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CROMOM

de Escuela

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# 10 / Á


AGAZINE

a de Color

テ[bar


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ÍN DI CE


/ 06 Intro - Monte Barrios Barla / 08 Álvaro Quintero Mejía + Montse Rodríguez Herrero / 10

Ana Atalaya + Elena Rubio Quijano

/ 12

Angela Drei + Paco Mármol

/ 14

Daniel Granado + Javier Reina Gutiérrez

/ 16

Daniel Heredia + María Marta Crespo

/ 18

Elena Romero Millán + Jesús Botaro

/ 20 Fathi Abderrahman + José Alberto López / 22 Inma Calderón + Marta Nieto / 24 Mabel Zaves + Cándida Garbarino / 26 Vanessa Perondi + Luis Fortea Quesada / 28 Manuel Saborido Pastor + Rocío Atrio / 30 José Manuel García Gil + Raquel Jove / 32 Mar Marchante Ortega + Arturo Javier Reyes Medina / 34 Carmen Camacho + Rafael Llorente / 36 Santiago Pablo Romero. Bluesman + Rosa Olea / 38 Pedro Pablo Hidalgo + Migita Dakota / 40 Raquel Caro Villanueva + Alejandro Vera Elena / 42 Quentin Allen + Miguel Macías Macedo


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I

N

T

R

O

Montse Barrios Barla

E

ntre naranjas y amarillos, transparentes, burbujeantes… La energía de la tierra entrando por la planta de mis pies haciendo alquimia en el centro lumbosacro e inundando mi cuerpo de vitalidad. Lo arboles destilando resinas ambarinas, trasparentes, espesas, densas, empalagosas… la conexión con mis raíces, con mis ancestros, con mi legado….

Los ojos de los felinos. La confianza en la vida, la defensa del territorio, la manada, la conservación, supervivencia, existo… Transitando entre mi ombligo y mi plexo solar, entre la existencia y la fuerza, centro bajo, siempre tierra. Mi casa, mi espacio, mi fuerza, mi yo puedo, donde siempre habito, ambarino camino.


Texto: Álvaro Quintero Mejía / Imagen: Montse Rodríguez Herrero

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Mi prisión es un armario y el carcelero, un gabán. La historia de mi encierro se remonta noches atrás cuando me disponía acomodar ciertas prendas en el armario. Colocaba el gabán en la percha que me había puesto para celebrar la rutina nocturna: empapelar los muros de la ciudad con poemas de amor. Inicialmente no reparé en el tamaño y en los movimientos voluntarios que adquiría la prenda cuando la manipulaba, sólo llamo mi atención que la manga me atraía hacia el fondo del armario, consideré que el alcohol me estaba jugando una mala pasada. Apreté los ojos para restablecer la autoridad sobre la realidad de la prenda, cerré los puños para declarar el desconcierto que iba en aumento cuando el gabán sujetó con autoridad el mentón: me obligó a mirarla, a presenciar la naturaleza invisible que desarrollaba con una elasticidad de aire. A escuchar sus razones de hilo y sus pensamientos de lana. Declaró abiertamente su amor por los escritos que noche a noche yo guardaba en los bolsillos de su humanidad. Alegó su derecho sobre mi cuerpo, la responsabilidad literaria que asumía al convertirse en mi guía por la geografía inverosímil del armario. Escuché sus razones y me dejé llevar como si la cosa no fuera conmigo. Inicié un absurdo monólogo de rueca: pretendía determinar mi grado de alcohol y miseria. Las frases sonaban falsas y las palabras que rebotaban en las paredes del armario no eran mías, tampoco de una voz conocida. Cerré los ojos y calculé el eco de la última sílaba. La manga del gabán con una mano invisible tomó la mía y me indicó


el camino seguro para sumarme a otros paseantes que como yo eran guiados por prendas familiares hacia un final inexorable: pender de una percha de amor. Unos eran llevados por sรกbanas, otros por calcetines y las mรกs liberales y osadas por bragas venecianas. La confusiรณn tomรณ cuerpo de prenda, color รกmbar y olor a lavanda.


