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LA VERDADERA HISTORIA DE LA PAZ JAMÁS CONTADA

Érase una vez una niña dulce, alta, pelirroja con el pelo largo y liso que se llamaba Mari Paz. Vivía en un pueblecito al norte de Resbaladilla, en una pequeña casa con sus padres y su hermano pequeño Miguel. Un día caminaba por el bosque y se encontró a un lobo que le dolía la tripa, y le ayudó dándole jarabe para el dolor de tripa. El lobo le dijo: -“Muchas gracias Mari Paz por ayudarme, he comido tantos niños que me han sentado mal”. Mari Paz se asusta mucho cuando el lobo le cuenta de donde venía su dolor de tripa. Se asusta tanto, que cae al suelo desmayada. Cuando Mari Paz se despertó y miró a su alrededor, había cientos de niños observándola y diciendo: -“¡Mirad, otra que ha caído en las fauces del lobo!” Mari Paz se encontraba en un lugar extraño. Aquel lugar era muy grande para los niños. Parecía un parque de atracciones gigantesco y gratuito. Los niños y niñas jugaban a todo tipo de juegos, había ferias, colchonetas, cochecitos locos, tómbolas, una noria para treinta niños, una montaña rusa de agua... aquel era el lugar que todos los niños deseaban para pasarlo bomba. Cada vez llegaban más niños nuevos al lugar, y la reacción de todos era la misma que sintió Mari Paz. Al principio se sentía mal porque estaba en la tripa del lobo e iba a echar de menos a su familia, ¡estarían muy preocupados por ella! Luego, cuando Mari Paz vio todo lo que allí había, se puso contenta porque no iba a estar sola con tantos niños. Entre atracción y atracción, Mari Paz se encontró a una niña que tenía el pelo rubio, muy rizado y con flequillo corto, llevaba un vestido rosa con dos flores, una amarilla y otra azul. Era alta y delgada y su cara le parecía conocida. Observándola de lejos se dio cuenta de que el vestido le venía corto y entonces comprendió que esa niña llevaba mucho tiempo en la tripa del lobo y había crecido allí dentro, por eso le quedaba tan corto el


vestido. Mari Paz se entristeció porque supo que no iba a poder salir de la tripa nunca jamás. Entonces la niña decidió acercarse a Mari Paz al verla llorar, y ¡sorpresa!, era Susana, su antigua compañera de colegio que había desaparecido el año anterior. Susana le contó a Mari Paz todo lo que se podía hacer en el parque de atracciones de dentro de la tripa del lobo, y le advirtió que nunca montase en la atracción “Guerrilandia”, que todo el que entraba allí no salían. Por ejemplo, Mario, el chico más gamberro del lugar, vive dentro de la atracción y cuando sale de vez en cuando, lo único que hace es molestar a los demás, pegar, colarse en la fila, insultar a los niños y hacerles la burla. Un día, cuando estaban jugando Susana y Mari Paz, salió Mario de “Guerrilandia” y todos los niños huyeron despavoridos para no encontrárselo. Mario agarró a Susana y la llevó a empujones hasta la entrada de la atracción, mientras Mari Paz observaba todo desde detrás de un árbol. Y Susana fue empujada de nuevo y entró llorando y gritando: ¡Por favorrrrr! ¡No quiero convertirme en una niña gamberraaaaaa! Mari Paz decidió entrar en la atracción para salvar a Susana. Salió de detrás del árbol, andó hasta la puerta de la atracción y la empujó para abrirla. Se escuchó un leve crujido -“criiiic”- y la puerta se entreabrió lo justo y necesario para poder colarse sigilosamente sin que nadie la viera. Una vez dentro echó un vistazo a la atracción. “Guerrilandia” era oscura y cada cierto tiempo aparecían muchos destellos como si fueran disparos, estaba llena de ruinas y de soldaditos de plomo dispuestos para entrar en combate. En medio de la atracción había un tanque pintado de camuflaje que parecía que llevaba años sin usarse. Al fondo de la atracción había una pequeña raya de luz, Mari Paz fue hacia la luz y descubrió que era una puerta por la que salía luz por abajo. La abrió. Detrás de la puerta había una escalera de caracol que bajaba hasta el sótano, desde dónde se escuchaban murmullos y gritos. Poco a poco, Mari Paz fue bajando las escaleras cuidadosamente para no ser vista por Mario y sus secuaces. Logró esconderse detrás de un armero y observó todo lo que ocurría en el sótano. Allí estaba Mario y el resto de niños malvados intentando transformar a Susana en mala. Le


