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MÓDULO VII. PATRIMONIO

ANÁLISIS DE LA REHABILITACIÓN DEL ANTIGUO MATADERO MUNICIPAL DE MADRID. NAVE 17C: INTERMEDIAE MÁSTER EN GESTIÓN CULTURAL. UNIVERSIDAD CARLOS III DE MADRID. JUNIO 2013. GETAFE


Índice de Contenidos Matadero Municipal. Construcción del edificio<<<<<<<<<<<<<<...<<............< 4 Intermediae. Antiguas naves de oreo, colgaderos, sección frigorífica, garaje, retretes y urinarios<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<........................<<. 6 Cierre del Matadero Municipal. Nuevas funciones<<<<<<<<<<<..<<...........<<< 7 La revalorización del Patrimonio Industrial<<<<<<<<<<<<<<<<...<.............<. 9 Matadero y Mercado Municipal de Ganados. Protección legal<<<<<<<..............<<<.. 11 Intermediae. Rehabilitación de las cámaras frigoríficas<<<<<<..<<<<<...........<<. 12 Rehabilitación Matadero y Mercado Municipal de Ganados. Conclusiones<<..<<<........ 15 Bibliografía<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<.<<<<..................<< 17


uando, a principios del siglo XX el Matadero Municipal se trasladó a la Dehesa de Arganzuela, se produjo un cambio en la perspectiva social y económica de la Comunidad de Madrid, y más concretamente en la zona de construcción del mismo, como resultado inmediato de lo que la “industrialización” generaba en la sociedad.

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El Matadero se encontraba perfectamente situado, en un área despoblada y muy bien conectada con el Río Manzanares y el antiguo ferrocarril. Un proyecto de grandes expectativas dada su extensión y modernidad. La construcción de Matadero responde a las ideas de ensanchamiento de la ciudad y por lo tanto situaba Madrid en un punto clave de modernización, de capitolio, de crear una urbe con mayores capacidades y recursos. Mucha gente venía de lugares alejados para conseguir trabajo y, poco a poco, un gran núcleo urbano se estableció en la zona, generando así la urbe que se desarrolló a su alrededor, con familias empleadas en las industrias que ocupaban el lugar. El barrio, de pronto se convirtió en una de las zonas mayormente productivas sus calles se llenaban de nuevos habitantes provenientes del campo, familias enteras que venían a poblar la zona, a darle una nueva vida; negocios que giraban en torno a las necesidades de los habitantes, de historias que construyen lo que actualmente conocemos como el barrio de Arganzuela, como el Distrito 045.

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Matadero Municipal. Construcción del edificio

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l actual Matadero Municipal es una intervención que convocó el Ayuntamiento alrededor de 1907, cuando se decidió sustituir el antiguo, ya obsoleto, por otro más moderno. La municipalidad convocó un concurso al que se presentaron varios arquitectos de Madrid. Tras algunas desavenencias entre el Ayuntamiento y el equipo ganador, el encargo recayó en el entonces arquitecto municipal, Luis Bellido.

Este programa, manuscrito en la memoria del proyecto en abril de 1910 y publicado poco después, habría de sufrir su revisión ocho años más tarde, ampliando el número de bases a quince y reorganizando y modificando sustancialmente todas desde la tercera, al enumerar y detallar los edificios necesarios y pormenorizar el proceso.

Bellido era un arquitecto de cierto estilo ecléctico, estilo que se aprecia en la decoración exterior de las naves, de acabado neomudéjar. Antes de iniciar el proyecto, Bellido decidió realizar un viaje a aquellos países de Europa en los que se estaban desarrollando los complejos industriales más avanzados, como Holanda, Italia o Francia, aunque fue en Alemania donde encontró propuestas de una vanguardia más interesante. En estos edificios se aplicaban conceptos industriales relacionados con la practicidad, la operatividad y con el funcionalismo de los espacios, aunque siempre con una arquitectura de cierta modernidad. De este modo, Bellido decidió basar su proyecto en una serie de características básicas para la función del conjunto arquitectónico:

El segundo principio fue uno de los más complicados, ya que la ubicación del nuevo Matadero Municipal era complicada, sobre todo por las especificaciones higiénicas que requería. Tras una serie de debates con el Ayuntamiento, Bellido decidió situar el edificio en lo que entonces se consideraban las afueras de Madrid, en la Dehesa de Arganzuela, muy bien conectada con la urbe, y con una característica fundamental para el proyecto: se encontraba cerca del río Manzanares, paralelo al cual circulaban entonces las vías del tren, en el que se traería después a los animales. A pesar de ser la propiedad del Municipio más idónea, requirió de obras muy costosas para adecuar el terreno.

1.La agrupación de los dos establecimientos necesarios, matadero y mercado, en un solo recinto y bajo una dirección y administración única. 2.Un emplazamiento conveniente, de fácil acceso desde la población a la que abastece, tanto por ferrocarril como con carro o a pie. 3.La inspección sanitaria eficaz en todas las fases de intervención, tanto para el ganado vivo como para las carnes. 4.Existencia de una sección sanitaria independiente, con lavadero, matadero especial y aparatos de esterilización de carnes enfermas. 5.Construcción de diferentes locales para el mercado de ganados, amplios y austeros, y de una bolsa de contratación de carnes vivas y muertas, directamente intervenida por la administración municipal. 6.Implantación de medios mecánicos modernos en la sección técnica, los cuales hicieran el trabajo más fácil, culto e higiénico. 7.Instalación de cámaras frigoríficas. 8.Obligación de pasar las carnes, tanto vivas como muertas, por medios mecánicos y automáticos. 9.Creación de un taller de vaciado de estómagos y vientres y de primer lavado. 10.Instalación de industrias complementarias relacionadas con el abastecimiento de carnes, que, sin riesgo económico, pudieran municipalizarse. 11.Disposición y construcción de las edificaciones, teniendo en cuenta su posible ampliación.

