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Universidad Autónoma Metropolitana. Unidad Xochimilco

PROCESOS DE SIGNIFICACIÓN EN LAS NARRATIVAS QUE CONFIGURAN EL SITIO ARQUEOLÓGICO CUAHILAMA, XOCHIMILCO. TRABAJO TERMINAL DE LA CARRERA DE COMUNICACIÓN SOCIAL QUE PRESENTAN: SANDRA TORRES ENRÍQUEZ Y RODRIGO SÁNCHEZ JUÁREZ Asesores responsables: Dr. Mario Alberto Rufer Damiano Dra. Yissel Arce Padrón Lic. Marco Diego Vargas Ugalde Asesor externo: Mtra. Tzutzumatzin Soto Cortés

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La vocación de los estudios culturales ha sido la de permitir a las personas entender lo que esta sucediendo, y especialmente proporcionar maneras de pensamiento, estrategias de sobrevivencia y recursos para la resistencia a todos los que son ahora excluidos en términos económicos, políticos y culturales. Stuart Hall Más que deconstruir la oposición entre cultura y naturaleza, lo importante es entender que el término cultura ya incluye en sí mismo esa deconstrucción. Terry Eagleton Lo propio del saber no es ver ni demostrar, sino interpretar. Michel Foucault

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Agradecimientos A mis padres Martha y Gerardo: Gracias por ser un invaluable apoyo y sostén a lo largo de mi formación personal y académica. Sus enseñanzas han sido invaluables y son el pilar de mi vida. A la planta docente y administrativa de la licenciatura en Comunicación social de la Universidad Autónoma Metropolitana, Xochimilco por haberme provisto de los conocimientos teóricos y prácticos para ejercer como licenciado. A los habitantes de la delegación Xochimilco, en especial los de Santa Cruz Acalpixca, por habernos prestado su voz para escribir este trabajo. A Mario Rufer, Yissel Arce y Diego Vargas por haber sido un apoyo incondicional y tomarse el tiempo de leer minuciosamente nuestra tesis. A CONACYT por haberme brindado los medios económicos para realizar el trabajo en campo. A Sandra por haber do una excelente y muy trabajadora compañera de tesis. A mis amigos, Mariana, Cope y Yael por estar siempre ahí para escuchar mis discusiones teóricas. A mi más que amiga, hermana Mina por haber estado siempre ahí talacheando conmigo durante toda la carrera. Love you. A todos los que de una u otra manera estuvieron involucrados en el proceso de investigación. Muchas gracias

Rodrigo Sánchez Juárez

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Índice La encrucijada del patrimonio,  15   1.2La problemática conceptual del Patrimonio Histórico mexicano: usos del pasado.,  19   1.3 .2 El INAH-CONACULTA como binomio conceptual que rige el patrimonio en México.,  27   1.3 El laberinto institucional del patrimonio,  23   1.3.1 Las recomendaciones de la UNESCO para la salvaguarda de las zonas del “world heritage”,  23   1.3.3 La administración de la delegación Xochimilco y sus políticas de salvaguarda patrimonial.,  32   2. Diálogo institucional: Performatividad y activación del patrimonio en los discursos locales.,  37   2.1.1.1El devenir histórico de Museo Arqueológico de Xochimilco,  40  

2.1La construcción del patrimonio local: El museo arqueológico de Xochimilco y el Archivo histórico.,  38   2.2El archivo histórico de Xochimilco: Ambivalencias del discurso archivístico,  45   3. El patrimonio en Xochimilco: Pasado, procesos de identificación y cultura,  50   3.1 Procesos de identificación en la delegación Xochimilco,  59   3.1 Usos de pasado,  51   3.2 Activación del patrimonio: Promotores Culturales,  55   Conclusiones,  63   Descripción del corpus,  12   Introducción.,  4  

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Introducción. “Y si nuestra identidad se deposita en la memoria ésta tiene, a su vez, asidero y recipiente en ciertos objetos externos que valoramos de forma especial, objetos que fungen como testimonio vivo de épocas pasadas y constituyen, al fin, el patrimonio histórico y cultural de una nación: monumentos y obras de arte de diferentes etapas de nuestro pasado.” (Saizar, 2011: p. 9) La cita anterior es parte de la presentación del libro Nuestro Patrimonio Histórico y Cultural, donde la ex presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta1), delata que existe una idea común sobre los objetos monumentos, prácticas o saberes que están categorizados como patrimonio cultural; que son elementos que refrendan el legado y la identidad–como conceptos indisociables, homogéneos e inamovibles- de una nación y que por tanto son elementos discursivamente acabados y que por su común pertenencia al pasado son sacralizados detrás de las vitrinas del Museo Nacional de Antropología e Historia (por ejemplo). No obstante, nos preguntamos ¿cómo en México, un país en el que han habitado y habitan diversos grupos con prácticas diferenciadas y que por tanto es considerado un país multicultural2, pueda existir una selección de elementos que cohesionan un legado y una identidad? Por ello, consideramos que es pertinente generar una reflexión que critique y deconstruya esa noción unívoca y homogénea sobre patrimonio y que contemple que ese                                                                                                                           1 “Conaculta es la institución encargada de preservar de forma integral el patrimonio cultural de la Nación en sus diversas manifestaciones artísticas y culturales así como estimular los programas orientados a la creación, desarrollo y esparcimiento de las mismas.” (Website Oficial de Conaculta: http://www.conaculta.gob.mx/acerca_de/) 2

  El afirmar la existencia del multiculturalismo de la nación engloba su propia problemática.

“Aunque a veces se tienda a meter todos los movimientos sociales en un mismo saco para englobarlos en el capcioso término multiculturalismo, en verdad este último sólo hace referencia a algunos de ellos. El multiculturalismo no se refiere a la diferencia y la identidad per se, sino a a aquellas que se subsumen en una cultura y son sostenidas por ésta..” (Parekh, 2005: 15) 4    


estudio crítico, va de la mano con un análisis que entienda cómo esta noción sobre patrimonio se articula en un entramado de procesos. Estos procesos a los que nos referiremos como procesos de patrimonialización, conjugan nociones sobre cultura3, pasado e identidad4. Por lo tanto, la noción de patrimonio se (re) significa en usos y prácticas que tensionan lo local con lo nacional. De acuerdo con lo anterior, buscamos enmarcar el estudio de los procesos de patrimonialización de una zona arqueológica desde la mirada teórica de los estudios culturales5; donde el uso de conceptos y categorías apelan al esfuerzo de “comprender las estrechas relaciones entre lo cultural y lo político… este énfasis en la importancia que tienen las relaciones de poder y constitución de las prácticas significativas…”(Hall, 2010:7) Por lo tanto, los fundamentos y conceptos teóricos que deseamos comprometer en este análisis competen a nuestra formación como comunicólogos. El caso que utilizaremos para enmarcar dichos planteamientos sobre el estudio de los procesos de patrimonialización, es la zona arqueológica Cuahilama; ubicada al sur de la Ciudad de México en la delegación Xochimilco, en el pueblo de Santa Cruz Acalpixtla. ¿Cuáles son los procesos de significación que configuran el patrimonio histórico cultural de la zona arqueológica Cuahilama, Xochimilco?

                                                                                                                          3 Cultura que para su análisis puede ser comprendida como procesos y prácticas que refieren manifestaciones simbólicas y que desbordan el marco de lo productivo en términos de lo económico-social; y que varían según los campos de resonancia. En este sentido, Nelly Richard refiere a tres categorías: La antropológica social (el mundo de la vida cotidiana), la ideológicoestética (las tradiciones artísticas y literarias) y la político institucional (las políticas institucionales y de mercado) que pueden complementarse y/o contraponerse. (Richard, 2005: 455) 4 Más adelante, desarrollaremos con mayor profundidad estos términos como procesos. 5 Stuart Hall en la introducción de su texto Sin Garantías, trayectorias y problemáticas en estudios culturales, refiere que los estudios culturales en su comienzo se conformaron como una práctica coyuntural, a partir de una matriz diferente de estudios interdisciplinarios y disciplinarios; cuyo objetivo fue vislumbrar el problema de las humanidades y las tecnologías sociales (éstas como prácticas culturales institucionalizadas y herramientas de organización social). Es decir, buscaron analizar desplazamientos y transformaciones que se manifestaban en los cambios económicos y en la sociedad a raíz del impacto en nuevas formas excesivas de consumo (jerarquizadas), el impacto de los medios de comunicación; que significaban la entrada del Reino Unido al mundo moderno. (Hall ,2010) 5    


Para plantear de qué manera vamos a desarrollar la respuesta, primero es preciso detallar la problemática específica del sitio. Cuahilama es una zona arqueológica donde están ubicadas piedras talladas con figuras elaboradas por los primeros grupos indígenas que habitaron el pueblo de Xochimilco y a quienes se les atribuye su fundación, en la época prehispánica. Actualmente Xochimilco es un territorio que a pesar de estar ubicado en la metrópolis más importante del país se le reconoce nacional e internacionalmente porque “su vida está todavía centrada en las formas tradicionales de organización social y religiosa, las cuales se observan en actos cívicos, culturales o de culto” (página web delegación). Sin embargo, la zona arqueológica, aunque esté reconocida por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) 6, es una zona de paso donde existe poca seguridad y en consecuencia de ello se realizan asaltos, se consumen drogas y otras actividades consideradas como delictivas, así como algunas figuras también están pintadas. Consecuentemente, autoridades locales en conjunto con algunos vecinos y agrupaciones de promotores culturales provenientes de Xochimilco, realizan actividades para el “rescate” de esta zona. Estos actores junto con el Museo Arqueológico de Xochimilco y el archivo Histórico de Xochimilco narran a esta localidad como una ficción sobre lo originario y como legado vivo de los grupos prehispánicos que habitaron la región. Esto quiere decir que la problemática que enmarca nuestro objeto empírico se vincula directamente con dos cosas relacionadas entre sí. La primera es el énfasis canónico que se hace, cuando a los objetos, monumentos o prácticas se les relaciona con el primer de los cuatro grandes episodios que conforman la historia oficial de la nación mexicana (el pasado prehispánico, la colonia, la independencia y la revolución.7) La segunda, es sobre                                                                                                                           6 “El Instituto Nacional de Antropología e Historia investiga, conserva y difunde el patrimonio arqueológico, antropológico, histórico y paleontológico de la nación para el fortalecimiento de la identidad y memoria de la sociedad que lo detenta. El INAH tiene plena facultad normativa y rectora en la protección y conservación del patrimonio cultural tangible e intangible, y se encuentra a la vanguardia gracias a su nivel de excelencia en investigación y en la formación de profesionales en el ámbito de su competencia.” (Sitio oficial del INAH: http://www.inah.gob.mx/iquienes-somos) 7 Frida Gorbach en su artículo La “Historia Nacional” Mexicana: Pasado, Presente y Futuro hace referencia a esos cuatro episodios, señalados como los cuatro capítulos de los cuatro tomos de 6    


qué implican las actividades que se realizan sobre el rescate desde la institución y para la localidad. El pasado prehispánico8 es uno de los episodios más míticos de la historia nacional mexicana, puesto que se trata del relato sobre cómo (supuestamente) se fundó la nación9 A través de esta visión canónica, el patrimonio se constituye como un elemento narrativo y pedagógico del pasado, el legado y la identidad de la nación. Se vuelve una formación discursiva y performativa donde parecieran que el acto de memoria es única e inamovible y los objetos (denominados patrimonio) son valorizados conforme a cómo puedan refrendar una ficción sobre el pasado. No obstante, consideramos (como un argumento de trabajo) que el pasado es un terreno de lo político, puesto que “…para el caso de México, el pasado prehispánico…como patrimonio nacional puede ser considerado como un ámbito histórico y social atravesado por relaciones de poder y performativo de las relaciones sociales. En este sentido, la dimensión discursiva del origen de la nación no puede ser separada de su práctica social.” (Caballero, 2012:30). Por lo tanto el “rescate” –como práctica social- de la zona arqueológica es parte de esas prácticas performativas que tensan y fisuran un sintagma sobre el patrimonio y en esos espacios Entonces, creemos pertinente que en nuestro primer capítulo desglosemos una discusión teórica que contemple la deconstrucción de la noción de patrimonio. Es decir, que de primer momento plantee cuál es la problemática sobre una noción canónica de patrimonio y de esa forma vincularlo con la problemática del estado-nación. O sea, explicar cuál es la problemática del patrimonio como sintagma narrativo del origen de la nación                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   la Historia General de México, para poder hacer una crítica de cómo en esa historia oficial -cuyo relato pareciera más mítico que verídico y real- permea la sensación de inmutabilidad e inalterabilidad. (Gorbach, 2012:105) 8 Desde los libros de educación básica se refiere que los Mexicas, una de las tribus indígenas prehispánicas, llegó a dominar la región céntrica del Valle de México. Según el mito, una deidad (Huitzilopochtli) les indicó que encontrarían el lugar para establecerse cuando vieran un águila parada sobre un nopal, devorando una serpiente. 9 Más adelante nos referiremos al pasado prehispánico como mito fundacional o ficción fundacional.

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donde se expresan y se yuxtaponen imaginarios simbólicos. Por ello, realizaremos un trazado de las políticas (donde se expresa con más claridad definiciones y criterios sobre el patrimonio) que va de lo internacional, después a lo nacional y por último a lo local para desarrollar como de ese sintagma –como parte de un proceso comunicativo10- emana un proceso de negociación y apropiación. Las políticas que estamos considerando para este análisis son: UNESCO, INAH, la Delegación Xochimilco y la Coordinación. En el segundo capítulo analizaremos cómo las políticas (éstas como un discurso pedagógico de las instituciones) sobre el patrimonio se practican en la comunidad o cómo se traducen esas políticas en acciones que se toman en la comunidad. En el tercer capítulo, meramente analítico, trazaremos la discusión sobre procesos de identificación, es decir cómo de la integración de los conceptos mencionados anteriormente, el uso estos conceptos desbordan estas nociones y se inscriben en diversas discusiones que tienen que ver con los usos del espacio público, la disputa territorial y una constante pugna política por los usos y (re)significaciones en la zona arqueológica Cuahilama. y articulan modos de identidad y diferencia en las narrativas de la comunidad. Reiteramos que buscamos analizar el patrimonio cultural como prácticas y procesos que desplazan, tensionan y subvierten lugares simbólicos de la nación. Una zona arqueológica en Xochimilco11 es un caso interesante para analizar cómo se aterrizan procesos de patrimonialización; puesto que es una región que en 1987 recibió el nombramiento de Patrimonio Cultural de la Humanidad.12

                                                                                                                          10 Consideramos que en la comunicación los mensajes no operan inmediata, ni aisladamente. Esto quiere decir que tiene que ver con un proceso del uso social de los medios, que no tiene que ver con el momento en el que vemos la televisión, sino con los espacios y tiempos de producción y circulación del sentido de lo que se ve o se lee. (Barbero, 2001) 11

Xochimilco es una de las delegaciones más amplias del sureste del Distrito Federa, pues tiene una extensión territorial de 125.2 kilómetros cuadrados y colinda con las delegaciones Tlalpan, Coyoacán, Tláhuac y Milpa Alta. Tiene un alto índice de hectáreas donde prolifera la siembra y el cultivo de flores y plantas, así como también posee varios kilómetros cuadrados de cuerpos de agua. Está distribuido en 14 pueblos, 18 barrios, 15 colonias y 4 fraccionamientos. 8    


Además, de esta región emana, una ficción sobre la conservación de una “esencia de lo originario” por medio de prácticas discursivas y sociales institucionalizadas. Desde distintos lugares de enunciación estas prácticas están valorizadas como tradicionales y únicas, a pesar de que Xochimilco esté ubicado en la polis más importante del país, conocida por tener altos índices en crecimiento demográfico y expansión urbanística. En este sentido, la página web oficial de la delegación señala: “Para entender la cultura del pueblo de Xochimilco, por ende, se relaciona su historia con sus vivencias. En su origen, mientras una buena parte de la comunidad se asume como autóctona y pretende conservar algunos rituales y ceremonias: otros quedan atados, a partir de un sincretismo natural, a conductas vinculadas con la región, que han enraizado con un profundo carácter popular entres sus habitantes..” Los rituales y ceremonias a las que principalmente se refiere esta cita son: el culto al Niñopa, la Flor más bella del ejido, las fiestas religiosas (organizadas por mayordomía13), a la realización de ferias como: las del dulce cristalizado, la feria del maíz y la tortilla, de la alegría, del olivo, de la nieve, del conejo y la nochebuena. En suma, están las chinampas (que son técnicas de cultivo a través de un sistema de canales que datan de tiempos prehispánicos). Es por este sistema de canales que Xochimilco es nombrado, y por ende reconocido mundialmente, como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Por ello, una parte muy importante de su población, al apropiarse de esta ficción sobre lo originario narrado y performativizado de distintas maneras, enfatiza esa identidad la “pertenencia” o “identificación” con estas prácticas como algo estático y sacralizado;                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   12 Es un título que confiere la UNESCO, el cual emanará un análisis que contemple el devenir histórico de la institución y el título; así como de los criterios de selección y políticas que se establecen a partir del nombramiento. 13   “La mayordomía es una forma de organización que se originó en la época de la Colonia: a un cacique, gobernador, albacea de fundaciones pías, capellán, fiscal o a cualquier particular con fervor religioso se le daba el nombramiento de mayordomo o mozo mayor de Dios, como título de dignidad para coordinar la celebración de una fiesta.” (http://www.xochimilco.df.gob.mx/tradiciones/index.html)

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pero que a la vez se utilizan como un eje articulador y administrativo de la diferencia y la identificación. En este sentido Paula López Caballero en el México contemporáneo, se da por hecho que la identidad de poblaciones indígenas (o relacionadas con lo indígena, autóctono u originario) se les asume discursiva y performativamente como el legado viviente de una época perdida, en busca de permaneces intactas ante “lo moderno”. Sin embargo, Cuahilama como recinto “representativo” del origen mítico de esta localidad -que es definida (por el Estado) y se autodefine como autóctona- es una zona que está deteriorada donde no existen servicios básicos como limpieza, alumbrado y seguridad. Por lo tanto, “el deterioro” y “el rescate” son dos elementos simbólicos a los que no perderemos de vista, puesto es en estos espacios de significación donde se reproduce a la vez que, se tensa y se fisura esa noción sobre lo patrimonializable. En síntesis, estas son las primeras observaciones con las que buscamos problematizar y deconstruir, paralelo al análisis sobre los procesos de patrimonialización sobre la zona arqueológica Cuahilama. Por lo tanto, el análisis teórico es insuficiente para llevar a cabo los objetivos de esta investigación. Es necesario proveer herramientas metodológicas que sean útiles para un trabajo de campo, donde se contemple recabar y analizar información sobre las prácticas en la comunidad; y donde

se

enmarcan y especifican

las problemáticas teóricas que

atraviesan nuestro objeto de investigación. Por ello, el trabajo de campo es imperante, así como la selección y el uso de metodologías propias de la disciplina de la antropología; sin vincularse con metodologías de clasificación, cuantificación o representación, puesto que son poco operativas para los objetivos de análisis. Es decir buscamos herramientas para el trabajo de campo desde prácticas y metodologías cualitativas interpretativas que nos permitan orientar la investigación en correspondencia a los supuestos teóricos sobre la idea de patrimonio y los procesos de patrimonialización; que planteen desentrañar los sentidos y las relaciones que construyen la 10    


objetividad. Entendemos que estos sentidos se despliegan en el sitio a través de prácticas discursivas, performances, así como de políticas locales y nacionales.

