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nº10

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octubre 2012

elmuro [3] andénuno [5]

Historia de una hora, Kate Chopin andéndos [9]

Tres microrrelatos de Patricia Esteban Erlés andéntres [13]

Algo, Alfonso Fernández Burgos dindondin [16] decamino [17] brevemente [18]

Relatos en Cadena entrecocheyandén [20]

Como para llevarle la contraria, Nuria Sierra metroligero [22] pormotivosajenos [23]

próxima estación...

Pablo Puyol

andéndos Gustavo Nielsen

entrecocheyandén Escuela de Escritores

andéntres Javier Vázquez Losada

brevemente Relatos en Cadena

Edita: grupo andén comunicación C/ Feijoo, 6 - 4ºA - 28010 Madrid edicion@cuentosparaelanden.com www.grupoanden.com

Con la colaboración de:

Más cuentos en:

Diseño: www.jastenfrojen.com Publicidad: publi@cuentosparaelanden.com Impresión: Eurocolor Consejo editorial: Alejandro Moreno, Víctor García Antón, Juan Carlos Márquez y Leticia Esteban Ilustración de portada e interior: © Michela Caputo | michelacaputo.blogspot.com | michela.caputo86@gmail.com D.L.: M-42629-2011 El papel utilizado para imprimir esta revista procede de bosques gestionados de manera responsable.


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elmuro

Tema: Energía urbana

Ganador: El calor de la ciudad, Alfonso Gamo. Madrid 





Finalistas: Sin título, Sonia Morejón. Madrid Alta tensión, Leyre Alcalde. Madrid Energia U-1, Fernando Fernández. Madrid

Concurso de fotografía Participa en nuestro concurso enviando tus fotos a lector@cuentosparaelanden.com. Consulta las bases y mira las fotos en Facebook, [Cuentos para el andén] en la pestaña “Notas”, también las tienes en www.grupoanden.com

Tema del próximo mes: Aire y ciudad.

Te escuchamos: Cuentos para el andén @cuentosanden

Con este número diez, Cuentos para el andén inaugura las dos cifras, y se consolida como la única revista cultural gratuita que se distribuye oficialmente dentro del metro de Madrid. Ya falta poco para cumplir el primer año de vida. Y tú que lo veas. No te quitamos más tiempo, esperamos que lo disfrutes.

lector@cuentosparaelanden.com www.grupoanden.com

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Historia de una hora Kate Chopin

SABIENDO que la señora Mallard padecía del corazón, se tomaron muchas precauciones antes de darle la noticia de la muerte de su marido. Fue su hermana Josephine quien se lo dijo, con frases entrecortadas e insinuaciones veladas que lo revelaban y ocultaban a medias. El amigo de su marido, Richards, estaba también allí, cerca de ella. Fue él quien se encontraba en la oficina del periódico cuando recibieron la noticia del accidente ferroviario y el nombre de Brently Mallard encabezaba la lista de "muertos". Tan sólo se había tomado el tiempo necesario para asegurarse, mediante un segundo telegrama, de que era verdad, y se había precipitado a impedir que cualquier otro amigo, menos prudente y considerado, diera la triste noticia. Ella no escuchó la historia como otras muchas mujeres la han escuchado, con paralizante incapacidad de aceptar su significado. Inmediatamente se echó a llorar con repentino y violento abandono, en brazos de su hermana. Cuando la tormenta de dolor amainó, se retiró a su habitación, sola. No quiso que nadie la siguiera. Frente a la ventana abierta había un amplio y confortable sillón. Agobiada por el desfallecimiento físico que rondaba su cuerpo y parecía alcanzar su espíritu, se hundió en él. En la plaza frente a su casa, podía ver las copas de los árboles temblando por la reciente llegada de la primavera. En el aire se percibía el delicioso aliento de la lluvia. Abajo, en la calle, un buhonero gritaba sus quincallas. Le llegaban débilmente las notas de una canción que alguien cantaba a lo lejos, e innumerables gorriones gorjeaban en los aleros. Retazos de cielo azul asomaban por entre las nubes, que frente a su ventana, en el poniente, se reunían y apilaban unas sobre otras.

