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Introducción

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rácticamente todo mundo conoce la historia de Jonathon Heat y Sara Carter. Es moneda corriente, que nos fue revelada por mil encabezados de periódico, artículos de revista, boletines de noticias, programas de TV e interminables comentarios en radio. La absoluta celebridad de Heat fue un factor que le dio a la historia tal interés universal. Mientras lo tuvo, su rostro fue quizás el más famoso del planeta. Llevamos años oyendo hablar sobre él, pero la extraña naturaleza de sus crímenes y su terrible destino han hecho que esta historia en particular sea el legado más perdurable que nos dejó. Sara es otra cosa. Nos llega como un misterio, una figura sin explicación. El que nunca haya querido o podido hablar ha llevado a interminables especulaciones acerca de ella, pero la historia de sus esperanzas y sueños, y el papel que ella jugó en la terrible manera en que se cumplieron siguen siendo escurridizos. ¿Qué tanto planeó ella? ¿Estuvo ella siempre en control, o fue sólo la víctima inocente de Heat y su cirujano, Wayland Kaye? El propósito de este libro es tratar de arrojar algo de luz sobre la chica en sí. Como alguien acostumbrado a tratar de crear una impresión de la verdad, investigar la verdad real ha resultado un asunto complicado. Tanto Heat como Sara parecen haber sido maestros del fingimiento, con apenas una idea muy tambaleante de quiénes eran en realidad o de qué querían ser. Heat, desde luego, está en prisión. El destino de Sara quedó más abierto a la especulación. Desde que no se presentó en el tribunal a dar evidencia, los rumores han circulado ampliamente; la locura o la muerte, o la terrible naturaleza de sus heridas parecen ser las opciones más probables, pero hasta la fecha nadie está muy seguro. Soy un novelista haciendo el trabajo de un periodista, y mi cometido ha sido llegar a 5

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lo que la gente pensaba y sentía, y cuáles fueron sus motivaciones, tanto como simplemente describir cómo se desarrollaron los eventos. Lo que pasa en el corazón de la gente es una cosa notoriamente difícil de saber. Yo he hecho cuanto he podido por entender más que especular, pero francamente, me ha asombrado lo difícil que es encontrar la verdad concluyente aún después de la investigación más exhaustiva. Todo lo que sucede es filtrado por la opinión y la memoria, y por supuesto por cuánto quiere que sepas la gente. No hay dos personas que recuerden algo exactamente de la misma manera. Hice cuanto pude por verificar todo antes de ponerme a escribirlo. Sobre todo, hice cuanto pude por no traicionar a Sara. He podido hablar con casi toda la gente involucrada en los eventos que sucedieron en Cheshire en el 2005, excepto desde luego con los dos protagonistas principales. Aun con todos los contactos en la mano, Sara ha resultado ser increíblemente escurridiza. Le contó tantas versiones diferentes de lo que estaba pasando a tanta gente, que es como si hubiera hecho todo lo posible por extinguir su persona verdadera en favor de su propia leyenda. Quizá ésa es la naturaleza de su tragedia. Como una figura religiosa o un personaje de un mito, no es nada de lo que haya dicho ni hecho, sino su propia historia la que irrumpe en nuestra atención e inspira nuestra imaginación. En ese sentido, logró de manera sobrada su ambición de hacer que la fama en sí misma fuera una obra de arte. Sin embargo, he tenido acceso a un material muy valioso: el diario en vídeo que Sara llevó por temporadas a través de los años, incluyendo durante su estancia en la Granja Home Manor. Ésta puede ser nuestra única oportunidad de volver a oírla hablándonos directamente, así que empecemos con eso cuanto antes. Aquí está hablando de su novio, Mark, unos cuantos días antes de que ella entrara al hospital donde conoció a Jonathon Heat.