Consecuentemente, consideramos que la entrevista en profundidad y la etnografía son herramientas interpretativas que nos permiten enfatizar en la experiencia (que a continuación enlistaremos) en la narrativa, significaciones y la relación de los actores con un contexto y procesos sociales. Como anteriormente mencionamos en la introducción, Cuahilama es una zona arqueológica en la que distintos grupos e individuos (con cargos simbólicos relevantes en la localidad) pugnan el rescate de la zona como consecuencia de la realización de prácticas como el grafiti, la delincuencia y el consumo de drogas y alcohol en el lugar. Estos grupos se conforman principalmente por colectivos provenientes de Xochimilco y dedicados a la promoción cultural, a las autoridades político-administrativo locales (en voz del coordinador del pueblo de Santa Cruz Acalpixtla), la cronista y encargada del archivo histórico de Xochimilco y vecinos de la zona. Los grupos de promotores culturales a los que nos acercamos y que seleccionamos para formar parte de nuestro corpus son: Guías Turísticas- Cooperativa Axochitla y Compañía Artística Tlatemoani. De estos grupos deseamos saber qué y cómo realizan actividades para el “rescate” de la zona por lo que realizaremos sesiones presenciales con estos grupos para hacer entrevista a profundidad y etnografía. También como parte del corpus haremos un análisis sobre cómo está organizada discursivamente la colección del museo Arqueológico de Xochimilco, puesto que este Museo es también un espacio que se edifica, performaticamente y discursivamente, como un elemento en correlato histórico sobre Cuahilama. Realizaremos una entrevista a profundidad a la cronista oficial y encargada del archivo; que de primer momento intente saber cuál es el devenir histórico de Cuahilama y el Mueso Arqueológico y conocer cómo y qué procesos enmarcaron la valorización de estos dos espacios “representantes” del pasado prehispánico. También realizaremos otras 11    


entrevistas a profundidad a los vecinos y al coordinador sobre la “importancia” de Cuahilama y la “necesidad” de rescatar y revalorizar el sitio (qué significa). De esa forma, podremos vislumbrar más allá de nociones y construcciones hegemónicas donde se inhibe la posibilidad de analizar la tensión de estas prácticas con lo político. Y que impide trabajar y problematizar un entramado de significaciones en contingencia específica que diversos actores producen colectivamente. Descripción del corpus El trabajo de campo en Xochimilco – al entrar en diálogo y discusión con el aparato teórico-, nos llevó a seleccionar como parte de nuestro corpus de trabajo analítico las siguientes narrativas14 Narrativas estatales del patrimonio •

La carta de principios del patrimonio de la humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Cultura y la Educación (UNESCO): En este documento se recogen una serie de principios universales para la salvaguarda y difusión del patrimonio material e inmaterial de la humanidad.

Los criterios de patrimonialización de la UNESCO en Xochimilco: Aquí, recogemos los cuatro puntos con los que se seleccionó a Xochimilco como parte del Patrimonio cultural de la Humanidad.

El reglamento de Monumentos y zonas arqueológicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH): En este apartado, tratamos cómo el INAH construye una idea de conservación y sacralización de los monumentos históricos. Este reglamento entra en correlato a las prácticas que deberían desarrollarse en el sitio arqueológico.

Las políticas del patrimonio de la delegación Xochimilco: En esta parte tratamos una discusión sobe las políticas que determina la delegación Xochimilco y la ideas

                                                                                                                          14 Cabe mencionar que no consideramos como narrativas-´-únicamente- a los relatos de los miembros de la demarcación. Dentro de nuestro corpus de trabajo, consideramos también pertinente el análisis de las políticas, narraciones y discursos del Estado con respecto al patrimonio y a Xochimilco. 12    


de patrimonio y cultura que se delimita en las mismas.

Narrativas locales •

El discurso museográfico del Museo Arqueológico de Xochimilco:

En este apartado analizaremos como en la disposición curatorial y el devenir histórico del museo se mimetiza a las políticas del Estado. Creemos, en ese sentido, que la mímesis15 no es solamente una reproducción exacta de los discursos del Estado, sino que también existen espacios en los que entran las (re)significaciones y es justo en esas fisuras desde los que se articula la diferencia, entendiendo también la diferencia como un lugar en donde los discursos no son del todos transparentes. (Parrini, 2012). •

Iniciaremos nuestro análisis del capítulo arqueológico de Xochimilco

se fragmenta, se reproduce y se subvierten los discursos unívocos de la historia nacional para dar lugar a la reconstrucción del relato histórico y construcción de procesos de identificación del pasado prehispánico de la delegación Xochimilco.

El archivo histórico de Xochimilco: En la narrativa del archivo

histórico de Xochimilco analizaremos como en la (re)significación de un archivo histórico de la delegación Xochimilco, se narra el pasado prehispánico de la nación en la práctica de lo que más que un archivo histórico es un centro de documentación específica de la zona. •

La coordinación territorial de Santa Cruz Acapixtla: En este análisis

discutiremos como en el discurso (re)significado y fisurado de la coordinación territorial de Santa Cruz Acapixtla, Xochimilco, la coordinación se posiciona con respecto a los usos del patrimonio arqueológico Cuahilama. •

La cooperativa Axochitla: A partir de este punto tomaremos en

                                                                                                                          15  “El efecto de mímesis revela algo tan extenso- así como distinto- de lo que puede ser llamado a sí mismo. La mímesis es camuflaje, en lo estricto del tecnicismo. No es cuestión de conjugarse con el fondo pero, estamos hablando de un fondo heterogéneo- o qué esta siendo heterogéneoexactamente como la técnica practicada en la guerra” (Bhabha,2010:172) 13    


cuenta como en las narrativas de los promotores culturales de la cooperativa Axochitla, organismo asociado de promotores culturales, algunos habitantes de la zona toman posiciones con respecto a los procesos de patrimonialización. Tomamos en cuenta dos narrativas que nos parecieron las más significativas, ya que por una parte nos preguntamos ¿Cómo surge la cooperativa Axochitla como organismo promotor y difusor de prácticas culturales en yuxtaposición a las instituciones del Estado? Y por otro lado ¿Cómo en las prácticas de visita guiada en el sitio arqueológico de Cuahilama se narran, no solo el pasado de Xochimilco, sino también nociones en contingencia de la idea de patrimonio? Las preguntas anteriores nos llevan a poner en discusión la entrevista a Irene López Medina, fundadora de la cooperativa Axochitla, y la visita guiada al sitio arqueológico Cuahilama, encabezada por la promotora Yolanda Ángeles. •

Las políticas de organización del evento “Cuahilama vibra”: Aquí

comprometemos el análisis de las políticas derivadas de la organización del evento artístico “Cuahilama vibra”, que tomó lugar en la zona superior de la zona arqueológica Cuahilama. Justo para este análisis es donde analizaremos como se (re)significan las políticas del Instituto Nacional de Antropología e Historia en prácticas concretas en el sitio arqueológico Cuahilama.

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1: La encrucijada del patrimonio He comenzado asumiendo que Oriente no es una realidad inerte de la naturaleza. No está simplemente allí, lo mismo que el propio Occidente tampoco esta precisamente allí. Edward Said. El presente capítulo se divide en tres momentos: el primero se trata de un debate conceptual, donde desglosaremos la problemática teórica sobre el patrimonio. Sucesivamente, como parte de ese debate, entablaremos una discusión sobre los procesos de patrimonialización en México y las problemáticas que se establecen sobre el patrimonio como recurso simbólico del Estado-Nación. Por último, realizaremos un análisis de las políticas y definiciones institucionales y cómo se posiciona Xochimilco en éstas. 1.1 Las ideas de patrimonio y su problemática teórica El objetivo de generar una discusión teórica crítica, con respecto a las definiciones institucionales sobre el patrimonio, es poder entender problemáticas conceptuales que se desbordan e insertan el objeto de investigación en preguntas sobre cómo opera el sentido en prácticas sociales. Para ello, primero debemos desarrollar una crítica deconstructiva donde el patrimonio sea una categoría conceptual. Buscamos analizar estas definiciones como un entramado de prácticas sociales normalizadas -a las que nos referimos como procesos de patrimonialización- y comprender cómo se articula un intercambio de sentidos sobre el patrimonio; cómo en éstas prácticas se normalizan usos del pasado para definir la nación y el territorio. Deseamos desglosar una crítica a la idea hegemónica del patrimonio: una representación y culto al pasado. Basamos nuestra argumentación de trabajo, en profundizar sobre los usos del pasado -este como terreno de lo político- en un entramado de usos y significaciones en disputa, por “representar” la identidad de la nación mexicana.

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¿Qué pugnas podemos visualizar al analizar la forma en que unos valores sobre el pasado y la identidad (supuestamente materializados en monumentos, objetos, prácticas y saberes) sobresalgan sobre otros? ¿Cómo se articula esa selección privilegiada, de manera que distintos elementos particulares puedan “representar” legítimamente un discurso unificado sobre una nación? Es imposible hablar de una sola historia, un legado único y homogéneo, por eso es pertinente hablar de poder. Para este caso no sólo radica en la capacidad de contar la historia del otro, sino de que esa historia sea la historia oficial y única; para localidades con otras localidades; localidades con lo nacional; lo nacional con lo trasnacional. ¿Quién dice qué legado es el que lo representa? ¿Cómo puede narrar ese legado? ¿Qué y cuántas historias o elementos constituyen ese legado? Para comenzar con la discusión citamos a la historiadora francesa Françoise Choay donde define al patrimonio como: “Expresión que designa un fondo destinado al disfrute de una comunidad planetaria y constituido por la acumulación continua de una diversidad de objetos agrupados por su común pertenencia al pasado”. (Choay, 1992:7). Nombrar, narrar y delimitar, reiterativamente (normalizar) a un “pueblo” como una sola cosa; asociarlo como producto de un legado cohesionado; no es generar una historia “falsa”, sino incompleta (Chimanda Adichie). Por consiguiente, pensar al patrimonio, como objetos agrupados y pertenecientes al pasado, es una noción que nos es insuficiente y que no contempla el análisis de los procesos de significación en lo local (el sitio arqueológico Cuahilama). No podemos contemplar el patrimonio únicamente como un terreno de sacralizado y “representativo” de la historia; perderíamos de vista que ese terreno sacralizado es una estrategia de lo político, para delimitar estratégicamente (y con un devenir histórico específico) momentos que significan y (re)significan la historia nacional. Pensamos que la definición de Choay, , figura en las políticas para el nombramiento, la conservación y difusión de las zonas patrimoniales, como un discurso normativo y unificado. Por ende, pensamos que esa diversidad de objetos de común pertenencia al

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pasado, en realidad se trata de una construcción social donde se articulan sistemas de representación de la nación. La afirmación anterior no pretende reducir a términos funcionalistas e ideológicos. Es un argumento que usaremos para discutir la nación y el pasado como concepto significante que opera en los procesos de patrimonialización. No suponemos solamente concebir la nación como “un capital simbólico ideado para tomar el poder político del Estado” (Chatterjee, 1993:11). La nación también es un espacio simbólico donde se (re)significa y se movilizan prácticas cotidianas; también como “fundamento de disidencia con los poderes del Estado, como forma de aglutinación política que desborda un sentido colectivo y como estrategia hegemónica de los poderes centrales” (Rufer, 2012: 12). Hay que buscar entender las significaciones añadidas al monumento histórico: la memoria, la afectividad y el desafío de la acción disolvente del tiempo. En este sentido, rescatamos el análisis de Llorenc Prats donde distingue en el patrimonio dos construcciones sociales, una es la sacralización de la externalidad cultural16 y la segunda es la activación o valorización en procesos patrimoniales. Concordamos que estas construcciones sociales aunque son distintas, son también complementarias y sucesivas. (Prats, 2005) Nos es útil analizar la sacralización de la externalidad cultural en México como un producto social e histórico del contexto trasnacional a finales del siglo XIX y principios del XX

donde Estado-nación se posicionaba como modelo político dominante (López

Caballero, 2011); “donde la sociedad urbano-industrial, las naciones y los imperios, se reconocen y autorepresentan, a la vez por oposición y por filiación, respecto a la naturaleza, el pasado y el excepcionalismo” (Prats, 2005). De acuerdo a esto, el Estado es una figura que se pretende unificadora y armonizadora, un catalizador a través del cual se narra una idea de nación como si esta fuera una homogeneidad. Sin embargo, los hechos del día a día interpelan la supuesta homogeneidad y lo problemático de ese binomio analítico: Estado-nación.                                                                                                                           16  “Se trata de un mecanismo universal, intercultural, fácilmente reconocible, mediante el cual toda sociedad define un ideal cultural del mundo y de la existencia y todo aquello que no cabe en él […] pasa a formar parte de un más allá.” (Prats, 2005) 17    