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Se sentó con la cabeza hacia atrás, apoyada en el cojín de la silla, casi inmóvil, excepto cuando un sollozo le subía a la garganta y le sacudía, como el niño que ha llorado al irse a dormir y continúa sollozando en sus sueños. Era joven, de rostro hermoso y tranquilo, y sus facciones revelaban contención y cierto carácter. Pero sus ojos tenían ahora la expresión opaca, la vista clavada en la lejanía, en uno de aquellos retazos de cielo azul. La mirada no indicaba reflexión, sino más bien ensimismamiento. Sentía que algo llegaba a ella y lo esperaba con temor. ¿De qué se trataba? No lo sabía, era demasiado sutil y esquivo para nombrarlo. Pero lo sentía surgir furtivamente del cielo y alcanzarla a través de los sonidos, los aromas y el color que impregnaban el aire. Su pecho subía y bajaba agitadamente. Empezaba a reconocer aquello que se aproximaba para poseerla, y luchaba con voluntad para rechazarlo, tan débilmente como si lo hiciera con sus blancas y estilizadas manos. Cuando se abandonó, sus labios entreabiertos susurraron una palabrita. La murmuró una y otra vez: "¡Libre, libre, libre!". La mirada vacía y la expresión de terror que la había precedido desaparecieron de sus ojos, que permanecían agudos y brillantes. El pulso le latía rápido y el fluir de la sangre templaba y relajaba cada centímetro de su cuerpo. No se detuvo a pensar si aquella invasión de alegría era monstruosa o no. Una percepción clara y exaltada le permitía descartar la posibilidad como algo trivial. Sabía que lloraría de nuevo al ver las manos cariñosas y frágiles cruzadas en la postura de la muerte; que el rostro que siempre la había mirado con amor estaría inmóvil, gris y muerto. Pero más allá de aquel momento amargo, vio una larga procesión de años por llegar que serían sólo suyos. Y extendió sus brazos abiertos dándoles la bienvenida. No habría nadie para quien vivir durante los años venideros; ella tendría las riendas de su propia vida. Ninguna voluntad

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poderosa doblegaría la suya con esa ciega insistencia con que los hombres y mujeres creen tener derecho a imponer su íntima voluntad a un semejante. Que la intención fuera amable o cruel, no hacía que el acto pareciera menos delictivo en aquel breve momento de iluminación en que ella lo consideraba. Y a pesar de esto, ella le había amado, a veces; otras no. ¡Pero qué importaba! ¡Qué podría el amor, ese misterio sin resolver, significar frente a esta energía que repentinamente reconocía como el impulso más poderoso de su ser! "¡Libre, libre en cuerpo y alma!" continuó susurrando. Josephine, arrodillada frente a la puerta cerrada, con los labios pegados a la cerradura le imploraba que la dejara pasar. "Louise, abre la puerta, te lo ruego, ábrela, te vas a poner enferma. ¿Qué estás haciendo, Louise? Por lo que más quieras, abre la puerta." "Vete. No voy a ponerme enferma". No; estaba embebida en el mismísimo elixir de la vida que entraba por la ventana abierta. Su imaginación corría desaforada por aquellos días desplegados ante ella: días de primavera, días de verano y toda clase de días, que serían sólo suyos. Musitó una rápida oración para que la vida fuese larga. ¡Y pensar que tan sólo ayer sentía escalofríos ante la idea de que la vida pudiera durar demasiado! Por fin se levantó y ante la insistencia de su hermana, abrió la puerta. Tenía los ojos con brillo febril y se conducía inconscientemente como una diosa de la Victoria. Agarró a su hermana por la cintura y juntas descendieron las escaleras. Richards, erguido, las esperaba al final. Alguien intentaba abrir la puerta con una llave. Brently Mallard entró, un poco sucio del viaje, llevando con aplomo su maletín y el paraguas. Había estado lejos del lugar del accidente y ni siquiera sabía que había habido uno. Permaneció de pie, sorprendido por el penetrante grito de Josephine y el rápido movimiento de Richards para que su esposa no lo viera. Cuando los médicos llegaron dijeron que ella había muerto del corazón -de la alegría que mata.

