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MICHOACÁN

RESUMEN: MICHOACÁN Concebida como una edición experimental por la Secretaría de Educación Pública en el año de 1995, esta Monografía de Michoacán cumple dos funciones específicas: Como texto pedagógico para el sistema educativo formal, y como documento propiamente histórico, susceptible de ser consultado y aprovechado por cualquier lector interesado en el tema. El autor, con su reconocido lenguaje coloquial y provinciano, construye un maravilloso caleidoscopio en el que se retratan nítidamente y con la brevedad del caso, las 9 regiones de que se compone el Estado. En una sucesión de imágenes sabiamente diseñadas por nuestro historiador, se presenta a la tierra purépecha con sus nueve piezas o regiones, donde se pueden admirar paisajes de casi todo el mundo; sus culturas prehispánicas, con sus dioses y fiestas; la Provincia Mayor, con la llegada de los conquistadores y la presencia de Tata Vasco, el protector de los indios; la activa presencia de sus habitantes en la Independencia de México; el Michoacán en la Reforma Liberal, y el despegue de su desarrollo material; el Michoacán en la Revolución, con sus prohombres, sus proyectos y realizaciones, sobre todo en el agrarismo y en el sindicalismo, así como en la construcción de carreteras y el impulso a la educación; el Michoacán y su economía; y el Michoacán con su variada gama de oportunidades para lograr un entorno donde la vida se disfrute plenamente. 1


MONOGRAFÍA ESTATAL

MONOGRAFÍA ESTATAL

MICHOACÁN

Lagos Azules y Fuertes Montañas

LUIS GONZÁLEZ

SECRETARÍA DE EDUCACIÓN PÚBLICA 1995

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MICHOACÁN

EDICIÓN EXPERIMENTAL Autor Luis González Coordinación Dirección General Adjunta de Contenidos Educativos Diseño gráfico Unidad Diseño, SC: Isabel Noriega, José Sánchez, Luis Aceves, Mario Lazo Ilustración Katy Karr, Javier de León, Javier Ortiz, Álvaro Rivera, Alberto Zimbrón Fotografía Carlos Hierro, Manuel Rivero Primera edición Coordinación Dirección de Contenidos y Métodos Educativos de la Dirección General de Evaluación Educativa, SEP Revisión Consejo Nacional Técnico de la Educación, Delegación General de la SEP en el Estado de Michoacán Colaboración especial Instituto Nacional de Antropología e Historia, Gobierno del Estado de Michoacán, Casa de la Cultura de Morelia Formación Sergio Bautista, Eduardo Contreras, Alejandro Jiménez, Patricio Niño, Ricardo Ruiz 3


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SEGUNDA EDICIÓN REVISADA Y ACTUALIZADA Coordinación Subsecretaría de Educación Básica de la Secretaría de Educación Pública Diseño de portada Enrique Franco Torrijos Edición experimental, 1980 Primera edición, 1988 Segunda edición, 1995 D.R. © Fotografía de portada: Enrique Franco Torrijos, 1994 © Secretaría de Educación Pública, 1980 Argentina Núm. 28 Col. Centro, C.P. 06029 México, D.F. ISBN 968-29-6112-2 Impreso en México DISTRIBUCIÓN GRATUITA-PROHIBIDA SU VENTA

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MICHOACÁN

PRESENTACIÓN

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que tienes en tus manos habla de Michoacán, de sus paisajes y su gente, de sus pueblos y ciudades, de sus riquezas y carencias. Fue escrito pensando en ti y en tus maestros, para que lo puedan aprovechar intensamente en la escuela. También podrá serle útil a tus padres, familiares y vecinos, que seguramente querrán recordar o conocer más sobre esta tierra. A veces tus maestros te pedirán que leas algunas partes; otras, podrás buscar entre sus páginas los campos, pueblos y personas que ya conoces. Pero también te llevará, si tú quieres, a conocer otros paisajes y otra gente que están muy lejos o que ya no existen. Leerás en este libro la historia de tu tierra, desde que llegaron aquí los primeros hombres, mujeres y niños. Sabrás cómo ellos y otros que vivieron después fueron transformando poco a poco estos lugares. Conocerás sus planes, trabajos y batallas para aprovechar los recursos de la tierra y para organizar la sociedad. Conocerás también los juegos y fiestas y todas las cosas que caracterizan a los michoacanos y los hacen distintos y a la vez semejantes a otros pueblos. Las palabras, imágenes y números que contiene este libro te llevarán a descubrir el hilo que enlaza lo que hicieron los michoacanos de antes con lo que están haciendo los de ahora y con lo que harán los que hoy son niños como tú. Este libro aún no está terminado. Le faltan muchas páginas que irán escribiendo los michoacanos con sus ideas y su trabajo, para lograr que este pedazo de México y de la humanidad llamado Michoacán tenga un futuro más justo y próspero para todos. Esperamos que lo aproveches y disfrutes mucho. L LIBRO

Nota a la segunda edición La edición experimental de esta monografía fue publicada en 1980 y la primera edición en 1988. Como comprenderás, desde entonces han 5


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ocurrido cambios en la población, la economía, la política, la educación, la cultura, los recursos naturales y los ecosistemas de México. Por eso, en 1994 la Secretaría de Educación Pública decidió hacer esta segunda edición, para lo cual se actualizaron los datos de la monografía con información del XI Censo de Población y Vivienda de 1990 y de otros materiales estadísticos elaborados por el gobierno federal y por el gobierno estatal.

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ÍNDICE 1 La tierra michoacana Las Nueve Piezas de Michoacán El Pacífico y los Bajos La Sierra Madre del Sur Plan de Tierra Caliente La Depresión del Balsas Ladera Sur Mil Cumbres Las Montañas Occidentales Los Valles de Zamora La Región Central Moreliana

10 11 12 14 16 17 19 20 22 24 25

2 Las Culturas Prehispánicas De los recolectores a los cazadores Las aldeas de sembradores El maíz, el frijol y la calabaza La edad de los dioses La edad de los alfareros Tariácuri El señorío michoaque Gobierno Tarasco Hombres y trabajos Dioses y fiestas

28 29 31 33 35 37 39 41 43 45 47

3 Provincia mayor de Michoacán La llegada de los conquistadores Tata Vasco La conquista espiritual La conquista económica La gran mortandad Haciendas y comunidades Ciudades y villas Artes y letras Guevara

50 51 53 55 57 59 61 63 65 67

4 Michoacán en la Independencia de México Gamarra y los errores del entendimiento

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MONOGRAFÍA ESTATAL Crisis agrícola y remedio urbano Las luces de la razón Razones de la inconformidad Conspiración de Valladolid Del grito de Dolores a la Junta de Zitácuaro Morelos, el siervo de la Nación Sentimientos de la Nación La Carta de Apatzingán Otro michoacano ayuda a consumar la Independencia

72 74 77 79 81 83 85 87 89

5 Michoacán en la Reforma Liberal La Constitución de 1825 Efemérides de veinte años violentos Ocampo, ideólogo de la Reforma La Guerra de Tres Años En el Segundo Imperio De don Justo Mendoza a don Aristeo Mercado Telégrafos, teléfonos y trenes Desagües y regadíos Templos, palacios y escuelas Periódicos, poesías y pirecuas

92 93 95 97 99 101 103 105 107 109 111

6 Michoacán en la Revolución El doctor Silva Los fronterizos El ingeniero Ortiz Rubio Los radicales y los fanáticos El general Lázaro Cárdenas Agrarismo: ejido y riego Laborismo: sindicato y fábrica Caminismo: carreteras y trocas Alfabetismo: educación para el trabajo Poblacionismo: emigración y salud

113 114 115 117 119 121 123 125 127 129 131

7 Michoacán y su Economía Población Agricultura Ganadería Silvicultura Pesca Minería

134 135 137 138 140 142 144 8


MICHOACÁN Industria Caminos y transportes Comercio Turismo

145 147 149 150

8 El disfrute de la vida Niveles de salud Distribución de la riqueza Comida Casa y vestido Reparto del poder Educación Escritores Artistas plásticos Músicos y danzantes

153 154 155 156 157 158 159 161 163 164

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1 La tierra michoacana

Sumario Las Nueve Piezas de Michoacán El Pacífico y los Bajos La Sierra Madre del Sur Plan de Tierra Caliente La Depresión del Balsas Ladera Sur Mil Cumbres Las Montañas Occidentales Los Valles de Zamora La Región Central o Moreliana

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Las Nueve Piezas de Michoacán

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EGÚN DECIRES,

Michoacán tiene mucho de qué presumir. Es un corredor que introduce al oeste mexicano, viniendo de la capital de la República. Por carretera, no dista más de 170 kilómetros de ella. Colinda, por el este, con los céntricos Estados de México y de Querétaro; por el oeste, con Jalisco y Colima; por el norte, con Jalisco y Guanajuato, y por el sur, con el Estado de Guerrero y el Océano Pacífico. Aunque occidental, el territorio michoacano se relaciona con el centro y sur de la República. El territorio de Michoacán es más extenso que el de 52 países. La tercera parte de las naciones del mundo tienen menos superficie que Michoacán. Nuestro Estado supera en extensión a Albania, Andorra, Bahamas, Barbados, Bahrein, Bélgica, Burundi, Bután, Cabo Verde, Comoras, Costa Rica, Chipre, Dinamarca, Djibuti, Dominica, El Salvador, Fiji, Gambia, Granada, Guinea Bissau, Guinea Ecuatorial, Haití, Países Bajos, Israel, Jamaica, Qatar, Kuwait, Lesotho, Líbano, Liechtenstein, Luxemburgo, la República de las Maldivas, Malta, Mauricio, Mónaco, Naurú, Puerto Rico, la República Dominicana, Ruanda, Salomón, Samoa Occidental, San Marino, Santa Lucía, Sao Tomé, Seychelles, Singapur, Suazilandia, Suiza, Togo, Tonga, Trinidad y Tobago, Tuvalu y el Vaticano. La superficie michoacana mide 59,864 kilómetros cuadrados. Si alguien se pone a recorrer a pie el trayecto e Boca de Apiza a Puerto de Medina, y recorre cada día 50 kilómetros, hará ese trayecto en ocho días y fracción. Por el clima, la mayoría de las tierras michoacanas no merecen el calificativo de tropicales, no son calurosas, la altura sobre el nivel del mar las hace templadas y aun frías. Se trata de un paisaje de difícil clasificación, o quizá de un repertorio de muestras de distintos ambientes. Sin salir de Michoacán se pueden observar paisajes de casi todo el mundo. No tiene suelos y mares de tipo polar, pero de allí en fuera lo tiene todo. El Océano Pacífico le proporciona aguas tibias con olas que rara vez vienen blandamente a deshacerse en la arena, que por lo común mugen al estrellarse contra arrecifes. Si entramos por vía marítima, el primer paisaje michoacano es una angosta cinta dentada; en su mayor parte 11


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cerril, y en los extremos, lisa; aquí con palmeras y allá con bosques tropical; dondequiera con mil atractivos. Después de los Bajos, que es el nombre popular de las playas y los acantilados costeros, viene, si se camina hacia el norte, la Sierra Madre del Sur, montañosa, áspera y recóndita. La Costa Sierra, como le dicen los de allí, siempre ha gozado de una doble fama: la de ser rica en metales preciosos y la de ser bella por sus montes y barrancas. En cambio, el Plan de Tierra Caliente (una especie de infierno fértil) es de una sola pieza. No así el paisaje que se le parece, la Depresión del Balsas. Las dos regiones, tórridas y deprimidas, llegan hasta la zona llamada Ladera Sur, una serie de salidas de la tierra caliente o una serie de balcones exuberantes que permiten ver sin sudar las riquísimas llanuras calurosas. Ascendiendo por la Ladera Sur se topa con las Montañas Occidentales constituida por enormes cúpulas y valles anchurosos y con el laberinto de cimas y simas, es decir, alturas y honduras, llamado Mil Cumbres. Ambas regiones hacen las delicias de trotamundos y rapamontes. Desde allí, si se mira hacia el norte, se columbran dos bajíos: el de Zamora hacia el occidente y el de Morelia hacia el oriente. Ambos poseen valles fertilísimos por la bondad de los suelos y por la abundancia de manantiales, ríos, lagos y depósitos de agua. Como se ha visto y se verá más detalladamente en otras lecciones, en el territorio michoacano conviven nueve paisajes diferentes.

El Bajío y los Bajos Si es cierto que el Océano Pacífico será en fecha próxima lo que hoy es el Océano Atlántico, el mar central del mundo, lo que le espera a las tierras bañadas por el Pacífico es muy halagüeño. Por su situación sobre el océano del futuro, Michoacán puede desplegar u activo comercio ultramarino. Por estar bañado de aguas tibias, ya comienza a reunir turistas deseosos de agua cálida, y rayos bronceadores. Las aguas tibias no atraen tanta cantidad de peces como las aguas frías pero sí una mayor variedad. Como las condiciones para la natación y el asoleamiento de la costa michoacana son tan buenas como las de Acapulco; como las potencialidades de pesca, si no milagrosas, sí son 12


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dignas de consideración; y como Michoacán puede abrir puertas al tráfico de altura, lo promisorio de su litoral está a la vista. La gente sureña les llama Los Bajos a los terrenos cercanos al gran océano. Los forman tres municipios: Cárdenas, Aquila y Coahuayana. Es una cinta de 200 kilómetros de longitud y 20 de anchura; es decir, de 4,000 kilómetros cuadrados. Comienza en la desembocadura del Balsas, en la Boca de San Francisco, prosigue hacia la Boca de la Necesidad, donde se localiza el puerto Lázaro Cárdenas y el centro siderúrgico Las Truchas, la fértil planicie de La Orilla, la arenosa y suave Playa Azul, los esteros del Manglito, del Caimán y del Piche, varias desembocaduras de arroyos, el acantilado de Las Peñas, otros salientes rocosos, y entre ellos, minúsculas bahías. Luego se aparta la Sierra y vuelven planicies, playas y palmeras. Los cantiles regresan una y otra vez antes de topar con la bahía del Bufadero y la playa, los palmares y la desembocadura del río Nexpa. Surge enseguida el largo Plan de Mexiquillo, al que cortan por el occidente nuevas penetraciones de la parte montañosa, vistosos peñascos, islotes de piedra y agresivas puntas. La salida del río Cachán hace una apacible planicie que contrasta con los rudos acantilados interpuestos entre ella y la bellísima bahía de Maruata, protegida por siete isletas rocosas. Adelante surgen las puntas de Piedras Blancas y Cabeza Negra, los arenales de San Telmo, la ribera oriental del Coahuayana y la Boca de Apiza. Las planicies costeras de Michoacán son las más angostas de todo México. La zona costera es una serie de pequeñas llanuras apacibles y de vigorosos contrafuertes en la que se deshacen rítmicamente y sin mucho ruido o se rompen con rumor ronco las olas tan poco pacíficas del Océano Pacífico. Aquí predominan la variedad y las sorpresas. Cada planicie, bahía, caleta, playa, acantilado, punta, peña, boca, cueva y terraza ofrece algo distinto e interesante. Esto es un largo desfile de cocoteros, arenas, apretada vegetación tropical, ríos y arroyos, pantanos, suelos fertilísimos, yacimientos ferrosos y animales raros. En las áreas rocosas del litoral abundan almejas, lapas y ostiones; en los esteros y lagunas, langostinos, y en las aguas tibias del océano, bagre, barrilete, mojarra, pargo y robalo. La tortuga de carey desova 13


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en las playas. El caimán fue una especie muy abundante en la desembocadura de los ríos. Delante de las costas michoacanas corre un sistema de fallas o sean fracturas del subsuelo que van desde las Islas Marías, cruzan la bahía de Banderas, se meten a Jalisco y pasan al sur por Colima y Michoacán. En esas fallas se producen muchos temblores. La costa de Michoacán tiembla y se adelgaza. Se le han hundido partes en la Fosa del Pacífico. El mar la martillea constantemente, dando lugar a las minúsculas planicies y los acantilados. El interior del Estado ofrece muchas sorpresas. Apresúrate, pasa a la Costa Sierra, también llamada Sierra Madre del Sur, que como se verá a continuación es muy interesante.

La Sierra Madre del Sur Así como la costa del Océano Pacífico, la Sierra Madre del Sur no es privativa de Michoacán. También cruza por los Estados de Jalisco, Colima, Guerrero y Oaxaca. La porción michoacana mide aproximadamente de este a oeste 200 kilómetros y de norte a sur entre 60 y 100 kilómetros; su altitud es casi constante en sus partes más altas, con promedio de 2,000 m. Por el sur, colinda con la costa, al oriente topa con el Río Balsas, al poniente con el Río Coahuayana y al norte con el Plan de Tierra Caliente. Los terracalenteños le dicen la Sierra Costa; los serranos la nombran de muchas maneras según la subregión de que se trata. Es un macizo montañoso que comprende las serranías de Chinicuila, Coalcomán, Arteaga, Cachán, Maquilí, Parota, Piedra Verde y Sierra del Cobre. Sobresalen por su altitud los cerros de Coalcomán (2,895 m) y Cantador (2,436 m). La Sierra Madre del Sur surgió de las aguas hace aproximadamente 80 millones de años, en el cretácico superior y se volvió tan quebrada en el cenozoico. Sigue moviéndose; es zona sísmica, es una enorme suma de cerros y barrancas en constante cambio. Abundan en sus adentros, vetas de cuarzo portadoras de oro y plata y yacimientos de fierro. 14


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Lo accidentado del terreno lo hace impropio para tareas agrícolas. Tiene unos cuantos valles, que vistos desde el avión, parecen pozos. Las tierras llanas son pocas al lado de tantos miles de cuestas, quebraduras, subidas y bajadas. En la Sierra Madre del Sur se presentan dos climas: en lo alto es templado; en los declives hacia el mar y hacia el plan, es tropical. Por el flanco sur, debido a los vientos húmedos provenientes del mar, le caen abundantes y estruendosos chaparrones en el verano; por la ladera norte recibe las corrientes de aire caliente que se levantan del Plan de Tierra Caliente y con poca lluvia. Lo más común es la lluvia veraniega que permite la formación de algunas corrientes muy caudalosas en este tiempo. Los ríos que nacen en la sierra, son entre otros muchos, el Cachá, el Chula y el Nexpa. Los tres corren a toda prisa por profundas y hermosas cañadas. Aunque es tierra de suelos delgados, y abundan los pedregales, no es una región desnuda. Hay muchos suelos porosos de montaña. Se trata de suelos excelentes para la arboricultura en las cumbres y para sembradíos y pastos en los valles. En los altos de la Sierra crecen muy bien los pinos y los encinos; en la ladera norte, la vestidura vegetal es de arbustos espinosos; en la ladera sur lo sobresaliente es el bosque tropical donde abunda el zapote, el chirimoyo, el plátano, la parota, el guayacán, la ceiba, el cascalote, el guaje, el tamarindo y el mango. Aquí habita el puerco espín de hábitos arbóreos y nocturnos, que come yemas y cáscaras de árbol; el jaguar, una de las fieras más robustas de América; el ocelote que suele cazar desde los árboles; el tigrillo, otro cazador nocturno no más grande que un gato doméstico ni menos hermoso que un ocelote; la onza de movimientos ágiles y de figura esbelta y, el puma es tan fuerte y grande como el jaguar; el jabalí que vive en manadas, es una especie de cerdo salvaje muy perseguido por su piel; por la misma razón se caza la nutria que se encuentra en los ríos que descienden de la Sierra hacia el Océano Pacífico.

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Plan de Tierra Caliente Alojado en el suroeste de Michoacán, el Plan de Tierra Caliente, tiene una longitud aproximada de 200 kilómetros y una anchura de 30; la superficie se distribuye entre los siguientes municipios: Apatzingán, Buenavista, Churumuco, Gabriel Zamora, Huacana, Múgica, Parácuaro y Tepalcatepec. Como la mayoría del suroeste michoacano, se ubica fuera de las zonas de abundante actividad humana. Además de apartada, la hoya del Tepalcatepec era, hasta hace muy poco, casi inaccesible. Por el norte, por causa del Tancítaro y sierras que le acompañan; por el sur debido a las serranías de Coalcomán y Arteaga; por el este, a causa de las sierras de las Cruces e Inguarán, y hacia el oeste, por las infructuosas estribaciones de la Sierra del Tigre. Es una planicie hundida entre laberintos montañosos a la que sólo se podía llegar por dos o tres rutas difíciles. La más frecuentada fue la de Caracoles o Cerro de las Vueltas, una estrecha senda retorcida por la que se pasaba a caballo por cortaduras y precipicios muy profundos. En el pasaje más estrecho, dictaba la prudencia el silbar o gritar para no encontrarse con otro y no verse en serias dificultades al pasar. La extensa llanura del Tepalcatepec varía en altitud de 300 a 600 metros, está fuera de camino y rodeada de vericuetos y tierras quebradísimas. Es muy cálida, reseca y con vegetación espinosa. Fue asiento de plagas y múltiples enfermedades. Se le dice "tierra caliente" con más merecimientos que a cualquiera otra de la República. La temperatura media en enero es de 25ºC y la de mayo de 32ºC. Ocasionalmente la temperatura sube a 42ºC. Las lluvias son escasas, pero torrenciales. Rara vez llueve fuera del período junio-octubre, la humedad del aire es casi siempre baja. Como es valle, y de los hondos, recoge muchas aguas de las sierras que le rodean. El río grande de Tepalcatepec atraviesa toda la planicie. Recibe muchos afluentes antes de llegar al plan, donde ya es caudaloso y lento. Visto desde el aire parece una serpiente. En sus márgenes se forman playas fértiles que invitan al arado. Corre hacia el oriente, por un camino sinuoso. Desemboca en el Río Balsas, a la altura del Infiernillo. El Tepalcatepec tiene varios ríos tributarios, los de la Sierra Madre del Sur sólo escurren durante el temporal lluvioso 16


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y los que vienen de los manantiales del Tancítaro y cerros aledaños, jamás se secan. El plan es un enorme colector de aguas, puede decirse que el suelo de la planicie es gris oscuro, arcilloso, impermeable, agrietado, pedregoso, alcalino, pobre en fósforo y potasio, y rico en calcio asimilable. Ni el suelo ni las pocas lluvias propician una vegetación exuberante. La excepción es una faja verde en la orilla norte donde hay espesas arboledas. Fuera de allí, la vegetación natural es de poca altura, rala y espinosa. La forman mezquites, huizaches, cactus y breñas. Tiene una fauna variada y numerosa. Es una región fecunda en toda clase de reptiles ponzoñosos y abundante en sabandijas y mosquitos. Es cuna del zancudo transmisor del paludismo; la turicata, chinche que produce una llaga rebelde; la nigua que se incrusta en la carne; el alacrán rubio, la salamanquesa, la conchuda, la bola de hilo, la tarántula y otros animales que movieron a decir a fray Diego de Basalenque: aquel "es un mundo para quien no ha nacido allí inhabitable, y para los nativos, insufrible". Las fiebres intermitentes, el mal de pinto, el bocio o buche y otros males endémicos hacen difícil la vida en las tierras calientes.

La Depresión del Balsas Seguimos nuestro viaje a través de Michoacán y encontramos la otra tierra caliente al oriente de la primera, junto al Balsas. Es una depresión a una altitud entre 300 y 1,000 metros. Cubre la ladera sur del Eje Volcánico en su parte llamada Mil Cumbres, hasta el Río Balsas. Cruzando el río son tierras del Estado de Guerrero. Al oriente colinda con los Estados de Guerrero y de México. Al poniente, le queda el Plan de Tierra Caliente. A la zona de la Depresión del Balsas la integran nueve municipios: Tacámbaro, Turicato, Carácuaro, Huetamo, Nocupétaro, San Lucas, Susupuato, Tiquicheo, Tuzantla; municipios generalmente extensos. En casi toda su extensión es rugosa y ondulada. Hacia Mil Cumbres es montañosa. Hacia el Río Balsas es un lomerío con 17


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llanuras intercaladas. En la parte alta del norte se alternan inmensos contrafuertes y valles tan angostos como profundos. Aquí el clima es tropical lluvioso, parecido al de la Sierra Madre del Sur. Se siente calor todo el año, un calor que sobrepasa en promedio los 31ºC en abril a junio y 23ºC en los meses de invierno. De junio a octubre caen chubascos sobre las imponentes sierras y los desfiladeros. En el lomerío seco, y cálido, como en la otra tierra caliente, las lluvias son escasas, pero sería exagerado el llamar áridas a estas tierras. En donde más llueve hay menos volumen de agua disponible. Las lluvias de la parte alta y montañosas se vuelven ríos y arroyos que bajan a toda velocidad por el fondo de estrechos valles y gargantas. En donde menos llueve hay ríos caudalosos. En primer lugar los que bajan de las alturas que llegan al fondo de la depresión con mucha agua. Así los ríos Cutzamala y Carácuaro. En segundo lugar, uno de los ríos más importantes de la República, el caudaloso Balsas, nativo del valle de Puebla, que desciende de la altiplanicie central y asume el papel de eje de la depresión, donde recibe el caudal de los ríos antes mencionados. El Balsas sirve de límite a los Estados de Guerrero y Michoacán, entra en contacto con Michoacán en el municipio de San Lucas; por un buen trecho corre del oriente al poniente. En el punto del Infiernillo se junta con el Río Tepalcatepec y toma dirección sur. Es un anchuroso río que transcurre entre tierras resecas, cerros pelones y árboles de ralo ramaje. La cubierta vegetal luce pobre en la porción próxima al Balsas, es de cactus, diversos arbustos espinosos y yerbas. La parte escarpada del paisaje luce una cubierta vegetal más abundante, formada por árboles del trópico que se clasifican según su uso: curtientes (cascalote, parácata y cuachalalate), frutales (mango, mamey, arrayán, tamarindo, capire, cítricos y cuajilote) y maderables (caoba, encino, cuéramo y muchas más). La flora es variada y la fauna no lo es menos. Aparte de iguanas y lagartijas hay otros animales como: onza, jaguar, tejón, venado, conejo, liebre, ardilla, tlacuache, cacomixtle, ocelote, coyote y zorra. Como el Plan de Tierra Caliente, la Depresión del Balsas tiene muchos animales ponzoñosos: víbora cascabel, alacrán, garrapata, pinolillo, conchuda, cocón y otras. Entre las aves: la garza, el cenzontle, la golondrina, el gavilán, el tecolote, el zanate, la huilota, el aguililla, la paloma y el Martín 18


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pescador. Los ríos y arroyos contienen mojarras, truchas y langostinos. En épocas recientes se hablaba todavía de las grandes víboras como la boa constrictora y de los caimanes y cocodrilos de la depresión del Balsas, tan dejada de la mano del hombre, no obstante sus riquezas ocultas y algunos de sus paisajes tan bellos como los famosos de la ladera sur, descritos en la siguiente lección.

Ladera Sur En el lado occidental del municipio de Tacámbaro —perteneciente a la depresión del Balsas— da comienzo el de Ario, uno de los diez que forman la región de los balcones o Ladera Sur. Los nueve municipios restantes que la forman son: Los Reyes, Peribán, Tancítaro, Nuevo Parangaricutiro, Uruapan, Taretan, Urecho, Gabriel Zamora y Parácuaro, al norte. Le dicen la región de los balcones, porque se contemplan las espléndidas llanuras de las tierras cálidas. Nosotros nos limitaremos a decirle Ladera Sur de la Sierra Volcánica Transversal. Es una pendiente de casi 300 kilómetros de longitud que limita al norte con las Montañas Occidentales al este y sur con la depresión del Balsas y al oeste con el Estado de Jalisco. Es tierra muy quebrada y a muchos niveles, tiene altitudes a casi cuatro mil metros y otras a sólo 600 metros. El terreno presenta formas variadas: montañas, mesetas y llanuras. Ofrece también diversos climas: Cf templado con lluvias todo el año; Cw templado con lluvias en verano; Aw tropical con lluvias en verano y BS seco estepario. El predominante es el Aw. En casi toda la ladera priva una temperatura media que varía entre 18ºC y 26ºC, sin fuertes oscilaciones. En gran parte recibe abundantes lluvias principalmente en el verano. En la región de los balcones rara vez falta la cubierta de nubes que, procedentes del Pacífico al chocar contra los salientes de la ladera se precipitan en forma de lluvia. Si se pudiera juntar la lluvia que cae en un año, se formaría una lámina con una altura entre uno y dos metros. Allá brota el Río Cupatitzio, las aguas que un poco más adelante caen a chorros en la Tzaráracua, chorros que se desprenden de enormes rocas y resbalan por grandes peñas. 19


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Toda la Ladera Sur es una maravilla de hermosos paisajes: sierras cubiertas con árboles frondosos, tierras fértiles y clima acogedor.

Mil Cumbres Aunque mil cumbres es sólo una parte de esta región michoacana, toda la región merece el nombre de Mil Cumbres. Decirle Oriente de Michoacán o Techo Tarasco-Nahua o Macizo Central del Eje Volcánico es decirle muy poco. Está al este del Estado, es uno de los más hermosos techos del mundo; constituye la parte central del Eje Volcánico transversal, una fila de altos volcanes iniciada en la parte sur del Estado de Nayarit, y que se extiende hasta el Volcán San Martín, próximo a Veracruz. La parte del Eje que ahora nos ocupa pasa por los municipios de Tlalpujahua, Senguio, Irimbo, Aporo, Angangueo, Tuxpan, Hidalgo, Ocampo, Zitácuaro, Juárez, Jungapeo, Tzitzio, Acuitzio, Madero y Huiramba, además de algunas tierras de Queréndaro, Indaparapeo y Charo. Tiene una superficie aproximada de 6,000 kilómetros cuadrados. Le distingue una historia que los geólogos resumen así: en el período cretácico surgió del mar, en forma de llanura. En el mioceno y el plioceno se producen los pliegues que son la base o estructura de las dos grandes sierras de Michoacán: la Madre del Sur y el Eje. En el período pleistoceno, hubo efusiones volcánicas, se formaron muchos volcanes, unos enormes y otros minúsculos, que le dieron el relieve actual a Mil Cumbres y le entregaron a las serranías de la porción oriental, a las sierras de Tlalpujahua y Angangueo, yacimientos de oro y plata. Mil Cumbres es quizá la porción más montañosa del Eje Volcánico. Se entrelazan en un corto espacio las quebradísimas sierras de Tlalpujahua, Angangueo, Zitácuaro, San Andrés, Otzumatlán, Curucupaseo y Acuitzio. Sobresalen algunas cumbres que pasan de los 3,000 metros de altura sobre el nivel del mar: San Miguel, Picacho, Guadalupe, Concha, Rincón, Huajúmbaro, Cabeza, Santa Catarina, Cacique y Los Azufres. Las cadenas montañosas únicamente dan lugar a pocos y estrechos valles: Zitácuaro, Tuxpan, Tajimaroa. Lo montañoso contribuye a formar diferentes condiciones 20


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climáticas; las cumbres son más frías que las laderas y los profundos barrancos; la lluvia abundante del verano es un buen moderador de los climas de la zona. En Mil Cumbres llueve mucho y hay numerosos ojos de agua y riachuelos. Hay manantiales fríos y calientes; de los ríos, algunos corren hacia el Lerma y otros son afluentes del Río Balsas. Además de por sus minas y sus cumbres, la región es muy famosa por las aguas termales de San José Purúa, Tular, Tepetongo, Albores, Cimatario, Agua Caliente, Agua Tibia, Aguacate y Los Azufres. Estos últimos ocupan una zona alta y cubierta de pinos. Por Ciudad Hidalgo o por Ucareo se puede subir a los cerros de En medio y del Gallo y a los lagos Grande, Verde y Larga. Laguna Larga es una presa con un borbollón de agua termal. Es una amplia poza de lodos de azufre, y por lo mismo, medicinales. Como si esto fuera poco, al lado del cuenco ocupado por los lodos medicinales, numerosas fisuras en el terreno, llamadas chifladores por el ruido que hacen, dejan escapar vapor. Los espesos lodos en perenne ebullición, los ríos, las cascadas, los chifladores, las formaciones pétreas, los pinares, el bosque mixto, la selva semi-tropical, las lagunas ya citadas y la de Zirahuato, junto con las presas Mata de Pinos, Pucuato y Sabaneta, entre otras, han dado lugar a muchos escritos poéticos. Todos los montes del rumbo están cubiertos de pinos y oyameles o de pinos y encinos. Las lagunas de la empinada sierra están bordeadas de pinares. Desde la Cortina de Zitácuaro hasta la presa de Cointzio es la misma cosa. Las escenas se repiten sin ser nunca las mismas. Es incesante el cambio de matices en la vegetación, matices que van del bosque de pinos y oyameles a selvas de vestidura tropical con árboles de tupido follaje, y con matas de plátano y de flores. Aquí las circunstancias de altitud, humedad y suelo propician la existencia de una notable variedad de hongos. No menos asombrosa es la variedad de orquídeas: flor de muerto, azucena amarilla, lirio de San Antonio, lirio de San Francisco y otros más. Los lirios y las aves han sido los más asiduos pobladores de la zona. Algunas de las aves son el guajolote silvestre, la codorniz pinta, la gallareta, la paloma de collar, la tórtola de alas blancas, el canario, la golondrina, la cerceta azul, el águila, el loro de memoria excepcional, el halcón, el búho, la gallina del monte, y la huilota de vuelo veloz. 21


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Las Montañas Occidentales Es la prolongación hacia el occidente de Mil Cumbres. Ocupa tierras de los siguientes municipios: Charapan, Paracho, Uruapan, Tzintzuntzan, Castellanos, Jiquilpan, Villamar, Cotija, Tocumbo, Cherán, Chilchota, Erongarícuaro, Nahuatzen, Nuevo Parangaricutiro, Pátzcuaro, Quiroga, Santa Clara, Tangamandapio, Ziracuarétiro, Tangancícuaro, Tingambato y Tingüindín. La extensión de la región se acerca a los 5,000 kilómetros cuadrados, la mayoría son cerros entre los que destacan por su altitud: Patambán, 3,525 m en Tangancícuaro; El Pilón, 3,385 m en Nahuatzen; Paracho, 3,347 m en Paracho; Del Burro, 3,310 m en Pátzcuaro; Nahuatzen, 3,310 m en Nahuatzen; y el Sevina, 3,305 m en Nahuatzen. Esta parte del Eje Volcánico está bien guarnecido, rodeado de montes altos y cubierto con muchos picos. Cientos de conos volcánicos antiguos y redondos o nuevos y puntiagudos le dan una fisonomía única. Como se repite en todos los libros de geografía, dos series de erupciones volcánicas esculpieron a la zona. Todavía surgen volcanes. En una fecha tan cercana como 1943, brotó el Parícuti. Alrededor de las cinco de la tarde del 7 de febrero se sintió un temblor y se escuchó un fuerte ruido. A las 9 de la noche apareció la luminaria muy cerca del pueblo de Parícuti. Al día siguiente fueron las primeras explosiones. De un cono de 7 metros de altura comenzaron a salir rocas encendidas y chorros de lava. En diez días el cono creció hasta alcanzar una altura de 175 metros. Para entonces las continuas descargas de pedruscos encendidos conseguían elevaciones de mil metros. Las nubes cargadas de arena se descargaban sobre una zona de miles de kilómetros cuadrados. La lava comenzó a cubrir la zona contigua al edificio volcánico. En nueve años el volcán alcanzó 440 metros de altura. El 25 de febrero de 1952 disminuyó repentinamente su actividad, la que continúa con emanaciones de gases. Toda la región abunda en montañas enormes y en valles floridos. Entre los cerros de Paracho y Marijuata se extiende el valle de Paracho; entre los cerros de San Marcos, Pilón y los Cuates la hondonada de Nahuatzen; entre las eminencias Tariaqueri, Ziruta, El Bosque, El Frijol y otras, el plan y la laguna de Pátzcuaro. 22


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El clima de las Montañas de Occidente se califica templado y lluvioso. Una mitad del año —primavera y verano— brida la temperatura media que mejor le cae al cuerpo de hombre, una tibieza de 20ºC. En la otra mitad, y sobre todo durante el invierno, se sufren fríos, acompañados de nieblas. Ninguna de las cumbres se viste de nieve crónica, pero aun en los valles caen más de cien heladas prietas al año. Llueve mucho en la estación veraniega. Si se quedara en la superficie lo llovido anualmente formaría un espejo de agua de un metro de espesor, pero el suelo serrano permite la infiltración del agua. Las granizadas y las tormentas de temporal hacen destrozos. El líquido se infiltra antes de formar riachuelos y lagunetas. Por eso escasea tanto en el largo período de secas. La excepción es la cuenca de Pátzcuaro. En los alrededores del lago no se padecen sequías. Tampoco los vecinos del lago de Zirahuén, uno de los más bellos del país. La breve cañada de Chilchota también posee la riqueza del agua. Los tarascos de la sierra distinguen tres clases de suelo: tupuri, charanda y malpaís. Para ellos no cuentan la tierra amarilla de las cumbres donde hay coníferas (pinos hasta de 25 metros y cedros y oyameles hasta de 50) en todo tiempo verdes. Para los tarascos sí importa mucho la tierra de tupuri que cría pinos, encinos y praderas en declives y valles. No menos apreciado es el suelo rojo llamado charanda. Lo que no sirve para la agricultura son las llanuras de piedra, llamadas malpaíses, que producen los volcanes recientes como el Paricutín. El antiguo valle de Parangaricutiro es ahora de piedra. Aquí no se da casi nada. De hecho, la mayoría de las tierras del rumbo no son agrícolas; tienen valor como pastizales, y sólo son realmente buenas para la arboricultura. Los talamontes las tienen en mucho; así también los cazadores, pues siempre han abundado los animales de caza. En la porción lacustre hay pescado, abundantes peces como para justificar el nombre de Michoacán, que significa lugar de peces, sobre todo charales y pescado blanco, los bagres de agua dulce y las mojarras, aunque éstas son más propias del paisaje que viene.

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Los Valles de Zamora La región michoacana más fértil desde el punto de vista del agricultor recibe los nombres de Noroeste Michoacano, Distrito Lerma-Chapala, Tierra de Valles, Región de Ciénega y Bajío Zamorano. Cubre el 12% de la superficie de Michoacán. A sus 7,500 kilómetros cuadrados colaboran partes de los 25 municipios: Briseñas, Chavinda, Chilchota, Churintzio, Ecuandureo, Ixtlán, Jacona, Jiquilpan, La Piedad, Marcos Castellanos, Nicolás de Régules, Numarán, Pajacuarán, Penjamillo, Purépero, Sahuayo, Tangamandapio, Tangancícuaro, Tanhuato, Tlazazalca, Venustiano Carranza, Vista Hermosa, Yurécuaro, Zacapu, Zamora y Zináparo. La componen valles separados entre sí por cadenas montañosas que tienen más de 2,000 metros de altitud. La mayoría de los valles está entre 1,500 y 1,800 metros de altitud. No todos son de las mismas dimensiones. El Bajío de Zamora es una combinación de llanos y cerros. Como en las otras regiones de Michoacán, sus límites no están bien definidos, pero le caracteriza un relieve menos montañoso y más tierras planas. Desde el punto de vista geológico pertenece a una etapa de pujante volcanismo en la que se produjo la porción montañosa. A intensos chaparrones atribuyen la formación de las lagunas de los diversos bajíos (guanajuatense, moreliano y de Zamora), de las ciénegas y lagos que hubo o que todavía hay en el sur de Guanajuato y en el norte de Michoacán. Hasta épocas recientes el Bajío de Zamora era un solo lago con largas islas o muchos lagos que intercambiaban aguas. Gracias a los lagos y especialmente al Lago de Chapala, límite occidental del Bajío zamorano, el clima de éste es templado. Nunca se tienen aquí los calores de la Tierra Caliente ni los fríos de la Sierra Volcánica, la temperatura es suave, con pocas oscilaciones diarias y estacionales. Casi nunca hiela. Los días de sol y transparencia superan en número a los de nubes, viento y lluvias. Un promedio de cincuenta días se nublan en el largo temporal de sequía. Sólo de junio a septiembre hay más días nublados que soleados. 24


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A comienzos del verano empieza la temporada de lluvias, que dura cuatro meses y no es abundante. Si la región se atuviera a los chubascos veraniegos, no tendría fama de pantanosa. La fama la conquistó gracias a los ríos y depósitos de agua con que cuenta, a ríos tan caudalosos como el Lerma y el Duero, y a depósitos tan vastos como el de Chapala. Al Bajío Zamorano vienen a confluir aguas de muchas sierras. Por regla general el suelo de los valles de Zamora es de tipo vertisol. Los vertisoles son suelos de textura arcillosa y color negro. Se hinchan con la humedad y se agrietan cuando están secos. En estas tierras destaca la montmorillonita que en tiempo de lluvias se expande, cierra poros y produce chicles. En cambio, en el temporal seco se endurece y se llena de grietas si no recibe el beneficio del riego. En realidad, antes de la llegada del hombre, el suelo del valle zamorano era cenagoso y estaba cubierto de agua, tules y carrizos. Únicamente en las laderas de los montes, de las filas de conos volcánicos, había en abundancia arbustos como el mezquite, cactus como el nopal y multitud de yerbas. En la punta de los cerros lucían encinos vigorosos. No podía ser mayor el contraste entre la flora y la fauna de las cumbres de Pajacuarán, La Beata, Guaracha, San Francisco, la sierra de Purépero y otras eminencias con el del fondo de valles pantanosos y yerbas de poca utilidad. En tiempos en que la técnica era deficiente, los valles de Zamora se veían casi siempre inundados, sin más vegetación que la típica de las ciénegas, repletos de roedores, con nubes de insectos insufribles con los gérmenes de muchas enfermedades, muy lejos aún de estar cubierta de trigales, maíz, sorgo, cebolla, papa, jitomate y fresa.

