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EL FUEGUINO: -¡Perico, vue ve a contar! -Pero si conté bi n, señorita. -Contaste sólo hasta treinta. . . la profesora parecía a punto de enojarse. -Escucha, Perico, ya es hora de que pongas atención. Sabes leer y escribir, pero cuentas sólo ha ta treinta. ¿Qué te pasa? Toda la clase sabe cont r hasta mil. -¿Tienes alguna preocupación? ¿Hay problema en tu casa?Por fin se decidió a contestar. -Sí señorita, hay proble as. . . - dijo. -Bien perico, hablaremos después- y conti ó la clase. Perico tenía ocho años y le gustaba mucho ir a la esc uela. Su vida era mu y sola en el rancho de su padre, Tan lejos de todo que, para ir a la escuela tenían que h acerlo en el caballo de su padre. Vivían en tierra del fuego, la zona más austral de Chile, donde los días son t an cortos en invierno que apenas hay cinco oras de luz. En sus pequeñas tierras de los suaves, el padre de Perico criaba ovejas finas, que él mismo pastoreaba. -Si mi padre me pone de pastor, tendré que e star toda mi vida contando ove jas, como él pensaba perico mirando el largo mapa de Chile que colgaba en un mur de la sala. -Algún día treparé por mi tierra igual que una araña. Recorreré hasta el ú timo rincón. Pero esa misma noche, durante la comida, le d jo su padre. -Perico, desde mañana cuidarás mis ovejas. - Pero papá, Ud. tiene cincuenta ove jas. Yo sólo sé contar has a treinta. . . Contarás las treinta y luego veinte más. Así sabrás que están ahí mis cincue a borregas. A perico se le alargó la cara. Ya no volvería a la escuela, no vería las fiestas de fin de año, se aburriría atrozmente cuidando y con ando ovejas. -Al menos podré ir a despedirme de los amigos y de i maestra. . . -Irás solo a eso. Luego vuelves al monte donde estaré es erándote. . . Desde ese momento la escuela se convirtió en lo más maravilloso y alegre de s u vida. Soñó toda la noche con sus compañeros. Se despertó y partió corriendo a ensillar su caballo y se fue al colegio. No quiso decirle a sus compañeros que no volvería. Trataba de no pensar qu e al salir a recreo se iría para siempre de ese mundo y ser a un pastor. Salió con todos al recreo, y de pronto se acercó a su profesora y le dijo que “no volveré. Desde ahora cuidare las ovejas de mi padre” . Y sin esperar respuesta salió corriendo a buscar su caballo y se fue a todo galope. Esa noche, cuando perico se metió en la cama junto a su hermano chico, su p dre le dijo: -Mañana tendrás que levantarte más temprano. Llevarás tu almuerzo en el m orral con lo que te ha prepar do tu madre. -Ella n o es mi madre murmuró bajo la ro pa. - Mi madre está en el cielo y, lue se durmió.

¡FALTA UNA! Le pareció que recién se había dormido cuando su padre lo despertó r meciéndolo. La cocinilla estaba encendida y el cuarto olía a café, sobre las brasas la leche subía en la olla. El desayuno tenía un sabor especial, así compartido entre é y su padre. Te pondrás mi poncho viejo. El frío pica mucho a esta hora- le ijo el papá. Mientras esté oscuro, no te preocupes. Las ovejas estarán juntas y no se mov rán comiendo el past con roció. Trotando junto a su padre, sintió perico que se calentaba, a pesar del ire helado. Por fin se detuve el rebaño; el padre de perico se despidió repitiendo sus reco mendaciones, y volvió a casa.


Perico se dejó caer sobre los cojines de pasto para dormir otro poco.

Cuando despertó se dio cuenta que no había ni una oveja a la vista.

-¡Si al menos tuviera un perro ovejero! De pronto le dio calor y se sacó la manta, dejándola caer. Fue entonces cuando divisó muy lejos un grupito del rebaño y más allá otras pocas ovejas. Impaciente comenzó a contarlas.

