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De la Urbe 66

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8 Letras

Con voz de mujer Tres escritoras de la ciudad que recién publican su primer libro. Tres estilos diferentes que, de alguna forma, dan cuenta de la literatura antioqueña de hoy.

Mujeres de úteros vacíos: Alejandra Arcila Yepes Danielle Navarro danijh16@hotmail.com

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Algunos de los textos de Alejandra se han publicado en antologías literarias: Narrativa BINARIUS (Universidad EAFIT) donde ganó en las categorías de relato corto (2011) y fotografía (2011) y en ediciones virtuales.

l leer cada uno de los 19 textos del libro Mujeres de úteros vacíos y percibir las voces de esas mujeres, uno puede preguntarse cuál es la voz de Alejandra: si es ella siempre la protagonista, si los cuentos son un reflejo de su realidad o solo son un eco de sus pensamientos. Y no resulta tan absurdo preguntarlo porque esa voz que, entre las páginas, se muestra con dureza y sin escrúpulos, es ella –la autora– y no es ella, al mismo tiempo. Con sus propias palabras: “No soy yo, pero estoy ahí sin estarlo al pie de la letra”. Alejandra Arcila Yepes es una escritora novel nacida en Medellín. Tiene 26 años y recientemente el Grupo Planeta le publicó su primer libro, con el cual ganó en 2012 una de las Becas para la Creación Artística, en Cuento, que otorga la Alcaldía de Medellín. Sus primeros pasos los dio en Medellín, en el barrio Belén. De niña, disfrutaba tanto escribir en papelitos como jugar ajedrez. Incluso tiene medallas. Fue su padre, León Jairo Arcila, quien le dio las primeras bases y le enseñó a mover las fichas. Al graduarse del colegio La Inmaculada, de Itagüí, le gustaba el Derecho. Aún le gusta, pero finalmente se decidió por la comunicación. Y no se equivocó. El paso por la universidad le dejó la sensibilidad necesaria para escribir con delicadeza palabras que desgarran. En 2009 se tituló como Comunicadora en Lenguajes Audiovisuales en la Universidad de Medellín; ese mismo año escribió “Juego”, el primer relato de su libro, como resultado de una tarea del Taller de Escritores al que empezó a asistir cuando aún no había conseguido trabajo. Así, pasó de elaborar ensayos y críticas literarias en la universidad a crear sus propios relatos en el Taller. La comunicación le enseñó a ser precisa, a decir solamente lo justo; el taller, a aplicar en la literatura, de manera creativa, su formación profesional: concebir ideas claras que retrataran, con pocas palabras, todas esas experiencias que ha logrado condensar en las historias. Alejandra le tiene un cariño especial al primer cuento del libro, no solo por ser el primero que escribió en su vida, sino porque en ese juego erótico en el que una mujer deja que su pareja abuse de ella, la escritora convierte en ficción uno de sus más grandes miedos. Incluso se le quiebra la voz cuando habla sobre esto. Otro de los temores es perder a su madre. No escribe sobre este tema ni sobre cualquiera que hable de la relación madre-hijo. La única vez que lo intenta, en “Del tamaño de una uña”, el niño no nace. De hecho, el título Mujeres de úteros vacíos corresponde a esa incapacidad de llenarlos durante todo el libro. Ninguna de esas mujeres es madre. Ella tampoco. Disfruta del cine, las películas de Woody Allen, y de la literatura, los libros de Alejandra Pizarnik. Para relajarse, le gusta escuchar rock; para descansar, procura buscar espacios verdes y lugares que le permitan tener contacto con la naturaleza. Escribir le apasiona. Ha encontrado en sus cuentos una manera de convertir en ficción su propia realidad. No pretende criticar, juzgar ni agregar ningún comentario; simplemente ilustrar con palabras, unas veces, sus miedos; otras, sus experiencias; y las demás, situaciones, emociones y dolores que viven con frecuencia las mujeres de hoy y que se expresan a través del cuerpo, con la piel reseca, con la orina oscura o con la caída del cabello. Las 19 historias están escritas en un monólogo que tiene voz de mujer. Una voz que se escucha a veces triste, a veces con dolor, a veces con rabia; pero es siempre una voz femenina la que narra experiencias que podría vivir cualquier mujer de esta generación. Quizás, en la mayoría de estas mujeres hay vestigios de la voz Alejandra Arcila Yepes y, en todas ellas, los rasgos de la voz de la literatura antioqueña de esta época.

¡Mira lo que trajo el Mar!: Marcela Velásquez Guiral Estefanía Henao Arboleda estefaníahenao.a2@gmail.com provenía de Medellín, porque su padre era profesor en Andrea Uribe Yepes el colegio del corregimiento. Creció protegida por los andreauribeyepes@gmail.com

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lguna vez, la novelista y ensayista norteamericana Susan Sontag declaró su amor a las limitaciones porque en ellas encontraba la inspiración para sus escritos. Este es el caso de Marcela Velásquez Guiral, autora del libro ¡Mira lo que trajo el mar!, quien no sabe nadar y no conoció el mar hasta “ya vieja”, pero cuando mira las olas, el sol y el agua salada encuentra la inspiración para sus cuentos. Marcela nació en Yolombó (Antioquia), en el corregimiento La Floresta. Vivía allí, aunque su familia

No. 66 Noviembre de 2013

libros y por las voces que contaban solo historias: “En mi casa había una gran biblioteca que era de mi papá. Uno a él lo veía siempre estudiando porque para ser docente, antes había que hacer la Normal, una tecnología, luego la licenciatura. Entonces, era pegadito a los libros”. Y de verlo, algo se le pegó. Cuando cumplió 16 años y se vino para Medellín, con su hermana y su mamá, empezó a estudiar Bibliotecología. En esta carrera encontró su vocación y su pasión. La vocación en la promoción de la lectura y la escritura, sobre todo con los niños, y la pasión en la escritura, aunque esto último venía de antes.

“Cuando pequeña, escribía poemitas por encargo a las amigas, aunque ya no me atrevo. Pero estando en la Universidad fue que me dediqué a la narrativa. En clases de Literatura empecé a escribir muchos cuentos, pero nada publicable, más para uno. Yo escribía para pulirme porque me gustaba, nunca pensando en publicar”. Marcela es inventora, desarrolla proyectos en su cabeza que pasa a libretitas que luego transcribe y terminan en cuentos. Ella escribe historias para ella, escribe las historias como a ella le gustaría que se las contaran y cree que el motivo es que más que música, que aire, escuchó historias de su madre o de un vecino que los sentaba a ella y a sus amigos en la acera a que escucharan su pasado.


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