tw Kate Chopin (San Luis, 1850 - San Luis, 1904)

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Tres microrrelatos de Patricia Esteban Erlés

Niñas novias LAS niñas novias se querían tanto que comían el mismo número de cucharadas de sopa con el mismo rictus complacido y sufriente que le habían visto poner a Juana de Arco en una película. Se hacían las mismas heridas en forma de corazón con la misma llave en la misma rodilla, y hasta pensaban lo mismo a las siete de la tarde: que nada les gustaría más en el mundo que ser la otra niña novia. Las dos niñas novias juraron que se casarían con el mismo vestido blanco, en la misma iglesia. Bajo la misma lluvia de pétalos párpado. También acordaron, entre otros detalles sin importancia, que sería con el mismo apuesto joven. 

Ilustración: © Susana Morante

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andéndos

Leyenda urbana LAS muchachas tristes siguen suicidándose de tanto en tanto en la estación del Metro de Rocafort. Chicas de piel muy blanca, que se descalzan en el andén y se asoman a la vía como a una piscina de agua que se intuye demasiado fría, al otro lado. Ellas se matan sin aspavientos, igual que se han vestido al levantarse o han mordido una manzana en el vagón que las trajo hasta aquí. Tropiezan con la muerte en el aire, a solas con los azulejos y el reloj parado y un banco sin viajeros. Se matan, aunque nadie mire los monitores apagados del puesto de control. Por más que todo el mundo asegure allá arriba, en la ciudad, que la estación permanece cerrada, que ya nunca cruzan trenes por esta vía. 

Centrifugado LA cabeza del hombre que amó da vueltas en el interior de la lavadora, acompañada de una colada de desquiciadas bragas viejas. Ella sonríe cuando se encuentra con sus ojos de ahogado iracundo anegados de jabón, al otro lado del bombo. Ya verás como pronto se te pasa el enfado, amor, le dice mientras añade un cazo de suavizante aroma frescor de primavera y programa media hora más de centrifugado. 

tw Del Libro: Casa de muñecas. Ed. Páginas de Espuma, 2012. "Como nunca tuve casa de muñecas, he escrito una, llena de cuentos breves como apartamentos de soltero, con ventanucos para que puedas asomarte al interior. Allí donde la gente sufre accidentes domésticos, se desatan incendios o reaparecen fantasmas. Vamos, esas cosas que pasan en todas las casas."

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Algo Alfonso Fernández Burgos

SIEMPRE he sentido que me faltaba algo. Nada concreto: algo. Los niños saben lo que es y ellos no tienen que darle más vueltas al asunto. Un niño se para en la acera, se suelta de la mano de su madre y sin preocuparse de nada más grita: "¡Quiero algo!". Los padres, avergonzados e inquietos, pretenden que el niño convierta ese algo en una palabra, en un deseo enunciable. Pero el niño no está para bromas léxicas y continúa rígido como una estatua vociferante. Los padres quieren que ponga una palabra tras cuya fachada se esconda cualquier cosa de esas que anuncian en la tele, un tren eléctrico, un helado de tres sabores, un videojuego o un balón de reglamento firmado por Zidane. Entonces la madre, que sabe de oquedades, le acaricia y promete al niño que tendrá ese algo. La promesa de la madre, muda, nutricia, anterior a la palabra. La edad te centra y te obliga a ponerle nombre al algo. No importa, el que sea, una palabra, cualquiera. A veces el nombre es un yate, el sillón de la presidencia de un banco, un bombón helado, un himno nacional o una mujer. Y aunque parezca lo contrario no estoy hablando de yates ni de sillones presidenciales ni de bombones helados ni de partituras y banderas ni de mujeres ni de hombres esbeltos. No, hablo de palabras, de esas palabras que nos calman al disfrazar el algo con una máscara de realidad. Nombres que entretienen y cobijan, palabras que acunan y susurran, casi tan efectivas como la madre que se agacha en la acera y con su caricia balsámica acalla nuestro berrinche existencial. Yo no aguanté mucho tiempo sin ponerle nombre al animal feroz y escurridizo. Confieso aquí que en mi adolescencia pensé que ese algo se llamaba Paloma. En el