La organización de todo el conjunto se planteó como una estructura en peine que se va adaptando a los bordes del solar, donde la primera serie de naves era la que recibía el ganado vivo directamente desde el tren y se depositaba en las tres o cuatro naves consecutivas. Allí se guardaba hasta que era trasladado a la siguiente hilera de naves, donde era sacrificado y colgado en ganchos que trasladaban los animales ya muertos a través de guías hasta la última hilera de naves. Entonces el animal era despiezado y congelado, en la última nave, paralela al actual Paseo de la Chopera. Esta nave, objeto de estudio en nuestro trabajo, era entonces, la cámara frigorífica donde se conservaba la carne hasta que llegaban los camiones y se la llevaban para su posterior venta. Cada una de las naves, desde la que recibía el ganado, o en la que se sacrificaba, hasta la nave en que se congelaba y almacenaba, tiene tipologías arquitectónicas distintas. Podemos imaginar, en nuestro caso, que la tecnología enfocada al mantenimiento de la carne y al aislamiento térmico tenía una serie de especificaciones técnicas que no requerían el resto de edificios, especialmente se centraban en una mayor densidad y espesor de los muros. Aquí son mucho más grandes que en el resto de naves del complejo y los aislamientos térmicos están sobredimensionados, lo que confiere al edificio un carácter especial.

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a actual sección dedicada a Intermediae forma parte del antiguo conjunto formado por las naves de oreo, colgaderos, sección frigorífica, garaje, retretes y urinarios, denominado nave 17; concretamente en la zona de cámaras frigoríficas. Esta nave se encuentra en la parte sur del Matadero y Mercado de Ganados y forma una larga banda longitudinal colindante al paseo de la Chopera que se extiende desde el acceso principal hasta el depósito de agua en el sector dedicado a la matanza.

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Esta localización proviene del amplio proceso de matanza que Bellido distribuyó según el eje transversal del Matadero: banda de transporte ferroviario, al oeste; establos de ganado y líneas de matanza en la parte central y, en la parte oriental, los colgaderos y cámaras frigoríficas, con la venta de carnes, que constituyen el final del proceso, por lo que las sitúa en el extremo, cerca de las puertas de acceso.

Naves de degüello, garaje y depósito de agua. Publ.: Luis Bellido: El nuevo Matadero y Mercado de ganados. 1918.

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Intermediae. Antiguas naves de oreo, colgaderos, sección frigorífica, garaje, retretes y urinarios

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a imagen exterior de la nave 17 es similar a la de las edificaciones restantes de Matadero, donde los materiales utilizados y las tipologías constructivas y estructurales coinciden básicamente: muros de cerramiento de aparejo toledano, con paños de mampostería careada de piedra silícea y verdugadas y machones de ladrillo visto sobre zócalos de granito con moldura recta y labra grosera, así como aparejo de ladrillo visto para las pilastras y encadenados de las esquinas, formación de huecos, cornisas, etc. También de granito se construyen las jambas y dinteles de los huecos de acceso a las salas de máquinas. Por lo tanto, se mantienen los tres materiales básicos del recinto del Matadero: granito, piedra silícea y ladrillo visto. Sin embargo, la ubicación de las cámaras frigoríficas en la nave provoca una serie de variaciones en el diseño del edificio con respecto al resto del Matadero. De este modo, las cámaras frigoríficas se recubrirán interiormente con un material aislante –corcho¬– sobre el cual se adosará un tabique de panderete. Asimismo, tanto techo como suelo se aislarán con el mismo material. La nave 17 ha sido la que más cambios ha sufrido durante el funcionamiento del Matadero, pues los avances tecnológicos en materia de refrigeración han obligado a rehacer las instalaciones para mejorar el servicio. Así, en la década de 1980-1990 se adaptó la edificación a las nuevas normativas de la Comunidad Económica Europea, y se mecanizaron y compartimentaron las naves, bajo la dirección del arquitecto Rafael Fernández-Rañada. De este modo, en 1980 se aprueba

un presupuesto para el acondicionamiento y reforma de las cámaras frigoríficas, y entre 1981 y 1982 se realizó el proyecto para acondicionar y adecuar las instalaciones a la reglamentación técnico-sanitaria, se incluyeron los depósitos frigoríficos en el Plan Director del Matadero Municipal de Madrid (1985-1986), y se añadió un túnel de congelación (1986); además, se organizaron un nuevo mercado de Canales, con 31 puestos de venta y terminado en 1987, con nuevas infraestructuras mecanizadas y adecuadas a la normativa europea y un nuevo túnel de oreo rápido de porcino como complemento a la nueva línea de sacrificio creada, también en 1987.Para apoyo a estos servicios, la casa de calderas se transformó en cafetería. Una vez cerradas las líneas de matanza en 1996, las cámaras frigoríficas, recién renovadas, se siguieron aprovechando para congelación de carne, incluida la importación de carnes refrigeradas y congeladas, y su posterior venta, que se realizaba en la misma fachada de la nave 17 a la calle principal; por ello, en estas fechas se introdujeron sofisticados sistemas de transporte de las canales por guías suspendidas en los techos aunque el uso del Matadero propiamente dicho había finalizado.

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Cierre del Matadero Municipal. Nuevas funciones