En estas prácticas de actuación consensuada, se consolida un poder político, porque aquello que “representa” el pasado no sólo se selecciona, se construye y se argumenta desde una posición discursiva específica, sino también se valoriza de forma jerárquica, desigual fetichizada y ficcionalmente unificada. Añadido a esto, los consensos que designan el legado colectivo, son prácticas sociales que no sólo pretenden unificar el legado discursivamente, sino también producir un efecto ontológico que canoniza y mitifica. Entonces, las valorizaciones redefinen esta externalidad cultural bajo la forma de la forma de religión, magia u otros sistemas de representación. (Prats, 2005). Como ejemplo de lo mágico o religioso, como sistemas de representación, podemos citar el programa de Pueblos Mágicos. Su reciente creación, de acuerdo a sus estatutos contempla “revalorar a un conjunto de poblaciones del país que siempre han estado en el imaginario colectivo de la nación [...] Más que un rescate, es un reconocimiento a quienes habitan esos hermosos lugares de la geografía mexicana y han sabido guardar para todos, la riqueza cultural e histórica que encierran […]es una localidad que tiene atributos simbólicos, leyendas, historia, hechos trascendentes, cotidianidad, en fin MAGIA que emana en cada una de sus manifestaciones socio – culturales.” Aunque, los pueblos mágicos no sean nuestro objeto de investigación queremos rescatar que ese sentido de lo mágico también permea sobre las zonas nombradas patrimonio, las transforma en un recurso simbólico institucional, alegórico e hiperbolizado: “Garante de los orígenes, el monumento calma la inquietud que genera la incertidumbre de los comienzos. Desafío a la entropía y a la acción disolvente que el tiempo ejerce sobre todas las cosas naturales y artificiales, el monumento intenta apaciguar la angustia de muerte y de la aniquilación” (Choay; 1992:13). En este sentido, para proseguir con nuestra crítica, queremos retomar el concepto de Bhabha y entender los procesos de patrimonialización como prácticas pedagógicasperformativas17. Por una parte, éstas emanan de una trayectoria institucional y de esa                                                                                                                           17 Partimos de explicar las prácticas sociales cómo parte de lo que Homi Bhabha describe en la dupla pedagógica-performativa. Para Bhabha, la dimensión pedagógica se establece en el proceso de identidad constituido por la sedimentación histórica, y lo performativo en la pérdida de 18    


forma, las políticas de instituciones como el INAH y la UNESCO operan en la delimitación en torno a la experiencia y de una u otra manera marcan nociones sacralizadas y fetichizadas, que permean en usos normalizados con respecto a las zonas y monumentos considerados como patrimonio. “Unifican el pasado y presente y de esa manera estabilizan en una única imagen la cultura al tiempo que delinean eso que se llama identidad nacional” (Gorbach, 2012) Retomando nuestro objeto de investigación, una zona arqueológica ¿cómo se adecua estas hipérboles a zonas vinculadas al pasado prehispánico? Esta es una pauta que desarrollaremos en el siguiente apartado. 1.2La problemática conceptual del Patrimonio Histórico mexicano: usos del pasado. En México, el criterio de selección para indicar lo patrimonializable se basa en elementos que son referencia a cuatro episodios de la historia oficial de México: el pasado prehispánico, la colonia, la independencia y la revolución. Pero aunque estos episodios no sean los únicos, éstos conforman la memoria nacional, como una necesidad del Estado por narrar un tiempo vacío y homogéneo de la nación; en un glorioso pasado en el que los vestigios patrimoniales son un vínculo ininterrumpido y ahistórico de la actualidad con el pasado. (López, 2008). Esas valorizaciones no son casuales y mucho menos cuando se evoca el pasado nacional. Consideramos que el patrimonio, como esa evocación del pasado, legado e identidad nacional es una práctica social donde se performativiza18 una ficción glorificada sobre la nación mexicana.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  identidad en el proceso de (re) significación de la identificación cultural (Bhabha; 1990:401). En otras palabras, lo pedagógico está centrado en una temporalidad de acumulación continuada y sedimentada de un tipo de identificación narrada en artefactos diversos. La dimensión performativa es lo que acontece como nación en el momento mismo de la identificación nombrada y asequible. Estas dimensiones contradictorias son indisolubles para la presentación de la nación “a sí misma”. (Rufer;2012:12) 18 Derrida, Austin y Butler son teóricos que desde disciplinas como la lingüística, la filosofía y la retórica; definen la performatividad como una característica para comunicar, nombrar o naturalizar algo fuera de la dimensión lingüística. Sin embargo, creemos que “hacer cosas con las palabras”: 19    


El monumento histórico se encuentra sujeto a una diversidad de condiciones y discursos de acuerdo a una función hegemónica. Puede tratarse de valorizar los monumentos históricos de acuerdo a la importancia de su significación como nacimiento de instituciones jurídicas o incipientes del Estado y/o un valor simbólico al monumento por la belleza de su forma y los identifican como parte de las primeras expresiones denominadas como artísticas. Estos son dos tipos de valorizaciones. En este sentido, de acuerdo a Guadalupe Lozada19, la coordinadora del Patrimonio Histórico de la Secretaría de Cultura del Distrito Federal, afirma que son monumentos históricos aquellos que se les asocia con momentos previos al siglo XX, después de este, los monumentos son considerados patrimonio artístico. Esta división, da cuenta de una forma de apropiarse de modelos de las naciones modernos. En el caso del pasado prehispánico, este comenzó a valorizarse como el glorioso inicio de la nación mexicana (objeto de orgullo para las élites políticas), como producto de transformaciones en lo trasnacional en el último cuarto del siglo XIX. El pasado prehispánico es una adecuación para adoptar una manera de acceder al mundo civilizado. Era necesario formular una ficción fundacional20 , pues se trata de un relato imperativo en la estructura y formación política de los Estados modernos; una especie de metadiscurso formado por una intricada red de puntos de referencia a los que acuden muchos mexicanos (y algunos extranjeros) para explicar la identidad nacional. (Gorbach, 2012), (López Caballero, 2012) Hay que tener en cuenta que se trató de una “adecuación a las características de la población autóctona; una manera propia y local de transformar en funcionales los modelos importados, de convertirlos en singulares propios y apropiados a los seres y a las cosas que                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   nombrar, más bien significa introducir en un sistema de regulación discursiva […] subordinar la subjetividad y acción cultural a la práctica discursiva normativa. (Taylor, 2011) 19

Se realizó una entrevista con esta persona para indagar sobre las estrategias para ejercer las políticas patrimoniales.   20   La ficción fundacional es un término que utiliza Bhabha para explicar que algunos estados occidentales articulan una doble temporalidad; por una parte, como una narración del origen y por otra, la idea de modernidad; para poder autodenominarse estados modernos. (Bhabha, 1990)   20    


viven y habitan el suelo nacional “(García Canal, 2012). Sin embargo, como destaca y analiza Paula López Caballero México accede a ese “mundo civilizado” resaltando la “esencia histórica”, exótica y antigua del mundo prehispánico: La prehistoria, un mundo arcaico que resalta por contraste las virtudes del presente (Gorbach, 2012) Fue un recurso simbólico donde se incorporaban las comunidades indígenas a la nación moderna. Los nombraba como sujetos nacionales y por ende sujetos para ser gobernados así como de su legado territorial. No obstante, la ficción sobre el legado de este pasado prehispánico ha sido ambigua y maleable porque el indígena siempre ha sido un sujeto incomodo para la construcción moderna e histórica del Estado-Nación mexicano. La incorporación de las comunidades indígenas se trató de una apropiación discursiva y territorial -como ejercicio de delimitar un control sobre el pasado y la identidad y ejercer un monopolio legítimo sobre este- en la que se retiran los derechos exclusivos de cada comunidad, porque el patrimonio y el pasado prehispánico son de todos y de nadie a la vez. Por tanto, las políticas de conservación son centralizadas desde el Estado. “El recuerdo de lo ya acontecido que emerge como acto de memoria se vuelve hilo a seguir con el cual se trenzan y tejen tiempos… ya que los tiempos nunca son puros. En cada presente se entrelazan y confunden hechos ya pasados que se repiten y reiteran; se entrelazan y confunden. “(García Canal, 2012) Hablar del mito de origen de la nación mexicana, es hablar de actos de inclusión y exclusión, porque cada una de estas ficciones en los orígenes de las tradiciones nacionales, resultan ser tanto actos de adhesión y establecimiento, como momentos de repudio, desplazamiento, exclusión e impugnación cultural (Bhaba, 1990: 10). Entonces, la Nación es el enunciado y el Estado el lugar de enunciación. Esos momentos –aparentemente solemnes e unívocos- han sido seleccionados, desde instituciones del Estado, para cohesionar; sin embargo siempre hay que tener en cuenta que están en desplazamiento, son también lugares de (re) significación.

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Néstor García Canclini, en su obra “Políticas culturales y consumo cultural urbano” deconstruye la manera en la que saberes, tanto antropológicos como sociológicos, han sido utilizados como herramientas políticas a lo largo de los años; al respecto menciona que “La antropología mexicana tuvo como directriz de su programa indagar cómo construir nación, cuales debían ser las labores del Estado y de otros sectores sociales para lograrlo. “(Canclini, 2005: 1) Es en este contexto en el que discurre uno de los puntos de la discusión que estamos tratando ¿Por qué las políticas culturales con respecto a la patrimonialización no están resultado tan eficaces como las plantea el Estado? La respuesta no es tan sencilla ni tan vaga como para culpar a las disciplinas antropológicas, sociológicas, de la comunicación- y al propio Estado- por la ineficiencia de políticas públicas con respecto a tan diversos tópicos. En el caso específico de las narrativas que configuran el sitio arqueológico Cuahilama, está derivando un ejercicio muy interesante; en el que la UNESCO, el Estado y los pobladores, articulan-simbólicamente- una pugna por legitimar los usos que se pueden tener en el sitio arqueológico Aunque es claro que el Estado en una parte media las narrativas que emanan de la localidad es importante entender, que estas escisiones en los discursos sobre el patrimonio están dotadas -en todo sentido- de ambivalencias, generalidades y presupuestos que no necesariamente son una mímesis exacta con el discurso estatal sobre el patrimonio. 1.3 El laberinto institucional del patrimonio Con la globalización, somos testigos de la decadencia del Estado-nación. Pero su fuerza genealógica sigue siendo poderosa… Gayarti Spivak

1.3.1 Las recomendaciones de la UNESCO para la salvaguarda de las zonas del “world heritage”

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En el año de 1972, la Organización de las Naciones Unidas para la Cultura y la Educación organizó la primera convención internacional, donde se delimitan políticas sobre el patrimonio tangible e intangible. Supuestamente esta convención se realiza en el marco de nuevas necesidades, demandas y discusiones sobre el patrimonio y más enfáticamente con lo que se denominó patrimonio intangible. En cuanto a patrimonio tangible, la convención arrojó una carta de principios donde se estipulan una serie de recomendaciones o asesorías a las naciones para salvaguardar el patrimonio cultural de cada región nacional. En la fundamentación teórica del presente trabajo de investigación ya habíamos afirmado que los criterios valorativos para nombrar y delimitar un espacio físico como Patrimonio Cultural de la Humanidad, son aseveraciones generales y ambivalentes. Lo que está delimitado, está inscrito en un listado donde los elementos son jerarquizados dependiendo de la forma en las que estos territorios son capaces de representar el “world heritage”: Lo local como universal, cómo deben hablar sobre su historia y la importancia de su legado en el mundo. Tal y como lo refiere Guillermo Bonfil Batalla, la sociedad no se encuentra culturalmente unificada, al contrario se caracteriza por las diferencias, además de las desigualdades, (Bonfil, 2002) por lo que el sólo hecho de pensar que la (re)significación de estas políticas sobre el Patrimonio Cultural de la Humanidad se dan en modo uniforme, sería una forma equívoca de analizar cómo es que en distintos territorios se subvierten, y al mismo tiempo reproducen, las políticas hegemónicas de conservación del patrimonio. Para empezar, los lineamientos que propuso la UNESCO en esa convención se redactaron a modo de “recomendaciones”- con el propósito de respetar la soberanía de las naciones- pero a la vez los comprometen a salvaguardar el patrimonio y a esquematizar el modo en que se debe de legitimar el concepto de Patrimonio de la Humanidad: Como un conjunto de elementos sacralizados, que necesariamente deben de ser conservados para el goce, disfrute y transmisión a generaciones futuras y de una comunidad universal.

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El Artículo 4 de la Carta de la Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural menciona que: “Cada uno de los Estados Partes en la presente Convención reconoce que la obligación de identificar, proteger, conservar, rehabilitar y transmitir a las generaciones futuras el patrimonio cultural y natural situado en su territorio, le incumbe primordialmente. Procurará actuar con ese objeto por su propio esfuerzo y hasta el máximo de los recursos que disponga, y llegado el caso, mediante la asistencia y cooperación internacionales del que se pueda beneficiar, sobre todo en los

aspectos

financiero,

artístico,

científico

y

técnico.(  

http://whc.unesco.org/archive/convention-es.pdf)” En este artículo, la UNESCO compromete una noción sobre conservación que va más de lo particular a lo general y en la cual, a través de complejos sistemas de significación, el patrimonio específico de una nación pasa a formar parte de un patrimonio mundial que, debe de ser conservado por gobierno locales por mandato de organismos internacionales. Una aseveración por demás conflictiva que pierde de vista los procesos de significación en las comunidades con respecto al patrimonio y a lo patrimonializable, así como también una carencia en las necesidades específicas y los usos comunitarios con respecto a cada lugar patrimonial. En el año de 1987, el Centro Histórico de la Ciudad de México y el Centro Histórico de Xochimilco fueron nombrados Patrimonio Cultural de la Humanidad, tomando como referencia alrededor de cuatro criterios que fueron los que determinaron que estas áreas fueran consideradas como parte de esta salvaguarda mundial. Los criterios valorativos con los cuales se selecciona o se delimita un área patrimonializable, son las instancias más relevantes con respecto a la delimitación que hace la UNESCO en un territorio. En el caso del centro histórico de la ciudad de México y la delegación Xochimilco, los cuatro criterios valorativos que fueron considerados como pertinentes por el organismo

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para considerar estos lugares como patrimonio cultural de la humanidad fueron los siguientes: II) Por exhibir una importante intersección sobre periodos de tiempo específicos dentro de un área cultural del mundo, desarrollos en arquitectura o tecnología, artes monumentales, planeación territorial o por la belleza del paisaje en el que se encuentran. III) Por ser un testimonio único, o al menos excepcional, de tradiciones culturales vivientes o que en dado caso estén a punto de desaparecer. IV) Por ser un ejemplo sobresaliente de estilos de construcción, arquitectura o ensambles tecnológicos que ilustren etapas significantes de la historia de la humanidad. V) Por ser un ejemplo sobresaliente de establecimientos humanos tradicionales, usos de la cultura o interacciones humanas con el ambiente, especialmente cuando estos usos de han vuelto vulnerables debido a cambios irreversibles del ambiente. Sin embargo, estos criterios no seleccionaron como parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad a toda la delegación Xochimilco ya que, al ser tan sesgadas estas recomendaciones, se perdieron de vista aspectos que promotores culturales y autoridades delegacionales consideran importantes, como las zonas arqueológicas localizadas en la región, que según ellos están en correlato a la zona chinampera (como elemento narrativo del pasado prehispánico de Xochimilco). De acuerdo, al testimonio de la cronista oficial de Xochimilco, el hecho de que la UNESCO no haya declarado Patrimonio Cultural de la humanidad radica en que, Cuahilama nunca fue reconocida por los pobladores, ni por el las autoridades encargadas por el Estado para la preservación del patrimonio por lo que ella identifica como “pugnas políticas” entre los patronatos existentes en la región y un “desinterés” del INAH por

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generar políticas de conservación para la zona tal y como ya se había hecho con la Plaza de las Tres Culturas y la zona arqueológica de Cuicuilco. Tales pugnas políticas y un supuesto desinterés estatal en la conservación del sitio arqueológico son identificados como causas comunes por las cuales los petroglifos de Cuahilama no ingresaron dentro de las recomendaciones de preservación de la UNESCO, pese a que se ha logrado que en algunos textos académicos se le nombre como el primer asentamiento xochimilca de la región. Aunque las políticas de la UNESCO con respecto a Xochimilco no consideran a la demarcación conocida como Cuahilama como parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad, cabe destacar que las narrativas de los promotores culturales están permeadas por estas recomendaciones internacionales, aunque no necesariamente den cuenta consciente sobre eso. Una nota periodística con respecto a la zona arqueológica menciona que aunque la UNESCO no haya incluido al sitio dentro del ángulo a trabajar como preservación por Xochimilco, están intentando que el lugar se considere como parte de este Patrimonio de la Humanidad, que debe ser rescatado no únicamente por parte de la comunidad sino que sea reflejo de un trabajo conjunto de las instituciones encargadas de preservar el patrimonio cultural en México, el Distrito Federal, la delegación Xochimilco y la Coordinación Territorial de Santa Cruz Acalpixca. Tomando en consideración al Estado como lugar de enunciación y a la nación como el enunciado de las políticas del Estado (Rufer, 2012), podemos decir que cada una de las recomendaciones de la UNESCO son derivadas de lugares de enunciación específicos, que en una idea homogeneizadora y universalizadora sobre el Patrimonio Cultural, desatan usos y significaciones sobre el patrimonio- no sólo en nivel discursivo- sino que también son puestas en práctica por pobladores; generando pugnas muy interesantes para el análisis, ya que en ese sentido otros actores que intervienen el sitio de una forma mucho más “directa”, del espacio y de nociones del patrimonio de modo no unívoco.

