Cuéntame y con poesía ensayemos

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CUÉNTAME Y CON POESÍA ENSAYEMOS Colegio de Literatura

Antología de textos de los concursos interpreparatorianos del Colegio de Literatura

Compilación: Olga Lidia Hernández Cuevas



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Colegio de Literatura

Concursos Interpreparatorianos 2018–2019 Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria

Universidad Nacional Autónoma de México Dirección General de la Escuela Nacional Preparatoria



Colegio de Literatura

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Cuéntame y con poesía ensayemos

Antología de textos de los Concursos Interpreparatorianos del Colegio de Literatura

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO



Colegio de Literatura

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Escuela Nacional Preparatoria Dirección General: Biól. María Dolores Valle Martínez Secretaría Académica: Dra. Virginia Hernández Ricárdez Departamento del Colegio de Literatura: Mtra. Olga Lidia Hernández Cuevas

Imagen de portada: Diseño gráfico: Diseño editorial: Diseño de portada: Colaboración técnica:

Sandoval.T. (2012). Mujer con libro. Irene Hernández Cuevas Irene Hernández Cuevas Irene Hernández Cuevas Karol López Valero

Queda prohibida la reproducción parcial o total del contenido de la presente obra, sin la previa autorización expresa y por escrito de su titular, en términos de la Ley Federal de Derecho de Autor, y en su caso de los tratados internacionales aplicables. La persona que infrinja esta disposición se hará acreedora a las sanciones legales correspondientes.

Primera edición: abril 2019 Derechos reservados por © Universidad Nacional Autónoma de México Escuela Nacional Preparatoria Dirección General Adolfo Prieto 722, Col. Del Valle. C.P. 03100, Ciudad de México. Hecho en México.


ÍNDICE Introducción

I. Ahora que lo cuento…..............................................................

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• Catarsis ...............................................................................................

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• Penúltimo amanecer sobre la Tierra....................................................

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• Tom .....................................................................................................

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• Bajo la Luna .........................................................................................

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• El gran monstruo..................................................................................

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• El carpintero que talló la solución de la pobreza..................................

28

• La familia...............................................................................................

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• Oli y Temach..........................................................................................

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• Luciérnagas............................................................................................

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• Los niños también pueden ir al infierno ...............................................

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• Palabras al viento...................................................................................

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• Cosas que no están................................................................................

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• Instinto ..................................................................................................

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• La sombra del muerto de Uhm .............................................................

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• Al otro lado de un arma de fuego .........................................................

55

• Salvación................................................................................................

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• Ghost Story............................................................................................

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• Serendipia ............................................................................................

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II. Háblame con poesía….............................................................

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• Para escuchar en voz baja....................................................................

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• El poeta escribe a su Musa...................................................................

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• A algún etéreo anhelo, mi Eva..............................................................

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• Benditos malditos..................................................................................

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• El silencio del lobo................................................................................

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• Tiempo inerte........................................................................................

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• Suspiro mexicano..................................................................................

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• Verde olvido..........................................................................................

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• Gradualmente extinguiéndote.............................................................

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• Mi larga huida ......................................................................................

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• Polvo de luz ..........................................................................................

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• Tormenta sonora ..................................................................................

86

• Huerto de tus besos .............................................................................

87

• Diluvio de alacranes. Emboscada de ángeles negros .........................

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• Límites...................................................................................................

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III. Ensayemos…............................................................................. 91 • Transgresión hacia lo oscuro................................................................

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• Las mariposas de Arredondo. La metamorfosis de sus personajes .......................................................

94

• Todos cambiamos...................................................................................

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• Después de la tormenta viene el cambio viene el cambio. ¿Es el cambio la manera de sobrevivir a un mundo tan pacíficamente hostil?........................................................................

99

• ¿La cosificación de la mujer desencadena la locura? ...........................

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• El rol femenino en la obra de Inés Arredondo .....................................

103

• La metamorfosis de los personajes en la obra de Inés Arredondo................................................................

104

• De orugas a mariposas ..........................................................................

106

• De lo invisible a la mujer.........................................................................

108

• Ella cambia, ella vive, ella crece .............................................................

110

• La metamorfosis como una solución a su cruel realidad .......................

113

• Claroscuro del deseo .............................................................................

115

• La sexualidad en Inés Arredondo............................................................

117


• Sexualidad según Arredondo ................................................................

119

• Sobre máscaras y deterioro ...................................................................

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IV. Participantes ganadores del concurso de declamación ...........

124

V. Participantes ganadores del concurso de ortografía ...............

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Índice de imágenes • Imagen 1 (Portada) ................................................................................

01

Sandoval. T (2012). Mujer con libro. Recuperado de: https://www.pinterest. es/pin/418271884121131851/?autologin=true •

Imagen 2 (Ahora que lo cuento)...........................................................

13

cdd20. (2015). Cuento de hadas. Recuperado de: https://pixabay.com/es/ illustrations/cuento-de-hadas-noche-pintura-ni%C3%B1a-1077856/ •

Imagen 3 (Háblame con poesía)............................................................

66

_vane_ (2018). Luna. Recuperado de: https://pixabay.com/es/illustrations/ luna-mujeres-soledad-estrellas-3084617/ •

Imagen 4 (Ensayemos) ...........................................................................

Sandoval. T. (2019). Esperanza Girl. Recuperado de: https://www.pinterest.es/ pin/502432902162171762/ 1622100/

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Colegio de Literatura

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Introducción El siguiente libro es el resultado del trabajo y dedicación de los estudiantes de la Escuela Nacional Preparatoria, quienes, en su afán por manifestarse tanto artística como intelectualmente participaron en los Concursos Interpreparatorianos del Colegio de Literatura. Como reconocimiento a todos los participantes se realizó esta recopilación de textos, buscando poner al alcance de toda la comunidad estudiantil de la Escuela Nacional Preparatoria el trabajo de estos jóvenes creadores. La primera sección: Ahora que lo cuento, incluye las creaciones de los estudiantes que participaron en el concurso de cuento. La segunda sección: Háblame con poesía, incluye las creaciones de los estudiantes que participaron en el concurso de poesía. La tercera sección: Ensayemos, incluye las creaciones de los estudiantes que participaron en el concurso de ensayo. Las secciones cuarta y quinta, incluyen a los ganadores del concurso de: declamación y ortografía respectivamente. Agradecemos especialmente a todos los asesores que colaboraron y motivaron la creatividad de sus estudiantes.

El Colegio de Literatura


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Colegio 13 de Literatura

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I. Ahora que lo cuento‌

cdd20. (2015). Cuento de hadas.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 1 “Gabino Barreda” Miguel Ángel Flores González

Catarsis*

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a vida es efímera pues si no lo fuera no tendría sentido vivirla. Es la 1:00 am, Alejandro, un cerdo que trabaja de policía para mantener a su familia, se levanta temprano para ir a trabajar, al despertar se pone su uniforme planchado e impecable, se acerca a “desayunar” pues le toca turno nocturno como todos los viernes, pero cuando su esposa Daniela, una cuerva, le sirve el desayuno, Alejandro se levanta y azota la cabeza de su esposa en el plato sumergiéndola en los frijoles mientras bramaba diciendo “traga como la humana que eres”, el único error de Daniela fue servirle frijoles, pues Alejandro es de Honduras y ahí los frijoles son comida de humanos, Alejandro indignado se va de su casa, antes de azotar la puerta, Daniela le grita “no llegues tarde a la comida”. Es la 1:30 am, Alejandro odia a su esposa, si no fuera porque él la obliga a tener sexo, no tuvieran contacto que no fueran insultos o golpes, así que su turno nocturno es el pretexto perfecto para ir a una madriguera, con dinero que consigue pidiendo sobornos de multas sin sentido. Son las 2:00 am, cerca de su casa escucha el grito de un muchacho, se trata de un asalto a mano armada, claro, él lo pasa por alto, pues, no puede sobornar a nadie, además se le hace tarde para saciar sus instintos con una hembra. Cada segundo cuenta al pasar una cuadra escucha los balazos, él sólo sube el volumen de la radio y en su mente piensa “espero le haya atinado, total, uno menos”. Son las 3:15 am, ya está camino a la Merced, un lugar famoso porque ahí los coyotes llegan a saciar su sed de placer, ya que, es un sitio abundante en carne, llegó a la madriguera de zorras más cercana, le pagó al dueño, un coyote, por la zorra que más saciara su apetito venéreo. Él escogió a Fernanda, la llevó a un cuarto donde consumaron el acto, la aventó a la cama y justo cuando su bóxer bajaba, irrumpen en el cuarto y le tiran un disparo en el cráneo. Alejandro antes de morir escucha una voz que irónicamente reconocía y lo último que escuchó fue “no críes cuervos o arrancaran los ojos de tus cuencas”. Es la 1:00 am, Daniela prepara la cena y se viste atrevida, pero claro, Alejandro ni siquiera lo nota, ella sabe que están unidos sólo por su hijo, pero sigue intentando prender fuego a un cenicero, mantiene la fe en que su amor surja de nuevo, cree que los golpes de su esposo ella los provocó, antes de que Alejandro se marchara Daniela le llamó a un taxi para seguir a su esposo, porque ella sabía que la engañaba y era lo único que no soportaba, justo cuando Alejandro se marcha en su patrulla, Daniela se sube al taxi y le pide al chofer, un perro, que siga la patrulla, pasan 45 minutos y le pierden la vista, pero *

Primer lugar en la fase final del concurso de cuento


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logran dar con él porque en un círculo de ironía el chofer era hermano del dueño de las madrigueras, el cual le informó que un policía había llegado y lo necesitaba al pendiente por si se trataba de una encrucijada. Daniela sospecha que su esposo era el policía que estaba en ese burdel así que aprovecha esto y le pregunta su nombre, él contesta que se llama Hugo, Daniela baja su escote, le da un beso y empieza a seducirlo y le dice que si no encuentra a su esposo lo invita a desayunar. Son las 2:00 am, se escucha un teléfono, Daniela recibe una llamada de su hijo, pero al contestarle ella sólo responde “no puedo, estoy ocupada” pues el enojo que sentía hacia su marido era más importante que lo que le podría decir su hijo. Son las 3:15 am, él taxista por fin llega a la madriguera y Daniela se baja del carro sin decir adiós, al parecer el intento de seducción es sólo porque quería información del chofer y llegar rápido, se mete a la madriguera donde todos la ven como la siguiente en caer en la mesa, le pide a Ignacio, un coyote, dueño de la madriguera, las llaves del cuarto donde se encuentra Alejandro, Ignacio accede porque ella dice que era para acompañarlo, entra al cuarto y sin pensarlo le dispara, mientras en su mente piensa “ojalá te vea en el infierno para volverte a matar”. Es la 1:40 am, Enrique, el hijo de Alejandro, el cual es un borrego negro, despierta a fumar mariguana, como es de costumbre, se acerca a su ropero donde la guarda, se la pasa buscando y no encuentra nada, la ansiedad le gana así que se asoma al cuarto de su madre para ver si está despierta y descubre que no hay nadie en su casa, coge el bolso de su madre y le roba el dinero para ir a comprar más, con su mejor amigo, un camello, así que le marca y le dice que lo ve a las dos. Son las 2:00 am, Enrique se encuentra con el camello, él lo saluda y lo abraza, pero al abrazarlo sólo siente la boquilla de una pistola en el cuello, el camello le grita “dame todo lo que tengas”, Enrique grita confiado porque mira a lo lejos la patrulla de su padre, pero el grito le sale caro, su padre lo pasa por alto y él recibe cinco disparos, por suerte esconde su teléfono y con su último aliento lo saca de su bolsillo y le llama a su madre, pero al contestarle lo último que escucha fue un “no puedo, estoy ocupada”. Son las 5:30 am, en la calle yace el cuerpo de Enrique, el mundo sigue orbitando, los creyentes predican, los mosquitos pican, los músicos practican, los amantes fornican, los doctores salvan vidas y los asesinos las quitan, los pájaros cantan y la vida continúa. Son las 6:00 am, Daniela se mira al espejo mientras canta una canción “la vida es un viaje, no una estación, saca tu memoria de esa prisión, sé que hay bonitos recuerdos, pero no es de cuerdos tener recuerdos por obsesión. Nacer, crecer, reproducirse, morir, pues estar vivo no es precisamente igual a vivir”, sonríe orgullosa de lo que logra, al poco tiempo comienza a llorar, a donde quiera que voltea ella ve a su esposo, entra en pánico y corre al cuarto de su hijo para abrazarlo.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 1 “Gabino Barreda” Mario Rodríguez Ramón Descubrí que todo es un sueño y no Me queda otra que seguir soñando. Friedrich Nietzsche. Consideraciones intempestivas

Penúltimo amanecer sobre la Tierra

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enían persiguiéndome desde hacía tres cuadras, en la cuarta doblé a la derecha, a la izquierda y de nuevo a la derecha, no miré atrás, principalmente porque estaba muriéndome de miedo y no tenía tiempo para eso, sólo para correr. Las piernas no me darán para más, me dije. Sabía que eran al menos tres, más grandes, y por si fuera poco venían armados. Parecían no cansarse y recorrían como gacelas las calles por las que horas antes había caminado con tranquilidad. No eran las mismas, eran distantes, divorciadas de mi memoria, ahora me eran ajenas. En la tercera cuadra me detuve frente a una puerta ligeramente abierta que para mi suerte no opuso ninguna resistencia, ellos venían doblando la esquina, era mi momento, al ingresar en la casa corrí con todo lo que mis piernas aún daban y entré a la alcoba principal. Una habitación amplia donde el aire era apenas respirable como consecuencia del polvo acumulado, pude ver una mesa a punto de desplomarse que sostenía una masa amorfa de papeles carcomidos por el tiempo, me metí debajo de ella y me coloqué en posición fetal al momento en que rezaba por no ser encontrado. La agonizante noche facilitó que escuchara el azote de la puerta principal, registraban la casa y era cuestión de tiempo para que me encontraran, con una mano en la cabeza y otra cubriendo mi boca, sentí cómo la diminuta gota de agua salada recorría mi rostro, su gélida temperatura me daba la impresión de que quemaba la piel por donde pasaba así que hice un esfuerzo sobrehumano para conservar el silencio ensordecedor que a diferencia del resto de la casa aún habitaba en la alcoba. Por dentro me quebraba. Pensé en mamá, en su hermosa cara llena de lágrimas, en papá, en todos congregados dentro de casa exhibiendo sus hipócritas palabras mientras lo que quedara de mí se convertía en un adorno más para el suelo, concluí que no sería ninguna desgracia, pero sin duda alguna podría haberse evitado. Después pensé en Vanessa, pude ver nuevamente los restos de un cuerpo que en algún momento llegué a considerar el más hermoso del mundo. Pensé en cómo las cosas pueden evolucionar tan disruptivamente, en cómo hacía algunas horas estaba tranquilo por las mismas calles que ahora me aterraban; hacía un día, sentado en la sala con mamá abrazada a mí, sintiendo su suave piel y escuchando su dulce voz hablar de cómo el país se iba a la mierda; hacía tres, reencontrándome con Vanessa, que ya no era Vanessa sino que


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ahora era Lucero y escuchando su teatral resumen de los últimos años; hacía dos, acostado sobre el piso del apartamento, pensando en cómo Derrida habría leído a Spinoza o a Hegel por primera vez, en que a final de cuentas puedes deconstruir todo lo que quieras si tienes tiempo y recursos para pensar esas huevadas; y ahora estaba ahí encogido dentro de una alcoba pestilente dentro de una casa olvidada entre una ciudad miserable a punto de irme de esta Tierra, rezándole a Dios para que me perdonara ésta, para que se aburrieran y supieran que no les daría molestias, que no volverían a saber de mí sí me perdonaban. Estaba ahí envuelto por aquel silencio ensordecedor, al tiempo en que me maldecía por tratar de hacerme el héroe, por andar creyendo que las cosas eran tan sencillas, por andar queriendo salvar el destino de una putita para reconciliarme con la moral. Llegado este punto debo decir que concluí que la realidad también es cuestión de percepción porque uno no puede andar pensando en cómo el gobierno nos jode a todos, en los niños muertos de hambre, en las deudas y los problemas, en si la nada es o la nada no es, cuando hay tres cabrones listos para pegarte un tiro. También llegué a la conclusión de que al final Vanessa no debía ser tan inocente, fumaba desde los once años y bebía desde los diez, desde siempre le había dado igual todo, sufría de violencia familiar y no tenía dinero, lloraba y lloraba cuando hablábamos de eso y le echaba la culpa de sus penas a todos. Por cruel que suene no era improbable que una historia así acabara en venta en una esquina de la ciudad, además de que una parte de esa culpa la sentía mía, al final yo la dejé cuando estaba medio desbaratada; lo que por otra parte sí era improbable, era considerar la posibilidad de que mi vida acabase en ese rincón, baleado por su chulo; no intento decir que tengo algún valor, sólo que el hecho de que su padrote pusiera fin a mi existencia era uno de los escenarios que menos personas habríamos imaginado, pero en fin, la vida así es y así es la vida. Vanessa desnuda, tendida sobre la cama, empapada en llanto, levantando la mirada para seguirme contando cómo una cosa lleva a otra y para cuando te percatas, el barco se está hundiendo. Siento que fue más la lástima que me inspiraba verla de esa manera, destruida por las circunstancias, como un perro que al cabo de años de ser golpeado es incapaz de distinguir una caricia, fue eso, antes que un acto de bondad lo que me llevó a ayudarla. Haya sido bondad o lástima, me estaba saliendo cara. Hacía años que no nos veíamos y sinceramente llegué a pensar que estaba muerta o desaparecida, verla ofrecerme sus servicios no me despedazó, solamente me confirmó la triste veracidad de mis proyecciones sobre su futuro. Uno es lo que hace con lo que hicieron de nosotros, no era toda su culpa, una parte, pero no toda, nadie merece ser tratado de esa manera y yo, el rey de los idiotas, creyendo que podía sacarla de ésta. Cuando Vanessa me contó sobre su chulo fue como escuchar la lectura en voz alta de una de esas historias policíacas que uno supone tan lejanas. Sólo lo vi una vez, cuando tratamos de salir del burdel y entonces volteó a mirarnos como si con los ojos nos detuviera, Vanessa me gritó que corriera y no parara, que ella iba a arreglárselas. El ruido de sus pasos hacía crujir los viejos peldaños de la escalera, venían hacia mí,


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ya no tenía caso seguir dándole vueltas al asunto, se acabó. La puerta se movió despacio y luego violentamente y pude contemplar al enorme sujeto frente a la mesa, era él, el chulo de Vanessa, detrás estaban los otros dos y se reían al tiempo en que él, con una fuerza despertada por una cólera mastodóntica que yo no comprendía, levantaba la mesa y la arrojaba hacia un extremo del cuarto. Me reventó un golpe en la cara con una fuerza descomunal que me hizo acabar tirado en el suelo de la sucia habitación. Me miró, me miró como nunca nadie me había mirado, como a un ser asqueroso o repugnante mientras levantaba su brazo y colocaba la pistola en mi frente. Alcancé a escuchar el estruendo del disparo que ponía fin a la silenciosa noche para inaugurar la escandalosa rutina del día. Las sábanas eran más suaves que nunca, parecían acariciarme y lleno de sudor toqué mi pecho, sentí la agitación de las palpitaciones propias de un hipertenso, tenía lágrimas y lo único seguro fue que era yo, yo entre las calles distantes, yo debajo de la mesa. Giré y me acerqué lentamente para acariciar su oreja con mis labios, soñé algo, no sé muy bien qué pero soñé.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 1 “Gabino Barreda” Andrea Michel García Santiago

Tom

M

e llamo Tom y voy a contar una historia más de superación personal que trata acerca de que en muchas ocasiones no te toca una vida sencilla y donde la felicidad es efímera. Una historia como la de tantos, llena de altibajos, con finales felices. Comencemos. Nací bajo un puente del Viaducto, en época de frío donde teníamos que dormir muy juntos mis hermanos y yo para soportar las bajas temperaturas; mi mayor dicha era sentir el calor de mi madre cuando me pegaba a su pecho para alimentarme; muy pronto crecí y comenzaron los problemas porque un día sin más ni más, mi madre se fue y nos dejó a mis 3 hermanos y a mí en la completa orfandad y soledad. Nos veíamos el uno al otro y nos poníamos a jugar todo el día, hasta que un vacío en el estómago nos volvía a la realidad; entonces salíamos más allá de nuestra guarida a ver si alguien se compadecía un poco de nosotros. Así sobrevivimos una semana, aunque poco a poco fueron desapareciendo cada uno de mis hermanos (nunca supimos qué fue de ellos). Los días pasaron y un día, mi hermanita y yo, nos aventuramos a caminar más allá de lo acostumbrado, queríamos explorar y conocer. Llegamos a un parque y nos pusimos a jugar con otros chicos que andaban por ahí, comimos de las sobras que dejaban tiradas aquí y allá. Pasamos dos días de mucha diversión, hasta que de nuevo nos quedamos solos. Nos dormimos a la luz de la luna pensando que quizá al otro día, habría más aventuras (nunca imaginé que se convertiría en otro de los días más terribles de mi vida). Amaneció y salimos a andar con rumbo desconocido, esta vez llegamos a un parque más grande y mientras comenzamos a jugar se acercaron a nosotros unos seres extraños cuyo lenguaje no entendí muy bien. ––¡Mami! mira que lindos cachorritos, están muy lindos ¿no crees? y están solitos, se ve que son muy pequeños aún. ¿Podemos llevarlos a casa? ––¡Ay hijita! en verdad tienes razón, son lindos, pero sabes que no tenemos espacio, la casa es pequeña. ––Anda mami, me hará bien tener unos perritos, te prometo que los cuidaré muy bien. ––Bueno, está bien, pero sólo uno, no podríamos con los dos. No entendí qué hablaban, sólo vi que comenzó a observarnos detenidamente y sin más, tomó en brazos a mi hermanita y los vi poco a poco alejarse, dejándome sin mi única compañía. Nunca más la volví a ver. Me quedé solo, más solo que nunca. Empezó una de las etapas más tristes de mi vida. Me convertí en un perro vagabundo, sucio y descuidado. Un día me pegaba a la


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manada y otros días perseguía a los vagabundos que aunque sea por una noche me daban cobijo, migajas y un poco de cariño. Unos meses pertenecí a una familia y tuve techo, cobijo y un compañero de juegos. Pero en cuánto crecí me echaron a la calle. Solo de nuevo. Otros meses volví a tener una familia, pero en un descuido dejaron la puerta abierta y mi curiosidad por explorar el mundo fue más grande y no pude conseguir regresar a mi hogar. De nuevo solo. Así transcurrió un año, hasta que un día tuve dueño de nuevo; era un lustrador de zapatos, quien a cambio de mi fidelidad y compañía me llevó con él y me dio casa y alimento, aunque lo único que me importaba era su compañía. En el día salíamos a trabajar y me dejaba libre un rato y yo regresaba por las tardes para irnos juntos a casa. Todo era felicidad hasta que le entraba no sé qué cosa y se ponía muy extraño; tomaba de un agua que lo hacía gritar, llorar y como su única compañía que tenía era yo, me hablaba y de repente me golpeaba (nunca entendí el por qué si yo lo amaba mucho y me portaba bien). Pasaba así dos o tres días, hasta que alguien llegaba a reanimarlo y volvíamos a la rutina. Una de esas tantas tardes de locura me dejó amarrado en la pata de la cama y salió a buscar el agua que lo ponía loco; pasaron los días y me llené de angustia pues él no regresaba; comencé a sentir hambre, incluso intenté quitarme el alambre con el que estaba atado para salir a buscarlo, porque lo extrañaba mucho, pero sólo conseguía lastimarme cada vez más. No regresaba y mis fuerzas poco a poco fueron disminuyendo, mi piel se pegaba a mis huesos, no podía más, sentía mucha tristeza y nuevamente esa soledad que había sentido durante mi vida. Cerré mis ojos, esperando que llegara mi final. ––Aquí es la dirección que tenemos del indigente que lamentablemente encontramos atropellado, veamos si hay alguien que pueda ir a la morgue a identificarlo. ¡Oh por Dios, mira! sólo hay este perrito, que me imagino que era su mascota, aunque creo que está muerto. ––No creo, mira, se ve que aún respira. Mmm... tengo una idea, llevémoslo con Laurita, recuerda que ella tiene un refugio de animales y te aseguro que estará encantada de ayudarlo, ves que es muy humana. Después de meses de recuperación… ––Hola Laurita, ¿Qué crees?, mira ando en busca de un perrito negro, que se parezca lo más posible a éste. Es para un casting de una película y el director quiere uno que se parezca al que él tuvo en su infancia, no importa que no sea de pedigrí, al contrario, mucho mejor si no lo es. –– ¡Oh! ¿Sabes? Justo tengo uno que, a mi parecer, está idéntico. Míralo es aquel que está jugando allá al fondo, es ese que está brinque y brinque. Sinceramente es el mejor perro que he tenido y aunque me costó mucho trabajo sacarlo adelante, ahora está en excelentes condiciones. Llegó aquí moribundo aproximadamente hace 3 meses. Venía desnutrido, casi en los huesos, con bronquitis agravada, sarna en su piel, conjuntivitis


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y no retenía absolutamente nada de alimento debido a las condiciones de abandono que sufrió. Los primeros días luchó mucho por su vida y no se dejaba vencer por más dolorosa que fuera su situación. Es un perro admirable. Así, poco a poco, comenzó la verdadera rehabilitación. Al principio no podíamos acercarnos mucho a él, ya que el pobre se ponía muy agresivo de tanto miedo que tenía, pero a base de cariño, atención, paciencia, adiestramiento y mucho amor, aquí está con nosotros, feliz. Los días de sufrimiento se habían acabado al fin, aquí en el refugio encontré la paz y el amor con el cual siempre soñé con algún día tener y que tanto había buscado. Soy el perro más feliz de todos y me encanta saltar de alegría y siempre darles cariño a las personas. A los pocos días, ¡tuve dueños de nuevo! Me llevaron a un hogar donde lo que más disfrutaban eran mis saltos cuando llegaban mis amos. Y el otro día me mostraron un video en donde salgo y dicen que soy famoso; que soy uno de los principales atractivos de una película. Yo no entiendo bien nada de eso; sólo sé que disfruto mucho tener a una familia que me da todo el amor, me alimenta, me cobija y para quien yo sólo debo corresponder siendo fiel. El pasado ahora quedó atrás y no saben qué increíbles sorpresas puede dar la vida. Sólo espero seguir mucho tiempo aquí, con mi familia, eso es todo lo que una mascota pide en la vida.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 2 “Erasmo Castellanos Quinto” Sofía Alessandra Govea Torres

Bajo la Luna*

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n día de invierno dos lobos cruzaron sus caminos. Un macho de pelaje tan negro capaz de confundirse en la oscuridad de la noche y una hembra de pelaje tan blanco como la nieve que pisaban en ese momento sus patas. Ambos se miraban fijamente el uno al otro sin hacer ningún tipo de movimiento; ella fue la primera en retirar la mirada y seguir con su camino como si nada. Siente como el lobo la sigue a una distancia corta pero prudente. Al principio no le toma importancia. Hasta después de un corto tiempo se detiene para girarse hacia su acompañante no deseado mirándolo con recelo. El lobo también se detiene al notar que la loba mantiene sus ojos nuevamente en él, por lo que decide dejarse caer sobre sus patas traseras, esperando a que la hembra retome el camino. Tras esa acción, la loba determina que no hay ningún peligro, aún. “¿A dónde te diriges?”, pregunta. El lobo mueve su cola apartando un poco de nieve a su alrededor antes de contestar: “No tengo a dónde ir, sólo te sigo ¿A dónde vas tú?”. De un momento a otro, pequeños copos de nieve comienzan a caer, miran al cielo que apenas era visible gracias a los altos árboles que los rodean, faltaba poco para que anocheciera y ambos eran conscientes de que necesitaban hallar refugio pronto. Las patas del lobo vuelven a moverse sobre la nieve, pero la loba simplemente sigue mirando al cielo sin hacerle el menor caso, por lo menos hasta que siente el ligero roce de sus pelajes, observa cómo él pasa por su lado retomando el camino que antes ella dirigía. “Es mejor irnos de una vez” —dijo él —. “Creo conocer una cueva cerca de aquí”. Sin tener demasiadas opciones, decide seguirlo, aún sin bajar la guardia. A partir de entonces no se separaron. Cazaban juntos, vagaban de un lado a otro sin un destino en específico. Cuidándose el uno al otro. Complementándose entre sí. Al pasar de los días, dejaron de lado ese sentimiento de soledad que cargaban consigo desde que cada uno había dejado sus manadas, sintiendo en su lugar una comodidad que sólo el otro les podía generar. Unas temporadas más tarde, formaron su propia manada, con unos pequeños cachorros que llegaron a hacerles compañía. Dos de ellos con un pelaje gris que conforme fueran creciendo cambiaría a blanco; los otros dos tenían pelaje negro. Sólo uno de ellos adquirió el color azul en sus ojos, como los de su progenitora. A pesar de que ahora eran más, el alimento no era tan difícil de conseguir. Durante los primeros meses el lobo salía de cacería dejando a su compañera cuidando a su caTercer lugar en la fase final del concurso de cuento