Región Central o Moreliana La llamada Región Central está al norte y no al centro del territorio michoacano. Se le dice así porque en ella se ubica la capital del Estado. También se le dan otros nombres: Región del Lerma, Noreste de Michoacán y Bajío Moreliano. Por el sur linda con el Eje Volcánico. Por el norte llega hasta la línea limítrofe convenida entre Guanajuato y Michoacán; por el este hasta la línea divisoria con los Estados de 25


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México y de Querétaro. Por el oeste la sierra de Zirate separa el Bajío de Morelia del Bajío de Zamora. La Región Central es un poco más extensa que la zamorana; mide 8,000 kilómetros cuadrados; aproximadamente ocupa el 14% de la superficie total del Estado; comprende tierras de 24 municipios: Álvaro Obregón, Angamacutiro, Coeneo, Contepec, Copándaro, Cuitzeo, Charo, Chucándiro, Epitacio Huerta, Huandacareo, Huaniqueo, Indaparapeo, José María Morelos, Lagunillas, Maravatío, Morelia, Panindícuaro, Puruándiro, Sixto Verduzco, Queréndaro, Santa Ana Maya, Tarímbaro, Villa Jiménez y Zinapécuaro. Hay notables parecidos entre la Región Central y el Bajío Zamorano. La evolución geológica de ambas regiones es muy parecida: las dos fueron llanuras, se llenaron de montañas volcánicas, y durante el período lluvioso tuvieron más lagos de los que aún tienen. El relieve de una y otra región lo determinan cadenas montañosas y valles. De los cerros morelianos son dignos de mención por su enormidad los que lo separan de Mil Cumbres y del Bajío Zamorano: San Miguel, Altamirano, Cabeza, Leonera, Zirate, El Águila, Zacatón, Nieve, Quinceo, Varal, Candelero, Gallo y Brinco del Diablo. De los valles conviene retener los nombres de los elevados de Tepuxtepec y Maravatío; los más accesibles de Queréndaro y Morelia, y los bajos de Puruándiro y Angamacutiro. Cada una de las dos regiones tiene un lago extenso. El de la región de Morelia se nombre Cuitzeo y es casi tan grande como el de Chapala, normalmente poco profundo y de aguas turbias y salitrosas. La Región Central tiene menos recursos que la de Zamora pero con mejor clima. El barón de Humboldt, geógrafo alemán que visitó México a principios del siglo XIX, se deshizo en elogios del clima de los valles de Morelia. Lo llamó "suave, templado y sumamente beneficioso a la salud". Ya dos siglos antes fray Diego de Basalenque había dicho: La región de Valladolid cuenta con un "lindo temple, que ni es caliente ni frío, sino una medianía muy suave y saludable a los cuerpos humanos". Quizá sea una comarca aun más transparente que la de Zamora. Lo normal es que la atmósfera se vista de azul intenso; sólo se pone gris o blanco en la temporada de lluvias. Como en la zona gemela, las lluvias no son abundantes pero está bien abastecida de manantiales, ríos y lagos. La mayoría de los ojos de agua, unos frescos 26


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y otros calientes, al juntarse entre sí forman ríos. Por fondos pedregosos corren ríos de alguna consideración: el Angulo que desemboca en el Lerma, el Lerma mismo en el norte de la región, y los ríos Queréndaro y Grande que desembocan en el Lago de Cuitzeo, que en la temporada seca descubre extensas llanuras llenas de tequesquite donde sólo crecen romeritos, chacames y otras yerbas. En el extremo del noroeste, el suelo de la zona es blanquizco, silicoso y delgado, pero no carece ni de manantiales ni de pastos de buena calidad. En el subsuelo hay estaño, y en las cumbres árboles corpulentos y maderables. Las tierras del valle de Queréndaro contienen mucha materia orgánica, y desde el punto de vista del agricultor son muy valiosas. Son suelos profundos, que permiten la infiltración. Así son también algunos de los terrenos de Puruándiro y Angamacutiro. La flora silvestre es chaparra; la componen mezquites y huizaches, magueyes y sábilas, tepozanes y yedras, buenamozas y retamas. Sólo las eminencias del terreno son capaces de alimentar bosques mixtos, encinares y pinares de gran tamaño. Una región con predominio de arbustos y yerbas ha atraído en todo tiempo mamíferos corpulentos, manadas de animales de gran tamaño. El profesor José Corona Núñez dice en uno de sus libros: "En 1931 encontré esqueletos fósiles… de elefantes, fragmentos de caparazones de tortuga, grandes cuernos de una especie de venado o alce". De acabar con esa fauna primitiva se encargaron muchas generaciones de seres humanos que anduvieron aquí de caza hace milenios. De esa gente de los antiguos pobladores de los distintos paisajes de Michoacán, se contará en la segunda parte de este libro.

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2 Las culturas prehispánicas

Sumario De los recolectores a los cazadores Las aldeas de sembradores El maíz, el frijol y la calabaza La edad de los dioses La edad de los alfareros Tariácuri El señorío michoaque Gobierno tarasco Hombres y trabajos Dioses y fiestas

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De los recolectores a los cazadores

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suponen que hombres del Asia aprovecharon el período en que se podía pasar a pie por el ahora estrecho de Berhring para llegar a tierras de América. El tránsito del hombre hacia un nuevo continente fue muy poco a poco y en pequeñas oleadas; quizá la más antigua se produjo hace treinta mil años. Los primeros amerindios no eran como los de ahora sino muy bajos, de cabeza alargada, con una especie de marquesina de hueso a la altura de las cejas, y nariz ganchuda. Alaska, por donde entraron, y todo el norte de América, por donde se distribuyeron, son muy fríos a la intemperie, por lo cual tenían que vivir gran parte del tiempo encuevados. Andaban desnudos cuando el frío se los toleraba, salían de su escondite a preparar yerbas, frutas y semillas para comer. Poco a poco, muy lentamente, sin alejarse del mar, se desplazaron hacia el sur, quizá hasta Suramérica, desde luego hasta el territorio mexicano donde se han descubierto huellas de los pepenadores en seis sitios diferentes. Hasta ahora no se ha encontrado ninguna en Michoacán, lo que no quiere decir que no haya habido aquí gente de la edad de la pepena o recolección. Se han hecho muy pocas exploraciones de índole arqueológica en tierras michoacanas. Estos hombres desnudos de piel cobriza, en grupitos de dos o tres, en grupos familiares, no tenían ni siquiera con qué matar animales grandotes, por lo cual sólo eran vegetarianos e insectívoros. Iban de aquí para allá sin cosa alguna, y si anduvieron por Michoacán y dejaron huellas de sus correrías seguramente fueron pocas, débiles y difíciles de ser encontradas. Se conjetura que hace unos 15,000 años el hombre cazador pasó al continente americano procedente de Asia, armado, capaz de herir a otros hombres y de comerse los animales de gran alzada. Como es fácil de entender, el cazador se dispersó mucho más rápidamente por toda América que los recolectores. El cazador quizá andaba vestido de pieles, pero vivía en cuevas. Cuando podía se daba muy buenas comilonas de mamut y de peces. Con sus rústicos proyectiles podía cazar mamutes empantanados y con sus redes de cuerdas podía pescar en ríos, lagunas y mares. Se dice que además de vivir en familia, formaba pequeños grupos OS ANTROPÓLOGOS

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multifamiliares, con lo cual se fortalecía para el ataque y la defensa. Tal vez también utilizó artefactos de hueso, pero lo llegado hasta nosotros son puntas de proyectiles, las cuales, según su forma y el lugar donde primero se encontraron, llevan los nombres de puntas Lerma, Clovis y Folsom. En veinte lugares de México, ninguno en Michoacán, se han descubierto proyectiles, cadáveres y huellas del segundo poblador americano. Entre 9,000 y 7,000 años antes de ahora vivió en México otro cazador menos pobre y más numeroso que el descrito. El nuevo hombre de caza usó puntas de proyectil, raspadores, buriles, navajas, cuchillos, metales, morteros y otros instrumentos de piedra. Sabía hacer canastas y collares de caracolillo. Su ajuar fue mucho más complejo que el del cazador primitivo, entre otras cosas porque no era nada más cazador. Recolectaba, pescaba y promovía el crecimiento de algunos vegetales. Intentó desarrollar la agricultura, y según José Luis Lorenzo "es razonable suponer que ya disponía de un calendario lunar… Además la protección de las plantas productoras lo obligó a un sedentarismo temporal". De este hombre a medio camino entre la flecha y la coa se han encontrado abundantes restos en territorio mexicano, incluso en Michoacán. En Infiernillo, Tierra Caliente, uno de los pocos lugares michoacanos vistos por los arqueólogos, fueron encontradas huellas del hombre transicional. A esta gente, llamada del cenolítico superior, le tocó vivir duramente un gran cambio de clima que transformó fértiles llanuras en desiertos casi desnudos de yerbas. Los animales de que vivían los cazadores se murieron en gran número, y con ellos los hombres que se alimentaban básicamente de piezas de caza. Los ya hechos a la comida vegetal sobrevivieron, máxime quienes empezaban a interferir en la plantación, crecimiento y cosecha de las plantas silvestres. Ellos y los pescadores ganaron la batalla de la supervivencia. En la costa del Pacífico subsisten amontonamientos de conchas marinas, residuos de hogares y artefactos de piedra con una antigüedad mayor de seis mil años.

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Las aldeas de sembradores Los estudiosos del pasado remoto de América hablan de una triple revolución sucedida hace seis o siete mil años. Entonces cambió del todo la manera de conseguir el sustento. Entonces cambió del todo la manera de conseguir el sustento. Lo más de la comida comenzó a obtenerse del cultivo de yerbas en lugares húmedos. Una de las plantas elegidas para el cultivo fue la alegría, que es lo mismo que amaranto, bledo o huautli. Otra de las primeras yerbas observadas y cultivadas fue el epazote, también llamado genopodio. Enseguida vinieron los cultivos del maíz y la calabaza, y más tarde los del frijol y el chile. Como consecuencia del nuevo modo de agenciarse el sustento, los hombres crecen en número. Se sustituyen como habitación las cuevas naturales con las cuevas artificiales denominadas chozas. Los primitivos agricultores construyeron sus habitaciones de modo de formar aldeas. En tales congregaciones se desarrolló una industria incipiente de hachas de piedra, coas, vasijas, telas y adornos. Por otra parte, esos antiguos pueblecitos de gente viva dieron en desdoblarse en pueblecitos de gente muerta. Por encima de la superficie se construyeron chozas y por debajo se excavaron tumbas. De las construcciones sobre la tierra nada sobrevivió, de los pueblos subterráneos quedan testimonios de subido interés; uno de ellos, en el noroeste de Michoacán, en uno de los valles de Zamora, en el rancho Lopeño, junto a tierras empantanadas. En Lopeño, el arqueólogo Eduardo Noguera encontró fosas excavadas en el tepetate donde yacían cadáveres de hombres y ofrendas de barro y piedra. A la tumba número uno se llegaba a tres de tres escalones cortados en el tepetate, por un pasillo de casi un metro de anchura. En ella se encontraron huesos de un difunto en compañía de algunos recipientes ya con forma de hombres, ya con apariencia de animales; orejeras de jadeíta, una hoz con incisiones y dibujos como culebras, puntas de proyectil, estatuitas de piedra verde y otros testimonios del paso de la barbarie a la civilización, del tránsito de la caza y la recolección a la agricultura y la artesanía, de la vida en familia a la vida de la tribu, y de no se sabe qué al culto a los antepasados. En el mismo sitio, en tumbas descubiertas y exploradas por el arqueólogo Arturo Oliveros, en tumbas con una antigüedad de 31


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3,500 años, se encontraron variadas ofrendas: adornos e imágenes de barro. Algunas imágenes eran de jugadores de pelota. En una de las tumbas se dio con figurillas de barro de color crema, de modelado muy fino y tan extraordinariamente pulimentadas que parecían esculturas de marfil. En Lopeño ya hubo entierros múltiples. Quizá ya había personas importantes a quienes les sacrificaban personas del común para que lo acompañasen en la otra vida. Según el arqueólogo Otto Schöndube, Lopeño fue aldea de un grupo que vivía fundamentalmente de la agricultura y de la caza; que producía una alfarería desarrollada y tenía conocimiento del tejido. Otra manera de su avanzada cultura era el culto a los ancestros manifestando en la excavación de "tumbas en el tepetate, dentro de las cuales depositaban a sus muertos sobre plataformas o banquetas interiores, acompañados de ofrendas para la otra vida. También jugaban a la pelota y mantenían algunas relaciones comerciales con otros grupos", quizá con otras aldeas de parecido desarrollo cultural que han sido vislumbradas en el mismo Bajío Zamorano, en los valles de Morelia o Región Central y aun en la planicie de Tierra Caliente. Con todo, los hallazgos en la Región Central (Chupícuaro, Zinapécuaro, Cuitzeo y Queréndaro), en el Plan de Tierra Caliente (Apatzingán) y en la Depresión del Balsas (alrededores de Huetamo) y en el mismo Bajío de Zamora, parecen posteriores al Lopeño. En Chupícuaro, lugar muy próximo al noreste michoacano, se encontró cerámica con decoraciones a manera de cruces, triángulos y líneas verticales; figurillas humanas cabezonas, y sobre todo figuras de mujeres a medio vestir o desnudas del todo; cuentas de barro y abundantes instrumentos para tocar: silbatos, sonajas, tambores, ocarinas. En los sitios explorados hasta ahora llaman particularmente la atención las aldeas de los muertos formadas por fosas de tiro. Estas acabarían por ser lo más específico de aquellos hombres. A diferencia de las del Lopeño, en las famosas tumbas de tiro de Michoacán y todo el Occidente, el conductor a la cámara funeraria no tiene escalones como en Lopeño; es un simple pozo vertical. Una vez enterrado el difunto y sus ofrendas, se cubría la cámara con losas de piedra o con el metate o con una olla. Como la del Lopeño, las aldeas de entonces estaban próximas a ríos y valles pantanosos. Los cultivos sólo se podían hacer en las laderas. Junto a los valles aparecieron los tres 32


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cultivos del indio mesoamericano; el maíz, el frijol y la calabaza que bien merecen capítulo aparte.

El maíz, el frijol y la calabaza Desde antes de Cristo los aborígenes de Mesoamérica en general y de Michoacán en particular dejaron de ser carnívoros, se convirtieron en consumidores de planas, en vegetarianos. Al revés de los europeos adictos a la carne y a la leche, los antiguos pobladores de Michoacán dejaron de consumir productos animales fuera de guajolotes y peces. Desaparecieron los numerosos animales comestibles o para el transporte de carga, usados en el Viejo Mundo en la vida cotidiana y en la guerra. Acá todo se transportó a lomo de hombre y toda guerra se hizo a pie. Desde antes de la edad cristiana, desde hace tres mil años, los indios de Michoacán hicieron su vida despreocupados de los mamíferos y muy preocupados en la domesticación de vegetales, de tres plantas inexistentes en Europa y Asia, de un trío agrícola muy del Nuevo Mundo, de una flora que se produce por granos y produce las comidas propias de acá. Wolf cuenta la siguiente historia: "en alguna parte de Mesoamérica, aunque no sabemos dónde, un grupo de plantadores de granos debe haber domesticado la planta del maíz. Esta planta posee una gran capacidad para producir nuevas variedades y se adapta extraordinariamente a medios ambientes distintos. Crece en diferentes alturas que van desde el nivel del mar hasta 3,970 metros, en regiones de veranos cortos y de climas frescos, así como en el desierto… En Mesoamérica los granos de maíz son asados y molidos. Se pueden ingerir tanto secos como en una especie de atole, pero también se pueden revolver con una solución de cal donde se les deja en reposo y finalmente son molidos, aplastados y puestos a cocer sobre un comal. Las tortillas pueden ser ingeridas solas o bien en forma de tacos. Con los granos de maíz cocido en agua se puede hacer pozole; con masa de maíz hervida en agua y con un condimento se hace el atole". El mismo arqueólogo, con respecto a otra semilla muy del agrado de los antiguos pobladores, dice: "El segundo elemento de la trinidad 33


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de plantas y granos de Mesoamérica es el frijol, rico en vitaminas y grasas, que generalmente se come hervido. El principal centro de distribución de frijol fue Mesoamérica, pero las diferentes especies se adaptaron a condiciones climáticas muy distintas. El frijol común… es característico de las tierras altas, pero no prospera en terrenos muy elevados. El frijol tépari es una planta adaptada al desierto. El frijol lima es un producto de las regiones cálidas y generalmente tropicales, de clima netamente seco. Casi no se encuentra a una altura mayor de 1,220 metros. La primera huella del frijol en Mesoamérica se halló al sureste de Tamaulipas y se remonta al año 2,500 A.C…. Ralph Linton sostiene, no sin razón, que todo grupo humano ha de disponer de una fuente adecuada de proteínas si quiere mantener una vida regular. Los cazadores y los recolectores pueden obtener proteínas de los animales, de los pájaros o del producto de la pesca. Pero a los campesinos les es cada vez más difícil procurarse una ración adecuada de proteínas si no poseen animales domésticos". Los antiguos michoacanos convertidos a la agricultura no retuvieron animales y comían pocos peces, por lo mismo el frijol fue el encargado de surtirles proteínas, de darles una dieta adecuada a la salud. La tercera especie de plantas importantes fue la calabaza. Al principio se le cultivó "por sus semillas aceitosas, ricas en proteínas". Después por su pulpa, sus flores y sus hojas. "Las variedades silvestres no tenían pulpa, pero el ingenio del hombre produjo una gran cantidad de variedades ricas en almidón y en azúcar". La gente fundadora del Lopeño y demás sitios de las primeras edades de la civilización michoacana también tuvieron un trío menor de vegetales alimenticios formada por el chile, el maguey y la alegría. El chile crudo o en salsa constituyó desde entonces una fuente inapreciable de vitaminas y un buen digestivo para cuando se consumían alimentos ricos en celulosa. Desde los primeros tiempos de la agricultura los jugos del maguey aportaron "notables cantidades diarias de minerales y de vitaminas C y B a los pobladores de muchas regiones". El uso de la alegría o huauhtli fue incluso anterior al del maíz. Es más difícil establecer el consumo de animales (peces y corucos) de los michoacanos después del descubrimiento de la agricultura. Las huellas arqueológicas hacen pensar que se volvieron vegetarianos. 34


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La edad de los dioses Se decía que hubo ya antes cuatro vidas, y así lo sabían, que cuando se cimentó la tierra y el cielo habían existido ya cuatro clases de hombres, cuatro clases de vidas. Sabían igualmente que cada una de ellas había existido en una edad. Y decían que a los primeros hombres su dios los hizo, los forjó de ceniza. Se cimentó luego el segundo sol o edad. Se llamaba sol de tigre. Se cimentó luego el tercer sol. Sucedió que durante él llovió fuego. Se cimentó luego el cuarto sol, se decía sol de viento. Durante él todo fue llevado por el viento. Teotihuacan floreció en el cuarto sol. En palabras de Ignacio Bernal, un par de siglos antes de la era cristiana, en un valle próximo al de México, nació una urbe que llegaría a tener 200,000 habitantes, donde "se construyeron la pirámide del Sol… la pirámide de la Luna… el templo de Quetzalcóatl y el Gran Conjunto… Aquel, uno de los monumentos más ricamente decorados y suntuosos del antiguo México… El Gran Conjunto, cuya importancia y tamaño sugieren que allí estaría el centro administrativo, comercial y político de la ciudad… Todos sus habitantes debieron quedar fuertemente impresionados por aquellos dioses tan poderosos que permitían esa grandeza. Creemos que llegaban numerosos peregrinos a pedir favores a los dioses… De sus manos brotan los dones que el hombre desea… De las manos de Tláloc salen muchos objetos de jade que simbolizan la lluvia; es el resultado de las oraciones que los fieles han elevado al dios de las Aguas". Durante los siete primeros siglos de nuestra era Teotihuacan fue la metrópoli de la mayor parte de lo que ahora es la República Mexicana. En muchos sitios se hallan imágenes religiosas muy parecidas a las de la ciudad de los Dioses. Aunque no es fácil saber hasta qué punto y hasta qué puntos Teotihuacan exportó sus creencias, sus hábitos sacerdotales, su teocracia y sus dotes artísticas, cabe asegurar que fue muy influyente sobre todo del meridiano cien hacia Yucatán, y desde el paralelo veinte hasta Centroamérica inclusive. El occidente de México es una zona en donde las muestras de cultura teotihuacana son escasas y en su mayoría indican más bien un conocimiento indirecto de lo que pasaba en la metrópoli". Como dice 35


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Otto Schöndube, mientras Teotihuacan marcaba el paso a muchos pueblos, los pueblos de occidente vivieron "una existencia aldeana y sencilla, sin llegar a constituir estados fuertes como los formados por Teotihuacan y algunos grupos mayas". Tampoco tuvieron un arte monumental. Se quedaron con su arquitectura subterránea, con sus tumbas de tiro. Impulsaron grandemente la alfarería, pero no la escultura mayor. Quizá tampoco fueron muy religiosos. Se mantuvieron adictos al culto a los antepasados y a la fertilidad. Se han encontrado testimonios de la era clásica o teotihuacana en las regiones lacustres de Zamora y Morelia y en las regiones resecas de Tierra Caliente y del Balsas. En Santiago Ostio de la Depresión del Balsas se encontró una estela monolítica de dos metros de altura, de filiación teotihuacana. En el Plan de Tierra Caliente, la doctora Isabel Kelly descubrió vasijas, adornos de concha, mosaicos de turquesa, metates, figuras humanas, espejos de pirita y otros objetos artísticos de la edad de los dioses, aunque no tan refinados como los de Teotihuacan. Es digna de nota la inexistencia de objetos que parezcan deidades, salvo algunas estatuas de piedra probablemente imágenes del dios del fuego. Las luces teotihuacanas no brillaron mayormente en Michoacán. En Zinapécuaro, uno de los valles morelianos, se ha descubierto una serie de montículos sobre plataformas; aquí y allá, se descubren muros de adobe, reforzados con piedra en el exterior, y pisos de lodo endurecidos con fuego. De acuerdo con Bernal, "las ollas al fresco de Jiquilpan y de otros sitios de Michoacán, que son teotihuacanos en cuanto a la idea y el empleo de ciertas técnicas, no reproducen finalmente el espíritu teotihuacano ni fueron copiadas allí de un modelo teotihuacano". Las influencias que recibió de Teotihuacan el Bajío Zamorano fueron débiles e indirectas. Así parece atestiguarlo el Otero, junto a Jiquilpan, donde se hallan ruinas de edificios, plataformas, juego de pelota, plazas, escalinatas, muros con losas cuatrapeadas, muros con piedras redondas, muros construidos con metates y otros vestigios de débil aroma teotihuacano, de la época eje de la antigüedad mexicana, del período que servirá de inspiración en muchas cosas a los períodos posteriores, como el de los alfareros al que acudimos enseguida.

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La edad de los alfareros Teotihuacan, la metrópoli iniciadora de la cultura durante ocho siglos, pierde tal función hacia el año 650. La temprana caída de la metrópoli, según Ignacio Bernal, causó "hondas conmociones y cambios importantes. Una serie de otros estados continuaron viviendo y aun desarrollándose dentro de una cultura que podríamos llamar teotihuacana modificada… Durante los años de 650 a 900… esos estados… se van alejando cada vez más del estilo puro que en parte los inspiró, elaborando formas importantes, pero cada vez más locales". Cortada la intercomunicación continua, cada pueblo pierde contacto con los demás, hasta con sus vecinos más cercanos; se encierra en sí mismo, se vuelve autosuficiente y debilita así la posibilidad de progresar y aun la de conservar los adelantos logrados antaño". Hasta ahora se han explorado en Michoacán seis o siete sitios con huellas de la era postclásica. Os lugares explorados son Apatzingán, Jiquilpan, Zinapécuaro, Zacapu, Los Gatos y Cojumatlán. En la metrópoli de Tierra Caliente, próspera desde los días de Teotihuacan, los arqueólogos han descubierto incensarios, molcajetes, figurillas moldeadas y utensilios de cobre. En la proximidad de Jiquilpan, en el ya maduro Otero, han sido desenterrados molcajetes de formas animales, hachas, orejeras, diversos adornos, diversa cerámica, decoración al fresco y otras manifestaciones de la edad posteotihuacana. En Zinapécuaro han sido descubiertas cerámica policroma, pintura al fresco, decoración esgrafiada, molcajetes y vasijas con soporte de asa. Zacapu fue quizás más importante. Parece que tuvo una población cuantiosa. Quedan huellas de plazas a diversos niveles, calles angostas y con graderías, basamentos de forma piramidal, fortalezas, terrazas, habitaciones y adoratorios. Dondequiera hay vestigios de construcciones; las principales son de piedra tallada. En Zacapu y en el cerro de Los Gatos, Noguera encontró abundante cerámica, vasijas de alabastro, ornamentos de cobre, concha y pirita. Quizá los vestigios arqueológicos zacapuenses sean los más abundantes de Michoacán, pero tal vez sean también los más saqueados. Muchos perjuicios fueron hechos en la zona por la erosión 37


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natural, pero nunca como los que hicieron traficantes en piezas arqueológicas, arqueólogos aficionados y buscadores de tesoros. En Cojumatlán, en el extremo oeste del Bajío Zamorano, Robert Lister comprobó con métodos fieles, la existencia, hacia el año mil, de una congregación humana valiosa a orillas de la laguna de Chapala. Como pruebas de su existencia e importancia presentó cajetes trípodes de apoyos multiformes, ornamentos de concha, cuentas de collar y brazaletes; comales, agujas, arpones de hueso y otros utensilios. De lo descubierto en Cojumatlán, Lister infiere que los cojumatlecos practicaban la agricultura en tierras de humedad; extraían peces de Chapala con arpones, fisgas, redes y mazas; comían venados y aves; eran habilísimos hacedores de instrumentos de terracota y de piedra; curtían pieles de mamífero; tejían tule y palma; levantaban chozas desgraciadamente con materiales de escasa duración, y usaban metates en la hechura de diversos artefactos. Se discute aún la estirpe de los multiocupados habitantes del viejo Cojumatlán. Seguramente no eran tarascos. Quizá hayan sido nahuahablantes. Según Wigberto Jiménez Moreno, la zona explorada por Lister fue de indios tecos; es decir, de indios de origen tolteca, de los que salieron huyendo después de la caída de Tula. Allí, en el magnífico marco de la laguna de Chapala quizá vivieron sin mayores molestias hasta mediados del siglo XIV en que fueron atacados por los purépecha. Hasta ahora sigue ignorándose el origen de los que llegarían a ser en los siglos XIV y XV los amos de Michoacán: los tarascos, también llamados michoaques o purépecha. Existen varias teorías sobre su origen: hay quien dice que es un grupo desprendido del Japón, otros piensan que son originarios de Sudamérica; exhiben para probar esta tesis una carta escrita en 1524 por el capitán Rodrigo de Albornoz. Éste asegura haber oído de los purépecha historias de la venida, a las costas de Michoacán, de mercaderes de la región suramericana. Sin embargo, la mayoría de los historiadores creen que los tarascos como los mexicas y otras tribus llegaron del Noroeste; se establecieron en la Meseta Tarasca; se civilizaron al ponerse en comunicación con los pueblos de los calles de Zacapu, Queréndaro y Zinapécuaro, pero no perdieron sus costumbres guerreras. Por ser más broncos que los artífices, los que hacían cosas, se transformaron en señores de la 38


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población previamente establecida, por obra de un rey legendario cuya leyenda se resume a continuación.

Tariácuri Según la Relación de Michoacán, la obra clásica de la cultura phoré, los tarascos vinieron de las Siete Cuevas. Los guiaba Ticátame, el mismo que los asentó en un monte junto a Zacapu. Durante dos siglos tuvieron un señorío sin territorio fijo, con capital movediza antes de establecerla definitivamente a orillas de la laguna, en una ladera "toda cerrada con árboles y con encimas muy grandes", en Pátzcuaro, sitio obscuro de tan boscoso. Aquí construyeron tres templos para los dioses y muchas casas para los hombres, pues según pensaban los tarascos, era la puerta del cielo, por donde descendían y subían los dioses. En Pátzcuaro reinó el más famoso de sus reyes: Tariácuri, hijo de un señor muerto por los Curínguaro, educado por los sacerdotes de Curicaueri. Éstos le decían a Tariácuri desde que quedó huérfano: "Harta de leña a cuantos dioses son. Mira que es muy liberal Curicaueri que hace las casas a los suyos, y hace tener familia y mujeres en las casas, y viejas que hacen fuego, y hace tener joyas y esclavos y esclavas, y hace poner en las orejas orejeras de oro y en la garganta collares de turquesas y plumajes verdes en la cabeza". Conforme a los consejos de sus maestros, Tariácuri desde niño llevó lea y ramas a los adoratorios. También por consejo de los sacerdotes, Tariácuri, apenas adolescente, dio en perseguir a los asesinos de su papá. A comienzos de su campaña de venganza se dirigió contra los habitantes de Xarácuaro y Curínguaro; es decir, contra los isleños de la laguna. Al poco andar, uno de sus peores enemigos cayó en una emboscada. El prisionero fue llevado al templo, convertido en difunto, asado, dividido en pedacitos que se repartieron a numerosos comensales. A continuación del banquetee se fue de Pátzcuaro, anduvo errante, hizo una entrada hacia occidente y trajo muchos plumajes verdes y penachos blancos, collares de turquesa, de oro y de plata y collares de pescados del mar y otras muchas cosas, entre ellas, mujer. De allá trajo todo eso; de allá volvió porque los indios de la isla 39


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de Pacandan le pidieron que volviese a Pátzcuaro y porque esos indios cumplieron con las condiciones puestas por Tariácuri para volver: que se le permitiera destruir a los de la isla de Xarácuaro y sacrificar a las viejas y a los viejos a los dioses. Ya en Pátzcuaro, Tariácuri dispuso la muerte de su hijo Curátame porque contrajo la costumbre de la embriaguez. Por razones religiosas, mandó matar a otro hijo suyo. Con distintos pretextos, fue disponiendo la desaparición de varios señores y aspirantes a serlo. Como quiera, a su hijo Hiquíngare le dio el oficio de sacrificador, lo puso en aptitud de ser jefe. Hizo otro tanto con sus jóvenes parientes Hiripan y Tangáxoan. Convencido de las cualidades de mando de los tres, los juntó para decirles: "No habrá ya más señores en los pueblos. Por el poco servicio que hacen a las divinidades y por los agüeros, no habrá más de tres señores". Los tres elegidos por Tariácuri para sucederle fueron Hiripan, Tangáxoan e Hiquíngare. Entre los tres construyeron un gran cu o adoratorio. Los tres capitanearon la guerra florida ordenada por Tariácuri para conseguir prisioneros que serían sacrificados por motivos religiosos en el estreno del cu recién construido. Apenas hecha la consagración del cu con el sacrificio de veinte prisioneros, el anciano Tariácuri se dispuso a morir, y sus sucesores se pusieron a conquistar. En una mañana sujetaron a tres señoríos. Al revés, Huaniqueo requirió de tres acometidas para caer en poder de los tres señores: Hiripan, señor de Ihuatzio; Tangáxoan, señor de Tzintzuntzan, e Hiquíngare, señor de Pátacuro. En una segunda campaña, los tres señores extienden su señorío hacia el norte hasta Zacapu, y hacia el poniente hasta Cherán. En una tercera campaña hacia el sur, conquistaron muchos pueblos de lengua náhuatl, e hicieron huir "a toda la gente de los pueblos a los montes". Y "cuando ellos andaban conquistando estos dichos pueblos murió Tariácuri y fue enterrado" en Pátzcuaro, la sede de Hiquíngare. A su muerte tenía 90 años. Con su muerte, el dominio todo de los tres señores fue indiscutible. "Llamó Hiripan a Tangáxoan y a Hiquíngare y díjoles: Hermanos, ya es muerto Tariácuri, nuestro tío. Tú, Tangáxoan, vete a Tzintzuntzan y yo me iré a Hiuatzio e Hiquíngare estará aquí en Pátzcuaro, que aquí es su casa y asiento. Y tomó, según dice la Relación de Michoacán, cada uno su señorío" a orillas del lago. 40


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El señorío michoaque Cada uno de los señores tarascos se habían instalado en su trono como señor absoluto, cuando Hiripan convocó a sus colegas para decirles: "Hermanos, vamos a conquistar". Aceptada la invitación por Tangáxoan e Hiquíngare, los tres fueron a reducir a los señoríos tarascos más distantes: Araró, en la región moreliana; Tacámbaro, en la ladera sur de la Meseta Tarasca; Paracho, en el occidente de la Meseta, y otros señoríos. Estas conquistas se hicieron tristemente célebres por su ferocidad, por el pavor infundido en los pueblos conquistados y por las fugas de la gente con sus dioses, plumajes y joyas. A tal punto quedaron las poblaciones desiertas que Hiripan dispuso: Id, tomad vuestros pueblos, morad en ellos como antes, y tornad a vuestros árboles de fruta y vuestras tierras y sementeras. Basta ya. Ya nuestro dios Curicaueri ha usado de liberalidad. Al requerimiento de Hiripan, los pueblos conquistados respondieron con un sí mientras lloraban todas las viejas, los viejos y las muchachas. Y otra vez establecidos en sus hogares de origen, los tres señores dijeron: Hagamos caciques en los pueblos que placerá a los dioses que se sosiegue a la gente, y así sosegaron a todos, e iban poniendo caciques en todos los pueblos e incluso casicas. A mediados del siglo XV, por 1450, el Señorío Tarasco en vez de tres señores tuvo un solo monarca. El señor de Pátzcuaro fue el primero en extinguirse. Hiquíngare tuvo numerosos hijos pero como les dio "por ser malos, emborracharse y matar a la gente con unas navajas que les metían por los lomos", el señor Hiquíngare dispuso la muerte de sus hijos. En Hiuatzio, Hiripan fue sucedido por Ticátame, que no supo resistir a Tzitzipandácuare, señor de Tzintzuntzan, cuando éste decidió llevarse a Curicaueri a la capital de su señorío. El señor de Tzintzuntzan lo fue también de los otros dos señoríos. Tzitzipandácuare se convirtió en jefe o cazonci único y absoluto de un Señorío que él se encargó de hacer más grande que el actual Estado de Michoacán y más fuerte que el entonces Señorío Azteca. A él se deben la conquista de los valles del Bajío Zamorano, de las tierras ahora jaliscienses de Sayula y Zapotlán, y del territorio del actual Estado de Colima. A él también se debe la primera derrota propinada al 41


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poderoso Señorío Azteca, que tenía como capital a MéxicoTenochtitlan. Axayácatl, el emperador de México-Tenochtitlan, para solemnizar la dedicación de la Piedra del Sol, o calendario azteca tuvo la ocurrencia de invadir los dominios del Señor michoaque para traer de ellos gente sacrificable el día de la dedicación de la piedra. Axayácatl con veinticuatro mil combatientes llegó a Mil Cumbres. Tzitzipandácuare salió a recibirlo con cuarenta mil hombres de guerra. El combate duró dos días. En el primero arremetió el ejército tarasco con tanta furia que en breve tiempo el ejército mexicano empezó a desmayar y volver las espaldas. En el segundo, el jefe de los aztecas lanzó a su gente muy bien armada y aderezada contra los tarascos, pero fue tan sin provecho la arremetida que como moscas que caen en el agua, así cayeron todos en manos de los michoaques según refiere fray Diego Durán. Al victorioso Tzitzipandácuare le sucedió en el trono su hijo Zuangua, quien fue dos veces atacado por los mexicas. En el segundo de los ataques, los tarascos fingieron una retirada que atrajo a los enemigos hacia un campamento ricamente provisto de manjares y pulques, y mientras los invasores comían y bebían despreocupadamente, los michoaques cayeron de improviso sobre los mexicas sin darles oportunidad de defensa o de fuga. Como si fuera poco la victoria sobre los de México, Zuangua también expidió leyes, impulsó la agricultura y las artesanías, impuso un brillo inusitado a las fiestas religiosas e hizo conquistas de pueblos distantes. A la llegada de los españoles, uno de éstos dijo que, "Zuangua era tan gran señor como Moctezuma y aun más rico de oro y plata". Hacia 1520 dominaba todo lo que ahora es Michoacán, menos una parte de la Sierra Madre del Sur y la costa del Pacífico, y bastante más de las tierras hoy tenidas por michoacanas. Por el norte, iba desde Acámbaro hasta el lago de Chapala. Por el occidente, dominó completamente la depresión de Sayula o de las salinas. Por el sur, con trabajos traspuso el Río Balsas. Por el este, llegó hasta los señoríos de Matlazincas y mazahuas en tierras del hoy Estado de México. En un siglo los michoaques o tarascos, construyeron un país en donde además de hablarse el idioma phoré, había hablantes de alguna de las 42


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siguientes lenguas: coacomeca, xilotlazinca, colimote, pirinda, mazahua, sayulteco, mexicana y teca.

Gobierno tarasco Hace quinientos años que el señorío tarasco o michoaque era una teocracia militar. Era administrado por una nobleza hereditaria y un cuerpo de sacerdotes. El cargo militar y religioso más sublime lo poseía el cazonci o señor, quien encarnaba al supremo dios Curicaueri. Vivía frente al lago de Pátzcuaro, atendido por una numerosa corte. Poesía residencias en lugares ribereños y en las cuatro islas de la laguna. En dondequiera lo acompañaban músicos, danzantes, coleros, aduladores y mujeres jóvenes dirigidas por una vieja. Cuando algún señor había de hablar con el cazonci, se quitaba los huaraches. Para mantener en sumisión a tantas y tan diferentes poblaciones del Señorío Tarasco, el cazonci se servía de cuatro jefes militares. Cada uno de éstos administraba una de las cuatro provincias en que se dividía el Señorío. En el gobierno de las provincias, los jefes militares o gobernadores eran ayudados por caciques. A los gobernadores, parientes del monarca los elegía éste. A los caciques también. A la muerte de uno u otro, le llevaban al cazonci, junto con la noticia de la defunción, las insignias del difunto: bezote, orejera, brazalete y collares. El cazonci, entre sus parientes y amigos, nombraba para suceder al gobernador o cacique difunto al hombre del cacicazgo más discreto; "es decir, al que tenía más tristezas consigo", tras de decirle: "Sé obediente y trae leña para los cúes… Retén los vasallos de nuestro dios Curicaueri… y no comas tú solo tus comidas, mas llama a la gente común y dales de lo que tuvieres; con esto guardarás la gente y la regirás. No hagas mal al pueblo para que te tenga reverencia". Enseguida, según cuenta la Relación de Michoacán, era conducido a la sede de su gobierno o cacicazgo por un sacerdote, y pronunciaba delante de sus súbditos la siguiente arenga: "Habéis oído el curitiecha. Esto que os ha dicho le mandó que os dijese el rey; y no habéis oído a este sacerdote, mas al mismo cazonci, que es rey de todos… yo seré vuestro padre y vuestra madre si sois obedientes". 43


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Los administradores del reino, los caciques, tenían obligación de ir a la guerra en calidad de jefes. La Relación de Michoacán asegura que el cazonci, acompañado de caciques, iba muy frecuentemente a combatir. Unas veces peleaba para obtener cautivos para sacrificar en las ceremonias religiosas. Otras eran guerras de exterminio contra poblaciones enemigas, y otras eran contiendas de conquista para acrecentar las dimensiones del señorío. En todas, se comenzaba por reunir a la gente de pueblos y barrios y ponerla a las órdenes de un capitán general, guiado en sus marchas por los espías. Para desmadejar a sus enemigos, los soldados michoaques usaban muy diestramente la canícua o arco y las pítacua o flechas, los garrotes, las porras y las macanas. Para defenderse de sus enemigos, tenían rodelas, jubones de algodón y un pecherón de hilos de maguey muy tejidos. Además del ejército esporádico, el cazonci tenía gente de guerra en todo tiempo en las zonas fronterizas, en Tajimaroa, en Ucareo, en Cutzamala y muchos otros sitios. El ejército permanente se formaba con los soldados más belicosos, los más aptos para poner miedo grande en sus enemigos. El gobierno y sus constantes guerras se mantenían gracias a un sistema de tributos que incluía la recolección de productos y el aprovechamiento de la mano de obra de la gente del común. Tanto militares como sacerdotes disfrutaban de los tributos. No se sabe a ciencia cierta cómo se recolectaban ni cuándo se hacía la recaudación. Lo más probable es que se recaudara conforme a las necesidades del cazonci y de sus numerosos ayudantes administrativos y religiosos. Los tributos en especie eran almacenados en algunos pueblos donde los controlaban tesoreros del emperador. Todos obedecían al ohcambecha encargado de levantar el censo de los súbditos. Él también designaba a los realizadores de trabajos públicos y supervisaba las tierras del señor y los sacerdotes. Del ohcambecha dependían quienes supervisaban a fabricantes de canoas y redes, pescadores de red y de anzuelo, talabarteros, carpinteros, albañiles, pintores, tejedores de guirnaldas y otros campesinos y tarascos. Otros miembros de aquella especie de secretaría de hacienda cuidaban los depósitos reales de miel, granos, maguey, chile y algodón. Otros funcionarios cuidaban los caudales de oro y plata de los sacerdotes. Había además el cuanícoti o cazador mayor obligado a cazar venados 44


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y conejos para el cazonci. Como guardián de los bosques estaba el pucuricuari y al cuidado de las canoas, el parícuti. Había un correo mayor del que dependían los mensajeros del cazonci, siempre listos en el patio de la casa real. No olvidemos a los encargados de llenar de oro, plumajes y piedras preciosas las arcas del monarca.