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Queda entrever cómo se da la relación entre las recomendaciones de la UNESCO y las políticas del Instituto Nacional de Antropología e Historia; organismo estatal, encargado de estudiar, difundir y salvaguardar el patrimonio en México. Éstas median el discurso y la (re)significación sobre el patrimonio, pero no lo hace en el mismo sentido que la UNESCO; puesto que el discurso del INAH, materializado en la Ley sobre Monumentos Históricos, sesga mucho más los usos del espacio público y tensiona las prácticas que se desarrollan en el sitio arqueológico Cuahilama. 1.3 .2 El INAH-CONACULTA como binomio conceptual que rige el patrimonio en México. Por pensar que las políticas de la UNESCO son materializadas en forma general, donde no se consideran condiciones específicas de cada territorio; no podemos perder de vista que nombrar, delimitar y normar una localidad específica es también generar procesos de exclusión que se articulan de lo nacional a lo local y viceversa. Debemos contemplar que la capacidad para narrar una historia o el legado de esa historia también es generar una forma de empoderamiento. En ese sentido, como anteriormente ya hemos desarrollado, existe una dimensión operativa que podemos entrever en la legislación del patrimonio. Para esta parte del capítulo desarrollaremos algunos líneamientos que el INAH estipula en el Reglamento de la Ley Federal sobre monumentos y zonas arqueológicas, artísticas e históricas. ¿Porqué hay un reglamento particular para espacios físicos que se denominan patrimonio, si en términos concretos es un espacio, “dispuesto al disfrute de una comunidad universal”? Por lo tanto, el espacio denominado patrimonio denota la propiedad colectiva y exclusiva de un grupo. Pero entonces, quiénes conforman ese grupo y qué derechos tienen sobre esa propiedad. Es decir, ¿Qué tan público es lo público? En términos concretos, cuando se asocia espacio público con la noción “es de todos” se enlaza con términos de propiedad que parecieran anónimos y más que anónimos, ambiguos. “Es de todos” se transforma en un imperante categórico puesto que ese espacio

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debe estar regulado para el “bien común” porque es donde se articula un devenir social cotidiano y jerarquizado. Pensar al patrimonio, como espacio público es también señalar una categoría analítica, puesto que los usos del espacio público también están estratificados y jerarquizados, de manera específica y ambivalente. La primera cuestión, que nos compete en términos de análisis, es señalar que el patrimonio está enmarcado como espacio público dentro de la nación mexicana; es propiedad de la nación, es decir -en términos de educación cívica básica- está delimitado por ese complejo entramado “gobierno, pueblo y territorio”. En este tenor, el encargado de delimitar las normativas oficiales respecto al uso del patrimonio y denominar los espacios que se consideran como patrimonio en México es el Instituto Nacional de Antropología e Historia. En los artículos que desglosa el Reglamento de la Ley Federal sobre monumentos y zonas arqueológicas, artísticos e históricos marcan insistentemente una pauta de propiedad. ARTÍCULO 1.- El Instituto competente organizará o autorizará asociaciones civiles, juntas vecinales o uniones de campesinos, que tendrán por objeto: I.- Auxiliar a las autoridades federales en el cuidado o preservación de zona o monumento determinado; II.- Efectuar una labor educativa entre los miembros de la comunidad, sobre la importancia de la conservación y acrecentamiento del patrimonio cultural de la Nación; III.- Proveer la visita del público a la correspondiente zona o monumento; IV.- Hacer del conocimiento de las autoridades cualquier exploración, obra o actividad que no esté autorizada por el Instituto respectivo; y V.- Realizar las actividades afines a las anteriores que autorice el Instituto 28    


competente. En este primero artículo del reglamento, ciertamente está contemplado el uso específico de una comunidad local, puesto que autoriza que asociaciones civiles, juntas vecinales o uniones de campesinos a “auxiliar” a las autoridades federales a salvaguardar el patrimonio. ¿Pero bajo qué premisas? En primer lugar queremos señalar que se trata de que miembros de las localidades auxilien al Instituto y desde esta premisa existe la denotación de que la propiedad, el “legado” (patrimonio) no se concibe como propiedad de una localidad o comunidad específica; es de la nación. En dado caso que miembros de la comunidad se organicen (como lo indica el artículo dos y tres), entonces sí, están autorizados para comprometerse a promover el espacio con criterios avalados por el mismo instituto para que así puedan transmitir “importancia de la conservación y acrecentamiento del patrimonio cultural de la Nación”. Por supuesto, los que se organicen deben estar constituidos legalmente, para ejercer legítimamente su ciudadanía con respecto a ese espacio público. Es decir, estos grupos que no son otras instituciones, como por ejemplo Grupo Carso21, deben constituirse legítimamente como un órgano paralelo reconocido y nombrado por el estado pues deben funcionar con mecanismos burocráticos hegemónicos: “un acta constitutiva en el caso de una A.C. y en caso de juntas vecinales y uniones de campesinos deben contar con un presidente, un secretario, un tesorero y tres vocales, elegidos por voto mayoritario de sus miembros para un período de un año, con derecho a relección.” (Artículo 2 del reglamento) Aunque el Instituto Nacional de Antropología e Historia, marque y delimite estos espacios y monumentos como patrimonio -por tanto, propiedad de la nación-, esta ley está desfasada. No sólo porque establezca una pedagogía desde una noción sacra general, sino a que el instituto no tiene la capacidad ni la suficiente solvencia para poder intervenir sobre todos los sitios arqueológicos; y pareciera que busca resolver este problema a través de                                                                                                                           21 Empresa poseedora de la plaza Inbursa donde también se encuentran vestigios arqueológicos. 29    


establecer una propiedad de la nación. Pero existen porosidades en la práctica y dentro del mismo reglamento en torno a la noción de propiedad nacional. Con este respecto a este asunto, en los artículos que van del 10 al 16 el reglamento regula la existencia de concesionarios, siempre y cuando también exista un compromiso, de conservar el patrimonio. A su vez, la labor del INAH sólo se “limita” a la protección, conservación, restauración y recuperación de ésta. Es decir, que siga prevaleciendo prácticas que respondan a la noción y definición sobre patrimonio cultural. Ese último punto quiere decir que en esa misma ruptura, en esa misma incapacidad de

administrar,

nombrar

y

delimitar

todos

los

sitios

arqueológicos

como

patrimonio/propiedad de la nación/espacio público; hay disputas en casos concretos relacionados a la propiedad. El sitio arqueológico Cuahilama, parte del objeto de la presente investigación, es uno de estos casos. Es un lugar donde no queda delimitada o nombrada la propiedad “rigurosamente”; por lo tanto existe una diversidad de usos y sobre todo, una disputa de políticas; qué está permitido hacer en este recinto y donde por un lado habitan personas, por otro lado están “las figuras”, como le llamaban algunos pobladores de Santa Cruz Acalpixtla. Y en este caso el complejo entramado está conformado, no sólo por la UNESCO y el INAH, también están en disputa políticas de la Delegación y de la coordinación e incluso agrupaciones de promotores culturales -que se dicen paralelas al estado-; con distintas propuestas sobre lo que se puede hacer con y en el sitio. Por supuesto, también analizaremos, más adelante estos usos, como prácticas desbordadas de la delimitación de las políticas del INAH, de la UNESCO y de la delegación. En el caso concreto de Cuahilama, genera una confusión en los vecinos, la coordinación y promotores culturales que quieren “rescatar” la zona. El testimonio del coordinador nos da cuenta de ello. “…yo nunca me imaginé, que ahora que empecé mi, ahora sí que, en mi transición de coordinador y me empecé a enterar que tenía dueño ese lugar. Digo, ¡ah, entonces los mexicas, los xochimilcas, lo vendieron, lo pasaron a vender! ¿o 30    


cómo estuvo aquí? Y empezamos a investigar y salieron tres dueños. Uno de la parte de arriba, otro de la parte baja y otro de la parte baja pero por donde pasa la carretera; que también era de otro que cedió para que pasara la carretera, pero parte de Cuahilama de la orilla, es de él. Entonces eso es por un lado y la otra parte es de una señora que acá es una licenciada, que ni la conozco. Nunca se ha presentado y es dueña que tiene documentos de ahí.” Por un lado, están los dueños que menciona el coordinador y por otro lado está el INAH que aunque no disponga otros elementos como personal de planta o una curaduría para los petrograbados que existen en la zona, las agrupaciones que deseen organizar eventos culturales en la zona, deben pedir permiso a los vecinos y al INAH. Aunque las delimitaciones que regulan y concedan “la propiedad” de muebles denominados patrimonio a organizaciones y personas “fuera” del estado, se desbordan otros usos ambivalentes y yuxtapuestos, por la problemática del patrimonio como “espacio público”: Es de todos. El mismo testimonio que aportó el coordinador de Santa Cruz, da cuenta de esa tensión ambivalente. “Yo he visto, como manejan las cosas las autoridades; de una manera mal y nos han dicho que tiene dueño. Cómo ellos mismo avalan esa situación, sabiendo que una zona donde fueron construidas, en este sentido, estas piedras que nosotros llamábamos figuras, los petrograbados; cómo es posible que haya un dueño, sí todo lo que es hallado de esa manera, es reconocido por el gobierno, como zona federal, como zona de conservación. En este caso el INAH es el que debe de actuar y ha actuado muy poco. El INAH viene dice que con permiso de la dueña.” De primera instancia se reniega que exista una concesión autorizada a otras personas, a la vez que refutan el derecho sobre el patrimonio bajo el canon de propiedad nacional como espacio público. Pero en este caso, el grupo o comunidad que debe disfrutarla y administrarla son organizaciones locales de Xochimilco.

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El nombramiento y las delimitaciones sobre el patrimonio responden a una ficción sobre patrimonio -un espacio sacro que representa el pasado y la identidad de un grupo- y por tanto, está normado para ser conservado para el disfrute de una comunidad. Pero de esta normativa se desbordan usos ambivalentes del patrimonio como espacio público y es en eso usos donde se articula la acción política. (Gorelik, ) Por lo tanto, en ese mismo sentido en la siguiente parte del capítulo dispondremos a analizar las políticas de la delegación con respecto al uso del patrimonio de Xochimilco y la parcialización y delimitación de los bienes patrimoniales de lo que el gobierno del Distrito Federal enmarcó como un territorio de gestión delegacional. 1.3.3 La administración de la delegación Xochimilco y sus políticas de salvaguarda patrimonial. Si nos preguntáramos qué es el patrimonio de la delegación Xochimilco, sería insuficiente un sólo trabajo de investigación para desarrollar un tópico tan amplio. En Xochimilco toman lugar un gran número de tradiciones y manifestaciones culturales; se realizan festivales, fiestas, rituales, cultos religiosos, la siembra en chinampas, los paseos en trajineras y el día de muertos-entre otros-. En fin, existen un sin número de elementos que pueden narrarse como el patrimonio “originario” de Xochimilco. Hasta el momento, ya hemos expuesto que los procesos de patrimonialización son categorías ambivalentes que dependen- no sólo de cómo se valorizan y se jerarquizan ciertos elementos para un grupo determinado- sino de las políticas que nombran y configuran los usos de esos elementos. En el caso de la delegación Xochimilco, la vasta cantidad de elementos patrimonializables dificulta distinguir entre lo que está legislado y lo que aún no es reconocido por las figuras institucionales. En este sentido va el trazado de normativas que intentamos deconstruir, con el objetivo de entrever la relación entre usos y nociones sobre patrimonio y su configuración en las prácticas locales. ¿Cuáles son los criterios que reconoce la delegación? Las políticas de la delegación Xochimilco con respecto a lo patrimonializable, tienen que ver con el contexto 32    


sociohistórico y cultural en el cual estas fueron diseñadas. Después de todo, no hay que perder de vista que en esta delegación se encuentran los canales, que forman parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad. Por lo tanto, el nombramiento de la UNESCO es un parteaguas en la legislación y puesta en práctica de estas decisiones La (re)significación de las políticas del INAH-y sobre todo del nombramiento de la UNESCO-, da lugar a esquemas de clasificación y jerarquización de los elementos. De esa manera la delegación opera con los objetivos principales de conservar, difundir y regular los usos del patrimonio de la zona. ¿Qué queremos decir cuando hablamos de jerarquización? Quiere decir que el elemento primordial en la política patrimonial de la delegación Xochimilco,

es la

conservación de las zonas lacustres y del centro histórico de Xochimilco, olvidando otras prácticas que se desarrollan en la región La zona lacustre de Xochimilco, es uno de los elementos que se ha usado para narrar un pasado prehispánico homogéneo. El INAH, en uno de los materiales didáctico audiovisuales, expuestos en su canal oficial de Youtube (INAHTV) se refiere a Xochimilco de la siguiente manera. “Hablar de Xochimilco, es referirnos a ese mágico lugar que a pesar de las transformaciones de la ciudad de México sigue ofreciendo unos paisajes de canales y chinampas; para nosotros los mexicanos, recuerdo del gran valle lacustre del gran valle de México… La construcción de las chinampas desde la época prehispánica en las riveras del lago significó un cambio importante que dio lugar al paisaje agrícola que hasta el día de hoy caracteriza a esta zona del Distrito Federal… Otra característica de este lugar son las trajineras, aquellas embarcaciones que siguen navegando los canales. Hoy son el medio de transporte ideal para los visitantes.” Desde esa perspectiva el legado que “aporta” Xochimilco a la humanidad y a México se articula como una dupla entre pasado y modernidad. Por lo tanto, pareciera que las políticas generales sobre patrimonio en la delegación están pensadas en ese sentido. 33    


Éstas dividen la idea de patrimonio a modo de resaltar tres aspectos importantes: El turismo, la tradición y las actividades patrimoniales. Por ello, la difusión también está atravesada por el programa Barrios Mágicos, como programa para incrementar. En este programa los nombramientos se dan en función de espacios que representen la historia, la tradición y la costumbre. El artículo 1 del reglamento estipula lo siguiente: “Barrios Mágicos Turísticos, áreas territoriales de las Delegaciones, que por sus características naturales, ecológicas, históricas o culturales, poseen identidad propia, y cuyos habitantes tienen un sentido de pertenencia y comparten elementos culturales como mitos, leyendas, historias, hechos trascendentes y costumbres, que emanan de sus raíces y se manifiestan en sus relaciones sociales, identificándose como atractivos turísticos.”22 En este sentido la cultura es un recurso que no sólo se administra desde el Estado sino también desde los lugares menos imaginados (Yúdice, 2008). En este sentido el patrimonio como estrategia para fomentar el turismo irrumpe y se inserta en la discusión sobre qué hacer con lo que supuestamente nos pertenece a todos. Sí tomamos en cuenta la forma en la que la delegación Xochimilco está haciendo uso de su nombramiento como patrimonio cultural de la humanidad, podemos decir que gran parte de las políticas delegacionales están en correlato a las recomendaciones de la UNESCO utilizando al patrimonio y a lo patrimonializable como recursos culturales que se resignifican siempre en formas contradictorias dentro del discurso de la delegación como institución. Ahora bien, el uso de lo patrimonializable como turismo dentro de la delegación, no                                                                                                                           22

  Al   igual   que   consideramos   el   patrimonio   como   un   terreno   de   lo   político,   también   basamos  nuestra  discusión  en  los  aportes  de  Eric  Hobsbawm  y  Terence  Ranger  sobre  las   “tradiciones  inventadas”.  Para  Hobsbawm  y  Ranger,  las  tradiciones  inventadas  refieren  a   una  “serie  de  prácticas,  normalmente  reguladas  abiertamente  o  tácitamente  aceptadas  y   con   naturaleza   simbólica   y   ritual,   que   buscan   inculcar   ciertos   valores   y   normas   de   comportamiento   a   través   de   la   repetición.   Por   otro   lado,   y   en   la   medida   de   lo   posible,   también  implica  continuidad  con  el  pasado  histórico”  (Hobsbawm,  1994:1)   34    


sólo recrea sino también contradice un discurso de la UNESCO con respecto al patrimonio y a lo patrimonializable. En un juego ambivalente, la delegación llama a los turistas a visitar el centro histórico y la zona lacustre y menciona en sus políticas patrimonialesturísticas que Xochimilco es un “lugar para descubrir y disfrutar sus riquezas naturales, sus monumentos históricos, sus tradiciones y su cultura; un lugar que se ha caracterizado por su conservación” , si para la institución delegacional la conservación del sitio es un fundamental en su política, resulta una contradicción el estado físico de los canales y el centro histórico, lugares en donde mas allá de que se recree la idea de un Xochimilco “originario” como símil de “no tocado por la modernidad” pareciera que es todo lo contrario, se observa un descuido importante en las áreas patrimoniales para el supuesto goce y disfrute. Para nosotros esta fisura no tiene únicamente que ver con descuidos y aparentes “ausencias”, sino también con la parcialización del discurso de la delegación con respecto al patrimonio, sesgando únicamente Xochimilco al área lacustre y al centro histórico. Si bien, el turismo patrimonial no puede ser reducido a una simple agresión al patrimonio, puesto que algunos grupos aprecian el valor simbólico que incrementa el valor económico (Canclini, 1999).Nosotros encontramos que la desacralización del patrimonio es también el derivado de conflictos de identificación, pensando como de unas políticas y recomendaciones carentes de especificidad se pretenden unívocas y homogéneas, así como también la forma en que la delegación define políticas con respecto a la identidad. De acuerdo a los discursos institucionales de la delegación, Xochimilco es una región que se caracteriza por su identidad, una identidad caracterizada por las tradiciones no tocadas por la modernidad de las ciudades. Para las políticas institucionales las danzas, la música y las flores son elementos que constituyen la relación que la comunidad sostenía con sus deidades y que conservan un carácter festivo del que formaban parte los diversos pueblos que fueron conformando la población de Xochimilco (Lozano, 2002). ¿Qué significa el hecho de que las políticas delegacionales recreen una idea tan cerrada sobre Xochimilco? Como podemos ver en el discurso institucional, Xochimilco se parcializa únicamente a un cúmulo de tradiciones que para conformarse necesariamente 35    


excluyen a otras tantas. La delegación, en ese sentido, es muy clara con respecto a lo que ellos consideran patrimonializable dentro de esa línea difusa entre lo tangible y lo intangible, ya que para la delegación solo las tradiciones, monumentos y espacios físicos que se apeguen necesariamente a la idea sacra de patrimonio de su política son dignos de ser mencionados como objeto de su tutela y protección. En el gran listado que la delegación ofrece sobre los elementos patrimoniales de Xochimilco, se toman en cuenta los objetos ya muchas veces sabidos que conforman la “identidad” del pueblo xochimilca. Algunos de esos elementos son las fiestas y el culto al Niñopa, la zona lacustre (considerando como parte de ese patrimonio a la isla de las muñecas y las “ancestrales” chinampas), los mercados de flores y el Museo Arqueológico de Xochimilco (lugar que es objeto de una gran disputa y que trataremos más adelante). Ahora bien, la problemática de ver al patrimonio de Xochimilco como un elemento sacralizado y objeto de una identidad unívoca, radica en el hecho de que la delegación no está únicamente conformada por habitantes “originarios” de la zona, sino que en constantes migraciones han ido llegando personas de otras zonas del país, mismas que quedan excluidas del discurso del patrimonio delegacional. En la zona arqueológica Cuahilama, Santa Cruz Acapixtla, la mayoría de la población no está en identificación con la idea originaria de Xochimilco, situación por la cual estas políticas marcan una diferencia, una diferencia que se traduce en políticas de exclusión una constante construcción de la otredad. En este capítulo, hemos tratado el devenir de las políticas institucionales de salvaguarda, protección y tutela del patrimonio. Tal y como lo mencionamos al inicio del capítulo, creemos que las políticas institucionales con respecto al patrimonio de Xochimilco son prácticas pedagógicas de la nación que se (re)significan en los usos y prácticas cotidianas con respecto al patrimonio. El hecho de que el sitio arqueológico Cuahilama no esté contemplado dentro de las políticas institucionales del patrimonio, es también un derivado de la pluralidad de reconstrucción de los relatos históricos sobre la fundación de Xochimilco. 36    


