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ASOCIACIÓN DIANOVA ESPAÑA

EDITORIAL Teresa Solís Moreno...................................................................................5

Director Gerente

INFONOVA EN EL CONTEXTO DEL PLAN NACIONAL SOBRE DROGAS 2013-2016..........................................................................7

Santos Manuel Cavero López Calle Coslada, 18 28028, Madrid Tel.: +34 91 468 87 65 Fax: +34 91 468 87 87 E-mail: dianova@dianova.es infonova@dianova.es

Edición Asociación Dianova España

Diseño y maquetación Área de Comunicación Corporativa y Marketing Social Asociación Dianova España Técnico de comunicación: Alejandra del Campo Peñalver Juan Sancho García Colaboradores: Katalin Dan Fernando Martínez Bretón Teresa SolÍs

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Depósito Legal M-5821-2014 ISSN 2341-247X Asociación Dianova España no comparte necesariamente las opiniones expresadas en los artículos publicados. Los únicos responsables son sus propios autores.

ADICCIONES EN GENERAL La adicción: un prejuicio Inmaculada Jáuregui...................................................................................9 Antecedentes de abuso de alcohol y otras sustancias e ideación y conducta suicida Katia Kokoulina Cherevach.......................................................................27 Programa de reducción y/o abandono del consumo de cannabis en un club social de cannabis Zaida Egea................................................................................................35 ADICCIONES Y JUVENTUD Instrumentalización activa de la consulta de salud mental en menores con trastorno de conducta en acogimiento residencial especializado asociada al consumo de psicofármacos Alberto Gundín Fernández.......................................................................41 Uso de cannabis en adolescentes Enriqueta Ochoa Mangado y Agustín Madoz-Gúrpide...........................................................................53 Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación Mayte Helguera........................................................................................59 ADICCIONES Y FAMILIA Trauma psicológico, relaciones de pareja y adicción al cannabis: reflexiones desde el enfoque sistémico-relacional Aliety Fernández Marrero.........................................................................71 HISTORIA Y REFLEXIONES SOCIALES Y POLITICAS Una aproximación a la imagen de la mujer en las informaciones sobre consumo de drogas Laura Ibáñez Castejón y Mireia Pascual Mollá................................................................................75

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Índice El modelo de comunidades terapéuticas y la “pérdida del ideal de rehabilitación”: análisis para una propuesta práctica Antonio Jesús Molina Fernández ............................................................87 ¡La “maría” me vuelve loco! José A. Ramos Atance...............................................................................97 Conversaciones elementales II. Conocimiento Carmen Meseguer..................................................................................101 RESEÑA Adicción a las redes sociales y nuevas tecnologías en niños y adolescentes (Autores: Enrique Echeburúa y Ana Requesens) Rosa María Frías Reina...........................................................................107 HAN COLABORADO EN ESTE NÚMERO......................................................110 SI ESTÁS INTERESADO EN PARTICIPAR........................................................114

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EDITORIAL

EDITORIAL

Sociales e Igualdad a través de la revista Infonova, donde ofrece información innovadora y de calidad, elaborada por profesionales que intervienen en la lucha contra las adicciones. Así, en este número de la revista Infonova, abordamos la problemática de las adicciones desde enfoques y reflexiones diversas. El lector la lectora encontrará artículos sobre adicciones de la mano de eminentes profesionales como Inmaculada Jáuregui, quien pretende mostrar el escaso rigor científico del término adicción, apuntando que dicho concepto se enraíza más en cuestiones de índole moral, política, ideológica o incluso económica. Jáuregui, doctora en Psicología, describe y analiza el término desde varios puntos de vista, tales como dependencia, falla en el desarrollo humano, pérdida del control y de la voluntad del individuo víctima de sus impulsos, como hábito, siendo bueno o malo en función de su posibilidad de capacitar o incapacitar a la persona, como enfermedad, y como crimen y/o desviación, según la legislación de turno.

Teresa Solís Moreno Periodista

En un mundo dinámico y cambiante como en el que vivimos hoy en día resulta obvio pensar que hay un constante proceso de adaptación y revisión de los tratamientos y programas que reciben las personas usuarias, tanto las que tienen problemas de drogas y adicciones como las afectadas por trastornos comportamentales. Además del método de abordaje, los expertos y expertas tienen cada vez más en cuenta los aspectos emocionales del individuo, como es la gestión de sus sentimientos, donde están sus bloqueos y sus creencias posibilitadoras; los aspectos personales de su entorno cercano, pareja y/o familia; y los aspectos sociales, que sitúan a las personas con problemas de adicción en el plano profesional o de interactuación en otros ámbitos.

Por su parte, Katia Kokoulina, psicóloga clínica y terapeuta familiar, y Rafael Fernández Martínez realizan un análisis sobre la relación e influencia de los antecedentes personales de consumo de alcohol y otras sustancias a la ideación, planificación y conducta suicida.

Asociación Dianova España, además de incluir como importante y necesario el criterio de afectividad para el crecimiento integral de la persona, fiel a los principios fundamentales que presiden sus acciones y estrategias de actuación, mantiene su compromiso con el Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad, Servicios

Cerrando el bloque de adicciones generales, Zaida Egea, también psicóloga, especializada en trastornos obsesivos y adicciones, detalla una intervención pionera para reducir o abandonar el consumo de cannabis en un club social cannábico. Aunque no significativa por la muestra de estudio, apunta a que puede ser una posible

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EDITORIAL

vía de intervención contra este tipo específico de adicción.

Antonio Jesús Molina Fernández, investigador de comportamientos individuales y grupales asociados a la Psicología Social, analiza el modelo de comunidad terapéutica para personas con problemas de adicción, profundizando en la influencia que la “pérdida en el ideal de rehabilitación” ha tenido sobre este modelo. En su artículo, apuesta por un programa diseñado ad hoc para las personas destinatarias, evaluado en implementación y resultados, con objetivos, actividades y metodología específica.

La revista Infonova incluye siempre un apartado especial a la juventud. En este número, Alberto Gundín, psicólogo y mediador intercultural, advierte en su artículo que cada vez es mayor la demanda de psicofármacos para usos lúdicos por parte de las menores, ya sea por una tendencia al abuso de estos o por su consumo en combinación con otras sustancias psicoactivas. Los doctores Enriqueta Ochoa y Agustín Madoz analizan el cannabis como sustancia ilegal más consumida después del tabaco y el alcohol y su impacto a la hora de generar serios problemas a nivel sanitario y social entre la población adolescente. Sugieren cómo optimizar su diagnóstico y orientación terapéutica desde la atención primaria.

José Antonio Ramos Atance, catedrático de Bioquímica, desgrana, de manera somera, características, mitos y particularidades de la marihuana. Desmonta viejas concepciones acerca del consumo de esta sustancia, así como la dependencia que puede acarrear, incluyendo trastornos psiquiátricos. Por su parte, Carmen Meseguer, facultativa especialista en Psicología Clínica, continúa con sus reflexiones dentro de la secciones “Conversaciones elementales”. En este marco explica la importancia del conocimiento transdisciplinar en la reducción de los trastornos adictivos y la habilitación de las personas con adicción a drogas y a otras adicciones.

Mayte Helguera, también psicóloga que trabaja en programas de intervención para la prevención de trastornos alimentarios en adolescentes, relata la diferencia entre el uso, el abuso y la adicción de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TICs) entre los jóvenes, y explica cómo trabajar la prevención ante un posible uso problemático. En su artículo, describe cómo acometer el problema desde la propia familia en base a un rango de edades de las menores que va desde los 6 hasta los 16 años.

Por último, en la tarea de dar a conocer nuevas publicaciones de impacto social, en este número recogemos la reseña del libro “Adicción a las redes sociales y nuevas tecnologías en niños y adolescentes”, una guía de educadores redactada por los expertos Enrique Echeburúa y Ana Requesens, quienes relacionan cuáles son los síntomas de adicción a las redes sociales, fijan dónde está la frontera entre afición y adicción, y ofrecen consejos para su prevención y tratamiento.

Enlazando con el ámbito familiar, Aliety Fernández Marrero, experta en terapia familiar, establece las relaciones entre el trauma psicológico, los altos niveles de conflictividad en la pareja que éste genera y la adicción al cannabis. A través del estudio de casos y de reflexiones teóricas, esta psicóloga profundiza en cómo los traumas afectan a la relación de pareja, generando altos niveles de tensión en la misma. Las periodistas Laura Ibáñez y Mireia Pascual se centran en la imagen que los diarios Abc, El País y El Mundo ofrecen sobre las mujeres en las noticias relacionadas con el consumo de drogas. Para ello han recopilado todas las informaciones relacionadas con esta temática durante el mes de febrero de 2014. Así, mediante el análisis crítico del discurso, tratan de mostrar cuál es la imagen que se ofrece de la mujer consumidora, y cómo esa imagen puede condicionar las medidas políticas, económicas y sociales que se van a tomar respecto a esta problemática.

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INFONOVA EN EL CONTEXTO DEL PLAN NACIONAL SOBRE DROGAS 2013-2016

INFONOVA EN EL CONTEXTO DEL PLAN NACIONAL SOBRE DROGAS 2013-2016 Asociación Dianova España cuenta con una amplia trayectoria de colaboración con el Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, administración que apoya anualmente el funcionamiento de la entidad, a través de la convocatoria para la concesión de ayudas económicas a entidades privadas sin fines de lucro y de ámbito estatal, para la realización de programas supracomunitarios sobre adicciones. Esta labor se enmarca dentro de las competencias de la mencionada administración, tal y como puede apreciarse en su página web: “Corresponde a la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas las funciones de dirección, impulso, coordinación general y supervisión de los servicios encargados de la actualización y ejecución del Plan Nacional sobre Drogas. En el ámbito de las competencias del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, bajo la superior dirección del Secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, asume el impulso de las políticas de reducción de la demanda del consumo de drogas y de los programas de prevención, tratamiento, rehabilitación y reducción de daños”. La revista Infonova es una publicación periódica editada por Asociación Dianova España que cuenta con el apoyo de la Delegación de Gobierno sobre el Plan Nacional sobre Drogas, en el marco de la convocatoria de ayudas a entidades privadas sin fines de lucro y de ámbito estatal, con cargo al fondo de bienes decomisados por tráfico ilícito de drogas y otros delitos relacionados en aplicación de la ley 17/2003, de 29 de mayo, para la realización de programas supracomunitarios sobre drogodependencias en el año 2013 (BOE. Num 245, de 12 de octubre de 2013) Infonova es una iniciativa que se inscribe dentro del Plan de Acción sobre Drogas 2013-2016, dentro del eje 4 de intervención “Mejora del conocimiento básico y aplicado”, correspondiendo a la acción número 27 “mejora de la difusión de los datos del sistema de información”, que tiene como destinatarios a profesionales, ONG, instituciones y población en general.

Financiado por:

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Certificados y reconocimientos de Asociación Dianova España

Charter de la Diversidad

Sello Socialmente Responsable. Gobierno de Navarra

Cruz Blanca de la Orden al Mérito del Plan Nacional sobre Drogas

Certificado en Conciliación (EFR)

Distintivo Buenas Prácticas en materia de igualdad y conciliación

Telefónica Ability Awards 2012

Utilidad Pública Municipal Madrid

Declaración de Compromiso por la calidad en el Tercer Sector de Acción Social

Buena Práctica en Inclusión Social. Cruz Roja


ADICCIONES EN GENERAL

LA ADICCIÓN: UN PREJUICIO

RESUMEN

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n este artículo pretendo mostrar el escaso rigor científico del término adicción, dejando ver que dicho concepto se enraíza más en cuestiones de índole moral, política, ideológica o incluso económica. Las consecuencias de estas carencias científicas hacen que la apelación de adicción sea arbitraria incluso en su terapéutica. Ello impide una profunda comprensión del fenómeno así como una imposibilidad de construir tratamientos eficaces. Esta arbitrariedad en el concepto y todo lo que rodea a la problemática adictiva es consustancial a los tiempos postmodernos en los cuales se inscribe y en los cuales predomina la opinión y el prejuicio.

ADDICTION: A PREJUDICE

palabras clave Adicción, postmodernidad, ciencia, prejuicio, ideología. Abstract In this article I pretend to show the fragile scientific rigour of the addiction concept, letting know that this term is basically rooted in moral, political, ideological or even economical questions. The consequences of these scientific lacks make of this term an arbitrary question even in its therapeutics. That makes difficult a deep comprehension of that phenomenon as well as the chance of building up effective treatments. This arbitrariness in the concept and all around the addictive process is rooted in the postmodern times in which it is inscribed. Times dominated by opinion and prejudice. Keywords Addiction, postmodernity, science, prejudice, ideology. Introducción El carácter científico de los estudios lo da la utilización del método científico, cuya etapa fundamental y básica es la definición del objeto de estudio. En este sentido, definir el concepto resulta de vital importancia, sobre todo porque la

Inmaculada Jáuregui Psicóloga

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ADICCIONES EN GENERAL

definición viene respaldada por la descripción del contenido real, es decir, los hechos. El concepto describe una serie de hechos. Se trata de una abstracción que representa, por común acuerdo, lo que es una realidad (Bozzoli, 1961).

como las conexiones existentes entre la ciencia, el poder y el control social.

Lo que llama la atención en el tema de las adicciones es justamente el poco o nulo rigor en la definición del concepto. De ahí se deriva también esa misma falta de rigor en la consideración de las diferentes adicciones y de los diferentes tratamientos que se dan.

Muchos de los conceptos en psicología no son directamente observables, por lo que se precisa un acuerdo o consenso sobre sus significados. Dicho acuerdo es el que hace que los conceptos sean válidos desde un punto de vista científico. No olvidemos que los hechos científicos son ante todo una construcción cultural (Latour y Woolgar, 1995). La falta de acuerdo sobre la significación del concepto hace que éste posea escasa o nula válidez científica, es decir, el constructo no ha pasado por el tamiz del rigor científico puesto que no ha sido validado. En este sentido, el concepto de adicción no es un concepto válido científicamente puesto que no hay acuerdo sobre su significado ni validez de constructo1 que se haya probado.

Definiciones de adicción

El rigor científico evita la aleatoriedad, el sesgo, la ideología; el prejuicio se transforma en juicio (Arendt, 1997). Y en el caso de las adicciones, el concepto parece describir más una ideología que los hechos de la realidad. Lo que se pretende en este artículo es poner en tela de juicio la concepción del término adicción porque carece de precisión, está sesgado e imbuido de ideología, impidiendo así llegar a la comprensión del fenómeno como tal y, por supuesto, diseñar tratamientos eficaces.

Por otro lado, el rigor científico de una investigación lo da el lenguaje. Para ello, se utiliza el lenguaje científico que se caracteriza, al igual que la ciencia, por su objetividad, universalidad y verificabilidad. Se trata de un lenguaje preciso, claro, sencillo, coherente, riguroso y universal. En general, se trata de un lenguaje especializado, caracterizado por la precisión, eliminando lo más posible la ambigüedad a través de la utilización de términos unívocos, es decir, de un solo significado.

Que el discurso nunca es neutro sino que es parte constitutiva de la realidad y que a su vez la refuerza, a modo de profecía autorealizadora, es algo que la epistemología constructivista ya lo ha demostrado (Watzlawick y col., 2005). El lenguaje no sólo crea sino que además es capaz de transformar la realidad humana, porque configura la percepción y la visión del mundo (Austin, 1981). El ser humano no existe fuera del contexto comunicativo. La comunicación es el universo humano por excelencia. Y, en este sentido, toda palabra tiene su carga ideológica y la selección de uno u otro vocablo lingüístico es un reflejo de la manera en que se percibe y evalúa el mundo de quien usa el lenguaje (Bolívar, 1992). Sólo se perciben los fenómenos que tienen sentido dentro de una marco teórico. En otras palabras, a cada discurso le corresponde una manera de construir la realidad y vicerversa: “la producción de un discurso es una práctica orientada por la estructura social que incluye elementos de poder y de control” (Del Olmo, 1996, p. 130).

En lo que concierne a la adicción, el lenguaje utilizado para su definición dista mucho de ser científico. Así, leeremos que la adicción hace referencia a conductas o comportamientos que invaden la vida de un sujeto al punto de impedir que viva (Valleur y Matysiak, 2003). También se habla de impulsos incontrolables, privilegiando así un componente psíquico (Hantouche, 1997); de una especie de atracción fatal hacia un producto o comportamiento que anula la voluntad de la persona (González, 2005). Se dice que esas sustancias o comportamientos se convierten en el centro de las vidas de algunas personas. Se infiere que la finalidad de las adicciones parece ser la de huir de dificultades existenciales y calmar el sufrimiento y

Por ello, resulta imprescindible reconocer la dimensión política y de poder de todo discurso y en este sentido, examinar la definición de un tema como el de la adicción, es también examinar la política, la ideología y las relaciones de poder así

Concepto que hace referencia a si una definición operacional de una variable representa realmente el significado teórico verdadero de un concepto (Pérez, Chacón y Moreno 2000). 1

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ADICCIONES EN GENERAL

en este sentido –coincidiendo con la visión psicoanalítica- la adicción aparece como un mecanismo de automedicación ante el dolor y la frustración existenciales (López, 1991).

dada la falta de rigor y lo impreciso de los términos empleados. Es más, estos criterios se basan en los del alcoholismo perfilados por Jellinek (1960). El DSM IV hablará de dependencia a una sustancia en función de su modo de utilización inadaptado, conduciendo a una alteración del funcionamiento o a un sufrimiento clínicamente significativo, caracterizado por al menos la presencia de tres de las siguientes manifestaciones:

También se han definido las adicciones como compulsiones y obsesiones. Esto es, pautas de conducta casi imposibles de cambiar y que anulan la voluntad consciente del sujeto (González, 2005). Las adicciones, asimismo, se entienden como pérdidas de control, es decir, incapacidad para controlar o moderar conductas (González, 2005). El individuo parece estar sujeto a algo más fuerte que él o como influenciado o hechizado por alguna sustancia o comportamiento. Representa una especie de impulso irreprimible. Son como conductas obligatorias que se caracterizan por una dependencia, que es como una especie de obligación, una pérdida de control, un deseo obsesivo con fuerte sensación de falta o carencia.

1) Tolerancia definida por uno de los síntomas siguientes: a) necesidad de cantidades cada vez mayores de la sustancia para obtener una intoxicación o el efecto deseado; b) efecto notablemente disminuido en caso de utilización continua de una misma cantidad de sustancia. 2) Mono caracterizado por una u otra de las manifestaciones siguientes: a) síndrome de abstinencia característico de la sustancia; b) la misma sustancia o una próxima es tomada para calmar o evitar el síndrome de abstinencia.

“Hay definiciones más o menos pseudocientíficas que definen la adicción como un patrón de conducta persistente caracterizado por un deseo o necesidad de continuar la actividad que se sitúa fuera del control voluntario; una tendencia a incrementar la frecuencia o cantidad de actividad con el paso del tiempo; dependencia psicológica de los efectos placenteros de la actividad; y un efecto negativo sobre el individuo y la sociedad” (Botero y Correa, 2010, p. 15).

3) La sustancia es a menudo tomada en cantidades cada vez mayores o durante un tiempo cada vez más prolongado. 4) Deseo persistente o esfuerzos infructuosos para disminuir o controlar la utilización de la sustancia. 5) Se invierte mucho tiempo en actividades necesarias para obtener la sustancia, utilizar el producto o recuperarse de los efectos.

La adicción también se ha definido como la repetición de actos susceptibles de provocar placer, pero marcados por la dependencia a un objeto material o a una situación buscada y consumida con avidez (Pedinielli, Rouan y Bertagne, 1997).

6) Actividades sociales, profesionales o de ocio importantes son abandonadas o reducidas a causa de la sustancia.

Quizás, parece que el sinónimo más importante de adicción es el de dependencia. Así pues, parece tratarse de una dependencia física y/o psíquica hacia un producto o comportamiento que crea hábito gracias a la periodicidad en el consumo de ciertas sustancias o realización de ciertas actividades y que sirve para aliviar estados emocionales negativos gracias a la pérdida de conciencia y a la estimulación de sensaciones (Poudat, 1997).

7) La utilización de la sustancia persiste a pesar de que la persona sabe que tiene un problema psicológico o físico persistente o recurrente susceptible de haber sido causado o exacerbado por la sustancia. La falta de acuerdo sobre la diversidad de criterios se observa en lista de criterios de Goodman (1990), la cual también pretende así delimitar el campo de las adicciones: a) Imposibilidad de resistirse a los impulsos para realizar ese tipo de comportamiento.

En la ausencia de una definición clara, rigurosa, científica, parece existir criterios que ayudan a conceptualizarla, dentro de esta indefinición. Criterios cuya validez científica puede ser discutida dada la ausencia de estudios que la hayan demostrado, dada la falta de acuerdo y

b) Placer y alivio durante la duración. c) Sensación de pérdida de control durante el comportamiento. 11


ADICCIONES EN GENERAL

Estatus clínico y epistemológico del concepto de adicción

d) Presencia de al menos 5 de los 9 criterios siguientes: 1) Preocupación frecuente del comportamiento o su preparación.

El término adicción es un anglicismo descriptivo que se aplica a una serie de comportamientos concretos (Pedinielli, 1990). No hay una semiología precisa de la adicción puesto que el término reagrupa otras entidades patológicas que sí tienen signos propios e incluso un estatus clínico. En otras palabras, la adicción no está definida como un trastorno específico, sino como una clase genérica de fenómenos patológicos que integran comportamientos reconocidos en una clínica psicológica y psiquiátrica ya definida como es, por ejemplo, el caso de la bulimia (Pedinielli, 1990). En este sentido, el concepto de adicción parece elevarse por encima de la nosología clínica sin todavía tener una clara y rigurosa definición. Pero, en el fondo, la noción de adicción parece ser simplemente una etiqueta descriptiva, no validada científicamente, cuya pertinencia es mínima porque sólo sirve para aproximar conductas reconocidas, no para diagnosticar, ya que no evidencia ningún signo o síntoma. El concepto de adicción tampoco explica los trastornos en sí.

2) Aumento en la intensidad y duración de los comportamientos con respecto al principio. 3) Intentos repetidos para reducir, controlar o abandonar el comportamiento. 4) Tiempo consagrado a preparar los episodios, a desarrollarlos o a sobreponerse a ellos. 5) Mayor frecuencia de los episodios cuando el sujeto debe cumplir sus obligaciones profesionales, escolares, universitarias, familiares o sociales. 6) Actividades sociales, profesionales o recreativas sacrificadas por el comportamiento. 7) Perpetuación del comportamiento aunque el sujeto sepa que causa o agrava un problema persistente de orden social. 8) Tolerancia marcada: necesidad de aumentar la frecuencia e intensidad para obtener el efecto deseado o disminuir el efecto procurado por un comportamiento de la misma intensidad.

En el campo de la psicopatología, fundamentarse en apariencias descriptivas corre el riesgo de llevar a errores groseros o a concepciones tautológicas. El concepto de adicción no ha pasado el tamiz científico para poder constituirse en diagnóstico (Pedinielli, 1990).

9) Agitación e irritabilidad en caso de imposibilidad de darse a ese comportamiento (Pedinielli, Rouan y Bertagne, 1997). Según parece, la condición para que haya adicción es que haya a la vez un fuerte impulso (o compulsión si hay lucha interna en el sujeto), un consumo ávido (pasional), repetición y dependencia (Pedinielli, Rouan y Bertagne, 1997).

Pero el problema no reside solamente en su carácter descriptivo, sino en la ausencia de un análisis psicopatológico y en la ausencia de la producción de un modelo teórico que defina el proceso, así como el tratamiento terapéutico. Al respecto, este objetivo ha sido la preocupación de autores como Peele, Aulagnier, Bergeret, Brusset, Gutton y McDougall, quienes han intentado producir elementos teóricos específicos de la adicción. Estos autores se han interesado, no tanto por lo visible del fenómeno adictivo, sino en el proceso común subyacente a comportamientos tan diversos y que han sido etiquetados como adicción. Así solamente dos son los modelos teóricos que predominan: el de Peele y el modelo psicoanalítico, destacando particularmente el planteado por McDougall. No obstante, estos modelos explican e interpretan la adicción, más que definirla.

Para Valleur y Matysiak (2004), dos son los criterios de dependencia en la adicción: 1) el hecho de no poder pasar sin un producto o comportamiento, provocando un malestar; y 2) que ese producto o comportamiento se convierta en el centro de la existencia; que nada cuenta más que ese producto o comportamiento. Como podemos leer en esta breve exposición, la diversidad de criterios parece ser tan amplia como las definiciones: no hay acuerdo, ni mucho menos consenso, sobre la definición de adicción y en cuanto al lenguaje utilizado. Destaca la imprecisión y la falta de rigurosidad.

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ADICCIONES EN GENERAL

Para Peele, la adicción aparece como forma de satisfacción sustituta puesto que el sujeto ha fracasado. Con la adicción, el sujeto aumenta su autoestima y refuerza positivamente su propio valor. Por lo que la adicción se expresa en términos de competencia y refuerzo (Peele, 1985). Lo que resulta adictivo es la experiencia en sí, no la sustancia ni la actividad.

ciertos paradigmas, a modo de diagnóstico. En este sentido, los comportamientos son entendidos dentro de esta estructura como síntomas de un malestar subjetivo, porque es de un sujeto de quien trata la psicopatología. Por ello, la adicción no puede constituirse en tanto que diagnóstico ni en tanto que modelo, tanto y en cuanto no pase por el mismo proceso que han pasado las demás categorías diagnósticas. La categoría diagnóstica de adicción debe también fundarse y fundamentarse en una teoría del desarrollo del sujeto y el modelo explicativo debe inscribirse como una estructura nosológica separada y claramente diferenciada de las que ya están en la actualidad funcionando a modo de diagnóstico.

El modelo psicoanalítico más moderno sitúa la adicción fuera de la estructura edípica, particularmente en el eje narcisista; como fracaso de la función identificatoria pero constituyendo, al mismo tiempo, una tentativa fallida de identificación y unificación del yo. Las funciones o finalidades son varias: superar un dolor psíquico y los conflictos, cortocircuitar la actividad psíquica -la elaboración-, huir de una situación ansiógena, dejando de invertir en relaciones y evacuando los afectos sentidos como amenazantes (McDougall, 1978). El acto adictivo es un modo particular de defensa que permite mantener un equilibrio psíquico (McDougall, 1982). McDougall relaciona la adicción con el fracaso en la introyección del objeto interno, siendo las adicciones esos objetos transicionales de la infancia cuya función madurativa es la de introyectar la representación de la madre a través de objetos parciales investidos de su magia. En otras palabras, el infante fracasa, falla en la constancia interna de la representación materna –objeto-. La adicción es, así entendida, una patología en la madurez normal de los fenómenos transicionales. Desde esta perspectiva psicoanalítica, la adicción pertenece al ámbito de lo relacional, de lo vincular. Hay una falla en la constitución relacional o intersubjetiva. Se trata de una patología dentro del eje narcisista pero no psicótica (Pedinielli, 1990). Aunque, para Bergeret (1980), las adicciones están incluidas dentro del diagnostico trastorno de la personalidad límite u organización límite, situándolo como una enfermedad del narcisismo (Bergeret, 1972).

La clasificación diagnóstica actual es capaz de responder del fenómeno adictivo en tanto que psicopatología del acto, de la dependencia o de la repetición. En otras palabras, la adicción puede estar perfectamente incluida en la rúbrica de los trastornos de personalidad, como por ejemplo en el trastorno límite de la personalidad o en el trastorno del control de los impulsos o en los trastornos obsesivo-compulsivos o en los trastornos de la personalidad dependiente o en el trastorno psicosomático. Sin embargo, actualmente no es posible incluirla en ninguna psicopatología concreta, ni constituirla como categoría aparte, es decir, independiente, porque no sabemos la esencia de dichos comportamientos; no sabemos a ciencia cierta la fenomenología de la adicción y por lo tanto, no tenemos modelo teórico capaz de explicar la intersección de comportamientos adictivos concretos. Una teoría general de la adicción implica así, además del estudio de la dimensión manifiesta -intersección entre acto, repetición, corporeidad, dependencia, control, voluntad- el estudio de una “economía” emocional y de la esencia del fenómeno como estructura independiente de las demás estructuras nosológias ya establecidas en la psicopatología.

El modelo psicoanalítico ortodoxo habla de una economía cuyo objetivo es eliminar el deseo para así eliminar la sensación de falta o de carencia que da el reconocimiento del deseo del otro como condicionante de uno mismo (Pedinielli, 1990).

Adicción como dependencia Se podría decir que, hoy en día, existe una idea extensa y extendida para catalogar la adicción como una dependencia (Valleur y Matysiak, 2003), entendida ésta como algo patológico, negativo. Se trata de una dependencia extrema (Pendinelli, Rouan y Bertagne, 1997).

La psicopatología siempre se ha centrado sobre el sujeto y las formas patológicas han sido entendidas como expresión de una estructura de personalidad exclusivamente identificada, en 13


ADICCIONES EN GENERAL

Esta dependencia que al principio se aplicaba a ciertas sustancias llamadas drogas –drogodependencia- se ha extendido a comportamientos como el amor –adicción al amor-, las relaciones –dependencia emocional, codependencia- y otras actividades como el juego, la comida, el sexo, entre otras. Con la adicción, parece que estamos en el estudio del concepto de dependencia. El comportamiento dependiente está más bien considerado como un estilo de existencia en el cual la adicción a un producto o actividad representa su pilón. La dependencia es definida como una relación de dependencia específica (Poudat, 1997). Pero, aquí, el problema, lejos de resolverse, se complica porque tampoco está claramente definida la dependencia ni hay un modelo científicamente validado de la dependencia como patología. Aunque el término dependencia está en alguna clasificación psiquiátrica, como por ejemplo la personalidad dependiente en tanto que trastorno de personalidad, no hay estudios sobre qué hace patológico a la dependencia, ni cuándo una dependencia se torna patológica, ni cómo diferenciar una dependencia sana de una patológica. Se habla de dependencia física y psicológica en función de una visión biologicista o mecanicista de la adicción, pero no se define ni se diferencia de otras dependencias más sociales. El término dependencia tiene aún menos rigor científico que el de adicción. La dependencia es un término que puede tener múltiples acepciones, según de qué estemos hablando y en qué dominio científico.

sido culturalmente impuesta y es de tradición históricamente reciente. Se ha desarrollado en paralelo con el capitalismo y tras la ilustración, generando un profundo malestar social y cultural. Es la “yoicización” de lo humano o saturación del yo, esto es, el proceso por el cual el yo adquiere una posición central en la vida no es más que un producto del pensamiento de finales del siglo XVIII (Lyons en Gergen, 2006). Desde un punto de vista antropológico, esta concepción es totalmente errónea. El ser humano está inserto en un entramado de redes de dependencia, vínculos variados y complejos. A esta esencia humana, la modernidad ha atacado particularmente. La modernidad ha castrado este componente social del ser humano, ha extirpado su condición humana. Todas las culturas que han precedido a la moderna-capitalista-occidental, han aceptado la dependencia como parte de la condición humana, estructurando sus prácticas sociales alrededor de esta premisa. Salirse de esta condición esencial, es decir, individualizarse, es entendida más bien como una patología, algo considerado como anormal o no sano (Durkheim, 1985). Estas culturas, en su mayoría, están a punto de ser extinguidas. La modernidad occidental subvierte esta premisa; le da la vuelta e instaura racionalmente la premisa contraria. Aniquila estas culturas a través de complejos procesos económicos, políticos y culturales. Aniquila su propia cultura, instalando la alienación como forma de estar en el mundo. En este sentido, en la medida que nos independizamos de la dependencia hacia los demás, nos volvemos dependientes hacia sustancias y actividades. Que la adicción sea un problema social, sanitario, grave, una pandemia postmoderna sólo puede ser entendido dentro de un modelo en donde la condición humana esencial, la dependencia, ha sido abolida.

El denominar dependencia a la adicción no hace sino dejar patente la ideología que subyace a la adicción y a la dependencia porque, bajo esta concepción, se esconde todo un modelo moral, de origen anglosajón, de cómo tiene que ser el ser humano. Se trata de un modelo narcisista en donde el sujeto debe romper todo vínculo, toda relación, toda dependencia para con el útero social, la comunidad, la política. La dependencia se plantea como una falla en el desarrollo humano, el cual tiene que ir progresivamente hacia la independencia. El desarrollo humano va desde la más extrema de las dependencias hasta la individuación. Separación e individuación son los procesos más importantes en el desarrollo humano, el cual tiene que terminar en una consolidación de la individualidad (Mahler, Pine y Bergman, 1975). Esta concepción de la autonomía, de la independencia como objetivo último y sano en la evolución humana nos ha

La condición humana es dependiente, es decir, el hombre es dependiente por naturaleza y ello le ha permitido sobrevivir como especie: “… el desar-

rollo cerebral del ser humano y los complejos avatares que se van produciendo a través de la larga marcha de su maduración le hacen intrínsecamente dependiente. Podemos decir que este es el precio filogenético que la especie humana ha pagado para crear cultura…” (Martí, 1996, p. 20). El ser humano “es un ser para la

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ADICCIONES EN GENERAL

dependencia (…) la dependencia es vida (…) la dependencia es parte inherente de la vida” (Martí, 1996, p. 17).

años de sucumbir a las tentaciones, tras años de recaídas, consiguen dejar la adicción en cuestión, justamente a fuerza de voluntad.

Desde un punto de vista biológico, la condición prematura del ser humano le hizo agruparse y depender para sobrevivir. Por lo tanto, la dependencia forma parte del registro cerebral más primitivo. Tenemos la dependencia inscrita en nuestro cerebro como forma de supervivencia. El ser humano es dependiente biológica y socialmente (Martí, 1997). La dependencia hacia los demás, hacia las cosas, representa así nuestro rasgo más esencial y distintivo como especie. Podemos decir que la dependencia es nuestra condición existencial. La dependencia forma parte de la condición humana. En otras palabras, hablar de sujeto o de individuo, en su sentido más antropológico, no tiene sentido alguno porque no existe como tal separado de sus congéneres. Algunos han expresado esta idea afirmando la naturaleza social del ser humano (Aristóteles, 1989) o su condición gregaria. El yo separado es una auténtica falacia, una producción ideológica, cultural y de tradición reciente que ha generado todo un malestar cultural -dado su grado de extrema alienación- para el cual hace falta toda una gama de adicciones que anestesien la angustia de separación. Así pues, la adicción no puede ser entendida como un hábito de comportamiento que crea dependencia porque la dependencia forma parte de la esencia y de la condición humana.

Esta visión de la adicción responde a una visión del humano como un ser indefenso víctima de sus impulsos, como ejemplo de condicionantes psicológicos, de sus condicionantes biológicos -neurotransmisores, herencia- y sociales –pobreza, desestructuración-. El ser humano es como un robot cuya conducta expresa un defecto bioquímico o un problema social o un proceso personal (Rendueles, 2000). La psicologización de lo cotidiano es esto: desposeer o incapacitar de la autoría de los actos a los individuos, desligarlos de todo, incluido ese momento individual y propio en una acción. Esta visión es perfecta y únicamente entendible dentro del contexto posmoderno, el cual ha desposeído al sujeto de su libertad, de su libre albedrío y, por lo tanto, de su responsabilidad ante los actos. Al convertir al sujeto en objeto, en este proceso también se le ha desposeído de su moral, de sus virtudes. Se ha construido una enfermedad alrededor del proceso adictivo cuyas causas pueden ser múltiples: físicas, genéticas, económicas, sociales, publicitarias o de marketing. Este mundo solo es posible fuera de lo humano, fuera de la moral en donde no hay responsabilidad de nada ni de nadie. Nadie gobierna ni personal, ni políticamente. Nadie está al frente de las acciones. Y así interesa que sea. Es el gobierno de nadie del que hablaba Hannah Arendt.

Adicción como pérdida de control y de voluntad

Adicción como hábito

Otra de las metáforas más difundidas es la concepción volitiva en la adicción, es decir, que la adicción consiste en una pérdida de la voluntad (Flores, 2010), en una imposibilidad para controlar los impulsos (Goodman, 1990), en un hábito o acto compulsivo que no puede dejar de hacerse. La adicción parece ser un impulso irresistible. Es como si la persona adicta estuviera poseída por algo superior a ella, algo sobre lo cual no tiene control. Ese algo es conocido más comúnmente como mono o abstinencia.

Al parecer, hasta hace poco, se entendía por adicción un hábito, el cual podía ser indistintamente bueno o malo, en función de lo que estos hábitos podían capacitar o incapacitar (Szasz, 1990). En otras palabras, el término adicción, hasta bien entrado el siglo XX, significaba afición para engancharse en un hábito (Peele, 1989). Dicho término se utilizaba indistintamente hacia sustancias o actividades. El término adicción tampoco distinguía sustancias, es decir, que se podía ser adicto al opio o al azúcar de la misma manera (Peele, 1989).

Este misterio de la voluntad perdida (Marina, 1997) nos es constantemente desmentido por las evidencias empíricas validadas, una y otra vez, por la experiencia de aquellas personas que tras

Dicha noción se ha quedado solamente en la polaridad negativa, es decir, en hábito malo en el mejor de los casos y hábito invasor, en el peor de los 15


ADICCIONES EN GENERAL

de la definición viene motivado por causas muy ajenas a la ciencia.

casos (Valleur y Matysiak, 2004). El calificativo de negativo viene dado porque es un hábito que crea dependencia (Echeburua, 1999). La concepción de la adicción como ciertas conductas caracterizadas por el hábito proviene de la psiquiatría y de la psicopatología (Pedinielli, Rouan y Bertagne, 1997). No obstante, hay autores que distinguen entre hábito y adicción. Efectivamente, para que un hábito sea adicción, éste tiene que tener “efectos contraproducentes para el sujeto”(Echeburúa, 1999, p. 329). Esto es, que continúa con dicha conducta a pesar de las consecuencias negativas que pueda acarrear (Echeburua, 1999). Pero esta distinción es puramente ideológica y se formula de cara a la firma en Nueva York en la convención única sobre estupefacientes, la cual, para no caer en prohibir ciertos fármacos, decide recomendar sustituir adicción y hábito por dependencia, debido a que el término adicción “no había logrado precisarse satisfactoriamente en el seno del Comité” (Escohotado, 1994, p. 118). Definir drogas adictivas como “aquellas capaces de inducir una conjunción de

Desde un punto de vista antropológico, hablamos de costumbres y de hábitos, convenciones y rutinas, como pautas de comportamientos repetitivos pero no invariantes que han creado la tradición y que forman parte del bagaje cultural. El ser humano se siente apegado, dependiente, de estas pautas que las repite casi automáticamente, siempre y cuando resulten funcionales para el devenir de la comunidad (Hobsbawm, 1996). Desde la noche de los tiempos y en todas las culturas se consumieron sustancias alucinógenas o psicotrópicas, entroncándose en el tejido social de las mismas y, por lo tanto, pasando a formar parte de costumbres y hábitos a través de usos cotidianos y repetitivos. Por supuesto que se conoce los efectos del abuso de estas mismas sustancias, pero sólo en el siglo XX ciertas pautas de uso han sido catalogadas como adicciones (Szasz, 1990; Escohotado, 1994). Respecto a comportamientos adictivos, tenemos el juego (Calderón, Castaño y Storti, 2010) y la comida, cuyo uso y abuso está ampliamente recogido en la literatura histórica desde tiempos inmemoriales (Stein y Laakso, 1988). No obstante, no ha sido considerado como problema y adicción hasta nuestra era moderna. En el caso de la bulimia, si bien este padecimiento ya era reconocido en la Grecia antigua, no fue hasta 1979 que el psiquiatra inglés Gerald Russell, la reconoce como enfermedad.

hábito, tolerancia y dependencia física, esto es, aquellas que exigen dosis crecientes para lograr el mismo efecto y cuya privación a partir de cierto grado de hábito produce un síndrome específico, detectable mediante instrumentos y manifiesto para cualquier observador” (Escohotado, 1994, p.119) era sencillo. El problema

es que, según esta definición ,la cocaína y el cáñamo quedaban excluidos y había que incluir al alcohol y los barbitúricos y, eso sí, “no era de recibo” (Escohotado, 1994, p. 119). Tanto la adicción -que sí se definió2 - como el hábito, carecían de criterios y requisitos técnicos admisibles debido a su arbitrariedad y juegos verbales. No obstante, con el término de dependencia, término de tan extraordinaria amplitud que podía abarcar todas las drogas y también ninguna y ello, de un modo arbitrario, el problema se zanjaba, pero no el problema teórico de fondo. En realidad un problema teórico y científico se convertía en un problema puramente terminológico (Escohotado, 1994). Como podemos constatar, el problema

Adicción como enfermedad No está demostrado científicamente que la adicción sea una enfermedad, pero la batalla por que así sea persiste. En este sentido, el doctor Andrew Kolodny, director médico de los centros para el tratamiento de adicciones en Phoenix, pide encarecidamente que se reconozca “que la adicción es una enfermedad” (Weignberg, 2008). Para el National Institute on Drug Abuse –NIDAla adicción se considera una enfermedad crónica del cerebro con recaídas frecuentes, al igual que lo es el asma, la diabetes o la enfermedad cardíaca (Branch, 2011).

