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Era feriado y estรกbamos despiertos


César Saravia

Era feriado y estábamos despiertos

Editorial Colibrí Buenos Aires


Saravia Cruz, César Rafael Era feriado y estábamos despiertos Primera Edición, invierno 2018 ISBN 978-987-42-9282-7 80 p. : il ; 15 x 21 cm CDD Es 861 1. Poesía. 2. Poesía latinoamericana. 3. Poesía Salvadoreña 4. Título 120 ejemplares Editorial Colibrí - editorialelcolibri@gmail.com Fotografía de portada: Farelis Silva Diseño d portada: Angie Milena Espinel Meneses Impreso en Buenos Aires, Agosto del 2018

Impreso en cualquier rincón de la ciudad La difusión y copia del contenido de esta obra está permitida para fines no lucrativos, siempre citando la autoría de la misma.


El vuelo del colibrí Hemos decidido Caminar la palabra, traerla de senderos azarosos donde fue apresada, la entregamos, la compartimos. Trabajamos para encontrar la esencia colectiva de nuestros conocimientos. Defendemos el arte y la ciencia, las defendemos del egoísmo, del sentido de acumulación, de la privación del oscuro capital. Las letras recorridas que trazan caminos, nos invitan a pensar un mundo nuevo, en la posibilidad de palpar sueños, de llevarlos a la acción transformadora que permita cambiar nuestra realidad. Distanciarnos de la injusticia cotidiana tan certera y tangible. La incertidumbre de morir sin conocer la vida no está en nuestro proyecto. Desplegamos los papeles y nos arriesgamos a volar; nos hermanamos de las hojas, nos abrigamos del calor de luchas ancestrales, de manos compañeras y en manada llenamos de memoria cada espacio. Este es nuestro manifiesto, cargado de rebeldías, nuestra manifestación. Propuesta de autonomía, de organización autogestiva para hacerle frente al fiero sistema y recuperar espacios de intercambio solidario y libertad.


Aunque puedan señalarnos, a pesar de la persecución o de la crudeza de mortales sentencias, corremos el riesgo de soñar, de alimentar los pies con esta tierra golpeada, de lanzar la voz al viento y de brindar nuestras manos a las letras. El olor de las jaulas, los mezquinos barrotes, el jadeo de las sirenas, los democráticos golpes y la indiferencia nunca van a ser suficientes para entorpecer el crepitar del sendero que tallamos al guardar la humanidad que hegemónicamente pretenden arrancarnos. El plomo que quieren fundir sobre nuestra mirada se desvanece frente a la digna resistencia. Hacemos parte de la noche porque somos hijos e hijas de la sombra que aprendió a cuidarse clandestina.

Que la carne que siembran siempre florezca y otras almas voladoras sepan habitarla. Y que cada libro sea libre y parte de nuestra liberación… Editorial Colibrí


Prólogo César Saravia tiene una escritura madura que hace dudar hasta de su propia biografía. El escritor salvadoreño propone una aventura poética profunda y conmovedora que invita a la reflexión. Mañana caerá fuego en la ciudad abrazaremos la nostalgia de los tiempos anteriores.

Vive y siente a fondo, no le escapa a las emociones y eso se refleja en sus versos. Su poesía es social y política, siempre, más allá de la temática que encare. César es Latinoamérica, melancolía y revolución, es grito, denuncia y resistencia. Sus textos tienen ecos tangueros y aunque en ellos no lo mencione explícitamente siempre conllevan un nosotros –punto de partida para la construcción de cualquier realidad–. No es indiferente al presente que le toca y lo describe con un color propio y con la visión de aquel que no solo lo vive sino también lo sufre y lo disfruta. ¿Por qué no? Como cuando se plantea brindar con los amigos celebrando el encuentro con los afectos, esos en los cuales se reconoce. A pesar de manifestarse, por momentos, casi apocalípticamente jamás se deja ganar por la desazón y casi todos sus poemas llevan la luz parpadeante de la resistencia y de la esperanza. Mañana caerá fuego en la ciudad y por la madrugada mientras todos duermen contemplaremos el fin.


Silencio infinito, eterno silencio de la noche todos los para siempre se terminan algún día.

Se reconoce, de algún modo, hijo de los y las que luchan, resisten y se revelan. Él siente un parentesco tan íntimo como necesario con esos hombres y mujeres. Además, se encuentra en los restos de la dolorosa historia salvadoreña al igual que en la de decenas de países de Latinoamérica. El hombre que debió ser mi padre  maneja su pick up del 78  con la cama cargada de armas que deberá entregar a un comando guerrillero... 

