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Revista de la Asociaci贸n de Familias Adoptantes en China Febrero 2011

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AfacTV.

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editorial

Editorial / 03 El futuro está en la mezcla. Hace tiempo que pienso que la relación con la Asociación es un camino de ida y vuelta. La ida, el viaje para ir a buscar a nuestr@ hij@ y el de vuelta para compartir con otras familias nuestras inquietudes y preocupaciones a medida que nuestr@s hij@s se hacen mayores. Hay muchas familias que una vez llegan con sus hijos, mantienen una distancia con la Asociación, pero estoy seguro, y por todo lo que nos puede aportar su pertenencia, esta relación se volverá a reencontrar. Ya lo veréis. Pero para ello debemos seguir trabando en un futuro que ya es presente. Y mirando hacia atrás, me doy cuenta de lo mucho que se podía haber cambiado. Pero seguro que vendrán nuevos aires, frescos y dinamizadores, críticos con el propio sistema. Más exigentes con los organismos oficiales, sean de familias o gubernamentales. Más activos en la preparación de ser padres adoptivos. Más previsores en espacios para nuestros hijos. Y que harán posible poder crear una memoria para los padres biológicos, reconocerlos y respetarlos. Creo que me tenía que despedir. Pero me lo he pensado mejor y creo que diré hasta siempre. 10 años compartiendo la edición de la revista, primero con Roberto Pili y Ana Noëlle, y las últimas ediciones con Marga Muñiz. 4 años como Presidente de Afac. La vida de una familia adoptiva no permite cerrar la puerta y decir adiós. Digo hasta siempre. Ha llegado el momento de dar las gracias, y por encima de todo, las tengo que dar a los fundadores Enric Méndez y Asun Loste, y a todos los pioneros. A todas aquellas familias que hace ya más de 10 años iniciaron “la gran aventura”, aquella que a los que venimos más tarde, nos han brindado la gran oportunidad de convertirnos en familia, o en ampliarla. El mundo asociativo, en fase decadente, ha provocado en muchas ocasiones, grandes cambios de nuestra sociedad, y la adopción en China, se debe en gran parte a ese movimiento civil. Unas pocas personas que movidas por la imponente necesidad de vivir, comparten su experiencia y conocimiento para que otras personas, las que fuimos detrás, veamos nuestro sueño más vital, convertirse en realidad. Gracias, sinceras gracias a todos ellos. Y gracias a todos los miembros de las diferentes Juntas que he podido presidir. Gracias por compartir su tiempo con los objetivos y proyectos de Afac. Y como dice el grupo musical Jarabe de Palo, “en lo puro no hay futuro, la pureza está en la mezcla”. Y las familias de Afac somos un claro ejemplo. Hasta siempre.

Alex Puig Ex-presidente alex.puig@afac.info

Edita: AFAC C/Fraternitat, 15 08012 Barcelona Tel.: 93 459 13 47 Fax: 93 459 13 27 correo@afac.info www.afac.info

Fotografía portada cedida por: Alex Puig

Coordinación contenidos: Marga Muñiz Alex Puig

Corrección: Eva SánchezHermosilla

Redactores Colaboradores: Oriol Petit María del Rio Marga Muñiz La Voz de los adoptados

Dirección de Arte: Natalia Roses Diseño: Factor Essencial

Impresión: Gràfiques APR Depósito legal: B-5614-2002

Coste de esta edición: Impresión 1.467€ Clasificación y distribución 1.099€ Tirada: 1.700 ejemplares


La huella genética, el nuevo servicio de AFAC para todas las familias Información sobre las pruebas de ADN para la identificación de nuestros hijos. Os presentamos un nuevo servicio para todas las familias adoptivas de España. La “huella genética”. Desde hace tiempo, muchas familias nos han solicitado información sobre las pruebas para la identificación de nuestros hijos. Nuestra Asociación ha trabajado para poder ofrecer un servicio a todas estas familias, un servicio con amplias garantías y que se ajusta a la legislación vigente. La “huella genética” permite guardar un registro permanente del perfil genético individual de la persona a través de una combinación única y característica de 16 marcadores encontrados en el ADN que sirve como un registro de identificación genética permanente. Finalmente AFAC ha llegado a un acuerdo con Genomax Iberplus, empresa que pone la genética y la genómica a disposición de todas las familias adoptivas de España: padres, madres, hijos y familiares. Para ello se han creado unas condiciones muy especiales que permitirán poder acceder a pruebas genéticas a muy bajo coste y con un alto valor añadido.

Las 4 pruebas que podéis solicitar son: • La huella genética • Panel farmacogenético • Test de intolerancias alimentarias • Panel obesidad ¿Qué es la huella genética? Es una sencilla prueba que se realiza a través de una muestra de células del epitelio bucal para obtener los datos genéticos que identifiquen a una persona.

¿Para qué sirve? Permite guardar un registro permanente del perfil genético individual de la persona a través de una combinación única y característica de 16 marcadores encontrados en el ADN que sirve como un registro de identificación genética permanente.

¿Cómo funciona? Nuestra Tarjeta de Identificación humana permite identificar a los hijos adoptados y así poder vincularlos con sus familiares no consanguíneos.

Permite superar la inferioridad de condiciones que tienen los padres adoptantes frente al resto de la sociedad a la hora de vincularse con sus hijos adoptivos y viceversa. Permite guardar un registro permanente del perfil genético individual de la persona a través de una combinación única y característica de 16 marcadores encontrados en el ADN que sirve como un registro de identificación genética permanente. Permite futuras pruebas de paternidad en caso de reclamación de Herencias. Como ayuda en la búsqueda de desaparecidos a través de análisis de pistas biológicas. Podéis acceder a toda la información y como contratar el servicio en www.afac.info


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experiencias

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Tercer viaje a China.

En búsqueda de los orígenes:

“Rastreando el pasado de C.X.” Primera parte

Esta historia empezó formalmente hace poco más de diez años, el día en que por fin decidimos iniciar los trámites burocráticos que, dos años más tarde, nos convertirían en familia adoptiva.

formaban -y forman- una parte muy importante de ellas que hay que integrar de la mejor manera que podamos, o sepamos, para que todas las piezas encajen en su sitio, dejando los menores huecos posibles.

Cuando dimos este paso, nuestro primer hijo acababa de cumplir tres años, y aunque la idea de iniciar un proceso de adopción nos rondaba desde hacía bastantes años en la cabeza, elegir China como país de origen de nuestro posible segundo hijo o hija, era algo relativamente reciente. Sin duda, el hecho de conocer a la madre de una compañera de guardería de nuestro hijo, que ya por entonces tenía dos hijas adoptivas de origen chino, nos ayudó bastante a disipar las pocas dudas que con respecto a la elección del país nos quedaban.

Fue una tarde de verano, la del 27 de junio de este pasado 2010, cuando por fin llegamos a Guangdong, el viaje no fue fácil, habíamos salido de Madrid la tarde del viernes 25 de junio, pero un cúmulo de desafortunadas circunstancias hicieron que el primer tramo de este viaje, del “viaje exterior”, fuera más complicado de lo previsto.

Después de casi dos años de espera, recibimos la asignación de una preciosa “bebena” -como diría su hermano- de 22 meses. En marzo de 2003, su padre, su hermano, que entonces contaba ya con 5 años, y yo, fuimos a recogerla a la provincia de Guangdong. Nuestra primera hija, C.X., había pasado sus primeros meses de vida en el orfanato de Xinhui, Jiagmen. La entrega se hizo en el Registro de Guangzhou, allí la tomé en mis brazos por primera vez, y ya en ese momento supe que mi relación, no sólo con mi hija, sino también con su tierra, no había hecho más que empezar. Eso ocurrió en nuestro primer viaje a China. Pasaron poco más de dos años cuando iniciamos nuestro segundo viaje al país de origen de nuestras hijas. El segundo proceso de adopción fue mucho más rápido, apenas duró dos años, nuestro expediente fue registrado en China en marzo de 2005 y en noviembre del mismo año recibimos la asignación de otra preciosa niña, en este caso con 25 meses. Nuestra pequeña J.D. había vivido sus dos primeros años de vida en una familia de acogida, en Guiyang, provincia de Guizhou. El 22 de diciembre de 2005 tuvimos la suerte de vivir una emotiva, entrañable e inolvidable experiencia, ya que fue la propia familia de acogida la que nos hizo la presentación y entrega de nuestra pequeña. También en esta ocasión tuve la intuición o el presentimiento de que volveríamos a su tierra. Nuestro tercer viaje a China ha estado muy relacionado con los presentimientos y certezas de cada uno de los viajes anteriores, con ese saber y sentir que la vida de nuestras hijas no empezaba con nosotros, que su tierra y su pasado

Y hago un paréntesis para explicar lo que quiero decir con “viaje exterior” porque tanto en nuestros dos periplos anteriores a China, en 2003 y 2005, como en este, hemos tenido muy claro que hacíamos dos viajes paralelos, el “viaje exterior”, o turístico, que tiene que ver con los transportes, aviones, hoteles, restaurantes, excursiones, etc. con todo lo que esto conlleva de organización logística; y el “viaje interior”, sin duda el más importante y el que justifica el anterior, relacionado con los aspectos emocionales que acompañan los primeros momentos de convertirse en padres/madres adoptivos. Padres/madres de unas pequeñas criaturas con vida e historia propias, a las cuales nos tenemos que amoldar lo mejor que podamos -o sepamos- para que la transición de su forma de vida a la que las nuevas familias -unas perfectas desconocidas- le ofrecemos, sea lo menos traumática posible. En nuestro tercer viaje fuimos conscientes también de que cada uno de estos dos viajes requería su preparación específica. En el viaje exterior es imprescindible una buena organización, elección del itinerario más acorde con las expectativas y características de cada familia, guías profesionales y sensibles a las necesidades de los más pequeños/as y elección de alojamientos y medios de transporte que mejor se adapten tanto a las particularidades familiares como a los fines previstos en el viaje. De ahí la importancia de buscar la agencia que mejor se ajuste al perfil de cada familia, no son lo mismo, por ejemplo, las necesidades de una familia que se defienda bien en inglés, a las de otra que necesite permanentemente los servicios no sólo de un guía, sino además de alguien que haga las funciones de traducción en los momentos clave del viaje.