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mada. Cuando los cachorros crecieron lo suficiente, empezaron a acompañar al mayor de uno en uno. Aunque el cachorro de ojos azules casi siempre prefería quedarse con su madre en la madriguera, ayudándola a cuidar a los que se quedaban. Un día su padre lo hizo salir casi a la fuerza de la madriguera, diciéndole que necesitaba que lo acompañara a recorrer la zona para asegurarse que tan lejos o cerca se estaban los cazadores de ellos. El cachorro opinó que debían ir sus hermanos también, pero el Alfa se negó; no quería poner a todos en riesgo por si se encontraban con algún cazador. Y aunque el pequeño de ojos azules casi no saliera a cazar, era el que más rápido corría. Así que dejando a su madre y a sus hermanos atrás, siguió al lobo mayor entre los árboles del bosque, por un camino que casi no solían utilizar. Llevaban casi toda la zona recorrida y no había rastros de ningún cazador, lo cual a ambos se les hizo extraño ya que era temporada de caza, mínimo debieron de haberse topado con algún humano ya. Ambos supusieron que simplemente este año decidieron no aparecerse por su territorio. Pero su alivio no duró tanto. Un aullido los hizo ponerse alerta. Aunque el sonido se escuchó bastante lejos, pudieron reconocer perfectamente de quién provenía. De inmediato los dos echaron a correr de vuelta a la madriguera. El aullido claramente era un pedido de ayuda de parte de la compañera del lobo más grande. Cuando estaban cerca los sonidos de escopetas siendo disparadas y de pequeños quejidos de dolor los hicieron detenerse abruptamente. El Alfa pudo reconocer el temor en los ojos de su cachorro cuando lo miro unos segundos antes de volver a escuchar los mismos sonidos otra vez los cuales le hicieron reaccionar. “¡Vete!”, su cachorro lo miró confundido. “Sabes dónde está el lago, ve hacia allá. Hay una cueva en la montaña cerca del mismo, escóndete y no salgas hasta que te vaya a buscar. ¡Ahora!”. Aún asustado, obedeció y corrió mientras su padre hacía lo mismo hacia el lado contrario. Corrió lo más rápido que sus pequeñas patas le permitieron. Aún sin calmarse, logró llegar a la montaña casi resbalándose en el camino de lo rápido que iba, se metió hasta el fondo de la cueva acostándose contra las frías rocas, tenía sus orejas levantadas y los ojos bien abiertos a pesar de la escasa luz que se lograba filtrar en la cueva, alerto a cualquier sonido fuera de ella que delatará a su padre para poder regresar juntos con su madre y sus hermanos. Pero no había nada, durante horas su único acompañante fue el silencio de aquella cueva mientras afuera la noche caía, la luz era cada vez menos escasa, hasta que quedó casi a oscuras. Con mucha más razón debía mantenerse despierto, pero no pudo aguantar mucho para que el sueño le venciera. Por suerte, sus orejas eran bastante sensibles. Se despertó de golpe al escuchar el sonido de pisadas afuera. Su primer impulso fue levantarse y salir de la cueva para averiguar quién era el causante del sonido, sin embargo, recordó lo que le dijo su padre; por lo que, con ayuda de su olfato pudo finalmente relajarse al reconocer su aroma. Decidió esperar a que entrara a buscarlo, pero eso no sucedió. Extrañado, salió con pasos lentos de la cueva y lo encontró sentado cerca del borde del risco mirando hacia


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el cielo nocturno. Se acercó tomando asiento a su lado, imitando su posición mirando también hacia arriba. Ya era bastante tarde, notó que el mayor no tenía prisa en que volvieran con los demás. “¿Volveremos cuando vuelva a salir el sol?”, pregunto el cachorro llamando la atención de su padre. “No podemos volver”, le contestó, “Los humanos saben la ubicación de la madriguera, podrían regresar. Es peligroso. Nos quedaremos aquí”. “¿Qué pasa con mamá?”, no obtuvo respuesta, “¿y… mis hermanos?”. Las orejas gachas de su padre le mostraron la tristeza que llevaba consigo y que él no había notado al principio. Comprendió lo que eso significaba. Sus orejas también bajaron, sin quererlo pequeños chillidos comenzaron a salir de su hocico. A pesar de su propio dolor, no soportó ver a su cachorro de esa manera. Trató de pensar en algo qué decir o hacer para calmarlo, pero el más pequeño le interrumpió. “No los volveré a ver…”, dijo sin dejar de chillar. Con eso, el lobo miró fugazmente hacía el cielo y luego nuevamente a su cachorro. “Eso no es cierto. Mira hacia arriba”, los dos lo hicieron al mismo tiempo. “¿La Luna…?”, el cachorro apartó su mirada de ella para posarla sobre su padre quien no dejaba de mirarla. ”Así es. Cuando los lobos terminan su recorrido sobre la Tierra, la luna nos da refugio hasta que estemos listos para un nuevo viaje. De alguna forma, la luna es nuestro hogar, siempre volveremos a ella; tu madre y tus hermanos ya regresaron. Tú y yo aún seguimos aquí, por el momento solo nos tendremos el uno al otro así que… confía en mí. Algún día, yo volveré a estar junto a tu madre arriba, mientras tú juegas con tus hermanos. No estés triste, yo cuidaré de ti aquí abajo, mientras ellos nos cuidan desde arriba”. El cachorro meditó las palabras recién dichas, posando también sus ojos azules en la luna. Después, con sus orejas aun gachas, pero sin rastro de su tristeza anterior, frotó su cabeza contra el cuello de su padre. “Yo también voy a cuidarte hasta que volvamos a ver a mamá”, soltó de repente. Su padre, enternecido, agachándose para estar a su altura, le regresó el gesto frotando igualmente la parte posterior de su cabeza contra él. Casi con la misma sincronía, ambos le aullaron a la luna. Uno de ellos despidiéndose, tratando de transmitirle a su compañera lo mucho que la extrañaría; el otro también se despedía, pero pidiendo además que ella y otros tres cachorros casi blancos esperarán por ellos.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria N°2 “Erasmo Castellanos Quinto” Stefany Martínez Pérez

El gran monstruo

¡

Estoy harta, pero muy harta, preferiría estar sorda o muerta...! Mi padre cada fin de semana va al tianguis a unas cuadras de la casa, solo para comprar relojes, y no, ni siquiera un reloj moderno o digital, una de esas maravillas tecnológicas que no hacen ruido alguno, sino de esos que parecen sacados de un desván polvoriento o de una película de terror de los años sesenta. Esos que producen un ruido espantoso mañana, tarde y noche amenazando la tranquilidad de mi mente ¡Es una tortura! He ido olvidando poco a poco el color de las paredes de mi propia casa, uno tras otro esos espantosos aparatos han ocupado cada rincón. Creo que mi padre se está volviendo desequilibrado con la edad. Su obsesión es tal, que ha coordinado una orquesta de “cucús” cada mañana, tarde y noche, los 365 días del año. ¡Llegado el medio día esto se vuelve un suplicio! El más grande de todos, el que más detesto, el favorito de mi padre, el gran monstruo, hecho de madera tallada, con sus finos detalles y manecillas doradas, y su gran péndulo moviéndose de lado a lado, esa sí que es una abominación. ¡Hace retumbar todas las ventanas de la casa con su repiqueteo doce veces! Y no puedo pasar por alto el más mono de todos, con forma de casita, toda rosa y adorable... ¡sí claro! A las tres en punto, cada tarde, marca la hora de la tan esperada reunión de dos pájaros enamorados que salen del portón de su pequeña casa sólo para encontrarse y besarse, seguidos de su insoportable canto de aves. ¡Durante más de un minuto entero! Ese se lo regaló mi madre... Y ahí viene... —¡Sulley!, ¿puedes bajar a comer, por favor? —¡Sulley, te estoy hablando!, ¡qué bajes a comer! —¡Perdóname madre, pero es que con todo ese ruidero no puedo ni escucharte! Si no estuvieran esos horribles relojes hasta podría escuchar tu respiración desde mi cuarto. —¡Ya no hagas berrinche, lávate las manos y vamos a comer! Mi madre también tiene sus propias obsesiones, la comida servida en los platos de porcelana vieja de colección de gatitos es la prueba de ello. Sin embargo, no es nada en comparación a mi padre. Él, como siempre, está en su sillón gris, con el peludo y gordo gato en sus piernas, esperándome que baje para poder comer. Nos sentamos y comenzamos a comer, pero ni en la comida se puede estar en paz, al parecer me estoy volviendo uno de ellos, ¡mis mordidas suenan al compás del segundero! ¡Tic––tac! ¡Tic––tac! ¡Una y otra vez!


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—¡Ya no podemos estar así!, ¡hasta el gato mueve su cola con ritmo del péndulo de ese horrible reloj! Mi padre solo levanta la mirada y me sonríe como siempre, mientras continúa comiendo. Eso es todos los días, ¡ya no lo soporto! Por eso prefiero estar en la escuela para no escuchar este espantoso y repetitivo sonido, pero para mi suerte, ya se acercan las vacaciones. Aunque para todos es lo mejor, para mi significa más de un mes en el cual estaré encerrada entre estas cuatro paredes, y como única compañía los cientos de relojes de mi padre y el peludo y gordo gato. Lo único que me consuela es que ya casi es mi cumpleaños, y tengo planeada una pequeña fiesta con mis amigos. Mis papás no estarán ese fin de semana, se irán por una nueva colección de vajilla de gatitos o alguna tontería de esas. Mi mejor amiga vendrá a la casa a ayudarme con todos los preparativos, quizás hasta nos dé tiempo de ver alguna película y comer una chuchería. ¡Llegó el día! No sé cómo pude aguantar tanto tiempo rodeada de estos cacharros. ¡Parecían estar en mi contra y avanzaban más lento para hacer mi tortura aún mayor! ¡Muchas veces tuve que contenerme para no agarrar uno a patadas!, pero bueno… eso quedó atrás, porque hoy es día de fiesta y mi mejor amiga está por llegar… ring … ring… y ahí viene… Todo iba viento en popa, las frituras listas, la bebida más que lista, solo faltaba un poco de iluminación; pero de pronto… no podía creer lo que estaba pasando, todo parecía irónicamente haber pasado tan lentamente… segundo a segundo… mientras adornábamos, por estar jugando, un pequeño empujón al gran monstruo fue suficiente… Lo vi caer poco a poco, el reflejo de su dorado péndulo parecía un gran ojo mirándome, mientras la madera crujía contra el suelo, tornillos y tuercas salieron volando por aquí y por allá. No pude hacer nada… Sólo lo miré, destruido en el piso, silencioso… Mi mejor amiga estaba blanca del susto, con ojos grandes de impresión, mientras mi mente decía… no más ¡Tan! ¡Tan!... ¡Tan! ¡Tan! —¡No te preocupes! ¡debería de agradecerte! era muy ruidoso, además, mi padre tiene demasiadas de esas cosas, uno menos no le hará mal. ¡La fiesta fue un rotundo éxito! Todo sin complicaciones, aunque ni la música pudo quitar de mi cabeza el ruido que produjo esa cosa al estrellarse contra el suelo. Pero bueno… Cuando mi padre llegó a casa, como era su costumbre, empezó a limpiar uno a uno sus relojes… cuando de pronto se percató… No estaba el gran reloj de madera tallada, su preferido... No sé cómo no se habría dado cuenta, era el más ruidoso de todos. Gritando como desesperado me preguntó qué había pasado con su magnífico reloj. —Estaba jugando con una amiga y por accidente se cayó, perdón fue sin querer… —¿Qué te pasa Sulley? ¡Te hemos dicho que no queremos invitados mientras no estemos! —Ya les pedí perdón, no deberían enojarse son cosas materiales, ni a mí me cuidan así.


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—¡No digas tonterías Sulley! te queremos, pero tienes que respetar las cosas que no son tuyas. —Tienes demasiados, no entiendo por qué te enojas tanto… —Ya no se peleen. Intervino mi madre. —Podemos ir al pueblo donde lo compré, por uno nuevo. Siempre tan tranquila buscando una solución para cualquier cosa, pero mi padre tan odioso por un pedazo de madera. Camino al pueblo me puse mis audífonos para no escuchar sus sermones. Miraba por la ventana el paisaje lleno de grandes árboles en lo alto de las montañas, el sol a lo lejos se asomaba dando rastros de la primera luz mañanera, desde el horizonte una parvada de aves blancas pasó por encima del auto, su peculiar sonido me hizo recordar al tonto reloj rosado… De pronto, sin saber qué ocurría, los vidrios volaban por todos lados, los gritos de mi mamá y luego un suspiro de mi papá… El auto estaba de cabeza, sentí un líquido tibio escurriendo sobre mi frente, todo empezó a hacerse borroso, lo último que pude ver fue a mi papá intentando sujetar de la mano a mi mamá… —¡Hay una sobreviviente! ¡Ayúdenme! ¡Por aquí! —¿Quién es? ¿La joven? —Pobre pequeña… —¿Y los padres? Pasaron los meses, mi tía se hizo cargo de mí por un tiempo… pero nadie quiere estar atada a una joven ciega toda la vida. Y todo por un reloj… Al principio me sentí sola con remordimientos y perdida en mi propia casa, sin embargo, poco a poco mis tan odiados enemigos se hicieron poco a poco mi mejor compañía, junto a Ringo, el peludo y gordo gato. Cada mañana el tic––tac me dice cuándo levantarme, aunque mis ojos no vean. Me imagino a mi papá limpiando uno a uno, y a las tres en punto la pareja de aves me recuerda la hora de comer y me imagino a mis papás tomados de la mano besándose frente a la casa rosada, recordándome que siempre estarán conmigo. Ringo y yo siempre comemos juntos en los platos de porcelana vieja, me imagino que los gatitos le gustan, el único que nos hace falta es el ¡Tan––tán! Creo que de ahora en adelante nunca sabré cuando es el medio día… Ahora me hace falta… el gran monstruo.


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Escuela Nacional Preparatoria N° 2 “Erasmo Castellanos Quinto” Edith Ximena Ronquillo Calzada

El carpintero que talló la solución de la pobreza

E

n el pueblo de San Sebastián vivía un carpintero extremadamente pobre con dos hijos, una niña llamada Valentina y un niño de nombre David. El carpintero, se pasaba día y noche haciendo mesas, entre otras cosas de madera. No podía con tanto trabajo, sin embargo, intentaba hacer todo para que sus hijos fueran a la escuela y vivieran, dentro de lo que cabe, felices. Arturo, que era su nombre, terminó el trabajo. Se sentó en el piso y se sacudió el aserrín. —Necesito ofrecerles una vida mejor a mis hijos, desde la muerte de su madre, Margarita, Valentina ha sufrido su pérdida. Anhelo jugar con mis hijos, llevarlos a la escuela tomados de las manos— tales palabras dichas desde el fondo de su corazón. Llegó un señor a su carpintería. Era un anciano vestido de blanco, pero de aspecto vivaz y feliz. —Buenas noches, necesito una mesa, le pagaré cinco mil pesos— dijo con voz que generaba confianza. Arturo observó la imagen que de la hoja que le mostró el señor: se reflejaba una mesa muy sencilla. —Está bien señor, yo le haré la mesa, pero usted me ha ofrecido mucho. —El trabajo no será tan fácil como usted cree que es, señor carpintero. La mesa tiene que cumplir con ciertas características. —Tendrá que hacer la mesa con madera de felicidad compartida con sus hijos, lijándola con descanso y, por último, con la belleza de la solidaridad hacia otras personas con sus mismos problemas económicos. Al realizarlos con honestidad se ganará tal dinero. Vendré en un mes por la mesa— continuó. —Pero...— antes de que el carpintero acabara la oración, el señor ya había desaparecido. Al principio no comprendió, pero la presencia de aquel señor le generó esperanza, prometiéndose hacer el más hermoso trabajo que nadie nunca lograría. Al siguiente día, se levantó temprano y les preparó el almuerzo a sus hijos. —Papá, pensé que ya te habías ido a trabajar— dijo Valentina con sorpresa. —Hoy quiero llevarlos a la escuela y también iré por ustedes. Así sucedió, Valentina y David estuvieron muy sorprendidos por cierta actitud extraña de su padre, siempre estaba muy ocupado con el trabajo, así que ese día le ayudaron. —Hijo, necesito que agarres esta tabla, mientras que tu hermana le pone el pegamento para hacer la mesa. Pasó una semana y todo era normal. Un domingo, Arturo decidió no trabajar y llevó a sus


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hijos al parque. —Mira padre, un mendigo. ¿Le damos dinero? — dijo David con voz muy bajita. —Vamos a comprar una pizza y le traemos dos rebanadas. Fueron a comer y regresaron con el señor de la poca fortuna. —Aquí tiene, señor, espero que aprecie este alimento que le he traído. Semanas después, Arturo se sentía mal del estómago. —Papá, tienes que descansar, hoy no puedes ir a trabajar— mencionó Valentina. —Está bien, pero mañana voy temprano a terminar el ropero, ¿me podrías ayudar? —Claro que sí, padre, mañana te ayudaré y lo terminaremos juntos. Había pasado el mes. Al dar las doce, el hombre se presentó: —He llegado, espero que haya podido terminar la mesa. —Claro, aquí está— dijo señalando una mesa muy bella y de muy buena calidad. —Sí, está muy bien, pero me refiero a cómo ha podido demostrar el pedido especial que le hice. —He puesto la mejor madera al pasar tiempo con mis hijos, llevarlos a la escuela, disfrutar con ellos de cada momento juntos. He lijado su belleza, descansando cuando me ha sido necesario y, al ponerse bella la mesa, he hecho actos solidarios, con tan sólo una rebanada de mi corazón— dijo recordando esas caras felices de sus hijos. —He visto todos tus actos, pero para que esta mesa no se haga vieja, tendrás que seguir siendo el hombre en el que te has convertido, para que al pasar los años tú puedas ser feliz como bella es esta mesa. Así fue como aquellas palabras dichas por el señor, que a los ojos del carpintero parecía un ángel, desapareció junto con la mesa y en su lugar dejó un sobre. El carpintero abrió el sobre, cuando vio que el contenido era dinero, lo dejó sobre la mesa y fue a darles un beso de buenas noches a sus hijos. —Los amo hijos, siempre cuidaré de ustedes— estas palabras le ofrecieron gran felicidad y desde ese momento la tristeza y la pobreza jamás volvieron a tocar a su pequeño negocio.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 3 “Justo Sierra” Hari Dora Venegas Torres

La familia *

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oy hubiera sido el cumpleaños de mamá, pero hace 6 meses se suicidó. Para mi suerte, fui yo quien la encontró boca abajo en un charco de sangre en el baño; quitar imágenes tales de tu mente es un reto. Desde su muerte nada ha sido lo mismo, la casa está más silenciosa y el ambiente se siente pesado, abrumador, no dan ganas de vivir aquí. Escuché que papá bajaba las escaleras hacia la cocina donde yo me encontraba tomando mi desayuno para después ir a la escuela. ––Buen día–– le dije cuando entró. Me respondió con un movimiento de cabeza mientras se servía cerveza en una taza. ––¿No es muy temprano para beber?–– le pregunté al tiempo que se llevaba la taza a los labios. Le dio un buen trago y me dijo: ––Preocúpate por tus asuntos, Calvin–– Se dio la vuelta y se fue. No lo culpo, debe ser una fecha muy dura para él. Recuerdo que cuando era más pequeño mis padres salían muy a menudo, se daban sus escapadas a cenar o al cine, en especial si era un cumpleaños, Recuerdo verlos abrazarse y pensar que nadie en el mundo se amaba más que ellos dos y ahora que ella ya no está él debe sentirse vacío y perdido. Si yo sufrí por la pérdida de mi madre, no sé cómo habrá sufrido él por la pérdida de su esposa, su mejor amiga, su amante ––Si no te apuras, no vas conmigo–– me dijo cuando pasa por la cocina hacia la puerta principal. Lucas es mi hermano mayor, ambos vamos a la misma escuela, aunque él ya sea mayor de edad. Terminé de comer rápido y salí a toda prisa para alcanzar a Lucas en el auto. –Si tengo un retardo, será tu culpa, Calvin–– Dijo Lucas cuando giró la llave y aceleró. Dejé que el silencio se apoderara del auto por varios minutos antes de lanzar la bomba. ––Hoy es cumpleaños de mamá…–– dije con voz queda mirando al suelo, escuché como Lucas refunfuñó. ––Sé que lo sabes–– aclaré –Solo quiero saber si… haremos algo–– lo miré, él estaba concentrado viendo el camino con el entrecejo cerrado y los ojos entornados. ––Ella ya no está, no tiene caso hacer nada–– respondió finalmente, obviamente me sentí indignado. ––Quizá podamos hacer un memorial o simplemente reunirnos a ver fotos o…–– –– ¡Mamá ya no está! ¡Supéralo! Y que ni se te ocurra hacer algo, ni papá ni yo estamos de humor para tus boberías–– me interrumpió con voz dura, casi gritando, comprendí, Lucas estaba tan herido como papá y yos no había pensado que esto le dolía tanto a él, dejé el tema. Segundo lugar en la fase final del concurso de cuento

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Llegamos a la escuela, estacionó el auto y se bajó sin decir nada, se alejó. Yo por mi parte, salí del auto con mucha más calma y después de asegurarme de cerrar las puertas fui a mis clases. Sé que Lucas había dicho que no quería que hiciera nada, pero estoy convencido de que si llegan a casa para ver una fiesta para mamá será como quitarles un peso de encima a ambos. Le envié un texto a Lucas diciéndole que regresaría solo y me fui a casa. Tengo poca habilidad, pero la suficiente para imprimir una foto grande de mamá y escribir su nombre con letras de colores que colgué en la sala, hice café, preparé álbumes de fotos y videos de ella, todo estaba listo para cuando ellos llegaran. Alrededor de las 5:00pm llegó Lucas. Fue un alivio que fuera directo a su habitación y se quedara allí hasta que papá llegara como a las 8:30pm. Detuve a papá en la cocina y le pedí a Lucas que bajara, supuse que había estado llorando porque tenía los ojos muy rojos. Una vez que estuvieron ambos, los llevé a la sala y orgulloso les presenté mi trabajo. ––Sé que ella ya no está, pero eso no significa que no podamos honrar su memoria en su día especial–– dije sonriendo. Ambos estaban sorprendidos. A papá se le empezaron a llenar los ojos de lágrimas; me sentí feliz de que por fin mostrara alguna emoción, solo que no fue lo que yo esperaba. Apretó los puños y se acercó a la gran foto de mamá que había pegado en la pared, acercó la mano y la arrancó. Su rostro estaba rojo de coraje. Mientras con sus manos destrozaba la foto, arrojó los pedazos al suelo y se fue hecho un manojo de furia hacia la puerta principal. ––¡Eres un imbécil, Calvin!–– gritó antes de salir de casa con un portazo, yo estaba muy confundido ¿Por qué había hecho eso? Me quedé mirando la puerta completamente anonadado y entonces Lucas se comenzó a reír a carcajadas. ––De verdad arruinaste todo, otra vez–– dijo limpiando unas lágrimas que caían de sus ojos producto de las fuertes risotadas que lanzaba al aire. ––A veces olvido lo estúpido que eres–– dijo caminando hacia su cuarto, –– ¿Por qué no le preguntas a la tía Cassidy? ––La tía Cassidy es hermana menor de mi padre, solíamos visitarla muchísimo y era muy unida a nosotros, al menos hasta que mamá murió. Pensé que, si Lucas sugería preguntarle, ella podría saber algo de ¿Por qué papá se había puesto tan errático? Así que fui a visitarla, ya era muy tarde, pero ella vivía cerca y no tuve problema para llegar. Una vez frente a su puerta, toqué el timbre. Mi tía abrió la puerta después de revisar por la mirilla de la puerta –– ¿Qué haces aquí tan tarde? –– preguntó ella mirándome consternada por mi presencia. ––Hay problemas en casa, ¿Puedo pasar?–– me dejó entrar. ––¿Qué pasa? –– preguntó una vez que llegamos a su sala. Le expliqué todo lo que había sucedido. ––¿Tienes alguna idea de por qué actuó así? –– le pregunté, esperando que tuviera una respuesta. ––Creo… que tienes la edad y el derecho a saber lo que sucedió–– dijo, se veía nerviosa, miraba al suelo, ––Tu madre y yo teníamos una aventura–– soltó finalmente. Se me calló la quijada por la impresión. –Lucas se enteró de alguna manera y le contó a tu padre, él se puso


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colérico y confrontó a tu madre, su relación se deterioró por ello, ella lo iba a dejar, pero él la tenía amenazada–– Hubo un tenso momento de silencio. –Creo que es la razón por la que Adriana se suicidó–– dijo mientras lloraba, yo lloré con ella. Esa noche la pasé en su casa. A la mañana siguiente, regresé a mi casa, no iría a la escuela, no estaba de humor, cuando llegué, vi que el auto de Lucas estaba estacionado afuera, la ira se apoderó de mí, subí a su habitación y lo encontré fumando mariguana en su cama, me acerque a él y le di un puñetazo en la cara. ––Todo es tu culpa, malnacido ¡Todo!–– le grité –Si tu no hubieras abierto la boca, mamá seguiría viva–– Lucas se echó a reír nuevamente, ––¿Por qué lo hiciste?–– le pregunté gritando. La expresión en su cara cambió, se levantó y me empujó, caí de espalda al suelo, él tomó aire y gritó. ––¡Porque fui un error! ¡Ella me lo dijo!–– comenzó a llorar ––¡Me dijo que me odiaba porque yo era producto de una violación! ¡Su primo lo hizo! ¡Soy un monstruo, Calvin, ella me veía así!–– estaba muy sorprendido. –Yo no quería que ella se suicidara, quería que se fuera de casa o que se fuera con tía Cassidy y así ya no tuviera que verme–– Antes de poder contestarle cualquier cosa, sonó el timbre de la casa. Lucas bajó a ver quién era, yo lo seguí. Al abrir la puerta nos encontramos con la policía. ––¿Lucas y Calvin Huerta?–– preguntó el oficial, asentí con la cabeza –Necesito que me acompañen, su padre está arrestado, los quiere ver –– respondió el oficial. ––¿Qué es lo que hizo?–– pregunte cerrando el entrecejo. El hombre suspiró. Ayer hubiera sido el cumpleaños de mi mamá, pero hace 6 meses mi papá la asesinó.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria N°4 “Vidal Castañeda y Nájera” Kevin Olaf González Hernández

Oli y Temach

H

ay un singular lugar en el centro de la madre Tierra tapizado en su totalidad con árboles de pino, el suelo está cubierto de césped verdoso adornado con flores de múltiples colores, también gigantes montañas pueden ser notadas a lo lejos, el cielo es completamente azul con diminutas nubes blancas y el ambiente silencioso se ve interrumpido por el sonido del agua al caer de una cascada para unirse a un lago cristalino qué tiene semejanza a un montón de diamantes. Es como si siempre fuera de día. El aspecto del lugar cambia y se vuelve más colorido por todas partes. El cielo parece un arcoíris con esos seres voladores que parecen ser animales, el lago contiene ser amorfos muy coloridos a montones, son alebrijes. Entre Todos los animales de color se logra distinguir uno diferente, muy oscuro con tonos grisáceos y mientras va caminando se apartan de él debido a su particular aspecto desagradable sin color. Por todos lados se escucha un murmullo: “¡él no pertenece aquí!”, decían unos. ¡Está horrible y es un amargado de primera!, decían otros basándose en su apariencia, mientras que otros tantos se limitaban a ni mirarlo ni hablarle. Oli, con su gigantesco cuerpo de oso y cara de lobo sin ningún color más que el gris, pasaba ignorando los comentarios e insultos que le hacían sus compañeros. Su falta de colorido había sido por fallar como guardián de las almas de los muertos y no haber ayudado a cruzar a ninguna de ellas hacia el Reino de Mictlantecuhtli, Dios del Inframundo. Al llegar al lado para beber un poco de agua, los ataques e insultos vuelven de nuevo a él rápidamente y esta vez, lleno de enojo, comienza a parlotear: — “¡Apuesto a que seré mejor alebrije que ustedes!—, furioso se retira Oli hacia el portal que conecta con el mundo mortal para no volver hasta cumplir con su objetivo, mientras que los demás únicamente ríen, por lo que acaban de oír. Oli salió por el Templo Mayor dedicado al Dios de la lluvia y al Dios de la Guerra, siendo este el templo que conectaba su mundo con el mundo mortal. Al salir se encontró con Tenochtitlán, una gran ciudad en el centro de un lago de agua clara que refleja los destellos de la luna. Desde lejos parece una ciudad construida a partir de la imagen innata que los dioses soñaban de cómo debiese ser El Reino del Hombre, la luna crea un efecto tan hermoso que hace ver a cada torre, cada monumento, santuario y templos como si tuvieran acabados en plata. La ciudad se resguarda bajo la protección de la Diosa Luna, la diosa Coyolxauhqui que es la testigo, la protectora y la abnegada amorosa de la noche sobre la Tierra, su manto cubre también aquellos largos cuerpos de agua que desembocan en el lago y en donde muchas personas han perdido la vida. Al dirigirse hacia los ríos tropieza con una persona pequeña, que al mirarlo fijamente toma la forma del niño de seis años con cabellos negro que le llegan hasta los hombros, ojos color café y una tez morenísima. El pequeño se nota algo tímido y sorprendido ante


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la presencia del alebrije, su instinto le indica que huya y así lo hace, corre a lo largo y a orillas del río, mientras que Oli va lo más rápido que puede detrás de él para tranquilizarlo. Cuando el alebrije lo alcanza, lo toma por los hombros —“¡Oye! tranquilo hombrecito”—, le dice Oli al pequeño con una sonrisa: —“¿Cuál es tu nombre?”— continúa hablando pero el niño sólo se queda observándolo sin poder creer lo que está viendo: —“Al parecer ya es un poco tarde por aquí, ven, llevaré a un lugar seguro”— Oli no mentía, planeaba llevarlo a un lugar seguro, al inframundo es donde iba a dejarlo. Así y lo pensó, —“Pongo al niño a salvo y logro mi objetivo, por fin llevaré un alma al otro mundo”—, el niño aún asustado y un poco tímido asintió, cuando lo tomó y se disponía a dar el primer paso, el pequeño jaloneó, por lo que Oli volteó y se sorprendió al ver una figura casi petrificada, el niño quedó paralizado al recordar que su madre no estaba con él y que no lo había visto hacía ya varias horas. Oli confundido le preguntó: —“¿Acaso no quieres venir? Allá estará seguro y nada te pasará”—, a lo que el chico le respondió: —“No iré si mi madre no está conmigo”—, Oli respondió: —“Bueno muchacho, pero yo no veo a tu madre por aquí ¿qué te parece si te dejo allá y yo vuelvo a buscar a tu madre?— Él decidió y giro la cabeza negando a irse sin su madre, Oli dio un gran suspiro y dijo: —“Está bien, busquemos a tu madre”—. El niño lo miró fijamente con cara de ilusión y agradecimiento al escuchar su respuesta. Oli le pregunto: —“Bueno y ¿dónde crees que esté tu madre?— A lo que tímidamente y casi balbuceando respondió —“casa”—, Oli con gesto de confusión miró al niño, él sólo lo tomó de la mano y lo guió hasta el lugar. La casa se hallaba casi al centro de la ciudad, la manta que cubría el pórtico de la casa se encontraba retirado del marco, por lo que pensaron que ella sí estaba ahí. Entraron en la casa y se sorprendieron al ver que no había nadie dentro, como si nadie hubiese pisado el lugar en años. El alebrije intrigado y un poco estresado ya, le dijo el chico: —“Bueno al parecer aquí no está, por qué no mejor te llevo ya al lugar seguro”—, antes de que pudiese hacer algo más, una docena de sombras algunas con formas humanas y otras de animales se manifestaron y congregaron en las paredes de aquella habitación, parecían exhalar un montón de palabras raras en otra lengua, hasta que uno de ellos, el líder tal vez, le habló en una lengua que entendían, con voz ronca y gruesa que te hacía temblar, exclamó con agresividad y burla: —“¿Pensaste que podías llevarlo al otro lado? Este niño es nuestro y nos lo llevaremos pronto, lo estaremos esperando en la oscuridad. Oli dijo: —“Tú no te lo llev…”—, y antes de que pudiese terminar la oración, las sombras se hicieron una con la oscuridad de la noche. Oli un poco aterrorizado intentó calmar al niño y prosiguió diciéndole: —“Tenemos que irnos ahora, y quieres realmente ir con tu madre necesito que pienses en dónde puede estar. El niño sin duda alguna respondió rápidamente: —“¡El manantial! a mamá le encanta”—, el alebrije tomó al pequeño y lo puso entre sus hombros, inmediatamente salió corriendo de la casa y al ir hacia el manantial se dio cuenta que el camino era oscuro y sinuoso, por lo que tuvo un mal presentimiento.