Estado de intoxicación crónica y periódica originada por el consumo repetido de una droga, natural o sintética, caracterizada por: 1. Una compulsión a continuar consumiendo por cualquier medio. 2. Una tendencia al aumento en las dosis. 3. Una dependencia psíquica y generalmente física de los efectos. 4. Consecuencias perjudiciales para el individuo y la sociedad (Escohotado, 1994, p. 120).

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Las adicciones han sido clasificadas en dos grandes categorías: sustancias y actividades. De ellas, al menos la adicción a sustancias sigue estando considerada como una enfermedad (López, 2011). 16


ADICCIONES EN GENERAL

enfermedad (Szasz, 2001). Se trata de una cruzada fundamentalmente moral, en donde drogas ilícitas “malas” dañan y matan pero drogas legales o medicamentos buenos curan enfermedades mentales y alivian dolores crónicos. Para poder vender la idea de medicación buena, demonizan ciertas adicciones, convirtiéndolas en perfectos chivos expiatorios para desviar la atención de la masa. La antigua lucha religiosa y moral contra el pecado, hoy se libra en términos clínicos contra la enfermedad (Szasz, 2001).

Que la adicción sea concebida como una enfermedad, en Occidente, viene fundamentalmente dado por el alcoholismo. Ya desde el siglo XVII comienza a considerarse el consumo intenso de alcohol como enfermedad (Warner, 1994). Esta concepción se consolidará en la naciente medicina hegemónica y en la ulterior deriva psicológica y psicologicista, a partir de los movimientos de autoayuda como Alcohólicos Anónimos. Dicho modelo de enfermedad se consolida en las décadas 60 y 70 del siglo XX, en Estados Unidos, derivándose de ahí el llamado modelo de Minnesota, como modelo de tratamiento (López, 2011). No obstante, esta idea no tiene fundamento biológico alguno –a pesar de los tenaces esfuerzos por encontrar causas biológicas-. Más bien se cimenta en la imposibilidad moral de considerar una conducta tan autodestructiva como normal (Heyman, 2009).

El fundamento para considerar la adicción como enfermedad parte de la consideración de elementos fisiológicos objetivos y por lo tanto medibles, del alcoholismo, posteriormente extrapolados a otras sustancias (López, 2011). Los resultados de dicha línea de investigación, la cual ha continuado hasta nuestros días, han puesto de manifiesto mecanismos y estructuras cerebrales implicadas en el fenómeno adictivo, sin poderse demostrar causalidad alguna y, por supuesto, sin poder fundamentar las bases científicas de la adicción. Es más, nada impide suponer que dichos mecanismos y estructuras cerebrales estén correlacionadas con procesos psicológicos, por ejemplo (Heyman, 2009).

En la actualidad, en el campo de la salud y de la medicina en particular –específicamente de la neurociencia-, la adicción es entendida como una enfermedad cerebral, es decir, la adicción se cimenta sobre una disfunción biológica del cerebro (Weinberg, 2008). Se trata de una enfermedad que afecta al comportamiento; una enfermedad crónica con recaídas fruto del uso de sustancias (Gómez, 2011). Así pues, en el área de la salud las conductas adictivas (no basadas en la ingesta de sustancias) parecen estar excluidas de esta definición y, por lo tanto, no hay explicaciones ni opciones a tratamiento médico (Gómez, 2011).

Adicción como crimen y desviación De las adicciones, se han criminalizado aquellas que pasaron a la clandestinidad. Por un lado, ciertas sustancias –morfina y opio, fundamentalmentefueron consideradas como una gran amenaza para la sociedad y en este sentido, se prohibieron pero por otro lado se reguló su uso, el cual pasó a ser exclusivamente médico (Cormier, 1993). Así, los adictos a sustancias derivadas de estas drogas pasaron a ser criminales –enemigos- y su consumo se consideró una desviación social y normativa. En este sentido, la adicción a este tipo de drogas se convirtió en crimen por vía legislativa y la cárcel el lugar de rehabilitación (Cormier, 1993). Hablamos de principios del siglo XX. A esta consideración criminal y por lo tanto, prohibicionista y desviada, en consecuencia, del uso de ciertas sustancias, vinieron a añadirse algunas drogas etiquetadas de blandas, como el cannabis. Sustancia que en la actualidad también tiene su uso legal estrictamente médico y, por tanto, también ha sido regulado. Cada vez que se criminalizaba una

Que se entienda la adicción como enfermedad significa e implica que se trata de una discapacidad involuntaria, eximiendo a la persona adicta de toda responsabilidad (López, 2011). La medicina en Occidente se ha configurado en torno a dimensiones sociales y políticas y, sobre esa base, se han configurado discursos complejos sobre la salud y la enfermedad como la salud pública, la higiene pública, la salud comunitaria (Comelles y Martínez, 1993). Pero también sobre esos discursos se van creando nuevas enfermedades (Blech, 2003). En este sentido, muchos procesos normales de vida, así como problemas sociales, económicos, personales y políticos son convertidos en problemas médicos, fenómeno que se conoce con el nombre de medicalización. En el caso de la adicción, dicha medicalización toma forma de cruzada contra la 17


ADICCIONES EN GENERAL

sustancia, por otro lado también se circunscribía y se legalizaba su uso para fines terapéuticos. En este sentido, las formas de control son claras: la médica y la legal. “Permitir o prohibir determinadas

Frente a este exceso de celo por parte de las autoridades en lo que se refiere al cuidado de las personas, tenemos el “riesgo asumible” (Beck, 1998) generado por otros actores económicos como la industria química. Así, las sustancias prohibidas representan un peligro para la salud social pero no así los 45.000 productos químicos de utilidad comercial (Lewis, 1990) que pululan y polucionan el aire que diariamente respiramos.

sustancias, siempre ha sido un instrumento más de carácter político y de control social” (Martí, 1997, p. 91).

La manera occidental –hoy extendida a otros países y continentes- de abordar dichas adicciones siempre fue a través de la criminalización y la prohibición. Esto ha desatado la gran guerra contra ciertas drogas, la gran cruzada moral con máscara médica, sin que ello haya realmente erradicado el problema, sino todo lo contrario (Szasz, 2001).

¿Qué se etiqueta como adicción y qué no? Aunque no hay consenso al respecto, en general se etiqueta como adicción comportamientos autodestructivos que implican al propio sujeto, comportamientos o actos que perjudican la salud de uno mismo. Concretamente, entre las adicciones se incluye la toxicomanía, el tabaquismo, el alcoholismo, la bulimia, el juego patológico, las tentativas de suicidio repetidas, las compras compulsivas, las conductas de riesgo, la anorexia, las adicciones sexuales, el exceso de actividad física, el exceso de trabajo (Pedinielli, Rouan y Bertagne, 1992) y algunas conductas criminales (Valleur y Matysiak, 2004).

“Luego el problema no es científico sino político (…) todos los asuntos que se relacionan con las drogas no son técnicos, sino que tienen una profunda naturaleza social y política” (Martí, 1997, p. 135).

En el doble o triple rasero en que las adicciones y los tratamientos son catalogados, en aquellas adicciones catalogadas de ilegales, referidas particularmente a ciertas sustancias, todas las políticas llevan, implícita o explícitamente, la concepción criminal de los consumidores. Es importante entender que el concepto de crimen, definido como acto por el cual un sujeto daña a la persona o propiedad de otro, no puede ser aplicado a aquellos actos por los cuales un sujeto, de dañarse, lo hace hacia sí mismo o a su propiedad, es decir, vicios (Spooner en Szasz, 2001). A no ser que el Estado considere que el sujeto no es dueño de sí mismo, no se pertenece: es propiedad ajena por incapaz.

Por el contrario, no supone adictivo algo que haga daño a los demás, que entrañe un perjuicio social, a pesar de que puedan ser conductas dependientes, ávidas, repetitivas, impulsivas, compulsivas. Tal y como se concibe la adicción, llama poderosamente la atención que dicha categoría no se haya extendido a campos como la economía o la política y no se haya asociado la adicción al dinero o al poder. Al respecto, resulta igualmente curioso que en la adicción al trabajo “workaholic” no se haya incluido el negocio en sí, ya que en la propia definición de éste, no ocio (neg-otium), está uno de los criterios más esenciales de la adicción: reducir toda la vida de una persona a una sola cosa o actividad, lo que Marcuse (1994) denominó como hombre unidimensional. Cuando se habla de adicción al juego, nunca se aborda la bolsa ni la especulación como variantes de la ludopatía. En realidad, la bolsa no supone otra cosa que una manera de jugar, un juego de azar, tan adictivo como cualquier otro juego en el que la adrenalina está presente, modificando la química cerebral y produciendo un estado alterado de conciencia.

Criminalizar el uso de una sustancia a través de su ilegalización es un acto por el cual se define también el camino para la transgresión, creándose chivos expiatorios. El sujeto bien adaptado socialmente es aquel que utiliza las sustancias o comportamientos sagrados, es decir, adicciones socialmente admitidas. Por el contrario, los adictos a sustancias tóxicas o psicoactivas -drogas transgreden un tabú social. El criminal que abusa de las drogas se desvía de las pautas médicas y sociales en lo referente al consumo de sustancias: el abuso de drogas representa una conducta farmacológica censurada socialmente (Szasz, 1990). En este sentido, el abuso de drogas supone un asunto convencional que concierne más a la antropología y a la sociología.

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ADICCIONES EN GENERAL

Que el poder es más adictivo que el sexo es de sobra conocido como la erótica del poder. Pero no hay prácticamente estudios serios al respecto. De hecho, la adicción al poder no está catalogada como tal.

que despierta el horror entre las autoridades antes complacientes con la industria en cuestión. Y es que muchas son las influencias sobre la definición de lo que es adicción respecto a lo que no es, más allá de lo sanitario. Entre las más destacadas está la cultura, la industria, la publicidad, los lobbies.

Al parecer, hay formas criminales que pueden definirse como adicción (Valleur y Matysiak, 2004). Si eso es así, habría que establecer el crimen como fenómeno adictivo. Pero aún así, habría también que cuestionar qué es crimen y qué no, más allá del criterio jurídico. Y estudiar por qué los crímenes de guante blanco tampoco son abordados en general por la criminología. Acumular más y más de manera ávida, repetitiva, impulsiva y compulsiva no parece plantearse como adicción, sobre todo dependiendo de quién lo haga, como en el caso del síndrome de Diógenes, ni como conducta criminal, ni como dependencia.

Tratamientos diferenciales según el objeto de adicción En cuanto a los tratamientos, hay diferencias según se trate de sustancias o comportamientos. Como también hay diferencias entre las distintas sustancias y según los comportamientos. La política para las drogas ilegales -la marihuana, el hachís, la cocaína, la heroína, la pasta base o crack, el LSD, el éxtasis, la anfetamina o el neoprén- ha sido siempre tolerancia cero, por lo que su tratamiento ha consistido en la abstinencia total. No obstante, en el caso de la heroína, el enfoque ha sido modificado por el de reducción de daños, sustituyéndose el consumo de heroína –sustancia ilegal- por el de metadona –sustancia legal-.

Es importante entender que debajo de la noción moral e ideológica del concepto de adicción están algunos debates implícitos, como el derecho al autocontrol y la autodeterminación, el derecho a la propiedad o el mercado, entre otros. Una persona es libre de hacer, siempre y cuando haga lo que está definido socialmente y teniendo en cuenta siempre esa doble moral de que a unas personas les está permitido “engancharse” y a otras no, a unas personas les está permitido autogobernarse marginalmente y a otras no.

En el tratamiento para drogas legales, como alcohol y tabaco, se pone también de manifiesto la tolerancia cero, es decir, el tratamiento debe estar basado en la abstinencia total. No obstante, la diferencia en la consideración de ambas sustancias es remarcable. Así por ejemplo, es posible que el alcohol se publicite de manera encubierta. Está bien visto el cultivo de viñedos y representa un gran negocio, incluso subvencionado por la Unión Europea. Es una sustancia que, durante años, ha sido la depositaria de grandes inversiones y el lugar para procesarlo, ha sido objeto de culto arquitectónico de prestigio. Pero no hay ninguna directiva que obligue a poner en las etiquetas de los vinos o de sustancias alcohólicas que beber mata, tan solo mínimas apelaciones a un consumo responsable.

Un ejemplo de esta doble moral la tenemos actualmente en Estados Unidos, país en donde el consumo de heroína se ha disparado notablemente - coincidiendo con la crisis- en estos últimos años, al punto de hablar de epidemia. La principal razón por la cual dicho consumo se ha disparado parece residir en la política prohibicionista y de control ejercida sobre los medicamentos analgésicos opiáceos. Un análisis de la situación más en profundidad revela que hace 15 años hubo una fuerte campaña, muy agresiva, por parte de las farmacéuticas, para que los médicos prescribieran opiáceos contra el dolor. Dicha campaña modificó por completo la actitud reacia que tenían los facultativos a finales de los noventa a recetar opiáceos para dolores crónicos. Convenció a los médicos de que no debían preocuparse por los problemas de adicción (González, 2014).

No pasa lo mismo con el tabaco. No hay plantaciones subvencionadas ni grandes superficies, en Europa, dedicadas a su cultivo; dicha sustancia debe importarse y por supuesto, las etiquetas deben advertir que su consumo mata o perjudica seriamente la salud. Pero no se prohibirá porque su consumo aporta pingües beneficios a las arcas públicas.

Ahora que se vuelve a imponer la restricción en el suministro de opiáceos, el público recurre a la “automedicación” a base de heroína y similares, lo 19


ADICCIONES EN GENERAL

Adicción y estilos de vida

En cuanto a la adicción a sustancias psicoactivas legales o psicofármacos como la medicación psiquiátrica, está socialmente muy tolerada, nada estigmatizada, incluso negada y minimizada por la industria farmacéutica, el cuerpo científico y el cuerpo sanitario. No se habla de adicción a las benzodiacepinas, como el valium, o a los opiáceos, como analgésicos. Ya no hablemos de otros medicamentos, como el Ambien para dormir o los estimulantes para el déficit de atención con hiperactividad o los jarabes para la tos o los esteroides anabólicos. En estos casos, como mucho, se llega a hablar de “adicción nociva” o de “dependencia química”.

La noción de adicción o adicciones es algo que está estrechamente entroncada con el desarrollo político, económico y social de la modernidad cuyo origen se sitúa en los albores del renacimiento. Dicha noción entronca particular y fundamentalmente con el comercio y la expansión del capitalismo mercantil. El comercio a escala mundial hizo que se introdujeran plantas exóticas que se usaban para curar, rezar y gozar. Este uso que había pervivido durante milenios, se pervierte fundamentalmente conforme avanza la modernidad y se van instalando los diferentes procesos de industrialización. La revolución industrial produce cambios sociales bruscos. En cuanto a las adicciones se refiere, “la primera industrialización corre pareja al abuso de alcohol” (Martí, 2003, p. 95). Kraepeling en siglo XlX estableció una relación entre alcoholismo y modernidad. Y un siglo antes, Rush habla de una estrecha relación entre organización económicopolítica y enfermedad (de las Heras, 2005). En el siglo XX, las sustancias se modifican, se alteran. A la proliferación de sustancias y sus diferentes usos, también van apareciendo prejuicios y rechazos a los efectos de éstas. Con el desarrollo de la medicina como mecanismo de control social, aparecen las políticas prohibicionistas. Eso no impide que algunas de estas sustancias hayan sido utilizadas para “imponer razones comerciales” (Martí, 1997) o se hayan utilizado para fines militares o para mejorar la producción y el rendimiento, o incluso para fines más perversos. En este sentido, véase por ejemplo la larga historia de prácticas sospechosas que algunas empresas farmacéuticas han desarrollado durante décadas, promocionando fármacos tan “beneficiosos” para la salud de los bebés como la heroína (Jara, 2007).

En cuanto a las adicciones sobre comportamientos, hay también diferencias. Tenemos la adicción al juego, cuya terapéutica requiere tolerancia cero, si bien no se ha demonizado su práctica, permitiendo la existencia de casinos y salas de juego. En cuanto una persona se declara –autodiagnostica- adicta o ludópata, ésta debe cesar toda actividad si quiere “curarse de esta adicción”. Para ello, deberá dejar de frecuentar los espacios dedicados a tales actividades. En lo referente a la adicción a la comida, al sexo o a las nuevas tecnologías, el tratamiento siempre ha consistido en enseñar a las personas con estas adicciones a comer bien, a tener sexo diferente y ser moderados en el uso de las tecnologías. Es decir, el tratamiento consiste en crear nuevos y saludables hábitos, a través de la educación. En cuanto a las compras compulsivas, bien que a corto plazo se pide la abstinencia total, a la larga se intenta reeducar a la persona haciad una moderación en la actividad. Pero en ningún momento se suprimen dichas actividades a largo plazo. No se concibe el mundo actual sin consumir. Es más, consumir por encima de las posibilidades de adquisición (crédito) es algo que ha sido fomentado y estimulado. Grandes instituciones como la banca nos han mostrado el potencial adictivo del dinero y sin embargo, éste no se ha prohibido ni demonizado.

En la sociedad contemporánea, la adicción representa en realidad una forma de vida promocionada e incluso subvencionada. La norma impuesta es consumir de manera habitual y continuada. El principal papel de cada ciudadano es el de consumir y para ello, debemos tener la voluntad y la capacidad para hacerlo (Bauman, 2000). En este sentido, estamos enculturados en la adicción al consumismo. Se podría decir que la sociedad actual postmoderna promociona una cultura adictiva (Wilson, 1987). Como decía un eslogan comercial, “engánchate a la vida”. En mayor

No hay políticas en torno al café, el té o el pegamento, igual que hay amplia tolerancia para los más de 45.000 productos químicos que contaminan aquello que bebemos y comemos (Szasz, 2001). Sólo hay regulaciones.

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ADICCIONES EN GENERAL

o menor medida, todas las personas –dentro de esta economía- somos adictas a algo.

El mercado ya no le puede ofrecer otro objeto. El sujeto adicto se ha aferrado, se ha habituado, se ha fijado, se ha hecho dependiente de un solo objeto. Dicha fijación le aliena del proceso mercantil del resto de la sociedad. Por ello, parece ser importante diagnosticar esta enfermedad y volver a poner en circulación a estas personas que han perdido el norte.

Si todos consumimos y somos en alguna medida adictos, ¿qué o cómo hace particularmente la persona adicta para que sea estigmatizada, desviada, alienada? Lo que caracteriza a la persona adicta son sus consumos. Consumir es la principal actividad del adicto. En este sentido, la figura del adicto parece cumplir con el principio del mercado: no puede dejar de consumir, está completa y enteramente dedicado al consumo (López, 2009). Pero, en el fondo, la persona adicta transgrede el sistema, lo pervierte porque incumple otra norma fundamental: no aferrarse a nada. La figura del adicto deja de ser un consumista flexible en una modernidad líquida en donde nadie se aferra a nada (Bauman, 2006). Se trata de una sociedad de consumidores nómadas, de adictos, en donde impera una forma de adicción diversificada, flexible, móvil. La adicción a las compras es la principal adicción y socialmente bien admitida. Es adicción porque se trata de una actividad que no cesa nunca y ello, porque no satisface deseos, sino que llena de sensaciones el vacío. Es adicción porque es algo que va más allá de la voluntad; la gente sucumbe a consumir. Consumir es la principal tarea alrededor de la cual gira la vida de las personas (Bauman, 2007). Consumir se convierte en un acto irreflexivo y anula la voluntad. Pero el adicto no obedece a esa máxima porque se apega a su objeto de adicción. En cierto modo, es un melancólico que añora la tradición perdida, tradición de aferrarse a algo sólido. La adicción es su manía porque se queda anclado a una pérdida. En este sentido, la adicción podría entenderse como un caso particular del consumismo, es decir, una pauta desviada del consumir; una patología del consumismo. En otras palabras, la adicción puede entenderse como una desviación social de la adicción a consumir, socialmente instituida y aceptada como comportamiento sano y necesario para que la rueda de la economía gire sin parar. La adicción sería en este contexto entendida como el revés de un envés aceptado como sano: el de consumidor. La persona adicta se vuelve no consumista, entorpeciendo así el proceso de mercantilización; la persona adicta va por separado, por su cuenta. De alguna manera, es como si la persona adicta rompiera esa cadena consumista porque se aferra a su objeto (sustancia o comportamiento).

La adicción parece más un síntoma de una sociedad en donde los individuos están cada vez más condicionados a depender, pero depender de sustancias, comportamientos, sensaciones, pero no de personas. En este sentido, el individuo postmoderno está enculturado, de manera más o menos violenta, con la ayuda de toda una panoplia de estrategias manipulativas, a ser adicto pero no adicto a lo que él decida, sino a lo que el sistema capitalista, a través de sus gobiernos plutocráticos, han decidido que sea. Así, el consumismo o las compras compulsivas son una forma socialmente bien aceptada de adicción. La farmacodependencia, es decir, la dependencia a los fármacos legales es otra de las adicciones socialmente bien consideradas. El desarrollo capitalista nos ha llevado a ser una sociedad adicta cuya dependencia sana a los demás nos ha sido cortada y erradicada de raíz para pasar a ser dependientes de objetos, sustancias y comportamientos, trastocando así todas las dimensiones del ser humano: personal, social, política, económica y cultural (López, 2009). Lo que caracteriza a nuestras sociedades es la perversión fetiche, es la patología del fetichismo por las mercancías cuyas secuelas las vemos y criticamos en la figura del adicto. Personas infantilizadas, malcriadas, irresponsables, socialmente discapacitadas, convertidas en objetos, amantes del riesgo, narcisistas... En esta sociedad, el adicto cumple esa figura del chivo expiatorio a quien culpar en el fondo de todos nuestros defectos. En la figura del adicto se redime el pecado original de nuestra cultura. El adicto nos permite sentirnos normales y seguir consumiendo, es decir, seguir siendo adictos a la diversidad de la experiencia consumista, con el profundo convencimiento de contribuir a la buena marcha de la economía. No podemos dejar de consumir porque, sin ello, aumentamos el paro, devaluamos nuestro bienestar (PIB).

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ADICCIONES EN GENERAL

Ideología en la noción de adicción

a una identidad estigmatizada. Se trata de “una figura socialmente instituida” (Lewkowicz et al, 1998), a través de la creación de una patología específica basada fundamentalmente en la “desviación de

Es sabido que hay falta de acuerdo sobre qué es una adicción y cuántas hay (González, 2005), pero aún así, esta falta de consenso, de rigor científico, no ha impedido estudiarla, tratarla, divulgarla.

pautas médicas y sociales aprobadas en cuanto al consumo de drogas” (Szasz, 1990, p. 30).

Teniendo en cuenta que el origen etimológico de la palabra droga es medicamento o fármaco y que “pharmakos” era el término que designaba en la Grecia clásica al chivo expiatorio (Szasz, 1990), la figura del adicto emerge como la figura del chivo expiatorio y por lo tanto, su función es fundamentalmente religiosa y terapéutica; recordemos que en aquella época religión y medicina eran “una empresa común e indiferenciada” (Szasz, 1990, p. 43). Es a través del sacrificio del chivo expiatorio que la sociedad ejerce legítimamente una violencia simbólica y real, cuya finalidad es la cohesión grupal. Violencia destinada al control y el mantenimiento de un estilo de vida. La sociedad moderna o postmoderna se empeña en ocultar sus ceremoniales sacrificiales, disfrazándolos a través de un lenguaje pseudocientífico y pseudomédico y así desacralizar la vida de los individuos. Institucionalizar la adicción representa un ritual de purificación que sigue un principio básico: aquel comportamiento que promueva la salud debe ser seguido e incorporado a la práctica y el hábito, pero aquel que promueva la enfermedad, debe ser eliminado, siempre y cuando no entorpezca la rueda infinita de la economía.

El concepto de adicción viene a remplazar y ampliar el concepto de toxicomanía y drogodependencia. Esto es, la adicción es un concepto que engloba todas las formas de dependencia, por un lado. Y, por otro, va más allá de la dimensión biológica, abarcando más que el producto o droga en sí, al sujeto mismo. Así, la adicción engloba el alcoholismo, el tabaquismo, el juego patológico, así como ciertos trastornos de la conducta alimentaria, las compras compulsivas, las conductas sexuales, las nuevas tecnologías y las relaciones amorosas alienantes (Valleur y Matysiak, 2003). Es fundamental entender que el paso de toxicomanía o drogodependencia al de adicción significa fundamentalmente dejar de poner el acento en una sustancia para ponerlo en una serie de criterios, como la falta de control, la dependencia y la pérdida de libertad de la persona (addictus). Esto es, que las adicciones en general son adicciones psicológicas, es decir, conductas normales de las cuales se hace un uso anormal por la intensidad, la frecuencia y la cantidad de tiempo invertida (Echeburúa, 1999). A pesar de este reconocimiento, las adicciones sin droga no figuran en las clasificaciones psiquiátricas al uso norteamericana y europea, DSM-IV y CIE-10. El término adicción se refiere únicamente a los trastornos debidos al abuso de sustancias psicoactivas.

Que la adicción no es un problema científicamente abordado se hace patente por el hecho de que no se sabe qué criterios se han utilizado para determinar qué comportamiento es adicción y qué no lo es. Tampoco sabemos quién la ha definido. Por lo tanto, decidir qué es adicción y qué no lo es, puede atribuirse a diversos procesos sociales que tienen que ver con el poder y la negociación y convención social. En otras palabras, el problema de la adicción es más bien una construcción social, fruto de una negociación o red de acuerdos sociales, más que resultado de someter racionalmente la hipótesis de la adicción a una prueba empírica.

Dado que la adicción no ha sufrido o se ha visto sometida al tratamiento científico racional siguiendo el método hipotético-deductivo, podemos entender la adicción fundamentalmente como un prejuicio que la concibe como una desviación social, siendo el control su finalidad última: “La atribución de la categoría de adicto a

un creciente número de individuos no deja de ser un cierto mecanismo de control social” (González, 2005, p. 27). Una manera de control social que define

qué hábitos son normales y saludables, aunque esclavicen, causen perjuicios personales, sociales y laborales y qué otros hábitos son anormales. En otras palabras, el término adicción hace referencia

Sabemos que se divulga a través de diferentes medios; entre los más importantes destacamos los de comunicación de masas. Porque, a nivel científico, el tema de las adicciones no ha sido 22


ADICCIONES EN GENERAL

muy estudiado. En otras palabras, en el medio academicista, la adicción no goza de buen pedigrí, siendo una de las grandes marginadas en los estudios y las investigaciones científicas. Con el tema de las adicciones, una de las paradojas más evidentes a nivel científico es la gran producción de artículos sin que haya habido tantos estudios referidos a su definición, su validez como constructo, es decir, sin que se haya aplicado el método científico. De hecho en una de las fuentes bibliográficas más importantes en psicología, Psycinfo, no aparece ningún artículo que hable, cuestione o plantee estudios relacionados con el concepto o la noción de adicción. No obstante, hay multitud de artículos sobre adicciones y tratamientos, fundamentalmente en referencia a sustancias.

relativismos psicologicistas propios de un proceso de medicalización que despoja al sujeto de su libertad y de sus determinismos biopsicosociales que lo posicionan en víctima (Rendueles, 2000). Así, cuando leemos que uno de los criterios fundamentales para etiquetar un comportamiento adictivo es que dicho comportamiento sea el centro de la existencia del adicto, esto es, que la vida de la persona adicta gire en torno a ese comportamiento, desde esta perspectiva podemos así englobar como comportamiento adictivo o adicción a la política, la economía por supuesto, la criminalidad –específicamente la de guante blanco-, los negocios, el trabajo, el consumismo. Todas estas actividades, además de ser prácticamente exclusivas en la vida de las gentes que las practican, se realizan de manera compulsiva, generando sufrimiento y dependencia. Son como impulsos irresistibles, irreprimibles, que permiten huir de dificultades existenciales y calmar o atemperar el sufrimiento.

Dado que la ciencia ha rehusado definir la adicción, ¿quién lo hace? Esta pregunta y este criterio es el sesgo fundamental de todo lo que concierne las adicciones. Desde el siglo de las luces, la ciencia se ha erigido como la garante de objetividad, de normatividad, de legitimidad en el terreno del conocimiento. La falta de cientificidad hace de un asunto algo opinable, vulgar, pero no crea un objeto de estudio legítimo. En este sentido, en el tema de las adicciones, estamos todavía al nivel de la opinión, del prejuicio, de la subjetividad. En el terreno de las adicciones estamos en lo que Ignacio Lewkowicz (1998) ha denominado “evidencia

El acto de comprar, en general, está fuera de la conciencia y la publicidad da fe de ello. El acto de comprar es tan inconsciente que la publicidad bucea por esos terrenos de la inconsciencia para promover que esa inconsciencia pase al acto o acting out3. La publicidad sabe que el acto de comprar está fuera del control voluntario de la persona. Si el criterio de adicción es que una actividad pase a ser el centro de la vida de la gente, las principales adicciones son el consumo y el trabajo. Así, el capitalismo ha hecho girar la vida de los individuos en torno al trabajo y al consumo, al punto de convertirnos en esclavos, que es exactamente el significado original de la palabra “addictus”: deudor en quiebra, que no pudiendo pagar su deuda, por un pronunciamiento legal, pasa a ser esclavo de su acreedor hasta pagarla, es decir, pierde temporalmente su libertad (Jauregui, 2011).

ideológica sin concepto riguroso”.

Apoyando con argumentos esta tesis de la falta de rigor en el concepto de adicción, llama la atención el carácter profundamente subjetivo de las nociones utilizadas para definir la adicción. Cuando leemos términos como “invadir”, “dependencia”, o frases como “impedir que viva”, “impulsos incontrolables” o “irreprimibles”, “atracción fatal”, “patrón de conducta persistente”, “fuera del control voluntario”, entre otros, ¿hablamos de conceptos científicos, es decir, estudiados, validados? ¿Dónde están los estudios que han validado científicamente el constructo de adicción? ¿Qué lenguaje es este? Estas definiciones parecen corresponder más a un ámbito literario, al terreno de la metáfora. Lo que deja claro que el discurso no se apoya sobre constructos científicos ya demostrados, sino sobre cuestiones que refieren más a una ideología posmoderna, cuyo fin último es despojar al ser humano de la responsabilidad de sus actos, su condición de sujeto, disolviendo la moral con su valores y la ética con sus virtudes en

Término psicoanalítico que designa la puesta en escena de una acción, repetitiva, que sustituye a la simbolización de un deseo. Se trata de una acción defensiva a través de la cual el sujeto intenta dar salida al deseo, manifestándolo de forma simbólica pero al margen de lo consciente y sin dar una resolución efectiva (Laplanche et Pontalis, 1993). Parece, más que una acción, una reacción de carácter autodestructivo ante algo subjetivamente amenazante e inconsciente. El acting out hace referencia a acciones impulsivas que adoptan a menudo formas de auto o heteroagresión.

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ADICCIONES EN GENERAL

Contextualizar los fenómenos ayuda a su comprensión, además de darles un mayor rigor científico. En el caso de las adicciones, tenemos que precisar que se trata de un problema contemporáneo, es decir, actual, situando su origen en el siglo XIX. En este sentido, la adicción es una construcción moderna, un problema estrechamente emparentado con un estilo concreto de vida que supone una ruptura histórica y cultural con el mundo anterior (Ovejero, 2007). Dicha problemática sólo puede entenderse dentro del contexto de la modernidad tardía o postmodernidad, en donde hay una definitiva y clara ruptura con la tradición, la comunidad, lo social, lo político. En donde el tejido social es desmantelado, en donde lo público desaparece en aras de lo privado, en donde los vínculos de dependencia son mal vistos y se sobredimensionan la autonomía y la independencia.

cadenas, de todos sus códigos y costumbres, entrando así en un mundo fratricida, asocial y psicopático. Es la mutación de la intersubjetividad, dominan las experiencias sin contenido y sin contenedor, las experiencias como gratificación y nunca suficientes. La modernidad dibuja y crea un desorden caracterial cuya base es la imposibilidad de sentir (Sennet, 1980). El capitalismo moderno moviliza el narcisismo, haciendo de ello la enfermedad de nuestro tiempo (Lowen, 2000). Y dentro de este contexto se perfila el homo addictus. El vacío llena todo lo dejado atrás, un vacío llenado con las compulsiones consumistas, con adicciones variopintas, tanto socialmente admitidas como prohibidas. Pero para que este sistema funcione, tiene que haber o el sistema tiene que demonizar determinadas adicciones, imponiendo la sensación de un orden, de una moral, a través de adicciones socialmente bien vistas, toleradas, permitidas, adecuadas, saludables.

En este mundo licuado (Bauman, 2003), prácticamente todo hábito de comportamiento o patrón de conducta que se repita podría convertirse en adicción, pero no porque lo sea, sino porque aquello que debiera ser normal, la repetición, la tradición, la dependencia, ha sido censurado, prohibido, liquidado. Interesan individuos aislados, alienados, desligados, desvinculados, rotos, privados, cuyos hábitos converjan hacia dependencias o adicciones ideológicamente definidas por un capitalismo mercantil dibujado por una oligarquía tiránica que no dudará en emplear cualquier medio para conseguir su fin. Una sociedad enferma, adicta, cuya estructura narcisista ha hecho saltar en pedazos lo más básico para la convivencia: el contrato social. Se trata de una mutación histórica en donde lo individual es lo que queda tras la ruptura relacional, tras la escisión disociativa de la otredad. La vacuidad, el sufrimiento, la angustia que deja la ruptura vincular ha de llenarse de alguna manera. Se quiere todo ya, inmediatamente. Es el culto al deseo convertido en necesidad. Se tolera mal la frustración y se da prioridad a los impulsos. El yo queda disuelto, al igual que disueltos quedan todas las estructuras rígidas, sólidas, compactas. En este sentido, la voluntad representa un obstáculo al funcionamiento operacional de este nuevo individuo, por lo que ésta, debe eliminarse. La disolución es lo que caracteriza a esta modernidad tardía (Lypovetsky, 1993), donde todo es líquido, todo se borra. El individuo se libera de todas sus

En resumen, la sociedad ha fabricado todo un malestar cultural que necesita ser dopado, pero en un claro y único sentido: aquel designado por el “mercado”, que no es otra cosa que una oligarquía, un oligopolio. En este sentido, aquellas adicciones socialmente admitidas no serán estigmatizadas como tal porque entran dentro de lo políticamente correcto y contribuyen al equilibrio social, económico y político. Pero pobre de aquellas adicciones que vayan por una dirección diferente de la planteada, de adicciones que se encaminen hacia una emancipación, rechazando la sobrecarga de responsabilidades, de libertades, de moderación inmoderada, de vacuidad, de aburrimiento, de rutina, de sinsentido, de incertidumbre, de abandono, de alienación. Pobre de aquellas que no contribuyan al bienestar de la industria farmacéutica, de la industria alimentaria, de la banca, de la economía de ficción, de la bolsa, porque serán condenadas.

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ADICCIONES EN GENERAL

ANTECEDENTES DE ABUSO DE ALCOHOL Y OTRAS SUSTANCIAS E IDEACIÓN Y CONDUCTA SUICIDA

RESUMEN

L

a conducta suicida se relaciona fundamentalmente por un elemento del pasado como puede ser el maltrato infantil y por aquellas adicciones, en el presente, que se manifiestan en el consumo de alcohol y otras sustancias adictivas. El consumo de alcohol incrementa los pensamientos de muerte o hacerse daño, mientras que el abuso de sustancias está más asociada a la planificación y actuación suicida.

HISTORY OF ALCOHOL AND OTHER SUBSTANCES AND SUICIDAL IDEATION AND BEHAVIOR

PALABRAS CLAVE Conducta, factores de riesgo, suicidio, antecedentes. ABSTRACT The suicidal conduct is related fundamentally for an element of the past as it can be the infantile maltreatment and for those addictions, in the present, which you show in the consumption of alcohol and other addictive substances. The alcohol consumption increases the death thoughts or to hurt itself, while the substances abuse is more associated with the planning and suicidal performance. KEYWORDS Conduct, risk factors, suicide, medical history. INTRODUCCIÓN La conducta suicida va desde meramente pensar en finalizar la propia vida hasta desarrollar planes de suicidio y poner los medios para hacerlo, llegar a realizar el intento y finalmente, el suicidio consumado. La investigación indica que son diversos los factores de riesgo de la conducta suicida. Se han identificado, entre otros, el abuso de alcohol y otras sustancias así como el maltrato físico en la infancia (Guía de Práctica Clínica de Prevención de la Conducta Suicida, 2012). Los factores pueden relacionarse entre sí de modos complejos. Por ejemplo, tanto el abuso de alcohol como la depresión, otro factor de riesgo reconocido, interactúan y se potencian mutuamente (Krug, Dahlberg, Merci, Zwi y Lozano, 2003). Entender el

Katia Kokoulina Cherevach Psicóloga Clínica, Centro Médico El Castro (Vigo) 27


ADICCIONES EN GENERAL

papel y relaciones recíprocas de estos factores es central en la prevención del suicidio.

formularon preguntas acerca de estas experiencias dentro de la evaluación de la sintomatología depresiva actual o pasada (SCID I).

El objetivo del estudio es comprobar si los antecedentes personales de consumo de alcohol y otras sustancias se asocia al informe de ideación, planificación y conducta suicida así como comprobar si el maltrato físico se asocia a esas dimensiones de la conducta suicida. Adicionalmente, nos preguntamos si el maltrato emocional es una variable relevante en la predicción de ideación, planificación y conducta suicida.

Para la evaluación del maltrato físico se formularon las dos cuestiones empleadas en el estudio ACE (Adverse Childhood Experiences) (Dube et al, 2001) para la evaluación del maltrato físico: “En ocasiones los padres u otros adultos que viven en la casa: 1) empujan, pegan, golpean o tiran algo contra uno; 2) pegan tan fuerte que provocan marcas o heridas”. Se consideró presente el maltrato físico si el paciente respondía “frecuentemente” o “muy frecuentemente” a la primera cuestión o “a veces”, “frecuentemente”, o “muy frecuentemente” a la segunda y ofrecía ejemplos conductuales concretos de dichos episodios.

MÉTODO Participantes Participaron un total de 403 pacientes mayores de 18 años y con el mínimo nivel de estudios de ESO, que iniciaron tratamiento psicológico en una Unidad de Salud Mental entre junio de 2009 y febrero de 2014. La edad media de la muestra fue 35,22 años (rango 18-68).

Para la evaluación del maltrato emocional se formularon dos preguntas también empleadas en el estudio ACE: “¿con qué frecuencia alguno de sus padres u otros adultos de la familia le insultaban o le humillaban en público? y ¿con qué frecuencia le hacían sentir asustado de que le pudieran hacer algún tipo de daño?. Respuestas de “frecuentemente” o “muy frecuentemente” a cualquiera de las dos preguntas, con ejemplos de episodios concretos, fueron valoradas como positivas para abuso emocional.

