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Fundación Centro Crianza

Acompañamiento Terapéutico

ACOMPAÑAMIENTO TERAPEÚTICO

El presente material ha sido elaborado para el uso exclusivo del presente curso. No está recomendado su uso sin la correspondiente supervisión. Está prohibida su reproducción total o parcial

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ACOMPAÑAMIENTO TERAPEÚTICO

EQUIPO DE FUNDACIÓN CENTRO CRIANZA DIRECTORA ACADÉMICA Prof. Graciela Petrini DIRECTORA ADMINISTRATIVA Prof. Patricia Buteler DOCENTE A CARGO DEL DICTADO DEL MÓDULO Prof. Beatriz Reyna

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Carta Al Alumno Método De Estudio Objetivos Perfil Docente Programa Bibliografía

MÓDULO 1: EL ACOMPAÑANTE TERAPÉUTICO, UNA ANTIGUA TAREA CON UN NUEVO PERFIL Contexto histórico e institucional 

La enfermedad mental en la epoca clásica- del "asilo" al "manicomio"

La historia de un "lugar"

El acompañamiento terapéutico en la contemporaneidad

Del "amigo calificado" al "acompañante terapéutico", una nueva nominación

Puntualizaciones

sobre

el marco legal

que contempla

la práctica clínica

del

Acompañamiento Terapeútico Fundamentos teóricos en la formación del Acompañamiento Terapeútico 

Algunas puntualizaciones acerca del dsm iv: caracterización de los fenómenos clínicos desde la psiquiatría

La alternativa psicoanalítica y la “terapéutica”

Actividad Integradora Módulo I

MÓDULO 2: CONSTITUCIÓN DEL SUJETO PSÍQUICO Datos Biográficos 

Sigmund Freud

Jacques Lacan

La Pérdida De La Realidad 

La Constitución Del Sujeto Psíquico

El Estadío Del Espejo

El Edipo

El Lugar Del Niño En La Estructura

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Actividad Integradora Módulo II

Material Ampliatorio Modulo II 

Los Momentos Lógicos De La Constitución Subjetiva

El Narcisismo Y El Estadío Del Espejo

El Juego Del Fort Da

El Complejo De Edipo

Introducción Al Narcisismo

La Organización Genital Infantil

Algunas Consecuencias Psíquicas De La Diferencia Anatómica Entre Los Sexos

MÓDULO 3: LA INTERVENCIÓN DEL AT FRENTE A LA PRAXIS Ni enfermo a curar, ni objeto a cuidar, sujeto en relación a un otro El concepto de transferencia 

De la transferencia como descubrimiento

Del amor de transferencia y la repetición

De la transferencia y la pulsión

El Acompañamiento Terapéutico como recurso de la dirección de la cura Trabajar entre varios. El Acompañante Terapeútico y el trabajo en equipo

Actividad Integradora Módulo III

Material Ampliatorio Modulo III 

La dinámica de la transferencia

Recuerdo, repetición y elaboración

Observaciones sobre el “amor de transferencia”

MÓDULO

4: ESTRUCTURAS Y FENÓMENOS

CLÍNICOS, APROXIMACIONES TEÓRICAS

NECESARIAS A LA TAREA DEL AT - LA SINGULARIDAD Introducción La psicosis A modo de conclusión Condiciones del aprendizaje en la psicosis Autismo El tratamiento del Otro ¿una forma posible de la dirección de la cura?

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Acerca de la debilidad mental Anorexia y Bulimia ¿hambre de otra cosa? Trastornos de la alimentación ¿expresión corporal?

Actividad Integradora Módulo IV

Material ampliatorio Módulo IV 

El niño retardado y su madre

El límite del saber

MÓDULO 5: MODALIDADES DEL ABORDAJE DEL ACOMPAÑAMIENTO TERAPÉUTICO Introducción Francoise Dolto y la casa verde Hospital de día: un dispositivo Vicisitudes de un servicio de atención psicológica en un contexto institucional (el ámbito escolar y la discapacidad) Los lugares del saber en la institución La clínica psicoanalítica en una institución para niños “Trabajar entre varios”

Material ampliatorio Módulo V 

Psicología de las masas y análisis del yo

El porvenir de una ilusión

 El malestar en la cultura Actividad Integradora Módulo V (Trabajo Final)

Cierre

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Estimad@ alumn@: Las autoridades de la Fundación Centro Crianza y el equipo de profesores queremos darle la bienvenida a la modalidad de cursado virtual. En los próximos meses recorreremos un camino de aprendizaje juntos. En las siguientes páginas encontrará una descripción detallada de los contenidos que conforman la capacitación, los objetivos que la orientan, los principales conceptos y nociones que desde un plano teórico la articulan y una serie de actividades que le permitirán profundizar sobre las diversas unidades de estudio. Nuestra tarea será la de guiar su formación a través de este material. Pero estará en sus manos sacar provecho de los recursos que brindamos; especialmente, deberá comprometerse en una lectura atenta de la bibliografía, en la realización de actividades sugeridas y en la puesta en común de sus dudas. El material de estudio que se desarrolla a continuación está conformado por una serie de textos exclusivamente seleccionados con el fin de brindarle un conjunto de herramientas de carácter teóricas y prácticas que le permitirán aproximarse al concepto y modo de abordaje del Juego como Estrategia de Intervención. Además, en cada unidad encontrará una sección denominada Material Ampliatorio en los que se presentan

artículos de lectura obligatoria que tienen la finalidad de complementar los

conceptos adquiridos en la lectura de los textos de los docentes. La capacitación incluye Materiales Anexos que se encuentran a su disposición en el Campus Virtual en diferentes formatos, algunos son para ver on line, otros podrá descargarlo en su computadora. Su consulta es obligatoria, ya que complementa lo desarrollado en este material. Para poder lograr estos objetivos, es necesario que nos comprometamos todos: por su lado, debe tratar de cumplir con las actividades y el estudio de los contenidos y, por nuestra parte, vamos a tratar de evacuar todas sus dudas e inquietudes para que pueda cumplir con lo académicamente esperado.

Bienvenido!!! A partir de ahora estamos a su disposición. Prof. Beatriz Reyna Tutora de Capacitación

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Fundación Centro Crianza desea darle la bienvenida a nuestra comunidad educativa y agradecerle el habernos elegido para acompañarlo/a en el camino de su formación profesional, para comenzar le detallaremos las características de nuestro método de estudio. El Método de Estudio de Centro Crianza brinda respuesta a la búsqueda de la superación profesional y personal, dejando Instaladas capacidades para la conquista de nuevos espacios socio- laborales. Este método presenta un recorrido por espacios que describiremos a continuación, a modo de garantizarte un aprendizaje perdurable que se integra a tu estructura cognitiva. • Espacios de información, donde se desarrollarán los temas que constituyen cada curso. • Espacios de recuperación de experiencias personales, donde podrán los destinatarios evocar y relatar sus experiencias y al mismo tiempo, reflexionar sobre ellas. • Espacios de intercambio y discusión, donde podrán en sus grupos institucionales y/o regionales, a partir de una tarea, analizar, discutir o intercambiar experiencias y al mismo tiempo, reflexionar sobre distintos temas. • Espacios de exploración, donde se relevarán datos, buscando constatar en la realidad las hipótesis que se plantean en los distintos temas, para volver a formular nuevas hipótesis. • Espacios de síntesis e integración, donde podrán elaborar las conclusiones a las que pudo haber arribado individualmente. • Espacios de evaluación, donde podrán verificar la resolución de su proceso de apropiación en las problemáticas de cada curso.

Modalidad de Estudio a Distancia La Educación a Distancia es una modalidad pedagógica que pretende superar los límites espaciales permitiendo el acceso a los estudios a un número mayor de personas que por razones de dispersión geográfica y ocupaciones laborales,

no pueden acceder

a

propuestas de capacitación presenciales.

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Las estrategias implementadas desde esta modalidad educativa posibilitan, entre otras cosas, un aprendizaje más significativo, en cuanto contemplan su adaptación a realidades y necesidades regionales o locales y a ritmos y habilidades personales para el estudio. La propuesta pedagógica intenta promover un proceso de estudio que respete los tiempos individuales y brinde al estudiante mayores márgenes de libertad. Se sostiene, además, el enriquecimiento que supone la capacitación en el trabajo. Por su estructura organizativa, no separa al estudiante de su ámbito laboral. Así, ámbito de estudio y de trabajo pasan a ser sinónimos, pues los saberes prácticos y los saberes validados científicamente son más fáciles de relacionar y favorecen un real aprendizaje. El estudio a distancia supone una propuesta organizativa que le permite funcionar a través de herramientas

como un cronograma preestablecido

que es importante

respetar, un sistema de tutorías a través campus virtual o correo electrónico, que es necesario utilizar, y un conjunto de materiales de estudio elaborados especialmente para esta modalidad. El conjunto de todos estos componentes es lo que permite sostener "la distancia". En el marco de esta propuesta deberás no solo apropiarte de los contenidos del curso sino también deberás aprender a estudiar con esta modalidad. Para conocer el funcionamiento de la misma, consideramos necesario presentarle cada uno de los componentes con los cuales interactuarás a lo largo de este curso.

• El Material de Estudio. • El Material Anexo • Referencia Bibliográficas • El Cronograma de Trabajo • Las Actividades de aprendizaje • Las Actividades integradoras • El sistema de comunicaciones. • El sistema administrativo.

1.

El Material de Estudio

Los materiales que hoy forman la propuesta de trabajo, han sido evaluados en anteriores implementaciones y enriquecidos con los aportes de los participantes y la mirada crítica

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de sus autores. El presente material de Estudio es la base y estructura del curso y su consulta es de carácter obligatorio. En él encontrará el desarrollo de todos los contenidos, más una propuesta de aprendizaje que orientará su estudio.

2.

Material Anexo

Los mismos son seleccionados por el docente tutor, quien será el encargado de organizar su utilización, dependiendo del momento académico del alumno, las demandas del alumno y las nuevas publicaciones que surjan en la disciplina. Este material anexo complementará el material de estudio, aportando contenidos en diferentes formatos, tales como: videos, conferencias, audio, Etc. El beneficio de la utilización de los mismos reside en que aporta diferentes experiencias que salen de la estructuración de un texto escrito. Encontrará los mismos en la sección ANEXOS del campus virtual.

3.

Material Ampliatorio

Este material complementa el material de estudio. En ellos se desarrollan conceptos fundamentales que queremos que incorpore y aprehenda. Los encontrará al finalizar cada unidad o eje temático.

4.

Referencias bibliográficas

Tiene por finalidad indicar las fuentes bibliográficas utilizadas para la confección del material, permitiendo su consulta a aquellos que deseen profundizar las temáticas desarrolladas.

5.

El Cronograma de Trabajo

El cronograma de trabajo es un componente muy importante de nuestro método de estudio, ya que nos permite ordenar los alumnos con las fechas de entrega de las actividades obligatorias. Las mismas deben ser respetadas para no perder la condición de alumno regular. Las fechas que debe respetar figuran en el Campus Virtual al que accederán desde nuestro sitio web www.centrocrianza.org.ar en el link de Ingreso al Campus. Los datos de ingreso: usuario y clave, serán oportunamente informados vía mail.

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Cumplimiento del cronograma. Con el cumplimiento del cronograma usted se asegura la corrección de las mismas en tiempo. Tenga en cuenta

que esta propuesta de capacitación

se ha diseñado

especialmente para profesionales que poseen tiempos acotados, es por ello que las fechas definidas garantizan el cumplimiento de los tiempos requeridos para el estudio del material bibliográfico. Solicitud de un nuevo cronograma. Si por algún motivo no pudiera cumplir con los plazos propuestos, deberá enviar un mail a administración@centrocrianza.org.ar, con el Asunto: Solicito Nuevo Cronograma.

6.

Las Actividades

Le proponemos que guiado por el libro y el cronograma de entrega de actividades, organice su tiempo personal para el estudio y la resolución de: • Las actividades integradoras. • Las actividades de aprendizaje.

Las actividades han sido diseñadas pensando en orientar su proceso de estudio y en particular, se intenta a través de ellas, acercar la distancia entre la teoría y la práctica. Nuestra sugerencia es que las realice a todas, si esto está dentro de sus posibilidades.

Actividades Integradoras Se encuentran al final de las unidades temáticas. Su resolución y envío puede realizarse en forma individual o grupal, siendo de carácter obligatorio a los fines de acreditación del curso. Estas actividades apuntan a la integración de los conocimientos teóricos desarrollados con posibles derivaciones prácticas. Recomendaciones para la Realización de las Actividades: • Leer con atención los diferentes pasos que la componen • Identificar las partes del texto que lo orientarán en su resolución • Consultar al docente cada vez que lo crea necesario • Prestar especial atención a las pistas que presenta el material para la realización de las mismas.

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Requisitos para la presentación: De no contar con los requisitos mínimos la actividad no será corregida, por lo tanto les solicitamos envíen sus actividades de la siguiente manera: • Adjuntando siempre el Formulario de Entrega de Actividades, el cual puede descargar desde el Campus Virtual, o solicitarlo vía mail a actividades@centrocrianza.org.ar

7.

Evaluación Final

El presente curso cuenta con una Evaluación Final que se realizará luego de la entrega de la última actividad integradora del mismo. El objetivo de la misma es evaluar la capacidad de integración conceptual y la claridad en el uso de los conceptos por parte del alumno.

8.

Criterio de Evaluación

Trataremos de convertirla en un proceso permanente, que favorezca principalmente al participante. Entendemos que las diversas instancias evaluativas de este curso son momentos claves que obligan al participante a sistematizar lo estudiado y a comunicarlo posteriormente. Ambos procesos son fundamentales a la hora de aprender. Por otro lado, ayudan al docente a conocer cuál es el recorrido que hace cada participante, sus logros y dificultades. En función de estos objetivos las actividades promoverán la reflexión, la vinculación de los aportes conceptuales con la práctica profesional y la reelaboración y transferencia de los aportes conceptuales a las diversas realidades. Por ello, los criterios de evaluación serán: • Capacidad de reelaborar la información brindada en cada módulo • Capacidad de relacionar lo teórico con lo práctico • Capacidad de reflexión y cuestionamiento

No se considerará pertinente la reproducción de la información que ya se encuentra en los materiales de estudio, la que podrá

ser tomada

en forma de cita con su

correspondiente señalización al pie de página. Tanto las Actividades como la Evaluación final se aprueban con 7 (siete) puntos como mínimo.

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9.

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Requisitos para la Aprobación del Curso

• Haber enviado y aprobado las Actividades Integradoras del curso. • Aprobar una evaluación final. En caso de n o aprobar cada alumno tiene derecho a una instancia de recuperación que deberá aprobar con 7 (siete) puntos como mínimo.

10. Las Tutorías En todo proceso educativo es esencial el intercambio y la comunicación con el docente tutor. En las propuestas a distancia, este intercambio se produce a través del sistema de tutorías A continuación especificaremos las características de nuestro sistema de tutorías. • Tutorías por Campus personalizado

Virtual: Este tipo de consultas promueve

y facilita la comunicación

el intercambio

de todo tipo de dudas: académicas,

organizativas, informativas, sociales, administrativa. Usted puede enviar su consulta en el momento que lo considere pertinente, y el Tutor a cargo responderá a la misma por la dicha vía. • Tutorías por Correo Electrónico: Esta herramienta tecnológica permitirá la consulta detallada. Posibilita elaborar la consulta teniendo el tiempo de la escritura, favorece la reflexión y la buena sistematización de las ideas personales y/o las dificultades que vayan surgiendo al momento del estudio.

11. La Página Web En nuestra página encontrará: • Información sobre nuestras capacitaciones • Espacios de comunicación • Noticias y Novedades • Fechas de encuentros Presenciales en todo el país • Acceso al Campus Virtual • Datos Institucionales de la Fundación

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OBJETIVOS GENERALES • Contextualizar teóricamente el surgimiento del Acompañamiento Terapéutico como técnica de abordaje. • Diferenciar el enfoque que el psicoanálisis plantea sobre el sujeto, en relación a otros a analizar a lo largo del curso. • Generar un proceso de estudio sistemático que posibilite la apropiación de algunos conceptos centrales que atañen a la formación del Acompañante Terapéutico. • Favorecer un proceso de aprendizaje significativo que posibilite la construcción de conocimientos útiles y aplicables a una práctica laboral especifica.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS • Identificar aspectos puntuales básicos que aportan la historia, las conceptualizaciones y el marco legal acerca del Acompañamiento Terapéutico. • Reconocer las caracterizaciones básicas de los fenómenos clínicos con que el Acompañante Terapéutico se encontrará en su tarea. • Comprender los aportes que la teoría psicoanalítica procura al abordaje de las diversas estructuras clínicas. • Reconocer la dimensión de un sujeto psíquico y sus consecuencias teórico-clínicas en relación al concepto de "transferencia".

Prof. Beatriz Reyna

Psicopedagoga.

Especialista

en

Acompañante

Terapéutico.

Formación

clínica

psicoanalítica. Desempeño privado de la profesión. Docente Tutor a cargo de curso Acompañante Terapéutico dictado por Centro Crianza.

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MÓDULO 1: EL ACOMPAÑANTE TERAPÉUTICO, UNA ANTIGUA TAREA CON UN NUEVO PERFIL Contexto histórico e institucional  La enfermedad mental en la epoca clásica- del "asilo" al "manicomio"  La historia de un "lugar"  El acompañamiento terapéutico en la contemporaneidad  Del "amigo calificado" al "acompañante terapéutico", una nueva nominación Puntualizaciones

sobre el marco legal que contempla

la práctica clínica

del

Acompañamiento Terapeútico Fundamentos teóricos en la formación del Acompañamiento Terapeútico  Algunas puntualizaciones acerca del dsm iv: caracterización de los fenómenos clínicos desde la psiquiatría La alternativa psicoanalítica y la “terapéutica”

MÓDULO 2: CONSTITUCIÓN DEL SUJETO PSÍQUICO Datos Biográficos  Sigmund Freud  Jacques Lacan La Pérdida De La Realidad  La Constitución Del Sujeto Psíquico  Introducción  El Estadío Del Espejo  El Edipo  El Lugar Del Niño En La Estructura

MÓDULO 3: LA INTERVENCIÓN DEL AT FRENTE A LA PRAXIS Ni enfermo a curar, ni objeto a cuidar, sujeto en relación a un otro El concepto de transferencia  De la transferencia como descubrimiento

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 Del amor de transferencia y la repetición  De la transferencia y la pulsión El Acompañamiento Terapéutico como recurso de la dirección de la cura Trabajar entre varios. El Acompañante Terapeútico y el trabajo en equipo

MÓDULO 4: ESTRUCTURAS Y FENÓMENOS CLÍNICOS, APROXIMACIONES TEÓRICAS NECESARIAS A LA TAREA DEL AT - LA SINGULARIDAD Introducción La psicosis A modo de conclusión Condiciones del aprendizaje en la psicosis Autismo El tratamiento del Otro ¿una forma posible de la dirección de la cura? Acerca de la debilidad mental Anorexia y Bulimia ¿hambre de otra cosa? Trastornos de la alimentación ¿expresión corporal?

MÓDULO 5: MODALIDADES DEL ABORDAJE DEL ACOMPAÑAMIENTO TERAPÉUTICO Introducción Francoise Dolto y la casa verde Hospital de día: un dispositivo Vicisitudes de un servicio de atención psicológica en un contexto institucional (el ámbito escolar y la discapacidad) Los lugares del saber en la institución Bibliografía Consultada La clínica psicoanalítica en una institución para niños “Trabajar entre varios” Conclusiones

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• Pulice y Rossi "Acompañamiento terapéutico". Editorial Polemos Bs. As. Argentina. • Compilación de trabajos,

pertenecientes al congreso

"Eficacia clínica del

acompañamiento terapéutico". Editorial Polemos, compiladores varios. • Sigmund Freud: Obras Completas", en "Freud total" 1.0 (versión electrónica)"La dinámica de la transferencia"- 1912. • Sigmund Freud: Obras Completas", en "Freud total" 1.0 (versión electrónica) "Observaciones sobre el amor de transferencia"-1914. • Sigmund Freud: Obras Completas", en "Freud total" 1.0 (versión electrónica)."Recordar repetir, reelaborar"- 1914. • Conferencia

para el congreso

"Una

clínica en institución", "Trabajar entre

varios". Autores: Virginio Baio y Monique Kusnierek. • Jacques Lacan Seminario "8" "La Transferencia". • Sigmund Freud "Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos". • Sigmund Freud "Erotismo anal y complejo de castración". Obras completas: Amorrortu Editores. • Jacques Lacan: Seminario: La relación de objeto - Ediciones Paidós. • Merman - Lacotê - Saint Fare Garnot - Czermak - salama: Seminario: "La oralidad". • Alfredo H. Cía: "Trastornos obsesivos - compulsivo y síndromes relacionados".

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MODULO 1 EL ACOMPAÑANTE TERAPÉUTICO, UNA ANTIGUA TAREA CON UN NUEVO PERFIL

Julio Cortázar

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Antecedentes En virtud de la temática de nuestro curso y en lo atinente a esta primera unidad en particular, partiremos contando como antecedentes entre otras cosas, con ciertas ideas que surgieron en la época clásica y la modernidad.

CONTEXTO HISTÓRICO E INSTITUCIONAL La Enfermedad Mental

en la Epoca Clásica - “del asilo al

manicomio” En aquellos tiempos el confinamiento era una solución para una variada mezcla de problemas que la sociedad consideraba como insoportables, si partimos de que en la ideología de la época las categorías en las que se ubicaba a los alienados tenían más en cuenta motivos religiosos que otro tipo de ordenamiento, encontramos en esa "suerte de clasificación" figuras como:

El "rabioso", en donde lo que prima es una mezcla de furor y de alienación, una especie de embriaguez de la falta de sentido en las formas últimas de la violencia, El "obcecado" quien pone todo lo que puede tener de furor y de violencia al servicio de una idea insensata El "espíritu perturbado" participa más bien de la imbecilidad y la alienación y manifiesta en la dulzura y la incapacidad el desorden de sus pensamientos.

Este tipo de nociones eran las que regían el espíritu asilar, la locura entonces tenía un origen oscuramente moral, estaba emparentada con la falta y la animalidad lo que no hacía inocentes a los alienados, con la particularidad además de que los aportes de la medicina le son extraños y solo intervienen de manera accidental. En ese momento entonces la idea rectora era que: "En la locura el hombre es separado de su verdad...( ) Cuando el www.centrocrianza.org.ar

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hombre clásico perdía la verdad, es porque era rechazado hacia esa existencia inmediata en que estallaba su animalidad, al tiempo en que aparecía esta primitiva decadencia que

le

mostraba originalmente

culpable1”, por lo tanto el encadenamiento era de uso frecuente en estos establecimientos en donde se depositaba esta suerte de desechos de la humanidad.

Será el advenimiento de la modernidad en donde el cambio de paradigma ubica a la razón y al hombre en el lugar central, teniendo la humanidad una cosmovisión antropocéntrica, la que dará lugar al surgimiento de la ciencia separada de su maridazgo con la iglesia, la locura no pertenece ya al orden de la naturaleza ni de la caída sino a un nuevo orden lo cual permite que se la tome como objeto de estudio de la medicina. Desde este momento y ya en los orígenes de la psiquiatría el recurso de la internación total en la figura del "asilo" formó parte del abordaje, su mérito: el reconocimiento de la locura como una enfermedad y la posibilidad de su tratamiento haciendo surgir "una verdad ante la cual los hombres habían permanecido ciegos durante mucho tiempo"2. Será en la figura de Philippe Pinel en quien se ubicará este momento mítico desde la psiquiatría, en virtud de que el mismo psiquiatra establece una nosografía, es decir un diagnóstico y una clasificación de la locura, así como que es en quien se reconoce el gesto de liberar a los alienados de sus cadenas, puesto que Pinel había abogado por la idea de que los alienados son a la vez enfermos como los otros, ni poseídos ni criminales, y diferente que los otros. Es célebre el diálogo que, en el hospicio de Bicétre se entabla entre Couthon (que visita el hospital para ver si no se esconden allí sospechosos) y Pinel que ha tomado la decisión de quitar las cadenas a los prisioneros en los calabozos. Foucault nos relata:

"Pinel lo condujo inmediatamente a la sección de los agitados y la vista de las celdas lo impresionó penosamente. Quiso

interroar a todos los

enfermos. No recibió de la mayoría sino injurias y apóstrofes groseros. Era inútil prolongar la investigación por

más

tiempo. Volviéndose

1

Michel Foucault " Historia de la locura en la época clásica" Tomo II pág 65 IIpág.190

2

Michel Foucault " Historia de la locura en la época clásica" Tomo www.centrocrianza.org.ar

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hacia Pinel, dijo: ¡Caramba, ciudadano! ¿Es que

tu mismo estás loco,

para

querer

desencadenar a semejantes animales? Pinel le respondió con calma: Ciudadano, tengo la convicción de

que

si los

alienados son

tan

intratables, es porque se les priva de aire y de libertad. ¡Y bien! Haz lo que quieras, pero temo que vas a ser víctima de tu presunción".3

La apuesta de Pinel ya estaba hecha, y el tratamiento y conocimiento posible de los enfermos mentales se instauran a partir de la medicina moderna bajo la construcción

de

un modelo institucional, diferente

al de las cárceles, aunque

compartiendo algunos rasgos con esta: El Manicomio, ya sin cadenas, y con él las condiciones de la curación: el aislamiento, el orden y la autoridad. Paralelamente a la experiencia de Bicêtre también lo hace en Salpetriere, en donde después de Pinel, Esquirol, Lelut, Baillarger y Farlet entre otros, aparece Charcot que el 1862 llega a ser jefe de un servicio cuyos trabajos serán seguidos por Ribot, Janet, Mercier, y Sigmund Freud. De este modo el saber moderno sobre la locura ubicará al tratamiento del alienado bajo el influjo absoluto del saber médico. Por lo tanto, el célebre psiquiatra (Pinel) tiene el reconocimiento de la puesta en valor de la existencia de la locura y de su importancia como "objeto" de conocimiento para la ciencia, a pesar de ello habrá que esperar al último siglo para la valoración de la palabra del sujeto alienado que se dará con Sigmund Freud.

La historia de un “lugar” Sin embargo y paralelo a estos hechos es en un contemporáneo de Pinel en quien encontraremos antecedentes importantes para la tarea que nos ocupa, que es la de introducir la idea del lugar de un AT. Con este fin nos interesa resaltar la historia de personas que ocuparon ese lugar desde aquellos tiempos, así lo registra por ejemplo un caso histórico que proviene de la pedagogía especializada: el caso "Víctor", llevado adelante por Itard. 3

Michel Foucault " Historia de la locura en la época clásica" Tomo II pág 191 www.centrocrianza.org.ar

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Antes de seguir adelante, es necesario aclarar que entre otros acontecimientos, como el señalado

anteriormente, tanto

en la medicina como en la pedagogía el

descubrimiento o la puesta en valor del niño constituye también uno de los principales eventos de la modernidad, lo cual provoca la creación de las instituciones educativas, y asociado a ello la importancia del niño con problemas cobra relevancia, con consecuencias hasta el momento, como hecho de la época contemporánea. Así, con Itard se da inicio a una pedagogía especializada, que pone el acento en la experiencia pero que cuenta con el control del médico, primero, para pasar, luego, al del psiquiatra. Esta particular unión entre la medicina y la pedagogía es denominada por el autor como "medicina moral".

El caso: En 1801, Víctor, un niño de once años es encontrado totalmente desnudo errando por los bosques de Laucane y es puesto en las manos de Itard, especialista en oligofrénia y sordomudez. Pinel, de quien ya hemos hablado, da un pronóstico sombrío del caso, mientras que Itard considera que Víctor es normal desde el punto de vista de la naturaleza, pero que sin embargo le falta, según el propio investigador, la cultura. Considera que son necesarios cuidados médicos para reequilibrar el estado físico, pero fundamentalmente juzga que al "salvaje" hay que enseñarle todo, comenzando por el lenguaje. Para ello elabora un programa de cinco puntos, que será posteriormente fuente de inspiración para algunos educadores especializados, (María Montessori entre ellos) motivo por el que se considerará a la obra de Itard el inicio de una pedagogía experimental para inadaptados.

Dicho programa contempla como objetivos: Ligarlo a la vida social, haciéndosela más agradable

que la que llevaba

entonces... Despertar la sensibilidad nerviosa mediante los estimulantes más enérgicos y algunas veces por las vivas afecciones del alma. Ampliar la esfera de sus ideas dándole necesidades normales y multiplicando sus relaciones con los seres circundantes. Conducirlo al uso del habla impulsando el ejercicio de la imitación por la ley imperiosa de la necesidad. www.centrocrianza.org.ar

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Ejercer las operaciones más simples del espíritu durante algún tiempo sobre los objetos de sus necesidades físicas, determinando luego la aplicación sobre los objetos de instrucción."

Si bien la experiencia del niño salvaje del Aveyron le otorga a Itard el mérito de ser el primero en aventurarse en una clínica desconocida,

a poco de iniciado el caso,

comienzan a observarse ciertas limitaciones que no permiten su avance, ni el éxito esperado. Esto porque, llevado por su interés de introducir a Víctor en el universo de la palabra, Itard no puede librarse de los prejuicios de la época concepciones a priori sobre la naturaleza del lenguaje

e intenta

y antepone sus a través de la

reeducación logros que ignoran al propio Víctor; es decir en lugar de escuchar las demandas del sujeto, exige su desaparición aplastándolas con objetivos a lograr (en tanto es el investigador quien conoce él "bien" que se debe exigir a un pacientealumno) para, de este modo, dar cuenta del triunfo de la ciencia. Sin embargo, y esta es la razón del relato de este caso, existirá para Víctor alguien que sí lo escucha mas allá del saber científico: la señora Guérin, el "aya" su niñera, quien más dispuesta a recibir lo inesperado se somete a la propia experiencia de Víctor y recibe de él sus propias enseñanzas. De este modo Itard lo ejemplifica en su obra:

"Una vez en que

nuestra insistencia para

hacerle tomar un baño

solamente tibio había çacabado por desatar sus iras, al ver que madame Guérin no se dejaba convencer ante las reiteradas pruebas de

la

temperatura que él mismo hacía con la punta de los dedos, terminó por volverse hacia ella con viveza y tomándole la mano, se la introdujo de golpe en la bañera".4 ... "Tratándose de comer, aún menos dudosas quedarán sus intenciones: dispone el mismo los cubiertos y presenta los platos a madame Guérin para que ella los lleve a la cocina y los vuelva a traer llenos... para mandarlo por agua, le basta a Madame Guérin con enseñarle el cántaro invertido, de manera que entienda que está vacío".5

4

Jean Itard " Víctor de L'Aveyron" pág 25

5

Ídem. págs 40, 41 www.centrocrianza.org.ar

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Como resultado de esta actitud se observan en el niño progresos que Itard considera "niñerías" pero que desempeñarán un papel esencial: La Sra. Guérin se introduce en el mundo de juegos de Victor, y considerándolo su maestro escucha de él sus demandas y su verdad y así el niño nace a la existencia de los otros.

"Cierta vez que había huido por la calle vertió numerosas lágrimas cuando la volvió a ver. Todavía algunas horas después su respiración era dificultosa, entrecortada y su pulso latía como si tuviera fiebre. La Sra.Guérin le dirigió algunos reproches y él los comprendió tan bien que se echo a llorar nuevamente. La amistad que sentía por mí era mucho más débil y así debía ser. Los cuidados que la Sra Guérin tiene con él son de tal tipo que pueden ser apreciados de forma inmediata y los que yo demuestro no tienen para él ninguna utilidad sensible. Hasta tal punto esta diferencia obedece a estas causas que, por ejemplo, me recibe bien, a ciertas horas que nunca utilicé para su instrucción” 6

De este modo y sin restarle el mérito que le corresponde, Itard ve el problema pero no puede obtener del mismo una enseñanza en lo que le concierne.

Será el

advenimiento del Psicoanálisis quien nos permitirá la relectura del texto, y con él el concepto de transferencia que ubicará al saber en un lugar diferente. En el ejemplo, Itard considera a partir de su conocimiento científico que es el único que posee el dominio de la verdad y que su buena teoría será suficiente para el logro de los objetivos propuestos, sin embargo al saber de la "competencia" del médico se le suma el "común" de la Sra Guerin que obtiene de Víctor progresos inesperados, escuchando sus propias demandas. Si bien por ahora no nos vamos a introducir en la teoría nos interesa tener como oriente este ejemplo, porque nos permitirá diferenciarlo de los diversos enfoques que a la tarea de A. T. se le han dado

a través de la historia, el caso nos muestra

sencillamente aquello a lo que nosotros apuntamos: la teorización de " un lugar" y la práctica de una "función" referida a él teniendo en cuenta en primer lugar al sujeto.

6

Philippe Pinel - Jean Itard "El salvaje de Aveyron: psiquiatría y pedagogía en el iluminismo

tardío" pá.73 www.centrocrianza.org.ar

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Acompañamiento Terapéutico

Acompañamiento Terapéutico en la Contemporaneidad En el texto dedicado a este tema los licenciados Pulice y Rossi nos señalan que esta función surge "a partir del marco conceptual y de trabajo terapéutico que produce a nivel mundial el desarrollo de los Hospitales de Día en Salud Mental"7. Considerando el exhaustivo desarrollo que ambos autores hacen sobre esta temática a ellos nos referiremos en lo concerniente a estos datos.

El Hospital de Día8 En el siglo próximo pasado se produce un movimiento de apertura en relación al abordaje de pacientes con trastornos graves; entre las influencias que hicieron a esta perspectiva están el psicoanálisis, la antipsiquiatría y el creciente desarrollo de la psicofarmacología. La ruptura de la internación psiquiátrica clásica es una de las consecuencias de este movimiento a partir de la que aparecen como alternativa sistemas más abiertos y que tienen como objetivo conservar la inserción social y productiva de los pacientes. En esta tendencia se destacan a nivel mundial la experiencia de Trieste, la psiquiatría de sector en Francia, la Ecole Expérimentale de Bonneuil, fundada en 1969 por Robert Lefort y Maud Mannoni en Francia, y la psiquiatría social y comunitaria en los EEUU. En nuestro país en 1957 se crea en el hospital Araoz Alfaro de Lanús (pcia de BS AS) un Servicio Abierto de Psiquiatría en un Hospital General. Esta experiencia fue pionera a nivel nacional y permite la integración

de un trabajo interdisciplinario y la

implementación de dispositivos alternativos de tratamiento, como el Hospital de Día y la Comunidad Terapéutica, bajo los aportes teóricos de la psiquiatría dinámica, la psicología social, y la psiquiatría clínica. En relación al surgimiento del Hospital de Día, Pulice y Rossi refieren en su libro que se produce al finalizar la Segunda Guerra Mundial, pero que recibe como determinantes para su creación dos experiencias que delimitan su especificidad, la primera es realizada en Moscú en 1935 y su móvil es el quite de camas del Hospital Psiquiátrico, el Doctor M.A. Dzahagarov es el responsable de este cambio que en principio obedeció a 7

Pulice y Rossi " Acompañamiento Terapéutico" pág 14

8

Cfr. Pulice y Rossi " Acompañamiento Terapéutico" pág.114 a 116 www.centrocrianza.org.ar

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Acompañamiento Terapéutico

una reducción de costos de los tratamientos, esta experiencia recibe el nombre de Hospital sin Camas. Posteriormente en Canadá Even Cameron le da a esta experiencia el nombre que lleva hasta la actualidad y a la fundamentación de la reducción de costos le añade lo que se sostendría como fundamento de la práctica: "se comprueba entonces que los pacientes así tratados no solo benefician al estado, sino que sobre ellos cuenta el beneficio de este modelo de institución, en tanto se reducen en los cuadros psiquiátricos los efectos de la cronificación propios de las culturas asilares". Esta nueva respuesta terapéutica enmarca en sus objetivos a aquello que dará lugar a la creación del Acompañamiento Terapéutico en tanto que es correlativo de una nueva estrategia pensada como oferta a una demanda social de asistencia a la enfermedad mental junto a la respuesta clásica de la internación.

"el Hospital de Día... viene a cumplir una función específica. Al igual que la internación: obtener un efecto terapéutico. El quite de la cama,..., funciona hoy como una ausencia que no sólo lo organiza, lo marca, le da su propio estilo, sino que además sitúa los objetivos específicos que se le atribuyen al tratamiento que en él se realiza: rehabilitación y resocialización....Por otra parte, la ausencia de la cama es la vía a través de la cual se positivizan la falta de custodia y la privación de la idea de asilar"

De la mano del Hospital de Día articulado e incluido en él aparece el acompañamiento terapéutico,

considerados ambos

como recursos desarrollados

frente

a la

problemática de tratamientos dificultosos de sostener con internación total en virtud de la gravedad o de la particularidad del caso.

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Del "Amigo

Acompañamiento Terapéutico

calificado"

al "Acompañante terapéutico", una

nueva nominación Ubicados ya en la historia propiamente dicha del A.T. en Argentina, Susana Kuras de Mauer, en una de las primeras publicaciones sobre este tema, nos refiere en su libro "Acompañantes terapéuticos y pacientes psicóticos" que a fines de la década del sesenta de la mano del Dr. Eduardo Kalina (de quien Kuras fue discípula) surge un "agente" dentro de la practica

clínica psiquiátrica a quién

se llamaba

"amigo

calificado", nombre que luego será sustituido por “Acompañante Terapéutico”, y cuyo cambio fue motivado, según la autora, por un cambio en el rol con la finalidad de acentuar el aspecto terapéutico en lugar de la amistad y así se defina "un vinculo con el paciente desde un rol establecido y no desde el rol que el paciente quiera". Cabe señalar que la teorización del texto responde a un posicionamiento más cercano al saber médico por lo tanto las funciones y las estrategias se definen en virtud de generalizaciones diagnósticas, posicionamiento del que en este curso nos vamos a diferenciar pero que nos interesa referir por ser de suma importancia histórica, y al que luego vamos a volver desde un lugar más crítico. Entonces, siguiendo con el texto de Kuras, la autora define ocho funciones generales para el acompañante terapéutico, éstas son 9:

Contener al paciente: el A.T. debe ofrecerse como sostén, a la manera de un chaleco humano (en lugar de la contención por medio de psicofármacos, por ej.) frente a la ansiedad, los miedos o la angustia del paciente. Brindarse como modelo de

identificación: El acompañante posibilitaría al

paciente adquirir por identificación mecanismos de defensa más adaptativos, en tanto que le proporciona un modo diferente de actuar y reaccionar en la vida cotidiana con la finalidad de romper con modelos estereotipados de vinculación que (supuestamente) llevaron al paciente a la enfermedad. Prestar

el yo: El acompañante sirve como "yo"

auxiliar, es decir, asume

funciones que el yo del paciente no puede realizar.

9

Ídem.pág23 a26 www.centrocrianza.org.ar

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Percibir,

reforzar y

Acompañamiento Terapéutico

desarrollar la capacidad creativa del

paciente: El

acompañante observará las capacidades manifiestas y latentes del paciente, sobre lo que posteriormente trabajará, con la finalidad de alentar el desarrollo de las áreas más organizadas de la personalidad por sobre los aspectos más desajustados. El objetivo de esta función sería la liberación de la capacidad creativa inhibida y la estructuración de la personalidad en relación a un eje organizador. Brindar su información para la comprensión global del paciente: El acompañante debe dar testimonio de datos importantes del comportamiento del paciente ya que por el contacto cotidiano

sería quien dispone

de la información

fidedigna (puesto que es quien observa la verdadera "realidad") del manejo del paciente en sus vínculos y en sus actividades diarias. Representar al terapeuta: El acompañante tendría que ayudar a "metabolizar" y "reforzar" interpretaciones realizadas por el terapeuta realizando con su presencia un espacio más para la elaboración de los contenidos de la terapia, produciendo de este modo una ampliación de la acción del terapeuta. Actuar como agente resocializador: Esto es, "paliar" la distancia que separa al paciente de "todo lo perdido", facilitando su reencuentro en forma paulatina y dosificada (esta función se refiere particularmente a pacientes "severamente perturbados" y "desconectados del mundo que los rodea"). Servir como agente catalizador de las relaciones familiares: El acompañante podría contribuir en su tarea a descomprimir y a amortiguar las relaciones del paciente con su familia, absorbiendo o mediatizando las descargas

de los

miembros sobre él.

En cuanto a las estrategias, en el mismo texto se delimitan a priori según las categorías generales de la nosografía psiquiátrica, esto es, dada una patología "x", el abordaje será el mismo para todos los pacientes que respondan a dicha patología y de ello se derivan las funciones específicas a cumplir por el acompañante. Por ejemplo toma como un tipo clínico el paciente con riesgo suicida10; en términos de abordaje algunas de las indicaciones son del tipo: marcación hombro a hombro, escuchar su

10

Ídem." pág. 27. www.centrocrianza.org.ar

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desesperanza sin intentar taparla maníacamente, mantenerse actualizado en las indicaciones y consignas terapéuticas, evitarles frustraciones en relación a tareas, cumplimiento de horarios, etc ... Y las funciones correspondientes que le competen al acompañante serían por ejemplo:  Contenerlos, ayudándolos a trazar o descubrir un proyecto de vida.  Nutrirles la autoestima.  Ayudar a incluir en su persona la noción de futuro.  Registrar y trasmitir al equipo tratante toda clase de alusiones al suicidio en forma inmediata, entre otras.

Al valor histórico que representa para nosotros esta primera conceptualización del Acompañante Terapeútico como nominación se le suma

como hemos visto el

establecimiento de funciones y tareas específicas a las que, si bien no adherimos desde nuestro curso, nos interesa

dar a conocer porque son referencia obligada en la

bibliografía y porque además continúan aún vigentes en algunas instituciones y prácticas. Además de la presente conceptualización incluimos en el material de consulta una entrevista publicada en el libro "Acompañamiento Terapéutico, aproximaciones a su conceptualización", realizada al Dr. Juan Carlos Stagnaro quien realiza puntuaciones importantísimas en términos históricos y actuales acerca de la consideración y utilidad de la tarea desde la óptica de la interdisciplina.

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PUNTUALIZACIONES

SOBRE EL

CONTEMPLA

PRACTICA

LA

MARCO LEGAL QUE CLÍNICA

DEL

ACOMPAÑAMIENTO TERAPEÚTICO

Marco legal En el presente punto nos interesa exponer cuales son los artículos de la ley 24.901 que contemplan la posibilidad de la inclusión de un A.T. en el tratamiento de las personas que presentan alguna dificultad en su autovalimiento. Sabemos que esta temática está aun poco legislada, debido a la novedad de la tarea. Sin embargo de las leyes existentes podemos extractar algunos artículos que son de nuestra incumbencia.

LEY N° 24.901 Sistema de prestaciones básicas en rehabilitación integral a favor de las personas con discapacidad

Población Beneficiaria Articulo 9°.- entiendase por persona con discapacidad, conforme lo establecido en el artículo 2 de la ley 22.431, a toda aquella que padezca una alteración funcional permanente o prolongada, motora, sensorial, o mental, que en relación a su edad y medio social implique desventajas considerables para su integración familiar, social, educacional o laboral.

Prestaciones Básicas www.centrocrianza.org.ar

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Articulo 15°.- prestaciones de rehabilitación. Se entiende por prestaciones de rehabilitación aquellas que mediante el desarrollo de un proceso continuo y coordinado de

metodologías

y

técnicas

específicas,

instrumentado

por

una

equipo

multidisciplinario, tienen por objeto la adquisición y/o restauración de aptitudesintereses para que una persona con discapacidad, alcance un nivel psicofísico y social más adecuado para lograr su integración social; a través de la recuperación de todas o la mayor parte

posible de las capacidades motoras,

sensoriales, mentales

y/o

viscerales, alteradas total o parcialmente por una o más afecciones, sean estas de origen congénito o adquirido (traumáticas, neurológicas, reumáticas, infecciosas, mixtas o de otra

índole), utilizando

para ello todos

los recursos humanos,

metodologías y técnicas que fuere menester, y por el tiempo y las etapas que cada caso requiera. Articulo 16°.- prestaciones terapéuticas educativas. Se entiende por prestaciones terapéuticas educativas a aquellas que implementan acciones de atención tendientes a promover la restauración de conductas desajustadas, adquisición de adecuados niveles de autovalimiento e independencia, e incorporación de nuevos modelos de interacción, mediante el desarrollo coordinado de metodologías y técnicas de ámbito terapéutico, pedagógico y recreativo. Articulo 18°.- prestaciones asistenciales. Se entiende por prestaciones asistenciales a aquellas que tienen por finalidad la cobertura de los requerimientos básicos esenciales de la persona con discapacidad ( hábitat- alimentación- atención especializada) a los que se accede de acuerdo con el tipo de discapacidad sin grupo familiar o con grupo familiar no continente.

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FUNDAMENTOS TEÓRICOS EN LA FORMACIÓN DEL ACOMPAÑAMIENTO TERAPEUTICO

Algunas puntualizaciones acerca del DSM IV: caracterización de los fenómenos clínicos desde la psiquiatría. Sus orígenes: En 1952 la Asociación Americana de Psiquiatría (APA); formula el "Diagnostic and Stadistical Manual", conocido como DSM I con el fin de utilizar un lenguaje común para lograr diagnósticos más consistentes y facilitar la comunicación. "El uso del termino "reacción" en este primer manual reflejó la influencia de la visión psicobiologíca de Adolf Meyer, por la que los trastornos mentales representan reacciones de la personalidad a los factores psicológicos, sociales y biológicos"11. Este primer manual; ha sido revisado con posterioridad hasta la actualidad en donde se encuentra ya la cuarta versión del mismo (1994) que es el DSM-IV (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales). En la versión española de este manual, la mayoría de los trastornos DSM-IV poseen dos códigos, y esto se debe a que en Europa se utiliza el sistema de codificación de la Clasificación Internacional de Enfermedades, décima revisión (CIE- 10) y en EEUU el sistema de codificación oficial es el Clasificación Internacional de Enfermedades, novena revisión (CIE- 9-MC) estos dos códigos aparecen en distintas situaciones.

El porque de su inclusión en este curso: 11

DSM-IV "Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales" pág XVII introducción. www.centrocrianza.org.ar

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Sin ser nuestra intención el profundizar en el conocimiento y manejo de dicho manual; nos parece ineludible brindar algunos conocimientos generales del mismo. Debido a su popularidad y uso frecuente en los espacios de la práctica psiquiátrica y psicológica, en el abordaje de la psicopatología, consideramos que el AT debe compartir un lenguaje mínimo e indispensable para su inclusión en la práctica interdisciplinaria.

Desde esta mirada a la psicopatología

se toman

en cuenta

aportes

de la

psicofarmacología y la psicología cognitiva entre otras.

"Una nomenclatura oficial es necesaria en una amplia diversidad de contextos. Este manual es utilizado por clínicos e investigadores de muy

diferente orientación (por

psicodinámicos,

cognitivos,

familiares). Lo usan asistentes

sociales,

ejemplo investigadores biológicos,

comportamentales,

interpersonales

y

psiquiatras, otros especialistas, psicólogos, enfermeras,

terapeutas

ocupacionales

y

de

rehabilitación, consejeros y otros muchos profesionales de la salud" 12.

De este modo, el DSM IV es usado tanto en la práctica ambulatoria y consulta privada como así también en las prácticas de institución como el hospital de día.

Uso del manual: En lo que concierne a la tarea del AT es necesario saber interpretar los diagnósticos propuestos por el DSM IV, con esta finalidad proponemos un ejemplo extractado de dicho manual y reiteramos que nuestro abordaje no será minucioso, sino orientativo: A continuación proponemos un ejemplo extraído del propio manual DSM IV 13, con el cual mostraremos un

tipo de búsqueda de la información,

y con el que

nos

manejaremos en todo lo que respecta a este item de la unidad en curso, por lo tanto deberá tenerlo en cuenta y revisarlo las veces que sean necesarias:

12

DSM-IV "Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales" pág XV. Introducción.

13

Ídem. pág 35 www.centrocrianza.org.ar

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Eje I

Eje II

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F32.2 trastorno depresivo mayor, episodio único, grave, sin síntomas psicopáticos [ 296.23] F10.1 abuso de alcohol [305.00] F60.7 transtorno de la personalidad por dependencia [301.6] Frecuente uso de la negación

Eje III

Ninguno

Eje IV

Amenaza de pérdida de empleo

Eje V

EEAG= 35 (actual)

Este es un modelo tipo de diagnóstico con el cual el AT deberá estar familiarizado y el cual pasaremos a explicar a continuación: El DSM IV propone dos tipos de presentación diagnóstica, una multiaxial y la otra no axial; en nuestro ejemplo se trata de una multiaxial. Como puede observarse en el ejemplo los ejes son cinco y cada uno corresponde a un tipo de especificación siendo la siguiente:

Eje I:

Trastornos clínicos Otros problemas que pueden ser objeto de atención clínica.

Eje II:

Trastornos de la personalidad Retraso mental

Eje III:

Enfermedades médicas

Eje IV:

Problemas psicosociales y ambientales

Eje V:

Evaluación de la actividad global

Con este sistema lo que se busca es una evaluación completa y sistemática de los distintos Ejes que podrían pasar desapercibidos si el objetivo de la evaluación se centrara en el simple problema objeto de la consulta; intentándose de este modo captar la complejidad de las situaciones clínicas y contemplar la heterogeneidad de los individuos que presentan el mismo diagnóstico. Cuando un individuo presenta más de un trastorno del Eje I deben registrarse todos ellos, como en el ejemplo, y debe indicarse en primer lugar el diagnóstico principal o el motivo de consulta. Cuando una persona presenta un trastorno del Eje I y otro del Eje II se tomara como diagnóstico principal o motivo de consulta el del Eje I salvo alguna especificación en el Eje II. www.centrocrianza.org.ar

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En el caso de no haber ningún trastorno del Eje I o que exista la necesidad de aplazar algún diagnóstico del mismo eje se presentarán los respectivos códigos Z03.2 [V 71.09] que significa sin diagnóstico en el Eje I y R69 [799.9] que significa diagnóstico o estado aplazado en el Eje I pag 817 y 812 apéndice E. Para interpretar la información expresada en el diagnóstico que tomamos de ejemplo debemos saber buscar la información en los diferentes apartados de los que consta este extenso manual, para ello es preciso ordenarnos en un "esqueleto" de la organización del mismo.

El DSM IV consta de: • Una introducción. • Un apartado acerca de su utilización. • Apartado de Clasificación DSM IV con los códigos CIE-10 (pag 13), la cual se divide en 16 clases diagnósticas principales. • El apartado que habla de la evaluación multiaxial. • Desarrollo de las 16 clases diagnosticas principales. • Apéndices

(En el DSMV existen 11 apéndices

los cuales mencionaremos y

extractaremos parte de algunos con el fin de interpretar nuestro ejemplo.)

Estos apéndices son: Apéndice A: Árboles de decisión para el diagnóstico diferencial pág 705 Apéndice B: Criterios y eje propuestos para estudios posteriores pág 719 Apéndice C: Glosario de términos técnicos pág 779 Apéndice D: Indice de modificaciones del DSM IV pág 789 Apéndice E: Indice alfabético de diagnósticos y códigos DSM IV (CIE-10) pág 807 Apéndice F: Indice numérico de diagnósticos y códigos DSM IV (CIE-10) pág 819 Apéndice G: Clasificación DSM IV con códigos CIE-9-MC pág 829 Apéndice H: Indice alfabético de diagnósticos y códigos DSM IV (CIE-9-MC) pág 843 Apéndice I: Indice numérico de diagnósticos y códigos DSM IV (CIE-9-MC) pág 853 Apéndice J: Guía para la formulación cultural y glosario de síndromes dependientes de la cultura pág 863 Apéndice K: Colaboradores del DSM IV pág 871 También consta de un índice alfabético de materias pag 895.

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Ahora ya teniendo una idea de la estructura podremos clarificar nuestro ejemplo y mostraremos al menos una forma de búsqueda de la información en el DSM IV. Para esto tomaremos el primer código del Eje I del ejemplo, en este caso F32.2. para el CIE-10 y [296.23] para el CIE-9-MC). Con cualquiera

de los dos códigos

podemos efectuar

la búsqueda en el

correspondiente apéndice (ver tabla de apéndices).

Comenzamos con el código del CIE-10: Si vamos al apéndice F encontraremos de manera ordenada todos los códigos del manual, al nuestro lo encontramos en la pág 824 F32.0 Trastorno depresivo mayor, episodio único, leve F32.1 Trastorno depresivo mayor, episodio único, moderado F32.2 Trastorno depresivo mayor, episodio único, grave sin síntomas psicóticos F32.3 Trastorno depresivo mayor, episodio único, grave con síntomas psicóticos (fragmento de la pagina 824 del DSM IV)

Si en lugar de tener el código tenemos el nombre del diagnóstico podemos ir al apéndice E y encontraremos el código en la pag 811. Demencia vascular F00.83 con estado de ánimo deprimido F00.81 con ideas delirantes F00.80 no complicada Depresivo mayor, trastorno episodio único F32.4

en remisión parcial

F32.4

en remisión total

F32.3

grave con síntomas psicóticos

F32.2 grave sin síntomas psicóticos F32.0 leve F32.1

moderado

F32.9

no especificado

(fragmento de la página 811 del DSM IV)

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Ahora de cualquiera de las dos maneras en que se presente tenemos ya el nombre y código del diagnóstico, si vamos ahora a la clasificación DSM IV con los códigos CIE-10 encontramos en la pág 20

Trastornos depresivos (345) F32.x Trastorno depresivo mayor, episodio único (345) F33.x Trastorno depresivo mayor, recidivante (345) Codificar el estado actual del episodio depresivo mayor en el cuarto dígito 0=leve 1=moderado 2=grave sin síntomas psicóticos 3=grave con síntomas psicóticos especificar: síntomas psicóticos congruentes con el estado de ánimo/ síntomas psicóticos no congruentes con el estado de ánimo 4=en remisión parcial 4=en remisión total 9=no especificado F34.1 Trastorno distímico (352) Especificar si: de inicio temprano/de inicio tardío Especificar: con síntomas atípicos F32.9 Trastorno depresivo no especificado (357) (fragmento de la pág 20 del DSM IV)

El número entre paréntesis nos indica el numero de página del manual en donde se caracteriza el cuadro diagnóstico, en nuestro caso pág 345. En esta página encontramos lo que el manual señala como trastorno depresivo mayor y señala características diagnósticas; especificaciones; procedimientos de tipificación; síntomas y trastornos asociados; síntomas dependientes de la cultura, edad y sexo; prevalencia; curso; patrón familiar; diagnóstico diferencial; como así también un cuadro con los criterios para el diagnóstico. Si utilizamos en cambio

los códigos del CIE-9-MC procedemos de igual manera;

siempre ubicándonos en los apéndices correctos (ver tabla de apéndices). www.centrocrianza.org.ar

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Si buscamos

el código

Acompañamiento Terapéutico

[296.23] en el apéndice I, es decir por índice numérico

encontramos el nombre diagnóstico en la pág 856. Si buscamos

el nombre

diagnóstico

en el apéndice H, es decir por alfabeto

encontramos el código en la pág 847. Ya con el código y el nombre buscamos en el apartado Clasificación DSM IV con códigos CIE-9-MC y encontramos en la pág 836.

Trastornos depresivos (345) 296.xx Trastorno depresivo mayor, .2x

episodio único (345)

.3x

recidivante (345)

300.4 Trastorno distímico (352) Especificar si: de inicio temprano/ de inicio tardío Especificar: con síntomas atípicos 311

Trastorno depresivo no especificado (357)

De esta manera se prosigue con cada uno de los códigos o nombres diagnósticos para cada uno de los Ejes, para obtener la información total acerca del diagnóstico citado como ejemplo. Sin agotar de ningún modo el vasto material de análisis de este manual; y solo a manera introductoria hemos abordado el uso y principalmente el modo de lectura del DSM IV en lo que consideramos un conocimiento aproximativo que deberá afianzar y profundizar el AT, con los fines mencionados antes, es decir, en pos de la posibilidad de compartir un código en lo que hace a la labor interdisciplinaria. Dicen Rossi y Pulice:

"Es importante señalar que cuando hablamos de trabajo clínico lo más dificultoso es que allí se produce muchas veces un entrecruzamiento de

modelos

teóricos, y no

solamente de

modelos teóricos, sino también de diversas posiciones respecto del

tratamiento, que

van

a

atravesar la

práctica del

acompañante de manera particular en cada caso. heterogeneidad de los

recursos que

Dada la

deben intervenir en

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la 38


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Acompañamiento Terapéutico

conformación del dispositivo de un tratamiento que requieren algunos pacientes, y las dificultades que

esto plantea, será

imprescindible un trabajo interdisciplinario, no para disimular o borrar

estas diferencias sino para articular

especialidades y delimitar

el campo de

las distintas

acción

que

le

corresponde a cada una de ellas"

Es bien sabido que en el ámbito de la psicología y la psicopatología no hay un consenso acabado ni mucho menos unilateral con respecto a su objeto de estudio; existiendo desde sus orígenes y hasta la actualidad un intenso debate al respecto, que se vislumbra en la diversidad de escuelas o corrientes psicológicas vigentes. Sin que ninguna de estas corrientes o modos de ver la psicopatología, como la del DSM IV, las técnicas proyectivas y psicométricas y el psicoanálisis entre otras, tenga la "verdad" absoluta, podemos inclinarnos y es nuestra intención hacerlo, por una forma de mirar a la psicopatología. A nuestro entender de probada eficacia en la casuística, que puede atender a ciertos criterios diagnósticos como así también cuestiones "proyectivas" como el juego, sin dejar fuera la individualidad y particularidad del sujeto en cuestión, no haciendo series sino atendiendo a cada uno en su propia historia y subjetividad, sin ceder a la tentación de un funcionalismo fútil al cual (siempre en nombre de la ciencia) no le importa "quién" sino "cuánto" hace. Es en virtud de esto que, sin restarle la importancia que merece, consideramos que el DSM IV no nos habla de la clínica en el sentido de una vida psíquica, sino que es más bien un intento de hacer una clínica medica estadística en aras de la prescripción de medicamentos, es decir que constituye más una clasificación exhaustiva de fenómenos antes que una clínica. Al ser este nuestro oriente y nuestra forma de pensar la psicopatología; el lugar y rol del AT serán definidos dentro del marco del psicoanálisis

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LA ALTERNATIVA PSICOANALÍTICA Y LA "TERAPÉUTICA" Al pensar este curso nos interesaba clarificar cuál era la perspectiva en la que nos íbamos a ubicar, partiendo de que el psicoanálisis de Freud y Lacan nos orienta. Para ello es importante que tengamos en cuenta de que modo será esta orientación que por un lado nos proporciona una vasta teoría pero que por otro nos es necesaria para pensar una práctica diferenciada del acompañamiento terapéutico. Particularmente el significante "terapéutica" no ha estado muy asociado a la técnica psicoanalítica, ello porque habitualmente se lo utiliza para nombrar otras técnicas y otras estrategias más centradas en lo sintomático.

Además, se dice que un

procedimiento es terapéutico cuando permite la recuperación de un estado anterior, por lo tanto restablecer

supone un estado

el establecimiento de los procedimientos adecuados para de salud o normalidad perdidos. Lo normal versus la

anormalidad señalan fuertemente la influencia de un punto de vista basado en la medicina, y allí sí hay una diferencia sustancial con el psicoanálisis puesto que su perspectiva se orienta con otras coordenadas y la idea de restablecimiento resulta insuficiente para definir esta experiencia que pone en valor a un sujeto concernido en sus elecciones básicas y a la relación de dicho sujeto con el lenguaje, la palabra y aquello que determina su sufrimiento y transitada esta el sujeto sale modificado, pero no vuelve a ser el mismo que antes de la experiencia analítica. Este como vemos es un campo en dónde la norma y lo normal no son una referencia ni una solución. Dice Lacan "el psicoanálisis es una terapéutica que no es como las demás" y esto aludiendo a lo que el mismo Freud solía enfatizar: la mira del psicoanálisis no está centrada en lo terapéutico, pues la curación viene por añadidura. Sin embargo hecha esta salvedad,

podemos decir que existe otra vertiente en la

teorización acerca de este concepto, que no contradice lo anterior pero que nos permite afirmar que en la actualidad encontramos que la dimensión

y

formando

parte

de la obra lacaniana

de la "terapéutica" ha sido revalorizada y es

absolutamente inherente a un término que la abarca: el psicoanálisis aplicado. En relación a él nos dice Alexander Stevens parafraseando a Lacan:

"Lacan utiliza el término de psicoanálisis aplicado para hablar de la terapéutica cuando, habitualmente, en la literatura analítica, www.centrocrianza.org.ar

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ese

Acompañamiento Terapéutico

término es utilizado para hablar

de la aplicación del

psicoanálisis a todo lo que es exterior a lo terapéutico y al análisis mismo, por ejemplo, al arte, a la literatura, etc.. Lo que Lacan dice a continuación respecto a las personas que serán admitidas indica la orientación del trabajo que será realizado en ella: se trata del trabajo organizado después por las secciones clínicas y también el que los psicoanalistas intentan efectuar en institución: "Serán admitidos (a esta sección de psicoanálisis aplicado) grupos médicos, compuestos o no de

sujetos analizados, si están

mínimamente en medida de contribuir a la experiencia psicoanalítica; por la crítica de sus indicaciones en sus resultados por la puesta a prueba de términos categóricos y de estructuras que he introducido como sostén del hilo de la praxis freudiana-, esto en el examen clínico, en las definiciones nosográficas, en la posición misma de los proyectos terapéuticos"14

"El psicoanálisis aplicado no sólo concierne a los psicoanalistas sino también a quienes están en medida de contribuir a su clínica". Y es por este sesgo en que nos interesa ubicar el lugar del acompañante terapéutico, porque consideramos que es posible formar técnicos que estén a la altura de la clínica, que sean capaces de hacer intervenciones en virtud de una estrategia y de ello mismo aportar

elementos

significativos que contribuyan a la investigación en cada caso. Esto es lo que se produce por ejemplo en algunas instituciones

con orientación psicoanalítica, en las que, sin

embargo no es necesario todos psicoanalistas

para trabajar, ni tampoco es una

exigencia el estar en análisis; pero sí que quienes trabajan en ella consientan al atravesamiento que el psicoanálisis implica:

"...para que una institución esté atravesada por el psicoanálisis, no es suficiente elegir al psicoanálisis como referencia. Hace falta también que quienes trabajan en ella estén atravesados en sí mismos por el psicoanálisis, incluidos sus efectos de intensión"15. 14

Cfr A, Stevens El psi. Aplicado

15

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Acompañamiento Terapéutico

Indicación direccionada a quienes están decididos en la vía del psicoanálisis puro, y a su vez y como consecuencia los no psicoanalistas son admitidos en ese trabajo en la medida en que participen en la crítica y el trabajo. En la misma vía también nos interesa trabajar la tarea del Acompañante cuando se trata de la clínica en tratamientos fuera de una institución, es decir a la pregunta de si, ¿admite la ética del psicoanálisis el recurso del acompañamiento terapéutico como una intervención compatible con su clínica?

respondemos afirmativamente, del

mismo modo en que históricamente se han pensado otros recursos alternativos ante las encrucijadas que nos coloca la clínica en cada caso; apelar a la internación, el hospital de día y los psicofármacos forman parte de las decisiones posibles cuando de lo que se trata es de una estrategia en dónde se apunta a la singularidad del sujeto y a las improntas que surgen en el transcurso de un tratamiento. Y esto de lo que hablamos no es sólo teoría extraída de los libros, hablamos de pacientes en crisis, que transitan una externación dificultosa, o cuya primera aproximación a un tratamiento ingresa a partir de alguno de estos recursos, entre otros. Así, bajo estas consignas es nuestra intención pensar un perfil del A.T. (que debe construirse por supuesto y de cuya construcción esta capacitación es un primer peldaño) atravesado por el psicoanálisis bajo las hipótesis que se manejan cuando se teoriza sobre su aplicación tal como la hemos desarrollado. Dicha aplicación implica "la puesta en obra de los conceptos analíticos para construir la clínica" 16, esto es: una clínica transformada, o sea ya no pensar la clínica como una sencilla introducción de la doctrina psicoanalítica para pensar los casos, sino "una lectura constitutiva de esa clínica misma (que) lejos de reducirse a vagas aplicaciones teóricas sobre los casos, transforma el trabajo"17.

16 17

Ídem Ídem

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Estimado alumno: Ha llegado al fin del Módulo 1. A continuación deberás realizar y enviar por el campus Virtual la actividad Integradora nº 1. Recuerde que para la realización de la misma, cuenta con las tutorías con la docente del módulo a través del Campus virtual o vía mail.

1. Caracterice el estatuto de la locura en el contexto histórico trabajado en la unidad. 2. Realice una reflexión personal refiriéndose a la diferencia entre la posición de Itard y la Sra Guerin. 3. Determine los puntos de divergencia entre "el acompañante terapéutico y el amigo calificado" 4. A partir del texto " el acompañamiento terapéutico en la contemporaneidad", formule dos preguntas e intente darles una respuesta. 5. Explique a partir del texto y sus impresiones personales: ¿Qué se entiende por psicoanálisis aplicado? ¿Cuál es su utilidad? ¿Cómo lo piensa usted, en la práctica del Acompañamiento Terapeútico?

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MÓDULO 2 CONSTITUCIÓN DEL SUJETO PSÍQUICO Tal como lo hemos enunciado en el módulo anterior existen diferentes perspectivas de abordar la clínica y ello será lo que marcará la diferencia entre las distintas terapéuticas y técnicas de trabajo. Entre otras particularidades podemos situar una de estas diferencias en el modo en que se considera el síntoma y de qué manera se pensará teóricamente el lazo que se establece entre el paciente y quién o quiénes estén a cargo de su cura. También como antes lo dijimos nuestra decisión y apuesta en la construcción de la tarea del Acompañante se encuentra del lado del psicoanálisis. Es por ello que consideramos necesarias ciertas aproximaciones

a la teoría que permitirán la

comprensión de lo que para nosotros son síntoma y lazo o transferencia. Es por esta razón que desarrollaremos lo que hemos dado en llamar la dimensión del Sujeto psíquico, pero antes nos interesa hacer una pequeña referencia a algunos datos biográficos del autor de la teoría: Sigmund Freud y a uno de los principales seguidores de sus enseñanzas: Jacques Lacan.

Datos biográficos • Sigmund Freud Sigmund Freud nació el 6 de, mayo de 1856

en

Freiberg,

de

Moravia,

Checoslovaquia.

un

pequeño

pueblo

A la edad de cuatro años se

traslada a Viena con su familia y allí realiza sus estudios. Cuando medicina,

llegó la hora de elegir una carrera eligió aunque nunca

tuvo una particular

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preferencia por esta ciencia, lo que lo movía era más bien una suerte de apetito por el saber, pero dirigido más a la condición humana que a los objetos naturales. Ingresa a la universidad en 1873 y nuevamente experimenta la insinuación de que debía sentirse "inferior y extranjero por ser judío". Sin embargo Freud arremete en sus estudios pensando que habría en el marco de la humanidad un lugarcito para un celoso trabajador científico. Se dedica entonces a la fisiología en el laboratorio de su maestro Ernest Brücke quien le propuso una tarea referida a la histología del sistema nervioso. Luego ingresa como aspirante al hospital general (el más importante de Viena) y pronto se convierte en médico interno. Allí se ocupa de trabajar celosamente en el Instituto de Anatomía del Cerebro y comienza a publicar pequeños trabajos. En 1885 recibe el cargo de docente adscripto en neuropatología y luego se marcha becado a París, en donde se desempeña en la Salpetriére donde se relaciona con Charcot y posteriormente se introduce en su círculo privado; teniendo contacto con los fenómenos histéricos; la sugestión hipnótica y el método catártico. Luego de esta experiencia y de regreso a Viena se detiene en Berlín para obtener algunos conocimientos acerca de las enfermedades comunes de la infancia y entabla relación con Adolf Baginsky, director de una revista de pediatría. El interés de Freud era motivado por Max Kossowitz, un pediatra vienés que había prometido instalar un departamento para las enfermedades nerviosas de los niños en su sanatorio de Viena. Es allí donde Freud se desempeña durante diez años como neuropediatra y adquiere una muy valiosa experiencia con niños a partir de lo que publica varios escritos sobre parálisis encefálica de los niños. Ya en 1896 comienza con sus publicaciones llamadas prepsicoanalíticas de las que da cuenta una extensa e intensa relación epistolar con Fliess, entre otras personas abocadas a las ciencias en general y a la psicología en particular. Es durante el espacio en que duró esta relación en donde encuentra el período más rico en teorizaciones y el mayor avance en su propio "autoanálisis", como él le llamaba, ya que sin advertirlo, es Fliess quien encarna el lugar de su "Otro". Su esfuerzo por hacer escuchar su teoría acerca de la existencia del Inconsciente fue enorme, a partir de él se reduce la diferencia y la distancia entre lo adulto y lo infantil que Freud ubica en la consideración de la importancia del traumatismo causada por la sexualidad en el niño. www.centrocrianza.org.ar

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Hasta aquí llegamos con nuestro relato, parte de esta teoría será conocida en este curso, solo nos queda decir que Freud era un hombre cuyo genio científico no se detenía ante las contrariedades de la vida, por el contrario, pareciera que su tesón tomaba fuerzas de esas "resistencias contra el psicoanálisis" (tal como titula su escrito de 1916) para seguir investigando y darle un lugar en el mundo científico a su obra.

• Jacques Lacan Lacan nació el 13 de Abril de 1901 en París, y murió el 3 de Septiembre de 1981 también en París. Hijo de una familia religiosa de la que formaba

parte

junto a otros dos

hermanos, tuvo una educación católica en una institución tradicional. En el momento en que Lacan se decide por la carrera médica,

toma

impulso en varios sectores

del

pensamiento francés el interés por el psicoanálisis, por un lado la vía médica y por el otro la vía intelectual: la vanguardia literaria y filosófica. Pasó en sus estudios de la neurología a la psiquiatría e inició su investigación de la clínica de las enfermedades mentales en el hospital Saint Anne, la cumbre de los asilos, lugar que lo marcará para toda su vida y que será una permanente referencia en su enseñanza. Allí volverá, luego de transitar por otro hospital psiquiátrico: el Henri Rousselle, luego de titularse como médico legista a tomar un puesto como interno. Será la sala de guardia del Saint Anne lo que determinará su trabajo como clínico y el comienzo de su carrera que compartía con quienes serán más adelante grandes psiquiatras de la época: Mareschal, Mâle y su camarada Henry Ey. Durante esos años como interno habrá un maestro que dejará en Lacan una huella imborrable: Gaëtan Gatian de Clèrambault, este psiquiatra

no estaba

demasiado

comprometido con el

psicoanálisis pero compartía con Freud y los surrealistas " la idea de que la locura era vecina de la verdad". Es por estos años que Lacan toma contacto con lo que será más adelante el paradigma que marcará el norte de su teorización: la psicosis, en efecto esta estructura será el crisol bajo el que recorrerá la mayoría de sus conceptos. Es en ese ámbito hospitalario en donde se inicia en lo que en la práctica psiquiátrica se llama "presentación de enfermos", ejercicio de la psiquiatría que en su modo más tradicional se trata de la mostración de las veleidades de un psiquiatra ante un enfermo, por lo www.centrocrianza.org.ar

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general uno de los pertenecientes al asilo, en donde al precio de objetivar al paciente se practicaba

una suerte

de disección publica de lo mental. Con los años y la

experiencia Lacan hará de esta mostración una enseñanza, ya no objetivando al loco, sino restituyéndole su status de sujeto y escuchándolo como tal. En realidad, Lacan no proferirá ninguna pero al hacer lugar a la palabra del sujeto Lacan hará referencia permanente a Clèrambault, en lo que el mismo Clèrambault

llama "fenómenos

verbales", y la enseñanza si la hay saldrá de la palabra del sujeto. "la enseñanza de los enfermos en la presentación de Lacan" es así como lo llama Jacques al Alain Miller. Pero en aquella época, la del Lacan interno, serán los trastornos del lenguaje y las anomalías de la palabra lo que en su relación con la psicosis le resultará enigmático. Paralelamente será por un texto de Salvador Dalí que pasa a una nueva captación del lenguaje en el terreno de la psicosis. El pintor formaba parte del segundo surrealismo y sostenía una tesis original sobre la paranoia para dar razón al pensamiento creador diciendo que "todo delirio es ya una interpretación de la realidad y toda paranoia una actividad creadora lógica". Con él entonces se encuentra el psiquiatra llevado por este interés al mismo tiempo que comienza a traducir algunos textos de Freud. Entre 1931

y 1932

Lacan realiza su tesis, primera y única publicación de esta

envergadura por mucho tiempo (hasta 1966). Dicha tesis se apoyaba en un brillante conocimiento de la filosofía (Spinosa, Jaspers, Nieztche) y era un abordaje

de la

paranoia a partir de tres zonas del saber: la clínica psiquiátrica, la doctrina freudiana y el segundo surrealismo. Se llamó: "de la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad". Quien inspiró esa tesis fue la paciente llamada por Lacan "Aimee", un dato relevante llama la atención del Psiquiatra, la paciente escribía (novelas que nunca se publicaron y también demandas y largas cartas al príncipe de Gales). Y así como Freud aprendió y establecieron una teoría a partir de sus histéricas, Lacan propuso una clínica a partir de su trabajo con la psicosis. Para 1936 será adherente de la S.P.P., y en 1938 después de ciertas controversias fue titular y presenta su texto sobre el estadio del espejo. Por no querer quedar prisionero del saber psiquiátrico no de la ortodoxia académica de los conceptos freudianos que no daban respuesta a su pregunta sobre la clínica se introduce en la filosofía y tomará por maestros a Alexandre Koyré y a Kojeve lo que le permitirá iniciarse en la modernidad filosófica de Hegel y Heidegger.