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Oli se dijo así mismo: —“Tengo que pensar en algo, necesitamos ayuda”. Así que corrió, pero esta vez en dirección contraria a la que iba, se dirigió al templo. Al llegar ahí el alebrije imploró a los dioses, en especial a Mictlantecuhtli, al ver esta acción el niño se unió a sus plegarias. De repente se escucharon revoloteos en todo el santuario y de cada entrada parvadas de quetzales hacían su aparición. Las aves eran majestuosas con aquellas plumas tan brillantes que irradiaban luz, entonces Oli lo supo, Mictlantecuhtli estaba de su lado. Los quetzales acompañaron y escoltaron al alebrije junto con su pequeño compañero hasta llegar al manantial que se encontraba fuera de la ciudad. Los rayos de la luna tocaban finalmente la superficie del agua, parecía ser un espejo donde la luna era retratada perfectamente y en medio se hallaba una mujer en posición de oración, y la luna hacía parecer que ésta brillaba por sí misma. Oli se sorprendió, era la madre del pequeño, el rostro del chico al verla se llenó de lágrimas y corrió hasta ella, al llegar a la orilla del lago se aproximó al agua y como si pudiese flotar caminó por arriba de ella, pero antes de poder tocarla, regresaron los personajes vestidos como sombras que se transformaban en jaguares y lobos. Oli se interpuso y frente a él la figura del líder se manifestó: —“¡Te dije que me lo llevaría! No lo salvaste cuando pudiste y ahora será mío”. Oli se puso en posición de defensa y exclamó: —“Yo cuidaré a este niño con mi propia vida, él es un alma pura, libre de mal y si te atreves a tocarlo no sólo te la verás conmigo, sino con los mismos dioses”. —En ese momento, en la jungla, los árboles parecían iluminarse y de entre ellos las parvadas de quetzales aparecieron. Parecían rodear la luna y al manantial, era tanta la conmoción que uno de los integrantes de aquella banda de sombras gritó: —“¡Los dioses están de su lado!”—, al escucharlo, mucho se transformaron de nuevo en animales y corrieron dentro de la jungla, mientras otros te quedaban sólo para hacer picoteados por los quetzales. El líder antes de siquiera poder tocar a olí se llenó de quetzales furiosos que lo picoteaban y revoloteaban alrededor suyo, así que se transformó en un jaguar negro y salió corriendo de ahí. Al calmarse la situación el niño jaló del vestido de la madre, quien volteó y al verlo se inundó de felicidad, tanto que sus ojos se llenaron de lágrimas y abrazó tiernamente a su hijo, del mismo modo soltó en llanto. Oli encantado por la escena parece que hubiese perdido esa actitud arrogante que tenía sólo para abrazar a aquella tierna pareja, la madre aún con mucha dicha y felicidad dijo: —“Te estaré eternamente agradecida por traer a mi hijo conmigo”. —Oli, como si se hubiese partido su voz, externó: —“Hubiera hecho todo por proteger al pequeño, ahora lo entiendo, lo importante que es… soy un alebrije y ahora los guiaré al descanso eterno”. El niño, también muy feliz, exclamó: —“¡Gracias, Oli… te quiero”!— El alebrije lo interrumpió —“por nada, pequeño—, y contento el niño terminó: —“Me llamo Temach”—. De regreso al templo, Oli se despidió de ellos con un abrazo, cargó al niño quien desde ahora hubiese cambiado su vida para siempre y le dio un beso en la frente, la madre y el niño partieron hacia el portal y se desvanecieron en él. En ese momento algo


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sin descripción ocurrió en el cuerpo de Oli, quién sorprendido notó que sus motas, rayas y demás comenzaron a iluminarse de hermosos colores que recordaban un bello arcoíris. Oli inclinó la cabeza, sonrío y solo dijo: — “¡Gracias, Temach!, me enseñaste a ser un verdadero alebrije y conocer mi verdadero valor … soy yo el que estará eternamente agradecido”.


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Luciérnagas

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as botas de pesado cuero se marchitaron con el paso de la tierra y la grava negra tras tres días de seguir a las brujas. Los agujerados sombreros parecen resistentes al viento y al polvo de la precoz mañana, aquellos materiales que penetraron en esos cascos de paja desde hace muchos años ahora son parte de ellos. Ambos viajeros tienen el rostro hincado, Eulalio tiene la cara reseca, con manchas rojas, producto del sol en las horas del atardecer donde el ángulo de luz impacta en su rostro ignorando todo tipo de protección. El cansancio y la falta de sueño son otras formas de contar los días en la estepa. Sus ojos se hundieron más allá de sus cuencas y sus párpados parecen la sombra de su juventud. Francisco, por el contrario, parece más fresco y mucho más sano. Su energía es constante y duradera, solo necesita dormir lo que tarda el sol quemar para volver a caminar sin repelo. En todo su cuerpo tiene una serie de marcas de peregrino ambulante a pesar de haber vivido más de veinte años en el pueblo y tener un expediente de viajes mucho menor al de hijos perdidos. Su voz es ligera y arrastrada, tiene el acento de la sierra, aquella que lo vio nacer y a la que ahora regresa, un lugar a donde los viajeros no se van a meter. Los indígenas de la sierra y sus leyendas sobre las montañas, el bosque y las cosas que viven dentro de él son para los turistas un muro de acero. El pueblo se quedó muy atrás. La niebla mañanera no deja ver más allá del limitado firmamento cubierto de tierra plana y distantes rocas solitarias. A unos cuantos pasos de adentrarse en el bosque las esperanzas de volver parecen extinguirse. ––Mejor hubiéramos rodeado el bosque–– le dijo Eulalio a su compañero, instantes después de dar sus primeros pasos en el fango brumoso y tronar con sus pies las primeras ramas. Tenía la voz algo cortada y tensa, colores claros de la angustia. ––No te agüites, este es el camino recto, para la noche ya estaremos saliendo hacia la laguna, además tú dijiste que nos viniéramos por aquí para ver si encontrábamos a estas hijas del diablo. Y también para ver cómo están las cosas aquí pues, buscar a los chamacos y a la vieja de José. –– ¿Y tú crees que van a seguir aquí? A esos ya se los han de haber comido hace días, nomás vamos a encontrar sus huesos si es que las desgraciadas no se comen eso también. ––A mí me contaron que no se los comen hasta que se aburren de ellos. –– ¿Se aburren? ¿Pues qué canijos les hacen? ––Me contaba mi madre que las brujas juegan con los niños, los tratan como si fueran sus hijos, los visten y se los llevan y ya después de un buen rato se los tragan. ––Pues eso pasará allá en los cuentos de tu jefa la india, porque acá nomás se los llevan para comérselos ¿Y para qué van a querer a la mujer del José? Capaz que no son


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brujas ni nada, sino personas así como tú o como yo, que se roban a la gente para venderlas, si la gente siempre es una muerta de hambre. Por eso acá cargo mi gorda por si alguno se pasa de listo conmigo–– le mencionó mientras descubría un poco su cintura mostrando una pistola grande y oxidada dentro de una funda de cuero longevo. ––Yo también llevo la mía, pero quién sabe si a las brujas les peguen las balas. Y es que aquellas criaturas parecen rebasar la física ordinaria de un ser humano. Hubo una época en el pueblo en que se veían luciérnagas azules volar de un lado a otro de las lejanas montañas y desvanecerse de pronto en la profunda oscuridad, cada noche ocurría algún espectáculo de pocos segundos. Cuando las celestes linternas dejaron de aparecer en el perpetuo noctámbulo, los niños comenzaron a desaparecer. Armando era un viejo que había llegado con su familia hace unos ocho años, cuando empezaron a desaparecer los niños comenzó a dormir al lado de una escopeta y una botella de tequila que consolidaba su valor. Un día su nieta desapareció. Su madre lloraba desconsolada, su padre y otros siete hombres del pueblo se armaron hasta los dientes y partieron de inmediato a buscar por los alrededores del pueblo, pero regresaron como ya era costumbre, al segundo día, sin pista alguna del paradero de su nieta o del de algún otro niño perdido. El abuelo, quien se había quedado recostado en su hamaca los dos días enteros de la búsqueda se presentó ante todos justo a su regreso. ––Yo vi a la niña salir de su casa, la escuché y la seguí hasta las afueras del pueblo, allá, al lado de la pradera que lleva hacia el bosque donde está el paso de fuego y la montaña de las brujas. Esa escuincla no caminaba como una niña, parecía que corría pero no despegaba los pies del suelo, nomás estaba caminando normal, pero aunque me pesan los años estoy seguro que la hubiera alcanzado, pero no. Cuando empezó a salir fuera del pueblo ya estaba yo muy cansado, era de noche y estaba mareado, sentía que me iba a desmayar, pero alcancé a ver algo que me hizo tragarme la lengua. A mi niña se le aparecieron tres mujeres con vestidos blancos de lana, más bien como vestidos de novia, y grises, sus pieles eran grises o me lo pareció por la recia noche. No las vi muy bien y no quise siquiera acercarme, se me heló la sangre y al ver a esas brujas eché las patas pa fuera lo más rápido que pude y dejé a mi niña sola para que se la llevaran, no tuve el valor. Y anduve en cama estos dos días porque tengo miedo de que vengan otra vez y me lleven a mí por mirón. La historia del viejo no causó más que terror entre los oyentes y a medida que se fue esparciendo el relato por todo el pueblo el pánico se convirtió en el único estilo de vida. Gran parte del pueblo se fue, el miedo pudo con casi todos. Se quedaron los que por nacimiento a su pueblo conocieron, y durante las noches como único remedio encerraron a sus niños en su habitación bajo llave y candado. Resultó inútil, por las ventanas los niños escapaban, así estuvieran en un segundo piso, al cantar del gallo por la mañana las habitaciones estaban completamente deshabitadas y la tierra y el pasto que rodeaba los hogares en desgracias quedaba intacto, sin rastro alguno, ni siquiera una pequeña huella de algún pie de niño.


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En el pueblo solo se quedaron unos cuantos solteros, los que estaban dispuestos a defender sus tierras de quien sea, y una pareja que gracias al sol y la luna no podían tener hijos, José y su esposa Marina. Sin niños todo pareció marchar con calma nuevamente, hasta que un par de días después del éxodo de las familias Marina fue raptada. José al descubrirlo, convocó de inmediato a todos los hombres que quedaban. Con el corazón atolondrado y lleno de determinación, se decidió junto con dos hombres más (ambos desesperados por resolver el asunto) adentrarse al bosque y combatir a las brujas o a quien fuese que se encontrase ahí con la firme esperanza de encontrar a la mujer y a unos cuantos niños aún con vida. Se quedaron tres hombres más, uno enloqueció y huyó del infernal pueblo fantasma, los otros dos dudaban de sus decisiones y sobre todo de su destino. Luego de platicarlo un par de días y ver que aún no había regresado el primer grupo decidieron irse directo al bosque y jugárselas todas a encontrar a alguien a quien ayudar. ––Aquí dentro hace frío, maldito lugar del demonio––. Francisco se asomó hacia la copa de los árboles y observó el sol de mediodía. ––Ayer nos estábamos quemando con el sol y ahora nos estamos despellejando del frío, que caray. ––Tenemos que apresurarnos a encontrar a alguien, con este clima se nos pueden morir. ––Que te haces menso, todos ya han de estar muertos. Solo hay que seguir caminando rápido para que se destrabe el cuerpo, que te haces, si tú nunca tienes frío ni calor, ni te cansas y ya estás bien ruco y bien usado. A medida de que el sol fue regresando a su origen, en el alba el clima comenzó a descender y con ello el carácter de los dos compañeros. El humor de Eulalio comenzó a tornarse áspero y grosero; nunca ha tenido simpatía con alguna persona con la que lleve mucho tiempo junto, por eso no se ha casado, y ahora en esta situación fue perdiendo la cabeza de poco a poquito. Parece que los días de caminata le afectaron mucho más que los que vivió con intriga dentro del pueblo únicamente junto a su colega. Tuvieron que dormir en el mismo cuarto por dos noches, Eulalio prefirió en un principio aventurarse hacia la boca del diablo antes de esperar a que él llegara y lo encontrara dormido junto a otro hombre. Harto de todo le propuso a Francisco la idea de meterse al bosque, fue más un impulso que una decisión. Francisco también parecía tener la paciencia deshilachada pues aceptó al instante. A decir verdad, Eulalio siempre sostuvo una buena relación con Francisco, se saludaban en días de misa y cuando se topaban en la cantina y mataban la noche entre tragos de agave y tequila junto a los posibles cadáveres que ahora eran sus colegas. Jamás tuvieron riña alguna, ni una sola discusión, Francisco siempre sabía qué decir y qué hacer para no agraviar a un hombre de tan delicado carácter, Francisco sabía qué decirle a todos. Pero Eulalio, en estos últimos días caminando, había cambiado súbitamente de parecer, sus instintos de pistolero y caudillo retirado del crimen rural le decían que algo no andaba bien con su camarada, se dedicó


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a caminar detrás de él, preparado para defenderse o para traicionarlo, lo que se diera mejor en el momento. Su destino parecía haber cobrado un rumbo diferente al escapar o enfrentar la situación, parecían peregrinos perdidos, en la deriva de la catástrofe y la principal amenaza para ambos ahora parecía ser la locura. Dentro del bosque los pensamientos se volvieron complejos, Eulalio había cargado y descargado su pistola por la madrugada mientras Francisco dormía. Observaba cada uno de sus pasos, cada flexión de sus músculos, miraba sus manos y esperaba el momento justo en que el infeliz se decidiera a tomar su pistola para matarlo, un solo paso en falso y acabaría con él de un tiro en la nuca. Francisco en ningún momento giró su cabeza o comunicó palabra alguna con su compañero desde esa pequeña charla al mediodía, sólo seguía el sendero estrecho y accidentado, cosa que parecía no afectarle a las piernas ni a su piel hacerla sudar. Cuando dio la noche estaban muy cerca de las lomas del cerro, por lo que no detuvieron su marcha para descansar, sólo dormirían hasta salir del bosque, sin embargo la oscuridad lentamente comenzó a adueñarse de sus cabezas. Eulalio se aterraba más y más con cada insólito paso en el laberinto de ramas y hojas, sumado a su inestabilidad mental y a la inminente traición de su compañero, no tardó en explotar y en un arranque de frustración sujetó a Francisco por la espalda dispuesto a interrogarlo y luego a matarlo como hacía con los granjeros de la sierra en su juventud, pero Francisco más joven y con más energía pudo liberarse y tras el forcejeo logró tirar el arma al fango y así escapar. Eulalio prefirió buscar la pistola antes que ir a perseguirlo. Al poco rato de seguir sus huellas perdió completamente su rastro, ahora estaba solo en medio de la penumbra y la incógnita. Había perdido su única compañía en aquel lugar lapidario, pero para su fortuna su conciencia seguía intacta. Estaba decidido, al encontrarlo de nuevo no iba a vacilar, le dispararía en el acto, a él y a cualquier persona fuera o no una bruja. Casi trotando recorrió su desamparada marcha hasta que finalmente el bosque finalizó y llegó a un sendero elevado y grueso, aquél que conocían como el paso del fuego. No había estrellas esa noche, solo la luna, amarilla y resplandeciente, apenas un gajo del astro completo de hace tres días. El clima anhelaba la lluvia El sonido de sus pasos lo estresaban mucho porque interrumpían la inquietante y temeraria paz, cada uno de sus pasos delataban su posición, cada sonido que expedía de su boca era una llamada a las brujas, una sentencia de muerte. Poco a poco el sendero de tierra y grava fue haciéndose más y más pronunciado. Los pasos de Eulalio crecían conforme su locura, lo único que quería era salir de la montaña y llegar a la laguna donde el agua calmaría todos sus miedos, sentía que las brujas estaban detrás de él, primero pensó que el tramo que los separaba a él de los demoniacos seres era el suficiente para poder cruzar el temible coloso a salvo, pero su superstición fue advirtiéndole que las brujas le recortaban el paso. Comenzó a trotar y después a correr despavorido dejan-


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do su sombrero en el aire y sus harapos cola de cometa, hasta que se quedó sin aliento. El frío de la noche que en grandes bocanadas entraba al cuerpo del desgraciado afectó a su garganta y pulmones, sus próximos pasos estaban intoxicados de oxígeno y bajo su mareo perdió el equilibrio y resbaló por una zanja espinosa y sangrante. Se levantó al instante, con dolor y un pensamiento de perdición dentro de su mente. Previendo lo inevitable avanzó con un paso silencioso hasta que se topó con un pequeño claro el cual le susurraba una extraña confianza. En medio del claro había una serie de piedras lisas que parecían madera tallada del portón del más gran cacique. Encima de una de ellas había una serie de prendas y unos cuantos familiares juguetes de madera. Pero entre toda la masa de misteriosos objetos había algo en particular, una especia de dentadura humana envuelta en un velo blanco y delgado, estaba unida a unas grandes encías, una prótesis adiposa y viscosa que estaba bordeada por una franja de metal con pequeños agujeros circulares por todo el contorno. Eulalio tomó la extraña dentadura y al examinar todas las cosas sobre las extrañas rocas se dio cuenta de que había más y más partes humanas que de no ser por aquellos bordes de titanio hubiera jurado que eran miembros auténticos, todas y cada una de ellas estaban envueltas en un velo blanco. De inmediato dio un salto hacia atrás y trató de huir, aunque le fue inútil a sus piernas correr por el potente terror que estaba viviendo. Apenas pudo retroceder un par de pasos cuando un trueno de la cercanía fulminó su agitada respiración y silenció sus quejidos y tartamudeos regresándole a la naturaleza el silencio absoluto. Eulalio lentamente fue desvaneciéndose hasta quedar tirado en el suelo, las telas de su espalda estaban apenas absorbiendo la sangre que brotaba del orificio en su nuca. Francisco, aun con el arma apuntando se acercó hasta el cuerpo de su compañero, tomó sus signos vitales y al concluir que estaba muerto colocó el arma sobre una roca, se hincó a unos pasos del cadáver y con extrema suavidad fue tocando su rostro con la palma de sus manos hasta separar una capa de piel y máscara de un esqueleto férreo y brillante. Y mientras se cubría el cuerpo y el celeste rostro metálico con uno de los mantos blancos que envolvían las piezas de acero desapareció en un destello, al cual se le sumaron decenas en dirección al pueblo de la laguna.


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Los niños también pueden ir al infierno

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a mayoría lo aprende a una edad más bien temprana, sin gran eufemismo. Pero las señales están desde el propio origen. Aguardan imperturbables, como invisibles, algo que siempre han permanecido allí, suspendidas en un mundo flotante. Yo tenía nueve años cuando supe que podía morir o en su defecto que iba a morir. No me lo dijo la tv, como dictaba la costumbre, aunque de haber podido elegir, lo habría preferido. Viví la primera parte de mi infancia en Berlín, y el único buen recuerdo que conservo de esa ciudad son sus parques innumerables, en los que me gustaba fingir que me perdía. Mis padres, durante esos años solían referirse a sí mismos como “autoexiliados”, no lo entendía, tampoco me importaba. Ellos dirigieron su vida con la firme resolución de decepcionarlos a todos, igual que muchos otros. Eso me hizo comprender a edad temprana que la mayoría de los hijos, llegados a cierta edad, intentan construirse a sí mismos evitando ser como sus padres. Yo fui por el mismo camino, aunque sin una conciencia premeditada y aun así con sus liberales métodos de crianza y la frecuencia de la que hablaban frente a mí acerca de los horrores del mundo, nunca se detuvieron a explicarme sobre la muerte y sus consecuencias por lo que hasta los nueve años no tuve real conciencia del caducar del hombre y de que los niños también podíamos acabar en un ataúd e ir al infierno. Sabía de oídas que la gente “moría”, pero en mi cabeza, la muerte era algo abstracto, como las metáforas: Que al igual que el pertinaz coyote que perseguía al correcaminos en el programa infantil de los sábados, todos podíamos regenerarnos y volver al ciclo natural de las oportunidades. Transitaba mi vida sin asumirla realmente…Eso hasta que conocí a Tristán. En el barrio donde crecí no era fácil hacer amigos si no tenías algo que demostrar a los demás. Yo era demasiado tímido para incluso pedirles algo a mis padres. Mi instinto me decía que era mejor guardar una distancia prudente de todo. A veces veía pasar a grandes pandillas de niños encaramados en sus bicicletas, gritando y riendo a todo volumen. Así que ese año, me armé de valor para pedirles a mis padres que me regalaran una bicicleta, petición a la que ellos sorprendidos, accedieron para mi cumpleaños. Fue gracias a esa bicicleta que terminé conociendo a Tristán. Ocurrió en la última Navidad que pasé en Alemania en 1989, antes de que mis padres decidieran regresar a Chile. Aquella tarde pedaleaba hacia un bazar, abrigado con una chaqueta de mezclilla, la cual me gustaba porque tenía un parche de Mario Bross en la manga derecha. A medio trayecto, escuché el estrepitoso sonido que hacía el vidrio al romperse, haciéndome frenar de golpe. Miré alrededor, algo había destruido la ventana de una casa, dejando un montón de cristales desperdigados en el antejardín. Entonces


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sentí un impacto en mi mejilla, seguido de un tremendo ardor, nuevo en mi reducida escala de dolor, lo que me hizo trastrabillar hacia un lado con la bicicleta, aturdido. Cubrí la herida con una mano y miré hacia atrás. Desde otra vereda, alcancé a ver como un niño se escondía tras una camioneta. No supe cómo reaccionar, sólo me quedé allí cogiéndome la mejilla. La puerta de la casa apedreada se abrió de golpe y un hombre de mediana edad salió pidiendo explicaciones, estaba furioso. —¿Tú sabes quién fue? Me quede en silencio, unos momentos antes de decirle que fue culpa mía y que lo lamentaba de veras. El hombre me miró atónito y le expliqué que mi objetivo no era su ventana, sino un gato encaramado en una de las ramas de un árbol. Tras hacerme prometer que nunca más apuntaría una piedra contra su casa, el sujeto me dejó marchar. Había perdido las ganas de comer dulces y la mejilla me palpitaba como si alguna alimaña estuviera intentando escapar a través de ella. Cuando estaba a punto de coger mi bicicleta, el chiquillo que había visto escondido tras el auto apareció a mi lado y me ayudó a levantarla. Yo, que perdí las palabras en algún lugar de mi lengua y la garganta, balbuceé algo que no recuerdo ni tiene mayor importancia. Él se rio con ganas. —Oye disculpa por eso —dijo finalmente señalando mi mejilla. Él era más alto que yo y tenía los ojos pequeños, pero muy redondos y brillantes como los roedores—. En serio pensé que me ibas a acusar. Él es profesor mío, quería vengarme por algo que me hizo, soy Tristán, como el caballero de la mesa redonda. ¿Cómo te llamas? —Iván. —Seamos amigos— Dijo él. Pensé que se ofendería por mi tardanza, pero no fue así, solo esperó con una sonrisa a que yo respondiera y nos estrechamos la mano de forma más bien teatral. Desde entonces y casi todos los días, nos juntábamos en la plaza para compartir tardes llenas de travesuras dignas de niños. Me dijo que coleccionaba piedras y que quería construir máquinas como trenes o aviones, un gusto compartido. Una tarde él pidió que llevara mi bicicleta, ya que iríamos a un lugar, no me dijo cual. Ese día hicimos un largo recorrido para llegar a un tiradero de autos y partes de trenes. En él había un vagón bastante bien cuidado donde Tristán guardaba varias cosas, también tenía algo parecido a una cama. —Es mi guarida. Si pudiera me vendría a vivir aquí—susurro. Hablamos de muchas cosas ese día y los siguientes también. Una de esas veces mientras hojeaba su libreta de dibujos, encontré repetidas veces el dibujo de un hombre gordo con una máscara negra que fumaba un cigarro. Le pregunté quién era, él sólo sonrió entusiasmado y me llevó a un lugar llamado “el hoyo”, aunque en sí no tendría ninguna forma de describirlo, pues no era un hoyo ni un pozo. Sólo recuerdo una escalera viejísima de piedra encajada en la tierra que descendía trazando una espiral en torno al vacío. Me dijo que lo había descubierto gracias al hombre de los dibujos, que cada viernes llevaba el cuerpo sin vida de una niña y lo tiraba, yo no quise creerle, era imposible que eso ocurriera, —los niños no pueden morir, eres un mentiroso —le dije después me fui. Al día siguiente volví y prometí no volvería a llamarlo así. Ese mismo día


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él mato unos caracoles con aguarrás, intentando ver que sentía el hombre de la máscara, pero no lo consiguió y los días consecutivos hizo lo mismo, pero con diferentes animales, hasta que me tocó probar, fue con un gato blanco, perdí conciencia de mis actos mientras lo estrangulaba; sólo regresé a mí cuando su cuerpo lánguido colgaba entre mis manos, fuimos a tirarlo al hoyo; solo quería quitarme aquel peso de las manos. No quise repetir tal experiencia. Me dejó aturdido el hecho de hacer eso, así que me prometí que no volvería a ir donde Tristán. Cuando llegué a mi casa estaba pálido, más de lo normal. Solo quería dormir. Tuve un sueño extraño, demasiado real, encontraba un trébol de cuatro hojas el cual se desvanecía junto a todo lo demás, mientras yo caía en aquel hoyo de escaleras imposibles. Desperté solo para volverme a dormir. En la mañana desperté relajado, no sentía cansancio alguno; más tarde me enteraría que había dormido dos días seguidos. Cuando mi mamá entró a mi cuarto, me quedé helado, luego solté un grito que a ella también le hizo gritar. — ¿qué pasa Iván? ¿qué tienes? —Antes de que abriera la boca y le dijera que huyera, que había una cosa detrás de ella, lo supe. No puedo explicarlo. Algo dentro de mí me susurro “no lo digas”. Así que simplemente me quedé callado mientras esa cosa se quedaba detrás de mamá. Las mariposas rojas aparecieron pocos días después del incidente. Se posaban en las lámparas, revoloteaban o sólo permanecían inmóviles como a la espera de algo. Me acostumbré a ellas y a las imaginaciones de mis padres, más tarde empezaría a llamarlas así. Yo estaba jugando en el patio trasero, cuando reparo que, en mi bicicleta, la cual no había tocado desde el incidente, había una mariposa que batía sus alas de una forma hipnotizante. Del otro lado vi a un caracol gigante y supe que algo andaba mal. Conduje sin prisa, esperando a que me arrepintiera. Cuando llegué al vagón ya había oscurecido y no pude ver a Tristán por ningún lado, sus cosas estaban revueltas. En el silencio del tiradero se escuchó una tos carrasposa, a las que siguieron pisadas fuertes en la nieve, era el hombre, pero no se veía como me lo describió Tristán, era más bien un tipo común y corriente. En sus brazos llevaba el cuerpo sin vida de mi amigo y posado sobre sus hombros estaba una gárgola que no parecía querer soltarlo. Después de un tiempo decidí seguir al hombre, llegamos al hoyo donde lleno sus pulmones con el humo de su cigarro y tiro a mi amigo de una patada. Cuando se fue, decidí bajar, en otro momento me hubiera parecido una locura, una estupidez. En uno de los escalones estaba el gato blanco que maté, se frotaba contra mis piernas —¿qué haces aquí Iván?— No esperó mi respuesta y siguió bajando, ocasionalmente veía su cola o escuchaba a que otro silbido. Cuando llegué al fondo había una catacumba y miles de mariposas rojas revoloteaban dentro de él. — ¿y mi amigo? —pregunté. —Él no está aquí Iván, está muy lejos. Sólo me vez por el hecho de que tú estás aquí. Lo siento. Dijo mientras se sentaba a mi lado. Yo solo me hinqué y comencé a llorar. Desde ese instante mi vida cambió y supe que los niños si podíamos morir e ir al infierno.


