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BELA MUXÍA ES UN LIBRO ESCRITO SOBRE LOS MUROS DE LA ARQUITECTURA, PERO TAMBIÉN UN ALBERGUE Y UN RELATO IDENTITARIO DE LA COSTA DA MORTE, METONIMIA DE LA CONCIANCIA MÍTICA, ETNOGRÁFICA Y ANTROPOLÓGICA DE TODAS LAS GALICIAS DEL MAR Su sencillo espacio interior ha sido diseñado con una escuadra deconstructiva de tono literario, teniendo en cuenta los acontecimientos que han marcado históricamente este Finisterre atlántico que daba fin al Camino de Santiago del Mar, pero también haciéndonos acompañar por los ecos de los viejos peregrinos que nos han visitado desde el Medioevo y por las sutiles voces de los poetas que cantaron el naufragio romántico y su dramaturgia de la muerte, desde Rosalía de Castro a José Ángel Valente. Muxía, en el Atlántico más occidental de la península que mira a América, es su enclave.


Muxía es una pequeña villa que reproduce un modelo de etnografía tipo en el ámbito de la Galicia marinera. Producto de una smbiosis milenaria entre las piedras, el mar, las leyendas y una religiosidad ecléctica, esto es, católico-pagana, bajo un horizonte telúrico, define el peso de la Iglesia medieval sobre su evolución panteísta hasta hoy mismo El origen del pueblo se rastrea en el santuario de piedras de cultos neolíticos – III milenio a.C.- relacionados con la fecundidad. Las Piedras d´Abalar, d´os Cadrís, del Timón y de los Enamorados presiden el Santuario de hierofanías (la piedra era manifestación de lo sagrado), en el entorno de los acantilados de la Barca, que atrajo a miles de peregrinos prehistóricos


La Iglesia aprovechó aquellas concentraciones milenarias y cristianizó los viejos cultos paganos en la primera Edad Media, que fueron sustituidos por el nuevo credo bajo el impulso de los monjes de San Martín Dumiense, a partir del siglo VI después de Cristo. De esta manera surgió otro Santuario cristiano, de corte mariano, que se confrontaba al pagano o precristiano y el lugar de las terras monxías (denominación que adquiere por los monjes que cristianizaron aquellos acantilados de difícil conversión) pasó a llamarse Monxía, lugar de monjes, porque sólo el celo de estos pudo doblegar el poderío religioso del culto a las piedras. Desde el siglo XVI, y según consta en los Libros de Fábrica del Santuario de la Virgen de la Barca, Monxía derivó en la castellanización Mongía, posteriormente Mugía, y finalmente Muxía.


Pero para ratificar el proceso cristianizador, comenzado en el siglo VI, se hizo necesario consolidar la leyenda, la misma que marcará para siempre el devenir religioso, folklórico, sociológico y marinero de esta villa finistérrica del Noroeste coruñés. La leyenda, vertebrada en la conciencia mítica de la Reconquista y peculiarizada en el elemento identitario del mar, cuenta que la Virgen se aparece al apóstol Santiago, cansado de predicar, en una barca de piedra (La Pedra d´Abalar) de los viejos cultos paganos, especialmente el de la fecundidad, que más tarde es obtenedora de deseos si se mueve con fe mariana), acelerada por el favor de los vientos y por una vela (La Pedra d´os Cadrís, piedra de paso e iniciática, curadora posteriormente de males reumáticos y renales), dirigida por ángeles remeros y un timonel, que conducía la nao desde la pesadez de un timón, también de granito (Pedra do Timón).


