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Contexto y Nuevos Retos Educativos de la Iglesia en México. XCII Asamblea Plenaria CEM Dra. María Luisa Aspe Armella.


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Hablar de la emergencia educativa actual y de los retos que la Iglesia enfrenta en consecuencia, es una buena ocasiĂłn para rememorar uno de los acontecimientos capitales vividos por la Iglesia a mediados del siglo pasado: el concilio Vaticano II.


Puede sonar contradictorio hablar de “retos” rememorando un acontecimiento del pasado, por muy ilustre y relevante que éste haya sido.

Un reto es el que nos encara a un presente abocado al futuro.


La fe cristiana nos remite a una “comunidad de memoria”. Shema, Israel: recuerda, Israel… Recuerda México… 

Desde este punto de vista, “recordar” no es meramente narrar historias del pasado, sino “presencializar” y abrir al futuro.


Significa, en definitiva, rescatar del pozo inmisericorde del olvido posibilidades que, aplicadas hoy, pueden ser caminos de futuro.

Rememorar hoy el concilio Vaticano II nos permite percibir la misma presencia del Espíritu, el gran protagonista del concilio y dar testimonio de Él, de puertas adentro y de puertas afuera, de nuestra comunidad eclesial.


Hoy, en otro tiempo y contexto, el reto que acometemos es el mismo: Abrir la Iglesia al mundo, con esperanza renovada.

Una Iglesia llamada a repensar su Misión, como nos dice Aparecida.

Iglesia que finque su relevancia no en la recuperación de espacios de poder perdidos sino en su significación: en la vivencia evangélica que resulta contracultural.


Hombres y mujeres nuevos que encarnen lo mejor de la tradición y de la modernidad en la Iglesia, cuya fe se encarne culturalmente.

De las muchas carencias que padece nuestro país la más grave es la de la esperanza, de la cual ningún miembro de la Iglesia está a salvo.


Pablo Latapí, poco antes de morir hacía esta descripción de la situación que padecían las instituciones educativas mexicanas en un contexto de transición:


“Las presiones demográficas y sociales, las exigencias políticas, las angustias presupuestales, los cambios culturales y educativos y, sobre todo, los retos de la economía nacional e internacional las abruman y y las enfrentan a decisiones nada fáciles”.


“Se les exige calidad, se les obliga a modernizarse, a ser eficientes, a preparar los cuadros que requiere el mercado, a innovar en sus métodos pedagógicos y en sus procesos de gestión, a evaluarse y acreditarse sobre bases sólidas; y se les propone la sociedad del conocimiento, eje vertebrador de las economías globalizadas”.


Los funcionarios, maestros, estudiantes, aquellos receptores de la educación formal o informal, en instituciones públicas o privadas, católicas o no, saben lo que implican estos retos y sufrir todos los días en carne propia sus consecuencias.


LA PRESIÓN DEL MODELO ECONÓMICO 

Es un hecho que el mercado se ha apoderado de la educación: se trata ahora de un bien que se adquiere, que tiene un costo de producción y un valor de intercambio.

Ya no se trata de un acto de justicia o del cumplimiento de una deuda de una generación con la siguiente, sino de un gasto, una inversión o un subsidio.


El derecho a la educación es hoy el derecho a acceder a servicios educativos.

El proyecto de formar personas ha pasado a significar la producción de recursos humanos y,

los antiguos criterios de evaluación son ahora, estándares de calidad.


Aún asumiendo la globalización como principio de realidad, habría que estar vigilantes de no hacer depender la educación en exclusiva de sus criterios.

Que si sólo lo logramos unos cuantos, hay que reconocerlo, es que no lo hemos logrado.


LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS 

Uno de los signos característicos del contexto de la globalización en el que estamos inmersos es sin duda la revolución en las tecnologías comunicativas.

Los datos duros del crecimiento en el número de usuarios de internet en los más o menos treinta años que lleva de existencia confrontados con otros sobre el acceso a la educación superior en el país muestran mejor que otros ejemplos lo que significa ser excluido en la posmodernidad.


Existen más de 1900 millones de usuarios de internet en todo el mundo, de los cuales más de 700 millones son asiáticos y sólo 170 millones proceden de Latinoamérica y el Caribe.

En México solamente el 30% de los jóvenes entre 19 y 24 años tiene acceso a la educación superior, lo que significa que sólo 2 de cada 10 jóvenes podrán aspirar a ella a diferencia de los países nórdicos en los que el acceso a la educación superior es del 80% siendo el promedio mínimo señalado por la UNESCO del 40%.