El autor tiene una mirada crítica y nada escapa a ella ni la visión que tiene de él mismo. Sabe que los buenos no son tan buenos y que los malos también pueden mejorar, es que cuando talla la realidad con palabras lo hace con pulso firme y siempre, pero siempre, a mano alzada. Para que no confíes en la mano que hoy te da de comer y mañana te arrancará el estómago. Para que no seas indigno  siendo digno ni tan malo siendo malo recuerda que uno siempre acaba pisando la mierda del perro de alguien más.

Todos los poemas de Saravia llevan la nostalgia y la crudeza de aquel que no tiene nada asegurado, excepto el papel, la


tinta y unos versos rebeldes que buscan sublevarse a la paz de los cementerios, al dolor de los otros y a la injusticia. Y es de la mano de ellos que siempre brota, de una u otra forma, el optimismo. nosotros nunca sucumbimos al pesimismo a su terreno inhóspito a su movedizo suelo y a la esperanza la rodeamos de mantas y fogatas hasta que pase el frío.

El autor se define hasta cuando se presenta por la contraria. Siempre toma partido, mientras va desojando verso a verso al presente hasta dejarlo desnudo sin el abrigo de los dialécticos disfraces con que se lo suele vestir. Como cuando deja expuesta la tiranía del sistema que de algún modo obliga a todos a ser políticamente correctos. Adicionalmente, hago constatar que no integro ningún grupo subversivo de ninguna tendencia ni marxista ni comunista ni socialista ni anarquista ni ecologista ni altermundista.

En su paleta usa colores propios pintando la realidad con singulares pinceladas. Él toma partido hasta cuando parece no hacerlo, porque no concibe la vida sin las definiciones y eso se ve tanto en el verso como en el reverso de este trabajo, él opta por definir la realidad tanto desde las formas como desde las sombras que ella misma proyecta.


Finalmente, a modo de buena fe, renuncio a mi derecho de conspirar contra el sistema, ya sea a través de la formación de sindicatos, asociaciones de trabajadores, grupos clandestinos y cualquier otro elemento que alimente aquello de la lucha de clases.

Su mirada aguda tanto de la realidad como de él mismo se refleja en sus versos, en ellos hay lugar para la crítica política y social y para la autocrítica. Saravia se expone sin miedos y escribe con las entrañas porque busca perdurar, no para quedar en el bronce sino para poder seguir mirándose de frente en cualquier espejo. Él no escribe poemas para la poesía, no busca el aplauso ni de los pares ni de los nones. No importa tanto la obra poética importa la piel,el cuerpo, la sangre importan los párpados quemados en las lecturas de la noche los segundos en que escribes, los minutos que le robas al día rutinario.

A pesar de su poética siempre crítica y algo nostálgica, César es un militante de la ilusión (pero no por ser un iluso), es un convencido que el cambio llegará de la mano del hombre y de la mujer de pueblo, los y las que llenan las plazas o luchan con los libros bajo el brazo o con una maza o un martillo en su mano o punta de fusil. Sabe que allí está la fuerza del cambio, el alimento de la utopía, de su utopía, de la nuestra, esa que a diario los medios intentan masacrar.


¿Qué van a decir en la tele? Cuando sepan cuando se enteren que las utopías, las nuestras, no van a morirse nunca.

En este libro no sólo está todo lo que los poemas traen con sus letras sino que además, parafraseando al autor podría decirse que, también arrima esos versos que acaricia pero que aún no están escritos pero que los insinúa. Este trabajo es una declaración de principios tan público como íntimo que lo comparte con nosotros hasta hacernos partícipes necesarios de este su primer hijo literario…  

Leandro Murciego Escritor y periodista


Retrato inconcluso


Era feriado y estábamos despiertos

Antesala Mañana caerá fuego en la ciudad abrazaremos la nostalgia de los tiempos anteriores. Afuera, la miseria crece como epidemia la vida se aferra a los desperdicios del progreso en el trayecto de la mano hacia el bolsillo está el muro donde acaban los sueños. Nosotros nunca perseguimos la fama ni la gloria ni el reconocimiento ni la corona de laureles. Mañana caerá fuego en la ciudad y por la madrugada mientras todos duermen desde el techo contemplaremos el fin. Silencio infinito eterno silencio de la noche todos los para siempre se terminan algún día.

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César Saravia

Fotografía Sepia I El hombre que debió ser mi padre aparece en la fotografía con el cabello largo el bigote le baja hasta donde empiezan las mejillas usa unas gafas oscuras y gruesas. El hombre sonríe con dos de sus amigos quienes también usan cabello largo y beben una cerveza. Al fondo, hay una mesa con libros libros que en las noches estos jóvenes leen que entre cigarros y talegazos de ron acompañan los debates acalorados moldean el carácter tejen imágenes de plazas llenas de hijos de campesinos calzados de cuarteles incendiados y palabras convertidas en tiros de escopeta.