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n 1973, las instalaciones del Matadero y Mercado, éste con sus actividades ya mermadas, comenzaban a quedarse obsoletas, planteándose políticamente su desaparición, apoyada por colectivos y asociaciones vecinales, que reclamaban un cambio de uso en los terrenos para dotaciones socio-culturales y, de este modo, una mejora en las condiciones salubres del entorno. A esa amenaza contribuía la Ley 23 de 1967, por la cual el Estado cedía al Ayuntamiento de Madrid una franja de terreno junto al río Manzanares para ser convertida en zona verde antes de diez años, a la que debían sumarse los solares del Matadero Municipal y del vecino Mercado de Frutas y Verduras, realizado en 1926 también por Luis Bellido con la colaboración de Javier Ferrero. La primera fase del referido parque fue inaugurada en mayo de 1969, pero la segunda, que contemplaba la demolición del establecimiento de Bellido, fue prorrogada en 1977 con un lustro más. Mientras, se proyectaba un nuevo matadero en el nuevo centro de negocios de la alimentación denominado Mercamadrid, una empresa mixta creada en 1973 y adscrita a la Concejalía de Economía del Ayuntamiento de Madrid, la cual nacía acorde al censo de población y área geográfica que debía suministrar, con instalaciones adecuadas desde el punto de vista técnico y sanitario, y un emplazamiento periférico, que no ocasionaba perturbaciones en el tráfico urbano de la capital. Frente a la legislación aprobada, comenzó a suscitarse en Madrid un clima cultural de defensa de las edificaciones municipales, en línea con una nueva y generalizada concepción de la protección del patrimonio arquitectónico y urbano, que reclamaba su reconversión en otro uso, sobre la base de su buen estado de conservación y su alta categoría histórico artística. La reacción por parte del consistorio madrileño primero fue tímida, centrada en la protección del pabellón central, el de Administración, el que el propio alcalde D. José Luis Álvarez veía en 1978 “factible conservar, dado su valor arquitectónico”, para finalmente extenderla a la mayoría del conjunto. La dilación de actuaciones al respecto iría propiciando la opción conservacionista y su implantación en la opinión pública, si bien la permanencia de los edificios del Matadero, y también los del inmediato Mercado de Frutas y Verduras, seguía chocando con la citada Ley de 1967, por lo que debía ser modificada por las Cortes, previa aprobación del Consejo de Ministros. Ésta no se alcanzó hasta marzo de 1983, afectando a todo el conjunto, que tendría que ser destinado a equipamientos colectivos y servicios generales, aun cuando uno de ellos, la Casa Administración, popularmente conocida como Casa del Reloj, ya había sido definitivamente exceptuada por entonces su demolición, en el Plan Parcial de Ordenación del Parque de la Arganzuela. Gracias a ese plan, se pudo emprender inmediatamente su reforma para sede de

la Junta Municipal del Distrito, más centro cultural y biblioteca, proyecto fechado en 1983 y firmado por el arquitecto Rafael FernándezRañada. El resto del conjunto habría de quedar sujeto a la pretendida revisión del Plan General de Ordenación Urbana de Madrid, con las limitaciones que supusieran la recuperación constructiva y funcional de los edificios y las adaptaciones para corregir las posibles lesiones y facilitar su cambio al uso asignado. Una primera medida fue la concentración en la zona Sur de todas las secciones del Matadero, liberando así al resto de pabellones para los que pronto comenzó la búsqueda de un destino socio-cultural. En 1989, las condiciones sanitarias del Matadero Municipal comenzaban a ser deficientes, a pesar de las inspecciones, sus gastos de explotación gravaban, más que beneficiaban, al Ayuntamiento y su incidencia en el abastecimiento y comercialización de carne de la Comunidad de Madrid descendía, no alcanzando en esa fecha más del 20 % de los sacrificios totales realizados en ella. Era evidente que el uso para el que habían sido proyectados estos edificios de Legazpi era cada vez más cuestionable, mientras otros muy diferentes se iban adaptando en las naves, que, desde hacía tiempo, ya se encontraban vacías o semivacías. Así, en 1987, el mismo arquitecto Fernández-Rañada transformaba la antigua nave de estabulación y venta de terneras en pabellón de actos culturales y deportivos y, tres años más tarde, el Ayuntamiento de Madrid proponía la conversión de la de ganado vacuno, destinada ya a la comercialización de patatas, en invernadero acristalado. Esta nave se convertiría así en otra de las piezas clave del mismo Parque de la Arganzuela. En cuanto al resto de dicho nuevo Parque, de más de 6 ha en total, se levantaba en la mayor parte de los terrenos que fueran ocupados por el Mercado de Ganado de Trabajo,ya desaparecido. Por otra parte, fruto de un acuerdo entre el Ministerio de Cultura y el Ayuntamiento de Madrid, se inició la rehabilitación de otra de las naves del sector Norte, los antiguos establos de vacuno, para su adaptación como sede del Ballet Nacional de España y la Compañía Nacional de Danza, ante la precariedad de la anterior, en el Teatro Real, y tras el cierre para su remodelación.

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Con respecto a los demás pabellones del Matadero (los que todavía seguían en funcionamiento con su uso inicial), la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid daría un plazo al Ayuntamiento hasta el 31 de diciembre de 1995, sin opción de prórroga, para que adaptara sus instalaciones a la normativa europea y al real Decreto 147/1993 de 29 de enero, que introdujo nuevas “exigencias sanitarias para el sector cárnico”. No obstante, el consistorio madrileño decidiría su cierre y traspaso del negocio de la matanza a manos privadas ante la supuesta imposibilidad de modernización y su más real costoso mantenimiento, por su baja productividad, lo que se llevó a efecto el 2 de enero de 1996. La protección que amparaba a las naves del Matadero y Mercado de Ganados exigía un uso respetuoso con su arquitectura, por lo que pronto comenzaron a barajarse diferentes posibilidades, en las que predominaba el carácter cultural de aquél. Mientras se tomaba la decisión global, a través de un plan director que debería estar aprobado en 1998, se procedió a la limpieza de naves, eliminando añadidos inconvenientes, y a la rehabilitación de sus cubiertas y estructura, dejándolas aptas para la intervención.

En 1997, el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid incluyó el Matadero Municipal en el Catálogo de Edificios Protegidos, asignándole el Nivel 2, grado estructural, afectando a todo su perímetro y a 48 edificios independientes, y le calificó como Dotacional de Servicios Colectivos en su clase de Equipamiento Singular (ES), constituyendo Suelo Urbano común. Su uso cualificado y característico es el de Equipamiento y Administración Pública, el cual incluye las siguientes posibilidades en el nivel de implantación Singular: Educativo, Cultural, Salud, Bienestar Social y Religioso. Además, el conjunto del Matadero se halla localizado dentro del apartado de “Protección Arqueológica. Terrazas del Manzanares” con el Nivel B.

