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crítica · cultura · arte

IDENTIDAD ES LA VIDA < Luis Alfonso Angulo Segura > CUATRO AZAFATAS TRANSEXUALES EN SU PRIMER VUELO < Ángel Ortuño DE OVÍPAROS NUNCA NACEN BEBÉS KATANA < Sergio Ernesto Ríos > < Adrián Dander Guzmán> COITO EN TRES TIEMPOS < José Antonio Manzanilla Madrid > EGO-GRAFO < Ximena Cara de Gaio > ALTERIDAD < Lilia Basulto Ordóñez> LA ALTERIDAD APERTURANTE DEL SÍ MISMO < María Porras Avila > EL HOMBRE DE ESTE HOMBRE < Luis Amézquita > CABEZA DE PENE < Sofy Danger a.k.a Sofía Ramírez > CALEIDOSCOPIO SÓNICO < aldo revfaulknest > ADONIS, ADONIS < eddander > I < Karen García > APLASTADA ENTRE DIMENSIONES < Karenina Romez > VICTORIA DE MÉXICO < Yoshihiro Koitani > SIN ENTRAR AL MAPA PORQUE NO SE PUEDE < Bernardo Núñez > QUÉ FUE DE TANTO CAIFÁN < Cali > ES CUESTIÓN DE ADN < Arizbeth Chávez Chacón > EL BUDA DEL SUBURBIO < Juana Adriana Rocha Luna > VERDE QUE TE QUIERO VERDE < Entrevista con un ex-soldado > < Ramón Izaguirre Capitan > RICARDO Y DIANA: VISIONES DEL PERFORMANCE < Ricardo Velazko y Diana Olalde >

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Mensaje Editorial Se nos presenta un pez engañoso. Un pez que no por sus escamas deja de ser escurridizo. Su fisonomía no lo salvará de caer por lo menos un par de veces: la primera en el anzuelo, la segunda en las manos del pescador; una tercera posibilidad es que caiga de las manos de alguna inhábil persona que olvida o desconoce el natural estertor de lo próximo al cadáver. Como un recién nacido, el pescado aparece untado en mantequilla, y la mantequilla, como el pez, también algunas veces cae en un sartén caliente. El pescado se asa, se cose; la mantequilla se derrite y desintegra. Pero aquí lo que interesa no son ni pez ni mantequilla sino los trocitos de cebolla picada que pondremos en la sartén para freírlos con la grasa caliente. Esta cebolla es sencilla y como cualquier otra. Vio sus orígenes bajo tierra y algún día fue transplantada, en eso su destino no se diferencia del de sus hermanas o vecinas. Su historia particular tampoco es que sea de lo más interesante. Comparte multitud de episodios con sus congéneres, uno de ellos es que al salir de la tierra fue llevada a un puesto de mercado (si fue transportada en bicicleta, en automóvil o en pick up, no nos interesa). Ahí alguien la compró, digamos tú o yo. Yo la compré, tú la compraste, nosotros la compramos y la trajimos a casa para cocinar el pescado. Tenemos una cebolla entera que nunca ha pasado por el cuchillo o las manos desmenuzadoras, una cebolla que, al igual que todas las demás, está sometida a la inevitable putrefacción que su estadía en la vida le garantiza. También

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es una cebolla que, como cualquier otra cosa, puede ser vista e interpretada desde diferentes perspectivas; por su cualidad de “completud” podría darnos la impresión de que se acerca más a la palabra y al objeto “cebolla”. Sin embargo, no por estar completa es susceptible de ser comprendida totalmente. O acaso ¿tú y yo estamos pensando en la misma cebolla? Podríamos también aventurarnos a pensar que vista la cebolla de otra manera, no ya en su cualidad de entera sino capa por capa, nos estaríamos acercando más a ella, pensando que un análisis detallado nos daría caracterísiticas más certeras. Verla así implica múltiples puntos de vista y experiencias cada vez más fragmentados; una cebolla picada en finos trozos o convertida a formatos más “disminuidos”, como en polvo o puré, no nos garantizan que podamos comprenderla. Completa, en capas, pixel a pixel, o microscópicamente, siempre se nos escapará. Pero a pesar de esto no es tan volátil, pues cuando yo la nombro, alguien más, por ejemplo tú, puedes imaginarla, ya sea completa, desgajada, picada o friéndose en un sartén. Quizá tanto se nos advirtió de que eso era una cebolla que terminamos displicentemente aceptándolo, o quizá ese sabor y aroma que la delatan iban a terminar haciéndola, irremediablemente, una cebolla. Pero incluso esta cebolla no es la misma de siempre, pues quizá haya evolucionado negando a la otrora cebolla, desafiando los principios que supuestamente conformaban su esencia, y quien sabe si un día encontraremos una cebolla sin capas, completamente distinta a las de ahora. Pero en esto está la cuestión, pues a pesar del panorama donde aparece vaga y desdibujada, es imposible que escape a su destino de cebolla. Aunque su nombre, engañoso como todos los nombres, la hermane con otras tantas que han existido y seguramente seguirán existiendo, será en cada momento sólo ella: la que cae en la sartén con mantequilla derretida, y los trozos desperdigados por el piso, la estufa y el techo. Es así, burdamente, como viene la identidad en este número: picada, destrozada, difícil de enunciarse y acompañada de peces. ... Pero nos alcanza para un buen platillo.

Noemí Moreno y Citlalli Sánchez 3


Identidad es la vida Luis Alfonso Angulo Segura

Latinoamericano, mexicano, veintitrés años, ex presidiario; delgado, hispano, estudiante, apolítico, desempleado; agnóstico, amoral, sedentario, cuentista, chaparro; fronterizo, nacido en el siglo pasado; norteño, heterosexual, tijuanense; atleta, lector, filósofo; nativo de enero, neurótico, obsesivo, friolento; cinéfilo, suicida, soltero, escéptico. Tengo aletas, alas, branquias, caparazón, pies, dos estómagos, cuatro corazones. Nací del huevo. Practico el camuflaje, construyo presas, hago fotosíntesis, lanzo tinta, provoco bioluminiscencia. Me alimento de insectos, bellotas, hojas, peces, levaduras, flores, granos, arácnidos, miel, lácteos. Vivo en cuevas, montañas, océanos, riachuelos, ciudades, madrigueras, nidos. Me cazan hienas, lechuzas, ballenas, panteras. Vuelo, nado, corro, trepo, escavo, me oculto. Me seco, me pudro, muero. ¿Cuál es mi identidad?

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Cuatro azafatas transexuales en su primer vuelo テ]gel Ortuテアo

Queremos que el sufrimiento no sea actuado. La pobreza real y perdurable como si lo golpearan con carne congelada. Por hoy tiene permiso para destruirlo todo por 60 minutos y dentro de este edificio abandonado. ツソQue su oficio es arder? Lo conozco: Primero guarda en su boca gasolina sin tragarla para luego escupir hacia la antorcha. Puede conservar todas las monedas que le den.

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De ovíparos nunca nacen bebés katana Sergio Ernesto Ríos

La membrana de un reptil detecta sonidos; torturado con instrumentos diversos, máquinas de imposición, calefacciones de lasca, glaseos de metileno, trituradores en la parte maxilar, a guisa de tentáculos en rotación. Se inflama el lanugo, el cuerpo esférico pequeño para así procesar, en su gusto, una pieza lenitiva; en los aligátores los dientes no son visibles, en el diafragma se introduce un trozo semejante a una galeaza con sulfuro natural de plomo, para desparejar las masas escamosas en la cavidad ventricular se esconde un instrumento paulatino de hidrocución, entre el tercer párpado y las fosas nasales se estimula una hemorragia con una prensa hermética, el tegumento cervical se aísla con un aspa dentada si está echado sobre el vientre.

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Adriรกn Dander Guzmรกn 7


Coito en tres tiempos José Antonio Manzanilla Madrid

Ensayo Inicia tu lectura, habrás de frustrarte lenta y cadenciosamente. Alguna vez pensé en dedicar todos los días a una causa y sin embargo todavía oscilaba mi impaciencia entre el desgano del sentimiento que me dejó tu partida y los anexos de un artículo mal trabajado que me ayudara a mantener la cordura. Dos días más, al menos. Pues bien, esa causa me ha llegado. Tras vivir sin pasión una añoranza exaltada, me aclara una idea pasajera que me llama como las sirenas a Odiseo. Me di cuenta al terminar Rayuela; a veces ese tipo de locura me ataca. El ser y su doble callaron mis temores y me hicieron creer, al fin, que me estaba alejando de algo al buscarlo tan insistentemente. Pero ahora, en esta columna desprovista de asideros, es prudente sentir un grado tímido de valor. Si en dos segundos se puede configurar un ser, caigo en cuenta que he llenado mis manos de tu existencia. Me pienso creando una nueva posibilidad al momento de cederte esta nueva existencia. El dolor de las letras se impregna de ironía, de complicidad. Eras como una que encarna a todas. Eras un presagio calamitoso, un desayuno frío. Y yo, ajeno aún de todo, fustigaba los caballos de la razón, una inspiración que horadaba las murallas de tu perplejidad. Una pesada defensa que resguardaba tus aristas, tus puntos dolorosos. La apropiación, el asalto, la epopeya de una simple declaración. Luego estabas ahí, recibiéndome, soltando la mirada bravía, los brazos desencadenados. Así fue un día, y muchos días. La prisión de Morel velaba mis intentos, las calladas intentonas. Tan calmado como la primera noche, empieza a sentirse la humedad de los silencios que se enfrentan. Ahora tu mirada sí me percibe, la leve inclinación de una mano ondulando el aire me llama y me aparta a la vez. El ser, de nuevo el ser, sigue siendo una alternativa de su dueña. Di cuenta de mi finitud y aparté los cabellos de tu rostro, clavando esa estaca intermitente y luminosa en tus senos. La verdad escrita en tus senos. Y el salón de baile. — Es una noche insistente (y ahora que deja de leer se percata de que su cuerpo ya está casi del todo seco; la lluvia pertinaz se aleja y piensa que puede abandonar aquella nota sucia al agua acumulada de la cornisa, tal vez la encontrará de nuevo en un sueño, pero no puede).

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Teoría Creía en un lenguaje desprovisto de referentes. Si te hablo te hago, si te nombro te vivo. Si los deseos de una línea disponen tu realidad, somos todos presas de un destino persistente, cíclico. Lo único que cambia son los códigos, los signos que nos han de remplazar en ese nuevo lenguaje que se aleja continuamente para darnos una falsa autonomía. Una jaula semántica, un refugio artificial de fonemas que encarnaban tus manos. Al nombrarte aparecías como sueños rotos, una percepción callada de toda consecuencia. Y al final no podemos callar. El silencio es la muerte de nuestra esencia. El enunciado vital está condenado al infinito. Una carta, sin embargo, debe tener una razón. Mi razón, en realidad, no depende de ningún recuerdo. Es un ahora desenfrenado. Una posición ingenua de la necesidad. Si después de mucho tiempo recordando el ser se vuelve ajeno, he dejado de ser, y despojé de tu cuerpo la esencia. Al principio es difícil de entender y describir con palabras. Luego ya no es necesario explicar, sólo hace falta sentir. Gozo el lenguaje del cuerpo que también es lenguaje de conciencia.