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Era feriado y estábamos despiertos

II El hombre que debió ser mi padre maneja su pick up del 78 con la cama cargada de armas que deberá entregar a un comando guerrillero. La noche se dibuja frente a sus ojos como el fondo de un pozo de agua donde se cuentan los segundos para escuchar caer una piedra. No debo olvidar la ruta, se dice. Pone música, en la radio suena Jaramillo. Si yo muero primero, es tu promesa, sobre de mi cadáver dejar caer todo el llanto que brote de tu tristeza III A lo lejos, una patrulla enciende las luces. El hombre frena, mira por el retrovisor y otra patrulla aparece busca entre sus cosas intenta palpar de su maleta una pastilla, no la encuentra. Baje del auto, dice un soldado.

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César Saravia

Ahora el hombre está de rodillas ya no usa el mismo bigote de la fotografía y sus amigos no están ahí tampoco es tan joven y frente a él ya no hay una cámara sino un fusil. Quizás equivocó la ruta, piensa, quizás pasó a la hora que no debía quizás fue mal informado. Piensa en su esposa en sus amigos en el hijo que nunca lo conocerá. Es una madrugada tranquila de noviembre hasta que el sonido de un disparo despierta a los pericos que descansan sobre un árbol.

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Era feriado y estábamos despiertos

Breve brindis optimista a la medianoche de algún día de septiembre

Para que no te venza la ciudad ni te espante el terror de una tarde de primavera solitaria. Para que no te tiemblen los pies cuando quedes expuesto al dolor a la vergüenza a la estupidez. Para que siempre recuerdes que mientras te queden dientes podrás soportar otro gancho. Para que nunca aprietes los labios para denunciar la injusticia aun cuando la injusticia te aplaste la cabeza y te la parta en pedazos que serán repartidos entre todos, porque eso sí, de cada cual según su capacidad y a cada quien según su necesidad.

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César Saravia

Para que no confíes en la mano que hoy te da de comer y mañana te arrancará el estómago. Para que no seas indigno siendo digno ni tan malo siendo malo recuerda que uno siempre acaba pisando la mierda del perro de alguien más. Para que cuando la vida te acorrale con sus tanques y ejércitos y una voz te grite a lo lejos ríndase asomes tu cabeza por la ventana y de tu cuerpo delgado y débil aparezca un breve grito, tal cual poeta sandinista, ¡que se rinda tu madre! y luego un ruido detonante como trueno te destroce el pecho te arroje sobre la cama y las últimas páginas queden manchadas de sangre, pero con dignidad hermano pero con dignidad.

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Era feriado y estábamos despiertos

Para que elijas mejor con quien te acuestas pero más importante aún a quién amas, y que cuando pienses en volver a casa recuerdes que salvo tu madre y los cobradores de los bancos absolutamente nadie te espera. Para que ya no pienses en tu tierra cayéndose a pedazos entre tus dedos y superes la horrible sensación de no poder enterrar a tus muertos, de seguir esperando a alguien que no va volver. Y finalmente, para que no sueltes la mano de esos seres extraños cuyos rostros reconoces y te atreves, no sin miedo, a llamar amigos. Para todo eso: Brindemos.

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César Saravia

Era feriado y estábamos despiertos

Toda guerra es confusa, dice. Más para quienes participan en ellas, agrega. Estoy aquí fusil en mano, disparando balas contra mi sombra acumulando en la esquina pedazos de sueños dentro de una bolsa del súpermercado. Acá, en esta habitación resistimos a la fragilidad del tiempo a las manchas de zozobra que se acumulan como humedad en las paredes a la pedantería de los economistas liberales a la sonrisa hipócrita de los filántropos. A nosotros, nos tocó la guerra sin enemigo declarado la guerra sin principio ni fin la guerra contra el tedio existencial. Atrincherados en esta habitación que el próximo mes no podremos pagar sobre esta cama de 2x1.50 en el yin yang de nuestros dedos combatiendo el frío. 24


Era feriado y estĂĄbamos despiertos

AcĂĄ, donde resistimos al feriado que se ahoga al ritmo del lavarropas a la imagen de la memoria llagada a la miseria colectiva al infinito vacĂ­o de sabernos mortales. A veces con cierto aire de optimismo un gesto de confianza en el rostro un leve rayo que pulveriza la noche. De esta guerra y de todas las que vengan, afirma, saldremos victoriosos.

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CĂŠsar Saravia

Buena suerte Dos de la tarde San Salvador un hombre orina detrĂĄs de un ĂĄrbol sobre un pajar lleno de agujas.