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.../ 07 Para este viaje interior, “en búsqueda de los orígenes”, cuyo objeto era rastrear los lugares por donde transcurrió el pasado de nuestras hijas, en búsqueda de alguna pista o información que nos arrojara un poco de luz sobre sus primeros meses o años de vida; necesitábamos – creo que siempre en estos casos es necesaria- un tipo de preparación psicológica específica, una formación previa, y un equipaje mental amplio y flexible, que permita la adaptación a diferentes situaciones, algunas posiblemente no previstas. Y es que en un viaje así nunca sabremos con seguridad con qué recursos tendremos que contar en cada etapa, qué parte nuestra se quedará allí, qué nos traeremos con nosotros, y cuánto será lo que vayamos perdiendo o acumulando a lo largo de todo el recorrido emocional, seguramente mucho más de lo imaginado. El viaje interior se verá en gran parte condicionado por la buena organización y diseño del viaje exterior, y para esto cada familia es un mundo, por lo que es importante que tengamos claro cuales son nuestros objetivos, recursos y limitaciones. Una buena y reflexiva valoración en ese sentido, nos permitirá elegir la opción más adecuada, es una decisión, a mi juicio tan importante, que vale la pena tomársela en serio, sin escatimar esfuerzos. Volviendo al viaje exterior, esto fue lo que contamos, cuando por fin tuvimos un poco de tiempo, a unos buenos y queridos amigos que se quedaron al cuidado de nuestro hijo, que en esta ocasión no pudo acompañarnos: Ha sido un viaje muy accidentado, nos ha costado mucho llegar, como si el destino no quisiera ponernos fácil este viaje tan especial y deseado que después de tantos años y esfuerzos, por fin estamos haciendo realidad. Los vuelos han sido complicados, primero el de Madrid/ París, que vino con retraso debido a una huelga de controladores en Francia. Segundo, una tormenta en Madrid, que sumando tiempo al retraso acumulado, nos hizo llegar a París con un margen de sólo 6 minutos de la salida del vuelo París/ Guangdong. Sabíamos que lo teníamos muy difícil, pero aún así lo intentamos, iniciamos una carrera vertiginosa junto a otra pareja y su niña que estaban en la misma situación. Atravesamos todos los controles y cruzamos como las balas, de una punta a otra, el larguísimo aeropuerto Charles de Gaulle. Cuando jadeantes y agotados, por fin llegamos a la puerta de embarque, se nos iluminó la cara ¡Lo habíamos conseguido! El avión de Air France con destino a Guangdong, nuestro avión, seguía estando allí. Nuestra felicidad duró poco, no nos dejaban subir, éramos dos parejas con tres niñas pequeñas, aún así no hubo piedad, la excusa es que el vuelo estaba cerrado ¡Tan fácil como abrirlo! Lo cierto era que el día anterior se habían cancelado varios vuelos con

destino a China, y en nuestro vuelo había overbooking, nuestras plazas, pese a tener las tarjetas de embarque y la facturación hecha desde Madrid, habían sido ocupadas. Así nos lo confirmaron después nuestra guía, Ling Xiao, y otras familias conocidas con las que tendríamos que haber viajado y que se quedaron, desconcertadas, esperándonos. ¡Menuda nochecita pasamos! Toda una aventura que nos hizo vagar con las niñas, casi toda la noche, de una punta a otra del aeropuerto. Eran las 6 de la mañana cuando por fin pudimos recalar en un hotel que varias horas antes nos habían ofrecido los responsables de Air France, y al que no habíamos podido llegar a lo largo de la noche por falta de taxis o cualquier otro medio de transporte disponible para el traslado ¡Qué mal se portaron en esto los franceses! Pasaron varios taxis y coches de pasajeros que no nos quisieron recoger ¡Sin comentarios! Bueno, lo importante fue que aunque tarde -o temprano, según se mire- finalmente descansamos un poco, las peques incluso pudieron dormir algo más de una hora en unas camas maravillosas ¡Qué envidia me daban! Nos dio tiempo también a darnos un baño y disfrutar de un estupendo desayuno, un inesperado buffet francés que nos sentó de maravilla. Ese pequeño paréntesis de relax, aunque cortito, nos vino muy bien para recuperar fuerzas, la pena es que duró poco tiempo. A las 9 teníamos que estar de nuevo en el aeropuerto, y otra vez volvimos a tropezar con una cadena de contratiempos. En teoría deberíamos haber embarcado hacia Guangdong sobre las 11 horas de la mañana del sábado, pero otra tormenta -o lo que fuera- en este caso en París, nos hizo estar más de dos horas dentro del avión, antes de despegar. Para concluir, el vuelo que debería haber tenido una duración de 11 horas, acabó siendo una paliza de 17, en un avión completamente abarrotado, donde no había ni una sola plaza libre, y que pasamos, sentados, en un espacio bien estrecho e incómodo. Tuvimos la mala suerte de que nos dieron una última fila, en la que los asientos no podían reclinarse hacia atrás, en tanto que nuestros vecinos de delante, una familia china con un hijo adolescente bastante mal educado -recordé el despotismo de los “nuevos emperadores” en los que se han convertido los hijos únicoslos mantuvieron durante todo el vuelo reclinados al máximo. La palabra “estrechez” se queda corta ¡Un horror de viaje, especialmente para las piernas de los mayores! Llegamos a Guangdong auténticamente molidos, no sin antes pasar por otro incidente, uno más, relacionado con las tormentas que nos hizo dar varias vueltas sobre el sur de China, obligándonos a aterrizar en el aeropuerto de Guillin,


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08 /... en la provincia de Guangxi. Esto empezaba a convertirse en un viaje interminable, tuvimos que esperar unas cuantas horas más dentro del avión antes de volver a despegar para dirigirnos de nuevo hacia Guangdong, donde ¡Por fin, ahora sí! aterrizamos cuando ya era domingo por la tarde ¡De verdad que con el cambio de hora ni sé cuánto tardamos en llegar y prefiero no hacer las cuentas! En el aeropuerto nos estaba esperando nuestra guía y traductora Ling Xiao, al final, después de darle muchas vueltas, y tras una serie de circunstancias que se dieron durante el proceso de la preparación del viaje, decidimos contratar los servicios de “Shui Viajes”. Aunque en nuestra familia siempre hemos sido muy viajeros y aventureros, y nos ha gustado viajar por nuestra cuenta, estábamos atravesando un momento de nuestras vidas en el que no nos sentíamos capaces ni con fuerza para organizar ningún tipo de viaje. De hecho estuvimos a punto de cancelarlo varias veces, un familiar muy próximo y querido -tutor, tío y padrino de nuestras hijas- estaba pasando por una situación crítica y nos temíamos lo peor. Desgraciadamente ocurrió, se nos fue justo una semana antes de emprender el viaje de salida. Bueno, en realidad no se nos fue del todo, quizá no lo dejamos, fue una presencia más que nos acompañó durante todo el trayecto, y que sentimos especialmente en los momentos más trascendentes. Si siempre es importante la elección de agencia o personas con las que se va a organizar este tipo de viaje, en la situación en la que mi familia se encontraba, aún más. Necesitábamos a alguien que nos transmitiera mucha confianza y seguridad, que nos llevara un poco de la mano,

y se ajustara a nuestras necesidades de comunicación, tanto con las personas del orfanato de C.X. como con la familia de acogida de J.D. En nuestras circunstancias emocionales, sin hablar apenas chino -un poquito sólo C.X.y con un inglés más que macarrónico, necesitábamos más que un guía, casi un ángel de la guarda, y la verdad es que ese papel lo desempeñaron más que de sobra Ling Xiao durante los primeros días, y después también su marido, Javier, que acabó siendo nuestro cómplice y amigo en momentos muy delicados, de alta sensibilidad. En Guangdong nos esperaban también unos buenos amigos de Euskadi con los que habíamos hecho nuestro segundo viaje a China, nuestras hijas son de la misma provincia, de Guizhou y desde el principio habíamos proyectado con ellos hacer este viaje. Al final, por diversas razones, de itinerario entre otras, decidimos emprenderlo de forma separada, intentando coincidir siempre que pudiéramos en las ciudades y ocasiones en las que el viaje podía ser compartido. Estos amigos, junto a su hija, habían llegado un día antes que nosotros a Guangzhou, nos alojábamos en el mismo hotel, Guitic Riverside, a la orilla del río Perla, donde estuvimos con C.X. en nuestro primer viaje a China y del que guardábamos unos recuerdos inmejorables. He de confesar, en honor a la verdad, que el reencuentro con ese espacio, tantas veces evocado en nuestra memoria, fue un poco decepcionante, había envejecido mucho y justo en ese momento estaba a punto de una renovación total, de hecho al día siguiente de nuestra llegada despojaron la recepción del poco mobiliario que quedaba, el bar y el


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.../ 09 restaurante estaban ya cerrados, y el hall maravilloso, donde tanto habíamos disfrutado C.X. y yo en nuestros primeros encuentros, bailando la música que un excelente cuarteto tocaba a diario, se había convertido en un espacio frío y vacío, casi fantasmal. Esa primera tarde habíamos quedado con un grupo de familias a las que al día siguiente les entregarían a sus hijos/ as -todos peques con necesidades especiales- y que se alojaban en el hotel Dongfang, era un grupo que viajaba con ACI y con el que habíamos intercambiado algunos mensajes en la lista de “Hilo Verde”. Fue emocionante poder compartir algunos momentos de una noche tan especial como es, sin duda, la de la víspera de la entrega. Algunas familias eran “novatas”, estaban ante la primera paternidad/ maternidad de sus vidas con todo lo que esto conlleva. Para otras, “veteranas” o repetidoras, también su espera era especialmente novedosa, porque era la primera vez que optaban por el “pasaje verde”, que es como se denomina en China la adopción de menores con necesidades especiales. Ya fuera por una u otra causa, lo cierto es que todas las familias estaban igualmente nerviosas y emocionadas. Para nosotros fue un honor que nos dejaran asomarnos a sus vidas en esos momentos tan especiales, y que nos dejaran participar, compartir confidencias, charlas, cena, nervios y tanta expectación como la que sentían ante el cambio de vida que les esperaba en tan sólo unas horas. Volvimos a nuestro hotel, absolutamente molidos y sin energía para llamar ni escribir a nadie, así pasó lo que nos quedó de nuestro primer día. Intentamos descansar lo más posible, sabiendo que al día siguiente, lunes, nos esperaban momentos de mucha intensidad. Desde vivir en directo -esta vez como meros espectadores- la entrega de la pequeña de 7 meses de la familia de Valladolid, con la que habíamos compartido todas las penurias del viaje desde Madrid hasta Guangdong, hasta el momento en el que las familias del grupo de “pasaje verde” tanto españolas como americanas, empezaron a recibir a sus hijos/as. Una experiencia que nunca olvidaremos y que nos fue marcando el nivel de carga emocional que nos acompañaría durante todo el viaje. En China, las visitas a los orfanatos deben ser autorizadas previamente, y este es un trámite que se gestiona desde los registros de las provincias a las que pertenecen los orfanatos. Nuestro primer objetivo de este viaje era visitar el orfanato de nuestra hija mayor, en Jiagmen, capital en la que fue encontrada C.X. y a la que pertenece el distrito de Xinhui, donde se encuentra el orfanato con el mismo nombre, en el que nuestra pequeña vivió sus casi dos primeros años de vida.