En una serie de videos producidos por el INAH y las distintas delegaciones, con el objetivo de hacer difusión sobre los sitios patrimoniales, se realizó una pequeña cápsula del patrimonio en la delegación Xochimilco. En dicha cápsula el origen del pueblo xochimilca no se encuentra en Cuahilama, tal y como lo narran los promotores culturales y algunos historiadores, sino que se encuentra en el establecimiento de las chinampas. En el siguiente apartado de la investigación, analizaremos como las políticas del patrimonio son (re)significadas en discursos, usos y prácticas de los actores que no están directamente asociados dentro del cuerpo institucional del patrimonio para así poder establecer una serie de relaciones que nos permitan decir que en las prácticas de estos actores hay una performativización de los discursos institucionales. 2. Diálogo institucional: Performatividad y activación del patrimonio en los discursos locales. El deseo nostálgico por el pasado, es siempre, deseo de otro lugar Andreas Huyssen Si bien en el capítulo anterior hemos trazado una discusión con respecto a las normativas sobre el patrimonio desde las definiciones hegemónicas y las políticas nacionales e internacionales, -como un elemento en juego que configura los procesos de patrimonialización- en este apartado trataremos sobre los usos y prácticas delimitados en las políticas e instituciones locales. Los usos y prácticas desde la localidad están correlacionadas a prácticas institucionales nacionales e internacionales. No podemos asumirlas completamente independientes u opuestos a los valores predeterminados por el Estado. Siempre debemos de tomar en cuenta que el lugar de enunciación del Estado es privilegiado y sobre todo cuando se trata de la nación como enunciado. Sin embargo, debemos preguntarnos ¿Cómo se articula ese encuentro entre instituciones? ¿Qué legitima a las instituciones en Xochimilco encargadas de “salvaguardar el patrimonio? ¿Cómo se posicionan con el Estado? O mejor dicho ¿Cómo se vinculan con el Estado y para qué? En este apartado del análisis consideramos necesario comprometer un corpus de

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trabajo en campo23 para poder entender de qué manera estas prácticas son usos performativos en yuxtaposición a las pedagogías estatales del patrimonio. Entendemos que estas prácticas son parte de un dispositivo pedagógico y performativo en donde, en usos no unívocos, se narra una idea de patrimonio que tensa los discursos oficiales de la historia nacional. Como parte del corpus de trabajo, consideramos necesario entender que la construcción del patrimonio local no se presenta sola, o en aspectos formales, sino que mas bien también toma como referente la idea del pasado prehispánico para legitimarse. 2.1La construcción del patrimonio local: El museo arqueológico de Xochimilco y el Archivo histórico. El indígena fue presentado por el indigenismo oficial no sólo por sus lazos con el pasado prehispánico, sino como un individuo con valores y prácticas que debían servir de modelo al resto de la sociedad. Paula López Caballero En el México contemporáneo, se asume que aquellas poblaciones identificadas como “indígenas” están definidas por un vínculo indisociable entre el pasado prehispánico y el de las grandes civilizaciones antiguas (López: 2008; 329). Pareciera ser que estas afirmaciones con la que el Estado parcializa y normaliza la diferencia entre esa población urbanizada y los “indígenas” se (re)significa y, de esa manera, no sólo se produce el patrimonio local sino también se edifica un recurso político con el que estas localidades se posicionan ante las instituciones oficialistas y se construye otredad con respecto a los “fuereños” o los no “originarios”. Quizá uno de los recursos más importantes con los que los habitantes de las localidades, como Xochimilco y Milpa Alta, se empoderan frente al Estado es la activación24 de prácticas patrimoniales locales que legitiman lugares de enunciación y                                                                                                                           23 En un anexo final, agregamos una breve descripción de los elementos que comprometemos como el corpus de trabajo en campo. Asimismo esclarecemos la metodología de selección de las entrevistas y material bibliográfico que fueron referencias para el análisis. 24  Cuando hablamos de activación del patrimonio, nos referimos a un término que utiliza Llorenc Prats para referirse al complejo proceso de significación que atraviesan prácticas, saberes y monumentos para convertirse en el patrimonio de una comunidad. Aunque Llorenc Prats no hace una distinción muy precisa entre el patrimonio nacional y el patrimonio local, Prats hace énfasis en el poroso proceso en el que se activa el patrimonio. Por decirlo de alguna manera, el proceso de activación del patrimonio es un proceso político que conlleva en sí mismo la toma de decisiones contingentes. (Prats, 2005). 38    


confrontan el supuesto glorioso pasado nacional, en la que solo hay lugar para determinadas prácticas, monumentos y saberes que puedan narrar el pasado de la nación mexicana. En el caso de la delegación Xochimilco, y en correlato a una serie de condiciones sociales y políticas, entre los años de 1970 y 1980 se edificaron el Museo arqueológico de Xochimilco y el Archivo histórico- hemeroteca. En este apartado tratamos la problemática del discurso museográfico y la conformación del archivo histórico, para analizar cómo se construye la idea del patrimonio local; centrando nuestra atención en las significaciones sobre el sitio arqueológico Cuahilama, entendiendo sus vínculos con procesos históricos, sociales y culturales. 2.1.1El Museo arqueológico de Xochimilco y la construcción del patrimonio local. El museo arqueológico de Xochimilco25 tiene una historia rica en diversidad, así como tensa, en cuanto a las pugnas políticas y las (re)significaciones y apropiaciones de las que ha sido objeto desde su momento genésico en 1965. Lo que inició siendo una exposición de piezas arqueológicas prehispánicas encontradas y donadas por algunos habitantes de la delegación, poco a poco se fue conformando en varios patronatos; hasta lograr la conformación de un museo comunitario que se localiza en la calle Tenochtitlan del poblado de Santa Cruz Acapixtla, Xochimilco. Los orígenes del Museo Arqueológico de Xochimilco se sitúan en la década de los sesentas en lo que Anáhuac González26 considera un momento de efervescencia con respecto al rescate y valoración del patrimonio material e inmaterial de la delegación Xochimilco. “Es en este contexto en el que surge Museo arqueológico- en la década de los setentas- en Santa Cruz Acalpixca, dónde los pobladores desde tiempo atrás como testimonio del pasado prehispánico encontraban ollas y figurillas al cimentar sus casas o labrar la tierra, que guardaron como tesoros en sus hogares.” (González; 1990:1)

                                                                                                                          25 El Museo Arqueológico de Xochimilco se localiza en Avenida Tenochtitlan s/n col. La planta en el poblado de Santa Cruz Acalpixca. 26 Anáhuac González es cronista oficial de Xochimilco y es considerada- de acuerdo a Comunicación e información de la Mujer A.C (CIMAC)- una de las 13 mujeres mas influyentes de la región. González ha dedicado sus últimos años como investigadora a la preservación, difusión y discusión del patrimonio de la delegación Xochimilco.   39    


Singular explicación da la Secretaría de Turismo27 del Distrito Federal del museo arqueológico, dibujándolo como uno de los lugares más importantes de Xochimilco y enfatizando las múltiples galerías para presentar el pasado prehispánico de la región. Es por eso que en esta parte, lejos de desambiguar aspectos formales del discurso museográfico, nos centramos en analizar la problemática del museo con respecto a los usos, reproducciones y subversiones del mito de la historia nacional que las exposiciones presentan sobre el pasado de Xochimilco y específicamente del sitio arqueológico Cuahilama. Sin pretender realizar una reconstrucción del relato histórico, analizamos las fisuras que se han presentado en las distintas curadurías para posteriormente pasar a la problematización de las condiciones actuales del Museo Arqueológico. 2.1.1.1El devenir histórico de Museo Arqueológico de Xochimilco El primer intento por organizar una vasta cantidad de piezas donadas, corrió a cargo de un patronato encabezado por dos prolíficos personajes de la región: El profesor José Farías Galindo y el profesor José González Rodríguez28, quienes organizaron una exposición de las piezas arqueológicas donadas en la explanada de la iglesia de Santa Cruz Acapixtla y una segunda exposición en la casa de cultura de Tepepan. Posteriormente, este patronato fue creciendo en importancia y número hasta que, con ayuda del INAH, logra adquirir el antiguo inmueble de la Casa de Bombas de Santa Cruz Acapixtla para adaptar el espacio a los requerimientos de la estructura de un museo. Es desde esos antecedentes cuando se inician una serie de pugnas políticas con respecto a la                                                                                                                           27 La Secretaría de Turismo del Distrito Federal, organismo gubernamental que se encarga de la difusión de zonas patrimoniales para explotarlas y conservarlas como mercantilización, organiza un recorrido guiado al Museo Arqueológico de Xochimilco. Un dato importante de esta visita guiada, es que nunca se explica el momento genésico y las condiciones sociales e históricas en que este museo fue creado.(  http://www.mexicocity.gob.mx/detalle.php?id_pat=4452) 28   José Farías Galindo y Jesús González Rodríguez, fueron dos prolíficos personajes de Xochimilco que se encargaron de varias tareas para conservar el patrimonio de la demarcación. Ambos personajes, fundaron el primer patronato que    se  encargó de la curaduría de la exposición y discurso del Museo Arqueológico de Xochimilco. José Farías Galindo   fue de los primeros en hacer énfasis en la importancia del sitio arqueológico Cuahilama, realizó exploraciones y auspicio investigaciones históricas que se realizaron en el sitio. Ambos personajes, son frecuentemente narrados como personajes de relevancia histórica importante en la delegación Xochimilco. Cabe mencionar, que ambos también fundaron el primer Archivo histórico de Xochimilco. 40    


organización museográfica y curatorial del espacio, cuestionándose los patronatos ¿Cómo es que a través del discurso museográfico se articularía una idea del legado de Xochimilco?, cuestión que a la fecha no ha sido resuelta. Lo que se identifican como tres momentos básicos en la conformación del Museo Arqueológico de Xochimilco, son sus cambios curatoriales de exposición, mismos que están en correlato al cambio de patronatos y administración del espacio. Al momento de su fundación, durante la gestión del primer patronato, el museo estuvo organizado con un criterio estético de curación de la exposición- las piezas se agrupaban por como mejor se vieran en las vitrinas-, por lo que el primer intento del museo fue meramente conservacionista, en lo que Ignacio Díaz Balerdi denominaría como “el garante de preservación de piezas patrimoniales, de su rescate en caso de peligro o degradación, de su cuidado y tutela, de su restauración cuando sea necesaria y de su transmisión en el mejor estado posible a las generaciones futuras” (Balerdi, 2008 p. 171). Una segunda curaduría fue puesta en práctica con la llegada de un segundo patronato, encabezado por Dolores Olmedo29, quién en conjunto con el INAH decidió que la agrupación de las piezas fuera a modo de resaltar la temporalidad de los objetos, es decir que su agrupación fuera de acuerdo a los periodos ahistóricos e inmóviles de lo que se narra como la época prehispánica de la nación. Otro de los objetivos de la restructuración museográfica fue el de convertir al museo arqueológico en una alusión a la identidad de Xochimilco y que cumpliera con el principal objetivo, que era dar cuenta de las “ancestrales” tradiciones y cultura de la región. Al cerrarse el museo en los años noventas-por un supuesto desinterés y la progresiva desaparición de los patronatos-, la delegación Xochimilco tomó rienda del Museo Arqueológico, reabriendo este en el año 2005 y agrupando las piezas de acuerdo a una selección temática en donde, con base en una serie de criterios temáticos, se narra una idea                                                                                                                           29 Dolores Olmedo Patiño es uno de los personajes más ambivalentes de Xochimilco. Coleccionista de objetos de arte y “benefactora” de ciertas actividades relacionadas a la conservación del patrimonio, su trayectoria estuvo caracterizada por sus relaciones con prominentes políticos e intelectuales de México. De acuerdo a las narrativas locales de Xochimilco, la figura de Olmedo fue determinante en la configuración y creación del museo comunitario, generando una pugna entre lo local y lo nacional al insistir en la inclusión del Instituto Nacional de Antropología e Historia así como del Consejo Nacional para la Cultura y las artes para garantizar una “mejor” preservación de los objetos contenidos en las exposiciones del museo. 41    


que abarca desde la etapa prehistórica hasta lo prehispánico de Xochimilco, clasificando las piezas por aspectos de religión, ofrendas, alimentación, agricultura, ganadería etc. 2.1.1.2El museo comunitario y su problemática. ¿Para quién es el Museo Arqueológico de Xochimilco?, es una pregunta que ha desencadenado una serie de pugnas con respecto a la organización del museo, cuestión que posteriormente llevó a la desintegración de los patronatos comunitarios. Para desambiguar esta cuestión es necesario entender que es lo que se está entendiendo por museo comunitario, o al menos como lo entendieron en el origen del Museo Arqueológico de Xochimilco, una de las preguntas ejes a responder para el análisis es ¿Qué concepto o conceptos de comunidad están siendo puestos en práctica para la creación de este tipo de experiencias museográficas?

