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libro de torneos Capítulo V
Carta enviada por Morton Grosser 29 de noviembre de 1991
Dear Manuel: Thank you for your letter of 23 September, and the accompanying videotape of the Eolus. As I told you on the telephone last week, I have been traveling and lecturing a great deal this autumn, including most of the month of October. As a result, it has taken a while to catch up on my accumulated consulting work and back correspondence. However, when I was able to view the videotape, I was quite charmed by your invention (the sensitive editing of the videotape, including the musical soundtrack, was a major contributor to my impression). First, after centuries of human locomotion, it is very rare for anyone to invent a genuinely new vehicle, especially one with no moving parts. You have undisputably done this, so score one for creatividad. Second, the Eolus has a certain pleasing and amusing character. I mean this as a compliment; its large size, benign nature, rolling gait, and serpentine trail are appealing at a basic level, provoking something like the affection that children feel for, say, un elefante. The automatic protection of the pilot is also very appealing, as your experience with the 6-metre pit confirms. The immediate reaction of everyone who has seen the tape here is «When can I try it?» However, the commercialization of Eolus depends not only on first impressions, but on the possibility of its development as the basis of sport or recreation. All such devices-bicycles, sailboards, skateboards, roller blades, etc. follow a similar path in which they are bought by a large population for fun, but are simultaneously advanced and publicized by small group of skilled athlete-enthusiasts. Usually this involves racing, rallies, and endurance or speed record attempts. Here the current embodiment of the Eolus is at a great disadvantage, because it isn’t steerable (dirigible).
Querido Manuel: Gracias por la carta y el video del Eolo enviados el 23 de septiembre. Como te dije por teléfono la semana pasada, este otoño he estado viajando y dando conferencias, incluida la mayor parte de octubre. Por ello, me ha llevado tiempo retomar el trabajo y la correspondencia pendiente. Cuando pude ver el video, quedé encantado con tu invento (el buen nivel de edición y la inclusión de música contribuyeron positivamente en mi impresión). Primero, luego de cientos de años de historia de los medios de transporte, es muy raro que alguien sea capaz de inventar un vehículo original, especialmente uno con piezas inmóviles. Tú lo has logrado, has anotado un punto a favor de la creatividad. Segundo, el Eolo tiene cierto carácter agradable y divertido. Lo digo como un elogio; su gran tamaño, su naturaleza benigna, su modo de rodar, y su huella serpenteante, apelan desde un plano básico, provocan una sensación parecida a la simpatía que sienten los niños frente a un elefante. La protección automática del piloto también es muy llamativa, como lo confirma tu experiencia con la caída en el foso de la duna. La reacción espontánea de los que vieron el video fue «¿cuándo puedo probarlo?». La comercialización del Eolo no sólo depende de primeras impresiones, sino de la posibilidad de desarrollarse como base para el deporte o la recreación. Muchos artefactos como bicicletas, tablas de windsurf, roller blades, etc. han seguido un camino similar al ser comprados por mucha gente para entretenerse, pero al mismo tiempo han sido promovidos y publicitados por un selecto grupo de entusiastas atletas. Generalmente esto involucra las carreras, concentraciones, y pruebas de records de resistencia o velocidad. En este aspecto, el estado actual del Eolo está en gran desventaja porque no es maniobrable.