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Palabras al viento

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ra una noche helada, el manto nocturno cubría el cielo, no se logra divisar ninguna estrella en el firmamento, lo único que se podía apreciar era la Luna, aquel cuerpo celeste que fulgía un brillo níveo con fervor entre la oscuridad. En un edificio de tonos plomizos y la colosal ciudad se puede observar a un joven de cabello castaño y orbes del tono del carbón que admira con unción el brillo blanquecino del satélite natural de ese planeta. Aquel joven tiene insomnio, las preocupaciones le impiden conciliar el tan anhelado sueño, el observar la Luna le brinda cierta tranquilidad interna, aunque eso no aligeras sus conflictos personales. —Luna, ¿qué puedo hacer para solucionar mis problemas? —Pregunta el caballero de manera entrecortada delatando la total preocupación que posee. Aquel cuerpo celeste escucha con diligencia lo que dice el joven, desearía poder hacer algo, ser útil, pero ¿qué puede hacer? Sólo tiene la capacidad de oír a todos. —¿Qué tan malo sería suicidarse? Ni a quién le interese. —Dice el chico bajando la vista hacia las calles grisáceas. Justo en ese instante se divisa a un ladrón qué parece correr junto con lo que ha hurtado. Nuevamente devuelve la visión en dirección al cielo, exactamente a la luna. Esas palabras clavaron una estaca de mortificación en el cuerpo celeste. La Luna desearía con anhelo total tener la capacidad de brindar una mano a quién lo necesitase y no sólo escuchar problemas, los gritos de dolor o frustración absoluta. —La muerte nunca es la respuesta. —Dice para sí misma, aunque sabe que nadie la percibe auditivamente. El joven deja escapar un suspiro de decepción, a continuación, cierra las cortinas de color anaranjado con total silencio para recostarse y ver el techo a su lado y ahora sí lograr obtener el sueño. … Las horas pasan, ahora el satélite estaba dando cara hacia otra parte del mundo. La luna observó con esmero y afán el lugar. El ambiente era más tranquilo que el de la ajetreada ciudad. Era un campo, en él se apreciaba gran cantidad de árboles del tamaño de una sequoia. Desde lejos parecían ser diversas manchas verdes combinándose que otorgaban una pintura sublime que se podría decir había sido creada por algún artista del impresionismo. Entre la magnífica vista se divisaba una casa diminuta, ésta se hallaba pintada de colores níveos con algunos detalles de tonos anaranjados. Frente al hogar había una joven de cabello azabache y orbes castaños observando


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hacia el cielo. La niña veía con total asombro al cuerpo celeste. La jovencita decidió recostarse en el frío césped para apreciar con mayor facilidad el fulgor deslumbrante de donde provenía tú fascinación. Con cierta duda optó por hablar con la luna pensando que sus palabras se irían a la deriva tal cual agua en el río. —Desearía vivir en donde hubiera más gente, sólo están mis papás, algunos vecinos, pero están tan lejos y yo… La luna escuchó atentamente sus palabras, igual deseaba estar con más gente, o al menos ser escuchada por alguien que no fuese ella misma. La niña se rascaba la mano con descuido mientras buscaba en su cabeza algo más por pronunciar, soltó un bostezo que representaba su cansancio. —Aún no quiero entrar. —La chica se hincó dirigiendo la vista al césped, sus manos igual fueron a la superficie verde y entrelazó sus dedos con éste. La Luna no pudo evitar observar con cierta ternura a la niña, ante sus ojos era una luz de inocencia, aunque en realidad los niños pequeños tienden a ser focos de pureza. Otro bostezo salió de la boca del infante de cabello tal cual el carbón. Sin más Remedio se levantó para entrar a su casa con diligencia para no despertar a sus padres que se hallaban durmiendo plácidamente. … Las horas continúan pasando, para muchos los bellos rayos solares de la estrella más grande del sistema solar están llegando a la atmósfera terrestre. En cambio, en otros sitios los tonos plomizos invaden el cielo, las estrellas tintinean con brillos de esperanza, mientras la Luna inicia a menguar, pero aun así se puede apreciar el níveo color que posee. En una casa pintada con tonalidades rojizas semejante el carmín había un joven con rizos de tono anaranjado y orbes de color miel mirando hacia el cielo con una mueca de fastidio. —La vida es injusta. —Dice creyendo que no será escuchado. La Luna decide colocar su atención al comentario del joven. —Los buenos obtienen muerte, mientras los malos terminan con grandes riquezas — habla un poco más alto. El joven voltea su visión hacia un árbol cercano. —Incluso los árboles sufren por culpa nuestra, a diario son talados. Cambia tú vista a un charco de agua contaminada que está cerca del árbol. —Todos los días contaminamos el agua. Regresa la mirada a la Luna. —Incluso llegan hasta ti para clavarte una bandera como testimonio de que lograron alcanzarte. El pelirrojo suelta un suspiro de frustración, quiere decir algo más, pero un bostezo le hurta las palabras de la boca. —Supongo que me dormiré. A pesar de sus palabras se quedó observando con esperanza el color níveo del cuerpo celeste. —Buenas noches.


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El chico se retiró de la ventana. —Buenas noches— contestó la Luna sabiendo que no sería escuchada. El tiempo nunca se detiene, en esta ocasión está en ‘Luna nueva’, por lo tanto, no se puede apreciar el fulgor níveo del satélite, sólo se puede ver el manto nocturno cubriendo los cielos. En esta ocasión se ve una joven de cabello castaño oscuro sentada en el patio de su hogar viendo hacia el cielo. Aunque la Luna no se lograse ver sí estaba allí, la joven lo sabía. —Sé qué se siente al estar sola— dijo con total seriedad. El cuerpo celeste centró su atención en la chica, sus palabras le causaron intriga. —En realidad no me va tan mal, o me va mejor que antes, pero fue porque cambié las cosas. En cambio, tú, tú no puedes, te mueves por una órbita, supongo que alguien que te aprecie es lo mejor que te puede pasar. Tras ese conjunto de palabras un sentimiento de incomodidad y aflicción la invadieron. —Pero por eso salí a mitad de la noche a mi patio. Quiero oírte— dijo la chica con total decisión mientras rogaba internamente por no quedarse dormida. En ese segundo la castaña formó una sonrisa mientras veía con detenimiento el color plomizo que impregnaba el cielo. La joven no tenía una razón específica para estar allí, simplemente creyó que valdría la pena. El satélite reflexiono algunos segundos, después optó por hablar. —En realidad ver la ‘Luna’ tiene lo positivo y lo negativo— finalmente este cuerpo celeste tenía un escape de su miserable y vacía realidad. —Siempre estoy rotando y trasladándome alrededor de este planeta mientras escucho lo que todos dicen. ¡Yo igual quiero ser oída! Aunque igual hay muchas cosas realmente lindas, como ver todos los bellos paisajes o escuchar el canto de los animales. Pero desearía ser mortal, si todo acaba no importa, en cambio, el estar siempre es agobiante. Ver a todos irse, pero tú seguir aquí, sin poder hacer nada. Ser mortal es una bendición que desearía tener. Las palabras salieron sin pensar, simplemente dejó salir sentimientos de frustración tristeza de su ser. Aquellas oraciones se fueron con el viento y el espacio. En cambio, la joven que estaba sentada en el frío suelo del patio sólo asintió. —Lo comprendo—, claramente mentía, aquella falacia sólo era lo que la luna deseaba. La chica pensó que esas palabras eran las adecuadas, pensó que entraban en cualquier contexto. La Luna por un segundo aceptó esa oración como una verdad irrefutable, luego la realidad la golpeó, recordó eso era imposible. Pero una dulce mentira rosada no hace daño en una agria realidad de tonos blancos y negros.


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La joven dejó escapar un bostezo. —Tengo mucho sueño, y mañana hay clases. Espero te haya servido el hablar, hasta luego. —La castaña se levantó del suelo mientras hacía un ademán de despedida. —Buenas noches— dijo la Luna viendo cómo la joven entraba a su vivienda. No tiene por qué ser igual siempre. … El tiempo sigue pasando, la gente nace, crece, se reproduce y muere. La Luna ve todo, nacimientos, aventuras, romances y fallecimientos. Observa cómo el ciclo sucede sin cambios, una y otra vez. Antes te hubiera agobiado de cómo el humano cambia con sencillez mientras ella permanece fija, pero ya no. Desde esa plática donde se sintió escuchada, comenzó a apreciar su vida inmortal un poco más, ahora se permite aprender, sobre todo. Se dio cuenta que no sólo debe ver un planeta, puede ver un espacio sin límites. Al igual notó que su estado afecta las mareas. Tal vez no sea el ser más feliz, ni el que tiene la mejor existencia, pero si ves lo positivo y te lo propones, las cosas pueden mejorar. O esa es la lección que te buscan dar entender cada que lees algún texto que tiene la función de brindarte una lección. No siempre existen los finales felices, también hay finales mentirosos. aunque claro, una azucarada falsía no siempre mitiga por completo el dolor de la eternidad.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria N°6 “Antonio Caso” Vanya González Rodríguez

Cosas que no están

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omo quien intenta describir la sonrisa de su madre o la risa de su padre, pero no puede, porque lo ha visto y escuchado tantas veces que resultaría tedioso tener un respaldo mental de dichos acontecimientos. De la misma manera intento evocar la última vez que no sentí tanta indiferencia y desapego de aquel ruido demandante de mi alarma, los cajones empolvados y rechinantes que acogen mis olvidadas pertenencias, la segadora y sofocante luz del día que me arrincona cada que reúno el suficiente valor para abrir las cortinas, el ciclo que me mantiene andante, pero estática en mi rutina. Siguiendo el mismo gastado, pero efectivo patrón de conducta, me dirijo por las avenidas como si conociera la vereda que mis pasos firmes e impregnados de dudas siguen. Ya tengo la dirección, ahora solo debo buscar el número de la calle marcada como mi destino. Para mí es fácil orientarme en esta ciudad: lágrimas, miradas vagas y pesadas, lamentos, sonrisas tan homogéneas que es difícil distinguir las reales, manos temblorosas, todo como parte del conjunto, ahora insignificante, que representa para mí el día a día. Cada momento conozco más a las personas que le dan vida a esta ciudad, más que a mí misma, al menos, sé lo que quieren, sé lo que buscan. En un abrir y cerrar de ojos, encuentro lo que busco, y a mi mente salta aquella difusa imagen que concebí esta mañana al recibir la llamada telefónica que me condujo hasta este lugar, me sorprende lo alejada que navegó mi mente de la inundan te realidad. Mis pasos se aceleran, si te pasos se aceleran, al igual que los latidos de mi cansado corazón, ahora me encuentro lo suficientemente cerca como para divisarla; ojos miel, cabellos gruesos color castaño algo desprolijos, pestañas largas y amontonadas entre sí, una mujer hermosa sin lugar a dudas. Volteo a mi alrededor y observo a todos los que la miran, intentando abstraer algo de su imagen de una forma descarada, tratando de satisfacer su curiosidad o morbo, midiendo la velocidad de sus caminatas, volteando y estirando sus cuellos, entornando sus ojos para no perderse el más mínimo detalle, metiendo las manos en sus chaquetas y frotando suavemente sus brazos como si se avergonzaran de hacer lo que de todas maneras terminan haciendo, examinándola. La asechan, la juzgan, pero a ella, ya no le importa y en realidad, a ellos tampoco, seguramente para cuando los transeúntes vuelvan el flujo en el que estaban antes sumergidos, ya la habrán olvidado. Y es lo que más envidio de ella, todo se le acercan y ven lo que quieren ver, sienten lo que quieren sentir y luego se van, sin expectativas, sin ilusiones, ya nadie espera nada de ella, y no importa todo lo que tenía para dar, ya a nadie le importa. Al menos sus largas y bien cuidadas uñas manchadas de tierra algo seca, ya me demuestren ella sí rasgó el velo de su indiferencia, y sus agotadas, pero aún tibias manos


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algo raspadas, negrita que ella no volverá a desilusionar a nadie más, o al menos no como a sí misma, al no haberse escuchado, a no haberse amado, al haberse fallado. Pero, ¿fue su culpa o en realidad fuimos todos nosotros los que le fallamos?, tal vez lo hizo su madre, al convencerse a sí misma de que si sucedía algo malo, tu hija se lo confiaría, lo hicieron sus amigas al aceptar las improvisadas y mal estructuradas excusas forzadas que ella les daba para evitar las interrogantes de las marcas de sus brazos y cuello, no hicieron sus vecinos, que prefirieron pretender Los gritos llanto ahogado proveniente de su apartamento cada noche, eran simples peleas ruidosas, y lo hizo infeliz que decía quererla, pero la Mato. Me odio por pensarlo así, pero me resulta hasta irónico el hecho de que tal vez ella creyó que se ocultaba sus problemas el tiempo suficiente, estos desaparecerían, no existirían, pero ahora, ella está a plena vista y tampoco existe. Lo único que podrá asegurar es que, aunque su vida le fue arrebatada, tu voluntad no, y eso lo reconozco en su mirada, se ve tan triste, pero me extrañan la tranquilidad que refleja, está suspendida, elevada, como si hubiera alcanzado la clase de sintonía consigo misma, con su entorno que yo nunca tendré. Sus cálidos y ahora cristalinos ojos irradian una extraña especie de paz, no es la que todos creen obtener cuando consiguen su trabajo soñado, la familia perfecta o se escabullen de la mano por los callejones con quién aseguran, es el amor de su vida, todos haciendo lo posible por olvidarse que en los trabajos te despiden, las familias se traicionan, y aquellas calles por las que solías escabullirte serán solo testigos del efímero estado al que llaman amor. Pero no, nada de eso, la paz que ella emana es diferente, es real porque no ignora, ha visto lo peor que puedo ver un ser humano, de ahí su tristeza, ya vivió su muerte, pero miedo en ella no hay, y a esa ausencia de incertidumbre con la que todos lidiamos, es a lo que yo llamo paz. Una vez llenados los formularios y firmado las actas, mi labor está hecha por hoy, regresó por dónde viene, ahora la noche oculta las sonrisas fingidas y los ojos llorosos, apenas percibo algo más allá de mis heladas manos y mis tensos hombros. Al llegar al departamento, lo único que quiero hacer es dormir, y no solo dormir, deseo soñar, anhelo algún día, también tener paz.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 7 “Ezequiel A. Chávez” Alan Pinzón Estrello

Instinto

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os cómplices se mueven en la noche. No por negocios, sino por placer. Mi hermano y yo hallamos pronto nuestra presa. Uno se pregunta qué motivos la atraen a adentrarse a la noche. Después de todo, una figura como esa suele andar con cuidado de depredadores. Quién sabe si tiene alguna forma de protegerse que no podemos ver. Es por eso que yo me quedo observando desde detrás, buscando medios de escape, para nosotros o que ella pueda emplear. Una tarea muy fácil para mi gusto, pero muy propia de mí. Mi hermano se divierte, le gusta lo fácil. Una chica, indefensa, algo llenita, y que se retuerce poco. Una vez acaba con ella, entro yo. La verdadera diversión se encuentra en qué hacer con el cuerpo. Incluso se me hace agua la boca de sólo pensarlo. Mi hermano se opone un poco, porque no quiere que nos vean con un cuerpo, caminando por la calle. Le argumento que pocas almas corren por la calle a esa hora, que es altamente improbable que nos vean, aunque no quedaba completamente descartado que un cuerpo no debe dejarse en la escena del crimen. Mi hermano me da luz verde cuando ya le quité toda duda. Siento su respiración. Es débil, pero se nota claramente que mi hermano no hizo bien su parte. A él sólo le interesa el forcejeo, pero no le importa el cuerpo, o el delito en sí mismo, pero entiende claramente cuando le recuerdo qué pasa cuando un cuerpo se deja tirado en el piso, víctima de un asesinato. Respecto a nuestro rol de hermanos, él y yo podemos decir que yo soy el cerebro y él, los músculos. Uno debe cuestionarse todo. Esa es mi regla de supervivencia. Y en este momento, la cuestión es qué camino debemos tomar. No se le ocurren muchas ideas a mi hermano con respecto al camino. La verdad, a mí tampoco se me ocurre una buena idea, así que resuelvo tomar la ruta que mejor conocemos. Al menos perderse es improbable, y en caso de hallar a alguien, sabemos qué atajos tomar, cómo esquivar a un posible testigo. Mi hermano me sigue como si yo fuera el líder. Mientras él comete asesinato, yo lo observo, inclemente cuando comete un error en la escena del crimen, pero nunca lo detengo, me opongo a sus deseos o le pido que deje ese hábito. Ahora me nace la duda de por qué mi hermano y yo somos tan diferentes. ¿Qué hizo que diferenciáramos nuestro rol de hermanos? Bien se puede argumentar que es algo de nuestro hogar, cosa probable en un ambiente similar, pero lo puedo descartar: en nuestra familia nunca se nos enseñó la violencia, a matar, y menos a deshacerse de cuerpos. Más bien parece algo que viene de adentro de nuestro ser, algo de nuestra naturaleza. ¿Tal vez es el instinto? Poco sé del cómo y por qué funciona el instinto, pero puedo relacionar el concepto básico con nuestro comportamiento. La sed de sangre de mi her-


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mano es natural. Nadie le mandó a matar, él se enseñó solo. Cuando éramos más chicos y vivíamos en la calle, era algo que nos ayudaba. Así nos ganábamos el pan. Pero ahora no tenemos motivo para continuar esas conductas. O al menos, mi hermano no tiene motivos por los que matar, a no ser que obtenga placer por matar, caso del que estoy seguro. Acabo de ver ese sentimiento, esa ansia de sangre. ¿Y yo? No me puedo librar tampoco. Por algún motivo decidí que nos llevaríamos el cuerpo. Estoy seguro del porqué tomar el cuerpo. Es la acción más lógica de las elecciones posibles. Sin embargo, no entiendo cómo es que puedo tomar con naturalidad un cuerpo. Mi hermano tiene instintos asesinos, pero ¿qué tengo yo? Tal vez haya obtenido una característica similar a mi hermano en la calle. Ahora que empiezo a distinguir, me doy cuenta de que es posible que yo también tenga algo raro. Tal vez es el hecho de acostumbrarme a ser el consejero de mi hermano, de formar una simbiosis en donde él me protegía con fuerza y yo lo protegía con inteligencia. Éramos un buen equipo en ese entonces. Le pregunto a mi hermano del tema; le pregunto si ha notado algún cambio que me haya causado el vivir en la calle. De inmediato conoce la respuesta, aunque me invita a encontrarla por mi cuenta. Es más difícil juzgarse a uno mismo. No se me ocurren otros motivos válidos para tomar el cuerpo aparte de para ocultar el crimen. Se me ocurren muchas cosas para las cuales podría usar el cuerpo, pero tampoco se me ocurrieron en el momento en el que tomé el cuerpo. Sólo se me ocurrió deshacerme de él. ¡Y la encuentro! La verdadera razón por la cual yo tomé el cuerpo, y el método correcto por el cual me desharía del cuerpo eran simples. Un pequeño remordimiento en mi estómago me pide comida. La comida está servida, la estoy cargando, de hecho. Y ya nos queda poco trecho a nuestra casa, así que comienzo de una vez. ––¡Frijolito! ¿Cuántas veces debo decirte que no comas cochinadas de la calle? ¡No puedo contar las veces que lo hizo! Mi hermano, o ese instinto al que yo llamo hermano, ha vuelto a ser sólo una parte más de mi mente, dejándome solo ante este problema. Mi ama me quita mi ratona, a lo cual sólo puedo responder con un ¡Miau! (“Al menos dame de comer”). ––¡Como castigo, hoy no tienes cena!


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 7 “Ezequiel A. Chávez” Bianni María Trejo Galindo

La sombra del muerto de Uhm

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l año que había seguido al nacimiento de nacimiento de Childerico había sido el más triste del que tuvieran memoria los hombres más ancianos del poblado. Incluso los viejos se acordaban de las pláticas de sus abuelos que al mismo tiempo les referían las de sus antepasados de la ciudad de Uhm. Ningún año había sido pero que ese de 1348. Las alimañas se apoderaban de las villas y de los poblados. Corrían por las calles sin el más mínimo temor de ser atacadas. Se detenían a husmear la carne putrefacta que había llenado el ambiente con un olor insoportable. Los hombres morían con gran miedo, sus desorbitados ojos escrutaban el umbral de la inerte con la seguridad de que todo este horror dentro del cual los cuerpos se descomponían, uno junto al otro, era un castigo divino, el abandono de Dios. Asimismo, las cantidades que se habían podido salvar en las cosechas habían sido ínfimas. Parecía que los campos abandonados hubieran dado su más enteco fruto solo por lástima. Los animales olían con mayor facilidad a todo ser que era penetrado por un olor a carne descompuesta. Entonces, se alejaban de los humanos a grandes pasos. Sólo aquellos que se alimentaban de carroña permanecían estáticos ante el asomo de los hombres, enseñaban sus fauces o extendían sus alas, y se arrojaban sobre éstos, volviendo al cazador hambriento en víctima. No había qué comer. Era más probable ser comido. También las ratas daban voraces mordidas a los sacos de carne y hueso arrojados sin mayor misericordia a los campos baldíos. Childerico nació deforme. Su pie derecho había sufrido una desviación desde la rodilla que lo hacía apuntar hacia un lado, por lo cual, para caminar tenía que mover la pierna de manera grotesca. Además, un hueso de la espalda que nunca había soldado en su sitio le dejaba una protuberancia que apenas se podía ocultar con las pesadas y oscuras ropas con que era cobijado. Ervigio, su hermano mayor, había nacido igualmente deforme. Un brazo pequeño y fláccido pendía de su tronco y la quijada desviada le impedía la masticación. Por ello, su madre se había encargado, los pocos años que sobrevivió, de proporcionarle la comida con la consistencia propia para ser absorbida. Childerico había estado oculto por sus padres a causa del miedo a que fueran juzgados por crear monstruos, seres indeseables. Así, alarmados por el hambre y la suciedad en que moría la gente, se dieron al cuidado de evitar que alguna mirada se encontrara con su hijo. Un día no hubo tanta suerte. Ervigio había abierto los tablones de una abertura que daba al camino por el que pasaban los hombres enflaquecidos. La tenue luz de la tarde


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sostenía su última batalla contra la oscuridad. La gran fronda negra de los árboles se alzaba rasgando la superficie amoratada del cielo. Las hierbas levantaban sus brazos y escalaban nudo a nudo las vetustas maderas que servían de muro a la casucha de Childerico. Una pareja de hombres enjutos pasaba en ese momento. Levantaron pesadamente la mirada y vieron aquel espectro. Ervigio los vio a su vez y, así como ellos, su rostro se dibujó asombrado, temeroso de que el espectáculo que miraba fuera real. Ésos no podían ser hombres. Él tampoco podía serlo. Aquella misma noche, una multitud llegó a la casa que se hallaba a las afueras de la villa. Rumbo del bosque y en dirección a la montaña seca. Hachas, hoces, antorcharas, palos, eran llevados por la gente iracunda, decidida a terminar con la evidencia de sus culpas. Los padres de Childerico salieron a su encuentro. ––Hijos míos–– un sacerdote de cuerpo obeso y rostro deformado por el miedo salió al frente––, Dios es misericordioso si demostramos sumisión y obediencia. Nuestros sufrimientos son causa de nuestros excesos y debemos darles remedio para que el Señor nos devuelva su gracia. Así podemos volver a vivir en paz y bendiciones por la mano de Dios. Por eso vengo a pedirles que me entreguen a su hijo, deformación de su naturaleza, desviación de nuestros sentidos. Debemos deshacernos todos los pecados borrar cualquier objeto que recuerde nuestro indulto al Señor. No hubo respuesta de la temerosa pareja. Entonces, el sacerdote levantó el brazo con el que sostenía una débil antorcha. Su luz casi se extinguía en tenaz oposición con el viento. En seguida, un hombre levantó un crucifijo que permaneció opaco, oscuro pese a las demás antorchas que lo rodeaban, y fue cuando la gente comenzó a gritar y se abalanzó hacia la casa, llevándose ente sus pies los cuerpos sin fuerza de hombre y mujer. Ella llevó sus manos al rostro y se dejó arrastrar. Él recibió un golpe de hacha en el hombro izquierdo y rodó al suelo, volviendo la mirada hacia el lugar donde un segundo antes había estado su mujer. No hubo nada. Dos vasos viejos sobre una mesa deteriorada. Dos trozos de pan duro. Un par de abrigos sucios que colgaban al lado de la puerta. En una habitación un catre sostenido en un ángulo por un tronco. En la otra habitación, nada. Estaba cerrada herméticamente y la atmósfera densa que se había creado impedía la respiración. La ventana que daba al camino estaba obstinada por un par de candados y pesados clavos mantenían dos tablones horizontales adheridos a los abatimientos. Era imposible permanecer más tiempo la gente salió corriendo del lugar. Los hombres volvieron a jurar haber visto ese rostro deforme, cuyo pelo revuelto le proyectaba una sombra informe sobre los ojos. El sacerdote, al ver los cuerpos inertes de la pareja sobre la hierba, levantó la mirada y murmuró: ––Ruega por nosotros.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 8 “Miguel E. Schulz” Dámaris Cornish Sánchez

Al otro lado de un arma de fuego

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ran las 6:45 de la tarde cuando Emiliano Báez Villaseñor finalmente entró en la sala donde sería juzgado, en cuanto se abrieron las puertas de la corte, la gente se puso de pie y empezó a vociferar improperios contra el que estaba entrando, el recorrido que hizo el hombre entre la puerta y el estrado me pareció eterno, y cuando finalmente logró llegar a la silla en la que debía exponer sus crímenes, el juez le soltó un “asesino” por lo bajo. Después de eso, la siguiente hora fue bastante menos caótica que la entrada del acusado: se hicieron los procedimientos de rutina y una por una se fueron presentando las pruebas que declaraban a Emiliano como culpable. En todo ese tiempo, el imputado mantuvo la cabeza en el suelo y eso me dio la oportunidad de observar detenidamente sus facciones, era un hombre cano, con una mirada apacible y unos ojos grandes; a pesar de que su edad ya era avanzada, se podía adivinar que había sido tremendamente atractivo en su juventud y que se había dedicado al trabajo físico; debajo de la raída camisa que llevaba puesta, el hombre poseía una complexión fuerte y atlética, medía alrededor de 1.80 y la tez de su piel era morena. Estaba tan quieto que cuando levantó la cabeza me sobresaltó, al salir de mis cavilaciones, me di cuenta de que había sido porque era el momento de que Emiliano diera su versión de los hechos. Desde el minuto en que comenzó a narrar su fatídico recuerdo, la actitud de la sala cambió por completo, todos se quedaron en silencio ante la profundidad y la potencia de su voz; y pude percibir el asombro en muchos rostros debido a que no esperaban que un villano se expresara con tanta propiedad. A partir de este punto, no me siento capaz de dañar con mi parafraseo el momento que se vivió en aquella corte, lo único que puedo proporcionarle al lector es una transcripción de lo que dijo Villaseñor, y una prueba de que la historia nunca termina de contarse. El relato del acusado decía así: “Al narrar esta historia, estoy consciente de que todos los asistentes ya se han formado una idea sobre mí y en la mente de cada uno ya he sido juzgado culpable. Permítanme decirles que tienen razón y que estoy más de acuerdo con ustedes de lo que me gustaría estarlo, sin embargo, no me he declarado a mí mismo culpable por lo que hice, sino por lo que no hice”. Después de un suspiro y una pequeña y meditabunda pausa, el anciano continuó explicándose: “1968 fue el primer y el último año que estuve en el ejército, en esa época yo era un joven ingenuo y con expectativas altas sobre lo que me deparaba el futuro, pero esas ilusiones se desvanecieron rápidamente ante mis ojos cuando los ánimos comenzaron a agitarse en el país. Desde finales de julio empezaba a oírse por las calles el rumor de las riñas que había entre bachilleratos y conforme se


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iban sucediendo las semanas las cosas no hacían más que agravarse, muy pronto me di cuenta de que los problemas no habían empezado en 1968, ni en 1967, ni en 1966, no, los problemas venían desde mucho más atrás y era ahora cuando todo lo que el país había acumulado durante décadas empezaba a explotar. Fue en septiembre, lo recuerdo, fue en septiembre cuando la sopa que estaba hecha de problemas acumulados y sazonada con las voces que clamaban por sus derechos finalmente comenzó a hervir. Las cosas con el ejército se pusieron mucho más serias y el ambiente de confusión no dejaba de ir en aumento, sin embargo, a los nuevos nunca nos llamaban, siempre nos quedábamos en el campo haciendo las labores de rutina, y como así se habían desarrollado las cosas, llegó un momento en el que asumí que durante el tiempo que hubiera revueltas yo estaría en el cuartel. ¡Ay! qué equivocado estaba. El miércoles 2 de octubre de 1968 nos despertaron como a las cinco de la mañana, no me pareció raro pues esa era la hora a la que me levantaba diariamente. Hasta el mediodía todo siguió su curso natural, bueno, natural para lo que cabe dentro de la normalidad cuando estás en el ejército, y a partir de la una de la tarde todo pasó… ni siquiera lo recuerdo, los eventos se fueron sucediendo uno tras otro y cuando caí en cuenta de lo que ocurría a mi alrededor ya estaba en Tlatelolco, a unas cuadras de la Plaza de las Tres Culturas, con el corazón latiéndome a mil por hora y esperando órdenes de mi superior. Siempre se habla de los estudiantes ¿saben? Todo mundo cuenta historias sobre su valentía y cada mexicano recuerda con repudio a todos los que estábamos del otro lado de las armas de fuego; no los culpo, pero me duele que nadie se haya molestado siquiera en saber qué pasaba por nuestra mente, ¿acaso ninguno de ustedes ha llegado a pensar que el plan no fue orquestado por nosotros? Después de recibir las órdenes sentí que todo el peso del mundo se desmoronaba sobre mis hombros, recuerdo que, con la mente en blanco, me fui a sentar con algunos de mis compañeros, y ese fue uno de los pocos momentos luminosos que tuvo el día, uno de ellos dio una patada al aire y dijo: no podemos hacerlo – casi estaba gritando – me niego a matar a gente así, nada más porque al hocicón se le antojó que ya no quiere que vivan. Hubo un momento de silencio y a continuación surgió la brillante idea de mi parte: tenemos que disparar al aire, ni siquiera lo pensé, y al parecer nadie más lo pensó, solo percibí varios ligeros asentimientos con la cabeza y suspiros entrecortados. Cuando llegó el momento sentía el latido de mi corazón en los oídos, trague saliva con dificultad, voltee a ver de reojo a mis compañeros y después vimos la bengala; fue un momento de silencio absoluto, casi podría afirmar que hasta la Tierra dejó de girar durante ese instante antes de que se desatara el caos. En cuanto corrí hacia el centro de la plaza, escuché una tremenda explosión y salí disparado por el aire, otro momento de silencio antes de que cayera de espaldas al suelo, cuando logré levantarme tenía un zumbido en los oídos y veía todo borroso, la escopeta me pesaba una tonelada. Grité, tiré el arma al suelo y con muchas dificultades traté de caminar para percibir lo que estaba pasando alrededor, lo que alcancé a observar me dejó frío, con los ojos desorbitados