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Sara – 2 de abril de 2005

(Sara está sentada en una silla mirando hacia un lado de la cámara, como si hubiera alguien más allí sentado hablando con ella. Pero la suya es la única voz que escuchamos. En realidad, finge que la están entrevistando para la TV. Ocasionalmente lanza una mirada a la cámara y examina algo —probablemente pueda verse en un monitor—. Otras veces, olvida dónde está y casi parece estar hablando sola. Es como si estuviera resolviendo sus propios pensamientos y sentimientos a través de esta entrevista fingida).

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o, eso no es cierto. Sí lo amaba, de veras que sí. Todavía lo amo. Pero tiene que funcionar. El amor no es lo mismo que la compatibilidad. He tenido que aprenderlo. Es una lección difícil. Una pensaría que el amor basta. Mark era demasiado diferente a mí. Tenía que terminar. (Hace una pausa como si le estuvieran haciendo una pregunta). Pues parecíamos llevarnos muy bien, pero al final resultó que somos perfectos opuestos. Él piensa, onda, que la gente sensata son los que tienen todo resuelto. Como si ellos fueran a heredar la tierra. (Se ríe). Como si la sensatez fuera lo máximo. Cualquier cosa importante que hagas tiene que ser sensata, así es Mark, mientras que yo, quiero que todo lo importante que haga sea inesperado — bastante dispuesta a torcerlo todo. Yo lo asustaba, creo. “Vas a salir lastimada”, me decía, pero quizá lo que en realidad quería decir era que él iba a salir lastimado. Acostumbraba hablar de todo esto como si ya hubiera sucedido. O sea, como si pudiera sentarse y arreglar el futuro con papel y lápiz. ¡Uno no arregla el futuro! El futuro te arregla a ti. Para ver el futuro tie7

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nes que ser capaz de profetizar, y quienes pueden hacerlo no son las personas sensatas: es la gente que no tiene ni puta idea de qué está pasando, los que no saben absolutamente nada son los que pueden ver el futuro y fantasmas y eso. Yo lo he hecho. Quizá algún día hable sobre eso. Él quiere asegurarse de que empacó suficientes pantalones para el viaje de la vida. Bueno, pues yo a lo mejor ni siquiera traigo los pantalones puestos. Ustedes creen que yo me las sé todas, pero no sé ni madres —esa soy—. No sé quién soy, ni siquiera sé qué soy. Por eso puedo ver el futuro. ¡Así soy de sensata! (Se ríe, tan deleitada por sus propias palabras como si las hubiera dicho alguien más. Se inclina hacia delante a un espejo oculto y se arregla el pelo, luego se reclina y suspira). ¡Quédate con la carne, chico! Yo soy el espíritu. Aunque vaya que él es la carne. A veces me destroza la cabeza, lo deseo tanto. Eso es lo que más extraño. Estar cerca. Es alguien a quien te puedes acercar mucho. (Sara baja la vista y juguetea con su blusa, frunciendo el ceño, como si hubiera olvidado dónde está). Estábamos acostados en el sofá de su departamento. Acabábamos de estar ocupados. Ocupados como abejitas, decíamos. Yo estaba allí acostada con una falda puesta y prácticamente nada más y él me había subido la camiseta y estaba más o menos adorando mis bubis. Adoración de bubis. —Preciosas. Como cachorritos. Como cachorritos tibios con las naricitas rosas y calientes —decía, y me ponía la carne de gallina respirándoles encima. —Pues aprovéchalas, porque no van a estar por aquí mucho tiempo —le dije. —¿Qué quieres decir, no pensarás ponerlas a dormir, verdad? — dijo. (Se ríe). Me hace reír, le perdono lo que sea por hacerme reír. También extraño eso de él. ¡Sí! ¡Un chico me tiene que hacer reír!