En un grupo contó diecisiete, treinta en el otro y dos que pastaban. Pero se dio cuenta que le faltaba una.

Corrió a reunirlas, arreándolas con gritos hacia el sitio donde dejó su manta, ahí estaba su morral. Quiso abrir el morral porque tenía hambre, pero se aguantó porque primero tenía que encontrar a la oveja perdida.

Buscó en las quebradas y entre los arbustos ¡Pero nada!

Allá camino del rancho le pareció ver algo.

Se deslizó por la loma y a medida que se acercaba, el bulto se parecía más a una oveja.

Por fin estuvo cerca y, ya seguro, la atrapó pero, se dio cuenta que estaba preñada por lo que la ayudó a parir y luego de un rato se llevó a la oveja bebe en los brazos. Cuando llegó al rancho la dejo en un rincón en el corral junto a su madre y entro a la casa.

Comieron sin su padre y cuando terminó de lavar los platos se metió en la cama. Estuvo un buen rato desvelado pensando si le diría o no a su padre su secreto.

Al otro día salió como siempre junto a su rebaño de ovejas y con la oveja bebe y, ocurrió algo inesperado. Cuando un gran perro, atacó el rebaño perico tuvo que matarlo para defenderlas. Al caer la tarde volvió a su casa advirtió un enorme camión corralero, casi tan grande como el rancho.

Su padre estaba con dos hombres sentados alrededor de la mesa. Uno de ellos era el hombre al cuál su padre le había vendido las ovejas.

Su padre lo presentó a los hombres, diciéndoles: - Él es mi socio que cuida mi ganado y agregó dirigiéndose a el: Perico, el señor Smith prefirió venir en su camión a buscar a las ovejas y se las llevará esta misma noche.

A sí a perico se le ocurrió la idea de meterse en el camión con su oveja bebe y con las demás.

Una vez que partió el camión perico respiro. Su padre casi lo pilló pero ahora jamás lograría alcanzarlo. Por lo demás no se iba para siempre, volvería cuando la oveja creciera y comiera sola y esto sería pronto.

RUMBO DESCONOCIDO. Perico se acomodó en un rincón cerca de la baranda. Iba calientito entre sus gruesas lanas y se durmió sin problemas. Cuando el camión se detuvo, abrió los ojos y era pleno día. Los hombres bajaron a almorzar, había algunas casas y calles. Perico asomó su cabeza revuelta y el viento le refrescó la cara.

El día fue muy largo esperando en el camión, largo de luz también. Perico mirando al cielo, comía su merienda.

De pronto aparecieron los hombres. Tenían sus gorros muy metidos y abrazaban sus ponchos, estamos listos- dijo Smith. Treparon al camión y partieron, acelerando por las calles del puerto bruscamente frenaron. ¿Dónde estaban? Este sí que era un lugar desconocido. Tenía un ruido nuevo, un olor nuevo, algo que perico nunca escucho ni olió jamás.

Un frío afilado hirió la espalda de Perico. El puente ya estaba puesto en el camión y no dio tiempo al muchacho para pensar en el peligro inmediato. Las ovejas bajaban, medio tullidas; perico saltó afuera y una vez en tierra firme se atrevió a acercarse a los hombres.

¿Puedo ayudar? Pregunto soy pastor.


El dueño del camión lo miró fijamente y le dijo: Parece que te he visto antes. . . ¿ verdad amiguito? Le pregunto.

Perico negó con la (cabeza y empezó) a levantar las nejas tullidas. )Eres en verdad pastor – dijo el) hombre y te necesitamos. Te ganarás unos pesos, si haces comer y beber al rebaño.

Empezó a guiar a las ovejas y estas lo reconocieron.

Los hombres fueron en busca de pasto dejando a perico a cargo de las ovejas.