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Aplicación: Te equivocas. De nuevo. Tocando la puerta roja, tan roja. La vida roja, la sangre, las moscas en el montón de basura apilado tras su partida. Sigues tocando. Presientes mi vuelta, la deseas. Los perros ladrando a mi lado, detestándote. Amante, querella y despedida, consecuencia. Consciente del mundo, de la necesidad, del humo de un tabaco que nunca se consume. Pides, suplicante, una nueva oportunidad. Ahora golpeas. Piensas en diablos risueños, en canciones de amor. Callas, sientes deseo. Mi deseo, el compartido. Al final, la voz. La puerta se abre. Se cierra de nuevo. Ahora, dentro de todo el deseo sólo queda la huida. No hay apariencia que permita la retirada. Ahí están las mismas pinturas, el mismo lienzo, los mismos libros. Ahí de nuevo el Gilgamesh de piedra maciza, incoherente y magnánimo de todo cuanto observa. Ahí los zapatos de escapista, ahí ese pobre pájaro que desea su muerte, flotando su canto entre las palabras que permanecen enjauladas. Yo, plena de mí, de cualquier humanidad falsa, de pulso equilibrado, de sonrisa callada, piernas cruzadas. Los pasos aletargados y expuestos al detalle entrometido. Pasos temerosos, te prometen el acercamiento, lo intuyes. No hay sino, ni pudor. Yo desvinculada, pensativa y absorta en la desnudez que ofrece el espejo, abro la boca intentando emitir ese sonido extraño y alejado, fúnebre. No deseas escuchar. Sigues caminando, cierra la puerta tras de ti. La gallina de porcelana fija su mirada en esa danza milenaria, primitiva. Caen los pantalones y la camisa, cae la desnudez perdidiza y continúa el rito, extendiendo la mano. Callado, el labio cortado reteniendo con furia al beso, desangrándose. Las manos colocadas una sobre otra, el ardid coqueto de la transparencia, los ojos que interrogan. Suena el jazz súbitamente. Jazz en la madrugada, de nuevo. El arrebato pasional consiste básicamente en el desprendimiento de la noción primera de dominio. Aquel que se desliga de su carácter para ser una partícula más del otro, gana en el juego. El perdedor cae junto con su pretensión diseminada en múltiples ocasiones postreras de intentar, y nada más intentar. Las cadenas expuestas a la mirada del inquisidor, el rencor que se transforma en una molestia prescindible, los continuos reclamos mundanos y perdidos en un rellano de nostalgia, como testimonio -del dejar ser y parecer lo que uno desea. -del creer en ser y no ser más de lo que se desea. -de no ser y ni siquiera parecer ser lo que se desea.

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11 Ego-grafo / Ximena Cara de Gaio


12 Alteridad / Lilia Basulto Ord贸帽ez


LA ALTERIDAD APERTURANTE DEL SÍ MISMO María Porras Avila

La relación con el ser, que funciona como ontología, consiste en neutralizar el ente para comprenderlo o para apresarlo. No es pues una relación con lo Otro como tal, sino la reducción de lo Otro al Mismo. Emmanuel Lévinas, Totalidad e Infinito

En Totalidad e Infinito, Emmanuel Lévinas indica que pensar en el Ser1 es pensar en términos de una unidad omniabarcante que se extiende sobre la totalidad de los entes, eliminando aquello que los distingue y encauzando la diversidad de sus posibilidades existenciales en una única vía: la identidad. Para el lituano, el desarrollo de la filosofía occidental es la historia de un continuo ejercicio de supremacía del yo2 que absorbe toda posibilidad de ser de lo otro. El alter ego implica una oposición, una resistencia que pone de manifiesto la incapacidad de la subjetividad de prolongarse, de dilatarse, de asumir lo circundante como propio.

1 Se hace referencia aquí, al Ser-en-sí que fundamenta la existencia de todo ente; al Ser en general causa de todo ser en particular. 2 A lo largo de esta disertación, enunciaremos constantemente términos como ego, sí mismo, mismidad, subjetividad, sujeto, haciendo referencia a la identidad del yo; asimismo, haremos mención continuamente de términos como alter ego, alteridad, otredad, refiriéndonos a la identidad del otro-yo.

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La dimensión de lo natural constituye, al igual que la alteridad, un óbice para la extensión indiferenciada del ego. Podemos observar cómo a partir del ideal de la Ilustración se efectúa una apropiación de la naturaleza, reduciéndola a materia prima destinada a la explotación, sometida al poderío tecnológico del hombre. De esta forma, el imperio humano se despliega sobre la esfera de lo natural, asimilándola bajo la premisa de una racionalidad instrumental, intentando encubrir su temor ancestral ante lo que representa un no-yo extraño y limitante. Por ello, según Lévinas, la única experiencia que no se deja absorber en el dominio del sí mismo es la de una entidad no cósica ni cosificable que se encuentra en igual nivel óntico-ontológico que la mismidad. En otras palabras, al otro que no es yo, pero que a pesar de ello comparte con él la humanidad, no puede reducírsele a mero receptáculo de una identidad impuesta desde la propia conciencia. La otredad es infinitud imposible de aprehender puesto que escapa a cualquier asimilación teórica por parte del ego. No obstante, pareciera que la actividad filosófica se ha empeñado en la tarea de erigir al yo como soberano indiscutible de la realidad, como único ser autolegislado que, desde su pensamiento, puede legitimar o invalidar al otro. El yo-pienso se convierte, a partir del discurso de la Modernidad, en causalidad ordenadora que engloba la multiplicidad de lo existente bajo la unidad monádica del cogito. Encomendada a la subjetividad la misión de organizar y categorizar lo ente, ésta se asume como fuente de inteligibilidad y criterio de verdad de todo lo que le rodea. La filosofía se revela como egología: abstracción del alter, es decir, eliminación de la diferencia y por tanto, homologación entre alteridad y mismidad. La postura levinasiana nace de la negación de la dilucidación heideggeriana que representa una exaltación del sí mismo. Si bien, Martin Heidegger no entiende al sujeto como sustancia inmutable sino como existencia que se actualiza en un horizonte temporal, continúa la tradición solipsista moderna considerando que el ego puede constituirse ontológicamente en completo aislamiento para, posteriormente, constituir a la otredad. En Ser y Tiempo,

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el alemán se refiere a los existenciarios como estructuras ontológicas gracias a las cuales es posible entender al Dasein3. La primera y más eminente de tales estructuras es el estar-en, en tanto que el ser humano está desde siempre arrojado en un mundo; precisamente la condición de arrojado impele al Dasein a una constante proyección y elección de sus posibilidades de ser y, en consecuencia, a una autodeterminación existencial. En segundo término se encuentra el estar-con: la coexistencia con otros hombres. Estar-en y estar-con son existenciarios íntimamente relacionados ya que el universo al que el individuo ha sido lanzado, en el que se proyecta y elige, es también el que comparte con los demás. Heidegger señala: “El mundo del Dasein es un mundo en común. El estar-en es un coestar con los otros”. Así, el coestar no depende de que el yo permita al alter ego incorporarse al mundo que habita, sino que la alteridad está involucrada en toda experiencia de la subjetividad. Incluso, la ausencia fenoménica del otro hace patente ese estar-con pues el recuerdo revive su presencia. Ahora bien, coexistir no es solamente un estar-junto-a, puesto que ello definiría la otredad como simple entidad intramundana e inconciente; es, por el contrario, un encontrarse-con diversidad de seres que se autodeterminan a cada momento. Partiendo de la referida tesis heideggeriana, podemos aseverar que el estar-con es una condición anterior a cualquier decisión existencial tomada por el sí mismo: aún antes de que el yo se proyecte y elija concientemente, el otro está ya ahí, en significativa cercanía. Paradójicamente, en algunos pasajes de Ser y Tiempo, es posible atisbar un temor a la cercanía de la alteridad: “En la ocupación con aquello que se ha emprendido con, para y contra los otros subyace constantemente el cuidado por

3 Dasein significa literalmente, ser-ahí. En el pensamiento heideggeriano puede interpretarse como el ser humano que no sólo existe, sino que tiene la capacidad de interrogarse por el sentido de su existencia.

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una diferencia frente a los otros… El convivir, sin que él mismo (el yo) se percate de ello, está intranquilizado por el cuidado de esta distancia”. En la originaria e incesante convivencia surge una desconfianza hacia el alter ego, quien acecha a la mismidad con su diferencia. Ante dicha acechanza, el ego se repliega intentado conservar su identidad, manteniendo un “necesario” distanciamiento. La pérdida de sí amenaza al yo compeliéndole a reafirmarse, cerrándose a todo influjo altérico. Sin embargo, debemos reconocer que en virtud del coestar previo a cualquier toma de decisión existencial, el hombre se ve siempre influenciado por sus coexistentes. ¿No es a partir de la observación de la conducta del otro y de una cierta imitación de su actuar que aprehendemos el mundo? ¿No estamos sujetos desde siempre al otro en cada vivencia de conciencia, desde el retrotraer ejecutado por la memoria, en la percepción inmediata e intuitiva del acontecer, hasta el proyectarse hacia futuro operado por la imaginación? El hecho de la influencia continua de la otredad es confirmado en el desarrollo del análisis heideggeriano centrado en el comprender como constitutivo ontológico del Dasein: ser cuya vida es un perenne intento de comprender lo circundante para, simultáneamente, autocomprenderse. No podemos entender la comprensión como disposición intelectual activada a voluntad sólo en determinados instantes; antes bien, es un modo de ser del humano que sitúa a éste en medio de lo comprendido. A la luz del estar-en-medio es insostenible la explicación del sujeto como ser que, en un primer momento, se configura en soledad para después aventurarse a salir al mundo que le rodea, entrando en contacto con quienes cohabitan en él. La subjetividad no comienza a existir o a interpretarse en retiro e incomunicación; la subjetividad coexiste y en función del coestar se interpreta. En este sentido, nos es lícito inferir que la coexistencia influye decisivamente en la configuración del yo, quien despliega y actualiza sus potencialidades partiendo de la actualización y despliegue que los otros llevan a cabo. Justamente al respecto, Lévinas plantea que la libertad

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del ego de autoconstruirse, está precedida por una heteronomía originaria que le determina. Asumir la no-autonomía de la mismidad no implica, como en el discurso heideggeriano, una pérdida del Dasein en el uno-impersonal, concepto que denota la caída del sí mismo en la evasión de la responsabilidad de autodefinirse. Por el contrario, la no-autonomía es una insuficiencia insuperable del sujeto que se pone de manifiesto en cada encuentro con el alter ego. Lo anterior queda consignado en La Huella del Otro, uno de los textos emblemáticos de la obra levinasiana: “La experiencia heterónoma que buscamos sería una actitud que no puede convertirse en categoría y en la cual el movimiento hacia el Otro no se recupera en la identificación, no regresa a su punto de partida”. La irrupción de la alteridad, que acontece a cada instante, no se reduce a la confrontación con un ente meramente cósico que encarne un impedimento a la tendencia del yo de extenderse indiferenciadamente. El encuentro con el otro es vivencia del trascendente e irreductible acaecer de lo infinito que, con su presencia, hace evidente la finitud de la mismidad. El más allá de mí es el alter ego al que no puedo dar sentido y al que no puedo aprehender como contenido mental. Lo infinito aparece ante la intuición yóica como epifanía del rostro que es imposible de abstraer de su riqueza fenoménica y singular, para ser tematizada por la actividad conciente y asimilada a un eidos universal. El rostro-otro no es susceptible de apropiación por la subjetividad, sino total resistencia que cuestiona su capacidad teórica. Es la epifanía del rostro aquello de lo cual el ego es incapaz de escapar. Lévinas lo refiere de la siguiente manera: “… mientras el pensamiento libre sigue siendo lo Mismo, el rostro se me impone, en cambio, sin que yo pueda ser sordo a su llamado, ni olvidarlo”. El reconocimiento de la otredad como infinitud pareciera entrañar una especie de amenaza: en tanto que reconozco a los demás, me niego a mí. En este sentido la afirmación del otro significaría la cancelación de la facultad autodeterminante de la mismidad en favor de una tiranía del alter ego. Empero, debemos tomar en cuenta que la aparición del rostro-otro puede convertirse, al igual que el angustiante estar-vuelto-hacia-la-muerte, en dispositivo activador de la autoconciencia.

