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Convivencia para el Bien ComĂşn


Cultura Viva Comunitaria: Convivencia para el bien común. Este libro es producto de un trabajo colectivo de todos y todas las autoras. Sus contenidos pertenecen a quien quiera usarlos en cualquier lugar, de cualquier modo, por cualquier medio: queremos que se copien, que se difundan, que se reproduzcan, que se multipliquen. Coordinación: Julio Monge. Marlen Argueta Producción: Red Salvadoreña de Cultura Viva Comunitaria Diseño Gráfico: Jorge A. Merino Ilustración de portada: Oscar Soles Compilación y concepto: Jorge Melguizo Edición: Jorge Melguizo melguizojorge@gmail.com Allan Barrera allanbarregaldamez@gmail.com

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Congreso Latinoamericano Cultura Viva Comunitaria (2a. : 2015 : San Salvador, El Salvador)

SV

2° Congreso Latinoamericano Cultura Viva Comunitaria El Salvador 2015 : Convivencia para el Bien Común / compilador y editor Jorge Melguizo; edición Allan Barrera; coordinación Julio Monge, Marlen Argueta; diseño gráfico Jorge A. Merino; ilustración de cubierta Oscar Soles. 1a ed. -- San Salv. El Salv. [s.n.], 2015. (Impresos Renacer) 219 p. ; 28 cm. ISBN: 978-99961-0-598-2

Primera Edición. Octubre 2015. Tiraje 500 ejemplares. San Salvador, Octubre de 2015

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Cultura Viva Comunitaria

Convivencia para el Bien Común El Salvador 2015

Jorge Melguizo Lorena Peña Mendoza Célio Turino Eduardo Balán Claudia Orantes Iván Nogales Hamilton Faria Patricia Requena Gilabert Sandra Oquendo Fresia Camacho Nelson Ullauri Velasco Allan Barrera Marlen Argueta Óscar Soles Julia Escobar Doryan Bedoya Carlos Rodezno Caridad Cardona Imelda Cázares Arredondo Félix Pérez Alexandra Schjelderup Liz Osorio Paloma Carpio Valdeavellano Paula Simonetti Red Latinoamericana de Arte y Transformación Social


Cultura Viva Comunitaria: Convivencia para el bien común “Salgo a caminar por la cintura cósmica del sur”

Armando Tejada y César Isella

Este libro Este libro busca lectores y aplicadores. Está escrito para que lo lean funcionarios, gobernantes, directores o secretarios o ministros de cultura, legisladores locales y nacionales, y candidatos y candidatas en turno de ser elegidos. De cualquier partido, aclaro. Y para que lo lean empresarios y fundaciones. Y para que lo lean y apliquen las universidades, a ver si de una vez por todas las Culturas Vivas Comunitarias logran penetrar las conservadoras academias. Es un libro hecho por personas de 17 países de Latinoamérica. Hecho de prisa, en pocas semanas, para aprovechar la oportunidad de presentarlo en el 2º Congreso de Cultura Viva Comunitaria que tiene a El Salvador como anfitrión. Es un libro que intenta contar un proceso de años (el artículo de Guatemala nos remite a los Mayas para hablar de la Cultura Viva…) y que hoy es presente y futuro (otros artículos nos señalan lo que se está intentando lograr ahora mismo en sus ciudades, en sus países). Es un libro para reunir, con la intención de que una vez reunido se disemine. Pocos programas pueden darse el lujo de tener en más de 17 países (algún país nos falló con su artículo) procesos similares que se comparten y que se alimentan recíprocamente. No es un libro memoria, o al menos no solo eso pretende: busca ser herramienta. Qué hacer y cómo hacerlo. Es un libro que propone: por eso va dirigido a otros que no son de eso que se ha dado en llamar el sector cultural, y a quienes les propone algo muy sencillo: decisión política para destinar presupuestos públicos a proyectos de Cultura Viva Comunitaria.

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Este libro podría tener varios nombres: Cultura Viva Comunitaria, clave para la inclusión social en los barrios de Latinoamérica Oye, te hablo desde los barrios y las zonas rurales del continente. Cultura Viva Comunitaria, el magma Latinoamericano. Cultura Viva Comunitaria, para construir la convivencia en tiempos de inseguridad. Le pusimos el que ya vieron, porque ese es el norte de todo: el bien común. O mejor: la convivencia para el bien común. Incluir las Culturas Vivas Comunitarias en las decisiones políticas y presupuestales nos llevará a incluir en la sociedad a los múltiples proyectos culturales que se hacen en nuestros barrios y zonas rurales sin el Estado, a pesar del Estado o incluso contra el Estado. En esas expresiones culturales barriales y rurales, múltiples y diversas, está una buena parte de la cultura para la paz que necesitamos con urgencia potenciar para que la convivencia sea una palabra que nos defina como sociedad.

Lo que entendemos por Culturas Vivas Comunitarias:1 Somos expresiones comunitarias que privilegian en la cultura los colectivos y las personas, y los procesos sobre los productos, en la realización de la emoción y la belleza. Somos un movimiento Latinoamericano de arraigo comunitario, local, creciente y convergente, que asume a las culturas y sus manifestaciones 1 Tomado de “Documento de Conclusiones Primer Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria”, La Paz, Bolivia, mayo de 2013. es.scribd.com/ doc/147877286/Conclusiones-Final-4

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como un bien universal y como un pilar efectivo del desarrollo humano y social. Nuestro objetivo es lograr que los gobiernos asignen al menos el 0.1% de sus presupuestos nacionales y municipales a programas de Culturas Vivas Comunitarias. Y buscamos la posibilidad de que los bienes y programas públicos se construyan en alianza real entre el Estado y las organizaciones sociales. En la Declaración de La Paz sobre Cultura Viva Comunitaria, decimos: “(…) La nueva etapa de las democracias y los Estados latinoamericanos requiere la recuperación de las experiencias sociales y populares. América Latina está en un momento de esperanza después de una larga crisis. Se nos abre un panorama de restauración, en el que las experiencias y organizaciones culturales comunitarias pueden participar de procesos de transformación nuevos y emancipadores. (…) Proponemos que en nuestros países, a ejemplo de las organizaciones bolivianas, el 18 de mayo sea declarado Día de la Cultura Viva Comunitaria, ya que este encuentro continental ha marcado la historia común de nuestros pueblos, y al impulso de la Semana Continental por la Cultura Viva Comunitaria, desde el 12 al 19 de Abril de cada año”.

Lo que ofrecemos: Muchas de las preguntas que tienen hoy nuestras sociedades y nuestros gobiernos tienen respuestas (y nuevas preguntas) en las Culturas Vivas Comunitarias. En esos proyectos culturales barriales y rurales hay cultura, por supuesto. Pero hay también seguridad y convivencia, y hay inclusión social, y hábitat y desarrollo económico y educación. Y oportunidades. La transversalidad ya está en el barrio y en esos proyectos culturales: lo importante es que los gobiernos sepan ver esa transversalidad y sepan actuar de manera similar entre sus diferentes dependencias. Cultura Viva Comunitaria no es un proyecto solo para las áreas de cultura. Todo lo contrario: va mucho más allá y ofrece sus conceptos, sus metodologías, sus resultados y sus productos a muchas áreas de gobierno: seguridad, 9


educación, deporte, recreación, bienestar social, desarrollo social, infancia, juventud, tercera edad, mujeres, turismo, economía, innovación. En esos proyectos ya hay alianzas público-privadas-comunitarias: el desarrollo conceptual y metodológico de estos colectivos culturales y artísticos, y sus propios recursos, han sido históricamente una inversión pública, social, no cuantificada y, por lo tanto, no valorada: valorarla, cuantificarla, reconocerla como aporte de las comunidades a los proyectos públicos de transformación de una sociedad, de una ciudad, es un imperativo. Estas organizaciones comunitarias no están esperando que les financien sus proyectos, no están pidiendo: Están ofreciendo. Están ofreciéndose en la construcción de mejores caminos sociales, de caminos reales de transformación. Lo que están esperando esas organizaciones de las Culturas Vivas Comunitarias, lo que proponen a los gobiernos y al sector privado y al sector académico es la suma de recursos, de los de esas organizaciones comunitarias con los dineros públicos -que son de todos y ustedes manejan temporalmente- y con los dineros privados, para producir mayores y mejores resultados. Y, además, el camino recorrido por algunas ciudades y países (en este libro contamos algunos de esos caminos) y la velocidad que está tomando este proyecto continental, permite generar fácilmente una red de aprendizajes, de cruce de conceptos, de contenidos, de metodologías, de documentos, de legislaciones, de experiencias, de personas y colectivos. Todo eso ya existe, no hay que crearlo. Hay que conocerlo. Hay que escucharlo. Hay que aprovecharlo, hay que potenciarlo. Hay que ponerlo en relación con otras áreas de la sociedad. Esas muchas alianzas y redes locales, nacionales e internacionales que están trabajando para el fortalecimiento de lo local desde y con la cultura, se convierten por sí mismas en un gran pacto sin fronteras que ayuda a superar los egoísmos, los intereses y las miopías locales y nacionales. 10


La oportunidad está servida. Las posibilidades son todas. Si no invertimos en cultura, ¿cómo saldremos de las crisis? En los tiempos que corren, la cultura se vuelve necesidad. Y lo más importante: la cultura es ahora, más que nunca, una gran posibilidad y una magnífica oportunidad.

Autor: Jorge Melguizo Consultor y conferencista en gestión pública, cultura y seguridad y convivencia. melguizojorge@gmail.com Twitter: @jorgemelguizo www.facebook.com/jorge.melguizo.54

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Convivencia para el bien común. II Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria.

Compilacion de articulos sobre experiencias de cvc

Con mucho agrado y satisfacción transcribo por este medio un vivo saludo a todos y cada una de las personas que participan de este magno evento en nuestro país. Reunirlos aquí en esta fiesta de la Cultura Popular Comunitaria reviste de gran significado para la nuestra América originaria, diversa y por siempre hospitalaria, generosa y de progresiva equidad entre sus miembros. En la realización del 2º. Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria en que nos complacemos en ser los anfitriones comprendemos los beneficios que este gran evento trae al pueblo salvadoreño, dejándonos reflexiones, ideas nuevas y energía para que la Red Nacional de CVC amplíe e intensifique su trabajo organizativo y creativo en el interior de nuestras comunidades. Nuestros pueblos comparten una tradición e identidad cultural que nos hermana en sus raíces ancestrales y republicanas, sin embargo ahora en los tiempos actuales existen las realidades contemporáneas en las que nos debatimos y batallamos como naciones para desarrollarnos y realizarnos en libertad. Esta singular lucha se manifiesta en varios frentes, pero sobretodo en el área que nos ocupa, el de la educación y la cultura. Avanzar con paso firme desarrollándonos como pueblos soberanos independientes requiere desmontar el entramado de antivalores y violencia que nos acosan desde todos los ángulos imaginables y que provienen en su mayor parte de las ideologías del desamparo y la exclusión, de la cultura del consumo desmedido así como de la ausencia de solidaridad histórica hacia los pueblos oprimidos, sin embargo ahora en nuestros tiempos nos corresponde facilitar y estimular el protagonismo creativo y popular que los empodere para enfrentar el desafío del día a día. Es en este sentido que el concepto político de la Cultura Viva Comunitaria es una magnífica noticia para nuestros pueblos que arden por seguir siendo los protagonistas de su propio destino. 13


Nosotros como Secretaría de Arte y Cultura y como partido en el gobierno, partiendo de nuestras reales posibilidades nunca dudamos en dar el respaldo a la realización del ll Congreso de CVC; hace un par de años tuvimos una participación en La Paz Bolivia y otra en Costa Rica, ahora estamos aquí compartiendo directamente y con alegría las experiencias de todos nuestros pueblos latinoamericanos. De la misma forma hemos trabajado para posicionar de un modo progresivo la Cultura Viva Comunitaria como un nuevo enfoque cultural en el proceso funcional y fundamental del desarrollo social solidario y creativo, procurándole condiciones para su consolidación dentro de las entrañas del pueblo. Comprendemos que no basta con brindar nuestros espacios y esfuerzos organizativos, también debemos aprovechar esta experiencia fortaleciéndonos en este mismo camino a través de la Red nacional y el impulso de una política pública de Cultura Viva Comunitaria en nuestro país. Simultáneamente y como una necesidad impostergable estamos impulsando la aprobación de la Ley de Cultura en la Asamblea Legislativa, la cual indudablemente fortalecerá el desarrollo democratizador del Arte y la Cultura en nuestro medio. Con ocasión de celebrarse en El Salvador el 2º. Congreso de cultura Viva Comunitaria se ha tenido la magnífica idea de compilar en un libro una variedad de artículos de países integrantes de este movimiento, el resultado es una muy buena reunión de experiencias y aportes que nos reflejan como partes diversas y necesarias de un mismo organismo, que se inventa y reinventa a sí mismo a través de incontables expresiones y proyecciones colaborativas hacia la disputa hegemónica cultural y por un futuro prometedor. Aprovecho para felicitar al Consejo Latinoamericano y a la Plataforma Puente de Cultura Viva Comunitaria por su entusiasmo resistente y creativo en la articulación de la Red Continental en esta forma de hacer cultura comunitaria, como procesos de desarrollo solidarios que van de la mano con el alma popular, empoderada y en convivencia para el bien común. Lorena Peña Mendoza Presidenta de Asamblea Legislativa de El Salvador Secretaria de la Secretaría de Arte y Cultura del FMLN 14


PC = ( a + p ) r La fórmula de la Cultura Viva Cultura Viva, a cultura que as pessoas fazem, a cultura como processo, as diferentes interpretações da realidade, os desejos, os sonhos, os modos de ser, a arte, a tradição e a invenção convivendo juntas, promovendo permanência e ruptura ao mesmo tempo. Cultura morta, a cultura produzida “à parte” das pessoas, a cultura como produto, as interpretações acabadas, os desejos fabricados, os sonhos dirigidos, os modos de ser reproduzindo aquilo que os outros querem que sejam os nossos “modos de ser”, a arte pronta, a tradição perdida, a invenção roubada, a permanência do que não deve permanecer e a ruptura com o que não deve ser rompido. A cultura pode unir, mas também pode ser um meio de distinção entre as pessoas, separando, segregando, fazendo odiar o diferente. Por isso a necessidade de um substantivo composto, a Cultura Viva. A cultura é viva porque está sempre em mutação e se reproduz sem perder o tênue fio da história, unindo passado, presente e futuro. Mas pode ser morta, quando se fossiliza, se burocratiza, se aliena, deixando-se comandar não mais pelos desígnios da Vida, mas pelas regras e normas do Sistema. Uma cultura que não se aliena é aquela que não teme a vida, que se espraia pelo ambiente, pelas pessoas, pela imaginação. E, ao agir assim, está sempre ao lado da Arte. Arte concebida como habilidade humana, do latim Ars, ou Artem, que significa “capacidade de realizar algo”. Compreendida desta maneira, a Arte está presente em todos nós. Como habilidade cultivada, do latim Colere, a Arte nos remete a cultivo, mais precisamente ao “cuidado com as plantas”, de tal modo que quanto mais se cultiva a Arte, mais se cultiva a humanidade; assim, Arte e Cultura é aquilo que nós, humanos, realizamos sobre o nosso meio e sobre nós mesmos. A princípio, visando uma transformação para melhor, como se faz no cultivo com as plantas, através da agricultura. Cultura também nos remete a Cultus, de culto religioso, reverência e respeito para com algo ou alguém. Cultura Viva como substantivo composto também nos permite romper com um conceito antropológico clássico, em que cultura é o oposto de natureza, 15


ou “a parte do ambiente feita pelos humanos”. Segundo este conceito antropológico, a natureza existe “por si”, independendo de quem lhe dê significado e a cultura só existe a partir das interpretações e expressões produzidas previamente, só passando a existir após a construção de significados e significantes produzidos pela mente humana. Para a Cultura Viva o conceito é outro e se expressa pela seguinte equação: Cultura + Natureza = Cultura Viva. Ao assumir o conceito Cultura + Natureza = Cultura Viva, a Cultura Viva se distancia do conceito ocidental (ou europeu) de cultura para aproximarse do conceito e da ética dos povos originários deste continente que veio a levar o nome de América. É quando a Cultura Viva se encontra com o Bem Viver, outro substantivo composto. Sumak Kawsai, em quéchua, Suma Qamaña, em aymara, Tekó Porã, em guarani, uma filosofia que está em nossa alma ancestral, significando “viver em aprendizado e convivência com a natureza”. Aqui não se trata apenas de assumir a cosmologia dos primeiros povos das Américas, mas de resignificar um conceito político, econômico e social com referência à visão desses povos, a partir deles e com eles. Somos “parte” da Natureza (ou “poeira do universo”, como a física já demonstrou) e, para nossa própria sobrevivência como espécie, é preciso romper, de uma vez por todas, com a ideia de que podemos continuar vivendo “à parte” da Natureza. O mundo, para além dos humanos, é povoado por muitos seres, também dotados de sentimentos, consciência e alma; o Ajayu do mundo andino, a energia vital que flui no universo em onda vibratória, conforme os povos do Xingu, na Amazônia brasileira, cada espécie vê a si mesma e às outras espécies a partir de “sua” perspectiva, de modo que as relações entre todos os seres do planeta (incluindo animais, vegetais e minerais) tem que ser encarada como uma relação social, entre sujeitos, em que cultura e natureza se fundem em humanidade, ou, em Cultura Viva. Cultura Viva como Bem Viver se afirma na profunda conexão e interdependência com a natureza, na vida em pequena escala, sustentável e equilibrada, tendo por fundamento as relações de produção autônomas e autossuficientes. Também se expressa na articulação política da vida, em práticas construídas em espaços comuns de socialização, coletivos culturais e artísticos, jogos, brincadeiras e manifestações em parques, jardins, teatros, museus, bibliotecas, hortas urbanas ou palácios; tanto faz o local, porque a 16


vida se espraia em abundância e acontece onde puder acontecer. Cultura Viva, assim como o Bem Viver, também pode ser entendida como uma oposição ao “Viver Melhor” capitalista, sustentado na exploração máxima dos recursos disponíveis, até que as fontes básicas da vida sejam exauridas. A busca é por uma vida mais justa, se contrapondo à iniquidade própria do capitalismo, em que apenas poucos podem viver bem em detrimento da grande maioria. Cultura Viva é, portanto, criativa, solidária, sustentável. É o oposto da cultura que transforma tudo – e todos – em coisa. É o direito de amar e ser amado, com o florescimento saudável de todos os seres, com o prolongamento indefinido das culturas, a sua recriação e intersecção, o tempo livre para a contemplação, a ampliação das liberdades, capacidades e potencialidades de todos e de cada um. É a cultura da alegria e da amorosidade. Ao se aproximar do Bem Viver ameríndio a Cultura Viva também se aproxima da ética e da filosofia ancestral africana. Ubuntu: “eu sou porque nós somos”. Viver em Cultura Viva é romper com o individualismo, é a sensação de pertencimento à unidade na diversidade. É isto que explica esta a ideia da Cultura Viver estar florescendo pelas Américas e agora pelo mundo. Não se trata de uma simples política pública para organizar o fazer cultural, mas de um modo de colocar a emancipação e a cidadania em novos patamares, em que a interdependência e a colaboração se realizam em diálogo, consenso, inclusão, compreensão, compaixão, partilha, cuidado e solidariedade. A humanidade de todos e de cada um está indissoluvelmente ligada à humanidade dos outros. Por isso os encontros da Cultura Viva são festeiros, acolhedores, generosos. E assim se fazem fortes, potentes, resilientes. Não há como praticar a Cultura Viva sem estar aberto e disponível aos outros e é com esta atitude que a pessoa não se sente intimidada, ganhando coragem e autoconfiança para se colocar no mundo. E isto não significa “vencer a qualquer custo”, pois jamais é possível estar bem se o nosso entorno não está bem. Cultura Viva com Bem Viver e Ubuntu é descolonizar corpos e mentes, assumindo uma outra perspectiva, em que a ética e a filosofia de povos, antes desprezados em suas formas de conhecimento, agora é valorizada em plenitude, seja nos momentos de reflexão, contemplação ou na prática cotidiana. Por isso os encontros da Cultura Viva acontecem em meio às rodas, às peñas e cirandas, com muita festa, em que todos se olham sem 17


hierarquias. De jovens da cultura digital a grupos de cultura tradicional, da arte experimental e de vanguarda à cultura de rua, das aldeias indígenas e assentamentos rurais às favelas e universidades, das bibliotecas comunitárias aos teatros nacionais, dos museus mais completos às exposições em parques públicos. Tudo cabe na Cultura Viva, tudo cabe porque a Cultura é Viva. A Cultura Viva se espalha pelas Américas como uma macro-rede, em que, a partir de afetos, desejos e vontades, grupos de cultura comunitária foram se integrando em uma grande rede de conexão. Mas ao mesmo tempo em que é macro, ela também é micro e se realiza nas comunidades, a partir da identificação e fortalecimento de Pontos de Cultura. O que é um Ponto? A unidade, a base de uma rede, sem dimensões ou forma pré-determinadas. O Ponto independe da forma, mas se realiza no espaço e é, portanto, localizável e identificável no território. Como a Cultura também é uma abstração, a melhor palavra para dar forma a um conceito igualmente abstrato, seria Ponto, ou “punctos”, que, no latim, refere-se a um lugar determinado em que ocorre a intersecção de condições para realizações específicas. Basta um pequeno sinal para que a cultura aconteça, mas como ela também é infinita, seria necessária a utilização de uma palavra que representasse esse sinal sem limites e que, ao mesmo tempo, fosse constituído por infinitas partes. Daí Ponto de Cultura, como forma de expressão da micro-rede, realizada no território. Um Ponto de Cultura condensa a Cultura Viva na medida em que suas ações se desenvolvem com autonomia e protagonismo. Ou seja, não podemos interpretar um Ponto de Cultura como um simples ponto de conexão, apenas como um ponto de recepção e irradiação de cultura, mas sim como um espaço livre para a interpretação e realização da cultura. Um ponto de ebulição, em que ocorrem mudanças qualitativas, a depender das condições de pressão e temperatura. Desta forma, cada Ponto é diferente do outro, pois, em cada qual, as realidades são distintas. As pessoas, as histórias, os recursos, o ambiente, as condições, tudo é diferente; mas ao mesmo tempo igual, ou próximo, e há que identificar estes pontos de aproximação. Se na forma cada Ponto de Cultura é diferente entre si, na essência todos são muito parecidos. Para começar, há que ter alguém (ou alguéns) com muita potência, com muita vontade, com muito compromisso. Não 18


importa se a pessoa seja do local ou não, o que importa é o compromisso, a disposição e a perseverança (há que perseverar muito para que a cultura aconteça). Há que ter também pessoas dispostas a dar e receber. Quando alguém chega pensando que sabe tudo e que vai ensinar aos outros, já chegou errando. Mas quando alguém recebe achando que não há nada a receber, a ebulição também não acontece. Também não cabe se conformar ou se acomodar. Há que inventar sempre e jamais parar de descobrir. Estas são as condições básicas, depois, tudo mais se resolve. Local? Pode ser o coreto de uma Praça, a sombra de uma árvore, uma garagem, um quiosque, uma casa abandonada, e também um centro cultural muito bem equipado (por que não?). Recursos? Primeiro os de dentro, os da própria comunidade, as vontades, a criatividade; mas só isso não basta, há que colocar o Estado a serviço de seu povo, e cultura é um direito básico, por isso os governos precisam prever orçamento para assegurar a ação cultural nas comunidades; mas não um recurso de “fora para dentro”, que já vem em formatos prontos, elaborados por gestores públicos que mal conhecem a realidade local, e sim recursos para que a própria comunidade desenvolva sua ação conforme seus desejos e necessidades, um recurso para que a cultura se realize “de dentro para fora”. Intercâmbio? Sem intercâmbio, sem troca, a cultura não se realiza, não progride e só regride; há que ter disposição para, além de fortalecer a identidade, também exercitar a alteridade; trocas de todos os modos, de todas as formas, com todas as gentes, foi assim que nos realizamos como humanidade, será assim que recuperaremos nossa humanidade. Comunicação? A cultura só se realiza a partir de um agir comunicativo, seja uma simples palavra, expressão ou desejo fixado em uma caverna para que gerações futuras saibam que alguém passou por ali; a comunicação só acontece a partir de uma mensagem, uma cultura portanto, pois, sem cultura a transmitir, não há o que comunicar; desta forma cultura e comunicação precisam caminhar juntas, pois quando uma se distancia da outra, alguém impõe a sua cultura sobre os demais. Depois, é juntar tudo, pessoas, conhecimentos, criatividade, curiosidade, local, recursos, intercâmbios e comunicação. Assim se coloca a cultura em movimento: com referências, preservando e inventando, com formação, produção, criação e difusão. Cultura é partilha, é participar de algo, é tornar comum. Por isso a simplicidade de um Ponto de Cultura, para que possa estar espalhado por todos os lugares, por todos os corações e mentes. Se o planeta é a estrutura 19


de nossa “Casa Comum”, a cultura é o fluxo, o sopro que mantem viva a nossa “Casa Comum”. Mas para que um Ponto de Cultura se realize em toda sua Potência, há que zelar pela autonomia e protagonismo das comunidades, das pessoas que fazem com que um Ponto seja vivo. Autonomia é liberdade, é a capacidade de governar-se pelos próprios meios e, neste sentido, é a própria realização da vontade humana em se autodeterminar. Porém, quanto mais as civilizações avançam na exploração dos recursos e na construção de sistemas de distribuição e controle dos recursos, mais a humanidade se afasta da autonomia. Cultura nem sempre é sinônimo de libertação, pois também há a cultura que oprime, em que a história da colonização da América Latina é prova viva. Assim, como forma de dominação, ela também se vale dos mesmos mecanismos de heteronímia empregados pelos poderes político, econômico, religioso ou social: dependência, submissão e subordinação. Uma cultura que liberta precisa caminhar em sentido oposto, não podendo ser paternalista, patriarcal, assistencialista. É difícil, pois até mesmo pessoas, movimentos e partidos que se apresentam como progressistas e libertadores, normalmente cedem à tentação de se perpetuarem no mando a partir da reprodução de relações de dependência, submissão e subordinação dos outros. Mas há que perseverar e cultivar os meios para que as pessoas exercitem sua autonomia, de modo a gerirem livremente suas vidas e a partir de suas próprias escolhas. Para tanto, ao lado a autonomia, há que fomentar o Protagonismo das comunidades. Do latim “protos” -principal, primeiro- e “agonistes” –lutador. Há que assumir o palco, há que falar na própria voz, há que tomar a narrativa da história “para si”. Protagonismo é outro componente sem o qual uma Ação Cultural que se pretenda emancipadora jamais poderá prescindir. O “índio pelo índio”, “o jovem das ruas pelo jovem das ruas”, “as comunidades pelas comunidades”, “as mulheres pelas mulheres”, “as comunidades tradicionais pelas comunidades tradicionais”. Cultivar Autonomia e Protagonismo é se apoderar dos grandes espelhos da sociedade e de seus meios narrativa. Não basta falar apenas nas comunidades, com as comunidades e para as comunidades, há que ir além e tomar conta dos meios de produção e difusão audiovisual e de construção do discurso, seja realizando os próprios filmes, documentários, ficção, registrando as próprias imagens, contando as próprias histórias, fazendo a própria arte. E ir para fora, e falar com os outros, por si e para si. A autonomia e o protagonismo são 20


condições indispensáveis para quebrar hierarquias sociais e construir novas legitimidades. Não como um processo impositivo, de negação do outro, mas para que se estabeleça uma nova relação de equilíbrio e diálogo entre as pessoas, entre classes e grupos sociais e entre vida e sistemas. Mas ainda assim não basta. Quando circunscritas a apenas um ponto, a autonomia e o protagonismo perdem potência, podendo se transformar, até mesmo, em base para novos fundamentalismos, para verdades acabadas e falta de diálogo. Precisamos ir além e conectar cada um desses pontos em uma grande plataforma de inteligência e ação coletiva para a Cultura Viva entre os povos. É aí que a articulação em rede ganha papel estratégico, pois somente através da potência das redes, estabelecida pela intersecção entre pontos autônomos e protagonistas, é que será possível dar um salto qualitativo (tal qual a transformação da água entre os estados líquido, gasoso ou sólido) nas relações sociais, políticas, econômicas e culturais. No fundo, este deve ser o grande objetivo de um Ponto de Cultura: a emancipação humana. E uma emancipação realizada com afeto, daí a importância da arte, da alegria e da solidariedade. De tal forma que tudo que foi dito nestes parágrafos também pode estar condensado em mais uma equação simples: PC = ( a + p ) r (Ponto de Cultura igual a Autonomia + Protagonismo elevado à potência das REDES – e quanto mais redes, melhor!)

Autor: Célio Turino Historiador, escritor y gestor de políticas públicas. Creador del programa Puntos de Cultura en Brasil, cuando fue Secretario de Ciudadanía Cultural del Ministerio de Cultura (2004 – 2010) www.celioturino.com.br Twitter: @celioturino Facebook: Celio Turino

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Camino de los futuros Aportes al Consejo Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria ARGENTINA

La irrupción del concepto de la Cultura Viva Comunitaria en el campo de los debates sobre políticas públicas culturales en Latinoamérica tuvo y tiene algunas dimensiones llamativas. En poco menos de diez años, concitó adhesiones y compromisos que llevaron a la realización de cientos de encuentros y actividades en 17 países, a vertebrar redes de experiencias organizadas, dos Congresos continentales, a coadyuvar al impulso de una decena de programas nacionales y locales por parte de los gobiernos y a convertirse, por ejemplo, en el eje del VI Congreso Iberoamericano de Cultura, que realizó la Secretaría General Iberoamericana en Costa Rica en el año 2014. Publicaciones, cortometrajes, festivales y distintas producciones fueron el eje de ámbitos de creación y reflexión en un camino que arroja una perspectiva nueva sobre temas centrales de la política y la cultura contemporánea en nuestro continente. Un concepto ligado a la práctica de miles de colectivos y redes populares de teatro comunitario, medios locales de comunicación, bibliotecas populares, centros culturales, agrupaciones de música, arte callejero, culturas colaborativas, hip-hop, ballets de danza popular, etc., que descubrieron en esta categoría (la Cultura Viva Comunitaria) un sistema de ideas y valores eficaz a la hora de defender y proyectar sus prácticas políticas, estéticas y organizativas. Sin embargo, sabemos que la transcendencia o el carácter novedoso de una formulación conceptual no son por sí mismas una garantía de su eficacia en ningún sentido específico, ni mucho menos el comienzo obligado de la generación de prácticas de emancipación; las superestructuras instituidas en la esfera de lo estatal o del mercado generan permanentemente supuestas innovaciones teóricas que, en muchos casos, son apenas cambios superficiales en contenidos tradicionales, ocultamientos o pases de manos exagerados al solo efecto de hacer circular un nuevo “producto” en los campos de interacción de funcionarios, políticas, ONG, organismos de 23


financiamiento y burocracias de distinto rango. Frente a la inapelable realidad de que se consolida en nuestro continente un modelo de desarrollo basado en la enajenación irresponsable de nuestros bienes comunes, la precarización laboral de millones de compatriotas, una desigualdad social escandalosa, el avance sobre los derechos de miles de comunidades territoriales y la degradación ambiental de nuestra tierra, estamos forzados a discernir entre lo que son “modas” intelectuales y políticas de los conceptos que efectivamente hacen un aporte a la posible transformación de estas realidades. La Cultura Viva Comunitaria tiene, en este sentido, un notable primer valor como idea-fuerza, y es que surgió de los debates y las luchas de centenares de colectivos latinoamericanos; no resultó de tal o cual elucubración “de autor” en su dimensión individual, sino que, a la manera de un juego de participación creciente, tomó su forma en un proceso de encuentros territorializados, generados algunos por motivaciones artísticas (festivales, muestras de diferentes grupos) o políticas (la lucha en el Parlamento del Mercosur o en la legislatura de Medellín, por ejemplo). A lo largo de una secuencia de eventos y acciones generados en su gran mayoría a partir de la voluntad de autoafirmación de numerosas redes y grupos, el concepto de la Cultura Viva Comunitaria sintetizó la visión proveniente de Colombia, Guatemala, Costa Rica, el influjo de la experiencia de los llamados “Puntos de Cultura” en el Brasil, las iniciativas históricas en Perú, Bolivia y Chile y el empuje organizativo de redes y colectivos autónomos de Argentina y Uruguay. Enhebrándose con iniciativas en Paraguay, El Salvador, Honduras, Ecuador, México, Panamá, Venezuela, Cuba y Nicaragua pronto se comprobó que, aún en su fragmentación, se trataba de una suerte de “sistema nervioso” continental e identitario. En efecto, existen en nuestro continente unas 130 mil experiencias populares y redes que, a través del arte, la comunicación y el trabajo de tipo “cultural” protagonizan procesos locales que cuestionan y transforman sus propios barrios, convocan a la participación popular y alteran así el escenario institucional de las políticas públicas locales, regionales y nacionales con éxitos y avances dispares y diversos. Un punto de inflexión habrá sido, seguramente, el 1er Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria en La Paz, Bolivia, en el año 2013; allí pudo auto-reconocerse un movimiento continental con mística 24


y símbolos propios aún en la diversidad de culturas y representaciones. Con características épicas y profundamente emocionales, cerca de 1.500 activistas (en su mayoría jóvenes), dieron impulso a un incipiente proceso que asumió una identidad ligada al largo recorrido protagonizado por nuestros Pueblos Originarios, pasando por las comunidades barriales, rurales y urbanas de todo el continente, por los trayectos descriptos por los movimientos sociales, ambientales, por una Economía Solidaria y una Democracia Participativa, abrazando la Cultura de Paz y con una fuerte impronta anti-capitalista y anti-patriarcal, enfrentando a todas las lógicas de la colonización pero desde una práctica festiva, anclada en gran medida en el poder de la Alegría y del encuentro como fuerza de transformación. Ese “magma” cultural de Latinoamérica comenzaba a demostrar que puede portar una visión política común, un horizonte de similares preguntas y búsquedas.

Un proceso de construcción Pero no acabaron allí las “novedades” traídas por este nuevo movimiento continental. Desde su inicio, este camino compartido portó consigo dos elementos que le darían una dinámica particular en los procesos de transformación: su vocación de construcción orgánica y su interpelación al vínculo tradicional con lo público y lo estatal. En efecto, la llamada Plataforma Puente Cultura Viva Comunitaria (integrada por más de un centenar de redes y organizaciones latinoamericanas) fue el actor principal de la convocatoria al Congreso en Bolivia, pero advirtió, en sucesivas reflexiones, que era necesario arbitrar los medios que permitieran que todo no quedara reducido al “evento” y sus efectos superficiales de difusión o prestigio. Demasiada experiencia teníamos en “shows” institucionales que, pasado el momento luminoso del encuentro, poco ayudan a vertebrar una acción cotidiana, organizativa y formativa. La Cultura Viva Comunitaria necesitaba generar una herramienta de diálogo y apoyo a los procesos locales, otorgando visibilidad y una “cobertura” fraternal que pudiera ser caja de resonancia en conflictos y situaciones difíciles, hechos que aún hoy forman parte de nuestra vida organizativa. La violencia, el narcotráfico, las diferentes caras de la dominación política no pocas veces dirigieron (y dirigen) sus acciones contra las experiencias de la cultura comunitaria, no sólo obstaculizando los procesos sino agrediendo a sus referentes, cerrando los locales o llegando 25


incluso a causar la pérdida de vidas de compañeros y compañeras, como en el caso de Víctor Leiva, animador cultural guatemalteco de apenas 24 años, muerto en el 2011. Era necesario crear una herramienta que dotara de continuidad a las resoluciones que se iban fijando, visibilizara nuestras redes y mejorara la comunicación, el cuidado y el impulso a los procesos. Así, aquel primer Congreso en Bolivia postuló a Centroamérica como el lugar del siguiente encuentro continental –en virtud de ser uno de los lugares con dramáticas situaciones de violencia represiva-, lanzó la convocatoria a la realización de Congresos Nacionales de Cultura Viva Comunitaria y creó el Consejo Latinoamericano por la Cultura Viva Comunitaria, un ámbito más cotidiano para el fortalecimiento de los procesos locales, nacionales y continentales, integrado por áreas y equipos de trabajo en temas específicos. Esta tensión en dirección a un crecimiento “enraizado” y en espiral, constituyendo ámbitos colectivos y orgánicos en niveles locales, nacionales y regionales, y en una dinámica de democratización permanente, dejó en claro desde el inicio que este movimiento se resistía a convertirse en una mera representación “sectorial” de un puñado de ONG, referentes o instituciones frente a las coyunturales estructuras del poder instituido existente, en la negociación de programas puntuales o iniciativas exclusivamente gubernamentales. Por el contrario, asumiendo la perspectiva de que “la Cultura Viva Comunitaria no viene a decorar la Democracia sino a transformarla”, redes y grupos avanzaron con decisión en la multiplicación de ámbitos de debate, formación y encuentro, con disímiles grados de institucionalización pero con una fuerte vocación de multiplicación política y espiritual. Viajes sinérgicos, caravanas, ferias de intercambio y hasta conferencias en “streaming” fueron herramientas que permitieron que se formalizaran más de 70 colectivos en los distintos países, nucleados en torno de la premisa de la Cultura Viva Comunitaria, produciendo documentos y reflexiones que circulan permanentemente entre nosotros. Como veremos más adelante, no se trata de una postura reactiva al diálogo con los gobiernos; más bien se funda en un diagnóstico realista de las condiciones críticas de nuestros sistemas institucionales y en la convicción profunda de que es necesaria e imprescindible una refundación de la acción de los movimientos sociales desde un proyecto integral, un paradigma 26


civilizatorio alternativo y en una perspectiva de cuestionamiento radical a las formas y procedimientos de una Democracia exclusivamente representativa, tan sensible a la conducción de las fuerzas del Mercado. Esa mística, presente en obras artísticas, instalaciones y producciones de distintos lenguajes, expresó la contextura ideológica de una acción también persistente en el terreno de la política institucional.

Un vínculo particular con lo Público y lo Estatal En ese plano, el movimiento continental por las Culturas Vivas Comunitarias fue sintetizando sus visiones en elementos para una propuesta integral; sin perder de vista las particularidades de las distintas redes y los distintos países, buscamos sustraernos a una posible dinámica que amplificara la dispersión y la fragmentación, intentando construir en base al diálogo un cauce compartido en una perspectiva común, posible gracias a ciertas realidades que atraviesan al continente. Así fue surgiendo el reclamo continental más importante de nuestras luchas, que pide la asignación del 0,1% de los Presupuestos Nacionales al desarrollo de las expresiones de la Cultura Comunitaria, Autogestiva e Independiente. No se trata de una exigencia “sectorialista” en las formas ni desmedida en su contenido; muy por el contrario, frente a escenarios sociales que están combinando la pobreza, la exclusión, presencia creciente del narcotráfico, precarización del trabajo en nuestros jóvenes, crecimiento de la violencia urbana y degradación del medio ambiente, la necesidad de asignar un porcentaje de los presupuestos nacionales al impulso de procesos que consoliden una Cultura del desarrollo comunitario es una prioridad insoslayable. Rigurosos análisis de compañeros y compañeras economistas de nuestros movimientos, señalan con cifras concretas que esa inversión generaría la participación activa de millones de familias y barrios, en una dinámica virtuosa en las economías locales que permitiría incluso su autofinanciación de modo indirecto a través de los impuestos al consumo en nuestros países; en promedio, esta propuesta podría autofinanciarse en todos los países de Latinoamérica en el orden del 57,9% 1. 1 “0,1% de los Presupuestos Nacionales para la Cultura Viva Comunitaria- Dimensiones Políticas, Económicas y Sociales”- Tomás Raffo- Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas de la CTA- Plataforma Puente CVC

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Nuestro movimiento, sin perder de vista este reclamo principal, ha articulado en torno de esta demanda la lucha por un sinnúmero de programas ciudadanos, locales y provinciales, de apoyo a las Culturas Vivas Comunitarias, con sus respectivas normativas jurídicas y herramientas institucionales. Avances y retrocesos fueron jalonando un camino en el que nuestros vínculos con los gobiernos y el Estado permitieron un proceso conflictivo pero rico en aprendizajes y desafíos, en el que hemos tratado de cuidar que la acción sobre lo institucional no nos aleje del “cauce” principal del proceso de transformación que protagonizamos, fundado en los procesos sociales y populares. Esta certeza nos ha permitido enfrentar con firmeza las ambigüedades y espejismos tan frecuentes en las pujas institucionales; no perder de vista que nuestras luchas están efectivamente ligadas a la perspectiva de una Nueva Sociedad, con las dimensiones de una verdadera transformación cultural. Esto nos ayuda a entender las verdaderas razones del retraso en la concreción de muchas de nuestras demandas. Mensurados, por ejemplo, los efectos positivos que la promoción de la Cultura Comunitaria tendría en lo relativo a la Educación y la Salud Pública, al cuidado de los espacios ciudadanos y a las mejoras en las prácticas ciudadanas, queda claro que la asignación del 0,1% de los Presupuestos Nacionales a estas expresiones mediante leyes y programas específicos es una prioridad insoslayable, pero ocultada e irritante para los poderosos en la Latinoamérica de la primeras décadas del siglo XXI. La negativa a dar curso institucional a este reclamo es otra evidencia de que la exclusión y la dominación siguen siendo parte del núcleo duro de los intereses que tienen para este continente los principales decisores gubernamentales y empresarios en su modelo de desarrollo. Mientras los movimientos populares tensamos el vínculo con el Estado hacia un crecimiento y un empoderamiento de lo Público compartido como un escenario superior en el gobierno de nuestras realidades, los poderes económicos conducen la dinámica institucional en la dirección contraria y utilizan el aparato estatal para privatizar la Vida y convertirla en una mercancía.

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“Progresismo” y modelos de Desarrollo Una rápida mirada sobre la realidad actual latinoamericana nos permite establecer un conjunto de elementos comunes y regionales. Por un lado, las últimas décadas han sido el escenario temporal de la irrupción de movimientos populares y democráticos en capacidad de acceder y gestionar el Poder del Estado en algunos lugares, en gran medida en reacción al funesto despliegue de los neoliberalismos ultramontanos en varios de nuestros países durante la década del 90. Esa aparición ha permitido el resurgimiento de núcleos discursivos y acciones institucionales con una resonancia positiva en aquellas organizaciones y referencias ligadas a la tradición de la búsqueda de una Patria Grande latinoamericana, emancipada de los imperialismos y con una justicia social efectiva en la vida cotidiana. En estos últimos quince años abundaron las acciones continentales y nacionales vertebradas en torno de estas grandes y queridas banderas populares, acompañadas de no pocas reformas políticas de importancia (leyes de democratización de los medios de comunicación, reformas constitucionales, programas sociales de mayor cobertura social, visibilización de nuestros pueblos originarios, posturas diferentes frente a los organismos multilaterales de crédito, etc.). Sin embargo, muy limitada sería nuestra visión si no dijéramos también que esas acciones no han intentado vertebrar otro modelo de Desarrollo Alternativo al presentado por el Capitalismo Global en su fase actual para nuestro continente; mientras el PBI de nuestros países experimentó un crecimiento del 100% en las últimas décadas, los porcentajes de pobreza y desigualdad permanecen inalterables, en el marco de un modelo de desarrollo protagonizado por el capital global y extranjero, que mantiene niveles escandalosos de endeudamiento de nuestros Estados, que dilapida nuestros bienes comunes y saquea nuestros recursos. Con desparejos niveles en los distintos países, tampoco se han logrado avances importantes en la transformación de nuestras instituciones; las “Consultas Populares” y otras herramientas de Democracia Participativa sólo tuvieron una sistematicidad atendible en países como Bolivia y Venezuela, siendo prácticamente inexistentes en el resto del continente. Las prácticas delegativas y “de consumo” fueron consolidadas como dinámica fundante por estos gobiernos en el campo cultural y ciudadano, en la economía cotidiana y, por ende, en el terreno del arte y de la comunicación, permitiendo en todo caso una 29


mayor exposición de la narrativa “de izquierda”, pero sin alterar los circuitos de producción y distribución de bienes culturales. Nos enfrentamos así a un escenario en el que la década de gobiernos llamados “progresistas” en la gestión de nuestros Estados nacionales en Latinoamérica ha operado como una expresión de procesos emancipatorios en la política institucional y, al mismo tiempo, como un dispositivo de contención y reorientación del conflicto social y de re-encauzamiento de nuestros modelos productivos en los andariveles de un capitalismo global fortalecido. Esta situación, en la que miles de procesos organizativos e institucionales han quedado truncos y desdibujados, ha provocado un desgaste profundo en la misma “base social” de esas gestiones, que hoy enfrentan en todo el continente el resurgimiento de expresiones electorales e institucionales más claramente ligadas al Poder económico dominante. Las consecuencias sociales de estos modelos de gestión que han combinado una retórica “de izquierda” con la ausencia de procesos genuinos de democratización y organización popular inteligibles por las mayorías de nuestros países, fueron y son altamente destructivos de las redes sociales y organizadas de la comunidad. Al desaparecer aquel proyecto político integral que exhibía niveles crecientes de nitidez en los sectores medios y populares durante la resistencia a los neoliberalismos de los 90, va prevaleciendo en la práctica una lógica individualista de supervivencia, una resignación política y una fragmentación que conviven, en el territorio, con una pobreza cada vez más estructural, con la violencia organizada y con un modelo ambiental suicida, sin que existan, como hace diez años, núcleos autónomos de intransigencia social con la fuerza suficiente como para enfrentar esas realidades. ¿Qué potencialidades puede desatar, en ese escenario, el núcleo de valores expresado por ese concepto sugerente y provocativo que expresamos al decir Cultura Viva Comunitaria?

Una idea clave en el debate sobre los Futuros La visión de la Cultura Viva Comunitaria fue tomando forma en la misma secuencia de tiempo en la que experimentamos el proceso descripto en el párrafo anterior. De algún modo podría afirmarse que surge en 30


reacción a la caída, al paulatino desguace o al retroceso, en el terreno de las formulaciones políticas de los grandes movimientos populares, de la necesaria integralidad con la que entendemos pueden y deben vincularse las miradas sobre lo público, lo comunitario y lo estatal en épocas de crisis de la modernidad, capitalismo tardío y cambio de paradigmas. La Cultura Viva Comunitaria interpela a los postulados del capitalismo moderno, a la idea del consumo como eje del progreso, al mito de los “desarrollismos” industrialistas “ad infinitum” y a la Democracia burguesa, pero también a las concepciones de las vanguardias partidarias de izquierda, a las perspectivas de transformación instaladas exclusivamente en la órbita de la conducción del Estado y de las políticas instituidas, a las miradas que sitúan como problema principal de nuestro tiempo la ausencia de “direcciones” que orienten a la sociedad en tal o cual sentido, a las prácticas centradas en la “representación” como núcleo fundante de la política. La Cultura Viva Comunitaria plantea la posibilidad de que la palabra “Pueblo” designe algo más que lo que entendemos como “electorado”; la hipótesis de que efectivamente pueda sostenerse en el tiempo la apuesta de una subjetividad colectiva en proceso, una vocación planetaria realizada en el reencantamiento del espacio público compartido. Ilumina dimensiones distintas del arte y la política; postula al arte como creación de la comunidad humana, a la “obra” como parte de un proceso en la creación de belleza, a la organización comunitaria como posible continente de un proyecto cultural, realizado en una relación creativa con el conflicto social y utilizando a la memoria, al presente y al futuro como materiales de trabajo. Emparenta este impulso con el de la economía y la política, recuperando las dimensiones rituales y la gramática de nuestros Pueblos Originarios, pero sin asumir ningún esencialismo étnico excluyente. La multiplicidad, lejos de ser un obstáculo para su desarrollo, es su condición de existencia: también es Cultura Viva Comunitaria la que alimenta las redes colaborativas virtuales que hoy disputan la autonomía creativa de las multitudes a través del software libre o las culturas en red. La Cultura Viva Comunitaria resignifica ideas como la de la Democracia Participativa y la Economía Social configurando un conjunto de afirmaciones capaces de revisar lo que podemos soñar en el plano de la Educación, la Ciencia o la Recreación, asumiendo, por ejemplo, a lo que llamamos “Fiesta” o “Feria” como dispositivos en la producción de conocimiento y riqueza. La Cultura Viva Comunitaria es, creemos, la única en capacidad de oponer un destino a la oferta del narcotráfico a nuestros jóvenes en los barrios suburbanos, o de resistir el continuo embate 31


de los emprendimientos económicos basados en el saqueo de los bienes comunes y el desastre ambiental; son sus expresiones en barrios y pueblos las que enfrentan los proyectos de la mega minería o la desforestación en el continente, y las que luchan por sostener la identidad de comunidades enteras condenadas a la desaparición por las leyes del Mercado. Las Culturas Vivas Comunitarias quizás tengan algo fundamental por decir en el debate por un futuro posible para las generaciones que vienen.