Hombres y trabajos La sociedad tarasca anterior a la conquista española no era justa. La nobleza y el sacerdote disfrutaban los tributos y los trabajos de los plebeyos y de los esclavos. Se convertían en esclavos ciertos cautivos de guerra, los ladrones y los que se vendían como esclavos. Aunque la esclavitud no era hereditaria, los esclavos constituían lo último de la sociedad. En orden de menos a más seguían los agricultores, casi todos propietarios de un pedazo de tierra. La mayor y mejor parte de los terrenos de cultivo eran para los dioses, para las guerras y para el cazonci y se trabajaban con gente esclava. Más importantes que los campesinos eran los artesanos. Arriba de los artesanos figuraban la nobleza y el sacerdocio. La labranza de la tierra era la ocupación mayoritaria en el señorío tarasco, no obstante que los cerros y los declives tan numerosos no eran buenos para la agricultura y que los bajíos, por sus ciénegas, eran difíciles de poner en cultivo. Con todo, los campesinos sembraban mucho maíz. La mayoría de los sembradíos ocupaban terrenos previamente desmontados o tierras irrigadas. Pero sólo una parte de la alimentación provenía de la agricultura. En sitios cercanos a lagunas y ríos, se practicaba la pesca. En canoas, con anzuelos de cobre o de hueso, fisgas y redes pescaban trucha, blanco y bagre. Una ocupación esporádica era la caza del venado y de aves, hecha con trampas y con el arco y la flecha. También recogían pencas, larvas, cacao, bayas, nueces y miel para su sustento, y tule y otros textiles para tejer sus esteras. Los tarascos eran grandes artífices. Se dedicaban a diferentes tipos de industria casera. Cada pueblo se especializaba en alguna artesanía según los recursos disponibles en él. Recuérdese que ocupaban un país notable por la variedad de los recursos naturales. 45


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En unos sitios abundaba la madera; en otros la palma; aquí había buen barro y un poco más allá piedra. Según tuviesen algodón o metales eran tejedores o metalurgistas. Empleaban el cobre en la hechura de hachas, coas, agujas, azuelas y anzuelos. Usaban el oro en la manufactura de cascabeles, anillos, cuentas de collar, narigueras y pectorales. En orfebrería utilizaban las técnicas de la cera perdida y del laminado. Metían en las piezas de oro, después de repujarlas, jade y turquesas. Embutían casquillos dorados en objetos de obsidiana o de madera. Nadie ponía en duda sus habilidades en las artesanías de oro y cobre, y en menos cantidad, en los trabajos de plata y de una aleación del cobre y del oro conocida con el nombre de tumbago. Los habitantes de algunos pueblos eran muy hábiles ceramistas. Sabían hacer muchos tipos de ollas, cajetes, patojos y pipas que se caracterizaban en conjunto por la finura del decorado, la delgadez de las paredes y la belleza de las formas. En varias poblaciones se tallaba muy bellamente la turquesa, el jade, el cristal de roca y la obsidiana; en varias se hacían, según decires de quienes los vieron, preciosos trabajos de plumas. En la Ladera Sur de la Sierra Tarasca, y sobre todo en Peribán, se aderezaban guajes y calabazas con barniz de laca. En distintas partes usaban la madera en la confección de sillas, canoas, cuiringas y armas. Además de buenos carpinteros había excelentes tejedores de camisas, jubones y mantas con hilos de algodón y de maguey, y de canastos y esteras hechos de palma o de junco. El talento artístico de los tarascos lució sobre todo en las llamadas artes menores. Como quiera, la construcción de yácatas fue una actividad importante del pueblo michoaque. Yácata significa "amontonamiento de piedras con lodo" y es un edificio que consta de un basamento artificial, muros de contención hechos de laja, pisos de barro endurecido con fuego y vestiduras de los muros con losas de piedra. La yácata tiene forma de pirámide. Se hacía mediante la sobreposición de cuerpos de 95 centímetros de altura; cuerpos en talud y escalonados. Las plantas eran a veces rectangulares, y otras, semi-circulares. Una multitud de yácatas han sido destruidas por los hombres; muchas no han sido descubiertas; algunas se pueden ver y admirar reconstruidas en Tzintzuntzan, Hiuatzio y Tingambato. El 46


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tarasco no era mal arquitecto, era buenísimo como artesano, y también, por lo que se vislumbra en la Relación de Michoacán, un gran artista de la palabra.

Dioses y fiestas Los michoaques al fin y al cabo residentes en un territorio de volcanes, rendían culto al fuego. Su divinidad máxima era Curicaueri, "el gran quemador", a quien se le ofrendaba gran parte de la mucha leña que se cortaba de los bosques de Michoacán. Los sacerdotes exhortaban al común de la gente: "trae leña para los cúes, da de comer leña a Curicaueri". Éste era negro como un tizón, y por lo mismo, el sacerdocio a su servicio se pintaba de negro, incluso el cazonci, considerado encarnación de dios. Curicaueri no era ni con mucho una divinidad única. Había multitud de dioses y diosas con papeles distintos y cada uno tratado a su modo. La mayor deidad femenina de los tarascos se llamaba Cuerauáperi y era considerada como "madre de todos los dioses de la tierra" y "diosa de la vida y de la muerte". Según la Relación de Michoacán, Cuerauáperi "era tenida en mucho en toda esta provincia". En los pesares, a ella acudían con sus oraciones. Ella enviaba a seres divinos a vivir en la tierra; ella les daba mieses y semillas. Su adoratorio máximo, erigido encima de un cerro, estaba cerca de Zinapécuaro. Sacrificaban en su honor a los que la diosa poseía, en los que encarnaba quienes al ser poseídos caían desmayados. También se hacían sacrificios de hombres en honor de la hija de Cuerauáperi, de la diosa Xarátanga, la diosa luna, la mujer del sol, la proveedora de lluvias y de fertilidad, quien exigía, para dar agua a los sembradíos, ofrendas de sangre. Con el fin de atender a la vasta burocracia celestial había muchos sacerdotes. El sumo sacerdote, además de teñirse de negro, se ponía una guirnalda de plumas de ave en la cabeza, una tenacilla de oro atada al cuello, una calabaza con turquesas colgando de los lomos y traía un bordón o báculo. Los demás sacerdotes también usaban ornamentos especiales. El oficio del sacerdote se heredaba de padres a hijos. El sumo sacerdote era también el historiador del señorío. 47


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Tenía el encargo de retener y relatar la historia de los michoaques. Año tras año, públicamente, en la metrópoli o capital refería la llegada de los tarascos a Michoacán y "las guerras que tuvieron al servicio de los dioses". Duraban en la relación un día entero. Enseguida designaba a varios sacerdotes para que fuesen a los pueblos a contar la misma historia. Por último, otra función del petámuti o sacerdote mayor era la de dar a conocer las fechas de las festividades. Había fiestas dedicadas a los diversos dioses y había suficientes dioses para muchas fiestas. Los dioses se repartían en cinco grupos: dioses celestes, dioses de las cuatro partes del mundo, dioses del infierno, dioses primogénitos y dioses locales, además de tres mayores de que ya se habló. Pues bien, todos los dioses tenían su fiesta. En algunas festividades predominaba el tono festivo; en la mayoría predominaba el carácter religioso —sangriento. Así la de "las flechas" que en palabras de la Relación de Michoacán era para juzgar y ejecutar a los malhechores. Los malhechores "eran los espías de la guerra; los que no habían ido a la guerra o se volvían de ella sin licencia; los médicos que habían muerto a alguno; las malas mujeres; los que se iban de sus pueblos y andaban vagabundos; los que habían dejado perder las sementeras del cazonci por no desyerberlas; los que quebraban los magueyes, las adúlteras y los ejercitantes del vicio contra natura. A todos estos echaban presos, así como a los esclavos desobedientes. Y cada día durante veinte hacían justicia de los malhechores… Venía el sacerdote mayor… y traían a un patio a todos los delincuentes, unos atados las manos atrás, otros con unas cañas al pescuezo. Y estaba en el patio muy gran número de gente… Aquel sacerdote mayor oía las causas de aquellos delincuentes desde por la mañana hasta el mediodía… Y si dos o tres veces habían caído en aquellos pescados de que los acusaban, perdonábalos y dábalos a sus parientes, y si eran cuatro veces, condenábalos a muerte… Y cada día de la veintena se hacía una ejecución, excepto el último en que se hacía justicia de casi todos aquellos malhechores, los azocaban con una porra y arrastrábanlos después de muertos y llevábanlos a los herbazales donde los comían los adives y auras y buitres, y eran dedicados al dios del infierno… Y llegada la fiesta de Cuingo los no sacrificados en la fiesta de Ecuata… dábanles a beber y a comer, y emborrachábanlos… Y después que los 48


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chocarreros habían peleado con sus rodelas y porras… los sacrificaban. Y los sacerdotes se vestían sus pellejos y bailaban con ellos".

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3 Provincia mayor de Michoacán

Sumario La llegada de los conquistadores Tata Vasco La conquista espiritual La conquista económica La gran mortandad Haciendas y comunidades Ciudades y villas Artes y letras Guevara

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La llegada de los conquistadores

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de Tenochtitlan, la capital azteca caída en poder de los españoles el 13 de agosto de 1521, hombres vestidos de hierro, como los vencedores de los tenochcas, empezaron a llegar hasta las tierras del señorío tarasco. Las dos o tres primeras incursiones no tuvieron mayor importancia. La primera importante fue la de Cristóbal de Olid, formada por doscientos infantes y setenta jinetes forrados de fierro y por miles de indios portadores de rodelas, flechas y macanas. Olid traspasó el linde de Michoacán en julio de 1522, al tercer año de la pestilencia de viruelas que mató al cazonci Zuangua, a poco de haberse visto dos grandes cometas en el cielo que auguraban grandes trastornos en el mundo, apenas recibida la noticia: "Los mexicanos han sido conquistados, todo Tenochtitlan está hediendo a difunto". Desde Tajimaroa, desde Mil Cumbres, Olid envió un mensaje de paz y amistad al sucesor del cazonci muerto, al joven y tímido Tzintzicha Tangáxoan. El mensajero, mientras corría hacia Tzintzuntzan, la capital tarasca, les decía a los combatientes michoaques que encontraba en el camino: "No vienen enojados los españoles, vienen alegres". Al recibir la propuesta de paz de los hispanos, el señor después de dudar entre ahogarse o esconderse, se metió a un escondite y no salió a recibir a los hombres blancos, barbados y vestidos de fierro. Éstos, que permanecerían en la capital tarasca durante nueve lunas, procedieron al saqueo minucioso de los palacios del rey escondido. En donde el monarca tenía cuarenta arcones (veinte de oro y veinte de plata) y abundantes joyas y mujeres, los conquistadores encontraron la primera resistencia armada. Las concubinas imperiales los acometieron con unas cañas macizas y empezáronles a dar de palos. Al incidente de las bravas mujeres siguió el del descubrimiento del cazonci escondido, quien fue encontrado en una de sus casas, puesto en prisión y forzado a entregar el oro y la plata. Tzintzicha Tangáxoan fue en persona a la arruinada Tenochtitlan a darle a don Hernán Cortés trescientas cargas de metal amarillo y blanco. Estuvo cuatro días de música y banquetes, al cabo de los cuales el jefe ESDE LAS RUINAS

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supremo de los conquistadores le ordenó: "Vete a tu tierra, no hagas mal a los españoles, dales de comer y no pidas a los pueblos tributos que los tengo de encomendar a los míos". Al mismo tiempo Cortés ordenó a los suyos abandonar la metrópoli tarasca. Una fracción de las fuerzas de Olid volvió a Tenochtitlan; otra, a las órdenes de Juan Rodríguez de Villafuerte, fue a explorar la costa michoacana, la región de los Bajos. Por su parte, Cortés dispuso la visita de Antonio de Carvajal a la tierra michoacana con el fin de recoger noticias de sus pueblos. A la vuelta del visitador, Cortés mandó dar los pueblos michoacanos en encomienda, es decir, ponerlos a las órdenes de los caballeros de la conquista. Éstos cobrarían los tributos de los antiguos caciques a cambio de mantener en paz y de hacer cristianos a los viejos y belicosos devotos de Curicaueri. Poco después llegó a Michoacán el licenciado y célebre asesino Nuño Beltrán de Guzmán al frente de 150 de a caballo, 150 de a pie, 8,000 indios y algunos negros. Su primera acción en tierras tarascas fue la de encarcelar a Tzintzicha Tangáxoan. "Con el monarca michoaque prisionero —escribe Francisco Miranda— se inicia su proceso y toca al encomendero Francisco de Villegas presentar la acusación formal contra Tangáxoan. Sus cargos eran haber interferido el cazonci en el funcionamiento de las encomiendas reteniendo a los señores de los pueblos en su corte, y sobornar a las justicias españolas para que no lo castigaran según la petición de los encomenderos. Se agregaba a lo anterior que era en lo oculto idólatra, a pesar del bautismo recibido, que tenía costumbres sodomíticas y que había favorecido o solapado muerte de españoles por los indios". Prosigue Francisco Miranda: "Villegas encabezó el grupo de acusadores y se preocupó de presentar testigos para conseguir la condenación del reo. De Tzintzuntzan tuvo que moverse el ejército de Guzmán a Puruándiro, donde el proceso siguió su marca. En las orillas del Río Lerma llega a su término el juicio. Contra el cazonci se vuelven sus propios súbditos amedrentados por la tortura… El 14 de febrero de 1530 se cumplió la sentencia de muerte dada contra el último señor de Michoacán. Además de ser arrastrado, se le estranguló y su cuerpo fue quemado con orden expresa de regar sus cenizas. La tragedia de Michoacán indígena quedaba sellada con la muerte de su soberano… Con la muerte de Tzintzicha o don Francisco 52


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Tangáxoan culminaba un largo período de lucha de los españoles encomenderos para someter a sus órdenes a los nativos".

Tata Vasco Vasco Vázquez conocido por los nombres de Vasco de Quiroga y de Tata Vasco, nació hacia 1477 en Madrigal de las Altas Torres. Nació, se crió y estudió en Castilla la Vieja, España. Se hizo abogado en Valladolid. Por sus altas dotes en la ciencia jurídica a muy temprana edad fue admitido en el cuerpo de letrados de España. Alrededor de los 50 años de edad fue a Orán, la ciudad de África recién conquistada por los españoles, con el cargo de Juez de Residencia. El tiempo que estuvo allá en junta con gente de costumbres diferentes de manera de vivir muy distinta a la de los españoles, le permitió adquirir experiencia en el trato con gente distinta a su gente. En Orán aprendió lo que más necesitaba para poder hacer amistad con los indios de América, a donde vino en 1530 con los cargos de juez y gobernante de la segunda Audiencia. Desde el principio de su gestión se vio que era hombre paternal y muy preocupado por el bien del oprimido. Por los días de su llegada a México leyó la Utopía escrita por el canciller de Inglaterra Tomás Moro. En esa obra, una de las miles que leyó, se pintaba una sociedad donde el trato entre los hombres era justo, y donde la gente era feliz. La lectura de ese libro lo ayudó a bosquejar un modelo de sociedad aplicable a la Nueva España y especialmente al sector indígena sumido en la servidumbre. Como principio de cuentas, la Utopía de Moro le hizo concebir la idea de un pueblo de indios jóvenes recién instruidos en la fe católica, en que reinara un modo de vida civilizado y justo. La mayoría indígena vivía en el monte y en jacales. Quiroga, con la fundación (en 1531) del pueblo de Santa Fe de México, cerca de la capital, quiso mostrar a los naturales cómo se podía vivir en casas dignas, en unión con otros hombres, en grupo armonioso, sin desigualdades condenadas por la justicia. En la hechura del pueblo ideal se gastó más de lo ganado como gobernante; se endeudó, pero ni por esas redujo su mira de redimir a los indios. En 1535, en la obra 53


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Información de Derecho, condenó la esclavitud y la servidumbre de los indios. Siendo oidor de la Segunda Audiencia, Quiroga fue a Michoacán a castigar y someter a los funcionarios y a los encomenderos. Apenas llegado, Quiroga reunió a la nobleza tarasca con el fin de infundirle la necesidad de hacerse bautizar, de no hacer sacrificios humanos, de suprimir la embriaguez y de sólo tener una esposa cada varón. También les propuso que le ayudaran en la hechura de una villa modelo como la ya hecha en Santa Fe. Les dijo que la nueva Utopía iba a ser un sitio donde encontrarían refugio los errantes, protección los huérfanos, ropa los desnudos, comida los apetentes y práctica del cristianismo todos. Como los convenciera de la fundación de ese paraíso, los nobles le proporcionaron tierras próximas a Pátzcuaro. Allí puso en marcha a Santa Fe de la Laguna, que no necesitó de la presencia de Quiroga para prosperar. El oidor Vasco de Quiroga tuvo que volver a México reclamado por problemas gubernamentales. De allá volvería en 1538, como primer obispo michoacano. Como obispo, Quiroga estuvo 28 años, no obstante haber venido de más de 50 al desempeño de tan alta función. Durante su episcopado, peleó con obispos de la Nueva Galicia y de México por causa de límites; fundó la ciudad de Michoacán o Pátzcuaro, pues lo que allí existía no tenía traza. Dentro de la nueva urbanización se puso a construir la catedral, el palacio y las audiencias episcopales. A partir de Pátzcuaro, hizo una obra colosal: formó muchos pueblos y señaló conforme a la costumbre tarasca, una industria a cada uno: el corte de madera a Capula; la talabartería a Teremendo; la pintura a Cocupao; la forja de fierro, a San Felipe; el martillado del cobre, a Santa Clara; la cerámica a Tzintzuntzan; Peribán, tejidos de seda; Patambán, ollas y cántaros; Paracho, vihuelas y violines; Parangaricutiro, colchas; Sevina, fustes; Nahuatzen, frazadas de lana; Uruapan, bateas y jícaras; Corupo y Chocandirán, sillas y armarios; Jiquilpan, rebozos; Nurio, sombreros; Anhuirán, calcetas; Pátzcuaro, campanas; Tingüindín, pan; Santa Fe, adobes; Janitzio, anzuelos y redes; Jarácuaro, petates; Ario, añil y Apatzingán, cera. También produjo en Michoacán nuevos frutales como el plátano. Dotó a los recién evangelizados indios de una obra de provechosas 54


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lecturas: el Manual de adultos. Algunos consideran que su máxima hazaña fue la fundación del Colegio de San Nicolás; otros, la hechura de 90 hospitales; otros, al defensa incesante de los indios frente a los encomenderos, y otros, su inagotable y angélica caridad.

La conquista espiritual A la sombra de Tata Vasco se produjo la cristianización de los indios michoaques. Los cultos a Curicaueri y demás deidades fueron sustituidos por el culto al Dios solo y su corte de santos. Las fiestas religiosas se despojaron de la práctica de una justicia cruel y del sacrificio de hombres. Las creencias, las costumbres, los ritos sufrieron mudanzas debido a la acción enérgica de tres órdenes religiosas: los franciscanos, los agustinos y los jesuitas. De la orden de San Francisco, desde muy pronto, vinieron fray Martín de Coruña, fray Pedro de las Garrovillas, fray Jacobo Daciano, fray Juan de San Miguel, fray Maturino Gilerti y fray Juan de Espinosa. Fray Martín de Coruña predicó la fe, la moral y la liturgia católica a los indios de la Meseta Tarasca; Garrovillas se convirtió en el apóstol del Plan de Tierra Caliente; Daciano fue el misionero del Bajío de Zamora, desde Zacapu hasta Jiquilpan; a San Miguel le tocó evangelizar la ladera sur; fue el fundador de Uruapan y el promotor de muchos de los hospitales quiroguianos. El francés Gilberti anduvo en la zona de Uruapan y en la de los valles del noreste; sobre todo en el de Zinapécuaro. Gilberti llegó a dominar siete lenguas indígenas y escribió una gramática del phoré. Espinosa goza del prestigio de haber sido organizador de las poblaciones de la Meseta Tarasca. La orden de los agustinos, llegada a Michoacán poco después de los frailes de San Francisco, tuvo como cuartel mayor a Tiripetío, donde habría convento y casa de estudio. Desde allí se dispersaron a las diversas regiones michoacanas. Fray Alonso de la Veracruz, Francisco de Villafuerte y Juan Bautista Moya trabajaron en la cristianización de los indios de la zona del Balsas y del Plan de Tierra Caliente. Fray Diego de Chávez fue el hacedor de varios pueblos del Bajío Moreliano y de la región del lago de Yuriria. Fray Sebastián de Trasierra, apóstol del Bajío Zamorano, 55


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puso en su sitio actual al pueblo de Jacona. Fray Rodrigo de Mendoza, cuyo principal campo de operaciones fue la Meseta Tarasca, se transformó en el mayor conocedor de la lengua phoré y quizá haya sido el más hábil maestro en cosas relacionadas con la agricultura. Se dice que gracias a los sembradíos de caña de azúcar que puso en Taretan sacó de pobre al convento de Tingambato. Los jesuitas se establecieron en Michoacán medio siglo después que los franciscanos. En 1573 erigieron casa en Pátzcuaro, y en 1578, en Valladolid. La Compañía de Jesús trabajó en la Región Moreliana, en la Tierra Caliente y en la Meseta Tarasca. Sus principales miembros fueron Juan Curiel, Juan Sánchez, Juan Ferri, Francisco Ramírez y Gonzalo de Tapia. Las tres órdenes religiosas convinieron en un mismo modo de atraer a los tarascos. Su método de catequesis comenzaba con cursos diarios de catecismo que se impartían a base de palabras y de pinturas y mediante la memorización ayudada por el canto. Venían después los bautismos en masa, la construcción de templos imponentes como los de Cuitzeo, Ucareo, Pátzcuaro y Tzintzuntzan; el uso de parte de los sacerdotes de ornamentos preciosos, la música, la danza, los festivales de amplia participación popular con motivo del día del santo patrono del pueblo y de los días de los principales santos. Se puso especial cuidado que en la reunión y asistencia de la gente a las sesiones de culto intervinieran los mandones. En general, se procuró no apartarse mucho en lo formal de la vida religiosa prehispánica: muchos directores del culto, mucha actividad litúrgica, muchos festivales, mucha pompa. Quizá por eso se obtuvo la cristianización de los indios, quienes en poco tiempo acabaron creyendo en Cristo, concurriendo a las festividades religiosas, y con alguna dificultad mayor, haciéndose a la costumbre o moral de los españoles. Para muchos lo más difícil fue pasar de la poligamia a la monogamia, es decir, de varias a una esposa. De los servicios religiosos requeridos por los conquistadores y los colonos europeos y sus descendientes se encargaron, en la mayoría de las ocasiones, curas seglares. Éstos no vivían en conventos de altos muros como franciscanos, agustinos y jesuitas, ni obedecían reglas monásticas y padres provinciales. Su jefe directo solía ser el obispo; en este caso el obispo de Michoacán, que residió en los tiempos de 56


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Quiroga en Pátzcuaro y a la muerte del segundo obispo en Valladolid. La mayoría de los clérigos seglares regían parroquias. En 1570 el obispado de Michoacán se dividía en 59 parroquias; una mitad administrada por frailes y la otra por curas.

La conquista económica Mientras Tata Vasco y los frailes restañaban las heridas hechas por los conquistadores y encomenderos a los indios, se produjo una desgracia para éstos: la invasión de ganados y colonos. Hernán Cortés, que había sido un próspero puerquero cuando estuvo en Cuba y los soldados de la conquista todos caballeros y carnívoros empedernidos, se dieron prisa en el acarreo de animales del Viejo al Nuevo Mundo. Después del caballo llegó el cochino. Enseguida vinieron las ovejas de las especies rasa y merina a las que les sentó muy bien la altiplanicie mexicana, y en un par de años se volvieron muchas y perjuiciosas. Por los mismos años fue el arribo del burro y de la mula para el transporte de mercancías y hombres; el buro que rápidamente se convirtió en compañero del indio, y la mula tan a propósito para el transporte de carga por su fortaleza, y de mujeres, ancianos y niños por su paso suave y rítmico. La lista de animales se completó con la traída de perros y gatos, gallinas y cabras. La ganadería de los españoles se instaló inicialmente en el ámbito del Señorío Mexica, en medio de una sociedad de indios labriegos que no podía convivir con el ganado, con una ganadería que se multiplicó pronto, que estaba acostumbrada a la comunidad de pastos y que encontró muy de su gusto las cañas de maíz de las milpas de los naturales. Vacas, ovejas y cerdos se multiplicaron asombrosamente en los alrededores de la capital. Frecuentemente los sembradíos indígenas eran invadidos. Por eso muchos indios se abstuvieron de sembrar y el valor de la fanega de maíz subió de medio real (seis centavos (a cuatro reales (cincuenta centavos). Para detener la carestía por escasez de milpas, el virrey Antonio de Mendoza dispuso la expulsión paulatina del ganado del centro hacia tierras menos populosas. Como una marejada cada vez más enorme, a partir de 1545, grandes rebaños invadieron las franjas costeras y cálidas y los 57


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lomeríos y valles de las tierras del norte de Michoacán y de Nueva Galicia. Al principio la ganadería del México central llega al occidente por temporadas, a pasarse el período de sequía en los bajíos de Zamora y Morelia. A las ciénegas del Bajío Zamorano dieron en venir a "agostar más de ochenta mil ovejas en cada año… por ser tierra muy buena para ellas donde se criaban muy bien por haber algunos salitrales en la redonda de la ciénega". Sólo del rumbo de Querétaro salían anualmente doscientos mil cabezas de ganado mayor y menor para venir a pastar al norte y al occidente de Michoacán y volver a sus sitios originales en el mes de mayo. Pero como las migraciones periódicas no resolvían el problema y más bien lo agravaban por los perjuicios ocasionados por el ir y venir de vacunos y ovinos por zonas de maizales, se buscó el establecimiento permanente de los ganados en Michoacán y Jalisco. A la inmigración temporal siguió la definitiva de las especies domésticas acarreadas de España: las vacas de larga cornamenta y pelo amarillento; el ágil caballo berberisco para el transporte de los vaqueros; el burro para el acarreo de las mercancías poco pesadas, y la mula más vigorosa y resistente para los cargamentos. Y con la ganadería mayor de vacunos y equinos vinieron los animales domésticos de mayor tamaño, la ganadería menor: cabras, ovejas y cerdos. Y con ambos géneros vino la ganadería minúscula de gallinas, palomas, perros y gatos, y junto a todo eso, las abejas del Viejo Mundo, las de miel rubia y dulce, pues las de acá la daban agria y negra. Con las distintas especies ganaderas llegaron a los valles del norte de Michoacán colonos españoles de afición ganadera que exigían la posesión de estancias, o sea de grandes terrenos de pastos para sus bestias. Entre 1550 y 1580 se dieron alrededor de 20 órdenes para que las estancias se concedieran lejos de los pueblos, se vigilaran los rebaños y se enviaran jueces ambulantes para hacer respetar las órdenes. En la segunda mitad del siglo XVI se concedieron miles de mercedes de estancias de ganado mayor de 1755 hectáreas cada una; de ganado menor de 780 hectáreas por unidad y caballerías de tierras de 43 hectáreas. Estas últimas se otorgaron para que los españoles tuviesen donde sembrar las plantas traídas de fuera: el trigo de pan y la caña de azúcar. El trigo prosperaría sobre todo en los valles 58


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situados al norte del Eje Volcánico, en los alrededores de Valladolid y Zamora, y la caña de azúcar en la Ladera Sur del mismo Eje; desde Tacámbaro hasta Peribán, donde hubo diez trapiches. Las estancias ganaderas, los trigales y cañaverales le dieron otra fisonomía y otro oficio a tres regiones de Michoacán medianamente pobladas antes de la conquista y rápidamente despobladas, en el segundo y tercer cuarto del siglo XVI conforme se cuenta enseguida.

La gran mortandad En el primer siglo de la conquista, entre 1520 y 1620, las cuatro quintas partes de la población de la Nueva España o México murieron. Sólo quedó uno de cada cinco indígenas. Aconteció cosa igual en el oriente, el centro, el sur y el poniente del país. No fue menor la mortandad en tierras michoacanas y principalmente en la Meseta Tarasca. Algunos culpan a la crueldad de la conquista de los millones de muertos. Lo cierto es que la acción conquistadora de los hispanos no fue más cruel que otras. A la catástrofe demográfica, como se ha llamado a la disminución de gente habida entonces, contribuyeron multitud de causas: las guerras, las atrocidades cometidas por los conquistadores, las hambrunas, el excesivo trabajo, el suicidio, los temblores y muy principalmente las nuevas epidemias. En Michoacán desapareció un buen número de gente desde aquella orden de Nuño de Guzmán de extraer por la fuerza michoaques para llevarlos a combatir a los indios de Sinaloa. También hubo en distintas fechas del siglo XVI personas muertas por hambre. El visitador Lebrón de Quiñones refiere otras causales de muerte: el trabajo excesivo en las minas, el aborto que dieron en practicar los naturales después de la conquista, así como los suicidios de algunos caciques y sacerdotes. Los sismos también golpearon fuertemente a la población michoacana. Los purépecha vivían en una región volcánica y temblorosa. Si le ofrendaban tanta leña a Curicaueri, a la deidad de los volcanes, era para mantenerlo tranquilo, para evitar la agitación de tan gran número de volcanes. Cincuenta años después de la llegada de los españoles, cuando ya el fuego en honor a Curicaueri se había 59


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suspendido, hubo mucha actividad sísmica en Mil Cumbres y en la Meseta Tarasca. El formidable terremoto de 1567 fue descrito por los escritores de aquella época como uno de los más terribles de todos los tiempos. Fray Diego de Basalenque dejó consignado: "Además de mucha gente que mató; templos, conventos y otros muchos edificios que arruinó; pueblos que hundió; notables manantiales de agua que cegó, dejó rompidas y divididas muchas sierras con grandes y profundas barrancas y aberturas y produjo un espantoso ruido por nueve días continuados" Y como si el de 1567 hubiera sido poco, en 1575 Michoacán fue sacudido por otro temblor también acompañado de retumbos, caída de casas y muerte de hombres. Como quiera, una gran mortandad de indios fue debida a las epidemias, a la llegada, junto con los españoles, de enfermedades contra las que los aborígenes no estaban inmunizados. Con los conquistadores vino la viruela, que produjo grandes y mortíferas pestes en 1520, 1531 y 1545. En 1531 fue también la gran epidemia de sarampión. Se atribuyen a la fiebre tifoidea las dos máximas mortandades del siglo XVI, la de 1545 y la de 1576. Dícese que se vio un cometa muy grande el mes de abril de 1576 y el 3 de agosto hubo un eclipse que volvió el día noche, y luego se experimentó una gran peste de la que murieron numerosos indios. Al parecer, la enfermedad comenzó en el centro de la Nueva España. Aquí desde la entrada de la primavera, comenzaron a sentir los naturales fuertes dolores de cabeza, calentura, una perpetua inquietud y flujo de sangre. Las sangrías y demás auxilios del arte de curar nada aprovechaban. El número de muertos en toda la extensión de la Nueva España fue de dos millones. En tierras michoacanas quizá murieron doscientas mil personas. Según refiere el padre Cavo, los españoles que habían ido a Europa y volvieron acá al fin de 1577, quedaron maravillados al ver desiertas ciudades que dejaron tan pobladas. Todo conspiró entonces contra la población nativa. Los microbios de enfermedades europeas encontraron para su desenvolvimiento un vasto campo sin defensas. La población aborigen no poseía anticuerpos contra los males de Europa. Tampoco, pese a una larga tradición de sismos, conocía la arquitectura antisísmica. Con suma facilidad los temblores le provocaban la muerte. Por otra parte, la pérdida de poder y de prestigio en los grupos dirigentes de la sociedad 60


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indígena prehispánica parece haber reducido la natalidad en esos grupos, incitado el aborto y aun conducido a la autodefunción. El descubrimiento de minas en las regiones de Mil Cumbres y Sierra Madre del Sur, o más concretamente en Tlalpujahua y Coalcomán, también se tradujo en disminución de gente, pues los nativos no estaban hechos para los trabajos rudos de la minería a la europea, de una minería a gran escala, de profundos socavones, no de vetas superficiales. Por último, el trabajo de las haciendas tampoco se llevó con sus modos tradicionales de vida.

Haciendas y comunidades En los primeros decenios del siglo XVII, algunos señores de ganados, a partir de las mercedes de tierras concedidas en el último tercio del siglo XVI, adquirieron grandes extensiones de terrenos labrantíos, pastizales y montes llamados haciendas. No todos los que recibieron en el siglo de la conquista caballerías de sembraduras y estancias de ganado mayor y menor, perduraron en actividades agropecuarias. Así, de miles de ranchos agrícolas y estancias ganaderas salieron centenares de latifundios situados en su mayoría en los valles próximos al Río Lerma, en la depresión del Balsas, en el Plan de Tierra Caliente y en la región de los declives desde Tacámbaro hasta Peribán. Unos pocos se dieron a la tarea de juntar para sí la propiedad de muchos. La mayoría de las veces las enormes haciendas resultantes eran regidas por señores que vivían en unas casas suntuosas, poseían buenos caballos y eran servidos por una nube de ayudantes. Quizá la mayoría de la disminuida población michoacana llegó a vivir en las haciendas, ya alrededor de la casa grande de la misma, ya aislada en rancherías y ranchos. Por lo común, los habitantes de los latifundios eran mestizos, mulatos y cambujos. En el siglo XVII no predominaban los peones o jornaleros; había, en cambio, muchos medieros y arrendatarios; es decir, gente que entregaba a cambio del usufructo de una parcela la mitad de lo cosechado (mediero) o que pagaba en sonante una cantidad anual por ella (arrendatario). Los campesinos, como peones, medieros o arrendatarios, cultivaban una mínima parte de la superficie de las haciendas con vegetales de aquí y 61


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traídos de España: maíz y trigo, alegría y caña de azúcar, frijol y haba, calabazas de la tierra y calabazas de Castilla, maguey y plátanos. También cuidaban bestias. Las vacas, las chivas y los caballos se servían de la mayor parte de la vasta extensión de la hacienda cerrada la mayoría de las veces sobre sí misma, con pocas relaciones comerciales dizque por lo malo de los caminos y la falta de compradores. Las comunidades indias ni querían ni podían comprar. A finales del siglo XVI se concluyó la obra de reunir a los indios en pueblos, en pueblecitos de una docena y hasta doce docenas de familias. Así se juntaron unas doscientas aldeas; las más en la Meseta Tarasca; todas regidas por las autoridades comunes y por los municipios indígenas. A estos pueblos se les dotó por regla general de algunas tierras que según su función recibían los nombres de propios, si eran para cubrir los gastos municipales; terrenos de cofradía, si se sacaba de allí lo referente al culto religioso; tierras de común repartimiento, si se rifaban para su cultivo y usufructo entre los varones del pueblo, y los ejidos destinados para usos comunes de la población. Los pueblos recibían generalmente el nombre genérico de comunidades indígenas, y el particular o propio constituido con el nombre de un santo y con el viejo del lugar. Así San Luis Nahuatzen, Santiago Tangamandapio, San Francisco Jiquilpan. También era común que las comunidades indígenas estuvieran divididas en dos, tres o cuatro barrios, cada uno con su culto propio aparte del común del pueblo. Los comuneros ordinariamente eran cultivadores de maíz, frijol, alegría, calabaza, maguey, chile y aguacate. Sólo esporádicamente condescendían con los cultivos de Europa. De los ganados españoles, en los pueblos tarascos sólo fueron recibidos el burro y las aves de corral. Tampoco todas las técnicas de labranza traídas del Viejo Mundo se arraigaron acá. Una que sí contó rápidamente con el favor de los naturales fue el arado egipcio. Cada familia se comía sus propias cosechas de maíz, frijol, calabaza y chile. Para intercambiar con otros, cada pueblo, conforme a una tradición de siglos y a la reorganización de Tata Vasco, mantuvo su propia artesanía: En cada pueblo había días de mercado a los que asistían los habitantes de los pueblos vecinos. En cada pueblo había también rumbosas fiestas que 62


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empobrecían al menos pobre del pueblo, el encargado de cargar con los gastos de la feria.

Ciudades y villas Durante el siglo XVII casi toda la escasa población michoacana era habitante de hacienda o de comunidad indígena, de núcleos de población que no pasaban de quinientos hogares, de ranchos, rancherías, cascos de haciendas y pueblos. La población rural era el 95% del conjunto de la población. La gente urbana vivía en dos ciudades: Valladolid y Pátzcuaro, y en un par de villas: Zitácuaro y Zamora. Ninguno de estos lugares albergaba más de doce mil personas. Entre todos, a comienzos del siglo XVIII, sumaban veinte mil habitantes. Poblaciones hoy tan populosas como Apatzingán, Uruapan y Zacapu entonces eran pequeños pueblos. La máxima congregación humana en territorio michoacano era Valladolid, ciudad vieja y suntuosa, pero no mayor que cualquier pueblo mediano de nuestros días. Valladolid (hoy Morelia) fue fundado en 1541 con 60 familias españolas y un nombre mal puesto. "Por la claridad del asiento debió haberse llamado Alcalá", decía don José Moreno Villa. Aunque desde 1545 tuvo el título de ciudad, comenzó a ser importante a partir de 1580, desde el momento que se quedan allí el obispo de Michoacán y el Colegio de San Nicolás que Quiroga había dejado bien establecidos en Pátzcuaro. Durante el siglo XVII o de la depresión, Valladolid siguió progresando lentamente. Para su conservación y aumento se gestionó en 1601 llevar a ella mil indios entresacados de muchos lugares de la provincia. Aunque desde 1555 se prohibió que Valladolid usara el nombre de ciudad de Michoacán, de hecho fue la única ciudad michoacana a todo lo largo del siglo XVII. Los franciscanos y los agustinos levantan allí sendos conventos. En 1640 se puso la primera piedra de una gran catedral. En 1660 se inauguraron templo y colegio de la Compañía de Jesús. En la primera mitad del siglo XVIII fue la construcción del seminario y de los conventos de las Capuchinas y Santa Rosa. En 1745 se estrenó la catedral de tres naves en sentido longitudinal y ocho en latitud y con dos torres que fueron, 63


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con las de Puebla, las más monumentales de cuantas se levantaron en América durante la época colonial. A mitad del siglo XVIII Valladolid ya era una de las ciudades con mejores edificios de toda América, pero con sólo doce mil habitantes, diez mil indios y dos mil españoles, mestizos y mulatos que vivían de servir en los negocios requeridos por la diócesis, la alcaldía mayor, los colegios y los conventos, y de pequeñas industrias. Según fray Diego de Basalenque, Pátzcuaro llegó a tener en tiempos de Quiroga treinta mil habitantes. Se le dio escudo de armas como ciudad de Michoacán en 1553. Todavía tan tarde como 1718 se declaró "por sentencia de vista y revista, ser capital y metrópoli de dicha provincia de Michoacán la referida ciudad de Pátzcuaro". Como quiera, ya para entonces se había quedado atrás de Valladolid en población y suntuosidad. El que se le haya quitado la sede episcopal en 1580 la aturdió no obstante haber conseguido colegio de jesuitas y otros privilegios: escuela de primeras letras "de niños indios y españoles que pasaban de 300"; la catedral proyectada con cinco enormes naves de la que sólo se construyó una. La villa de Zamora, otro de los pocos centros urbanos de Michoacán en los siglos XVII y XVIII, se fundó en 1574 con tres docenas de vecinos españoles. Al contrario de Valladolid, fue por muchos años una comunidad exclusivamente dedicada a labores agropecuarias: siembras de maíz y trigo en su magnífico valle cuando quedaba libre de aguas, y estancias de vacunos y equinos en los bordes montañosos. Aunque era sede de alcaldía mayor y de curato, pasaron doscientos años para que tuviera alguna importancia política y religiosa. En 1743, en la mera villa de Zamora sólo vivían trescientas familias, en su mayor parte de españoles. No tenía edificios dignos de nota fuera del templo de San Francisco. Zamora cumplió sus primeros 175 años con un reducidísimo número de habitantes. En vísperas de cumplir 200 años aún no tenía hombres ilustres de mayor estatura que la común de los ricos hacendados, los alcaldes valientes y los curas párrocos. Ya era gente muy devota, pero sin grandes edificios religiosos; rica, pero sin palacios ni hombres de negocios audaces; con media docena de jóvenes en planteles educativos de Valladolid; con 64


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dos enfermerías, una para los enfermos y otra para los convalescientes; rodeada de treinta y dos haciendas labrantías. En el segundo cuarto del siglo XVIII se produjeron algunos cambios importantes en la población. Hubo aumento de la gente que se notó sobre todo en villas y ciudades. La muy débil vida urbana de la centuria anterior se vio fortalecida, y con ello, el ejercicio de las artes y las letras barrocas, asunto de las lecturas siguientes.