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La revalorización del Patrimonio Industrial

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ras el cierre del antiguo Matadero Municipal en 1996, se pueden enmarcar las diversas iniciativas de recuperación y reutilización del espacio arquitectónico del Matadero de Madrid como consecuencia de toda una corriente más amplia de recuperación del legado patrimonial industrial que tiene sus inicios en la Europa de los años 70. En estos años, el paulatino abandono de la actividad productiva industrial en las áreas metropolitanas en pro de nuevas formas de desarrollo socioeconómico alcanza su punto álgido, y deja tras de sí verdaderos cementerios arquitectónicos fabriles o baldíos industriales, testimonio de otra época en la que la actividad industrial era el motor económico principal de las ciudades. Se inicia en ese momento un debate en torno a la conservación y reutilización de estos vestigios arquitectónicos y su puesta en valor como testimonios históricos de la época industrial, como centros de memoria colectiva representantes de un entorno socioeconómico y demográfico de nuestra historia reciente. Hasta estos momentos la consideración del patrimonio había quedado circunscrita a la idea de monumento u obra de arte, una concepción limitada que dejaba fuera grandes hitos arquitectónicos de la Revolución Industrial, y su valor como testimonios históricos de una época. El siglo XX aportó dos valores que caracterizaron parte del concepto de patrimonio, y que actualmente son muy importantes para comprender la importancia del patrimonio industrial. El primero fue el valor del objeto como testimonio de una época, utilizado sobre todo por la etnología que valoró en una primera fase los objetos de las sociedades no industriales, ya fueran de regiones de países avanzados donde las formas de vida de la industria no habían llegado, o de las sociedades de zonas de

continentes en las que la civilización occidental no había incidido. El otro nuevo valor fue el valor del bien material histórico como documento que, a través de técnicas arqueológicas, aportaba unos datos más cualitativos que complementaban a los obtenidos por otras fuentes con la finalidad de comprender la historia en un sentido global, hay que entender en este último sentido las diversas iniciativas encaminadas a desarrollar una “arqueología industrial” que contribuya a un mejor conocimiento de las diversas fases históricas de la industrialización.

Poco a poco, el patrimonio industrial ha logrado el debido reconocimiento cultural como testimonio del pasado económico, técnico y social de los siglos XIX y XX, tal y como se puede observar a partir de las actuaciones llevadas a cabo por el Comité de Patrimonio de la UNESCO. En 1978, este organismo incluyó en la Lista del Patrimonio Mundial el primer emplazamiento industrial, en concreto, la mina de sal de Wieliczka en Polonia.

La recuperación del patrimonio industrial empezó a finales de la década de 1950 y principios de la de 1960 en Gran Bretaña, el motor mundial de la Revolución Industrial. En el resto de países se retrasó hasta la década de 1970 coincidiendo con la reestructuración industrial motivada por la crisis económica. Fue entonces cuando se generalizó el interés por los edificios en desuso y las áreas de vieja industrialización.

El patrimonio industrial implica un concepto moderno de patrimonio, ya que abarca el conjunto de estructuras fabriles, piezas y máquinas que han sido utilizadas en muchos casos hasta fechas recientes. Una de las características del patrimonio industrial mueble e inmueble es su falta de singularidad, los vestigios industriales no son únicos como otros bienes patrimoniales, sino que son repetitivos y presentan estructuras arquitectónicas uniformes y convencionales para cada sector industrial, como el propio Matadero Municipal, que sigue los parámetros estructurales de los mataderos de la Alemania del XIX. Esto obliga a la aplicación de políticas de conservación selectivas en búsqueda de aquellos elementos más significativos. La singularidad de diferentes lugares productivos de un mismo sector, y su importancia universal no los da la técnica, sino su entorno natural y social.Superado ya el primer momento del puro conocimiento científico, centrado en el inventariado y análisis de estructuras y territorios industriales, en la actualidad destaca la vertiente social y cultural en todo lo relacionado con este patrimonio y no extraña que una de las aproximaciones al tema se centre en este patrimonio como objeto de reutilización y como recurso de atracción turística y dinamización cultural.

Un momento esencial de este proceso de revalorización, es la apertura del Museo de Ironbridge en Gran Bretaña, considerado uno de los lugares en los que comenzó la Revolución Industrial porque fue allí donde por primera vez se fundió hierro con carbón mineral. En 1973, se celebraría en Ironbridge la primera conferencia internacional sobre patrimonio industrial y como resultado se creó The International Comitee for the Conservation of the Industrial Heritage (TICCIH), la asociación de defensa del patrimonio industrial, referencia para otras organizaciones nacionales y locales. En 1975 se realizó otra conferencia en Bochum (Alemania) y en 1978 en Suecia, constituyéndose desde entonces la TICCIH como una asociación permanente con reuniones posteriores cada tres años en distintas ciudades europeas y norteamericanas.

Patrimonio Industrial. Características

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Una vez entendida la necesidad de conservar el patrimonio industrial, se plantea un nuevo problema: qué hacer con dicho patrimonio. La reutilización y puesta en valor son aspectos tan importantes como el referido a impedir su destrucción y desaparición. Las construcciones industriales precisan un tratamiento específico no convencional debido a las características de sus estructuras, su localización, su distribución de espacios y plantas. Estas y otras cuestiones han acabado por centrar los tipos de acondicionamiento y reutilización posibles y por abrir un debate en torno al uso cultural de este tipo de patrimonio. Las experiencias son muy diversas y casi todas pasan por la musealización. Es la manera más extendida de conservar y usar un patrimonio de valor importante pero sin el carácter de pieza única y excepcional que tienen las llamadas obras de arte. Los bienes industriales son comunes, nunca han estado sacralizados por la sociedad y han sido utilizados por los grupos sociales menos dominantes, es decir, los obreros. En general, las características arquitectónicas inherentes a los antiguos usos del patrimonio industrial se presentan en forma de grandes contenedores diáfanos que fueron pensados para albergar grandes piezas de maquinaria. Esto hace de la arquitectura industrial un espacio idóneo para presentar manifestaciones artísticas contemporáneas, grandes instalaciones o montajes teatrales de vanguardia. Al mismo tiempo, es posible realizar múltiples actividades de gran formato en las grandes áreas que estos espacios ofrecen, como talleres, desarrollo de proyectos constructivos sostenibles, etc.

Protección Legislativa. Caso Español Otra vía de análisis ha sido la de las diferentes respuestas que el patrimo-

nio industrial ha encontrado desde el punto de vista jurídico y de protección legislativa. En concreto, en el caso español, hay una reacción considerablemente tardía en comparación con otros países europeos, siendo la asociación entre patrimonio industrial y testimonio cultural un fenómeno reciente en términos normativos.

tal y cuenta con la coordinación de las Comunidades Autónomas. De este modo, pretende instrumentar una serie de medidas que hagan posible ese objetivo y convertir al patrimonio industrial en un factor de desarrollo económico y social de escala local. La base legal de este Plan es la Ley 16/85 de Patrimonio.