Artes del misterio Muchos son los interrogantes abiertos en estas primeras décadas del siglo XXI acerca del devenir político y social en nuestro continente y en el mundo. Pero desde la foto de Aylan Kurdi, el niño sirio muerto en la playa de Turquía, hasta el patético giro de la revuelta del Pueblo griego, pasando por la masacre de Ayotzinapa, que ya cumple un año, una pregunta recorre el mundo y es desde dónde surgirá una fuerza capaz de ponerle un límite al desarrollo capitalista suicida en el planeta, y si es posible que esto efectivamente ocurra. No es poco lo que está en juego, e impresionan los gestos públicos y teatrales de las grandes estructuras de poder en el mundo respecto de esta crisis. En ese marco, signado por discursos institucionales ampulosos y silenciosos procesos de muerte desplegándose más y más cada día, la aparición del enclave narrativo que llamamos Cultura Viva Comunitaria puede, quizás, configurar un punto del cual tomarnos para desatar procesos sanadores y de futuro. La Cultura Viva Comunitaria no sólo como eje de vertebración de la política, la economía, la producción de conocimiento y el desarrollo en cada lugar, sino como la ética y la estética que pueda convocar al colectivo humano (ese Pueblo de Pueblos) a recuperar un destino consciente en el planeta. Para ello, entendemos que el Movimiento de las Culturas Vivas Comunitarias en Latinoamérica, aunque lejos de sectarismos endogámicos, debe luchar por sustraerse a los permanentes intentos de reenviar nuestra potencia a los canales de la “representación” y trabajar, sí, en la “presentación” de esa fuerza en una progresión de visibilidad y construcción. En esta clave, la enorme iniciativa de generar registros públicos y mapeos dinámicos y accesibles de las experiencias existentes, así como la multiplicación de los Congresos Nacionales de Cultura Viva Comunitaria y el impulso 32


de procesos de articulación locales, regionales y continentales con otros movimientos sociales (ambientales, barriales, sindicales, por la tierra, etc.) aparecen como una tarea insoslayable. Quizás, enfrentando a la fuerza del capital, un nuevo paradigma civilizatorio en ciernes esté pujando entre las tensiones de una relación distinta entre lo público, lo comunitario y lo estatal. Si esto es así, no tenemos dudas de que la Cultura Viva Comunitaria puede ser el nombre de un desafío esperanzador, un concepto y una práctica eficaces en la recuperación de nuestra potencia.

Autor: Eduardo Balán El Culebrón Timbal- Productora Escuela Cultural y Comunitaria Pueblo Hace Cultura - Movimiento Nacional de Cultura Viva Comunitaria de Argentina eduardobalan@yahoo.com.mx www.culebrontimbal.com.ar Twitter: @tuitculebron // Facebook: ElCulebronTimbal

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Cultura Viva Comunitaria en la zona de adyacencia BELICE

En la década de 1980 cuando nacía apenas como país, Belice se volvió refugio de miles de hermanos centroamericanos. La construcción de nuestra identidad regional parte de lo que compartimos, con unos más que con otros. Es así que los siete países de la región nos encontramos desde nuestros orígenes precolombinos y de mestizaje, desde nuestras tradiciones y los personajes míticos, desde las historias políticas y las realidades socioeconómicas y también ahora y por diferentes vías, nos encontramos en procesos transformadores. La Cultura Viva Comunitaria es un canal por el que nos comunicamos con la libertad de ser individuales para sumarnos a lo grupal desde nosotras y nosotros mismos.

Transformando lo colonial en comunitario No es difícil imaginar lo diferente que podría ser todo si el menos de medio millón de personas que cohabitamos este territorio tuviéramos mayor participación en la toma de decisiones. Si además de subsistir sin enfrentamientos armados y respirar aires de los más puros del planeta nos relacionáramos con más humanidad y nos solidarizáramos más con lo que sucede más allá de las fronteras geográficas. Sería muy diferente si pudiera des-colonizarse una población desde las experiencias creativas, desde la posibilidad de expresarse y compartir. Ese juego de imaginar ha dado fuerza al pequeño pero consolidado grupo de gente que desde CaracolYCD 1 hemos escogido explorar otras formas de hacer en la última docena de años. Hemos decidido jugar y aprender un poco cada día, también desaprender y re-inventar y compartir y acercarnos poco a poco a reducir las distancias que nos debilitan.

1 Caracol YDC: Youth Community Development, el colectivo al cual pertenece la autora.

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En 2005, después de dos años de ofrecer apoyo a dos comunidades con procesos lúdico-creativos, un programa de fotografía dirigido a niñez y juventud en dos comunidades distantes geográfica y culturalmente dio inicio a un proceso que 9 años después vio el nacimiento del primer grupo comunitario binacional en la región centroamericana: Caracoles of JADE (Jóvenes de Arenal por el Desarrollo y la Equidad) está conformado por cuatro mujeres jóvenes, tres beliceñas y una guatemalteca, y por un joven guatemalteco. Habiéndose formado en diferentes experiencias artístico-creativas, de liderazgo juvenil, contabilidad y administración y coordinación de proyectos, la mayoría del equipo de jóvenes ha sido parte de redes en Guatemala a través de la Red Guatemalteca de Arte Comunitario (RGAC) y en Centroamérica con la MARACA. Más recientemente, co-fundadoras de una primera red nacional de personas y grupos trabajando en comunidades en Belice, WAN (Western Alliance Network). En la zona de adyacencia entre Belice y Guatemala existen algunas poblaciones divididas en dos territorios por la línea que marca el GPS (Global Positioning System). Arenal es una de esas comunidades dividida por dos países, con la particularidad de que por décadas y de tarde en tarde se realizan juegos internacionales de fútbol, al tener el campo una portería en cada país. Con la facilidad que la pelota o los jugadores van de un lado a otro de la línea imaginaria que delimita los dos países en disputa territorial desde hace más de un centenar de años, pasan también de un lado a otro todo tipo de ilegalidades. Entre las cosas que une a las dos Arenales, además de los lazos familiares, las anécdotas de abuelas y abuelos que se niegan a olvidar, y de la clínica del lado guatemalteco o de las iglesias y sus campañas, está también algo que es parte de la vida de todos en la aldea, el Río Mopán con sus historias de “aparecidos”, su Ceiba centenaria y sus muchas niñas y niños que han encontrado en los procesos de Cultura Viva Comunitaria otras maneras de relacionarse, de reconocerse y de descubrir el mundo. Este río resulta ser, además, una hermosa analogía del fluir de las poblaciones que nacidas en un territorio serpentean sin dificultad internándose en el país vecino para luego volver al primero ignorando la existencia de fronteras y siguiendo su curso hasta llegar a la inmensidad del mar, su destino. 36


Potenciando lo Bi-Nacional en la zona de adyacencia La situación pone especialmente a la población joven de ambas aldeas en una condición de constante vulnerabilidad: un alto porcentaje de la población infantil y adolescente de ambas aldeas se ve en la necesidad de cargar mercadería para las tiendas o bien servir de “coyotes” o guías para las personas que cruzan la frontera ilegalmente, actividad frecuente que les presenta la posibilidad de “ganar dinero fácil” (aunque poco y esporádicamente). De entre las ventajas que podrían fortalecer el hecho de ubicarse estas poblaciones en la zona adyacente entre los dos países, es que existen dos gobiernos centrales, dos gobiernos municipales cada uno con su propia alcaldía y administración, dos alcaldías locales además de ministerios e instancias educativas y de salud de dos países; esto podría significar mayores posibilidades de incidir en las políticas que determinan las posibilidades para el trabajo transformador en las comunidades de la zona. También el uso de ambas monedas en los pequeños comercios de las dos aldeas, la posibilidad de que estudiantes de un país asistan a la escuela en el otro trasladándose a una distancia caminable, o el aprendizaje en este caso del idioma inglés para estudiantes guatemaltecos. A nuestros procesos transformadores, estas dos poblaciones que comparten el mismo nombre, con distintos apellidos Arenal Belice y Arenal Guatemala, esta realidad le ha servido de pretexto para proyectos fotográficos, escritos, murales, comparsas, festivales, talleres de juegos basados en el respeto mutuo y en los derechos de todas y todos por igual, la protección de la madre tierra y todos sus recursos o procesos sensibilizadores para formadoras, formadores, comunicadores/as y trabajadores comunitarios de ambos países. De dicha cuenta, después de algunos años de esfuerzos e intentos cada uno más enriquecedor que el anterior, estamos por terminar el primer proceso de formación binacional dirigido a formadores. En este caso, en colaboración con nuestro hermano, el Colectivo Caja Lúdica de la Ciudad de Guatemala que aporta su experiencia, su metodología y la mayoría de 37


formadores dentro del proceso. Estamos produciendo esta experiencia que se ha desarrollado en el pueblo fronterizo de Melchor de Mencos, en Petén, Guatemala, con participación de maestras, maestros y trabajadoras/es comunitarios de ambos países. Se ha integrado también, en la medida de lo posible, la facilitación de formadores locales en el Diplomado en Educación Lúdica y Expresión Artística que cuenta con el aval de la Universidad de San Carlos de Guatemala y el respaldo de los Ministerios de Educación de Belice y Guatemala.

¿Quiénes vivimos en Belice? Datos de los orígenes y cómo se conforma la población actualmente •

Habiendo llegado a los 34 años de edad el pasado 21 de septiembre, la identidad de este país centroamericano se reinventa con raíces Krioles que continúan en constante mestizaje. La riqueza que esto representa tiene efectos tan fortalecedores como debilitantes por lo que parecería urgente fortalecer las múltiples identidades.

Esta condición se ofrece como suelo fértil a las múltiples semillas de cada uno de los cuatro continentes de donde han salido las lenguas, los cantos, el colorido y los sabores que matizan este territorio multicultural. Belice cuenta con migrantes/comerciantes procedentes de la India, Líbano, Siria y en menor medida de Turquía; un buen número de personas originarias de diferentes países de África llegan a Belice a trabajar de taxistas o como agentes de seguridad mientras consiguen un pasaporte que les facilite su llegada a los EE.UU. También existe un gran número de residentes chinos y taiwaneses, quienes manejan en su mayoría las tiendas de abarrotes y restaurantes en todo el país, así como la venta de licores. Y desde hace más de medio siglo, las importaciones de víveres, repuestos mecánicos y enseres domésticos además de la producción avícola y parte de la agrícola está en manos de la población Menonita, llegada del Norte de América en busca de un territorio donde pudieran mantener sus formas de vida incluyendo

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costumbres, leyes locales, educación y religión. Más recientemente esta última ha favorecido la extracción de crudo en terrenos que les fueron previamente adjudicados por el gobierno beliceño. •

La década de 1980 vio, además de la independencia, las migraciones a raíz de la situación política y económica de Guatemala, El Salvador y Honduras. Miles migraron huyendo de la violencia y de la falta de seguridad que por décadas azotó a los países vecinos y han ido rehaciendo sus vidas trabajando en el corte de caña, los cítricos, las bananeras o la construcción, o bien como trabajadoras/es de servicios domésticos, como vendedores en tiendas o almacenes, y los menos como agentes seguridad. Belice se convirtió en Tierra Prometida de la mayoría de quienes llegaron huyéndole al desempleo, al hambre o a los conflictos armados en la región. De la misma manera y por motivaciones similares en cuanto a la calidad de vida, aproximadamente el 50% de la población nacida en Belice ha migrado casi simultáneamente hacia los EE.UU.

La población joven beliceña, que según el más reciente censo es de 21%, está construida sobre bases identitarias de desarraigo, con una influencia directa de la televisión estadounidense alojada en la mayoría de hogares vía sistema de cable, además de la muy estrecha relación entre ambos países debido a la migración de la mayoría de personas en edad laboral hacia los Estados Unidos de América. De dicha cuenta la población está dividida de la siguiente manera: Beliceños/as viviendo en territorio nacional: 356,670; Beliceños/as viviendo en los EE.UU. 300,000; Beliceños/as residentes en el Reino Unido: 6,000.

Las y los jóvenes Uno de los lamentables denominadores comunes que tiene Belice con Centroamérica es la violencia contra las juventudes. La violencia estructural que se inicia con la falta de oportunidades, la ausencia de sistemas que contengan a las y los adolescentes en sus necesidades fundamentales y les brinden espacios dignos y seguros para su crecimiento. También podemos mencionar la violencia directa, o la violencia cultural, la violencia entre jóvenes imitando los modelos de las “maras” que llegaron primero por la 39


televisión, pero por sobre todo la violencia hacia las y los jóvenes así como las múltiples justificaciones para naturalizar estas prácticas. Como sucede en el resto del mundo, generalmente, entre los mayores perjudicados por la falta de oportunidades se encuentra la población joven. Las mujeres jóvenes por su parte sufren grados de violencia estructural más fuertes por su condición de mujeres. Son comunes la falta de apoyo institucional, familiar o comunitario, o bien la maternidad a temprana edad, en la mayoría de los casos en solitario. Es también común ver la frecuencia que con toda naturalidad se coloca a la mujer joven beliceña en una posición de suma desventaja, a pesar de ser bilingües la mayoría de ellas una vez han completado la educación secundaria. En Belice la secundaria, que dura cuatro años, incluye una especialización en ciencias, turismo, administración o educación, o bien servicios de hotelería en cursos de un año. Con estas dos características, el hablar dos idiomas y tener un diploma de enseñanza media que le podrían permitir a una mujer de su edad en otro país de la región conseguir un trabajo estable, y que marca una diferencia con el resto de la región, en Belice no es suficiente debido a la baja oferta de trabajo para la población joven.

Territorio, habitantes, culturas e identidades A Belice la baña de norte a sur el Mar Caribe detrás de la Barrera de Coral, una de las más importantes murallas naturales que subsiste aún a los altos niveles de contaminación y destrucción de los recursos naturales en el planeta. Un arma de dos filos, la industria turística impacta irreversiblemente los recursos naturales de Belice que siendo lo pequeña que es conserva una diversidad muy amplia en vida marina, en vida silvestre y en humedales. Esa misma industria ha tenido también un efecto muy alto en el acervo cultural local que se modifica constantemente por una relación dispar entre quienes demandan y quienes ofertan los servicios. De sur a norte, al extremo occidente, a unos 95 kilómetros de la costa atlántica, colinda con Guatemala. El norte tanto en tierra firme como en 40


frontera marítima le une a Yucatán en México. El terreno mayormente plano, pantanoso y con un mínimo de áreas montañosas es uno de los territorios santuario de vida silvestre más visitado por las aves migratorias que recorren humedales, lagunas, ríos y playas. Desafortunadamente los niveles de contaminación, los cambios en los cultivos acuáticos y otras formas de explotación de los recursos naturales han impactado en prácticas tradicionales como la pesca, afectando también así la cultura local en buena parte del territorio. Belice es uno de los territorios más pequeños de la región centroamericana (22,960 km2) y su población total está alrededor del medio millón de habitantes. En Belice, como se escribe en Inglés, el idioma oficial, se hablan siete idiomas (Inglés, Kriol, Español, Mopán, Q’eqchi, Yucateco, Garífuna y Alemán) además de idiomas de la India, otros del Medio Oriente, el Chino o el Taiwanés, éste último con el mismo porcentaje de utilización que uno de los grupos originarios, el Maya Yucateco. Hasta el siglo XIX, la población Yucateca ocupó el norte de lo que es hoy el territorio beliceño. El mestizaje a raíz de las dos colonizaciones europeas de las que se heredaron el idioma oficial, inglés, y uno de los más utilizados, el español, se ha enriquecido a partir del siglo pasado y continúa a medida que las migraciones varían de acuerdo a los cambios en las políticas y tendencias económicas mundiales. De entre la diversidad lingüística sobresale el amplio uso del Kriol, el idioma más hablado del país. El Kriol es producto del origen de una nueva identidad que se constituye desde lo lingüístico a nivel nacional: Originalmente hijas e hijos de esclavas y sus amos a quienes se les llamaba “masters” en inglés, esta población se inició con la carga de ser producto de las violaciones y abusos de los colonizadores, en su mayoría escoceses, que venían bajo una orden: “Clear the land” o “Arrasar la tierra”. Como es de imaginarse, parte de ese trabajo involucró eliminar también todo elemento vinculado al pasado, a la historia, a la memoria de la gente de estas tierras, y también de las nuevas generaciones de los primeros criollos, de la primera kriol peepl o población criolla de la entonces British Honduras. Recordemos que toda persona mayor de 34 años nació en un sistema colonial en el que hasta hace unas cinco décadas, para trasladarse de un campamento maderero a otro por ejemplo, era indispensable contar con un salvoconducto emitido por nada menos que el gobernador general, representante directo de la Corona Británica. 41


Una cultura Bail-op2 Todo aquello quedó en el pasado y actualmente la cultura Kriol es la más diversa ya que ha permeado y se ha permeado de las culturas originales, así como de las llegadas de otras partes del mundo, convirtiéndose en el híbrido más fuerte, el Belizean Kriol. Esto da como resultado poblaciones esparcidas a lo largo y ancho de los seis distritos que subdividen este diverso territorio, en una gama muy particular con influencias indígenas locales y africanas, con rasgos arios o asiáticos, con una gastronomía que mezcla especias del medio oriente con sabores mesoamericanos, con fonologías llegadas del Norte de América o Europa y creencias importadas a través de las prácticas religiosas que eliminaron casi en su totalidad aquellas heredadas de las abuelas y los abuelos de estas tierras originalmente Mayas. Iniciativas de gobierno de la última década y el modelo de invertir en turismo, para promover la Cultura que no ha dado frutos en Belice. Con tambores garífunas, harpas, guitarras y voces roncas por la sal del mar, los movimientos de cadera van de la Punta o la Punta Rock a la Parranda; con una narrativa muy propia de esta tierra multi-identitaria se van deconstruyendo historias y reinventando maneras de contar sin dejar de lado las tradicionales fábulas llegadas con los esclavos africanos que unen a esta nación centroamericana con el caribe por la tradición oral que comparten y que cuentan historias fantásticas que constituyen las enseñanzas ancestrales y que construyen las éticas transmitidas a las niñas y niños en edad escolar. Una inversión millonaria en la remodelación de la sala de teatro, el Bliss Institute y la formación de una compañía de actores, actrices, bailarines y bailarinas buscaba ofrecer a los visitantes llegados en cruceros que encallan dos o tres veces por semana en las costas de Belize City un espectáculo de entretenimiento con tintes culturales, pero no dio resultados positivos. En la promoción y preservación de la riqueza cultural y del legado Maya que en los sitios arqueológicos y las Áreas Protegidas duerme todavía 2 Bail-op: Platillo criollo que incluye tubérculos hervidos con pescado y cola de cerdo en una salsa a base de leche de coco

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mucho de la historia pasada de este territorio, el trabajo de NICH, el National Institute for Culture and History o Instituto Nacional de Cultura e Historia, ha sido fundamental para estimular la conservación y difusión de la identidad cultural de algunas zonas del país a través de casas de cultura y otras comunidades artístico-culturales locales. El intercambio, la expresión artística y la revalorización de los espacios artesanales propios de las diferentes zonas son promovidos en las Casas de Cultura establecidas, subvencionadas por el NICH en cuatro de los seis distritos. La geografía le da la posibilidad a Belice de ofrecer destinos a una gran diversidad de gustos y presupuestos, y si bien contrasta con los precios en la región, consigue mantenerse en el mercado al ofrecer opciones únicas en su tipo El Jabirú, enorme ave que llega a expandir sus alas hasta 3 metros de ancho, es una de las razones que lleva a miles de turistas cada temporada a visitar los humedales de Belice, y Cockscomb Reserve ha dado a muchos la oportunidad de capturar la imagen nocturna de un jaguar en libertad, otro de los atractivos que atrae a un buen número de extranjeros. Uno de los atractivos más importantes es el senote Blue Hole, explorado por primera vez por Jack Cousteau y que constituye una de las maravillas naturales del planeta. No obstante, la mayoría de la inversión en turismo es de capital extranjero. De tal forma, ni la industria turística, ni la diversidad cultural juegan un papel preponderante en el desarrollo de las poblaciones locales ya que además los diversos grupos culturales no están cohesionados. Cabe mencionar que no existen programas de protección medio ambiental que regulen las incursiones en todas las áreas protegidas. De ahí que la iniciativa de impulsar el turismo como un agente fortalecedor de las culturas en Belice no ha tenido el impacto esperado.

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Espacios para el arte, la expresión y la creatividad. Festivales agrícolas y gastronómicos, torneos, Festival of Arts & September Celebrations. Los festivales agrícolas / gastronómicos encabezan el listado de actividades culturales del país. El Festival del Mango, del Jocote Marañón, del Cacao, de la Langosta o de la Tilapia, que entre otros celebran algunas comunidades, o la Feria de Agricultores a nivel nacional, reúnen al mayor número de personas que encuentran en estas celebraciones espacios de entretenimiento familiar que satisfacen sus necesidades recreativas. Además de generar ingresos anuales a los productores y ser un buen pretexto para disfrutar en familia, ofrecen espacios de convivencia comunitaria que de otra manera no existirían. Asimismo, los shows de talentos o las “Noches de Variedades” organizadas en algunas poblaciones dan la oportunidad a las personas con inquietudes artísticas de presentarse ante un público. Casi igual de populares son los torneos deportivos que encabeza el baloncesto seguido del cricket, el voleibol, el fútbol y en algunas épocas el ajedrez. Las competencias generalmente motivan el mayor número de asistentes y quizás por eso tengan tanta popularidad el Festival of Arts, en donde las escuelas de todo el país participan realizando presentaciones de canto, baile y actuación donde se premia a los primeros lugares con medallas simbólicas de oro, plata y bronce, y el Festival de Bandas, ambas competencias donde se miden producciones en ocasiones a gran escala. Adoptando modelos con tintes caribeños, Belice celebra un desfile/carnaval, y en ocasiones fusiona esta experiencia con un desfile patrio durante el mes de septiembre, cuando se realizan una serie de celebraciones relacionadas con el territorio y la independencia. De las artes en Belice, el teatro y el ballet encabezan por cronología habiéndose creado espacios físicos e institucionales desde la primera mitad del siglo XX dada la presencia de residentes estadounidenses que influenciaron a la sociedad beliceña de la época se establecieron festivales y se construyó el primer y único teatro del país reconstruido en la última 44


década. El edificio recién revitalizado acoge a cada una de las artes escénicas, así como las artes visuales con salones, un teatro y una galería, y con éste subsiste también de la época de la colonia británica el Festival of Arts, o Festival de las Artes. Durante los primeros años de independencia, se crearon una compañía de teatro y una de danza que también hasta años recientes tuvieron un espacio preponderante en el arte nacional. La música, por su parte, cuenta con una pequeña pero sólida estructura de producción y formación musical con tintes mayormente caribeños, garífunas y krioles. Las organizaciones que velan por los derechos de los pueblos indígenas y la institución educativa Tumul K’in (voz Mopán que significa Nuevo Amanecer) dieron vida en años recientes al Maya Day. Esta celebración es, quizás, la única iniciativa comunitaria que más allá de ofrecer premios a sus participantes o buscar promover un producto, comparte con las personas asistentes la esencia de su identidad Maya Q’eqchi y Maya Mopán. Las letras y las artes visuales se fueron estableciendo tímida y lentamente hasta años recientes, cuando pareciera haberse multiplicado el número de artistas que cada vez con más libertad y contundencia se hacen ver y escuchar desde sus propios lenguajes. Podría haber sido a fuerza de urgencia de decir, contar o reinventar, lo cierto es que existen pequeños grupos que empiezan a organizarse y crear espacios independientes. Los autores de narrativas más tradicionales continúan describiendo un Belice en maduración, rescatando a veces de la tradición oral el material para sus recuentos, y no faltan aquellos que recogen datos verificables que permitan re-dibujar la Historia, esta vez contada por los protagonistas o por sus descendientes más cercanos. Quizás motivado por un bien pensado modelo colonial de segregación que se tradujo en una polarización cultural garantizada en su momento por la falta de infraestructura, y extendida en el tiempo gracias a las barreras lingüísticas, históricas y geo-políticas entre Belice y los países vecinos, las múltiples culturas que conviven y comparten ciertos espacios en el país parecieran padecer de un permanente desencuentro. Podría quizás deberse a un proceso de creación espontánea de la identidad de este país fragmentado por condiciones ajenas y propias.

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Nuestros territorios no pueden seguirse delimitando por fronteras trazadas en papel, y especialmente no por las barreras mentales que se resisten a una Centroamérica de siete países, ni uno menos. Para el fortalecimiento de una Cultura Viva Comunitaria Centroamericana es indispensable vincular a Belice integrándolo desde su propia riqueza, desde su diversidad y desde sus muy particulares características. Es imperativo trabajar en el modelo que nazca desde su propia gestación, sin que se importe o se imponga. A algunas personas nos gusta pensar hoy que los elementos se están conjugando desde los corazones que palpitan en las comunidades que aún celebran la sabiduría de sus abuelas comadronas, de las y los curanderos que con hierbas y rezos ofrecen consuelo a los corazones enfermos, de los campesinos y las campesinas que recuerdan que a las siembras y a la tierra hay que hablarles, cantarles y bailarles para dar las gracias por lo que nos dan. Algunos colectivos culturales y sociales hemos desaprendido de los miedos y de las desconfianzas para dar paso a otros aprendizajes, y en esos andares nos han enseñado a reconocer en los silbidos y los cantos de los diálogos entre grillos, sapos y gorriones. Hoy sabemos bailar con los ojos cerrados al compás de las olas y contar los susurros de los vientos que traen las noticias de lo que viene más adelante. Creemos en la fuerza de la memoria que llevamos grabada en quienes somos, y nosotras y nosotros escogemos recordar, abrir los sentidos y el corazón y avanzar transformándonos desde nuestras creatividades, desde los saberes que compartimos. Así nos hemos ido encontrando en la región y el continente con más personas que como nosotras andan y desandan sus historias buscando construir otros futuros, y al vernos nos reconocemos en similitudes. En esas similitudes y también en las diferencias encontramos espacio para toda posibilidad de contar, de decir. Y los cuentos, las historias son parte de lo que compartimos, con unos más, con otros menos. En América Latina nos encontramos desde las Historias de nuestros pueblos y también ahora nos reconocemos y nos abrazamos en la Cultura Viva Comunitaria y mientras vamos trazando los caminos que nos permitan recorrer grandes distancias hasta llegar a donde vayamos construyendo desde nuestras aldeas, nuestros pueblos, nuestras ciudades una nación solidaria que no conozca fronteras, donde las migraciones forzadas, las miserias humanas, las violencias y la 46


falta de oportunidades sean parte del pasado que enseĂąemos en escuelas abiertas, para no olvidar por donde no volver a pasar y no volverlas a repetir. Esa es nuestra Cultura Viva, y es empezar desde nuestras tradiciones, nuestros orĂ­genes, nuestras propias formas de hacer y decir, nuestras formas de ser.

Autora: Claudia Orantes ECaracol-YCD (Youth Community Development) Red MARACA claudia.orantes@gmail.com www.caracol.org.uk Facebook: Caracol Ycd

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Tejido de Cultura Viva Comunitaria BOLIVIA

La Pregunta resuena muchas veces: ¿por qué fue en Bolivia que se realizó el 1er Congreso de Cultura Viva Comunitaria? Un país donde los gobiernos nunca dieron importancia significativa al sector creativo cultural. Con un Estado frágil para encarar cualquier apoyo a una iniciativa de la sociedad civil de esta envergadura. Sin el asomo de una articulación en la sociedad civil de Cultura Viva Comunitaria. Cuando Eduardo Balán, el argentino líder de Pueblo Hace Cultura, en ocasión de la acción de Teatro Trono en Río + 20, insistía con la realización del Congreso en Bolivia, solo atinamos a rechazar esa idea descabellada, alegando que naturalmente debiera ser Brasil el organizador y sede del evento, por haber desarrollado un programa de Puntos de Cultura, o Argentina con una articulación en ascenso, o cualquier otro país donde la narrativa ha caminado barrios logrando articulaciones y resultados concretos. Pero en Bolivia nada de nada, eso al menos nos parecía. Quizás porque no alcanzamos a ver lo que contenemos. Sin embargo, pese a todo percance o limitación, se realizó este Congreso y hoy vivimos otro momento donde la Cultura Viva Comunitaria ha tomado ciudadanía, siendo protagonista en las propuestas más importantes de gestión cultural que se vienen desarrollando en nuestro país. Haremos un punteo, una ruta para visualizar el caminar del Tejido de Cultura Viva Comunitaria Bolivia.

Previo al Congreso de Cultura Viva Comunitaria Bolivia en 1952, antes que Cuba, vivió una Revolución con participación masiva. Que fuera traicionada es otra historia. El cine, la radio, los muralistas, retrataron y acompañaron esta insurgencia. Hubo sector cultural creativo acompañante de procesos revolucionarios e insurgentes. En las dictaduras 49


militares tuvimos récords de golpes de Estado, la poética de la rebelión llamó a la democracia secuestrada una y otra vez. En épocas democráticas, del 82 en adelante, el acompañamiento derivó en relatos de buena convivencia desde las ONG en boga. Estas sofisticaron una relación clientelar con la cooperación internacional y los sectores populares, la pobreza es el telón de fondo de poéticas del hambre y la miseria. La Ley del Cine en los noventas y el Movimiento Para Seguir Sembrando y para Seguir Soñando, en el nuevo milenio, son las articulaciones del sector cultural más significativos. Un intento importante fue el del Teatro Popular que nació en los 80, hoy casi inexistente, o resignificado actualmente en Cultura Viva Comunitaria.

Ciudad de El Alto Es la ciudad más joven de Bolivia, por doble motivo, concentra el porcentaje de mayor población juvenil y nace formalmente en el año 1985. Con más de 1 millón de habitantes, es el 2º municipio más poblado del país, detrás de Santa Cruz y encima de La Paz. Concentra también la masiva migración rural aymara y minera. Es una “bomba de tiempo” por su acelerado como caótico crecimiento urbano, y por su abigarrada memoria indígena, minera, mestiza, constituyéndose como la ciudad más rebelde de la siempre historia rebelde de Bolivia. Hoy El Alto vive el cenit de su protagonismo en la historia nacional, logrando que los cambios más significativos, incluida la presencia del primer presidente indígena, sean producto de la acción política de las organizaciones de base. En una ciudad en donde hace poco tiempo emanaba la vergüenza, hoy puede respirarse en la atmósfera el orgullo de ser alteños. Las expresiones culturales de horizonte político más significativo emergen de los barrios de esta ciudad. Y es por este motivo que el tejido de Cultura Viva Comunitaria tendrá su epicentro con organizaciones alteñas.

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Teatro Trono Experiencia que nace en 1989 y heredera de prácticas de teatro popular político. Forma parte de la Red Latinoamericana de Arte y Transformación Social, RLATS. Posteriormente, en conexión con otras redes afines en el continente y los tejidos de Cultura Viva Comunitaria, forma parte del nacimiento de Plataforma Puente. Este tejido continental emprende la campaña por Puntos de Cultura y del 0,1% de los presupuestos públicos para Cultura Viva Comunitaria. En este marco realiza una Caravana Por la Vida, de Copacabana (lago Titicaca) a Copacabana (cumbre climática Rio + 20) en abril y mayo del 2012, propuesta que impulsa y fortalece al grupo y al movimiento continental. En esta cumbre nace la propuesta del Congreso de Cultura Viva Comunitaria y Trono asume la tarea de organizarlo.

1er Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria En mayo del 2013 la ciudad de La Paz fue “tomada poéticamente por asalto” por más de 1.500 activistas artístico culturales provenientes de América Latina. Para Bolivia, sin lugar a dudas, este fue un acontecimiento para el sector cultural, inusual, atípico en un país donde el sector creativo cultural, si bien en ocasiones ha protagonizado acciones políticas, no ha trascendido más allá de lo esporádico, o ha estado inmerso en las demandas de otros actores en boga, aún sin voz propia. El 1er Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria pasó de ser un acontecimiento, un hito, a ser hoy un mito continental. Al mismo tiempo ha canalizado, catalizado, articulaciones locales y nacionales mayores que hoy asoman como protagonistas, interlocutores, del relato de época más conocido: Vivir Bien. 8 puntos me sirven para sintetizar lo que significó este maravilloso encuentro en La Paz: 51


1. Más de 1500 personas de 17 países de Latinoamérica y de otros 7 países del mundo. De Bolivia, 7 de sus 9 departamentos. Disfrutamos las Caravanas que confluyeron en La Paz. 2. Llegamos dispersos con la tarea de cruzar nuestras diversas narrativas de Cultura Viva Comunitaria. Salimos fortalecidos con la tarea de encarar una organicidad del Movimiento Continental de Cultura Viva Comunitaria. 3. Participaron 35 representantes de gobiernos, conformando una alianza hacia políticas públicas que apunten a garantizar el 0,1% de los presupuestos públicos para la Cultura Viva Comunitaria y una red de ciudades creativas por la Cultura Viva Comunitaria. 4. Participaron el ex Secretario Nacional de Ciudadanía Cultural del gobierno de Lula da Silva, Célio Turino (Puntos de Cultura) y Jorge Melguizo, ex Secretario de Cultura Ciudadana y ex Secretario de Desarrollo Social de la Alcaldía de Medellín. De la oficialidad retornaron a la sociedad civil impulsando el movimiento. 5. Se conformó una alianza de parlamentarios latinoamericanos por la Cultura Viva Comunitaria, presidida por la presidenta de la Comisión Nacional de Cultura del Parlamento de Brasil, Jandira Feghali. Otras acciones parlamentarias se abrieron en espacios como el Parlamento Andino y el Mercosur. 6. Los gobiernos de Colombia y Argentina ofrecieron apoyo para realizar encuentros en sus países. Y se dieron luego otras iniciativas regionales. 7. El Gobierno de Bolivia presentó una declaración del Ministerio de Culturas, como propuesta al continente. 8. Se logró el apoyo de la Alcaldía de la Paz para un trabajo articulado entre Organizaciones de la Sociedad Civil y la Alcaldía. El 3er sábado de mayo de cada año fue declarado Día Internacional de la Cultura Viva Comunitaria.

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Nunca habíamos “estado”, “tenido”, a un Ministro de Cultura tan cercano en Bolivia. En muchos momentos sus pasos se confundían con los nuestros, los fotógrafos de la oficialidad nos solicitaban para las fotos de rigor. Nuestros pasos marcaban una agenda gubernamental. Se abrió un espacio de coordinación, que derivó en una agenda conjunta con Telares como articulación matriz más amplia. Recordamos la bajada desde el Alto a La Paz, emitiendo una dramaturgia bautizada como “asalto poético”, que hacía un llamado a sumarse a la gente, transeúntes, “reviviendo” a los muertos, todas las memorias que confluyen como un solo rio, en la “reunificación” de los cuerpos desmembrados. Eso fue el Congreso, un rito de “reunificar” el continente, un cuerpo que se reencuentra.

Más allá del Congreso Es difícil sostener una articulación política solo con acciones macros. La acumulación de nuestras fortalezas radica en lo cotidiano. El tejido real es lo cotidiano. El tejido no son solo los acontecimientos míticos, estos son detonadores de procesos y al mismo tiempo el momento donde exponemos lo que hemos crecido, desarrollado, las dificultades que hemos enfrentado, sorteado, y los desafíos comunes que debemos encarar. El tejido como el de un “aguayo” es la urdiembre, lo minúsculo, lo pequeño. Cada punto es un universo necesario para comprender la configuración de la totalidad. Acumular fuerza es enhebrar punto por punto. Después del Congreso en Bolivia tuvimos que asumir la tarea de constituir una articulación de tejido de Cultura Viva Comunitaria que se sostenga, que perdure más allá de la urgencia de organizarnos para el macro evento. Cuesta arriba, porque para ser anfitriones del Congreso, solo en La Paz logramos reunir en su momento más alto, a 170 experiencias. Ocurrió algo similar en otras ciudades del país. Hoy, tener 10 grupos coordinando una agenda conjunta del tejido de Cultura Viva Comunitaria en El Alto, la más sólida del país, es un logro significativo. Menos es más decimos, y en este caso esta expresión es atinada. 53


Telartes Telartes tuvo con el Congreso de Cultura Viva Comunitaria el mejor argumento para consolidarse. Telartes había nacido poco tiempo atrás como una articulación de la sociedad civil del sector cultural, abierta a diversidad de narrativas en su interior. Sus pasos iniciales se hacen una carrera, provocado por las acciones de Cultura Viva Comunitaria ya mencionadas. Telartes fortalece su vínculo con el Estado y con otros actores de la sociedad civil.

Mesas de Trabajo – Telartes - Gobierno Se crean con el Ministerio de Culturas mesas de trabajo de participación compartida, para profundizar propuestas de Legislación, Circulación Cultural, y Cultura Viva Comunitaria entre otras. El ritmo de trabajo conjunto ha sido marcado por la agenda gubernamental. Cambios de ministro y de personal en el ministerio, han ralentizado la posibilidad de continuidad y profundización de las propuestas conjuntas. La Ley de Culturas de Bolivia es la principal tarea que, en una accidentada como fructífera tarea en 2 años de trabajo, ve por fin resultados concretos.

Congreso Culturas en Movimiento En coordinación con el Ministerio de Culturas, la Alcaldía de La Paz, otros municipios del país, los Consejos de Culturas de algunos departamentos y otros actores son ahora co-convocantes del 1er Congreso de Culturas en Movimiento, a realizarse a fines de octubre en la ciudad de Sucre. Será otro momento para evaluar este nuevo hito en Bolivia y analizar sus resultados. El Tejido de Cultura Viva Comunitaria, es parte protagónica e importante en Telartes, con todos sus logros hasta ahora obtenidos.

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Ley de Culturas El debate de Ley de Culturas inaugura un momento inusual en la historia del sector cultural. Es la huella de legislación, el paraguas, con seguridad el de mayor alcance que se haya logrado hasta este momento en toda nuestra historia. Hemos abordado en las mesas de trabajo con el gobierno si Cultura Viva Comunitaria debería ser un capitulo en la Ley o, más bien, dejando de lado su especificidad, ser el espíritu de la ley misma. Tenemos ahora un anteproyecto consensuado que será debatido en mesas de trabajo con múltiples actores de la sociedad para dilucidar, ampliar y profundizar esta dicotomía. Tenemos en adelante esta tarea mayúscula. Esta definición marca sin lugar a dudas uno de los temas centrales en el Congreso de octubre de 2015 en Sucre. El Tejido de Cultura Viva Comunitaria nuevamente tiene una sólida presencia en estos pasos mencionados.

Programas de Cultura Viva Comunitaria Es en la ciudad de La Paz donde surge el Primer Programa de Cultura Viva Comunitaria después del Congreso de Cultura Viva Comunitaria, implementado el año 2014, que tiene como objetivo aportar desde la actividad creadora a construir una sociedad inclusiva con diálogo intercultural, construyendo una sociedad democrática, justa y amplia participación de los actores culturales. El Gobierno Autónomo Municipal de La Paz, con el fin de preservar, fomentar, proteger y difundir la diversidad cultural del municipio de La Paz, mediante ley declara el 22 de Mayo como “Día Municipal de la Cultura Viva Comunitaria”, para celebrar, promover, difundir y conservar la Cultura Viva Comunitaria, como propuesta de convivencia fundada en valores de solidaridad, libertad y reconocimiento de la dignidad e igualdad de todos los paceños. 55


Más logros del Tejido de Cultura Viva Comunitaria En otras ciudades como El Alto, Sucre, Tarija, Cochabamba, se han generado expectativas para debatir y construir programas de Cultura Viva Comunitaria. Al mismo tiempo, el gobierno central ha abierto la posibilidad de diseñar un programa de alcance nacional. Se logró realizar, con el acompañamiento de Telartes, el Primer Congreso del Tejido de Cultura Viva Comunitaria, con alcances aún limitados pues contempló fundamentalmente a la ciudad de El Alto, con escasa presencia de La Paz y de representantes de otras ciudades del país. Gestión participativa, cogestión articulada, experiencias, miradas compartidas, saberes, complementariedad, interpelar desde el arte y la cultura, transformación social, qué es lo comunitario, corresponsabilidad con el Estado, nosotros hacemos “lo público”, comunidad, convivencia, sentido de vida, organización integral articulada, sociedad integral no dividida, fragmentada o segmentada, diversidad: esas palabras, esos conceptos, atravesaron el Congreso del Tejido de Cultura Viva Comunitaria, que estuvo enmarcado en 6 ejes temáticos: 1. 2. 3. 4. 5. 6.

Formación Economía / sustentabilidad Ciudad Estado / incidencia Comunicación cultural Circulación cultural

Las principales conclusiones y tareas en cada uno de esos 6 ejes, fueron: 1. Formación. • Plan de formación para profundizar el bien común, que fortalezca nuestras comunidades. • Sistematizar experiencias. • Formación artística y no sólo técnica, también de sentido histórico. • Construcción colectiva hacia el Vivir Bien, desde lo Urbano. 56


2. Economía / Sustentabilidad. • El principal recurso son nuestras potencialidades y capacidades. • ILLA (propuesta hecha por Wayna Tambo), o economía redistributiva que rescata las experiencias de los sectores populares del mundo andino, donde la circulación de relaciones es el principal capital de acumulación. • Se crean los poquitits, moneda complementaria, con participación de los grupos del tejido de Cultura Viva Comunitaria, el Estado y otros actores. • Jacha o ferias de trueque. • Coordinación de Proyectos conjuntos entre los grupos. 3. Ciudad. • Barrio de Creadores, propuesta hecha por COMPA, Comunidad Productora de Arte. • Macro impacto de experiencias hacia el Vivir Bien. • Laboratorio, experimentación, chacra urbana. • Metodologías alternativas. • Energía, educación, salud, arquitectura. • Lugar permanente de cultivo de experiencias. • Seguridad pública: ante la inseguridad, convivencia. • Apropiación del espacio público. • Formación con la policía, vecinos, colegios. • Descriminalizar lo público. • Participación multinivel. • Gestión de lo público. 4. Estado / Incidencia. • Posicionar Cultura Viva Comunitaria. • Trabajo continuo y sustentable. • Fortalecer la articulación. • Programas de Cultura Viva Comunitaria nacionales, regionales y locales. • Socializar Cultura Viva Comunitaria. • Propuestas de legislación. • Redistribución de presupuestos. • Cogestión participativa. • Principal incidencia: Nosotros articulados. • Mapeo Cultura Viva Comunitaria. 57


5. Comunicación Cultural. • Transversal • Fortalecer los ejes planteados • Generación de contenidos • Difusión por diferentes canales y redes • Fortalecer estrategias de comunicación en cada colectivo • Formación en micro talleres • Comunicación intra-red. 6. Circulación Cultural. • Festivales. • Fortalecer la comunicación intergeneracional. • Presentaciones. • Talleres. • Exposiciones. • Pre encuentros, pre festivales. • Jacha, Festival del Tejido de Cultura Viva Comunitaria cada 2 años. Sin haber agotado la discusión, este Congreso nos permitió avanzar en la construcción de lo que podríamos llamar nuestra herramientas políticas: • • • • • • • •

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Somos experiencias comunitarias de base de la Sociedad Civil; independientes, libres, autónomas y organizadas para el bien común. Construimos democracia de abajo-abajo y también de abajo-arriba. Buscamos la gestión corresponsable de lo público, redefiniendo la relación Sociedad-Estado. Demandamos a los Estados el 0,1% de todo presupuesto público para Cultura Viva Comunitaria. Accionamos desde una perspectiva descolonizadora, despatriarcalizadora y desmercantilizadora de las relaciones. Fortalecemos la colaboración, la reciprocidad y la redistribución en las redes comunitarias. Fortalecemos las relaciones intra e interculturales en equidad y diversidad. Estamos comprometidos con la convivencia equilibrada y respetuosa entre seres humanos y naturaleza, desde el horizonte del Vivir Bien y desde los derechos de la Madre Tierra. Amplificamos nuestra posición y acción política cultural siendo protagonistas de la Transformación Social.


Acompañar el proceso que se desarrolla en la ciudad de El Alto, constituyendo un Tejido de Cultura Viva Comunitaria, nos ha permitido llenar la ausencia de articulación que hemos señalado en un inicio de este breve texto. Hoy contamos con este tejido, que crece y se fortalece paulatinamente. Hoy somos un interlocutor importante, un actor ineludible en el panorama de la gestión cultural, en niveles locales, nacionales y continentales de la Cultura Viva Comunitaria. Los representantes de 2 organizaciones de este Tejido forman parte del Consejo Latinoamericano de la Cultura Viva Comunitaria: Compa y Wayna Tambo. Hemos sido testigos, por el rol que asumimos en 2013 en la organización del Primer Congreso Latinoamericano, de los procesos nacionales en muchos de los otros países. Esto merecería otra historia a ser contada. Solo expresar que el Tejido de Cultura Viva Comunitaria de El Alto y de Bolivia, es un acompañante privilegiado de los pasos que se vienen dando en todo el continente.

Autor: Iván Nogales ivannogales@gmail.com COMPA, Comunidad de Productores de Arte www.compa.blogsport.de/castellano Facebook: Fundación Compa TEJIDO Cultura Viva Comunitaria El Alto, Bolivia www.facebook.com/PlataformaPuenteCVC

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Cultura viva, cultura de paz e reencantamento do mundo BRASIL

Una síntesis en español: Mantenemos en portugués (o en brasileño, que no siempre es lo mismo) este texto de Hamilton Faria por una razón: esta Latinoamérica nuestra necesita romper ya la barrera del idioma y la manera de romperla es asumiéndola. Una síntesis en español para motivar su lectura: Hamilton hace en este artículo un recuento de políticas y procesos culturales de Brasil, con una mirada hacia la cultura como generadora de una nueva ciudadanía y como eje de lo que él califica como el principal reto hoy de la cultura en nuestro continente: la Cultura para la Paz: “una cultura de carácter civilizatorio”. El mayor desafío, dice Hamilton, es la construcción de la convivencia desde la diversidad cultural. Y propone agendar el tema de la paz como transversal en todos los campos de la actividad humana. Señala Hamilton Faria las que podrían ser tres grandes dificultades para la Cultura Viva Comunitaria: salir más allá de la cultura (hablar con otros, involucrar a otros); avanzar a pesar de los presupuestos que se asignan a la cultura y, especialmente, a los proyectos de cultura comunitaria (señala que en 2015 el presupuesto de Brasil para Puntos de Cultura bajó en un 37%); y la reforma de la máquina pública, que es el reto contra la burocracia de todos los niveles: o contra esa estupidez de la burocracia, para decirlo concretamente, que entorpece el trabajo cultural, por no entendimiento o por desentendimiento.