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mundo había una mujer, sí, de carne y hueso, con ese nombre. Con ese nombre y unos dientes pequeños y una mirada casi irresistible de ojos verdes. Sí, pero ese era otro asunto que nada tenía que ver con los berrinches: la mujer real de nombre Paloma. Ella nunca lo supo. Este tipo de cosas es mejor mantenerlas en secreto, así es mucho mejor, uno arrastra la cruz de sus desdichas por aceras de llanto sin implicar a cirineos de carne y hueso. Así, con un nombre, el algo se hace familiar y suave como un peluche. Así es más fácil invocarlo. Dices: "¡Oh, Paloma!", y la ternura, y la tristeza adoptan una forma. Será por Paloma -me engañaba- y entonces no podía aguantar el tumulto ciego que sembraba ese nombre dentro de mí. Me entraban unas ganas infinitas de correr. Y dejaba lo que estuviera haciendo y me ponía a correr. "Hay que ver esta juventud", imagino que pensaba mi vecina cuando cada poco -y cada vez más rápido- me veía pasar frente a su balcón dando vueltas a la manzana. El atletismo, pensé entonces, era la salvación, era lo que me haría olvidarme de aquel nombre. Corría, cronometraba los tiempos. Me alimentaba y corría. Paloma se diluía en mis carreras: se desfiguraba el trazo seductor de su nariz respingona, sus ojos verdes y la sonrisa indulgente de los que se sienten bellos, inaccesibles, deseados. Y yo corría hasta que el nombre de Paloma se enredaba en los postes que yo iba dejando atrás a golpe de zancada. El aire entraba entonces con violencia en mis pulmones, como si el algo fuera el aire y mis pulmones la concavidad llamada a recogerlo. Dura poco la asfixia de los que siguen vivos. Y entonces me creí que lo que en realidad quería no era otra cosa que una medalla. Medalla. Y el sonido marcial de los himnos y el ondear de las banderas. Una medalla, ahí, junto al esternón, brillando en el lugar visible para el

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mundo. Una medalla que durante unos instantes ha servido de espejismo, como el barro fresco del alfarero que adopta formas y más formas. Siempre fresco. Mi algo, la medalla. Y casi te lo crees, por unos instantes. Pero lo peor de todo no son los músculos doloridos, el viento en la cara, el olor de los cuerpos y el sudor, el tiempo perdido en los entrenamientos, el tendón que duele al rebotar el pie en el tartán, la oscuridad en plena tarde, el murmullo avariento de las gargantas en las gradas, el disparo anunciador, lo infinitos que pueden llegar a hacerse cien metros, los bufidos de los corredores a derecha e izquierda, los pulmones que estallan, los cuerpos, los cuerpos. No, lo peor no es eso. Ni las mujeres ceremoniosas que portan sobre cojines rojos los trofeos (tan bellas o más que Paloma), ni el himno que ocupa el aire desde los altavoces del estadio, ni las lágrimas. Lo peor es cuando te retiras besando la medalla y notas todo el frío de los metales del mundo en tus labios y no puedes gritar como un niño en pleno berrinche: "¡Quiero algo!". Ellos ya están entretenidos con otros velocistas. 

tw Del Libro: Mujer con perro sobre fondo blanco, Ed. Gens, 2005. Alfonso Fernández Burgos vive en Madrid y es autor de libros de relatos (Mujer con perro sobre fondo blanco, Extinciones), columnas literarias (Nihil Obstat) y novelas (Al final de la mirada, Skins). Es profesor en la Escuela de Escritores y director del Museo de la Palabra. Ha recibido varios galardones como reconocimiento a sus obras.