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Era feriado y estábamos despiertos

Solicitud de empleo

Yo, Andrés Alberto González González, de veintiséis años de edad, recién cumplidos en septiembre. Nacido en San Salvador pero con el corazón migueleño. Hijo de doña Jimena González y don Pedro José González, que valga aclarar no son hermanos, pues de dos personas muy cristianas se trata y la sola suposición de parentesco es una ofensa a su devoción. Hago constatar mediante este documento que cumplo con todas las condiciones requeridas para optar al puesto trabajo. Siendo éstas las siguientes: Que me gradué de la carrera de ingeniería sin mayor interés por la misma pues mi principal afición era la literatura misma de la que por supuesto nunca he recibido ni un centavo. 27


César Saravia

Razón por la cual me comprometo a que en lo que se refiere a mi horario laboral, que va de las 8:30 AM a las 5:30 PM, evitaré pensar en las letras para concentrarme específicamente en las tareas asignadas según mis funciones y en aquellas extras que la urgencia demande. Adicionalmente, hago constatar que no integro ningún grupo subversivo, de ninguna tendencia ni marxista ni comunista ni socialista ni anarquista ni ecologista ni altermundista. Y que pese a que creo que el Capitalismo arruina lo más precioso del mundo acepto someterme a sus reglas en el afán de que la empresa crezca para que sus dueños puedan disfrutar de sus merecidas riquezas y con la esperanza de que el bono navideño me permita saldar las deudas adquiridas en los meses previos.

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Era feriado y estábamos despiertos

Finalmente, a modo de buena fe, renuncio a mi derecho de conspirar contra el sistema ya sea a través de la formación de sindicatos asociaciones de trabajadores grupos clandestinos y cualquier otro elemento que alimente aquello de la lucha de clases. Sin más que añadir, y esperando ser tomado en cuenta, me despido atentamente.

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César Saravia

Cavilaciones frente a una taza de café

Los zapatos de cuero limpios, comprados en una oferta navideña. Decidir entre cinco camisas en total ausencia de sentido de la moda. Tres recibidas en cumpleaños dos en navidad. Empezar la mañana con una taza de café nicaragüense y el inútil ritual de ordenar la cama para volver a desordenarla esa misma noche. Tomar el mismo autobús aferrarse a la manía de mirar a los pasajeros a los ojos contemplar lo que hay detrás de la ventana como quien mira un cuadro de museo o el álbum de fotografías familiar. Las paredes de los edificios llenas de moho. Todo envejece y las promesas se acumulan como en un florero sobre una mesa que va quedando sola. 30


Era feriado y estábamos despiertos

Hablo de los años las fotos los teléfonos la imagen de seis miradas que no se cruzan. Desarrollar técnicas para acortar el tiempo abrazar cualquier forma de distracción que nos aleje un rato. Salir todos los días de la oficina pensando que será la última vez pero de todas maneras volver al día siguiente.

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César Saravia

A veces escribo poemas mientras trabajo

En el camino al destino no tambalees no caigas en la tentación del remordimiento aprende a vivir con las contradicciones mientras puedas reconocerte. La vida que extrañas ya no existe no caigas en la idealización ingenua en el romanticismo inútil recuerda que lo bueno tarda que solo lo que se hace con las entrañas perdura. Nada puede vencerte, si no dejas vencerte si te sostienes de pie hasta la última campanada ni los inspectores de las letras ni los propagandistas del apocalipsis ni los defensores de la tristeza. No escribas poemas para la poesía ni prólogos de lo inconcluso. No importa tanto la obra poética importa la piel, el cuerpo, la sangre importan los párpados quemados en las lecturas de la noche, los segundos en que escribes 32


Era feriado y estábamos despiertos

los minutos que le robas al día rutinario ¡que otros descansen en las mieles de las adulaciones! nada que no se hace con pasión sirve, nada en lo que no se deja la vida es genuino. Llegará tu hora, créeme. Hasta entonces, que no sobre palabra ni verso que no puedas defender con los dientes recuerda que no hay puerta que esté cerrada siempre. Cuando se abra, sujétala entra, no dudes y no salgas nunca más.

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César Saravia

Recuento

Cuando pase la borrachera de los años y hayamos descubierto que para la poesía no existimos en el registro de sus glorias oficiales en los documentos de sus antologistas, volveremos al recuerdo donde todos beben y nadie escucha al que lee pero aplauden como si el mismo Rimbaud hubiera vuelto de su tumba. ¿Quiénes seríamos si hubiésemos nacido en otra época? Si fuéramos nosotros mismos en lugar de unos infiltrados entre la multitud de rostros confundidos agobiados desconsolados que caminan por las avenidas principales.