Los primeros encuentros para debatir las cuestiones más importantes del patrimonio industrial tuvieron lugar en la década de 1980, como las I Jornadas sobre la Protección y Revalorización del Patrimonio Industrial celebradas en Bilbao en 1982. Desde entonces han tenido lugar diferentes reuniones sobre la gestión del Patrimonio Industrial, como las dedicadas a patrimonio industrial y obra pública (Sevilla, 1990), arqueología industrial de Cataluña (L’Hospitalet del Llobregat, 1991), o el VII Congreso Internacional de la TICCIH (Madrid, 1992).

Concretamente, el patrimonio industrial queda definido en el Plan como el conjunto de elementos de los procesos de producción basados en un sistema tecnológico mecanizado. Estos elementos pueden ser de tres tipos:

Desde el punto de vista normativo, destaca especialmente la Ley de Patrimonio Histórico Español del 25 de Junio, que da inicio (aunque sin tratamiento específico) a la protección del patrimonio industrial en nuestro país. Ésta se amplía a nivel autonómico con una serie de textos, muchas veces heterogéneos y con enfoques distintos. Además, desde el año 2000 está en marcha el Plan Nacional de Patrimonio Industrial, gestionado por la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales a través del Instituto del Patrimonio Histórico Español. Las primeras intervenciones en el marco de este plan se elevan a 49 y en todas ellas la concepción que preside la conservación es global e incluye, no sólo la maquinaria y los edificios fabriles aislados, sino también los conjuntos, los paisajes industriales y los entornos socioeconómicos. Esta iniciativa, que pretende salvaguardar un importante pasado de nuestra historia más reciente, es de ámbito esta-

- Aislados, con el suficiente valor histórico, arquitectónico o tecnológico como para ser testimonio de una determinada actividad industrial (ejemplo, un horno) - Conjuntos industriales,en los que se conservan todos los componentes materiales y funcionales y constituyen una muestra completa (ejemplo, una fábrica). - Paisajes industriales, con diferentes componentes de una o varias actividades y visibles sobre el territorio (ejemplo, una cuenca minera). El Plan considera que la primera medida para la intervención es la elaboración de un catálogo en el que se recojan los bienes susceptibles de intervención. Tras el inventario se debe determinar qué elementos merecen la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) como medida inmediata de protección y base para las posteriores actuaciones. En los casos en los que el bien industrial está perfectamente documentado y no presenta ningún tipo de complejidad, el Plan prevé la aplicación de los llamados proyectos de ejecución, que son intervenciones puntuales y perfectamente definidas. Estos proyectos se ajustan a las necesidades específicas del bien y pueden ser de conservación, consolidación, restauración, adecuación a nuevos usos, protección, etc.

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Matadero y Mercado Municipal de Ganados. Protección legal Debido a las características arquitectónicas y a su escala, el Matadero y Mercado Municipal de Ganados es uno de los conjuntos edificados más significativos de Madrid. El Matadero como centro cultural forma parte de un proyecto de revitalización del Patrimonio Industrial promovido por el Ayuntamiento de Madrid con el fin de dar nuevo uso a los edificios del Matadero que llevaban más que veinte años sin uso. La idea era mantener los valores propios de los edificios, pero al mismo tiempo incorporar elementos arquitectónicos contemporáneos con el objetivo de establecer un diálogo entre el antiguo y el nuevo. El Matadero es un bien de titularidad municipal de naturaleza Demanial adscrito al Uso o Servicio Público, incluido en el Inventario Municipal de Bienes gestionados por el Área de Régimen Interior y Patrimonio. Según la vigente Ley del Patrimonio 16/1985, el Patrimonio Histórico Español está constituido por “los inmuebles y objetos muebles de interés artístico, histórico, paleontológico, arqueológico, etnográfico, científico o técnico. También forman parte del mismo el patrimonio documental y bibliográfico, los yacimientos y zonas arqueológicas, así como los sitios naturales, jardines y parques que tengan valor artístico, histórico o antropológico” (Art. 1.2). La Ley no nombra explícitamente el Patrimonio Industrial. Para que se reconozca oficialmente que el Patrimonio Industrial forma parte del Patrimonio Histórico Cultural, distintas asociaciones, defensoras del patrimonio industrial, administraciones estatales, autonómicas y locales y algunas instituciones específicas de investigación apoyaron el desarrollo de un Plan Nacional de Patrimonio Industrial que se puso en marcha en el año 2001, pero hasta hoy en día está expuesta a ciertas dificultades, como por ejemplo la ausente inventarización de bienes que están integrados en el Plan Nacional de Patrimonio Industrial y la dificultad de que las administraciones declaren Bien de Interés Cultural a bienes industriales. La Ley establece distintos niveles de protección, considerando que “Los bienes más relevantes del Patrimonio Histórico Español deberán ser inventariados o declarados de interés cultural” (Art. 1.3). El Matadero no está declarado ni Bien de Interés Cultural ni forma parte del Inventario General, lo que significa que no está protegido como Patrimonio

Histórico de nivel estatal. Sin embargo, desde el año 1997 está protegido de cierta manera por estar incluido en el Catálogo de Edificios Protegidos del Plan General de Ordenación Urbana de Madrid, clasificado de nivel 2, grado “estructural”. Nivel 2 significa que los edificios del Matadero están protegidos en su conjunto y que las características constructivas y volumétricas son de mayor interés. Grado “estructural” quiere decir que “el edificio tiene valores suficientes para merecer la conservación, tanto de su volumetría como de sus elementos arquitectónicos más destacados”. Eso significa que todo tipo de intervención tiene que respetar la arquitectura del antiguo Matadero. Para poder intervenir en el edificio de manera adecuada respecto a su nuevo uso como centro cultural y empezar las reformas, en 2002 se aprobó un Plan Especial de Intervención, Adecuación Arquitectónica y Control Urbanístico-Ambiental que fue modificado en 2005. El objetivo de ese Plan Especial era establecer “las condiciones de ordenación pormenorizada para la implantación de usos, y desarrollo urbanístico en el marco de las competencias que como instrumento de desarrollo, le confiere la legislación urbanística vigente” (7. Objetivos y oportunidades de la modificación del Plan Especial). El Plan Especial regula en que medida se puede intervenir en cada nave. En caso de la nave 17, donde se encuentra Intermediae, se admite por ejemplo “la eliminación de muros de carga, forjados, escaleras y cubiertas, y la nueva construcción de forjados, escaleras y cubiertas, pero sin variación de la envolvente. También se permitirá la eliminación de pilares, siempre que, para eliminar uno, varios o todos los pilares de una nave, exista una justificación y un control sobre la misma”.

