Page 1

COSTUMBRES PERDIDAS

LAS HACHAS DE GAMONES Este artículo pretende ser el primero de otros donde hablaremos de aquellas costumbres o tradiciones que se han perdido o no se practican ya en nuestro pueblo. Y ya que vamos a hablar de costumbres y tradiciones, lo mejor será que tratemos de definir esos términos; y para ello voy a acudir a la Enciclopedia Larousse que es de reconocida solvencia y estaba entre nosotros mucho antes que la socorrida Wikipedia hubiera sido imaginada. Según la Larousse las costumbres son un conjunto de inclinaciones y usos de una persona, comunidad, pueblo, etc. Las costumbres tienen que cumplir una serie de condiciones entre las que están el que sean conformes a las relaciones de la vida social, que sean generales y no un privilegio individual y que tengan un uso repetido y continuado. Las costumbres de un pueblo están determinadas por la pertenencia a un círculo social, unos especiales comportamientos y unas definidas relaciones interhumanas que constituyen modos de vida no referibles al individuo sino a la colectividad. Según la enciclopedia las tradiciones son la transmisión oral, hecha de generación en generación, de hechos históricos, doctrinas, leyes, composiciones literarias, costumbres, etc. También dice que son costumbres, hábitos establecidos y transmitidos. Como se ve, la frontera entre costumbres y tradiciones es tan delgada que usamos ambas indistintamente sin miedo a equivocarnos mucho, aunque dice que la tradición implica cierta idea de valor o, al menos de conveniencia para el grupo, mientras que la costumbre es simplemente un uso social. Las hachas de gamones se revoleaban el día de Nochebuena antes de la cena, en cuanto se hacía de noche, y eso en Navidad es decir pronto porque acaba de pasar el solsticio de invierno que es la noche más larga del año. Pero empecemos por el principio. Tres o cuatro semanas antes de Nochebuena, los muchachos de distintas edades (las muchachas sólo eran espectadoras en esta fiesta y en aquellos tiempos; hoy sería diferente, afortunadamente) iban a la llamada “laguna de la Malagrulla” (probablemente su nombre fuera Navalagrulla. Hoy no existe y se encontraba, por hacer una somera localización, a la derecha del camino que va desde Valdecable a Navalcarazo), donde abundaban los gamones ya secos, a recogerlos haciendo haces de mayor o menor tamaño, según la complexión física de cada cual. Eso, si no se te habían adelantado otros y se habían llevados los gamones, lo que te obligaba a desplazarte a otros lugares donde los hubiera. En otros casos eran los padres los que le recogían los gamones a sus hijos, especialmente los que habitualmente pasaban cerca de la laguna por tener sus tierras o cortijos cerca. Esos haces se llevaban a casa y en el tiempo que faltaba hasta Nochebuena se dedicaban a hacer las hachas, que no eran otra cosa que manojos de gamones atados con cuerda o con alambre y que podían albergar más o menos varas de gamón, según el