En los aledaños y volcada al mar la Pedra dos Enamorados es el fin de las intrincadas huellas líticas que los historiadores de los siglos XVII, XVIII y XIX atribuyeron a pisadas de Jesús, de diferentes santos o a reflejos de signos y elementos litúrgicos, como cruces y cálices. Todo ello fue el punto de arranque de una religiosidad y de un folklore marinero que jamás pudieron escindirse: una visión incrustada hasta la actualidad y reforzada, desde el principio del siglo XVIII, cuando se erige el actual Santuario de la Virgen de la Barca –tal vez la tercera construcción, que sustituyó a antiguas ermitas medievales-, con el favor de Felipe V y la generosa contribución de los Condes de Maceda y Frigiliana, en un contexto de impulso peregrino y aventurero, vinculado al Camino de Santiago y reforzado desde entonces.


En el siglo XIX y en el marco del romanticismo y sus secuelas, los historiadores gallegos, desde Manuel Murguía y Benito Vicetto a Saralegui y Medina, creyeron encontrar en el pueblo las raíces célticas de una utopizada identidad gallega, escondidas en las piedras sagradas, donde la diosa Celt, madre de todos los célticos galaicos, reposaba. El lugar donde Rosalía de Castro sufrió durante meses una enfermedad también romántica, el tifus (1854), obligado reposo en la villa marinera, cuya prolongada estancia le inspiró su novela La hija del mar. En Muxía, y al decir del polígrafo Ramón Otero Pedrayo, Rosalía escribió algunos de sus mejores poemas. Ella inicia el ciclo de los poetas e intensifica la mitología romántica del naufragio y del drama, alargando el brazo épico que bebía en Byron, Goethe, Hölderlin y los laquistas ingleses, alimentando la idea de la muerte en el mar: la costa será ya para siempre Costa da Morte, escenografía de una identidad con sabor a tragedia y versión lírica de fábulas que cantaron grandes poetas, de Hugo Rocha a José Ángel Valente o César Antonio Molina, de Gonzalo López Abente a Federico García Lorca. Y el mismo José Saramago se inspiró en aquella Piedra/Barca que navegó hasta Muxía para imaginar la fábula de su novela La balsa de piedra.


incrustada en un final de la Ruta Jacobea, la del Finisterre de la Barca, Muxía, además de ser una de esas arterias costeras, acentúa su singularidad como Camino del Mar, camino que ya, en el siglo XII, El Idrisi describía como vía comercial y de peregrinos. Identidad cultural que marca de manera ineludible la economía del mar.

Diacrónicamente y a la manera de un libro ilustrado con imágenes, secuenciado en diferentes capítulos, que son sus salas o espacios, el albergue traduce, de manera sencilla, la criptología o el significado de las viejas tradiciones, la historia del pueblo tanto como el sentir de los peregrinos, de los poetas y de algunos artistas. Y esto es lo que encontraremos en sus textos e imágenes murales.


PRÓLOGO/ENTRADA


ESPACIO DE LOS NAUFRAGIOS La Costa da Morte adquiere su identidad más trágica en la metonimia del naufragio, secuencia real de la durísima vida que el hombre ha mantenido, a lo largo de los siglos, en su lucha con el mar, ese amigo/enemigo que ha posibilitado el desarrollo económico de este territorio y que la literatura romántica ha elevado a fábula y leyenda. Los pacientes planos manuscritos de Pepe Olegario, marinero de Sardiñeiro, ha concebido como producto de sus pesquisas de más de cincuenta años de trabajo en los mares de la Costa da Morte, nos permiten situar los pecios de los numerosos naufragios que ha sufrido aquélla desde el Cabo de Touriñán hasta la Punta Lens.


SALA DE LAS PIEDRAS SAGRADAS El espacio dedicado al origen del pueblo, origen prehistórico, como lugar de culto a las piedras o su condición hierofánica, en tanto que aquéllas eran consideradas como manifestación de lo sagrado en un entorno cósmico, como el del litoral muxián, en pleno período neolítico. Lugar de atracción de miles de peregrinos prehistóricos. La Iglesia aprovechó aquellas concentraciones milenarias y cristianizó los viejos cultos paganos.


