mantiene un vínculo con la tradición fascista, casi aislándose, mientras que la nueva se actualiza (Ignazi 2003) o “derecha radical populista” donde tal como nos apunta Mudde “son democráticos, aunque se opongan a algunos valores fundamentales de las democracias liberales, mientras que la extrema derecha es en esencia antidemocrática, al oponerse al principio fundamental de soberanía del pueblo” (Mudde 2007:31). La utilización del término nueva extrema derecha, tal como nos dice Ignazi, tiene su base en dos circunstancias: se trata de partidos de reciente creación, y, este es el elemento fundamental, son partidos que poseen características diferentes respecto a las partidos neofascistas y las formaciones de extrema derecha que los han precedido en el tiempo y que han desaparecido de la actualidad política. Actualmente, los grupos y organizaciones fascistas desarrollan una serie de actos y propaganda más cargados de argumentos emocionales que de argumentos racionales. Con su discurso, los líderes aportan ideas en terrenos previamente abonados para tener éxito, donde se apoyan en un presente desolador, en un discurso del miedo y de invasión, donde enjuician a
todo un colectivo estigmatizándolo, con el objetivo de buscar una reacción social discriminatoria hacia el que no sea igual, la implantación de un Estado homogéneo, con una lucha frontal hacia la multiculturalidad e interculturalidad entre individuos iguales. Buscando influir en la mente del grupo a través de impulsos, hábitos y emociones. Al tomar decisiones su primer impulso suele ser el de seguir el ejemplo de un líder de confianza. En definitiva, la propaganda no sirve de nada a menos que éste tenga algo que decir y que el público, consciente o inconscientemente, quiera oírlo. Conciben al individuo no sólo como una célula en el organismo social sino como una célula organizada en la unidad social. Basta tocar una fibra en el punto sensible para obtener una respuesta inmediata de ciertos miembros específicos del organismo como así nos hacía ver Edward Bernays (2008). Entre las características que podrían definir la mutación que ha realizado la nueva extrema derecha respecto de “la vieja”, es que esta no aboga por la supresión de las instituciones y las libertades democráticas, tampoco hay en sus programas una concepción agresiva en política 53