Apresentação Desde inicio dos anos 2000 trabalhamos buscando cruzar as linhas de cidadania cultural já presentes na sociedade e as novas linhas de trabalho voltadas para a cultura de paz e a convivência. 61


Acreditamos que construir a mudança social com democracia e diversidade cultural implica em afirmação da convivência intercultural. Este talvez seja o maior desafio do mundo contemporâneo, marcado por violências, discriminações e intolerâncias de toda ordem. Esta narrativa destacará um conjunto de ações, - pois cumprimos um plano de trabalho estabelecido pelo convênio com o Ministério da Cultura, - mas também ideias e forças para o desenvolvimento humano pessoal e coletivo. Estamos hoje não apenas construindo a democracia no seu sentido institucional, mas trabalhando com valores civilizatórios, de uma nova forma de viver, de ser, de pensar, de conhecer, a partir de referenciais já presentes na história do país. Portanto, extrapolamos o campo da política stricto sensu e caminhamos pelas sendas da cultura, pelas transversalidades do conhecimento e da experiência; e pelo tatear de novos caminhos culturais-existenciais. Uma instituição com propostas de políticas públicas e urbanas, um núcleo “estável” de pensamento, parte em direção à diversidade cultural do país, para as diversas cores e modos de viver, especialmente dos jovens, com o intuito de plantar valores de convivência, com diversidade; com novos sentimentos de estar juntos, buscando pontos de união, interculturalidade, convivência; e aproximação de experiências e sugestão de políticas públicas. Consideramos o Programa Cultura mais que uma política cultural, mas também uma política de caráter civilizatório que propõe, a partir das dinâmicas vivas da cultura, um outro paradigma de desenvolvimento humano. Se levarmos em conta as várias experiências construídas em todo o Brasil: da defesa da Amazônia, às culturas populares do interior de São Paulo; dos povos ciganos ao LGBT de todo o Brasil; das novas tecnologias de comunicação, aos povos quilombolas do litoral paulista; das culturas do interior do Brasil aos estudantes universitários, - podemos afirmar que as cerca de 4000 experiências trataram de cumprir um dever simbólico, o de “desesconder” o Brasil, tão apagado por anos de escravidão, política republicana de elite e sentimento de sociedade escravocrata. O Programa Cultura Viva mostra as potências culturais do país e dá legitimidade a culturas outrora apagadas nos conceitos genéricos de desenvolvimento. Agora, tratamos de abrir este caminho da Cultura de Paz como a mais nova 62


fronteira de experiência do Cultura Viva Comunitária, cruzando vivências, políticas e valores em todo o país. O Pontão de Convivência e Cultura de Paz do Instituto Pólis está nascendo.

Olhando para horizontes e possibilidades Em meados dos anos 1990, o Instituto Pólis foi protagonista da criação do Fórum Intermunicipal de Cultura (FIC) com outras instituições – uma articulação nacional que integrou a prática e o debate cultural de 27 estados brasileiros, um feito inédito naquele momento da história. Fomos estimuladores de realidades e - não tenho dúvida alguma em dizer isso - da ação cultural de vários municípios brasileiros e criação de gestões da cultura, e do próprio cenário propício da gestão de Gilberto Gil, que ensaiou um verdadeiro salto de qualidade no desenvolvimento cultural brasileiro recente. Naquele momento falávamos da importância da cultura para o desenvolvimento social, para a qualidade de vida, para a sustentabilidade. Defendíamos processos participativos na cultura, com conselhos, conferências, escutas, descentralização das ações no território; propúnhamos uma democracia cultural e não apenas a democratização da cultura. Contrapúnhamos este projeto a outro de “acesso aos bens e democratização da cultura”, promovido por alguns dirigentes culturais e pelo próprio Ministério da Cultura da época, que pouco via os processos criativos e participativos e a autonomia dos grupos culturais. Dizíamos que o acesso era importante, mas que na verdade tratava-se da diversidade criativa e do pluralismo e não apenas do acesso a uma cultura já estabelecida. O centro do nosso trabalho era o desenvolvimento humano e criticávamos aqueles que consideravam a cultura como “um bom negócio”, lema da gestão do Ministro Francisco Weffort no Ministério da Cultura. Era o momento da implementação da Lei Rouanet, de financiamento à cultura, e de outras leis locais como Lei Mendonça (São Paulo), que buscavam auferir recursos para a cultura. Os artistas e produtores culturais embalados e vivendo anos de dificuldades financeiras iludiam-se com este debate; e o Instituto Pólis era sempre um contraponto à centralidade das leis de mercado. Dizíamos que as leis de cultura para acessar recursos deveriam 63


subordinar-se aos processos participativos, ao debate da questão cultural e das políticas culturais, contextualizadas no cenário de desenvolvimento humano do país. Participamos e coordenamos centenas de encontros de norte a sul do país. O nosso trabalho ganhou grande credibilidade a ponto de secretários do Ministério da Cultura reconhecerem publicamente que tudo o que estavam fazendo era também inspirado nas experiências do Pólis e do Fórum Intermunicipal de Cultura (FIC).

O fic e a cultura de paz Já falávamos em paz desde meados da década de 1990, como elemento constitutivo do desenvolvimento humano. A “Agenda cultural para o Brasil do presente”, de 2003 consolida este caminho: “Um novo movimento social cresce, principalmente nas grandes cidades: o da cultura da paz. Inicialmente causa um estranhamento mesmo àqueles acostumados com a cultura da violência. No ano 2000, considerado pela UNESCO o ano da Cultura de Paz, foi feito um chamamento aos povos do mundo por uma cultura de paz e não violência em um Manifesto assinado por um grupo significativo de personalidades agraciadas com o prêmio Nobel. Neste Manifesto a cultura de paz é entendida como: respeitar a vida; rejeitar a violência; ser generoso; ouvir para compreender; preservar o planeta; redescobrir a solidariedade. Resumindo, a cultura de paz significa a rejeição de todo o tipo de violência à vida – seja sexual, física, psicológica, das palavras e ações.” 1 E chamávamos a atenção para um fato evidente: a presença da cultura da violência em nosso modo de vida, particularmente nos bairros mais pobres das cidades, nas regiões rurais, entre os jovens das escolas públicas. Anunciávamos também o surgimento de redes, conselhos, ações em defesa da vida, atividades de grupos religiosos, ONGs, etc presentes com propostas de cultura de paz. Identificávamos como pontos de violência o crime organizado, a violência da polícia e apontávamos a cultura de paz como única e exclusiva via possível para a construção das sociedades sustentáveis no mundo contemporâneo.

1 FARIA, Hamilton. Agenda Cultural para o Brasil do Presente. São Paulo: Instituto Pólis, 2003, p. 32.

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Por outro lado dizíamos, na Agenda Cultural para o Brasil do Presente, em 2003: “É importante reafirmar que cultura de paz não significa ausência de luta, não reconhecimento ou enfrentamento de conflitos, ou formação de imaginários homogêneos, pelo contrário, é uma resistência ativa, porém de caráter pacífico e propositiva. No próximo período as políticas públicas deverão agendar o tema da paz como transversal em todos os campos da atividade humana e mobilizar a sociedade para a resolução pacífica dos conflitos. ” 2 E passamos a construir juntamente com a população os conselhos municipais de cultura de paz em São Paulo e Itapecerica da Serra. Em São Paulo aprovamos, com várias instituições, a Lei do Conselho de Cultura de Paz (Mandato do Vereador Nabil Bonduki) e em Itapecerica, em parceria com a Secretaria de Cultura, coordenada por Sebastião Soares, criamos o primeiro (ou um dos primeiros) conselho municipal de cultura de paz do país. Começamos a participar também do Conselho Parlamentar da Cultura de Paz, na Assembleia Legislativa; contribuímos também para a sua criação. O Conselho Parlamentar de Cultura de Paz – CONPAZ, que reuniu dezenas de entidades e grupos religiosos, culturais e sociais, liderados pela Associação Palas Athena, durante seu período inicial constituiu-se como uma verdadeira incubadora de projetos e valores de cultura de paz. Ali estavam presentes a UNESCO, representantes do legislativo, de associações da sociedade civil, da universidade, do governo e um número eloquente de organizações religiosas. Era um ponto de convergência de redes culturais de São Paulo, as mais significativas no contexto da cultura de paz. Dali saíram proposições de articulação de conselhos municipais em várias cidades, seminários, encontros, metodologias, ações, campanhas, atos públicos, celebrações; e por ali circulava uma plêiade de personalidades e um conjunto de valores de não violência e de valores do bem viver.

2 Idem, p. 32.

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Estes valores reverberavam também pelo Comitê Paulista da Década da Paz3 que desempenhava um papel fundamentalmente formador de uma outra consciência assentada em valores de paz e não violência. A esta altura já estávamos envolvidos com redes internacionais, como é o caso da “Aliança por um Mundo Responsável Plural e Solidário”, que já defendia a paz, inclusive com grupos formados em vários países, já na década de 1990, e incluía esta questão em suas participações e debates. No início dos anos 2000, em Syros, na Grécia, concluímos com 24 países a “Carta das Responsabilidades Humanas”, que incluía a cultura de paz entre seus princípios, proposta pelo Pólis e pelo Fórum Intermunicipal de Cultura. Edgard Morin estava no Comitê de Redação, onde também participamos, com Edith Sizoo (França) e Gustavo Marin (Chile).

E la nave va Em 2007, apresentamos uma proposta de trabalho para a Secretaria da Diversidade Cultural, do Minc, coordenada por Célio Turino. Esta secretaria era a responsável pelo Programa Cultura Viva que incluía os Pontos de Cultura, um conjunto de ações que buscava fortalecer as práticas culturais de coletivos, associações, grupos, redes com experiências já em curso. E constituiu-se como a política pública de cultura de maior sucesso de todos os tempos, naquele momento contando com centenas de experiências em todo o país e alguns pontões (educação, tecnologias digitais, ecologia, mapeamento etc) - mas ainda não existia um ponto de cultura de paz. O próprio “tema” ainda causava estranhamento ao Ministério da Cultura. Os ativistas da cultura, e principalmente militantes de movimento ou ligados ao Partido dos Trabalhadores (PT), outros partidos ou segmentos culturais, salvo raras exceções, desconfiavam da cultura de paz e a entendiam como ocultação de conflitos e contradições, ou mesmo colocar panos quentes na “luta de classes”. A estratégia desses segmentos ainda passava, certamente, pela possibilidade da violência, apegada a um imaginário fértil das décadas 3 Comitê Paulista para A Década de Paz é parte do Movimento Mundial por uma Cultura de Paz durante a Década das Nações Unidas para uma Cultura de Paz e Não Violência para as Crianças do Mundo – 2000-2010. É um espaço de reflexão e de troca de inciativas, valores, comportamentos e dinâmicas solidárias e fraternas, criativas e sustentáveis. Este trabalho do Comitê esteve sob a coordenação da Associação Palas Athena, através de termo de parceria com a UNESCO.

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de 1960/70. Em 2004, no Maranhão, sensibilizado com a cultura de paz, Joãozinho Ribeiro, do Fórum de Cultura de São Luís, incluiu um debate sobre cultura de paz e reencantamento do mundo, que foi uma espécie de apresentação dessas novas ideias que começavam a se evidenciar nas políticas públicas do Brasil. Com a participação de redes de todo o país, falamos sobre a centralidade da cultura de paz para o desenvolvimento humano, para a qualidade de vida e a cidadania cultural. Tivemos no início do trabalho como principal tarefa explicar aos técnicos e às redes culturais do país o que era a cultura de paz.

A artemetodologia das auscultas Fomos atrás de fontes inspiradores: a nossa própria reflexão sobre cultura, que já acolhia o desenvolvimento humano – soluções e metodologias pacíficas; a nossa intervenção temática nas redes culturais que se inicia mais incisivamente no início da década da cultura de paz (2000); a presença na inspiração e formação de conselhos municipais de cultura de paz; o aprendizado ao escutar o território. Entre 1997-2004 participamos da construção do projeto Barracões Culturais da Cidadania inspirado por Tião Soares, um ardente formulador e inspirador da “Auscultação Social”, a metodologia por excelência dos Barracões. Mais tarde, em 2005/2006, trabalhamos e desenvolvemos essa metodologia com jovens da Cidade Tiradentes. Construímos em conjunto um livro a partir da escuta dos jovens (Jovens da Cidade Tiradentes/ De onde ecoam suas vozes?). Buscávamos escutar dialogando com suas culturas. Escutar é colocar-se no lugar do outro, abrir-se para a possibilidade do outro em si, sair da sua redoma para o movimento de acolher e crescer com o outro; dar visibilidade ao outro, contribuindo para a sua revelação e legitimação e, assim, no limite, levar o outro consigo na trajetória de seus fazeres, sentires e saberes – enfim, considerar o outro como parte integrante da sua vida. Portanto, não é um método “científico” que facilita a “chegança” a algum objetivo, é a própria vida em conversação. O estar em roda (pedagogia da circularidade) propõe uma forma diferenciada de convivência, desperta o pertencimento ao todo e à valorização de cada um, e proporciona relações mais horizontais, colaborativas e íntimas.

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O que significa isso? Significa que não queríamos apenas pesquisar o desejo e intenção dos jovens, suas escolhas e preferências, seus dilemas e propostas. Queríamos mais: seus ruídos interiores, o burburinho subjetivo, imerso dentro de cada um e nos coletivos; queríamos conhecer a sua cultura, de onde emergem as suas propostas, suas cores e tons, sonhos e imaginários. Era um momento único para ouvi-los – sempre de forma ativa, com debates e propostas, articulação em rede, conexões com a cultura local. Mas, principalmente, valorizá-los como pessoas relacionais, consigo e com o outro, e acolhê-los dentro de suas potências e limites; legitimá-los como pessoas e protagonistas da vida e da cultura. Um trabalho do ativista cultural, do artista, do educador, mas algo inovador que integrava estes conhecimentos e sensibilidades. A artemetodologia valorizava a pessoa, o ser cultural, as redes da qual participava, integrava e respeitava saberes, desde fontes ancestrais a saberes tecnológicos e digitais, e propunha a aproximação física, emocional e cultural, o mapa da convivência, as propostas de políticas culturais. E várias vivências: objetos-símbolos do grupo, fogueiras poéticas, as dádivas da paz, a poética do silêncio, as escutas poéticas, jogos, desenvolvimento dos sentidos etc. Foram vários os elementos que integraram este trabalho. O silêncio aqui ganha especial relevo: forma de contato com realidades sensíveis, concentração, sabedoria ancestral, conhecimento do outro e de si mesmo, escuta – tudo era propriedade do silêncio. Um grande horizonte que se abriu para dar consistência conceitual a nossas práticas foi o Manifesto 2000 da UNESCO, especialmente em três pontos definidores da cultura de paz: “o respeito à vida”: tomamos isso ao pé da letra, como respeito a toda a comunidade dos seres vivos – os direitos, as expressões da diversidade, a biodiversidade, as poéticas da existência; “a não violência” em todos os sentidos - direta, simbólica e estrutural (verbal, sexual, étnica, de gênero, etc) e especialmente o “ouvir para compreender”. E é neste último que residirá o fulcro de nossa artemetodologia. Precisávamos ouvir em todos os sentidos: o momento cultural de cada um e do grupo, suas relações com o território e a cultura, com outras redes, suas críticas às políticas públicas estabelecidas, o seu processo de convivência, o momento civilizatório do planeta, o acolhimento da ancestralidade, e indagações sobre o futuro. Só a partir daí iríamos forjar a convivência, aproximar pontos e reforçar a contribuição intercultural de cada grupo. 68


Então, partimos para a grande tarefa: a de aproximar as redes culturais e a cidadania cultural dos conteúdos e redes de cultura de paz, sem dúvida um trabalho jamais realizado: partimos para auscultar 20 pontos de todo o país e mais de 600 pessoas atuantes, envolvendo principalmente jovens do teatro comunitário, cultura digital, matriz africana, matriz indígena guarani, meio ambiente, protagonismo juvenil nas periferias das grandes cidades, hip hop, saúde sexual reprodutiva, audiovisual, teatro de rua, ação griô e culturas tradicionais, capoeira etc. Uma experiência única de trato com a diversidade. E dançamos com os capoeiristas da Bahia; tocamos tambores com participantes de terreiros de Pernambuco; fumamos o Pityguá (cachimbo) com os guaranis de São Paulo; cantamos com os jovens do hip hop, com os ambientalistas da Amazônia; aprendemos com os quilombos e com a cultura negra a força da ancestralidade; interrogamos o poder das tecnologias com comunicadores de Belo Horizonte; desafiamos-nos para escutar os surdosmudos do Rio de Janeiro; subimos o morro com os artistas de Niterói; conhecemos melhor os artistas de teatro da zona leste de São Paulo e os trabalhos de direitos humanos da zona sul; aprendemos com jovens em ações de prevenção da drogadição do centro da cidade e outros. O cenário estava pronto para o início das ações. De agosto de 2008 a fevereiro de 2009, cobrimos o país com nossa equipe, trazendo conteúdos, transformando-os em peças de comunicação, em outros diálogos, em propostas e articulação de redes. Para isso, criamos um GT cultura de Paz na Teia, participamos desde a primeira Teia (SP, 2008), BH (2009) e Fortaleza (2010) com palestras, ações e oficinas sobre convivência e cultura de paz. O tema ganhou discursos, textos, presença no site do Ministério da Cultura (MinC) e, na coordenação dos Pontos de Cultura, em sites de dezenas de ONGs, ações e articulações locais e regionais; imaginários. Como era de se esperar, também gerou resistências e contrapontos: “cultura de paz é apagar conflitos”, “é submissão”, “não se pode falar em paz em tempos de guerra”; “não somos da cultura de paz”; “tem que ser é na porrada”; “não há saída para a paz” etc. Tratávamos de responder a tudo com acolhimento – nas reuniões, nos diálogos promovidos pelo pontão, nos encontros do ministério. Gandhi chegou fortemente em nosso trabalho com algumas máximas: “devemos ser a mudança que queremos ver no mundo”; “quero que todos os povos circulem pela minha casa”. O mais interessante é que 69


estávamos trazendo experiências, olhares, literaturas pouco conhecida das redes culturais que estavam mais ambientadas com propostas ainda expressas num vocabulário de guerra - luta, militância, enfrentamento, estratégias, táticas, alvos, tiros e outras expressões formavam ainda um vocabulário hegemônico da comunicação. Apontávamos para outros caminhos diferenciados que instauram realidades sensíveis, modos de vida e de imaginar o mundo centrados na construção de uma cultura da vida e não apenas na luta política/cultural. Propúnhamos também contribuir para refundar a linguagem, já que estávamos num momento outro da história da humanidade. Desde o início nos propusemos também a falar com a sociedade, não apenas com as redes especificamente culturais. Participamos de várias ações internacionais junto com dezenas de redes do país e fora dele. Nestes encontros buscamos aproximar redes internacionais e cruzar com redes nacionais e locais, desenvolver uma pedagogia da convivência, socializar experiências e conceitos, fortalecer enfim uma “cultura da cultura de paz”. Realizamos também muitas sessões de diálogo no Instituto Pólis ou mesmo nos bairros e outros espaços como as Teias municipais, estaduais, regionais e nacionais, nas quais estivemos envolvidos na sua produção e organização, principalmente através da presença ativa da equipe técnica do Pontão. Os temas variaram: desde novas tecnologias, a participação cultural, a interculturalidade na América Latina, meio ambiente, democratização dos meios de comunicação, direito à cidade e convivência, poéticas de rua, tecnologias de convivência, etc; tudo isso com arte, culturas ancestrais, novas tecnologias, escutas, debates públicos etc. Uma das propostas importantes que criamos foi o Apropriarte/Conviver em Paz nas Cidades. Nossa intenção era criar uma metodologia de trabalho nos espaços públicos, apropriar-se destes lugares, dar um sentido cultural e educativo a estes espaços, democratizar a palavra com pessoas que geralmente estão fora dos lugares de representação. Realizamos vários “Apropriarte” nestes anos de trabalho. Destacamos dois eventos: em 2010, em Santa Teresa/Rio de Janeiro e Praça da República/São Paulo. Reafirmamos nestes eventos a importância da apropriação dos lugares públicos- não apenas da presença da arte, mas da educação nas ruas, com metodologias apropriadas – com a presença de música, falas, rádio web, dança e outras manifestações culturais. Nestes anos (2008-2014), também desenvolvemos trabalhos em espaços educativos como a Fundação Casa e escolas. Foram eventos de 70


capacitação para a convivência e cultura de paz que trabalharam princípios, valores, experiências e caminhos possíveis para a convivência em paz. A nossa linha de publicações, sistematizando experiências e reflexões, sempre foi um fato central na vida do Pontão de Convivência, tradição que já vinha do Instituto Pólis, e especialmente da área de cultura. Nestas publicações debatemos o papel do artista e da arte, as políticas públicas de cultura de paz, os espaços públicos de participação, as metodologias de trabalho com cultura de paz, as pedagogias da convivência e educação para a paz, a arte, o reencantamento do mundo e direito à cidade. Tudo isso também difundido nas redes - boletins, twitter, facebook, sites etc, em nossos meios de comunicação, que atingem milhares de agentes socioculturais no país e em todo mundo. Defendíamos a importância da comunicação para a cultura de paz, para desconstruir valores, lançar novas culturas e desafios contemporâneos.

O encontro nacional conviver em paz nas cidades Quero destacar nesta reflexão o Encontro Nacional Conviver em Paz nas Cidades, setembro de 2013, uma espécie de ponto culminante das realizações e energias destes anos de trabalho. Buscamos integrar as agendas dos Pontos de Cultura, da ação do Pontão e da agenda da cidade de São Paulo, marcadas pelo recrudescimento da violência, violação a direitos humanos e degradação da qualidade de vida – enfim, um convívio problemático entre os diferentes que formam a cidade – espaços públicos degradados; ausência de diálogo e cansaço de uma gestão municipal afastada dos interesses reais da cidade, desde a década passada. Identificamos que havia carência de políticas públicas de convivência e cultura de paz e que o estado não foi ator relevante nesse processo. Encontro Nacional propôs a articulação e formação de agentes de cultura de paz, fortalecimento das redes existentes, pensar a ampliação das ações e sua transformação em políticas públicas e contribuir para a construção de uma agenda nacional de cultura de paz. Assim, ampliamos o debate com a presença de praticamente todas as importantes redes de cultura de paz do país e governo local comprometidos 71


com a convivência e o direito à cidade; estimulamos a troca de saberes em diversos grupos e temas como diversidade e convivência, mobilidade urbana e mobilidade cultural, apropriação dos espaços públicos, tecnologias socioculturais, educação para a paz e reencantamento do mundo, e comunicação e cultura de paz. Os temas foram construídos pelo Pontão a partir de diálogos das auscultas, diálogos com parceiros e participação nas redes e favoreceram a aproximação entre redes culturais e redes de paz e direitos humanos, com a participação de cerca de 150 agentes culturais e participantes de 12 estados brasileiros, afora centenas de outros presentes em eventos preparatórios. Finalmente, o Encontro Nacional fortaleceu estes temas conectados com paz no Programa Cultura Viva de todo o país.

Cultura de paz e Cultura Viva comunitária: A interculturalidade na américa latina Em 20 e 21 de maio de 2013 o Pontão realizou, em La Paz, o Círculo de Visão “Cultura de Paz, Convivência e Interculturalidade”, na sede da Universidade Mayor de Sans Andrés, com a participação de Brasil, Argentina, Paraguai, Bolívia, Colômbia, Costa Rica, Chile e Peru. Após vivência e testemunhos identificamos questões relativas a desafios da cultura de paz no continente, as principais propostas e demandas, e elaboramos documento a ser incorporado como decisões do 1º Congresso Latino-americano Cultura Viva Comunitária. Destacamos a seguir algumas dessas importantes questões. O Círculo de Visão propôs, no final da oficina, que se considerasse a Rede Cultura Viva Comunitária como expressão da diversidade cultural com cultura de paz; que a cultura de paz seja entendida nos marcos do Manifesto 2000 da UNESCO: respeitar a vida, rejeitar a violência, ouvir para compreender, preservar o planeta, redescobrir a solidariedade, com a participação da comunidade e respeito aos princípios democráticos; que a cultura de paz não é sinônimo de passividade, desconhecimentos dos conflitos ou esquecimento, mas resistência ativa para a construção de um mundo melhor; que deve cuidar da linguagem e do vocabulário, expressando a comunicação não violenta, o cuidado com os outros e 72


com a comunidade dos seres vivos – as palavras devem ser guardiãs do encantamento; que desejamos construir não apenas projetos políticos e culturais, mas mundos amorosos, coloridos, poéticos, que expressem o nosso sentimento estético e emotivo – queremos que nossa ação incorpore a poética de nossa existência na América Latina e na Terra (Patchamama); a violência direta, cultural/simbólica e estrutural deve ser rejeitada com resistência ativa e pacífica. Assim, a rede Cultura Viva não é apenas um lugar cultural e político, mas também de encontro afetivo, amoroso, de descolonização dos corpos e desarmamento dos espíritos. Deve-se também fortalecer a participação cidadã na tomada de decisões e as redes de soberania alimentar e comércio justo. Em relação às metodologias, as propostas indicaram o método da escuta para fomentar a cultura da não violência e desenvolver metodologias de conversação, mediação, comunicação não violenta e participativa envolvendo escolas, lugares públicos e outros espaços de convivência, além da criação de círculos restaurativos de paz nos territórios; e a criação de prêmios que dignifiquem e fortaleçam a cultura de paz. Finalmente, a democratização dos meios de comunicação e a multiplicação de mídias da paz como fatores centrais para a construção da democracia e do bem viver. Analisamos também propostas de direito à vida na América Latina destacando a criação da Ley Madre Tierra (Bolívia), La Ley do los Derechos de la Naturaleza (Equador) e os projetos brasileiros de Florestania e Hidrocidadania (Brasil).

Pode-se traduzir o trabalho deste “círculo de visão” como uma poética do encontro, em que buscamos uma relação com nossos potenciais afetivos e culturais, a unidade na diversidade (as várias visões de países e experiências) e um pertencimento à natureza, e diálogos com fortes cosmogonias ancestrais. No campo das propostas surgiram temas e ações transversais que podem potencializar a construção da cultura de paz na América Latina a partir das redes de cultura viva.

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E assim chegamos aos resultados Nossos temas ganharam o país e a América Latina, chegaram nos confins da Amazônia e do Nordeste, nos grandes centros urbanos e no sul do país. Após as nossas Auscultas, pessoas propunham encontros locais, incluíam a paz de forma explícita em suas agendas, colocavam placas “Aqui se faz cultura de paz” na parede dos pontos, incluíam em textos etc. Durante esses anos mantivemos ativa a nossa comunicação nas redes sociais e no site do Instituto Pólis e muitos outros sites do país reproduziam nossas notícias, além de entrevistas e textos na grande imprensa e na imprensa alternativa. Por outro lado, em todas as oportunidades criamos nossos próprios espaços de cultura de paz, para o debate de valores e práticas de convivência. Nas Auscultas, os jovens reconheceram o valor da sua experiência pessoal e cultural indicando caminhos de convivência e propostas de políticas públicas, fortalecendo redes locais, aproximando-se com o território e com articulações nacionais. É certo que estes acontecimentos já estavam em curso também na própria experiência dos Pontos de Cultura. A novidade é que, com nossas Rodas de Conversa com artemetodologia, fortalecemos ainda mais estas dinâmicas, reforçando os aspectos de construção da paz do ponto de vista individual e grupal, contextualizando a experiência num cenário nacional e internacional; e conceitual. O resultado foi que os Pontos de Cultura identificaram-se com essas experiências e muitos reconheceram que na sua visão de participação, de diversidade e cidadania já estavam presentes valores de cultura de paz - e isso contaminou as redes de várias regiões. Um dos melhores resultados da experiência foi a nossa presença na construção de vários encontros internacionais. Atuamos com redes voltadas especificamente para a cultura de paz em encontros que mobilizaram dezenas de importantes redes internacionais com temas os mais múltiplos: pedagogia da convivência, políticas públicas de cultura de paz, mapeamentos socioculturais, diversidade cultural, desenvolvimento local, jovens e protagonismo, novas mídias, interculturalidade etc. Destacamos aqui a presença em redes culturais da América Latina com a realização de vários encontros no país e fora dele com o mote da cultura de paz. A nossa presença, trazendo uma realidade viva dos pontos de cultura e outras práticas culturais, trouxe elementos importantes para responder 74


desafios da construção da paz em territórios vulneráveis. A presença no território foi uma constante do nosso trabalho, potencializando grupos de jovens, estudantes de escolas públicas, redes locais, eventos etc. Isso se sedimentou o nosso Apropriarte, em 2011, no Rio de Janeiro e em São Paulo, buscando fortalecer práticas públicas de apropriação de espaços, com metodologias de arte e conversas de rua. Também nas caminhadas de 2013 (Caminhada Poética da Cidade Tiradentes); Gestos de Paz (na Praça da República/ Centro de São Paulo) e Símbolos da Paz (em Diadema) mobilizamos a comunidade escolar, moradores e redes de pontos de cultura e outros participantes de caminhadas para esses atos simbólicos no território. Consideramos em nosso percurso que a presença no território, bem como a conexão com populações locais, é o grande desafio a ser enfrentado. Esse conjunto de ações voltou-se para potencializar o trabalho em rede – ações territoriais, nacionais e internacionais, escutas, encontros das Teias etc, buscando implementar a cidadania cultural em diálogo com a cultura de paz. Um dos momentos mais potentes e emblemáticos desse fortalecimento das redes da diversidade foi a realização do Encontro Nacional Conviver em Paz nas Cidades com o tema “Cultura de Paz, Políticas Públicas e Direito à Cidade”. Neste momento, encontraram-se 12 estados brasileiros, com representantes da sociedade civil e dos governos, da UNESCO, das ONGs de cultura de paz, os mais diversos atores, para pensarem na pluralidade de experiências que convergem para o direito à cidade com convivência e cultura de paz.

Burocracia e desencantamento Não poderíamos concluir esta reflexão sem nos referirmos às dificuldades que tivemos para a realização do projeto do Pontão durante esses anos. Não há dúvida de que o Programa Cultura Viva foi concebido como um polo dinamizador da diversidade viva, constituindo-se como um dos programas mais relevantes de nossa história cultural. Propunha-se a estabelecer uma sintonia com o desenvolvimento cultural do país, prioridade abandonada na história brasileira, que se centrou quase exclusivamente no 75


desenvolvimento econômico. O Programa Cultura Viva deveria possibilitar o acesso às políticas públicas de segmentos antes excluídos da cultura - e por que não dizer dos resultados do desenvolvimento. Na fase heroica, de criação e consolidação dos pontos, invocaram-se forças vivas muitas vezes sem o respaldo da burocracia que não estava ainda preparada para suportes desta natureza; não oferecia condições para a realização do tempo cultural com agilidade e eficiência. Esse quadro de precariedade se intensificou após a gestão da ministra Ana de Holanda e tem seus reflexos até os dias de hoje, esbarrando hoje em escassez de recursos (diminuição de 37% dos recursos destinados à cultura neste ano de 2015), em questões de ordem administrativa e outras de ordem estrutural; de gestão pública do país. O que concluímos é que há uma necessidade premente de reformar a máquina pública ainda não preparada para o dinamismo dos novos tempos, e particularmente para a criação cultural. Não se pode dar vazão aos fluxos da cultura sem mudanças desta ordem. O Projeto do Pontão, inicialmente concebido para três anos, aconteceu em seis anos, por vários motivos. Entre o primeiro e o segundo ano o recurso levou cerca de 10 meses para chegar, e entre o segundo e terceiro ano levou oito meses. Isso depois de mobilizarmos a equipe com trabalho voluntário, contatos com o ministério, viagem com recursos próprios para Brasília, encontros e pedidos a gestores; centenas de telefonemas e solicitações sem resposta; documentos perdidos etc. Por outro lado, havia muitas mudanças no ministério e tínhamos que explicar sempre quais eram os nossos propósitos, pasmem, explicar quem era o Pólis e a que se propunha o Pontão. Também pedíamos revisão do Plano concebido para um tempo e executado em outro e adiamento de convênio, pois também dávamos suporte a atividades de organização da Teia e outros encontros, fruto da atividade cultural que não é linear. Um plano de trabalho com ações precisas combina-se com outro plano invisível decorrente das atividades, só que apenas o primeiro merece atenção na prestação de contas. Esses emperramentos burocráticos somam-se a um edital austero e com pouca flexibilidade, também não adequado ao tempo cultural - vivo e criativo. Isso tudo nos levava a um trabalho adicional com a equipe - sensibilizarmo-nos para o reencantamento, sairmos do desânimo, reagirmos com valores de cultura de paz; acreditarmos que as coisas podiam melhorar etc. Assim, podemos dizer que a burocracia como está formatada foi criada muito 76


mais para o desencanto do que para que a imaginação criar asas e construir mundos culturais vivos. A burocracia somada à falta de preparo de quadros para a gestão nos leva a um território onde corremos o risco de paralisarmos a criatividade e desacreditarmos em nossa própria força. Entendemos que as redes culturais necessitam enfrentar estes desafios com urgência para que as práticas culturais possam realmente criar um país da diversidade cultural.

Finalmentes Reconhecer os conflitos e resolvê-los sem violência e construir a cultura de paz, implica necessariamente em estabelecer outras formas de convivência, do viver entre diferentes, do funcionamento democrático com participação plena, e decidir sobre os fazeres socioculturais e compartilhamentos de saberes e experiências nas comunidades. Trata-se de um processo muito mais complexo do que o combate à violência direta, estrutural e cultural/ simbólica. Por isso, também a cultura de paz é mais que um simples tema – são visões de mundo, filosofias do viver em comum, paradigmas de novo processo civilizatório. Um dos maiores desafios contemporâneos é construir processos socioculturais com ações, pensamentos, metáforas, símbolos, contextualizados em cenários de paz. O conflito precisa ser reconhecido: ele existe, mas não será necessário transformá-lo em disputas violentas. A guerra foi estruturando sociedades, culturas, civilizações. A arte da paz está justamente em encontrar pontos de convivência que permitam uma relação do tipo soma-soma, uma produção de sentidos para todos os envolvidos, reconhecendo-se razões múltiplas e não apenas a de um dos interlocutores. Um das grandes questões é identificar onde e como está o conflito, suas formas de resolução e o crescimento transformativo de todas as partes. Assim, abordar a cultura de paz nas redes de paz será sempre importante, mas o grande desafio, nos próximos anos, será encontrar formas de comunicação e construção de convivência no interior dos territórios 77


vulneráveis, com “pessoas comuns”, a partir da multiplicidade de pontos de vista dos agentes locais, do “ouvir para compreender”, de “auscultas socioculturais” dessas comunidades. E será necessário avançar muito mais ainda nas metodologias e artemetodologias. Insistimos nessa expressão porque os métodos puramente “científicos” de ensino e comunicação não darão conta da complexidade deste cenário se não se somarem à criação e arte e ao desenvolvimento dos potenciais criativos em todos os níveis. Por outro lado, há que se avançar nas políticas públicas de cultura, com novos diálogos, não apenas com públicos específicos e “culturais”, mas ampliá-lo para culturas mais amplas, incluindo valores, cultura da economia, do meio ambiente, da comunicação, da tecnologia, da mobilidade urbana e cultural, não apenas voltadas aos segmentos das linguagens artísticas. E aí os Pontos de Cultura são pioneiros, sementes de civilização, pois incorporam a cultura da vida, do “bien vivir”, propõem a descolonização de uma visão cultural assentada nas elites, e valorizam todas as culturas, das regiões do país, as suas diferenças e visões de mundo. Assim, um dos grandes desafios das políticas públicas será, nos próximos cenários, colocar de pé novamente o Programa Cultura Viva, criar políticas públicas de cultura integradoras, transversais e híbridas que possam somar visões, amplitudes e recursos e capilarizar por segmentos vulneráveis, território de difícil acesso das políticas publicas, mesmo no Brasil. Um caminho merece urgência: formar uma economia solidária da cultura apoiada em princípios de cidadania cultural, tendo como maior protagonista os pontos de cultura. Sair dos “templos” da cultura para construir processos educativos e culturais no mundo público das ruas, praças, logradouros, poderá ser também ideiaforça construtiva de novos valores, verdadeiras contralinguagens ao mass media, que banaliza visões de mundo e empobrece processos existenciais e potencialmente ricos. Não há dúvida de que nos anos que virão precisaremos cada vez mais da convivência poética para o diálogo intercultural, visando o desenvolvimento humano. A questão está em desenvolver esta atuação nos territórios da diversidade/vulnerabilidade e não apenas entre redes que já dispõem de conceitos e práticas comuns e “civilidade” no convívio. Produzir novos sentidos do público, desenvolver formas presenciais de 78


comunicação não violenta, envolver atores “opostos” e conectá-los em convergência; incluir novos diálogos e auscultas no rol das políticas públicas transversais, incluir a não violência ativa nas práticas sociais e recuperar a gentileza e o bem-estar de estar juntos, celebrando a diversidade como valor, - pode gerar linhas de desenvolvimento e paradigmas de mudança com cultura de paz, não violência e reencantamento. É certo que o caminho será longo e desafiador para que um novo modo de conviver se torne cultura, na qual não mais seremos os “donos” da natureza, nem imporemos um único repertório de valores à diversidade das culturas, mas poderemos compor com elas a maravilhosa teia da vida.

Autor: Hamilton Faria Poeta Coordinador del Área de Cultura del Instituto Polis, Sao Paulo. Instituto Pólis Red de Cultura Viva Comunitaria do Brasil reencantamento@polis.org.br omaguas@uol.com.br www.polis.org.br www.poetahamiltonfaria.org Twitter: @institutopolis www.facebook.com/instituto.polis

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Los caminos de la incidencia política de Cultura Viva Comunitaria Incidencia de alianzas y acuerdos CHILE

El presente artículo quiere ser un aporte a la reflexión de los distintos agentes del movimiento de Cultura Viva Comunitaria en Latinoamérica, en un tema que a todas vistas es determinante: se trata de los cambios en las legislaciones y en las políticas culturales a través de la incidencia que como movimiento puedan hacerse. El artículo es un espacio de preguntas abiertas y entrega de algunas claves que quizás desde experiencias y estudios precedentes puedan ser útiles a la gestión política del movimiento en sus distintos planos y niveles.

Los procesos institucionales en Latinoamérica La Plataforma Puente Cultura Viva Comunitaria, de la que forman parte colectivos y redes sociales, comunitarias y también entidades gubernamentales y universidades y centros de estudio, ha realizado un largo camino que ya habían iniciado nuestros Pueblos, tanto en la lucha contra la colonización como en la promoción en el campo del desarrollo y la ciudadanía desde el arte y la cultura. Esto, en tanto que la instalación que hace el movimiento del concepto “Buen Vivir”, propio de las etnias latinoamericanas, es un aporte para repensar la Democracia, ya que este contiene en sí misma la idea y la necesidad de relaciones armónicas entre sociedad civil y Estado, basadas en la participación ciudadana como columna vertebral de los procesos de desarrollo. Hoy este punto es central, más cuando vemos el deterioro de nuestras democracias, las que no han podido hasta ahora restablecer integralmente las ciudadanías dañadas. En lo particular, en el ámbito cultural creemos que la ciudadanía cultural aún no es reconocida ni ejercida; el ciudadano 81


solo se siente receptor de ofertas culturales que vienen de un sistema que produce y se las hace llegar como “consumidor”. Así, el protagonismo de las comunidades y sus grupos no es visto y menos apoyado como legitima expresión del ciudadano (cultural). Un resultado y a la vez un reflejo de esta situación son las distancias y las desconfianzas que mantienen los actores culturales con el Estado y con sus instituciones. En ese plano y en una mirada panorámica de las políticas culturales de los estados latinoamericanos, se percibe aún una muy tibia voluntad de apoyo a procesos de culturas comunitarias. Es destacable la voluntad de ciertas autoridades y agentes por instalar una mirada política que acentúa la mirada en las miles de experiencias de base, pero tenemos que reconocer que siguen siendo una minoría respecto del total de instancias y procesos legislativos y de políticas públicas.

Cultura Viva Comunitaria como palanca de cambio institucional. El movimiento Cultura Viva Comunitaria ha hecho en los países de Latinoamérica propuestas concretas que intentan asegurar el reconocimiento y el apoyo a las experiencias culturales locales a través de la promoción de condiciones institucionales y políticas para su fortalecimiento. De este propósito hay ejemplos que destacar como son inicialmente “Puntos de Cultura” en el Brasil y casos como el de la Alcaldía de Medellín y Bogotá en Colombia, o las gestiones en Lima, Perú y en otros países de Latinoamérica. En ellos se ha buscado que sea la misma voz ciudadana, de la base de la sociedad, la que entre en el diálogo con el Estado. No está demás decir que esos esfuerzos se encuentran generalmente con culturas institucionales, gubernamentales y municipales llenas de trabas y rigideces, que una mirada que les propone otra direccionalidad de las decisiones o de los motivos de la política los cierra e inhibe de hacer intentos por esos cambios. Este proceso, con sus dificultades y potencialidades, fue visibilizado y proyectado por el movimiento, que en su momento diseñó el “Plan Acción Pública Conjunta y Continental” en el se especifican una serie de propósitos, uno de los cuales fue lograr un impacto político que contribuya a mejorar los escenarios institucionales y sociales en cada lugar en el que se desarrolle 82


una acción. Desde ese momento, es que toma cuerpo la línea de incidencia dentro del movimiento, la que se tradujo en algunos puntos claves para la Cultura Viva Comunitaria: •

Promover la gestión pública participativa que apunte a la construcción de una democracia cultural deliberante y transformadora.

Aportar a construir políticas culturales pertinentes para nuestras comunidades y territorios, que sean incluyentes, respetuosas de la autonomía, integrales y conducentes al empoderamiento social y a la construcción de sistemas territoriales de cultura democráticos, que incluyan la lógica y el lenguaje del arte. Ello implica una participación directa de las comunidades en estos procesos.

Desde esa misión se aterrizó un plan de acción que define entre sus líneas fundamentales de trabajo, la Incidencia, la que en concreto se propone: • •

• • • • •

Plantear legislaciones nacionales inspiradas en la acción cultural comunitaria y hacerlo de manera participativa. Impulsar las metas del 1% del presupuesto nacional y municipal para la cultura, y el 0.1% de esos presupuestos para la Cultura Viva Comunitaria. Propiciar alianzas de políticos locales latinoamericanos. Promover la creación de los Consejos Municipales de Cultura como referencia pública de debate y decisión del quehacer cultural. Hacer un mapeo de aliados. Implicación en políticas públicas en toda la región. Identificación de los espacios nacionales y locales donde se están construyendo programas culturales e incidir e intervenir en ellos” 1

Incidir, ¿qué significa? Para explorar lo que ha sido y puede seguir significando para el movimiento estas líneas de acción, es necesario profundizar en sus diversas aristas, 1 Pensar, Sentir, Hacer… ¿Por qué Cultura Viva Comunitaria? Texto surgido del encuentro fundador de Plataforma Puente, Medellín, Colombia, 2010.

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definiciones, condiciones, estrategias. En primer lugar, decir que de las diversas acepciones, tomaremos para el propósito de esta reflexión la siguiente, ya que nos parece más completa y clara que otras revisadas: Incidencia política es un proceso de acciones planificadas por alguna instancia de la sociedad civil para cambiar las relaciones de poder que impiden el ejercicio de los derechos. Desde esa perspectiva, incidir está concebido como una acción de influencia y también de involucramiento; es decir, implica que los actores se hacen parte del proceso de cambio para hacer valer sus derechos e intereses. Por ello, la incidencia política es un ejercicio de democracia y también de empoderamiento. Se puede incidir a través de varios medios, tales como la comunicación, la construcción de agenda, el diseño de propuestas para visibilizarlas en el debate público. Sin embargo, cualquiera de estas prácticas sólo tendrá peso y legitimidad si están insertas en procesos de participación ciudadana, de diálogo entre el Estado (en sus distintos niveles) y la sociedad civil. Sin este marco, la incidencia puede ser estéril ya que no posee el respaldo que en democracia solo la ciudadanía activa puede asegurar. Es por ello que los procesos de incidencia desde Cultura Viva Comunitaria se han planteado como espacios abiertos y representativos, como efectivos pasos hacia la creación de una Democracia Participativa, Deliberativa e Integral. En este sentido, es fundamental que la participación vaya de la mano de organización de la gente, que a su vez es una manera que han encontrado los grupos, sus asociaciones y alianzas de habitar el espacio público y por qué no mirarlo así, de ir haciendo política pública desde el territorio, desde los barrios.

¿Hacia dónde apunta la incidencia en Cultura Viva Comunitaria? El punto de partida que fundamenta la acción de incidencia que plantea Cultura Viva Comunitaria es la afirmación que la cultura es un derecho humano que si no se ejerce se pierde y que a quien le corresponde satisfacer ese derecho es al Estado. Recordemos aquí lo que expresa la Declaración 84


de La Paz, que emana de los acuerdos a los que se llegó en el Primer Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria: “Las mujeres y hombres reunidos en la ciudad de La Paz decidimos usar como herramienta la exigibilidad de los derechos culturales como materia básica para la elaboración de políticas públicas de culturas vivas comunitarias, de manera de generar y fortalecer en nuestras comunidades prácticas integrales de descolonización, despatriarcalización y de igualdad de géneros entre todos y todas”.2 Los derechos culturales empezaron a ser “reconocidos” en nuestra sociedad, al menos en las declaraciones internacionales, cuando las ciencias sociales tuvieron la evidencia que la cultura le entrega los significados a nuestro mundo, a los grupos y a las personas: la cultura es el espejo de las sociedades; es decir, la cultura nos ayuda a ser humanos. Estos derechos son del individuo y de las comunidades. Y solo para tener en cuenta su referencia, la Declaración de Friburgo3 los define como: • • • • • •

Derecho a la identidad y patrimonio culturales. Derecho a referencias a comunidades culturales. Derecho al acceso y participación en la vida cultural. Derecho a la educación y formación. Derecho a la información y comunicación. Derecho a la cooperación cultural.

Desde estos principios (derechos), lo que aspira Cultura Viva Comunitaria son legislaciones y políticas culturales que efectivamente aseguren su cumplimiento, para lo cual deben tener varias condiciones: • • • • •

Ser pertinentes culturalmente para las comunidades y territorios Ser incluyentes Ser respetuosas de la autonomía de las organizaciones Ser integrales Ser conducentes al empoderamientos social y a la construcción de sistemas democráticos territoriales de cultura.

2 Declaración de La Paz. Documento declarativo que firman los y las participantes del Primer Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria, La Paz, Bolivia. Mayo 2013. 3 Los derechos culturales. Declaración de Friburgo. Mayo de 2007, en la Universidad de Fribourg.

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Tal como lo expresan los documentos de Cultura Viva Comunitaria, este resultado solo es posible si las comunidades y sus grupos se involucran en los procesos. De otra forma, solo implicarán recursos que llegarán de forma vertical a los grupos, no produciéndose el involucramiento que requiere un proceso transformador de la cultura de relaciones, de la cultura institucional y también de la cultura de alianzas y de autonomía.