SALA DEL SANTUARIO DE LA VIRGEN DE LA BARCA Y DE SU LEYENDA La Piedra d´Abalar, vacilante y de fecundidad, y sus vecinas, que se relacionaban con los ritos del amor y con diferentes propiedades curativas sufrieron un proceso de reconversión medieval. Fueron cristianizadas: La Piedra d´Abalar sería ya para siempre la barca en la que se apareció la Virgen al Apóstol Santiago, cansado de predicar. La Piedra d´os Cadrís dejó de ser la de los viejos ritos iniciáticos de passage para convertirse en la vela de la nao mariana, conducida por ángeles remeros que enderezaban su ruta con la Piedra del Timón. Los ritos del amor fueron desplazados a la Piedra de los Enamorados. Los ritos paganos fueron ahogados por la nueva leyenda de la Virgen de la Barca, cuyo Santuario comenzó a ser fin del Camino.


SALA DEL CAMINO DE SANTIAGO Muxía aparece ligada, desde la primera Edad Media, a Santiago Apóstol y al Camino por la leyenda de su aparición mariana. Desde Santiago de Compostela, los peregrinos caminaban hacia Hospital y desde aquí podían dirigirse directamente al Santuario, donde la Virgen se le apareció a Santiago (Muxía), o bien a Fisterra. Entre ambas villas, el Camino de la Costa, permitirá a los viajeros tomar un rumbo u otro, según llegasen antes al lugar del Cristo de Fisterra o a la Barca de Muxía.


SALA DEL REY ALFONSO VII, PEREGRINO POLÍTICO (S.XII) El Rey Alfonso VII hizo esta ruta por motivaciones políticas y para preservar su seguridad ocultándose durante un tiempo, bajo la protección de los monjes, en el Monasterio de Moraime, a tres kilómetros de Muxía. El Documento de donación del Rey Alfonso VII al monasterio de San Julián de Moraime, del año 1119, agradece la protección prestada en su niñez):

“(…) Ad restaurationem ipsius cenobii, quod nostus temporibus destructum est a Sarracenis, et ut proficiat ad victum et substentationem monachorum pauperum et hospitum peregrinorum advenientum (…)”


SALA DEL NOBLE PEREGRINO NICOLÁS DE POPIELOVO (S. XV)

“(…) Desde Santiago hice doce millas alemanas a caballo hasta Nuestra Señora de la Barca, donde vi un barco destrozado, hecho de pura piedra, con su mástil y unA velA colgAdA, Ambos de piedrA… en el mismo bArco nAvegó Nuestra Señora. De esta nave de Nuestra Señora o de la Barca llegué hasta Fisterra (…)” (Nicolás de Popielovo, noble, natural de Breslau, Silesia, al servicio del emperador alemán Federico III. Junio, 1484)


SALA DEL NOBLE PEREGRINO ERICH LASSOTA DE STEBLOVO (S. XVI) “(…)Muxía es una pequeña ciudad, que tiene un gran y buen puerto; su entrada es a la derecha y se encuentra una gran capilla o iglesia donde se venera con gran devoción a Nuestra Señora de la Barca. La imagen de la Virgen dicen que llegó en un barco de piedra que está en el fondo del mar, con su vela, timón y mástil, todo de piedra; la vela y el mástil muy grandes y pesados, de modo que algunas parejas de bueyes no podrían arrastrarlos, sin embargo estando allí colocados, un hombre con un dedo los puede mover, y esto lo experimenté yo mismo (…)”. (Erich Lassota de Steblovo, noble alemán, de origen polaco, peregrino a Muxía, 1580)


SALA DEL PEREGRINO GIACOMO ANTONIO NAIA (S.XVIII)


SALA DE LOS CONDES DE FRIGILIANA Y DE MACEDA, DONANTES DEL SANTUARIO DE LA VIRGEN DE LA BARCA En 1717 Don Juan de Rivadeneira, Conde de Frixiliana y Aguilar, del Consejo del Rey, y su esposa, Alfonsa de Castro Villamarín, financian la edificación del actual Santuario. La hija de ambos, Doña Maria Teresa, Condesa de Taboada, y su marido, Don José Benito Lanzós Novoa y Andrade, Conde de Maceda, concluirían el proyecto en 1719.