Distrito 045 Pensamos que la protección legal que recibe el conjunto del Matadero mediante las ormas Urbanístícas de Madrid y el Plan Especial de Intervención es adecuada. Intermediae nos parece un buen ejemplo de cómo se puede intervenir en un edificio histórico industrial y rehabilitar el espacio, pero al mismo tiempo mantener las huellas significantes del pasado y respetar la estructura original. Consideramos que la conservación y protección del patrimonio industrial es fundamental porque la industrialización y sus fenómenos acompañantes influyeron en gran medida la vida cotidiana, el desarrollo de las ciudades y regiones y definieron su identidad. Por lo tanto representa una parte importante del Patrimonio Cultural y es testigo de un periodo clave de la historia de la humanidad.

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Intermediae. Rehabilitación de la Nave 17

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n 2007 el Ayuntamiento de Madrid quiso dar el primer paso para la rehabilitación del antiguo Matadero de Arganzuela como nuevo centro cultural de la ciudad. Aunque el objetivo estaba claro - la reconversión del conjunto industrial en un complejo multidisciplinar dedicado a la cultura contemporánea - la filosofía de actuación sobre los edificios era todavía difusa y el tiempo apremiaba para abrir el primer espacio al público. De este modo el ayuntamiento decidió contratar a un estudio de arquitectura para realizar una primera intervención provisional sobre la nave 17, e instalar allí la primera institución del nuevo Matadero. El presupuesto era tan limitado que no era necesario convocar un concurso público, y el trabajo se encargó finalmente a los arquitectos Arturo Franco y Fabrice Van Teslaar. El objetivo era realizar una rehabilitación de bajo coste del espacio que permitiera en pocos meses el traslado de Intermediae, una institución ideada en 2005 y dedicada a mediación cultural y la participación ciudadana el proyectos colaborativos. Los arquitectos respondían pues ante un cliente con dos cabezas, que a pesar de todo dio al estudio la máxima libertad a la hora de afrontar el proyecto. Los únicos requisitos eran la provisionalidad de la intervención (todo debía poder ser deshecho en el plazo de dos años) y la multifuncionalidad de los espacios (la nave debía estar capacitada para acoger proyectos muy distintos al mismo tiempo). El edificio, a pesar de las brechas, desprendimientos y marcas de un incendio, estaba en unas condiciones estructurales muy buenas. El único factor que verdaderamente condicionó al proyecto de Franco y Van Teslaar fue el económico. La escueta suma destinada a la rehabilitación no permitía una intervención de grandes dimensiones, cambiando el aspecto global del edificio, y esto llevó a los arquitectos a la búsqueda de nuevas formas de actuación que serían, a la postre, mucho más exitosas.

Finalmente el diseño elegido para la nave 17 sigue la máxima de “rehabilitar casi sin intervenir”, y contempla el mantenimiento del aspecto del edificio prácticamente en el estado que ha llegado hasta nosotros. Más allá del acondicionamiento económico, Franco y Teslaar quisieron realizar una intervención que se acomodara a los principios y objetivos de la institución que iba a albergar. “Intermediae tiene como objetivo fundamental el proceso, la participación y el encuentro con los artistas. ¿Por qué no aplicar esa misma filosofía al edificio?” pensó Franco. Fue así como decidieron dejar la nave “abierta”, mostrando las heridas, desperfectos y cambios que el paso del tiempo ha dejado en ella. Así el proceso histórico del edificio queda a la vista de todos, y la intervención de los arquitectos se suma como una fase más de la vida de la estructura. Y no necesariamente la última. Siguiendo con esta idea, se decidió actuar sólo sobre las partes que necesariamente requerían de alguna intervención, siendo el resultado final una serie de remodelaciones concretas en puntos concretos. De hecho, la única intervención en el conjunto del edificio fue en el suelo, que se homogeneizó con hormigón pulido. Por lo demás se remacharon ventanas y incorporaron cristales, puertas, un sistema de iluminación y aseos. Se abrió una nueva entrada (al Paseo de la Chopera) y se dejaron vacías las dos amplias salas de columnas como lugares destinados al grueso de la actividad.

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El único espacio que recibió un tratamiento más especial fue el terrario y la sala de oficinas, que incorporaron un sistema de aclimatación, paredes de cristal y un suelo diferente al del resto del espacio. Para todo ello Franco y Van Teslaar decidieron usar materiales industriales, que concuerdan con la estética del conjunto, pero de carácter duro, liso y en piezas de enorme tamaño, marcando pues diferencias con el edifico original y permitiendo distinguir las distintas fases, al tiempo que invitan al visitante al diálogo entre lo nuevo y lo viejo. El resultado es un edificio donde lo original y lo remodelado se integran mutuamente pero sin confundirse, y la historia del edificio puede adivinarse sólo con pasear por el mismo. Por último, toda la actuación cumple con el requisito de ser absolutamente sostenible y reutilizable. Prácticamente no hay nada de lo intervenido que no pueda ser deshecho para dejar al edificio en su situación anterior. Por eso se optó por incorporar piezas de gran tamaño (como la viga de recepción o las puertas), cuya envergadura no precisa de clavos, tornillos o soldaduras para ser instaladas (que marcarían indefectiblemente el espacio), sino que cumples totalmente con su funcionalidad simplemente con ser “colocadas”. Se trata de alcanzar la sostenibilidad, pero no a través de lo efímero, sino de lo permanente. Según Franco, contando con maquinaria pesada para mover tales piezas, la intervención puede deshacerse en un corto periodo de tiempo. El resultado final obtuvo las alabanzas y varios premios del mundo de la arquitectura, y gustó tanto que se decidieron hacer los pequeños ajustes necesarios para mantener la intervención más allá de los dos años previstos. Finalmente se tomó como modelo para la rehabilitación del resto de espacios vecinos que competían al Ayuntamiento, y así Matadero fue recuperando sus espacios según la imagen y modelo aplicados en Intermediae. Después del trabajo de Franco y Van Teslaar, el espacio de Intermediae ha tenido alguna que otra pequeña remodelación (como la pintura del techo del terrario) más o menos demandada por las circunstancias. No todas ellas son del agrado de Franco, pero opina que “molestarse por ello sería absurdo”, pues la filosofía actual del edificio precisamente se basa en el respeto hacia toda la historia del mismo, en la aceptación radical de que todo está en perpetuo cambio y de que, además, es ese mismo proceso el que le otorga un valor especial.