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dindondin

XIV Festival Internacional de Cortometrajes “La boca del lobo”. Madrid. Del 17 al 27 de octubre http://www.labocadellobo.com

II Concurso de microrrelatos sobre discapacidad Ayuntamiento de Piélagos. Del 25 al 26 de octubre de 2012 http://www.facebook.com/creciendo.juntos.794

I Concurso Falsaria de microrrelatos policiacos Hasta el 7 de noviembre de 2012 www.bubok.es/concurso-microrrelatos-policiacos/

IX certamen de pintura rápida "Hórreos y paisajes" Bueño. Asturias. Hasta el 27 de octubre de 2012 http://www.bueño.es

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decamino

italiana_madrid Metro: L10 Tribunal Corredera Baja de San Pablo nº 10 - Tel: (+34) 91 523 21 26

italiana_madrid: una librería-café íntegramente dedicada a Italia. Libros en italiano y libros en español relacionados con Italia, acompañados del verdadero café italiano, vinos, quesos, picoteo... todo del país transalpino, para maridar placer intelectual y placer gastronómico en un sitio muy acogedor. Además, organizamos cuentacuentos en italiano para niños, catas de vinos italianos, presentaciones de libros relacionados con Italia... Si nos quieres descubrir, estamos en la Corredera Baja de San Pablo nº 10, entre Callao y Malasaña.

tw Siguenos en: http://www.facebook.com/pages/Italiana_madrid/176820085664941 https://twitter.com/#!/italiana_madrid


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brevemente

Voraz progreso Semana 1 de concurso: 20 de septiembre de 2012 Ganador: Carlos García Burgos Se oye un rítmico puf puf de fantasmas paridos, porque ¿cómo va a moverse semejante artilugio si no es cosa de fantasmas? El maquinista, que se engrasa el bigote con dos dedos fingiendo que está acostumbrado, nos dice que semejante artilugio se llama: Locomotora. -Claro, ¿cómo se iba a llamar, si es visible que es cosa de locos? Y cuando nos dice que alimentándola bien puede alcanzar hasta quince millas inglesas por hora en pendiente, todos nos quedamos pasmados esperando a que alguien se atreva a preguntárselo: -¿Alimentarla con qué? -dice uno que ha ido retrocediendo hasta chocarse contra una pila de maderos.

Descubriendo a Newton Semana 2 de concurso: 27 de septiembre de 2012 Primer Ganador: Miguel Pereira Rodrigo Hasta chocarse con una pila de maderos, sobrevolar el muro en un eterno predecir dolores y colisionar de forma brusca sobre un suelo de tierra árida, Bruno no entendió la "Ley de la Inercia" postulada por Newton. No obstante resultó más hiriente comprobar cómo la gravedad atrajo a la bicicleta, que suspendida en el aire, cayó sobre su frente con esa exactitud tan característica de la ciencia.

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brevemente

El chulito Semana 2 de concurso: 27 de septiembre de 2012 Segundo Ganador: Enrique Romero Pascual Hasta chocarse contra una pila de maderos, después de volar por encima de la carretilla y el montón de arena, había conseguido sortear todos los baches, socavones y charcos de barro que fue encontrando por el camino. Parecía que, una vez más, iba a dejar a las chicas embelesadas y a nosotros, con otros dos palmos de narices. Cuando empezó a salir sangre de su frente y a mover la pierna en espasmos, dejé caer disimuladamente las tijeras detrás de un arbusto y corrí cuesta abajo a socorrerle.

tw Relatos finalistas del mes de septiembre del concurso Relatos en Cadena, organizado por la Cadena SER y Escuela de Escritores. Puedes saber quién ganó y consultar las bases en www.escueladeescritores.com o www.cadenaser.com.