De ahí que antes de empezar nuestro viaje hacia Jiagmen, pasáramos por el Registro -ubicado en un lugar diferente en el que nosotros recibimos a C.X. en el año 2003- y tuviéramos el privilegio de asistir a la escena de la entrega de un grupo tan especial de niños y niñas, desde bebés muy pequeñines, hasta grupos de hermanos que no lo eran tanto, algunos ya casi adolescentes ¡Uff, la piel de gallina! Por más que quise no pude reprimir las lágrimas. Intenté retener el mayor número de imágenes en mis retinas, cada niño o niña era una historia, cada familia un mundo, todo era único, estremecedor, sorprendente y mágico a la vez. La racionalidad y la lógica no tienen cabida en esos momentos, qué arte, qué misterio, qué don, hace que desde los primeros momentos nazcan sentimientos tan profundos entre esas personas y personitas que no se conocen de nada, y que de repente se convierten en familia para siempre, para toda la eternidad, con unos lazos tan fuertes que nadie que no esté metido en este ajo, puede ni siquiera imaginar. Observé miradas nerviosas, miradas hermosas, la alegría y el llanto, miradas de personas que seguían subidas en la nube, nube que debe de ser de algodón, porque derrochaban dulzura. Fui testigo de algunas tiernísimas palabras de padres/madres a sus peques, que no sé si ellos mismos algún día recordarán. Eran momentos tan íntimos, tan intensos, que no quisimos grabar vídeo ni hacer fotos, salvo a las familias que nos lo pidieron, y a algunas, pocas, que nos autorizaron a tomar alguna imagen de grupo en general. No obstante, hay escenas que de ninguna manera podría describir ni olvidar, y que me impactaron y acompañaron durante todo el viaje. Ahí me di cuenta de que en nuestros anteriores viajes, subidos en nuestra particular nube, no nos habíamos enterado de nada de lo que pasaba alrededor.

Con ese equipaje visual y emocional que compartíamos toda la familia, desde mi marido hasta las niñas, que estaban también súper atentas a todo, cuan si fueran esponjas, sin perderse ningún detalle, nos montamos en nuestro coche particular, con chófer privado, acompañados por Ling Xiao -que mientras nosotros andábamos extasiados mirando las fascinantes escenas familiares, se había encargado de resolver todo el papeleo en el Registro- ahora sí, ya estábamos preparados para empezar, por fin, nuestro verdadero viaje, primera parada, primer destino: Jiagmen. Mirar el paisaje por la ventana, con un nudo inevitable en el estómago que se iba haciendo más grande conforme nos acercábamos a los lugares cuyos nombres ya formaban parte de nuestro imaginario, por esos espacios que tantas


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10 /... veces habíamos recorrido en un mapa, pareciéndonos los sitios más misteriosos y remotos del mundo, y ahora estábamos allí, en medio de ese sueño tantas veces imaginado, en un día gris y plomizo, en el que una lluvia fina, a veces intermitente, había decidido acompañarnos, con un calor bochornoso, casi insoportable, por la geografía verde tropical del sur de China. Este es el paisaje de mi hija, por alguno de estos lugares quizá haya pasado antes alguna vez. Quizá su madre, quizá su abuela, alguien de su familia sea de aquí o no viva lejos. Quién sabe si su familia era de estas tierras o vino desde lejos en búsqueda de trabajo, es zona de inmigrantes. Y si su madre fuera inmigrante ¿Cómo habría llegado hasta aquí, desde dónde? ¿Habría venido sola o acompañada de más familia? Quizá de alguna amiga. Parece un lugar triste para vivir sola, con este cielo gris, y esta lluvia continua ¿Qué pasaría por su cabeza, cómo se quedaría embarazada? ¿Estaría casada? ¿Tendría pareja? Creo que sí, casi seguro que sí, estuvo dos meses y pico con ella, dos meses en los que C.X. estuvo amamantada y acunada, y en los que se convirtió en la preciosa “bebena” que poco más tarde fue llevada al orfanato. Seguro que su madre no lo tuvo tan claro, seguro que fue una decisión difícil ¡A saber a cuántas presiones se vio sometida! Por eso no la pudo dejar sin más, por eso, dentro de la caja de cartón donde la arropó antes de mirarla por última vez, además de un biberón había una nota, una hermosa nota cuya transcripción es lo único que guardamos de la que pensamos era su madre, seguramente escrita por ella. Pero a saber, igual se la escribió alguien, cuántos misterios, cuanto dolor, qué pena siento por mi niña, por su madre, por esa hija que tenemos en común pero a la cual sólo yo disfruto, es tan injusto. C.X. se ha echado en el asiento de atrás para dormir un poco, se ha puesto un antifaz en los ojos, le molesta la luz, está tumbada cuan larga es, ocupando todo el espacio ¡Qué grande está ya! Qué mayor se nos está haciendo, y qué linda es. Qué suerte hemos tenido de que su vida se cruzara con las nuestras, aunque no puedo dejar de sentir tristeza porque nuestra suerte, nuestra alegría, se sustente en el dolor de otras personas. Es inevitable, siempre nuestros sentimientos al respecto serán agridulces. No sé cuánto tiempo llevamos en coche, no demasiado, creo que es un viaje de 3 ó 4 horas, pero desde que salimos de Madrid perdí la noción del tiempo y no he vuelto a recuperarla. Papá toma la cámara de vídeo y empieza a grabar, C.X. se despierta y le hacemos una entrevista, qué siente al aproximarse a su tierra, qué piensa de su orfanato, de sus cuidadoras, sus “yies”, como ella las llamaba. Está un poco cansada, aún no se ha hecho al cambio de hora,

pero quizá también venga mascullando en silencio lo que acaba de ver en el Registro, quizá esté pensando en esos peques, había una “bebena” que tenía polidactilia, como también ella tuvo de pequeña, es la primera vez que ve una manita así, sin operar. O quizá esté pensando en los bebés con labio leporino, le han llamado mucho la atención, o quizá le han impresionado, no sé, le he quitado importancia, le he dicho que sólo necesitan una pequeña operación, como la que le hicieron a ella en su pie y mano, que es muy fácil, y que ya verá lo bien que se quedan, porque además eran unos bebés súper guapos, y cuando estén operados van a ser la bomba. J.D. hace ahora de periodista y le sigue haciendo preguntas a C.X. las dos están muy emocionadas, pero J.D. sabe que ahora le toca el turno a su hermana, y la deja en su papel de protagonista, grabamos un rato a las niñas dentro del coche y también el paisaje del entorno. A la tarde llegamos al hotel de Jiagmen, no es ninguna cosa del otro mundo, pero tampoco está mal. Jiagmen es una ciudad relativamente pequeña para como son las ciudades en China, nuestro hotel está en el centro, nos refrescamos un poco y salimos hacia un gran supermercado para comprar algunos regalos para los niños del orfanato, la cita


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.../ 11 la teníamos concertada para el día siguiente, yo creo que todos estábamos fingiendo cierta naturalidad, la inquietud inevitable está por dentro. Dos años llevábamos preparando este viaje interior, documentándonos, estudiando (yo hice, incluso, tres postgrados sobre adopción y temas relacionados en los dos últimos cursos) pidiendo consejos y opiniones a profesionales y expertos en postadopción, leyendo libros especializados, etc. Aunque nos sentimos avalados y seguros de lo que hacemos, aunque estamos convencidos de que será una buena experiencia para nuestras hijas, en esos momentos nos surgen algunas dudas. Las dudas siempre están al acecho, dispuestas a aparecer en los momentos de mayor vulnerabilidad, y entonces pensamos que si bien a los profesionales que hemos consultado les parecía una edad adecuada la de C.X., 9 años, -la mayoría había coincidido en señalar que mejor antes de entrar en el volcán de la adolescencia- para emprender este tipo de viaje, igual algunos no están de acuerdo del todo. Al final, es verdad que una se queda con los consejos que más le convencen, o quizá con los que quiere escuchar. Lo cierto es que por nada del mundo quisiéramos que esto fuera una experiencia traumática para nuestra hija, todo lo contrario, el fin último es ayudarla a conocer y digerir de la mejor manera posible su historia. Ir hacia atrás hasta donde sea posible retroceder, de forma que podamos localizar toda la información de cómo fue su vida antes de incorporarse a nuestra familia, qué manos mecieron su cuna, quién le daba los biberones. Si tenía una cuidadora más especial, cuáles fueron sus compañeros/as de juego, si aún queda alguno por allí. Qué personas la acompañaron cuando a los 11 meses pasó por la intervención quirúrgica en la que le quitaron los apéndices de sus deditos. Quiénes fueron las primeras personas que la vieron cuando la llevaron al orfanato, qué saben de su historia, del lugar donde la encontraron, si hay algún rastro sobre su familia biológica. En fin, todo lo que se pueda saber antes de que el tiempo y el olvido borren todas las huellas. En definitiva, todo lo que ayude a que la adopción no suponga un corte con su pasado, sino todo lo contrario, que le dé la confianza suficiente para poder entender la historia de su vida como en realidad es, un continuo, una suma de acontecimientos, algunos más desdichados que otros, donde nosotros, su familia adoptiva, somos una parte importante pero no la única. Porque no nació el día que nos conoció, porque hay un “antes” que tiene todo el derecho del mundo a conocer, en el que puede pensar y se puede recrear con total libertad, sin sentir que con ello nos traiciona. Porque ella no nos debe nada, mientras que quienes somos su familia adoptiva, sí que tenemos la obligación de no

robarle nada de su identidad, ni de su pasado. Porque nos comprometimos a quererla y aceptarla con todo lo que ella es, con todo lo que ella era antes de formar parte de nuestras vidas, y darle la oportunidad de poder expresar con libertad y confianza cualquier sentimiento de dolor, tristeza, orgullo, rabia, nostalgia, etc. concerniente a su existencia, tanto en relación con su familia biológica, como su país de origen, su etnia o su cultura. ¿Por qué fuimos a China? ¿Por qué detengo este relato justo unas horas antes del reencuentro con el orfanato y con el pasado? Porque este viaje no tendría ningún sentido si no hubiéramos tenido claro qué puertas interiores queríamos abrir con él, y qué elementos queríamos y queremos combatir. Desde el etnocentrismo de nuestra cultura, hasta el desprecio que siente por lo diferente, que viene aparejado con el desprecio hacia la pobreza, y que al final hace sentirse humilladas a las personas que son distintas por sus orígenes étnicos, sociales, o provienen de una condición diferente a la de la mayoría, como es el caso de los hijos e hijas adoptadas. Dormimos como pudimos la noche del lunes 28 de junio, dándole mil vueltas a todo. A la mañana siguiente nos levantamos más o menos temprano, más o menos cansados, y nos dirigimos, como si de un ritual oficial se tratara, vestidos con nuestras mejores galas -aún no sé por qué, pero intuyo que tendría que ver con el respeto que nos merecía el momento- al orfanato de Xinhui, donde la directora ya nos esperaba. Llegamos nerviosos, con la cabeza llena de preguntas y con un DVD en la mano, en el que se recogían las imágenes del momento de la entrega de C. X. A la directora del orfanato, la Sra. Feng, con la que hemos mantenido contacto durante estos últimos años, la reconocimos nada más verla, el objeto de llevar el DVD era saber si la cuidadora que nos entregó a C.X. seguía trabajando allí, sólo fueron unos segundos los que estuvimos en contacto con ella, y esos son los que tenemos grabados -y habremos visto cientos de veces- pero aún siendo pocos, fueron suficientes para detectar cierto dolor en su rostro, una mordida de labio, y unas lágrimas contenidas que parecían escaparse en ese momento. Gracias a nuestra eficaz guía y traductora, Ling Xiao, entregar el DVD para que lo visionaran y nos dijeran si aquella cuidadora seguía allí, fue lo primero que hicimos después de un caluroso y afectivo saludo. A los pocos minutos la cuidadora de nuestra grabación y fantasías estaba allí, algo menos joven, pero sin duda era ella, enseguida reconoció a C.X. su Xin Zi Yong, y nosotros