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E

l paso del tiempo es un hecho inexorable. La humanidad avanza hacia una evolución incierta en la que se plantean de manera natural nuevas situaciones, las cuales conllevan nuevas necesidades. Pero al mismo tiempo, la humanidad también se ve obligada (o al menos, exigida) a conservar su pasado como fórmula de conocimiento, articulando una memoria que deje constancia de lo acontecido.

Durante el primer tercio del siglo XX Madrid era una ciudad en plena transformación. En esos años se abordarían proyectos tan emblemáticos como la apertura de la Gran Vía, el lanzamiento de las primeras líneas de metro, o la construcción del Palacio de Comunicaciones (actual sede del Ayuntamiento). Del mismo modo también se desarrollaban otras iniciativas; quizás menos vistosas pero no por ello menos necesarias, como es el caso del Matadero Municipal. Con su propuesta Bellido demostró estar al tanto de las últimas novedades europeas en materia de construcciones arquitectónicas. Así concibió una ciudad productiva con más de 20 edificios adaptados a diferentes funciones, ordenados según un esquema en peine con una disposición acomodada a la forma del solar y a las conexiones con la infraestructura ferroviaria. En cuanto a las tipologías de los edificios, en su concepción del espacio la obra de Bellido está directamente ligada a la arquitectura industrial alemana del momento (cuyo máximo exponente será la fábrica de turbinas AEG de Peter Behrens); a esa arquitectura funcionalista de hormigón que establecía el germen de inspiración para la eclosión del Movimiento Moderno (gran triunfador de la arquitectura de la primera mitad del siglo XX). Sin embargo, para los exteriores Bellido adoptó una solución propiamente castiza, recurriendo al ladrillo como material de cerramiento y al estilo neomudejar (patente en los arcos de herradura) como señas de nuestra historia. En definitiva, se trata de una solución moderna, que está al tanto de las novedades europeas, pero adaptada a los fines e identidad del caso.

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Rehabilitación Matadero y Mercado Municipal de Ganados. Conclusiones En la última década del siglo XX el distrito de Arganzuela había cambiado plenamente, pasando de ser una zona tradicionalmente industrial a convertirse en un área residencial caracterizada por una alta densidad de población y una fuerte terciarización de su economía. El Matadero Municipal había quedado abandonado (su actividad sería trasladada al conjunto de Mercamadrid), y desde el Ayuntamiento se pensaban múltiples propuestas para su reconversión: biblioteca municipal, multicines, museo de arquitectura, centro comercial, sede de la UNED,… Incluso hubo quien imaginó la ciudad productiva de Bellido convertida en cuartel general de Telemadrid (conjeturen cuán escatológico y desolador sería su panorama actual…). Sin embargo Madrid tenía otras prioridades para la ciudad y para el propio distrito, y en el año 2002 el ejecutivo de Álvarez del Manzano aprobaba definitivamente el Plan Especial de intervención y adecuación arquitectónica. Con ello, el antiguo Matadero estaba destinado a convertirse en el buque insignia de la cultura madrileña: una gran ciudad productiva, esta vez de cultura, que contribuyese a garantizar uno de los derechos fundamentales de la ciudadanía (a priori somos un Estado Social, Democrático y de Derecho), y que subsanase las carencias de la ciudad en cuanto a la descompensación entre el potencial de su circuito museístico y el de sus centros de creación. Todo ello inserto en un amplio plan de revitalización urbana del distrito de Arganzuela. Quizás no sea necesario, pero por si acaso, conviene recordar, haciendo ejercicio de memoria, que en la última década del siglo XX y la primera del XXI en España se vivió una burbuja inmobiliaria cuyas consecuencias seguimos padeciendo en la actualidad. Edificios de todo tipo, para todo tipo de funciones, eran levantados a lo largo y ancho del terri-

torio nacional para beneficio directo de constructores, propietarios y políticos (y en detrimento de valores como la sostenibilidad o la igualdad social). En este sentido, las negligencias de las administraciones han sido constantes a la hora de gastar el dinero público en contenedores culturales de lujo que no se pueden mantener, que no llegan a terminarse, o que simplemente carecen de cualquier cosa que albergar. Por citar algunos ejemplos, basta mencionar la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, el centro Niemeyer en Avilés, o la ampliación del Museo del Prado en Madrid (cuyo presupuesto se llegó a disparar en un 300% sobre lo estipulado en el proyecto ganador del concurso). Pero el caso de Matadero se distancia de los ejemplos anteriormente citados, ya que tras el Plan General de Ordenación Urbana de 1997, el conjunto arquitectónico quedaba incluido en el Catálogo de Edificios Protegidos, asignándole el Nivel 2 de protección (Protección Ambiental). De este modo, el edificio era susceptible de sufrir algunas modificaciones para su rehabilitación (podemos reaprovechar una construcción previa poniéndola en valor y dotándola de funcionalidad); pero por otra parte el Ayuntamiento también debía garantizar la preservación de ciertos rasgos constructivos, volumétricos y ornamentales originales, los cuales eran considerados de interés como reflejo característico del patrimonio arquitectónico (de nuestro pasado). Así pues, se podía intervenir sobre Matadero, pero también había que preservar la esencia de la concepción original del proyecto de Bellido. Hay que señalar que cuando hablamos de Matadero Madrid nos estamos refiriendo a un proyecto muy amplio, compuesto de diferentes instituciones, en el cual se conjugan la iniciativa pública y privada. ¿Qué