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Retomemos la elucidación heideggeriana. De acuerdo con ella, el Dasein absorto en el cumplimiento inconciente de un prototipo vivencial y enajenado por la novedad incesante de lo inmediato, se evade de su poder-ser más propio. Es ésta la situación del uno-impersonal en donde el llamado de la conciencia cede frente a la cómoda estabilidad del seguimiento irreflexivo de estándares homogeneizantes, que conducen al hombre a un actuar simulado, a un no-compromiso con su existencia, cuyo único sentido reside en aquello que se le impone. En tal estado, el ser humano se mantiene en una elección inconciente y automatizada, la cual sólo puede superarse mediante una experiencia límite: el estar-vuelto-hacia-la-muerte, expresado en términos heideggerianos: “La muerte es la posibilidad más propia del Dasein. El estar vuelto hacia esta posibilidad le abre al Dasein su más propio poderser, en el que su ser está puesto radicalmente en juego”. La mortalidad lleva al sujeto ante su potencialidad de ser más propia, obligándole a reconocer la ausencia de fundamento de su existir. En virtud del morir como certeza vital absoluta, el Dasein se comprende como haz de potencialidades actualizables. Así como nadie le salvará de enfrentar su muerte, nada le salvará de elegir su vida. El ser conciente de su fin existencial es el fenómeno límite que permite al yo recuperarse de su caída en lo impersonal, asumiéndose como devenir temporal capaz de elegirse. Si la certeza de morir es condición necesaria para que el ego se reconquiste, reactivando el proyectarse de sus posibilidades en un horizonte histórico compartido con otros, entonces la mortalidad también sería condicionante de la identificación del alter ego como libre posibilidadde-ser y no como mero ente cósico. Sólo en función del autoreconocimiento de la mismidad como autodeterminante es factible el reconocimiento de la alteridad como instancia vital que se determina, al igual que el yo. En ese “igual que el yo”, se esconde precisamente la hegemonía del sí mismo que tiene lugar en el pensamiento heideggeriano y a la que Lévinas se opone radicalmente. Únicamente en tanto que el Dasein es conciente de su capacidad de autoelección, descubre en la otredad la suficiencia de autoelegirse.

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Hemos vuelto al argumento de la autonomía imperativa, a la posición egótica de la filosofía moderna, de acuerdo a la que el ser humano debe entenderse como autónomo para conceder al otro la autonomía. Pero, a nuestro juicio, es evidente que el alter ego no necesita del asentimiento del ego para autoconstituirse; por el contrario, la presencia de la alteridad como proyecto existencial autofundante obliga al sujeto a admitir que es incapaz de darle sentido desde su identidad. Desde la posición de Heidegger podemos concluir que el yo erige su supremacía en un aislamiento ensimismado, interpretando al mundo en el que habita y a sus coexistentes a través de una racionalidad identificadora que elimina toda diferencia. Ahora bien, desde la posición levinasiana, podemos encontrar como fenómeno límite que interpela la cómoda existencia automatizada, el de la otredad que, con su infinitud incontenible, desborda la capacidad de la conciencia yóica de darle significación, compeliéndola a trascenderse. Desbordamiento que provoca una salida de la unidad del ego monádico hacia lo inaprehensible; salida que no admite el regreso a las propias categorías, al propio discurso. Y, ¿qué pone de manifiesto dicha salida sin retorno? La inquietud, nunca satisfecha, de no poderser lo trascendente, de no identificarse con lo infinito. Aquello que el alter ego evidencia es la imposibilidad de ser otro-que-yo, la incapacidad de la mismidad de remontarse para ser lo totalmente otro. Sin embargo, la evidenciación referida no actúa de forma meramente negativa, señalando una no-posibilidad de ser. Podría plantearse una función positiva que operaría indicando al Dasein su más propia potencialidad, de la misma manera en que lo hace la muerte para Heidegger. El encuentro con la alteridad es incitación al cuestionamiento: si los demás me confrontan con su no-identidad, entonces ¿quién soy yo? Me veo obligado a emitir una respuesta y justamente en su enunciación se verifica mi resolución existencial: soy esta posibilidad que he elegido. Pero la elección que define mi existencia no termina ahí. A cada momento, rostros-otros sobrevienen y me exigen una nueva contestación. Vuelvo a autodeterminarme,

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redefiniendo la comprensión que había sostenido de mí mismo. La potencialidad más propia del ser humano, que la no-identificación con la otredad revela, es su capacidad de reconstituirse una y otra vez. El sujeto no es pues, una sustancia idéntica e inmutable que permanece inalterada a través del discurrir temporal y de la multiplicidad de vivencias; la subjetividad se despliega en una diversidad de alteridades-de-sí que, integrándose dialécticamente, devienen en un intersujeto que se entiende como autoconstrucción en un proceso inagotable de reificación. La irrupción epifánica del rostro que patentiza el no-poder ser lo otro, revela al ego su heteronomía radical y su posibilidad de dar sentido a la existencia como autoconstitución y reconfiguración hermenéutica del yo.

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EL HOMBRE DE ESTE HOMBRE Luis Amézquita

1. El hombre es umbral apenas abierto. En los límites de su apéndice encuentra la plenitud. Pensarse hombre significa asirse de estandartes subvertidos y legítimos: alados absurdos. Nacer bajo la marca de un falo entre cada par de piernas entraña poseer la esclavitud. Y esa esclavitud es un yugo de muerto tras muerto que dicta la total de las acciones. Desde su escape del útero, el varón está ahí para dominar su entorno, para darle nombre a cada pieza del escenario de la vida. El varoncito lamenta en su gimoteo de parto la monumental condena que pesa sobre su espina. Y es que es así, el hombre está invariablemente avizorado por el tribunal de la tradición. Una tradición traicionera. Las cosas a las que se enfrente deberán cumplirse según un plan secularmente confeccionado: triunfar a través del sometimiento ajeno. El recién nacido, si nace macho, será obediente ante una multiplicidad de exigencias de por sí indiscutibles: tendrá que ser alto o carilindo; estará obligado a caber perfectamente en el marco de la violencia pueril y la crueldad ingenua; condenará tácitamente al débil y tendrá que ser el líder en el patio de juegos; la selección de su carácter se evaluará por el desprecio a la pusilánime

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y dulzona feminidad; su ternura será una isla de la que convendrá zarpar pronto; correrá rápido y sabrá convertir su picardía en maña; la precocidad será un verdadero halago para sus criadores; despreciará la inocuidad del otro; pasará de noche la tormenta de sus emociones. Ni hablar, ser el dueño del mundo tendrá un precio bastante alto. [Ignoraba que para los reyes el mundo está muy simplificado. Todos los hombres son súbditos. A. de Saint Euxpérry] Si lo pensamos con seriedad, el caso es verdaderamente triste: la educación que recibe el inocuo infante lo llenará de una ponzoña indeseada. Vagará por las calles eternas inyectando al incauto con el suero de su dominio. Porque se nace hombre para alzarse por encima del resto (y que espere lo peor aquél que desprecie su destino). El ave de mal agüero entre sus ingles lo conmina a ser vorazmente ganador. 2. [Siempre es así. El de más abajo es el más duro con el que necesita algo. R. Artl] ¿Será acaso que la impresión que dejamos escapar líneas arriba corresponde a un retrato oscuro e irreal del hombre? ¡Qué importa! El hombre de este hombre es incapturable: su afición es liberarse de sí mismo a través de la ganancia. En efecto, el varón tradicionalmente idóneo tiene poco de caviloso y mucho de prágmata. Suele pensar raramente en el abismo que emana de sus aparentes cavidades, pero qué bien sabe hacer las cosas a su modo, al modo de los ídolos, a contrario sensu femenino. Este hombre incapturable (y que, sin embargo, siempre se le encuentra capturado –y no olvido al filósofo, al tímido, al paria o al vagabundo–) finca su identidad en un ego excéntrico. Este caparazón multiusos le permite pasarse los días siendo el caimán implacable o el roedor huidizo. Que no nos engañe la situación concreta y temporal del hombre: en cuanto el ambiente se lo permita, su careta de noble, humilde o modesto abandonará el

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rostro. Basta un salpicón de poder, de fama o de impunidad para que el otrora varoncito inocuo se transforme en Sísifo irresistible. No hay que pensar que los marginados están exentos de ese destino. Ellos mismos, debajo de sus ropas ni totalmente viejas, ni totalmente decentes, son hombres. El género cósmico no se borra con nada. Elija el lector a un orate, un ebrio, un desahuciado o a cualquier supuesto menesteroso de la masculinidad; analícelo con detenimiento. En el andar torpe, extraviado, estúpido o miserable de no importa cuál de éstos, es posible reparar en los síntomas de sus deseos de ser reyes. El que apenas puede mantenerse en pie y el que duerme lapidariamente son capaces de soportar su vida porque ellos mismos se la han autorizado. Tal es la maravilla penosa del hombre: ha sido tan humano y tan varón que desde su infancia mamó las obligaciones de grandeza. No se le puede dar la espalda a ese masculino avance de alevosía. Subestimarlo significa volverse su víctima. El varón se despierta antes del alba o después del mediodía; come sano o se hincha de carbohidratos; ríe estrepitosamente o calla enfadado. El varón es el rey de las imposturas. No obstante, algo siempre lo delata: su compulsión por subvertir al oponente, de someter con un género prejuzgado a su interlocutor. La exclusión ridícula es el más agravado síntoma de su tragedia. La fatalidad del éxito. 3. Un hombre es la bestia sabia y estúpida de siempre. Apenas presiente lo que quiere y lo toma como si su toda existencia volara con el éxito o las runas del fracaso. Está obligado a prestarle atención sólo a la ganancia y a la certeza. El macho autorizado está acondicionado para la victoria. No puede disfrutar la futilidad de los instantes, pero ¿para qué disfrutarla? Uno se topa a diario con esos seres fálicos que parece que no podría irles mejor: despóticos y seguros de sí. ¿Para qué apreciar la