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Era feriado y estábamos despiertos

A la hora de cobrar un salario y este es un hecho fidedigno los aires de filósofo y analista político no sirven de nada. Planteado así la poesía no parece ser otra cosa que el lenguaje de lo absurdo. Las únicas certezas serán las drogas duras de las obsesiones los horarios en que los bares cierran y los meseros cansados sacan a la calle al último borracho porque la solidaridad la renuncia contundente a los proyectos burgueses el éxito es un valor muy capitalista los versos que acariciamos pero que no escribimos los rostros que amamos y no volvimos a ver el pantanoso tiempo de las decepciones el corazón desbordado en las plazas a la salud de todos los que ya no están de los libros y los naipes que volaron por los cielos cuando un meteorito sea visto desde el décimo piso de una oficina nos quedará la rabia solo la rabia. 35


César Saravia

Todos los noviembres son 1989 Otra vez noviembre y la imprecisión de la memoria como si hubieran pasado siglos y todavía no existieran palabras suficientes aunque se escarbe dentro de viejos léxicos. Otra vez la incomprensión de las cosas acariciar la tierra para sentir solo un poco de calor pegar la oreja al suelo para escuchar una respuesta. Todavía soy ese niño que mira a la puerta que espera el vuelo de los azacuanes en una casa donde solo hay fantasmas solo historias de las que no soy parte el dedo con el que acuso al mundo y toda la tristeza de noviembre colgando de la pared.

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Era feriado y estábamos despiertos

Posguerra Aunque para la historia hayamos llegado tarde a la cita aunque nos haya criado el dolor el desánimo y nos despojaran de todo, nosotros nunca sucumbimos al pesimismo a su terreno inhóspito a su movedizo suelo y a la esperanza la rodeamos de mantas y fogatas hasta que pase el frío.

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César Saravia

El gran puerto Cuando vinieron las promesas imaginamos grandes barcos atracando en nuestro puerto. Desde esta bahía eterna, entrarían con su furia mecánica sus aletas arrastrando el océano sus rompientes llenas de violencia el ancho mar arrodillado a sus fuerzas. Imaginamos nuestra ciudad olvidada con calles llenas de acentos extranjeros la noche viva la alegría desbordada en el muelle. Ahora, desde la costa, solo se contempla una enorme isla de cemento donde naufragan los sueños reflejada en el agua del Golfo como el espejo de nuestras miserias.

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Era feriado y estábamos despiertos

Concertación de la utopía

Todo ocurre en medio de una habitación junto a cientos de miradas que llevás buscando en librerías viejas en tiendas de cosas usadas en delegaciones policiales entre los armarios o dentro de fosas clandestinas. Una mañana en que retumba tu almohada por el sonido de un taladro mientras contás los golpes en la pared. La vida se te presenta como una secuencia de fragmentos de una obra incompleta cuyo final no llega por el miedo a la sala de teatro vacía al final predecible.

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César Saravia

Qué más da dirás si sobre los bordes de la mesa aún se respira la última embriaguez si falta todo aquello que has perdido en algún colectivo que una parte de vos se reparta en simultáneo por cada rincón de esta ciudad que lo que quede sean tan solo los pedazos de lo que antes fuiste. Qué más da si la vida te golpea con la fuerza de una represión de primero de mayo si vas aprendiendo a puros golpes de macana a puro ardor de gas lacrimógeno bajo el deseo de volver a casa como una niña que llora perdida entre la multitud de una plaza llena. Todo eso no importa, porque te aferrás a la certeza de que todo es utópico. Todo, ruptura del tiempo. Por ejemplo, los muchachos que miran a las muchachas saltar la cuerda en el colegio. 40


Era feriado y estábamos despiertos

Por ejemplo, Gramsci en la miseria de las cárceles de Mussolini. Por ejemplo, la mirada del que viaja sobre un tren bajo una larga noche mexicana. Si aquí, lo que antes era Dios hoy es mercado ¿qué van a decir en la tele? cuando sepan cuando se enteren que las utopías, las nuestras, no van morirse nunca.

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César Saravia

Porque el atardecer es siempre muy bello

Yo ya no creo en la finitud de las cosas ni en su carácter jerárquico y predecible. Un día, este cielo rojizo me aplastará con todo su fulgor, herido y sangrante o me acariciará las mejillas y dormiré tranquilo en los brazos del sosiego. Porque lo que busco, es inexpugnable y empiezo a creer que no existe dentro del universo de lo posible ni más allá de los confines de la conciencia. Y aun así, siento calma ahora entiendo que no hay cima que la vida es la cima. Y es bajo esta tenue incertidumbre en el más frío de los desarraigos en el que mis huesos se aferran a este confuso tiempo que nos corresponde.