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A partir de 1953 se desarrolla efectivamente su pensamiento como psicoanalista innovador de toda la teoría, lo que implicó un impulso revitalizador a la teoría freudiana que la hace vigente hasta la actualidad.

LA PÉRDIDA DE LA REALIDAD...

Siguiendo con el hilo conductor de la unidad anterior en relación al estatuto de la locura y de la consideración o no de la palabra del enfermo nos parecía importante incluir la temática que vamos a desarrollar a partir del eje fenomenológico, (pérdida de la función de lo real) que en principio es tomado por la psiquiatría para determinar un diagnostico y que Freud retomará para darle su propia explicación considerando su teorización acerca del Inconsciente y las estructuras clínicas. Freud plantea en 1911 en " formulación sobre los dos principios de acaecer psíquico" un tema clínico que no es originalmente freudiano, sino que ya había sido abordado por la psiquiatría a través de P. Janet: la observación de una "pérdida de la función de lo real" a lo que el autor reformula diciendo que:

"toda neurosis tienda la consecuencia y por tanto probablemente entre la tendencia, de expulsar al enfermo de la vida real, de enajenarlo de la realidad... El introducir el proceso de la represión (esfuerzo de desalojo y suplantación) en la génesis de la neurosis nos ha permitido discernir ese nexo" 18.

En función de esto habría un extrañamiento de parte del neurótico de la realidad objetiva por encontrarla insoportable en su totalidad o en algunas partes y plantea a la psicosis "como el tipo más extremo de este extrañamiento de la realidad objetiva". En la vía de la elucidación de la relación del hombre con la realidad Freud introduce su formulación sobre los dos principios: el principio de placer es definido como la tendencia de los procesos primarios del inconsciente que parten de la ficción de la primera experiencia de satisfacción, estos procesos aspiran a su cumplimiento, es decir, a ganar placer, y de los actos que pueden suscitar displacer la actividad psíquica 18

Cfr Sigmund Freud" Formulación sobre los dos principios de acaecer psíquico"1911 www.centrocrianza.org.ar

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se retira. De esta manera lo deseado a raíz de la ausencia de la satisfacción esperada es logrado por via alucinatoria sin embargo ello implica también un desengaño y en su lugar, el aparato psíquico debe resolverse a representar a las constelaciones reales del mundo exterior y a procurar la alteración real. Se introduce así el principio de realidad, puesto que en la actividad psíquica "ya no se representó lo que era agradable sino lo que era real aunque fuera desagradable" sin embargo dice Freud que no podríamos hablar de un verdadero relevo del principio de placer por el de realidad "la descarga motriz, que durante el imperio del principio de placer había servido para aligerar de aumentos de estímulo al aparato anímico: recibió ahora una función nueva, pues se lo usó para alterar la realidad con arreglo afines". Esto debido a la tendencia general del aparato anímico a aferrarse a las fuentes de placer de que dispone y a la dificultad de la renuncia a ellas, entonces:

"al establecerse el principio de realidad, una clase de actividad del pensar se escindió; ella se mantuvo apartada del exámen de realidad y permaneció sometida únicamente al principio de placer. El fantasear que empieza ya con el juego de los niños y más tarde, proseguido como sueños diurnos, abandona el apuntalamiento en objetos reales" 19.

¿Y cual es la conclusión a la que llega Freud en este artículo?, que tengamos en cuenta es de 1911: hay un predominio de la realidad psíquica por sobre la realidad material.

"el carácter más extraño de los procesos inconscientes (reprimidos),... resulta enteramente del hecho de que en ellos el exámen de realidad no rige para nada, sino que la realidad del pensar es equiparada a la realidad efectiva exterior, y el deseo, a su cumplimiento, al acontecimiento, tal como se deriva del viejo principio de placer" 20.

Nos parece importante puntualizar que en 1920 hay una reformulación de la teoría, que hasta el momento se sostenía de la dicotomía antes planteada, será en el texto

19

Ídem.

20

Ídem.21. Sigmund Freud "Mas allá del principio del placer" 1920 www.centrocrianza.org.ar

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"Mas allá del principio de placer " que el concepto de "compulsión de repetición", mas originario, más elemental, más pulsional, destrona al principio de placer.

"Se trata..., de la acción de pulsiones que estaban destinadas a conducir a la satisfacción, pero que ya en aquel momento no la produjeron, sino que con- llevaron únicamente displacer. Esa experiencia se hizo en vano. Se la repite a pesar de todo, una compulsión esfuerza a ello"21.

Posterior a este escrito es el referido al tema de este texto, "la pérdida de la realidad..." es una reconsideración de los conceptos de neurosis y psicosis a la luz de la segunda tópica, señala un conflicto entre el Yo y el Ello y las consecuencias de dicho conflicto respecto de la realidad. Podemos decir que Freud realiza un paralelo en el texto de los términos Ello y mundo exterior, neurosis y psicosis. Considera la situación inicial de la neurosis a partir de un primer momento,"cuando el yo al servicio de la realidad, emprende la represión de una moción pulsional" sin embargo esto no es todavía la neurosis misma para Freud, esta se determinaría en un segundo momento "ella consiste,...en los procesos que aportan un resarcimiento a los sectores perjudicados del Ello; por tanto; en la reacción contra la represión y en el fracaso de esta". La consecuencia de este paso es el aflojamiento del nexo con la realidad, que al fragmentarse atañe a la pérdida de realidad en la neurosis. Respecto de la psicosis Freud también plantea dos pasos.

"el primero de los cuales arrancará al Yo de la realidad, en tanto el segundo quisiera indemnizar los perjuicios y restableciera el vinculo con la realidad,... más no a expensas de una limitación del ello -como la neurosis lo hacía a expensas del vínculo con la realidad- sino por otro camino, más soberano: por creación de una realidad nueva" 22.

Aquí entonces un primer paralelo, tanto neurosis como psicosis expresan la rebelión del Ello contra el mundo exterior, expresando su displacer o su incapacidad, para adaptarse al apremio de la realidad. Pero en este paralelo formal, Freud observa una diferencia 21

Sigmund Freud "La pérdida de la realidad en la neurosis y en la psicosis" 1924

22

Jacques Lacan "Las formaciones del icc." Pag 185 www.centrocrianza.org.ar

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importante en la reacción introductoria; "en la psicosis, a la huida inicial sigue una fase activa de reconstrucción; en

la neurosis, la obediencia inicial es seguida por un

posterior (nachträglich) intento de huida". En el segundo paso podríamos pensar que existe una analogía ya que en ambas estructuras la tarea que debe realizarse fracasa "puesto que no puede crearse un sustituto cabal para la pulsión reprimida", en el caso de la neurosis, "y la subrogación de la realidad no se deja verter en los moldes de manera satisfactoria". Una diferencia fundamental que Freud introduce, esta planteada según en donde recaiga el acento: " en la psicosis, el acento recae íntegramente sobre el primer paso, que es en si patológico y solo puede llevar a la enfermedad; en la neurosis en cambio recae en el segundo, el fracaso de la represión, mientras que el primer paso puede lograrse". Estas diferencias son consecuencia del modo en que se plantea la situación inicial del conflicto, es decir que dicha situación, el Yo rinda vasallaje al mundo real o al Ello. En la psicosis el vinculo con la realidad no habría quedado concluido nunca, de tal modo que se enriquece y varía continuamente por medio de nuevas percepciones, así mismo "se le plantea la tarea de procurarse percepciones tales que correspondan a la realidad nueva", ¿y cuál es la manera de lograrlo?: la vía de la alucinación. Freud asocia

los espejismos del recuerdo,

las formaciones

delirantes,

y las

alucinaciones al desarrollo de angustia, y dice "es probable que en la psicosis el fragmento de realidad rechazado se vaya imponiendo cada vez más a la vida anímica...", fragmento, agujero que se colma con la apelación a la alucinación, al delirio. En la neurosis en cambio hay cierta conformidad con la evitación y protección de ese fragmento de la realidad, en ella no faltan intentos de sustitución de la realidad indeseada por otra más acorde al deseo. "La posibilidad de ello lo da la existencia de un mundo de la fantasía" que "si bien no es inaccesible para el Yo, solo mantiene una dependencia laxa con respecto a él". Este mundo de la fantasía de la neurosis se apuntala "en un fragmento de la realidad -diverso de aquel contra el cual fue preciso defenderse- (que)

le presta un significado particular y un sentido secreto, que...

llamamos simbólico". Vamos a plantear los paralelos que Freud trabaja orientándonos en lo que Miller dice en la clase del 8 de enero del seminario "clínica diferencial de la psicosis". En el texto de Freud podemos pensar a la neurosis, la psicosis, el Ello y el mundo exterior como términos puestos en un primer paralelo. Dice Miller en la psicosis www.centrocrianza.org.ar

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"perdida de la realidad bajo el látigo del ello", en la neurosis "sacrificio a la realidad perdida del ello".

Entonces en el primer paralelo:

P

R-

E+

N

R+

E-

Pero este sería un gráfico demasiado simplificado, teniendo en cuenta que Freud reordena el paralelo de las estructuras según una ordenación temporal. Por lo tanto si hiciéramos un paralelo formal.

1° tiempo

2° tiempo

N

R+

E-

R-

E+

P

R-

E+

(R+)

(E-)

En su intento de homologar ambas estructuras Freud se encuentra con que en la psicosis no hay sacrificio del lado del ello, no hay E- como si hay R-. La psicosis toma entonces otra vía. Por lo tanto R+ cambia de sentido, se convierte en R´, una nueva realidad. ¿Y qué es lo que diferencia al E+ en la neurosis del E+ de la psicosis?, "en la neurosis la investidura de la realidad por el Ello esta siempre localizada. Se asienta como el juego del niño en un fragmento de la realidad". En la psicosis en cambio no es posible esa localización, de allí la refundición en una nueva realidad. Dice Freud sin embargo, "así para ambas -neurosis y psicosis- no solo cuenta el problema de la perdida de realidad, sino el de un sustituto de realidad" Será en 1927 en el artículo de fetichismo en donde concluya esta pregunta "me es posible en consecuencia, mantener la expectativa de que en el caso de la psicosis una de esas corrientes, la acorde con la realidad, faltaría efectivamente"

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La constitución del Sujeto psíquico Como ya hemos visto es uno de los logros de la modernidad la consideración del estudio del hombre

como autor

de su propia experiencia y con ello, como

consecuencia directa el comienzo del reconocimiento de la niñez ya no como un estado patológico del que el humano debe salir, sino como un momento del desarrollo del ser humano digno de tomar como objeto de estudio de la ciencia. Sin embargo será la investigación de Freud y sus enseñanzas lo que nos trasmita su definición de que la adultez hunde sus raíces en lo más profundo de la infancia de un modo muy particular, lo que hace que un sujeto psíquico lleve la impronta de su tránsito particular por los diferentes complejos infantiles y momentos lógicos a los que el psicoanálisis se refiere y aborda.

o Introducción El establecer un vínculo fundante; es una tarea única y particular para cada individuo; de hecho

a ese individuo le preceden unos

padres

con sus propios

complejos, reeditados en este alumbramiento; es decir; un sujeto antes de serlo y antes de ser incluso un organismo biológico; antes fue una idea; un deseo,... o no; es una frase comenzada antes de su irrupción en el mundo como alguien real y que será alojado o no de acuerdo a la fantasmática particular de esa frase y de esa pareja parental.

Además "esta estructura dice que; apenas hay sujeto hablante; la cuestión de sus relaciones en tanto que habla no podría reducirse simplemente a un otro; siempre hay un tercero el Otro con mayúscula; constituyente de la posición del sujeto como hablante; es decir; también; como analizante" 23.

Dos notas sobre el niño El texto principal que trabajaremos en este desarrollo es el que Lacan ha llamado "dos notas sobre el niño", texto que será la trama de base para posteriores desarrollos. "Dos

23

Jacques Alain Miller " cosas de familia en el inconsciente, en Lapsus, revista de psicoanálisis

año 1 n°3 www.centrocrianza.org.ar

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notas..." es como su nombre lo indica la unión de dos bosquejos que Jacques Lacan realiza para la Sra. Jenny Aubry (psicoanalista francesa) en ocasión de un control de caso. De estos dos escritos uno esta dirigido a elucidar la concepción de Lacan del síntoma del sujeto y su relación con lo que hay de sintomático en la estructura familiar, y el otro trabaja la dimensión de la familia conyugal y su función en la evolución de las sociedades. Hemos elegido comenzar por este ultimo punto: la familia, invirtiendo el orden en que se presenta en el texto porque así la elaboró Lacan y por que nos interesa darle marco a nuestro curso e ir de lo aparentemente más simple a lo más complejo. Entonces para comenzar diremos que el psicoanálisis no recorta a la familia como objeto de estudio. De ella sí se ocupan la sociología y la antropología quienes afirman que la familia es la célula básica de la sociedad pudiendo en esa definición clásica pasar de la antigua familia extensa patriarcal a la familia moderna, que se ha reducido al mínimo de la familia conyugal producto de los efectos de transformación debidos a la institución del matrimonio. Se trata ahora de la familia nuclear, industrial-urbana, objeto de elaboraciones estadísticas y disposiciones estatales que concibe a su situación y forma en correlación con un supuesto estatuto convencional: padre, madre y dos hijos. Aclaramos entonces respecto de nuestro primer enunciado que el psicoanálisis no recorta la familia como objeto de estudio sino en tanto y en cuanto la considera: "cosa del inconsciente". Es decir que aquello que para la estadística es padre madre y dos hijos para el psicoanalista pensado en esos términos, la composición de estructura respondería no tanto al número de sus miembros o a sus pretendidos roles como al "estar formada por el nombre del padre, por el Deseo de la madre y por los pequeños objetos "a"24. Por lo tanto decir que la familia nos ocupa como "cosa del inconsciente" lo es en la medida en que la lengua hablada por cada sujeto (lengua materna) es "cosa de familia". De ese modo la particularidad familiar de un conjunto de significantes determinan el decir de cada sujeto vinculándolo de manera singular a una familia. Es en el escrito de 1953 "función y campo de la palabra y el lenguaje" en donde Lacan nos enseña que siendo el lenguaje condición de estructura de aquello que se establece como familia, eso mismo la determina en la aplicación de nominaciones que 24

Cfr Carmen Gallano Petit " la familia cosa de lo inconsciente" www.centrocrianza.org.ar

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permiten situar a cada uno de sus miembros en un linaje. Acorde a ello podemos argumentar que "no hay humano sin familia, es decir, que no hay hablante ser, parlêtre sin familia"25. Podríamos hacernos aquí una pregunta que a su vez implica una paradoja ¿cómo es que de familias que se ocupan de sus hijos en términos de necesidades aparecen sujetos que nos dejan y dejan a su familia perplejos, tales como los psicóticos? Y a su vez que existe un "carácter extremadamente opaco y misterioso de eso que llamamos una familia moderna"26. Serán las dos notas donde Lacan dará todo su peso a ese carácter oscuro antes nombrado. Nos dice

"la función de residuo que sostiene (y a un tiempo mantiene) la familia conyugal en la evolución de las sociedades, resalta lo irreductible de una transmisión - perteneciente a un orden distinto al de la vida adecuada a la satisfacción

de las necesidades- que

es la de una constitución

subjetiva, que implica la relación con un deseo que no sea anónimo"27.

Entonces,

la familia es entre las instituciones

humanas, la que hace valer

perfectamente su carácter fundamental de ser producida por el símbolo y al mismo tiempo vehiculizarlo. Es lo que explica su lado durable, lo que caracteriza "la función de residuo que sostiene (y a un tiempo mantiene) la familia conyugal en la evolución de las sociedades". Eso por una parte, por otro lado la transmisión, "lo irreductible de la transmisión...", no concierne solo a la reproducción de la vida y su permanencia según la satisfacción de las necesidades, sino que implica también una "constitución subjetiva" que tiene por consecuencia la relación a un deseo que no sea anónimo. Esto supondría una posición del sujeto desde el punto de vista de un deseo propio y singular que no sea anónimo ni convenga a todo el mundo. Lacan nos recuerda que son las leyes del lenguaje las que reglan los intercambios a nivel de las estructuras elementales del parentesco. Es esto lo que determina la transmisión de la estructura familiar de generación en generación. Por esto la familia 25

Cfr Eric Laurent " la familia moderna"

26

Jacques Lacan "dos notas sobre el niño"

27

Ídem. www.centrocrianza.org.ar

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hace un llamamiento aun elemento simbólico: el patronímico: ¿qué es esto? La transmisión de un nombre, operación llevada a cabo normalmente en y por la familia. Eso supone

que si no hubiera

lenguaje la transmisión de un patronímico sería

imposible. Es una manera de decir que la familia conyugal no es constituyente sino más bien constituida, es una consecuencia de que habitamos un mundo simbólico. En este punto la transmisión se revela necesaria y la Madre y la función del padre se diferencian. Dice Lacan "las funciones del padre y de la madre se juzgan según una tal necesidad" (la constitución subjetiva) "la de la Madre: en tanto sus cuidados están signados por un interés particularizado. La del padre, en tanto que su nombre es el vector de una encarnación de una Ley en el deseo"28.

La vida, una enfermedad de... lenguaje. Trabajo realizado por el Sr. Gustavo Zalazar, colaborador de la cátedra.

Para dar una idea mas ordenada y didáctica, a continuación se explicarán los diferentes momentos de constitución de un sujeto en forma separada; (pero aclarando que no son tiempos cronológicos, sino lógicos, y que por tanto se superponen) es decir que hablaremos del complejo de Edipo, el estadío del espejo, y la alienación y la separación, según la lectura y teorización que Jacques Lacan hace de ellos.

El estadío del espejo Según Lacan: "El estadío del espejo es un drama cuyo empuje interno se precipita de la insuficiencia a la anticipación; y que para el sujeto; presa de la ilusión de la identificación espacial; maquina las fantasías que se sucederán desde una imagen fragmentada del cuerpo hasta una forma que llamamos ortopédica de su totalidad y a la armadura por fin asumida de una identidad enajenante, que va a marcar con su estructura psíquica todo su desarrollo mental"29.

28

Jacques Lacan "Escritos I"

29

Sigmund Freud "Introducción al narcisismo" 1914 pág 76 AE XIV www.centrocrianza.org.ar

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Este es un momento mítico de anticipación imaginaria en donde el individuo a un nivel especular reconoce y se reconoce en el otro que le devuelve su reflejo. Este es un momento de júbilo; de un principio de diferenciación y de totalización de ese individuo como un cuerpo; como entero, como unidad, es decir como un yo. Este proceso lo llamamos identificación, en este caso imaginaria, pero que demuestra de un modo único la matriz simbólica del yo (“je” en francés). Vale decir entonces que en su llegada al mundo un individuo no es más que un organismo biológico; que se hará sujeto; al ser mirado, predicado y tocado por un otro, es decir humanizado. Esto es coherente con lo postulado ya por Freud en cuanto a la vivencia de satisfacción; puesto que no hay un yo constituido sino que se necesita de "un nuevo acto psíquico para que el narcisismo se constituya y devenga el yo"30; este nuevo acto psíquico para Lacan es el estadío del espejo. El estadío del espejo es el momento en que un niño reconoce a su propia imagen. Pero el estadío del espejo no se limita de ningún modo a connotar un fenómeno que se presenta en el desarrollo del niño. Ilustra el carácter conflictivo de la relación dual. Todo lo que el niño capta al quedar cautivo de su propia imagen es precisamente la distancia que hay entre sus tensiones internas y la identificación con dicha imagen. Esta identificación dará como resultado la constitución de un yo ideal como (“moi” en francés). Pero a su vez siempre habrá una discordancia con respecto a su propia realidad. De todos modos esta discordancia "tapada" de alguna manera por el yo (“moi” en francés) se manifestará en los sueños, conversiones histéricas y escisiones ezquizoides.

Edipo

El complejo de Edipo también es estructurante en la historia de un sujeto. Su transito y desenlace determinará en su salida el clivaje en alguna estructura en particular; y de alguna manera marca el modelo de relación de un sujeto con el mundo.

30

Jacques Lacan EL SEMINARIO libro 5, "Las formaciones del inconsciente"1957-1958 pág 186 www.centrocrianza.org.ar

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En el complejo de Edipo se juegan las primeras identificaciones y la primera sustitución significante, que ordenará todas las sucesivas, teorizada por Lacan como la Metáfora paterna. Así, si la definición general de metáfora es la de ser el efecto de la sustitución de un significante por otro en una cadena; en esta función; el significante paterno sustituye al significante materno conservando la potencia del primero. Lo teorizado por Lacan sobre este punto le sirvió en su momento para clarificar algunos puntos no muy claros con relación al Edipo, como por ejemplo el supuesto de un superyo materno postulado por la escuela kleiniana, y de la neurosis sin Edipo. Lacan propone sobre esto, tomar como un error el hecho de pensar la historia del neurótico en un sentido ambientalista, es decir la ausencia o presencia del padre como un hecho concreto, sino que la función del padre es un hecho simbólico que remite a una ley, la ley del significante Nombre del padre que tiene entrada a través del discurso materno, significante fundante que debe entenderse como una identificación en el sentido estricto que el análisis da a este término; a saber "la transformación que se produce en un sujeto cuando asume una imagen", en este caso una identificación simbólica. Tomar al padre como simbólico no implica que no sea real: "el padre para nosotros; es; es real... pero no olvidemos que

solo es real para nosotros en tanto que las

instituciones le confieren, yo no diría siquiera su papel y su función de padre, sino su nombre de padre"31. Es decir que de acuerdo con esto la procreación se la podría atribuir a cualquier cosa o a cualquier persona, lo importante es que se sancione con un significante que ese con el que se practicó el coito es el padre. "la posición del nombre del padre, la calificación del padre como procreador, es un asunto que se sitúa en el nivel simbólico"32. Como actúa

y como se introduce

el significante Nombre del padre;

ha sido

matematizado por Lacan de esta manera:

nombre del padre

31

Ídem. pág187

32

Ídem. pág198

deseo de la madre

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S 1

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deseo de la madre

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X (significado del sujeto)

En este matema, tenemos por un lado la incidencia del padre y de la madre (el Edipo) y por el otro todo lo que gira alrededor de la significación que el niño da a los objetos que él busca en la madre. No hay relación directa, si se quiere, entre el niño y el padre. El niño tiene allí relación con la madre bajo las formas del deseo de la madre, sin embargo, no atina a resolver eso que él es, la "X", sino por un operador, aquel del padre en la relación que tiene el padre con la madre: El significante Nombre del Padre. Es gracias a él que el niño se identifica al tomar sobre el padre la identificación fundamental por la cual él asume el deseo de la madre. El elemento significante intermedio decae, y la S entra por vía metafórica en posesión del objeto de deseo de la madre, que se presenta entonces en forma del falo. Para tratar de explicarlo un poco más, nos adentraremos en los tres tiempos del Edipo

Primer tiempo del Edipo. En esta instancia se trata de "Ser o no ser el falo". El niño en el plano imaginario cree ser el falo, es decir cree que él puede completar totalmente a su madre y no reconoce a más nadie en la relación; en este momento el discurso es captado en estado bruto y el padre aparece como velado. El sujeto se identifica en espejo con lo que es el objeto de deseo de la madre. Por tanto no se relaciona con su madre sino con el deseo de la madre; es decir; es un deseo de deseo.

"es la etapa fálica primitiva, cuando la metáfora paterna actúa en si, al estar la primacía del falo ya instaurada en el mundo por la existencia del símbolo del discurso y de la ley"33.

Este lugar de falo le es otorgado porque al atravesar el orden de lo simbólico el deseo del niño de convierte en demanda; y según la significación que la madre asigne a esta demanda; será el lugar que le otorgue, a saber en este momento, el falo.

"Por ese motivo, la primera prueba que se tiene de su relación con el Otro, 33

Ídem. pág194 www.centrocrianza.org.ar

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la tiene con aquel primer Otro que es su madre...por eso el niño, que ha constituido a su madre como sujeto sobre la base de

la primera

simbolización se encuentra enteramente sometido a lo que podemos llamar, pero solo por anticipación, la ley"34.

Esta ley no es, sino la de ella misma que a su vez remite a otra; es decir que cuando el niño mire y desee completar al Otro, se encontrará siempre en algún lugar con el Otro del Otro; lo que ya nos hace entrar en el segundo tiempo.

Segundo tiempo En el segundo tiempo el padre aparece como interdictor; se manifiesta como mediado en el discurso de la madre; e interviene efectivamente sobre el discurso de la madre. En este nivel se produce lo que hace que al niño le vuelva, pura y simplemente, la ley del padre concebida imaginariamente por el sujeto como privadora de la madre. Aparece de forma menos velada que en la etapa anterior, pero no se revela del todo. Ahí el padre priva a alguien de lo que al fin de cuentas no tiene; es decir; de algo que solo tiene existencia en cuanto símbolo. Nos dice Lacan "Es el estadío, digamos, nodal y negativo, por el cual lo que desprende al sujeto de su identificación lo liga, al mismo tiempo, con la primera aparición de la ley en la forma de este hecho la madre es dependiente de un objeto”, "el sujeto tiene que simbolizar él mismo, convertir en significante; esa privación de la que la madre es objeto. Esta privación el sujeto la acepta o la rechaza"35. Lo que este padre priva, actúa en la madre y en el niño con un mandato doble y bidireccional "no te acostarás con tu madre" y " no reintegrarás tu producto". Es necesaria la aceptación de esta privación para pasar al tercero y último tiempo del Edipo.

34

Ídem. pág 1911

35

Jacques Lacan EL SEMINARIO

libro 11 " Los cuatro conceptos fundamentales del

Psicoanalisis"1964.Pág213. www.centrocrianza.org.ar

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Tercer tiempo De este depende la salida del Edipo. El falo, el padre ha demostrado que lo daba sólo en la medida en que es portador de la ley. De él depende la posesión o no por parte del sujeto materno de dicho falo. Interviene como el que tiene el falo, y no como el que lo es, y por eso puede producirse el giro que reinstaura la instancia del falo como objeto deseado por la madre y no ya solamente como el objeto del que el padre puede privar. El padre es un padre potente, puede darle a la madre lo que ella desea, y puede dárselo porque lo tiene. Aquí interviene por lo tanto, el hecho de la potencia en el sentido genital de la palabra, pero también donador, y castrado en el sentido en que el también esta sujeto a la ley que representa. Por eso la relación de la madre con el padre vuelva al plano real. "La salida favorable es la identificación con el padre de este tercer tiempo. Esta identificación se llama ideal del yo". M

N

P

realidad

ideal

superyo

Alienación y separación:

¿Pero, qué es el Edipo? Para Lacan será la trama que hace que un sujeto se ubique en su pregunta de qué hacer como hombre o como mujer, y esa trama se situará en el campo del Otro. Dice Lacan "la sexualidad se instaura en el campo del sujeto por la vía de la falta"36. Pero inmediatamente señala que en realidad son dos faltas las que se superponen: una, en tanto el sujeto depende del significante y este se encuentra primero en el campo del Otro, pero a su vez esta falta retoma otra, real, que es la que aparece ante la presencia de la reproducción sexuada y que a su vez lo remite a su muerte individual.

36

Ídem.Pág213. www.centrocrianza.org.ar

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"La falta real es lo que pierde el ser viviente, de su porción de viviente por reproducirse por la vía sexuada"37. En esta dependencia significante del sujeto en relación al Otro Lacan instituye dos operaciones, que homologa a otras dos tomadas de la lógica simbólica, la reunión y la intersección. Así, la "alienación" estará del lado de la reunión y la "separación" del lado de la intersección. Dice Lacan, "la alienación consiste en ese vel que condena... al sujeto a sólo aparecer en esa división que ha articulado lo suficiente, al decir que se aparece de un lado como sentido producido por el significante, del otro aparece como afanisis"38. Así definida la alienación implica que si la operación que subyace es la reunión, al ser necesario elegir una de las partes la otra desaparece. En el ejemplo del "mercader de Venecia" ante la elección de ¡la bolsa o la vida!, si elijo la bolsa pierdo las dos cosas, si elijo la vida, esta queda cercenada, sin la bolsa. Esto nos hace decir que un sujeto muere en una decisión si se trata de palabra plena, puesto que ya no será el mismo que antes de elegir. En términos del sujeto, si lo que hubiese en los conjuntos fuese el ser, el sin sentido, y el sentido; si elegimos el ser el sujeto desaparece, cae en el sin- sentido, si elegimos el sentido, este queda cercenado de la porción de sin sentido que para Lacan constituye el inconsciente. La otra operación en la que se cierra la causación del sujeto es la separación, cuya forma lógica es la intersección. Esta surge de la superposición de dos faltas. Por un lado el sujeto encuentra una falta en el Otro que lo refiere al deseo del otro y que aparece en las fallas de su propio discurso, en el intervalo de los significantes que, sabemos, siempre refieren a otra cosa. Es entonces en las fallas del discurso del Otro que el sujeto aprehende el deseo del Otro en lo que no encaja. Y a esta falta el sujeto responde con su falta, recubriéndola con su propia desaparición. "El fantasma de su muerte, de su desaparición, es el primer objeto que el sujeto tiene para poner en juego en esta dialéctica"39. Por lo tanto en la juntura de ambos conjuntos aparece como intersección la juntura del deseo del 37

Ídem.pág218

38

Ídem.pág222

39

F. Niesztche "Así hablo Zaratustra" www.centrocrianza.org.ar

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sujeto con el deseo del Otro, y para lo que por su propia estructura no hay respuesta directa, en tanto

se escabulle en la metonimia

del deseo reflejada sólo en las

interrogaciones que plantea, "me dice eso, pero ¿qué quiere?" (Primer encuentro con la falta en el Otro) "¿pudiera perderme?” (Como respuesta del sujeto). Es decir lo que el sujeto coloca allí en el intervalo, es su propia carencia, bajo el modo de la carencia que produciría en el Otro su propia desaparición. Así, en tanto opera con su propia pérdida, el sujeto vuelve al punto de partida, su enajenación primera.

Conclusión Nietzche nos dice esta frase "la vida es una enfermedad del alma"40.

Este es un pensamiento que de alguna manera se puede relacionar con todo lo antes mencionado en cuanto teoría de lo que es un sujeto; basta recordar eso que se pierde de una vez y para siempre, ese objeto anhelado por el neurótico que siempre bordeará pero nunca alcanzará, para decir que el alma está enferma, enferma por una falta en ser; paradójicamente; instauradora del deseo y por tanto la vida; no hay vida sin deseo, no hay deseo sin enfermedad. Que no se entienda esto como un punto de vista sombrío y pesimista; todo lo contrario, en la medida en que el neurótico conozca acerca de su falta, podrá regular su goce y ponerse en posición de deseante. Desde la mirada psicoanalítica lacaniana, podríamos decir que esta enfermedad es la palabra, y de la palabra podemos decir que es tanto un regalo como asi también un compromiso, en forma bidireccional y ambivalente. En relación a esto, uno puede decir que se está mas regalado a la palabra; que la palabra al sujeto; se puede explicar esto de una manera sencilla con un ejemplo de un texto de Cortázar: "Piensa esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con ancora de rubíes; no te regalan sólo ese 40

Julio Cortázar "Historias de cronopios y de famas" ediciones minotauro 1979 pág 27 www.centrocrianza.org.ar

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menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasarás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben- ; te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta de las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo a perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se te rompa. Te regalan su marca, y la seguridad que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj."41

Este texto ilustra digamos por analogía, lo que es la relación de un sujeto al lenguaje, en cuanto sujeto a él, es decir sujeto al inconsciente y a la represión, es decir conviviendo con algo que no es propio en el sentido de poderlo domeñar, sino que nos sale al paso en la vida cotidiana, en forma de lapsus, etc, que dejan a un sujeto las más de las veces en estado de estupor. Por lo tanto desde el pensamiento de Niesztche podría decir uno que el ser humano está "regalado" a la vida; y por tanto a la cultura y el campo de la palabra y el lenguaje; es decir "regalado" al significante,

que marca y ordena;

que normativiza y

desnormativiza a la vez.

El lugar del niño en la estructura

Desarrollados ya los conceptos atinentes a los momentos lógicos por los que transita un sujeto podemos afirmar que dicho sujeto tiene que ver por un lado con los azares de la vida y por el otro con los dichos familiares anteriores al nacimiento. A estos dos términos debemos agregarle un tercer término, "el deseo de los padres, lo que ellos han querido" a lo que el sujeto no tiene acceso más que como una mínima

41

Jacques Lacan "le´ tourdit" www.centrocrianza.org.ar

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aproximación, aun en un análisis; son los ideales, la constelación significante del origen, los llamados términos imaginarios, simbólicos y reales en "lo que ellos han querido" y los reencuentros, buenos o malos de la vida. Pero a esto se le suma un cuarto término: el sujeto mismo, que no se reduce a los términos precedentes: él no es su ideal del yo que tapa el lugar vacío del sujeto, él no es el deseo de los padres, no es tampoco "juguete del destino" él existe (interna y externamente) a todo eso. Él es dice Lacan "respuesta de lo real, tiene para responder de lo real, palabras. Él es responsable, no de todo, pero sí es responsable de su posición de sujeto"42. Para abordar esta temática retomamos el texto "Dos notas...", ahora si, en su primera parte. Dice entonces en una primera aproximación "el síntoma del niño está en posición de responder a lo que hay de sintomático en la estructura familiar". Allí encontramos una primera diferenciación, "el síntoma del niño" y "lo que hay de sintomático en la estructura familiar" no son la misma cosa. Se puede, sí, establecer entre ello alguna relación, pero desde el principio Lacan nos marca que la relación de identidad esta excluida aquí. A diferencia de esto lo que nos dice es que el síntoma del niño "esta en posición de responder" y ello implica "que se ha jugado allí ya una elección; una respuesta supone también... la interpretación de una oferta que constituye para el sujeto una pregunta"43, quizá sería mejor un enigma, contando con que el enigma, tal como Lacan lo señala, no supone una respuesta. En el Envés del psicoanálisis encontramos que el enigma está absolutamente emparentado con la Verdad "¿qué es la Verdad como saber? Viene al caso decirlo así - ¿cómo saber sin saber?...es un enigma", y cuál es su función "la función del enigma es un decir a medias que por otra parte es la única forma que hay de decir. Queda establecido entonces, que esta posición de responder no supone una respuesta, pero sí que el síntoma del sujeto se precipita como una, una que elige. Es decir que encuentra "una vía de solución a este dilema enigmático" que se ofrece en lo que hay de sintomático en la estructura familiar. "El síntoma, y este es el hecho fundamental de la experiencia psicoanalítica, se define en este contexto como representante de la verdad" ¿qué significa esto? Ya hemos enunciado que la verdad en este momento teórico (1969) es un medio decir y que por lo tanto

habría algo imposible de decir, a lo que el sujeto con su construcción

42

Gabriela Dargenton "Bien-decir el niño"

43

Cfr.Eric Laurent "las personas grandes y el niño" www.centrocrianza.org.ar

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inconsciente le aporta una respuesta: el síntoma, entonces suple lo no-dicho, por imposible con su síntoma. Podríamos enunciar en relación a lo que desarrollamos en la metáfora y a la cuestión del enigma esta fórmula: DM X

En donde la X plantea la cuestión del deseo de la madre como una incógnita y a partir de allí las posibles respuestas como vía de ubicación del niño. De la enseñanza de Lacan surgen tres diferentes respuestas a esta incógnita44:  El niño como falo de la madre  El niño como síntoma  El niño como objeto del fantasma de la madre

Vamos a desarrollarlas a continuación.  El niño como falo de la madre Lacan nos dice en el escrito "de una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis"

"todo el problema de las perversiones consiste en conocer cómo el niño, en su relación con la madre, relación constituida en el análisis no por su dependencia vital, sino por su dependencia de amor, es decir por el deseo de su deseo, se identifica con el objeto imaginario de ese deseo en cuanto que la madre misma lo simboliza en el falo"

Vamos a ampliar esta cuestión del falo: en la doctrina freudiana el falo no es una fantasía "no es tampoco como tal un objeto (parcial, interno, bueno, malo, etc)... menos aún es el órgano, pene o clítoris, que

simboliza"... “pues el falo

es un

significante" ya que surge a partir de la desviación de las necesidades del hombre por el

44

Jacques Lacan "la significacion del falo" www.centrocrianza.org.ar

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sólo hecho de que habla, "en el sentido de que en la medida en que sus necesidades están sujetas a la demanda, retornan a él enajenadas"45. Que el falo es un significante, es decir que surge allí donde hay una ausencia en virtud del par freudiano fálico-castrado, es algo que implica que sea en el lugar del Otro donde el sujeto tenga acceso a él. "Pero como ese significante no está allí sino velado y como razón del deseo del Otro, es ese deseo del Otro como tal lo que al sujeto se le impone reconocer". Es decir que si el Otro desea, hay algo que le falta. Entonces si el deseo de la madre

es el falo, el niño puede querer serlo para satisfacer así ese deseo. Esto

constituye una prueba del deseo del Otro, pues confronta al sujeto con algo que puede no querer saber: "que la madre no lo tiene". Y entonces renegando de su castración (la de la madre) quedar, podríamos decir, adherido al velo imaginario que tapa esa falta en su madre, tal es el caso del fetichismo. Hay que pensar en qué sentido esa respuesta del niño identificado con el falo de su madre puede ser una perversión. Lacan nos lo aclara en un escrito46.

"La perversión añade una recuperación de la función fálica...Sólo nuestra fórmula del fantasma permite hacer aparecer que el sujeto aquí se hace instrumento del goce del Otro. Será instrumento en tanto se opone al símbolo y le permite al perverso saber en que satisface al Otro, es decir, lo hace gozar. Esta es la fórmula del fantasma que, en tanto incluye al falo, se precisa la perversión."

Si todo lo que se puede trasmitir en el intercambio simbólico es siempre algo que es tanto ausencia como presencia, en

una perversión como el fetichismo, esta

interposición (que en el neurótico hace que lo que se ame en el objeto de amor sea algo que está más allá, que no es nada,

pero tiene la propiedad

de estar allí

simbólicamente), en la perversión, no sólo puede sino debe ser esa nada. Es decir que al estar presente la cortina que tapa la castración, lo que se encuentra más allá como falta, tiende a realizarse como imagen que se dibuja sobre el velo. "La cortina -ídolo de la ausencia- cobra su valor, su ser y su consistencia, precisamente porque sobre ella se

45

Jacques Lacan "Subversión del Sujeto y dialéctica del deseo en el Icc. Freudiano"X

46

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proyecta y se imagina la ausencia". Por lo tanto sabiendo que esto ocurre el perverso reniega de ello. Es decir que ocupar este primer lugar de falo, imaginario, es un momento lógico necesario en tanto constitutivo, pero patológico en su permanencia. Un sujeto capturado en esta primera instancia "alienante" es un sujeto sin un posicionamiento como deseante, con sus implicancias en su relación con el mundo que lo circunda; consigo mismo; y con el Otro.  El niño como síntoma

Enfrentado a la presencia del Otro, tal como lo hemos dicho anteriormente, el sujeto da una respuesta que es un efecto de significación, hace entonces de la "x" un síntoma ante la falta en el otro. El niño viene a contestar con este efecto de significación, que nos remite a la metáfora paterna, a la falta de un significante que es esa "x" del deseo de la madre. Hay que decir que el niño cuando se coloca en posición de respuesta, de síntoma, lo es del deseo de la madre en cuanto está articulado con el Nombre del Padre. Entonces el síntoma representa la verdad de la estructura parental, con todas las connotaciones de las que ya hablamos. Pero lo importante aquí es algo que también precisa Lacan:

"Este tipo de respuesta es la más alcanzable en la técnica, en el discurso analítico", "es el caso más complejo, pero también el más abierto a nuestras intervenciones".

Un caso clínico presentado por Lacan ejemplifica esta posición. Se trata de un niño que sufre de lo que el psicoanalista llama "disgusto de sí mismo" y que en psiquiatría se podría denominar como depresión. Este afecto es lo que se declara en el cuadro a lo que se le suma un dicho más que aclaratorio del niño dirigido a su padre: "Soy un tramposo de vida". Esta declaración del niño se produce en un momento en que el padre lo mira enroscado en los brazos de la madre. Ante esta mirada el niño pregunta "¿por qué me estás mirando?" y el padre contesta "porque eres guapo" a lo que el niño responde "Soy un tramposo de vida".

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Esta interrogación, ¿por qué me miras?, es una pregunta del Sujeto dirigida al Otro que podría formularse en un ¿qué soy para tí? El padre está fascinado. ¿Por qué? Por esa unión de una mujer con su hijo, por esa imagen fálica que se le impone

en la

hermosura. Ante esta plenitud de un hijo pegado a su madre el padre se fascina y en lugar de decir algo a la madre, juega con el niño y sitúa la cuestión de la hermosura no en la madre sino en el niño. Es una trampa de parte del padre, que en lugar de enfrentarse con su deseo (esa mujer), con su pregunta, prefiere jugar con el niño y lo utiliza como respuesta. De esto podemos inferir teniendo en cuenta la depresión que se presenta como síntoma, que con el " soy un tramposo de vida" el niño le dice al padre " tú eres quien hace trampas y trampeas con una identificación de tu hijo con un niño muerto, pues a eso nos refiere la depresión,

un hijo completamente pegado a esa dimensión

imaginaria". Posición en la que el niño puede acomodarse mediante esa pérdida de vida que surge en él como un eco de la identificación agresiva, imaginaria por parte del padre. Podemos decir entonces que este tipo de identificación del niño con un síntoma de la pareja no es posible de definirse como un síntoma de la madre o del padre, ni tampoco de los padres combinados. Se trata

más bien, de la respuesta a una

articulación del Otro entre el deseo de la Madre y el Nombre del padre.  El niño como objeto del fantasma de la madre

Dice Lacan

"La articulación se reduce en mucho cuando el síntoma que llega a dominar compete a la subjetividad de la madre. Esta vez el niño está involucrado directamente como correlativo de un fantasma”.

¿De qué hablamos cuando decimos fantasma?

S

a

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El sujeto de la madre se presenta aquí con su división, algo le falta

en tanto hubo

alguna vez una primera pérdida, algo cayó y nunca más se recuperó: el objeto. Oral, anal, mirada o voz en realidad son un velo a la nada porque no existe objeto que calme al sujeto ya nunca más. Un rasgo común a esos objetos es que están determinados por lo que

llamamos con Freud " zonas erógenas" y que además

descubrimos con Lacan no tienen imagen especular " es a ese objeto inasible en el espejo al que la imagen especular da su vestimenta" dirá Lacan.

Seguimos,

"Cuando la distancia entre la identificación con el ideal del yo y la parte tomada del deseo de la madre no tiene mediación (la que asegura normalmente la función del padre), el niño queda expuesto a todas las capturas fantasmáticas. Se convierte en el "objeto" de la madre y su única función es entonces revelar la verdad de este objeto."

Es decir que el significante Nombre del padre debe ser vehiculizado por el discurso materno, para que instaure una ley, la ley propiamente dicha, no la de su propio capricho; y pueda operar un movimiento de este primer lugar que le es asignado; si esto no ocurre: El niño "realiza la presencia" de eso que Jacques Lacan designa como el objeto "a" en el fantasma.

Vamos a ejemplificar esto con una grilla clínica:

La madre de "C" de cuatro años dice: "la tuve porque tenía adherencias en los ovarios, para que se me fueran las adherencias la tuve a ella, sino, no la hubiera engendrado". "C" ha sido desde que nació una niña enferma, siempre al borde de la muerte, solo ocupa la aten- ción de su madre cuando hay que llevarla al medico pues la presta como objeto de estudio de cuanto profesional se le ocurre visitar.

El niño "Satura de este modo, sustituyéndose a ese objeto, el modo de falta en el que se especifica el deseo (de la madre), sea cual fuere la estructura especial de este deseo: neurótico, perverso o psicótico". Es decir que no interesa demasiado la www.centrocrianza.org.ar

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estructura de la madre tanto como la conjunción de que no haya mediación a partir del Nombre del padre, pues éste está forcluido, es decir dejado fuera en la psicosis. Conjunción de esto y la insondable decisión del ser del niño. En conclusión, a través de lo desarrollado en la presente unidad, hemos tratado de presentar el modo o la manera en que un sujeto se ubica respecto a la estructura, para ello nuestros textos han apuntado ha configurar la dimensión del Otro y la relación que cada sujeto, sea éste psicótico, neurótico o perverso establece con él. Nos parece importante aclarar que ese lugar del Otro demarcado para dichos sujetos es invariable y dicha relación se reedita cada vez que un sujeto establece un lazo. Será alrededor de esta temática que girarán las próximas unidades y de la relación de los conceptos ya trabajados con la dinámica de la Transferencia.

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Estimado alumno: Ha llegado al fin del Módulo 2. A continuación deberás realizar y enviar por el campus Virtual la actividad Integradora nº 2. Recuerde que para la realización de la misma, cuenta con las tutorías con la docente del módulo a través del Campus virtual o vía mail.

1. Caracterice los aspectos principales de la Neurosis especificados por Freud respecto a la pérdida de la Realidad. 2. Determine ahora, aquellos que el autor enuncia respecto de la Psicosis en cuanto a la pérdida de la Realidad. 3. Destaque las diferencias fundamentales entre ambas estructuras y esboce un cuadro propio teniendo en cuenta los conceptos relacionados en el texto. 4. Realice una articulación personal

entre los elementos conceptuales que se

trabajaron en el tema "momentos lógicos de la estructuración de un Sujeto", (Estadío del Espejo, Edipo y Alienación y separación). 5. Mencione y desarrolle explicativamente las tres posibles respuestas en la ubicación del niño frente a la estructura parental, teniendo en cuenta que son conceptos determinantes que introducen una nueva dimensión para pensar la clínica.

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A continuación se presentan diferentes artículos que refieren a algunos de los temas trabajados

hasta el momento. En ellos se profundizan y amplían conceptos

fundamentales que queremos que incorpore y aprehenda.

Los momentos lógicos de la constitución subjetiva Prof. Beatriz Reyna

Es importante aclarar que la división en temas es sólo con fines didácticos, puesto que el acento que pondremos en los "momentos" de constitución del niño, tiene un sustrato lógico en contraposición a un tiempo cronológico, como se podría entender. Bien hecha esta salvedad, y contando ya con lo expuesto en la ubicación del niño en un orden de lenguaje, estableceré algunos momentos de la institución subjetiva del niño en la estructura familiar. Podemos decir que el niño ha constituído en el psicoanálisis el referente mismo de su cuerpo teórico. El niño puede leerse como equivalente de la sexualidad infantil, ya que Freud cuando habla de sus casos nos remite a lo infantil, y a la explicación de la enfermedad (neurosis) a partir de traumas sexuales infantiles, o desde la explicación misma de la esencia del "humano" siempre sostenido por su naturaleza de objeto pasible de cuidados

por parte de los adultos a su cargo lo que despierta tiernos

afectos cuya connotación sexual es innegable. Comenzaremos entonces, por definir que entendemos por mito en la teoría psicoanalítica. Siguiendo a Lacan podemos decir que un mito es "una cierta representación sexual objetivada de un epos o de una gesta que expresa de modo imaginario

las relaciones fundamentales características de cierto modo

de ser

humano en una época determinada"47. Freud se vale de los mitos en su teoría para establecer sus hipótesis; así, Narciso y Edipo son mitos que le permitirán establecer conceptos importantísimos en su práctica.

47

Jacques Lacan "El mito individual del neurótico" nueva versión autorizada www.centrocrianza.org.ar

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¿Para qué le sirven a Freud los mitos, entonces?. Para encontrar su función en la vivencia misma del sujeto. Es decir que da cuerpo al mito en sus observaciones clínicas.

El narcisismo y el estadío del espejo Mito de Narciso De modo sintético relataremos lo esencial del mito de Narciso en la versión de Ovidio: Narciso era hijo de Leiríope (ninfa fluvial) y de Cefiso (Dios-río). Cefiso aprisionó un día en su sinuosa corriente a Leiríope y cautiva entre sus aguas, la violó. De esta unión nació un niño: Narciso, cuya hermosura subyugaba. Interesada por la suerte de su hijo, Leiríope consulta al sabio Tiresías, el más célebre adivino de toda Grecia. Consultado sobre si este niño llegaría a la vejez, el sabio respondió: "Si no llega a conocerse a sí mismo". Durante mucho tiempo pareció que nada sucedería, no obstante después que Narciso cumple 16 años son muchos los muchachos y las jóvenes que lo desean, pero a los que Narciso rechaza con soberbia. Cierto día en que perseguía los ciervos con sus redes, lo vio la ninfa de la voz: Eco, la resonadora que sólo puede

repetir las últimas palabras de lo que escucha, y se

enamoró de él perdidamente. En un momento en que Narciso se aleja de su grupo, pregunta antes de regresar: "Hay alguno aquí" y Eco responde: “por aquí", "ven", dice Narciso, atónito, del mismo modo responde la ninfa "reunámonos", dice él "reunámonos" responde ella. La ninfa aparece y le tira los brazos al cuello a los que Narciso con desdén rechaza y dice "antes moriré a que puedas gozar tú de mí". Eco entristecida, languidece y desaparece como cuerpo hasta no quedar de ella más que la voz. Esta crueldad con Eco es castigada por los dioses escuchando un ruego de otro de sus enamorados que pide venganza y dice: "Ojalá ame él del mismo modo y del mismo modo no consiga el objeto de sus deseos". www.centrocrianza.org.ar

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Así, cierto día cansado de la caza

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Narciso se detiene en una fuente de aguas

resplandecientes, se sienta en su margen y mientras bebe ve su imagen, se extasía ante sí mismo y permanece inmóvil con el semblante inalterable, cree que es cuerpo lo que es agua, se desea a sí mismo sin saberlo, "no sabe qué es lo que ve, pero lo que ve le quema y la misma ilusión que engaña sus ojos, lo espolea"48. Nada puede arrancarlo de su éxtasis, tendido en la hierba contempla con ojos insaciables la elusiva imagen y se muere por sus propios ojos. El dejó caer en la hierba su cabeza fatigada, la muerte entonces cerró aquellos ojos que admiraban en el espejo de agua la belleza de su dueño. Lo lloran sus hermanos y hermanas, preparan el féretro, la pira y las antorchas para su funeral, pero por ninguna parte aparece el cuerpo de Narciso, en su lugar encuentran una flor amarilla con pétalos blancos alrededor del centro: "El Narciso" que nace a la orilla de los estanques. Cumpliéndose así lo que el sabio Tiresías había advertido en su predicción, Narciso no llega a viejo puesto que ve su imagen y en ella queda capturado. Luego de este pequeño desarrollo, precisaremos entonces lo que para Freud es el narcisismo, definiéndolo como el amor a la imágen de sí mismo, es decir, es la captación amorosa de la propia imágen, en donde la líbido toma como objeto al propio yo. El sujeto toma así al yo como objeto de amor. Partiendo de la idea de que Narciso, por amor a sí mismo encuentra la muerte al no poder recuperarse por la palabra (que en el relato es personificada por Eco).Freud elabora su artículo "Introducción al narcisismo" (1914) basado por un lado en un término clínico de P. Nacke, y por otro, en el mito mismo. ¿Cuál es la idea de la que parte en su desarrollo? Nos dirá: "Nos formamos la idea de que existe una carga libidinosa primitiva del yo, de la cual parten magnitudes de líbido destinadas a cargar los objetos...". A esta carga libidinosa primitiva podemos referir aquellas primeras satisfacciones vividas en torno a las funciones vitales, que tienen como característica ser sexuales y autoeróticas (el autoerotismo se refiere a la satisfacción obtenido en el propio cuerpo). Pero Freud nos hará una salvedad: "En el individuo no existe desde el principio una unidad comparable al yo".

48

Ovidio, El mito de Narciso www.centrocrianza.org.ar

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Es decir que la formación del yo no es algo que ocurre de entrada, sino que tiene que desarrollarse, tiene que ser construído. Por ejemplo, un bebé no tiene noción del reconocimiento de su cuerpo, de dónde empieza y termina su cuerpo, no se reconoce como uno, diferenciado del universo, del resto de los objetos, tampoco ve al otro como otro, como una unidad. Entonces ¿cómo se produce la construcción del yo? En primer lugar es preciso establecer que éste se desarrolla por sobre lo que nace como un organismo vivo, pero puede no aparecer jamás; lo cual no depende de lo orgánico. Hay niños que nacen perfectamente desde lo orgánico, y sin embargo no llegan al desarrollo del yo. Y si no depende de lo orgánico ¿de qué depende? Desde el psicoanálisis decimos que depende de lo simbólico, es decir, del lugar que los padres le asignan al niño. Podemos considerar que a ésto el bebé lo percibe en la forma en que lo alimentan, en cómo lo sostienen, cómo lo miran, cómo le hablan, cómo juegan con él. Esta imágen que se va construyendo en la relación con la madre es inconciente, es una representación psíquica, y aquí es importante la distinción que Freud establece entre el Narcisismo primario y el Narcisismo secundario. El primero se refiere al narcisismo parental, YO IDEAL, le llamará; esto es, atribuír al niño todas las perfecciones, esperar para él mejor suerte que para sus padres, también se ven renovados privilegios a los que han debido renunciar sus padres; "His majesty the baby será entonces el centro y nódulo de la creación", y se sitúa en un lugar no sin consecuencias. La constitución del yo ideal intentará reproducir vía el narcisismo la homeostasis perdida

de lo que

Freud

llama

"la

primera

experiencia

de

satisfacción", Narciso paraíso perdido puesto que ese que veo y que sólo es imagen, ese soy yo. Así, la conformación del Yo Ideal va abriendo los espacios de aquello que se predica sobre el niño, por ejemplo: "este niño va a ser lindo como su papá", "será médico", etc., y esto dijimos, no será sin consecuencias para el niño, en la medida en que va a intervenir en la construcción de la imágen y en la formación de sus identificaciones. Vemos así cómo la posibilidad del niño de constituír su propio narcisismo tiene sus raíces en el narcisismo parental. El narcisismo secundario se refiere al momento en que el niño ya se relaciona con los objetos del mundo exterior, entonces puede proyectar su propio narcisismo en los objetos. Recordemos que en el narcisismo primario la líbido es parte del yo, está centrada en él, mientras que en el secundario se dirige a los objetos. www.centrocrianza.org.ar

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Es así cómo los padres comienzan a poner en el niño aquello que se va a instaurar luego como el Ideal del yo, que será vehiculizado por una cierta intervención y estará condicionado por la represión. Freud define al Ideal del Yo como la instancia de la personalidad que resulta de la convergencia del narcisismo y de las identificaciones con los padres o con sus sustitutos y con los ideales colectivos. Dice Freud: "La incitación para formar el ideal del yo, cuya tutela se confía a la conciencia moral, partió de la influencia psíquica de los padres, y a la que en el curso del tiempo se sumarán los educadores, maestros y como enjambre indeterminado e inabarcable, todas las otras personas del medio"49. Dramática que en su movimiento inscribe al sujeto en una estructura y que bajo la forma engañosa del amor le delimita un lugar. En el sentido en que es para sí, para el narcisismo de los propios padres, como surge. Junto a la conceptualización freudiana del narcisismo, podríamos pensar lo que Jacques Lacan llamó "el estadío del espejo" que ilumina y reformula la noción de narcisismo. Desde la enseñanza de Lacan se ha dado importancia a esta cuestión, ya que la construcción de la imágen especular permite la constitución del yo. Es preciso tener en cuenta que este "estadío..." responde a ese momento mítico que Freud sitúa en el narcisismo en tanto que ese estado de necesidad y apremio en el que se encuentra el niño y que lo pone en una situación de dependencia y de asistencia ajena, lo posiciona en una situación de falta, de indefensión a la que el Otro responderá con su propia falta para darle un lugar. Así el niño se imaginará una completud que será solo eso, imaginaria. Todos conocemos el fenómeno tantas veces descripto del "júbilo del bebé frente al espejo", pero es importante que lo entendamos en relación a que es el Otro quien garantiza la unificación del cuerpo fragmentado (del niño ) a través de su mirada y en quien se mira el bebé, lo que determina dicho júbilo.Según Lacan "el estadío del espejo es un drama cuyo empuje interno se precipita de la insuficiencia a la anticipación. ¿Esto qué significa? Que el niño a través de su identificación a la imagen que le vuelve como totalidad, pero que es de su cuerpo fragmentado e indefenso, fabrica un yo. Así, podemos decir que el Estadío del espejo no connota un fenómeno que se presenta en el desarrollo del niño, sino que ilustra el carácter conflictivo de su relación al Otro. Lo que el niño capta al quedar cautivo de su propia imagen es la distancia que hay entre 49

Freud, Sigmund "Introducción al narcisismo" Obras completas Ed.Amorrortu Tomo XV. Pág. 92 www.centrocrianza.org.ar

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sus tensiones internas y la identificación con dicha imagen. Esto nos da la idea de lo que habitualmente se dice del Yo cuando se lo caracteriza fundamentalmente como "desconocimiento", puesto que hay algo que lo excede: todo el aspecto pulsional, es decir esas tensiones internas quedan fuera por efecto de la represión pero pulsan, tienen fuerza igualmente, sólo que el sujeto no las reconoce como propias.

El juego del Fort-da Referiremos ahora otro hito en la teoría freudiana que se torna como paradigma, el juego en el niño al que Freud denominó Fort-da. Freud conceptualiza esta noción en un texto llamado "Más allá del principio del placer", de 1920, en el que da un vuelco de los conceptos teóricos elaborados hasta ese momento. Este texto marca una nueva elaboración de su teoría pulsional y además introduce un concepto fundamental para los textos siguientes y para la relectura de los anteriores. Dicho concepto es la compulsión a la repetición y no es casual que el juego sea uno de los medios de los que se vale para ejemplificarlo, puesto que dice de un hito estructural importante: la entrada en la manifestación del lenguaje, el uso de la palabra. Esta teorización está basada en la observación hecha por Freud de su nieto, de un año y medio que realiza enigmáticamente una acción que repite sin cesar y de maneras variadas. Nos cuenta Freud que este niño a quien se elogiaba por su carácter juicioso, no era precoz en su desarrollo intelectual, utilizaba pocas palabras inteligibles y algunos sonidos. No lloraba cuando su madre lo abandonaba durante horas. Pero tenía un hábito que al parecer se había tornado bastante molesto, arrojar fuera de sí todos los pequeños objetos que hallaba a su alcance, y al hacerlo, profería con expresión de interés y satisfacción un fuerte y prolongado "o, o, o, o", que según el juicio de la madre significaba "fort" que al alemán se traduce como "fuera o se fue". Particularmente el juego se realizaba con un carretel atado con un piolín que era arrojado hacia su cuna con la pronunciación "o, o, o", y completando el circuito, sacaba el carretel tirando del piolín, y ante su aparición lo saludaba con un "da" que significaba "acá está". Es decir que en el juego del fort-da el niño practica y repite la desaparición de un objeto y su reaparición. El niño se hace dueño de la situación y aprende a obtener placer de la misma por vía del juego. El objeto puede ser cualquiera, www.centrocrianza.org.ar

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en el caso observado por Freud era una bobina atada con un hilo, que representa a la madre que está y no está. La aparición y desaparición del objeto es acompañada con la emisión de dos fonemas, o,o,o (fort) y a,a,a, (da) cuya importancia radica en que a partir de ellos el niño comienza a adentrarse en el sistema discursivo del ambiente, reproduciendo en su fort y en su da los vocablos que recibe de él. ¿A qué conclusión llega Freud en esta observación? El niño a través de su juego escenificaba, simbolizaba la ausencia materna, lo cual implicaba "su renuncia a la satisfacción pulsional de admitir sin protestas la partida de la madre". Pero ¿por qué el niño repetía esto que obviamente no le resultaba agradable ni placentero? Freud nos dice: "ello se debió únicamente a que la repetición iba conectada a una ganancia de placer, de otra índole, pero directa". Este niño, que en la vivencia de ausencia de su madre era afectado de manera pasiva, al repetirla al modo de un juego hacía que su papel se trocara activo. Observa Freud además y de manera general que a través del juego los niños vehiculizan "un deseo dominante en la etapa en que ellos se encuentran: el de ser grandes y poder obrar como los mayores". Así, con esta actividad ejemplar entre otras, la compulsión a la repetición entra en la teoría. A partir de la repetición de cada juego el niño exige la identidad de la vivencia en sucesivas repeticiones la cual se plantea paradojalmente como imposible. Podemos

decir entonces que

el Fort-da es nodal

respecto

de la primera

manifestación del lenguaje frente a la ausencia-falta de la madre y de él se deducen algunas consecuencias:  Transformar en activo lo que él ha sufrido pasivamente, lo cual implica un cambio en la posición del sujeto.  La posibilidad de las identificaciones, en tanto también en el juego él es ese objeto arrojado.  Pero fundamentalmente la inclusión del niño en el ejercicio de la función de la palabra.

En síntesis, podemos decir que contando con que son momentos estructurales lógicos, no cronológicos, el narcisismo y el estadío del espejo se corresponden. Mientras que el juego del Fort-Da daría cuenta del ingreso del sujeto en el uso del significante (la www.centrocrianza.org.ar

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palabra), lo cual implica ya una diferenciación del momento anterior en tanto nos remite a una acción lúdica que permite al sujeto entre otras cosas soportar la ausencia de la madre.

El complejo de Edipo Otro gran hito del Psicoanálisis es el Edipo, en tanto Freud se vale de la estructura de este mito para explicar la sexualidad infantil. No podemos hablar del Edipo de una manera disociada respecto a lo anteriormente expuesto, esto es, Narcisismo, Estadio del Espejo o Fort- Da, pues aunque son hitos que dicen de la estructura de un sujeto no son fases, ni períodos, ni momentos de desarrollo. Entonces partiremos para hablar de Edipo diciendo que es una red simbólica que entrama las generaciones de humanos entre sí, es decir que antes que el niño llegue al mundo ya sus padres se han ubicado de una determinada manera respecto del Edipo. Recordemos la relación originaria en la que Freud se asienta para hablar del niño. Así, nos dice "No sin buen fundamento el hecho de mamar el niño del pecho de la madre se vuelve paradigmático para todo vínculo de amor. El hallazgo (encuentro) de objeto es propiamente un reencuentro" ["El hallazgo de objeto" Tres ensayos, libro VII]. Esa connotación amorosa y tierna proviene de la posibilidad del niño de formarse una representación global de la persona a quien pertenece el órgano que le dispensaba satisfacción. Podríamos decir entonces que la madre deviene el primer objeto de amor contando con que "de amor hablamos, en efecto, cuando traemos al primer plano el aspecto queremos

anímico de las aspiraciones sexuales y empujamos al segundo plano, o olvidar por un momento, los requerirnientos

pulsionales de carácter

corporal o sensual que están en la base”50. Freud anuda a esta elección de la madre como objeto de amor a todo lo que en el esclarecimiento psicoanalítico de las neurosis ha tomado el nombre de Complejo de Edipo.

Someramente hablaremos de la tragedia de Edipo. Edipo es un héroe tebano, hijo del rey Layo y de Yocasta. Fue predestinado y condenado por el oráculo a matar a su padre y a tomar por esposa a su madre. En virtud 50

Freud, Sigmund Conf. de Introducción al Psicoanálisis. Conf. Desarrollo libidinal y

organizaciones sexuales. Libro XVI]. www.centrocrianza.org.ar

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de este destino es separado de ellos tempranamente y dado en adopción a otros padres. Ya grande, Edipo se entera de su destino y creyendo alejarse de sus padres se marcha haciendo lo posible por sustraerse de la sentencia del oráculo. En su camino se encuentra con el rey Layo a quien desconoce como padre y considerándolo un enemigo le da muerte, luego reclama a la reina Yocasta como su esposa. Así, sin saberlo ha cometido los dos crímenes que se le habían anunciado. Al enterarse de lo que ha hecho, se castiga cegándose, arrancándose los ojos. Luego se retira al exilio y allí se vuelve vidente.

Ahora bien, ¿qué relación tiene este mito con el niño para hacer de esto una generalidad? Freud escucha repetidas veces en sus enfermos neuróticos una etiología parecida, en sus recuerdos, en sus sueños en las situaciones traumáticas que relatan. "Se ve con facilidad que el varoncito quiere tener a la madre para él solo, siente cómo molesta la presencia del padre", "Si el pequeño muestra la más amplia curiosidad sexual hacia su madre, si pide dormir con ella por las noches, si presiona para asistir a su toilette o intenta seducirla, como la madre tan a menudo lo comprueba y lo cuenta riendo, la naturaleza erótica del vínculo con la madre queda certificada fuera de toda duda". Freud nos dirá luego que se requieren las más terminantes prohibiciones para impedir que se haga

realidad esta persistente

inclinación infantil, para ello alude a

ejemplificaciones en los pueblos primitivos (Totem y Tabú), a la literatura (Hamlet) y a la mitología, entre otros, para darnos la idea de que la prohibición del incesto no es algo que surge naturalmente, es una ley que tiene consecuencias. "El incesto con la madre es uno de los crímenes de Edipo; el parricidio es el otro". La muerte del padre es el otro crimen por el que Edipo se castiga. ¿Qué lugar ocupa el padre en esta zaga?: es quien impide el incesto diciéndole al niño no te casarás con tu madre y a ella no reintegrarás tu producto. Lugar de la ley, función paterna que permite la estructuración del sujeto y al que la madre debe escuchar para hacerlo escuchar por el niño. Freud en 1923 elabora un artículo llamado "La organización genital infantil" siguiendo con la indagación respecto de la manera en que se resuelve este complejo en los niños. Más adelante, en 1925 establece una diferenciación sustancial respecto de los niños en su artículo "Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos". www.centrocrianza.org.ar

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En el artículo de 1923 "La organización genital infantil" nos dice que el carácter principal de la organización infantil reside en que para ambos sexos, sólo desempeña un papel, un genital, el masculino, "Por tanto no hay un primado genital, sino un primado del falo". ¿Qué significa esto?, a Freud le resulta más sencillo explicarlo a partir de la experiencia del varón y nos dice: "Aquel percibe sin duda, la diferencia entre varones y mujeres, pero al comienzo no tiene ocasión de relacionarlo con una diversidad de sus genitales. Para él es natural presuponer en todos los otros seres vivos, humanos y animales, un genital parecido al que él mismo posee. También observa el interés del niño por esta parte del cuerpo que se excita con facilidad y que lo mueve a realizar continuas y nuevas investigaciones. Así, en el curso de estas indagaciones se encuentra por casualidad con los genitales de una niña, hermanita o compañera de juegos y descubre que el pene no es un patrimonio común de todos los seres. Frente a estas primeras impresiones de la falta de pene, el niño reacciona de manera notoria. Desconoce o desmiente esa falta, es decir, cree ver un miembro a pesar de todo, considera con benevolencia que aún es pequeño y ya va a crecer y después de varias tentativas llega a la conclusión, "de que sin duda estuvo presente y luego fue removido. La falta de pene es entendida como resultado de una castración y ahora se le plantea al niño la tarea de habérselas con la referencia de la castración a su propia persona". Pero para el niño todavía hay una esperanza, si ha notado que la mayoría de las personas de sexo femenino no poseen pene, éstas son despreciables personitas como su hermana o su amiguita. Pero las personas respetables como su madre siguen conservando el pene. Será el decepcionante motivo del advenimiento de un hermano o de un bebé cercano lo que lo hará abordar la problemática del nacimiento de los niños y descubrirá que sólo las mujeres pueden parir niños, pero para ello necesitan de un hombre y allí la madre perderá el beneficio de la fantasía que la hace poseedora de pene, también está castrada. Entonces a partir de este descubrimiento estalla un conflicto, pues el niño fantasea con la castración

como castigo a las posibles manipulaciones de su pene

y

fundamentalmente a su elevado interés de ser correspondido en sus requerimientos amorosos edípicos. Por lo tanto, el interés narcisista por esta parte del cuerpo lo hará retirarse a tiempo

en sus requerimientos y la autoridad del padre o de ambos

progenitores perpetuarán la prohibición del incesto. ¿Cuál es la consecuencia de este www.centrocrianza.org.ar

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movimiento? "El yo del niño se extraña del complejo de Edipo", tiene lugar aquí la represión, es decir una cancelación de esos sentimientos de la vida conciente del sujeto y a partir de allí sólo subsistirá como representación inconciente con su consecuente efecto patógeno en la neurosis. Pasemos ahora a la niña, como en el varón inicialmente la madre fue el primer objeto y a su vez ella fue objeto de cuidados maternos pero, ¿cómo llega la niña a resignarlo y tomar al padre como objeto de amor? Freud, en su artículo, "Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica de los sexos", nos relata: "Ella nota el pene de un hermano o compañero de juegos... y al punto lo discierne como el correspondiente superior, de su propio órgano, pequeño y escondido; a partir de ahí cae víctima de la envidia de pene", a diferencia del varón que considera a la castración como una amenaza, la niña "En el acto se forma su juicio y su decisión. Ha visto eso, sabe que no lo tiene y quiere tenerlo". Freud considera varios efectos de la envidia de pene: tras considerar la universalidad de la falta de pene en la mujer, la hace compartir con el varón el menosprecio por ese sexo mutilado y al menos en eso se encuentra en paridad con él. Los celos aparecen también

como un

desplazamiento de esta envidia de pene. Y una consecuencia fundamental "el aflojamiento de los vínculos tiernos con el objeto madre", así, "La madre que echó al mundo a la niña con una dotación tan insuficiente, es responsabilizada por esa falta de pene". Ahora la libido de la niña se desliza a una nueva posición: "resigna el deseo del pene para reemplazarlo por el deseo de un hijo y con este propósito toma al padre como objeto de amor. La madre pasa a ser objeto de los celos y la niña deviene una pequeña mujer". Esta nueva posición es producto de una ecuación simbólica que hace la niña a partir de sus experiencias, dicha ecuación es: pene-hijo y será el padre el destinatario de sus requerimientos. Freud hace aquí una notable observación: "Mientras que el complejo de Edipo del varón se va al fundamento debido al complejo de castración, el de la niña es posibilitado e introducido por este último". Es decir, aquello que al niño hace renunciar a sus requerimientos edípicos pues perdería algo muy valioso con su insistencia, a la niña la introduce en el complejo y así mira a su padre. Pero la salida del Edipo en la niña no es tan

clara para

Freud como en el varón, es más, sus

observaciones clínicas sólo lo hacen pensar en que si bien la niña espera como regalo un hijo del padre, este deseo es abandonado poco a poco pues no se cumple nunca ["El Sepultamiento del Complejo de Edipo", (1924)]. "Ambos deseos, el de poseer un www.centrocrianza.org.ar

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pene y el de recibir un hijo, permanecen en lo inconciente, donde se con- servan con fuerte investidura y contribuyen a preparar al ser femenino para su posterior papel sexual". Hablar de Edipo entonces es hablar de la estructura familiar, en tanto es en su seno mismo en donde éste se juega. Así, el complejo de Edipo es un complejo de relaciones, por eso lo conocemos con este nombre. Sabemos que el sujeto es efecto de la familia, porque es efecto del deseo de la madre y del nombre del padre. Pensada en estos términos, su composición de estructura (familiar) responde no tanto al número de sus miembros

o a sus roles, sino al sistema de relaciones que se configuran

en la

constelación familiar.