Aspectos y preguntas relevantes acerca de la incidencia en Cultura Viva Comunitaria. Desde lo anteriormente dicho, y proyectando lo que pueden ser nuevos procesos de incidencia de Cultura Viva Comunitaria por la transformación de políticas y las decisiones públicas, especialmente tomando como referencia el caso chileno, podemos mencionar varios elementos a considerar en estos procesos. •

En primer lugar, debemos recordar que por naturaleza el Estado es el administrador de los bienes del pueblo, administración que debe hacerse en función de las necesidades de los gobernados. Para esta función existen las políticas públicas, que son “el conjunto de decisiones tomadas y de acciones emprendidas por una serie de actores, tanto públicos como privados, orientada hacia la solución de un problema publico delimitado”4 Desde allí es que ante la construcción y el diálogo de incidencia es fundamental un diagnóstico serio y amplio, que defina las características de las culturas comunitarias del territorio, sea país, región o comuna según el ámbito de la política que se diseña. En Latinoamérica podemos decir que los modelos de gestión pública en relación con la cultura de base han sido insuficientes; la han percibido fundamentalmente como “destinatarios” (gente que accede, publico, beneficiarios) a la cultura. No se ha promovido su asociatividad y los recursos destinados a resolver sus necesidades son siempre escasos

4 Subirats, Knoeptfel, Larrue, Varone, 2012, p13.

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y, en muchos casos, ni siquiera son considerados como ítems en los presupuestos. Los modelos tradicionales de políticas culturales en nuestro continente no han logrado atender las necesidades que surgen desde las dinámicas culturales cotidianas ni de las personas y colectivos que las animan. Esta situación evidentemente tiene que ver también con lo nuevo que es este campo en tanto concepto que agrupa este tipo de iniciativas; se habla aún de cultura tradicional, cultura popular, cultura poblacional, situadas en su mayoría en el campo del patrimonio cultural. Con toda la complejidad de la tarea, es necesario que al menos la organización que se siente a la mesa de la incidencia política sepa las características generales y específicas que tiene el ámbito de la cultura comunitaria, ya sea en su comuna, su región o su país. •

Otro elemento en este camino es el conocimiento y la formación de los colectivos culturales respecto de los aspectos básicos de las políticas públicas y las leyes. Es necesario educarse y dominar los parámetros y los límites, las distinciones y diferencias entre tipos de leyes, entre políticas y normativas. Ese conocimiento no es algo complejo para el movimiento y debe ser procurado por los mismos actores involucrados. Es bueno recordar y asumir que en el movimiento existe ya una vasta experiencia de incidencia que debe acopiarse y ordenarse y que así servirá de base y orientación a los distintos movimientos locales, nacionales y regionales.

Un aspecto estratégico a definir en estos procesos por parte del movimiento es la perspectiva desde la cual se dialogará. Con esto queremos decir que en esa “conversación” está implicado un gran mundo de acción comunitaria, más allá de las fronteras de dos entes dialogantes; es decir, la conversación no puede realizarse en función de intereses corporativos de un grupo o sector. Una condición fundamental para que el diálogo sea amplio e inclusivo es que el “carácter” del proceso debe ser participativo. Para ello es evidente que se requiere una voluntad política y también la alianza 87


con el mundo de las organizaciones que se debe lograr que confíen, que se abran y sean actores protagónicos de ese proceso. Los y las dirigentes deben cumplir el papel de informar y socializar las condiciones y las reales expectativas de cada instancia, de tal forma de no crear falsas expectativas y desencuentros a mitad de camino. El proceso participativo en sí mismo irá empoderando a las y los líderes mas claros y convencidos, los que serán fundamentales a su vez en el fortalecimiento de las mismas redes. Es relevante establecer una comunicación fluida y sincera con el Estado, el que debe disponerse a un diálogo que implica un recorrido mayor pero de más riqueza y legitimidad. Aunque parezca menor, y dada la experiencia en Chile, en este asunto hay distinciones que es necesario realizar ya que en estos procesos es fácil a veces, por la falta de claridad o bien por la inexperiencia de los agentes que participan de la incidencia, confundir los límites de las experiencias “comunitarias”. Se trata de poner en el centro a los grupos históricamente segregados de las políticas y de las decisiones de lo público, es decir a las experiencias multiplicadoras que se constituyen desde los valores del respeto a la diversidad, el protagonismo y la autonomía de las organizaciones. En general, son experiencias que han nacido desde el seno mismo de los barrios, sin fines de lucro, procesos comunitarios posibles solo gracias al trabajo voluntario, a la gestión de proyectos y a diversas estrategias creativas para resolver las necesidades. En ellos, por cierto, se dan múltiples innovaciones para solucionar los problemas pero en general han subsistido pese a la escasez de recursos, la falta de infraestructura, de espacios y de estabilidad en el trabajo. •

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Desde el movimiento Cultura Viva Comunitaria se apuesta ala reconstrucción de una acción política y de la sociedad a partir de un nuevo paradigma que instala el poder e la base social: poder de iniciativa, poder de la experiencia, poder de los movimientos sociales. Con esta mirada se logra, paulatinamente, que las dinámicas que se construyen sean más dinámicas, horizontales y democráticas. Creemos que estas iniciativas deben estar guiadas por la práctica de la ciudadanía donde las personas y los grupos son actores de sus derechos y deberes. Es claro que la perspectiva de Cultura Viva Comunitaria choca con


un modelo de gestión (estatal, especialmente, pero presente también en muchas organizaciones que se piensan “alternativas”) vertical y con muchos rasgos de autoritarismo y exclusión. A pesar de lo que dicen algunos relatos políticos y de organizaciones, las prácticas tradicionales que se han instalado en el poder en la mayoría de nuestros países, así lo ratifica. Y es así que en lo referente a la política cultural el paradigma vigente asume cultura como gasto, todo lo cual está basado en que es una élite la que “hace” cultura. Por esto, el objetivo es lograr que finalmente el Estado se asuma como promotor y facilitador. •

Un factor también importante en estos procesos es el nivel organizativo de la sociedad civil que constituye el sector de la cultura comunitaria. Sabemos que en los distintos países es, en general, incipiente o, al menos, inicial. Se han conformado redes y asociaciones y en la práctica juegan un rol fundamental en la articulación de los grupos. Esta acción es central y hay que cuidarla y fomentarla, no perder la articulación como eje porque ese carácter articulador le dará más fuera a las organizaciones en su necesaria de interlocución y negociación con las entidades estatales y, especialmente, con los funcionarios de esas entidades estatales. Promover el tejido social, que es su misión, es un componente central de la participación ciudadana ya que es evidente que el trabajo en red permite sumar esfuerzos y en definitiva construir opinión y acción colectiva y comunicativa para la transformación social. Otra ganancia que permite la existencia de estas redes es la formación que se hace posible en encuentros y el necesario intercambio de materiales y de experiencias.

Finalmente, es claro que debemos estar atentos a los distintos aspectos, etapas y actores que juegan en estos procesos. Así, en la formulación de las políticas públicas hay que involucrar tanto a las entidades que conforman el poder ejecutivo como a quienes tienen la tarea de legisladores en lo local, subregional o nacional. En la tarea de construir un mejor escenario político, institucional, programático y presupuestal para la Cultura Viva Comunitaria, debemos ser capaces de sensibilizar, motivar e involucrar a los funcionarios, a los 89


directivos de las entidades p煤blicas, a la academia y a los diferentes espacios de participaci贸n de nuestras sociedades.

Autora: Patricia Requena Gilabert

Colectivo Teatral La Escotilla. Colectivo Cultura Viva Comunitaria Plataforma Chile Patricia.requena@gmail.com Facebook: Cultura Viva Comunitaria Plataforma Chile.

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Escuelas Vivas Un niño, un universo, un niño: un peso COLOMBIA

A modo de introducción La Plataforma Puente Cultura Viva Comunitaria de Medellín y el Valle de Aburrá, en conversaciones con la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín (2012 – 2015), reconocieron la importancia de ampliar una discusión sobre la relación de Educación y Cultura, que le permitiera a la institucionalidad conocer y valorar las experiencias comunitarias en este campo, además de recoger propuestas que den sentido a las infraestructuras en los territorios en la medida que se activen las dinámicas comunitarias desde el ámbito educativo. De esta manera, se propuso un encuentro donde se socializaran las experiencias y se documentaran las trayectorias, generando un intercambio de saberes y constituyéndose en la primera fase de lo que hoy llamamos Escuelas Vivas. El encuentro, que tuvo un momento de interacción y otro de reflexión, fue una invitación para narrar, relatar y compartir experiencias de educación y cultura desde las organizaciones de Cultura Viva Comunitaria. En el momento de la interacción cada una de las organizaciones comunitarias expuso sus saberes y sus experiencias vivas alrededor de la formación. Las preguntas provocadoras de ese momento, fueron: 1. ¿Qué experiencias tiene su organización comunitaria en la relación educación – cultura? 2. ¿Cuáles han sido los aprendizajes significativos y los resultados de la formación que lleva a cabo su organización? 91


El segundo momento de reflexión, con conversaciones colectivas, se hizo alrededor de “la alteridad”: fue un espacio para profundizar los sentidos de las prácticas y de otras experiencias que emergen. Participantes: 1. Jeihhco, Mateo y Chavo. Escuela de Hip Hop Kolacho Pasos que no son en vano. 2. Henry Arteaga. Grupo Crew Peligrosos y Escuela de Hip Hop 4 Elementos. 3. Luisa Fernanda Hurtado. Corporación Cultural Canchimalos. 4. Mónica Rojas. Corporación Cultural Nuestra Gente. 5. Jorge Blandón. Corporación Cultural Nuestra Gente. 6. Lina Mejía. Corporación Platohedro. 7. Juan Carlos Tabares. Corporación para el Desarrollo Picacho con Futuro. 8. Yamili Ocampo. Fundación Ratón de Biblioteca. 9. Sandra Oquendo. Fundación Ratón de Biblioteca. 10. Jairo Castillón. Corporación Semiósfera. 11. Edward Niño. Corporación Con-Vivamos, 12. Ana Maria Londoño. Universidad EAFIT. 13. Giovanni Correa. Museo de Antioquia. Desarrollo del encuentro: Cada una de las experiencias tuvo 20 minutos para hacer la narración de su experiencia. •

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Escuela de Hip-Hop Kolacho. Jeihhco, Mateo y Chavo. Desde el año 2009 existe la escuela de Hip-Hop Kolacho, que recoge la historia de un proceso desde el año 2000, pero solo en el 2014 logra tener sede propia, que funciona como Escuela, como sala de grabación, como tienda de productos propios (gorras, camisetas, libretas, aerosoles, obras de arte, etc.). Más de 1.200 personas han aprendido a bailar sobre la cabeza, a pintar con aerosol, a rapear y mil cosas más a través de las clases dictadas en calles, barrios, escuelas y casas de la Comuna 13.


¿Por qué bautizarla como Casa Kolacho? Kolacho es un personaje de amor que habitó la 13, que luchó por el Hip-Hop. Desafortunadamente en 2009 fue asesinado en el barrio. Él creó a C15, nuestro grupo artístico. Gracias a él estamos juntos hoy. •

Escuela de Hip-Hop 4 elementos. Crew Peligrosos. Henry Arteaga. La escuela 4 elementos, ubicada en el barrio Aranjuez, Comuna 4 de Medellín, se apropió del espacio que durante años ocupó la Institución Eductativa Tomás Carrasquilla y que hoy es su sede. Esto se logró con el liderazgo del grupo Crew Peligrosos, reconocida banda de hip hop nacional, quienes crearon un espacio para la educación y el aprendizaje gratuito de los 4 elementos que conforman esta cultura: Dj, Mc, Break Dance y Graffiti. Este proyecto funciona por autogestión: el grupo Crew Peligrosos se encarga de la financiación, y a ello dedican una buena parte de lo que generan por sus presentaciones y conciertos en el país y en otros países. Cerca de 400 alumnos asisten semanalmente. La Escuela 4 Elementos se destaca por su excelente calidad artística y porque se convirtió en un referente en su barrio y en la comuna. Son las propias familias las que más impulsan a sus hijos e hijas para que asistan a la Escuela de Hip-Hop, por los resultados en desarrollo integral y en convivencia.

Escuela Artística Integral. Corporación Canchimalos. Luisa Fernanda Hurtado. Es un proceso de formación fundamentada en la lúdica y que se encamina a generar vivencias integradoras del ser con el sí mismo, el otro y su entorno/contexto, propendiendo por un equilibrio natural y cultural de las personas. Los cursos se describen por áreas y niveles, de acuerdo con el grado de complejidad: básico, intermedio, avanzado y asesoría, permitiendo la cualificación de las experiencias artísticas de los estudiantes e incluyendo la investigación de la lúdica y las tradiciones folclóricas. 93


Desde su fundación hace más de 30 años, la Corporación Canchimalos ha tenido una estrecha relación con los procesos lúdico-educativos, influenciados por la Escuela Popular de Arte, EPA (una institución clave en la historia de la cultura de Medellín y que fue cerrada por la alcaldía de la ciudad en el año 2003), lugar donde se gestó la idea de la Corporación con el grupo de música y proyección, liderado entonces por el maestro Oscar Vahos. •

Sistema de Capacitación y Asesoría a Grupos Juveniles de Teatro (SISCAP). Escuela sin paredes. Artistas para la Vida. Forma2 en el arte. Artistas que construyen ciudadanía. Corporación Cultural Nuestra Gente. Mónica Rojas y Jorge Blandón Todos estos procesos formativos son experiencias que han edificado el proyecto de escuela que procura la construcción de proyectos de vida, soportados en el amor, la confianza y la solidaridad y que comprendan la relación dialógica del Sujeto: ético (reflexión sobre sí mismo), estético y político, para construirse ellos mismos y procurar por la construcción de su entorno. Las prácticas no se dirigen a formar actores sino, por el contrario, a formar seres humanos sensibles estéticamente, comprometidos con su realidad y con el conocimiento. Esta propuesta está hecha pensando en la necesidad de crear espacios de vida para las niñas, los niños y los jóvenes, un espacio para interactuar con el otro, ese otro que le posibilita el reconocerse y reconocer en la diferencia, en la interrelación, en el contacto, con pares que sueñan, creen, y esperan un mundo mejor. Los proyectos se realizan desde la Corporación Cultural Nuestra Gente, una organización de la Comuna 2 de Medellín que se creó en el año de 1987 y que tiene como sede una casa que fue burdel. En esta casa funciona una sala de teatro comunitario cuyo sistema de cobro es el trueque por alimentos.

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La Jaquer Escool. Corporación Platohedro. Lina Mejía. Es un espacio abierto para que todas las personas compartan experiencias, prácticas y procesos de máquinas y cuerpos, de cacharreo


con la materia electrónica, hackeo a los miedos y exploración del arte y la tecnología. Surge como una necesidad de los jóvenes del proceso de formación con las búsquedas de un espacio de experimentación, el jaqueo de la materia electrotécnica, biológica y del ser… Desde los enfoques éticos se tienen como pilar los parámetros de cultura libre, también partimos de unas premisas que vienen a hacer parte de nuestra metodología: Comunicación entre pares (p2p), Hazlo tu mismo (HTM), Hazlo con otros, Te cambio lo tuyo por lo mío, Enfoque en basada en solución (EBS) y la Aprendología. La Jaquer Escool desempeña el cacharreo en todos sus ámbitos, liberar el código de nuestras creaciones y aportar al espectro cacharrero del mundo libre… también trabajando en la utilización de software libre para la creación de los insumos comunicativos, cosa que también surge por el proceso de reflexión sobre las herramientas. Este proyecto se crea en Platohedro, con sede en la comuna 9 de Medellín, un colectivo de producción audiovisual y digital, o de creación de un mundo diferente desde lo audiovisual y lo digital. Platohedro se empeña en hackear la cotidianidad. •

Territorios Educadores. Corporación Picacho con Futuro. Juan Carlos Tabares. La Corporación Picacho con Futuro ha tenido desde sus inicios, a principios de los 90, una vocación de acompañar y fortalecer a otras organizaciones comunitarias mediante la formación, la capacitación, el acompañamiento, la asesoría y la promoción de esas organizaciones. El desafío es posibilitar la gestión participativa del desarrollo local y el empoderamiento social, para contribuir al mejoramiento de la calidad de vida, principalmente de los habitantes de la comuna 6 parte alta, en la ciudad de Medellín. Es de anotar que desde su nacimiento, Picacho con Futuro ha tenido uno de sus ejes en la creación de espacios de aprendizaje con y para 95


las fuerzas vivas del barrio, como por ejemplo el trabajo con las juntas de vivienda para la constitución y consolidación de los barrios, el reconocimiento y trabajo conjunto con las madres parteras, la creación y funcionamiento de la biblioteca (que hace parte de la Red de Bibliotecas Populares de Antioquia), el apalancamiento de todo tipo de grupos juveniles y la creación y apoyo de medios alternativos de comunicación de carácter barrial, que se convirtieron en experiencias piloto para Medellín: colectivos de comunicaciones, periódicos barriales, radios comunitarias, canales comunitarios de televisión. •

Escuela Itinerante de Arte. Alcaldía de Medellín y organizaciones comunitarias. Una apuesta para la convivencia barrial y escolar desarrollada desde el 2006 por la Secretaría de Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Medellín, Corporación Nefesh, Casa de la Cultura de Pedregal, Corporación Canchimalos, Corporación Picacho y Corporación Simón Bolívar, con el objetivo de fortalecer la cohesión social de la población infantil juvenil de los barrios La Esperanza, Kennedy, 12 de Octubre, Pedregal, Picacho y Santander, de la comuna 6 de Medellín. Esta estrategia se desarrolla mediante la formación en talleres de danza, teatro, artes plásticas, música, comunicación y literatura, promoviendo la identidad cultural y la convivencia. En el área de comunicación se realizan talleres de prensa, televisión, apreciación de cine y fotografía; este último taller tiene como objetivo la vivencia de la imagen como herramienta que posibilita acercarse al mundo de la creación a través de la fotografía, generando nuevas perspectivas para el desarrollo de los niños y las niñas como seres humanos. La novedad es lo itinerante de la Escuela de Artes: no tiene sede, no se ubica en un centro o casa de la cultura, sino que se va moviendo por los barrios, en una tarea de formación permanente que llega a sectores de población que generalmente no acceden, por ausencia, por lejanía o por razones de violencia entre barrios, a la oferta cultural. Y se basa, para su aplicación, en el conocimiento, reconocimiento y valoración que tienen en esos barrios las propias organizaciones comunitarias.

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Lecturarte. Palabras que alimentan: Tus historias me ayudan a crecer. Campaña Abrázame con tus palabras. Fundación Ratón de Biblioteca. Yamili Ocampo y Sandra Oquendo. Desde el enfoque la biblioteca pública como ambiente educativo, se entiende por la relación que se da en un espacio bibliotecario donde circulan diversos materiales de lectura, estrategias de animación y promoción a la lectura y la relación entre los mediadores de la lectura y los lectores. Pretendemos que la biblioteca sea en sí misma un espacio de ambiente para la lectura, además de trabajar en función de las representaciones que los visitantes de la biblioteca y sus mediadores tengan de la lectura. La Fundación ha establecido relaciones con la Universidad de Antioquia y la Alcaldía de Medellín para realizar investigaciones sobre las prácticas y las mediaciones de la lectura y la escritura.

Diplomado en Mediación y Gestión Cultural. Corporación Semiósfera. Jairo Castillón. El aporte de la Corporación Semiósfera al fortalecimiento de la cultura comunitaria, más allá de la intervención pro-cultural, está orientado principalmente hacia la formación, la investigación y la reflexión teórica sobre el tema de la cultura en su relación con la sociedad. Desde y hacia la cultura, Semiósfera ejecuta proyectos para y con diversas entidades públicas y privadas de la región. Se resalta el liderazgo en el diseño del Plan de Desarrollo Cultural de Bello (ciudad de 600 mil habitantes, vecina y de Medellín) y ofrece de manera permanente tanto en su sede como en diversos espacios del Valle de Aburrá y Antioquia, capacitaciones en teorías de la cultura orientadas a la formación de agentes pro-culturales (mediadores, gestores, animadores).

Escuela Feminista. Acompañamiento a Institución EducativaCEDEPRO Diálogos Universidad – Comunidad. Corporación Convivamos. Edward Niño. La Corporación Con-Vivamos es una organización comunitaria de 97


carácter popular que promueve el fortalecimiento del movimiento comunitario alrededor del desarrollo local, a partir de la educación popular, la investigación acción participativa, la promoción comunitaria, la comunicación popular y el acompañamiento psicosocial. Dicho enfoque ha permitido acciones de articulación con las instituciones educativas, desde el acompañamiento en temas como: el conocimiento y apropiación del territorio, la desvinculación de niños y jóvenes a grupos armados y el apoyo psicosocial en la explotación sexual a menores de edad. Otro escenario que estamos trabajando, basados en una experiencia de Extensión Universitaria con la Universidad de la República Oriental del Uruguay, son los diálogos universidad – comunidad, donde se reflexiona sobre la propiedad del conocimiento, los mecanismos de relacionamiento y los impactos de las prácticas profesionales.

Además de las anteriores organizaciones de Cultura Viva Comunitaria, en estos encuentros de Escuelas Vivas tuvimos la participación de dos experiencias en diálogo con la ciudad: •

Universidad de los Niños. Universidad EAFIT. Ana María Londoño. La Universidad de los niños de EAFIT es un programa que propicia el acercamiento de niños y jóvenes al conocimiento científico que se produce en esta universidad (privada), a partir de talleres fundamentados en las preguntas, la experimentación, el juego y la conversación. Se desea como fin último movilizar paradigmas del conocimiento y de la investigación que se están produciendo. Esta iniciativa la conforman una red europea de Universidades de los Niños, que reúne alrededor de 370 programas de este tipo para difundir mejores prácticas y crear mecanismos que impulsen la comunicación y colaboración, con el propósito de mejorar la calidad y la extensión de este tipo de propuestas al resto del mundo.

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Programa Museo y Territorio. Museo de Antioquia. Giovanni Correa. El área de Museo y Territorios es un canal de diálogo que el Museo de Antioquia establece con las comunidades, siendo consciente de que un museo no puede quedarse estático, a la espera de ser visitado, y por eso sale al encuentro con diferentes poblaciones de la ciudad y del departamento, para propiciar reflexión y diálogo cercano alrededor de temas como los patrimonios (naturales, culturales, personales), la memoria (individual y colectiva) y las identidades. El programa inició como una estrategia formativa para transmitir conocimientos específicos en áreas como arte y pedagogía, curadurías participativas y construcción social del patrimonio. Museo + Comunidad es un programa que consiste en el acompañamiento por parte del Museo de Antioquia a los y las habitantes y líderes de diversas comunidades de la ciudad, para que ellos mismos realicen trabajos de investigación y reflexión de memoria, patrimonio y territorio.

Análisis del Encuentro La tesis que revela el diálogo de las experiencias de Escuelas Vivas es que la escuela no enseña lo que realmente hace falta para que el sistema educativo funcione. Desde distintos saberes y prácticas se esbozan propuestas que reconocen la integralidad del SER, el cual articula pedagogías desde el afecto, la educación contextualizada, las experiencias significativas, la importancia de erradicar la homogenización que tanto ha quebrado apuestas sobre la diversidad y las identidades y donde el arte es la fuerza integradora y la cultura es la comprensión profunda de un proyecto colectivo. El Encuentro Escuelas Vivas nos permitió una composición de las organizaciones comunitarias y de su vínculo con las instituciones educativas y avanzamos en el análisis de las intervenciones culturales en ambientes de aprendizaje formal y no formal. Fue clave pensar sobre las relaciones que se tejen en el contexto, considerando que el vínculo existente entre el mediador (docente, facilitador) y la comunidad es de gran importancia ya 99


que fija, de una manera u otra, aspectos relevantes en las características de la educación. En este caso concreto, Escuelas Vivas se pregunta constantemente por el lugar que ocupa el sujeto en el sistema educativo, en sus esferas personales, sociales, comunitarias, procesos que se construyen a lo largo y ancho de los movimientos sociales, influenciados además por políticas que en ocasiones son ajenas a las distintas realidades de la ciudad y del país. A continuación se evidencian tres categorías de Identificación, Distinción e Interrelación resultado de las experiencias expuestas:

Intervención directa o Caballo de Troya Pensar la escuela desde el ámbito cultural posibilita la comprensión del discurso de la cultura alrededor de la gestión del territorio y la divulgación del arte para dar cultura y cultura para dar sentido al arte, es decir, el arte como elemento de vivencia de la transformación social, y la cultura como el encuentro con la creatividad, la solidaridad y la expresión. Entender la presencia de propuestas alternativas como las antes mencionadas en una institución social como es la escuela, ha logrado niveles de aprendizaje en ambos escenarios y, a la vez, tensión derivada de la solicitud de los estudiantes que piden a sus profesores mantener pedagogías que les ayuden a “crecer en libertar” (Red de Educación Alternativa, 2012). Fruto de estas iniciativas quedaron propuestas para seguir conectando la realidad escolar con la realidad social y con el universo de niños y jóvenes:

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El trabajo colaborativo, como centro del proceso del aprendizaje y de la enseñanza, donde se construye el ser y se potencian capacidades como la confianza, base de la estrategia tejedora del proceso de la relación con el otro, y la participación, que es la postura del aprendizaje continuo pero desde quien pierde el temor de no saber y que emprende el camino del conocer sin niveles de jerarquización.


Interdisciplinariedad en saberes y prácticas. Comprender el fenómeno de la educación desde una mirada amplia que se pregunte por un ser integral, en oposición a la fragmentación del sujeto donde las ciencias ubican al ser humano, limitando las comprensiones de las relaciones humanas, miedos, temores, soledades, entre otros, realizando una acción colectiva del aprendizaje.

Transferencia de conocimiento o La Capacidad de Dar para crear y recrear Según Ezequiel Ander-Egg (2012), las prácticas “son un conjunto de actividades conscientes, organizadas y dirigidas de manera individual o colectiva que se hacen con las personas y que tienen como finalidad “[...] actuar sobre el medio social, para mantener una situación, mejorarla o transformarla”. En consecuencia, en las experiencias de Educación-Cultura se muestran la solidaridad y el espíritu comunitario, entendiendo que el aprendizaje es una interacción que tiene el poder de movilizar cuando se es capaz de trasmitir unificadamente el impacto de las acciones y el reconocimiento del otro en desarrollo de proyectos de vida colectivos. El aprendizaje es una construcción de toda la vida que promueve la individualidad, respeta los ritmos para poder que cada sujeto aprendiz sea autónomo en su proceso y para que en la medida que vea los logros por sí mismo pueda avanzar y sea una persona comprometida consigo misma.

Incidencia política o Diálogo de fuerzas, el reconocimiento de las políticas locales Interacción de lo público, privado y civil 101


La actual visión de la ciudad frente a los diálogos en el ámbito educativo se presenta en un relato centralista e institucionalizado y donde el proceso de los movimientos comunitarios se desconoce. Se resalta la relevancia del encuentro para dar lugar al diálogo permanente entre diferentes actores sociales: sociedad civil, Estado, empresa privada y universidad, para de forma conjunta construir la historia desde un imaginario colectivo donde se narren los aportes que tiene la ciudad desde las organizaciones culturales y sociales. Es clave construir un mapa integral de las acciones de Educación-Cultura en todos y cada uno de los barrios de nuestras ciudades y entender las lógicas de los procesos comunitarios desde su base, para que los actores en red puedan definir cómo incidir en la orientación de los procesos educativos. Esta es una consideración que reconoce la comunidad como eje del quehacer, de tal manera que podamos hablar de planes, programas y proyectos institucionales para fortalecer y contribuir a la sostenibilidad de prácticas desarrolladas por las organizaciones comunitarias. De forma concreta, esta línea propone influenciar sobre: • • • • • •

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El territorio como lugar de construcción política, en la comprensión de “Diálogo de pares” y en forma multinivel. La formación de los mediadores y la mediación cultural para la cultura. El relacionamiento de las experiencias entre organizaciones, que se constituya como patrimonio comunitario. La pertinencia de las políticas públicas que orientan presupuestos locales para la educación y la cultura. Interpelación de políticas públicas, que definen horizontes cristalizados. La discusión de las políticas culturales y educativas, su incidencia y la comprensión del sistema educativo formal y su relacionamiento con las apuestas alternativas con enfoque territorial. Activar la comunicación, el diálogo, la circulación de información e intercambio de conocimiento entre las universidades públicas y privadas y las organizaciones comunitarias en la construcción de perspectivas de educación popular.


Para cerrar: Pensar la forma como podemos incidir en la educación desde la cultura, y especialmente desde la Cultura Viva Comunitaria, es una tarea fundamental hoy en nuestro continente. En Medellín, en toda Colombia, tenemos ahora un gran reto: el de la construcción de la paz, a partir del esperado fin del conflicto de más de medio siglo entre guerrilla y Estado. Las últimas generaciones nacimos en un país en guerra. No hemos conocido un país en paz. No sabemos lo que es vivir en un país en paz. Aprender esto es ahora un imperativo social. Y ese imperativo tendrá en la escuela, en la educación, su principal escenario. Las organizaciones de Cultura Viva Comunitaria tenemos el enorme desafío de avanzar en nuestros niveles conceptuales, en el desarrollo de nuevas metodologías, en nuestra incidencia hacia esa educación necesaria para construir una nueva sociedad. Bibliografía Ander-Egg, Ezequiel (2012). Diccionario de Trabajo Social. Recuperado de: http://diccionariodetrabajosocialcolombia.blogspot.com/. Corporación Cultural Canchimalos, opción de vida en el arte (2011). Escuela Artística Integral. Recu¬perado de http://www.canchimalos.co/ escuelaeai.html Corporación Cultural Nuestra Gente (2007). Escuela. Recu¬perado de http://www.nuestragente.com.co/escuela.htm Corporación Semiósfera (2006). Quienes somos. Recu¬perado de http:// www.semiosfera.org.co/somos.htm Corporación Simón Bolívar (2014). Recu¬perado de http:// corporacionsimonbolivar.popularesydiversas.org/media/uploads/ documentos/palabrejas_con_orejas_final.pdf Diario ADN (2014). El hip hop tiene una nueva casa en Medellín. 103


Recu¬perado de http://diarioadn.co/medellin/mi-ciudad/casa-kolachopara-hip-hop-en-medell%C3%ADn-1.101506 Oquendo, D. Sandra (2013). Plan de lectura y escritura, comuna 1 – Popular. EN: El derecho a la lectura: Libros sin límites. Cocorota Inc. publicidad: Medellín. Peppersoul (2013). Crew peligrosos - Escuela 4 elementos. Recu¬perado de http://www.peppersoul.com/peppernotas/crew-peligrosos-escuela-4elementos.html Platohedro (2015). D-Formación. Recu¬perado de http://platohedro.org/ lajaquerescool/?paged=2 Reevo - Red de Educación Alternativa (2012). Video documental Educación Prohibida. Eulam producciones. Recuperado de http://www.educacionprohibida.com/ Universidad EAFIT (2014). Universidad de los Niños. Recuperado de http://www.eafit.edu.co/ninos/informacion-general/Paginas/quienessomos.aspx#.VZI1YRt_Okp Zapata, L. Lorena. (2015). Educación en Colombia, un texto inconcluso. Texto inédito: Medellín. Relatora:

Sandra Oquendo Red de Cultura Viva Comunitaria de Medellín y Valle de Aburrá, Colombia www.culturavivacomunitaria.org

Henry Arteaga.

Jeihhco. Yamili Ocampo

Luisa Fernanda Hurtado.

Sandra Oquendo

Mónica Rojas

Jairo Castrillón Roldán.

Jorge Blandón

Edward Niño

Juan Carlos Tabares

Ana María Londoño. Giovannui Correa.

Lina Mejía.

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Un quipu de mil nudos COSTA RICA

Mujer de palabra Escribo en este momento desde el rol que asumí como Directora de Cultura del Ministerio de Cultura y Juventud, desde mayo 2014. Un tiempo antes fungí como asesora del ministro Manuel Obregón sobre culturas comunitarias. Dos años y nueve meses intensos. La principal razón que me sostiene en las estructuras gubernamentales, siendo una persona que siempre he trabajado desde la sociedad civil, ha sido el compromiso adquirido con el movimiento de culturas vivas comunitarias. El movimiento ha sido mi sostén emocional y su agenda, la guía de acción. En septiembre de 2015 hicimos la selección de la Primera Convocatoria de Puntos de Cultura en Costa Rica. Puntos de Cultura nació en Brasil y es hoy un programa emblemático porque reconoce el papel fundamental de las organizaciones socioculturales en la activación de las comunidades como espacios de crecimiento, convivencia, creatividad, participación y buen vivir. Por la complejidad de los procesos institucionales, nuestra Primera Convocatoria de Puntos de Cultura tuvo un plazo de un mes y tuvimos que restringir la participación a organizaciones con personería, sin fines de lucro y con al menos tres años de experiencia. 125 organizaciones concursaron en nuestro pequeño país de cuatro y medio millones de habitantes. ¿Qué hubiera pasado si damos la posibilidad de participación a colectivos sin personería o a pequeños emprendimientos con otro tipo de personerías? La cantidad de solicitantes se habría triplicado, posiblemente. La gran participación en la Convocatoria habla del bullir que existe en cada rincón de Costa Rica en el campo de la cultura. Es una actividad efervescente, muy diversa y organizada, para hacer valer los derechos culturales: un ejército cultural que desde muy diversos campos se manifiesta, se pronuncia, defiende, propone, crea y es consciente de que la cultura está en el centro de la vida cotidiana y que debe estar en el centro de cualquier modelo de país que queramos construir y en el centro de cualquier política pública. Y así en el continente. 105


Un quipu de mil nudos Hasta hace unos cinco años no tenía la menor idea de que iba a llegar a trabajar desde el Estado, ni mucho menos que me correspondería una responsabilidad tan grande como la que me compete en estos días. Antes de esta historia trabajé con las comunidades, las organizaciones, las radios, las mujeres y la gente joven, siempre intentando conectar la emoción con la razón y con el cuerpo en los procesos de construcción de expresión, sentido e identidad. El Estado y las políticas públicas estaban ajenas a mi campo de interés. Pero la historia tiene más de cinco años, posiblemente el doble o el triple. Yo solo puedo relatar lo que ha pasado por mi piel. Es una historia que me cambió irremediablemente. Del norte hacia el sur hubo un viaje apoyado por la Fundación Avina que nos permitió conectar iniciativas de todo el continente, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. En ese espacio se encontraron las organizaciones pertenecientes a la Red de Arte y Transformación Social de América Latina (Perú, Argentina, Brasil, Chile y Bolivia), con las organizaciones socioculturales de Centroamérica. Entre la música, el ritual, el diálogo y el juego ratificamos la importancia de los encuentros presenciales como hitos en la construcción de un movimiento cultural, que todavía no tenía nombre. Si la historia de este movimiento fuera contada con técnicas ancestrales, tendría que ser un quipu, y cada encuentro, un nudo. Y así ha sido: cada encuentro un nudo para apretar las energías, conocerse y reconocerse como pares, definir la ruta de viaje y la siguiente parada. Después de Santa Cruz de la Sierra se abrieron los canales entre Centroamérica y Sudamérica, la comunicación fluyó, los compañeros y compañeras empezaron a viajar de manera más asidua, no sólo para hacer teatro o música juntos, sino para debatir, sensibilizar, compartir conocimientos e ideas. Mi memoria, que es selectiva, recuerda al argentino Eduardo Balán sentado en la sodita del Teatro Giratablas, planteando con vehemencia la necesidad de trabajar el vínculo entre Sociedad y Política. Que no podíamos, quienes 106


laborábamos en el campo de la cultura, seguir de espaldas al ámbito de las políticas estatales, donde se define el uso de los recursos. Y que nosotros también hacíamos política pública desde las organizaciones. A fines de 2010 nos reunimos en Medellín personas de 100 organizaciones culturales y de redes de cultura de Latinoamérica, convocados por los dos programas emblemáticos del aporte de la cultura a la transformación social: el Programa Puntos de Cultura de Brasil y la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín. Allí fundamos la Plataforma Puente para el Impulso de las Políticas Culturales en el Continente y nos propusimos como agenda principal lograr el 1% de los presupuestos nacionales para Cultura (que es mandato de la UNESCO) y el 0,1% para Cultura Viva Comunitaria. De este primer encuentro, además de la profusión de ideas, fue la pasión y el entusiasmo lo que llevó los vínculos y las dinámicas a otro nivel. Cultura Viva Comunitaria emerge como plataforma y logra convocar a organizaciones culturales ya consolidadas, a referentes del Estado de algunos países, pero pronto se convierte en un movimiento que suma cientos de colectivos pequeños y medianos de toda Latinoamérica. Foros de Cultura Viva, seminarios, talleres, encuentros… Una dinámica potente que refleja el poder de la interconexión y, en especial, refleja que las condiciones estaban dadas para un movimiento por los derechos culturales. Las y los líderes van y vienen, diseminando las ideas. En 2013 hicimos en Bolivia el Primer Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria, que movilizó a más de 1.500 personas de 300 organizaciones culturales de todo el continente, y con ellos, legisladores, secretarios de cultura, académicos, gestores culturales de municipios e instituciones públicas en búsqueda de nuevas maneras de entender la gestión cultural. El movimiento se tomó La Paz con su alegría y levantó agendas y abrió espacios de reflexión y debate. El siguiente nudo del quipu: En abril de 2014 en San José de Costa Rica fuimos sede del VI Congreso Iberoamericano de Cultura que organiza la SEGIB, Secretaría General Iberoamericana (Cumbre de Presidentes), y se marcó un hito político para Plataforma Puente pues logramos que el congreso se centrara exclusivamente en Culturas Vivas Comunitarias. 107


Agendas compartidas La construcción de una agenda compartida, que se recrea y se reinventa en su abordaje en cada país o región, pero tiene elementos comunes, se convierte en un potente elemento de incidencia. Reconocimiento, formación, recursos, diálogos intersectoriales y construcción conjunta, alimentar el tejido del trabajo en red, son algunos de los fundamentos clave de esta agenda que va cobrando vida en los diversos rincones del continente. Se desarrollan programas oficiales de Puntos de Cultura en Brasil, Colombia, Perú, Costa Rica, Argentina, Chile. Se realizan diversos programas intersectoriales. Surge Iber Cultura Viva, como fondo de estímulo entre ministerios de cultura de Iberoamérica para el intercambio de experiencias y la producción conjunta. Se amplía la reflexión acerca del carácter del quehacer cultural y se comprende que las organizaciones civiles también generan políticas públicas, muchas veces de manera más efectiva que los Estados.

Moverse, dialogar e incidir Y se hacen caravanas para sensibilizar, poner el tema, tocar corazones. La música, la poesía, los pasacalles se toman los espacios públicos con una sola consigna: mostrar la potencia de las dinámicas culturales comunitarias, unir las fuerzas, levantar las agendas, descolonizar los espacios. Llegan los colectivos de las semillas, de la siembra, de las mujeres, de las comunidades indígenas. Llegan más colectivos de medios comunitarios. El movimiento se enriquece. Cada vez somos más. Ahora ya no logramos reconocernos todos por los nombres, hay rostros nuevos y desconocidos que pronto se vuelven cómplices. Se mueve al ritmo de los tambores y cada vez más gente se siente convocada por las consignas de Cultura Viva Comunitaria. Una agenda poderosa se levanta de manera creativa, innovadora, apasionada. Las redes y los medios sostienen y proyectan.

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Poner sobre la mesa el tema de las políticas públicas de cultura, sus alcances, sus limitaciones. Levantar la voz para que se escuche y se tome en consideración. Estudiar, proponer, tener una postura como movimiento, en municipios, en regiones, en países. Convertirse en referente. Entre el 2010 y el 2014, en Costa Rica se construyó la política de los Derechos Culturales y el movimiento participó de manera consistente, influyendo en muchos de sus contenidos principales. En el 2013, en el marco de la campaña electoral tica, el movimiento de Cultura Viva Comunitaria, con el apoyo del Ministerio de Cultura, organizó un foro con candidatos políticos, quienes firmaron la carta del Movimiento de Cultura Viva Comunitaria y se comprometieron en ese acto a apoyar la agenda de trabajo. En mayo de 2014, el Ministerio de Cultura y Juventud designó como asesor a Diego Zúñiga (uno de los líderes locales de este movimiento) y quien escribe estas notas, Fresia Camacho, fui nombrada como Directora Nacional de Cultura de Costa Rica. Un año después, Sylvie Durán, otra compañera del movimiento, fue nombrada Ministra de Cultura de Costa Rica.

La toma de los espacios políticos El desafío fue, para algunos de nosotros, la toma de los espacios políticos: ya sea un trabajo mucho más articulado con instancias del Estado para el desarrollo de programas conjuntos; ya sea el diálogo y la construcción conjunta con instancias de cooperación (como la Organización de Estados Iberoamericanos, OEI), ya sea el asumir responsabilidades públicas, todo esto fue nuevo para muchas de las personas que estábamos levantando estas agendas. Se trataba de trascender el momento de los discursos y de la incidencia para asumir la responsabilidad en el ámbito público. Acompañados de la mano de excelentes gestores públicos, como Jorge Melguizo (Colombia) y Célio Turino (Brasil), tuvimos que “echarnos al agua” y reconocer las instancias del Estado como un espacio que es necesario intervenir, desde el cual se pueden generar transformaciones. Tuvimos que cambiar la perspectiva de mirar estos espacios como ajenos y entendimos que si no asumimos como propias estas responsabilidades, con toda la complejidad que implican, no podemos desde la acera de enfrente estar levantando agendas y señalando las cosas que hay que cambiar. 109


Estamos aprendiendo a lidiar con la maraña de leyes, reglamentos y dinámicas organizativas de las instituciones públicas, que muchas veces son contrarias a las necesidades y posibilidades de las comunidades y de las organizaciones. Hemos aprendido a dialogar con los funcionarios públicos, quienes muchas veces se sienten amenazados por otras miradas acerca de lo comunitario. Seguimos aprendiendo a lidiar con los tiempos del Estado, que son mucho más lentos que los tiempos del movimiento y de la sociedad civil. Comprendimos que para transformar el Estado se requieren otras armas diferentes y que hay que apoyarse en saberes especializados; que la consolidación de programas o proyectos requiere la instalación de mecanismos legales y de tejidos institucionales diferentes. Aprendemos día a día a elegir las luchas a dar, a enfocar las energías, a desarrollar la paciencia, a escuchar y aprender de quienes tienen más experiencia, a tener humildad (la presencia en un puesto político es algo temporal y en cualquier momento se puede acabar). A tomarnoslo con calma pero con prisa; en serio, pero con risa. De manera tesonera. Muchas preguntas, algunas sin respuestas. Una pregunta es cómo mantener el vínculo y el trabajo conjunto entre el movimiento y la institucionalidad pero a la vez cuidar la autonomía del proceso social, el liderazgo propio: cómo evitar la cooptación. Otra pregunta es cómo evitar el clientelismo para no repetir la política que beneficia a los propios y abandona o debilita a los ajenos. El Estado está al servicio de todas las personas, y en este caso al servicio de todos los grupos y organizaciones, se reconozcan como parte del movimiento de Cultura Viva Comunitaria o no. Desde la Dirección de Cultura Nacional de Costa Rica estamos trabajando en una agenda con tres puntos básicos: la instalación de fondos de estímulo que permitan canalizar recursos a las organizaciones socioculturales, mediante el programa Puntos de Cultura en Costa Rica y el IberCultura Viva; el impulso de programas de formación en gestión cultural; y el fortalecimiento de espacios de participación efectiva en la construcción de planes y políticas en los territorios, en la búsqueda de modelos de participación viables y que se sostengan en el tiempo. Se trata de establecer políticas públicas con mecanismos transparentes, participativos, equitativos y abiertos. 110


Desde el Despacho de la Ministra de Cultura y Juventud, Diego Zuñiga continúa de la mano con el movimiento, apoyando las caravanas para incidir en las políticas municipales, los encuentros, los festivales, el fortalecimiento de su autonomía y accionar.

Tiempo de autonomía, conectar y crecer Y el movimiento empieza a cultivar su autonomía. De abajo hacia arriba, desde sus propias lógicas. En Costa Rica, a finales del 2014 el encuentro anual planteó como tarea la desconcentración: de la mano de Carolina Picado y Oriana Sujey Vindas, se inició un nuevo tiempo en el movimiento de Cultura Viva Comunitaria de Costa Rica. Se identificaron los problemas claves: la participación de la gente de las regiones y la desconcentración; la autonomía política del movimiento; la representatividad; la permanencia. En cada región del país se convocan los “círculos de resonancia”, responsables de elegir referentes para el espacio de coordinación y para el espacio de comunicación. De abajo hacia arriba. Se construye un plan y propuestas basadas en esas dinámicas. Se abren espacios de diálogo en las regiones, con referentes políticos o institucionales. El movimiento se enriquece, crece, no tiene dueños.

Así como abajo, es arriba Con el crecimiento vienen nuevos desafíos: la discusión siempre presente del poder: quiénes toman las decisiones, quiénes representan, cómo se garantiza la socialización de información y conocimientos. Discusiones que retratan que el movimiento está en una nueva dinámica, que ya no son aquellos veinte locos iniciales, sino cuarenta, ochenta, cien… las locas y locos visionarios que quieren transformar el mundo desde el arte y que encuentran en este espacio, el lugar para hacerse las preguntas y buscar las respuestas. Tiempo de construir una ética compartida, de convocar, de ampliarse, de dejar de sentir que este movimiento es una organización con unos cuantos dueños. Tiempo de ampliar los círculos hasta el infinito e integrar a todos 111


quienes se sientan parte y compartan la agenda y las perspectivas, que abonen a este nuevo modelo de vida, donde la cultura estรก en el centro.

Autora: Sandra Oquendo

sandra@ratondebiblioteca.org Fundaciรณn Ratรณn de Biblioteca www.ratondebiblioteca.com Facebook: Fundaciรณn Ratรณn de Biblioteca

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Cultura Viva Comunitaria como movimiento social Una mirada desde Ecuador ECUADOR

“La Cultura Viva Comunitaria es la visión que alimenta a un movimiento social y cultural latinoamericano de base comunitaria, local, creciente y convergente que asume a las culturas y sus manifestaciones como un bien universal de los pueblos. Forma parte sustancial de las luchas populares de nuestras comunidades y del proceso de cambios paradigmáticos que se viven en lo global y en especial en nuestro continente, en torno a un nuevo modo de entender la relación entre lo público, lo comunitario y lo estatal”. 1er Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria

Consideraciones necesarias La construcción de un movimiento social sólido en lo cultural, de base amplia y con estrategias creíbles, implica replantearnos el alcance mismo de la política, de lo político y del poder y su relación con lo reivindicativo. Esta es una tarea permanente. Situarnos como actores socio-políticos cuestionadores de un sistema y a la vez constructores de alternativas, determina tener la capacidad de aprender de los fracasos y experiencias anteriores. Cultura Viva Comunitaria, como movimiento social, recoge múltiples voluntades diversas para una permanente lucha a favor de una real democracia participativa, para articular y fortalecer la capacidad de disputa política, para viabilizar la transformación social y un nuevo proceso civilizatorio. La construcción de Cultura Viva Comunitaria como nuevo sujeto histórico popular y plural obliga a instaurar en su interior un nuevo tipo de democracia, no solamente por su meta, sino por el proceso mismo de su construcción y que se desarrolle articulado al proceso de Latinoamérica y el mundo. 113


Breve análisis de la coyuntura continental Estamos en un nuevo contexto, con unas nuevas perspectivas, con nuevas posibilidades. Los gobiernos “progresistas” que afloran al momento en nuestro continente deben ser tomados en cuenta dentro de las estrategias, y sin duda ofrecen oportunidades y posibilidades que no existían antes y que pueden ser aprovechadas. La construcción de un movimiento sólido, de base amplia y con estrategias creíbles sigue siendo la tarea pendiente y fundamental. Estamos en un momento en el que se pueden reorganizar los movimientos de base. Pero en este proceso sería un error supeditar la construcción del movimiento de base a los gobiernos “progresistas”. La cuestión es que no van a cubrir todas nuestras expectativas de construcción de una política liberadora. Las condiciones objetivas para la construcción de un movimiento social contra el neoliberalismo siguen siendo las mismas que hace algunos años. Hay que cuidar la autonomía para no repetir la situación del pasado, cuando la entrada en las instituciones supuso la cooptación y descabezamiento de unos movimientos muchos más fuertes. En la gestión del Estado vemos todavía anclado el fortalecimiento del aparato productivo capitalista: generar riqueza con base en el modelo de producción capitalista y repartir de mejor forma esta riqueza y ampliarla al conjunto de la sociedad sin afectar los intereses de los poderes nacionales e internacionales. El sentido transformador de Cultura Viva Comunitaria radica en constituirse definitivamente en constructor del Buen Vivir que rompe el modelo de desarrollo hegemonizado por el poder del capital.