Sentíase cansado y hambriento. Cuando regresaron el señor Smith le dijo: Bien chiquillo tienes pasta de ovejero. ¿Quieres venir con nosotros? Sí señor. Andando entonces, la cabeza de perico empezó a funcionar acelerada. ¿A dónde irán? ¿Matarían a las ovejas al otro lado? Y con ese pensamiento se fue con ellos hasta que llegaron a la embarcación y subió con ellos al barco.

PERICO DESAPARECE. Se durmió al poco rato y estaba en lo mejor de su sueño cuando se despertó con un ruido y vio una espesa bruma que rodeaba el barco; sin embargo se dio cuenta que navegaban en pleno mar. Se sintió aturdido al ver tanto movimiento y ruido. El ir y venir de los hombres, los pitazos y las extrañas órdenes que daban los patrones lo llenaron de asombro.

-Perico, aquí está tu desayuno y le entregó un) paquete.

-¡Gracias! - Perico lo) tomó ansiosamente y sacó una fruta. Por un rato se quedó silencioso, mascando su manzana.

El señor Smith le dijo. - Pronto traerán el forraje para el ganado y tú debes desaparecer.

Se quedó con las ganas de conocer esa gran ciudad, Punta Arenas, donde había edificios altos y hermosos.

Puso a la oveja bajo él, se deslizo por cubierta buscando dónde esconderse y se metió en un rollo de cables de acero.

Pronto todos habían bajado a tierra. Aprovechó para salir de su escondite, se encamino a proa y al ver esa inmensidad de agua se sintió ante un milagro. El aire tenía un sabor especial, el agua traía una brisa pura, salada con promesas de grandes aventuras y no tenía fin.

NO ERA EL MAR. Tuvo mucho rato para deambular por cubierta, en el instante en que decidía bajar una tos ronca lo paró es seco.

Tuvo apenas tiempo para esconderse. Se quedó inmóvil entre unos fardos de) cueros.

No estaba solo, pisadas firmes iban y venían por la cubierta: alguien hacía guardia, una vez que desaparecieron las pisadas descendió al vientre del barco, hasta sus máquinas con olor a petróleo. Allí había un calorcito acogedor.

-. Algún día seré marinero se dijo y en ese momento recordó el motivo de su viaje y el porqué estaba allí, en el corazón de la barcaza. Tocó las máquinas, calientes todavía, corrió hacia la escalerilla para volver junto a su ganado. Dio una rápida mirada por si ubicaba un rincón que podría servirle para ocultarse si fuese necesario.

Otro paquete cayó junto a él: más fruta y pan con carne.

Gracias, no sabía que usted iba a venir. Quiero preguntarle algo. ¿Dónde bajará el ganado? - Creo que en puerto natales. ¿Pero no estamos en el mar? - Estamos en el estrecho de Magallanes, donde se juntan las aguas del océano Atlántico y Pacífico.

- Tengo un motivo para seguir en el barco todavía dijo perico. Cuando desembarquen el ganado bajaré.

-Quédate tranquilo. El viaje no es largo y yo te avisaré cuando lleguemos al puerto.

MUNDO AZUL. Cuando despertó esa mañana, le pareció que el mundo era más luminoso, grande y todo azul. Se olvidó de que estaba escondido y corrió a la borda de la barcaza.


-¡Este sí que es el mar! grito a nadie. Este es el mar de Chile. Nuestro mar.

De pronto divisó un punto oscuro que se convirtió en un barquito de juguete; A medida que se acercaba, se dio cuenta de que era inmenso. Flameando a popa, se veía una bandera desconocida.

A poco de salir del estrecho, apareció una embarcación más linda, alta y blanca como cristal. De repente se oyó un grito ronco: -¡Témpano a babor!

Corrió a su refugió, aterrado. Una montaña de hielo sin timonel, amenazaba estrellarlos.