Artes y letras En la poca vida urbana del siglo XVII y primera mitad del XVIII se refugió la exigua cultura superior de Michoacán. El colegio de Tiripetío se redujo casi a nada y la escuela de Artes de Yuriria (hoy en Guanajuato) al poco tiempo desapareció. El colegio femenino de Santa Rosa de Lima comenzó a funcionar a mediados del XVIII en Valladolid. Después del siglo de la conquista y antes del medio siglo de la "ilustración" la enseñanza profesional en tierras michoacanas sólo contó con el colegio de San Nicolás Obispo, administrado por los jesuitas desde 1573, y con el colegio propiamente jesuítico, ambos en Valladolid, ninguno comparable a los de México, Puebla y Guadalajara, ninguno muy poblado o con profesores de primera línea, como los hubo en tiempos de Tata Vasco y fray Alonso de la Veracruz. La era barroca, como se llama la que nos ocupa, no fue muy brillante en lo que ahora es Michoacán. En las listas de construcciones barrocas, comparecen muy pocos edificios michoacanos: catedral del XVIII; los templos tardíos de las Rosas y San José, y los colegios, también de la segunda mitad del XVIII, de los jesuitas y del Seminario Tridentino. Tampoco las esculturas del barroco, con sus profesiones de oro y plata, dejaron maravillas en Michoacán. La excepción son dos templos de Valladolid (Las Rosas y Capuchinas, famosos por sus retablos churriguerescos) y la parroquia de Tlalpujahua. La más notable de la escultura de la época son los cristos de caña, hechos de pasta de troncos de maíz y de hojas de una orquídea. Desafortunadamente desapareció el viejo arte plumario de los tarascos. 65


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Más que las artes plásticas florecieron las literarias y las oratorias. En una época tan profundamente religiosa no es difícil hallar célebres picos de oro como el sacerdote Pablo Salceda, que suspendía sus peroratas por las frecuentes y estruendosas aclamaciones de sus oyentes, o Ignacio Javier Hidalgo, hábil en sermones morales, o Antonio García Castrillón, especialista en elogios para los difuntos, como el que dijo a la muerte del marqués de la Villa del Villar del Águila. Precisamente por lo religioso de la era barroca no abundan, por no decir que no existen, los hombres de ciencia. Tampoco hay exceso de filósofos. Ni Diego Basalenque, ni Antonio Quiñones, ni Juan de Guevara, ni Cristóbal Escobar, autores de obras filosóficas, cubren el desierto filosófico de la época. Todos ellos fueron más ilustres por los puestos desempeñados (rectorías y prioratos) que por sus libros de filosofía o de teología. Fray Diego de Basalenque se salvó para la posteridad por su compleja Historia de la provincia de San Nicolás de Tolentino, que no logró sustituir la Americana Thebaida de fray Matías de Escobar, ni la Crónica del también agustino Manuel González de la Paz. A Diego Muñoz, primer cronista franciscano de Michoacán, lo siguieron Alonso de Larrea, Isidro Félix de Espinosa y Pablo de la Purísima Concepción Beaumont. Seguramente la historia fue la disciplina más cultivada, como lo prueban los libros ya citados y otros muchos que se podrían citar como los jesuíticos de Juan Sánchez Baquero y Francisco Ramírez y las biografías de mujeres (La Azucena de Michoacán, La Abeja de Michoacán, La Venerable Michoacana, etcétera) de Antonio Eugenio Ponce de León, y las de hombres, como la de Vasco de Quiroga, de Juan José Moreno. Hubo abundantes historiadores y poetas. Entre éstos el bachiller Francisco Bramón, quien aparte de escribir una novela pastoril (Los sirgueros de la Virgen) produjo 25 poemas; Pedro de Trejo, autor de coplas; fray Juan de la Anunciación; el doctor José de Mora, deán de la catedral de Valladolid, conocido por una Vida de Santa Gertrudis; el presbítero José Tello Guzmán, cura de Zamora, dado a los Elogios sepulcrales, y el menos fecundo, más memorizado, y si no fuer por Sor Juana Inés de la Cruz, el más grande versificador de la edad barroca, fray Miguel de Guevara, quien merece capítulo aparte. 66


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Guevara Fray Miguel de Guevara probablemente nació en 1585 en Michoacán. Hablaba el tarasco, así como el nahua y el matlalzingo. Seguramente perteneció a la orden de San Agustín y a la provincia michoacana de esa orden. Fue prior de los conventos agustinos de Charo, en la Región Central, y de Pátzcuaro, en la Meseta Tarasco. Escribió, entre otros, un Arte doctrinal y modo para aprender la lengua matlalzinga para administración de los santos sacramentos. En esta obra, Fuevara incluye cuatro sonetos célebres, uno de los cuales es tenido como el mejor soneto de las letras mexicanas. De él dice Alfonso Reyes: "Basta y sobra para el renombre de Guevara —si al fin es suyo— aquel 'No me mueve mi Dios para', que ha sido adjudicado a San Francisco Javier, Santa Teresa, San Ignacio o Fray Pedro de los Reyes, traducido al alemán, al inglés, parafraseado en hexámetros, comprimido en décimas, glosado, imitado, alabado siempre, verdadera joya de antología y sin disputa una manifestación excelsa de la lírica religiosa". Del máximo poeta lírico de Michoacán, del único poeta de los tiempos barrocos comparable a Sor Juana Inés de la Cruz, conviene conocer su producción completa, sus 56 versos, repartidos en cuatro composiciones de 14 versos cada una, que son las siguientes: I No me mueve, mi Dios, para quererte, el cielo que me tienes prometido; ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido; muéveme el ver tu cuerpo tan herido; muévenme tus afrentas y tu muerte. Muéveme, en fin, tu amor, en tal manera que aunque no hubiera cielo, yo te amara, 67


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aunque no hubiera infierno, te temiera. No tienes que me dar porque te quiera; porque aunque cuanto espero no esperara lo mismo que te quiero te quisiera. II Levántame, Señor, que estoy caído, sin amor, sin temor, sin fe, sin miedo; quiérome levantar, y estoyme quedo; yo propio lo deseo y yo lo impido. Estoy, siendo uno solo, dividido; a un tiempo muero y vivo, triste y ledo; lo que puedo hacer, eso no puedo; huyo del mal y estoy en él metido. Tan obstinado estoy en mi porfía que el temor de perderme y de perderte jamás de mi mal uso me desvía. Tu poder y bondad truequen mi suerte; que en otros veo enmiendo cada día y en mí nuevos deseos de ofenderte. III Poner al Hijo en cruz abierto el seno, sacrificarlo porque yo me muera, prueba es, mi Dios, de amor muy verdadera, mostraros para mí de amor tan lleno. Que —a ser yo Dios, y Vos hombre terreno— os diera el ser de Dios que yo tuviera y en el que tengo de hombre me pusiera a trueque de gozar de un Dios tan bueno. 68


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Y aún no era vuestro amor recompensado, pues a mí en excelencia me habéis hecho Dios, y a Dios al ser de hombre habéis bajado. Deudor quedaré siempre por derecho de la deuda que en cruz por mí ha pagado el Hijo por dejaros satisfecho. IV Pídeme e mí mismo el tiempo cuenta; si a darla voy, la cuenta pide tiempo; que quien gastó sin cuenta tanto tiempo ¿cómo dará, sin tiempo, tanta cuenta? Tomar no quiero el tiempo tiempo en cuenta, porque la cuenta no se hizo en tiempo; que el tiempo recibiera en cuenta tiempo si en la cuenta del tiempo hubiera cuenta. ¿Qué cuenta ha de bastar a tanto tiempo? ¿Qué tiempo ha de bastar a tanto cuento? Que quien sin cuenta vive, está sin tiempo. Estoy sin tener tiempo y sin dar cuenta, sabiendo que he de dar cuenta del tiempo y ha de llegar el tiempo de la cuenta.

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4 Michoacán en la Independencia de México

Sumario Gamarra y los errores del entendimiento Crisis agrícolas y remedio urbano Las luces de la razón Razones de la inconformidad Conspiración de Valladolid Del grito de Dolores a la Junta de Zitácuaro Morelos, el siervo de la nación Sentimientos de la nación La Carta Magna de Apatzingán Otro michoacano que ayuda a consumar la Independencia

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Gamarra y los errores del entendimiento

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BENITO DÍAZ de Gamarra y Dávalos, el primer hombre de estatura nacional oriundo del Bajío Zamorano, nació en la villa de Zamora en 1745. Su padre, hombre de posibilidades, lo mandó a estudiar a San Ildefonso de México, donde los jesuitas les proponían a sus alumnos investigar minuciosamente todas las cosas, descifrar los enigmas, distinguir lo cierto de lo dudoso y despreciar los inveterados prejuicios de los hombres. El mismo año de la expulsión de los jesuitas, Gamarra partió a Madrid y a Roma con el propósito de obtener documentos reales y pontificios para diversas fundaciones de los felipenses o Congregación del Oratorio, a la que se había incorporado un poco antes. El felipense también aprovechó el viaje a Europa para conocer a los líderes del modernismo o ilustración, escudriñar en las más surtidas bibliotecas del Viejo Mundo, inquirir sobre las últimas invenciones técnicas, ponerse al día en las ramas más útiles de las ciencias, obtener un doctorado en cánones por la Universidad de Pisa, saturar su mente de proyectos de renovación para la Nueva España y sobre todo para su provincia mayor de Michoacán, y traer de Europa libros novedosos e instrumental científico de inmediata aplicación a las necesidades de su patria. A su regreso de los países latinos de Europa se dedicó por entero a la instrucción de la juventud y a la composición de sus obras en el colegio de San Miguel el Grande, en una villa entonces de Michoacán y hoy de Guanajuato. Todavía más, apenas de regreso de un Viejo Mundo que se remozaba rápidamente, se le hizo catedrático y rector del Colegio de San Francisco de Sales, donde, según cuenta Germán Cardozo, las enseñanzas y actitudes del novel maestro sacudieron de raíz las mentes de los jóvenes estudiantes; pero despertaron, también, el recelo y la envidia entre los miembros antiguos del Oratorio. Como quiera, obtuvo la ayuda del obispo de Michoacán y una recomendación del mismo para su obra: Elementos de filosofía moderna, escrito para la juventud que se acercaba por primera vez al estudio de la filosofía. Los Elementos fueron escritos para difundir una corriente de pensamiento en la que buscamos la sabiduría sólo con la razón y dirigimos la razón con los experimentos y UAN

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observaciones de los sentidos, la conciencia íntima, el raciocinio y con la autoridad acerca de aquellas cosas que no queden saberse por otro camino. Gamarra, con su libro, sembró una fecunda semilla para la transformación de la mentalidad mexicana; puso el primer explosivo a muchas ideas inútiles acarreadas por la tradición; se convirtió en el padre espiritual de una patria de la que serían posteriormente padres políticos Hidalgo y Morelos. El filósofo michoacano Benito Díaz de Gamarra escribió otros dos libros muy importantes: Academias filosóficas y Errores del entendimiento humano. En la primera hace reflexiones útiles sobre la física, la electricidad y la óptica. La segunda contiene una crítica de prejuicios, conductas, costumbres y modas practicadas por los mexicanos. Esta es la obra de un educador que quiere hacerse oír de un público amplio, que pretende el bienestar social de las mayorías, que le reprocha al régimen español el anacronismo e ineficacia de su régimen pedagógico. No puede negarse a Gamarra la gloria de haber sido el primero de nuestros compatriotas que se atrevió a combatir el antiguo método dándonos una filosofía acomodada al gusto de las naciones más cultas de la tierra. El libro de los Errores, es, según Samuel Ramos, el primer ensayo filosófico que se aplica a la interpretación y al servicio de nuestra circunstancia. Con justicia Nicolás Rangel lo consideró uno de los precursores ideológicos de la independencia de México. No pudo vivir los días de la lucha por la independencia porque murió en 1783, antes de cumplir cuarenta años de edad.

Crisis agrícola y remedio urbano Desde 1760, aunque con lentitud, Michoacán progresaba en todos los órdenes. La población iba en aumento pese a las epidemias de matlalzáhuatl de 1760-1762 y de 1772-1773. Ese aumento se debe en parte a la venida desde el norte de España (Vasconia, Asturias, Santander y Galicia) de numerosos inmigrantes o colonos a Michoacán y Jalisco. Junto con la población, aunque a menor ritmo, crecía la producción. La primera en crecer fue la minería. Luego vino el auge mercantil sobre todo desde que en 1778 se concedió libertad a 72


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todos los puertos y comerciantes americanos para realizar sus transacciones con España. Azuzadas por el crecimiento de la gente, de las minas, de los intercambios mercantiles y de la manufactura, las labores agrícolas experimentaron un desarrollo nunca visto principalmente en las regiones abajeñas de Zamora y de Valladolid. Pero en plena marcha ascendente tuvo lugar la más ruda de las crisis agrícolas de la Nueva España, una crisis que Germán Cardozo refiere así: En el año de 1785 las lluvias se retrasaron en toda la Nueva España, y aunque finalmente llovió en abundancia en los meses de julio y agosto, en septiembre se experimentaron rigurosas heladas y escarchas que arruinaron del todo la mayor parte de las sementeras, especialmente de maíces. El 11 de octubre el virrey conde de Gálvez publicó un bando en el que determinaba lo que se habría de hacer para enfrentar la crisis: 1) Las autoridades locales demandarían de todos los hacendados la presentación de una relación jurada y exacta de los maíces y demás semillas que tuviesen en existencia. 2) Se prohibía la extracción y venta de granos para fuera de las distintas jurisdicciones, menos para México y reales de minas. 3) Se promovería en las tierras de riego siembras extraordinarias de maíz y otras semillas. 4) Se trataría de impedir la movilización, especialmente de indios, de unos pueblos a otros. Antes de que se hicieran públicas las ordenanzas del virrey de Gálvez, en Michoacán ya habían sido tomadas varias providencias para prevenir un desenlace fatal de la inminente crisis. El 1º. De octubre de 1785 el obispo fray Antonio de San Miguel dirigió al cabildo de la catedral una breve carta en la que se comunicaba cómo, habiéndosele informado que el colector de diezmos de Valladolid habilitaba cuantas recuas venían de fuera por maíz, le había pasado recado político para que hasta nueva orden no despachase carga alguna fuera de la ciudad por cuanto dicha extracción podía ocasionar escasez de grano; en la misma, pedía a los señores capitulares que discutiesen en sus sesiones qué arbitrios podían conducir a aliviar las graves necesidades. Por su parte el obispo de Michoacán prestaría cuarenta mil pesos a los agricultores de Tierra Caliente para que sin 73


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demora emprendiesen la siembra de maíz de riego; el empréstito se haría por un año y libre de intereses. Como las siembras de maíz de regadío no obtendrían su fruto hasta febrero o marzo, y ya a mediados de octubre de 1785 la fanega de maíz, que se compraba normalmente en la alhóndiga a 12 o 14 reales, costaba 24 reales… El 21 de octubre de 1785, fray Antonio de San Miguel dirigió al Ayuntamiento de Valladolid un oficio en el que le comunicaba su determinación de financiar la reconstrucción del acueducto de la ciudad y la composición de la calzada y calles principales, pues consideraba que el verdadero y discreto modo de repartir limosna, con destierro de la ociosidad y vagabundería, es proyectar obras en que toda clase de gente pobre, con inclusión de los muchachos de ocho años para arriba, se ocupen y ganen el correspondiente jornal con que a lo menos aseguren su alimento. Al día siguiente el obispo San Miguel exhortó a las personas acaudaladas de la diócesis a franquear y proporcionar a los pobres, especialmente a los indios, todos los arbitrios conducentes a que tengan que trabajar para ganar y asegurar su sustento, bien sea en obras públicas o privadas, en manufacturas comunes de hilados, tejidos o en cualquiera otro arte u oficio, y en toda clase de laborío de campo y composición de templos, casas, calles y caminos. Dentro de esta interpretación ilustrada de la caridad cristiana, limosna era proporcionar al campesino los medios económicos y la instrucción teórica necesaria para que pusiera en práctica técnicas de cultivo (como la del maíz de riego) que lo salvaran del hambre en los períodos de crisis; la limosna no se hacía dando dinero sino creando fuentes de trabajo donde éste se ganara; la limosna no consistía ya en proporcionar el sustento al pobre, sino en enseñarle cómo aprovechar sus escasos recursos para subsistir.

Las luces de la razón En el último cuarto del siglo XVIII, además de las ya dichas, hubo otras mudanzas o cambios: ensayo de nuevos cultivos como el café; promoción de la actividad minera; aumento notorio de artículos de exportación e importación; manufactura de algunos productos antes 74


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traídos de fuera; aumento de mestizos y mulatos frente a criollos, indios y negros; adopción de saraos, fiestas campestres, billares, cafés y otras costumbres francesas; multiplicación de los regocijos públicos y de la práctica de la embriaguez; establecimiento del régimen de intendencias y subdelegaciones; reforma de la educación en el sentido de hacerla práctica y general; acogida cariñosa a la ciencia empírica; rechazo del arte barroco y bienvenida al arte de la antigüedad clásica; aparición de sentimientos nacionalistas en el corazón de los criollos. Fue especialmente significativo el progreso de minas y manufacturas, la reorganización administrativa, la apertura de escuelas, la llegada del arte neoclásico y el nacionalismo. Los reales de minas de Angangueo, Tlalpujahua y Zitácuaro, en la Región de Mil Cumbres, crecieron notablemente su producción de oro y plata. También las minas de cobre de Inguarán aumentaron su fama y contribuyeron al desarrollo de una industria artesanal. A finales del siglo XVIII, la guerra entre españoles e ingleses frenó la entrada de artículos extranjeros a territorio mexicano y la salida de capitales. Gracias a las barreras involuntarias opuestas a la importación se dio la oportunidad de producir en Nueva España muchos artículos antes importados. En Michoacán se desarrollaron notablemente las industrias textil, alimenticia y metalúrgica. En los últimos cinco años del siglo XVIII se abrieron 295 nuevos talleres de hilados y tejidos en la jurisdicción michoacana. También creció el número de molinos de trigo, de trapiches productores de piloncillo y panocha; aquéllos, en los Valles de Zamora, y éstos en la Ladera Sur del Eje Volcánico, en Uruapan y Taretan. Los progresos de mejoría en agricultura, comercio e industria se debieron en gran parte a la reforma político administrativa consistente en la formación de un ejército, el establecimiento de organismos adicionales de gobierno provincial y en el reajuste del fisco. Durante el virreinato del marqués de Croix se estableció el primer ejército permanente en la Nueva España con oficiales de varios países de Europa, quienes hicieron cambiar mucho las costumbres de ciudades como Valladolid y de villas como Zamora. El establecimiento de un régimen provincial que suprimía los alcaldes mayores por considerarlos ruinosa plaga de más de 150 hombres corruptos se ajustó a la Real Ordenanza para el establecimiento e 75


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instrucción de intendentes del ejército y provincia en el reino de la Nueva España. A partir de 1787 se establecieron las intendencias de México, Puebla, Veracruz, Oaxaca, Valladolid, Guanajuato, San Luis Potosí, Guadalajara, Zacatecas, Arizpe, Mérida y Durango. La intendencia de Valladolid abarcó poco más de lo que es hoy el Estado de Michoacán y se subdividió en diez subdelegaciones. En los pueblos de españoles y mestizos sobrevivió la institución del municipio. Los indios también mantuvieron el "derecho y antigua costumbre de elegir sus gobernadores, alcaldes y demás oficios de la república". El primer intendente de Valladolid o Michoacán fue Juan Antonio de Riaño, que trató de cumplir al pie de la letra con sus funciones consistentes en hacer mapas topográficos; informar sobre temperaturas, suelos, producciones naturales, montes, prados, hondonadas, dehesas, ríos, zanjas, puentes, molinos, carreteras y astilleros; extender el cultivo de la grana, del cáñamo y del lino; procurar el mejor aprovechamiento del agua en beneficio de la agricultura, la ganadería, los bosques, la industria y el comercio; promover obras públicas y carreteras; contribuir al arreglo de ciudades, villas y aldeas; averiguar inclinaciones, vida y costumbres de los vecinos y moradores para corregir y castigar a los ociosos y mal entretenidos. En cuanto a cultura, lo característico de la época de las luces fue la apertura de escuelas primarias en ciudades, villas y pueblos; el apoyo a los investigadores de la naturaleza; la erección de templos y palacios de fachadas sobrias, neoclásicas, sin rebuscamientos barrocos; la construcción de caminos, de puentes y del acueducto de Valladolid con 253 grandiosos arcos de cantería labrada, y la difusión, en las villas y ciudades de Michoacán, de la poesía neoclásica. El mayor poeta neoclásico fue Manuel Martínez de Navarrete, oriundo de Zamora, autor de: Hay un ojito alegre de agua pura manando el humor de algún río que corre subterráneo y un no sé qué respira de ensueños y encantos. 76


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Razones de la inconformidad La actividad progresista del gobierno y de los intelectuales del último tercio del siglo XVIII no pudo resolver algunos de los problemas mayores de la sociedad michoacana. En el penúltimo año del siglo, en 1799, el obispo de Michoacán envió al rey un informe sobre las sombras que oscurecían su obispado. El obispo, por la pluma de Manuel Abad, dijo lo siguiente: Los españoles comprenderán un décimo del total de la población, y ellos solos tienen casi toda la propiedad y riqueza del reino. Las otras dos clases que componen los nueve décimos, se pueden dividir en dos tercios, los dos de castas y uno de indios sin mezcla. Indios y castas se ocupan en los servicios domésticos, en los trabajos de la agricultura y en los ministerios ordinarios del comercio y de las artes y oficios. Es decir, que son criados, sirvientes y jornaleros de la primera clase. Por consiguiente, resulta entre ellos y la primera clase aquella oposición de intereses y afectos que es regular en los que nada tienen y los que lo tienen todo, entre los dependientes y los señores. La envidia, el robo, el mal servicio de parte de unos; el desprecio, la usura, la dureza de parte de los otros… suben a muy alto grado, porque no hay gradaciones o medianías: todos son ricos o miserables, nobles o infames. Las dos clases de indios y castas se hallan en el mayor abatimiento y degradación. El color, la ignorancia y la miseria de los indios los colocan a una distancia infinita del español. El favor de las leyes en esta parte les aprovecha poco, y en todas las demás les daña mucho. No tiene propiedad individual. La de sus comunidades debe ser para ellos una carga tanto más odiosa cuanto más ha ido creciendo de día en día la dificultad de aprovecharse de sus productos en las necesidades urgentes por la nueva fórmula de manejo que estableció el código de intendencias… Separados por la ley de la cohabitación y enlace con las otras castas, se hallan privados de las luces y auxilios que debían recibir por la comunicación y trato con ellas y con las demás gentes. Aislados por su idioma y su gobierno, el más inútil y tirano, se perpetúan en sus costumbres, usos y supersticiones groseras que procuran mantener misteriosamente en cada pueblo ocho o diez indios viejos que viven ociosos a expensas del sudor de los 77


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otros. Inhabilitados por la ley para hacer un contrato subsistente, de empeñarse en más de cinco pesos, y en una palabra, de tratar y contratar, es imposible que adelanten en su instrucción, que mejoren su fortuna, ni den un paso adelante para levantarse de su miseria. Los negros mulatos, como los indios, son tributarios y el tributo viene a ser para ellos una marca indeleble de esclavitud que no pueden borrar con el tiempo ni la mezcla de las razas en las generaciones sucesivas. Hay muchos mulatos que por su color, fisonomía y conducto se elevarían a la clase de españoles si no fuese por este impedimento por lo cual se quedan abatidos en la misma clase. Ella está, pues, infamada por derecho, es pobre y dependiente, no tiene educación conveniente. En estas circunstancias debe estar abatida de ánimo y dejarse arrastrar de las pasiones, bastante fuertes en su temperamento fogoso y robusto. Delinque, pues, con exceso. Pero es maravilla que no delinca mucho más. Se trató de remediar los abusos de los alcaldes mayores por los subdelegados, a quienes se inhibió rigurosamente todo comercio. Pero como no se les asignó dotación alguna, el remedio resultó infinitamente más dañoso que el mal mismo. Si se atienen a los derechos arancelarios entre gentes miserables que sólo contienden sobre crímenes, perecen necesariamente de hambre. Por necesidad deben prostituir sus empleos, estafar a los pobres y comerciar con los delitos. Por la misma razón se dificulta hasta lo extremo a los intendentes encontrar sujetos idóneos para estos empleos. Los pretenden, pues, solamente los fallidos, o aquellos que por su conducta y su talento no hallan medios de subsistir en las demás carreras de la sociedad. Todos los grupos sociales, con excepción del pequeño formado por los españoles venidos de España, tenían mucho de qué quejarse. Incluso los españoles nacidos en la Nueva España, a quien es se llamaba criollos, sufrían humillaciones sin fin, no podían pretender puestos de mando de alguna importancia, estaban excluidos del gran comercio y eran mirados como el pardear por los peninsulares. Los criollos, que se consideraban altamente merecedores, eran los más disgustados con la situación imperante.

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Conspiración de Valladolid Los criollos de la Nueva España que comenzaron desde finales del siglo XVIII a manifestar inconformidad contra los españoles venidos de la vieja España en plan de gobernantes y mercaderes, no perdieron de vista los males de ese régimen. Además, fueron iluminados por las ideas de los liberales europeos y de los independentistas norteamericanos. Por todo México circularon las tesis de que España impedía el desarrollo de la Nueva España y de que ésta tenía dentro de sí misma todos los recursos y facultades para el sustento, conservación y felicidad de sus habitantes y por lo mismo no debía depender de la madre patria, pues era capaz de vivir totalmente separado de ella. Según los criollos, una sociedad, como la de México o Nueva España, en aptitud de valerse por sí misma estaba autorizada por naturaleza para separarse de su metrópoli, máxime si el gobierno metropolitano era incompatible con el bien general de México y aun opresor de éste. Decidida por los criollos la obra de la independencia, sólo faltaba el momento oportuno para hacerla. La oportunidad la dio Napoleón, el poderoso monarca de los franceses, al invadir la península ibérica en 1808. Los criollos se encontraron ante un hecho sin precedentes: no tenían autoridad legítima. Entonces los munícipes criollos de la ciudad de México declararon que por ausencia del rey legítimo, la autoridad recaía en el pueblo y procedieron a reunir una junta representativa de la población de la Nueva España para gobernar a ésta sin sumisión a ninguna autoridad española. La junta no pudo reunirse por haberla impedido los españoles residentes en México. A la vista del fracaso, algunos patriotas, casi todos de Michoacán, decidieron conquistar la independencia a mano armada. Los criollos independentistas se dieron a preparar la rebelión en juntas secretas o conspiraciones. La más importante de esas juntas fue la conspiración de Valladolid, en la Región Central de Michoacán. Los conspiradores comenzaron a juntarse en la metrópoli michoacana por abril de 1809. Allí conspiraban contra el rey, don José María García de obeso, cariñosamente llamado don Chema, capitán del Regimiento de Infantería de Valladolid; don Mariano Michelena, alférez del Regimiento de la Corona; don Mariano Quevedo, alférez 79


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del Regimiento de Nueva España; don Ignacio Allende, don Juan B. Guerra y otros mílites que se sentían llamados a derrumbar, con la ayuda del pueblo, al régimen español. Otros cómplices de Valladolid eran algunos políticos de no mucho poder como el cacique indio don Pedro Rosales, y los abogados Nicolás Michelena, José Antonio Saldaña y José María Izazaga. Entre los más enardecidos conspiradores se distinguían dos clérigos: Manuel Ruiz de Chávez, cura de Huango, y Vicente de Santa María, de la orden de San Francisco. El plan de los conjurados consistía en desconocer las autoridades españolas, reunir una Junta Nacional con representantes de todas las provincias que asumiría el gobierno de la Nueva España, formar un ejército bien pagado para sostener la Junta gobernadora, "y en cuanto a lo demás de gobierno, se quitarían los tributos y cajas de comunidad. Seguramente el principal responsable del proyecto revolucionario era el padre Santa María, miembro del grupo ilustrado o renovador de la sociedad mexicana. Como quiera, no se puede decir casi nada acerca del célebre plan de Valladolid, porque fue destruido por Michelena la víspera de su prisión y quien sólo diría más tarde: Fueron los europeos los primeros que nos hicieron comprender la posibilidad de la independencia y nuestro poder para sostenerla. El 21 de diciembre, a las siete de la noche, el intendente Terán recibió denuncias que aseguraban que habría una sublevación esa noche. Enseguida el intendente dispuso la aprehensión del capitán García, los dos Michelenas y el subdelegado Abarca. A la llegada de los presos al cementerio del Carmen, el Lic. Soto Saldaña arengó a la gente allí reunida con estas palabras: "Señores, ¿qué hacemos aquí? ¡Ahora es tiempo de coger las armas! ¡Vamos a acabar con Lejarza alborotando a la plebe" que si no, él acaba con nosotros esta noche". Sin embargo, el grito de Soto Saldaña no cayó en tierra fértil, nadie le hizo caso. El grito de Valladolid no tuvo eco mientras el grito de Dolores, que vamos a referir, arremolinó a miles de mexicanos alrededor de un cura que si no era oriundo, sí se había hecho en Michoacán.

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Del grito de Dolores a la Junta de Zitácuaro El padre Miguel Hidalgo, ex alumno y ex rector del Seminario de Valladolid, llamó a misa dominical a los vecinos del pueblo de Dolores en la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Terminada la misa invitó a los que acudieron a ella a levantarse en armas contra el mal gobierno de los españoles. Muchos aceptaron la invitación. Los que no tenían armas de fuego, agarraron honda, cuchillo, machete, o en el peor de los casos, un garrote, las trancas de la puerta, cualquier arma cortante o contundente, y se fueron tras el párroco. En Atotonilco, una casa de ejercicios próxima a Dolores, tomaron como bandera un estandarte de la Virgen de Guadalupe. En los pueblos y villas del Bajío de Guanajuato se les juntó muchísima gente, miles de seguidores, en su gran mayoría rancheros. Con unos cincuenta mil hombres mal armados, el padre Hidalgo amagó a Guanajuato, la segunda ciudad de la Nueva España. Las autoridades de ésta no se atrevieron a enfrentar a las chusmas hidalguenses y se encerraron en la alhóndiga de Granaditas, una casa granero que fue acometida y ocupada por los insurgentes. De Guanajuato, el padre de Dolores se encaminó a Valladolid, donde abolió la esclavitud y el tributo. Según el virrey Venegas había sido el origen de la revolución contra España y el constante foco de ella. De hecho, los dos bajíos de Michoacán y la región de Mil Cumbres dieron desde el principio muchas partidas de insurgentes. En el Bajío Zamorano, enseguida del cura de Colores, se levantaron los cabecillas rancheros Toribio Huidobro, José Antonio Torres, José María Vargas, el Cojo Andrade, Pedro Rosas, y Luis Macías; los curas Marcos Castellanos y José Antonio Macías y algunos gobernadores de indios como Antonio Jacinto, José Santa Ana y Juan Chango. También en el Bajío de Valladolid hubo desde los comienzos mucha gente entusiasmada con la independencia. Por eso la ciudad de Valladolid no resistió a la muchedumbre comandada por el cura de Dolores. Hidalgo estuvo en Valladolid sólo un par de días, los suficientes para escoger algunas cajas de caudales y poner la intendencia en manos de su amigo José María Ansorena. El cura Hidalgo salió de Michoacán con ochenta mil hombres que enfrentaron con éxito a las tropas virreinales en las Cruces, sitio 81


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próximo a la capital. Hidalgo estuvo a punto de tomar la metrópoli de la Nueva España. Poco después rumbo a Querétaro en San Jerónimo Aculco, sufrió terrible derrota. Después de Aculco, el cura insurgente regresó a Valladolid donde hizo fusilar unos cien españoles. Luego enderezó hacia Zamora y por último a Guadalajara, la capital de la Nueva Galicia que había tomado el insurgente José Antonio Torres. En Guadalajara, el cura en jefe de la insurgencia volvió a suprimir los tributos y la esclavitud, mató gachupines y organizó el primer gobierno de un México libre, pero en Puente de Calderón, cerca de Guadalajara, sufrió una derrota rotunda que lo hizo pensar en irse en busca de pertrechos a Estados Unidos de América. Iba hacia allá cuando le pasó la jefatura insurgente a don Ignacio López Rayón, ilustre michoacano del rumbo de Tlalpujahua, de la región de Mil Cumbres. El jefe Rayón hizo una penosa caminata desde Saltillo hasta su tierra el Bajío Zamorano, a donde llegó, para organizar su ejército, por junio de 1811. Mientras él se organizaba, era aprehendido el padre Hidalgo en Acatita y muerto en Chihuahua el 30 de julio de 1811. Muchos michoacanos andaban en pie de lucha, además de los ya citados, combatían con los cabecillas Benedicto López en el rumbo de Zitácuaro y Manuel Muñiz por Tacámbaro. De hecho, la zona de Mil Cumbres había sido totalmente dominada por los insurgentes y allá se fue a sentar sus reales el nuevo jefe supremo de la insurgencia, don Ignacio López Rayón. En Zitácuaro, el sucesor del cura de Dolores convocó a una Junta Suprema que "organizara los ejércitos, protegiera la justa causa y libertara a la patria de la opresión y yugo que había sufrido por espacio de tres siglos". La Suprema Junta Nacional Americana se integró con Ignacio López como presidente y el capitán José María Liceaga y el cura Sixto Verduzco como vocales. El presidente elaboró unos Puntos o Elementos Constitucionales", y uno de sus colaboradores, el doctor Cos lanzó el periódico Ilustrador Americano. En ésas, a comienzos de 1812, Zitácuaro, defendida por 20,000 insurgentes, sufre el ataque de los ejércitos realistas comandados por Calleja, y después de una resistencia heroica, sucumbe. La antorcha de la independencia la toma entonces otro michoacano, el cura de Carácuaro y Nocupétaro: Don José María Morelos y Pavón. 82


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Morelos, el siervo de la Nación Ignacio López Rayón, pese a sus títulos y a su valía y no obstante haber sido electo para suceder a Hidalgo en la jefatura del ejército insurgente, nunca fue tan popular como el cura de Dolores. En lugar de ganarlos, perdía adeptos; al revés de Morelos, un cura que bien pronto llegó a conseguir el mismo arrastre que el de Dolores. Desde el famoso sitio de Cuautla en 1813, José María Morelos y Pavón fue acatado como jefe supremo de todas las partidas revolucionarias. Por algo se difundió aquella copla que dice: Por un cabo doy dos reales por un sargento un doblón por mi general Morelos doy todo mi corazón. La vida de Morelos se había iniciado en una carpintería de Valladolid, en un hogar de padre carpintero y de madre abnegada. Tuvo una niñez triste. En la adolescencia se fue a Tierra Caliente, donde estuvo once años a las órdenes del padre del futuro emperador de México, Agustín de Iturbide. Ya treintañero obtuvo la ordenación de sacerdote y un bachillerato en artes. Había sido seminarista formal y estudioso durante seis años en dos planteles de Valladolid: El Colegio de San Nicolás y el Seminario Tridentino. Salió de éste rumbo a Uruapan como ayudante de cura y para hacerse cargo de la escuela parroquial. Desde el paraíso de la Ladera Sur descendió a tierras de calor agobiante. Después de una breve estadía en Churumuco, fue a servir al curato de Carácuaro en el que permaneció por un decenio, hasta el día que colgó la sotana para seguir al cura de Dolores. En la Región Moreliana, José María Morelos recibió de Hidalgo la comisión de levantar en armas las tierras calientes de Michoacán. Ignorado y despreciado en un principio —escribe Lucas Alamán— fue creciendo en poder e importancia y levantándose como aquellas nubes tempestuosas, que naciendo en la parte del sur, cubren en breve una inmensa extensión de terreno. En poco tiempo, sus huestes recorrieron triunfantes las jurisdicciones de la capital, Puebla, Veracruz y Oaxaca. Una de sus mayores proezas militares ocurrió en 83


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Cuautla, donde rompió el sitio que le puso Félix María Calleja, el mílite máximo de los ejércitos del rey. Morelos pasó después a Huajuapan, Tehuacán, Chalchicomula, Orizaba y de allí a Oaxaca, donde se mantuvo dos meses y medio. Luego recibió el título de capitán general de la Junta de Zitácuaro y en tal carácter convocó al Congreso de Anáhuac, en vista de que la Junta andaba en desavenencias. Tras el sitio y toma de Acapulco, Morelos convocó a un Congreso Constituyente, formado por los representantes de las provincias, que se encargaría de remodelar la nación y su gobierno conforme a los principios y las normas que el propio Morelos propuso al congresista Andrés Quintana Roo del siguiente modo: "Siéntese usted y óigame, señor licenciado… Morelos se paseaba con su chaqueta blanca y su pañuelo en la cabeza; de repente se paró… y entonces, le expuso: "Soy siervo de la nación, porque ésta asume la más grande, legítima e inviolable de las soberanías; quiero que tenga un gobierno dimanado del pueblo y sostenido por el pueblo, que rompa todos los lazos que le sujetan, y acepte y considere a España como hermana y nunca más como dominadora de América. Quiero que hagamos la declaración que no hay otra nobleza que la de la virtud, el saber, el patriotismo y la caridad; que todos somos iguales, pues del mismo origen procedemos; que no haya privilegios ni abolengos; que no es racional, ni humano, ni debido que haya esclavos, pues el color de la cara no cambia el del corazón ni el del pensamiento; que se eduque a los hijos del labrador y del barretero como a los del rico hacendado; que todo el que se queje con justicia tenga un tribunal que lo escuche, lo ampare y lo defienda; que se declare que lo nuestro ya es nuestro y para nuestros hijos…". La sesión inaugural del Congreso se celebró el 14 de septiembre de 1813 en Chilpancingo. Morelos, ante numerosa concurrencia, pronuncia un discurso breve sobre la necesidad de la nación de tener un cuerpo de hombres sabios, amantes de su bien, que la rijan con leyes acertadas. Enseguida el secretario Juan Nepomuceno Rosáinz leyó un papel escrito por el señor Morelos que llevaba como título "Sentimientos de la Nación".