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vaguedad y la duda siendo que Sísifo encanta con su enorme piedra castigadora? […así el Artífice sumo fabricó nuestra naturaleza como una especie de instrumento, apto para el ejercicio de la realeza; y para que el hombre fuera completamente idóneo para ello, le dotó no sólo de excelencias en cuanto al alma, sino en la misma figura del cuerpo. Gregorio de Nisa] Sobre lo anterior se finca la razón de que este hombre no sea un objeto repulsivo de la buena obra del mundo. Su condición marchita pero hegemónica permitirá que el hombre sea temerario por la naturaleza de su crianza. Ambicionará la victoria sufrida y preferirá la cacería agotadora. La mujer caerá rendida ante ese pathos glorioso de hombre. Verá sus ojos en los de él y sabrá que le pertenece. Esto es así porque la rabiosa educación del hombre se extiende del mismo modo a las mujeres. El imperialismo fálico seduce desde el fondo de su carisma. Una y otra vez los hombres usarán su seguridad irrefleja y su autosuficiencia para que la mujer confíe en él, para que se pierda en el ancho nudo de sus acciones y decida jugarse el yugo de su vida. Parecería que las mujeres no pudieran desear nada más de esos verdugos encadenados. No lo nieguen, honestas damas, sólo quieren al tímido, al juicioso y al sumiso para satisfacer deseos incompletos. Su verdadera ambición es poseer un patrón sabio, implacable y apenas despiadado que les marque rumbo a su navío. Y no es que busquen esclavizarse, es sólo que la secular campaña masculina ha permeado hasta su inconsciente. Saben perfectamente que está mal que se desvivan por este patán adorable, pero les resulta inevitable. Es por lo anterior que el hombre del que hablamos no es el buen-hombrecillo del final feliz, sino el infeliz que se queda con la doncella, salva el día y tiene una frase fascinante para compartir al final de la aventura (sepa o no el significado de su autoproclamado adagio). Pero no nos quedemos con ello, pensemos otra cosa. El

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acontecimiento de un hombre devorando a una mujer en la calle lo dirá todo. El varón sentirá la compulsión (y satisfacción) por halagar a su presa –pasando de lo romántico a lo vulgar, y viceversa–. En ese acto, el varón arriesgará todo lo que es. Se exteriorizará. El tamaño de su intimidad informará su deseo de conquista: causará halago o asco con sus palabras, con el tono de su voz y con el vaivén de sus ojos aceitosos. La mujer nunca se sentirá tan ofendida, pero tampoco tan desconcertantemente halagada. No será extraño ver que en años posteriores a ese cortejo ridículo, la mencionada mujercilla se paseará por las avenidas cargando orgullosa a los descendientes del monarca de poca monta. 4. El hombre es rey y señor de la cadena que lo controla; la ha comprado con el valor de su propia existencia. No obstante, la cadena le exige versatilidad copiosa: la humildad, la conmiseración, la prudencia ocasional, la empatía convenenciera, el ultraje discreto. La paradojal condición de este hombre es su cualidad primaria. El sueño del varón ocurre como flujos contradictorios. Afuera de las grandes instituciones esperan ansiosas las virtudes morales y religiosas del hombre. Estas últimas miran con recelo cómo los galimatías se arremolinan en los grandes sillones y detrás de los inconmensurables escritorios. Las artimañas masculinas son el verdadero orden de las cosas, aun cuando envíen a las virtudes a realizar el trabajo sucio: desinterés es el portavoz del egoísmo victorioso, ufanía se presenta como el testaferro del agradecimiento, cariño le presta el nombre a la celosía, status quo es el heredero de la moralidad, agradecimiento es el albacea de la felicidad… Verdaderamente, el hombre de este hombre está vedado de ser feliz. O, al menos, eso es lo que parece. Bien pocas veces se ve a un varón conspicuo celebrando su pro-

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pia estima. Casi siempre la celebración se reserva para los méritos de su raza consumados en él. Vamos, ni su propio aniversario vitorea sin tener que rendir cuentas a la tradición en torno a sus avances de dominación. Sólo es feliz el hombre que se quiere convencer de ello (justo cuando la ilusión se confunde con el hecho). En palabras de Boecio:

Además, el hombre, cuanto más feliz, más exigente se muestra; y si no tiene a su alcance todo lo que desea, muy pronto se abate ante los más pequeños reveses, ya que no sabe sufrir: ¡así son de ligeras las contrariedades que impiden a los favorecidos de la Fortuna llegar al colmo de su bien!

El varón es el comodín absoluto. 5. La figura de este suceso se desdibuja. Cada línea carbonosa sobre el lienzo blanco deshace la anterior. La diligencia que acompaña al hombre lo resguarda de la aprehensión. Ningún concepto justiciero le sienta del todo. El hombre sigue caminando impune por estos súbitos bulevares sin que alguien pueda hacer algo para detenerlo. El varón respaldado, curado y cierto permanece seduciendo a las mismas mujeres en sus mismos ratos de extravío. El drama de los géneros es cíclico.

[In their entwined sleep they exchanged arms and legs. In their dreams their brains took each other hostage. In the morning they wore each other’s face. (En sus sueños entrelazados intercambiaron brazos y piernas. Al interior de sus sueños sus cerebros se tomaron como rehenes. En la mañana cada uno se vistió con el rostro del otro.)

Ted Hughes]

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El hombre vive en la desmemoria que provoca su paso. Cada nuevo varoncillo lleva la consigna de germinar esperanzas vacías: suponer que alguna vez llegará ese que libere al resto y pague la fianza de todas las mujeres. Pero esa ansiedad de mesías nunca será satisfecha. Estamos condenados a repetir la misma simple historia todos los días, hasta que el último de los vástagos cierre los puños, caiga sobre sus rodillas y exhale conclusivamente.

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29 Cabeza de pene / Sofy Danger a.k.a Sofía Ramírez


ETERNO ESPLENDOR.

HISTORIA DE CELAYA, LA PUERTA DE ORO DEL BAJÍO

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De Herminio Martínez Universidad de Guanajuato 2011 328 páginas Precio: $110.00 Por David Araujo

Herminio Martínez (Cortazar, Guanajuato, 1949), poeta, narrador, cronista de la ciudad de Celaya, académico de la lengua, editor y miembro de la Academia de Artes y Ciencias de la UNAM y de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM). Es reconocido por sus obras Hombres de temporal (1987), Diario maldito de Nuño de Guzmán (1990), Las puertas del mundo (1992), Invasores del paraíso (1998) y Lluvia para la tumba de un loco (2003). En esta ocasión nos presenta Eterno esplendor. Historia de la ciudad de Celaya, la puerta de oro del Bajío, obra derivada de una serie de investigaciones que el autor preparó a lo largo de dos años, en la que rescata invaluables documentos que registran los eventos más sobresalientes de la ciudad de Celaya, Guanajuato desde 1568 hasta el año 2011: textos históricos oficiales, crónicas y leyendas que atestiguan

la estructura económica, religiosa, geográfica, tecnológica, artística y social, así como hechos que conciernen a sobresalientes personajes locales y nacionales que se han relacionado de manera íntima con los eventos que han constituido la memoria de esta ciudad. Todo ello traducido con tono a veces poético, periodístico y otras matizado al estilo de la novela histórica, en un discurso ágil y veraz. El libro, integrado como una suerte de álbum, muestra la identidad de Celaya en tanto que espacio histórico así como el espíritu sociocultural que ahí se ha desarrollado desde sus orígenes hasta la fecha. Esta obra, representa una lectura alterna a lo que ya se ha dicho en los escasos libros de historia, ya que compila datos desconocidos o de poco acceso concernientes a esta ciudad y su relevante relación con demás hechos a nivel regional y nacional.

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caleidoscopio sónico aldo revfaulknest

i. ¿quién soyeresomos? hay postales que revelan un tornasol :

vanguardia de prisión vitral :

donde esclavos murmullan himnos

y las aulas sonríen ante la fábula

lo tribal se cristaliza en 1 performance y

1 utopía transluce en la agenda

sin renunciar al ayer

ni a la tierra incestuosa

(infértil)

ni al héroe de mármol

nada nos nombra la voluntad es 1 oblea sedante

(es 1 hábito arácnido)

que disipa la lluvia del azar :

cuando poetas heridos

:

mientras

equis

caen al abismo como caballos salvajes

conquistan al sol

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bastardos

célebres

en 1 movimiento

en fa mayor


ii. ¿adónde voyvasvamos? las redes de europeos cazadores de fiestas

:

el caleidoscopio se blinda

se han deshilado

ante el infante en delirio

y se derrumban los colosos putrefactos

de esa tierna ficción fractal

se olvida

:

el áscar de crepúsculos

la gota de mitos

el enemigo que porta 1 revolver

y es que

:

somos nómadas

nadie nos nombra :

:

aves de panacea

:

un susurro en re menor

un latir en movimiento :

viñedo melódico

somos nómadas sin la atrofiada voz de pez

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iii. cenit hay postales de estruendo :

redobles de tambor :

silbidos de tragedia

y tú ausente de signos :

filigrana de verde acitrón

catalítica

brotas ahí donde transmutan bufones entre el tamborileo donde bailan criminales ahí

y se desgarran hetairas españolas :

donde se despolvan fojas de quimera y se deslavan distopías oscuras

el tiempo nos nombra y

entre sinalefas y sinéresis

:

está tu voz

:

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el cenit :

nuestro tiempo.