En la primera declaración de

principios rectores del Museo Arqueológico de Xochimilco, se dice que el museo de Xochimilco se le denominó como

comunitario precisamente por estar agrupados

precisamente en forma comunitaria, donde la participación vecinal es fundamental: cuyos contenidos van a abordar la historia negada en los grandes museos nacionales, además de estar caracterizados por la apropiación del patrimonio cultural por los habitantes de las comunidades “que es de ellos antes que de la nación” (González, 2002). Con experiencias previas de creación de museos comunitarios en Oaxaca, el origen del Museo Arqueológico de Xochimilco responde a la necesidad de hacer más horizontal y social la definición y curaduría monolítica tradicional del museo en la cual, esta institución se caracteriza como “memoria, plasmación de los logros del Estado, de su historia colmada de glorias y heroicidades. Una institución en la que los conceptos de genio y nación se identifican “(Duncan y Wallach, 1980). Al contrario de las instituciones monolíticas del Estado, el museo comunitario tendría que ser necesariamente “un instrumento poderoso, que podría al servicio de la comunidad, y para los objetivos de dicha comunidad, su profunda experiencia en contar historias, producir emociones, hacer surgir recuerdo, desarrollar imaginación, provocar descubrimientos” (Burón, 2012). El deslizamiento que provoca el concepto de museo comunitario es tal, que pareciera que dentro de este museo se recrea la idea de una comunidad homogénea que comparte rasgos de identificación tan símiles, que el museo

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comunitario es la narración de una historia de todos, una historia que termina siendo ficcional. Porque si bien, la idea del Museo Arqueológico de Xochimilco es la de un museo donado por la comunidad y para la comunidad, esta idea siempre estuvo distanciada de los patronatos que conformaron la organización del museo. En la fundación del museo, y con la experiencia previa que brindaron la organización de museos comunitarios en Oaxaca y las exposiciones previas en la iglesia de Santa Cruz y en la casa de cultura de Tepepan, se solicitó el apoyo del INAH para curar las piezas de la exposición, situación que marcó una creciente institucionalización del museo y asimismo fue el momento detonante en el cual se articularon una serie de pugnas políticas sobre la conformación y objetivos del sitio. Al objetar abandono y falta de recursos, un según patronato intervino en el museo arqueológico, este patronato encabezado por Dolores Olmedo dio entrada al Estado en las actividades del museo. Un gesto de esta intervención, fue el reacomodo de las piezas a reproduciendo el canon de los museos de Antropología e Historia de la Ciudad de México. Con el reacomodo curatorial de temporalidad, en el cual no solamente se narraba la historia de Xochimilco sino también una idea de la historia nacional,

se

descontextualizaron las piezas a modo de lo que a estas se les considerara como una” concepción única del Estado nacional en la cual a las obras se las ordena, clasifica, controla y crea una versión-oficial- de la historia “(Mac Donald, 1998). Este reacomodo de las piezas no gustó a todos los miembros del patronato, quienes fueron poco a poco abandonando el museo arqueológico, hasta que el mismo volvió a quedar en abandono cerrando sus puertas alrededor de 10 años. En el año 2005 una nueva organización entró de lleno a la reproducción del espacio del museo arqueológico. Esta vez no se trataba de patronatos “comunitarios” sino que fue la delegación Xochimilco la que entró al museo Arqueológico con el objetivo de salvaguardar el patrimonio contenido dentro de aquel espacio. La delegación Xochimilco no solo considera como parte del patrimonio delegacional las piezas contenidas dentro del museo arqueológico sino que también ha patrimonializado el inmueble en el que se encuentran dichas piezas. A modo de reproducción de los cánones del Estado sobre la gestión curatorial del museo, las 43    


autoridades delegacionales sacralizan la fachada del edificio y lo convierten en un sitio que debe ser conservado por la comunidad aunque no sea de ellos. Anáhuac González, cronista del pueblo y oriunda de Xochimilco, relata que además de la descontextualización en la museografía del sitio, el museo que alguna vez fue considerado como parte de la comunidad, no lo es mas ya que se cobra un acceso y sus nuevos objetivos son diferentes. Durante trabajo en campo pudimos constatar la descontextualización que impera en la nueva curaduría del museo. Un reacomodo temático que no permite entender porque las piezas que ahí están tendrían que ser la narración del pasado de Xochimilco. Por otra parte, las exposiciones que se presentan se contradicen unas a otras, ya que pudimos ver como se presenta una exposición sobre petroglifos en la zona arqueológica de Cuahilama y justo en la sala contigua, otra exposición titulada “El renacer del México Cósmico”30 en la cual a modo de un relato muy único se apela al regreso a un México Prehispánico, un México ficcional. Pese a los intentos por crear un museo comunitario en Santa Cruz Acapixtla, este espacio nunca logró el estatuto romántico que plantea ese tipo de museos. Sabemos que pocas veces un museo comunitario logra romper con la figura museográfica –hegemónicadel Estado, pero uno de los aspectos que no consideró el Museo Arqueológico de Xochimilco fue que la identidad no es un proceso cerrado y suturado, sino que al contrario no es homogénea y se encuentra en constante construcción, una construcción constantemente ignorada por los curadores de museos comunitarios y que lleva a su fracaso y a la paulatina reproducción de los estándares de los grandes Museos Nacionales, lugares donde no se narra la historia de todos y donde solo pocos tienen lugar.

2.2El archivo histórico de Xochimilco: Ambivalencias del discurso archivístico. La positividad de un discurso caracteriza su unidad a través del tiempo y mucho más allá de las obras individuales, de los libros y los textos                                                                                                                           30  “El renacer de México Cósmico” fue una exposición pictórica realizada por el pintor Gomjica. En ese trabajo se expusieron diversas pinturas que aluden a los mitos fundacionales de la nación mexicana.     44    


Michel Foucault ¿Qué significa el gesto archivístico de salvaguarda y difusión patrimonial en Xochimilco? ¿Cuál es la problemática de un centro de documentación en el que se narre una sola idea de la demarcación? A la par de la construcción del Museo arqueológico, se fundó el Archivo histórico de Xochimilco. Se trató de un esfuerzo emprendido por dar testimonio único de las tradiciones, cultos y patrimonio-material e inmaterial- de la región, es mantenido a la fecha por la administración de la delegación. Sin embargo, la problemática de la conformación de archivos históricos de salvaguarda documental tiene un gran peligro: La narración de una única historia que articula una pugna institucional entre lo “originario” y lo “fuereño”. Los gestos de archivo se pueden problematizar desde la perspectiva teórica de dos grandes pensadores del siglo XX. Por una parte Michel Foucault con la discusión sobre la parcialización histórica y epistemológica del archivo y por otra parte-no menos errada-, Jacques Derrida con el problema enunciativo de los archivos históricos. Tomando a Foucault como un referente inicial, podemos decir que los archivos históricos se conforman como “espacios limitados de comunicación. Espacios relativamente restringidos que están lejos de tener la amplitud de todo un devenir histórico” (Foucault; 2010:166) Esta limitación discursiva es sin duda el primer problema con el que se topa la construcción de archivos comunitarios. La construcción de estos, olvida que la demarcación no es homogénea, por lo que se edifica una idea unívoca y “originaria” de Xochimilco en la que no caben otras prácticas que no puedan narrar ese Xochimilco prehispánico y tradicional”.

Hablar de esta univocidad de la demarcación, significa también la producción simbólica de un a priori histórico31 excluyente y ambivalente en el que se legitima una

                                                                                                                          45    


aserción, su ley de coexistencia y al mismo tiempo se define un campo en el que se despliegan identidades temáticas, translaciones de conceptos y juegos polémicos. (Foucault, 2010). Por otro lado, Derrida describe la relación archivo-enunciado como “la ley de lo que puede ser dicho, el sistema que rige la aparición de los enunciados como acontecimientos singulares, pero el archivo es también lo que hace que se agrupen en figuras distintas, se compongan las unas con las otras según relaciones múltiples, se mantengan o se esfumen según regularidades específicas” (Derrida, 1997:17). Para nosotros es importante tomar en cuenta que el archivo histórico también parcializa la historia y la reconstruye con fines políticos. Traslapando el enunciado de Derrida al análisis del archivo de Xochimilco, es importante hacer notorio que dentro del discurso del archivo hay contradicciones que configuran la manera de narrar y construir la idea del patrimonio local. Tenemos que ver al archivo como una práctica discursiva que juega un papel fundamental en la legitimación de las memorias como relatos “válidos” que permiten la aproximación al conocimiento histórico. (Soto, 2013), y es justamente en ese sentido que el discurso de archivo comunitario configuran la figuración de lo local. 2.2.1 La construcción del Archivo histórico de Xochimilco Más que un archivo histórico, lo denominado por las autoridades de la delegación Xochimilco como el Archivo histórico de Xochimilco32, opera como un centro de documentación específica de la región. Conformado por un centenar de documentos periodísticos, libros, investigaciones, archivos sonoros y fotografías, el archivo histórico de Xochimilco se erige como el único centro de documentación de la región en el que se agrupan estos elementos materiales. Pareciera ser que los gestos curatoriales en los que se organiza el archivo, obedecen a la ley de archivo del Distrito Federal, misma que obliga cada una de las administraciones                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   31 Foucault refiere al a priori histórico la capacidad que tienen ciertos enunciados por legitimarse como verdades únicas. El archivo se legitima en la narración que propone como unidad tiempoespacio en la que no se cuentan “verdades que podrían no ser jamás dichas, ni realmente dadas, a la experiencia, sino de una historia que está dada y que es propiamente dicha” (Foucault;2010:167) 32 El archivo histórico de Xochimilco se localiza en la calle de Pino en el centro histórico de la delegación. El edificio que ocupa el archivo y la hemeroteca comparte instalaciones con una casa de cultura de Xochimilco. El archivo funciona con regularidad de lunes a viernes de 8:00 am a 6:00 pm. 46    


a conformar archivos históricos de cada uno de los documentos legales y oficios que se generen en la delegación33 Sin embargo, Anáhuac González-directora del archivo histórico-, insiste en que más que un centro de documentación “burocrático”, los archivos históricos deben recabar información sobre la vasta cantidad de elementos patrimoniales que se localizan en las demarcaciones. Una gran insistencia por parte de los directores de archivo de Xochimilco y Milpa Alta ha generado que estos lugares, que el Estado supuestamente delimita y opera, se conviertan en centros que recaban investigaciones, fotografías y hemerografía de la región. En el lugar se agrupan, a modo de reconstrucción de los supuestos relatos históricos de Xochimilco, todos los documentos hemerográficos, históricos y fotográficos que han sido donados por varias generaciones familiares para conformar lo que se denomina como “La historia de Xochimilco” Lo anterior da cuenta de cómo el archivo es también un lugar en dónde se construye la idea del patrimonio local, en correlato, a la ley de archivos del Distrito Federal y a las legislaciones sobre el patrimonio del Estado mexicano. Ya hemos descrito en apartados anteriores, que la construcción del patrimonio local es también una formación discursiva de construcción de otredad con respecto a la idea de lo “originario”34 . Aquí es para nosotros importante hacernos la pregunta ¿Qué tipo de archivos son los que pueden formar parte del acervo de Xochimilco? Para desambiguar esa pregunta es necesario entender desde que lugar de enunciación están hablando los creadores y administradores del archivo, para así entender cómo se construye una idea del patrimonio local en la demarcación. El archivo histórico de Xochimilco surge como una derivación de la fundación del museo arqueológico, ya que, al contar con una gran cantidad de materiales documentales, fue “necesario” crear un archivo histórico de la delegación. Un archivo que no solo fuera de utilidad para los habitantes de Xochimilco sino que también fuera el espacio único en la delegación para que la muy interesada antropología e historia pudiera encontrar                                                                                                                           33 La ley de Archivos del Distrito Federal establece que un archivo es un conjunto de documentos organizados y reunidos por una persona o institución pública o privada, en el desarrollo de sus competencias, el cual sirve como testimonio y fuente de información a las personas o instituciones que los produjeron, a los ciudadanos o para servir de fuente de estudio a la historia o la investigación. (http://www.finanzas.df.gob.mx/transparencia/docs/LeyArchivos.pdf) 34 Esta discusión se puede encontrar con un desarrollo más amplio en el capítulo 1. 47    


información sobre ese Xochimilco “profundo”. La directora del archivo y cronista de la delegación, Anáhuac González, explica que en año de 1983, y a iniciativa de José Farías Galindo35, surge la iniciativa de crear un archivo histórico de la delegación Xochimilco con el objetivo de adquirir, conservar y difundir el archivo documental delegacional a través de la donación,

restauración,

catalogación, elaboración de fichas técnicas, la difusión del acervo y la investigación específica de la región. Aunque no negamos el esfuerzo emprendido para conformar el archivo, una gran ambivalencia impera en el nombre “Archivo histórico de Xochimilco”, ya que el concepto se puede malentender como lo que la directora entiende como un archivo institucional. Esta ambivalencia ha dado lugar a una serie de disputas políticas en las cuales el archivo ha abierto y cerrado sus puertas constantemente. La actual dirección del archivo ha sido insistente en rescatar todos lo materiales, tanto los adquiridos en décadas anteriores como aquellos de reciente adquisición. En una ardua labor por preservar el material, se ha recurrido a toda clase de apoyos, que van desde los incentivos de la delegación Xochimilco hasta la insistente y fructífera donación de materiales de universidades y centros de investigación de la Ciudad de México. Cuando una persona revisa el archivo de Xochimilco, se puede encontrar con una diversidad de materiales, en los cuales se presenta una disrupción-así como una reproducción- con el eje de patrimonialización marcado por la trayectoria institucional. En la historia que narra el archivo de Xochimilco, podemos encontrar diversas líneas de investigación y recuperación de materiales en los que se recrea una identidad, pasado y tradiciones que tensan la historia institucional de la localidad. Partiendo de la hipótesis de Tzumatzin

Soto, creemos que la experiencia de

archivación comunitaria es una estrategia local para historizar y que sirve como relato del pasado de una comunidad en diálogo con los discursos sobre el patrimonio nacional. (Soto, 2013).

                                                                                                                          35  El profesor José Farías Galindo, fue el iniciador del archivo histórico de Xochimilco. Al igual que el Museo arqueológico, el archivo histórico se configura desde esa efervescencia por rescatar el patrimonio de Xochimilco. Este furor de rescate y conservación de los bienes patrimoniales, es un correlato a la institucionalización y delimitación de la UNESCO 48    


En la construcción del archivo histórico se construyen nociones sobre patrimonio, archivo y comunidad que, en correlato al discurso institucional sobre el patrimonio cultural, que sirven para legitimar un discurso de lo local a través de los archivos institucionales. Aunque el archivo histórico de Xochimilco, al igual que el museo comunitario, pasaron a ser parte de la administración de la delegación, el discurso que se presenta en el archivo es una performativización de los planteamientos hegemónicos sobre la idea de Xochimilco. Ahora bien, si en algunos de los archivos hemerográficos que se localizan en el sitio se encuentran artículos periodísticos que corrompen la idea rígida e inamovible del patrimonio en Xochimilco, es también importante pensar ¿Cómo se narra la idea del patrimonio en el discurso del archivo histórico? Los materiales que se pueden encontrar en el Archivo histórico de Xochimilco, no dan lugar a otras prácticas en las que no quepa la idea de lo prehispánico. En el archivo se pueden encontrar apuntes sobre las fiestas del Niñopa, las chinampas y las excavaciones arqueológicas que se han realizado, pero no hay ningún registro archivístico sobre las costumbres y tradiciones que se llevan a cabo en los nuevos asentamientos. Cuando algún documento que se encuentra en el archivo histórico, habla de los vecinos que no son de Xochimilco, esto siempre se hace con una cierta negatividad hacía su presencia. Incluso, algunos artículos periodísticos del Archivo histórico, mencionan que la llegada de los fuereños daña la zona arqueológica Cuahilama y que incluso, estos nuevos pobladores se asentaron en lo que anteriormente era una “Calzada prehispánica”. ¿Qué nos dice este gesto de Museo y Archivo? Para nosotros, el pasado es una formación discursiva que es utilizada como un recurso ambivalente para construir la idea de lo local. La formación de archivos históricos y museos comunitarios, es también una forma de empoderarse frente al Estado y construir al otro. Hemos visto a lo largo de la construcción del patrimonio local, que el uso del mismo es utilizado para narrar a la nación. De alguna u otra manera, estos gestos son una forma de dislocar la idea rígida e inamovible del Estado-Nación. La creación de estos espacios en las localidades es también una forma de contestar y (re)significar los mitos fundacionales de la nación y posicionarse frente a los discursos anquilosantes del Estado.

49    


3. El patrimonio en Xochimilco: Pasado, procesos de identificación y cultura En la medida en que realmente pueda llegarse a "superar" el pasado, esa superación consistiría en narrar lo que sucedió. Hannah Arendt En este capítulo, de primera instancia nos interesa desglosar un análisis sobre  cómo   se   articula   un   intercambio   de   sentidos   sobre   el   patrimonio   en   la   localidad   (la   zona   arqueológica   Cuahilama).   Es   decir,   buscamos   pensar   cómo   en   éstas   prácticas   se   movilizan y se normalizan

usos del pasado en prácticas discursivas de actores comunitarios: la cooperativa Axochitla, el coordinador del pueblo de Santa Cruz Acalpixtla, la Compañía Artística Tlatemoani y Anáhuac González; cronista de Xochimilco (a su vez encargada del Archivo Histórico de Xochimilco). Narrar el pasado como política para determinar una identidad nacional (quién es o quiénes somos; cómo son o cómo somos) siempre está atravesada por un complejo relaciones de poder, que no sólo consta de denominar, elegir, situar o decir; sino también en construir condiciones identitario agrupantes del hacer social (Beriain, 2011, 55). La identidad nacional refrendada en costumbres, tradiciones y también en un pasado común no sólo define, sino constituye sujetos políticos y de derecho. Ser ciudadano no sólo habla de sujetos gobernables sino también de injerencia política a través de un uso dicursivo y estratégico de doble filiación de identidades políticas, de alteridades históricas36. En este sentido, la narración del pasado, no está únicamente dicho por el estado; a través de instituciones y saberes que legitiman ese discurso dicho como algo solemne, mítico e inamovible. Los actores en la localidad tienen usos específicos de usar ese discurso sobre la identidad y el pasado para posicionarse frente al Estado. Por eso, la premisa de que estos conceptos son desplazables y dan cuenta de dimensiones políticas ha sido constante en el presente trabajo de investigación. El patrimonio como representación sacra de lo                                                                                                                           36

“Son alteridades históricas aquéllas que se fueron formando a lo largo de historias nacionales, y cuyas formas de

interrelación son idiosincráticas de esa historia. Son “otros” resultantes de formas de subjetivación a partir de interacciones a través de fronteras históricas interiores.” (Segato, 2007:21)

