ESTRENOS
I anina
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I ESTRENOS
Anina Colombia-Uruguay | 2013 | 78 mins. D: Alfredo Soderguit. G: Federico Ivanier, Julián Goyoaga, Alejo Schettini, Alfredo Soderguit y Germán Tejeira, basados en la novela Anina Yatay Salas de Sergio López Suárez. E: Julián Goyoaga y Germán Tejeira. M: Jan Johansson y Georg Riedel. Voces: Federica Lacaño, María Mendive, César Troncoso, Cristina Morán, Petru Valenski, Florencia Zabaleta. CP: Antorcha Films, Palermo Estudio, Raindogs Cine. Prod: Jhonny Hendrix Hinestroza, Germán Tejeira. Dist: Ambulante Distribución.
Basado en un libro para niños, Anina es una tierna y simpática película de animación infantil centrada en la heroína de diez años Anina Yatay Salas y el «lío de novela» en el que se ha metido. El director, Alfredo Soderguit, es quien ilustró el libro original, y aquí importa el mismo estilo simple y naíf de sus dibujos a través de un proceso de animación similar al flash. Es una coproducción uruguaya y colombiana, pero está hecha y ambientada en Montevideo. Las penurias de Anina se remontan a su nombre, que es fuente de muchas burlas en la escuela y amerita el sobrenombre “Capicúa” («¡Tengo un nombre que es un chiste!» se queja a su padre, que tiene una extraña obsesión por los palíndromos). Una pelea durante el recreo envía a Anina y a La Elefanta Yisel a la dirección, donde se les administra un castigo inusual: cada una recibe un sobre sellado con lacre que deberá entregar intacto dentro de una semana. ¿Qué hay dentro del sobre? Anina y su mejor amiga Florencia encabezan la trama, intentando descubrir sus contenidos sin violar los términos del castigo. Pero la historia es suelta y dispersa, y admite varias subtramas que se relacionan apenas vagamente una con la otra: la infatuación que Anina siente por su compañero Yonathan, la severidad de una maestra cuyo lema es «La letra con sangre entra» (lo cual termina convirtiéndose en un pesadillesco número musical) y la caprichosa relación que tiene con sus padres son algunas de las líneas narrativas que la película sigue. Estas historias mínimas llevan a las típicas, sanas conclusiones de película infantil: hay que valorar lo que uno tiene; con la violencia no se aprende; no hay que juzgar a los demás por las
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frivolidades de su nombre o su aspecto, y lo más importante de todo: hay que atesorar aquello que nos hace especiales. Anina no es muy diferente a otras películas para niños que pueden tener más gags, más risas y una mejor animación, pero es impermeable al cinismo que está presente, en mayor o menor medida, en todas las cintas que Disney y Pixar producen hoy en día. No necesita de golpes bajos para ser entrañable.
Fragmentos de un texto de Benjamín Harguindey Escribiendo Cine (escribiedocine.com) Buenos Aires, 14 de abril de 2013
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