decían cosas malas, le ponían imágenes de guerras, le hacían leer y escribir palabrotas… Mari Paz pensó en un primer momento, rescatar a Susana ella sola, pero no podría contra tantos niños malvados, así que decidió salir de “Guerrilandia” en busca de refuerzos. Cuando llegó a la plaza donde estaban la mayoría de niños jugando, se subió encima de una estatua y comenzó a llamar a todos los niños: - “¡Por favor, necesito vuestra ayuda!”- Les repetía sin parar. Se armó un gran revuelo a su alrededor y entonces les explicó la situación: -“Mario y sus secuaces han secuestrado a mi amiga Susana y la han llevado al sótano de Guerrilandia. Allí están intentando convertirla en malvada a base de imágenes de guerra, insultos y demás…”Mari Paz continuó con su explicación mientras los niños miraban con cara de miedo: -“Necesitamos salvarla y convertir a todos esos niños malos de nuevo en buenos…”-“¿Pero cómo lo vamos a hacer? “- preguntó un niño que llevaba un parche en un ojo. Mari Paz se le quedó mirando y les dijo a todos: -“¡Les daremos de su propia medicina!”-“¿A qué te refieres con darles de su propia medicina Mari Paz?”preguntó una niña que llevaba un sombrero de pirata. -“Si ellos convierten a los niños en malvados a base de insultos, de pegar y de imágenes de guerra, nosotros los convertiremos en buenos a base de abrazos, besos, caricias…”- le replicó Mari Paz. Cada vez se veían más niños ilusionados en salvar a Susana y se escuchaban algunas ideas: -“Podemos hacer carteles y pancartas sobre el amor y condenando la guerra”- dijo una niña con dos coletas muy largas. –“También podemos entrar en Guerrilandia cantando canciones bonitas de amor y compañerismo”- se escuchó de fondo y todos los niños asintieron. –“Nos dibujaremos palomas blancas y símbolos en referencia a las cosas buenas en las camisetas”- dijo un niño agitando su mano de entre el barullo de gente. Se pusieron manos a la obra a trabajar, crearon carteles, pancartas, se pintaron las camisetas, las caras, los labios para repartir besos… y se


reunieron frente a Guerrilandia. Cuando ya estaban todos en posición, empezó a sonar la música y como si fueran un desfile entraron uno a uno dentro de la atracción. Mario y los demás niños malvados no se esperaban tal estruendo y se pensaron que entraban en guerra. Subieron rápidamente del sótano y ocuparon sus puestos para defender la atracción como si de una gran batalla se tratase. Mientras en el otro bando, Mari Paz encontró el interruptor de la luz e iluminó toda la atracción, había tanta claridad que parecía de día. Los niños malvados quedaron al descubierto y uno a uno fueron rodeados, abrazados, besados, acariciados... por los amigos de Mari Paz. Mientras, el batallón de decoración se encargó de decorar Guerrilandia con palomas, símbolos y pintadas referentes al amor y al compañerismo, se escribieron lemas como “No a la guerra”, “Todos somos iguales”... Mari Paz observaba como todo iba viento en popa, y entre la multitud se escabulló hasta llegar a las escaleras de caracol, bajó al sótano para salvar a Susana, pero cuando llegó ésta ya estaba convertida en malvada. Susana se fue a por Mari Paz, le dio un tirón de pelos, le escupió y empezó a insultarla. Mari Paz, no salía de su asombro, habían luchado por tanto y ahora que casi lo había conseguido, ya era tarde. Susana se abalanzó sobre Mari Paz y no la dejaba moverse mientras le decía todo tipo de insultos. Mari Paz se veía perdida cuando de repente aparecieron en el sótano Fede, el niño del parche en el ojo, Marga la niña del sombrero pirata, Pili la niña de las coletas y Mario con todos ellos. – “¡Oh no, no puede ser, Mario los ha convertido en gamberros!” pensó Mari Paz. Pero se equivocaba, Mario agarró a Susana y la abrazó, a esto se unieron Fede y Marga, mientras que Pili ayudaba a levantarse del suelo a Mari Paz. Entre todos abrazaron, acariciaron y besaron a Susana y a su vez le decían halagos y cosas bonitas. Susana se giró hacia Mari Paz, le dio un abrazo y las gracias por haberla rescatado. Subieron del sótano y estaban todos los niños la mar de contentos pintando las paredes de la antigua atracción de Guerrilandia, el tanque estaba pintado de rosa con una gran margarita a un lado y una paloma blanca al otro, los soldados estaban pintados de colores alegres y los habían colocado abrazándose y besándose…


Guerrilandia desapareció y pasó a llamarse “Un mundo de ilusiones” donde todos eran iguales y ningun niño dañaba a otro. Todos se querían y compartían lo que tuviesen, fuesen del color que fuesen. Todos decidieron llamar a esta situación “estar en Paz” en honor a la valiente Mari Paz. La Paz, la alegría y la tranquilidad inundaban la tripa del lobo, tanto que éste se sintió tan mal que tuvo ir al médico. En la camilla del hospital, le dijeron que tendrían que operarlo para ver qué le pasaba, entonces le pusieron anestesia y el lobo se durmió… A la mañana siguiente, el despertador sonó como de costumbre a las ocho y media para ir al colegio. Mari Paz se levantó a toda prisa, se vistió, se aseó, desayunó como de costumbre un tazón de leche con cereales y una fruta y se marchó corriendo hacia el colegio con su hermano MIguel. Cuando llegó al colegio y entró en clase se encontró con Mario, Fede, Marga, Pili y Susana, sus compañeros de clase. Sintió muchísima alegría y empezó a comprender que lo que le había pasado había sido sólo un precioso sueño. Pero aún no había terminado todas las sorpresas porque la prefesora entró a clase y les dijo a los alumnos: -“Chicos y chicas, hoy estamos de enhorauena porque hoy celebramos el Día de la Paz”- Mario, Fede, Marga, Pili, Susana y Mari Paz se miraron, se guiñaron el ojo y sonrieron…

La verdadera historia de la Paz jamás contada  

Cuento infantil para trabajar el Día de la Paz

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