Los diagnósticos eje I de la muestra fueron: 142 pacientes cumplieron los criterios diagnósticos DSM IV para episodio depresivo mayor, 83 trastorno adaptativo con síntomas de ansiedad, depresivos o mixtos, 67 trastorno de ansiedad generalizada, 51 trastorno de angustia con o sin agorafobia, 40 distimia, 40 fobia social, 22 alguno de los trastornos somatoformes, 23 trastorno obsesivo compulsivo, 11 algún trastorno de la conducta alimentaria, 13 fobia específica, 8 trastorno de estrés postraumático y 3 trastorno dismórfico corporal. Un total de 121 pacientes cumplieron criterios para alguno de los trastornos de la personalidad del DSM IV. El número de diagnósticos fue superior al de sujetos ya que un mismo sujeto podía cumplir criterios para más de un trastorno.

Las cuestiones empleadas son las recomendadas en el documento de la Organización Mundial de la Salud sobre prevención del maltrato infantil (Butchart y Harvey, 2009). Procedimiento Durante la primera entrevista de evaluación psicológica se obtuvo la información acerca de ideación y planificación suicida, abuso de alcohol y otras sustancias a lo largo de la vida y experiencias de maltrato físico y emocional en la infanciaadolescencia.

Instrumentos de medida

Análisis estadísticos

Entrevista clínica

Se calcularon los Odds Ratio para la ideación, planificación y conducta suicida para los sujetos que informaron de antecedentes de abuso de alcohol sólo, abuso de sustancias sólo o abuso de alcohol y sustancias. Se realizaron tres análisis de regresión logística en los que la variable criterio fueron la ideación, planificación y conducta suicida y las variables predictoras el abuso de

▪▪ Antecedentes personales de abuso de alcohol y otras sustancias: para obtener información acerca de abuso de alcohol y otras sustancias tóxicas se siguieron las pautas diagnósticas del DSM IV para los trastornos por consumo de alcohol y otras sustancias (SCID I). ▪▪ Ideación, planificación y conducta suicida: se 28


ADICCIONES EN GENERAL

TABLA I. EDAD Y SEXO

Edad Sexo

Grupo clínico de control N=316 35,6 (D.T. 10,5)

Grupo abuso alcohol solo N=19

Mujeres 80,9% Varones 19,1%

41,3 (D.T. 12,6)

Grupo abuso sustancias solo N=41 30,3 (D.T. 7,2)

Grupo abuso alcohol y otras sustancias N=27 34,3 (D.T. 9.3)

Mujeres 40% Varones 60%

Mujeres 69,3% Varones 30,7%

Mujeres 53,3% Varones 46,7%

TABLA II. ESTADO CIVIL

Casado Soltero Separado Viudo

Grupo clínico de control N=316 138 140 30 8

Grupo abuso alcohol solo N=19 10 7 2 0

Grupo abuso sustancias solo N=41 8 28 5 0

Grupo abuso alcohol y otras sustancias N=27 3 20 4

TABLA III. NIVEL ACADÉMICO Grupo control N=316

Abuso alcohol N=19

Abuso sustancias Abuso alcohol y N=41 sustancias N=27

Bachillerato

54

2

5

4

ESO Formación Profesional

144 57

9 5

15 14

12 6

Universitarios

61

3

7

5

29


TABLA IV. IDEACIÓN, PLANIFICACIÓN E INTENTOS DE SUICIDIO A LO LARGO DE LA VIDA Grupo Clínico Control N=316

Pensamientos recurrentes de muerte o hacerse daño

133

Grupo Abuso Alcohol solo N=19

Grupo Abuso Sustancias solo N=41

14

27

Grupo Abuso Alcohol y otras sustancias N=27

19

Planificación suicida

68

6

19

11

Intentos suicidas

36

4

13

7

Odd Ratio (95%)

GAlc vs GControl: 3,8 (1,3-10,8) GSust vs GControl: 2,6 (1,3-5,2) GMixto vs GControl: 3,2 (1,2-7,6) GAlc vs GControl: 1,6 (0,6-4,5) GSust vs GControl: 3,1 (1,5-6,1) GMixto vs GControl: 2,5 (1,1-5,6) GAlc vs GControl; 2 (0,6-6,5) GSust vs GControl:3,6 (1,7-7,5) GMixto vs GControl:2,7 (1-6,8)

GAlc: Grupo Abuso de Alcohol solo; GSust: Grupo Abuso de Sustancias solo; GMixto: Grupo Abuso Alcohol y Sustancias; GControl: Grupo Control.

30


ADICCIONES EN GENERAL

DISCUSIÓN

alcohol y de otras sustancias a lo largo de la vida y el maltrato físico y emocional a lo largo de la infancia-adolescencia (hasta los 18 años).

Hay consenso en que la conducta suicida es con frecuencia el resultado final de una convergencia de diversos factores de predisposición y de factores de riesgo concurrentes que se combinan para favorecerla. Esta evidencia sugiere un modelo de curso vital del desarrollo de la conducta suicida en el que el riesgo individual es determinado por la exposición acumulativa a una amplia variedad de condiciones como la desventaja social, adversidad familiar en la infancia, personalidad y estado mental actual así como exposición a eventos vitales estresantes actuales (Beautrais, et al., 2005).

RESULTADOS Un total de 87 de los 403 pacientes informaron de antecedentes personales de abuso de alcohol y/o otras sustancias (19 alcohol sólo, 41 otras sustancias y 27 ambos). Las características sociodemográficas de los cuatro grupos se recogen en las tablas I, II y III. De la muestra, 50 pacientes informaron de maltrato físico y 68 de maltrato emocional en la infancia-adolescencia.

Los resultados del estudio indican que el abuso de alcohol y de otras sustancias se asocian de modo diferencial a las tres dimensiones de la conducta suicida investigadas. Mientras que el abuso de alcohol lo hace en especial con la probabilidad de experimentar pensamientos de muerte o hacerse daño, el abuso de sustancias está más claramente asociado a la planificación y actuación suicida. El informe de historia de abuso de alcohol entre pacientes que informaron de abuso de sustancias no parece incrementar el riesgo de conducta con respecto a su ocurrencia de modo aislado.

Tanto los antecedentes de abuso de alcohol como de otras sustancias se asociaron a un incremento de pensamientos recurrentes de muerte, planificación y actuación suicida (tabla IV). Se realizaron tres análisis de regresión logística. En el primero (Tabla V), la variable criterio fueron los intentos suicidas a lo largo de la vida y las variables predictoras el maltrato físico y el abuso de alcohol y de otras sustancias. El abuso de sustancias se asoció a un incremento en el riesgo de intentos autolíticos de 2,51 y el maltrato físico a un incremento de 4,10.

En lo que se refiere a las variables de maltrato en la infancia (físico y emocional), mientras que el físico se asocia a un incremento en la probabilidad de pensamientos recurrentes de muerte, planificación y conducta suicida, el maltrato emocional está asociado solamente a la planificación suicida.

En el segundo análisis de regresión logística (tabla VI), la variable criterio fue la planificación suicida y las variables predictoras fueron el maltrato físico y emocional en la infancia y el abuso de alcohol y de otras sustancias a lo largo de la vida. El abuso de sustancias se asoció a un incremento en la planificación suicida de 2,54. Tanto el maltrato físico como emocional en la infancia se asociaron a un incremento en la probabilidad de informar de planificación suicida de 2,24.

El diseño del estudio no permite establecer relaciones de causalidad con respecto al riesgo de ideación, planificación y conducta suicida. Sin embargo, son consistentes con el papel del abuso de sustancias en el aumento de riesgo de suicidio en condiciones de afectación emocional e ideación autolítica asociada (Beautrais, Collings, Ehrhardt et al, 2005). Por otra parte, el abuso de alcohol y otras sustancias puede tener importantes repercusiones en la psicopatología con una mayor facilidad de ocurrencia de trastornos emocionales, como es la depresión, que tienen una clara relación con la ideación y conducta suicida. Los resultados también son consistentes con la investigación que indica que el maltrato físico en la infancia es un factor de riesgo de conducta suicida del adulto.

En el tercer análisis de regresión logística (tabla VII), la variable criterio fueron los pensamientos recurrentes de muerte o hacerse daño. Se incluyeron como predictores el maltrato físico y emocional en la infancia así como el abuso de alcohol y de otras sustancias. Las variables que entraron en el modelo fueron el abuso de alcohol y el maltrato físico. La primera se asoció a un incremento de pensamientos recurrentes de muerte o hacerse daño de 3,16 y la segunda de 2,59. 31


ADICCIONES EN GENERAL

TABLA V. REGRESIÓN LOGÍSTICA. INTENTOS DE SUICIDIO A LO LARGO DE LA VIDA B

E.T

Wald

gl

Sig

Abuso de sustancias

0,923

0.335

7,59

1

0,006

Maltrato físico en la infancia

1,411

0,346

16,662

1

0,000

Exp (B) (IC 95%) 2,517 1,30-4,85) 4,102 (2,08-8,07)

TABLA VI. REGRESIÓN LOGÍSTICA. PLANIFICACIÓN SUICIDA A LO LARGO DE LA VIDA B

E.T

Wald

gl

Sig

Exp (B) (IC 95%) 2,240 (1,08-4,64)

Maltrato físico en la infancia

0,806

0,372

4,70

1

0,030

Maltrato emocional en la infancia

0,786

0,332

5,59

1

0,018

2,240 (1,14-4,21)

Abuso sustancias

0,932

0,293

10,08

1

0,001

2,540 (1,42-4,51)

TABLA VII. REGRESIÓN LOGÍSTICA. PENSAMIENTOS RECURRENTES DE MUERTE B

E.T

Wald

gl

Sig

Maltrato físico

0,955

0,344

8,192

1

0,004

Abuso alcohol

1,153

,346

11,100

1

0,001

32

Exp (B) (IC 95%) 2,598 (1,35-4,99) 3,168 (1,60-6,24)


ADICCIONES EN GENERAL

BIBLIOGRaFIa

La experiencia de ideación, planificación y la actuación suicida reflejan un alto grado de perturbación emocional. En su aparición en el ciclo vital pueden intervenir factores diversos entre los que se ha considerado la experiencia de adversidad grave en la infancia como es la exposición a ambientes familiares de abuso. Dichas experiencias incrementan el riesgo de desarrollo disfuncional que, en condiciones de estrés, aumentan la probabilidad de contemplación o actuación suicida (Brezo et al, 2008; Fergusson, Woodward y Horwood, 2000; Van der Kolk, Perry y Herman, 1991). En esta cadena causal, el consumo de alcohol y de otras sustancias podrían ser empleados como estrategias de regulación emocional, pero su uso abusivo y crónico se convierte en mediador de deterioro emocional y de la falta de la capacidad de afrontamiento del estrés que, a su vez, favorecen la ideación y actuación autolítica. Es destacable la elevada frecuencia con que los pacientes con antecedentes en la infancia de maltrato físico y emocional presentaban trastornos de la personalidad (TP). Más del doble de los pacientes del grupo de maltrato emocional cumplían los criterios diagnósticos para alguno de los TP en comparación con el grupo clínico de control (48,4% vs 23,4%). El diagnóstico de algún TP fue especialmente frecuente en el grupo de pacientes con historia de maltrato físico. Así, el 69,5% de los pacientes de este grupo cumplieron los criterios diagnósticos de alguno de los TP, un porcentaje tres veces mayor que en el grupo de pacientes sin antecedentes de maltrato. Por otra parte, los pacientes con antecedentes de abuso de alcohol y sustancias fue más frecuente que cumplieran los criterios diagnósticos de alguno de los TP. En concreto, mientras que un 23% de los pacientes sin antecedentes de abuso de alcohol o sustancias cumplían los criterios diagnósticos de alguno de los TP, el 47,3% y el 57,8% de los pacientes con antecedentes los cumplían. Los TP reflejan patrones de larga evolución en el funcionamiento interpersonal, pensamiento, afectividad y control de impulsos que se caracterizan por su inflexibilidad adaptativa, fragilidad frente al estrés y tendencia a generar círculos viciosos que acrecientan o perpetúan los problemas (Millon, 1998).

BEAUTRAIS, A. L., COLLINGS, S. C., ERHDARDT, P. ET AL. (2005). Suicide Prevention: a review of evidence of risk and protective factors and points of effective intervention. Wellington: Ministry of Health. FERGUSSON, D. M., WOODWARD, L. J. Y HORWOOD, L. J. (2000). Risk factors and life processes associated with the onset of suicidal behaviour during adolescence and early adulthood. Psychological Medicine, 30, 1, 23-39. Grupo de Trabajo de la Guía de Práctica Clínica de Prevención y Tratamiento de la Conducta Suicida. Guía de Práctica Clínica de Prevención y Tratamiento de la Conducta Suicida. Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias de Galicia (Avalia-t); 2012. KRUG, E. G., DAHLBERG, L. MERCY, J. A. ZWI, A. B. Y LOZANO, R. (2003). Informe mundial sobre la violencia y la salud. Capítulo 7. La violencia autoinflingida. Organización Mundial de la Salud. VAN DER KOLK, B., PERRY, J. C., Y HERMAN, J. L. (1991) Childhood origins of self-destructive behavior. The American Journal of Psychiatry, 148, 12, 1665-1671.

33


Entidades privadas colaboradoras de Asociación Dianova España

ACAT Alcampo ARAD Asociación Nypacold BBK Bansalud Catalunya en Miniatura Consultora Management and Research Consultora San Román Decathlon Dono Discapnet Formajobs Fundación Acrescere Fundación Emilio Moro Fundación Gizakia Herritar Fundación Real Madrid La Caixa Más Móvil Obra social Santa Luisa de Marillac 34


ADICCIONES EN GENERAL

PROGRAMA DE REDUCCIÓN Y/O ABANDONO DEL CONSUMO DE CANNABIS EN UN CLUB SOCIAL DE CANNABIS

Resumen

E

l cannabis es una de las drogas ilegales más consumidas tanto en España como en el resto del mundo. Además, la edad de inicio en su consumo es cada vez más temprana y, en consecuencia, los problemas que ocasiona son mayores. Asimismo, es una de las drogas ilegales más aceptadas socialmente, por lo que los consumidores banalizan su consumo y no identifican o minimizan los posibles riesgos que conlleva.

PROGRAM REDUCTION AND/OR CESSATION OF CANNABIS IN CANNABIS SOCIAL CLUB

Los expertos defienden la necesidad de mejorar la investigación sobre el cannabis. Por ello, y si tenemos en cuenta la proliferación de clubs sociales de cannabis, quizás sería conveniente poder utilizar estos lugares como puntos de información y sensibilización sobre la sustancia, aplicando talleres de reducción de riegos, motivacionales, e incluso de reducción y/o abandono del consumo. El presente artículo describe una intervención pionera para reducir o abandonar el consumo de cannabis, aplicada “in situ” en una asociación cannábica. Pese a haber utilizado diferentes escalas en el estudio, las conclusiones están fundamentalmente basadas en mi propia experiencia profesional. Aparte, hay que destacar que la muestra del estudio no es estadísticamente significativa y, en consecuencia, los resultados no son generalizables, aunque sí que podrían indicar un posible nuevo modelo de intervención. PALABRAS CLAVE Consumo responsable, club social, cannabis, abandono, reducción. ABSTRACT Cannabis is one of the most consumed illegal drugs, both in Spain and in the rest of the world. Besides, the starting age for consumption is becoming younger and, consequently, the problems caused are greater. It is also one of the most socially accepted illegal drugs, which makes consumers trivialize its consumption and therefore, not identify or minimize potential risks. Experts emphasize the need of improving research on cannabis. Because of this, and taking into account the proliferation of cannabis social clubs, it might be desirable to use them as points of

Zaida Egea Psicóloga

35


ADICCIONES EN GENERAL

information and awareness on this substance, by applying risk reduction workshops , motivational, and even for reduction and / or cessation.

País Vasco entre los años 2001 y 2003, en donde su autor, Iñaki Martínez Aldanondo, señala estrategias de cara a reducir o anular el impacto de los posibles efectos secundarios del consumo de cannabis.

This article describes a pioneering initiative to reduce or stop cannabis consumption, applied “in situ” in a cannabis association. Despite having used different scales in the study, the conclusions are mostly based on my own professional experience. In addition, it is noteworthy that the study sample is not statistically significant and, therefore, the results cannot be generalized, although they could indicate a possible new intervention model.

Por todo lo citado anteriormente se creó el programa de reducción y/o abandono del consumo en la asociación de cannabis en la que colaboro, Airam, coordinado desde la Fundación Alivia. Objetivos El principal objetivo de la intervención se centró en la reducción y abandono de consumo de los integrantes del grupo, teniendo en cuenta otros objetivos subyacentes, como poseer las habilidades necesarias para detectar consumos problemáticos, valorar y reflexionar sobre el propio consumo y finalmente, detectar y derivar a recursos asistenciales aquellas personas que se le recomiende un abandono total del consumo.

Keywords Responsible consumption, cannabis, associations of cannabis, reduction, abandonment, lowdemand programs.

Muestra

La Cannabis Sativa, de la familia de los cannabionides, es una planta que contiene más de 400 componentes químicos, siendo el delta-9 TCH, o delta-9-tetrahydro-cannabinol el principal ingrediente psicoactivo.

La población diana fueron los socios recreativos de un club social de cannabis. La participación fue completamente voluntaria, en total participaron 12 sujetos, 5 del sexo femenino y 7 del masculino, una muestra no representativa con la que no se pueden generalizar los resultados expuestos. En cuanto la edad, los sujetos comprendían edades de entre 26 a 50 años.

Es una de las drogas ilegales más aceptadas socialmente, y posiblemente este sea una de las causas por la cual sus consumidores banalizan el consumo y no identifican o minimizan los posibles riesgos que conlleva. Este último punto es muy significativo dado que en los centros de tratamiento públicos no existe una gran demanda de inicio de tratamiento, a pesar de ser una de las sustancias más consumidas, aunque si que en los últimos años se ha experimentado un incremento significativo.

Lugar de impartición El taller se realizó en las instalaciones de un club social de cannabis, en una sala condicionada para el programa en la que existía intimidad. Antes de iniciar el taller se retiraban todos los posibles estímulos asociados al consumo, como por ejemplo ceniceros.

El colectivo de consumidores de cannabis no se ve reflejado en las propuestas orientadas a la abstinencia ofrecidas en los circuitos asistenciales, por lo que habrá que dejar a un lado estos modelos de intervención y centrarse en modelos de baja exigencia, reduciendo el consumo y minimizando los riesgos de éste, y en definitiva, hacia modelos de intervención de un consumo responsable.

Instrumentos Con el fin de evaluar los objetivos del presente estudio se establecieron dos cuestionarios de evaluación, uno para el inicio y otro para el fin del programa. Estos cuestionarios incluyeron una primera parte abierta común de 8 preguntas, en los cuales se reflejaba información relativa a las características sociodemográficas de los participantes y cuestiones relativas a patrones de consumo. Asimismo también se incluyó un ítem de pregunta abierta en la que los sujetos especificaban si el cannabis estaba suponiendo algún tipo de problema en su vida.

En la actualidad se realizan terapias motivacionales y de reducción de riegos para adolescentes con resultados positivos. Cabe destacar el taller para un consumo responsable de cannabis desarrollado en la facultad de Psicología de la Universidad del 36


ADICCIONES EN GENERAL

La segunda parte es una escala tipo Likert (1 totalmente en desacuerdo; 2 en desacuerdo; 3 ni acuerdo ni en desacuerdo; 4 de acuerdo; 5 totalmente de acuerdo) con cuestiones específicas explicadas en los siguientes puntos:

y dependencia. Tarea para casa: autorregistro de consumo y cuadro motivacional. ▪▪ Segunda sesión: repaso de la tarea para casa: autorregistro y cuadro motivacional; explicación de los estímulos asociados al consumo; técnicas de control estimular y disminución del craving; explicación del modelo cognitivo de las drogodependencias y reestructuración creencias relacionadas con el cannabis –desmontando mitos-. Tarea para casa: detectar aquellos estímulos asociados consumo, pensamientos automáticos y creencias adictivas.

▪▪ Cuestionario de evaluación inicial En la segunda parte del cuestionario los ítems reflejaban los objetivos de cada participante, así como las expectativas del programa. Los ítems son los siguientes: a) mi intención es dejar completamente el consumo de cannabis y/o tabaco; b) mi intención es reducir el consumo de cannabis y/o tabaco, donde especificaban exactamente el grado de porcentaje de reducción (25%, 50% y 75%); c) pienso que este programa puede ser muy beneficioso para mi.

▪▪ Tercera sesión: repaso de la tarea para casa de estímulos asociados, pensamientos y creencias adictivas; explicación de la importancia de establecerse una rutina e ir modificando hábitos y programación de actividades gratificantes no relacionadas con el consumo; explicación y puesta en práctica de la asertividad a través de role-playing; Tarea para casa: programación de actividades.

▪▪ Cuestionario de evaluación final En la segunda parte los ítems reflejaban los resultados de los objetivos propuestos, a través de los ítems: a) he dejado completamente el consumo de cannabis y/o tabaco; b) he reducido el consumo de cannabis y/o tabaco, en donde también se especificaba el porcentaje (25%, 50% y 75%). Seguidamente se reflejaba información relativa al conocimiento sobre el consumo de uno mismo, c) en el caso que no hayas reducido, ¿te planteas ahora reducirlo?; d) tengo más conocimientos sobre mi consumo; e) sé distinguir entre uso/abuso/dependencia; f) el programa ha sido beneficioso para mí, ítem en el cual se especificaba la siguiente pregunta: ¿en qué sentido?

▪▪ Cuarta sesión: repaso de la tarea para casa: programación de actividades; explicación de la importancia de afrontar los problemas; aplicación en grupo del entrenamiento en solución de problemas; Tarea para casa: aplicar individualmente el entrenamiento en SP. ▪▪ Quinta sesión: repaso de la tarea para casa: entrenamiento en solución de problemas; ¿ qué son las emociones?; la importancia de tener autoconfianza y autoestima; trabajando las virtudes, defectos y emociones. Tarea para casa: mis logros y habilidades.

Desarrollo de las sesiones

▪▪ Sexta sesión: repaso de la tarea para casa: mis logros y habilidades; ansiedad: qué es y cómo disminuirla; explicación y puesta en práctica de la respiración diafragmática; explicación y puesta en práctica de la técnica de relajación muscular progresiva.

El programa fue diseñado siguiendo las guías e indicaciones para los trastornos de abuso de sustancias aplicando técnicas cognitivas, conductuales, motivacionales, y estableciendo objetivos y metas realistas dado la naturaleza de esta intervención.

▪▪ Séptima sesión: explicación del modelo de proceso de recaída; identificación de los estímulos de alto riesgo. Tarea para casa: autorregistro deseo de consumo.

Se desarrolló mediante terapias grupales con una estructura de 8 sesiones consecutivas que se realizaron cada lunes en horario de 20:30 a 22:30 horas. Las actividades y técnicas aplicadas en cada sesión fueron las siguientes.

▪▪ Octava sesión: repaso de la tarea para casa: autorregistro deseo de consumo; repaso de todos los puntos tratados en el programa; dinámica grupal: qué le dirías a tu compañero; valoración final de cada uno de los integrantes y del grupo

▪▪ Primera sesión: presentación del programa y de los participantes; técnicas motivacionales y psicoeducación de conceptos como droga, cannabis, clasificación de sustancias, uso, abuso 37


ADICCIONES EN GENERAL

Resultados

parte, esto se puede explicar por el hecho que la mayoría de consumidores de marihuana perciben el consumo como algo normalizado y minimizan la percepción de los riesgos.

Teniendo en cuenta las valoraciones del test de evaluación inicial y final se establecen los siguientes resultados:

Cabe destacar que los participantes se encontraban, en su mayoría, en un estadio contemplativo y que al principio la intervención se basó en trabajar la ambivalencia, así como los prejuicios y los miedos al que pensarán o dirán de mi. En un grupo hubo una joven que comentó literalmente, “ mi compañera de piso se ha reído de mi por participar en este grupo, vengo a probar... cuando llegue a casa le comentaré como ha ido, creo que ella tendría que participar también”.

Al iniciar el programa el objetivo general de los participantes era reducir el consumo de cannabis en un 75% y los resultados fueron una reducción del 50%. Mencionar que al principio del programa la media en gramos consumidos de cannabis, en un día habitual de consumo, era del 1,08gr, frente el 0,57gr al finalizar, por lo que se corrobora la reducción del 50%. Sobre el hecho de reflexionar y ser consciente sobre el propio consumo, valorando si éste está interfiriendo en la actividad laboral o personal, todos los participantes consiguieron este objetivo, reflejado en el ítem: tengo más conocimientos sobre mi consumo, con una puntuación de 5 puntos – totalmente de acuerdo-

A pesar de estas dificultades propias del tratamiento del cannabis, así como otras sustancias, hay que remarcar que en la primera sesión, en la cual se trabajó la motivación para el cambio, los sujetos realizaron afirmaciones automotivadoras respecto la problemática o abuso que realizaban en relación a la sustancia.

En referencia a las conocimientos y habilidades para detectar y gestionar posibles consumos problemáticos, la puntuación en el ítem de distinguir entre uso/abuso/dependencia tiene una media de 5 puntos, así como el ítem: el programa ha sido beneficioso para mi, por lo que se establece que los sujetos aprendieron los conocimientos y habilidades necesarias para detectar y gestionar posibles consumos problemáticos. Por último, destacar que se ha derivado a dos participantes a recursos presenciales.

Si tenemos en cuenta la muestra del estudio en relación a los socios del club, la participación del programa fue baja, por ello sería conveniente utilizar otro tipo de estrategia, realizando intervenciones de reducción de riesgos, es decir, dotar a todos los usuarios de los conocimientos básicos para minimizar los posibles efectos del consumo. Esto se podría llevar a cabo con la realización de formaciones o talleres al inicio de acceso al club, es decir, para hacerte socio de un club de cannabis se procede a realizar una pequeña formación respecto a su funcionamiento y normas, por lo tanto, ¿por qué no realizar una formación en cuanto a prevención de riesgos? Esta, a su vez, sería un sistema de alarma para detectar posibles consumos problemáticos y trastornos mentales asociados al mismo.

Conclusiones Tras analizar los resultados aquí expuestos y teniendo en cuenta mi experiencia profesional como conductora del programa, llego a la conclusión que la intervención ha sido beneficiosa para sus participantes, puesto que no han analizado únicamente su consumo, así como las estrategias para reducirlo, sino que también ha sido un punto de inflexión en autoconocimiento y crecimiento personal.

En cuanto a las sesiones, éstas sufrieron pequeñas variaciones en función de la demanda de los integrantes, y un punto significativo es la gran aceptación que tuvo el entrenamiento en solución de problemas, la práctica en asertividad, la realización del autorregistro de consumo, así como la explicación de los pensamientos de consumo e estímulos asociados, y todas las técnicas para poder controlar el deseo de consumo.

Los participantes iniciaron el programa con ideas preconcebidas sobre éste, en relación al hecho de no sentirse plenamente identificados, incluso, algunos sujetos creían que no tenían ningún tipo de relación perjudicial con la sustancia, es decir, pensaban que estaban realizando un consumo responsable, aunque puntualizaban que consumían más según el día o circunstancia. En

Teniendo en cuenta las variables anteriores, así como mi experiencia profesional, las personas que 38


ADICCIONES EN GENERAL

han realizado el taller afrontaban los problemas o el estrés de su día a día con el consumo y a su vez se daban un premio, un refuerzo: “yo me lo merezco”. Otro punto significativo es el “uso medicinal” que muchas personas realizan, utilizando el cannabis antes de irse a dormir como un ansiolítico. Finalmente, destacar que los expertos en adicciones podrían disponer de un recurso, el de las asociaciones de cannabis, en el que realizar políticas preventivas y de tratamiento llegando a la población diana, puesto que la mayoría de las personas consumidoras de cannabis no se sienten plenamente representadas en un centro convencional de tratamiento, en los cuales, en su mayoría, no existe un programa reducción del consumo o reducción de riesgos.

39


Universidades colaboradoras de Asociación Dianova España

Universidad de Barcelona / Universitat de Barcelona

Universidad de Castilla-La Mancha

Universidad Católica San Antonio de Murcia

Universidad Complutense de Madrid

Universidad de Gerona / Universitat de Girona

Universidad de Málaga

Universidad Nacional de Educación a Distancia

Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Universidad Pompeu Fabra de Barcelona / Universitat Pompeu Fabra de de Barcelona

Universidad de Vic / Universitat de Vic

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ADICCIONES Y JUVENTUD

INSTRUMENTALIZACIÓN ACTIVA DE LA CONSULTA DE SALUD MENTAL EN MENORES CON TRASTORNO DE CONDUCTA EN ACOGIMIENTO RESIDENCIAL ESPECIALIZADO ASOCIADA AL CONSUMO DE PSICOFÁRMACOS

Resumen

E

n los últimos años se ha observado un aumento significativo en el uso de los servicios de salud mental por parte de los menores usuarios de los diferentes recursos de acogimiento residencial, a destacar los especializados para menores con trastorno de conducta. Ya sea por la derivación desde el equipo educativo de la propia institución, ante la necesidad de una valoración del menor por parte de los servicios de salud mental zonales o por la solicitud del propio adolescente de acudir a los mismos. La incipiente demanda de estos servicios por parte de los propios menores resulta, en cada vez más casos, de un intento para lograr la prescripción de psicofármacos para usos lúdicos, ya sea por el abuso de estos o en combinación con otras sustancias psicoactivas. Este intento de orientar la prescripción del profesional de salud mental lleva a los adolescentes a desarrollar procesos de simulación en consulta, siendo necesaria su detección. El cambio de percepción desarrollado en muchos de estos adolescentes respecto a la consulta de salud mental, pasando de ser un servicio de atención comunitario para personas con trastorno mental a un mero distribuidor de psicofármacos a demanda, resulta de grave riesgo para su salud y la de su entorno comunitario más próximo.

ACTIVE MANIPULATION AT MENTAL HEALTH SERVICES BY CHILDREN WITH BEHAVIOR DISORDER IN SPECIALIZED RESIDENTIAL CARE, ASSOCIATED WITH THE CONSUMPTION OF PSYCHOACTIVE DRUGS

Palabras Clave Trastorno de conducta, adolescentes, psicofármacos, simulación, abuso. Abstract In the past few years a significant increase in the use of mental health services by underage teenagers living in different residential care resources has been observed, specially in underage teenagers with behaviour disorder. Either by the referral from the educational team of the institution, due to the need for an assessment of the underage teenager by the mental health services in the area, or by the teenagers request to go to them. The emerging demand for these services by the underage teenagers themselves is, in increasing cases, an attempt to bring the prescription of psychoactive drugs for recreational uses, either by abuse of these or in combination

Alberto Gundín Fernández Psicólogo

41


ADICCIONES Y JUVENTUD

with other psychoactive substances. This attempt to guide the prescription of the mental health professional takes underage teenagers to develop simulation processes in consultation, making their detection necessary. The change of perception developed in many of these adolescents regarding mental health consultation, from being a community care service for people with mental illness to a mere supplier of psychotropic drugs on demand, is a serious risk to their health and that of their nearest community environment. Keywords: behaviour disorder, adolescent, psychoactive drugs, simulation abuse.

síntomas durante un período de 12 meses y, al menos uno, en los últimos seis meses (Ver Tabla I). Las alteraciones del comportamiento han de provocar interferencias significativas en al ámbito académico, social y ocupacional. El DSM-IV-TR establece tres niveles de intensidad del trastorno (leve, moderado y grave) en función de los síntomas que sobrepasan el mínimo establecido y el daño provocado. El diagnóstico también se clasifica en tres subtipos relacionados con la edad de inicio: el de inicio en la infancia, antes de los 10 años, el que se inicia en la adolescencia sin antecedentes previos, y el subtipo en el que se desconoce la edad de inicio.

Keywords

Con el fin de aportar diversas conceptualizaciones sobre este constructo psicopatológico se adjuntan a continuación las definiciones de Kazdin y Müller, referentes en el estudio del trastorno de conducta:

Behaviour, disorder, adolescent, psychoactive drugs, simulation, abuse. ANTECEDENTES

▪▪ “En psicopatología se habla de trastorno de conducta cuando el niño o adolescente en cuestión manifiesta determinado patrón de comportamiento antisocial, acompañado de una alteración significativa en el funcionamiento familiar y escolar habitual, o cuando los comportamientos son considerados como imposibles de controlar por personas significativas (padres, educadores, etc.)” (Kazdin, 1989).

Dentro de los diferentes recursos especializados para adolescentes con trastornos graves de conducta se viene detectando, por parte de los equipos educativos, una prescripción psicofarmacológica no ajustada a la realidad sintomática de ciertos adolescentes usuarios de dichos recursos desde los profesionales de salud mental, así como un aumento significativo de la demanda de estos servicios por parte de estos adolescentes usuarios a sus educadores tutores/ referentes de caso del recurso. Destacar que tanto esta sobremedicacion percibida, como la demanda del servicio de salud mental, es mayor en adolescentes que ya presentaban un patrón de consumo y/o abuso de sustancias psicoactivas.

▪▪ “Alteración del comportamiento, que a veces es diagnosticada en la infancia, caracterizada por un comportamiento antisocial que viola los derechos de otras personas, y las normas y reglas adecuadas para la edad”. (Müller, R. 2001). Debemos tener presente que el régimen de acogimiento residencial especializado para adolescentes con trastorno de conducta presenta unas características propias cuyo eje es el trabajo psicoeducativo intensivo, con el fin de promover un cambio significativo en los adolescentes adscritos al programa en un tiempo comprendido entre 3-4 meses y nunca excediendo los 12 meses. Que el régimen de funcionamiento de estos recursos se adscribe al de internamiento abierto o semiabierto (Ver Tabla. II), residiendo los adolescentes en el mismo y pudiendo desarrollar actividades fuera del recurso en función de su evolución individual y al cumplimiento de los objetivos previstos por su educador referente. Por ultimo indicar que dentro del reglamento de régimen interno de estos recursos se prohíbe la posesión y consumo de cualquier sustancia psicoactiva, siendo sometidos

El trastorno de conducta, también denominado trastorno disocial, se caracteriza por la persistencia y reiteración de conductas que violan las normas sociales y los derechos de las personas. Los síntomas pueden comportar agresión a las personas y animales, destrucción o robo de bienes ajenos y violación grave de las normas familiares y sociales mediante fugas, absentismo escolar o vagabundeo. Siguiendo los criterios del Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales, cuarta edición (DSM-IV-TR) de la American Psychiatric Association (2000), para diagnosticar el trastorno se requiere la existencia de tres o más de los 15 42


ADICCIONES Y JUVENTUD

TABLA I. CRITERIOS DIAGNÓSTICOS DSM-IV-TR PARA EL TRASTORNO DISOCIAL (TRASTORNO DE CONDUCTA) A

1 2 3 4 5 6 7 8 9

Un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que se violan los derechos básicos de otras personas o normas sociales importantes propias de la edad, manifestándose por la presencia de tres (o más) de los siguientes criterios durante los últimos 12 meses y por lo menos de un criterio durante los últimos 6 meses: Agresión a personas y animales A menudo fanfarronea, amenaza o intimida a otros. A menudo inicia peleas físicas. Ha utilizado un arma que puede causar daño físico grave a otras personas (p. ej., bate, ladrillo, botella rota, navaja, pistola). Ha manifestado crueldad física con personas. Ha manifestado crueldad física con animales. Ha robado enfrentándose a la víctima (p. ej., ataque con violencia, arrebatar bolsos, extorsión, robo a mano armada). Ha forzado a alguien a una actividad sexual. Destrucción de la propiedad. Ha provocado deliberadamente incendios con la intención de causar daños graves. Ha destruido deliberadamente propiedades de otras personas (distinto de provocar incendios). Fraudulencia o robo

10 11 12 13 14 15

Ha violentado el hogar, la casa o el automóvil de otra persona. A menudo miente para obtener bienes o favores o para evitar obligaciones (esto es, “tima” a otros. Ha robado objetos de cierto valor sin enfrentamiento con la víctima (p. ej., robos en tiendas, pero sin allanamientos o destrozos; falsificaciones). A menudo permanece fuera de casa de noche a pesar de las prohibiciones paternas, iniciando este comportamiento antes de los 13 años de edad. Se ha escapado de casa durante la noche por lo menos dos veces, viviendo en la casa de sus padres o en un hogar sustitutivo (o sólo una vez sin regresar durante un largo período de tiempo). Suele hacer novillos en la escuela, iniciando esta práctica antes de los 13 años de edad.

B

El trastorno disocial provoca deterioro clínicamente significativo de la actividad social, académica o laboral. C Si el individuo tiene 18 años o más, no cumple criterios de trastorno antisocial de la personalidad. Añadir si es de inicio Infantil (por lo menos un criterio antes de los diez años), inicio adolescente (ausencia de criterios antes de los diez años) o no especificado (no se sabe la edad de inicio). Hay que especificar la gravedad: leve, moderado o grave según el número de criterios que cumple.

43


ADICCIONES Y JUVENTUD

los adolescentes a procesos de control por parte de los equipos educativos (autoregistros, screening de tóxicos, analíticas en atención primaria).

relevante, es vivenciada, por norma general, muy negativamente, acompañándose de conductas disruptivas (agresiones verbales y físicas al equipo educativo, amenazas, autolisis, daños estructurales al recurso, etc.) La frecuencia e intensidad de estas conductas suele ir en aumento según pasan los días desde la fecha de ingreso, hasta lograr una inhibición de las mismas, existiendo un elevado riesgo de fuga o ausencia no autorizada del recurso por parte de los adolescentes con el fin de poder retomar los consumos. En caso de consumarse dicha fuga, se iniciara de nuevo el proceso descrito tras el retorno del adolescente al recurso.

En el momento actual se está a punto de establecer la figura propia de Centro de acogimiento especializado para menores con trastornos de conducta graves, recogido en el Anteproyecto de Ley 2013 de Protección a la Infancia y que tomara forma en la nueva Ley de Protección a la Infancia prevista para 2014-2015. Los adolescentes que son internados en estos recursos, suelen presentar un amplio patrón de consumos de sustancias psicoactivas (alcohol, tabaco, cannabinoides, cocaína, derivados

Estos adolescentes se encuentran inmersos en

TABLA II. RÉGIMEN DE INTERNAMIENTO ABIERTO

SEMIABIERTO

CERRADO

▪▪ Las personas sometidas a esta medida llevarán a cabo todas las actividades del proyecto educativo en los servicios normalizados del entorno, residiendo en el centro como domicilio habitual, con sujeción al programa y régimen interno del mismo. ▪▪ Puede ser solicitado el ingreso por la entidad publica. ▪▪ Las personas sometidas a esta medida residirán en el centro, pero podrán realizar fuera del mismo alguna o algunas de las actividades formativas, educativas, laborales y de ocio establecidas en el programa individualizado de ejecución de la medida. La realización de actividades fuera del centro quedará condicionada a la evolución de la persona y al cumplimiento de los objetivos previstos en las mismas, pudiendo el Juez de Menores suspenderlas por tiempo determinado, acordando que todas las actividades se lleven a cabo dentro del centro. ▪▪ Impuesta por el Juez de menores. ▪▪ Las personas sometidas a esta medida residirán en el centro y desarrollarán en el mismo las actividades formativas, educativas, laborales y de ocio. ▪▪ Impuesta por el Juez de menores.

un proceso de abstinencia forzada/controlada por el equipo educativo del centro residencial desde el primer momento del ingreso, iniciándose en ellos una serie de alteraciones emocionales y conductuales resultado de la dependencia psicológica a determinadas sustancias que son empleadas en la mayoría de los casos como recurso para enfrentar situaciones generadores de malestar, un movimiento interno destinado a evitar el displacer.

anfetaminicos, ketamina, etc.), variando la gravedad en función del histórico de vida. La mayoría reciben tratamiento en los equipos de salud mental, de los cuales más de dos tercios incluye psicofármacos (Jorge F. del valle et all; 2011) El ingreso en este tipo de recursos especializados supone una ruptura inmediata en los consumos de sustancias psicoactivas por parte de los adolescentes. Esta primera ruptura que resultado de factores externos, siendo el ajuste a la normativa y organización del recurso el más

Si consideramos el ingreso como situación generadora de displacer, vivenciado con gran 44


ADICCIONES Y JUVENTUD

A todo lo anterior debemos de añadir el riesgo asociado resultante de la normalización del consumo de psicofármacos que sufren los adolescentes en acogimiento residencial, influyendo como elemento facilitador para la elaboración de nuevas atribuciones en relación al empleo de dichas sustancias.

ansiedad y malestar, la necesidad de consumir para reducir esas vivencias será uno de los ejes directores, tanto en la dinámica intrapersonal como en la interpersonal. El/los adolescente/s dirigirán todos sus recursos a lograr acceder a las distintas sustancias psicoactivas que habitualmente consumen, siendo el equipo educativo del centro, asi como el propio recurso a nivel estructural, los elementos fundamentales contenedores de los adolescentes.