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Como para llevarle la contraria Nuria Sierra Alumna de Talleres de Escritura Creativa Clara Obligado

MI Leticia tiene alergia a las negativas. Cuando alguien le dice que no, pueden suceder tres cosas: que se le pongan las uñas verdes, que se le caiga el pelo a mechones o que vomite una espuma nácar como baba de serpiente. A veces, ocurren todas a la vez y así desde que era recién nacida. Su madre se marchó sin despedirse. Yo seguí cuidando de ella a través del tiempo y de los brotes alérgicos de la adolescencia. Recuerdo cuando me dijo papá, quiero un pelirrojo por mi cumpleaños. - ¿Un pelirrojo qué es, cariño? - Un chico pelirrojo como Fernando, el que me invitó al cine y luego no apareció. No fue fácil contentarla. Pero todo por ver sana a mi niña, pensé, mientras le clavaba el cuchillo a Fernando por la espalda. Ahora mi Leticia ya es mayor de edad y ella sola colecciona pelirrojos. Tiene sus propios métodos, poco higiénicos para mi gusto, pero quién soy yo para llevarle la contraria.

tw Madrid, Nochebuena del '75. Curiosa e inquieta por naturaleza. Estudió Periodismo y se dedica al marketing online por casualidades de la vida. Colecciona sueños y fotos de playas al atardecer. Lectora compulsiva. Se recuerda desde niña escribiendo historias y ha ganado dos premios de relato corto.

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© Miguel Ángel Moreno 2012

metroligero - Miguel Ángel Moreno

Próxima estación, Luna de Endor tw www.sintinta-miguel.blogspot.com

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Pablo Puyol

26/09/2012

Un truco infalible:

ir por la vida con una sonrisa

Fotografía: © Sergio Frías

P- ¿En qué tren estás subido ahora? R- En un tren sangriento y muy divertido, Evildead el Musical, una gamberrada de musical en el que los zombies, la sangre y sobre todo el humor harán que el espectador viva una experiencia única. P- ¿Cuál es el peor aprieto en el que te has encontrado? R- CEncima de un escenario, sin duda, cuando me dio un ataque de risa en plena función de Crimen Perfecto, no podía controlarlo y menos mal que el público se lo tomó bien y se rieron también. Aunque yo por dentro me moría de la vergüenza. P- ¿El rodaje o la obra de teatro en la que más te has divertido? R- Sin duda en el rodaje de La conjura del Escorial porque estábamos todo el día montando a caballo y luchando con las espadas, era como estar de campamento con el resto de actores. P- Completa la frase: Yo para ser feliz… R- Quiero estar en mi casa con mi gente. P- Los trenes que se pierden ¿vuelven a pasar? R- A veces sí, a veces no, depende de la estación en la que esperas.

P- Lo breve si bueno… R- …que dure mucho. P- ¿Qué libro te ha marcado? R- El niño 44. P- ¿Qué libro estás leyendo ahora? R- Herederos de la Tierra. P- Cuéntanos un truco infalible. R- Ser positivo y siempre ir por la vida con una sonrisa. P- ¿Cuál es la mejor forma de contar un cuento? R- Haciendo cada personaje distinto de los otros y creyendo que lo que dicen es verdad. P- ¿Un medio de transporte que prefieras? R- Me gusta conducir, así que diré coche, aunque para Madrid tengo mi moto que es lo más práctico. P- ¿Hacia dónde te orientas cuando buscas refugio? R- Hacia mi casa, es mi castillo, donde me siento seguro. P- ¿Qué es lo que te gusta de Madrid? R- Todo, me encanta desde el momento en que llegué la primera vez. Me encanta la vida que tiene y lo abierta que es la gente. 

tw El actor Pablo Puyol protagonizará el musical más terro-humorístico de la temporada en Madrid: Evildead, el Musical basado en la película del director Sam Raimi. Estreno 31 de Octubre en la Sala Kinépolis. Además el actor malagueño formará parte de la siguiente temporada de Arrayan, la serie de más éxito en Canal Sur.

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Cuentos para el andén nº10  

Con este número diez, Cuentos para el andén inaugura las dos cifras, y se consolida como la única revista cultural gratuita que se distribuy...

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