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Era feriado y estábamos despiertos

Carta Quiero contarte que ahora las sombras me persiguen menos que tenías razón y la angustia no es un lujo posmoderno. Me hago cargo, eso sí, de mi adicción por el dolor. Ya sabíamos que la nostalgia es como el agua hirviendo que cae en el cuerpo. Pero he encontrado que la incertidumbre es bella que hay un placer raro en la duda una pasión insensata en el miedo en la necesidad de saltar hacia lo incierto pero con una cama que te espere al volver.

Quiero contarte que ahora camino con mi propia voz que he llenado de fuego mis palabras que le he dado un sentido pleno a la rabia. Contarte de la muchacha de ojos oscuros de cómo aprendí de memoria su piel de cómo he navegado su cuerpo contarte de la borrachera del amor de las peleas. 43


César Saravia

A veces lamento no haber estado más convencido no haber honrado suficiente la memoria de nuestros muertos que me haya faltado valentía y que a veces haya preferido los libros a la calle. Aunque eso ya no importa. Ahora ya no cuento estrellas sino piedras ahora creo que solo importa la sonrisa la sonrisa emancipadora la sonrisa revolucionaria. Te aseguro, que me siento con un profundo júbilo de vida que cada paso lo he dado con amor que me aferro obsesiva y enfermizamente a la vida y la defiendo, de pie, con el pecho de frente.

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Era feriado y estábamos despiertos

Micrófono abierto

A veces me detengo frente al espejo y me pregunto si todo esto es verdadero si estamos aquí y no en otro sitio. Nunca esperé nada y por eso el fracaso no es una idea que me destemple los dientes que golpeé mi puerta por las noches. En ese sentido no soy más que una persona común quiero ser una persona común. Soñar unas vacaciones en el verano mientras espero la próxima temporada de una serie en internet bajo un difuso y tenue espanto y un paisaje sangrado y humeante. Por supuesto, y de esto mis amigos pueden dar fe tengo mis convicciones profundas. Desgarrarse el pecho frente a una hoja en blanco no es tarea para tibios 45


César Saravia

y ésta es de las pocas certezas de las que puedo dar cuenta. Y a mis amigos los he visto atragantarse la poesía en medio de una casa sin puertas con un mapa que indica cuál será el próximo infierno que tendrán que combatir. Soy, lo sé, un producto defectuoso de mi tiempo si todo es absurdo, entonces todo vale la pena. ahogar las sensaciones diarias en el hermoso acto de tomar una taza de café y reconocerme parte de esta especie. Es desde este lugar que me paro luchando contra la tentación de negarme acariciando la posibilidad de escuchar el susurro de los que ya no están su eco recóndito en el viento de dejarme seducir por aquello que crece bajo las piedras que es profundamente mío y tan extensamente de todos. Es posible que todo esto que digo delate un desvío estilístico del lenguaje poético, una evidente carencia de mi método. 46


Era feriado y estábamos despiertos

De ser así, no importa, escribo como añoranza en el más abierto de los riesgos. Escribo, porque admiro a quienes hicieron de su vida la estética de lo concreto. Escribo porque es mi forma de verles a los ojos mientras acaricio la sombra del éxtasis el punto en que se juntan los márgenes y la vida, quizás, encuentra respuestas.

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PoesĂ­a de la praxis


Era feriado y estรกbamos despiertos

Solo la organizaciรณn

Nadie va a redimirnos ni la mano invisible del mercado ni la mano piadosa de Dios solo la organizaciรณn salva.

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César Saravia

Memoria histórica Quien por una causa justa muere por esa causa deberá ser recordado en la memoria histórica de la tierra donde sus restos encuentren refugio.

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Era feriado y estábamos despiertos

Nicaragua 1956 Los cinco tiros de Rigoberto López en el pecho de Somoza dieron respuesta a una cuestión histórica: En la lucha entre dictadores y poetas alguna vez tenían que ganar los poetas.

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CĂŠsar Saravia

ContrainformaciĂłn

En donde los noticieros ven actos de vandalismo nosotros vemos la dignidad del pueblo dispuesta a romper el histĂłrico casco policial de la injusticia.

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Era feriado y estábamos despiertos

De lo que dijo Zurita sobre la poesía

Todo el arte tiene vocación de extremo. La poesía o es fascista o es revolucionaria nunca socialdemócrata.

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César Saravia

De lo que dijo Walsh sobre el marxismo

Tengo que decir que soy marxista, pero un mal marxista; leo muy poco: no tengo tiempo para formarme ideológicamente. Mi cultura política es más bien empírica que abstracta. Rodolfo Walsh, Cuba, 1965

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Era feriado y estábamos despiertos

De este lado de la protesta

Según nuestra experiencia cuando los policías son policías y el pueblo es pueblo, los policías buenos, no existen.

