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Para los abuelos: por el bizcocho de almíbar de limón y por todos esos días soleados junto a la orilla del mar. LOS JOLLEY-ROGERS Y LA CUEVA DE LA MUERTE Una publicación de Ediciones Fortuna www.edicionesfortuna.com www.facebook.com/edicionesfortuna Copyright © 2015 sobre la presente edición Título original: The Jolley-Rogers and the Cave of Doom First published in the UK in 2015 by Templar Publishing, an imprint of the Bonnier Company Limited, Copyright © Jonny Duddle 2015 Traducción: Jaime Valero Martínez Primera edición. Reservados todos los derechos. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos 5HSURJUi¿FRV VLQHFHVLWDIRWRFRSLDURHVFDQHDUDOJ~QIUDJPHQWRGHHVWDREUD ZZZFRQOLFHQFLDFRP

ISBN: 978-84-943094-1-0 Materias IBIC: YFC-YFU-2ADS-5AG Depósito legal: BI-1007/2015 Impreso en España


Los JOLLEY-ROGERS

y la

CUEVA de la MUERTE JONNY DUDDLE


¡ Tr e s m au l l i d o s de gato endemonia do!

dos i ñ u r eg d r ! a ¡ U n p e rd o v i e j o de c

as L a s g av i o t g ra z n a n : ha « ¡ L a h o ra llegado!».


ÂĄB Ăş h o s, le c h u z a s, sa p o s y tr u fa s, fa r ole s d e g a s y c ald e r o s co n bu r b u ja s ! ÂĄTra e d n o s p ira ta s , lo p id e n la s b r u ja s!


¡Pin za s de ca ng re jo , ce re br os de co ne jo ! pe sc ad o, ¡A lg as m ar in as, en trañ as de he la do ! al go dó n de az úc ar y co no s de os ¡Cab ez as co rt ad as de m ar in de sc ui da do s!

¡G all et a s, gu sa no s, pe lo s de pe rr o, m ed ia pi nt a de l gr og de l a bu el o! ¡Pes ca do co n pa ta ta s y pu ré de gu isa nt es, pi co s de gavi ot a y lo m br ic es pa rl a nt es !


¡Ver ru ga s, gra no s, fo rú nc ul os y ju a ne te s, salsa pi ca nt e de pe rr ito s calie nt es ! ¡D ul ce s, ca ra m el os y de m á s ch uc he rí a s, go rg oj os, pi oj os y ra na s co n es tr ía s!


¡Mezcla, bien, o l a t n é i l a c remueve, e ra y u m l a s a h c e rcel! c a c a d e co gotas s a n u e d a ñ ¡A mono, e d e r g n a s e d r e sa r á p a s lo n ió ic a s í la m ald a todos!


¡Acer ca os, lob os de ma r! ¡Ve nid a ve r el or o qu e est a cu eva ofr ece rá ! ¡A v e n i d a c e r c a o s, ¡ Es t e e Te s t a B r u j i l d s nues a! t r o te m i ra d qué joy soro, as tan lin das!


1.

L OBOS

DE

M AR

—¡Necesitamos un día de playa! — dijo el señor Jolley-Rogers. No sabía muy bien por qué lo había dicho. Lo dijo sin más. Pensaba alquitranar la vigota, pero de pronto sintió una extraña urgencia por construir un barco de arena. —Estaba pensando lo mismo —dijo la señora Jolley-Rogers, que, momentos antes, le había dicho a Preciosa que no hacía suficiente sol para pasar un día en la playa. —¡FAB ULOSO! —dijo Preciosa, que

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estaba sacando gusanos de una galleta náutica rancia para formar con ellos un collar viviente y palpitante. Al principio fue divertido, pero los gusanos se meneaban para escaparse y se le caían sobre el vestido. Si iban a la playa, podría recoger conchas y algas y crear un collar mucho menos palpitante. Jim Lad, el hermano mayor de Preciosa, salió de la cubierta inferior.


—¿A dónde vamos, papá? —Este parece un buen sitio —dijo el señor Jolley-Rogers, que ya estaba señalando un punto en el mapa—. UMMM, Testa Brujilda. Trazaré una ruta. ¿Quién quiere tomar el timón? —¡ARRR! —exclamó Preciosa, que saltó sobre un tonel y agarró el timón con una mano mientras se rascaba el trasero con la otra. Graznido, el loro, revoloteó en torno a sus pies, devorando los gusanos que caían en tromba sobre la cubierta.