Adonis, Adonis / eddander


I Karen García

El tema es claro la forma es el poema zigzagueante la interrupción brusca los saltos y las caídas de la palabra, el ritmo se acomoda a las borucas de la sangre, el estilo se descubre en que deja de parecerse por contagio, así mismo tanto parloteo donde el espejo sobra y las manos sucias lo ignoran pones tu pie al centro y sabes que es lo otro, al llegar al árbol y su sombra limítrofe buscas algo, alguna mancha una estela de modo que se haya desgastado

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37 Aplastada entre dimensiones / Karenina Romez


Victoria de MĂŠxico / Yoshihiro Koitani

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Sin entrar al mapa porque no se puede Bernardo Núñez

Fading, I ask the sun where does it go when it dies, and if it has room for just one more measure of sea. Anónimo

I Unos doce kilómetros al norte de Tijuana, no es necesario hablar inglés ni escribirlo tampoco (aunque sí me enseñaron). Es necesario sólo para escuchar de frente a un tipo que con algo de imaginación, parece Syd Barrett. En plena duda de tal comparación, pero permitiéndole cierto espacio a la tinta para situar el momento, lo escucho tocar el mismo instrumento sucio, con cuerdas que a veces afina, con los nudillos resecos y la risa de nunca. Lleva lentes oscuros mientras canta enrojecido en su escenario privado, un apartamento con buena vista, pero mal cuidado. El Syd Barrett de neta quizás no se metía tanta cocaína en tres días de parranda. Quizás no se pelaba los ojos hasta las cuencas hechas miel y sangre. No se tronaba la garganta desnuda con el vidrio en las yemas. Bueno, quizás sí, pero Syd Barrett hacía música inédita, y ya. Lo chistoso es que este tipo que lo imita, un poco más alto y un tanto tímido, también incita buenos recuerdos. Se permite lujos que el Barrett auténtico no tenía. Le chupa a la botella, abrumado en su propio silencio, y pierde el interés de transcender. Canta y nadie se lo pide. Fuma. Canta y los amigos le aplauden por amigos, adictos al instante también, como niños que reniegan el fin de época y juegan a vestirse de un pasado idealizado. Y lo hacen muy bien. Aprovechan los gritos y la culpa que reprimen. Los ingenuos no logran despedirse. Es que el espejo da miedo cuando lo vemos con todo lo que está más allá de los ojos. — Este es el tiempo para comprar el pasado. — ¿Cómo? — Cualquier realidad se puede comprar, si tienes con qué. — ¿Cualquier realidad?

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II Entrar a lo virtual, más allá del sur, es entrar a la imaginación que intenta ir más lejos de la Lacandona, la moronga Ladina, Natividad Quintuche y hasta ese grupo chileno que mejor ni cuento porque se le cae el oro. Cuando uno se lee a sí mismo y el diálogo se resbala, la cara cuelga, la cosa cambia, el tema se nubla y la desidia no permite sacar las letras. Entra vivir el pasado porque lo material permanece y su ancla es la página. Entra el cosmos de siempre y su luna verde en espiral entre nopales y astillas y sombreros que sudan arena de músculos carcomidos a la hora de la sed. Entran temblores, frío de presión baja, temblores, verdad, verdad así como la quiero, como me gusta. Dura poco y no lo olvido. Dura en lo que muevo el cuerpo y me desnudo, salgo y me acerco a lo geográfico. Sin entrar al mapa porque no se puede, sin pensar en el medio siglo como si fuera ayer. Así no es entender el siglo. El siglo a medio entender es más. Es pasión de más, mucho dulce y muchos brazos, muchos cuerpos explotados, habla de tumba a tumba, sí, pueblos fantasma, sí, tierra seca sin maíz, penca salada. Eso no se olvida, eso sigue en el vacío, no se puede salir a encubrirlo ni con fantasía. No sale de la música en la calle y de las melodías del árbol. Respira igual que todos, siente la lengua entumida, el conocimiento vano y los sentidos, por fin, leprosos. Entra el peso del recuerdo. Entran las líneas. Líneas marcadas a punta de incisiones y aperturas. Ya, un tanto allá. Ya no los dedos de línea directa a la córnea y la sala de cine espeluznante que todos conocemos. Uno está aquí y allá, y habrá que situar una explicación momentánea. III Salimos, nos acercamos y nos observan, nos separan, nos remiten a lo diurno, cierran todo, menos un orificio bien angosto por donde asoman las ratas. Lo vemos y entramos, como si fuera cualquier cosa. Está hecho de calor y cuerpos sobrepuestos. Está hecho de rechazos y miradas perdidas. Si tenemos nombre, habrá que decirlo. Si lo permitimos habrá que aceptarlo. Habrá que soltar la hoz y dejar la paja atrás. Que se tale sola. Que se coma sola. Que se prenda. Que se haga ley. Violencia materializada. Aplauso de violencia. Los aduaneros gringos nunca sabrán del color de ese túnel, ni del color de las canciones:

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— Let’s do it right now. Sing it right now. — I’ve got the chorus. Do you have two verses? “And if you came with the winding about of an evening, so quietly slow, I’d retract all my teeth, on your veins, on your throat, on this instant of words.” IV Hubo un tiempo en que Tijuana —la ciudad en cima— podía ser algo hermoso: sus brillos cabizbajos, los cerros en desnivel, el poco día escondiéndose lento y un cierto aire de calor. Se podía quererla, soñarla, escribirla, decirle cosas, pensarle cuentos, escuchar sus manos obreras, intentar alcanzarlas y quedarse corto. Morderse la lengua para recordar algo bello. Conmoverle todo, salpicarle todo, abrazarla, apretarla, seguirla, escupirle y al final dejarle una sonrisa llena de humedad. Tomarse el cabello entre los dedos y pensar que las cabezas siempre caen hacia atrás. Pensar que las ideas caen con la mirada baja, al pie del reflejo, como queriendo verse en todo aquello que pinta de otro tiempo. Sus ondas se escuchan, nos llaman, y se colocan de frente y dentro de los párpados. Así, cada vez que cerramos los ojos, nos vemos siempre, entonces y después. — Sí, la realidad que tú quieras. — Lo dudo. — ¿Por qué? — ¿Para qué querría otra? Epílogo Uno ya no puede ser poeta. Ya no se puede estar siempre detrás de la hoja, sumergido pese a todo; quizás sí, pero no como antes. Hasta los que siempre están detrás de ella, escribiendo sin tenerle miedo a la verdad o la vida, muy a menudo sienten y hasta argumentan que no son poetas. Nadie se quita lo ingenuo de hacerse la pregunta. En cualquier silencio, hasta los más apasionados bajan del instante que llega, se va y luego vuelve reflejado en

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sus alrededores íntimos, en los recuerdos, en la inteligencia y la destreza, en lo ignorante o lo sabio, en lo bueno, en lo virtuoso de la voz. Todos se pierden en lapsos, en rutinas para acomodar los pensamientos y el lenguaje, en contorsión, en encontrar respuestas mágicas, lógicas, sensatas dentro de la armonía imaginada. Y así, por ese mismo camino, quizás poético, sí, divulgan lo oculto, recuerdan hermosuras, destapan los poros reprimidos, quizás. Se pudren en los ojos también. Le pierden miedo al lector, lo saben entretener, le proponen algo que llevarse, como la foto de un puente repleto de brisa, como un mito humano bien sabido pero abordado con frescura, como ráfagas de canción, tambores, calle, hambre, alas, golpes, golpes, agua, alientos polícromos, o como un fragmento de lo mismo que sintieron en aquel momento de claridad, de risas, o tal vez de un tiempo realmente confuso, tan efímero como cualquier otro. Es casi como jugar a invitar al lector a leer y no leer, a presentarle la complejidad o la simpleza, lo colorido, lo estoico, esotérico, preciso, diferente, nuevo, técnico, lo interesante de lo que se escribe. Invitarlo y esperar, o seguir. Seguir, porque cuando ya están bien dispuestos, algunos poetas pueden maniobrar el silencio. Logran moldearse un contorno de lucidez en el futuro, el olvido es su enemigo verídico. Leerlos es acompañarlos en conversación. Darles el poder del entendimiento, permitirles abrir el saco y mostrar las monerías. Escuchar los colores que comparten y reprochar las texturas que reniegan. Descifrar su política y beberla. Perderse en la contradicción de romper el lazo entre las letras que se leen y la lengua que las piensa. Aprender en lo precario y lo maduro, enfrentar los ruidos, cuestionarse y entender, genuinamente, qué tan válido es el tiempo tan privilegiado de la voz; qué tanto se puede alcanzar, qué tanto es dicho alcance, por qué medir todo en logros, en cantidades, en números muy números al pie de página, en ojos que voltean y aplauden. Dejar el título detrás. Dejar la hoja detrás, sin entrar al mapa porque no se puede. Divulgar lo oculto.

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QUÉ FUE DE TANTO CAIFÁN

Los Caifanes / Dir. Juan Ibáñez / Guión: Carlos Fuentes y Juan Ibáñez México, 1966 Por Cali

Caifán, presumiblemente viene del pocho “cae-fine”, caer-bien. Solía denominarse así al gañán que se había ganado el respeto y la simpatía del barrio, aunque también la palabra podía referirse a cualquier bandido, como fue el caso de una banda de ladrones que vivían y atracaban en mi colonia; quizá por ello cuando vi por primera vez la película Los Caifanes no identifiqué a éstos con los míos. Los de Carlos Fuentes y Juan Ibáñez eran poetas lúdicos, gañanes sí, pero sólo por diversión. El filme se estrena en 1966, en aquella década el espectador probablemente veía películas de la Época de Oro del cine mexicano como Pepe El Toro o Nosotros los pobres, melodramas en los cuales los personajes se enfrentan con estoicismo –pero no sin un paño de lágrimas– a su cruento destino; veía también las producciones realizadas en México, escasas en ese momento, porque el cine hollywoodense y la televisión amenazaban a la cinematografía y sus contenidos, debiendo ser éstos cada vez más ramplo-

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nes. Por ello la llegada del “Capitán Gato” y sus secuaces a la pantalla grande debió conmocionar al público de aquellos años, tanto por el lenguaje usado –entre el “tocacho” y la poesía–, las imágenes –sórdidas y surreales–, como por la música –danzón y canciones de “el Estilos”, Oscar Chávez–. El argumento principal de la película surge del encuentro inesperado entre una pareja de clase media, Jaime y Paloma, con los Caifanes: “el Capitán Gato”, “el Mazacote”, “el Estilos” y “el Azteca”. Juntos recorrerán la ciudad de México “buscando jaladas” que ambienten la noche en cabarets, funerarias, taquerías y parques. Paloma está fascinada con el ambiente, la música y el lenguaje que se usa en el cabaret “El Géminis”, todo desconocido para ella. Jaime, atento y con desconfianza, cuida de Paloma, a quien tantos gavilanes ya le echaron el ojo. La música, las luces, las fantasías espaciales del “Géminis”, reflejan la psicodelia mexicana de los cabarets de aquellos álgidos años,


ambientes nocturnos que tanto le gustaban a Ibáñez, a decir por su labor como escenógrafo y diseñador de bares como “El perro Andaluz”, “La Edad de Oro” en el DF, y la referencia más viva y cercana de “La Dama de las Camelias”, en Guanajuato. La noche es larga para los caifanes que buscan lo inesperado para echar su suerte. Primero es nacer y lo que queda es la suerte. – ¡Puro chance! –, dice “el Capitán Gato”. Nos queda el azar porque el mañana ni existe; existirá y otra historia será. – ¡Hoy! –, le dice “el Estilos” a Paloma. – Mañana –, dice ella, que sólo por hoy se da el gusto de vivir en la inmediatez, fuera del mundo, ¿pero mañana? Para el caifán no hay mañana, nunca lo hubo, se la juega todos los días, justo por ello tiene lo que el “marrascapache” Jaime no: la suerte. Él tiene un nombre, o eso piensa, una profesión, ¿una fatalidad?

de extrañar que estos gañanes sin nombre nos hablen, cual poetas, de la muerte, que jueguen con la tiesa y puedan verse en la cama de amor eterno, en esa única e irrebasable fatalidad. En el guión, Carlos Fuentes y Juan Ibáñez combinan la jerga y la sabiduría popular del chilango, con referencias explícitas –dichas por los personajes a propósito de la muerte, el amor y otros tópicos de la película– a obras literarias de Lope de Vega, Sor Juana Inés, Santa Teresa, Octavio Paz, Jorge Manríque, etcétera, otorgándole belleza pero también identidad, de barrio chilango si se quiere, pero una identidad propia configurada a través de la música, la jerga, las referencias literarias y la estética sórdida de Ibáñez.