NORMALIZACIÓN DEL CONSUMO DE PSICOFÁRMACOS EN MENORES CON TRASTORNO DE CONDUCTA EN ACOGIMENTO RESIDENCIAL

Es a partir de esto proceso contenedor de naturaleza exógena, ante la imposibilidad de acceder a las diferentes sustancias psicoactivas y consumirlas, lo que llevara a determinados adolescentes a desarrollar diferentes estrategias para lograr reducir el nivel de displacer resultante que vivencian:

Entendemos por “normalización” del consumo de psicofármacos, en menores con TC en acogimiento residencial, al proceso por el cual se organiza el consumo de psicofármacos como parte de la vida cotidiana de estos menores. Siendo el eje central de este proceso la extensión de una prescripción facultativa, considerada como propia de la intervención en salud mental desde el espacio parcelado de la consulta del especialista médico, hacia el centro de la cultura de los menores en acogimiento residencial especializado, donde se une a otras actividades y procesos como son la normalización de la vida cotidiana, tiempos de ocio, conductas disruptivas, conductas sexuales de riesgo, etc.

▪▪ Solicitar el acceso a psicofármacos al equipo educativo (Educador/tutor Referente). ▪▪ Solicitar un aumento de la dosis de psicofármacos, si los tuvieran prescritos: solicitándolo al equipo educativo (Educador/tutor Referente); acudiendo a los servicios atención primaria o salud mental en caso de tenerlo asignado. ▪▪ Forzando el ingreso psiquiátrico por la vía de Urgencias Hospitalarias. Ante lo cual, el equipo educativo del recurso, a destacar el Educador/tutor Referente, valorará el estado del adolescente y procederá solicitando cita en la consulta de salud mental asignada. En caso de no tener centro de salud mental asignado, y no resultar en una situación que requiera el acudir a Urgencias Hospitalarias, se acudirá al médico de cabecera para que realice una valoración.

No existen estudios relativos a la normalización del consumo de psicofármacos en personas menores de edad en el Territorio Español, siendo muy escasa la bibliografía en relación a este tema, salvo por estudios comparativos en consuno de drogas donde se suele hacer alusión al consumo de sustancias tranquilizantes tales como Benzodiazepinas (SIIS Centro de Documentación y Estudios 2006-2012).

Debemos de tener presente, y de manera general, que los equipos educativos que conforman el personal de estos recursos residenciales no disponen de la formación y competencia específica para poder actuar de la manera más adecuada, al no contar dichos recursos residenciales con equipos multidisciplinares, entre los que se encuentren profesionales de la salud mental asignados (Psiquiatra infanto-Juvenil, Psicólogo Clínico) que puedan valorar la necesidad real de prescribir ciertas pautas de medicación, y/o modificar las tasas de medicación prescritas, por otros profesionales.

Debemos destacar el trabajo realizado por Howard Parker (Parker, H: 1998) en relación a la normalización y extensión del consumo de todo tipo de sustancias por parte de los adolescentes británicos, proponiendo una serie de “indicadores” a partir de los cuales es posible medir el grado de normalización de una sustancia determinada (Ver Tabla III), en nuestro caso adaptaremos estos indicadores para medir el grado de normalización de un psicofármaco concreto. Parker postula cinco indicadores concretos: el grado de disponibilidad o de acceso a la sustancia, las tasas de consumo experimental, las de consumo reciente y actual, la 45


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percepción social de los no consumidores respecto a la sustancia y el grado de ‘acomodación cultural’, entendido como la percepción social sobre la normalidad de ese consumo.

en el menor tiempo posible permitiendo un trabajo psicoeducativo básico, y resultando en un desgaste menor de los recursos y profesionales que atienden a estos menores.

Desde una perspectiva individual, podemos formular una serie de indicadores relativos a la normalización de un psicofármaco por parte del consumidor a partir de los diferentes estudios desarrollados por Parker, a destacar:

A partir del modelo de la “teoría de la ecología social” (Bronfrenbrenner, 1979), que plantea, junto a la “Teoria General de Sistemas” (Bateson, 1950), la existencia de una influencia recíproca entre el individuo y los diferentes contextos, influyendo

TABLA III. INDICADORES PARA LA NORMALIZACIÓN DE SUSTANCIAS (PARKER, H.) ▪▪ Prevalencia del uso experimental superior al 50% ▪▪ Prevalencia del uso reciente superior al 33% ▪▪ Accesibilidad superior al 50%; Porcentaje de población que considera fácil o muy fácil acceder a esa sustancia en un plazo de 24 horas. ▪▪ Percepción de la gravedad del consumo inferior al 66%; Al menos un tercio de la población considera poco o nada grave el consumo de esta sustancia. ▪▪ Percepción del riesgo inferior al 50%; Más de la mitad de la población considera que el consumo de esa sustancia acarrea pocos o ningún problema. ▪▪ Para considerarse ‘normalizada’, se ha estimado que cada sustancia debe cumplir los siguientes requisitos para el conjunto de la población o para cada uno de los subgrupos analizados. ▪▪ Inicio temprano y continuado en la toma de psicofármacos por prescripción facultativa (6 años en adelante).

la interpretación que el sujeto realiza de sus circunstancias, determinamos una serie de factores que influyen en la normalización del consumo de psicofármacos en menores en acogimiento residencial (Ver tabla IV).

▪▪ Consumo, al menos lúdico-experimental, del psicofármaco en cuestión.

Si bien el tratamiento para el trastorno de conducta es fundamentalmente no farmacológico, siendo la psicoterapia y los procesos educativos los ejes esenciales sobre los que gira la intervención, destaca, como ya hemos indicado anteriormente, como la mayoría de los menores con trastorno de conducta en acogimiento residencial especializado reciben algún tipo de tratamiento psicofarmacológico.

▪▪ Fácil accesibilidad al psicofármaco en un plazo igual o inferior a 24 horas. ▪▪ Conocimiento de otras personas significativas que consumen psicofármacos. ▪▪ Escasa percepción de peligrosidad de los efectos del psicofármaco. Este proceso de normalización de consumo de psicofármacos resulta de una interacción sistémica que se reproduce en todos los niveles de la vida de los menores con TC. Donde la respuesta a un trastorno externalizante de esta índole, con una gravedad significativa y en aumento, lleva a la búsqueda de métodos que posibiliten una contención (e inhibición según los perfiles)

Cabe señalar algunos medicamentos que han demostrado cierta eficacia en la reducción de la frecuencia e intensidad de conductas disruptivas (antipsicóticos a dosis bajas y algunos antiepilépticos). A continuación se indica el tratamiento farmacológico que habitualmente se prescribe en los casos diagnosticados como 46


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TABLA IV. FACTORES SISTÉMICOS EN LA NORMALIZACIÓN DEL CONSUMO DE PSICOFÁRMACOS EN MENORES EN ACOGIMIENTO RESIDENCIAL (GUNDÍN, A. 2013) SISTEMA FAMILIAR ▪▪ Uno o más miembros del sistema familiar presentan o han presentado enfermedad mental. ▪▪ Uno o más miembros del sistema familiar se encuentra recibiendo o han recibido tratamiento psiquiátrico (asociado con psicofármacos). ▪▪ Uno o más miembros del sistema familiar presentan algún trastorno de adicción. ▪▪ Uno o más miembros del sistema familiar realiza un uso lúdico-experimental de psicofármacos. GRUPO DE PARES

▪▪ Consumo de drogas normalizado por el grupo de pares significativos de pertenencia. ▪▪ Uno o más miembros del grupo de iguales significativos de pertenencia se encuentra recibiendo tratamiento psiquiátrico (asociado con psicofármacos). ▪▪ Uno o más miembros del grupo de iguales significativos de pertenencia realiza un uso lúdico-experimental de psicofármacos.

SISTEMA COMUNITARIO

▪▪ La persona menor de edad acude y/o ha acudido al centro de salud mental zonal para recibir tratamiento psiquiátrico (asociado con psicofármacos). ▪▪ Uno o más menores residentes significativos realizan un uso lúdicoexperimental de psicofármacos. ▪▪ Uno o más menores residentes significativos presentan un consumo de drogas normalizado y no controlado dentro del recurso de acogimiento residencial. ▪▪ Empleo excesivo y generalizado de psicofármacos en diferentes recursos de acogimiento residencial por parte de los equipos educativos en el continuo de la intervención.

SISTEMA RESIDENCIAL

▪▪ Tendencia a la búsqueda de la prescripción psicofarmacológica al menor en las unidades de salud mental, por parte de ciertos profesionales del recurso residencial, como medida de contención ante conductas muy disruptivas. ▪▪ Falta de proyectos educativos (talleres, unidades educativo-formativas, etc.) orientados a la gestión de la enfermedad mental que incluyan la toma responsable de psicofármacos en el área de salud de los PEI en los recursos residenciales. ▪▪ Falta de profesionales de la salud mental en los equipos de los recursos residenciales (Psiquiatra Infanto-Juvenil, Psicólogo Clínico). ▪▪ Falta de formación básica en salud mental en los equipos educativos de los diferentes recursos residenciales.

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trastorno de conducta desde los servicios de salud mental (Ver tabla V).

de psicofármacos, ya sea como sustitutorios dentro del recurso residencial y/o complementarios de otras drogas durante sus fugas y/o ausencias no autorizadas (Alcohol, Tabaco, THC y derivados, Ketamina, Cocaína, derivados Anfetaminicos, etc.) Accediendo a los mismos por medio de diversas estrategias, a destacar entre ellas el tema que nos ocupa, su prescripción desde una unidad de salud mental.

De la lista anteriormente indicada se observa un uso, por parte de un grupo significativo de adolescentes con TC en recursos de acogimiento residencial, orientado a: ▪▪ Evitar el displacer (creencias/pensamientos, emociones). ▪▪ El desarrollo de actividades lúdicas.

Los adolescentes emplearan diversas estrategias para lograr que se estime desde los equipos educativos la necesidad de valoración por los servicios de salud mental zonales, a destacar:

▪▪ Gestión del Ocio. Ya sea únicamente por las consumo/s del psicofármaco/s o en combinación con otras sustancias (Alcohol, Tabaco, THC y derivados, Ketamina, Cocaína, derivados anfetamínicos, etc.) a las que pueden tener acceso habiendo sido introducidas en el recurso por alguno de los menores residentes (fugas, ausencias no autorizadas, visitas, etc.). Es responsabilidad de los equipos educativos el velar por la salud de los adolescentes garantizando la toma efectiva pautada de la medicación, evitando la ocultación por parte de los adolescentes de medicamentos para su posterior ingesta.

▪▪ Simulación. ▪▪ Empleo de violencia instrumental. La simulación hace referencia al intento deliberado de mentir o engañar acerca de una enfermedad o discapacidad, exagerando la sintomatología, con el fin de obtener un beneficio personal, que generalmente suele ser de tipo económico o implica la eximencia de deberes y obligaciones (Kropp y Rogers, 1993). La DSM-IV-TR incluye la simulación dentro de la sección dedicada a “problemas adicionales que pueden ser objeto de atención clínica”. Entendiéndola como la producción intencional de síntomas físicos y/o psicológicos falsos o exagerados motivados por incentivos externos (American Psychiatric Association, 2000). En el caso de la simulación el adolescente tratará de engañar al equipo educativo acerca del padecimiento de una posible enfermedad mental exagerando aquellos síntomas que conoce, refiriendo habitualmente una elevada ansiedad, miedo a volverse loco y/o

LA CONSULTA DE SALUD MENTAL Como indicamos anteriormente, la imposibilidad de acceder a distintas sustancias psicoactivas dentro del recurso residencial, resultado del régimen de este, así como la intervención pertinente de los equipos educativos, llevará a determinados adolescentes a optar por el consumo

TablaV. TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO EN TRASTORNO DE CONDUCTA TRASTORNO COMÓRBIDO TRASTORNO DE CONDUCTA (PRINCIPIO ACTIVO) Risperidona, Haloperidol, Litio, Ácido valproico, Metilfenidato, Carbamazepina Clonidina, Trazodona TDAH (PRINCIPIO ACTIVO) Metilfenidato, Clonidina, Bupropión, Tioridazina, Clorpromacina, Haloperidol Dextroanfetamina, Guanfacina, Fluoxetina, Sertralina ANSIEDAD (PRINCIPIO ACTIVO) Buspirona, Benzodiazepinas, Escitalopram, Paroxetina, Sertralina, Duloxetina Venlafaxina, Agomelatina

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perder el control, ideación suicida, etc.

Los motivos por los que el/los educador/es que acuden acompañando al adolescente a consulta de salud mental no entran en dicha consulta pueden ser variados, entre ellos cabe destacar:

La violencia instrumental (Caprara y Pastorelli; 1996) es de tipo cognitivo-social. Es un tipo de violencia controlada, donde el individuo es consciente de que obtiene beneficios ante su empleo, por lo que manifiesta una alta tolerancia hacia la misma, con muy poco temor hacia las consecuencias que puedan derivarse de su empleo, que, por otra parte, en muchas ocasiones, con mayor o menor acierto, ya han sido calibradas por el propio individuo. Es por ello que, al contrario que con la violencia reactiva el adolescente manifiesta una baja necesidad de reparación y desempeño moral. En el caso de la violencia instrumental, el adolescente desarrollara conductas disruptivas de elevada intensidad y frecuencia dirigidas contra elementos estructurales del recurso residencial, el equipo educativo y el grupo de pares, con el fin de lograr un traslado a una unidad de salud mental o valoración en los servicios de urgencia para posterior derivación a la unidad de salud mental zonal.

▪▪ Falta de confianza en los equipos educativos por parte del profesional de salud mental. El profesional de salud mental realiza la valoración y diagnostico del adolescente al margen del educador, ya que consideran que el educador puede influir y conducir las respuestas del adolescente, no pudiendo expresarse este último libremente. ▪▪ Temor a posibles represalias por parte del adolescente en los casos en que este emplee un patrón de violencia instrumental. ▪▪ Síndrome de Burn-out, a destacar el agotamiento y cansancio emocional, distanciamiento emocional y falta de realización personal en algunos miembros de los equipos educativos que trabajan en recursos para menores con problemas de conducta. Es responsabilidad del educador que acompaña al adolescente el velar por este, garantizando en todo momento el ejercicio adecuado de la guardia y custodia desarrollada desde el recurso residencial. Teniendo en cuenta que entrará a consulta con el fin de garantizar la adecuada asistencia al adolescente como representante de éste, así como velar por la veracidad de lo vertido por la persona menor de edad en consulta, pudiendo colaborar activamente con el profesional de salud mental en la identificación de posibles simulaciones por parte del joven.

Una vez el equipo educativo y el educador/tutor referente valoren el estado del adolescente y consensuen la necesidad de solicitar cita en la consulta de salud mental zonal, se procederá a confirmar la cita y programar su posterior traslado para la valoración por un profesional cualificado. En todo momento el adolescente irá acompañado por el/los profesional/es que se consideren necesarios, siendo deseable y esperable que acuda el educador/tutor referente que tiene asignado el caso. Es este último quien conoce al detalle la historia y evolución del adolescente, responsable del PEI del mismo y ha logrado o está en proceso de lograr una vinculación. Los educadores que acompañan al adolescente no entran junto a estos últimos en la consulta del profesional de salud mental, desconociendo en todo momento lo que ocurre dentro de la misma, no pudiendo corroborar la información facilitada por el adolescente y que será determinante para su diagnóstico y consiguiente prescripción psicofarmacológica por el psiquiatra de la unidad. Recibiendo una devolución en muchas ocasiones por el propio adolescente, o en la mejor de las ocasiones por el propio psiquiatra una vez realizada la valoración y diagnóstico.

Una vez en la consulta, el adolescente empleará la simulación con el fin de obtener un diagnóstico que traiga asociado la prescripción de psicofármacos por parte del profesional de salud mental. En función de la pericia de la persona menor de edad para mentir sobre una sintomatología concreta, la cual viene determinada por sus capacidades personales e histórico de vida (vivencias de patología mental en miembros de la familia nuclear, experiencia en consultas de salud mental, diagnósticos previos en unidades de salud mental infanto-juvenil, etc.), y la capacidad del profesional de la salud mental para detectar la simulación, podrá lograr o no su objetivo fundamental: la obtención de psicofármacos resultado de la emisión de un diagnóstico. 49


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Instrumentalización activa

educativo de calidad por parte de los profesionales adscritos a los diferentes recursos residenciales.

Todo este proceso por el cual el adolescente logra una prescripción de psicofármacos resulta de una “Instrumentalización activa” (Gundín A. 2010). La RAE define instrumentalizar como “tr. Utilizar

CONCLUSIONEs

En la tabla VI se exponen los factores que influyen en la instrumentalización activa asociada al consumo de psicofármacos agrupados en función de los actores que participan del proceso.

La instrumentalización activa es uno de los procesos que se desarrollan dentro de la consulta de salud mental, que junto a la simulación posibilita al adolescente la obtención de un diagnóstico que traiga asociado la prescripción de psicofármacos por parte del profesional de salud mental. Esto acontece mayoritariamente en aquellas personas menores de edad en las que se ha producido una normalización del consumo de psicofármacos, que trae aparejado un uso inadecuado de los mismos, dirigiendo dicho consumo a la reducción del displacer, el desarrollo de actividades lúdicas y la gestión del ocio. ya sea únicamente mediante el consumo de psicofármacos o en combinación con otras sustancias (Alcohol, Tabaco, THC y derivados, Ketamina, Cocaína, derivados anfetamínicos, etc.).

Debemos remarcar el papel de los profesionales como parte activa y necesaria del proceso. Ya que son ellos los que, a través de su ejercicio profesional, participan de un proceso de instrumentalización activa, donde la consecución de la finalidad del mismo por parte de la persona menor de edad supondrá un uso indebido de una medicación psicofarmacológica que pondrá en grave peligro su integridad y desarrollo, imposibilitando un trabajo

La falta de estudios relativos a la normalización y consumo lúdico de psicofármacos en personas menores de edad en acogimiento residencial favorece el mantenimiento de estos procesos en el tiempo, dando poca visibilidad a los mismos, aun siendo una realidad cotidiana para los profesionales que trabajan dentro de los distintos recursos de la red de acogimiento residencial. La obtención de datos al respecto permitirá a los

algo o a alguien como instrumento para conseguir un fin”. Entendemos por instrumentalización activa

al proceso por el cual el adolescente utiliza a los profesionales con los que interacciona como instrumento activo para lograr un fin, esto es, como parte necesaria que promueve y permite de manera directa la consecución de un fin concreto, en este caso la prescripción de psicofármacos. Los profesionales como parte activa y necesaria del proceso.

PRESCRIPCIÓN PSICOFÁRMACOS

Instrumentalización activa en la prescripción de psicofármacos 50


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distintos profesionales desarrollar mecanismos para garantizar una adecuada atención a los usuarios de dichos recursos, y evitar intervenciones de carácter iatrogénico.

profesional. Es de vital importancia la creación de equipos multidisciplinares dentro de dichos recursos, donde los profesionales de la salud mental (psicólogos y psiquiatras) tengan un espacio para garantizar una pertinente intervención individual a las personas usuarias de los mismos, así como asesorar al resto de profesionales que trabajan a la par.

Queda patente la necesidad de establecer y garantizar una coordinación activa entre todos los actores que participan de la intervención con los adolescentes con el fin de evitar una gestión de la información parcializada, aumentando la probabilidad de detectar de manera efectiva el desarrollo de diferentes estrategias como la simulación y la instrumentalización activa. Desde las distintas instituciones públicas y entidades que gestionan los diferentes recursos se debe garantizar que los profesionales que desempeñan su labor en dichos recursos residenciales dispongan de una formación básica en salud mental, y en caso contrario facilitar dicha formación por medio de cursos de actualización

TABLA VI. FACTORES QUE INFLUYEN EN LA INSTRUMENTALIZACIÓN ACTIVA ASOCIADA AL CONSUMO DE PSICOFÁRMACOS EDUCADORES

PROFESIONALES SALUD MENTAL

ADOLESCENTES

▪▪ Incapacidad para contener emocional y físicamente las conductas disruptivas del adolescente lo que lleva a la búsqueda de elementos externos (medicación) contenedores. ▪▪ Temor a posibles represalias del adolescente en los casos en que éste empleé un patrón de violencia instrumental. ▪▪ Falta de formación específica y actualizada en salud mental infanto-juvenil, consumo de tóxicos y adicciones, que permita detectar la tentativa de simulación por parte del adolescente. ▪▪ No desarrollar de manera activa las funciones correspondientes al puesto de educador social, educador/tutor referente, resultado de un proceso de Burn-Out. ▪▪ Falta de coordinación con los profesionales de salud mental. ▪▪ Dificultades para detectar la simulación en el adolescente. ▪▪ Se prima la anamnesis frente a la heteroanamnesis, cuando se debería dar una mayor relevancia al criterio del personal educativo. ▪▪ Aislar al profesional educativo restándole autoridad y responsabilidad en el ejercicio de sus funciones al no permitirle acceder a consulta desde el primer momento. ▪▪ Temor ante la posibilidad de que el adolescente manifieste conductas disruptivas y/o autolíticas. ▪▪ Falta de coordinación con los profesionales de los equipos educativos. ▪▪ Normalización del consumo Psicofármacos. ▪▪ Capacidad de Simulación.

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USO DE CANNABIS EN ADOLESCENTES

Resumen

E

l cannabis es la sustancia ilegal más consumida (la tercera si se tiene en cuenta el tabaco y el alcohol) en nuestro medio. Dicho consumo supone serios problemas a nivel sanitario y social. Este trabajo repasa dichas complicaciones, especialmente en población adolescente. Se señalan asimismo las vías para su correcto diagnóstico y orientación terapéutica desde Atención Primaria. Dicho dispositivo, por las características de los usuarios y de la sustancia, es el primer nivel de asistencia en muchos de los casos.

CANNABIS USE IN ADOLESCENTS

Palabra clave Cannabis, adolescentes, desórdenes mentales, edad de inicio, factores de riesgo. Abstract Cannabis is currently, among the illicit drugs, the most frequently used substance in developed societies, just behind legal alcohol and tobacco. In this article clinical implications concerning the cannabis use are approached, specially in adolescents. Our aim is to favor correct diagnosis in Primary Care, with special emphasis taken in prevention and treatment. This device is the first level of attendance in most case. Keywords Cannabis, adolescent, mental disorders; age of onset, risk factors. INTRODUCCIÓN El cannabis es la sustancia ilegal que presenta mayor prevalencia de consumo en población general (de 15 a 64 años) a nivel mundial. Del conjunto de sustancias de abuso, legales e ilegales, ocupa el tercer lugar tras el tabaco y el alcohol. Alrededor de 180 millones de personas consumieron dicha sustancia en el año 2012, según estimaciones de la ONUDD (2013). El Observatorio Europeo de las Drogas y la Toxicomanía (OEDT, 2013) estima la prevalencia a lo largo de la vida en la población europea en unos 77 millones (22% de la población adulta) y en unos 23 millones de

Enriqueta Ochoa Mangado Psiquiatra Hospital Universitario Ramón y Cajal Madrid

Agustín Madoz-Gúrpide Psiquiatra

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europeos lo han consumido en el último año, lo que corresponde a una prevalencia cercana al 7%.

demanda de tratamiento… indican la importancia y las consecuencias del consumo del cannabis.

El perfil del consumidor del cannabis tiene unas características especiales, en relación con la juventud de la mayor parte de los usuarios, que hacen que dicho consumo sea especialmente preocupante. Este consumo se concentra de manera principal entre la población de los 15 a los 34 años, siendo los más jóvenes los que señalan mayores niveles de consumo. La prevalencia vida entre los jóvenes europeos (edades comprendidas entre 15 y 34 años) es del 31,1%; la prevalencia año, del 11,7%; y la prevalencia durante el último mes, del 6,8% (OEDT, 2013). Si consideramos exclusivamente el grupo de edad entre 15 y 24 años, los datos de prevalencia son algo superiores. En España, la Encuesta Estatal sobre el uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanza Secundaria en jóvenes entre 14 y 18 años (estudiantes de la ESO) estima una prevalencia vida del 33,6%; una prevalencia en el último año del 26,6%, y una prevalencia en el último mes de 16,1%. Estos datos sitúan a nuestro país en cabeza en el consumo habitual de cannabis entre los jóvenes a nivel europeo (ESTUDES, 2013).

CONSECUENCIAS DEL CONSUMO DE CANNABIS El consumo de cannabis puede producir diferentes síntomas clínicos, en función básicamente del contenido de Tetrahidrocannabinol (THC), de la proporción Tetrahidrocannabinol/ Cannabidiol (THC/CBD), de la vía de administración y dosis. Influye también la expectativa del sujeto, sus experiencias previas y su personalidad, así como el contexto donde se produce el consumo (Arias, 2009). Consecuencias fÍsicas El consumo agudo suele traducirse en un efecto bifásico, con una fase inicial de estimulación, euforia y bienestar a la que sigue una segunda de sedación y somnolencia (Arendt et al, 2007). Suele asociarse con risa fácil, cierta verborrea así como agudización de las percepciones visuales, táctiles y auditivas. Se producen también alteraciones cognitivas en relación a la concentración y coordinación motora, que afectan al rendimiento psicomotor y la conducción de vehículos (Marquet et al, 1998).

Tanto en población general como en población joven, los hombres consumen más que las mujeres. La edad media de inicio para el consumo del cannabis es la más baja de entre las drogas ilegales (14,9 años). Si bien en general se aprecia en los últimos años una tendencia al descenso en la prevalencia del consumo (ONUDD, 2013), este dato no parece confirmarse en población joven. En España y en población general, el 1,6% de los sujetos reconocían un consumo diario de cannabis. Para la población escolar esta prevalencia es aún mayor afectando al 3,2% de los estudiantes (4,5% si son varones y 1,9% si son mujeres). El consumo de cannabis suele, frecuentemente, asociarse a experiencias y tiempos de ocio, siendo muy habitual que su consumo se acompañe con el de otras sustancias (especialmente tabaco y alcohol, pero también éxtasis, alucinógenos, cocaína…) (ESTUDES, 2013).

Prácticamente todos los sistemas del organismo se ven afectados en el consumo de cannabis (PND, 2009). Provoca enrojecimiento de las conjuntivas, sequedad de boca, disminución del reflejo pupilar y dificultad para la acomodación, taquicardia, hipertensión arterial, broncodilatación, efecto antiemético (aunque puede producir hiperémesis (Ochoa et al, 2009), relajación muscular, enlentecimiento del vaciado gástrico y reducción del peristaltismo intestinal, alteraciones en la inmunidad celular, disminución de hormonas sexuales entre otros signos y síntomas… Consecuencias PsÍquicas

Otros muchos indicadores, como el número de incautaciones y la cantidad total de la sustancia intervenida, el número y el porcentaje sobre el total que supone los delitos relacionados con esta sustancia, el número de asistencias a urgencias hospitalarias motivadas por su consumo, la

Tradicionalmente se ha considerado al cannabis como una droga “blanda” cuyo consumo apenas tenía consecuencias físicas ni psíquicas, y que no generaba dependencia. Hoy día, sin embargo, la realidad ha demostrado que las implicaciones

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sanitarias de su consumo son mucho mayores de las supuestas inicialmente.

Otra forma de afectación frecuente es la repercusión a nivel neuropsicológico (PND, 2009; Wilson et al, 1994), que como otras patologías, es más marcada en consumidores intensivos y en quienes se iniciaron más tempranamente en el consumo. Se han descrito alteraciones tanto en consumos puntuales como sobre todo en consumo habitual, siendo dudosa la irreversibilidad de dichas afectaciones. Se describen repercusiones en la atención, la memoria (Ranganathan y D´Souza, 2006), la velocidad psicomotora y en alguna de las funciones ejecutivas (Verdejo et al, 2005). Estas alteraciones frecuentemente se presentan conjuntamente con cuadros de apatía, depresión… y condicionan el rendimiento del sujeto en su actividad diaria (Hall, 2006). En población escolar esta clínica suele manifestarse en desgana, absentismo escolar, dificultades para estudiar por falta de atención y de memoria… siendo un factor importante en el absentismo y fracaso escolar.

El consumo de cannabis produce tanto efecto de tolerancia como de abstinencia (Lichtman y Martin, 2005; Budney y Hughes, 2006). El primero es sobre todo un fenómeno subjetivo en el que el sujeto siente la necesidad de incrementar la dosis para alcanzar ciertos efectos del consumo. La abstinencia se caracteriza por clínica de disforia e irritabilidad, ansiedad, insomnio con frecuentes pesadillas, temblor, hipertermia, y un deseo intenso de consumo de la sustancia. Dicho cuadro de abstinencia es en general de carácter leve. La presencia de abstinencia y tolerancia forman parte del conjunto de síntomas que caracterizan la dependencia de cannabis. El consumo intensivo y su uso repetido (Perkonigg et al, 2008)) son los mejores marcadores de riesgo para el desarrollo de dependencia. Este riesgo, dado el perfil de uso, es mayor en poblaciones jóvenes (Hall, 2006). Se estima que el 10% de quienes consumieron cannabis alguna vez en su vida desarrollan dependencia mientras que en población general (no sólo entre quienes alguna vez consumieron cannabis) se estima una prevalencia vida de la dependencia de cannabis de entre 1.3% y 2.5% (Blanco et al, 2008).

importancia de la detección precoz La detección precoz del consumo de cannabis y la derivación a recursos adecuados a cada consumidor es esencial. La edad media de inicio en la sustancia ronda los 14 años, pero una buena parte de los sujetos se inician a edades más tempranas. En estas edades, el cerebro está todavía en fase de maduración siendo especialmente sensible a la acción de tóxicos exógenos. El consumo de cannabis puede, por tanto, provocar una serie de cambios neurobiológicos con graves repercusiones y de cuya irreversibilidad se duda (PND, 2009; Scheneider, 2008). Este inicio temprano se relaciona con mayor psicopatología y deterioro neuropsicológico (Hall, 2006), con un riesgo más elevado de desarrollar dependencia y muy probablemente, con un incremento en el riesgo de consumo y dependencia a otras sustancias (Fergusson et al, 2006). Probablemente, este incremento se relacione con la presencia de factores de vulnerabilidad personal y de factores de riesgo y protección ambiental (Hyman y Sinha, 2009), compartidos entre todas las sustancias. Sin embargo no debe olvidarse el hecho de que el consumo de cannabis en edades tan jóvenes puede provocar alteraciones neuropsicológicas que faciliten aún más la dependencia en general,

El cannabis puede desencadenar o facilitar un importante número de alteraciones psicopatológicas (PND, 2009; Arias, 2009). Las más frecuentes son la clínica de ansiedad (con frecuentes crisis de pánico) y la clínica depresiva (Moore et al, 2007; Patton et al, 2002). Síntomas depresivos como la anergia y la abulia, con importante disminución del rendimiento son datos importantes para diagnosticar el llamado síndrome amotivacional (Musty y Kaback, 1995). Desde hace tiempo se conoce la importante relación entre el cannabis y la clínica psicótica (Green et al, 2005; Arias, 2007). El riesgo de desarrollar psicosis se duplica en consumidores de cannabis (Arseneaul et al, 2004). El inicio temprano en dicho consumo y su uso intensivo incrementan también dicho riesgo. En la enfermedad bipolar el cannabis favorece la aparición de fases maniacas, las recaídas y la presencia de clínica psicótica (Van Lear et al, 2007). Otros síntomas psicopatológicos relativamente frecuentes son el delirium, los flashback así como cambios en la personalidad del consumidor. 55


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por cambios, en el circuito de recompensa, vía común implicada en la dependencia de todas las sustancias. En este sentido, parece que cada persona tiene una vulnerabilidad personal para la dependencia de sustancias, que tiene especial efecto en etapas tempranas de la maduración cerebral, y sobre la que posteriormente los factores de riesgo y protección actuarían (Lynskey et al, 2002). En cualquier caso, si bien es importante el componente de vulnerabilidad, el factor esencial que desencadena el proceso es el consumo de la sustancia, el cual es absolutamente voluntario y no condicionado por dicha vulnerabilidad.

Menos frecuentes pero más graves son los cuadros psicóticos. Se suelen presentar generalmente precedidos de un periodo largo de síntomas inespecíficos donde la apatía, la desmotivación y algunos síntomas aislados psicóticos (sensación de ser seguido, creencia ocasional de que los demás hablan de él, clínica de despersonalización…) dan paso a un cuadro esquizofreniforme más desarrollado. En otros casos la clínica psicótica es de inicio brusco, más desorganizada que en episodios esquizofrénicos no relacionados con el consumo de sustancia, y con un cariz generalmente paranoide. En cualquier caso en todo sujeto joven que presente clínica psicótica hay que descartar siempre el consumo de algún tipo de sustancia.

diagnóstiCo y clÍnica del consumo de cannabis

Algunos pacientes acuden refiriendo una clínica de malestar, irritabilidad, inquietud, insomnio con pesadillas frecuentes, sensación de hipertermia y temblor. Se trataría de un cuadro de abstinencia y conviene valorar si se ha producido un abandono o reducción brusca del consumo de la misma. Los propios pacientes suelen señalar necesidad de consumir nuevamente.

La mayor parte de la demanda que produce el consumo de cannabis en sujetos jóvenes va a aparecer primeramente en el médico de familia, y no necesariamente va a ser el consumidor (sobre todo en edades jóvenes) quien la realice, sino la familia o el colegio. Es por tanto muy importante establecer una sospecha diagnóstica, basada en la clínica de presentación del cuadro.

Si la demanda del paciente es la presencia de flashback habrá que tener como primera hipótesis el consumo de sustancias.

En ocasiones el consumo de la sustancia produce efectos que van más allá de los esperados por el paciente en un consumo normal. La intoxicación aguda puede manifestarse por alucinaciones, confusión, ansiedad e inquietud, agitación, ideación delirante habitualmente paranoide… Habitualmente son atendidos en Servicios de Urgencias, o en los días siguientes, por el médico de familia.

prevención y tratamiento

Una forma frecuente de presentación del cuadro ante el médico de familia son las alteraciones conductuales, junto con una pérdida de rendimiento escolar (fracaso escolar). A la exploración muy frecuentemente se encuentren cuadros asociados de apatía, depresión, insomnio, o la presencia de crisis de ansiedad inexplicables por otras causas.

No existe una fórmula magistral para la prevención del consumo de cannabis. Se requiere de base un programa continuado de años de desarrollo, desde la infancia, que implique estilos de vida sanos tanto en la familia como en la escuela y el entorno más próximo. En etapas posteriores se precisa el control de la oferta (que se relaciona con la percepción de disponibilidad de la misma por parte de los consumidores), y la información y educación adecuada. Los programas de reducción de daño y rehabilitación del mismo forman parte también de las estrategias preventivas.

Hay que sospechar también el consumo de cannabis en cualquier sujeto joven que se presente con clínica de crisis de ansiedad y/o clínica depresiva en el que el componente de apatía, embotamiento, anergia y desmotivación sea el principal (con escasa presencia de ideación depresiva como tal ni baja autoestima). En estos casos es frecuente que se presente con insomnio y alteración del apetito.

Los diversos estudios (ESTUDES, 2013) señalan la baja percepción de riesgo por la población adolescente, y la alta percepción de disponibilidad). Son Internet, la familia y los profesores las fuentes de donde procede su información sobre drogas. Destaca que la gran mayoría de adolescentes se consideran bien informados sobre el consumo de cannabis y sus consecuencias, lo que contrasta 56


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con la percepción por parte de los profesionales que atienden a estos pacientes, de la escasa información correcta que poseen.

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El papel del médico de Atención Primaria en la prevención del consumo de cannabis cobra especial relevancia. Supone el principal punto de encuentro entre la demanda de información por parte de la familia y paciente, y el conocimiento científico médico sobre el tema. Una buena parte del trabajo preventivo desde Atención Primaria consistirá en la transmisión de información veraz de manera comprensible y el fomento de hábitos higiénicos y estilos de vida saludables desde la infancia, tanto a sus pacientes como a los familiares.

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El tratamiento de la dependencia se inicia con un correcto diagnóstico del problema y la información adecuada tanto al paciente como a la familia (si procede) sobre el mismo. No existe, por otra parte, un tratamiento farmacológico específico para la desintoxicación de la dependencia de cannabis. En función de la sintomatología de abstinencia se suelen utilizar tratamientos sintomáticos (PND, 2009). Como en la dependencia a otras sustancias, es esencial el trabajo de deshabituación, que suele realizarse a través de terapias individuales y/o de grupo, generalmente de corte cognitivoconductual, y terapia emocional (Denis et al, 2008; Solé Puig, 2000), sin olvidar la rehabilitación neuropsicológica cuando sea precisa (Lorea et al, 2005). Es esencial, en este sentido, por parte del profesional que atiende al consumidor, darle al consumo de cannabis la importancia que requiere, y orientar a paciente y familia hacia los recursos adecuados. En principio dichos recursos son los existentes para el resto de sustancias, aunque en los últimos años se está haciendo un esfuerzo importante, dadas las especiales características de estos usuarios, por establecer programas específicos para la dependencia de cannabis (bien sea dentro de los recursos habituales para drogas, bien en recursos paralelos).

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LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LA COMUNICACIÓN

RESUMEN

E

l uso de las Nueva Tecnologías no presenta ningún indicio adictivo si lo hace para divertirse, comunicarse o jugar con ello. Es decir si no interfiere en sus obligaciones, ni en sus actividades de tiempo libre. Así siempre que el propio usuario lo entienda como una herramienta lúdica con el fin de pasarlo bien. Que no se realice en detrimento de otras actividades. Y que la propia tecnología no constituya un patrón en sí mismo para el adolescente.

THE NEW TECHNOLOGIES OF INFORMATION AND COMMUNICATION

PALABRAS CLAVE Nuevas tecnologías, conducta, adicción, prevención, uso problematico, familia, comportamiento. ABSTRACT The use of New technologies does not present any addictive indication if it does it to amuse itself, to communicate or to play with it. That is to say if he does not interfere in its obligations, not in its leisure time activities. This way whenever the proper user understands it like a playful tool in order to spend it well. That is not realized to the detriment of other activities. And that the proper technology does not constitute a pattern in himself for the adolescent. KEYWORDS New technologies, behavioral, addiction, prevention, problematic use, family behavior. Las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NNTT) son una extraordinaria herramienta, con tal implantación en el mundo desarrollado que en poco tiempo ha revolucionado las relaciones sociales y numerosos aspectos de nuestra vida. Los jóvenes, seducidos por la pertenencia al grupo, están adquiriendo velozmente estos nuevos patrones de conducta, con un lenguaje y unos instrumentos propios. Por primera vez en la historia, una nueva generación conoce mucho mejor el medio que sus progenitores; por ello surge la necesidad de dotar

Mayte Helguera Psicóloga

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a los adultos de unos conocimientos básicos que les ayuden a educar y acompañar a los menores en la utilización de las Nuevas Tecnologías con responsabilidad, aprendiendo a hacer un uso saludable de las mismas.

En el grupo de 12 a 18 años esta cifra es del 67%. Además, en este mismo grupo el 63’8% utiliza diariamente la videoconsola. Y más del 90% de los jóvenes de entre 12 y 24 años utiliza diariamente el móvil, tanto para llamadas como para mensajes de texto.