Jim Lad salió corriendo con un catalejo. Su madre desplegó la vela del trinquete. El padre quitó la tapa de la brújula, abrió una bolsa de caramelos y gritó: —¡Rumbo noreste hacia Testa Brujilda!


—¡TIERRA A LA VISTA! —gritó Jim Lad desde el puesto del vigía unas horas más tarde. Se había levantado un poco de viento y empezaba a lloviznar, y a Jim se le entumecieron los dedos mientras se apresuraba a replegar la gavia. «Un tiempo de playa perfecto», pensó mientras descendía por una soga para reunirse con el resto de su familia en la cubierta. —Yo me quedo aquí —dijo el abuelo, que hacía rechinar su mecedora adelante y atrás con el ceño fruncido y una enorme botella de grog en su mano buena. El abuelo rara vez salía del barco. Aseguraba no

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haber puesto un pie en tierra firme desde que el rey ordenó que le cortaran la mano derecha hacía muchos años como castigo por ser un pirata. Jim no sabía si creerlo. —No me haréis bajar a tierra firme. Me aferraré a estas viejas vigas. Igual me echo una siesta mientras estáis fuera. Pero estad alerta, grumetes. ¡Ojo con los marineros de agua dulce! —¡OJO CON LOS MARINEROS DE AGUA DULCE! —repitió Graznido, posado sobre el hombro del abuelo. Los Jolley-Rogers bajaron de la cubierta a la bodega,


donde su todoterreno anfibio estaba encadenado al suelo, dejando al abuelo refunfuñando sobre los pérfidos marineros de agua dulce. El padre de Jim retiró las cadenas, mientras Jim, su madre y Preciosa recogían sus artilugios de playa de los estantes y armarios. —¿Por qué necesitamos tantas cosas? —gruñó el padre de Jim diez minutos después. Había cargado doce toallas, una pelota de playa, un frisbi, tablas de surf, bodyboards, un cortaviento, dos neveras portátiles y una bolsa de plástico (que rezumaba lociones para el bronceado) en la parte trasera del todoterreno—. Apenas hay sitio para mi detector de metales. ¿Huesos también viene?

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—GUAU —dijo Huesos, brincando sobre la rodilla de Jim. Jim le puso la correa y susurró: —¡Quietecito! El padre hizo girar la llave y el motor del todoterreno rugió. La madre pulsó el control remoto para abrir la rampa situada en la popa del barco y, envuelto en una nube de humo, el todoterreno emergió del Agujero Negro como una centella. Impactaron contra el agua con un SPLASH.


—¡Estoy empapado! —rio Jim Lad. Los limpiaparabrisas se activaron, Preciosa anunció que sus gusanos habían «desaparecido en altamar» y la hélice del todoterreno se activó con un gorgoteo, agitando las aguas rumbo hacia la orilla.


U N D ÍA

2. DE

P LAYA

—A ver —dijo el padre de Jim, tendido sobre una colchoneta de playa—, ¿se está bien aquí o no? Nadie le oyó. Preciosa estaba demasiado lejos, recorriendo pozas con Huesos, y Jim y su madre estaban surfeando, apenas visibles por encima del cortaviento. El padre de Jim vertió


el último trago de grog caliente de su petaca en una taza de plástico y se lo bebió de golpe. Había terminado la sopa de letras del Diario Pirata, y estaba un poco nublado para tomar el sol. —¿Qué puedo hacer ahora? — murmuró—. UMMM... Creo que sacaré el detector de metales. Al padre de Jim le encantaba su detector de metales. Facilitaba mucho la búsqueda de tesoros. Se le daba fatal contar pasos y siempre confundía la izquierda con la derecha, así que le costaba seguir


los mapas del tesoro. Lo cierto es que no había encontrado nunca ninguno. —Tengo un buen presentimiento con esta playa —se dijo—. Casi puedo oler el oro. Poco después, el padre de Jim se había puesto sus auriculares y deslizaba el detector de metales a un lado y a otro sobre la arena. Sin saber por qué, una cueva llamó su atención. Sintió un impulso irresistible de acercarse a ella, y todo pareció volverse un poco borroso. A través de sus auriculares, oyó la voz amortiguada de Preciosa que le preguntaba si podía acompañarle. No estaba seguro de haberle respondido, pero sintió cómo le agarraba el pulgar


con los dedos, mientras se adentraban en la cueva. —¡BIIIIIIP! —pitó el detector de metales—. ¡BIIIIIIIIP! ¡BIIIIIIIIP! ¡BIIIIIIIIIIIIIIIIIIP!