grado de homogeneidad debía presentar entonces el proyecto? O mejor dicho, ¿cómo conseguiría el Ayuntamiento establecer unas pautas para la intervención en conjunto, dotando de orden estético a la propuesta? Lamentablemente, con el tiempo hemos podido comprobar que cada institución optó por llevar a cabo su propia idea, de manera que el aspecto estilístico de algunas instituciones como Casa del Lector o DiMad Central del Diseño difiere bastante de la estética general de Matadero (en la cual agruparíamos centros como Intermediae, la Cantina, el vestíbulo de entrada o la Cineteca). En concreto, el proyecto de rehabilitación de las naves de Intermediae encuentra su origen a finales del año 2005. Desde la Administración se contactó con diferentes estudios planteándoles el desarrollo de una solución de bajo coste, que fuese respetuosa con la el grado de protección establecido sobre el edificio, y que no hipotecase el futuro del inmueble ante posibles cambios de uso. La reforma también debía tener en cuenta las demandas de Intermediae, la institución que iba a ser acogida en el espacio. En aquel momento el proyecto Intermediae estaba levemente esbozado como un centro de creación contemporánea experimental, que valoraba la participación ciudadana como elemento esencial, y que anteponía el proceso al resultado final. Es decir, un centro de creación donde el protagonismo recae en los propios ciudadanos, que están trabajando en la institución, y en aquello que está sucediendo (más que en el resultado final). Finalmente el Ayuntamiento escogió como ganador el proyecto de Arturo Franco y Fabrice van Teslaar, una solución ciertamente respetuosa con el planteamiento original de Bellido basada en el concepto de mínima intervención.

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Los arquitectos, en parte obligados por la escasez de presupuesto, en parte seducidos por la necesidad de preservar ciertas condiciones originales de la nave frigorífica, plantean una rehabilitación del edificio con intervenciones muy puntuales, enfocadas casi exclusivamente a cuestiones relacionadas con el mantenimiento y bajo un absoluto respeto a la ruina. Es como si los autores se hicieran eco de la máxima de Mies van der Rohe, less is more, y trataran de introducir los mínimos cambios con el fin de preservar por completo la concepción espacial original proyectada por Bellido. Y seguramente sea en este punto donde radique el mayor éxito de la propuesta, ya que es en la preservación del espacio diáfano donde confluyen los intereses del Ayuntamiento (que encuentra una solución de bajo coste) y de Intermediae (que como centro de creación experimental requiere de áreas versátiles), al tiempo que se mantiene el respeto sobre el grado de protección del edificio. Así pues, en Intermediae podemos diferenciar varias salas acondicionadas como el te-

rrario o las oficinas; sin embargo la concepción espacial del conjunto apenas se ve alterada gracias al uso de amplias cristaleras que permiten conformar una sensación de continuidad. Por otro lado, Franco y van Teslaar entendieron el proyecto como una oportunidad para establecer un diálogo entre presente y pasado. Como explicábamos anteriormente el proyecto de reforma no contemplaba ningún cambio en el plano estructural, de manera que el acondicionamiento del espacio se haría rápidamente a partir de materiales industriales actuales (vidrio, metal, pvc,…) depositados o ensamblados, los cuales conformarían las infraestructuras básicas del edificio. Se suscita de este modo un diálogo fluido entre lo nuevo y lo viejo, entre el diseño de Bellido y la rehabilitación contemporánea, en el cual se permite vislumbrar el paso del tiempo, apreciándose marcas y señales del edificio como industria carnicera pero también como centro cultural. Estamos pues ante una atmósfera idónea

para Intermediae en su afán por enlazar tradición y modernidad. En definitiva, podemos contemplar la reforma de las naves de Intermediae como un caso de éxito, el cual debía haber servido para sentar precedente sobre el resto de intervenciones que se llevarían a cabo en el conjunto de Matadero. No tanto en cuanto a su estilo formal (cada institución tendrá sus propias necesidades), pero sí en el planteamiento general de la intervención, en el concepto de situarse sobre los límites de la no actuación, respetando al máximo el patrimonio histórico y poniendo en alza sus valores. Así, la genialidad de recuperar Matadero como centro cultural reside en el reaprovechamiento integral del patrimonio arquitectónico; adaptándolo a las necesidades y situaciones que nos encontramos en el momento presente, pero sin borrar de manera indisoluble las huellas de su pasado. En este sentido, la reforma de Intermediae se nos presenta valiente y acertada, algo que no ocurre con otras instituciones del complejo como Casa del Lector o DiMad Central del Diseño.

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Bibliografía • Memoria Histórica para el proyecto de Rehabilitación del antiguo Matadero Municipal de Madrid. El sector meridional. Servicio Histórico COAM. Enero 2005. • Centro Intermediae Matadero. Arturo Franco y Fabrice Van Teslaar. Rehabilitar casi sin intervenir. Borja Dorado García. Arquitectos de Madrid, Nº2. Junio 2008. • La reutilización del patrimonio industrial como recurso turístico. Aproximación geográfica al turismo industrial. Carlos J. Pardo Abad. Departamento de Geografía. Universidad Nacional de Educación a Distancia • uevo concepto de Patrimonio Industrial, evolución de su valoración, significado y rentabilidad en el contexto internacional. Eusebi Casanelles I Rahóla. Director NACTEC. Presidente de TICCIH. • Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español (BOE 29/06/1985). • Modificación del Plan Especial de Intervención, Adecuación Arquitectónica y Control Urbanístico-Ambiental de Usos en el Ámbito del Antiguo Matadero Municipal, situado en el Paseo de la Chopera en el Distrito de Arganzuela, 2005. • Normas Urbanísticas de Madrid. Art. 4. Aprobación: 17/12/1996. (BO. Comunidad de Madrid 19/04/1997, núm. 92, pág. 6-148). • Patrimonio Histórico Edificado: Matadero y Mercado Municipal de Ganados (Ref. 80004), Ayuntamiento de Madrid. Área de Gobierno de las Artes. Dirección General de Infraestructuras Culturales, 13/04/2009. • Plan General de Ordenación Urbana de Madrid, Ayuntamiento de Madrid, Aprobación: 17/04/1997 (BOCM 19/04/1997). • Plan Nacional de Patrimonio Industrial, 03/2011.

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Distrito045. Análisis Patrimonio Intermediae  

Proyecto de análisis patrimonial para el Máster de Gestión Cultural de la UC3M

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