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MUFF - Vivencia

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barrio su nombre. La primera instancia de este ejercicio ocurrió en Foica, el Museo de la Federación Obrera Industria de la Carne y Afines, creado por el artista Eduardo Labraga como homenaje al barrio de su propia historia política y social. Entre idas y vueltas en las cuales se exploraron distintos formatos expositivos y analogías topológicas, finalmente la muestra tomó la forma de un recorrido por imágenes, textos, sensibilidades y sentimientos cuidadosamente construidos por todos los participantes que, hasta el día de hoy, se siguen encontrando semanalmente por voluntad propia para intercambiar nuevas ideas y crear nuevos proyectos. Pocos días después del Cerro se inauguró el grupo de trabajo en Peñarol, conformado por Aimé Castro, Belén Madera, Jade Valentina Pérez Medina, María Alicia Posente Martínez, Mathias Escotto, Natasha Pérez, Roberto Galizzi, Rocío López, Silvia Jauregui, Stewart Chozino y Valentina Duarte, quienes se reunieron todos los miércoles de 18 a 21 horas en el Centro de Barrio Peñarol. Bajo la coordinación de Nicolás Vidal, el grupo de habitantes de este barrio exploró con sensibilidad, apertura y dedicación diversos aspectos de la vivencia personal, grupal y ciudadana. Se descubrió que María Alicia guarda un archivo familiar tan antiguo cuanto la propia fotografía, con retratos de familia de los primeros inmigrantes españoles a estas tierras australes hace más de ciento cincuenta años. La historia de sus ancestros es, a su vez, una historia del propio barrio, ya que se instalaron en Peñarol en el siglo XIX y nunca se movieron de la zona. Aimé fue registrando todos los encuentros en un cuaderno-bitácora donde además de sus observaciones iba creando collages con fotos, dibujos, hojas secas, revelando el pasaje del tiempo y la construcción de este nuevo espacio afectivo. Mathias reconoció en Roberto al fotógrafo de la escuela y fue a buscar la foto que le había tomado en su infancia. Las más jóvenes del grupo son también las más nuevas integrantes del barrio; las adolescentes Belén, Jade y Natasha vivían en el Centro antes de mudarse a Peñarol con un plan de cooperativas de vivienda aprovechado por sus madres, una experiencia que les enseñó a los demás integrantes que el barrio antiguo sigue vivo y en constante transformación, a pesar de que el tren, la arquitectura antigua, los cantos rodados y la tranquilidad de un barrio-pueblo marcan su personalidad. En el Prado, nos sorprendieron las miradas en sintonía con la naturaleza y la nostalgia por lo bucólico de un barrio tradicional. El grupo del Prado ha marcado su identidad en la convergencia de posturas relacionadas con los valores que se desean mantener en el barrio: el cuidado del entorno y la valoración del paisaje; la preservación del patrimonio y la memoria; el ritmo contemplativo y menos acelerado que permite una relación individual con el propio entorno. Los pradenses sufren la invasión “turística”. Con algunas pocas excepciones, cuando salen a hacer fotos, se desvían de la presencia humana para capturar el paisaje natural, místico, romántico, comprobando que en el encuadre fotográfico se registra la realidad y se la recrea en un mismo disparo. Con inicio en marzo de 2017 y bajo la activación de Maximilino Sánchez, se reunieron todos los lunes de 18 a 21 horas en el Centro de Desarrollo Cultural Turístico y Económico del Municipio C los participantes Alba Celto, Alicia Cousté, Carlos Dubé Silva, Cecilia Dogliotti, Cecilia Serra, Cintya Posse, Victoria Posse, Daniela Duarte Álvez, Fernando Ariano, Florencia Permuy, Ebio Rodríguez, Leonel Wilkins, Lucía Martí, Nilda Torija y Solange Pastorino. Juntos crearon mapas genealógicos, realizaron cacerías fotográficas diurnas y nocturnas, exploraron su relación con la historia del barrio e intercambiaron vivencias provocadoras de nuevas percepciones. Elbio aprovechó la niebla que reposa a menudo sobre las calles y parques pradenses para encontrar su retrato atmosférico del barrio –en sus fotografías podemos sentir el olor del atardecer y el rocío de la mañana–. Las hermanas Cyntia y Victoria compartieron sus salidas fotográficas complementándose con técnicas analógicas y digitales, y descubrieron una sensibilidad cromática y floral común a ambas. Y a contrapelo de los demás, Solange buscó la presencia humana recreando retratos in situ a partir de fotografías antiguas, mientras que Nilda se concentró en darle vuelo al sentido del humor desde el guiño visual (el hocico de un caballo nos hace ver un camello; una mano que invade la composición de un paisaje lo interviene proponiendo un diálogo absurdo). En la muestra se reunió un conjunto de imágenes en las que cada participante dejó plasmada su vivencia del Prado: un barrio en el cual el parque y el paisaje son los protagonistas, donde la arquitectura y la niebla conspiran para mantener un ambiente atmosférico, un aire nostálgico y longincuo.

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Barrios


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