Cultura Viva Comunitaria en Ecuador Bajo estas consideraciones breves, desde el Ecuador comprendeos y planteamos la Cultura Viva Comunitaria como acciones sociales colectivas cuya consolidación debe darse a través de una autonomía y hegemonía propias. Entendemos que producir este nuevo sujeto histórico requiere algunas condiciones básicas, para poder aportar e incidir a corto, mediano y 114


largo plazo en el proceso liberador de nuestros pueblos. Es necesario entender el campo de disputa, el escenario integral en el que nos desenvolvemos y entender claramente cómo debemos articularnos. Elaborar una conciencia colectiva en el campo complejo de lo cultural requiere analizar los mecanismos de funcionamiento de la sociedad y entender sus lógicas, con criterios que permitan distinguir efectos y causas, discursos y prácticas. Este análisis debe ser producido con un aparato teórico, crítico y orgánico del Movimiento. A su vez esta construcción requiere de la ética, es decir, de una construcción constante conjunta en referencia a la dignidad humana y al bien de todos y todas. Hay que mantener los objetivos, determinando estrategias concertadas y realizadas en convergencia entre actores sociales diversos. Siempre manteniendo la coherencia. Alianzas como producto colectivo y no el resultado de un monopolio del saber, del conocimiento y de la política. Si la Cultura se caracteriza por un elemento afectivo fuerte y central, Cultura Viva Comunitaria - Ecuador convoca a un compromiso afectivo y efectivo del sector cultural, potenciando los innumerables canales de su difusión: la música, el teatro, la poesía, la literatura, la danza, las fiestas populares, la gastronomía, los saberes, en definitiva la Cultura Viva de nuestros pueblos. Vamos generando nuevos modos de estar juntos, un nuevo proceso social histórico concreto de saber-haciendo, construir caminos que abran procesos de empoderamiento colectivo en cada sector, zona, región de nuestro país. Procesos de construcción de propuestas, programas y proyectos alternativos.

Cómo lo vamos haciendo Para cumplir con los grandes objetivos debemos responder con nuevas estrategias de organización, representación y conducción. Nuevo tipo de organización, constituida desde abajo y capaz de impulsar el desarrollo autónomo de esa amplia fuerza social. Proceso organizativo que supone la apropiación por parte del pueblo de la política y lo político, con pleno derecho a decidir sus destinos además de construirlos y creando nuevas formas de democracia participativa. 115


Es necesario consolidar estructuras flexibles, abiertas, capaces de articular a los actores culturales organizados y a los no organizados, sus propuestas y aspiraciones. Cultura Viva Comunitaria es un camino posible que permite construir puentes articuladores entre los actores culturales, convocándolos permanentemente a ser partícipe de las decisiones que se tomen. Tenemos un gran reto dentro del proceso transformador que viven nuestros pueblos, puesto que el ámbito cultural es el de mayor integralidad, es allí donde se expresan las experiencias cotidianas. La cultura es el campo de disputa de sentidos y significados, donde no existen espacios vacíos; lo que no es ocupado por la cultura comunitaria es ocupado por la cultura hegemónica del capital. Es nuestra responsabilidad hacernos cargo de ello. Disputar el sentido común. Romper la supuesta racionalidad del sistema del capital y la validez de sus argumentos y propuestas, demostrar que sí es posible el Buen Vivir, otro modo de lograr la eficacia económico-social real. En este proceso es fundamental considerar y rescatar la riqueza de los pensamientos de los pueblos originarios, la educación popular, los nuevos pensamientos transformadores. Es imprescindible atender los procesos y manifestaciones de nuestros pueblos. Vale recordar a Mariátegui: para él, una procesión religiosa, por ejemplo, era también una manifestación, por lo que concebía posible entroncar los hábitos movilizadores de la religión con los objetivos liberadores. Cultura Viva Comunitaria supone buscar, indagar, no cerrarnos en nuestros criterios, escuchar. Es importante transformarnos y transformar a los ya formados. Por tanto construir este Movimiento de Cultura Viva Comunitaria determina saber utilizar sabiamente todos los medios posibles: la comunicación, la información, la formación, la producción, nuestras labores culturales, artísticas y reivindicativas diarias. Cimentar los valores como la solidaridad, la justicia social, el derecho efectivo al trabajo, el respeto a la naturaleza y la equidad de género, de razas y de inclinación sexual. Tareas de primer orden como generar medios de comunicación propios siempre que sea posible, apelar a las nuevas tecnologías, desarrollar expresiones artísticas, generar nuevos modelos de formación e ir generando modos de vida diferentes a los del capital en territorios concretos, que instalen la solidaridad como base de las relaciones humanas en la vida comunitaria y familiar, en las organizaciones culturales. Todo esto contribuirá a darle un 116


fundamento material y espiritual a nuestra nueva utopía transformadora y a nuestras luchas por conseguirla. Todo esto reclama empeñarnos en construir paso a paso lo nuevo con coherencia y transparencia entre el modo de vivir y el de actuar.

Lo realizado. El proceso de Cultura Viva Comunitaria en el caso ecuatoriano proviene de múltiples experiencias organizativas y de lucha de nuestro pueblo; de la organización y de lucha sindical, de la barrial, de los procesos de nuestros pueblos y nacionalidades indígenas, de los jóvenes, de las mujeres que desde siempre han venido bregando por alcanzar las utopías de la transformación social integral y definitiva. Así como en toda nuestra América Latina, la articulación de la Cultura Viva Comunitaria en nuestro país se viene desarrollando a lo largo de los últimos años, en el intento de contactar, dar visibilidad y fortaleza a las organizaciones y actividades culturales comunitarias que existen en el país. A partir de un Primer Encuentro de Cultura Viva Comunitaria de Ecuador realizado en noviembre del 2014 en Quito, varias organizaciones hemos venido desarrollando un plan de trabajo y contactos con otros procesos de Cultura Viva Comunitaria. Ha sido un proceso no falto de conflictos, debates y reflexiones. El desgaste existente en los movimientos sociales y su falta de credibilidad en los procesos participativos ha sido uno de los escollos que hemos tenido que ir rompiendo. Sin embargo, se han venido consolidando ciertas propuestas claras sobre cómo encaminar el proceso. En este Encuentro planteamos 5 puntos: 1. La movilización para la democratización del proceso y la realización de los Encuentros Semillas en cada una de nuestras provincias. 2. La movilización para generar los ámbitos necesarios para el debate, la creación y la puesta en marcha de procesos de transformación de las relaciones entre Estado y Sociedad Civil. 117


3. La movilización para implementar procesos de empoderamiento popular para exigir herramientas legislativas y modelos de Políticas Publicas de apoyo a la Cultura Viva Comunitaria, sosteniendo la necesidad de asignar un monto no menor al 0,1% de los Presupuestos Nacionales al apoyo de estas iniciativas en territorios y comunidades.1 4. Acoger los saberes, actividades y modos de vida de nuestras poblaciones ancestrales. 5. Aportar a la consolidación del Movimiento de Cultura Viva Comunitaria de Ecuador, propiciando intercambios internacionales con organizaciones del mismo carácter cultural comunitario donde se promuevan el diálogo intercultural, la cooperación y el desarrollo creativo, y se generen acciones de identidad y memoria cultural. Creemos en un Movimiento Ecuatoriano de Cultura Viva Comunitaria abierto y democrático, en modo presencial y también a través de Cultura en Red y otros mecanismos de representación. Bajo estos mandatos venimos desarrollando lo que denominamos los Encuentros Semilla, que son actividades a nivel provincial para elaborar o consensuar las temáticas y propuestas y que tienen como finalidad sumar conocimientos, capacidades, habilidades de personas y organizaciones de base a la vez que se genera un mapeo del territorio. Son eventos que utilizan las economías alternativas para su producción y que en misma propuesta pretenden ser un punto de partida colectivo para el abordaje y profundización de aquellas cuestiones y prioridades de las diversas comunidades que componen nuestra tierra (llakta). En los Encuentros Semilla y en medio de una gran Fiesta Popular, se trabaja con los siguientes criterios: • • • •

Desde las necesidades y organizaciones locales. Para generar un mapeo para trabajar en Red Para el posicionamiento de los actores culturales locales. Para generar una cadena de aprendizaje.

1 Plataforma Latinoamericana acordada en el Primer Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria, realizado en mayo del 2013 en La Paz, Bolivia.

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• •

Para generar productos desde las nuevas narrativas. Para generar laboratorios específicos desde los cinco ejes de trabajo peramente: Territorio, Legislación y Políticas Públicas, Comunicación, Formación y Economía Colaborativa (sustentabilidad).

Acogiendo estos procesos desarrollados y por seguir desarrollándose, se avanza en la planificación del Primer Congreso Nacional de Cultura Viva Comunitaria para el año 2016, que debe consolidar la articulación de organizaciones y redes, generar un espacio que logre favorecer el encuentro entre las experiencias y concretar avances significativos en el terreno organizativo y de lucha por políticas públicas favorables a estos procesos de organización popular, economía social y desarrollo local en Ecuador. Conclusión El proceso de Cultura Viva Comunitaria significa instalar otro imaginario social, basado en valores de solidaridad y equidad social e individual de respeto y cuidado de la naturaleza. Pero este nuevo imaginario social es necesario permanentemente resignificarlo, reconstruirlo. La lucha por la felicidad es inherente a nuestra humanidad y seremos mucho más fuertes si logramos integrar a nuestras luchas y resistencias la posibilidad de vivir plenamente el proceso, sabiendo que la lucha a la vez que es por la felicidad, es parte de ella. La creatividad, la imaginación, cual manantial inagotable potencia siempre el proceso de Cultura Viva Comunitaria. Y nuestro Movimiento va pasando de ser promesa a ser una experiencia viva enclavada en cada uno de nuestros territorios. “El sistema mundo en que vivimos, definido por el modelo consumista competitivo de la civilización capitalista occidental, así como se agota aceleradamente, así se recompone aceleradamente… Fundar y construir una nueva civilización humana significa fundar y construir un nuevo modo de vida”. Isabel Rauber 119


Referencias bibliográficas: 1. Plataforma Latinoamericana acordada en el Primer Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria, realizado en mayo del 2013 en La Paz, Bolivia. 2. Houtart, François. Los movimientos sociales y la construcción de un nuevo sujeto histórico. La Habana, 15 de abril de 2006. 3. Rauber, Isabel. Sujetos políticos: rumbos estratégicos y tareas actuales de los movimientos sociales y políticos en América Latina. Costa Rica: Ruth/DEI, 2005. 4. Documentos Cultura Viva Comunitaria Ecuador.

Autor: Nelson Ullauri Velasco

Red Cultural del Sur Red de Cultura Viva Comunitaria-Ecuador alterandolabrujula@yahoo.com | cvcecuador@gmail.com cvcecuador.blogspot.com | redculturalsur.blogspot.com Facebook: Nelson Ullauri Velasco

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CULTURA VIVA COMUNITARIA EN EL SALVADOR. RIQUEZA EN DESARROLLO EL SALVADOR

El presente artículo quiere ofrecer una reflexión sobre la cultura viva comunitaria desde la experiencia salvadoreña, en el marco de II Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria. Más que un documento cerrado es una exploración sobre algunos puntos que desde nuestro interés sobre el trabajo comunitario consideramos importantes. Si bien la cultura viva comunitaria siempre ha existido como un elemento diferenciador de nuestros pueblos latinoamericanos frente a occidentenorte, su conceptualización, organización y movilización, todavía en desarrollo es algo reciente cuyos efectos reales aún no logramos calcular. Su despliegue anuncia, como idea radical, que desde lo comunitario todavía es posible imaginar y construir nuevos pensamientos utópicos para nuestras sociedades. Las organizaciones de cultura viva son, en América Latina, los procesos que nos permiten refundar la acción de los movimientos sociales desde un proyecto integral, y de construir un paradigma civilizatorio alternativo frente al individualismo, la fragmentación y la mercantilización de la vida promovida por el capitalismo global. Es alternativo porque desde la perspectiva comunitaria, lo cultural se entrecruza de manera directa con lo social y más tangencialmente con lo político, generando así valores como: solidaridad, criticidad, reflexividad, compromiso con la historia y sus comunidades, reconocimiento de sus problemas, necesidades y potencialidades y empoderamiento para el mejoramiento o la transformación social.

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Red Salvadoreña de Cultura Viva Comunitaria La Red Salvadoreña es un mecanismo de diálogo e integración a nivel nacional que se encuentra en proceso de crecimiento donde participan integrantes de diferentes comunidades, asociaciones, grupos artísticos, artesanos y artesanas, colectivos, representantes de pueblos originarios, Consejos de Desarrollo Artístico Cultural Comunitario, radios comunitarias, Casas de la Cultura, colectivos de cultura urbana y diferentes instituciones y organizaciones vinculadas al quehacer cultural salvadoreño. Quienes se reunieron en junio de 2015 en un primer encuentro nacional de iniciativas de cultura viva comunitaria. Desde ese primer encuentro El Salvador se suma al movimiento continental de arraigo comunitario, local, creciente y convergente que asume a las culturas y sus manifestaciones como un bien universal y pilar efectivo del desarrollo humano. Que entienden la “cultura viva comunitaria” como el pueblo en movimiento, como la cultura que reivindica los espacios de la vida cotidiana: la calle, la esquina, la plaza, la tienda, el mercado barrial, las juntas comunales, los blogs y las redes sociales etc, que se contrapone a una cultura estática que es igualmente importante, potencial pero no dinámica. Desde esa perspectiva fue que nos sumamos a la campaña continental de Cultura Viva Comunitaria. Durante todo este año se ha sostenido un proceso de visibilización de la campaña continental de cultura viva comunitaria y un trabajo de articulación a nivel nacional donde se definen, por ahora los principales retos y desafíos de este germinal esfuerzo. La red se sustenta en varios procesos colectivos que vienen trabajando durante años en la construcción de nuevas realidades, reinterpretación y construcción de memorias al interior de las comunidades. En un primer momento el esfuerzo en red se ve animado por tres organizaciones: la Asociación Tiempos Nuevos Teatro, TNT, la Asociación Escénica y los Consejos para el Desarrollo Artístico Cultural Comunitario, Codacc. 122


Previo al encuentro de junio de 2015 las tres instituciones se dieron la tarea de propiciar encuentros a nivel zonal y nacional de experiencias de cultura viva comunitaria, así en abril de este mismo año se realizaron cuatro encuentros simultáneos en todo el país con sedes en Santa Ana, San Salvador, San Vicente y San Miguel y donde participaron expresiones de cultura viva de los catorce departamentos que conforman El Salvador.

Asociación Tiempos Nuevos Teatro (TNT) Tras la firma de Los Acuerdos de Paz en 1992, un año más tarde surge en San José Las Flores, primer municipio repoblado durante el pasado conflicto armado. Sus primeros integrantes son jóvenes vinculados al esfuerzo de la Educación Popular, entre otras tareas. Esto permite dar los primeros pasos y se conforman como promotores de arte y artistas escénicos, para apoyar la educación y la participación de la comunidad. En veinte y dos años de existencia, TNT ha montado más de cuarenta espectáculos, muchos de creación colectiva, inspirados en la realidad cotidiana. Realizan, hasta la fecha, más de seiscientas funciones en los escenarios más diversos, desde salas de teatro, pasando por plazas, casas comunales, centros educativos, auditórium, hasta parques y calles de toda la geografía nacional, centroamericana y de más de una decena de países de América latina, Canadá y Europa. En el año 2008 se concretiza la posibilidad de instalar la sede en la comunidad de San Antonio Los Ranchos, cerca de la cabecera departamental de Chalatenango, y una de las repoblaciones que TNT acompañó desde su origen. En este lugar abre el Centro Cultural Jon Cortina, su principal apuesta para estos años. Desde esta nueva sede se continúa impulsando el trabajo artístico y social y la producción de eventos artísticos como el Festival Artístico Chalateco y Festival del Maíz. A partir del 2011 se extiende su trabajo al departamento de San Vicente donde se desarrolla un proceso de formación dirigido a la Red Jóvenes del Valle del Jiboa.

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Asociación Escénica Durante el 2008 se conforma la Asociación Cultural para las Artes Escénicas –ESCÉNICA- con el objetivo de promover la profesionalización, producción y difusión de las artes escénicas tales como el teatro, la danza y la música entre la población salvadoreña, especialmente entre la niñez, juventud y mujer. Bajo la iniciativa del grupo juvenil Escena X Teatro ha dado seguimiento al trabajo artístico y comunitario realizado diversidad de producciones artísticas como obras de teatro, danza-teatro, intervenciones lúdicas y pasacalles que han sido presentados en teatros, plazas, parques y comunidades; teniendo presencia a nivel nacional en coordinación con instituciones gubernamentales y no gubernamentales. ESCÉNICA forma parte de la Campaña de Prevención de la Violencia de Género utilizando el arte social como herramienta de sensibilización en los centros escolares de más de 10 municipios. Está desarrollando trabajo de organización juvenil cultural en los municipios de Corinto, Ciudad Arce, San Juan Opico, Nahuizalco, Zaragoza, Cacaopera, Cinquera y San Vicente; utilizando una metodología lúdica, participativa y vivencial.

Consejos para el Desarrollo Artístico Cultural Comunitario CODACC. La idea de la creación de Consejos comunitarios surge en 2012 a iniciativa de promotores y artistas que observan la necesidad del trabajo del arte vinculado con la comunidad, de esta forma surgen ocho iniciativas en ocho municipios diferentes del país: Santa Ana, Sonsonate, San Salvador y San Vicente. De esta manera surgen las estructuras denominadas CODACC como instancia de participación ciudadana donde se articula e integran las diversas expresiones de los creadores, productores, investigadores del arte y la cultura, líderes y lideresas y toda la comunidad interesada en promover el arte y la cultura dentro de un municipio. Permitiéndoles ejercer de forma 124


organizada la gestión de políticas y proyectos orientados a responder a sus necesidades y aspiraciones en el área de la cultura y el arte. En este sentido los Concejos consideran que la creación artística es una dimensión esencial de la vida humana, y por ello debe promover la convivencia entre la diversidad cultural que existe y estar consciente de la multiplicidad de formas que adquiere la cultura a través del tiempo y del espacio. En 2015 se ha logrado articular el trabajo en red perteneciendo a la Red de Concejos los municipios de: Santa Ana, San Julián, Izalco, Nahuizalco, Nejapa, San Salvador, San Vicente y San Esteban Catarina.

II Congreso Latinoamericano de CVC para la Red Salvadoreña Para la Red Salvadoreña de Cultura Viva Comunitaria, el 2do Congreso Latinoamericano es la continuidad de un proceso de emancipación y autonomía de carácter popular local, que se articula hoy a un esfuerzo continental, en el que muchos actores sociales trabajamos por una agenda común. Una agenda que ha venido desarrollándose desde, con, y para las comunidades, a lo largo de los últimos quince años. Se trata de 120 mil experiencias populares y comunitarias que existen en el continente. La realización del Congreso también nos hace reflexionar sobre el desafío futuro de tener más incidencia en los espacios de planeación, decisión y aprobación de políticas culturales para garantizar que la cultura viva ocupe un lugar central y que se potencié la capacidad de actuación de las personas y grupos en los barrios de nuestras ciudades. Es decir su autonomía y protagonismo social. Por otro lado surge otro desafío, que sería un salto cualitativo, y es el de elevar el debate y la reflexión, así como la sistematicidad y el rigor conceptual de las múltiples experiencias de cultura viva comunitaria que existen en El Salvador. No sólo por la solidez y la vitalidad de nuestras propias experiencias, sino por su capacidad de transformación política. Para El Salvador significa un despegue en la articulación colectiva de 125


esfuerzos que históricamente han sostenido la esperanza, la pasión y la alegría de nuestras comunidades tan golpeadas por la violencia de los grandes mercados, la globalización y el neoliberalismo. Es importante apostarle a la consolidación de los procesos de Cultura Viva Comunitaria en el continente porque generan un avance importante en la construcción de una nueva sociabilidad y convivencia humana, desde una perspectiva de justicia y equidad, en armonía con la madre tierra y nuestros bienes comunes, como una propuesta nueva hacia Democracias más Deliberativas, Comunales y Participativas.

Antecedentes Es importante reconocer los procesos y experiencias anteriores que son coincidentes con los nuestros para proyectar mejor nuestro futuro. El trabajo que hoy realizamos, como Red Salvadoreña de Cultura Viva Comunitaria desde y con las comunidades, tiene su antecedente en las comunidades indígenas, que antes del etnocidio de 1932 funcionaban bajo el sistema de organización social de las cofradías1 y los guachivales2 que constituyeron espacios comunitarios de resistencia y disidencia con respecto al poder político y al poder religioso, cuyo impacto trasciende el periodo de la colonia, y continúa después en la vida republicana como una herramienta de resistencia cultural y lucha política en las comunidades indígenas. Pero quizá el referente más cercano sea la experiencia de conformación de los Poderes Populares Locales que se formaron durante las décadas del 70 y 80 en el contexto de la lucha de liberación nacional, en la cual el arte y la educación popular ocuparon un papel central para los empoderamientos comunitarios. 1 Las cofradías favorecían la cohesión social indígena e impulsaron sus prácticas culturales, hasta donde fuera posible. Esas prácticas se mezclaban con la ritualidad católica, y esa mezcla producía finalmente un híbrido que no gustaba nada a las autoridades eclesiales, quienes las veían como “un puro pretexto para deshonestidades, embriagueces y desórdenes 2 “Es una organización de devoción popular, que corría a cargo de particulares, no conducidas por mayordomos, sin libros de registro, sin control de cuentas. Los guachivales no hacían contribuciones oficiales a la Iglesia. Su colaboración era directa en la “organización de festividades” de carácter popular-religioso, el “incentivo del culto a los santos” y el “sostenimiento de la parroquia”.

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En las zonas controladas por la guerrilla, y en las comunidades que durante el conflicto armado vivieron el desplazamiento, el refugio, el retorno y la repoblación, florecieron expresiones de arte popular propias de las comunidades, en la música, poesía, teatro, danza y pintura, y se crearon nuevos valores como la colectividad, la solidaridad y la lucha. Además dichas comunidades forjaron procesos de resignificación y construcción de nuevos imaginarios, adoptando prácticas, formas de vida y de celebración propias de sus conquistas como comunidad. Un ejemplo de ello son los museos creados en muchas comunidades, con los que buscaban preservar su historia antes, durante y después de la guerra. De esta experiencia surgieron los conjuntos musicales Torogoces de Morazán, los Norteñitos de Chalatenango, Don Tito y el grupo San Isidro de Cabañas, Los Farabundo de Guazapa y Cinquera, entre otros tantos. Para la década de los 80 además del ideal de conquistar una sociedad nueva, lo que hizo que muchos artistas se sumaron al proceso revolucionario, fue el hecho de trabajar en virtud de que el arte y la cultura llegaran a ser patrimonio del pueblo, y que así como se perseguía una vida mejor en el plano material, también era necesario procurarla en lo espiritual y en lo cultural, y que los objetos artísticos llegaran al pueblo. Bajo este objetivo nace en 1983 la Asociación Salvadoreña de Trabajadores de la Cultura (ASTAC)3, cuyo objetivo primordial era llevar los bienes de la cultura a aquellos sectores de la sociedad que tenían menos posibilidades de acceso a ellos y mirar en el pueblo al autor y destinatario último de las grandes creaciones de la humanidad. Aunado a eso, se dio un proceso de educación popular transformadora tomando como inspiración a Paulo Freire. Este proceso sacó a muchos campesinos y obreros del analfabetismo. Se trataba de una nueva pedagogía en la que el individuo aprendía desde sus prácticas cotidianas, sus experiencias, razonamiento y su contexto social sin necesariamente asistir a una institución formal. Otro proceso igual de importante fue el que se integró con las Comunidades Eclesiales de Base y la teología de la liberación que vinculaban el compromiso cristiano con la opción por los pobres, la lucha por la justicia social y la incidencia en la vida política asociadas y los movimientos contrainsurgentes. De ese gran movimiento cristiano y esa opción clara 3 ASTAC fue fundada en enero de 1983 y en 1987 y contaba con nueve grupos artísticos activos en diversas actividades.

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hacia los pobres, también se encuentra lo que, hoy es uno de los pilares fundamentales de nuestra memoria, monseñor Oscar Arnulfo Romero. Aunque quizá todavía no hayamos hecho una reflexión crítica de ese proceso, de cuáles fueron sus alcances y sus limitaciones, creemos que ambas experiencias, aunque con diferencias contextuales, de algún modo son coincidentes con el trabajo de cultura viva comunitaria que hoy realizamos. Ambos proponen una praxis artística que produce nuevas formas de vida donde sentidos y pensamientos ya no son representaciones, sino que encarnan directamente la acción y los modos de ser de la comunidad. Un arte que se vuelve vida, vida que trastoca y transforma.

Cultura viva comunitaria. la necesidad de una política de estado En el Salvador, a pesar de esfuerzos que realizan algunos actores desde el Estado, como el maestro César Pineda a cargo de la Dirección Nacional de Casas de la Cultura para el Desarrollo de la Convivencia y del Buen Vivir, la cultura viva comunitaria no constituye todavía una política de Estado. Tampoco a nivel de los gobiernos municipales. Ello se debe, más que a la parte presupuestal, a una falta de visión y comprensión estratégica de lo que podría implicar una política de puntos de cultura, o de cultura viva comunitaria en el país. También, porque como concepto y modelo de gestión alternativo de la cultura, es todavía muy reciente. Por tanto, hace falta que los actores involucrados en el desarrollo y diseño de políticas públicas reflexionen más sobre el tema. Pues el hecho de que hoy la cultura viva comunitaria ocupe un lugar en la agenda académica y política, es gracias al trabajo que varios actores sociales impulsan de manera independiente como es el caso de la Asociación de Tiempos Nuevos Teatro (TNT), la Asociación para las Artes Escénicas (ESCENICA) y los Consejos para el Desarrollo Artístico Comunitario (CODACC) y que hoy, en el marco del segundo Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria promueven la construcción de la Red Salvadoreña de Cultura Viva Comunitaria.

Como Red Salvadoreña de Cultura Viva Comunitaria, nos suscribimos a la demanda del movimiento latinoamericano de cultura viva, de exigir a 128


los Estados que de los presupuestos nacionales se destine al menos 1 % a la cultura, y el 0.1% para cultura viva comunitaria. Demandamos la intervención del Estado por las siguientes razones: 1. La cultura es indicador de la importancia que un estado le da a su población como fuerza libre, creativa y protagonista de su historia. En una sociedad como la salvadoreña, en la que prevalecen otras urgencias y necesidades, la creatividad de la gente y estos espacios libres de la cultura no se reproducen de manera automática, sino que es necesario estimularlos. 2. El Estado debe hacer cumplir el precepto constitucional que en su Art. 1 establece que es obligación del Estado asegurar a los habitantes de la república el goce de la cultura y de su Art, 53 que establece que la cultura es inherente a la persona humana y que, por tanto, el Estado la tiene como obligación y finalidad primordial. De ahí la intervención pública. No tanto para que el estado asuma la cultura viva comunitaria, sino para proporcionar los espacios y herramientas que permiten a los ciudadanos convertirse en agentes culturales plenos en un proceso de diálogo e intercambio permanente. 3. Creemos que la Cultura Viva Comunitaria es la única posibilidad real para resistir a la oferta de las pandillas que acosa a nuestros jóvenes en los barrios, comunidades y cantones, y de ofrecer otros horizontes de vida. 4. Apelamos a la idea de que lo público lo ejercemos todos y todas y que en ese sentido, también somos protagonistas de las grandes decisiones de este país. Es importante tener en cuenta que existe el riesgo de que al exigir apoyo del estado o de iniciativas privadas muchas veces de corte neoliberal, los movimientos culturales al institucionalizarse puedan perder la espontaneidad, o incluso ser cooptados. Entendiendo por “cooptación la contaminación del mundo de la vida (cultura, sociedad, persona) por el mundo de los sistemas (Estado, mercado)4. Ante ese riesgo se necesita dar fuerza a una acción que desarrolle y fortalezca las competencias de los sujetos sociales que desarrollan la cultura viva, el reencuentro con las 4 Turino, C. (2011). Punto de cultura. El Brasil de abajo hacia arriba. (C. A. Velásquez, Trad.) Medellín: Secretaría de Cultura Ciudadana de Ia Alcaldía de Medellín. P. 68.

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personas y su capacidad de actuar como agentes históricos. El elemento de la emancipación surge como fundamental para evitar este proceso. Otro elemento a tomar en cuenta es que las políticas públicas no son neutrales, que aunque desde el Estado estas sean percibidas como mecanismos de políticas públicas, que se formulan solamente en una dimensión presupuestaria, organizacional o distributiva de las artes y del patrimonio, no por eso dejan de tener sesgos ideológicos. En ellas también se han generado tensiones de forma explícita o implícita sobre visiones de las identidades nacionales, étnicas, de género y clase. Por ejemplo, la exclusión durante todo el siglo XX de las comunidades indígenas salvadoreñas. El diseño de políticas culturales, por tanto, es también el diseño de proyectos políticos. Si pedimos que el Estado apoye a la cultura viva comunitaria es importante entender que estamos hablando de un paradigma nuevo de política pública, que pretende establecer nuevos parámetros para la gestión y democracia entre Estado y sociedad. Tal como lo planteó Célio Turino respecto a los Puntos de Cultura, en lugar de imponer una programación cultural o convocar a los grupos culturales para que digan lo que necesiten, preguntamos qué desean. “En lugar de entender la cultura como un producto, se le reconoce como un proceso.”5 Nuestro respuesta, frente a cualquier intento de querer dirigir e institucionalizar la cultura en un solo sentido, es el de otorgar centralidad a la “autogestión”, ya que, por su capacidad móvil de generar autonomías de colectivos independientes, por un lado activa relaciones entre movimientos o prácticas comunitarias y, por otro, redes de expresividad socioculturales y artísticas que estimulan la producción de nuevas identidades territorializadas. Asumimos la cultura como un espacio de luchas entre poder, representaciones, capital simbólico de las comunidades, imaginarios sociales, valores y significaciones pero también como un “espacio de libertad en que los seres humanos se hacen cargo de sus poderes creativos y los ponen en la tarea de imaginar y crear un mundo mejor”6 en donde el 5 Turino, C. (s.f.). Cultura viva comunitaria: la política del bien común Célio Turino. 6 Baldovino, R. R. (2013). La necesidad de una Le de Arte y Cultura. En Comisión

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pueblo es el máximo creador y destinatario del hacer colectivo. Es, en este sentido, que como Red Salvadoreña de Cultura Viva entendemos el apoyo del Estado y la necesidad de desarrollar políticas en virtud de la cultura viva comunitaria.

El arte como herramienta de transformación social La experiencia del trabajo comunitario nos ha ayudado a ampliar nuestros marcos conceptuales, y superar la visión institucionalizada de que arte solo son aquellas prácticas artísticas, canónicas, derivadas de “las bellas artes”. Más que dispositivo para crear distinción social o una colección de obras, monumentos y genios aislados, entendemos el arte como una praxis social o una forma de intervenir en la realidad que conlleva un proceso pedagógico que procura la comunidad, y la convivencia en medio de la diversidad. Es un espacio en disputa donde se manifiesta la creatividad de una sociedad, y se pone en juego la creación de horizontes de sentido y de comunidades estéticas. Nuestra disputa la libramos hoy desde la cultura viva comunitaria. Desde esa invención compartida que propone la apertura de un escenario distinto “en la relación entre las personas, en el que la transformación propia y la del mundo se subsumen en un juego orientado por el conocimiento colectivo”, en un salto lúdico hacia el futuro, hacia lo imposible.7 En el arte se definen nuevos escenarios “de nuevos objetos planteados como comunes, de sujetos capaces de designar a esos objetos y de argumentar sobre ellos”, implica la formación de los nuevos «yo», los nuevos «eso», en virtud de los cuales, quienes se encuentran en el arte pueden reconfiguran su mundo experiencial y asumir nuevos tiempos, espacios e identidades, es decir, de formar nuevas comunidades. De ahí nuestra defensa por que la transformación social también sea estética, que se potencie el magma de la de Cultura y Educación de la Honorable Asamblea Legislativa. Memoria del Foro Nacional de Consulta sobre el Anteproyecto de la Ley de Cultura y Arte (págs. 8-16). San Salvador. 7 Cfr. Red Latinoamericana de Arte y Transformación Social. 15 proposiciones para el debate.

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imaginación que reside en la gente, esa riqueza en desarrollo, para poder diseñar nuevos mundos posibles, más justos y democráticos. El derecho a la salud, a la educación, al agua, a la cultura, a la vida y al desarrollo son también una cuestión de estética. “Una encrucijada que nos invita a hacer del mundo entero una obra de arte y no el espectáculo frustrante de una especie que truncó su propio horizonte. El arte, lejos de ser un instrumento accesorio en este desafío, es una acción humana integral, contundente y transformadora del presente, un presagio activo del triunfo de la vida.”8 Su centralidad debiera ocupar un lugar más estratégico para el desarrollo de nuestros países. En El Salvador, por ejemplo, donde los recursos materiales son escasos y cuya mayor riqueza es su gente, el arte podría abrirnos otros horizontes alternativos. El arte por ser el lugar de lo inminente y de juego con la incertidumbre, permite configurar movimientos democráticos de contestación donde todavía se puede sedimentar nuevos pensamientos utópicos para la construcción de una colectividad futura.”9 Es por ello que desde la cultura viva propugnamos un lugar para que se desarrolle el pensamiento estético, entendiendo éste, como esa facultad que todos poseemos de ligar pensamiento y sensación como vía de acceso a la verdad, y para ello, lo único que se necesita es que asumamos como nuestra la potencia de la imaginación. Es una idea que contiene radicalidad puesto que una de la principales excusas para justificar el dominio y la desigualdad ha sido, precisamente, la jerarquía entre personas de razón (los hombres de razón) y personas de sensibilidad (las mujeres, los niños, los trabajadores incultos)10. El arte nos permite reconocernos como seres sentipensantes.

8 Red Latinoamericana de Arte y Transformación Social. 15 proposiciones para el debate 9 Baldovinos, R. R. (2013). Comunidades estéticas y colectivos artísticos de vanguardia en El Salvador (1960-1980). Identidades. Revista de ciencias sociales y humanidades. Estética y política en El Salvador 1940-1980(07), 106-138. 10 Baldovino, R. R. (2013). La necesidad de una Le de Arte y Cultura. En Comisión de Cultura y Educación de la Honorable Asamblea Legislativa. Memoria del Foro Nacional de Consulta sobre el Anteproyecto de la Ley de Cultura y Arte (págs. 8-16). San Salvador.

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Autores: Allan Barrera allanbarregaldamez@gmail.com Marlen Argueta Marlen.arguetasv@gmail.com

Red Salvadore単a de Cultura Viva Comunitaria

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UNA VIDA DIGNA DE VIVIRSE

Identidad. Convivencia. Autonomía. Consejos comunitarios de arte y cultura. Codacc A lo largo de tres años acompañando este proceso, como equipo nos repetimos con fuerza insistente la pregunta ¿hacia dónde vamos? ¿Qué habrá que hacer para mantener una línea de sano crecimiento, un proceso cualitativo sostenible en el tiempo? Son las preguntas claves que han derivado en diversas opciones que tienen que ver no solo con cuestiones de recursos, planificaciones y gestiones socioculturales. También y sobre todo tiene que ver con valores, la cultura de valores que implica una inmersión en los fondos de nuestra identidad histórica como pueblos, civilización y como seres humanos, se hace necesario una re significación de nuestros orígenes, roles y comportamientos en sociedad y en comunidad. Generalmente en este tipo de proyectos hay una ruta de desarrollo para los habitantes locales en el proceso de alcanzar el sentido de comunidad, convivencia y conciencia por el bien común, es por supuesto un proceso a largo plazo que transita por variadas etapas y a veces hasta desviaciones; cada territorio vive sus propias circunstancias, unos con mayor complejidad que otros, sin embargo las comunidades no viven aisladas, no se puede hablar de identidades locales o nacionales sin hablar de las articulaciones con las identidades internacionales. Para un plan de integración social por medio del arte y la cultura, debemos lidiar con la poderosa influencia externa, la cultura del nihilismo y el kitsch que invaden y dominan los ambientes de la actual civilización planetaria. En este sentido las preguntas dan cabida a una más, ¿Qué hace de la vida, una vida digna de vivirse? Hago la aclaración que las preguntas arriba expuestas nacen de las circunstancias particulares de los territorios en que ocho comunidades son protagonistas de este proceso, ellas son conglomerados distantes unos de otros en distintos municipios. Estas ubicaciones se dieron como condición original del proyecto, lo mismo que llevarlo a cabo con población civil y 135


colectivos comunales afines a la idea de trabajar por el apoyo a la cultura popular y cohesión social en comunidades. Posteriormente se le agregó la idea de “prevención de violencia” a los lineamientos del proyecto. Estas planificaciones surgen anteriores a nuestro involucramiento con los conceptos de Cultura Viva Comunitaria. En circunstancias normales un proyecto de esta naturaleza seguiría el curso normal de gestores y promotores culturales que con un plan definido se adentran en un determinado conglomerado social con problemas más o menos similares, sin embargo debido a la situación de inseguridad que vive el país existe la tendencia natural a promover y financiar planes de prevención y rehabilitación social que apunten a soluciones relativamente rápidas, sin embargo, en nuestro caso sabemos que a pesar de las circunstancias lo conveniente es generar procesos a largo plazo. En cuanto a nuestros propósitos de involucrarnos en los lugares, se nos dio la libertad de idear una estrategia que se sustentara en estas comunidades previamente seleccionadas para organizarse en base a programas de cultura y arte. Esto presentaba algunas ventajas y por supuesto, desventajas. Podíamos conocer la problemática desde el fondo de su condición doméstica colectiva y rutinaria para luego trabajar a conciencia en encauzar los esfuerzos organizativos hacia la participación y convivencia, en donde el arte y la cultura como reconocidos agentes de transformación social hicieran lo suyo. Lo otro es la dificultad para alcanzar tales metas en una forma transformadora a partir de bases históricas. En 1932 la clase militar en El Salvador tomó por asalto el poder político en alianza con el poder económico, iniciando sus primeras acciones antipopulares con la represión violenta en comunidades indígenas y campesinas enarbolando la bandera del anticomunismo. Comunidades y poblaciones enteras en el occidente del país fueron masacradas sin mayor distinción ya que en el fondo lo que estaba en juego era la apropiación de tierras, Ejidos, que los indígenas reclamaban como propias. A través de los años la tiranía militar mantuvo la persecución indiscriminada hacia cualquier grupo u organización indígena y campesina, extendiéndose luego a todo el territorio nacional rural o urbano institucionalizaron la represión “anticomunista” con la creación de un aparato militar y paramilitar contrainsurgente con el nombre de ORDEN. Las comunidades indígenas que sobrevivieron y sus nuevas generaciones crecieron marginadas y cohibidas, 136


subsistiendo en colectivos comunales religiosos tal como las cofradías y en prácticas de rituales ancestrales y danzas folklóricas. En sus peores épocas anteriores a la guerra, en el área urbana los colectivos políticos, artísticos y culturales contestatarios eran diezmados o forzados al clandestinaje. Un día el pueblo se organizó, la paciencia reventó y sobrevino la guerra. Con los acuerdos de paz, la izquierda organizada con el apoyo popular pone fin a la agresión militar sobre la población, con lo cual se comienzan progresivamente a generar abiertamente, expresiones de arte y cultura popular a través de colectivos formales o espontáneos, surgidos antes, durante y después del conflicto. Con la llegada de la paz se abre un tiempo con libertad de asociación, sin embargo, no faltarían los problemas económicos en un país de posguerra con gobiernos que propulsan políticas neoliberales y programas de cultura oficial conservadora mientras las fuerzas de izquierda se organizan en un nuevo escenario político. El proyecto de los Consejos Comunitarios CODACC nace de una de las instituciones de izquierda que impulsan el trabajo de equipo con la población en una forma colaborativa y de involucramiento crítico y auto crítico en su construcción organizativa a largo plazo. Esta visión es el resultado de reflexión y debates puestos en una estrategia planificada hacia la elevación cualitativa de la convivencia. La incredulidad fue una de las primeras reacciones de los pobladores en algunas comunidades. Un trabajo abierto sin orientaciones proselitistas partidarias y en búsqueda de buenos ciudadanos, artistas o no, despertaba las sospechas no solo de una población habituada a la intensidad política sino también de los gobiernos locales y de los partidos mismos. El despliegue de los agentes culturales en los territorios estableciendo las interacciones necesarias con los actores locales hizo posible la constitución de los Consejos comunitarios y con ello el inicio de una nueva forma de convivencia, sin embargo aunque ha habido muy buena acogida en la mayor parte de las poblaciones, en otras la situación es complicada, es quizá donde se percibe la herencia de la barbarie que sin duda levantó un muro sicológico de aislamiento y rechazo, un síntoma que entre otros, abona a la actual enfermedad social y que en las actuales generaciones ha derivado en violencia y pérdida de valores, una mayor desconfianza entre vecinos y su entorno, escasez de recursos materiales y espirituales y la falta de un sentido claro de vida; si a esto le sumamos la invasión indiscriminada de símbolos y objetos de la aplastante cultura universal del consumo y lo mercantil a 137


tope como valores modernos de convivencia, tenemos como resultado una población confundida y manipulada, una sociedad a la deriva. De aquí debíamos de partir para llegar al alma de la cultura popular, del problema de la Identidad dentro de un grupo social determinado y de un alarmante aislamiento interno de comunidades con problemas de desintegración familiar. El proceso atraviesa ahora su tercer año, a pesar de las dificultades presenta buenos logros en el sentido de una convivencia más participativa, en construcción de su base colectiva de valores y principios por sobre la tendencia a los vicios del exceso de individualismo, esto por supuesto sin dejar de mencionar la problemática y conflictos del día a día entre sus miembros. Los programas de formación artística, las capacitaciones, talleres, asambleas y debates, convivios y diversas actividades en los diferentes aspectos de la cultura de la siembra y cosecha, de las celebraciones patronales, las rutinas y actividades domésticas, en fin todo este engranaje de la cultura viva de la convivencia ha hecho posible percibir un salto cualitativo en este proceso social comunitario, sin embargo y a pesar de asumir como equipo una estrategia de facilitadores hacia la sostenibilidad en el tiempo, somos conscientes de un buen grado de dependencia de los Consejos hacia nosotros. Puede ser un problema en lo económico o en lo funcional administrativo porque son trabas habituales, pero es lo importante que avancemos como colectivos con la conciencia de la naturaleza del proceso y en camino de constituirse como un ente cultural empoderado y gestor de su propia causa. Hay mucho que hacer conjuntamente por la fortaleza de la Identidad y el derecho asimilado de Autonomía. “Necesitamos todo el arte posible que nos represente, nos refleje emocionadamente en nuestros rasgos meramente humanos, necesitamos revisarnos a nosotros mismos y cuestionar nuestros mecanismos de convivencia, ese ánimo creativo que nos haga remontar encrucijadas que nublan los horizontes, que desarrollemos el buen humor y la imaginación como medios para la sonrisa y la reflexión.”(Anónimo) El proyecto de los Consejos Comunitarios le apuntó desde el principio a esa dignidad de vida como la meta a la cual aspirar, sabemos por supuesto que en este tipo de proyectos el camino por recorrer es largo, es necesario desaprender los hábitos que como fantasmas actúan adheridos a nuestros subconscientes. En eso trabajamos con más y más necesidad de artistas. 138


Una comunidad ejerce autonomía cuando toma decisiones sobre elementos culturales que le son propios porque los produce o los conserva como patrimonio preexistente material o inmaterial, las fases del ciclo agrícola, las prácticas curativas, las interacciones con la vida doméstica, etc. pero no solo ahí la ejerce, también en sus gestiones con los diferentes actores nacionales o externos, sin embargo, aunque ahora en este país la mitad reconoce la injusticia histórica y la falta brutal de solidaridad del pasado hacia las poblaciones y sus culturas, asi como las técnicas de manipulación a conveniencia por fuerzas políticas tradicionales, también es cierto que resta mucho por desmontarlas . La construcción de autonomía en la que se encuentran los Codacc pasa por algunas asambleas, debates, reflexión y una articulación en Red que ellos mismos van orientando como un proceso hacia el conocimiento político social y su integración a las fuerzas vivas y progresistas de la nación, articulando junto a otros la Red Nacional de Cultura Viva Comunitaria. El equipo facilitador trabaja con ellos en procurarles esas herramientas administrativas así como las de corte esencial, las que nos deben conducir hacia la dignidad de vida en comunidad, a la vida digna de vivirse.

Autor: Óscar Soles

ojosoles@yahoo.com.mx Consejos Comunitarios para el Desarrollo Artístico Cultural Comunitario.

Codacc.

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Homenaje a los primeros hacedores de la Cultura Viva Comunitaria GUATEMALA

“Como un legado de los habitantes primigenios, el asombro hacia la naturaleza quedó marcado en la cosmovisión de los pueblos mayas. Inspirados por los elementos naturales, contempladores de astros, pacientes observadores de plantas y animales, los artistas y escribanos formaron estrechos vínculos entre el ser y su entorno. Las historias milenarias, contadas de generación en generación, talladas en piedra, pintadas en lienzo, pervivieron sobre la guerra y el abismo del olvido. Las prácticas ancestrales perduran hoy día, el llamado a las primeras madres y los primeros padres, la reverencia hacia la naturaleza, el elogio a la vida”.1 Javier Estrada

Abuelas y abuelos de los pueblos originarios del continente americano. ¡Hemos despertado! Aún hay mucho por cambiar estructuralmente pero después de un prolongado letargo y silencio volvemos a recordar, volvemos a decir, a cantar caminando por las comunidades, aprendiendo de sus montañas, bosques, volcanes, ríos, lagos y mares donde residen las semillas mágicas de las Culturas Vivas Comunitarias. Honramos a las primeras y primeros artistas, creadores, pensadores, cuentistas, artesanos, danzarines, tejedoras, cantoras, poetas, actores, actrices, gestores culturales y animadores comunitarios. Su vida y obra permanecen vigentes y nos inspiran a seguir imaginando y recreando el mundo. Les hablamos desde Guatemala, país plural, multiétnico, multilingüe y multicultural situado en el corazón de Centroamérica; conformado por cuatro pueblos, mayas, garífunas afro descendientes, xincas y mestizos y 23 comunidades lingüísticas, sumando más de 15 millones de habitantes.

1 Estrada, Javier. Arqueólogo. Texto escrito como regalo para este artículo y para las Culturas Vivas Comunitarias de Guatemala, 2015.

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Somos privilegiados por haber nacido en un territorio plural y diverso, con sus propios olores, colores, sabores y búsquedas. Agradecemos a los cuatro puntos cardinales, al corazón del cielo y al corazón de la tierra; a todos los nahuales que aclaran nuestro destino y misión de vida. El miedo y la barbarie nunca pudieron congelar nuestra existencia y nuestras luchas por el Buen Vivir. Ahora levantamos una sola voz, nos estamos organizando para construir justicia y bienestar social. En barrios y comunidades nos articulamos a grupos y redes de arte y Cultura Viva Comunitaria, hacemos Cultura de Red, basados en el respeto, la solidaridad, la complementariedad y la armonía. Nos tomamos los espacios públicos para generar convivencia, sembrando referentes de paz y amor por la vida en todas sus expresiones. La alegría y la creatividad seguirán tocando conciencias y corazones, para que nadie se quede atrás, como dice el Pop Vuh, libro escrito por el pueblo Maya2. Invocar la sabiduría de nuestras primeras abuelas y abuelos es mantener viva la cultura común, la identidad cultural enmarcada en la cosmogonía propia de cada pueblo. En verdad, somos afortunados por nacer en territorios que heredaron y siguen heredando valiosos legados culturales, que compartimos orgullosamente y con humildad con diversas culturas, aprendiendo juntos a preservar la vida.

Recordar para no olvidar, para que el pasado oscuro no se repita Pero hablar de cultura viva comunitaria es también conocer y reflexionar sobre aquel lado oscuro, desigual, racista, excluyente y violento de la historia que hemos vivido; y no cómo un cúmulo de fechas y acontecimientos si no como hechos que están vivos en el pasado. Es necesario conocer una historia que escuche las voces de los pueblos y culturas que han entretejido relaciones espirituales, políticas, sociales, económicas y culturales que aún siguen vivas en estos tiempos. La memoria colectiva es nuestro poderoso instrumento para promover la reflexión de educación para la paz.