La fatalidad final es la muerte y ante lo irremediable nos queda la suerte, por ello no es

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ES CUESTIÓN DE ADN

Fantastic Mr. Fox (El fantástico Sr. Fox) / Dir. Wes Anderson EUA, 2009 Por Arizbeth Chávez Chacón

Para el director de cine Wes Anderson el argumento del destino, la búsqueda y la empatía, se muestran de forma sencilla y básica, sin muchos rodeos y con mucha enseñanza de por medio, a manera de fábulas cinematográficas. Cintas como Bottle Rocket (1996), La Vida Acuática con Steve Zissou (2004) y Viaje a Darjeling (2007) nos muestran el ingenio con que Anderson es capaz de representar a los personajes, sus vidas y contratiempos. La mayoría de ellos oscilan constantemente entre la voluntad, sus sueños y metas; y su naturaleza humana. Y es que cada uno de ellos se piensa, reflexiona y se conoce, conoce al otro y se complementa con él. Comprende todo y se libera de los paradigmas que lo persiguen. El humor, junto con la reflexión, se posiciona como uno de los elementos básicos en el cine de Anderson, tratándose de un humor inocente pero bien estructurado, un humor que ayuda a sobrellevar la crisis de cada uno de los personajes. La cinta El fantástico Sr. Fox (2009), dirigida por Wes Anderson y basada en el libro de Roald Dahl, inaugura la inserción de Anderson en el cine animado. De inicio, se destacan algunos motivos importantes: cada detalle visual y el ingenio con que es utilizado el stop motion; la historia, la cual se muestra aparentemente simple, ingenua e infantil; y como es de esperarse -y agradecerse-, la inclusión de las voces de los actores a los que estamos acostumbrados a ver en el cine de Anderson, como Bill Murray, Owen Wilson y Willem Dafoe. El señor Fox, un zorro de edad adulta que vive con su esposa y su hijo Ash, 12 años-zorro atrás, le promete a la señora Fox no volver a robar ningún pavo, gallina o cualquier ave de corral; pues este delito animal ya les había

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causado serios problemas en el pasado. Ambos pretendían tener una vida tranquila y convencional en familia, viviendo en un hoyo -como viven los zorros-, hasta que él decide romper con esta vida “normal” y compra una casa en un árbol, sabiendo desde un principio que era una mala idea pues estaba en un barrio peligroso que tenía como vecinas a “Boggis”, “Bunce” y “Bean”, tres granjas de aves de corral. Tras mudarse al árbol la tentación comienza a hacer efecto en el señor Fox y elabora un ingenioso plan para robar las aves de las granjas, haciendo cómplices a su mejor amigo Kylie -una temerosa zarigüeya- y a su sobrino Kristofferson -un sensible y hábil zorro-. Por las noches, los tres animales van a las granjas en busca de sus presas y todo resulta de acuerdo a lo planeado. Pero conforme transcurren los días las cosas empiezan a salirse de control, hasta poner en peligro no sólo a la familia Fox, sino también a otras familias del vecindario. En cuanto la señora Fox descubre lo que han estado haciendo, se decepciona porque su esposo no fue capaz de mantener su promesa, pero ¿por qué no pudo mantenerla? Porque el señor Fox es un animal salvaje y está dentro de su naturaleza poseer la habilidad de la astucia para robar alimento. La búsqueda del señor Fox a cargo de los granjeros Boggis, Bunce y Bean se vuelve exhaustiva y absurda. El robo de las aves es el detonante de la trama y la situación comienza a tornarse personal cuando, en el intento por matar al señor Fox, Franklin Bean sólo consigue arrancarle la cola con un disparo. Desde ahí comienza la rivalidad entre ambos y Bean no descansará hasta lograr deshacerse de él -hecho prácticamente imposible-. Es este suceso el que dará una lección a todos los animales salvajes, incluyendo a la familia Fox: aprovechar sus cualidades y atreverse a actuar de una manera inesperada y arriesgada. En El fantástico señor Fox existe una búsqueda de identidad como modo de sobrevivencia, una necesidad por exaltar las cualidades positivas que acompañan a cada uno y que ya se encuentran en su ADN -de ahí los nombre en latín de cada especie animal pues estos reflejan su condición más evidente, sea astucia, velocidad o una extraordinaria capacidad para ver en la oscuridad-. Para los personajes en el film, cada uno de ellos “son animales salvajes con verdaderas habilidades naturales y talentos puros” y existen para ser aprovechados, tal como lo dicta el señor Fox en su segundo discurso ficticio. Con esta cinta, Wes Anderson invita al espectador a redefinir su naturaleza y hacerla más fuerte, incita a perseguir la propia identidad y desarrollarla cada día. Es cuestión de destino, y queda claro que éste no puede ser alterado. Lo mejor por hacer es aceptar nuestra naturaleza humana -o animaly aprovechar en conjunto lo que se puede aportar.

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EL BUDA DEL SUBURBIO Hanif Kureishi Editorial Edivisión, México, 1994 Por Juana Adriana Rocha Luna

El buda del suburbio (1990) es una novela de iniciación del escritor británico-pakistaní Hanif Kureishi, donde se habla de la situación de los adolescentes que, como él, trataban de conciliar dos culturas opuestas para enfrentar la vida de finales de los 70’s en Londres. La historia es un recorrido que abarca la etapa de espiritualidad hippie, la decadencia del punk, y culmina en medio del glamur y la fiesta eterna de los 80’s. Vemos a los personajes moverse entre Londres, París, Nueva York, una mezcla cultural dentro de la cual el protagonista busca afirmar su identidad prescindiendo de factores raciales o nacionales. Hijo de padre hindú y madre inglesa, habitante de una zona clasemediera, Karim Amir narra la experiencia de su transición rumbo a la edad adulta. En la frase con que arranca la novela, el personaje principal se define como un “inglés de cepa”. ¿Qué pretende exactamente con esta afirmación? Por supuesto, anular de forma tajante sus raíces hindúes, a pesar de ser evidentes a todas luces. Habiendo crecido en Inglaterra, se siente más cercano al suburbio de burócratas de trajes baratos y devotas amas de casa, que al misticismo y los paisajes exóticos en los que se crió su padre. Karim parece no tener dudas al respecto, siente que nada lo ata a esa herencia que tan sólo vive resguardada en sus genes. Se presenta a sí mismo como un personaje confiado, despreocupado, que vive los conflictos propios de la época y de su edad. En plena revolución sexual, no muestra prejuicios en cuanto a sus preferencias se refiere, mantiene encuentros con hombres y mujeres por igual simplemente en busca del placer y la experiencia. Al igual que Jamila, amiga de la infancia y amante ocasional también de ascendencia hindú, se adapta fácilmente a occidente y los ideales liberales de la época.

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El padre de Karim, Haroon, retoma el culto al cuerpo y la mente que dictan sus creencias cuando conoce a Eva, mujer de clase alta que vive rodeada de artistas e intelectuales. A partir de entonces, ejercitarse a diario y leer libros de yoga se convierten en parte de su rutina. Sus conocimientos sobre budismo adquieren un nuevo sentido. Adopta el estereotipo que cumple las expectativas de los ingleses, rodeándose de toda la parafernalia necesaria para presentarse ante ellos como un verdadero gurú espiritual. Sus sesiones de sanación resultan un ejercicio contradictorio, donde las clases privilegiadas se preparaban, como parte de una moda pasajera, para cultivar el espíritu y olvidar lo material. El detonante de la rebelión de Karim será el descubrimiento de la infidelidad de su padre, quien se involucra sentimentalmente con Eva y abandona a su esposa. Surge entonces el verdadero empeño por negar su herencia. Un análisis del entorno en el que ha crecido le es suficiente para entrar en un conflicto de identidad. Por un lado, ve cómo la familia

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paterna ha transportado la tierra natal a Inglaterra, a una zona marginal donde son producto de todo tipo de vejaciones y actos vandálicos. El tío Anwar poco a poco se desmorona, ha fijado la mirada en el pasado y no es capaz de ver el mundo en constante (r)evolución. La familia materna, por su parte, vive de las apariencias, haciéndose pasar por ingleses de estirpe mientras la decadencia los consume. Karim pretende huir de cualquier vínculo con ambos ambientes y en cada uno de sus actos busca autenticidad. Determinado a convertirse en actor, comienza a mezclarse en círculos que le permitan ser él mismo. Sin embargo, la experiencia no resulta como él lo esperaba: debido a su apariencia recibe papeles estereotipados, entre ellos el de “Mowgli”, en una adaptación de El libro de la selva. De pronto Karim se siente perdido y tiene la necesidad de refugiarse en el único sitio donde hasta ese momento podía estar en paz, al lado de Charlie, hijo de Eva. Charlie es quizá la única persona a la que Karim ha amado. A partir del momento en que lo conoce, moldea su imagen y personalidad de acuerdo a lo que podría complacerlo, escucha la misma música, lee los mismos libros. Charlie es un caso peculiar, el chico popular del colegio, una suerte de rockstar, celebridad local. Todos lo consideran un ser excepcional, nacido con la marca del genio, dotado de un talento y magnetismo únicos. Charlie siempre será una criatura atractiva, rodeada de misterio, de un encanto que ejerce un poderoso influjo sobre quienes le rodean. El mito persiste hasta que Karim descubre en Charlie lo que en realidad es: un ser carente de verdadero talento a quien todos han alimentado el ego a través de constantes alabanzas.

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De esta manera, todo concepto que Karim tenía de aquellos que lo rodeaban, pilares de su vida, se desvanece sin remedio. Al haberse empeñado en rechazar sus raíces, atrapado en una lucha imposible desde el principio, la imagen que tenía de su propia persona pierde todo sentido. No es lo suficientemente inglés, ni hindú, ni cínico, ni excepcional como creía. No puede identificarse con ninguno de los personajes, encontrándose de pronto solo. A lo largo de la novela Karim emprende sin proponérselo la búsqueda de su verdadera identidad, negándola al mismo tiempo. Reflexiona al respecto: “No obstante, si sentí, al observar ahora a esos seres extraños —los indios—, que de alguna manera representaban a mi pueblo y que yo había dedicado la vida a negar o evitar este hecho, sentí vergüenza y vacío al mismo tiempo, como si hubiera perdido la mitad de mí mismo confabulándome con mis enemigos, los blancos que querían que los indios fuéramos iguales que ellos.” El buda del suburbio es el retrato de un importante período de la historia de Londres, donde se aprecia la cultura, el arte y el estilo de vida, productos de la revolucionaria década de los sesenta. La escritura de Hanif Kureishi es desenfadada, irónica, lo cual acelera el ritmo del relato. Encontramos constantes referencias musicales y literarias tales como Pink Floyd, Thin Lizzy, The Doors, The Beatles, Orwell, Rimbaud, Kerouac, Byron. El estilo nos recuerda a la generación beatnik, y se perfila como precursor de narraciones como Trainspotting, de Irvine Welsh.