Introducción al narcisismo (1914) Extraído de: FREUD, S. Introducción al Narcisismo y otros ensayos. Alianza Editorial. Madrid, 1983.

El término narcisismo procede de la descripción clínica, y fue elegido en 1899 por P. Näcke para designar aquellos casos en los que el individuo toma como objeto sexual su propio cuerpo y lo contempla con agrado, lo acaricia y lo besa, hasta llegar a una completa satisfacción. Llevado a este punto el narcisismo constituye una perversión que ha acaparado toda la vida sexual del sujeto, cumpliéndose en ella todas las condiciones que nos ha revelado el estudio general de las perversiones. La investigación psicoanalítica nos ha descubierto luego rasgos de esta conducta narcisista en personas aquejadas de otras perturbaciones; por ejemplo, según Sadger, en los homosexuales, haciéndonos, por tanto, sospechar que en la evolución sexual regular del individuo se dan ciertas localizaciones narcisistas de la líbido. Determinadas dificultades del análisis de sujetos neuróticos nos habían impuesto ya esta sospecha, pues una de las condiciones que

parecían

limitar eventualmente la acción

psicoanalítica era precisamente tal conducta narcisista del enfermo. En este sentido, el narcisismo no será ya una perversión, sino el complemento libidinoso del egoísmo, del instinto de conservación; egoísmo que atribuimos justificadamente, en cierta medida, a todo ser vivo.

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La idea de un narcisismo primario y normal acabó de imponérsenos en la tentativa de aplicar las hipótesis de la teoría de la líbido a la explicación de la demencia precoz (Kraepelin) o esquizofrenia (Breuler). Estos enfermos, a los que yo he propuesto calificar de parafrénicos, muestran dos características principales: la manía de grandeza y la falta de todo interés por el mundo exterior (personas y cosas). Esta última circunstancia los sustrae totalmente al influjo del psicoanálisis, que nada puede hacer así en su auxilio. Pero la indiferencia del parafrénico ante el mundo exterior presenta caracteres peculiarísimos, que será necesario determinar. También el histérico o el neurótico obsesivo pierden su relación con la realidad, y, sin embargo, el análisis nos demuestra que no han roto su relación erótica con las personas y las cosas. La conservan en su fantasía; esto es, han sustituido los objetos reales por otros imaginarios, o los han mezclado con ellos, y, por otro lado, han renunciado a realizar los actos motores necesarios para la consecución de sus fines en tales objetos. Este estado es el que conocemos con el nombre de introversión de la líbido, según afortunado término de Jung. El parafrénico

se conduce

muy diferentemente. Parece haber

retirado

realmente su líbido de las personas y las cosas del mundo exterior, sin haberlas sustituido por otras en su fantasía. Cuando en algún caso hallamos tal sustitución es siempre de carácter secundario y corresponde a una tentativa de curación, que quiere volver a llevar la líbido al objeto51. Surge aquí la interrogación siguiente: ¿Cuál es en la esquizofrenia el destino de la líbido retraída de los objetos? La manía de grandeza, características de estos estados, nos indica la respuesta, pues se ha constituido seguramente a costa de la líbido objetivada. La líbido sustraída al mundo exterior ha sido aportada al yo, surgiendo así un estado al que podemos dar el nombre de narcisismo. Pero la misma manía de grandeza no es algo nuevo, sino como ya sabemos, la intensificación y la concreción de un estado que ya venía existiendo, engendrado en el reflujo al yo de las cargas de líbido del objeto, como un narcisismo secundario, basado en un narcisismo primario encubierto por diversas influencias. Hago constar de nuevo que no pretendo dar aquí una explicación del problema de la esquizofrenia, ni siquiera profundizar en él, limitándome a reproducir lo ya expuesto en otros lugares para justificar una introducción al narcisismo.

51

Cf. AE, 7, pág. 112. www.centrocrianza.org.ar

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Nuestras observaciones y nuestras teorías sobre la vida anímica de los niños, y los pueblos primitivos nos han suministrado también un importante aporte a este nuevo desarrollo de la teoría de la líbido. La vida anímica infantil y primitiva muestra, en efecto, ciertos rasgos que si se presentan aislados habrían de ser atribuidos a la manía de grandeza, de hiperestimación del poder de sus deseos y actos psíquicos, la "omnipotencia de las ideas", una fe en la fuerza mágica de las palabras y una técnica contra el mundo exterior, "la magia", que se nos muestra como una aplicación consecuente de tales premisas megalómanas52. En el niño de nuestros días, cuya evolución nos es mucho menos transparente, suponemos una actitud análoga ante el mundo exterior. Nos formamos así la idea de la carga libidinosa primitiva del yo, de la cual parten luego las magnitudes de líbido destinadas a cargar los objetos; pero que en el fondo continúa subsistente en el yo, y viene a ser con respecto a la carga de los objetos lo que un cuerpo de un protozoo con relación a los seudótopos de él destacados. Esta parte de la localización de líbido tenía que permanecer oculta a nuestra investigación, al tomar ésta su punto de partida en los síntomas neuróticos. Las emanaciones de esta líbido, las cargas del objeto, susceptibles de ser destacadas sobre el objeto y retraídas de él, fueron lo único que advertimos,

dándonos también

cuenta,

en conjunto,

de la existencia de una

oposición de la líbido del yo y la objetivada53. Cuanto mayor es la primera, tanto más pobre es la segunda. La líbido objetivada nos parece alcanzar su máximo desarrollo en el amor, el cual se nos presenta como una disolución de la propia personalidad en favor de la carga de objeto, y tiene su antítesis en la fantasía paranoica del "fin del mundo". Por último, y con respecto a la diferenciación de las energías psíquicas, concluimos que en un principio se encuentran estrechamente unidas, sin que nuestro análisis pueda aún diferenciarlas, y que sólo la carga de objetos hace posible distinguir una energía sexual, la líbido, de una energía de los instintos del yo.

52

Corresponde a AE, 7, pág. 1 R 1, donde aparece también la nota agregada en 1924 que

sintetiza los hallazgos formulados en el presente artículo. La sección del libro de la cual se tomó esta cita fue agregada en su totalidad en 1915. 53

Cf. el análisis del pequeño Hans (1909b), AE, 10, pág. l0] - Por lo demás, es notable cuán

escasa atención atrae sobre sí en el niño, la otra parte de los genitales masculinos, la bolsita con sus contenidos. Por los análisis, no se podría colegir que los genitales masculinos consten de algo más que el pene. www.centrocrianza.org.ar

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Antes de seguir adelante he de resolver dos interrogaciones que nos conducen al nódulo del mismo tema. Primera: ¿Qué relación puede existir entre el narcisismo, del que ahora tratamos, y el autoerotismo, que hemos descrito como un estado primario de la líbido? Segunda: Si atribuimos al yo una carga primaria de la líbido, ¿para qué precisamos diferenciar una líbido sexual de una energía no sexual de los instintos del yo? La hipótesis básica de una energía psíquica unitaria, ¿no nos ahorraría acaso todas las dificultades que presenta la diferenciación entre energía de los instintos del yo, líbido del yo y líbido objetivada? Con respecto a la primera pregunta, haremos ya observar que la hipótesis que el individuo no existe, desde un principio, una entidad comparable al yo, es absolutamente necesaria. El yo tiene que ser desarrollado. En cambio, los instintos autoeróticos son primordiales. Para constituir el narcisismo ha de venir a agregarse al autoerotismo algún otro elemento, un nuevo acto psíquico. La invitación a responder de un modo decisivo a la segunda interrogación ha de despertar cierto disgusto. Repugnamos, en efecto, abandonar la observación por discusiones teóricas estériles; pero, de todos modos, no debemos sustraernos a una tentativa de explicación. Desde luego, representaciones tales como la de una líbido del yo, una energía de los instintos del yo, etc., no son ni muy claras ni muy ricas en contenido, y una explicación clara de estas cuestiones tendería, ante todo, a asentar como base un consejo claramente limitado. Pero, a mi juicio, es precisamente ésta la diferencia que separa

una teoría especulativa de una

ciencia basada

en la

interpretación de la empíria. Esta última no envidiará a la especulación el privilegio de un fundamento lógico inatacable, sino que se contentará con ideas iniciales nebulosas, apenas aprehensibles, que esperará aclarar o podrá cambiar por otras en el curso de su desarrollo. Tales ideas no constituyen, en efecto, el fundamento sobre el cual reposa tal ciencia, pues la verdadera base de la misma es únicamente la observación. No forman la base del edificio, sino su coronamiento, y pueden ser sustituidas o suprimidas sin daño alguno. El valor de los conceptos de líbido del yo y líbido objetivada reside principalmente en que proceden de la elaboración de los caracteres íntimos de los procesos neuróticos y psicóticos. La división de la líbido en una líbido propia del yo y otra que inviste los objetos, es la prolongación inevitable de una primera hipótesis que dividió los instintos en instintos del yo e instintos sexuales. Esta primera división me fue impuesta por el análisis de las neurosis puras de transferencia (histeria y neurosis obsesiva), y sólo sé

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que todas las demás tentativas de explicar por otros medios estos fenómenos han fracasado rotundamente. Ante la falta de toda teoría de los instintos, cualquiera que fuese su orientación, es lícito, e incluso obligado, llevar consecuentemente adelante cualquier hipótesis, hasta comprobar su acierto o error. En favor de la hipótesis de una diferenciación primitiva de instintos sexuales e instintos del yo testimonian diversas circunstancias, además de su utilidad en el análisis de las neurosis de transferencia. Concedemos, desde luego, que este testimonio no podría considerarse definitivo por sí solo, pues pudiera tratarse de una energía psíquica indiferente que sólo se convertiría en líbido en el momento de investigar el objeto. Pero nuestra diferenciación corresponde, en primer lugar, a la división corriente de los instintos en dos categorías fundamentales: hambre y amor, y, además, se apoya en determinadas circunstancias biológicas. El individuo vive realmente una doble existencia, como fin en sí mismo y como eslabón de un encadenamiento al cual sirve independientemente de su voluntad, sino contra ella. Considera la sexualidad como uno de sus fines propios, mientras que, desde otro punto de vista, se advierte claramente que él mismo no es sino un agregado a su plasma germinativa, a cuyo servicio pone sus fuerzas, a cambio de una prima de placer, que no es sino el sustrato mortal de una sustancia inmortal quizá. La separación establecida entre los instintos sexuales y los instintos del yo no harían más que reflejar esta doble función del individuo. En tercer lugar, habremos psicológicas habrán

de recordar que todas nuestra provisionalidades

de ser adscritas alguna

vez a sustratos

orgánicos,

y

encontraremos entonces verosímil que sean materias y procesos químicos especiales los que ejerzan la acción de la sexualidad y faciliten la continuación de la vida individual en la de la especie. Por nuestra parte, atendemos también a esta probabilidad, aunque sustituyendo las materias

psíquicas especiales por energías

psíquicas

especiales. Precisamente

porque siempre procuro mantener apartado de la Psicología todo

pensamiento de otro orden, incluso biológico, he de confesar ahora que la hipótesis de una dualidad de instintos del yo e instintos sexuales o sea, la teoría del líbido, no tiene sino una mínima base psicológica y se apoya más bien en fundamentos biológicos. Así, pues, para no pecar de inconsciente, habría de estar dispuesto a abandonar esta hipótesis en cuanto nuestra labor psicoanalítica nos suministre otra más aceptable sobre los instintos. Pero hasta ahora no lo he hecho. Puede ser también que la www.centrocrianza.org.ar

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energía sexual, la líbido, no sea, allá en el fondo, más que un producto diferencial de la energía general de la psique. Pero tal afirmación no tiene tampoco gran alcance. Se refiere a cosas tan lejanas de los problemas de nuestra

observación

y tan

desconocidas, que se hace tan ocioso discutirla como utilizarla. Seguramente esta identidad primordial es de tan poca utilidad para nuestros fines analíticos como para el parentesco primordial de todas las razas humanas para la prueba del parentesco exigida por la autoridad para adjudicar una herencia. Estas especulaciones no nos conducen a nada positivo; pero como no podemos esperar a que otra ciencia nos procure una teoría decisiva de los instintos, siempre será conveniente comprobar si una síntesis de los fenómenos psicológicos puede aquellos

arrojar alguna

luz sobre

enigmas biológicos fundamentales. Sin olvidar la posibilidad de errar,

habremos, pues, de llevar adelante la hipótesis, primeramente elegida, de una dualidad de instintos del yo e instintos sexuales, tal y como nos la impuso el análisis de las neurosis de transferencia, y ver si se desarrolla sin obstáculos y puede ser aplicada a otras afecciones, por ejemplo, la esquizofrenia. Otra cosa sería, naturalmente, si se demostrara que la teoría de la líbido ha fracasado ya en la explicación de aquella última enfermedad. C. G. Jung lo ha afirmado así 54, obligándome con ello a exponer prematuramente observaciones que me hubiese gustado reservar aún algún tiempo. Hubiera preferido seguir hasta su fin el camino iniciado en el análisis del caso Schreber sin haber tenido que exponer antes sus premisas. Pero la afirmación de Jung es por lo menos prematura y muy escasa las 54

A partir de aquí, el concepto de "desconocimiento" o "desmentida" pasará a ocupar un lugar

cada vez más importante en los escritos de Freud. La palabra alemana utilizada en este lugar es "leugnen" pero más adelante Freud empleó casi siempre, en vez de ella, la forma "verleugnen". Aparece en un contexto algo distinto en "La pérdida de realidad de la neurosis y la psicosis" (1924e), infra, pág. 194; pero por lo general es usada en relación con el complejo

de

castración. Véase, por ejemplo, los artículos sobre el masoquismo (1924c), infra, pág. 170, y sobre la diferencia anatómica entre los sexos (1925j), infra, pág. 271. En su trabajo posterior sobre el fetichismo (1927e) Freud distingue el uso correcto de las Palabras "Verdrängung" ("represión") y "Verleugnung" ("desmentida"). Allí, así como en el trabajo póstumo inconcluso "La escisión del yo en el proceso defensivo" (1940e) y en el capítulo VIII de su también en concluso Esquema del psicoanálisis (1940a), las disquisiciones sobre este término sirven de base a una adición a la teoría metapsicológica. En verdad, la idea de la "desmentida" ya había sido insinuada mucho antes, en "Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico" (1911 b), AE. 21. págs. 224. n. 7 y 225. n. 8. www.centrocrianza.org.ar

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pruebas

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en que las apoya. En primer lugar, aduce equivocadamente mi propio

testimonio, afirmando que yo mismo he declarado haberme visto obligado a ampliar el concepto de la líbido ante las dificultades del análisis del caso Schreber; esto es, abandonar su cometido sexual, haciendo coincidir en general, la libido con el interés psíquico. En una acertada crítica del trabajo de Jung ha demostrado ya Ferenczi 55 lo erróneo de esta interpretación. Por mi parte sólo he de confirmar lo dicho por Ferenczi y repetir que jamás he expresado tal renuncia a la teoría de la líbido. Otro de los argumentos de Jung, el de que la pérdida de la función real normal sólo puede ser causa de la retracción de la líbido, no es un argumento, sino una afirmación gratuita, it begs the question,

escamotea el problema y ahorra su discusión, pues lo que

precisamente había que investigar es si tal retracción es posible y en que forma sucede. En su inmediato trabajo importante56

se aproxima mucho Jung a la solución

indicada por mí largo tiempo antes: De todos modos, hay que tener en cuenta -como ya lo hace Freud en el caso Schreberque la introversión de la líbido sexual conduce a una carga libidinosa del yo, la cual produce probablemente la pérdida del contacto con la realidad. La posibilidad de explicar en esta forma el apartamiento de la realidad resulta harto tentadora. Pero contra lo que era de esperar después de esta declaración, Jung no vuelve a ocuparse grandemente de tal posibilidad, y pocas páginas después la excluye, observando que de tal condición "surgirá

quizá la psicología de un anacoreta ascético, pero no una

demencia precoz". La inconsistencia de este argumento queda demostrada con indicar que tal anacoreta, "empeñado en extinguir toda huella de interés sexual" (pero "sexual" sólo en e! sentido vulgar de la palabra), no tendría porqué presentar siquiera una localización anormal de la líbido. Puede mantener totalmente apartado de los humanos su interés sexual y haber sublimado, convirtiéndolo en un intenso interés hacia lo divino, lo natural o lo animal, sin haber sucumbido a una introversión de la 55

Cf. el análisis del pequeño Hans (1909b), AE, 10. pág. 12.

56

Con acierto se ha señalado que el niño adquiere la representación de un daño narcisista por

pérdida corporal ya a raíz de la pérdida del pecho materno luego de mamar, de la cotidiana deposición de las heces, y aun de la separación del vientre de la madre al nacer. Empero, sólo cabe hablar de un complejo de castración cuando esa representación de una pérdida se ha enlazado con los genitales masculinos. [Este punto se trata con mayor extensión en una nota al pie agregada en 1923 al análisis del pequeño Hans (1909b), AE, 10, pág. 9. Se lo menciona también en "El sepultamiento del complejo de Edipo" (1924d), infra, pág. 183. www.centrocrianza.org.ar

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líbido sobre sus fantasías o a una regresión de la misma al propio yo. A nuestro juicio, Jung olvida por completo en esta comparación la posibilidad de distinguir un interés emanado de fuentes eróticas y otro de distinta procedencia. Por último habremos de recordar que las investigaciones de la escuela suiza, no obstante sus merecimientos, sólo han logrado arrojar alguna luz sobre dos puntos del cuadro de la demencia precoz: sobre la existencia de los complejos a los hombres sanos y a los neuróticos y sobre la analogía de sus fantasías con los mitos de los pueblos, sin que hayan podido conseguir una explicación del mecanismo de la enfermedad. Así, pues, podremos rechazar la afirmación de Jung de que la teoría de la líbido ha fracasado su tentativa de explicar la demencia precoz, quedando, por tanto, excluida su aplicación a las neurosis.

2. El estudio directo del narcisismo tropieza aún con dificultades insospechadas. El mejor acceso indirecto continúa siendo el análisis de las parafrenias. Del mismo modo que las neurosis de transferencia nos han facilitado la observación de las tendencias instintivas libidinosas, la demencia precoz y la paranoia habrán de procurarnos una visión de la psicología del yo. Habremos,

pues, de deducir nuevamente de las

deformaciones e intensificaciones de lo patológico lo normal, aparentemente simple. De todos modos, aún se nos abren algunos otros caminos de aproximación al conocimiento del narcisismo. Tales caminos son la observación de la enfermedad orgánica, de la hipocondría y de la vida erótica de los sexos. Al dedicar mi atención a la influencia de la enfermedad orgánica sobre la distribución de la líbido sigo un estímulo de mi colega, el doctor S. Ferenczi. Todos sabemos, y lo consideramos natural, que el individuo aquejado de un dolor o malestar orgánico cesa de interesarse por el mundo exterior en cuanto no tiene relación con su dolencia. Una observación más detenida nos muestra que también retira de sus objetos eróticos el interés libidinoso, cesando así de amar mientras sufre. La vulgaridad de este hecho no debe impedirnos darle una expresión en los términos de la teoría de la líbido. Diremos, pues, que el enfermo retrae a su yo sus cargas de líbido para destacarlas de nuevo hacia la curación. La líbido y el interés del yo tienen aquí un destino común y vuelven a hacerse indiferenciables. Semejante conducta del enfermo nos parece naturalísima, porque estamos seguros de que también ha de ser la nuestra en igual caso. Esta desaparición de toda disposición amorosa, por inmensa que sea, ante un dolor Físico, www.centrocrianza.org.ar

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y su repentina sustitución por la más completa indiferencia han sido también muy explotadas como fuentes de comicidad. Análogamente la enfermedad, el sueño significa también una retracción narcisista de las posiciones de la líbido a la persona o, más exactamente, sobre el deseo único y exclusivo de dormir. El egoísmo de los sueños tiene quizá en esto su explicación. En ambos casos vemos ejemplos de modificaciones de la distribución de la líbido consecutivas a una modificación del yo. Su hipocondría se manifiesta, como la enfermedad orgánica, en sensaciones somáticas penosas o dolorosas, y coincide también con ella en cuanto a la distribución de la líbido. El hipocondríaco retrae su interés y su libido -con especial claridad esta última- de los objetos del mundo exterior y los concentra ambos sobre el órgano que le preocupa. Entre la hipocondría y la enfermedad orgánica observamos, sin embargo, una diferencia: en la enfermedad, las sensaciones dolorosas tienen su fundamento en alteraciones comprobables, y en la hipocondría, no. Pero, de acuerdo con nuestra apreciación general de los procesos neuróticos, podemos decidirnos a afirmar que tampoco en la hipocondría deben faltar alteraciones orgánicas. ¿En qué consistirán, pues? Nos dejaremos orientar aquí por la experiencia de que tampoco en las demás neurosis faltan sensaciones somáticas displacientes comparables a la hipocondríacas. Ya en otro lugar, hube de manifestarme inclinado a asignar a la hipocondría un puesto entre las neurosis actuales, al lado de la neurastenia y la neurosis de angustia. No nos parecía exagerado afirmar que a todas las demás neurosis se mezcla también algo de hipocondría. Donde mejor se ve esta inmixtión es la neurosis de angustia y en la histeria que se superpone a ella. Ahora bien: en el aparato genital externo en estado de excitación tenemos el ejemplo de un órgano que se manifiesta dolorosamente sensible y presenta cierta alteración, sin que se halle enfermo, en el sentido corriente de la palabra. No está enfermo y, sin embargo, aparece hinchado, congestionado, húmedo, y constituye la sede de múltiples sensaciones.

Si ahora damos el nombre

de

"erogeneidad" a la facultad de una parte del cuerpo de enviar a la vida anímicas estímulos sexuales excitantes, y recordamos que la teoría sexual nos ha acostumbrado hace ya mucho tiempo a la idea de que ciertas otras partes del cuerpo -las zonas erógenas- pueden representar a los genitales y presentar como ellos, podremos ya aventurarnos a dar un paso más y decidirnos a considerar la erogeneidad como una www.centrocrianza.org.ar

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cualidad general de todos los órganos, pudiendo hablar entonces de la intensificación o la disminución de la misma en una determinada parte del cuerpo. Paralelamente a cada una de estas alteraciones de la erogeneidad en los órganos podría tener efecto una alteración de la carga de la líbido en el yo. Tales serían pues, los factores básicos de la hipocondría, suceptibles de ejercer sobre la distribución de la líbido la misma influencia que la enfermedad material de los órganos. Este proceso mental nos llevaría a adentrarnos en el problema general de las neurosis actuales, la neurastenia y la neurosis de angustia, y no sólo en el de la hipocondría. Por tanto, haremos aquí alto, pues una investigación puramente psicológica no debe adentrarse tanto en los dominios de la investigación fisiológica. Nos limitaremos a hacer constar la sospecha de que la hipocondría se halla, con respecto a la parafrenia, en la misma relación que las otras neurosis actuales con la histeria y la neurosis obsesiva, dependiendo, por tanto, de la líbido del yo, como las otras de la líbido objetivada. La angustia

hipocondríaca sería la contrapartida, en la líbido del yo, de la angustia

neurótica. Además, una vez familiarizados con la idea de enlazar el mecanismo de la adquisición de la enfermedad y de la producción de síntomas, en las neurosis de transferencia -el paso de la introversión a al regresión-, a un estancamiento de la líbido objetivada, podemos aproximarnos también a la de un estancamiento de la líbido del yo y relacionarlo con los fenómenos de la hipocondría y la parafrenia. Naturalmente nuestro deseo de saber nos planteará la interrogación de por qué tal estancamiento de la líbido en el yo ha de ser sentido como displacer. De momento quisiera limitarme a indicar que el displacer es la expresión de un momento de la tensión, siendo, por tanto, una cantidad del suceder material la que aquí, como en otros lados, se transforma en la cualidad psíquica del displacer. El desarrollo del displacer no dependerá por tanto de la magnitud absoluta de aquel proceso material, sino más bien de cierta función de esa magnitud absoluta. Desde este punto, podemos ya aproximarnos a la cuestión de por qué la vida anímica se ve forzada a traspasar las fronteras

del narcisismo e investir de líbido objetos exteriores.

La

respuesta deducida de la ruta mental que venimos siguiendo sería la de que dicha necesidad surge cuando la carga libidinosa del yo sobrepasa cierta medida. Un intenso egoísmo protege contra la enfermedad; pero, al fin y al cabo, hemos de comenzar a amar para no enfermar y enfermarnos en cuanto una prohibición interior o exterior nos impide amar.

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En nuestro aparato psíquico hemos reconocido una instancia a la que encomendado el vencimiento de aquellas excitaciones que habría de engendrar displacer o actuar de un modo patógeno. La elaboración psíquica desarrolla extraordinarios rendimientos en cuanto a la derivación interna de excitaciones no susceptibles de una inmediata descarga exterior o cuya descarga exterior inmediata no resulta deseable. Más para esta elaboración interna es indiferente, en un principio, actuar sobre objetos reales o imaginarios. La diferencia surge después, cuando la orientación de líbido hacia los objetos irreales (introversión) llega a provocar un estancamiento de la líbido. La manía de grandezas permite en las parafrenias una análoga elaboración interna de la líbido retraída del yo, y quizá sólo cuando ésta elaboración fracasa es cuando se hace patógeno el estancamiento de la líbido en el yo y provoca el proceso de curación que tanto nos impone como enfermedad. Intentaré penetrar algunos pasos en el mecanismo de la parafrenia, reuniendo aquellas observaciones que me parecen alcanzar ya alguna importancia. La diferencia entre

estas afecciones

y la neurosis de transferencia

reside, para mí, en la

circunstancia de que la líbido, libertada por la prohibición, no permanece ligada a objetos en la fantasía, sino que se retrae al yo. La manía de grandezas corresponde entonces al dominio psíquico de esta líbido; esto es, a la introversión sobre los productos imaginarios en las neurosis de transferencia. Correlativamente, al fracaso de esta función psíquica correspondería la hipocondría de la parafrenia, homóloga a la angustia de la neurosis de transferencia. Sabemos ya que esta angustia puede ser vencida por una prosecución de la elaboración psíquica, o sea por conversión, por la producción de reacciones o por la constitución de un dispositivo protector (una fobia). Esta es la posición que toma en las parafrenias la tentativa de restitución, proceso al que debemos los fenómenos patológicos manifiestos. Como la parafrenia no trae consigo muchas veces -si no la mayoría- más que un desligamiento parcial de la líbido de sus objetos, podrían distinguirse en su cuadro tres grupos de fenómenos: 1.º Los de la normalidad conservada o neurosis (fenómenos residuales); 2.º Los de proceso patológico (el desligamiento de la líbido de sus objetos, la manía de grandezas, la perturbación efectiva, la hipocondría

y todas

las regresiones),

y 3.º Los de la

restitución, que ligan nuevamente la líbido a los objetos, bien a la manera de una histeria (demencia precoz, parafrenia propiamente dicha), o bien a la de una neurosis obsesiva (paranoia). Esta nueva carga de líbido sucede desde un nivel diferente y bajo distintas

condiciones

que

la primaria. La diferencia entre las neurosis de www.centrocrianza.org.ar

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transferencia en ella creadas y los productores correspondientes del yo normal habrían de facilitarnos una profunda visión de la estructura de nuestro aparato anímico. La vida erótica humana, con sus diversas variantes en el hombre y la mujer, constituye otro acceso al estudio del narcisismo. Del mismo modo que la líbido del objeto encubrió al principio a nuestra observación la líbido del yo, tampoco hasta llegar a la elección del objeto del niño (y del adolescente) hemos advertido que el mismo toma sus objetos sexuales de sus experiencias de satisfacción. Las primeras satisfacciones sexuales autoeróticas son vividas en relación con funciones vitales destinadas a la conservación. Los instintos sexuales se apoyan al principio en la satisfacción de los instintos del Yo. Y sólo ulteriormente se hacen inde- pendientes de estos últimos. Pero la relación se muestra también en el hecho de que las personas a las que ha estado encomendado la alimentación, el cuidado y la protección del niño son sus primeros objetos sexuales, o sea, en primer lugar, la madre o sus subrogados. Junto a este tipo de elección de objeto, al que podemos dar el nombre de tipo de aposición (Anlehnungstypus), la investigación psicoanalítica nos ha descubierto otro que ni siquiera sospechábamos. Hemos comprobado que muchas personas, y especialmente aquellas en las cuales el desarrollo de la líbido ha sufrido alguna perturbación (por ejemplo, los perversos y los homosexuales), no eligen su ulterior objeto erótico conforme a la imagen de la madre, sino conforme a la de su propia persona. Demuestran buscarse a sí mismo como objeto erótico, realizando así su elección de objeto conforme a un tipo que podemos llamar narcisista. En esta observación ha de verse el motivo principal que nos ha movido a adoptar la hipótesis del narcisismo. Pero de este descubrimiento no hemos concluido que los hombres se dividan en dos grupos, según realicen su elección del objeto conforme al tipo de aposición o al tipo narcisista, sino que hemos preferido suponer que el individuo encuentra abiertos ante sí dos caminos distintos para la elección del objeto, pudiendo preferir uno de los dos. Decimos, por tanto, que el individuo tiene dos objetos sexuales primitivos: él mismo y la mujer nutriz, y presuponemos así al narcisismo primario de todo ser humano, que eventualmente se manifestará luego, predominado en su elección del objeto. El estudio de la elección del objeto en el hombre y en la mujer nos descubre diferencias fundamentales, aunque, naturalmente, no regulares. El amor completo al objeto, conforme al tipo de oposición, es característico del hombre. Muestra aquella singular hiperestimación sexual cuyo origen está, quizá, en el narcisismo primitivo del niño, y que corresponde, por tanto, a una transferencia, del mismo sobre el objeto sexual. www.centrocrianza.org.ar

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Esta hiperestimación sexual permite la génesis del estado de enamoramiento tan peculiar y, que tanto recuerda la obsesión neurótica; estado que podemos referir, en consecuencia, a un empobrecimiento de la líbido del yo en favor del objeto. evolución muestra

La

muy distinta estructura en el tipo de mujer más corriente y

probablemente más pura y auténtica. En este tipo de mujer parece surgir, con la pubertad y con el desarrollo de los órganos sexuales femeninos, latentes

hasta

entonces, una intensificación del narcisismo primitivo que resulta desfavorable a la estructuración de un amor objetivado regular y acompañado de hiperestimación sexual. Sobre todo en las mujeres bellas nace una complacencia de la sujeto por sí misma que le compensa de las restricciones impuestas por la sociedad a su elección del objeto. Tales mujeres sólo se aman, en realidad, a sí mismas y con la misma intensidad con que el hombre las ama. No necesitan amar, sino ser amadas, y aceptan al hombre que llena esta condición. La importancia de este tipo de mujeres para la vida erótica del hombre es muy elevada, pues ejercen máximo atractivo sobre ellos, y no sólo por motivos estéticos, pues por lo general son las más bellas, sino también a consecuencia de interesantísimas constelaciones psicológicas. Resulta, en efecto, fácilmente visible que el narcisismo de una persona ejerce gran atractivo sobre aquellas otras que han renunciado plenamente al suyo y se encuentran pretendiendo el amor del objeto. El atractivo de los niños reposa en gran parte en su narcisismo, en su actitud de bastarse a sí mismos, lo mismo que el de ciertos animales que parecen no ocuparse de nosotros en absoluto; por ejemplo los gatos y las grandes

fieras. Análogamente, en la literatura, el tipo de criminal célebre y el del

humorista acapararán nuestro interés por la consecuencia narcisista con la que saben mantener apartado de su yo todo lo que pudiera empequeñecerlo. Es como si los envidiásemos

por saber conservar un dichoso estado

psíquico, una inatacable

posesión de la líbido, a la cual hubiésemos tenido que renunciar por nuestra parte. Pero el extraordinario atractivo de la mujer narcisista tiene también su reverso: gran parte de la insatisfacción del hombre enamorado, sus dudas sobre el amor de la mujer y sus lamentaciones sobre los enigmas

de su carácter

tienen

sus raíces en esa

incongruencia de los tipos de elección de objeto. Quizá no sea inútil asegurar que esta descripción de la vida erótica femenina no implica tendencia ninguna a disminuir a la mujer. Aparte de que acostumbro mantenerme rigurosamente alejado de toda tendencia, sé muy bien que estas variantes corresponden a la diferenciación de funciones en un todo www.centrocrianza.org.ar

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biológico extraordinariamente complicado. Pero, además, estoy dispuesto a reconocer que existen muchas mujeres que aman conforme al tipo masculino y desarrollan también la hiperestimación sexual correspondiente. También para las mujeres narcisistas y que han permanecido frías para con el hombre existe un camino que las lleva al amor objetivado de toda su plenitud. En el hijo al que dan la vida se les presenta una parte de su propio cuerpo como un objeto exterior, al que pueden consagrar un pleno amor objetivado, sin abandonar por ello su narcisismo. Por último, hay todavía otras mujeres que no necesitan esperar tener un hijo para pasar del narcisismo (secundario) al amor objetivado. Se han sentido masculinas antes de la pubertad y han seguido, en su desarrollo, una parte de la trayectoria masculina, y cuando esta aspiración queda rota por la madurez femenina, conservan la facultad de aspirar a un ideal masculino, que en realidad no es más que la continuación de la criatura masculina que ellas mismas fueron.

Cerremos estas observaciones con una breve revisión de los caminos de la elección de objeto. Se ama:

1. º Conforme al tipo narcisista:

a) Lo que uno es (a sí mismo). b) Lo que uno fue. c) Lo que uno quisiera ser. d) A la persona que fue parte de uno mismo.

2. º Conforme al tipo de aposición:

a) A la mujer nutriz. b) Al hombre protector.

Y a las personas sustitutivas que de cada una de estas dos parten en largas series. El caso c) del primer tipo habrá de ser justificado con observaciones ulteriores. En otro lugar y en una relación diferente

habremos

de estudiar

también

la

significación de la elección de objeto narcisista para la homosexualidad masculina.

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El narcisismo primario del niño por nosotros supuesto, que contiene una de las premisas de nuestra teoría de la líbido, es más difícil de aprehender por medio de la observación directa que de comprobar su deducción por otros puntos. Considerando la actitud de los padres cariñosos con respecto a sus hijos, hemos de ver en ella una reviviscencia y una reproducción del propio narcisismo, abandonado mucho tiempo ha. La hiperestimación, que ya hemos estudiado como estigma narcisista en la elección del objeto, domina, como es sabido, esta relación afectiva. Se atribuyen al niño todas las perfecciones, cosas para la cual no hallaría quizá motivo alguno una observación más serena, y se niegan o se olvidan todos sus defectos, como lo demuestra la apasionada repulsa de la sexualidad infantil. Pero existe también la tendencia a suspender para el niño todas las conquistas

culturales, cuyo

reconocimiento hemos tenido que imponer a nuestro narcisismo, y renovar para él privilegios renunciados hace mucho tiempo. La vida ha de ser más fácil para el niño que para sus padres. La enfermedad, la muerte, la renuncia al placer y la limitación de la propia voluntad han de desaparecer para él, y las leyes de la naturaleza, así como las de la sociedad, deberían detenerse ante su persona. Habrá de ser de nuevo el centro y el nódulo de la creación: His Majesty the baby, como un día lo creímos ser nosotros. Deberá realizar los deseos incumplidos de sus progenitores y llegar a ser un grande hombre o un héroe en lugar de su padre, o, si es hembra, a casarse con un príncipe, para tardía compensación de su madre. El punto más espinoso

del sistema

narcisista, la

inmortalidad del yo, tan duramente negada por la realidad, conquista su afirmación refugiándose en el niño. El amor parental, tan conmovedor y tan infantil en el fondo, no es más que una resurrección del narcisismo de los padres, que revela evidentemente su antigua naturaleza en esta su transformación en amor de objeto.

3. Las perturbaciones a las que está expuesto el narcisismo primitivo del niño, las reacciones con las cuales se defiende de ellas el infantil sujeto y los caminos por los que de este modo es impulsado constituyen un tema importantísimo, aún no examinado, y que habremos de reservar para un estudio detenido y completo. Por ahora podemos desglosar de este conjunto uno de sus elementos más importantes, el "complejo de castración" (miedo a la pérdida del pene en el niño y la envidia del pene de la niña), y examinarlo en relación con la temprana intimación www.centrocrianza.org.ar

sexual. La investigación 98


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psicoanalítica, que nos permite, en general, perseguir los destinos de los instintos libidinosos cuando éstos, aislados de los instintos del yo, se encuentran en oposición a ellos, nos facilita en este sector ciertas deducciones sobre una época y una situación psíquica en las cuales ambas clases de instintos actúan en un mismo sentido e inseparablemente mezclados, como intereses narcisistas. De esta totalidad ha extraído A. Adler su "protesta masculina", en la cual ve casi la única energía impulsora de la génesis del carácter y de las neurosis, pero que no la funda en una tendencia narcisista, por tanto, aún libidinosa, sino en una valoración social. La investigación psicoanalítica he reconocido

la existencia y la significación de la

"protesta masculina" desde un principio, pero sostiene, contra Adler, su naturaleza narcisista y su procedencia del complejo de la castración. Constituye uno de los factores de la génesis del carácter y es totalmente inadecuada para la explicación de los problemas de las neurosis, en las cuales no quiere ver Adler más que la forma

en la que

sirven a los intereses del yo. Para mí resulta

completamente imposible fundar la génesis de la neurosis subre la estrecha base del complejo de castración por muy poderosamente que el mismo se manifieste también en los hombres bajo la acción de las resistencias opuestas a la curación. Por último, conozco casos de neurosis en las cuales la "protesta masculina" o, en nuestro sentido, el complejo de castración no desempeña papel patógeno alguno o no aparece en absoluto. La observación del adulto normal nos muestra muy mitigada su antigua manía de grandezas y muy desvanecidos los caracteres infantiles de los cuales dedujimos su narcisismo infantil. ¿Qué ha sido de la líbido del yo? ¿Habremos de suponer que todo su caudal se ha gastado en cargas del objeto? Esta posibilidad contradice todas nuestras deducciones. La psicología de la represión nos indica una solución distinta. Hemos descubierto que las tendencias instintivas libidinosas sucumben a una represión patógena cuando entran en conflicto con las representaciones éticas y culturales del individuo. Esto no significa nunca

que el sujeto tenga

un mero

conocimiento intelectual de tales representaciones sino que reconoce en ellas una norma y se somete a sus exigencias. Hemos dicho que la represión parte del yo, pero aún podemos precisar más diciendo que parte de la propia estimación del yo- Aquellos mismos impulsos, sucesos, deseo e impresiones que un individuo determinado tolera en sí o, por lo menos, elabora conscientemente, son rechazados por otros con indignación o incluso ahogados antes

que puedan llegar a la conciencia. Pero la

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diferencia que contiene la condición de la expresión puede ser fácilmente expresada en términos que faciliten su consideración desde el punto de vista de la teoría de la líbido. Podemos decir que uno de estos sujetos ha construido en sí un ideal, con el cual compara

su yo actual, mientras que el otro carece de semejante ideal. La

formación de un ideal sería, por parte del yo, la condición de la represión. A este yo ideal se consagra el amor ególatra de que en la niñez era objeto el yo verdadero. El narcisismo aparece desplazado sobre este nuevo yo ideal, adornado, como el infantil, con todas las perfecciones. Como siempre en el terreno de la líbido, el hombre se demuestra aquí, una vez más, incapaz de renunciar a una satisfacción ya gozada alguna vez. No quiere renunciar a la perfección de su niñez, y ya que no pudo mantenerla ante las enseñanzas recibidas durante su desarrollo y ante el despertar de su propio juicio, intenta conquistarla de nuevo bajo la forma del yo ideal. Aquello que proyecta ante sí como su idea! es la sustítución del perdido narcisismo de su niñez, en el cual era él mismo su propio ideal. Examinemos ahora las relaciones de esta formación de un ideal con la sublimación. La sublimación es un proceso que se desarrolla en la líbido objetivada, y consiste en que el instinto se orienta sobre un fin diferente y muy alejado de la satisfacción sexual. Lo más importante de él es el apartamiento de lo sexual. La idealización es un proceso que tiene efecto en el objeto,

engrandeciéndolo y elevándolo

psíquicamente, sin

transformar su naturaleza. La idealización puede producirse tanto en el terreno de la líbido del yo como en la líbido objetivada. Así, la hiperestimación sexual del objeto es una idealización del mismo. Por consiguiente, en cuanto la sublimación describe algo que sucede con el instinto, y la idealización, algo que sucede con el objeto, se tratará de dos conceptos totalmente diferentes. La producción de un yo ideal es confundida erróneamente, a veces, con la sublimación de los instintos. El que un individuo haya trocado su narcisismo por la veneración de un yo ideal no implica que haya conseguido la sublimación de sus instintos libidinosos. El yo ideal exige esta sublimación, pero no puede imponerla. La sublimación continúa siendo un proceso distinto, cuyo estímulo puede

partir del ideal, pero cuya ejecución

permanece totalmente independiente de tal estímulo. Precisamente en los neuróticos hallamos máximas diferencias de tensión entre el desarrollo, del yo ideal y el grado de sublimación de sus primitivos instintos libidinosos, y, en general, resulta más difícil convencer a un idealista de la inadecuada idealización de su líbido que un hombre sencillo y mesurado en sus aspiraciones. La relación existente entre la formación de www.centrocrianza.org.ar

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un yo ideal y la causación

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de la neurosis es también

muy distinta

de

la

correspondiente a la sublimación. La producción de un ideal eleva, como hemos dicho, las exigencias del yo y favorece más que nada la represión. En cambio, la sublimación representa un medio de cumplir tales exigencias sin recurrir a la represión. No sería de extrañar que encontrásemos una instancia psíquica especial encargada de velar por la satisfacción ideal del yo y que, en cumplimiento de su función, vigile de continuo

el yo actual y lo compare

con el ideal. Si tal instancia existe, no nos

sorprenderá nada descubrirla, pues reconocemos en el acto en ella aquello a lo que damos el nombre de conciencia moral. El reconocimiento de esta instancias nos facilita la comprensión de la llamada manía de consideración o, más exactamente, de observación, tan manifiesta en la sintomatología de las enfermedades paranoicas y que, quizá, puede presentarse también como perturbación aislada incluida en una neurosis de transferencia. Los enfermos se lamentan entonces de que todos sus pensamientos son descubiertos por los demás y observados y espiados sus actos todos. De la actuación de esta instancia les informan voces misteriosas, que les hablan característicamente en tercera persona. ("Ahora vuelve él a pensar en ello; ahora se va.") Esta queja de los enfermos está perfectamente justificada y corresponde a la verdad. En todos nosotros, y dentro de la vida normal, existe realmente tal poder que observa, advierte y critica todas nuestras intenciones. La manía de observación los representa en forma regresiva, descubriendo con ello su génesis y el motivo par el que el enfermo se rebela contra él. El estímulo para la Formación del yo ideal, cuya vigilancia está encomendada a la conciencia, tuvo su punto de partida en al influencia crítica ejercida, de viva voz, por los padres, a los cuales se agregan luego los educadores, los profesores y, por último, toda la multitud innumerable de las personas del medio social correspondiente. (Los contemporáneos, la opinión pública.) De este modo son atraídas a la formación del yo ideal narcisista grandes magnitudes de líbido esencialmente homosexual y encuentran en la conservación del mismo una derivación y una satisfacción. La institución de la conciencia moral fue primero una encarnación de la crítica parental y luego de la crítica de la sociedad, un proceso como el que se repite en la génesis de una tendencia a la represión, provocada por una prohibición o un obstáculo exterior. Las voces, así como la multitud indeterminada, reaparecen luego en la enfermedad, y con ello, la historia evolutiva de la conciencia, regresivamente reproducida. La rebeldía contra la injusticia censora proviene de que el www.centrocrianza.org.ar

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sujeto, correlativamente al carácter fundamental de la enfermedad, quiere desligarse de todas estas influencias, comenzando por la parental, y retira de ellas la líbido homosexual. Su conciencia se le opone entonces en una representación regresiva, como una acción hostil, orientada hacia él desde el exterior. Las lamentaciones de los paranoicos demuestran también que la autocrítica de la conciencia coincide, en último término, con la autoobservación en la cual se basa. La misma actividad psíquica que ha tomado a su cargo la función de la conciencia se ha puesto también, por tanto, al servicio de la introspección, que suministra a la filosofía el material para sus operaciones mentales. Esta circunstancia no es quizá indiferente en cuanto a la determinación del estímulo de la formación de sistemas especulativos que caracteriza a la paranoia. Será muy importante hallar también en otros sectores indicios de la actividad de esta instancia observadora y crítica, elevada a la categoría de conciencia y de introspección filosófica. Recordaré, pues, aquello que H. Silberer ha descrito con el nombre de "fenómeno funcional" y que constituye uno de los escasos complementos de valor indiscutible aportados hasta hoy a nuestra teoría de los sueños. Silberer ha mostrado que, en estados

intermedios entre

la vigilia y el sueño,

podemos observar

directamente la transformación de ideas en imágenes visuales; pero que, en tales circunstancias, lo que surge ante nosotros no es, muchas veces, una representación del contenido mental, sino del estado en el que se encuentra la persona que lucha con el sueño. Asimismo ha demostrado que algunas conclusiones de los sueños y ciertos detalles de los mismos corresponden exclusivamente a la autopercepción del estado

de reposo o del despertar. Ha descubierto, pues, la participación de la

autopercepción -en el sentido de la manía de observación paranoica- en la producción onírica. Esta participación es muy inconstante. Para mí hubo de pasar inadvertida, porque no desempeña papel alguno reconocido en mis sueños. En cambio, en personas de dotes filosóficas, hahituales

a la introspección,

se hace quizá muy

perceptible. Recordaremos haber hallado que la producción onírica nace bajo el dominio de una censura que impone a las ideas latentes del sueño una deformación. Pero no hubiésemos de representarnos esta censura como un poder especial, sino que denominamos así aquella parte de las tendencias represoras dominantes en el yo que aparecía orientada hacia las ideas del sueño. Penetrando más en la estructura del yo, podemos reconocer también en el yo ideal y en las manifestaciones dinámicas de la conciencia moral este censor del sueño. www.centrocrianza.org.ar

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Si suponemos que durante el reposo mantiene aún alguna atención, comprenderemos que la premisa

de

sus actividad,

la autoobservación y la autocrítica,

puedan

suministrar una aportación al contenido del sueño, son advertencias tales como "ahora tiene demasiado sueño para pensar" o "ahora despierta". Partiendo de aquí podemos intentar un estudio de la autopercepción en el individuo normal y en el neurótico. Al introducir nuestra diferenciación de instintos sexuales e instintos del yo, tenemos que reconocer a la autopercepción una íntima relación con la líbido narcisista. Nos apoyamos para ello en dos hechos fundamentales: el de que la autopercepción aparece intensificada en las parafrenias y debilitada en las neurosis de transferencia, y el de que, en la vida erótica, el no ser amado

disminuye la autopercepción, y el serlo, la

incrementa. Ya hemos indicado que el ser amado constituye el fin y la satisfacción en la elección narcisista del objeto. No es difícil, además, observar que la carga de líbido de los objetos no intensifica la autopercepción. La dependencia del objeto amado es causa de depresión; el enamorado es humilde. El que ama pierde, por decirlo así, una parte de su narcisismo, y sólo puede compensarla siendo amado. En todas estas relaciones parece permanecer enlazada la autopercepción con la participación narcisista en la vida erótica. La percepción de la impotencia, de la imposibilidad de amar a causa de perturbaciones físicas o anímicas, deprime extraordinariamente la autopercepción. A mi juicio, es ésta una de la causas del sentimiento de inferioridad del sujeto en las neurosis de transferencia. Pero la fuente principal de este sentimiento es el empobrecimiento del yo, resultante de las grandes cargas de líbido que le son sustraídas, o sea el daño del yo por las tendencias sexuales no sometidas ya a control alguno. A. Adler ha indicado acertadamente que la percepción de algunos defectos orgánicos actúa como un estímulo sobre una vida anímica capaz de rendimientos, y provoca, por el camino de la hipercomprensión, un rendimiento más intenso. Pero sería exagerado referir todo buen rendimiento a esta condición de una inferioridad orgánica primitiva. No todos los pintores padecen algún defecto de la visión, ni todos los buenos oradores han comenzado por ser tartamudos. Existen también

muchos

rendimientos

extraordinarios basados en dotes orgánicas excelentes. En la etiología de las neurosis, la inferioridad orgánica desempeña un papel insignificante, el mismo que el material de la percepción actual en cuanto a la producción onírica. La neurosis se sirve de ella como de un pretexto. Lo mismo que de todos los demás factores que pueden servirle www.centrocrianza.org.ar

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de ello. Si una paciente nos hace creer que ha tenido que enfermar de neurosis porque es fea, contrahecha y sin ningún atractivo, siendo así imposible que nadie la ame, no tardará

otra

en hacernos

tenazmente refugiada

cambiar

de opinión

mostrándonos que permanece

en su neurosis y en su repulsa sexual no obstante ser

extraordinariamente deseable y deseada. Las mujeres histéricas suelen ser, en su mayoría, muy atractivas o incluso bellas, y, por otro lado, la acumulación de fealdad y defectos orgánicos

en las capas inferiores de nuestra

sociedad

no contribuye

perceptiblemente a la frecuencia de las enfermedades neuróticas en este medio. Las relaciones de la autopercepción con el erotismo (con las cargas libidinosas de objeto) pueden encerrarse en las siguientes fórmulas: deben distinguirse dos casos, según que las cargas de líbido sean consentidas por el yo o hayan sufrido, por lo contrario, una represión. En el primer caso (dado un empleo de la líbido aceptado por el yo), el amor es estimado como otra cualquier actividad del yo. El amor en sí, como anhelo y como privación, deprime la autopercepción, y el ser amado, la intensifica de nuevo. Dada una represión de la líbido, la carpa libidinosa es sentida como una grave disimulación del yo, la satisfacción

del amor

se hace

imposible, y el nuevo

enriquecimiento del yo sólo puede tener efecto retrayendo de los objetos la líbido que los investía. La importancia del tema y la imposibilidad de lograr de él una visión de conjunto justificarán la agregación de algunas otras observaciones, sin orden determinado. La evolución del yo consiste en un alejamiento del narcisismo primario y crea una intensa tendencia a conquistarlo de nuevo. Este alejamiento sucede por medio del desplazamiento de la líbido sobre un yo ideal impuesto

desde

el exterior, y la

satisfacción es proporcionada por el cumplimiento de este ideal. Simultáneamente ha destacado el yo las cargas

libidinosas de objeto.

Se ha

empobrecido en favor de estas cargas, así como el yo ideal, y se enriquece de nuevo por las satisfacciones logradas en los objetos y por el cumplimiento del ideal. Una parte de la autopercepción es primaria: el residuo del narcisismo infantil; otra procede de la omnipotencia confirmada por la experiencia (del cumplimiento del ideal), y una tercera, de la satisfacción de la líbido objetivada. El yo ideal ha conseguido la satisfacción de la líbido en los objetos bajo condiciones muy difíciles, renunciando a una parte de la misma, considerada rechazable por su censor. En aquellos casos en los que no ha llegado a desarrollarse tal idea, la tendencia sexual de que se trate entra a formar parte de la personalidad del sujeto en calidad www.centrocrianza.org.ar

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de perversión. Los hombres cifran su felicidad en volver a ser su propio ideal, también en lo que respecta a los instintos sexuales, como en su niñez. El enamoramiento consiste en una afluencia de la líbido de yo al objeto. Tiene el poder de levantar represiones y volver a instituir perversiones. Dado que tiene efecto según el tipo de aposición y sobre la base de la realización de condiciones eróticas infantiles, podemos decir: lo que cumple estas condiciones eróticas es idealizado. El ideal sexual puede entrar en una interesante relación auxiliar con el yo ideal. Cuando la satisfacción narcisista tropieza con los obstáculos reales, puede ser utilizado el ideal sexual como satisfacción sustitutiva. Se ama entonces, conforme al tipo de la elección de objeto narcisista, aquello que hemos sido y hemos dejado de ser o aquello que posee perfecciones de que carecemos. La fórmula correspondiente sería: aquello que posee la perfección que le falta al yo para llegar al ideal es amado. Este caso complementario entraña una importancia especial para el neurótico, en el cual ha quedado empobrecido el yo por las excesivas cargas de objeto e incapacitado para alcanzar su ideal. El sujeto

intentará entonces retornar

al narcisismo, eligiendo,

conforme

al tipo

narcisista, un ideal sexual que posea las perfecciones que él no puede alcanzar. Esta sería la curación por el amor, que el sujeto prefiere, en general, a la analítica. Llegará incluso a no creer en la posibilidad de otro medio de curación e iniciará la cura con la esperanza de lograrlo en ella, orientando tal esperanza sobre la persona del médico. Pero a este plan curativo se opone, naturalmente, la incapacidad de amar del enfermo, provocada por sus extensas represiones. Cuando el tratamiento llega a desvanecer un tanto esta incapacidad surge a veces un desenlace indeseable: el enfermo se sustrae a la continuación del análisis para realizar una elección amorosa y encomendar y confiar a la vida en común con la persona amada el resto de la curación. Este desenlace podría parecernos satisfactorio si no trajese consigo, para el sujeto, una rigurosa dependencia de la persona que le ha prestado su amoroso auxilio. Del ideal del yo parte un importante camino para la comprensión de la psicología colectiva. Este ideal tiene además de su parte individual, su parte social: es también el ideal común de una familia, de una clase o de una nación. Además de la líbido narcisista, atrae a si gran magnitud de la líbido homosexual, que ha retomado al yo. La insatisfacción provocada por el incumplimiento de este ideal deja eventualmente en libertad un acopio de la líbido homosexual, que se convierte en conciencia de culpa (angustia

social). Este sentimiento de culpabilidad fue, originariamente, miedo al

castigo de los padres o, más exactamente, a perder el amor de los mismos. Más tarde, www.centrocrianza.org.ar

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los padres quedan sustituidos por la multitud indeterminada de los contemporáneos. La frecuente causación de la paranoia por una modificación en el campo del ideal del yo, esto es, por la ausencia de satisfacción en el campo del ideal del yo, se nos hace así comprensible, e igualmente la coincidencia de la idealización y la sublimación y la eventual transformación de los ideales en las parafrenias.

La organización genital infantil (Una interpolación en la teoría de la sexualidad) (1923) Extraído de: FREUD, S. Obras Completas, Tomo XIX, Amorrortu Editores. Buenos Aires, 1993.

Es bien demostrativo de la dificultad que ofrece el trabajo de investigación en el psicoanálisis, que rasgos universales y constelaciones características puedan pasarse por alto a despecho de una observación incesante, prolongada por decenios, hasta que un buen día se presentan por fin inequívocamente, con las puntualizaciones que siguen querría reparar un descuido de esa índole en el campo del desarrollo sexual infantil. Es sin duda notorio, para los lectores de mis Tres ensayos de teoría sexual (1905d), que en ninguna de las posteriores ediciones de esa obra emprendí una refundición, sino que mantuve el ordenamiento originario y di razón de los progresos

de nuestra

intelección mediante intercalaciones y enmiendas del texto57. Debido a ello, acaso ocurra mucas veces que lo viejo y lo nuevo no se fusionen bien en una unidad exenta de contradicción. En efecto, al comienzo, el acento recayó sobre la fundamental diversidad entre la vida sexual de los niños y la de los adultos; después pasaron al primer plano las organizaciones pregenitales de la líbido, así como el hecho asombroso, y grávido de consecuencias, de la acometida en dos tiempos del desarrollo sexual. Por último, reclamó nuestro interés la investigación sexual infantil, y desde ahí se pudo discernir la notable aproximación del desenlace de la sexualidad infantil (cerca del quinto año de vida) a su conformación final en el adulto. Hasta este punto he llegado en la última edición (1922) de los Tres ensayos.

57

Me gustaría agregar que lo mentado en el mito son los genitales de la madre. Atenea, que lleva en su armadura la cabeza de Medusa, se convierte justamente por ello en la mujer inabordable, cuya sola visión extingue toda idea de aproximación sexual. - [Un año antes Freud había escrito un breve ensayo sobre este tema, publicado póstumamente (1940c)]. www.centrocrianza.org.ar

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En la página 63 de ese volumen58

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consignó que "a menudo, o regularmente, ya en la

niñez se consuma una elección de objeto como la que hemos supuesto característica de, la fase de desarrollo de la pubertad. El conjunto de las aspiraciones sexuales se dirige a una persona única, y en ella quieren alcanzar su meta. He ahí, pues, el máximo acercamiento posible en la infancia a la conformación definitiva que la vida sexual presentará después de la pubertad. La diferencia respecto de esta última reside sólo en el hecho de que la unificación de las pulsiones parciales y su subordinación al primado de los genitales no son establecidas en la infancia, o son de manera muy incompleta. Por tanto, la instauración de ese primado al servicio de la reproducción es la última fase por la que atraviesa la organización sexual". Hoy ya no me declararía satisfecho con la tesis de que el primado de los genitales no se consuma en la primera infancia, o lo hace sólo de manera muy incompleta. La aproximación de la vida sexual infantil a la del adulto llega mucho más allá, y no se circunscribe a la emergencia de una elección de objeto. Si bien no se alcanza una verdadera unificación de las pulsiones parciales bajo el primado de los genitales, en el apogeo del proceso de desarrollo de la sexualidad infantil el interés por lo genitales y el quehacer genital cobran una significatividad dominante, que poco le va en zaga a la de la edad madura. El carácter principal de esta "organización genital infantil" es, al mismo tiempo, su diferencia respecto de la organización genital definitiva del adulto. Reside en que, para ambos sexos, sólo desempeña un papel un genital, el masculino. Por tanto, no hay un primado genital, sino un primado del falo. Por desdicha, sólo podemos describir estas constelaciones respecto del varoncito; carecemos de una intelección de los procesos correspondientes en la niña pequeña. Aquel percibe, sin duda, la diferencia entre varones y mujeres, pero al comienzo no tiene ocasión de relacionarla con una diversidad de sus genitales. Para él es natural presuponer en todos los otros seres vivos, humanos y animales, un genital parecido al que él mismo posee; más aún: sabemos que hasta en las cosas inanimadas busca una forma análoga a su miembro59.

58

Por el análisis de una joven señora que no había tenido padre pero sí varias tías, me enteré de que hasta bien entrado el período de latencia creyó en el pene de la madre y de algunas de las tías. Empero, a una de estas, idiota, la consideraba castrada, tal como se sentía a sí misma. [Véase una nota al pie de El yo y el ello (1923b), supra, pág. 33, n. 9.] 59

Cf. [un pasaje agregado en 1915a] Tres ensayos de teoría sexual (1905d), AE, 7, pág 180.

[Véase, asimismo, una nota al pie agregada también en 1915 a esa obra, ibid., págs. 200-1 www.centrocrianza.org.ar

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Esta parte del cuerpo que se excita con facilidad, parte cambiante y tan rica en sensaciones, ocupa en alto grado el interés del niño y de continuo plantea nuevas y nuevas tareas a su pulsión de investigación. Querría verlo también en otras personas para compararlo con el suyo; se comporta como si barruntara que ese miembro podría y debería ser más grande. La fuerza pulsionante que esta parte viril desplegará más tarde en la pubertad se exterioriza en aquella época de la vida, en lo esencial, como esfuerzo de investigación, como curiosidad sexual. Muchas de las exhibiciones y agresiones que el niño aprende y que a una edad posterior se juzgarían como inequívocas exteriorizaciones de lascivia, se revelan al análisis como experimentos puestos al servicio de la investigación sexual.

En el curso de estas indagaciones el niño llega a descubrir que el pene no es un patrimonio común de todos los seres semejantes a él. Da ocasión a ello la visión casual de los genitales de una hermanita o compañerita de juegos; pero niños agudos ya tuvieron antes, por sus percepciones del orinar de las niñas, en quienes veían otra posición y escuchaban otro ruido, la sospecha de que ahí había algo distinto, y luego intentaron repetir tales observaciones de manera más esclarecedora. Es notoria su reacción frente a las primeras impresiones de la falta del pene. Desconocen

esa

falta; creen ver un miembro a pesar de todo; cohonestan la contradicción entre observación y prejuicio mediante el subterfugio de que aún sería pequeño y ya va a crecer, y después, poco a poco, llegan a la conclusión, afectivamente sustantiva, de que sin duda estuvo presente y luego fue removido. La falta de pene es entendida como resultado de una castración, y ahora se le plantea al niño la tarea de habérselas con la referencia de la castración a su propia persona. Los desarrollos que sobrevienen son demasiado

notorios para que sea

necesario repetirlos aquí. Me parece, eso sí, que sólo puede apreciarse rectamente la significatividad del complejo de castración si a la vez se toma en cuenta su génesis en la fase del primado del falo." Es notorio, asimismo, cuánto menosprecio por la mujer, horror a ella, disposición a la homosexualidad, derivan del convencimiento final acerca de la falta de pene en la mujer. Recientemente, Ferenczi (1923), con todo derecho, recondujo el símbolo mitológico del horror, la cabeza de Medusa, a la impresión de los genitales femeninos carentes de pene.

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Pero no se crea que el niño generaliza tan rápido ni tan de buen grado su observación de que muchas personas del sexo femenino no poseen pene; ya es un obstáculo para ello el supuesto de que la falta de pene es consecuencia de la castración a modo de castigo. El niño cree, al contrario, que sólo personas despreciables del sexo femenino, probablemente culpables de las mismas mociones prohibidas en que él mismo incurrió, habrían perdido el genital. Pero las personas respetables, como su madre, siguen conservando el pene. Para el niño, ser mujer no coincide todavía con falta del pene. Sólo más tarde, cuando aborda los problemas de la génesis y el nacimiento de los niños, y colige que sólo mujeres pueden parir hijos, también la madre perderá el pene y, entretanto, se edificarán complejísimas teorías destinadas a explicar el trueque del pene a cambio de un hijo. Al parecer, con ello nunca se descubren los genitales femeninos. Como sabemos, el niño vive en el vientre (intestino) de la madre y es parido por el ano. Con estas últimas teorías sobrepasamos la frontera temporal del período sexual infantil. No carece de importancia tener presentes las mudanzas que experimenta, durante el desarrollo sexual infantil, la polaridad sexual a que estamos habituados. Una primera oposición se introduce con la elección de objeto, que sin duda presupone sujeto y objeto. En el estadío de la organización pregenital sádico-anal no cabe hablar de masculino y femenino; la oposición entre activo y pasivo es la dominante. En el siguiente

estadio

de la organización

genital

infantil hay por cierto algo

masculino, pero no algo femenino; la oposición reza aquí: genital masculino, o castrado. Sólo con la culminación del desarrollo en la época de la pubertad, la polaridad sexual coincide con masculino y femenino. Lo masculino reúne el sujeto, la actividad y la posesión del pene; lo femenino, el objeto y la pasividad. La vagina es apreciada ahora como albergue del pene, recibe la herencia del vientre materno.

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Algunas

consecuencias

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psíquicas

de

la diferencia

anatómica entre los sexos (1925) Extraído de: FREUD. S. Obras Completas, Tomo XIX, Amorrortu Editores. Buenos Aires 1993.

Mis trabajos y los de mis discípulos sustentan con decisión cada vez mayor el reclamo de que los análisis de neuróticos penetren también en el primer período de la infancia, la época del florecimiento temprano de la vida sexual. Sólo si se exploran las primeras exteriorizaciones de la constitución pulsional congénita, así como los efectos de las impresiones vitales más tempranas, es posible discernir correctamente las fuerzas pulsionales de la posterior neurosis y precaverse de los errores a que inducirían las refundiciones y superposiciones producidas en la edad madura. Este reclamo no sólo reviste importancia teórica sino también práctica, pues diferencia nuestros empeños del trabajo de aquellos médicos que, siendo su orientación exclusivamente terapéutica, se sirven durante cierto trecho de métodos analíticos. Un análisis así de la primera infancia es lento, trabajoso, y, plantea al médico y paciente exigencias en cuyo cumplimiento no siempre transige la práctica. Además, lleva a regiones oscuras, para atravesar las cuales nos siguen faltando las señales indicadoras. La situación, es tal, yo creo, que uno puede tranquilizar a los analistas: por varias décadas su trabajo científico no corre peligro de mecanizarse y así perder interés. En lo que sigue comunico un resultado de la investigación analítica que sería muy importante si pudiera demostrarse su validez universal. ¿Por qué no pospongo la publicación hasta que una experiencia más rica me brinde esta prueba, si se la puede producir? Porque en las condiciones de mi trabajo ha sobrevenido un cambio cuyas consecuencias no puedo desmentir. Yo no me he contado entre quienes son incapaces de reservarse durante algún tiempo una novedad conjeturada, a la espera de su corroboración o rectificación. Antes de publicar La interpretación de los sueños (1900a) y "Fragmento de análisis de un caso de histeria" (1905e) (el caso de "Dora") esperé, si no los nueve años que recomienda Horacio, entre cuatro y cinco años; pero en esa época veía por delante un tiempo de extensión ilimitada -"oceans of time", como dijo un amable poeta-, y el material me afluía con tanta abundancia que casi me abrumaban las nuevas experiencias. Por añadidura, era el único trabajador en un nuevo campo, y mi reserva no significaba peligro alguno para mí, ni perjuicios para otros.