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—Ya empecé a ahorrar —le dije. Él sabía de qué estaba hablando. Lo decía en serio. Quería decírselo porque es mi novio. Está involucrado. O sea, debería ser mi alma gemela o algo por el estilo, pero eso es demasiado pedir de alguien que sólo es sensato. Ya sabía que nos íbamos a pelear por eso. Da gracias que traigo la ropa puesta, debajo es un desastre. Ni me hables de celulitis. Es asquerosa. Esta chichi me queda prácticamente abajo del brazo cuando me acuesto. ¿De qué sirve eso en una sesión de fotos? —Tienen cinta para chichis para arreglar eso —dijo. ¡Cinta para chichis! Quiero verme así naturalmente, cualquiera puede usar cinta para chichis. Y ésta es más grande que esta otra, las dos apuntan a los lados cuando me paro y de todas formas — sobre todo—, son muy pequeñas y no tienen la forma correcta. Se tienen que ir. Necesito chichis nuevas. En realidad necesito todo un cuerpo nuevo. Engordo cuando estoy a dieta. Engordo con sólo respirar. Puedo convertir el aire en grasa. Es un don que poseo. (Sus propias palabras le sacan una risita). ¡Le hubieras visto la cara! Como si le estuviera quitando su cochecito favorito o algo por el estilo. —¡No puedes hacer eso! Son mías —dijo. Le dije: —Nomás son prestadas, amiguito, que no se te olvide. Dice que son hermosas, pero sólo lo dice por ser amable. —¿Cómo puede haber algo mejor? —dice; pero hay muchas cosas mejores. Demasiadas cosas mejores, ése es el problema. Hasta ese momento todo era juego, pero luego se me empezó a poner todo serio. —¿Sabes lo que te hacen cuando te haces eso? —dijo—. Te cortan aquí, todo alrededor del pezón. ¡Güey, te lo dejan colgando de una orillita! Te dejan el pezón colgando de una orillita mientras te cosen bolsas adentro de las chichis, es como tortura. ¿Y luego sabes qué? Pierdes sensibilidad. Cortan montones de nervios cuan-

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do lo hacen y nunca te vuelven a salir. El sexo nunca volverá a ser tan bueno. —No me importa —le dije. O sea, si quieres ser una obra de arte, tienes que sufrir un poquito. Todo es parte del paquete. Pero me emputó que se pusiera a hablar de cortadas y cosas de ésas. No era lo que quería oír. Discutíamos mucho, por todo. Al principio era divertido, era como un juego, hacíamos como si el otro estuviera actuando raro. Pero luego empezó a ser como si yo fuera la rara y él sólo estuviera fingiendo. Como si él acabara de darse cuenta de que no era sólo un juego. Dice que me ama. Yo no tengo tiempo para el amor. Por Dios, tengo diecisiete años, sólo estoy practicando. Amor, ¿qué es eso? Personalmente, yo soy obsesiva. ¡Pasión! Cree que me importa mucho. No lo sé. Total que lo de mis chichis fue un pleito tremendo. Yo quería discutir con él la clase de oportunidad que yo iba a tener. Quería que participara, ¿me entiendes? O sea, tu novia quiere discutir sus bubis contigo, de veras quiere saber qué tipo de chichis te gustaría que tuviera —de veras te está dando la oportunidad de ayudarla a diseñar las chichis perfectas—, ¡y lo único que haces es echarle bronca! ¿Qué onda con eso? ¿Qué se metió? ¿Quién es el raro, a ver dime? ¿No sabe reconocer una buena oferta ni cuando se la ponen en bandeja de plata? Le ofrezco un boleto con el que cualquiera soñaría, ¿¡y me empieza a decir lo que puedo y no puedo hacer con mis propias chichis!? (Se las agarra con las dos manos. Se ve indignada). ¡Mis propias chichis! Yo hasta ahí llegué. Me tenía harta. Ahuecando el ala. Empaca tus maletas y vete. Me dolió mucho, ¿pero qué más podía hacer? A veces me lastimaba a mí misma. Él también estaba deshecho, por lo menos eso parecía. Sólo dame otra semana, dame otra oportunidad, era broma, dijo. Pero ya había durado mucho tiempo. Cada vez que yo hablaba sobre mis ambiciones él se ponía celoso y trataba de hacerme entrar en razón.