De llegar a democratizarse el acceso a la información, internet sería un poderoso motor de desarrollo, pero en la medida en que esta situación no se de, sólo podrá contribuir a hacer más amplia la brecha entre los que pueden y no pueden, los que saben y no, entre aquellos que tienen motivos para la esperanza y los que los han perdido o nunca los tuvieron.


LA CALIDAD EDUCATIVA: UN TÉRMINO POLISÉMICO 

La calidad está de moda… No es la primera vez que un concepto se impone de forma avasalladora.

Hoy es un concepto usado a nivel nacional e internacional.

Lo usan las autoridades a todo nivel, los profesores, los padres de familia, los alumnos y la sociedad en general.


El concepto de “calidad educativa” tuvo su origen en el campo empresarial.

Inicia, en los países que tenían una buena infraestructura educativa, un movimiento que impulsa una mejora cualitativa, adoptando el modelo de “calidad total” de la empresa.


Se han identificado factores que influyen en el logro de una mejor educación y otros, que la inhiben.

Desde el punto de vista de la planeación se le define por la presencia de cuatro factores: eficacia, eficiencia, relevancia y equidad.

Pero la realidad es que carecemos de una definición clara de la calidad que perseguimos y el debate sigue abierto.


Puede derivarse de lo anterior, el que se confunda la calidad con el aprendizaje de conocimientos, lo que simplifica engañosamente el problema.

O que se establezcan comparaciones generalizadoras entre instituciones sin tomar en cuenta los distintos contextos y circunstancias de los estudiantes.

También, que se confunda la calidad con “el éxito” en el mundo laboral de acuerdo a los valores del sistema.


Un ejemplo de esto es el concepto de “líder” que publicitan los idearios de varias universidades mexicanas, no pocas de ellas católicas.

Una educación de calidad tendría que ver con el estimulo para ser mejores, con un sentido de autoexigencia, comprendiendo al mismo tiempo nuestra necesidad de los demás.

O como la definiera hace ya mucho tiempo José Ortega y Gasset: “la capacidad de exigirnos más”.


Con sólo calidad educativa, la escuela católica pierde su sentido de ser y su identidad.

Sin calidad educativa la escuela católica pierde credibilidad para evangelizar.


EDUCACIÓN INCLUYENTE Y DE CARA A LA REALIDAD 

Lo que significa que lo de afuera está adentro (como materia de reflexión y de discernimiento).

Y lo de adentro está afuera: (el conocimiento que gestiona, que articula, que fecunda el entorno social).


En este sentido, habría que ser críticos frente una educación meramente “académica” o profesionalizante que no transforma la realidad.

Sin perder de vista que en el eje de la educación debiera estar la formación de personas, de hombres y mujeres para los demás.


A pesar de los grandes esfuerzos, en México hay todavía cientos de miles de personas excluidas de la educación.

Por exclusión entendemos no solamente personas con limitaciones de aprendizaje o de conducta sino a niños, jóvenes y adultos que sufren:

carencia de escuelas,


Rechazo por no cumplir con los requisitos solicitados,

limitaciones intelectuales, afectivas o económicas,

carencia de ingresos y necesidad imperiosa de trabajar antes de tiempo,

desconocimiento del idioma en que se enseña,


Incapacidad para comunicarse,

problemas familiares de todo tipo,

fracaso escolar,

deficiencias biológicas y alimenticias,

hiperactividad…


Herencia del contexto histórico cultural con su afán de uniformidad, excluyendo así a los pueblos indígenas. 

No ha sido fácil admitir vivencialmente el concepto de inclusión, de tolerancia y de respeto a las diferencias.


Cuando en la población general de 15 o más años, apenas el 9 por ciento no sabe leer, entre los indígenas de Guerreo y Chiapas el analfabetismo es de más de 50 por ciento, según datos del Inegi.


1) Revertir la falta de sentido de Cuerpo. 

Dispersión y oposición al interior de la Iglesia y de sus múltiples instancias, organismos e instituciones y en particular de aquellas relacionadas con la problemática educativa.

Distintos lenguajes, culturas, carismas, ideologías, proyecto y distinta agenda.

Oposición intra eclesial aludiendo a la incompatibilidad – incomprensible- entre los distintos carismas…

Necesidad de fortalecer el sentido comunitario y el “sentir con la Iglesia” en este tema así como en muchos otros.


2) Mejorar la comunicación. 

Enfrentar el problema ad- intra, de la falta de planes, programas y estrategias consensuadas de comunicación, lo que ha provocado que a menudo esta resulte insuficiente, deficiente y en ocasiones contraproducente.

Empeñarse en transmitir e interiorizar la concepción que se tiene de la educación, al nivel de los católicos “de a pie”.