Un ajetreo de órdenes y carreras, y la barcaza viró con brusquedad acelerando las máquinas al máximo.

Perico dijo: ¿Dónde estaban? ¿Hundiéndose tal vez?, se asomó por sobre sus lomos justo a tiempo para ver pasar el gigantesco témpano.

Acaban de librarse de la muerte. No que ya ni pensarlo y dio gracias a Míos.

Pero eso era todo ya que, empezó un temporal muy fuerte y perico pensó: Con temporal no será fácil el desembarco.

Al echarse entre las borregas, rezó: - Por favor, que atraquemos luego, no quiero quedarme de oveja para siempre.

El temporal no estalló, las olas se calmaron. Perico no podía saber que habían atravesado felizmente el peligro y estrecho paso de kirie y que estaban muy cerca de su destino, en lo más interior de los canales.

UN PUERTO OSCURO. ¡Listos, listos! - repetía alguien en su sueño y de pronto advirtió que era la gruesa voz del capitán que daba órdenes y toda la cubierta era un solo ajetreo.

Aún sin levantar la cabeza vio, por las luces, que llegaban a puerto.

¡Puerto Boris a la cuadra! -gritó un marinero y comenzó el atraque.

Se divisaban grandes edificios y se podía leer un letrero luminoso: “frigorífico” ¿Puerto Boris? – Murmuró perico- Pero yo le entendí a mi amigo Puerto natales. ¿Qué habrá pasado? La barcaza había atracado en otro puerto, sin luces, sin letreros, sin grandes edificios, según podía ver en la penumbra del) alba.

Aprovechó el ajetreo, el) movimiento dese {deñado de los animales, divisó al señor Smith que conversaba a distancia, en el muelle de madera, con alguien que parecía ser el ovejero comprador.

Se detuvo y miró el cielo medio despejado y caminando entonces con lentitud se fue alejando hasta llegar a un bosque solitario donde se tumbó entre unas matas.

EL PUMA Y LA CAVERNA. Perico se encontró de repente en un bosque de ñires, ese único árbol que había junto a su casa, con sus raíces medio al aire. Cerca de su mano descubrió los frutos agrios que empezaban a madurar. No resistió la tentación de ponerse a comer mientras oía el canto de los pájaros.

De pronto se acordó de su oveja. - Gritó al no verla por ningún lado y comenzó a buscarla corriendo aturdido por el bosque.

Escuchó un gorgoteo no muy lejos y lo buscó con la esperanza de que algo tuviera que ver con su oveja. Encontró un chorrillo de agua cristalina y) se metió en la corriente buscando a la perdida.

Cuando estaba en lo mejor, divisó en la orilla del arroyo a la oveja. Saltó afuera y corrió a cogerla antes que volviera a escapar.

De pronto perico creyó ver una sombra entre los arbustos. Algo grandote como un perro se movía por ahí.

Lo que apareció ante sus espantados ojos no fue un perro sino un puma de gran tamaño.

Se le ocurrió la idea de meterse en el agua con su oveja y así se alejaron hasta que


encontró una caverna y entro para ver que había. Estaba asombrado y se encontró con un arriero que les estaba contado la historia del mileón a unos turistas. – Yo también quiero entrar- dijo perico avanzando por la increíble caverna.

-Así que se llama mileón y es famoso en el mundo entero.

-¿Quién era mileón? Estaba convencido que se trataba de un pirata más famoso que el Draque.

¿Mileón?- rió el arriero – Mileón era más que pirata. Sepa Dios las maldades que hizo en su tiempo. . . Vivía aquí, en) esta cueva. Era el último de su) raza y vivió antes del diluvio universal. Nadie sabe mucho de el. . . Su esqueleto, especie de oso gigante de más de tres metros,) lo vieron muchos. Y así el arriero estuvo durante mucho rato relatando los detalles de la historia.

Perico volvía los ojos a la caverna, allá lejos, donde se había dormido para siempre el último Mileón. Quizá fue un rey, en ese tiempo y la caverna su palacio.