  50    


pasado no sólo es una discusión sobre articulaciones discursivos hegemónicas, sino es también una discusión sobre el territorio local. En el capítulo anterior hemos desarrollado que las instituciones legítimas para hablar sobre el pasado de Xochimilco se apropian, desde un lugar paralelo, al Estado del discurso mítico y enaltecido sobre el pasado prehispánico en Xochimilco. La zona arqueológica Cuahilama, como “lugar genésico” de la “cultura xochimilca, en realidad es un lugar de enunciación ambiguo. El pasado prehispánico como articulación discursiva sobre el pasado de la nación quiere decir es “es de todos”. Sin embargo, ese enunciado se usa de forma específica y estratégica en Xochimilco. 3.1 Usos de pasado Para pensar los usos estratégicos de lo precolombino es necesario entender cómo la narración del pasado prehispánico es un metarrelato ficcional sobre una historia unívoca sobre el pasado precolonial de la nación. (Gorbach, 2013). En ese caso, el pasado es un mecanismo que sirve como legitimación para narrar la nación. En el caso de Xochimilco, y los discursos específicos con respecto a Cuahilama, el pasado prehispánico es el elemento que permite articular legítimamente un discurso como “cultura tradicional” El pasado en Xochimilco como pasado de todos los mexicanos es una apropiación ambivalente puesto que, de cierta manera desde la comunidad; no es la nación señalando o dictaminando la verdad histórica de Xochimilco; sino son miembros de la comunidad apropiándose de esa verdad para injerir en decisiones políticas, fuera de su alcance como comunidad. Sin embargo, los usos del pasado son producciones simbólicas que se usan estratégicamente. Decir “Xochimilco no sólo es un referente del Distrito Federal, si no de todo México”; no es un enunciado horizontal. No sólo la UNESCO, el INAH o las instituciones gubernamentales como el programa de barrios mágicos evocan esa subjetividad. También se usa desde la localidad de forma ambivalente y no como reproducción ideológica. La identidad mexicana como espacio de enunciación particular desde lo local subvierte ese lugar que en un momento fue señalada y delimitado por el Estado-nación. 51    


Como ejemplo de ello, las fuentes históricas, que citan los promotores culturales en los recorridos turísticos que organizan a la zona, son las de investigadores o arqueólogos extranjeros o independientes al estado-nación (INAH) “En 1894, llegó el primer investigador a esta zona, se trataba de un mexicano llamado Carlos Islas Bustamante y se dio cuenta de que había una serie de petroglifos tallados en piedra. El 1924 llegó un alemán que se llamada Herman Meyer, que hizo una investigación mas minuciosa. El 1955 Carmen Cuc hacen mas detalle de investigación y un xochimilca que se llamaba José Farías Galindo.”   Este testimonio, no es un hecho aislado, puesto que la historia sobre Cuahilama como lugar genésico de Xochimilco (según esos investigadores, citados por los promotores) también desdice lo avalado por el INAH, que ubicamos en dos momentos. Por un lado, en una cápsula audiovisual, realizada por el INAH, afirma que “los primeros pobladores se instalaron en una isla en lo más meridional del lago y fundaron un pueblo al que llamaron un sembradío de flores o lugar de la cementera de flores.”(INAHTV) Por otro lado, lo que se le informó al coordinador de Santa Cruz Acalpixtla en excavaciones recientes; que el sitio Cuahilama no era un templo ceremonial, sino una aduana.   El pasado en Xochimilco como pasado de todos los mexicanos es una apropiación ambivalente puesto que, de cierta manera, desde la comunidad; no sólo es la nación señalanado o dictaminando la “verdad histórica” de Xochimilco; sino también son miembros de la comunidad apropiándose de esa “verdad”, como recurso simbólico, para subvertir esa identidad nacional y de esa forma injerir en decisiones políticas, fuera de su alcance como comunidad.   Ya hemos revisado, tomando como base los aportes de George Yúdice, cómo la cultura se vuelve un recurso que es administrado no sólo desde el Estado sino también desde otros lugares de enunciación. Es en ese sentido en el que articulamos una discusión con respecto a los usos del pasado como parte del entramado pedagógico y performativo que es la nación.  

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Los usos del pasado sobre las políticas de la zona arqueológica Cuahilama son un espacio liminal, puesto que aunque exista una política clara con respecto a los monumentos; “es de todos” refrenda un pasado -que ya no somos- se usa también como presión para exigir otro tipo de servicios institucionales, o para la administración de la localidad.   “Venimos a limpiar esta zona y buscar el apoyo de las personas que quieran ayudarnos porque no está definido el trabajo del INAH, tampoco sabemos que hace la delegación, no sé cuál es el problema de los terrenos. En la parte de atrás hay colonias llenas y es difícil salvaguardarlos. Cuando tenemos el conocimiento de qué se trata sabemos que como” promotoras tenemos que defender como cultura […] Cuahilama para mi tiene una importancia relevante porque obviamente es el origen de nuestra historia[…] Estamos aquí por la oportunidad que todos nos damos de venir a un lugar que pertenece a lo que es nuestra historia como mexicanos y la historia de los xochimilcas y en alguna fiestas está escondida parte de nuestra cosmogonía y nuestro pensamiento.” Yolanda Ángeles (promotora de la Cooperativa Axochitla) La reconstrucción del relato histórico, con respecto al sitio arqueológico Cuahilama, se vuelve

un terreno de disputa entre las instituciones oficiales y los habitantes y

promotores de la región. En una reflexión crítica, podemos ver como el discurso sobre el pasado pareciera ser un lugar que concuerda con la historia oficial de la nación. El relato histórico sobre lo precolombino como un relato lineal en la que únicamente se incluyen momentos seleccionados en momentos específicos, entonces también es un discurso de inclusión y exclusión. En ese sentido, Xochimilco las costumbres y tradiciones sólo se acotan a las trajineras y a las chinampas. “Es que Xochimilco no nada más son las chinampas. Son todas nuestras tradiciones. Xochimilco son también las zonas arqueológicas, y no solo es Cuahilama sino también el centro arqueológico teotihuacano, para las autoridades sólo es importante ese lugar porque es de Teotihuacán […] (Anáhuac González).”

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Al ser lo denominado como “Cultura teotihuacana” uno de los sitios arqueológicas del relato de la nación, le sirve al Estado para presentar a Xochimilco en el “es de todos”, ya que el aparato de instituciones se sirve de este discurso unívoco de la historia para administrar y gestionar, así también como modo de presentación de la región ante ese cuerpo difuso que se conoce por nación. Las narrativas de la nación sobre Xochimilco, han presentado una historia discordante sobre Xochimilco, una historia que nace en las chinampas y es ahí mismo donde se queda plasmada una historia de Xochimilco desde ese lugar que es el INAH. “Hablar de Xochimilco, es hablar de ese lugar mágico, ese lugar milenario que nació en las chinampas. Chinampas que se conservan hasta la actualidad.” El INAH, identifica el nacimiento de Xochimilco desde Teotihuacán, pero es justo esa enunciación la que desata una serie de usos performativos sobre el pasado, en estos usos el pasado es un recurso simbólico que persigue distintos fines. La delegación Xochimilco, presenta la historia del lugar de otra manera, es también aquí en donde el objetivo de atraer a los turistas es un imperante necesario en el discurso institucional. “Xochimilco Posee vestigios históricos descubiertos, algunos ocultos otros. Tiene una gran variedad de piezas labradas en piedra. Las piezas arqueológicas de barro rojo asomaban como desperdicios o tepalcates en las orillas de las chinampas, el oleaje de las canoas; los molcajetes con "patas" en forma de cabezas de serpientes, cabecitas de ídolos, ranas, platos u ollas llenas de cenizas.” Este discurso de la chinampa, es lo que pareciera ser la historia de Xochimilco, cómo si todo Xochimilco fuera reducido a las zonas lacustres y es ahí donde se encuentra la fisura en el relato histórico. La historia lineal de Xochimilco se quebranta constantemente ya que en los usos, esta historia se articula y al mismo tiempo se desarticula en las narrativas de los habitantes de Santa Cruz. “Allá por el norte había muchas poblaciones que empezaron por algún motivo que se desconoce, quizá tenga que ver con el agua, la primera tribu en llegar al valle de 54    


Anáhuac era un grupo que se llamaron los xochimilcas. Un grupo nahua, porque hablaban náhuatl, y asentaron aquí una población y la mayoría coincide con que en el siglo X, aunque por ahí ha una diversificación de fechas, ¿Qué de importancia tiene esto? El asentamiento de los xochimilcas fue el primero después de la erupción del Xitle.” (Yolanda Ángeles) Esta historia subvierte el discurso hegemónico pero al mismo tiempo esta historia se reproduce, es decir esta performativización es ambivalente. Si Santa Cruz no es únicamente la trajinera ¿Por qué a la entrada del lugar hay un enorme letrero que enuncia “Los cuidadores de canoas”? Es necesario dar cuenta de que el Estado siempre permea las narrativas sobre estas historias que parecieran ser “paralelas” al discurso histórico del Estado. La porosidad en la performativización de la historia oficialista no se reduce únicamente a estas contradicciones al discurso histórico, ya que abundan una enorme cantidad de referencias para legitimar el lugar de enunciación de los promotores culturales. ¿De qué sirve que los promotores tengan la necesidad de reconstruir el relato histórico sobre Cuahilama? La respuesta se desborda si únicamente pensáramos esta fisura como legitimación de los usos que debería tener ese sitio. Existe en el lugar una pugna territorial que es excusada y atravesada por la diversidad de discursos sobre el patrimonio en Cuahilama. 3.2 Activación del patrimonio: Promotores Culturales Como hemos mencionado anteriormente en la zona arqueológica Cuahilama se realizan distintas actividades culturales en respuesta del “abandono” de las instituciones (INAH y la delegación). De primer momento, queremos retomar el testimonio del Coordinador de Santa Cruz Acalpixtla, pues da cuenta de tensiones ambivalentes que se generan en torno a las políticas del INAH, sobre todo con respecto a las cuestiones de concesión y propiedad. “Por qué piensan que nos estamos chupando el dedo y nos engañan de que tiene dueño… Eso es lo que dijeron, a raíz de ello hemos estado presionando, 55    


haciendo eventos culturales, junto con la organización de Grupo de los pueblos culturales Xochimilcas, otro que se llama Nacer y otro grupo. Tres grupos que han estado actuando, pues que han insistido en la recuperación del Cuahilama, que no nos estén diciendo que tiene dueño y esto para que ya de una manera se reproduzca.” Esta participación es la que nos dio pauta para confirmar el tipo de (re) significaciones sobre las políticas de propiedad concesionada, en contraste con nociones de espacio público utilizada, estratégicamente para ejercer presión desde el imperativo “es de todos”. Cabe destacar que el uso de “es de todos” es un juego estratégico. Por un lado, en el espacio físico de la coordinación, en la sala de espera se encuentran hojas del periódico que hablan sobre la importancia de las piedras en Cuahilama, a parte de que hay una réplica de dichas figuras, con sus respectivos nombres. Por otro lado, el coordinador cuando menciona que Cuahilama es de todos los mexicanos; refriéndose a la representación de un pasado colectivo, nacional. “Pues porque está en Santa Cruz, tuvimos la fortuna que estuviera aquí, pero pues en realidad pertenece a todos, a todos como una cuestión de legado de nuestros antepasados.” De esa manera “Es de todos” significa dos cosas. Significa es de Santa Cruz Acalpixtla como territorio administrado por la coordinación, además de ficción fundacional de Xochimilco; así como también significa es de todos los mexicanos. En este sentido, los eventos culturales organizados en la zona son usados también como foro de protesta; incluso para exigir demandas que no tienen que ver exclusivamente con la salvaguarda o protección del patrimonio. Algunas demandas de colectivos no sólo responden performativamente a la cuestión de propiedad, sino que a través de esa demanda denuncian ausencia institucional, también como denuncia de mala administración. Por ejemplo, la cooperativa Axochitla se ha focalizado en difundir, a través de recorridos turísticos, el patrimonio de Xochimilco; con una consigna específica: “Xochimilco no sólo son las trajineras”. 56    


La opinión de la fundadora con respecto al sitio arqueológico denota una tensión política que se trata de un reclamo hacia las instituciones delegacionales y nacionales sobre la injerencia de “la comunidad” en la política de la delegación y otros espacios. “empezamos a hacer recorridos hacia Cuahilama, no hemos tenido mucha injerencia como autoridad y desafortunadamente quienes pudieran rescatarlo no lo han hecho… me surgió la inquietud de realizar algo por ese lugar, y nunca nos ha tocado tomar decisiones y tú como comunidad no puedes. Y hacíamos jornadas de limpieza para que la gente valorara Cuahilama.” Entonces, ¿Qué significa valorar Cuahilama? Los promotores culturales, incluyendo al mismo coordinador incluyen en respuesta “valorar Cuahilama” hablan sobre distintos proyectos para que se constituya como un lugar artístico-cultural o un corredor turístico. Estas dos miras responden a una disputa que están pensadas desde exigencias específicas al gobierno local. Por ejemplo, uno de los eventos culturales realizados, en vías de ejercer presión para “recuperar” el espacio; Cuahilama Vibra, organizado por la Compañía Artística Tlatemoani; mandó una carta al INAH (correspondiendo con lo dictaminado en el reglamento) donde aseguraba que la finalidad del evento artístico-cultural (“Un festival donde toda clase de publico pueda converger y disfrutar de la literatura y las artes urbanas”) apelaba a sensibilizar sobre la importancia de su patrimonio arqueológico, a los habitantes de Santa Cruz Acalpixca. Dicho evento no obtuvo la autorización por parte del INAH. Sin embargo, se realizó y también se conformó como una exigencia a un espacio de escucha general y que a la vez sirviera como foro artístico, cuyos cánones obedezcan a manifestaciones artísticas híbridas: “demostrando y rompiendo el mito de que la Poesía y las artes urbanas (hip hop, grafiti) combinadas con danza y teatro puedan situarse en un mismo espacio.” Cuahilama Vibra, en palabras de su organizadora, significaba evidenciar a un amplio público “que estas manifestaciones culturales están pretendiendo ser punto de encuentro, de coincidencia y de identificación entre el artistas y los espectadores.” Las actividades y presentaciones que se realizaron en este tenor, constó de una pequeña representación teatral sobre el asentamiento de los primeros pobladores a la zona de 57    


Cuahilama. Procedió una exposición sobre el significado de las figuras en Cuahilama. Además los que participaran en la pinta grafiti de las paredes debían obedecer a la temática “Los Glifos de Cuahilama” Si el concepto de cultura que tiene el INAH sobre los monumentos arqueológicos, es el de un espacio en el que también se deben de dar lugar a ciertas actividades que tengan que ver con la preservación y la difusión del patrimonio, resulta una contradicción el hecho de que ciertas expresiones, no tengan lugar un discurso que pareciera ser rígido, inamovible y no contingente. Dicho de otro modo, si en las estipulaciones del INAH, no hay lugar para un performance de la Compañía Artística Tlatemoani si lo hay para actividades emanadas desde la administración de la delegación Xochimilco o para las presentaciones de patronatos como el de Dolores Olmedo, es decir un espacio que se enuncia como público, como un espacio para el goce y disfrute de una “comunidad” realmente no es así porque es un espacio jerarquizado donde se contemplan usos que tengan por objeto conservar el lugar, con una especie de esencialismo autorizado. Volviendo a la propuesta desde la coordinación hay otras demandas en las que el uso de Cuahilama se reivindique hacia crear un corredor turístico, como vía de atraer “bienestar para el pueblo” “De restablecerlo de adecuarlo para ser visitado por la gente…y haciendo el conocimiento de lo que hicieron nuestras Xochimilcas y aparte de ello pues restablecerles un lugarcito…que genere empleos, que le demos mayor vista a Xochimilco pero nuestros gobernantes que han pasado en estos quince años pues no han hecho nada. De hecho, lo han hundido. Si ustedes van a Xochimilco es un desorden. …Y pues bueno ¿dónde vivimos? Híjole me da mucha tristeza vivir en este pueblo pero seguimos en la lucha por restableces este lugar.” ¿De quién se habla en realidad cuando se menciona la ausencia de INAH? Evocando a Yúdice en su célebre libro “El recurso de la cultura”, en la actualidad es casi imposible encontrar declaraciones que no echen mano del arte de la cultura, sea para mejorar las 58    


condiciones sociales y los derechos culturales, o bien por organizaciones similares a la UNESCO, para estimular el crecimiento económico mediante proyectos de desarrollo cultural urbano y la proliferación de museos cuyo fin es el turismo cultural. (Yúdice, 2008). Las pugnas sobre “el patrimonio”, sobre “el legado”, sobre el espacio público, son también denuncias sobre condiciones sociales articuladas desde los derechos culturales. En el siguiente a apartado y para seguir con el argumento desglosaremos cómo la “identidad originaria xochimilca” es usada como recursos simbólico ambivalente? 3.1 Procesos de identificación en la delegación Xochimilco. La identidad como categoría de análisis es un elemento desplazable que construyen lugares de enunciación donde también hay puntos de fisura en esos mismos lugares. En este sentido, el espacio de enunciación no sólo se refiere a prácticas discursivas, sino a un complejo de prácticas sociales siempre en contingencia y desplazamiento. Por lo tanto, es pertinente hablar de identidad como proceso; o sea, identificación. De acuerdo a Stuart Hall, la identificación vista como un proceso en donde se da, a la vez que se produce sentido a distintas prácticas, actúa también a través de la diferencia. Entraña un trabajo discursivo, estratégico. Necesita lo que queda fuera, su exterior constitutivo para consolidar

el

proceso

(Hall,

2003).