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VERDE QUE TE QUIERO VERDE Por José Alfaro, Citlalli Sánchez y Noemí Moreno.

Están siempre alertas y últimamente muy cerca de nosotros. Su investidura militar puede llegar a intimidarnos o proporcionarnos seguridad. Poco sabemos de sus actividades, aunque una parte de nuestros impuestos se dirijan a ellas. En esta ocasión entrevistamos a un ex-soldado que nos cuenta qué se siente y cómo fue que llegó a portar ese uniforme. 52


Soldado de 1990 a 1996 Edad: 39 años

como cualquier trabajo, si no quiere estar ahí nadie lo va obligar.

DéDALo. ¿Cómo llegaste al ejército? JAVIER*. Llegué por las ganas que tenía desde joven. Cuando uno es niño dice “quiero ser soldado, quiero ser bombero, quiero ser policía”, a mí desde niño me gustaba el uniforme del soldado. Y la otra, es que aquí afuera los trabajos están muy mal pagados. Ya después uno va conociendo como está todo allá adentro, y una de las cosas por las que decidí salirme es porque es mucho encierro, dicen que el soldado está pagado las 24 horas, prácticamente hay veces que te avientas meses fuera de tu casa y de tu ciudad.

D. Tu oficio actual de carpintería, ¿lo aprendiste estando allá o saliendo? J. No, esto yo lo adquirí cuando salí. Cuando solicité mi baja me preguntó mi jefe qué que iba a hacer allá afuera si yo no sabía nada de afuera, porque ser militar es como una carrera, le respondí que no sabía pero que se podía empezar otra vez. Volvió a decirme que no me fuera, que acá afuera me iba a mandar otro pendejo, pero pues le dije que yo ya había tomado la decisión y que ya me quería ir. De alguna manera, también por lo que me salí de ahí fue porque me invitaron a ir a los Estados Unidos; fui, me fue bien y cuando regresé fue cuando entré a la carpintería.

D. ¿Y es fácil salirse? J. Cuando recién entras el contrato es por 3 años y tienes que durar a fuerzas eso; después se hace otro contrato que es por tiempo D. ¿Durante el tiempo que estuviste en el indefinido. A veces no lo quieren dejar ir por- ejército cuáles eran tus actividades? que uno ya sabe todo el movimiento, ya está J. El soldado todo el tiempo se está adiesadiestrado y tiene todos los conocimientos trando para una posible guerra. Las actividaque un soldado debe de tener, y preparar a des de un soldado: tiene que estar a las siegente nueva cuesta trabajo y requiere tiempo, te de la mañana para pasar lista, tiene que porque el nuevo soldado tiene que adaptarse preparar su armamento y su equipo para a la situación de estar allá adentro. Hay mu- cuando vaya a la lista; ya estando ahí se chos que no están preparados físicamente, los hacen diario los honores a la bandera, desponen a correr o caminar y no pués se realizan medidas de aguantan, nada más están es- “Una de las cosas por seguridad y limpieza de su perando la oportunidad de sa- las que decidí salirme armamento. Todos los días lir el fin de semana o cuando se hace instrucción, que es es porque es mucho andar marchando y preparar los dejan ir a sus casas, para ya no regresar. Cuando yo di encierro, dicen que el movimientos, como para los soldado está pagado desfiles. De ahí se reparte mi básico éramos 44, de esos nada más terminamos 21. Anlas 24 horas, prácti- todo el personal, cada uno teriormente sí los sancionaban se va a su labor: los cocinecamente hay veces o los iban a buscar, ahorita es ros a la cocina, los médicos que te avientas meses a su área, y a los demás los fuera de tu casa y de mandan a instruirse a las * A petición del entrevistado, su nombre tu ciudad”. academias. Esto es hasta las real ha sido cambiado.

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doce y media, porque a la una todos se van a deportes. Regresando de deportes, a las dos de la tarde, entran al comedor a tomar la comida. Saliendo se vuelve a pasar lista de todo el personal y de ahí otra vez a la academia. En la academia son muchas materias: legislación militar, los deberes del soldado, trabajos comunes (es acondicionar el terreno como si hubiera un enfrentamiento, una batalla; el terreno se acomoda para cubrirse del fuego del enemigo), también derechos humanos, práctica de su arma. D. ¿Tu familia que pensó cuándo le dijiste que querías ser militar? ¿Les gustó la idea? J. Mi mamá lloró porque ella tiene la idea de que antes los castigaban y maltrataban mucho; anteriormente, supuestamente, dicen que sí pero cuando yo entré ya no era así. Y ella le tenía miedo a eso y a que nos fuera a pasar algo. D. Cuando tú estuviste, ¿qué tipo de sanciones habían? J. Cuando llega uno tarde, por ejemplo, lo amonestan primeramente, es una advertencia de palabra; lo segundo es un arresto, que puede ser de 24 horas hasta 15 días. Anteriormente si los encerraban en un cuarto pero ahora ya no, los dejan hacer su rutina diaria, sus actividades normales, nada más que en ese tiempo no pueden salir a su casa, si tenían oportunidad pues, porque hay veces en que uno se la pasa todo el tiempo ahí, sin poder salir. A los arrestados, después de que se paran las actividades a la hora de salida, los reúnen y los ponen a regar las plantas, a cortar el pasto, a ellos no los dejan descansar, y esto les sirve para que no vuelvan a cometer faltas. Pero si la falta es grave, como matar a alguien, puede juzgarte el consejo de guerra y se puede considerar como traición a la patria.

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D. Todo el tiempo que estuviste ahí no hubo guerra, ¿no pensabas que era un poco ocioso? J. La gente de acá afuera lo ve así. Hace pocos días escuché en la radio a una persona que decía que el ejército y los policías son personas que no producen, trabajan mucho pero no producen nada; yo pensé, él dice que uno no produce nada porque no está en esa situación. De alguna manera para el país no es productivo, pero en caso de que llegara una guerra el personal siempre se está adiestrando, está preparado; y eso es importante porque así como yo me retiré hay muchos que nada más cumplen los 3 años y se retiran, inclusive he conocido Generales que llegaron a desertar, el motivo lo ignoro, pero yo digo, siendo ya Oficiales, estando en un buen nivel económico… A lo que voy es que uno siempre se está adiestrando y es muy sacrificado ese trabajo, no es algo ocioso porque es muy fácil que te desesperes. Lo llamo trabajo porque si es un trabajo. Una de las cosas que a mí me gustaron mucho de estar ahí, fue que conocí muchas partes. Llegaba la orden de ir a tal lado. Yo anduve en Guadalajara, tomé un curso en un simulador de tiro, entonces eso de alguna manera lo despeja a uno de estar encerrado, de la rutina. También nos sacan cuando han habido desastres o cuando va uno a sembradíos de mariguana. Todo esto sirve para distraerte del encierro en el campo militar. A mí no se me hizo enfadoso, lo que realmente me hizo salir fue que extrañaba a la familia. D. Si en estos momentos hubiera una amenaza de guerra, ¿te alistarías? J. Sí, porque uno cuando sale legalmente pertenece a las reservas, los del servicio militar también, entonces si lo llegara a requerir el país puede uno ser llamado.


D. Una guerra es difícil, en algunas ocasiones se debe matar al otro de frente, ¿tú podrías asumir esta experiencia? J. Ya estando ahí a uno lo adiestran para estar frente al enemigo, y si es necesario lógico que uno tiene que matar. Ahí dicen, “de que lloren en su casa a que lloren en la mía, mejor que lloren en la suya”. Es supervivencia porque uno no se va a dejar matar.

rra contra el narcotráfico? Si es así entonces el ejército tendría que salir a las calles. J. Pues es lo que está haciendo ahorita. Sí está bien que salga pero todo apegado a lo que es la ley y el derecho, para que no haya abusos por parte de la institución, porque hay veces que uno trata de controlarse, digamos, cualquier persona trata de controlarse, pero ya cuando la gente se pone violenta ya no se puede controlar, entonces tiene uno que utilizar la fuerza.

D. ¿Piensas que el ejército mexicano realmente pueda hacer frente a otro país, por ejemplo Estados Unidos? D. Quisiéramos terminar con una pregunta J. La gran ventaja de Estados Unidos es su fantasiosa. Si volviéramos el tiempo y se te armamento, su equipo, pero lo que tiene diera la oportunidad de decidir entre estuel mexicano es que es muy diar una carrera profesional aferrado, lo valiente no sé “Yo pienso que mucha o volver al ejército, ¿qué degente se ha ido por el cidirías? de dónde le sale y siempre defiende a su país. Como ya camino equivocado por J. Pues la verdad, si se puestuvo mucho tiempo someti- falta de empleo, con el diera, yo volvería a entrar do, de alguna manera ya está narco el dinero se gana otra vez, pero entraría a escansado; y como dijo Emiliatudiar en el Colegio Militar, rápido. Hace un año en condiciones diferentes. Si no Zapata “es mejor morir de por aquí había letreros entra uno a estudiar ya sale pie que morir arrodillado”. de Oficial, y de ahí puedes de que necesitaban D. Sobre la llamada guerra gente para sicarios, les entrar a otra escuela, puecontra el narcotráfico, en la pagaban $30, 000 al des ser ingeniero, doctor, y que han intervenido tanto ya cuando te gradúas sales la policía como los militares, mes, ¿qué persona va con otro nivel. Los que esa ganar eso?“ ¿cuál es tu opinión personal, tudian ahí salen de Oficiales, piensas que la situación acal poco tiempo ya son Jefes, tual está fuera de control? Generales; desde abajo también se puede J. Yo pienso que mucha gente se ha ido por el pero cuesta más. Cuando yo estaba en la camino equivocado por falta de empleo, con secundaria fueron a hacer la promoción del el narco el dinero se gana rápido. Hace un Colegio, pero por azares del destino no lo año por aquí había letreros de que necesita- intenté, pensé mejor darme de alta como ban gente para sicarios, les pagaban $30, 000 soldado, empezar desde abajo. Entonces, al mes, ¿qué persona va a ganar eso? Básica- tomaría la decisión que en la secundaria mente yo pienso que es la falta de trabajo; la deseché. gente se hace mala por necesidad, porque no encuentran un lugar para trabajar. D. ¿Y tú piensas que en efecto hay una gue-

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Ram贸n Izaguirre Capitan

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RICARDO Y DIANA: VISIONES DEL PERFORMANCE Por Noemí Moreno