Luego de aquella inolvidable aventura en la caverna, Perico conoció a un capitán con el que se embarco por distintos lugares de Chile. Uno de esos lugares fue Puerto Cisnes y Perico estaba maravillado con lo bello que era el sur y así compartió muchas experiencias con su amigo capitán.

MIL CANALES Y MIL ISLAS. Los días pasaban y Perico seguía su viaje con el capitán por el ventisquero Balacada.

Cuando las riberas se acercaron, angostando el canal por el que navegaban, el capitán enseño a Perico a manejar el timón.

-Nos acercamos a kirie- dijo-. Es un canal muy angosto y prefiero pasarlo sin motor. En) todo caso, yo temaré el timón y tú estarás atento con las velas.

-¡Iremos cerca de las costas y) entre las isla! Salir mar afuera es arriesgado. Hay que alejarse de los ventisqueros, esos ríos) de hielo que bajan al mar, porque ellos desprenden esos enormes témpanos que navegan sin piloto.

Empezó a oscurecer y el capitán acercó el barquito a una isla que emergía del agua como un animal manso y verde. Entraron a una estrecha bahía y arribaron a una playa rodeada de rocas. Así fue como navegaron por muchos canales llegando a golfos y ventisqueros. Cuando ya estaban cerca de su destino, vieron ante ellos el impresionante ventisquero de San Quintín.

El capitán le explicaba lo peligroso que era acercarse a la costa por esos lugares.

-Allá arriba dijo el capitán hay glaciares fósiles. Nadie conoce de dónde vienen estos ventisqueros, que así se llaman los ríos helados. Esas son regiones tan peligrosas, que ningún explorador se ha atrevido a excursiones por allí.

Perico comprendió todo lo que le decía el capitán y luego de un rato se quedaron dormidos.

Al otro día Perico debía seguir su viaje hacía o {os lugares y, antes de que subiera a la embarcación, Perico lo abrazó: - Gracias, capitán Miguel. Guárdese este recuerdo mío para que no se olvide de volver. El capitán le dijo: Has sido un compañero muy bueno y, ojalá encuentres en esta isla un lugar para ti y, para tu ovejita. Y saltó al barco.

Perico siguió su camino y conoció a mucha gente buena en su largo viaje.

Pero le ocurrió una desgracia por estar haciendo dedo. Lo llevó un hombre que contrabandeaba y cuando los pillaron el hombre fue preso y, Perico fue llevado a un reformatorio.

TREMENDA SORPRESA. No tenía miedo de aventurarse ni de pasar frío o hambre, solo le interesaba seguir conociendo Chile.

Luego de estar un tiempo en aquel reformatorio, logró escapar y conoció a unos marisqueros y poco a poco se acercó a ellos. Le convidaron unos cuantos que sacaban de sus conchas. Tenían sabor a gloria después me tanto ayuno.


-Eres afuerino,) ¿no?- le preguntó un pescador.

-Sí, llegué anoche. Ni sé dónde estoy. . .

-Por si te sirve saberlo, este es Iquique. ¡Ahí tienes delante la bandera que muestra donde se hundió la Esmeralda!

Fue una impresión profunda para Perico recordar el combate de Iquique ante el lugar donde ocurrió. El pescador era conversador y lo invitó a su casa y, en poco rato olvidó el frío y el hambre.

Aquel día vivido con el grupo de marisqueros y pescadores, recorriendo rocas y acantilados y luego una parte del puerto para llegar rancho sería siempre un día maravilloso.

Con la familia, al oscurecer, compartieron un buen caldillo de choros y no faltó un rincón entre los niños para que durmiera Perico igual que en su rancho.

¡MI PERICO! Perico dormía aún cuando su amigo marisquero salió a las rocas a recoger sus choros, los llevó a vender al mercado y volvió al rancho trayendo pan y verduras con el dinero logrado.