Sin duda, las Nuevas Tecnologías están contribuyendo a aumentar nuestra calidad de vida, facilitarnos gestiones o comunicaciones a distancia, reducir el tiempo empleado en desplazamientos y ofrecernos más opciones de entretenimiento, entre otros muchos aspectos. Internet, los teléfonos móviles y los juegos interactivos tienen innegables beneficios que han contribuido a su rápida implantación en la vida cotidiana de las familias, pero también es cierto que hacer un uso inadecuado de ellos implica riesgos para los más jóvenes.

El Instituto de Adicciones de Madrid no sólo se centra en el uso que adolescentes y jóvenes hacen de las Nuevas Tecnologías, sino que estudia también el índice de conductas problemáticas que representan los menores ante estas tecnologías de la información y el entretenimiento. Revela que el 13,5% de los jóvenes madrileños manifiesta un uso problemático en alguna tecnología lúdica o de la comunicación. Los informes realizados por la Oficina del Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid en colaboración con la ONG Protégeles, en 2004 y 2005, ya revelaron datos esclarecedores sobre este problema. Pero los estudios en este campo no se limitan al ámbito nacional, puesto que expertos de nuestro país han participado en recientes investigaciones desarrolladas por la Unión Europea.

Es conocido el riesgo de que el menor reciba mensajes inadecuados o que llegue a citarse con personas que no conoce; es menos frecuente pero también arriesgado que se desarrolle una adicción, si estas herramientas se utilizan de forma incontrolada. Esta falta de control es especialmente preocupante en una etapa vital inestable, como es la adolescencia o primera juventud.

La Comisión Europea ha llevado a cabo el estudio “Safer Internet for Children,” en el que han participado 29 países. En el mismo han analizado los datos estadísticos españoles, llegando a las siguientes conclusiones:

Sería absurdo e impropio de nuestro tiempo pretender que los adolescentes excluyan de sus vidas las Nuevas Tecnologías, cuando el 90% de los mismos afirma utilizar Internet para hacer los deberes del colegio o para divertirse. Ciertamente, su uso es imprescindible en una sociedad avanzada. Si lo hacen de forma segura y responsable pueden beneficiarse de sus múltiples ventajas, sin embargo, resulta clave que los padres y educadores, que deben acompañar a los menores en todos los aspectos de su vida, estén preparados para detectar y anticipar un uso inadecuado de las Nuevas Tecnologías, enseñándoles a utilizarlas saludable y responsablemente.

▪▪ La intensidad en el uso de Internet y teléfono móvil aumenta con la edad. ▪▪ Existen diferencias en cuanto al género en el uso de la red: las niñas la utilizan más horas que los niños, tanto durante la semana como a lo largo del fin de semana. ▪▪ Las niñas utilizan Internet con más intensidad porque para ellas significa comunicación con su círculo de amigos. Sin embargo, para los niños la comunicación es menos atractiva. ▪▪ Los niños y niñas no perciben límites de tiempo claramente establecidos para el uso de Internet, los padres lo cortan cuando piensan que lo han usado demasiado tiempo. ▪▪ Aparte de no usarlo hasta terminar los deberes y de que no coincida con la comida o la cena, los niños son libres para conectarse. ▪▪ A los 9-10 años, sólo una minoría tiene móvil, estando su uso muy restringido.

Las llamadas “adicciones a las pantallas” presentan una mayor incidencia entre los adolescentes y jóvenes debido al alto grado de penetración de las Nuevas Tecnologías en este grupo de edad. En España se han realizado numerosos estudios e investigaciones acerca de este fenómeno y su repercusión. Según el estudio de 2012 realizado por el Instituto de la Juventud (INJUVE), el 96% de los jóvenes españoles se conecta habitualmente a Internet. 60


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▪▪ Las niñas utilizan más el móvil como forma de comunicación. Los niños lo usan más como objeto recreativo. ▪▪ Los padres no controlan a quién llaman o cómo lo usan. ▪▪ Los niños perciben que los únicos límites son: no gastar mucho dinero y sacar buenas notas. ▪▪ Un estudio similar en el que ha participado España es el EU Kids Online II, sobre el uso que hacen de Internet los niños europeos de veinticinco países. En la primavera de 2010 se realizaron encuestas sobre una muestra aleatoria de 23.420 usuarios. Sus conclusiones aportan los siguientes datos sobre los niños y adolescentes españoles: ▪▪ Sólo el 72% de los padres españoles utiliza Internet de forma habitual frente al 86% de los niños de entre 11 y 14 que lo hace. ▪▪ Únicamente un 43% de los padres españoles encuestados utiliza sistemas de filtrado o de bloqueo de contenidos. ▪▪ Un 35% de los menores que navegan tiene contactos con personas que no conoce. ▪▪ Un 18% acude a encuentros con personas desconocidas. Sin embargo, y según el mismo estudio, los padres de los niños entrevistados creen que sus hijos están seguros, que no ven imágenes sexuales en Internet ni reciben mensajes de tipo sexual. Por otra parte, los padres desconocen que sus hijos han sufrido ocasionalmente acoso o se han relacionado con desconocidos.

dirigidas a evitar la aparición de riesgos para la salud del individuo, de la familia y la comunidad. Implica actuar para que un problema no aparezca o, si ya lo ha hecho, para disminuir sus efectos. Existen distintos niveles de prevención: ▪▪ Prevención primaria: actúa antes de que el problema aparezca, trabajando con todos los factores de riesgo asociados a él. Se dirige a población general y a los colectivos que puedan estar en mayor riesgo. ▪▪ Prevención secundaria: actúa en problemas que ya existen (en etapas iniciales), tratando de hacerlos desaparecer por completo o parcialmente y evitando las complicaciones posteriores. ▪▪ Prevención terciaria: actúa cuando el problema ya está fuertemente instalado. El objetivo es frenar su desarrollo y consecuencias. ▪▪ La prevención debe formar parte de todo programa de bienestar, cultura y salud. Una prevención eficaz va más allá de la simple información, ya que ésta por sí sola no cambia actitudes ni comportamientos; por ello, es necesario fortalecer aspectos básicos de la personalidad tales como el desarrollo de habilidades, el fortalecimiento de la autoestima, la creación de recursos de interacción social y la aceptación de valores, entre otros. Cada vez es mayor el número de investigaciones que se producen sobre las adicciones a las Nuevas Tecnologías, profundizando en los factores de riesgo y en sus particularidades. Su aportación es esencial para realizar una buena prevención, ya que provee de datos precisos para determinar los contenidos de los programas y sus destinatarios. La sensibilidad social e institucional hacia este grupo de adicciones crece de forma notable, las acciones preventivas primarias que se están realizando desde diversos organismos se dirigen a menores y a padres, mediante programas educativos que conjugan información, habilidades y herramientas prácticas de actuación.

El Estudio sobre hábitos seguros en el uso de las TIC por niños y adolescentes y e-confianza de sus padres, realizado en 2009 por el Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación (INTECO), indica que lo que más preocupa a los padres es el riesgo de dependencia o uso abusivo (un 39,5% lo declara de forma espontánea), muy por delante del resto de situaciones: virus (13,4%), acoso sexual (9,9%), la interacción con desconocidos (9,2%), los timos y fraudes (8,7%) o el acceso a contenidos inadecuados (8,2%). Frente a estos riesgos los adultos necesitan herramientas que les ayuden a valorar objetivamente la gravedad de las situaciones a las que se enfrentan sus hijos e hijas.

Prevención desde la familia La familia es la estructura social básica. En ella se producen los aprendizajes más valiosos para la vida, durante el proceso de socialización que incluye la enseñanza de valores, significados y normas.

Cómo trabajar en Prevención Se entiende por prevención una serie de acciones 61


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Indicios de uso problemático

La familia es la fuente de autoestima y confianza más importante para nuestros hijos. En la familia se ensayan todas las conductas y actitudes que luego se llevan a cabo en otros contextos. Los padres debemos transmitir valores fundamentales: valores personales como la autorrealización, disciplina, libertad y honestidad, junto a valores sociales como la justicia, solidaridad, lealtad, altruismo o generosidad.

Un adolescente que hace uso de las Nuevas Tecnologías no presenta ningún indicio adictivo si lo hace para divertirse, comunicarse o jugar y disfruta con ello. No hay señales de alarma si el uso que hace de ellas no interfiere en sus obligaciones ni en sus actividades de tiempo libre. Es decir, si sigue haciendo todo lo que hacía antes y además otras actividades, por ejemplo, chatear de vez en cuando o jugar con consolas alguna tarde. En definitiva, el uso de las Nuevas Tecnologías no supone un problema si es controlado y está en equilibrio con el resto de actividades del menor.

Estos valores deben estar sostenidos por el amor incondicional y la comunicación abierta con los hijos. Sin duda esta relación paterno-filial es el mayor y más importante factor de protección ante cualquier problema, entre ellos, el de la adicción. El papel de la familia como agente preventivo de primer orden es incuestionable, en el área de las Nuevas Tecnologías y en cualquier otra. Los padres tenemos la responsabilidad de informar a nuestros hijos de los riesgos que corren, enseñarles a hacer un uso razonable y responsable de estos recursos pero, sobre todo, protegerles con el ejemplo coherente de nuestros propios actos. Cuando los padres fortalecen la autoestima de sus hijos, favorecen la comunicación familiar honesta y acuerdan límites y normas, están realizando la mejor prevención. Por ello es fundamental formar a las familias para llevar a cabo esta tarea.

Empieza a haber indicios de empleo inadecuado cuando el incremento del uso produce una interferencia grave en la vida cotidiana y el adolescente pierde interés por otras actividades, por ejemplo, comienza a relegar las tareas escolares y a ausentarse de actividades extraescolares o de eventos sociales. En esta etapa, la vida empieza a girar en torno a las Nuevas Tecnologías en detrimento de cualquier otra actividad. Como consecuencia, comienzan los conflictos con los padres y la negación, por parte del adolescente, de la existencia de un problema, al tiempo que aparecen las mentiras y las manipulaciones para dedicar más tiempo al ordenador, la consola o el móvil.

Diferencias entre uso, abuso y adicción a las Nuevas Tecnologías

Esta situación se torna insostenible cuando se mantiene el uso de ordenador u otras tecnologías a pesar de las consecuencias negativas que irán apareciendo en todas las áreas: personal, escolar, familiar y social. El adolescente ya no usará las Nuevas Tecnologías para pasarlo bien sino para aliviar el malestar que le supone no utilizarlas. Llegados a este punto, el menor sentirá una necesidad imperiosa de llevar a cabo la conducta a toda costa.

Durante muchos años la noción de adicción nos ha llevado a pensar exclusivamente en adicción a las drogas. Ante este riesgo la sociedad está muy sensibilizada, especialmente los padres, pero hoy en día la acepción es mucho más amplia puesto que cualquier conducta es susceptible de convertirse en adictiva. Sin embargo, no todas las personas que realizamos una actividad de este tipo tenemos el mismo riesgo de desarrollarla en exceso y terminar siendo dependientes de ella. Factores personales y ambientales establecen diferencias importantes en el riesgo de desarrollo de una adicción e influyen en su evolución. Detectar la adicción en las fases iniciales del proceso es clave para una prevención eficaz.

Conductas que pueden ser síntomas de la adicción Aunque hasta el momento ninguna sociedad científica ha establecido las características de la “Adicción a las Nuevas Tecnologías” (ANT), se utiliza este término cuando aparecen conductas similares a las que presentan personas con adicción a las drogas o al juego patológico.

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Cambios de comportamiento

Las conductas típicas o los síntomas de la adicción a las Nuevas Tecnologías se pueden resumir en los siguientes puntos:

Como decíamos más arriba, el problema de adicción daña todas las parcelas de la vida de la persona. Si el problema se prolonga en el tiempo aparecerán cambios emocionales, cambios en los hábitos y en las rutinas de la vida diaria, cambios físicos, etc., que persistirán mientras se mantenga la conducta adictiva.

Tolerancia La tolerancia se refiere a la necesidad de aumentar la duración, la intensidad y/o la frecuencia de la conducta objeto de adicción, en este caso el uso de las Nuevas Tecnologías, para obtener el efecto deseado, ya que se produce una disminución del efecto placentero de la conducta si se mantiene con la misma intensidad, frecuencia y/o duración.

Síndrome de abstinencia Mención aparte merece el llamado Síndrome de Abstinencia ya que, como ocurre con las adicciones a sustancias, las personas adictas a una determinada conducta experimentan este síndrome cuando no pueden llevarla a cabo, padeciendo un profundo malestar emocional (estado de ánimo disfórico, insomnio, irritabilidad, inquietud psicomotriz, etc.).

Este efecto de tolerancia hace que la persona dedique progresivamente más tiempo a las Nuevas Tecnologías, ya sea navegar por Internet, jugar a videojuegos, hablar o enviar mensajes a través del teléfono móvil u otras actividades. Pérdida de control

Como hemos explicado, el desarrollo de una adicción conlleva un proceso y, a medida que éste avanza y la adicción va ganando terreno, se van produciendo cambios en la vida del adicto. La conducta adictiva comienza siendo una fuente de placer. Conforme avanza la adicción, el placer pierde relevancia y la gana, por el contrario, la sensación de malestar, desasosiego o sufrimiento que aparece cuando no se realiza esta conducta. De forma que la realización de la conducta adictiva pasa a estar controlada por la necesidad de reducir la sensación de malestar, en lugar de por el placer que produce.

Lo que caracteriza a cualquier adicción es la pérdida de control y la dependencia que experimenta la persona. En un primer estadio, cuando aún no ha aparecido el problema, la conducta objeto en cuestión se lleva a cabo por el puro placer que proporciona realizarla, pero cuando se desarrolla la adicción, la persona necesita llevarla a cabo para aliviar el malestar que le provoca no hacerlo. Ocultación Como ocurre con las adicciones a sustancias, es muy difícil que un adicto a las Nuevas Tecnologías reconozca que lo es. Esta negación del problema por parte del adicto se mantiene a pesar de las evidencias: fracaso escolar, aislamiento social, mentiras reiteradas y otras, que en numerosas ocasiones complican la detección del problema e intervención de los padres y profesionales.

Factores de riesgo No todas las personas presentan el mismo riesgo de desarrollar adicción a las Nuevas Tecnologías, en el desarrollo de las mismas confluyen muchos factores. Podemos clasificarlos en factores personales, familiares y sociales.

Abandono de otras actividades

Personales

A medida que va pasando el tiempo, la conducta objeto de adicción va ocupando más tiempo en la vida de la persona, de manera que empiezan a verse perjudicadas otras actividades, tanto obligaciones como aficiones. La conducta adictiva se convierte en lo más importante, desplazando otros intereses. Como una “bola de nieve”, la adicción va generando problemas en todas las parcelas de la vida de la persona: familiar, escolar, relacional..., llegando incluso a afectar a aspectos como la higiene personal, el sueño o la alimentación.

Algunas personas son más proclives que otras al desarrollo de adicciones. De hecho, con un acceso sencillo y una disponibilidad amplia a las Nuevas Tecnologías en las sociedades desarrolladas, tan sólo una parte de la población presenta problemas de adicción. Las variables personales juegan un importante papel a la hora de precipitar la adicción, entendiendo por tales aquellas características de personalidad que han demostrado aumentar la vulnerabilidad hacia la adicción, tales como la 63


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impulsividad, la disforia, la intolerancia a estímulos displacenteros físicos o psíquicos, la búsqueda incesante de nuevas sensaciones y una ineficaz forma de afrontar los problemas.

el exterior y a su vez se hace más consciente de sus propios sentimientos y pensamientos. Entre los 6 y los 12 años los niños adquieren conocimientos sobre sí mismos que permanecerán el resto de la vida como: el sentido de la propia eficacia, el de pertenencia al grupo, el de la responsabilidad y el concepto de sí mismo.

Familiares En la familia se produce la socialización primaria. Si este proceso se desarrolla de forma adecuada, el niño interiorizará pautas de comportamiento socialmente adaptadas.

El sentido de la propia eficacia lo desarrollará a medida que se enfrente a nuevas tareas y responsabilidades. Por ese motivo, los padres tenemos la misión fundamental de educar en la perseverancia y en el valor del esfuerzo.

Sociales

El sentido de pertenencia al grupo se desarrollará en esta etapa de la vida gracias a formar parte de la clase en el colegio y al comienzo de los juegos en grupo. Al sentirse parte de un grupo el menor siente seguridad, se siente aceptado y se identifica con su grupo de referencia. El sentido de pertenencia al grupo permite al niño comprometerse con los valores sociales, desarrollando una ética social que será imprescindible a la hora de convivir y sentirse a gusto con el mundo que le rodea, convirtiéndole en alguien capaz de adaptarse a su medio.

Los medios de comunicación y las Nuevas Tecnologías han ido adquiriendo un importante papel socializador. A través de estos medios, el menor recibe la influencia de miles de mensajes auditivos y visuales que van modelando poderosamente su forma de pensar, sentir y manifestarse. No en vano, los menores -más a medida que van creciendo-, invierten mucho tiempo delante del televisor o navegando por Internet. Si es complicado controlar los mensajes que nuestros hijos reciben a través de la televisión, mucho más ardua se hace la tarea de filtrar la información que les llega a través de Internet.

El sentido de la responsabilidad se plasma en la capacidad de comportarse de acuerdo con las expectativas que la persona ha generado. Actuar de acuerdo con lo que decimos y hacemos, pensar en los demás, hacer que confíen en nosotros. Esta cualidad es muy apreciada por los compañeros de clase y de juego así como imprescindible en la vida adulta. El ejemplo que demos a nuestros hijos será importante para que adquieran sentido de la responsabilidad, además puede beneficiarles saber que aunque están en su derecho de cambiar de opinión, deben hacer coincidir lo que dicen con lo que hacen. Si, por ejemplo, nuestro hijo se comprometió a recoger la mesa después de cenar, es positivo para él que, aunque no le apetezca, cumpla su palabra. Pero sólo se le podrá exigir este tipo de compromisos si lo ve en nosotros: si nos hemos comprometido a llevarles al cine durante el fin de semana, aunque no nos apetezca, debemos hacerlo; verán que cuando nos comprometemos con algo lo cumplimos.

Este problema se ve reforzado en muchas ocasiones por complicadas dinámicas familiares donde los horarios laborales de ambos padres hacen que los niños pasen muchas horas solos. Este tiempo se malgasta en consumir de forma indiscriminada contenidos que en muchas ocasiones son inapropiados para los menores. Características evolutivas de la etapa de los 6 a los 12 años En el intervalo de edad comprendido entre los 6 y 12 años podemos distinguir dos momentos evolutivos distintos. Por un lado la etapa de los 6 a los 9 es una etapa de cambios continuos, a esta edad los niños y niñas comienzan a comprender de forma definitiva que los pensamientos y los sentimientos de los otros son distintos de los suyos propios y que no son el centro del universo. En este momento, los padres son todavía, casi de forma exclusiva, el único referente emocional. Por otro lado está la etapa de los 9 a los 12 años, a esta edad el niño/a se despliega definitivamente hacia

En esta fase, la evaluación que hace el niño de sí mismo ya no está sólo centrada en la evaluación que hace su familia de él. Cómo le evalúen los compañeros y los profesores adquirirá para el pequeño gran relevancia. Durante los primeros 64


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años escolares ya es capaz de distinguir quién le aprecia, quién le elige como compañero de juego o de deporte, por qué se le felicita, de qué le responsabilizan o de qué le creen incapaz.

comienzo hacia los 12 o 13 años, y su fin en torno a los 20 años. La adolescencia supone cambios físicos, psicológicos y sociales. Serán muy evidentes los primeros en la pubertad: un crecimiento considerable en un breve período de tiempo, junto con el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios. Serán mucho más sutiles o de expresión más lenta los cambios derivados de nuevas estructuras de pensamiento, nuevas necesidades personales y emocionales, hasta ahora no experimentadas. Como resultado de la confluencia e integración de todos estos cambios, el hijo adolescente elabora no sólo un nuevo esquema corporal, sino que conforma su propia identidad personal. Este proceso conlleva inevitablemente una diferenciación del mundo adulto, tanto en lo externo (manifestado en la vestimenta y el lenguaje), como en lo interno (ideología, pensamiento) que producen, en numerosas ocasiones, más allá de la simple diferenciación, confrontación y rebeldía.

Estas evaluaciones forman el concepto que el niño tiene de sí mismo y le dan los primeros esbozos sobre los valores presentes en la sociedad. La asunción de los valores sociales y de un concepto de sí mismo realista es un paso importante en su desarrollo cognitivo. En algún momento será preciso recordar a nuestro hijo que no existe nadie que sea bueno en todo, que la práctica hace la perfección, que hace muchas cosas bien y en otras cosas podría mejorar. Los niños de estas edades lo quieren saber todo y necesitan explicaciones satisfactorias a todos sus “porqués”. El papel de los padres, dada su creciente capacidad reflexiva y verbal, es emplear la lógica y el razonamiento para explicarle las consecuencias, positivas o negativas, de sus propias acciones, de las que debe ser responsable. Es el momento propicio para transmitir valores como el respeto, la tolerancia, la generosidad… Como siempre, la mejor forma de educar en estos valores es con el propio ejemplo, es decir, viviendo estos valores en lo cotidiano.

El adolescente se encuentra atrapado entre dos sentimientos contradictorios; por un lado, tiene la urgente necesidad de ser autónomo, de obrar según sus propias convicciones y reconocerse como protagonista de sus propios actos. Por otro, necesita sentirse arropado en el entorno seguro creado por sus padres, donde tomen las decisiones y continúen actuando por él como siempre han hecho.

Es a esta edad cuando empieza a desarrollarse la necesidad de intimidad, necesitan espacios físicos y mentales en los que puedan elaborar pensamientos, decisiones y sobre todo, emociones y sentimientos. Los padres debemos entenderlo y respetarlo como parte de su propio aprendizaje vital, supervisando las veces que sean necesarias que no haya ningún problema en el uso de esa intimidad.

La rebeldía es la expresión de esa encrucijada, de ese encontronazo entre sus necesidades de libertad y protección. La rebelión de nuestro hijo adolescente ante nosotros, sus padres, es una forma de expresar que está formando su propia personalidad, aquella que le hace reconocerse como individuo único capaz de tomar decisiones según sus “propias” opiniones y experiencias, y no en función de las nuestras.

Características evolutivas de la etapa de los 12 a los 16 años La adolescencia es un período especialmente importante en la vida de nuestros hijos, ya que es el periodo de transición de la infancia a la edad adulta, en el que se desarrollan y establecen las características fundamentales de una persona, esto es, su personalidad.

El adolescente suele provocar situaciones extremas buscando con ello experimentar los límites a su actuación, límites que le proporcionen la seguridad que ha dejado de sentir. Una parte de su yo necesita y reclama la libertad de actuar según sus propias creencias a fin de lograr hacerse con una identidad personal independiente. Otra parte de ese mismo yo está asustada, teme esa libertad que conlleva una responsabilidad y pide a gritos que sean los adultos los que tomen sus decisiones,

Aunque es difícil precisar la edad exacta en la que comienza y termina la adolescencia, puesto que en cada persona puede variar de forma considerable, en líneas generales podemos establecer su 65


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haciéndole sentirse seguro y resguardado bajo el paraguas de la protección.

demás estarán muy pendientes de él. Sienten que los demás les critican o admiran de idéntica forma a cómo ellos mismos se critican o admiran. En base a esto, según van influyendo y variando los pensamientos sobre sí mismos, va cambiando su percepción de cómo les ven los demás. Debido posiblemente a esta percepción de ser centro y atención de los que les rodean, los adolescentes se sienten como seres especiales, únicos, lo que les lleva a fantasear sobre sí mismos imaginando que son protagonistas de las más inverosímiles historias (este pensamiento se denomina fábula personal). Estas fantasías no deben ser reprimidas, puesto que forman parte de los mecanismos de defensa que el adolescente utiliza para sentirse mejor consigo mismo, controlando todo aquello que en la vida real se escapa a su control y conformando caprichosamente un mundo a su medida.

La adolescencia es una etapa vital, con unas características inherentes que la convierten en un factor de riesgo ante el uso de las Nuevas Tecnologías, tales como las siguientes: Necesidad de autonomía A lo largo de este periodo el hijo adolescente buscará la independencia y autonomía de sus padres. Aunque legalmente los hijos dependen de sus padres hasta los 18 años, consideran que son adultos varios años antes y se sienten legitimados para decidir por sí mismos sobre su manera de pensar, sentir y actuar. Nuestro hijo entiende que esta búsqueda de independencia y libertad debe conseguirla frente a los adultos, especialmente los de su entorno más próximo: sus padres. Para lograrlo se obliga a sí mismo a ser diferente, a tener opiniones contrarias a los adultos o a las instituciones (escuela o familia) que identifica como centros de poder y que, por tanto, limitan su libertad. Cualquier parecido con nuestras ideas o creencias aparece como una claudicación y una derrota.

Influencia de los amigos y compañeros Los amigos cumplen una función fundamental en el desarrollo del adolescente por su destacado papel en la formación de la identidad; se convierten en un grupo de referencia, el único contra el que no necesita rebelarse u oponerse sino todo lo contrario, están en el mismo equipo, todos ellos se oponen a los adultos, todos se sienten iguales y actúan con complicidad. Los amigos ocupan el vacío emocional que dejan los padres a consecuencia de la actitud de oposición del adolescente, que le lleva a desvincularse de la influencia recibida durante su niñez.

Esta actitud tan radical se irá suavizando a medida que nuestro hijo vaya creciendo y ganando confianza en sí mismo, es decir, cuando ya no necesite demostrar que es una persona diferente, que lo que piensa es válido y aceptado por los demás, de manera que no es imprescindible estar en confrontación con los adultos.

Por otra parte, el grupo de amigos tiene una función terapéutica al convertirse en un elemento de escucha donde se comparten angustias, discusiones con los padres y otros problemas. Con sus iguales, el adolescente se siente protegido y entendido, rodeado de la seguridad y aceptación que requiere para afianzar su autoestima y seguridad. No obstante, conforme el adolescente vaya madurando, su sentido de la amistad y la necesidad de integración en grupos evolucionarán a la par que sus necesidades, objetivos y habilidades.

Búsqueda de la propia identidad Los adolescentes están en búsqueda constante de su propia personalidad. Para encontrarla necesitan demostrar que ya no son los de antes, que ya no piensan, actúan o sienten del mismo modo porque ahora tienen sus propias ideas. En lo cotidiano, esto se traduce en una actitud desafiante, en una oposición carente de argumentos y una crítica exagerada, con un único fin: el desarrollo de su propia identidad. Egocentrismo y fábula personal

Aunque el concepto gregario se vaya transformando, en cualquier etapa tener amigos va a ser un indicador de buen equilibrio personal. Las relaciones de amistad permiten el aprendizaje de las habilidades sociales, la comprensión del punto de vista del otro, el apoyo emocional ante las dificultades y la ayuda ante los problemas.

A nuestros hijos adolescentes les resulta complicado distinguir entre lo que los demás están pensando y sus propias preocupaciones. Por ejemplo, creen que si a ellos les preocupa extremadamente su aspecto físico también los 66


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Orientación al riesgo

somos sensibles a sus necesidades y sabemos encauzarlas, si establecemos normas claras y firmes, si les expresamos nuestro amor y apoyo incondicional, en definitiva, si aprovechamos la ocasión que nos brindan las Nuevas Tecnologías para educar a nuestros hijos en valores como la responsabilidad, el respeto y el compromiso consigo mismo y con los demás. Junto a esto, es importante mantenernos al día de las novedades y progresos de las Nuevas Tecnologías, para que la llamada brecha digital no se convierta en un obstáculo añadido.

Por sus características evolutivas, los comportamientos de los adolescentes están orientados a la búsqueda de riesgos y de límites, a fin de establecer por su propia experiencia qué puede hacerse y qué no, qué le reporta mejores o peores consecuencias. La necesidad del adolescente de sentirse especial puede llevarle a creer que es invulnerable y omnipotente, por lo que no sufrirá las consecuencias más probables de los riesgos a los que se expone. Esta distorsión, que puede darse en cualquier grupo de edad, se acentúa especialmente en la adolescencia temprana, entre los 12 y los 15 años.

Presentamos a modo de resumen un decálogo práctico para padres:

Todas estas características de la adolescencia se producen a una edad en la que el uso de las Nuevas Tecnologías se hace intenso. Internet, las redes sociales, los móviles o videojuegos se convierten en señas de identidad para el joven, la forma habitual de emplear su ocio, el canal más importante para conseguir información para sus tareas escolares o el medio estrella para relacionarse con sus amigos. Todo este caudal de información y de relaciones le llega al adolescente en un período en el que “desconecta” de sus padres, exige privacidad y autonomía y se rebela ante el control.

1) Navega en Internet con tus hijos, oriéntales sobre las páginas más fiables, y enséñales a navegar con un objetivo claro marcado de antemano. Transmíteles que nunca deben proporcionar datos personales en la red. 2) Selecciona los videojuegos a los que juegan tus hijos según las normas PEGI (edad y contenidos). No olvides supervisar también los juegos que se intercambian entre los amigos. Y juega con ellos en alguna ocasión. 3) Establece normas claras para regular el uso de Internet, videojuegos y el móvil. Debe estar muy claro cuándo, cuánto y dónde los utilizan.

Por todo ello, la adolescencia supone un factor de riesgo ante el uso de las Nuevas Tecnologías, que los padres y educadores deben conocer y prevenir adecuadamente, prestando especial atención a los factores de protección.

4) Enseña a tus hijos que el móvil es para llamadas cortas y urgentes. Hazles responsables de su consumo, que siempre debe ser limitado y estar controlado por ti. 5) Haz uso de los programas de control parental tanto en el ordenador como en las videoconsolas, para evitar que tus hijos se encuentren contenidos inadecuados para su edad.

Conclusiones y decálogo para padres Las Nuevas Tecnologías han venido para quedarse y ocupar un sitio importante en nuestras vidas. Son herramientas increíblemente valiosas con un enorme potencial si su uso es adecuado; lo son especialmente para los menores, los llamados nativos digitales, ya que desde el principio de sus vidas han contado con estas herramientas.

6) Mantente al corriente de los avances de las Nuevas Tecnologías, para que la llamada brecha digital no suponga un obstáculo en tu labor de proteger a tus hijos. 7) Dialoga con tus hijos, favorece la comunicación positiva y la escucha activa. 8) Edúcales en la gestión inteligente del ocio y del tiempo libre.

La responsabilidad de educar en un uso razonable y saludable de las Nuevas Tecnologías, previniendo los problemas derivados de una mala utilización, corresponde a padres y educadores. Lo conseguiremos si mantenemos un diálogo de calidad permanente con nuestros hijos, si

9) Esfuérzate en que tus hijos encuentren en ti la confianza y el apoyo para contarte cualquier problema.

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en adolescentes y jóvenes (pp. 101-128). Madrid, Pirámide.

10) No olvides ser consecuente y dar ejemplo en tu interacción con las Nuevas Tecnologías y transmite siempre a tus hijos tu amor incondicional.

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Comunidad Terapéutica para personas adultas Can Parellada

Ubicada en una masía catalana del siglo XVIII, a 25 kilómetros de Barcelona capital y 12 kilómetros de la población de Granollers, su cercanía a estas ciudades facilita el desarrollo de múltiples y variadas ofertas de asistencia sanitaria, ocio y tiempo libre, formación, etc., a la vez que por encontrarse en un entorno natural, permite a la persona centrarse adecuadamente en el tratamiento de sus adicciones.

www.dianova.es 70


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TRAUMA PSICOLÓGICO, RELACIONES DE PAREJA Y ADICCIÓN AL CANNABIS: REFLEXIONES DESDE EL ENFOQUE SISTÉMICO-RELACIONAL

RESUMEN

E

ste artículo establece las relaciones entre el trauma psicológico, los altos niveles de conflictividad en la pareja que éste genera y la adicción al cannabis. A través del estudio de casos y las reflexiones teóricas, profundiza en cómo los traumas afectan la relación de pareja, generando altos niveles de tensión en la misma. La adicción al cannabis puede aparecer y/o mantenerse en la persona traumatizada y en el sistema de pareja como un mecanismo que persigue la disminución de esa tensión. Contrariamente a lo esperado por la persona, a medio y largo plazo los consumos de cannabis suelen agravar el conflicto de pareja y las secuelas del trauma.

PSYCHOLOGICAL TRAUMA, RELATIONSHIP AND ADDICTION TO CANNABIS: REFLECTIONS FROM THE SYSTEMIC SELECTION APPROACH

Palabras clave Trauma psicológico, conflictos de pareja, enfoque sistémico relacional, adicción al cannabis. Abstract The article establishes a connection between a psychological trauma, high levels of tension between a couple and addiction to cannabis. The study of various cases and theoretical considerations furthers how psychological traumas are affecting the relationship between a couple, generating high levels of tension. Addiction to cannabis appear and / or remain in the traumatized person, and in the system of a couple, as a mechanism that is attempting to decrease the tension. In contrary of the expected results of the couple, it is found that in the medium and long term, the consumption of cannabis tends to aggravate the conflict and worsens the consequences of the psycological trauma. Keywords Psychological trauma, conflicts between couples, systemic relational approach, addiction to cannabis.

Aliety Fernández Marrero Psicóloga

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Consecuencias de los traumas psicológicos sobre las relaciones de pareja

y del trauma generado por la pérdida de las figuras paternas (“pues el padre sano y amoroso que tenía fue sustituido por uno enfermo, nervioso, irritable y distante además, se vió bruscamente distanciado de la madre), le reclamaba atención continua a su pareja, a la que llamaré Mercedes. Arrastraba muchos sentimientos de soledad y de vacío de su infancia que no había podido resolver. Al mismo tiempo, experimentaba una fuerte desconfianza hacia su mujer debido a las experiencias traumáticas que había vivido. No sólo había sufrido el acoso de los otros niños, el maltrato y el desamparo del abuelo, si no que, en su interior, también culpaba a los terroristas que habían causado la destrucción de su familia. Los seres humanos le habían hecho mucho daño y era presa de un miedo enorme a resultar nuevamente herido en su relación de pareja. “No me relajo con

En las relaciones de pareja, un alto nivel de conflictividad puede estar asociado a las secuelas de uno o varios traumas. El problema es que la experiencia del trauma aumenta la necesidad de una relación de apoyo y protección (Herman, 1992). Al mismo tiempo, esta experiencia destruye la confianza y seguridad que son esenciales para este tipo de relación. Cuando el trauma ha sido infringido por otra persona constituye una “violación de la conexión humana” (Herman, 1992). Esta contradicción es base de conflictos y origina altos niveles de tensión en la pareja y por consiguiente, en cada uno de sus miembros.

nadie, estoy a la defensiva, salto con facilidad. Pienso que Mercedes quiere manipularme, aprovecharse de mí (…) Le hago reproches y le ataco para evitar que se me monte encima. Le critico pues no se ocupa lo suficiente de mí. Está siempre pendiente de su madre, del niño, de los otros. Yo soy el último mono de la casa. Me hace sentir, además, poco hombre. Y eso no lo soporto”.

Estudio de caso Nº 1 El padre de Pedro sufrió, cuando Pedro tenía 8 años, un atentado terrorista en el que resultó gravemente herido. Debido a las continuas hospitalizaciones e intervenciones quirúrgicas que requirió a consecuencia del atentado, los padres de Pedro decidieron enviarle a él con sus abuelos paternos a un contexto rural. En el pueblo, Pedro se vió acosado por los niños mayores que él, que le maltrataron y humillaron repetidamente. Se sintió solo y desamparado por su abuelo, un hombre con un nivel cultural muy bajo. Éste, en lugar de protegerle frente a los abusos, le castigaba. Para poder sobrevivir en esa situación, aprendió a tragarse la rabia y el malestar. Su autoestima quedó muy dañada. Se refugió en la relación con un pastor que le enseñó a fumar hachís. A través de esta sustancia, conseguía “relajarse” y evitar las emociones que bullían en su interior y con las que no sabía relacionarse. También fue un modo de acercarse al pastor, que emocionalmente estaba sustituyendo al padre herido y distante.

Apreciamos en este caso como las parejas de relaciones en conflicto, donde uno de sus miembros ha sido traumatizado, tienen que hacer frente a una gran variedad de emociones y sentimientos: la rabia, el dolor, el miedo a ser heridos, un sentimiento de soledad profunda, el vacío interior, una profunda desconfianza hacia el mundo y la vergüenza. La perdida de la capacidad de regular los estados afectivos (Van Der Kolk et al, 1996) es aceptado en la literatura como uno de los problemas principales en la adaptación a un trauma (Figley, 1989). En los matrimonios de víctimas de trauma, el afecto negativo, especialmente el miedo provocado a convertirse en vulnerables a otros, tiende a ser más intenso y convincente que en otras parejas. Las interacciones de estas parejas se caracterizan, a menudo, por la extrema hipervigilancia y reactividad y por la lucha o respuestas frías (S.M. Johnson, L. Williams-Keeler, 1998).

Para sentirse aceptado en su grupo de amigos del pueblo, realizaba pequeños trapicheos con tabaco, a través de los cuales consiguió tener un lugar. Pero, en cambio, se sentía manipulado y aprovechado por sus compañeros de grupo. Años más tarde, Pedro seguía consumiendo hachís. Cuando le atendí en consulta tenía 38 años, estaba casado y con un hijo pequeño. Producto de las grandes carencias afectivas que vivió en su infancia

Las parejas con víctimas de trauma tienen una mayor vulnerabilidad ante el estrés y una vez angustiados, tienden a quedarse atascados en ciclos de distancia, defensa y desconfianza. “Además, el conflicto matrimonial tiende a evocar, 72


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mantener y exacerbar síntomas del trauma. Un círculo vicioso se establece, entonces, en movimiento siendo a menudo muy debilitante, tanto para la relación como para la capacidad individual de la pareja para hacer frente a los efectos del trauma” (S.M. Johnson, L.Williams-Keeler, 1998).

revivir las emociones asociadas al doble abandono que sintió de sus padres. La relación fue difícil, conflictiva, con varias rupturas y mucho desgaste emocional. Cuanto más ella intentaba cambiarle, él más se distanciaba y ella, entonces, más insistía en su empeño, en un círculo vicioso interminable. En esta relación revivió, durante demasiadas veces, aquellas emociones que más temía experimentar. Tras cinco años, Ana terminó agotada y vencida, pero incapaz de terminar con la relación. Se sentía muy decepcionada de la vida, de las personas que le habían hecho mucho daño; de sí misma que había consentido esta situación. Se deprimió profundamente y todo dejó de tener sentido. Su pareja le había introducido en el consumo de hachís y ahora sólo encontraba un poco de paz interna en aquellos momentos en que fumaba esta droga.

Es muy importante tener en cuenta que la respuesta de la pareja no traumatizada puede reforzar, mantener y/o cronificar las secuelas del trauma. A menudo, el miembro no traumatizado se engancha en respuestas destructivas, entrando ambos miembros en círculos viciosos negativos. Los teóricos de la comunicación (Watzlawick, B. Bavelas y Jackson, 1981) dejaron claro que el síntoma en las familias y/o parejas lo porta uno de los miembros, pero participan todos. Por ejemplo, en el caso de Pedro su mujer, frente a sus críticas, reproches y sus descalificaciones, le atacaba con otras críticas, reproches y descalificaciones, entrando los dos en una escalada simétrica que incrementaba notablemente la tensión de la pareja y de cada uno de sus miembros. Está claro que hablamos de patrones circulares de relación.