2 Popol Wuj, en k’iche’, idioma maya: Libro del consejo o Libro de la comunidad.

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“Rescatar la memoria y los valores de la vida en comunidad, el Koomon, es importante para superar la tristeza, para compartir experiencias y construir un nuevo camino. Cuando nuestras palabras se juntan con las palabras de los demás, se reconstruye la historia y la memoria colectiva”.3

El daño causado en la sociedad de Guatemala se refleja en los cuerpos congelados por el miedo y la desconfianza; en el aislamiento y el encierro, la pérdida de los espacios públicos, la progresiva militarización social, la poca capacidad de debate, el desconocimiento de la memoria histórica y el escandaloso 98% de impunidad. Actualmente, debido a gobiernos corruptos e ineptos, la pobreza extrema ha alcanzado al 67% de la población. Los índices de violencia, intolerancia y desconfianza son elevados. Los indicadores de desnutrición, escolaridad, empleo, impunidad y seguridad, ubican al país entre los últimos lugares en términos de desarrollo humano, según recientes informes de Naciones Unidas. El poeta Humberto Akabal dice: “En Guatemala todo queda lejos, la educación queda lejos, la salud queda lejos, el trabajo queda lejos, todo queda lejos”. Para conocer más a fondo Guatemala es necesario leer el Informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, ICEH 4. Se trata de otro espacio común de nuestra historia, muy referida al dolor y al saqueo. En el continente vivimos invasiones, guerras, dictaduras, largos periodos de silencio e imposición. No olvidamos los genocidios, la discriminación, el machismo. Recordamos y dignificamos la memoria de centenares de personas, activistas, artistas y hacedores o cargadores de la cultura, que ofrendaron su vida para que siguiéramos cantando y danzando en comunidad.

3 Vipaleb´e´m as Nachb´al u Tenam Ixil. Memoria e Historia del Pueblo Ixil. Apoyo al Programa de Acompañamiento a la Justicia de Transición, PAJUST, del programa de Naciones Unidas, en colaboración con organizaciones y movimientos sociales para la memoria y los derechos humanos, Guatemala, 2015. 4 www.edualter.org/material/guatemala/segnovmemoria.htm

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“A pesar de la muerte y del dolor, las mujeres, hombres, ancianos, ancianas, niños y niñas sobrevivieron, sonrieron, se buscaron la vida. Tanta creatividad, fuerza y dignidad es la herencia de los abuelos y abuelas; gracias a las/los sobrevivientes conocemos toda esta historia para trasmitirla a las nuevas generaciones, los nietos y nietas del fuego y del agua, chuwa´ Kab´IJ.”5 (se traduce como mañana pasado mañana en idioma K´iche). Como lo expresa el poeta guatemalteco Otto René Castillo en el siguiente poema: COMUNICADO Nada podrá contra esta avalancha del amor. Contra este rearme del hombre en sus más nobles estructuras. Nada podrá contra la fe del pueblo en una sola potencia de sus manos. Nada podrá contra la vida. Y nada podrá contra la vida, porque nada pudo jamás contra la vida. Lamentablemente, cuando se hace referencia a los contextos y coyunturas de la mayoría de países latinoamericanos, nos estremece y nos indigna ese lado oscuro y turbio que vivimos cotidianamente desde hace décadas, 5 Ibíd.

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acumulando una profunda deuda social. Afortunadamente, nuestros países hermanos tienen su lado luminoso, lleno de humanidad, la mayoría de sus habitantes son personas creativas, honestas, emprendedoras, luchadoras, sencillas, solidarias y alegres; la gente es el mayor patrimonio de Latinoamérica. Por todos los territorios y culturas fluyen diálogos intergeneracionales y diversos, se articulan tejidos sociales de fraternidad. Las expresiones de la Cultura Viva Comunitaria se conjugan y entrelazan en sus dimensiones espirituales, lúdicas y conceptuales que constituyen sabiduría y referentes de aprendizajes. El lado luminoso de Latinoamérica es intensamente mutante y transformador, construye paulatinamente el equilibrio y la armonía.

La Cultura Viva Comunitaria palpita en las comunidades de Guatemala Desde la ancestralidad, las primeras generaciones originarias del continente potenciaron y desarrollaron capacidades creativas y expresivas dejando un legado cultural enorme que se puede conocer a través de los rituales y ceremoniales, con toda su poética y oratoria que traslada de generación en generación la cosmovisión y la espiritualidad. El pensamiento complejo y el pensamiento mágico son el soporte filosófico de nuestras culturas.

“Para comprender la visión del arte de los pueblos mayas es importante comprender su filosofía y cosmovisión, es decir su manera de ver la vida, el cosmos y el mismo ser humano. Los mayas somos una civilización que a través de siglos hemos producido pensamiento, ciencia, tecnología, espiritualidad y arte, como cualquier otra cultura”.6

En Guatemala el pueblo es cargador de la Cultura Viva Comunitaria, cada generación abraza y goza las manifestaciones culturales que suceden todo el tiempo; por toda su geografía y comunidades hallamos testimonios de creatividad e imaginación materializados en los tejidos más bellos y 6 López Branly. Las 4 Semillas del Pueblo Maya. Movimiento de Artistas Mayas Ruk’u’x. Entrevista Siglo 21. 2015.

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coloridos llenos de simbolismos que los conectan con la madre tierra y el universo; máscaras casi con vida, pinturas, diversidad de artesanías, hamacas, marimbas, tambores, chirimías, música y danzas que expresan éste país plural. Todas las generaciones necesitan acercarse y conocer más de sus raíces culturales, a través de la lectura de libros que fueron escritos por las primeras abuelas y abuelos, como el Pop Wuj7, el Chilam Balam8, Memorial de Sololá o anales de los Cakchiqueles9. Es oportuno complementar la lectura con publicaciones recientes hechas por organizaciones sociales, artísticas y culturales como Kaqla10, Q´anil11, Médicos Descalzos12, Uk’ ux B’e13, Liga Maya editorial Timach, Grupo teatral Sotz´il14, Metáfora15, entre otros. En los barrios y comunidades la gente y las familias se organizan para preservar las danzas y las expresiones lúdicas, artísticas y culturales. En Guatemala existen y se bailan danzas prehispánicas, como la danza drama del Rabinal Achí o Xajooj Tun, que data aproximadamente del siglo XV; por sus dimensiones teatral, dancística y musical fue catalogada en el 2005 por UNESCO como patrimonio oral inmaterial de la humanidad. Desde épocas milenarias, cada inicio de año esta danza es puesta en escena, en el espacio público. Es una de las celebraciones más importantes que aún se realiza en idioma maya Achí, es visitada por centenares de personas del país y del mundo y la comunidad participa activamente de esta danza. En el municipio Rabinal, baja Verapaz, animadores culturales, gestores culturales y danzarines han conformado semilleros de niñas, niños y jóvenes para que perviva la danza. En la actualidad los mayas cuentan con una de las obras milenarias más difundidas en el mundo denominada como Pop Vuh, que significa en 7 http://dev.worldpossible.org/mods/biblioteca/Idiomas%20Mayas/CAEL%20MUNIKAT/document%2811%29.pdf 8 https://es.wikipedia.org/wiki/Chilam_Balam 9 https://es.wikipedia.org/wiki/Anales_de_los_Cakchiqueles 10 http://www.cawn.org/11/esp/kaqla.htm 11 http://centrosanacionqanil.blogspot.com 12 http://www.medicosdescalzos.info 13 http://ukuxbe.org/Index.html 14 http://gruposotzil.org 15 http://www.fipq.org

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traducción al idioma español “la historia de la complejidad del tiempo”, con amplia difusión en diferentes idiomas; ha sido estudiado, analizado, investigado desde diferentes perspectivas sociológicas, antropológicas, gráficas, arqueológicas, lingüísticas. En todo su contenido relaciona mística, espiritualidad, mitología, astronomía, organización administrativa, épica, política arte, cultura e historia antes de 1524.16 En el libro se encuentran registrados glifos y epígrafes de las y los primeros artistas, hacedores culturales. Desde aquellas lejanas épocas, el arte y la Cultura Viva Comunitaria han acompañado las actividades comunitarias y los eventos políticos, sociales y deportivos.

La Danza del Chitic, danza en zancos sigue viva en las comunidades “...Junajpú el abuelo sol e Ixbalanque la abuela luna, bailaron el Phuy (baile de la lechuza), el Cux (baile de la comadreja), el Iboy (baile del armadillo), bailaron, también, el Ixtzul (baile del ciempiés) y el Chitic (baile del que anda en zancos).” Pop Vuh El colectivo Caja Lúdica a través del taller de Juego Público y Comparsa, ha promovido la creación y manejo de los zancos, juguete ancestral que permite otra perspectiva de la vida. Todos jugamos a ser gigantes. Jóvenes de barrios y comunidades conectaron con su ADN cultural y aprendieron a montar en zancos, haciendo grupos y legiones de gigantes que traen mensajes de paz, esperanza y alegría para las comunidades. Desde hace 14 años, en Guatemala Caja Lúdica y los grupos juveniles de arte comunitario organizan el Encuentro en Zancos, Danza Chitic, que en Diciembre 2014 congregó más de 600 zanqueros, personajes y músicos, quienes conformaron 16 Matul Daniel. Presidente de Liga Maya Guatemala y Director del Departamento de Pensamiento Maya. Guatemala

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una enorme comparsa cargada de belleza y asombro que se reflejaba en las miradas y sonrisas de miles de personas. Por iniciativa de jóvenes, animadores y gestores culturales se han recuperado expresiones culturales, danzas y tradiciones que fueron desaparecidas durante el conflicto armado interno; se han organizado grupos de teatro y artísticos que investigan y dialogan con los abuelos y abuelas, con los sacerdotes mayas y con las comadronas (parteras comunitarias), para hacer sus montajes y obras. Históricamente se han encontrado evidencias de teatro callejero y de teatro de sala desde la ancestralidad; los pueblos apreciaban el teatro y el arte en todas sus manifestaciones, el realismo mágico era parte de la cultura y de la vida, se incluía en las ceremonias, celebraciones, nacimientos, para los cultivos y conmemoraciones. La Cultura Viva Comunitaria era ritual. Hoy es ritual de vida. “Estos eran grandes sabios, adivinos y era mucha su sabiduría aquí en la tierra, era muy buena su costumbre, y enseñaron a sus hijos Hun Batz y Hun Choven el Hun Hunahpú a tocar en calabazo, a contar, y a pintar, a entallar, a labrar piedras preciosas, a plateros”.17 Los glifos, murales, esculturas y expresiones pictóricas y visuales eran colocadas en muros importantes, en edificaciones, cementerios y espacios comunitarios. El gobierno y toda la administración pública funcionaban en sincronía con los ritmos cósmicos y el propio fluir del universo, principalmente equinoccio y solsticio, lo que se puede verificar en la arquitectura y la disposición de las ciudades en los diferentes centros arqueológicos que se preservan en el país.

Avivemos la llama de los cargadores del tiempo Con el pasar de los años y el sentido migratorio de los pueblos se fue dando un enriquecedor sincretismo cultural, haciendo que localmente se asimilaran diversas manifestaciones de las culturas afro descendientes, europeas, asiáticas y nórdicas. 17 Ximénez, fray Francisco.(1973). Libro Pop Vuh. Traducido de la lengua Quiché al Español. Guatemala.

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Otras expresiones culturales de la vida contemporánea se cruzan con la cultura viva comunitaria ancestral, ampliando los imaginarios, convocando a las personas a potenciar y descubrir las capacidades; todos llevamos un artista adentro, como dicen las abuelas y abuelos, un talento, una misión que debe ser desarrollada, somos creadores y podemos imaginar y realizar acciones cotidianas para edificar un mundo con paz y justicia social. La gratitud que expresamos y la ofrenda de dignificación de la memoria cultural se hace extensiva, incluyendo a los pueblos afro descendientes que habitan con nosotros desde hace siglos en el continente Americano y en el planeta. Ante todo valoramos y reconocemos su ejemplar espíritu y actitud libertaria, respetuosa y amorosa de estar en la vida. Sus antepasados y generaciones presentes han iluminado a Latinoamérica y al mundo y tal vez a otros mundos, con diversas manifestaciones en las que se siente la Cultura Viva Comunitaria, vibrando en los corazones y en la alegría. La sabiduría que preservan los ancestros afro latinoamericanos inspira establecer relaciones entre las personas y con la madre naturaleza, basadas en el respeto, la confianza y el amor. Debemos indagar en las profundidades de una de las culturas más vitales para la pervivencia de la humanidad que proyectan valores y principios básicos, para la configuración del mundo que anhelamos. En el recorrido por los tejidos de la Cultura Viva Comunitaria nos sorprendemos encontrando maravillosas formas que inventa la gente cuando se organiza para continuar fortaleciendo la cultura viva comunitaria. En las comunidades rurales y en muchos barrios y centros urbanos de nuestra región, las personas prefieren hablar y accionar en plural, en comúnidad, como nos enseñaron las abuelas y los abuelos desde épocas milenarias. La gente dispone sus casas, garajes, patios, jardines para encontrarse y emprender viajes creativos, comparte sus alimentos de manera sencilla y generosa, se toma el espacio público; en las calles, parques, escuelas y mercados se comparte y socializa la Cultura Viva Comunitaria. El poder y la potencia creativa es inagotable y asombrosa, continuamente se integran y articulan grupos de teatro, danza, Hip Hop, cine, música, pintura, circo, coros, escritores, poetas, animadores, que tienen como soporte conceptual y lúdico, el arte comunitario y la educación libre para la transformación social. En todos los rincones urbanos y rurales de Latinoamérica palpita y respira 149


la Cultura Viva Comunitaria, con las particularidades culturales que nos diferencian y las diversas relaciones que nos conectan o unen como sociedades. La gran capacidad de autogestión comunitaria, la práctica de la economía solidaria, los invaluables aportes propios y otros aportes solidarios, propician la articulación de propuestas y acciones en torno al bienestar de las comunidades. Nuestra profunda gratitud a las primeras madres y los primeros padres de la cultura viva comunitaria iniciantes de ideas, valores y acciones, su sabiduría y conocimiento es nuestro mayor legado; con sus enseñanzas hemos aprendido a hablar en plural, a respetar y apreciar la vida en todas sus manifestaciones, a decantar la existencia, a reconocernos en los nahuales y misiones, a encontrarnos con nuestra energía primigenia, a escuchar el viento con toda su letanía, fuerza y movimiento, a desarrollar nuestra creatividad, a descubrir técnicas respetuosas ancestrales para transformarnos y armonizarnos con el universo. Continuemos trabajando por una vida más humana y digna; las comunidades nos observan, somos referentes, aprenden de la calidez y del abrazo, de la relación de amor que tenemos con la madre naturaleza, de los diálogos intergeneracionales y multiculturales que fluyen en nuestras sociedades latinoamericanas, de las propuestas comunitarias que lanzamos para que siga la alegría, la convivencia y la paz. Estamos construyendo ahora mismo el buen vivir. “¡Oh abuelos y abuelas! ¡Que amanezca, que llegue la aurora! ¡Dadnos muchos buenos caminos, caminos planos! ¡que los pueblos tengan paz, mucha paz y sean felices y dadnos buena y útil existencia!” Pop Vuh

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Autores: Julia Escobar // Doryan Bedoya

Colectivo Caja LĂşdica Guatemala cajaludica@gmail.com // www.cajaludica.org Facebook: Caja LĂşdica Guatemala Correo de Julia: ioalevilla@gmail.com Correo de Doryan: doryan@cajaludica.org

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Arte social, una aproximación a la Cultura Viva La experiencia de Walabis en la zona sur de Honduras Honduras en contexto

HONDURAS

Su nombre oficial es República de Honduras y su capital es el Distrito Central, formado conjuntamente por las ciudades gemelas de Tegucigalpa y Comayagüela. Ambas ciudades son el centro económico y político del país y sede del Gobierno de la República.1 La extensión territorial de Honduras es de 112.492 km² y su población aproximada es de 8,385,072 habitantes. El país tiene una tasa de natalidad que se sitúa entre las más altas del mundo: 4 hijos por mujer en la zona urbana y 7 en la zona rural.2 En Honduras el 80% de la población vive en pobreza. Tegucigalpa, Comayagüela y San Pedro Sula, capital industrial localizada en la zona norte, son los núcleos urbanos más importantes del país. Estas ciudades han atraído a gran número de campesinos debido al desempleo en las zonas rurales. Un 50.2% de los habitantes de Honduras son mujeres y 49.8 % hombres, predominando en ambos géneros un 52.3% de población total menor de 19 años, confirmando con esto que la población hondureña es en su mayoría joven y que un alto porcentaje integra el grupo económicamente activo. El porcentaje de población rural de 52.3% explica la alta dispersión poblacional, tomando en cuenta que una gran cantidad de comunidades cuentan con menos de 700 habitantes y están ubicadas en zonas de alta y media montaña, dificultando el acceso a los servicios públicos que el Estado está obligado a proveer. 1 www.xplorhonduras.com/datos-generales-de-honduras 2 www.acoes.org/100-honduras/datos-generales

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Honduras cuenta con un número considerable de grupos étnicos, entre ellos los que históricamente poblaron Honduras y que todavía subsisten: Pech Tawahka, Lencas, Tolupanes, Chortís y las nuevas entidades étnicas que se conformaron después del siglo XVI: Miskitos, Garífunas y Creoles (negros de habla inglesa). Además, la base poblacional son los mestizos: mezcla de europeo, indígena y negro. Por lo que hace de Honduras un país multiétnico, por consiguiente un país multicultural.3 En Honduras el bajo Índice de Desarrollo Humano (IDH = 0.651) lo incluye en el grupo de países con alta inequidad social. El producto interno per cápita lo ubica, en 2015, en el lugar 137 entre 196 países4. La tasa de crecimiento del producto interno bruto (PIB) es de apenas un 3% y la tasa de inflación es de 12%5. La tasa de analfabetismo de adultos se sitúa en torno al 16.8%, siendo el 8.9% en el área urbana y 23.3% en la rural, y la escolaridad promedio es solo de 4.8 años. El 38.8% de los niños y niñas del área urbana reciben educación preescolar y el 85.7% de los niños en edad escolar (7 a 13 años) asisten regularmente a establecimientos de enseñanza básica. El 29.7% de los jóvenes de 14 a 17 años asisten al nivel de educación secundaria; y el 9.8% de los jóvenes se encuentran en el nivel de enseñanza superior. La matrícula de mujeres en los niveles de preescolar, secundaria y superior sobrepasa la matrícula de varones, mientras que en educación primaria el porcentaje es similar: 48.9% varones y 48.2% mujeres6. Según los datos de la Encuesta de Hogares de mayo de 2010, quedan sin asistir a centros educativos formales 434,856 potenciales estudiantes. Desde una perspectiva de equidad este es uno de los grandes desafíos que enfrenta Honduras.

La coyuntura artística y cultural de Honduras En el 2014 el gobierno nacional suprimió la Secretaría Nacional de Cultura y hoy es Dirección dependiente de la Secretaría de la Presidencia, lo que 3 4 5 6

www.monografias.com/trabajos93/grupos-etnicos-honduras www.datosmacro.com/pib/honduras www.bvsde.paho.org Ídem.

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evidencia el poco valor de la cultura en la sociedad hondureña desde la perspectiva del Estado, que no ha considerado el vacío que genera desde lo oficial en la construcción de una identidad social y nacional. Las actividades culturales desde el Estado hondureño se han convertido en meros ejercicios didácticos escolarizados donde se estandariza la cultura del país, situación que produce invisibilidad de la Cultura Viva que genera la sociedad en su conjunto y en la diversidad cultural que posee el país, a lo que se suma la aculturización que desde lo formal e informal de la sociedad va ganado terreno cada día en la población hondureña, sea desde la televisión, el cine, la radio, internet. Lo anterior da como resultado una nula valoración de las manifestaciones culturales propias que aún persisten, lo que se convierte en una amenaza pues genera la idea que no se cuenta con Cultura Viva en el país.

Walabis, un agente de arte social en la promoción de la Cutura Viva en Honduras Walabis es una organización que tiene sus orígenes en los años noventa y se dedica a la animación socio cultural a través del arte, con programas de diferente naturaleza: social, económica, ambiental, educativa, entre otros. La estrategia de intervención la realiza con jóvenes, a quienes brinda formación artística como facilitadores de animación socio cultural, los que a su vez intervienen en la comunidad en la que viven, reproduciendo parte de su formación y proponiendo otras formas propias de interactuar con el propósito de contribuir a mantener y desarrollar las manifestaciones artísticos culturales de la comunidad como un patrimonio necesario para su realización individual y colectiva, desde un enfoque artístico cultural como parte fundamental de la cultura de la sociedad en general. En el año 1998 Honduras sufrió las consecuencias del huracán Mitch, que provocó una gran cantidad de damnificados que fueron instalados en macro albergues localizados en las zonas periféricas de Tegucigalpa, a quienes además de atención material se les brindó acompañamiento psicológico. 155


Walabis participó en ese entonces con actividades artísticas con los niños, niñas y jóvenes de los albergues, en una experiencia que marcó un giro en las acciones que Walabis realizaba y que nos motivó a reformular la intervención artística como una oportunidad y vía para conducir procesos de animación socio-cultural. Este hecho lanzó a Walabis a una nueva dimensión de intervención. En el año 2001 iniciamos la construcción del concepto de arte social como una estrategia de educación alternativa no formal, convencidos de que al final todo es social y de que el arte como expresión es una actividad que puede ser comunitaria, no solo individual. En el año 2012, Walabis se constituyó como una empresa de servicios múltiples, dándonos la oportunidad de desarrollar proyectos artísticos, culturales, educativos y sociales, a la vez de ofrecer servicios de carácter comercial, lo que le permite sostenibilidad y no dependencia, garantizando poder seguir realizando arte y acción social. En ese año iniciamos con los proyectos de Seguridad Alimentaria con el componente de arte social y educación alternativa no formal en la zona sur de Honduras. Hasta la fecha, la población atendida por Walabis asciende a 50.000 personas de las áreas rural y urbana. Cuenta entre sus financistas a organizaciones internacionales como Hivos, Oxfam, One Drop y Amigos de HolandaHonduras. Walabis cuenta con 25 colaboradores entre personal contratado y voluntariado; además, ha producido material bibliográfico de autoría propia: Manual de Teatro, Manual de Títeres 2005 y la colección editorial Arte y Lúdica, que contiene los manuales de Derechos Humanos (libertad de expresión y cultura de paz), Seguridad Alimentaria y Cuidado del Agua. Estos materiales educativos se caracterizan por la construcción de valores, comunicación y resiliencia (capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas). Hoy promovemos la Cutura Viva Comunitaria en Honduras, convocando a otras organizaciones artístico culturales de diferentes zonas del país que trabajan con diferentes grupos generacionales y étnicos, para debatir sobre el papel de la cultura en nuestra sociedad y su papel en la conformación 156


de una Red Nacional de Cultura Viva Comunitaria. Las tareas inmediatas son la realización de un mapeo actualizado de las organizaciones que realizan actividad artística y cultural, establecer relaciones entres estas organizaciones e impulsar una descentralización de la cultura en el país. La Red impulsará la campaña para obtener el 0.1% de los presupuestos públicos para la Cultura Viva Comunitaria y será la que mantenga la interlocución internacional con Plataforma Puente.

Walabis y su experiencia en la zona sur de Honduras En el año 2013 Walabis se postuló para trabajar en la sensibilización y movilización sobre seguridad alimentaria y cuidado del medio ambiente a través de estrategias de animación socio cultural en comunidades que forman parte del llamado corredor seco de Honduras (cordón de pobreza) que comprende a departamentos de las zona sur y occidental, Entedemos nuestra intervención en estos contextos como la activación de saberes y manifestaciones artísticas y culturales de la zona, que incluye investigaciones diagnósticas de sus poblaciones e identificación de manifestaciones culturales como las tradiciones orales y sociales. Diseñamos las actividades artísticas, educativas y lúdicas a desarrollar con la población juvenil de la zona, que fue el segmento seleccionado para la intervención social. Impulsamos la creación del Centro de Formación Artística Comunitaria “Gota Mágica” en la comunidad de Pespire, departamento de Choluteca. Además de visitar Intervinimos en 120 comunidades de la zona del corredor seco, las que han sido caracterizadas como zonas vulnerables de fenómenos climáticos, pero además comunidades socialmente herméticas. Iniciamos con comparsas, que incluían zancos, malabares, música entre otros. Durante estos eventos los pobladores asistieron motivados por la naturaleza misma del evento: tradicionalmente, la comunidad ha sido convocada a cambio de algo o por un movimiento político, así que parte del logro de estas movilizaciones es romper con esas dinámicas de sumisión. Se implementaron brigadas artísticas, noches culturales, laboratorios de 157


cocina, y talleres artísticos de sensibilización de seguridad alimentaria y cuidado del medio ambiente, los que a su vez contenían formación de habilidades para la vida (motivación, autoestima, resiliencia…), derechos humanos, libertad de expresión y cultura de paz, todo desde la estrategia de campamentos temáticos. También se ofreció el curso de educación no formal de Facilitador de Arte Social, que incluye diferentes opciones: artes escénicas, teatro, estatuismo, títeres, circo social, malabares y zancos, plástica, pintura-muralismo, audiovisuales, animación socio cultural y producción de eventos artísticos y culturales. La duración de este proceso ha sido de tres años de trabajo de campo por parte del equipo de colaboradores de Walabis, participantes directos, voluntarios y de la comunidad. Durante el proceso de formación de los facilitadores de arte social se incluyó la réplica de lo aprendido, que consistió en realizar jornadas dentro de la comunidad por parte de las y los participantes en las que ellos mismos comparten con la población de la comunidad que llega desde los centros escolares, organizaciones comunitarias, patronatos, etc. Así se potenció la formación en lo temático a través del arte a la población en general. Además se pudieron obtener como resultados de esta intervención, durante todo el tiempo de trabajo, la producción de un disco con expresiones musicales de la zona, el film Carpe Diem (sobre bullyng), un documental sobre la historia de la danza de la zona sur de Honduras, un documental de historias, tradiciones y costumbres de Pespire, un vídeo tutorial de cocina tradicional de la zona sur y un taller de animación socio cultural con las fuerzas vivas de la comunidad. En el 2014, como actividad de finalización de esta etapa del proyecto de formación, se organizó el Primer Encuentro de Arte Social de la Zona Sur de Honduras, que contó con la participación y representación de 20 comunidades de la zona con las que conformó la Red de Arte Social de la Zona Sur. Para conformar esta red diseñamos un taller con enfoque participativo, activo y lúdico que dió como productos la organización de los grupos por comunidad y la elaboración de un mapeo de animación socio cultural de las actividades artísticas y de organizaciones comunitarias. La metodología para abordar los temas de cultura, arte, animación cultural y arte social fue desde un enfoque de construcción social de los saberes en 158


la que los y las participantes fueron protagonistas en la definición de nuevos paradigmas sobre el arte y la cultura, siendo el equipo de Walabis meros facilitadores del proceso. Los resultados fueron 84 nuevos Facilitadores de Arte Social de 20 comunidades, establecidos como una Red de Arte Social al servicio de las comunidades para el fortalecimiento de las actividades artísticas, culturales y de animación. Actualmente se realizan acciones entre Walabis y quienes participaron de este proceso para dar continuidad y sostenibilidad a su formación, tanto en disciplinas artísticas como en formación humana, gestión, animación socio cultural y de emprendimiento cultural. Estamos promoviendo las pasantías de intercambio con jóvenes de otras zonas del país y con la Red MARACA (Movimiento de Arte Comunitario en Centroamérica) con el fin de promover el diálogo, la confianza y el intercambio de saberes que se traduzcan en propuestas creativas propias. Lo que buscamos hoy es fortalecer la Red de Arte Social de la Zona Sur de Honduras mediante el desarrollo conceptual y metodológico de la Cultura Viva Comunitaria.

Autores: Carlos Rodezno // Caridad Cardona

Walabis Movimiento de Arte Comunitario en Centroamérica (Red Maraca) walabiseducacionarteyludica@gmail.com www.walabishonduras.blogspot.com Facebook: Walabis Honduras

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Red de Cultura Viva Comunitaria: Hacemos parte del despertar de México MÉXICO

México está viviendo un “despertar democrático”, nos comparte nuestro compañero Rafael Paredes, de Abarrotera Mexicana. Podría decirse que, en los últimos años, a partir del movimiento estudiantil #Yo Soy 132 nacido en mayo de 2012, comunidades de nuestro país se han organizado en una diversidad de movimientos con múltiples causas sociales. El contexto nacional actual es de violencia y guerra; de falta de inversión, con presupuestos de base cero; centralización de los recursos, programas y acciones; perspectivas de asistencialismo, burocracia, paternalismo; inequidad, injusticias, falta de respeto a los derechos, poco impulso a la construcción de ciudadanía y, por ende, poca participación de la sociedad civil en la generación de las políticas públicas. En ese marco, 10 agrupaciones de 6 Estados nos unimos en una la nueva Red de Cultura Viva Comunitaria México: la organización comunitaria Aché Tének, de Tamaulipas; Colectivo Wacha mi Barrio, de Coahuila; Colectivo Altepee, de Veracruz; Colectivo Habitajes de la Ciudad de México; Comunidad Comelibros, de Puebla; Abarrotera Mexicana; la ONG Más Música Menos Balas; Casa de Hospitalidad CW Anglicano; Colectivo Cultural Polanco y CulturAula - Comunidades en Aprendizaje, de Jalisco. La decisión de formar parte de este movimiento latinoamericano se da porque coincidimos con la visión de la Cultura Viva Comunitaria y creemos que puede ser ese puente que debemos ir tejiendo juntos para articularnos y darle valor, forma y rumbo al trabajo en comunidades “glocales”, que al incidir en lo local también lo hagan en lo global. Nos impulsa construir respuestas a los principales retos que diagnosticamos 161


en nuestras comunidades, aunque en distintos niveles y escenarios, pero que son los que se dan de manera general en el país: la violencia, el poco o nulo presupuesto para la cultura y, en general, para los programas sociales y educativos, la falta de reconocimiento al trabajo autónomo de la sociedad a través de políticas públicas. Pero también, y más puntualmente, la comprensión de la labor cultural como proceso y no solo como espectáculo, activismo o “eventitis”; el acceso a la cultura como derecho; la formación que impulse la participación como actores y no como públicos espectadores; la construcción de ciudadanía más allá de considerar a los “beneficiarios”, programas y acciones como objetos de mercado en compra-venta; la inclusión, la labor integral y, además, la propia articulación de las organizaciones que ya existimos, para finalmente lograr incidir en el bien-estar y desarrollo de las comunidades.

Articularnos para incidir Cada colectivo de Cultura Viva Comunitaria México tiene sus propias metodologías, sus estrategias de gestión, sus estructuras y objetivos definidos. Aún somos agrupaciones aisladas que no logramos trabajar como red, pues aunque estamos conectados no contamos con mecanismos y estructura que nos permita interconectarnos para realizar una labor articulada, lo que podría llevarnos al mero activismo. Coincidimos en que ese puede ser el mayor aporte de Cultura Viva Comunitaria México: articularnos y sistematizar experiencias, metodologías propias y evaluaciones que permitan construir procesos que incidan en las políticas públicas y aporten al desarrollo de las comunidades, transformándonos de verdad. Bajo el discurso de paz y reestructuración del tejido social, múltiples programas de gobierno en torno a la prevención, seguridad, cohesión, convivencia, comunidad y cultura mantienen al margen la construcción de ciudadanía al considerar a los que deberían ser procesos de convivencia como eventos en los que el objetivo es llenar cupos, listas de asistencia y 162


evidencias de fotos; a los proyectos sociales los consideran como acciones de “ayuda” a quienes habitan en las colonias o barrios; a los emprendedores los forman y los asumen como competidores en la generación de dinero, y a las inversiones las consideran como oportunidades de los empresarios de armar comercializadoras para ser proveedores en los rubros posibles. Tanto en el diseño de las políticas federales como en las municipales, aunque de palabra se pretende impulsar la participación de la comunidad, en la práctica son los propios gobiernos (sus funcionarios de todos los niveles) quienes se encargan de cerrar las posibilidades de una real participación; no se ha logrado empoderar a las comunidades y construir con ellas los mecanismos para que se asegure su participación, permitiendo que suscriban acuerdos locales, nacionales e internacionales como organizaciones comunitarias corresponsables, pues los acuerdos se limitan a recomendaciones que sólo pueden suscribir los gobiernos que, aunque asuman compromisos, es fácil evitar respetarlos ya que no implican sanciones legales y en ocasiones los suscriben sólo buscando el reconocimiento para una determinada administración. Nuestros desafíos como una red aún incipiente son, fundamentalmente, incentivar las pequeñas acciones desde la comunidad, propiciar la creación de puntos comunitarios de cultura, gestionar y lograr la inversión y los estímulos fiscales para aquellos proyectos que surjan de las comunidades, desde su propia cultura, sin que por la inversión pública los gobiernos se apropien de esos proyectos y hagan que las iniciativas ciudadanas no puedan desarrollarse desde la propia comunidad, “de abajo hacia arriba”, como dice Célio Turino. Queremos que Cultura Viva Comunitaria México no sea sólo el discurso y una serie de encuentros donde no exista la praxis, que seamos reflexión y acción. Buscamos que la nueva red sea el puente que permita visibilizarnos e impulsarnos, tanto para lograr el reconocimiento para construir con los gobiernos y el tercer sector una democracia participativa, como para difundir nuestras acciones para que otros nos pueda ubicar fácilmente y fomentar que se sumen, al ser una plataforma al alcance de todos y con múltiples posibilidades. La única manera que pensamos en que podemos contribuir a 163


transformarnos es a través de generar amplias posibilidades que nos permitan la praxis y construir sosteniblemente desde nuestra propia cultura, en el reconocimiento a la diversidad, como una oportunidad de encontrarnos en la otredad y avanzar y aprehender colectivamente, desde múltiples lenguajes. Otros mundos son posibles en esta parte de nuestro continente.

Autora: Imelda Cázares Arredondo Aché Tének - Organización Comunitaria Plataforma de Cultura Viva Comunitaria de México plataformapuente.mexico@gmail.com | achetenek@icloud.com Instagram: Aché Tének www.vimeo.com/achetenek Twitter: @Aché Tének | Facebook: Aché Tének

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CONSTRUYENDO LA RED Y LA ESCUELA DE ARTE COMUNITARIO EN NICARAGUA Una oportunidad de cambio

NICARAGUA

“Me he dado cuenta que tengo un poder y que puedo luchar por mis derechos desde el arte, con alegría y placer”. Marilyn Reyes “Cada vez que me subo a los zancos me siento diferente, siento que vuelo, que soy alguien”. Lester Vanegas, El Chino “Antes yo no sabía que era la política, pero ahora en este encuentro me surgen un sin número de preguntas y quiero aprender más sobre eso”.1 Jean Paul Pérez

Los años 2009 y 2010 estuvieron llenos de inspiración. Una serie de organizaciones centroamericanas soñaron en hilar una red mesoamericana de arte y transformación social. La Red Latinoamericana de Juego (RELAJO)2 encontró en ese caleidoscopio de experiencias vivas un espacio de retroalimentación e intercambio y puso a disposición, desde la lúdica, su granito de arena en la organización del “1er. Berrinche Ambiental”, realizado en el mes de enero en la Casa de la Comedia y el Mimo.3

1 Reflexiones surgidas en el encuentro Guatemalteco de Zancos-CHITIC. Diciembre de 2014. 2 Bajo la coordinación de Andrea Calvi, Fundador del colectivo ClinameN. 3 También conocida como la casa de las Botellitas, por su increíble infraestructura basadas en prácticas de reciclaje de botellas plásticas y de vidrio. Lo que convierte al espacio en lugar inspirador para artistas de todo el mundo. www.escueladecomedia.org/es

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Toda aquella algarabía, ideas integracionistas, colectividades creativas y humanidad transformadora sembró una semilla en la cabeza de Félix Pérez4 que a los pocos días provocó el nacimiento del Colectivo de Zankistas Fuego y Son. Esta agrupación se ha venido consolidando como una organización que promueve espacios de participación desde el arte, involucrándose en actividades de índole social y cultural, y ha logrado posicionarse como organización de referencia en la ciudad de León y como un eslabón más del Movimiento de Arte Comunitario de Centroamérica (MARACA). Desde que entramos en contacto con una serie de espacios, cuyas estrategias artísticas proponen acciones de intervención comunitaria, nos hemos planteado algunos interrogantes ¿Podría ser el arte una vía efectiva de desarrollo para las comunidades? ¿Aporta este tipo de trabajo a la construcción de una identidad nacional con miras a la superación de la pobreza? Nos preocupa la construcción de identidad de quien vive “por gracia de Dios”, que trabaja “si Dios quiere”, que es conformista. ¿Cómo trabajamos en el desarrollo de una comunidad con esas grandes contradicciones, fundidas en el imaginario cotidiano, este imaginario sincrético que tanto celebramos? ¿Cómo promovemos un desarrollo comunitario cuando creemos que el poco progreso que se hace es gracias a una pareja de “líderes”?5 ¿Es decir que en Nicaragua lo que se hace no es porque cada ciudadano/a está aportando su granito de arena, sino porque hay una voluntad más allá de nuestras decisiones personales que lo permite? Creemos que el arte nos da muchos aportes para la construcción de la sociedad y de su futuro. Una educación alternativa a la escolaridad formal, más lúdica6 donde se ponga en juego además de la razón, el cuerpo, las emociones, las espiritualidades.

4 Fundador del Colectivo de Zankistas Fuego y Son, https://goo.gl/8a9ylP 5 Noticias del Canal 4 de Nicaragua: cada entrevista realizada incluye la frase “Gracias al comandante Daniel Ortega y a la Compañera Rosario Murillo”. 6 Lúdica: Predisposición de ser frente a la cotidianidad, es una forma de estar en la vida, de relacionarse con ella, en esos espacios en que se producen el disfrute, goce y felicidad, acompañados de distensión que producen actividades simbólicas e imaginarias como el juego la danza, el sentido del humor, la escritura y el arte en general. (Carlos Alberto Jiménez)

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Unos espacios donde se construyan un conjunto de valores simbólicos que nutran la experiencia comunitaria y propicien el desarrollo de las diversidades que se puedan desplegar desde esos espacios. Carmen Olaechea y Georg Engeli en su artículo “Maneras de ver la realidad social a través del prisma de la creatividad”, plantean que cargamos con “... sentimiento que nos invade y nos neutraliza y que frente a nuestra realidad nos hace pensar: Es terrible pero no podemos hacer nada. Sin embargo, tenemos grandes posibilidades de encontrar otras salidas... El desafío que tiene ante sí la humanidad es adoptar nuevas formas de pensar, actuar y organizarse en sociedad...” 7 Pero… ¿Cómo? Creemos que el arte comunitario es una de las piezas claves que está cambiando la forma de concebir la cultura, las identidades y las políticas culturales en Latinoamérica. El movimiento continental de Culturas Vivas Comunitarias8 ha desplegado un sin número de acciones donde se promueve el protagonismo de las personas y colectivos comunitarios en función de sus necesidades locales y nacionales. Para lograr esto ha sido necesario un auto-reconocimiento y el reconocimiento de los/as otros/as. El movimiento plantea: “La Cultura Viva Comunitaria, en sí, es una cultura libre, colaborativa, en redes y descolonizada”. Pero todo este análisis y construcción de paradigma ha surgido desde la experiencia movilizadora de las personas en sus territorios y ha avanzado hacia coordinaciones regionales y ha afectado positivamente en la construcción de políticas culturales de algunos países9. El arte comunitario es congruente con las “22 Estrategias para el diseño y Gestión de políticas culturales10 puesto que es una práctica artística de carácter inclusivo basada en la comunidad, se promueve desde la participación de la comunidad, tiene una finalidad artística y social, 7 Lacayo, F. Nuevo contrato entre cultura y sociedad (Managua Nicaragua 2007) 8 Cultura Viva Comunitaria (CVC) son expresiones comunitarias en la cultura que privilegian los procesos sobre los productos... Un enfoque de política pública construido desde la gente. 1er Congreso de CVC, (Bolivia, mayo 2013). 9 Sanguinetti, Inés. El arte, la cultura y el desarrollo equitativo en Latinoamérica. (Revista Euroamericano). 10 Olmos, H.J., Gestión Cultural y Desarrollo: Claves del Desarrollo.

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aglutina varios tipos de arte y distintos espacios de desarrollo y, en ese sentido, tiene además un gran potencial económico. En el arte comunitario pueden participar artistas profesionales o no profesionales, se desarrolla en el campo de la educación “informal” aunque es común que haya alguna persona facilitadora de las experiencias artísticas. Mariana Nardone, en su artículo “Arte Comunitario: Criterios para su definición”, destaca algunos de los impactos positivos del Arte Comunitario: Desarrollo de habilidades artísticas, crecimiento personal, sentido de pertenencia, compromiso, mejoras en la salud, bienestar, aumento de la capacidad emocional, fortalecimiento de la identidad individual, mayores niveles de confianza y autoestima, mayores posibilidades de expresión, mayores posibilidades de participación. Por otro lado, en Nicaragua no se destaca una instancia que permita vincular el arte con su potencial en la transformación social aunque hay algunas experiencias o grupos que trabajan obras con temáticas sociales. Ni hay procesos o una escuela de formación que brinde la oportunidad a los artistas de explorar esa posibilidad. Tampoco existen iniciativas articuladoras de colectivos artísticos diversos que genere reflexión sobre la situación del arte. O que convoque a la acción colectiva, la participación ciudadana o la incidencia en las políticas públicas. En definitiva las actividades artísticas, con honrosas excepciones, están pensadas y realizadas para la recreación y su fin único es el espectáculo. Esto en sí mismo no es un cuestionamiento, es solamente una realidad constatada de pérdida de oportunidad al no vincular la riqueza artística de dichos grupos con la necesidad de innovar en los procesos sociales. Con todo este potencial tenemos razones de sobra para empezar a unir fuerzas y voluntades para ir construyendo una nueva cultura de la gestión, basada en la cooperación, la confianza y el respeto por el medio ambiente y la diversidad, que nos permita poner las miras en los procesos colectivos, como la construcción de una Red de Arte Comunitario en nuestro país. Por esas razones es que dos colectivos sociales, el colectivo de Zankistas Fuego y Son y la Red Latinoamericana de Juego (RELAJO - Nicaragua), hemos creado un concepto de Escuela de Arte Comunitario. 168


La Escuela de Arte Comunitario está dirigida especialmente a personas que trabajan desde diferentes propuestas artísticas y que acompañan procesos comunitarios. Supone un espacio de formación dirigido a artistas y otras personas que acompañan diferentes procesos en Nicaragua, haciendo énfasis en la masculinidad, prevención de la violencia y formas más sanas de relacionarse entre hombres y mujeres, así como el intercambio de saberes y metodologías creativas que contribuyan a vincular el arte con procesos sociales y comunitarios. A la vez, las personas y grupos que participen del proceso formativo realizarán un proyecto de intervención comunitaria desde el enfoque de la masculinidad, la cultura de paz y desde la perspectiva del arte comunitario. Dichas propuestas se implementan inicialmente en 4 municipios del país. Esta Escuela considera que creatividad e innovación son apuestas o retos de la Nicaragua de hoy. Y del tejido social organizado en especial. Por ello se propone incluir prácticas, enfoques y metodologías sistémicas. Eso implica integrar la vivencia o la multidimensionalidad del ser humano. La Escuela de Arte Comunitario es una propuesta educativa desde la que se vincula el quehacer artístico al desarrollo comunitario. Cuenta con la participación de 40 personas que vienen de las artes plásticas, danza, fotografía, teatro, artes circenses, diseño gráfico, música, etc. Este proceso se realiza en 11 encuentros de dos días por mes. La docencia está compuesta por profesionales de mucha experiencia en el ámbito del trabajo comunitario y de connotado reconocimiento nacional e internacional. El objetivo del proceso de la Escuela de Arte Comunitario es involucrar a persona que acompañan procesos sociales para socializar saberes y metodologías creativas que contribuyan a vincular el arte con procesos sociales como el de la masculinidad y de la cultura de paz. La Escuela de Arte Comunitario está sustentada en tres ejes de trabajo: 1. Política: Nos permite analizar nuestra condición de ciudadanos/as frente a las necesidades sociales del país. Por lo tanto, se hace un análisis de contexto histórico, estructural y político de lo que ha significado el 169


desarrollo en los últimos 30 años y sobre todo de la participación de los jóvenes. 2. Lúdica: Todo el planteamiento didáctico y metodológico está concebido desde una propuesta lúdica. Es decir, el juego como medio de exploración, creación y transformación.
 3. Arte: Como forma de expresar hacia fuera (la comunidad) los cambios y reflexiones generadas en el proceso de formación. Pero también para explorar hacia adentro la capacidad de imaginar, repensar nuestra condición humana y nuestra relación con los demás y el medio ambiente. Cada eje se complementa y enriquece de los otros en la medida en que los participantes asuman los valores éticos propuestos, como: espíritu propositivo, respeto a la diversidad, participación con calidad, comunicación asertiva, buen vivir, trabajo cooperativo. Estos ejes tienen en común que: • • • • • • •

Se pueden trabajar desde la colectividad. Se abordan desde la vivencia. Generan alegría y placer. Vinculan a las personas participantes. Tienen capacidad de estimular la creatividad y el deseo de transformación. Tienen el potencial de generar reflexiones mientras se realizan las 
actividades. Tienen la fuerza de comunicar mensajes hacia fuera. 


La Escuela de Arte Comunitario está estructurada de la siguiente manera: 1. Los módulos de formación: a. b. c. d. e. f. g. 170

Hilando puntos de partida. Teatro del oprimido. Lúdica para la vida: pedagogía para la transformación política. Pedagogía de circo social. Pedagogía del juego para la promoción del trabajo con jóvenes y con comunidades. Arte comunitario. Desarrollo comunitario y creatividad.


h. i. j. k.

Danza integral, creativa y consciente. Arte comunitario y gestión cultural. Comunicación creativa. Taller residencial.

2. Los cursos monográficos: Son cursos sobre temáticas diferentes que se desarrollan, en esta primera fase de la Escuela, tanto en León como en Managua y Matagalpa. Esto cursos tienen una duración de dos o tres días, tienen un costo por participante y son abiertos a todas las personas que deseen participar. 3. Acompañamiento de procesos: Una de las lecciones que nos da la experiencia en otros procesos es que existen personas e instituciones que luego de participar en un proceso de formación se encuentran con dificultades de incorporar esos nuevos enfoques y metodologías en los procesos internos de sus instituciones, bien acompañando procesos con sujetos sociales específicos o bien proyectando los aprendizajes en ámbitos comunitarios. En ese sentido, la Escuela de Arte Comunitario ofrece en modalidad de acompañamiento asistencias técnicas a organizaciones que lo soliciten, esto es, elaboración de diagnósticos de capacidades, elaboración de estrategias, entrenamiento metodológico, trabajo de campo, ente otros. 4. Intervención en cuatro municipios. Unas de las tareas específicas que se piden a las personas que participan en esta iniciativa es impulsar al menos una intervención comunitaria creativa en un municipio de Nicaragua. Para ello, son acompañados a implementarla por los dos colectivos que coordinan esta Escuela, la RELAJO y Fuego y Son. 5. Proyectos para desarrollar procesos diversos. Antes de finalizar el proceso de formación cada persona u organización tiene que presentar un proyecto (requisito para la certificación del curso) desde el arte comunitario a ser impulsado con comunidades, o bien con un sujeto-a social específico. La RELAJO, el Colectivo de Zankistas Fuego y Son y la RedToca acompañan actualmente un proceso comunitario integral en el barrio 171


Tomás Borge, y la RELAJO acompaña otro proceso en el barrio Rene Cisneros en Managua. Los y las participantes de la Escuela de Arte Comunitario se invitan también a participar impulsando acciones concretas en esos dos territorios.