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y la cabeza hecha un lío, había cuerpos por todas partes, cadáveres con la sombra de su último aliento clavado en las pupilas, había gente gritando, corriendo sin rumbo y niñas que abrazaban a los cuerpos sin vida como rogándoles que despertaran. En ese instante en mi mente surgió una pregunta ¿nosotros somos los buenos?, recuerdo que esa interrogante me hizo salir de mi letargo y me obligó a proteger a los horrorizados estudiantes que aún estaban con vida. Mientras a unos les dije como escapar, a otros los protegí con mi propio cuerpo; unos lograron salir del infierno que se vivía en Tlatelolco y otros murieron en mis manos mirándome con odio, con agradecimiento y otros hasta con compasión. No quería atisbar a mi alrededor, tenía pavor de ver a los muchachos agonizantes que caían al suelo sin alguno de sus miembros o empapados en la sangre de sus compañeros…” Emiliano siguió contando su historia por algunos minutos más, pero yo ya no escuchaba, su pregunta se me había quedado fijada: “¿nosotros somos los buenos?”. Creo que me di cuenta en ese segundo, junto con el resto de la sala, que en la vida real no hay bandos buenos ni bandos malos, que hubo estudiantes que se vendieron al gobierno y mataron a sus compañeros y que hubo soldados que decidieron disparar al aire para no contribuir a la masacre. Después de que Villaseñor fuera declarado culpable ese día, poco tiempo después me enteré de que el hombre se había suicidado, traté de sentir pena por él, de verdad lo intenté, pero no podía, el viejo parecía tan atormentado el día del juicio que, sin ánimo de sonar morbosa, me dio gusto que hubiera dejado de respirar. Hoy en día, sigo escuchando relatos sobre el 2 de octubre, sigo viendo documentales, series y artículos periodísticos sobre 1968, y aunque todos me han estrujado el corazón, ninguno me ha llegado tan profundo como el de Emiliano Báez Villaseñor; será porque estuve presente cuando el hombre liberó los demonios que lo atormentaban o porque nunca había escuchado esa perspectiva de la realidad. A fin de cuentas, este relato no tiene moraleja, después de todo, la realidad es cruenta, vulgar y fatídica, pero como en el ying y el yang, dentro de toda esa maldad que se germina en nuestra pútrida sociedad, siempre hay momentos de luz, siempre pequeños instantes en los que una persona con la capacidad y los recursos para matar a otra, decide no hacerlo.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 8 “Miguel E. Schulz” Gabriel Vázquez Castillo

Salvación

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n el momento en el que caía la noche era cuando la podía ver. Se llamaba Aharzd, que significaba “Ángel de salvación”. Aharzd era una especie de serpiente color obsidiana, con un par de ojos ambarinos que cuando veías, podía sacar a relucir tus peores pesadillas. ¿Qué por qué la veía? No lo sé, todo empezó cuando ella me salvó de un monstruo de mis sueños. Al parecer su trabajo era protegerme de las almas malignas. Una noche abrí los ojos y desperté en un cuarto que apenas estaba iluminado, con un montón de colchones a los lados. Ese era el lugar en el que me ponían cuando hacía algo malo. Realmente odiaba estar en ese sitio… Ansioso, esperaba ver a Aharzd. Ella me escuchaba cuando nadie más lo hacía. Con el tiempo se dio cuenta que era peligroso hablar en español, porque al parecer esos demonios que vestían de blanco podían enterarse de lo que hablábamos, y por eso me enseñó su lenguaje, un lenguaje llamado “shistro”. Hace poco el monstruo blanco con manos de agujas me escuchó, y envidiando mi habilidad, decidió meterme aquí… Lo odiaba, odiaba a esa criatura, cuando él iba a mi cuarto a veces evitaba que viera a Aharzd. Y por eso pensaba en matarlo, pero… Siempre había un pero. Y era mi madre. ¡Mi madre! la mujer más hermosa del mundo. Un día me trajo aquí. La habían obligado. Ella lloraba pesadamente cuando me entregó a los chicos de bata. En el fondo, sabía que Alonso, el líder de estos seres, era el responsable de esto. Al parecer ese hombre era amigo de “Castañeda”, el verdadero caudillo de este maldito lugar. Me repugnaban, pero de nada servía liquidar a sus subordinados. Primero tenía que encargarme de ellos…Mi sangre hervía por el desprecio, trataba de respirar, trataba de calmarme. Poco a poco dejé de pensar en esas personas y me centré de nuevo en mamá. Ella con frecuencia venía a verme, me traía comida y me decía que me esforzara para que pronto pudiera regresar a casa. ¿Casa?, ni siquiera recordaba que era eso, la última vez que estuve ahí fue la noche en la que Alonso le dijo a mi madre que tenía que traerme aquí. Tanto me había quedado meditando que no me di cuenta que Aharzd no llegaba. Me empecé a preocupar, si hoy no venía juntaría cuatro noches de no venir a verme. ¿Algo le había pasado? ¿Qué tal si había sido atrapada por los monstruos? No, eso no. Ella era inteligente y muy astuta. Nunca caería tan fácil. Lo que más me preocupaba era que fuera capturada por esos malditos demonios. Cada vez que pensaba que pudieron hacerle algo, sentía una extraña sensación en mi estómago, una sensación de odio. Lo peor de la ausencia de la serpiente no eran los monstruos blancos, eran esas criaturas, que se asimilaban a demonios, que me acechaban, esperando en la oscuridad el momento para poder atacarme y tal vez…matarme. Tragué saliva.


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La primera vez que me enfrenté a uno de ellos no fue nada agradable, pero fue la primera vez que Ahzarzd me salvó. Llevaba meses conociéndola. La anterior noche ella me había dicho que algo extraño se acercaba, que tuviera cuidado. Con el corazón en la boca caí dormido. Cuando desperté estaba en una bañera, un sacerdote me veía con una sonrisa tétrica. La luz deslumbrante hacía mi visión muy corta. Tenía miedo. ¿Dónde estaba Aharzd y por qué no me protegía de esto? No podía moverme. Estaba… ¿atado?... ¡Demonios! No tenía oportunidad de salir. –– ¡Diantres! ¡Diantres! ¡Diantres! –– Decía mientras me trataba de liberar. Y de repente escuché pasos, pasos tan pesados que parecía que cargaban con yunques. Tap– tap. Tap–tap. Levanté la vista, vi al sacerdote acercarse. Tap Tap, cada paso hacia que la sangre se me helara. Tap– tap. Luego comenzó a reírse. Una risa que de sólo escucharla hacía que se me erizaran los pelos. Tap– tap– tap. Su caminar era lento. Tap–tap. Tap–tap. Con cuatro pasos más, llegó a mí. Nuestros ojos se encontraron. En ellos veía tristeza. ¿Por qué esa criatura me hacía sentir así? Me tomó la mano y me dijo: ––todo va a estar bien, chico, todo va a estar bien, no te preocupes––. Al principio creí en sus palabras, sus ojos se veían sinceros, empezaba a creer que él me iba ayudar, que podría regresar a casa. Hasta que me arrojó una especie de ácido. Al contacto se sentía como agua, pero conforme tocaba mi piel ésta ardía y se quemaba. Era como caminar en el sol. Trataba de gritar, trataba de moverme, trataba de llorar, pero simplemente estaba ahí, sentado esperando a consumirme como una vela. Hasta que algo impulsó mi cuerpo. Fue como sentir una descarga de adrenalina y empecé a gritar desesperadamente. El sacerdote se asustó y empezó a dar órdenes a alguien más. Cosas como: ––regresa de donde viniste. ¡No perteneces aquí! ––Yo gritaba cada vez más fuerte, y más fuerte, y más, hasta que empecé a sentiré un dolor en mis oídos, y de repente vi la sombra de Alharzd… Caí desvanecido. Abrí los ojos. Antes estaba obscuro, pero había pequeños rayos de luz que me devolvían la esperanza. Ahora la oscuridad inundaba todo. Estaba asustado, llamé a Aharzd, esperaba que fuera un sueño. Cuando traté de levantarme, mi mano tocó algo húmedo. ¿Agua? No, no, el agua no era tan espesa. Yo ya conocía esa sustancia, la había tocado con anterioridad, era sangre. Pero ¿De dónde venía?, seguí avanzando un paso a la vez, era casi imposible respirar bien, el ambiente era pesado y tenía un horrible olor a sangre. Mis ojos se habían adaptado medianamente a la obscuridad, hasta que choqué con algo en el suelo. Traté de percatarme de qué era, con cuidado de no perder el equilibrio. Me agaché delante del bulto y empecé a palparlo. Era grueso. Seguí avanzando tratando de adivinar que era. Y de repente… ¿Cabello? Pronto caí en cuenta era una persona. Asustado, salté hacia atrás. ¿Qué había pasado? Estaba nervioso, mi respiración se volvía pesada. Pero no estaba dispuesto a quedarme ahí. Así que seguí adelante. De repente empecé a sentir aire fresco. Sin darme cuenta mis pernas empezaron a correr. Mis pies desnudos chocaban contra el suelo bañado en esa sustancia pegajosa. Seguía corriendo y cada vez el olor a muerte iba desapareciendo y era reemplazado por una brisa fresca, cuando di una vuelta fue cuando la vi, pude ver la luna. Y sabía que estaba cerca de la


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salida. Comencé a correr más rápido hacía allí. Estaba desesperado por llegar. Pero de repente estaba en el suelo. Escuché la voz de Ahzarnd diciendo ––Ahora estaremos juntos por siempre. –– Cuando levanté la mirada, mamá, lloraba de alegría por verme, sin poder levantarme comencé a arrastrarme hacía ella, sentía como las lágrimas caían por mis mejillas. ––¡Mamá!–– gritaba ––¡Mamá! ¡Mamá!–– Poco a poco mi visión empezaba a hacerse borrosa. Pero seguía avanzando. Cada vez veía a mamá más cerca. Pero mamá no estaba sola, estaba con Ahzarnd. Estaban esperando por mí. Y justo cuando pude tocar su mano, salí de ahí para siempre. Entonces todo se volvió negro. Y luego vi la luz.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 8 “Miguel E. Schulz” Cinthya Alejandra Rocha Sánchez

Ghost Story

Y

o era ura un fantasma que deambulaba de aquí para allá; no me sabía inexistente, tan transparente. Podía jurar que veía mi reflejo por las noches, en el baño, después de la ducha con agua fría; estoy tan segura de haber escuchado el eco de mis pasos por toda la casa, con todo el peso de mi cuerpo, y encontrar mis cabellos dispersos por el piso, negros, caoba, no lo sé. No puedo precisar en qué momento sucedió. Por las mañanas saboreaba el café y la mantequilla embarrada en mis dedos, disfrutaba de la tibieza de las sábanas impregnadas de mi humor nocturno ¿Qué clase de fantasma explota de pasión entre sueños de amor? No me di cuenta, los cambios fueron imperceptibles. ¿Será que mi voz se extinguió? A veces me encontraba de pie, a media noche, observando mi cama y la cálida respiración de mi amor, profunda, lejana; observaba mis rosas en su florero, los trastos con restos de comida remojada, las cortinas y sus partículas eternas de polvo descansando sobre ellas en la oscuridad; escuchaba, complacida, los ruidos nocturnos que ronroneaban para mí. El tiempo se me detenía. Mi voz se extinguió, mis preguntas dejaron de obtener respuestas; me confortaba en un silencio que despuntaba a mí alrededor, me sentaba quieta a escuchar conversaciones fuera de mi alcance, observando, como entre sueños, rostros que iban y venían. Así esperaba con calma, o a veces demasiado angustiada, a que llegara la noche para que mis sentidos por fin se estimularan. Era el preludio. En mi constante insomnio me levantaba de la cama para encender el televisor que nadie miraba, cambiando de vez en cuando los canales sin volumen hasta encontrar alguno sin transmisión: las rayas horizontales negras y blancas me hipnotizaban; cerraba y abría cajones, contenedores y puertas a mi antojo, me escondía detrás de ellas aunque nadie me buscara; me entretenía cambiando los objetos de lugar, escondiéndolos solo para mí y al día siguiente, desesperados y algo extrañados, nos preguntábamos donde los habíamos colocado. Me sigo cuestionando ¿cómo dejaste que te sucediera? No podía imaginar que esta melancolía era un síntoma inequívoco de lo que me ocurriría o ¿sería la causa? Cada mañana despertaba más cansada, mi paraíso nocturno me parecía desagradable e incómodo a la luz del sol y prefería inventar pretextos cualesquiera para no salir y sumergirme en pensamientos lejos de este tiempo. Sin duda, desde un principio, fue mi destino.


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No opuse ninguna resistencia. Mi voz se extinguió y se volvió un sonido gutural. Mi amor y yo dejamos de conversar, escuchaba su risa desde la habitación de al lado mientras veía programas cómicos en el televisor y mis vellos se erizaban, pero mi pecho se oprimía en cada intento de llamarlo hacia mí; avergonzada de mi metamorfosis, desviaba la mirada cada vez que nos encontrábamos por la casa y él se alejaba, como si yo no estuviera aquí. Pero aquí me quedé, aquí sigo siendo lo que soy. Luego comenzó el frio, y las constantes quejas de los invitados sobre la baja temperatura que sentían al entrar a casa me incitaban a mantener las luces encendidas, pero su brillo me molestaba, no, me repugnaba, y mientras se deleitaban en su charla banal, yo apagaba los interruptores sin que me miraran; así iba de habitación en habitación, encendiendo, apagando. Luego encontré una carta. “Te vi por la noche, a medio día, de la mano de tu padre, por los corredores que nos atormentaron. Te vi tan frágil, tan pequeña, tu inocencia me conmovió, aun me conmueve. Mil lágrimas jamás serán suficiente para pedirte perdón. Qué soledad hay entre nuestros espacios. Te fuiste hace mucho tiempo, pero cada vez te anhelo más y más. Cierro los ojos, busco tu rostro, miro en el espejo. . .” Te llamé, mi amor, y no me escuchaste. En medio de mi cólera, en medio de la noche, rompí nuestras fotos, rompí vasos y platos, destrocé mis rosas y su florero, sacudí el polvo eterno de las cortinas; quise tocar tu rostro, amor, arrancar las cobijas que te cubren y poseerte, despertaste alterado y prendiste la lámpara de la mesita de noche junto a la cama, yo en seguida me escondí apenada de mi arrebato fantasmal. Te levantaste a orinar y volviste a la cama, entre las penumbras observé, como cada noche, tu respiración cálida, profunda y tan lejana de mí. Me volví un fantasma y no puedo decir si fue mi destino o un acto voluntario. Aunque esté ahí, no puedo ver mi reflejo, ya no saboreo el café ni la mantequilla, dejé de soñar sueños de amor y de pasión, mis cabellos ya no tienen color y mis pasos se volvieron leves. Mi amor ya se fue. La carta continúa. “Cuánto amor sentí, cuánto amor no te pude dar; lo ignoras y a mí me desagarra” Dejé de existir sin darme cuenta, me volví melancolía. Soy un fantasma en esta vida. Pero el sol se va ocultando, se acerca la soledad de la noche con su inquietud que recorre los dedos de los pies, nerviosos, a la espera de algo más: un nuevo amor volvió.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 9 “Pedro de Alba” Patricia Aguilar Velázquez

Serendipia

H

ace algún tiempo existió un ser de cera cuya trágica historia debe ser escuchada con el corazón y mente en avenencia. Su cuerpo era semejante a una vela, incluso en sus entrañas, sin que él lo supiera, había un pabilo que era parte de sí. Era tan blanco como el día le permitía; en ciertas épocas tenía que quedarse en su habitación fría para poder seguir en pie, no derretirse y desfallecer... tornándose transparente pues, a pesar de aparentar ser fuerte y frío no era más que una vela, estaba hecho de cera y era igual de frágil que una. Tenía una altura considerable, sus ojos eran grises, su cabello cano y tenía un carácter de cuidado. Él no podía acercarse al calor porque su cuerpo, y por ende su existencia, se consumirían. Era una persona de pocas palabras. Nunca necesitó de nada ni de nadie. Tenía presente eso, no recordaba haber requerido ayuda; por el contrario, todos lo buscaban, sobre todo, cuando tenían problemas y ocupaban de la pequeña lucecita de esperanza que él ofrecía. Pero para pesar de aquellos que lo buscaban, eran pocas las personas que accedían a su ayuda. Pensaba: “No me dañaré por alguien que no lo merece”. ¿Por qué era tan selectivo? Porque cuándo cedía a una petición, terminaba lastimado en la bañera y lloraba hasta sentirse recuperado; al exponerse sentía en la carne un dolor semejante a una cicatriz abierta, y cada vez que sucedía se guardaba en lo más profundo de su memoria y simulaba a un desgarre en su alma. Un día, aquel hombre cruzó su andar con una flama. Ella desprendía un calor abrasador y un aura de alegría. Tenía un aspecto insípido, su cabello era rojo y se contoneaba como si se tratara de una hoguera, sus ojos eran del color del alba. Definitivamente tenía un aspecto común. No era hermosa, tampoco tenía una presencia celestial, carecía de cualquier atisbo de fragilidad y su carácter parecía ser el de una ancianita. ¡Incluso sus ropas eran sosas! ––¿Es un bello día no crees?–– dijo la flama rebosante de alegría ––Avecillas cantan, las flores desprenden un aroma cautivador y el sol resplandece. El hombre de cera no pudo dejar de notar en ella algo especial. Era arte: con tan solo mirarla unos segundos sintió algo indescriptible, que nunca antes le había ocurrido. ––No entiendo por qué dice que este día es bello! Los pajarracos no me dejan escuchar ni mis pensamientos, las flores me dan alergia y el sol hace que me derrita, contestó Cera mientras negaba con la cabeza, incómodo por aquella sensación tan extraña que aquella flamita le causó en el estómago.


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––El día es bello porque es amado, y cualquier cosa que sea amada es bella. Incluso tú podrías ser bello si permitieras que alguien te amase. Carcomido por el miedo que le provocaba aquella sensación, huyó de aquel lugar. Huyó una y otra y otra vez con rapidez fantasmal cada vez que se cruzaba con ella; ya que no importaba el tiempo que la mirara siempre aparecía esa sensación. Aquello se mantuvo así por un tiempo, hasta que algo en nuestro amigo de cera cambió. No fue algo pequeño, fue más que uno de esos cambios minúsculos que apenas se perciben, salvo que se miren con detenimiento insano; al contrario, fue uno de esos que se notan a kilómetros de distancia, que no necesitan de la vista para ser percibidos. Sin embargo, él no fue consciente de ello, no por que fuera tonto, todo lo contrario, su perspicacia lo orilló a privarse de aquello. Quiso ir en contra de su consciencia y hacer lo contrario a lo que su cordura le dictaba como correcto, quería descubrir qué era eso tan inquietante. Él no sabía qué era. Tampoco el cuándo, cómo y por qué. Pero no dudaba que era inmenso. No sabía cuándo sucedió, si fue aquella vez que la flama estuvo cerca, tanto que pudo advertir en los ojos ajenos ese reflejo roto que pensaba era el suyo. Sin embargo, después de examinar unos cuantos segundos aquellos espejos, notó que aquella reverberación no era propia, sino que correspondía a la muchachita. Cuando tuvo conciencia de ello sintió una enorme afinidad con ella, al saber que sus ojos estaban igual de rotos que los suyos. Siguió divagando entre sus reminiscencias hasta que en aquel lío mental, resaltó el día cuando aquella flamita de vida se aproximó con una tierna sonrisa, voz aterciopelada y ese olor a casa vieja tan peculiar. Todo esto movía el sentimiento de protección que Cera tenía en el fondo, provocando una intensa catarsis. Él no era capaz de descifrar lo que la calidez de ella le despertaba, la sensación de bienestar se contraponía con los sentimientos que lo gélido, insulso e impasible le inspiraban y que tanto disfrutaba. Este pensamiento lo mantenía preso todo momento de su largo día y de su interminable noche. Cuando se levantaba y percibía en su almohada el rocío cenizo que dejaba el cabello de la flamita, también cuando leía por la tarde para condenar lo relativo y escuchaba el quejido de la madera que ella apabullaba bajos sus pies al pasear por el lugar, también al ir a dormir cuando le rogaba a Dios que estuviera a su lado velando su sueño. Indagó nuevamente en sus recuerdos percatándose de que aquella flamita derritió aquella gruesa pared de hielo que había construido alrededor de sí, para protegerse; bajó sus escudos, sin darse cuenta. Su cuerpo se paralizó y su mente fue invadida por los más hermosos recuerdos: la primera palabra que intercambiaron, cuando sus manos se encontraron, el día en que la abrazó sin temer al daño, la noche en que durmieron uno al lado del otro burlándose de su mortalidad, el día en que le dijo que la amaba y ella con el corazón en la garganta le había correspondido. Todo aquello le llegó a la cabeza como una ráfaga, invadiéndole de temor.


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¿Qué pasaría con él? ¿Su vida terminaría pronto? ¿Por qué no se detuvo cuando pudo hacerlo? Estas y mil preguntas azotaban su mente. Tomó consciencia de sí, se percató de que entre sus brazos se encontraba aquella flamita, dueña de su sueño hacía un tiempo, notó también que la besaba y que una de sus manos acariciaba con gentileza la mejilla de aquella muchachita. Al separarse escuchó a la flama susurrar: ––Ambos somos bellos ahora. ¿Es así? ––Lo es. Cuando estoy a tu lado soy el ser más bello que haya existido jamás. Supo que era su fin cuando notó que su pabilo estaba encendido, y que el calor de aquella flama estaba marchitando su existencia. Estaba a punto de morir, pero él no tenía miedo, no esta vez, no dejaría que le persiguiera incluso en su muerte. Al cerrar los ojos, percibió una diferencia entre el calor que estaba sintiendo y el calor del dolor; el primero lo asfixiaba, le hacía sentir vacío, sentía que abandonaba su cuerpo, era una sensación desesperante el no tener a que sostenerse, el no poder quedarse un poco más. Por el contrario, el segundo lo hacía sentir vivo, lo completaba; dolía sí, pero era adictivo. Dolía tanto que olvidó todo lo que le rodeaba, para posar sus ojos en los de ella, notando que su mirada no estaba rota como en aquel primer encuentro, ahora era tan profunda que se veía obligado a mirar, pues sabía que así los dos estarían completos. Soltó una carcajada amarga entre los labios de aquella flama; se había enamorado tan perdidamente que ni siquiera fue consciente de cuándo pasó. Esa era la forma en que su vida se daría por terminada y, a decir verdad, no le importaría si esa sensación se fuese con él hacia la eternidad, hacia el final de los números, hasta las esquinas del universo. Con eso en mente, el hombre de cera murió, al igual que su amada flamita, pues ambos estaban unidos y al acabarse la cera de él, ella terminó por ahogarse. Y ahora ambos están completos, siendo parte de un todo reencontrándose una y otra y otra vez. En aquel paraíso donde el tiempo deja de existir cada vez que se miran a los ojos, en ese lugar del que se han apropiado no importa dónde ni cuándo siempre que estén.


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II. HĂĄblame con poesĂ­a

_vane_ (2018). Luna.


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Escuela Nacional Preparatoria No. 1 “Gabino Barreda” Irvin Alan Espíndola Martínez “Pensando, enredando sombras en la profunda soledad. Tú también estas lejos, ah más lejos que nadie.” Pablo Neruda. Poema 17.

Para escuchar en voz baja Te espero aún en el café, agonizando con las cruzadas del corazón, perdiendo lacrimosamente la batalla, y así poco a poquito mi vida. Colonizado por tu recuerdo, y dulcemente de ti exudado, intercepto el momento más débil para atacar. Aquel anillo acompaña mis versos siempre oblicuo entre mis dedos, mi bolígrafo y su alma más empecinados buscan el desflorado y muerto amor olvidado en la acera de un crepúsculo. Bien sabes que he de ser sincero, tu recuerdo sucumbe en las horas más oscuras, debido a tu partida, a la felicidad, soy pordiosero y buscándote tan solo doy lástima a mis amarguras. Mi corazón cada día más lóbrego tiene perdida hasta la de ganar; apago los ojos si requiero tocar el fuego, curo las quemaduras más desaforadas y veo al tiempo como un mártir universal. Ya es tarde, me han avisado las estrellas; lo que me toca a mí es pagar la cuenta, tomar el ómnibus y bajar en cinco o seis manzanas.


68 Por consiguiente a ti te toca estar de vuelta, abrir el portón y preguntarte si aún me amas. Rosa mis yemas. ¿Me amas? O tu corazón dejó de palpitar.

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Escuela Nacional preparatoria No. 1“Gabino Barreda” Alan Omar Granados Becerril

El poeta escribe a su Musa I He de esculpirte Musa––Fuente exacta… meticulosa… ¿Dafne o Gala? Te confrontaré. Revivo sentimientos… (amiga del ciego arquero y amenaza de Narciso) junto al altar de Eros. Numen de la inspiración la tragedia no existe y sin embargo… la tragedia te añora. Ilustración de la oscuridad te levantas como fanal de mi letargo, como el axioma de mi dogma, en el oquedal de mi cabeza te plantaste inalcanzable. Tu cabello serpentino me gritaba incesante, mientras surcabas el claustro caminabas entre sueños y la hora se acercaba… un encuentro que no fue conmigo, y un poeta… que no soy yo. II Ha llegado mi hora en esta travesía,

bogo en tu mente mar de pensamientos indescifrables. Esta es mi Odisea nácar marítimo que añoro, rodeo el mar de tu heterocromía, tintes jaspeados hallazgo de mi desventura. Marejadas son tus brazos kraken del naviero, amenaza de Teseo ¿quién se arriesga en tu océano? Te observo gélida, impasible y el dolor me asalta te observo navegando, son otros mares… no los míos.


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Escuela Nacional preparatoria No. 1 “Gabino Barreda” Gadi Asael Tah Flores

A algún etéreo anhelo, mi Eva ¡Ay! Caducas y eternas miradas sentidas. En ellas, candoroso añoro encomiables cariños. Roces remotos, cual estruendos portentosos, inúndanme de anhelo, mortal adanida. Nuestro empíreo futuro vislumbro etéreo, y nulas vehemencias roncas, cosechas sordas conservo. Grande pasión, que aunque huidiza y veleidosa, noble y ávida corre tras rosas de formas abundantes. Inenarrables esbozos como inevocables risas, fisuras celestes sugieren: horas coquetas y días joviales… Sin letras para Ella, ni en mente un semblante, inmerso en vil engaño cual susurro interminable. Con abnegada convicción espero párvulo, que de pululantes labios corintos, presto alguno sea lo que con puro y manso desvelo, deseo tanto: influjo eterno de manantial y lucidez fecunda... tersa, que del cuarto menguante al plenilunio, mi alma colme vasto... ...Al fin, y el fin, cuando la encuentro. Le sigo y sosegadas ya las fauces de mi alma, véole y respiro con estremecidos latidos. ¡Clamor se oye en la sima! ¡Braman mares, versos trinan! — “¡Musa!,”— le digo (o imagínome decir) —“permítete conocerme. Que indubitable estoy ahora: si pupilos tus ojos me siguen, jamás ahora serán errantes y tus anhelos, orfebrería exorbitante, excelsos cuidados tendrán, a fuer de príncipes rasos, que por sinuosos caminos sus pasos acortaron.


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Yo, con ambicioso esmero y tu consentimiento alcanzado, elíxir vivo seré discreto ¡y con qué carisma y cándidas flores!, ¡cadenciosos cariños e incansables delirios!, garboso ímpetu y rítmica quimba, ¡con vivas luces repletaré tu vida! ¡Ay! ¡Mujer completa, amada Musa!” Ella, inusitadamente me mira: abismales auroras, consienten mis guiños, responden factibles mociones novicias; con juegos falsos, decisiones furtivas reveladoras esperamos. Sólo un par de instantes, y, retóricos ante mis indicios fugaces con alas, se marchan dulces fulgores… …Onírica efímera, sincera se fue. Silencio penoso me grita dolores; trasciendo humos verdugos de ausencia, con ahora castigos––suspiros respiraré. Anhelos obtusos detienen su andar, por seguir tantos azores abatidos descansan. Habíase ido ningún fulgor nunca, pues jamás alguno fue unívoco de serendípica Musa. Sollozan versadas1 lutosas pasiones: esperpento sublime; Belial y la Vid. Terribles huestes verbales describo ¡benditas estas palabras!, pues por inmundas y despiadadas mi corazón yace sereno. Oscuras versiones mías adentro subsisten, peores aún, mis ojos umbríos. Si ventanas del alma, pupilas perdidas, averno en sigilo habita en mi alma. Llano desierto con fulgor sofoca presiento. Oasis distante, improbable y risueño; nébulas gotas de alivio con fe prosiento2… …De ser hoy los años en los que incauto me atrapen esos encantos y pueriles cantos, como áurea olla adafina el Sabbat resguardaré, cual morada con recelo empedernida.


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Morada para cual Musa ha sido construida, cuyo retrato nítido será conocido; hermosos trazos, cincel de oro. Acogedora fogata abrace a mi adorada Alteza; rosa flamante. Maná y siembra de fértil amor, candor meduloso. Un espíritu Ella y yo; sombras en el ocaso, lienzo febril. Por siempre, volamos lejos, azores blancos...

Versadas: del concepto “verso” expresado como verbo en participio.

1

Prosiento: neologismo relacionado con el lenguaje y los conceptos expresados en prosa,

2

con la imperfección y falta de métrica.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 2 “Erasmo Castellanos Quinto” Ingrid Solís Martínez

Benditos malditos* Benditas sean las morenas calentonas, que se bajan las bragas con cualquiera las mujeres que aspiran a tetonas que te darían un beso, aunque no quiera. Malditos los que te siguen a la esquina los que se creen gallitos de taberna, aquellos que ven a su presa en la cantina los cabrones que presumen la entrepierna. Benditos sean los viernes de salida, Las mujeres de los labios rojos Aquellas que disfrutan de su vida, Y las que embalsaman los despojos. Malditos los que acosan en el metro Los que violan y torturan a sus víctimas Los que usan su miembro como cetro Que con el corrompes y además lastimas. Benditas Lorena, Luisa, Leticia María, Ana, Violeta, Andrea, Lola, Rocío, Luisa, Elvia, Patricia Paula, Yolanda, Daniela, Fabiola. Que salieron sin saber que no volverían Por haberse resistido o por haber bebido Que no supieron que por una falda las castigarían Que no valió la pena haber corrido. Maldita sea el alma desalmada *Segundo lugar en la fase final del concurso de poesía


74 De aquel que no le importa la edad Que sin más te dejan violada o asesinada Qué parece que ya no queda humanidad. Benditos todos porque somos más los buenos, Los que quieren ser libres y no valientes Aquellas que huyeron y son sobrevivientes Benditos los que gritan, ni una menos.