Texto: Ana Atalaya / Imagen: Elena Rubio Quijano

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¡Oh,corazón dorado!  Reposas ante mi, majestuoso...  Inmóvil vistes de ámbar  mi desnudez primera.  El tiempo te ha cuarteado  y aun así, resplandeces  lo mismo que un ocaso en verano.  Te miro, y bajo tu brillo ambarino  laten historias de otros corazones  que ya se fueron... Manos invisibles recorren cada textura acariciando tus llagas.  Un rayo de sol, silente, tímido, se ha posado en tu centro  dibujando en el aire un mosaico  de vida y esperanzas.  ¡BRILLA, CORAZÓN LIBRE!  Espejo fiel de quien te ha creado  regalando al mundo tu belleza  con sabor a miel...  ¡BRILLA! ¡BRILLA ETERNO,aunque  llegue el frío y las noches de tormenta! 


Texto: Ángela Drei / Imagen: Paco Mármol

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Amanece aquí arriba sobre la colina que nos ve despertar y no quiero aún que esta noche termine. Viaja el aroma lejano del mar, nuestro mar, y nos envuelve con sábana de nuevo amanecer, encontrándonos enredados en un laberinto de brazos y besos gastados. ¿Recuerdas qué me decías? Palabras de arena y playa, de gaviotas y olas, de sabor a sal y días de sol. Tus ojos se abren con sueños atrapados en el ámbar del sol que amanece. Paseo mis dedos por tu piel dulce y cálida delicia, dulce y cálidos labios, dulce y cálido abrazo, dulce y cálido tu amor. Amargo y frío despertar para otro adiós antes de regresar a a la realidad.


this real life


Texto: Daniel Granado / Imagen: Javier Reina Gutiérrez

Con sumo gusto

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Consumo, gusto Que, a veces, Nos atrapa distraídos En una amalgama de rizos y neones Que arrasa y aniquila los bolsillos. Las luces ámbar nos indican, Cual  signo de comunicación no verbal de tráfico, Precaución y nos advierten De sanciones que acechan. Con sumo gusto Ciertas personas se acercarán sin necesidad, Con otro tipo de apetito, Con la urgencia de la cercanía, De la carne joven y el perfume fresco, A la mujer  de sonrisa rizada y pelo ambarino que, Con sumo gusto, Con una sutileza ambarina, Decentemente nos incita al consumo de Empaquetadas larvas de gusanos ambarinos Que, sin necesidad de malvas ni mármol, Irán devorando tus entrañas desde dentro Mientras tú, con sumo gusto, Complaces a un tiempo a tus papilas Y a tus deseos saciados tras la ingesta.


Texto: Daniel Heredia / Imagen: María Marta Crespo

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Cada uno pone en sus viajes lo que anhela y lo que teme. Este paisaje al que nos dirigimos me provoca tranquilidad, relajación, bienestar, como sucede con los territorios recordados de nuestra infancia. No se trata de una escena monolítica, sino de varias y con variaciones entre sí, con una fuerza poética impresionante que le sumerge a uno en un estado de ensoñación, pues sabe desplegar un sinfín de misteriosos mecanismos para atraparte. Como las mentiras delicadas de los enamorados. Un lugar en el que la estancia está a la altura de las expectativas que crea. Seguro. Un viaje a los dominios de nuestras fantasías.


Texto: Elena Romero Millán / Imagen: Jesús Botaro

Letanía en ámbar Cada día recuerda a sus antepasados. Se lamenta por tantas lágrimas de sal perdidas en un cruce de caminos. Las imagina como un collar de cuentas lejanas en un desierto de pérdidas.

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En el silencio naranja, bajo su velo de fino encaje, enciende las velas. La envuelve una penumbra de miel que la transporta a un ocaso en el Cáucaso. Diáspora de luces doradas sobre el zócalo de seda. Espejo de un atardecer de música y dulces albaricoques. No muy lejos de allí, el espíritu de un tigre se encierra en un trozo de sol y se hunde en el mar. 


Texto: Fathi Abderrahman / Imagen: José Alberto López

Se adelantaron al otoño los jazmines de mi balcón, huían despavoridos entre aromas de yerbabuena claveles y sentimientos de suspiros en ámbar.

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Te busco en cada verso, en la noche quebrada, en el suspiro imposible de una mujer enamorada, en la plácida soledad de una canción de amor, te busco y me consumo como un hombre enamorado.

La sinfonía de sus hojas ese crujir otoñal de sus andares, como si pregonara a los aires la primavera de nuestros amores.

Sigo esperando tu otoño entregado a tus olas, la camisa planchada la noche entregada el amanecer recogido, y sigo esperando tu mañana.