El caso anterior nos vuelve a revelar como estas parejas quedan estrechamente estancados, en ciclos de la relación de perseguirse/retirarse y ataque/defensa, que dificultan el compromiso emocional. La función de la adicción al cannabis como un intento de regular la tensión en la pareja

Estudio de caso Nº 2 Ana sufrió la pérdida traumática de su padre a los diez años, debido a un ataque cardíaco. Ella había aprendido de su madre, una mujer muy luchadora, “que había que ser fuerte y seguir hacia delante”. Nunca más se habló en casa de este suceso y de este modo, las emociones asociadas a la pérdida no pudieron ser elaboradas. Con el paso del tiempo, también se fue distanciando de su madre, que volvió a casarse y tuvo otros dos hijos. Ana se sintió muy desplazada y sola, con muchas carencias emocionales y con mucho miedo a sentirse abandonada nuevamente. A los dieciocho años, comenzó una relación con un chico consumidor habitual de hachís, con dificultades en su maduración emocional. Él había abandonado los estudios, no trabajaba y le encantaba estar de fiesta con los amigos. En los cinco años que había durado su relación, Ana se había propuesto cuidarle, apoyarle y conseguir que cambiase. Funcionaba como una madre para él, porque necesitaba sentirse imprescindible para su pareja. Creía que, de este modo, él no le abandonaría nuevamente. Sentía mucho miedo de

En ambos casos expuestos, tanto Pedro como Ana se sentían desesperados e impotentes en su relación y se centraban en la seguridad personal y en la protección de sí mismos en lugar de la conexión con el otro miembro, lo cual es típico de las parejas traumatizadas. Ambos recurrían, entonces, con una mayor intensidad, a su adicción al cannabis como “el único modo que encuentro de relajarme”. Frente a los traumas vividos, las drogas pueden actuar de forma eficaz para estimular la insensibilidad y aplacar el dolor y la agitación interior. Las drogas proporcionan la función de negar la realidad. “La adicción ofrece un escape de la realidad,

un medio de suprimir los sentimientos reales y reemplazarlos con sentimientos creados artificialmente mediante el uso de drogas. El efecto de las drogas reemplaza los mecanismos disociativos de la división psicológica en las personas traumatizadas cuando estos ya no sufren efecto” (F. Ruppert, 2012).

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En la misma obra, este mismo autor dice: “las adicciones a sustancias o a otro tipo de cosas, como las computadoras, el sexo, las compras o las conductas de relaciones adictivas, se encuentran en diversas combinación en gente con traumas de la vinculación”,

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A la realidad individual que presenta la persona traumatizada, se añade la realidad conflictiva de la pareja. Se suma la tensión de un sistema desbordado por el conflicto que puede buscar en el síntoma (las conductas adictivas), un mecanismo para regular la tensión, a menos a corto plazo. El problema es que, a medio y largo plazo, no hace más que aumentar la tensión y la intensidad del conflicto de pareja, y crea una mayor desconexión entre los miembros de la misma.

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Por ejemplo, en el caso de Pedro, frente a su adicción, nuevamente recibía la crítica de Mercedes que valoraba que “se relaja demasiado con los porros. Está demasiado distante. No tenemos ni sexo. No se puede contar con él para las tareas de casa, ni para que se ocupe del niño. Está en su mundo”. Por

RUPPERT,F.(2012). Trauma, vínculos y constelaciones familiares. México. Editorial Paidós.

consiguiente, la adicción agravaba el conflicto de la pareja y la desconexión entre ellos ocurría a un nivel mayor.

S.M. JOHNSON,LYN WILLIAMS-KEELER. Creating healing relationships for couples dealing with trauma: the use of emotionally focused marital therap. Journal of Marital and Family TherapyVolume 24, Issue 1, pages 25–40, January 1998.

Estas parejas afectadas por traumas presentan dificultades con el compromiso emocional, que es uno de los principales predictores de la satisfacción matrimonial y la estabilidad (Gottman y Levenson, 1986) y como resultado, la alienación domina la relación. El aislamiento tiende a ser especialmente problemático en las relaciones traumatizadas y también la vergüenza (S.M. Johnson, L. WilliamsKeeler, 1998). El problema de la vergüenza es que refuerza la evitación del contacto y el compromiso emocional y las parejas traumatizadas tienden a verse a sí mismos particularmente como no amadas e indignas de cuidado. La adicción al cannabis refuerza las sensaciones de aislamiento, la vergüenza, la irritabilidad, la desconfianza y las sensaciones de no ser dignos de cuidado en estas parejas. Por consiguiente, la adicción refuerza no sólo el conflicto de pareja, sino también las secuelas de los traumas.

UNODC, (2006). Informe de Naciones Unidas sobre el uso de drogas en el mundo. UNODC, Viena. WATZLAWICK, B. BAVELAS Y JACKSON (1981). Teoría de la comunicación humana. Barcelona. Herder

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HISTORIA Y REFLEXIONES SOCIALES Y POLÍTICAS

UNA APROXIMACIÓN A LA IMAGEN DE LA MUJER EN LAS INFORMACIONES SOBRE CONSUMO DE DROGAS

Resumen

E

n este artículo, nos vamos a centrar en la imagen que los diarios Abc, El País y El Mundo ofrecen sobre las mujeres en las noticias relacionadas con el consumo de drogas. Para ello, hemos recopilado todas las informaciones relacionadas con esta temática durante el mes de febrero de 2014. Así, mediante el análisis crítico del discurso, tratamos de desentrañar dicha imagen. La conclusión a la que llegamos es que estas informaciones ejercen violencia simbólica para con las mujeres porque ofrecen una imagen distorsionada sobre ellas o las invisibilizan.

AN APPROACH TO THE IMAGE OF WOMEN IN THE INFORMATION ON DRUGS USE

Palabras clave Violencia simbólica, género, análisis crítico del discurso, medios de comunicación, drogas. Abstract In this article, we will focus on the image that Abc, El Pais and El Mundo newspapers offer on women related to news drugs use. To do this, we have compiled all information regarding this subject during the month of February 2014. Thus, using critical discourse analysis, we unravel that image. Our conclusion is that this information apply a symbolic violence towards women because they offer a distorted picture of them or make them invisible. Keywords Symbolic violence, gender, critical, discourse analysis, mass media, drugs. Introducción Los medios de comunicación son susceptibles de generar violencia simbólica para con las mujeres. De acuerdo con Bourdieu (2000: 12), entendemos ésta como aquella “violencia amortiguada, insensible,

e invisible para sus propias víctimas, que se ejerce esencialmente a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y del conocimiento o, más exactamente, del desconocimiento, del reconocimiento o, en último término, del sentimiento”.

Laura Ibáñez Castejón Periodista

Mireia Pascual Mollá

Así, actualmente, en nuestra sociedad, la oposición binaria entre lo masculino y lo femenino

Periodista

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sigue vigente. Este hecho implica la existencia de un orden jerárquico donde lo masculino adquiere una posición privilegiada y lo femenino una posición inferior (Martínez Lirola, 2010). Estas estructuras de dominación son producto de un proceso de construcción y reproducción social de agentes singulares e instituciones como el Estado, la familia, la iglesia, la escuela (Bourdieu, 2000) que continúan ejerciendo violencia simbólica y violencia física. A nuestro parecer, debido al poder simbólico que han adquirido los mass media (Bourdieu, 1996), éstos también son capaces de reproducir dicha violencia simbólica, puesto que perpetúan el statu quo, relegando así a las mujeres a una posición subordinada del sistema social.

estas sustancias” (Megías, 2005: 35). En este sentido, cada persona entiende que su propio consumo es inocuo mientras que el consumo de los otros, especialmente el de los más jóvenes, es riesgoso (Megías, 2005). Los medios de comunicación contribuyen a consolidar esa dicotomía entre drogas “buenas” y “malas” y consumos nocivos e inocuos.

Además, de acuerdo con la FAD (2005), las noticias relacionadas con las drogas suelen presentar muchas veces una asociación entre delitos, decomisos y muertes, mostrando, por tanto, la vertiente jurídico-policial de este fenómeno social y dejando de lado la preventiva. De esta manera, la oposición entre drogas “buenas” y “malas” también se traslada a las personas: se crea una dicotomía entre un “ellos”, es decir, “drogadictos” ajenas a nuestra sociedad que no tienen trabajo, ni familia ni amigos y han de cometer delitos para sobrevivir, y un “nosotros”, que consumen sustancias sin riesgo y están plenamente integrados en el sistema social. Los miembros del grupo son recompensados mientras que los no miembros son castigados (Sánchez Carrión y Ongil, 1989). En última instancia y de acuerdo con de la Villa Moral (2007: 6-7): “Discursos e intuiciones

De esta forma, nos encontramos con que la violencia simbólica y generalizada hacia las mujeres aparece legitimada en la medida en que se ha construido una serie de mitos prescriptivos en torno a su supuesta condición, la “feminidad”, es decir, un conjunto de estereotipos que han naturalizado la posición subalterna que las personas identificadas como mujeres ocupan en el sistema social así como la violencia que se ejerce contra ellas (Biglia, 2007). Como indica Olivarria (2008: 103): “Así: signada por la violencia, la mujer

nace al mundo. Su condición genérica la destina a vivir la violencia desde que llega a la vida, como bebé y niña. Al nacer, se le adjudica su primera distinción: la feminidad. Es su primera distinción cultural, que la caracteriza a partir de su condición genérica y la define de manera contrastada, excluyente y antagónica frente a la masculinidad del hombre. Las características de la feminidad son patriarcalmente asignadas como atributos naturales, eternos y suprahistóricos, inherente al género y a cada mujer. Las mujeres deben realizar actividades, tener comportamientos, actitudes, sentimientos, creencias, formas de pensamiento, mentalidades, lenguajes y relaciones específicas en cuyo cumplimiento deben demostrar que en verdad son mujeres”.

socialmente convenidas se articulan en una particular componenda como herramientas de construcción de ideologías, pensamientos, abstracciones, simbolismos, verdades y mitos, actitudes y representaciones de las drogas y de sus usuarios [...] Mediante el (macro) discurso dominante se forjan actitudes, se normalizan pensamientos, se atribuyen significados o se encauzan valoraciones, siendo el discurso el lenguaje puesto en acción, realizado como actualización concreta. Se construyen actitudes individuales y sociales sobre las drogas desde una imagen-modelo dominante que llega a constituir una teoría formal. El (macro) discurso social relativo a las actitudes sociales ante la sustancia química en sí se transforma en otro discurso culpabilizador/permisivo que sanciona o exime a los distintos consumidores de su responsabilidad”.

De un modo similar, en torno a la información sobre drogas también se ha construido una serie de tópicos y estereotipos. Así, la percepción colectiva en torno al consumo de drogas se mueve en una dicotomía que trata de compatibilizar una oposición frontal a éstas al mismo tiempo que se da una aproximación a las mismas “porque

No obstante, Martín Nieto (2010) ha constatado que, actualmente, se ha reducido el número de informaciones que versan sobre los delitos cotidianos que cometen las personas que consumen drogas. Así, ahora las informaciones que han ido ganando protagonismo paulatinamente han sido todas aquellas relacionadas con el narcotráfico. Igualmente, en opinión del mismo autor, ha aumentado el volumen de noticias que

existen drogas “buenas” y “malas”, porque existen formas “buenas” y “malas” de drogarse, porque existen momentos adecuados e inadecuados para consumir 76


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identifican determinados consumos de drogas con alguna subcultura juvenil concreta o con la juventud en general.

contuvieran alguna alusión al campo semántico de las drogas. De esta forma, hemos recopilado informaciones que, aunque no aludían al problema de la drogadicción en sí mismo, sí hablaban de alguna sustancia (como, por ejemplo, el alcohol) susceptible de generar una dependencia. Hemos considerado que era necesario recopilar también estas informaciones para conocer cuál es la imagen que se proyecta sobre sustancias que podrían provocar una adicción, pero que están muy aceptadas socialmente y a las que se valora por su aportación a la industria y la economía (como, por ejemplo, el vino).

Tradicionalmente se ha vinculado a las mujeres con el ámbito privado mientras que las drogas estarían en un ámbito público y, por tanto, propiamente masculino. En palabras de Mountain (2007: 73): “De acuerdo con los papeles sociales estereotípicos, el imaginario sobre las mujeres está relacionado con el espacio doméstico [...]. Así, las mujeres usuarias de drogas son vistas como malas madres y/o malas mujeres (prostitutas, lesbianas)”. En este sentido, si a nivel

social se caracteriza a las mujeres de esta manera, nos preguntamos: ¿cómo se las representa en las informaciones relacionadas con las drogas en la prensa? Así, el objetivo principal de este artículo es analizar dónde están presentes y cómo son caracterizadas las mujeres que aparecen en las informaciones periodísticas relacionadas con el consumo de sustancias.

El número total de noticias recopiladas es 91 distribuidas del siguiente modo: de ABC, 24; de, El País, 18; y de, El Mundo, 49. En la próxima sección, comentaremos cómo han sido distribuidas éstas por secciones para conocer desde qué enfoques se trata el consumo de drogas. Una vez realizado esto, agruparemos estas informaciones en torno a una serie de temáticas para poder conocer a cuáles de ellas aparecen ligadas prioritariamente las mujeres. Del corpus recopilado, analizaremos dos noticias en concreto enteramente protagonizadas por mujeres porque nos interesa conocer qué tipo de caracterización se hace sobre ellas.

La estructura que seguiremos en este artículo será la siguiente. En la próxima sección, describiremos el marco teórico del que partimos para realizar nuestro análisis y comentaremos la metodología empleada. En la tercera sección, presentaremos algunos de los resultados que hemos extraído a partir del corpus de informaciones recopilado. A continuación, analizaremos en profundidad dos noticias protagonizadas por mujeres. Escogemos concretamente estas dos noticias porque nos han parecido las más representativas del corpus recopilado. Finalmente, expondremos algunas conclusiones.

No obstante, antes de exponer nuestro análisis, explicaremos nuestro marco teórico. Desde hace ya varias décadas, los/as lingüistas seguidores/as del análisis crítico del discurso (ACD) han puesto de manifiesto que el lenguaje no refleja la realidad de una manera aséptica sino que tiene un gran poder simbólico (Castro, 2010). Así, desde las décadas de 1970 y 1980, en el campo del ACD se ha desarrollado un ámbito específico de conocimiento entre lenguaje y género.

Marco teórico y metodología Para realizar una aproximación al tratamiento informativo que la prensa otorga a las informaciones relacionadas con el consumo de drogas y las mujeres, decidimos recopilar las noticias que aparecieron en ABC, El País y El Mundo durante el mes de febrero de 2014. Seleccionamos estos diarios porque son los periódicos nacionales de información general de mayor tirada. Así, obtendremos una visión puntual sobre dicho tratamiento informativo, puesto que, por las características de este estudio, no hemos podido prolongar la recogida de informaciones durante más tiempo. El criterio para escoger las noticias ha sido el de seleccionar todas aquellas informaciones aparecidas en los citados diarios que

En un primer momento, se estudiaron las características morfológicas del lenguaje referidas a los nombres y las sociolingüísticas basadas en las diferencias sexuales biológicas entre hombres y mujeres. Así, se crea un binarismo basado en la biología entre los primeros y las segundas. No obstante, la perspectiva cambia a partir de los ochenta y comienza a tenerse en cuenta que el género asignado a cada persona basándose en sus características biológicas1 “was not given, but Desde una perspectiva queer, incluso se considera que el sexo biológico también es una construcción social (Butler, 2007).

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was culturally constructed and malleable” (Coates, 2012: 90). En este sentido, de acuerdo con Butler

especialmente que las informaciones relacionadas con el consumo de drogas se sitúen en la sección “Empresa” en segundo lugar. Este hecho se debe, principalmente, a que se analiza el peso que las drogas legales (alcohol y tabaco) tienen en la economía y en la industria.

(2007), el género tiene un gran componente performativo en la medida en que se construye cuando se pone en práctica. En este sentido, los medios de comunicación también contribuyen a definir cuáles son las características propiamente masculinas y propiamente femeninas. Como indica Thompson (1998: 275; énfasis del autor): “Al igual que

En cuanto a El País, la mayor parte de informaciones relacionadas con el consumo de drogas las hallamos en la sección “Internacional” con un 27,77%. Este hecho se debe a que en el mes analizado fue capturado el narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán. Puesto que una de las secciones más cuidadas de este periódico es su sección de “Internacional”, se le ha dado una cobertura más amplia a la captura de este narcotraficante que en los otros dos diarios analizados. Como en el caso anterior, gran cantidad de las informaciones sobre consumo de drogas se hallan en secciones de corte social y cultural como son “Vida y artes/Cultura” (16,66%) y “Vida y artes/Sociedad” (16,66%), hecho motivado en gran parte por la muerte de Seymour Hoffman y por un cambio de perspectiva en la manera de mirar este fenómeno social.

los materiales simbólicos intercambiados a través de la “interacción cara a cara,” los materiales mediáticos se incorporan al proceso de formación de yo; de manera progresiva el yo se organiza como proyecto reflexivo a través del que los individuos incorporan material mediático (entre otros) dentro de una narrativa biográfica coherente y en continua revisión”.

Por tanto, en este estudio, nos centraremos en un nivel del discurso de los medios de comunicación que ponga el acento en las actitudes y comportamientos que se refieren a hombres y mujeres reflejados a través del lenguaje. Este nivel es posible detectarlo en el empleo que se hace de la lengua para transmitir valores cuando las personas eligen determinados puntos de vista para hablar sobre el mundo y se puede localizar tanto en “expresiones concretas como en valores

Las informaciones relacionadas con el consumo de drogas en El Mundo aparecen distribuidas en numerosas secciones de dicho diario. Sin embargo, la mayoría de ellas se concentra en la sección “De finde/Cinco Barricas” (18,36%), en la que se habla sobre el vino como un producto consumido en tiempo de ocio y como un placer para los comensales. De nuevo, en este caso, destacan las secciones culturales y de sociedad denominadas “EM2/Cultura/LOC” (8,16%), “EM2/Cultura” (8,16%) y “Crónica” (8,16%) como secciones que, en segundo lugar, recogen informaciones relacionadas con el consumo de drogas.

inatribuibles a un segmento textual” (Castro, 2010: 97).

Análisis de los resultados A continuación, presentamos una serie de gráficos en los que vamos a observar las secciones en las que aparecieron las informaciones que constituyen nuestro corpus. En el caso de ABC, la mayor parte de informaciones encontradas se concentran en las secciones “Sociedad” (20,83%) y “Empresa” (16,66%). De esta forma, podemos observar que, de alguna manera, se ha roto la asociación entre consumo de drogas y sucesos, en la medida en que muchas informaciones relacionadas con el consumo de drogas en este diario han pasado a la sección de “Sociedad”. Este hecho se puede atribuir a un cambio en la manera de mirar todo lo relacionado con estos consumos: ahora se trata como un problema social. Asimismo, la muerte del actor Philip Seymour Hoffman por sobredosis de heroína en el mes analizado ha condicionado la inclusión de noticias relacionadas con el actor en dicha sección. A nuestro juicio, es destacable

De este modo, en los tres diarios podemos observar que las informaciones relacionadas con el consumo de drogas se distribuyen en múltiples secciones de los diarios habiendo traspasado la sección de sucesos para empezar a integrarse dentro de otras secciones de corte más social. Igualmente, en estos periódicos (principalmente en ABC y El Mundo) se habla de aspectos relacionados con el consumo de drogas que tienen que ver, por ejemplo, con el impacto que el consumo de drogas legales tiene sobre la economía española o con la ligazón entre ocio y consumo de alcohol. 78


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Gráfico 1: Secciones en las que se recogen informaciones relacionadas con el consumo de drogas en el diario ABC

Gráfico 2: Secciones de El País donde aparecen las informaciones relacionadas con el consumo de drogas 79


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Gráfico 3: Secciones de El Mundo donde se recogen informaciones relacionadas con el consumo de drogas Una vez realizada esta panorámica, cabe preguntarse: ¿dónde aparecen las mujeres en estas informaciones? .¿Y, cómo son caracterizadas? Para responder a esta pregunta, hemos agrupado las informaciones en función de su temática de manera que podemos hallar la siguiente distribución de las mismas:

incluso podemos hallar un reportaje titulado “La doble vida del actor” (El Mundo, 08/02/2014) en el que se tratan de consignar los rasgos (por ejemplo, se afirma que “estaba más gordo y despeinado que de costumbre”) que delataban su consumo de drogas y, por tanto, su “anormalidad”. Así, la imagen del consumidor de drogas en estas informaciones se construye en tornos a la figura de un hombre mientras que a las mujeres se las presenta como víctimas de los consumos de sus parejas. Así, al referirse a la reacción de la pareja de Seymour Hoffman se la caracteriza como víctima: “O’Donnell, se puso a gritar desesperada al

Agrupadas por temática, podemos observar que sobresalen las informaciones relacionadas con gente popular (21,97%) y con el narcotráfico (18,68%). La muerte de Seymour Hoffman ha servido para demostrar que en el imaginario de los medios de comunicación todavía se liga el consumo de drogas con la marginalidad y la degradación personal. Así, en una gran cantidad de informaciones se mostraba sorpresa por que alguien como el actor muriera por sobredosis de heroína. Así, por ejemplo, en una de las noticias podemos leer: “Con Seymour la heroína ha dejado de

descubrir la noticia” (El Mundo, 04/02/2014).

Días después de la muerte de Seymour Hoffman también murió Nancy Motes, hermanastra de Julia Roberts. Esta mujer no era tan conocida y, por tanto, su muerte no generó tantas informaciones. Sin embargo, la caracterización de esta mujer es totalmente diferente de la que se hace de Seymour Hoffman. En el titular de la única noticia encontrada, “El oscuro final de la hermanastra de Julia Roberts”, (El Mundo, 12/02/2014) ni siquiera aparece su nombre que hallamos después en el cuerpo de

ser la droga de los marginales. Ya no es solo el consuelo de “yonkies,” también es la alternativa barata y accesible de los analgésicos más potentes que requieren receta y a los que están enganchados miles de personas al otro lado del Atlántico” (ABC, 05/02/2014). En este sentido,

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Gráfico 4: Temáticas en torno a las que se pueden agrupar las informaciones sobre el consumo de drogas en ABC, El País y El Mundo texto. En este caso, se destacan los comentarios despectivos que Motes hizo de Roberts y se resalta el hecho de que Motes no se llevaba bien con su familia. “También se quejó de la falta de aceptación por

quienes tratan de detenerlos son hombres2. Las informaciones proporcionan muchas veces la imagen de una lucha sin cuartel contra el narcotráfico, asociando el poder y la fuerza del conflicto armado con el universo masculino. Las únicas referencias relacionadas con mujeres en estas informaciones se refieren a la esposa o hijas de los narcotraficantes. Las informaciones relacionadas con el ocio y el consumo de sustancias (13,18%), sobre todo, hablan del vino

parte de su familia, por no haberle perdonado por sus errores, los mismos que confirmaron en un comunicado su muerte”. Por tanto, se la califica, de alguna

manera, como una persona un tanto desadaptada. Igualmente, se la menosprecia y se la culpabiliza cuando en la misma noticia se afirma: “Al final

Nancy Motes no ha pasado de ser la hermana menor de Julia Roberts, echándole la culpa de muchos de sus males”.

Tan solo encontramos una noticia donde una mujer es detenida junto a un hombre por vender metadona. No obstante, se trata una venta de drogas a pequeña escala realizada por “dos toxicómanos”, como los califica el diario (“Dos detenidos por vender la metadona que les suministraba el médico”, ABC, 25/02/2014). Por tanto, se trata de dos personas a las que se considera que están fuera de la sociedad.

2

Por otro lado, los periódicos analizados caracterizan el narcotráfico como un mundo completamente masculino: tanto los narcotraficantes como

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HISTORIA Y REFLEXIONES SOCIALES Y POLÍTICAS

desde una perspectiva que los protagonistas de las informaciones son hombres. Tan solo en un caso, aparece el nombre de una mujer como copropietaria de una bodega (“Nuestra cata del mes/febrero de 2014”, El Mundo, 07/02/2014). Sin embargo, se la denomina por su nombre de pila “Juani”, algo que, como afirma Bengoechea y Calero (2003: 24), “indica una familiaridad que suele

Las informaciones que hablan sobre la regulación de algún ámbito relacionado con el consumo de drogas (8,79%) suelen mostrar a las mujeres con mayor frecuencia, pues éstas son fuentes de información de los medios. Así, éstos se hacen eco de las declaraciones, por ejemplo, de la ministra de Sanidad, Ana Mato (“Se

ser impropia o denota falta de respeto para la mujer en cuestión”.

podrá ‘vapear’ en los bares, pero no en colegios, hospitales ni transporte público”, ABC, 20/02/2014) o de la alcaldesa de Valencia Rita Barberá (“Barberá admite que la policía local no puede con el botellón”, El País, 15/02/2014).

Las informaciones que hemos recogido bajo la temática “mundo empresarial” también se pueden considerar eminentemente masculinas. En ellas, se hace referencia al peso que la industria de las drogas legales posee para la economía. Así, las personas que parecen presidirla (o, al menos las fuentes consultas por los medios) son hombres en todos los casos encontrados. Así, se vincula el poder del dinero a los hombres. Dos informaciones nos resultan paradigmáticas de este hecho. Por un lado, el reportaje “La antorcha de Freixenet contra el independentismo” (El Mundo, 02/02/02014) donde se ofrece un perfil bastante halagador de José Luis Bonet, presidente de Freixenet. Así, en éste, se realiza una mención a su esposa a la que se la caracteriza del siguiente modo: “Pilar Pastor es

Por su parte, los reportajes dedicados en exclusiva a alguna droga (7,69%) suelen usar con frecuencia a las mujeres como fuentes expertas. Tanto las informaciones de regulación como éstas últimas son un ejemplo de que las mujeres han ganado terreno en el espacio público, han ocupado puestos de importancia en la sociedad y, por tanto, también se han convertido en fuentes de autoridad para los medios de comunicación. No obstante, a veces también se las mira con una cierta condescendencia. De esta forma, en el reportaje “Así se ‘cocina’ la droga de ‘Breaking Bad’ en EEUU” podemos encontrar la siguiente descripción: “Jennifer Rhyne no parece una licenciada universitaria cuyo sueño en la vida era ser bailarina” (El Mundo, 16/02/2014). Asimismo, se sigue caracterizando a las mujeres como víctimas en el mismo reportaje: “[Lisa] Bragg vivía con su

una madraza que quiere a la familia unida y que vive por y para ellos. Nacida en Madrid, es de profundas creencias cristianas, al igual que su marido”. De esta

hija, que estaba embarazada. Ahora, su nieto tiene asma, probablemente contraída cuando estaba en el vientre de su madre, que vivía con Bragg y estaba expuesta a la fabricación de la droga”. Esta misma victimización la podemos

manera, Pastor es caracterizada con respecto a sus funciones de madre y esposa. Por otro lado, en la información titulada “El nihilismo de las organizaciones” (El Mundo, 02/02/2014) se ofrece un perfil de la trayectoria de Jordan Belfort, al que se le describe de una manera bastante más despiadada que a Bonet. A la hora de caracterizarlo como una persona sin escrúpulos, se afirma lo siguiente: “Y

hallar en las informaciones que hemos recogido bajo la etiqueta “sucesos” (2,19%). Así, podemos hallar esta caracterización en la noticia titulada “Indignación de los padres de Nora por una sentencia “vergonzosa’” (El Mundo, 19/02/2014) donde, de nuevo, se vuelve a

denominar a la mujer por su nombre de pila. En este caso, además, también se culpabiliza a otra mujer en la misma noticia: “Tal y como siempre denunció Paco

es que Belfort –y la gente que va reclutando para su organización- se convierten no solo en una máquina de ganar millones de dólares indebidos, sino de gastarlos a la misma velocidad en esa misma noche en consumo de drogas, prostitutas o caprichos extravagantes”. Así,

Ayala y recoge ahora la sentencia de la Audiencia Provincial, fue Eva María Vera la encargada en casi todos los casos de captar para la prostitución a las menores. Condenada a 15 años y medio, esta mujer se acercaba a las chicas en un parque y, tras ganárselas, les acababa proponiendo que mantuvieran relaciones sexuales con hombres mayores de edad a cambio de cocaína y dinero4” .

se asocia el consumo de drogas con la prostitución (y, por ende, con las mujeres), dos “universos” que pueden causar la perdición de un hombre. Se crea, por tanto, una imagen de vicio y perversidad donde no podían estar exentas las mujeres3 y las drogas.

En las informaciones recogidas bajo la temática “dopaje” (6,59%) apenas encontramos menciones a mujeres porque, a excepción de una noticia

Haciéndose eco de la tradición cultural que asocia a las mujeres con la perdición de los hombres.

Nótese de nuevo la asociación entre drogas y prostitución.

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relacionada con el caso de la atleta Marta Domínguez y las menciones a algunas expertas en este campo, el resto de noticias versa sobre casos de dopaje de deportistas masculinos. Este hecho también se puede interpretar por la mayor atención que se le presta a los deportistas masculinos. En cuanto a las informaciones referidas a “ficción” (3,29%), “estudios” (3,29%) y “cultura” (2,19%) consideramos que son informaciones donde la presencia del género está muy poco marcada. En las primeras, se trata de alguna información relativa a algún producto cultural como una película o un libro; en las segundas, principalmente se hacen eco de los resultados de algún estudio en el campo de las adicciones; y en las terceras, se establece una asociación entre el vino y algún ámbito cultural como, por ejemplo, la alta cocina o la ópera.

En el cuerpo de texto de la noticia, se sigue carrcterizando a Sally Bercow en función de su papel de madre y esposa: “Precisamente en los medios han vuelto a escucharse estos días voces pidiendo la dimisión de John Bercow por la ‘humillación’ sufrida a manos de su mujer y madre de sus tres hijos”. Además, como también se puede percibir en el fragmento citado, la conclusión a la que llega el/a lector/a con esta noticia no es solo que Sally Bercow sea esposa y madre sino que es una mala esposa y una mala madre. En este sentido, apuntan frases como las siguientes: “A la mujer del speaker le va la marcha”; “Sally Bercow (44 años) tiene la costumbre de dar la nota”; “fue sorprendida en pleno morreo”, etc. Para completar este retrato, no podían faltar las drogas: “[Y]a dio la primera nota alta a favor del matrimonio abierto, confesando en una revista su doble debilidad: barra libre y sexo ocasional” y “cantó las excelencias de la metoxetamina”. Igualmente, se insta a su marido a que “corrija” el comportamiento de su “descocada” mujer: “Otros le piden al político conservador que al menos tenga una conversación seria con ella y que le pida cierta discreción”. Al mismo tiempo, se considera que su mal comportamiento tiene consecuencias para su marido: “18.000€ del ala que tuvo que pagar su marido por daños y perjuicios”. Asimismo, se alude a las características físicas de Sally Barcow de una manera sexualizada: “Mostrando un insinuante muslo bajo la toalla”; “pendientes de sus larguísimas

Por último, las informaciones recogidas bajo la temática “opinión” (2,19%) siguen haciéndose eco de la imagen social creada para el/a consumidor/a de drogas, al que se considera principalmente masculino como, por ejemplo, se puede apreciar en estas expresiones: “como si los borrachos-perdón

alcohólicos-”, “sin tener que compartir sin esos mataos que se pasan el día drogándose”, “cuando el consumidor está en el infierno” (“La foto de la semana”, ABC, 16/02/2014). A la mujer, en esta misma noticia, se

la caracteriza como un objeto sexual cuya imagen podría ser usada para vender drogas: “Drogas con sello de marca, y atractivos anuncios televisivos, donde modelos con piernas de alambre declararían que ellas se chutan con la droga tal o cual”.

piernas”.

De esta forma, estamos de acuerdo con Mountian (2007: 74) cuando afirma “estas conductas “desviadas” [el consumo de drogas] son comúnmente asociadas a “aberraciones” sexuales, y las mujeres “salidas” son vistas como hipersexuales que “no se comportan como chicas decentes”; y por lo tanto se les asocian epítetos como ‘vagabunda’, “borracha” y “puta con una sexualidad desenfrenada” (Finkelstein, 1996: 33). En cambio, [...] las señoritas decentes pueden usar medicamentos como, por ejemplo, los tranquilizantes”.

Análisis de dos noticias A continuación, vamos a analizar dos de las noticias que nos han parecido más representativas del corpus recopilado. La primera de ellas, titulada “Descocada mujer del ‘speaker’” apareció en El Mundo el 13 de febrero de 2014. En ella se hace un retrato de Sally Bercow, presentada como la mujer del speaker John Bercow, como se puede apreciar en el titular de la noticia. Así, mentras que él es caracterizado por su faceta pública como speaker de la Cámara de los Comunes, ella adquiere su estatus social en función de su papel como esposa. Asimismo, en dicho titular se la califica de “descocada”, algo también palpable en el antetítulo que acompaña a la noticia: “La esposa del presidente de la Cámara de los Comunes, del Partido Conservador, practica la barra libre y el sexo ocasional. ‘¿Por qué no?’.

La siguiente noticia que vamos a analizar se titula “Emma Coronel: hija de un narco, reina de la belleza y última esposa del ‘Chapo’” y apareció el 27 de febrero de 2014 en ABC. De acuerdo con Ovalle y Giacomello (2008), el “narcomundo” es un mundo esencialmente machista donde se realiza una caricaturización del orden social reproduciendo 83


HISTORIA Y REFLEXIONES SOCIALES Y POLÍTICAS

5. Conclusiones

la supuesta superioridad masculina que habita en él. De este modo, el “narcomundo” también construye relaciones de género donde las mujeres asumen un rol subalterno entre los que se puede encontrar el rol de hijas de narcotraficantes y esposas-trofeo (Ovalle y Giacomello, 2008). En este sentido, el titular ya reseñado apunta precisamente en esta dirección: se define a Emma Coronel en función de sus papeles de hija y esposa de un narcotraficante. Sin embargo, no se trata de una esposa cualquiera sino que es una esposatrofeo de la que se destacan, en el titular y a lo largo del artículo, sus características físicas y su belleza: “Miss de 1,70”; “se hizo famosa en 2006, cuando a

Como conclusión, podemos decir que los medios de comunicación siguen reproduciendo la dicotomía entre “drogas buenas” y “malas”. También crean una dicotomía entre un “nosotros”, consumidor de las primeras, y un “ellos”, consumidor de las segundas. Por eso, muchas de las informaciones que se publicaron sobre la muerte de Seymour Hoffman mostraban sorpresa por que éste fuera consumidor de heroína, una “droga mala” que se asocia con ámbitos marginales, ya que él era miembro de ese “nosotros”. Así, con su muerte, se demostró que la imagen marginal del consumidor de drogas todavía está presente en el imaginario de los medios. Además, este consumidor se retrata como masculino y las mujeres son victimizadas por sufrir dichos consumos.

los 17 años ganó el concurso de belleza de la Feria del Café y la Guayaba, en Durango”. Asimismo, por un

lado, se la culpabiliza con expresiones como, por ejemplo, “estaba con el mayor traficante de drogas del mundo cuando fue detenido”, pero también se la victimiza como podemos apreciar en las siguientes palabras: “Suplicó por él” “medio dormida, llena de pudor y suplicando que no la tocaran”. Su papel de esposa-trofeo queda remarcado por la última frase que cierra el artículo: “Regresa a casa con

En este sentido, apreciamos una diferencia muy clara cuando la consumidora de drogas es una mujer: a Nancy Motes se la caracteriza como fuera del grupo social mostrándola, por ejemplo, como una persona con problemas familiares. Este hecho se debe a que la identidad de la mujer ha sido construida por oposición a la del hombre, siendo la de éste esencialmente positiva y la de aquélla negativa (Bourdieu, 2000). Así, cuando la mujer consume drogas está expuesta a una doble estigmatización. Igualmente, cuando una mujer se vuelve “descocada” es necesario que alguien la controle. Por su parte, la proliferación de informaciones que vinculan el ocio al vino genera la sensación de que hay sustancias que se pueden consumir con control y, por tanto, son “buenas”.

sus hijas, pero sin la compañía del hombre que le hizo sentirse como una auténtica reina”. Así, también se

destaca su rol de madre, considerado propiamente femenino.

Finalmente, la construcción de esta noticia confirma las palabras de Ovalle y Giacomello (2008: 32): “La prensa, los noticieros, las películas e

incluso las telenovelas, han difundido en el imaginario social la existencia de los grandes ‘barones’ y ‘capos’ del narco. Así, las historias enmarcadas en este fenómeno económico y sociocultural se fundamentan en construcciones míticas de superhombres vigorosos, valientes y violentos que desafiando la ley abanderan una actividad altamente lucrativa”. De este modo, en

Las distintas temáticas a las que aparecen ligadas las mujeres en las informaciones sobre el consumo de drogas también nos dan una idea de los ámbitos que ocupan éstas. Así, no aparecen en las informaciones relacionadas con la industria de las drogas legales o con el narcotráfico (solo en su posición subordinada de madres, hijas y esposas), ambos vinculados con el dinero y el poder y, por tanto, considerados como masculinos. Igualmente, el binomio prostitución y drogas sigue siendo una constante en la prensa. De esta forma, se construye la idea de que mujeres y drogas son dos “productos de consumo” que pueden conducir a la perdición a un hombre.

la noticia que estamos analizando no solo se habla de Emma Coronel, sino que también se habla de sus otras dos esposas, Griselda López Pérez y Alejandrina María Salazar, con las que “El Chapo” tiene cuatro y tres hijos respectivamente. En este sentido, “El Chapo” es retratado no solo como el mayor traficante del mundo y la persona más buscada tras la muerte de Osama Bin Laden, sino que también se constata su imagen de hombre rodeado de bellas mujeres y dinero.

Consideramos que esta imagen que se proyecta de las mujeres vinculadas al consumo de drogas 84


HISTORIA Y REFLEXIONES SOCIALES Y POLÍTICAS

es muy importante porque, en último término, la imagen que ofrecen los medios de comunicación sobre un fenómeno social también contribuye a determinar las medidas que se van a tomar con respecto a él en todos los sentidos (March, 1997). De este modo, si se ofrece una imagen distorsionada o se invisibiliza a las mujeres de determinados ámbitos de la prensa se ejerce contra ellas violencia generizada, violencia simbólica (Boudieu, 2000).

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Comunidad Terapéutica para personas adultas Santa Lucía

Está ubicada en una finca rural en la población de Ambite, a 60 kilómetros de Madrid y a 30 kilómetros de Arganda del Rey. La amplitud del espacio residencial, una antigua fábrica de harina que data del siglo XIX, combina la tranquilidad del campo con la cercanía a diferentes poblaciones vecinas de mayor tamaño. Ambos factores permiten la realización coordinada e individualizada de múltiples y variadas actividades educativas y terapéuticas orientadas a la adquisición de hábitos saludables. Santa Lucía cuenta con un programa para personas en situación de vulnerabilidad social.

www.dianova.es 86


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EL MODELO DE COMUNIDADES TERAPÉUTICAS Y LA “PÉRDIDA DEL IDEAL DE REHABILITACIÓN”: ANÁLISIS PARA UNA PROPUESTA PRÁCTICA

Resumen

E

l autor pretende analizar el método de Comunidad terapéutica para personas con problemas de adicción en la actualidad, especialmente analizando la influencia que la “pérdida en el Ideal de rehabilitación” ha tenido sobre este modelo. PALABRAS CLAVE Comunidad Terapéutica, CT como método modelo holístico, integral de tratamiento estructura social, transmisión cultural, emociones sociales, pérdida del ideal de rehabilitación.

THE MODEL OF THERAPEUTIC COMMUNITIES AND THE LOSS OF THE IDEAL OF REHABILITATION: ANALYSIS FOR A PRACTICAL PROPOSAL

Abstract The author tries to analyze actual situation of Therapeutic Community for people with addictive problems method, especially analyzing the influence of “Ideal of Human Rehab Loss” has had in this model. Keywords Therapeutic Community, TC as a method, holistic, integral model of treatment, social structure, cultural transmission, social emotions, turn of the ideal of rehabilitation. “La adicción se define como una enfermedad crónica del cerebro con recaídas, caracterizada por la búsqueda y el uso compulsivo de drogas, a pesar de las consecuencias nocivas. Estos cambios pueden durar largo tiempo y llevar a los comportamientos peligrosos que se ven en las personas que abusan de las drogas.” (NIDA)

En los últimos 15 años hemos asistido a una evolución considerable en la contemplación de los fenómenos adictivos. La definición del National Institute on Drug Abuse/NIDA no ha sido la única transformación. Los modelos basados en la recuperación, la Rehabilitación de las personas de adicción, se encuentran en una situación compleja, de indefinición teórica en muchas ocasiones (gran parte de los conceptos aceptados en los años anteriores al año 2000 no sirven en las actuales cocircunstancias), que ha

Antonio Jesús Molina Fernández Psicólogo

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coparticipación en el trabajo, de tal modo que haya una verdadera entrega dentro de la comunidad, a veces, con el propósito de la misma supervivencia” (Molina et cols, 2011).

llevado emparejada una cierta deriva práctica, especialmente con las intervenciones que estaban más consolidadas, más estructuradas y mejor definidas. Me estoy refiriendo al Modelo de Comunidades Terapéuticas.