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Sentimientos de la Nación 1. Que la América es libre e independiente de España y de toda otra nación, gobierno o monarquía y que así se sancione dando al mundo las razones. 2. Que la religión católica sea la única sin tolerancia de otra. 3. Que todos sus ministros se sustenten de todos y solos los diezmos y primicias y el pueblo no tenga que pagar más obvenciones que las de su devoción y ofrenda. 4. Que el dogma sea sostenido por la jerarquía de la Iglesia, que son el Papa, los obispos y los curas, porque se debe arrancar toda planta que Dios no plantó. 5. Que la soberanía dimana inmediatamente del pueblo, el que sólo quiere depositarla en el supremo Congreso Nacional Americano, compuesto de representantes de las provincias en igualdad de números. 6. Que los poderes legislativo, ejecutivo y judicial estén divididos en los cuerpos compatibles para ejercerlos. 7. Que funcionarán cuatro años los vocales, turnándose, saliendo los más antiguos para que ocupen el lugar los nuevos electos. 8. La dotación de los vocales será una congrua suficiente y no superflua, y no pasará por ahora de 8,000 pesos. 9. Que los empleos sólo los americanos los obtengan. 10. Que no se admitan extranjeros si no son artesanos capaces de instruir y libres de toda sospecha. 11. Que los Estados mudan costumbres, y por consiguiente, la Patria no será del todo libre y nuestra, mientras no se reforme el gobierno, abatiendo el tiránico, sustituyendo el liberal, e igualmente echando fuera de nuestro suelo al enemigo español, que tanto se ha declarado contra nuestra Patria. 12. Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto. 85


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13. Que las leyes generales comprendan a todos, sin excepción de cuerpos privilegiados, y que éstos sólo lo sean en cuanto el uso de su ministerio. 14. Que para dictar una ley se haga junta de sabios en el número posible, para que proceda con más acierto y exonere de algunos cargos que pudieran resultarles. 15. Que la esclavitud se proscriba para siempre y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales y sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud. 16. Que nuestros puertos se franqueen a las naciones extranjeras amigas, pero que éstas no se internen al reino por más amigas que sean, y sólo habrá puertos señalados para el efecto, prohibiendo el desembarque en todos los demás, señalando el diez por ciento. 17. Que a cada uno se le guarden sus propiedades y respete en su casa como en un asilo sagrado, señalando penas a los infractores. 18. Que en la nueva legislación no se admita la tortura. 19. Que en la misma se establezca por Ley Constitucional la celebración del 12 de diciembre en todos los pueblos, dedicado a la patrona de nuestra libertad, María Santísima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos la devoción mensual. 20. Que las tropas extranjeras no pisen nuestro suelo y si fuere en ayuda, no estarán donde la Suprema Junta. 21. Que no se hagan expediciones fuera de los límites del reino, especialmente ultramarinas, pero se autorizan las que son para propagar la fe a nuestros hermanos de Tierradentro. 22. Que se quite la infinidad de tributos, pesos e imposiciones que nos agobian y se señale a cada individuo un cinco por ciento de semillas y demás efectos u otra carga igual, ligera, que no oprima tanto, como la alcabala, el estanco, el tributo y otros; pues con esta ligera contribución y la buena administración de los bienes confiscados al enemigo, podrá llevarse el peso de la guerra y honorarios de empleados. 23. Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de 86


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Independencia y nuestra Santa Libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se abrieron los labios de la nación para reclamar sus derechos y empuñó la espada para ser oída, recordando siempre el mérito del grande héroe, el señor don Miguel Hidalgo y su compañero don Ignacio Allende. Chilpancingo, 14 de septiembre de 1813. José María Morelos (rúbrica).

La Carta Magna de Apatzingán Conforme a las instrucciones de Morelos, los diputados asistentes a la sesión inaugural del Congreso de Anáhuac se ocuparon al otro día de dividir el poder legislativo del ejecutivo. Por acuerdo unánime de los congresistas se eligió al ex cura de Carácuaro para desempeñar las funciones de generalísimo de las tropas insurgentes y de máxima autoridad ejecutiva. El generalísimo se demoró varios días con los legisladores antes de salir en persecución de los ejércitos realistas. El tiempo no había pasado en balde. La demora de Morelos en actividades políticas permitió a Calleja organizar, disciplinar y equipar las tropas del rey. El Rayo del Sur, uno de los nombres que se le daban a Morelos, no pudo evitar una derrota en Valladolid la Nochebuena de 1813. Al desastre de Valladolid siguió el de Puruarán. Los realistas invadieron los breñales del Sur y los legisladores del Constituyente se dieron a la fuga, a un peregrinaje de ocho meses que comprendió muchos sitios, y muchas penas. Mientras corrían delante de las tropas del rey, los constituyentes redactaron la Constitución, la primera que había conocido México. Los diputados, en constante fuga, la aprobaron y decidieron ir a jurarla al pueblo de Apatzingán, en el Plan de Tierra Caliente, y allí se juró solemnemente el 22 de octubre de 1814. La Constitución de Apatzingán, inspirada en los Sentimientos de la Nación de Morelos, en las constituciones hechas por los revolucionarios franceses y en la Constitución española de 1812, consta de 242 artículos. Los 41 primeros se refieren a "principios o elementos constitucionales; los restantes, a forma de gobierno. Los artículos de la primera parte declaran: La religión católica es la única 87


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que se debe profesar. La soberanía reside originariamente en el pueblo y es por su naturaleza imprescriptible e inajenable. La soberanía está facultada para hacer leyes, hacerlas cumplir y aplicarlas a los casos particulares. El Estado se constituye por la espontánea voluntad de los ciudadanos. El ejercicio de la soberanía corresponde a la representación nacional depositada en el Congreso. "La ley es la expresión de la voluntad general en orden a la felicidad común. La felicidad del pueblo y de cada uno de los ciudadanos consiste en el goce de la igualdad, seguridad, propiedad y libertad, pues la íntegra conservación de estos derechos es el único fin de las asociaciones políticas. Son obligaciones de los ciudadanos "una entera sumisión a las leyes, un obedecimiento absoluto a las autoridades constituidas, una pronta disposición para contribuir a los gastos públicos y un sacrificio voluntario de los bienes y la vida", cuando las necesidades de la patria lo demanden. La parte segunda dispuso la división de México en diecisiete provincias o Estados y la del gobierno en tres poderes. Los legisladores reunidos se dieron el nombre de Supremo Congreso Mexicano, del cual iba a salir el Supremo Tribunal de Justicia. Al ejército se le asignó el papel de brazo del legislativo y se le puso a las inmediatas órdenes del Supremo Congreso que se compondría de 17 diputados, uno por cada provincia. Los diputados electos debían tener más de 30 años de edad, buena reputación, patriotismo y luces no vulgares. El Congreso se atribuía las funciones de aprobar, sancionar, interpretar y derogar leyes; elegir los miembros mayores de los poderes ejecutivo y judicial; designar representantes diplomáticos y generales; negociar la guerra y la paz; establecer impuestos y gastos; acuñar moneda, pedir empréstitos, y proteger las libertades de palabra e imprenta. El Supremo Gobierno se depositó en tres individuos iguales en autoridad que se alternarían por cuatrimestres en la presidencia y serían auxiliados por un secretario de gobernación, uno de hacienda y uno de guerra. El Supremo Tribunal de Justicia se integraría con cinco individuos ante quienes se podría apelar en los ramos civil y criminal. Los jueces del Supremo Tribunal quedaban facultados para conocer los juicios de responsabilidad contra funcionarios mayores. Las provincias serían gobernadas por intendentes; los partidos, por jueces, y las jurisdicciones menores por 88


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"gobernadores y repúblicas, ayuntamientos y demás empleos" antiguos. La Constitución de Apatzingán nunca estuvo vigente, pero influyó mucho en las constituciones futuras que sí lo estuvieron. Aquélla no pudo ponerse en práctica porque quienes la sostenían perdieron la guerra. El general José María Morelos, tras de ser vencido, fue pasado por las armas el 22 de diciembre de 1815, en San Cristóbal Ecatepec, un pueblo cercano a la ciudad de México.

Otro michoacano ayuda a consumar la Independencia Con la muerte de Morelos la lucha por la independencia se debilita. El virrey Apodaca ofrece el indulto a los caudillos insurgentes; como no lo aceptan se refugian en lugares bien protegidos: Ramón Rayón en el cerro inexpugnable del Cóporo, en la zona de Mil Cumbres; Marcos Castellanos en la isla de Mexcala por el rumbo de los valles de Zamora; el gobierno insurgente, encargado de aplicar la Constitución, en el fuerte de Jaujilla; otros caudillos, en Chimilpa, en las alturas del Curistarán, y en la isla de Janitzio, en la laguna de Pátzcuaro. Ninguno resistió por mucho tiempo. En 1818 cayó el último de los fuertes. Todo parecía indicar que la revolución de independencia se había ido a pique cuando la revolución liberal progresista en España de 1819 volvió a darle ánimos en 1821. Agustín de Iturbide, oriundo de Valladolid, hizo un plan de independencia de acuerdo con Vicente Guerrero, conocido con los nombres de Plan de Iguala y de las Tres Garantías. Les garantizó la independencia a los viejos insurgentes y así se atrajo el apoyo de éstos, y el del mismo Guerrero que aún peleaba en los breñales del sur. Les garantizó a los tradicionalistas el respeto absoluto de la religión amenazada por la revuelta liberal de la Península, y así obtuvo la venia de las autoridades eclesiásticas. La ejecución del Plan de Iguala fue, pues, relativamente fácil, consistió en una doble campaña, de convencimiento y de fuerza. Convenció a los caudillos insurgentes ya retirados de la lucha; atrajo a su partido al arzobispo de México, a varios clérigos importantes y a famosos jefes realistas. La campaña de fuerza se 89


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emprendió para vencer a poquísimos contrincantes del Plan de Iguala. Su episodio mayor fue el sitio y la toma de Valladolid el 22 de mayo de 1821. El 30 de julio desembarcó en Veracruz el último de los virreyes, quien firmó con Iturbide el Tratado de Córdoba, mediante el cual quedó sellada la independencia de México. El 27 de septiembre Agustín de Iturbide, al frente de numerosos ejércitos hizo su entrada triunfal a la ciudad de México. Al otro día dio a conocer el acta que a la letra dice: "La Nación Mexicana, que por trescientos años ni ha tenido voluntad propia, ni libre uso de la voz, sale hoy de la opresión en que ha vivido. Los heroicos esfuerzos de sus hijos han sido coronados, y está consumada la empresa eternamente memorable que un genio superior a toda admiración y elogio, amor y gloria de su patria, principió en Iguala, prosiguió y llevó al cabo arrollando obstáculos casi insuperables. Restituida, pues, esta parte del Septentrión al ejercicio de cuantos derechos le concedió el Autor de la naturaleza y reconocen por inenajenables y sagradas las naciones cultas de la tierra, en libertad de constituirse del modo que más convenga a su felicidad, y con representantes que puedan manifestar su voluntad y sus designios, comienza a hacer uso de tan preciosos dones y declara solemnemente, por medio de la Junta Suprema del Imperio, que es nación soberana e independiente de la antigua España, con quien en lo sucesivo no mantendrá otra unión que la de una amistad estrecha en los términos que prescribieren los tratados; que entablará relaciones amistosas con las demás potencias, ejecutando respecto de ellas cuantos actos pueden y están en posesión de ejecutar las otras naciones soberanas; que va a constituirse con arreglo a las bases que en el Plan de Iguala y Tratados de Córdoba, estableció sabiamente el Primer jefe del Ejército Imperial de las Tres Garantías; y en fin, que sostendrá a todo trance, y con el sacrificio de los haberes y vidas de sus individuos (si fuere necesario), esta solemne declaración, hecha en la capital del Imperio, a 28 de septiembre del año de 1821, primero de la Independencia Mexicana". Una vez consumada la independencia, se confirió el cargo de "Intendente y jefe político superior" de Michoacán a don Ramón Huarte, y con tal carácter presidió la Junta Provincial, instalada el 1º. De febrero de 1822. Esta y las demás autoridades celebraron 90


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rumbosamente la elevación de Iturbide al trono imperial el 21 de mayo de 1822. Como es bien sabido, Iturbide se coronó emperador con el nombre de Agustín I. Su imperio se redujo a diez meses. El joven general Antonio López de Santa Ana inició la serie de cuartelazos que lo harían famoso. Agustín I abdicó. Un Congreso Constituyente elaboró una Constitución en 1824 que dispuso que México fuera una República Federal con Estados libres y soberanos.

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5 Michoacán en la Reforma Liberal

Sumario La Constitución michoacana de 1825 Efemérides de veinte años violentos Ocampo, ideólogo de la Reforma La Guerra de Tres Años En el Segundo Imperio De don Justo Mendoza a don Aristeo Mercado Telégrafos, teléfonos y trenes Desagües y regadas Templos, palacios y escuelas Periódicos, poesías y pirecuas

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La Constitución michoacana de 1825

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FINALES DE 1823 se reunió en la ciudad de México el Congreso Constituyente que hizo la Constitución de 1824. En este documento se subrayó la autonomía de los Estados. Allí se dijo a las claras que las partes integrantes de la República Mexicana eran diecinueve Estados independientes, libres y soberanos y cinco territorios que por su escasa población aún no eran merecedores de autonomía. La Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, sancionada por el Congreso General Constituyente el 4 de octubre de 1824, facultó a cada uno de los diecinueve Estados para elegir su propio Congreso constituyente y darse una Constitución. El encargado de poner en práctica la Carta Magna de la Federación sería un Presidente de la República. Don Guadalupe Victoria, el primer Presidente, aseguró el día que tomó posesión de su cargo: La independencia se afianzará con mi sangre y la libertad se perderá con mi vida. La Legislatura o Congreso Constituyente de Michoacán se instaló el 6 de abril de 1825 con once diputados, quienes el 19 de julio pusieron su firma a la Constitución Política del Estado Libre Federado de Michoacán en el aula magna del entonces Colegio Seminario y ahora salón de recepciones del Palacio de Gobierno en Morelia (antes Valladolid). La Constitución michoacana dispuso que la Legislatura o congreso local debía componerse de por lo menos quince diputados o sea uno por cada veinticinco mil habitantes. Entonces Michoacán tenía cerca de cuatrocientos mil habitantes. Según la Constitución de 1825 la Legislatura debía renovarse cada dos años y comenzar sus labores el 6 de agosto siguiente a la elección de sus miembros. El Primer Congreso Constitucional tomó posesión antes del mes de haber sido promulgada la Constitución. Ésta también disponía elecciones para gobernador y vice-gobernador, quienes estarían en funciones cuatro años a partir de un 6 de octubre. De acuerdo con la ordenanza constitucional fueron elegidos el licenciado Antonio de Castro para desempeñar el papel de gobernador y el general José T. Salgado para asumir el de vice-gobernador. Ambos entraron en posesión de sus puestos el 6 de octubre de 1825. La Constitución mandaba que el poder judicial lo desempeñasen jueces de partido y de

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distrito, y un tribunal superior, nombrado por el Congreso y compuesto por 3 ministros y un fiscal. En el Tribunal Superior de Justicia quedaron como ministros los jurisconsultos José María Sánchez Arreola, Manuel Diego Solórzano y Pedro Martínez de Castro. El Constituyente Michoacano dividió la entidad en cuatro departamentos (Norte o de Valladolid, Poniente o de Zamora, Sur o de Uruapan y Oriente o de Zitácuaro). Al frente de cada uno de los cuatro se puso un prefecto. Una de las primeras legislaturas constitucionales subdividió los departamentos en 22 partidos, los cuales a su vez fueron partidos en 61 municipalidades, y éstas, en 207 tenencias. Quedó como capital del Estado o sede de los tres poderes la ciudad de Valladolid, a la que se acordó quitarle su denominación hispánica "para borrar de nuestra memoria los nombres de nuestros opresores y de los lugares que abortaron esos monstruos de crueldad". En vez de Valladolid, en adelante se llamaría Morelia, derivado del apellido de José María Morelos. La primera Legislatura le confirma a Zamora el título de ciudad que le otorgara Hidalgo; expide una ley sobre el reparto de los terrenos de las comunidades indígenas; reglamenta la milicia del Estado; decreta la expulsión de los españoles; dota de estatuto a los vagos y malvivientes, y publica numerosas disposiciones sobre administración, justicia, rentas y mil cosas más. Lo que no hace es poner remedio a la aflictiva situación económica. La afirmación de que México salió de la guerra de independencia moribundo, con la agricultura, la industria y el comercio muy mermados, es una afirmación especialmente válida para Michoacán. Como aquí la guerra de independencia fue más ruda que en cualquier otro sitio, dejó problemas al por mayor. Aunque más realista que el Congreso, el primer Gobernador Antonio de Castro, oriundo y vecino de Morelia, emparentado con personas de distinción y de ideas moderadas, tampoco pudo enfrentar los graves problemas del Estado. Cuando la Legislatura le propuso que promulgase el decreto de expulsión de los españoles, Castro renunció a la gubernatura y ésta vino a caer en el vice-gobernador Salgado, quien tampoco pudo resolver los problemas estatales. A los dos primeros gobernadores les tocó poner en marcha una de las 94


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épocas más deslucidas y desastrosas de Michoacán que las efemérides de veinte años violentos transcritas a continuación, nos van a mostrar sucintamente.

Efemérides de veinte años violentos 1824. Anticipándose al Congreso Nacional decretó el Congreso michoacano la expulsión de los españoles. Por no estar conforme con el decreto, Antonio de Castro, antes de cubrir su período, cede la gubernatura a José T. Salgado. 1828. El Congreso Local, temeroso de que el Gobernador Salgado tomase el partido del general Vicente Guerrero, lo destituye. Las elecciones presidenciales ganadas por Gómez Pedraza y perdidas por Guerrero, son contradichas mediante un cuartelazo dirigida por el que ya se apuntaba como el campeón de las revueltas: el general Santa Anna. 1829. Las fuerzas rebeldes ponen al general Guerrero en la presidencia de la República. Reasume la gubernatura de Michoacán el general Salgado. Aparece un primer periódico en Morelia: El Astro Moreliano. Aparece un segundo periódico para combatir al primero: El Michoacano Libre. Un pronunciamiento derriba al Presidente de la República y lleva a la presidencia al usurpador, general Anastasio Bustamante. 1830. El Ayuntamiento de Morelia desconoce la gubernatura de Salgado. En la Depresión del Balsas se produce el levantamiento del general Juan José Codallos que exige la reposición del destituido. Éste se refugia en Zamora y desde allí levanta gente contra Bustamante. Enseguida es derrotado, preso y condenado a morir. Se fuga de la cárcel y su carcelero, otro general, se desquita con la fusilata de algunos hombres distinguidos. 1831. Codallos fracasa en su ataque a Morelia. Para no caer en manos de su perseguidor se arroja a una barranca de 40 metros de profundidad y logra escapar con sólo raspaduras. 95


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1832. El Gobernador Diego Moreno, rico hacendado de Zamora, rige los destinos de Michoacán; con extremada frecuencia abandona su cargo. Algunas rebeliones, ninguna importante. 1833. Los amigos del general Salgado organizan un motín en Morelia. Cae Moreno y sube Salgado. La epidemia de cólera mata a miles de personas. Se abre la Facultad Médica de Michoacán. Se quita la coacción civil para el pago de los diezmos. Insurrección clerical del general Escalada. 1834. Estalla en Morelia una rebelión en pro del centralismo. El jalisciense Gordiano Guzmán, con cerca de mil hombres, acude a Michoacán en defensa de los federalistas. 1835. El centralismo se instaura en México y en Michoacán. El poder del ahora Departamento de Michoacán lo asume gente que se dice centralista contra las que pelea sin tregua ni descanso el general Guzmán. 1836. Mientras México pierde a Texas, Michoacán gana a Colima, que se le adhiere con el nombre de Distrito del Sudoeste. Levantamientos en Tacámbaro y en todos rumbos. 1837. El Gobernador José Ignacio Álvarez alterna el gobierno con Vicente Sosa y Onofre Calvo. Asonadas aquí y allá. La agricultura, la industria y el comercio del estado siguen tullidos. 1838. El Ayuntamiento de Colima decide no obedecer a Michoacán. Asonada de presos en Morelia. Vuelve a atacar el general Gordiano. Dondequiera brotes guerrilleros. 1839. Michoacán lleno de guerrilleros. El cabecilla Aragón es vencido y fusilado. Otros muchos valientes levantan cabeza y mantienen a la población pacífica, azorada. 1840. Se indultan algunos guerrilleros del federalismo. Surgen rebeldes de diferentes ideologías. 1841. Gobierno de Pánfilo Galindo. Gordiano sigue en pie de lucha en la Sierra Madre del Sur. Al norte, al otro lado del Plan de Tierra Caliente, Esteban Guénot hace plantíos de morera para alimentar a los gusanos de una sedería. 1842. Dejan de ser noticia muchos guerrilleros: Vélez, Ronca, Toribio, etcétera. Comienzan a ser noticia otros combatientes. 96


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1843. Gordiano se va a Jalisco de donde vuelve sin tropa. Otra vez en Michoacán enferma de gravedad. Paz relativa y breve. 1844. Los Estados Unidos de América, anexa a Texas con el enojo de México. Michoacán está de plácemes por la inauguración de la fábrica de seda. 1845. Las heladas acaban con la industria de la seda. El Gobernador Ugarte excita a la guerra en puerta. 1846. Empieza la invasión norteamericana. El país invadido es presa de la discordia entre políticos. 1847. Los invasores llegan hasta la ciudad de México. 1848. Pérdida de la mitad del territorio patrio.

Ocampo, ideólogo de la Reforma Don Melchor Ocampo nació, posiblemente, en 1814 en la hacienda de Pateo, valle de Maravatío en Michoacán. No se tienen referencias precisas acerca de sus padres, algunos biógrafos afirman que fue hijo de la señora ama de la hacienda de Pateo, doña Francisca Xaviera Tapia. Inició sus estudios primarios en Tlalpujahua y los terminó en Maravatío; de allí pasó a Valladolid (hoy Morelia) a estudiar la preparatoria en el Colegio Seminario, único plantel de educación superior que existía en esa época. Para terminar sus estudios de Jurisprudencia (1830) se inscribió en el Colegio de San Ildefonso de la ciudad de México. Empezó a ejercer su profesión en el bufete del licenciado Espinosa Vidarte; el contacto con la vida profesional convenció al señor Ocampo de que su carácter no era para ejercer la abogacía y, antes que ejercerla sin vocación, renunció a ella y se dedicó al estudio de la Botánica, en cuyo conocimiento fue experto. En el año de 1840 hizo un viaje a Europa en plan de estudioso de las Ciencias Naturales y la agricultura, que aplicó posteriormente en su hacienda llamada Pomoca (anagrama de su apellido); allí reunió un laboratorio de historia natural donde investigaba, producía y enseñaba. En 1844 publicó Rectificación de algunos datos publicados sobre el Río Lerma y Ensayo de una Carpología aplicada a la Higiene y a la Terapéutica. 97


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Recién llegado de su viaje a Europa, en 1842, fue electo diputado al Congreso Constituyente de tendencia centralista, mismo que por no ser del agrado del dictador Santa Anna, fue disuelto. En 1846, fue electo gobernador de su Estado, donde atendió a los ramos de justicia, hacienda pública, educación y agricultura; promovió siembras y nuevos métodos de cultivo; abrió hospicios, escuelas y planteles como el Colegio de San Nicolás, que se mantenía cerrado desde la revolución de independencia; organizó el batallón Matamoros, contingente de guerra con el que Michoacán contribuyó para combatir la invasión norteamericana en las batallas de la Angostura y del Valle de México. Don Melchor renunció a la gubernatura del Estado, y fue sustituido por don Santos Degollado. En el mismo año de su renuncia, fue electo senador de la República y en 1850, el Presidente Herrera lo nombró ministro de Hacienda, puesto que desempeñó hasta fines del propio año. En junio de 1852 fue nombrado nuevamente Gobernador de su Estado, cargo que desempeñó ocho meses empleados en reformar la educación superior con nuevas profesiones. Ocampo declaraba que el hombre debía cultivarse, pues cuanto se hiciera en favor de los hombres sin instrucción era inconsistente y transitorio; por otra parte, estaba convencido que el poder del clero y de los militares era el obstáculo fundamental para el progreso de México. Al regresar Santa Anna a la presidencia, Ocampo sufrió persecuciones, hasta que fue desterrado a los Estados Unidos a fines de 1853. Al triunfo del Plan de Ayutla en 1855 y a los pocos días de haber vuelto a México fue llamado por el general Juan Álvarez, Presidente de la República, para desempeñar el ministerio de Relaciones, cargo que ocupó sólo 15 días para no entorpecer la marcha del gobierno, ya que no estaba de acuerdo con el general Comonfort, Secretario de la Guerra. Nuevamente fue llamado como diputado al Congreso Constituyente que formuló la Constitución de 1857. Durante los años de 1858 a 60, conocidos como la Guerra de Tres Años o Guerra de Reforma, el señor Ocampo acompañó al Presidente de la República, Lic. Benito Juárez, en calidad de Ministro de Relaciones en su peregrinar por todo el país. En el puerto de 98


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Veracruz, Ocampo demuestra su talento organizativo al organizar el despacho de todo el gobierno, llegó a tener a su cargo tres Secretarías de Estado: Relaciones, Hacienda y Guerra, hasta establecer los poderes legítimos del gobierno. Seis de las principales leyes de Reforma fueron obra de Ocampo. Estas leyes tendían a propiciar un profundo cambio de la situación prevaleciente en el país, la que, no obstante haberse logrado la independencia de México, continuaba con las características que le fueron propias durante la dominación española: injusta distribución de la riqueza que originó privilegios y grandes desigualdades sociales. Sin embargo, había surgido la clase media que aspiraba a dirigir la sociedad; esta clase, representada por Juárez, Ocampo, Santos Degollado, Lerdo de Tejada, Mata, Ruiz, Prieto y Zamora, entre otros, pretendió realizar una significativa transformación en el país, esforzándose por consolidar las instituciones civiles, liquidar las condiciones que la Colonia había dejado y separar a la Iglesia del Estado. El día 3 de junio de 1861 fue fusilado en Tepeji del Río por órdenes de Márquez. Ocampo, sabedor de que iba a ser fusilado, redactó un brevísimo testamento, obra de serenidad y equilibrio, que en su último párrafo dice "me despido de todos mis buenos amigos y de todos los que me han favorecido en poco o en mucho y muero creyendo que he hecho por el servicio de mi país cuanto he creído en conciencia que era bueno". El Estado de Michoacán honró la vida y actuación de este gran hombre, llamando oficialmente al Estado, Michoacán de Ocampo.

La Guerra de Tres Años Con el Plan de Ayutla triunfaron los liberales. El triunfo del liberalismo trajo la formación de un Congreso Constituyente en el cual fue una figura distinguida Melchor Ocampo. La Constitución fue jurada en febrero de 1857. Estatuyó, como la de 1824, la federación y la forma democrática, representativa y republicana de gobierno. Suprimió la vice-presidencia de la República; amplió los capítulos de las libertades individuales y sus garantías; declaró libres la enseñanza, 99


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la industria, el comercio, el trabajo y la asociación y produjo reacciones en contra al facultar la intervención del gobierno en actos del culto y de disciplina eclesiástica. Ignacio Comonfort, Presidente de la República, les hizo el juego a los conservadores, quienes con el general Félix Zuloaga como jefe pidieron la no observancia constitucional. El general Comonfort no pudo mantenerse en el poder. Don Benito Juárez, ministro de la Suprema Corte de Justicia, a quien correspondía ejercer la Presidencia cuando faltase su titular, la asumió y declaró restablecido el orden constitucional. Los conservadores, en cambio, reconocieron, sin base legal, a Zuloaga como Presidente. En Michoacán gobernaba el general Santos Degollado, un Congreso Constituyente elaboraba una nueva Constitución y el obispo Munguía, rugía. El general Degollado reconoció a Juárez como Presidente de la República, e inició la ayuda de Michoacán para la lucha en puerta, con caballos y dinero. El Constituyente decretó la ley contra el bandolerismo que infestaba el Estado, e hizo la Constitución de Michoacán promulgada el 1º de febrero de 1858. El obispo Clemente de Jesús Munguía fulminó censuras contra las nuevas constituciones y contra diversas leyes liberales. La mayoría de los aristócratas se declaró conservadora. La mayoría de la clase media se declaró liberal. A comienzos de 1858 los partidos liberal y conservador se traban en una guerra que había de durar tres años. El primero fue de triunfos conservadores en la mayor parte del país. El Presidente Juárez se vio obligado a embarcarse en Manzanillo. En el segundo año se anotan triunfos los ejércitos de ambos partidos. El Presidente Juárez, que había desembarcado en Veracruz, gobierna a México desde allí; en Veracruz expide las llamadas Leyes de Reforma, y las que estatuyen la nacionalización de los bienes eclesiásticos, el cierre de conventos, el matrimonio civil, el registro de los actos sobresalientes del individuo en el Registro Civil, la secularización de los cementerios y la supresión de muchas fiestas religiosas. En los años más crudos de la lucha gobernó en Michoacán don Epitacio Huerta, quien no consintió en ningún momento la supremacía de los conservadores, dictó muchas providencias contra los disidentes, reglamentó el culto religioso, suprimió escuelas 100


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formadoras de sacerdotes como el Seminario Tridentino, e impuso el pago anticipado de las contribuciones, además de empréstitos forzosos. Gracias a Huerta, Michoacán fue lugar de aprovisionamiento de los liberales de todo el país. De Michoacán salieron tesoros (la mayoría eclesiásticos) para solventar la guerra de los liberales. De Michoacán procedieron muchos de los jefes y soldados combatientes en la guerra trianual. De las ciudades michoacanas salían periódicos que enviaban a los puntos ocupados por las fuerzas conservadoras las doctrinas liberales. Así La Sombra de Morelos, La causa del Pueblo, El Rifle del Norte, La Idea y La Bandera Roja. Derrotado Miramón en Silao y Calpulalpan, por González Ortega, y al frente de treinta mil hombres entró en la ciudad de México el primer día de 1861; Juárez con su gabinete lo hizo once días después. A continuación dispuso la salida de México del delegado apostólico, de algunos obispos y embajadores y de varios conocidos conservadores. Por su parte, los restos del bando conservador se empeñaron en cazar y fusilar a los líderes del liberalismo. Víctimas de esa guerra fueron Santos Degollado, Leandro Valle y don Melchor Ocampo, alevosamente aprehendido en su retiro de Pomoca por el guerrillero Lindoro Cajigas.

El Segundo Imperio Los michoacanos llevaban medio siglo de vivir en pleito a la hora de meterse a la gran pelea entre monárquicos y republicanos. Once años de lucha feroz estuvo a cargo de insurgentes y realistas. Durante cuatro lustros, defendieron las banderas del federalismo o del centralismo, según su manera de pensar; luego lucharon en defensa de las ideas liberales o de las conservadoras. A partir de 1861 habrá michoacanos dispuestos a defender un rey o emperador de origen extranjero y otros a apoyar y defender a un Presidente de nuestra república. En 1861, llegó a las costas mexicanas un ejército de franceses con expresos propósitos expansionistas si bien, en apariencia, con el objeto de exigir el pago inmediato a una deuda que el gobierno había 101


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suspendido temporalmente. En rigor, Francia deseaba participar de los beneficios que le produciría la posesión de un territorio mexicano —en este caso México— bajo su dominio, aun en perjuicio de los intereses de Estados Unidos en el mismo sentido. El partido conservador dio la bienvenida a los invasores franceses; el partido liberal quiso impedirles la entrada por la fuerza. Debido a la ayuda del uno y pese a la resistencia del otro, el ejército de Francia se posesionó de la capital y de la mayor parte del territorio de México. La ocupación militar del territorio michoacano fue obra de la brigada francesa de Berthier y la división mexicana de Leonardo Márquez, el triste Tigre de Tacubaya. Mientras en la metrópoli se reunía una Asamblea de Notables que nombró embajadores para ofrecer la corona de México a Fernando Maximiliano de Habsburgo, un príncipe sobrante en Europa, quinientos hombres de Berthier y tres mil de Márquez se posesionaron de Morelia a finales de 1863. Después de Morelia, fueron ocupados por los franceses diversas plazas, algunas de las cuales, como Tanhuato y Yurécuaro, ya habían sido adquiridas por los imperialistas mexicanos, y otras, como La Piedad y Zamora, se habían decidido por el Imperio. Francisco Velarde, el famoso Burro de Oro, como comandante militar de Zamora, no opuso la menor resistencia a los invasores. El jefe de éstos dio un curioso parte militar: Se tomó la ciudad de Zamora "con inteligencia y energía; no tuvimos más que algunos hombres con heridas leves". Quizá esas heridas hayan sido causadas por la carrera con que entraron los franchutes o por los abrazos de sus simpatizadores. Sin embargo, no todos los pueblos acataron autoridades monárquicas. La Depresión del Balsas y todo el Plan de Tierra Caliente quedó sustraída al gobierno imperial, o casi. Contra lo esperado por los conservadores, la presencia de los franceses en Michoacán se redujo a la vuelta de las monjas a sus conventos, al libre toque de campanas y a otras cosas relativas al culto. Pero los bienes nacionalizados del clero siguieron en poder de las autoridades. También se mantuvo la política liberal de Juárez, tanto por los franceses como por el emperador. Éste, en su caminata a través del Imperio, estuvo siete días en Morelia, ciudad para él, muy liberal, tan liberal como hermosa, con bellos palacios de piedra 102


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tallada y soberbia catedral de altas torres, y con alrededores ricos y risueños. Se dice que allí Max dispuso le tocasen "Los cangrejos", la canción de burla para los conservadores. Con todo, muy pocos liberales renunciaron a la República para unirse a la monarquía liberal. La lucha contra ésta en vez de bajar aumentó. En 1966 empezó el repliegue del ejército francés. Juárez, establecido en la ciudad fronteriza de El Paso (hoy Ciudad Juárez), en Chihuahua, se puso en marcha hacia la capital con la representación del gobierno republicano. Los defensores de la República avanzaban a medida que los baluartes de la monarquía retrocedían. En enero del 67 ya quedaban muy pocas poblaciones michoacanas en poder de los imperialistas. La última en caer fue Zamora, el cinco de febrero, el mismo día en que los últimos franceses abandonaban México. Maximiliano se pone nervioso y se vuelve indeciso; no sabe si irse o quedarse. Decidido a quedarse se mete en Querétaro con los suyos. El emperador y algunos de sus colaboradores son aprehendidos y procesados. El 19 de junio, en el Cerro de las Campanas, las tres máximas emes monárquicas de México, Maximiliano, Miramón y Mejía, se desploman ante un pelotón de fusilamiento. Dos días después, tras de haber soportado setenta días de sitio, la capital cae en poder de Porfirio Díaz. La entrada de las tropas republicanas a la metrópoli fue el 21 de junio; la del Presidente de la República tres semanas después.

De don Justo Mendoza a don Aristeo Mercado Derrotados los principales miembros del partido monarquista, extirpada para siempre la idea monárquica, el partido republicano se dio a la tarea de rehacer a México. En el orden internacional procuró la concordia entre las naciones. En el orden político interno se acató la Constitución de 1857, la reorganización del gobierno, la hacienda pública y la tropa, y la pacificación del país. En el orden económico, quiso atraer capital extranjero, impulsar la venida de colonos de otros países y construir ferrocarriles, canales y carreteras. En el orden social se preocupó por hacer de cada campesino un pequeño propietario y de cada trabajador un ser libre. En el orden de la 103


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cultura, el gobierno republicano se empeñó en la educación de las mayorías; el establecimiento de un nuevo orden jurídico mediante la hechura de leyes civiles y códigos de sabor liberal; el fomento de las ciencias, la filosofía de marca positivista y el nacionalismo en las artes plásticas, la música y las obras de intención literaria. Durante el gobierno de Benito Juárez y de Sebastián Lerdo de Tejada se puso particular interés en aplicar la Constitución de 1857, en la reforma de los cuadros políticos, en la reducción del ejército, en la libertad de los trabajadores agrícolas, en la enseñanza pública masiva y gratuita, en la promulgación de leyes, en la adopción del positivismo como filosofía y en el fomento del espíritu nacionalista a través de las artes y las letras. Después de 1876, en las presidencias de Díaz-González-Díaz, se procuró mejorar relaciones internacionales de México; disminuir la política y aumentar la administración; acabar con el bandolerismo, los cuartelazos, las incursiones apaches y las rebeliones indígenas; atraer capital extranjero en agricultura lucrativa, comercio, industria y tendido de vías férreas; producir sentimiento nacional en las masas y abrir al exterior la élite económica, social, política y cultural. En la etapa Juárez-Lerdo la palabra de moda fue libertad; en la etapa Díaz-González-Díaz, las palabras en boga fueron orden y progreso. En Michoacán sucedió algo semejante al conjunto del país. Entre 1868 y 1876 gobernaron Justo Mendoza y Rafael Carrillo. Los dos eran liberales devotos de la Constitución nacional de 1857 y michoacana de 1858; creían en las virtudes salvadoras de la educación y eran liberales de buena cepa. Sin embargo, uno y otro tuvieron que tomar parte en contiendas militares. Mendoza tuvo que hacer frente a la insurrección antijuarista encabezada en Michoacán por Epitacio Huerta. Carrillo se la pasó en viva contienda, primero con los "relingos" y enseguida con los "tuxtepecadores". La insurrección "relinga" o cristera tuvo motivaciones religiosas y rancheras. Los cristeros no querían una autoridad que se declaraba enemiga de los curas y protectora de los hacendados. La rebelión fue especialmente virulenta en el Bajío Zamorano. La insurrección porfirista de Tuxtepec, que aspiraba a poner en la Presidencia de la República al general Porfirio Díaz, triunfó. Por ello, fueron enviados a Michoacán como gobernadores los generales Felipe Chacón y Manuel González. 104


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Después el licenciado Bruno Patiño logró mantenerse en la gubernatura 16 meses; Pudenciano Dorantes, cuatro años; Mariano Jiménez, seis años, y a don Aristeo Mercado nadie le pudo quitar el poder durante veinte años. Don Pudenciano se hizo famoso por la construcción de la calzada a través del lago de Cuitzeo, la restauración del Colegio de San Nicolás, la fabricación del Palacio de Justicia, la apertura de la Escuela de Artes y otras obras para el mayor prestigio y provecho de la Región Central y sobre todo de Morelia. Jiménez conquistó el título de héroe local de la paz por la forma sumaria como ejecutó a los bandoleros de camino real que pululaban en el Estado, por la prohibición de corridas de toros, procesiones, viacruceros callejeros, toque de campanas y peleas de gallos. A don Aristeo le tocó gobernar una ínsula pacificada en la hechura de obras públicas en la cabeza del Estado: Hospital General, purificadora del agua, teléfono, un mercado y focos de luz eléctrica. Mercado, Jiménez y Dorantes son al unísono los héroes del ferrocarril, de un medio de transporte que vino a revolucionar las relaciones humanas entre los michoacanos.

Telégrafos, teléfonos y trenes En todo México, los gobiernos emanados de la revolución liberal, especialmente los del Porfiriato, le concedieron mucha importancia a la hechura de vías de comunicación. Los viejos medios de enlace y transporte habían conseguido unir las diversas regiones del territorio nacional. Las altas serranías entre región y región eran barreras poco menos que infranqueables para el intercambio de hombres y de mercancías. Para conquistar las mesetas de un territorio y un mercado nacional hacía falta un sistema de comunicaciones a base de telégrafos, teléfonos y ferrocarriles. Desde mediados de siglo se inició en México la política de tender alambres telegráficos para transmitir información a muy largas distancias en un tiempo mínimo. El primer alambre telegráfico en territorio de Michoacán fue tendido entre Morelia y Zinapécuaro el 14 de julio de 1870. La comunicación telegráfica entre la capital del Estado y la capital de la República y en definitiva de una gran parte de ésta se aseguró un mes después. En septiembre, el Gobernador Justo Mendoza expidió el primer 105


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reglamento para el uso de líneas telegráficas. En pocos años, todas las villas y ciudades de Michoacán quedaron intercomunicadas por los toquecitos de los mensajes telegráficos. Los liberales tenían una fe ciega en la capacidad redentora y lucrativa de las modernas vías de comunicación y transporte, pero principalmente en el ferrocarril. Don Francisco Zarco decía: "decretemos ferrocarriles… para comunicar espiritual y materialmente al país". Zamacona notaba: "Los caminos de hierro resolverán todas las cuestiones políticas, sociales y económicas que no han podido resolver la abnegación y la sangre de dos generaciones". Todos a una proclamaban que la paz, el poblamiento y la riqueza nacionales se conseguirían al tener "una red de ferrocarriles que uniesen nuestros distritos productores" con las zonas de consumo. Antes de la llegada del general Porfirio Díaz al poder, sólo se consiguió unir por rieles a la capital de la República con el puerto de Veracruz. Díaz recibió una red ferroviaria de 640 kilómetros que multiplicó por cuarenta a lo largo de una larga dictadura, en treinta y tres años. Las líneas férreas a las que se dio mayor importancia fueron las centro-norte, las que unirían las regiones productoras de México con los mercados estadunidenses. En 1880, antes de enlazar ferrocarrileramente a la capital de la República con la capital michoacana, se puso en servicio el tren que juntaba la metrópoli de México con la de Estados Unidos. La primera locomotora del Ferrocarril Nacional llegó a Morelia en 1883. Era Gobernador don Pudenciano Dorantes. Poco después se inauguró el tranvía para servir de transporte urbano en la capital michoacana. En 1886 las vías del Nacional tocan a Pátzcuaro. Por las mismas fechas se pone en servicio el ferrocarril de México a Guadalajara, que comunicó en su trayecto a dos poblaciones de Michoacán: La Piedad y Yurécuaro, de la región de los valles de Zamora. En 1897 se inauguró el trozo entre Maravatío y Zitácuaro del ferrocarril Michoacán-Pacífico. En 1899, el Ferrocarril Nacional llevó su humo de carbón de piedra a Uruapan. En la misma fecha se puso fin al ramal Yurécuaro-Zamora. "La sociedad zamorana, según un reporte periodístico de la época, saludó con febril entusiasmo a la máquina de vapor. Las aclamaciones entusiastas de más de ocho mil personas agrupadas en las vías, los repiques a todo vuelo, las bandas 106


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militares y centenares de cohetes formaban una armonía indescriptible". Escena semejante se repitió dos años más tarde en Los Reyes, y luego en Zacapu y Ajuno. La llegada de la primera locomotora a una villa era causa de desborde popular. Seguramente las demás manifestaciones materiales de modernización no produjeron el mismo entusiasmo que los ferrocarriles. Así los tranvías. Así las líneas telefónicas que fueron inauguradas en Morelia en 1891, y en otras ciudades del Estado, en el mismo decenio o en el primero del siglo XX. Sólo produjo algarabía comparable a la de la llegada del tren la del alumbrado eléctrico. En 1888 se encendió la luz de arco voltaico en Morelia. Una ampliación de ésta y la instalación de focos incandescentes se hizo en 1893. Por fin, se dieron a iluminar a Morelia dos compañías hidroeléctricas. Zamora tuvo servicio eléctrico desde 1898 y Pátzcuaro desde 1899. Los trenes, la energía eléctrica y el espíritu capitalista removieron, pusieron en nerviosa producción a varias zonas del Estado como se puede entrever por los botones de muestra de la lección siguiente.