Texto: Inma Calderón / Imagen: Marta Nieto

Soledades de ámbar

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Tu añoranza es dorada como la luz suave de un atardecer en la simetría cóncava de un espejo, esa luz que atrás quedara envuelta en los entresijos de la memoria para regalarme ambarina su nostalgia. Sólo tus auras me acarician ya como los rayos declinantes del ocaso reflejados en el iris del silencio, lengua de fuego transmutada que no osara rozar tan siquiera con su calidez de otoño mi epidermis.                                 Saudades de tu amada presencia                               en el cárabe del cristal.


Texto: Mabel Zaves / Imagen: Cándida Garbarino

Tu ser cambiante

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Estoy a mitad de camino porque no te decides a ser, medio cruzas una puerta, una calle, una pared, una nada; tú me condenas a estar entre una nada puerta, una nada calle, una nada pared, una nada nada; a mitad digo porque a mitad vivo, estoy a mitad por tanta indecisión; indeciso por definición disparas la duda flexionando el arco, –eres el ser cambiante que se cruza conmigo cada día–. Mas yo tan decidida atravieso la nada puerta, luego la nada calle, la nada pared, incluso me atrevo con la nada nada, y te descubro invadiendo el espacio


con cierta indecisión, regalando el color titubeante, tu aroma agradable y veleidoso, cubriendo las sombras con tu cuerpo tan ligero como duro y quebradizo; copulando con el color blanco diluyes el fondo y lo pones en fuga, –pierdes tu afamada indecisión y me derrito en tu beso ámbar–.


Texto: Vanessa Perondi / Imagen: Luis Fortea Quesada

La celda de la libertad Rastrear, recoger y almacenar. Rastrear, recoger y almacenar. Sólo llevo tres días y no me acostumbro, sobre todo, porque cuando salgo y veo el cielo azul, las flores de mil colores y el verde de las hojas, tengo que volver a casa, la casa de todos, la casa de nadie, la casa donde me consideran defectuosa.

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Al principio, ni siquiera le presté atención. Me sentía útil cuidando de las más pequeñas pero, ahora, tengo que servir a una reina y a unos zánganos. También a mis hermanas pero entre nosotras no hay servidumbre sino ayuda mutua para sobrevivir y asegurar el funcionamiento de esta sociedad que llaman perfecta. Hoy es distinto. Reconozco que, antes de salir a por polen, me he quedado mirando a mi alrededor y me he detenido en una. Hexagonal, de un atrayente color ámbar y tan confortable, de cerca es tan bonita como una flor pero mi celda es mi cárcel y quiero que sea mi hogar. Un hogar sin estamentos estancos y sin reyes ni vasallos. Soy obrera, dicen que soy imperfecta pero sólo quiero ser libre y seguir siendo una abeja. ¿Podré?


Texto: Manuel Saborido Pastor / Imagen: Rocío Atrio

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Es una mañana con visillo, una tímida luz que adquiere lo amorfo de la simetría personal, un sentimiento que se sienta en la ladera de una esperanza cuando la lágrima cae por la mejilla hacia la tierra. En un entreabrir y cerrar de sentires aparece dibujado el ámbar de las incertidumbres, el ocaso del pájaro verde que, afónico, yace sobre las minas de la opacidad traslúcida que revientan en las bocas cosidas. Atrapados en su interior, la historia, la claridad del devenir Fausto, la suavidad de la daga caliente, que dulce, se fusiona en el costado de la vida. Tan sólo la belleza y su seda, imanta las horas de los ojos, que hipnotizados, hacen olvidar que los pájaros no tienen siete vidas.


Texto: José Manuel García Gil / Imagen: Raquel Jove

Serial griego Cuando vieron muerto al joven Patroclo, Janto y Balio, los caballos de Aquiles, tan admirados por sus habilidades en el asedio a Troya, comenzaron a llorar. Dado que en su naturaleza inmortal no cabía esta súbita maniobra del destino, sacudieron sin consuelo sus cabezas y golpearon la tierra con los cascos de sus patas.

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Pronto sus lágrimas cubrieron el cadáver de Patroclo. Las del noble Janto, hechas de la indescifrada pureza del oro; las de Balio, del destello celeste de la plata. Gota a gota, en contacto con el héroe, la mezcla de sus llantos se convirtió en ámbar. Aquiles reprochó a ambos corceles que tanto poder divino no les hubiera servido para evitar la muerte de su amigo. Uno de los animales respondió: - Apolo causó la muerte a Patroclo y si no tomas del suelo el ámbar de nuestras lágrimas, correrás su misma suerte. Sin ese amuleto, tienes tus horas contadas.