Sabemos que la adicción es una enfermedad compleja de naturaleza bio-psico-social. O sea que las causas de la adicción son múltiples e interaccionan de una manera compleja para producir el trastorno adictivo. Su etiología no lineal, multifactorial y sistémica hace difícil comprenderla con una visión lineal o simplista de: una causa – un efecto.

La Comunidad Terapéutica para drogodependientes ha recibido varias definiciones desde su aparición hasta su actual consolidación como dispositivo profesional de recuperación, rehabilitación y reinserción para personas con problemas de adicciones. Para Maxwell Jones, uno de los fundadores de movimiento de la CT, para considerarse Comunidad Terapéutica tendríamos que hablar de un “Centro Residencial con una duración determinada,

Este fenómeno complejo ha requerido de soluciones multidisciplinares y dinámicas, a pesar de que, en muchas ocasiones, ha encontrado respuestas reduccionistas y estáticas, sostenidas en el tiempo a pesar de no tener eficacia en las personas atendidas.

para un Perfil de paciente concreto(ya sea enfermedad mental, problema de adicción o comorbilidad entre los trastornos), que realiza un Ingreso Voluntario, atendido por un Equipo técnico/educativo-terapéutico multidisciplinar, con una plan de acción basado en la vida cotidiana real, y un número de plazas para mantener el ideal de atención oscilando (para Jones) entre 20-40 residentes”.

Incluso el concepto “cronicidad” en la enfermedad adictiva puede ser operativizado y planificado para mejorar la vida de las personas, y no solo reducir los síntomas asociados: según Lalonde (1974), el estilo de vida es la variable que más influye sobre la Salud de las persona, más que la biología, los recursos sanitarios o el medio ambiente.

Para Abeijón, la definición Sistémica de la CT es “aquella realidad que envolviendo totalmente

en tiempo y espacio cada uno de los aspectos de la persona a nivel psicológico y social facilita la creación de un universo relacional nuevo que permite construir patrones de comunicación individuales y sociales, para la persona y el grupo. Recrear un universo familiar en el que sea posible expresar los conflictos y reconstruir los mecanismos autoagresivos”. (Abeijón y Pantoja, 2002)

Por tanto, aun sin estar de acuerdo con la “cronicidad”, si queremos recuperar personas con problemas de adicción tenemos que mejorar su Estilo de Vida. Ese trabajo, desde sus orígenes, era y es una de las identidades de la CT para personas con problemas de adicción. Este concepto de “recuperación” arranca tras la Segunda Guerra Mundial y se contextualiza dentro del “Estado de Bienestar”, especialmente británico y norteamericano.

Otros autores hablan de “un ambiente sumamente estructurado con límites precisos, tanto morales como éticos. Hace uso de sanciones y castigos comunitariamente impuestos, lo mismo que de una mejora merecida de estatus y privilegios, como parte del proceso de recuperación y maduración. Ser parte de algo superior a uno mismo resulta un factor especialmente importante para facilitar un crecimiento positivo. Las personas, dentro de una CT, son miembros, como sucede en cualquier familia, y de ningún modo son pacientes como en una institución. Dichos miembros desempeñan un papel importante en la marcha de la CT y realizan una función positiva como modelos a quienes los otros emulen. Los miembros y el equipo funcionan como elementos de ayuda, subrayando la responsabilidad personal que cada uno ha de asumir por su vida y su automejora. Los miembros son apoyados por el equipo y servidos por él, y existe una

El “estado del bienestar”, el concepto “welfare” o “welfare state”, nos mostraba el conjunto de intervenciones que sobre la “cuestión social” se llevaban a cabo para equilibrar las desigualdades sociales (Marshall, 1954). De manera más o menos homogénea, con las diferencias políticas que han existido desde principios del siglo XX hasta nuestros días, el concepto “estado de bienestar” hacía referencia a que a un Estado se le valoraba o censuraba en función de cómo trataba a los más débiles y perjudicados de sus habitantes. De cómo convertía a sus “excluídos” (los antiguos “desclasados”) en “ciudadanos participativos”.

En el libro de Marshall y Bottomore “Ciudadanía y clase social”, el profesor Marshall vinculaba el 88


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concepto de “ciudadanía” a una combinación de derecho civiles, políticos y social. Estos “derechos sociales” correspondían a “la medida en que los

a las deficiencias económicas. De esta manera, los derechos Humanos como derechos civiles, políticos y sociales no tendrían una “forma final”, sino que estarían en constante evolución y adaptación. Eso sí, no cometía el error epistemológico de identificar la “redistribución” con la “reconstrucción socialista”. No estaba en el ánimo de Bottomore vincular su concepto a una pérdida de libertades. Para Bottomore, la “producción social” debía ser una “producción planificada de Bienestar”.

gobiernos respondían a la ola creciente de expectativas y la demanda de satisfacción” (Garland, 2005) de

sus habitantes. Estas expectativas supusieron la creación de un amplio sector público, centrado en los servicios sociales, atención de la salud, educación, vivienda, atención a la infancia y la familia, apoyo económico a los desfavorecidos (salarios sociales). Para proveer de estos servicios servían los impuestos de los ciudadanos, en un modelo keynesiano de redistribución y equilibrio social, donde el Estado servía como regulador, responsable de asegurar el bienestar y la prosperidad de la población. Ese era el conocido como “Estado del Bienestar” (Welfare State”), en el que la prosperidad económica posterior a la Segunda Guerra Mundial sirvió para generar un consenso socialdemócrata (no tanto partidista como de intereses comunes) que permitió que incluso con gobiernos conservadores (como los Tory en Gran Bretaña o los Republicanos en EEUU) se mantuviera esta visión socioeconómica keynesiana. Aspectos como el empleo digno y garantizado deberían formar parte de esta planificación social.

“La alternativa será la continuación de un mundo regado por la discordia y el conflicto, en el que un océano de miseria rodea los islotes de bienestar” (Bottomore, 1992)

A partir de la década de los 80, con la coincidencia en el poder político en gran Bretaña y Estados Unidos de la línea más radical del movimiento neoliberal, simbolizada en las figuras de Margaret Thatcher y John Major (en Reino Unido) y Ronald Reagan con George Bush Senior (en Estados Unidos), se comenzó a dudar sobre la eficacia de este “Estado de Bienestar”. Este descrédito del Estado del Bienestar repercutió en la desaparición en unos casos y la distorsión en otros de los sistemas y servicios creados para mejorar las condiciones vitales de las personas.

En la revisión posterior que realizó sobre las conferencias del profesor Marshall que componían la primera parte del libro, Tom Bottomore identificaba estos “derechos civiles, políticos y sociales” con los Derechos Humanos. Lo que sí diferenciaba como un elemento significativo era, dentro del concepto ciudadanía, entre la “ciudadanía formal”, que todos tenemos simplemente por existir, de la “ciudadanía sustantiva”, aquella que se lleva a cabo por identificación e integración. Bottomore hablaba del conflicto de “doble lealtad” que puede suponer una “doble ciudadanía”, poniendo un ejemplo que es muy actual (a pesar de que el libro fue escrito hace 20 años) como es la doble vinculación “español-europeo” y sus connotaciones reales.

El Estado del Bienestar y las personas con problemas de adicción En la década de los 80 en Gran Bretaña y Estados Unidos se generaron de manera estable una serie de debates que han conducido a lo que Francis Allen denominó “el declive del ideal de rehabilitación” (Allen, 1981). Esta idea de “inutilidad de los programas de rehabilitación”, sumada a otros factores asociados, ha generado en el imaginario colectivo una serie de conceptos y categorías sobre “buenos y malos” que nos obliga a analizar y estudiar su origen y repercusión. El cambio sucedió a partir de la década de los 80, cuando el delito (y otras conductas que se vinculaban como “el uso de drogas”, “los embarazos juveniles”, “los dependientes sociales”…) sirvieron para legitimar políticas que, en vez de equilibrar y redistribuir, castigaban, penalizaban y señalaban a los grupos desfavorecidos como “inactivos”, “parasitarios sociales” e “improductivos”. En el caso de la justicia y la criminología, lo que David

Además, Bottomore contextualizaba los Derechos Humanos a escala mundial, destacando el contexto de desigualdades entre ricos y pobres y la imposibilidad de “globalizar” los derechos hasta que no se resuelvan estas desigualdades mediante políticas de redistribución. Dentro de estas desigualdades identificaba las de clase social, género y las desigualdades étnicas, no limitándose 89


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Garland denominaba “welfarismo penal” o “penalwelfare-complex” era la expresión punitiva del “estado de bienestar”: ¿el sistema penal castiga a sus “presos” o reeduca a sus “internos”? El “delito” era una “decisión personal” que se vinculaba a la conciencia o voluntad (o a la ausencia de conciencia y voluntad social) de personas indisciplinadas y malvadas, que debían ser castigados con severidad por el Estado como representante de los “buenos ciudadanos”. Por primera vez, una sociedad excluía, de manera deliberada, una parte de sus “ciudadanos”, negándoles la posibilidad de ser lo que Bottomore denominada “ciudadanos sustantivos” (Bottomore, 1994). Cabe recordar que hasta 1974 la pena de muerte estaba inactiva en los EEUU y que, en 1984, los 50 estados podían aplicarla según sentencia federal (lo que no significa que todos lo hayan hecho, que en este aspecto los más conservadores como Texas o Florida han sido los más terriblemente prolíficos). A partir de aquí, el estereotipo de delincuente era un “varón, joven, negro o hispano y drogadicto”. Y el estereotipo de “Estado” era cada vez menos “permisivo” y cada vez más “exigente”. En realidad, cada vez más autoritario y con un sistema jurídico-penal cada vez más complejo, en tamaño y en presupuesto. En este punto es cuando las empresas privadas colaboran con el estado en el “efectivo cumplimiento de las penas y la seguridad ciudadana“ (subcontratación de seguridad privada, cárceles privadas y medidas de supervisión gestionadas por empresas y no por funcionarios) y se escucha, con fines altamente electoralistas y demagógicos la “opinión de las víctimas” (algo de lo que en España hemos aprendido mucho y muy poco al mismo tiempo).

dominantes y mayoritarios en esa época, se encontraron además con dos grupos de críticos feroces, que resultaron ser los “supuestos beneficiarios” de los programas y los propios profesionales e investigadores de prestigio en dichos programas. En el caso de los beneficiarios, no era/es extraño escuchar en boca de alguno de los participantes en programas de recuperación (ya sea en comunidad terapéutica o en otra medida abierta) que “estaban mejor en la cárcel” y que en esos lugares “se les limitan sus derechos y libertades”. Esa frase, en ese contexto, puede ser incluso una medida de presión de ese usuario para presionar a los responsables de los tratamientos y ganarse algún privilegio; fuera de ese contexto es una amenaza directa sobre la profesionalidad y credibilidad de dichos programas. Esos comentarios, sostenidos en el tiempo, han generado dudas entre los posibles usuarios de los programas, como detectó la Asociación Proyecto Hombre en el “Informe de Evaluación de los Centros PH” del año 2004 (APH, 2004): el grupo donde había peor opinión sobre los programas y centros PH era entre los residentes/usuarios potenciales, incluso entre aquellos que nunca habían estado en un centro. Eso sí, no podemos negar el cimiento real que han tenido esas sentencias: durante mucho tiempo, el oscurantismo y el desconocimiento eran la tónica en estos centros, llegando en ocasiones al abuso y la utilización como mano de obra barata de los usuarios de los programas (Martín, 2003). Este caso, repetido en varios países, ocasionó la prohibición del método de Comunidades Terapéuticas en Francia y Gran Bretaña hasta la aparición de las comunidades profesionalizadas a principio del siglo XXI. Además, las vejaciones verbales incluían el uso de conceptos como “yonki” y “desclasado” a los residentes en este tipo de centros y programas.

Este panorama convierte una etapa de decisiones más o menos erróneas en un contexto socioeconómico en un deterioro de la “persona” y un “deterioro del sistema social”, con lo que deja de ser transitoria para convertirse en una “crisis sistémica”.

Pero el segundo grupo de críticos y peligro para los programas de rehabilitación estuvo, ha estado y está entre los propios trabajadores e “Las verdadera enfermedades del Hombre son las de su Tiempo enfermo” investigadores del sector: en ocasiones, por un Montaigne exceso de autocrítica y autoexigencia; en otras, por lo que Hirschman denominó “Retórica de la Durante los años en que las drogodependencias reacción”, con sus tres tesis clave: y adicciones estaban considerados un “problema ▪▪ Tesis de la perversidad, en la que se asume que social”, fundamentalmente la década de los 80 y los efectos iatrogénicos no esperados son peores la primera mitad de los 90, los programas basados que la situación inicial, que no solo no mejoran en la rehabilitación, que eran los programas 90


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sino que empeoran a las personas. “Todo se vuelve

A pesar de estar cansados de hablar de las adicciones como un problema cambiante, un proceso de transformación, un perfil diferente resulta que históricamente se ha investigado con un método fijo y estático un problema social flexible, complejo, multifactorial y dinámico.

en contra”

▪▪ Tesis de la futilidad, en la que se acepta el fracaso como premisa inicial, ya que no es posible redimir o corregir a las personas. “Nada funciona” ▪▪ Tesis del peligro, ya que se plantea que las medidas correccionalistas atacan directamente derechos fundamentales como la autonomía moral, los derechos del individuo y los valores personales. “La justicia está en peligro”.

De hecho, tanto se han corrompido en ocasiones los términos en la investigación y el tratamiento de adicciones, que se ha llegado a escuchar en pleno 2014 como “intervención multidisciplinar” la realizada por un epidemiólogo, un psiquiatra, un médico internista y una enfermera. No se debieron dar cuenta de que habían estudiado todos en la misma rama de Ciencias de la Salud y la Vida. Igual un representante de las Ciencias Sociales les hubiera dado un enfoque complementario.

“La Salud como Libertad y la Libertad como Salud” Montaigne

La combinación de estas tres tesis entre profesionales e investigadores, en ocasiones incluso entre los que trabajan con beneficiarios directos (para mi desgracia, he tenido que escuchar en muchas ocasiones eso de “Le hemos hecho mas yonki de lo que llegó”, “esto no merece la pena y va a recaer”, “esto (la CT) es un atentado contra sus derechos”) ha supuesto el derrumbe de los dispositivos de alta exigencia, asumiéndose como tesis fundamental la eficacia de los denominados “modelos de reducción del daño” y, por supuesto, la “reducción del riesgo social”.

¿Rehabilitar, para qué? ¿Para reducir costes o para recuperar un ser humano? “los problemas sociales y económicos son indivisibles. Es posible ofrecer un análisis puramente económico, sociológico, político,etc., de un fenómeno socioeconómico dado, pero es imposible sugerir soluciones puramente económicas, etc., a problemas sociales reales” H. Katouzian (1982)

También

es real que la “perversión del ha provocado su descrédito. La progresiva sanitarización del problema social “drogodependencias” y su solapamiento con el problema social “adicciones” (que incluye también problemas de consumo inadecuado de alcohol y trastornos sin sustancia como el juego patológico y las compras compulsivas) se basaba en la identificación de la “drogodependencia como problema social” con el binomio “heroína parenteral+VIH/SIDA”, propio de la década de los 80 y la primera mitad de los 90. Hoy día, que los perfiles se han ampliado, variado y normalizado, es muy difícil situar este problema como uno de los importantes para los españoles, tal y como he mencionado antes que lo fue en el año 1989, cuando se situó como el 2º problema para los españoles (CIS, 1989). Igual habría que echarle un vistazo a las encuestas y los datos del Plan Nacional sobre Drogas y las ONG´s que trabajan en el sector para ver si hay o no problema con las adiciones hoy día. Igual cada uno de estos agentes implicados tiene responsabilidad en la actual “invisibilidad” de la respuesta ante las adicciones.

método”

¿Por qué han reaparecido los programas que asumían que los drogodependientes/adictos eran sujetos necesitados y desfavorecidos? ¿Por qué hemos vuelto a hablar de “buena voluntad” y de “conciencia”? ¿Por qué las imágenes ofrecidas por los medios de comunicación nos ofrecen estereotipos de jóvenes alcoholizados, dictadores familiares, psicópatas violentos, dementes irrecuperables y delincuentes profesionales que roban, matan y consumen/venden drogas? ¿No era la drogodependencia (todas las adicciones, incluyendo las “sin sustancia”) una “enfermedad crónica que afectaba las capacidades psicovolitivas”? A cambio de la reducción drástica de la inversión en programas de rehabilitación y reinserción, de la desaparición de programas de prevención indicada y comunitaria, la sanitarización de los programas socioeducativos de la salud, la eliminación de los dispositivos integrales de cambio personal como son las comunidades terapéuticas (para drogodependiente, psiquiátricas o mixtas) y la viviendas de apoyo a la reinserción para medidas judiciales a cambio de “ahorrar” en 91


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estas inversiones se ha mantenido (cuando no aumentado) el gasto en “la guerra contra las drogas”, las medidas de control de delincuentes, las “prisiones abiertas” (incluso cuando se ha cumplido la parte legal de la condena), los Centros de Inserción Social para cumplimientos judiciales, los programas farmacológicos comunitarios de control comportamental (“castraciones químicas”, “control de los impulsos”…). No se potenciaron lo suficiente, y ahora es una utopía plantearlos, los programas de reinserción sociolaboral e Integración Social para recuperar no solo trabajadores sino personas miembros activos de sus contextos cercanos. Sigue sin haber, y ahora es imposible planificar, programas adaptados para mujeres (especialmente para madres con hijos a cargo), inmigrantes y personas con conflictos culturales (como los hijos de inmigrantes con problemas de adicciones), discapacitados físicos y/o intelectuales… Ni se pusieron en marcha cuando había dinero ni se ha protestado ahora que no parece haberlo.

La crisis económica ha supuesto una transformación del modelo de intervención en adicciones, sobre todo para el modelo de la CT. La vinculación de este modelo con la “epidemia de la heroína”, el hecho de que sea necesariamente residencial (aunque pueda ser una convivencia a tiempo parcial), que se lleve a cabo con intensidad por parte de un equipo estable multidisciplinar… ha provocado serias dificultades en la sostenibilidad de la CT. Siendo honestos, estas dificultades ya se plantearon en el Congreso Mundial de Comunidades Terapéuticas de la World Federation of Therapeutic Communities/WFTC que se celebró en Palma de Mallorca en 2004. Bien es cierto que en esa época nadie esperaba el Impacto brutal de la crisis socioeconómica que estamos atravesando. La cuestión, por tanto, no está en si la CT es un método factible y eficaz, o si es rentable. La pregunta es si el método de la CT encaja con la actual visión de las adicciones y entre las actuales respuestas que se le ofrecen a las personas con problemas de adicciones.

Eso sí, sobre estos temas relacionados con el “Control” del comportamiento distorsionado, como bien dice Garland, tenemos que diferenciar los movimientos a corto plazo, que se puedan deber a motivos coyunturales como la crisis económica, de los cambios estructurales que se llevan acometiendo desde finales de los 90 en España y desde los 80 en Estados Unidos y Gran Bretaña.

Desde una perspectiva sociológica, en el caso de las “drogodependencias” y las “adicciones”, se ha ido desenfocando de manera progresiva de “la persona con problemas de adicciones” a “las sustancias problemáticas”, despersonalizando la responsabilidad (recuerden, en apariencia no se pueden limitar las libertades individuales) e intentando prevenir los problemas de manera coercitiva, aumentando las consecuencias legales. Se ha generado una imagen del “adicto” como un “joven, desempleado, que realiza su comportamiento en la calle”, cuando las adicciones son un “fenómeno adulto, solitario y masculino”.

Tras los cambios estructurales de la primera mitad de los 80, se asumió que la obligación del Estado era identificar “los buenos y los malos” para obrar en consecuencia. Como decía el profesor de Harvard y asesor de Ronald Reagan James Q. Wilson “las personas malvadas existen. Nada es útil, excepto separarlos de las personas inocentes”. Esta nueva sociedad del la desconfianza y el miedo se convierte en lo que Zygmunt Baumann denominó acertadamente “Sociedad de extraños”. Como decía Chomsky, “es más fácil disparar al enemigo cuando no lo conoces”. En el caso de las adicciones, es más fácil actuar con estereotipos que intervenir sobre tu hermano, tu vecino, tu pareja, tu compañero de trabajo… que puede tener un problema de adicción. Sea o no un “heroinómano drogodelincuente”, que han sido los tradicionales “malos” de este problema social.

Tampoco podemos confundir los que “se dice” con lo que “se hace”: en el caso de las drogas y adicciones, por ejemplo, se señalan cada cierto tiempo como un “problema social”, especialmente para hablar de los “jóvenes y el uso de drogas” en la encuesta EDADES. Como he dicho anteriormente, desde el año 2004 el movimiento dominante en la intervención y el tratamiento de adicciones es el movimiento médico. A esta situación se le debe sumar el descrédito (anteriormente mencionado en Allen) de conceptos como “rehabilitación”, “recuperación” (“recovery” en inglés) o “reinserción sociolaboral”. El problema de la pérdida de esfuerzo en la rehabilitación es que hoy día nos encontramos con 92


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el cierre o reducción de servicios de muchos de los dispositivos creados en las décadas de los 70 y 80 para darles la famosa “segunda oportunidad” a las personas que reconocen un problema de adicción, especialmente los que previamente han estado condenados en las prisiones. Metodologías como la Comunidades Terapéuticas (tanto la convencionales como las Intrapenitenciarias para internos drogodependientes), Unidades Terapéuticas y Educativas para la rehabilitación social (tanto los modelos CAD/CTA/UCA como el modelo llevado a cabo en la prisión asturiana de Villabona, que fue ejemplo para todos los países de la Unión Europea hasta el cambio de paradigma) o los programas de rehabilitación psicosocial y reinserción sociolaboral (no solo para adicciones sino también para los condenados por violencia de género) están siendo sustituidos por dispositivos más orientado hacia la “ocupación productiva del tiempo”, como talleres, cursos de formación profesional ocupacional y empresas de inserción laboral. Desde Instituciones Penitenciarias nadie ha manifestado su “rechazo a los tratamientos en prisión”, pero sí es cierto que hay centros penitenciarios donde trabajar en aspectos socioeducativos o psicoterapéuticos es muy complicado y hay que estar muy motivado e interesado para mantener el esfuerzo.

mencionaba como “lo que no se evalúa, se devalúa” (aunque esta frase se la han apropiado con otros fines): lo que no demuestra su validez, fiabilidad y utilidad deja de ser válido, fiable y útil. En el caso de los programas de intervención en drogas y adicciones, agigantado dentro de la CT, se ha mantenido una cierta obsesión por “trabajar internamente”, pasar desapercibidos, no crear alarma social (algo de lo que han sido acusados en muchas ocasiones, a veces con cierta razón, sobre todo con las campañas televisivas), que ha tenido como ventaja el realizar su labor de manera tranquila y un tanto “oculta” pero que les ha supuesto no poder ofrecerle a la sociedad una serie histórica de “pruebas de necesidad” de sus servicios. Además, cuando se ha “evaluado” ha sido normalmente mediante el sistema de “operativizar los procesos”, con lo que se utilizaban como indicadores de Eficacia el cumplimiento de las etapas del programa, sin evidenciar si estas etapas cumplían los objetivos de abstinencia, recuperación, mejora en la calidad de vida, reducción del daño… Vamos, para lo que se supone que van las personas a un centro de tratamiento de adicciones en general y a una CT en particular. También la fragmentación de datos por centros y dispositivos, al tener cada centro una idiosincrasia, una metodología específica, una composición, una “memoria histórica”, hace que sea muy difícil realizar este tipo de evaluaciones con alcance nacional y que, para saber “qué funciona, cómo y dónde”, en ocasiones haya que hacerse auténtica minería de datos. En realidad, el primer paso sigue siendo realizar una evaluación de la evaluabilidad, para descubrir qué porcentaje de comunidades terapéuticas pueden ser presentadas en proceso y resultados hoy día a la sociedad.

No pretendo que planteemos el método de la CT como una “alternativa al internamiento penitenciario”, sino que recuperemos el enfoque de la prisión como un espacio donde las personas cumplen con la sociedad para ser rehabilitadas, reeducadas y reinsertadas. En este terreno, la CT ha sido un ejemplo de actividad rehabilitadora, intra y extrapenitanciaria. A pesar de este punto, debo volver a ser muy crítico con los responsables técnicos de este tipo de programas: durante muchos años, no se han presentado evaluaciones rigurosas de eficacia, eficiencia e impacto social de los centros y programas de Prevención, Tratamiento y Reinserción de personas con problemas de adicciones, especialmente de la CT. Ni los organismos públicos ni los centros privados (empresas y asociaciones sin ánimo de lucro) han dado suficiente visibilidad a sus resultados e indicadores sociales, con los que ha sucedido un fenòmeno que el ministro de Educación en el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, el profesor de Metafísica Ángel Gabilondo,

Porque ahora pasamos a las necesidades sociales: ¿cómo resuelven los métodos tradicionales las actuales combinaciones de: ▪▪ Al menos un trastorno adictivo a una sustancia

“tradicional” (alcohol, cocaína, cannabis, benzodiacepinas,

heroína…).

▪▪ Al menos un problema comportamental (redes sociales, apuestas deportivas, juegos de azar, compras compulsivas, vigorexia, ortorexia…). ▪▪ Al menos un trastorno mental diagnosticado. Que es como se presentan las personas con trastornos adictivos en los centros de atención. 93


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Conclusiones

por los motivos que sea, conlleva el condenar al fracaso absoluto un método tan complejo como la CT.

En mi opinión, no hay método más completo, integral y específico de atención que la CT moderna y profesionalizada. No estoy defendiendo el “modelo tradicional” del que ya he hablado antes cuando me refería a la “Retórica de la reacción” de Hirschman. Estoy hablando de una comunidad con un programa basado en las necesidades de las personas destinatarias, diseñado específicamente (a ser posible mediante Acción Participativa), evaluado en su Implementación y sus Resultados, con una programación escrita con objetivos, actividades, metodología e indicadores de proceso y resultados, con una visibilidad amplia, con una difusión de sus resultados, con equipo multidisciplinar…

Eso sí, los profesionales de la CT tiene que aprender a realizar Diseño e Implementación de Programas adecuados a los perfiles actuales (multifactoriales). No sirven los métodos tradicionales, ni siquiera para los perfiles tradicionales. Hoy día, el programa que las personas con problemas de heroína y policonsumo demandan menos es la CT (APH, 2013). Sin embargo, hay perfiles multifactoriales como los anteriormente descritos que necesitan modelos de abordaje emocional completo y una reeducación específica, un “entrenamiento para la vida”. Para ello, no hay un método como la CT profesionalizada para personas con problemas de adicción (DeLeon, 2004)

Incluso, sin miedo a ser claros, tenemos que diseñar programas combinados de Farmacoterapia + Psicoterapia + CT como método, integrando lo mejor de cada intervención y con supervisiones y revisiones continuas.

Relacionado con lo anterior, como he dicho antes, debemos elaborar una adecuación de los modelos teóricos a las nuevas realidades: Necesitamos modelos de explicación dinámicos, no estáticos. Tenemos que definir modelos integrales y multifactoriales, se nos llena la boca de hablar en clave multifactorial y, en la práctica, las estrategias de abordaje son reduccionistas, ya sean médicas, psicológicas, sociológicas, educativas o judiciales.

En este sentido, hoy día, a pesar de las crisis y los recortes, la Neuropsicología, la Medicina, la Psicoterapia y las Ciencias Sociales (combinadas) plantean importantes aplicaciones para la Intervención de las adicciones. Desde el año 2002 diferentes comunidades terapéuticas están colaborando con universidades y centros de investigación para diseñar e implementar programas de Rehabilitación Cognitiva, Modulación Emocional, Identificación de estímulos/situaciones de riesgo, Terapias con Incentivos/modelos CRA, Control de la violencia…

Si vamos a analizar problemas multifactoriales (como en Jóvenes+Empleo+Abuso de sustancias), necesitamos un modelo teórico multifactorial, como puede ser la Teoría de la Sindemia del profesor Merryll Singer: Pobreza + Desempleo + Acceso limitado a recursos + Bajo nivel educativo

También tenemos que ser conscientes de las pocas evaluaciones que se han realizado en los centros y programas de la CT, especialmente en España. El objetivo es evaluar los programas y actuar en consecuencia, no actuar sin evaluar los programas: partir a priori con la premisa de que la CT es “cara” e “ineficaz” sin haberlo documentado no resulta constructivo y sienta un mal precedente hacia otros modelos y la manera en que se toman las decisiones sobre ellos. Evaluar ayuda a decidir si seguir con los programas, cambiar los métodos y técnicas o modificar las estructuras.

= Adicciones + Enfermedad Mental + Exclusión social Por supuesto no estoy diciendo que la CT moderna se tiene que basar en la Sindemia de Singer. Se puede basar en Georges DeLeon, en Erick Brockaerst, en Rowdy Yates, en Aguilar de Arcos…O en la nueva generación de la CT, representada por profesionales como Daniel DeAngelis, Wouter Wandersplachen…

Tenemos que ser conscientes, así mismo, de que hablar de modelos integrales implica hablar de equipo multidisciplinar y objetivos a largo plazo. Intentar reducir alguna de estas premisas, sea

Hay dos caminos, uno más tradicional y otro más actual. Ambos tienen problemas y carencias. 94


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Tenemos que descubrir cuál es más ilusionante y le ofrece una esperanza a la CT como método y cual le conduce a un callejón sin salida. Eso sí, las decisiones son libres. Cada uno, que escoja dónde se ubica. Yo lo tengo claro.

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HISTORIA Y REFLEXIONES SOCIALES Y POLÍTICAS

!LA "MARÍA" ME VUELVE LOCO!

RESUMEN

E

l consumo de marihuana supone un claro riesgo de provocar una huella que se constituiría en adicción. No existe un desarrollo automático de dichas patologías como nuevas o teniendo como responsable directo el consumo de dicha sustancia.

THE "MARIA" PORTRAYS ME CRAZY!

Esto no significa en absoluto su efecto “neutro o beneficioso” entendiendo como sustancia natural o

incluso médica. Es más todas las variables indican algo tan simple como que el aumento de su consumo incremente la adquisición de patologías que conforman una adicción. PALABRAS CLAVE Marihuana, consumo, dependencia, trastornos. ABSTRACT

The marijuana consumption supposes a clear risk of provoking a trace that would be constituted in addiction. There does not exist an automatic development of the above mentioned pathologies like piece of news or having like direct person in charge the consumption of the above mentioned substance. This does not mean by no means its “neutral or beneficial” effect understanding like natural or even medical substance. It is more all the variables they indicate something so simple as that the increase of its consumption should increase the acquisition of pathologies that shape an addiction. KEYWORDS Marihuana, consumption, dependency, disorders. Oír esta frase por la calle podría hacernos pensar que la persona que la pronuncia hace partícipes a sus acompañantes de una pasión irrefrenable por una tal María, lo que le conduce irremisiblemente a una alteración de su estabilidad emocional. Pero en el mundo de los jóvenes esa afirmación también puede referirse al nombre con que familiarmente muchos de ellos conocen a la marihuana. Aquí el lector puede hacer un chiste fácil

José A. Ramos Atance Catedrático de Bioquímica

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indicando que la cosa sigue yendo de mujeres y que el entusiasta informador no está enamorado de María sino de Mari-Juana.

varían su comportamiento. Estas alteraciones también aparecen en el ser humano y son las que producen los efectos generalmente buscados por el consumidor. Pero, tras un consumo prolongado, puede aparecer un estado de ánimo en el individuo, que le crea la necesidad de continuar el consumo de la sustancia. Esto se llama dependencia y esta demostrado que aparece en una proporción apreciable de los consumidores de cannabis.

En este momento intervendría el “enterado”, que nos informara de que la marihuana es una sustancia natural, dado que procede de una planta, que desde tiempos inmemoriales ha tenido un uso lúdico, religioso, social, cultural y médico. Su fe, al igual que la de los primeros cristianos, permanecerá inquebrantable aunque le sometamos a los tormentos asociados al razonamiento científico. De nada valdrá nuestro argumento de que también la estricnina procede de una planta. Tampoco servirá que le digamos que el uso médico de alguno de sus componentes o de derivados sintetizados en el laboratorio esta siendo objeto de estudio, pero que su administración terapéutica nunca podrá ser en forma de cigarro.

No todas las personas que consumen alguna vez estas sustancias caen irremisiblemente en su utilización crónica. En estos casos su uso estará restringido a determinados momentos o situaciones sociales. Es decir, en los efectos producidos por la droga van a poder influir el estado emocional del individuo o determinadas variables fisiológicas o genéticas que modificaran sus efectos sobre el organismo. En unos casos los efectos sobre el cerebro serán transitorios, mientras que en otros dejaran una “huella”, que podrá ser ampliada con la repetición del consumo.

Tras una sonrisa de comprensión y lástima por nuestros errores, surgirán irrefutables sentencias del tipo de: esos argumentos forman parte de una cruzada contra la marihuana, yo soy el que mejor sabe lo que es bueno para mí, o soy el dueño de mi cuerpo y de mi salud, por lo que puedo hacer con ellos lo que quiera.

En determinadas ocasiones aparecen trastornos de ansiedad, cuadros de depresión o alteraciones psicóticas, que nos indican que podemos estar jugando con fuego cuando consumimos este tipo de sustancias. No es verdad que todo el que consume cannabis va a presentar alteraciones psiquiátricas, como tampoco lo es que todo el que fuma tendrá cáncer de pulmón. Pero igual que se ha demostrado la existencia de una relación entre el tabaco y esta patología, también disponemos de suficiente número de casos que indican que el consumo de cannabis a edades tempranas aumenta el riesgo de aparición de trastornos psiquiátricos.

El diagnóstico de este personaje no debe ser tanto el del “síndrome del papagayo” sino el del resultado de una serie de creencias extendidas entre los jóvenes sobre la marihuana, que no han sido convenientemente refutadas por los expertos en el tema. Por un lado no se han descrito adecuadamente los problemas asociados a su consumo. Por otro, la inexactitud de que sus “efectos perniciosos” van a aparecer en todos los consumidores ha puesto “en cuarentena” ante los jóvenes la credibilidad de quienes les indican los perjuicios que puede acarrear el consumo.

Lo que no se conoce todavía con exactitud es si la droga es la responsable de la aparición de la enfermedad o si simplemente desenmascara alguna patología preexistente. Pero en ambos casos puede existir una relación entre ingesta de droga y el desarrollo de trastornos psiquiátricos.

Desgraciadamente, el chiste del lector sobre los nombres de mujer deja un poso amargo cuando el que si esta realmente enterado del tema le indica que se puede afirmar que, efectivamente, el consumo de la maría puede volver locos a los jóvenes.

La Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid ha publicado una serie de libros, en los que se recogen las investigaciones al respecto. Los resultados obtenidos confirman lo anteriormente indicado y muestran algunos casos clínicos en los que se comprueba la relación entre consumo y la aparición o el agravamiento de la enfermedad.

Los investigadores no sabemos si cuando en el laboratorio le damos marihuana a una rata, también se vuelve loca por maría, pero lo que sí podemos afirmar es que su cerebro sufre una serie de modificaciones funcionales que 98


HISTORIA Y REFLEXIONES SOCIALES Y POLÍTICAS

I. Aspectos psiquiátricos del consumo de cannabis. (2007) II. Aspectos psiquiátricos del consumo de cannabis. Casos clínicos. (2008) III. Casos clínicos en Psiquiatría relacionados con el consumo de cannabis. (2009). Coordinados por José A. Ramos Atance y Francisco Arias Horcajadas. Han sido editados por la Sociedad Española de Investigación sobre cannabinoides a la que se le pueden pedir la versión en pdf a las siguientes direcciones: jara@med.ucm.es seic@med.ucm.es

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Centro Educativo Terapéutico para menores Santa Elena

Ubicado en un cortijo andaluz, a cinco kilómetros de Puente Genil, en la provincia de Córdoba, su conjunto arquitectónico y entorno natural, rodeado de olivos centenarios, está reseñado de “interés turístico” en las guías de rutas culturales de la región. Este espacio privilegiado favorece la realización de múltiples y variadas actividades educativas y terapéuticas orientadas a la adquisición de hábitos saludables y al desarrollo madurativo de los/as adolescentes. El aprendizaje de conductas positivas potencia sus factores de protección y minimiza los de riesgo, hasta que pueda producirse el retorno a su familia, la preparación para la independencia, o su derivación a un centro de inserción socio-profesional.

www.dianova.es 100


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CONVERSACIONES ELEMENTALES (II). CONOCIMIENTO

RESUMEN

A

pelar a algo más profundo como puede ser el despertar de ciertos sentimientos en el individuo que le harán establecer patrones de conducta que parten del mismo respetándose a él y a los otros individuos que le rodean y que conforman su entorno. Una idea de quererse uno mismo para querer a los demás y provocar una dinámica de autoconocimiento, superación e integración en la corrección de las adicciones.

ESSENTIAL DISCUSSION (II) KNOWLEDGE

La vinculación a un entorno de rehabilitación debe de ser flexible basado en un principio de conocimiento que no esté basado en una ideología previa y que derive en algo rígido ya que está influiría en la entrada salida y viceversa en la red de adicciones. PALABRAS CLAVE Conocimiento, atención, cuidado, red, entorno. ABSTRACT To appeal to something deeper as it can be the awakening of certain feelings in the individual that they will make him establish patterns of conduct that depart from the same one it is he who being respected and to other individuals who surround him and who shape its environment. An idea of one himself loving to love the others and to provoke a dynamics of self-knowledge, overcoming and integration in the correction of the addictions. The link to a rehabilitation environment must be a based electric cord in the beginning of knowledge that is not based on a previous(prior) ideology and that derives in something rigid since it is it would influence the bulging entry and vice versa the addictions network. KEYWORds Knowledge, attention, care, network, environment. Introducción Todo el conocimiento transdisciplinar al servicio de la reducción de los trastornos adictivos y la habilitación de las personas con adicción a drogas y otras adicciones sin sustancias puede

Carmen Meseguer Doctora en Psicología

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estar quedando en agua de borrajas al omitir la atención y la planificación del cuidado al elemento intangible fundamental que es la coordinación o la imbricación entre los nodos de la red de asistencia y habilitación. La tradición ha llamado a este proceso supervisión como forma de conocimiento y de garantía de buena práctica. Pensar en red no es suficiente, nos espera el pensamiento complejo.

de cada nivel y la articulación entre ellos no solo dependen de la buena voluntad y formación de sus integrantes, el portafolio y los programas han de construirse y transmitirse de modo que no se conviertan en guiones mecánicos a aplicar por profesionales empleados en precario. Diálogo acerca de las Condiciones para el conocimiento

Si conocemos que el 1,5 del PIB mundial se genera en el tráfico de drogas y armas y la trata de personas1 para su explotación sexual, y el 70% de esas ganancias, según la ONU, se blanquea en nuestros sistemas financieros occidentales sin cortapisas, pensar que la adicción es un asunto individual es incurrir en la simplicidad.

En ocasiones el saber se bloquea por la estupidez de la obediencia -cito a Michel Serres- que al hablar del conocimiento identifica como su condición el mimo, el mimo como origen del conocimiento exactamente.