Desagües y regadas A comienzos del gobierno de Porfirio Díaz había en Michoacán 496 haciendas o latifundios, 1,527 parvifundios o ranchos y un número no precisable de terrenos poseídos en comunidad por las poblaciones indígenas. La gran mayoría de todos esos predios producían poco y únicamente para el consumo de la gente del lugar. La producción para mercados más allá de los regionales era muy escasa por la falta de medios eficaces de comunicación y transporte. Con la mejoría de los caminos carreteros y sobre todo con el tendido de rieles fue posible enviar los productos de una región a las vecinas, a otras partes del país y aun a los Estados Unidos. Muchas tierras hasta entonces ociosas fueron cultivadas desde que se obtuvo un mercado accesible para sus cosechas. Como el tren podía llevarse muchas cosas, a algunos agricultores les dio por producir las cosas que se llevaba el tren a cambio de muy buen dinero. Aun los cultivos del maíz, el trigo y el frijol comenzaron, gracias al ferrocarril, a dejar utilidades. La producción de azúcar se intensificó en toda la Ladera Sur, 107


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especialmente en Taretan. El café se volvió noticia y hábito. Parece que había sido traído a Uruapan poco antes por alguien que fue al puerto de Moka en Arabia. De regreso en su tierra ese curioso traedor de una matita de allá la plantó en su hacienda "donde pronto se hizo maleza por el clima y el terreno". Según don Francisco Miranda "se comenzaron a propagar los cafetos como planta de adorno en los alrededores". Como planta lucrativa comenzó a cultivarse en Uruapan en los años sesenta. En 1889 ya se producían veinte mil arrobas de café en grano. La producción y el prestigio del café uruapeño siguió en alza por largos y felices años. Una proeza notable que sacó el Plan de Tierra Caliente de una ociosidad casi absoluta, fue de Dante Cusi, un italiano emprendedor que revolucionó la parte nororiental de la Tierra Caliente a finales de la dictadura de Díaz. Cusi le quitó lo árido y desértico a una llanura a la que bautizó con el nombre de Lombardía. Concluida la obra de Lombardía se despertó en él la sed de nuevas empresas. Por lo pronto le nació la idea de poner bajo riego los llanos de Antúnez. La apertura de un canal y de una tupida red de zanjas dejó a las tierras de lo conocido desde entonces como Nueva Italia en forma para producir seis millones de kilos de arroz, para plantar treinta y cinco mil limoneros, para mantener cincuenta mil reses, e indirectamente, para poner en marcha fábricas beneficiadoras de arroz y extractoras de aceite esencial de limón, alumbrado público, molienda de nixtamal, panadería, escuela, rastros, grandes almacenes para granos y pequeñas casas para peones. En poco tiempo Lombardía y Nueva Italia no sólo fueron los nombres de dos enormes haciendas en producción, acosadas por la langosta y la rata y con servicio interior de ferrocarril, sino también los pueblos más poblados del Plan de Tierra Caliente. Otras hazañas agrícolas memorables se hicieron en el Bajío Zamorano, en el noroeste de Michoacán, en los valles de Zacapu, Zamora y ciénega de Chapala. En el primero los Noriega desaguan el extenso lago de Zacapu y forman la lucida hacienda de Cantabria. En el segundo, el ingeniero Federico Tafolla y un grupo de zapadores ponen a disposición de los latifundistas zamoranos una importante obra de desagüe y riego, el Canal de Zapadores. Con él comenzará a quitársele el carácer de lago y a concederle el de fertilísimo huerto al 108


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valle de Zamora. También se hicieron obras importantes de irrigación y drenaje en las demás hondonadas del rumbo, pero ningunas tan importantes como las promovidas por el ingeniero Manuel Cuesta Gallardo hacia 1905. Don Joaquín Cuesta, esposo de una hija de don Diego Moreno, el poderoso señor de Guaracha, asumió la responsabilidad de erigir el bordo que detendría las aguas de la Laguna de Chapala. Don Joaquín contrató a miles de trabajadores de pico y pala para erigir un vigoroso bordo de piedra y canto que dejó libre de inundaciones periódicas y permanentes a una superficie laborable de cuarenta y seis mil hectáreas, de casi quinientos kilómetros cuadrados. Antes del bordo algunas de esas tierras recibían cultivos temerosos. Después del bordo, toda la superficie protegida por él se sembraba de maíz, trigo, frijol y garbanzo sin grandes riesgos y en gran medida. La mayor parte del terreno fértil ocupado por el lago estaba a punto de convertirse en la tierra de promisión que manaría leche, miel y cereales en abundancia, que alimentaría a miles de personas, cuando estalló otra contienda más vasta y profunda de la que se hablará más adelante.

Templos, palacios y escuelas Aun en los momentos de mayores estropicios, durante todo el siglo XIX, la población de Michoacán no cesó de crecer. En 1810 se estimó que el número de habitantes era de cuatrocientos mil; en 1860, de seiscientos mil, y en 1910, de un millón. El crecimiento fue especialmente rápido durante la dictadura de Porfirio Díaz. En términos relativos la gente aumentó con mayor velocidad en las ciudades que en el campo. Morelia pasó de dieciocho mil habitantes a comienzos del siglo XIX a cuarenta mil a comienzos del siglo XX; Pátzcuaro de seis mil a veinte mil; Zamora de nueve mil a quince mil; Uruapan de cinco mil a veintiún mil y Tlalpujahua de cuatro mil a veinticinco mil. Al amparo de la paz porfírica se fundaron varias poblaciones como San José de Gracia en el extremo noroccidental del Estado, y Lombardía y Nueva Italia en el Plan de Tierra Caliente. Atraídos por las actividades mineras, muchos fueron a vivir a la zona de Mil Cumbres. Las fábricas de hilados y tejidos y los molinos de 109


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harina le atrajeron pobladores a Morelia y Uruapan. A Zamora lo levantaban su agricultura y sus escuelas. La arriería hizo del pueblecito de Cotija una ciudad de quince mil habitantes. El aumento de la población se hizo acompañar del aumento de construcciones. En ranchos, rancherías, haciendas, pueblecitos, villas y ciudades los pobres siguieron levantando personalmente casuchas endebles, pocas de techumbre lisa, las más de techos de teja y de dos aguas y con materiales de escasa duración y muy deficientes servicios de agua y drenaje. En la mayoría de las haciendas, los señores hacendados se hicieron construir casas muy espaciosas, de múltiples usos, muchas con soportales y arcadas de buen ver. También datan de entonces algunos palacetes de Morelia, Zamora y otras ciudades del Estado; edificios para escuela como los seminarios de la capital y de Zamora; numerosas casas municipales y para oficinas de gobierno como el Palacio de Justicia de Morelia; media docena de mercados en los mayores centros de población; quioscos para músicas de viento en plazas con árboles, paseos y bancas; estaciones de ferrocarril en medio e bosquecillos; almacenes de ropa en la calle principal de Morelia y de Zamora; cementerios en todas partes; hospital civil, museo, fábricas, teatro y plaza de toros en Morelia, y dondequiera, templos y más templos. La arquitectura religiosa siguió luciéndose, villas y ciudades con templos de muros de adobe y techumbres de teja, levantaron edificios fuertes y majestuosos como los parroquiales de Cotija, Ecuandureo, La Piedad y Zamora, éste convertido en catedral poco después. En 1900, Michoacán tenía 627 templos; la mayoría recién restaurados o construidos. El número de construcciones religiosas era muy superior al de sacerdotes. Llegó a haber un templo por cada mil habitantes. Como quiera, mucho más rápidamente que los templos, representantes de la cultura nacional, aumentaron los edificios escolares donde se sembraba la cultura moderna. Al concluir el siglo pasado, Michoacán disponía de 882 escuelas, casi todas primarias. La educación secundaria apenas se impartía en tres planteles. En la media docena de institutos de enseñanza superior, se comprendían los seminarios de Morelia y Zamora, el Colegio de San Nicolás, dos escuelas de Leyes y la Escuela de Medicina. En estas instituciones había muy pocos alumnos; de hecho, en todos los niveles de la 110


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enseñanza el número de educandos apenas llegó a cuarenta mil en 1900. Sólo algunas personas por tradición y con dinero, educaban a sus hijos, los demás no tenían acceso a la educación. Por regla general, en los establecimientos oficiales, que eran el doble de los privados, se prohibía la enseñanza religiosa. En las escuelas privadas, casi todas parroquiales o de jesuitas, maristas, salesianos y teresianas, había cursos de religión. En la lucha entre la ciencia moderna y la tradicional la mayoría michoacana se mantuvo fiel a la tradición y reacia a la modernidad. Como lo muestra la lectura que viene.

Periódicos, poesías y pirecuas En el Michoacán de tiempos de don Porfirio hubo pocos cultivadores de las ciencias, aunque dos de ellos fueron estrellas de primera magnitud: el doctor Manuel Martínez Solórzano, químico y naturalista, y el doctor Nicolás León, antropólogo, etnólogo, lingüista, arqueólogo, historiador, bibliógrafo, folclorista, biógrafo, xilógrafo, calcófrafo y médico autor de centenares de libros, folletos y artículos. Hubo, como en otras épocas, numerosos historiadores: Miguel Martínez, biógrafo de Munguía; Ramón Sánchez, microhistoriador de Jiquilpan; Mariano de Jesús Torres, polígrafo y autor del Diccionario de Michoacán; Juan de la Torre, cronista de Morelia; Eduardo Ruiz, historiador de la guerra contra los franceses en Michoacán; Julián Bonavit, Manuel Barbosa y varios otros. No hubo una cifra notable de arquitectos y pintores, salvo que nos apropiemos a los señores Guillermo Wodon de Sorinne y Adolfo Tresmontels, arquitectos al servicio de la autoridad civil y de la eclesiástica respectivamente,y varios pintores aparte de Manuel Ocaranza y Félix Parra. Hubo muchísimos picos de oro u oradores entre los que citan a menudo el grandilocuente Jacinto Pallares; los también abogados Enrique Domenzáin y Salvador Cortés Rubio, y los predicadores religiosos Francisco Banegas Galván, también historiador, Atenógenes Segale, también poeta, y Félix María Martínez, también humanista. En tiempos de don Porfirio, con justa razón, gozaron de fama nacional los músicos michoacanos: Ramón Martínez Avilés, el de la "Marcha 111


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fúnebre de Maximiliano"; Francisco de P. Lemus, compositor de "Misterios del Rosario"; Cenobio Paniagua, primer mexicano compositor de óperas. De 1867 a 1913 se publican tan sólo en Morelia 220 periódicos, y en el conjunto del Estado, más de 300. Sólo hubo un diario que apareció tardíamente en 1906. Hubo abundantes semanarios y revistas: El Centinela, El Pensamiento Católico, El Derecho Cristiano, Revista Católica y muchas efímeras revistas de contenido poético. El campeonato en cuestión de escrituras lo mantuvieron los poetas viejos como Ignacio Aguilar y Marocho, Tirso Rafael Córdoba, Gabino Ortiz, Ester Tapia de Castellanos, Austasio Zepeda, y los poetas jóvenes de quien trata muy sentidamente don Alfredo Maillefert, en su Velero romántico. Durante el porfiriato, en Michoacán se impuso una generación romántica. Según Alfredo Maillefert, "esta generación de muchachos poetas que se daban cita por las noches —con mayor fascinación si eran noches de luna— en el viejo convento de San Agustín, yo la bautizaría —así como se ha hecho con la de Castilla— con el título de generación moreliana de 1898… Ya hacía tiempo que había alboreado el modernismo en las ciudades de Hispanoamérica. Todos conocían ya, por supuesto, Azul de Rubén Darío y Místicas de Amado Nervo; pero sobre la extrañeza y el encanto con que habían leído estos y otros libros modernistas, predominaba en todos la huella de sus lecturas anteriores. Románticos en los versos y románticos también, claro está, en la vida; es decir, bohemios. Los que no eran de la ciudad, habían llegado a Morelia de diversos pueblos y como estudiantes. Ya es tiempo de citar sus nombres: Luis Murguía Guillén, Alfonso Aranda, José Ortiz Rico, Francisco de Sales Menocal, Donato Arenas López, José Ortiz Vidales, Alfredo Iturbide, Fidel Silva. En una celda del ex convento de San Agustín estuvo también instalada la redacción de El Correo Michoacano, uno de los semanarios fundados por el grupo. Antes habían editado otros, El Bohemio y Crisantema. Expulsados del convento de San Agustín por sus ruidosas tertulias y fundadores enseguida de El Bien Social.

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6 Michoacán en la Revolución

Sumario El doctor Silva Los fronterizos El ingeniero Ortiz Rubio Los radicales y los fanáticos El general Lázaro Cárdenas Agrarismo: ejido y riego Laborismo: sindicato y fábrica Caminismo: carreteras y trocas Alfabetismo: educación para el trabajo Poblacionismo: emigración y salud

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El doctor Silva

L

habían sido de los principales autores de las luchas por la Independencia y la Reforma. Ellos habían contribuido a separar a México de España y a conducir al país independiente por la senda liberal. La michoacanía, en cambio, toma una participación de segunda orden en la parte violenta de la Revolución, encabezada por cinco hombres del Norte: Madero, Villa, Carranza, Obregón y Calles. Con todo, Michoacán vuelve a ser protagonista o primera figura en las etapas posteriores de la Revolución Mexicana. Su poca ayuda en el movimiento armado compensó la destacada acción del general Cárdenas para hacer un México justo, tan liberal como había proclamado Ocampo y tan independiente como lo quiso Morelos, pero además sin injustas desigualdades de poderío y de conocimientos. En la presente Revolución, la mayoría michoacana se abstuvo de tomar las armas, pero compareció en la hora en que había que construir un México nuevo. Como en el resto de la República, en Michoacán, el reconocimiento al Presidente Díaz como mantenedor de la paz, artífice de ferrocarriles y consolidador del nacionalismo, se había entibiado en todos los grupos sociales, menos en los que tenían el poder: los señores políticos, los amos de las haciendas y los patronos de fábricas y talleres. Al constituirse los partidos "antirreeleccionista", "democrático" y "de Reyes" (los tres opuestos a los abusos de la dictadura de Díaz), numerosos michoacanos se inscribieron en alguno de los tres; los más, al principio, en el que quería para vice-presidente al ministro de la Guerra, general Bernardo Reyes, oriundo del Estado de Nuevo León. Mas, al retirarse de la lucha, la mayoría michoacana se manifestó partidaria del coahuilense Francisco I. Madero que logró derrocar al dictador Díaz. Los michoacanos poco intervinieron en esta época, ya que sólo estallaron pequeños movimientos maderistas en el Estado. En mayo de 1911, en Santa Clara, Salvador Escalante, en compañía de algunos vecinos, se levantó en armas, sin que nadie se lo impidiera, se paseó triunfalmente por la Ladera Sur del Eje Volcánico, OS MICHOACANOS

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por la Meseta Tarasca y por los valles de Morelia. A la capital entró el 30 de mayo en medio de vallas populares. También en el occidente del Estado la insurrección contra Díaz se emprendió poco antes de la caída del dictador; la puso en obra Ireneo Contreras, quien reunió cuatro mil maderistas que recorrieron las calles de Zamora sin que nadie los contradijera, y sin derramamiento de sangre y con satisfacción para (casi) todos, Michoacán quedó enrolado en la Revolución triunfante y dirigido, en lugar del viejo don Aristeo, por el doctor Miguel Silva, notable médico cirujano, sumamente popular por su actitud generosa hacia todos. Bajo la presidencia interina de Francisco León de la Barra y la gubernatura de Primitivo Ortiz se hicieron elecciones en las que resultaron elegidos para Presidente Francisco I. Madero y para Gobernador Miguel Silva. El Presidente Madero, poco tiempo después sucumbió ante la embestida de un general traicionero, Victoriano Huerta, que supo distinguirse en la silla presidencial por sus órdenes de fusilamiento, sus arengas populistas y su consumo de alcohol. El Gobernador Silva, tan amigo de la paz y la justicia, fue malvisto por el general Huerta y tuvo que dejar la gubernatura. Lo sustituyeron los generales: Alberto Dorantes, Alberto Yarza y Jesús Garza Galán. Pero ninguno de los tres, como se verá en la lección siguiente, duraron mucho como máxima autoridad del Estado. El hombre de Michoacán no fue huertista, aunque tampoco se puso a combatirlo.

Los fronterizos El Gobernador de Coahuila, don Venustiano Carranza, desconoció el gobierno de Huerta mediante el Plan de Guadalupe que se firmó el 26 de marzo de 1913. En apoyo de Carranza vinieron muchos caudillos y tropas de los Estados de la frontera norte: los sonorenses Obregón, Hill y Calles; el Centauro del Norte, Pancho Villa, y los noresteños Pablo González y Lucio Blanco. Junto a tales jefes de primera línea, el norte aportó otros muchos caudillos revolucionarios que combatieron a Huerta por todos los rumbos del país, con excepción de dos Estados sureños que dominaban los zapatistas. Uno de éstos quiso entrar en 115


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tierras michoacanas para abolir el huertismo, pero fracasó. El que pelearía contra Huerta sería el general Gertrudis Sánchez y sus hombres, a los que el pueblo dio en llamar los fronterizos, por ser gente la mayoría del norte del país. El general Sánchez era un saltillense de 30 años de edad, de origen humilde, con mínimos estudios, con voz oratoria, como si siempre estuviera diciendo discursos, con experiencias de trabajador de campo, amigo de Madero, y como éste, enemigo de Porfirio Díaz. En plan de maderista fue a México y durante el gobierno de su amigo y protector alcanzó el rango de comandante de rurales con destino al sur, donde peleó contra los zapatistas primero y enseguida contra la gente de Huerta. Según refiere don Jesús Romero Flores: "Se invitó a Sánchez a Huetamo con el pretexto de una tapada de gallos… Terminada ésta… debajo de un corpulento trueno… los señores Sánchez y Rentería Luviano [éste huetameño] acordaron lanzarse a la Revolución" a principios de la primavera de 1913. Desde el cuartel general puesto en Tacámbaro, los fronterizos, en alianza con algunos oficiales de Michoacán, emprendieron la guerra contra el huertismo. El general Sánchez limpió de huertismo la Depresión del Balsas y los valles de la Ladera Sur. El general Francisco de la Hoya, con trescientos hombres, se puso a liberar la región tarasca. Los jefes Rentería, Figueroa, Amaro, Anderson y González que se metieron con cosa de dos mil combatientes a las regiones de Mil Cumbres y Morelia recibieron derrota tras derrota del general Rodrigo Paliza, quien también puso en fuga al general García Aragón, ex zapatista que había ganado para la causa revolucionaria el Plan de Tierra Caliente. Huetamo, cuna de la Revolución en Michoacán, fue reconquistada por los huertistas en octubre de 1913. Poco después salió Sánchez de tierras michoacanas, a las que quizá no hubiese vuelto si el huertismo no se hubiera debilitado en casi toda la República. De regreso en Michoacán, don Gertrudis vende en Cruz de Caminos y hace entrada triunfal a Morelia, y desde allí tiene que enfrentarse a la división de los revolucionarios en carrancistas, villistas, zapatistas y convencionistas. El general Sánchez se puso sucesivamente bajo las varias banderas revolucionarias. Fue carrancista, luego convencionista, después villista y todos los istas que hubo por aquellos días, dice el 116


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profesor Jesús Romero Flores. Quizá habría practicado más ismos de no haber sido muerto por los suyos en abril de 1915. Desde entonces Michoacán quedó a expensas de tropas que simpatizaban con diversos jefes revolucionarios enemigos entre sí. En un ambiente de hambre, proliferó y dejó a muchos tendidos la guerra llamada intestina. De los distintos amos de Michoacán en el bienio 1915-1916 sobresalió el carrancismo, encabezado por el general Alfredo Elizondo, quien tomó algunas medidas que no le atrajeron popularidad al carrancismo, como la abolición en el Estado de la enseñanza católica y de una manera especial los seminarios. Otras medidas, éstas sí de carácter popular, fueron tomadas por el Congreso Constituyente reunió en Querétaro desde finales de 1916, autor de la Constitución promulgada el 5 de febrero de 1917. La nueva Carta Magna de la República contenía algunos artículos francamente revolucionarios como el 3º, relativo a la educación, el 27º, sobre la redistribución de las tierras y el 123, sobre relaciones obrero-patronales.

El ingeniero Ortiz Rubio Al promulgarse la Constitución de 1917, Michoacán aún no podía salir del marasmo en el que lo sumieron el hambre generalizada de 19151916, la revolución y mil circunstancias más. Como quiera, se puede establecer sin mayores contratiempos el orden constitucional. En las elecciones para Presidente de la República resultó electo don Venustiano Carranza. Hubo elecciones para Gobernador del Estado, donde contendieron el general Francisco J. Múgica por el Partido Socialista, el coronel Antonio Márquez de la Mora por grupos desprendidos del Partido Católico Nacional y el ingeniero Pascual Ortiz Rubio por el Partido Liberal. De una contienda electoral reñida salió triunfante el ingeniero, lo cual no dejaba de ser riesgoso en una época de gente bronca. Pascual Ortiz Rubio, nacido en Morelia en 1877, tenía méritos para gobernar. En su ciudad hizo estudios primarios y preparatorios. En la Escuela de Minería de la ciudad de México siguió la carrera de ingeniería. Fue un alumno brillante titulado en 1902. Perteneció a numerosas asociaciones científicas y literarias. Hizo versos con su 117


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nombre y con el seudónimo de Augusto Irma, versos que publicó la revista Flor de Loto. Perteneció también a sociedades de carácter político. Hizo política revolucionaria desde antes del derrumbe del dictador Porfirio Díaz. Fue diputado al Congreso de la Unión durante la presidencia de Madero. En los años de la contrarrevolución huertista sufrió cárceles y persecuciones. Adherido a las huestes de Carranza, anduvo de aquí para allá en el desempeño de cargos administrativos de importancia. Era hombre de mente lúcida, de raíces liberales, de maneras refinadas, bien informado y de espíritu conciliador. De su gubernatura aún se recuerdan cuatro sucesos: la actual Constitución del Estado, la fundación de la Universidad Michoacana, el bandolerismo del Chivo, de Chávez y de otros, y la gripe española. La vieja Constitución fue puesta de acuerdo con la General de la República que se había aprobado el 5 de febrero de 1917. La nueva Constitución estatal estatuyó que la enseñanza secundaria y superior sería coordinada por una Universidad. En el decreto de fundación de ésta se le dio el nombre de Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Quedaron supeditadas al nuevo instituto las siguientes instituciones preestablecidas: Colegio de San Nicolás, escuelas normales, de Medicina, de Jurisprudencia, Industrial, de Oficios, de Bellas Artes, el Museo Michoacano y otros. El primer rector electo fue don Agustín Aragón; el primer efectivo, el doctor Alberto Oviedo Mota. El ingeniero Ortiz Rubio fue un dinámico y entusiasta protector de la cultura escrita y un acérrimo enemigo de la "barbarie" que durante su gubernatura tuvieron cinco o seis líderes de nota: José Altamirano, merodeador de las regiones central y de Mil Cumbres; Jesús Cíntora, azote de la Ladera Sur, de la depresión del Balsas y del Plan de Tierra Caliente, y los menos localistas como El Chivo (ojos amarillentos, barba rubia y melena hasta el hombro), Mechitas, El Tejón y sobre todo Inés Chávez García, jefe de una tropa de mil hombres que se reunía y disolvía a toda velocidad y se especializó en cinco órdenes de delitos: asesinato de hombres y mujeres, incendio de hogares, robo de bestias y orgías alcohólico-musicales. El ejército federal no hizo mayor mella en los grupos de bandoleros. Las defensas locales llegaron a propinarles derrotas de consideración, 118


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pero el tiro de gracia tuvo que dársela la epidemia de gripe española de 1918. La famosa gripe, que mató millones de personas en todo el mundo, se ensañó con la juventud. Se amaneció con dolor de cabeza, venían luego la fiebre y la hemorragia, y por último, para quienes no se cuidaban bien una semana, la neumonía y la muerte. Inés Chávez García fue uno de los descuidados que se llevó la gripe española a muy buena edad, treintañero, cuando todavía estaba en aptitud de cometer muchos crímenes, en vísperas de otro año caótico como el que dio al traste con el gobierno de Carranza. La rebelión de Agua Prieta vino en ayuda de la gripe española; puso en la cúspide del poder nacional a los sonorenses Adolfo de la Huerta, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles; se llevó de ministro de Comunicaciones y Obras Públicas y posteriormente de Presidente de la República a Ortiz Rubio, y trajo al gobierno de Michoacán a un grupo de gente radical, que puso en pie de lucha a los tradicionalistas.

Los radicales y los fanáticos En política se consideran radicales a los partidarios de las reformas extremas, especialmente en sentido democrático. En el mismo terreno, se nombran fanáticos a los que defienden con pasión creencias y opiniones, sobre todo en materia religiosa. En los años veinte hubo muchos radicales y fanáticos, principalmente en tres regiones michoacanas: las dos del Norte y la Meseta Tarasca. El principal líder de los radicales fue el general Francisco J. Múgica, oriundo del Bajío Michoacano, ex alumno del Seminario de Zamora, carrancista, constituyente del ala izquierda en el Congreso que hizo la Constitución, poeta a ratos y hombre de ideas muy firmes en puntos de religión, política y economía. El radical Múgica fue electo Gobernador de Michoacán en 1920. En 1921, cundió la noticia de que el Gobernador y sus colaboradores eran tan rojos como el fuego. A mediados del año, en una manifestación de trabajadores, los radicales expusieron sus creencias anticatólicas y socialistas. En otra manifestación, los fanáticos quisieron exponer su alianza con las tradiciones, cosa que no se pudo porque la policía disolvió a balazos a 119


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los manifestantes enemigos. La refriega mató a dos fanáticos y a dos radicales. Las desavenencias entre fanáticos y radicales quizá habrían llegado a mayores si el Presidente Álvaro Obregón no hubiese presionado la salida del Gobernador Múgica, a quien se le dio licencia en 1922. En 1923, Múgica quiso volver a su gubernatura, pero fue aprehendido y en un tris se escapó de que le hiciesen realidad el famoso telegrama de Obregón: "México, diciembre 10, 1923. Suyo de hoy. Enterado que el general Francisco J. Múgica fue muerto al pretender ser libertado por sus partidarios. Lamento lo ocurrido y preséntese Ud. en ésta (Coronel Miguel Flores) a rendir parte circunstanciada". Obregón no tuvo que lamentar ninguna ocurrencia; don Sidronio Sánchez se mantuvo como Gobernador interino del Estado hasta que los rebeldes delahuertistas lo depusieron, y el pleito del partido radical con el partido fanático se pospuso por tres años. Vencida la rebelión de don Adolfo de la Huerta, Plutarco Elías Calles obtuvo la presidencia de la República desde donde manifestó la poca simpatía que le inspiraban los fanáticos defensores de la tradición. La gubernatura del general Enrique Ramírez (1924-1928) no fue opuesta a la modernización que pretendía el general Calles en todo el país. En Michoacán, como en el resto de la República, se clausuraron los seminarios donde los jóvenes se preparaban para sacerdotes, se redujo el número de éstos y se mandó que sólo pudieran ejercer los clérigos registrados. A estas medidas que se tomaban conforme a la Ley Reglamentaria del Artículo 130 de la Constitución respondieron los fanáticos urbanos con la suspensión del culto en los templos, y miles de fanáticos campesinos con una rebelión que habría de durar tres años y que en el Bajío Zamorano, en la Meseta Tarasca, en el Plan de Tierra Caliente y en la Sierra Madre del Sur fue ardua y sangrienta. Desde 1926 comenzaron las rebeliones de fanáticos campesinos; todas pequeñas y muy localizadas; ninguna verdaderamente peligrosa para la estabilidad del régimen radical. Nadie las dirigía en su conjunto. Sólo eran nubarrones y truenos de principio de aguas transformados en tormenta en 1927. Entonces se produjo el levantamiento grande. La gente de numerosas pueblecitos y rancherías michoacanas, molestos por la suspensión del culto, salió a pelear contra los jefes modernizadores. Multitudes innumerables e 120


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inermes se lanzaron a la guerra y le proporcionaron un final difícil y deslucido al gobierno de Enrique Ramírez, y un principio nada cómodo a la gubernatura del general Lázaro Cárdenas.

El general Lázaro Cárdenas En el seno de una familia de la burguesía rural y en pleno porfirismo, nace Lázaro Cárdenas en Jiquilpan de Juárez. Su padre, a veces campesino, otras rebocero, finalmente comerciante; su madre, de clara extracción campesina; su pequeño mundo, además de los seres queridos, lo formaban los árboles, la escuela, el campo pedregoso y el quieto paisaje de la región. En un ambiente donde predominan las injusticias, de estrecheces familiares, recibe las enseñanzas de un eminente profesor liberal, don Hilario de Jesús Fajardo. Al mismo tiempo que comienza a conformarse su ideología, con profundas convicciones nacidas de la contradicción evidente entre los postulados políticos oficiales y la realidad, empieza también su conocimiento de los problemas agrarios y su arraigo a la tierra. En su adolescencia, casi niño, debe hacerse cargo de la casa y la familia. Trabaja entonces en la oficina de rentas de Jiquilpan y en la imprenta La Económica. Siente, comprende y cobra conciencia allí su condición de trabajador. Cuando la revolución llega hasta ese su mundo de joven, en Lázaro Cárdenas ya hay muchos elementos que lo predisponen para abrazar su causa con la serena y viril fuerza de sus 18 años. Después de meses de clara reflexión se une a la causa del pueblo encabezada por el Constitucionalismo en contra de la usurpación de Victoriano Huerta. Lázaro Cárdenas dejó la tranquilidad y el hermoso paisaje de Jiquilpan, y en julio de 1913 se presenta al general García Aragón en la población de Buenavista, iniciando así un largo recorrer: primero por los rumbos de la Tierra Caliente, entre breñales, ríos de aguas broncas, llanadas de fuego, para después seguir a la capital federal, al centro del país, al noroeste, desiertos y sierras. Mucho aprende el joven Cárdenas en su diario contacto con los hombres y mujeres de las muchas y muy diversas regiones que recorre; mucho enriquecen su intelecto las experiencias cotidianas de aquellos años de la más alta crecida del violento río de la Revolución. 121


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Al finalizar la campaña de Sonora, logra que se le envíe a combatir, ya en su tierra natal, a las bandas depredadoras de Inés Chávez García, Cíntora y Altamirano. En 1920 es designado Gobernador del Estado. En esos meses legisla para establecer el salario mínimo, y le corresponde organizar el proceso electoral en el que resulta triunfante el general Francisco J. Múgica. Cárdenas queda como comandante de la zona militar y prosigue luego su recorrido por las diversas partes del territorio nacional: el Bajío de Guanajuato, el istmo de Tehuantepec, las Huastecas con su petróleo y las compañías de entonces, y por fin, en 1928, Lázaro Cárdenas es electo Gobernador Constitucional de Michoacán, sucediendo en el cargo a un michoacano ilustre, probo y digno, su querido amigo de toda la vida, el general Enrique Ramírez. El cuatrienio 28-32 es en la vida política de Cárdenas un laboratorio que le permite poner en práctica lo más esencial de su pensamiento político: inicia una etapa renovadora y pujante en materia agraria, desarrolla toda su energía en beneficio de la educación popular, y en materia de trabajo auspicia todo lo que conduzca a la superación del obrero. Entre 1928 y 1932, además de desempeñar la gubernatura constitucional de su Estado, comanda la columna del noroeste que combate la sublevación militarista de 1929; cumple con la misión de pacificar a los rebeldes cristeros en el propio Michoacán; es electo presidente del Partido Nacional Revolucionario y designado Secretario de Gobernación. El período 1928-1932 es el parteaguas entre Revolución destructiva y la Revolución constructiva. A Lázaro Cárdenas, como Gobernador de Michoacán, le tocó remover los últimos escombros del antiguo régimen, deshacerse de algunos aspectos pesados del pasado, e iniciar en su patria chica el quíntuple camino de la reforma agraria (reparto y riego de tierras), de la reforma laboral (organización de trabajadores y apertura de fuentes de trabajo), del fomento de comunicaciones modernas (cintas asfálticas y transportes de combustión interna), del impulso a la educación (escuelas para enseñar a leer y a trabajar) y poblacionismo consistente en mejorar, mediante medidas sanitarias y deportes, los recursos humanos. Como Presidente de la República Mexicana fue ejecutor de la Constitución de 1917, ayudó a los indígenas marginados; repartió la 122


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tierra y el agua a los campesinos, apoyó en sus derechos al obrero; fomentó la educación. La expropiación petrolera efectuada el 18 de marzo de 1938 le dio al Presidente la solidaridad moral del pueblo y constituyó un apoyo básico al desarrollo nacional. En su política internacional siguió una política amistosa hacia todos los países de la tierra, especialmente a los de habla española. Se solidarizó con los oprimidos y perseguidos políticos de otras naciones. Así dio asilo a miles de republicanos españoles que no podían estar en su patria sin peligro de sus vidas. En el caso de Abisinia, la delegación de México defendió ante las Naciones Unidas los derechos de los etíopes cuando fueron agredidos por Italia. En 1937 concedió asilo en nuestro país a León Trotski.

Agrarismo: ejido y riego Desde 1910 el Plan de San Luis Potosí había ofrecido devolver sus terrenos a las comunidades indígenas. Al año siguiente el Plan de Ayala prometió dar tierras y no sólo restituirlas. El Pacto de la Empacadora de 1912 propuso la repartición gratuita de baldíos y terrenos ociosos. En 1914, los firmantes del Pacto de Torreón ofrecieron distribuir equitativamente las tierras labrantías. En 1915, el carrancismo expidió la ley agrarista del 6 de enero. En 1916, la Convención de Aguascalientes superó las promesas de los carrancistas. En 1917, el artículo 27 constitucional dispuso la devolución de tierras a las comunidades, la hechura de ejidos y el fomento del patrimonio familiar. En años posteriores se promulgaron leyes iguales o parecidas: Reglamento agrario de la Confederación Nacional Agraria; circular del 31 de octubre de 1922 sobre ejidos en común; Ley de Tierras Ociosas de don Adolfo de la Huerta; Reglamento sobre reparto de tierras y constitución del patrimonio parcelario; Ley de Dotaciones y Restituciones de Tierras y Aguas; Ley de Colonización, Código Agrario y otras ordenanzas hechas con el propósito de ayudar a los trabajadores rurales haciéndolos propietarios de las tierras que trabajaban. 123


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Desocupado de la rebelión cristera, el gobernador Lázaro Cárdenas puso especial empeño en la distribución de tierras a campesinos pobres. Siendo Gobernador, repartió cuatrocientas mil hectáreas de buenos terrenos a veinticuatro mil campesinos. Siendo Presidente de la República, con el apoyo del Gobernador Magaña, prosiguió el reparto de haciendas y de ranchos grandes: Chila, Junco, Los Bancos, Uspero, Capirio, Lombardía y Nueva Italia en el Plan de Tierra Caliente. El Devanador, La Tuba, San José en el Bolsón del Balsas; Puruarán, Buenavista, San Antonio de las Huertas y San Sebastián en la Ladera Sur; San Simón, La Luz, Cumuato, Guaracha, Buenavista de Negrete y Rincón Grande en la región de Zamora, y Queréndaro, Jaripo, Salitrillo, La Huerta, Tepetongo, Chincua, Santa Ana Mancera y Villachuato en la región de Morelia. Todas las citadas y otras haciendas fueron convertidas en ejidos; la mayoría durante la presidencia de Cárdenas, y las restantes en las presidencias siguientes. Aparte de repartir la tierra de Michoacán entre el mayor número, se fundaron instituciones especiales, como los bancos de Crédito Agrícola, de Crédito Ejidal, Rural y otros para que vinieran en auxilio de los nuevos propietarios. También se pusieron en marcha grandes obras de irrigación que comenzaban con la hechura de enormes presas o embalses: La Villita próxima al litoral del Pacífico; El Infiernillo, Zicuirán, y Los Olivos en el Plan de Tierra Caliente; El Pijo en la depresión del Balsas; El Bosque, Agostotitlán y Pucuato en Mil Cumbres; Aristeo Mercado, Cointzio, Malpaís, Tepuxtepec, Rosario, Lagoné y Santa Teresa en los valles de Morelia, y Urepetiro, San Juanico, San Antonio Guaracha, Jaripo, Gonzalo, Capulín, Ibarra y Rincón de Ochoa en los valles de Zamora. Mediante presas y canales se hicieron varios emporios agrícolas: el del Tepalcatepec en el Plan de Tierra Caliente; los de Zacapu, Zamora, la Ciénega y Guaracha en el Bajío Zamorano y los distritos agrícolas que rodean a la ciudad del cielo azul y la cantera blanca, es decir, Zamora. En pocos años, el Plan de Tierra Caliente, gracias a la Comisión del Tepalcatepec cuyo vocal ejecutivo fue don Lázaro Cárdenas y gracias también a 1,600 kilómetros de carreteras y brechas, obras de grande y pequeña irrigación plantas hidroeléctricas, hilos conductores de energía, estaciones experimentales y muchas obras más, la Tierra 124


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Caliente antes tan árida y malsana se transforma en vergel salubre. A partir de 1960 el desarrollo se acelera debido a cambios de cultivos, a nuevos mercados y a nuevas industrias. Desde 1960 se ampliaron hasta 43 mil hectáreas los cultivos de algodón; se mantuvieron en 12 mil los de arroz y ajonjolí, y las plantaciones de melón y sandía se ensancharon notablemente. Desde 1960 se transitó hacia los cultivos caros y rendidores. La prosperidad económica que los Cusi habían logrado en una parte de la Tierra Caliente, Tata Lázaro la extiende a casi toda la región. Aunque en menos escala, se dieron progresos en el valle azucarero de los Reyes, en la zona fresera de Zamora, en los distritos cerealeros de la Ciénega de Chapala, Zacapu y Queréndaro.

Laborismo, sindicato y fábrica Los primeros pasos de la revolución industrial michoacana estuvieron también muy ligados a la gubernatura y al sexenio presidencial de Cárdenas. Según algunos, la revolución industrial comenzó por establecer buenas condiciones de trabajo para los obreros. Pasado el susto de la Cristíada y de la rebelión escobarista, Cárdenas se encontró libre para hacer del gobierno de su tierra natal una avanzada de la Revolución y al mismo tiempo una experiencia novedosa. Se trató de establecer nuevos órdenes agrícola, industrial, política y cultural con la ayuda de trabajadores organizados. Se quiso que los protagonistas de la industrialización local fueran los obreros, juntos con la Confederación Revolucionaria Michoacana del Trabajo, más conocida por las siglas de CRMT. La CRMT fue el apoyo mayor de Cárdenas en el gobierno de Michoacán. Los líderes de la CRMY intervenían en la designación de presidentes municipales, jueces menores y de primera instancia, diputados locales y federales. En manos de los dirigentes obreros que se manifestaban tan revolucionarios como el mismo Cárdenas, se puso la tarea industrializadora que bien pronto se salió del control de la CRMT y otras organizaciones obreras para tomar, como en el resto del país, una ruta capitalista. En los últimos cuarenta años, el desarrollo industrial ha sido particularmente rápido en las regiones de la Costa, Plan de Tierra 125


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Caliente, Ladera Sur, Bajío de Morelia y Bajío de Zamora. En la punta oriental de la franja costera, en la ciudad de Lázaro Cárdenas, a partir de 1969, crece a paso veloz la industria del acero, el Complejo Siderúrgico Lázaro Cárdenas Las Truchas (SICARTSA), cuya magnitud es superior a la de cualquier otra industria de Michoacán, cuyo equipo es altamente rendidor y moderno y cuya atracción de trabajadores es incomparable, sólo superada por las zonas de producción petrolera. En el Plan de Tierra Caliente, sobre todo en Apatzingán, desde los años cuarenta, comenzaron a establecerse fábricas despepitadoras de algodón, de insecticidas y fumigantes, de hielo y de aceite esencial de limón. En la región de los balcones o Ladera Sur, Uruapan reanudó su progreso industrial con los recursos tradicionales, pues de sus pinos volvió a sacar resinas y maderas y a sus artesanías (bateas laqueadas, chocolate de mesa, hilados y tejidos) las subió a las alturas de la fama. Por el mismo tiempo, en la supuestamente tranquila Morelia, se produjo un despegue industrial manifestado en fábricas de cerillos, papel, concreto, mosaicos, xantatos y aceite, embotelladoras, molinos de trigo, resineras, imprentas y fábricas de ates, rompope y artículos similares que están a punto de añadirle a la ciudad rosa el epíteto de ciudad industrial. Al contrario de la industrialización en las otras regiones de Michoacán que sólo se produjo en un sitio, en la zona del Bajío Zamorano se desarrolló en cinco centros: Jiquilpan, ciudad rebocera y productora de cerillos; Sahuayo, donde prosperó admirablemente la huarachería y la fábrica de sombreros; La Piedad que comenzó a hacerse notar con los aromas de las zahúrdas o chiqueros para puercos, y luego con las fábricas de alimentos pecuarios, y por último, con las empacadoras de carnes, de ricos jamones, salchichas y cosas por el estilo. En Zamojac y Jacozamo (Zamora y Jacona) crece, a partir de los sesentas, la industria frigorífica que expide fresa con azúcar, fresa empacada, fresa congelada con azúcar y otras frutas frías. La industria relacionada con la fresa vino a coronar la industrialización del valle especializada en postres: ates, chongos y una enorme variedad de dulces de leche. Lo fértil y tibio del valle propició también las fábricas de fertilizantes y de hielo. Sin embargo, en la región noroccidental en los valles de Zamora, es Zacapu la que puede referir la historia más lúcida de índole industrial gracias a 126


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cuatro empresas de empuje: Celanese Mexicana, cuya especialidad con las fibras sintéticas; Industrias Químicas de México que expiden ácido sulfúrico; la Resinera de Zacapu y la Deshidratadora de Alfalfa de allí mismo. Tanto dinamismo industrial postrevolucionario se debe, en buena parte, al rápido desarrollo de la industria eléctrica en las tierras calientes. La Planta Hidroeléctrica de El Infiernillo puso a Michoacán en uno de los tres primeros sitios de producción de energía eléctrica dentro de la República Mexicana.