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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 3 “Justo Sierra” Salvador Israel López Albino

El silencio del lobo ¿Por qué seguir pensando que tengo una oportunidad? Ya cientos de noches me lo dijeron. Me queda claro que eres el amor de mi vida, pero no en ésta, en ésta ni un ramillete de versos lo cumplieron. El brillo de mil estrellas escondiéndose en tu sonrisa, iluminando el páramo de aquél que en verdad amas. Daría todo para que aquel páramo fuese el mío, más en mi vista toda la noche tiene un toque muy sombrío. Lo único que queda: un lobo herido por la jauría; otro espécimen para el que su amor es parecido al de la bestia con la luna. Y vuelvo cada vez a la cumbre para escribirte, recitando en versos tal como el lobo grita lo que siente. La vida me ha enseñado a nunca más rendirme, más por el bien de ambos, es mejor el despedirse. Saltan lágrimas sobre las mejillas al componer para tu ausencia; letra tras letra, la bestia herida entre quejidos pide algo de clemencia, lágrima tras lágrima, cada verso anhela, aunque sea por segundos, tu presencia. Dibujaste con besos el contorno de tus labios en mi corazón, fue un trazo débil, pero tan sincero para no borrarlo. Pasó una sola vez: solo una vez nuestras bocas entraron en contacto, solo una vez, el lobo pudo susurrarle al oído de la luna un “te amo”. Jugué con cupido al ajedrez apostando el amor, increíblemente conseguí vencerle. Dijo que fue justo, que haría lo posible para poder tenerte. Con firmeza le dije que renunciaba a ello; si yo no soy quien acelera tu miocardio, no puedo merecerte. El lobo por eso calla en los días y grita en las noches. Yo te observo en los días para escribirte lo que siento, lo que sabes. El lobo sabe que el sol, aunque sea con su luz, abraza la luna, la reconforta; sé que él es tu sol, mientras yo solamente soy el lobo; él puede tocarte, yo, solo sentirte al cerrar los ojos. La luna sigue feliz, aunque una parte esté fría; tal vez sea el recuerdo que le guarda al triste lobo.


76 Tú sonríes, pero el iris de tus ojos ya no brilla; me extrañas y te extraño, pero nos mata haber callado. La distancia es mucha porque así lo has pedido; no sé si fue tu decisión, pero el grito y el brillo parece que se ha perdido. De un aullido se desvaneció la voz en un fino hilo, demasiado para cortarse por el recuerdo, para perderse en el olvido. Y el lobo vuelve a quedarse intrigado. Los versos del escritor fueron marchitando, los besos suaves que aquel poeta le brindó quedaron plasmados en letras, que simplemente ella olvidó. Vaga sólo, el lobo herido se apartó de la manada, busca mil páramos para apreciar a quien amaba, a quien ama. De igual forma por nuestros recuerdos vago, me da igual si es destructivo; no busco un lugar, yo lo tengo justo dentro de mi habitación, donde entre aullidos nos desayunábamos y cenábamos en mi cama: lugar que más de mil brillos de luna, entre gemidos, contempló.

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Escuela Nacional Preparatoria No. 4 “Vidal Castañeda y Nájera” Areli Jaqueline Flores Lorenzo

Tiempo inerte* Soy efebo, y tuya, juventud. ¡No huyas albor de la vida! No me arribes, senectud. No es hoy, no eres mi salida.

Felicidad, sé cómo la acacia; Mundo, necesito ya cambiarte. Por ínfimo con mi poesía, ¡Esto no es fantasía!

Época, no hagas cronología; Tiempo, no labres la historia; Óbito, no entres a mi madre; Decaído no estés, padre.

¡Míralo! ¡Todo podremos! Regalo sobre todo seremos. Tal vez mañana morirás, al Universo no importarás.

Mundo, te ves admirable; era, eres inalterable; Pies, afuera pisen orbes; Profundo interés inefable.

Reduce tu codicia, haz llamar vida, y ama a tus días, siendo bella existencia.

Muerte, date un atraso; Un segundo es escaso, lo ocaso se siente tósigo, pulso, ¿ya somos amigos?

Soy efebo, no tuya, juventud. Hay días con gratitud. Las palabras me dan vida, Y los poemas son mi salida.

Existencia, dame tu caridad; Alegría, ¡Hallaré felicidad! El vahído ya he sentido, mi hermano aún está perdido.

¡En este momento estoy viviendo! ¡Y asimismo estoy muriendo! Vida, ¿sientes mis segundos? Muerte, ve, cada vez son menos….

Vida, dejaré que avances, abrázame si lo haces, con sensatez no me ates, estupidez, no uses jóvenes. Ya no afecten, errores; mozo, no tengas quebrantes, ¡Extingamos la primacía! Muéstrame dicha en tu semblante. Tercer lugar en la fase final del concurso de poesía

*


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 5 “José Vasconcelos” María Fernanda Cabello Amador

Suspiro mexicano México, palabra pequeña, sólo seis letras. Colores, sabores, picor en la lengua, una fiesta en la boca. Ojos de abuela, ojos que lo han visto todo... Manos obreras, manchadas y desgastadas, plumas de paisajes calientes. Estruendoso sonido del zapato y del vuelo de una falda. Un himno íntimo que resuena en mis oídos. Raíz, sangre y piel dorada. Olvidadas lenguas, mar enamorado, concha encajada en arena. Duele el hueco de una ausencia. Aquél que partió con esperanzas y una maleta. Pasos de arena ardiente que quizá nunca vuelvan. Pequeño estruendo en la tierra. Chasquido terrible que toda quiebra. Puño cerrado y un latido encontrado...


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 5 “José Vasconcelos” Aura Reyna Macías

Verde Olvido Déjame verte y desatar mi locura, memorizar el ritmo de tus ojos, inhalar el amargo sonido de tus palabras en mi lengua. Déjame llorar uno de tus suspiros, uno de tus lamentos, empañar el reflejo de tu aliento. Déjame encontrarte en un chaleco colgado, en unos zapatos gastados, en un arete extraviado. Déjame contar tus lunares, formar constelaciones. Escuchar tus ocres salvaciones... Déjame soñarte mientras me escribías, respirar entre tus brazos. Recorrer tu cuello con mi nariz. Déjame ser tu rostro desconocido, el contorno cálido y plateado de tus ojos. Tu perfume primavera. Déjame contar mis latidos, llorar desconsolada, quedarme sin nada. Déjame recorrer mi cara con tus manos, amarme un poquito con tu corazón. Observándote, sola, desde lo lejos, sola, desde dentro, desde un lugar donde nunca estaremos.


80 DÊjame desmoronada por las rupturas que tuvimos, En mi mente, junto a los besos que nunca nos dimos‌

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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 5 “José Vasconcelos” Lushyana Allexa Luyen Díaz

Gradualmente extinguiéndote Hay alguien ahí adentro negro blanco negro rojo pero no sé quién es negro, negro rojo rojo. No entiendo de nombres ni de personas blanco azul negro negro tampoco de palabras. Leo “nuestro más sentido pésame” pero no comprendo. Parece que a nadie le importa cumplir la regla predilecta incluyéndome rojo rojo rojo. Respiro respiro o eso creo porque con cada inhalación el aire es denso. Puedo sentir las partículas de moléculas que pesadamente entran en mí ROJO ROJO ROJO. Pesada, así me siento. Parece que cada molécula se queda adentro albergando peso en mis pies en mis manos y boca que no se mueven al igual que los de ella negro dorado negro dorado. Respiro y no sólo moléculas las que aspiro respiro y me llega un olor conocido un aroma que ya he olido y está grabado en mi memoria algo que me trae tristes recuerdos morado gris gris gris. Guiada por ese olor


82 hace volver mi pupila a donde ella se encuentra y vislumbro lo que buscaba la fuente del aroma son crisantemos rosas, lilis blancas que “decoran” la habitación verde verde olivo verde verde. No sé quién está allí adentro pero creo que yo le solía llamar “tía”.

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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 6 “Antonio Caso” Susana Sala Medina

Mi larga huida Voy, corro, sin mirar atrás, huyó, como siempre hago, evitó el problema, a pesar y no llevarme a ningún lado. Y aunque sé la razón de mi huida, vivo ante la interrogante, ¿quién pensó que así sucedería? El pensar termina extenuante. Pienso en parar mi regresar, las piernas ya no son mías, así que corro sin parar. Recuerdo lo que he hecho, busco el cómo y el por qué. ¿Acaso fue por despecho? ¿Acaso hay algo que no sé? Regreso en mí, me percato de haberme detenido, el sonido de mis pies desaparece, me tranquilizo y pienso, “he huido”. Escucho mi respiración agitada y las lágrimas caen por mi cara. La vela ya está apagada. Desconozco por qué sollozo, Mas detenerlo no puedo, y las penas forman un pozo, con cada gota que yo cedo. Y empiezo acorrer nuevamente,


84 con el llanto que nubla mis ojos. Vuelvo a ser importante. La agonía oprime mi pecho, con un dolor que mi mente crea; y no puedo escapar de su acecho, aunque suplico que así sea. Corro y tropiezo con una raíz, me raspo brazos y piernas. La lluvia cesa, las lágrimas dentro de mí se secan. Me levanto ciertamente adolorida, aparece una puerta detrás mía, doy la vuelta y decido arribarla. Encuentro nada más un espejo, alumbrado con luz de luna; en él está mi reflejo y no veo afinidad alguna. Al sentarme frente a él, reflexiono, mis acciones al fin me gestiono, suspiro, quiero nada perdono. El brillo celeste se esconde, me quedo en una habitación oscura, vacía, mi mente no responde, estoy en un cuerpo muerto sin alma. No hay nada.

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Escuela Nacional Preparatoria N ° 7 “Ezequiel A. Chávez Itzel Reyes Flores

Polvo de luz Polvo de luces el tiempo en que traspasa la ventana con un rayo solar, polvo de luz el que se poseen los objetos como una película antigua.

Las palabras escritas en un libro, líneas de luz, las que se encienden y se apagan como luciérnagas.

Luz que traspasa la memoria y hace recordar las primeras palabras pronunciadas, las que son espejos de uno mismo o y son raíz escondida.

Las palabras evocadas de lo vivido, trazos de la memoria que construyen el que soy, el que nombra.

Las palabras muertas las que se olvidan y no sobreviven, las vacías que flotan y siempre se repiten como si nada. Las palabras que esperan ser pronunciadas para ser liberadas, las definitivas se dicen y no se olvidan. Las últimas palabras las que cierran los labios para siempre las que no se quieren pronunciar porque duelen.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria N ° 7 “Ezequiel A. Chávez Diego Jesús Lima Sánchez

Tormenta sonora El luminoso día cae y la noche resurge con la luna callada, viento que recorre las calles de esta ciudad dormida… Silencio que se rompe con un trueno de luz, gotas que se desvanecen, que el viento golpea sobre el asfalto negro. Al iniciar la lluvia un rayo profundo se expande, una herida sonora se abre por los edificios de ventanas cerradas, un ritmo raro de percibir llega. Noche luminosa en la ciudad en sonoras notas que vibran en la memoria, sobre la barda, la sombra de un gato atraviesa la luna y se oculta: es el recuerdo de un sueño que evoco. Después de la lluvia la nostalgia y el perfume de los parques, la dulce tristeza de los árboles y sus hojas: notas cargadas de agua… quedan plasmadas en mi ser para siempre.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 8 “Miguel E. Schulz” Diego Regalado Martínez

Huerto de tus besos* I ¡Qué bien saben las penas del pasado al cosechar un beso del presente! ¡Que se vuelvan mis versos el arado y el desconsuelo el pan que me alimente! Que beba de mi sangre lo sagrado, hasta la última gota de mi fuente, y así crezcan de la tierra baldía tus deliciosos labios de sandía. II Mis lágrimas al campo le procuro para ser rocío del seco prado. Mi alma se inmola para estar caliente y evitar las escarchas del futuro. ¡Qué bien saben las penas del pasado al cosechar un beso del presente! III Yo soy de los incendios jardinero, planto ascuas con mi pecho calcinado y abono brasas con ceniza ardiente: ¡Porque es de fuego el hambre con que muero! ¡que se vuelvan mis versos el arado y el desconsuelo el pan que me alimente! IV Un río de sangre hirviendo del infierno —como el que Dante habría vislumbrado—, Primer lugar en la fase final del concurso de poesía *

es el amor; y mis venas, su afluente Inundando al huerto. Antes del invierno que beba de mi sangre lo sagrado, hasta la última gota de mi fuente. V Por ti comenzaría un cataclismo, ¡al carajo el jardín y el paraíso! Bajaría del cielo hasta el abismo tomando la ambrosía sin permiso; que encadenado sufra el paroxismo —cual Prometeo hizo de improviso—; Y así crezcan de la tierra baldía tus deliciosos labios de sandía.


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Escuela Nacional Preparatoria No. 8 “Miguel E. Schulz” Itzel Guadalupe Ocaña González

Diluvio de alacranes, emboscada de ángeles negros Si de poesía me alimento, oh, mi gran diosa sin aliento, encarna en mí la miserable nota muerta, que tu ángel estremezca en mí su silueta. Ángel mórbido de paraísos negros, sacia con tu ejército ¿¡Su sangre!?, ¡Sangre de alacranes tiernos! Que ayer, alimentando al frío invierno de estruendosos diluvios entraban y salían, subían y bajaban, por tus terciopelos sueltos… A mis ojos tus negras siluetas de porcelana, y en otoños ciegos, una espada infectada, primitivos sastres de piel tallada, y en invierno diluvios, una pequeña cara extasiada. Despampanantes criaturas de paraísos llanos, que retumban en la brisa de mis desairados deseos, en un antes y después de alimentar mis desmesurados sueños, ¡Para dar luz a la poesía, que diese vida a nuestro encuentro! Oh, mi general de agujeros negros, absorbes notas y vidas, que te protegieron, ¡En la comisura de mis labios, cuando los suelos abrieron! Si, de poesía me alimento, oh, mi gran diosa sin aliento, entrégame a tu ángel, aquel de corazón muerto, que yo me encargaré de propinar diluvios de alacranes negros, para besar su sien entre miles de bandidos sueltos.


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Solo entonces, a plena luz del día, una vez que un frío fuego sus ojos esclarecía, tragando truenos bajo pesada agonía, ¿¡Quedose el ángel con lo que a sus dedos toca!?

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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 9 “Pedro de Alba” Jorge Antonio Mejía Rivera

Límites Despierta el mundo pariendo luces, se ilumina el ser y el día comienza, nubes que pasan blancas sobre el suelo pintan las sombras sobre la tierra recordándole que la claridad no es eterna y que la noche tampoco es un destino. Los hombres despiertan y observan el mundo como si fuera la primera vez que abrieran los ojos. Sus voces cantan a la vida nueva. En algún lugar de mi pensamiento escucho una voz. Hablo, balbuceo como si desconociera el lenguaje. Hablo solo, no vocifero, grito, no grito, canto, no canto, estoy amando. Monólogo del solitario espejo, reflejo presente de vida y muerte. Nacer y morir, actos cotidianos, mejor el amante que está jugando a hacer al amor infinitamente. Antes de la eternidad se halla Aquiles. Corre sin razón y al correr avanza, descubre el mundo, se descubre solo. La tortuga inalcanzable, eterna, avanza estando quieta. No sabemos si existe la tortuga o la salida, pero Aquiles se mueve y es presencia. Crea el mundo con su movimiento. Nace la luz dentro de su ojo y sólo corriendo ha formado otro día nuestro.


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III. Ensayemos

Sandoval. T. (2019). Esperanza Girl.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 1 “Gabino Barreda” Natalia Jimena Zárate Gutiérrez

Transgresión hacía lo oscuro*

¿

Qué es la metamorfosis? Para Inés Arredondo, escritora sinaloense, perteneciente a la “Generación del Medio Siglo”, es una evolución de criterio, un cambio en la manera de pensar y de sentir. Sin embargo, esta transformación no sólo se manifiesta en las historias o en los personajes que nos presenta, sino también en sus lectores. La transgresión en las historias desencadena un final oscuro, permeado de locura, un desfase entre la postura inicial y final del personaje. Dicho de otro modo, los actores de la narrativa se encuentran volátiles ante las situaciones que les rodean. Siendo así orugas que cambian a mariposas, pero no dejan el hábito de arrastrarse. Por ejemplo, el personaje principal de “Apunte gótico” muestra el salto de un pensamiento impoluto a un oscuro y abismal criterio. Ella, encontrándose en una atmósfera tan incólume como cálida y erótica, nos demuestra con su mirada el deseo que tiene hacia la relación incestuosa y prohibida; en este tenor, la autora nos presenta elementos, símbolos detonadores, como las velas (representaciones del vivo ejemplo de la pasión) que, al iluminar el brazo abierto de su progenitor, nos devela el callado anhelo de una estrecha cercanía a él; en este caso, ella acepta lo placentero y el disfrute de aquel instante erótico. Al mismo tiempo, destaquemos el papel de las miradas, punto vital en las narraciones, debido a que ellas guían las metamorfosis de los personajes. El juego de miradas alimenta a la protagonista en un peculiar objetivo: pese a que su padre es un cadáver, ella lo desea y observa cómo él siente lo mismo. Al mismo tiempo, insinúa que su madre está muerta, esto se debe a que está en una habitación lejana, ignorando la existencia de ambos. A pesar de lo mal visto que encuentra su relación, la protagonista sigue embebida en su nicho de erotismo. ¿Qué es lo que ocasiona la metamorfosis? La entrada de un tercer personaje a la escena deja atrás el hermetismo e invade el cuerpo del ser amado: Adelina, la invasora, la roedora, descrita con abstracciones, pues no se alcanza a distinguir entre su calidad de humano y su parecido a una rata. Dientes grandes y afilados, uñas sucias, así como atributos contrarios a la pulcritud de la anterior escena, rompen el pensamiento de la chica, creando un nuevo paradigma y dando pie a una abrupta transgresión. Ahora lo que era blancura, pureza y ensoñación se ve impúdicamente manchada y mancillada por la aparición del asqueroso roedor y ella, la enamorada, sólo es capaz de observar el quiebre de la belleza pasional. Entonces, la hija del cadáver ahora con una rata en el cuello, acurrucada y reclamando su propiedad, concluye su metamorfosis quedando al descubierto y dándole la cara a la verdad. Sus acciones siempre habían sido oscuras y ahora puede mirarlas y asumirse


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como ellas, adquiriendo su nueva identidad con lo oscuro, con un apunte gótico. Ahora bien, el cuento “En la sombra” nos permite estudiar una transgresión acumulativa, pues mientras más pasa el tiempo, la protagonista de este cuento cobra conciencia del engaño, de la infidelidad de su esposo. La falta de miradas, la falta de diálogo, las horas de ausencia del marido comienzan a tener una interrelación con los sentimientos de inseguridad y desconocimiento que crecen en el interior de nuestro personaje. Desdeñada, empequeñecida, malquerida, huye a un parque antes del atardecer para buscar una sensación que llene su ahondado vacío. Y es así como encuentra las miradas provenientes de tres pepenadores, quienes le hacen sentir sus deseos carnales de una manera grotesca y perversa. Sin embargo, su desasosiego, su moral y todas sus inseguridades pasaron a un plano oscuro lleno de malicia y deseo. La protagonista se va degradando, del blanco olvido al negro reconocimiento. Se ve sometida por sus pasiones frustradas y confirma su identidad como mujer al recibir las miradas lascivas de los vagabundos. Acepta su destino y su metamorfosis en lo más oscuro y erótico del ser humano. A modo de conclusión, tenemos que las metamorfosis de los personajes de los cuentos se resumen en un panorama que va decayendo ante las situaciones del entorno. Entre las abstracciones se deja ver la razón por la cual los personajes se transforman en lo más abyecto de su personalidad. En los ejemplos analizados, la soledad, el desamor, la ignominia, el deseo, la frustración, entre otros motivos, son las variables que en conjunto orillan al personaje principal a que desemboque en una locura y perversidad, temáticas inherentes a la narrativa de Inés Arredondo. El ser humano, víctima de diversos factores que se encuentran fuera de su control tiende a caer en una transgresión, la cual da origen a un ser indiscutiblemente distinto y del cual nos preguntamos: ¿Qué cualidades conserva de su humanidad? Arredondo, I. (2011). Cuentos completos. Pról. Beatriz Espejo. México: FCE.

Segundo lugar en la fase final del concurso de ensayo

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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 2 “Erasmo Castellanos Quinto” Alejandro Reséndiz Vázquez

Las mariposas de Arredondo. La metamorfosis de sus personajes*

I

nés Arredondo en sus múltiples obras recurre a temáticas similares entre sí, principalmente a la metamorfosis de los personajes o la locura que ellos desarrollan. Esto es evidente en cada una de sus obras, fusionándolas con otros tópicos como el incesto, lo prohibido e inclusive ha llegado a incorporar referencias bíblicas o mitos ancestrales. Sin embargo, en este ensayo me centraré en seis de sus cuentos: “El membrillo”, “La señal”, “Canción de cuna”, “Mariposas nocturnas”, “En la sombra” y “Apunte gótico”. Inicialmente, pareciera que las obras no estuvieran relacionadas entre sí, pero existe algo más íntimo entre los cuentos, sus títulos y la escritora misma. Comencemos señalando lo evidente: los títulos; la mayoría de ellos pareciera que carecen de sentido, sin embargo, su elección fue más que estudiada a detalle. Títulos como “En la sombra”, “Mariposas nocturnas” o “Apunte gótico” comparten una característica llamativa, todos se relacionan con lo lúgubre, con la oscuridad y lo prohibido; temáticas también contenidas en las demás obras. “El membrillo”, por ejemplo, hace referencia a lo prohibido, a aquello que permanece oculto, muy similar a la trama de “La señal”, donde, además de la recurrencia a la vergüenza y las referencias bíblicas que mantiene de forma subjetiva, trata a los sucesos como prohibidos. En “Canción de cuna”, a pesar de carecer de una representación de lo lúgubre o prohibida, tanto en el título como en la mayor parte de la historia, mantiene un ambiente algo siniestro y confuso. Ahora bien, hablemos de otro elemento clave que no sólo caracteriza a las obras de Arredondo, que se presenta en las tramas y son fundamentales en sus historias: la metamorfosis, principalmente de los personajes protagonistas femeninos. Esta metamorfosis va muy arraigada al erotismo y la sexualidad, tópicos recurrentes en los cuentos, que, para la época en que fueron escritos, eran temas prohibidos, incluso más para las mujeres, y esta situación discriminatoria está muy presente en los personajes femeninos de las obras. En el caso de “El membrillo”, donde se presenta la historia de Elisa y el sufrimiento por no ser una “mujer” como Laura, la metamorfosis está más que presente. Elisa al inicio del relato es una niña, virgen y llena de inocencia; es todo lo contrario a lo que representa el personaje de Laura: una mujer adulta, sensual y valiente, ante todo. Esta personalidad llama la atención de Miguel, el novio de Elisa, quien es seducido por la misma Laura. Esta situación destroza a Elisa por completo, haciéndola romper en llanto en dos ocasiones, y es esto, el sentimiento de pérdida


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e impotencia, lo que lleva a la transformación de Elisa, quien, con el fin de recuperar a Miguel, decide perder su inocencia, para dejar atrás a la niña y convertirse en la mujer que satisface a su novio, buscando sólo la felicidad y aprobación de Miguel por sobre ella misma. La temática es muy similar a la cinta cinematográfica protagonizada por Natalie Portman, El cisne negro, donde la protagonista, de igual forma, se enfoca en la transición de niña a mujer. Por su parte, en “La señal”, también se presenta la metamorfosis, en este caso, de Pedro, quien tras ser avergonzado por el obrero que le besa los pies, lo cual podría hacer referencia a una relación homosexual, rompe en llanto por el asco que siente por sí mismo. Su cambio va de la mano con la locura, ya que nuestro protagonista, tras las acciones del obrero, se cuestiona múltiples veces por qué él debía ser a quien le besaran los pies, por qué alguien se humillaría tanto sólo por él, pensamientos que lo llevan a la demencia. Otro factor presente en la obra son las referencias bíblicas: la mención de las tres de la tarde que hace alusión a la hora de la muerte de Cristo o la mención al Jueves Santo son algunas de ellas. En “Canción de cuna” el tema de la metamorfosis está más que presente, ya que el renacer de la protagonista a través de su mismo parto imaginario es en sí la metamorfosis. Ella decide imaginarse un embarazo para poder ser reconocida nuevamente por sus hijos, y finalmente, para reconocerse a sí misma. La metamorfosis presente en el cuento “En la sombra” es el vivido por la esposa, quien en su afán por recuperar el amor de su marido, decide vengarse y le da un poco de su “misma medicina”, engañándole con los indigentes. De nuevo se puede señalar la necesidad de reconocimiento por encima de la dignidad de los personajes. “Apunte gótico” es quizás el más siniestro de todas las obras, ya que toca la temática del incesto. Por medio de metáforas y sinónimos, nos narra la relación incestuosa entre un padre y su hija, una historia contada entre líneas. Pero el tópico no es nuevo para la autora, ya que lo trata en otro de sus cuentos, “Estío”, donde de la misma forma nos habla de la locura de sus personajes y el cambio tan drástico que tienen antes y después de aquel acto prohibido. Como es de esperarse, en “Mariposas nocturnas”, la metamorfosis se encuentra arraigada a la trama y al mismo título. Por medio de una metáfora, se toma a las adolescentes vírgenes como las mariposas, ya que, como nos muestra Lía, llegan siendo jóvenes e inocentes, y, van perdiendo su dignidad, se someten ante Don Hernán, quien las convierte en mujeres cultas, brillantes y ejemplares, quienes buscan su aprobación y se entregan con tal de hacerlo feliz. Es curioso que, en los cuentos antes mencionados, estén siempre presentes la metamorfosis, la locura, la necesidad de aprobación de una figura masculina y la pérdida de su dignidad y de su mismo ser. Finalmente, se sabe que Inés Arredondo disfrutaba integrar en sus obras lo lúgubre y lo prohibido de su época, asimismo, brindaba una voz a aquellos sectores marginados


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de su tiempo como la mujer, el obrero o los homosexuales, sobretodo en “Canción de cuna”, “La señal” y en “Mariposas nocturnas”, respectivamente. Pero hay dos cuestiones que me intrigan. La primera, ¿por qué esa recurrencia al erotismo, a lo lúgubre y a lo prohibido como el incesto? ¿Acaso ella vivió situaciones similares en su vida? ¿Acaso sus obras son una forma de liberación para ella? Y, por último, ¿por qué hoy en día permanecen marginados los mismos individuos? Pues es evidente que tanto la mujer, el obrero y los homosexuales siguen viviendo oprimidos. Es indiscutible que, sea cual sea tu opinión sobre la autora y sus obras, ella ha otorgado al público en general una serie de historias que pueden llegar a ser lúgubres y siniestras, pero no son más que representaciones de la sociedad, y así como sus personajes y tramas se transforman, nosotros también nos transformamos. Arredondo, I. (2011) Obras completas. México. FCE.