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12 /... también a ella, fue para mí, y creo que para C.X. también, uno de los momentos más bonitos y emotivos del encuentro. Al llegar al orfanato, un edificio grande y moderno, bastante bien cuidado, dividido en dos partes, una destinada al cuidado de personas mayores, y otra algo más pequeña, que era propiamente el orfanato, nos encontramos con una sorpresa inesperada. Junto a la directora y subdirectora, nos esperaba una periodista local dispuesta a hacernos una larga entrevista, la razón es que éramos la primera familia española que hacía el viaje de vuelta con su hija al orfanato. Habían transcurrido siete años desde aquel día de marzo en que nuestra hija C.X. había salido de allí, en ese momento, aunque algunas personas lo intuyéramos, nadie podía asegurar con certeza que algún día volvería. El encuentro con la periodista trastocó bastante nuestros planes, ya que nos encontramos con que, en vez de ser nosotros los que hacíamos las preguntas, éramos los preguntados. Querían saberlo todo sobre la vida de C.X. dónde vivía, cómo le iban los estudios, cuáles eran sus actividades favoritas, etc. Estaban fascinadas por el color dorado de su piel, la directora de vez en cuando la abrazaba y C.X. le correspondía con dulzura. Les contamos que además de natación y ballet, recibía clases de saxofón, jugaba a tenis, y también llevaba dos años asistiendo a clases de chino. Le hicieron algunas preguntas en chino, y

aunque estaba un poco cohibida y contestaba con timidez, se sorprendieron gratamente de su correcta pronunciación. La entrevista, que fue bastante larga, se publicó a los pocos días en el periódico local con una foto de las dos hermanas. A la vuelta del viaje, recibimos el recorte de la página con la entrevista que el orfanato había tenido el detalle de guardar y enviarnos a través de Ling Xiao. Cuando llevábamos poco más de media hora de recepción, vino un grupo de niños y niñas que habían sido compañeros de C.X. durante sus primeros meses de vida en el orfanato. Fue un momento duro, emocionante pero duro, la mayoría, menos una niña, eran chicos algo mayores que ella, todos con algún problema, síndrome de Down, problemas de psicomotricidad, algún retraso mental, en fin, que se nos partía el corazón al ver cuántos son los niños y niñas que se quedan en los orfanatos, que nunca tendrán el calor de una familia, y que a saber qué futuro les espera. C.X. se sentó junto a ellos, y les hicimos algunas fotos a todo el grupo, luego ella y J.D. repartieron y entregaron regalos y galletas, la dirección del orfanato nos había ofrecido a su vez una estupenda bandeja de lichis frescos, que tanto mayores como peques tomamos con mucho gusto. La cuidadora de C.X. no se separó ya de nosotros, cuando por fin se fue la periodista le preguntamos a la directora por la nota que había con C.X. cuando la encontraron, no tenían el original pero sí una fotocopia, Ling Xiao nos la leyó


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.../ 13 de nuevo traducida directamente del chino, es un mensaje de agradecimiento, de esperanza en el futuro, a mí se me hace un nudo en la garganta cada vez que la leo. Nos hicieron una copia que nos trajimos y guardaremos como oro en paño, no lo sabemos con certeza, pero es más que probable que esas letras fueran escritas por las manos temblorosas de su madre. Hablamos después del lugar donde encontraron a nuestra hija, a pocos km del orfanato, la directora nos ofreció la compañía de su chófer para que nos indicara el sitio con exactitud, lo cual agradecimos sinceramente, iríamos después del almuerzo. Tras muchas fotos, abrazos y agradecimientos mutuos, llegó el momento de la despedida, los niños mayores, los que habían sido compañeros de C.X. se arremolinaban a nuestro alrededor para salir en las fotos, pero sobre todo en busca de un abrazo o una caricia, se acurrucaban e inclinaban la cabeza hacia nuestro costado. Nos volveríamos a ver y seguiríamos hablando más tarde, a la hora del almuerzo al que nos habían invitado, en un restaurante de Xinhui. Ya nos estábamos yendo cuando, en un impulso irreprimible, solicité visitar la sala de los bebés del orfanato -habría pedido con mucho gusto visitar todo el orfanato pero me pareció excesivo dado que no parecía estar dentro del protocolo-. La subdirectora, que es la persona que parecía tener más autoridad en estas cuestiones, no nos puso muy buena cara, pero tampoco se atrevió a negarnos la visita, accedió y subimos a la primera planta donde se encontraba la sala de los bebés. Yo a esas alturas del día, tal como muestran las fotos y me cuentan quienes me conocen, ya debía tener en la cara el reflejo de todo lo que bullía en mi interior, de alguna forma estaba bloqueada, mi seguridad, mis conocimientos, mi preparación para esta parte del viaje, hacía rato que se habían esfumado de mi conciencia, ahora sólo era alguien que recibía y absorbía, sin tiempo ni capacidad para digerir, un montón de imágenes, impresiones, sensaciones, que me impedían elaborar cualquier tipo de pensamiento racional, sólo sentía. Por eso no tuve reflejos para acercarme un poco más a la zona de las personas mayores, las vi de lejos y sentí mucha pena, no creo que hubiera personal suficiente para cuidar de forma adecuada a tantos ancianos, sólo pude captar algunos siluetas de personas con cabellos blancos, no sé si hombres o mujeres, que mecían su soledad con rítmicos movimientos de cabeza. Era una imagen desoladora a la que en ese momento no pude prestar más atención, estábamos subiendo las escaleras que nos acercaban a la sala de los niños y niñas más pequeños, y otras cosas acaparaban mi atención. El olor,

ese olor indescriptible de mezcla de hospital, de colegio, de guardería, de residencia de ancianos, de enfermedad, de soledad, de pañales mojados, de abandono, a pesar de todo el esfuerzo y la buena voluntad de las personas que trabajan en estos lugares, con recursos claramente muy limitados. Cuando entramos a la sala, con unos 10 ó 12 bebés en sus respectivas cunas, no había ninguna persona adulta que los cuidara, muchos de ellos dormían pese a ser medio día, otros estaban tranquilos, y otro, el que estaba situado en la primera cuna, según se entra a mano izquierda, lloraba con un hilillo casi imperceptible de voz. Era un bebé muy pequeñín, tenía pinta de ser prematuro, una vez más se nos rompía el corazón y no sabíamos qué hacer, yo le habría tomado en mis brazos y acunado, pero temía volver a romper el protocolo y la mirada seria de la subdirectora no me daba mucha confianza, opté por algo intermedio, poner la palma de mi mano caliente sobre su pequeño pecho, que lo abarcaba entero. Fue de efecto inmediato, nada más sentir el contacto de mi mano dejó de llorar, ahora era yo la que tenía que contener todas las lágrimas que se agolpaban en mis ojos, y hacer un gran esfuerzo para mantener el tipo. Seguí la ronda acercándome a cada uno de los bebés, varios con labios leporinos. Otros eran menos pequeñitos, entre uno y tres años aproximadamente, uno de ellos parecía tener macrocefalia. Otro estaba dormido con una postura imposible en la cuna, medio retorcido, con los pies enredados entre los barrotes ¡Qué ganas de cogerlo, acomodarlo bien y acunarle un poco! No me atreví. Algunos de los pequeños tenían ganas de marcha, estaban dispuestos a llamar la atención como fuera para jugar un rato, uno de ellos trató de comerse el anillo que yo llevaba, la verdad es que tenía unos colores y formas muy atractivas, sentí que no fuera un caramelo. También sentimos no haberles subido galletas, las habíamos dejado abajo, y de verdad, estaba tan bloqueada y con tan pocos reflejos, que ni yo misma me reconozco. Mientras yo hice, no sé en cuánto tiempo, la ronda parándome con unos y otros, C.X. y J.D. que ya los habían visto a todos y que seguían impresionándose un poco con las boquitas de los bebés de labio leporino, volvieron con el primer bebé, con el más pequeñín que parecía prematuro, C.X. le puso la mano en el pecho y no se separó de él hasta que nos fuimos. Esa noche en el hotel, estando ya en la cama, poco antes de dormirse, mientras comentábamos algunas de las vivencias del día, C.X. me preguntó si podríamos adoptar al bebé que cuando se le ponía la mano en el pecho dejaba de llorar ¡Ojalá! ¡Ojalá tuviéramos la capacidad y oportunidad de adoptar a todos los niños y niñas que lo necesitan!