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CĂŠsar Saravia

Anotaciones para un mejor amor Rechazar para siempre la idea de la pareja perfecta la falsa complementariedad entre celos y amor despojar al sexo de todo prejuicio y tabĂş entender, y esto debe quedar claro, que solo bajo condiciones de igualdad el amor puede ser libre.

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Era feriado y estรกbamos despiertos

Sobre el aporte actual de la academia a la lucha social A la hora de encender el fuego en las barricadas todos los papers sirven.

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César Saravia

Utopía

La unidad de la izquierda es, en sentido estricto, más utópica que el socialismo.

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Era feriado y estábamos despiertos

Alternativas para vender un libro

Un libro de poemas donde los últimos versos los escriba el lector. Un libro de poemas escrito por encargo. Un poema con tantos versos como número de jugadas en una partida de ajedrez. Un libro de poemas con frases de intelectuales cortadas en verso. Un libro de haikus sobre filósofos existencialistas. Un libro de poemas que puedan ser cantados como cumbias. Un libro de cuentos donde todos los cuentos sean el mismo cuento pero con distinto final. 61


CĂŠsar Saravia

Deseos Que tu dolor se convierta en rabia que tu rabia se convierta en lucha que tu lucha sea siempre un acto de amor.

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Era feriado y estábamos despiertos

Decreto siglo XXI Gobierno anuncia Ley para regular la poesía: Se decreta la prohibición inmediata de cualquier verso subversivo. Nuestro afán es devolverle la poesía a las familias. Poesía canto, poesía amor, poesía belleza. Sacarle todo contenido panfletero o que altere el orden público. Un especialista, que pidió no publicar su nombre señaló: Con esto el sistema golpea la última trinchera de resistencia. Estos nunca quisieron venderse, sentenció. Los poetas ya se pronunciaron: No nos callaremos, advirtieron. Así las cosas, seguiremos informando.

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Tiempos democrรกticos


Era feriado y estábamos despiertos

Nota roja del 2 de enero del 2016 El país más violento del mundo. Leo estas palabras en la portada de un periódico en una vieja cafetería de la calle Arce. Pienso que ese país es mi país que acá no se respeta pecho ni garganta. El país de las portadas rojas del conteo diario de muertos cifras en una mesa de periodistas que juegan haciendo estadísticas gráficos comparativos líneas de tendencias notas cargadas de morbo que serán leídas por un par de tipos en algún país del primer mundo un fin de semana frío de invierno mientras exclaman en tono compasivo pobre gente o su equivalente en cualquier idioma.

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César Saravia

Pienso que a los muertos pronto habrá que decirles que ya no queda espacio para ellos o habrá que hacer tumbas sobre los árboles que la muerte es cada vez más incomprensible y que a los vivos es cada vez más difícil explicarles ¿por qué?

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Era feriado y estábamos despiertos

Desde acá, desde allá No me preocupan los tiroteos de la tarde subirme al autobús y mirar con desconfianza a los otros pasajeros. No me preocupa dormir tarde esperando un mensaje que diga llegué bien a casa cuatro palabras escritas en un texto cientos de mensajes llegando a cientos de teléfonos a la misma hora. La angustia y la psicosis colectiva el miedo a los lugares oscuros a las esquinas sospechosas el miedo al otro a los otros al que viste diferente al que por error pasa a la noche por la misma calle por la que paso y seguramente también tiene miedo.

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César Saravia

Me preocupan, eso sí, las sombras entrando por las paredes humedeciendo el cuarto de silencios tomándote por los brazos como en un ritual pagano como el banquete de unas hienas. El filo helado de un cuchillo bajando por tu cuello cruzando por tus hombros tus brazos tus dedos tu pecho mientras alguien prepara un café para tomarlo frente a la última tarde. Me entristece, te confieso esta ausencia este ya no verte entrar por la puerta pensar que mañana será otro día en que el sol golpeará sobre tus músculos que se desgarran en un país lejano que unos ojos se clavarán en tu vieja puerta y que será otro día en que tampoco podrás volver.

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Era feriado y estábamos despiertos

Un hombre duerme en el parque Él duerme con el rostro al cielo bajo intenso sol de verano. Duerme con sus brazos extendidos sobre el césped mojado por los aspersores. Bajo su espalda, un charco de sustancia roja los tres orificios en su pecho el olor a carne perforada. Detrás de la cinta policial los curiosos. La cinta amarilla policial como puente como pequeña hebra entre vida y muerte. Detrás de la cinta las conjeturas los murmullos los columpios y toboganes vacíos.