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Ahora todo eso ha cambiado. El tiempo que tengo ante mí es limitado, ya no lo aprovecho completamente en el trabajo,

y por eso no son tan abundantes las

oportunidades de hacer nuevas experiencias. Cada vez que creo ver algo nuevo, dudo si me es posible esperar su corroboración. Por otra parte, ya se agotó lo que se agita en la superficie; el resto debe recogerse de lo profundo con laborioso empeño. Y por último, ya no estoy solo: un grupo de diligentes colaboradores está dispuesto a sacar partido aun de lo inacabado, de lo discernido sin seguridad, y puedo confiarles la parte del trabajo de que yo mismo me habría encargado en otras circunstancias. Por eso me siento con derecho, esta vez, a comunicar algo que urgentemente requiere prueba antes de que pueda discernirse su valor o disvalor. Cuando hemos indagado las primeras plasmaciones psíquicas de la vida sexual en el niño, en general tomamos por objeto al varoncito. Suponíamos que en el caso de la niña todo sería semejante, aunque diverso de alguna manera. No quería aclarársenos el lugar del proceso de desarrollo en que se hallaría esa diversidad. La situación del complejo de Edipo es la primera estación que discernimos con seguridad en el varoncito. Nos resulta fácilmente inteligible porque en ella el niño retiene el mismo objeto al que ya en el período precedente, el de lactancia y crianza, había investido con su líbido todavía no genital. También el hecho de que vea al padre como un rival perturbador a quien querría eliminar y sustituir se deduce limpiamente de las constelaciones objetivas [real]. Y ya en otro lugar

he expuesto que la actitud

[postura] edípica del varoncito pertenece a la fase fálica, y que se va al fundamento [zugrunde geben] por la angustia de castración, o sea, por el interés narcisista hacia los genitales. Ahora bien, hay una complicación que dificulta nuestro esclarecimiento: aun en el varoncito, el complejo de Edipo es de sentido doble, activo y pasivo, en armonía con la disposición bisexual. También él quiere sustituir a la madre como objeto de amor del padre; a esto lo designamos como actitud femenina. En lo tocante a la prehistoria del complejo de Edipo en el varoncito, falta mucho para que todo nos resulte claro. Hemos aprendido que hay en ella una identificación de naturaleza tierna con el padre, de la que todavía está ausente el sentido de la rivalidad hacia la madre. Otro elemento de esta prehistoria es el quehacer masturbatorio con los genitales, siempre presente, en mi opinión; es el onanismo de la primera infancia, cuya sofocación más o menos

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violenta, por parte de las personas encargadas de la crianza, activa al complejo de castración. Suponemos que este onanismo es dependiente del complejo de Edipo y significa la descarga de su excitación sexual. Pero no sabemos con seguridad si esa es desde el comienzo su referencia, o si más bien emerge espontáneamente como quehacer de órgano y sólo más tarde queda anudado al complejo de Edipo; ésta última posibilidad es, con mucho, la más verosímil. También sigue siendo dudoso el papel de la enuresis y su deshabituación por obra de la educación: preferimos esta síntesis simple: el hecho de que el niño siga mojándose en la cama sería el resultado del onanismo, y el varoncito apreciaría su sofocación como una inhibición de la actividad genital y, por tanto, en el sentido de una amenaza de castración. Pero está por verse si esa fórmula es cierta en todos los casos. Finalmente, el análisis nos permite vislumbrar que acaso la acción de espiar con las orejas el coito de los progenitores a edad muy temprana dé lugar a la primera excitación sexual y por los efectos que trae con posterioridad [nachträglich], pase a ser el punto de partida para todo el desarrollo sexual. El onanismo, así como las dos actitudes del complejo de Edipo, se anudarían después a esa impresión, subsiguientemente interpretadas. Empero, no podemos suponer que esas observaciones del coito constituyan un suceso regular, y en este punto nos topamos con el problema de las "fantasías primordiales"5. Es mucho, pues, lo que permanece inexplicado respecto de la prehistoria del complejo de Edipo incluso en el varoncito, y todavía está sujeto a exámen si ha de suponerse siempre el mismo proceso, o si son estadíos previos muy diferentes entre sí, los que confluyen en idéntica situación final. A más de los problemas del complejo de Edipo en el varón, el de la niña pequeña esconde otro. Inicialmente la madre fue para ambos el primer objeto, y no nos asombra que el varón lo retenga para el complejo de Edipo. Pero, ¿cómo llega la niña a resignarlo y a tomar a cambio al padre por objeto? Persiguiendo este problema he podido hacer algunas comprobaciones que acaso echen luz, justamente, sobre la prehistoria de la relación edípica en la niñita. Todo analista ha tomado conocimiento de mujeres que perseveran con particular intensidad y tenacidad en su ligazón-padre y en el deseo de tener un hijo de él, en que ésta culmina. Hay buenas razones para suponer que esta fantasía de deseo fue también la fuerza pulsional de su onanismo infantil, y uno fácilmente recibe la impresión de hallarse frente a un hecho elemental, no susceptible de ulterior www.centrocrianza.org.ar

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resolución, de la vida sexual infantil. Pero precisamente un análisis de estos casos, llevado más a fondo, muestra algo diverso: que el complejo de Edipo tiene en ellos una larga prehistoria y es, por así decir, una formación secundaria. Según puntualiza el viejo pediatra Lindner [1879], el niño descubre la zona genital dispensadora de placer -pene o clítoris- durante el mamar con fruición (chupeteo)." No quiero entrar a considerar si el niño efectivamente toma esta fuente de placer recién ganada como sustituto del pezón materno que perdió hace poco; posteriores fantasías (fellatio) quizás apunten en esa dirección. En suma: la zona genital es descubierta en algún momento, y no parece justificado atribuir un contenido psíquico a los primeros quehaceres del niño con ella. Ahora bien, el paso siguiente en la fase fálica que así ha comenzado no es el enlace de este onanismo con las investiduras de objeto del complejo de Edipo, sino un descubrimiento grávido en consecuencias, circunscrito a la niña pequeña. Ella nota el pene de un hermano o un compañerito de juegos, pene bien visible y de notable tamaño, y al punto lo discierne como el correspondiente, superior, de su propio órgano, pequeño y escondido; a partir de ahí cae víctima de la envidia del pene. He aquí una interesante oposición en la conducta de ambos sexos: en el caso análogo, cuando el varoncito ve por primera vez la región genital de la niña, se muestra irresoluto, poco interesado al principio; no ve nada, o desmiente

su percepción, la

deslíe, busca subterfugios para hacerla acordar con su expectativa. Sólo más tarde, después que cobró influencia sobre él una amenaza de castración, aquella observación se le volverá significativa; su recuerdo o renovación mueve en él una temible tormenta afectiva, y lo somete a la creencia en la efectividad de la amenaza que hasta entonces había echado a risa. Dos reac- ciones resultarán de ese encuentro por separado o reunidas,

o bien conjugadas con otros factores, determinarán duraderamente su

relación con la mujer: horror frente a la criatura mutilada, o menosprecio triunfalista hacia ella. Pero estos desarrollos pertenecen al futuro, si bien a uno no muy remoto. Nada de eso ocurre a la niña pequeña. En el acto se forma su juicio y su decisión. Ha visto eso, sabe que no lo tiene y quiere tenerlo."En este lugar se bifurca el llamado complejo de masculinidad de la mujer," que eventualmente, si no logra superarlo pronto,

puede

deparar grandes

dificultades al prefigurado

desarrollo hacia la

feminidad. La esperanza de recibir alguna vez, a pesar de todo, un pene, igualándose así al varón, puede conservarse hasta épocas inverosímilmente tardías y convertirse en motivo de extrañas acciones, de otro modo incomprensible. O bien sobreviene el www.centrocrianza.org.ar

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proceso que me gustaría designar desmentida que en la vida anímica infantil no es ni raro ni muy peligroso, pero que en el adulto llevaría a una psicosis. La niñita se rehusa a aceptar el hecho de su castración, se afirma y acaricia la convicción de que empero posee un pene, y se ve compelida a comportarse en lo sucesivo como si fuera un varón. Las consecuencias psíquicas de la envidia del pene, en la medida en que ella no se agota en la formación reactiva del complejo de masculinidad, son múltiples y de vasto alcance. Con la admisión de su herida narcisista, se establece en la mujer -como cicatriz, por así decir- un sentimiento de inferioridad. Superado el primer intento de explicar su falta de pene como castigo personal, y tras aprehender la universalidad de este carácter sexual, empieza a compartir el menosprecio del varón por ese sexo mutilado en un punto decisivo y, al menos en este juicio, se mantiene en paridad con el varón. Aunque la envidia del pene haya renunciado a su objeto genuino, no cesa de existir: pervive en el rasgo de carácter de los celos, con leve desplazamiento. Es verdad que los celos no son exclusivos de uno solo de los sexos, y se asientan en una base más amplia; pero yo creo, no obstante, que desempeñan un papel mucho mayor en la vida anímica de la mujer porque reciben un enorme refuerzo desde la fuente de la envidia del pene, desviada. Aun antes de reparar esta derivación de los celos, yo había construido una primera fase para la fantasía onanista "Pegan a un niño", tan frecuente en la niña; en esa primera fase significa que otro niño de quien se tienen celos como rival, debe ser golpeado. Esta fantasía parece un relicto del período fálico de la niña; la curiosa rigidez que me llamó la atención en la fórmula monótona "Pegan a un niño" probablemente admita todavía una interpretación particular. El niño golpeado-acariciado en ella no puede ser otro en el fondo, que el clítoris mismo, de suerte que el enunciado contiene, en su estrato más profundo, la confesión de la masturbación que desde el comienzo de la fase fálica hasta épocas más tardías se anuda al contenido de la fórmula. Una tercera consecuencia de la envidia del pene parece ser el aflojamiento de los vínculos tiernos con el objeto-madre. La concatenación no se comprende muy bien, pero uno se convence de que al final la madre, que echó al mundo a la niña con una dotación tan insuficiente, es responsabilizada por esa falta de pene. El curso histórico suele ser éste: tras el descubrimiento de la desventaja en los genitales, pronto afloran celos hacia otro niño a quien la madre supuestamente ama más, con lo cual se www.centrocrianza.org.ar

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adquiere una motivación para desasirse de la ligazón-madre. Armoniza muy bien con ello que ese niño preferido por la madre pase a ser el primer objeto de la fantasía "Pegan a un niño", que desemboca en masturbación. Hay otro sorprendente efecto de la envidia del pene -o del descubrimiento de la inferioridad del clítoris- que es, sin duda, el más importante de todos. A menudo yo había tenido, antes,

la impresión de que en general

la mujer soporta

peor la

masturbación que el varón, suele revolverse contra ella y no es capaz de utilizarla en las mismas circunstancias en que el varón habría recurrido sin vacilar a ese expediente. Por cierto, la experiencia mostraría incontables excepciones a esta tesis, si se la quisiera estatuir como regla. Es que las reacciones de los individuos de ambos sexos son mezcla de rasgos masculinos y femeninos. No obstante, sigue pareciendo que la naturaleza de la mujer está más alejada de la masturbación, y para resolver el problema supuesto se podría aducir esta ponderación de las cosas: al menos la masturbación en el clítoris sería una práctica masculina, y el despliegue de la feminidad tendría por condición la remoción de la sexualidad clitorídea." Los análisis de la prehistoria fálica me han enseñado que en la niña sobreviene pronto, tras los indicios de la envidia del pene, una intensa contracorriente opuesta al onanismo, que no puede reconducirse exclusivamente al influjo pedagógico de las personas encargadas de la crianza. Esta moción es manifiestamente un preanuncio de aquella oleada represiva que en la época de la pubertad eliminará una gran parte de la sexualidad masculina para dejar espacio al desarrollo de la feminidad. Muy bien puede ocurrir que esta primera oposición al quehacer autoerótico no logre su meta. Es lo que en efecto había sucedido en los casos analizados por mí. El conflicto prosiguió entonces, y la niña hizo en ese momento, así como más tarde, todo lo posible para liberarse de la compulsión al onanismo. Muchas exteriorizaciones posteriores de la vida sexual en la mujer permanecerían incomprensibles si no se discerniera este intenso motivo. No puedo explicarme esta sublevación de la niña pequeña contra el onanismo fálico si no es mediante el supuesto de que algún factor concurrente le vuelve acerbo el placer que le dispensaría esa práctica. Acaso no haga falta buscar muy lejos ese factor; podría ser la afrenta narcisista enlazada con la envidia del pene, el aviso de que a pesar de todo no puede habérselas en este punto con el varón y sería mejor abandonar la competencia con él. De esa manera, el conocimiento de la diferencia anatómica entre

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los sexos esfuerza a la niña pequeña a apartarse de la masculinidad y del onanismo masculino, y a encaminarse por nuevas vías que llevan al despliegue de la feminidad. Hasta ese momento no estuvo en juego el complejo de Edipo, ni había desempeñado papel alguno. Pero ahora la líbido de la niña se desliza -sólo cabe decir: a lo largo de la ecuación simbólica prefigurada pene = hijo- a una nueva posición. Resigna el deseo del pene para remplazarlo por el deseo de un hijo, y con este propósito toma al padre como objeto de amor. La madre pasa a ser objeto de los celos, y la niña deviene una pequeña mujer. Si me es lícito creer en comprobaciones analíticas aisladas, en esta nueva situación puede llegar a tener sensaciones corporales que han de apreciarse como un prematuro despertar del aparato genital femenino. Y si después esta ligazón-padre tiene que resignarse por malograda, puede atrincherarse en una identificación padre con la cual la niña regresa al complejo de masculinidad y se fija eventualmente él. Ya he dicho lo esencial que tenía para decir, y aquí me detengo para echar una ojeada panorámica sobre los resultados. Hemos obtenido una intelección sobre la prehistoria del complejo de Edipo en la niña. Lo que pueda corresponderle en el varón es bastante desconocido. En la niña, el complejo de Edipo es una formación secundaria. Las repercusiones del complejo de castración le preceden y lo preparan. En cuanto al nexo entre complejo de Edipo y complejo de castración, se establece una oposición fundamental entre los dos sexos. Mientras que el complejo de Edipo del varón se va al fundamento debido al complejo de castración16, el de !a niña es posibilitado e introducido por este último. Esta contradicción se esclarece si se reflexiona en que el complejo de castración produce en cada caso efectos en el sentido de su contenido: inhibidores y limitadores de la masculinidad, y promotores de la feminidad. La diferencia entre varón y mujer en cuanto a esta pieza del desarrollo sexual es una comprensible consecuencia de la diversidad anatómica de los genitales y de la situación psíquica enlazada con ella; corresponde al distingo entre castración consumada y mera amenaza de castración. Entonces, nuestro resultado es en el fondo algo trivial que habría podido preveer. En cambio, el complejo de Edipo es algo tan sustantivo que no puede dejar de producir consecuencias, cualquiera que sea el modo en que se caiga en él o se salga de él. En el varón -según lo expuse en la publicación que acabo de citar [1924d] y que sigo en general

en estas páginas-,

el complejo no es simplemente reprimido; zozobra

formalmente bajo el choque de la amenaza de castración. Sus investiduras libidinosas www.centrocrianza.org.ar

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son resignadas, desexualizadas y en parte sublimadas; sus objetos son incorporados al yo, donde forman el núcleo del superyó y prestan a esta neoformación sus propiedades características. En el caso normal - mejor dicho: en el caso ideal- ya no subsiste tampoco en lo inconciente ningún complejo de Edipo, el superyó ha devenido su heredero. Puesto que el pene -en el sentido de Ferenczi [1924] - debe su investidura narcisista extraordinariamente alta a su significación orgánica para la supervivencia de la especie, se puede

concebir la catástrofe [Katastrophe] del complejo de Edipo -el

extrañamiento del incesto, la institución de la conciencia moral y de la moral mismacomo un triunfo de la generación sobre el individuo. Punto de vista interesante éste, si se reflexiona en que la neurosis estriba en una renuencia del yo frente a la exigencia de la función sexual. Pero el abandono del punto de mira de la psicología individual, no nos lleva a esclarecer de entrada esos enredados vínculos. En la niña falta el motivo para la demolición del complejo de Edipo. La castración ya ha producido antes su efecto, y consistió en esforzar a la niña a la situación del complejo de Edipo. Por eso este último escapa al destino que le está deparado en el varón; puede ser abandonado poco a poco, tramitado por represión, o sus efectos penetrar mucho en la vida anímica que es normal para la mujer. Uno titubea en decirlo, pero no es posible defenderse de la idea de que el nivel de lo éticamente normal es otro en el caso de la mujer. El superyó nunca deviene tan implacable, tan impersonal, tan independiente de sus orígenes afectivos como lo exigimos en el caso del varón. Rasgos de carácter que la crítica ha enrostrado desde siempre a la mujer -que muestra un sentimiento de justicia menos acendrado que el varón, y menor inclinación a someterse a las grandes necesidades de la vida; que con mayor frecuencia se deja guiar en sus decisiones por sentimientos tiernos u hostiles- estarían ampliamente fundamentados en la modificación de la formación-superyó que inferimos en las líneas anteriores. En tales juicios no nos dejaremos extraviar por las objeciones de las feministas, que quieren imponernos una total igualación e idéntica apreciación de ambos sexos; pero sí concederemos de buen grado que también la mayoría de los varones se quedan muy a la zaga del ideal masculino, y que todos los individuos humanos, a consecuencia de su disposición [constitucional] bisexual, y de la herencia cruzada, reúnen en sí caracteres masculinos y femeninos, de suerte que la masculinidad y feminidad puras siguen siendo construcciones teóricas de contenido incierto. Me inclino a conceder

valor a las elucidaciones

aquí presentadas acerca de las

consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos, pero sé que esta www.centrocrianza.org.ar

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apreciación sólo puede sustentarse si los descubrimientos hechos en apenas un puñado de casos se corroboran universalmente y demuestran ser típicos. De lo contrario no serían más que una contribución al conocimiento de los múltiples caminos que sigue el desarrollo de la vida sexual. En los valiosos y ricos trabajos de Abraham (1921), Horney (1923) y Helene Deutsch (1925) sobre el complejo de masculinidad y el de castración en la mujer, hay mucho que toca de cerca a mi exposición, pero nada que coincida con ella enteramente valga esto también, para justificar la publicación, del presente trabajo.

Nota sobre el concepto de Inconsciente en Psicoanálisis Extraído de: FREUD, S. Obras Completas Tomo XII, Amorrortu Editores. Bs. As, 1993

Querría exponer en pocas palabras y con la mayor claridad posible el sentido que en el psicoanálisis, y sólo en él, se atribuye al término "inconsciente". Una representación -o cualquier otro elemento psíquico- puede estar ahora presente en mi conciencia, y un momento después desaparecer de ella; puede reaflorar intacta después de un intervalo, y hacerlo como decimos nosotros desde el recuerdo, no como consecuencia de una nueva percepción sensorial. Es para dar razón de este hecho que nos vemos llevados a suponer que la representación ha estado presente en nuestro espíritu también durante el intervalo, aunque latente en cuanto a conciencia (latent inconsciousness). Pero no podemos formular conjetura alguna sobre la forma en que pudo haber existido mientras estaba presente en la vida anímica y era latente en cuanto a conciencia. En este punto debemos estar preparados para la objeción filosófica de que la representación latente no ha existido como objeto de la psicología, sino sólo como una predisposición física para la recurrencia del mismo fenómeno psíquico, a saber, aquella misma representación. Pero podemos replicar que semejante teoría rebasa con mucho el ámbito de la psicología propiamente dicha; que simplemente comete una petición de principios (beg the question) estableciendo que "consciente" y "psíquico" son conceptos idénticos, y que incurre a todas luces en injusticia al negar a la psicología su derecho a dar razón de uno de sus hechos más comunes, como la memoria, con sus propios medios. Ahora llamemos "consciente" a la representación que está presente en nuestra conciencia y de la que nosotros nos percatamos (we are aware), y hagamos de este el www.centrocrianza.org.ar

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único sentido del término "consciente"; en cambio, a las representaciones latentes, si es que tenemos fundamentos para suponer que están contenidas en la vida anímica como los tuvimos en el caso de la memoria- habremos de denotarlas con el término "inconsciente". Entonces,

una representación inconsciente

es una de la que nosotros

no nos

percatamos, a pesar de lo cual estamos dispuestos a admitir su existencia sobre la base de otros indicios y pruebas. Esto podría considerarse un trabajo descriptivo o clasificatorio harto insípido si además

de los hechos de la memoria o de la asociación a través de eslabones

inconcientes ninguna otra experiencia apelara a nuestro juicio. Pero el bien conocido experimento de la "sugestión posthipnótica" nos enseña a insistir en la importancia del distingo entre conciente e inconciente, y parece realzar su valor. En ese experimento, tal como lo ha realizado Bernheim, una persona es puesta en estado hipnótico y despertado luego. Mientras se encontraba en estado hipnótico, bajo el influjo del médico, le impartían la orden de ejecutar determinada acción en un momento preciso, por ejemplo media hora después. Despierta, y todo indica que se ha reintegrado a su plena conciencia y a su condición mental ordinaria, no recuerda su estado hipnótico, y pese a ello, en el momento fijado se impone a su espíritu el impulso de hacer esto y estotro, y ejecuta la acción con conciencia, aunque sin saber por qué. Parece imposible dar del fenómeno otra descripción que ésta: el designio estaba presente en el espíritu de esa persona en una forma latente o inconsciente, hasta que llegó el momento fijado, y le devino consciente. Pero no le afloró a la conciencia íntegramente, sino sólo la representación del acto por ejecutar.

Aun entonces

permanecieron inconcientes todas las otras ideas asociadas con esta representación: la orden, el influjo del médico, el recuerdo del estado hipnótico. Ahora bien, tenemos todavía algo más que aprender de este experimento. Nos hemos visto llevados de una concepción puramente descriptiva del fenómeno a una dinámica. La idea de la acción ordenada en la hipnosis no devino un mero objeto de la consciencia en un momento determinado, sino que, además, devino eficiente (active), y este es el aspecto más llamativo del hecho: fue transferida a la acción tan pronto como la consciencia se hubo percatado de su presencia. Puesto que el estímulo real para actuar es la orden del médico, es difícil no conceder que la idea del orden del médico devino eficiente también. Sin embargo, esta última no fue acogida en la conciencia

(did no

reveal itself to consciousness) como ocurrió con su retoño www.centrocrianza.org.ar

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(outcome), la idea de la acción; permaneció inconciente y por eso fue al mismo tiempo eficiente e inconsciente. La sugestión posthipnótica es un producto de laboratorio, un hecho artificial. Pero si aceptamos la teoría de los fenómenos histéricos, presentada primero por P. Janet y elaborada luego por Breuer y por mí, dispondremos de una profusión de hechos naturales que muestran de manera aún más clara y nítida este carácter psicológico de la sugestión posthipnótica. La vida anímica del paciente histérico rebosa de estos pensamientos (ideas) eficientes, pero inconcientes, de ellos provienen todos los síntomas. Es de hecho el carácter más llamativo de la mente

histérica el estar

gobernada por representaciones

inconscientes. Si una mujer histérica vomita, acaso lo haga desde la idea de estar embarazada. Pero ella no tiene noticia alguna de esta idea, aunque se la puede descubrir fácilmente en su vida anímica mediante uno de los procedimientos técnicos del psicoanálisis, y hacérsela conciente. Cuando ejecuta las convulsiones y gestos que constituyen su "ataque", ella ni siquiera se representa conscientemente las acciones intentadas y quizá las observe con los sentimientos desapega- dos de un espectador. No obstante, el análisis podrá reproducción

dramática

demostrar que de

inconscientemente eficiente

una

escena

ella desempeñaba su papel de

en

su vida, cuyo recuerdo

la era

durante el ataque. El mismo predominio de ideas

inconscientes eficientes es revelado por el análisis como lo esencial en la psicología de todas las otras formas de neurosis. Por tanto, del análisis de fenómenos neuróticos aprendemos que un pensamiento latente o inconsciente no necesariamente es débil, y que su presencia en la vida anímica admite pruebas indirectas de la mayor fuerza, equivalencia casi a la prueba directa brindada por la consciencia. Nos sentimos justificados para armonizar nuestra clasificación con este aumento de nuestro conocimiento introduciendo un distingo fundamental entre diversas variedades de pensamientos latentes e inconscientes. Estábamos acostumbrados a pensar que todo pensamiento latente lo era a consecuencia de su debilidad, y devenía consciente tan pronto cobraba fuerza. Ahora hemos adquirido la convicción de que hay ciertos pensamientos latentes que no penetran en la consciencia por intensos que sean. Llamaremos entonces preconscientes

a los pensamientos latentes

del primer grupo,

mientras que

reservaremos el término inconsciente (en el sentido propio) para el segundo grupo, que hemos estudiado en la neurosis. El término "inconsciente", que hasta aquí www.centrocrianza.org.ar

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empleábamos en un sentido meramente descriptivo, recibe ahora un significado más amplio. No sólo designa

pensamientos latentes

en general,

sino, en particular,

pensamientos con un cierto carácter dinámico, a saber, aquellos que a pesar de su intensidad y su acción eficiente se mantienen alejados de la conciencia. Antes de proseguir mi exposición, quiero referirme a dos objeciones que previsiblemente se suscitarán en este punto. La primera puede ser formulada del siguiente modo: en vez de suscribir la hipótesis de los pensamientos inconscientes, de los cuales nada sabemos, haríamos mejor en suponer que la conciencia puede ser dividida, de suerte que ciertos pensamientos u otros procesos anímicos puedan formar una consciencia separada que se desprendió y se enajenó de la masa principal de actividad psíquica consciente. Casos patológicos bien conocidos, como el del Dr. Azam60, parecen muy aptos para probar que la división de la consciencia no es una imaginación fantástica. Me permito oponer a esta teoría que ella no hace sino abusar de la palabra "consciente". No tenemos derecho a extender el sentido de esta palabra hasta el punto de hacerle designar también una consciencia de la que su poseedor nada sabe. Si ciertos filósofos hallan difícil creer en la existencia de un pensamiento inconsciente, más objetable todavía me parece la existencia de una consciencia inconsciente. Los casos descritos como de división de la consciencia, por ejemplo el del doctor Azam, pueden contemplarse mejor como migración (shif- ting) de la conciencia, en que esta función -o lo que ella fuere- oscila entre dos diversos complejos psíquicos que alternativamente devienen conscientes e inconscientes. La otra objeción previsible sería que nosotros

aplicamos a la psicología normal

conclusiones que provienen sobre todo del estudio de estados patológicos. Podemos aventarla en virtud de un hecho del que tenemos noticia merced al psicoanálisis. Ciertas perturbaciones de función que les suceden con muchísima frecuencia a los sanos, por ejemplo lapsus linguae, errores de memoria y de lenguaje, olvido de nombres, etc., pueden reconducirse con facilidad a la acción eficiente de unos intensos pensamientos inconscientes, tal como pueden serlo los síntomas neuróticos. 60

Se refiere al caso de Félida X, notable ejemplo de personalidad doble o alternante,

probablemente el primero de su tipo que haya sido investigado y registrado en detalle. Informó sobre él en varias publicaciones el doctor E. Azam, de Burdeos; su primer informe apareció el 26 de mayo de 1876 en Revue scientifique, y a éste le siguió pocas semanas más tardes un artículo en Annales médico-psychologiques (Cf. Azam, 1876, 1887) www.centrocrianza.org.ar

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En estas

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elucidaciones

nos

encontraremos

luego

con

otro argumento, más

convincente todavía. Por la diferenciación de pensamientos preconscientes e inconscientes nos vemos llevados a abandonar el ámbito de la clasificación y a formarnos una opinión sobre las relaciones funcionales y dinámicas en la actividad de la psique. Hemos hallado un inconsciente eficiente, que sin dificultad pasa a la consciencia, y un inconsciente eficiente, que

permanece inconsciente

y parece estar cortado

(cut off) de la

consciencia. No sabemos si estos dos modos de actividad psíquica son idénticos o divergen esencialmente difererenciarse

desde su comienzo,

pero podemos preguntar por qué debieron

en el curso de los procesos psíquicos. Para esta

pregunta, el

psicoanálisis nos brinda sin vacilar una clara respuesta. Al producto de lo inconsciente eficaz en modo alguno le es imposible penetrar en la consciencia, más para ello es necesario cierto gasto de esfuerzo. Si lo intentamos en nosotros mismos, recibimos el nítido sentimiento de una defensa (repulsión) que tiene que ser dominada; y si lo provocamos en un paciente, recibimos los más inequívocos indicios de la que llamamos su resistencia a ello. Así aprendemos que el pensamiento inconciente es excluido de la conciencia por unas fuerzas vivas que se contraponen a su aceptación, mientras que no estorban a otros pensamientos, los preconscientes. El psicoanálisis no deja ninguna duda de que el rechazo de pensamientos inconscientes es provocado meramente por las tendencias corporizadas en su contenido. La teoría más cercana y probable que podemos formular en este estadío de nuestro saber es la siguiente: Lo inconsciente es una fase regular e inevitable en los procesos que fundan nuestra

actividad

psíquica;

todo

acto

psíquico comienza

como

inconsciente, y puede permanecer tal o bien avanzar desarrollándose hasta la consciencia, según que tropiece o no con una resistencia. El distingo entre actividad preconsciente e inconsciente no es primario, sino que sólo se establece después que ha entrado en juego "la defensa". Sólo entonces cobra valor tanto teórico como práctico el distingo entre unos pensamientos preconscientes que aparecen en la consciencia y pueden regresar a ella en cualquier momento, y unos pensamientos inconscientes

que lo tienen

prohibido.

Una analogía

grosera,

pero bastante

adecuada, de esta relación que suponemos entre la actividad consciente

y la

inconsciente la brinda el campo de la fotografía ordinaria. El primer estadio de la fotografía es el negativo; toda imagen fotográfica tiene que pasar por el "proceso www.centrocrianza.org.ar

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negativo", y algunos de estos negativos que han podido superar el exámen serán admitidos en el "proceso positivo" que culmina en la imagen. Pero el distingo entre actividad preconsciente e inconsciente, y el discernimiento de la barrera que las divide, no es ni el último ni el más signiticativo resultado

de la

investigación psicoanalítica de la vida anímica. Hay un producto psíquico que se encuentra en las personas más normales y, empero, ofrece notabilísima analogía con las más silvestres producciones de la insanía; por otra parte, no fue más inteligible para los filósofos que la insanía misma. Me refiero a los sueños. El psicoanálisis se funda en el análisis de sueños; la interpretación de éstos es el trabajo más acabado que la joven ciencia ha realizado hasta hoy. Un caso típico de la formación de sueños puede describirse del siguiente modo: Un itinerario de pensamiento (train of thoughts) fue despertado por la actividad mental del día y ha retenido algo de su capacidad eficiente; en virtud de ésta, ha escapado a la disminución (inhibition) general del interés, la cual es la introducción al dormir y su preparación mental. Durante la noche, éste itinerario de pensamiento consigue hallar la conexión con uno de los deseos (tendencies) inconscientes que han estado siempre presentes desde la infancia en la vida anímica del soñante, pero por lo común reprimidos y excluidos de su presencia consciente. Entonces, en virtud de la fuerza que le presta ese apoyo inconsciente, estos pensamientos, los relictos del trabajo diurno, pueden devenir otra vez eficientes y aflorar a la consciencia en la forma de un sueño. Han ocurrido, pues, tres cosas: 1. Los pensamientos han experimentado una mudanza, un disfraz y una desfiguración, que constituye la parte del socio inconsciente. 2. Los pensamientos han conseguido investir (have occupied) la consciencia en un momento en que no debía serles ello asequible. 3. Un fragmento de lo inconsciente ha aflorado en la consciencia, cosa que de ordinario le habría resultado imposible.

Hemos aprendido el arte de descubrir los "restos diurnos" ("residual thoughs") y los "pensamientos oníricos latentes"; por su comparación con el contenido manifiesto del sueño somos capaces de formarnos un juicio sobre las migraciones (changes) por las que han atravesado y sobre el modo en que éstas sobrevinieron. Los pensamientos oníricos latentes no se diferencian en nada de los productos de nuestra actividad anímica consciente ordinaria. Merecen el nombre de pensamientos preconscientes y de hecho pueden haber sido conscientes en algún momento de la www.centrocrianza.org.ar

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vigilia. Pero en virtud de la conexión que por la noche establecieron con las aspiraciones (tendencies) inconscientes, fueron

asimilados a estas últimas, en cierto modo

rebajados al estado de unos pensamientos inconscientes y sometidos a las leyes por las que es regulada la actividad inconsciente. Y aquí se ofrece la oportunidad de aprender algo que no habríamos podido colegir sobre la base de reflexiones o cualquier otra fuente de saber empírico: las leyes de la actividad anímica inconsciente se distinguen en amplia medida de las que rigen a la actividad consciente. Mediante un trabajo de detalle tomamos noticia de las peculiaridades de lo inconsciente y podemos esperar aprender todavía mucho de una exploración más a fondo de los procesos que sobrevienen en la formación del sueño. Esta indagación no ha llegado siquiera a promediarse, y no es posible exponer los resultados obtenidos hasta ahora sin entrar en los problemas, en extremo enredados, de la interpretación de los sueños. Sin embargo, no quiero interrumpir esta elucidación sin apuntar el cambio y el progreso de nuestra inteligencia de lo inconsciente, que debemos al estudio psicoanalítico de los sueños. Lo inconsciente nos pareció al comienzo un mero carácter enigmático de un cierto proceso psíquico; ahora significa para nosotros algo más: es un indicio de que ese proceso participa de la naturaleza de una cierta categoría psíquica, de la que tenemos conocimiento por otros y más importantes caracteres, y pertenece a un sistema de actividad psíquica que merece nuestra mayor atención. El valor de lo inconsciente como índice ha superado con mucho a su significación como propiedad. A falta de una expresión mejor y menos ambigua, damos el nombre de "el inconsciente" al sistema que se da a conocer por el signo distintivo de ser inconscientes los procesos singulares que lo componen. Para designar este sistema propongo las letras Icc (Ubw), abreviatura de la palabra "inconsciente" (Unbewusst). Este es el tercer sentido, y el más importante, que el término "inconsciente" ha cobrado en el psicoanálisis.

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MODULO 3 LA INTERVENCIÓN

DEL ACOMPAÑANTETERAPEUTICO

FRENTE A LA PRAXIS

Ni enfermo a curar, ni objeto a cuidar, sujeto en relación a un otro61 El título de este apartado podría ser, incluso, la idea que subyace a cada uno de nuestros escritos en nuestra tarea de transmisión en este curso. Pero, intentemos echar un poco de luz a esta idea, decir que el paciente no será para el A.T "un enfermo a curar"

ni "un

objeto a cuidar"

no implica que reneguemos de una posible

enfermedad orgánica de la que el paciente padezca, ni tampoco que reneguemos de un posible cuidado necesario cuando la vida de un paciente está en juego. A lo que nos referimos con este enunciado es que estas acciones van a estar enmarcadas en una perspectiva "otra", diferente a la del saber médico por ejemplo, en donde lo que prima es un organismo a curar, diferente también a la del saber educativo en donde

lo que se plantean son objetivos previos para obtener un Pág

aprendizaje.

61

153

*Dice Freud: "lo que constituye su ventaja y lo hizo parecer apto para una primera

publicación introductoria - su particular transparencia- guarda intima relación con su gran falla, lo que llevó a la ruptura prematura. Yo no logré dominar a tiempo la trasferencia,... olvidé tomar la precaución de estar atento a los primeros signos de la trasferencia que se preparaba con otra parte de este mismo material que yo todavía ignoraba"... "Así fui sorprendido por la trasferencia y a causa de esa X por la cual yo le recordaba al señor K ella se vengó de mí como se vengara de él y me abandonó, tal como se había creído engañada y abandonada por él. De tal modo

actuó

(agieren) un fragmento esencial de sus recuerdos y fantasías en lugar de

reproducirlo en la cura. No puedo saber, desde luego, cual era esa X." www.centrocrianza.org.ar

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Consideramos esta modalidad objetable, al pensar nuestra tarea, en tanto iguala el cuadro patológico o fenomenológico con la característica que representa al individuo que lo padece, ahogando toda posibilidad de dar lugar al sujeto singular que está más allá del fenómeno, síndrome o momento del desarrollo en que se ubica. Entonces, a partir de lo ya desarrollado en los anteriores módulos ha quedado claro que la vertiente desde la que planteamos la tarea y por lo tanto la ética de lo que llamamos acompañamiento terapéutico se ubica en relación a un trabajo

clínico

psicoanalítico. Si retomamos el aspecto histórico de esta tarea es innegable observar que el A. T. se ha ido ubicando en lo que podemos denominar "espacios vacíos" que se presentan tanto en la práctica clínica concreta como en el bagaje teórico; podemos decir sin embargo que es sólo en virtud del a-posteriori de lo que primero surgió como una idea frente a la crisis en la clínica en que ahora nos ubicamos en un lugar de revisión teórica a los fines de delimitar y elegir cuál es la perspectiva que le conviene a una tarea tan específica y comprometida. Como ya dijimos el lugar del acompañante terapéutico se inscribe en relación a un tratamiento (posible) pero también se distingue del lugar de quien dirige la cura, sin embargo el A.T. sostiene y articula en la materialidad de lo cotidiano el trabajo analítico que en dicha cura se realiza. Es decir; no existe digamos

de manera

estrictamente teórica, un posicionamiento del AT articulado a un discurso, como sí lo está el lugar del analista. Contando con esto es que se hace "uso" de la teoría analítica para elaborar ese lugar desde lo estrictamente inmediato, que es la práctica y a su vez de ello producir teoría. Esto implica un trabajo mucho más arduo en el marco del "saber hacer" en el aquí y ahora de la práctica, por lo que en este curso nuestro planteo en cuanto a la tarea del AT bordea aquello que tiene que ver con:  Un sujeto y su circunstancia: la estructura y la particularidad en que se presenta.  Un lugar, a ocupar del lado del AT en virtud de esa circunstancia, esto es la transferencia.  El tiempo, tiempo subjetivo, momento de crisis, "momento adecuado" en que se ejerce una acción elegida teniendo en cuenta la singularidad del sujeto. En donde el recurso del acompañamiento se inscribe en el marco transferencial del tratamiento. www.centrocrianza.org.ar

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Es en relación a estas variables en que se articula la eficacia del acompañamiento, ya que éste guarda

una estrecha

relación con la adecuación temporal

de su

implementación, con un llegar a tiempo, en donde los tiempos estarán en relación a otras instancias temporales ya ocurridas pero

que

se hacen

presentes en la

temporalidad subjetiva de cada paciente. Centrados en esto es que en este módulo vamos a trasmitirles qué es lo que sucede en el lazo o montaje que se establece en un dispositivo transferencial, para ello vamos a desarrollar el concepto de transferencia tal como se entiende en la teoría psicoanalítica, y vamos a reflexionar en virtud de los escollos en la transferencia, el por qué de la inclusión en una cura de un "X" recurso. ¿Cómo se explica esto?:

Es nuestro interrogante la idea de que, lo común, si es que cabe la palabra, es que la intervención del acompañante se plantee en un tratamiento muchas veces para sostener a alguien que está al borde... de quebrarse, de caerse. También tiene un lugar y especialmente un tiempo el acompañamiento cuando nada del orden de ese lazo con otros se percibe en un paciente, tal es el caso de aquellos pacientes inmóviles, cronificados por la internación que quedan al margen de los vínculos con sus semejantes.

Otra vertiente será aquella de los pacientes que no han llegado a que se creen para él las condiciones necesarias, lógicamente previas para la construcción de un dispositivo terapéutico. En todos

estos

casos lo que

se articulará

acompañamiento es que algo de ese sujeto,(en

el orden

desde

el lugar del

de una pregunta, un

desconocimiento, una incomodidad, etc.) comience a emerger como efecto de la intervención, y se realice (en la contingencia del caso, claro está) un pedido que quizás derive en un tratamiento.

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El concepto de "transferencia"

Carta 66 a Fliess - Viena 7 de Julio 1897

En primer lugar es importante decir que contando con que la teoría psicoanalítica es un esfuerzo por dar cuenta racionalmente de lo que se nos presenta en la práctica, es por ello que nos ocuparemos de especificar un cierto lazo que se da en la clínica. Para comenzar vamos a aclarar que el término transferencia es de uso frecuente en distintos ámbitos de la salud mental y son muchas las teorías que lo toman, por lo que no es un concepto exclusivo de la teoría psicoanalítica. Podemos decir que el fenómeno (estructural) de la transferencia se da siempre que un sujeto se relaciona con otro, se puede operar o no con ella, en eso se basará la diferencia de la terapéutica; del mismo modo habrá diferencia en el modo de operar con la transferencia según la ética que rija la práctica en cuestión. Es probable que encontremos distintos decires de este concepto, por lo tanto, es importante aclarar que el considerado en este módulo es el que parte de su descubridor: Sigmund Freud y la actualización del término que se realizó a partir del psicoanálisis lacaniano. Si bien en la actualidad podemos hablar de la transferencia cono un "instrumento" de trabajo, no fue así como se presentó en los albores del psicoanálisis. En realidad podemos decir que en el camino de su descubrimiento Freud pasó de pensar a la transferencia como escollo, luego a enlazarla al concepto de amor y repetición hasta considerar los escollos en la Transferencia. El presente trabajo corresponde a la impresión que me provocó la lectura de distintos recortes de la obra de Freud en el tiempo y en la lógica del concepto de Transferencia, y cuyo recorrido dividido en tres ítems, intentaré referirles a continuación: www.centrocrianza.org.ar

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• De la transferencia como descubrimiento Si bien Freud, al principio de su obra, habla en algunos pasajes de la "transferencia" de un modo general y la incluye dentro de las características de las formaciones del Inconsciente, en tanto tiene que ver con un desplazamiento, en el sueño por ejemplo. Ya en 1895 en "Psicoterapia de la Histeria" tropieza con notable asombro con un obstáculo

al que se refiere como "circunstancia que desempeña un papel

indeseadamente importante",..., "se presenta cuando queda perturbada la relación del enfermo con el médico". Situación con la que "desgraciadamente se debe contar en todo análisis serio". Indica entonces la importancia del papel que le corresponde a la persona del médico en la creación de motivos destinados al vencimiento de las resistencias.

Pero, esto no es sin consecuencias, observa que especialmente

"tratándose de sujetos femeninos y de la aclaración de procesos mentales eróticos" la colaboración del paciente se convierte en un sacrificio personal, que ha de ser compensado con un subrogado cualquiera

de carácter

sentimental. El interés

terapéutico y la paciente amabilidad del médico, "bastan como tal subrogado". La consecuencia de esta perturbación en la relación es el detenimiento de la cura, y el surgimiento

de una poderosa resistencia producto de una "falsa conexión":

la

transferencia. Freud lo explica diciendo que habría surgido en la enferma el contenido de un deseo, y dicho deseo así surgido fue enlazado por la asociación forzosa con la persona del médico. Y aunque los enfermos sucumben siempre al engaño puede el médico atribuir toda referencia a su persona a tal transferencia (por falso enlace) y plantea como una labor para el vencimiento de la resistencia hacer conciente el "obstáculo". En el mismo texto toma posición frente a este hallazgo y se decide a no retroceder, puesto que

comprueba que

es un fenómeno regular

y constante, y que

tal

transferencia aunque parece implicar un mayor esfuerzo psíquico del analista no impondría mayor trabajo, ya que al igual que el resto de las resistencias se trataría de "vencer el afecto displaciente de haber abrigado por un momento un tal deseo". Podríamos decir que en este momento homologa transferencia a resistencia. A raíz de la publicación en 1905 del caso Dora y de los fenómenos que en él observa, Freud da cuenta de una teoría de la transferencia más precisa que en aquel momento en que la señaló como un entorpecimiento de la actividad terapéutica, sin embargo es necesario decir que justamente este tratamiento fue prematuramente interrumpido* www.centrocrianza.org.ar

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por la paciente a causa de que el investigador no logra dominar los signos de lo que luego teoriza como transferencias. Así, formalmente las considera en el Epílogo del caso Dora: "En el curso de una cura psicoanalítica, la neoformación de síntoma se suspende; pero la productividad de la neurosis no se ha extinguido en absoluto, sino que se afirma en la creación de un tipo particular de formaciones de pensamiento, las más de las veces inconscientes, a las que puede darse el nombre de trasferencias,... ¿Qué son las trasferencias? Son reediciones, recreaciones de las mociones y fantasías que a medida que el análisis avanza no pueden menos

que despertarse...,

y poseen como

característica particular que toda una serie de vivencias psíquicas anteriores no es revivida como algo pasado, sino como vínculo actual con la persona del médico. Cuando uno se adentra en la teoría de la técnica psicoanalítica llega a la intelección de que la trasferencia es algo necesario. Al menos uno se convence en la práctica de que no hay medio alguno para evitarla; y que es preciso combatir a esta última creación de la enfermedad como se lo hace con todas las anteriores... sólo después de resolverla puede obtenerse en el enfermo la sensación de convencimiento en cuanto a la conexión de los nexos construidos".

A partir de estas distinciones Freud considera entonces que la cura psicoanalítica no crea la transferencia, simplemente la revela, y estas "trasferencias" como las llama en primer momento el autor son un tipo particular de formaciones de pensamiento inconscientes que se apoderan de la persona del médico, son naturales de la neurosis, (también en la psicosis se da este fenómeno pero con una modalidad diferente) por lo tanto una creación de la enfermedad y son necesarias, pues se cuenta con ellas para llevar adelante el tratamiento.

Posteriormente enuncia Freud una afirmación que será retomada y desmenuzada en los "Escritos sobre la Técnica":

"La Transferencia, destinada a ser el máximo escollo para el psicoanálisis, se convierte en su auxilio más poderoso cuando se logra colegirla en cada caso y traducírsela al enfermo."

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Y será a partir de este cambio en la conceptualización que se despega la transferencia de la idea pura de resistencia y se convierte en el instrumento de la técnica.

• Del amor de transferencia y la repetición Nos ocuparemos en este apartado de tres de los textos de la serie de "Escritos sobre la técnica" publicados entre 1911 y 1915; ellos son: "Dinámica de la transferencia (1912) "Recuerdo, repetición y elaboración" (1914) y "Puntualizaciones sobre el amor de transferencia". Estos textos tendrán como finalidad una formalización teórica acerca de la técnica dedicada a "todo principiante en el Psicoanálisis". Dice Freud en "Dinámica..." a fin de referir cómo se produce necesariamente la transferencia en una cura psicoanalítica y alcanza su consabido

papel durante el

tratamiento: "Aclaremos esto: todo

ser humano, por efecto

conjugado

de sus

disposiciones innatas y de los influjos que recibe en su infancia adquiere una especificidad determinada para el ejercicio de la vida amorosa, o sea, para las condiciones de amor que establecerá y las pulsiones

que

satisfará, así como para las metas que habrá de fijarse. Esto da por resultado, digamos así, un clisé que se repite de manera regular en la trayectoria de la vida,...Ahora bien,... sólo un sector de esas mociones determinantes de la vida amorosa ha recorrido el pleno desarrollo psíquico,...Otra parte de esas mociones libidinosas ha sido demorada..., está apartada de la personalidad consciente así como de la realidad objetiva, y solo tuvo permitido desplegarse en la fantasía o bien ha permanecido por entero en lo inconsciente...Es entonces del todo normal e inteligible que la investidura libidinal aprontada en la expectativa de alguien que está parcialmente insatisfecho se vuelva hacia el médico".

Momento de especificación y marco que hace de la transferencia, en tanto investidura libidinal que anuda al analista, "la más poderosa

palanca del éxito" del

tratamiento. Sin embargo subsiste el enigma, ¿por qué si se constituye como el motor del tratamiento, "nos sale al paso como la más fuerte resistencia" al mismo? Asevera esto en función de una experiencia corroborable "...cuando las asociaciones libres de un paciente se deniegan (y aclara,) me refiero al caso en que realmente faltan, en www.centrocrianza.org.ar

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todos los casos es posible eliminar esa parálisis aseverándole que ahora él esta bajo el imperio de una ocurrencia relativa a la persona del médico". Freud ofrece la persona del analista como soporte contando con la transferencia y apuesta al inconsciente para que las asociaciones continúen. Posteriormente señala "luego de este esclarecimiento, uno elimina la parálisis o muda la situación: las ocurrencias ya no se deniegan, en todo caso se las silencia". Pero si el silencio como efecto ya no lo es por falta de asociación ¿de qué se trata? Freud asocia a la transferencia con la resistencia, es decir, a los silencios del analizante, a las negativas a continuar con el tratamiento y también a las declaraciones de amor intempestuoso; estas

resistencias

siempre

tienen

relación con los contenidos

reprimidos inconscientes de los cuales el paciente nada quiere saber. Por lo tanto, podríamos pensar que las resistencias son una guía o una señal para el tratamiento. También podemos definirlo desde lo que planteamos cuando hablamos de narcisismo y Edipo, la transferencia

sería la reedición sobre el analista de esas investiduras

libidinales que anudan al analista en la posición que para el sujeto se jugo en su estructura, esto es su propio mito en términos de narcisismo y Edipo. Es decir, la trasferencia es la puesta en acto de la realidad sexual del inconsciente del paciente. El sujeto no recuerda, actúa, repite a través de esa repetición, plasma lo más notorio de su ser. Freud habla en sus escritos del amor de transferencia. ¿Qué es el amor? Partamos de una frase de Lacan que dice sobre el amor: "persuadir al otro de que tiene lo que puede completarnos". Recordemos el narcisismo y la engañosa, imaginaria completud en la que el niño queda atrapado, pero que paradojalmente le permite subsistir, bien, a ese amor nos referimos. Es decir, frente al deseo del otro lo engañamos por el amor, amándolo, haciéndonos objeto para él y maniobrando para que crea que tiene lo que nos completa. Freud particulariza la situación de transferencia diciendo que "no hay ningún derecho a negar el carácter de amor genuino que sobreviene dentro del tratamiento psicoanalítico". Este amor se singulariza por algunos rasgos:

A: es provocado por la situación analítica B: es empujado hacia arriba por la resistencia que gobierna esta situación.

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C: carece en alto grado del miramiento por la realidad objetiva, es menos prudente, menos cuidadoso.

El analista entonces tiende el señuelo para ese amor de transferencia y se vale sólo de la cara amable y tierna de dicha transferencia en su labor. Sin embargo ese amor de transferencia tiene otra cara:

• De la transferencia y la pulsión Hemos desarrollado hasta ahora esta idea que, como hemos dicho comienza a plantearse en Freud en el Epílogo de caso "Dora" y se desarrolla entre otros en "Recordar, repetir y reelaborar". Pero es en 1920, en el texto "Más allá del principio del Placer "cuando Freud logra vincular a la repetición con cierta satisfacción pulsional, sosteniendo la existencia de una compulsión de repetición, de ella y de su puesta en juego en el lazo transferencial nos habla Freud en el texto citado: "...ésta (la compulsión de repetición) devuelve también vivencias pasadas que no contienen posibilidad alguna de placer, que tampoco en aquel momento pudieron ser satisfactorias, ni siquiera de las mociones pulsionales reprimidas desde entonces... Los neuróticos repiten en la transferencia todas estas acciones indeseadas y estas situaciones afectivas dolorosas reanimándolas con gran habilidad. Se afanan por interrumpir la cura incompleta... fuerzan al médico a dirigirles palabras duras y a conducirse friamente con ellos".

¿Y qué provoca esta situación, al parecer más originaria, más elemental?

"Se trata de la acción de pulsiones que estaban destinadas a conducir a la satisfacción; pero ya en aquel momento no lo produjeron

sino que

conllevaron únicamente displacer. Esa experiencia se hizo en vano. Se la repite a pesar de todo; una compulsión esfuerza a ello... se instaura más allá del principio del placer al cual destrona".

Freud sostiene como maniobra en el manejo de la transferencia la abstinencia, es decir, el analista retiene la trasferencia de amor pero la trata como algo irreal, www.centrocrianza.org.ar

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circunstancial "hay que dejar subsistir en el enfermo necesidad y añoranza como unas fuerzas pulsionales del trabajo y la alteración, y guardarse de apaciguarlas mediante subrogados". ¿Qué significa esto? Si existe una demanda, demanda de amor, y sumado a esa demanda contamos con que la compulsión de repetición también toma parte en ello, operamos a partir de saber que dicha demanda es engañosa. Así, si el analista responde que es a su persona a quien se demanda, cae en la trampa. Por el contrario, si maniobra en la transferencia contando con que no es a él sino a la máscara que porta a quien se le pide, se le dice o se le paga, la cura seguirá adelante. Esto es lo que provoca la situación analítica: cuando el analista dice "lo escucho", se pone una máscara, la que el paciente le adjudica según su posición en la estructura y a partir de allí interviene con interpretaciones y con actos; ¿sobre qué? Sobre lo que el paciente dice, contando con que en su palabra la realidad inconsciente tiene lugar. Freud nos dice "Lo inconsciente,

vale decir lo reprimido, no ofrece

resistencia alguna a los esfuerzos de la cura, y aun no aspira a otra cosa que a irrumpir hasta la conciencia [a despecho de la presión que lo oprime] o hasta la descarga por medio de la acción real". Por tanto, podríamos pensar que el inconsciente insiste, trabaja, puja por salir. Para finalizar, tomaré

dos definiciones entre otras, de Jacques Lacan sobre la

transferencia  La transferencia es la puesta en acto de la realidad del inconsciente.  En la transferencia se hacen presentes los modos permanentes que el sujeto tiene de construir los objetos.

Estas dos definiciones cobran todo su valor si recordamos que el inconsciente consiste en los efectos que ejerce la palabra sobre el sujeto, palabra encarnada por el Otro que con sus dichos constituye al sujeto y lo hace efecto de ese inconsciente que sólo podemos pensar "estructurado como un lenguaje", instancia que nos remite a los conceptos trabajados en la Unidad II cuando nos referimos al lugar del sujeto en la estructura parental, será de esa tela de lo que se hará la puesta

en acto de la

transferencia. En referencia a ello, Lacan introduce una terminología particular: “Sujeto supuesto al saber". Este término se define como un operador lógico, es decir www.centrocrianza.org.ar

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como una función desde la que se opera contando con que es un lugar al que el analista es adjudicado y esta determinado por el Inconsciente del paciente. Por lo tanto, le supone saber sobre su inconsciente. El analista ocupa el lugar de S.s.S, supuesto al saber en la medida en que es objeto de la transferencia. Pero es importante aclarar que quien sabe sobre el sujeto es el sujeto mismo. Será la operación de la transferencia la que le dará lugar. Ahora bien, atendiendo a lo que hemos desarrollado en virtud de la singularidad del Sujeto y a la diferencia de lugar que nos marca Lacan en lo que llama el fantasma de la madre o la estructura parental (primera aproximación que hemos realizado en este curso, pues hay mucho más para decir de ello) se diferenciará también cuál será el lugar en que el sujeto se ubique y ubique al analista. Es decir que no se desarrolla igual la transferencia en la Neurosis y en la Psicosis por lo tanto la dirección de la cura y su estrategia dependerán del diagnóstico diferencial en virtud de la estructura, de lo que da cuenta el modo en que la transferencia se hace presente. Sabemos que la inclusión de esta temática en nuestro curso no agota en absoluto la teorización del tema, nuestra intención ha sido realizar un recorrido introductorio del concepto que le permitirá al alumno conocer los ejes que bordean su desarrollo, la bibliografía anexa contribuye también a la ampliación de dichos ejes, será tarea de posteriores cursos una mayor profundización y reflexión alrededor de esta temática que es además nuestra herramienta de trabajo.

EL ACOMPAÑAMIENTO TERAPÉUTICO COMO RECURSO DE LA DIRECCIÓN DE LA CURA62 Para comenzar, en este punto seremos absolutamente claros: la dirección de la cura es planteada por el analista, no por el AT, éste viene a participar en una estrategia planteada de antemano por el analista, sujetándose a la lógica del caso trazada por él, es decir que su accionar se realiza ligado al montaje transferencial que en relación al terapeuta ordena el paciente , pero, a su vez, el A.T. trabaja según una táctica propia, diferenciada del lugar que ocupa en la transferencia el analista.

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Trabajos realizados en colaboración con el señor Gustavo Zalazar www.centrocrianza.org.ar

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Claro esta entonces que el AT no cumple en su función el acto de la interpretación, ni realiza un corte interpretativo, ni tampoco permanece en silencio a modo de interpretación, en este sentido esto sería una limitación en su inserción en la cadena discursiva del paciente, pero a su vez, al poder dejarse llevar a lo cotidiano y "banal" del discurso obtiene la ventaja de poder,(en el sentido potencial del término) establecer con el paciente una transferencia con la connotación de la fluidez de lo cotidiano, acorde al lugar que ocupa en la dirección de la cura. Es decir que el AT no necesita ni es su función atender o articular cortes y silencios en el discurso, su función en el marco de la reelaboración será bien distinta. Nos parece acertado lo que Gustavo Rossi enuncia en su texto "Eficacia clínica del Acompañamiento terapéutico" acerca de lo que éste posibilita:  Construir las condiciones para que el dispositivo de tratamiento se ponga en marcha.  Sostener ese dispositivo en momentos de crisis.  Relanzar, destrabar el movimiento terapéutico.

Nos interesa

aclarar que

plantear

la eficacia del acompañamiento como

una

posibilidad nos remite a una contingencia, es decir ello puede suceder o no, sin embargo "el caso por caso" nos permite decir que es comprobable en la práctica dicha eficacia, esto es, como ya hemos dicho en el a-posteriori de la intervención y no como un objetivo generalizable para todos los casos.

A continuación ejemplificaremos esto con una grilla clínica:

Daniel ingresa a la institución luego de un cuadro de coma alcohólico, se presenta como "alcohólico social". Es importante aclarar que en dicha institución los pacientes tenían acceso a tareas grupales y a tratamientos individuales, si así lo decidían. El paciente en cuestión hace un pedido de tratamiento y se muestra interesado por todas las tareas grupales ofrecidas. Realizaba todo lo que se proponía con entusiasmo, sin embargo en su relación al analista se mostraba reticente. Un suceso concreto en el taller de literatura cambia esta situación. Una mañana el coordinador del taller llega con una serie de libros que pone a consideración de los pacientes con el fin de www.centrocrianza.org.ar

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conocer diferentes estilos de escritura. Daniel encuentra en el material propuesto un libro escrito en forma de cartas, inmediatamente le pide al coordinador la posibilidad de escribir una carta, dirigida a su familia, a lo que el coordinador responde que en realidad él solo podía ayudarle con el estilo de escritura, mas no sabría si correspondía o no enviarla, eso era una decisión que él debía tomar en otro espacio y le dice, ¿por que no le preguntas a Beatriz?, con ella tendrías que trabajar esto (esta intervención será retomada como ejemplo en el último punto del presente módulo). A partir de allí Daniel viene con esta inquietud a la consulta, por lo que es interrogado en cuanto a las intenciones de la carta. Por primera vez plantea que desea renovar el vínculo que había perdido con su esposa e hijas (quienes no habían dado signos de interés por el paciente y su recuperación). En sesión comienza a pensar qué les diría, lo que lo sume en una extrema angustia y lo hace volver a su estado melancolizado, le propongo entonces que comience a escribir y que consulte con el coordinador cual es el estilo que él podría adoptar, pero que espere un tiempo para enviar esa carta, puesto que en la institución existían ciertas normas con respecto al envío de correspondencias (había días específicos para ir al correo, por ejemplo). A partir de aquí Daniel comienza a escribir una carta que nunca puede terminar, siempre tiene algo más para decir y cambia su posición en relación a la cura, se interesa por ir y trabaja a lo largo de las sesiones trayendo sus escritos, que en realidad son cada vez intentos de sistematizar su situación familiar y social, hasta que un día decide no enviar la carta, le parecía demasiado para su familia tener que escuchar sus inquietudes, le propongo seguir escribiendo igualmente, a lo que me responde, "bueno pero ahora el destinatario va a ser usted", a lo que el analista responde "por ahora yo voy a guardarlos, lo del destinatario lo vamos a seguir pensando". A partir de aquí Daniel comienza a historizarse y a hacer de la escritura un modo de estabilización, que, si bien estaba a cargo del analista, se convierte en una tarea compartida con el coordinador a través de las correcciones y sugerencias de estilo que realizaba en taller. Lo más importante en este caso para nosotros desde el lugar del AT es poder encuadrar (al menos en este ejemplo) lo que es el que hacer del AT y su inserción dialéctica con el analista, siendo este un punto nodal en este ejemplo, en la instancia de estar la tarea del analista "bloqueada" y como

su intervención

facilita la institución

de la

transferencia a partir de un pedido concreto, que se escucha en virtud de la estructura

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singular de Daniel y poder así revelarse el caso como una psicosis y plantear la dirección de la cura. Por lo tanto vemos hasta que punto es de importancia la función del AT y como éste "supo hacer" con su escucha y su intervención. Si por el contrario el coordinador hubiese

respondido a la demanda de Daniel otra hubiese

sido la historia,

probablemente se hubiese desestabilizado por el sólo hecho de la escritura de la carta, sin embargo como conocía el caso porque participaba de las reuniones de equipo prefirió plantear una espera y remitir la pregunta al espacio analítico estrictamente. Podría decirse que el AT será el "testigo" presencial en la travesía del paciente y su análisis y atenderá a los cambios de posición (si los hay) del paciente en su vida cotidiana, es decir que de alguna manera "corroborará" en el sentido empírico, y a la vez escuchará en lo cotidiano lo que el paciente articula y da curso en el análisis y deberá inteligir en su práctica, cuáles y de qué manera "aparecen" los "momentos" en que debe apelar al lugar tercero, que es el analista,(como lo hizo el coordinador en el ejemplo anterior) a donde referirá al paciente a través de su palabra , pregunta o indicación en ultima instancia de ciertos hechos en donde el compromiso subjetivo del paciente se ubiquen en una situación angustiante para el sujeto. Con respecto a las instancias que aparecen en la práctica nos referimos a momentos en dos sentidos, por un lado los contingentes que responden a las viscisitudes particulares y contextuales de ese sujeto en el mundo que lo rodea y su problemática actual en éste que es su "mundo privado", llámese barrio, familia o entorno, con sus situaciones emergentes y por otro lado a los momentos que tienen que ver con el psiquismo del paciente y su lógica particular. Sobre este último punto y en virtud de lo trabajado en las unidades anteriores es que decimos que en psicoanálisis no se trata de un niño, un débil mental, un anciano etc., sino de un sujeto respecto del cual se trabaja según el tiempo lógico del inconsciente, esto es: los momentos por los que pasa un sujeto en la estructura. El deseo del analista de sostener el acto analítico mediante la transferencia y la interpretación es lo que permite que un análisis se dé y se diferencie de cualquier otra terapéutica, el analista no se satisface ni extrae satisfacciones de sus pacientes, sino que reconoce que todo lo que el sujeto realice o diga en su cura se dirige al Otro que él representa en la transferencia, solo así surgirán los significantes que ubican al sujeto en la estructura y se operará la cura. www.centrocrianza.org.ar

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Así, el AT será el encargado en lo cotidiano de colaborar en la vehiculización de la tarea mencionada del analista, si lo hubiera, fundamentalmente cuando se presenta un momento de crisis, cuando una actividad del paciente se torna importante para un cambio de posición en la cura o para abrir un espacio en donde construir este lugar transferencial que representa el analista.

"TRABAJAR ENTRE VARIOS". EL AT Y EL TRABAJO EN EQUIPO Plantear una estrategia ordenada a una teoría Hasta ahora hemos trabajado los textos articulando manifestación en la transferencia, puesto

el Sujeto, el Otro y su

que consideramos que estos son los

elementos teóricos necesarios para considerar la acción ética del acompañante en su práctica. De hecho en nuestro planteo establecemos desde el comienzo que el trabajo a realizar es siempre una experiencia articulada en equipo, en tanto será de la necesidad de una cura planteada por una terapia "X" de dónde partirá la estrategia de la implementación de un A.T. Que trabaja mancomunadamente pero con su propia táctica articulada a la dirección de la cura. Es innegable que uno de los lugares dilectos en donde la tarea del A.T. tiene lugar es el ámbito institucional, por ello nos interrogamos acerca de qué sucede con la transferencia en espacios en donde el número de profesionales a cargo de un paciente se pluraliza y de como

se

ordena

una

estrategia si nuestra perspectiva es

psicoanalítica, aún cuando en la pluralidad de los profesionales a cargo podamos encontrarnos con personas que no trabajan psicoanalíticamente, en tanto su tarea específica no lo requiere o no forma parte de su elección tal el caso de equipos de salud en donde

encontramos además de terapeutas y acompañantes, asistentes

sociales psiquiatras, docentes, enfermeros y miembros del personal institucional que si bien no llevan adelante una terapia se encuentran en lugares en donde lo cotidiano los ubica en un lugar importante para articular cambios de posiciones en los pacientes. Nuestro ejemplo del primer módulo, Víctor, nos habla de esto. Hablamos entonces, de que además de que el fenómeno transferencial no sólo se da desde el paciente a quienes llevan adelante la terapéutica, sino que también surge www.centrocrianza.org.ar

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aquello que llamamos transferencia de trabajo es decir aquello que vehiculizará la posibilidad de escuchar al paciente más allá de la especificidad de la tarea profesional. Pero, vayamos por parte,

en primer lugar no todos

los profesionales

conocen

claramente cual es la función del acompañamiento en una cura, por lo tanto será necesario un primer movimiento de quien realiza la tarea, plantear la posibilidad de implementación de este recurso. Consideramos un paso importante a fin de optimizar la inserción del acompañamiento

el dar a conocer

esta herramienta a aquellos

profesionales en cuyo hacer clínico se encuentran con casos cuyas características revisten cierto peso y afectan el abordaje transferencial clásico. Del mismo modo en ámbitos de abordaje interdisciplinario es importante brindar nociones específicas de la práctica y profundizar acerca de la utilidad de este recurso ante determinadas problemáticas de la clínica actual. El interrogante es cómo hacer para que la actividad en equipo sea productiva cuando por un lado se requiere del aporte de cada uno de los que intervienen, desde un lugar, una experiencia y un saber y que además no debe confundirse con los otros. Desde este curso vamos a plantear una estrategia absolutamente elaborada desde la teoría psicoanalítica aunque sabemos que no es aquello con lo que nos encontramos habitualmente en la práctica. Aún así esta del lado del repensar

la clínica en

instituciones promover esta propuesta. Partimos entonces de lo que en el psicoanálisis aplicado se considera una práctica entre varios en institución, para referirnos a este tema vamos a citar un trabajo presentado En las Jornadas de Rosario sobre Clínica en Institución, dice Monique Kusnierek 63:

La palabra "práctica" indica que nosotros vamos a poner bajo nuestro estudio, la acción, la operación, el trabajo que realizan los adultos con los niños en la institución....,la palabra" varios" indica que nosotros vamos a sostener la acción sobre el hecho que esta practica no es el producto de uno solo, sino que se realiza entre varios."

Consideramos

en función de lo citado que cuando

un paciente

ingresa a una

institución se encuentra con un Otro pluralizado, sabemos por otro lado, que el sujeto siempre sufre de su relación al Otro, por lo tanto será necesario elaborar este concepto 63

Integrante de la institución L´Antenne 110 inscripta en el Campo Freudiano www.centrocrianza.org.ar

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de pluralidad de una manera operativa de tal modo que las acciones realizadas aun en lo cotidiano tomen estatuto de científicas y den lugar a una teorización de la practica. Entonces, ¿cómo hacer para operar sobre ese Otro?, en un principio es aquello que sucede y de hecho lo promueve la propia situación de trabajar en equipo. Se trata de que el sujeto no tenga que vérselas con un solo partenaire,con uno solo que sabe todo y que ve todo,sino que en su encuentro con varios y por esta misma razón sus saberes se descompleten mutuamente,de tal modo que ese lugar de todo saber quede destituido para el sujeto. Siempre algo tiene que escaparle al Otro (nos remitimos aquí al punto de "alienación y separación" del módulo II) y dar lugar a la aparición de sujeto. Un ejemplo sería considerar de qué manera ese partenaire que ese equipo representa puede destituirse en cuanto a la Demanda, la grilla clínica presentada nos da una referencia de ello: Daniel se sintió demandado en la escritura de la carta y a su vez realiza una demanda al coordinador del taller, pero éste remite a otra instancia desde su lugar de no saber, en donde el paciente pueda poner en palabras la necesidad imperiosa que surgió de una actividad cotidiana. La analista por su parte lo remite al tiempo, a la espera subjetiva pero también a las leyes de la institución. De este modo ninguno se muestra completo y ninguno satisface su demanda, la premisa fue desde el comienzo alojar desde la escucha e interrogar sin saber. Del mismo modo se opera en cuanto a la presencia tratando de que el signo de la mirada del Otro y la voz no se ubiquen encarnados en una sola persona. En nuestro material anexo adjuntamos además un ejemplo clínico institucional en donde se estipula de antemano que el lugar tercero será ocupado por la teoría que interseca a cada uno de los profesionales en su saber. Estos enunciados que

suenan

tan

teóricos

se encarnan

en

la tarea

del

acompañamiento pensando cada vez el modo en que en lo cotidiano ello se articula, por ejemplo, horarios, presencias, ausencias, momentos de descanso, se instituyen como un mantenimiento del orden simbólico del tal modo de pueda producirse un sujeto allí donde solo hay actuación y pulsión. El acompañamiento ocupa un lugar operativo bastante específico en las funciones de la institución en tanto que es de lo cotidiano de lo que se nutre su tarea, pero que a su vez se separa de lo cotidiano a través de la escucha como atención flotante y de la posibilidad de las intervenciones "a tiempo" contando con la lógica de los casos.

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Estimado alumno: Ha llegado al fin del Módulo 3. A continuación deberás realizar y enviar por el campus Virtual la actividad Integradora nº 3. Recuerde que para la realización de la misma, cuenta con las tutorías con la docente del módulo a través del Campus virtual o vía mail.

1. Caracterice las diferentes variables que se articulan para hablar de "la eficacia del acompañamiento". 2. Realice un cuadro explicativo teniendo en cuenta los puntos determinantes en el concepto de transferencia. 3. Elabore una definición personal en virtud de lo trabajado sobre el concepto de transferencia. 4. Caracterice la labor del "AT" como recurso de la dirección de la cura. 5. Elabore una opinión personal en relación a la grilla clínica, teniendo en cuenta algún punto de los módulos trabajados hasta el momento. 6. Explique a partir del texto y su impresión personal, qué entiende como "una práctica entre varios".

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A continuación se presentan diferentes artículos que refieren a algunos de los temas trabajados

en el Módulo 3. En ellos se profundizan y amplían conceptos

fundamentales que queremos que incorpore y aprehenda.

LA DINÁMICA DE LA TRANSFERENCIA64 1912

El tema de la transferencia, tan difícilmente agotable, ha sido tratado recientemente aquí mismo por W. Stekel en forma descriptiva. Por mi parte quiero añadir algunas observaciones encaminadas a explicar por qué la transferencia surge necesariamente en toda cura psicoanalítica y cómo llega a desempeñar en el tratamiento el papel que todos conocemos. Recordaremos, ante todo, que la acción conjunta de la disposición congénita y las influencias experimentadas durante los años infantiles determina, en cada individuo, la modalidad especial de su vida erótica, fijando los fines de la misma, las condiciones que el sujeto habrá de exigir en ella y los instintos que en ella habrá de satisfacer. Resulta, así, un clisé (o una

serie de ellos), repetido,

o reproducido luego

regularmente, a través de toda la vida, en cuanto lo permiten las circunstancias exteriores y la naturaleza de los objetos eróticos asequibles, pero

susceptible

también de alguna modificación bajo la acción de las impresiones recientes. Ahora bien: nuestras investigaciones nos han revelado que sólo una parte de estas tendencias que determinan la vida erótica han realizado una evolución psíquica completa. Esta parte, vuelta hacia la realidad, se halla a disposición de la personalidad consciente y constituye uno de sus componentes. En cambio, otra parte de tales tendencias libidinosas ha quedado detenida en su desarrollo por el veto de la personalidad consciente y de la misma realidad y sólo ha podido desplegarse en la fantasía o ha permanecido confinada en lo inconsciente, totalmente ignorada por la conciencia de la personalidad. El individuo cuyas necesidades 64

eróticas

no

son

"Sigmund Freud: Obras Completas", en "Freud total" 1.0 (versión electrónica) www.centrocrianza.org.ar

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satisfechas por la realidad, orientará representaciones libidinosas hacia toda nueva persona que surja en su horizonte, siendo muy probable que las dos porciones de su líbido, la capaz de conciencia y la inconsciente, participen en este proceso. Es, por tanto, perfectamente normal y comprensible que la carga de líbido que el individuo parcialmente insatisfecho mantiene esperanzadamente pronta se oriente también hacia la persona del médico. Conforme a nuestra hipótesis, ésta carga se atendrá a ciertos modelos, se enlazará a uno de los clisés dados en el sujeto de que se trate o, dicho de otro modo, incluirá al médico en una de las "series" psíquicas que el paciente ha formado hasta entonces. Conforme a la naturaleza de las relaciones del paciente con el médico, el modelo de esta inclusión habría de ser el correspondiente a la imagen del padre (según la feliz expresión de Jung). Pero la transferencia no tiene que seguir obligadamente este prototipo, y puede establecerse también conforme a la imagen de la madre o del hermano, etc. Aquellas peculiaridades de la transferencia naturaleza e intensidad comprensibles

sobre el médico, cuya

no pueden ya justificarse racionalmente, se nos hacen

al reflexionar que

dicha transferencia no

ha

sido establecida

únicamente por las representaciones libidinosas conscientes, sino también por las retenidas o inconscientes. Nada más habría que decir sobre ésta conducta de la transferencia si no permanecieran aún inexplicados dos puntos especialmente interesantes para el psicoanalista. En primer lugar, no comprendemos por qué la transferencia de los sujetos neuróticos sometidos al análisis se muestra mucho más intensa que la de otras personas no analizadas, y en segundo, nos resulta enigmático porque al análisis se nos opone la transferencia como la resistencia más fuerte contra el tratamiento, mientras que fuera del análisis hemos de reconocerla como substrato del efecto terapéutico y condición del éxito. Podemos comprobar, cuantas veces queramos, que cuando cesan las asociaciones libres de un paciente,

siempre puede

vencerse tal agotamiento

asegurándole que se halla bajo el dominio de una ocurrencia referente a la persona del médico. En cuanto damos esta explicación cesa el agotamiento o queda transformada la falta de asociaciones en una silenciación consciente de las mismas. A primera vista parece un grave inconveniente del psicoanálisis el hecho de que la transferencia, la palanca más poderosa de éxito, se transforme en ella en el arma más fuerte de la resistencia. Pero a poco que reflexionemos desaparece, por lo menos, el www.centrocrianza.org.ar

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primero de los dos problemas que aquí se nos plantean. No es cierto que la transferencia surja más intensa y desentrenada en el psicoanálisis que fuera de él. En los sanatorios en que los nerviosos no son tratados analíticamente, la transferencia muestra también máxima intensidad y adopta las formas más indignas, llegando, a veces, hasta el sometimiento más absoluto, y no siendo nada difícil comprobar su matiz erótico. Una sutil observadora, Gabriela Reuter, ha descrito esta situación, cuando apenas existía aún el psicoanálisis, en un libro muy notable, en el que revela, además, una penetrante visión de la naturaleza y la génesis de las neurosis. Así, pues, no debemos atribuir al psicoanálisis, sino a la neurosis misma, estos caracteres de la transferencia. En cambio, el segundo problema permanece aún en pie. Vamos a aproximarnos a él, o sea a la cuestión de por qué la transferencia se nos opone, como resistencia, en el tratamiento psicoanalítico. Representémonos la situación psicológica del tratamiento. Toda adquisición de una psiconeurosis tiene como premisa regular e indispensable el proceso descrito por Jung con el nombre de introversión de la líbido, proceso consistente en la disminución de la parte de líbido capaz de consciencia y orientada hacia la realidad, y el aumento correlativo de la parte inconsciente, apartada de la realidad confinada en lo inconsciente y reducida, cuando más, a alimentar

las fantasías

del sujeto. La líbido ha emprendido (total o

fragmentariamente) una regresión y no ha reanimado las imágenes infantiles. En este camino es seguida por la cura analítica, que quiere descubrir la líbido, hacerla de nuevo asequible

a la consciencia y ponerla

al servicio de la realidad. Allí donde

la

investigación analítica tropieza con la líbido, encastillada en sus escondites, tiene que surgir un combate. Todas las fuerzas que han motivado la regresión de la líbido se alzarán, en calidad de resistencias, contra la labor analítica, para conservar la nueva situación, pues si la introversión o regresión de la líbido no hubiese estado justificada por una determinada relación con el mundo exterior (generalmente por la ausencia de satisfacción), no hubiese podido tener efecto. Pero las resistencias que aquí tienen su origen no son las únicas, ni siquiera las más intensas. La líbido puesta a disposición de la personalidad se hallaba siempre bajo la atracción de los complejos inconscientes (o mejor aún: de los elementos inconscientes de estos complejos) y emprendió

la

regresión al debilitarse la atracción de la realidad. Para libertarla tiene que ser vencida esta atracción de lo inconsciente, lo cual equivale a levantar la represión de los instintos inconscientes y de sus productos. www.centrocrianza.org.ar

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De aquí es de donde nace la parte más importante de la resistencia, que mantiene tantas veces la enfermedad, aun cuando el apartamiento de la realidad haya perdido ya su razón de ser. El análisis tiene que luchar con las resistencias emanadas de estas dos fuentes, resistencias que acompañan todos sus pasos. Cada una de las ocurrencias del sujeto y cada uno de sus actos tiene que contar con la resistencia y se presenta como una transacción entre las fuerzas favorables a la curación y las opuestas a ella. Si perseguimos un complejo patógeno desde

su representación en lo consciente

(representación visible como síntoma o totalmente inaparente) hasta sus raíces en lo inconsciente, no tardamos en llegar a una región en la cual se impone de tal modo la resistencia, que las ocurrencias inmediatas han de contar con ella y presentarse como una transacción entre sus exigencias y las de la labor investigadora. La experiencia nos ha mostrado ser este el punto en que la transferencia inicia su actuación. Cuando en la materia del complejo (en el contenido del complejo) hay algo que se presta a ser transferido a la persona del médico, se establece en el acto esta transferencia, produciendo la asociación inmediata y anunciándose con los signos de una resistencia; por ejemplo, con una detención de las asociaciones. De este hecho deducimos que si dicha idea ha llegado hasta la conciencia con preferencia a todas las demás posibles, es porque satisface también a la resistencia. Este proceso se repite innumerables veces en el curso de un análisis. Siempre que nos aproximamos a un complejo patógeno, es impulsado,

en primer lugar, hacia la conciencia y tenazmente defendido aquel

elemento del complejo que resulta adecuado para la transferencia. Una vez vencido éste, los demás elementos del complejo no crean grandes dificultades. Cuando más se prolonga una cura analítica y más claramente va viendo el enfermo que las deformaciones del material patógeno no constituyen por sí solas una protección contra el descubrimiento del mismo, más consecuentemente se servirá de una clase de deformación que le ofrece, sin disputa, máximas ventajas: de la deformación por medio de la transferencia, Ilegándose así a una situación en la que todos los conflictos han de ser combatidos ya sobre el terreno de la transferencia. De este modo, la transferencia que surge en la cura analítica se nos muestra siempre, al principio, como el arma más poderosa de la resistencia y podemos deducir la conclusión de que la intensidad y la duración de la transferencia son efecto y manifestación de la resistencia. El mecanismo de la transferencia queda explicado con www.centrocrianza.org.ar

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su referencia a la disposición de la líbido, que ha permanecido fijada a imágenes infantiles. Pero la explicación de su actuación en la cura no la conseguimos hasta examinar sus relaciones con la resistencia. ¿De qué proviene que la transferencia resulte tan adecuada para constituirse en un arma de la resistencia? A primera vista no parece difícil la respuesta. Es indudable que la confesión de un impulso optativo ha de resultar más difícil cuando ha de llevarse a cabo ante la persona a la cual se refiere precisamente dicho impulso. Esta imposición provoca situaciones que parecen realmente insolubles, y esto es, precisamente, lo que quiere conseguir el analizado cuando hace coincidir con el médico el objeto de sus impulsos sentimentales. Pero una reflexión más detenida nos muestra que esta ventaja aparente no puede ofrecernos la solución del problema. Una relación de tierna y sumisa adhesión puede también ayudar a superar todas las dificultades de la confesión. Así, en circunstancias reales análogas, solemos decir: "Delante de ti no tengo por qué avergonzarme; a ti puedo decírtelo todo". La transferencia sobre el médico podría, pues, servir lo mismo para facilitar la confesión, y no podríamos explicaros por qué provoca una dificultad. La respuesta a esta proporcionada

interrogación, repetidamente planteada ya aquí, no nos es

por una más prolongada reflexión, sino por una observación que

realizamos al investigar las distintas resistencias por transferencia durante la cura. Acabamos por advertir que, admitiendo tan sólo una "transferencia", no llegamos a comprender el aprovechamiento de la misma para la resistencia, y tenemos que decidirnos a distinguir una transferencia "positiva" y una "negativa", una transferencia de sentimientos cariñosos y otra de sentimientos hostiles, y examinar separadamente tales dos clases de la transferencia sobre el médico. La transferencia positiva se descompone luego, a su vez, en la de aquellos sentimientos amistosos o tiernos que son capaces de consciencia y en la de sus prolongaciones en lo inconsciente. Con respecto a estas últimas, demuestra el análisis que proceden de fuentes eróticas, y así hemos de concluir que todos los sentimientos de simpatía, amistad, confianza, etc., que entrañamos en la vida, se hallan genéticamente enlazados con la sexualidad, y por muy puros y asexuales que nos lo representemos en nuestra auto percepción consciente, proceden de deseos puramente sexuales, habiendo surgido de ellos por debilitación del fin sexual. Primitivamente no conocimos más que objetos sexuales, y el psicoanálisis nos

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muestra que las personas meramente estimadas o respetadas de nuestra realidad pueden continuar siendo, para nuestro psiquismo inconsciente, objetos sexuales. La solución del enigma está, por tanto, en que la transferencia sobre el médico sólo resulta apropiada para constituirse en resistencia en la cura, en cuanto es transferencia negativa o positiva de impulsos eróticos reprimidos. Cuando

suprimimos la transferencia, orientando la consciencia sobre ella, nos

desligamos de la persona del médico

más

que

estos dos componentes del

sentimiento. El otro componente, capaz de consciencia y aceptable, subsiste y constituye también, en el psicoanálisis como en los demás métodos terapéuticos, uno de los substratos del éxito. En esta medida reconocemos gustosamente que

los

resultados del psicoanálisis reposan en la sugestión, siempre que se entienda por sugestión aquello que, con Ferenczi, vemos nosotros en él; el influjo ejercido sobre un sujeto por medio de los fenómenos de transferencia en él posibles. Paralelamente cuidamos de la independencia final del enfermo, utilizando la sugestión para hacerle llevar a cabo una labor psíquica que trae necesariamente consigo una mejora permanente de su situación psíquica. Puede preguntarse aún por qué los fenómenos de resistencia de la transferencia surgen tan sólo en el psicoanálisis, y no en los demás tratamientos, por ejemplo, en los sanatorios. En realidad surgen también en estos casos, pero no son reconocidos como tales. La explosión de la transferencia

negativa es incluso muy frecuente en los

sanatorios, y el enfermo abandona el establecimiento, sin haber conseguido alivio alguno o habiendo empeorado, en cuanto surge en él esta transferencia negativa. La transferencia erótica no llega a presenciar tan grave inconveniente en los sanatorios, pues en lugar de ser descubierta y revelada es silenciada y disminuida, como en la vida social; pero se manifiesta claramente como una resistencia a la curación, no ya impulsando al enfermo a abandonar el establecimiento -por el contrario, lo retiene en él-, sino manteniéndole apartado de la vida real. Para la curación es totalmente indiferente que el enfermo domine en el sanatorio una cualquiera angustia o inhibición; lo que importa es que se liberte también de ella en la realidad de su vida. La transferencia negativa merecería una atención más detenida de la que podemos concederle dentro de los límites del presente trabajo. En las formas curables de psiconeurosis coexiste con la transferencia cariñosa, apareciendo ambas dirigidas simultáneamente, en muchos casos, sobre la misma persona, situación para la cual ha www.centrocrianza.org.ar

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hallado Bleuler el término de "ambivalencia". Una tal ambivalencia sentimental parece ser normal hasta cierto grado, pero a partir de él constituye una característica especial de las personas neuróticas. En la neurosis obsesiva parece ser característica de la vida instintiva una prematura "disociación de los pares de antítesis" y representar una de sus condiciones constitucionales. La ambivalencia de las directivas sentimentales nos explica mejor que nada la facultad de los neuróticos de poner sus transferencias al servicio de la resistencia. Allí donde la facultad de transferencia se ha hecho esencialmente negativa, como en los paranoides, cesa toda posibilidad de influjo y de curación. Pero con todas estas explicaciones no hemos examinado aún más que uno de los lados del fenómeno de la transferencia, y es necesario dedicar también alguna atención a otro de los aspectos del mismo. Quienes han apreciado exactamente cómo el analizado es apartado violentamente de sus relaciones reales con el médico en cuanto cae bajo el dominio de una intensa resistencia por transferencia, cómo se permite entonces infringir la regla psicoanalítica fundamental de comunicar, sin crítica alguna, todo lo que acuda a su pensamiento, cómo olvida los propósitos con los que acudió al tratamiento y cómo le resultan ya indife- rentes deducciones y conclusiones lógicas que poco antes hubieron de causarle máxima impresión; quienes han podido apreciar justamente todo esto sentirán la necesidad de explicárselo por la acción de otros factores distintos de los ya citados hasta aquí, y en efecto, tales factores existen, y no muy lejos; surgen nuevamente de la situación psíquica en la que la cura ha colocado el analizado. En la persecución de la líbido sustraída a la consciencia hemos penetrado en los dominios de lo inconsciente. Las reacciones que provocamos entonces muestran algunos de los caracteres peculiares a los procesos inconscientes, tal y como nos los ha dado a conocer el estudio de los sueños. Los impulsos inconscientes no quieren ser recordados, como la cura lo desea, sino que tienden a reproducir conforme a las condiciones características de lo inconsciente. El enfermo atribuye, del mismo modo que en el sueño,

a los resultados

del estímulo de sus impulsos inconscientes,

actualidad y realidad; quiere dar alimento a sus pasiones sin tener en cuenta la situación real. El médico quiere obligarle a incluir tales impulsos afectivos en la marcha del tratamiento, subordinados a la observación reflexiva y estimarlos según su valor psíquico. Esta lucha entre el médico y el paciente, entre el intelecto y el instinto, www.centrocrianza.org.ar

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entre el conocimiento y la acción, se desarrolla casi por entero en el terreno de los fenómenos de la transferencia. En este terreno ha de ser conseguida la victoria, cuya manifestación será la curación de la neurosis. Es innegable que el vencimiento de los fenómenos de la transferencia ofrece al psicoanalista máxima dificultad; pero no debe olvidarse que precisamente estos fenómenos nos prestan el inestimable servicio de hacer actuales y manifiestos los impulsos eróticos ocultos y olvidados de los enfermos, pues, en fin de cuentas nadie puede ser vencido in absentia o in effigie.