—¿A qué vienen tantos ladridos? —dijo Jim. Jim y su madre estaban sumergidos hasta la cintura entre el oleaje, agarrados a sus tablas, pero Huesos había llamado su atención. Estaba brincando como un loco por la orilla. ¡GUAU! ¡GUAU! ¡GUAU! —ARRRR, no lo sé, pero Huesos no suele alterarse tanto —dijo mamá—. No veo a papá ni a Preciosa. Deberíamos ir a echar un vistazo...


Caminaron hacia la orilla, con las tablas bajo el brazo, y se detuvieron ante sus cosas, que estaban abandonadas en mitad de la playa. —¡VEN AQUÍ, H UESOS! —gritó Jim, pero Huesos siguió corriendo, en dirección a las rocas. Ladró y se metió en una cueva, después asomó la cabeza y ladró otra vez. —Sécate o acabarás resfriado — dijo mamá—. Yo iré a ver qué le tiene tan nervioso.


Jim se cambió el traje de neopreno, mientras su madre seguía a Huesos hacia la entrada de la cueva. Observó cómo ambos entraban en la cueva pero, instantes después, solo salió Huesos. Se puso a ladrar de nuevo y corrió hacia Jim tan deprisa como le permitía su pata de palo. —¿Qué ocurre, Huesos? —dijo Jim—. ¿Dónde está mamá? ¿Papá y Preciosa también están dentro? Pero Huesos volvió a salir disparado, rumbo a la cueva. Jim salió tras él, abrochándose el cinturón a la carrera. Jim se asomó a la cueva. Era alta y profunda, y formaba una curva hacia la oscuridad; a ambos lados se escurrían gotas de agua por las rocas afiladas. No

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vio a Preciosa ni a sus padres, solo tres pares de pisadas que se adentraban en lo desconocido. Algo no iba bien. —H UESOS —dijo Jim, alarmado, al tiempo que se sacaba del bolsillo un trozo de papel y un lápiz desgastado—. Voy a escribirle una nota a Matilda. Si no salgo de esta cueva, si ocurre algo sospechoso, llévasela. ¿Entendido? —¡GUAU! —dijo Huesos. —Villasosa de la Ribera está al norte de aquí. Toma el camino que sube por el acantilado y sigue las carreteras hasta el pueblo. Si lo haces, seguro que te ganas una galleta. Podrás encontrar la casa de Matilda, ¿verdad? Huesos meneó la cola y asintió. Jim se

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sacó un hilo del cinto y ató la nota al collar de Huesos, con firmeza. La mejor amiga de Jim Lad, Matilda, era una marinera de agua dulce. Y no vivía muy lejos, en el tranquilo pueblo costero de Villasosa de la Ribera. Si algo le ocurría, seguro que acudiría en su ayuda. —Perfecto —dijo Jim—. ¡Espera aquí! Si no regreso en cinco minutos, ve a buscar a Matilda. ¡Buen perro! Huesos meneó la cola otra vez y esperó. Y esperó. Y esperó un poco más.


Pero Jim no regres贸.


¡AH DEL BARCO, MIS VALIENTES! Matilda, Jim Lad y los JOLLEY-ROGERS están de vuelta para otra intrépida aventura de piratas. ¡Os esperamos en las librerías partir del 23 de noviembre de 2015! ¡Y no te pierdas las aventuras de nuestros amigos en el galeón fantasma.

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Los Jolley-Rogers y la cueva de la muerte  

¡AH DEL BARCO, MIS VALIENTES! Matilda, Jim Lad y los JOLLEY-ROGERS están de vuelta para otra intrépida aventura de piratas. Un cuantioso tes...

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