Hacia dónde vamos: La Escuela de Arte Comunitario, un próximo Encuentro Nacional de Arte Comunitario y la conformación de la Red de Arte Comunitario de Nicaragua, que está en pleno proceso de ser tejida y que está abierta a todas las personas y organizaciones que deseen hacer parte de ella, son nuestros retos y nuestros compromisos actuales. Este 2015 y el 2016 serán momentos de concreción de estas iniciativas, en las que el resultado no deberán ser solo la Escuela, el Encuentro, la Red: el resultado que esperamos es la consolidación de un movimiento de arte comunitario en Nicaragua, que nos ayude a seguirnos pensando como país y que nos articule a ese gran tejido Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria.

Autores: Félix Pérez Coordinador del “Colectivo de Zankistas Fuego y Son” (Red Maraca) zankistasfuegoyson@gmail.com Facebook: Colectivo de Zankistas Fuego y Son Twitter: @FuegoySon Wilmer Rickly Coordinador de la “Red Latinoamericana de Juego” (ReLaJo Nicaragua) relajonic@gmail.com Facebook: Relajo Nicaragua Escuela de Arte Comunitario Nicaragua artecomunitarionicaragua@gmail.com Facebook: Escuela de Arte Comunitario Nicaragua

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Cultura, gobiernos locales y políticas públicas con enfoque de Cultura Viva Comunitaria PANAMÁ

Presentación Los espacios de encuentro de proyectos culturales son vitales para articular y generar alianzas hemisféricas que rubriquen el objetivo estratégico del fortalecimiento del “tejido sociocultural, la participación social, la horizontalidad y el trabajo colectivo, buscando incidir en las políticas públicas que garanticen un acceso universal a los derechos culturales”. Las políticas públicas de cultura y su subsecuente desmenuzamiento en programas, proyectos y acciones emanadas desde los espacios locales, toman especial importancia, claro está, con el acompañamiento y empoderamiento de los actores comunales. Sistematizar y reflexionar colectivamente sobre las experiencias acumuladas hasta la fecha dentro del movimiento de Cultura Viva Comunitaria, con mirada de pueblo latinoamericano, es una tarea a la que se suma con este artículo la Alcaldía de Panamá. Este trabajo suscribe ese compromiso, más aún cuando la Republica de Panamá se encuentra, por así decirlo, dando sus primeros pasos en el reconocimiento del valor indiscutible de la cultura como dinamizadora del desarrollo. En las siguientes páginas tratamos de abordar críticamente esta situación y además presentar una propuesta novedosa y sui generis que ha emanado del gobierno local del distrito capital: El Programa “Puntos de Cultura” como propuesta municipal, articulado como colaboración entre Juntas Comunales, Ministerio de Educación y comunidades educativas de los corregimientos.

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1. Mirada crítica a la situación de la cultura en Panamá A. Lo estructural Panamá es un país pequeño en dos sentidos: por el tamaño de su territorio (77.326 km2) y por su población (3.975.404 habitantes aproximadamente, según las estimaciones del Instituto Nacional de Estadística y Censo para 2015). Sin embargo, presenta una sociedad altamente compleja y diversa. En el plano geológico el istmo pertenece a Centroamérica; culturalmente comparte más características con el Caribe, producto de las migraciones del siglo XIX y XX en el marco de la construcción del Ferrocarril Transístmico y posteriormente del Canal. Históricamente ha estado vinculado con América del Sur (específicamente con Perú, Ecuador y Colombia debido a las actividades coloniales europeas a partir del siglo XVI), y en lo económico y político la vinculación en el siglo XX fue básicamente con Estados Unidos, en una relación con características de enclave neocolonial y economía de servicios abierta (Pro Mundi Beneficio). En ese contexto se originó y desarrolló un abanico multiétnico y pluricultural de coexistencia y contradicciones entre las distintas comunidades que componen nuestra población. Del total de la población de Panamá, el 50.2% son hombres (1.903.005) y el 49.7% mujeres (1.884.426); el 12.3% corresponde a las poblaciones indígenas de las nacionalidades Guna, Emberá, Wounam, Nasos o Teribes, Bri Bris, Ngöbes y Buglés que habitan el país, dentro o fuera de las distintas comarcas existentes; y un 9.2% corresponde a población afrodescendiente, de origen antillano y colonial. La investigación “Panamá, un país indígena mestizo” establece que la base genética de las y los panameños está en la presencia del indígena con 39.7% de contribución genética, del europeo con 27.4%, y del africano con 32.9% (Arias, 2003). Habría que añadir además, para comprender nuestra condición de sociedad culturalmente diversa, la presencia de larga data -producto de los primeros ciclos migratorios a finales del siglo XIX e Inicios del XX- de 174


las poblaciones originarias de China, India, Arabia e Israel. Además de las importantes migraciones sucedidas en las últimas dos décadas provenientes de Colombia, Ecuador, Venezuela, República Dominicana y Perú. Solo con una mirada crítica, multidimensional e interdisciplinaria podremos comprender la magnitud de este mestizaje y por ende ponderar la situación cultural e identitaria de la sociedad panameña, hombres y mujeres quienes desde el encuentro con el mundo europeo emprendieron un camino de interacciones marcadas por las contradicciones, en una tierra designada por el emergente desarrollo de las relaciones mercantiles de ultramar como un punto vital y clave para el intercambio comercial y humano, para el desarrollo de relaciones sociales y culturales dialécticas (Tapia, 2008). El corolario del estado del arte descrito hasta aquí está en entender el principal antagonismo de la sociedad panameña desde la independencia de 1821 hasta hoy: el choque entre el estilo de desarrollo hacia afuera, sustentado en el sector terciario de la economía (con claras expresiones políticas y de clase ) y el estilo de desarrollo hacia adentro, que tiene como eje la política de sustitución de importaciones cimentada en los sectores primarios y secundarios de la economía (agricultura e industria). Esto implica una ruptura con el ultra centralismo impuesto por la zona de tránsito (provincias de Panamá y Colón) respecto a resto del país, convidados de piedra de “las mieles” generadas por el Panamá “Pro Mundi Beneficio”. Este antagonismo a su vez expresa el triunfo y por ende la imposición o pérdida de idiosincrasias, ideologías, identidades, memoria histórica, enfoques de la cultura nacional y del universo simbólico de los triunfantes en detrimento de los derrotados (Torres, 2013). Hoy, la economía panameña (preeminentemente las Provincias de Panamá, Colón y Panamá Oeste) es considerada una de las más globalizadas del continente, versión moderna de las ferias de Portobelo en el siglo XVIII. Durante el ultimo decenio Panamá ha presentado un crecimiento económico que le ha permitido mantener sostenidamente el PIB real por encima del 7% anual, uno de los más altos de América Latina para este periodo. El país cuenta con un sector económico que gira en torno al corredor transístmico compuesto por el canal de Panamá, el sector 175


portuario, el sistema financiero, la Zona Libre de Colón, turismo, el clúster de servicios logísticos internacionales, el ferrocarril, el “hub” aéreo y la plataforma de reexportaciones; son estas las principales generadoras de divisas y concentran mas del 70% de PIB. Sin embargo, paralelo a esta exitosa economía abierta dolarizada –apoyada sobre una ubicación geográfica privilegiada- coexisten de manera desigual y combinadas en el país una atrasada economía agraria e industrial (cuya desmejora se inicia en 1968) y una sociedad con profundas asimetrías: cerca del 60% de la población total del país se asienta en la zona de tránsito (provincias de Colón, Panamá y Panamá Oeste); 4 de 10 personas viven en situación de pobreza, mayormente en las áreas indígenas y rurales; el quintil más rico de la población concentra el 52% de las riquezas del país, entre otras situaciones. Los problemas relativos al empleo y la pobreza –según muchos especialistasson consecuencia del carácter dual del modelo económico y de desarrollo impulsado hasta el momento, donde se enfrenta o niega a lo urbano con lo rural e indígena, y en donde el éxito de uno en casi nada afecta y beneficia a los demás. B. Lo superestructural Podemos decir que la cultura como concepto da cuenta del universo simbólico, significados, imaginarios y patrimonios (materiales e inmateriales) producidos por una comunidad humana en un periodo de tiempo determinado de su desarrollo histórico. Más recientemente, la cultura asume un rol novedoso, no tradicional. De la mano de Amartya Sen, ella es identificada como un elemento constitutivo del desarrollo, que eleva a este más allá del bienestar material y lo ubica en el disfrute y realización de las vidas humanas a través del fortalecimiento de nuestra condición estética, en tanto (re)creadores de los entornos y mediante saberes como la literatura, la música, las bellas artes y otras expresiones creativas de transformación del mundo material, que al mismo tiempo posibilitan la producción de valores agregados (plusvalor) a la praxis cultural e impactos en los comportamientos y relaciones humanas de las sociedades beneficiarias (Sen, 2004). 176


En el caso de Panamá queremos rescatar algunos esfuerzos de interpretación del devenir cultural e identitario de la nación panameña que van más allá de las tradicionales miradas historicistas, jurídicas, administrativas y demográficas. Una de ellas establece que a lo largo de nuestra historia se han configurado cuatro identidades culturales que sintetizan el ser social de lo panameño: país transitista, país agrario, país marginal y país excluido (Rivera, 2003). A esta propuesta de análisis habría que adherirle el país excluido (Tapia, 2008), que según su autor refleja la asimilación cultural y la neutralización de nuestra memoria histórica precolombina. En síntesis, un balance critico de nuestra historia como nación nos permite dimensionar cómo se configuró un proceso continuo de pérdida, ruptura y reconstrucción de los universos simbólicos endógenos (populares y comunitarios), traduciéndose esto en un sucesivo deterioro y en la nula identificación de un sector importante de la población con las expresiones culturales propias. Los sectores hegemónicos aprendieron de otras experiencias que la dominación de un pueblo es más fácil en la medida que su identidad, valores, cultura y memoria histórica sean borrados sistemáticamente (Ibíd.2008). Desde el imaginario imperante en Panamá, la cultura ha sido siempre representada como sinónimo de producción artística (alta cultura), exclusivamente vinculada al uso creativo de los excedentes y riquezas sociales por parte de minoría. Esta visión ornamental y elitista de la cultura deja por fuera múltiples y variadas formas que la misma asume, impidiendo el reconocimiento de los aportes que esta puede ofrecer en la configuración de identidades, en la cohesión e inclusión social, así como también en la generación de empleo, el ingreso de divisas y la exportación de bienes y servicios de base cultural. Otro de los campos culturales reconocidos es el de “folklore”, con alguna resistencia por parte de los sectores representativos de esta disciplina de autodefinirse como parte del patrimonio cultural inmaterial. A pesar de tratarse de un sector bastante dinámico, las comunidades culturales alertan sobre la progresiva pérdida de tradiciones, fiestas, ritos y creencias relevantes para su vida como colectivo, sin que el Estado se preocupe de 177


ello, salvo raras excepciones como el proyecto de registro del PCI1 del Ministerio de Comercio e Industrias. Por otra parte, la producción cultural juvenil urbana ha sido imperceptible en la inversión del exiguo presupuesto de la institucionalidad cultural del gobierno central sin que tenga apenas algún tipo de reconocimiento como parte de lo que se conoce como “producción cultural”. Una diversidad de consecuencias emergen de esta mirada restringida: las juventudes olvidan la riqueza cultural de su país debido a que, por ejemplo, en el mundo escolar el currículo carece de contenidos que informen sobre la historia de los grupos subalternos o no hegemónicos. En medio de estos extremos, creadores y artistas con propuestas que no entren en las categorías de “alta cultura” o folklore navegan entre las dificultades de sostenibilidad, la ausencia de apoyos a la creación, la falta de espacios públicos abiertos y cerrados para la cultura, y un cierto nivel de indiferencia por parte del sector privado. El actual alcalde de la ciudad de Panamá, José Isabel Blandón, otrora diputado de la Asamblea Nacional, impulsó en el 2012 la creación de un Ministerio de Cultura que ofreciera un marco normativo para la actualización de las políticas culturales del hoy Instituto Nacional de Cultura (INAC, que es el equivalente a lo que en otros países es el ministerio de cultura). La ley fue aprobada por unanimidad en la Asamblea Nacional pero posteriormente fue vetada por el entonces presidente Martinelli y hasta el momento no se ha retomado.

2. Una política pública de cultura “sui generis” para un gobierno local complejo La ciudad de Panamá para el año 2105 tiene, con base en las estimaciones de la Contraloría General de la República, 1.098.069 habitantes aproximadamente, distribuidos entre los 23 corregimientos que la componen. 1 PCI: PayCardIndustry

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La población joven (12 a 29 años) estimada para el 2015 es de 343.031 personas, es decir el 31.2% del total del país; 50.7% son hombres (173.820) y 49.3% mujeres (169.211). La ciudad capital de la república centraliza las instituciones de gobierno, el canal de Panamá, un importante centro bancario internacional, puertos marítimos de importancia internacional y es una ciudad receptora de migraciones internacionales e internas, de lo cual resulta una ciudad moderna, cosmopolita, transnacional, densa, pero también desigual y con necesidades postergadas, cuya complejidad y diversidad socio-cultural nunca ha sido abordada desde lo público con luces largas.

Desafíos de una nueva política cultural descentralizada Es indudable que la gran complejidad cultural y la desigualdad del país se reflejan en el territorio del Distrito de Panamá. Si a esto le sumamos la marcada debilidad institucional de la cultura a nivel del gobierno central, la iniciativa de diseñar una política cultural desde el gobierno local se vuelve un verdadero reto; todo esto en el preciso momento en que entra en vigor la Ley 37 del 29 de junio del 2009 que “descentraliza la administración pública”. La cultura no ha sido parte de las competencias asumidas por los gobiernos locales, salvo por escasos patrocinios y algunos eventos aislados que no respondían necesariamente a propuestas programáticas. Hoy día se trata de construir una estrategia cultural que permita el diálogo entre las dicotomías instaladas de globalización frente al “folklore”, abrir espacios que permitan el reconocimiento de nuevas expresiones culturales, generar espacios para la creatividad, asegurar la desconcentración territorial de esta política, propiciar el registro de la memoria de la ciudad, generar espacios para la innovación ciudadana y la convivencia pacífica, y otros elementos que son fundamentales en cualquier política cultural actual. Otras variables a tomar en cuenta emanan de las mismas tendencias de política cultural internacional, donde frecuentemente surgen tensiones entre políticas diseñadas a partir de la relación entre cultura y economía (la llamada economía naranja) y políticas que generen un impacto social 179


medible a más largo plazo, como lo son los movimientos de Cultura Viva Comunitaria. La Alcaldía de Panamá ha establecido, a través de la Subdirección de Cultura, una estrategia programática para el quinquenio 2014-2019 orientada en lograr que los derechos culturales de todas las personas y comunidades del distrito sean reconocidos, promovidos y garantizados como componentes de una sociedad que respeta la igualdad, la dignidad humana y la no discriminación. Esta iniciativa institucional incorpora cuestiones fundamentales como la lengua, la producción cultural y artística; la participación en la cultura, el patrimonio cultural, los derechos de autor, las minorías y el acceso a la cultura, la inter, pluri y multiculturalidad; la infraestructura y los servicios culturales, así como una visión sobre el rol de los actores de la cultura en el desarrollo, entre otros temas.

Puntos de Cultura en la Alcaldía de Panamá Uno de los programas emblemáticos de esta política municipal toma cuerpo y vida a través del programa “Puntos de Cultura”. Una forma distinta a la contemplada por el proyecto de Célio Turino cuando fue Secretario de Ciudadanía Cultural en el Ministerio de Cultura de Brasil (con Gilberto Gil como ministro e Ignacio Lula da Silva como presidente) que prevé un apoyo institucional a las iniciativas de los sectores organizados de la cultura viva comunitaria. En el caso panameño se proponen los Puntos de Cultura como una articulación institucional entre alcaldía, juntas comunales (representación del primer nivel territorial del país: el corregimiento), escuelas del Ministerio de Educación y grupos de sociedad civil presentes en las comunidades educativas de los colegios y los ciudadanos. Se trata de convocar a las expresiones de Cultura Viva Comunitaria existentes en las localidades y propiciar las condiciones para que proliferen otras nuevas, además de crear mecanismos para asegurar su visibilidad, circulación e inclusive profesionalización.

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Por qué Puntos de Cultura El programa Puntos de Cultura de Brasil ha sido una de las referencias y bases para todo el movimiento de Cultura Viva Comunitaria. El hecho de convocar a la comunidad como protagonista y dinamizadora de sus articulaciones culturales ha sido una de las ideas más innovadoras e inspiradoras de las políticas culturales latinoamericanas de los últimos años. El Estado como un sencillo facilitador de los procesos que naturalmente ocurren a través de creadores, artistas y colectivos barriales sería la meta de una etapa de organización que en Panamá aún necesita maduración. Las comunidades están en gran medida disgregadas y los Puntos de Cultura proponen la creación de un ecosistema que permita la recomposición del tejido social, cónsono con otras áreas de la Alcaldía donde se están implementando mecanismos de participación, como es el caso de los presupuestos de inversión en las localidades y las consultas para la transformación de la ciudad. En el caso de Panamá, el Plan de Gobierno del actual alcalde Blandón se construyó sobre 100 talleres comunitarios realizados en todo el distrito. Fue notoria la falta de mención al tema cultural cuando paralelamente y de manera constante salía lo relativo al deporte, establecido como una vía de posible movilidad social y como un espacio posicionado de prevención primaria. Esta misma conclusión sale de otras encuestas realizadas en la población en torno a los principales problemas de la comunidad (BID: ICES, iniciativa para las Ciudades Emergentes y Sostenibles). Ante la ausencia de políticas publicas de intervención cultural a nivel local, el equipo de la Subdirección de Cultura llegó a una sencilla pero trascendental conclusión: es difícil desear lo que no se imagina; el proyecto Escuelas Abiertas de Guatemala y México, o el mismo proyecto Escuela Viva definido por Célio Turino, son proyectos parecidos pero la opción fue ser parte de un movimiento regional vinculado a la Cultura Viva Comunitaria, que además permitiera posicionar la palabra “cultura” a nivel local.

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Al igual que en el proyecto de Turino, los Puntos de Cultura serán una estrategia para fortalecer el tejido social de las comunidades, para incidir en como se vean e imaginen ellas mismas y como sean percibidas por el resto del distrito e inclusive en el resto del país. Los Puntos de Cultura versión panameña tendrán como actor primordial y estratégico a las juventudes, constituyendo así un espacio de encuentro en horas extracurriculares que será también un motor de fortalecimiento de capacidades para el desarrollo humano. Operativamente, los Puntos de Cultura serán centros culturales y ciudadanos que utilizarán centros educativos oficiales los sábados para ofrecer un mínimo de cinco actividades artísticas, educativas y de uso del tiempo libre según los casos. La alcaldía de Ciudad de Panamá se encargará de la dotación de equipos, instrumentos o materiales según la demanda que surja por consulta en cada plantel, la adecuación de los espacios escogidos dentro de las escuelas y de un apoyo a la consulta para el levantamiento de la demanda de actividades. Los Representantes de Corregimientos (legisladores municipales), a través de las Juntas Comunales, cubrirán los honorarios de los tutores/promotores/ artistas que participen los sábados y apoyarán a la logística conjuntamente con escuelas y alumnos para asegurar el buen funcionamiento de las sesiones sabatinas. Las escuelas y sus comunidades educativas ofrecerán el espacio y apoyo a la logística sabatina. El éxito de cada Punto de Cultura dependerá del crecimiento en la articulación de cada comunidad. Los tutores o promotores culturales de la ciudad son parte de otro proyecto transversal al programa Puntos de Cultura, que tiene como objetivo establecer mecanismos de reconocimiento y fortalecimiento del capital humano existente en las comunidades desde la mirada metodológica de la formación de formadores, para así coadyuvar a la dinamización de actividades periódicas de validación de las actividades (a través de las convocatorias denominadas “Barrio Talento”) en donde las más destacadas expresiones comunitarias puedan ser presentadas y conocidas a través de 182


un Corredor Cultural en tres puntos de la ciudad que rompa las barreras invisibles que se han creado entre sus ciudadanos. Este Corredor Cultural está planteado en alianza con los medios de comunicación y escuelas de arte. Será una plataforma que permitirá abrir paso a la profesionalización de los artistas que así lo deseen y de subvertir los imaginarios sobre la creatividad y potencial de jóvenes provenientes de los barrios de la ciudad, frecuentemente estigmatizados por el pánico generalizado en torno a “pandillas” y otros grupos criminales. La primera etapa del proyecto servirá también -a través de la investigación acción y la etnografía - para mapear y levantar un censo de las organizaciones, grupos, colectivos o personas que desarrollan actividades culturales en los barrios del distrito capital con el objetivo de poder iniciar un proceso sostenido de reconocimiento y promoción de estas expresiones de la cultura nacional. La alcaldía estará ofreciendo además un programa de formación permanente en alianza con centros de educación superior, como valor agregado para los tutores/artistas/promotores en temas de gestión cultural, elaboración de proyectos, enfoques pedagógicos en la enseñanza del arte, que permitan a la vez fortalecer la sostenibilidad de los proyectos culturales, así como generar una masa crítica de actores de la cultura comprometidos con la relación entre cultura y desarrollo. Algunos de los impactos esperados de los Puntos de Cultura de la ciudad de Panamá: 1. Que el programa Puntos de Cultura y en general el plan de gobierno de la alcaldía se conviertan en una vitrina a nivel nacional que facilite la inclusión de políticas culturales locales en la agenda de los municipios en el marco de la descentralización. 2. Fortalecer al sector cultural profesionalmente, con herramientas para la sostenibilidad de sus proyectos, con sensibilidad social y con capacidades sólidas para participar en la construcción de las políticas culturales de alcance local y nacional. 183


3. Adquirir competencias en materia de cultura por parte de los Representantes de Corregimiento y Juntas Comunales, quienes tradicionalmente han visto únicamente el deporte como herramienta de cohesión social y prevención primaria 4. Impulsar procesos de abajo hacia arriba que desemboquen en una demanda y articulación de espacios y procesos culturales como una necesidad en sus comunidades 5. Garantizar la sostenibilidad política del proyecto: los Representantes de Corregimiento suelen tener períodos más largos que el de los alcaldes. 6. Crear escenarios para la intervención en otros temas de política pública juvenil (salud sexual y reproductiva, prevención en el uso de las drogas, formación para la participación, reforzamiento escolar, etc.) Nuestra apuesta es ambiciosa y compleja. Hay muchas variables y actores en juego, lo que en alguna medida define su carácter visionario. A pesar de ello, consideramos que en el presente momento histórico existen las condiciones mínimas para que, por lo menos, en la ciudad de Panamá se logre un salto cualitativo y cuantitativo respecto a los modos tradicionales de enmarcar las dinámicas culturales. A esto se suma la conmemoración en el año 2019 de los 500 años de la ciudad de Panamá, momento propicio para reconocernos desde nuestra diversidad cultural, como lo soñó Bolívar: “¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos!”. Más importante aún, la cultura así cobrará una importancia fundamental para modificar las condiciones y los imaginarios que han atomizado y deshumanizado a nuestra sociedad, convirtiendo este proceso que estamos por lanzar en uno de reconstrucción del tejido social. Ese es nuestro reto. Bibliografía • • • 184

Alvarado E. Perfil de los Pueblos Indígenas de Panamá. Banco Mundial. 2002. Castillero EJ. Historia de Panamá. 1982. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Compilador Sergio


• • • •

Balardini. (2000). La Participación Social Y Política de Jóvenes en el Horizonte del nuevo Siglo. Buenos Aires, Argentina: CLACSO/ASDI. Cooke RG, Sánchez H, Carvajal D, Griggs J, Isaza A. Transformaciones sociales y culturales de los amerindios de Panamá durante el siglo XVI: una perspectiva arqueológica y paleoecológica. Mesoamérica. 2003;45:1-34. Censo de Población y Vivienda de Panamá: Año 2010. Instituto Nacional de Estadísticas y Censo. 2010. Jaén Suárez O. La población del Istmo de Panamá. Del siglo XVI al siglo XX. Iera Edición. 1978. Tapia Lu, Octavio. Para Entender al Panameño: Una Aproximación a su Identidad Cultural. Editorial Mariano Arosemena, INAC, 2008. Porras, Ana Elena. Configuraciones
de Identidad Nacional (Panamá: 1991-2002). Tesis Doctoral, Pontificia Universidad Católica del Perú, 2003.

Autores: Alexandra Schjelderup Subdirectora de Cultura Alcaldía de Panamá gestorespanama@gmail.com Twitter: @alexschjelderup Facebook: alexandra.schjelderup Alonso Ramos Coordinador de Puntos de Cultura y de Gestión del Conocimiento Subdirección de Cultura Alcaldía de Panamá Alonso.ramosh@gmail.com Twitter: @M_AlonsoRamos Facebook: M. Alonso Ramos Hernández

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Arandu Yvu1 La cultura popular como fuente de vida y sabiduría PARAGUAY

Estas líneas pretenden sistematizar brevemente las experiencias generadas antes y después de la conformación de la Plataforma Arandu Yvu – Cultura Viva Comunitaria Paraguay para nuestros hermanos y nuestras hermanas de toda Latinoamerica. La implementación de estrategias de animación cultural comunitario en territorios sociales urbanos del área del Gran Asunción tiene ricos antecedentes que datan de las décadas ochenta y noventa. Las mismas fueron poco sistematizados desde el enfoque de desarrollo cultural. Esto hizo que se perdiera la riqueza simbólica colectiva producida en, por y para la comunidad, sin posibilidad de recuperar dichas experiencias en el marco de la reflexión continua que requieren las organizaciones sociales para fomentar el empoderamiento ciudadano, como las comisiones vecinales, comisiones de fomento, radios comunitarias, grupos juveniles, organizaciones campesinas y otras que trabajan el enfoque de derechos y participación política ciudadana desde lo territorial. Aún así, existen publicaciones y registros fotográficos y audiovisuales que atestiguan el quehacer cultural en los primeros asentamientos urbanos de familias sin viviendas del Gran Asunción de aquellas décadas, producto de ocupaciones por parte de este sector social donde Animadores Culturales, ya sean locales, o Promotores Culturales de Organizaciones No Gubernamentales, acompañaron el proceso de arraigo y organización de los mismos. En Asunción y en el Departamento Central subsisten organizaciones con experiencias de promoción cultural como estrategia de fortalecimiento 1 En idioma Guaraní, traducido sería Manantial de sabiduría popular

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organizacional en territorios sociales de familias sin vivienda, como el caso de la Comisión de Familias sin Vivienda, COFASIVI, pasando también por las experiencias de teatro comunitario y radio comunitarias. Son algunas de éstas organizaciones culturales ciudadanas las que encabezan el proceso político que culmina con la derrota electoral del Partido Colorado, que gobernó 54 años y llegó a la llanura en el 2008, y la asunción de un gobierno de ideología progresista que instala un Gabinete Ejecutivo con representantes de distintos sectores sociales y partidos políticos. En ese momento asume la Secretaría Nacional de Cultura el reconocido crítico de arte y autor de la Ley Nacional de Cultura, Ticio Escobar. También conforman su gabinete representantes de las organizaciones culturales ciudadanas reunidas en un Foro Cultural Ciudadano, algunos de los cuales asumen como autoridades en el ámbito de la política cultural. El compañero Ramón Sosa Azuaga, “Moncho”, se hizo cargo de la Dirección General de Promoción Cultural Comunitaria. Se realizaron acciones tendientes a conjugar el aspecto de desarrollo social, económico y cultural, desde una visión de participación protagónica para la democracia. Entre ello fue precisamente la instalación de una Red de Puntos de Cultura Comunitaria, denominada ARANDU YVU. Este proyecto, trabajado en el marco de la celebración del Bicentenario de la República, consistió en capacitar a referentes culturales de distintos puntos del país en Comunicación, Gestión de Proyectos y Animación Sociocultural. A 10 de estas organizaciones se transfirieron equipos de comunicación a fin de fortalecer su capacidad de gestión y de relacionamiento interorganizacional, a través del uso del internet. Además, cámaras de fotografías y vídeos para registrar sus acciones. Estas organizaciones conformaron a su vez una sencilla lista de correo donde compartían informaciones, intercambiaban saludos y existía una buena sinergía entre funcionarios de la Secretaría Nacional de Cultura y los referentes de las comunidades.

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Arandu Yvu Éste proyecto se enmarca en una Estrategia Abierta de Desarrollo Cultural Comunitario denominada ARANDU YVU, nombre incorporado del guaraní y significa literalmente “manantial de sabiduría popular”, que plantea la conformación de una red nacional presencial y virtual de referentes culturales locales, organizaciones culturales, sociales y ciudadanas con énfasis en el abordaje territorial de la cultura. La Plataforma ARANDU YVU, formada por Puntos de Cultura, asociaciones, artistas y radios comunitarias de todo el país, está articulada con la Plataforma Puente Latinoamericana, que es el espacio continental de Cultura Viva Comunitaria. Así definían las propias organizaciones lo que significa el Desarrollo Cultural Comunitario desde la filosofía del ARANDU YVU: “Es un espacio cultural abierto de encuentro comunitario. Autónomo, autogestionario y sostenible, conformado por los grupos de interés y referentes culturales y artísticos de la comunidad”. Los objetivos que trabaja la Estrategia Abierta de Desarrollo Cultural Comunitario, son: 1. 2. 3. 4.

Rescatar, proteger y difundir la memoria colectiva de la comunidad. Reconocer y promover las identidades. Valorar, promover y difundir las expresiones culturales y artísticas. Promover capacitaciones en expresiones culturales de interés comunitario. 5. Desarrollar planes y programas culturales de animación cultural comunitaria. 6. Cooperar con el fortalecimiento democrático de la sociedad civil en la formulación, ejecución y control de políticas públicas. Quiénes la integran: • • •

Niños, niñas, jóvenes, hombres y mujeres de la comunidad que manifiesten interés. Artistas de la comunidad Referentes culturales. 191


“Heñoi sapy’a ha ikatu peicha ikante avei. Ho’a tesaraipe, oñemboyke, itajasu , omano. Hi’ante opupu ha osyry pe kuaa yma ,pe kuaa pyahu ha toiko chugui ysyry mbarete ha tojejuhu ambue ysyrýndive ha toiko chugui mbae kuaa guasúete, yguasùicha.” “Surgen los saberes, de la reflexión y de la experiencia emergen como el agua clara del seno del pueblo y así también mueren, sin memoria, ni tiempo, olvidados. Trabajemos para que los manantiales de saber popular fluyan libres, espontáneos, y encontrándose en remansos de diálogos comunitarios, en generosas lagunas, rieguen los anchos territorios de la patria y se conviertan de sencillos arroyuelos en grandes ríos de conocimientos de la región para alimentar el gran mar de la sabiduría humana.” Líneas de trabajo: 1. ÑAÑOAMINDU’UMINA De reflexión y generación de pensamiento 2. JOAJU De organizaicón, gestión y articulación con instalación digital. 3. JAKU’E HA JAHECHAUKA Iniciativas ciudadanas y expresión comunitaria.

Los Puntos de Cultura o Arandu Yvu A partir del año 2009, la articulación fue impulsada desde el espacio de la Dirección General de Promoción Cultural Comunitaria de la Secretaría Nacional de Cultura. Se trabajaron programas de inserción tecnológica de comunidades culturales, como ser el Programa de Transferencias “Puntos de Cultura Bicentenario”, trabajados con diez puntos focales. Los mismos integraron una red presencial y virtual ciudadana instalada en el año 2011. Actualmente estos mismos grupos, junto con otros, comparten informaciones desde un sistema de correo gratuito de Grupos de Google y se han efectuado teleconferencias de rendición de cuentas de gestión (2011, 2012) 192


Se realizaron sendos encuentros, foros departamentales y preforos para instar a la participación en la red Arandu Yvu, como los del Departamento Central (2009), San Pedro (2010) y Alto Paraná (2010). En el año 2013 se conforma una Plataforma de Organizaciones Culturales Comunitarias ARANDU YVU que gestiona la participación paraguaya de 13 referentes de artistas y organizaciones culturales comunitarias, ciudadanas y sociales representantes de sectores populares, campesinos e indígenas al I Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria, realizado en la Paz, Bolivia, en Mayo de 2013. También la Plataforma gestionó la participación de dos referentes en el Encuentro Nacional de Cultura Viva Comunitaria de Argentina, realizado en el mes de Octubre de 2013 en Villa Fioritto, Buenos Aires, Capital Federal. El proceso de organización de la Plataforma Arandu Yvu responde al proceso político nacional donde de una labor de articulación y puesta en marcha de una política cultural progresista, pasamos a las trincheras de la resistencia y en muchos casos a la clandestinidad. Ese es el contexto actual que vivimos las organizaciones de Cultura Viva de nuestro país: •

Persecución y cierre de radios comunitarias. No existe una política de Estado para legalizar a las históricas radios nucleadas en la Asociación de Radios y Medios Alternativos, VOCES PY. Represión al movimiento campesino paraguayo bajo la forma de asesinatos, detenciones y torturas por parte de organizaciones dedicadas a la ilegalidad y al narcotráfico, y la utilización de aparatos represivos del Estado aliados bajo un manto de leyes para proteger los intereses de los grandes sectores latifundistas y de los agronegocios. Para ello, durante el Gobierno del Presidente Cartes se han aprobado las leyes de militarización del campo y a su vez la ley de “responsabilidad fiscal” que pretende coartar con las inversiones necesarias y urgentes de las políticas sociales. Esto principalmente afecta al presupuesto nacional de cultura. 193


El movimiento de Cultura Viva Comunitaria también sufrió represión, principalmente en la figura de los compañeros que trabajaban en la articulación Estado y sociedad civil. Muchos compañeros y compañeras fueron excluidos de las plantillas de funcionarios públicos, la Dirección General de Promoción Cultural Comunitaria fue cerrada, los grupos que apoyan el movimiento fueron excluidos arbitrariamente de proyectos culturales concursables que ya habían ganado, entre varias denuncias compiladas por el Informe Nacional de Derechos Humanos, elaborada por la Coordinadora de Derechos Humanos, CODEHUPY. Por primera vez se instaló el concepto de Cultura Viva Comunitaria en dicho informe, lo cual de alguna manera también fue un logro y un avance a pesar de tanto retroceso. El Gobierno actual pretende desconocer la organización popular en el campo de la Cultura Viva aunque la Secretaría Nacional de Cultura desde la Dirección de Diversidad Cultural se acercó a referentes de la plataforma para conocer el proceso de la organización. El desafío de esta Plataforma es seguir articulando con el Estado y articulándose internamente con procesos de fortalecimiento de todas las organizaciones sociales y culturales que la conformamos. Estamos abiertos a seguir esta senda dentro de la estructura del Estado y creemos oportuno aprovechar espacios de encuentro y debate como los Congresos Latinoamericanos de Cultura Viva Comunitaria para articularnos más fuertes y lograr salvar los ARANDU YVU que aún se encuentran en nuestra República. Nuestro desafío: en este contexto difícil, lograr la Cultura Viva Comunitaria sea política de Estado en Paraguay y que mediante ella logremos la meta de que se destine el 0.1% del presupuesto nacional para nuestros proyectos en todo el país.

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Autora: Liz Osorio

Plataforma Arandu Yvu Cultura Viva Comunitaria Paraguay mercedes_osorio00@hotmail.com www.aranduyvu.org Facebook: www.facebook.com/aranduyvu Twitter: @aranduyvupy

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Resonar Latinoamericano desde un corazón peruano Una mirada reflexiva a los procesos de las políticas públicas de promoción de la Cultura Viva Comunitaria en Perú PERÚ

Este texto platea una reflexión personal basada en mis vivencias y experiencias. No hablo en representación de una organización, movimiento o instancia pública. Comparto aquí mi mirada de un proceso que ha implicado la suma de muchas voluntades, el reto de valorar las diferencias y el de superar barreras y frustraciones para dar pasos colectivos que contribuyan a hacer del Perú un país en el que todos tengamos las mismas oportunidades de desarrollar nuestro potencial. He tenido el privilegio de participar del proceso de articulación e incidencia en torno a la Cultura Viva Comunitaria desde diversos “lugares”. Inicialmente, desde la Sociedad Civil, en espacios de diálogo, colaboración y proyección impulsados por las organizaciones miembros del Grupo Perú de la Red Latinoamericana de Arte para la Transformación Social (Arena y Esteras, Arpegio, Bolaroja, Generarte, La Gran Marcha de los Muñecones, La Tarumba, Puckllay, Teatro Vivo y Vichama Teatro). Posteriormente, como gestora y servidora pública, tuve la oportunidad de contribuir al diseño y ejecución de dos iniciativas de promoción de la Cultura Viva Comunitaria desde el Estado: el Programa Cultura Viva Comunitaria, impulsado desde la Municipalidad Metropolitana de Lima, y el Programa Puntos de Cultura, gestionado desde el Ministerio de Cultura. Habiendo decidido “retornar” a la sociedad civil hace algunos meses, agradezco la oportunidad de poder contribuir a la sistematización y evaluación del proceso que se ha dado en el Perú. Lo mucho o poco que se

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haya logrado ha sido posible gracias a las fuentes de las cuales se ha nutrido este proceso: 1. La riqueza de un país en permanente transformación, pero con raíces profundas que nos plantean el reto de mirarnos reafirmando principios básicos del Buen Vivir, como lo son la relación armónica con la naturaleza, la reciprocidad, la redistribución y el sentido de comunidad. La enorme diversidad cultural del Perú plantea el reto de mirar más allá de lo inmediato, de lo urbano y entender la pluralidad de expresiones de las contrastantes realidades de nuestro país. 2. El trabajo valiente y sostenido de organizaciones que han resistido a las peores crisis posibles y que son un ejemplo de persistencia y compromiso. Desde el Movimiento de Teatro Independiente del Perú (MOTIN), vigente desde los años 70 y que contribuyó enormemente al desarrollo de las artes escénicas en el Perú, pasando por las confederaciones campesinas, sindicatos y gremios del país. Todas estas experiencias han reafirmado el valor y la importancia de trabajar por objetivos comunes de modo articulado. 3. El hermanamiento y proximidad de organizaciones latinoamericanas que han sido energía para alimentar nuestros procesos y luces para orientarnos en el camino. El diálogo e intercambio permanente entre las organizaciones y personas articuladas en la Plataforma Puente por la Cultura Viva Comunitaria ha generado resonancias que superan cualquier frontera. Partiendo de estas constataciones, propongo hacer un recuento del proceso peruano a partir de los siguientes ejes: a. Contexto y retos propios del Perú: De la protección del patrimonio a la gestión de la diversidad para una cultura de paz. b. Un escenario nuevo: Condiciones a favor del surgimiento de las políticas públicas a favor de la Cultura Viva Comunitaria. c. Con fe en la caminada: Logros y dificultades en los procesos de articulación y sostenibilidad de las políticas de Cultura Viva Comunitaria. 198


d. Propuestas para seguir sumando, desde donde nos toque estar.

Contexto y retos propios del Perú: De la protección del patrimonio a la gestión de la diversidad para una cultura de paz. El Perú es un país de una enorme riqueza y diversidad cultural. Sin embargo, esta condición no ha sido asumida nunca como un factor de desarrollo ni como una determinante para la implementación de un proyecto nacional. Muy por el contrario, la poca capacidad para reconocer y comprender las diferencias culturales ha conducido al país a generar mayores brechas y conflictos sociales. La gestión pública de la cultura en el Perú ha estado históricamente orientada a preservar y difundir el patrimonio material de nuestro país con un fin utilitarista, ya que el propósito principal es la promoción del turismo. La precaria institucionalidad de la cultura se ha enfocado en poner en valor los sitios arqueológicos, mas no en garantizar derechos culturales que permitan la expresión, producción y disfrute de la diversidad cultural por parte de la ciudadanía. Esta realidad no ha cambiado drásticamente desde la creación del Ministerio de Cultura en julio del año 2010. Sin embargo, hay dimensiones del ámbito cultural que habían sido negadas durante muchos años y que hoy tienen -al menos- personas que las promuevan al interior del Estado gracias a la existencia de un Ministerio de Cultura, como lo son la interculturalidad, los derechos de los pueblos indígenas, el patrimonio inmaterial, las artes, entre otras. Por otro lado y más allá de la falta de normatividad y débil institucionalidad de las políticas a favor de la diversidad cultural, ha habido procesos históricos que han agravado aún más esta realidad. Entre las décadas de los ochenta y noventa, el Perú fue fuertemente golpeado por una guerra que enfrentó al Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso y a las Fuerzas Armadas, dejando un saldo de más de alrededor de 70.000 personas 199


muertas y desaparecidos, en su gran mayoría quechua hablantes, según lo reporta el Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Pero las muertes y desapariciones no son las únicas heridas abiertas que hasta hoy padecemos. Hay otras producidas por la forma en que el Estado, durante el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), encaró la guerra y que profundizaron el fraccionamiento de la sociedad peruana. La generalización del miedo y la desarticulación de los procesos de organización popular que caracterizaron las décadas anteriores fueron las armas desplegadas con el fin de perdurar en el poder. Fueron 10 años en los cuales la consigna fue acabar con toda forma de organización social para lograr manipular desde el Estado la voluntad y autonomía de las personas. Esta etapa oscura de la historia del Perú tuvo su fin en el año 2000, gracias al efecto de enormes movilizaciones populares que condujeron a la renuncia de Fujimori y a la convocatoria a elecciones. A partir de ese momento comenzaron a emerger un muy amplio número de organizaciones culturales, que relacionándose y aprendiendo de aquellas que resistieron los años más duros, se propusieron recuperar el tejido social, recordar, sanar, fortalecer los territorios y promover una cultura de paz. Proyectos colectivos como el Museo Itinerante de Arte por la Memoria, Puckllay, Bolaroja, TECUS y muchísimos otros, emergieron en distintas partes del Perú con el reto de afirmar la democracia desde sus acciones.

Un escenario nuevo: Condiciones a favor del surgimiento de las políticas públicas a favor de la Cultura Viva Comunitaria. Habiendo recuperado la democracia, diversos grupos culturales asumen el rol de movilizar y articular plataformas de acción ciudadana que permitan transformar la realidad de los barrios y comunidades. Así se desarrollan propuestas como el “Foro de la Cultura Solidaria”, impulsado en el distrito de Villa El Salvador, con Vichama Teatro como agente articulador entre los años 2004 y 2009 o la Fiesta Internacional de Teatro de Calles Abiertas de Comas (FITECA), enmarcada en la visión de “Barrio Cultural” que 200


el grupo La Gran Marcha de los Muñecones propone para la zona de La Balanza, en el distrito de Comas, al norte de Lima. Estos son sólo dos ejemplos de proyectos que evidenciaban el poder del arte y la cultura en la mejora de la calidad de vida de las comunidades, así como el poder de la acción colaborativa y en red. Complementariamente, hacia mediados de la primera década del nuevo milenio, diversas organizaciones peruanas participaban de procesos de articulación a nivel latinoamericano. Es desde la posibilidad de conocer e intercambiar con actores articulados en proyectos como la Red Latinoamericana de Arte para la Transformación o la Red Latinoamericana de Teatro en Comunidad, que se establecen agendas comunes que priorizaban la generación de políticas públicas que le den un marco y respaldo al trabajo que las organizaciones culturales de base comunitaria estaban realizando. La confluencia de objetivos y voluntades expresadas en lo que, a partir de octubre del año 2010, en un encuentro convocado por la Secretaría de Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Medellín y las organizaciones culturales barriales de esa ciudad, se denominó Plataforma Puente por la Cultura Viva Comunitaria, es lo que permitió definir una estrategia que permita transmitir a interlocutores claves en diferentes instancias públicas, la necesidad de contar con un marco político que potencie el trabajo de las organizaciones culturales desde sus prácticas y territorios. Tomando como inspiración los avances en las políticas públicas en cultura alcanzados en otros países, principalmente en Brasil y Colombia, se encuentra un contexto favorable para el desarrollo de una propuesta que responda, por un lado, a las particularidades de la ciudad de Lima y, por otro, a los desafíos que propone la gestión de la diversidad a nivel nacional. De este modo, en el contexto de la elección de la alcaldesa Susana Villarán, de perfil progresista, y en el de la creación del Ministerio de Cultura (ambos sucesos, durante la segunda mitad del año 2010) es que se logra iniciar el proceso de desarrollo de las dos principales iniciativas públicas de promoción de la Cultura Viva Comunitaria de nuestro país. Tanto el programa Cultura Viva Comunitaria como el programa Puntos de Cultura inician el 2011 convocando a representantes de organizaciones con experiencia y trayectoria validada, para trabajar en conjunto el diseño 201


y puesta en marcha de estos proyectos. Sin “calco ni copia”, como diría José Carlos Mariátegui, sino como pequeñas “creaciones heroicas” basadas en la experiencia real y diversa de las organizaciones culturales peruanas, así como las condiciones políticas y sociales de nuestro país.