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14 /... Nos despedimos de todo el personal del orfanato que salió a saludarnos, desde las cuidadoras hasta las limpiadoras, muchas de ellas se acordaban de C.X. la abrazaban y achuchaban, la acariciaban y la miraban con orgullo, miraban su pie izquierdo, el dedo que fue operado, con la satisfacción de verla sana y feliz, como si ellas mismas la hubieran operado, quizá hicieron aún más por ella que el cirujano, la sensación al verlas juntas es que eran personas que la habían querido, les hicimos unas cuantas fotos, C.X. sonreía feliz, ella tiene algo especial con las “yies”, más acentuado con las mujeres de la clase obrera, con las trabajadoras uniformadas de las fábricas, no es la primera vez, ya tenemos unas cuantas fotos de ese estilo, desde pequeñita, abrazada a ellas ¿Por qué será? Al poco rato nos volvimos a encontrar, como habíamos quedado, en el restaurante de Xinhui, en el que la directora del orfanato nos había invitado a almorzar. Ling Xiao interpretó de nuevo su excelente papel de compañera y traductora. En la mesa estuvimos la directora, la subdirectora, la cuidadora de C.X. (que no se separó de ella y que se pasó todo el rato ofreciéndole gambas -su comida favorita junto al arroz- pelándoselas y metiéndoselas directamente en la boca) el chófer del orfanato, que parecía tener también algún otro puesto de responsabilidad, Ling Xiao y nosotros. Las niñas estaban un poco cansadas y con sueño, aún no nos habíamos adaptado al cambio de hora, y supongo que como yo, también estaban impresionadas por todo lo vivido, no hubo ninguna gran novedad en ese encuentro, quizá para mí lo más significativo fue la ternura con la que cuidadora de C.X. la trató durante todo el almuerzo. Pero el día no había terminado ahí, aún nos esperaba uno de los momentos más impactantes, el chófer del orfanato nos acompañó al lugar donde la policía había declarado encontrar a C.X., a pocos km. del orfanato, en el distrito de Yong. Seguía lloviendo, el cielo estaba gris y había mucho barro, el lugar estaba junto a una laguna, y una guardería ahora abandonada, era un sitio extraño, entre urbano y rural, a las afueras de la ciudad. Quizá el día no acompañara, sea como fuere, yo sentí una gran desolación, una especie de escalofrío recorrió todo mi cuerpo, me parecía un lugar inquietante, no pude dejar de pensar cual podría haber sido la suerte de mi pequeña si alguien bondadoso no la encuentra pronto y la lleva a la comisaría. Quizá ese día de julio de hace siete años la guardería estaba abierta, había muchos niños jugando y lucía un sol espléndido ¡Ojalá! Yo miraba de reojo a C.X. le explicaba con todo mi cariño que ese era el lugar donde la encontraron, le hice fotos allí, nos hicimos fotos juntas, e intenté -quizá ella también- aparentar una normalidad que no sentía ¡Qué duro era todo!

Cada vez entiendo más a las personas adultas adoptadas, claro que pueden tener -de hecho la mayoría de la personas que conozco la tienen- una vida feliz, pero ahondar en el pasado es inevitablemente doloroso, y las que emprenden el proceso de búsqueda de sus orígenes, necesariamente pasan por altibajos emocionales. En esta historia, en estos triángulos familiares, nadie se queda sin su porción de dolor, las personas adoptadas, las madres biológicas, y las familias adoptivas. Para algunas, sin duda, estas porciones serán más grandes que para otras, dependiendo de las circunstancias, pero en cualquier caso nos duele más el dolor de los más débiles, de los más inocentes, en este caso siempre los niños y niñas cuyas familias biológicas, por las causas que fueran, no pudieron, no supieron o no quisieron cuidarles. No sé si mis hijas adoptadas, cuando sean mayores, harán otro viaje buscando lo mismo, si lo hacen será seguramente distinto, a su manera, ese será su viaje, será otro viaje. El que acabamos de hacer con ellas, en este momento con 9 y 7 años, ha sido el viaje de y con su familia adoptiva, y lo que aquí estoy narrando es el relato sesgado por la mirada de una madre adoptiva, no es el relato de mi hija C.X. ese sólo le corresponde a ella, y será ella quien decidirá en su momento si lo quiere o no hacer público. Mientras, tanto su palabra como su silencio, merecen todo nuestro respeto. Dejamos la provincia de Guangdong, rumbo a Guizhou, en el aeropuerto de Guiyang nos esperaba la familia de acogida de J.D., nada que ver su vida con la vida de su hermana en el orfanato ¡Qué suerte haberse criado los dos primeros años de vida con esta familia! Otro mundo. Como será también otra la búsqueda de los orígenes de J.D. y lo que nos encontramos mientras buscamos. Pero ese será otro relato. Continuará. María del Río Lanzarote, 28 de diciembre de 2010 mariadelanzarote@gmail.com


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Ser socio de AFAC

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AFAC es un grupo de familias adoptantes en China que nos hemos constituido en una Asociación, con la finalidad de defender todos juntos a las familias que deseen adoptar, o ya lo hayan hecho con China. Creemos que juntos tenemos más posibilidades de que nuestra situación y los problemas en los que nos encontramos tengan mayor resonancia en los medios de comunicación y, especialmente, ante la Administración, ya sea Autonómica o Central, al mismo tiempo que nos permitirá permanecer en contacto y compartir nuestras experiencias. Por ésto, si tienes interés en unirte o estar en contacto con nosotros, rellena el impreso adjunto y envíalo a nuestra sede de Barcelona.

Ser socios de AFAC quiere decir, antes que nada, ser gente especial, comprometida por un mundo mejor y más feliz. Quiere decir dar fuerza a todas las actuaciones de la asociación en defensa de los derechos de nuestros hijos, de nuestras familias, de las niñas y niños que todavía no han encontrado el amor que se merecen.

AFAC Barcelona C/Fraternitat, 15 08012 Barcelona

Tel.: 93 459 13 47 Fax: 93 459 13 27

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De madres biológicas

Cuando empecé la adopción de mi primer hijo, alguien me dijo que “la adopción es una solución para dos necesidades, la del niño de tener una familia y la de los padres de tener un hijo”. Nadie habló de la tercera parte implicada en esta historia, la familia biológica. Y durante mucho tiempo, yo tampoco pensé mucho en ellos. Sabía que existían, o que habían existido, pero eran para mí algo periférico, que implicaba la genética, y la decisión y la herida del abandono. No eran una realidad que contemplara ni con la que pensara relacionarme.

el acceso, pero no una relación continuada, no le sigas enviando fotos, pon distancia… No le hables de ella a tu hijo, puede idealizarla; puede confundirse; tiene que quedarle claro que su madre, su única madre, eres tú.

En esa época, inspirada por expertos varios en temas de adopción, yo me refería a los padres biológicos como “progenitores”, es decir, alguien que había dotado de genética a mis hijos, pero que no tenían el papel social de los padres y las madres. Este papel me lo reservaba para mí.

Y así, la madre africana, despojada ya del adjetivo “biológica”, entró en nuestras conversaciones, sus fotos empezaron a formar parte de nuestro álbum, su nombre pasó a integrar los relatos que mi hijo contaba y se contaba sobre sus orígenes, pudo llorar por su pérdida y soñar con el reencuentro. Y descubrí que su presencia no hacía que mi hijo me quisiera menos ni que yo fuera menos su madre de lo que soy. Dejar de vivirla como una amenaza nos enriqueció como familia.

Cuando me asignaron a mi hijo mayor, me dijeron que había una madre biológica, viva, con la que él había convivido hasta pocas semanas antes, que había dejado sus datos, y una carta en los servicios sociales de la ciudad donde nació. Con esta información, la figura de la madre biológica tomó más entidad. Ya no era simplemente la progenitora, que también; era su madre, la única que había conocido hasta entonces. Cuando algunas semanas más tarde, tuve la posibilidad de ponerme en contacto con ella, no lo dudé. Pero seguía viéndola como alguien ajeno, alguien que no formaba parte (ya) de la vida de mi hijo. Alguien que había tomado su decisión, que se había apartado. Que había renunciado. Recuerdo los consejos que recibí en esa época, de amigos, de familiares, de psicólogos. Todos venían a decir lo mismo: no te impliques. Escríbele una carta fría, sin emociones. Nada de mandarle fotos, será más doloroso para ella. Semanas más tarde me respondió, contestando a todas mis preguntas… y expresando su tristeza por no haber recibido ninguna foto del niño. Y ahí empecé a verla de otra manera. Porque si hubiera sido yo quien hubiera tenido que separarme de mi hijo… algo inimaginable… ¿no habría dado lo que fuera por recibir noticias de él, por verle crecer, aunque fuera en la distancia? Y esto que yo había vivido con él mucho menos tiempo de lo que lo había hecho ella… Los consejos, supongo que bienintencionados, siguieron: no mantengas correspondencia con ella, está bien tener

Aún no había digerido la nueva situación familiar, pero algo ahí me parecía poco claro. Si mi hijo se confundía no era porque le hablara de tener dos madres, sino porque tenía dos madres, algo difícil de entender y más difícil aún de asumir.


Ni mi hijo ni su otra madre tuvieron ninguna parte en la decisión de retomar este contacto. Fue una decisión que tomé yo, que soy quien tiene el control de la situación. Fui yo quien decidí buscarla, y en mi mano está continuar o no con esta relación, hacerla más intensa o más continuada, viajar a conocerla o no, llevar a mi hijo a que la conozca, hablarle o no de ella. Sin embargo, es a ellos dos a quien más creo que ha cambiado el hecho de retomar esa relación que se rompió. Para mi hijo, poder hablar libremente de su madre biológica, decir que la quiere, que es más guapa que yo; preguntar las cosas que no saben, inventar relatos al respecto; mirar sus fotos, buscarse en su imagen, incluirla en nuestro día a día, en resumen, ha servido para desbloquear muchas cosas que parecían difíciles de resolver (incluso para todos esos psicólogos que me recomendaban no buscar a su madre biológica, no hablar de ella al hijo que compartimos). En cuánto a ella, lo único que tengo son las cartas, las fotos... pero he visto cómo ha cambiado de foto en foto, cómo la expresión recelosa de las primeras veces se ha convertido en una sonrisa ancha, desbordante, como ha desechado las camisetas viejas que llevaba en las primeras fotos que me llegaron y las ha sustituido por ropas elegantes, preciosas, conjuntadas, que denotan que se arregla para las fotos que hace para su hijo... Esto me hace pensar que saber de su hijo le ha insuflado vida. Exactamente igual que me pasaría a mí si tuviera que separarme de mis chicos. Adopté a mi segundo hijo en otro país de África, en el que a menudo no hay datos de la familia biológica. No tuvimos suerte: no hubo en su caso ninguna información a la que agarrarnos. Y he descubierto que gestionar este vacío va a ser mucho más complicado que gestionar la presencia de la madre biológica de mi hijo mayor. Eugenia Curto LLedó


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Más allá de lo aparente en el rendimiento escolar

El rendimiento escolar está condicionado por toda una serie de circunstancias, algunas de las cuales, a veces, no se toman en consideración de manera adecuada a la hora de buscar soluciones cuando los resultados escolares no son los deseados. Veamos algunos de estos condicionantes, a través de los cuales podemos incidir de manera positiva en la mejora del rendimiento escolar de nuestros hijos. Lo primero que quieren los padres cuando un niño tiene problemas de aprendizaje es alguna fórmula por la cual su hijo alcance el nivel de sus compañeros a base de trabajar en el piso donde tiene el problema, o sea el curso escolar en el que se encuentra, que es donde aparentemente tiene el problema. La solución del problema consistiría seguramente en bajar al sótano o incluso a los cimientos del edificio, que es donde probablemente está el origen del problema, aunque esto normalmente no se hace.