RECUERDO, REPETICIÓN Y ELABORACIÓN65 1914

No me parece inútil recordar

una y otra vez a los estudiosos

las profundas

modificaciones experimentadas por la técnica psicoanalítica desde sus primeros comienzos. Al principio, en la fase de la catarsis de Breuer, atendíamos directamente a la génesis de los síntomas y orientábamos toda nuestra labor hacia la reproducción de los procesos psíquicos de aquella situación inicial, para conseguir su derivación por medio de la actividad consciente. El recuerdo y la derivación por reacción eran los fines a los que entonces tendíamos con ayuda del estado hipnótico. Más tarde, cuando renunciamos a la hipnosis, se nos planteó la labor de deducir de las ocurrencias espontáneas del analizado aquello que no conseguía recordar. La resistencia había de ser burlada por la interpretación y la comunicación de sus resultados al enfermo. Conservamos, pues, la orientación primitiva de nuestra labor hacia las situaciones en las que surgieron los síntomas por vez primera y hacia aquellas otras que íbamos descubriendo detrás del momento en que emergía la enfermedad, pero abandona- mos la derivación por reacción, sustituyéndola por la labor que el enfermo había de Ilevar a cabo para dominar la crítica contra sus asociaciones,

en observancia

de la regla psicoanalítica fundamental que le era

impuesta. Por último, quedó estructurada la consecuencia técnica actual en la cual prescindimos de una orientación fija hacia un factor o un problema determinado, nos

65

"Sigmund Freud: Obras Completas", en "Freud total" 1.0 (versión electrónica) www.centrocrianza.org.ar

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contentamos con estudiar

la superficie psíquica del paciente

y utilizamos la

interpretación para descubrir las resistencias que en ella emergen y comunicárselas al analizado. Se establece entonces una nueva división del trabajo. El médico revela al enfermo resistencias que él mismo desconoce, y una vez vencidas éstas, el sujeto relata sin esfuerzo alguno las situaciones y relaciones olvidadas. Naturalmente, el fin de estas técnicas ha permanecido siendo el mismo: descriptivamente, la supresión de las lagunas

del

recuerdo; dinámicamente, el vencimiento

de las resistencias de la

represión. Debemos conservar agradecimiento a la antigua técnica hipnótica por habernos presentado aislados y esquematizados los distintos procedimientos psíquicos del análisis. Sólo así hemos podido arriesgarnos luego a crear situaciones complicadas en el análisis, sin que el mismo perdiera para nosotros su transparencia. La evocación de los recuerdos no suscitaba grandes dificultades en el tratamiento hipnótico primitivo. El paciente se transfería a una situación anterior que no parecía confundir nunca

con la actual,

comunicaba los procesos psíquicos a ella

correspondientes en cuanto los mismos habían permanecido anormales y añadía todo lo que podía resultar de la traducción a lo consciente de Ios procesos inconscientes entonces. Enlazaré aquí algunas observaciones que todo analista habrá podido comprobar prácticamente. EI olvido de impresiones, escenas y sucesos se reduce casi siempre a una "retención" de los mismos. Cuando el paciente habla de este material "olvidado", rara vez deja de añadir: "En realidad, siempre he sabido perfectamente todas estas cosas; lo que pasa es que nunca me he detenido a pensar en ellas", y muchas veces se manifiesta defraudado porque no se le ocurren suficientes cosas que pueda reconocer como "olvidadas" y en las que no ha vuelto a pensar desde que sucedieron. Este deseo queda a veces cumplido, sobre todo en las histerias de conversión. El "olvido"

queda

nuevamente restringido

por la existencia de recuerdos

encubridores. En algunos casos he experimentado la impresión de que la amnesia infantil, tan

importante para nuestra

teoría, es totalmente compensada por los

recuerdos encubridores. En éstos no se conserva únicamente una parte de nuestra vida infantil, sino todo lo que en ella tuvo importancia esencial. Trátase tan sólo de saberlo extraer de ellos por medio del análisis. En realidad,

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constituyen

una

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representación tan suficiente de los años infantiles olvidados, como el contenido manifiesto del sueño lo es de las ideas oníricas latentes. El otro grupo de procesos psíquicos susceptibles de ser opuestos como actos puramente internos a las impresiones y los sucesos vividos, o sea el constituido por las fantasías, las asociaciones, los sentimientos, etc., ha de ser estudiado separadamente en cuanto a su relación con el olvido y el recuerdo. Sucede aquí muy frecuentemente que se "recuerda" algo que no pudo nunca ser "olvidado", pues nunca fue retenido ni llegó a ser consciente, y además,

para

el curso

psíquico,

parece totalmente

indiferente que tal elemento fuera consciente y quedase luego olvidado o que no penetrase jamás hasta la consciencia. La convicción que el analizado adquiere en el curso del análisis es independiente de tal recuerdo. Sobre todo en las diversas formas de las neurosis obsesivas, el olvido se limita a destruir conexiones, suprimir relaciones causales y aislar recuerdos enlazados entre sí. Por lo general, resulta imposible despertar el recuerdo de una clase especial de sucesos muy importantes correspondientes a épocas muy tempranas de la infancia y vivido entonces sin comprenderlos, pero perfectamente interpretados y comprendidos luego por el sujeto. Su conocimiento nos es procurado por los sueños, y la estructura de la neurosis nos fuerza a admitirlos, pudiendo, además, comprobar que una vez vencidas sus resistencias, el analizado no emplea contra su aceptación la ausencia de la sensación de recordar (de la sensación de que algo nos era ya conocido). De todos modos, requiere este tema tanta

prudencia

crítica y aporta

tantas

cosas nuevas y

desconcertantes, que preferimos reservarlo para un trabajo aislado, en el que lo estudiaremos en material adecuado. Con la nueva técnica, el curso del análisis se hace mucho más complicado y trabajoso; algunos casos ofrecen al principio la serena facilidad habitual hipnótico,

en el tratamiento

aunque no tarden en tomar otro rumbo, pero lo general es que las

dificultades surjan desde un principio. Ateniéndonos a este último tipo, para caracterizar la diferencia, podemos decir que el analizado no recuerda nada de lo olvidado o reprimido, sino que lo vive de nuevo. No lo reproduce como recuerdo, sino como acto; lo repite sin saber, naturalmente, que lo repite. Por ejemplo: el analizado no cuenta que recuerda haberse mostrado rebelde a la autoridad de sus padres, sino que se conduce en esta forma con respecto al médico. No recuerda que su investigación sexual infantil fracasó, dejándole perplejo, sino que www.centrocrianza.org.ar

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produce una serie de sueños complicados y ocurrencias confusas y se lamenta de que nada le sale bien y de que su destino es no conseguir jamás llevar a buen término una empresa. No recuerda haberse avergonzado intensamente de ciertas actividades sexuales y haber temido que los demás las descubriesen, sino que se avergüenza del tratamiento a que ahora se encuentra sometido y procura mantenerlo secreto, etc. Sobre todo, no dejará de iniciar la cura con tal repetición. Con frecuencia, cuando hemos comunicado a un paciente de vida muy rica en acontecimientos y largo historial patológico la regla psicoanalítica fundamental y esperamos oír un torrente

de

confesiones, nos encontramos con que asegura no saber qué decir. Calla y afirma que no se le ocurre nada. Todo esto no es, naturalmente, más que la repetición de una actitud homosexual que se ofrece como resistencia a todo recuerdo. Mientras el sujeto permanece sometido al tratamiento no se libera de esta compulsión de repetir, y acabamos por comprender que este fenómeno constituye su manera especial de recordar. Como es natural, nos interesará, en primer término, la relación de esta repetición obsesiva con la transferencia

y la resistencia. No tardamos

en advertir que la

transferencia no es por sí misma más que una repetición y la repetición, la transferencia del pretérito olvidado, pero no sólo sobre el médico, sino sobre todos los demás sectores de la situación presente. Tendremos, pues, que estar preparados a que el analizado se abandone a la obsesión repetidora que sustituye en él el impulso a recordar no sólo en lo que afecta a su relación con el médico, sino también en todas las demás actividades y relaciones simultáneas

de su vida; por ejemplo: cuando

durante el transcurso de la cura elige un objeto erótico, se encarga de una labor o acomete una empresa.

Tampoco resulta difícil reconocer

la participación

en la

resistencia. Cuanto más intensa es ésta, más ampliamente quedará sustituido el recuerdo por la acción (repetición). La facilidad con la cual emergía en la hipnosis el recuerdo de lo olvidado, se debía precisamente a que el estado hipnótico anula de momento la acción de la resistencia. Cuando la cura comienza bajo el patrocinio de una transferencia

positiva no muy acentuada nos permite

penetrar al principio,

profundamente, en los recuerdos, como antes la hipnosis y hasta los mismos síntomas patológicos permanecen acallados mientras tanto. Pero cuando en el curso ulterior del análisis se hace hostil o muy intensa esta transferencia, el recuerdo queda sustituido en el acto por la repetición, y a partir de este momento, las resistencias van marcando www.centrocrianza.org.ar

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la sucesión de las repeticiones. EI enfermo extrae del arsenal del pasado las armas con las cuales se defiende contra la continuación de la cura y de las cuales hemos de ir despojándole poco a poco. Hemos visto ya que el analizado repite en lugar de recordar, y que lo hace bajo las condiciones de la resistencia. Vamos a ver ahora qué es realmente lo que repite. Pues bien: repite todo lo que se ha incorporado ya a su ser partiendo de las fuentes de lo reprimido: sus inhibiciones, sus tendencias inutilizables y sus rasgos de carácter patológico. Y ahora observamos que al hacer resaltar la obsesión repetidora no hemos descubierto nada nuevo, sino que hemos completado y unificado nuestra teoría. Vemos claramente que la enfermedad del analizado no puede cesar con el comienzo del análisis y que no debemos tratarla como un hecho histórico, sino como una potencia actual. Poco a poco vamos atrayendo a nosotros cada uno de los elementos de esta enfermedad y haciéndolos entrar en el campo de acción de la cura, y mientras el enfermo los va viviendo como algo real, vamos nosotros practicando en ellos nuestra labor terapéutica, consistente, sobre todo, en la referencia del pasado. La evocación de recuerdos durante la hipnosis tenía que producir la impresión de un experimento de laboratorio. La repetición en el tratamiento analítico, según la nueva técnica, supone evocar un trozo de vida real, y, por tanto, no puede ser innocua en todos los casos. A este punto viene a enlazarse todo el problema de la "agravación durante la cura", inevitable a veces. La iniciación del tratamiento trae ya consigo una modificación de la actitud consciente del enfermo ante su enfermedad. Generalmente, se ha limitado a dolerse de ella y a despreciarla, sin estimar debidamente su importancia;

pero, por lo demás,

ha

continuado observando, con respecto a sus manifestaciones, la misma política de represión que antes en cuanto a sus orígenes. De este modo, puede muy bien no haber llegado aún a conocer precisamente las condiciones de su fobia, no haber advertido

el contenido justo de sus ideas obsesivas o no haber

aprehendido la

verdadera intención de su impulso obsesivo. La cura no puede pasar por esto. El sujeto ha de tener el valor de ocupar su atención con los fenómenos de su enfermedad, a la cual no debe ya despreciar, sino considerar como un adversario digno, como una parte de su propio ser, fundada en motivos importantes y de la cual podrá extraer valiosas enseñanzas para su vida ulterior.

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De esta forma preparamos desde un principio la reconciliación del sujeto con lo reprimido que se manifiesta en sus síntomas, pero, por otro lado, concedemos también a la enfermedad un cierto margen

de tolerancia.

Si esta nueva relación con la

enfermedad agudiza algunos conflictos y hace pasar a primera Iínea síntomas hasta entonces poco precisos, podemos consolar fácilmente al enfermo observándole que se trata de agravaciones necesarias, pero pasajeras, y que, en definitiva, no es posible vencer a un enemigo que se mantiene ausente o no está suficientemente próximo. Pero la resistencia puede aprovechar la situación para sus fines e intentar abusar de la tolerancia concedida a la enfermedad, y entonces parece decirnos: "Mirá lo que sucede cuando me veo forzada a ocuparme de estas cosas. ¿Ves cómo estaba en lo cierto abandonándolas a la represión?” Otro peligro es el de que en el curso de la cura lleguen también a ser reproducidos impulsos instintivos nuevos situados en estratos más profundos, que no habían emergido aún. Por último, aquellos actos que el paciente ejecuta fuera del campo de acción de la transferencia pueden acarrearle daños pasajeros e incluso ser elegidos de manera que anulen por completo el valor de la salud que el tratamiento tiende a restablecer. No es difícil justificar la táctica que en esta situación ha de seguir el médico. Su fin continúa siendo, como en un principio, la evocación del recuerdo, la reproducción en el terreno psíquico, aunque sabe muy bien que no ha de serle posible conseguirlo por medio de la nueva técnica. Se dispondrá, pues, a iniciar con el paciente una contínua lucha por mantener en el terreno psíquico todos los impulsos que aquél quisiera derivar hacia la motilidad, y considera como un gran triunfo de la cura conseguir derivar por medio del recuerdo algo que el sujeto tendía a derivar por medio de un acto. Cuando la adhesión producto de la transferencia integra ya algún valor, el tratamiento consigue impedir al paciente todos los actos de repetición algo importantes y utilizar in statua nascendi el propósito de ejecutarlos como material para la labor terapéutica. La mejor manera de proteger al enfermo de los daños que puede acarrearle la ejecución de sus impulsos es comprometerle a no adoptar durante el curso del tratamiento ninguna resolución importante (elegir carrera o mujer, por ejemplo) y a esperar para ello el momento de la curación. AI mismo tiempo, respetamos la libertad personal del paciente en cuanto sea compatible con estas precauciones; no le impedimos la ejecución de propósitos poco www.centrocrianza.org.ar

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trascendentales, aunque se trate de evidentes simplezas y no olvidemos que sólo la propia y personal experiencia hace al hombre sabio. Hay también casos en los que nos es imposible disuadir al sujeto de acometer una empresa totalmente inadecuada a sus circunstancias y que sólo mucho después van madurando y haciéndose asequibles a la elaboración analítica. En ocasiones, sucede también que no nos da tiempo de imponer a los instintos impetuosos el freno de la transferencia o que el paciente rompe, en un acto de repetición, los lazos que le ligaban al tratamiento. Como caso extremo citaremos el de una señora ya madura que había sufrido repetidamente estados de obnubilación, en los que abandonaba su casa y a su marido, sin que jamás hubiera podido alegar la existencia de un motivo consciente para tales fugas. Al iniciar el tratamiento analítico,

mostraba una

transferencia

positiva bien

desarrollada, pero esta transferencia creció de un modo inquietantemente rápido en los primeros días, y aI cabo de una semana la paciente me "abandonó" también a mí, antes que yo hubiera tenido tiempo de hacerle alguna indicación que hubiese podido impedirle tal repetición. Pero la mejor manera de refrenar la compulsión repetidora del enfermo y convertirla en un motivo de recordar la tenemos en el manejo de la transferencia. Reconociendo en cierto modo

sus derechos

y dejándola

actuar

libremente

en un sector

determinado, conseguimos hacerla inofensiva y hasta útil. Le abandonamos, pues, la transferencia como un campo en el que puede desarrollarse con libertad casi completa y en el que cumplirá la función de hacer surgir ante nuestros ojos todos los instintos patógenos ocultos en la vida anímica del analizado. Cuando el paciente nos presta la mínima cooperación, consistente en respetar las condiciones de existencia del tratamiento, conseguimos siempre dar a todos

los

síntomas de la enfermedad una nueva significación basada en la transferencia y sustituir su neurosis vulgar por una neurosis de transferencia, de la cual puede ser curado por la labor terapéutica. La transferencia crea así una zona intermedia entre la enfermedad y la vida, y a través de esta zona va teniendo efecto la transición desde la primera a la segunda. El nuevo estado

ha acogido todos

los caracteres

de la

enfermedad, pero constituye una enfermedad artificial, asequible por todos lados a nuestra intervención. Al mismo tiempo, es también un trozo de vida real, pero provisorio y hecho

posible por circunstancias

especialmente favorables.

De las

reacciones de la repetición que surgen en la transferencia parten luego los caminos www.centrocrianza.org.ar

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ya conocidos para la evocación de los recuerdos, los cuales surgen sin esfuerzo aparente una vez vencidas las resistencias. Podía dar ya por terminada mi exposición si el título del presente ensayo no me obligase a describir aún otra parte de la técnica analítica. Como ya sabemos, el vencimiento de las resistencias se inicia revelando el médico al analizado la existencia y condición de las mismas, ignorada siempre por el sujeto. Ahora bien: parece ser que algunos analistas principiantes se inclinan a creer que esta labor inicial es toda la que han de llevar a cabo. En muchas ocasiones he sido llamado en consulta por médicos que se lamentaban de haber revelado al paciente su resistencia sin haber obtenido resultado positivo alguno, sino más bien una intensificación de la resistencia descubierta y una mayor complicación de la situación general. La cura parecía haber quedado estancada. Pero semejante temor resultaba siempre infundado. En realidad, la cura seguía su camino. Lo único que sucedía es que el médico había olvidado que la revelación de la resistencia no puede tener por consecuencia inmediata su desaparición. Ha de dejarse tiempo al enfermo para ahondar en la resistencia, hasta entonces desconocida para él, elaborarla y dominarla, continuando, a su pesar, el tratamiento conforme a la regla analítica fundamental. Sólo al culminar esta labor llegamos a descubrir, en colaboración con el analizado, los impulsos instintivos reprimidos que alimentaban la resistencia. En todo esto, el médico no tiene que hacer más que esperar y dejar desarrollarse un proceso que no puede ser eludido ni tampoco siempre apresurado. No olvidándose de esto se ahorrará muchas veces el error de suponer fracasado el tratamiento, cuando el mismo sigue, en realidad, directamente su camino. En la práctica esta elaboración de las resistencias puede constituir una penosa labor para el analizado y una dura prueba para la paciencia del médico. Pero también constituye parte de la labor que ejerce sobre el paciente mayor acción modificadora y la que diferencia al tratamiento analítico de todo influjo por sugestión. Teóricamente, podemos equipararla a la derivación por reacción de las magnitudes de afecto aprisionadas por la represión, proceso sin el cual no lograba, eficacia alguna el tratamiento hipnótico.

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OBSERVACIONES SOBRE EL "AMOR DE TRANSFERENCIA"66 1914 (1915)

Todo principiante en psicoanálisis teme principalmente las dificultades que han de suscitarle la interpretación de las ocurrencias del paciente y la reproducción de lo reprimido. Pero no tarda en comprobar que tales dificultades significan muy poco en comparación de las que surgen luego en el manejo de la transferencia. De las diversas situaciones a que da lugar esta fase del análisis, quiero describir aquí una, precisamente delimitada, que merece especial atención, tanto por su frecuencia y su importancia real como por su interés teórico. Me refiero al caso de que una paciente demuestre con signos inequívocos o declare abiertamente haberse enamorado, como otra mortal cualquiera, del médico que está analizándola. Esta situación tiene su lado cómico y su lado serio e incluso penoso, y resulta tan complicada, tan inevitable y tan difícil de resolver, que su discusión viene constituyendo hace mucho tiempo una necesidad vital de la técnica psicoanalítica. Pero, reconociéndolo así, no hemos tenido hasta ahora, absorbidos por otras cuestiones, un espacio libre que poder dedicarle, aunque también ha de tenerse en cuenta que su desarrollo tropieza siempre con el obstáculo que supone la discreción profesional, tan indispensable en la vida como embarazosa para nuestra pertenece también

disciplina. Pero en cuanto

la literatura psicoanalítica

a la vida real, surge aquí una contradicción

insoluble.

Recientemente he tenido que infringir ya en un trabajo los preceptos de la discreción para indicar cómo precisamente esta situación concomitante a la transferencia hubo de retrasar en diez años el desarrollo de la terapia psicoanalítica. Para el profano -y en psicoanálisis puede considerarse aún como tales a la inmensa mayoría de los hombres cultos- los sucesos amorosos constituyen una categoría especialísima, un capítulo de nuestra vida que no admite comparación con ninguno de los demás. Así pues, al saber que la paciente se ha enamorado del médico opinará que sólo caben dos soluciones: o las circunstancias de ambos les permiten contraer una unión legítima y definitiva, cosa poco frecuente, o, lo que es más probable, tienen que separarse y abandonar la labor terapéutica comenzada. Existe, desde luego, una tercera solución, que parece además compatible con la continuación de la cura: la iniciación de 66

"Sigmund Freud: Obras Completas", en "Freud total" 1.0 (versión electrónica) www.centrocrianza.org.ar

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unas relaciones amorosas ilegítimas y pasajeras; pero tanto la moral burguesa como la dignidad profesional del médico la hacen imposible. De todos modos, el profano demandará que el analista le presente alguna garantía de la exclusión de este último caso. Es evidente que el punto de vista del analista ha de ser completamente distinto. Supongamos que la situación se desenlaza conforme a la segunda de las soluciones indicadas. El médico y la paciente se separan al hacerse manifiesto el enamoramiento de la primera y la cura queda interrumpida. Pero el estado de la paciente hace necesaria, poco después, una nueva tentativa con otro médico, y resulta que la sujeto acaba también por enamorarse de este segundo médico, e igualmente del tercero, etc. Este hecho, que no dejará de presentarse en algún caso, y en el que vemos uno de los fundamentos de la teoría psicoanalítica, entraña importantes enseñanzas, tanto para el médico como para la enferma. Para el médico supone una preciosa indicación y una excelente prevención contra una posible transferencia

recíproca, pronta

a surgir en él. Le demuestra que el

enamoramiento de la sujeto depende exclusivamente de la situación psicoanalítica y no puede ser atribuido en modo alguno a sus propios atractivos personales, por lo cual no tiene el menor derecho a envanecerse de aquella "conquista", según se la denominaría fuera del análisis. Y nunca está de más tal advertencia. Para la paciente surge una alternativa: o renuncia definitivamente al tratamiento analítico o ha de aceptar, como algo inevitable, un amor pasajero por el médico que la trate. No duda que los familiares de la enferma

se decidirán por la primera de estas

posibilidades, como el analista por la segunda. Pero, a mi juicio, es este un caso en el que la decisión no debe ser abandonada a la solicitud cariñosa -y en el fondo celosa y egoísta- de los familiares. EI interés de la enferma debe ser el único factor decisivo, pues el cariño de sus familiares no la curará jamás de su neurosis. El analista no necesitará imponerse, pero sí puede afirmarse indispensable para la consecución de ciertos resultados. Aquellos familiares de una paciente que hace suya la actitud de Tolstoi ante este problema pueden conservar tranquilos la posesión imperturbada de su mujer o de su hija, pero tendrán que resignarse a que también ella conserve su neurosis y la consiguiente alteración de su capacidad de amar. En último término, la situación es análoga a la que suscita un tratamiento ginecológico. El marido o el padre celoso se equivocan además por completo si creen que la paciente escapará al peligro de enamorarse del médico, confiando

la curación de su neurosis a un

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tratamiento distinto del analítico. La única diferencia estará en que su enamoramiento, latente y no analizado, no suministrará jamás aquella contribución a la curación que de él sabría extraer el análisis. Ha llegado a mí la noticia de que algunos médicos que practican el análisis suelen preparar a las pacientes a la aparición de la transferencia amorosa e incluso las inclinan a fomentarla "para que el análisis progrese". Difícilmente puede imaginarse técnica más desatinada. Con ella sólo consigue el médico arrancar al fenómeno la fuerza probatoria que supone su espontaneidad y crearse obstáculos que luego han de serle muy difíciles de vencer. En un principio no parece,

ciertamente, que el enamoramiento surgido en la

transferencia pueda procurarnos nada favorable a la cura. La paciente, incluso la más dúctil hasta entonces, pierde de repente todo interés por la cura y no quiere ya hablar ni oír hablar más que de su amor, para el cual demanda correspondencia. No muestra ya ninguno de los síntomas que antes la aquejaban, o no se ocupa de ellos para nada, y se declara completamente curada. La escena cambia totalmente, como si una súbita realidad hubiese venido a interrumpir el desarrollo de una comedia, como cuando en medio de una representación teatral surge la voz de "fuego". La primera vez que el médico se encuentra ante este fenómeno le es muy difícil no perder de vista la verdadera situación analítica y no incurrir en el error de creer realmente terminado el tratamiento. Un poco de reflexión basta, sin embargo, para aprehender la situación verdadera. En primer lugar hemos de sospechar que todo aquello que viene a perturbar la cura es una manifestación de la resistencia y, por tanto, ésta tiene que haber participado ampliamente en la aparición de las exigencias amorosas de la paciente. Ya desde mucho

tiempo

antes

veníamos advirtiendo

en la sujeto

los signos de una

transferencia positiva, y pudimos atribuir, desde luego, a esta actitud suya con respecto al médico su docilidad, su aceptación de las explicaciones que le dábamos en el curso del análisis, su excelente comprensión y la clari- dad de inteligencia que en todo ello demostraba. Pero todo esto ha desaparecido ahora; la paciente aparece absorbida por su enamoramiento, y esta transformación se ha producido precisamente en un momento en el que suponíamos que la sujeto iba a comunicar o a recordar un fragmento especialmente penoso e intensamente reprimido de la historia de su vida. Por tanto,

el enamoramiento venía existiendo desde mucho antes; pero ahora

comienza a servirse de él la resistencia para coartar la continuación de la cura, apartar www.centrocrianza.org.ar

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de la labor analítica el interés de la paciente y colocar al médico en una posición embarazosa. Un examen más detenido de la situación nos descubre en ella la influencia de ciertos factores que la complican. Estos factores son, en parte, los concomitantes a todo enamoramiento, pero otros se nos revelan como manifestaciones especiales de la resistencia. Entre los primeros hemos de contar la tendencia de la paciente

a

comprobar el poder de sus atractivos, su deseo de quebrantar la autoridad del médico, haciéndole descender al puesto de amante, y todas las demás ventajas que trae consigo la satisfacción amorosa. De la resistencia podemos, en cambio, sospechar que haya utilizado la declaración amorosa para poner a prueba al severo analista, que, de mostrarse propicio a abandonar su papel, habría recibido en el acto una dura lección. Pero, ante todo, experimentamos la impresión de que actúa como un agente provocador, intensificando el enamoramiento y exagerando la disposición a la entrega sexual, para justificar luego, tanto más acentuadamente, la acción de la represión, alegando los peligros de un tal desenfreno. En estas circunstancias

meramente

accesorias, que pueden muy bien no aparecer en los casos puros, ha visto Alfred Adler el nódulo esencial de todo el proceso. Pero, ¿cómo ha de comportarse el analista para no fracasar en esta situación, cuando tiene la convicción de que la cura debe ser continuada, a pesar de la transformación amorosa y a través de la misma? Me sería muy difícil postular ahora, acogiéndome a la moral generalmente aceptada, que el analista no debe aceptar el amor que le es ofrecido ni corresponder a él, sino, por el contrario, considerar llegado el momento de atribuirse ante la mujer enamorada la representación de la moral, y moverla a renunciar a sus pretensiones amorosas y a proseguir la labor analítica, dominando la parte animal de su personalidad. Pero no me es posible satisfacer estas esperanzas y tampoco su primera como su segunda parte. La primera no, porque no escribo para la clientela, sino para los médicos, que han de luchar con graves dificultades, y, además, porque en este caso me es posible referir el precepto moral a su origen; esto es, a su educación a un fin. Por esta vez me encuentro, afortunadamente, en una situación en la que puedo sustituir el precepto moral por las conveniencias de la técnica analítica, sin que el resultado sufra modificación alguna. Todavía he de negarme más resueltamente a satisfacer la segunda parte

de las

esperanzas indicadas. Invitar a la paciente a yugular sus instintos, a la renuncia y a la www.centrocrianza.org.ar

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sublimación, en cuanto nos ha confesado su transferencia amorosa, sería un solemne desatino. Equivaldría a conjurar a un espíritu del Averno, haciéndole surgir ante nosotros, y despedirle luego sin interrogarle. Supondría no haber atraído lo reprimido a la consciencia más que para reprimirlo de nuevo, atemorizados. Tampoco podemos hacernos ilusiones sobre el resultado de un tal procedimiento. Contra las pasiones, nada se consigue con razonamientos, por elocuentes que sean. La paciente no verá más que el desprecio, y no dejará de tomar venganza de él. Tampoco podemos aconsejar un término medio, que quizá alguien consideraría el más prudente,

y que consistiría en afirmar a la paciente que correspondemos a sus

sentimientos y eludir, al mismo tiempo, toda manifestación física de tal cariño hasta poder encaminar la relación amorosa por senderos menos peligrosos y hacerla ascender a un nivel superior. Contra esta solución he de objetar que el tratamiento psicoanalítico se funda en una absoluta veracidad, a la cual debe gran parte de su acción educadora y de su valor ético, resultando harto peligroso apartarse de tal fundamento. Aquellos que se han asimilado verdaderamente la técnica analítica no pueden ya practicar el arte de engañar, indispensable a otros médicos, y suelen delatarse cuando en algún caso lo intentan con la mejor intención. Además, como exigimos del paciente la más absoluta veracidad, nos jugamos toda nuestra autoridad, exponiéndonos a que él mismo nos sorprenda en falta. Por último, la tentativa de fingir cariño a la paciente no deja de tener sus peligros. Nuestro dominio sobre nosotros mismos no es tan grande que descarte la posibilidad de encontrarnos de pronto con que hemos ido más allá de lo que nos habíamos propuesto. Así, pues, mi opinión es que

no debemos apartarnos un punto

de la indiferencia que nos procura el

vencimiento de la transferencia recíproca. Ya antes he dejado adivinar que la técnica analítica impone al médico el precepto de negar a la paciente

la satisfacción amorosa por ella demandada. La cura debe

desarrollarse en la abstinencia.

Pero al afirmarlo así, no aludimos tan sólo a la

abstinencia física ni tampoco a la abstinencia de todo lo que el paciente puede desear, pues esto no lo soportaría quizá ningún enfermo. Queremos más bien sentar el principio de que debemos dejar subsistir en los enfermos la necesidad y el deseo como fuerzas que han de impulsarle hacia la labor analítica y hacia la modificación de su estado, y guardarnos muy bien de querer amansar con subrogados las exigencias de tales fuerzas. Y, en realidad, lo único que podríamos ofrecer a la enferma sería

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subrogado, pues mientras no queden vencidas sus represiones, su estado la incapacita para toda satisfacción real. Concedemos, desde luego, que el principio de que la cura analítica debe desarrollarse en la abstinencia va mucho más allá del caso particular aquí estudiado, y precisa de una discusión más detenida, en la que quedarían fijados los límites de su posibilidad en la práctica. Más, por ahora,

eludiremos

la cuestión

para

atenernos lo más

estrictamente posible a la situación de la que hemos partido. ¿Qué sucedería si el médico se condujese de otro modo y utilizase la eventual libertad suya y de la paciente para corresponder al amor de esta última y satisfacer su necesidad de cariño? Si al adoptar esta resolución lo hace guiado por el propósito de asegurarse así el dominio sobre la paciente, moverla a resolver los problemas de la cura y conseguir, por tanto, libertarla de su neurosis, la experiencia no tardará en demostrarle que ha errado por completo el cálculo. La paciente conseguiría su fin y, en cambio, él no alcanzará jamás el suyo. Entre el médico y la enferma se habría desarrollado otra vez la divertida historia del cura y el agente de seguros. Un agente de seguros muy poco dado a las cosas de la religión, cayó gravemente enfermo, y sus familiares llamaron a un sabio sacerdote para que intentara convertirle antes de la muerte. La conversación se prolonga tanto, que los parientes comienzan a abrigar alguna esperanza. Por último, se abre la puerta de la alcoba. El incrédulo no se ha convertido, pero el sacerdote vuelve a su casa asegurado contra toda clase de riesgos. El hecho de que la paciente

viera correspondidas sus pretensiones amorosas

constituiría una victoria para ella y una total derrota para la cura. La enferma habría conseguido, en efecto, aquello a lo que aspiran todos los pacientes en el curso del análisis: habría conseguido repetir, realmente, en la vida, algo que sólo debía recordar, reproduciéndolo como material psíquico y manteniéndolo en los dominios anímicos. En el curso ulterior de sus relaciones amorosas manifestaría luego todas las inhibiciones y todas las reacciones patológicas de su vida erótica sin que fuera posible corregirlas, y la dolorosa aventura terminaría dejándola Ilena de remordimiento y habiendo intensificado considerablemente su tendencia a la represión. Las relaciones amorosas ponen, en efecto, un término a toda posibilidad de influjo por medio del tratamiento analítico. La reunión de ambas cosas es algo monstruoso e imposible. Así, pues, la satisfacción de las pretensiones amorosas de la paciente es tan fatal para el análisis como su represión. El camino que ha de seguir el analista es muy otro, y carece de antecedentes en la vida real. Nos guardamos de desviar a la paciente de su www.centrocrianza.org.ar

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transferencia amorosa o disuadirla de ella, pero también, y con igual firmeza, de toda correspondencia. Conservamos la transferencia amorosa, pero la tratamos como algo irreal, como una situación por la que se ha de atravesar fatalmente en la cura, que ha de ser referida a sus orígenes inconscientes y que ha de ayudarnos a llevar a la consciencia de la paciente los elementos más ocultos de su vida erótica, sometiéndolos así a su dominio consciente. Cuando más resueltamente demos la impresión de hallarnos asegurados contra toda tentación, antes podremos extraer de la situación todo su contenido analítico. La paciente levantada,

sino tan sólo relegada

cuya represión sexual no ha sido aún

a un último término,

se sentirá entonces

suficientemente segura para comunicar francamente todas las fantasías de su deseo sexual y todos los caracteres de su enamoramiento, y partiendo de estos elementos nos mostrará el camino que ha de conducirnos a los fundamentos infantiles de su amor. Con cierta categoría de mujeres fracasará, sin embargo, esta tentativa de conservar, sin satisfacerla, la transferencia amorosa, para utilizarla en la labor analítica. Son éstas las mujeres de pasiones elementales que no toleran subrogado alguno, naturalezas primitivas que no quieren aceptar

lo psíquico por lo material. Estas

personas nos colocan ante el dilema de corresponder a su amor o atraernos la hostilidad de la mujer despreciada. Ninguna de estas dos actitudes es favorable a la cura, y, por tanto,

habremos

de retirarnos sin obtener resultado

alguno

y

reflexionando sobre el problema de cómo puede ser compatible la aptitud para la neurosis con una tan indomable necesidad de amor. La manera de hacer aceptar poco a poco la concepción analítica a otras enamoradas menos violentas se habrá

revelado, seguramente, en idéntica forma, a muchos

analistas. Consiste, sobre todo, en hacer resaltar la innegable participación de la resistencia en aquel "amor". Un enamoramiento verdadero

haría más dócil a la

paciente, e intensificaría su buena voluntad en resolver los problemas de su caso, sólo porque el hombre amado lo pedía. Una mujer realmente enamorada anhelaría obtener la curación completa para alcanzar un mayor valor a los ojos del médico y preparar la realidad en la que poder desarrollar ya libremente su inclinación amorosa. Pero, en lugar de todo esto, la paciente se muestra caprichosa y desobediente; ha dejado de interesarse por el análisis y seguramente de creer en Ias afirmaciones del médico. Así, pues, lo que hace no es sino manifestar una resistencia bajo la forma de enamoramiento, y sin tener siquiera en cuenta que de aquel modo coloca al médico en www.centrocrianza.org.ar

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una situación muy embarazosa, pues si rechaza su pretendido amor, como se lo aconsejan su deber y su conocimiento de la situación real, dará pretexto a la paciente para hacerse la despreciada y eludir, en venganza, la curación que él podría ofrecerle, como ahora la elude con su enamoramiento. Como segundo argumento contra la autenticidad de este amor aducimos la afirmación de que el mismo no presenta ni un solo rasgo nuevo nacido de la situación actual, sino que se compone, en su totalidad, de repeticiones y ecos de reacciones anteriores e incluso infantiles, y nos comprometemos a demostrárselo así a la paciente con el análisis detallado de su conducta amorosa. Si a estos argumentos agregamos cierta paciencia, conseguiremos, casi siempre, dominar la difícil situación y continuar la labor analítica, cuyo fin más inmediato será el descubrimiento de la elección infantil de objeto y de las fantasías a ella enlazadas. Pero antes

de seguir adelante quiero examinar

críticamente

los argumentos

expuestos y plantear la interrogación de si decimos con ellos a la paciente toda la verdad o no son más que un recurso engañoso del que hemos echado mano para salir del mal paso. O dicho de otro modo: el enamoramiento que se hace manifiesto en la cura analítica, ¿no puede realmente ser tenido por verdadero? A mi juicio, hemos dicho a la paciente la verdad, pero no toda la verdad, sin preocuparnos de lo que pudiera

resultar. De nuestros

dos argumentos, el más

poderoso es el primero. La participación de la resistencia en el amor de transferencia es indiscutible y muy amplia. Pero la resistencia misma no crea este amor: lo encuentra ya ante sí, y se sirve de él, exagerando sus manifestaciones. No aporta, pues, nada contrario a la autenticidad del fenómeno. Nuestro segundo argumento es más débil; es cierto que este enamoramiento se compone de nuevas ediciones de rasgos antiguos y repite reacciones infantiles. Pero tal es el carácter esencial de todo enamoramiento. No hay ninguno que no repita modelos infantiles. Precisamente aquello que constituye su carácter obsesivo, rayano en lo patológico, procede de su condicionalidad infantil. EI amor de transferencia presenta quizá un grado menos de libertad que el amor corriente, Ilamado normal; delata más claramente su dependencia del modelo infantil y se muestra menos dúctil y menos susceptible de modificación; pero esto no es todo, ni tampoco lo esencial. ¿En qué otros caracteres podemos, pues, reconocer la autenticidad de un amor? ¿Acaso en su capacidad de rendimiento, en su utilidad para la consecución del fin

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amoroso? En este punto el amor de transferencia parece no tener nada que envidiar a los demás. Nos da la impresión de poder conseguirlo todo de él.

Resumiendo: no tenemos derecho

alguno a negar al enamoramiento que surge

en el tratamiento analítico el carácter del auténtico. Si nos parece tan poco normal, ello se debe principalmente a que también el enamoramiento corriente, ajeno a la cura analítica, recuerda más bien los fenómenos anímicos anormales que los normales. De todos modos, aparece caracterizado por algunos rasgos que le aseguran una posición especial: 1º. Es provocado por la situación analítica. 2º. Queda intensificado por la resistencia dominante en tal situación; y 3º. Es menos prudente, más diferente a sus consecuencias y más ciego en la estimación de la persona amada que otro cualquier enamoramiento normal. Pero no debemos tampoco olvidar que precisamente estos caracteres

divergentes

de lo normal constituyen el nódulo

esencial de todo

enamoramiento. Para la conducta del médico resulta decisivo el primero de los tres caracteres indicados. Sabiendo que el enamoramiento de la paciente ha sido provocado por la iniciación del tratamiento analítico de la neurosis, tiene que considerarlo como el resultado inevitable de una situación médica, análogo a la desnudez del enfermo durante un reconocimiento o a su confesión

de un secreto

importante. En

consecuencia, le estará totalmente vedado extraer de él provecho personal alguno. La buena disposición de la paciente no invalida en absoluto este impedimento y echa sobre el médico toda la responsabilidad, pues éste sabe perfectamente que para la enferma no existía otro camino de llegar a la curación. Una vez vencidas todas las dificultades, suelen confesar las pacientes que al emprender la cura abrigaban ya la siguiente fantasía: “Si me porto bien, acabaré por obtener, como recompensa, el cariño del médico." Así, pues, los motivos éticos y los técnicos coinciden aquí para apartar al médico de corresponder al amor de la paciente. No cabe perder de vista que su fin es devolver a la enferma la libre disposición de su facultad de amar, coartada ahora por fijaciones infantiles, pero devolvérsela no para que la emplee en la cura, sino para que haga uso de ella más tarde, en la vida real, una vez terminado el tratamiento. No debe representar con ella la escena de las carreras de perros, en las cuales el premio es una ristra de salchichas, y que un chusco estropea tirando a la pista una única salchicha, sobre la cual se arrojan los corredores, olvidando la carrera y el copioso premio que www.centrocrianza.org.ar

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espera al vencedor.

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No he de afirmar que siempre resulta fácil para el médico

mantenerse dentro de los límites que le prescriben la ética y la técnica. Sobre todo para el médico joven y carente aún de lazos fijos. Indudablemente, el amor sexual es uno de los contenidos principales de la vida, y la reunión de la satisfacción anímica y física en el placer amoroso constituye, desde luego, uno de los puntos culminantes de la misma. Todos los hombres, salvo algunos obstinados fanáticos, lo saben así, y obran en consecuencia, aunque no se atreven a confesarlo. Por otra parte, es harto penoso para el hombre rechazar un amor que se le ofrece, y de una mujer interesante, que nos confiesa noblemente su amor, emana siempre, a pesar de la neurosis y la resistencia, un atractivo incomparable. La tentación no reside en el requerimiento puramente sensual de la paciente, que por sí solo quizá produjera un efecto negativo, haciendo preciso un esfuerzo de tolerante comprensión para ser disculpado como un fenómeno natural. Las otras tendencias femeninas, más delicadas, son quizá las que entrañan el peligro de hacer olvidar al médico la técnica y su labor profesional en favor de una bella aventura. Y, sin embargo, para el analista ha de quedar excluida toda posibilidad de abandono. Por mucho que estime el amor, ha de estimar más su labor de hacer franquear a la paciente un escalón decisivo de su vida. La enferma debe aprender de él a dominar el principio del placer y a renunciar a una satisfacción próxima, pero socialmente ilícita, en favor de otra más lejana e incluso incierta, pero irreprochable tanto desde el punto de vista psicológico como desde el social. Para alcanzar un tal dominio, ha de ser conducida a través de las épocas primitivas de su desarrollo psíquico y conquistar en este camino aquel incremento de la libertad anímica que distingue a la actividad psíquica consciente -en un sentido sistemático- de la inconsciente. De este modo, el psicoterapeuta ha de librar un triple combate: en su interior, contra los poderes que intentan hacerle descender del nivel analítico; fuera del análisis, contra los adversarios que le discuten la importancia de las fuerzas instintivas sexuales y le prohiben servirse de ellas en su técnica científica; y en el análisis, contra sus pacientes, que al principio se comportan como los adversarios, pero manifiestan luego la hiperestimación de la vida sexual que los domina, y quieren aprisionar al médico en las redes de su pasión, no refrenada socialmente. Los profanos, de cuya actitud ante el psicoanálisis hablé en un principio, tomarán seguramente pretexto de esta exposición sobre eI amor de transferencia para llamar la atención de las gentes

sobre los peligros de nuestro www.centrocrianza.org.ar

método terapéutico. El 167


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psicoanalista sabe que opera con fuerzas explosivas y que ha de observar la misma prudencia y la misma escrupulosidad que un químico en su laboratorio. Pero, ¿cuándo se ha prohibido a un químico continuar

trabajando en la obtención de materias

explosivas indispensables, alegando el peligro de su labor? Es harto singular que el psicoanálisis haya de ir conquistando una tras otra todas las licencias concedidas hace ya mucho tiempo a las demás actividades médicas. Desde luego, no pretendo la supresión de los otros tratamientos más inocentes. Bastan en algunos casos, y en definitiva, para la sociedad humana es tan inútil el furor sanandi como cualquier otro fanatismo. Pero supone estimar muy por bajo el origen y la importancia práctica de las psiconeurosis creer posible vencerlas operando con medios sencillos e inocuos. No; en la acción médica siempre quedará junto a la "medicina" un lugar para el ferrum y para el ignis, y de este modo siempre será indispensable el psicoanálisis entero y verdadero, el que no se asusta de manejar las tendencias anímicas más peligrosas y dominarlas para el mayor bien del enfermo.

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MODULO 4

ESTRUCTURAS

Y

FENÓMENOS

CLÍNICOS,

APROXIMACIONES TEÓRICAS NECESARIAS A LA TAREA DEL ACOMPAÑANTE TERAPEUTICO - LA SINGULARIDAD

INTRODUCCIÓN Siguiendo con la línea teórica planteada en este curso, nos ocuparemos ahora de algunas patologías comúnmente abordadas desde lo fenomenológico para, siendo congruentes con nuestra

ética y posición teórica, abordarlas

haciendo

una

psicopatología estructural. Nuestra intención es plantear la patología, el abordaje estructural y el lugar del AT. Este último a través de los ejemplos presentados en cada uno de los textos de material anexo, en donde se observa la aplicación de lo trabajado en el modulo presente y de los conceptos integrados en los módulos anteriores. 209 Los temas a tratar son: la psicosis, el autismo, la debilidad mental yPág los trastornos de

alimentación, tratando de centrarnos en las siguientes preguntas que tienen que ver con el encuadre de la psicopatología:

1. ¿Qué es y qué se entiende por dicha patología en psicoanálisis? 2. ¿Cómo se origina y por qué? 3. ¿Cuál es la estrategia para la dirección de la cura y qué lugar ocupa el AT en ella?

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LA PSICOSIS Este tema ha sido trabajado en base al articulo de Rith'ee Cevasco”In loco, in altero” publicado en la revista de Campo Freudiano “El Analíticon” numero 1.

Para comenzar vamos a pensar como se situaba Freud ante los fenómenos psicóticos, en tanto que el dispositivo que creo para el tratamiento de la neurosis no le parecía apto para el tratamiento de la psicosis. Sin embargo se observa a lo largo de su obra una permanente preocupación por llegar a dar cuenta de las manifestaciones psicóticas. En la locura, Freud detecta un “desnudamiento”, una manifestación en superficie del funcionamiento primario que, en los neuróticos solo se hace presente después de una ardua labor analítica, seria como una”exteriorizacion” del inconsciente. Marca entonces una diferencia tópica, esto es algo que en el neurótico se presenta en el interior en el psicótico se presenta en el exterior. Lacan recogerá esta distinción que se manifiesta para él en la observación clínica, dice entonces: “En el caso de la neurosis lo reprimido reaparece in loco, allí donde había sido reprimido, es decir en el medio mismo de los símbolos, en la medida de que el hombre se integra con ellos y participa de ellos como agente y como actor. Reaparece in loco bajo una máscara. Lo reprimido en la psicosis, si que es que sabemos leer a Freud reaparece en otro lugar, in altero, en lo imaginario, y allí efectivamente lo hace sin máscara alguna”67. En ese contexto Lacan habla del delirio. Volvamos a Freud en el articulo de lo “inconsciente”, el autor vuelve sobre el tema y pone el acento sobre la importancia del lenguaje en la esquizofrenia, en la que dice las palabras han sustituido a las cosas pero será recién en 1924 en el articulo que ya hemos trabajado “La pérdida de la realidad en la neurosis y en la psicosis” en el que da cuenta de lo que esta en la base de los fenómenos psicóticos. Así Freud culmina su artículo sosteniendo que el corte con la realidad corresponde a un primer momento del proceso psicótico y la construcción delirante constituye el segundo momento del proceso, como tentativa de la curación. En el seminario III y en el escrito Sobre una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, Lacan tratará de resolver la cuestión que Freud dejara en suspenso considerando que la teoría analítica podría hacer un lugar a un tratamiento 67

Lacan, Jacques Seminario III Las Psicosis. Ed. Paidos, pag. 153

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posible con estos enfermos, el problema será cómo maniobrar la transferencia con lo psicóticos a partir de la posición que el discurso analítico le propone al analista. Así Lacan sostiene que si hay un tratamiento

psicoanalítico

en la psicosis no será

simplemente una “orientación psicoanalítica”, sino un tratamiento dentro de los límites de la ética y de la dirección de la cura que el discurso analítico dispone en cuanto tal. Ya en 1955-56 modifica profundamente el punto de vista psiquiátrico acerca de las alucinaciones. Particularmente el cuestionamiento se centra en las alucinaciones verbales, observa en ellas un fenómeno que proviene de la estructura misma de la comunicación, pero la conclusión es otra, Lacan separa el fenómeno de la alucinación de la explicación que parte de considerar la unidad del sujeto que percibe o la unidad del objeto percibido, así considera que “en la alucinación se realiza algo del orden del discurso: se pone de manifiesto la anticipación de la significación en relación con la emisión significante.” Esto es, “El receptor anticipa lo que va ha ser dicho; el sujeto recibe antes de haber emitido. Hay algo que puede ser oído y que no ha sido pronunciado. Una voz se impone, aun siendo isonora”68. En la misma vía de análisis retoma al Freud del '11 poniendo en primer plano el estudio sobre el delirio. El delirio es un texto69

que puede ser estudiado al modo en

que Freud lo hace con las Memorias de Schreber. La pregunta sobre el tratamiento en la psicosis encuentra allí una

primera

respuesta: “Hemos

de

ser secretarios del

alienado, tomar lo que nos cuenta al pie de la letra”…metodológicamente, tenemos derecho a aceptar el testimonio del alienado acerca de su posición en relación al lenguaje”. Por lo tanto, el psicótico no está fuera de lenguaje, el punto es cual es entonces la relación, en la psicosis, del sujeto con el lenguaje, con el Otro como lugar del significante,

o con el inconsciente como discurso del Otro. A partir de estos

cuestionamientos se desplaza la cuestión de la relación entre el sujeto y la realidad a la relación del sujeto con el lenguaje, con el Otro. Para Lacan la tesis de lo que determina la estructura de la psicosis es la forclusión del significante del Nombre del Padre (recuerdan la metáfora paterna?), lo que implica como efecto la regresión tópica al Estadío del espejo. Abramos un poco esta idea, en

68

Cevasco, Rithee, El Analiticon numero 1, Ed. Paradiso, pag.82

69

Cevasco, Rithee, El Analiticon numero 1, Ed. Paradiso, pag.84 www.centrocrianza.org.ar

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primer lugar ¿qué es la forclusión? Partamos de lo que no es, no es un observable empírico (no lo vemos en un fenómeno de la realidad empírica), tampoco es una hipótesis puesto que tendríamos que verificarlo o refutarlo, Lacan sostiene que es una construcción teórica en tanto que constituye una manera de articular el problema. Así, construye el concepto a partir de la intuición freudiana sobre la existencia de un mecanismo de “rechazo” o “expulsión” que se diferencia de la negación, mecanismo observado en la neurosis, en ella lo que cae bajo la represión retorna por la vía de una simbolización (sueños ,lapsus, síntomas, etc,) mientras que en la psicosis lo que es excluido, rechazado, retorna ya no bajo la forma metafórica del símbolo sino, dice Lacan en lo real. Para el psicoanálisis el sujeto se define siempre en relación al Otro, este, lugar del significante, debe ser entendido o planteado como estando ahí desde siempre. Sin embargo del lado del sujeto si podemos hablar de una historia de la simbolización o de una producción del sujeto, puesto que el sujeto no esta ahí desde siempre, el sujeto debe advenir. “Los avatares de esa articulación, en el campo del Otro, son los que determinan la posición del sujeto, y producen al menos dos figuras centrales: neurosis y psicosis”70. Será entonces, la presencia o ausencia del significante Nombre del Padre y las consecuencias de

la metáfora paterna lo que decidirá en que tipo de

funcionamiento estructural se halla el sujeto. Retomemos de los conceptos de alineación y separación la formulación de lo que es el Otro, por definición el Otro esta en falta (está tachado), no oscila entre una completud y una incompletud, es en sí un conjunto inconsistente, incompleto. En él se produce un redoblamiento, podemos distinguir entonces, entre el Otro como lugar del significante y el Otro como lugar de la ley. ¿Esto sucede a través de qué? A través del abrochamiento que provoca la operación de la metáfora paterna y en ella la función ejercida por el Nombre del Padre. Entonces si retomamos lo trabajado en el Anexo A en el punto en que trabajamos el concepto de “Fort-da”, la metáfora paterna sustituye al Nombre del Padre en el lugar primeramente simbolizado por la operación de la ausencia de la madre (el movimiento del juego del fort-da tal como lo trabajo Freud). Dicha inscripción simbólica dual de la presencia y la ausencia es sustituida por una ley que regula dicha oposición, lo que marca la entrada efectiva del sujeto en el significante en tanto se hace activo a través del uso de la palabra. La metáfora es 70

Cevasco, Rithee, El Analiticon numero 1, Ed. Paradiso, pag.84 www.centrocrianza.org.ar

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aquello que en esta articulación entre lo imaginario y lo simbólico permite que el sujeto pueda localizarse (en el lugar de la X de la metáfora) en la estructura, mediante la referencia al falo. Entonces por una parte el Nombre del Padre es un significante más situado en el Otro, por otra parte es un este muy particular en tanto tiene la propiedad de operar sobre el conjunto de los significantes a los que pertenece. Pero, ¿qué es lo que nos enseña la psicosis? Que esa metáfora puede no producirse .Y por lo tanto, este redoblamiento no tendrá lugar en el caso de que haya forclusión. Podemos decir que la psicosis remite a un estado de la estructura no informada por el Edipo, esto es, en un estado de la estructura sin el corte de la castración, sin metáfora paterna, lo que nos hace entrever cuál es el modo de suspensión de su ser y de su sexo en el que se encuentra el psicótico. Entonces si nos volvemos a ubicar en el texto de “La pérdida de la realidad…” y lo articulamos con lo trabajado hasta aquí, visualizamos lo que en la Neurosis sucede, esa fantasía (que Lacan luego teorizara, aunque no en una equivalencia directa, como fantasma) que está sostenida de cierto campo de la realidad, es en los avatares de la metáfora paterna en que halla su sostén. Asimismo, ello nos permite suponer que en la psicosis esa ausencia es restituida a través del delirio como soporte de ese lugar.

A MODO DE CONCLUSIÓN La psicosis es una de las estructuras clínicas propuestas por el psicoanálisis susceptibles de anclaje por parte del sujeto (aunque estrictamente no podríamos hablar de un sujeto puesto que el sujeto como tal debe advenir) en el tránsito por el complejo de Edipo; caracterizada por Freud como vimos en “la pérdida de la realidad…” por una huída e el primer momento (ver tabla). Lacan a este respecto nos habla de una forclución, operada sobre el significante nombre del padre. ¿Qué significa que este forcluido? Forclución es un término jurídico que designa el vencimiento del tiempo para ejercer un derecho. Ejemplo: si usted se gana la lotería y tiene diez días para presentarse a cobrar su premio, en el día once su derecho ha caducado, es decir, estará forcluido. ¿Cómo se entiende ahora esta forclusión en el psiquismo? www.centrocrianza.org.ar

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Existe un momento (lógico, no cronológico) en el que el S1 es puesto en juego en el tránsito por el complejo de Edipo, éste corresponde a la entrada en el segundo tiempo en la neurosis (ver Edipo). En este momento en donde el padre aparece como interdictor e introduce al sujeto a la castración. Algo diverso ocurre en la psicosis, este S1 no entra en juego en la metáfora, haciendo la sustitución normal. El niño no puede simbolizar al padre, (al que ordena) y por lo tanto no puede producirse este S1 que ordenara su cadena significante y su discurso como en la neurosis. En la psicosis; el padre; dice Lacan, “aparece en lo real”. A esto Miller lo amplia diciendo “la forclución del nombre del padre significa que hay sujetos para quienes lo real del padre no esta mas velado por el semblante del padre 71”. Qué significa esto, que cuando hay cadena rota, al modo de una frase interrumpida, el símbolo (en la cita lo que se llama semblante del padre) alcanza lo real, pero no bajo la forma de una representación, sino que aparece, irrumpe como ajeno y una parte de lo simbólico aparece bajo la forma por ejemplo de una voz. Clarificando esto decimos que un neurótico cuenta con una cadena significante constituida de modo “normal”, es decir que cuenta con un S1, S2, Sn… que será parte de su cadena discursiva y que en base a ella “codificará”al mundo que lo circunda; es decir ; cuenta con una mayor posibilidad de apelar a su universo significante para interactuar en el mundo simbolizando, deslizándose así por su cadena significante que siempre remite a otro significante, dando cuentas de este modo de su enigma72 neurótico. Esto es radicalmente diferente en la psicosis, en donde esta cadena se encuentra “dañada”; es decir; producto de la forclusión, es que en un lugar de la cadena hay un vacío de significación. Este vacío de significación no se dará en cualquier significante, sino en el significante primario, ordenador de la cadena, nos referimos al S1 (significante nombre del Padre)

(S1), S2, Sn….

71

Jaques Alain Miller “De mujeres y semblantes” pág 14

72

Ver “ alienación y separación” www.centrocrianza.org.ar

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Por lo tanto al no haber allí el significante que origina el enigma, en el sujeto psicótico habrá certeza. Y por eso es que el delirio se diferencia de la fantasía neurótica; aquí; en el delirio no hay duda alguna, no hay vacilación que socave la estructura del mismo, para el sujeto psicótico esto, su delirio “ES”. Es conveniente ahora aclarar un punto esencial antes de proseguir, y que se propone para evitar confusiones. Esta huida primera, o forclusión como apunta Lacan, que es fundante de la posición subjetiva no implica por fuerza un andar “delirante” desde el origen; de hecho; un sujeto psicótico puede; a pesar de la imposibilidad de apelar al significante S1; permanecer sin delirar durante años, y sólo apelará al delirio ante algún hecho que desestabilice la posición subjetiva, es decir ante algo que remita para él a ese lugar vacío de significación que corresponde al S1. Es este el estado al que llamamos psicosis estabilizada.

Hasta aquí las conclusiones en relación a esta estructura, entendemos que el tema es mucho más complejo, pero a los fines técnicos de la presente introducción permitirán al alumno ubicarse en esta problemática compleja.

CONDICIONES DEL APRENDIZAJE EN LA PSICOSIS El siguiente

texto pertenece a la Lic. Victoria Vicente, Psicoanalista (Barcelona) y

pertenece a la revista “El niño” N 2 que es una publicación del Campo Freudiano. “Las psicosis: El fenómeno de la escritura”. Este trabajo trata sobre la psicosis infantil y del trabajo previo necesario para saber lo que se puede esperar de cada niño psicótico en la escuela. Partiendo de mis experiencias en un Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil, considero que es muy importante que nos preguntemos en cada caso por el diagnóstico de los niños, porque de él depende el enfoque que daremos a su tratamiento. Cuando nos encontremos frente a un niño, de entrada no sabemos a qué estructura responde los fenómenos que presenta. En la mayoría de los casos, no en todos, se trata de chicos que son

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escuchados y atendidos por un clínico por primera vez, aunque hayan sido visitados repetidamente en servicios médicos y estén siguiendo una escolaridad normal. Los niños pueden presentar síntomas muy variados, pero que raramente indican un cuadro claro de psicosis por si mismo: muchas veces son trastornos que pueden aparecer en niños no psicóticos. Para que el clínico pueda situarse él mismo y pueda situar los fenómenos que se le presenten es necesario una guía, una orientación. La guía que tenemos desde el psicoanálisis es lo que llamamos "la estructura" ya que, como veremos, es la estructura del lenguaje lo que nos permite establecer un diagnóstico y una estrategia terapéutica adecuada para cada caso en particular. Para empezar, vamos a partir de una división cronológica: la psicosis que aparece en la primera infancia, en el niño que acude a la guardería o al parvulatorio, y la psicosis que tiene su emergencia en la edad escolar. ¿Por qué esta división? Principalmente por dos razones. La primera razón está en consonancia con este concepto psicoanalítico de estructura: para nosotros la clave de la psicosis no es de origen orgánica, ni psicológico, ni tampoco se basa en el desarrollo; la clave está en el campo de lo simbólico, porque lo que encontramos en la psicosis es ante todo una dificultad en la simbolización. Por lo tanto -y esta es la segunda razón- para el curso evolutivo de una psicosis no son indiferentes el momento y la manera en que se inició, incluso lo que sucedió antes de su desencadenamiento. También es importante tener esto en cuenta para los aprendizajes, ya que no es lo mismo detectar y diagnosticar una psicosis primaria a los tres que a los diez años: todo esto tiene repercusiones en las posibilidades que tendrán estos niños para saber y aprender.

Dos ejemplos

Los padres del niño de nuestro primer ejemplo están muy preocupados por su hijo de tres años. Tiene un comportamiento extraño, tanto en casa como en la guardería. Casi no habla y si lo hace es de manera ecolálica - repite palabras o frases que oye- y nunca hay una implicación del niño en lo que dice. Presenta movimiento estereotipados, se balancea o se arrastra por el suelo. No nombra ninguna parte de su cuerpo y si se cae o se lastima no se queja ni pide ayuda. En casa siempre está ausente y cuando está en la guardería no se relaciona con otros niños, los ignora. Tampoco hace ningún caso de su hermanita de cuatro meses. En cambio al lado de todo esto, destaca su fijación a www.centrocrianza.org.ar

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los aviones. Siempre se le ve con un avión en las manos. En la guardería, cuando uno se lo quita entra en una crisis de verdadera agitación y cuando intentan volver a dárselo, sigue llorando y gritando y no lo puede volver a coger. Es como si el objeto se hubiera perdido para siempre. Un día, al enseñarle la foto de uno de sus aviones, el niño lo tomo como si fuese el objeto mismo y no pudieron separarlo de ella. Los padres se han dado cuenta de que este niño no parece reconocerse en el espejo y también de que nunca se nombra. Este año, al empezar la escolaridad obligatoria, los padres han llevado a su hijo a un tratamiento psicoanalítico. En este primer tiempo, el tratamiento se ha desarrollado alrededor de este objeto privilegiado, los aviones. El niño ha podido dejar en la consulta los aviones que traía de su casa y se ha llevado los de la consulta, hasta el día que dijo a su terapeuta "dibujemos un avión" y lo dibujaron juntos. En cambio, otras veces se encontró con que su terapeuta dijo firmemente "no" a cosa que él había manifestado73. Este trabajo, de simplicidad solo aparente, ha tenido ya repercusiones en la escuela: el niño ha empezado ha diferenciarse de los otros y también a tenerlos más en cuenta. Todos estos fenómenos me parecen paradigmáticos de lo que el psicoanalista Jacques Lacan llamó el estadío del espejo74. Con este término se refería a la fundamental que hay entre la imagen del cuerpo reflejada en el espejo, constitutiva del sentimiento de unidad corporal en el niño, y la relación del niño con los espejos del mundo exterior. Podríamos decir que es necesaria la construcción de la unidad corporal para que el niño pueda situar después los objetos de los objetos de la realidad. También es necesario que el niño asocie un símbolo, como por ejemplo una palabra,

a la aparición y

desaparición de los objetos porque este es el principio de todo el sistema simbólico. Nuestro segundo ejemplo es un niño que tenía diez años cuando acudió al Centro. Nos llegó derivado por sus conductas violentas y agresivas en la escuela, acompañado de su madre y de un amplio historial de consultas médicas en la primera infancia por retrazo Psicomotríz y del habla. Su madre, que tiene otros tres hijos, hablaba de este como "el objeto de sus sufrimientos" y situaba el detonante de todos los 73

Sobre las intervenciones en la cura de niños psicótico, ver el artículo de Antonio Di Ciaccia "De la pedagogía al psicoanálisis" Preliminar Nº 2

74

El estadío del espejo y su función formadora a nivel del yo tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica. Escritos I. S. XXI. Madrid. www.centrocrianza.org.ar

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problemas en la muerte de los abuelos con pocos meses de diferencia. Según ella, eran demasiadas pérdidas en poco tiempo y el chico no las había sabido asumir bien. Por su parte, y a pesar de su largo historial médico, este chico habló por primera vez de sus problemas cuando llegó al Centro. Explicó que dentro de él había otro que lo agitaba. Se había inventado un término para nombrar lo que sentía cuando los compañeros de la escuela lo insultaban llamándole "pato" o lo trataban como a un "un cualquiera", decía que su cabeza llegaba a la fase terminal nerviosa y que entonces se ponía nervioso y violento. En el tratamiento, lo que pasaba en su cabeza fue tomando distintas significaciones, pero en todas ellas siempre era otro el que lo trataba como a un "perro". La situación mejoró en la escuela cuando situó a esos compañeros que lo insultaban de una forma diferente, mas alejados, como si pertenecieran a otra escuela distinta de la suya, poniendo a distancia a ese otro perseguidor que lo aguardaba.