SALA DEL PADRE JESUITA PASCASIO SEGUÍN (S. XVIII) “(…) Ciérrase la corona del pabellón con aquellos cuatro terrenos de Galicia, visitados y venerados de todas las naciones, y, por tanto, conocidas en todo el orbe. Son éstos, el primero Compostela, glorioso sepulcro del Apóstol Santiago; el segundo Mongia, en donde la Santísima Virgen le visito en carne mortal; el tercero, Santa Maria de Finisterre (…) y el cuArto, pAdrón (…)”. (De Historia General del Reino de Galicia (1750) del Padre Pascasio Seguín, describiendo el antiguo Escudo del Reino de Galicia)


SALA DE LA LEYENDA DE LA BUSERANA La leyenda –que Leandro Carré recoge del poeta muxián Gonzalo López Abente-, de ubicación temporal incierta y corte romántico, no sólo por su sentimentalidad, sino por su aura medievalista, cuenta la triste historia del trovador Buserán que se enamoró de la hermosísima Frolinda, hija del Señor de uno de los castillos de la Zona dos Castelos, en la parte alta y cerca de los acantilados. A ella le dedicaba sus mejores cantigas de amor. Pero la historia de amor de Frolinda, huérfana de madre, y el trovador errante, sucede en ausencia del padre de aquélla, que se alejó de las tierras de Muxía para luchar contra los árabes, en pleno proceso de la Reconquista. De regreso, y después de sus guerras victoriosas, ya instalado en el Castillo, el rico y noble Señor, conocedor de los amores de su hija y el trovador, prohibió que éste se acercase a aquélla e imposibilitó sus relaciones, encerrándola a ella en aposentos custodiados e impidiendo a él acercarse a la fortaleza. Sin embargo la prohibición intensificó el amor y el deseo de verse de ambos amantes y él, el trovador, aprovechando el silencio de la noche, hizo sonar sus mejores canciones, desde las altas montañas del lugar, para hacerle saber a Frolinda que la seguía amando. Pero el padre, ante la imposibilidad de callar la voz y los destellos de amor del enamorado trovador, decidió asesinarlo, enviando a sus hombres para que lo arrojasen desde los acantilados al mar. Y así lo hicieron, despeñándolo desde lo alto de las rocas de la costa, accesible en su parte baja sólo desde el mar: una gruta o recodo profundo que se encuentra entre Playa Arnela y los salientes promontorios de Lourido. Entonces el padre y Señor del Castillo dejó libre a su hija, que conociendo la suerte de su amado, comenzó a recorrer los montes, playas y acantilados del territorio marino, gritando, en su locura de amor, el nombre del trovador: “¿Dónde te encuentras Buserán?” Algunas veces, tal vez en su delirio, creyó oír bajo las aguas la voz y la música de su amado y sucedía cuando se acercaba a los acantilados que resguardaban la pequeña gruta donde el cuerpo del trovador había sido arrojado…hasta que una noche no regresó nunca más al Castillo: una ola envolvente modelando la imagen del trovador se abrazó al cuerpo de la joven y la llevó consigo al fondo de la gruta marina, la Furna Buserana. Desde entonces la Furna es un lugar encantado y quien ha podido acceder a ella por mar dice que se escucha una extraña y dulce música que recuerda a las viejas cantigas de amor.