Las Funciones Ejecutivas El espectacular avance en los últimos años de las Neurociencias en general, y de la neuropsicología en particular, ha permitido llegar a conclusiones muy importantes en relación con la forma en que aprendemos. Investigaciones recientes han puesto de manifiesto la estrecha relación entre las llamadas Funciones Ejecutivas y el aprendizaje. Algunos las han comparado con un director de orquesta. Si este director no trabaja correctamente puede ocasionar problemas en la vida diaria, y en el aprendizaje escolar, aunque todos los músicos (las diferentes zonas del cerebro) toquen correctamente sus instrumentos. He aquí algunos de estos problemas: • no calcular bien el tiempo • no preveer las consecuencias de los actos • dificultades en la planificación • problemas para mantener un orden • limitación para considerar otras opciones Las Funciones Ejecutivas necesitan un nivel de maduración adecuado para que el aprendizaje tenga lugar. Así, por ejemplo: • La memoria de trabajo permite la retención de información una vez que ha desaparecido el estímulo que la originó. Esta habilidad es fundamental para recordar, por ejemplo, las tareas escolares. • Cuando la inhibición de impulsos está inmadura los niños se muestran distraídos y desorganizados, tienden a no terminar lo que empiezan, a no darse tiempo para pensar en las consecuencias de lo que hacen, a no beneficiarse del recuerdo de experiencias pasadas y a no manejar el tiempo de una manera adecuada. • La memoria de trabajo verbal es la voz interna que se usa para conversar con uno mismo, para dirigir el comportamiento, seguir las reglas o cuestionarse la resolución de un problema. • La persona con déficit en la habilidad para regular las emociones y la motivación tiende a frustrarse con facilidad, a no mantener la motivación si no hay una recompensa inmediata y a tener dificultades para buscar alternativas para solucionar los obstáculos que se presentan.


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El período de mayor desarrollo de la Función Ejecutiva ocurre entre los 6 y los 8 años. En este tiempo los niños adquieren la capacidad de autorregular sus comportamientos y conductas, pueden fijarse metas y anticiparse a los eventos, sin depender de instrucciones externas, aunque cierto grado de descontrol e impulsividad todavía está presente. Esta capacidad está claramente ligada al desarrollo del lenguaje interior y a la aparición de las operaciones lógicas formales. Por lo general, a los 12 años se tiene una organización cognoscitiva muy cercana a la que se observa en los adultos, aunque el desarrollo completo de la función se consigue alrededor de los 16 años. Cuando, por algún motivo, estas Funciones son deficitarias pueden surgir problemas de aprendizaje y/o de conducta. En el caso de niños adoptados, por ejemplo, se puede explicar si existió malnutrición de la madre durante la etapa fetal. La desnutrición protéica y energética durante el embarazo constituye uno de los factores no genéticos más importantes en el desarrollo del Sistema Nervioso Central. Por otra parte, una alimentación inadecuada en el embarazo aumenta el riesgo de bebés con poco peso al nacer, lo cual es un mal predictor para el aprendizaje escolar. Según estudios llevados a cabo en Estados Unidos con población

de bajos recursos, el 15% de niños de muy bajo peso al nacer requieren educación especial, frente al 4.3% de niños con un peso normal al nacer. La desnutrición postnatal, ocurrida en los dos primeros años de vida es capaz de ocasionar también alteraciones neurológicas, que dependerán de la duración y la intensidad de la deprivación nutricional, pero que en todo caso darán como resultado reducción en sus capacidades para responder a estímulos, disminución del tono muscular, alteraciones en el comportamiento (umbral de atención bajo, irritabilidad, fatiga, dificultad para concentrarse, etc.) y disminución del funcionamiento cognitivo. Estudios comparativos llevados a cabo entre dos grupos de escolares con y sin desnutrición en el primer año de vida, han dado como resultado que el coeficiente intelectual de los escolares desnutridos era 25 puntos más bajo y su rendimiento escolar equivalente a la tercera parte del que presentaron los escolares no desnutridos. Si a todo esto unimos las consecuencias de la institucionalización, con la consiguiente carencia de estimulación afectiva y cognitiva en los primeros años de vida, podemos decir que estamos ante una población de alto riesgo en lo que se refiere a problemas de aprendizaje y/o de conducta.


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En estas condiciones, cuando aparecen problemas escolares, ante el desconocimiento de estas circunstancias, muchos profesionales de la enseñanza recurren al método de que los niños terminen en casa las actividades que no les da tiempo a hacer en clase, algo que la experiencia ha demostrado totalmente ineficaz. Sin embargo, en vez de cambiar el método si se quieren obtener resultados diferentes, se sigue insistiendo y poniendo toda la responsabilidad en la familia, cuando lo apropiado sería establecer programas de recuperación de estas funciones, en vez de la tortura que supone, tanto para la familia como para el niño o la niña, enfrentarse a una tareas para las que su maduración neuropsicológica no está preparada. Es como pretender que si no ven bien, se esfuercen en hacerlo, repitiéndole una y otra vez que se concentren y presten atención, en vez de llevarlos al oculista y ponerles las gafas correspondientes. En estos casos lo adecuado sería un programa que tratara la estimulación cognitiva y la rehabilitación de los problemas de aprendizaje desde una perspectiva neuropsicológica. En la mayoría de los problemas de aprendizaje hay un substrato común: trastorno y alteración del proceso lecto-escritor. Por eso, independientemente del curso escolar en el que se encuentre, un denominador común en alumnos con problemas escolares es una comprensión verbal deficiente, pobreza de vocabulario y problemas en la expresión escrita. Dado que la mayoría de los aprendizajes escolares tienen un alto contenido verbal, incluidas las matemáticas, ya que si no se entiende el enunciado de un problema difícilmente se podrá hacer el planteamiento adecuado para resolverlo, lo prioritario sería trabajar las deficiencias citadas, ya que el dominio del proceso lecto-escritor es el fundamento sobre el que se construyen el resto de los aprendizajes. Es como si alguien estuviera intentando talar un árbol con un hacha mellada. Podemos animarle a que lo intente,

que se esfuerce por conseguirlo, que le dedique tiempo, lo podemos motivar con algún incentivo, hacerle promesas si consigue tirar el árbol, pero sería mucho más fácil si en vez de todo eso, que supone un nivel de esfuerzo y de frustración bastante alto, simplemente, hiciéramos un alto y le afiláramos el hacha. Entonces, seguramente, el trabajo sería menos arduo y más gratificante, al margen de más eficaz. Hoy día, cuando los desplazamientos largos en las grandes ciudades imposibilitan la asistencia a un centro terapéutico, o en el caso de pueblos pequeños, la dificultad viene por la inexistencia de los mismos, las nuevas tecnologías ponen a nuestro alcance herramientas muy eficaces para conseguir este objetivo: el trabajo On Line ofrece múltiples posibilidades para trabajar estos objetivos. Por otra parte, las familias no tienen por qué convertirse en profesores de apoyo de sus hijos. El objetivo no deben ser las tareas escolares a cualquier precio (no tener tiempo para jugar, estar largas horas delante del papel y el lápiz, relaciones conflictivas derivadas de estas circunstancias, etc.). Sería más eficaz relevar a las familias de ésta tarea ímproba e ineficaz y hacer que las actividades tradicionales de la familia se usaran como mediadoras para el desarrollo de las habilidades cognitivas que sus hijos tienen deficitarias. Algunas de las funciones deficitarias se pueden desarrollar con actividades de la vida diaria, que además contribuyen al fortalecimiento de los vínculos dentro del sistema familiar, ya que implican la interacción con los hijos, algo que el sistema de vida actual propicia poco. En estos casos, la madre o el padre se convierten en mediadores en el proceso de aprendizaje de sus hijos, ayudándoles a pensar y a ser estudiantes más eficaces. Es lo que se conoce como aprendizaje mediado, es decir, un aprendizaje que tiene en cuenta la situación de la que parte el niño y le propone un salto cualitativo de ese


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aprendizaje, gracias a la mediación de un adulto. No es un aprendizaje memorístico ni mecánico, sino un aprendizaje en el que se experimenta, se cometen errores, se buscan soluciones. Se trata de un aprendizaje que tiene en cuenta lo que Vigotsky, el gran pedagogo ruso, describió como “zona de desarrollo próximo”, que hace referencia a todas las funciones y actividades que un niño puede realizar solamente con la ayuda de alguien, el padre o la madre, en este caso, que ya dominan esa función y que interactúan con él. Este aprendizaje, que es motivador y gratificante, es aquel que permite que el niño recorra y transforme por sí mismo, pero con la mediación de otra persona, su “nivel de desarrollo potencial” en “nivel de desarrollo real”.

• Juegos con reglas inventadas. Favorecen la autorregulación necesaria para frenar impulsos, inhibir conductas, etc. Salud Geoambiental Los humanos ingerimos diariamente cerca de 2 kilos de comida y 2 litros de bebida. Sin embargo, se calcula que al cabo del día pasan por nuestro cuerpo nada menos que 5.750 litros de aire. Los iones son diminutas partículas cargadas eléctricamente que están presentes en el aire y por tanto forman parte de todos los ambientes donde estamos.

Algunas actividades que pueden ayudar en este sentido: • Hacer planes y después revisarlos. Ayuda a desarrollar la planificación, una habilidad necesaria para la tarea escolar. • Juegos en los que se reproducen modelos y patrones. Puede ser en papel, plastilina, arcilla, piezas de mecano, construcciones, etc. Ayuda a trabajar secuencias y patrones, que son fundamentales para el desarrollo del pensamiento lógico y, por tanto, de las matemáticas. • Juegos simbólicos, resolución de conflictos que satisfagan a ambas partes, acertijos, adivinanzas. Ayudan a desarrollar el pensamiento abstracto, fundamental a medida que avanzan los cursos escolares.

Para que se mantenga la vida se ha calculado que hace falta un equilibrio de 4 iones negativos por cada ión positivo. Cuando ese equilibrio se rompe disminuye la capacidad para concentrarse y para memorizar, y aumentan la ansiedad, la agresividad, los dolores de cabeza, la hiperactividad, etc. El ambiente interior de los edificios donde pasamos hasta el 80% de nuestro tiempo está saturado de iones positivos producidos por la contaminación ambiental, el aire mal acondicionado, los ordenadores, los aparatos electromagnéticos, etc.

• Relacionar experiencias o actividades del pasado con el presente. Ayuda a promover la relación causa-efecto.

La mayoría de los niños viven gran parte del día inmersos en ambientes con una proporción muy baja de iones negativos, lo cual resulta contraproducente para su rendimiento escolar y poco propicio para facilitar comportamientos positivos.

• Los juegos de mesa son muy eficaces para desarrollar la atención y la concentración. Además de favorecer la socialización y la interacción con sus iguales o con adultos, resultan muy lúdicos y divertidos.