tamaño del muchacho. Lógicamente, cuantas más varas tuviera el hacha y más apretadas, más duraban ardiendo en el revoleo, lo que era un motivo de competición entre la chavalería, como también lo era el tamaño de los gamones del hacha y su grosor y, sobre todo la pericia demostrada a la hora del revoleo y de dibujar en el aire figuras con ellos. Llegado el día de Nochebuena, al anochecer, los muchachos salían de su casa con su hacha y con el ruego encarecido de sus madres de que tuvieran cuidado de no quemarse, cosa difícil de cumplir cuando se juega con fuego. Una vez reunidos, principalmente en la plaza, pero también en otros lugares del pueblo, se prendía fuego a las hachas y se revoleaban dibujando figuras en el aire (especialmente ochos invertidos) con la estela de fuego de los gamones ardiendo, hasta que se agotaba el hacha y el resto se echaba a una hoguera hecha ex profeso para, a continuación, si la tenías, ir a por otra hacha, prenderla y revolearla. Y así hasta que se acababan. El efecto era espectacular, máxime cuando en aquella época la iluminación de las calles era escasa y muchos puntos de luz provocados por el fuego, moviéndose, haciendo figuras en la semioscuridad, creaban una atmósfera mágica. Ahora cabe preguntarse: ¿Era esta fiesta exclusiva de nuestro pueblo? ¿Qué significado tenía? La respuesta a la primera pregunta es no, ya que en nuestra zona, Granja, Azuaga, se celebraba o se sigue celebrando pero es que, además, en otros puntos de nuestro país y del mundo, hay fiestas parecidas donde el fuego es el protagonista. Y para responder a la segunda pregunta nos vamos a detener un poco más. Al celebrarse la fiesta el día de Nochebuena, y dada nuestra educación católica, sería lógico pensar que la fiesta celebraba el inminente nacimiento de Jesucristo, el hijo de Dios. Pero si rascamos un poco encontraremos la verdadera causa. Veamos. Desde el Neolítico (aproximadamente desde el 6000 antes de Cristo) y, según algunos autores, desde antes, el hombre conocía algunos fenómenos atmosféricos importantes para su vida. Los mas importantes eran los movimientos aparentes del sol en el cielo y, especialmente los más relacionados con la agricultura, los solsticios (del latín solstitium que significa “sol quieto”) que son esos momentos del año en que el sol alcanza su punto aparente más cercano o más lejano de la Tierra y la duración del día y la noche son los máximos del año. A nosotros nos interesa fijarnos en el solsticio de invierno que se produce alrededor del 21-22 de diciembre; en ese momento se produce el día más corto del año y la noche más larga y partir de ese día los días empiezan a crecer y las noches a menguar. Este hecho era muy importante para las personas de las civilizaciones antiguas que sabían de la importancia del sol para la vida en el planeta y por ese motivo el sol fue el primer dios universal, comúnmente asociado el dios fuego. ¿Qué ocurre en ese momento? Que desde el solsticio de verano (hogueras de San Juan) el sol va decayendo durante seis meses y la oscuridad se va adueñando de la tierra. Ante la debilidad manifiesta y preocupante del sol, que precisa de ayuda para su resurrección, el hombre, que necesita la provisión indispensable de luz solar para personas, animales y plantas, se la proporciona mediante el ritual del fuego que imite en la tierra el gran manantial de luz y calor en el cielo. Aunque quede todo el invierno por delante, el sol ha renacido y debe celebrarse y de ahí las hogueras y fuegos en las fechas


próximas al 21-22 de diciembre. ¿y por qué celebrarlo 2-3 días después? Pues porque el hombre primitivo no tenía los medios qué tenemos ahora y sólo mediante la observación directa, pasados dos o tres días del solsticio, comprobaba que el sol estaba más tiempo en el horizonte, había renacido. Culturas de todo el mundo celebraban el solsticio invernal: caldeos, egipcios, cananeos, persas, sirios, fenicios, griegos, romanos, indios, incas, aztecas, las islas del Pacífico, etc, pero me voy a detener en los romanos por ser nuestra fuente de costumbres, tradiciones, jurisprudencia, en fin, de casi todo. Los romanos celebraban unas importantes festividades entre el 17 y el 23 de diciembre llamadas las Saturnales en honor del dios Saturno, dios agrícola protector de sembrados y garante de las cosechas. Se celebraban a la luz de velas y antorchas y se hacían regalos, por el fin del período más oscuro del año y el nacimiento del nuevo período de luz y por la finalización de los trabajos del campo tras la siembra de invierno. He aquí el origen de nuestra fiesta de la Navidad. Las Saturnales tenían un colofón especial: el 25 de diciembre se celebraba el día del Sol Invictus (Deus Sol Invictus), el Invencible Dios Sol en latín, que celebraba lo que, como hemos visto antes, muchas civilizaciones anteriores celebraban, el renacimiento del sol después de la oscuridad. ¿No les suena la fecha? Efectivamente, después de la adopción del catolicismo como religión del imperio con Constantino en el siglo IV, la Iglesia hizo coincidir el nacimiento de Jesús el día 25 de diciembre para reemplazar al viejo festival pagano del nacimiento del sol. Y esta es la explicación real del origen y motivos de nuestras hachas de gamones el día de Nochebuena, lástima que, y vuelvo a la enciclopedia Larousse, las costumbres no son inmutables, sufren una lenta evolución que puede acarrear su desaparición.

Para saber más: -

Preguntar a los mayores del pueblo. Consultar en Internet. Visitar http://www.euskomedia.org/PDFAnlt/lankidetzan/41/41053057.pdf Consultar el libro “La Rama Dorada” de George Frazer James. Puedes hacerlo aquí http://home.iscte-iul.pt/~fgvs/Frazer.pdf

Manuel Álvarez Reyes Sevilla, junio de 2018


Las hachas de gamones  

Artículo de la revista de feria de la A. de Cuenca de 2018.

Las hachas de gamones  

Artículo de la revista de feria de la A. de Cuenca de 2018.

Advertisement