SALA DE ROSALÍA DE CASTRO (1837-1885) La poetisa vivió varios meses de 1854 en Muxía, que fue la fuente de inspiración de su novela romántica La hija del mar, publicada en 1859, y de algunos de sus mejores poemas. Y en esta estancia-novela, que profundiza en su melancolía y en su sentimentalidad, cuando sólo tenía 17 años, encontramos los temas y los conceptos que definirán el clásico romanticismo rosaliano ya para siempre. Por ello, en el prólogo de la novela y bajo la admiración de referencias tan queridas a ella, como goethe, byron o sAn JuAn de lA cruz, dice: “Publicados mis primeros versos, la aparición de este libro era forzosa ... (…) Ramos de froles parece Muxía a das altas penas, Con tanta rosa espallada Naquela branca ribeira, Con tanto caraveliño Que reloce entre as áreas, Con tanta xente que corre, Que corre e se zarandea Ó son das gaitas que tocan e das bombas que reventan (…) Da Romería da Barca (Cantares Gallegos)


SALA DEL CANCIONERO POPULAR La romería de la Barca, fusión de fiesta religiosa y pagana, fue un receptáculo de cantos y coplas que seguían las tradiciones ancestrales, con una musicalidad y unos textos transmitidos oralmente. Las cantigas, alalás, aturuxos, muiñeiras…poseían unas características musicales y poéticas propias que respondían a la peculiaridad festiva, en las que la mujer, tal como sostiene el Padre Sarmiento, no sólo es poetisa, sino tAmbién compositorA nAturAl…los hombres seguiríAn el ritmo que ellAs marcaban. El cancionero folklórico de la Barca ha sido tan amplio como el reconocimiento de su anonimato. He ahí un ejemplo: ¡Ay miña Virxen da Barca! ¡ay miña Virxen, valeime! Que estou no medio do mare Sin ter barqueiro que reme. (Anónimo. Cancioneiro popular)


SALA DEL POETA VICTORINO ABENTE (1846-1935) Poeta muxián que vivió toda su vida en Paraguay, cuya escritura romántica tardía y de reivindicación nacional alude, muchas veces, al recuerdo proustiano de su pueblo natal, en términos de un Combrai recuperado

Eu sinto melancónico consolo, Cando despertan os recordos meus, Vendo a Pena do Paso e o alto Bolo De Domingo de Deus; Pedra de Vela, Sala do Perello (…) (Da Antoloxía poética, 1867-1926 .)


SALA DEL POETA GONZALO LÓPEZ ABENTE (1878-1963) “en Lopez Abente, poeta de Muxía, la tierra de Bergantinos y la de Nemancos toma una forma épica, terrible y poderosa. Son tierras que solo escuchan la voz del viento asolando las gándArAs y lA voz del mAr, AtronAdorA y terrible” (mAnuel mAríA, poetA, 1963) I

Vin fuxil-as brétemas Ao sopro do vento E cando escurrían Pol-o mar inmenso, Un salayo salía, profundo, Do forte penedo, Do penedo que agoira as traxedias Con tristes lamentos II Brandamente deitada no medio da ribeira E ollando cara o ceo,acouga silenciosa A branca e melancónica e doce compañeira Dos outros penedás da brava costa nosa. De poema Muxía (Nemancos) III Mar bravo, terra bravia forte un, i outra mais forte; falades coa valentia dos que rin diante da norte


SALA DEL POETA FEDERICO GARCÍA LORCA (1898-1936) El poeta granadino visitó cinco veces Galicia, pero nunca estuvo en Muxía. Hoy sabemos que compuso el primero de sus seis poemas gallegos –la primera edición y prólogo corren a cargo del escritor Eduardo Blanco Amor, en 1935-, dedicado a la Barca de Muxía, cuando viajó de Nueva York a La Habana. Allí vivió entre marzo y junio de 1930 y visitaba, casi a diario, el Centro Gallego de La Habana, cuyo Presidente entonces era el muxián Cayetano García Lago. La Barca y su etnografía popular, tan lorquianos, por otra parte, fueron una constante en aquel centro de cultura del Paseo del Prado. Lorca no fue indiferente a ello y allí imaginó su peculiar cantiga a la Virgen marinera, con el título Romaxe de Nosa Señora da Barca. ¡Ay ruada, ruada, ruada da Virxen pequena e a súa barca! A Virxen era pequena e a súa coroa de prata. Marelos os catro bois que no seu carro a levaban Pombas de vidro traguían a choiva pol-a montaña. Mortos e mortos de néboa pol-as congostroas chegaban. ¡Virxen, deixa a túa cariña nos doces ollos das vacas e leva sobr'o teu manto as foles da amortallada! Pol-a testa de Galicia xa ven salaiando a i-alba. A Virxen mira pra o mar dend'a porta da súa casa. ¡Ay ruada, ruada, ruada da Virxen pequena e a súa barca!