Toda comprensión es dialógica y compleja. Nos preceden los textos y los discursos como las redes vinculares y los mitos familiares, tradiciones, versiones y silencios, rituales, figuras, formas, expectativas, haceres y fantasías, tramas vinculares, alianzas, coaliciones, comunicaciones, legados, voces desterradas y secretos, lealtades, obligaciones y exigencias transgeneracionales que marcarán, en combinatoria, entre sus reiteraciones y sus ausencias, ritmos, entonamientos, acoples, huellas, competencias, mecanismos de defensa y rasgos que constituirán nuestras fortalezas y debilidades. El sujeto supone una construcción teórica al hilo de condiciones socioeconómicas definidas, cuanto más culto a la individualidad y su inseparable libertad más predisposición y adicción al consumo como supuesta vía de satisfacción de necesidades. La dialéctica entre el individuo y el sistema se establece en el dominio del lenguaje, de las comunicaciones donde habitamos y de las narrativas que nos hacen cuerpo e historia.

¿Pero ha de estar acabado el conocimiento o precisamente la saturación de los conceptos minimiza una más exitosa tasa de recuperaciones y habilitaciones? El entramado polifónico que sustenta el conocimiento no siempre se traduce en discurso manifiesto, la elipsis y la polisemia activan la escucha del interlocutor en diversas direcciones, cuál seguirá y cuáles se relegarán sucede en un breve momento que puede subdividirse hasta el infinito. Cuando preguntamos “¿cómo quieres estar más adelante o te gustaría sentir luego respecto a este asunto?” estamos generando mentalización, conocimiento, metacognición, o abriendo posibilidades para redirigir la disidencia que implican la adicción y la dependencia en otras direcciones, estamos abriendo el campo y promoviendo cambios de segundo nivel. Cuando nos centramos en un minucioso análisis funcional en las áreas clásicas del pensar, sentir y actuar, en el mejor de los casos nos movemos en el cambio de nivel uno.

La individuación-en-conexión permite posicionarse ante el desafío de la intervención social dando el reconocimiento al otro como igual, desetiquetándole como enfermo pese a su adicción, trastornos o cronicidad y signándole como sujeto de sí mismo en conexión con su historia biográfica y de vínculos transgeneracionales; permite, a la vez, preservar el lugar propio, el del equipo de trabajo, el del dispositivo y el institucional. La organización

Según Gadamer, la comprensión de un enunciado tiene como única norma la comprensión de la pregunta a la que responde. Un domingo desde la cocina me quedé atónita y contenta escuchando unas declaraciones en televisión justo cuando pasaba por delante, entrevistaban a una persona drogodependiente a quien había tratado en un dispositivo sociosanitario en régimen de ingreso de media estancia. El motivo del reportaje era la victoria de su equipo de fútbol en un campeonato promovido por una ONG dedicada a la rehabilitación y reinserción. Nunca me había alegrado tanto por el resultado de un partido. Era

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alcanzable por la individualización del vocabulario y de los recursos lingüísticos”. Gadamer que escribió

un hombre inteligente, valiente, no había acabado la primaria, astuto como varios zorros y con más de tres heridas, harto de su adicción y consciente de que no podía ganarse la vida de otro modo que no fuera trapicheando. O tal vez sí,pero él no se lo imaginaba (yo tampoco dado que sobrevivían su familia y él con un REMI). Recordé una historia que me contó tiempo atrás un lunes a primera hora para explicar por qué el control rutinario que se le había hecho al regreso de su salida iba a resultar positivo. Por tanto era innecesario el control, lo advirtió pero se le hizo igualmente. Contó que su hija le había dicho: “papa necesito un frigorífico” y había tenido que proveérselo. Expectante por la relación entre comprar un electrodoméstico y consumir heroína dejé que prosiguiera. La hija embarazada por tercera vez con menos de 25 años, necesitaba aquello pero antes necesitaba una vivienda –hay que entender “okupar” una vivienda- que estaba muy bien custodiada por el jefe de un clan de mercaderes de drogas quien decidía sobre el privilegio de la ocupación. Es decir la salida la dedicó a proveer a su familia de lo que necesitaba como hace cualquier buen padre de familia. Había ido a negociar a un tugurio (el cual unos meses después vi dibujado en un artículo de prensa) de un poblado “tenían hasta cámaras de seguridad aquello parecía un banco” para que el jefe de aquel “mercado” consintiera a su hija, a sus nietos y al yerno, ocupar una de las viviendas en un bloque de un área recién urbanizada donde varios edificios habían quedado sin terminar por la fuga del constructor en previsión de ser acuciado por los proveedores. En fin, este hombre que podía ser master en habilidades sociales hacía como que aprendía en talleres rutinarios de entrenamiento en las mismas a la vez que con gran éxito diplomático obtenía permisos y enseres de un mafioso como quien toma el té de las cinco. “Yo tenía que fumar con el anfitrión, no hacerlo no

estas líneas me atrevo a decir que interpretaría respecto al caso anterior que es el equipo profesional el que no ve ni maneja recursos para captar la individualización ya alcanzada por el paciente si le trata como a uno más de una serie y si decide sobre la base del consumo su expulsión del derecho al tratamiento. Morin se inspiró en diferentes autores y en Gadamer al proponer el pensamiento complejo, cuando este indicaba: “la anticipación del sentido,

que involucra al todo, se hace comprensión explícita cuando las partes que se definen desde el todo definen a su vez ese todo”. El esfuerzo en hacer Equipo no

puede recaer exclusivamente en los profesionales. Hay que atender el “Entre”. La intervención social y parte de la intervención médica como la relación o la interfaz profesional-paciente reducidas a lo científico bien podría definirse de espectáculo.

Siguiendo a Gadamer: “La ciencia descansa en la particularidad de aquello que ella eleva a objeto con sus métodos objetivantes. Se define como ciencia metodológica moderna por una renuncia inicial a todo lo que se sustrae a sus procedimientos. Así produce la impresión de conocimiento global que oculta en realidad la defensa de ciertos prejuicios e intereses sociales.” Una cierta posición ante uno mismo y ante el mundo ha de perderse o desenfocarse para construir o reconocer lo nuevo de cada situación, mantener las mismas coordenadas implica repetir. La escucha, la mirada, el tacto, el análisis, la acción, la reflexión de la jugada y las maneras de representarla en uno mismo y a los interlocutores, organizados y acoplados sincrónicamente estos diferentes subprocesos, de modo específico en cada uno, tienden a replicarse invariablemente como organización. El comportamiento y la conciencia entonces serían una suerte de sistemas autopoiéticos según Maturana. La condición para el conocimiento según él viene dada por una específica modalidad relacional, aquella que legitima al otro tal como se presenta en la convivencia, con su derecho a ser libre y diferente, a esta relación la denomina “amor”, no aludiendo a un afecto sino a un vínculo de alteridad. Esta sería una condición para la salud igualmente, como cuando se afirma que la salud es la verdad del cuerpo.

hubiera estado bien visto al fin y al cabo le iba a pedir un favor.” ¿No hubiera hecho lo mismo el lector en

circunstancias similares?. ¿Computaría esto como un consumo de esos que luego tienen repercusión en el derecho a seguir recibiendo tratamiento? ¿en qué epistemología se sitúan quienes toman estas decisiones? y ¿ en qué constelación ética?.

“Más, por otro lado, el que solo habla una lengua cuya convencionalidad se ha hecho absoluta en la elección de las palabras, en la sintaxis o en el estilo, pierde la capacidad de interpelación y evocación, que sólo es 103


HISTORIA Y REFLEXIONES SOCIALES Y POLÍTICAS

El cercenamiento de los objetos de estudio para la experimentación no es el mayor de los obstáculos del paradigma científico aplicado exclusivamente en la intervención psicosocial y en la salud, sino la corta visión que se da a las conclusiones y el miope desarrollo y generatividad de las mismas, lo que provoca un desligamiento de las condiciones sociales en que servirían dichas conclusiones como validación ecológica. La academia y sus disciplinas-estanco, con un funcionamiento identitario y endogámico, tienen mucho que ver con este reduccionismo. La fidelidad a los principios académicos antes que a la transdisciplina y al pensamiento crítico y complejo así como la monocromía de los tratamientos psico-socio-educativos influye más de lo que se reconoce en la iatrogenia y en el efecto de puerta giratoria.

excelente mundo empresarial en este país. Yo les veo tan ajenas pero tan ajenas ante el mundo de referencia de ellos y ellas… Tan invalidantes de su posición y de su historia o de sus condiciones... Si bien en las relaciones manifiestas la educación y el respeto aparente de unos a otros puede palparse la mayor parte del tiempo, se cuentan con los dedos de una mano las ocasiones en que presencié una validación del universo de referencia y de la posición existencial del adicto y de la adicta por parte de las profesionales. La práctica psico-socioeducativa era enseñar y enseñar como si vivir fuera un asunto de aprendizaje… principalmente…”. ▪▪ ¿Te parece que no había validación de los otros por su estrechez de miras o por efecto del desgaste profesional en una tarea tan delicada?. ▪▪ “Me parece que hay mucho esfuerzo en aplicar unas reglas y unos roles laborales pero que en el fondo el resultado real da igual. Se trata de un trabajo que permita poder vivir la vida que obviamente queda fuera del recinto. Si, estrechez de miras pero algo más… como una división entre quienes son en la vida y quienes son en el trabajo, no estoy muy segura de lo que digo…”.

Para conocer es preciso haber sido conocido, haberse sentido reconocido, conocer tiene relación con sentir. Crear, imprimir lo nuevo o descubrirlo pasa por los sentidos afectados por la mediación validadora, legitimante e interpretante de otro significativo por una recursividad de apego seguro.

▪▪ ¿Te refieres a que no se sienten afectadas por la tarea o que se defienden precisamente de sentirse afectadas para no sufrir?.

▪▪ ¿Y la ideología aquí dónde entra?. ▪▪ La ideología siempre es previa.

▪▪ “Supongo que hay de todo. Incluso una misma puede estar en diferentes días en esas posiciones de defensa o de desafección… Pero visto así puedo apreciar en este momento que les resulta bastante difícil verlo como yo lo veo, creo que están, que estamos todas, ante una imposibilidad no se de qué tipo, pero viven como si aquello no fuera trascendente… como si solo se tratara de cumplir unas reglas y un protocolo y ya. Llegar, cumplir unas reglas con sus horarios y ya…”.

Segmento de Supervisión con una profesional del tercer sector ▪▪ “Es fascinante descubrir en las conversaciones mantenidas en una C.T. como los y las usuarias describen lo que desean o lo que suponen que va a ser su vida futura sin el lastre de la adicción. Pero más sorprendente resulta escuchar lo que las profesionales piensan en el supuesto de que los usuarios vivieran sin drogas o con un uso de ellas no adictivo y/o no problemático. Además de ingenuidad las visiones de futuro de ambos grupos comparten tal reduccionismo y simpleza que cuesta creer que sean sinceras. ¿Cómo es que todas piensan que con un trabajo y con unos hábitos de prevención de recaídas van a vivir alejados de la droga? Siempre hablan de trabajo, coche y novia o novio y yo me pregunto si las universitarias tenemos cada día más dificultades de acceso al mundo laboral como pueden plantearse estas colegas que van a ser empleadas estas personas tal y como están las leyes laborales y el

▪▪ Entonces creo entender que lo que dices es que tú piensas que concebir como trascendente la tarea laboral tiene que ver con poder validar al otro con amplitud de miras antes que con ejercer un rol vertical de didáctica y propedéutica. ¿Es así?. ▪▪ “Si exactamente, eso es. Validar como premisa para dialogar no para enseñar, para mi es más fácil que para ellas, me siento sola pero estoy convencida de que no pueden por razones que no veo, que no me importan. Yo pienso eso.” ▪▪ Te noto contenta, como relajada, ¿te sientes 104


HISTORIA Y REFLEXIONES SOCIALES Y POLÍTICAS

distinta ahora que antes de empezar a hablar?.

emancipatorio o habilitador y seguramente a más direcciones, las tendencias que se intuyan al menos definen en parte el mundo que cada uno habita.

▪▪ “Se me ha quitado la rabia, me gusto más, me gusta ver que lo que veo tiene sentido… Jeje ahora no parece tan horrible…”.

Bibliografía

▪▪ Qué bien X, mientras te permites hablar de tu propia visión obligándote a especificar y a desmigar el horizonte de tus percepciones y malestares, mientras puedes describir tu análisis del mundo laboral y tu ética, se ha ido evaporando la rabia, ¡esto es un buen descubrimiento!.

GADAMER, H-G. (1998) Verdad y Método II. Edit.: Sígueme. Salamanca. Accesible en la red en http://www.olimon.org/ uan/gadamer-verdad_y_metodo_ii.pdf

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La traducción, el conocimiento y la salud

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Frente a la burocratización y al cinismo cabe la orientación a la tarea y el acople de las premisas fundamentales de la misma las cuales han de estar negociándose durante la primera etapa larga de la constitución de un equipo de trabajo. Para llegar a equipo no basta con convocar a varias personas en un grupo cuyas competencias son ideal o supuestamente complementarias. Cuidar de este acoplamiento exige planificación y recursos, sin ellos el coste en enfermedad laboral, en horas de trabajo perdidas y en años de calidad de vida perdida aumenta vertiginosamente.

MORIN, E. (204) Introducción al pensamiento complejo. Ed. Gedisa. Barcelona. SERRES, M. (2011) Variaciones sobre el cuerpo. Ed. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires. STIERLIN, H. (1997) El individuo en el sistema. Psicoterapia en una sociedad cambiante. Ed. Herder. Barcelona.

Siguiendo en Verdad y Método II, Gadamer escribe: “La traducción puede hacer confluir lo propio y

lo ajeno en una nueva figura, estableciendo el punto de verdad del otro frente a uno mismo. En la aceptación del otro frente a si mismo se muestra el poder de la razón.”

No ha de entenderse que confluir sea sinónimo de confusión, de integración, de asimilación, o de aculturación. Teniendo en cuenta que las prácticas médicas y de intervención social están configuradas históricamente según variables como las condiciones demográficas, económicas o de producción, tanto como los estilos de vida y las modalidades de plantear universos válidos para el estudio y la reflexión, es pertinente cuestionar las estrategias psicoterapéuticas y socioeducativas que se están planteando actualmente en la red de atención a drogodependientes, estas pueden apuntar más bien a una disciplina desubjetivante, a una recreación involuntaria de la escenografía traumatizante por negligencia o insensibilidad, a un ánimo civilizador/evangelizador o a un interés 105


Centro Educativo Terapéutico para menores Zandueta

Ubicado en el Valle del Arce, Navarra, este espacio privilegiado permite la realización coordinada e individualizada de múltiples y variadas actividades educativas y terapéuticas orientadas a la adquisición de hábitos saludables y al desarrollo madurativo de los/as adolescentes. Destinado a una población mixta de adolescentes, les permite centrarse en sus problemáticas e ir descubriendo, entre otras, actividades relacionadas con el medio ambiente que les hacen aprender y desarrollarse de una manera positiva y saludable, así como mejorar progresivamente su autoestima.

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RESEÑAS

Publicación

Las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) han supuesto toda una revolución en la forma de entender las relaciones sociales y laborales. Sin embargo, hay que tener claro que Internet y otros recursos tecnológicos son un medio y no pueden convertirse en un fin.

Adicción a las redes sociales y nuevas tecnologías en niños y adolescentes

Con esta advertencia inicial, Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica en la Universidad del País Vasco, y Ana Requesens, responsable del comité organizador de diversos simposios internacionales sobre adicciones, ambos expertos en adicciones sin drogas, ludopatía y trastornos de conducta, dan rienda a sus consejos y reflexiones, especialmente enfocadas a educadores, en su libro “Adicción a las redes sociales y nuevas tecnologías en niños y adolescentes” (Editorial Pirámide, Madrid, 2012).

Autores

Enrique Echeburúa y Ana Requesens Rosa Maria Frías Reina Psicóloga Directora de Gestión de Personas Asociación Dianova España

El libro, de casi 200 páginas divididas en 10 capítulos, está escrito en un lenguaje sencillo y pedagógico, es muy descriptivo e incluye ejemplos prácticos de actividades que favorecen o combaten la adicción. Los autores recuerdan que lo que empieza como una “una obsesión enfermiza por adquirir la última novedad tecnológica” (por ejemplo, en móviles o en soportes de música), poco a poco corre el riesgo de transformarse en un ansia que puede enmascarar necesidades más poderosas. En ese marco, las redes sociales pueden atrapar a un adolescente porque el mundo virtual contribuye a crear en él una falsa identidad y distanciarle del mundo real. Así, de manera cuasi imperceptible puede crearse una afición patológica que genera dependencia y resta libertad al ser humano al estrechar su campo de conciencia y restringir la amplitud de sus intereses. De hecho, apuntan los autores, existen hábitos de conducta aparentemente inofensivos que, en determinadas circunstancias, pueden convertirse en adictivos e interferir gravemente en la vida cotidiana de las personas afectadas, a nivel familiar, escolar, social o de salud. Es difícil acotar con exactitud cuando el adolescente cruza la raya que le lleva a la ciberadicción, si bien dos señales claras son cuando revisa compulsivamente el correo electrónico o cuando atiende más a su terminal móvil que a su entorno personal. Como ocurre con otras adicciones, las personas afectadas experimentan síndrome de abstinencia cuando no pueden desarrollar 107


RESEÑAS

a los educadores de otros riesgos como el acceso a páginas de contenido inapropiado, aconsejan cómo detectar el ciberacoso como forma de violencia adolescente, el acoso sexual en la red, y detallan cuál es la responsabilidad de adolescentes y padres ante la posible comisión de delitos.

la actividad adictiva, lo que se traduce, según los autores, en malestar emocional, trastornos de conducta, aislamiento social y mentiras reiteradas. Según un estudio de la Fundación Pfizer (2009), el 98 por ciento de los jóvenes de 11 a 20 navega habitualmente por la red, y 7 de cada 10 dedican diariamente a Internet una media de una hora y media. Es innegable, por tanto, el altísimo grado de penetración de las nuevas tecnologías entre los adolescentes y jóvenes. Internet es atractivo porque ofrece respuestas y recompensas inmediatas e interactividad, si bien, en el reverso, su abuso provoca aislamiento, afecta a la autoestima y empuja al joven a abandonar otro tipo de actividades vitales tales como estudiar, hacer deporte, ir al cine, quedar con los amigos, etc.

Señales de alarma para los padres y educadores ¿Cuándo los padres y educadores deben dejar de estar atentos para estar preocupados? Las principales señales de alarma que denotan una dependencia de las TIC o una adicción a las redes sociales son: privarse de sueño (dormir menos de 5 horas) para estar conectado a Internet, descuidar otras actividades importantes y relegar el contacto familiar, irritación ante la lentitud de la conexión a Internet, mentir sobre el tiempo real durante el que se está diariamente conectado, aislarse socialmente y sentir una activación y/o euforia anómalas cuando se está delante del ordenador.

Además, el anonimato y la posibilidad de crear una identidad ficticia potencia las situaciones de autoengaño, deformadoras de la realidad, que pueden llevar al adolescente a crear un mundo paralelo para dar cabida a recreaciones narcisistas.

En definitiva, hay dependencia a Internet cuando se produce un uso excesivo (conectarse nada más levantarse y ser lo último que se hace antes de acostarse), lo que lleva asociada una pérdida de control sobre el tiempo que se pasa delante del ordenador, aparecen síntomas de abstinencia (tales como ansiedad, depresión o irritabilidad) y se producen repercusiones negativas en la vida cotidiana (reducción de la actividad física, nulo interés por otros temas, y lo que los expertos llama ansia de transrealidad).

Cuando hay dependencia, los comportamientos se vuelven automáticos, con poco control cognitivo sobre el acierto o el error, y no se sopesan las consecuencias negativas a largo plazo de hábitos que suponen una gratificación inmediata. ¿Cuáles son los factores de riesgo? Hay ciertas características de personalidad o estados emocionales que aumentan la vulnerabilidad psicológica a las adicciones: la impulsividad, la disforia (estado de ánimo que se caracteriza por frecuentes cambios de humor), la intolerancia a estímulos no placenteros o que exigen un mínimo sacrificio, fatiga física o psíquica, preocupaciones y búsqueda exagerada de emociones fuertes.

Estrategias de prevención La prevención implica la actuación antes de que el problema aparezca (prevención primaria), cuando el conflicto se encuentra en fases iniciales (prevención secundaria) y la prevención para cuando ya se está modificando seriamente el estilo de vida (prevención terciaria).

Sin embargo, apuntan los autores, en ocasiones, la adicción a Internet y a las redes sociales es un mecanismo de defensa del adolescente por el hecho de ser tímido, tener baja autoestima o estar a disgusto con su imagen corporal.

Junto a las estrategias personales del adolescente de refuerzo de su autoestima y mejora de sus habilidades de interrelación personal, los padres y educadores deben ayudar a los adolescentes a desarrollar la actividad de la comunicación cara a cara lo que, entre otras cosas, supone: limitar el uso de aparatos y pactar las horas de uso del ordenador; fomentar las relaciones con otras personas; potenciar en los jóvenes aficiones tales como lectura, cine y otras aficiones culturales; estimular el deporte y las actividades en equipo;

En otras ocasiones, el factor de riesgo viene definido por el hecho de carecer de afectos consistentes, lo que lleva a la persona adicta a llevar su vida con Internet, al igual que podría hacerlo con alcohol o drogas. En el capítulo 5, los autores del libro advierten 108


RESEÑAS

desarrollar actividades grupales y las vinculadas al voluntariado; y animar al diálogo familiar. Junto a estas actividades concretas, a modo transversal, los padres y educadores deben enseñar en valores, reivindicar el esfuerzo ante las actitudes hedonistas, ayudar a los jóvenes a controlar las emociones y a frenar la ansiedad, para lo que los autores del libro aconsejan la práctica de ejercicios de control de la respiración y de relajación muscular y mental, y promover cambios en el estilo de vida de los jóvenes. Finalmente, en los casos más avanzados, caracterizados por la negación de la dependencia, pues la persona afectada entiende que los beneficios de su acción siguen compensándole sobre los costos, puede ser inevitable la intervención psicológica y terapéutica. En el caso de las adicciones a Internet y a las redes sociales, según reflexionan los autores, la abstinencia total es prácticamente imposible, por lo que aconsejan apostar por técnicas que ayuden a reaprender el control de la conducta en el marco de una exposición moderada a Internet y a ser posible bajo control de otra persona. Por último, los expertos Echeburúa y Requesens señalan que la vulnerabilidad psicológica, que conduce al abuso de las redes sociales, puede esconder en el joven un analfabetismo relacional, así como una incapacidad y/o pereza para hacer frente a situaciones propias de la cotidianeidad. El libro concluye con un glosario de términos donde se especifican y delimitan los conceptos para evitar el estiramiento conceptual, se recomiendan lecturas relacionadas y se informa de las instituciones españolas a las que acudir cuando hay riesgo, o ya problema manifiesto, de adicción a las nuevas tecnologías. En resumen, el libro es una guía práctica en la que se describen las características de las nuevas tecnologías, se plantean los principales problemas de las redes sociales, se explican los indicadores que alertan del paso de una afición a una adicción, y se detallan los principales factores de riesgo y de protección tanto a nivel psicológico como familiar y social. El libro-guía, dirigida a padres y educadores, hace hincapié en el carácter aplicado del texto, donde los autores utilizan dibujos, ejemplos y metáforas que hacen más inteligibles y directos sus contenidos.

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HAN COLABORADO EN ESTE NÚMERO

Inmaculada JÁuregui Balenciaga

▪▪ Disfunciones sexuales. ▪▪ Tratamiento de agresividad y dificultades de control de impulsos.

Licenciada en Psicología por la Universidad del País Vasco (1987). Maestría en Psicoeducación por la Universidad de Montreal, Canada (1993). Doctora en Psicología por la Universidad de Québec en Montreal (UQAM), Canada (2003). Master en terapia breve estratégica (2008-2010). Más de 25 años de experiencia profesional en campos como violencia conyugal, adicciones, salud mental, menores, docencia universitaria. Dos libros publicados. Dos capítulos de libros publicados. Más de 30 artículos publicados. Participaciones diversas en conferencias, talleres y comunicaciones en congresos. Actualmente ejerzo en despacho privado.

▪▪ Mediación judicial: situaciones de divorcio, separación, custodia de menores, modificación de condiciones judiciales, etc. ▪▪ Peritajes psicológicos. Zaida Egea Ramírez

Licenciada en Psicología en la Universidad Autónoma de Barcelona. Master en Drogodependencias por la Universidad de Barcelona – IL3. Master en Psicología clínica y de la salud en ISEP. Psicóloga y directora de E-adicciones. Fundadora del blog de Información y orientación sobre Drogas. Psicóloga en el Instituto Psicológico Internacional de Trastornos Obsesivos y adicciones.

Katia Kokoulina

Psicóloga Clínica / Especialista en Psicología Clínica vía P.I.R. Terapeuta familiar. Experta en psicoterapia infanto-juvenil. Experta en el tratamiento de alcoholismo y adicciones. Especialista en el tratamiento del trastorno límite de la personalidad.

Alberto Gundín Fernández

Licenciatura en Psicología. Universidad pontificia de Comillas, Madrid. Especialista en protección Civil y Emergencias. Ministerio de sanidad, Política Social e Igualdad Acogimiento Residencial en Menores Ministerio de sanidad, Política Social e Igualdad. Nuevas perspectivas de intervención con Menores Infractores Ministerio de sanidad, Política Social e Igualdad. Mediador Intercultural. ECCA Andalucía y Gobierno de Canarias (Extranjería). Director de centros de Servicios Sociales, Título Homologado por la secretaria General Técnica de la Consejería de Familia y Asuntos sociales de la Comunidad de Madrid.

ÁREAS DE INTERVENCIÓN: ▪ ▪ Psicología infantil y de la adolescencia (hiperactividad, trastornos de conducta, fracaso escolar, fobias, miedos, depresión, estrés, enuresis, consumo de drogas). ▪▪ Terapia de pareja. ▪▪ Estrés, ansiedad, angustia, depresión, fobias. ▪▪ Ayuda psicológica en situaciones vitales estresantes (divorcio, ruptura, duelo, pérdida de empleo).

Institucion donde trabaja actualmente.

▪▪ Mobbing y acoso moral en el trabajo / escuela.

Filandon Elkartea; Presidente y Director de proyectos de infancia y juventud.

▪▪ Adicciones (alcohol, drogas, Internet etc). ▪▪ Tratamiento eficaz de alcoholismo. ▪▪ Tratamiento de problemas de sueño.

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HAN COLABORADO EN ESTE NÚMERO

ENRIQUETA OCHOA MANGADO

PUBLICACIONES:

Licenciada en Medicina y Doctora por la Universidad de Alcalá. Especialista en Psiquiatría. Desarrolla su actividad asistencial en el Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Ramón y Cajal, Profesor asociado Universidad de Alcalá.

▪▪ Variables predictivas del alta terapéutica entre pacientes con patología dual grave atendidos en una comunidad terapéutica de drogodependencias con unidad psiquiátrica. Madoz-Gúrpide A, García Vicent V, Luque Fuentes E, Ochoa Mangado E. Adicciones, 2013; 25(4): 300-308.

PUBLICACIONES:

▪▪ Controversias sobre el cannabis. MadozGúrpide A, Ochoa Mangado E. El consumo de cannabis: falacias, controversias y realidades. (El Consumo de Marihuana: Falacias, Controversias y Realidades/ http://www.siicsalud.com/dato/ experto.php/110652) aparece publicado en la pagina principal de www.siicsalud.com el 3 de marzo de 2010 y desde esta fecha en la sección Expertos Invitados de SIIC.

▪▪ Variables predictivas del alta terapéutica entre pacientes con patología dual grave atendidos en una comunidad terapéutica de drogodependencias con unidad psiquiátrica. Agustín Madoz-Gúrpide, Vicente García Vicent, Encarnación Luque Fuentes, Enriqueta Ochoa Mangado. Adicciones, 2013; 25(4): 300-308. ▪▪ Alcohol abuse or dependence and other psychiatric disorders. Madrid study on the prevalence of dual pathology. Francisco Arias, Nestor Szerman, Pablo Vega, Beatriz Mesias, Ignacio Basurte, Consuelo Morant, Enriqueta Ochoa, Félix Poyo & Francisco Babín (2013): Mental Health and Substance Use, DOI:10.1 080/17523281.2012.748674. To link to this article: http://dx.doi.org/10.1080/17523281.2 012.748674.

▪▪ Executive dysfunction in chronic cocaine users: An exploratory study. Madoz-Gúrpide A, Blasco Fontecilla H, García-Baca E, Ochoa Mangado E. Drug and Alcohol Dependence 2011; 117(1): 55-58. ▪▪ Diagnóstico y tratamiento de la dependencia de alcohol. Ochoa Mangado E, Madoz-Gúrpide A, Vicente Muelas N. Revista Medicina y Seguridad en el Trabajo 2009, 55 n.214.

▪▪ Controversias sobre el cannabis. MadozGúrpide A, Ochoa Mangado E. El consumo de cannabis: falacias, controversias y realidades. (El Consumo de Marihuana: Falacias, Controversias y Realidades/ http://www.siicsalud.com/dato/ experto.php/110652) aparece publicado en la pagina principal de www.siicsalud.com el 3 de marzo de 2010 y desde esta fecha en la sección Expertos Invitados de SIIC.

Mayte Helguera Fuentes

Licenciada en Psicología. (UAM). Doctorando “Cognición, Emoción y Estrés”. (UCM) Psicoterapeuta especialista en adolescentes y adultos CONGRESOS:

▪▪ Executive dysfunction in chronic cocaine users: An exploratory study. Madoz-Gúrpide A, Blasco Fontecilla H, García-Baca E, Ochoa Mangado E. Drug and Alcohol Dependence 2011; 117(1): 55-58.

▪▪ V Congreso Internacional de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés. ▪▪ Comunicación: Programa de educación emocional para la prevención de trastornos de alimentación en adolescentes. ▪▪ Poster: Emociones e Hipertensión: un programa de intervención cognitivo-conductual. ▪▪ XII Reunión de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés. ▪▪ Comunicación: Prevención de los trastornos de alimentación en el ámbito familiar. ▪▪ VI Congreso Internacional de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés.

AGUSTÍN MADOZ-GÚRPIDE

Licenciado en Medicina y Doctor por la Universidad de Alcalá. Especialista en Psiquiatría. Desarrolla su actividad asistencial en el Centro de Salud Mental San Blas, Madrid.

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HAN COLABORADO EN ESTE NÚMERO

▪▪ Comunicación: Psicología Positiva y Salud, perspectivas de trabajo.

Máster en Nuevas Tendencias en Antropología por la Universidad Miguel Hernández de Elche. Doctoranda de la Universidad de Alicante. Institución de trabajo: Editora y redactora en Revista InDependientes.

PUBLICACIONES: ▪▪ Helguera Fuentes, M. y Casado Morales M.I. (2008). Prevención de los trastornos de alimentación. Un programa de prevención en dos fases: adolescentes y padres. Clínica y salud, 19(1), 5-26.

PUBLICACIONES: ▪▪ Ibáñez Castejón, L. (2013). “Cuerpo y fotoperiodismo de guerra en Occidente”. Revista Nuevas Tendencias en Antropología, 4: 173-200.

▪▪ Labrador Encinas, F., Requesens Moll, A., Helguera Fuentes, M. (2011). Guía para padres y Educadores sobre el Uso Seguro de Internet, Videojuegos y Móviles. Editado y publicado por la Oficina del Defensor del Menor de la CAM.

▪▪ Ibáñez Castejón, L. y M. Martínez Lirola (en prensa) “Configurando la imagen sobre los “países del Sur”: aproximación al análisis visual de las portadas en una muestra de revistas de Intermón Oxfam”.Tonos Digital, 27.

▪▪ Vídeo de experto sobre Adicción a las Nuevas Tecnologías. Educa tu Mundo. Fundación Mapfre (2012).

▪▪ Martínez Lirola, M. y L. Ibáñez Castejón (en prep.) “Introducing culture and critical thinking in the classroom: analyzing multimodal texts from NGOs in a master course”. Argentinian Journal of Applied Linguistics. Aceptado con cambios.

Aliety Fernández Marrero

Licenciada en Psicología. Especialista en Psicoterapia EuroPsy (Certificado de Acreditación EFPA/COP). Tratamiento psicológico de adultos, niños y adolescentes. Trastornos de ansiedad, trastornos del estado de ánimo. Terapia familiar y de pareja.

▪▪ Martínez Lirola, M. y L. Ibañez Castejón (en prep.) “Approaching the image of impoverished: a visual analysis of covers in a sample from Intermón Oxfam magazines”. Fonseca Journal of Communication. En proceso de revisión. Mireia Pascual Mollá

EXPERIENCIA DOCENTE:

Licenciatura en Periodismo por la Universidad Miguel Hernández de Elche. Realizando el Magíster en Comunicación y Salud por la Universidad Complutense de Madrid.

▪▪ Profesora colaboradora en el Curso Master Universitario en Psicología clínica y de la Salud. ▪▪ Profesora en Cursos de la Consejería de Sanidad de la CARM.

INSTITUCIÓN DE TRABAJO: ▪▪ Editora y redactora en Revista InDependientes. ▪▪ Colaboradora en Depêndencias. ▪▪ Responsable de comunicación de CARFE (Convención de Adictos Rehabilitados y Familiares de España).

▪▪ Prevención e Intervención en Riesgos en Niños y Adolescentes. ▪▪ Formación en Prevención de Drogodependencias. ▪▪ Estrés Familiar y Salud. ▪▪ Prevención y Acción ante la Violencia Familiar. ▪▪ Profesora colaboradora de las clases prácticas de Psicopatología especial del 4º curso.

ANTONIO JESÚS MOLINA FERNÁNDEZ

Licenciado en Psicología (Universidad de Granada). Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Tiene mas de 20 años de experiencia en el campo de trabajo, habiendo desempeñado como docente varios puestos, tales como formador, investigador

Laura Ibáñez Castejón

Licenciada en Periodismo por la Universidad Miguel Hernández de Elche. 112


HAN COLABORADO EN ESTE NÚMERO

Carmen Meseguer

y coordinador en centros de intervención.

Licenciada en Psicología. Especialidad clínica. Doctora en Psicología Cum Laude. Máster en salud pública y en evaluación e intervención en la ansiedad y el estrés. Trabaja actualmente como Facultativo Especialista de Psicología Clínica en la consulta de Enlace, Psico-oncología Ginecológica y Cuidados Paliativos en el Hospital Universitario Santa Cristina en Madrid.

PUBLICACIONES: ▪▪ Dossier “Observatorio Proyecto hombre sobre el Perfil del drogodependiente: informe 2012”, Revista Proyecto, Septiembre 2013. ▪▪ “Programa de Prevención Juego de llaves: Manual del profesorado” (responsable de la publicación). APH&PNSD, Junio 2013. ▪▪ “Observatorio Proyecto hombre sobre el Perfil del drogodependiente: informe 2012” (responsable de la publicación). APH&PNSD, Junio 2013. ▪▪ “Análisis de la relación entre Emoción y consumo de drogas”. Revista Proyecto, Mayo 2013. ▪▪ “Personas, emociones y adicciones: Más allá del cerebro”. Revista Adicción y Ciencia, Enero 2013. ▪▪ “Cultura evaluativa en Proyecto Hombre”. Revista Proyecto, ISSN 1136-3177 Enero 2013. ▪▪ “Alternativas de tratamiento en Centros Penitenciarios: Evaluación de los programas de rehabilitación de la Asociación Proyecto Hombre con pacientes internos en prisiones y con pacientes en cumplimiento extrapenitenciario”. Revista Proyecto, ISSN 1136-3177 Enero 2013.

PUBLICACIONES: ▪▪ Aspectos Psicosociales de las Urgencias ORL en Pediatría. En: Patología Aguda ORL en Pediatría. Ed. J.A.Gómez Campderá, L. Jiménez Ferreres y G. Alvarez Calatayud, Madrid, 2004; págs: 705-712. ▪▪ Abordaje multidisciplinar de las urgencias neurológicas. CD divulgativo: Manejo Clínico Multidisciplinar en el Paciente con Cáncer. Centro Oncológico MD Anderson, The University of Texas MD Anderson Cancer Center y Fundación de Ciencias de la Salud. (2004) ▪▪ Interventions from the Postmodernism on the Quality of Life in Patients Dealt with Tomotherapy and Tomoradiosurgery. Ponencia presentada en el 10th World Congress of Psycho-Oncology. International Psycho-Oncology Society. Madrid, 9-13 junio 2008. Psycho-Oncology Vol 17(6). Pag 112.

JOSE ANTONIO RAMOS ATANCE

Catedrático de Bioquímica y Biologia Molecular en la Facultad de Medicina de la UCM. Autor de varios libros especializados en el tratamiento farmacológico en adicciones y neurobiología de la drogadicción. Presidente Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides. Forma parte de claustro de profesores de Master especializado en Farmacología, Master y Cursos de la Comunidad de Madrid sobre sustancia adictivas asi como de grupos de investigación en Cannabinoides y colaborador de estudios psiquiatricos relacionados con el consumo de cannabis.

▪▪ Qualitative Study of the Testimonies Online on the Experience to Become Ill of Cancer. Ponencia presentada en el 10th World Congress of PsychoOncology. International Psycho-Oncology Society. Madrid, 9-13 junio 2008. Psycho-Oncology Vol 17(6). Pag 337.

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SI ESTÁS INTERESADO EN PARTICIPAR Infonova Nº 27/ Primer semestre de 2015 Plazo para la recepción de colaboraciones: 10 de diciembre de 2014.

GUÍA PARA AUTORES Y AUTORAS REVISTA INFONOVA: revista profesional y académica sobre adicciones. Es una publicación semestral editada por Asociación Dianova España, con el apoyo del Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del Gobierno de España. La revista se edita en dos versiones, una en formato físico con distribución a nivel nacional y otra en formato digital accesible a través de la página web de nuestra entidad (www.dianova.es).

investigadores que intervienen en el campo de las adicciones y aquellas personas que tengan interés en este ámbito de trabajo, de los últimos adelantos y estudios científicos que tengan relevancia en el campo de intervención, difundir buenas prácticas, identificar tendencias y posibilitar un espacio para el intercambio de conocimientos y experiencias donde puedan participar profesionales de diferentes campos: educativo, académico, profesional, social, sanitario, etc.

Esta publicación tiene como objetivo facilitar la difusión, entre la comunidad de profesionales e

Política editorial de la revista Los textos se envían por e-mail a infonova@dianova.es mediante fichero adjunto (documento elaborado en Microsoft Word).

y en inglés, en cien (100) palabras máximo, y cinco (5) descriptores o palabras claves (en español y en inglés) con fines de clasificación.

Todas las tablas y gráficos que acompañen el documento deben estar incluidas en el fichero adjunto. No incluir más de un fichero en el email.

Para las citas y las referencias bibliográficas Infonova se acoge a los estándares establecidos por la American Psychologist Associatión (APA).

Los escritos deben tener entre cuatro mil (4.000) y seis mil (6.000) palabras, incluyendo las referencias bibliográficas y el resumen.

Los autores deben anexar una síntesis de su currículum vitae (en hoja separada) en la que aparezcan los siguientes datos: nombres y apellidos completos, ciudad y país de nacimiento, títulos académicos con el nombre de la institución que los confirió, Institución donde trabaja, si es el caso; cargo que desempeña; cuatro (4) publicaciones máximo, si las tuviera; correo electrónico, dirección postal y si el artículo forma parte de una investigación formalizada institucionalmente, indicar el título del proyecto, fecha de inicio/ terminación y entidad que los financia.

Todos los textos deben presentarse en papel DIN A 4, en fuente Times New Roman 12 a espacio doble. Las páginas deben estar numeradas en orden consecutivo en la parte superior derecha. Todos los escritos deben incluir el título en español y en inglés, centrado, en mayúsculas y negrita. Debe anexarse un resumen del artículo en español 114


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Nueva publicación de la revista Infonova con su número 26, gracias al PNSD.  

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