Ni siquiera despertó cuando esté se sentó junto a su mujer a tomar su té caliente.

-Oye – le decía a ella. – En el mercado se comentaba de un desaparecido. . .

Con un gesto de la barba indicó a Pe {icho en el rincón, dormido.

-Me) creo que es esta cabro. Se arrancó del reformatorio y, lo andan) buscando por tomos los rincones.

- No quisiera entregarlo- dijo el pescador – Es un cabro simpático y lo podemos adoptar.

- No todo será mala suerte para que lo encerraran ahí. Averíguale un poco antes Fano. . .

- No va a contar sus problemas, si los tiene.

Alguien golpeó la puerta y Fano fue a abrirla.

- Buenos días, Parra- el carabinero saludó amable al pescador.

- Muy buenos, y adelante. ¿Que lo trae por aquí? - Se escapó un niño y, alguien dijo que lo vio mariscando con usted. . .

- Yo marisque solito.

El cabo les dio una mirada sonriente, saludó y se fue, disculpándose.

Apenas cerró la puerta saltó Perico de entre las mantas:

- Oí todo don Fano. No hice nada malo. Se lo juro por mi mamá que me mira del cielo. . . Me encerraron porque le hice dedo a un motorista que con} raboneaba, según parece. No lo) conocía siquiera. . .

Perico estaba pálido y no quería llorar.

- Quédate tranquilo y toma desayuno. Ahora eres hijo mío, ya lo oíste.

Estaban en lo mejor cuando se abrió la puerta y entraron dos uniformados.

- Venimos por su nuevo hijo- explicó uno. - No le va a pasar nada. El cabro es importante y o un delincuente como creímos al principio. . .

- Hay un llamado de Arica – siguió diciendo el carabinero- un llamado a toda la zona norte, para ubicarlo. La orden viene del piloto, mi capitán Álvarez, que lo espera allá.

Perico estaba feliz y se acercó sin miedo a los uniformados.

Al llegar al furgón que los esperaba Perico descubrió en él sus cueros, su caja y el saco con sus piedras y regalos.

Corrió a entregárselos al marisquero.

Se despidió del marisquero y de su familia.

-Tenemos un buen viaje todavía, pero pondremos la radio para distraerte.

La música apagó la radio.

¿Dijo que estaba mi padre con el capitán?- preguntaba incrédulo Perico.

- Así dijo el noticiario. . . ¿No lo esperabas? - Claro que no. Él vive en Tierra Del Fuego.

- Lo habrá traído volando el capitán.

El furgón con su preciosa carga entró triunfante al recinto militar donde esperaban el


capitán y el padre de Perico.

Abrazos y lágrimas, muchos palmetazos y vivas.

¡Mi Perico! Esa voz, esa manta que olía a su rancho. . .

¡Papá! Lloraba sin querer aferrado al cuello de su padre y repetía: “Papá, papacito mío” Todos sonreían emocionados mientras Perico continuaba abrazando a su padre.

Al llegar la noticia de la captura del pirata- contó el piloto Álvarez- me informé de la denuncia con detalle y mi primer paso fue tomar contacto con tu padre, Perico. Ya sabía yo, por la base aérea de Tierra del Fuego, con que desesperación te buscaba él. Aunque le habían llegado tus cartas no era suficiente. Sin demora lo hice traer en el primer avión disponible.

- Gracias, Capitán – la voz de Perico salió gorda y extraña. – Papá quiero explicarte todo lo que paso. . .

- Hay un avión que los espera para llevarlos a casa.

Las primeras palabras de Perico a su padre, una vez en el aire fueron: - Yo quería trepar por Chile hasta arriba, hasta donde termina, y lo he logrado. ¡) Chile y su gente chilena son maravillosos!

Perico Trepa por chile  

Autores: Marcela Paz Alicia Morel Resumen editado por Daniela Larenas Koller