¿Cómo podemos entender todo esto? Estos dos ejemplos los podemos entender con la idea de que la psicosis no es un continuo. Hemos de pensar que en la psicosis, como en toda estructuración subjetiva de los niños, hay discontinuidades y cortes. Los síntomas psicóticos pueden estar muchos años sin manifestarse y sin aparecer pero la clínica nos demuestra que en el momento de desencadenamiento de sus psicosis el sujeto se encuentra con algo en el campo simbólico a lo que no puede dar respuesta. Por esto resalto la importancia del encuentro y de la ruptura, porque es lo que deja sin posibilidades de respuesta. En las psicosis "primarias" este encuentro no es tan patente como ilustra el primer ejemplo. Y también podríamos preguntarnos por aquellos casos en que la psicosis se desencadenan a los diez o catorce años ¿antes de esto el chico era ya psicótico? Para nosotros la respuesta es afirmativa. Desde el psicoanálisis más bien nos preguntamos ¿qué era lo que aguantaba a este chico antes de la eclosión de su psicosis para que pudiera arreglárselas con sus cosas y su mundo? De este modo encontramos las identificaciones, los puntos en los que el chico se apoyaba y que de repente dejaron de sostenerlo. Después del desencadenamiento debe "reconstruir" esos puntos de apoyo en el proceso que llamamos "estabilización". Por lo tanto, podemos decir que los modos de intervención según se traten de una psicosis en la primera infancia o en la edad escolar van a ser diferentes, aunque en www.centrocrianza.org.ar

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ambos casos el clínico intervenga en tanto que otro para el sujeto. Un otro diferente al suyo, menos loco, menos perseguidor, que no tenga el saber absoluto sobre él. Cuando nos encontramos en la primera infancia, con niños que apenas hablan, que se mantiene ausente y que no establecen un lazo con los otros, se trata más bien de introducir elemento de mediación que puedan favorecer un inicio de relación. Se trata de entender las cosas que dicen y lo que hacen a través del soporte de las palabras, introduciendo así una cierta significación de lo que ocurre. En la psicosis que emergen de manera tardía se trata de intervenir para sostener algún tipo de identificación que ordene y ponga límite al desorden que ha aparecido, o bien de ayudar a que se sostenga una construcción de saber, algo que el chico inventa, elabora, para dar significado a eso que en principio aparecía sin sentido. Tanto la identificación como la construcción de un saber son dos formas, dos modos diferentes de

conciliar los signos insensatos o los pensamientos intrusivos que

aparecen en la psicosis con una cierta razón y un cierto sentido y esta conciliación es muy importante porque aligera la dimensión perseguidora y el desorden de su mundo. También la forma de presentación de los síntomas pueden ser diferentes en ambos casos. Lo que encontramos, la psicosis primarias es ante todo lo que se clasifica como "trastornos del lenguaje", problemas de violencia y agresividad, trastornos de afecto como la depresión, etc, pero en última instancia revelan ser una cobertura de la estructura psicótica subyacente. Claro está que estos síntomas no son por si mismos indicativos de la psicosis ni suficientes para establecer el diagnóstico diferencial del que hablábamos al comienzo. Lo que hay que subrayar es la aparición en primer plano de la dificultad de simbolización de la cual la psicosis en la primera infancia es realmente ilustrativa. Es ilustrativa en relación a dos clases: el fracaso en la relación con los iguales y el trastorno del lenguaje. ¿Qué podemos decir desde

el psicoanálisis de estos trastornos

del lenguaje?

Entendamos que el campo propiamente humano es el campo de lo simbólico, el campo del lenguaje, y que el instrumento para que esto se realice es la palabra en tanto medio de expresión de una subjetividad y forma de comunicación con el otro. Por lo tanto, partimos de la consideración de que es la función de la palabra lo que humaniza al hombre. Los "Trastornos del lenguaje" referidos a las alteraciones del habla son las ecolalias, las repeticiones de frases, la no utilización de los tiempos verbales ni www.centrocrianza.org.ar

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pronombres personales, etc. Cuando

escuchamos estos trastornos en un niño

psicótico, nos damos cuenta de que está en el lenguaje, pero que no es sujeto de su palabra, de que está capturado por lo que el otro dice, pero que su propia relación con su palabra no está subjetivada. Es más bien como si fuera hablado por otro y no estuviera situado como sujeto activo en su propio discurso. Por eso decíamos al principio que es tan importante poder establecer un diagnóstico y un tratamiento adecuado para cada niño lo más pronto

posible, para que cada uno tenga

la

oportunidad de ser escuchado y de ser ayudado a situarse en esta relación a la palabra.

Victoria Vicente Psicoanalista (Barcelona)

AUTISMO

En torno a esta temática comenzaremos por

definir

lo

que

se

históricamente del autismo

ha

dicho

infantil y

luego lo que la orientación psicoanalítica lacaniana

ha producido

como análisis

estructural del autismo. Es Bleuler en 1911quien crea el término para definir “el retraimiento en el propio mundo imaginario de la esquizofrenia”, que es una de las formas en que se presenta la psicosis, pero es Leo Kanner en 1943 quien introduce el “autismo infantil precoz” como una nosología nueva para nombrar “los casos de retraimiento en niños menores de un año”. Esta distinción está basada particularmente en “la existencia de este cuadro desde el nacimiento”. Tomaremos entonces la definición de Kanner como

una

primera

apreciación

fenomenológica del termino, dice entonces que esta perturbación se caracteriza por “la incapacidad del niño para relacionarse de una manera común con la gente y las www.centrocrianza.org.ar

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situaciones desde el principio de la existencia”. Desde bebés no adoptan una postura anticipatoria antes de ser tomados en brazos, presentan extrema tranquilidad y aislamiento. La segunda característica que Kanner apunta fue la falta de uso del lenguaje con fines de comunicación. Presentan ecolalia tardía, inversión de pronombres, literalidad y afirmación por medio de la repetición. En síntesis imposibilidad de utilizar el lenguaje para trasmitir significado. Una tercera

característica

es el deseo

obsesivo por

mantener la igualdad, lo cual resulta en una notable limitación en cuanto a la variedad de la actividad espontánea. Cuarto, los niños manifiestan una fascinación por los objetos que se diferencia de su relación pobre o ausente con las personas. Según Silvia Tendlarz en su opinión sobre la definición de Kanner “el innatismo que postula no es orgánico sino que constituye un déficit intelectual que no se confunde con la debilidad mental, por el contrario tienen una expresión facial asombrosamente inteligente…lo exterior es vivido por estos niños como una amenaza no localizable…. Esto produce

que toda

acción de otro sea vivida como

intrusión (inclusive la

alimentación, los cuidados corporales, incluso la simple presencia) “. Desde una perspectiva psicoanalítica D. Devroede nos dice “sin un orden simbólico los cuidados no son vividos como tales sino que se vuelven una intrusión”. Este es un dato importante, no hay orden simbólico localizable. Fenomenológica mente entonces, los autistas por lo general no hablan, o en todo caso balbucean un soliloquio ininteligible, raramente entran en contacto con su entorno y si lo hacen es para cumplir “un impulso de su voluntad”, actúan como si carecieran de cuerpo, se golpean sin acusar dolor, no tienen noción de peligro. Si bien existen estudios exhaustivos desde la psiquiatría para clasificar el autismo, nos referiremos a el como un hecho de estructura. Sin negar que hay trastornos orgánicos a los que se suma el autismo. Es decir partimos de la estructura para considerar el trastorno orgánico como un límite en lo real con lo que se enfrenta un tratamiento. J. Lacan aborda en dos oportunidades la problemática de autismo. La primera en el “Discurso de clausura de las jornadas sobre las psicosis en el niño” (1967) la segunda en la “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma” (1975), específicamente en el apéndice de preguntas. En el “Discurso de clausura…” dice haciendo referencia a un caso que se había presentado “si un niño se tapa las orejas como nos dicen- ¿y a que'?: a algo que se está hablando-… del verbo se protege”. Pone en relieve entonces la estructura www.centrocrianza.org.ar

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de un fenómeno: la alucinación, es decir que el hecho de que el niño no hable no impide que esté sujeto a alucinaciones. En la “conferencia en Ginebra” nos dice “los autistas se escuchan a sí mismos. Escuchan muchas cosas. Esto desemboca incluso normalmente en la alucinación y la alucinación tiene un carácter mas o menos vocal. Todos los autistas no escuchan voces, pero articulan muchas cosas, y se trata de ver precisamente dónde escucharon lo que articulan…se trata de saber porqué hay algo en el autista que se congela, podría decirse”. Esto, como prueba de que la resonancia del lenguaje y la palabra es algo constitucional. En el mismo momento ante una apreciación de alguien del público que señala “…nos cuesta trabajo escucharlos. Su lenguaje sigue siendo algo cerrado”. La respuesta de Lacan es taxativa: "es muy precisamente lo que hace que no los escuchemos. El hecho de que ellos no nos escuchan. Pero finalmente sin duda hay algo para decirles”, clara indicación de que hay una vía psicoanalítica para el trabajo con estos sujetos.

Como consecuencia de la enseñanza de Lacan y a partir del andamiaje

teórico

formulado por él, se ha abierto esa vía. Así Collette Soler nos dice que los autistas deben ser considerados como un polo, por un “rechazo de entrar en la alienación deteniéndose en el borde”. Enumera cuatro fenómenos que le son propios:

1. Son niños que se sienten perseguidos por los signos de presencia del Otro, especialmente por los objetos voz y mirada, de allí que viven la presencia del Otro como intrusiva. 2. La anulación del Otro, parecen sordos, presentan trastornos de la mirada. 3. Rechazo de que el Otro pueda introducir una intimación con la palabra. Así, la ausencia de la dimensión de la llamada es el complemento del rechazo a ser llamado por el Otro. 4. Problemas de separación del Otro, adhesividad.

Al plantearlo como un polo la autora nos señala más bien un “estado” antes que una posición en relación a la estructura. Podemos considerar que en cierta manera es una forma extrema de la esquizofrenia infantil.

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Por otro lado Esthela Solano Suarez considera que el autismo “es una consecuencia de una falla en la estructura. Esta falla es equivalente a la no inscripción de la función simbólica del Nombre del Padre… No obstante si el autismo se ubica como una consecuencia de una malformación simbólica fundamental, eso no implica que en este caso no se puedan considerar las incidencias del lenguaje como incidencias negativas, puesto que estas ponen en evidencia lo que de aquel retorna como lo real del verbo…el enigma del autismo puede ser leído como la revelación de la verdad de la estructura: el Otro no existe y como partenaire del goce, en el lugar de la inexistencia sólo responde el objeto “a” al cual se correlaciona un modo de gozar autístico. Contando con que se ha localizado al autismo en un estado extremo de la psicosis. Dice Lacan “para obtener un niño psicótico hace falta al menos el trabajo de dos generaciones. El propio niño es el fruto de ese trabajo en la tercera generación”. Esta indicación nos señala que será de allí, de cómo se concatenaron el lenguaje y la palabra en esas generaciones y lo que de ello quedo fuera, que volverá en lo real de ese sujeto y su errancia, en donde escucharemos su petrificación en el autismo.

EL TRATAMIENTO DEL OTRO, ¿UNA FORMA POSIBLE DE LA DIRECCIÓN DE LA CURA EN EL AUTISMO? En relación al modo en que se desarrolla la dirección de la cura y la transferencia en el autismo, sostiene F. Koheler: “La clínica del autismo debe operar sobre el corte y no sobre el maternaje, se trata de producir una falta que autorice el acceso a la palabra”( Koehler, F.”El Otro en la cura del psicótico”, Niños en psicoanálisis). Pero, ¿de qué manera si consideramos la dificultad concreta para el desarrollo de la transferencia en el autista por la anulación del Otro? (Esto articulando

por un lado los puntos

trabajados anteriormente en este mismo tema y la consideración del Otro como lugar del ste. y del deseo), señala Leonardo Rodríguez, (“En los límites de la transferencia Psicoanálisis y autismo-”, Uno por Uno 33.) en relación a lo que sostiene el matrimonio Lefort, la importancia de adoptar una actitud pasiva -que requiere una escucha activa y el silencioso trabajo por parte del analista- en el trabajo con los niños autistas, de tal www.centrocrianza.org.ar

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modo que se pueda facilitar ”los intentos del sujeto de dividir al Otro, articular una demanda y extraer el objeto del Otro”. Con la finalidad de clarificar esta indicación transcribimos a continuación una viñeta clínica de un caso a cargo de la Sección Clínica de Aix-Marseille y Antena Clínica de Niza, presente en el libro “La Psicosis ordinaria”*. C. El caso particular de la clínica del autismo.

1. El pequeño Noel El niño al que llamaremos Noel fue un bebé normal hasta los seis meses, cuando aparecieron algunas sílabas que se repetían, entre ellas un “mamá”. Luego, el silencio; el lenguaje, que se estaba poniendo en marcha, se detuvo, y la mirada se perdió. Parece no notar la presencia de su madre, pero, paradójicamente, lanza alaridos durante sus ausencias. Hay desencadenamiento de una psicosis cuya expresión sintomática será autista. Este momento se localiza clásicamente en la clínica infantil entre los seis y dieciocho meses. Se sitúa cuando la madre hubiera podido articular sus respuestas con el primer “ma-ma”, cuando tendría que haberse constituido la experiencia en el espejo, después de los primeros intercambios de miradas, cuando el deseo hubiera debido

orientarse.

El rechazo

de la voz y la mirada puede

recordarnos un

desenganche del Otro del significante. Y del Otro del cuerpo y de la imagen. Los primeros signos patológicos de “Noel” -que ignora la presencia pero lanza alaridos en la ausencia- nos sugieren que se trata de lo concerniente al primer intervalo simbólico de la presencia y de la ausencia de la madre. La psicosis se inicia con una falta radical de todo”proceso primario” de simbolización. La falla de la Bejahung (afirmación) primordial podría corresponder al desencadenamiento. El niño ve por primera vez a un analista a los seis años: no mira, de vez en cuando emite graznidos a media voz, padece alucinaciones, pero dibuja planos. Dos secuencias localizadas en la transferencia le permitieron salir de repliegue autista. En el transcurso de las numerosas sesiones vacías, sin atención de su parte, el analista salió de la habitación para buscar en un cuarto vecino la lapicera que le faltaba. Al finalizar la sesión, Noel quiso precipitarse en ésta con gran júbilo. En el siguiente encuentro, la sesión no puede realizarse por un retraso. El analista recibe a” Noel” para decírselo. Cierta preocupación lo lleva a mirar por la ventana a la calle para verlo irse con su madre. La sorpresa del analista es grande cuando ve que “Noel” lo mira por primera www.centrocrianza.org.ar

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vez. En adelante, la mirada es de vez en cuando intencional y el niño observa su imagen en el vidrio en la sesión de la noche. El graznido da pasos a un lenguaje esquizofrénico, y la lapicera le sirve para dedicarse a un trabajo de escritura y de delimitación de tipo geográfico: traza incansablemente un contorno que es, se supone, ya el del litoral de la religión, ya el de partes de su cuerpo. Se puede plantear la hipótesis de que esas sesiones confrontan al niño con cierta transferencia, con una falta que percibe en el analista y que refiere a un objeto: la lapicera, que entonces investirá. Ésta se convierte en la herramienta de un trabajo de la logificación de su psicosis. Presencia y ausencia parecen así no ser mas experimentadas como puro real insubjetivable. ¿Cuál es la tesis para este grupo de investigadores? La consideración de que el autismo entre otros puede situarse como una “forma clínica” o un “modo atípico”en el sentido de variante respecto a la “forma tipo” del desencadenamiento que Lacan plantea para la Psicosis en sus primeros escritos. Por lo tanto sugieren que lo que podría orientar la clínica, de un modo empírico, consistiría en situar aquello que en determinado momento para un sujeto se desengancha en relación con el Otro. Así, esta localización permitiría aclarar retroactivamente cuál sería el elemento que hacia de enganche para el sujeto y de un modo operativo, utilizar estos datos para dirigir la cura “en el sentido de un eventual reenganche”. Uno de los artículos mas interesantes acerca de este tema es el realizado por Marc Strauss:”Para una

especificidad

del autismo”(Strauss, Marc “El Caldero”

numero 29 Publicación mensual de la Escuela de la Orientación Lacaniana), en este escrito el autor examina lo que da en llamar la iniciativa, el Otro y la estructura. Para ello considera que para el autista el otro, en tanto altera un orden inmutablemente establecido

es perturbador, intrusivo, en el otro extremo sin embargo el orden

establecido pareciera que va mas allá del otro, no lo llama. Strauss señala que es necesario precisar cual es el clivaje entre el otro y el sujeto, puesto que el autista no es necesariamente indiferente al otro ni su comportamiento significa tampoco que no haga nada con él. Un ejemplo esclarecedor nos permitirá dimensionar estos enunciados: “Una niñita tenia el don particular de acercarse a los adultos hasta tocarlos con la mano, mirando en el vacío, sin hacerse notar. Luego de un momento, que podía ser bastante largo, la persona tocada terminaba por darse cuenta de su presencia y www.centrocrianza.org.ar

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reaccionaba con un espanto más o menos controlado frente a esta especie de vampirización imperceptible. Cuando su presencia era notada, la nena se daba vuelta como si tal cosa”. 75 En el ejemplo el autor nos muestra que el sujeto cuando esta tranquilo, no está por ello sin un lazo al otro, y en consecuencia con el Otro más allá de él. Pero que habría que distinguir “…este Otro a la mano del autista, del Otro insoportable”. Y a esta oposición el autor la plantea en relación a la iniciativa, “cuando la iniciativa viene del Otro es inaceptable”. Entonces ese afán particular de dominar el universo en todos sus detalles para que no sea devastador sería una manera reconciliatoria de arreglárselas con el Otro en tanto no deja que ninguna iniciativa quede de su lado. Ello daría sentido a lo que señalan la mayoría de los autores que trabajan esta problemática: “para entrar en contacto con los autistas hay que hacer como que uno no se ocupa, hay que mas bien, dejarlos venir, dándoles tiempo”. Por lo tanto, cuando la iniciativa viene del Otro y la sensación de intrusión aparece

el significante se presenta en una vertiente

despedazante, lo remite a la parcialidad de los objetos. Que le hablemos puede equivaler a que lo miremos a un ruido ensordecedor o al vuelo de un pájaro en la ventana “lo que cuenta es la manifestación de una discontinuidad”. Por otro lado pero en la misma vertiente, para el autista no hay enigma, si lo hay está del lado de quien lo acompaña, el Otro, el partenaire, el psicoanalista o quien lo cuida. Ello se observa “en el empuje a la producción de significaciones que estos niños tienen para los otros… Ya que estos sujetos no dicen, uno dice por ellos”. A propósito de esto Strauss cita un ejemplo de un muchacho de 15 años que se presenta ante el Otro en una aparente docilidad, casi una ofrenda de si mismo, por lo que repite con todos sus partenaires una misma escena, en donde el otro se ve conducido a completar la escena con la significación que convenga, así, la escena “ consiste en inducir en ellos una espera plena de esperanza, pero al mismo tiempo eternizada”. Entonces, el psicoanalista tiene la impresión de que quiere decir algo, el maestro tiene la impresión de tiene ganas de aprender, los padres de que quiere ser como el resto de los muchachos de su edad, etc. pero jamás ocurre nada de lo que se espera. Estas disquisiciones entre otras le hacen deducir al autor una serie de articulaciones que sitúa la especificidad del autismo en referencia a la relación del sujeto al Otro. Así, 75

Miller, Jacques-Alain y otros “La Psicosis ordinaria”, Colección del Instituto Clínico de Buenos Aires. www.centrocrianza.org.ar

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como en la psicosis el autista esta desatado del Otro, no pudiendo ponerse en correlación más que anulando toda dimensión de dirección y de presencia. “El Otro debe hablar, vivir en lugar de ellos”, “son seres que no están para nada en aquello que los anima, que los ocupa”. Ante este enigma que plantea el autismo surgen una variedad de modos de pensar una cura posible. En la misma vía de las hipótesis anteriores, pero con otra modalidad surge la alternativa de ciertas instituciones, en este caso particularmente se trata de los trabajos llevados cabo en las instituciones belgas “la Antenne 110” y “Le Courtil”.76 Ambos lugares proponen (desde el marco del psicoanálisis lacaniano) una tarea en el interior de la institución separada del tratamiento analítico, en tanto éste se lleva adelante fuera. Si bien, vamos a tomar el tema del trabajo institucional en el próximo modulo, nos parece interesante trasmitirlo aquí por el modo en que conceptualizan el trabajo particular llevado a cabo en esos ámbitos en tanto nos parecen pertinentes a lo que en los módulos anteriores hemos trabajado en cuanto a la tarea del A.T. Así, nos encontraremos con trabajadores que se desempeñan. La “Antenne” fue fundada por Antonio Di Ciaccia en 1974, lo que se espera del equipo parece sencillo: que produzcan un encuentro con los niños, que no actúen como psicólogos, ni como terapeutas ni como psicoanalistas. Se ocupan de actividades de la vida cotidiana y de talleres o atelieres. ¿Cómo trabajan?: los trabajadores de la institución se ofrecen distraídamente en ese lugar: “se trata de una oferta de asociación para el tratamiento del Otro”.Dejan a los niños que los ordenen de acuerdo a su necesidad lógica de inscripción, con lo que permiten que elaboren circuitos mas complicados o los ayudan a elaborar un delirio. De este modo apuntan a que eventualmente surja una pacificación. De ello dicen: “Intentamos dirigirnos a estos niños a partir de una falta, hacernos faltar frente a ello de algo del orden de la mirada o de la voz. Intentamos dirigirnos a ellos apuntando, mirando hacia otro lado. Intentamos maniobrar con la voz como con la guitarra, la ponemos en música en forma teatralizada, con un gran ceremonial. Esto tiene como efecto que el sujeto psicótico se tranquiliza, acepta mucho mas la presencia del educador y se arriesga a acercársele, a hablarle e incluso a demandar”. Así en ese ámbito

frente

a una encrucijada

particular los niños toman

sus

intervenciones de otra manera. 76

Idem www.centrocrianza.org.ar

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A su vez en la mira de este trabajo de elaboración colectivo, el responsable terapéutico debe garantizar que la institución esté articulada en relación a un lugar vacío, para que de este modo no haya ningún saber constituido que bloquee dicha elaboración. Es de este modo en que ellos hacen operativa la invitación de Lacan a funcionar como secretarios del alienado. La otra institución a la que nos referimos, “Le Courtil”, trabaja con niños psicóticos y neuróticos graves, quien la dirige Alexander Stevens sostiene que el trabajo con los pacientes “apunta a privilegiar los efectos de la palabra y su acción de orientación para el sujeto”, asi el marco de referencia será el psicoanálisis pero se distingue de un tratamiento propiamente dicho. Vale aclarar que “Courtil'es el nombre en francés antiguo dado a un patio o jardín interior, y esa fue la marca intencional para delimitar el tipo de trabajo. A su vez “los intervinientes”, como llaman a quienes están a cargo de las actividades, no son analistas, sin embargo cuentan con una experiencia personal de análisis, que los haría ubicarse en un lugar de “analizantes civilizados”. Dos ejemplos de intervención nos permite dimensionar el estilo de accionar que se trabaja en este lugar: “Emmanuel es un niño autista, agitado que se golpea la cabeza contra las puertas. Un interviniente le traza una línea en el piso, entre la puerta y él, y le dice que no puede atravesarla. A partir de este límite el niño comienza a jugar con sus bordes organiza su espacio y comienza decir algunas palabras. Otro niño, que solía escaparse de la institución, recibió un día una intervención paradójica. Al escaparse, lo van a buscar en auto y en el momento de alcanzarlo, en lugar de detenerse, lo saludan y se van. El efecto sorpresivo hace que el niño vuelva solo”. Se observa entonces que el estatuto particular de las intervenciones llevadas a cabo no son interpretaciones pero tampoco puramente acciones. En realidad el acento esta puesto en el no dar sentido a las acciones del niño si no de intervenir apuntando al sujeto, de producir la emergencia de la dimensión subjetiva a través de intervenciones que produzcan efectos en donde se apela

al humor

o a la sorpresa,

esperando que se produzca

una cierta

discontinuidad o una oferta a partir de la cual quedar próximo al sujeto permitiendo que la iniciativa surja de él. A lo largo de todas estas referencias y releyendo cada uno de los recortes y reflexiones de los distintos autores,

algo común

se hace presente a modo de

conclusión: La única oportunidad de intervenir en el caso del niño autista es poder ocupar un lugar próximo a él sin representar una amenaza persecutoria. Para ello, es www.centrocrianza.org.ar

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notable en los diferentes ejemplos, se apela particularmente a recursos que tienen bastante que ver con la creatividad, pero también con un trabajo clínico riguroso, lógico y que no pierde de vista la singularidad ni la prudencia. Hasta aquí el desarrollo de la presente temática, en el material anexo ponemos a disposición de los alumnos el texto sobre “Acompanamiento Terapéutico y Autismo”77 cuyas autoras son Ruth Akselrad y Claudia Levit en donde

nos trasmiten

una

experiencia de acompañamiento domiciliario, presentan como estrategia “la práctica entre varios”, apuntando también a la destitución mutua con la finalidad de correrse de un lugar que podría resultar peligroso para el paciente, y apelando a la teorización de la iniciativa de la que nos habla Marc Strauss, realizan su tarea.

ACERCA DE LA DEBILIDAD MENTAL Este tema ha sido trabajado sobre la base del texto “Estar fuera de lugar. Sobre la debilidad mental” de Pierre Bruno y las consideraciones que en relación a El realiza Eric Laurent. Para comenzar tomaremos una breve referencia histórica que el autor realiza en relación al término “debilidad”, así, en primera instancia el termino estuvo ligado a lo físico hasta 1909, año en que Dupré amplía esta nominación a lo mental, a partir de lo que surge la expresión “debilidad mental”. Será luego, a partir de los años 50 en que la psicología diferencial pondrá el acento en el “cociente intelectual” y lo hace de este modo solidario a la debilidad. Maud Mannoni, alumna de Lacan tendrá el mérito posteriormente de levantar la interdicción del acceso del débil a la cura analítica, estos postulados figuran en el libro “El niño retardado y su madre”, cuya versión original se edita en la colección “Le champ Freudien” dirigida por Jacques Lacan. ¿Cuál es la tesis de Mannoni?, dice: “…el niño retardado y su madre forman en ciertos momentos, un solo cuerpo, confundiéndose el deseo de uno con el del otro, al punto que ambos parecen vivir una sola y misma historia. Esta historia tiene por soporte, en

77

“Eficacia clínica del Acompanamiento Terapeutico”, autores varios www.centrocrianza.org.ar

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el plano fantasmático, un cuerpo que se diría afectado por idénticas heridas, que han revestido una señal significante. Lo que en la madre no ha podido ser resuelto en el nivel de la prueba de castración, será vivido en forma de eco por el niño, que en sus síntomas no hará mas que hacer “ hablar” a la angustia materna”78. Para la autora, la clínica de la debilidad está basada en un “decir parental” en el que hay una preeminencia materna que liga la debilidad del niño a una función de máscara de la depresión de la madre. Su tesis se orienta a dejar a la debilidad del lado de la psicosis y la excluye de la posibilidad de una asimilación a la neurosis. A esta tesis Lacan responde en el seminario 11 que no es el cuerpo lo que forma el Uno, se trata entonces de los significantes. El niño débil se encuentra “psicotizado “ pero no psicótico, en tanto da la impresión de no poder separarse de los significantes del Otro, autoprohibiéndose el saber. ¿A partir de qué se sostiene esto? En la noción de lo imaginario y la referencia al cuerpo en tanto que “ lo que para el ser hablante se representa no es más que el reflejo de su organismo”. Eric Laurent lo explica, dice “ la función eminente de la debilidad que empuja al ser hablante a pensar que el universo no es más que el reflejo de su cuerpo, el macro cosmos reflejo del micro”79 . Entonces el débil se encarniza en ello, pone en lugar del Ideal que sostiene en la estructura la verdad de su cuerpo. Por lo tanto no hace uno fusionado con el cuerpo de la madre sino con él mismo, “no es porque el sujeto se pone en el lugar de una verdad que él dice lo verdadero. Es más bien porque él se identifica en este lugar que el no es inteligente, él no puede soportar de leer entre las líneas lo fingido del Otro” al modo de la neurosis. Si contamos con que en el estadío del espejo, el niño responde a la mirada del la madre en la que se anticipa a la conformación de un cuerpo, una totalidad del orden de lo imaginario, una anticipación que como toda anticipación es engañosa, el niño débil, no consiente al “engaño” de esta totalidad, inscribiendo su cuerpo en un órgano, que es lo que percibe que el Otro le devuelve como imagen e identidad, así el débil es “paralítico cerebral”, “Down”, etc, y esta es la identificación a una posición de no saber que es producto de los predicados del Otro. Si lo comparamos con la neurosis, por ejemplo en un niño que presenta síntomas de no aprender, en todo caso lo que 78

Mannoni, Maud “el niño retardado y su madre” Ed Paidos pag 53

79

Laurent Eric, “ el goce del débil” TRADUCCIONES N 2 publicación de la fundación freudiana de

Medellín. www.centrocrianza.org.ar

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sucede es que el neurótico en su síntoma interroga lo verdadero de la pareja parental, y a su vez lo justifica, mientras que el débil como tal se identifica en el lugar de lo verdadero, como decíamos antes de manera encarnada y encarnizada. Dice Laurent “yo propondría reconocer una pasión en el débil, aquélla de querer reservar lo verdadero para mostrar el cuerpo. Esto es lo que puede hacer la obscenidad particular de este sujeto […] Es una obscenidad a la cual algunos son sensibles, ellos ceden a la seducción del débil, a su modo de presentar el Uno del goce del cuerpo”80. Ejemplo de ello es lo que se escucha cuando del lado del sentido común y no tan común (por ejemplo en instituciones en donde se trabaja con estos sujetos) oímos “!Los Down, son tan cariñosos, tienen esa dulzura!”, entre otras afirmaciones que en realidad tienden a hacer un “para todos” en donde la singularidad del sujeto se pierde, y en la que el débil se acomoda fácilmente. Pierre Bruno sostiene a la debilidad como un no querer saber, en tanto que el débil se hace esclavo de una lengua formalizada que excluye la posibilidad del equivoco y propone pensar la debilidad como un fracaso reiterado de la separación, la que daría prueba de la falta que el sujeto produce en el Otro con su propia desaparición, en donde

encontraríamos también por la misma definición de la operación

de la

enajenación una cierta resistencia a la castración. Como conclusión de estas consideraciones nos interesa destacar la chance de que aparezca un sujeto independientemente del hecho de que sea débil o no, considerando la esencia de la debilidad como un “padecer del ser-hablante en relación al saber” En el material anexo se presenta un ejemplo de acompañamiento terapéutico en la debilidad, nuestra intención es que el alumno lo lea y realice una lectura crítica del caso presentado teniendo en cuenta lo trabajado en este apartado y los conceptos ya vistos en la unidad de la transferencia (unidad III).

80

Laurent Eric, “ el goce del débil” TRADUCCIONES N 2 publicación de la fundación freudiana de

Medellín.

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ANOREXIA Y BULIMIA, ¿HAMBRE DE OTRA COSA? Dra. Mirtha Córdoba Melo

Los siguientes dos textos pertenecen a la Dra. Mirtha Córdoba Melo (psiquiatra y psicoanalista) que nos habla de

lo

que

es

su

especialidad, la bulimia y la anorexia como síntomas de la contemporaneidad, de los

que

perspectiva

desde

la

psicoanalítica,

podemos decir, nos remiten a “Otra cosa”. Es importante aclarar que la Dra. Córdoba Melo se desempeña en esta ciudad siendo la directora del instituto “Alegoria” en donde se tratan los trastornos de alimentación que presentamos a continuación. La anorexia parece estar de moda,

pero no es nueva, sólo que antes

a las

enfermedades se las consideraba santas o brujas. No solo afecta a las mujeres: un 10% son varones. Si se ha puesto de moda la anorexia entre los medios de comunicación, es, entre otras cosas, porque resulta una dolencia fascinante: esa contumacia en la destrucción, la rareza y espectacularidad del síntoma. Son en general chicas y chicos modelos, los mejores hijos de la casa. Ese niño dócil que jamás da problemas y que nunca ha abierto la boca hasta que su cuerpo empieza a hablar por medio de este morboso rechaza la comida. Pero, ¿Qué es lo que apresa al anoréxico?, ¿De qué protesta?, ¿Por qué se enferman muchas más mujeres que hombres?, ¿Es cierto que últimamente han aumentado los casos de modo vertiginoso?, ¿Influye la obsesión de la moda de adelgazar? La anorexia es una dolencia tan crítica, tan escurridiza, tan fácil de desentrañar, que ninguna de las preguntas anteriores tiene una respuesta definitiva.

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Para empezar hay que saber si es cierto que es una enfermedad en alza, si se puede hablar incluso de una epidemia, como se llegó a decir en un congreso de psiquiatría en Toronto en 1981. Hasta 1950 sólo había 250 casos descriptos médicamente, en 1981 había más de 5000. Pero esto quizá sólo quiere decir que la anorexia se ha hecho más evidente, que los enfermos acuden más a los médicos, que los médicos se interesan más por ellos. No se trata de un mal nuevo: en el siglo XVII se le llamaba "consunción nerviosa" y fue Lasegue, en 1873, quien le puso el nombre de "anorexia histérica". Freud habla en 1895 de la tan conocida "anorexia nerviosa". Y en aquellos años el ideal de la belleza femenina distaba mucho de ser la delgadez. Entre Anorexia y Bulimia la línea que las separa resulta muy confusa. En principio se trata de dos patologías opuestas, justamente el reverso la una de la otra: si el anoréxico no come, el bulímico no puede parar de comer, es decir padece crisis de compulsión devoradora, en la cual, si su caso es suficientemente grave, puede llegar a rebuscar en las bolsas de la basura con tal de encontrar algo que tragar. Sin embargo, el 50% de los anoréxicos pasan por crisis bulímicas. De modo que en realidad, más que patologías opuestas, la anorexia y la bulimia son dos extremos de una misma escala. Los más distinguidos, los más admirados

entre ellos mismos, son los anoréxicos

restrictivos, aquellos que no comen nada porque tienen la fuerza de voluntad suficiente como para negarse al alimento. Luego vienen los purgativos, que comen un poco más y luego usan laxantes o vomitan. En tercer lugar, está el grupo mixto, que alternan dietas feroces y atracones, purgas o vómitos, y por último están los bulímicos con peso normal o sobrepeso, que tal vez pasaron antes por un breve período anoréxico. Es esta actitud distante y superior de los anoréxicos lo que los hace tan irritante para muchos, tan fascinantes para otros: en definitiva tan turbadores. Se mantiene, literalmente, entre la vida y la muerte, estacionándose en esa situación límite, en la medida última de su carne… y para colmo poseen una hiperactividad y un despliegue de energía agotador. Claro que la inanición tiene unos costos terribles: llegan a perder hasta 40% de masa ósea, por eso su estatura se reduce.

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El modelo estético imperante, en los hombres no es la delgadez extrema, si no más bien los músculos, y, sin embargo, también ellos sucumben a la enfermedad, como sucumbieron mujeres de otras épocas, cuando se usaban las carnes abundantes. Por lo que ayuda a deducir, que ni siquiera el imperativo social de delgadez sea un factor determinante: "parecen tener hambre de otra cosa".

TRASTORNOS DE ALIMENTACIÓN, ¿EXPRESIÓN CORPORAL? A su llegada al mundo la cría humana se encuentra totalmente indefensa e incapaz de sobrevivir por sus propios medios, de manera que su vida depende absolutamente de otro que lo cuide, de lo contrario, muere. Esta situación, crea un lazo con el mundo que estará de ese momento, mediado por aquel que ocupa ese lugar vital, la madre. Un niño llora, grita, por algo, quién dirá de qué algo se trata es ella, que decodifica cuales son las razones del pequeño bebé para emitir tales sonidos y movimientos. Las necesidades se verán cubiertas a partir de estas señales, y por lo tanto la medida de la respuesta. Dar comida es dar amor, y ese niño jugará a no satisfacer esa necesidad cuando pruebe a demandar otra cosa. La hiancia que se establece entre la necesidad y la demanda permite dar lugar al nacimiento del deseo. Siempre que a una demanda se responda con la satisfacción de la necesidad, el deseo se apaga, se anula. Inmerso como está el niño en el mundo hecho de palabras, es sólo a través de ellas como recibirá el don de su madre. Una madre capaz de donar es aquella capaz de no satisfacer siempre necesidades, no sólo nutrir, sino

también

dar

lugar

a

ese

desplazamiento fundamental para que el deseo discurra por esa cadena de significantes que el lenguaje dispone. El papel esencial, no lo desempeña el objeto actividad

(pecho, biberón) sino que la adquiere

una

función

erotizada en el plano del deseo, el cual se ordena en el registro simbólico. Esta

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apretada introducción tiene por finalidad comenzar a apelar a conocimientos que disponemos para intentar entender de que hablamos cuando nos referimos a los Trastornos de la Alimentación y un aporte posible para su terapéutica. Históricamente ha sido para el hombre, un hecho interesante conocer acerca de lo que su alimentación le provee y los ritos que existen alrededor de ella. Tomo en cuenta los ritos debido a que con ellos son manifiestas las significaciones del acto de comer. Acto de amor, pero también acto de satisfacción y ofrenda. Cuando pensamos en patología relacionadas a la nutrición, fácilmente acude a nuestras mentes la idea de la desnutrición y la obesidad como puntos opuestos en la cantidad del suministro alimentario. Pero, existen sujetos que evidencian con su cuerpo una suerte de enigma que invitan a ser develados. Digo enigmas porque la "compresión natural" parece no permitir entender como alguien rechaza

el objeto

que mantiene su cuerpo

en vida; así como también

dedicarse a expulsar de manera sistemática lo que ha incorporado. Así es como reciben el nombre de Anoréxicos y Bulímicos respectivamente. Hacia el año 1892, Sigmund Freud, habiendo asistido a una mujer que había presentado una peligrosa repugnancia a alimentarse, y que al lograr hacerlo le resultó excesivo y le sobrevinieron vómitos, ésta le confesó: "Me daba vergüenza que algo como la hipnosis saliera adelante, donde yo, con toda la fuerza de voluntad resulté impotente". Traigo este testimonio de Freud, como ejemplo acerca de lo que ya para el siglo pasado estaba claro en la experiencia del psicoanalista, que la voluntad ejercida, no garantizaba los resultados esperados. En la actualidad, cuando estos pacientes llegan a la consulta, solos o más de las veces, acompañados, suelen autodenominarse, gracias a lo propagado socialmente del tema, "soy anoréxico" o "soy bulímico" como un modo de ser. Me parece a mi muy interesante poder cuestionar acerca de cómo ser "eso", y como se ha mantenido así a pesar de las buenas intenciones de allegados que hacen todo lo posible por salvar a este individuo. El psicoanálisis, considerado una contraindicación para el tratamiento de estas patologías, propone un pasaje de una clínica del hacer a una clínica del decir. Sin embargo resultará bastante difícil que este sujeto haga este viaje en el que por el momento, ante el malestar, por llamarle de algún modo, solo ha logrado responder cerrando la boca o bien abriéndola

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para luego expulsar ese

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contenido. De todos modos no debería sorprendernos ya que la boca, hecha para comer y hablar, puede rechazar y mentir. Estas especulaciones son ajenas al paciente, él solo cree saber acerca de la forma de su cuerpo, el contar calorías, el mantenerse aislado para poder desplegar su compulsión. Si embargo, quedarnos aquí sería conformarnos con una respuesta a la que este sujeto reacciona siempre mostrando que es insuficiente y falaz, que la respuesta educativa no aminora su angustia cuando ésta se desata, que hay Otro que decide por él y maneja su vida. Cuando menciono a ese Otro, vuelvo a lo del inicio. Existen palabras, que impresas a la manera de un sello de agua en el inconsciente del sujeto, significantes, reglan su relación con el objeto en cuestión: la comida. Decía que estos pacientes, raramente consultan solos, el cuerpo emaciado genera a la vista la suficiente atención como para que alguien, muy probablemente ajeno al grupo familiar, haya reparado en él, y entonces, la consulta. Madres y padres angustiados o enojados que generalmente retan, piden, suplican a este hijo, que a veces, parece indiferente ante cualquier solicitud. Este hijo, ahora come nada, porque la nada sí existe en el plano simbólico, y por lo tanto, algo distinto del objeto real. Lacan insiste en eso, dice "la anorexia mental no es un no comer, es comer nada, que es algo muy distinto a una negación de la actividad. Gracias a esa nada el hijo consigue que la madre dependa de él." Y si de hijas se trata, madre e hija están tomadas en una dialéctica muy particular têtê a têtê, cómplice, amorosa y hostil, tan letal como leal. Tanto es así que la introducción de un tercero, una terapeuta, puede provocar que ella huya para evitar la traición. Es como si por la incorporación del objeto, la hija pudiera destruir a su madre, a tomarle su femineidad, por eso el recurso de la anorexia es, ya sea el rechazo de su propia demanda, o bien una incorporación muy breve con la restitución inmediata, como si se tratase que este objeto no pase por el cuerpo, pudiendo así sostener su posición femenina (la de la madre). Madre omnipotente, voraz, que no ha dejado lugar, satisfaciendo permanentemente, necesidades, claro, que el deseo mantenga la vida y esto es lo que una anoréxica nos plantea, hace subsistir su deseo aunque le cueste la vida.

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Entonces, dependerá de quien dirige la cura que posición ha tomado frente a la existencia del inconsciente. Sostener una clínica del caso por caso, es dar lugar a la palabra de un sujeto con un discurso en donde surgirán significantes relacionados al cuerpo propio, materno, familiar y generacional. Si esta fisura se abre, la angustia crece, pero si se mantiene cerrada, aumenta el peso, y el cuerpo, se aliviana. Se establece un morboso juego con el objeto comida creando el lleno y el vacío de modo interactivo y sin corte alguno. Si la terapéutica implementada cambia kilos por silencios, la dualidad mortífera persiste conjuntamente con la generalmente impotente intervención paterna. Frente a este Otro que a la manera primitiva caníbal engullirá, atosigará, al sujeto, éste intentará crearle un falta, un menos, generar de este modo para sí un mecanismo de frustración simbólica que está necesitando. Hablo de anoréxicas y bulímicas, porque la población afectada es mayormente femenina, si bien existen también varones que las padecen. Para estos casos, habría que avanzar un poco más y plantearse también acerca de esta investidura sexual, si es tal, o si se trata de una estructura como la psicosis donde se ha asentado esta sintomatología. Creo también imposible, dejar sin entender los avatares de los que se ha sometido el cuerpo del paciente, por lo que requerirá de un cuidado clínico permanente que vele por los riesgos y por las habituales descompensaciones orgánicas que se producen. Con lo anteriormente

mencionado, cabe aclarar que el médico en su tradicional

posición de decir e indicar, esté preparado para entender que habrá sugerencias que podrán ser escuchadas y otras no, por más que él se esmere. Yo no voy a mencionar aquí todos los efectos clínicos que surgen a partir de la no alimentación, ni de las purgas post-ingestas pero pueden imaginarse ustedes que son todos graves. Y esto creo yo, es una razón de emergencia, de urgencia médica, pero que mientras se tenga claro que necesitamos que exista un paciente, que esté vivo, no podemos funcionar con esos tiempos porque la manera en que su decir se desplegará, no cumple con los mismos requisitos. Y, decía antes, tal vez ésta sea una razón por la que se ha considerado al psicoanálisis inapropiado para estos pacientes, cuando en realidad no son tiempos de la técnica, no se valúa por velocidad, lo que determina el tiempo es el inconsciente. Justamente porque la manera de vérsela con el tiempo surgen de la sintomatología misma. Por ejemplo: www.centrocrianza.org.ar

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 Aumento progresivo del número de horas de ayuno.  Arrebato frenético en los atracones, en el menor tiempo posible la mayor cantidad de comida.  Escaladas de actos - gestos - ritos con determinada duración que lleven por el camino que finaliza en el atracón y posterior vómito.  Aceleramiento del ritmo intestinal para evitar su permanencia en el organismo.  Horarios privilegiados para ingesta.  Mayor cantidad

de horas de actividad, ya sea en las tareas

habituales

incrementadas, o bien en el tiempo de permanencia en el gimnasio.  Grupo estario más frecuentemente afectado: pubertad o adolescencia.

Por todo esto creo que lo urgente es cuidar ese cuerpo orgánico que ha sido elegido para expresar el sufrimiento,

pero eso no invalida la espera necesaria,

con

intervenciones oportunas, del despliegue de la historia que determina tal expresión corporal. Propongo para mi trabajo con estos pacientes un espacio de escucha individual y la inclusión de miembro de la familia que suelen ser portadores de una verdad, escondida en el síntoma del paciente. Ellas, las anoréxicas, etéreas y frágiles han rechazado lo placeres de la carne, y parecen dar fiel testimonio de un malestar actual, en donde esta sociedad de consumo también parece decirle no, y sin consumir se consumen.

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Estimado alumno: Ha llegado al fin del Módulo 4. A continuación deberás realizar y enviar por el campus Virtual la actividad Integradora nº 4. Recuerde que para la realización de la misma, cuenta con las tutorías con la docente del módulo a través del Campus virtual o vía mail.

CONSIGNAS

1. Mencione aquellos aspectos relevantes de

la constitución subjetiva en la

psicosis. 2. Defina las principales características del autismo y realice una articulación estructural de acuerdo a lo desarrollado en el texto. 3. Realice una reflexión personal acerca de la posible dirección de la cura en el autismo y el lugar del acompañante terapéutico como parte de la estrategia. 4. Caracterice a la debilidad mental relacionando: el cuerpo, el saber y la verdad. 5. Conceptualice el estatuto de los trastornos de alimentación en virtud de la relación del sujeto al Otro. 6. Elija uno de los temas trabajados y realice una articulación con el ejemplo de acompañamiento que corresponde ( esta respuesta puede tener una vertiente crítica).

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A continuación se presentan diferentes artículos que refieren a algunos de los temas trabajados

en el Módulo 4. En ellos se profundizan y amplían conceptos

fundamentales que queremos que incorpore y aprehenda. En el material anexo presentamos un ejemplo de acompañamiento terapéutico referido a un caso de trastornos de alimentación “ Y el verbo se hizo carne”, de la Lic. Karina Chayan, perteneciente al libro “Eficacia clínica del acompañamiento terapéutico”.

El presente texto pertenece al libro “El niño retardado y su madre” de Maud Mannoni, a continuación transcribimos la introducción y los capítulos 1 en su totalidad y parte del 2, con la finalidad de que el alumno dimensione la tesis que la autora sostiene acerca de la debilidad.

“EL NIÑO RETARDADO Y SU MADRE” Introducción El siguiente estudio trata de ubicarse en el sentido de la más auténtica tradición freudiana, en la medida en que ésta, a través de la terminología biologista de la época, nos ha revelado sobre todo la importancia de la historia subjetiva para la constitución y comprensión de los trastornos psicológicos. Jaques Lacan nos ha enseñado, tiempo atrás, que en una cura psicoanalítica, se trate de una neurosis o una psicosis, el sujeto es, ante todo, un ser que dialoga y no un organismo. Fue para informar acerca de hechos neuróticos y psicóticos que Lacan llego a demostrar de qué manera los textos de Freud, incluso los más antiguos, implican un inconsciente

estructurado como un discurso, del que deriva todo el simbolismo

relacionado con el nacimiento, con los parientes, con el propio cuerpo, la vida y la muerte. Pero no es éste el lugar para exponer esas consideraciones teóricas. Este libro podría ser contemplado como la extensión de esta orientación a un tercer campo hasta ahora descuidado: el de los retardados mentales, dominio en el que no se www.centrocrianza.org.ar

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podría asegurar que fuera aplicable el mismo método hasta no haber intentado su utilización. Si bien la obra de Freud se oriento en la dirección, hasta entonces inexplorada, de la palabra, la creencia en la naturaleza orgánica de ciertas afecciones continúa sin embargo influyéndonos en forma ambigua: en teoría, un mejor conocimiento de los factores orgánicos debería simplifica y reforzar nuestros medios de acción; pero de hecho, muy a menudo la creencia inicial en el carácter determinante de los factores orgánicos no nos satisface como excusa por nuestra impotencia. Uno de los dominios donde la cuestión merece ser examinada sin preconceptos es el de los niños anormales; ya se trate de la entrada circunstancial de un niño anormal en una familia que no lo es en absoluto, o de niños de quienes puede decirse que es su destino familiar el que los impulsa en el sentido de la anormalidad. Cuando se los ve de cerca, los problemas reales son menos simples de lo imaginable; y si puede parecer paradojal tratar a la vez, como lo he hecho, reacciones de la madre llamada normal y reacciones de la madre patógena, en presencia de un niño a quien un accidente ha vuelto anormal y en presencia de niños simplemente retrasados o débiles mentales sin ningún terreno orgánico comprobado, la explicación es bien simple: me propongo abarcar en su conjunto la variedad de las reacciones fantasmáticas de la maternidad. Cualquiera sea la madre, la llegada de un niño no corresponde jamás exactamente a lo que ella espera. Después de la experiencia del embarazo y el parto, debería llegar la compensación que

hiciera de ella una

madre

feliz. Pero la ausencia

de esa

compensación produce efectos que merecen ser considerados, aunque más no sea porque nos introducen en otro orden de problemas aun más importantes. Porque puede ocurrir que sean las fantasías de la madre las que orientan al niño hacia su destino. Aun en los casos en que se halla un factor orgánico, ese niño no tiene que afrontar tan sólo una dificultad innata, sino también la forma en que su madre utiliza ese defecto en un mundo fantasmático, que termina por ser común a ambos. Después de quince años de estudio de esos niños, considerados a menudo como no tratables, he llegado a cuestionar la propia noción de debilidad mental. Para definir esta noción no basta recurrir a la de déficit intelectual.

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Yo comencé mi trabajo sin ningún juicio preconcebido y los primeros éxitos me orientaron hacia la distinción entre una "verdadera" y una "falsa" debilidad. En la actualidad, ya no se más qué puede significar esta distinción.

He sido inducida a tomar otra dirección, distinta por completo. A buscar, de entrada, el sentido que puede tener un débil mental para la familia, en especial para la madre; comprender que el niño asigna él mismo, en forma inconsciente, a la debilidad, un sentido impuesto por aquel que le dan sus padres. Pienso que he descubierto un abordaje psicoanalítico que abre posibilidades de éxito y de desarrollo. [...]

Capitulo I • El trastorno orgánico

A. Descripción fenomenológica

Examinaré aquí a los niños retardados graves o mongólicos, cuya organicidad, desde el comienzo, va a acentuar el carácter fatal de la enfermedad, que lleva a los médicos a plantear muy pronto un diagnóstico definitivo. Mi estudio es, por fuerza, parcial porque no abarca más que los casos en que los padres han sido llevados a consultar a un psicoanalista; no se trata de un estudio general del problema, sino de un exámen muy limitado de padres puestos en dificultades por la llegada de un hijo enfermo, llamado desde el comienzo irrecuperable y, por lo tanto, en camino de ser un día huésped de un asilo. Los padres tratarán de hacer revisar cien veces el diagnóstico (es decir, la afirmación del carácter casi irrecuperable de la enfermedad); de tal modo, desde su nacimiento, el bebé se convertirá en concurrente asiduo de los consultorios médicos. La madre es quien aprenderá contra la inercia o la diferencia social una larga batalla cuya meta es la salud de su niño desahuciado, salud que ella reivindica, manteniendo una moral de hierro en medio de la hostilidad o el desaliento. Si el padre esta vencido, resignado, si es ciego o inconsciente del verdadero drama que desarrolla, ella, la madre, es muy a menudo de una terrible lucidez. Hecha para dar la vida, está hasta tal punto sensibilizada frente a cuánto amenace esa vida surgida de

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ella, que puede incluso sentirse dueña de la muerte cuando el ser que ella ha traído al mundo le hace imposible toda proyección humana. (1) La relación amorosa madre-hijo tendrá siempre, en este caso, un trasfondo de muerte, de muerte negada, disfrazada, la mayor parte del tiempo de amor sublime; a veces de diferencia patológica; en ocasiones, de rechazo consciente; pero las ideas de muerte están, en verdad, ahí, aunque todas las madres no puedan tomar conciencia de ello. La aceptación de ese hecho está, por lo demás, ligada, la mayor parte del tiempo, a un deseo de suicidio; ello es tan cierto que se trata aquí, concretada en forma ejemplar, de una situación en la que la madre e hijo no son más que uno. Toda ocasión en que se desprecia al niño es recibida por la madre como un ataque a su propia persona. Todo desahucio del niño significa para ella su propia condena de muerte. Si decide vivir, será preciso que lo haga en oposición al cuerpo médico, con la muy frecuente complicidad callada del marido, impotente ante un drama que jamás lo afectará de la misma manera.

(1) ¿Por qué? Porque, digámoslo desde ya, la enfermedad de un niño afecta a la madre en un plano narcisista: hay una pérdida brusca de toda señal de identificación y como corolario, la posibilidad de conductas impulsivas. Se trata de un pánico ante una imagen de si que ya no se puede reconocer ni amar.

La madre va a vivir, pues, contra los médicos, pero, al mismo tiempo, buscará sin cesar su apoyo. Irá de consulta en consulta, ¿para obtener qué, en verdad?

¿La curación de su niño? No cree en ella; y ese niño le pertenece; no piensa cederlo.

¿Un diagnóstico? Ha sido formulado ya múltiples veces por eminentes especialistas.

¿La verdad, entonces? Pero, ¿qué verdad, ya que sólo la madre sabe?

¿Qué sabe ella, exactamente? www.centrocrianza.org.ar

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Sobre todo no quiere saber nada ni recibir nada de ese médico a quien ha ido a pedir ¿qué?

Nada, en lo que concierne al niño. Un poco, en lo que concierne a ella misma. Desea oscuramente que su pregunta no obtenga jamás respuesta, para que pueda seguir planteándosela. Pero le es precisa la fuerza de proseguir y es eso lo que viene a solicitar. Le es necesario un testigo; un testigo que sienta que es ella la que no puede mas, detrás de esa fachada de tranquilidad. Un testigo que, en caso necesario, sepa que ella tiene impulso de matar. La señora B. sabe que su hijo es mogólico desde su nacimiento. Sólo que ella no oye las palabras del partero. Cuando el niño tiene tres meses, un pediatra confirma ese diagnóstico. Esta vez, la madre lo entiende y rechaza los exámenes orgánicos que permitirían establecer el diagnóstico en forma irrevocable. "¿De qué sirve lo que me piden? A un ser anormal se le mata; no se le puede dejar vivir. No es el grito de una madre - agrega - sino una rebelión metafísica". Esta madre ha elegido no saber, al precio de una agorafobia que apareció el día en que se planteó con nitidez el problema de la muerte de su niño y su propio suicidio. Este niño se halla, a los dieciocho meses, en un estado de estupor fóbico, que paraliza un desarrollo de por sí perturbado. A la anorexia sucede el negativismo motor (aunque técnicamente haya adquirido la marcha). Para Pedro, la única manera de no dejarse arrastrar a los deseos de su muerte de la madre es ser negativo. En esta oposición encuentra el apoyo del padre, quien puede así reconocer en su hijo una "virilidad". Julia es una hermosa niñita de ocho años, condenada desde su nacimiento por tres profesores. "Es una mongólica; no hay ninguna esperanza de que camine." A los dos años es tratada por un especialista alemán, que declara que la niña tiene las siete vértebras cervicales bloqueadas. Algunos días después la niña camina y sus tics desaparecen. Comienza luego para la madre la batalla de la educación: de ahí en más quiere que esa niña, que le debe el no ser una enferma, sea además instruida. Pero el contexto fóbico es tal que, sin la madre, Julia se siente perdida. ¿Eso es todo, en verdad? Examino a la niña sola, pese a la oposición de la madre. ¿Qué va a suceder? Por el lado de la niña, un desarrollo contenido (desarrollo que se manifiesta en diversos

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malestares somáticos); pero por parte de la madre un pánico que la hace irrumpir tres veces en el consultorio para ver si Julia está todavía (es decir, si Julia está todavía viva). En casos análogos, las tentativas de psicoterapia son por lo común rechazadas, porque la madre no puede admitir sin gran dificultad la intrusión de un tercero: es preciso que el niño escape de alguna manera a la ley del padre. Es la madre sola quien le asignará su lugar. La ronda de los médicos continuará, pero ahora se tratará, tan sólo, de hallar una causa orgánica "curable". Tal es, asimismo, la situación de Liliana, de catorce años, CI 49, anoréxica desde el nacimiento. La madre rechaza la prueba de psicoterapia que se le propone y opta por dejar a la niña encerrada en una habitación mientras trabaja en la fábrica, antes que confiarla a una extraña. De todos modos, no renuncia a otros exámenes, buscando el factor responsable del estado de la niña en un trastorno orgánico endócrino. En todos estos casos, los padres no se sienten con el derecho a ser tratados como interlocutores válidos. "Un niño enfermo - me decía uno de ellos - es asunto de la mujer." Y cuando, por excepción, el padre se siente involucrado, no es raro que reaccione

con episodios depresivos o persecutorios. Entonces interviene para

interrumpir una psicoterapia en marcha, porque sabe que "todo está perdido", "está hasta la coronilla de médicos que lo explotan", etcétera. Si el padre acepta con serenidad la enfermedad de su hijo, es casi siempre al precio de una enorme culpabilidad: como hombre, como padre, es siempre en alguna medida un fracasado. La madre se siente hasta tal punto comprometida con su niño que le es difícil renunciar. Su rol está marcado: volcará lo esencial de su dinamismo en los instintos de vida y muerte; reivindicada, rebelde, será sublime en su abnegación, intransigente si se trata de matar y guardiana de una fortaleza si se intenta una psicoterapia. Tendrá conciencia de su papel de madre hasta en el rechazo del derecho de su hijo "en peligro" a devenir un sujeto autónomo. Identificándose con los hombres de su progenie, hallará en la desgracia una fuerza sobrehumana, no agotada jamás.

B. Enfoque analítico del problema

¿Qué es, para la madre, el nacimiento de un niño? En la medida de lo que desea durante el curso del embarazo es, ante todo, la revancha o el repaso de su propia www.centrocrianza.org.ar

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infancia; la llegada de un niño va a ocupar un lugar entre sus sueños perdidos: un sueño encargado de llenar lo que quedó vacío en su propio pasado, una imagen fantasmática que se superpone a la persona "real" del niño. Este niño soñado tiene por misión restablecer, reparar aquello que en la historia de la madre fue juzgado deficiente, sufrido como carencia, o prolongar aquello a lo que ella debió renunciar. Si ese niño, cargado así de todos sus sueños perdidos, llega enfermo, ¿qué será de él? La irrupción en la realidad de una imagen del cuerpo enfermo va a causar en la madre un shock: en el instante en que, en el plano fantasmático, un vacío era llenado por un niño imaginario, surge el ser real que, por su enfermedad, no sólo va a despertar los traumas

y las insatisfacciones

anteriores,

sino que impedirá mas

adelante, en el plano simbólico, que la madre pueda resolver su propio problema de castración. Porque ese verdadero

acceder a la femeneidad debe pasar

ineluctablemente por la renuncia del niño fetiche, que no es otro que el niño imaginario del Edipo. En revancha, vemos que en realidad se concreta cierta situación fantasmática: se le da ese niño como un objeto para cuidar, fuera de la influencia del marido; y bien a menudo hallará la fuerza para criarlo remitiéndose a su propio padre (y no a su madre). Esta situación, que para un niño normal sería neurotizante, por satisfacer un deseo materno de tipo histérico, es considerada, en el terreno real, como adecuada al bienestar del niño: ¿No es sobre la madre que se revierte, como muy natural, el cuidado de gestar eternamente a su hijo deficiente? ¿No está ahí, precisamente, en ese niño que se le va a dejar, la verdadera dimensión del drama? Es en otro lado, es decir, en ella misma, que la madre va a sentir, por consiguiente, la inseguridad de ser. (2) Cada mujer, ante la falta de señales de identificación de su niño enfermo, va a vivir su angustia (3) en función de aquello que la ha marcado en su historia; es decir, en función de su propia castración oral, anal, fálica. Cada madre vivirá así, según su propio estilo, un drama real que siempre hace eco a una experiencia vivida con anterioridad en el plano fantasmático y de la cual ha salido de algún modo marcada. "Yo estaba segura - dice la señora B - de que el parto iba a ser algo terrible; mi partero tenía la mano mutilada". "Quería ser una buena madre - me decía otra - y ensayaba, en mi imaginación, sentirme como mi bisabuela". Esta mujer, en efecto, no había podido hallar en su www.centrocrianza.org.ar

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madre ni en su abuela señales de identificación válidas. La llegada de un ni��o enfermo al hogar de una mujer que ha mantenido malas relaciones con su propia madre, puede llegar a despertar conflictos neuróticos compensados por el casamiento. Se presenta angustia y, a veces, reacciones fóbicas. Por el contrario, si la mujer ha permanecido muy apegada a su propio padre, el niño va a encontrar un lugar definido en la familia. Será a menudo el preferido; aquel a quien, en la fantasía materna los otros hermanos y hermanas tendrán que servir hasta su muerte. Está visto que

el niño

enfermo

es rara

vez incorporado a una

situación

verdaderamente triangular. Pero hay casos en que es el padre quien se preocupa por el niño; se trata entonces, la mayor parte de las veces, de una identificación con su propia madre. En tanto que custodio de la ley, el padre no puede sino sentirse perplejo ante un niño que, desde el comienzo, está destinado a vivir fuera de todas las reglas. Si se trata, en fin, de una madre llamada normal, la llegada de un niño enfermo no puede no tener incidencia sobre ella.

(2)

La ausencia

de diálogo,

una situación a dos en una soledad

total,

es

responsable de la angustia y la depresión de esas madres que, a los ojos del mundo, "aguantan admirablemente el golpe". Esta angustia que no pueden dar a compartir es pesada para soportar. Por ello es que hay un momento, en la historia del niño enfermo,

en que

más allá de su problema es el de la madre que se plantea

agudamente.

(3)

Angustia y castración: "Lo propio de la angustia - declara Aulagneier - es que no

se la nombra para nada. Decir que se está angustiado es haber tomado distancia como para reconocer la angustia, o el síntoma? ¿La castración? Es lo que aparece bajo la forma de angustia cuando el Otro no reconoce más al sujeto como objeto de deseo (paralelamente a la absorción de la leche, hay absorción de una relación fantasmática, deseos de uno y del otro)... El Fantasma fundamental se da cuando el sujeto ya no puede orientarse frente al deseo del otro. La angustia surge en torno de lo que no se puede nombrar: transformarse en un objeto cuyos signos con los que el yo se recubre para reconocerse".

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En efecto, en respuesta a la demanda del niño, deberá proseguir, de alguna forma, una gestación eterna (que llena un deseo en el plano de la fantasía inconciente). Dicha madre va a dejar a ese niño, que no puede liberarse de ella por agresividad, en un estado adinámico, como el pájaro empollando un huevo que jamás podrá abrirse. Tales madres terminan por quedar marcadas por la prueba y adquieren un aspecto esquizoide, a fuerza de comportarse también ellas, en respuesta a la criatura, de manera atónica, adinámica. Nos hallamos aquí en una situación dual. En el interior mismo del retraso mental se halla un abanico

de diversas precauciones perversas (hasta

llamadas fondo

orgánico

perverso), psicóticas, fóbicas, que hacen evidentemente pareja con determinada forma de relación de madre-hijo, ya que la madre responde a la demanda del niño con sus propias fantasías. Pero hay otro factor que no se debe subestimar: es la forma en que el niño va a modelar él mismo a su madre, aun así si es normal, e inducirla a adoptar, con respecto a él , un tipo de vínculos sado-masoquistas. La madre ha vivido ese vinculo en un plano fantasmático, en un momento de su historia y le recuerda algo muy primitivo, muy fugaz, experimentado a veces con una muñeca fetiche de ella misma; se trata de algo que tiene un carácter des- tructor y difícilmente ubicable en una relación con el Otro; sería aun mas exacto decir difí- cilmente confesable. El niño va ha despertar algo semejante, que en la madre no fue jamás simbolizado. (4) El estado

de estupor

del niño reclama educación

llamada de adquisición de

automatismos. El niño está, por supuesto, alienado como sujeto autónomo para devenir objeto a cuidar. En el caso del niño a-dinámico, madre e hijo se dejan estar en una vida vegetativa, en la que no hay sitio para el refuerzo, mientras la vida continua. La madre, entre tanto, acepta ser parasitada, o más bien habitada por un ser que sólo existe en un cuerpo parcelado. (5) Si por el contrario el niño se manifiesta como sujeto deseoso, es su cuerpo el que no le per- tenece ya y que está como alienado. Se crea una situación en que madre e hijo no tienen más soporte de identificación. Ante el animal dañino en que se convierte el niño por momentos, la madre reacciona con la actitud imperativa que enmascara la angustia ante el ser humano que ya no reconoce. Y sin embargo, todas las madres están siempre en busca de una luz, felices con una nada que es en ciertos casos del orden del mas allá. "Lo que yo pido - me dice una madre - es poder imaginarme que Dios habita en mi criatura". Dios y no un abismo insondable. www.centrocrianza.org.ar

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(4) No simbolizado: que no puede ser traducido en palabras, por no entrar ni en el orden de la ley ni en el orden de la cultura. Se trata de una experiencia muy particular, vivida en una relación imaginaria del otro; el otro que no es ese sujeto, mi semejante, sino mi doble en una especie de reflexión especular. La situación así creada es sin salida, o mas bien, la única salida es la violencia. Para llegar a sobrepasar esta lucha imaginaria es necesario un tercer término. Para Hegel, éste está constituido por el don del trabajo, mediante el cual el sujeto encuentra un dominio de si mismo y una posibilidad de expresión. Para Lacan, esta tercera determinación , aunque imaginaria, es precisamente lo simbólico.

(5) Sucede que hay grados de estupor fóbico que vienen a agravar el retraso y la depen- dencia del niño hacia su madre, creando hasta un estado vecino al que se halla en ciertas formas psicóticas: el niño no puede tener de si mismo una imagen de cuerpo unificado; su "parcelamiento", que traduce en sus dibujos, indica su imposibilidad al respecto; sucede así que nos expresa que no puede ser sino una boca, una boca para alimentar. La ausencia de imagen unificada de si mismo lo pone en situación de peligro, en pánico de ser rechazado, de ahí que busque refugio en un adulto al que va a parasitar. Por otra parte, tan sólo la música es capaz de aportar a esos niños una especie de alegría pura. Las madres oscilan entre la actitud imperativa y una suerte de indiferencia apacible, fuera de lugar, a imagen del niño que se siente por completo fuera de un cuerpo y fuera de lugar, a imagen del niño que se siente por completo fuera de un cuerpo y fuera de una rela- ción con el Otro. Madres sublimes, tranquilas o feroces, pero en quienes siempre habita la angustia y cuyo autodominio es negarla, ya que el rechazo de saber es para ellas prenda de salud. Esas madres sitúan netamente su angustia en relación con el Otro; en efecto, su problema gira en torno de lo que imaginan que el Otro espera o puede soportar de ellas. Cuando se tiene un niño anormal - parecen decir - se está a la vez muy sola, pues en ese niño una no se reconoce como ser humano, y muy vigilada, ya que, más que otra madre, se debe dar a sí misma cierta imagen soportable. Dicho de otro modo: todo lo que en el inconsciente queda de fantasía sin uso, de residuos de una herida que ha quedado cicatrizada, es muy necesario guardarlo para sí porque de lo contrario, como decía una madre, hay un "retorno al remitente". "Una www.centrocrianza.org.ar

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niñita echó un dia a la basura algo que no tenía aspecto humano.(6) Una vez vaciado el tacho, un resto le fue expedido como un retorno al remitente. “¿Qué quiere usted que yo haga con ese sueño, con ese resto?', concluyo la cliente. La verdad y el dolor no son, en efecto, reconocidos sino en la medida en que el Otro acepte la pena a través de su propia angustia. Uno de los dramas de las madres de anormales, por cierto, su soledad frecuentada por fan- tasías de las que no pueden hablar; el niño, que participa siempre del mundo fantasmático de la madre, está en cierta forma marcado. ¿Pero que decir de la madre, por siempre embrujada, trabajada por la idea de que su hijo jamas revestirá un rostro humano?

(6) 1971. Utilizo en este libro el término diálogo en una forma que corre el riesgo de prestarse a confusión. Hoy formularía las cosas de diferente forma. Se trata, en concreto, de una referencia a la teoría lacaniana según la cual es el símbolo (el lenguaje) lo que permite salir de una situación imaginaria o espectacular. El diálogo de que se trata no es un intercambio de información. se trata de la presencia del lenguaje en la situación.

CAPITULO II

• La insuficiencia mental He examinado en las páginas precedentes la relación muy particular que une al retardado grave con la madre. El diagnóstico de irrecuperabilidad pesa por sí mismo sobre ambos des- tinos y los modela en cierta forma. Para el niño débil mental, la situación es diferente. El retardo no es siempre percibido de entrada; la anomalía no se presenta como fatal desde el comienzo; llega a suceder a menudo que la insuficiencia mental no sea descubierta sino en forma casi accidental, en ocasión de una consulta médica. Sabemos que, en el consultorio de pediatría, sucede que una madre acude por malestares del hígado, del estómago, síntomas que, en esa ocasión, no son más que una manifesta- ción de angustia (de la madre o del niño), que se traduce en ese lenguaje sin palabras que es la enfermedad. El auxiliar psiconalítico que el pediatra puede tener en esos casos permi- te la solución de ciertos casos de "urgencia", tan es www.centrocrianza.org.ar

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verdad que el peligro de muerte en que se halla el niño es, a veces, de entrada, una impotencia para soportar solo una carga de angustia excesiva. La intervención de un médico que, en lugar del niño, se hace receptor

de la

perturbación materna permite una recuperación de las relaciones normales madreniño, indispensable para que el pequeño pueda continuar su vida. (1) Hay que

subrayar un hecho: se consulta por un síntoma preciso que

alcanza

dimensiones de real gravedad y se trata a menudo de algo distinto por completo. La carga emocional, la culpabilidad que implica lo que se oculta, no sólo a la propia conciencia, sino a la del medi- co, es de tal importancia que no se puede cuestionarla de entrada. Tratando la enfermedad somática, pero teniendo a la vez al auxiliar psicoanalítico par lo que por otra parte no marcha, el médico ayuda a la madre a hacer ella misma el desplazamien- to que rechazaba. Lo mismo sucede , en cierta medida, cuando se nos viene a consultar por un "retardo mental". Raros son los casos en que los padres aceptan de buen grado que se asigne una dimensión psicoanalítica a un problema que par ellos debe resolverse en un nivel práctico: debemos, o bien negar que haya un retardo, o dar un remedio concreto (clase especial, operación, medicamento) para desembarazarse de un mal muy concreto, sin el que, se nos dice, "todo marcharía bien".

(1) se han hecho estudios sobre el tema en el servicio de la Sra. Aubry; el equipo publicó de inmediato un libro sobre el psicosomatismo. Por otra parte, el Dr. Benoit escribió un artí- culo sobre la significación de los casos de urgencia en pediatría.

Pero, ¿qué es en realidad la debilidad mental?

Aquí son posibles dos actitudes: o bien el consultor "sabe", y con toda conciencia orienta al niño hacia un servicio de reeducación competente, o bien trata de comprender y el tiempo poco importa: para condenar a un ser, la hora suena siempre demasiado pronto. En forma deliberada, yo he optado por no saber. Quiero decir que, consciente del problema psiquiátrico que se plantea, me he tomado siempre tiempo para reflexionar, llevando, para el niño, el tiempo del diálogo lo mas allá posible. www.centrocrianza.org.ar

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Entonces, en cada caso se ha desprendido, mas allá del síntoma, una significación que podría tener su importancia en un tratamiento eventual. Aparecía cada vez un tipo de rela- ción interurbana que permitiría, si se la aclaraba, introducir en el lenguaje lo que a menu- do quedaba enmascarado en el solo síntoma. Al reeducar apresuradamente el síntoma, no sólo hubiera dejado escapar una posibilidad de expresión esencial, sino que me hubiera hecho cómplice de una mentira en el terreno de los padres. Mentira que el sujeto respeta- ría de algún modo, permaneciendo él en su propio universo cerrado.[...]