Caminismo: carreteras y trocas Siendo Presidente de la República el genera Lázaro Cárdenas y Gobernador de Michoacán el general Gildardo Magaña, se emprendió la magna obra de la carretera de México a Guadalajara que salió de la metrópoli rumbo a Toluca; entró a Michoacán por Zitácuaro y comunicó cuatro regiones: Mil Cumbres, Región Moreliana, Meseta Tarasca y Bajío de Zamora y salió de la entidad por la costa sur de Chapala. El eje de la red de caminos del Estado se estrenó en 1938 y enseguida ganó fama de sinuoso y maravilloso. La opinión pública recibió con tantos ¡oh! la carretera federal número 15 que los gobiernos nacionales posteriores (Ávila Camacho, Alemán, Ruiz Cortines, López Mateos, Díaz Ordaz, Echeverría y López Portillo) junto con los gubernamentales de Ireta, Mendoza, Cárdenas, Franco, Arriaga, Gálvez, Chávez y Torres Manzo, siguieron haciendo carreteras por las cumbres y los valles de Michoacán sin miedo a los altos costos. Durante las gubernaturas de Félix Ireta y José María Mendoza Pardo se desprendieron del eje central, de la carretera de MéxicoGuadalajara, los ramales a Zinapécuaro, Pátzcuaro, Uruapan y San José de Gracia a Manzanillo. Durante las gubernaturas de Dámaso Cárdenas y David Franco Rodríguez se pusieron en servicio cintas asfálticas que ligaron a las ya existentes todas las villas y ciudades de los bajíos de Zamora y Morelia; la mayoría de los centros urbanos de la Meseta Tarasca, de la Ladera Sur y del Plan de Tierra Caliente. En 1962 la red de caminos de Michoacán llegó a los mil kilómetros de 127


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carreteras pavimentadas o grises y a los mil setecientos de carreteras revestidas o rojas. Durante las gubernaturas de los licenciados Agustín Arriaga Rivera, Servando Chávez y Carlos Torres Manzo se triplicó la longitud de los caminos carreteros de Michoacán y sobre todo fueron unidas por carretera las regiones del Estado faltantes: la depresión del Balsas, la Sierra Madre del Sur y Los Bajos o la Costa. La figura de Juan Colorado, que recorría las tierras michoacanas en su caballo El Huracán, se esfuma o quizá sólo se vuelve a su terruño según lo dice el mismo: Ya se va Juan Colorado que los vino aquí a saludar el que me busque me encuentra por el rumbo de Apatzingán. Lo que sí es absolutamente cierto es que falta a la verdad de los cuarenta que dice: Por las montañas y valles con mi cuaco cruzo veloz yo en cada pueblo que paso dejo siempre vivo un amor. Quizá algún hijo de él ande ahora por los caminos pero seguramente no en cuaco, y menos en silla de cuero, plata y marfil y con dos pistolas al cinto. Ahora si es rico irá por las carreteras en vistoso automóvil y si pobre en autobús de segunda, aunque es probable que sea troquero, que sea chofer de una troca o camión de carga que llevan los productos de Michoacán a los cuatro puntos cardinales. En los últimos cuarenta años, las trocas o camiones le han quitado gran parte de la carga a los ferrocarriles, pero no los han sustituido. De hecho, aunque no tan aprisa como la caminera, ha crecido la red ferroviaria. En 1941 se estrenó el ferrocarril UruapanApatzingán y en 1979 el que va de Coróndiro a Lázaro Cárdenas. También por ferrocarril la Revolución unió las nueve regiones de Michoacán. También debido al ferrocarril han quedado casi 128


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inservibles las recuas de mulas, los burros, los caballitos, las canoas que cruzaban las lagunas de Chapala y Pátzcuaro. Entre el tren y la troca se han llevado los viejos transportes, pero el tren y el camión han venido siendo menos indispensables desde los años treinta, desde que comenzaron a volar los aviones y las avionetas. Desde 1940 vienen construyéndose pistas de aterrizaje, grandes y pavimentados aeropuertos junto a las poblaciones y pistas de tierra aun en pueblecitos de poco renombre. Si los restantes "ismos", los que nos faltan por escudriñar, hubieran marchado tan derechos y veloces como el caminismo, otro gallo nos cantara.

Alfabetismo: educación para el trabajo Los autores de la modernización de Michoacán se empeñaron desde hace medio siglo, más que en hacer caminos que unen físicamente, en erigir escuelas para obtener una verdadera comunión espiritual entre los hombres y un modo menos difícil de ganarse la vida. Durante su gubernatura, el general Cárdenas quiso hacer una reducción del número de sacerdotes, dispuso que sólo hubiera un cura por cada tres municipios y toleró la quema de santos. Desde la presidencia propició una educación empeñada en preparar a los alumnos para las actividades de los tiempos modernos. Desde los días de su gubernatura, abrió en Michoacán cien nuevos planteles de enseñanza por cuenta del tesoro estatal y trescientas más costeadas por los patronos de las fincas rústicas, una escuela técnica industrial para indios y otra para mujeres. Si uno lee los informes ante el Congreso Local de los generales Serrato, Magaña, Ireta y Dámaso Cárdenas, ve que todos ellos se demoraron en la relación de las escuelas construidas y en las personas que eran liberadas del analfabetismo. El Gobernador José María Mendoza Pardo hubo de dejar el puesto dizque por no invertir en la educación lo exigido por los estudiantes nicolaitas o universitarios. David Franco Rodríguez abre escuelas primarias al por mayor y "construye, además, los edificios de las facultades de Derecho, Ingeniería, Enfermería y el de las oficinas de la Universidad". Agustín Arriaga Rivera, pese al choque de su gobierno con la Nicolaita, 129


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construyó abundantes escuelas a lo largo y a lo ancho del territorio de Michoacán. También el Gobernador Servando Chávez hizo mucho por la enseñanza elemental y por la técnica, y el Gobernador Carlos Torres Manzo, que en conexión con el gobierno federal, ha impulsado la educación en varios niveles. Aunque no a tanta velocidad, han proliferado, desde los cuarenta, los planteles para niños de carácter privado; es decir, las escuelas de paga. El desarrollo de la enseñanza media, tan débil en el Porfiriato, empezó con la etapa constructiva de la Revolución. Para 1962 ya había 36 escuelas secundarias en Michoacán, con 5,356 alumnos; tres preparatorias con 180, y 6 normales con 1,362. En el ciclo escolar 1991-1992 se reportaron 925 escuelas secundarias (de las cuales 269 eran secundarias generales y para trabajadores, 503 telesecundarias y 153 secundarias técnicas), 14 escuelas normales, 50 escuelas profesionales media y 154 instituciones de educación media superior. En ese año escolar se inscribieron en la secundaria 154,649 alumnos; en las normales 3,152 y en las instituciones de educación superior 27,857. En 1919, al año de fundarse, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo tenía 904 alumnos repartidos en un par de licenciaturas y seis o siete escuelas de nivel pre y subprofesional. En 1962 el número de alumnos había subido a 3,500 repartidos en siete facultades (Derecho, Ingeniería, Medicina, Odontología, Agrobiología, Contabilidad y Altos Estudios) y en varias escuelas secundarias y preparatorias. En la actualidad existen 13 instituciones de educación superior en Michoacán. Entre ellas se encuentran la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, cuatro institutos tecnológicos, siete escuelas normales públicas y siete privadas, cinco establecimientos privados y el Colegio de Michoacán. La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo agrupa cinco facultades, 15 escuelas y dos institutos. Además, en Pátzcuaro se encuentra una escuela de etnoligüística y el Centro Regional de Educación Fundamental para América Latina, que se identifica con el nombre de CREFAL, fundado en 1951. En 1979 se fundó El Colegio de Michoacán en Zamora, para emprender investigaciones en el campo de las ciencias humanas, para formar investigadores en historia y antropología social y para 130


MICHOACÁN

difundir, a través de revistas y conferencias, los resultados de su investigación.

EDUCACIÓN Alumnos

Núm. de Escuelas 1980-1981 31,617 711,033 110,547 5,707 17,711 27,252 903,867

Prescolar Primaria Secundaria Profesional medio (técnico) Bachillerato Educación Superior Total

1991-1992 102,203 680,115 154,649 13,672 50,518 27,857 1.029,014

Poblacionismo: emigración salud A los hombres de la Revolución les dolía la merma de mexicanos que hubo en el decenio 1910-1920 y les preocupaba el lento crecimiento de la población en los veinte años siguientes. Durante treinta años el número de michoacanos creció muy poco. En los últimos cincuenta años ese número se ha multiplicado; en vez de uno es de tres millones y medio de habitantes. Sobre todo algunas zonas del Estado crecieron alocadamente desde 1940. En ese año eran 46 mil los terracalenteños; en 1960, 120 mil, y en 1990, cerca de 300 mil. El veloz crecimiento se dio principalmente en las ciudades. Zamora pasa de 35 mil habitantes en 1960 a casi 110 mil en 1990; Zacapu sube de 20 mil en 1960 a 43 mil en 1990; Morelia con 120 mil en 1960, supera los 400 mil en 1990; Apatzingán sube de 2 mil habitantes en 1940 a casi 77 mil en 1990; y Lázaro Cárdenas alcanza en sus pocos años de fundada los 53 mil habitantes. El notable crecimiento de Michoacán en la época postrevolucionaria se debió al mantenimiento de una alta tasa de natalidad y a la disminución prodigiosa de la mortalidad. A mediados de la década de los setenta por cada 1,000 habitantes nacían 55 131


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michoacanos. La proporción bajó a 38 nacimientos por cada 1,000 personas en 1990. Pese a este descenso, la natalidad michoacana continúa siendo superior al promedio nacional, ya que llegó a 34 nacimientos por cada 1,000 personas en 1990. Se aplicaron los antibióticos, se incrementaron las campañas contra el paludismo y se aumentó el número de hospitales. Muchos niños que antes de cumplir un año de edad morían, ahora con estos auxilios sobreviven. En 1930 se morían cosa de 25 por millar al año. Esa cifra bajó a 15 a mitad de siglo y a sólo 8 veinte años después. En 1990, el crecimiento anual de la población michoacana era de 33 por mil debido a diferencia de nacimientos y defunciones. Sin embargo, el crecimiento real fue bastante menor porque muchos michoacanos decidieron emigrar y fomentar el bracerismo. Desde los años cuarenta, se precipitó la fuga de michoacanos. Unos se fueron en plan de estudiantes a México y a Guadalajara; otros, a buscar trabajo en la urbe; los más, de braceros a los Estados Unidos. En 1942 se firma un convenio entre autoridades mexicanas y del otro lado que puso a los campesinos de México a disposición de los agricultores norteamericanos mientras durara la Segunda Guerra Mundial. A poco de concluida ésta, Estados Unidos entra en el conflicto de Corea y requiere otra vez campesinos mexicanos. En una década un millón de braceros salió hacia el norte con sus papeles en regla y quizá otro millón de contrabando. Más de la mitad de esa cifra de emigrantes provino del Distrito Federal, Michoacán y Guanajuato. Posteriormente se cerró la frontera norteamericana para los trabajadores mexicanos, pero ni por esas, prescindieron de sus visitas temporales y para siempre a los Estados Unidos. La bracereada ha traído vueltos locos a los campesinos de Michoacán desde 1943. Con los nombres de braceros, enmicados o espaldas mojadas cientos de miles de hombres, y también algunas mujeres y niños, mudaron los ejidos y los pueblos de Michoacán por las plantaciones norteamericanas. Como quiera, todavía permanecen muchos michoacanos haciendo siembras y dando frutos, como lo verá el paciente lector en el séptimo capítulo que sigue.

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NATALIDAD Y MORTALIDAD (Por cada 1,000 habitantes) Muertes 1930 1950 1970 1990

25 15 9 5

Nacimientos 1940 1970 1990

100 40 28

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7 Michoacán y su economía

Sumario Población Agricultura Ganadería Silvicultura Pesca Minería Industria Caminos y Transportes Comercio Turismo

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Población

E

de población que se hizo en 1980 obtuvo la cifra de 3.049,400 habitantes. El décimo primer censo general realizado en 1990 obtuvo la cifra de 3.548,199 habitantes como población total. Según esto, habría 62 habitantes por kilómetro cuadrado si la población estuviera repartida uniformemente en el territorio del Estado. Pero la densidad demográfica dista mucho de ser homogénea. Hay municipios como el de Arteaga, que tienen diez habitantes por kilómetro cuadrado y otros, como el de Jacona, que casi llega a 500. Aproximadamente dos quintas partes de la población vive en localidades menores de 2,500 habitantes y, por lo mismo, se les considera rurales. De los centros urbanos, uno (Morelia) tiene más de 400 mil habitantes; dos tienen entre 100 y 500 mil (Uruapan y Zamora); cinco entre 50 y 100 mil (Apatzingán, Lázaro Cárdenas, La Piedad, Sahuayo y Zitácuaro) y 14 entre 15 y 50 mil (Hidalgo, Huetamo, Jacona, Jiquilpan, Maravatío, Múgica, Pátzcuaro, Puruándiro, Los Reyes, Playa Azul, Tacámbaro, Tangancícuaro, Yurécuaro, Zacapu). La tasa natural de crecimiento de la población se mantiene alta, aunque menor que en los dos decenios anteriores. En el tercer cuarto de la presente centuria la natalidad michoacana fue de 46 nacimientos por cada mil habitantes al año. En 1990 llegó a 38 nacimientos porque se han difundido medios eficientes de control de la natalidad, sobre todo en las ciudades. Como ya se vio, la mortalidad, que en 1940 era de 25 defunciones por cada mil habitantes, bajó en 1970 a nueve y en 1990 a cinco, debido a que mejoraron los servicios médicos y las condiciones generales de salubridad. Todavía en 1940 de cada mil niños que nacían vivos se morían cien antes de su primer año. En 1990, pese a los mejores servicios de salubridad, aún se mueren alrededor de cuarenta. La tasa real de crecimiento es menor que la natural. Hasta 1950 la salida de michoacanos fue reducida, o por lo menos sólo temporal. Hasta ese año eran casi tantos los que salían de Michoacán como los que venían a vivir a él. Ahora la emigración es más caudalosa que la inmigración. En Michoacán no hay quehacer para muchos. Por falta de absorción de mano de obra, en los dos últimos decenios, de L DÉCIMO CENSO

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acuerdo con datos del censo de 1990, 866 mil michoacanos han emigrado, principalmente al Estado de México, a la capital de la República, a Jalisco, a Baja California y a los Estados Unidos de América. En plan de estudiantes y profesionistas van muchos a la ciudad de México. Algunos estudiantes y numerosos obreros se trasladan al Estado de México y a Jalisco. Un gran número de pobres se ha ido a Estados Unidos de América a trabajar; algunos con documentos y otros sin ellos; a estos últimos se les suele llamar espaldas mojadas. En los últimos años la salida de michoacanos se ha incrementado. En nuestra entidad abundan los niños. El 40% de la población (un millón 457 mil) es de menores de catorce años. De la gente de 12 a 55 años, el 15% corresponde a la población económicamente activa, ocupada en empleos remunerados. De cada cien activos o trabajadores, 34 se dedican a la agricultura, la ganadería, la silvicultura y la pesca; es decir, a ocupaciones agropecuarias, o del sector primario. En las actividades industriales o del sector secundario se ocupa cerca de la cuarta parte de la PEA michoacana, y en el comercio, los transportes y los servicios, o sea en el sector terciario, laboran casi las dos quintas partes de la gente trabajadora. El 30% de la población en edad altamente productiva, de 15 a 29 años, se encuentra ocupada en alguna actividad remunerada. Ocupación por sector de actividad en Michoacán. 1990 Sector de actividad

Población ocupada 303,224 206,491 333,788 48,370 891,873

Agropecuario o primario Industrial o secundario Comercio y servicios o terciario No especificado Total

Porcentaje

34.0 23.2 37.4 37.4 5.4 100 FUENTE: INEGI Y GOBIERNO DEL ESTADO DE MICHOACÁN. ANUARIO ESTADÍSTICO DEL ESTADO DE MICHOACÁN. 1993. 136


MICHOACÁN

Agricultura La tercera parte de los trabajadores michoacanos se ocupan en actividades primarias; es decir en labores agrícolas, silvícolas, ganaderas y de pesca. Sin embargo, estos quehaceres son poco recompensadores si se comparan con los de la industria, el comercio y los servicios públicos. La gente del campo produce y capitaliza poco y cada vez menos. Quizá por lo mismo disminuye con bastante velocidad. Las labores campestres suelen ser repudiadas porque son muy mal pagadas y no cuentan con el apoyo suficiente que permita la adecuada explotación de las tierras. Por ello, en la década de los ochenta la producción de cultivos básicos disminuyó, salvo el maíz que ha venido aumentando. El Estado tiene en cultivo casi un millón de hectáreas, de las cuales 214 mil están irrigadas. Michoacán cuenta con distritos de riego, algunos tan importantes como los de Tierra Caliente, Ciénega de Chapala, Valle de Zamora y Valle de Queréndaro. En 1992, casi la mitad de la superficie de labor del Estado estaba sembrada con maíz y el 3% con frijol. Desde hace miles de años estos cultivos son muy importantes por el número de familias que dependen de ellos y porque proporcionan los alimentos básicos de la mayoría de la gente. El sorgo en grano ocupa el 11% de la superficie laborada y el trigo en grano el 5%. El aguacate se cultiva en el 8% de la superficie y la caña en el 2%. El resto de la superficie está cultivada con varios productos, como garbanzo blanco, limón agrio, mango, lenteja, melón, tomate rojo y otros cultivos cíclicos y perennes. Así y todo no se alcanza aún la diversificación agrícola deseable y posible. En las tierras de temporal se cultivan principalmente maíz, frijol y ajonjolí. A causa de la manera tradicional como se trabajan, estas tierras proporcionan rendimientos muy bajos. En la superficie irrigada los cultivos son, en cambio, muy rendidores, incluso los de maíz. Los más redituables en 1992 fueron el jitomate, la avena forrajera, el melón, el ebo janamargo y el trigo, entre otros. Las buenas ganancias se deben al buen aprovechamiento de las sementeras. En las zonas irrigadas se utilizan las mejores técnicas de cultivo. Para los agricultores de tales zonas el problema principal son 137


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los precios de sus productos, que cambian frecuentemente. En las zonas temporaleras, los obstáculos mayores a su desarrollo residen en la carencia de maquinaria agrícola y el suministro de agua. Todavía existe el autoconsumo donde los labriegos y su familia comen lo que producen, donde nada de lo cosechado se vende. Los agricultores michoacanos tienen otros problemas: el crédito para cultivos de temporal es aún insuficiente; la asistencia técnica por parte de las autoridades competentes es todavía muy restringida pese al incremento habido; hay insuficiencia de campos de experimentación agrícola en el Estado, por lo que se utilizan muchas veces investigaciones realizadas en ámbitos ecológicos diferentes al de Michoacán; existe poca inversión destinada a la mejoría de los suelos, a quitarles salitre, nivelarlos, evitar su erosión y drenarlos. Como si esto fuera poco, es notoria la falta de organización de los productores. La agricultura michoacana, aun en los distritos de riego, tiene mucho camino que recorrer para conseguir altas calificaciones. Un buen número de sus problemas son de difícil solución por lo elevado de los costos, las formas de tenencia de la tierra y el espíritu conservador de algunos agro-productores. No sólo la agricultura, sino también la cría de los animales, como lo vamos a ver, deja mucho que desear. El que el Estado sea el primer productor de aguacate y fresa y el segundo de limón en la República no es para conformarse.

Ganadería De acuerdo con las estimaciones de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos, el 44% de la superficie de Michoacán, 2 millones y medio de hectáreas, es potencialmente propicia para actividades pecuarias. Sin embargo la proporción de esa superficie que se destina a la ganadería mayor aún es pequeña. Los municipios con mayor producción de ganado vacuno, según datos de 1992, en orden de importancia son: Apatzingán, Tepalcatepec, Huetamo, Arteaga, Aguililla, Coeneo y Marcos Castellanos. En las últimas dos décadas, la cría de caballos, mulas y burros ha disminuido, lo mismo que la de borregos y chivos. La ganadería porcina, tan numerosa como la vacuna, es sumamente importante en algunos municipios, 138


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como en La Piedad y, en menor proporción, Huandacareo, Ecuandureo y Huiramba. En una gran proporción, los cerdos de los hogares rurales conviven con gallinas y guajolotes que se crían para el autoconsumo. Según datos recabados por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), la población ganadera en 1992 se distribuía así: Vacuno Porcino Ovino Caprino Aves Colmenas

1.156,274 1.166,105 11,291 59,580 188,054 18,073 Total

De hecho el número de vacas, puercos, borregos, chivos y gallinas es bastante grande, pero no como debiera ser. Rinde poco a causa de las características de las especies y de la manera como se cría: tecnología atrasada y deficiente, alimento escaso, falta de técnicos y veterinarios, creciente costo de los insumos, entre otras dificultades. Sin embargo, si se compara la ganadería de ahora con la mitad de siglo se advierten indiscutibles progresos: poca mortandad de ganado en épocas de sequía, mejor alimentación y mejores razas. Todavía muchas explotaciones lecheras se efectúan con poca atención a la técnica y en condiciones mínimas de sanidad, pero cada vez con especies más finas (holstein, jersey y otras altamente lecheras) como se ve en los establos próximos a los centros de más de cien mil habitantes y aun en zonas plenamente rurales como San José de Gracia, en el extremo oeste del Estado. También la cría del ganado vacuno se engorda (cebú y hereford) que se localiza en las regiones sureñas y calurosas, se caracteriza por escasa tecnificación, bajos índices de fertilidad y alta mortalidad. También hay que decir, que nuestro Estado se encuentra entre los primeros en explotación de cerdos. La mayoría de los centros productores se concentran en la parte norte del Bajío Zamorano, 139


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desde La Piedad hasta San Pedro. En esta región las condiciones de la porcicultura son aceptables y cuenta con las mejores circunstancias en cuanto a plantas forrajeras, vías de comunicación y cercanía de mercados. Fuera de esa zona las explotaciones son de tipo familiar, desarrolladas con una incipiente tecnificación, sin recursos ni asistencia técnica. La mayor parte del ganado vacuno es criollo, sólo una pequeña porción es de razas finas. Entre éstas deben mencionarse la durac, jersey, Hampshire, yorkshire y landrace. Debe procurarse que pronto las razas finas se extiendan por todo el Estado. En el cerdo está una de las posibilidades de mejorar el futuro de Michoacán. En tiempos del gobierno del Presidente Ruiz Cortines (19521958), en los paisajes del norte del Estado floreció la avicultura, y aumentó el número de gallos, gallinas, pollos, guajolotes, patos y gansos. Ahora hay menos productores, aunque se mantiene en casi todos los hogares campesinos la costumbre de adquirir aves para el consumo familiar de carne de huevo. Tampoco la apicultura, es decir el cultivo de abejas, se ha salido de las costumbres caseras. En un Estado de tantas flores como Michoacán, la apicultura debe convertirse en negocio, como ya comienza a ser en los valles de Morelia, de Tacámbaro a Los Reyes y en algunas hondonadas de Mil Cumbres; es decir, en las regiones donde también prospera la silvicultura, la otra riqueza michoacana merecedora de capítulo aparte.

Silvicultura Quizá sepas que no obstante la actividad de los rapamontes a través de cientos de años, todavía la superficie michoacana cubierta de árboles abarca gran parte de la superficie del Estado. La gran mayoría de los bosques son maderables y se localizan en las zonas que venimos llamando Sierra Madre, Ladera Sur, Mil Cumbres y Montañas de Occidente. Como quiera, la explotación de los bosques no es de las actividades más lucrativas de la entidad, debido a las deficientes técnicas de explotación, la falta de organismos coordinadores, la 140


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corrupta vigilancia forestal, la poca reforestación, las plagas y otras cosas. Ahora se explotan los bosques por concesión o clandestinamente. Las especies convertidas más frecuentemente en madera son: pino, encino, fresno, oyamel y cedro blanco. En su tiempo, Productos Forestales de Michoacán (PROFORMICH) colaboró para que el Estado ocupara uno de los primeros lugares como productor de madera en México. En 1988, de acuerdo con el XIII Censo Industrial, existían 910 establecimientos dedicados a industrializar productos forestales. Unos eran aserraderos, talleres de impregnación y de carpintería y otros fabricaban cajas de papel, aglomerados y resinas. De las especies maderables se obtienen madera aserrada, cajas para empacar, palos para escoba, productos acepillados, y de los no maderables se obtienen aguarrás, brea y resinas. En la Enciclopedia de México se lee: "La disponibilidad de recursos forestales es de 192.75 millones de metros cúbicos en rollo: 163,366 millones de coníferas y latifoliadas. En 1986 se concedieron 377 permisos y autorizaciones para la explotación de 2.006,522m3, de los cuales 954,138 correspondieron a pino, 71,177 a oyamel, 4,844 a otros tipos de coníferas, 224,060 a encinos y 33,807 a arbustos. Este volumen es tres veces mayor que el de 1978 y coloca a Michoacán como el tercer Estado forestal del país. Al mismo tiempo Michoacán es, después del D.F., el principal Estado que fabrica productos no maderables (aguarrás, breas y resinas). Hace poco más de 20 años la explotación forestal en el Estado estaba vedada. Cuando comenzó a permitirse el corte de árboles, muchas personas lamentaban que los recursos estuvieran subexplotados. En la actualidad, por el contrario, la veloz pérdida de la cubierta arbolada es motivo de serias preocupaciones. No se cuentan las posibilidades de explotación de la vegetación tropical. El día en que se aprovechen racionalmente los recursos forestales en su totalidad, habrá muchas nuevas fuentes de trabajo para campesinos de un Estado en el que quizá el mayor recurso para su desarrollo sea la riqueza de bosques. Los bosques de Michoacán valen mucho económica y estéticamente. Por lo mismo, han de cumplirse las siguientes normas: 141


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llevar al cabo programas de reforestación, reproducir árboles, plantar árboles, cuidar el crecimiento de los árboles, impedir las explotaciones clandestinas; promover los procesos de transformación industrial de la madera antes de que salgan del Estado; abrir caminos para explotar nuevos bosques; detener los desmontes para fines agrícolas; prevenir incendios, plagas y pastoreo excesivo, y fijarse como objetivo mayor que los beneficios del corte y recorte de los árboles se distribuyan de manera equitativa, para que le lleguen al campesino de las tierras silvícolas y no se quede embarrado entre industriales y comerciantes. Si la Productora Forestal Acuitzio-Villa Madero cumpla con todo, que sirva de ejemplo a las empresas que se reducen a la condición de rapamontes. ¿Quién no se siente dichoso cuando comienza a llover? ¿Quién no sabe que las lluvias y los bosques andan juntos? ¿Cuándo se podrá volver a decir que en los bosques del alto Michoacán los árboles no se separan uno de otro ni un metro? ¿Acaso se van a sustituir los pinos y los encinos con aguacates y otros árboles de fruto comestible? El aguacate ocupa cada día más hectáreas. Si en 1975 eran 8,525, en 1992 fueron 74 mil.

Pesca Sobre la tarea que sugiere el nombre de Michoacán hay multitud de opiniones que oscilan entre dos extremos. Algunos opinan que Michoacán, cuyo nombre significa lugar de peces, debe cambiar de apelativo en vista de la escasez de pescadores. Los del extremo opuesto piensan que Michoacán debe hacer honor a su antiquísimo nombre, pues cuenta con toda clase de peces para pescar en mares, ríos y lagos. El Estado de Michoacán posee abundantes lagos y embalses, que explotados técnicamente, pueden rendir una considerable producción de pescado. Las aguas marítimas permanecen prácticamente inexplotadas, no obstante que la plataforma continental mide 2,325 kilómetros cuadrados. La pesca michoacana, si se compara con la del conjunto de México, es poca, tanto en volumen como en el valor de la producción. En Michoacán existen sociedades cooperativas pesqueras y grupos afines que representan a pescadores organizados y pescadores libres. 142


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Hasta ahora la mayor parte de la pesca se hace en aguas interiores, principalmente en los lagos de Pátzcuaro; Cuitzeo y Chapala. Hay otros lagos, y sobre todo, hay unas cien presas, algunas grandes como Infiernillo, Cointzio, Tepuxtepec, El Bosque, Mercado, etc. La entidad posee magníficas condiciones climáticas para el cultivo de especies de aguas frías, templadas y tropicales, para la explotación intensiva y práctica de la pesca en aguas interiores. El lago de Pátzcuaro, a la vez que es un lugar turístico, presenta condiciones propias que constituyen el hábitat del pescado blanco, que es de las especies más valiosas, pero la densidad de cardúmenes se ha visto reducida y con ello la pesca. Allí también existen las carpas de Israel, arco iris y Argentina. La Ciénega de Chapala es una zona ranaria por excelencia; los canales y pantanos reúnen condiciones ecológicas ideales para el desarrollo de las ranas criollas, toro y leopardo. La proliferación de mosquitos y otros insectos las favorecen, pues constituyen su alimentación básica. Todavía diremos por muchos años el grito: ¡Aquí les traigo el pescado de la laguna, señoras!. En Michoacán la pesca puede llegar a tener mayor importancia, en especial la pesca marítima. El puerto de Lázaro Cárdenas podría contar con la infraestructura y los recursos técnicos y humanos para la explotación pesquera en gran escala. Las especies más importantes son charal, carpa, lobina, pargo, langostino y tiburón. Los 213 kilómetros de litoral se caracterizan por su fondo de rocas propio para el ostión de piedra y la langosta. Es el criadero natural del camarón, el huauchinango, el atún, la sardina, el barrilete, y varias especies de tortugas o de quelonios, que es su nombre científico. Aún continúa con deficiencia la pesca: métodos caducos utilizados, producción pesquera obstaculizada por la falta de una infraestructura adecuada y precarios sistemas de comercialización de los productos. En cambio, ya no se puede decir que la costa está prácticamente incomunicada. Bien refrigerados, los productos pesqueros pueden llegar en buen estado a todas las cocinas de la República Mexicana. Demás de pescado blanco y caldo micho, Michoacán podrá ofrecer en breve muchos otros platillos con los productos marinos. 143


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Minería Se estima que por lo menos en 32 municipios michoacanos existen yacimientos de importancia de fierro, cobre, plomo, cinc, plata, oro, molibdeno, antimonio, manganeso, y en menor proporción, mercurio y estaño. Entre otros materiales destacan barita, calizas, yeso, arenas de vidrio, mármol, calcita, carbón y muchos subproductos. Sin embargo, el crecimiento de la actividad minera se halla muy por debajo de sus posibilidades: su aporte a la producción nacional es pequeño. Las inversiones para la exploración y la explotación de la riqueza minera han sido insuficientes. Los factores que han obstaculizado el desarrollo minero son la falta de personal técnico y de programas adecuados de explotación. Las inversiones en exploración las ha realizado casi en su totalidad el gobierno; los inversionistas privados se han concentrado en actividades de explotación. Las empresas que han participado son: Asarco Mexicana (cobre y plata), Minera de Angangueo (plata, oro, cinc y plomo), Compañía Minera El Bastán (cobre), Compañía Operadora del Pacífico de México (fierro), Fundos Mineros Gilberto Augusto, El Carmen, La Nacional y la Lutita (oro y plata), Compañía Mex-Clareol (arcillas) y Compañía Minera Norex (caolín). Generalmente, las explotaciones pequeña y mediana han sido proveedoras de fundiciones, plantas de beneficio y de compañías productoras de mineral en bruto; por tanto, el grueso de los beneficios escapan de las manos de los productores. Por lo mismo, se estima que la instalación de plantas transformadoras de materia prima no sólo favorecerán el desarrollo de la propia actividad, además propiciarán que gran parte del ingreso generado permanezca entre los productores. Asimismo es necesario aumentar la exploración mineralógica, para dar garantías a quienes trabajan en las minas, fomentar y desarrollar las plantas de beneficio e industrialización de minerales, realizar obras de infraestructura (caminos, electricidad, agua) en las regiones de potencial minero. Con la instalación de la planta siderúrgica Lázaro Cárdenas —Las Truchas— se dio un paso gigantesco en la explotación de yacimientos ferrosos. Es el sueño de uno de nuestros grandes hombres 144


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contemporáneos, Lázaro Cárdenas, que será convertido plenamente en realidad una vez que concluyan las cuatro etapas en que ha sido dividida esta colosal obra, realizada desde su primera fase con la tecnología más avanzada. Hemos sido testigos de cómo nace y crece un gigante de la minería y de la metalurgia. Otro polo de desarrollo de la minería michoacana debe ser el oriente del Estado, la región de Mil Cumbres. Un tercer polo de gran futuro puede ser el de la Sierra Madre del Sur en su porción occidental. Aquí hay condiciones altamente favorables para la instalación de unidades de explotación donde se presentan yacimientos ya detectados. Esto volverá a ser noticia de primera plana como lo fue en el siglo XVI cuando se llamó Motines de Oro. La vocación gambusina de Michoacán volverá a tomar fuerza. La riqueza subterránea de esta parte de México podría dar lugar al desarrollo de una industria pesada.

Industria Michoacán aún no logra el sitio que se merece en actividades industriales. En los últimos años ha sido el sector de la economía estatal que más ha crecido. Sin embargo, no constituye aún ni la tercera parte de la producción global del Estado. No ha resuelto los problemas de concentración de la industria y la baja productividad por trabajador. Sigue siendo Michoacán buen proveedor de materias primas para industrias fuereñas, y buen comprador de productos industriales que vienen de fuera. La tercera parte de los establecimientos industriales se dedica a la producción de alimentos, bebida y tabaco; la cuarta parte a los productos de madera; casi una sexta parte produce minerales no metálicos y otra sexta fabrica productos metálicos, como estructuras, tanques y calderas. En Michoacán, sólo una pequeña parte de las manufacturas, como fertilizantes, insecticidas, fibras sintéticas, químicos, etcétera, requiere de avances tecnológicos para ser fabricada, mientras que otra parte, la que produce las industrias pequeñas —la gran mayoría en el Estado— requiere técnicas tradicionales. En ese caso se encuentran los talleres o fábricas de 145


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artesanías, calzado, ladrillos, hilados y tejidos. Por otro lado, la industria más productiva se ubica en los bajíos de Zamora y Morelia y en el Plan de Tierra Caliente. También tiene gran actividad Uruapan y cada vez son más las ciudades que se industrializan. La actividad industrial debe promoverse bajo las siguientes miras: utilización óptima de los recursos existentes; ubicación idónea de las fábricas; empleo para muchos trabajadores, y marcha hacia una mayor diversificación y complejidad. Lo más lucido de la industria michoacana sigue siendo las artesanías. Entre éstas se distinguen las de metales, madera, cuero, textiles, cerámica, laca y de instrumentos musicales. Para la música tradicional, Paracho aporta guitarras, y Uruapan, timbales, claves, bongós, castañuelas, flautas y maracas. Uruapan mantiene el campeonato de las bateas que le dieran renombre a Peribán. Ahora también producen muchas y bellas lacas Quiroga y Pátzcuaro. Las principales poblaciones de ceramistas o fabricantes de loza son Tzintzuntzan, Santa Fe de la Laguna, Huáncito, Ocumicho, Zacapu, Zinapécuaro, Patamban, Ario, Santo Tomás y Capula. En varias de estas poblaciones fabrican juguetes de barro. Otro renglón sobresaliente de la artesanía michoacana lo constituyen objetos de paja de trigo o pánicuas, de mimbre, maguey, tule, lechuguilla, palma y otras fibras. Sobresaliendo la fabricación de petates, sopladores, costureros, jaulas y figurillas. Son altamente buscados los bordados y deshilados de Opopeo, Cherán, Aranza, Parangaricutiro, Tócuaro, La Piedad y San José de Gracia. No menos importantes son los rebozos de Uruapan, Cherán y Jiquilpan y los sarapes y cobijas de Santa Clara, Paracho, Pichátaro y San Luis Nahuatzen. Se fabrican huaraches en muchos pueblos de las Montañas Occidentales, la Depresión del Balsas y de Mil Cumbres, pero quizá en ninguno con tanta cantidad como en Sahuayo, también conocido por sus sombreros de palma. En las artesanías de madera se distinguen Cuanajo, Uruapan, Paracho, Quiroga, Morelia, Pátzcuaro, Capacuaro y Maravatío. Se hacen camas, mesas, bateas, yoyos, baleros, repisas, alacenas, muchos objetos decorativos, máscaras e infinidad de juguetes. La joyería de oro tiene su principal asiento en Huetamo, y la de plata en Pátzcuaro. En San Felipe y en Morelia se forja fierro para hacer muebles, lámparas, arcones, puertas y varios utensilios. Santa Clara del Cobre se 146


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especializa en la elaboración de objetos de cobre batido. En artesanías, no obstante obstáculos de mil órdenes, Michoacán se mantiene famoso y fecundo. Entre los productos ya cuenta menos el del transporte por lo que se dirá en el siguiente capítulo.