Texto: Mar Marchante Ortega / Imagen: Arturo Javier Reyes Medina

Ámbar

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El misterio de la historia, el origen del tiempo, sólida luz de gotas de miel guardan el secreto. Tú que en silencio miras con ojos de invierno los atardeceres de naranja.   Tú: ámbar heterogéneo, recreador de seres congelados que no son retales de vida sino metáforas de muerte; copias absurdas vegetales, existencias de resina atrapadas huyendo de su vida cotidiana.


Texto: Carmen Camacho / Imagen: Rafael Llorente

Colores —añil, púrpura— cuyos nombres no conozco — cinabrio— con tal de volver a verlos —zaino— por siempre la vez primera. Albayalde. Colores que habitan el nombre de las cosas —celeste, nazareno, ceniza— y en ellas se esconden o diluyen. Buganvilla. Colores que no conocen su nombre. Calipso. Estrenan mis ojos. EL ÁMBAR El ámbar a jirones, préstamos de luz, sol al sol

que asentándose en los pellejos se pone íntimo, se acurruca oscuro. Azoteas de Fes el-Bali. Prosternados, en el aire putrefacto de las curtidurías, vellocinos de oro, la piel del fauno, cuentas del gran collar de succino. 34

Juro por el dios de mis hijos no decir sinestesia. Sinestesia. De niña fui gancho de trilero en la puerta de Bab R’Cif, hasta que me prendió la policía científica y me cortó las uñas. Tres vasos de té bocabajo: en uno, el hedor; en uno, el cuero vivo; en uno, el ámbar. Aprendí el veloz movimiento con el que poder trocarles ahora los sentidos inventando, por ejemplo, que en la universidad de alQarawiyyin, para explicar los ambarinos mandan llamar a un noquero mudo. Este es un truco muy sencillo y aparente que manosean las malas poetas. Y yo quisiera ser la peor de todas. Pero no me deja Sor Juana Inés. Por eso seré honesta y me atendré a la más estricta verdad. Que en Fes el-Bali el ámbar se extrae del vapor que expide la compleja proporción de tierra, sal, carne, estiércol, grasa, sangre, aceite, pelo y hombre. Que esta cartera cuesta el jornal de aquel muchacho. Que en Fes el-Bali, los cueros aprenden la luz y la sed de la sed y la


luz de brozas y pajas. Que honro la grieta. Que en Fes el-Bali banderas de cordero ondean al viento. Que me muera antes de asemejar a una alfombra voladora esta tristeza. Que en Fes el-Bali, antes de que las curtiembres se convirtieran en un parque temático de arcadas de europeos y hierbabuena, Pasolini había abrazado la antigüedad de los jóvenes que alzan sonrientes el trofeo del amarillo, o eso sueño. Que en Fes el-Bali el ámbar de los pobres curte las heridas y no se sacia. Que esta mañana hace frío en la medina, a pesar de que aprieto en este puño un sol de piedra. Que ni en Fes el-Bali ni en la calle de mi padre ningún pobre dice de sí ser ciudadano.


Texto:Santiago Pablo Romero. Bluesman / Imagen: Rosa Olea

De ambarino volar

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Quiso la suerte o el instante Que estuviera al borde mismo Donde posaste tu vuelo, en la orilla Cual si fueras un bergantín sinuoso Y mis manos prestas, te tomaron. Pétrea miel preñada de regueros añejos Muy dentro silbaba aún el oxígeno atrapado Apenas un susurro de pajarico diminuto Como si quisieras ser mensaje sempiterno Que ruge sin decir, pero mostrando al avizor. Un mundo distinto de otrora tiempos perdidos Señal inequívoca de la existencia de aquello Edénico estuario de árboles alados O pequeños seres asidos por la eternidad A lomos de ti, miel rubicunda que brilla en la luz Desgranas mil esquirlas de verdades escondidas. Ya sé que no tendrás valor a los ojos ignaros Mas yo te escojo de amuleto sin sentido Dormidera cretácica que ahora te escondes en mí Delicadamente te recuestas de mi cuello.


