorios. Con respecto al gato, y estudiando gatos vagabundos de la zona del brote, la prevalencia fue muy baja y no hubo ningún animal enfermo. Se muestrearon 5.200 perros, de los cuales más de 2.000 eran callejeros, en los que la prevalencia media fue muy baja en la zona del brote (5%), incluso más baja que la prevalencia media de Madrid (7%). En perros de caza también las prevalencias halladas fueron bajas, de alrededor del 2%. Además, se constató que los perros estaban bien protegidos en un 80% de los casos. Por tanto, quedó claro que el perro no actuó como hospedador primario en este brote. Con respecto a la fauna salvaje de zonas endémicas como Madrid (zoológico, Faunia), en 2015 se analizaron muestras de varios ejemplares de wallabí de Bennett que habían fallecido de muerte súbita y mostraban anemia, trombocitopenia, esplenomegalia muy marcadas: fue la primera vez que se demostró la presencia de la infección por L. infantum en marsupiales. Actualmente se habla de un nuevo hospedador: los grandes simios. El orangután ha sido el primero de ellos en los que se ha demostrado la presencia del parásito.
DIAGNÓSTICO
Además del examen físico, se debería realizar hemograma, bioquímica (con un buen perfil renal), urianálisis y serología cuantitativa. De hecho, en algunos casos podemos obviar la PCR: un perro con signos clínicos compatibles y una serología con dos títulos
Casos importados Casos autóctonos Extensión previsible Zonas endémicas recientes Zonas endémicas clásicas
Zona 1: 0%. Zona 2: 0-7%. Zona 3: 8-16%. Zona 4: >16%.
FIGURA 1. Distribución de la LCan en Europa.
Bourdeau PJ. Emergence of canine leishmaniosis in new regions, is development in non-endemic areas a risk? 6th World Congress on Leishmaniasis. Toledo, Spain, 2017.
FIGURA 2. Prevalencia de LCan en España.
Gálvez R, Montoya A, Cruz I, Fernández C, Martín O, Checa R, Chicharro C, Migueláñez S, Marino V, Miró G. Latest trends in Leishmania infantum infection in dogs in Spain (Part I): mapped seroprevalence and sand fly distributions. Parasites & Vectors 13:204. 2020.