Mejorar el flujo de la información ad- intra y ad- extra; entre las instituciones, organismos e instancias involucradas en la educación en México.


3) Salir de la auto referencialidad. 

La que se ha convertido en un problema endémico de muchas instituciones eclesiales y seculares. Trabajar en desmantelar la resistencia a evaluar y ser evaluado por los pares y por instancias externas.

Esforzase en salir de la trampa latente de la autocomplacencia y de la poca vinculación con el mundo secular de la educación lo que se ha traducido en ocasiones en merma de la calidad profesional.


4) Propiciar la reflexión y discernimiento. Proceso consistente de observación y de análisis de nuestras propias prácticas. Habrá que cuestionar a fondo: 

La congruencia de nuestro discurso- práctica.

El concepto de liderazgo que se está promoviendo en nuestras instituciones.


El impacto de la lógica de mercado y el individualismo en la intencionalidad, estrategias y fines de nuestros modelos educativos.

El desdibujamiento o la fidelidad a la opción evangélica por la justicia en nuestros proyectos y en nuestros egresados.


Las inercias histórico-políticas que hemos interiorizado culturalmente: corporativismo, corrupción, discrecionalidad…

Dilemas: excelencia educativa – mensaje evangélico; cultura contemporánea- identidad católica.

Desmontar los resabios de una cultura pre- conciliar de la concepción de la relación con los laicos la que sigue siendo desigual, asimétrica y corporativa.


Dejarse interpelar por la realidad que clama por el legítimo protagonismo de laicos bien formados y comprometidos con la Iglesia y con el país.

Colaborar en la integración de fe y vida en los fieles.

Formar al presbiterio en una nueva actitud de apertura y respeto a los laicos.


5) Calidad. 

La Educación católica no se puede sustraer de la crisis general de la educación en la época actual y particularmente de la que aqueja a nuestro país.

El reto está en poder recuperar una riquísima tradición viva pedagógica desde diversos carismas a favor de la calidad integral de la educación católica, respetando su doble lógica de educación en sí y de católica.


Urge medir nuestra verdadera estatura en el campo secular de la educación y en el mundo plural que ahora es México.

Recuperar la identidad y el dinamismo de las escuelas y universidades católicas, para volver a ser un referente cultural para creyentes y no creyentes.


6) Formación. 

Históricamente, la formación de los católicos ha venido decayendo en México a partir del PosConcilio y de un contexto sociocultural crecientemente plural.

Se requiere que, a partir de un diagnóstico, puedan formularse estrategias para la formación de formadores y de maestros católicos en diálogo permanente con el mundo secular, que participen activamente en las iniciativas de la sociedad civil.


Promover que la formación en los seminarios esté a la altura de los tiempos actuales.

Salir al encuentro de los maestros católicos de la escuela pública y renovar el diálogo con aquellos de las instituciones católicas.


Formarse en la riqueza que ofrece la Doctrina Social de la Iglesia, casi desconocida para buena parte de los fieles.

Doctrina que manifiesta la continuidad de una enseñanza que se fundamenta en los valores universales que derivan de la Revelación y de la naturaleza humana y que por ello, no depende de las diversas culturas, de las diferentes ideologías, de las distintas opiniones.

Que en su constante atención a la historia, dejándose interpelar por los eventos que en ella se producen, manifiesta una capacidad de renovación continua. (CDSI 85).


Recuperar a los obispos y presbíteros como figuras educativas por excelencia según el modelo de Jesús Maestro (me valgo aquí de las siete cualidades de Cristo Maestro de Mons. Gianfranco Ravasi):

Maestro del anuncio fundamental del Reino.

Jesús Maestro sabio: que usa parábolas, el símbolo, la narración, la paradoja y la imagen fulgurante.


Jesús Maestro paciente: que se adapta a nuestro lento caminar.

Jesús Maestro provocador: que no teme denunciar los males…

Jesús Maestro profético: en el sentido auténtico del término. Quien interpreta los signos de los tiempos, el hombre del presente quien actualiza la Palabra.

Jesús Maestro- Moisés: que lleva a plenitud el mensaje. (Como dijera Teresa de Ávila: “los predicadores hoy no mueven ya a conversión porque tienen demasiado buen sentido y les falta el fuego de Cristo”).


En este rubro está uno de los aportes más significativos que a nuestro juicio la Iglesia puede ofrecer al tema de la educación en México.

Es evidente que todos los diagnósticos así cualitativos como cuantitativos de la educación convergen en el MAESTRO.

Habrá que idear estrategias creativas, imaginativas, ambiciosas, realizables y sobre todo, AUTÉNTICAMENTE EVANGÉLICAS para lograrlo.

retos educativos  

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