Si la autoridades nos dijeran que el agua que bebemos está contaminada, inmediatamente compraríamos agua embotellada o nos haríamos de un purificador. Cuando oímos que el aire que respiramos está contaminado


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¿tomamos alguna medida? Espacios lo más libre posibles de aparatos contaminantes, el uso de ionizadores, la actividad física y el contacto con la naturaleza resultan fundamentales para compensar estas influencias negativas del entorno en el que vivimos, la contaminación que no se ve, pero que influye en nuestro bienestar físico y mental, y por tanto, en el rendimiento escolar de nuestros hijos. Alimentación Investigaciones recientes han puesto de manifiesto que los conservantes, edulcorantes y muchos aditivos que se añaden a bebidas y comidas consumidas preferentemente por los niños pueden aumentar los comportamientos hiperactivos en los menores que los consumen, incluso en aquellos que no tienen este trastorno. También se ha establecido una clara relación entre el déficit de Omega 3 y los problemas de atención en los menores. Los aceites omega 3 son uno de los componentes principales de la materia del cerebro. Cerca del 60% del peso del cerebro es grasa. La grasa es tan importante para el cerebro como el calcio para los huesos: es su materia prima. Si se tienen grasas de baja calidad en el cerebro las conexiones entre las neuronas no serán óptimas.

El gobierno británico se ha planteado incluso dar cápsulas de aceite de bacalao en las escuelas, porque los niños no ingieren suficiente Omega 3 debido al consumo de comida rápida. Por otra parte, muchos niños van al colegio sin desayunar, con lo cual desde la hora de la cena hasta la hora del recreo han podido pasar 12 horas. Esto puede provocar una hipoglucemia (falta de azúcar en la sangre) que tiene su consecuencia en el desempeño de las tareas escolares, especialmente las relacionadas con la memoria. El cerebro tiene dos combustibles: el oxígeno y la glucosa, y es altamente sensible a la falta de cualquiera de ellos. Por otra parte, se debe restringir el consumo de azúcares refinados y productos con cafeína, ya que son altamente estimulantes del sistema nervioso central. Para concluir, podemos decir que el rendimiento escolar está condicionado por muchos más aspectos que los meramente aparentes y relacionados con el período de tiempo que los niños dedican directamente al aprendizaje escolar. Tener en cuenta todos estos factores ayudará, sin duda, a rentabilizar los esfuerzos que nuestros hijos hacen para alcanzar los objetivos escolares, y que a veces, pueden parecer inalcanzables porque no se tienen en cuenta todos los recursos disponibles. Marga Muñiz margamuniz@yahoo.com


cuento

La rana Wa y la grulla Hu / 23 Eran las 21:00 horas del día 24-12-10 y estaba pensando que aquella misma tarde había recibido un correo electrónico desde AFAC en el que me informaban que estaban empezando a preparar el nuevo número de la revista Nihao. Me preguntaban si disponía de algún artículo para integrar en el interesante proyecto que es esta publicación. En el momento en que recibí el correo no tenía nada escrito ni ninguna idea rondándome por la cabeza.

tomar un poco de agua antes de emprender el viaje. Entré en casa como si aquella visita fuera de lo más normal del mundo, y al cabo de unos minutos le ofrecía un poco de agua en un dedal metálico que aún conservo de mi abuela de la que tan orgulloso siempre me he sentido debido a que ella me enseñó a leer.

No siempre las musas de la inspiración llaman a tiempo, ni acuden cuando las necesitas, sino que aparecen cuando se les antoja. A veces, pero nunca se sabe con certeza, te hablan bajito al oído durante el rocío de la mañana o cuando acudes a contemplar el océano al atardecer o mientras te dejas llevar por la belleza del ocaso rojizo del sol en verano. Pensaba sin embargo que, aquel día, no iba a tener suerte con la inspiración porque iba ajetreado, ocupado, en los preparativos para el tradicional “caga tió”. El día siguiente era Navidad y seguramente las musas debían encontrarse lejos y celebrando también la noche previa al día 25. Me encontraba en el estudio y a punto de marcharme ya que debía encontrarme más tarde con mi mujer y mi preciosa hija que pronto va a cumplir los cinco añitos, y cuatro desde que está con nosotros. Estaba arreglando unos papeles y cerrando el ordenador y pensando que ya iba siendo hora de comprar una nueva impresora. En esta sociedad de consumo en la que estamos inmersos y de la cual no es fácil escapar, los aparatos tienen corta fecha de caducidad. Así, de esta forma estamos obligados a comprar y comprar y comprar y por tanto a trabajar, trabajar y más trabajar. Estaba dándole vueltas al tipo de sociedad a la que hemos decidido entregar nuestro esfuerzo, dedicación y energía, cuando escuché un ruido extraño en la oscuridad de la noche. A pesar del frío abrí la ventana y miré en la repisa y también a la calle pero no vi nada. Sin embargo, al escudriñar en dirección hacia la derecha, al balcón que da a la zona verde, vi algo que saltaba cerca del árbol sintético de navidad que adorna la terraza. Tuve la necesidad de indagar de que se trataba y me puse un abrigo y salí al exterior y acercándome me percaté de que, a los pies del árbol se refugiaba Wa, la rana. Me acerqué hasta ella y empezó a hablar conmigo. Me contó que estaba esperando a Hu, la grulla porque en unos minutos emprendían el vuelo hasta las provincias de Guanxi, Guandong y Jiang Xi pero que no descartaban ir también a Hubei. Me comentó también que llevaba con ella el hilo rojo y mágico que debía unir ya para siempre a los padres y madres con sus bebés. Se había parado saltando hasta nuestro balcón porque tanto ella como Hu, necesitaban

Le pregunté a Wa si necesitaba algo más y me dijo que no, sólo que les deseara suerte en el largo viaje ya que la noche era fría y caía algo de llovizna. Al cabo de un rato miré a mi reloj y aunque me hubiera gustado esperar y hablar también con la grulla (no siempre se puede contar con unos huéspedes tan especiales), me di cuenta de que no podía demorar más mi partida porque me esperaba la familia de mi mujer, para cenar. Me despedí, pues de la rana y dejé un cuenco con más agua para cuando llegara Hu, y le deseé mucha suerte durante el trayecto hacia Oriente. Ahora, después de esa visita inesperada, ya se con certeza que alguna de las familias del maravilloso pueblo donde vivo, van a ser finalmente asignadas, después de una tediosa e incomprensible espera de muchos años. Les deseo a ellas y a todos los que se encuentren en la misma situación, lo mejor en esta maravillosa aunque maratoniana aventura que es el proceso de adopción. Una vez asignados es cuando realmente aparece la mágica recompensa de tanta espera, anhelos, miedos, preocupaciones y nervios. El hilo rojo ya está tendido, conectando para siempre a las dos partes. Hasta pronto. Oriol Petit. opetit7@gmail.com


Viaje asociación

24 / La Voz de los Adoptados. Escuchar para comprender

Estimados lectores, Por fin dejamos atrás el año 2010, y no sólo el año sino también la primera década de este siglo XXI. Una década que sin duda ha revolucionado el mundo de la adopción. Por un lado, hemos vivido un “boom” de adopciones internacionales que como sociedad nos plantea nuevos retos y por otro lado, hemos visto como ha ido creciendo el movimiento asociativo tanto por parte de los padres adoptantes, como recientemente, de los hijos adoptados, fruto de una época en la que las adopciones eran casi todas poco menos que irregulares y en las que los padres no recibían la formación adecuada y debían gestionar las situaciones sin apenas recursos. Durante el 2010 La Voz de los Adoptados ha ido consolidando su línea de trabajo, su identidad como asociación, y nuevos proyectos que responden a la reflexión que como colectivo hemos hecho. Nuestras conclusiones son claras; Respecto a la adopción hay muchas creencias que consideramos erróneas y que es preciso superar para poner la adopción en su lugar correcto. Lo primero es que la adopción no es un mecanismo de reproducción asistida ni una institución de fertilidad. Bien es cierto que la adopción puede ser una solución que satisfaga

las expectativas de paternidad o maternidad de personas con dificultades de fertilidad, pero son muy numerosos los casos de familias adoptivas con hijos biológicos o de personas que planifican su proyecto familiar en base a una maternidad o paternidad adoptiva. Otra creencia muy extendida que habría que superar y, a ser posible eliminar, es la de que las personas adultas tienen derecho a adoptar. Esta interpretación no es correcta. Son las y los menores en situación de desamparo quienes tienen derecho a ser adoptados, y esto está reconocido en la Convención de los Derechos del Niño. Las personas en edad adulta tenemos la oportunidad de ser madres y padres al adoptarles, siempre y cuando ello favorezca sus derechos. También conviene recordar que no se adopta por caridad, se hace por el deseo de ejercer la paternidad o la maternidad y poder dar un recurso de familia estable y con futuro a un menor, cuando la suya no funciona o no le puede dar aquello a lo cual tiene derecho. Una vez realizado el ofrecimiento para adoptar, y especialmente cuando se formaliza la adopción debe haber la responsabilidad y la obligación moral y legal de dotar a los menores adoptados de esos recursos.


asociación Viaje

... / 25 viajes, nunca pagan por la niña o niño. Quien adopte no va a adoptar con garantías, va a adoptar con la misma incertidumbre que tendría cualquier persona o pareja cuando decide tener un bebé, no sabe si el embarazo se conseguirá pronto o si tendrá que tener algo de paciencia, no sabe cómo será la hija o hijo que desea, etc. Tampoco hay derecho a reclamar ni a devolver. A las niñas y niños adoptados se nos puede abandonar, pero no devolver. Si se nos abandona de nuevo se nos vuelve a infligir un nuevo dolor, una nueva herida que resulta tan difícil o más de superar y reparar. Especialistas en la materia dicen que un porcentaje muy alto de personas adoptadas no llegamos a entender nunca por qué nos abandonaron. Muchas veces porque no vamos a tener acceso a una explicación de por qué se produjo y otras muchas porque, aun teniendo una explicación, pensamos que quizá había otras opciones. Con cinco años pensamos unas cosas, con veinte otras, y finalmente muchos pensamos en cómo podría haber sido nuestra vida sin sufrir un abandono y todo lo que conlleva.