*Tercer lugar en la fase final del concurso de ensayo


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 2 “Erasmo Castellanos Quinto” Salvador García Domínguez

Todos cambiamos

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a vida no es fija. No es estática ni se queda ahí. Es cambiante. Desde filósofos griegos, como Heráclito, hasta escritoras como Inés Arredondo, retoman esta cuestión. Enfoquemos esto en los cuentos de la escritora mexicana, ganadora del Premio Xavier Villaurrutia. Ahí, se presentan personajes que gracias a hechos, tanto comunes como inesperados, su vida es transformada. Y es que, a quién no le ha cambiado la vida a partir de algo que vive, que siente, que sufre, que goza. Inés logra mostrar ese “algo” que pasa a través de sus personajes. A continuación, se analizará a los personajes que viven una metamorfosis, en los cuentos “El membrillo”, “La señal”, “Mariposas negras” y “En la sombra”. Nuestra vida es una constante metamorfosis, que provoca cambios en nuestra manera de sentir, percibir y actuar, pero no nos damos cuenta de ello hasta que identificamos y admitimos ese sentir, ese cambio, a través de un hecho que pude ser considerado común o inesperado. Esto es posible afirmarlo con lo que presentaré a continuación. Primero, el caso de Elisa en “El membrillo”. Elisa es una joven ingenua, tímida, retraída y que piensa como una niña. Ella vive una metamorfosis a raíz de los coqueteos de su amiga Laura a su novio, Miguel. Estos coqueteos ocurren cada vez que Laura pasa un rato con Miguel: cuando lo mira en la cena, cuando le pide un cigarro, o cuando le ofrece un membrillo. Cuando Elisa percibe esas acciones, empieza a dejar de comportarse y pensar como una niña, para ser más segura de sí misma y atreverse a ser abierta y alegre con Miguel, en la última parte del cuento, ella hace a un lado a Laura y se pone a bailar con Miguel. Su metamorfosis fue de ser “una niña” a ya ser una mujer que toma, desde un punto de vista maduro, decisiones. Ahora, el caso de Pedro en “La señal”. Cuando llega, se muestra como un hombre derrotado, sin fe ni esperanza de vivir, agobiado, hundido. Sin embargo, sale de ahí reobrando su fe, con cierta esperanza; y todo gracias a una corta, pero impactante metamorfosis. Ocurre en el momento en el que el obrero le besa los pies. Ahí, siente primero vergüenza al desnudarse, aunque sea sus pies. Luego siente asco durante el beso. Al final, siente una especie de alivio, de redención, de esperanza, ya que siente que las penas que tenía ocultas fueron mostradas y redimidas con ese obrero, al mostrarse como es y enfrentarse. De ser alguien con poca esperanza se convirtió en una persona renovada y con ilusión de vivir. Después, el caso de Lía en “Mariposas Nocturnas”. Lía (cuyo nombre real es Raquel) llega a casa de Don Hernán como una chica inmadura, con poco conocimiento intelectual y de la vida, y en cierto modo sumisa, al ser accesible con las órdenes de Don Hernán, pero caprichosa a la vez. Su metamorfosis ocurre cuando viaja y se le concede


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ver y visitar museos, galerías, obras teatrales, etc. Todo esto durante dos años. Sin darse cuenta adquirió toda una serie de conocimientos, con los cuales decide enfrentarse a Don Hernán. Se convierte en una mujer que se siente empoderada y que no debe de vivir sumisa, “esclava” ante cualquier hombre. Ella vive ese proceso y se da cuenta dos años después. Y, por último, el caso de la protagonista de “En la sombra”. Ella sufre una metamorfosis con respecto a su percepción y sentir sobre el amor. Busca ser amada por su esposo, ya que éste le es infiel al ser considerada “fea”. Ese cambio lo vive cuando llega a sentir atracción por los tres hombres en el parque, que se refleja ya como una necesidad que como algo que pueda nacer y desarrollarse, como lo es el amor. Esta mujer deja de ver al amor en una persona y como un sentimiento que nace y se desarrolla, a ver el amor como algo simple y como una necesidad, y no sólo en una persona. Tal vez, pensarás en que la metamorfosis no está presente como tal en toda nuestra vida, sino que sólo ocurre una vez o cuando vamos creciendo físicamente. Pero piensa en qué cambios has vivido y cómo te diste cuenta, es decir, qué hecho marcó esa transformación. Y pregunta a tus conocidos, verás que ellos también han vivido una metamorfosis. No importa como sea el hecho, inesperado como el de Pedro, o hasta común como el de Elisa, lo que importa es que se da esa metamorfosis. En conclusión, nuestra vida está plagada de cambios, vivimos en una constante metamorfosis. Inés Arredondo hace muestra con sus personajes en cada uno de sus cuentos. No son ajenos a nuestra realidad. Por más inesperado que sea el hecho, nos identificamos con el personaje, con lo que vive. Y es que imaginamos por un minuto cómo sería la vida si fuera estática. En lo personal, pienso que sería monótona, estática, no sería vida. Solamente seríamos masas de carne con forma y movimiento, pero inermes. Con las metamorfosis cambiamos lo que está mal, lo que nos perjudica o a veces es al revés, pero siempre nos transformamos. Así pasa y así pasará mientras estemos vivos. Arredondo, I. (2011). Cuentos completos, México: FCE


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 2 “Erasmo Castellanos Quinto” Lizeth Citlali Valle Pacheco

Después de la tormenta viene el cambio. ¿Es el cambio la manera de sobrevivir a un mundo tan pacíficamente hostil? En un mundo rutinario como en el que vivimos, se nos presentan situaciones muchas veces no favorables. Andamos día con día en una monotonía casi imperceptible que no representa problema alguno porque nos hace sentir cómodos y eso está bien para nosotros. Pero, si por alguna situación, las cosas se complican o la comodidad se altera, la única manera de avanzar y salir de ese problema es cambiando, como personas, actitudes o maneras de actuar. Entonces, el cambio se vuelve la manera de sobrevivir a problemas, incluso, tan cotidianos. Y eso es lo que Inés Arredondo nos demuestra a través de las historias en cada uno de sus cuentos. Por ejemplo, en “La Señal” donde se nos presenta un personaje protagonista, Pedro, con un sentimiento de vacío y frío que ni el calor mortal descrito al inicio del texto es capaz de apaciguar; un frío que no es causado por el exterior, sino que es emanado desde lo más interno de él, de su ser. Es entonces cuando entra a la catedral con ganas de creer, como las personas que van recurrentemente ahí, aunque a final de cuentas con el único propósito de sentir un poco de la frescura del interior. Y una vez en la catedral, cuando el obrero se le acerca y cuestiona sobre poder besar sus pies, no una, sino dos veces, Pedro comienza a sentir vergüenza, a no poder creerlo, a querer decir que no, el protagonista en serio no quiere desnudar sus pies, pero termina aceptando. Con los labios tibios del obrero sobre su pie algo cambia, la espiritualidad y el amor dejan a un lado la humillación y la vergüenza de ambos para dar paso a una conexión, una conexión necesaria. Ya que, al atardecer, cuando el acto ha terminado, y el protagonista sale de la catedral, el sol ha bajado, ya no es insoportable, al igual que el frío dentro de Pedro que ahora, por el momento, está olvidado, da paso a una manera diferente de ver las cosas y de verse a sí mismo, para después aceptarse y entender que, si a otro no le importó besar sus pies callosos, tampoco debería ser un problema para él. En “El Membrillo”, el personaje principal, Elisa, actúa como una niñita enamorada, inexperta, con tantos sentimientos, pero sin saber qué hacer con ellos; con una pareja sentimental que la hace sentir de esta manera, con ganas de ser alguien más, de no ser una niña, de no ser Elisa, sino de ser Laura, para poder así tener la atención de Miguel. ¿Y qué clase de amor te hace sentir así? Le toma un poco de tiempo, soledad, cuestionamientos y sobre todo llanto, darse


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cuenta de que en ella no hay nada malo, que cada quien es suficiente para alguien y si Miguel no puede verlo, está bien, aprende que va a estar bien en soledad, representa una oportunidad de conocerse a sí misma, la comprensión adquirida del amor y el significado de amar y ser amada es lo que la ayuda a decidir lo que quiere, la llena de confianza en sí misma y en su persona para poder afrontar los celos y demás sentimientos. Gracias a esto, cuando Laura provoca a Miguel invitándolo a morder el membrillo, Elisa reacciona, quitando a su hombre y demostrando que es ella a la que ama, está con ella, la eligió a ella a pesar de todo y van a estar juntos. Es, definitivamente, la manera en la que Elisa crece como persona, entendiendo que, si deja que sus sentimientos debilitadores la controlen, la única que sale perdiendo es ella, hundiéndose en su soledad. Y que el amor no es siempre lindo y todo color de rosa como solemos creer o nos hacen pensar. En un siguiente cuento, “Mariposas Nocturnas”, el personaje protagonista, la chica tímida, solitaria, seria y retraída del mundo que se desarrolla a su alrededor es abordada por un hombre con una propuesta bastante fuera de lo común; termina con Don Hernán, un hombre bastante rico, con dinero y posesiones que comienza a cumplir todos sus caprichos. Un nuevo nombre, Lía, representa la pérdida de su propia identidad para satisfacer a alguien más, un hombre, a cambio de viajes por toda Europa, de clases de francés, de montar a caballo, compras de las pinturas más caras, visitas larguísimas a los museos más famosos, un sinfín de cosas materiales que podían hacer feliz a cualquier mujer, pero no a Lía, no completamente. Porque a pesar de que eso era increíble y se divertía mucho, el sentimiento de soledad está siempre presente, siempre necesitando algo más, un contacto humano, más contacto que sólo Don Hernán adornando su cuerpo con joyas de su difunta madre para después admirarla, pero sin tocarla. La necesidad la lleva a querer abrazar a su “amo” y esto rompe la rutina llevada hasta ahora. Entonces Lía al no ser correspondida se va, deja en lo que se estaba convirtiendo: una mujer sumisa, ambiciosa, egocéntrica e interesada para regresar a lo que era, para recibir libertad y ser feliz, ahora más fuerte, más decidida que nunca y preparada para afrontar el mundo. En estos cuentos y algunos otros como “Canción de cuna” Y “En la sombra”, Inés Arredondo a través de temas predominantes y situaciones comunes a todos, nos lleva a descubrir que tanto para sus personajes como para nosotros, una de las maneras de sobrellevar nuestra vida es a través del cambio para transformar nuestra vida. Ya sea un cambio planeado y consciente u obligado por circunstancias propias de la vida, siempre representa una oportunidad de mejorar y de crecer, tanto individual como colectivamente. Aunque no es fácil tomar valor para salir de situaciones que por ejemplo no nos favorecen, tampoco es imposible, nunca lo es. Cambia la perspectiva y la manera de ver las cosas e incluso la soledad no suena tan mala cuando es verdaderamente necesaria. Arredondo, I. (2011). Cuentos completos de Inés Arredondo. México: FCE.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 3 “Justo Sierra” Angélica Romero Carlón

¿La cosificación de la mujer desencadena la locura?

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a perspectiva y la visión acerca de la mujer dentro del que hacer y su papel ante la sociedad impregna una gran presión social y moral donde incluso la propia familia desprende la mayor parte de éstas, a tal punto de creer que, si una no es capaz de asumir ciertas responsabilidades que comprende el ser una “mujer de verdad” lleva al camino de la locura (e incluso a la constitución de ésta). En la historia que nos narra dentro de “En la sombra”, la protagonista habla de cómo el deseo de su amado, la note (y que no logra ya que, éste sólo la mira como un ser servicial o incluso cosificando), esta idea la hace pasar noches de soliloquios que sólo desencadenan hacia un abismo de locura donde la necesidad de sentirse deseada la lleva a creer que el acoso de tres pepenadores sea correcto. Por otro lado, en “Canción de cuna”, la historia de una mujer mayor, narrada desde la perspectiva de su hija, que aunque ya sea viuda, logra quedar embarazada y esto la llena de sentido (y al parecer es su único “leitmotiv”), enfermiza y teniendo regresiones con su pasado, logra quedar en un estado catártico y su hija, al ser la responsable de cuidarla (marcando de nuevo el papel de la mujer) cae en la misma locura que su madre, donde sin importar mucho que ella haya vivido circunstancias distintas, la maternidad logra vincular ese desenfreno y aparentemente una mujer sólo entiende. Por último, está “Apunte gótico”, A pesar de tener una estructura corta, logra acertar en los escenarios el cómo una muchacha, en un cuarto oscuro, donde aparenta ser la habitación de su padre y una vela que es la única iluminación (mientras afuera llueve), él ha muerto, pero ella no logra notarlo, tal vez, porque tuvo encuentros con él que la dejaron traumada (de violencia física o sexual) y eso pesa en la visión qué tiene. Hilvanando los hechos de las 3 narraciones, podemos denotar el contexto en el que Inés Arredondo vivía, las crisis existenciales que probablemente le dejó el haber estudiado filosofía un tiempo, el haber perdido a su hijo (un golpe duro para una mujer) y el sentir la cosificación por parte de su primer marido, dándole así un gran golpe moral que la llevaron al sitio más oscuro qué fue el de la locura, propiciando el pensamiento suicida e incluso atentando contra su vida. El hecho de interpretar las narraciones con la cotidianeidad en la que vivimos no es tarea difícil, esto puede tomarse como una coyuntura para crear, en primera instancia una conciencia real, cómo afectan al semblante normas tóxicas o tradiciones qué adoctrinan al ser humano y los privan de la poca autonomía de la que gozan, llevándolos así a un desliz emocional, fragmentando la personalidad.


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Es deber y no sรณlo de unos cuantos erradicar estos actos de violencia, mirando las instituciones donde se reproducen, que atacan, desplazan y logran disolver la lucha de la emancipaciรณn de la mujer que da paso a la siguiente revoluciรณn.


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Escuela Nacional Preparatoria No. 4 “Vidal Castañeda y Nájera” Karla Davitza Zavala Velázquez

El rol femenino en la obra de Inés Arredondo

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l propósito del presente ensayo es evidenciar que la mujer juega un papel muy importante en la obra de Inés Arredondo y que ésta vive en una sociedad patriarcal. En este sentido pretendemos demostrar que la mujer que Arredondo nos muestra en su obra es insegura, tanto de su físico como de sus capacidades y que su vida gira en torno a la aprobación de la sociedad, la figura masculina y lo que éstas puedan ofrecer. Podemos comenzar diciendo qué Inés Arredondo nos muestra una mirada diferente a la vida de la mujer, ya que ésta se atreve a colocarlas como personajes principales en sus obras, además, indaga en la vida de las mismas. Sin embargo, no logra romper con los estereotipos de: ama de casa, buena esposa, persona sumisa que ha caracterizado a la mujer durante mucho tiempo. Un claro ejemplo podemos observarlo en su obra “En la sombra” en donde nos muestra la historia de una ama de casa y cómo ésta vive con las inseguridades que la persiguen, “su belleza radica en que él está a su lado… yo antes era bella” es una frase que la protagonista dice refiriéndose a su marido, lo que nos muestra que se siente insuficiente para él, lo que la hace sentir incompleta. Por otro lado, y con un giro en el contexto, tenemos su obra “El membrillo”, que nos presenta a una adolescente insegura de sí misma, ya que a lo largo de la historia podemos observar cómo se hace menos frente a otras mujeres, se cree insuficiente para un hombre, lo que nos lleva a reconocer una competencia entre mujeres. Pero la competencia, no es sólo por querer pasar por encima de las demás mujeres, sino porque es una constante lucha por obtener la figura masculina, por la mera atención de los hombres. Aunque lo que en realidad llama mucho la atención son los finales de estas dos obras, en donde aceptan lo que son, pero no de una manera en la que podamos decir qué hay una verdadera evolución en las personas, sino, nuevamente por conseguir ser vistas por un hombre. Podríamos concluir diciendo que a lo largo de la obra de Arredondo se nos muestra una lucha constante de las mujeres por ser vistas, por ser suficientes, pero no para ellas mismas, sino para la figura masculina, lo que claramente evidencia que viven en una sociedad patriarcal.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 4 “Vidal Castañeda y Nájera” Karla Davitza Zavala Velázquez

La metamorfosis de los personajes en la obra de Inés Arredondo

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l propósito del presente ensayo es evidenciar la metamorfosis que sufren los personajes en la obra de Inés Arredondo. En este sentido, pretendemos demostrar existe un cambio evidente en los personajes qué Arredondo nos presentan en sus cuentos. Podemos comenzar con “El membrillo”, en donde se nos muestra a una chica joven que se siente inferior tanto físicamente como mentalmente, y a lo largo del mismo, te puede notar claramente cómo evoluciona, pero no necesariamente para bien, ya que se sigue sintiendo insuficiente para ella misma y para su novio, pero la diferencia radica en la forma en que acepta su realidad, aprende a vivir con ella y toma venganza de la misma, convirtiéndola en una persona muy diferente a la que inicialmente conocemos. Siguiendo con otro protagonista femenino, entramos el mundo de una mujer mayor, casada y con hijos, de igual manera es una persona que no se siente realizada, además de no sentirse lo suficientemente atractiva para su esposo cuando se entera de que este le es infiel. Esto la lleva a la locura, a cometer actos que podrían ser considerados repulsivos, con la finalidad de sentirse deseada nuevamente, al conseguirlo, algo la hace sentir diferente, al menos el vacío que dejaba su esposo había sido llenado por alguien más. Lo anterior, nos demuestra que en “La sombra”, esta ama de casa pasa por un cambio que la lleva a convertirse en una persona que por desesperación y necesidad de atención es capaz de cualquier cosa. Al igual que Lía, una chica de 18 años que ama el arte y disfruta mucho leer, con tal de seguir disfrutando y conociendo nuevas culturas, fue capaz de estar con un hombre mayor. A lo largo de “Mariposas nocturnas”, podemos observar el cómo Lía comienza siendo una mujer tímida, aunque decidida, y progresa a tal grado de ser ella quien decide a donde ir y qué hacer. Se va convirtiendo poco a poco en una chica de sociedad, con modales y costumbres de una mujer de alto prestigio. Comienza a ser más culta, a vestir de manera cara y elegante, lo cual nos demuestra que existe un cambio tanto en sabiduría, mentalidad y en el físico de esta mujer. Cambiando un poco de contexto, hablaremos ahora de “La señal” otro cuento de Inés Arredondo en donde da un pequeño guiño a lo bíblico, a qué nos presenta a dos hombres que parecieran recrear un momento muy significativo y recordado de la Biblia. Un primer hombre entra a una Iglesia siendo una persona antipática, y se encuentra con otro hombre que le suplica besarle los pies. Esta escena que nos muestra nos hace


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sentir incómodos al momento de leer, y es que precisamente el personaje principal que se siente de esa manera. Finalmente, cuando le besan los pies, este personaje protagónico se siente aún más avergonzado, pero comienza a ver las cosas de otra manera, algo en él cambia y lo hace tener esperanza. Lo anterior nos muestra que hay una pequeña, pero significativa evolución en este hombre. Podemos concluir diciendo qué Inés Arredondo, a pesar de variar mucho en su contenido y sus historias, siempre provoca que sus personajes tengan una cierta metamorfosis ya sea para bien o para mal, que decidirá que rumbo tomará la vida de los mismos, evidenciando antivalores y problemáticas sociales, los cual de alguna manera también influyen en la metamorfosis que sufren estos personajes.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 5 “José Vasconcelos” María Fernanda De Lira Lozano

De orugas a mariposas*

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a palabra metamorfosis proviene del vocablo griego metamorphosis que hace referencia a los cambios morfológicos que sufre un individuo durante su desarrollo. El escritor latino Ovidio hizo una recopilación de los mitos grecorromanos en donde está presente dicha transformación. Esta obra se titula Las metamorfosis y siglos después el pintor Diego Velázquez retoma el trabajo de Ovidio y pinta La fábula de Aracné. El mito no dice que Aracné era una hilandera quien después de una disputa con la diosa Atenea es transformada en una araña. En 1915, Franz Kafka publica su novela La metamorfosis en la que conocemos la historia de Gregorio Samsa, un joven común y corriente que un día cualquiera se despierta transformado en un insecto. Con el paso de los días, Gregorio se da cuenta de que gracias a su nuevo aspecto todos huyen de él porque es diferente. Su familia se aleja, e incluso, su entrono cambia. Al final de la novela, él no solo se ve como un insecto, sino que verdaderamente se siente como uno. La escritora sinaloense, Inés Arredondo, plantea en sus cuentos un tipo diferente de metamorfosis: sus personajes no sufren cambios físicos, pero sí se transforman en personas diferentes. El cambio y las transformaciones son algo inherente al ser humano. Si desde sus orígenes la humanidad no hubiera entendido que para sobrevivir debía de cambiar y adaptarse al resto de su entorno, no hubiéramos llegado a ningún lado como especie. Cada uno de nosotros ha comprendido que por más difícil o complicada que sea nuestra situación actual, esta no durará para siempre, pero para sobreponernos a ella debemos revolucionar nuestras acciones y nuestra forma de pensar. La misma agua no corre dos veces por el mismo río y nosotros no somos las mismas personas que éramos ayer. Cada situación nos hace aprender y por tanto cambiar. La cuentista Inés Arredondo tiene una habilidad especial para crear a personajes con vidas ordinarias y ponerlos en situaciones extraordinarias que los obligan a metamorfosearse. Esta autora comprendía a la perfección que por más monótona que sea la vida, esta no es una fotografía: no es estática, sino que siempre está en movimiento. Debido a que Inés Arredondo inserta a los personajes de sus relatos en escenarios y situaciones cotidianas es difícil creer que estos se transformen, pero la tesis que voy a defender en este ensayo es que la metamorfosis de los personajes en los cuentos de la escritora se debe a procesos íntimos que resultan detonados por los personajes secundarios. En el cuento El Membrillo, conocemos a Elisa, una niña en proceso de convertirse en mujer. Elisa es nuestra primera oruga, apunto de convertirse en mariposa. Para completar esta transformación, nuestra protagonista deberá enfrentarse a Laura, quien desea robarle el amor de su novio Miguel. Laura es una chica mayor, ya consciente de los encantos de


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mujer que posee, pero en lugar de tener sentimientos negativos hacia Laura, Elisa admira su carácter y su fuerza. A través de la historia, Elisa se da cuenta de que si quiere mantener a Miguel a su lado debe aprender a usar las armas que Laura le ha dado. Solo cuando Elisa se acepta a sí misma como una verdadera mujer, y digna rival de Laura, puede romper el hechizo que esta había lanzado sobre su novio y, al mismo tiempo, comprender que el amor no tiene un solo rostro. Todas las mujeres hemos pasado por el mismo proceso de transformación que Elisa, pero cada una lo ha hecho a su manera. En el relato La señal, Inés Arredondo nos plantea una metamorfosis relacionada al mundo místico. En esta narración conocemos la historia de Pedro, un hombre común que un día decide a entrar a la iglesia del pueblo donde un obrero le besa los pies. En la tradición judeo––cristiana besar los pies es una señal de humildad hacia un ser que reconocemos como moralmente superior, por lo que cuando el obrero besa los pies de Pedro lo reconoce como un ser superior y lo convierte en Dios. Mientras esto sucede, Pedro siente tanto asco del beso que incluso piensa que sus pies han quedado marcados para siempre, de la misma manera que quedaron marcados los pies de Jesucristo después de la crucifixión. Aunque Pedro haya odiado el momento de este beso, sabe que ahora y para siempre compartirá un vínculo muy especial con el obrero que lo transformó en una deidad. En este cueto la autora utiliza elementos naturales como el sol para resaltar que existe una transformación. Cuando Pedro entra a la iglesia, el sol es descrito como algo inmóvil en el centro del cielo, pero cuando sale de la iglesia, el astro ya se ha puesto. La transformación de Pedro termina al mismo tiempo que el camino del sol. El último cuento del que hablaré para sostener mi tesis se titula Las mariposas nocturnas. En esta historia conocemos a Lía, una muchacha con una vida normal y una gran hambre de conocimiento, quien es llevada a Don Hernán, un hacendado con mucho dinero. Don Hernán tiene un agrado muy particular por las mujeres jóvenes, gusta de quitarles su virginidad, de transformarlas de orugas a mariposas. Cuando su amante y sirviente Lótar le lleva a Lía para satisfacer su deseo, don Hernán le toma cariño y decide conservarla a su lado como a una hija. En la hacienda, Lía se vuelve una mujer instruida e incluso viaja por toda Europa con su benefactor, pero, aunque ese siempre fue su deseo, ella aun quiere más. Cuando lía ya lo tiene todo, pide el amor y la pasión de Don Hernán, pero este se la niega, ya que es de Lótar de quien está enamorado, así que ella se marcha, con las manos vacías, pero siendo ahora una persona culta. La metamorfosis, en la literatura, no es solo un tema, sino que es un recurso al que recurren los grandes escritores para hacer más auténticos a sus personajes. Inés Arredondo crea situaciones que obligan a sus personajes a metamorfosearse, pero no físicamente, sino en su forma de pensar o de sentirse. Inés Arredondo comprendió a la perfección la realidad de los seres humano: un constante movimiento, un río que siempre fluye. Arredondo, I. (2013). Cuentos Completo. México: FCE. *Primer lugar en la fase final del concurso de ensayo


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 5 “José Vasconcelos” Álvaro Jesús Vallarta Vélez

De lo invisible a la mujer

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a ausencia es el revés de la presencia, no su antípoda. Y lo visible se mide por lo invisible, en la plenitud poética de todo aquello que se afirma en sus opuestos. Los relatos de Inés Arredondo van trenzando con poesía la feminidad y el horror. El horror de las instituciones sociales es una manera de ejercer la crítica sobre el rol que ocupa la mujer. Arredondo transforma la ausencia, la invisibilidad social de la mujer, en metáfora persistente. El erotismo se convierte en ejercicio de poder; el dolor construye una soberanía de lo femenino; la maternidad se hace secreto y el secreto es para la mujer su única arma. Todo en Arredondo transcurre entre polos opuestos de una sensibilidad agudizada, un arte tan sutil que solo las mujeres aprendieron a utilizar a través de los siglos. Un arte de miradas, ver sin que nadie las vea. El ímpetu de los personajes femeninos es una forma más discreta de la guerra que es cosa de hombres. Inteligencia y sensibilidad que se ameritan en las sombras como un secreto. Para Inés hay dos formas de existir en este mundo: ver al hombre y ser vista por el hombre. Aunque para las mujeres siempre han preparado socialmente el lugar de la cierva acechada por un hombre furtivo. La existencia de la mujer depende de su condición de presa. Ella no ve, porque si pudiera ver sería dueña de su destino y no habría una trama para la denuncia. Desde la otra orilla, una mirada masculina debe convalidar su realidad. En el cuento “En la sombra”, Inés Arredondo construye una fuga existencial para esa mujer que mira sin ser vista como un fantasma condenado a los pasillos de la infidelidad masculina. Arredondo propone el voyerismo crítico. La mujer en el cuento se sabe víctima de una infidelidad, pero no duelen cuerpo ni ausencia, duele abandonarse a la soledad de no ser vista por un hombre. Desde un principio, la autora establece una correspondencia entre la mirada del marido y la existencia femenina, como si todo lo que no fuera visto con amor por el hombre no existiera. Los roles de género desplazan al mismo género femenino dentro del cuento, es decir, la mujer pierde dignidad narrativa para ocupar una función narrativa complementaria o en oposición al hombre. La protagonista pasa de invisible a mujer cuando se reconoce en su adversaria. Y siente compasión por ella porque las dos comparten el destino de ser mujer, infidelidad y presa. Solo entonces, la mujer ofendida siente repulsión de su marido y recobra su soberanía como personaje. De pronto el cuento es ella y su circunstancia, prevalece la angustia de quien puede representar cualquier papel o todos los papeles de la vida, la vida de la protagonista ahora desborda posibilidades infinitas. El instante en que la mujer se siente observada por los vagabundos es la culminación de su soberanía. Consideremos que los vagabundos padecen el mismo síntoma de invisibilidad social que las mujeres. Parece inimaginable que las mujeres y los vagabundos tengan ojos para


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ver. La metáfora del desenlace es la siguiente: Tres hombres invisibles miran con deseo a la mujer invisible. El deseo no es invisible, es carne y presencia. Un cuerpo confirma la presencia de otro cuerpo, existen unos para los otros. La mujer pasa sin esfuerzo de cuerpo deseante a cuerpo deseado, de invisible a mujer y de indignada a indigna. Al final, la autora concede la liberación femenina a través de la sexualidad y el erotismo. En “Las mariposas nocturnas” la misma invisibilidad ocupa una máscara seductora, complaciente y opulenta en su relación de opresores contra oprimidas. Hay un testigo, el mozo allegado de Hernán, que presenció la humillante huida y la opulenta llegada de Lía. Hernán le cambia el nombre a la mujer, la bautiza como Lía, pero la mujer sale del cuento sin ninguno de sus dos apelativos. La metamorfosis es denotativa. Ahora lo que no es nombrado por el hombre no tiene la gracia de ser verdadero. No importa cuán grácil sea una mujer, cuán inteligente o amable, su presencia es proyección del deseo masculino. “El membrillo” es el único cuento tierno de Inés Arredondo. La trama enseña que dos mujeres pueden anularse mutuamente. Una mujer puede ser disminuida a los ojos de otra. En su transparencia se corresponden cuando están disputándose un hombre. El membrillo es una evocación de la manzana que Eva legaría a Blancanieves; un alimento que otorga a las mujeres el poder de cambiar su destino, símbolo de nutrición y de veneno a un mismo tiempo. El amor en este cuento nutre dolor y madurez, pero igualmente envenena inocencia y ternura. La niña Elisa se convierte en mujer matando su inocencia, cayendo en el juego del membrillo como la manzana y Blancanieves. Matar a su adversaria Marta matándose a sí misma, es la culminación madura de la protagonista; es el peaje que la inocencia debe pagar al dolor para conservar su reino de amor intacto. La niña crece, madura a través del dolor, pero no deja de pender su existencia en el cariño masculino. En “Canción de cuna” la madurez trasciende la maternidad hacia lo invisible que encierra un fenómeno social extraordinario: la maternidad en edad avanzada. Y otra vez la corresponde una mujer invisible en su propia hija. La protagonista prefiere permanecer invisible que renunciar a la demostración de su afecto maternal. La metamorfosis en los cuentos de Inés Arredondo es una transición entre dos metáforas: La invisibilidad persistente en la presencia femenina y el deseo presente en una constante invisibilidad. Solo las mujeres que desean pueden encarnar libres personajes. La emancipación poética se consigue mediante una autonomía erótica. Arredondo, I. (2011). Cuentos completos. México: Fondo del Cultura Económica.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 5 “José Vasconcelos” Carolina Monserrat Álvarez Cortés

Ella cambia. Ella vive, ella crece

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n los cuentos de Inés Arredondo, los sentimientos como consecuencia de diversos actos de amor en el transcurso de la vida culminarán en distintas metamorfosis por las que tienen que atravesar las niñas para convertirse en mujeres. Estos cambios se dan en un entorno agresivo, en una mente llena de confusiones que desembocará en una catarsis de locura y venganza. Es la muerte de la pasión y el naufragio del amor. Los cuentos: “El membrillo”, “En la sombra”, “Las mariposas nocturnas”, “La señal” y “Canción de cuna”, se pueden clasificar con las distintas etapas de la vida de la mujer; siendo los protagonistas quienes hablan a través del relato. Conocemos los diversos tipos de afecto los que son sinceros y a su vez desgarradores. En “El membrillo”, la protagonista es joven, su descripción es la de una criatura sin experiencia. Su novio, despierta los deseos de la niña que camina hacia la juventud. Sin embargo, el amor que comparten no es sincero, pues existe una interferencia de unos “ojos claros”, que aparta de la mente del joven el amor que la niña le ofrece. En su lugar, acepta recibir, insinuaciones explícitas y señales que van a conformar las figuras del erotismo. En las calurosas playas, en medio de la controversia del triángulo amoroso, se avecina un baile como la resolución final de la esperanza. Elisa, nuestra niña, se sorprende al ver de nuevo a su novio y los sentimientos se agudizan. Laura, la de ojos claros, vuelve a aparecer, esta vez con un fruto en sus manos, un membrillo, simbolizando paisajes del jardín del Edén. Laura y el membrillo es el amor erótico, que deja atrás los sentimientos más sinceros y que aleja a Adán de Eva, a Miguel de Elisa. Sin embargo, las confusiones llegan a su fin. Elisa comprende, que el amor no es perfecto. Recobra su seguridad y se retira bailado con Miguel. El cambio que sufre es permanente e inamovible. Ha entrado en el difícil mundo de las mujeres. En los cuentos identificamos a distintos personajes y aunque el nombre cambia, pareciera que es la misma persona en diferente tiempo. “En la sombra” vemos la hipocresía con la que una pareja interactúa día con día. El hombre ha engañado a su mujer, quizá es una enfermedad de la monotonía, aburrido de haber estado siempre con la misma persona, el tiempo ha apagado la llama del amor. Ella, una mujer mayor con experiencia se ha dado cuenta de su fingida calma y dá rienda suelta a la hostilidad de su mente. Quiere disfrutar de los viejos placeres, los ha conocido y saboreado y ahora con una mezcla de resentimiento y envidia, los extraña. Sale y camina hasta toparse con tres vagabundos, se observan. La lujuria escurre de sus ojos. La venganza nubla la mente de la mujer. La decisión que tomó al dirigirse hacia ellos es inamovible, la envuelve la idea del mal, esa dirección que sus pensamientos recorren sólo apunta a que nada será igual entre ella y su pareja, a pesar de que él nunca se entere.