EL LÍMITE DEL SABER • El Diálogo Para introducir nuestro propósito podríamos partir de un diálogo, ya que el título "¿Qué quieren saber los niños?" implica una pregunta que se dirige a un interlocutor. Voy a partir de un diálogo que tiene ya muchos años pero que conserva una grana actualidad. Lo encontramos en un texto de Sócrates que nos hace reflexionar sobre el saber, porque el Diálogo de Menón trata de la importancia del saber en el pensamiento griego. Sócrates se encuentra reunido con sus discípulos. Especialmente se encuentra allí Menón, un servidor de Menón y también Anitos, un noble rico de Atenas. Menón, el discípulo, se dirige a Sócrates para hacerle una pregunta que considera fundamental: ¿se puede ense- ñar la virtud?, y si no se enseña ¿cómo podemos adquirirla? Es una pregunta que nos inte- resa porque nuestro tema de qué quieren saber los niños nos hace pensar que puede haber aquí un niño tan preguntón como Menón. Este niño preguntón ¿es un virtuoso? ¿Querer saber es una virtud?, y si es una virtud ¿cómo podríamos adquirirla? En todo caso ésta es una de las preocupaciones de la pedagogía. Menón pregunta si virtud es un don de la naturaleza o es algo que se puede adquirir por un ejercicio de pensamiento, de disputa o de diálogo. Y si no fuera un don innato ni algo que se aprende, dice Menón, ¿qué origen tendría la virtud? Sócrates lo decepciona con sus respuestas porque le dice que ignora lo que es la virtud, que no lo sabe y no solamente no lo sabe él sino

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que nunca encontró a nadie que lo supiera. En el diálogo, Menón tiene que admitir que él tampoco lo sabe. Admitiendo esto puede desprenderse de la ilusión de haber creído saberlo y también de haber creído que otro lo sabía, y concluye que realmente no hay un saber transmisible respecto a la virtud. En consecuencia, si no hay ningún saber que se pueda transmitir sobre la virtud, entonces la virtud es lago que no se podría enseñar. Cuando llega a este punto, Menón tiene que volver a plantear su pregunta. Sócrates no le va a dar la respuesta y es él quien tiene que encontrarla. Ahí podemos percibir que Menón no avanza, más bien retrocede. En este retroceder, que se puede palpar en el texto, este dis- cípulo que venía tan decidido a interpelar al maestro se da cuenta de que él es quien tiene que encontrar la respuesta. Menón podría saber -donde no hay un saber establecido- si se situara en posición de inventar una respuesta. Pero en este punto duda, retrocede y replica: ¿cómo encontrar lo que no se sabe? y ¿cómo saber que se ha encontrado si no se sabe lo que se busca? En esta réplica Menón se lava las manos, se desembaraza de su pregunta y de su querer saber diciendo que finalmente podría ocurrir que encontrara lo que busca- ba sin saber que lo había encontrado.

• El limite del saber Querer y saber, ¿pueden casarse?, ¿pueden hacer una pareja? Cuando digo "quiero saber" es muy posible que como Menón inmediatamente me contradiga, vacile y retroceda demos- trando que querer saber en realidad es no querer saber nada. Me parece que este fragmento de diálogo nos pone frente a la cuestión de qué significa "querer saber". En él vemos que le que pregunta no siempre es quien realmente quiere saber. En la dialéctica del diálogo Menón desmiente su querer saber, lo que busca es que el otro Sócrates, de quién supone que sabe- se lo diga, pero sin tener que pagar el precio, en forma de trabajo para obtenerlo. Yo diría que este diálogo nos confronta también

con otras cosas

importantes: lo que se puede y lo que no se puede enseñar. Habría una surte de divi- sión a nivel de lo enseñable: hay cosas que se pueden saber y que se pueden enseñar, que son transmisibles porque se puede elaborar su concepto, la episteme, y por el contrario hay otro campo del saber que no es enseñable, del que no es posible elaborar el concepto, pero que a pesar de todo sigue siendo saber. Pero es un saber que tiene otro estatuto, Menón lo llama la doxa, la opinión verdadera.

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Si nos preguntamos si el "querer saber" es del orden de la virtud, inmediatamente sentimos una valorización de ese "querer saber" como respondiendo a algo del orden del ideal, como si lo erigiéramos en un ideal a alcanzar. Por esto, cuando en la clínica encontramos a alguien que consulta por una dificultad en el aprender, inmediatamente nos damos cuenta de que el sujeto está sometido a la presión de un ideal del tipo: "tu tienes que saber". Legados a este punto, es necesario introducir una distinción para entender que cuando decimos "sujeto" no estamos hablando del individuo. Cuando desde el psicoanálisis deci- mos "sujeto" no nos estamos refiriendo al sujeto de la teoría del conocimiento. Si se le pre- gunta alguien porqué ha dicho una palabra en lugar de otra -lo que conocemos como lap- susnormalmente se va a sorprender y va a decir que no quiso decir eso, que quería decir tal otra cosa. Pero podemos constatar que hay algo que se le escapa, que no sabe, que no sabe por qué dijo eso en lugar de la otra cosa. Evidentemente nos referimos aquí a un suje- to que no está hablando en una conversación corriente, porque el que está en una charla de café y hace un lapsus va a seguir hablando sin detenerse a analizarlo. Aquí considera- mos el lapsus en un dispositivo especialmente diseñado para que surjan los poderes de la palabra, que es el dispositivo de la experiencia analítica. En el psicoanálisis constatamos que en el lapsus el sujeto se confronta con la dimensión de la sorpresa que introduce una sepa- ración entre el "yo soy" y el "yo sé". El inconsciente inventado por Freud es el descubrimiento de una dimensión de saber que escapa al "yo soy" Cartesiano. El "yo soy" y el "yo sé" de las teorías del conocimiento implican un rechazo de la dimensión inconsciente. El inconsciente no concuerda con las teorías del conocimiento, es discordantes con ellas porque introduce la dimensión del "yo no sé". Lo interesante de esta dimensión del inconsciente es que pone al descubierto una falla en el saber, algo que falta, un agujero, un pensamiento que se piensa sin que pueda decir "yo lo he pensado". Freud lo llamó un saber reprimido, un olvido radical y Lacan decía que gra- cias a esa falla puede haber un enigma y esto puede dar lugar a un deseo de saber, a con- dición de poner el saber entre paréntesis. Es decir que el "querer saber" encuentra su punto de partida en ese punto de olvido freudiano. Hay solidaridad entre olvido y creación, entre olvido, represión y creación de saber. Es decir que el saber vendría como una invención al lugar de ese saber que se ha perdido para siempre.

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• La voracidad del Otro Ese "querer saber" de los niños, sobre todo cuando está articulando en el dominio de la pedagogía, está sometido a un imperativo que viene del Otro, porque siempre es el Otro quien quiere que yo sepa. El Doctor Lacan decía, en su Seminario de 1973, que el deseo de saber es siempre el deseo del Otro y que la otra cara del deseo de saber es la angustia, por- que uno nunca está seguro de poder satisfacer ese deseo del Otro. Al mismo tiempo, ese deso del Otro se presenta como un apetito, a veces como una voracidad de saber, y esa voracidad puede inducir al sujeto a una especie de anorexia de saber. Por eso la enseñanza puede funcionar contra la posibilidad de saber: una presentación masiva de conceptos pro- duce una obturación en lugar de una apertura, de algo que se abre. Las formas clínicas de la dificultad del sujeto con el apetito de saber del Otro se manifiesta como síntoma, como forma de resistir, de defensa de ese Otro voraz. La relación del sujeto con el deseo del Otro es muy compleja y no vamos a desarrollarla aquí, pero situaremos a ese Otro bajo los auspicios de la relación del niño con el deseo de su madre. Los porqués de los niños responden a esta estructura. Los niños se encuentran en posición de interpretar lo que le dicen sus padres: ¿por qué me dicen esto? Así interrogan la x del deseo del Otro. Todos los porqués de los niños apuntan siempre a ese lugar del deseo del Otro y apuntan al más allá de lo que les dicen, porque lo importante para cada uno es saber qué quieren de él y qué valor tiene él para sus padres. Muchas veces las dificultades de aprendizaje se presentan como una interferencia en esta dialéctica con el Otro. A veces el no aprender es una forma de interrogar el deseo del Otro, a pesar de que el niño quiera satisfacerlo con éxitos escolares y no pueda. Freud decía que en cierto omento de la infancia existe un empuje hacia el saber. Esta curio- sidad infantil era para Freud algo del orden de una pulsión epistemológica, un empuje a querer saber algo sobre cosas fundamentales que se presentan como un problema: de dónde vienen los niños o porqué hay hombres o mujeres, que quiere decir que haya dos sexos diferentes. Cuando tratamos adultos o niños en psicoanálisis, encontramos que los síntomas tienen un origen infantil que está articulado con las teorías sexuales infantiles. Las teorías sexuales de los niños son elucubraciones de saber sobre la sexualidad, por eso el punto de partida del saber hunde sus raíces en lo sexual.

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• Las soluciones Hay una mala solución a la pregunta de qué quiere el Otro de mí: la aceptación sin más o el sometimiento a ese deseo del Otro. Detrás de una brillante carrera universitaria puede haber alguien que sea una marioneta del Otro o alguien puede llegar destruirse para no satisfacer lo que él cree que le Otro desea. Hay que tener en cuenta que las soluciones son singulares, caso por caso. Las dificultades escolares del dominio gramatical, de las operaciones abstractas o el aprendizaje de la historia, suelen estar relacionadas con algo que el niño se le ha falsificado: una generación que se ha saltado en la línea de inscripción, una filiación no aclarada simbólica- mente, un engaño, un no dicho. Recuerdo el caso de un joven que escribía muy bien pero que tenía muchas dificultades cuando tenía que responder oralmente a las preguntas por- que se quedaba en blanco y no podría decir nada. Esta chica no sabía que su madre era hija de un incesto cometido por su bisabuelo con su propia hija. Había una generación falsifi- cada, que se relacionaba con sus pesadillas de repetición en las que se veía la borde de un abismo y ese bisabuelo la devoraba. Esta chica, sin que nadie le contara la historia de su madre, descifró en su análisis porque no podía decir lo que sabía cuando se la interrogaba en la escuela. Pero es cierto que la dificultad del niño con el saber encuentra su solución cuando puede descompletar al Otro del saber masivo. La conquista del saber tiene relación con posibilidad de desmantelar a ese Otro que inhibe al sujeto. Las madres todas poderosas son un obstáculo para aprender a dividir y restar; hay muchos niños que tienen problemas para dividir hasta que pueden descompletar a su madre. De otra manera, esto se ve muy bien en los niños psicóticos, cuando usan u trapo o un papel para esconderse, cuando encuentran un abrigo para esconderse de la mirada del Otro y de su presencia invasiva. En este simple gesto algo del orden de una separación.

Esthela Solano Suárez Psicoanalista (París)

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MODULO 5

MODALIDADES DEL ABORDAJE DEL ACOMPAÑAMIENTO TERAPÉUTICO

INTRODUCCIÓN En los temas y trabajos que vamos a presentar en esta unidad los alumnos se encontraran con cierta diversidad en donde se incluyen trabajos de practica particular y en ámbitos de prevención(que serán trabajados en el material anexo). Sin embargo es nuestro interés prin- cipal poner el acento en el trabajo institucional, y más específicamente en ¿qué tiene para decir el psicoanálisis acerca de ello?. ¿Cómo se articula en relación a su discurso y su ética particular, con el quehacer institucio- nal?, esto es : ¿como sostener

una ética de la singularidad en la

homogeneización de la ins- titucion?.en algunos de los textos esta tematica estará planteada desde el lugar del psicoa- nalista, en tanto analiza la institución; en otros el interés esta puesto en la tarea de quienes llevan adelante el trabajo Pág institucional: lugar 271 privilegiado del acompañamiento terapéutico. Queda planteada así una paradoja para el psicoanálisis, plausible de ser abordada, desde diferentes perspectivas que son aquellas trabajadas en los distintos ámbitos que en los textos presentados se verifican. Es importante aclarar, que a diferencia de las unidades anteriores, en esta le cedemos la palabra a autores contemporáneos, psicoanalistas que con su labor, su pensamiento y su praxis, han contribuido

al crecimiento del psicoanálisis a nivel

mundial, en tanto que se han ocupado de abordar, desde el discurso analítico problemas actuales que eran y son patri- monio del discurso científico y del discurso pedagógico. www.centrocrianza.org.ar

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¿Cuál ha sido el afán de estos autores y por ello el motivo de su presencia en esta unidad?: perforar el todo institucional que implica la agrupación de clases de sujetos, ello incluye todo tipo de selecciones que implican clases de sujetos ordenados según su capacidad o su incapacidad para hacer "X" cosa, (Por ejemplo la psicología cuantitativa contribuyo con la invención del coeficiente intelectual a producir una segregación brutal entre

sujetos

inteli- gentes

y los que no lo son), es decir realizar una

estandarización en donde del sujeto nada se escucha. Como respuesta de los autores entonces, se propone una clínica "no estándar", en donde la responsabilidad de pensar los impasses de la practica ponen en juego una terapéutica diferente y también eficaz .Dice Eric Laurent en relación a esto:

..Querer instituciones particulares no es querer un dominio reservado mas, una nueva segregación, es querer que en cada espacio constituido por las nuevas determinaciones institucionales estemos dispuestos a orientarnos, en las cuestiones referentes al sufrimiento psíquico, por la existencia de la cadena inconsciente, marca de la falla propia de cada uno y no por la identificación común."81 Siguiendo con lo teorizado en las unidades anteriores de lo que se trata aquí es del Psicoanálisis aplicado, en el sentido en que los autores no hablan de cura analítica propia- mente dicha sino de la relación de tensión establecida entre lo que sucede en las institu- ciones y lo que dice y practica el psicoanálisis, entendido esto como un "uso posible", un lugar desde donde se incluya la escucha y el advenimiento del sujeto:

"...La hipótesis freudiana de lo inconsciente implica que la particularidad no se alcanza solamente respetando los derechos de la persona, lo que es una cuestión previa necesaria, sino dejando hablar al sujeto, en un principio es necesario no hablarle o sujetarlo a la regla, aunque sea la mejor. Para ir contra la agregación institucional, es necesario querer dar lugar a la palabra del sujeto, ya sea en la entrevista clínica, en el dialogo constante con el enfermero o el educador, o aun en el pequeño grupo. Incluso es nece- sario saber lo que se oye en la palabra, tanto mas cuando el sujeto tratado de ese modo no habla de entrada, sea un niño psicotico o autista, un adulto en crisis, un toxicóma- no en el limite. A partir del inicio de la palabra, de la defensa originaria que 81

Eric Laurent "psicoanálisis y salud mental" del articulo : la institución, la regla y lo particular

pag 142-143 www.centrocrianza.org.ar

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da lugar a un primer desplazamiento, descubrimos... caso por caso, la paciente constitución de la cadena inconsciente entre lo que vuelve al mismo lugar y el sujeto que responde." 82

Testimonio de ello es el trabajo de Francoise Dolto, quien en la entrevista presentada nos habla de la histórica "Casa Verde" y de los motivos que causaron su proyecto. El Hospital de día será tema de análisis del Lic. Alex Forster quien lo piensa como un dispositivo y lo analiza en relación a la internación psiquiátrica. Contamos además

con el trabajo

de la Licenciada Analia Morales quien se ha

desempeñado durante diez años en el instituto IRAM de Córdoba y que nos trasmite un análisis de su trabajo y el de su equipo en esta institución educativa para niños adolescentes y adultos con Síndrome de Down. Es destacable la tarea que este equipo

realizó durante este

tiempo introduciendo el discurso analítico en una

institución absolutamente tradicional en cuanto a su conceptualización y en donde el discurso vigente era más bien educativo o paliativo. También, de la prolifera teorización de Alexandre Stevens elegimos dos artículos que nos hablan por un lado de "los lugares del saber en la institución" y por el otro pero en abso- luta relación a ello un análisis de la propia experiencia en el "Courtil" institución para niños con problemas graves que él mismo dirige. A su vez, como testimonio

de la experiencia de quienes llevan adelante la

institución L`Antenne (de la que ya hemos hablado en la unidad anterior) desde el lugar de lo que a través de este curso intentamos trasmitirles como el lugar del acompañamiento el trabajo presentado por Virginia Baio y Monique Kusnierek. La prudencia en psicoanálisis nada tiene que ver con mirar para otro lado, en todo caso la tarea del psicoanalisis tiene mas que ver con la desconfianza a la masa y a la identificacion porque de alli dificilmente pueda surgir un deseo propio, es por eso que lejos de decir que no necesitamos a las instituciones preferimos hacer nuestras las palabras de Eric Laurent:

" [...] hacen falta instituciones particulares para, de este modo, dar lugar al inconsciente. Por mas que en el campo de las instituciones especializadas pueda ser mal 82

Eric Laurent "psicoanálisis y salud mental" del articulo : la institución, la regla y lo particular

pag 142-143 www.centrocrianza.org.ar

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soportado, ya que se prefiere reducir la palabra al mensaje sin hacer el rodeo por el código particular que da acceso al descifrado"

FRANCOISE DOLTO Y LA “CASA VERDE” Francoise Dolto nos habla de la "Casa Verde". Este lugar es conocido en la ciudad de París por afiches que, en distintos lugares, la publicitan del siguiente modo: "La Casa Verde", a partir de una idea de Francoise Dolto. Para una vida social desde el nacimiento, para los Padres, a veces muy aislados ante las dificultades cotidianas que enfrentan con sus Niños. Ni casa cuna, ni guardería, ni centro de

asistencia, sino una casa donde padres, madres,

abuelos, nodrizas y cuidadores hallan bien- venida… y donde sus pequeños hallan amigos. También son bienvenidas las mujeres embarazadas y sus compañeros. Francoise Dolto desplegó esta idea -hoy un lugar- a partir de su condición de "ciudadana psicoanalizada" y en función de efec- tivizar una prevención, término no

exento de

complicaciones a su relación con

el Psicoanálisis. En este

encuentro con ella, relata más que teoriza. Nuestras pregun- tas parecieran hasta estar de más en relación a la vivacidad de su decir. Entonces, más allá de las diferencias teóricas que para algunos pudieran surgir, es este un tes- timonio de alguien que, tras cuarenta y nueve años de práctica clínica, ha hecho factible un entrecruzamiento posible entre Psicoanálisis y sociedad.

ANA MARÍA GÓMEZ

Ana María Gómez: ¿Cómo se creo la "Casa Verde"? Francoise Dolto: La "Casa Verde" surgió hace veintiocho años, como idea. La trabajé como tal desde esa época, desolada por ver llegar al psicoanálisis niños de seis a ocho años, o sea en la edad de la verdadera escolaridad y percibir, a partir de la anamnesis, que esos niños habían tenido accidentes de estructura en el incosciente, ya fuera a partir del naci- miento, o en el destete, o en la edad de la motricidad y todo eso hacía que, en lugar de ser educados, fueran dejados de lado y a causa de ello aparecían como retardados para la esco- laridad, inestables en relación a la pulsión

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motriz, retrasados en relación a la pulsión pasiva cuando, en realidad, eran los niños más inteligentes del mundo que pasaban por psicóticos o retardados. Todo esto ocurría con ignorancia de los padres. Entonces me dije que era necesaria una prevención para los niños que no presentaban ningún síntoma pero que no eran autónomos en la medida de su evolución como lo eran los otros. Y el principio de la "Casa Verde" fue hacer como si fuera la parte cubierta de un jardín público, donde la gente pudiera ir, las mamás pudieran sentarse y los niños divertirse y donde todo el mundo estuviera fuera de peligro y tranquilo. Así los padres podrían hablar con otros padres mientras los niños juga- ran con otros, siempre en presencia de los padres. Nunca, nunca sin los padres.

A.M.G.: ¿Cuál sería el fundamento que lo llevó a pensar esto? F.D.: Para el niño es necesario establecer un reemplazo, no una ruptura, sino hacer que encuentren en el exterior la situación que antes tenía con su madre. Si él está en un lugar con su madre y otras personas

tendrá, progresivamente,

experiencias de seguridad con otros y no sentirá la necesidad de volver a buscar la seguridad de su madre. A.M.G.: ¿Partió para ello de alguna hipótesis psicoanalítica? F.D.: Sí, esto parte de una hipótesis psicoanalítica: el niño no tiene identidad simbólica sin haber estado separado de su madre. Entonces, ella está allí, pero él va hacia los otros. Todo esto se refiere al destete y a la castración anal, es decir qué hace la madre por el niño y qué hace él por sí mismo. A.M.G.: ¿Qué ocurre mientras tanto con las madres? F.D.: La madre también encuentra su identidad a propósito de este destete pero no inme- diatamente. Ello ocurre gracias las otras mujeres que están a su alrededor y que también sufren al ver el desinterés de sus niños. Y muchas mujeres que permanecen en el hogar con sus hijos no se dan cuenta de cómo cuenta de cómo se deprimen, pierden su femineidad y así uno ve mujeres jóvenes que no están arregladas,

no están

peinadas,

que son como pechos,

completamente identificadas a un pecho, ya sea que amamanten o no. Están siempre alrededor de su niño, sólo viven para él y no tiene ya deseo ni por sus otras compañeras mujeres, ni por sus maridos. Y vemos lle- gar a la "Casa Verde" hombres que se maravillan de ver que después de que su mujer va allí, ellos tiene deseo de volver a sus casa. Porque después del nacimiento del niño ya no tiene mujer: tiene una pelota de www.centrocrianza.org.ar

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angustia que cuando ellos volvían se les precipitaban para decirles todo lo que había ocurrido de malo. Y ahora, cuando regresan sus mujeres están contentas, no hacen más historias. A.M.G.: ¿Cómo está integrado el personal de "Casa Verde" y cuales son sus funciones? F.D.: Las personas que recibe en "Casa Verde" son tres por día: dos mujeres y un hombre. No son animadores, no son educadores. Son personas de recepción. Esto es importante. Están allí al servicio del niño o de la mamá. Si ellos quieren hablar son escuchados y se les responde desde la realidad social, no desde el psicoanálisis. Decimos que todos los días hay dos mujeres y un hombre diferente para que nadie dirija. No hay jefes. Cada uno dice lo que tiene que decir, diferente del otro y nos prohibimos los unos a los otros hablar de lo que escuchamos. Si hay una madre que nos confía algo, no lo decimos jamás a otro; sí lo decimos al niño que está presente. Si una madre dice que la rela ción con su marido no va y el bebé está allí -tiene quince días, dos mesesdecimos "Tú escu- chas. Tu mamá tiene un disgusto con tu papá. Está bien que ella pueda decirlo". No res- pondemos a la mamá, hablamos con el niño. Nuestro rol es decir al niño lo que la mamá relata delante de él. Otro ejemplo: cuando el bebé hace una tontería que hace que la mamá se enoje o le pegue, decimos a la mamá: "Quizás el quiera decirle algo" Y al niño: "Tú quieres decirle algo a tu mamá que ella no comprende?" A.M.G.: Esto da al leguaje un lugar preponderante. F.D.: Esta es la mediación por la palabra porque en tanto el lenguaje no es comprendido angustia a la madre que no entiende. Un niño que no habla muestra su interés de un modo que nos sorprende. Si un niño saca los juguetes a otro, el otro llora. La mamá se enoja y grita. Sacar los juguetes de otro es para él un placer, quizás para hacerle mal, quizás para nada. Y nosotros decimos: "¡Ah!, los juguetes son interesantes; los juguetes de otros son muy interesantes!" Hablamos de lo que ocurre buscándole un sentido. Eso es lo que inte- resa mucho a los niños: que en todo lo que hacen buscamos el sentido. Y con la madre lo mismo. Ella puede puede decir "Soy violenta con él" Y le diremos: "El tiene la mamá que le conviene. Todas las mamás no se parecen". Lo importante es que el niño mismo sepa que estamos dando un sentido de lenguaje a sus actos. Hay madres que dicen "tengo derecho a pegarle porque es mi hijo". Y sí, él tiene la madre que le conviene porque es la misma leche. El niño suscita a la madre la leche que le www.centrocrianza.org.ar

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conviene y el compor- tamiento educativo es algo así como la leche metafórica de la madre, no de los educado- res. El modo en que una madre es con un niño conviene a éste para que sobreviva. A.M.G.: Pero usted llegó a observar que esa conveniencia no era tal en relación a la socialización del niño. F.D.: Esos niños que no viene con la sociedad y cuya mamá no habla con nadie, son niños que no están listos para lo social a la edad en que lo social los toma. Por ejemplo, a los dos meses, cuando un niño va a la guardería y se separa de su madre, si es necesario que ella trabaje, esto hace que él se retire hacia sí mismo: grita cuando ella parte, grita cuando vuelve y sólo vive del biberón, de hacer caca y dormir. Es todo; no hay otra relación. Vive como en un caparazón de caracol, en ausencia de su madre. Cuando viene a "Casa verde". siete, ocho ó diez veces entre el nacimiento y los dos meses, el tra- bajo de preparación para la separación de la madre se hace muy naturalmente. A.M.G.: ¿Cómo es el trabajo concreto de "Casa Verde"? ¿Cuáles son las normas que rigen las actividades? F.D.: Todo niño que llega, cualquiera sea su edad, con su mamá o su papá, es acogido con un "Cómo te llamas tú?. Nos decimos buenos días Señor o Señora, Decimos ¡¡Buen día!! ¿Cómo te llamas tú? "Yo me llamo Francoise Dolto, o X. Estoy en esta casa para que los papás, las mamás y los niños se diviertan y descansen". Entonces la mamá responde también la edad del niño que se le pregunta a ella si él no puede hablar. En esa presentación de la primera vez la mamá pude decir: "Vengo porque el doctor me lo ha dicho -a veces es el doctor quien lo ha dicho- porque el niño no come bien -o no duerme

bien- y el doctor me ha dicho que ustedes

me

aconsejarán." "¡Oh!, con- sejos. Su niño sabe mejor que nosotros lo que necesita pero quizás usted no ha sabido escu- charlo. El doctor tiene razón, aquí usted verá como su niño está enfermo" Y al niño: "Tu harías bien en decirle a tu mamá porque no quieres comer, el doctor te envía aquí y tú encontrarás compañeros". Y la mamá dice lo que le pasa a ella: "No puedo dormir de noche…" "¡Ah! Usted tiene razón en venir". Después entramos, hacemos visitar el lugar al bebé y a la mamá. Comenzamos por el baño para que aquellos que caminan, diciendo que es el mismo baño para los grandes y los niños, pero como los niños son más pequeños el quiere ir a la bacinilla puede hacer www.centrocrianza.org.ar

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y los grandes no se sorprenderán por eso. En el baño hay un pequeño banco para que él pueda subir y sentarse. Pero hay un solo baño para todos. A.M.G.: ¿Cuántas persona concurren habitualmente a la "Casa Verde"? F.D.: Algunas veces son sesenta: treinta o cuarenta adultos y treinta o cuarenta niños. A.M.G.: Y, ¿por qué la idea de un solo baño? F.D.: Porque la sí llamada norma, tanto para unos como para otros, es esperar: "¡Ah!, mala suerte. ¡Espera!." Esto es la sociedad. A.M.G.: ¿Hay otras normas, leyes o reglas en "Casa Verde"? F.D.: Sí. Una vez que visitamos el baño, se presentan los lugares de juego: a la entrada los juegos de arrastre, por ejemplo, los camioncitos, todo lo que tiene ruedas, pero hay una línea roja que jamás se puede pasar si no es a pie. Detrás de ella hay agua para jugar, porque allí los niños pueden jugar con agua. Los juegos de agua - que son los de la civilización- no están al lado del baño. Porque este se refiere a las necesidades que son distintas de la diversión. Hemos querido que la sala de agua para jugar no esté confundida con la sala de agua de toilette, de pis y caca. Lo otra está para lo social: llenar, vaciar, jugar con los otros, tirarse agua. Así se separa la vida del deseo de la vida de la necesidad. Hay mamás que dicen: "Yo prohibo que juegue con agua". Y bien, muy bien, muy bien, pero les decimos: "Usted sabe que los juegos de agua calman mucho la angustia del niño", y expresamos a éste: " En tanto tu mamá no quiere que jue- gues con agua, y tú sabes sus razones, al menos podrás mirar a los otros, lo cual es más divertido que no hacer nada" Pero rápidamente la mamá cambia de opinión porque las otras madres les dicen que ellas también temían que los hijos se mojaran y se resfriaran. De este modo la madre se va modificando porque puede identificarse con otras madres que la sostienen, que le dicen: "Yo también tenía miedo como tú porque el agua está fría y des- pués hay que cambiarlo. Y es verdad, el niño está mojado, pero hay dos reglamento en la "Casa Verde": la línea roja que no se puede pasar con un juego de arrastre -y para esto es importante que haya siempre uno de nosotros allí para hacer respetar el reglamento y para de tiempo en tiempo, explicar la razón al niño, cuenta a la madre. Por ejemplo: "Si yo vengo con mi bicicleta -le diríano tengo derecho, yo, adulto, a pasar la línea roja. Si tu papá viene con su moto, no podrá pasar. Y un niño que habla dice: "¡Mi papá pasa!". Uno ríe y dice: "Veremos. Eso sorprendería porque tu papá, que quiere que estés bien y también los otros niños, los bebés, no querrán que ellos sean aplastados. Y como tú ves hay bebés a cuatro patas y sería peligroso y tu papá no haría algo peligroso para los bebés." www.centrocrianza.org.ar

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Es necesario decir que el niño está en la misma ley que los adultos. "Yo no tengo derecho a pasar, no más que tú o tu papá. Es la regla para la prudencia de la "Casa Verde" es interesante ver como el niño integra esa ley. Hay otra ley, la segunda: no hay derecho a jugar con agua si uno no tiene el delantal de goma. Hay niños que no quieren el delantal pero hay una persona que vigila para que la norma se cumpla. Los niños, a veces, se tiran al suelo, gritan muy fuerte, pero no hay compasión. Es muy fastidioso el reglamento y la mamá puede decir: "En casa juega sin delantal". "Sí, diríamos, tu mamá explica porque no quieres el delantal: porque en tu casa no tiene necesidad de delantal porque allí estás sólo, tu mamá puede cambiarte si te mojas, pero aquí es el reglamento de la "Casa Verde". Si yo voy al agua, me pongo el delantal, si mamá va al agua se pone el delantal. En casa mamá manda. "Aquí el reglamento es para todo el mundo". Sí, "Casa Verde" es muy fastidiosa para esos pequeños detalles donde la mamá está en conflicto con nosotros sin decirlo ente- ramente. Ocurre, a veces, que el niño acepta ponerse el delantal, va, se abre el delantal y, con un recipiente, se moja todo. Entonces le hacemos un cumplido. A.M.G.: ¿Un cumplido? F.D.: ¡Sí! "Tiene razón, también es posible mojarse con el delantal: el delantal es para los que quieren mojarse, los que quieren hacerlo por el placer de mamá y para mostrarle que tiene razón, pueden hacerlo por el placer". Así, uno permite decirle a su mamá: "Yo hago como en casa, me mojo, tengo necesidad que tú me cambies" Y así la mamá está conten- ta de manipular al niño como alguien que viste y desviste su muñeca y quisiera que fuera como en su casa porque el niño es su posesión. Pero cuando ese niño va a la guardería será más desdichado. El no conoce el reglamento de ese lugar y no puede conocerlo porque está habituado a una mamá que quiere que viva como en la casa, pero no es posible en socie- dad. Esto es la socialización precoz del niño. A.M.G.: ¿Qué lugar se da a los padres en "Casa Verde" F.D.: Si cuando el niño concurre por primera ves, el papá no ha ido, al partir se le dirá: "Le dirás a tu papá que los papás también pueden venir". Hay un hombre en recepción y él ve que hay siempre, siempre un hombre. Siempre hay un papá sobre treinta mamás. Todos los día entran treinta niños y treinta mamás y muy a menudo sesenta niños y sesenta madres o padres en un lugar que no es muy grande. Pero es un lugar muy social. Todo el mundo está ocupado y cada uno hace lo que quiere hacer. Es muy interesante, muy interesante. www.centrocrianza.org.ar

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A.M.G.: ¿Por qué se llama "Casa Verde"? F.D.: La "Casa Verde" era un pequeño local azul donde había, algunas veces, globos en la ventana. Algunos niños lo llamaban "Aio" (en francés homófono de eau, agua), otros decían "un globo" y arrastraban a la mamá porque allí había globos. Y un día un niño dijo a la mamá "el negocio verde", porque era azul verdoso. Cuando cambiamos de lugar, llevamos todos los nombres, hasta que dominó "Casa Verde". También la idea fue una parte cubier- ta de un jardín público con juegos y en un jardín también hay verde. A.M.G.: Los padres, o los niños ¿deben efectuar algún pago obligado o estipulado? F.D.: Hay una canasta, y a veces cuando llegan, otras cuando se van, los papás dicen: "¿Qué hay que pagar"? "Usted paga lo que pueda pagar. No se comporte como alguien que es asistido, pero no le podemos decir cuánto

porque no sabemos quién es usted". Porque hay

prohibición abso- luta de saber el apellido, el status económico, y la dirección de la gente. Sólo sabemos "la mamá de tal". "El papá de tal", como en un jardín público. La interdicción de conocer los apellidos da la certeza a padres y niños de que nada de lo que ocurra allí será contado en el exterior. Secreto absoluto. Todo como un jardín público donde el guardián no va a con- tar nada sobre el modo de ser de una madre o de un niño. A.M.G.: Sabemos que, además de París, funcionan "Casas Verde" en Lyonn y Bruselas. ¿Cómo se han constituido, tiene las características de filiales? F.D.: "Casa Verde" no tiene filiales. Hay madres que cambian de ciudades y piensan que sería maravilloso tener esa posibilidad y que querrían que existiera. "Casa Verde" está en una zona de París -Tour de Seine, sobre el río- donde la gente cambia mucho de aloja- miento. Es una población que de noche tiene diez mil personas y de día veinticinco mil. Trabajadores; y hay allí gente que trabaja todo el día y a los dos meses ya tiene que dejar a los niños en la guardería. Tenemos todos los días cinco ó seis nuevos niños que después de los dos meses van a la guardería y les decimos adiós. Los sábados, de tiempo en tiempo, ellos vienen con papá y mamá a decir adiós. No es una población fija. A.M.G.: Y partiendo de esa base, ¿Cómo se llegaron a construir las otras "Casas Verdes"? F.D.: En Lyonn fue una mamá de familia que tiene dos niños y partió de París con su mari- do. Buscó gente con la cual hacer un equipo. Sus niños tenían más de tres años www.centrocrianza.org.ar

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el límite de edad para asistir a "Casa Verde"- y estaban en la escuela. Y surgió de la población. Yo también partí de la población cuando quise hacer esto. Yo era ciudadana psicoanalizada, no psicoanalista, y me dije que era necesario que los niños estuvieran preparados para separa- se de sus padres. A.M.G.: De todos modos el psicoanálisis ha tenido su lugar en todo esto. F.D.: Es que pensé todo esto porque soy psicoanalista y veía los cuadros de niños que vivían muy bien con la familia y que no se adaptaban a la sociedad. A.M.G.: Y desde allí ¿Cual es la factibilidad que la experiencia de que "Casa Verde" se extienda a oras ciudades, como por ejemplo la nuestra? F.D.: cada ciudad que haya comprendido el sentido de la socialización de los niños, puede hacerlo, pero son necesarios los psicoanalistas para ver lo que se refiere a la angustia. El rol del psicoanalista, en relación a esto, es ver lo que ocurre con la angustia y decir palabras, a ras del suelo, sin enojarse nunca; siendo tolerante. Cuando se es tolerante se encuentran las palabras que decir. A.M.G.: ¿Quisiera Usted resumir, entonces, los propósitos y el sentido

de "Casa

Verde"? F.D.: Si. "Casa Verde" no es un lugar ni de cuidado, ni de cura, ni de reeducación. Es un lugar de vida, donde cada uno encuentra como preservar su identidad pese a que está con otros. Cada uno hace lo que tiene que hacer y los niños se ponen

a jugar

rápidamente, los unos con los otros. No se ven allí niños que imiten a otros durante mucho tiempo. Ellos jue- gan, no unos al lado de otros, sino unos con los otros. Y los padres hablan entre ellos, leen su novela policial, descansan. La mayor parte de las madres que viene no puede ir a un jar- dín público porque sus niños provocan terror: muerden, tiran todo. Cuando ellos llegan los otros se van. Son madres que dicen que no pueden ir a ningún lado con sus niños porque estos tiran, pegan, muerden. Entonces, nosotros le decimos al niño: "Todo lo que tú haces tiene su sentido. ¿Qué quieres decirme?" Aún el niño que no habla, habla por su compor- tamiento, por las pulsiones activas que no están codificadas. A veces cuando algunos niños llegan a la guardería, se dice de ellos: "El ha estado en "Casa Verde". ¿Por qué? "Porque escucha. Porque cuando quiere su biberón y llora, y hay que hacérselo, es suficiente decir- le: Yo pienso en tí, no te olvido. Y espera y no grita cuando llega su mamá. Está feliz, con- tento y no grita". Es así como nosotros conocemos los cambios, por los encargados de las guarderías. www.centrocrianza.org.ar

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A.M.G.: Y es así, agregaríamos, como "Casa Verde" prepara a los niños y a las madres para poder separase y a los pequeños para socializarse.

HOSPITAL DE DIA: UN DISPOSITIVO83 "El hospital de día, tanto como la internación psiquiátrica, son estrategias distintas, institu- cionales, para acotar el goce. No son dispositivos para analizar. Destaquemos que tanto una como otra pueden tener efectos terapéuticos, pero que no son o no debieran ser el nom bre de un tratamiento. El hospital de día reconoce sus inicios en la URSS durante el año 1935. Esta inicio queda situado en relación a un ordenador económico para las políticas de salud. Constituía un experiencia novedosa en tanto que consistía en un quite de camas a tratamiento del paciente psiquiátrico, esta experiencia se justificaba porque reducía los cos- tos de dichos tratamientos. Esta incidencia de lo económico, no ha sido sin consecuencias. Se trata en estas breves reflexiones de introducir algunas de ellas. La primera consecuencia que ha tenido es el nivel del dispositivo mismo. Es obvio que este ha cambiado,

no es lo mismo la reclusión psiquiátrica que un tratamiento

ambulatorio. Esta diferencia se expresa desde dos perspectivas diferentes, aunque complementarias. Desde la perspectiva del sujeto se juega el tener un lugar como tal, o el quedar el posición de objeto. En el tratamiento ambulatorio del hospital de día, por su mismo dispositivo, el sujeto confrontado de entrada a su decisión, puesto que puede decidir si asiste o no, si per- manece o no durante toda la jornada. Mientras que en la internación psiquiátrica el sujeto es abolido como tal, no cuentan sus deseos, se lo considera un incapaz, incapaz de decidir acerca de lo que sería bueno o malo para él. También el cambio en el dispositivo implica la inclusión en una serie, que en la reclusión no siempre se cumple, que es la de la familia o cualquiera de sus sustitutos. Del lado de la institución, la incidencias son también importantes. El hospital de día, por su mismo dispositivo se ubica en relación al sujeto en una posición de tener que ofertar,

83

Forster Alex , revista "El Caldero de la Escuela" nº 7 Diciembre de 1992 www.centrocrianza.org.ar

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la de tener que interesarlo para lograr su compromiso con la cura puesto que su propia insistencia depende de esto, en tanto que es el sujeto el que decide si asiste o no."

VICISITUDES

DE

UN

SERVICIO

DE

ATENCIÓN

PSICOLÓGICA EN UN CONTEXTO INSTITUCIONAL, O LAS PARTICULARIDADES DE UNA EXPERIENCIA Ana María Morales84

Trabajo presentado por la autora con motivo del Congreso organizado por el Instituto Iram en la Ciudad de Córdoba el 29 de Setiembre del 2001. En nombre de la institución, de mis colegas del servicio, y en el mío agradezco la presencia de ustedes hoy aquí en que celebramos cuarenta años de trabajo sostenido y de crecimiento del Iram, una institución pionera en la atención de la debilidad mental en Córdoba. Para la ocasión el Iram convoca al SAP a llevar a cabo la transmisión de su experiencia de trabajo, esperamos estar a la altura de las circunstancias, pues se trata de hacer conocer el saber que se obtiene a partir de la reflexión sobre el trabajo cotidiano. En nuestro caso espe- cíficamente se trata de una experiencia clínica sostenida en el tiempo con personas con debilidad mental, en su gran mayoría con SD. Sabemos que lo mas frecuente es que las instituciones dedicadas al trabajo con debilidad mental, se ocupen ya sea de la rehabilitación física, de la educación especial o d la capaci- tación laboral sin embargo no conozco que exista en nuestro medio otra institución públi- ca o privada que cuente con un servicio de salud mental destinado a la atención de un seg- mento de la población que cuenta con una elevada incidencia de cuadros psicopatológicos que se agregan al déficit original, permaneciendo la mayor parte de las veces camuflados tras de este, y produciendo con frecuencia estragos en los sujetos, considerablemente mas graves que la marca orgánica que originó el déficit. 84

Psicopedagoga y Prof. De Psicopedagogía. Integrante del Servicio de atención Psicológica del

Iram. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis www.centrocrianza.org.ar

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Hoy quiero compartir con ustedes algunas cuestiones que se plantearon para mi desde el momento mismo en que llegué al Iram para hacerme cargo de esta nueva función, y que escribí hace un tiempo, cuando en el servicio estábamos queriendo armar una suerte de estatuto o de reglamento que nos permita pensar el lugar y la oferta del SAP en el contexto de la institución Iram, deberíamos pensar la forma de nuestra inclusión institucional, al tiempo que sabíamos de la necesidad de preservar la autonomía del servicio para

cumplir con ética la función con la que éramos

requeridos. En ese contexto escribo un trabajo sobre el modo en que concibo la relación entre los términos del binomio institución - psicoanalis- ta, para considerar a cada uno en su modo particular de tratar el padecimiento, a partir de las inferencias tomadas de mi trabajo en el Servicio de Atención Psic. Del Iram.

1. La Función de la Institución

Las instituciones, públicas o privadas, que se ocupan de la atención de la discapacidad, en general, reciben a sujetos con dificultad para inscribir su lugar en la sociedad, al hacerlo cumplen una función social. Tratemos de ver, entonces de qué función se trata. M. Foucault, en una de sus obras cumbres, "Historia de la locura en la época clásica", hace una precisa narración de cómo en le siglo XVII y parte del XVIII, en lo que se conocía como "casas correccionales", se practicaba un encierro indiscriminado de locos, criminales, blas- femos, libertinos, una experiencia que aglutinaba a todos homogeneizando y borrando diferencias. A partir de la revolución francesa,

el

humanismo floreciente proclama la "Declaración de los derechos del hombre", ello determina que la locura sea apartada de sus antiguos parentescos y comience a causar problemas a quienes tenían la función de legis- lar, planteando preguntas que hasta entonces no habían

sido formuladas,

por vez primera aparece

la idea de un

internamiento especial, "...Ha que tratar pues, a los locos como a otros prisioneros, y ponerlos en un a estructura carcelaria, o tratarlos como a enfermos fuera de la situación familiar, y constituir a su alrededor una cuasi-familia". El nacimiento de lo que será el asilo moderno encontrará sus razones en la segunda posición, en su carácter de protección y asistencia va a sustituir las falencias de una familia desfalleciente. Eric Laurent, un psicoanalista francés contemporáneo, se refiere en un articulo a esta función de suplencia de las instituciones "... es cierto que las instituciones que vienen a ocupar el lugar de la familia pueden tener estructuras extremadamente variadas y cada www.centrocrianza.org.ar

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una de ellas a su forma, venir a hacer una suplencia a un aspecto de las funciones de la familia". Estarán entonces las instituciones tradicionales, cuyo modelo nos procura Freud en "Psicología de las masas..." a través de la estructura de la iglesia, del ejército y del partido único. Son instituciones que se ordenan por el discurso del amo, se orientan en relación a un liderazgo. También están aquellas instituciones que se constituyen por identificación de los semejantes, de los que se rehusan a estar bajo un ideal común y que se juntan entorno de una actividad que les permite reconocerse. Podemos agregar a la serie de instituciones donde es la burocracia la que toma el lugar del amo, hay allí un saber que se supone

al sistema mismo. Y están

las

instituciones de puertas abiertas, que permiten hacer lugar al estallido de la locura. Además se identificar el tipo de estructura de cada institución, podemos considerar también la modalidad que esta se da para tratar el malestar subjetivo. Podemos señalar que en primer térmico las instituciones no reciben a cualquiera, mas bien orientan su acción sobre un grupo identificable de suje- tos que comparten entre sí un modo de relación a un padecimiento, por ejemplo la disca- pacidad mental, que es el que aquí nos ocupa. En segundo término, al precisar a quien asis- te, la institución realiza una operación de clasificación del síntoma, que consiste en apre- sarlo en las redes del significante, para así fundar una comunidad de iguales; esta sola ope- ración es a veces suficiente para que algunos sujetos encuentren en la institución un lugar de pertenencia. (Ello explica que muchos sujetos se pacifiquen, se calmen a poco tiempo de entrar en una institución, sin que hayan mediado acciones concretas para tal fin.) Respecto de la discapacidad mental, el estado, en Córdoba al menos, se ocupa de ella a tra- vés de programas de integración a la escuela común, y de escuelas oficiales que reciben a sujetos con discapacidad leve o moderada; se delega, entonces, a la iniciativa privada la atención del grupo que presenta mayores dificultades, del que el estado se ocupa mediante una política de subsidios. La mayoría de las instituciones privadas para discapacitados mentales se gestaron de esta manera, por la reunión de un grupo de padres cuyos hijos no hallaban lugar en la s instituciones oficiales.

En su mayoría estas instituciones comparten una estructura semejante, que propongo con- densar en los dos enunciados siguientes:  "somos una familia" www.centrocrianza.org.ar

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 “no se pude decir que no a ningún(x)". En el lugar de x se puede colocar: síndrome de Down, parálisis cerebral, discapacitado motor, etc. De acuerdo a al institución de que se trate.

Ambos enunciados se constituyen como respuesta a la exclusión primera, que los dejó fuera del circuito oficial, y que ha sido la marca en el orillo de estas instituciones. "Sólo conozco un origen de la fraternidad, decía J.Lacan, este es la segregación". Tratemos entonces de analizar estos anunciados para determinar el tipo de estructura y de función supletoria que realiza una institución, como el IRAM por ejemplo. El primer enunciado: "somos una familia", determina un lazo entre los miembros que fun- dan una comunidad, posibilitando a los sujetos reconocer su pertenencia a esa unidad común, al mismo tiempo ratifica para todos y cada uno de los miembros un lazo vertical respecto

de quien ejerce la función de liderazgo, para el caso que

consideramos es el lugar que corresponde a ala fundación que componen los padres. De tal modo, es fácil recono- cer aquí la estructura que Freud presenta en "Psicología de las masas...", y que ubica a estas instituciones

dentro

del primer grupo,

correspondiente a las estructuras totémicas. El segundo enunciado: "no se puede decir que no a ningún (x)", nos orienta respecto del tipo de función que se pone en juego, ¿Qué se suple?. Podríamos inferir que no se trata de la función paterna, cuya característica principal se funda en la interdicción, este "no se puede decir que no" recuerda, en cambio, la figura de la Madre Ideal, que echa a rodar una proposición de tipo universal, cuya forma podemos escribir: "Para todo (x)"; pero el pro- blema del universal es que no dice nada del existencial, es decir, no particulariza; y ese es el déficit de esta lógica y el de las instituciones estructuradas en torno a Otro Ideal. El Ideal convoca a los sujetos a una relación de pertenencia, pero para ello produce un efec- to de homogeneización que excluye el abordaje de lo singular. (por otra parte, vemos como se reproduce en la estructura de la institución, el modelo predominante de estructura familiar).

2. El Sap. Del IRAM, y/o el lugar del psicoanalista en la institución.

El servicio de atención psicológica, SAP, del IRAM lleva a cabo dentro de la institución una tarea terapeúticoasistencial. En principio, es bueno aclarar que esta tarea no www.centrocrianza.org.ar

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tiene el propósito de abordar la debilidad mental de los sujetos asistidos, dado que esta no comporta necesariamente sufrimiento, antes bien, me inclino a pensar que la disyunción entre el ser y el saber produce un efecto que resguarda al sujeto del padecimiento. Pero, ¿Cuál es entonces la razón de su existencia?. En el apartado anterior hacía mención a que la política del estado respecto a la discapacidad determinó que sean las instituciones privadas las encargadas de recibir a los sujetos con déficit mas severos aquellos que pre- sentaban mayor dificultad para integrarse al sistema escolar o laboral - de allí que entre su población encontremos un número elevado de niños y jóvenes con severos trastornos de personalidad. La institución advierte que la propuesta educativa, laboral o recreativa es a veces insuficiente y se ve desbordada ante la problemática de algunos sujetos, la necesidad de una asistencia de otro orden se pone en evidencia, al no encontrar eco en las derivaciones a los servicios públicos de salud mental, es decir que estas no lleguen a buen puerto y los jóvenes sean recibidos y atendidos como corresponde, se decide la creación del SAP para asistir a aque- llos que lo requieran y no cuenten con los recursos para afrontar una consulta privada. Hoy el SAP cuenta con ocho años de trabajo ininterrumpido, surge a partir de la inquietud de la Dra. Marina Alonso, por entonces directora de la escuela, inquietud que afortunada- mente fue interpretada y acompañada por la Fundación que supo sostener este espacio, que constituye hoy una experiencia inédita, en Córdoba al menos. El proyecto inicial del SAP, contemplaba un primer tiempo, en el que se atendería a la demanda interna de la ins- titución , y en segundo tiempo en el que se abrirían las puertas la comunidad, contando con que hay una experiencia de trabajo hecha, es de esperar que ese segundo tiempo llegue pronto. Para regresar a lo que fue mi punto de partida, paso a considerar la articulación del binomio psicoanalistainstitución; lo haré, tomando en cuenta dos aspectos, uno atiene a aislar el tipo de demanda que se dirige al SAP, y otra referida a la estrategia del servicio en relación al discurso institucional. En relación al primer aspecto, una característica para destacar al llevar adelante una labor clínica en el marco de una institución cuya marca - como lo veíamos en el punto anterior - es la de ser "continente", concierne precisamente, al obstáculo que dicha marca configura para la articulación de una demanda genuina por parte de quien www.centrocrianza.org.ar

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consulta, o dicho de otro modo como hacer para que la demanda no se confunda con la burocracia institucional. Los sujetos por los que se consulta, en su gran mayoría e independientemente de su edad, están en relación de dependencia, los primeros contactos tiene lugar con sus padre o fami- liares cercanos, y resulta habitual escuchar que están allí porque son mandados por el gabinete ya sea de la escuela o del centro de día o de la Fabrica de pastas, delegando en el saber institucional la responsabilidad de ocuparse de su hijo, de saber hacer con él, llegan espe- rando que también el psicoanalista les diga lo que hay que hacer, identificándolo en conti- nuidad con el discurso institucional. Este es un punto clave, respecto del es bueno que el analista esté alerta, me refiero a al tentación siempre presente a de identificarse con el dis- curso dominante. El trabajo en entrevistas preliminares con el joven en cuestión y con sus familiares se torna, entonces, un momento decisivo; un tiempo que para el sujeto es un paso de implicación, en lo que le acontece, con lo que dice. Para el analista, se tratará de suponer supuestos y sobreentendidos, de manera de dar lugar a que una experiencia nueva se instale que no se confunda con el cuadro institucional, de tal modo que si los tratamientos se llevan a cabo geográficamente dentro de la institución, se constituyan para el sujeto en una experiencia subjetiva que pueda tener lugar fuera de la misma, en la medida en que este perciba que es escuchado, atendido, en su particularidad. Mas que cualquier supuesta especialidad clínica, considero que es en este movimiento de giro para generar dentro de la institución un espacio distinto, otro, que haga lugar al padecimiento del sínto- ma del uno por uno, fuera de las etiquetas institucionales,

un lugar donde

la singularidad pueda

ser escuchada,

fomentada, y desplegada, pues se trata de sujetos cuya tendencia es borrar lo singular para pegarse al Otro, para identificarse y así perderse; la apuesta de una clínica orientada por la ética del deseo consiste en ir a la pesca de ese rastro que se pierde. El otro aspecto que quería abordar es el que concierne al modo de inclusión del servicio en el discurso institucional, cómo ubicarse respecto del enunciado "somos una familia" que se echa a rodar desde la institución , y que pone en evidencia un síntoma común a este tipo de instituciones: "la endogamia". Si el analista queda absorbido por el síntoma institución al pierde la capacidad de operar con el paciente. Entonces esta es una cuestión que atraviesa la clínica que se practica, y la trasciende ya que pone en juego una estrategia, o más aún, una política de tratamiento del síntoma. www.centrocrianza.org.ar

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Se hace necesario distinguir que mientras el ideal del Bien Común es le motor del trabajo institucional, no es en él que el analista encuentra su causa, es otro el bien que lo inspira, su hacer en la clínica se orienta en el bien decir, expresión que pone de manifiesto el pacto entre la palabra y la satisfacción del síntoma. En el artículo que se hace referencia, Eric Laurent propone oponer la lógica de "encontrar refugio en el interior de los discursos", a aquella otra de dejarse absorber por el discurso, respecto

de lo cual se pronuncia: "nuestro refugio son las

instituciones..." Tomando esta idea del refugio, sugiero que la estrategia que le conviene al SAP respecto del discurso institucional, es la estrategia del cuerpo extraño (o parásito), después de todo, ¿Qué otra cosa es el famoso objeto "a" de Lacan? La estrategia del cuerpo extraño sirve para mostrar como un cuerpo que habita dentro de otro sin perder su identidad, heterogé- nea respecto de la del cuerpo que habita. Esto, que no es mas que una metáfora, permite sin embargo ilustrar como el binario Servicio - Institución, no se trata de la fusión de dos discursos en uno, sino más bien de la forma en que ambos se articulan para preservar la particularidad de su función. Además en tanto que cuerpo extraño, el servicio no deja de ser en la institución, una presencia que incomoda, y no está nada mal que eso a veces suceda.

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LOS LUGARES DEL SABER EN LA INSTITUCIÓN Alexandre Stevens

Antonio Di Ciaccia y yo hablaremos, no a partir de curas analíticas, sino, como lo da a entender nuestro título, a partir de nuestra experiencia en dos instituciones, dos pequeños hospitales psiquiátricos para niños: el "Antena 110" fundado hace trece años por Antonio Di Ciaccia y el "Courtil" fundado por mi hace seis años. Mi intención no será pues de hablar de psicoanálisis, sino más bien introducir un problema de extensión del análisis, el del lugar posible del psicoanálisis en dos instituciones en las que no se practican curas analíticas como tales. Quiero interrogar tres lugares del saber en las condiciones de trabajo en la institución. Esos tres lugares son: la teoría analítica introducida en la institución para interrogar y constituir la clínica que en ella se construye: el saber, en tanto que S2 representa el despliegue mismo de la cadena significante en el que se trata de introducir al niño psicótico en cierta posición subjetiva (es lo que llamaré el trabajo preliminar a toda cura posible, este trabajo que debe hacerse con el niño puede tocarle a la institución); el saber en posición de verdad tal como lo pone a trabajar el discurso del analista. Saber agujereado por el no-saber, que surge de la cura analítica como tal y que implica, por ende, un vínculo social diferente al de la institución.

Una referencia tercera En primer lugar, entonces, la introducción de la teoría analítica y, especialmente de los matemas lacanianos, constituye nuestra clínica del niño psicótico. En sí, esta introducción de la teoría analítica en la institución de niños -al igual que en las instituciones psiquiátricas- en un nivel explicativo, incluso productivo, es bastante banal. Lo que me parece más importante subrayar es que, en ambas instituciones a las que nos referimos aquí, este lugar es necesario. Tiene una función tercera en la relación entre los educadores y los niños. En el pequeño de los dos primeros textos dirigidos a Jenny Aubry, Lacan describe dos lugares para el síntoma

del niño, síntoma

definido como "representante de la

verdad."85

85

J. Lacan "Deux notes surlenfat", Ornicar? Nº 37 Navarin abril- junio de 1986. www.centrocrianza.org.ar

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O bien representa "la verdad de la pareja familiar". Tenemos aquí una formula de la neurosis en el niño, con el tejido de deudas simbólicas y de deseo insatisfecho que brinda la trama de sus identificaciones significantes. Es el caso en el que la "distancia entre la identificación con el ideal del yo y la parte que le cabe al deseo de la madre "encuentra una mediación en la función paterna". Debo precisar que si bien el as instituciones de las que hablo hay también niños neuróticos, lo esencial de lo que quiero articular concierne al trabajo con los niños psicóticos. En relación a los niños neuróticos, en el fondo, lo esencial del trabajo consiste en hacer emerger una demanda que podrá encontrar su destinatario en otra parte: en un analista. El segundo lugar del síntoma en el niño, tal como lo articula Lacan en este texto, es el caso en el cual "la articulación se reduce mucho cuando el síntoma (…) remite a la subjetividad de la madre86. Agrego: es el caso de la psicosis. En ese caso el niño está involucrado como correlativo de un fantasma. Se trata sin duda del fantasma de la madre, en el que el niño ocupa el lugar del objeto perdido para ella, cualquiera sea la estructura propia de la madre. Es su objeto. "Realiza la presencia del objeto a en el fantasma". En otros términos, el niño no es introducido en este caso en el discurso más que para ocupar allí el lugar del plus de gozar, el lugar que agujerea el campo del significante, el que designa el punto de no saber en el hueco del saber. Un fenómeno clínico que se encuentra bastante a menudo cuando se tiene entrevistas con los padres de niños psicóticos es la falta de historización del niño. El niño no tiene historia o al menos la madre no puede relatar más que algunos elementos confusos de la misma. Diría incluso que esta falta de historia es un signo de la forclusión del nombre del padre. Designa, en efecto, la ausencia de una mediación en lo que Lacan llama "la distancia entre la identificación con el ideal del yo y la parte que le cabe al deseo de la madre". Es también un nombre de lo que formulado en el Seminario XI como la holofrase del pri- mer par de significantes. Es, en efecto, la ausencia de un intervalo entre los significantes lo que demuestra y pone en acción la ausencia de historización del niño que, en la confusión que es mantenido por el discurso materno, no pudo localizar, en

86

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los significantes de su historia no constituida, los significantes de sus identificaciones separadas del lugar donde se le asignó residencia en el discurso de su madre. Haré entonces dos comentarios a propósito del lugar del saber en la institución. Primero, me parece que la tendencia "natural" si puedo decirlo, de la institución sería más bien el volver a poner al niño en el mismo lugar que ocupa en el fantasma materno. Sería incluso, la trampa de esas cosas que estuvieron de moda hace algunos años bajo el término de "terapia institucional". La referencia a la doctrina lacaniana es un tercero, que produce una distancia entre la posición de los educadores y los elementos, los rasgos en los que podría identificarse el niño en el material sintomático que produce. Segundo, si el proceso de rehistorización del niño puede producirse principalmente en el trabajo de entrevistas con los padres, depende en mucho del trabajo que pueda hacerse con los niños, en la medida en que este trabajo

mismo recibe sus

determinaciones significantes de la referencia a la teoría analítica.

Tratamiento preliminar Quisiera llegar ahora a lo que llamaba un segundo lugar del saber en la institución. Se trata de la posición del niño psicótico y de su defecto masivo de inscripción en el saber y, por ende, de sus consecuencias en lo tocante a las posibilidades del trabajo en la institución y a la posición que debe sostenerse frente a este efecto del saber. Un observación elemental es que los niños psicóticos, muchos de ellos, en todo caso aquellos que se colocan feno- ménicamente en esa categoría que se llama el autismo, están poco o nada incorporados a la cadena significante. A menudo, no hablan. Estar preso en el lenguaje no se equipara a hablar, como el significante fragmento clínico muestra claramente. Se trata de una niña profundamente autista que circula por doquier en la institución y que, de tanto en tanto, canta una frase o dos, escuchadas en la radio o retomadas de un disco; tenía un repertorio bastante variado. Se observó bastante rápido que lo que cantaba tenía cierta relación con la situación del momento. Por ejemplo se la baña, se la lava y ella se pone a cantar "todo desnudo y todo bronceado". Seamos claros, no se trata de palabras. Si hay un efecto de sentido que se produce de ese modo, esto se debe simplemente a que el len- guaje produce sus efectos por si mismos. La formula está vacía y el sujeto, como máximo, hace de ella "un monolito" -la expresión es de www.centrocrianza.org.ar

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Lacan, del seminario sobre el deseo a pro- pósito de la holofrase- con la vaga expresión significante que acompaña la situación des- cripta. En el Seminario XI87 Lacan sitúa al niño psicótico (que toma aquí en el sentido de un niño débil) en una serie; junto con el efecto psicosomático, la psicosis (en un sentido general) e incluso la paranoia. En todos estos casos "no hay intervalo entre S1 y S2" es decir "el primer par de significantes se solidifica, se holofrasea". Noten de paso, para ser preciso, que Lacan no habla de una holofrase en el sentido de un término particular que estaría allí pasible de ser descompuesto, incluso interpretable. Dice simplemente que los significantes se holofrasean. Por lo tanto, lo que está designado allí es una estructura de funcionamiento significante. Una estructura de captura en masa del significante. Podría decirse que cuando la posición subjetiva que está involucrada en ella es la de la psicosis, esta estructura holofraseada es otro nombre de la forclusión del Nombre del Padre. Uno puede preguntarse por que Lacan no lo reduce simplemente a este término, por qué desplaza el acento. ¿Por qué holofrase en lugar de Nombre del Padre? Jacques-Alain Miller subrayó recientemente en el seminario de Tercer Ciclo que el Nombre del Padre no deja evocar otro del Otro -otro de la ley en el lugar del significante-, con el cual Lacan termina su cuestión preliminar. Me parece que la solución que Lacan encuentra en el Seminario XI es desde este punto

de vista

especialmente elegante porque, en lugar de nom- brar a un tercer significante que vendría a dialectizar a los dos primeros, subraya más bien que entre S1 y S2 el tercer término es intervalo. El mismo acento se encuentra en el texto de Jenny Audry que evocaba anteriormente. Para volver al niño psicótico, Lacan subraya en este texto que, en la serie de casos que dependen del proceso de la holofrase, el sujeto no ocupa en cada caso el mismo lugar. De este modo, para la paranoia lo que está en juego es "la ausencia de los términos de la creencia, del término en el que se designa la división del sujeto"88, mediando lo cual reina el fenómeno de la Unglauben. Para el niño psicótico, es igualmente preciso: el niño ocupa el lugar abajo a la derecha del cuadro en el que se ve 87

J. Lacan, Le Seminaiere, Livre XI, les Quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse, Seuil,

1973, págs. 215-216. 88

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reducido a ser el soporte del fantasma de la madre en un término obscuro. El cuadro del que se trata es un esquema de cuatro tér- minos que, puede decirse, anticipa la escritura del discurso del amo, el lugar inferior a la derecha siendo allí bastante claramente el del objeto a. Es, se los recuerdo, en el mismo lugar donde coloca al niño psicótico en el texto de Jenny Aubry como objeto del fantasma materno. Quisiera a partir de aquí realizar dos comentarios para precisar el trabajo que puede ser hecho en una institución y el que depende, por otro lado, de la puesta en marcha del discurso analítico, es decir del acto analítico. La estructura holofraseada del significante define la psicosis de manera general. Es una manera de situar la dificultad del sujeto psicótico con el campo del significante y, en particular, su dificultad de localizar el goce en el significante. Desde este punto de vista en la medida en que el niño habla, en que hay ciertos puntos de referencia significantes, en que las identificaciones significantes sean ubicables, se presta cabalmente a ser puesto a trabajar en el acto analítico en una cura. Para el niño psicótico existe un problema suplementario. Su posición de sujeto, como lo dice Lacan en el Seminario XI, es llegar a ocupar el lugar del objeto en el Fantasma materno. Me parece que en este caso, antes de cualquier puesta en marcha posible del acto analítico, existe un trabajo preliminar necesario. Este trabajo puede hacerse en la institución. No digo que no pueda hacerse en la cura. Pero, incluso cuando se hace en la cura, está fuera del discurso analítico, fuera de las posibilidades de la interpretación, en el sentido de la interpretación propiamente psicoanalítica. Esta objeción que hago se acerca a los comentarios extremadamente esclarecedores que Colette Soler hizo a propósito de los límites de la interpretación de la cura analítica con los niños.89 Tuve recientemente la posibilidad de participar en una entrevista con el equipo del "Antena 110" para el Ane. Una de las personas presentes hablo, a propósito de su trabajo, del tratamiento preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis"…, de los niños obviamente. Señalo todo mi acuerdo con esta fórmula. Se trata de introducir al niño a aquello significante que permite hacer funcionar rasgos de identificación, incluso intenta localizar a través suyo el goce. En todo caso que pueda traer material interpretable desde otro lado que del sentido puesto en movimiento. 89

Se trata de una exposición hecha el 21 de mayo de 1987 en el marco del seminario de psicoanálisis de niños en la Escuela de la Causa Freudiana. www.centrocrianza.org.ar

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Dos ejemplos Quisiera, antes de concluir, evocar dos pequeños fragmentos clínicos de este trabajo preliminar. El primero en una cura del niño es un caso célebre de la literatura psicoanalítica y por otro lado una referencia de Lacan, el segundo es un trabajo de la institución de la que me hago cargo. El primero, es el caso Dick y las intervenciones inaugurables que en él hace Melanie Klein.90 Ante ese niño que no habla Melanie Klein introduce tres elemento significantes: el tren grande es papá, el trencito es Dick y la ventana es la estación, es mamá. Le da pues un código a partir del cual sus acciones podrán

ser leídas y, en el mismo

movimiento, lo introduce a la palabra. Evidentemente, estoy de acuerdo con todas las objeciones que pueden hacér- sele a esto en la medida en que se trata para Melanie Klein de introducir sentido. Lo que me parece esencial en esta intervención inaugural es que plantea un marco significante.

Para ella no es una interpretación analítica hablando estrictamente.

Retomaría más bien al respecto la expresión de Estela Solano cuando sitúa este tipo de intervención como un "forzamiento" significante. Segundo ejemplo. Se trata de un niño que tuve ocasión de ver en la institución.91

Al

entrar presenta un cuadro clásico de psicosis infantil. Retengamos tan solo que circula sin parar como un autómata, no se deja detener por nada y se arroja con la cabeza baja contra la puerta cuando esta está cerrada. Emite ruidos y gritos pero ni una sola palabra. La situación es modificada por una intervención. Un día en el que se encuentra en una pieza cuya puer- ta está cerrada no cesa, tal como es su hábito de pegarse la cabeza contra la puerta. Se le propone entonces, trazando al mismo tiempo sobre el suelo una línea entre la puerta y él, que no pase dicha línea. Efecto de sorpresa. Juego de miradas. Se pone a considerar esa línea como el límite que debe atravesar o no, dirigiendo, sin ninguna duda, su pregunta al otro. En los días y semanas siguientes organiza él mimo líneas, límites, juega con los bordes. Al mismo tiempo comienza decir

90

M. Klein. "L´importance de la formation du symbole dans le developement du moi" Essais de psychanalyse, Payot, 1968, págs. 263-278.

91

Este caso fue desarrollado con más detalle en un trabajo de DEA (A. Stevens "Remarques sur

l´usage du terme holophrase dans l`enseignement de Lacan"). www.centrocrianza.org.ar

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algunas palabras que no son más que carozos de la palabra -se trata exclusivamente de imperativos- pero que constituyen empero llamados al Otro. El rasgo que inaugura esta serie no es otra cosa más que una distancia planteada entre la puerta en la que él iba a golpearse la cabeza y la cuestión del límite, del corte, que al reducirse en un primer tiempo

al ruido de su cabeza,

sólo adquiere

su destinatario en la

instauración de esa distancia. Pienso que tenemos aquí un equivalente del forzamiento operado por Melanie Klein, con la salvedad de que no depende de la inyección de un mito que se presta al sentido. Quiero llegar a lo siguiente, que este tratamiento preliminar a todo tratamiento posible, que puede exigir un cierto tiempo, no se inscribe en el discurso analítico 8

92

y desde

este punto de vista se presta asimismo a producirse en una institución como tiempo anterior a la cura ana- lítica propiamente dicha.

La ausente Para concluir, quiero decir una palabra acerca de la tercera posición del saber en su relación con la institución. Es aquella que no existe. Que solo está allí como estando fuera. Que sólo está como ausente. Que sin embargo opera en ella a partir de ese lugar. Es el saber en posición de verdad, agujereado por el no-saber, es el que pone en marcha el discurso analítico. Dije recién que, en las dos instituciones a partir de las cuales hablamos, la cura analítica como tal no se realiza. Agregaré que no creo demasiado en las curas sistemáticas de todos los niños en la institución. Sitúo el acto analítico como mira de la institución. Pero esta mira está por fuera. Fuera, no solamente de hecho sino por estructura, porque se trata de otro lazo social. Diré incluso que cuando las curas analíticas suceden en una institución o bien no son analíticas

o bien la posición ética del analista

hacen

que

ellas estén

fuera

estructuralmente, aún cuando esto transcurra entre los muros. Pero entonces, como todo acto analítico, esto solo pude defi- nirse retroactivamente a partir de su final.

92

Ese otro discurso depende de la puesta en juego de los términos de la alineación signifi-

cante tal como lo demuestra el discurso del amo y el discurso universitario lo practica. www.centrocrianza.org.ar

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LA CLÍNICA PSICOANALÍTICA EN UNA INSTITUCIÓN PARA NIÑOS Alexandre Stevens

La participación de psicoanalistas en Instituciones de niños no es, una novedad. Ella se ins- tauró de manera natural Contrariamente a lo que sucedió con la clínica de adultos, en la que la psiquiatría ya tenía una larga y sólida historia antes del descubrimiento freudiano el nacimiento de una clínica psiquiátrica propia a los niños, es, salvo raras excepciones, pos- terior a la Introducción del psicoanálisis. No hay, en realidad, una clínica psiquiátrica del niño fuera del campo psicoanalítico. Es por ello, que los psicoanalistas de niños han podido Introducirse en las instituciones psiquiátricas Infantiles, con mayor facilidad que en la de los adultos. Est movimiento está basado en la introducción que hace Freud con el psicoanálisis: lo infantil en el sujeto. Sin embargo el lugar que ocupa el psicoanálisis en las instituciones para niños no es unívoco. Muy a menudo los psicoanalistas son llamados - no es acaso esa su función - a practicar curas psicoanalíticas de niños. Varios trabajos ya han demostrado la eficacia (de dichas curas). Pensamos particularmente en las curas llevadas a cabo por Rosine Lefort, cuyos remarcables testimonios los encontramos en los trabajos de Rosine y Robert Lefort. Un trabajo reciente de Odile Bernard-Desoria demuestra una vez más, la penitencia de dichas curas. Si bien en este último trabajo el acento está puesto sobre las relaciones necesarias del psicoanalista con la Institución para niños, éstas son secundarias con respecto a la cura, es decir, ellas facilitan las condiciones de la misma. Dichas condiciones pasan por una nece- saria castración de la Institución: digamos simplemente su reconocimiento como 'no toda'. Es lo que nos permite afirmar que la cura psicoanalítica de niños a tenido lugar estructuralmente fuera de la institución, y esto, de todos modos ya sea que su desarrollo concreto se efectúe dentro o fuera de sus muros. Más precisamente, si ella no se lleva a cabo fuera de la institución no puede ser considerada como una cura psicoanalítica. El florecimiento de las curas en las instituciones no garantiza a priori la participación del psicoanálisis. Es que dentro

de la institución, ¿la clínica psicoanalítica tiene que ocupar un

lugar?. Nosotros pensamos que si; para nosotros los lacanianos, ese lugar tiene que www.centrocrianza.org.ar

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pasar por la formalización de una ética en términos psicoanalíticos. Es del ejercicio de tal Institución que queremos hablar.