Con fe en la caminada: Logros y dificultades en los procesos de articulación y sostenibilidad de las políticas de Cultura Viva Comunitaria. Mientras que este tipo de políticas públicas ha podido desarrollarse en otros países gracias a gobiernos nacionales o locales que de corte progresista (algunos más a la izquierda, algunos más de centro y otros incluso de derecha pero con algunas políticas culturales progresistas), en el Perú se han dado paso casi al margen del modelo y discurso imperante y, en cierta forma, de “contrabando”. Salvo en el caso de la gestión de Susana Villarán, en la cual la propuesta cultural estaba directamente alineada a la visión de la ciudad que tuvo esa alcaldesa, en el Ministerio de Cultura los avances se han dado gracias a “ventanas de oportunidad” y a la persistencia de personas que en “cargos medios” han logrado una gestión del programa Puntos de Cultura basada en la participación, transparencia y compromiso. Resulta paradójico que, a pesar de que es durante el actual gobierno del presidente Ollanta Humala que se crea el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (al que se dirigen recursos considerables bajo la modalidad de “Programas y Prestaciones Sociales”), la cultura no haya sido valorada ni asumida como una condición determinante para superar la exclusión e inequidad de nuestro país. Por el contrario, el presupuesto dirigido al sector cultura desde el gobierno central está muy lejos aún del 1% recomendado por UNESCO y no se ha manifestado voluntad expresa por revertir esta situación. A pesar de esto, se han dado pasos significativos a favor de políticas públicas de promoción de la Cultura Viva Comunitaria, entre ellos:

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1. La continuidad de un Programa de Puntos de Cultura gestionado desde el Ministerio de Cultura desde el año 2011 y hasta la actualidad. Lo que ha permitido el reconocimiento, articulación, visibilización, intercambio de saberes y recursos, entre las más de 218 organizaciones que conforman la Red de Puntos de Cultura en 23 de las 26 regiones del regiones del país (todas, con excepción de Tumbes, Moquegua y Apurímac, con las que se ha iniciado ya el proceso y en el corto plazo se integrarán a la red). A lo largo de estos años se ha logrado constituir un equipo de trabajo, capaz, sensible y comprometido, que trabaja en comunicación continua con los representantes de las organizaciones de la Sociedad Civil, las Direcciones Desconcentradas de Cultura y otros aliados. Gracias a esta labor se ha logrado respaldar logística y económicamente a más de 50 proyectos, realizar talleres y encuentros macro regionales que han involucrado a organizaciones de todo el país, asesorías legales, entre otras oportunidades que se gestionan para fortalecer el trabajo de los Puntos de Cultura en sus comunidades. Del mismo modo, a nivel intergubernamental se han dado pasos importantes en las oportunidades de articulación e intercambio entre organizaciones a nivel internacional; uno de estos es, sin duda, la participación del Perú en el Programa Ibercultura Viva y en otras redes que otorgan valor y fortalecen el trabajo de los Puntos de Cultura. Son significativos los avances. Sin embargo, resulta grave y preocupante que el Programa Puntos de Cultura siga careciendo de un marco normativo que le de prioridad presupuestal y política dentro del Estado. Con gran esfuerzo se realizó a finales del 2013 el Primer Encuentro Nacional de Puntos de Cultura, marco que sirvió para debatir con representantes de más de 100 organizaciones una propuesta de Ley que había demandado más de diez meses de diálogo y trabajo entre el Ministerio de Cultura y los Puntos de Cultura. Sin embargo, luego de un paradigmático proceso de deliberación y habiendo logrado acordar un documento desde las propias organizaciones, al ser presentado a las autoridades del Ministerio de Cultura se plantearon una seria de “ideas y vueltas” que evidenciaban la poca voluntad por atender y priorizar esta propuesta. No se tiene la disposición para debatir y cuestionar los criterios impuestos desde del Ministerio de Economía y Finanzas, que es la instancia gubernamental desde la cual se orientan las decisiones del Poder Ejecutivo. En consecuencia, la propuesta de ley trabajada 203


participativamente y puesta en deliberación por todos los Puntos de Cultura no logra seguir el recorrido que requiere antes de pasar al Congreso de la República. A pesar de esta situación, el Programa Puntos de Cultura cuenta con asideros para lograr su continuidad más allá del actual gobierno. El Reglamento de Organización y Funciones del Ministerio de Cultura refiere a la priorización del trabajo de los Puntos de Cultura desde la Dirección de Artes (lo ideal sería que se gestionara en una instancia intermedia entre los Viceministerios de Interculturalidad y de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales, pero no existe marco legal para lograr esto aún). Además, en la Matriz de Metas e Indicadores de Desempeño de las Políticas Nacionales se ha incorporado resultados previstos del Programa Puntos de Cultura en relación a las políticas de Juventud, Inclusión, Descentralización y Aumento de las Capacidades Sociales. De esta forma, el Programa Puntos de Cultura sigue fortaleciéndose al interior del Ministerio de Cultura a pesar de los recortes presupuestales por los cuales ha atravesado esta instancia pública, y a pesar, también, de la poca capacidad de negociación de la Alta Dirección con los demás sectores del Poder Ejecutivo. 2. Programa Cultura Viva Comunitaria de la Municipalidad Metropolitana de Lima: Desde el año 2011 y hasta fines del 2014, la gestión de la alcaldesa Susana Villarán impulsó un proceso de fortalecimiento de la institucionalidad cultural para la ciudad de Lima. Dotando de recursos humanos, económicos y legales a la Gerencia de Cultura, se pudo impulsar el Programa Cultura Viva Comunitaria con el propósito de promover bienestar, desarrollo local y participación de los vecinos y vecinas a través del fortalecimiento de las iniciativas culturales y comunitarias en diversos barrios de la ciudad. Festivales, oportunidades para el fortalecimiento de capacidades de las organizaciones, talleres dirigidos a niños y jóvenes, financiamiento y apoyo logístico a proyectos de las organizaciones registradas en la Base de Datos, así como otras acciones vitales para la visibilización y mejora en la capacidad de gestión de las organizaciones de Cultura Viva Comunitaria, fueron desplegadas durante cuatro determinantes años. 204


El proceso de desarrollo del Programa Cultura Viva Comunitaria de Lima Metropolitana tuvo un hito fundamental en la aprobación de la Ordenanza Nº 1673, en Sesión de Concejo Municipal del día 14 de marzo del año 2013. Esta normativa, que tuvo como referente el Acuerdo 50 por el cual se estableció la política pública para el reconocimiento y promoción de la Cultura Viva Comunitaria en la ciudad de Medellín, implicó un arduo y esmerado trabajo conjunto entre representantes de la Municipalidad de Lima, organizaciones culturales y vecinos que participaron de las cuatro audiencias públicas realizadas para lograr que la ordenanza responda a la potencia de la acción de las organizaciones en sus barrios, los desafíos de su gestión, así como la necesidad de evaluación y sistematización de los resultados. Tanto por el proceso que implicó el desarrollo de la Ordenanza como por todo lo que ella contiene, esta normativa representa un enorme logro en la legitimidad y prioridad que debe seguir ganando la Cultura Viva Comunitaria en los distintos gobiernos locales del país. Como lamentablemente sucede con frecuencia en nuestro país, los gobiernos de turno hacen y deshacen a su antojo, buscando negar -en muchos casos- los avances realizados previamente. Es esto lo que viene ocurriendo hoy en Lima. Habiendo concluido la gestión de Susana Villarán en diciembre del año 2014 y retornando el ex alcalde Luis Castañeda Lossio a la Alcaldía de Lima a inicios de 2015, no existen señales claras de desear continuar con la política pública de promoción de la Cultura Viva Comunitaria en la capital. Salvo acciones aisladas que involucran a algunos grupos que hacían parte de la Base de Datos que dejó la gestión anterior, no se viene dando continuidad a los programas anteriormente desarrollados en el ámbito cultural. Sin embargo, la gestión de la alcaldesa Susana Villarán evidenció las demandas de cultura por parte de la población como condición para el desarrollo de la ciudad y bajo ese referente algunos distritos vienen fortaleciendo sus áreas de cultura, aunque no con una base comunitaria lo suficientemente amplia. 3. Articulación de organizaciones de Cultura Viva Comunitaria en el país: A lo largo de los años y como comentaba al inicio, ha habido en el país diversas iniciativas de articulación de la sociedad civil en torno a la cultura. Sin duda, éstas han cobrado más fuerza y definido 205


mejor su agenda gracias a los intercambios que han permitido las nuevas tecnologías y a las dinámicas de comunicación generadas, principalmente, por la Plataforma de Cultura Viva Comunitaria en Latinoamérica. Es desde las resonancias del movimiento a nivel latinoamericano que se logró la apropiación y reivindicación del concepto de Cultura Viva Comunitaria por parte de muchas organizaciones del país. La realización del 1er Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria, en mayo del año 2013 en la ciudad de La Paz, Bolivia, significó un punto de inflexión en este proceso. La capacidad de organización y movilización de las organizaciones y el respaldo del Ministerio de Cultura permitieron que aproximadamente 140 peruanos y peruanas participáramos activamente en el Congreso, reconociendo la multiplicidad de voces que caracteriza al movimiento latinoamericano e identificando la necesidad de dialogar con interlocutores del Estado y la academia. Como efecto de la experiencia del Congreso en La Paz, propuestas de articulación de organizaciones de Cultura Viva Comunitaria se desencadenaron en distintas zonas del Perú. En Lima cobró fuerza la Plataforma de Cultura Viva Comunitaria y, posteriormente, la articulación Altavoz - Cultura Viva Comunitaria: ambas iniciativas buscan propiciar espacios de debate e intercambio en torno a las prácticas de las organizaciones de Cultura Viva Comunitaria y a las políticas necesarias para su desarrollo. Hacia el norte del país, en la región de La Libertad, un grupo de entusiastas Puntos de Cultura, encabezados por las organizaciones Comediantes Itinerantes, Arte en las Calles y Cuatro Gatos, al retornar de Bolivia se proponen potenciar sus acciones conjuntas y lograr una política pública de cultura viva comunitaria para su ciudad y región. Desde esa fecha no han parado de conquistar logros en su propósito, propiciando siempre espacios de diálogo respetuoso y propositivo con representantes del Estado con el fin de generar alianzas que amplíen los alcances de su proyecto. Otra experiencia valiosa y reciente que se viene desarrollando en 206


Ayacucho, Abancay, Cajamarca, Lima y Villa El Salvador es el proyecto “Arte y Diálogo Intercultural e Inter-generacional por la Memoria, los Derechos Humanos y la Diversidad en el Perú”. Impulsado por Arena y Esteras, Yuyachkani, la Asociación Pro Derechos Humanos, entre otras organizaciones, esta iniciativa se enmarca en los debates que a nivel nacional se vienen dando sobre la necesidad de reconocer la transversalidad de la cultura para el desarrollo local y el empoderamiento de los agentes culturales como mediadores de procesos de interlocución intersectorial. Estos debates también han sido alimentados descentralizadamente por los Encuentros Macro regionales de Puntos de Cultura que el Ministerio de Cultura ha propiciado en la Amazonía, norte y sur del país.

Propuestas para seguir sumando: Desde donde nos toque estar. Los importantes avances alcanzados han reflejado, también, desafíos que vale la pena señalar para poder consolidar los logros hacia el futuro. Estos implican responsabilidades de todas las partes, procesos profundos de transformaciones institucionales y demostrar una mayor capacidad de autocrítica para lograr tender puentes de diálogo hacia diferentes actores sociales.

Superar la desconfianza: Sin duda, uno de los mayores retos que tenemos como país es reconocer y valorar la diferencia, encontrar puntos de diálogo y coincidencia entre todos los actores que hacen parte de un proceso cultural. A los peruanos y peruanas se nos suele hacer muy fácil “señalar la paja en el ojo ajeno”, exigirle al otro con base en parámetros propios y esta actitud hace que nos confrontemos y fragmentemos con frecuencia. Si sumamos a esto la predisposición a la desconfianza y continua suspicacia sobre los “intereses” que pudieran tener quienes son parte del Estado, de alguna organización política, organización de mayores dimensiones u otros, se hacen evidentes las dificultades de un trabajo articulado. Es cierto que es necesario estar alertas para que los esfuerzos colectivos no terminen siendo encauzados 207


hacia fines particulares, pero también es necesario que nos encontremos y dialoguemos superando las etiquetas y prejuicios que nos condicionan. Compartir y hacer circular información de interés general, actuar de modo transparente, tener la disposición de escuchar para tomar luego una postura, generar formas directas para confrontar puntos de vista, son algunos principios que podrían ayudarnos a superar la desconfianza instalada y a actuar responsablemente en el fortalecimiento de los procesos de articulación y diálogo con el Estado.

Transformando instituciones: La gestión de la cultura desde el sector público se encuentra con muchas barreras propias de la burocracia. Las medidas adaptadas para evitar la corrupción, necesarias dados los niveles escandalosos a los que se llegó en gobiernos pasados, han generado “candados” que bloquean las posibilidades de dirigir recursos a proyectos de organizaciones de la sociedad civil. Es necesario cambiar el marco normativo del Poder Ejecutivo y de los gobiernos locales para poder contar con “base legal” que sustente las iniciativas públicas a favor de la cultura. En ese sentido, en el propósito de lograr que las instancias públicas adapten sus procesos y criterios para facilitar la acción ciudadana, será necesario lograr transformaciones que deberán comenzar en las mentes de los funcionarios públicos. Mientras en el esquema de pensamiento del burócrata, formateado sólo para pensar en la relación costo/beneficio, se consideren como logros exclusivamente variables cuantitativas, seguiremos cayendo en la trampa de intentar justificar el valor de la cultura sólo en relación a su aporte al Producto Interno Bruto y reforzando la idea de que cultura es gasto y no inversión. Entonces, es necesario cambiar el discurso y las prácticas de los funcionarios públicos; es necesario poner a la persona y sus vínculos comunitarios como fin, lo cual implica una estrategia de sensibilización de diversos actores sociales con el propósito de lograr que reconozcan la forma en que la cultura enriquece la vida de las personas. Por lo tanto, es necesario cambiar el sentido común imperante que plantea modelos económicos “incuestionables”, un Estado pequeño y limitado, y un sector privado a cargo de satisfacer necesidades básicas. Si bajo estos supuestos se sigue gobernando, seguiremos viviendo en un país que naturaliza la 208


vulneración los derechos culturales y humanos de su población. Hay que lograr comunicar el valor de la vivencia cultural, las oportunidades y libertades que sea amplían como consecuencia de su práctica, los procesos de organización que genera y la forma en que enriquece la vida de las personas y sus comunidades. Para que estas transformaciones se den es necesario estar dispuesto a trabajar desde los partidos políticos, entidades públicas, organismos multilaterales, sin descuidar el trabajo directo desde, con y para la comunidad.

Generar evidencia: Para cambiar subjetividades y supuestos tan arraigados como el modelo económico neoliberal, hay que tener fundamentos consistentes. Quienes venimos de la práctica cultural solemos desplegar enormes esfuerzos para lograr realizar una acción colectiva, pero en muchas ocasiones dejamos de lado los procesos de evaluación, sistematización y socialización de resultados. Esto es fundamental para lograr comunicar a decisores el poder transformador de la Cultura Viva Comunitaria. En este sentido, urge generar vínculos cercanos con la academia con el fin de producir investigación que permita dar cuenta, desde diversas perspectivas, de los impactos de la cultura en el Desarrollo Humano. En esta misma línea, la producción de contenidos audiovisuales y la alianza con medios de comunicación, oficiales y alternativos, resulta fundamental. Muchas experiencias son sólo valoradas y legitimadas cuando se difunden públicamente. Es por ello que diseñar estrategias creativas para transmitir los alcances de las iniciativas en torno a la Cultura Viva Comunitaria es fundamental. En este sentido, considero que tiene mucho más valor generar esfuerzos por describir los logros y resultados de un proyecto de modo que sean claros para diferentes interlocutores, en lugar de agotar esfuerzos en intentos de delimitación conceptual de las experiencias. Me refiero a que he sido testigo de extensas discusiones sobre conceptos como “comunidad” o “territorialidad”, que muchas veces llevaban a la polarización de ideas, pero que -desde mi punto de vista- hubiesen sido más productivas y propositivas 209


si se enfocaban en identificar aquello que hace potente una propuesta o experiencia cultural.

Tender puentes: Para lograr afianzar las iniciativas de promoción de la Cultura Viva Comunitaria es necesario tender puentes, conectar círculos, propiciar espacios de diálogo con diferentes sectores. Si nos atomizamos, nuestra agenda seguirá siendo relevante sólo para nuestro entorno inmediato, pero si logramos hacer dialogar las agendas de los diversos sectores sociales que están buscando reivindicar sus derechos, los procesos tomarán mayores dimensiones y, por lo tanto, generarán mayores transformaciones. Tender puentes significa observar, escuchar y dialogar. Tener la disposición de apreciar y valorar la riqueza de nuestras diferencias. No reivindicar como válida sólo un tipo de expresión o práctica cultural. Más bien, intentar confluir hacia formas de relación que generen sentido de comunidad, no entendido exclusivamente como territorios físicos sino desde los territorios sensibles que nos conectan a todos como seres humanos. Espero que estas reflexiones puedan aportar al proceso que se viene generando en nuestra patria grande y que sea útil para proyectar pasos a dar en el Perú, para los cuales será necesario caminar en la misma dirección, desde distintos lugares, pero avanzando y resonando juntos.

Autora: Paloma Carpio Valdeavellano Tránsito - Vías de Comunicación Escénica paloma@transito.com.pe www.transito.com.pe Twitter: @ludipaloma

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Cómo organizar nuestra esperanza: El movimiento de Cultura Viva Comunitaria en Uruguay URUGUAY

Me propongo a través de este texto acercarlos a un primer dibujo del movimiento por las Culturas Vivas Comunitarias en el Uruguay que, aunque incompleto y parcial, pueda arrimar tanto un racconto del proceso como una serie de ideas, avances, desafíos y preguntas a esta gran fiesta latinoamericana que es al mismo tiempo celebración y conflicto, esperanza y disputa, cultura y política. Este recorrido tendrá, pues, tres grandes mojones: el primero referido a una contextualización e historia del reciente movimiento de la Cultura Viva Comunitaria en nuestro país, el segundo intentará acercar algunas lecturas y concepciones para pensarnos y, por último, una serie de preguntas y cuestiones un tanto “espinosas” por las que nos parece necesario, y urgente, transitar.

1. “Crear un nuevo mundo es encontrar las palabras para nombrarlo”. Un poco de historia En Uruguay, los primeros pasos hacia la conformación de una incipiente red de articulación entre las experiencias nacionales autodefinidas como “cultura comunitaria”, coinciden con la participación de un grupo de colectivos en El Primer Congreso Latinoamericano celebrado en La Paz, Bolivia, en mayo del 2013. Surge entonces a partir de la percepción de las posibilidades que tenía este concepto, labrado en cientos de espacios latinoamericanos a través de los años, para nominar, reunir, articular, fortalecer e incidir políticamente en una realidad que, previa al concepto, encontraba una forma. “Crear un nuevo mundo es encontrar las palabras para nombrarlo”, esa frase de Gertrude Stein, es pues, alusiva a este interesante 211


proceso. Entendemos que el concepto “Cultura Viva Comunitaria” viene a dar nombre, a la vez que potencia, a una serie de experiencias existentes, pujantes y transformadoras. En lo concreto, desde nuestro incipiente movimiento hemos realizado encuentros en distintos lugares de Montevideo y Canelones, hemos participado en todas las instancias regionales-continentales posibles, se han hecho articulaciones con actores institucionales diversos y se ha realizado un encuentro regional de Cultura Viva Comunitaria en Paysandú (litoral del país), en el 2014. La premisa fundamental en el aquí y ahora es trabajar sobre un registro nacional de organizaciones de cultura comunitaria y el crecimiento a partir de una convocatoria lo más abierta posible a todas las experiencias culturales comunitarias que existen, que son muchas y de vital incidencia en la vida de hombres y mujeres en todo el territorio uruguayo, con miras a un Encuentro Nacional de Cultura Viva Comunitaria Uruguay.

El encuentro Debido a que el movimiento de las culturas comunitarias es y debe ser plural, abierto y diverso, y dada la imposibilidad de dar cuenta de esa apertura en un artículo que es necesariamente parcial y sesgado, intentaré acercar una síntesis de lo conversado y debatido en este Primer Encuentro Regional, como forma de integrar algunas voces que componen este entramado, muchas veces armónico, otras tantas en tensión. En el encuentro de Paysandú, del que participaron una treintena de organizaciones sociales y comunitarias, a la vez que actores representativos de programas estatales (entre los que destacaron Centros MEC, del Ministerio de Educación y Cultura, con incidencia en todo el territorio nacional, y el Programa Esquinas de la Cultura, perteneciente a la Intendencia de Montevideo) se debatió en torno a lo ejes: Gestión cultural y comunicación comunitaria, Juventud y arte para la transformación social, y Democratización cultural, mientras que se transversalizaban estos temas: Incidencia en políticas públicas, Conceptualización de Cultura Viva Comunitaria y trabajo en red. 212


Temas clave Del registro de lo conversado emergen ciertos desafíos que es importante mencionar aquí. A modo de mosaico, estas fueron algunas frases surgidas en el contexto del Encuentro: •

“Aquel proyecto que se gesta para responder a una necesidad determinada, en un ámbito social determinado, movilizando un colectivo para perseguir un fin común, suele ser sustentable y permanente, mientras que aquel proyecto que nace del Estado para atender aquello que el gobierno de turno considera una necesidad, probablemente sea un proyecto destinado al fracaso”. “Los colectivos se ven inmersos en un giro paradigmático donde la democracia representativa y el capitalismo están a la orden del día, esquema muy cuestionado que intenta incursionar un nuevo discurso asentado en modelos de democracia participativa. Quizás el no quedarse con lo establecido e intentar modificar o crear nuevos modelos de gestión cultural que acentúen un cambio, logre paliar la perversidad de este sistema capitalista” “Se nombraron y reconocieron organismos concretos (Esquinas, Intendencia de Montevideo, Centros MEC - Ministerio de Educación y Cultura) que trabajan en la misma dirección que la cultura comunitaria y son permeables a las propuestas, pero “eso no alcanza”, sin un “antes” que cuente con la acción participativa de la gente”.

Una síntesis El primer encuentro regional de Cultura Comunitaria Paysandú 2014 superó en su convocatoria las expectativas que teníamos previamente desde la red. La participación en número y calidad es una prueba de que la cultura comunitaria es una realidad sumamente presente en todo el territorio nacional. Que lograr reconocimiento y legitimidad es posible y el esfuerzo vale la pena. Como decimos en el documento de síntesis elaborado tras el encuentro: “El primer elemento a tener en cuenta es la valoración de las individualidades, las mujeres y los hombres que de alguna manera participamos de este encuentro, con seriedad, compromiso, libertad de pensamiento y alegría. Pocas veces nos queda tan claro que 213


a las organizaciones e instituciones las formamos personas. Y desde esa dimensión del individuo es que se va tejiendo el compromiso, unos acercándose a los otros, conformando conceptos, grupos, colectivos sumamente diferentes entre sí, redes, movimiento”. La cultura comunitaria nos precede y este tipo de acontecimientos nos involucra definitivamente en ella y nos da la posibilidad de formar parte de este momento histórico: el reconocimiento largamente postergado a la cultura viva y comunitaria. Entendemos que este encuentro fue un paso importantísimo en el camino que estamos iniciando y que tiene que ver con el fortalecimiento, visibilización y articulación de este sector de nuestra cultura en Uruguay. Nos permitió, entre otras cosas, comprobar que los objetivos y metas que nos trazamos hacen sentido en nuestro territorio y que es en el trabajo en red desde los colectivos, personas y grupos que realizan prácticas culturales comunitarias como vamos a ir avanzando en este proceso. En ese sentido, en la actualidad trabajamos en dirección a los siguientes objetivos: • • •

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Propiciar el intercambio y conocimiento entre las experiencias de cultura comunitaria en Uruguay. Trabajar hacia la visibilización, legitimación y fortalecimiento del sector. Georeferenciar, mapear, documentar, las experiencias que actúan en todo el territorio nacional desde la perspectiva de la cultura comunitaria. Avanzar en términos de formación en gestión cultural comunitaria. Propiciar el intercambio de saberes y conocimientos que circulan en cada uno de los colectivos, a fin de afianzar una conceptualización y definición de la cultura comunitaria en Uruguay Incidir en la elaboración de políticas públicas de alcance nacional que contemplen esta dimensión de la cultura a través de la generación de fondos nacionales para las Culturas Vivas Comunitarias, fondos y recursos que los propios actores ejecuten y gestionen. Profundizar en el trabajo de articulación de la Cultura Viva Comunitaria a nivel latinoamericano.


2. Desde dónde pensar nuestra esperanza Después de este breve recorrido por los principales “hitos” de la historia de este emergente movimiento en el Uruguay, en el que sin duda hay recortes imperdonables, me interesa plantear algunas ideas conceptuales que entiendo permean nuestra construcción. En ese sentido, abordar estos espacios, movimientos y experiencias colectivas de cruce o encuentro entre el arte, la estética y lo político, implica también construir, reconstruir y crear juntos un marco desde el cual poder pensarlas, nombrarlas y debatirlas. Sobre esto, planteo retomar algunos conceptos: •

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Entender este movimiento como un espacio de esperanza, de posibilidad y de construcción de alternativas, un espacio que posibilita, desde las prácticas, pensar y repensar estas categorías, asumiendo, por otra parte, sus límites. Decía Bloch que en estos tiempos la posibilidad ha tenido “muy mala prensa”. La falta de alternativas es el estribillo que escuchamos, reproducimos y argumentamos (a menudo con muy buenos argumentos) una y otra vez; lo que va reduciendo a las experiencias que resisten o proponen en inútiles, irracionales e ingenuas. Harvey, por su parte, en Spaces of hope, se pregunta por qué es que estamos tan absolutamente convencidos de que no hay alternativas, sugiriendo que seguramente no es por falta de imaginación, y dice: “El mundo académico, por ejemplo, está lleno de exploraciones de lo imaginario. En física, la exploración de los mundos posibles es la norma más que la excepción. En humanidades, aparece por todas partes una fascinación por lo que se denomina lo imaginario. Y el mundo de los medios de comunicación del que ahora disponemos nunca antes había estado tan repleto de fantasías y posibilidades de comunicación colectiva sobre mundos alternativos”.1 Todo lo que recuerda a una anécdota que comenta Zizek sobre China, cuando el gobierno prohibió en televisión, cine y literatura cualquier tema relacionado con realidades alternas o viajes en el tiempo: “Es Harvey, David. Espacios de esperanza, Madrid: Akal, 2003.

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una buena señal sobre China: los chinos son gente que todavía sueña con alternativas, así que deben prohibírselo. Aquí no hace falta, no necesitamos prohibiciones porque el sistema imperante ha jodido hasta la capacidad de soñar. Miren las películas que vemos todo el tiempo: es fácil imaginar el fin del mundo o un asteroide destruyendo la vida, pero no podemos imaginar el fin del capitalismo”. 2 Rebellato, intelectual (“radical”) uruguayo, que decidimos retomar para que vuelva a interpelarnos en este movimiento, utiliza el concepto de ética de la esperanza, enmarcada en la construcción de proyectos políticos emancipatorios, que confían en las capacidades y potenciales de “los sujetos populares” y de las construcciones en colectivo. En el terreno de la posibilidad vinculada con lo artístico y lo político volvemos a mirar hacia la Antigüedad, por ejemplo, repensamos aquella famosa distinción de Aristóteles en La Poética, entre la poesía y la historia: la poesía y la historia, nos dice Aristóteles, no se diferencian por estar escritas en verso o en prosa sino porque la historia se ocupa de lo que sucedió y la poesía de lo que podría suceder; es decir de la posibilidad. En ese sentido, podríamos agregar, la política le es inherente. Estas posibilidades de las que hablamos se encarnan sí en el terreno de la proximidad y de la micro política pero no pierden de vista un proyecto político mayor. Volviendo a Rebellato, no es posible resistir sin abrir espacios alternativos y, por lo tanto, es preciso fortalecer micro alternativas y micro procesos que se encaminan hacia una alternativa global. El mismo autor hace una diferencia entre utopías totalizadoras y utopías liberadoras, las últimas: constituyen los horizontes de sentido, tanto para el pensamiento como para la acción, de una ética de la esperanza.3 Por otra parte, aparece la pregunta por el cómo leemos, desde dónde y a partir de qué estas experiencias que mezclan lo artístico con lo social, lo estético con lo político. En algún sentido aceptamos que esto es “una mezcla”, aunque también podemos pensar que es una vuelta de tuerca hacia aquella “función social del arte” tan visitada y revisitada desde las vanguardias históricas a nuestros días, o una vuelta a reconectar elementos que se desconectaron históricamente pero que funcionan

2 Entrevista, 2006. Disponible: www.lavaca.org/seccion/actualidad/1/1392.shtml 3 Brenes, Alicia et. Alt (comps.) José Luis Rebellato, intelectual Radical. Montevideo, SCEAM, 2009

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muy bien juntos, en el sentido de un arte y una estética vividos como experiencia (recordando a Dewey), artística sí, pero también política, social, pedagógica, etcétera. En esa dirección, también necesitamos de la “mezcla” conceptual para pensar lo que hacemos. Para Rancière, lo que tienen en común el arte y la política (o más bien, en sus propios términos, “lo político”) es que ambos se ocupan de la reconfiguración material y simbólica del territorio común. Rancière plantea que lo político es el conflicto sobre la existencia de este espacio común, y a partir de esto retoma la reflexión de Aristóteles cuando define que el hombre es político por tener un lenguaje que pone en común lo justo y lo injusto, mientras que los animales solo tienen el grito para expresar el dolor o el placer. Dice Rancière que la cuestión, entonces, reside en saber quién tiene el lenguaje y quién solo el grito: “El rechazo a considerar a determinadas categorías de personas corno individuos políticos ha tenido que ver siempre con la negativa a escuchar los sonidos que salían de sus bocas como algo inteligible. O bien con la constatación de su imposibilidad material para ocupar el espacio-tiempo de los asuntos políticos. Los artesanos, dice Platón, no tienen tiempo para estar en otro lugar más que en su trabajo. Ese “en otro lugar” en el que no pueden estar, es por supuesto la asamblea del pueblo. La «falta de tiempo» es de hecho la prohibición natural, inscrita incluso en las formas de la experiencia sensible. La política sobreviene cuando aquellos que «no tienen» tiempo se toman ese tiempo necesario para erigirse en habitantes de un espacio común para demostrar que su boca emite perfectamente un lenguaje que habla de cosas comunes”. 4 Gustavo Remedi, profesor y teórico uruguayo contemporáneo, se pregunta en su texto “Las bases estéticas de la ciudadanía”: cuáles son o deberían ser las intervenciones estéticas de base para rescatar nuestro papel de ciudadanos, esto es, para darle sentido a la democracia. Maneja en este texto una definición amplia e incluyente de la estética que resulta pertinente a la hora de pensar en nuestras prácticas: “Puede decirse entonces que la experiencia estética no es otra cosa que la forma en que nos conectamos, nos comunicamos e interactuamos con el mundo, en que visualizamos y nos representamos el mundo, en que construimos transformamos y le damos valores al mundo”. De hecho,

4 Ranciére, Jacques. Sobre políticas estéticas. Barcelona: Universitat Autónoma de Barcelona, 2005.

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el autor llama la atención sobre las raíces etimológicas del término estética, que remiten a la percepción, a la sensación. Hay también en el texto de Remedi un interesante juego que, retomando a Barilli, transita por la idea de estética como contrapuesto al concepto de anestesia. En el sentido de que si mediante la anestesia perdemos el cuerpo, la consciencia y el sentido, la experiencia estética supone recuperar el cuerpo, reencontrarnos con el mundo.5 Por último, pero fundamental, es necesario y urgente pensar nuestras prácticas, nuestras estéticas y nuestras producciones artísticas “más allá y más acá” de sí mismas, insertas en el marco de la creación de espacios sólidos en el ámbito de la participación social y la política, asentándonos -a la vez que, y quizá sobre todo, reinventándolos- en modelos de democracia participativa, que nos involucren en la gestión de esquemas verdaderamente alternativos.

3. Para no pisar el palito “Pisarse el palito” es una manera extendida de referirnos a algo como “caer en nuestras propias trampas”, o descubrirnos, en la acción o en el discurso, en el lado contrario al que decimos estar. Trampas que también existen en este, nuestro terreno, donde una parte muy importante de la construcción está en tener la capacidad crítica y el coraje de enfrentar una serie de cuestiones de lo más “espinosas” que se van abriendo en este proceso. En este sentido, se presentan una serie de interrogantes. Por un lado, aparecen las formas, los dispositivos y la organización que le damos al movimiento. Por supuesto, en este caso como en los demás, la forma es ni más ni menos que contenido político.

¿Qué pasa con el Estado? Cuando lo político nos despolitiza •

Por más que entendamos al Estado como un (heterogéneo, diverso, múltiple, contradictorio) administrador y gestor de la “cosa” pública, y a nuestras experiencias y prácticas como otra manera de hacer y operar

5 Remedi, Gustavo “Las bases estéticas de la ciudadanía”, en Revista Aisthesis, 2005.

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en lo “público”, cuyo reconocimiento y apoyo por parte del primero es un derecho exigible y legítimo (como lo demuestra el valioso estudio acerca del 0,1 % coordinado por Tomás Raffo), no podemos dejar de ver con cuánta frecuencia surgen en nuestros encuentros la disputa que se encarna en la oposición “Estado sí, Estado no”. Esta dicotomía, planteada en estos términos puede ser muy dañina en el seno de nuestro movimiento, sobre todo si la leemos en relación a la urgencia de plantear, proponer y llevar adelante modelos alternativos de lo político. En todo caso, quizá sería más productivo preguntarse “¿Estado… cómo?”. Y en ese cómo, también, es necesario ver de qué forma nos apartamos y construimos al margen, en el costado o en los intersticios de una lógica que, al menos en Uruguay, es la imperante y tiene que ver con la “transferencia” –vinculada a una des-responsabilización- extendida del Estado hacia la sociedad civil organizada en el formato de ONG, sobre todo en lo que se está convirtiendo en una suerte de “gestión de la pobreza” en manos del tercer sector. La proliferación de convenios de ONG con organismos estatales para esta “gestión o aplicación” de políticas territoriales, va deteriorando sustancialmente los contenidos y las formas de la participación social autorganizada, en el sentido de que las despolitiza.

¿Qué pasa con el “saber” técnico y con el control que ejerce? •

Algunos de los cuestionamientos más profundos que han atravesado mi propia práctica en este terreno tienen que ver con el rol del “profesional”, por un lado, y con el papel tan preponderante que viene tomando la cultura y el arte en clave de “transformación social”. La cultura viene tomando un papel predominante en nuestro siglo XXI que contamina y cruza agendas antes específicamente políticas o económicas. Esto es una muy buena noticia para los que trabajamos en la cultura desde esta perspectiva pero puede llegar a ser una muy mala noticia para los objetivos políticos que nos planteamos, si no analizamos con cuidado su alcance y nos embanderamos acríticamente en esta cualidad ya casi incuestionable de la cultura/ arte para transformar realidades socialmente injustas. En ese sentido, 219


se impone la responsabilidad y la ética de no perder de vista bajo ninguna circunstancia (por más mínimo que nos parezca el trabajo que realizamos) la dimensión política de lo que hacemos y la capacidad crítica para pensar en ello. El fenómeno de la profesionalización de muchos proyectos que tenían una raíz más cerca de lo popular, de lo vecinal y lo comunitario, atendiendo a las políticas públicas y empresariales y a los apoyos financieros a los que hoy en día al parecer pueden acceder “a piacere” estos proyectos (a costa por supuesto de que tengan una retórica técnica y profesional muy sofisticada y específica, además de una “personería jurídica”); y que en muchos casos, de maneras diversas, apuntan a neutralizar y encausar sus prácticas, es un fenómeno al que tenemos que prestar especial atención quienes trabajamos precisamente desde el incómodo lugar “profesional”. “Lo que sí parece claro es que en el trabajo real conjunto con los actores populares hay que recordar una y otra vez que es “en la política y no en la cultura donde la sociedad tiene que buscar respuestas a la pregunta fundamental: ¿qué hacer?”, nos recuerda Cevasco.6 Los riesgos de no poder visualizar-debatir estos escollos en nuestras prácticas son diversos, en este caso, uno de los más sobresalientes es que podemos estar trabajando en el sentido inverso de nuestros discursos y lo que es más, de nuestra ética y de los auténticos objetivos políticos que perseguimos. Podemos, en efecto, estar contribuyendo a una especie de bonito decorado de la democracia, a invisibilizar la pobreza y a estetizar el conflicto social. Los discursos que muchas veces hacen eco o resuenan tanto en el seno de estos movimientos como en las políticas culturales del Estado, y que unen acríticamente palabras como ciudadanía y cultura, o términos como democracia cultural, entre otros, operando en el espacio público, pueden estar persiguiendo el fin de que -tal como advierten Delgado y Malet-: “Los miembros de otros sectores sociales eventualmente conflictivos o “peligrosos” se conciban a sí mismos como ciudadanos, (…) en el sentido de integrantes de una esfera de confraternidad interclasista. Para ello se despliega un dispositivo pedagógico de amplio espectro que concibe al conjunto de la población, y no sólo a

6 Cevasco, María Elisa. Diez lecciones sobre estudios culturales. Montevideo: Trilce, 2013.

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los más jóvenes, como escolares perpetuos de esos valores abstractos de ciudadanía y civilidad”.7 Estos autores nos recuerdan que “Se trata de divulgar lo que Sartre hubiera llamado el esqueleto abstracto de universalidad del que las clases dominantes obtienen sus fuentes principales de legitimidad y que se concreta en esa vocación fuertemente pedagógica que exhibe en todo momento la ideología ciudadanista, de la que el espacio público sería aula y laboratorio”. Y concluyen: “El idealismo del espacio público -que lo es del interés universal capitalista– no renuncia a verse desmentido por una realidad de contradicciones y miserias que se resiste a recular ante el vade retro que esgrimen ante ella los valores morales de una clase media biempensante y virtuosa, que ve una y otra vez frustrado su sueño dorado de un amansamiento general de las relaciones sociales”.8 Además de tematizar sin temores estos y otros conflictos, venimos llegando a la idea de que debemos tomar eso (este lugar, en cierto modo, privilegiado) como punto de partida hacia la construcción conjunta de un escenario de lo colectivo sobre el que, en algún momento, tenemos que ser capaces de perder el control o, al menos, de crear las condiciones en donde el control sea verdaderamente compartido, cuidando estos espacios de manera que se desmarquen de los múltiples simulacros de participación que conocemos. Ese es el proyecto político que creo tiene validez en estas prácticas, y el horizonte a no perder de vista. “Hoy como nunca necesitamos organizar la esperanza”, decía Rebellato. Y en eso estamos.

Autora: Paula Simonetti Red Cultura Viva Comunitaria Uruguay simonetti.pau@gmail.com 7 Delgado, Manuel y Daniel Malet. “El espacio público como ideología”, 2007. Disponible: www.fepsu.es/docs/urbandocs/URBANDOC1.pdf 8 Esto conecta, por supuesto, con aquella “belleza del muerto” a la que hacía mención De Certeau en la manera en que pensamos a las culturas populares.

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Red latinoamericana de arte y transformación social. 15 proposiciones para el debate. 1. Somos grupos y organizaciones sociales que trabajamos en arte y transformación social en América Latina. Mujeres y hombres artistas, educadores, comunicadores y técnicos que, a lo largo de todo el continente, participan en iniciativas y proyectos que combinan la creación estética y la política en un mismo movimiento; un gesto irreverente que busca la equidad, la belleza y la democracia, con niños, jóvenes y adultos, en la montaña, en el campo y en las ciudades. 2. Nuestra tarea se despliega en un continente maravilloso y desafiante, aunque profundamente herido. Maravilloso en su multiplicidad cultural, étnica y natural, en el caudal creativo de sus multitudes, en la inagotable variedad de sus “artes populares” y en el talento de su gente, en el siempre abierto remolino de sus identidades buscando el destino común, la propia visión frente al universo. Pero herido por abismos irracionales de inequidad, de hambre y de violencia; por el desperdicio cotidiano de la energía de generaciones enteras, por el autoritarismo y la ceguera de sistemas políticos y económicos incapaces de recuperar, proteger y orientar la vida. 3. Nuestro lugar, esta Latinoamérica que nos enamora, tiene un romance apasionado con el arte, los símbolos, los colores y los sonidos. Por aquí y por allá florecen (y resisten) culturas grandes, medianas y pequeñas, todas desafiantes y vitales. Mestizajes poderosos que fecundaron un arte que ha servido tanto para celebrar el futuro y la autoafirmación, como para hacer el duelo y la memoria de las tragedias y la muerte. Murales, comparsas, festividades, teatro popular e itinerante, cine, danza, música y palabras han ido de la mano de un camino paciente, muchas veces violento y siempre incesante hacia la construcción del propio destino en un mundo cambiante, con experiencias populares económicas, políticas y sociales tan audaces como sus creaciones artísticas. La desmesura latinoamericana es, a todas luces, nuestro mayor poder. 222


4. El arte ha sido y es nuestra manera de encontrarnos con el mundo y transformarlo. El arte nos muestra a la comunidad humana en su capacidad de crear formas y símbolos que buscan la emoción y la comparten, en un proceso multidimensional en el que todos cambiamos junto con la realidad. El arte, presente en la historia como una herramienta rudimentaria e inicial de nuestra especie, es un punto luminoso de la evolución y de la transformación del hombre y el universo. Es la prueba de que, siempre, otro mundo es posible. 5. Por eso sentimos estériles, en este campo, a todas las variantes del elitismo y el individualismo. Mucho antes de que determinados individuos o grupos puedan tomar profesionalmente el nombre de “artistas” y crear, entre otras cosas, “obras” pasibles de ser convertidas en “mercancías”, los “hechos artísticos”, transformadores de la interpretación del mundo, y por lo tanto, creadores de nuevas realidades, son creados por la comunidad humana, por las relaciones sociales, en su capacidad de generar símbolos y relatos. En definitiva , lo que llamamos “obra de arte” es nada más (y nada menos) que una pieza jugada en el tablero del hecho artístico. Èste último es una construcción social, pero no por eso está “fuera” del arte y, en este sentido, quienes lo hacen también pueden (y deben) ser llamados, en estricta justicia, “artistas”. Las cosas no empiezan donde el Poder dice que empiezan; por eso pueden terminar donde el Poder no quiere que terminen. 6. El arte nos enamora desde el gesto inicial de la expresión: el milagro de poder diseñar y realizar la llegada de una nueva emoción entre las personas. Por eso creemos también que se trata de un proceso transformador y educativo en sí mismo. Si bien es cierto que pueden utilizarse recursos “artísticos” para compartir experiencias de aprendizaje en el campo de la salud, el empleo o la física subatómica, no es ése el aporte distintivo del arte en la producción de conocimiento, su lugar insustituíble en lo que entendemos por educación y aprendizaje. En nuestra experiencia, crear y compartir la emoción del arte es, en sí, la apertura de un estadío distinto en la relación entre las personas, en el que la transformación propia y la del mundo se subsumen en un juego orientado por el conocimiento humano y colectivo, en un salto hacia el futuro, hacia lo imposible, intrínsecamente educativo. 223


7. Esa apuesta, ese acto lúdico y gozoso presente en el primer gesto del arte, es lo que lo convierte en motor privilegiado del desarrollo personal y grupal, afectivo y profesional de millones de chicos, jóvenes, adultos y abuelos de nuestro continente. Y, como en una cascada audaz, el fermento viaja en el interior de sus creaciones, abre otras capilaridades y desata mas “aperturas” en la conciencia de otras personas y grupos. El conocimiento que navega por el arte tiene una característica: se contagia en la emoción. 8. Por eso el arte se va convirtiendo cotidianamente, también, en nuestra mejor manera de provocar a la sociedad. De conmoverla, escandalizarla, refrescarla y quererla. Con misterios, leyendas, preguntas y ritos, la comunidad humana crea mundos para volver a interrogarse ¿este planeta es el amor de nuestras vidas? ¿cómo? Y hace esa pregunta con mucho más que la “denuncia” o el discurso de “las víctimas”. El arte, concebido como producción social de libertad, como manifestación del poder humano, prefigura siempre una sociedad más justa, solidaria y democrática. 9. En la hechura de sus herramientas, nuestros grupos, la gente que asume este desafío, suele empezar buscando las fuentes de la energía que necesita. Y la encuentran en sí mismos y en lo que los rodea. Ahí es que revela su densidad y su colorido la categoría de “identidad”. Las múltiples identidades que nutren este continente (urbanas, étnicas, de género, organizacionales, etc.) van formando el tramado de un futuro posible; sus nervaduras y flujos de vida robustecen el despliegue de una novedad compartida, en la medida en que buscamos y articulamos los nuevos mecanismos de encuentro y capacidad de acción. ¿Dónde, sino en el arte, las identidades muestran sus rasgos generosos? En su órbita se exponen, se mezclan, se comparten y se recrean en relación con el mundo. 10. Por eso se vuelve imprescindible introducir el problema de nuestras metodologías. ¿Cuáles son las claves metodológicas de estos cruces entre la dinámica de la creación artística y los caminos de la transformación social? Nuestras experiencias parten de una primera verificación, y es que los procesos estéticos creativos y participativos producen en sí nuevas modalidades del hecho artístico, casi siempre 224


ligadas, en escalas diferentes, a transformaciones políticas y sociales. Lo verificamos en experiencias protagonizadas por niños, jóvenes, adultos, pueblos originarios, ancianos, campesinos, locos, presos, desocupados, dirigentes, chicos de la calle o mineros. En un proceso artístico, creativo y participativo, el final del camino siempre nos encuentra más libres, más capaces y más fuertes. 11. Pero también sentimos que esas experiencias transitan “tanteando” en un terreno a veces hostil, despojado de categorías, indicadores y paradigmas que puedan dar cuenta de la riqueza en desarrollo. Nos falta aún construir la ingeniería metodológica capaz de asumir el conocimiento que despliega la nueva creación y de proyectarla hacia otras comunidades humanas u otras metas del conocimiento y la transformación que necesitamos. Porque el potencial que fluye nos interpela, y sabemos que el nuevo paso nos pide un salto de sistematicidad, profesionalización, rigor conceptual, competencia y calidad. No sólo por la solidez y la vitalidad de nuestras propias experiencias, sino por su capacidad de transformación política. La Academia, los sistemas institucionales, el Estado, las Ciencias Sociales y las estructuras de jerarquización de la Industria Cultural deben asumir las dimensiones y ramificaciones de la crisis que atravesamos. Y, en ese marco, nuestras voces (las del arte y la transformación social) pueden alterar el diseño de un tablero en el que se juegan muchas cosas. También por este territorio transita la posibilidad de un mundo más justo: por el poder de crear las palabras que lo nombren. 12. La política, entonces, aparece como un desafío profundo; la novedad que estamos explorando nos exige, en este campo, una audacia que solo puede esperarse de un temperamento “artístico”. Se trata de dar la pincelada que el cuadro nos pide, y no la que le “conviene” a alguien. Y, si algo sentimos con claridad, es que el cuadro nos está pidiendo un nuevo trazo. Nuestras prácticas tienen una vigorosa dimensión política, y han acuñado un puñado de ideas en el juego general. La multiplicidad (no como obstáculo, sino como potencia), el debate (como necesidad de la acción y como espacio para la pregunta y lo incierto) la fragmentación y el aislamiento como peligros, las alianzas (no como imperativo de la debilidad, sino como vocación democrática), el territorio (el universo como camino hacia la aldea, 225


la aldea como un universo cifrado y vital, y la intersección como clave de lo humano), la construcción de agendas sociales y paralelas en la incidencia pública, la tensión entre lo privado, lo estatal, lo público y lo comunitario. La ineludible complejidad del escenario de este debate en el que los Estados, las Empresas y las grandes Instituciones impulsan sus políticas, nos ubica en la necesidad de articular un discurso y una capacidad, una modalidad en el diseño del debate, un “estilo” en el procesamiento de los conflictos en el que la Democracia es asumida como una construcción cotidiana. 13. La nueva sociedad, que el arte y la transformación social prefiguran y construyen, se realiza en otra ecuación entre la producción y la distribución de la riqueza, en una cotidiana vocación de democracia e inclusión social con justicia. Como en el caso de una creación estética, encuentra su sentido en la comunidad humana y su poder en el grado de libertad que permite proyectar el gesto, el trazo, el símbolo o la nota. El derecho a la salud, a la educación, a la vida y al desarrollo son también, y quizás, sobretodo, una cuestión de belleza. Una encrucijada que nos invita a hacer del mundo entero una obra de arte, o mejor, un hecho artístico, y no el espectáculo frustrante de una especie que truncó su propio horizonte. El arte, lejos de ser un instrumento accesorio en este desafío, es una acción humana integral, contundente y transformadora del presente, un presagio activo del triunfo de la vida. 14. Por eso construímos estas Redes nacionales, regionales, continentales. Como otro ejemplo de desmesura, pero también de vocación transformadora. Ya no se puede construir esta belleza separados; y aunque la materia se nos rebele y sea difícil “mezclar” los colores, y el texto no aparezca y haya que tirar borradores y recomenzar siempre, decidimos hacernos cargo de cierta responsabilidad. El nuevo tapiz necesita tejedores y el acorde exige por lo menos tres notas. Queremos ir dando forma a esta voluntad latinoamericana de reescribir el arte y la transformación social desde nuevos puntos de vista, más cercanos a la vibración de la vida. Por eso construímos puentes y espacios, y por eso también nos animamos a “perforarlos” y buscar caminos entre los túneles que nos conectan y las plazas en las que nos encontramos. Una Red que progresiva pero pacientemente, como en la obertura de una sinfonía, como en una procesión de La Puna, como en una 226


llamada de Montevideo, en un trío eléctrico brasileño, o también en el poema tímido de un adolescente, nos devuelva una nueva capacidad en nuestra relación con el futuro. 15. Tanteos, búsquedas, apuestas en la construcción de una nueva subjetividad capaz de transformar la realidad. Escuelas de arte, movimientos sociales, grupos culturales, teatros, circos y artistas de todas las “disciplinas” estamos experimentando la llegada de un nuevo tiempo, signado por una mayor capacidad de acción, reflexión y producción. Con nuevas certezas, creemos que el arte y la transformación social en América Latina pueden inaugurar recorridos de creación colectiva sustancialmente poderosos en la definición de un futuro más justo. La belleza, la fiesta, la disrupción y la creación simbólica se preparan, quizá, para subir la apuesta en la defensa de la vida. La desmesura, como aquella vez, vuelve a convocarnos. Autor: Red Latinoamericana de Arte y Transformación Social www.artetransformador.net Twitter: @RLATS // Facebook: Red Latinoamericana de Arte y Transformación Social

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