Otra tendencia generalizada es la del intento de “normalización”; frecuentemente se dice que las niñas y niños adoptados son exactamente igual que los biológicos, y es algo que habría que matizar ya que tenemos algunas necesidades que no tienen quienes no han sido adoptados, o las tenemos en un mayor grado. Si, además de crecer, aprender, desarrollarnos y hacer lo que cualquier persona hace, tenemos que reparar un sufrimiento, un dolor, unas carencias al inicio de nuestra vida y, además, comprender el significado de nuestra experiencia de abandono, estamos hablando de mucha más tarea que la de cualquier persona y, por tanto, si la sociedad habla de adoptar tendremos que hablar también de aportar aquellos recursos que necesitamos las personas adoptadas, porque tenemos más necesidades que las personas no adoptadas. Otra creencia generalizada es que el amor puede con todo. El amor es imprescindible pero en muchas otras cuestiones se necesitan, además, recursos y profesionales especialistas. La adopción no es un bien de consumo. No es ni rápido ni fácil adoptar ya que no hay tantos menores adoptables como se cree. De hecho, según UNICEF, por cada cinco ofertantes para la adopción hay tan sólo una o un menor adoptable. No se puede pagar por la adopción. Las familias pagan por realizar trámites, gestiones, traducciones y

En cuanto a la sociedad en general es necesario sensibilizar, formar y preparar a la totalidad de agentes que intervienen; queremos referirnos fundamentalmente a los servicios sociales y sistemas sanitario y educativo, porque no tienen todos los recursos necesarios para abordar esta problemática y, a veces, no entienden, no interpretan adecuadamente, o hacen tratamientos inadecuados a nuestras necesidades, tanto cuando somos niños como en la etapa adulta. Nos queda mucho por hacer, así que: ¡en marcha! ¡Feliz año! La Junta Directiva de La Voz de los Adoptados. www.soyadoptado.es www.laveudelsadoptats-catalunya.blogspot.com


pasos

26 / La adopción en China en 10 pasos Este documento está dirigido a responder a las dudas esenciales de las familias que empiezan el proceso y tienen poca información al respecto, es el resumen de todos los pasos necesarios para llevar a cabo una adopción de un menor en la República Popular de China. Es una síntesis orientativa y esquemática de la información completa y detallada que podéis encontrar en la web de AFAC: www.afac.info o solicitando el dossier actualizado a AFAC.

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Primer paso: Cumplir los requisitos legales.

Segundo paso: Obtención del Certificado de Idoneidad.

Tercer paso: Confección del expediente para enviar a China.

Cuarto paso: Envío del expediente a China.

Quinto paso: La espera.

Sexto paso: ¡El Centro Chino de Adopciones responde!

Séptimo paso: Preparar el viaje.

Octavo paso: En China.

Noveno paso: Vuelta a casa.

Décimo paso: Adaptación.

Adopción por Pasaje Verde Os queremos recordar que el CCAA, permite la adopción por Pasaje Verde. Esta vía permite a las familias la adopción de niños/as con alguna necesidad especial. Los requisitos legales y la forma de tramitación es diferente, si queréis información os podéis poner en contacto con pasaje.verde@afac.info AFAC realiza, en diferentes comunidades, charlas informativas de los pasos a seguir y como afrontar la adopción por Pasaje Verde.

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Primer paso: Cumplir los requisitos legales. • Tener más de 30 años y menos de 50 en el momento de presentar la solicitud. • La legislación china no acepta parejas de hecho, es necesario que la pareja esté casada un mínimo de 2 años, y matrimonios de segundas nupcias un mínimo de 5 años de acuerdo con la ley española. • No tener más de 5 hijos que conviven con los padres. • Estudios e ingresos. Recomendamos visitar nuestra web donde están explicados los requisitos que solicita china www.afac.info

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Segundo paso: Obtención del Certificado de Idoneidad. El Convenio de la Haya (1993) relativo a la protección del niño, establece que el informe para determinar la idoneidad de los adoptantes contendrá información sobre su identidad, capacidad jurídica, y aptitud para adoptar, su situación personal, familiar y médica, su medio social, los motivos que les animan, su aptitud para asumir una adopción internacional y sobre los niños que estarían en condiciones de tomar a su cargo. China ha ratificado el Convenio en diciembre del 2005.

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Tercer paso: Confección del expediente para enviar a la China. Documentos exigidos por la Ley China de adopciones: 1. Solicitud dirigida al China Center of Adoptions Affairs. 2. Certificado literal de nacimiento (según Comunidad) y Certificación del acta de nacimiento (modelo internacional). 3. Certificado literal de matrimonio (según Comunidad) y Certificación del acta de matrimonio (modelo internacional), 4. Certificado de profesión. 5. Certificados de ingresos y propiedades. 6. Certificado médico en impreso oficial e Impreso de examen médico en modelo del CCAA. 7. Certificado de antecedentes penales. 8. Informe psicosocial. 9. Certificado de idoneidad. 10. Talón de 750 dólares al CCAA en concepto de tramitación y de 300 dólares al BLAS en concepto de traducción del expediente. 11. 6 Fotos familiares. 12. 2 Fotos carnet. 13. 2 Fotocopias de cada pasaporte. Los primeros 9 documentos tendrán que ser legalizados en la comunidad de los adoptantes, Ministerios de Madrid y consulado Chino en Madrid o Barcelona.


pasos

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Cuarto paso: Envío del expediente a China. Una vez legalizado todo el dossier, se entregará el original al departamento competente de vuestra Comunidad Autónoma, que se encargará del envío a China.

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Quinto paso: La espera. La espera desde la entrega del expediente a la Comunidad Autónoma hasta que recibís la asignación es actualmente (Enero 2011 4 años y medio). Tomadlo con calma pues la espera puede ser desesperante, para hacerla más corta y llevadera podéis participar en las actividades que organiza AFAC, en las listas de correo, en los encuentros, en el chat, leer la rica bibliografía sobre China y la adopción, contactar con otras familias...

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Sexto paso: ¡El Centro Chino de Adopciones responde! El CCAA envía las asignaciones al Ministerio de Sanidad y Política Social (Madrid) que comunica por fax a las distintas Comunidades Autónomas (que se pondrán en contacto con la familia) los datos esenciales del menor. Este expediente de asignación (la documentación e informes médicos que se entregan en chino y en inglés) tendrá que ser traducido al español y entregado a vuestra Comunidad. Se os facilitarán, también, fotografías y la Carta de Aceptación (que tendréis que firmar) y la Carta de Confirmación (que será firmada por el Responsable Administrativo de vuestra Comunidad). Estas dos cartas tendrán que ser remitidas directamente al CCAA.

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Séptimo paso: Preparar el viaje. En la web de AFAC encontraréis toda la información de como organizar el viaje. Tened en cuenta que en China contaréis siempre con un guía que os acompañará en todos los pasos que hay que cumplir y se preocuparán de todo. Habrá que reservar el vuelo España-China ida y vuelta, mientras que de los interiores en China se ocupará la agencia. Un par de semanas antes de viajar se tendrá que solicitar el visado a la Embajada China en Madrid o en el Consulado de Barcelona. Las familias cuyo expediente entró en el CCAA en el mismo mes se van organizando con cierta antelación. Podéis contactar con ellos y participar en las reuniones. Manteniendo el contacto con AFAC tendréis mucha información sobre esta fase del proceso. La estancia en China es de 2 semanas. Hay provincias en las que el viaje puede durar de 18 a 20 días.

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Octavo paso: En China. Podréis abrazar a vuestra pequeña desde el día siguiente de la llegada a China. Casi siempre el mismo día de la llegada a Pekín o Shangai se viaja a la provincia y a la mañana siguiente

se realiza el tan ansiado encuentro. Vuestra hija estará con vosotros desde entonces, en el hotel ya se ha preparado una cuna. De organizar “el papeleo” se ocupan los guías. Os acompañarán al Registro Civil, al notario a solicitar el pasaporte chino de la pequeña, todo ésto en la Provincia, mientras que de vuelta a Pekín o Shangai, tendréis la visita a la Embajada de España que inscribirá vuestro hijo en el libro de familia.

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Noveno paso: Vuelta a casa. Al llegar a casa tendréis que presentar el Acta de Resolución de la Adopción en vuestra comunidad, empadronar, Seguridad Social... y al cabo de 6 y 12 meses realizar los informes de seguimiento.

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Décimo paso: Adaptación. En este punto queremos hacer de ‘abogados del diablo’, es decir, desmitificar un poco la imagen bucólica que algunos nos podríamos haber hecho de lo que es la adopción, con el fin de que no os cojan por sorpresa determinadas situaciones que en cualquier caso, aunque se den, sólo son temporales. En ocasiones la vuelta a casa suele ser más dura de lo que nos imaginamos. Habéis conseguido una integración total con vuestra hija-o en China, reclama vuestros brazos, es dulce, os quiere, se ha habituado a veros, está aprendiendo que no va a sufrir un nuevo abandono. En la habitación del hotel su cunita está junto a vuestra cama. Cuando se despierta lo primero que hace es comprobar que seguís a su lado... La vuelta a casa puede suponer para ella (o él) un elemento desestabilizador, ya había encontrado la seguridad de vuestros brazos, en un entorno que había hecho suyo, la habitación del hotel era su reino, hasta el rostro de vuestro guía le era familiar y querido. En casa el temor a perderos la amenaza. No conoce estas nuevas paredes, su habitación llena de muñecos y colores cálidos, quizás le dan miedo. Ya no duerme con vosotros, tiene un cuarto propio. Seguramente no querrá dormir sola y tendréis que enseñarle unas nuevas normas y horarios. La casa está llena de gente, vuestros familiares y amigos quieren conocer a vuestra hija, y ella no es tan sociable ni tan simpática como vosotros quisiérais, además todo el cansancio del proceso entero os ha salido de golpe, incluso habéis traído algún resfriado que no os quitáis de encima. La niña sólo quiere estar en vuestros brazos y os es difícil tener un minuto para vosotros solos. Todas son situaciones comunes que os podéis encontrar en la vuelta a casa, aunque también es absolutamente posible que vosotros estéis llenos de energía y la niña-o tan campante viviendo en una casa que siente suya desde siempre. Lo cierto es que de las cientos de historias que conocemos todas tienen un final feliz, y en la mayoría de los casos un principio también.


Tú ganas, ellos también.

22381 el número de la “esperanza”.

22381, este es el número del proyecto “Nutriendo Esperanza”, el proyecto de AFAC con la Fundación Caja Navarra. Una iniciativa que se enmarca dentro del programa “Tú eliges: tú decides” de la nueva Banca Cívica. Si eres ya cliente de alguna de las entidades de la Banca Cívica, puedes decidir el 100% del destino de la obra social y además tienes el derecho de elegir los proyectos que quieres financiar. Nuestro proyecto es el Nº 22381 y ya está a disposición de ser elegido desde la web www.bancacivica.es Y si aún no eres cliente pero quieres beneficiarte de todas las ventajas de la Banca Cívica y www.bancacivica.es

colaborar con AFAC, contacta con Leyre Laparra García, responsable de los clientes de AFAC y con quién podrás realizar cualquier consulta.

Leyre Laparra García Tel.: 620 264 352 Mail: leyre.laparragarcia@cajanavarra.es


Nihao 21