UNA INSTITUCIÓN: LE COURTIL El Courtil es una institución fundada hace ya siete años, y recibe treinta y cinco niños psicó- ticos y neuróticos graves. El personal está constituido por treinta miembros. La mayoría de los participantes tienen un alto nivel de formación universitaria, o de otro tipo - psicólogos, asistentes sociales, filósofo, escritores, psiquiatras - y varios entre ellos son psicoanalistas-". El proyecto de trabajo, del que vamos a detallar algunos puntos, está esencialmente fun- damentado en el hecho que el niño psicótico está Inscrito en el lenguaje mismo y esto es patente en el autismo si el no se escribe como sujeto en la palabra. La petrificación signifi- cante que lo marca y la ausencia en funcionamiento del deseo del Otro, en el que está situa- do por la falta de mediación de la metáfora patera, dejan al niño psicótico librado a un goce sin límites, su sumisión a las fantasías del otro se traduce de múltiples maneras. Frente a ésta sumisión él reacciona a veces por un negativismo que toma la forma de un violento rechazo de toda intromisión, apunta a la destrucción del otro como así también al desgarramiento de una parte de su propio cuerpo o del cuerpo del otro, como una "tenta- tiva de construir un órgano para el goce separado de la continuidad de su propio cuerpo o del cuerpo del otro. Algunas consecuencias mínimas pueden extraerse de estas observaciones para fundar nues- tra clínica en la Institución. En efecto, se justifica el hecho e instalar un no frente al goce, de Introducir un elemento tercero que favorezca la elaboración significante, y de situar el trabajo en la perspectiva de una suplencia frente a la falta de la psicosis. Concretamente, en la Institución, el trabajo con los niños se reparte en dos fases: las actividades cotidianas dedicadas a menudo a un trabajo educativo, tomando en cuenta la posi- bilidad de una elaboración significante a partir del material del lenguaje, y por otra parte el trabajo en los "talleres" que apuntan , ya sea, a una elaboración delirante, a partir de los dichos del niño, o a una producción que se sitúa en la perspectiva de una suplencia tal que le hemos mencionado anteriormente. No obstante la ausencia de la cura psicoanalítica pro- piamente dicha en la institución es una elección deliberada de nuestra parte aunque man- tengamos el objeto de comenzar una cura al exterior de la Institución siguiendo cada caso particular. ¿Cuál es el trabajo en la www.centrocrianza.org.ar

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institución en tanto que la cura propiamente dicha no se lleva a cabo a pesar de que hay psicoanalistas en la misma? A partir del momento en que las curas psicoanalistas no se ejercen en al institución, nos podemos preguntar que es lo que se introduce allí del discurso psicoanalítico. Hay por cier- to un lugar para la doctrina psicoanalítica en la construcción teórica y la elaboración clínica del trabajo. Volveremos sobre ello mas adelante. ¿Pero acaso no existe la posibilidad de Introducir en la Institución un trabajo preliminar a la cura y los objetivos de su fin como pers- pectiva del trabajo clínico en la institución? Nosotros pensamos que si. Una cura psicoanalítica se articula de varios momentos cruciales en el que el primero es lo que llamamos las entrevistas preliminares. En el caso de la neurosis, el primer momento de la cura consiste en la inversión de posiciones del "alma bella", momento que Lacan también llama "rectificación de las relaciones del sujeto con lo real" que precede a la Instalación de la transferencia y de la interpretación en el caso del Hombre de las ratas que comenta en "La dirección de la cura" Lacan pone en relieve cómo Freud "opera una rectificación subjetiva como constituye la introducción de una confesión del sujeto - aquí se refiere al deseo de muerte, con respecto a su padre, que el Hombre de las ratas, sentía cuando era niño - es así como se toma en cuenta el sujeto en el deseo que se desliza bajo la cadena significante. Este momento es concomitante a la precipitación de los síntomas,

en el senti- do de síntoma

psicoanalítico. La intervención de posiciones del "alma bella" término mas adaptado a al histeria, consiste igualmente en los primeros movimientos

en la cura analítica, sin saber

aparecer la parte que le concierne al sujeto en la fabricación misma de las condiciones que la queja que proclama "Mira, cuál es tu propia parte en el desorden del que te quejas" le dice principalmente Freud a Dora, basculando así en auto reproches, los reproches que ella hace a su padre por su relación con la Sra. K y por que él favorece a las atenciones que ella recibe del Sr. K. Es claro que esta dialéctica que se juega en las entrevistas preliminares es propia a la cura psicoanalítica con los neuróticos. No obstante pensamos que con los niños neuróticos en las instituciones, estas observaciones permiten articular la perspectiva del trabajo en un sen- tido doble. Por un lado, elaborar una queja que en estos niños no está siempre presente, sobre todo cuando el niño se sitúa a priori del lado de la repetición del pasaje al acto. Por otro lado, intentar elaborar esta queja en síntoma www.centrocrianza.org.ar

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con lo que esta comporta de confesión del sujeto: es decir, parafraseando a Freud, se trata de inversiones de los reproches dirigidos al otro, en "reproches contra la persona misma que los enuncia". Podemos así darnos cuen- ta que nuestro trabajo se sitúa mas tarde, una vez que esta apertura sea realizada, y por supuesto, al exterior de la institución. Con los niños psicóticos la perspectiva es necesariamente diferente. La clínica del "alma bella" es articulable a las entrevistas preliminares, no está en juego en estos casos de la misma manera, ya que el sujeto en cuestión está petrificado por el significante. Sin embargo, señalemos de entrada que el "alma bella" sigue siendo pertinente para cualquier objetivo en las entrevistas con los padres. La Inversión del "alma bella" es también, en efecto, el sacrificio a realizar del sacrificio mismo. Una madre se sacrifica incesantemente por su niño sometiéndose a su violencia y a todas sus fantasías; suspendiendo su vida a la presen- cia del niño, sin embargo no deja de quejarse de su sacrificio mientras que el sacrificio que se tendría que hacer es renunciar a esta posición de sacrificio. El trabajo con los niños psicóticos en las Instituciones es diferente según si el niño habla y presenta ciertos fenómenos elementales o elementos, delirantes, o si se trata de un niño autista que no habla. En el primer caso nosotros podemos ayudarlo a organizar una tenta- tiva de elaboración delirante, mientras que en el segundo es necesario un forzamiento sig- nificante preliminar cuya oportunidad a menudo es aleatoria. Situamos así el trabajo en Institución con los niños neuróticos en la referencia de entrevistas preliminares en psicoa- nálisis. De la misma manera que concebimos aquí el trabajo con los niños psicóticos como un preliminar a toda cura posible.

La elaboración necesaria de esta clínica El proyecto de trabajo en la Institución necesita una elaboración teórica de la clínica que aquí se produce. El saber que permite la construcción de la doctrina psicoanalítico lacania- na funciona aquí como elemento tercero. Por un lado, desplazando la acción de los adultos del campo de la reacción inmediata al estudio de los efectos producidos, la construcción de un saber sobre la clínica y la referencia a los matemas lacanianos aleja los riesgos de pegamiento

Imaginario entre el niño y el adulto,

produce

una

Interrogación sobre las relaciones de lo que se dice y lo que se entiende, y evita así que www.centrocrianza.org.ar

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la institución tome el relevo del fantasma materno en el que se ha fijado la posición subjetiva del niño. En el plano fenomenológico podemos observar que muchos niños

psicóticos se

encuentran carentes de historia. Hay una falta de historización. Los padres tienen mucha dificultad de contar la historia de su niño, o si no, solo alcanzan a referirse a algunos elementos confusos. A veces, a primera vista, esto parece lo contrario: la madre desarrolla una historia muy detallada sobre su hijo pero situada enteramente en el campo médico, correlativo a las necesidades. Sobre este último caso tuvimos la ocasión de una observación reciente: una jovencita esquizofrénica, un día, nos da un cuaderno que había llevado su madre, hasta el princi- pio de su adolescencia. Días tras día., podíamos leer los estados de su cuerpo reducidos a su estricta función orgánica, la cantidad y el estado de las materias fecales; los alimentos ingeridos, los pequeños y los grandes malestares, las prescripciones médicas, etc.. estas dos situaciones,

la ausencia

de historia, o al

contrario una historia de órganos, son lo mismo. Ellas son la expresiones de una misma estructura, la de que "es como correlativo de un fantasma que el niño Interesa" y que en ese fantasma la madre "realiza la presencia del objeto" "a". La consecuencia de esta posición del niño en el que el deseo del Otro no puede Interrogarse, es la ausencia de la historia al menos de la historia en cuanto al deseo. El proceso de la rehistorización del niño pasa por la palabra. La palabra de sus padres en las entrevistas regulares que nosotros tenemos con ellos y que apuntan a un trabajo de sepa- ración. La de los niños en los "talleres en los que se efectúa un trabajo de elaboración significante la de los adultos y los responsables, a que se construya una historia clínica en referencia a la teoría analítica.

La construcción del caso La exigencia de construcción de casos clínicos que tenemos en la institución tiene una fun- ción necesaria. No obstante, esta se inscribe en las exigencias más amplias que encuentra todo psicoanalista en su práctica, la de su transmisión. Recordemos simplemente que la transmisión del psicoanálisis es doble, en su Intensión en la cura y en su testimonio, en extensión, en la enseñanza. "a este testimonio J. Lacan lo ha establecido con el nombre del pase (1967), a ésta enseñanza le ha dado su ideal, el materna (1974). De una a la otra exis- te una graduación: el testimonio del pase ( ) está confinado a un círculo restringido ( ); la enseñanza del materna ( ) es, para todos". Es www.centrocrianza.org.ar

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en esta graduación que se sitúa la construc- ción del caso clínico. Testimonio cierto, pero Invertido, ya que aquí este testimonio viene del analista, y se dirige al mismo tiempo como enseñanza a los analistas. Es necesario entonces que esta construcción sea la elaboración de un matema para ese caso clínico, o mas exac- tamente una depuración del caso, que puede ir desde un aparte de ejemplo clínico a la pre- sentación completa del caso. Lacan nos dice acerca del texto de Freud sobre el caso Dora, que esta calado "entre las monografías psicopatológicas que constituyen una clase de nuestra literatura al tono de una Princesa de Clevés en búsqueda de una mordaza Infernal". Sin pretender necesariamente a una gran calidad literaria se exige que la presentación del caso pueda transmitir una cons- trucción. Es el "deber frente a la ciencia" el que el psicoanalista tiene

según

Freud, a su cargo, además

del "deber frente al enfermo". Esta

construcción apunta a presentar el caso con exactitud, a traducir en la investigación el hilo conductor de la verdad que él testimonia. En la Institución esta elaboración - que no daremos aquí los ejemplos clínicos, ya que muchos de nuestros trabajos fueron publicado o están en publicación dialectizan el trabajo que se hace con los niños fundándolos en la lógica.

Conclusión No pretendemos con este trabajo agotar la cuestión, ni dar una teoría general del lugar del psicoanálisis en la institución, aún menos describir un modelo exportable. Quisimos sola- mente brindar las bases de un cierto trabajo en el que el psicoanálisis puede ser tomado en cuenta incluso sin la práctica de una cura.

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UNA CLÍNICA EN INSTITUCIÓN93 PRESENTACION "En todos lados, el dispositivo de distribución de tratamiento psiquiátricos no cesa de modificarse bajo la exigencia, siempre mayor de reducción de costos. En este dispositivo cambiante, las psicoanalíticas, psiquiatras o no, están presentes. La pragmática de este encuentro define formas nuevas de la interfase psiquiatría-psicoanálisis en la salud mental." Estos nuevos lugares fuera del hospital crean una nueva zona en donde el psicoanálisis puede hacer escuchar proposiciones de trabajo. El 27 de julio de 1996, el Equipo 111 organizó un encuentro, el mismo trató el tema de una clínica en institución, en donde no contamos con el dispositivo inventado por Freud para la neurosis. Virginio Baio, Monique Kusnierek, Alexandre Stevens y Alfredo Zenoni nos dieron indicaciones muy precisas en la orientación de este trabajo. L'Antene 110 y le Curtil integran la Red Internacional de Instituciones Infantiles (R13), pero además todos ellos trabajan en el marco de la Asociación Mundial de Psicoanálisis cuya preocupación actualmente gira en relación al psicoanalista y la ciudad, la ciudad del psicoanálisis.

TRABAJAR ENTRE VARIOS Virgino Baio y Monique Kusnierek

Virginio Baio Monique y yo, nos dirigimos a Uds. en nombre de L'Antene 110, para agradecerles y agradecer en particular a Marcela Errocondo, Daniel Senederey, al Equipo 111 y a los chicos del equipo 111 por esta invitación a vuestra jornada. Paso la palabra a Monique Kusnierek, que va a hablarles de un "prisma" del "entre varios".

Marcela Errecondo

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Una Clínica en Institución; Cap: Trabajar Entre Varios, Conferencia Pronunciada en Rosario el 27/07/96 por

Virginio Baio y Monique Kusnierek.

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Antes de que tome la palabra Monique, voy a hacer una aclaración. Virginio Baio dijo que Monique Kusnierek hablaría de un "prisma" en donde hay una difícil traducción. En francés se dice "à plusieurs", no es uno más uno, no es tampoco entre varios, es un conjunto particularizado, tal vez la palabra más próxima seria un colectivo, o una plurarización de tra- bajadores. Como no tenemos una palabra para traducir este "à plusieurs", vamos a tomar por el momento "entre varios" y tal vez, a lo largo de lo que se vaya desarrollando se podrán tomar los diferentes sentidos.

Monique Kusnierek Vamos a aprovechar estas jornadas en Rosario para avanzar en la preparación de nuestras próximas jornadas del RI3, (Red Internacional de Instituciones Infantiles). Son una red que forma parte del Campo Freudiano, y actualmente reúne a cuatro instituciones.

1. "Nonnete", en Francia. 2. "Le Courtil", en Bélgica de la cual Alexandre Stevens está aquí presente. 3. Otra institución de Tel Aviv, que es un miembro asociado, y 4. "L' Antenne 110". El RI3, va a organizar estas terceras jornadas, los días 01 y 02 de febrero de 1997. Las primeras jornadas fueron organizadas por El Courtil hace cuatro años bajo el titulo "Demanda, Deseo e Ideal en Institución". Hace dos años fue la institución "Nonnete" que organizó una jornada bajo el título "Palabras fuera de discurso en la esquizofrenia y en el autismo". Entonces las terceras jornadas, van a tener lugar en 1997. Tendrán como título "La práctica entre varios en institución." En este título: "La práctica entre varios en institución", la palabra práctica indica que nosotros vamos a poner bajo nuestro estudio, la acción, la operación, el trabajo que realizan los adultos con los niños en la institución. En este título, la práctica entre varios, la palabra "varios" indica que nosotros vamos a sos- tener la acción sobre el hecho que, esta práctica no es el producto, no es el hecho de uno solo sino que se realiza entre varios. Entonces, varios adultos trabajaron los chicos. El corolario de esto es que los niños tienen que vérselas con un "partenaire" que no es uno solo sino que es "varios", es decir, un "partenaire" pluralizado. La pregunta es www.centrocrianza.org.ar

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entonces ¿qué es otro pluralizado?, y ¿qué pertinencia hay entonces en ofrecer a los niños un "partenaire" pluralizado? Para introducirnos en esta cuestión, voy a hacer una pequeña notación general sobre el Otro, sobre el "partenaire" del sujeto, en general. El Otro, para un sujeto que sea psicótico o neurótico, en general no es varios, no es variable, es siempre el mismo. Cada sujeto tiene su Otro que es siempre el mismo. Algunas veces es otro que sabe todo, que goza de Uds., que los ama o los persigue para el cual uno es muy conveniente. Este es el caso de la psicosis. En otros casos es Otro al cual uno no le es conveniente, uno es siempre culpable. Es el caso más soportable de la neurosis. Entonces, que sea psicótico o neurótico, el sujeto siempre sufre de su relación al Otro, de otro del cual no está separado en la psicosis o de la idea que se hace del Otro en la neurosis. Si el sujeto sufre del Otro, se trata en la clínica, de aliviar al sujeto mismo, de reducir la importancia del Otro, se trata de destituir al Otro. Yo pienso que es eso lo que nosotros tratamos de montar en L'Antenne 110, con nuestra práctica entre varios. Con nuestra práctica entre varios tratamos de operar sobre el Otro, tratamos de que el sujeto no tenga que vérselas con uno solo, con uno solo que sabe todo y ve todo, son uno solo al cual nada se le escapa,

sino que tenga

que vérselas con varios

"partenaires", que por el hecho de ser varios se descompletan mutuamente. Entonces podemos distinguir diferentes puntos sobre el cual el Otro, el "partenaire" que nosotros representamos para el sujeto debe ser destituido, y podemos tratar de ver y discutir como la práctica entre varios contri- buye a esta destitución. Acá están los diferentes puntos que yo propongo sobre los cuales el Otro debe ser destituido:

1. El "partenaire" que nosotros somos, debe ser destituido en cuanto a su saber. No debe haber uno solo que sepa y que decide para el sujeto. Siempre algo tiene que escaparle al Otro. Virginio va a traer ejemplos sobre este respecto. 2. El "partenaire" que nosotros somos, debe ser destituido en cuanto a su Demanda. La demanda del adulto, puede tomar mucha importancia en los momentos de la comida o el baño por ejemplo. Se puede escuchar, por ejemplo, dirigirse al niño: "come", "pórtate bien", "andá al baño", etc., esto concierne al objeto oral y al objeto anal, y esto puede ser difícil para un niño www.centrocrianza.org.ar

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sometido, tal vez, a la demanda del Otro. La pregunta es entonces, saber como siendo varios, se puede aliviar, reducir esta sumisión a la demanda del Otro. 3. El "partenaire" que nosotros somos, tiene que ser destituido en cuanto a su presencia. La presencia del Otro, el signo de su presencia, su mirada y su voz, puede ser extremadamente persecutorio para un niño psicótico.

De una forma general, cuando nosotros tenemos que decirle algo a un niño psicótico, para no agregar mas sobre esta presencia, no le dirigimos directamente la palabra, no lo miramos. Nos dirigimos a otro, nos dirigimos por ejemplo, a otro educador. Para terminar voy a dar un pequeño ejemplo. Un día, una mañana, en el momento de levantarse, un niño estaba muy mal, y cada vez que este chico esta mal, mete sus dedos con mucha fuerza en los orificios de la nariz del adulto. Todos los adultos tenían entonces su nariz lastimada. Ese día, justamente era Danielle, la que tenía la nariz bastante lastimada. Hacia falta ayudarnos entre nosotros para poder frenar esta cuestión. Entonces no me dirigí a este niño psicótico para que se pare, pero le pedí a Danielle que nos deje tranquilos a nosotros dos y que se vaya. Es decir que yo hice que mi acción tuviera su punto de efecto en el Otro y no sobre el sujeto. El efecto que le siguió a esto es que este sujeto se calmó y durante algunas horas, durante el día cada vez que se encontraba con Danielle, la llevaba sonriendo gentilmente hasta la puerta, la hacia salir.

VIRGINIO BAIO A partir de esto que acaba de decir Monique, yo intentaré dar dos versiones del "entre varios". El "entre varios" de la reunión general y el "entre varios" con el sujeto neurótico y con el sujeto psicótico. En la reunión general del viernes, Nando, uno de los educadores mas experimentado del equipo toma la palabra para decirnos: “Escuchen, con Marcelo, yo lo intenté todo pero lle- gué al límite, yo no puedo más, no se que hacer con él”. Y eso nos sorprende. Si Nando no puede arreglárselas para salir de esta situación, quiere decir que nosotros no tenemos más que capitular y colocar al chico en la calle, o sea echarlo. Esa es la conclusión a la que otras cuatro instituciones han llegado también antes que Marcelo llegue a nosotros. www.centrocrianza.org.ar

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• Las marcas de Marcelo. Marcelo, que tiene 8 años, es una verdadera furia. Le lanza a los hombres: "¡Maricon, yo te la Chupo!, ¡Tu madre es una puta!. A las mujeres les dice: "¡cogé con los chicos!", "¡vos te la agarras con la boca!". Sin la menor vergüenza se toca los órganos genitales. Se des- viste para mostrar su pene y escupe en la cara. Este Marcelo violento tiene la marca de una pobreza. Marcelo es pobre de una versión del deseo que no sea anónimo. Nosotros toma- mos entonces esa violencia como el grito de un sujeto que demanda una marca donde

él pueda particularizarse y desear

ardientemente según

las

versiones del deseo.

• Los primeros gestos de los educadores. En un primer tiempo

nosotros

le hemos

dado

razón acordándole un lugar,

sosteniendo sus quejas dirigidas a sus padres que son caprichosos, sin fe y sin ley, sosteniendo al mismo tiempo a sus padres ante el juez para que se comprometan con una palabra y también sos- teniendo al juez para que se ubique en sus decisiones.

• Los segundos gestos de los educadores. En un segundo tiempo nosotros hemos intentado decirle "si" a la vez físicamente y por el sin sentido. Físicamente: frente a este tornado nosotros hemos tomado a cargo esta violencia y le hemos hecho una oferta. Cada uno, según nuestra manera, nos hemos turnado para tener a Marcelo constantemente, pero distraídamente a la vista, bajo un cierto control. Cuando uno de nosotros lo tenía de la mano durante un buen rato, le pregunta : "Porque me tienes la mano", y el educador le contesta : "vos sabes Marcelo, yo tengo necesidad de que vos me sostengas, sino, no sabes las barbaridades que yo podría hacer". Otro educador que le sigue los pasos, recibe la pregunta: "¿pero, vos que querés?" "¿Te das cuenta Es eso exactamente: estoy buscando eso que quiero". Y en fin, a otro que lo detiene y lo levanta en el aire, Marcelo le grita: "vos no sos mi papá!...". Y escucha que le responden: "¡Por suerte... yo soy mucho peor que tu padre!".

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Como ven es una oferta de sinsentido. Si por un lado se le dice "si" al mismo tiempo que se lo frena, se lo detiene en su actuar, por el otro lado, intentamos agitar delante de él, versiones del sinsentido, del enigma. El día que se llama "in extremis" al director terapéutico por un nuevo acto de violencia de su parte, lo cual determinaría que Marcelo debería hacer sus valijas e irse, al responsable lo lleva en un auto, el trayecto transcurre en silencio..., y finalmente llegan a un restaurante. Mientras que el responsable se ocupa de comer, Marcelo lo mira, lo espía, lo vigila. Cuando están terminando de comer Marcelo le dice: "Como está Nutella?". El domingo mientras vos estabas en Roma yo la llamé", entonces el responsable terapéutico, aparentemente dividido por Marcelo, le empieza a hacer preguntas: "¿Qué?", ¡vos osaste!!!..., que hiciste?, ¿Qué hicieron?", jugando al marido celoso.

• El impasse de Nando. Volvamos entonces a Nando que dice: "No hay nada mas que hacer". He aquí el impasse: ¿se va a aceptar su posición y "colgar los guantes", ante Marcelo?, ¿o se va a discutir corriendo el riesgo que Nando no se sienta tomado en serio?. ¿A quién hay que sacrificar?, ¿a Nando o a Marcelo? Toma la palabra cada educador y en vez de responder al callejón sin salida planteando anteriormente, hacen un estado de construcción fantasmático de Marcelo, qué punto esa tra- tando de realizar. Se trata de historias en donde Marcelo juega a subirse a una moto que se lleva todo por delante a su paso. Luego es su padre el que está sobre la moto y destru- ye los niños que están su paso sin que nada lo detenga. Pero al fin de la historia es Marcelo que detiene a su padre matándolo. Ante esto aparece un Nando nuevo, sorprendido y sorprenderte. Se propone entonces darse todavía una semana de trabajo y rediscutir, volver a hablar el viernes siguiente. El viernes siguiente es Nando mismo que toma la palabra para expresar su sorpresa y Nando nos cuenta lo que pasó en su taller cuando visitaron una iglesia de Genial. Marcelo se quedó sorprendido delante de un Cristo en la cruz. Le toca largamente los pies al Cristo elevado y manchado de sangre. Pregunta: ¿quién es ese hombre?, ¿por qué le han hecho eso y quien es el responsable por esos malos tratamientos? ¿Es la www.centrocrianza.org.ar

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madre de Jesús o sus amigos? Nado se calla, sabiendo la importancia de esa escena para Marcelo va a elaborar frente a esta escena, significaciones diversas. Un día, a la salida de la iglesia, Marcelo le pregunta a Nando si este podría matarlo. El fan- tasma de su muerte o su desaparición es el primer objeto que el sujeto pone en juego en esta relación del deseo con el Otro operación de separación por la cual el sujeto se separa, se engendra, se adjunta al objeto. Es eso lo que Marcelo hace, él se construye

una ficción fantasmática y eso le permite

reglar el goce de su Otro

Caprichoso. Luego de un año y seis meses Marcelo deja la institución para reintegrarse a la enseñanza escolar.

• EN CONCLUSIÓN. Si Marcelo se presenta como marcado por un desierto del deseo, sin embargo se deja aspirar por un torbellino en donde

los educadores intentan hacerle otra oferta

deseante. Él se deja interpelar por otras versiones del deseo que le permiten construirse una respuesta fan- tasmática satisfactoria. Nando también, el "educador experimentado", se deja marcar. Sale de la reunión como transformado, puede ocupar otra posición gracias a la toma en cuenta por el equipo de su impasse y por el nuevo impulso que por él mismo encuentra gracias a la posición de los otros educadores. No solamente Marcelo resurge sino también Nando que está en el inicio de una solución, una vez que ha pasado por ese lugar de la reunión general. La reunión general es un lugar de destitución y de institución. Es en ese lugar de la reunión general del equipo, que los educadores en el movimiento mismo de poner las cartas sobre la mesa, como movimientos de destitución que concierne a su práctica, se dejan marcar por la posición de los otros educadores, movimiento de institución - de sujeto - y de no saber. Para decirlo mejor la reunión general apunta

a la institución de la destitución

permanente. ¿No podríamos decir que este hallazgo que se da con Marcelo, durante el taller en la iglesia y que ha sorprendido a Nando, no es otra cosa que le efecto de una marca que él ha consentido soportar?. ¿Nando, no ha consentido, a dejarse marcar por eso que los otros educadores habían aportado a propósito de Marcelo? En una palabra www.centrocrianza.org.ar

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Nando ha consentido a estar en la escuela, en esa pequeña escuela que es la reunión general de los educadores. El segundo punto entonces: el "entre varios" con el sujeto psicótico. Quiero contar una pequeña secuencia que Danielle Devroe nos presentó hace algunas semanas.

La semana siguiente a la partida de su padre a Portugal, Max presenta otra vez problemas para comer, par vestirse y cae en llantos muy frecuentemente. Esto es lo que pasa de repen- te mientras están paseando. Danielle hace la hipótesis que estos llantos están en reacción con el abandono brutal y, se podría decir caprichoso, que viene de suceder. Se dirige enton- ces a Jean François, otro educador: "Tu sabes Jean François, hay padres que abandonan a sus hijos, que se van y lo dejan ahí. En todo caso en L'Antenne 110 nosotros no estamos para nada de acuerdo con eso. Yo voy a habla con el director de los chiquitos que están llorando por esa razón. Y él se va a eno- jar con padres como esos." Max parece escuchar, sonríe, le da la mano a ala educadora y se queda acurrucado contra ella. Los días que siguen él va a ir frecuentemente a buscar refugio donde ella está, ella lo va a recibir con sonrisas y con caricias. En estas secuencias se podrían señalar algunos aspectos:

1.

Danielle no se dirige directamente al niño sino a Jean François. Es lo que

Monique explicaba recién. 2.

Ella no anuncia un saber sobre él, un saber interpretativo, sino hace una

oferta de hipótesis. 3.

Ella no habla de él, sino que dice "hay chicos".

4.

Ella Enuncia un "no" proferido sobre el Otro: "En L'Antenne no estamos de

acuerdo con estas cosas, el director se va a enojar con padres como esos". 5.

Para ocuparse del niño que corre el riesgo de ser abandonado, hace falta un

primer gesto que es ocuparse de su Otro diciéndole "no". Danielle se propone entonces como "partenaire" que se destituye instituyendo como interlocutor el otro educador del otro educador haciendo una hipótesis. Max confirmará o no. 6.

La respuesta de Max confirma la hipótesis de Danielle, que se aísla entonces

como su interlocutora y su "partenaire". Danielle hace una oferta de tratamiento del Otro por una oferta de un No que se dirige al Otro desregulado de Max. Danielle www.centrocrianza.org.ar

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queda entonces en una posición dócil para que sea Max el que consienta o no la oferta que ella le ha hecho.

En conclusión, ¿no podríamos aislar condiciones del Otro como exigibles en una práctica "entre varios"?

1. Estos "varios" que hacen idas y vueltas. Como en el caso de Nando, los educadores en la reunión general se sostienen en una posi- ción de no saber ante los otros dos lugares de saber, aquel de las hipótesis anticipadas por Freud y Lacan y el saber que ya está ahí opaco en los niños. Los educadores hacen enton- ces, estas idas y vueltas entre estos dos lugares de saber. Los educadores se dejan marcar por este trabajo de hacer idas y vueltas a partir de un no saber.

2. "Entre varios" que hacen una oferta. Como en el caso de Danielle, a propósito de estos padres que abandonan a sus chiquitos, los educadores se dirigen al niño psicótico a partir de una plurarización del Otro, tal como lo contaba recién Monique. Danielle dirigiéndose a Jean François y refiriéndose al director, pluraliza al Otro para Max. Danielle se pone en la vía del Otro que no sabe y no goza del niño, dejándole a éste siempre la última palabra: Danielle, Jean François y el director, hacen la oferta de una banda de educadores que están ahí para lanzar un No implacable al Otro loco.

3. El "entre varios" que se da entre los educadores. En el caso de un niño psicótico los educadores están "entre varios" y entre varios se sostienen para estar implicados en el tratamiento del Otro a partir de una posición de no saber. En el caso de los niños neuróticos los educadores se sostienen, interpelan entre ellos, pero no a partir de un no saber, sino a partir del sinsentido, el equivoco, de lo cómico. Como en el caso de Marcelo en lugar de hacer circular la pelota como Maradona, hacen circular entre ellos el sinsentido para que surja en él una pregunta sobre el "che vuoi" del Otro. Sería como Maradona que hace malabarismos con una pelota que no se ve. Hacemos un gol cuando se puede hacer surgir en Marcelo un "pero que www.centrocrianza.org.ar

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quiere de mí?", ¿a que están jugando?". Y entonces la pelota del enigma no está más en nuestro campo sino en su red.

4. Varios "entre varios" Para concluir , hay toda una variación, un prisma de este "entre varios" que uno podía poner más en foco.

-

Por ejemplo, este "entre varios" de los chicos. ¿Cómo tratar

de no

uniformarlos?. ¿De no ponerlos en el rimo de un mismo paso, todos iguales, siguiendo un mismo ritmo, sino que todos estén el ritmo de su particularidad? ¿Cómo lograr trabajar con todos cuando unos son psicóticos y los otros neuróticos? -

Podríamos tomar el "entre varios" de los educadores. ¿Cómo lograr tener todos

al mismo tiempo una posición correcta en la relación al sujeto psicótico, al sujeto neurótico y al mismo tiempo respetar al máximo el estilo de cada educador? -

Hay también el "entre varios" de lugares y de tiempos, porque los niños, sobre

todo en la psicosis son extremadamente frágiles a los cambios que se dan en los lugares de trabajo,

en los momentos y en los tiempos

de trabajo.

variaciones y cambios en los lugares de trabajo,

¿Cómo

introducir

cambios en el horario de los

educadores, incluso la irrupción de las vacaciones, etc.? -

El "entre varios" que está ligado a las funciones. ¿Cómo trabajar juntos sin que

la cuestión del saber sobre quién detenta la última palabra del saber, lo lleve a la cuestión conflictiva del poder? ¿Cómo resolver todo el impasse posible ligado a la presencia del surgimiento inevi- table de la transferencia? ¿Cómo responder a la transferencia de los niños psicóticos o neu- róticos? No se responde de la misma forma a la transferencia en la psicosis o en la neurosis. -

Y finalmente está el "entre varios" como diferentes versiones de la barra sobre

el Otro.

Para terminar, según Jacques Lacan, la falta es una a ubicar en todos los niveles de la estruc- tura, al nivel del Otro, al nivel del punto desde donde uno opera, desde el punto donde uno se hace el "partenaire" del sujeto. La clínica nos enseña que esta falta es de una naturaleza totalmente diferente, según que la posición del sujeto del cual uno se hace su "partenaire" esté regulado o no por la significación fundamental, www.centrocrianza.org.ar

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por la significación fálica, según que el sujeto pueda o no gozar de contar y de orientarse o no según la cruz del Sur fálica.

CONCLUSIONES

A lo largo de este curso, hemos tratado de dar una perspectiva de lo que es el acompañamiento terapeutico dentro del marco del psicoanalisis aplicado, poniendo el acento

en la confianza en la palabra y pensando el acompañamiento como una

modalidad de los recursos que se dirigen a reestablecer el lugar del sujeto apoyandonos en el poder que otrorga la transferencia. De tal modo que podriamos decir nuestra apuesta es la creacion de un marco simbolico con la finalidad de rescatar al sujeto que esta abolido por la irrupcion de la pulsion de muerte; tal es el caso de aquellos pacientes

de los que hemos

hablado

en el curso

y que

han

provocado

interrogaciones legitimas en las pasantias. La pregunta que aparcia siempre en los presenciales era: ¿puede el psicoanalisis intervenir en estos casos? Consideramos que sí, y que el modo es la conversacion, no la afrenta, con otros discursos, con otros profecionales, esto es sensibilizar a quienes estan dispuestos a valorar la gravedad en que la miseria del sujeto aparece y toma diferentes formas, con la finalidad de acogerlo nuevamente en el lazo social. Claramente hemos diferenciado nuestra propuesta, del psicoanalisis puro, puesto que entendemos que:

"El psicoanálisis no es "para todos", no tiene su lugar en todos lados, pero en todos lados puede recordar que el sujeto surge de la palabra - ser hablante, ser hablado, hablante ser. A través de los años y las culturas, las estructuras clínicas y las lenguas, evalúa la potencia de la palabra, propone una alternativa al peso angustiante del determinismo científico que no es la esperanza de un milagro. Sitúa el campo de lo necesario, mantiene el lugar de lo contingente.”

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Y sera a traves de esa contingencia, ese "quizas" que se tratara de restaurar el deseo que hace vivir y no empujar hacia la identificacion del sujeto con el registro de su sufrimiento. La manera en que esta tarea se perfila la tomamos de Jacques Lacan: "encuentro ahí la impresión del milagro de los primeros freudianos: encoontrar la fuerza viva de la intervencion en el mismo callejon sin salida de una situacion"94

A continuación se presentan diferentes artículos que refieren a algunos de los temas trabajados

en el Módulo IV. En ellos se profundizan y amplían conceptos

fundamentales que queremos que incorpore y aprehenda.

PSICOLOGÍA DE LAS MASAS 1920-21

CAPITULO VI

OTROS PROBLEMAS Y ORIENTACIONES HASTA aquí, hemos investigado dos masas artificiales y hemos hallado que aparecen domi- nadas por dos órdenes distintos de lazos afectivos, de los cuales, los que enlazan a los indi- viduos con el jefe, se nos muestran como más decisivos -al menos para ellosque los que enlazan a los individuos entre sí. Ahora bien, en la morfología de las masas, habría aún mucho que investigar y describir. Habría que comenzar por establecer que una simple reunión de hombres no constituye una masa mientras no se den en ella los lazos antes mencionados, si bien tendríamos que confesar, al mismo tiempo, que en toda reunión de hombres surge 94

Jacques Lacan "La Psiquiatria inglesa y la guerra" revista "Uno por Uno" nº 40 www.centrocrianza.org.ar

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muy fácilmente la tendencia a la formación de masa psicológica. Habríamos de prestar luego atención a las diversas masas, más o menos permanentes, que se forman de un modo espontáneo y estudiar las condiciones de su formación y de su descomposición. Ante todo, nos interesaríamos parti- cularmente por la diferencia entre las masas que ostentan un director y aquellas que care- cen de él. Así, investigaríamos si las primeras no son las más primitivas y perfectas; si en las segundas no puede hallarse sustituído el director por una idea o abstracción (las masas religiosas, obedientes a una cabeza invisible; constituirían el tipo de transición); y también si una tendencia o un deseo susceptibles de ser compartidos por un gran número de personas, no podrían constituir asimismo una tal sustitución. La abstracción podría, a su vez, encarnar más o menos perfectamente en la persona de un director secundario, y entonces se establecerían, entre el jefe y la idea, relaciones muy diversas e interesantes. El director o la idea directora podrían también revestir un carácter negativo, esto es, el odio hacia una persona o una institución determinadas, podría actuar análogamente al afecto positivo y provocar lazos afectivos semejantes. Asimismo, habríamos de preguntarnos si el director es realmente indispensable para la esencia de la masa, etcétera, etcétera. Pero todas estas cuestiones, algunas de las cuales han sido ya estudiadas en las obras de psicología colectiva, no consiguen apartar nuestro interés de los problemas psicológicos fundamentales que la estructura de una masa nos plantea. Y ante todo, surge en nosotros una reflexión que nos muestra el camino más corto para llegar a la demostración de que la característica de una masa se halla en los lazos libidinosos que la atraviesan. Intentaremos representarnos cómo se comportan los hombres mutuamente desde el punto de vista afectivo. Según la célebre parábola de los puercoespines ateridos (Schopenhauer "Parerga

und Paralipomena", 2a parte,

XXXI, "Gleichnisse

und

Parabeln") ningún hombre soporta una aproximación demasiado íntima a los demás. "En un crudo día invernal, los puercoespines de una manada se apretaron unos contra otros para prestarse mutuo calor. Pero al hacerlo así, se hirieron recíprocamente con sus púas, y hubieron de separarse. Obligados de nuevo a juntarse, por el frío, volvieron a pincharse y a distanciarse.

Estas alternativas

de

aproximación

y

alejamiento duraron hasta que les fué dado hallar una distancia media en la que ambos males resultaban mitigados". Conforme al testimonio del psicoanálisis, casi todas las relaciones afectivas íntimas, de alguna duración, entre dos personas -el matrimonio, la amistad, el amor paterno y el www.centrocrianza.org.ar

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filialdejan un depósito de sentimientos hostiles, que precisa, para desaparecer, del proceso de la represión. Este fenómeno se nos muestra más claramente cuando vemos a dos asociados pelear- se de continuo o al subordinado murmurar sin cesar contra su superior. El mismo hecho se produce cuando los hombres se reúnen para formar conjuntos más amplios. Siempre que dos familias se unen por un matrimonio, cada una de ellas se considera mejor y más distinguida que la otra. Dos ciudades vecinas serán siempre rivales y el más insignificante cantón mirará con desprecio a los cantones limítrofes. Los grupos étnicos afines se repelen recíprocamente; el alemán del Sur no puede aguantar al del Norte; el inglés habla despectivamente del escocés y el español desprecia al portugués. La aversión se hace más difícil de dominar cuanto mayores son las diferencias y de este modo hemos cesado

ya de extrañar la que los galos

experimentan por los germanos, los arios por los semitas y los blancos por los hom- bres de color. Cuando la hostilidad se dirige contra personas amadas decimos que se trata de una ambivalencia afectiva y nos explicamos el caso, probablemente de un modo demasiado racionalista, por los numerosos pretextos que las relaciones muy íntimas ofrecen para el nacimiento de conflictos de intereses. En los sentimientos de repulsión y de aversión que surgen sin disfraz alguno contra personas extrañas con las cuales nos hallamos en contacto, podemos ver la expresión de un narcisismo que tiende a afirmarse y se conduce como si la menor desviación de sus propiedades y particularidades individuales implicase una crítica de las mismas y una invitación a modificarlas. Lo que no sabemos es por qué se enlaza una tan grande sensibilidad a estos detalles de la diferenciación. En cambio, es innegable que esta conducta de los hombres revela una disposición al odio y una agresividad, a las cuales podemos atribuir un carácter elemental. Pero toda esta intolerancia desaparece, fugitiva o duraderamente en la masa. Mientras que la formación colectiva se mantiene, los individuos se comportan como cortados por el mismo patrón; toleran todas las particularidades de los otros, se consideran iguales a ellos y no experimentan el menor sentimiento de aversión. Según nuestras teorías, una tal restricción del narcisismo no puede ser provocada sino por un solo factor: por el enlace libidinoso a otras personas. El egoísmo no encuentra un límite más que en el amor a otros, el amor a objetos. Se nos preguntará aquí si la simple comunidad de intereses, no habría de bastar por sí sola y sin la intervención de elemento libidinoso alguno, para inspirar al individuo tolerancia y consideración con respecto a los demás. A esta objeción, responderemos, que en tal forma no puede www.centrocrianza.org.ar

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producirse una limitación permanente del narcisismo, pues en las asociaciones de dicho género, la tolerancia durará tan sólo lo que dure el provecho inmediato producido por la colaboración de los demás. Pero el valor práctico de esta cuestión es menor de lo que pudiéramos creer, pues la experiencia ha demostrado, que aun en los casos de simple colaboración, se establecen regularmente entre los camaradas relaciones libidinosas, que van más allá de las ventajas puramente prácticas extraídas por cada uno, de la colaboración. En las relaciones sociales de los hombres volvemos a hallar aquellos hechos que la investigación psicoanalítica nos ha permitido observar en el curso del desarrollo de la libido individual. La libido se apoya en la satisfacción de las grandes necesidades indivi- duales y elige, como primeros objetos, a aquellas personas que en ella intervienen. En el desarrollo de la humanidad, como en el del individuo, es el amor lo que ha revelado ser el principal factor de civilización, y aun quizá el único, determinando el paso del egoísmo al altruísmo. Y tanto el amor sexual a la mujer, con la necesidad, de él derivada, de proteger todo lo que era grato al alma femenina, como el amor desexualizado, homosexual subli- mado, por otros hombres, amor que nace del trabajo común. Así, pues, cuando observamos que en la masa surgen restricciones del egoísmo narcisista, inexistentes fuera de ella, habremos de considerar tal hecho como una prueba de que la esencia de la formación colectiva reposa en el establecimiento de nuevos lazos libidinosos entre los miembros de la misma. El problema que aquí se nos plantea, es el de cuál puede ser la naturaleza de tales nuevos lazos afectivos. En la teoría psicoanalítica de las neurosis, nos hemos ocupado hasta ahora, casi exclusivamente, de los lazos que unen a aquellos instintos eróticos que persiguen aún fines sexuales directos, con sus objetos correspondientes. En la multitud no puede tratarse, evidentemente, de tales fines. Nos hallamos aquí ante instintos eróticos que sin perder nada de su energía, aparecen desviados de sus fines primitivos. Ahora bien, ya dentro de los lími tes de la fijación sexual ordinaria a objetos, hemos observado fenómenos que corresponden a una desviación del instinto de su fin sexual y los hemos descrito como grados del estado amoroso, reconociendo que comportan una cierta limitación del Yo. En las páginas que siguen, vamos a examinar con particular atención estos fenómenos del enamoramiento, con la esperanza fundada, a nuestro

juicio- de deducir de ellosconclusiones aplicables a los lazos

afectivos que atraviesan las masas. Además, quisiéramos averiguar si esta clase de fijación a un objeto, tal como la observamos en la vida sexual, es el único género www.centrocrianza.org.ar

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existente de enlace afectivo a otra persona o si habremos de tener en cuenta otros mecanismos. Ahora bien, el psicoanálisis nos revela precisamente la existencia de estos otros mecanismos del enlace afectivo al descubrirnos las identificaciones, procesos aun insuficientemente conocidos y difíciles de describir, cuyo examen

va a

mantenernos alejados durante algún tiempo, de nuestro tema principal, la psicología colectiva.

EL PORVENIR DE UNA ILUSIÓN95 1927

CAPITULO I Todo aquel que ha vivido largo tiempo dentro de una determinada cultura y se ha plantea- do repetidamente el problema de cuáles fueron los orígenes y la trayectoria evolutiva de la misma, acaba por ceder también alguna vez a la tentación de orientar su mirada en sentido opuesto y preguntarse cuáles serán los destinos futuros de tal cultura y por qué avatares habrá aún de pasar. No tardamos, sin embargo, en advertir que ya el valor inicial de tal investigación queda considerablemente disminuido por la acción de varios factores. Ante todo, son muy pocas las personas capaces de una visión total de la actividad humana en sus múltiples modalidades. La inmensa mayoría de los hombres se ha visto obligada a limitarse a escasos sectores o incluso a uno solo. Y cuanto menos sabemos del pasado y del presen- te, tanto más inseguro habrá de ser nuestro juicio sobre el porvenir. Pero, además, precisa- mente en la formación de este juicio intervienen, en un grado muy difícil de precisar, las esperanzas subjetivas individuales, las cuales dependen, a su vez, de factores puramente personales, esto es, de la experiencia de cada uno y de su actitud más o menos optimista ante la vida, determinada por el temperamento, el éxito o el fracaso. Por último, ha de tenerse también en cuenta el hecho singular de que los hombres viven, en general, el presente con una cierta ingenuidad; esto es, sin poder llegar a valorar exactamente sus conte- nidos. Para ello tienen que considerarlo a distancia, lo cual supone que el presente ha de haberse convertido en pretérito para que podamos hallar en él puntos de apoyo en que basar un juicio sobre el porvenir.

95

"Sigmund Freud: Obras Completas", en "Freud total" 1.0 (versión electrónica) www.centrocrianza.org.ar

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Así, pues, al ceder a la tentación de pronunciarnos sobre el porvenir probable de nuestra cultura, obraremos prudentemente teniendo en cuenta los reparos antes indicados al mismo tiempo que la inseguridad inherente a toda predicción. Por lo que a mí respecta, tales consideraciones me llevarán a apartarme rápidamente de la magna labor total y a refu- giarme en el pequeño sector parcial al que hasta ahora he consagrado mi atención, limi- tándome a fijar previamente su situación dentro de la totalidad. La cultura humana -entendiendo por tal todo aquello en que la vida humana ha superado sus condiciones zoológicas y se distingue de la vida de los animales, y desdeñando establecer entre los conceptos de cultura y civilización separación alguna-; la cultura humana; repetimos, muestra como es sabido, al observador dos distintos aspectos. Por un lado, comprende todo el saber y el poder conquistados por los hombres para llegar a dominar las fuerzas de la Naturaleza y extraer los bienes naturales

con que

satisfacer

las necesidades humanas, y por otro, todas

las

organizaciones necesarias para regular las relaciones de los hombres entre sí y muy especialmente la distribución

de los bienes

naturales

alcanzables. Estas dos

direcciones de la cultura no son independientes una de otra; en primer lugar, por- que la medida en que los bienes existentes consienten la satisfacción de los instintos ejerce profunda influencia sobre las relaciones de los hombres entre sí; en segundo, porque tam- bién el hombre mismo, individualmente considerado, puede representar un bien natural para otro en cuanto ésteutiliza su capacidad de trabajo o hace de él su objeto sexual. Pero, además, porque cada individuo es virtualmente un enemigo de la civilización, a pesar de tener que reconocer su general interés humano. Se da, en efecto, el hecho singular de que los hombres, no obstante, serles imposible existir en el aislamiento, sienten como un peso intolerable los sacrificios que la civilización les impone para hacer posible la vida en común. Así, pues, la cultura ha de ser defendida contra

el individuo, y a esta

defensa

responden todos sus mandamientos,

organizaciones e instituciones, los cuales no tienen tan sólo por objeto efectuar una determinada distribución de los bienes naturales, sino también mante- nerla e incluso defender contra los impulsos hostiles de los hombres los medios existentes para el dominio de la Naturaleza y la producción de bienes. Las creaciones de los hombres son fáciles de destruir, y la ciencia y la técnica por ellos edificada pueden también ser utilizadas para su destrucción. www.centrocrianza.org.ar

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Experimentamos así la impresión de que la civilización es algo que fue impuesto a una mayoría contraria a ella por una minoría que supo apoderarse de los medios de poder y de coerción. Luego no es aventurado suponer que estas dificultades no son inherentes a la esencia misma de la cultura, sino que dependen de las imperfecciones de las formas de cul- tura desarrolladas hasta ahora. Es fácil, en efecto, señalar tales imperfecciones. Mientras que en el dominio de la Naturaleza ha realizado la Humanidad continuos progresos y puede esperarlos aún mayores, no puede hablarse de un progreso análogo en la regulación de las relaciones humanas, y probablemente en todas las épocas, como de nuevo ahora, se han preguntado muchos hombres si esta parte de las conquistas culturales merece, en general, ser defendida. Puede creerse en la posibilidad de una nueva regulación de las relaciones humanas, que cegará las fuentes del descontento ante la cultura, renunciando a la coerción y a la yugulación de los instintos, de manera que los hombres puedan consagrarse, sin ser perturbados por la discordia interior, a la adquisición y al disfrute de los bienes terrenos. Esto sería la edad de oro, pero es muy dudoso que pueda llegarse a ello. Parece, más bien, que toda la civilización ha de basarse sobre la coerción y la renuncia a los instintos, y ni siquie- ra puede asegurarse que al desaparecer la coerción se mostrase dispuesta la mayoría de los individuos humanos a tomar sobre sí la labor necesaria

para la

adquisición de nuevos bien- es. A mi juicio, ha de contarse con el hecho de que todos los hombres integran tendencias destructoras -antisociales y anticulturales- y que en gran número son bastante poderosas para determinar su conducta en la sociedad humana. Este hecho psicológico presenta un sentido decisivo para el enjuiciamiento de la cultura humana. En un principio pudimos creer que su función esencial era el dominio de la Naturaleza para la conquista de los bienes vitales y que los peligros que la amenazan podí- an ser evitados por medio de una adecuada distribución de dichos bienes entre los hom- bres. Mas ahora vemos desplazado el nódulo de la cuestión desde lo material a lo anímico. Lo decisivo está en si es posible aminorar, y en qué medida, los sacrificios impuestos a los hombres en cuanto a la renuncia a la satisfacción de sus instintos, conciliarlos con aquellos que continúen siendo necesarios y compensarles de ellos. El dominio de la masa por una minoría seguirá demostrándose siempre tan imprescindible como la imposición coercitiva de la labor cultural, pues las masas son perezosas e ignorantes, no admiten gustosas la renun- cia al instinto, siendo útiles cuantos argumentos se aduzcan para convencerlas de lo inevi- table de www.centrocrianza.org.ar

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tal renuncia, y sus individuos se apoyan unos a otros en la tolerancia de su desenfreno. Unicamente la influencia de individuos ejemplares a los que reconocen como conductores

puede

moverlas a aceptar

aquellos esfuerzos

y privaciones

imprescindibles para la perduración de la cultura. Todo irá entonces bien mientras que tales conductores sean per- sonas que posean un profundo conocimiento de las necesidades de la vida y que se hayan elevado hasta el dominio de sus propios deseos instintivos. Pero existe el peligro de que para conservar su influjo hagan a las masas mayores concesiones que éstas a ellos, y, por tanto, parece necesario que la posesión de medios de poder los haga independientes de la colec- tividad. En resumen: el hecho de que sólo mediante cierta coerción puedan ser mantenidas las instituciones culturales es imputable a dos circunstancias ampliamente difundidas entre los hombres: la falta de amor al trabajo y la ineficacia de los argumentos contra las pasiones. Sé de antemano la objeción que se opondrá a estas afirmaciones. Se dirá que la condición que acabamos de atribuir a las colectividades humanas, y en la que vemos una prueba de la necesidad de una coerción que imponga la labor cultural, no es por sí misma sino una consecuencia de la existencia de instituciones culturales defectuosas que han exasperado a los hombres haciéndolos vengativos e inasequibles. Nuevas generaciones, educadas con amor y en la más alta estimación del pensamiento, que hayan experimentado desde muy temprano los beneficios de la cultura, adoptarán también

una distinta actitud

ante

ella, la considerarán como su más preciado

patrimonio y estarán dispuestas a realizar todos aquellos sacrificios necesarios para su perduración, tanto en trabajo como en renuncia a la satisfacción de los instintos. Harán innecesaria la coerción y se diferenciarán muy poco de sus conductores. Si hasta ahora no ha habido en ninguna cultura colectividades humanas de esta condición, ello se debe a que ninguna cultura ha acertado aún con instituciones capaces de influir sobre los hombres en tal sentido y precisamente desde su infancia. Podemos preguntarnos si nuestro dominio sobre la Naturaleza permite ya, o permitirá algún día, el establecimiento de semejantes instituciones culturales, e igualmente de dónde habrán de surgir aquellos hombres superiores, prudentes y desinteresados que hayan de actuar como conductores de las masas y educadores de las generaciones futuras. Puede intimidarnos la magna coerción inevitable para la consecución de estos propósitos. Pero no podemos negar la grandeza del proyecto ni su importancia para el porvenir de la cultura humana. Se nos muestra basado en el hecho psicológico de que el hombre integra las más diversas disposiciones instintivas, cuya orientación www.centrocrianza.org.ar

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definitiva es determinada por las tempranas experiencias infantiles. De este modo, los límites de la educabilidad del hombre supondrán también los de la eficacia de tal transformación cultural. Podemos preguntarnos si un distinto ambiente cultural puede llegar a extinguir, y en qué medida, los dos caracteres de las colectividades humanas antes señaladas que tanto dificultan su conducción. Tal experimento está aún por hacer. Probablemente cierto tanto por ciento de la Humanidad permanecerá siempre asocial, a consecuencia de una disposición patológica o de una exagerada energía de los instintos. Pero si se consigue reducir a una minoría la actual mayoría hostil a la cultura se habrá alcanzado mucho, quizá todo lo posible. No quisiera despertar la impresión de haberme desviado mucho del camino prescrito a mi investigación y, por tanto, he de afirmar explícitamente que no me he propuesto en absoluto enjuiciar el gran experimento de cultura emprendido actualmente en el amplio territorio situado entre Europa y Asia. Carezco de conocimiento suficiente de la cuestión y de capacidad para pronunciarme sobre sus posibilidades, contrastar la educación de los métodos aplicados a estimar la magnitud del abismo inevitable entre el propósito y la realización. Lo que allí se prepara, inacabado aún, elude, como tal, una precisa observación, a la cual ofrece, en cambio, rica materia nuestra cultura, consolidada hace ya largo tiempo.

EL MALESTAR EN LA CULTURA 1929 - 30

CAPITULO V La experiencia psicoanalítica ha demostrado que las personas llamadas neuróticas son precisamente las que menos soportan estas frustraciones de la vida sexual. Mediante sus síntomas se procuran satisfacciones sustitutivas que, sin embargo, les deparan sufrimientos, ya sea por sí mismas o por las dificultades que les ocasionan con el mundo exterior y con la sociedad. Este último caso se comprende fácilmente; pero el primero nos plantea un nuevo problema. Con todo, la cultura aún exige otros sacrificios, además de los que afectan a la satisfacción sexual.

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Al reducir la dificultad de la evolución cultural a la inercia de la libido, a su resistencia a abandonar una posición antigua por una nueva, hemos concebido aquélla como un trastorno evolutivo general. Sostenemos más o menos el mismo concepto, al derivar la antítesis entre cultura y sexualidad del hecho de que el amor sexual constituye una relación entre dos personas, en las que un tercero sólo puede desempeñar un papel superfluo o perturbador, mientras que, por el contrario, la cultura implica necesariamente relaciones entre mayor número de personas. En la culminación máxima de una relación amorosa no subsis- te interés alguno por el mundo exterior; ambos amantes se bastan a sí mismos y tampoco necesitan el hijo en común para ser felices. En ningún caso, como en éste, el Eros traduce con mayor claridad el núcleo de su esencia, su propósito de fundir varios seres en uno solo; pero se resiste a ir más lejos, una vez alcanzado este fin, de manera proverbial, en el enamoramiento de dos personas. Hasta aquí, fácilmente podríamos imaginar una comunidad cultural formada por semejantes individualidades dobles, que, libidinalmente satisfechas en sí mismas, se vincularan mutuamente por los lazos de la comunidad de trabajo o de intereses. En tal caso la cultura no tendría ninguna necesidad de sustraer energía a la sexualidad. Pero esta situación tan loable no existe ni ha existido jamás, pues la realidad nos muestra que la cultura no se conforma con los vínculos de unión que hasta ahora le hemos concedido, sino que también pretende ligar mutuamente a los miembros de la comunidad con lazos libidinales, sirvién- dose a tal fin de cualquier recurso, favoreciendo cualquier camino que pueda llegar a establecer potentes identificaciones entre aquéllos, poniendo en juego la máxima cantidad posi- ble de libido con fin inhibido, para reforzar los vínculos de comunidad mediante los lazos amistosos. La realización de estos propósitos exige ineludiblemente una restricción de la vida sexual; pero aún no comprendemos la necesidad que impulsó a la cultura a adoptar este camino y que fundamenta su oposición a la sexualidad. Ha de tratarse, sin duda, de un factor perturbador que todavía no hemos descubierto. Quizá hallemos la pista en uno de los pretendidos ideales postulados por la sociedad civilizada. Es el precepto "Amarás al prójimo como a ti mismo", que goza de universal nombradía y seguramente es más antiguo que el cristianismo, a pesar de que éste lo ostenta como su más encomiable conquista; pero sin duda no es muy antiguo, pues el hombre aún no lo conocía en épocas ya históricas. Adoptemos frente al mismo una actitud

ingenua,

como si lo oyésemos por vez primera: entonces no podremos www.centrocrianza.org.ar

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contener un sentimiento de asombro y extrañeza. ¿Por qué tendríamos que hacerlo? ¿De qué podría servirnos? Pero, ante todo, ¿cómo llegar a cumplirlo? ¿De qué manera podríamos adoptar semejante actitud? Mi amor es para mí algo muy precio- so, que no tengo derecho a derrochar insensatamente. Me impone obligaciones que debo estar dispuesto a cumplir con sacrificios. Si amo a alguien es preciso que éste lo merezca por cualquier título. (Descarto aquí la utilidad que podría reportarme, así como su posible valor como objeto sexual, pues estas dos formas de vinculación nada tienen que ver con el precepto del amor al prójimo.) Merecería mi amor si se me asemejara en aspectos importantes, a punto tal que pudiera amar en él a mí mismo; lo merecería si fuera más perfecto de lo que yo soy, en tal medida que pudiera amar en él al ideal de mi propia persona; debería amarlo si fuera el hijo de mi amigo, pues el dolor de éste, si algún mal le sucediera, también sería mi dolor, yo tendría que compartirlo. En cambio, si me fuera extraño y si no me atrajese ninguno de sus propios valores, ninguna importancia que hubiera adquirido para mi vida afectiva entonces me sería muy difícil amarlo. Hasta sería injusto si lo amara, pues los míos aprecian mi amor como una demostración de preferencia, y les haría injusticia si los equiparase con un extraño. Pero si he de amarlo con ese amor general por todo el Universo, simplemente porque también él es una criatura de este mundo, como el insecto, el gusano y la culebra, entonces me temo que sólo le corresponda una ínfima parte de amor, de ningún modo tanto como la razón me autoriza a guardar para mí mismo. ¿A qué viene entonces tan solemne presentación de un precepto que razonablemente a nadie puede aconsejarse cumplir? Examinándolo con mayor detenimiento, me encuentro con nuevas dificultades. Este ser extraño no sólo es en general

indigno de amor,

sino que -para confesarlo

sinceramentemerece mucho más mi hostilidad y aun mi odio. No parece alimentar el mínimo amor por mi persona, no me demuestra la menor consideración. Siempre que le sea de alguna utilidad, no vacilará en perjudicarme, y ni siquiera se preguntará si la cuantía de su provecho corresponde a la magnitud del perjuicio que me ocasiona. Más aún: ni siquiera es necesario que de ello derive un provecho; le bastará experimentar el menor placer para que no tenga escrúpulo alguno en denigrarme, en ofenderme, en difamarme, en exhibir su poderío sobre mi persona, y cuanto más seguro se sienta, cuanto más inerme yo me encuentre, tanto más seguramente puedo esperar de él esta actitud para conmigo. Si se condujera de otro modo, si me demostrase consideración y respeto, a pesar de serle yo un extraño, estaría dispuesto por mi parte a retribuírselo www.centrocrianza.org.ar

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de análoga manera, aunque no me obligara a ello precepto alguno. Aún más: si ese grandilocuente mandamiento rezara "Amarás al prójimo como el prójimo te ame a ti", nada tendría yo que objetar. Existe un segundo mandamiento que me parece aún más inconcebible y que despierta en mí una resistencia más violenta: "Amarás a tus enemigos." Sin embargo, pen- sándolo bien, veo que estoy errado al rechazarlo como pretensión aun menos admisible, pues, en el fondo, nos dice lo mismo que el primero. Llegado aquí, creo oír una voz que, llena de solemnidad, me advierte: "Precisamente porque tu prójimo no merece tu amor y es más bien tu enemigo, debes amarlo como a ti mismo." Comprendo entonces que éste es un caso semejante al Credo quia absurdum. Ahora bien: es muy probable que el prójimo, si se le invitara a amarme como a mí mismo, res- pondería exactamente como yo lo hice, repudiándome con idénticas razones, aunque, según espero, no con igual derecho objetivo; pero él, a su vez, esperará lo mismo. Con todo, hay ciertas diferencias en la conducta de los hombres, calificadas por la ética como "buenas" y "malas", sin tener en cuenta para nada sus condiciones

de origen.

Mientras no hayan sido superadas

estas discrepancias

innegables, el cumplimiento de los supremos preceptos éticos significará un perjuicio para los fines de la cultura al establecer un premio directo a la maldad. No se puede eludir aquí el recuerdo de un sucedido en el Parlamento francés al debatirse la pena de muerte: un orador había abogado apasionadamente por su abolición y cosechó frenéticos aplausos, hasta que una voz surgida del fondo de la sala pronunció las siguientes palabras: Que messieurs les assassins commencent! La verdad oculta tras de todo esto, que negaríamos de buen grado, es la de que el hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor, que sólo osaría defenderse si se le atacara, sino, por el contrario, un ser entre cuyas disposiciones instintivas también debe incluirse una buena porción de agresividad. Por consiguiente, el prójimo no le representa únicamente un posible colaborador y objeto sexual, sino también un motivo de tentación para satisfacer en él su agresividad, para explotar su capacidad de trabajo sin retribuirla, para aprovecharlo sexualmente sin su consentimiento, para apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para ocasionarle sufrimien- tos, martirizarlo y matarlo. Homo homini lupus: ¿quién se atrevería a refutar este refrán, des- pués de todas las experiencias de la vida y de la Historia? Por regla general, esta cruel agresión espera para desencadenarse a que se la provoque,

o bien se pone al servicio de otros

propósitos, cuyo fin también podría alcanzarse con medios menos violentos. En www.centrocrianza.org.ar

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condiciones

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que le sean favorables,

antagónicas que por lo general

cuando

desaparecen

la inhiben,

espontáneamente, desenmascarando al hombre

también

las fuerzas psíquicas puede

manifestarse

como una bestia salvaje que no

conoce el menor respeto por los seres de su propia especie. Quien recuerde los horrores de las grandes migraciones, de las irrupciones de los hunos, de los mogo- les bajo Gengis Khan y Tamerlán, de la conquista de Jerusalén por los píos cruzados y aun las crueldades de la última guerra mundial, tendrá que inclinarse humildemente ante la realidad de esta concepción. La existencia de tales tendencias agresivas, que podemos percibir en nosotros mismos y cuya existencia suponemos con toda razón en el prójimo, es el factor que perturba nuestra relación con los semejantes, imponiendo

a la cultura tal despliegue

de

preceptos. Debido a esta primordial hostilidad entre los hombres, la sociedad civilizada se ve constantemente al borde de la desintegración. El interés que ofrece la comunidad de trabajo no bastaría para mantener su cohesión, pues las pasiones instintivas son más poderosas que los intereses racionales. La cultura se ve obligada a realizar múltiples esfuerzos para poner barreras a las tendencias agresivas del hombre, para dominar sus manifestaciones mediante

formaciones

reactivas psíquicas. De ahí, pues, ese

despliegue de métodos destinados a que los hombres se identifiquen y entablen vínculos amorosos coartados en su fin; de ahí las restricciones de la vida sexual, y de ahí tam- bién el precepto ideal de amar al prójimo como a sí mismo, precepto que efectivamente se jus- tifica, porque ningún otro es, como él, tan contrario y antagónico a la primitiva naturaleza humana. Sin embargo, todos los esfuerzos de la cultura destinados a imponerlo aún no han logrado gran cosa. Aquélla espera poder evitar los peores despliegues de la fuerza bruta concediéndose a sí misma el derecho de ejercer a su vez la fuerza frente a los delincuentes; pero la ley no alcanza las manifestaciones más discretas y sutiles de la agresividad humana. En un momento determinado, todos llegamos a abandonar, como ilusiones, cuantas esperanzas juveniles habíamos puesto en el prójimo; todos sufrimos la experiencia de comprobar cómo la maldad de éste nos amarga y dificulta la vida. Sin embargo, sería injusto reprochar a la cultura el que pretenda excluir la lucha y la competencia de las actividades humanas. Esos factores seguramente

son imprescindibles; pero la rivalidad no significa

necesariamente hostilidad: sólo se abusa de ella para justificar ésta. Los comunistas creen haber descubierto el camino hacia la redención del mal. Según ellos, el hombre sería bueno de todo corazón, abrigaría las mejores intenciones para www.centrocrianza.org.ar

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con el prójimo, pero la institución de la propiedad privada habría corrompido su naturaleza. La posesión privada de bienes concede a unos el poderío, y con ello la tentación de abusar de los otros; los exclui- dos de la propiedad deben sublevarse hostilmente contra sus opresores. Si se aboliera la propiedad privada, si se hicieran comunes todos los bienes, dejando que todos participaran de su provecho, desaparecería la malquerencia y la hostilidad entre los seres humanos. Dado que todas las necesidades quedarían satisfechas, nadie tendría motivo de ver en el prójimo a un enemigo; todos se plegarían de buen grado a la necesidad del trabajo. No me concierne la crítica económica del sistema comunista; no me es posible investigar si la abolición de la propie- dad privada es oportuna y conveniente; pero, en cambio, puedo reconocer como vana ilusión su hipótesis psicológica. Es verdad que al abolir la propiedad privada se sustrae a la agresividad humana uno de sus instrumentos, sin duda uno muy fuerte, pero de ningún modo el más fuerte de todos. Sin embargo, nada se habrá modificado con ello en las diferencias de poderío y de influencia que la agresividad aprovecha

para sus propósitos; tampoco

se habrá

cambiado la esencia de ésta. El instinto agresivo no es una consecuencia de la propiedad, sino que regía casi sin res- tricciones en épocas primitivas, cuando la propiedad aún era bien poca cosa; ya se manifiesta en el niño, apenas la propiedad ha perdido su primitiva forma anal; constituye el sedimento

de todos

los vínculos

cariñosos y amorosos entre los hombres, quizá con la única excepción del amor que la madre siente por su hijo varón. Si se eliminara el derecho personal a poseer bien- es materiales, aún subsistirían los privilegios derivados de las relaciones sexuales, que necesariamente deben convertirse en fuente de la más intensa envidia y de la más violenta hostilidad entre los seres humanos, equiparados en todo lo restante. Si también se aboliera este privilegio, decretando la completa libertad de la vida sexual, suprimiendo, pues, la familia, célula ger- minal de la cultura, entonces, es verdad, sería imposible predecir qué nuevos caminos seguiría la evolución de ésta; pero cualesquiera que ellos fueren, podemos aceptar que las inagotables tendencias intrínsecas de la naturaleza humana tampoco dejarían de seguirlos. Evidentemente, al hombre no le resulta fácil renunciar a la satisfacción de estas tendencias agresivas suyas; no se siente nada a gusto sin esa satisfacción. Por otra parte, un núcleo cultural más restringido ofrece la muy apreciable ventaja de permitir la satisfacción de este instinto median- te la hostilidad frente a los seres que han quedado excluidos de aquél. www.centrocrianza.org.ar

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Siempre se podrá vincular amorosamente entre sí a mayor número de hombres, con la condición de que sobren otros en quienes descargar los golpes. En cierta ocasión me ocupé en el fenómeno de que las comunidades vecinas, y aun emparentadas, son precisamente las que más se combaten y desdeñan entre sí, como, por ejemplo, españoles y portugueses, alemanes del Norte y del Sur, ingleses y escoceses, etc. Denominé a este fenómeno narcisismo de las pequeñas diferencias, aunque tal término escasamente contribuye a explicarlo. Podemos considerarlo como un medio para satisfacer,

cómoda

y más o menos

inofensivamente, las tendencias agresivas,

facilitándose así la cohesión entre los miembros de la comunidad. El pueblo judío, diseminado por todo el mundo, se ha hecho acreedor de tal manera a importantes méritos en cuanto al desarrollo de la cultura de los pueblos que lo hospedan; pero, por desgracia, ni siquiera las masacres de judíos en la Edad Media lograron que esa época fuera más apacible y segu- ra para sus contemporáneos cristianos. Una vez que el apóstol Pablo hubo hecho del amor universal por la Humanidad el fundamento de la comunidad cristiana, surgió como consecuencia ineludible la más extrema intolerancia del cristianismo frente a los gentiles; en cambio, los romanos, cuya organización estatal no se basaba en el amor, desconocían la intolerancia religiosa, a pesar de que entre ellos la religión era cosa del Estado y el Estado estaba saturado de religión. Tampoco fue por incomprensible azar que el sueño de la supremacía mundial germana recurriera como complemento a la incitación al antisemitismo; por fin, nos parece harto comprensible el que la tentativa de instaurar en Rusia una nueva cultura comunista recurra a la persecución de los burgueses

como apoyo psicológico. Pero nos

preguntamos preocupados, qué harán los soviets una vez que hayan exterminado totalmente a sus burgueses. Si la cultura impone tan pesados sacrificios, no sólo a la sexualidad, sino también a las tenden- cias agresivas, comprenderemos mejor por qué al hombre le resulta tan difícil alcanzar en ella su felicidad. En efecto, el hombre primitivo estaba menos agobiado en este sentido, pues no conocía restricción alguna de sus instintos. En cambio eran muy escasas sus perspectivas de poder gozar largo tiempo de tal felicidad. El hombre civilizado ha trocado una parte de posible felicidad por una parte de seguridad; pero no olvidemos que en la familia primitiva sólo el jefe gozaba de semejante libertad de los instintos, mientras que los demás vivían oprimidos como esclavos. Por consiguiente, la contradicción entre una minoría que gozaba de los privilegios de la cultura y una mayoría excluida de éstos estaba exaltada al máximo en aquella época primiti- va de la www.centrocrianza.org.ar

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cultura. Las minuciosas investigaciones realizadas con los pueblos primitivos actuales nos han demostrado que en manera alguna es envidiable la libertad de que gozan en su vida instintiva, pues ésta se encuentra supeditada a restricciones de otro orden, quizá aún más seve- ras de las que sufre el hombre civilizado moderno. Si con toda justificación reprochamos al actual estado de nuestra cultura cuán insuficiente- mente realiza nuestra pretensión de un sistema de vida que nos haga felices; si le echamos en cara la magnitud de los sufrimientos, quizá evitables, a que nos expone; si tratamos de desenmascarar con implacable crítica las raíces de su imperfección,

seguramente ejercemos nuestro legítimo derecho,

y no por ello

demostramos ser enemigos de la cultura. Cabe esperar que poco a poco lograremos imponer a nuestra cultura modificaciones que satisfagan mejor nuestras necesidades y que escapen a aquellas críticas. Pero quizá convenga que nos familiaricemos también con la idea de que existen dificultades inherentes a la esencia misma de la cultura e inaccesibles a cualquier intento de reforma. Además de la necesaria limitación instintiva que ya estamos dispuestos a aceptar, nos amenaza el peligro de un estado que podríamos denominar "miseria psicológica de las masas". Este peligro es más inminente cuando las fuerzas sociales de cohesión consisten primordialmente en identificaciones mutuas entre los individuos de un grupo, mientras que los personajes dirigentes no asumen el papel importante que deberían desempeñar en la formación de la masa. La presente situación cultural de los Estados Unidos ofrecería una buena oportunidad para estudiar este temible peligro que amenaza a la cultura; pero rehuyo la tentación de abordar la crítica de la cultura norteamericana, pues no quiero des- pertar la impresión de que pretendo aplicar, a mi vez, métodos americanos.

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Estimado alumno: Ha llegado al fin del Módulo 5 y al final de la capacitación. A continuación deberás realizar y enviar por el campus Virtual la actividad Integradora nº 5. Esta actividad es el Trabajo final de la capacitación, por lo tanto su aprobación es fundamental y obligatorioa para obtener el certificado definitivo. Recuerde que para la realización de la misma, cuenta con las tutorías con la docente del módulo a través del Campus virtual o vía mail.

CONSIGNAS

1. El alumno realizará un trabajo final individual tomando un tema de los desarrollados en el curso y relacionandolo con otros articulados en las diferentes unidades. por ejemplo:

"transferencia y AT, su relación en el trabajo con la debilidad mental".

2. En la elección del tema puede orientarse por las preguntas de anteriores integra- ciones. Utilice los textos del modulo y la bibliografía anexa como material de con- sulta. 3. La extensión del

trabajo debe ser de

3 a 7 páginas y el modo de

presentación es: "hipótesis-desarrollo-conclusiones"

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FELICITACIONES!!!!

Hemos llegado al final de la capacitación. Deseamos que el recorrido le haya resultado enriquecedor a su formación y lo haya introducido en la temática, conceptos generales, terminología, campos y modalidades de trabajo fundamentales para el área. Para completar el proceso de capacitación deberá aprobar el Trabajo Final. Cuando la profesora haya calificado el mismo, coordinaremos el envío del Certificado correspondiente. Una vez más agradecemos el habernos elegido en su formación profesional, y lo invitamos a seguir capacitándose y mantener el contacto con nosotros a través de los siguientes canales: www.centrocrianza.org.ar Facebook acatividades@centrocrianza.org.ar 0351-4820584 FUNDACION CENTRO CRIANZA

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