Texto: Pedro Pablo Hidalgo / Imagen: Migita Dakota

Entre su Migita de verde, como el trigo verde, y su Migita de rojo, un rojo-rojo clavel, un clavel: Ámbar. Alegría, sin estridencias. Ni pararse en seco ni pasar sin mirar. Ámbar es poquito a poco, mirando, sin prisas. Ni babor ni estribor. Navegando hacia el sol del atardecer. Ámbar es como su padre. 38

Ni fresco ni calor: Ámbar es calidez del fuego del hogar. Y Ámbar es líquida y rocosa. Gota única de valor incalculable, hija del tiempo más remoto, si, pero siempre joven. Conservadora única de lo que un día fue vivo y bello, y delicado. Museo permanente. Joya. Quiero que no me abandones, amor mío. Al Ámbar.


Texto: Raquel Caro Villanueva / Imagen: Alejandro Vera Elena

Duelo en ámbar

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¿En qué momento acallaste a tu niño interior? ¿En qué momento decidiste no dejarle ver? ¿En qué momento elegiste no volver a soñar, no imaginar, no creer en los días que llegan sin pertenencia en el tiempo, donde todo sucede en otras dimensiones desconocidas? Tratas de silenciarlo, de tapar su mirada, como si así pudieras erigirte en una posición más estable, permanente. Te mantienes en verde fijo. Inmutable. Pero llega el Ámbar, vestida de Caos…su luz se apodera, resplandece, y lo inunda todo. Te demuestra desde lo que omites que nunca se va lo verdaderamente importante, que el corazón del niño interior es más fuerte, que a pesar de tu barrera en verde, los sueños traspasaron, la imaginación voló a su sitio, la inocencia se transmutó aunque de vez en cuando brilla en tus ojos, los latidos de ilusión se siguieron apoderando de otros territorios mágicos. El Ámbar coexiste en ti, cuanta más negación, más se expande. Tu inconsciencia no lo ve, o no lo quiere ver, pero hay quienes lo perciben, sobretodo aquellos que decidieron soltar la voz, la mirada, vivir en un equilibrio dinámico verde-ámbar. Es un duelo, un duelo en el que desde los comienzos había un claro ganador o ganadora. Tan sólo me queda desear que precisamente eso, tus mejores deseos se transformen en Ámbar. ¿Te seguirás resistiendo?


Texto: Quentín Allen / Imagen: Miguel Macías Macedo

Ámbar Cae la tarde sobre la ciudad. El sol, en su irresistible tono ámbar, inunda el paisaje y me recuerda que ya queda menos para el reencuentro. Ha sido un día duro. Cada día llevo peor tu distancia, tu ausencia. Las horas caminan lentas, de un modo casi exasperante, pero las calles se tiñen de ámbar y ya todo queda atrás.

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Me acerco a tu casa y mi sonrisa resulta casi contagiosa, ya queda menos para poder disfrutar de tus regalos divinos. Muero por reencontrarme con esa sonrisa, por adorar tu bondadosa manera de ser, por respirar hondo a tu lado y sentir que haces de mí una persona mejor. Tantos años de sinsabores y de frustrada búsqueda de la felicidad empequeñecen mis pasos, no veo el momento de tenerte de nuevo junto a mí. Pero doblo la esquina y la visión de tu figura me sobresalta y maravilla. La luz ámbar baña tu rubio cabello y me hace creer en los milagros. Ya estás a mi lado, nada malo ya me puede suceder. El día acaba y para mí la felicidad solo tiene un nombre… Ester.


WE THEM Montse Barrios Barla / Álvaro Quintero Mejía / Montse Rodríguez Herrero Ana Atalaya / Elena Rubio Quijano / Ángela Drei / Paco Mármol Daniel Granado / Javier Reina Gutiérrez / Daniel Heredia María Marta Crespo / Elena Romero Millán / Jesús Botaro Fathi Abderrahman / José Alberto López / Inma Calderón / Marta Nieto Mabel Zaves / Cándida Garbarino / Vanessa Perondi Luis Fortea Quesada / Manuel Saborido Pastor / Rocío Atrio José Manuel García Gil / Raquel Jove / Mar Marchante Ortega Arturo Javier Reyes Medina / Carmen Camacho / Rafael Llorente Santiago Pablo Romero. Bluesman / Rosa Olea / Pedro Pablo Hidalgo Migita Dakota / Raquel Caro Villanueva / Alejandro Vera Elena Quentin Allen / Miguel Macías Macedo


CROMO MAGAZINE de Escuela de Color

Dirección José Alberto López Diseño y maquetación Paco Mármol

www.escueladecolor.com

Cromomagazine ámbar  

Número 10 de la revista Cromomagazine, dedicada al color ámbar.

Cromomagazine ámbar  

Número 10 de la revista Cromomagazine, dedicada al color ámbar.

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