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Bueno, pues para alguien como yo eso equivale casi a maltrato, tener a alguien refregándote la sensatez en la cara. Lo extraño, sí lo extraño. Pero enfrentémoslo, le di otra oportunidad. Allí estaba: suplicando que le diera otra semana, sólo otra semana, danos una última oportunidad, así que se la di y luego, ¿qué crees? ¡Nunca lo volví a ver! ¡Le digo oquéi y me deja! ¿Qué onda con eso? (Se traga sus lágrimas y en vez de llorar se enoja). ¡Como si le valiera! Es súper mala onda. Y ahora me imagino que estará sentado en algún lado esperando a que yo lo contacte. Me imagino que tendrá el corazón deshecho por mí, pues que se joda. Me humilló. Nadie me trata así y se sale con la suya. Si nunca lo vuelvo a ver, me va a parecer muy pronto. Así que por eso le escribí una canción que les voy a cantar esta noche, sobre lo mierda que se portó conmigo, para que todo el mundo sepa cómo es. (Saca una guitarra de atrás de su silla y canta). Mark Gleeson es una cagada, Mark Gleeson es una cagada, Mark Gleeson es una cagada, que chingue a su madre. Su teléfono es 0161 352 7980 Háblale y dile lo mierda que es. Me rompió el corazón. Me rompió el corazón y me hizo llorar. (Llora). Pero lo voy a superar. Voy a ser famosa. (Se seca las lágrimas). Ya lo decidí, no tiene caso tratar de convencerme de que no. Arte sobre piernas, decía Mark, pero no estoy hablando de eso. La gente dice que soy guapa así, pero hay montones de chicas más bonitas que

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yo, o más sexys que yo o lo que sea. Ése no es el punto. Hoy en día cualquiera puede ser bonita. Cualquiera puede tener buenas chichis y la cara bonita. Talento —tampoco es eso—. Cualquiera puede tener talento. Te entrenan, te trabajan la voz. Si no sirve la arreglan en el estudio. El mundo está lleno de talento. El talento es barato. Es como cuando la gente te ve y piensa: Ah, es más chiquita en la vida real, porque, ves, en realidad, no eres de la vida real. Como cuando la gente te empieza a hablar en la calle o en el camión porque creen que te conocen, pero nunca antes te habían visto, o como si tuvieras un secreto que quieren saber pero saben que nunca van a poder. Como si fueras una bendición. Hay algo en ti que los inspira a ser más que ellos mismos. Eso es. Eso quiero ser. Exactamente así. Algunas personas quieren ser famosas para que todos sepan quiénes son. No entendieron nada. La cosa no es quién te conozca ni quién seas. Es ser más de lo que eres. No es lo que hagas: es lo que haces hacer a otras personas. O sea, yo soy famosa hasta cuando no me está viendo nadie. Soy famosa desde antes de ser famosa. Quiero serlo para que cuando la gente me vea piense cosas que nunca había pensado antes —que piensen cosas que ni siquiera sabían que podían pensar—. Es arte. Lo miras, y a lo mejor te resulta de lo más molesto porque nunca lo vas a poder entender. A lo mejor no hay nada que entender, pero de todas formas es fascinante. Y todo el tiempo, justo en la orilla de tu mente, hay pensamientos que acechan como animales salvajes, y sentimientos que nunca habías tenido. No puedes descifrarlos, no sabes si son monstruos o ángeles y tienes miedo de entenderlo porque en una de ésas podrían salir de golpe y cambiar toda tu vida. ¡Toda tu vida! Sí. Así soy yo. ¡Toda tu vida! Mark me decía que era una wannabe, pero yo digo que soy una gonnabe: voy a serlo. Ésa es la diferencia. Lo sé. Soy arrogante. Pero es verdad lo que digo, no lo puedo evitar. Lo llevo en los huesos. Y él hubiera podido estar ahí conmigo. Ahora míralo. Lo acaban de dejar atrás.

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(Mira fijamente a cรกmara con una expresiรณn de susto. Luego ve su expresiรณn y levanta una mano hacia el lente). Corte. (Se seca las lรกgrimas y apaga la cรกmara).

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