NOEMÍ. ¿Cómo fue su encuentro con el performance? Ricardo Velazko. Hace como unos 10 años, en el Ex Teresa, conocí a gente que hacía performance y me llamó mucho la atención la relación con el cuerpo y que lo que hacían no era teatro, así que empecé y me clavé como artista del performance del 2000 al 2005. Después ya no quise seguir porque no me agradó el medio, aunque después me di cuenta que el medio de todas las artes era igual, entonces me dediqué a hacer vídeo de una manera muy personal, video-arte, experimental, y ahorita es lo que más hago. Diana Olalde. Yo más bien había sido espectadora, aunque también había tomado algunos talleres, pero jamás fue mi planteamiento el ser artista, mucho menos artista de performance. Pasó tiempo para que yo me preguntara si lo iba a hacer en serio o no, entonces tomé la decisión y

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comencé a involucrarme más, yendo a eventos de performance, estando a la caza de todos los talleres, y fue en uno de esos tantos talleres como nos conocimos Ricardo y yo. Éramos parte de una generación en donde había mucha gente enseñando arte acción pero no propiamente en universidades o como carrera, sino que había una bola de talleres por todos lados. En ese momento estaba de moda lo de la generación X, y un compañero de generación, Rivelino Díaz Bernal, se burlaba y decía que nosotros éramos la generación T, que se había formado de talleres. N. ¿Cómo definirían el performance? ¿Cuál ha sido su experiencia en este proceso de encuentro y entendimiento con esta forma de arte y de vida? R. Para mí es la disciplina artística a la que le tengo más respeto, se me hace la disciplina más complicada de hacer, de entender, de definir. Esto me parece fascinante pero también genera muchas lagunas y conflictos, por ejemplo, si ahorita se ponen aquí en la plaza a hacer algo y le llaman performance es performance porque le están dando ese nombre, entonces que sea tan libre tampoco me gusta mucho porque se presta a cualquier cosa, se presta a que casi casi cualquiera puede hacer performance, y no, yo creo que se debe tomar con mucha disciplina, seriedad y respeto. D. Para mí es una cuestión indefinible porque hay demasiados tipos de performance y no hay una regla que encasille a todos a hacer esto o esto, por ende cada quien busca meterle su personalidad, su identidad. Performance es una cuestión de identidad, en él te muestras tal cual, con tus

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ideas, tu cuerpo, entonces como es una cuestión de identidad es también indefinible. Pero obviamente hay cosas que hacen que se quite esa vaguedad y que sea claro, una de ellas es el aspecto que tiene que ver con tiempo; definitivamente entender el tiempo en el performance es básico, y hablo de tiempo refiriéndome al tiempo en que te dedicas a hacer la pieza y en el que está sucediendo, pero obviamente también todo lo que está pasando alrededor, desde lo social, lo político, hasta la recepción de los espectadores, pues si bien en el arte todo lo que hay alrededor influye, en el performance es aún más importante porque estás de alguna manera propenso y expuesto a lo que está ocurriendo en tu medio ambiente para definir qué es lo que quieres hacer, qué es lo que quieres decir en ese momento. En cuanto a si es efímero, yo ahorita tengo conflictos respecto a eso porque de repente, en diferentes tipos de obras, se comenzó a tratar sobre el tema de la memoria y entonces me interesó volver a definir para mi qué es lo efímero. Pienso que de ahí surgió la idea y las ganas de mezclar al performance con el video, como en esta interpretación de la partitura visual Signos y Señales, de Felipe Ehrenberg, para el Festival Ala Blanca; porque aunque no soy artista clásica, si estoy haciendo un trabajo plástico pero es sólo por unos segundos, no es un cuadro que se va a colgar, pero ya no quiero que sea efímero, quiero que haya una especie de registro.

“Performance es una cuestión de identidad, en él te muestras tal cual, con tus ideas, tu cuerpo, entonces como es una cuestión de identidad es también indefinible”.

N. ¿Para ustedes existe una experiencia artística como tal? D. Yo no puedo responsabilizarme por lo que vean los demás. Cuando yo hago una pieza tengo una idea clara, se qué quiero experimentar, y me interesa mucho tener ciertas conexiones con las personas


que me están viendo pero no me complico en que ellos lo entiendan; yo creo que si lo entiendo yo, si se lo que estoy haciendo y hay una coherencia para mí entonces va a ser coherente también para quien lo está viendo, pero al final yo no puedo controlar las percepciones de los de más.

“Una vez les gané literalmente la cancha de futbol a unos niños y tuvieron que esperar a que terminara mi pieza, pero de alguna manera se volvieron espectadores, esperaron y respetuosamente observaron el performance hasta que acabé y pudieron jugar; entonces eso también es padre porque sin querer creas lugares de respeto, de convivencia”.

R. Hay un ejemplo clásico, esto que dicen de “vi un performance de los que estaban manifestándose en la calle mejor que los que pasan en el museo”, y dicen algunos teóricos que eso no es performance porque los manifestantes no le están dando el valor de arte ni de performance, aunque sea mejor no están en el contexto artístico. Pero para mi la experiencia artística va más allá de lo que digan qué es arte. Para mi el arte me tiene que conmover a las lágrimas, digo también puede provocarme otros sentimiento, pero cuando una obra hace que me conmueva así para mi es una experiencia artística. El arte contemporáneo yo siento que es muy frío y no me conmueve, me conmueve más una imagen en la calle, una imagen fortuita, que a lo mejor no tiene la etiqueta de arte porque es una situación cotidiana pero en mi concepción personal es arte porque me conmueve.

más cuando les iba explicando mi pieza me daban ideas y así se fue formando. Al final mis compañeros no fueron porque no se atrevían a ir a un museo. Y es que no les interesa la cuestión de si algo es arte o no, pero les interesa si se los planteas de otros modos. Algo que a mi me preocupa es la creación de públicos para que no sólo sean los especialistas y los artistas los únicos que vayan a las expos, si no que haya gente que se empiece a interesar más allá de que se llame arte, que tengan su propia percepción y les motive a verlo simplemente. Si los artistas tuviéramos todos los recursos y apoyos, de todos modos ¿qué publico nos vería? Es importante trabajar tanto en espacios privados como en espacios públicos: parques, plazas centros de reunión, etc. Una vez les gané literalmente la cancha de futbol a unos niños y tuvieron que esperar a que terminara mi pieza, pero de alguna manerase volvieron espectadores, esperaron y respetuosamente observaron el performance hasta que acabé y pudieron jugar; entonces eso también es padre porque sin querer creas lugares de respeto, de convivencia.

D. Yo entré a la escuela nocturna de electricidad porque a mi me interesaba hacer una pieza. Ahí estudiaban también trabajadores que ya eran electricistas pero que en sus empresas querían certificarlos. Estuve un año. Al final hice la pieza e invité a mis compañeros porque en cierto modo ellos me inspiraron mucho, ade-

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DéDALo solicita: Proxenetas Coberteras Tapaderas, tapadores y tapones Celestinas (pero no celestinos) Rufianes y rufianas Tratantes Padrotes y madrotas Mediadores y médiums Árbitros totales, parciales o vendidos Oficiosos Menesterosos y Metiches. En fin, cualquier suerte de vendedor, vendido u objeto a la venta, para colaborar en el 6° número de esta revista alcahueta, con el tema

GUETO. Para dudas, comentarios y conocer los requisitos, visiten dedalolaberinto.blogspot.com, escriban a nuestro facebook (Dedalo Laberinto), o hágannos llegar sus correos a dedalolaberinto@gmail.com

CIERRE DE CONVOCATORIA: 18 de Julio

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Colaboradores ENTRADA

ENCRUCIJADA

SALIDA - INICIO

1. Luis Alfonso Angulo Segura

1. Diana Olalde

1. Adrián Dander Guzmán

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2. Ricardo Velasko

2. Ximena Cara de Gaio

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3. José Alfaro

3. Lilia Basulto Ordóñez

arquiloco80@hotmail.com

liliabasulto.blogspot.com

reSEÑAS

4. Sofy Danger a.k.a Sofía Ramírez

1. Cali

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vasto.siervo@gmail.com www.facebook.com/Vastolords

2. Ángel Ortuño amortuno@hotmail.com

3. Sergio Ernesto Ríos sergioerios22@hotmail.com hangar-sergio.blogspot.com

4. José Antonio Manzanilla Madrid darkurtcobain_15@hotmail.com eseyoolvidado.blogspot.com

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5. aldo revfaulknest

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6. Karen García

2. Arizbeth Chávez Chacón

5. eddander 6. Karenina Romez karenina_romez@hotmail.com kareninaromez.blogspot.com

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3. Juana Adriana Rocha Luna

7. Yoshihiro Koitani

7. Bernardo Núñez

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VÍAS 1. María Porras Ávila 2. Luis Amézquita luis.g.amezquita@gmail.com viejopuerco.wordpress.com

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8. Ramón Izaguirre Capitan medioperronegro.tumblr.com


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Directorio DIRECTOR DE CULTURA Y EDUCACIÓN MUNICIPAL José María Hernández Vallejo EDITORA Noemí Moreno Jiménez ASISTENCIA EDITORIAL Citlalli Sánchez Martínez Arizbeth Chávez Chacón Juana Adriana Rocha Luna REDACCIÓN Arizbeth Chávez Chacón Juana Adriana Rocha Luna DISEÑO Georgina Fuentes Casillas COORDINADOR DE FOMENTO A LA LECTURA Y PUBLICACIONES Juan Manuel Ramírez Palomares GESTIÓN Y PROMOCIÓN Ana Celeste Cabrera Arango Este número ha sido posible gracias al apoyo de la Universidad de Guanajuato a través de su Programa Editorial, también a la colaboración de los autores, artistas y entrevistados que aparecen en la revista. Así mismo, agradecemos a la Dirección de Extensión Cultural de la Universidad de Guanajuato, y a la ayuda de quienes con sus comentarios, sugerencias e ideas, enriquecen diariamente este proyecto. Cada texto, ilustración y comentario es responsabilidad de su autor. Dédalo no está necesariamente de acuerdo con la opinión de sus colaboradores. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido para fines comerciales y sin la autorización de los autores y la Dirección Municipal de Cultura y Educación de Guanajuato. Se terminó de imprimir en junio del 2012 en los Talleres de la Imprenta Universitaria, Blvd. Bailleres s/n, C.P. 36100, Silao, Guanajuato. 1000 ejemplares. Honorable Ayuntamiento de Guanajuato · 2009-2012 Lic. Edgar Castro Cerrillo · Presidente Municipal / Carlos Ernesto Scheffler Ramos · Síndico / Gabino Carbajo Guzmán · Síndico / Luis Ignacio Gutiérrez Reyes Retana, Erika Lorena Arroyo Bello, Lic. Joel Modesto Esparza, Luz Alejandra Caballero Egan, Salvador Sánchez Martínez, Karen Burstein Campos, Mónica Macías Páez, José Manuel Morán Velázquez, Francisco Licea Montiel, Israel Cabrera Barrón, Ma. del Carmen Ortega Rangel, Marco Antonio Hernández Gutiérrez · Regidores / Gabino Carbajo Zúñiga · Secretario del Honorable Ayuntamiento / José María Hernández Vallejo · Director de Cultura y Educación Municipal

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Dédalo V