Aunque una identidad única e inamovible de Xochimilco está descartada de nuestro análisis, tenemos que pensar cómo en elaboraciones discursivas siempre está recreada como algo acabado: la identidad de culturas locales como algo absoluto, terminado, representativo y homogéneo, y que a su vez, está latente en el trazado de las políticas Las políticas de la institución delegacional están atravesadas de ese discurso sobre la identidad que pareciera ser no contingente, inmóvil y parcializada. En la página web de la delegación, la identificación pasa a ser un recurso simbólico con los usos y prácticas de la región. “A pesar de que Xochimilco no ha escapado al ritmo de crecimiento y celeridad característicos de la Ciudad de México, su vida está todavía centrada en las formas 59    


tradicionales de organización social y religiosa, las cuales se observan en actos cívicos, culturales o de culto.” Estas prácticas, no se piensan únicamente como relato de la comunidad, sino también como actos de apropiación discursiva que pasan a ser un relato sobre lo que en algún momento el estado-nación dice que es lo representativo de la nación. En el discurso, la delegación entra en correlato y yuxtaposición con la idea de lo nacional y menciona claramente que los usos y prácticas en la región están también en una “armoniosa” convivencia con los usos y tradiciones de la idea de nación del Estado. Estas prácticas también tienen un uso ambivalente con respecto a ese juego entre lo “originario” y lo “tocado por la modernidad”. Si se reconoce en el discurso a Xochimilco como un pueblo con tradiciones únicas pero que al mismo tiempo, estas tradiciones son también propiedad de la nación, es decir la nación se narra también desde Xochimilco. “El calendario de fiestas es muy extenso; algunas coinciden con el resto del país, como la celebración de la Independencia el 15 y 16 de septiembre; las locales como la celebración del natalicio del Poeta Fernando Celada, el 30 de mayo; el natalicio de Quirino Mendoza y Cortés, músico compositor de Cielito Lindo, oriundo de Santiago Tulyehualco, así como la conmemoración del encuentro de Villa y Zapata, el 4 de diciembre.” En ese sentido, la cultura se convierte también en un recurso administrado, como precedente del capítulo 1 hemos hecho un trazado de las políticas institucionales con respecto al patrimonio. A partir de ello, sabemos que una visión sacra del patrimonio es también una herramienta operativa de las instituciones para legitimar un discurso sobre el turismo y la mercantilización en la región. ¿Son los únicos usos que tiene el patrimonio en Xochimilco? Reducir la respuesta a un uso de mercantilización, sería el equívoco del análisis, dado a que estos mecanismos discursivos sirven también como pretexto para cohesionar a los habitantes de la región, al mismo tiempo en que este discurso también excluye a ciertas prácticas que no tienen que 60    


ver con lo “originario” o con esa “identidad”, por ejemplo: Anáhuac González menciona que el descuido de la zona arqueológica Cuahilama se debe también en parte a esa llegada de intrusos a la zona. Una llegada de intrusos auspiciada por el partido político en turno. La discusión sobre patrimonio, también se abre a ver cómo este es una categoría analítica en la cual la identidad pasa a formar un elemento constitutivo del mismo. No podría existir un discurso sobre patrimonio si no existiera también uno sobre identificación, como un proceso que se redibuja contingentemente. El patrimonio, como el conjunto de bienes culturales de una población, es también un elemento en que se articulan

procesos de identificación en constante pugna. La

identificación, no solo se performativiza miméticamente con base en los discursos del Estado sino que también estos discursos subvierten a la idea de una identificación nacional. Ejemplo de lo anterior, es el discurso ambivalente que actualmente plantea la curaduría del Museo arqueológico de Xochimilco. Dado que, la curaduría actual está planteada en el relato identitario planteado por la delegación, pareciera ser un lugar transparente. Un simple lugar de recreación. El museo nos da cuenta de que como en estas pugnas se articulan y se desarticulan procesos de significación. “El museo ya no es lo que era antes, cuando el museo era de la comunidad era únicamente de nosotros. Ahora no es así, hay muchos intereses políticos de por medio y ahora pues impera un desorden. Ponen a los dioses teotihuacanos con los dioses de Xochimilco solo porque ambos son dioses del agua y bueno mi familia que donó hasta quinientas piezas al museo pues ya no tenemos ese acceso gratuito, la delegación nos cobra por entrar.” (Anáhuac González) En estas pugnas ambivalentes, la identificación se articula y se desarticula. El discurso es ambivalente, es decir somos “Xochimilco” pero también Xochimilco es de la nación, nosotros somos la nación pero no toda la nación es Xochimilco. También las visitas guiadas alrededor del sitio arqueológico son cuenta de esta construcción y desarticulación de los discursos sobre identificación. 61    


“Cuahilama es una zona arqueológica diferente, aquí no hay pirámides, pero vea ahí están los glifos, en ningún lugar como Xochimilco se encuentran estos glifos. Hay que caer en cuenta que cada que usted vaya a un sitio arqueológico ahora se va a acordar de Cuahilama. Este lugar es de Xochimilco pero también es de todos los mexicanos y debemos conservarlo. “ (Yolanda Ángeles). Y así podríamos mencionar miles de ejemplos. El patrimonio, es para Xochimilco un elemento fundamental de la identificación, no solo es Cuahilama en donde se centra este conflicto, es también cómo se parcializa el discurso sobre el patrimonio en Xochimilco y cuales son los usos que para el Estado un sitio como este debería de tener, es ahí donde se articula también la diferencia política, los usos que supuestamente debería tener una zona patrimonial marcan también una pugna constante con el Estado. En marzo de 2013, se celebró en la zona arqueológica Cuahilama el evento “Cuahilama vibra”, en dicho evento se celebró una presentación teatral, que a modo de un relato dramatúrgico, se narró la historia de Cuahilama. Debemos de confesar que para nosotros fue una sorpresa toparnos con esta narración. Por una parte, la compañía artística Tlatemoani se presentó como una subversión a los discursos oficialistas y “antiguos” de la identificación y del patrimonio del INAH y de la delegación. “Es muy importante organizar este tipo de eventos, para nosotros es importante que la gente de Santa Cruz sepa porque están estos glifos aquí. En este lugar está el asentamiento en el que nació Santa Cruz, la gente debe de saber lo que hay aquí y deberían de venir, es por eso que organizamos este evento.” (Gabriela Fuentes). Las políticas del evento, parecían ser muy horizontales con respecto al tema de la identificación. En estas políticas se trataba de articular varios discursos que permean en el sitio arqueológico. Por una parte se incluyó a jóvenes que practican el grafiti, para que realizaran diversas pintas con alusión a los glifos en Cuahilama y a diversas compañías de danza contemporánea para que mostraran como la práctica artística se tenía también que identificar con este sitio arqueológico.

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La sorpresa para nosotros fue, que en la inauguración del evento se narró la historia oficial de Cuahilama, no hubo prácticamente ninguna modificación a los discurso del Estado, se presentó esa historia esencialista. Esa historia que pareciera “cohesionar” a toda la delegación Xochimilco. “Yo no soy como otros que solo dicen que van a pelear por rescatar nuestra identidad original. Yo si hago algo por mi patrimonio…” (Gabriela Fuentes). Para servirse de este discurso de identificación, es necesario también recurrir a la narración de un pasado histórico que legitime los discursos en los que, a través de complejos sistemas de significación, se trata de incluir en un todo “xochimilca” y al mismo tiempo en un todo “nacional”. Los esfuerzos del Estado no son suficientes para crear esta identificación, la nación también se narra desde sus límites (Rufer, 2013).

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Conclusiones

En alguna ocasión, al comentar el tema de investigación final de la licenciatura, nos topamos con una afirmación peligrosa: “Sobre Xochimilco… o sea hablarán de las trajineras”, este enunciado nos llevó a una reflexión que desencadenó una discusión sobre la eficacia simbólica del Estado en sus discursos sobre el patrimonio. Pensar el patrimonio-únicamente- cómo un proceso formal y meramente descriptivo es un equívoco académico que se reproduce al hablar del tema. El periodismo, la semiótica y otras corrientes teórico-metodológicas; han cometido el error de sacralizar el patrimonio al plano de su conservación y delimitación para el goce y disfrute de una nación que supuestamente se refrenda en los monumentos, saberes y prácticas que puedan “representar” la identidad mexicana. Sin embargo, al llegar al campo empírico, nos dimos cuenta lo problemático que resulta analizar el patrimonio ontológicamente-en esencia- , dado que los discursos sobre el los procesos de patrimonialización están desbordados y requieren de un minucioso análisis sobre las maneras en que se configura y se constituye un sitio arqueológico. Durante el área de investigación, hemos hecho énfasis en un análisis multidisciplinario que comprometa el análisis de los procesos de significación y construcción simbólica de manera que no nos perdamos en un laberinto de formalidades y sacralizaciones. Por una parte, consideramos fundamental entender cómo el Estado constituye y delimita el patrimonio. Aquí encontramos que uno de los recursos de los que se echa mano para legitimar posturas de narración es un concepto de nación. La nación es construida por el Estado como un enunciado no horizontal en el que únicamente se da lugar a ciertas construcciones simbólicas que permitan narrar legítimamente lo universal. La ciudad de México es sin duda uno de los lugares en los que el Estado enfatiza la formación del Estado-nación, para ese lugar de enunciación estatal es necesario que ciertos elementos permitan articular la doble temporalidad de la nación.

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Lugares como Cuicuilco, el Templo mayor, e incluso las chinampas de Xochimilco; narran el origen genésico e incipiente de la nación. Estos monumentos arqueológicos son fetichizados y desplazados al terreno de la conservación y una vitrina simbólica de contemplación para contarnos una sola historia de inclusión y exclusión. Hemos problematizado que, al ser el pasado una formación discursiva en la que el Estado tiene el monopolio legítimo de narrar a la nación, parece ser que un tiempo vacío y homogéneo de la nación es inamovible y no da lugar a ningún proceso paralelo. No hay lugar para una historia contada desde las localidades. En esta fisura, de la que el Estado no da cuenta consciente, discursos locales irrumpen para narrar el pasado y disputar lo que ellos consideran como “su patrimonio” y como “su pasado”. Estos discursos locales, se construyen como un todo ambivalente, no significa que por narrar su propia historia; no reproduzcan un discurso estatal para legitimar lugares de enunciación. El caso de Cuahilama es un laberinto de prácticas que parecen no tener salida. El aparente abandono de la zona arqueológica no significa que el Estado no haga aparición en el sitio, parece ser que esta olvidado cuando el sitio está mas vigente que nunca. El reducido tiempo para hacer el trabajo de campo, fue uno de los impedimentos para encontrar una vasta cantidad de prácticas que se desarrollan con respecto al sitio. Aquí se realizan también rituales de inicio a la primavera, clases de pintura para niños y otras tantas visitas guiadas por parte de los pobladores de Santa Cruz Acalpixca. El corpus de análisis que comprometimos incluye narrativas locales que configuran y construyen el sitio desde diversas trincheras-o lugares de enunciación. El Archivo histórico y el Museo arqueológico de Xochimilco dan cuenta de la figuración de lo local y de la construcción del patrimonio local como “narraciones paralelas” a discurso estatal sobre la historia de la demarcación. Una de las interrogantes a esas “narraciones paralelas” tiene que ver con la asimilación y apropiación de una idea de patrimonio hegemónica.

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Pese a que la construcción de archivo y museo, toman en cuenta la importancia de la localidad en la construcción de una historia paralela del Estado, su adscripción a la delegación Xochimilco, reclama constantemente esa narración de exclusión y de una historia que sea legítima de la nación. Aunque los discursos que presentan el archivo histórico y hemeroteca no son necesariamente miméticos al discursos anquilosante del Estado, si podemos ver cómo se reproducen en la curaduría y en la forma de narrar el pasado de la demarcación. Aquí el gran problema radica en el énfasis que se pone en una supuesta “originalidad” de algunas de las prácticas que se desarrollan en Xochimilco. Lo prehispánico entonces se convierte en un recurso que legitima lugares de enunciación y justifica la existencia del archivo histórico y hemeroteca. El haber hecho el breve trazado del devenir histórico del archivo histórico y el museo arqueológico, significa también encontrar como en los gestos de conformación y establecimiento de estos sitios, se articula también una pugna por el Estado para visibilizar problemáticas que no necesariamente tienen que ver con narrar el pasado o “rescatar” el patrimonio de Xochimilco. La articulación de la pugna entre Estado y localidad, reclama derechos que más bien tienen que ver con demandas de servicios de urbanización en la demarcación. En una de las entrevistas que se realizaron a la directora del archivo histórico, se mencionó que la importancia del archivo y museo radica en el énfasis por rescatar Xochimilco de lo “fuereño”. La directora mencionó que la culpa del descuido de Xochimilco es parte de una tensión partidista en la que se les “reparten” tierras a personas que no son “originarias” del sitio, y que incluso se les cedió parte de lo que era la calzada prehispánica de Cuahilama. En estas localidades irregulares, asentadas en lo que es el sitio arqueológico, hay demandas que tienen que ver con asfaltado, seguridad, servicios de alumbrado y agua potable. Sin embargo, al ser estas personas el “otro” del discurso local, no pueden aspirar al cumplimiento de esas demandas por estas excluidas del discurso de lo originario.

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Aquí no se trata de ver cómo el patrimonio actúa en su aspecto estructuralista de conservación, sino más bien hay que ver la manera en la que se materializa y se dispone del mismo en los discursos de las localidades. Uno de los elementos que se deben tomar en cuenta para el análisis de las producciones simbólicas radica en cómo se desenvuelven las expresiones como parte del cuerpo social. Ahora bien, nosotros no hicimos una reconstrucción del relato histórico dado a que no era el objeto de nuestro análisis. Sin embargo, de lo que si damos cuenta consciente es que los procesos de patrimonialización son el resultado de un devenir histórico, social y cultural. En el caso de México, y como lo problematizamos en la dramaturgia de la investigación, es imperante conocer las circunstancias en las que surge el proceso de patrimonio como una operación discursiva. Si tomamos en cuenta que la nación se narra en una doble temporalidad podemos decir que, el patrimonio es una narración, parcialización y selección de ciertas piezas que presentan legítimamente lo nacional. Ahora bien, para analizar el patrimonio desde la perspectiva teórica de los Estudios culturales es importante centrarse en las narrativas locales- pero sin descuidar las normativas institucionales del Estado-, es por eso que también desglosamos un análisis sobre las políticas de la UNESCO, el INAH y la delegación Xochimilco. Aquí encontramos que estas instituciones, en su afán por sacralizar y narrar la universalidad de la nación, han articulado una pugna entre la idea de lo nacional y la idea de lo local. Llegamos al punto en el que a través de la conjugación de los discursos estatales y las narrativas de la localidad se articula una disputa pro narrar y legitimar lugares de enunciación –utilizando al patrimonio y al proceso de su construcción como un recurso ambivalente en el que se suman matrices culturales, sociales e históricas. Al hacer el trabajo en el campo empírico, nuestro objeto de investigación se redibujo en muchas ocasiones. Lo que en un inicio, trató de ser la reconstrucción y el análisis de la pugna Estado-localidad, terminó siendo un análisis de varios elementos de corpus analítico

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Para generar la dramaturgia de la investigación, fue necesario implementar una discusión sobre la idea de nación y su redibujo contingente en las prácticas de patrimonialización. El hecho de que exista una selección privilegiada de monumentos, prácticas y saberes- consideradas por el Estado como el patrimonio de la nación-, es un discurso de exclusión en el que nombrar, delimitar y administrar pareciera ser una obligación única y primigenia del Estado. Y aunque pareciera ser que el aparato institucional, es el único lugar legítimo de narración y gestión de los bienes patrimoniales, en algunos momentos y situaciones muy específicas el problemático guion que une al Estado con la nación se disloca en la performatividad de los discursos. El caso de Cuahilama es muy especial, ya que en los diversos momentos del trabajo de campo nos dimos cuenta del uso ambivalente del pasado, la identidad y la cultura .En Estas expresiones artísticas y sociales, que reproducen y a la vez subvierten el discurso oficialista de la historia y el patrimonio. Cómo reflexión final de la investigación, creemos que es necesario que los Estudios culturales profundicen en el tema del patrimonio. El estar tan en contacto con la palabra “patrimonio”, olvidamos toda la problemática que acarrea su delimitación, así como el terreno de lo político que lo encierra. A nuestro parecer, en el caso de Cuahilama es necesario que los análisis posteriores centren su atención en el tema de lo político y lo conflictivo del pasado prehispánico. Tal y como asumimos al inicio de la investigación, hay que considerar análisis que se alejen de la sacralización y la formalidad y pongan atención a los discursos y su correlato social, histórico y cultural.

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Figura 1. Mapa de Santa Cruz Acapixtla. Delegación Xochimilco. México Distrito Federal.

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Figura 2. Glifo prehispánico ubicado en la zona arqueológica Cuahilama, Xochimilco, Distrito Federal.

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Figura 3. Glifo prehispánico ubicado en Cuahilama, Xochimilco, Distrito Federal.

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Tesis Cuahilama  
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