Caminos y transportes Como Michoacán es montañoso, han costado mucho esfuerzo sus redes de ferrocarriles y carreteras y aun el tendido de alambres de telégrafos, teléfonos y luz. Antes de las modernas vías de comunicación y transporte, Michoacán parecía una enorme colmena donde cada ciudad, villa y pueblo se la pasaba en su celda casi sin comunicación con los vecinos. Ahora no se ha conseguido todavía una vida de intercambio tan grande como la de las sociedades llamadas modernas; aún no se consigue la comunicación deseada. El número de automóviles todavía no es muy alto; el número de camiones de pasajeros, menos. En cambio, el de camiones de carga se ha incrementado. La comunicación por teléfono llega a la mayoría de las cabeceras municipales. En 1992 se contabilizaron 1,411 oficinas de correos y cerca de 39 estaciones de radio. La longitud desarrollada de la línea de telégrafos es de 5,120 kilómetros. Sin embargo, sólo en 59 de 113 municipios existen oficinas telegráficas. En cambio, la totalidad de los municipios cuenta con oficinas postales. La red telefónica tiene una extensión de 1.620,287 km. Por otra parte, existen 10 canales locales y 13 repetidoras de televisión. La red de caminos carreteros suma poco más de 12 mil kilómetros lineales: casi cuatro mil de carreteras pavimentadas; 5,644 de revestidas y 2,655 de terracería. Si se mira un mapa actual del Estado se advierte una concentración de carreteras en las regiones del Bajío o norteñas; menos en las Montañas de Occidente, Mil Cumbres, Ladera Sur y Plan de Tierra Caliente, y muchas menos, en la Costa Sierra y la franja de la costa. Con todo, en estas dos últimas zonas se advierte que están en construcción dos importantes carreteras: la de Tepalcatepec a Coahuayana que corta la Sierra Madre de norte a sur, y la de Coahuayana a Lázaro Cárdenas que recorre la región costera de punta a punta. Comparadas con las de otros Estados, las carreteras de 147


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Michoacán se distinguen por lo sinuosas, y por sus paisajes espléndidos. No únicamente sirven para trasplantar mercancías, sino también las usas con ojos maravillados los turistas. La red ferroviaria es de 1,172 kilómetros repartidos en tres rutas y un ramal. En la década de los setenta se inauguró el ferrocarril Coróndiro-Las Truchas para comunicar el puerto de Lázaro Cárdenas con la red ferroviaria nacional. Los trenes, como los automóviles y camiones, van por paisajes que rivalizan con los más hermosos del mundo. "Toma usted, por ejemplo, el tren nocturno [que arranca de la capital] y cuando abre los ojos, después de unas cuantas horas de sueño, ya está en el cristal de la ventanilla la silueta señorial de la ciudad de Morelia, ya está en el cristal de la ventanilla, dos horas más tarde, el espléndido y nostálgico lago de Pátzcuaro, y apenas una hora después, entre montañas cubiertas de pinos, el lago de Zirahuén, de ondas más azules y de pliegues tan suaves como un buen rebozo de Uruapan", según dice Alfredo Maillefert. Cada vez es más fácil abordar las ciudades michoacanas desde el aire. En el Estado existen 51 puertos aéreos, de los cuales 5 pueden recibir aviones y jets de gran tamaño y 46 sólo aviones pequeños. Los aeropuertos de mayor fuste son los de Morelia, Álvaro Obregón, Lázaro Cárdenas, Uruapan y la Rinconada en Zamora. El aeropuerto de Morelia da servicio a aviones con rutas de mediano alcance, al igual que el de Uruapan. Por lo demás, entre otras, se puede mencionar la ruta de transporte aéreo México-Morelia-UruapanLázaro Cárdenas y Guadalajara. Todavía el transporte aéreo es poco empleado por la gente de Michoacán, y la gran mayoría de turistas que llegan al Estado, lo hace en autobús, automóvil o tren. El intercambio de mercancías de que se tratará en el siguiente tema se sirve muy poco del avión, usa sobre todo camiones de carga. En el futuro la transportación marítima de mercancías aumentará. Por el puerto Lázaro Cárdenas se ampliará nuestra comunicación e intercambio con el resto del mundo. Este puerto es uno de los más grandes del país. Entre los puertos del Pacífico, es uno de los que mayor movimiento de carga realiza anualmente. Cuenta con grúa de contenedores para 50 toneladas y ofrece acceso, muelles y servicios a barcos hasta de ochenta mil toneladas. 148


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Comercio En términos de la ocupación que brinda, la actividad terciaria en Michoacán es ligeramente superior a la primaria y a la secundaria. Más de la tercera parte de la población activa se ocupa en el comercio, los transportes y diversas clases de servicios. El 13% de la población ocupada es de comerciantes. En el X Censo Comercial de 1988 el número de establecimientos comerciales llegaba a 32,150. Debe considerarse que, además de las 74 mil personas ocupadas en el comercio que registró ese censo, muchas otras no fueron censadas, razón por la cual el número debe ser mayor. En esta cifra naturalmente se engloba únicamente a los negocios de los comerciantes establecidos. El censo no toma en cuenta las ferias de trueque habidas en las plazas de los pueblos tarascos, ni a los vendedores de puerta en puerta, ni muchas otras transacciones mercantiles. El XI Censo de Población y Vivienda en 1990 registró 112,515 personas dedicadas al comercio. De los vendedores ambulantes hubo un tiempo en que se hablaba bien. Eran los que voceaban los camotes, la calabaza y la gelatina antes del desayuno. Los que gritaban el periódico; los que vendían la nieve de limón, de piña, guanábana, fresa, pistache y tamarindo; los que iban por las calles comprando ropa vieja o periódico ya leído o vendiendo carbón o mil cosas más. Estos comerciantes están disminuyendo y tienden a desaparecer, entre otras razones por sus malas condiciones de trabajo y por el desplazamiento que otras mercancías provocan sobre los productos tradicionales. En cambio, son cada vez más los vendedores callejeros de diversos productos industrializados y los puesteros o estanquilleros que se establecen en plazas, esquinas, portales u otros sitios al aire libre y, en especial, en tianguis y mercados sobre ruedas. Ya pocos pueblos carecen de un mercado limpio, recién hechecito, donde se exhiben verduras, frutas, pollos muertos y desplumados, pedazos de carne de red y de carne de puerco. En cambio disminuyen las poblaciones en que todo eso y más se ofrece los días de mercado, a flor de tierra, en las plazas. En los pueblos chicos son las tiendas de abarrotes en las que se encuentra todo lo que se busca. 149


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En las ciudades, se va hacia dos extremos: las tiendas especializadas en comestibles, libros, artículos para el hogar, muebles, zapatos, ropa, bebidas embriagantes, medicamentos o insecticidas y los almacenes enormes que venden de todo como en una tienda de abarrotes, pero en cantidades mucho mayores y con oportunidad para los clientes de ver, oler, oír y tocar las mercancías. A estos enormes almacenes sólo les falta automóviles, maquinaria agrícola, gasolina y refacciones. Sin embargo, son todavía pocos. Aunque cuando se camina por la calle de cualquier pueblo o ciudad, se ven comerciantes a diestra y siniestra, Michoacán se coloca en el décimo-cuarto lugar de los Estados de la República en movimiento mercantil. Por orden de importancia, la actividad comercial se especializa en la venta de: comidas y bebidas; vestidos y artículos para el hogar; vehículos, accesorios, gasolina y lubricantes; y productos alimenticios diversos en supermercados, tiendas de autoservicio de departamentos y almacenes. En suma, en Michoacán el movimiento mercantil es pequeño y tiene como consecuencia el encarecimiento de los productos. La actividad comercial se desarrolla principalmente en centros agroindustriales de importancia como Morelia, Uruapan, Zamora, Apatzingán, La Piedad, Zitácuaro y Sahuayo. En todas estas poblaciones el comercio es a todos los niveles: local, regional, nacional e internacional. En cualquiera de las ciudades citadas se encuentran vendedores ambulantes, estanquilleros, placeras, abarroteros, comerciantes en tal o cual producto de la región o del país, grandes almacenistas, importadores y exportadores. El comercio de Michoacán se enfrenta al problema de los acaparadores que esconden mercancías escasas y de los comerciantes que no respetan los precios oficiales o los convenios por los sectores productivos y el gobierno para algunas mercancías.

Turismo La actividad turística ofrece grandes facilidades y atractivos para los turistas del propio Estado, nacionales y extranjeros. No se necesita salir de Michoacán para disfrutar de muy hermosos paisajes naturales 150


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y culturales. Se pueden conocer lagos y grandes montañas, suaves playas e impresionantes acantilados, ciudades y pueblos en los que el tiempo se ha detenido y que cuentan con todas las modernas instalaciones para recibir visitantes. Actualmente existen nuevas rutas que permiten llegar fácilmente a lugares antes incomunicados. Ahora ya no hay tanta quietud como antaño en los pueblos y ciudades de Michoacán, pero todavía se pueden disfrutar con plenitud los lagos azules y las fuertes montañas. Ahora, demás, ya son accesibles otras atracciones turísticas: balnearios de aguas termales y curativas, balnearios de aguas marinas, ruinas prehispánicas, arquitectura colonial, sitios y monumentos históricos, maravillas modernas, deportes acuáticos, caza, pesca, restaurantes de primer orden, artesanías, charreadas, toros, fiestas patronales, fiestas patrias, y en suma, enorme variedad de condiciones geográficas, estilos de vida, formas de cultura y posibilidades de aprender, divertirse y vigorizar el cuerpo. Entre los numerosos balnearios de aguas termales y curativas están unos bien equipados como los de San José Purúa, Zinapécuaro, Los Azufres y otros a la rústica como el Aguacaliente, próximo a San José de Gracia. Playa Azul es el primero de una serie de balnearios marítimos que podrían atraer tanta gente como Acapulco y Puerto Vallarta si hubiera el suficiente número de hoteles. Las yácatas y las ruinas de Tzintzuntzan, Tingambato y otros sitios deben conocerse, pues nos revelan parte de nuestra historia. Las iglesias, los conventos y los palacios coloniales abundan en Morelia, pero no faltan y son muy dignos de admirarse, en cien o más lugares, principalmente en pueblos tarascos que son también los de mayor riqueza artesanal: Zinapécuaro, Chilchota, Charo, Zopoco, Cherán, Nahuatzen, Uruapan, Pátzcuaro, Paracho, Aranza, Parangaricutiro, Quiroga, Tzintzuntzan, Zirosto, Angahuan, Patamban, Santa Clara del Cobre. Como Michoacán fue centro de luchas en otras épocas, tiene sitios de batallas famosas, edificios donde se firmaron planes de insurrección o convenios de paz, vistosos monumentos de muchísimos héroes y museos en piezas pertenecientes a tales próceres. Michoacán es fiestero, ofrece en cada una de sus poblaciones, chicas y grandes, fiestas de todo tipo. Michoacán proporciona muy buena comida a sus habitantes y a sus visitantes en 151


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la gran mayoría de sus pueblos y villas. Para albergar a quienes lo visitan, Michoacán cuenta con 423 establecimientos de hospedaje que, en total, tienen 12,235 cuartos. Hay hoteles de diferentes categorías: desde clase especial y cinco estrellas, hasta clase económica e, incluso, sin categoría. Los hoteles están concentrados, principalmente, en Morelia, Uruapan, Lázaro Cárdenas y Pátzcuaro. Sin embargo, todavía las instalaciones para turistas son en general, insuficientes. Cuando se visita Michoacán se quedan para siempre en los adentros sus lagos azules y sus altas montañas, la variedad de las temperaturas, el oro y la plata de sus minas, las riquezas agrícolas de las breves planicies, las pecuarias de los lomeríos y las forestales de sus cerros. También las artesanías son de recuerdo imborrable: las charolas de cobre, las piñas de barro, las bateas laqueadas, los instrumentos de cuerda, las figuras de panicua y los diablillos alegres. De Michoacán se vuelve cargado de paisajes, subidas y bajadas, toponímicos sonoros, luces, dulces, sabores, sones, artesanías finamente labradas, danzas de lento desarrollo y danzas frenéticas. El Michoacán de hoy es muy parecido al de ayer, pero sin conquistas purépechas, sin conquista española, sin servidumbres coloniales y sin tantas luchas como hubo en el siglo pasado. En este siglo, Michoacán sigue las mejoras pisadas de los anteriores, pero además se moderniza con nuevos cultivos, siderúrgicas, carreteras, automóviles, aeropuertos y otras de todo tipo. Si logra una mayor igualdad en la distribución de los bienes de salud, riqueza y cultura, se volverá lo que muchos han soñado: La tierra de la felicidad.

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8. El disfrute de la vida

Sumario Niveles de salud Distribución de la riqueza Comida Casa y vestido Reparto del poder Educación Escritores Artistas plásticos Músicos y danzantes

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Niveles de salud

¿C

es la población michoacana? Esta pregunta, según a quien se le haga, recibirá una u otra contestación. Los médicos dicen que algunas enfermedades antaño comunes como el paludismo y el sarampión, están dejando de ser un problema de salud pública de grandes dimensiones. Otras enfermedades todavía causan la muerte en Michoacán: afecciones respiratorias en recién nacidos, diabetes, insuficiencia renal, hemorragia intracerebral, obstrucción de vías respiratorias, neumonía de adenovirus, septicemia, infecciones intestinales, tumores, afecciones de los aparatos circulatorio y digestivo, etcétera. El aislamiento geográfico y la naturaleza del ambiente ocasionan que la gravedad de éstas y otras enfermedades sea mayor. Sin embargo la mortalidad tanto infantil como adulta sigue descendiendo. Se estima que a fines de la década de los setenta morían ocho de cada mil habitantes al año. En cambio, en 1990 la proporción fue de 5 por cada mil. Se atribuye el retroceso de la muerte a que casi toda la población michoacana recibe atención médica de la Secretaría de Salubridad y Asistencia (SSA), el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE), de numerosos dispensarios y clínicas privadas, y de médicos particulares. Según datos de la SSA, en 1992 se contabilizaron 5,900 camas censables y no censables. Aunque ha aumentado el número y mejorado su distribución, más de la mitad de los médicos se concentraba en cinco ciudades: Morelia, Zamora, Lázaro Cárdenas, Uruapan y Apatzingán, en las cuales radicaba en 1990 la cuarta parte de la población michoacana. La otra mitad de los médicos debía atender al 75% de los habitantes. Pese a esta desproporción, en el Estado ya no hay municipios sin médicos, como ocurría hace apenas 15 o menos años. La falta de agua entubada en el 20% de las viviendas y de drenaje en el 40%, es un factor que agrava los problemas de salud. El bienestar síquico de los michoacanos es superior al físico. Aquí no existen todavía las ciudades rompenervios. Hay problemas viales UÁN SALUDABLE

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mayúsculos en varias de ellas, pero no tan desesperados como en la de México. Michoacán es uno de los Estados de la República con menos siquiatras, sicólogos y sicoanalistas.

Distribución de la riqueza Hablando de la riqueza y su distribución, se puede afirmar que ni se reparte según las necesidades individuales, ni se toma como base la calidad y cantidad del trabajo. En el territorio michoacano los contrastes que se producen en la vida social son muy grandes. Las enormes desigualdades se producen en el reparto de la riqueza, la educación, el poder y la salud. De cada 100 michoacanos ocupados en alguna actividad remunerada, sólo dos recibían más de cinco salarios mínimos. En el extremo opuesto, 12 no recibían ingresos y 48 recibían entre la mitad de un salario mínimo y dos. La pobreza se aprecia también por el número de cuartos, la extensión y el material de la casa habitación; así como por la existencia de agua entubada, drenaje, luz eléctrica y otros servicios. Algunas causas de ella son que las personas no encuentran en qué ocuparse, no están capacitadas para un trabajo calificado, y no tienen utensilios modernos ni tierras fértiles para producir. A veces carecen de salud y de organización. Hay ocasiones en que un mal patrón o un intermediario acentúan la pobreza. En Michoacán abundan personas que buscan mejorar su situación. Algunos procuran irse a las ciudades donde la mayoría sigue siendo pobre, o a los Estados Unidos, de donde a veces pueden mandar dinero a la familia para medio mantenerla. Es más frecuente que luchen constantemente por la vida ya como ejidatarios, ya como jornaleros. Generalmente el sueldo sólo da para mal comer y cubrir el cuerpo; no permite adquirir una casa cómoda ni viajar. Lo sabroso de la comida y lo vistoso de la vestimenta michoacana tradicional, ocultan algunas veces situaciones de graves carencias que no han logrado eliminar los esfuerzos del gobierno. 155


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Comida Si un médico se pregunta por la alimentación del pueblo de Michoacán, seguramente le colgará el calificativo de mala. Muchos comen los alimentos tradicionales desde la época prehispánica: maíz, frijol, calabaza, chile, nurite y nopal. Otros se apegan a los antojitos que engordan y gustan sin nutrir, ricos en hidratos de carbono y pobres en proteínas y vitaminas. Los recuentos censales muestran lo poco que se acostumbre la leche, la carne y el pescado en casi todo Michoacán. Si sólo se atiende a la sabrosura y a la variedad, la comida michoacana vale mucho. Entre los alimentos considerados típicos se mencionan ates, atoles, carnitas, curundas, charales, chiles, churere, churipo, caldo miche, minguiche, pozole, totopos y uchepos. De los alimentos más sabrosos de la entidad, tres del género atole gozan de buena acogida: el camata urápira, que es el jugo del maguey hervido y revuelto con harina de maíz, el atole de tamarindo hecho con esa fruta cocida y mezclado con hojas de mazorca de maíz, y el atole de grano hecho de elote, teñido de verde con anisillo y hojas de calabaza y sazonado con chile verde. Por lo que mira a platillos a base de pescado, son famosos los charales tostaditos que se comen con chile y tortilla, el caldo miche que lleva tunas agrias y verduras y que es, naturalmente, picoso, y el pescado blanco frito en aceite o de otras muchas maneras. Por lo que toca a carnes, la comida más sabrosa es el churipo o bote: una revoltura caldosa de res, cerdo, gallina, zanahoria, garbanzo, verduras y chiles. En cuanto a pozoles, el más apreciado es la máchcuta, hecho con maíz prieto, frijoles, cilantro y chile. Los tamales típicos son las curundas de masa de maíz cocido entre la ceniza, y los uchepos que se hacen con elote y se sirven envueltos en hojas de mazorcas. Las curundas, los totopos y tortillas, sirven de acompañantes de los platillos fuertes. Nuestro Estado brinda una gran variedad de lugares donde comer a gusto. Por ejemplo, si se viene de la capital de la república por el oriente, Zitácuaro y Tlalpujahua reciben muy bien a los visitantes. Zitácuaro presume cuatro especialidades culinarias: la pancita o menudo, las curundas, las carnitas o carne frita de cerdo, y el mole con condimentos del lugar. 156


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Tlalpujahua ofrece barbacoa, cabeza de res al horno y mole a la minera. Si el hambre nos llega a la altura de Ciudad Hidalgo, puede saciarse con pozole y con diversos guisos de carne y verduras. Además, muy cerca está Tuxpan con su mole, uchepos, curundas y dulces. Naturalmente en Morelia hay de todo, pero gozan de especial prestigio los pollos y enchiladas de San Agustín, las carnitas del Carmen, los uchepos, las curundas y la carne asada a la parrilla de sus numerosos comederos. De las poblaciones ribereñas de la laguna de Pátzcuaro se distinguen por su pescado blanco, sus truchas, su caldo miche y su churipo las ciudades de Quiroga y Pátzcuaro. En la depresión del Balsas, Huetamo brinda un mole muy propio y buenas asaderas y longanizas. En Tacámbaro también tienen su mole peculiar, pero su fama la conquistan con platillos preparados a base de elote. En Santa Clara del Cobre la especialidad es el carnero de la artesa; en Zacapu, toda especie de tamales y pozoles; en Zamora la carne asada y una enorme variedad de dulces, no únicamente los chongos; en Sahuayo mil cometungas y en San José de Gracia el minguiche, los quesos y los dulces de leche. Vale la pena ir en excursión al remoto litoral michoacano sólo para comer langostinos y diversos peces a la manera como los preparan allá.

Casa y vestido La mayoría de las viviendas tienen muros de tabique, piedra o cemento, techo de losa de concreto o tabique y piso de cemento. Sin embargo, una porción grande tiene piso de tierra, techos de teja, de palma, tejamanil o madera y paredes de adobe o de madera. Los materiales predominantes en la construcción de las viviendas dependen de las condiciones económicas de sus moradores y, en muchos casos, de los que se encuentran disponibles en la zona. Esto también se observa en los servicios de agua potable, cuarto de baño y energía eléctrica, así como el combustible utilizado para cocinar. 157


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Todavía hay muchas casas en pueblos y ciudades con jardín en el patio, corredor alrededor del jardín, filas de macetas surtidas de flores, cuartos espaciosos y un corral para los animales domésticos. Hay cada vez más viviendas compactas, sin patio, fáciles de limpiar y con todos los servicios. Son muy pocos los edificios de departamentos o multifamiliares. Aumentan velozmente los edificios donde se presta algún servicio social: escuelas, oficinas gubernamentales, centros de salud, etcétera. Aumentan también los grandes edificios — generalmente de construcción privada— destinados a hoteles, despachos de profesionistas y otros. Michoacán se ha abstenido de construir rascacielos. La vestimenta de los habitantes de Michoacán se ha vuelto muy variada. Cada vez se usan más zapatos y muy pocas personas andan descalzas. Una de cada dos personas usa sombrero; los pantalones de dril, la guayabera y la chamarra son prendas muy generalizadas. La corbata sólo se usa en ceremonias especiales. El calzón blanco, el ceñidor de vivos colores y el cotón escasean cada vez más. Ahora abundan las camisas de colores chillantes y mezclilla azul. De las vestiduras tradicionales, queda el precioso vestido de la mujer purépecha. Todavía muchas señoras de la meseta exhiben con orgullo sus rebozos oscuros y rayados, sus blusas bordadas de calicot, sus delantales de percal, y los muchos metros de lana azul o negra que se envuelven y doblan alrededor de la cintura a manera de falda. Los vestidos propios de mujeres pueblerinas de otras regiones han desaparecido del uso diario. Sólo en día de fiesta, y si se toma parte en un desfile, algunas jóvenes visten el traje de china poblana. En el medio rural se mantiene el uso del rebozo. La mujer de la ciudad procura vestirse conforme a la moda. Antes, la envoltura corporal indicaba los grados de riqueza y de poder de las personas. Ahora todavía existen enormes diferencias de poder, que no de ropa, en las ciudades.

Reparto del poder Según las constituciones y leyes de la nación y del Estado, Michoacán se gobierna democráticamente, existe una gran libertad de prensa y 158


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de palabra. Todos los mayores de 18 años tienen el derecho y el deber de elegir Gobernador y senadores cada seis años; diputados y presidentes municipales cada tres. A través de las elecciones, por medio de partidos políticos, los michoacanos deciden quiénes son sus gobernantes, la manera como desean ser gobernados, y ellos mismos pueden gobernar como ejecutivos, legisladores y jueces. El reparto del poder cada vez se relaciona menos con el dinero y con poderíos anteriores, y cada vez más con la virtud de los gobernantes y la voluntad de la mayoría de los gobernados. A través del gobierno los pueblos han conseguido caminos vecinales, carreteras, vacunas, auxilios médicos, profesores, edificios escolares, hospitales, campos deportivos, energía eléctrica, presas, viveros, plazas, refacciones, mercados, industrias, distribución de tierras, seguridad… En Michoacán funcionan muchísimas instituciones públicas que prueban cómo el gobierno protege a los ciudadanos. De las federales destacan las secretarías y departamentos de Estado, así como las empresas descentralizadas y de participación estatal. Entre las dependencias de la entidad destacan la Secretaría de Gobierno, Oficialía Mayor, Tesorería General, Procuraduría General de Justicia, Dirección de Seguridad Pública, Secretaría de Desarrollo Agropecuario y Forestal, Departamento de Promoción Cultural, Departamento de Promoción Industrial, Dirección de Prevención y Readaptación Social, Supremo Tribunal de Justicia, Dirección del Registro Civil, Dirección de Trabajo y prevención Social, Junta Local de Conciliación y Arbitraje, Dirección General de la Junta de Caminos del Estado de Michoacán, Dirección de Obras Públicas, Departamento de Construcción Urbana, Consejo Estatal de Población, Comité de Agua Potable y Alcantarillado, Dirección Forestal, Casa de las Artesanías, Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia Michoacana, Instituto Michoacano de la Juventud y el Deporte.

Educación Michoacán posee un número elevado de personas que hablan lenguas indígenas. Un 2.9% de la población se expresa diariamente en lengua phoré, que es la lengua ancestral de los pueblos purépecha, 159


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moradores de la meseta tarasca. En los municipios de Zitácuaro y colindantes, en la región de Mil Cumbres, tres mil personas se comunican en mazahua. En el municipio de Epitacio Huerta, se habla otomí, y en el municipio de Aquila, náhuatl. En total en Michoacán hay 87 mil personas que hablan purépecha, 2,798 náhuatl y 543 otomí. A fines de los años setenta algunos estudiosos pensaban que antes del año 2,000 los idiomas mazahua, náhuatl y otomí se extinguirían en el Estado y que el purépecha lo hablarían menos personas. Sin embargo, la población de habla indígena ha aumentado y continúa representando más o menos el mismo porcentaje de la población total que en 1970. Lo que sí ha ocurrido es que cada vez son menos las personas monolingües y que las desigualdades étnicas han tendido a disminuir. La lengua mayoritaria es el español, enriquecido desde hace siglos con vocablos de origen purépecha y náhuatl. En 1990 el 17% de la población mayor de 15 años no sabía leer ni escribir; aunque todavía es una proporción muy elevada, ha habido una gran mejoría, pues 10 años antes esa proporción llegaba al 25%. El sistema de enseñanza cada vez cubre más las necesidades de los que viven en núcleos pequeños de población, en ranchos y rancherías con menos de 100 habitantes. La educación preescolar ha crecido significativamente en el Estado. De 20 mil niños inscritos a fines de los años setenta, se pasó a 102 mil en 1991-1992. El más concurrido de los niveles de enseñanza es el primario. Pasan de 4,500 las escuelas primarias y 680 mil los niños que asisten a ellas. El número de los maestros es de 23 mil. Cada maestro atiende a 30 niños en promedio. Muchos alumnos no terminan su educación primaria, porque la escuela donde estudian es unitaria, es decir, sólo tiene un salón con un maestro, el cual muy pocas veces puede atender los seis grados de la primaria. Eso ocurre en las poblaciones muy pequeñas. Otros niños no la terminan porque se van a trabajar, se cambian de domicilio o se enferman. A pesar de los grandes logros educativos, se estima que en el Estado aún faltan escuelas y maestros para satisfacer la demanda. En 1991 había 155 mil alumnos en secundaria, 13,672 en profesional medio y 50,518 en bachillerato. Esto sin incluir las personas atendidas por el sistema de enseñanza abierta. Gracias a que en las décadas de los setenta y los ochenta creció la cantidad de 160


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planteles para la educación en estos niveles, Michoacán puede ofrecer estudios a un mayor número de jóvenes. En el año escolar 1991-1992 los estudiantes de enseñanza normal y de nivel superior pasaban de 31 mil. Estos alumnos se distribuían en 62 escuelas, la mayoría concentrados en Morelia. En cinco de las nueve regiones de Michoacán existe al menos una institución de educación superior. En el valle de Zamora, por ejemplo, ya funcionan un instituto tecnológico, una normal superior y El Colegio de Michoacán.

Escritores Las escuelas de Michoacán, en combinación con las de Guadalajara y las de México, producen cada vez más gente ilustre de la tierra michoacana, aunque sólo algunos permanecen en el Estado. La fuga de cerebros es tan vieja como la de trabajadores manuales. Michoacán ha dado técnicos y científicos como Ignacio González Guzmán, Manuel Martínez Báez e Ignacio Chávez, para sólo mencionar a los que han sido miembros de El Colegio Nacional. Además, tiene algunos valores de las ciencias de la naturaleza, como Irineo Rojas; pero la mayoría se va para no volver, como el filósofo Samuel Ramos y José Santos Villaseñor, que produjeron su obra fuera del Estado. Aunque se recuperó a Juan Hernández Luna, todavía permanecen en la capital de la república, filósofos como Bernabé Navarro. Otros ilustres no han buscado horizontes ajenos, como Benjamín Fernández, Rafael C. Haro, Salvador Molina y Tomás Rico Cano. Algunos no dan ninguna muestra de retorno, como el internacionalista Alfonso García Robles. No faltan los que han vivido entre Michoacán y la ciudad de México: Alberto Coria, Gustavo Corona, Gonzalo Chapela, Gabino Fraga, Antonio Martínez Báez, Felipe J. Tena, Ricardo Torres Gaitán, Antonio Vargas McDonald, Héctor Valdés. Michoacán ha sido cuna, en todas las épocas, de distinguidos historiadores. De los estudiosos del pasado que son michoacanos por nacimiento, la mayoría salió del Estado. José Bravo Ugarte y Jesús Romero Flores nunca fueron residentes de su ciudad natal. Xavier 161


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Tavera fue uno de los primeros historiadores formados en la metrópoli que se incorporó a su nativa Morelia. También José Corona Núñez, quien anduvo por varias provincias, volvió a la suya. Aun los que han atendido a la invitación del gobierno del Estado de escribir las historias municipales de Michoacán, vivieron fuera del Estado: Pablo C. Macías, Raúl Arreola Cortés, Vicente González, Carlos Herrejón, Isidro Castillo y Ernesto Lemoine. La otra mitad de historiadores michoacanos ha residido en su tierra, como Francisco Miranda, Heriberto Moreno, Roberto López Maya, Ramón López Lara, Álvaro Ochoa y algunos más. Ahora ya se ha puesto en primera fila el historiador ausente Arnaldo Córdova y algunos maestros de la Universidad Michoacana escriben en el Anuario de historia: Esperanza Ramírez, Ángel Gutiérrez, Gloria Carreño y Gerardo Sánchez. La historia de Michoacán está siendo tratada básicamente por michoacanos, pero varios aspectos de la vida actual han atraído la atención de distinguidos antropólogos, economistas, politólogos y folkloristas del resto de la república y del extranjero. Hay autores michoacanos que exploran y escriben acerca de la naturaleza, de la sociedad, la economía, la política y la cultura del Estado; por ejemplo, la Geografía de Michoacán, del doctor Genaro Correa Pérez y algunos artículos de Pablo Velázquez, Natalio Vázquez Pallares, Eduardo Villaseñor, Salvador Pineda, Luis Calderón Vega y Lucas Ortiz. Las artes literarias siguen siendo la principal atracción de los escritores. Desde hace 100 años se han dado buenos novelistas. Todavía se lee mucho a José Rubén Romero y ya comienzan a ser leídos José Ceballos, Luis G. Franco, Gilberto Chávez, Carmen Báez. También empezaron a sonar, desde hace 300 años, los poetas de aquí, y ahora son muchos los que escriben muy buena poesía. En Poesía de Michoacán, de Raúl Arreola Cortés, se dan botones de muestra de un ejército de poetas. Si los ponemos en orden alfabético de apellidos, encabezaría la lista Homero Aridjis. Entre éste y los consagrados por la Academia Mexicana de la Lengua: Porfirio Martínez Peñalosa y Manuel Ponce, hay una larga lista de buenos poetas.

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Artistas plásticos En cuanto a los artistas, pintores y escultores, hay gente tan renombrada como Alfredo Zalce, Luis Sahagún, Antonio Servín, Feliciano Béjar, Ángel Zamarripa y Rogelio Naranjo, el gran caricaturista. Otra manifestación de arte es la nueva arquitectura religiosa y la variada y gigantesca arquitectura civil del Estado que comprende edificios para la administración, escuelas, hospitales, auditorios, plazas, avenidas, planetario, remodelación de edificios coloniales — como las emprendidas en Morelia por Manuel González Galván—, mercados y muchísimas construcciones con cantera y mármol. Michoacán tiene muchos artesanos: los creadores de la loza de Capula, la decorada con peces y pájaros de Tzintzuntzan, la bruñida y con pinturas a mano de Huáncito, de las famosas piñas o cántaros verdes llenos de picos que hacen en Patamban, de los fantásticos y festivos diablillos de barro con que se divierten Luis Felipe Diego, Albino Pascual, Benito Felícitas y otros artesanos de Ocumicho y de las mil formas que imponen a sus juguetes los sobrevivientes de los purépecha. La cerámica popular michoacana sigue siendo la más abundante producción artística del Estado. Algunos consideran que es en el tejido donde los michoacanos son inigualables. Lo hecho con pánicua o paja de trigo es extremadamente barato y en belleza compite con las más costosas manifestaciones del arte textil. Hay figuras humanas, pájaros, automóviles, trenes, chozas, que ya están decorando paredes y rincones de muchos lugares y sitios públicos. Hay numerosas piezas y bordado y deshilado —como colchas y manteles— que hacen lucir camas y mesas. Nadie pone en duda la belleza de los vestidos de las mujeres indígenas, los trajes de algodón y lana, las blusas de hermosos bordados, los delantales o sabanillas, las enaguas tan llenas de pliegues. Nos podemos referir también a los sarapes o jorongos como los de Zitácuaro, que gustan de los dibujos de estrellas y aves. También hay capas, carpetas, vestidos y tocados que tejen en San José de Gracia docenas de manos femeninas. En El Arte Popular de México, de Electra y Tonatiuh Gutiérrez, se lee: "…otra de las artesanías más sobresalientes de este pródigo 163


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Michoacán es la que tiene como materia prima la madera. Se distinguen por su originalidad los muebles tallados a mano de Tzirimu: bancas, mesas, arcones, sillas, trasteros, repisas… con decoración incisa de pájaros, flores, ángeles y grecas de extraordinaria plasticidad. En Morelia, Uruapan, Quiroga y Paracho se hacen las grandes bateas de maderas finas… Se destaca el tallado de máscaras para las festividades y danzas como los viejitos, negritos, santiagos, moros y reyes… Pero de todas las artesanías michoacanas quizá la de la laca es la más renombrada… En Quiroga se pintan con pincel arcones, cajas de diversos tamaños, bateas sobre un fondo negro, blanco o rojo con dibujos de grandes flores y hojas con una marcada influencia oriental. En Uruapan se usa el embutido, que consiste en recortar los dibujos sobre un fondo de color uniforme y embutir en ellos otro color en la zona recortada. "Pátzcuaro se distingue por sus maques de perdil y la finura del pintado a pincel…", y eso no es todo. Habría que detenerse en la fina joyería, en los hierros forjados, en las jarras y las charolas de cobre y en otros productos de la tradicional y creadora artesanía de los pueblos de la Meseta Tarasca.

Músicos y danzantes Dentro del continente de la cultura michoacana, uno de los territorios más extensos es la música. Como es bien sabido, Miguel Bernal Jiménez escribió, no hace mucho, obras de música clásica. En la música semi-clásica hay una tradición bien establecido por Miguel Lerdo de Tejada, Ramón Martínez Carrasco, y Marcos Jiménez, que merecerían muchas páginas de análisis. Entre la música de Michoacán, destaca la de viento y la de cuerda. La primera es propia para las bandas, entre las que se lucen las de Ajuno, Arantepacua, Cumachén, Charapan, Cheranástico, Huiramángaro, Ichan, Ihuatzio, Nahuatzen, Naranja, Nurio, Pichátaro, San Ángel Surumucapio, San Juan Tumbio, Tingambato, Tiríndaro, Zirahuén y Zurumútaro. La música de cuerda la tocan orquestas no menos afamadas, de hecho más famosas por sus sones típicos de Michoacán. 164


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Salvador Próspero, el múltiple impulsor de la música y la danza michoacanas, el de la batuta de la Orquesta Purépecha, dice que las pirecuas —canciones típicas del Estado— "fueron instrumentadas para las orquestas y así nació el son tarasco". Más tarde surgió el son abajeño, cuando los indios al bajar hacia la zona de tierra caliente conocieron el "gusto de allá abajo". Con menos raíces michoacanas se han desarrollado en el Estado los conjuntos de mariachis y los grupos norteños. Rocío Próspero ofrece un buen catálogo de danzas características de las montañas de occidente y de otros sitios. Ella les deja a otros la labor de hacer las nóminas de las danzas de la tierra caliente y de otras zonas. En las montañas de occidente se bailan las danzas de los moros, viejos de Charapan, soldaditos, gualupitas de Angahuan, vaqueras, cúrpites, tengorengos, del señor de Naranja, del señor Santiago, cabildos, negritos, canacuas, meñebres, pastorelas y coloquios. En casi todos los pueblos hay una banda u orquesta que acompaña a estas danzas. En la región oriental de esa zona se bailan los viejitos de Ichupio, Janitzio y Jarácuaro. Pero en variedad nadie supera a Santa Fe de la Laguna, donde crean constantemente nuevas coreografías. Las más conocidas son: las tare ambaquiti, mariposa, antiguos, de los zorrillos, viejitos, chenyequis y vaqueros, así como la danza del pescado de la isla de Janitzio. El Michoacán de hoy es muy parecido al de ayer pero con libertad y sin servidumbres coloniales. En este siglo Michoacán —como el resto de México— ha definido su camino: sigue las mejores pisadas de sus antepasados, pero además se moderniza con nuevas escuelas, cultivos, siderúrgicas, carreteras, automóviles, aeropuertos e industrias de todo tipo. Si logra una mayor igualdad en la distribución de los bienes de la salud, riqueza y cultura, alcanzará las metas a que aspira su población.

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MONOGRAFÍA ESTATAL

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MICHOACÁN

Idea, La. Morelia, 1858. Periódico dirigido por el poeta Antonio Plaza. Ilustrador Americano, El. Tlalpujahua, 1812. Periódico insurgente dirigido por José María Cos. Imparcial, El. Morelia, 1848-1850. Periódico oficial del Gobierno publicado por la Imp. de I. Arango. Ímpetus. Morelia, 1935 y ss. Quincenal estudiantil redactado por David Franco Rodríguez y otros. Insignia. Morelia, 1944. Periódico universitario dirigido por Alfonso Espitia Huerta. Juventud. Han llevado este nombre varios periódicos estudiantiles publicados en Morelia en diversos años del presente siglo. Kuerani. Morelia, 1972. Revista de arte dirigida por Salvador Próspero. Letras Nicolaitas. Morelia, 1951-1953. Revista. Lira Michoacana, La. Morelia, 1894. Revista literaria. Lucha Roja. Morelia, 1936. Órgano del bloque de Jóvenes Socialistas, dirigido por E. Peñaloza. Luchador, El. Uruapan, 1932-1938. Semanario de información y variedad. Michoacán. Morelia, 1956. Revista Gráfica dirigida por Arnulfo Rodríguez. Michoacano Libre, El. Morelia, 1830-1834. Periódico político que dirigió Mariano Rivas. Misionero, El. Zamora, 1930-. Semanario de índole religiosa. Myosotis. Morelia, 1890 y ss. Periódico literario hecho por los poetas José Ortiz Vidales y Juan N. Ojeda. Opinión de Michoacán, La. Uruapan. Periódico dirigido por Carlos Andrade Rincón. Pensamiento Católico, El. Morelia, 1871-1878. Periódico dirigido por Benigno Ugarte. Periódico Oficial. Morelia, 1878-1885. Órgano del Gobierno de Michoacán dirigido por Mariano de Jesús Torres. Pito Real, El. Huetamo, 1866. Periódico dirigido por Vicente Riva Palacio. Pórtico. Sahuayo, 1949. Revista mensual, Órgano de la Asociación Propulsora del Arte. Porvenir, El. Morelia, 1855. Redactor: Tirso Rafael Córdoba. 185


MONOGRAFÍA ESTATAL

Razón Crítica, La. Morelia, 1863-1864. Periódico dirigido por Rafael Gómez. Relaciones. Estudios de Historia y Sociedad. Zamora, 1980-. Revista trimestral publicada por El Colegio de Michoacán y dirigida por Luis González y Pastora Rodríguez Aviñoé. Reforma, La. Morelia, 1872. Periódico dirigido por Macario Torres. Restauración, La. Morelia, 1852-1854. Periódico oficial de la administración santanista. Revista Católica, La. Morelia, 1890 y ss. Periódico religioso. Revista Eclesiástica. Zamora, 1902-. Apareció inicialmente con el nombre de Boletín Eclesiástico. Rosa de Michoacán, La. Morelia, 1850. Periódico literario dirigido por Tirso Rafael Córdoba. Revista de Derecho y Ciencias Sociales. Morelia, 1949 y ss. Órgano de la Facultad de Leyes de la UM. Revista Médica. Morelia, 1921 y otros años. Órgano de la Facultad de Medicina de la UM. Schola Cantorum. Morelia, 1938. Órgano de la Escuela Superior de Música Sagrada. Semanario Patriótico Americano. Tlalpujahua, 1812-1813. En la Imprenta de la Nación. Sombra de Washington, La. Morelia, 1833-1834. Periódico oficial redactado por Joaquín Tejeda. Spes. Zamora, 1944-. Revista del Seminario Eclesiástico. Trento. Nova et Vetera. Morelia, 1944-. Revista del Seminario Eclesiástico de Morelia dirigido por Manuel Ponce. Tribuna. Sahuayo. Semanario dirigido por Tarsicio Amezcua. Universidad Michoacana. Morelia, 1956 y ss. Boletín mensual dirigido inicialmente por Enrique González Vázquez. Verdad y Justicia. Zamora, 1911. Periódico dirigido por Fidel Silva. Verbo Libre. Morelia, 1932. Periódico de orientación proletaria dirigido por Manuel Covarrubias. Verdad, La. Semanario independiente. Morelia, 1915, 1925, etc. Varios periódicos con este nombre. Viñetas de Literatura Michoacana. Morelia, 1944. Editores: Porfirio Martínez Peñaloza, Alejandro Ruiz Villaloz y Alfonso Rubio y Rubio. 186


MICHOACÁN

Voz de Michoacán, La. Morelia, 1842-1846. Periódico oficial impreso en el Taller de Ignacio Arango. Voz de Michoacán, La. Morelia, 1948-. Diario dirigido por José Tocavén Lavín. Voz de Sahuayo, La. Sahuayo, 1938-1939. Periódico quincenal dirigido por Alberto Barragán Degollado. Esta segunda edición actualizada incorpora los datos más recientes elaborados o procesados por el Instituto Nacional de Geografía e Informático (INEGI), por las Secretarías de Estado del Gobierno Federal, por el Instituto Nacional Indigenista, por el Instituto Nacional de la Nutrición y por PEMEX. Cuando fue necesario, se utilizaron los informes anuales de los gobernadores, sus anexos estadísticos y los prontuarios, agendas o anuarios que elabora el gobierno estatal. Con el objetivo de mejorar esta monografía en las ediciones subsecuentes, agradeceremos a los lectores el envío de sus comentarios y sugerencias a: Dirección General de Materiales y Métodos Educativos, Subsecretaría de Educación Básica y Normal, Secretaría de Educación Pública, Proyecto Monografías Estatales, Argentina Núm. 28, Col. Centro, C.P. 06029, México, D.F. (28-VIII-12).

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Michoacán