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Inés Arredondo tenía un gran aprecio por El dorado, hacienda en la que se desarrolla “Las mariposas nocturnas”. Seguimos al lado de una mujer joven, que tiene mucha determinación: Lía, es huérfana y se encuentra totalmente sola. Característica conveniente para llevarla a El dorado. Lía llega con sólo 18 años, sin embargo, desde el principio se deja entrever que sabe lo que quiere y a que ha llegado. El apodo de Lía es un símbolo de control que Hernán, ––que representa ese mundo opresor en el que las mujeres tienen que vivir––, le otorga. Lía se vuelve muy culta, tiene acceso a todo el conocimiento, así como ella desee; viajes, joyas y manjares. El precio que debe pagar es dejarse guiar por el ritual establecido por Hernán. Cada cierto tiempo, Lía debe vestirse con una bata blanca y dejar que Hernán la adorne con joyas, totalmente a su gusto. Vistiéndola como si fuera una muñeca, donde el único que participa activamente de ese extraño ritual es Hernán. Pero un día Lía decide mover sus articulaciones y ser activa en el placer. Atrae a Hernán hacia ella. La respuesta ante este acto fue que tuvo que marcharse, dejar todo atrás, partir con las manos vacías, sin un ápice de las riquezas gozadas. Recordemos que Lía llego de 18 años a El dorado, ahí se hizo mujer, logrando que el gusto de Hernán por las adolescentes fuera ignorado, pero Lía sobrepasó los esquemas establecidos por Hernán acción que al final como una mujer que se rebela, dejó esa casita de juguetes. Lótar es otro personaje del cuento, vemos como vive gritando en silencio, celoso de Lía y queriendo regresar a sus antiguas manías con Hernán, de él solo percibimos su mente, sus estados de ánimo. Lótar es el elemento que se tiene en común con “La señal”, en ambos cuentos hay homosexualidad. En “La señal” la homosexualidad está aprisionada por el ego masculino, cimentado desde la infancia. Hay paredes que no dejan pasar sentimientos tan puros como el amor, la virilidad masculina lo contiene y lo cubren con el asco. Hay dos hombres, uno que llega cansado a sentarse en una banca y un campesino, el cual desea besarle el pie. La solicitud del campesino repugna al hombre. No sólo piensa como el beso lo afectará a él mismo, si no la denigración que caerá sobre el campesino. Sin embargo, hay amor. El beso no parece calmar los ánimos, pero es un suceso que jamás será olvidado. Es el punto central, la cumbre por la que sus vidas pasaron, como si hubieran estado destinados a eso. El beso fue una marca que quedó en su mente y corazón. Retomando las diferentes etapas de la vida sexual de la mujer, nos detenemos en la última: la vejez. La experiencia ha madurado y la sabiduría se entrelaza en cuerpo y mente. La maternidad, objetivo para lo cual se ha nacido, se ha cumplido, por consiguiente, se llega al olvido. “Canción de cuna” tiene por tema la locura. O ¿es la locura el medio con el que quieren vernos? La protagonista, piensa que tiene un bebé, le da a su nueva familia la noticia. La reacción es de sorpresa, ¿Cómo ella a su edad podría pensar en eso? Los doctores afirman que es un tumor el que ocupa ese lugar en su matriz. Para poner aún más sabor al cuento, sabemos que ella toca la guitarra y sus can-


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ciones son en un idioma que en México es difícil que alguien entienda: el alemán. Así vemos un símbolo más. La gente no trata de comprender y entender, se vuelca a señalar lo diferente como locura. La ley natural de la vida es que todo está en constante cambio, nunca se podrá regresar a la concepción original. Por lo que la frustración, el odio y el asco que los cuentos nos transmiten ante los deseos frustrados, es una respuesta al mundo hostil en la que los personajes femeninos les toca vivir. El despecho y el engaño que sufren, las guían por rumbos pedregosos llenos de obstáculos y durante esos trayectos quedaron cicatrices de las transformaciones vividas para llegar a un final. Arredondo, I. (2013). Cuentos completos. México: Fondo del Cultura Económica.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 7 “Ezequiel A. Chávez” María Fernanda Gómez Islas

La metamorfosis como una solución a su cruel realidad

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n este ensayo voy a abordar algunos cuentos, en específico, “El membrillo”, “La señal”, “Canción de cuna”, “La sombra” y “Mariposas nocturnas” de la grande ensayista y narradora Inés Arredondo, nacida en Culiacán Sinaloa, México. Ganadora del premio Javier Villa Urrutia y profesora de literatura de la UNAM. Trataré el tema la metamorfosis de los personajes, recurrente en estos cuentos, es impresionante la originalidad de esta autora. Se puede observar este cambio fácilmente pues los cuentos tienen una especie de conexión, unión y hasta convergencia, característico de escritora mexicana. Sus protagonistas, al llegar a una especie de catarsis, locura y determinación, entran al cambio, ese cambio que comúnmente llega a una separación y al camino para crear un mejor yo. Por ejemplo, en el cuento “El membrillo”, en el momento que Elisa se da cuenta de lo que estaba pasando con Miguel y Laura, entra en una especie de frustración, de desprecio a sí misma, incluso, podría decir, falta de autoestima. Se presenta como una niña, una joven con escasa experiencia, pero al saber lo que pasó con Manuel, ésta cambia, deja de ser esa niña, para crecer y ser lo que él espera de ella. Al igual que en “Mariposas nocturnas” Lía cambió, aunque no fue por determinación propia si no por obligación. Cuando Don Hernán le enseña las prácticas que una mujer de su clase debe poseer, al cambiarle de ropa, escogérsela y forzar a usar lo que él decida. Se encuentra ese cambio no solo en el aspecto físico, sino también en lo personal e intelectual. Al darle clases privadas, enseñarle idiomas, historia, hasta prácticas y maneras. Pasó de ser una maestra docta a una mujer de abolengo y alcurnia. Por otro lado, entra el cambio, pero de forma negativa, un declive, ya no es la autorrealización ni el mejoramiento del yo. Como podemos observar en “La señal”, y en “La sombra”. “La señal”, aunque es un cuento corto, tiene mucho de qué hablar, el protagonista empieza siendo una persona fuerte, intensa, desesperada y perdida. Al entrar a la Iglesia y contemplar lo que veía con ojos de ateo, no sentir nada y solo estar ahí parado, cansado y encontrarse con el señor qué le pidió el favor, de poder besarle los pies, el personaje cambia, se presenta como un hombre afligido, compadecido, Y hasta cierto punto, apenado. Cuando eres a besar los pies, lo interpreté como una manifestación interna de poder, aun cuando el libro nos menciona que solo lo hizo por el otro. Se va y lo que siente ahora es vergüenza, confusión y pena.


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Así cómo en “La sombra”, de mis favoritos, por la complejidad de su narrativa y la manera en que cada lector puede darle su propia interpretación. La metamorfosis se puede apreciar cuando sus emociones se van intensificando al contar su historia, que para mí era una alucinación o incluso podría decir una pesadilla. Una forma escapar de su realidad. En “Canción de cuna”, apartado de las anteriores, la protagonista, entra en ese cambio al momento en que llega esa determinación y deseo de ser madre, esas ganas desesperadas de no quedarse sola, sin importar su edad o condición. Dejé este cuento hasta el final pues, realmente no se da esa mejora, sólo es una necedad. Inés Arredondo encuentra la separación y unión perfecta entre sus cuentos. Podemos observar ese contraste específico, como el amor de una madre a su hijo más allá del materno como en “Estío” o al revés, un hijo a su madre, más allá del común como en “Mariposas nocturnas”. Así como el amor correspondido en el “Árbol” o el no correspondido como en “Olga”. Muchas cosas puedo decir de estos cuentos y más aún de esta escritora. Sin embargo, me enfocaré en los cambios constantes que vivió, en los momentos que vivió, todos drásticos, que se pueden reflejar en su literatura. La morfología de sus personajes, en cómo cambió constantemente de trabajo, vivienda e incluso de esposo, el cómo se adapta a su entorno. El contraste de sus cuentos, los sentimientos drásticos, en cómo vivió cosas muy felices, así como cosas tristes sin solución aparente. Nada sobra en los cuentos de Inés Arredondo, cierto. Los detalles por más pequeños que sean son importantes, más, para entender el sentimiento, entorno y cambio de sus protagonistas. El cambio se da, a mi parecer, para poder escapar de su realidad, para evitar enfrentar sus problemas. Todos los protagonistas o mejoran su aspecto, conocimiento, vida o en contraste, la cambian, modifican o destruyen su realidad.


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Colegio de Literatura Nacional Preparatoria No. 8 “Miguel E. Schulz” Sarah Verónica Sánchez Domínguez

Claro oscuro del deseo

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a escritora Inés Arredondo, nació en Culiacán Sinaloa en 1928, autora de diversos cuentos. En 1957 publica el primero en la Revista de la Universidad titulado ‘’El membrillo’’, con el cual se abrió paso en el mundo de la literatura donde tuvo un gran impacto en los lectores. Su colección consta de tres libros publicados en diferentes fechas que pueden ser contemplados en un sólo tomo titulado Cuentos completos, contribuyendo enormemente a la narrativa mexicana. Los cuentos de Inés Arredondo se desarrollan en una atmósfera cruda, casi surreal, siendo capaces de envolver al lector en un espacio atemporal rodeado de una calma inquietante en donde los personajes, mayormente femeninos, desnudan su alma, exponiendo la oscuridad de su ser y permitiendo la fluidez de los sentimientos a cada palabra, intriga, asombro, curiosidad o empatía enredan al lector. Cada historia de Arredondo se convierte en un acertijo, pues no permite develar a primera instancia el mensaje o tema primordial. La autora es capaz de convertir cada párrafo en una pieza de un rompecabezas, que, al unirse, muestran un trasfondo completo. El principal exponente de los cuentos de Arredondo son las relaciones interpersonales, principalmente de pareja, pero sin descartar las familiares, generalmente de carácter padre/madre – hijo/ hija. La concepción que maneja sobre el amor es una idea pesimista y desoladora. La autora permite que la sensualidad, el erotismo y el deseo caigan en la obscenidad moral, con una descripción bastante detallada que casi puede darle al lector una imagen cinematográfica bien estructurada. En este ensayo analizaré dos cuentos en particular: ‘’Estío’’ y ‘’Apunte gótico’’; debido al desarrollo de la sexualidad que ambos presentan: las relaciones incestuosas. En estos dos cuentos la narrativa en primera persona parece que casi cumple una función catártica para los personajes, la manera en la que son conscientes de su deseo culposo. En ‘’Estío’’ la madre siente una fuerte atracción sexual por la carne joven de Román, su hijo, atracción que puede ser suplantada por Julio, el amigo de Román. Julio le corresponde con un beso, pero en un arrebato la protagonista hace referencia al deseo de su hijo cuando dice: ‘’ Y pronuncié el nombre sagrado’’ (Arredondo, I. (2011). Cuentos completos. p. 46). En ‘’Apunte gótico’’, la manera inicial en la que Arredondo presenta el cuento es muy pura, de dos amantes que despiertan enlazados, pero da un giro cuando narra: ‘’ Mi madre dormía en alguna de las más abismales habitaciones de aquella casa, o no, más bien había muerto. Pero muerta o no, él tenía una mujer, otra, eso era lo cierto’’ (Arredondo,


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Colegio de Literatura

I. (2011). Cuentos completos. p. 171), aquí ejemplifica que ella es la ‘’otra mujer’’, la mujer de su padre, la mujer por la que su madre había enloquecido, y posiblemente ella también al fantasear con la muerte de su padre o no aceptarla. Al final, lo que Arredondo trata en ambos cuentos es el deseo inmoral del hombre, las pasiones carnales, el detalle, la calma enmascarada de inquietudes que entran en lo más profundo del ser, la noción de lo incorrecto y el deseo puro, inocentemente claro y el mismo deseo inmoralmente oscuro. En conclusión, la mirada que la autora posa sobre las relaciones humanas, muestra amores y deseos que no son moralmente permitidos, que rompen con el que esquema social causando controversia, temas tabúes, los cuáles, Arredondo se atrevió a exponer, contraponiendo dos partes en su narrativa: estilismo y crudeza, que permiten dejar un sello bastante personal en su escritura, mientras el lector se encuentra inmerso en la historia. Arredondo, I. (2011). Cuentos completos. México: Fondo del Cultura Económica.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 8 “Miguel E. Schulz” Darcy Herrera Orozco

La sexualidad en Inés Arredondo

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n el siguiente ensayo abordaremos la inusual y extravagante imaginación de una de las autoras más destacadas del país, una mujer que ha revivido el poder de las letras mexicanas a pesar de que perteneció a la generación del medio siglo, aun siendo mujer logró captar la atención de todos los lectores. Hablemos de Inés Arredondo, mujer nacida en Culiacán, Sinaloa el 20 de marzo de 1928. Vivió una vida muy complicada, pues nunca se imaginó como escritora ya que concentraba sus estudios en la carrera de Filosofía. Cabe destacar que desde muy joven se dentro al universo literario. Debido a situaciones familiares, llegó un momento en el que tuvo pensamientos suicidas, pero fue gracias a ella que colaboró con otros escritores y decidió seguir el camino de la literatura. Escribió 34 relatos, también colaboró en la composición y redacción de poemas, novelas y ensayos. Publicó 3 libros además de crear un cuento exclusivo para niños, un cuento infantil titulado “Verdadera Historia de una Princesa”. Arredondo era capaz de plasmar tantos sentimientos en un escrito que e volvió un furor para el mundo de todo lector mexicano. Explica las cosas con una sutileza que envuelve, pero al mismo tiempo desencadena más y más situaciones que atrapan al público. A continuación, profundizaremos el tema de la sexualidad plasmada en sus obras, a mi parecer Arredondo se caracteriza por tener un toque erótico en su escritura. No es directa, pues suaviza las cosas para que el contenido que relate no sea grotesco. Así mismo “Mariposas Nocturnas” es un claro ejemplo del tema que se está abordando. Habla del Sr. Hernán: un hombre adulto que busca pequeñas jovencitas para satisfacer sus necesidades, es una cruda realidad que vivimos o muchos adolescentes viven actualmente. Es increíble la forma en que Arredondo toca este tema, un tema muy claro y dirigido para la sociedad mexicana, plasmando la inocencia de las niñas, la sutiliza que tienen para darse cuenta de la realidad que les rodea. Siempre he pensado que todo sucede por algo, todo tiene un motivo, sea bueno o malo, así mismo la vida nos coloca obstáculos, pero no por ello hemos de rendirnos, crecer es parte natural del ser humano, algo que nunca podrá detener, pero con el crece un deseo y pasión que siempre estuvieron apagados dentro de uno. Cuando llega el momento de despertar ese sentimiento las personas cambian, no


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vuelven a ser la cara inocente y noble que cuando eran niños. Sin embargo, no me refirió a que después de la adolescencia el ser humano, tanto hombres como mujeres nos volvemos malos, más bien me refiero al punto en el que aprendes, experimentas y las cosas no vuelven a verse de la misma perspectiva. Es esto lo que Arredondo trata de lograr. Dar su propia perspectiva de lo esencial que es la sexualidad para el hombre. Uno de mis cuentos favoritos de esta escritora es: “El Membrillo”, quizá porque de cierta manera relata la historia de cómo reacciona el cuerpo y mente al cambio físico y emocional de la adolescencia. No es un proceso fácil, pero debido a tanta confusión de la metamorfosis que experimentamos, caemos en un vacío de confusión, duda y en muchos casos depresión, dudando hasta de nosotros mismos. Aparte de experimentar estos cambios, inicia una atracción por el sexo opuesto… haciendo de esta etapa un caos total. Pues combinamos: emociones, cambios físicos, amores, desamores, problemas psicológicos, trastornos e incluso rencores (entre muchos otros). Así como en la siguiente cita: ––“Martha, ¿tú crees que Miguel me quiere? (…) Rompía lo sagrado. Se sentía cobarde. ––Si te quiere y mucho, sólo que… ––¿Qué? ––No lo sé. Pero lo sabía. ––¿Es culpa mía? ––¿El qué? No, tú eres una niña (…)” Así podemos concluir que todas estas historias tienen un toque realista, muy realista, pero si lo pensamos estamos leyendo historias vistas a través del ojo femenino. Dando una idea y perspectiva completamente distinta a lo común y cotidiano que leemos día a día. ende, hay y existen muchas mujeres como Arredondo, con un talento nato para la escritura, personas que nacen con una facilidad y soltura para redactar, que sólo necesitan de un apoyo o sucedo que les encamine en lo que el destino les tiene preparados. Aun así todos tenemos algo que nos caracteriza, Arredondo siempre quedará en nuestra memoria como una mujer fuerte, decidida de lo que quería y capaz de lograr todo lo que se proponía sutil pero al mismo tiempo muy clara y directa con el lector. Conmoviendo a más de uno después de leer sus maravillosas obras. Arredondo, I. (2012). Cuentos completos. México: Fondo del Cultura Económica.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 8 “Miguel E. Schulz” Johatzin. García Jiménez

Sexualidad según Arredondo

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nés Arredondo, conocida por ser una gran cuentista mexicana con grandes aptitudes en la escritura y contar con múltiples recursos literarios, gracias a esto haré un análisis acerca de cómo plasma la sexualidad en sus relatos. Arredondo es conocida por su hábil manera de introducir y escribir acerca de temas que eran considerados tabú en su época y que lo siguen siendo en nuestros días, pero en particular, todo lo relacionado con la sexualidad abarcando desde temas delicados como la sensualidad, la mirada y el amor hasta lo repugnante, como es el incesto, los fetiches sin escrúpulo alguno. En el caso de los aspectos delicados, Inés suele ser menos descriptiva, lo toma a grandes rasgos, convirtiéndolo en algo aburrido o monótono, con la contraparte del tema, lo repugnante, tiene una sola misión, hacer que el lector comience un debate interno entre lo cívica y éticamente correcto con lo que la autora plasma en sus libros. En la parte de la sexualidad mórbida ella recalca que se trata de una situación que no debería estar sucediendo, pero en la realidad del personaje, en varias ocasiones, ese suceso es completamente normal en su vida cotidiana, en otras ocasiones, el personaje principal sabe que la acción está mal, sin embargo, decide ignorarlo y continuarlo, provocando una incomodidad satisfactoria al lector. Un claro ejemplo de lo antes mencionado es su cuento “Apunte gótico” en el cual la protagonista es una joven, la cual se presume de un presunto incesto con su padre, en la cual explica el tipo de atracción que sentía hacia su padre, sin mencionar que en este relato también se toca la atracción sexual hacia los cadáveres, la cita lo explica “Ese algo que me impedía moverme, hablar, respirar. Algo dulce y espeso, en el centro que hacía extraño mi cuerpo y singularmente conocido el suyo. Mi cuerpo hipnotizado y atraído.” En otros casos se refiere a la sexualidad como algo detestable, algo que no merece ni ser nombrado en sí, los personajes buscan palabras alternas para referirse o mencionarla. En el cuento “El membrillo”, Arredondo plasma una sexualidad más inocente, pero sin dejar de lado esa incomodidad que la caracteriza, en este caso se trata sobre adolescentes, relata y plasma la historia de Elisa, una chica menor que su novio, Miguel, la cual está bajo constante presión por parte de unas chicas mayores para ir comenzando su sexualidad con Miguel, en este cuento, Arredondo describe la sexualidad como una alegría, una alegría dolorosa, una alegría de mujer, en la siguiente cita se ve plasmado lo que expreso: “había entrado en un mundo imperfecto y sabio; pero se alegró con una alegría nueva, una alegría dolorosa, de mujer”. Sin embargo, no todo se puede concretar, ya que, en algunos de sus cuentos, un


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personaje guarda la razón, en caso de que no se deba de hacer o sea éticamente correcto, este personaje toma acciones para evitar que suceda, sin importar que el sienta la atracción o ese deseo que no debe ser, aunque la contraparte quiera ser víctima de sus impulsos e instintos. Por consiguiente, concluimos que Inés Arredondo toma la sexualidad como algo natural, algo que el ser humano no puede rechazar, sin importar que sea incorrecto. Algo que es esencial para Arredondo es el rompimiento de la normalidad, algo que cause repudio es algo que ella debe plasmar como normal y necesario. Así mismo, su objetivo es traspasar lo socialmente correcto y crear un debate interno con la sociedad y el universo personal. Cabe recalcar que todos los temas que toca, los aborda de una manera sutil, delicada y para nada vulgar, pero siempre con mucho respeto, sin llegar a asquear al lector, si no, todo lo contrario, engancha al lector en tan solo unas líneas y narra con un tipo de feminidad feroz. Así pues, la mayoría de sus personajes son mujeres, pero no mujeres cualesquiera, son mujeres traumadas, mujeres con un pasado muy monótono y que desean liberarse. Para finalizar, en la manera que Arredondo redacta sus cuentos deja espacios en blanco para que sean llenados por el lector. Arredondo, I. (2011). Cuentos completos. México: Fondo del Cultura Económica.


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Colegio de Literatura Escuela Nacional Preparatoria No. 9 “Pedro de Alba” René Castellanos Gómez

Sobre máscaras y deterioro

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nés Amelia Camelo Arredondo nace en marzo de 1928 en Culiacán, Sinaloa. Comienza a estudiar la carrera de Letras Hispánicas en la UNAM en 1948, período durante el cual perteneció a la llamada Generación de Medio Siglo, cuyo ejercicio literario se desarrolló en la Casa del Lago, en Chapultepec, bajo las sombras extranjeras y mexicanas de Paul Valery y Juan José Arreola respectivamente. Publica su primer cuento en 1957 (“El membrillo”) luego de que este fuera leído y aprobado por Tomás Segovia, su cónyuge de aquel entonces. Sus cuentos destacan entre la literatura mexicana por su temática simbolista, especialmente en la elaboración de retratos sobre metamorfosis en sus personajes. He de remitirme a la participación de Arredondo en la Generación de medio siglo para justificar mi postura, mejor dicho, para asentar el pilar fundamental de la misma. Aline Peterson nos habla en su ensayo “El erotismo y lo perverso” acerca de las influencias temáticas estilísticas que ejercieron los autores simbolistas más importantes en Europa y Latinoamérica en las prácticas del grupo y de entre ellos destaca un francés sumamente importante en el desarrollo de este movimiento; mencionado ya anteriormente, me refiero a Paul Valery es el nexo que se formó entre el decadentismo gótico Edgar Allan Poe, el hermetismo Mallarmé y la exploración de la realización humana a través de lo grotesco inmortalizada en los escritos simbolistas de los denominados Poetas Malditos (Rimbaud, Verlaine, Baudelaire, etc.) con el grupo mencionado. Tomemos este fragmento de “Apunté gótico” de Inés Arredondo y comparémoslo con uno de “La máscara de la muerte roja” de Edgar Allan Poe. Y de la sombra ha salido una gran rata erizada que se interpone entre la vela y su cuerpo, entre la vela y su mirada. La máscara que ocultaba su rostro representaba también el semblante de un cadáver rígido, que el análisis más minucioso difícilmente hubiera descubierto el artificio. Ambos fragmentos cuentan con la presencia de un elemento determinante para defender mi hipótesis: el simbolismo. El simbolismo (o signo) es, si se me permite, el elemento clave de la literatura hermética, aquella dedicada más al arte como modo de representar de forma estética la condición humana, pues es éste el combustible de la catarsis de la que nos habla Aristóteles en su Poética. Helena Beristáin se refiere al símbolo cómo “todo fenómeno u objeto que representa algo que generalmente es distinto, a lo cual sustituye al referírsele”. Partiendo de esta premisa, podemos identificar dos símbolos fundamentales: en Arredondo la rata; en Poe, la máscara. Las ratas, como símbolo, están directamente ligadas con la enfermedad y la muerte,


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lo inmundo. La calidad simbólica de las ratas queda doblemente fundamentada al sufrir ésta una metamorfosis: se transforma, en el ritmo del relato, en la hija de una sirvienta, y se reafirma el significado del símbolo al considerar que las sirvientas eran uno de los estratos sociales más bajos al momento de la escritura del relato. En cuanto a la máscara, se la relaciona directamente con ocultar lo que se es y producir un efecto de misterio a partir de parecer otra cosa; un efecto irremediablemente desagradable. El mensaje de la máscara en el cuento de Poe es el de la muerte que se cuela enmascarada a un sitio de fiesta, pareciendo, mas no siendo, nos enseña que el fin no distingue ninguna condición. Ahora puedes seguir la pregunta: ¿Cómo estamos seguros de que Arredondo realmente construyó su literatura en función de todas estas influencias, y no es un simple ejercicio exploración y experimentación que desembocó en sus cuentos? Dejemos que ella misma responda. Inés Arredondo habla en su ensayo “La cocina del escritor” acerca de una “actitud moral” (su preceptiva literaria). Escribe: Opinó que para escribir hay que haber estudiado preceptiva… aludo a lo que uno puede hacer con su formación sí leyendo y escuchando a los demás… Luego de esto, es sensato concluir que Arredondo era fiel a su interacción con otros escritores como determinantes de su estilo y sus temáticas. Ya está la justificación de mi afirmación acerca de la incidencia de Valery y sus influencias sobre la literatura de Arredondo, pero no debemos distraernos de la temática principal: la metamorfosis, ahora puedo afirmar con mayor libertad que la metamorfosis que retrata Arredondo es una metamorfosis de deterioro, una metamorfosis que escala o que se desplazan a través del delgado hilo de la cordura, más delgado aún en los personajes de sus cuentos, personajes dañados poco a poco por las circunstancias que se les presentan. Además de las coincidencias estilísticas (el curso del signo) existen coincidencias maticas entre Inés Arredondo y Edgar Allan Poe. En “Membrillo”, Arredondo narra el proceso de perdida de inocencia de una niña a modo de rendirse ante el vacío de intereses de un chico por algo más allá de lo sexual. Este proceso de rendición que sufre el personaje principal de “El Cuervo” de E. A. Poe. La primera cede ante el abandono de sus principios infantiles; el segundo, ante la pérdida de Leonor. Puede ser reprochado el hecho de que la niña de “El membrillo” sólo creció, maduró, pero en una sociedad tan destructiva y decadente, ¿qué es madurar, si no entregarse, rendirse, ante un abandono mediático de la felicidad? En “Canción de cuna”, que nos presenta un deterioro distinto: la búsqueda enferma la realización social y personal a través de una maternidad enfrentadas sin padre. En “En la sombra”, la metamorfosis es todavía más obvia, pues se narra con lujo de detalle el proceso de deterioro de una mujer engañada por el marido, mujer que se encontraba a sí misma en su posición, frente a él mismo y, al haber perdido eso, busca conseguir aprobación en otro lado, concretamente, teniendo relaciones sexuales con un grupo de pepenadores. Esta recurrencia temática no es ninguna casualidad, sino que es el resultado de un


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tenaz ejercicio del desarrollo y fusión entre la influencia gótica/decadentista /simbolista y el estilo propio de Inés Arredondo. La metamorfosis en todas sus formas es un tema que el ser humano ha explorado siempre, con o sin intención, pues la vida misma es un proceso y sólo sabremos quiénes somos en determinados momentos, ya sea luego de ser engañados, de perder un ser querido, o de poner manos a la obra para realizarnos, en fin, al final de nuestros procesos. Arredondo, como Rimbaud, desordenó sus sentidos y nos entregó estas manifestaciones exe lentes de las consecuencias de los procesos decadentes, los procesos de locura, vaya, metamorfosis a la francesa.


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Participantes ganadores del concurso de Declamación Plantel 1 “Gabino Barreda” Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

Mendoza Jaimes Joel Antonio

Arellano Carrillo Mary Paz

Hernández Flores Dara Laura

Plantel 2 “Erasmo Castellanos Quinto” Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

Mendieta Peña Andrea

Martínez Flores Lesly

Galán González Diana Patricia

Plantel 3 “Justo Sierra” Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

Pérez Hernández Lizbeth Patricia

Escamilla Valencia Ángeles Berenice

Cerda Camarena Angélica

Plantel 4 “Vidal Castañeda y Nájera” Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

García Aparicio Tanya Guadalupe

Uranga Silis César Santiago

Vargas Reséndiz Viridiana

Plantel 5 “José Vasconcelos” Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

Islas Flores Itzel

Peña Lucas Yael

Huesca Sánchez Sofía


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Plantel 6 “Antonio Caso” Campuzano Palacios Luis Hassan

Morales Rodríguez Roxana Isabel

Juárez Coronilla Emiliano

Plantel 7 “Ezequiel A. Chávez” Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

Badillo Miranda Ana Karina

Castro Peña Martín

Vigil Martínez Natali

Plantel 8 “Miguel E. Shulz”

Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

Medina Reyes Manuel

Vázquez Arzate Diane

Fuentes Hernández Leslye Guadalupe

Primer Lugar Torres Carbajal María Fernanda

Plantel 9 “Pedro de Alba” Segundo lugar

Tercer lugar

Bravo Rueda Andrea Abigail

Martínez Segundo Tania Magali

Ganadores de la etapa final Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

García Aparicio Tanya Guadalupe

Medina Reyes Manuel

Pérez Hernández Lizbeth Patricia


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Participantes ganadores del concurso de Ortografía Plantel 1 “Gabino Barreda” Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

Carrillo Ortega Jair

Rosas Pérez Marisol Ngalia

Avilés Roldán Itzel Yamile

Plantel 2 “Erasmo Castellanos Quinto” Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

Gómez Manríquez Mauricio

Martínez Salas Jocelyn

Torres Hernández María Yael

Plantel 3 “Justo Sierra” Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

Mercado Felix Fátima Alejandra

Hernández Alcalá Luis Enrique

Morales Patiño Nidia

Plantel 4 “Vidal Castañeda y Nájera” Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

Aguilar Zepeda Perla Elizabeth

Pérez Fuentes Ernesto

Huerta García Alma Margarita

Plantel 5 “José Vasconcelos” Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

Chávez Suárez Andrea Sahian

Corona Ibarrola Liliana

Manzano Serna Óscar


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Plantel 6 “Antonio Caso” Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

Morales González Demián Ricardo

Golubov Mandujano Melissa

Cortés Castillo Héctor Adrián

Plantel 7 “Ezequiel A. Chávez” Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

Jarquín Juárez Alison Gabriela

Mata Torres Daniela

Torbellín Sánchez Mauricio Daniel

Plantel 8 “Miguel E. Shulz” Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

Castillo Pereznegrón Mariana

Cornish Sánchez Damaris

Castillo Coria Anaxa

Plantel 9 “Pedro de Alba” Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

Monjarás Izquierdo Aarón Axel

Vázquez Hernández Mercedes Gabriela

Mata Lózano Juan Javier

Ganadores de la etapa final Primer Lugar

Segundo lugar

Tercer lugar

Cázares Ríos Gabriela Natalia

Daniela Ruffino Miguel

Jiménez García Kathya Fernanda


ยกEsperamos tu participaciรณn!