SALA DEL POETA GERVASIO PAZ LESTÓN (1898-1977) El singular poeta de la muxiana aldea de Serantes, que vivió toda su vida en la emigración argentina y que conocemos gracias al celo del también poeta Miro Villar, exalta, en su lirismo proustiano, recuperador de la memoria de la tierra perdida, que debió abandonar a los doce años, la vida en el recuerdo de la Costa da Morte de Muxía y su comarca: de la emigración al olvido, del paisaje a la muerte, de la etnografía al saudosismo, sentimientos previstos desde la afirmación de su yo más personal. A Muxía la cantó con esas pautas y en gallego. Nosa Señora da Barca

Nosa Señora da Barca Viño un día pol-o mare Hastra costas de Muxía Sobre a pedra de abalare. As mociñas muxianas Que teñen mozos peixeiros Rôganlle â virxe da Barca Patrona dos mariñeiros. Os que se van da bisbarra Sexan da vila ou da aldea, Na data da romería Tolean por verse n-ela.

(Estribelo) Nosa señora da Barca, aparella a tua nave Para levl-os emigrados, Que se morren de soidades.


SALA DE JOSÉ SARAMAGO/LA BALSA DE PIEDRA


SALA DEL POETA JOSÉ ÁNGEL VALENTE (1929-2000) Partícipe de la llamada Generación española de los cincuenta, es la privilegiada voz de la mística, del silencio y de la experiencia, que ha dedicado su breve son lírico y marinero a Muxía…

Quien pudiera andar sobre las aguas verdes de este mar. Y por el aire gris quién pudiera. Mar grande, dejarse ir. Mar de Muxía que en su barca de piedra me llevaría (De Mar de Muxía (Breve son)


SALA DEL POETA CÉSAR ANTONIO MOLINA (1952) Su visión lírica deconstruida, ha penetrado en La Costa da Morte (El fin del Finisterre. Viaje a Costa da Morte. A Coruña, 1991) escudriñando el litoral en la tradición de los viejos viajeros románticos.

Todo se deforma Ata o disforme ( Cons de Muxía, de César Antonio Molina)


SALA RAMÓN CAAMAÑO (1908-2007 El amplio salón-comedor, que mira al mar, aparece presidido por un mural del muxián Antón Castro, obra que narra, con un dibujo sintético, la historia del pueblo a través de sus símbolos más reconocibles, que se complementa conceptualmente con un texto. En el mismo espacio se sitúan un cuadro de Jaime Casais (Mercado) y una instalación mural en cajón luminoso de David Creus. Es una peculiar sala de arte que preside la figura de Ramón Caamaño, el genial fotógrafo nacido en Muxía, cuya memoria se custodia en los archivos de su Casa Museo en el centro del pueblo. De precoz vocación, Caamaño ha radiografíado desde 1925 y en la constancia de 20.000 clichés, la memoria popular da Costa da Morte, rindiendo culto, con un metonímico blanco y negro, a la mirada social del etnografismo realista de los personajes del mar y del mundo rural, desde la conciencia trágica del naufragio a una festiva romería de aldea, desde el sencillo retrato de un paisano a una devota procesión o un silencioso paisaje atravesado por luces y sombras, a la manera de los románticos que lo verían siempre como un estado del alma. Él, que es uno de los grandes artistas de la fotografía en la Galicia del siglo XX, fue igualmente uno de los pioneros en la introducción del cine en la comarca, a partir de 1927.


…y los textos sobre los muros se sintetizAn en un cApítulo FinAl


PREMIOS

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