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CĂŠsar Saravia

De este lado el ritual de los fiscales los restos de los casquillos las noticias hechas realidad un hombre que duerme un hombre que carga sobre sus pĂĄrpados el peso histĂłrico de todas las muertes de las anteriores de la suya de las nuestras.

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Era feriado y estábamos despiertos

Los rostros que tapizan las paredes, a las espaldas de los que esperan el autobús, me miran y me hablan cuando aparecen uno tras otro al cruzar la esquina. Camino por una ciudad que se aferra a sus recuerdos de grandes glorias que luce sus edificios viejos y graffiteados desgastados por la inclemencia del tiempo que olvida los nombres las fechas los infortunios los horrores. Que se mira frente a la televisión y sentencia: Algo habrá hecho. Siempre los que ya no están algo habrán hecho la gente de bien y su ingenua certeza de creer en su inmortalidad en sus pechos blindados en la imbatibilidad de sus castillos. Todo, hasta que estos, también se derrumban.

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César Saravia

Despojados de todo nombre un día nos despertamos frente al lenguaje frío de la estadística. Siendo apenas un número que espera en la fila del banco un número de departamento de un edificio o la clave de un cajero automático. De pronto la ciudad que conocemos se nos esfuma frente a los ojos como el humo de un cigarrillo como una vela que está por acabarse. Así, sitiados por los letreros de no pasar; propiedad privada; sonría, lo estamos filmando bajo la nube de smog que cubre el cielo que entra por nuestros pulmones frente a la mirada ajena del policía que vigila la cuadra. Sitiados, en definitiva, por el miedo.

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Era feriado y estábamos despiertos

Este país no es nuestro. Lo supimos la primera vez que salimos a cazar unos dólares. Lo entendimos una noche en que nos levantamos de un bar para dejar de conspirar contra el pesimismo y la apatía contra la ignominia de los años. Pero poco pueden las palabras frente al imperio de los carteles publicitarios. Así, nos arrastramos hasta la frontera detrás de una larga fila como de oferta de almacén. Acá, el momento más esperanzador es siempre el sello del pasaporte. De la nostalgia ni hablemos compañero, el último en salir que cierre la puerta.

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César Saravia

Cosas por hacer

(Bonus para espantar fantasmas)

Habrá que reconstruir la noche buscar de entre sus escombros el último cigarro para encenderlo frente a la tristeza. Engendrar la ilusión de nuevo volver a los cánticos a las noches serenas sin ruidos que corten el viento. Apagar la tele por las tardes sentarse a la orilla de la calle volver a la risa de las abuelas a los jugos para lidiar con el calor. Habrá que salir de nuestra cueva secar el suelo inundado de llanto y con la voz desnuda de miedo, tal cual pájaro que canta en la plaza, volver a la ciudad que un día fue nuestra y desde todos sus rincones gritar que estamos aquí que estamos vivos y aquí nos vamos a quedar. 76


Indice Retrato Inconcluso Antesala ................................................................... 17 Fotografía sepia ....................................................... 18 Breve brindis optimista a la media noche de algún día de septiembre...................................... 21 Era feriado y estábamos despiertos........................ 24 Buena suerte............................................................. 26 Solicitud de empleo.................................................. 27 Cavilaciones frente a una taza de café.................... 30 A veces escribo poemas mientras trabajo.............. 32 Recuento................................................................... 34 Todos los noviembres son 1989............................... 36 Posguerra.................................................................. 37 El gran puerto........................................................... 38 Concertación de la utopia........................................ 39 Porque el atardecer es siempre muy bello.............. 42 Carta ......................................................................... 43 Micrófono abierto.................................................... 45 Poesía de la praxis Solo la organización................................................. 51 Memoria historica.................................................... 52 Nicaragua 1956......................................................... 53 Contrainformación................................................... 54 De lo que dijo Zurita sobre la poesía....................... 55 De lo que dijo Walsh sobre el marxismo................. 56


De este lado de la protesta ..................................... 57 Anotaciones para un mejor amor............................ 58 Sobre el aporte actual de la academia a la lucha social......................................................... 59 Utopia....................................................................... 60 Alternativas para vender un libro............................ 61 Deseos...................................................................... 62 Decreto siglo XXI...................................................... 63 Tiempos democráticos Nota roja del 2 de enero de 2016............................. 67 Desde aca, desde allá............................................... 69 Un hombre duerme en el parque............................ 71 Los rostros que tapizan la ciudad.............................. 73 Despojados de todo nombre..................................... 74 Éste país no es nuestro.............................................. 75 Cosas por hacer (Bonus para espantar fantasmas).. 76


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Era Feriado y Estábamos Despiertos  

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